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Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. El monográfico Crisis, incertidumbre y vulnerabilidades sociales tiene su origen en el XI Congreso Español de Sociología celebrado en Madrid en el verano de 2013. Concretamente, recoge una serie de artículos elaborados a partir de algunas de las ponencias y comunicaciones presentadas en el Grupo de Trabajo Sociología del Tiempo, coordinado por Ramón Ramos Torre. El tiempo ha mostrado su validez como instrumento para el estudio de la vida social desde los primeros escritos de Emilie Durkheim. No obstante, a pesar de que a día de hoy son cada vez más los trabajos que lo incorporan como dimensión de estudio, no son tan abundantes aquellos que lo emplean como herramienta analítica principal. Esto nos hace pensar que la sociología del tiempo se está constituyendo paulatinamente como una disciplina incipiente que va cobrando solidez y presencia en la ciencia y en el mundo académico, pero que no es poco el camino que le queda por recorrer. Y es en este sentido en el que entendemos que el presente monográfico puede hacer su contribución. Concretamente, su objetivo es poner al alcance del mundo académico una muestra de las investigaciones que se están desarrollando en torno a la sociología del tiempo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Este esfuerzo, siempre vertebrado en torno al tiempo social, se hará reflexionando sobre tres grandes ejes temáticos: la crisis, la incertidumbre y las vulnerabilidades sociales. Ejes que, sin duda, sirven de marco de inteligibilidad del momento que están atra-vesando las sociedades contemporáneas y que serán abordados de forma central en los artículos, poniendo el foco de atención en uno de ellos, en algunos casos, y combinando unos con otros, en otros. De esta forma, no resulta difícil percibir las sinergias y puntos de encuentro entre los diferentes trabajos, así como la complementariedad entre algunos de ellos. La metáfora del tiempo como recurso ha resultado recurrente en muchos de los artículos aquí presentados. En estos el tiempo es definido como algo de lo que se dispone "en abundancia" (como es el caso de la población desempleada tratada en el texto de Araujo y Franch) o de forma escasa, como muestra García Sainz en relación a la pobreza de tiempo; un tiempo escaso que, en ocasiones, "se dona", tal como propone Legarreta. En otros, el tiempo es percibido también como horizonte, en relación principalmente al futuro, tratado de forma central en el trabajo de Ramos, que propone un recorrido por la sociología del futuro; en el texto de Artegui sobre las expectativas de los jóvenes, y en el análisis de las predicciones en relación a las pensiones de Francescutti. La pertinencia de explorar la metáfora del tiempo como cuerpo, que apela al ciclo vital y a la dimensión encarnada del tiempo, queda también presente en el trabajo de Artegui, centrado en la población joven, y en las reflexiones de Legarreta en torno a la maternidad o la vejez. Por ello, consideramos que este monográfico, conformado por seis artículos y una reseña bibliográfica, tiene un alto interés científico y un significativo im-a377 pacto social. Sus aportaciones sobre la crisis, la incertidumbre y la vulnerabilidad social resultan relevantes en el marco de la ciencia social actual y proporcionan herramientas para una mejor compresión de dimensiones clave de la vida social tanto desde una perspectiva teórica como empírica. De la misma manera, y dada la preocupación generalizada expresada tanto por la administración pública, instituciones y orga-nismos, como por la población general en torno a la presente coyuntura, resulta también ampliamente relevante en un plano social general. De este modo, esperamos que su lectura resulte interesante a los lectores de Arbor y que contribuya a enriquecer los debates tanto en torno a la sociología del tiempo, como a los estudios sobre la crisis, la incertidumbre y las vulnerabilidades sociales.
En este artículo se reconstruye selectivamente la sociología del futuro de los últimos cincuenta años para rescatar algunos de sus elementos y construir una analítica y una problemática del futuro en tiempos de crisis. En su marco se reconstruye la evidencia empírica sobre el futuro social proporcionada por nueve grupos de discusión realizados en el marco de una investigación sociológica sobre el riesgo, la incertidumbre y la vulnerabilidad. Las variaciones en los discursos del riesgo se relacionan siempre con variaciones a veces muy complejas en las maneras de concebir y vivir la incertidumbre y el futuro. Sobre esto existe un consenso amplio. Aproximaciones tan distintas como las de Beck (2008), Douglas (1994), Fischhoff y Kadvany (2013), O'Malley (2004), Luhmann (1992) o Lyng (2005) coinciden plenamente en esta relación a tres entre riesgo, incertidumbre y futuro, entendiendo que el riesgo es una forma social de relacionarse con el futuro (o con los futuros) incierto(s): los calcula, los escruta, los imagina, los barrunta, los desea o los teme, los pretende conformar, los evalúa comparándolos con futuros pasados, los intenta prever, prevenir, compensar, precaver, etc., etc. Lo que aquí se presenta se enmarca en una investigación sobre el riesgo y la incertidumbre que, consecuentemente, se ha abierto al estudio del futuro. En efecto, las propuestas que se van a hacer sobre la semántica social del futuro surgen de una investigación sociológica ya realizada que, bajo el título general de Riesgo, incertidumbre y vulnerabilidad en España 1, rastrea los discursos o retazos discursivos sobre esos campos de experiencia de distintas categorías de la población española considerados estratégicos 2. El objetivo central de la investigación no era ni la crisis ni la manera de enfrentar el futuro, pero el desarrollo de los grupos de discusión hizo emerger esos dos temas de forma recurrente y protagonista. En efecto, en el trascurso de las discusiones, y actuando como escenario permanente de las prácticas discursivas que iban surgiendo, dominaba la conciencia de estar viviendo una CRISIS (en grandes mayúsculas) sin precedentes, totalmente inesperada y percibida como social y personalmente catastrófica. Y así la crisis acaba aportando el marco para el discurso como la experiencia traumática de todos, cuyo protagonismo central en el campo del hacer y el decir nadie pone en duda. Y es en el marco de esa crisis y su específica semántica 3 donde emergen los discursos sobre el futuro. Consecuentemente, el futuro no se enfrenta en sí, como eventual objeto de reflexión o motivo para dar cuenta de certezas, temores y esperanzas personales o colectivas, sino siempre y de forma obsesiva en el marco que le proporciona la experiencia de la crisis. Es así un futuro crítico, lo que lo dramatiza aún más y permite someter a un contraste agudo, como se verá, los tópicos que la modernidad ha ido acumulando sobre él. La semántica social del futuro se configura al chocar con ellos, sopesarlos, matizar o problematizar radicalmente su plausibilidad: al futuro sosegado del mundo previsible del estado del bienestar y la sociedad de aseguración de riesgos, se contrapone el futuro crítico, inseguro, próximo a lo que los psicólogos denominan "ansiedad de futuro" (Zalesky, 2005) o futuro ansioso. En lo que sigue, haré (1) un recorrido selectivo por la sociología del futuro tal como se ha ido configurando en los últimos cincuenta años para, en el marco de sus aportaciones, (2) presentar una propuesta sobre la analítica y la problemática del futuro que posibilite, en la última sección (3), mostrar el repertorio de sentido sobre el futuro que aparece en los discursos sociales. Unas sucintas conclusiones cerrarán el trabajo. SOBRE LOS ESTUDIOS SOCIALES (O SOCIOLOGÍA) DEL FUTURO En términos generales, la conceptuación del futuro ha cambiado poco desde las reflexiones de Aristóteles sobre los futuros contingentes en Perí hermeneias (Valdés Villanueva, 2012) o las de Agustín de Hipona sobre el presente de las cosas futuras en Las Confesiones (San Agustín, libro XI, § 26 y ss.). En las ciencias sociales, los intentos de construir una sociología del futuro tuvieron su primera época de gloria en Francia y USA en los años'70 del siglo XX. Los conocidos trabajos de Bertrand de Jouvenel (1966) sobre el arte de la conjetura en la política y de Wendell Bell 4 son exponentes de esa coyuntura que generó muchas publicaciones sobre el tema -algunas de gran impacto social, como las del Club de Roma de los años'70-y configuró un cierto movimiento de escuela con ramificaciones en USA y Europa 5. El concepto implícito de futuro del que se servía esa ciencia social (sociología, ciencia política o futurología sin más) era más bien simple o de sentido común 6. Se suponía que el futuro se encontraba recogido en imágenes sustentadas socialmente y que en ellas el analista podía distinguir netamente lo posible, lo probable y lo deseable. El objetivo de la indagación no era otro que fijar las tendencias del cambio social y eventualmente guiarlo de forma que solo se realizaran las posibilidades favorables, acordes con los valores de la sociedad norteamericana contemporánea. No se caía en la ingenuidad de creer que el futuro fuera en bloque elegible y construible de manera intencional y exitosa, pues se reconocía que la acción que debería realizarlo era susceptible de reflexividad y se desplegaba en un medio complejo. La reflexividad (y las mertonianas profecías que se destruyen a sí mismas) y la complejidad (entendida como pues-a378 ta en conexión de elementos muy dispares de un mismo sistema) unidas hacían que el futuro pudiera sorprendernos y contrariar nuestras expectativas y deseos. En cualquier caso, esta sociología del futuro (o futurología) era una ciencia optimista, volcada en calcular el porvenir y garantizar un futuro acorde con nuestros valores de libertad y bienestar. Su mensaje era que el futuro estaba en nuestras manos si éramos lo suficientemente prudentes como para abordarlo, calcularlo y elegirlo. Su orientación claramente pragmática era su rasgo predominante. Otra línea, extendida en las revistas científicas de sociología pero sobre todo en las de psicología social o psicología (a-social) sin más, exploraba y explora lo que se denominó de forma variada orientaciones, actitudes, horizontes o perspectivas de futuro (o temporales) para analizar sus relaciones con los problemas recurrentes de lo que, en el lenguaje de la época, se llamaban desviaciones o problemas sociales. Estos podían ser muy variados: marginación social, pobreza, drogadicción, conductas de riesgo, fracaso escolar, depresión, suicidio, enfermedades mentales, llegando incluso a las desigualdades y discriminaciones ligadas a las diferencias étnicas o de clase. La idea de fondo era que una configuración inadecuada de las orientaciones, horizontes o perspectivas de futuro iba de la mano de (o por lo menos mostraba fuertes correlaciones estadísticas con) una situación de desviación/ marginación social. La relación causal no estaba clara, aunque se tendía a dar a entender que una conformación defectuosa de la perspectiva de futuro (escasa profundidad, desestructuración, fatalismo, deseo de una gratificación inmediata, ausencia de planes, etc.) arrastraba a un destino de insatisfacción vital, marginación social o destierro a los escalones ínfimos de la estratificación social. Poco teórica, nada literaria y muy basada en la investigación empírica preferentemente cuantitativa, la bibliografía sobre el tema es ingente. Arranca de los años 50, con los conocidos trabajos de Leshan (1952) sobre las orientaciones temporales de las clases sociales, se prolonga en las tres décadas posteriores (véanse Kastembaum, 1961; Nuttin, 1985y Trommsdorf y Lamm, 1975), llegando hasta la actualidad con mayores sofisticaciones metodológicas 7 -por ejemplo en la extensa obra de Zimbardo y sus múltiples seguidores (véase Zimbardo y Boyd, 2009). De un espesor sociológico mayor, los escritos de Mercure (1983) a principios de los'80 pretendieron dar cuenta de las distintas configuraciones sociales del futuro. El autor diferencia cinco variantes del futu-ro: fatalista, previsor, continuista, etapista y posibilista. Son tipos construidos a partir de una investigación cualitativa realizada en Québec en la que se centró la atención en los planes de vida y la perspectiva sobre el porvenir de hombres y mujeres en distintas posiciones en la estructura social. Aunque no se resolvía en términos de un esquema causal unidireccional, Mercure, a diferencia de los psicólogos antes reseñados, destacaba que la situación en la estructura social de los sujetos entrevistados era clave para comprender su imagen del futuro. En esa línea de investigación hay que situar trabajos publicados en los últimos diez años en el marco de lo que se puede denominar estudios sociales de la incertidumbre y el futuro 8. Es propio de estas investigaciones la utilización de técnicas cualitativas de indagación (entrevistas en profundidad, focus groups), una cierta, pero limitada, tensión teórica -sobre todo en relación al problema genérico de la (pos)modernidad y la descomposición del tiempo-y un interés directo en perfilar las distintas estrategias de concebir y vivir el futuro de la categoría social que analizan. Si el asunto interesa no es, como en el caso de los trabajos de orientación psicológica, para generar un saber que permita diagnosticar (y luchar contra) las desviaciones socio-personales, sino para dar cuenta de las distintas conformaciones de las identidades colectivas: el tiempo y especialmente la idea del futuro es uno de sus pilares fundamentales. Los trabajos hasta ahora reseñados son de marcada orientación empírica. Están pues ligados a los instrumentos de observación de psicólogos (sociales o no) y sociólogos y a sus técnicas de explotación (mayoritariamente cuantitativas, pero también cualitativas) de los datos que producen. El resultado es la acumulación de datos-informaciones sobre categorías sociales circunscritas, la producción de conceptos de corto alcance o ad hoc, la sumisión de la reflexión teórica a su operativización tecno-metodológica, un muestrario variado sin ensamblar de tipologías de futuros constituidos. Pero no agotan el campo de los estudios sociales sobre el futuro. Hay que considerar también distintos ramales de la ciencia social (sociología, ciencia política, antropología, geografía, pero también filosofía social y política) de los últimos 20 años en los que, ya sea en razón de la problemática de la posmodernidad, ya sea al hilo de la revolución de las tecnologías de la información y el conocimiento, ya sea de la mano de algunas tendencias emergentes del cambio social ligadas a la aceleración, se ha acabado desem-a378 bocando en el debate sobre el tiempo y, en consecuencia, sobre el futuro. Sintetizando aproximaciones tan dispares como las de Jameson (1995de Jameson ( y 2003)), Bauman (2000Bauman ( y 2007) ) y Lipovetsky (1986Lipovetsky ( y 1990)), o las de Castells (1997) y Eriksen (2001), o las de Harmut Rosa y Scheuerman (2009) -o entre nosotros Beriain (2008) e Innerarity (2009)-, podemos decir que lo propio de esta ciencia social del futuro es el diagnóstico que anuncia su desaparición, diagnóstico en el que, siguiendo hipótesis y analizando fenómenos sociales muy dispares, coinciden -ya sea que lo consideren un destino manifiesto, ya sea que lo celebren, ya que lo lamenten y propongan una alternativa 9. En todos estos casos, lo que se acuerda es que el futuro tal como lo concibió la modernidad, o tal como era cuando las TICs todavía no nos habían revolucionado, generando la sociedad en red, o tal como se esperaba cuando el ritmo de la vida social era más sosegado, ese futuro pasado propio de la primera modernidad o de la modernidad plena ha desaparecido. Lo que emerge es su ausencia o su achicamiento en razón del privilegio de lo instantáneo o de un presente que todo lo atrapa y no lo deja nacer. La sociología del futuro es aquí una sociología del ocaso y la desaparición; una sociología de la orfandad que asegura que nos hemos quedado sin él 10. Por fuera de esta orientación de la macro-sociología, hay otras dos aproximaciones que completan y cierran el recorrido: las de Niklas Luhmann y Barbara Adam; son las más cargadas de teoría, aunque ciertamente con orientaciones muy diferentes. El interés de Luhmann por situar el problema del tiempo en el marco de la sociología es acusado a lo largo de toda su obra. Su interés por el futuro se plasmó en un trabajo de 1976 muy influyente, traducido en Ramos Torre (1992). En él, Luhmann, acogiéndose a una tradición que viene de Agustín de Hipona y llega a la ciencia social del siglo XX con Mead y Schutz, concibe el futuro como un horizonte del tiempo que ha de ser conceptuado en el marco de las iteraciones (futuro presente, presente futuro, pasado futuro, etc.) ya exploradas en las Confesiones agustinianas. Si los modernos sistemas sociales diferenciados han evolucionado hacia una temporalización de la realidad, esta se ha materializado en una creciente futurización 11. Esta futurización plantea problemas que se han pretendido resolver siguiendo dos estrategias tendentes a la colonización del futuro incierto: son las estrategias de desfuturización propias de la tecnología y la utopía. Ambas acuerdan que el futuro no puede empezar, pero dan certezas para conformarlo o esperarlo. En consecuencia, las crisis de la modernidad son crisis de sus futurizaciones o, de forma más concreta, de sus estrategias de desfuturización o colonización. Por su parte, Barbara Adam, en una reciente publicación en colaboración con Groves (Adam y Groves 2007), hace una aproximación sistemática al problema del futuro en la sociedad contemporánea. La idea crítica fundamental es que la historia del futuro que arranca de los esfuerzos de los chamanes y los profetas por conseguir certeza desembocó en los dos últimos siglos en la emergencia de un futuro abstracto, abierto y vacío, susceptible a su vez de ser administrado por medio de técnicas de previsión y proyección. Ese futuro, según argumentan, no está ya a la altura de los tiempos y de los problemas a que nos toca afrontar en este siglo que comienza, dominado por la amenaza ecológica y la desmesura de la colonización tecnológica (potencialmente catastrófica) del planeta. Es preciso pasar a concebir y configurar un futuro latente y producido -que está ya allí, con independencia de nuestros planes y previsiones, aunque sea en gran parte la consecuencia no-intencional de nuestro obrar-que rompa la vieja divisoria entre los facta y los futura, es decir, entre aquello que está hecho y es independiente de nuestra conciencia, por un lado, y lo que solo constituye un dato de la conciencia, por el otro. Concebir el futuro desde la óptica de lo factual es el núcleo de la propuesta de Adam para afrontar estos tiempos de complejidad y crisis ecológica. Hasta aquí la presentación comprimida de la sociología del futuro de los últimos 50 años. Esta tradición deja un legado nada desdeñable. Por un lado, en muchas de sus variantes, se ha construido a partir de la investigación empírica, rescatando el problema del tiempo del puro debate de la logomaquia o las intuiciones poéticas. Por otro lado, rastreando esa bibliografía se puede conseguir un enriquecimiento notable del marco analítico de las indagaciones sobre el futuro: conceptos más afinados y complejos; articulaciones más ricas entre el futuro, el presente y el pasado; tipologías del futuro analíticamente explícitas y teóricamente fundamentadas. Además, todos esos trabajos han mostrado que la otra cara de una modernidad que temporaliza y futuriza la realidad es la problematicidad del tiempo y especialmente de un futuro al que se asigna papel tan preponderante. Por último, es evidente que esos trabajos están tensados por la relevancia pragmática del tema que abordan. Ya sea para establecer terapias sociales, ya para celebrar los nuevos espacios de la experiencia, ya para criticar la destrucción de los horizontes temporales y optar, a378 al modo de Innerarity (2009, p. 133), por una nueva "crono-política", en todos los casos, el problema del tiempo/futuro se convierte en un problema de la acción, un problema social, un problema político. ANALÍTICA Y PROBLEMÁTICA DEL FUTURO SOCIAL Entiendo por analítica del futuro un conjunto trabado de conceptos que nos permite abordarlo, diseccionarlo, mostrar sus determinaciones fundamentales y eventualmente dar razón de sus cambiantes conformaciones. Entiendo por problemática del futuro el conjunto de problemas que la conformación del futuro presenta en una coyuntura socio-histórica. Lo que en este caso se problematiza es una conformación tópica de la semántica y la pragmática del futuro. Esto hace que lo que se daba por cierto y seguro deje de considerarse así. La analítica y la problemática del futuro se han de configurar tomando en consideración la tradición de saberes (de especialistas y legos) sobre el futuro antes reconstruida. Es en el marco de esa tradición donde podemos fijar cómo hemos de pensarlo y qué es lo que, de los tópicos modernos dominantes, nos resulta incómodo, debatible o abierto. En el proceso de fijación de una analítica del futuro los hitos fundamentales son: a) la aclaración de las iteraciones del futuro, b) el complejo conceptual que se arracima en lo que se suele denominar perspectivas de futuro y c) lo que pasaré a presentar como dimensiones del futuro -muy relacionado con lo que se fija en b). Haré una rápida incursión por todos ellos. El modelo para concebir el tiempo en términos de iteraciones temporales lo proporciona Agustín de Hipona en el libro XI de las Confesiones. Fue recogido en la filosofía-teología medieval y rescatado para la sociología del tiempo por Luhmann (1976); posteriormente Adam y Groves (2007) lo consolidan 12. En sustancia propone que la distinción usual entre el pasado y el futuro -los dos horizontes del presente cuyo concurso o diferencia configura el tiempo-puede llevar a combinaciones temporales tan inusitadas como analíticamente fértiles. Esas combinaciones repiten y entrelazan los tres conceptos temporales fundamentales, es decir, el presente, el pasado y el futuro. En el contexto actual, se tomarán en consideración las posibilidades abiertas por tres iteraciones: el futuro presente, el presente futuro y el pasado futuro. Subrayemos que, en todas ellas, el orden de los términos sí altera el producto. Y es así porque, en todos los casos, el término que aparece en primer lugar cumple el papel de sustantivo, mientras el segundo término es un adjetivo que lo cualifica 13. Por lo tanto, la diferencia entre las expresiones futuro presente y presente futuro radica en que en el primer caso el futuro es el sustantivo cualificado por ser presente, mientras que, en el segundo, el presente es el sustantivo que resulta cualificado por ser futuro. Unas breves indicaciones adicionales bastarán para fijar lo que se entiende propiamente en cada caso. Se entiende por futuro presente la idea o imagen que se tiene en el presente de lo que pueda ocurrir en el futuro. El futuro es siempre un horizonte del presente y sólo como tal se puede idear y vivir. San Agustín (Confesiones, Libro XI, § 26) insistía en esto: no hay un futuro, sino el futuro de las cosas presentes, es decir, de ciertos estados actuales de la conciencia que denominamos espera. Cada presente tiene sus horizontes de futuro. Es obvio que esos futuros presentes son múltiples y enfrentados (los futures contested de Brown, Rappert y Webster, 2000), pues muchas son las posibilidades de futuro que coexisten en un presente y, en consecuencia, muchos los horizontes de futuro que contrastamos, sopesamos, desechamos, tememos o apetecemos. A su vez, los futuros presentes se diferencian del presente futuro porque este hace referencia a lo que será lo que ahora consideramos futuro cuando realmente ocurra y se haga presencia. Cuando conjeturamos el futuro siempre se juega con esta relación entre el plano de lo que ahora podemos idear o barruntar como tal y el plano de cómo se conformará cuando se actualice eso que ahora solo podemos pensar como (im)posible. Evidentemente, el discurso del futuro dramatiza siempre las relaciones entre los futuros presentes y el definitivo, concreto e ineluctable presente futuro que se esconde por detrás de aquellos. Por su parte, se entiende por futuros pasados los futuros que se idearon y tomaron en consideración en el pasado y que, entonces, fueron relevantes para reducir la incertidumbre de base del tiempo por venir. Por medio de la memoria podemos recordarlos y contrastar las esperanzas o temores de entonces con lo que finalmente ocurrió y pasó a configurar el presente en el que recordamos. Por reducirlo a ejemplos expresivos: ¿qué fue de las predicciones del Club de Roma?; ¿o del futuro de la sociedad industrial como sociedad pos-industrial?; ¿o de los pronósticos sobre la sociedad del ocio o de un mundo de complacidos humanos que observarían cómo trabajarían para ellos millones de autómatas sin alma, pero dóciles? Es evidente que una sociología reflexiva debería atender a los futuros a378 pasados que sus expertos han vaticinado y aprender a lidiar el problema correoso del tiempo tomando eso en seria consideración. Las iteraciones temporales nos sirven para analizar las múltiples formas en las que el futuro se dice. En ese marco, se consigue una mayor riqueza analítica si, de acuerdo con la línea teórica Agustín-Mead-Luhmann, concebimos el futuro como un horizonte del presente 14. Es aquí de ayuda la ingente producción que en psicología (social o no) y sociología se ha ido acumulando sobre lo que se tiende a denominar las perspectivas temporales y, específicamente, la perspectiva del futuro. Se trata del segundo punto del recorrido por la analítica del futuro antes anunciado. Ya antes se apuntaba que el tema no es pacífico ni siquiera en el campo terminológico. Lo que la tradición de los future studies denomina imágenes del futuro, Leshan en los años 50' y Tommsdorf en los 70' orientaciones temporales, se tiende a denominar desde los trabajos de Wallace y Kastenbaum perspectiva temporal (de futuro), lo que ha quedado consagrado tras los trabajos de Zimbardo y su propuesta de un muy ambicioso (y muy utilizado en la investigación empírica) Inventario de Perspectiva Temporal de Zimbardo (ZTPI, en sus siglas en inglés) (Zimbardo y Boyd, 2009). Una cierta disidencia en este campo la protagoniza Joseph Nuttin (1985) que en su influyente trabajo de los años 80 propuso ordenar conceptualmente este campo distinguiendo entre las orientaciones, las actitudes y las perspectivas de futuro (o temporales sin más). Aunque está claro que estas distinciones no se han asentado y los trabajos de referencia utilizan el término perspectiva en el que recoge y une lo que Nuttin diferencia, es posible fijar la semántica de la perspectiva de futuro de la manera que sigue. Si el futuro es una perspectiva, se trata entonces de un horizonte que se contempla desde un determinado punto de observación (siempre situado en el presente). Se supone así que lo contemplado depende del punto de vista, pero también que puede ser algo en sí mismo (futuro latente de Adam) con independencia de quién y cómo se observa, dejando así suelta la sensibilidad para considerar los aspectos factuales de los futura. Siguiendo básicamente a Nuttin (1985), el horizonte de escenarios, entes y acontecimientos contemplados puede tener mayor o menor profundidad o extensión, ser más o menos denso en razón de la cantidad de elementos que considera, mostrar una mayor o menor estructuración (conexión, transitividad, narratividad etc.) entre lo que contiene, transmitir una mayor o menor viveza o realismo y eventualmen-te diferir en su precisión temporal (orden temporal y cronología). Todo esto permite distinguir diferentes perspectivas temporales o diferencias entre categorías sociales en función de sus variadas perspectivas. Estas diferirán en razón de su extensión, densidad, estructuración, viveza y precisión temporal. Obviamente, esto no agota lo mentado al hablar de las perspectivas temporales. Al lado de las determinaciones ya especificadas, las perspectivas contienen diferentes dimensiones. De acuerdo con los trabajos de referencia, podemos distinguir al menos cuatro básicas. Por un lado, las dimensiones cognitivas que hacen referencia a contemplar, saber, conjeturar, calcular, imaginar, suponer, etc., cosas, escenarios, personajes y acontecimientos situados en el futuro. Por otro, la perspectiva más propiamente práctica o ligada a la acción (en los trabajos de psicología se suele denominar motivacional) en la que se contrasta, en términos de factibilidad, lo que se puede/debe hacer vs lo que hay que sufrir -y sus eventuales círculos paradójicos 15 -. Además hay, evidentemente, una dimensión valorativa en la que se resuelve el carácter favorable/desfavorable de las contingencias futuras. Por último, pero con relaciones muy intrincadas con las tres anteriores, hay que destacar una dimensión emocional o catéctica que se materializa en temores, confianzas, deseos, esperanzas, etc. En consecuencia, a la hora de dar cuenta de una perspectiva de futuro no basta tan solo considerar su profundidad, densidad, estructuración, viveza y temporalización, sino que también hay que atender a las dimensiones cognitivas, prácticas, valorativas y emocionales con las que se procesa ese horizonte. Fijada así, esquemáticamente, la analítica del futuro, se puede entrar en lo antes anunciado como problemática del futuro. Aquí se puede ir más deprisa. Si, según lo antes propuesto, la problemática del futuro no es otra cosa que la problematización que en una determinada coyuntura se hace de la visión tópica dominante, entonces podemos colegir que las variantes actuales de la problematización del futuro -recuérdese: en tiempos de una fuerte autoconciencia de CRISIS-harán referencia a lo que han sido sus rasgos dominantes (aunque fluctuantes, polemizados, desvanecidos a veces, etc.) en la modernidad triunfante. Atendiendo a los análisis de Koselleck, Luhmann y Adam se pueden fijar ciertos rasgos como sus determinaciones fundamentales. Son la novedad, la apertura, la colonización tecno-utópica y la mejora o progreso. El futuro como novedad. La emergencia de novedades como expresión más propia del futuro es una idea típicamente moderna que enfatiza la asimetría a378 entre el espacio de la experiencia y el horizonte de la expectativa (Koselleck, 1985). Si la modernidad supone la emergencia incesante y legítima de novedades que no tienen precedente -y esto proponía la definición canónica del inventor del término, Baudelaire-, entonces su futuro lo concibe como emergencia de novedades que pueden o no llegar a ser imaginadas, pero que chocarán con las cosas a las que estamos acostumbrados. Supone, pues, ir más allá de lo familiar, remozándolo o arrinconándolo. Lo que no cabe pensar es un futuro que sea la cansina repetición de lo mismo, el cierre del círculo pitagórico que une principio y final. El futuro de los modernos es abierto. Que esté abierto no se puede identificar con el tópico de la incertidumbre y la eventual sorpresa. Indica más bien la conformabilidad del futuro por parte de la acción, su factibilidad, lo que Rescher (1998) llama su tractability (manejabilidad). Un futuro abierto es uno en relación al que podemos ahora -y eventualmente podremos mañana-hacer algo. No quiere decir que vaya a ser conformado según la intención (individual o colectiva), ya que para los modernos es clara la ironía de la acción y sus recurrentes consecuencias no-intencionales, externalidades, efectos colaterales o perversos. Con todo, las consecuencias no intencionales -incluso en su forma menos amable de consecuencias perversas-no hacen sino reafirmar el carácter abierto del mundo y, con él, del futuro. Los antiguos leían lo que se enfrentaba a la intención y eudiamonía de los humanos como destino o juego insensato de la fortuna; Boecio, a principios del siglo VI, ensayó el puente de sentido que permitía pasar del destino-fortuna a la Providencia de Dios; la modernidad, por el contrario, dio por descontado que todos esos infortunios mostraban simplemente lo que surgía de la acción humana o sus artefactos aunque no estuviera en sus intenciones. Colonización tecno-utópica del futuro. Como muestran Adam y Groves (2007) en una reconstrucción paciente de sus variantes, todas las culturas-sociedades humanas se han enfrentado con la incertidumbre constitutiva del futuro y han intentado reducirla, colonizándolo. Colonización no significa abolición de la incertidumbre que le es propia, sino la apuesta por ampliar o adensar su "gozne" (Wittgestein 1988) de certeza 16. Luhmann (1976) propone que la colonización del futuro (o desfuturización parcial) propia de la modernidad se encarna en la tecnología y la utopía. Ambas suponen un horizonte dotado de profundidad. La primera asegura la selección de algunos de los futuros presentes; la segunda, la ideación de un presente futuro cumplidor definitivo de las promesas emancipatorias. Tal vez la expresión más cumplida de la colonización técnica del futuro se encuentra en la constitución y desarrollo del estado social o estado del bienestar. Sus mejores analistas (Baldwin, 1992; Castel, 1997; Ewald, 1996) han mostrado que su aportación básica es la utilización de una tecnología de evaluación-gestión de riesgos sociales que genera seguridad y reduce la incertidumbre del futuro en aspectos fundamentales de la existencia (salud, vivienda, alimentación, reproducción, formación, etc.). Por su parte, la utopía anima la tensa espera de un presente futuro que acabará por llegar, en el que la humanidad acceda a la verdadera historia (Marx) o se libere de la historia, abriendo la "pequeña puerta por la que el Mesías podría penetrar" (Benjamin, 1940(Benjamin, /2012, p. El futuro como mejora o progreso. Se trata de una de las ideas que, aunque con precedentes en la historia de occidente, sólo triunfa plenamente hasta convertirse en un tópico en la sociedad moderna (Nisbet, 1981). No se limita a suponer que el mundo es abierto y está abocado a novedades sin cuento, sino que además se orienta hacia mejoras continuas o discontinuas, que se pueden sumar y dan una orientación a la historia. Lo que cabe esperar -parezca o no claro y manifiesto-es siempre un más, una mejora, un paso adicional, la actualización de lo preferible -como diría Wendell Bell. Puede parecer que lo que ocurre en la actualidad lo desmiente; incluso se puede asegurar que la insociable sociabilidad y una naturaleza madrastra (Kant) lo dominan todo. Pero en la colmena humana siempre hay que esperar que de las acciones egoístas surjan consecuencias altruistas o que de la búsqueda del poder, la riqueza y el honor particulares surjan la libertad, el derecho y el bienestar común. El progreso y el bien se fundamentan -ya lo dijeron Leibniz, Mandeville, Vico y Smith-en el Principio Consecuencial (Ramos Torre, 2002b). Si estas son las notas sobresalientes del futuro tópico o imaginario de las sociedades modernas, entonces la problematización del futuro no será otra cosa que la puesta en cuestión de su plausibilidad, es decir, el cuestionamiento (o la acumulación de anomalías difíciles de aceptar) de su despliegue de novedades sin precedentes, o de su apertura práctica o conformabilidad, o de la colonización tecno-utópica o de su encaminarse hacia mejoras y progresos. La información que brinda la investigación empírica debería aclarar en qué sentido o en qué medida ese futuro moderno está siendo problematizado. FUTUROS SOCIALES EN TIEMPOS DE CRISIS: REPERTORIO DE SENTIDOS Lo anterior brinda el marco para adentrarse en el análisis de la evidencia empírica producida en la investigación antes referida. En esta sección fijaré un repertorio de sentidos a la mano que aparecen en las discusiones de los grupos. Entiendo por repertorio el conjunto o colección de las imágenes, ideas, expresiones, barruntos, intuiciones, etc. que surgen al hilo de las discusiones de los grupos. Son un repertorio de sentido a la mano porque fijan la colección de sentidos disponibles para actuar en el espacio social de la comunicación. La que sigue es una muy primera exploración, limitada a fijar los retazos de sentido emergentes sin intención ninguna de reconstruir el discurso entero en el que se puedan integrar, ni de establecer el sistema de discursos existentes y asignarlos a distintas categorías sociales. Eso queda a la espera de trabajos ulteriores. Lo que ahora se pretende es rescatar retazos -o esbozos o piezas o astillas-de ese repertorio de sentido a la mano. Muestran los tópicos que salen en las discusiones y las animan. Para presentarlos, opto por organizarlos a lo largo de ejes en los que cabe diferenciar dos posiciones extremas. Los retazos discursivos se ubican en uno u otro extremo o en posiciones intermedias. En cualquier caso, en esos ejes se muestran los límites de la plausibilidad del viejo discurso tópico de la modernidad sobre el futuro, las variadas conformaciones de las perspectivas de futuro, sus dimensiones y el modo en que se articulan las iteraciones temporales. El análisis del material de los nueve grupos de discusión induce a distinguir al menos seis ejes fundamentales en los que se ordenan los tópicos sobre el futuro. Paso a recorrerlos en sucesión, acompañando la descripción de algunos verbatim expresivos. Eje 1 o de la dimensión práctica del futuro. En este eje se contrapone un futuro que se hace, tiene, consigue, produce o construye, es decir, un futuro que está abierto a la conformación por parte de un actoragente, contra un futuro que "hay", sucede, ocurre, pasa, "sale", es decir, un futuro que aparece como un conjunto de facta que se le vienen literalmente encima a un actor-paciente. Es congruente con estas dos conformaciones polares en el eje práctico la imagen de un futuro hacia el que se va o se avanza, un futuro que se explora, se contrapone a la imagen de un futuro que viene por sí mismo, se nos cae encima, se da conocer. Es una doble imagen del tiempo muy asen-tada en el lenguaje (Lakoff y Johnson, 1995, pp. 79 y ss.): el tiempo como aquello por lo que me desplazo (ego se mueve por un tiempo que está 'quieto') vs el tiempo como lo que se me viene encima (el tiempo se desplaza hacia un ego a la espera). Expresiones del primer tipo son menos numerosas de lo que cabría esperar dados los tópicos meritocráticos dominantes. Aparecen nítidamente en las discusiones de dos categorías sociales: funcionarios y estudiantes. Se demanda lo que se hace para construir o formar el futuro, lo que presupone su factibilidad: "¿Qué hace la gente por sí misma para la construcción de ese mañana? ¿Qué hacéis vosotros para la construcción de ese mañana?" "Estamos estudiando y formando nuestro futuro, pues que dé sus frutos dentro de unos años" (Estudiante: GD3). Frente a la imagen de un futuro que se hace, forma o construye, está la inversa del futuro que sale al encuentro de repente, sin que hagamos nada, que está, para gusto o disgusto, ya hecho y nos cae encima. Frente a él poco cuenta la capacidad de acción de un actor-agente; cuenta más bien la vieja diosa fortuna. Tal implícito informa la siguiente intervención de un trabajador industrial en la que se ponen en relación futuros pasados con un presente futuro que nos saldrá al encuentro: "Siempre hemos sido un país de servicios... de repente, descubrimos la construcción.... Oye, todo el mundo nos apuntamos a la construcción. Los ayuntamientos los primeros.... Que han sido los primeros en meternos en el follón. Pues en vez de la construcción, saldrá otra cosa. Digo yo, que nos lleve a algo bueno. Porque sin esperanza, desde luego..." Ese futuro que sale no es el que se hace o construye; es un tiempo que viene y va sin que podamos hacer mucho para atraparlo; todo lo más, podemos acomodarnos a sus dictados, apuntarnos a él. Eje 2 o de la certeza. En este eje se contrapone lo que se sabe, contempla, puede pensarse y hablar, frente a lo que no se ve, se ignora, no se piensa e incluso se silencia. Las metáforas fundamentales son visuales, destacando la contraposición luz/oscuridad. También emergen metáforas auditivas: aquello de lo que se habla y se escucha vs aquello que se silencia o no se quiere escuchar. Evidentemente, la experiencia y dramatización de la crisis, como situación personal o colectiva, va de la mano de lo oscuro (negritud), el silencio o el no querer escuchar. Además lo puramen-a378 te cognitivo se mezcla con la expresión de la voluntad: no solo no se ve, sino que no se quiere ver; no solo no se habla, sino que no se quiere hablar. Algunas intervenciones permiten plasmarlo: No querer hablar/oír. "En el fondo estamos hablando todo el rato y si te das cuenta, nadie quiere hablar del futuro. Estamos todos aquí atrincherados diciendo, mientras mañana salga el sol" (Varones autónomos: GD6). Eje 3 o de la profundidad del futuro. Lo que cuenta aquí es la conformación del horizonte de futuro tal como se plasma en la perspectiva desde la que se contempla. La contraposición es, por un lado, la imagen de un horizonte largo, poblado de acontecimientos con una cierta viveza, eventualmente conectados entre sí y con cierta explicitación temporal y, por el otro, lo que es más bien barrunto de un horizonte corto, comprimido o inexistente que linda con un presente casi auto-contenido y auto-suficiente. Las metáforas son visuales, centradas en el contemplar, ver, incluso calcular algo que se contempla con nitidez. La experiencia de la crisis es la de la disminución o compresión del futuro. Sobre todo entre los que se saben indefensos o impotentes, para los que como mucho cabe hablar de un bifurcación de horizontes del futuro: el propio, muy estrecho; el de los hijos, más largo. Los fragmentos que explicitan estas posibilidades son frecuentes: Compresión del horizonte hasta hacerlo desaparecer a favor de un presente sin fronteras externas, a modo de terapia frente a la frustración. "tienes que vivir el día a día porque no sabes lo que te va a pasar mañana" (Mujeres técnicas/profesionales: GD2). "Es lo que decís vosotros, me preocupa el día a día, ahora mismo no piensas en el futuro casi, porque bastante tienes" (Varones autónomos: GD6). "Hay que cambiar el chip, y el chip es vivir día a día. No crearte metas ni a favor ni en contra, porque si no, lo tienes jodido. Jodido porque te puedes coger depresiones de lo que ves a tu alrededor" (Trabajadores industriales: GD8). Estrechamiento del horizonte y escasez de acontecimientos. "Pero a 10 años, yo no soy capaz de ver tan lejos. Porque tanto problema que no me da tiempo a pensar en 10 años. O sea, en 10 meses ya voy apañado. Esa capacidad de mirar... pero es absurdo. No veo que vaya a funcionar como hace 10 años, bajo mi negocio" (Varones autónomos: GD6). "[Sobre el cambio climático] Eso es para 50 años. Yo quiero comer mañana y... el año que viene a ver dónde estoy..." Bifurcación de dos horizontes de futuro en razón de su extensión o profundidad. "Yo al menos ya no pienso a largo plazo en mí. Pienso, bueno, yo tengo casi mi piso pagado, raro es que no lo termine de pagar, y con poco nos apañaremos... pero pienso en mis hijos, a largo plazo, a corto plazo sí pienso, bueno, a ver si por lo menos no nos quedamos sin trabajo para ir tirando. Pero a largo plazo pienso sobre todo en ellos." Eje 4 o de las emociones ante el futuro. Se trata de un eje fundamental en el que prima la dimensión emocional. En este eje se contrapone un polo en el que domina la espera tranquila, la realización del deseo, la ilusión mantenida o incluso una fantasía emancipatoria que se sabe tal; frente a esto, en el otro extremo, el miedo y la sensación de desamparo, de no poder confiar en nada a lo que agarrarse y que sea garantía del día de mañana. Entre estas posiciones extremas, se sitúan las posiciones realistas, nada entusiastas, que fijan fríamente lo que cabe esperar y la necesaria acomodación a lo cotidiano. La esperanza es el soporte de un futuro. En ocasiones es una esperanza compacta y tranquila en la que se une el futuro imaginado y el futuro deseado; la esperanza de quien se sabe situado en un proceso en el que se suceden etapas y al final aparece la luz: "Dentro de diez años me imagino trabajando en el mismo sitio. Y espero que con las condiciones laborales mejores, porque ahora se están mermando mucho y esperemos que la crisis haya remitido y volvamos otra vez a retomar el camino. Ese es el deseo que tengo" (Empleados fijos: GD7). Pero en otros, se trata de un esperanza-refugio, un sentimiento al que acogerse, necesario para vivir. Y así la reflexión sobre la esperanza en este fragmento, alude más a lo que se quiere tener, que a lo que se tiene: [Moderador] Con relación a esto que han planteado aquí de que la gente no ve futuro... ¿creéis que es así? [A] "A nivel teórico sí. A nivel práctico todos tenemos esperanzas... porque si no..." a378 [B] "Todo el mundo quiere tener la esperanza..." Una variante significativa es la que envuelve el futuro en la fantasía. Gustaría que tal cosa ocurriera, es más, se presenta como lo más correcto, pero se sabe que se trata de fantasías difíciles de cumplir: "dices: Pues si me voy al campo y hago una economía de subsistencia de: dos gallinas, un cerdo y plantar tomates. Es que ya llega un momento que dices: O me apeo del sistema... no es que lo vea muy fácil, no, pero ya te pones a pensar y dices: Jo, es que estoy aquí jugando a su juego... el juego que se ha planteado no sé quién..." A medio camino en la trayectoria hacia el miedo y el desamparo, parece el juego entre el deseo y el temor realista, la contraposición del futuro deseado y el futuro temido: "Yo veo dos futuros, sinceramente. Uno, que es el que espero, y otro que es el que no espero. O sea, el cielo y el infierno. El que espero... joder, seguir trabajando en la química y haber mejorado. El que no espero, de camarero" (Varones autónomos: GD7). En el polo extremo, surge la pasión fría del miedo. Está en la mayoría de las intervenciones, sobre todo al comparar el futuro tal como se esperaba (futuro pasado) y el futuro tal como lo vemos ahora (futuro presente): "Porque la verdad es que futuro... no tiene nada que ver con lo que podíamos pensar hace diez años o quince...o pensaban nuestros padres cuando decidían casarse con veinte años, tenernos con veintidós. Hemos ido para atrás, pero una barbaridad" (Jóvenes temporales: GD9). Esta sensación de frustración y de ir hacia atrás, se muestra en algún caso como una mezcla cuasi infantil de miedo y desamparo: "miedo, pero luego que no te amparan instituciones, porque siempre hemos estado amparados por el Esta-do... Entonces, el miedo, incertidumbre... de repente te dicen los políticos del Estado... que hay esta cifra, y desde Europa te dicen que la cifra no es buena, es pa' la... Entonces dices.... ¿a quién creo? Entonces aparte de miedo, es desamparo" (Mujeres técnicas: GD2). Eje 5 o de la novedad. Lo que aquí se juega es la espera de un futuro imaginado como sucesión de novedades que, en su forma más radical, no tendrían precedente y conformarían un mundo nuevo (que habrá que imaginar), con independencia de cómo se juzgue (bien o mal), frente a la idea de un futuro en el que, en contra de todas nuestras expectativas, se recupera o restaura algo que ya existía anteriormente y se creía superado o abolido, es decir, un futuro imaginado como una vuelta del pasado cerrando un gran bucle. Como expresión de la imagen tan arraigada de un futuro de novedades sigue incidiendo la imagen del futuro tecnológico que es la expresión más plena del cambio hacia lo novedoso (una novedad, por decirlo así, colonizada, resultado de la técnica racional). Con todo, no tiene la relevancia que tenía en el discurso del tiempo en épocas anteriores a la crisis. Además de tener menor incidencia, tampoco aparece un discurso nítido de confianza en los valores emancipatorios de las 'nuevas' tecnologías. El maridaje de la hipérbole tecnológica de las TICs y la utopía del futuro ha sido disuelto por la crisis. Considérese en este sentido la siguiente intervención de jóvenes con trabajo temporal: "[vamos a ser] más tecnológicos, sí... Eso es una cosa que siempre va a más, siempre... no es una cosa que vaya en retroceso. Entonces... cada vez habrá menos cosas físicas y más tecnológicas, más Internet, habrá muchísimas menos cosas de tú a tú, sino que simplemente desde tu casa... yo creo que la gente va a ser menos sociable todavía... porque ya la gente joven cada vez sabe menos tener conversaciones, porque están más que con su WhatsApp, con su móvil... y en eso vamos a retroceder... creo..." "yo me pongo a pensar y es que, en un futuro, va a ser todo tecnología... Yo en ese aspecto lo veo un poco oscuro también. Pero las intervenciones más recurrentes no enfatizan la novedad, sino la vuelta del pasado, la restauración futura de algo que se creía superado: el pasado como futuro. Es un tópico que se reitera: "pasará como antes, que el que no tiene dinero no podrá ni estudiar y se tendrá que buscar la vida, pues un poco de mala manera... pero lo malo de ahora es que pasará como antes" (Trabajadoras: GD5). "Estamos volviendo a lo de antes, antiguamente, a la tartera y punto. La tartera, las chimeneas... en mi pueblo hacía que no se veía una fogata, mil años... todo calefacción. Pues ya se están encendiendo. Y en el campo no cortaba una encina nadie... pues ahora se pegan por ella... es así [...]... Estamos volviendo a la edad de antes, vamos a los tiempos de antes" (Varones autónomos: GD6). a378 "Como antiguamente... como decía mi padre con los señoritos, dependiendo de los señoritos, o sea, dependiendo de los ricos ricos" (Varones autónomos: GD6). Eje 6 o de la mejora. Es un eje relacionado, pero no identificado, con el anterior. En él se contrapone el tópico moderno de un futuro que supone avance o mejora (inmediatos o a medio/largo plazo) con el tópico emergente que barrunta pérdida o deterioro o asegura que las cosas se mantendrán sin cambios de valor, tal como ahora. Las metáforas recurrentes son dinámicas: avanzar, retroceder, subir, bajar, etc. Lo relevante en todas estas intervenciones es el marco de fondo de la CRISIS. La confianza en que la crisis acabará y habrá una mejora aparece en pocas intervenciones: en unos casos como producto de una deriva, que es la de la sociedad moderna y sus crisis episódicas, y en otros más como deseo o esperanza que como certeza. Son colectivos con una cierta estabilidad o seguridad (propia o del medio familiar) los que más apuestan por esta reafirmación cautelar del futuro de avances y progresos. Alguna intervención basta para mostrarlo: "[A] yo espero que dentro de diez años podamos estar un poquito mejor que ahora. [B] Yo creo que estaremos mejor pero diferente, o sea, desde el punto de vista económico y laboral, nunca va a ser lo que ha sido hasta ahora [espero] no quedarme con lo que tengo, sino seguir avanzando" (Mujeres técnicas: GD2). Pero el tópico recurrente es el que vaticina una deriva hacia peor. "estamos perdiendo todos los derechos que hemos adquirido a lo largo de los años" (Ama de casa: GD4). "para atrás [...] yo dentro de cinco años me veo mucho peor que ahora" (Mujer asalariada: GD5). "Yo soy pesimista, desde luego. Tal y como está el patio soy pesimista. De momento va subiendo todo menos lo que tiene que subir, entonces el poder adquisitivo de todos nosotros, yo creo que nos está devaluando, está bajando. Cosas que hace un tiempo tenías acceso o bien las recortas o bien las suprimes. Entonces yo soy pesimista, porque esto no tiende a ir mejor" (Varones autónomos: GD6: 1). "Estamos yendo cada vez más para atrás" (Jóvenes temporales: GD9). Adicionalmente, aflora la esperanza de que el futuro no vaya a peor sino que se mantengan las cosas como hasta ahora, aunque sea en términos de una esperanza muy cargada de deseo que es un tópico recurrente: "El que sigue currando, yo en mi caso, cuando llega final de año, es que no pienso ni en que me suban el sueldo. Virgencita que me quede como estoy" (Trabajador industria química: G8). El repertorio de sentido a la mano proporciona retazos discursivos que muestran la utilidad de la analítica del futuro que se ha propuesto; conecta además con las discusiones de la tradición de investigaciones sobre el campo y permite afrontar de forma interesante la problemática del futuro. El futuro no puede empezar, decía Niklas Luhmann (1976). No puede hacerlo porque es un horizonte que se manifiesta en múltiples perspectivas en las que suelen contrastarse los futuros pasados (lo que creíamos que iba a ocurrir) con los futuros presentes (lo que creemos que puede ocurrir). Esas perspectivas difieren por su profundidad y demás rasgos que señalara en su momento Joseph Nuttin (1985). Pero también se muestran diferentes en sus dimensiones estratégicas, especialmente en lo que se refiere a lo que conocemos o desconocemos, creemos o no creemos poder hacer, confiamos o tememos. Se ha podido fijar un repertorio -desde luego no definitivo-de esas diferencias. Pero lo más relevante es que entre sus piezas se hace a la luz la problematización del futuro, que podemos describir mejor ahora. No se trata de una problematización al modo del catastrofismo (preferentemente) posmoderno, que lo hace desaparecer absorbido por un presente voraz. Ni tampoco del futuro patológico al modo de los psicólogos sociales, ya que lo 'anormal' está demasiado 'normalizado' como para poder ser considerado tal. Lo que más bien se muestra es que, sobre el fondo del futuro tópico de la modernidad -que se despliega en profundidad, ya colonizado, sometido a la acción y resuelto a la espera de novedades que supondrán mejoras-, emergen nuevos tópicos extraños a esos sobreentendidos. Aparecen al hilo de la autoconciencia de la CRISIS; no para dinamitar el sentido, sino para proveer nuevas fuentes de sentido. Y aparecen de forma recurrente, aunque ciertamente en variantes y con portadores sociales distintos. Por un lado, la insistencia en la ceguera, en la voluntad de no ver o escuchar, de desentenderse de algo que, sin embargo, se considera que está al acecho. Por otro lado, la conciencia de los límites de la propia capacidad de acción ante algo que viene o sale por sí mismo, hijo más de la fortuna que del propio obrar. Además, la crisis de la confianza y la recurrencia del temor ante lo que pueda Véase especialmente la apreciación crítica de conjunto de Barbara Adam (2011). En este sentido, hay que distinguir perspectivas tan dispares como la celebrativa de Lipovesky, la constatativa de Castells o la fuertemente crítica de Baumann y sobre todo Innerarity, de entre los autores citados. Sobre la tendencia a la temporalización y presentificación de la realidad, relevante en la sociología de las últimas décadas y sus conexiones con la desaparición del futuro, véase Ramos Torre (2014) y la amplia información bibliográfica ahí recogida. Luhmann se apoya en Koselleck (1985), así como en las propuestas de los años 30 de Lovejoy (1983) sobre la temporalización moderna de la gran cadena del ser. Aunque con alguna reticencia al considerarlo responsable de la línea de investigación que separa totalmente los futura y los facta (véase Adam y Groves, 2007, p. Para marcar visualmente la diferencia, el término en redonda es el sustantivo; la cursiva indica el adjetivo. Sobre la metáfora del tiempo como horizonte y otras metáforas sociales del tiempo ver Ramos (2007). La diferencia hacer/sufrir la propone Arendt para dar cuenta de las dos caras de la acción humana: agencia y paciencia (Arendt, 1993). 44c): "Proposición 341.Las preguntas que hacemos y nuestras dudas descansan sobre el hecho de que algunas proposiciones están fuera de duda, son -por decirlo de algún modo-los ejes sobre los que giran aquéllas"; "Proposición 343. Pero no se trata de que no podamos investigarlo todo y que, por lo mismo, nos debamos conformar forzosamente con la suposición. Si quiero que la puerta se abra, los goznes deben mantenerse firmes".
Las transformaciones del mercado laboral han provocado la diversificación de los tiempos de trabajo. Las pautas temporales que guiaban el transcurso vital se erosionan: la incertidumbre se instala en las vidas. Los jóvenes que se encuentran en la última etapa de la transición a la edad adulta sufren con especial crudeza esta situación. Las expectativas que construyeron en el pasado chocan con su presente. A través del análisis de veinticuatro entrevistas en profundidad, estudiamos de qué manera impacta la incertidumbre sobre estos jóvenes y qué efectos tiene sobre sus vidas. Los datos producidos en el trabajo de campo nos muestran que tanto el nivel de impacto, como las consecuencias de la incertidumbre, son diferentes en los jóvenes que siguen la secuencia del ciclo vital estandarizado y en quienes la han abandonado. Transición de la juventud a la edad adulta; ciclo vital; incertidumbre; expectativas de futuro; inestabilidad y precariedad laboral. La secuencia de etapas que completa el ciclo vital, dice Luhmann (1976), conforma un mecanismo de simplificación que indica al individuo cuál será la siguiente etapa a la que se tendrá que enfrentar. Este dispositivo reduce tanto la apertura ligada al futuro como su complejidad, dando lugar a lo que el autor denomina como "desfuturización del futuro". El buen funcionamiento de esta maquinaria, no obstante, requiere de una estructura temporal normalizada y de unos contrafuertes lo suficientemente sólidos que la soporten. El modelo de ciclo vital estandarizado que impera en los imaginarios sociales actuales es fruto de la estructura temporal que surge de la combinación de dos elementos paradigmáticos de la sociedad industrial: el estado de bienestar y el sistema productivo fordista. Ambos elementos dieron lugar a la norma social de empleo de la época dorada del capitalismo (Alonso, 1999; Alonso, 2007; Prieto, 2007); norma social que, gracias a la expansión de un ideal de trabajo lineal, estable y protegido, permitió a una parte sustancial de la sociedad desarrollar unos planes de vida sujetos a esas mismas premisas de linealidad, estabilidad y predictibilidad. Es pertinente señalar, no obstante, que esta norma, habitualmente generalizada tanto en los trabajos académicos como en el imaginario social, se ha limitado a recoger en su definición las características propias de un tipo de trabajador concreto: el trabajador industrial y varón, dejando fuera de ella otras realidades extensas, como la de las mujeres que, atendiendo a sus condiciones de trabajo ya desde la época que señalamos, ha generado una "norma del empleo" mucho más cercana a la discontinuidad, a la inestabilidad y a la precariedad que la generalizada en el popular modelo masculino (Carrasquer y Torns, 2007; Torns y Recio Cáceres, 2012). En todo caso, la crisis que comienza en los años 70 ataca de forma radical a las instituciones que soportaban la norma social del empleo masculina y su popular premisa biográfica. Desde entonces hasta la actualidad, las continuas flexibilizaciones y desregulaciones que ha sufrido el mercado laboral han provocado una diversificación de los aspectos temporales del trabajo (Castro, 2008) que no solo pone en duda la posibilidad de continuar guiando las vidas con arreglo al modelo biográfico sujeto a la norma social del empleo masculino, sino que empuja, sobre todo a aquellos colectivos más vulnerables, a reproducir un modelo mucho más cercano a la norma femenina. Con estas transformaciones, la secuencia de etapas que guiaba el transcurso vital se diversifica. El futuro se abre y se complejiza. La estructura temporal normalizada sujeta a la norma social del empleo masculino se sustituye por una estructura temporal diversificada y compleja que hace difícil adivinar cuáles serán las características de la siguiente etapa o qué herramientas serán necesarias para afrontarla. Este fenómeno no solo impacta sobre aquellos perfiles más vulnerables dentro del mercado laboral, sino también sobre aquellos colectivos que se encuentran en etapas de transición. En este artículo, pondremos la mirada sobre uno de ellos. Concretamente, sobre los jóvenes que ocupan la última fase de la transición de la juventud a la edad adulta. Socializados en la idea de un ciclo vital estandarizado con base en la norma de empleo masculina descrita, muchos jóvenes se topan hoy con una realidad biográfica ciertamente diversificada: los patrones sobre los que crearon sus expectativas pierden validez, sus trayectorias laborales se caracterizan por la inestabilidad, la precariedad y el desempleo, sus salarios son tan escasos como sus propios derechos laborales, sus transiciones se complican, sus planes de futuro se retrasan... Estas cuestiones, en su conjunto, llenan sus futuros y sus vidas de una fuerte sensación de incertidumbre. Partiendo de este contexto, el principal objetivo de este artículo es estudiar de qué manera impacta tal incertidumbre sobre las vidas de estos jóvenes y detectar cuáles pueden ser sus posibles efectos a largo plazo. Para ello, nuestra hipótesis de partida es que tanto el nivel de impacto de la incertidumbre como sus distintas consecuencias están condicionados por el grado de persistencia de la biografía normalizada en sus imaginarios. Para falsar esta hipótesis nos basaremos en los datos producidos a través de veinticuatro entrevistas en profundidad realizadas en 2013. A la hora de conformar la muestra, ponemos la atención, fundamentalmente, en dos grupos de variables. Por una parte, buscamos jóvenes emancipados o en vías de emancipación, con estudios finalizados al menos cuatro años antes de la realización de la entrevista y con cierta experiencia laboral posterior a la conclusión de sus estudios, de lo que resulta una horquilla de edad que oscila entre los veintisiete y los treinta y cinco años de edad. Con estas variables, tratamos de acceder a aquellas personas jóvenes económicamente independientes o semi-independientes que a379 viven los primeros años del paso de lo formativo a lo laboral, etapa y circunstancias en las que se concentran los principales problemas de la transición de la juventud a la edad adulta. Por otra parte, nos dirigimos a jóvenes con estudios superiores y procedentes de familias de clase media o clase trabajadora. Estas dos variables nos permiten acercarnos a un perfil que ha sido socializado y busca reproducir con especial insistencia el modelo masculino de biografía fordista (lineal, estable y ascendente). Más concretamente, se trata de un grupo de jóvenes que, con el visto bueno de sus progenitores, ha prorrogado su situación de dependencia familiar en aras de una entrada al mundo adulto en unas condiciones de movilidad social ascendente (Bernardi, 2007). Ambas variables, constreñidas sociológicamente en edad y clase social, nos permitirán dirigirnos a un colectivo de jóvenes clave para los objetivos de la investigación: el análisis del choque de expectativas y su influencia en el manejo de la incertidumbre de futuro. Además de estas variables, también atendemos al género y al perfil formativo de las personas entrevistadas. En lo que se refiere al género, se realizan doce entrevistas a mujeres y doce a hombres con el fin de averiguar de qué manera interviene el género de las personas jóvenes en sus trayectorias biográficas y en sus expectativas. En el caso de los estudios superiores, buscamos acceder a una variedad de perfiles amplia con el objetivo de detectar diferentes vivencias y experiencias tanto de inserción laboral como de calidad del empleo en los primeros años de trayectoria laboral (linealidad, precariedad, tipo de contratación, tiempo transcurrido desde la finalización de los estudios y primer trabajo...). Finalmente, cabe señalar que todos los jóvenes residían en la Comunidad Autónoma del País Vasco cuando se realizaron las entrevistas. LA DIVERSIFICACIÓN DE LOS TIEMPOS DE TRABAJO Como señalan Piore y Sabel en su obra de referencia La segunda ruptura industrial (1990), la crisis de los años 70 pone en evidencia el agotamiento del paradigma productivo, propiamente masculino 1, de la etapa industrial. La búsqueda de un modelo productivo menos rígido y más moldeable frente a las constantes fluctuaciones del mercado allana la entrada al modelo de producción flexible que llega hasta nuestros días. Más allá de las consabidas flexibilizaciones que acarrea este modelo de producción (la flexibilización de las estructuras empresariales, de los procesos de producción, de los productos, de la localización...), nos interesa ahora centrarnos en un proceso de flexibilización puntual: la flexibilización de los tiempos de trabajo. Castro (2008) en un interesante artículo sobre el papel de las expectativas en las estrategias de coordinación de los tiempos de trabajo, destaca cuatro aspectos temporales específicos a los que hay que atender en el análisis del tiempo laboral: el tiempo contractual, el tiempo de prestación laboral (esto es, los horarios y calendarios), el tiempo de la vida laboral y las expectativas laborales 2. Desde el análisis específico de estos aspectos, el autor defiende que el asentamiento o la expansión del sistema de producción flexible ha derivado en una particular diversificación de cada uno de ellos. Nos interesan las conclusiones que extrae el autor respecto al análisis de la diversificación de dos de estos aspectos: las biografías laborales y las expectativas laborales. En lo que se refiere a la diversificación de las biografías laborales, el autor destaca dos efectos de la flexibilización de los tiempos de trabajo: el acortamiento de la trayectoria profesional y la ruptura de la continuidad de la vida laboral. Así, en contraste con el modelo de biografía laboral prolongada y lineal propia del tiempo fordista masculino, nos encontramos hoy con un modelo de biografía laboral severamente adelgazado y discontinuo. Las expectativas laborales, el segundo aspecto temporal que nos interesa, se encuentran estrechamente ligadas a la definición o forma de las biografías laborales. Las expectativas, por dar una breve definición, conforman los horizontes de futuro sobre los que los trabajadores proyectan sus vidas, guiando las acciones y las decisiones de su presente. Castro (2008) sostiene que, con la diversificación de los tiempos de trabajo, no solo se ha dado una ampliación del campo u horizonte de las expectativas laborales, sino que ha crecido inusitadamente la impredecibilidad ligada a los distintos aspectos temporales del trabajo: la duración de los contratos, de las jornadas y de los calendarios laborales, la regularidad de los horarios y el orden o la secuencia de la trayectoria profesional. El espacio de las expectativas se diversifica, se complejiza y se llena de incertidumbres. En este sentido, podemos decir que ambos aspectos, diversificación de las biografías y expectativas laborales, reconocibles en las experiencias habituales de las mujeres en el mercado laboral, contribuyen a la idea de un "tiempo de trabajo femenino" que crece frente a uno masculino-industrial. Yendo un paso más allá del excelente análisis que propone de Castro, en el presente artículo defendemos que, tanto la redefinición de los ciclos laborales, como la de las expectativas laborales, no solo afecta a379 al espacio de proyección laboral, sino que también está ocasionando un importante impacto sobre la planificación vital. Ciertamente, la centralidad que adquiere el trabajo en el ordenamiento de la vida en la época industrial y el peso que mantiene aún hoy en los imaginarios sociales (Prieto, 2007), provoca que las complicaciones temporales que nacen en el ámbito del trabajo, se transfieran al ámbito de la vida. Si defendemos que las expectativas biográficas de los individuos determinan tanto sus acciones como su toma de decisiones, podemos deducir que las transformaciones de los tiempos de trabajo, por el peso determinante que muestra este sobre los aspectos vitales, están desgastando los contrafuertes sobre los que se apoyaban estas expectativas, erosionando del mismo modo su capacidad de acción y de toma de decisiones en el terreno de la vida. Sintéticamente: la diversificación de las biografías y de las expectativas laborales complica el manejo de las expectativas vitales, traspasando la incertidumbre que se gesta en lo laboral al entorno de las acciones y decisiones de la vida. LA DESESTANDARIZACIÓN DEL CICLO VITAL Y LA INDIVIDUALIZACIÓN DE LAS BIOGRAFÍAS En los últimos años, en estrecha relación con lo expuesto, aunque especialmente centrado en los estudios del ciclo vital, de la juventud y de la transición a la edad adulta, ha surgido un intenso debate en torno a la tesis de la desestandarización del ciclo vital. En este debate, observamos dos posturas claramente contrapuestas: quienes abogan por la teoría de la desestandarización del ciclo vital y quienes defienden la persistencia de la forma estandarizada de este. Las partes que abogan por la persistencia del ciclo vital estandarizado (Elchardus y Smitts, 2006; Fenton y Dermott, 2006) toman la base de su argumento en el tiempo fordista o de la norma social del empleo (Alonso, 1999; Alonso, 2007; Prieto, 2007). Como apuntábamos unas líneas más arriba, las protecciones ligadas a los estados de bienestar y la fuerza del modelo de producción fordista posicionaron el trabajo masculino como uno de los elementos de ordenación centrales de la época dorada del capitalismo (Prieto, 2007). Las lógicas normativas de la época, como la legislación laboral o educativa (edad de jubilación, edad de escolarización obligatoria...), con el trabajo como centro, estructuraron el tiempo de vida o tiempo biográfico, principalmente masculino, a través de la secuencia vital "formación-trabajo-retiro" (Alonso, 2007) o, como denominan Kohli y Rein (1991), mediante "la triangulación del ciclo vital". Se da una fuerte homogeneización del ciclo vital, abonando el terreno para la extensión de un modelo biográfico altamente estandarizado y caracterizado por un orden secuencial que divide la vida en etapas y transiciones claramente pautadas y diferenciadas. Este orden queda anclado en las concepciones generales del tiempo, afianzándose profundamente en los imaginarios temporales y culturales de las gentes de la época (Leccardi, 2005) y marcando tanto su modelo biográfico de referencia como sus expectativas de vida: un trabajo lineal, estable y protegido que posibilita desarrollar la vida dentro de un orden lineal, estable y predecible. Es el tiempo de las biografías ordenadas y las expectativas fiables. Si bien es cierto que los defensores de la tesis de la desestandarización (Beck, 1992; du Bois-Reymond y López Blasco, 2004; Bradley y Devadason, 2008; Furlong y Cartmel, 1997; Stauber y Walther, 2006) comparten este primer momento de diagnóstico de los continuistas defensores de la estandarización, aducen que las estructuras que soportaban la secuencia vital estandarizada o las "biografías normales" entran en declive con la crisis de los años 70 o, lo que es lo mismo, cuando los dos elementos principales que las sostenían, los estados de bienestar y el modelo de producción fordista, comienzan a desgastarse. Según estos autores, los principales contrafuertes que soportaban la secuencia "formación-trabajo-retiro" (y todo lo que ella implicaba) se ven en apuros. Luís Enrique Alonso, en intensa relación con esta idea, expone que las fases suaves de lo laboral, es decir, estas que posibilitaban la entrada de los jóvenes de forma progresiva al mercado laboral (primera transición: formación-trabajo) y preparaban a los más mayores para su abandono (segunda transición: trabajo-retiro), y que permitían sostener un ciclo vital basado en tres etapas (formación, trabajo y retiro), empiezan a mostrar un importante deterioro. Este hecho, en palabras del autor, da lugar a un estrechamiento paulatino de la zona laboral central y repercute en las pirámides de edad del mercado laboral, generalizando un ciclo biográfico que concentra su etapa "más laboral" en el centro de la vida, mientras precariza o inestabiliza sus extremos (Alonso, 2007) o las experiencias laborales de aquellos colectivos más vulnerables. Añadiendo más elementos a este diagnóstico, los autores que abogan por la tesis de la desestandarización del ciclo vital afirman que, en este tiempo, el ciclo vital, además de verse desprovisto de sus pautas compartidas, comienza a ser gobernado por decisiones individuales, relacionando la tesis de la desestandarización a379 con la tesis de la individualización 3. Desde este esquema, y como fruto principal de las decisiones biográficas individuales, estos autores plantean el paso de unas biografías estandarizadas a unas biografías electivas o "choice biographies" (Beck, 1992; du Bois-Reymond, 1998; Furlong y Cartmel, 1997; Wilkinson, 1997). La individualización en la toma de decisiones, señalan, deriva en una diversificación de las posibles rutas de avance vital donde los tiempos varían, las secuencias se flexibilizan, los límites de las transiciones se diluyen, las etapas se interrumpen o se retrasan... Leccardi (2005), compilando lo dicho, habla del fin de la secuencia tradicional ordenada. Con todo esto, los representantes teóricos de la desestandarización defienden que el ciclo de vida entendido como una secuencia estandarizada de etapas y transiciones es sustituido por un ciclo vital expuesto a una multiplicidad de opciones y posiciones dentro de las cuales los individuos deben conformar su trayectoria vital determinados por unas importantes dosis de incertidumbre. Coincidiendo con los argumentos teóricos de los defensores de la desestandarización, en este artículo defendemos que, del mismo modo que los ciclos divididos en tres etapas basados en la centralidad y las características propias del trabajo masculino de la época dorada del capitalismo constituyeron un elemento de ordenación que ayudó a construir y consolidar un modelo biográfico pautado o una biografía estandarizada, el desgaste o la expansión de la precarización de sus estructuras y su pérdida de centralidad han provocado un proceso de desestandarización o diversificación de las posibilidades biográficas. Atendiendo a los resultados empíricos de ambos posicionamientos, no obstante, encontramos una contradicción sobre la que es necesario detenerse y reflexionar. Por una parte, los resultados de las investigaciones de los que abogan por la persistencia del ciclo vital estandarizado nos señalan que el ideal estandarizado perdura y predomina en los imaginarios de los individuos encuestados. Por otra parte, las conclusiones de los partidarios de la desestandarización apuntan en la dirección opuesta, al mostrar prácticas y estrategias que describen una alta diversidad en las rutas o trayectorias vitales de los individuos entrevistados. En nuestro caso, y atendiendo a cuestiones trabajadas con anterioridad (Artegui Alcaide, 2014), podemos afirmar que, ciertamente, en el caso de los jóvenes del perfil recogido, el ideal laboral que predomina es el sujeto a la norma social del empleo masculino, es decir, un ideal de trabajo lineal, estable y ascendente. Avanzando un paso más, no obstante, nos parece importante hacer mención de aquella contradicción que nos ayuda a posicionarnos del lado de la desestandarización dentro de este debate, y es que este ideal laboral, en la mayoría de los casos estudiados, solo funciona en el nivel simbólico. Dicho de otra manera, a pesar del peso que muestra este ideal en los discursos producidos por los jóvenes, la mayor parte de sus experiencias laborales se asemejan mucho más a la norma femenina a la que venimos haciendo referencia a lo largo del artículo. Esta contradicción entre lo simbólico y lo vivencial parece responder al carácter transitorio que achacan los jóvenes a su situación laboral. No obstante, la permanencia en el tiempo de estas situaciones desfavorables, como veremos en las conclusiones, está comenzando a poner en duda tanto la hipótesis de la transitoriedad como la propia confianza en el modelo. Con todo lo recogido y siempre con afán de contribuir a resolver el debate en torno a la desestandarización, exponemos que el elemento que parece estar determinando unos y otros resultados no es solo el paradigma interpretativo desde el que los investigadores se aproximan a esta realidad, sino las limitaciones de la metodología que utilizan para acercarse a ella. Así, entendemos que un estudio de corte cuantitativo (como es el caso de los defensores de la persistencia) es válido y relevante para comprobar el nivel de asentamiento simbólico del modelo biográfico estandarizado en la actualidad, pero que corre el peligro de dejar fuera matices importantes ligados a las prácticas, las experiencias y las contradicciones de la propia experiencia juvenil. Un estudio de corte cualitativo (como el que utilizan los representantes de la desestandarización), por contra, muestra mayor capacidad para atender tanto a lo simbólico, como a las novedades y contradicciones que se están generando en la práctica transicional, a pesar del fuerte asentamiento del ideal estandarizado fordista. Con todo, en este estudio defendemos que, con mayor o menor peso de cada una de las versiones, tanto el ciclo vital estandarizado como sus versiones desestandarizadas están conviviendo en la actualidad. Y es esta coexistencia, precisamente, la que nos lleva a analizar este terreno desde una mirada ecuménica que trata de no privilegiar una visión frente a la otra, sino de dar parte de su totalidad. EL IMPACTO DE LA INCERTIDUMBRE EN LA TRAN-SICIÓN Y SUS EFECTOS A pesar de partir de una postura global, en este artículo queremos mostrar cómo el impacto de la incer-a379 tidumbre sobre los jóvenes que siguen guiando sus vidas por la secuencia estandarizada no es el mismo que sobre aquellos que la han abandonado. De la misma manera, esta distinción nos permitirá exponer que los efectos o las consecuencias de esta sobre las vidas serán diferentes en unos perfiles y en otros. Para comprobar estas aseveraciones, analizaremos de qué forma impacta la incertidumbre en las vidas de aquellos jóvenes más próximos al ideal estandarizado y de qué manera lo hace en aquellos más cercanos a la desestandarización. Con el fin de recoger las características específicas y determinantes de los jóvenes adscritos a cada grupo, atenderemos a cuatro elementos concretos: sus especialidades formativas, las principales características asociadas a sus trayectorias laborales, si han sufrido un choque de expectativas y cómo lo han afrontado o interpretado en caso de sufrirlo y el nivel de distanciamiento de sus bases de socialización 4. En lo que se refiere a sus especialidades formativas, predecimos que tanto la inserción laboral como las condiciones de trabajo no serán iguales en los perfiles técnicos que en el resto de perfiles formativos. En lo que se refiere a las características asociadas a sus trayectorias laborales, intuimos que el impacto de la incertidumbre no será el mismo en aquellos jóvenes que muestren unas trayectorias lineales y estables que en aquellos que muestran niveles notables de inestabilidad, niveles fuertes de precariedad o una intensa flexibilidad. En lo que se refiere al choque de expectativas, creemos que el impacto de la incertidumbre será distinto entre aquellos jóvenes que han visto frustradas las expectativas que construyeron en el pasado que entre aquellos que las han podido cumplir sin mayor problema. Finalmente, en el caso del distanciamiento de las bases de socialización, suponemos que el grado de arraigo o desarraigo que muestren los jóvenes frente a las pautas o parámetros de avance vital recibidas a lo largo de su vida dará lugar a diferentes consecuencias asociadas a la incertidumbre. Con todo lo dicho y atendiendo a los datos producidos mediante el trabajo de campo, podemos observar que cada una de las posturas que hay que analizar guarda en sí una amplia diversidad de matices que genera nuevas distinciones o subgrupos de análisis. En el caso de la persistencia del ciclo vital, son dos los subgrupos que detectamos: los estables y los inestables. En el caso de la desestandarización del ciclo vital, encontramos también dos subgrupos: los precarios y los flexibles. La persistencia del ciclo vital: estables e inestables En lo que se refiere a los jóvenes más cercanos a la persistencia del ciclo vital, el primer subgrupo que encontramos es el conformado por los estables. Se trata de jóvenes con trayectorias formativas técnicas; en su mayoría, ingenieros. Este tipo de perfiles profesionales son los que mayor tasa de inserción laboral y mejores condiciones de trabajo están mostrando en la actualidad. En concordancia con esto, los jóvenes insertos en este subgrupo afirman vivir unas trayectorias laborales sin sobresaltos. El paso de lo formativo a lo laboral fue fluido y, si bien es cierto que en el comienzo de sus trayectorias laborales las condiciones fueron algo peores de lo que esperaban, todos coinciden en afirmar que estas, en la actualidad, y en términos generales, cumplen con lo esperado: "Yo conseguí una beca para hacer el proyecto de fin de carrera y luego tenías opción a quedarte allí. (...). Luego me pasaron por ETT, me subcontrataron a través de una ETT. Y eso fueron dos años. Cobrábamos unos setecientos y pico o ochocientos euros al mes, eran siete horas y media, creo... que eran al día siete horas. Al principio empezamos a media jornada, o sea cuatro horas y media o así, y cobrábamos igual unos quinientos, cerca de quinientos euros. Yo a media estuve poquito; estuve tres meses o así y luego el resto del año estuve a jornada completa. (...) En principio ellos decían que todo estaba sujeto a cómo ibas trabajando tú, pero en principio sí que... (...) quiero decir, toda la gente que conozco ha entrado" (Ingeniera, 31 años). "Lo mío era una decisión muy fácil: «voy a hacer esta carrera porque sé que es buena, y lo sé tanto, que no tengo ni puta idea y ni siquiera necesito cuestionármelo. Como todo el mundo sabe y en el aire está escrito que esta carrera es buena, ni siquiera tengo que pensar sobre ello: la cojo y ya está» (...). Mis expectativas laborales han encajado con lo que yo pensaba. Yo tengo unas condiciones súper buenas. Igual pensaba que iba a tener más dinero... siempre he pensado que por ser ingeniero iba a tener bastante dinero" (Ingeniero, 32 años). Basándonos en los testimonios producidos a través del trabajo de campo, observamos que, en el caso de estos jóvenes, no se da un choque entre las expectativas que construyeron en el pasado y sus vivencias del presente. Sus vidas, tanto en lo laboral, como en lo vital, transcurren como las habían programado. Esta es la principal razón por la que estos jóvenes, por lo general, no muestran un fuerte distanciamiento hacia sus bases a379 de socialización. Es decir, el hecho de que sus proyectos se hayan desarrollado con arreglo a sus expectativas, les lleva a no poner en cuestión la validez de las pautas o guías que recibieron en su proceso de socialización y su aplicabilidad en la actualidad. La persistencia de la secuencia estandarizada, en este caso, responde a la validez que ha mostrado esta en unas condiciones laborales como las descritas en este grupo. Si analizamos el impacto de la incertidumbre sobre la vida de estos jóvenes, podemos observar que, si bien es cierto que son conscientes de que vivimos un periodo en el que las certezas son difíciles de encontrar, la estabilidad y la predictibilidad que se deriva de sus trayectorias laborales hace que su impacto no se sienta en primera persona. No veo que mi trabajo peligre y creo que económicamente estoy por encima de la media, con lo cual, eso no creo que sea un problema en mi caso. Pero eso en mi caso, que me siento un privilegiado. Todos los días me repito: «Virgencita, que me quede como estoy»" (Ingeniero, 30 años). El segundo subgrupo de esta categoría, los inestables, está conformado por jóvenes con trayectorias formativas diversas, que van desde arquitectos, licenciados en Biología, Farmacia, Administración y Dirección de Empresas y Bellas Artes hasta ingenieros de la rama de la construcción (dentro de las ingenierías, es una rama fuertemente dañada por la crisis inmobiliaria) o diplomados en Magisterio. Si atendemos a la extracción de datos derivada de las entrevistas, podemos afirmar que, a diferencia de las del primer subgrupo, las trayectorias laborales de estos jóvenes muestran notables signos de inestabilidad. Esta, por lo general, se encuentra asociada a la alta tasa de rotabilidad a la que se han visto sometidos a lo largo de sus cortas trayectorias de trabajo. Rotabilidad que, por otra parte, no es fruto de la decisión o ambición propia, sino de la propia dinámica del mercado de trabajo: "¿Estabilidad? Sí... ya... ¡el 31 de diciembre se me acaba el contrato! Cuando me hicieron las entrevistas, pero claro, esto fue hace dos años, no existía la crisis que hay ahora, ni existían los recortes que hay ahora actualmente (...). No estoy muy segura de que esto vaya a tener continuidad (...). Nunca me he sentido estable, porque nunca me han dado la posibilidad de estar estable" (Licenciada en Biología, 29 años). Cuando preguntamos a los jóvenes sobre las expectativas que construyeron en el pasado y sus vivencias del presente, todos coinciden en afirmar que se ha dado un choque entre lo primero y lo segundo. En ninguno de los casos sus experiencias del presente casan con los planes por los que se esforzaron años atrás. La fractura se relaciona con la situación laboral que viven: "Tampoco pensaba montarme en el dólar pero tampoco pensaba que me iba a costar tanto trabajo encontrar trabajo. O sea, cuando empiezas la carrera y en esa época, en menos de un mes y medio estabas colocado en una empresa, ya fuese de construcción, ya fuese de energía, ya fuese... entonces, después del esfuerzo, salir y no encontrar trabajo en seis meses pues... de ahí el bajón" (Ingeniero, 30 años). "Yo esperaba tener más estabilidad laboral y tener un contrato... un tipo de trabajo quizás con más responsabilidad, porque, al final, tengo veintiocho años, ¿sabes? Y no puedo estar toda la vida de becaria. Sí que esperaba tener más responsabilidad, un puesto no tan junior, un poquito más arriba... pero no ha podido ser" (Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, 28 años). A pesar de encontrarse con este conflicto de expectativas, observamos que el nivel de distanciamiento que a379 muestran estos jóvenes hacia sus pautas de socialización es escaso o nulo. La principal razón asociada a este fenómeno es la explicación que encuentran estos jóvenes al choque de expectativas: la situación de contrariedad que viven no es más que una consecuencia de la actual coyuntura (crisis, desempleo juvenil...). Yo me considero positiva en ese aspecto. Estoy hasta las pelotas de la gente que se piensa... ¿qué pasa, que nos vamos a quedar todos en el paro?, ¿toda España se va a quedar en el paro? Esto es una bajada y una subida. Si a mí me estás diciendo que cada año va a ser peor, ¿por qué?, ¿porque lo dices tú?, ¿porque has leído un par de cosas o porque has visto la tele? Que sí, que estarán jodidas las cosas, no sabemos lo que va a durar, pero en algún momento esto desaparecerá (...); entonces, cuando la cosa remonte, la gente volverá a lo mismo" (Licenciada en Bellas Artes, 29 años). "Yo creo que hay que aguantar. Aguantar un poco hasta que pase esto. Un par de años... un año... y luego ya saldrán las cosas. Yo creo que con el tiempo ya saldrán las cosas, ya se irán... sí... no sé... A ver, yo tengo la sensación de que igual la movida está muy chunga y tal, pero yo tengo el deseo o la esperanza de que no vaya a ser tan heavy; de que sí que pasemos un par de años putos y luego ya empezar a salir" (Diplomada en Magisterio, 30 años). Con esto, como señalábamos al inicio, los jóvenes entienden que la que viven es una situación transitoria, que pasará con el tiempo y que todo volverá a su cauce normal. Así, en este caso, podemos decir que la persistencia de la secuencia estandarizada y de las pautas ligadas a ella es fruto de una lectura optimista de las expectativas de vida que construyeron y la situación que viven a día de hoy. Esta lectura, no obstante, está teniendo sus efectos sobre los transcursos vitales de estos jóvenes. El hecho de no poder avanzar en sus planes según lo habían programado, está provocando que sus vidas se guíen por dos estrategias que les encierran en el presente: la espera y la adaptación. Viendo que no pueden avanzar según las premisas que esperaban, estos jóvenes están dejando sus planes congelados hasta que puedan volver a desarrollarse y cumplirse en las condiciones que les prometieron. En algunos casos, y por la propia frustración que les genera este estancamiento, hacen pequeñas adaptaciones de sus planes con el fin de avanzar poco a poco. "Creía que todo iba a ser mucho más... conseguir esas cosas... tenía en mente que iba a ser antes. Cuan-do estaba en el instituto, me veía que con veintiséis años, más o menos, ya iba a tener la vida un poco... iba a tener mi trabajo, mi casa... yo que sé... ¡mi familia empezada por lo menos! Y ahora veo que eso se ha ido, tu tu tu (onomatopeya), atrasando, ¿no? Mi hermana con veintisiete años tuvo a su hija; yo tengo 30 y todavía... ¡vete a saber! Quiero decir (...) tienes que amoldarte" (Diplomada en Magisterio Infantil, 30 años). "Pues me ha afectado bastante. A mí me hubiera gustado ser padre antes de los veintinueve. No creo que sea especialmente mayor, tampoco creo que sea joven (...) pero ser padre con veinticinco o veintiséis sí me hubiera gustado. Ahora estoy encantado, pero ser padre con veinticinco o veintiséis hubiera sido una gozada. Y lo tuve que retrasar por todo esto [inestabilidad laboral]" (Licenciado en Biología, 29 años). "Acabas adaptando tus planes. Quiero decir... pues si igual has soñado con tener tres hijos, pues igual te quedas con uno, pero has tenido tus hijos. O igual en vez de tener una boda de trescientos invitados, tengo una de cincuenta, pero es tu boda. O sea, al final la gente se adapta y sigue. Sí sigue con su vida. Yo creo que la gente no está aparcándolo tanto... Igual sí que lo retrasa un par de años como mucho, pero no indefinidamente: al final lo que tienes en mente al final lo acabas haciendo o buscas la manera de hacerlo" (Licenciada en Biología, 29 años). A través de los testimonios de los jóvenes de este grupo, se puede afirmar que, a pesar de que la secuencia estandarizada sigue presente en sus imaginarios, la incompatibilidad que muestra con sus vivencias y experiencias hace que se convierta en uno de los principales problemas asociados a su dificultad para avanzar. En lo que se refiere al impacto de la incertidumbre, podemos decir que, si bien es una cuestión que aparece de forma puntual en sus discursos, su protagonismo es menor y se manifiesta de forma abstracta o poco concisa, haciendo referencia a situaciones posibles o probables y siempre relacionadas con el ámbito laboral, y no tanto vital: "Al final es un poco difícil... incertidumbre total, sí. Tienes que vivir pensando si dentro de seis meses vas a tener que ponerte un traje o a la de doce meses te vas a tener que poner un mono para barrer. Pues un poco de incertidumbre... Es difícil, pero bueno, de momento, ¿no? Tiramos para adelante" (Ingeniero, 30 años). "Yo creo que el propio tiempo, o sea, tú puedes estar preocupado un día por algo, dos días, tres días, y a379 al final parece como que lo vas mitigando; y se queda ahí. A veces parece que rebrota y piensas: «que se me acaba, que se me acaba» o «me voy a quedar en la calle», pero bueno, no es porque hayan mejorado las cosas, todo lo contrario, no han mejorado..." (Licenciado en Biología, 29 años). El principal razonamiento que encontramos a esta situación está relacionado con los "presentes congelados" a los que hacíamos referencia anteriormente. Es decir, el hecho de que estos jóvenes se hayan quedado atrapados en el presente y a la espera de buenas señales que les permitan avanzar hacia el futuro proyectado hace que la sensación de incertidumbre ligada al futuro se bloquee. Así, el hecho de no dar pasos arriesgados, o no adentrarse en zonas oscuras o que se salen de la secuencia estandarizada, provoca que la sensación de incertidumbre pierda protagonismo. La desestandarización del ciclo vital: precarios y flexibles En segundo lugar, en lo que se refiere a los jóvenes más cercanos a la desestandarización del ciclo vital, observamos también la preeminencia de dos subgrupos. El primer subgrupo, los precarios, está conformado nuevamente por una amplia variedad de perfiles formativos: licenciados en Psicología, Bellas Artes, Historia del Arte o Periodismo y, eventualmente, algún arquitecto. La generalidad de estos perfiles formativos (exceptuando los arquitectos), como hemos podido observar en las entrevistas, son considerados como perfiles con una menor tasa de inserción laboral y de menor éxito en el mercado. Se trata de profesiones que responden en mayor medida a deseos de autorrealización o vocación personal que a la demanda del mercado. Había varias opciones y supongo que esa es la que me pareció más idónea... más idónea no, más apetecible, no idónea (...) básicamente no estaba pensando en mi futuro, o sea, es así de sencillo. Si volviera a empezar no haría lo mismo" (Licenciado en Bellas Artes, 31 años). "Había como una norma social con las carreras, sobre todo con la mentalidad de mis padres que son personas que son de otra generación (...) eso se ha visto luego, el gran engaño de «si vas a la universidad vas a estar bien preparado luego» y ahora se han visto que las cosas... las ingenierías y empresariales igual sí, pero las humanidades y la cultura... no hay curro" (Licenciada en Periodismo e Historia del Arte, 32 años). En el caso de los jóvenes de este subgrupo, atendiendo a sus trayectorias laborales, podemos obser-var que, por lo general, la inestabilidad y la precariedad son los dos elementos que sobresalen. A pesar de mostrar una fuerte rotación, como en el caso de los jóvenes representados en el segundo subgrupo presentado (inestables), debemos señalar que los periodos de desempleo o las malas condiciones laborales son notablemente superiores en estos: "¿Quieres número de trabajos o clases de trabajos? O sea, en audiovisuales tienes muchos trabajos de un solo día, de dos días... con suerte coges una peli... Paralelamente haces otras cosas por otro lado. No sé... simplemente es incontable el número de veces que puedes llegar a trabajar en un año, porque ves, por ejemplo, el número de pagadores que has tenido... ¡hojas! Pero he tenido trabajo que me ha dado dinero por otra parte y he tenido alguna época de tener que hacer algún curro completamente ajeno a digamos la formación que he tenido" (Licenciado en Bellas Artes, 31 años). "Yo tenía unos ahorros y fui tirando con ellos. Aparte, estoy dando clases a chavales de bachillerato y de la ESO (...). Y desde después de verano también me están ayudando mis padres a pagar el alquiler y tal. No, ahora mismo del estudio, aparte de que nos deben pasta y tal, pero no nos da para vivir al cien por cien" (Arquitecto, 31 años). El choque de expectativas es reconocido y abalado por todos los miembros de este subgrupo. En este sentido, y en contraste con el subgrupo analizado anteriormente (inestables), observamos que este choque es el principal elemento que les lleva a distanciarse de las pautas de socialización en las que fueron educados. Esto, por lo general, surge de la sensación de engaño que impera en dichos jóvenes. "Y te encuentras pues con todo lo contrario. La burbuja ha estallado, ¿no? Lo laboral ahora es inestabilidad, incertidumbre y mucha ansiedad también (...). Lo que nos prometieron era eso, era: «si haces esto, vas a tener esto» y ahora eso no se corresponde, ¿no? Entonces estamos también un poco perdidos, porque dices: «joé, si he hecho todo lo que me han pedido, ahora ¿por qué no estoy recibiendo todo lo que me prometieron?»" La sensación de incertidumbre en el caso de estos jóvenes es intensa. Por una parte, observamos que se alejan de los parámetros de vida con los que crecieron en sus etapas tempranas. Por otra parte, no obstante, no se sienten dueños de sus propias vidas. Afirman que sus presentes y sus futuros están determinados por las acciones y las decisiones de agentes externos a ellos y que, frente a sus caprichos, poco o nada pueden hacer. Esto les genera un fuerte sentimiento de frustración, al dejar en evidencia que no son ellos quienes guían sus vidas o, como señalan ellos mismos, al dejar patente que no tienen el control sobre sus vidas o sus futuros. "Son dientes de sierra, como nos enseñan en historia, no sé lo que va a durar el piquito de abajo, pero espero que no sea toda mi vida, porque me joden vivo, a mí y a cualquiera (...). Y, sobre todo, que está montado de tal manera que yo no puedo hacer nada, ni yo, ni tú, ni nadie. (...) Yo no tengo control, sobre todo a día de hoy, no tengo herramientas para decir: «voy a redirigir mi situación»" (Licenciado en Bellas Artes, 31 años). "Pues un poco de impotencia, por una parte, porque creo que no tengo ninguna capacidad de decisión; al final lo que siento es que la decisión no está en mí, sino que está en una parte fuera y simplemente tengo que lidiar de la mejor forma que pueda con ella y eso me genera una frustración horrible: al final no soy actor, soy como tele-observadora en el teatro de mi vida, en el que cada vez va peor y en el que yo no puedo hacer nada" (Licenciada en Psicología, 30 años). A pesar de lo dicho, se muestran contradictorios en la lectura de su situación personal: aunque opinan que su devenir no está en sus manos, la imposibilidad de interpretar su realidad con claridad les lleva a erigirse como los principales culpables de sus situaciones actuales. Así, lo que en un principio se expone como una sensación de frustración o descontrol, acaba presentándose como un fracaso personal por no haber sabido elegir bien, por no haber estado más despiertos, por no haber sido capaces de hacerse cargo de sus vidas. "Es como: «bueno, he fracasado. Literalmente, he hecho una apuesta y la he cagado. No sé cómo, ni porqué, pero hemos llegado hasta aquí». (...) Es un castillo de naipes que se ha venido abajo a las primeras de cambio, si lo quieres ver así. (...) Te pongas como te pongas, siempre vas a tener la idea de que has hecho algo mal. (...) Estoy frustrado, o sea, solo quiero sobrevivir. Ya me he olvidado de... no tengo un modo de vida idílico, simplemente es sobrevivir (...) ya no tengo una idea de a dónde tengo que llegar" (Licenciado en Bellas Artes, 31 años). No me lo he montado bien, porque podía haber hecho más, o menos (...) si hubiera tomado otras decisiones igual hubiera ido la cosa mejor, pero bueno, habría sido todo distinto (...), pero igual no sería feliz... tampoco soy feliz ahora..." (Licenciada en Periodismo e Historia del Arte, 32 años). Con esto, podemos afirmar que, en el caso de los jóvenes ligados a este subgrupo, la sensación de incertidumbre es fuerte y las consecuencias que vierte sobre sus vidas graves. La situación de contrariedad que viven les está llevando a una fuerte corrosión de su carácter y al establecimiento de la inseguridad y el descontrol como elementos perpetuos en sus vidas. El segundo subgrupo de esta categoría, aquellos jóvenes que caracterizamos como los flexibles, también responde a una amplia variedad de perfiles formativos: licenciados en Derecho, Ciencias Políticas, Sociología, Humanidades y Empresa, Administración y Dirección de Empresas, diplomados en Comercio Internacional o Magisterio y arquitectos. Atendiendo a las principales características que describen las trayectorias laborales de estos jóvenes, podemos decir que el elemento más llamativo es su flexibilidad y movilidad laboral. Si bien es cierto que la rotación laboral en el caso de estos jóvenes es un elemento destacable y característico, hemos de puntualizar que, a diferencia de los anteriores perfiles, la rotación es fruto de sus propias decisiones, aspiraciones o deseos. Por lo general, se trata de jóvenes que, dentro de sus trayectorias profesionales, se han movido por distintas empresas y distintos países y que muestran un firme alegato a favor de la flexibilidad, cualidad que les permite crecer laboralmente, pero sobre todo personalmente. La esfera laboral se fusiona con la vital, buscando en el trabajo elementos como la autorrealización, la motivación, la vocación, el crecimiento personal, la creatividad... "Yo podía haber opositado para sacarme un puesto en la administración bien remunerado y con muchísimas vacaciones y menos horas de trabajo, pero no he querido (...) la estabilidad que se ofrecía por ahí, de acabar la carrera y opositar, a mí me parecía el horror: primero, yo no quiero opositar; segundo, no quiero ser funcionaria por el hecho de ser funcionaria: yo quiero un trabajo en el que esté yo motivada y que pueda aportar y que tenga mi... que pueda desarrollar mi creatividad y que le pueda dar al coco" (Licenciada en Derecho, 34 años). "Me gustaría tener un trabajo que me dejase tiempo para mí, para la gente con la que quiero compartir mi vida, para desarrollarme como persona también fuera del trabajo. Pero también me gustaría tener un trabajo que me desarrolle como persona (...) que me suscite curiosidad, que me haga aprender, que me genere inquietudes... un trabajo que me dé para vivir, no mucho más, no necesito mucho más, que me dé para vivir de forma sencilla (...) que me dé flexibilidad en horarios de trabajo o en días de trabajo" (Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, 35 años). En el caso de estos jóvenes, detectamos un choque de expectativas que no se deriva de la imposibilidad de reproducir la secuencia en la que han sido educados, sino del hecho de no querer reproducirla. El modelo biográfico secuencial recibido no encaja con sus planes de vida flexibles. Además, se muestran críticos hacia su posible validez en las actuales condiciones socio-económicas o laborales. "Sí que tengo la sensación de que la gente que intenta escapar de ahí es porque no le gusta ese modelo. Y porque necesita un modelo alternativo o porque no quiere ningún modelo. (...) Al final, hay peña, y yo creo que somos mucha peña, que no le gusta estar tan sumamente encorsetado en esos parámetros y entonces intentas hacerlo de otra manera, más o menos alternativa o más o menos transgresora" (Diplomado en Magisterio, 33 años). "No me gusta ese modelo primeramente porque no es nada flexible, depende de muy pocos parámetros. Entonces, cualquier sistema que dependa de pocos parámetros... el porcentaje de catástrofe en cuanto falle alguno de ellos es mucho mayor. Entonces, es un sistema totalmente obsoleto para mí, que no me aporta nada; es contrario a lo que promete: promete seguridad, pero no es nada seguro, porque a nada que falla algo se viene abajo" (Arquitecto, 33 años). La postura crítica que muestran estos jóvenes hacia la secuencia estandarizada del ciclo vital y el deseo manifiesto de querer ser dueños de sus decisiones y pilotos de sus vidas reafirma la hipótesis de los modelos biográficos desestandarizados e individualizados que se alejan de la linealidad secuencial. "Yo he dejado de pensar que mi trayectoria es lineal porque... puf... porque, tío, las personas no somos lineales (...) lo que te pasa es como orgánico más que una puta línea recta y creo que la idea de plantear tu vida como una línea recta... no creo en esa idea ya... antes igual sí que decía: «hay que planear aquí el tema», pero ¡buf! Ahora creo que es mejor ser flexible" (Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, 28 años). "El otro modelo es más pasivo, tiene menos control de cada uno y es totalmente dirigido. Es una cosa que no me gusta, es una cosa que he tenido también desde crío, yo creo: nunca me ha gustado que me digan: «haz esto», «haz lo otro». La historia la escribes tú, eso lo tengo clarísimo: la historia la escribes tú. Y el camino lo haces tú" (Arquitecto, 33 años). Los jóvenes expresan de forma continua el deseo y la necesidad de construir nuevas rutas; rutas que respondan y satisfagan sus necesidades propias y personales. Rompiendo así con el viejo ideal lineal y prefijado. Como señalan, esta ruptura con la secuencia estandarizada, hacerse con el control de sus propias vidas, genera altos niveles de satisfacción y empoderamiento. "Yo estoy muy contenta por mí. Estoy contenta porque cuando decidí estudiar empresariales delegué mi plan de vida a lo que me decía mi padre y ahora he recuperado la responsabilidad de hacerme yo mi vida como a mí mejor me parezca (...) y sé que es muy difícil y yo me estoy intentando desprogramar de toda esa mierda (...). Para mí es un proceso de desaprender todas esas cosas que he aprendido" (Licenciada en Administración y Dirección de empresas, 28 años). "Yo me siento más dueña de mi vida así, de la otra manera es un dejarse llevar y hacer lo que se supone que tienes que hacer. Soy más dueña de lo que hago y eso me empodera más, porque soy dueña de mis decisiones: decido cuándo sí, cuándo no, a dónde sí, a dónde no (...). Yo creo que es una madurez emocional que yo identifico en muchos de mis colegas: es adueñarte de tu vida" (Licenciada en Derecho, 34 años). A pesar de la sensación de empoderamiento generalizada, muchos de los jóvenes hacen referencia a lo dificultoso de salirse del camino marcado. Alegan que la presión externa es muy fuerte y que genera fuertes inseguridades hacia el proceso vital que uno acomete. En ocasiones afirman que incluso han dejado de lado o han estado cerca de dejar de lado sus proyectos por estas presiones. "He tenido que ir en contra de lo que se me estaba diciendo. O sea, he recibido mogollón de mensajes de inseguridad: «no tienes que hacerlo», «es un mal momento», «¿cómo se te ocurre? »... (...) espero no volver a caer en la misma piedra, porque al final ese es mi puto miedo y ese es el miedo que siempre me agobia, que es volver a la seguridad, que es lo que no quiero (llora). Prefiero estar aquí, en este punto de... de... de perdida, pero me siento más a379 yo, estoy más yo (llora) (...). En el fondo tú ves que la gente, mi familia... yo noto que a la vez que están de: «hostia, vaya par de cojones», también hay un: «la hostia que te vas a meter. Que se te pase pronto o ¡ay, la hostia que te vas a meter!». Entonces es jodido, es jodido porque te sientes que vas un poco en contra de lo que hay que hacer, pero ¿qué hostias?" Atendiendo a la forma en la que impacta la incertidumbre en la vida de estos jóvenes, observamos que el origen de esta no se encuentra asociado tanto a factores externos (sociales, económicos, laborales...) como ocurría en otros perfiles, sino a su proceso de autoconstrucción biográfica, es decir, a la decisión de salirse del camino marcado y avanzar por sendas sin delimitar o definir. Dicho de otra manera, la incertidumbre es algo que viene dado por la sociedad contemporánea, pero también es algo que deciden introducir ellos en su vida a través de sus procesos biográficos individuales. En cualquier caso, y ligado a ambas cuestiones, el principal elemento que asocian a la incertidumbre es la apertura del futuro. Las guías desaparecen y las opciones se multiplican. Lo destacable en este subgrupo es que, frente a los aspectos negativos asociados a la incertidumbre que hemos visto anteriormente, la tendencia es resaltar lo positivo. La sensación de pérdida es habitual, pero la agradecen: tienen opciones, no deben seguir el camino. "Durante esos diez meses que no he tenido ni puta idea de qué pasaba, pero me empecé a sentir un poquito más libre. De hecho, era un máximo agobio, pero me sentía más libre. Era más una sensación que una realidad yo creo (se ríe) porque al final era una pérdida de cabeza de la hostia: el abanico era tan jodidamente amplio que no sabía ni por dónde coño tirar" (Diplomada en Comercio Internacional, 35 años). "Claro que te abruma: tienes que ir poco a poco, no a lo loco. En vez de ir corriendo y encontrarte de repente con un pedazo de espacio abierto, vas poco a poco: das un paso, miras lo que hay alrededor, siguiente paso... pero bueno, eso siempre va a pasar. Tú siempre que entres a un bosque, si vas por un camino estrecho, cuando sales a una explanada del copón, al principio te abrumas: «¡buah, qué grande es esto!». Pero en el momento que sales, das un paso, si en ese momento empiezas a mirar, empiezas a controlar el espacio, das cinco pasos más y miras, al final esa explanada grande la puedes convertir en algo interesante para ti" (Arquitecto, 32años). Coinciden en afirmar que se encuentran frente a un futuro incierto y que deben hacerse con las armas necesarias para hacer frente a las distintas incertidumbres que se les planteen en el camino. A pesar de ello, no les genera la fuerte desazón que veíamos en el anterior subgrupo. El hecho de poder emprender sus vidas desde sus deseos y necesidades hace que este escollo se asuma como un reto añadido y no lo vivan con gran preocupación. Además, el empoderamiento que genera hacerse con el timón de sus vidas, deriva en unas actitudes que les permiten hacer frente a los miedos desde lo que todos coinciden en expresar como "valentía". Se sienten preparados para hacer frente a lo que venga y se ven capaces de manejar la incertidumbre. "Tienes la vida en el aire. Pero es que a mí esta situación no me incomoda; me mola bastante; porque es salir del puto plan. Yo me he sentido muy atrapada en el plan y he estado muchos años atrapada en el puto plan y para mí salir del plan es lo que llevo deseando desde hace muchos años. Conscientemente desde hace años e inconscientemente un buen tiempo. Yo creo que la clave es no tener miedo a los cambios y estar preparado para cualquier mierda" (Licenciada en Administración y dirección de Empresas, 28 años). "Justo ahora estoy en ese punto: al ser un proceso tan tuyo, y el hacerte tanto caso, el miedo viene a lo bestia, pero también vienen los cojones a lo bestia (...) eres mucho más valiente. Yo ahora me siento muchísimo más valiente de lo que me he sentido nunca. Estoy dispuesta a pasarlo mal, pero por hacer lo que yo quiero; no estoy dispuesta a pasarlo mal gratuitamente, que es lo que estaba haciendo y simplemente para hacer lo que tenía que hacer. Entonces, ¿cómo lo llevo? Pues lo llevo bastante bien (se ríe). Es que al final es lo que te digo: hay mucho miedo, pero también hay mogollón de satisfacción; mogollón." Basándonos en lo expuesto, podemos afirmar que, en la actualidad, el impacto de la incertidumbre sobre las vidas no es el mismo entre los diferentes perfiles de jóvenes analizados 5. En una primera valoración, podemos explicar que, de acuerdo con los datos producidos en las entrevistas, tanto aquellos que gozan de unas trayectorias estables como aquellos que han flexibilizado sus trayectorias se encuentran notablemente protegidos frente a los envites de la incertidumbre y sufren de forma poco dramática sus efectos. Aquellos que conviven con la inestabilidad laboral, por su a379 parte, se vacunan de esta a través de estrategias de espera o adaptación, frenando, en cierto sentido, sus posibles efectos. La peor parte, en cambio, se la llevan aquellos que se encuentran en situaciones de precariedad continuada: la incertidumbre empapa sus vidas y oscurece su carácter. Más allá de estas conclusiones, cabe explicitar que las posturas que hemos presentado no son rígidas o estancas: se trata de tipos ideales. A pesar de presentar elementos determinantes que nos permiten asociar a los jóvenes a un grupo u otro, a lo largo del análisis encontramos diferentes signos que apuntan hacia la posible tendencia a la movilidad entre perfiles. La crisis (y sus vivencias), elemento que aparece de forma transversal y no programada en el análisis, y que se hace explicita en varios de los testimonios aquí recogidos, ofrece interesantes indicios de ello. Esta, además de hacer hincapié sobre lo determinante del progresivo empeoramiento de las condiciones laborales de los jóvenes a la hora de configurar sus biografías y planificar sus futuros, parece que empieza a marcar un punto de inflexión que puede llevar a cambiar los posicionamientos de los jóvenes en el futuro, señalando ciertas pistas y cautelas que habrá que tener en cuenta en próximas investigaciones. En esta misma línea, cabe advertir que si bien es cierto que la movilidad entre grupos no hace sino afianzar la hipótesis de la diversificación de las rutas biográficas, entendemos que es importante estar atentos a sus derivas pues, a causa de la creciente degradación de las trayectorias laborales de los jóvenes en las últimas décadas y su agravamiento tras la crisis, es muy probable que los movimientos muestren una tendencia hacia el empeoramiento respecto al impacto de la incertidumbre y sus efectos. Atender a las actitudes y estrategias que se están forjando en torno a los perfiles que presentamos como flexibles puede ayudarnos a encontrar rutas de avance más navegables ya que, frente a las otras tres posturas descritas, apuntan a ser los jóvenes que de mejor manera están entendiendo el nuevo tiempo incierto y de forma más ágil están construyendo estrategias para enfrentarlo y resolverlo. "Yo creo que es una cuestión de mochila ligera. Si tú vas por el camino marcado, tienes menos riesgo, ya... ¡a no ser que lleves una mochila de cien kilos encima! Quiero decir, tienes un montón de ataduras que te entorpecen un montón de movimientos. Entonces, seguramente, llegarás allí, pero igual con unas lesiones de puta madre. Tienes que aprender a vivir con la mochila ligera" (Arquitecto, 33 años). El presente artículo se deriva de la tesis doctoral de la autora, inscrita en el Departamento de Sociología 2 de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea y financiada por el Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco. Quisiera agradecer a Matxalen Legarreta y Ramón Ramos la riqueza que han aportado al texto a través de sus comentarios y sugerencias. Quedan, con todo, exculpados del resultado final que se presenta. El hecho de que las guías vitales hayan perdido una gran parte de su capacidad para generar pautas de ordenamiento y que las opciones por las que avanzar se multipliquen provoca que el proceso de elección individual tome una especial relevancia en los análisis del ciclo vital. A pesar de que el género es una variable que se ha tenido en cuenta a la hora de llevar a cabo la investigación, no se extraen elementos significativos que haya que incluir en los temas que aquí se trabajan. Es importante recordar que estos resultados se circunscriben al perfil descrito en el primer apartado del artículo y no a la población joven en general.
Este texto pretende ofrecer una reflexión de carácter exploratorio sobre la pertinencia de usar lo concepto 'tiempo en abundancia' para comprender la experiencia del tiempo durante el desempleo, desde una perspectiva de género. A partir de una breve conceptualización sobre exceso y escasez temporal en las sociedades basadas en el capitalismo, las autoras proponen un marco analítico inicial para comprender hasta qué punto la idea de "tener mucho tiempo" caracteriza la experiencia de las personas en paro, y cómo el género afecta esa experiencia. La reflexión se basa en una investigación llevada a cabo en Portugal, con dos grupos focales de personas en situación de desempleo, divididos por género. Los resultados reafirman estudios anteriores sobre la experiencia del tiempo de personas desempleadas, mostrando que, aunque existan semejanzas entre el tiempo de hombres y mujeres en paro, también hay importantes diferencias que se relacionan a sus diferentes roles en las esferas productiva y reproductiva. La novedad, en este caso, es que esas diferencias no únicamente refuerzan el papel reproductivo de las mujeres, como la literatura afirma, sino que también muestran aberturas para usos recreativos individuales y colectivos. El concepto "tiempo en abundancia", al no tener una connotación de valor a priori, nos parece promisor para aprehender este tipo de experiencia que, en última instancia, traduce un descontento con la centralidad del trabajo (reproductivo y productivo) en la definición social de los sujetos y en sus usos del tiempo. El clima de crisis que abala el capitalismo financiero desde el año de 2008 y que afecta a las sociedades europeas ha vuelto a arrojar luz sobre un tema frecuente en los estudios sociológicos de las economías capitalistas: el fenómeno del paro. En un momento caracterizado por inestabilidades y reformulaciones constantes de políticas económicas y sociales, buena parte de los países de la Unión Europea se enfrenta, por un lado, al aumento de las tasas de desempleo de sus poblaciones y, por otro, a los efectos de la llamada reestructuración productiva sobre la estabilidad de las formas de trabajo, lo que ha afectado negativamente a las condiciones de vida en la UE (Lasheras y Pérez Eransus, 2012). En este contexto, un gran número de europeos vive cotidiana o periódicamente la experiencia de tener "mucho tiempo libre", o sea, de tener un tiempo "ocioso", "no ocupado", que generalmente se concibe como un problema o, como mínimo, como un desafío tanto en el nivel individual / subjetivo como colectivo / político. El análisis sociológico de ese tiempo "vacío", "sin ocupación", "sin nada que hacer" es bastante complejo, una vez que, por un lado, entraña dimensiones psicológicas e identitarias -la experiencia psicológica del tiempo y los efectos de la pérdida del empleo sobre la identidad del individuo (Dubar, 2004; Dubar, 2011; Mazade, 2011)-y, por otro lado, refleja normas y modos de vida colectivos, modelos culturales y cambios sociales. En relación a este último aspecto, tanto la sociología del trabajo como la del ocio y del tiempo han discutido, desde diversos ángulos, el modo por el cual la experiencia del tiempo, en su sentido más ontológico (como experiencia del Ser), se contrapone o convive con la experiencia del tiempo social industrial, afincada sobre los principios básicos del capitalismo, vulgarmente traducidos por la idea de equivalencia entre tiempo (productivo), dinero y valor (Adam, 1999). Desde esa perspectiva, el tiempo de los desempleados asume un sentido plenamente negativo, es un tiempo sin actividades remuneradas, un tiempo sin valor inmediato, un tiempo que sobra. La expresión "tiempo en abundancia", propuesta inicialmente por Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel (1996), condensa esas ideas a la perfección. Según estos autores, la falta de empleo provoca en los individuos un estado de limbo espacio-temporal, sin secuencia o estructura, un "tiempo en abundancia" pero sin ninguna dirección u objetivo. Tomando como referencia el conjunto de representaciones del tiempo industrial y organizacional, el "tiempo en abundancia" es, ante todo, un tiempo sin valor económico y, por lo tanto, sin valor social. En este artículo, al proponernos revisitar la expresión "tiempo en abundancia", una primera interrogación que nos hacemos es hasta qué punto tal expresión nos permite aprehender las experiencias temporales de los desempleados a la luz de los cambios en la forma de organización del trabajo y del tiempo de las sociedades contemporáneas. Diversos autores han mostrado cómo la crecente precarización del trabajo, el aumento de contratos laborales por turnos y sin horario fijo, inclusive en los fines de semana, así como el aumento exponencial de actividades profesionales en los sectores de información, educación y creación, muchas veces a medio camino entre el ocio, el trabajo y la informalidad, han provocado cambios culturales profundos en la forma de entender y valorar el tiempo (Antunes, 1995; Antunes, 1999; Antunes, 2010; Boltanski y Chiapello, 1999; Mazade, 2011). Estos cambios parecen afectar también al "tiempo vacío", que se vuelca ahora en actividades tan o más valorizadas que el trabajo en sí mismo. En este contexto, nos preguntamos cómo y hasta qué punto la conceptualización "tiempo en abundancia" se mantiene actual, una vez que parece tener una creciente fragilidad epistemológica frente a nuevos procesos de significación y narrativas temporales emergentes. El segundo aspecto que evidenciamos es el modo como el concepto "tiempo en abundancia" viene utilizándose en el universo de los discursos del sentido común, donde juega un importante papel performativo en la producción de clasificaciones sociales -los que están dentro y los que están fuera del mercado de trabajo remunerado-. En este sentido, el "tiempo en abundancia" se distingue del tiempo libre y de ocio, pues traduce la idea de un tiempo que sobra, que extrapola el tiempo disponible socialmente esperado y, por eso, paradójicamente, también puede verse como un "privilegio" del que algunas personas disfrutan. Consideramos, como hipótesis, que la definición del tiempo en abundancia como un tiempo liberado de actividades y responsabilidades (contrapuesto al tiempo escaso del trabajo con duración determinada y realizado fuera de casa) continúa estructurando las relaciones sociales y las políticas para desempleados, que tienen como objetivo "ocupar" o "llenar" ese tiempo como sea. En trabajos anteriores (Franch, 2002; Franch, 2008), ya habíamos señalado la importancia de la clasificación cotidiana de los individuos desempleados y empleados en sus comunidades de origen sobre los usos del tiempo, específicamente en el caso de los jóvenes. En este artículo nos interesa continuar deconstruyendo los sentidos y significados de la expresión "tiempo en abundancia", mantenién-a380 dola como objeto de análisis en sus implicaciones subjetivas y también objetivas / políticas. Para estudiar de forma más profunda algunos de los principales ángulos de análisis de este fenómeno, intentaremos caracterizar qué sentido atribuyen los actores sociales a la experiencia del "tiempo en abundancia" durante el desempleo, y cómo califican sus propias experiencias de tiempo. Por fin, nuestra tercera y más importante interrogación recae sobre la adecuación de la expresión "tiempo en abundancia" desde una perspectiva de género. Sabiendo que el tiempo es una variable muy sensible al género (Casaca, 2010; Casaca, 2013; Perista, 1997; Perista, 2002; Perista, 2010; Perista, Maximiano y Freitas, 2000; Shouten et al., 2012), nos preguntamos cómo el género influye en los usos y sentidos que los individuos atribuyen al "tiempo en abundancia" en contextos de desempleo. En efecto, diversos estudios elaborados por sociólogos, y también por antropólogos y psicólogos, han investigado, directa o indirectamente, el desempleo bajo la óptica de su relación con los tiempos sociales (Ackerman et al., 2005; Bénoit-Guilbot y Gallie, 1992; Demazière, 1995a; Demazière, 1995b; Eckert, 1991; Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel, 1996). Sin embargo, salvo raras excepciones (Poveda Rosa, 2006), el género aparece en estos trabajos como una variable descriptiva, útil para diferenciar los usos que hombres y mujeres le dan al tiempo, pero no necesariamente como una categoría analítica (Scott, 1995), que nos permitiría cuestionar los motivos, los procesos y las implicaciones de las diferencias empíricamente observables. En síntesis, en este texto procuramos debatir específicamente lo que significa nombrar la experiencia del paro como una experiencia en la cual el tiempo parece existir "en abundancia", y de qué modo el género afecta a esta experiencia. ¿De qué manera el "tiempo en abundancia" aparece para hombres y mujeres? ¿Qué relaciones establecen los individuos entre los diversos tiempos -tiempo de trabajo y tiempo de ocio, tiempo doméstico y tiempo público-? ¿Cómo esas relaciones afectan a la percepción de "abundancia" en relación al tiempo disponible, de acuerdo con el género? Entendemos que el fenómeno del paro nos permite, hasta cierto punto, poner en tela de juicio un importante presupuesto en los estudios de tiempo y género: la idea de que el tiempo, en las sociedades modernas y capitalistas, juega siempre en contra de las mujeres. Respaldadas por estadísticas sobre usos del tiempo, las agendas europeas pro equidad de género y los estudiosos sobre el asunto coinciden en afirmar que el tiempo es uno de los más poderosos y sensibles indicadores de desigualdad (Casaca, 2013). El histórico aumento de la incorporación de las mujeres al trabajo productivo remunerado no ha supuesto, como se esperaba, una distribución más igualitaria de las tareas y responsabilidades del trabajo reproductivo sino, mayoritariamente, una sobrecarga para las mujeres, en detrimento de su tiempo libre, su formación y sus posibilidades de éxito profesional (Amâncio, 2004; Amâncio y Wall, 2004). En contrapartida, en situaciones de desempleo, el uso diferenciado del tiempo por hombres y mujeres parece ser favorable a estas últimas, llegando a amortiguar sensaciones de anomia, despersonalización y desestructuración temporal. Lo que no quiere decir que el desempleo disminuya las desigualdades, pero a veces permite que las mujeres, más que los hombres, puedan vivir ese tiempo como una oportunidad y no necesariamente, o no únicamente, como un problema. Así, en este ensayo de carácter exploratorio, para el que nos apoyamos en datos parciales de una investigación cualitativa sobre desempleo en Europa, buscamos debatir algunas de las cuestiones que acabamos de apuntar, con la intención de delimitar mejor las posibilidades heurísticas y los límites empíricos que posee la expresión "tiempo en abundancia", llevando en consideración, por un lado, las transformaciones en curso que incorporan cada vez más pluralidad de comprensiones y prácticas para el tiempo ocupado y para el tiempo libre, y, por otro lado, su adecuación desde una perspectiva de género. Para ello, dividimos el texto en tres partes. En primer lugar, situamos la problemática de la escasez / abundancia de tiempo en las sociedades capitalistas, haciendo un recorte de género. Enseguida presentamos el diseño del estudio realizado y las opciones metodológicas de nuestro análisis. En la tercera parte, dialogamos con los datos empíricos. Finalizamos el ensayo con algunas consideraciones que buscan estimular futuras investigaciones sobre el tema. En 1963, Moore afirmó que, aunque el tiempo sea escaso para mucha gente, cualquier individuo puede, a cierta altura de la vida, pasar por la experiencia de tener tiempo en abundancia (Moore, 1963, p. Escasez y exceso parecen, a primera vista, dos términos antinómicos que condensan los significados sociales del empleo y del desempleo respectivamente, dos caras de una misma moneda que, sin embargo, ocultan matices y esconden diferencias vi-a380 vidas dentro de cada una de esas situaciones, en las que el género juega un importante papel. Además, abundancia y falta de tiempo también nos permiten pensar en aspectos generales de la organización del tiempo en las sociedades capitalistas, que discutiremos brevemente en este apartado. Entre la escasez y el exceso De acuerdo con la mayoría de los estudios sobre sociología del tiempo, la escasez es una característica intrínseca a las representaciones temporales surgidas durante la implantación y la evolución del capitalismo industrial, relacionada con la mecanización y valoración monetaria del tiempo (Adam, 1999; Bergman, 1992). Si en las sociedades pre-capitalistas, y sobre todo en aquellas de matriz católica, el trabajo se consideraba una mácula, y el ocio era señal de distinción, en las sociedades capitalistas ocurre lo contrario: la falta de tiempo es una marca de valor y de reconocimiento social, mientras que tener "tiempo en abundancia" indica inadaptación, desvío o fracaso frente a la norma dominante. Por otro lado, la escasez de tiempo también se vive como una apropiación de los demás tiempos vitales de los trabajadores, sensación que se ha agudizado desde los años 1980, como consecuencia de la desregularización de la esfera del trabajo remunerado en la actual fase del capitalismo (Mazade, 2011). Para Vega Cantor (2012), "en el mundo contemporáneo, la expropiación del tiempo se ha extendido a todos los ámbitos de la vida y no se limita, como antes, al terreno laboral. En el capitalismo actual la expropiación del tiempo de la vida se expresa, de manera paradójica, en la falta de tiempo". A pesar de tener un aspecto negativo (la falta de tiempo), el hecho de que la escasez conlleve reconocimiento social hace que el exceso o abundancia de tiempo únicamente sean legítimos y valorados si "provienen" o "son resultado" del tiempo de trabajo asalariado -vacaciones, fines de semana, fiestas de guardar (Dumazedier, 1974(Dumazedier, /2004;;Pronovost, 1989)-. En esta línea de pensamiento se sitúan la mayoría de los estudios sobre el desempleo, que defienden que el paro provoca, necesariamente, una ruptura y una desestructuración del tiempo. El pionero estudio de Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel (1996), Los parados de Marienthal, mencionaba este fenómeno, haciendo hincapié en la contradicción aparente entre exceso y abundancia de tiempo en las situaciones de empleo y desempleo: Todo el mundo es consciente del empuje con el que las organizaciones del movimiento obrero han luchado desde sus inicios por la reducción de la jornada de trabajo. Todos los que saben esto podrían llegar a pensar que toda la miseria que implica el paro se puede ver compensada, en parte, por ese tiempo libre prácticamente ilimitado. Pero una observación más atenta pone en relieve que éste es un regalo envenenado. Los trabajadores, desligados de su trabajo, sin contacto con el mundo exterior, han perdido toda posibilidad material y psicológica de utilizar ese tiempo (Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel, 1996, p. Recientemente estas ideas han sido reexaminadas por Cole (2007), para quien el argumento de Jahoda 1 da excesivo valor al empleo cuando presupone que no tener un trabajo asalariado hace que los individuos pierdan la experiencia estructurada del tiempo y sus objetivos colectivos. Cole (2007) defiende que no hay evidencias suficientes en el estudio en Marienthal para llegar a la conclusión de que el tiempo de ocio "obligatorio" sea visto por los desempleados como un "regalo envenenado", ni tampoco para afirmar que, en su tiempo libre, esos mismos empleados "no hacen nada". Al contrario, el mismo autor considera que el desempleo puede ser un tiempo denso y no necesariamente vacío, desde que se reconozcan como actividades un amplio espectro de tareas sin valor monetario evidente pero, aun así, con valor económico y social. Pensamos que el concepto de "densidad temporal" es importante en este análisis, pues permite describir la calidad de un tiempo "lleno" como contrapunto a la poderosa construcción social del tiempo de desempleo como un tiempo "vacío". Aquí, adoptamos el concepto de densidad temporal de Bachelard (1936de Bachelard ( /1994)), que lo utiliza para traducir el número y la frecuencia con que ciertas actividades ocurren y que dan la impresión de un tiempo "lleno". En concreto, el concepto de densidad del tiempo hace visibles una serie de actividades que ocurren en ese tiempo supuestamente "vacío", que no son necesariamente remuneradas, ni tienen a menudo un espacio o tiempo propios. Avanzando en su argumento, Cole (2007) afirma que el sentimiento de ruptura y de pérdida en la vida de los desempleados es producto del ethos y del habitus constitutivos del trabajador (como categoría de la sociedad capitalista), lo que implica decir que estas reacciones (sobre todo la correspondencia entre tiempo de desempleo y el sentimiento de vacío) no son inevitables o fruto de la condición humana universal. En otras palabras, es la constitución previa de los hombres de Marienthal como trabajadores que causó la respuesta al desempleo, no su naturaleza esen-a380 cial. Estar desempleado no despoja al individuo de su identidad (humana), sino que simplemente substituye una identidad por otra, aunque esa identidad sea más visible porque se desvía de la norma de la identidad del trabajo asalariado 2 (Cole, 2007, p. Este enfoque sobre el tiempo y, sobre todo, la deconstrucción de la asociación necesaria e inevitable del empleo como gran eje estructurador del tiempo y del sentido de la experiencia diaria es fundamental para nuestro argumento porque nos permite poner en tela de juicio, al menos, tres presupuestos importantes en los estudios sobre el tiempo de los parados: 1) la naturalización de la idea de que estar desempleado implica, necesariamente, no tener coordenadas temporales y estar en situación de ruptura biográfica, resultado de la identificación mecánica entre identidad individual e identidad de trabajador; 2) la inevitabilidad de que los parados tengan orientaciones temporales de tipo fatalista y centradas en su pasado como "empleados", lo que impide observar orientaciones hacia el presente, o inclusive hacia el futuro; y 3) la dificultad de entender las prácticas de los desempleados desde categorías como "tiempo vacío", "tiempo desestructurado", "tiempo sin nada que hacer", que tienden a ocultar la densidad y ocupación del tiempo con actividades no remuneradas, o simplemente no asalariadas. Entendemos que estos presupuestos se aplican sobre todo al modelo de sociedad del capitalismo industrial y fordista, asentada en un modelo ético inscrito en la valoración del tiempo de trabajo como un fin en sí mismo y como eje de realización personal y profesional (Durán Vázquez, 2011; Prieto, Ramos Torre y Callejo Gallego, 2008). Más que una actividad, en ese tipo de sociedad el trabajo define el principal papel social de los sujetos, del que deriva el papel secundario de consumidor en el tiempo libre. En las sociedades contemporáneas, este tipo de construcción de identidad social parece estar en crisis, y con ello también la forma como los individuos valoran y dan importancia al tiempo. Si bien es cierto que no existe un consenso sobre si la nuestra es una sociedad del trabajo o del consumo, es innegable que hay actualmente una mayor valorización del tiempo libre y de la esfera del consumo en detrimento del valor del trabajo como forma de realización personal (Bauman, 2008; Himanen, 2006). Las consideraciones que desarrollamos hasta aquí justifican nuestro interés en profundizar en el debate sobre el sentido de la experiencia del tiempo en situación de desempleo, buscando averiguar si los individuos, aun cuando razonan a partir de la idea de "pérdida", utilizan estrategias y tácticas de valorización, creación e invención de ese tiempo disponible, lo que puede hipotéticamente permitirles deconstruir el sentido ontológico del empleo en sus propias vidas (Araújo, Duque y Franch, 2013). Asumimos que la clasificación y vivencia del tiempo de desempleo como "tiempo en abundancia" debe entenderse con base en la importancia y el valor socialmente atribuidos a ese tiempo. Esto implica decir que es necesario relacionar dichos aspectos con situaciones y variables que la bibliografía apunta como relevantes en la percepción y experiencia del tiempo. Al margen de los cambios históricos, anteriormente referidos, en la valoración social del trabajo y del tiempo libre, entendemos que diversas situaciones y variables influyen en la percepción del tiempo del desempleo como problema o como oportunidad (Sanchis, 2003): el tipo de políticas de apoyo a los desempleados existentes en cada contexto y momento histórico, pues no es lo mismo ser un desempleado en la década de 1940 en Marienthal, con subsidios decrecientes y por corto tiempo, que serlo en un estado del bienestar, en que el impacto económico del paro es más reducido; la clase social a la que pertenecen los parados y el tipo de trabajo / profesión que desempeñaban antes de quedarse desempleados; el tiempo que llevan en el paro (parados de larga duración o de corta duración); su edad y momento del ciclo de vida (casados, solteros, etc.); su origen (rural, urbano, migrantes o autóctonos); y por fin, el género, que es la variable en la que centraremos nuestra atención a partir de este momento. Retomando la problemática del tiempo del paro desde una perspectiva de género Desde el pionero trabajo de Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel (1996), los estudios sobre el paro son conscientes de las diferencias de género: "En Marienthal existen dos tiempos, el de los hombres y el de las mujeres" (1996, p. Si a ellos el cierre de la fábrica les había dejado con un exceso de horas vacías que se les pasaban sin darse cuenta, una ociosidad apenas interrumpida por actividades como cortar leña o cuidar a los conejos, a ellas no les retiraba el fardo del trabajo doméstico, que en cierto modo daba un sentido al día a día. Con el pasar del tiempo, inclusive, las exigencias a380 del trabajo reproductivo se agudizaban por la necesidad de suplir carencias materiales con más trabajo (zurcir la ropa que se va ajando, aprovechar la comida cocinándola de varias maneras, etc.). A pesar de esta atención, lo que se observa en este y en otros estudios es que las diferencias entre el tiempo de los hombres y de las mujeres desempleados, con raras excepciones (Poveda Rosa, 2006), apenas se describen, sin que se llegue a profundizar en una perspectiva analítica de género sobre el tiempo en abundancia. Para empezar a discutir el impacto que el género ejerce sobre los usos y las percepciones del "tiempo en abundancia", llamamos la atención sobre el hecho de que el goce del tiempo libre ha ocurrido, históricamente, de modo desigual, no solo entre las clases sociales, sino fundamentalmente entre hombres y mujeres, a pesar de las considerables diferencias entre países y regiones. Una de las conclusiones a la que varios trabajos llegan es que la propia escasez o "falta de tiempo" es una de las categorías más relevantes en la construcción de los procesos de socialización temporal de las mujeres occidentales (Bouffartigue, 2010; Deem, 1996; Jurczyk, 1998; Langevin, 1992; Odih, 1999; Odih, 2003). Así, es necesario apuntar que el paradigma interpretativo sobre la división de tiempo de trabajo / tiempo de ocio en la sociedad capitalista toma como referencia, casi inevitablemente, el tiempo masculino (Adam, 1989; Leccardi, 1996), o sea, considerando que existe una división social del trabajo productivo y reproductivo que se expresa en diferencias en las formas como los hombres y las mujeres organizan su día a día y sus biografías, son las experiencias masculinas las que se asumen como el eje a partir del cual se posiciona, secundariamente, el tiempo de las mujeres (Bouffartigue, 2010; Bourdieu, 1999). Volviendo a Cole (2007), estamos de acuerdo con su crítica al androcentrismo implícito en la clasificación de Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel del tiempo en abundancia pues, aunque describa los tiempos de hombres y mujeres, elabora todo su argumento a partir de las vivencias de estos, sin abrir el mismo espacio a las vivencias de las mujeres. Esta crítica dialoga con las contribuciones de diversas autoras (Adam, 1989; Bryson, 2007; Forman y Sowton, 1989; Kristeva, Jardine y Blake, 1981; Langevin, 1987; Leccardi, 1996; Legarreta, 2012; Walby, 1997) que insistieron en la necesidad de una socio-antropología del tiempo sensible a las cuestiones de género, que mostrase de qué manera y hasta qué punto hombres y mujeres se diferencian en las percepciones y usos del tiempo, teniendo en cuenta incluso la temporalidad biológica (apropiada socialmente) en la que se inscriben, y que coloca a las mujeres como las principales responsables del trabajo reproductivo. En este sentido podemos argumentar que las mujeres desarrollan, a lo largo de su trayectoria de vida, y mediante procesos socialmente constituidos y constituyentes -como la construcción social de la maternidad-disposiciones temporales más orientadas hacia la contingencia y la anticipación que los hombres, que a su vez disponen de mayor estabilidad y orientación hacia el presente (Leccardi y Rampazi, 1993). Asimismo, destacamos que las trayectorias biográficas de las mujeres son, con bastante frecuencia, menos lineales que las masculinas, porque están más expuestas, como resultado de su asimilación social a la esfera doméstica, al entrecruzamiento de tiempos -cuidado, reproducción, profesión / trabajo remunerado-y, por lo tanto, a posibles discontinuidades profesionales a lo largo de su vida en función del calendario familiar (Langevin, 1987; Leccardi, 1996). Además, los tiempos de las mujeres a menudo son entendidos de forma no lineal, a partir de las imágenes de "ciclos" y "fases" (Bodoque, 2001; Forman y Sowton, 1989; Kristeva, Jardine y Blake, 1981), que yuxtaponen procesos biológicos a procesos sociales, naturalizando así el tiempo de las mujeres. Si históricamente estas representaciones han servido para subordinar a las mujeres a posiciones inferiores en el mercado de trabajo, el contexto actual de precarización del empleo parece haber reforzado estas tendencias: son las mujeres las que se han visto más afectadas por la flexibilización laboral, que se les presenta como una posibilidad de "compaginar" vida laboral y vida doméstica (Poveda Rosa, 2006). Todas estas consideraciones se han de poner en perspectiva igualmente a partir de la clase social (Pronovost, 1989). Los estudios sobre usos y percepciones del tiempo son unánimes en afirmar que el tiempo disponible para las mujeres se reduce a medida que descendemos en la jerarquía social, pues ellas pasan a ser las únicas o principales responsables de las tareas de reproducción social (alimentación, movilidad, actividades extracurriculares y cuidados, entre otras tareas). Además, la relación de las clases sociales con el tiempo no es únicamente de carácter económico (Bourdieu y Passeron, 1970; Oliveira, Araújo y Bianchetti, 2014). La clase también condiciona los modelos de valoración y de representación del tiempo a través del habitus, de la socialización. Desde esa perspectiva, es posible entender por qué el desempleo se define con más frecuencia como tiempo en abundancia, en el sentido de un tiempo que sobra, en el caso de los hombres y no tanto entre las mujeres (Schouten et a380 al., 2012), principalmente en las clases más populares, donde las mujeres son socializadas con anticipación para el trabajo doméstico y están, así, preparadas para valorar y llenar el tiempo, y también para pensarlo como un continuum de actividades (Sullivan, 1997). Volviendo al texto de Cole (2007) sobre la designación y la experiencia del tiempo en abundancia, este autor indica que, estén o no "desempleadas", las mujeres participan de forma muy activa en la experiencia del desempleo y, por lo tanto, en su constitución y estructuración. Como sujetos activos, las mujeres producen y reproducen los modelos de valoración del tiempo en los que fueron socializadas, que son, al mismo tiempo, distintos y subordinados a los de los hombres (Feuvre, 1994; Deem, 1996; Epstein, Seron, Oglensky y Sauté, 1999). Uno de los efectos de esta subordinación es el hecho de que exista una mayor "tolerancia social" hacia el desempleo femenino. Poveda Rosa (2006) demuestra que, aunque el paro entre las mujeres sea superior al masculino en todas las clases sociales y en todas las franjas de edad, las políticas públicas se destinan principalmente a los hombres adultos, considerados el "ganapán" de sus familias. El desempleo femenino se tolera más pues se considera "que excluye, pero no margina" (Torns, 2000, p. Contra la idea de que las mujeres "llevan mejor" el paro porque se ocupan de las tareas de casa y obtienen reconocimiento social gracias a ellas, Poveda recuerda que el trabajo del hogar está simbólicamente desvalorizado y que muchas mujeres se sienten frustradas en el rol de amas de casa. Además, en familias monoparentales, las mujeres son las principales responsables económicas, por lo que conseguir un trabajo remunerado no es una opción y sí una urgencia. Esta autora, en continuidad con otros estudios, nos invita a articular género y clase social, mostrando cómo las experiencias del tiempo de desempleo pueden ser diferentes dependiendo de los recursos con los que se cuenta. • El desempleo femenino no supone, automáticamente, un retorno al papel tradicional, sino que también puede suponer una oportunidad para otras actividades que pueden ser o no de ocio (dormir, pasear, buscar información, dedicar más tiempo a los hijos). • Frente a la valoración del tiempo "lleno", las estrategias que los hombres y las mujeres utilizan para estructurar sus tiempos continúan siendo distintas. Organizamos, así, el análisis de los datos teniendo en cuenta los principales conceptos discutidos aquí, entre los cuales destacamos: aceptación y uso de la expresión "tiempo en abundancia" para clasificar la experiencia del desempleo; estrategias de estructuración del tiempo y niveles de densidad, usando el concepto de Bachelard (1936Bachelard ( /1994)), que toma en cuenta el número y la frecuencia de las actividades realizadas; experiencias de discontinuidad / ruptura y, por último, representaciones de los hombres con relación a las mujeres y viceversa, en situación de desempleo. Los datos empíricos utilizados para este artículo fueran recogidos en el ámbito del proyecto Tiem-a380 po y tecnología: un enfoque de género, realizado en Portugal entre 2009 y 2011 (Schouten et al., 2012). El objetivo general de la investigación fue clasificar los usos y representaciones del tiempo y de la tecnología en el espacio doméstico, teniéndose en cuenta las variables sexo, edad, ocupación, escolaridad y clase social. Fueron realizadas encuestas con 400 individuos, 22 entrevistas individuales y cuatro grupos focales. En este artículo, con el objetivo indagar sobre la pertinencia heurística del concepto de "tiempo en abundancia" tomando en consideración la variable género, escogimos, de toda la información obtenida para el proyecto, analizar en profundidad dos grupos focales. Participaron en los grupos cuatro mujeres (grupo 1) y ocho hombres (grupo 2) en paro, de diferentes profesiones y niveles educativos, como se puede ver en la Tabla 1 y la Tabla 2. Características socioeconómicas de las mujeres participantes en el grupo focal 1 (mujeres en paro) Tabla 2. Características socioeconómicas de los hombres participantes en el grupo focal 2 (hombres en paro) La opción de seleccionar los grupos focales para este artículo tiene dos motivos, uno de carácter práctico (en la investigación realizada, los grupos concentraron mejor los discursos de los desempleados) y el otro de orden metodológico. La mayoría de las investigaciones sobre usos del tiempo utiliza encuestas, realizadas mediante cuestionarios, encuestas de presupuestos de tiempo (time budget) y entrevistas individuales (Schouten et al., 2012). En este ensayo, más que conocer el volumen de tiempo y la manera en que los actores perciben y distribuyen su tiempo, priorizamos comprender los valores y los sentidos que los sujetos atribuyen al tiempo en abundancia, descubrir las lógicas implícitas en sus discursos, que a veces se presentan contradictorios y ambiguos. En este sentido, los grupos focales, junto a las entrevistas, permiten aprehender los elementos valorativos y subjetivos en la relación de los individuos con el tiempo, pero, de forma diferente (o complementaria) a las entrevistas, destacan la construcción intersubjetiva de esos valores, permitiendo que las contradicciones y ambigüedades aparezcan de modo más agudo (Trad, 2009). En este caso, las preguntas destacadas para el análisis se refieren al uso del tiempo libre y al ocio, a la organización del trabajo doméstico, y a las estrategias para conciliar vida pública y vida privada. Por fin, reafirmamos el carácter exploratorio de nuestro artículo, que se apoya empíricamente en dos grupos focales. Una investigación más extensiva y con potencial para generalizar conclusiones exigiría ampliar el número de grupos, incluyendo criterios de edad, área de residencia, clase social, profesión / trabajo, escolaridad, que nos permitirían profundizar en las percepciones y narrativas del tiempo de desempleo y en su conexión con la idea de un "tiempo en abundancia". Dado que esta es una cuestión compleja, que incluye varias dimensiones sociales y culturales, nuestro objetivo se limitó a hacer dialogar fundamentaciones teóricas con la información empírica, para demostrar cómo el concepto "tiempo en abundancia" actúa como una forma de clasificación y jerarquización del tiempo, aunque también sea una forma que cada vez se utiliza más para dar nuevos significados al tiempo, más allá de la tradicional división entre tiempo de trabajo (productivo y reproductivo) y tiempo libre. Como argumentamos, nuestro análisis se concentra en las semejanzas y diferencias entre los dos grupos focales, sin ocuparnos de las variaciones internas de cada grupo. Comenzaremos con las semejanzas y nos ocuparemos, después, de las diferencias. Elementos en común entre los dos grupos Es posible establecer cinco elementos en común relativos al modo en el que los desempleados viven y perciben el tiempo, independientemente del sexo, la edad y la trayectoria laboral. El primero es que ninguno de los participantes en situación de desempleo y de inactividad usa la expresión "tiempo en abundancia", o alguna expresión que se le aproxime, para describir su experiencia diaria del tiempo. Lo que se observa, generalmente, es una cierta resistencia y negación al uso de esa clasificación, más acentuada aún en el caso de las narrativas masculinas. Los participantes prefieren utilizar expresiones que demarcan la oposición estructural entre privado y público, y que muestran la inscripción territorial de esos dos momentos de sus vidas -el tiempo del trabajo asalariado (público, fuera de la esfera doméstica) y el tiempo de desempleo en casa (privado, doméstico)-. Como veremos, estos "territorios de tiempo" tienen significados diferentes según el género. El segundo elemento es la asimilación del tiempo al dinero. Todos los participantes de los grupos focales confirman que, si tuvieran la opción, preferirían ganar más dinero y tener menos tiempo libre, porque consideran que el elemento económico es "lo más importante, es más" (entrevistada C., grupo focal 1). De nuevo se observan diferencias significativas en la valorización del tiempo como dinero en función del género, que complementan el par anterior doméstico / público, anunciando la dicotomía "cuidar de la casa" / mujeres versus "llevar dinero a casa" / hombres. El tercero, las experiencias de discontinuidad y de ruptura con un régimen de tiempo anterior, cuando tenían trabajo. En los dos grupos, los sujetos construyen narrativas más ancladas en el pasado que proyectadas hacia el futuro. Muchas veces no mencionan explícitamente el tiempo pasado (aunque esté bastante presente en sus respuestas), porque parten del principio de que tanto los entrevistadores como los otros participantes en el grupo focal conocen esa realidad y comparten el mismo "problema": perder el empleo, la rutina y el dinero. El cuarto, cuanto mayor es el periodo de empleo anterior, más intensa es la experiencia de discontinuidad y de "parada" impuesta por el desempleo. Pero, cuanto mayor fue la conexión con otras actividades (extra-laborales) y con el espacio doméstico, durante la a380 experiencia del empleo, la sensación de pérdida o de "parada" en el tiempo parece ser menos dramática. El quinto y último elemento es que, a pesar de la discontinuidad que impone la experiencia del desempleo, los actores tienen la necesidad de encontrar "soluciones" para conseguir un nuevo ajuste en su biografía. Como veremos, esas soluciones se muestran diferentes, sobre todo entre hombres y mujeres. Analizando las diferencias entre el grupo de los hombres y el de las mujeres desempleadas, se observa que estas últimas tienden a desarrollar esquemas de organización del "tiempo en abundancia" con niveles de densidad superiores a los de los hombres. En parte ello se debe a que las entrevistadas no solo asumen las principales funciones de cuidado del espacio doméstico, sino que se autoafirman por medio de los roles que adoptan en la esfera doméstica, siguiendo una tendencia ampliamente discutida en la bibliografía sobre tiempo y género (Balbo, 1987; Legarreta, 2012; Langevin, 1987; Langevin, 1992; Odih, 1999; Odih, 2003), y uno de los lugares comunes cuando se piensa en el paro femenino (Poveda Rosa, 2006). Efectivamente, la identificación subjetiva con "las cosas de la casa" constituye un elemento común entre las mujeres de este estudio, a pesar de sus diferencias de edad, escolaridad y trayectorias profesionales, como se puede comprobar en el fragmento del grupo focal 1 reproducido más abajo: [Entrevistada D] "Sí, sí, a veces dicen que están hartas de estar en casa, yo va a hacer ocho años en enero que estoy en casa y todos los días tengo algo que hacer. Ellas [las otras mujeres del grupo focal] critican, pero son iguales". [Entrevistada E] "A mí me gustan, a mí me gustan las cosas de la casa". [Entrevistada A] "A mí me parece muy importante, creo que la casa es el espacio donde vivimos y es el espacio donde estamos con nuestra familia". Esta identificación con la esfera doméstica explica que las mujeres con más frecuencia que los hombres se refieran al tiempo del desempleo como un desplazamiento de "fuera" para "dentro" de casa: [Grupo Focal 1, Entrevistada A] "claro, porque como ahora estoy en casa normalmente..." [Grupo Focal 1, Entrevistada C] "mi marido trabaja, soy yo quien se queda en casa". [Grupo Focal 1, Entrevistada D 3 ] "va a hacer ocho años en enero que estoy en casa". "no esperaba quedarme tan pronto en casa". "mi marido también ya está en casa". "cuando supieron que yo estaba en casa". Como se puede ver en estos fragmentos, "quedarse en casa" demarca el tiempo del paro, actuando como sinónimo del desempleo y, en el caso de una de las entrevistadas, de la jubilación. Dos aspectos deben ser destacados en esta relación entre las mujeres y el espacio de la casa. En primer lugar, la "casa" no debe entenderse como lugar físico sino simbólico, sintetizando todas las actividades de reproducción de lo cotidiano y del cuidado de la familia, no necesariamente realizadas "dentro de casa" -ir a las compras, ir a buscar a los niños a la escuela, llevarlos al médico, gestionar trámites burocráticos etc-. En segundo lugar, la identificación con lo doméstico presenta una cierta ambigüedad en los discursos. Por un lado, es evidente que las mujeres atribuyen un valor positivo a las actividades domésticas, tanto por la satisfacción que, según nos cuentan, esas actividades proporcionan ("a mí me gustan las cosas de la casa"), como debido al reconocimiento y prestigio social relacionados con esta función. Por otro lado, la situación de desempleo parece intensificar la dedicación de las mujeres a los trabajos domésticos, especialmente en los casos en que los hombres continúan "trabajando fuera". Esto se debe a la obligación moral que las mujeres sienten con relación a los otros miembros de la familia cuando tienen "más tiempo libre", y que no encuentra su contrapartida cuando los hombres se quedan en paro. Es en esas circunstancias cuando podemos encontrar un "tiempo en abundancia" desestructurado, no por falta de actividades sino por su exceso, como cuenta una de las participantes del grupo focal 1: [Entrevistada A] "Trabajé 28 años y llevo medio año sin trabajar. Estoy intentando crear mi empresa, para mí este espacio de tiempo, estos seis meses, fueron un caos absoluto, porque quise dedicarme más a mis hijos y la única actividad que asumí más, que era más repartida entre los dos, fueron los traslados diarios, porque es un caos, nunca imaginé que robara tanto tiempo, me roba mucho tiempo. Vivo fuera de la ciudad y eso es una desventaja. Tengo cuatro hijos de edades diferentes, y tengo que dejar a cada uno en un lugar diferente. O sea, fue una adaptación que yo tuve que hacer y una experiencia que no me está yendo nada bien. De hecho, fue para darles un poco más de comodidad en las horas de salida del a380 horario escolar, que pudieran venir enseguida a casa y no tenerlos que sacrificar en relación a los horarios que yo tenía, que eran mucho más largos. Antes, los dejaba en el colegio esperando, y mi propuesta fue irlos a buscar a unos más temprano, a otros más tarde, pero se me ha complicado la cosa. Cuando vuelva al trabajo activo, tendremos que organizarnos de nuevo, y tendremos que adaptarnos y otra vez ajustarnos un poco y encontrar nuevas soluciones, porque las cosas son así: encontramos siempre nuevas soluciones cuando necesitamos. Claro que, como yo ahora estoy en casa normalmente en el tiempo de hacer la cena (porque la comida, nadie come en casa, a no ser yo), claro que no espero que nadie me ayude en casa, porque eso sería una falta de respeto hacia los otros miembros de la familia, si yo esperase que ellos llegasen para ayudarme simplemente porque todos tienen que colaborar. No, todos colaboran en lo posible, y de acuerdo con la necesidad y las posibilidades de cada uno en un momento dado". Si, por un lado, el "tiempo en abundancia" se traduce en una intensificación de la relación mujeres / trabajo doméstico, lo que indica un refuerzo de las desigualdades de género en situaciones de desempleo, por otro lado, las narrativas indican que las participantes también desarrollan estrategias para transformar ese excedente temporal en un tiempo personal, a partir de las dimensiones del autocuidado, del descanso, del ocio individual y de la sociabilidad. La importancia de la estructuración del tiempo a partir de sí mismas, así como la legitimidad para usar ese tiempo como "tiempo libre" se pueden ver en los fragmentos del grupo focal 1 reproducidos más abajo: [Entrevistada A] "Mira, para mí [el tiempo libre] es estar sola mucho tiempo, leer, por ejemplo, que me gusta mucho, es ir a ver una película sola, es ir a un cine, que yo voy muchas veces al cine por la noche, y de vez en cuando hacer algo diferente, que aparece sin que te lo esperes..." [Entrevistada E] "Ahora no tengo [trabajo fuera], estoy en casa, ¿vale? Me levanto por la mañana, me gusta mucho levantarme por la mañana [...] Desayuno en la mesa, salgo a caminar, después vuelvo, como hace un rato, que entré en casa, tengo mi trabajito de la comida, limpiar la cocina y después tengo toda la tarde para hacer mis cosas, que no son pocas, ¿vale?, cuando son las ocho y media o las nueve, estoy sentadita en el sofá, y estoy tranquilita". [Entrevistada D] "Cuando me quedé en casa, y no esperaba quedarme tan pronto en casa, pero por des-gracia cerró todo, y yo ya tenía los años de caja, en fin, me jubilaron [...] oh, yo ahora tengo tiempo". [Entrevistada C] "Yo también tengo tiempo para mí, salgo a caminar también todos los días...". [Entrevistada D] "Y me da tiempo de salir a caminar". [Entrevistada E] "Yo tengo tiempo para mí, tengo tiempo, cuando estoy en casa, que estoy así, un poco rara, cojo mis piernas y voy a mi lugar de trabajo, voy y vengo". [Entrevistada D] "pero eso, nosotras ahora ya no trabajamos". Llamamos la atención sobre la idea de "ahora tengo tiempo para mí", como un indicativo de la estrategia consciente de utilizar este "tiempo en abundancia" de forma personal y satisfactoria. Así, aunque el adverbio "ahora" marque el momento de discontinuidad con el pasado, los relatos sugieren que existe una lectura positiva de esta ruptura por parte de las participantes, que la entienden como una reapropiación temporal, condensada en la expresión "no somos esclavas": [Entrevistada E] "Por ejemplo, los martes, cuando trabajaba, porque yo trabajaba en comercio... no digo que fuesen todos los martes, pero salíamos a las siete... si hubiese clientes se salía a las ocho, porque, mientras hubiera un cliente, no se dejaba al cliente allí, cierto, y cuando trabajaba, llegaba a casa y preparaba mi cena y cenaba. Ahora voy a hacer gimnasia los martes, los viernes también voy, si hay una cena con las amigas, también salimos, también se organiza así el tiempo. [Moderador] "¿Y ustedes creen que es importante tener tiempo así?" [Entrevistada E] "Sí que lo es". [Entrevistada D] "Todos los días salgo por la mañana a desayunar y me paso un buen rato". [Entrevistada C] "Yo también, y voy a andar, cuando lo tengo todo arreglado..." [Entrevistada D] "Ah, no me quedo así en casa todo el día parada de manos, no" [risas]. [Entrevistada C] "Salgo a andar, me tomo un café, me veo con unos amigos o amigas. Cuando trabajaba, estaba más ocupada". [Moderador] "Entonces, ¿le parece que tenía menos tiempo libre cuando trabajaba?" [Entrevistada C] "Sí, sí, eso es. Tenía menos [tiempo libre] y ahora tengo más". Como comentamos en la discusión teórica, algunos estudios defienden que en los últimos años tuvieron lugar cambios significativos en la manera en la que las mujeres perciben y usan el tiempo, que ampliaron su esfera de uso personal (Lyonette, Crompton y Wall, 2007; Sullivan, 2006). Otros trabajos, por otro lado, denuncian la persistencia de un elevado nivel de desigualdad de género en el uso del tiempo en el espacio doméstico, que aumentaría en situaciones de desempleo femenino (Rose, Hewitt y Baxter, 2013). En nuestro estudio exploratorio, ambas tendencias conviven: las mujeres desempleadas intensifican el trabajo doméstico, pero también buscan activamente tener tiempo para el ocio y para sí mismas. Desde este punto de vista, las mujeres entrevistadas, en contraposición a los hombres en paro, consiguen crear un estilo de experiencia del tiempo más marcado por la "invención", aquí entendida en el sentido dado por Certeau (1980): "artes de hacer", formas de crear lo cotidiano que son creadas por sujetos que se enfrentan a limitaciones estructurales, pero no son determinados por ellas. Esas mujeres describen que mantienen las mismas rutinas temporales que tenían antes de dejar de trabajar, mostrando cómo llenan el tiempo con los cuidados familiares y con quehaceres domésticos adicionales que terminan "inventando", pero también "inventan" actividades de cuidado de sí y nuevos espacios de ocio, lo que incluye tener un tiempo para sí mismas. Entendemos que estas actitudes son una muestra de lo que Certeau considera las prácticas de resistencia y sobrevivencia cotidiana, pequeñas tácticas en las que la creatividad de los sujetos se manifiesta. La dinámica del grupo focal permite observar que este proceso de invención de rutinas y, en otros casos, de estabilización de esas mismas rutinas, no ocurre instantáneamente, sino que exige un proceso de aprendizaje y de desconexión de la rutina que estructuraba el tiempo cuando estaban empleadas. La búsqueda de una nueva cotidianidad adquiere sentido como forma de resistir a la "depresión" motivada por la experiencia de ruptura y de espera: [Grupo focal 1, entrevistada A] "¡no se puede coger una depresión por todo lo que te pase en la vida!". Como vimos, la participante E del grupo focal 1 afirma que, muchas veces, no resiste a la presión de tener mucho tiempo en casa y sigue la misma rutina del tiempo en el que tenía un empleo, andando hasta su antiguo lugar de trabajo para amenizar su sensación de algo incómodo. Los casos en los que la adaptación a los nuevos tiempos ocurrió más fácil y rápidamente corresponden a mujeres que empezaron en seguida a trabajar como voluntarias o a realizar otras actividades fuera de casa: [Entrevistada D] "A mí no se me hizo difícil quedarme en casa, yo pensaba que me iba a deprimir porque fueron 41 años levantándome muy temprano". [Entrevistada A] "Pero también, en seguida te hiciste voluntaria". [Entrevistada D] "Sí, es que sucedió en seguida. Cuando supieron que estaba en casa me invitaron [a ser voluntaria]. Dijeron: «aquella mujer, es eso y lo otro»". [Entrevistada A] "No te quedaste mucho tiempo [sin hacer nada], me parece bien. Yo tengo una vida súper-atareada y tengo tiempo para mí. Como podemos observar, aunque las historias individuales sean singulares, revelan un modelo común de narrativa que se construye tomando como referencia las estrategias de estructuración de un tiempo que fluye sin tantos marcadores y encuadres como el tiempo en que trabajaban. A ese nuevo tiempo se le da una valorización económica, social y también recreativa por medio de un conjunto de actividades: trabajo voluntario, cuidar a los otros, deportes, paseos y tareas domésticas. Esencialmente lo que se busca es estructurar nuevamente la vida cotidiana, a partir de la repetición de tareas. De este modo notamos que, en los discursos de las mujeres, hay una tendencia a que estas se recojan en su categoría de "mujer", asumiendo mucho más las tareas domésticas y familiares "ahora" que están desempleadas. Pero, simultáneamente, realizan una ruptura con modelos de socialización tradicionales -teniendo en cuenta que tres de ellas tienen más de 40 años-asumiendo el tiempo propio y el tiempo libre (individual o en familia) como un tiempo perfectamente legítimo, "aunque" estén en situación de no ganar dinero por su tiempo. Como podremos ver un poco más adelante, el elemento que diferencia estas narrativas de las masculinas es el significado que el paro adquiere para los hombres, como un estado de tener tiempo en abundancia no productivo y sin remuneración. Otro elemento que distingue las narrativas de usos del tiempo de hombres y mujeres es el hecho de que las dinámicas conversacionales durante los grupos focales femeninos indican una temporalidad marcada-a380 mente más colectiva y afirmativa de comportamientos, un modelo compartido por todas ellas, lo que se refleja en la repetición del "nosotras" o en las formas verbales en la primera persona del plural. En el grupo de los hombres, en cambio, las dinámicas conversacionales revelan temporalidades menos convergentes, bien como más discordancias sobre los aspectos relacionados al "tiempo en abundancia": las estrategias de estructuración del tiempo, el valor dado a la casa y a lo doméstico, la percepción del desempleo como ruptura o, por el contrario, como continuidad biográfica, la percepción de exceso o falta de tiempo en la situación de desempleo. En común con las mujeres, los hombres desempleados también aspiran a estructurar su cotidianidad, pero no lo hacen a partir de la dedicación a las tareas domésticas, al cuidado de la familia o al voluntariado, sino principalmente buscando actividades que puedan ser remuneradas y que se relacionen con su área profesional. No queremos decir con esto que los hombres entrevistados sean totalmente ajenos a las actividades domésticas y de cuidado. En algunos casos, los hombres en paro cuyas mujeres trabajan se hacen cargo de tareas domésticas más sencillas, como preparar (o calentar) la comida, y ejercen su paternidad de forma más activa. Pero, a diferencia de lo que vimos en el grupo de las mujeres, estas actividades no son valoradas de forma positiva, no son vividas colectivamente, ni tampoco constituyen una manera legítima de ocupar el "tiempo en abundancia". Por ello, las actividades domésticas no son estructuradoras del tiempo en abundancia masculino, ni le pueden hacer frente al trabajo "fuera de casa", como se puede ver en el fragmento siguiente: [Entrevistado G] "Trabajar fuera es más agradable". Siempre hay la misma rutina, y normalmente hay soledad en el trabajo doméstico, no tienes a nadie con quien desahogarte, a no ser cuando la pareja se junta, cuando se entienden bien y consiguen desahogarse entre los dos [...] Creo que el trabajo doméstico es muy confuso, uno le da vueltas a la cabeza para pensar cosas que... no sé bien, perdón". La falta de una identificación subjetiva de los hombres con las tareas domésticas se apoya en la dicotomía, ya anunciada, "mujeres / cuidar de la casa" versus "hombres / llevar dinero a casa", base de la división sexual tradicional de trabajo. De hecho, por lo general, los hombres entrevistados piensan que las mujeres viven mejor que ellos la experiencia del de-sempleo, puesto que la "presión" para aportar dinero a la familia es, según ellos, menor y además ellas no sienten el peso del "tiempo en abundancia", pues se ocupan de tareas para las cuales "fueron educadas desde pequeñas". Esta idea queda clara en la frase del entrevistado E del grupo focal 2, para quien las mujeres, cuando se quedan en paro, En el extremo opuesto de los entrevistados "sin tiempo", encontramos narrativas que enfatizan la incapacidad de sus actores para desarrollar una estrategia de "ocupar el tiempo" que corresponda a las competencias del entrevistado. De hecho, estas narrativas -que son, sin duda, las más características de este grupo-expresan la experiencia de discontinuidad que caracteriza la situación de desempleo y la dificultad de los sujetos para atribuir alguna estructura significativa al "tiempo en abundancia" que se instala en sus vidas. Es en estos relatos donde aparecen las connotaciones más negativas sobre ese tiempo "en exceso", producto de una situación indeseada (el desempleo) y para la cual no parece haber ninguna utilidad. Dedicando muy poco tiempo a las actividades domésticas y de cuidado, los participantes relatan que duermen más y que sienten caer sobre sus hombros el peso de la repetición de sus días vacíos. [Entrevistado G] "Básicamente, es dormir más" (risas). [Entrevistado C] "Duermo más, uno se queda (suspira) más, bueno, pues, y... personalmente, uno que siempre estuvo acostumbrado a trabajar, estar allí x años sin trabajar, a nivel psicológico, en los primeros tiempos aún va bien, pero después, todo se te pone mal, se empieza uno a quedar a... empiezas a no sentirte útil, a... empiezas a sentir... dejas de sentirte útil en casa y empiezas a preguntarte muchas cosas, empiezas a tener menos paciencia para todo, empiezas a... Una serie de cosas que, si tienes que trabajar, si eres alguien que trabaja y te sientes útil, eso no pasa porque si uno se siente una persona válida, aporta, el dinero que se da en casa deja de existir... Entonces, la gente, yo hablo de mi caso personal, empieza a preguntarse muchas cosas, empieza a quedarse, y por qué no decirlo, también a veces deprimido, porque es así. Intentas encontrar una salida y no hay salidas, o sea... vas a buscar trabajo una, dos, tres, diez veces, siempre la misma respuesta, y al final empiezas a caer en una repetición... [Moderadora 1] "Es pesimismo". [Entrevistado G] "Sí, sí, sí". [Entrevistado C] "Sí, es eso". [Entrevistado 1] "Digamos que su mayor preocupación es..." [Entrevistado C] "Mi mayor preocupación es llevar dinero a casa. Porque cuando no se hace, hasta el diálogo en casa entre marido y mujer es diferente, quiera o no quiera uno, es diferente y bueno, la gente... aunque la mujer entienda la situación, nunca es lo mismo, para el hombre no es lo mismo. No quiero decir que el hombre sea más o menos, no tiene que ver con eso, tiene que ver con que, por lo menos en mi caso, el hombre tiene que aportar y ya está. Creo que es importante". [Entrevistado C] "Yo mismo me presiono, ¿entiendes?" [Entrevistado D] "Uno no se siente realizado porque no puede ayudar y compartir todo". [Entrevistado G] "Porque es así: a partir del momento en que no ponemos dinero en casa, en que no podemos ayudar en los gastos de la casa, que esos gastos son de la mujer, en este caso uno se siente mal con eso, con no poder ayudar". [Entrevistado C] "Provoca enfermedad psicológica, probablemente, estrés, presión...". En este largo fragmento observamos que el desempleo, al cuestionar frontalmente el papel masculino tradicional (llevar dinero a casa), también actúa en las relaciones de poder dentro de cada pareja, siendo este uno de los motivos de inseguridad y desestructuración referidos por los hombres entrevistados. Destacamos, por último, narrativas masculinas que resaltan la busca de un empleo, o de alguna actividad que permita el intercambio de tiempo por dinero, como una forma de estructurar el tiempo. Son relatos que demuestran la confianza en la posibilidad de resolver por medio del esfuerzo individual la situación en que se encuentran, sintetizada en la expresión "el trabajo no nos va a caer del cielo". En esta línea, el tiempo libre y el tiempo de ocio se describen, en la mayoría de los casos, a partir de la situación de trabajador y no como desempleado. El hecho de que este asunto no se destaque en el grupo focal masculino como en el de las mujeres indica que el disfrute de un tiempo para sí y para la sociabilidad no es una conquista del "tiempo en abundancia", sino una esfera de actividades que ya existía antes, y que en este momento de desempleo corre el riesgo de perder la razón de ser. Por fin, los periodos antes y después del paro no aparecen, en el grupo focal de los hombres, perfectamente diferenciados en las narrativas, lo que puede señalar la necesidad subjetiva de mantener el paro como un periodo temporal y "pasajero". De acuerdo con las discusiones y análisis presentados, podemos concluir que la expresión "tiempo en abundancia", que aquí propusimos a partir de los estudios de Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel (1996), por un lado, esconde una enorme complejidad de formas de utilización y percepción del tiempo de desempleo, pero por otro lado se muestra promisoria para aprehender esa diversidad de significados sociales y de experiencias, una vez que no constituye una categoría de valor como, por ejemplo, tiempo vacío o tiempo desestructurado. Nos propusimos pensar hasta qué punto el "tiempo en abundancia" nos permite pensar en desplazamientos en la centralidad del trabajo como definidora de la identidad de los individuos y como organizadora de sus tiempos de vida, permitiendo superar la dicotomía escasez / prestigio versus exceso / fracaso. Cruzamos esta interrogación con la categoría género, haciendo eco de la bibliografía que problematizaba usos y sentidos diferentes del tiempo del paro entre hombres y mujeres, y que nos llevaba a cuestionar hasta qué punto esos usos representan novedades / rupturas o reproducciones de desigualdades existentes. La manera como los desempleados viven la experiencia del tiempo no es lineal, tampoco constante ni uniforme. En la mayor parte de las situaciones, lo que viven es, sobre todo, la dificultad de estructuración del tiempo y de atribuir un valor positivo a este tiempo. Los resultados señalan que, entre hombres y mujeres, la pérdida del empleo lleva a una interiorización progresiva de la necesidad de reaprender a "hacer algo del tiempo", que corre paralela a una crisis de identidad asociada a la ausencia de rutinas y de tiempos "marcados", que suele venir acompañada de una ausencia o disminución de la renta. Los resultados sugieren también que el género (como construcción social del sexo) es una variable estructuradora de esta experiencia, proporcionando a las mujeres una cierta ventaja para resignificar los "tiempos en abundancia", mediante la valoración positiva de la esfera doméstica y la conquista de un tiempo propio. En este sentido, aunque observamos que el desempleo puede, en algunas circunstancias, sobre todo cuando las parejas de las mujeres en paro están trabajando, reforzar desigualdades, haciendo que las mujeres se sobrecarguen de tareas domésticas, también puede abrir posibilidades de un tiempo cualitativamente más satisfactorio, que propusimos pensar a partir de las ideas de "invención" de Certeau (1980), y de "tiempo para sí", de Nowotny (1996). Reconocemos que este es un resultado ambiguo, pues si, por un lado, permite pensar el tiempo en abundancia no apenas como problema sino también como oportunidad para las mujeres en paro, reafirma que las negociaciones cotidianas de género para usos más equitativos del tiempo son difíciles o imposibles cuando las mujeres trabajan remuneradamente. Al mismo tiempo, el carácter colectivo de este aprendizaje del tiempo para sí de las mujeres desempleadas que participaron de los grupos focales nos invita a pensar en la posibilidad de cambios a largo plazo. La categoría "tiempo en abundancia", al no tener una connotación de valor a priori, nos parece promisoria para aprehender este tipo de experiencia que, en última instancia, traduce un descontento con la centralidad del trabajo (reproductivo y productivo) en la definición social de los sujetos y en sus usos del tiempo. Desde ese punto de vista, defendemos que el concepto "tiempo en abundancia" tiene una gran capacidad heurística, pues nos permite tener acceso a la diversidad de sentidos atribuidos a la experiencia del tiempo del desempleo. Sin embargo, pensamos también que ese concepto esconde algunas contradicciones que exigen un estudio más detallado, sobre todo en relación a la distinción entre las formas de enunciación que utilizan los sujetos en paro y la de la población en general que acaba ejerciendo control social sobre ellos. Desde una perspectiva de género, es relevante destacar que tal capacidad heurística sobresale, sobre todo, en la revelación de cambios socioculturales referentes a los roles sociales atribuidos a las mujeres, y que muestran como estas valoran cada vez más la posibilidad de conseguir una flexibilidad temporal ajustada a tareas que no se limitan a la esfera doméstica. Aunque la investigación que dio origen a Los parados de Marienthal fue coordinada por Lazarsfeld, Cole centra su análisis en Jahoda, debido a su trayectoria posterior sobre el mismo asunto. Traducción de las autoras. Estos fragmentos serán utilizados posteriormente, en sus contextos de habla. En este momento, ape-nas destacamos su uso como marcador temporal.
RESUMEN: Los cambios acaecidos en las sociedades occidentales en las últimas décadas configuran una nueva forma de responder a la provisión de cuidados que ha sido definida en términos de crisis. Esta nueva organización agudiza las desigualdades de género existentes y genera nuevas relaciones de poder asimétricas aunque, al mismo tiempo, ofrece también oportunidades de resignificación del trabajo doméstico y los cuidados. El artículo analiza la crisis de cuidados en relación a la distribución social del tiempo donado en el ámbito domésticofamiliar, así como a su significación y representaciones (moralización y reciprocidad). Para ello, emplea los datos cuantitativos producidos mediante la Encuesta de Presupuestos de Tiempo del Instituto Vasco de Estadística -Eustat y el material generado a través de grupos de discusión. PALABRAS CLAVE: Crisis de cuidados; tiempo donado; reciprocidad; distribución social del tiempo; moralización del tiempo; adscripciones de género. La crisis de cuidados hace referencia a los desajustes en el sistema de provisión de cuidados que surgen en las últimas décadas en los países occidentales a raíz de las transformaciones en las estructuras y en los modos de vida y sus significados y representaciones. Principalmente, como consecuencia del aumento de la esperanza de vida, crece el número de personas que precisan cuidados y, dado el debilitamiento de los estados de bienestar, son las familias (y en ellas, sobre todo, las mujeres) las que deben hacer frente a su provisión. La crisis de cuidados es, asimismo, una crisis global que agudiza las desigualdades de género existentes, al tiempo que crea nuevas relaciones de poder asimétricas entre mujeres y hombres y entre unas mujeres y otras. Como toda crisis, sin embargo, ofrece también oportunidades para la resignificación, en este caso, de las relaciones de género, concretamente, con relación al trabajo doméstico y los cuidados. El presente artículo pretende ofrecer una reflexión sobre la crisis de cuidados a través del estudio del tiempo donado en el ámbito doméstico-familiar 2. Concretamente, el objetivo es analizar cómo se responde a la provisión de cuidados atendiendo tanto a la distribución y el empleo del tiempo de trabajo doméstico-familiar, como a su significación y representaciones (moralización y reciprocidad). Para ello, se han empleado los datos cuantitativos producidos por el Instituto Vasco de Estadística -Eustat a través de la Encuesta de Presupuestos de Tiempo (en adelante, EPT) 3 y el material cualitativo generado mediante grupos de discusión (GD) en el marco de una investigación llevada a cabo por la autora 4. Además de la introducción, el artículo se divide en cinco apartados. El primero ofrece un breve esbozo sobre la crisis de cuidados y sus principales características. El segundo da cuenta de las herramientas analíticas que se emplearán para el análisis: la naturaleza del tiempo donado y los atributos del principio de reciprocidad. El tercero recoge el estudio de la distribución social del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados tomando como base las variables socio-demográficas básicas (género, edad y relación con la del mercado laboral), y el cuarto, el de sus significados y representaciones respecto a cuatro posiciones discursivas (identificación, problematización, reinvención y reafirmación). Por último, el quinto muestra las conclusiones. Los cambios acaecidos en las sociedades occidentales contemporáneas, tanto en el nivel estructural como en el sentido de los significados y las representaciones sociales, han generado transformaciones en el modelo de organización social y, más concretamente, en las formas de provisión de cuidados. Con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población, crece el volumen de población mayor y, con ello, el número de personas que precisan cuidados. En este contexto, a falta de un fortalecimiento de los estados de bienestar, son las familias (y, en ellas, principalmente, las mujeres) las que tienen que hacerse cargo de la cobertura de los mismos (véase García Sainz, en este mismo volumen). Paralelamente, la creciente participación de las mujeres en el mercado laboral y las transformaciones en las unidades de convivencia y en las formas de empleo (Bettio, Simonazzi y Villa, 2006), conllevan que en los entornos doméstico-familiares la provisión de cuidados ya no se asuma por completo en los mismos términos que antaño. La nueva organización del cuidado se configura, además, en el nivel internacional, generando situaciones complejas de "múltiples crisis de cuidados" (Zimmerman, 2006) y "cadenas globales de cuidado y asistencia" entre mujeres de diferentes lugares del mundo (Hochschild, 2001), pues el "déficit de cuidado" (Ehrenreich y Hochschild, 2002, p. 8) de los países del norte está siendo suplido, en cierta medida, por la labor de personas migrantes que proceden de los países del sur. Todo ello conlleva que, en muchos casos, se agudicen las desigualdades existentes entre géneros, al tiempo que emergen nuevas formas de desigualdad por razones de clase, etnia o lugar de procedencia, tanto entre mujeres y hombres, como entre unas mujeres y otras 5 (Anderson, 2000; Díaz Gorfinkiel, 2008; Parella Rubio, 2003; Salazar Parreñas, 2001). La crisis, no obstante, genera también oportunidades de resignificación del trabajo doméstico-familiar y de las relaciones de género sobre las que se desarrolla. Desde una mirada macro, se afirma que la crisis de cuidados no hace más que reflejar una crisis más profunda que supone el cuestionamiento de una forma de estructurar la sociedad y entender el mundo en el que vivimos, desarrollada y afianzada en los países occidentales a partir de la emergencia del capitalismo industrial (Orozco, 2010; Orozco, 2011). Desde una mirada micro, la crisis se refleja en los cambios a381 en las dinámicas de los entornos doméstico-familiares, principalmente en lo referente a los discursos y representaciones en torno al sistema de provisión de cuidados. El artículo se centra en la mirada micro para ofrecer un análisis del tiempo donado en el ámbito doméstico-familiar. DON, RECIPROCIDAD Y MORALIZACIÓN DEL TIEMPO Hablar de tiempo donado no es novedoso. Tal como queda reflejado en reflexiones anteriores de la autora (Legarreta, 2012), es posible hallar referencias a este término en otros trabajos anteriores 6. Barbara Adam, por ejemplo, señala que "las relaciones sociales están permeadas por la donación de tiempo" (Adam, 1999, p. De esta forma, alude a una concepción del tiempo que no se corresponde con el "tiempo vacío" que se compra y se vende en el mercado ("tiempo de reloj"), y a una noción de lo social que no se rige únicamente por criterios utilitaristas. Ramón Ramos, por su parte, aborda la donación de tiempo en relación al trabajo doméstico-familiar en varios de sus textos sobre las metáforas de tiempo de la vida cotidiana (Ramos Torre, 2007; Ramos Torre, 2009; Ramos Torre, 2011). Según el autor, el tiempo empleado en este ámbito se define por su carácter moral, así como por su densa carga emocional: "sería reductivo pretender que (...) [el tiempo] sólo puede ser un bien económico sometido a cálculo y valorable según criterios de utilidad material (Ramos Torre, 2007, p. Ciertamente ambas propuestas coinciden al hacer referencia al tiempo como elemento constitutivo de una forma específica de relación: el don. En ambos casos el tiempo es algo que se dona. Así, al hablar de tiempo donado entran en juego al menos dos aspectos que merecen ser abordados con mayor exhaustividad: por un lado, la naturaleza de la relación que se crea en torno al tiempo y, otro lado, la naturaleza del tiempo en tanto que objeto de la relación. En cuanto a la naturaleza de la relación, el don hace referencia a una relación basada en la reciprocidad. En cuanto a la naturaleza del tiempo, la moralización es un atributo inherente del tiempo-don. A continuación, se desarrollan estos dos aspectos con mayor precisión. En primer lugar, respecto al don en tanto que relación basada en el principio de reciprocidad, se ha tomado como referencia principalmente la obra clásica de Marcel Mauss (1925Mauss ( /1971) ) 7. El antropólogo francés describe el don como una relación de intercambio que se desarrolla ajena a la lógica utilitarista del mercado y que conlleva tres acciones: dar, recibir y devolver. La contraprestación forma parte de la relación, por lo que el don, aparentemente altruista, supone interés: la persona que ofrece algo espera ser compensada por ello. Cuando alguien da, quien recibe contrae una deuda con el donante, de forma que el don comporta aceptación y retorno. La reciprocidad, por tanto, es una característica constitutiva del don. Así, en base a unas pautas que permanecen tácitas y que son aceptadas por las partes implicadas en la relación (Casado Neira, 2003), el don genera una forma de relación que conlleva, paralelamente, como fundamento y resultado, la creación de vínculos. Siguiendo a Joan Bestard se puede afirmar que "el don que no intensifica la solidaridad social es una contradicción" (1998, p. En la obra de Mauss el don se presenta como el fundamento mismo de la sociedad. En esta misma línea, Alvin W. Gouldner define como universal el principio de reciprocidad, matizando que la norma moral de la reciprocidad interiorizada por las partes que conforman la relación "es un mecanismo concreto y específico involucrado en el mantenimiento de todo sistema social estable", pues obliga moralmente a dar beneficios a aquellos de quienes previamente se han recibido (Gouldner, 1979 p. No obstante, advierte que las relaciones de poder sobre las que se desarrolla la vida social, así como la falta de garantías de que se restituya lo otorgado, puede, en ocasiones, llevar a una desestabilización del equilibrio, así como a un cuestionamiento mismo del principio de reciprocidad. Se supera, de esta forma, el determinismo y la inclinación a favor del equilibrio del pensamiento funcionalista, revisado por el autor, para ofrecer un abanico más amplio de posibilidades en torno al desarrollo de la reciprocidad. En segundo lugar, respecto al tiempo como objeto de la relación, se toma como referencia, entre otros, el trabajo de Ramón Ramos (Ramos Torre, 2007; Ramos Torre, 2009; Ramos Torre, 2011) en torno a las metáforas del tiempo. Siguiendo la propuesta de las metáforas, en este caso, el tiempo es entendido como un tiempo-recurso: un tiempo que puede ser objeto de acciones dispositivas como vender, regalar, prestar, compartir o donar. Cuando se hace referencia al tiempo donado se entiende que el tiempo es lo que se dona: lo que se da, recibe o devuelve. El tiempo es el don, pues Marcel Mauss emplea el don indistintamente para apelar tanto a la "cosa o servicio" (Mauss, 1925(Mauss, /1971, p. 228) que se da, recibe o devuelve, como a la relación de reciprocidad que se genera en torno a ella. De este modo, en tanto que objeto de una interacción basada en el principio de reciprocidad, el tiempo posee unas características particulares a381 que obligan a las partes a participar en la relación: "¿[q]ué fuerza tiene la cosa que se da que obliga al donatario a devolverla?" Se trata, por tanto, de un tiempo que obliga, un tiempo que, si bien es susceptible de cuantificación, su significación no se agota en su dimensión material, sino que posee también otro tipo de cualidades: morales, relacionales y emocionales. Como apunta Laura Bimbi (1991), las obligaciones recíprocas no pueden ser medidas con la duración temporal concreta de las prestaciones ofrecidas o restituidas, por lo que el tiempo asume en el don una connotación cualitativa. Asimismo, el don implica a quien lo ofrece en su totalidad: conlleva la "entrega absoluta de la persona" (Casado Neira, 2003, p. 112), de forma que el tiempo que se dona se torna inseparable de la persona misma que forma parte de la interacción, lo que refuerza el carácter moral de la contraprestación y la dramatización pública de la donación (Mauss, 1925(Mauss, /1971)). En base a estas premisas, en los siguientes apartados se ofrece una reflexión sobre la crisis de cuidados en torno al tiempo donado en el ámbito doméstico-familiar, bien atendiendo a su materialidad (a través de los datos cuantitativos en torno a su distribución social), bien atendiendo a su significación moral (a través de los datos cualitativos sobre los discursos y experiencias). Tal distinción, sin embargo, se tomará con precaución, puesto que, como se ha señalado en otros trabajos, poner el acento en el contenido relacional del trabajo doméstico y los cuidados puede llevar a excluir las actividades más instrumentales (cocinar, limpiar...), así como las desigualdades de género que caracterizan su ejecución (Esquivel, 2009). De esta forma, en el primer caso, se realizará el análisis de los datos sobre el empleo y la distribución del tiempo en relación a las desigualdades de género y, en el segundo, se estudiarán los significados y las representaciones sociales tomando como eje el principio de reciprocidad. TIEMPO DONADO: DISTRIBUCIÓN SOCIAL Y DESIGUALDADES DE GÉNERO 8 Los datos sobre el empleo del tiempo reflejan que la mitad de los bienes y servicios necesarios para la pervivencia de la sociedad vasca provienen del ámbito doméstico-familiar. Las mujeres desempeñan la mayor parte de dicho trabajo (el 72%), mientras que los hombres cuentan con mayor protagonismo en la esfera productiva-mercantil (llevan a cabo el 59% del trabajo remunerado). El tiempo de trabajo doméstico y de cuidados se distribuye de forma desigual entre mujeres y hombres: ellas dedican a dichas ocupaciones más del doble de tiempo que ellos (las mujeres 4 horas y 1 minuto y los hombres 1 hora y 38 minutos). Es más, considerando tanto el tiempo del ámbito doméstico-familiar como el del mercado laboral, las mujeres trabajan casi una hora y cuarto más al día que los hombres (1 hora y 12 minutos), disponiendo, en consecuencia, de una hora menos de tiempo de ocio y de vida social 9, lo que incide en un reparto desigual de oportunidades sociales y personales (Murillo de la Vega, 1996), al tiempo que merma el bienestar de las mujeres. Si observamos el tiempo empleado por hombres y mujeres en el conjunto de actividades (gráfico 1), se constata que la brecha entre el comportamiento de unos y otras es más pronunciada en lo referente al trabajo doméstico y los cuidados que en relación al resto de actividades. Cabe afirmar, por tanto, que las desigualdades de género más acusadas tienen lugar en el ámbito doméstico-familiar, por lo que poner el foco de atención en esta esfera no resulta trivial, sino que implica detenerse en uno de los núcleos duros de las desigualdades. Los datos de la EPT ponen de manifiesto, asimismo, que el volumen de tiempo que mujeres y hombres dedican al ámbito doméstico-familiar está condicionado tanto por la edad como por la participación en el mercado laboral aunque, independientemente de su momento vital y de su posición social, es el género el que determina las pautas de la distribución del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados. Con relación al primer aspecto, cabe apuntar que el empleo del tiempo en el trabajo doméstico y los cuidados se incrementa según aumenta la edad, principalmente una vez entrada la población en la edad adulta: el tiempo dedicado por los mayores de 35 años dobla el empleado por los más jóvenes. La desigual dedicación entre mujeres y hombres se mantiene, sin embargo, en todos los tramos de edad, pues el tiempo invertido por ellas es siempre significativamente mayor que el dedicado por ellos, incluso entre la población más joven que ha sido socializada en un contexto de mayor igualdad formal. Los hombres más jóvenes dedican la mitad de tiempo que las mujeres de su misma edad: alrededor de una hora ellos y algo más de dos horas ellas. No obstante, la distancia entre el tiempo invertido por unas y por otros crece conforme va aumentando la edad: se puede observar una diferencia de casi tres horas en el tiempo empleado por mujeres y hombres tanto de edad adulta como mayores. Las mujeres adultas dedican 2 horas y 45 minutos más que los hombres adultos al trabajo doméstico y los cuidados y, entre la población mayor, 2 horas y 50 minutos más ellas que ellos (ver gráfico 2). En relación al segundo aspecto, analizar los resultados según la participación en el mercado laboral aporta aún mayor número de matices a la distribución del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados entre mujeres y hombres. Las desigualdades se mantienen en todos los casos, al margen de la relación con el mercado laboral: la cantidad de tiempo dedicado por los hombres es menor que la invertida por las mujeres, excepto entre las mujeres que son estudiantes y los hombres que no lo son. No obstante, las mujeres estudiantes emplean el doble de tiempo que sus compañeros varones en este ámbito: algo menos que una hora ellas y prácticamente media hora ellos (ver gráfico 3). Después de la población estudiante, la empleada es la que menor cantidad de tiempo invierte en esta esfera, aunque al trabajar también en el mercado laboral, asume una carga global de trabajo considerable: casi ocho horas al día (7 horas y 42 minutos). La mayor carga recae sobre las mujeres empleadas Se puede constatar, por tanto, que la doble jornada caracteriza el día a día de las mujeres vascas con empleo. La carga global de los hombres asalariados es menor que la de las mujeres, pese a ello asciende a 7 horas y 12 minutos. La diferencia entre mujeres y hombres se acentúa al comparar las pautas de comportamiento de unos y otras con relación a la población desempleada y jubilada. El tiempo que dedican las mujeres en ambos casos aumenta de forma significativa, hasta llegar a igualar, en el caso de las mujeres en situación de desempleo, el tiempo que dedican a este ámbito las amas de casa a tiempo completo: casi cinco horas y media en ambos casos (ver gráfico 3). Las mujeres jubiladas emplean en el trabajo doméstico y los cuidados una hora menos que las desempleadas y las amas de casa a tiempo completo, 4 horas y 18 minutos, una cantidad sin embargo nada desdeñable. De esta forma, las mujeres en situación de desempleo y las amas de casa a tiempo completo implican en el trabajo doméstico y los cuidados la misma cantidad de tiempo que la población empleada en el mercado laboral; sin embargo, son consideradas inactivas por parte de las estadísticas oficiales sobre trabajo (la Encuesta de Población Activa). La valoración desigual de uno y otro trabajo no hace más que acentuar la relación asimétrica entre mujeres y hombres, pues no todos los tiempos tienen el mismo reconocimiento social. Entre las mujeres desempleadas, se observa que la presencia de aquellas que desempeñan trabajos de cuidado es significativa, pues cuatro de cada diez dedica algún tiempo a esta ocupación (el 41,9% de las mujeres desempleadas frente al 26,1% del total de mujeres), de lo que se puede deducir la existencia de una posible relación entre la maternidad y cierto alejamiento del mercado laboral. En esta línea, otros trabajos apuntan que la presencia de criaturas en los hogares conlleva un aumento del tiempo de trabajo doméstico-familiar por parte de las mujeres que corresponde con un aumento del tiempo dedicado al mercado laboral por parte de los hombres (Bacigalupe de la Hera y Martín Roncero, 2007, p. Paralelamente, entre los hombres son los desempleados los que mayor volumen de tiempo dedican a la esfera doméstica-familiar, aunque invierten en ella 1 hora y 5 minutos menos que las mujeres con empleo. Se puede constatar, por tanto, que el género determina la implicación en el ámbito domésticofamiliar en mayor medida que la participación en el mercado laboral. El gráfico 3 muestra los datos sobre la distribución del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados de mujeres y hombres con relación a la participación en el mercado laboral. Con todo ello, el análisis de los datos cuantitativos sobre el empleo del tiempo saca a la luz la persistencia de profundas desigualdades de género en el Gráfico 3. Distribución del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados de mujeres y hombres según la participación en el mercado laboral (hh: mm). Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Encuesta de Presupuestos de Tiempo del Instituto Vasco de Estadística -Eustat, 2008. a381 ámbito doméstico-familiar. La participación de las mujeres en el mercado laboral implica además la asunción de una mayor carga global de trabajo por parte de ellas, lo que delimita su capacidad de acceso al tiempo de libre disposición. Así, se puede concluir que el modelo "hombre ganador de pan / mujer ama de casa" no se refleja de forma generalizada en las prácticas y en el comportamiento de la población vasca, principalmente por la participación de las mujeres en el mercado laboral. Es más, con el paso del tiempo, la Comunidad Autónoma del País Vasco muestra una tendencia que va derivando del modelo de "un trabajador y medio y una sola cuidadora" descrito por Jane Lewis (2007Lewis ( /2011) hacia la figura de "dos trabajadores y una sola cuidadora". Pese a ello, como se observa en el siguiente apartado, el análisis del material cualitativo deja entrever que la pauta tradicional de división sexual del trabajo sigue formando parte del imaginario social y, de forma más o menos expresa, sale a la luz en el discurso tanto de mujeres como de hombres. Al mismo tiempo, si a través de los usos y la distribución del tiempo se arroja luz sobre las desigualdades de género, una mirada en torno a los discursos y experiencias del tiempo donado en el ámbito doméstico-familiar ofrece la oportunidad de observar el desarrollo del principio de reciprocidad y sus diferentes matices. Lo pertinente no es tanto "decidir si se cumple o no la reciprocidad en términos absolutos" (Ramos Torre, 1990, p. 11), sino determinar en qué medida, en qué contextos y con qué características opera, así como en qué momentos y por qué razones deja de ser válida, se cuestiona o se rompe. TIEMPO DONADO: DISCURSOS Y EXPERIENCIAS A través del análisis de los datos cualitativos producidos mediante grupos de discusión, se han identificado cuatro posiciones discursivas con relación a las adscripciones de género del tiempo donado en el ámbito doméstico familiar, que vienen determinadas por las posiciones sociales concretas desde las que se producen los discursos: la identificación, la problematización, la reinvención y la reafirmación. De esta forma, como se verá en los siguientes epígrafes, las mujeres se identifican con su función doméstica, la problematizan o intentan reinventarla para apropiársela de forma renovada, y lo hacen de manera explícita. La posición de los hombres es más sutil, bien se problematiza y sale a la luz el carácter construido de la adscripción de género de la función doméstica; bien se refuerza desde el intento de desmarcarse y desvincularse de una identificación plena con el ámbito doméstico-familiar. En este sentido, la moralización del tiempo y el principio de reciprocidad se significan, se viven y se experimentan de forma diferente en unas posiciones discursivas y en otras, siendo también habitual cierta heterogeneidad en el seno de cada posición. Identificación: doméstico igual a mujer La identificación es la posición discursiva que implica la asunción de los roles tradicionales de género. Se ha identificado en relación a los discursos de las mujeres con empleo no cualificado y de las mujeres mayores. La feminización del trabajo doméstico y de los cuidados se naturaliza de forma que parece responder a la correspondencia que apunta Soledad Murillo: "doméstico es igual a mujer" (Murillo, 1995, p. En relación a la moralización del tiempo, la identificación comporta un sentimiento de satisfacción por el deber cumplido. En el caso de las mujeres mayores, su posición fuera del mercado y su socialización en los roles de género tradicionales conllevan la asunción de las funciones domésticas como parte esencial de su cotidianidad, como constitutivas de su propia identidad. Su día a día se desarrolla, en gran medida, en base a las ocupaciones doméstico-familiares, y el tiempo de cuidados se extiende más allá de las paredes del hogar y de la relación con las y los familiares más allegados, pues son habituales las visitas a parientes de diversos grados de proximidad, amistades, vecinos y vecinas... que se encuentran en residencias de mayores. Respecto a la moralización del tiempo, se subraya el carácter altruista de la donación: ellas se ocupan y preocupan por los y las demás sin, aparentemente, esperar nada a cambio. No obstante, una mirada más atenta a sus narraciones pone de manifiesto que su dedicación es compensada por la gratitud que reciben de aquellas personas a las que prestan atención. El agradecimiento es el reconocimiento explícito del compromiso que se genera en la aceptación del don, además de un equilibrador inmediato de la deuda adquirida (Casado Neira, 2003, p. El tiempo donado en las visitas a residencias es restituido de inmediato por el reconocimiento de las personas que reciben atención, en forma de contraprestación inmediata. Se cumple, por tanto, el principio de reciprocidad: -Y la que no está bien también está, la que anda ahora en la residencia se dará cuenta. -Sí, sí" (GD 8: Mujeres mayores). Entre las mujeres con empleo no cualificado el tiempo de trabajo doméstico y de cuidados se proclama como seña de identidad, más fuerte incluso que la relación con el mercado laboral. Así, aun desarrollando un trabajo retribuido, algunas se autodefinen como "amas de casa" (Legarreta Iza, 2008, p. En este sentido, se enuncian expresiones que, frente a la "rutina y sin sentido" (Arpal, 1997) del trabajo asalariado, proclaman lo doméstico-familiar como fuente de significación: "-(...) yo en mi casa me siento superautorrealizada, yo me autorrealizo con mi vida familiar, con mi marido y... Yo si... si yo dependería de mi trabajo... (se ríe)" (GD 4: Mujeres con empleo no cualificado). La moralización del tiempo se dilata en su discurso hasta llegar a tocar aspectos inherentes de la condición humana: el tiempo encarnado (Ramos Torre, 2007; Ramos Torre, 2011), tiempo del cuerpo (Adam, 1995; Menzies, 2000). En este grupo se percibe una ruptura generacional. Las más mayores apelan al egoísmo de las generaciones más jóvenes (principalmente de las mujeres) por su retraso en la edad de tener la primera criatura. Las más jóvenes no tienen hijos/as y aluden al sentimiento de culpa que les produciría tenerlos y no poder atenderlos. Las de mayor edad, con hijos/ as, posicionándose desde la perspectiva de quien, efectivamente, ha cumplido con su deber, califican de egoísta el razonamiento de sus compañeras por querer eludir las normas de reciprocidad: les toca asumir su responsabilidad adulta y ofrecer algo a la sociedad, de quien hasta ahora solamente han recibido, pues como se apunta en otros trabajos, "no transmitir la vida es cortar una cadena de la que nadie es el último eslabón" (Héritier-Augé, 1985; cf. Imaz Martínez, 2009, p. Es el momento oportuno, el kairos, de empezar a prestar cuidados, ya que romper la lógica del don supone quedarse con algo que no les corresponde: responde a la lógica lineal de la acumulación y no al principio circular de la reciprocidad. Problematización: sentimiento de culpa e incertidumbre La problematización es la posición discursiva que da lugar a narraciones que ponen de manifiesto la historicidad de las adscripciones de género y su naturaleza contingente en tanto que construcciones sociales. Se identifica entre las mujeres profesionales y entre los hombres jubilados y prejubilados. Aunque por distintas razones, la problematización es reflejo en ambos casos de una tensión entre sus adscripciones de género (plano normativo), su práctica cotidiana (presente) y su horizonte temporal (tanto en relación a las expectativas que tenían en el pasado respecto al presente, como a las expectativas que tienen en el presente respecto al futuro). Las mujeres profesionales se muestran especialmente críticas respecto a las adscripciones de género y su desigual reparto de tareas, responsabilidades y funciones. Elaboran un diagnóstico crítico en torno a una situación que, bien se define de forma abstracta y global (como característica del orden social vigente), bien se expresa de forma encarnada a través de contradicciones que atraviesan su día a día, su propia experiencia, sus inquietudes, sus motivaciones y sus expectativas. El mandato de género se enfrenta a su práctica cotidiana y a su proyección profesional, poniendo en juego la propia persona, su identidad y sus capacidades. Dicho enfrentamiento genera que el significado moral del tiempo donado en el ámbito domésticofamiliar se traduzca, en su caso, en un sentimiento de culpa generalizado. Sentimiento de culpa frente al que, en algunas ocasiones, se cede, llegando a trastocar los ritmos del propio cuerpo (Legarreta Iza, 2008; Legarreta, 2014a) 10 y, en otras, sin embargo, se lucha, llegando a cuestionar y renegociar los roles tradicionales de género 11 y sale a la luz su agencia, su capacidad de actuar y de empoderarse. Asimismo, su postura crítica frente a las adscripciones de género pone de manifiesto las desigualdades que genera el modelo heredado de domesticidad (Legarreta Iza, 2012) que supone una disposición de estar atenta a cubrir las necesidades de los demás y obviar las propias (Murillo de la Vega, 1996). Frente a la actitud de entrega, que implica la renuncia del principio de reciprocidad, se aboga por reivindicar la contraprestación en el marco de un modelo más equitativo de relaciones de género, una demanda que recuerda al "nuevo pacto social entre géneros" formulado por Jane Lewis (2007/2011): Pero en el fondo, ¡arg!, arrastraba todavía esa cosa, que si estás un poco baja ya te cogen la culpabilidad, ya te han agarrado la culpabilidad, y vuelves a381 a regresar, y vuelves a repetir, y eso es que estamos educadas ahí a renunciar de nuestra calidad a favor de los demás (...) te van educando, te van educando para dar, y dar, y cuando recibes, que parece que tendría que ser una contrapartida, como cuando haces un balance financiero... -Te sientes culpable. -...que tienes un activo y un pasivo, y tú das, entra y sale, ¿no?, y sale y entra, y tienes una compensación. Todavía, cuando recibes todavía de vez en cuando dices "gracias, gracias, gracias", ¿no? -Uhm Porque... (silencio) -Ya, no estás acostumbrada -...yo creo que tenemos que equilibrar esos balances" (GD 5: Mujeres profesionales). En el caso de los hombres jubilados y prejubilados, la problematización se desarrolla desde un desajuste encarnado entre su socialización, el ejercicio de su rol durante su vida adulta (como "ganador de pan") y la situación en la que se encuentran actualmente. En su discurso se percibe una implicación notable con el ámbito doméstico-familiar. Este cobra una centralidad que no se observa en las narraciones del resto de los grupos compuestos por hombres: se abordan aspectos relacionados con el tiempo dedicado al cuidado específico de criaturas y de personas mayores, así como con otros quehaceres domésticos. Por ello, su experiencia vital del presente rompe con el modelo de ciclo vital lineal del discurso hegemónico: juventudestudio, edad adulta-empleo, vejez-jubilación (Cordoni, 1993; Legarreta, 2014b). Sus vivencias no coinciden con las expectativas que tenían en torno a su salida del mercado laboral, encontrándose en el presente inmersos en un ámbito, el doméstico-familiar, que les es ajeno y sobre el que experimentan una sensación de deber y de obligatoriedad. La moralización del tiempo donado en lo doméstico-familiar se caracteriza por la queja, la preocupación, el enfado y la resignación, pero sobre todo por la incertidumbre y el desconcierto. Asumen que ellos mismos llegarán a la situación de aquellas personas mayores que, hoy en día, demandan sus cuidados. Hacerse mayor se identifica con ser más vulnerable y poseer menor grado de autonomía y, viceversa, la dependencia se iguala a la vejez: "-¿Cómo voy a ir yo [a la residencia] a aguantar viejos, ahí al lado? Aunque sean más jóvenes que nosotros (...)" (GD 9: Hombres jubilados o prejubilados) 12. Prevén que envejecerán y precisarán cuidados, pero ¿quién se los va a prestar? La pregunta está implícita y siembra la incertidumbre: surge la duda y la desolación, pues no se atisba ninguna respuesta clara. Como apunta Gouldner, "la norma de la reciprocidad conduce a un interés por el pasado (...) [y] también sensibiliza a la persona con respecto al futuro" (1979, p. 247), pues la relación de reciprocidad se establece, desde la perspectiva de sus protagonistas, que actúan y dan sentido al presente, bien en relación al pasado, bien respecto a sus expectativas de futuro. En este caso, haber recibido tiempo de trabajo doméstico y cuidados en el pasado les compromete a ofrecer su tiempo en el presente y a esperar una contraprestación en el futuro. El principio de reciprocidad toma un sentido u otro en relación al horizonte temporal de sus protagonistas. La narración, sin embargo, deja entrever la ruptura de la norma de reciprocidad, así como cierto resquebrajamiento de las relaciones intergeneracionales. Siguiendo a Gouldner, se pone de manifiesto, por tanto, que la reciprocidad, "aunque necesaria para la estabilidad de los sistemas sociales, no [siempre, cabría matizar] engendra requisitos morales suficientes para tal fin" (1979, p. "-Esta generación que estamos aquí somos la que peor, la que peor va a vivir, seguramente... Nos ha tocado cuidar de nuestros hijos, nos ha tocado obedecer (énfasis) a nuestros padres... -Y nuestros hijos... -Nada. Te van a dar la patada. -Sí, sí, te van dando largas, sí. -Pero si no es en plan suave, si es que esto es así. -O que la vida ha evolucionado así, pero que esta ge-neración..." (GD 9: Hombres jubilados y prejubilados). En este contexto, el quebrantamiento de las normas no hace más que poner de manifiesto su existencia misma, la de una lógica circular que rige la relación: dar, recibir y devolver. El don se constituye en tanto que sistema normativo que pauta las reglas de la provisión de bienestar y cuidados en el ámbito doméstico-familiar: quién, cuándo, cómo y con qué intensidad debe prestar cuidados o recibirlos. Reinvención: "marujas con glamour" La reinvención es la posición discursiva que redefine la identificación de las mujeres con su función doméstica. Se desarrolla principalmente entre las mujeres amas de casa a tiempo completo. Ellas describen su situación actual como consecuencia de una elección tomada en el pasado, en un momento concreto de su trayectoria vital; elección que, con el paso del tiempo, ha resultado irrevocable. Dejan de trabajar de forma retribuida para cuidar de sus hijas e hijos, pero asumen que, aunque quisieran volver al mercado laboral, no se podrían adecuar a él, puesto que carecen de la cualificación y las prestaciones que demanda. En este sentido, admiten que su situación del presente no está generalizada entre las mujeres y desarrollan un posicionamiento en torno a su "elección" que no siempre se construye de forma monolítica. Su discurso y su autodefinición como grupo de iguales se desarrolla guardando distancia de otros dos grupos: "madres que trabajan" y "marujas". Por un lado, desaprobando el comportamiento de las madres con empleo, reafirman su propia decisión: ellas, frente a las otras, ejercen una maternidad intensiva, de forma responsable y con plena disposición. Por otro lado, desligándose de la proyección de una imagen trasnochada (reflejada en el término "maruja") crean una identidad renovada en torno a su rol de esposas y madres: "marujas con clase, con glamour" (GD 5: Amas de casa a tiempo completo). Con esta estrategia doble pretenden construir una identidad que las sitúe en un lugar más relevante en el imaginario social y que revalorice su trabajo y su propia existencia. Entre la autoafirmación frente a las "madres que trabajan" y la resignificación frente a las "marujas", se desarrolla un discurso que no siempre se sostiene de forma sólida, pues presenta contradicciones, fisuras, dudas y desajustes cuando se hace referencia al futuro de sus propias hijas: ¿las animarían a tomar su camino?, ¿y si ellas deciden hacerlo? No hay acuerdo sobre este aspecto, lo que evidencia el cuestionamiento de los roles tradicionales de género: "-Yo tengo una contradicción como mujer, de que yo estoy muy bien, ¿no?, pero claro, yo no cobro un sueldo, yo soy ama de casa, yo dependo total de mi marido, en todos los aspectos. Te va bien, te va bien, pero claro, ¿yo para mi hija qué quiero? Yo no quiero lo mío y estoy muy bien... -Yo tampoco. -Pero al mismo tiempo, claro, luego como mujer, me planteo, tengo una contradicción, ¿yo qué quiero? que, que mi hija, ella, ella tenga su carrera, ella dependa y ella diga. (Hablan todas juntas, no se entiende). -Que elija ella su vida, que elija su vida ella. -Igual ella elige quedarse en casa como tú. -No, no, no, yo jamás le aconsejaría a mi hija que se quedase en casa. -¡No, no, no! -Jamás, jamás. -Pero ella puede elegir. -Sí, sí, puede elegir, pero yo... -Yo si alguna vez tiene un hijo, si alguna vez tiene un hijo mi hija, a mí sí me gustaría que hiciese lo mismo que he hecho yo, porque desde luego, como la madre y como el padre nadie le... nadie le va a atender, ninguna persona, sea la persona que sea... -Estoy de acuerdo. -Yo no le diría que dejase su... -No, pero no me digas, si decide quedarse igual que hemos decidido... -Tampoco me voy a martirizar porque se quede" (GD 3: Amas de casa a tiempo completo). En su día a día las amas de casa a tiempo completo dedican un volumen importante de tiempo al ámbito doméstico-familiar, pero su valor moral no siempre se expresa en los mismos términos. En ocasiones, se manifiesta a través de la satisfacción, principalmente cuando se contrapone a las vivencias menos intensas en torno al cuidado de la prole por parte de sus parejas o por parte de las madres con empleo. En otras, sin embargo, se deja entrever que las cosas podían haber sido de otra forma, que su elección conlleva renuncia y sacrificio. En estos últimos casos, la moralización se expresa en términos de compensación y puede ser interpretada en relación al principio de reciprocidad como un reajuste del equilibrio entre aquello a lo que se ha renunciado y lo que se ha obtenido a cambio: "-(...) yo lo que más valoro es eso, que cuando mis hijos llegaban a casa yo estaba en casa, entonces era lo que más valoraba, el hablar con ellos, el contar, el estar en todo ahí... (énfasis) (...) pero yo creo que eso lo valoras mucho, que mis hijos, cuando he llegado a a381 casa han estado, yo he estado allí, yo creo que ha sido el gran premio a... todos estos años" (GD 3: Amas de casa a tiempo completo). Reafirmación: hombre ganador de pan / mujer ama de casa La reafirmación es la posición discursiva que refuerza la división de roles del modelo "hombre ganador de pan / mujer ama de casa". Se desarrolla mayoritariamente entre los hombres adultos con empleo. Parten de una posición de colaboración y de reparto de tareas en el ámbito doméstico-familiar, pero no se percibe una asunción plena de las responsabilidades que conlleva. El trabajo doméstico y los cuidados no resultan temas centrales en el desarrollo de su narración. Salen a la luz como constitutivos de las rutinas diarias y aquellos que tienen criaturas pequeñas ponen de manifiesto los problemas de "encaje temporal" (Lewis y Weigert, 1981/1992) y la dificultad de disponer de tiempo libre y de ocio. Los hombres con empleo dedican al trabajo doméstico y los cuidados una cantidad de tiempo considerablemente menor que la que dedican tanto los hombres jubilados como los desempleados. Además, su relato sobre este tiempo no posee la intensidad de la narración de los hombres jubilados y prejubilados, a la que se ha hecho alusión anteriormente, sino que se trata más bien de un discurso aséptico, des-encarnado, que no se construye como parte esencial de su ser. Se puede percibir, por tanto, cierto distanciamiento de las funciones domésticas. Un ejemplo de ello es la escasa resonancia que tiene en el grupo de hombres con empleo no cualificado que uno de ellos lleve un tiempo con reducción de jornada gracias a un permiso de paternidad. Si bien el tema sale a colación a través de una intervención de la moderadora, el grupo no produce interlocución, no elabora un discurso encarnado sobre este aspecto. Así, pese a que los hombres con empleo afirmen ocuparse del trabajo doméstico y los cuidados, no se percibe por su parte una preocupación generalizada por este ámbito. Se puede constatar, por tanto, que en el nivel discursivo no reproducen modelos de corresponsabilidad, sino que reafirman la significación y el peso simbólico que sigue teniendo en el imaginario social el modelo "hombre ganador de pan / mujer ama de casa", un modelo de relaciones desigual en el que a priori la jerarquización de espacios, tiempos y ocupaciones hace difícil el establecimiento de unas pautas de interacción sustentadas sobre un principio de reciprocidad simétrica. La organización social de provisión de cuidados se ha definido en términos de crisis, pues las pautas tradicionales de sostenibilidad de la vida han dejado de funcionar como antaño. Un acercamiento a las dinámicas del entorno doméstico-familiar desde una mirada cuantitativa ha puesto de manifiesto la persistencia de las desigualdades de género en el reparto del trabajo doméstico y los cuidados. Un enfoque cualitativo, por su parte, saca a la luz la complejidad desde la que se constituyen dichas desigualdades, al tiempo que ofrece la oportunidad de abordar la variedad y los matices, así como las posibilidades de resignificación, tomando como eje el principio de reciprocidad. El análisis cuantitativo muestra la persistencia de la división sexual del trabajo y las desigualdades de género que genera. Las mujeres continúan desempeñando la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, independientemente de su edad y de su relación con el mercado laboral. Una participación cada vez mayor por parte de ellas en las ocupaciones asalariadas, implica que la carga global de trabajo se incline hacia sus espaldas, menguando su tiempo de ocio y vida social. Así, si bien producen la mayor parte de bienes y servicios necesarios para garantizar los niveles de bienestar y riqueza de la sociedad, invierten su tiempo en ocupaciones que, aunque resulten imprescindibles para la pervivencia, no gozan de reconocimiento y prestigio social. Una vez más, los datos sobre empleo del tiempo muestran que lo doméstico-familiar engloba un volumen importante de tiempo, que es desempeñado principalmente por las mujeres y que, asimismo, constituye el ámbito en el que las desigualdades de género son más acusadas. La desigual valoración y reconocimiento social de unos trabajos y otros crea jerarquías entre los tiempos dedicados al trabajo doméstico-familiar, al mercado y al ocio y vida social, dificultando el desarrollo de unas relaciones basadas en la equidad. Un análisis más atento a los significados y las representaciones, sin embargo, saca a la luz la complejidad de las dinámicas del entorno doméstico-familiar y enriquece los resultados del estudio cuantitativo. En el nivel discursivo, se han identificado cuatro posiciones en torno a la relación entre las adscripciones de género y el trabajo doméstico y los cuidados que dependen de la posición social de quien construye el relato: identificación, problematización, reinvención y reafirmación. La (auto)asignación de los roles tradicionales de género, la moralización del tiempo y el desarrollo del principio de reciprocidad que rige la provisión de cuidados, se interpretan de forma diferente según la posición discursiva, a381 si bien esta interpretación no se construye siempre de forma sólida y homogénea. Así, se pueden definir tres posturas diferentes con relación a la crisis de cuidados: en la primera, la crisis parece no percibirse; en la segunda, se contempla con reticencia; y en la tercera, se define como una oportunidad. En primer lugar, se percibe que las mujeres mayores y los hombres con empleo asumen y, en cierta forma, refuerzan la división sexual del trabajo. Las del primer grupo se han socializado en los roles más tradicionales de género, se ocupan y preocupan del ámbito domésticofamiliar de una forma tal, que este llega a ser el principal eje estructurador de su día a día tanto en la práctica como en el nivel simbólico. El principio de reciprocidad se acepta y se da por cumplido: ellas donan su tiempo y, a cambio, sienten la satisfacción del deber cumplido y recogen gratitud de parte de aquellas personas que reciben lo ofrecido. Los del segundo grupo parten de una posición colaboradora en el ámbito doméstico-familiar, pero en el nivel discursivo no producen un imaginario que abogue por la corresponsabilidad. Reproducen el modelo "hombre ganador de pan / mujer ama de casa", lo que supone la asimilación de un principio de reciprocidad basado en la inequidad: aportan menos de lo que reciben. La crisis de cuidados parece no afectar a estos dos grupos, apenas se deja notar. En el resto de los grupos, sin embargo, se puede constatar que, aunque de diferentes formas y con diversos matices, se genera un cuestionamiento de la norma. En segundo lugar, entre las mujeres con empleo no cualificado y los hombres jubilados y prejubilados se observan los cambios característicos de la crisis de cuidados con reticencia. Entre ellas, cabe matizar, sin embargo, que no se produce un discurso unívoco: se genera una tensión intergeneracional. Las más mayores acusan a las más jóvenes de poner en tela de juicio el principio de reciprocidad por estar en edad de procrear y no tener descendencia. Las más jóvenes, aunque a nivel discursivo reproducen el modelo de maternidad intensiva, apelando al sentimiento de culpa que les produciría tener criaturas y no poder atenderlas por su dedicación al mercado laboral, con su comportamiento ponen en cuestión la norma social pues, si bien es el momento de restituir la deuda, se niegan a dar. Las más mayores, por su parte, abogan por mantener el principio de reciprocidad en los términos anteriores a la crisis. Los hombres jubilados y prejubilados verbalizan de forma abierta la ruptura de la lógica del don, sienten incertidumbre y desasosiego ante la nueva situación pues no contemplan una solución factible para su restablecimiento: en el pasado han ejercido de hijos y han obedecido a sus padres (recibir), han ejercido de padres y han cuidado de sus hijos/as (dar) y de sus padres ya mayores (devolver), y ahora que se acerca el momento en el que ellos mismos precisen cuidados, no vislumbran ninguna posibilidad operativa de restitución. Contemplan con cierta añoranza la estabilidad, seguridad y certeza de la época anterior a la crisis. En tercer y último lugar, se puede afirmar que entre las amas de casa a tiempo completo y las mujeres profesionales, aunque en grados muy distintos, se atisba un cuestionamiento de los roles tradicionales de género. Frente a la escasa resonancia social que tiene su posición social actual, las amas de casa a tiempo completo sacan a la luz su agencia al reproducir una identidad renovada, que dota de reconocimiento tanto a lo que hacen como a lo que son. Si bien no cuestionan el principio de reciprocidad, en el que las mujeres donan su tiempo a cambio de gratitud, se percibe cierto tono sacrificial en la renuncia que supone el don. No obstante, en la falta de acuerdo en torno al futuro de sus hijas se presenta un atisbo de apertura hacia un cuestionamiento por parte de las mujeres de la asunción de la función doméstica: no todas quisieran que sus hijas fuesen también amas de casa. El cuestionamiento es mucho más explícito y general entre las mujeres profesionales. No sin esfuerzo ni contradicciones, dejan ver su agencia tanto en sus comportamientos como en el nivel discursivo, a través de las estrategias que desarrollan para lograr tiempo para sí y mediante las reivindicaciones a favor de unas relaciones de género más equitativas basadas en un principio de reciprocidad simétrico. En estos dos grupos la crisis de cuidados se contempla como una oportunidad para resignificar las relaciones entre géneros y, principalmente en el último, para apostar por una nueva organización social del trabajo doméstico y los cuidados. La tesis doctoral en la que se inspira el texto fue llevada a cabo gracias a una beca predoctoral del gobierno vasco. El trabajo de campo al que se hace referencia forma parte de la investigación "Lógicas temporales y desigualdades de género. Un análisis cualitativo sobre la distribución del tiempo de hombres y mujeres en la Comunidad Autónoma de Euskadi", desarrollada gracias a la Subvención a Proyectos de Investigación 2007 concedida por el Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde (referencia: 24/2007PRO). Agradezco a Izaskun Artegui, Ramón Ramos y Cristina García Sainz, la atenta lectura de este texto, sin embargo, la responsabilidad última del mismo es mía. La propuesta de abordar en estudio del ámbito doméstico-familiar a partir de la noción de tiempo donado, se ha desarrollado con mayor profundidad en trabajos anteriores (Legarreta Iza, 2008; Legarreta Iza, 2009; Legarreta Iza, 2011; Legarreta Iza, 2013; Legarreta, 2014a). Parte del análisis de los datos expuestos en este apartado ha sido extraído de la tesis doctoral de la autora citada con anterioridad y referenciada en la bibliografía. Las mujeres asumen al día una carga global de trabajo de 6 horas y 50 minutos y los hombres de 5 horas y 38 minutos, lo que conlleva que ellas dispongan de menos tiempo para otras actividades, principalmente para el ocio y la vida social. Analizando los datos de forma longitudinal, se percibe que la desigual distribución de la carga global entre mujeres y hombres no ha variado considerablemente con el paso del tiempo: en 1998 y en 2003 disminuye sensiblemente la carga de las mujeres y aumenta la de los hombres, pero la tendencia se invierte en el año 2008 mostrando una distribución similar a la de 1993. Desde esta perspectiva, se observan mayores cambios con relación al tiempo de trabajo de las mujeres que con relación al de los hombres. Entre ellas aumenta el empleado para el trabajo retribuido, pero tal incremento no se corresponde con un aumento similar en la dedicación al trabajo doméstico-familiar por parte de ellos. Dicha tendencia está acompañada por la disminución del tiempo invertido por las mujeres en las 10. Una de las mujeres narra que, queriendo simultáneamente ejercer la maternidad de forma intensiva y tener un empleo que se corresponda con su formación, opta por el teletrabajo como estrategia para la conciliación. Describe cómo tal decisión conlleva unas jornadas laborales que no respetan los ritmos circadianos y que derivan en falta de sueño. La falta de sueño, asegura, le produce problemas de salud que desembocan en un trastorno hormonal y una menopausia precoz. La lucha contra el sentimiento de culpa se percibe, por ejemplo, en las estrategias que desarrollan, no sin esfuerzo, las mujeres profesionales para lograr tiempo para sí, tiempo propio: reducción de la jornada laboral, externalización de parte del trabajo doméstico y de cuidados, y determinación a la hora de decidir a qué se quiere dedicar el tiempo de libre disposición (Legarreta, 2014a). Las estrategias, en este caso, se entienden en el sentido propuesto por Michel de Certeau (1993Certeau ( /2001, pp. 391-425), pp. 391-425) en tanto que hacen referencia a una apropiación (de tiempo, y no tanto de espacio) que llega a cuestionar la relación de fuerzas existente en torno a las adscripciones de género. La postura de las mujeres mayores es bien distinta: la vulnerabilidad se asume como característica intrínseca de las personas y del paso del tiempo, la vejez y la muerte se aceptan y se naturalizan, si bien se pone de manifiesto que el proceso de naturalización es también un aprendizaje. Sus narraciones resultan sumamente sugerentes pues, en cierta medida, se acercan a las propuestas que se están desarrollando en el marco de una ética del cuidado feminista (Molinier, 2011; Paperman, 2011). Se profundiza sobre este aspecto en un trabajo anterior (Legarreta Iza, 2014b).
Los aspectos relacionados con la organización de la investigación han cobrado especial importancia, tanto por los cambios que están acaeciendo en los modos de producción del conocimiento científico como por las crecientes exigencias de eficacia y eficiencia en los procesos de investigación. Los niveles de organización de la investigación pueden ser "macro", "meso" y "micro". En el primer grupo estaría los organismos públicos y privados de investigación, como entidades con mayor o menor especialización temática que ofrecen marcos normativos y organizativos propios, cubriendo aspectos de política científica, de personal, de infraestructuras, equipamientos y servicios de apoyo a la investigación. Generalmente tienen un alto rango admi-nistrativo y dependen, en el caso de centros públicos, de algún Ministerio o niveles equivalentes en los diferentes gobiernos. Las universidades se pueden considerar a estos efectos como organismos de investigación. En el nivel "meso" se sitúa los institutos y centros de investigación, que son unidades organizativas especializadas temáticamente, si bien pueden tener carácter multidisciplinar en la composición del personal y el abordaje de los temas de investigación. Su nivel de autonomía es más reducido, aunque puede encontrarse en los diferentes países un amplio gradiente, según el organismo del que dependen, los esquemas de financiación de sus actividades y la cultura interna. Estas unidades organizativas ofrecen unos medios y servicios especializados acordes con su temática. Constituyen el espacio para generar un clima científico que propicie las interacciones y las colaboraciones entre Probablemente es el nivel organizativo más importante para facilitar el desarrollo de los procesos de investigación. Otra unidad organizativa "meso" que puede ser importante funcionalmente o meramente con carácter administrativo es el Departamento. Generalmente se estructuran en los institutos y centros de investigación, cuando éstos alcanzan determinados tamaños, son claramente multidisciplinarios o desarrollan diferentes líneas de investigación suficientemente específicas. Los departamentos son unidades organizativas tradicionales en las facultades y, en el caso de departamentos interfacultativos, en las universidades. Tanto las unidades organizativas "macro" como "meso" tienen una naturaleza fundamentalmente estructural y permanente, caracterizándose por tener objetivos académicos y científicos definidos y las infraestructuras y los medios necesarios para la investigación. La unidad organizativa más característica a nivel "micro" es el grupo de investigación, entidad muy plástica y con contornos en algunos casos difusos. Los grupos de investigación son unidades organizativas funcionales, directamente asociadas a los procesos de la investigación científica. El carácter funcional de los grupos de investigación y su dinámica evolutiva plantea dificultades cuando se trata de adoptar a los grupos como entidades estructurales en los esquemas organizativos de los organismos de investigación. El presente artículo tiene como objetivo analizar la estructura y dinámica de los grupos de investigación, así como definir algunas propiedades que contribuyan a una mejor comprensión de su naturaleza y su papel en dichos esquemas organizativos. LA ASOCIABILIDAD EN LOS PROCESOS DE INVESTIGACIÓN El concepto de grupo de investigación es fruto del incremento de la asociabilidad entre los investigadores que caracteriza el desarrollo histórico de la investigación científica, especialmente en la etapa de la instauración de la política científica y la institucionalización del fomento y organización de la investigación. Esta tendencia se fundamenta en dos pilares: por una parte, en el aumento de la complejidad e interdisciplinaridad de la I+D, lo que provoca, a su vez, la diversificación de las modalidades de asociación, entre las que actualmente tiene un gran desarrollo las redes de investigación; y por otra parte, en la heterogeneidad de la tipología de los asociados, a través de la asociación público-privado y actualmente, de la internacionalización de las asociaciones. La investigación y la generación de conocimiento científico-técnico se ejecutan en la actualidad en un marco de intercomunicación e interrelaciones entre científicos, grupos y redes. La colaboración e interdisciplinaridad están entre las principales características del desarrollo de la ciencia contemporánea (Gibbons et al., 1994; Sebastián, 2000a,b). Blackwell señala, ya en 1954, tres dimensiones relevantes a la hora de analizar las asociaciones de investigadores: el número de personas implicadas, el tipo de acción involucrada en el trabajo de investigación y el número de disciplinas implicadas. En cuanto al número de personas se puede establecer un continuum desde la situación del investigador especializado en una o más disciplinas y que trabaja solo, pasando por la combinación de esfuerzos por parte de dos o más individuos para abordar una actividad de investigación, hasta las grandes asociaciones multidisciplinares. En cuanto al tipo de acción (o interacción) el caso más sencillo de trabajo colaborativo sería aquel de dos o más investigadores, de la misma o distintas disciplinas, que combinan esfuerzos en la investigación, pero trabajando por separado. Según este autor, esta situación puede considerarse más un tipo de "colaboración descentralizada" o "división del trabajo". Los grupos y equipos de investigación constituirían un grado de interacción más compleja, caracterizada por la existencia de una acción colectiva que implica colaboración, coordinación y comunicación, bien a lo largo de un proceso continuo de desarrollo de una o más líneas de investigación, o a lo largo de un proyecto de investigación. EL CONCEPTO DE GRUPO DE INVESTIGACIÓN No existe un consenso sobre la definición de los grupos de investigación, ni tampoco sobre su diferenciación respecto a agrupamientos de investigadores en diferentes unidades por su propia generalidad y nivel de indefinición. Por otro lado, como señala Johnston (1994) esta aproximación tiene dos inconvenientes fundamentales: en primer lugar, que los grupos no son necesariamente homogéneos, de modo que diferentes grupos "pueden organizarse de distintos modos en función de las demandas técnicas [o de otro tipo] de la investigación". Estos distintos modos de organización pueden darse no sólo entre distintos campos o disciplinas, sino también dentro de la misma disciplina, en función del contexto organizativo (p. ej. público vs. privado, académico vs. no académico). En segundo lugar, que los grupos de investigación son algo más que una simple agrupación de individuos, de tal forma que no se tiene en cuenta ni la estructura ni, lo que es más importante, la dinámica de los grupos, que se tratará más adelante. En la línea de las definiciones más elaboradas, Cohen y Bailey (1997) además de los aspectos funcionales y estructurales, incorporan a la definición de grupo o equipo la dimensión psicosocial, considerándolos como un conjunto de individuos que son interdependientes en sus tareas, que comparten la responsabilidad sobre los resultados, que se ven a sí mismos y son vistos por otros como una identidad social intacta embebida en uno o más sistemas sociales más amplios [por ejemplo un departamento, un centro de investigación, una empresa] y que gestionan sus relaciones a través de marcos organizativos. Como conclusión se puede señalar que existe un problema debido a la dificultad de definición del concepto de grupo y, más concretamente, grupo de investigación. Problema que sobrepasa el marco teórico y que tiene importantes repercusiones prácticas. Así, por ejemplo, en España la Ley Orgánica de Universidades (LOU) en su artículo 40.2, menciona los grupos de investigación como unidades básicas para la realización de la investigación, aunque no entra en detalles sobre su posible definición, lo que se ha traducido en dificultades por parte de las distintas instituciones a la hora de plasmar la LOU e identificar sus propios grupos de investigación. GRUPOS Y EQUIPOS DE INVESTIGACIÓN Se ha señalado que los conceptos de grupo y equipo son utilizados frecuentemente como sinónimos. No obstante, organizativas, como puede ser el laboratorio, que algunos autores utilizan como unidad organizativa y funcional, en cierto modo asimilable al grupo (Carayol and Matt, 2004; Lazega et al., 2006). Quizás como resultado de la imprecisión o indefinición, es habitual, tanto en la abundante literatura anglosajona como en la más reducida en lengua española, el uso indistinto, como sinónimos, de los términos "grupo" y "equipo" ("group" y "team") incluso dentro de un mismo trabajo (Johnston, 1994; Cohen and Bailey, 1997). Según Cohen y Bailey (1997) en la literatura en inglés sobre organización y gestión se tiende más a usar el término "team" (por ejemplo, "empowered teams", "quality improvement teams", o "team effectiveness") mientras que la literatura procedente del mundo académico es más proclive a usar el término "group" (por ejemplo, "research groups", "group cohesión", "group dynamics", o "group effectiveness") como ocurre asimismo en los trabajos procedentes del ámbito de la psicología, particularmente de la psicología social (Worchel, 1998). Por lo que respecta a la literatura sobre grupos y equipos de investigación, ya sea procedente del ámbito de la gestión y la administración, o del mundo académico, se suelen utilizar tanto el término "grupo" (Nederhof and Van Raan, 1993) como "equipo" (Quin et al., 1997; De Luis et al., 2005) a veces también como sinónimos. Se han formulado diferentes definiciones de grupo y equipo de investigación. Las más simplistas consideran el grupo como una simple asociación de dos o más personas con objetivos comunes (Reeves, 1971) o bien como un conjunto de investigadores, becarios pre y postdoctorales, y personal técnico y de apoyo, con algún tipo de estructura jerárquica (Johnston, 1994). Las basadas estrictamente en aspectos administrativos o estructurales (Wallmark et al., 1973) identifican equipo con institución, definiendo equipo como la institución donde trabaja un determinado conjunto de investigadores. Finalmente, las más elaboradas tienen en cuenta aspectos como el número de individuos, su grado de interacción y afinidad, su entidad administrativa, su estructura organizativa, la identidad social, la existencia de objetivos compartidos, la responsabilidad compartida sobre los resultados, y la propia dinámica de los grupos. Las más genéricas e inespecíficas podrían constituir definiciones de consenso, pero pecarían de falta de practicidad algunos autores han intentado introducir una distinción entre ambos términos. Sin ánimo de ser exhaustivos, se describen a continuación diferentes aproximaciones a la definición de los grupos o equipos. Como se deduce de la revisión, no existe consenso en las aproximaciones conceptuales y en los niveles de elaboración y complejidad de las definiciones. De tal modo que incluso pueden encontrarse aproximaciones opuestas, con autores que asignan a los grupos características que otros asignan a los equipos. Entre los autores que diferencian entre grupos y equipos, pueden distinguirse tres convenciones o líneas de pensamiento. Una primera, ya superada, y propia de los primeros trabajos sobre el tema, cuando la mayor parte de los trabajos no diferenciaban entre grupos y equipos, se basa en la existencia o no de esfuerzo cooperativo. Esta diferenciación puede encontrarse, por ejemplo, en el temprano artículo sobre el trabajo en equipo en la investigación de Bush y Hattery (1956) quienes, si bien usan indistintamente los términos "group" y "team", introducen un pequeño matiz de distinción, introduciendo el "trabajo en un mismo problema a través del intercambio de ideas y el esfuerzo mutuo", como matiz característico del trabajo en equipo, y diferenciador de los equipos frente a los grupos. Por otro lado, diversos autores basan la distinción entre grupos y equipos en el mayor o menor grado de agrupamiento ("groupness") utilizando el término "team" o "equipo" para aquellos con mayor grado (Katzenbach and Smith, 1993). Finalmente, otras corrientes de pensamiento diferencian los grupos y los equipos en función, principalmente, de su grado de coyunturalidad y en la agrupación orientada a la consecución de un objetivo o la realización de un trabajo determinado. Como señala Etzkowitz (1992) los grupos de investigación estarían dotados no sólo de un cierto tamaño y estructura, sino también de una cierta continuidad, entendida no como tener los mismos componentes a lo largo de los años, sino como el hecho de abordar una línea de investigación de forma continuada y transferir a la siguiente generación el conocimiento tácito adquirido como consecuencia del trabajo conjunto. El equipo sería, por el contrario, de carácter más coyuntural que el grupo y más adaptativo. Esta acepción del concepto de equipo se encuentra en el diccionario de la Real Academia Española, que define equipo como un "grupo de personas organizado para una investigación o servicio determinado". Este sentido de coyunturalidad y de trabajo enfocado a la consecución de un objetivo y la realización de un proyecto determinado se encuentra en las definiciones aportadas por distintos autores (Nowotny, 1989) en las que se señala la intencionalidad de la asociación y su duración limitada en el tiempo, que suele concluir cuando se logra dicho objetivo o cuando finaliza el proyecto común. En alguna ocasión se ha empleado también, con este sentido, el término "grupo de proyecto" ("project group") (Dailey, 1978) que podría considerarse como sinónimo de "equipo". En definitiva, si bien existen en algunos casos fronteras difusas entre estas dos unidades organizativas, se pueden aplicar una serie de criterios que permiten diferenciar unos y otros. La Tabla 1 muestra las diferencias entre los grupos y los equipos de investigación. La primera característica diferencial entre el grupo y el equipo es el carácter más estable y permanente del primero, y coyuntural del segundo. Mientras que el equipo es una asociación organizada ad hoc para al desarrollo de un proyecto concreto en un tiempo dado, el grupo de investigación es una asociación que no está vinculada al desarrollo de un proyecto, sino al de una o varias líneas de investigación, que no tiene necesariamente que tener una duración determinada, sino la marcada por el propio desarrollo y evolución de la misma. La definición de "línea de investigación" es relativamente compleja por el gradiente que puede existir en función de su generalidad o especialización. Por ello, es recomendable que el propio grupo determine y defina sus líneas de investigación de manera operativa, es decir, describiendo la naturaleza y contenido de su objeto de estudio. Se puede dar el caso de grupos de investigación que ejecuten permanentemente proyectos como equipos, y grupos que se desagreguen en varios equipos para la ejecución de diferentes proyectos. La importancia creciente de las colaboraciones nacionales e internacionales incentiva la constitución de equipos para la ejecución de proyectos con la participación de varios grupos como tales, o de investigadores individuales pertenecientes a varios grupos de investigación. Los elementos que mantienen la cohesión son diferentes en los grupos y en los equipos. Como se ha señalado, el interés común por una línea de investigación mantiene la cohesión científica en los grupos, mientras que los objetivos de un proyecto la mantienen en los equipos. El sentido de pertenencia, la identidad, el autorreconocimiento y un cierto sentimiento de fidelidad cohesionan psicológica y socialmente al grupo, mientras que en los equipos dominan la necesidad de complementarse, la conveniencia y las expectativas de éxito en los resultados del proyecto. Tanto en los grupos como en los equipos pueden existir relaciones de dependencia, científica y/o administrativa, que pueden condicionar la cohesión y relaciones internas. Se pueden dar situaciones administrativas en las que se obligue a los investigadores a cumplir determinadas condiciones para ser formalmente considerados "grupos de investigación" y de este modo beneficiarse de determinadas ventajas. Una de las condiciones más frecuentes es la de exigencia de un tamaño mínimo en los grupos. Esta condición es arbitraria y no puede considerarse como un elemento de cohesión interna, sino que genera asociaciones espúreas y artificiales, desvirtuando la naturaleza y función de los grupos e introduciendo una distorsión en la organización de la investigación. La dependencia institucional de los asociados en los grupos suele ser homogénea, es decir, pertenecen a la misma organización científica, por lo que sus actividades están supeditadas a las mismas normas y procedimientos. Si bien los equipos de investigación pueden estar constituidos por miembros de una misma organización, la evidencia existente de los estudios bibliométricos señala que los equipos heterogéneos son dominantes, participando investigadores de diferentes tipos de organizaciones públicas y privadas, nacionales y extranjeras. La localización espacial de los investigadores en los grupos es concentrada, usualmente en el mismo centro de investigación o departamento, mientras que en los equipos la deslocalización es dominante, y se extrema en los proyectos multilaterales que funcionan como redes internacionales de investigación. Las funciones de los grupos son muy variadas, y están relacionadas con las múltiples actividades que se contemplan en la investigación, la transferencia y vinculación científica. Las funciones de los equipos están supeditadas al reparto de tareas para la ejecución del proyecto, la La cuestión del liderazgo es más compleja en los grupos que en los equipos. En los equipos existe una jerarquía formalmente reconocida que ostenta el responsable o coordinador del proyecto, si bien, dependiendo de la naturaleza del mismo y de su complejidad, pueden darse liderazgos compartidos. La evidencia de que la mayor parte de los grupos de investigación se han generado a partir de un liderazgo reconocido impone una cierta estructuración jerárquica. Sin embargo, con el crecimiento y maduración de los grupos se establecen relaciones más horizontales entre los miembros "senior" de los mismos. Las relaciones jerárquicas probablemente son mayores en los grupos pequeños. El tamaño de los grupos puede ser muy variable. Depende de múltiples causas, algunas asociadas a la índole de las líneas, temas y culturas de investigación y otras, a la propia historia y trayectoria del grupo, especialmente la fuerza del liderazgo, la capacidad de atracción, el prestigio y la influencia institucional. En los equipos de investigación el tamaño está intrínsicamente unido a la naturaleza del proyecto. Los grupos de investigación son fundamentalmente nacionales, mientras que los equipos pueden frecuentemente tener una dimensión internacional. Los grupos de investigación son asociaciones dinámicas que evolucionan por diferentes motivos, tanto intrínsecos a la naturaleza del grupo y de sus componentes, como extrínsecos, como consecuencia de cambios en los entornos científicos nacionales e internacionales y las culturas de movilidad en las comunidades científicas. Por el contrario, los equipos de investigación se crean y desaparecen en torno al período de ejecución de un proyecto determinado, por lo que su duración está predeterminada. Como consecuencia del análisis realizado se proponen las siguientes definiciones: Un equipo de investigación es una asociación coyuntural de personal de investigación en torno a un proyecto de investigación. Un grupo de investigación es una asociación estable, aunque dinámica, en torno a una línea de investigación, de personal de investigación generalmente de una misma institución, que comparte el mismo sentido de pertenencia y mantiene unas relaciones basadas en las interacciones y la colaboración permanente. Las ideas fuerza de esta definición enfatizan el carácter estable, si bien no indefinido, puesto que como se señala más adelante los grupos de investigación tienen su propia dinámica y evolución en el tiempo. Los elementos que cohesionan a los grupos son compartir el interés por la investigación en una línea temática bien definida; compartir un mismo marco institucional, generalmente un departamento, instituto o centro de investigación; sentirse voluntariamente miembros de un mismo colectivo, trabajar conjuntamente y prestarse asistencia mutua. IDENTIFICACIÓN DE LOS GRUPOS DE INVESTIGACIÓN Al problema conceptual de la definición de los grupos de investigación, se añade un problema metodológico a la hora de delimitar sus fronteras e identificar los grupos que operan en el Sistema de I+D. Éste no es un asunto baladí, ya que tiene importantes repercusiones prácticas en aspectos tales como el estudio de la actividad y producción científica a nivel micro, o el más pragmático de la asignación de los fondos destinados a la I+D, a través de las convocatorias de ayudas y subvenciones dirigidas específicamente a grupos de investigación. Pueden distinguirse varias aproximaciones metodológicas para la delimitación e identificación de los grupos. Cohen (1991) distingue dos tipos de grupos, en función de la aproximación utilizada por el autor. En los "output-based studies" (estudios basados en los outputs o resultados) la definición e identificación de los grupos se realiza en función de sus resultados científicos, prácticamente en exclusiva a partir de sus publicaciones en revistas científicas, mediante análisis de frecuencias de coautoría o cocitación. Ésta es la aproximación utilizada habitualmente en los estudios bibliométricos de producción científica. En los "input-based studies", o estudios basados en inputs o insumos, los grupos se definen en función de consideraciones administrativas. Resulta imprescindible conocer las limitaciones de cada una de estas aproximaciones, pues el uso de una u otra producirá estructuras grupales diferentes. Los grupos identificados a través de la aproximación basada en los resultados no tienen necesariamente una realidad o identidad administrativa o institucional. Esta aproximación tiene dos limitaciones principales (Cohen, 1991). Por un lado, los individuos que no firman artículos no son considerados como componentes del grupo; y por otro lado, el tamaño de los grupos resultantes es función del grado de actividad colaborativa y, por extensión, de la productividad de sus componentes. Por el contrario, en la aproximación basada en insumos (que podemos denominar aproximación organizativa o estructural) todos los componentes, firmen o no, son considerados miembros del grupo. Esta segunda aproximación cuenta, entre sus limitaciones, no tener en cuenta la dinámica de los grupos. En este sentido, los grupos no pueden ni deben ser identificados y delimitados en términos meramente administrativos o estructurales, considerando como tales una mera agrupación de investigadores y personal de apoyo, trabajando en una única institución (centro, departamento, etc.) ni tampoco en base a agrupaciones resultantes de estudios de outputs. Existe una tercera aproximación, procedente de la psicología social, y que tiene su fundamento en el autoconcepto de grupo y el proceso de categorización (Turner et al., 1987). Desde este punto de vista psicosocial, el grupo se considera un esquema cognitivo existente en la mente de los individuos, de tal forma que la pertenencia grupal es una elección individual, no una asignación. Un colectivo se convierte en grupo psicológico cuando sus componentes se definen como miembros del grupo y comparten las creencias grupales, aquellas convicciones que los miembros del grupo son conscientes de compartir y que consideran definitorias de su grupalidad, y además existe algún grado de actividad coordinada (Bar-Tal, 1996). Los grupos de investigación operan, en la mayoría de los casos, al menos en el sistema público de I+D, como grupos psicológicos, lo que refuerza su carácter funcional frente al estructural. Esto se debe fundamentalmente a que es el propio investigador quien, en último término, y al margen de cualquier otra estructura administrativa, define cuál es su grupo, a qué grupo pertenece, de modo que los grupos se manifiestan como sistemas autorregulados, lo que conlleva una cierta dificultad a la hora de su regulación y legislación. Esta pertenencia a un grupo se ve reforzada por el reconocimiento externo de los colegas. Así pues, la integración de un individuo en su grupo es una relación compleja entre los contextos individual y social, una combinación de su identidad individual y su identidad social, y depende tanto de la propia percepción como de la de los colegas. ESTRUCTURA Y FUNCIONES DE LOS GRUPOS DE INVESTIGACIÓN La estructura de los grupos de investigación está relacionada con su origen y su evolución. Se pueden diferenciar dos modalidades en cuanto al origen de los grupos. Los que se originan con un investigador consolidado y un conjunto de investigadores en formación, y los que se originan por asociación de investigadores consolidados que se comprometen a trabajar conjuntamente en torno a una línea común de investigación. En uno y otro caso, la composición de los grupos está relacionada con las culturas de movilidad de investigadores. En países donde la movilidad es reducida, la estabilidad de la composición de los grupos es mayor, mientras que en los países con mayores tasas de movilidad, la composición de los grupos es más variada en el tiempo. La estabilización de los grupos está también condicionada por el grado de dependencias administrativas que se originan en el grupo, y por la mayor o menor existencia de oportunidades fuera del mismo. La consolidación, que es un término que se utiliza para describir una cierta etapa de la evolución de los grupos, es difícil de determinar en la práctica, puesto que tanto el tamaño como la composición del grupo es dinámica. La temática de la línea de investigación es la que podría marcar una cierta continuidad, si bien también ésta puede ir variando como consecuencia del desarrollo de las investigaciones del grupo. La estructura interna de los grupos depende de la composición del mismo, en cuanto a los investigadores permanentes y en formación y al reconocimiento del o los liderazgos existentes que determina el balance entre verticalidad y horizontalidad en la organización de los grupos. La calidad de las relaciones internas y la integración social del grupo está relacionada con factores como la estabilidad grupal, la cohesión y la sinergia. La integración social de los científicos se ha estudiado fundamentalmente en los niveles "macro" y "meso" de organización de la investigación, y mucho menos en los grupos de investigación. Los estudios de Nowotny (1989) y de Krohn y Kuppers (1990) muestran la existencia de múltiples relaciones y dependencias de los investigadores en los sistemas científico-técnicos, especialmente con relación a la dinámica de sus colegas y la evolución de las diferentes disciplinas y ámbitos de investigación. El nivel más básico de integración social es el grupo de investigación, que proporciona un ambiente en el que los investigadores tratan de beneficiarse de las oportunidades de la complementariedad y la colaboración. Las fuerzas que mantienen la cohesión en los grupos de investigación están relacionadas con los grados satisfacción de sus componentes en cuanto a las motivaciones, expectativas profesionales y objetivos científicos. La cohesión se relaciona también con el hecho de compartir una cultura grupal donde los liderazgos, intereses, hábitos de trabajo, flujos de información y comunicación, y niveles de competitividad, son satisfactorios para todos los componentes del grupo. Los grupos existen en la medida en que realizan una serie de actividades y satisfacen una serie de funciones. Los grupos de investigación desarrollan, en mayor o menor medida, las tres funciones apuntadas por Moreland (1987) en relación con el tipo de integración social promovida por el grupo: integración ambiental, conductual y afectiva. Los grupos de investigación promueven, o son resultado, de la integración ambiental, como resultado no sólo de las relaciones de vecindad y convivencia en el lugar de trabajo (ambiente físico) sino como resultado del solapamiento de redes sociales, entendidas como las pautas de relaciones entre individuos. Más importante es la función de integración conductual de los grupos de investigación, si tenemos en cuenta que en general los miembros del grupo son mutuamente dependientes para alcanzar sus objetivos y satisfacer sus necesidades. Finalmente, un gran número de grupos se forman como resultados de la atracción mutua entre dos o más personas, la atracción hacia la figura de un líder, o hacia unos determinados objetivos grupales. En este sentido, el grupo de investigación tiene también una función de integración afectiva. Las tareas de los grupos de investigación son muy variadas e incluyen, además de la actividad de investigación, actividades de enseñanza especializada en el ámbito temático del grupo, de formación de investigadores, de mantenimiento del equipamiento adscrito a la línea de investigación, de actualización de las metodología y técnicas básicas en la línea, de difusión y transferencia de conocimientos, así como de representación y vinculación entre la comunidad científica nacional e internacional. El grupo puede desarrollar una estrategia activa de proyección con objeto de ganar en visibilidad, reconocimiento y prestigio que contribuya a su crecimiento y posicionamiento en el ámbito de su temática. Las múltiples tareas de los grupos de investigación dan lugar a diversas expresiones y resultados. La especialización temática del grupo da lugar a la organización de actividades docentes teóricas y prácticas, y a la participación en actividades organizadas por otras instituciones. Las actividades de investigación dentro de un clima de debate científico y de colaboración mutua contribuyen positivamente a la formación de investigadores, uno de los resultados más valiosos de los grupos de investigación. El desarrollo de la investigación genera publicaciones científicas conjuntas entre los miembros del grupo. La continuidad y frecuencia de estas publicaciones es un buen indicador de la estabilidad en la composición de los grupos. La investigación también da lugar a otros productos, como las contribuciones a congresos y reuniones científicas, las patentes y los informes técnicos. Las capacidades existentes permiten realizar actividades de transferencia de conocimientos y de servicios especializados, pudiendo atender a demandas públicas y privadas. Estas actividades dan lugar a una serie de productos tangibles en forma de estudios e informes técnicos, así como a la captación de recursos económicos adicionales. Los grupos, gracias a su carácter estable y a la vez dinámico, desempeñan una importante función de transferencia, a las siguientes generaciones de investigadores, del conocimiento tácito y la experiencia adquiridos durante el trabajo conjunto realizado a lo largo de un período prolongado (Etzkowitz, 1992). Ésta es una función importantísima y fundamental de los grupos, como unidades funcionales, que no se da en los equipos, y que depende en gran medida de las relaciones entre los componentes de los grupos, tanto de su calidad como de su cantidad y su distribución temporal, que debe garantizar el adecuado solapamiento generacional, sobre todo de los investigadores en formación. DINÁMICA DE LOS GRUPOS DE INVESTIGACIÓN Los grupos de investigación son objeto, en su dinámica, de procesos de socialización y desarrollo. La socialización implica cambios temporales en las relaciones entre el grupo y cada uno de sus componentes, mientras que el desarrollo grupal implica cambios en el grupo como un todo (Moreland and Levine, 2001). Los científicos emplean parte de su tiempo en configurar su variable y a la vez competitivo entorno, de acuerdo con sus intereses científicos, creando las condiciones necesarias para el desarrollo de su trabajo de investigación. En este sentido, y teniendo en cuenta que el grupo de investigación constituye el medio ambiente más próximo para el científico, sus esfuerzos se centran en interactuar del mejor modo posible para crear su propio grupo o para unirse a un grupo existente, adaptándose a las normas y dinámicas grupales preestablecidas. La integración la consolidación y la cohesión son propiedades dinámicas, de modo que la situación de los individuos dentro de su grupo, el tipo de relaciones intragrupales entre los componentes, y el grado de integración del individuo en el seno del equipo y con el resto de componentes, varían a lo largo del tiempo, y adoptan distintas formas a través de diferentes estadios del ciclo vital del grupo y de la pertenencia del individuo al mismo. Otro aspecto importante que es de particular interés y que caracteriza a los grupos como unidades funcionales, frente a las unidades estructurales como los departamentos, es su capacidad de autoorganización y autorregulación. Según el modelo de autoorganización de Krohn y Kuppers (1990) el grupo realiza tres tipos de actividadess: a) actividades de integración, dirigidas al automantenimiento del grupo; b) actividades científicas, relacionadas con la movilización de los recursos externos necesarios para mantener la existencia del grupo; y c) actividades de investigación, al servicio de la consecución de objetivos funcionales específicos con respecto a la producción de conocimiento. Las dos primeras serían actividades propias y distintivas de los grupos, frente a los equipos de investigación. Las actividades de integración conducen al desarrollo de una "constitución", denominada "matriz grupal", en la que se establecen de un modo no formal, explícito, estático ni definitivo, las reglas que gobiernan el automantenimiento del grupo, reglas que son conocidas por todos los miembros y que delinean el "estilo", "cultura" y "autoimagen" del grupo. Las actividades científicas comprenden tareas como la obtención de financiación a través de proyectos, participación en comités editoriales, realización de informes especializados y son realizadas tanto por el grupo en su conjunto como por componentes del mismo que participan en distintos proyectos como integrantes de distintos equipos. Por último, las actividades de investigación, dirigidas a la producción de conocimiento, serían propias tanto de los grupos como de los equipos, aunque tal vez pueda argumentarse que son más bien específicas de estos últimos, a través de la realización de proyectos en los que participan investigadores de uno o más grupos de investigación. Los grupos de investigación son entidades dinámicas sujetas a ciclos evolutivos marcados por las etapas de generación, crecimiento y segregación. Anteriormente se han señalado dos modalidades en cuanto al origen de los grupos. Los originados en torno a un investigador senior y los formados por la asociación de varios investigadores. La evolución en el primer caso tiene una fase de crecimiento, en la medida que los investigadores formados en el grupo se incorporan posteriormente de manera estable al mismo y el prestigio del investigador sea capaz de atraer e incorporar a otros investigadores en un proceso de cooptación. La fase de crecimiento del grupo en el segundo caso está también condicionada por la capacidad de incorporación posterior de los investigadores formados y por la capacidad de atracción y vinculación de otros investigadores. Los grupos en fase de crecimiento inicial se suelen identificar como "emergentes". La fase de crecimiento no tiene teóricamente un límite establecido. La dinámica personal de los diferentes miembros genera una situación de volatilidad y diversificación en la composición del grupo sobre la base de un núcleo central más estable. El ciclo evolutivo de los grupos incluye su desagregación o gemación para la formación de nuevos grupos. Existen diferentes causas que desencadenan este proceso. La propia evolución personal de los investigadores en la búsqueda de mayor independencia y del ejercicio de su propio liderazgo, las incompatibilidades y conflictos que surgen por la convivencia, los cambios en el interés científico por la línea de investigación, y la aparición de nuevas oportunidades de desarrollo profesional son, entre otras, algunas de las causas determinantes de la evolución de los grupos. Los teóricos de la dinámica de grupos han propuesto diferentes modelos de desarrollo grupal e individual en el seno de estos equipos (Garland et al., 1973; Worchel et al., 1992; Tuckman and Jensen, 1997). Aunque cabe diferenciar los procesos de desarrollo de los componentes de los grupos de los procesos de desarrollo grupal propiamente dichos, ambos están íntimamente relacionados. En este sentido, los individuos pasan por una serie de estadios de pertenencia al grupo que varían en número y características según los autores. Cada uno de estos estadios se caracteriza por el grado de implicación personal de los científicos, en la medida en que éstos tratan de satisfacer sus necesidades y encontrar el nicho más confortable y eficaz. Worchel et al. (1992) han examinado cómo se desarrollan los grupos y si los aspectos relacionados con su desarrollo afectan las conductas personal, interpersonal e intergrupal. Proponen un modelo con una serie de etapas que conforman un proceso cíclico: período de descontento con el antiguo grupo, evento desencadenante, identificación con el nuevo grupo, productividad grupal, individualización y declive grupal. Este modelo ha sido utilizado por Rey Rocha et al. (2007) para explorar la relación entre integración social y la actividad, rendimiento y prestigio de los investigadores. PRODUCTIVIDAD DE LOS GRUPOS DE INVESTIGACIÓN El rendimiento de los grupos de investigación está influenciado, tanto cuantitativa como cualitativamente, no sólo por características individuales de los investigadores, sino también por factores colectivos y contextuales. El contexto grupal influye no sólo en la actividad y el rendimiento del propio grupo, sino también en la de los investigadores individuales. Así pues, no hay que confundir el rendimiento individual con el grupal, y hay que tener en cuenta que los resultados a escala colectiva pueden ser muy diferentes de los correspondientes a los investigadores individuales. Por otro lado, es importante también distinguir aquí los efec-tos derivados del contexto grupal, de aquellos derivados de los trabajos en colaboración con otros investigadores pertenecientes a otros grupos. Existe una gran variedad de factores sociales y organizativos que pueden influenciar el rendimiento y productividad de los grupos de investigación y los investigadores (de Hemptinne and Andrews, 1979; von Tunzelmann et al., 2003; Carayol and Matt, 2004). La productividad individual y colectiva está influenciada en gran medida por el contexto organizativo en que se desenvuelve la labor de los grupos y los investigadores, contexto que determina las pautas de trabajo, las culturas y la dinámica del trabajo de investigación. En este sentido, revisten especial importancia factores contextuales tan amplios como por ejemplo la disciplina o campo científico, el contexto organizativo (académico o no académico, privado o público, etc.) el prestigio de la institución, factores que determinan, entre otros, el grado de autonomía y de flexibilidad, el apoyo económico a la investigación, los procedimientos y los criterios de evaluación, que en definitiva condicionan la productividad. A escala grupal, quizás el factor que ha recibido una mayor atención haya sido el tamaño del grupo, y su relación con el rendimiento y la productividad de los grupos y de sus componentes. Los resultados obtenidos son contradictorios, de modo que mientras algunos estudios han encontrado una correlación positiva entre ambos factores, otros muestran la existencia de un umbral por encima del cual el incremento en tamaño no resulta en una mayor productividad (Jordan et al., 1989; Johnston, 1994). En algunas áreas, como en Arte y Humanidades, no se han encontrado evidencias de la existencia de dicho umbral. Incluso algunos autores señalan una correlación negativa entre tamaño y productividad (Knorr et al., 1979; Carayol and Matt, 2004) o una correlación muy débil (Stankiewicz, 1979; Cohen, 1991). Un aspecto especialmente controvertido es el relacionado con el tamaño óptimo de los grupos y los posibles beneficios de la concentración de recursos. Este tema ha sido analizado por varios autores. Según Ziman (1989) el tema del tamaño se relaciona con la noción de la "masa crítica" mínima necesaria en la investigación internacionalmente competitiva. Sin embargo, resulta difícil determinar el ta-JESÚS REY ROCHA, MARÍA JOSÉ MARTÍN SEMPERE Y JESÚS SEBASTIÁN maño de esa masa crítica, el cual varía en función de los requerimientos, modos de trabajo y culturas propios de las distintas disciplinas. Von Tunzelmann et al. (2003) en una revisión de los efectos del tamaño sobre el rendimiento investigador, concluyen que los estudios sobre la relación entre tamaño y productividad proporcionan muy poca evidencia convincente que relacione estos factores y abogan por políticas destinadas a fomentar la interacción entre pequeñas unidades de investigación para contrarrestar el problema de la "soledad", por oposición al de "pequeñez". Además del tamaño, la estructura del grupo tiene también influencia sobre la productividad y el rendimiento grupal e individual. Entre los factores condicionantes se encuentran las características individuales de los componentes, las categorías profesionales, la formación, la preparación, la mezcla de individuos de distintas edades y experiencia y la presencia de científicos estrella (Cole and Cole, 1972; Nederhof and van Raan, 1993; and Matt, 2004). Por otro lado, la edad de los equipos, es decir, su longevidad y estabilidad, es otro factor contextual que puede tener efectos colectivos e individuales. Aquí también las relaciones encontradas por distintos autores son contradictorias (Stankiewicz, 1979; Cohen, 1991; Bonacorsi and Daraio, 2003) Finalmente, existe otro conjunto de factores influyentes, que tienen que ver con las relaciones entre los componentes del grupo y el grado de integración social. Existen indicaciones de que el tipo y grado de integración social en los grupos de investigación pueden afectar tanto al rendimiento de éstos como al individual de cada uno de sus componentes. En particular influyen factores como la estabilidad, consolidación, cohesión y sinergia del grupo (Stankiewicz, 1979; Michel and Hambrick, 1992; Rey Rocha et al., 2006) así como las normas grupales, el clima de trabajo, el nivel de conflicto, las pautas de liderazgo y las pautas de distribución del trabajo. LOS GRUPOS DE INVESTIGACIÓN: ¿UNIDADES ESTRUCTURALES O FUNCIONALES? Los grupos de investigación presentan, desde el punto de vista organizativo, características tanto estructurales como funcionales, si bien su dinámica y evolución hacen que se bascule más hacia el lado funcional. La estabilidad es la característica que da a los grupos de investigación un mayor peso estructural. La continuidad en el desarrollo de una línea de investigación, por parte de un mismo colectivo de investigadores dentro de una institución, otorga una característica estructural a los grupos en la organización de esta institución. Sin embargo, la sobrevaloración de estos aspectos, estabilidad y continuidad, están en contra de otros valores que se encuentran asociados al desarrollo actual de la investigación más creativa, como la movilidad de los investigadores, las interacciones múltiples y el trabajo colaborativo en redes de cooperación y consorcios. Desde este punto de vista, los grupos que deberían merecer mayores apoyos son los emergentes y aquellos generadores de nuevos grupos, lo que valoriza el carácter dinámico y funcional de los grupos de investigación, como unidades en las que los aspectos fundamentales son los asociados con las actividades y los procesos. Por otro lado, el sentido de pertenencia basado en la autopercepción de sus componentes, unido a la dinámica grupal que incluye un ciclo vital grupal compuesto de varias etapas, así como una continua renovación de sus componentes, resulta en que los grupos carezcan de límites o fronteras delimitados, lo que refuerza su carácter funcional. Distintos autores han señalado la importancia de los grupos de investigación como unidades funcionales (Krohn and Küppers, 1990; Von Tunzelmann et al., 2003). Estos últimos autores destacan el aspecto funcional de los grupos de investigación, afirmando que éstos constituyen el "sistema social de la investigación" ("social system of research") frente a instituciones como los laboratorios, universidades, centros de investigación y asociaciones científicas, que constituyen el "sistema social de la ciencia" ("social system of science"). Estructura y funcionalidad son, no obstante, características propias e indivisibles de los grupos de investigación. A la hora de definir e identificar los grupos, es importante considerar tanto su carácter funcional como el estructural. Tradicionalmente, el sistema español de I+D no se ha preocupado de este tema. Recientemente, las universidades se han visto en la necesidad de identificar, validar y reconocer sus grupos de investigación, como consecuencia de la Ley Orgánica de Universidades (LOU) de 24 de diciembre de 2001 (artículo 40.2) que menciona la existencia de "grupos de investigación reconocidos por la Universidad". Las definiciones adoptadas por las Universidades son más o menos generales y difusas, pero los criterios que debe cumplir una asociación de investigadores para ser reconocida como grupo de investigación tienen en cuenta fundamentalmente los aspectos estructurales. La Universidad Carlos III de Madrid (UCIIIM) entiende por grupo de investigación "al formado por investigadores con líneas de trabajo uni o multidisciplinares e intereses comunes, donde se realizan actividades de investigación, desarrollo e innovación de la Universidad, bien en solitario, bien en colaboración con otros grupos de investigación de la Universidad o con grupos de investigación o investigadores de otras Instituciones académicas". Si bien la definición parece basarse fundamentalmente en el aspecto funcional, a la hora de establecer los requisitos necesarios para el reconocimiento institucional, éstos son básicamente de índole estructural: composición (como mínimo cuatro investigadores de la UCIIIM a tiempo completo, al menos dos de ellos permanentes y tres doctores); historial científico en común (participación conjunta en proyectos de investigación, en publicaciones, etc.) de al menos tres años; salvo casos excepcionales, debe figurar un responsable del grupo, a efectos de interlocución con el Vicerrectorado de Investigación e Innovación. La Universidad Complutense de Madrid (UCM) propone criterios de validación de los grupos, mayoritariamente de carácter organizativo-estructural: consistencia (existencia de una temática común; de objetivos específicos similares y/o complementarios; la utilización de técnicas similares; el disfrute de una infraestructura común; la coparticipación en proyectos de investigación; existencia de publicaciones mixtas, etc.); número de componentes (un mínimo de cuatro investigadores de la UCM, de los que la mitad deberán ser doctores); infraestructura (el grupo debe contar con la infraestructura instrumental necesaria para llevar a cabo sus investigaciones); financiación (capacidad de obtención de recursos para financiar la investigación); y una determinada productividad científica. La Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) constituye otro ejemplo del carácter preeminente de los criterios estructurales. Si bien su definición de grupo enfatiza el carácter funcional de éstos ("conjunto de investigadores de la UPCT con intereses comunes en la creación o desarrollo de una o varias líneas de I+D+I") a continuación se establecen los requisitos indispensables para constituir un grupo, los cuales se refieren a la necesidad de contar con un mínimo de investigadores y a los requisitos académicos y laborales de los investigadores responsables de los grupos. La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha desarrollado una completa normativa sobre grupos de investigación, a los que define como unidades de investigación organizadas en torno a una línea común de actividad científica, formados por profesores, investigadores y becarios adscritos a uno o varios Departamentos o Institutos Universitarios de Investigación, y coordinados por un profesor doctor responsable. El reconocimiento formal de los mismos se realiza una vez satisfechas las condiciones de composición, temática y actividad establecidas por la UPM. En resumen, los requisitos impuestos a los grupos, para su reconocimiento institucional, se basan fundamentalmente en criterios estructurales, que en ocasiones dejan de lado el aspecto funcional, más relacionado con la identidad grupal basada en el autoconcepto de grupo, el reconocimiento interno y externo del grupo, o en todo caso combinan ambos criterios pero establecen criterios estructurales, como el tamaño, que condicionan e incluso invalidan la existencia de algunos grupos establecidos históricamente, y cuya permanencia y dinámica se han basado fundamentalmente en su carácter funcional, al margen de sus características estructurales. Considerando la heterogeneidad real de los grupos de investigación, en cuanto a su tamaño y estructura, y la inexistencia de consenso acerca del tamaño ideal de los mismos, así como de evidencias empíricas indiscutibles que asocien un determinado tamaño o estructura con un mayor rendimiento del grupo, se requiere una gran flexibilidad administrativa y normativa a la hora de utilizar esta modalidad de asociación. La regulación administrativa de los grupos de investigación y la preeminencia de criterios estructurales, puede conducir a la creación de asociaciones destinadas a formar grupos ficticios que simplemente cumplan los requisitos estructurales impuestos por las instituciones. Los intentos de asociar los grupos con un tamaño y estructura determinados, conducen a una perversión a la hora de reconocer institucionalmente una modalidad de asociación que debería basarse fundamentalmente en el autoconcepto de grupo y la autoidentificación del individuo con su grupo. La introducción de ambos factores (tamaño y composición) en las definiciones de grupo, introducen una perturbación del orden grupal establecido por la comunidad científica, con consecuencias no siempre bien previstas. Es un hecho conocido que distintas disciplinas, con distintas culturas y distintos requerimientos científicos, generan comunidades científicas con grupos de distintos tamaños, estructuras y dinámicas. Algunos autores han proporcionado evidencias empíricas en favor de la efectividad de los grupos pequeños (Ziman, 1989; Johnston, 1994) y de la idoneidad de contar con comunidades científicas en las que se produzca una adecuada combinación de grupos de investigación con distintos tamaños y estructuras. Los grupos de investigación son unidades organizativas de naturaleza funcional, pero con características estructurales dinámicas, frente a otras unidades como los departamentos y centros, que constituyen unidades estructurales de carácter más estático y raramente funcional y los equipos de investigación, que son básicamente coyunturales. Los grupos presentan evidentes ventajas para el desarrollo de la investigación, especialmente por la importancia de la complementariedad y de la masa crítica para determinadas funciones. Su reconocimiento como unidades organizativas funcionales valoriza los aspectos más positivos de los grupos. A la hora de la definición y reconocimiento institucional de los grupos de investigación, la consideración de parámetros como el tamaño y la estructura de los mismos puede inducir efectos no deseados, como la creación de grupos artificiales que responden a alianzas estratégicas en respuesta a acciones de política científica o programas de I+D. Su reconocimiento como unidades estructurales suele introducir un elemento de normatividad y rigidez administrativa que va en contra de la lógica asociativa que cohesiona un grupo y de una dinámica evolutiva natural, lo que marca unos importantes límites a la consideración de los grupos como unidades estructurales. El carácter dinámico y funcional de los grupos es también fundamental para soslayar las tendencias endogámicas y autocentradas que una consideración de los grupos como unidades organizativas estructurales pueden fomentar. Por el contrario, se debería fomentar la movilidad, el intercambio y la colaboración externa, como vía de integrarse en unos modos de producción del conocimiento donde la asociabilidad a través de diversos instrumentos y esquemas de cooperación, asegure la mejor integración de los investigadores en los actualmente multipolares e internacionalizados sistemas científico-técnicos. TABLA 1: CARACTERIZACIÓN DE LOS GRUPOS Y LOS EQUIPOS DE INVESTIGACIÓN CRITERIO GRUPO DE INVESTIGACIÓN EQUIPO DE INVESTIGACIÓN
En el presente artículo se trata la pobreza en relación con el tiempo y el género. En primer lugar, se describen los argumentos que acreditan la situación de pobreza de tiempo y se delimitan los conceptos que la diferencian de otros como el déficit de tiempo o la privación de tiempo. En segundo lugar, se analiza el impacto que las políticas de ajuste estructural están teniendo sobre la dedicación al trabajo no remunerado, por la menguante labor del Estado y por la caída de ingresos en las familias. En tercer lugar, se contempla la situación del mercado laboral en relación con la ampliación de los tiempos de trabajo, así como con la flexibilidad impuesta; se observa cómo los empleos atípicos producen privación de tiempo y restan autonomía sobre el tiempo propio. Por último, se recogen algunas aportaciones que tratan sobre la riqueza y/o la cualidad del tiempo, sus dimensiones y la necesaria articulación de los distintos tiempos sociales. PALABRAS CLAVE: pobreza de tiempo; déficit de tiempo; privación de tiempo; riqueza de tiempo; trabajo no remunerado; empleos atípicos; desigualdad de género. En este artículo se analiza el tiempo como factor determinante de la pobreza. El tiempo constituye un recurso que, junto con los ingresos, que habitualmente se contemplan en los indicadores de pobreza relativa, puede revelar situaciones de pobreza escondida tras déficits de tiempo o privaciones de tiempo. Una elevada dedicación a la producción doméstica condiciona otros tiempos de la vida cotidiana y origina déficits de tiempo. A su vez, el tiempo del empleo, con jornadas largas, o con jornadas irregulares demasiado reducidas, acorta el tiempo disponible y perjudica la capacidad de los individuos para procurar su bienestar. Tras el cambio de ciclo económico originado en 2007 y el impacto de la crisis sobre el trabajo, la realización de trabajo doméstico se ha visto afectada en dos direcciones. Por un lado, por la dejación del Estado en relación con asuntos y demandas de interés social, que comporta una derivación hacia el hogar de actividades que incrementan el tiempo de dedicación doméstica. Por otro lado, porque la caída de los ingresos y de poder adquisitivo de las familias reduce las opciones de compra de productos y servicios en el mercado, muchos de los cuales terminan siendo elaborados o producidos en el hogar. En suma, la disminución de la labor del Estado y la incapacidad de hacer frente a productos y servicios en el mercado incrementa el tiempo de trabajo de las mujeres y las familias. En este artículo se quiere mostrar cómo la situación de crisis está acrecentando el trabajo no remunerado y la desigualdad de género. La situación de incertidumbre derivada de la precariedad del empleo y de la flexibilidad de la relación laboral debilita la posición social de los sectores más afectados por ellas. La transformación de las pautas temporales estables del fordismo 1, que tiene lugar en los mercados laborales desde las últimas décadas del siglo XX, constituye una de las características más destacadas del orden social actual. La flexibilidad aplicada a la jornada de trabajo, si bien puede tener resultados positivos para los ocupados en contextos laborales estables, significa flexibilidad de los trabajadores cuando se aplica en condiciones de precariedad. Los trabajadores flexibles posindustriales han venido a sustituir a la figura del obrero industrial del mercado fordista. En este marco de relaciones laborales flexibles se reclama plena disponibilidad para el empleo, a la vez que crece el volumen de responsabilidades y tareas domésticas como resultado de las medidas aplicadas en la crisis. Las condiciones del empleo y su inseguri-dad originan que la demandada conciliación de vida laboral y personal-familiar se convierta en inoperante para buena parte de la población asalariada. Junto al déficit de tiempo, causado en principio por la dedicación doméstica, aparece una demanda temporal imprecisa que da lugar a privación de tiempo para colectivos periféricos de los mercados de trabajo. La flexibilidad de la jornada de trabajo y los desórdenes horarios ocasionan privación de tiempo, puesto que la plena disponibilidad para el empleo reduce la autonomía sobre el tiempo propio. En la primera parte de este artículo se lleva a cabo una aproximación teórica sobre la inclusión de la variable tiempo como recurso disponible que, junto con los ingresos, constituye un indicador cuantitativo de pobreza relativa. El tiempo disponible y los ingresos pueden dar lugar a cuatro situaciones posibles: pobreza de ingresos y pobreza de tiempo, pobreza de ingresos pero no de tiempo, pobreza de tiempo pero no de ingresos y ausencia de pobreza. En la segunda parte se analizan los efectos que están teniendo en España las políticas sociales sobre el desempeño del trabajo doméstico, con un incremento de la dedicación temporal al hogar por parte de las mujeres. En la tercera parte se examina cómo la flexibilidad del mercado laboral y la desregulación de los tiempos de trabajo pueden reducir la dedicación al empleo, pero a menudo generan privación de tiempo (y de ingresos); se contempla la polarización que presentan los mercados de trabajo, con largas jornadas, por un lado, y excesivamente reducidas, por otro. La última parte está dedicada a abrir nuevas perspectivas sobre la calidad del tiempo. Se contempla que, más allá del tiempo disponible, la riqueza de tiempo, o más bien la percepción sobre la calidad de vida en un entorno espacio-temporal satisfactorio, se expresa por los vínculos y conexiones con otros tiempos sociales, con los múltiples tiempos y actividades de otras personas e instituciones que coexisten en el entorno. Las políticas públicas competentes en materia laboral y en igualdad deben partir de la articulación de tiempos, ingresos y servicios para corregir las desigualdades que conducen a la pobreza y la exclusión social. APROXIMACIÓN TEÓRICA A LA MEDICIÓN DE LA POBREZA SEGÚN TIEMPO E INGRESOS El examen sobre la pobreza no se limita a observar las privaciones y carencias de ingresos que impiden cubrir las necesidades básicas, sino que atiende también a la escasez de medios disponibles para satisfacerlas, entre ellos las que activan las capacidades que tienen los indi-a382 viduos para elegir entre opciones alternativas y alcanzar un grado satisfactorio de calidad de vida (Sen, 2000; Sen, 2004). Algunos estudios recientes incluyen entre tales medios el tiempo disponible como recurso. Junto con los ingresos, el tiempo determina la pobreza de muchas familias e individuos. Ingresos y tiempo, considerados conjuntamente, aportan una nueva perspectiva que hay que considerar en los análisis sobre pobreza. Distintos autores, como Sen (2002, 30 abril), Arriagada (2005) y, en el ámbito de los países desarrollados, Blackden y Wodon (2006), han destacado la relación entre pobreza y tiempo, especialmente en el caso de las mujeres, asociada a la tradicional división del trabajo según el género que se produce en los hogares. Aunque las diferencias de participación en el trabajo no remunerado entre mujeres y hombres son más notables en sociedades menos desarrolladas, también se encuentran en las industrializadas y en las posindustriales, ya que en todas ellas las mujeres asumen mayoritariamente los trabajos domésticos. La carga global de trabajo, medida en tiempo dedicado a ambos trabajos (remunerado y no remunerado) es superior para ellas en comparación con los varones, con independencia de cuál sea la dedicación al empleo. Las consecuencias sociales derivadas de la desigual distribución del trabajo pueden ser evaluadas tanto en relación con el tiempo disponible, como con los ingresos, las oportunidades y las capacidades. El binomio de la pobreza relativa: carencia de ingresos y déficit de tiempo Convencionalmente la pobreza de las familias, y de los individuos, se ha venido valorando básicamente a partir de los ingresos disponibles. La medición de la pobreza relativa se basa en los ingresos como variable principal de cálculo (el umbral de pobreza se sitúa bajo la línea en la que los ingresos, de la unidad familiar o del individuo, no superan el 60% de la mediana). La necesidad de complementar los análisis de pobreza con otras variables, no estrictamente monetarias, ha sido un aspecto de interés para los expertos en esta materia. La inclusión del tiempo como recurso disponible para dar cuenta de la situación de pobreza de los hogares se encuentra en el trabajo pionero de Clair Vickery (1977). Los indicadores convencionales de pobreza presuponen que la situación de pobreza depende de los ingresos básicamente, y cuando esos ingresos caen por debajo de una línea establecida, o mediana, las familias se encuentran en situación de pobreza. Vickery considera que los hogares, para mantener un estándar básico de calidad de vida, precisan de unos ingresos mínimos, pero también de tiempo que, destinado a la producción doméstica, permita garantizar el bienestar de los miembros del hogar. La propuesta de Vickery consiste en añadir la variable tiempo como un factor esencial para determinar el umbral de pobreza, de manera que para valorar la calidad de vida de los hogares contaría tanto el input de los ingresos disponibles como el input de tiempo disponible. La relación se representa gráficamente en la figura 1. El binomio ingresos y tiempo en la generación de pobreza. Fuente: Basado en Vickery, 1977. a382 El eje de ordenadas representa los ingresos y el de abscisas el tiempo. Tm es el tiempo disponible con el que cuentan los hogares para destinar al trabajo, tanto a trabajo de mercado como a producción doméstica. Algunas características de los hogares, como el número de miembros, determinarían los parámetros de la curva DBAC. El umbral de pobreza de ingresos viene determinado por la línea IoC, por debajo de la cual se encuentran los hogares pobres por razón de ingresos; pero a su vez, la pobreza de tiempo vendría dada por la línea ToB, por debajo de la cual se encontrarían los hogares con pobreza de tiempo. De ello resulta que los hogares pobres de ingresos, de tiempo, o de ambos, quedarían bajo la curva DBAC. La forma de la curva vendrá dada por la capacidad de los hogares para sustituir dinero por tiempo; es decir, si los ingresos son altos pueden comprarse bienes y servicios en el mercado, o adquirirse con prestaciones públicas, para compensar la falta de tiempo. La autora pretende mostrar, por un lado, lo desacertado de contemplar únicamente la variable ingresos para estimar la pobreza de los hogares y, por otro lado, el papel que pueden tener las transferencias o prestaciones públicas para compensar los ingresos familiares de los hogares con pocos recursos. Los análisis de Vickery suponen un tratamiento novedoso en la consideración de la pobreza, al introducir un sistema comparativo y complementario entre el tiempo y la renta necesaria para superar el umbral de pobreza de los hogares. La autora analiza los hogares de EE.UU. en los años setenta a través de una estimación de los ingresos, de la participación de los trabajadores en el mercado de trabajo y de las horas dedicadas al mismo, así como de las necesidades de tiempo según el tipo de hogar. Sus resultados muestran que los más expuestos a la pobreza son los monoparentales compuestos por mujeres (madres) conviviendo con niños menores. De su estudio se concluye que el hecho de que los adultos dispongan de más tiempo no revierte en mejor calidad de vida si los ingresos no superan una línea crítica (IoC). Por el contrario, puede observarse pobreza de tiempo con ingresos elevados, aunque se disponga de dinero para sustituir la carencia de tiempo por bienes y servicios adquiridos en el mercado. Sin embargo, cuando a la carencia de tiempo se suma la de ingresos, la pobreza se multiplica. Tres décadas más tarde, el estudio de Vickery ha servido de inspiración a los canadienses Andrew Harvey y Arun Mukhopadhyay (2007), quienes lo consideran un punto de partida básico para avanzar en las relaciones entre tiempo, dinero y pobreza. Consideran el tiempo como un componente que debe acompañar a los ingresos porque, como dicen, "el dinero no sirve para comprarlo todo". A partir de las encuestas de uso del tiempo estudian las situaciones de carencia de tiempo -déficit de tiempo-en hogares compuestos de padres o de madres conviviendo con menores de 15 años. Su aportación se centra en estudiar el déficit de tiempo entre grupos de trabajadores que dedican largas jornadas a su ocupación laboral para ganarse la vida. En estos casos, cuando se carece de tiempo para dedicar a actividades domésticas se precisa de dinero para comprar bienes y servicios en el mercado si se quiere mantener el mismo nivel de consumo; lo relevante es que muchas familias con bajos ingresos carecen también de dinero suficiente para compensar su carencia de tiempo doméstico mediante la compra de bienes y servicios. A diferencia de Vickery estos autores llaman la atención sobre la escasa capacidad con la que cuenta la población trabajadora para decidir sobre el tiempo que desea dedicar al empleo, dada la situación de incertidumbre que presentan los mercados laborales, así como la baja participación de la población asalariada en las decisiones que conciernen a la gestión y organización de los tiempos del empleo. Para conocer cómo Harvey y Mukhopadhyay (2007, p. 60) entienden el déficit de tiempo es preciso partir de la clasificación de Aas (1982), para quien el tiempo es un recurso disponible y cuantificable, que puede ser distribuido entre cuatro categorías de actividades: a) el tiempo necesario para el cuidado de uno mismo; b) el tiempo obligado, impuesto por el empleo y la formación; c) el tiempo comprometido por las responsabilidades familiares y domésticas; y d) el tiempo libre, que es el resultado de restar las 24 horas del día del tiempo gastado en los tres grupos de actividades citadas (cuidados personales + empleo + hogar). De esta forma, considerando el tiempo diario disponible al que se le resta el tiempo necesario (de cuidados personales) más el tiempo comprometido (para el hogar), si una persona se emplea por más tiempo que el resultante de esta resta sería pobre de tiempo, es decir, presentaría déficit de tiempo. La aportación de Harvey y Mukhopadhyay incluye un cálculo del valor económico que supone el déficit de tiempo. Para ello, otorgan un valor a ese tiempo de acuerdo con el salario mínimo. Tras sus estimaciones se destaca que el déficit de tiempo se encuentra en mayor medida en los hogares monoparentales de personas empleadas con dos o más menores a cargo. Afirman que es también en estos hogares donde se encuentra la mayor incidencia de pobreza observada a382 en tiempo e ingresos conjuntamente. Señalan que para muchos de estos hogares es muy difícil escapar de la pobreza de tiempo, por lo que proponen que deberían verse compensados con una retribución equivalente al valor económico que supone su déficit de tiempo (Harvey y Mukhopadhyay, 2007, p. A partir de los trabajos de Vickery (1997) y de Harvey y Mukhopadhyay (2007), Antonopoulos y Memis (2010) han aplicado el estudio sobre déficit de tiempo a distintos países con diferente nivel de desarrollo. En su investigación llevada a cabo para el caso de Sudáfrica ponen de manifiesto que los indicadores que se utilizan para medir la pobreza de tiempo en los países desarrollados a menudo no son útiles para dar cuenta de lo que sucede en otros países menos industrializados que cuentan con diferentes modos de vida y contextos de trabajo distintos. En estos países buena parte de la actividad desempeñada diariamente es trabajo no remunerado, como acarrear agua, atender a las criaturas y otras variadas tareas para la subsistencia, las cuales no pueden ser sustituidas por servicios adquiridos en el mercado, ni son compensadas con prestaciones proporcionadas por el Estado. El desempeño del trabajo de subsistencia puede llegar a sustraer tiempo del necesario para dormir, lo cual no puede ser valorado en términos de déficit de tiempo sino más bien como privación o penuria de tiempo. Con frecuencia puede producirse excedente de tiempo a la vez que se padece penuria o privación de tiempo. Para estas autoras el concepto privación de tiempo se adapta mejor a las condiciones de vida y de trabajo de buena parte de la población de los países en vías de desarrollo, aunque, como recuerdan, puede también encontrarse en prácticas laborales de los países desarrollados; de hecho, se halla entre aquellos grupos de trabajadores que carecen de jornadas de trabajo regulares y deben estar disponibles para el empleo a cualquier hora del día. Con similar orientación, Antonopoulos, Masteron y Zacharias (2012) han llevado a cabo más recientemente su investigación sobre pobreza de tiempo en países latinoamericanos (Argentina, Chile y México) donde han aplicado un indicador que combina el nivel de ingresos y el tiempo necesario para la producción doméstica en distintos tipos de hogares. Sus resultados muestran que la pobreza se esconde en hogares donde hay al menos un ocupado cuyos ingresos son demasiado bajos para cubrir su déficit de tiempo doméstico mediante el acceso a servicios en el mercado. Al igual que en las investigaciones citadas anteriormente estos autores encuentran que la pobreza de tiempo es más frecuente en hogares monoparentales y, especialmente, en los encabezados por una madre con dos o más hijos. Tras sus resultados, los autores plantean la necesidad de que los programas de ayuda pública, para paliar la pobreza escondida causada por el déficit de tiempo, se extiendan a los grupos de población afectados también por pobreza de tiempo. a382 nitarios y sociales (en especial a la atención a las personas en situación de dependencia), por citar algunos de los campos más relacionados con la producción y la reproducción doméstica. El debilitamiento del estado de bienestar tiene como consecuencia una derivación al ámbito privado familiar de demandas que podrían ser atendidas por los poderes públicos. Esta práctica significa un refuerzo del modelo familiarista, en tanto que traslada la responsabilidad del cuidado a las mujeres (y a las familias) provocando un incremento del tiempo destinado a trabajo doméstico en tareas que (aunque solo fuera parcialmente) estaban siendo asumidas por los poderes públicos. Como ejemplo de ello se encuentra la disminución del presupuesto destinado a la educación que ha tenido como consecuencia la desaparición de algunos programas educativos, como el encargado de la educación infantil -Educa3-o la supresión de servicios complementarios, como los comedores escolares, cuyo vacío ha de llenarse con mayor dedicación temporal por parte de la familia (madres, padres, abuelos) a cuidados infantiles, atención de los escolares en casa y otras tareas domésticas. En el campo de la salud pública, la reducción de servicios y de personal sanitario, además de tener efectos negativos sobre el estado de salud de la población más vulnerable, revierte sobre los hábitos de provisión de cuidados en el hogar. En ese sentido, la reducción de los periodos de hospitalización en los centros públicos, así como la implantación de programas de atención médica domiciliaria se apoyan sobre la disponibilidad de algún miembro de la familia que pueda (y disponga de tiempo para) sustituir la atención especializada. Otro ámbito en el que el abandono de la labor social por parte del Estado repercute en el trabajo no remunerado de los hogares se encuentra en los servicios de atención a la dependencia. Los indicadores de cobertura de población atendida muestran una práctica paralización de este sistema, que ha sido nombrado como "cuarto pilar del estado de bienestar". A pesar del paulatino envejecimiento de la población española, en los últimos años se ha experimentado un descenso en el número de personas atendidas por el sistema público. Desde 2012 los requisitos de acceso son más restringidos, menos personas dependientes pueden optar al catálogo de servicios disponible y se constata un mayor retraso, un abandono entre quienes, habiendo sido valorados como dependientes, quedan sin ser atendidos (Barriga Martín, Brezmes Nieto, García Herrero y Ramírez Navarro, 2013). Estos cambios generan un ahorro para la administración pública, pero se consigue incrementando el gasto asumido por los usuarios. Al mismo tiempo se ha aplicado un recorte a las prestaciones económicas y sociales otorgadas a los cuidadores que se hacen cargo de familiares dependientes. La atención de las personas adultas dependientes requiere de una respuesta social y de un tratamiento con perspectiva integral; sin embargo, las medidas aprobadas recientemente van únicamente en la dirección de revertir el cuidado hacia la institución familiar. Los efectos de estas políticas impactan más negativamente en los hogares con menos recursos, los que cuentan con personas que requieren una demanda intensiva de cuidados y en las cuidadoras no profesionales. El debilitamiento del poder de los Estados a la hora de hacer frente a las necesidades sociales contrasta con el poder con el que se impone, desde el fundamentalismo del mercado, la gestión privada y la eliminación de servicios públicos (Stiglitz, 2012; Ruesga, 2012). Los gobiernos muestran una capacidad cada vez menor para responder a los retos sociales que la sociedad plantea. Lejos de promover la universalización de los servicios públicos, se tiende a aminorarlos o se promueve su privatización, lo que deja a gran parte de población sin recursos desasistida. Estas pautas de desestatalización conducen a que sean las familias quienes tengan que buscar soluciones privadas, de uno u otro signo (externalización, voluntariado, trabajo no remunerado, empleo informal, etc.) dependiendo sobre todo de su capacidad adquisitiva. El trabajo familiar no remunerado se incrementa cuando no se cuenta con servicios públicos ni es posible adquirir los servicios en el mercado. El incremento del trabajo doméstico termina provocando déficit de tiempo en los individuos y grupos sociales con mayor dedicación al mismo y pobreza de tiempo en aquellos con menores ingresos. El tiempo comprometido en la producción doméstica está estrechamente vinculado con el orden social de género. La división sexual y social del trabajo, que rige en la mayor parte de las sociedades, atribuye a las mujeres el trabajo reproductivo, de manera que son ellas quienes tienen más comprometido su tiempo con el desempeño de actividades domésticas no remuneradas. La proporción de mujeres que dedica tiempo a trabajos domésticos es más elevada que la de varones. En España un 91,9% de mujeres desempeña actividades relacionadas con el trabajo doméstico familiar frente al 74,7% de varones. El tiempo dedicado a estas ocupaciones también es mayor entre la población femenina: 4 horas y 29 minutos diarios frente a las 2 horas y 32 minutos que dedican los varones (Instituto Nacional de Estadística, 2010). Esta participación coloca a las mujeres en un punto a382 de partida desfavorable en relación con la dedicación al empleo y con la obtención de ingresos suficientes para compensar el déficit de tiempo. Si se observa la dedicación según la composición del hogar, los datos muestran que la presencia de menores o de mayores dependientes en el mismo provoca las situaciones que mayor cómputo de tiempo requieren. Así, cuando el hogar cuenta con miembros menores de diez años o cuando hay adultos dependientes, la dedicación de tiempo, para ambos géneros, supera las cuatro horas diarias, aunque las diferencias entre mujeres y hombres siguen siendo significativas. Empobrecimiento familiar y trabajo no remunerado Por otra parte, la caída de poder adquisitivo de los individuos y las familias, debida al descenso de los salarios y la disminución de los ingresos, está provocando una reducción del gasto en productos y servicios. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (2013) el gasto medio por hogar ha descendido significativamente en 2012, con relación al año anterior, en dos conceptos muy relacionados con la actividad doméstica: hoteles, cafés y restaurantes (-7,5%) y artículos de vestir y calzado (-10,2%), lo que significa que una parte de ese consumo ha dejado de realizarse y que otra parte se ha sustituido por producción doméstica familiar. En relación con las pautas de consumo de la población española un reciente informe muestra que se ha producido un descenso del gasto en alimentación (-1,3%) en relación con el año anterior, y una disminución de un 4,1% en el consumo alimentario extradoméstico (Alimentación en España, 2012). El descenso del consumo alimenticio no es uniforme, sino que presenta gran disparidad según el tipo de hogar: ha disminuido con relación a la media, en un 11,3%, en los hogares de renta baja y un 2,0% en los de renta media, mientras que se ha incrementado en un 12,0% en los de renta alta, lo que da cuenta de la distancia creciente entre clases sociales en el acceso a productos básicos. En relación con la composición de los hogares se observa que los monoparentales con criaturas pequeñas se encuentran entre los más perjudicados por el descenso del gasto en productos alimenticios. De hecho, son estos hogares compuestos por una persona adulta y uno o más niños dependientes los que presentan las mayores tasas de riesgo de pobreza en España y en Europa (Instituto Nacional de Estadística, 2012; Eurostat, 2013). Como resultado de la caída de los ingresos familiares los hábitos de compra de los hogares también se han modificado. Según el informe de Mercasa, Alimentación en España 2013, los consumidores españoles han incrementado el tiempo que dedicaban a compras de alimentos, rompiendo así la tendencia manifestada en los últimos años. El citado informe señala que los consumidores examinan más que hace cuatro años los productos y los precios, y seleccionan el establecimiento de compra de acuerdo con el ahorro que calculan. Como resultado, en el citado periodo, los consumidores han incrementado el tiempo de dedicación a las compras alimenticias prácticamente en un 10%. La recesión económica ha provocado una intensificación del trabajo y un incremento del trabajo doméstico y de cuidados (Benería, 2010(Benería,, p. El incremento del tiempo destinado a la producción doméstica es consecuencia tanto de la dejación del Estado en asuntos sociales como de la inaccesibilidad de las familias a los servicios que oferta el mercado, provocada por la caída de sus ingresos. Su impacto en los hogares no está siendo neutralizado por un mayor acceso y una mejor calidad de los servicios públicos, sino que depende de la posición socioeconómica de las familias y de las redes de solidaridad formal e informal. Por otra parte, la composición de los hogares tiene efectos en el grado de corresponsabilidad doméstica y el reparto del trabajo en el hogar; aunque queda aún por explorar cuál es la contribución de los varones a la producción doméstica en el contexto de la crisis, cuando la incertidumbre y la precariedad del empleo debilitan las normas de género que les asignaban (en exclusiva) el rol sustentador. A su vez, las condiciones del empleo y la organización de los tiempos laborales dificultan, aún más, la distribución equilibrada del trabajo entre los miembros del hogar. En relación con la estructura productiva, el aumento del trabajo no remunerado de los hogares está contribuyendo a descompensar la distribución económica del trabajo entre actividades domésticas y remuneradas, en perjuicio de las primeras. Esta circunstancia no solo tiene repercusiones entre los individuos más activos en trabajo doméstico, sino que tiene derivaciones de índole estructural, en la medida en que refleja un descenso del sector mercantil, que arrastra consigo una caída de la producción de bienes y servicios y, con ella, de la recaudación de las haciendas públicas. El desequilibrio de la carga de trabajo en favor del trabajo no mercantil aproxima a España a países menos desarrollados, donde la proporción de trabajo no remunerado (contabilizada en horas de trabajo) tiende a ser elevada, mientras que la aleja de a382 otros países europeos como Bélgica, Holanda, Francia y Alemania, además de los nórdicos, donde la diferencia de tiempo de dedicación a ambos tipos de trabajo es menor y también es más pequeño el volumen de la carga global de trabajo (OECD, 2011; World Development Report 2012). PRECARIEDAD DEL TRABAJO REMUNERADO Y PRI-VACIÓN DE TIEMPO Ya a mediados de los noventa el francés R. Castel manifestaba, con relación a la situación de entonces, que la crisis posiblemente había logrado acabar con una idea de progreso en la que existía la confianza de contar con los mecanismos necesarios para controlar el devenir de la sociedad. El derrumbe de la sociedad salarial significaba para él la pérdida de centralidad del trabajo (asalariado) y la degradación del asalariado. El orden social construido en el pasado se encuentra ahora alterado, de manera que los principios de protección social y solidaridad están siendo sustituidos por la lógica de la competitividad y la rentabilidad. En su Metamorfosis de la cuestión social destaca además que "toda la organización de la temporalidad social está afectada y todas las regulaciones que rigen la integración de los individuos en sus diferentes roles, tanto familiares como sociales, se han vuelto más flexibles" (Castel, 1997, p. 449); una afirmación que casi veinte años más tarde es ampliamente compartida, entre otros por Ladner (2009), quien afirma que la estructura temporal de la sociedad fordista se ha transformado dando paso a otra definida por un tiempo impredecible, fragmentado y cambiante. En este apartado se tratan los efectos de la flexibilidad sobre los tiempos de trabajo de la población ocupada que más frecuentemente escapa a la normalización horaria. Si bien existe una tendencia a la bifurcación en la dedicación laboral, tanto en países desarrollados como en desarrollo, la observación de la prolongación de los horarios laborales y de los ajustes de jornada se centra básicamente en el caso español. Flexibilidad y jornadas excesivas Al igual que en otros países europeos, en España las relaciones laborales experimentan actualmente un proceso de cambio en el que las condiciones de trabajo se ven deterioradas, especialmente entre los grupos de trabajadores de baja cualificación y bajos salarios, subempleados, que se ubican en las zonas de mayor inseguridad y riesgo del mercado de trabajo (Beck, 2002, p. Con las políticas de ajuste y las normas aprobadas en la crisis, algunos derechos laborales tradicionalmente asentados, como la negociación colectiva y la protección social pactada en los convenios, se han perdido para miles de personas ocupadas y con ellas la oportunidad de que los trabajadores participen en la organización de los tiempos en sus empresas. Cada vez más, las prácticas laborales presentan una disociación entre el tiempo acordado en el contrato y el efectuado, de manera que las horas pactadas en el contrato no se corresponden con las efectivamente realizadas (Moreno Colom, 2010, p. Con carácter general, la introducción de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la vida laboral ha permitido incrementar la productividad, pero también ha contribuido a incrementar el tiempo más allá del desempeñado en el centro de trabajo. La estandarización de las relaciones de empleo del fordismo significaba, entre otras cosas, que el trabajo (asalariado) se realizaba fuera de casa (en oposición al doméstico), pero tal frontera ha quedado difuminada tras los cambios temporales aplicados actualmente a la relación laboral (Prieto y Ramos, 1999; de Castro, 2007), con la aplicación de las TIC y, en concreto, con el teletrabajo. Con esta modalidad de flexibilidad del lugar de trabajo se lleva a cabo una penetración de la actividad laboral en la vida personal y familiar, una intromisión que no resulta gratuita para el entorno doméstico ni para los miembros que lo componen, puesto que invade los espacios y altera los tiempos de la cotidianeidad compartida (a la hora de cenar, de descansar, de dormir, etc.). La realización de prácticas laborales como el teletrabajo afecta al ámbito doméstico e incrementa el trabajo del hogar. S. Ladner ha observado la influencia que tienen las TIC en el trabajo y en la prolongación de la jornada, así como en la percepción que hombres y mujeres tienen acerca de esta situación. Para los varones, trabajar más horas de las habituales es entendido como una necesidad que finalmente revierte en beneficio de la familia, y así es compartido por sus parejas. Las mujeres, sin embargo, no lo conciben de la misma forma, no lo aceptan como un sacrificio necesario; ellas mismas, al igual que sus parejas, tienden a rechazarlo por las distorsiones que introduce en la vida familiar. La prolongación de la jornada, a la que se ve expuesta buena parte de la población empleada, repercute negativamente en quienes desempeñan habitualmente el trabajo doméstico, que lo asumen sin compensación alguna, contribuyendo indirectamente al desempeño laboral (Ladner, 2009, pp. 298-299). Por otra parte, las políticas de ajuste estructural, que han liberalizado y desregulado los mercados, para a382 facilitar el beneficio a corto plazo, se materializan en el mercado de trabajo en una flexibilidad contractual, que conduce a reducciones drásticas de efectivos, y en una flexibilidad salarial que ajusta los salarios a la baja (Ruesga, 2012, p. El resultado es un deterioro de la relación laboral que genera incertidumbre y riesgo a la población afectada, que busca oportunidades para mejorar su situación. Las estadísticas laborales muestran que, entre 2006 y 2012, la población ocupada que busca otro empleo por "inseguridad en su empleo actual" se ha incrementado en un 92,5% y que el número de ocupados que busca otro empleo para mejorar sus ingresos se ha incrementado en un 22,7% en ese mismo periodo (Instituto Nacional de Estadística, 2012). Muchos asalariados amplían el tiempo de trabajo con ocupaciones complementarias o prolongan la jornada por exigencias de la producción. Sin embargo, el hecho de trabajar muchas horas no supone una garantía de suficiencia de ingresos para estas personas, ya que los sueldos no les permiten, en muchos casos, superar el umbral de pobreza. Paradójicamente, el mercado laboral español ofrece jornadas laborales elevadas (en comparación con otros países del entorno europeo) junto con tasas muy altas de desempleo, lo que se traduce en una intensificación del empleo entre la población ocupada que trabaja muchas horas, frente a desocupación de otras muchas personas que no pueden dedicar jornada alguna, o dedican un tiempo escaso, al trabajo remunerado. En este contexto de prolongación de los tiempos de trabajo, coincidente en el tiempo con una creciente participación laboral femenina, se han ido poniendo en marcha desde la década de los noventa, diversas medidas de conciliación de la vida laboral y familiarpersonal, con el objeto de facilitar la compatibilidad entre el empleo (sobre todo femenino) y el desempeño de tareas domésticas y familiares. Los estudios sobre conciliación han puesto de relieve los desajustes y conflictos generados en torno al tiempo de trabajo y la desigualdad de género. Buena parte de las investigaciones realizadas sobre conciliación han destacado los efectos que las largas jornadas laborales tienen sobre el ejercicio de responsabilidades domésticas, en especial sobre la demanda de cuidados familiares, de menores y de adultos dependientes. Algunos informes europeos (Kotowska et al.;2010; Eurostat, 2012) han visibilizado los "conflictos de tiempo", derivados de una alta dedicación al empleo, y la tensión que perciben las personas ocupadas al considerar que dedican demasiado tiempo al trabajo, laboral y familiar, frente al escaso tiempo que destinan a las relaciones sociales y las aficiones. Una mirada crítica a las políticas de conciliación, tal y como se han planteado en España, la aportan Borrás, Torns y Moreno ( 2007) quienes destacan que no se trata únicamente de procurar el equilibrio entre tiempos dentro y fuera del empleo, sino de atender los conflictos de la propia relación laboral derivados de una ordenación unilateral de los tiempos de trabajo, no consensuada ni pactada. Estos autores consideran que las políticas de conciliación no serán efectivas si no adoptan medidas que combinen el objetivo de igualdad de oportunidades con medidas de índole laboral sobre el tiempo de trabajo. Su posición acerca de la orientación de estas políticas toma forma en una propuesta que articula tres niveles de actuación: individual, social y laboral. Individual, en tanto que las medidas han de responder a necesidades reales que los sujetos experimentan en su vida cotidiana; social, porque se trata de un problema de organización social, institucional, y no solo de tiempos, ni concerniente únicamente a las mujeres; y laboral, porque tales medidas deben implementarse en conjunción con una ordenación razonada y negociada de los tiempos de trabajo. Las políticas laborales implantadas en los últimos años añaden más riesgo e incertidumbre a las relaciones de empleo, al vínculo laboral y a las condiciones de trabajo. En este contexto laboral la puesta en práctica de medidas de conciliación se convierte casi en un privilegio al que solo algunos grupos de trabajadores pueden acceder. La percepción de riesgos, como la posible pérdida del empleo, disuade a la población trabajadora de ejercitar derechos laborales, como por ejemplo el disfrute de permisos laborales para cuidar a familiares, menores o mayores dependientes. Así se puede observar en la evolución de las excedencias tomadas para cuidados de criaturas y familiares adultos, cuya cifra registra un descenso de un 14,5% en solo dos años, entre 2010 y 2012 (Ministerio de Empleo y Seguridad Social, 2012). Jornadas reducidas en empleos atípicos: privación de tiempo La reorganización de los mercados laborales globales ha generado una polarización en los empleos (Stiglitz, 2012, p. Junto a ocupaciones de alto nivel profesional crece también un abanico de empleos precarios con jornadas y salarios reducidos (trabajos auxiliares y domésticos, entre otros). Las nuevas normas laborales, más que regular y asegurar las condiciones de la relación laboral abren la puerta a lo impredecible, especialmente en relación con el tiempo de trabajo; las prácticas en este sen-a382 tido se dirigen a una reducción de las jornadas, con preferencia por el trabajo a tiempo parcial, jornadas fragmentadas, por días o por horas, en horarios discontinuos, etc., que pueden ser sometidas a cambios con facilidad. En Alemania estos empleos atípicos se conocen como minijobs y en Reino Unido toman la forma de Zero-hours contracts. Esta modalidad crece significativamente en los últimos años, en este último país, en sectores como hostelería y restauración, educación y servicios sociales (Pyper y McGuinness, 2013). Las características principales de estos empleos son su jornada flexible y reducida que, sin embargo, va unida a la plena disponibilidad temporal según las necesidades productivas, su irregularidad horaria y su bajo salario, en consonancia con el tiempo realmente trabajado (lo que implica que la remuneración no alcance, en muchos casos, el salario mínimo). Como en otros trabajos de baja cualificación en estos empleos atípicos, de reducida jornada o minijobs, el tiempo presencial (oncall, "de guardia") no se tiene en cuenta, siendo de libre disposición para la empresa y un tiempo del que la persona contratada no puede disponer. El desempeño de estos empleos de baja intensidad temporal no se percibe como una mejora, o una ventaja comparativa con respecto a otros de jornadas más largas, sino que se valora como un "tiempo libre involuntario" (Araújo, Duque y Franch, 2013) que empobrece la calidad de vida. En estos casos el tiempo reducido del empleo se inserta en el desorden temporal, la intermitencia, el carácter esporádico y la discrecionalidad que sufren quienes los desempeñan, sometidos a privación de (su) tiempo, tal y como apuntaban Antonopoulos y Memis (2010). Las estadísticas sobre condiciones de vida muestran la relación contradictoria existente entre tiempo de trabajo, duración de la jornada y riesgo de pobreza. Si se compara el tiempo dedicado al trabajo con la exposición al riesgo de pobreza entre las personas ocupadas a tiempo completo y a tiempo parcial, se comprueba que, con carácter general, en todos los países europeos, la población que trabaja a tiempo parcial tiene mayor índice de pobreza que la que trabaja a tiempo completo. Entre la población española en riesgo de pobreza según la jornada trabajada se constata que, en el año 2012, un 10,9% de las personas ocupadas a tiempo completo eran pobres, mientras que la pobreza alcanzaba a un 18,8% de las que trabajaban a tiempo parcial. La reducción de la jornada laboral, no voluntaria, se interpreta como "subempleo relacionado con el tiempo" y se vincula a una mayor probabilidad de caer en la pobreza (Lee, McCann y Messenger, 2008, p. El indicador AROPE, que recoge el riesgo de pobreza y exclusión social entre la población de la Unión Europea, pone de relieve que, además de la pobreza de ingresos y de otras carencias materiales, la minimización de la jornada laboral también conduce a situaciones de penuria. Este indicador señala que se encuentran en riesgo de pobreza las personas de un hogar en el que sus miembros en edad laboral se emplean por menos del 20% del total de su potencial tiempo de trabajo (Instituto Nacional de Estadística, 2012). De acuerdo con dicho indicador, el porcentaje de personas, de entre 0 y 59 años, que viven en España en hogares con baja intensidad de empleo fue de un 14,2% en 2012, una cifra solo superada por Croacia, el país que más recientemente se ha incorporado a la Unión Europea. La temporalidad del empleo va unida a la precariedad en el caso del mercado laboral español; ambas configuran actualmente la norma social de empleo (Miguélez y Prieto, 2008). Autoras como Carrasquer y Torns (2007) y Torns (2011) han mostrado su particular incidencia en relación con el empleo femenino. Desde esta perspectiva, se plantea que las políticas de conciliación, en tanto que no atienden a este contexto, estarán llamadas a ser residuales, porque solo responden a las aspiraciones de una porción reducida del universo ocupacional. Los sectores de mayor ocupación femenina, entre los que se encuentran la sanidad, el comercio, el empleo doméstico, la limpieza, los cuidados a las personas y la restauración, se encuentran entre los más sometidos a condiciones de flexibilidad en relación con las jornadas y los horarios, por un lado, y con la estabilidad de los puestos de trabajo, por otro. Buena parte de los empleos de estos sectores son a tiempo parcial, sumergidos (como el servicio doméstico), se realizan mediante jornadas fragmentadas (como el sector de cuidados a las personas, la limpieza, la hostelería y el comercio) o a turnos (como una proporción importante del sector sanitario). La participación femenina en estos sectores agrupa prácticamente a la mitad de las mujeres ocupadas en España. Son las más proclives a sufrir pobreza de tiempo y de ingresos. DISPONIBILIDAD DE TIEMPO Y CUALIDAD DEL TIEMPO VIVIDO Hasta ahora se ha analizado la pobreza de tiempo y se ha mostrado cómo las políticas públicas, sociales y laborales tienen una fuerte influencia en la disponibilidad de tiempo de las personas, sobre todo en re-a382 lación con el trabajo doméstico y las condiciones del empleo. La distribución del tiempo viene determinada por la vida familiar y por las jornadas y los horarios laborales, por lo que las actuaciones para mejorar las carencias de tiempo y de ingresos deberían ir orientadas en ambas direcciones; es decir, tanto atendiendo a la corresponsabilidad doméstica como a la organización de los tiempos y las condiciones de trabajo, pero también, en relación con ambas esferas, hacia la extensión y la mejora de los servicios públicos. Si bien la interrelación entre ingresos y tiempo resulta pertinente para profundizar en las dimensiones de la pobreza, cabría establecer igualmente, en el polo opuesto, una conexión entre riqueza material y riqueza de tiempo. Como Reisch (2001) ha señalado, entre ciertos profesionales con alto nivel de ingresos, disponer de tiempo libre puede constituir una aspiración más importante que mejorar el nivel salarial o la capacidad de adquirir bienes materiales. Reducir el tiempo comprometido en tareas domésticas y el tiempo obligado del empleo es una aspiración realizable para quienes pueden elegir, bien optando por la adquisición de bienes y servicios en el mercado o bien reduciendo su jornada laboral (y sus ingresos) para ganar tiempo. Las políticas de conciliación se han principalmente en este último grupo poblacional, es decir, han considerado como ordinaria la situación de profesionales y personas ocupadas con empleos de calidad, cuya situación laboral les ofrece la posibilidad de elegir entre tiempo e ingresos sin poner en riesgo su estabilidad laboral. Sin embargo, han ignorado la realidad de los mercados laborales que imponen flexibilidad y temporalidad, al tiempo que impiden a los grupos de personas ocupadas más vulnerables elegir jornadas u horarios en función de necesidades personales y familiares. Pero, como señalaba Hochschild (1997), el espacio laboral difícilmente ofrece la posibilidad de elegir cómo disponer del tiempo; por lo cual resulta fundamental desplegar políticas públicas que tengan en cuenta el contexto de los mercados laborales, especialmente la situación de las mujeres ocupadas, si, como se afirma, existe interés en mantener y fomentar la participación laboral femenina (y masculina). Desde distintas posiciones se ha insistido en la necesidad de desarrollar políticas sociales que atiendan la presión generada por el cuidado familiar, en especial entre las madres, particularmente cuando el mercado laboral presenta un horizonte de inseguridad (Wheelock, 2001, pp. 179-180); porque el trabajo doméstico y las tareas de cuidado constituyen el prin-cipal factor que limita el desempeño de otras actividades fuera del hogar, entre ellas, el empleo (Razavi, 2007, pp. 7-8). En esta línea argumental se sitúa la propuesta de J. Lewis (2006, p. 53), que parte de los avances que en este terreno han supuesto las políticas de conciliación implantadas en los países nórdicos que, si bien han logrado mejoras considerables en la igualdad de género, no han conseguido equiparar la distribución del trabajo entre hombres y mujeres. Lewis plantea que las políticas que promueven la extensión de los servicios públicos no son suficientes, por lo que es preciso que se combinen también con la distribución de los recursos (ingresos) y la distribución del tiempo entre mujeres y hombres. En su opinión, tales políticas deben contemplar: a) la asignación de tiempos por género, tanto en el empleo como en el trabajo de cuidados; b) la asignación de recursos económicos que permita a sus destinatarios adquirir cuidados y recibir formación; y c) la provisión de servicios para atender a menores y mayores demandantes de cuidados. Esta fórmula requiere ser desplegada tanto en el ámbito del hogar como en el espacio público y ello demanda un cambio en la organización presencial y extensiva de los tiempos de trabajo. Como puede verse, esta propuesta encierra un planteamiento integral que busca mover los pilares que sostienen la división del trabajo por género. Los parámetros temporales que corresponden con esta orientación de las políticas descritas se dirigen a un horizonte que contempla, más que la cantidad, la cualidad del tiempo; una meta difícil de lograr si no es mediante una acción colectiva que consiga modificar las pautas del tiempo ordinario (Hochschild, 1997), comprometido y obligado. 377) ahonda en esta dimensión a través del concepto de 'riqueza de tiempo' (wealth in time), que encierra la idea de recuperar un tiempo de calidad construido desde múltiples dimensiones. 246) han recuperado este enfoque que han definido como un tiempo cualitativo, que va más allá de la posibilidad de disponer de abundante tiempo, en tanto que procura conjugar armónicamente los tiempos sociales, en el nivel individual, laboral y societal. Para L. A. Reisch (2001) ese tiempo de calidad debería cumplir con las siguientes condiciones: a) una dimensión cronométrica: disponibilidad de tiempo para llevar a cabo las distintas actividades de la vida cotidiana de manera satisfactoria; b) una dimensión cronológica: distribución del tiempo según una su-a382 cesión acorde con los ritmos naturales, personales y sociales; c) autonomía o soberanía sobre el tiempo, con referencia especial a los tiempos del empleo; d) sincronización de los ritmos propios con los de los demás, familia, amigos, instituciones y servicios de la sociedad; y e) articulación de las plurales dimensiones temporales y espaciales que intervienen y condicionan nuestra propia vida, una idea desarrollada por Adam (2004) mediante la noción de timescape. La observación de estas dimensiones del tiempo y su necesaria articulación colocan el factor temporal como eje fundamental para mejorar las capacidades individuales necesarias para conseguir mejorar la calidad de vida y el bienestar social. Sin embargo, como se ha visto en páginas anteriores, las características actuales del mercado laboral (español) hacen improbable el cumplimiento de la dimensión cronométrica, incluso en casos de estabilidad laboral, pero con difícil acceso a medidas de conciliación. Por el lado de los trabajadores precarios, en empleos atípicos y con privación de tiempo, tanto la propiedad cronológica, como la sincronización, así como la facultad de autonomía sobre el tiempo quedan frenadas por las pautas de realización del trabajo, la incertidumbre y los riesgos sociales derivados del mercado laboral. Las consecuencias del actual marco normativo y de relaciones laborales ponen de manifiesto la necesidad de reconducir y de actuar, de manera articulada, en el ámbito del hogar, de las empresas y de las políticas públicas. ALGUNAS NOTAS PARA CONTINUAR INVESTIGANDO Y DEBATIENDO La pobreza de tiempo se expresa a partir de una elevada dedicación a actividades domésticas, lo que condiciona otras ocupaciones de la vida diaria. La producción doméstica absorbe un tiempo que queda comprometido por la realización de distintas actividades básicas para la alimentación y el cuidado de los miembros de la familia. El tiempo destinado al trabajo doméstico compromete otras actividades sociales como la disponibilidad para el trabajo remunerado, la formación y el tiempo libre, entre otros. Cuando la dedicación al trabajo doméstico es alta y el empleo ocupa todo el tiempo restante se produce déficit de tiempo. La disponibilidad de ingresos altos posibilita compensar la carencia de tiempo para la producción doméstica con servicios comprados en el mercado. En los casos en los que los ingresos no permiten la adquisición de productos y servicios, la escasez de tiempo se suma a la pobreza de ingresos. Es en estos casos cuando se ve necesario promover la responsabilidad del Estado, como agente redistribuidor, capaz de compensar las situaciones de desigualdad y pobreza. Los análisis de pobreza en relación con el tiempo disponible parten de la consideración de la producción doméstica, y del tiempo comprometido en ella, como el eje sobre el que se pliegan otros tiempos sociales, lo que de alguna manera supone un giro en relación con los análisis temporales que se basan en las encuestas de uso del tiempo, donde la clasificación de actividades y los resultados que se obtienen se jerarquizan tomando como base el tiempo obligado del empleo. El empleo ha sido tradicionalmente un factor de integración social; sin embargo, esta característica está cambiando, dado el carácter precario que acompaña a buena parte de las ocupaciones actuales. Cuando se produce baja intensidad de empleo, las personas y los miembros del hogar con quienes conviven pueden verse abocados a la pobreza. El alargamiento de las jornadas puede provocar déficit temporal porque los trabajadores no disponen de tiempo para el descanso y el ocio, pero el encogimiento de las mismas, hasta extremos de subempleo, no permite obtener ingresos suficientes para vivir dignamente. Además, la flexibilidad contractual, la excesiva flexibilidad de la jornada, la fragmentación horaria y la plena disponibilidad generan privación de tiempo, impiden tener soberanía sobre el tiempo propio y para organizarlo en función de expectativas personales y de relaciones sociales. El diseño y la aplicación de políticas públicas que relacionen los tiempos de trabajo con el principio de igualdad se perfila como la única garantía que puede contrarrestar la pobreza de ingresos y de tiempo que afecta a los grupos de población socialmente vulnerables. Así, la corresponsabilidad doméstica, la organización pactada de los tiempos de trabajo y la accesibilidad a servicios sociales serían los pilares necesarios para poder articular los tiempos sociales. De manera resumida, tiempo, dinero y servicios son los elementos que pueden facilitar la mejora de la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos de la población. A partir de lo recogido en este texto se abren algunas líneas de investigación que invitan a continuar estudiando. Por una parte, parece relevante avanzar en análisis empíricos que pongan de manifiesto la relación existente entre tiempo e ingresos, desde una perspectiva comparativa entre distintos estratos sociales, así como entre distintos países. Por otra parte, resulta necesario obtener datos que permitan diferenciar entre la situación de las familias, según su composición y también según la situación de los miembros a382 de las mismas, en especial, comprobar cómo afecta la pobreza a las personas que las componen. Por último, las investigaciones sobre pobreza y riqueza de tiempo sugieren nuevos enfoques para avanzar la articulación empírica de las cinco dimensiones temporales que señala Reisch (dimensión cronométrica, dimensión cronológica, autonomía y soberanía sobre el tiempo, sincronización y articulación), en distintos contextos locales y en distintos países. Sistema de organización del trabajo basado en la división de tareas y la maximización del tiempo. H. Ford extendió este modelo laboral en los talleres de fabricación de automóviles mediante el trabajo en cadena.
El debate en España sobre la viabilidad del Estado de Bienestar tiene entre sus principales ingredientes a las recurrentes predicciones catastrofistas sobre las pensiones públicas. En este artículo se analiza una serie de vaticinios formulados a mediados de los años'90. El cumplimiento de los plazos previstos en sus pronósticos permite cotejar retrospectivamente su grado de cumplimiento y la dimensión real del riesgo imputado a esa forma de seguro colectivo con la evolución histórica de las cuentas del sistema de pensiones. El análisis de su metodología, sus objetivos, sus recomendaciones y los intereses de sus patrocinadores ilumina su contribución a la percepción del riesgo de colapso de la Seguridad Social, sus posibles efectos reflexivos, así como la incidencia de las predicciones en la definición de los riesgos sociales. CONSIDERACIONES PREVIAS: RIESGO Y PREDICCIÓN A principios de los años'90, un nuevo riesgo social saltó a la palestra: el de la crisis de las pensiones públicas. Lo avalaba una serie de predicciones sobre el impacto del envejecimiento de la población elaboradas por el Banco Mundial (Palacios, 1994) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) (Van den Noord y Herd, 1993; Van den Noord y Herd, 1994). Enfrentadas a este "problema", todas coincidían en el pronóstico -el aumento de las clases pasivas gravará de modo insostenible el estado de bienestar y la economía-y en la prescripción -restricciones en la sanidad pública, aumento de la edad de retiro, disminución de la cuantía y cobertura de la jubilación estatal e impulso de las pensiones privadas. La irrupción de dicho riesgo había sido abonada por la corriente neomalthusiana que desde los años'80 venía pregonando las consecuencias catastróficas del envejecimiento (Preston, 1984; Callahan, 1987). Su conexión con la política social resultaba funcional al cuestionamiento del estado providente, en la medida en que, para el neoliberalismo, "los seguros sociales de todo tipo, y demás dispositivos que han eliminado el acicate propinado por la necesidad de velar por uno mismo en una competencia abierta, deben ser desmantelados y reemplazados por acuerdos privados" (O'Mailly, 1996, p. A la socialización de los riesgos que afrontaban los trabajadores (Ewald, 1986), aquella doctrina opone la confianza plena en la mano invisible del mercado (Kennedy, 2009) al tiempo que en el plano individual prescribe "una subjetividad afín con las racionalidades políticas neoliberales, así como con las nuevas tecnologías del riesgo" (Sepúlveda Galeas, 2011, p. Se reafirma así el principio de responsabilidad con el propósito de convertir al individuo en gestor de sus riesgos. Libre de la tutela estatal, el sujeto prudente, responsable y racional se ve obligado a la toma de decisiones que le garanticen seguridad mediante el concurso de expertos cuyos servicios contratará si quiere evitar el desamparo en el que amenaza dejarlo un estado de bienestar abocado a la ruina. Para empoderarlo se implementan "dispositivos pedagógicos a través de los cuales se dotará a los individuos de un equipamiento semiótico-material para que estos puedan gestionar de forma eficaz los riesgos. La pedagogía del riesgo se lleva a cabo mediante un package formativo que interviene a nivel cognitivo, conductual y actitudinal a través de la entrega de información basada en evidencias científicas disponibles" (Sepúlveda Galeas, 2011, pp. 120-121). Entre estas se incluyen las predicciones sobre pensiones, las cuales, con la fuerza de las cifras demográficas y una mezcla de pesimismo respecto al futuro de las finanzas públicas y de optimismo sobre la sagacidad inversora del individuo, buscan enseñarle a gestionar las incertidumbres ligadas a la vejez. En la práctica ha ocurrido que, a despecho de la "democratización de los riesgos" postulada por Beck (1998, p. 46 y ss.), los riesgos se han ido distribuyendo de forma cada vez más regresiva, con el resultado de que las clases populares se tornan más vulnerables al albur económico mientras las élites viven protegidas por su riqueza y sus seguros privados. Que el riesgo de quiebra de las pensiones hiciera cundir la alarma pese a que ningún país miembro de la OCDE había dejado hasta ese momento de pagar sus jubilaciones dio pie a que se tachara a las predicciones de "demografía apocalíptica" por pivotar "en la visión de que un número creciente de personas mayores llevará la sociedad a la quiebra, debido a sus incesantes demandas al sistema de salud y a las pensiones públicas" (Gee y Gutman, 2000, p. Se les acusó asimismo de propagar la "retórica de la bancarrota" (Jerit y Barabas, 2006) con designios persuasivos: "en Gran Bretaña y en toda Europa la pensión estatal es una institución popular extremadamente popular. Suprimirla o reducirla suscita una oposición masiva. Solo desmoralizando a la población con la creencia en su insostenibilidad demográfica se abre espacio a la creación de un mercado masivo de pensiones" (Vincent, 2003, p. Robert Castel denunció el uso de la "ideología generalizada e indiferenciada del riesgo" como ariete contra la protección estatal, y en particular la inflación de los riesgos, práctica que "abre un mercado prácticamente infinito al comercio de los seguros" (Castel, 2004, p. La polémica quedó planteada. Unos sostenían que la posibilidad de una insolvencia de la Seguridad Social era una realidad creada por la mayor esperanza de vida y el creciente número de titulados a recibir pensiones; otros arguían que era un debate artificioso generado para desmantelar las redes de protección social. Dado que la discusión giraba en torno a predicciones que no habían pasado la prueba de los hechos, resultaba difícil dirimir quién llevaba razón. En última instancia, la dificultad trascendía la controversia, pues radicaba en la dimensión virtual del riesgo, al que Niklas Luhmann (2006) define como la posibilidad de sufrir daños debido a decisiones tomadas en el presente (p. 62), la Royal Society (1992) como "la posibilidad, en términos cuantitativos, de la ocurrencia de un peligro determinado" (p. 4), y Anthony Giddens como "peligros que son activamente valorados en relación a posibilidades futuras" (BBC Reith Lectures 1999). La cualidad hipotética, virtual e inmaterial del riesgo arroja un reto formidable a las estrategias encaminadas a delimitarlo, tasarlo y evaluarlo, pues es de su medición y de la comprensión rigurosa de las cadenas de consecuencias y reacciones de donde se derivará el nivel de gravedad expresado en términos de consecuencias probables (Lupton, 1999). Mas ocurre que los riesgos versan sobre daños futuros, y es sabido desde Aristóteles (Candel Sanmartín, 1988, p. 52 y ss.) que de los enunciados sobre el porvenir no se puede predicar la verdad ni la falsedad. Y a despecho de la indecibilidad que afecta a los asertos sobre riesgos, los analistas objetivistas no dejan de atribuir a sus predicciones y cálculos probabilísticos el estatuto de hechos ineluctables y verdades científicas (Bradbury, 1989). De lo expuesto se deduce el rol capital en la definición del riesgo social de las predicciones demográficas y económicas. Las primeras consisten en "una proyección basada en hipótesis muy probables sobre el comportamiento futuro de los fenómenos demográficos" (Diccionario demográfico multilingüe, s. v. Predicción demográfica) y en la premisa de que las variables de mortalidad, fertilidad y migraciones se mantendrán constantes a lo largo de un periodo. Asumir que el futuro será igual al pasado reciente no reduce su grado de acierto en el corto plazo -las probabilidades de evolución continua de una tendencia son mayores que las de su ruptura brusca-pero sí lo debilita en el mediano y largo plazo -por excluir mutaciones históricas, contingencias y estructuras emergentes, entre otras eventualidades-. De tal guisa actúa la falacia malthusiana al "asumir que un único cambio demográfico causará estragos en la sociedad basándose solamente en dicho cambio y sin tener en cuenta otros cambios que podrían darse" (Markert, 2005, p. Todas esas características se tornan mucho más acusadas en la predicción económica, pues esta, en razón de la complejidad del sistema económico, maneja un número elevado de variables, lo que conspira contra su eficacia. Otro tanto ocurre con su dependencia de las series históricas, ya que "extrapolar promedios pasados al futuro es un ejercicio arriesgado. Toda variable económica tiene puntos de inflexión y el elemento más importante de una predicción a largo plazo es determinar cuándo se producirán las inflexiones" (Zubiri Oria, 2003, p. Por esa razón, "quienes pronostican valiéndose de modelos informáticos no se desempeñan mejor que quienes se basan solo en su juicio subjetivo, y quienes utilizan vastos modelos con más de mil ecuaciones no lo hacen mejor que quienes aplican modelos simples con pocas ecuaciones" (Sherden, 1998, p. Las limitaciones intrínsecas de la predicción, sumadas a su incapacidad para captar la complejidad de los riesgos no mensurables (Wynne, 1992, p. 296), no le han impedido satisfacer la demanda de escenarios futuros generada por la planificación, la contabilidad nacional y los procesos decisorios. Los vaticinios demográficos y económicos, al proporcionar elementos que justifican decisiones racionales en condiciones de incertidumbre en base a la confianza que inspira la descripción objetiva de variables operativas en el presente y la racionalidad de su procedimiento, son de uso corriente en el diseño y el debate sobre políticas económicas, educativas y sociales. Para la sociología la relevancia de las predicciones no pasa tanto por lo adecuado de su metodología como por su potencia creadora de hechos sociales. Aparte de reducir la apertura del mañana a unas pocas opciones probables y manejables (Luhmann, 1992, p. 172 y ss.), pueden influir en el devenir de lo vaticinado. A esta facultad se referían las profecías sociales teorizadas por Merton (1948): descripciones de estados futuros que, al tornarse conocimiento social, propician su advenimiento (profecías auto-cumplidas) o los abortan (profecías suicidas). Para que una predicción surta tales efectos debe cobrar carácter público, pues difícilmente un pronóstico secreto desencadenará reacciones colectivas dirigidas a alcanzar o frustrar el escenario anunciado. La importancia de esa propiedad de cara al riesgo se hace patente toda vez que "los debates sobre definiciones de riesgo y sus consecuencias para la sociedad tienen lugar esencialmente al nivel de los discursos públicos o parcialmente públicos" (Lau, citado en Beck, 1996, p. Al difundirse, las predicciones pueden modular las percepciones incitando o inhibiendo acciones en los individuos concernidos. Reflexividad predictiva y riesgo guardan una relación dialéctica: la predicción que enfatiza la gravedad de un riesgo puede desatar reacciones que prueben a posteriori que tenía fundamento o, al contrario, su irrelevancia. Quienes las formulan suelen conocer su valor como acicate de la reflexividad social, y en ocasiones las diseñan en función de las reacciones que buscan conseguir con ellas 1. Resulta entonces pertinente preguntarse si los autores de los pronósticos sobre pensiones tuvieron en cuenta sus efectos reflexivos con miras a la consecución de sus fines; vale decir, si exageraron el riesgo financiero para sacar adelante su agenda política. Lo expuesto amerita el interés de las predicciones sobre pensiones elaboradas en España en la estela del Banco Mundial y la OCDE. Por añadidura, su difusión a383 en un contexto de superávits del sistema contributivo (Iglesias Fernández, 2010, p. 52) y de debate sobre las pensiones y el estado de bienestar (Zubiri Oria, 2003; Martínez Noval y Sáenz de Jubera Álvarez, 2009; Esteve Mora y Muñoz de Bustillo Llorente, 2004), la posibilidad de cotejar sus previsiones para los años 2000, 2005 y 2010 con la evolución real de la caja de las pensiones, y la posible influencia en el sistema previsional de sus prescripciones para atajar la crisis acrecientan su atractivo de cara al análisis. Determinar el grado de acierto de las predicciones, su contribución a la percepción del riesgo de colapso de la Seguridad Social y sus eventuales efectos reflexivos nos permitirán retomar con nuevos elementos la polémica generada en los años'90 acerca de la viabilidad del sistema público y valorar si se había sobredimensionado el riesgo y, en tal caso, buscar la explicación del fallo predictivo. Confiamos en enriquecer así la comprensión del poder persuasivo de la predicción y de los procesos de definición de riesgos sociales en una coyuntura de desvalorización de las pensiones públicas, justificada en razón de la vaticinada incapacidad del fisco para sostenerlas. Este trabajo pretende discernir la aportación de las predicciones difundidas en España a mediados de los años'90 a la percepción del riesgo de insolvencia de las pensiones públicas; y explorar las reacciones que hayan suscitado en sus destinatarios -autoridades y cotizantes de la Seguridad Social-y su impacto en el cumplimiento o incumplimiento de lo pronosticado. Se parte de la hipótesis de que dichas predicciones, en línea con las precedentes del Banco Mundial y la OCDE, compartían una visión pesimista sobre el futuro del sistema de reparto junto con propuestas de reducción de la protección social y de promoción de las jubilaciones privadas. El corpus de análisis lo integran cinco informes sobre el futuro de las pensiones españolas publicados entre 1995 y 1996, los primeros de su tipo en España: La reforma del sistema público de pensiones en España (Herce y Pérez Díaz, 1995); La Seguridad Social en el umbral del siglo XXI (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1996); El futuro de las pensiones en España: hacia un sistema mixto (Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce, 1996); Una propuesta de reformas del sistema de pensiones en España (Piñera y Weinstein, 1996); Pensiones y prestaciones de desempleo (Barea y González Páramo, 1996). Estudiaremos cada informe por separado, identificando su adscripción institucional, sus premisas, su objetivo manifiesto, su método y sus propuestas; y verificaremos su acierto predictivo con respecto a la trayectoria de la Tesorería de la Seguridad Social en los años posteriores. Por último, evaluaremos el seguimiento de sus recomendaciones por parte de las autoridades en lo tocante a la normativa del sistema de reparto y por parte de los afiliados a la Seguridad Social en cuanto a la suscripción de planes de pensiones. ANÁLISIS: PERFIL DE LOS INFORMES Y SUS PREDICCIONES La reforma del sistema público de pensiones en España (1995) Autores y adscripción institucional: un equipo de economistas dirigido por José Antonio Herce y Víctor Pérez Díaz, financiados por el Servicio de Estudios de La Caixa. El primero es un economista vinculado a la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) -centro de estudios de ideario liberal sostenido por bancos y cajas de ahorro españolas-; el segundo, un sociólogo que repetidas veces ha defendido la previsión individual (Pérez Díaz, 2000). Objetivo: "mejorar la calidad de ese debate sobre el futuro de las pensiones" (Herce y Pérez Díaz, 1995, p. 9) con una finalidad persuasiva: "los electores no prestarán su apoyo en las urnas a esas recomendaciones si perciben que éstas les perjudican, y los partidos no les darán siquiera cobijo en sus programas, a no ser que (y ésta es una matización crucial) se introduzcan consideraciones suficientemente persuasivas para que a la vista de un 'interés común' se redefinan las premisas de los propios intereses a largo plazo de esos electores (...). Es a esta redefinición de los intereses a largo plazo a lo que puede contribuir el análisis de las estrategias de los actores y de la opinión pública" (Herce y Pérez Díaz, 1995, p. Del efecto reflexivo perseguido se dice: "las «predicciones» desfavorables pueden resultar el mejor antídoto contra su propio cumplimiento, ya que cuanto más certeras y serenas, tanto más fácil será que los individuos de una sociedad, tomándolas como puntos de referencia para su reflexión y sus conversaciones, entiendan el problema y acepten enfrentarse a él" (Herce y Pérez Díaz, 1995, p. Método: Se realiza una proyección a treinta años de las tendencias actuales de crecimiento del PIB y del empleo combinada con proyecciones de la población española para 1991-2026 elaboradas por el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Su-a383 perior de Investigaciones Científicas (CSIC), además de un sondeo de los actores sociales y políticos frente a un escenario hipotético de elección entre un sistema de reparto y otro de capitalización. Con los datos producidos se elabora una proyección macroeconómica acerca del efecto fiscal de cada una de las siguientes medidas: disminución de los puntos de pensión por año cotizado; aumento de la edad de retiro; aumento de la base reguladora de la prestación; penalización de la jubilación anticipada; y revalorización de los haberes inferior a la inflación. Previsiones: Partiendo de un déficit del sistema de pensiones para 1996 estimado en el 2,16% del PIB, se prevé que los pagos continuarán superando a los ingresos, llegándose a un déficit de 3,47% el año 2010, un desequilibrio que comprometerá la viabilidad del sistema. El cálculo del impacto fiscal de las medidas propuestas indica que con cualquiera de ellas los déficit serán inferiores a los previstos: -1,72% del PIB en caso de una revalorización de las pensiones inferior al IPC; o -3,06% del PIB si disminuyesen los puntos de pensión por año cotizado. Del sondeo se destaca "la favorable disposición de una buena parte a que se potencie el componente privado del sistema de pensiones" (Herce y Pérez Díaz, 1995, p. Propuestas: Combinaciones de las cinco medidas mencionadas con incentivos fiscales a la contratación de pensiones privadas (Herce y Pérez Díaz, 1995, p. La Seguridad Social en el umbral del siglo XXI (1995) Autores y adscripción institucional: Un colectivo de técnicos de la Dirección General de Planificación y Ordenación Económica de la Seguridad Social es el responsable de este trabajo que prolonga una previsión anterior sobre gastos e ingresos de la a Seguridad Social entre 1985 y 1993. Firma el prólogo el entonces ministro de Trabajo José A. Griñán, la prueba del aval institucional y político a este estudio cuyas previsiones aseguran la viabilidad del sistema público para 1995-2030. Objetivos: De acuerdo con Griñán, prever el desenvolvimiento de la Seguridad Social con la finalidad de "adoptar, con tiempo suficiente, las decisiones necesarias para su adecuación a la realidad social y económica" (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1996, p. VIII), además de "presentar propuestas para encauzar adecuadamente su futuro" (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1996, p. X) y "consolidar un siste-ma de protección social que recibe un altísimo grado de consenso dentro de nuestra sociedad" (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1996, p. Método: Estudio económico-actuarial para el período 1995-2030 con métodos estadísticos y matemáticos empleados por el sector financiero-asegurador en la evaluación de riesgos, sobre la base de la proyección demográfica del Instituto Nacional de Estadística (INE) hasta el año 2020. Lo acompaña un análisis de sensibilidad (cálculo de los nuevos flujos de caja que se producirían al cambiar variables como inversión inicial, duración, ingresos, costes...) dirigido a prever cómo variarían los resultados del estudio anterior, de modificarse alguna de las hipótesis de partida tras la aplicación de medidas encaminadas a obtener ingresos adicionales o a reducir erogaciones. Autores y adscripción institucional: J. A. Herce, S. Sosvilla Rivero, S. Castillo y R. Duce (expertos de FE-DEA), con financiación del Servicio de Estudios de La Caixa, entidad que comercializa planes de pensiones. Objetivo: Partiendo de las "insuficiencias" del Pacto de Toledo, el Servicio de Estudios de La Caixa pidió a FEDEA que "estudie los efectos y resultados de una de las posibles alternativas al sistema de reparto" (Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce, 1996, p. 6) con el fin de "aportar elementos de reflexión a un debate tan necesario como el de las pensiones" (Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce, 1996, p. Y se añade: "realizar una aportación a esta nueva orientación del debate sobre la reforma de las pensiones sustanciando las razones por las que la transición (a un sistema mixto) puede ser deseable y explorando algunas de sus modalidades" (Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce, 1996, p. Método: Versión mejorada de la metodología usada por Herce y Pérez Díaz (1995) "como consecuencia de la actualización tanto de la base de datos del sistema español de pensiones como de las proyecciones de población, así como por la introducción de mejoras en la programación del modelo MODPENS utilizado en las simulaciones" (Herce y Pérez Díaz, 1995, p. Se combina una proyección demográfica hasta el año 2050 sobre datos del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC con otra macroeconómica de 22 variables relativas a los beneficiarios del sistema de pensiones, en un escenario sin cambios normativos. Con las cifras obtenidas se diseña un escenario de implantación de un sistema mixto en 1997, en el cual los cotizantes de entre 25 y 45 años de edad pueden trasladar la mitad de sus aportaciones a fondos privados; y en función del número de estos se elaboran distintas proyecciones sobre la cuantía de las pensiones resultantes y las cuentas de ambos sistemas con el horizonte del año 2050. Por último, un análisis de sensibilidad de los principales indicadores económicos calcula la rentabilidad futura de los planes de pensiones. El deterioro financiero creará una deuda que llegará al 95,26% del PIB hacia 2050, un porcentaje que bajaría al 73,31% de iniciarse una transición gradual al sistema mixto. A los planes de pensiones se les pronostica una rentabilidad neta anual que va del 2,5 al 4,5%, de los cuales aquellos con una rentabilidad de entre 3,5 y 4,5% garantizarán cuantías superiores a las ofrecidas por el sistema de reparto. Se concluye que un sistema mixto permitirá reducir el déficit y aumentar las cantidades percibidas por los jubilados.Propuestas: Transición gradual a un sistema mixto basado en la capitalización obligatoria. Repárese en que mientras Herce y Pérez Díaz (1995) proponían la introducción de estímulos para una transición voluntaria en esa dirección, aquí se postula una mudanza total y coactiva. Una propuesta de reformas del sistema de pensiones en España (1996) Autores: Realizado por José Piñera y Alejandro Weinstein para el International Center for Pension Reform, un centro dedicado a la promoción de las pensiones privadas bajo la guía del propio Piñera, el ministro de Trabajo de la dictadura de Augusto Pinochet que impuso dichas pensiones a los trabajadores chilenos. El estudio lo patrocinó el Círculo de Empresarios, asociación consagrada a "la promoción de la libre empresa" en España con el apoyo de los bancos Santander, INGDirect, BBVA y Sabadell, entre otras entidades promotoras de planes de pensiones. Objetivo: Analizar las condiciones de implantación, coste e implicaciones del sistema de capitalización en España. Método: Para calcular el crecimiento poblacional se utilizó la proyección de 1994 del Instituto de Economía, Geografía y Demografía (CSIC) para el periodo 1991/2026; y para la evolución de la población económicamente activa se extrapolaron los antecedentes históricos. Luego se simuló una transición paulatina al sistema de capitalización con la tasa de cotización actual a la Seguridad Social. Previsiones: Prevé la entrada en déficit del sistema de pensiones públicas a partir de 1996, fecha en la que los números rojos iniciarán una escalada hasta llegar a 5,49 billones de pesetas en 2025. En paralelo se acumulará una deuda que, sumados los intereses, equivaldrá al 56% de PIB en el año 2025. A continuación, se presenta un escenario de libre elección de planes de pensiones para mayores de 45 años, calculando los costos que le depararía al Estado la pérdida de sus cotizaciones y el ahorro que le supondría no pagar nuevas pensiones. Se concluye que el déficit causado por la transición gradual a la capitalización sería menor al que se produciría de no acometerse la reforma (estos cálculos buscan refutar a Barea y otros autores que denuncian lo gravoso que resultaría para las arcas públicas la implantación total de las pensiones privadas). Propuestas: Sustitución gradual del sistema de reparto por la capitalización individual. Autores y adscripción institucional: Un equipo interdisciplinar coordinado por los economistas José Barea y José Manuel González-Páramo, con financiación de la Fundación BBV del banco homónimo. El primer codirector, miembro del Comité Científico de dicha entidad, más tarde dirigió la Oficina Presupuestaria del gobierno de José M.a Aznar; el segundo ocupó cargos directivos en el Banco de España y el Banco Central Europeo (partidario de las pensiones privadas). Objetivo: "analizar con rigor y perspectiva interdisciplinar los modelos de aseguramiento de la inactividad laboral en España, con la aspiración de alentar la reflexión colectiva acerca de las modificaciones y las reformas necesarias" (Barea y González Páramo, 1996, p. Método: "Modelo estilizado de simulación que integra los factores económicos y demográficos que van a condicionar el futuro" (Barea y González Páramo, 1996, p. 213), apoyado en tres factores estratégicos: demográficos, económicos y normativos. Para la evolución económica se apoya en las proyecciones del Centro de Predicción Económica de la Universidad Autónoma de Madrid para el periodo 1995-2000 (prolongadas con modificaciones hasta el año 2020); en lo demográfico utiliza las estimaciones del INE hasta 2020; y para lo normativo maneja un supuesto de estabilidad legislativa. Se sigue que el sistema de reparto, de no modificarse, se tornará inviable a principios del siglo XX (para estos autores, el umbral de inviabilidad lo marca el límite de déficit público del 3% del PIB fijado por el Tratado de Maastricht). El tránsito brusco a la capitalización le costaría a la Seguridad Social un montante equivalente a 2,5 veces el PIB de 1996, derivado del pago de haberes adeudados a los beneficiarios del sistema extinguido y a la pérdida de la totalidad de sus cotizantes. Propuestas: Descartado el recurso al aumento de impuestos o de cotizaciones laborales por su impacto negativo en la competitividad empresarial, así como la adopción total de un sistema de capitalización -por los gastos que acarrearía al fisco-, se aconseja aplicar estrictamente el criterio de proporcionalidad entre cotizaciones y prestaciones, y redoblar la lucha contra el fraude. GRADO DE CUMPLIMIENTO DE LAS PREDICCIONES En la tabla 1 se comparan las proyecciones de los cinco estudios con la evolución real de los desembolsos en pensiones públicas: Vemos que todas las predicciones se incumplieron, ya que auguraban déficits cuando lo que hubo fueron superávits (las que más se aproximaron a la realidad fueron las del Ministerio de Trabajo). Ninguna imaginó los excedentes que, además de compensar el saldo negativo de las prestaciones sanitarias, sostuvieron el crecimiento del Fondo de Reserva de la Seguridad Social 3, que a finales de 2010 ascendía a más de 64.375 millones de euros (6,11% del PIB de 2009). Y si bien las predicciones sobre el costo fiscal del tránsito a un sistema de capitalización no pudieron verificarse, pues este escenario no se materializó, los yerros en horizontes tan cercanos restan credibilidad a sus proyecciones a 50 años. Un párrafo aparte merece el fallido pronóstico de Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce sobre la rentabi- Fuente: elaboración propia con datos de los autores citados y de la Seguridad Social. Déficits previstos de las pensiones públicas y evolución real de sus finanzas (expresados en porcentajes del PIB) a383 lidad de los planes de pensiones, estimada entre 2,5 y 4,5% anual (inflación descontada) para el período 1995/2050. El estudio de 532 fondos de pensiones realizado por Fernández, Aguirreamalloa y Corres (2012) enseña que en el lapso 2000/2011 la rentabilidad de los bonos del Estado a diez años fue de 5,13% anual, pero solo dos fondos mejoraron esta cota; apenas 27 superaron la inflación promedio y 191 tuvieron rentabilidad negativa. En breve: el 99,6% de los planes rindió menos que los bonos -una inversión de alta seguridad y baja rentabilidad-, y el 95% menos que la inflación, en claro perjuicio de sus suscriptores, dando un mentís rotundo a quienes prometían en todos los casos una rentabilidad superior al alza de los precios. ¿Razones de los fallos? EFECTOS DE LAS PREDICCIONES Resulta difícil, si no imposible, imputar efectos directos a las predicciones debido a la infinidad de variables en liza y a la diversidad de actores que en el lapso estudiado compitieron por incidir en el régimen de las pensiones estatales. Sí se puede descartar que fungiesen de "profecías auto-cumplidas", pues el deterioro financiero anunciado no tuvo lugar (en verdad, la obligatoriedad del sistema de reparto imposibilitaba tal eventualidad: ningún cotizante tenía derecho a retirar sus aportaciones de la Seguridad Social). Tampoco actuaron de "profecías suicidas", ya que en la bonanza fiscal influyeron variables independientes como la inmigración y el aumento de la ocupación. En definitiva, cualesquiera hayan sido los efectos de las predicciones, estos no repercutieron en las cuentas de una institución que hasta 2012 no atravesó cambios sustanciales. El balance presenta otro aspecto, de considerarse las recomendaciones ligadas a las predicciones. En el periodo 1995-2012, las autoridades económicas concedieron generosas bonificaciones fiscales a las pensiones privadas -medida aconsejada por Herce y Pérez Díaz-retrasaron la edad de jubilación a los 67 años -opción barajada por Herce y Pérez Díaz y el Ministerio de Trabajo-y ampliaron a 25 años el periodo cotizado para el cálculo de la base reguladora -propuesta de Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce. Que tales actuaciones fueran exigidas igualmente por la patronal española, economistas y organismos internacionales impide atribuirlas exclusivamente al poder persuasivo de las predicciones, aunque sin duda estas sirvieron de caja de resonancia de tales demandas. Pero hay una recomendación cuyo seguimiento dependía en última instancia del comportamiento del público: la suscripción de planes de pensiones aconsejada por Herce y Pérez Díaz, Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce, y por Piñera y Weinstein. En la tabla 2 se observa que, tras la difusión de las predicciones, el número de suscriptores y el patrimonio acumulado crecieron sustancialmente. Entre 1995 y 2011 los activos gestionados por bancos y fondos de inversiones se multiplicaron por un factor de trece. ¿Cómo se explica este crecimiento exponencial? Sin duda intervinieron dos factores de gran peso: los beneficios fiscales que desde 1988 hicieron de los planes un apetecible instrumento de ahorro para los sectores de ingresos medio-altos (ley 40/1988, ley 35/2006, o ley foral 3/1988 de Navarra) y la desconfianza en las jubilaciones públicas alentada por las predicciones 4. Aunque resulta imposible determinar la contribución precisa de cada factor, es obvio que ambos se complementaron y reforzaron mutuamente: las visiones de bancarrota estatal predispusieron a una franja de la población a la búsqueda de alternativas a las pensiones públicas; el acicate material de las desgravaciones orientó esa búsqueda en el sentido deseado. Evolución de los planes privados de pensiones en España (1995España ( -2011) ) En síntesis: las predicciones no fungieron de "profecías sociales" puesto que no causaron acciones que desembocasen en el advenimiento o frustración de lo pronosticado. Pero no es descabellado atribuirles cierta responsabilidad en la implantación de algunas de las propuestas formuladas por sus autores; propuestas que, de todos modos, no afectaron a las cuentas públicas al menos hasta el año 2010. Mucho más obvia, en cambio, parece su contribución a la formación del clima de opinión propicio a la expansión de las pensiones privadas registrada en el lapso estudiado. DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS ¿Se deduce del fallo de las predicciones que estas exageraron el riesgo de colapso de la Seguridad Social? En la medida en que su yerro no fue el corolario de procesos reflexivos desencadenados por ellas mismas sino el resultado de las dinámicas endógenas del sistema, se hace evidente que el riesgo fue sobrestimado. Surge entonces la cuestión: ¿respondía la sobreestimación al designio de inculcar en la opinión pública la necesidad de cambios en la política social mediante el bosquejo de escenarios calamitosos? No busquemos la respuesta en lo manifestado expresamente por los autores. Aunque todos declararon su intención de atajar los males previstos alertando del problema en ciernes, ninguno, a excepción de Herce y Pérez Díaz, reconoció la utilidad de los pronósticos alarmistas en pos de ese objetivo. Más productivo resulta buscar una respuesta en los premisas y sofismas presentes en la mayoría de los trabajos que, pese a su pretendida imparcialidad y naturaleza técnica, les predispusieron a magnificar el riesgo de las jubilaciones. Repárese en la repetida afirmación de que el sistema de reparto se halla en aprietos ("[l]a financiación de las pensiones es una de las áreas problemáticas más importantes de la sociedad actual", Barea y Gonzalez Páramo, 1996, p. 14), aseveración que entraña una petición de principio, pues precisamente lo que las predicciones debían dilucidar era si tal problema se produciría. Otro sesgo lo pone la presunción de un "techo" en el gasto en pensiones -el porcentaje del PIB que marca el umbral "inasumible" por el Estado (Barea y González Páramo, 1996)-supuesto que, aparte de ignorar a países como Holanda o Luxemburgo, que destinan a esa partida el 15% de su PIB sin arruinarse por ello, soslaya la ausencia de "una teoría que nos permita señalar, no como ciudadanos sino como economistas, cuándo un determinado gasto es o no asumible por el sector público. En efecto, ¿qué significa «no asumible»? ¿Significa que su superación o su 'transgresión' desencadenaría una secuencia de acontecimientos catastróficos?" (Esteve Mora y Muñoz de Bustillo Llorente, 2004, p. Lejos de ser un dato de la realidad, el "techo" se fundamenta en la opinión de que cuanto menor sea el gasto público, mejor. Otro tanto puede decirse del fatalismo demográfico que impregna muchos informes ("A medio plazo, los gastos futuros de pensiones están ya determinados por la estructura demográfica actual", Barea y González Páramo, 1996, p. Menos tendenciosas en apariencia, pero esencialmente sesgadas, son ciertas definiciones del objeto de la predicción. Véase la consideración del seguro colectivo como un asunto puramente contable; un pase de manos conceptual que difumina la razón de ser de esa institución: garantizar la equidad y otros valores sociales ausentes en previsiones condicionadas por su adhesión al precepto del equilibrio fiscal. O la equiparación falaz del sistema de reparto a una empresa, implícita en la afirmación de que "está abocado a la quiebra" (Piñera y Weinstein, 1996, p. 11), cuando ningún Estado quiebra como una firma comercial, con convocatoria de acreedores y liquidación de activos, aunque como metáfora sirve para asustar al público con la pérdida de sus derechos jubilatorios. Política e ideológicamente connotadas son tanto las soluciones elegidas para atajar el riesgo expuesto como el descarte de ciertas alternativas. La apuesta por las pensiones privadas reconduce el manejo de un riesgo eminentemente social a las salidas individuales caras al neoliberalismo. Con todo, cabría esperar que sus avalistas, si es que realmente pretendían ayudar a invertir con conocimiento de causa, tuvieran en cuenta las eventualidades negativas inherentes a dicha opción (derrumbe bursátil, inflación, comisiones de gestión, quiebra de los fondos) 5. Por el contrario, llama la atención que Herce y Pérez Díaz y Piñera y Weinstein "no hayan desarrollado en sus trabajos el cálculo de la rentabilidad y fiabilidad de los planes privados de inversión y pensiones. No cuestionan la viabilidad de las pensiones privadas, partiendo de la premisa de que son rentables y podrá mantenerse el sistema" (Iglesias Fernández, 2010 p. E incluso quienes hicieron cálculos de ese tipo, como Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce, que auguraron rentabilidades tan fallidas como el resto de sus previsiones, contribuyeron a minimizar el riesgo de esas inversiones. Preconcepciones similares justifican el rechazo de otras opciones, lo que restringe de antemano las soluciones disponibles. Tal el caso de la negativa a "que los déficits se financien con los impuestos generales del a383 Estado" (Barea y González Páramo, 1996, p. Al rechazar el aumento de la presión fiscal -la vía escogida por Japón y Dinamarca para solventar los desfases entre ingresos y gastos del sistema público-se torna más fácil calificar de insostenibles los futuros desequilibrios del modelo de reparto y defender los recortes o la privatización como la única salida. La exageración del riesgo de las pensiones públicas y el silencio sobre el riesgo de las privadas no se puede desligar de la adscripción institucional de los informes. Cuatro tenían por autores a expertos de think tanks partidarios de la reducción del gasto social o de entidades con intereses en el mercado de pensiones 6; el quinto, a técnicos de un ministerio comprometido con el modelo público. No es casual que los cuatro primeros vaticinasen el apocalipsis fiscal ni que el restante previera escenarios tranquilizadores: la percepción aguda del riesgo del sistema de reparto era tan funcional a las políticas de recortes de prestaciones y su sustitución / complementación por la capitalización individual, como lo era la percepción de un riesgo bajo la defensa del modelo vigente. ¿Es concluir que los fallos se debieron a sesgos políticos e ideológicos? Que todas las estimaciones hayan errado empleando métodos similares pone de relieve la escasa fiabilidad de las predicciones, al margen del color ideológico de sus autores. Quizás los errores se hubieran atenuado de haberse manejado mayor número de variables y escenarios y una metodología más compleja que la extrapolación de unas pocas tendencias, pero no se habrían evitado: no hay matemática capaz de anticipar fenómenos imprevisibles como los migratorios, por ejemplo. El problema de fondo radica en la estructura de la predicción, muy vulnerable a las sorpresas que deparan los procesos dinámicos no lineales. De aquí que se deba utilizar con la máxima cautela, a sabiendas de que su carácter provisional obligará a corregirla periódicamente. En resumidas cuentas, aparte de su incidencia en el mercado de pensiones, el efecto más visible de las predicciones ha sido el de instalar en la opinión pública un problema atado a determinadas soluciones, amén de engendrar una progenie de vaticinios y encuestas ideadas para atizar el debate sobre la "cuestión" de las pensiones públicas, su "incierta" financiación y las ventajas de la capitalización 9. Esta labor persuasiva resulta inevitable en países democráticos donde la privatización no se puede imponer manu militari como en el Chile de Pinochet. No es sencillo destruir la confianza social en un régimen que viene garantizando retiros relativamente desahogados desde hace treinta años; exige construir el "problema", convencer a la sociedad de que una de las instituciones más saneadas del Estado va camino al colapso; una vez establecida esa percepción, la banca y sus economistas proveerán el remedio. En ese marco entran a jugar las predicciones que, en un movimiento inverso al del especulador bursátil que propaga bulos para que los accionistas malvendan sus valores (Kapferer, 1990), inducen a los afiliados a la Seguridad Social a suscribir planes de pensiones. Ahora bien, para influir en la clientela potencial de las jubilaciones privadas deben difundirse masivamente. Un requisito cumplido por los casos estudiados, vista su repercusión en la prensa 10. Como observa Duval (2002) sobre los informes catastrofistas relativos al estado de bienestar francés, las dinámicas mediáticas propician que tales anuncios, hábilmente comunicados en ruedas de prensa y otras iniciativas de relaciones públicas, consagren en la agenda pública el tópico del "agujero de la Seguridad Social" incluso contra las reticencias de periodistas críticos. El análisis ha mostrado cómo la mayoría de las predicciones estudiadas planteó una perspectiva verosímil de crisis financiera de la Seguridad Social en el corto y el mediano plazo, definiendo en términos locales el riesgo de colapso anunciado por el Banco Mundial y la OCDE. A posteriori, sus estimaciones se demostraron exageradas, en parte debido a los sesgos y premisas de su diseño y en parte a las limitaciones intrínsecas de toda proyección económico-demográfica. Los datos confirman mayormente la hipótesis manejada: cuatro de las predicciones, con sus visiones pesimistas del envejecimiento poblacional vinculadas a horizontes de déficits estatales y propuestas de disminución de la protección social, encajan en los parámetros del "terrorismo demográfico"; solo la quinta se apartó de esa pauta al minimizar la posibilidad de un colapso de la caja de pensiones; una diferencia que corre paralela a sus diferentes adscripciones institucionales: entidades financieras y centros de estudios neoliberales en el primer caso, la Seguridad Social en el segundo. Fue parcial el refrendo de la hipótesis de que las recomendaciones incluidas en los informes favorecían la expansión de la capitalización en detrimento del reparto, pues solo tres de estos apuntaban en esa dirección, mientras que el informe de Trabajo apostaba por seguir las directrices fijadas por el Pacto de Toledo, y el de Barea y González Páramo se inclinaba por recortar las prestaciones y endurecer sus requisitos dentro de la arquitectura institucional vigente. Se perfila así un cuadro más complejo del previsto: de un lado, una mayoría maximizaba el riesgo de las pensiones; del otro, una minoría los minimizaba. A su vez aquella mayoría se dividía entre abanderados del equilibrio fiscal y promotores del mercado de pensiones. Los primeros urdían escenarios que cuestionaban el sistema de capitalización, mientras los segundos pergeñaban proyecciones que afirmaban sus ventajas. En breve: los augurios sobre la Seguridad Social sirvieron de armas a las elites políticas y económicas en su pugna por el control del estado de bienestar. En cuanto a la relación de los vaticinios con la reflexividad, el hecho de que no fungiesen de profecías sociales no les impidió actuar sobre la confianza pública en el sistema de reparto. Dado que el acierto de sus prognosis solo se determinaría años más tarde, en el corto plazo sus autores se aprovecharon de la probada eficacia de la categoría de riesgo para legitimar o desacreditar determinadas políticas o instituciones (Douglas, 1990, p. Las dudas suscitadas en la opinión pública acerca de la solvencia de la Seguridad Social y el auge de las jubilaciones privadas hablan de la eficacia de una categoría de predicciones reflexivas distinta de las teorizadas por Merton. En los últimos años hemos visto que los errores predictivos no han desanimado a las Casandras del déficit, las cuales, a la usanza de los antiguos profetas, reaccionan a sus yerros postergando la fecha del desastre 11. Nada de irracional hay en su proceder, pues con él consiguen un objetivo preciso: tener a los trabajadores en permanente zozobra acerca de su futuro, y con ello alimentar un sentimiento generalizado de inseguridad que disciplina la mano de obra y favorece el mercado del seguro, al precio de una incertidumbre psíquicamente desestabilizadora y socialmente corrosiva. Por añadidura, muy pocos contradictores les salen al cruce. Que apenas uno de los informes examinados abogase por el reparto evidencia la actitud defensiva de los partidarios del estado de bienestar ante la avalancha de vaticinios pesimistas que, en línea con el discurso económico imperante, reiteran el falaz dilema entre su desmantelamiento o la ruina nacional. Tal pasividad recuerda lo referido por Lakoff (2007) acerca de la parálisis del progresismo frente a la comunicación política neoliberal. En España desde hace dos décadas los conservadores mantienen la ofensiva en una "guerra de los futuros posibles" en la que, armados de predicciones y encuestas, buscan convencer a la sociedad de la inevitabilidad de los escenarios que presentan. La sociología, conocedora del poder de las representaciones del porvenir y de la matriz sociocultural del riesgo, tiene mucho que decir en la batalla colectiva por definir los futuros de los que se debe pensar y opinar; queda a sus practicantes optar por asistir a los "fabricantes de miedo" o sumarse a su crítica 12. NOTAS 1 "Si la predicción se formula es porque es relevante para alguien y ese alguien alterará su conducta en función de la predicción, de modo que la reflexividad queda garantizada bien por el lado del actor, bien por la vía indirecta del sujeto predictor" (Lamo de Espinosa, 1988, p. 2 Acuerdo parlamentario del 6 de abril de 1995, en el cual se fijaron las actuaciones y modificaciones que había que in-troducir en el régimen contributivo (ej. tránsito de un sistema de reparto puro a uno en el que se cobre en función de lo aportado, y el refuerzo del "sistema complementario" privado, voluntario y no sustitutivo de las contribuciones obligatorias). 3 El fondo fue creado en 1995 con el objetivo de destinar los excedentes de la Tesorería de la Seguridad Social a atender las necesidades futuras en el pago de las prestaciones contributivas originadas por desviaciones entre ingresos y gastos. 4 Del calado de ese temor da fe el Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas de marzo de 2011 sobre la reforma de las pensiones promovida por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: el 46,9% de los encuestados se decantó por el enunciado: "no resuelve el problema de las pensiones y éste re-a383 aparecerá en los próximos años", y solo el 15,3% acordó con la aseveración: "La reforma no era necesaria porque el funcionamiento del sistema de pensiones no corría realmente ningún peligro" (Centro de Investigaciones Sociológicas, Estudio no 2864, p. 5 Los fondos de pensiones sí quiebran. Así ocurrió en Estados Unidos tras la crisis de 1929 y en 1974, cuando el gobierno federal tuvo que establecer la Pension Benefit Guaranty Corp. para asegurar una renta mínima a los afectados. Y en el Reino Unido, el Pension Protection Fund se ha hecho cargo de 631.000 suscriptores de fondos insolventes. 6 La sintonía de Herce, Sosvilla Rivero, Castillo y Duce (1996) con los intereses de sus patrocinadores se palpa en su declaración: "Hay que ver el desarrollo de la capitalización de pensiones en nuestros países como una oportunidad estratégica para el sector financiero" (p. 7 El demógrafo Julio Pérez Díaz atribuye esa inexorabilidad a "un uso abusivo y decimonónico de la demografía. Se hace "contabilidad" de personas, se proyectan los stocks poblacionales y se introducen los datos en modelos que inevitablemente arrojan resultados catastróficos (...) Como la evolución demográfica parece inexorable, el envejecimiento conduce a la inevitable conclusión de que 'hay que recortar'. Este uso resulta de un requisito metodológico ignorado: las proyecciones resultan de las tendencias previstas si, y sólo si,'en igualdad del resto de condiciones' (...) El "resto de condiciones" que cambian junto a la pirámide de población puede ser descrita como una revolución productiva, sumamente favorable a la sostenibilidad futura de un sistema de reparto" (2011, p. 10 La afinidad de la prensa económica con los predictores fue reconocida por Herce y Pérez Díaz (1995): "los diarios económicos con mayor tirada, cuya preocupación continuada por las cuestiones del déficit público y la convergencia europea les lleva a contemplar más críticamente el actual sistema público de pensiones (p. Y Balmaseda, Melguizo y Taguas ( 2006) auguraron déficits para 2011 (cosa que tampoco se cumplió) y un gasto en pensiones del 13,5/24,0% del PIB para 2059, concluyendo que: "alcanzado el equilibrio del sistema, debería permitirse la introducción de una parte de capitalización individual y gestión privada" (p. 12 Al momento de la publicación de este artículo, se podría interpretar que el déficit actual de la Seguridad Social española da cierta razón (con retraso) a los vaticinios criticados en sus páginas. No disponemos de espacio para cuestionar esa impresión; solo añadir que en el desequilibrio poco ha tenido que ver la demografía, la variable determinante en dichos pronósticos. Lo decisivo ha sido la política económica con medidas tales como el abaratamiento de los despidos, la reducción de salarios y vacantes en la administración pública y las bonificaciones de los nuevos contratos laborales, además de la caída salarial en el sector privado favorecida por el temor al paro y las prejubilaciones masivas con cargo a la caja de las pensiones. Estas actuaciones, justificadas en aras de la competitividad y la reducción del gasto público, fueron tomadas a sabiendas de su impacto negativo en las cuentas de la Seguridad Social (i.e. reducción del número de cotizantes y de la cuantía de las cotizaciones). Ninguna fatalidad demográfica, en definitiva; y sí decisiones políticas de un signo preciso.
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. La crisis de cuidados es un fenómeno que se ha desarrollado en las sociedades capitalistas occidentales en los últimos años. Desde una mirada feminista, con esta acepción se hace alusión a una situación definida en términos de crisis antes del estallido de la crisis financiera en el año 2008. En los países occidentales, el envejecimiento de la población se suma a la incorporación generalizada de las mujeres al mercado laboral, lo que supone un déficit de personas que procuran el cuidado básico cotidiano necesario en los hogares. Esta situación se ha definido también como "déficit de cuidado" (Hochschild, 1997) y ha alentado diferentes interpretaciones. Por un lado, se vislumbra como un avance social producido por el desarrollo médico y el cambio en los roles de género. Por otro lado, sin embargo, se señalan sus efectos perversos, reflejados en la asunción de la "doble jornada" (Hochschild, 1989) o "doble presencia" (Balbo, 1994) por parte de las mujeres: es decir, ellas no han dejado de ser las principales responsables de los trabajos de cuidado, sino que los han sumado a su dedicación en el mercado laboral. Así, se han visto obligadas a asumir las tensiones que supone compaginar dos ocupaciones con objetivos contradictorios, el cuidado de las personas y la acumulación del capital, lo que se traduce en sus cuerpos como estrés, neurotización y privación del tiempo (Murillo, 1996). Además, a esta situación se le suma la creciente demanda de externalización de cuidados, que crea un nicho de empleo altamente desregularizado, femini-zado y precario de mujeres migrantes que protagonizan un proceso paralelo conocido como "care drain" (Bettio, Simonazzi y Villa, 2006), al emigrar a occidente para paliar un déficit de cuidado que se traslada ahora a sus países de origen. De esta forma, la crisis de cuidados se globaliza, constituyendo un problema al que es necesario hacer frente y un reto importante para las agendas políticas actuales. La aportación de Valerie Bryson en Gender and the politics of time (The Policy Press, University of Bristol, 2007) se puede situar en este contexto. La autora realiza un análisis y una propuesta de actuación en torno a las políticas de tiempo que, hoy por hoy, resulta de gran utilidad como posible vía para superar la crisis de cuidados. Así, subraya que, frente a la situación de vulnerabilidad que comporta el déficit de cuidados en las sociedades occidentales, el tiempo puede ser una herramienta importante para mejorar la situación de las mujeres, en particular, y la de la sociedad en su conjunto, en general, en aras de construir una organización social del tiempo guiada por las necesidades de las personas y no por las del capital. De esta forma, Valerie Bryson lleva a cabo una labor nada desdeñable por sacar a la luz la pertinencia del análisis de la cultura temporal actual como fruto de relaciones de poder y como fuente de desigualdad política. En este sentido, pese a no ser reciente, su propuesta resulta vanguardista, original y de gran actualidad. Bryson señala que la cultura temporal hegemónica es un factor relevante que hay que tener en cuenta a la hora de hacer frente a la situación de déficit de cuidados. Por ello, además de ofrecer un bagaje teórico que posibilita la comprensión de la dimensión política del tiempo, desarrolla una reflexión sobre las posibilidades de cambio social desde una visión temporal. En definitiva, proporciona una posible hoja de ruta para llevar a cabo políticas de tiempo efectivas que mejoren la situación de crisis. De esta forma, Bryson invita a una reflexión sobre la necesidad de cambio en la organización temporal vigente, así como en las pautas culturales de uso del tiempo con el fin de avanzar hacia una situación de justicia temporal. En un contexto temporal de incertidumbre e inmediatez, resulta difícil pensar en alternativas de cara al futuro que mejoren la situación actual; sin embargo, Bryson alienta las posibilidades de cambio subrayando la necesidad de una perspectiva histórica que ayude a recuperar el sentido de la agencia humana y del cambio social, reivindicando una ucronía feminista que nos guíe hacia un futuro marco temporal más justo e igualitario. Esto es, aboga por una utopía temporal feminista. En consecuencia, el tiempo se convierte en un aspecto político central a la hora de hacer frente a la crisis de cuidados y a las situaciones de vulnerabilidad que comporta. La significativa aportación de Valerie Bryson se puede situar en esta línea. Como ella misma señala, el tiempo es una parcela de estudio poco explorada, notable únicamente por su ausencia en la ciencia política. Debido a ello, Bryson realiza un importante esfuerzo por comprender y analizar el tiempo desde una perspectiva política, realizando una revisión de los análisis temporales realizados por distintos autores en el campo de la ciencia política, así como de las diferentes culturas temporales interconectadas que coexisten en las sociedades occidentales contemporáneas. De esta manera, apunta cómo en base al género, existen pautas culturales desiguales en el uso del tiempo. Dichas pautas privilegian el uso del tiempo en actividades que tradicionalmente se han relacionado con la esfera pública y con el protagonismo masculino, mientras que menosprecian el uso del tiempo dedicado en la esfera privada y en las actividades asumidas tradicionalmente por las mujeres, a menudo relacionadas con el cuidado de las personas. Por consiguiente, para conseguir mayores cuotas de igualdad, las mujeres se han visto obligadas a adoptar las pautas temporales de los hombres, haciendo importantes esfuerzos por aumentar su presencia en el ámbito público. No obstante, este cambio no ha su-puesto una disminución de su protagonismo en el privado, sino la suma cotidiana de ambas esferas. Así, la asunción de estas responsabilidades por parte de las mujeres se ha traducido en una situación de desventaja económica, temporal y política. En este sentido, las desigualdades en el uso y la valoración del tiempo son parte de un círculo vicioso que deja a muchas mujeres en una situación de vulnerabilidad respecto a la explotación, la dependencia económica y el abuso doméstico. Además, la falta de tiempo libre dificulta que las mujeres puedan tener voz en la política y puedan expresar sus experiencias y necesidades propias. Por lo tanto, se puede afirmar que la falta de tiempo protagonizada por las mujeres actúa como un constreñimiento en su condición de ciudadanas. Debido a ello, es necesario comprender que el tiempo es un recurso político clave que los ciudadanos necesitan para poder contribuir de forma activa en sus comunidades y expresar sus intereses, deseos y necesidades particulares. Frente a la hegemonía del tiempo de reloj, vinculado al trabajo asalariado en las sociedades capitalistas, otras voces han señalado la coexistencia de diferentes tiempos (Adam, 1988). Estas ideas coinciden con otras afirmaciones que aseguran la existencia de una condición temporal "posmoderna" (Nowotny, 1994), caracterizada por la fluidez, la indeterminación y por el rechazo de las clasificaciones binarias o la idea de un progreso lineal (Levitas, 1990; Levitas, 2001). Como apunta Bryson, esta cultura temporal abre paso a un fuerte sentimiento de incertidumbre que bloquea la posibilidad de pensar más allá de la inmediatez, de pensar en la utopía, es decir, en las alternativas que puedan dar pie a un cambio social consciente, fruto de la agencia humana. En este sentido, Gender and the politics of time otorga interesantes claves a la hora de pensar en las recetas que pueden servir para dar salida a esta situación, vislumbrando un futuro más justo e igualitario, es decir, una ucronía feminista. Como señala Bryson, el tiempo no es "la llave" para solucionar todos los problemas, no obstante, en el contexto actual, las políticas de tiempo pueden tener dos funciones contrapuestas: bien la de formar parte de un círculo de interlocución a través de diferentes formas de poder y desventaja, donde estas políticas pueden reflejar y sostener las pautas temporales hegemónicas; bien la de constituirse como herramientas que posibiliten cambios en las pautas temporales, conformando políticas basadas en valores feministas. En este escenario, la autora señala la importancia política del tiempo en un sentido doble: tanto como elemento de configuración de las relaciones de poder, que genera desigualdades, como en cuanto herramienta para el cambio social. La contribución de Valerie Bryson se estructura en base a tres cuestiones centrales en torno al análisis político del tiempo desde una visión de género, que se concretan en sendos apartados de su libro. La primera parte, constituida por tres capítulos, señala la importancia de utilizar la perspectiva temporal en el análisis político, considerando las distintas asunciones temporales que se enmarcan en la teoría política, el significado de las diferentes culturas temporales y las formas en las que el tiempo se usa y controla en las sociedades capitalistas occidentales. La segunda parte se divide en tres epígrafes, y muestra cómo la perspectiva feminista puede reinterpretar la comprensión sobre el tiempo, revelando aspectos clave sobre su carácter relacional, invisible en otras aproximaciones. Así mismo, señala los problemas y desventajas que sufren las mujeres en relación al tiempo, problemas que requieren de soluciones políticas colectivas. Por último, la tercera parte, contiene cuatro apartados enfocados directamente a la teoría y la práctica política feminista relativa al tiempo, así como a sus posibilidades para influenciar en los debates políticos de los estados de bienestar occidentales. Bryson comparte con otros autores la idea de que los tiempos son múltiples, interconectados y vinculados al poder (Fitzpatrick, 2004) y defiende que las políticas feministas deben estar basadas en la interrelación entre el pasado, el presente y el futuro. Por lo tanto, frente a un contexto temporal posmoderno impregnado de inmediatez e incertidumbre, subraya que cualquier plan de futuro necesita atender a lo que existe en el presente, reconocer los obstáculos inherentes al pasado y comprender las nuevas opciones que cabe desarrollar en el futuro. En el último capítulo del libro, englobado en el tercer apartado, se exponen las conclusiones. Para finalizar Bryson procura una visión normativa sobre las alternativas políticas plausibles de cara al futuro. De esta forma, identifica tanto los objetivos a largo plazo como las propuestas políticas más inmediatas, apostando por una propuesta política realista enmarcada dentro de unas circunstancias históricas concretas. Considera que la distribución y la disponibilidad del tiempo deben considerarse un problema de justicia, concretamente, entiende que el tiempo libre debe considerarse un recurso democrático. De esta forma, describe cómo debería ser o parecer una utopía temporal feminista, esto es, una ucronía feminista. En ella está presente la necesidad de valorar y reconocer el tiempo dedicado al cuidado de los demás como una actividad económica y cívicamente importante, un tiempo que debe ser respaldado por la sociedad en su conjunto, compartiéndolo y organizando el trabajo asalariado y la provisión del estado de bienestar acorde a ello. Por todo ello, se puede afirmar que Gender and the politics of time constituye una lectura imprescindible, en general, para todas las personas interesadas en los estudios sobre el tiempo, así como para aquellas que quieran profundizar en la crisis de cuidados desde una perspectiva temporal y, en concreto, para aquellas que quieran adquirir mayor conocimiento sobre la situación de desigualdad respecto al tiempo desde una perspectiva feminista. Bryson proporciona una visión política del tiempo que abre paso a las posibilidades de un futuro que haga frente a la actual crisis de cuidados, proponiendo medidas reales, contextualizadas y situadas que nos ayuden a avanzar hacia una sociedad basada en un reparto justo y equitativo del tiempo, donde las necesidades de las personas guíen los ritmos sociales y no las necesidades de acumulación del capital, acercándonos de esta forma, hacia la ucronía feminista por la que aboga. Bryson concluye, además, que la situación actual de tensiones y presiones respecto al tiempo nos señala una coyuntura crítica, un punto de inflexión que puede ser clave para el cambio, por ello, termina afirmando que necesitamos tiempo para cambiar el tiempo.
RESUMEN: Los orígenes intelectuales del nacionalismo y de su idea de cultura hallan en la obra del pensador alemán Johann G. Herder (1744-1803) una referencia ineludible. Herder propuso una versión de la Ilustración contraria a la oficial, crítica con las políticas del reformismo burocrático del absolutismo y con el racionalismo filosófico kantiano. La versión de la Ilustración de Herder participa de un sentido de la historia abierto a la diversidad cultural. La lengua y la cultura emergen del planteamiento de Herder como las cifras de un mundo popular utópicamente imaginado de espaldas a la lógica del poder monárquico y aristocrático. La idea nacionalista de cultura elaborada por el pensador alemán nos obliga a reconsiderar, de una manera crítica, los orígenes románticos del nacionalismo. UN REFORMADOR DE LA HUMANIDAD Johann Gottfried Herder (1744Herder ( -1803)), pensador alemán nacido en la Prusia oriental en una familia de escasos recursos y fe pietista, constituye el eje alrededor del cual proponemos esta indagación sobre los orígenes intelectuales de la ideología nacionalista. Su defensa de la singularidad de los pueblos y culturas, su visión del lenguaje como elemento clave de la identidad cultural, su crítica acerba del racionalismo ilustrado, que tanta repercusión ha tenido en la crítica actual de la globalización como forma estandarizada de vida, su humanitarismo pacifista y, en fin, su propia condición de intelectual impaciente, insatisfecho y marginal en un mundo que le dio la espalda hacen de él una atalaya privilegiada para entender el fenómeno nacionalista en sus orígenes. No pretendo decir que el nacionalismo saliese completamente formado y definido de la cabeza de Herder, sino que, en torno a este autor, a su época, ideas y personalidad, los elementos constitutivos del nacionalismo empezaron a girar y combinarse de una manera que dejó huella. El pensador alemán fue una auténtica esponja que absorbió, sin demasiado orden y con demasiada urgencia, el cambiante y efervescente mundo intelectual de su época. Esa segunda mitad del siglo XVIII que, en una Alemania donde, a diferencia de Francia y Gran Bretaña, no se había producido la unidad nacional, vio desplegarse trayectorias tan deslumbrantes como las de un Lessing, un Hamann, un Goethe, un Kant o un Schiller. Herder se insertó en el vuelo de estas trayectorias y buscó su lugar al sol. Estudió con el Kant precrítico en el Könisberg de los años 60 y mantuvo una larga amistad con él, enturbiada al final por diferencias intelectuales irreconciliables. También en Könisberg conoció y admiró a Johann Georg Hamann, llamado el Mago del Norte por su saber y escritura esotérica y religiosa, con los que se oponía airadamente a la fe ilustrada en una razón emancipada. En el Estrasburgo de comienzos de los años 70, trabó relación con un joven Goethe, al que deslumbraron los infinitos conocimientos literarios y filosóficos de Herder y que ayudó a este a obtener el puesto de Superintendente de Escuelas, Pastor principal y Predicador de la Corte en Weimar. Herder formó parte de esa constelación de pensadores alemanes que, en la segunda mitad del siglo XVIII, revolucionaron el panorama europeo. El nacionalismo surge así de una obra inserta en el proceso de alumbramiento de la filosofía crítica, del idealismo, del romanticismo, etcétera. En este sentido, quizás sin saberlo y en una ominosa segunda fila respecto de los autores nombrados, Herder hizo su contribución a aquella revolución. Para ello, fue capaz de absorber un número llamativo de novedosas tendencias intelectuales y recrearlas a su modo y manera, de tal forma que semejante recreación le llevó a ser un autor enciclopédico donde convivían especialidades hoy separadas. Herder fue filólogo, crítico literario, historiador de la literatura, estudioso del folklore, filósofo, antropólogo, teólogo y Pastor luterano. Esta precisión resulta importante para comprender que el nacionalismo inició su andadura en un mundo en el que prevalecían cualificaciones no tan mostrencamente académicas ni especializadas como las actuales, sino de más altos vuelos. No se trataba, entonces, de ser un crítico literario que escribiese en revistas ultraminoritarias o un historiador de la literatura entregado a la elaboración de infumables tratados con millones de notas al pie, sino de ser un crítico y un historiador para reformar a la humanidad. Este tono moralizante, reformista y, en fin, ideológico de la enciclopédica obra herderiana nos habla no solo de su concepción ilustrada del saber como vía de perfeccionamiento moral y social, sino de una actitud rebelde e inconformista que se sirve del estudio y la erudición para remediar los males existentes. No conviene olvidar que Herder, junto con Goethe y otros jóvenes airados, fue uno de los impulsores del movimiento prerromántico alemán conocido como Sturm und Drang (Tempestad y empuje). Movimiento que se alzaba contra el filisteísmo burgués de los sentimientos convencionales e hipócritas y propugnaba una existencia pura y auténtica de pasiones naturales no traicionadas por los artificios sociales. La profunda visión histórica de Herder, que tanto influirá en el nacionalismo posterior, de un mundo de diversidad cultural respetuoso con la identidad originaria de cada pueblo y nación surge de una revuelta contra la sociedad establecida. Los jóvenes airados del Sturm und Drang crearon una literatura subversiva y trágica donde la escisión entre el alma bella y la realidad corrupta no se curaba mediante ningún paliativo, haciendo del suicidio una posibilidad siempre presente. Herder, en sentido estricto, fue un subversivo, un Pastor que lanzó recriminatorias y agudas homilías en su obra contra la alianza entre príncipes, nobles y filósofos, contra ese reformismo ilustrado, tan emparentado en su cabeza con Federico II de Prusia y el Kant crítico, que minaba las bases de una sociedad natural, identitariamente pura, de un Volk incontaminado por las sofistiquerías filosóficas de los intelectuales y el elitismo, militarismo y burocratismo de los gobernantes. Esta impronta subversiva, de crítica del statu quo, que Herder identificada con el despotismo ilustrado de su tiempo, con el plan de reformas de una monarquía ajena a lo popular como clave de autenticidad social, dejará indudablemente su huella en el nacionalismo. Y originará ese hecho tan desconcertante para algunos de cómo las élites nacionalistas, subyugadas por un Estado central tildado de opresor, son capaces de manejar a la vez la crítica más despiadada de lo establecido con la defensa de un nuevo statu quo, el de un Estado-nación urdido con los mimbres de la vieja y acostumbrada política de los poderosos. Herder, que nada tiene que ver con aquellas élites, salvo que les preparó el brebaje que consumirían con delectación, era un ingenuo, un reformador bienintencionado de la humanidad, un ilustrado radical y utópico. Pero esa ingenuidad, bondad y humanitarismo, por los elementos involucrados en su satisfacción, tendrían un destino histórico inesperado ya que lo que, en su origen, fue una utopía emancipatoria terminó engendrando una política de dominación. Y aquí la idea de cultura, tal y como fue configurada por Herder aprovechando la inagotable imaginación intelectual de la segunda mitad del siglo XVIII, jugó un papel decisivo y explosivo. UN IDEÓLOGO DE LA IDENTIDAD La perspectiva desde la que abordo el fenómeno nacionalista lo considera una idea fruto de determinadas decisiones intelectuales más o menos conscientes del parto al que estaban dando lugar. Decisiones que, en el caso de Herder, se relacionan específicamente con la construcción ideológica de la identidad alemana. Aquel puso su erudición al servicio de un fin político, fue un ideólogo de la identidad que, desde lo literario y cultural y en una escala histórica y antropológica universal, estableció las bases de un Volk alemán confrontado con el mal ejemplo del cosmopolitismo francés e inspirado en la coherencia y unidad del Volk judío y griego. La empresa intelectual de Herder resulta relevante para el nacionalismo en tanto abordamos este como idea. Pues aquel involucró en tal empresa una insatisfacción política de partida que tiñó su odisea cultural por la historia universal de un neto color ideológico. En 1769, un Herder que vive inmerso en pleno proceso de reinvención personal dice de sí mismo que "no estaba satisfecho como miembro social. No como maestro de escuela. Me hallaba insatisfecho como ciudadano. Me hallaba, por fin, insatisfecho como autor". Herder, en ese año crucial, se arrepiente de toda una formación que lo convirtió en un "tintero de cultura sabihonda", en "un estante que solo pertenece al cuarto de estudio" y que lo apartó de "conocer por extenso el mundo, los hombres, las sociedades, las mujeres, el placer". Este lamento le hace exclamar: "¿Cuándo llegaré a destruir en mí cuanto he aprendido y a descubrir por mí mismo lo que pienso, lo que aprendo y lo que creo?". Para lograr ese objetivo, se apremia a elevarse "por encima de las discusiones y méritos librescos", a consagrarse "al provecho y a la formación del mundo vivo". En un ejercicio sorprendente de autoconciencia, que tan bien evoca el espíritu inconformista del Sturm und Drang, dice que "la insignificancia de tu educación, la esclavitud de tu país, la inestabilidad de tu carrera, te han limitado de tal manera, te han envilecido tanto, que ya no te conoces" (Herder, 1982). En estos fragmentos, ya está entero el Herder cuya insatisfacción personal consigo mismo y el mundo le impulsará a emprender su particular viaje de la impaciencia a la tierra soñada de un Volk liberado de excrecencias librescas, pedantería filosófica y servilismo hipócrita. El Herder del que Isaiah Berlin afirma que era "un hombre susceptible, resentido, competitivo, infeliz, que necesitaba apoyo moral y elogios, neurótico, pedante, difícil, suspicaz y, a menudo, insoportable" (Berlin, 2000). Goethe trabó relación con Herder en el Estrasburgo de 1770, donde el segundo había llegado como maestro y predicador de viaje de un joven príncipe. En Poesía y verdad, escrita muchos años después, Goethe señala "la aversión al agradecimiento" característica de "hombres notables". "Herder -dice Goethe-amargaba continuamente sus mejores días a sí mismo y a los demás ya que en su madurez no supo moderar con la fuerza de su espíritu todo aquel despecho que había tenido que embargarlo durante su juventud" (Goethe, 1999). La ansiedad de Herder recuerda vivamente al Rousseau que no soportaba la vida de los salones ni, en general, esa sociabilidad del trato educado donde el parecer prevalece sobre el ser, tan definitoria del mundo de la Ilustración. Herder afirma que "en las amistades y en sociedad: inoportuno temor previo o demasiadas expectativas de los demás, lo primero me paraliza de entrada, lo segundo me induce al error y me hace ridículo" (Herder, 1982). El gran Lichtenberg, contemporáneo de Herder, tiene un aforismo memorable donde nos previene contra a385 esos autores que, por hablar con lengua de ángel, lo ven todo en todo. Esta manera sublime de enfrentarse al mundo y, sobre todo, pensarlo y escribirlo es la propia de Herder. El cual, como crítico literario y como filósofo de la historia, como predicador y antropólogo, como teórico del lenguaje y como estudioso del folklore, siempre habló con lengua de ángel, lo que fue una de las causas de que Kant le lanzase más de un sarcasmo. El sentimiento de lo sublime "orienta mi amor, mi odio, mi admiración, mi sueño sobre la felicidad y la desgracia, mi proyecto de vida en el mundo, mi expresión, mi estilo, mis modales, mi fisonomía, mi conversación, mi ocupación, todo" (Herder, 1982). La insatisfacción de Herder, su malestar, provoca que lo identitario, la cultura nacional, no se tramita en su obra como una mera pasión de anticuario, como un asunto meramente erudito inocente en términos políticos. Herder se sabía inmerso en una lucha ideológica contra el afrancesado y cosmopolita racionalismo ilustrado y contra su plasmación política en la forma del reformismo monárquico. Lucha que le llevará, como a su amigo Hamann, a proponer un concepto alternativo, sublime, radical de Ilustración. Es esa conciencia de participar en una batalla intelectual y política, de entender que su obra posee, en última instancia, un cariz ideológico, la que permite establecer una relación entre Herder y el nacionalismo. Y ello a pesar de que el nacionalismo del pensador alemán posea unas características que lo distancian del nacionalismo posterior. Mi punto de vista choca con dos visiones centrales en los estudios sobre Herder y el nacionalismo, las de Isaiah Berlin y Ernest Gellner. Berlin niega el vínculo entre Herder y el nacionalismo despolitizando la exploración identitaria del autor alemán y presentándola como una exploración sin relevancia ideológica, puramente erudita y sentimental (Berlin, 2000). Al respecto, creo que una cosa es hablar de la ingenuidad utópica de Herder a la hora de elaborar su idea redentora de cultura y otra muy diferente despojar esa ingenuidad de su neto y explícito sentido político en su crítica del racionalismo y reformismo ilustrados. Aunque el nacionalismo posterior fuese, como artefacto político, todo menos ingenuo y tolerante, ello no es óbice para que un nacionalismo como el de Herder asumiese un rango ideológico de primer orden dentro del amplio campo de la "Ilustración radical", por utilizar la expresiva fórmula de Jonathan Israel (Israel, 2012). Campo abonado al humanitarismo y al igualitarismo donde despuntan figuras de tanta relevancia como Emmanuel Sieyès, Thomas Paine y William Godwin. Todos ellos partícipes antes y durante la revolución francesa en la proposición teórica de una sociedad posaristocrática e igualitaria. Proposición en la que, desde una perspectiva cultural e identitaria, participó Herder como un radical más. Gellner sitúa el nacionalismo en la órbita del Estado y su dinámica de unificación lingüística y cultural en sociedades transformadas por la división del trabajo (Gellner, 1988). Sin desdecir la verosimilitud de este punto de vista, yo defendería que el nacionalismo apunta a determinados autores cuyas decisiones intelectuales contribuyeron a forjarlo como idea. Detrás de esta idea no solo hay Estados ávidos de legitimidad y control sociales, sino también intelectuales impacientes por el despertar de sus pueblos. De ahí que el conocimiento de aquellas decisiones, y no únicamente de determinados procesos modernizadores, pueda iluminar en parte un fenómeno tan polimorfo y arcano como el nacionalista. Lo que implica que las ideas, y los propósitos, sentimientos, expectativas, luchas e insatisfacciones asociados a ellas, son realidades de la historia que, al igual que la división del trabajo o el sistema educativo orquestado por el Estado para unificar lingüísticamente a una población, deben tenerse en cuenta. Mi noción del nacionalismo conecta con la intuición de Elie Kedourie en su breve y enjundioso libro sobre el tema. Kedourie lo entiende como un "producto del pensamiento" alemán del siglo XVIII que ejemplifica la patología de un estilo político de carácter estéticofilosófico. Su aproximación al nacionalismo como un tipo de política filosófica y romántica, como un delirio político motivado por el anhelo metafísico de autodeterminación, la asumo como referente de mi indagación. Con lo que esta sería, en el fondo, una reflexión, más que sobre Herder y el nacionalismo, sobre los efectos perversos que tiene hacer girar la política en la órbita de algo tan indeterminado como lo cultural. El nacionalismo constituye uno de esos efectos. El elitismo nietzscheano, otro. Pues una política inspirada por la idea del Volk incontaminado de los orígenes o por la del Genio que utiliza a los infrahombres para sus propios fines de autorrealización respira por los mismos poros de una transparencia cultural ominosa y absoluta. La cultura como salvoconducto filosófico de una política carente de límites al servicio de cualquier abuso propagandístico. Es decir, la cultura como medio de ocultamiento, de sublimación estética, de la realidad del poder. Lo que faculta a las élites políticas detentadoras de la legitimidad cultural, sea la del Volk a385 o la del Genio o ambas a la vez en mezcla inaudita, pero históricamente real, para practicar sin restricción la barbarie de la virtud. Kedourie dice que "revestir los problemas de poder con una terminología religiosa o estética puede conducir a una confusión engañosa y peligrosa". En virtud de tal revestimiento, "no son los filósofos quienes se convierten en reyes, sino los reyes quienes logran servirse de la filosofía para sus fines". La política, para los creadores como Herder de la idea nacionalista, era "una llave de oro que franqueaba la entrada a reinos de fábula", un medio para saciar la "sed metafísica", un "mundo interior" donde "el límite entre literatura y vida" se halla completamente desdibujado (Kedourie, 1985). LOS SIGNIFICADOS DE LA CULTURA Herder utiliza el término cultura de un modo diferente del predominante en su época. No en relación con el mundo civilizado y la sofisticación intelectual, sino como elemento variable y diferenciador de un amplio espectro de actividades humanas. Sobre todo, según uno de los más agudos intérpretes del pensamiento político herderiano, F. M. Barnard, el autor alemán estaría interesado en la convivencia equilibrada de las diversas culturas sociales de un Volk (Barnard, 1967). Dice al respecto el propio Herder: "¿Qué pueblo hay en la tierra que no tenga cultura propia?" El término cultura carece de una determinación clara, aunque de las palabras de Herder se desprenden dos ideas asociadas con él: Una, que forma parte de la experiencia histórica de los pueblos en que la humanidad se ha organizado a lo largo del tiempo. Otra, que contrasta en su sentido histórico y antropológico con la versión unilateral y etnocéntrica del mismo suministrada por esa Europa ilustrada que desprecia Herder. La cultura de la que habla el autor alemán no es la de la filosofía ni la de los salones, la de ese mundo elitista y cosmopolita de origen francés que Federico el Grande se empeñó en importar a Berlín gracias a su amistad con un Voltaire o un Mapertuis. Herder reaccionó furibundamente en 1769 contra esta atmósfera de literatos y filósofos que, pregonando la autonomía de la razón, se olvidaban de las raíces populares del pensamiento y la literatura y establecían un régimen cultural tutelado por la monarquía. Su reacción afecta no solo a dicho régimen, sino a las estructuras profundas del Antiguo Régimen; en concreto, a un reformismo de inspiración ilustrada, despótico y racionalista al mismo tiempo, cuyo burocratismo uniformador, activo militarismo y arrogante elitismo amenazaban con secar las fuentes populares. Conduciendo así a una sociedad de filósofos engreídos y burócratas dominantes sin espacio para el abigarrado y colorido mundo de las costumbres, tradiciones y oficios del Volk. Cultura evoca, en Herder, un acto de insumisión respecto del statu quo definitorio de un cierto despotismo ilustrado, que se identifica principalmente con la Francia y la Prusia de la segunda mitad del siglo XVIII. Acto radical desenmascarador de la mentira ilustrada, de la espuria alianza entre príncipes, nobles y filósofos, orientado al restablecimiento de un Volk puro. Los orígenes de este, objeto de atención universal por parte del Herder estudioso de las canciones y el folklore de los pueblos antiguos, se convierten en una ecuación ideológica donde el tradicionalismo más arraigado sirve de punta de lanza para un desafío radical al orden vigente. Esta unión entre tradicionalismo y progresismo, este uso del pasado popular no para consagrar el statu quo sino para desafiarlo palpitan en el fondo de la filosofía de la historia herderiana y contribuyen a fijar, dentro de unas coordenadas ideológicas determinadas, su idea de cultura. Quizás podamos entender así hechos tan sorprendentes del nacionalismo como el carácter subversivo de su canto de los orígenes, la utilización estratégica del pasado como una vía auténticamente revolucionaria de conquista del porvenir. Pues tanto Herder como los nacionalistas posteriores tenían muy claro que su objetivo al ensalzar las virtudes ancestrales del Volk no era el mero desahogo lírico, sino una profunda y devastadora crítica de lo existente con la vista puesta en un futuro reino de fábula. Desde la impotencia política y el sentimiento de aislamiento intelectual, dos claves fundamentales para entender la idea nacionalista de cultura elaborada por Herder, este atribuirá a dicha idea tres significados: Uno, la cultura como poder creador y vital opuesto a las frías reglas del racionalismo burocrático. En este punto, Herder romperá con el dualismo cartesiano y su prolongación en Kant y propugnará, siguiendo a Spinoza y Leibniz, una filosofía inmanentista, pluralista y vitalista. Filosofía donde las facultades humanas no están escindidas unas de otras y donde historia y naturaleza constituyen dos caras del mismo poder creador originario (Reill, 1989). a385 Dos, la cultura como misión redentora de la humanidad, como vanguardia ideológica de una regeneración universal a la que no le son ajenos los tonos mesiánicos y religiosos. En este punto, Herder asumirá el legado de Lutero bajo la forma, más que de una confesión religiosa, de una obra cultural. Es el Lutero creador de la lengua alemana y forjador del espíritu alemán, inspirador, en fin, de una auténtica religión nacional el que más huella dejará en Herder y su proyecto reformista (Büttgen, 1998). Tres, la cultura como ciencia del hombre. En este punto, Herder postulará que la filosofía debe dejar el paso a la antropología, que el conocimiento metafísico y especulativo debe ser sustituido por una filosofía de la historia abierta a las realidades del hombre (Zammito, 2002). Estos tres significados afloran en el ensalzamiento de lo primitivo tan peculiar del autor alemán: "...cuanto más primitivo es, cuanto más activo sea un pueblo -pues no otra cosa significa la palabra-tanto más primitivas, tanto más vivas, libres, sensibles, líricamente activas, serán sus canciones". La pureza de lo ancestral contrasta con el "pensamiento, el lenguaje y los modos literarios artificiosos, científicos". La expresión vigorosa y firme de "los salvajes" obedece a que no han sido pervertidos "por artificios, por esperanzas de esclavos, por una furtiva y medrosa política y una premeditación confusa". Vestigios de aquella firmeza y vigor no se hallan entre los eruditos, sino en "niños inocentes, mujeres, gente con buen sentido natural, más formados en la acción que en la especulación". Herder exclama apesadumbrado: "Apenas vemos y sentimos ya, sino que solo pensamos y sutilizamos, no hacemos poesía con el mundo vivo (...). Después de todo, tenemos metafísica y dogmática y actas... y dormimos tranquilos" (Herder, 1982). Los estudios de Herder sobre el lenguaje, su labor de crítico literario, sus recopilaciones y comentarios de "canciones de los pueblos antiguos", en definitiva, toda su labor de erudito es incomprensible sin asumir su malestar típicamente rousseauniano. Lo importante de la obra herderiana para la fabricación de la idea nacionalista se relaciona con su propósito de volver a hacer, como antiguamente, antes de que la política de poder y la filosofía ilustrada estableciesen su dominio, "poesía con el mundo vivo". El trasfondo polémico de su aventura intelectual debe tenerse presente en todo momento a fin de no sucumbir a la sublimidad de su discurso, que desconcertó a Kant por su falta de rigor analítico y verbosidad incontrolada. Herder puede resultar plúmbeo y oscuro, pero sus sarcasmos e insatisfacción lo hacen girar en una órbita ideológica muy definida de valor incuestionable para entender la política contemporánea. Si lo primitivo exuda una idea dinámica, vital, redentora y valiosa como forma de conocimiento es debido al hecho de que, en manos de Herder, lo primitivo conecta con lo más esencial de su ideológicamente cargada idea de cultura. En el mismo sentido, opera su ensalzamiento de la singularidad e individualidad históricas, su tesis de que la historia no se acomoda a un patrón unificador y que, por ello, el destino de cada pueblo consiste en dilucidar dentro de sí mismo su propio centro de felicidad. De nuevo aquí despunta la crítica de una filosofía de la historia practicada al modo de Voltaire, con los pies orgullosamente puestos en la Europa del XVIII, lo que permite mirar por encima del hombro a las sociedades salvajes y primitivas. Herder propone otra filosofía de la historia donde sostiene que "nadie en el mundo siente más que yo la debilidad de las caracterizaciones generales. ¿Quién ha observado que es imposible expresar la peculiaridad de un ser humano? ¡Qué profundidad reside simplemente en el carácter de una nación!". Para sentir lo que representa cada nación "debiera comenzarse por simpatizar" con ella, con la "naturaleza anímica que domina sobre todo". Solo así uno puede persuadirse de que no hay en el mundo dos momentos que sean idénticos: "... si la historia centellea y vacila ante tus ojos, si se convierte en una maraña de escenas, pueblos y periodos, comienza por leer y aprender a ver. Todo cuadro general, todo concepto universal es pura abstracción". El hombre no es "una divinidad espontáneamente orientada hacia el bien" porque debe aprenderlo todo, desarrollarse progresivamente y avanzar paso a paso en una lucha constante. Herder critica, frente a esta versión individualizada y contextualizada de las actividades humanas, "la imagen ideal de virtud extraída del manual de su propio siglo". Esta imagen impide percibir que las deficiencias y excepciones, contradicciones e incertidumbres de otras culturas y siglos "son perfectamente humanas" y atienden a su propio objetivo. En una frase redonda, que suscribiría cualquier nacionalista o multiculturalista de nuestros tiempos globalizados, dice: "Al igual que cada esfera posee su centro de gravedad, cada nación tiene su centro de felicidad en sí misma". No haber advertido esto hace de autores ilustrados como Hume, Voltaire y Robertson "clásicos fantasmas a385 del crepúsculo" que, con su soberbia eurocéntrica, se privan de entender el misterio de la diversidad humana, los muchos caminos por los que el hombre, las culturas, los pueblos llegan a conquistar la felicidad. La naturaleza humana "no es un vaso de felicidad absoluta, independiente, inmutable; es un barro dúctil, susceptible de adoptar diversas formas". De ahí que toda comparación entre dos hombres, dos pueblos, dos culturas resulte incierta y dudosa pues "¿quién puede comparar la distinta satisfacción de sentidos distintos en mundos distintos?". Y es que el bien se halla diseminado por toda la tierra y "como una sola forma de humanidad y una sola región eran incapaces de abarcarlo, se dispersó en mil formas de humanidad y recorre ahora -eterno Proteo-todos los continentes y todas las épocas" (Herder, 1982). LA REALIDAD ABSOLUTA DEL LENGUAJE La argamasa de la cultura, el cimiento del Volk, la plasmación de la creatividad humana, donde se hallan involucrados imaginación, inteligencia y capacidad de adaptación al entorno, es el lenguaje. Para Herder, el hombre, a diferencia de los animales, carece de instintos que le permitan vincularse a un hábitat determinado. Esta carencia biológica hace del hombre un ser flexible e indigente que debe servirse de su inaudita apertura al mundo para lograr aclimatar este a su condición despojada. El hombre, en diálogo con la naturaleza, debe crear su realidad y a este proceso lo llamamos historia. Según Herder, el lenguaje constituye la herramienta fundamental del hombre a la hora de colonizar culturalmente su amenazador entorno. La diversidad infinita de esta colonización, de las formas culturales y sociales creadas a lo largo de la historia, arraiga en la experiencia lingüística y simbólica que define lo humano, fundamento de su libertad en tanto dicha experiencia no se encuentra determinada por un programa biológico definido semejante al de los animales. Toda cultura sería un sistema de signos que requiere una hermenéutica sensible al hecho de la diversidad para ser correctamente interpretada. Hermenéutica que, como hemos visto, fija la filosofía de la historia de Herder en unas coordenadas diferentes de las dominantes en su siglo. En los años 70 del XVIII, sostiene Robert S. Leventhal (Leventhal, 1994), los Goethe, Hamann, Lichtenberg, Heyne y Herder articularon un "paradigma hermenéutico-filológico" según el cual el intérprete no trataría de representar un correcto sistema de ideas, sino de entrar en confrontación con un texto histórico y su contexto. Para Herder, la cuestión de la prioridad del lenguaje en el conocimiento del hombre es al fin política porque, dice Leventhal, "cualquier intento de salirse del lenguaje e ir más allá de las metáforas producirá una tecnología de Estado" amparada por el racionalismo filosófico y el sistema científico. La condición lingüística del hombre produce una nueva filosofía alejada del análisis metafísico y de la creencia en una verdad situada más allá del discurso y de la historia. Por eso, la filosofía debe reorientarse a la vida histórica y la política, a la moral y la educación. En resumen, para Herder, según Leventhal: El ser humano no es una entidad que preexista a sus posibles modos de expresión. La base de la identidad política no reside en el soberano, sino en la comunidad histórica y lingüística forjadora de una cultura. La humanidad no es una sustancia metafísica, sino una hipótesis interpretativa que permite relacionar diferentes formas de existencia histórico-culturales. No existe soporte natural o metafísico para el lenguaje. Este constituye la posibilidad de la distinción y el conocimiento, pero él mismo flota en el vacío. Es suma de fuerzas, poderes y energías y, por ello, debido a su esencial indeterminación, no hay un criterio objetivo para diseñar el mundo humano. La cultura sería una emanación de dicha indeterminación, una fuerza misteriosa y proteica que hace de lo humano un mundo de identidades ficticias con las que, por otra parte, el hombre alcanza su verdad. Con el lenguaje, dice Herder, "el género humano recibió un prototipo de todo lo que le restaba por hacer". De ahí que el giro lingüístico que encarna abarque desde una epistemología hasta una antropología histórica y cultural. El análisis del lenguaje implica desde investigaciones sobre cómo pensamos y elaboramos nuestras ideas hasta interpretaciones de concepciones del mundo, sistemas de valores, obras artísticas, religiosas y científicas, etcétera. Herder llega a sugerir, y en esto se parece mucho a buena parte de los filósofos llamados posmodernos, que la razón es un resultado de la imaginación. Afirma textualmente, como reseña Manfred Frank, que "nuestra razón se forma solo por medio de ficciones". A lo que apostilla Frank que la racionalidad -para Herder-es siempre la racionalidad de un mundo y "un mundo es siempre la relación de significados de un sistema de signos que, recibido como herencia, permite a los miembros de una cultura heredar al mismo tiempo una misma imagen del mundo" (Frank, 1994). Si la cultura es la expresión de lo que somos, el lenguaje es el arma con que la cultura nos convierte en lo que somos. El lenguaje constituye el vínculo intergeneracional a través del cual los pueblos preservan su identidad y son capaces de integrar los cambios sin adulterarla. El lenguaje incorpora valores, juicios sobre la realidad, concepciones del mundo que impregnan nuestros pensamientos y sentimientos, piensa y siente por nosotros. De ahí que Herder, contra Kant, pueda aseverar que la razón "no subsiste por sí misma separada de otras facultades" pues "el alma que siente y se forma imágenes, que piensa y se forma principios, constituye una facultad viviente en distintos actos". Dado que el alma piensa con palabras, "en materia de razón pura o impura, hay que oír a este viejo testigo universal y necesario" que es el lenguaje. Apurando esta idea, Herder llega a formulaciones que más de un filósofo contemporáneo del lenguaje podría suscribir. La palabra que designa el concepto "suele indicarnos cómo hemos llegado al concepto, qué significa y qué es lo que le falta". De ahí que "gran parte de los malentendidos, contradicciones y absurdos atribuidos a la razón no se deberán seguramente a ella misma, sino al defectuoso instrumento del lenguaje o a su incorrecto uso..." La especulación herderiana sobre el lenguaje, muy ligada a la crítica del ídolo ilustrado y kantiano de una razón emancipada donde la lógica del concepto prevalece sobre su expresión lingüística, propone no tanto un rechazo de la Ilustración como una superación de esta. Herder, al igual que su mentor y amigo, el esotérico Johann Georg Hamann, trataría de canalizar el espíritu emancipatorio de la Ilustración liberándolo de las cadenas racionalistas que lo lastran. Como si, más allá de la terrible alianza entre reformismo monárquico y racionalismo ilustrado, hubiese una Ilustración igualitarista, humanitaria y popular esperando a ser descubierta. La idea de cultura en Herder, con la filosofía de la historia que postula, con su énfasis en el lenguaje como realidad humana fundamental y con sus acentos vitalistas y redentores, cumpliría una neta función ideológica en absoluto retardataria, sino progresista. La función de liberar a la sociedad de su corsé absolutista, aristocrático y racionalista y permitir que aflore la espontaneidad no corrompida de las siempre puras energías del Volk. Herder, como Hamann, no es un anti-ilustrado, sino un defensor de otra Ilustración. Defensa que hace de ellos ilustrados radicales en su inconformismo, populismo y malestar. LA POESÍA COMO MITOLOGÍA POLÍTICA ¿Qué sería de muchos nacionalismos sin la lengua? ¿Y qué sería de muchos nacionalistas sin la poesía? Herder no solo ofrece argumentos a los primeros para subrayar el valor central que ocupa el lenguaje en el alma y las sociedades humanas, sino que destila también toda una batería de reflexiones sobre el alcance de la poesía popular como forma de conocimiento y como mitología capaz de dar un sustento político a las comunidades culturales. En tanto forma de conocimiento, la poesía reflejaría aquellas identidades ficticias que el lenguaje inventa como la verdad más esencial del hombre: "Cualquiera puede ver -dice Herder-que no estoy usando la palabra poesía como sinónimo de falsedad pues, en el reino de la comprensión, el significado del símbolo poético es la verdad". Herder se terminó persuadiendo de que los valores de la poesía primitiva poseían una indudable relevancia epistemológica opuesta al imperio de la razón discursiva y del método racionalista y emparentada con la religión. Experimentó la necesidad de reeditar en su época el sueño de un poeta que creara una "nueva mitología" (la expresión es de Herder) con tanto empuje como la mitología de los antiguos: "Queremos estudiar la mitología de los antiguos -dice Herderpara poder llegar a ser inventores nosotros mismos". Según Manfred Frank, dicho sueño representa el intento de fundamentar religiosamente el espíritu de la época, de inventar "un lenguaje plástico que soporte nacional y políticamente, y con parecida autoridad a la de los antiguos, la concepción del mundo de los contemporáneos". Tras ese sueño, subyace el deseo de "recuperar la fuerza de renovación de la antigua mitología como instrumento de síntesis social, acuerdo mítico y fundamentación axiomática a partir de valores supremos" (Frank, 1994). Herder tenía una clara conciencia de la fragmentación y división de la Alemania de su tiempo, un mosaico de territorios política y jurisdiccionalmente dispares unidos apenas simbólicamente por la figura del emperador del Sacro Imperio Germánico. Una Alemania que, ya desde la Germania de Tácito, apuntaba unos rasgos culturales propios que la reforma luterana, con su énfasis en la lengua vernácula, no hizo sino acentuar. El Volk alemán debía ser rescatado de su postración secular y, para ello, la literatura y la poesía eran cruciales a fin de establecer los actualizados parámetros de su resurgimiento. Herder, en tanto crítico literario, asumió el papel de incentivar la aparición de a385 una nueva literatura alemana consciente del reto cultural que se le planteaba. Ni más ni menos que ser vehículo de una nueva mitología que permitiese a los alemanes reconocerse, más allá de su dispersión política, como miembros de una misma comunidad y de un mismo proyecto histórico. Herder hace explícita esta necesidad cuando afirma que "estamos trabajando en Alemania como en los días de Babel, divididos por sectas de gusto, facciones en el arte poético, escuelas de filosofía que polemizan entre ellas: sin capital ni interés común, sin un grande y universal reformador...". El sueño de Herder trascendía lo estético pues, a su juicio, la verdadera poesía es política de por sí. Hecho demostrado por el patriotismo de los poetas antiguos, israelitas y griegos, principalmente. A diferencia de Kant, Herder se sirve de la estética para restaurar la armonía social en la modernidad. Su proyecto poético-político convierte la categoría de lo sublime, según Jochen Schulte-Sasse (Schulte-Sasse, 1990), en un instrumento con el que restañar las heridas del mundo moderno, lo que aboca a una estetización de las relaciones humanas, incluidas las políticas. Dicho proyecto hunde sus raíces en la conciencia de que la modernidad demanda una nueva mitología, una nueva concepción del espacio público, una nueva forma de comunicación que vertebre las relaciones sociales. A diferencia de la antigüedad clásica y, en concreto, de Atenas, Herder estima que el régimen asambleario y la oratoria política no sirven como referente para los modernos. Benjamin W. Redekop (Redekop, 1999) subraya que, pese al resurgimiento del modelo republicano debido a la revolución francesa, Herder vinculó su proyecto estético de regeneración social con la literatura y la poesía, partiendo del presupuesto de que la reforma moral y cultural era una condición previa a todo cambio político. La conciencia histórica herderiana respecto de las diferencias entre antiguos y modernos le lleva a resaltar el carácter negativo, por demagógico, del antiguo modelo republicano de comunicación pública. El orador político representa "la magia retórica del charlatán", que contamina la atmósfera de las asambleas favoreciendo la manipulación de las pasiones populares. Frente a la demagogia de las repúblicas antiguas, Herder, como Pastor luterano, enfatiza el valor de un tipo de comunicación pública basado en las "homilías", en la acción discursiva de predicadores que no buscan manipular, ni obtener ventajas personales, sino llevar la luz a su audiencia, formar moralmente a esta. La oratoria política tendría, por el contrario, de-bido a su base demagógica, un carácter tumultuoso y oportunista, retóricamente sofístico. A esta diferencia en cuanto a los modelos de comunicación pública predominantes, se une la distinción que se hará clásica entre la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos. Esta contrasta con aquella por ser menos audaz e impetuosa, "más fina y modesta". La de los modernos engloba "la libertad de conciencia", "la libertad para disfrutar el hogar y la viña de uno bajo la sombra del trono" y "para poseer el fruto del esfuerzo propio". A juicio de Herder, en tal género de libertad, que nada tiene que ver con la libertad participativa del republicanismo clásico, descansa el "sentimiento del patriotismo" típicamente moderno, sin que dicho género aboque a los planteamientos individualistas y egoístas de un Helvetius, un Mandeville o un Hobbes, todos ellos calificados como "fríos misántropos" (Herder, 1992). La manera de institucionalizar este modelo de comunicación pública, y así establecer las bases para que arraigue una nueva mitología capaz de vertebrar orgánicamente el fragmentado mundo alemán, consiste en que la "Historia de la literatura" aspire a ser "la voz de la sabiduría patriótica y la reformadora del pueblo". Dice Herder que "un pueblo que posea grandes poetas sin lenguaje poético, competentes escritores en prosa sin un lenguaje flexible, grandes filósofos sin un lenguaje exacto es un absurdo". El problema a la hora de crear una nueva mitología desde presupuestos ya no político-republicanos, sino político-culturales; ya no desde la figura del orador, sino desde las figuras del literato, el historiador de la literatura y el crítico literario; ya no desde una versión asamblearia del espacio público, sino estrictamente literaria radica en que obliga a hacer un uso innovador de los referentes antiguos a fin de interpretar los acontecimientos modernos. Y, para ello, se precisan, según Herder, "dos poderes que no suelen aparecer juntos: el analítico del filósofo y el sintético del poeta" (Herder, 1992). El crítico e historiador de la literatura debe ser una mezcla de filósofo, filólogo y poeta. Debe ser capaz de esclarecer la relación entre obra, autor y época; de entender cómo la clave de dicha relación descansa en la lengua materna mediante la que el genio contribuye a la formación de una literatura nacional. Tal esclarecimiento y entendimiento sitúan al crítico e historiador en un país como Alemania, aún falto de literatura nacional, en la posición de inspirador de un cambio, de guía moral del mismo. Tal cambio remite a una acen-a385 tuadísima conciencia histórica según la cual ha de romperse con la mera imitación de los modelos antiguos. No existe un criterio universal y atemporal de lo bello, de lo bueno y del gusto. El crítico literario debe ayudar a definir el gusto estético y moral de su público en el presente. De ahí que el necesario conocimiento de los modelos antiguos haya de someterse a un criterio no imitativo, sino heurístico. Para, de este modo, interpretar estéticamente los acontecimientos modernos. Interpretación de la que depende la constitución de una nueva mitología que permita al disgregado Volk recuperar su unidad perdida. Herder fue consciente de la dificultad que entrañaba semejante tarea, fomentar la aparición de una literatura nacional basada en formas poéticas vivas y poderosas. Y ello debido en gran parte a que su época, como le desveló su sensible conciencia histórica, era "la época filosófica del lenguaje", más filosóficamente analítica que poéticamente sintética. La tragedia de dicha época estribaba en que poseía, como época ilustrada y racionalista que era, un talento crítico más que poético, un talento para comprender más que para crear. El crítico precede al poeta en un tiempo sin oídos para la poesía. Pero el crítico no reconciliado con esta situación, caso de Herder, que amenaza con hacer de él un instructor de normas y juez de lo formalmente correcto e incorrecto, aspira a devolver a la literatura su perdida vitalidad, a inyectar de nuevo en la poesía algo de su antiguo primitivismo y alejarla de su actual didactismo y moralismo. Por eso Shakespeare es tan importante para Herder, porque rompe con la herencia formal de los clásicos, reinventa el gesto audaz y decidido de los modelos antiguos y aplica innovadoramente ese gesto liberado de servidumbres formales a la creación de una literatura moderna y nacional. Todo el problema reside en qué actitud adoptar respecto de los referentes estéticos y mitológicos de la antigüedad, fuese la israelita, la griega, la romana o la de los germanos. Someterse a su herencia formalmente según un concepto universal de lo bello y del gusto sería un completo desatino. Para Herder, y son palabras suyas citadas por Hans Robert Jauss, la "diferencia entre los tiempos antiguos y los nuevos, es decir, entre los griegos y los romanos en comparación con todos los nuevos pueblos europeos" es tan "manifiesta" que exime de realizar un análisis comparativo. Jauss desvela el trasfondo de estas palabras diciendo que la decadencia de la cultura antigua "obliga a reconocer el origen de la poesía moderna como una creación nueva surgida del espíritu de los himnos cristianos". Lo que pone de manifiesto, y aquí radicaría el sentido más profundo del historicismo ilustrado de Herder, que la diferencia entre los antiguos y los modernos apunta, según Jauss, al "desarrollo general del conocimiento, de la cultura y de sus instituciones en la historia de la humanidad, que ya no será posible entender a través de ninguna categoría general de la educación estética" (Jauss, 2000). Apostar por un uso creativo y no meramente imitativo de la herencia antigua encierra enormes dificultades. No siendo la menor de ellas que el presente es más filosófico que poético, más analítico que sintético, más crítico que imaginativo. Herder vivió en la contradicción de saberse un crítico sensible a aquellas dificultades. Con lo que el crítico atribulado por el dictamen de su conciencia histórica deberá violentar esta y obligarse a creer en que, más allá de dicho dictamen, hay espacio para soñar con una literatura nacional a la altura de los tiempos. Violentar su conciencia histórica significará, a la postre, explorar otras dimensiones de la Ilustración; viajar impacientemente en busca de un puerto donde la reconciliación que acabe con la actual indigencia sea posible. Reconciliación entre la filosofía y la poesía, la crítica y la imaginación, la modernidad y la antigüedad, la literatura y la nación. El puerto anhelado por Herder se identifica con aquella versión político-cultural del espacio público donde el crítico e historiador literarios puedan desempeñar su papel de reformadores del pueblo, de auténticos predicadores de la luz del Volk que propicien la aparición de poetas nacionales y los guíen en su patriótica ejecutoria. Pues detrás de todo está ese público no congregado ya en asambleas como en las repúblicas antiguas, de rostro anónimo, que espera ansioso beber en las fuentes modernas de su lengua y de sus mitos. Y ello para llegar a ser un pueblo en el pleno sentido político y cultural de la expresión. Herder dilucidó distintos modelos de Volk (israelita, griego) en el pasado que, por su carácter audaz en lo político y lo literario, por su experiencia histórica de una libertad auténtica, podrían servir de faro al resurgir de Alemania. Jugada ideológica arriesgadísima que implicaba combinar elementos antiguos de manera creativa y novedosa. La lengua y la literatura serían la punta de lanza de este proyecto nacional. Proyecto animado por un deseo de fuga respecto de la paralizante estética neoclásica y, en fin, del dominio cultural del racionalismo de donde surgen los anhelos nacionalistas en su forma más puramente herderiana. El nacionalismo así definido aparece como una ideología contradictoria incapaz de resolver su inquietud fundacional, la cual viene a ser un doloroso desgarro en la conciencia histórica de la Ilustración, la expresión de un malestar que lleva a violentar dramáticamente dicha conciencia. Mas este gesto violento y desgarrado lo pudo hacer Herder porque la conciencia histórica ilustrada era proteica, una matriz capaz de engendrar una amplia nómina de bastardos. El nacionalismo, visto desde Herder, que es la única perspectiva mantenida de principio a fin en este artículo, sería, por sorprendente que suene, un bastardo de la Ilustración, una consecuencia ideológica del carácter ambiguo y proteico de su conciencia histórica. Lo que significa que el nacionalismo no surge contra la Ilustración, sino como otra Ilustración que divisa sus perfiles constitutivos en un horizonte posracionalista. Horizonte que se identifica con esa indeterminación conceptual que hemos dado en llamar cultura. Cabe preguntarse si el nacionalismo no es la obra poética e imaginativa de un crítico literario que trató de llenar el vacío de una literatura nacional mediante el acto de convertir la filosofía en antropología, lo explicativo sin vida en lo comprensivo vitalizado. Es decir, mediante el acto de inundar el campo del conocimiento erudito con las visiones de una imaginación sublime, desbocada, que habla con lengua de ángel. Pues en un tiempo sin poetas, pero con acuciantes necesidades nacionales, el crítico literario debe ocupar el vacío ensanchando hasta el límite los confines de su saber, haciendo, como decía Herder, "ciencia de cada potencia anímica" y convirtiéndose en una especie de filósofo-poeta o poeta-filósofo. El antropólogo y el filósofo de la historia en que se transformó Herder guiado por su deseo de sustituir la metafísica por el conocimiento total de la realidad del hombre no son más que un poeta sobrevenido que actúa con patriotismo al servicio del Volk. Motivo de que la erudición resulte inseparable, en su caso, de una cruzada reformista inspirada por un fin netamente ideológico. La impaciencia de Herder asume la forma de una rebelión sentimental en virtud de la cual se respeta el espíritu analítico de la época inoculando en dicho espíritu el vitalismo poético e imaginativo que le falta. De esta manera, el filósofo desnortado del racionalismo y el crítico amanerado por la aplicación de las reglas clásicas dejan su lugar a esa figura intelectual que representa Herder. Poeta bajo ropaje erudito que cumple tareas de construcción nacional con su obra en sustitución de aquellos poetas que no terminan de aparecer. Angustiado por el retardado despertar nacional de Alemania, Herder juega literalmente con la conciencia histórica que le define como crítico literario para situar dicha conciencia en el punto exacto desde donde propiciar aquel despertar. Este punto no será el de una, por el momento, inviable literatura nacional, sino el de una ciencia del hombre posracionalista y posmetafísica orientada por fines patrióticos y reformistas. Ciencia afín a otra Ilustración de tipo organicista nutrida por una concepción vitalista de la naturaleza y de la historia. De esta ciencia e Ilustración, de este juego herderiano, experimental y creativo, con la conciencia histórica surgirá el nacionalismo como artefacto ideológico. Al cual se le podrán reprochar muchas y terribles cosas, pero no el carácter intelectualmente audaz que se halla detrás, incluso, de sus rasgos más retardatarios. Carácter que, en parte, se lo debe a Herder, quien fue, qué duda cabe, un innovador, un explorador de aquellos desfiladeros de la conciencia histórica ilustrada por los que el racionalismo no se aventuró a descender. Nuestra comprensión de Herder como un ilustrado radical obliga a replantearse los orígenes románticos del nacionalismo. Evidentemente, el romanticismo constituye una fuente fundamental de dicha ideología. Lo que suele pasar más desapercibido es el carácter proteico, multiforme de la Ilustración. Es decir, que muchas de las reacciones al mundo ilustrado oficial (reformismo absolutista, racionalismo), más que ser opuestas al espíritu ilustrado, deberían entenderse como versiones de otra Ilustración. En el caso de Herder, su exploración heterodoxa y radical del espíritu ilustrado, saturada como estaba de insatisfacción personal, impotencia política y una buena dosis de resentimiento, le llevó a bosquejar la posibilidad histórica de un mundo posaristocrático y posracionalista, humanitario e igualitarista emparentado con la recuperación del alma perdida del Volk alemán. Esta operación ideológica, que posee un sentido fundamental dentro de los parámetros de las ideas políticas contemporáneas, fue realizada por Herder a una escala universal, desde la perspectiva de una filosofía vitalista de la historia emparentada con el poder creador del lenguaje y la poesía, con la potencia mitológica del lenguaje y la poesía en tanto factores culturales creadores de comunidad política. Si entendemos, a partir del caso representado por Herder, que la Ilustración es un concepto polimórfico y que su plasmación radical se vincula con una crítica a385 de la oficialidad ilustrada (reyes, nobles y filósofos), de la represora alianza entre reformismo y racionalismo, fundamento de una sociedad unificada y homogénea sin espacio para la creatividad de las tradiciones populares, no será contradictorio presentar el nacionalismo utópico y humanitario de Herder como un ejemplo de tradicionalismo insurgente. El cual se sirve ideológicamente de la historia no para fortalecer el statu quo, sino para desenmascararlo y ayudar a desmantelarlo. De ahí que la filosofía herderiana de la historia, mucho más que una nueva ciencia del hombre posmetafísica preocupada por las circunstancias reales de la experiencia humana, constituya un instrumento político de oposición a lo establecido inserto en el proceso histórico deslegitimador del Antiguo Régimen de finales del siglo XVIII, cuyo momento clave fue la revolución francesa. Herder no era afín a la extrema politización desencadenada por el magno acontecimiento, al asambleísmo descontrolado y desestabilizador donde triunfa la oratoria del demagogo, pero sí era afín al espíritu igualitarista de la revolución. Aunque él trabajase la idea de igualdad en una clave, antes que política, cultural, como emblema de un mundo de culturas nacionales, de pueblos unidos en el respeto de sus identidades. Este nacionalismo tolerante y pacífico surge de una cruzada ideológica contra la Ilustración oficial y representa la posibilidad de una Ilustración pensada sin la limitación impuesta por el poder y la razón. Para Her-der, y ahí reside toda su ingenuidad y toda su grandeza, la cultura, el lenguaje y la poesía, las tradiciones y canciones populares encarnarían, por contraste con el poder y la razón, lo contrario de la dominación, la coacción y el servilismo. Un mundo liberado de cadenas, primitivo, vitalista y espontáneo, en que los hombres comunes habrían dejado de estar sometidos a las normas intelectuales y burocráticas de esa élite ilustrada tan odiada por Herder. Y podrían dedicarse a sus oficios y actividades tradicionales sin temor al impacto sobre sus vidas de los planes reformistas, siempre mecánicos y homogeneizadores, del poder. Lo que el pensador alemán no pudo anticipar fue que la cultura, el lenguaje y la poesía eran capaces de engendrar un nacionalismo diferente del suyo, un nacionalismo depredador y violento anclado en la política del poder, el orgullo y el desprecio. La ingenuidad de Herder fue la propia de un ilustrado radical, de un reformador bienintencionado de la humanidad que, como supo ver Kant, cometió el pecado intelectual de moralizar las fuerzas de la historia y la tradición para desmantelar la fortaleza de una razón y un poder emancipados de su vínculo con el Volk. Este sería la potencia afectiva y mítica, la verdadera alma de la historia, el núcleo originario e irreductible de esta. La versión herderiana del Volk es la de un ilustrado radical que nada tiene que ver con versiones posteriores del mismo, mucho más sórdidas y terribles.
RESUMEN: La práctica totalidad de los estudios sobre heterotopías producidos en la disciplina arquitectónica están orientados a la identificación o desarrollo de ciertos espacios como countersites capaces de generar resistencia frente a las técnicas disciplinares de un poder administrativo que normaliza y controla a los individuos. Por el contrario, este artículo sostiene que una vez que la concepción disciplinar del poder ha dado paso a la biopolítica y se ha completado el proceso de subsunción real de la sociedad en el capital, las heterotopías han comenzado a funcionar unívocamente, optimizando las relaciones de gobernanza y producción neoliberales, perdiendo el potencial emancipatorio que aún se les adjudica en favor de un funcionamiento ideológico y mistificante del poder que dicen resistir. Gracias al concepto de heterotopía, arquitectos, urbanistas y geógrafos funcionan todavía como técnicos al servicio directo del capital, mientras creen sinceramente en el potencial liberador de su trabajo. A día de hoy, todavía no hemos encontrado un arquitecto ni un urbanista que no crea o afirme creer que su trabajo sirve para mejorar las condiciones de vida o lograr de una forma u otra la emancipación de la sociedad civil. Para poder justificar esta creencia, los teóricos de la arquitectura recurren constantemente a los más variados conceptos de otras disciplinas, los cuales son completamente descontextualizados del horizonte de sentido que les otorgaba su posición concreta dentro de la obra del autor que los produjo y de la disciplina específica en la que fueron generados. Uno de los términos más referenciados en las últimas tres décadas para el cumplimiento de esta función dentro de la disciplina arquitectónica ha sido el de heterotopía. En la disciplina arquitectónica este concepto ha sido aplicado a las más diversas y variadas realidades: discotecas gays de los años 70 (Betsky, 1997), arquitectura islámica (Tonna, 1990), instalaciones medioambientales (Genocchio, 1995), el museo del Pacific Island Culture (Kahn, 1995), el centro cívico de Los Ángeles (Soja, 1995), el palacio real, las logias masónicas y las primeras fábricas (Hetherington, 1997), la nueva biblioteca pública de Vancouver (Lees, 1997), los colegios femeninos del siglo XIX (Tamboukou, 2000), la noción de paisaje (Guarrasi, 2001), los templos budistas de Swayambhu en el valle Kathmandu (Owens, 2002), las website pornográficas (Jacobs, 2004), los cibercafés (Liff, 2003), Chinatown en Washington D.C. (Lou, 2007), el centro Georges Pompidou y el museo Guggenheim de Bilbao (Shane, 2008), los Massive Open Online Courses (Willis, Lynn y Gettings, 2013) o los establecimientos de comida rápida y las oficinas de teleoperadores (Constantinou, 2014) 1. La principal objeción a la transferencia disciplinar de este concepto radica en que su autor, Michel Foucault, lo concibió en su aplicación al ámbito de la arquitectura teniendo presente ante todo unas tipologías arquitectónicas propias de la modernidad clásica (museos, bibliotecas, hospitales, prisiones, teatros, hoteles, colonias). Esta es una época en la que primaba una concepción disciplinar del poder, y donde la arquitectura y el urbanismo eran identificados como técnicas al servicio directo de una forma concreta de poder. En cambio, su aplicación por parte de los teóricos de la arquitectura se ha realizado en la mayor parte de los casos para defender la independencia de la arquitectura respecto del poder disciplinar y su capacidad para promover la eman-cipación de las personas respecto de dicha forma de poder. El problema es que los arquitectos siguen concibiendo el poder como el poder propio de la era disciplinar, haciendo caso omiso de las distinciones que Michel Foucault estableció entre el paradigma disciplinar y el biopolítico. Un cambio de paradigma que -es necesario destacar-es paralelo al paso del mercantilismo al capitalismo. Si bien es cierto que "soberanía", "disciplina" y "biopolítica" nunca son concebidas por Foucault sucesivamente, de modo que el paso de la hegemonía de una concepción gubernamental a otra conlleve la eliminación o pérdida de eficiencia de las técnicas de poder desplegadas por la concepción anterior; la realidad es que el paso de una episteme concreta a otra siempre supone una completa reconfiguración del horizonte de sentido y del funcionamiento estructural de todas las técnicas anteriores. Esto es precisamente lo que la apropiación arquitéctonica del concepto no ha tenido en cuenta. Desde nuestro punto de vista, esta completa omisión de un estudio sistemático de la obra de Foucault es la que ha promovido que el concepto de heterotopía haya sido empleado por los arquitectos para defender una concepción de la arquitectura completamente contraria a la que de ella tenía el propio Foucault. Pues, pese a que la mayor parte de los textos en los que Foucault hace referencia a la arquitectura y el urbanismo se insertan dentro de la lógica de las técnicas de poder utilizadas por las instituciones políticas para el control de la población -salvo artículos concretos (Defert, 1997; Wallenstein, 2001; Wallenstein, 2007)-, la principal recepción arquitectónica de su trabajo se ha desarrollado exclusivamente alrededor de un injerto del término heterotopía dentro de una teoría arquitectónica anglosajona liberal (Rowe, 1980; Koolhaas, 2004) que desvirtúa por completo la significación original del término. Además, hay que resaltar que Foucault concibió esa noción a partir de ámbitos propios de la crítica literaria y la gnoseología, y que solo con posterioridad, y de forma anecdótica, lo aplicó a la arquitectura, abandonando rápidamente su uso, muy probablemente debido a su ambigüedad. Una ambigüedad, insuficiencia o impropiedad para las disciplinas como el urbanismo o la geografía que ha sido comentada en numerosas ocasiones (Soja, 1996; Harvey, 2000; Saldanha, 2008), llegando incluso a afirmarse que toda interpretación propiamente arquitectónica o geográfica del concepto es un "malentendido" de su significado original (Knight, 2014, p. De este modo, el actual estado de la cuestión se caracteriza por una gran mayoría de arquitectos que defienden el empleo del concepto de heterotopía como "lugares de relevancia política y social para el empoderamiento de los grupos minoritarios y los sub-grupos marginales a través del uso del espacio" (Heynen, 2008, p. 317), frente a una minoría que afirma que "la heterotopía termina siendo un concepto inadecuado para analizar la diferencia espacial" (Saldanha, 2008(Saldanha,, p. Ante esta disyuntiva, el presente artículo se posiciona en favor de la concepción minoritaria, pero lo hace como punto de partida. Su objetivo principal no es evidenciar la insuficiencia científica del uso de tal categoría en las disciplinas espaciales, sino reconstruir la historia de la tergiversación a la que fue sometido el concepto de heterotopía con el objetivo de evidenciar cómo esta historia obedece a un proyecto de construcción del discurso neoliberal en arquitectura. A lo largo del trabajo se destacará que este es un discurso por completo antagónico respecto a los análisis espaciales de Michel Foucault y a su crítica de las teorías neoliberales alemanas y estadounidenses, vistas estas últimas como ámbitos paradigmáticos de la biopolítica. La tesis mantenida es que el supuesto potencial emancipatorio (countersite, empowerment) asignado a ciertos lugares y tipologías arquitectónicas caracterizados como heterotopías funciona únicamente como propaganda ideológica del discurso liberal. Para poder dar razón de todo ello, el presente artículo se divide en tres apartados. En el primero se analizan las principales características de las heterotopías comentadas originariamente por Foucault en la conferencia impartida en 1967 en el Cercle d'études architecturales 2. En este apartado se da cuenta de la congruencia que el concepto de heterotopía guarda con la concepción disciplinaria del poder; lo cual, según creemos, pone en crisis la posibilidad de una aplicación directa de esta concepción al nuevo funcionamiento que estos espacios adquieren dentro de una lógica biopolítica. En el segundo, analizamos las dos obras principales a partir de las que se realizó la recepción del concepto de heterotopía en la disciplina arquitectónica: City Collage de Colin Rowe y Delirious New York de Rem Koolhaas. Se trata de dos concepciones paralelas de defensa del liberalismo socioeconómico (formalista la primera y antiformalista la segunda), en explícita oposición al urban planning desarrollado hasta esa fecha por las administraciones públicas. Por último, dedicaremos un apartado a mostrar las razones de fondo por las cuales el actual discurso arquitectónico acerca de las heterotopías funciona como ideología al servicio del desarrollo capitalista. Para ello recurriremos a la noción de dialéctica negativa, desarrollada por el filósofo Massimo Cacciari y a la relectura marxista de la subsunción real de la sociedad en el capital realizada por Antonio Negri. Debido a la especificidad terminológica de ciertos conceptos empleados a lo largo del artículo, anticipamos un breve glosario que hace explícito el modo en el que utilizamos los principales conceptos-clave. Esto es necesario, especialmente, porque los usos de estos conceptos no siempre coinciden con el significado general o etimológico de los mismos. Biopolítica: Utilizamos este concepto en el sentido en que lo concibe originariamente Michel Foucault (2006y 2007) como episteme (saber) o práctica de gobierno propia del (neo)liberalismo, por contraposición a las prácticas disciplinares propias de una concepción jerárquica del poder. La biopolítica trabaja sobre poblaciones, dejando actuar la libertad (manipulada) de los individuos. La disciplina trabaja sobre la normalización de cada individuo, por imposición, y sin tener presente el concepto de población. No mantenemos la posterior diferencia introducida por Antonio Negri entre biopolítica y biopoder. Negri entiende la biopolítica como la producción de la vida social por parte de las multitudes desde la inmanencia de unas relaciones sociales en régimen de autovaloración antagónica respecto del poder de mando capitalista, y por biopoder el intento de imponer un modo de producción de la vida social determinado desde un poder de mando trascendente a las multitudes: "El biopoder está situado por encima de la sociedad, trascendente, a título de autoridad soberana que impone su orden. En cambio, la biopolítica es inmanente a la sociedad y crea relaciones y formas sociales a través de las formas colaborativas de trabajo" (Negri y Hardt, 2004, p. Dialéctica negativa: Denominación filosófica popularizada por Massimo Cacciari a partir de su interpretación del pensamiento posthegeliano (Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche). Si en la filosofía del derecho hegeliana las contradicciones generadas por la economía liberal en el ámbito de la sociedad civil eran solucionadas por el Estado, institución política por excelencia que está dotada de una naturaleza por completo distinta de la sociedad civil, la dialéctica negativa o pensamiento negativo mantiene la no diferencia de naturaleza entre sociedad civil y Estado, lo que conlleva la imposibilidad ontológica de superar a386 las contradicciones generadas por el libre actuar de los individuos y las empresas en la sociedad y el mercado. La consecuencia última es el "fracaso de toda síntesis, sea racional o estético-religiosa" (Cacciari, 1969, p. 135) como modo de superación de los conflictos (contradicciones) generados en el ámbito de la economía. Subsunción real de la sociedad en el capital: Tendencia identificada por Marx en los Grundrisse y cuya culminación, según Antonio Negri (2012), ha tenido lugar con el cambio del sujeto de clase desde el obrero-masa previo a la década de los 80 hacia el proletariado inmaterial posterior. La principal consecuencia es que con anterioridad a la subsunción real de la sociedad en el capital existían aún formas de (re)producción social completamente independientes y alternativas al capitalismo. Con posterioridad, en cambio, únicamente existen posibilidades de resistencia generadas desde las contradicciones internas del capital. Gobernanza: Empleamos este término desde una óptica específica claramente influenciada por el pensamiento de Michel Foucault. Más allá de un uso neutral como formas de gobierno mixtas público-privadas, este término guarda una relación directa con las prácticas de gobierno exigidas por la biopolítica y el discurso neoliberal. Dejando aparte la concepción inicial de la heterotopía empleada por Foucault en 1966 (Foucault, 1998) -en la que esta era vista como ruptura o imposibilidad de una concepción referencialista y unívoca entre las palabras y las cosas-, la conferencia de 1967 es la primera ocasión en la que el filósofo francés aplica este concepto a un ámbito espacial. En esta conferencia, el francés intenta realizar una primera taxonomía de ciertas tipologías arquitectónicas y urbanísticas caracterizadas por una concepción no homogénea ni isótropa del espacio, tal y como hasta entonces había sido concebido por el racionalismo cartesiano y la perspectiva renacentista 3. Las principales recepciones de la heterotopía en la disciplina arquitectónica interpretan este concepto teniendo en cuenta exclusivamente este punto de vista, identificando de forma unilateral la concepción homogénea e isótropa del espacio con un empleo de la arquitectura a favor del poder disciplinario, y la concepción heterotópica (yuxtaposiciones de fragmentos con distintas lógicas espaciales) con un empleo de la arquitectura que siempre juega directa y efectivamen-te a favor del empoderamiento de sus usuarios. Este es el sentido del argumento reducido a su mínima expresión: Homogeneidad espacial = anulación del individuo propio de políticas totalitarias. Heterogeneidad espacial = democracia y afirmación de la diferencia. Ahora bien, una lectura que interprete la famosa conferencia de Foucault en función de la posición que ocupa dentro de su obra nos permitirá mostrar la falacia de tal simplificación. En la obra de Foucault, el comentario a las heterotopías se sitúa en un momento de cambio de perspectiva de sus análisis. Concretamente, en el paso desde la crítica de la teoría del conocimiento hecha en su arqueología de las ciencias humanas (Foucault, 1998) hacia los análisis de los dispositivos disciplinarios de poder (Foucault, 2005). Es en estos últimos, y no en su conferencia sobre las heterotopías, donde Foucault procede a realizar un análisis sistemático de la arquitectura y el urbanismo como técnicas disciplinarias del poder, estudiando, además, la relación que guardan estos saberes con su primera concepción de la libertad entendida como requisito de las técnicas de gobierno liberales. Debido a ello, consideramos que el texto sobre las heterotopías debería vincularse, más que con la concepción lefebvriana del espacio (Johnson, 2012b; Cenzatti, 2008), con el pensamiento de Foucault relativo a la arquitectura y el urbanismo. Únicamente desde este punto de vista se puede evitar difuminar los límites que Foucault establece entre las heterotopías entendidas como ámbitos potenciales para el ejercicio de la libertad en la era disciplinar y las utopías como mecanismos formales que buscan una libertad automática. En este sentido, Foucault afirma que "los hombres soñaron con máquinas liberadoras. Pero por definición no hay máquinas de libertad. Garantizar la libertad no es algo que corresponda a la estructura de las cosas. La libertad es una práctica. De aquí se deduce que las utopías, para Foucault, son una ideología que atribuye a ciertas disposiciones formales o espaciales de las relaciones de poder la capacidad de generar una libertad automática de los individuos que las habitan (ciudades ideales). Las heterotopías, en cambio, son aquellos dispositivos o tipologías espaciales diseñados por el poder disciplinar para la normalización y homogeneización de individuos o entidades completamente dispares. El carácter problemático de estas heterotopías radica precisamente en que, al intentar normalizar y ho-a386 mogeneizar, las diferencias terminan por configurar unos espacios caracterizados por la yuxtaposición y la simultaneidad de lógicas inconmensurables que generan un insospechado potencial de resistencia frente a la norma que se intenta imponer. Es desde este punto de vista desde el que Foucault caracteriza las heterotopías en 1967 como aquellos "espacios-otros" óptimos para poder ejercer la práctica de la libertad en la época disciplinar. Ahora bien, que la libertad como praxis constituyente de la propia subjetividad, como arte, "cuidado" o producción de sí (Foucault, 1990), pueda ser una práctica de resistencia dentro de una episteme gubernamental disciplinaria orientada a la normalización del individuo no implica necesariamente que también pueda serlo dentro de una episteme biopolítica. Foucault desarrolla los seis principios de la heterotopía en el contexto de las prácticas disciplinares del poder. Así, si bien reconoce, en el primer principio, que "no hay una sociedad que no constituya su heterotopía o sus heterotopías" (Foucault, 2009, p. 21), lo hace para proceder inmediatamente a la afirmación de que las denominadas heterotopías de crisis, en tanto que categoría propia de los lugares implicados en "ritos de paso" de las sociedades primitivas, "desaparecen cada vez más y son reemplazadas por heterotopías de desviación [en tanto que lugares] reservados a los individuos cuyo comportamiento es marginal respecto de la media o de la norma exigida" (Foucault, 2009, p. Dicho de otra forma: siempre existen heterotopías, pero operan de forma distinta en función de la episteme gubernamental en la que se insertan. a386 bana sin trazar primero un plan global de urbanismo; respetar la variedad histórica y topográfica berlinesa; pensar la composición de la ciudad por islotes e incluso confiar a varios arquitectos la reconstrucción de los alojamientos de un mismo islote" (Foucault, 2009, p. Esta confusión es debida a que esta es una concepción de la "ciudad por fragmentos" que remite, más que a los textos de Foucault sobre la arquitectura y el urbanismo, al gran éxito editorial que supuso el libro de Colin Rowe City Collage (1978), cuya ideología política, económica y sociológica de fondo será asumida por la mayor parte del discurso arquitectónico sobre las heterotopías realizado en los años posteriores. Por ello la ideología liberal aportada por Rowe como causa y condición de la "ciudad por fragmentos" será conjugada con las heterotopías como espacios capaces de empoderamiento ciudadano y resistencia al poder de las administraciones públicas, sin que se preste una atención libre de esta ideología a los posteriores trabajos de Foucault en torno a las diferencias gubernamentales propias de las concepciones disciplinaria y biopolítica del poder. Esto significa que justo en el momento en el que la gubernamentalidad biopolítica se vuelve hegemónica con la implantación mundial de las políticas neoliberales (subsunción real de la sociedad en el capital), el discurso arquitectónico se encierra en una crítica del poder público como poder disciplinario que hace décadas que ha dejado de ser efectivamente ejercido. En la disciplina arquitectónica, Collage City y Delirious New York suelen ser interpretados como aquello que ellos mismos afirman ser: ejemplos paradigmáticos de una apología de la creatividad y la diferencia 9. Desde nuestro punto de vista, en cambio, ambas obras deberían ser interpretadas como paradigmas de un violento giro de ideología neoliberal con respecto a las críticas realizadas por Lefebvre contra el urbanismo de los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna) durante los años 60. Las críticas al urbanismo de las administraciones públicas que hizo Lefebvre se basaban en las nefastas consecuencias sociales de la zonificación del espacio según funciones unívocas y determinadas, tal y como fue manifestado en la Carta de Atenas de 1931. Según esta última, las cuatro actividades básicas del hombre (habitar, trabajar, circular y ocio) debían ser proyectadas sobre espacios distintos y optimizadas de forma exclusiva en relación a la función de que se tratara. Si bien existían críticas anglosajonas previas de ideología marxista dirigidas contra el carácter disciplinar de la arquitectura y el urbanismo funcionalista (Good-man, 1972), la recepción anglófona del pensamiento de Lefebvre no fue hecha desde esta ideología, sino precisamente desde la contraria. Debido a esto, cuando el concepto de heterotopía fue introducido en la disciplina arquitectónica, existía ya una larga tradición anglófona que identificaba unívocamente la crítica a la planificación urbana de las administraciones públicas con posturas típicamente liberales y progresistas, omitiendo toda vinculación con el marxismo. Ejemplo paradigmático de esta mistificación ideológica de base fue la recepción arquitectónica de la obra de Jane Jacobs y Henri Lefebvre dentro de un mismo horizonte de sentido. Aún hoy en día la obra de Jacobs sigue siendo considerada dentro de la disciplina arquitectónica como una muestra de la crítica de izquierda. Ello es debido a que, como suele ocurrir siempre dentro de esta disciplina, todo se interpreta de forma totalmente descontextualizada. En el caso de Jacobs, la crítica arquitectónica se centra únicamente en su famoso libro de 1961 (Jacobs, 1973), repitiéndose hasta la náusea el leitmotiv de la "recuperación" de la calle como condensador de vida social. Un leitmotiv que se vincula sin capacidad crítica (crítica = crisis = Krinein ='diferenciar') alguna con la producción cotidiana del espacio social de Lefebvre. Ahora bien, tal y como quedó claro con su posterior obra (Jacobs, 1975), para Jacobs, la vida social de la calle era consecuencia exclusiva del libre funcionamiento del mercado como origen de las ciudades, lo que supone que es este último el que debe ser favorecido. Así, el original "derecho a la ciudad" lefebvriano, entendido originariamente como el acceso a la autogestión de la producción espacial de las relaciones sociales de (re)producción, era reducido por la disciplina arquitectónica a un grosero liberalismo progresista que, olvidando todo marxismo crítico, dejaba el espacio abierto para el incipiente giro hacia la ideología neoliberal que se iniciaría con la publicación de Collage City 10. Concretamente el punto de unión entre este Lefebvre liberalizado y la obra de Colin Rowe se centró en la denuncia común de la incapacidad sistemática del poder disciplinar (las administraciones públicas) para planificar la vida social. Mientras que Rowe afirmaba que "ni en el caso de la política ni en el de la planificación puede haber suficiente información adquirida antes de que la acción resulte necesaria" (Rowe, 1980, p. 104), la deriva bienpensante del pensamiento lefebvriano en arquitectura se limitaba, una vez más, a repetir frases descontextualizadas de su pensamiento, y a386 aducía simplemente que "ni el arquitecto, ni el urbanista, ni el sociólogo o el economista, ni el filósofo o el político pueden sacar de la nada por decreto formas y relaciones nuevas. Solo la vida social (la praxis), en su capacidad creadora global, posee semejante poder" (Lefebvre, 1971, p. Al margen de esto, tanto las causas de la crítica como las propuestas de modelos alternativos diferían por completo. En el caso de Colin Rowe se realizaba una apología asombrosamente conservadora de los modelos urbanísticos del Munich de Luis I de Baviera, la Roma Imperial de la Villa Adriana, o el Londres decimonónico, interpretados todos ellos como muestras de un urbanismo contrario a las metodologías cartesianas de los CIAM, y cuyo punto en común se reducía al supuesto empleo de una lógica del bricoleur de carácter exclusivamente formalista 11. Según el propio Rowe, todos esos ejemplos históricos se caracterizaban por ser paradigmas de "aquella colisión de palacios, piazze y villas, aquella fusión inextricable de la imposición y acomodación. [...] La Roma imperial, mucho más que la ciudad del Alto Barroco, ilustra parte de la mentalidad de 'bricolage' en su máxima expresión: un obelisco de aquí, una columna de allá, una hilera de estatuas procedentes de otro lugar [...] se nos ofrece como una especie de modelo que debería considerarse una alternativa al desastroso urbanismo de la ingeniería social y del diseño total" (Rowe, 1980, p. Aludiendo directamente al museo como lugar de la "heterotopía formal" por excelencia y estableciendo incluso las ventajas didácticas de la transformación de la ciudad en tal institución 12, comentaba Rowe las maravillas pluralistas de su ciudad-museo concebida según la ideología liberal: "Antítesis de lo restrictivo, implicando el cultivo, más bien que la exclusión, de lo múltiple, según los cánones de su tiempo se rodea del mínimo de barreras aduaneras, de embargos, de restricciones al comercio y, por consiguiente, la idea de la ciudad-museo, feliz a pesar de muchas objeciones válidas, puede que no sea hoy tan decididamente desdeñable como cabía imaginar al principio" (Rowe, 1980, p. En resumen, la idea de "que sin libre comercio la dieta se hace restringida y provincializada" (Rowe, 1980, p. 126) se convertía en la apología de la sustitución de la planificación por una técnica formalista de collage. Así pues, frente a la heterotopía como resultado directo del mal de archivo propio de las administraciones públicas y su intento de totalitarismo temporal tal y como habían sido interpretadas en los análisis de Foucault, la ingenuidad de Rowe veía en la mera yuxtaposición de distintas tipologías formales un canto a la libertad del hombre y el mercado. Esta concepción formalista del potencial emancipador de las heterotopías será adoptada durante los años ochenta por un movimiento estilístico denominado "arquitectura deconstructivista" 13. Al menos en su origen, la interpretación conjunta del movimiento por parte de Mark Wigley empleaba anecdóticas referencias a la "otredad" y la "ideología de la diferencia" de unas formas arquitectónicas fragmentadas capaces por ello mismo de emancipar a sus habitantes de la dictadura racionalista del ángulo recto. Como afirmaba Wigley en el catálogo de la exposición Arquitectura Deconstructivista, era precisamente la "habilidad para alterar ideas sobre la forma [lo que] hace que estos proyectos sean deconstructivos" (Johnson y Wigley, 1988, p. Años más tarde, Mary McLeod establecería una clasificación entre las dos tendencias arquitectónicas hegemónicas de los años 90. Por una parte estarían las propuestas generadas a partir de la noción de "otredad" y "diferencia" propia de Jacques Derrida, que incluiría la obra de Eisenman, Tschumi, Benjamin, Bennington, Wigley y Kipnis. Por la otra estarían aquellas que estudian la diferencia a partir de las heterotopías, que incluiría las obras de Vidler, Porphyrios, Betsky, Ingraham y Soja (McLeod, 1997 p. Desde nuestro punto de vista, esta diferenciación de lecturas adquiere un carácter meramente ideológico y completamente in-operante para una crítica efectiva de la arquitectura, dado que ambas son realizadas desde los mismos presupuestos liberales de fondo. Además, esta catalogación produce una mezcla de posiciones formalistas y anti-formalistas, que es una distinción, al menos en el ámbito arquitectónico, mucho más operativa que la de "derrideanos" y "heterotópicos". De modo paralelo a Colin Rowe, Rem Koolhaas incidía nuevamente en la imposibilidad de la planificación y el canto a la libertad de mercado como origen de una heterotopía social de la diferencia. Así afirma Koolhaas a propósito del Rockefeller Center que "es una obra maestra sin un genio. No hay una mente creativa que sea la única responsable de su forma definitiva [...] La esencia y la fuerza de Manhattan radican en que toda su arquitectura es 'de comité' y que ese comité lo componen los propios habitantes de Manhattan" (Koolhaas, 2004, p. Sin entrar a criticar la grosera afirmación de que fueron los habitantes de Manhattan los que constituyeron de forma efectiva la junta directiva del Roc-a386 kefeller Center en la década de los treinta, lo que nos interesa resaltar es el carácter anti-formalista de las "heterotopías" de Koolhaas. Desde su punto de vista, al contrario que en el de Rowe, el potencial heterotópico de las nuevas tipologías arquitectónicas del siglo XX radicaba, no tanto en la yuxtaposición de formas incompatibles entre sí, como en la yuxtaposición radical de usos y funciones lo más variados y discordantes posible. En este caso, su descripción del rascacielos neoyorquino Downtown Athletic Club como contenedor de usos y funciones yuxtapuestos sin más orden que la superposición de plantas en altura que permite la estructura de acero, inducirá a sus intérpretes a una co-alición inmediata con el concepto de heterotopía. Desde este momento, rascacielos, aeropuertos y centros comerciales pasarán a ser las heterotopías por excelencia de la disciplina arquitectónica que conforman unas metrópolis, verdaderas "ciudades por fragmentos", ya nunca más concebibles bajo una forma urbis armónica e integral susceptible de planificación. Es, pues, con este imaginario colectivo en mente como se producirá la recepción de las heterotopías de Foucault en los años 90. Ninguna referencia será hecha por los arquitectos hasta bien entrado el siglo XXI a los trabajos posteriores de Foucault sobre la espacialidad de las relaciones de poder. En su lugar, sin desdeñar ninguna de las dos posturas (formalista y anti-formalista) sino más bien buscando una especie de amigable solución de compromiso, la ideología arquitectónica bienpensante afirmará finalmente que "las formas espaciales no son en sí mismas heterotópicas, sino que más bien pueden acomodar momentos de heteropía" (Heynen, 2008, p. Esta es, pues, una solución mágica con la que poder repetir nuevamente la ideología arquitectónica por excelencia, a saber, que el trabajo del arquitecto está al servicio de la sociedad y no al de las relaciones de explotación capitalista. Frente a esta postura, conviene recordar que ya en el texto de Defert se destacaban las precauciones de Foucault ante la posibilidad de independencia del trabajo del arquitecto respecto de los dispositivos capitalistas de poder: "La racionalización de la ciudad patronal como la fragmentación del espacio urbano, lo homogéneo al igual que lo heterogéneo, remitían a un inmenso sistema de interpretación, irrefutable: la espacialización del capital. El arquitecto se volvía el técnico pasivo de la puesta en marcha de las estrategias y las normas del capital" (Foucault, 2009, p. CONCLUSIONES: LA HETEROTOPÍA Y LOS BIENPENSANTES Si bien los principios de las heterotopías comentados anteriormente mostraban ante todo la lógica disciplinaria del poder, el segundo de ellos evidencia mejor que ningún otro el carácter histórico y dinámico de los análisis foucaultianos: "Toda sociedad puede perfectamente reabsorber y hacer desaparecer una heterotopía que había constituido antes, o incluso organizar otras que no existían todavía" (Foucault, 2009, p. Re-absorción, pues, dentro de una nueva lógica y horizonte de sentido gubernamental que cambia, no solo el funcionamiento concreto de estas heterotopías con respecto a sus usuarios (cosa que también hace), sino especialmente la finalidad última que dichas heterotopías tienen dentro de la nueva episteme hegemónica de poder. A modo de ejemplo se puede destacar que, aunque el derecho siempre funciona como una de las técnicas de dominio por excelencia al servicio del poder, el modo en que se articula en las sociedades preferentemente soberanas como título teocrático de legitimación del poder difiere radicalmente de su empleo como racionalización de los procesos administrativos de organización y control de la producción en las concepciones disciplinarias. Del mismo modo, la arquitectura y el urbanismo, sin dejar nunca de ser técnicas al servicio del poder, pasan de ser técnicas panópticas de control visual de los individuos durante la hegemonía de la episteme disciplinaria a constituirse como técnicas de revalorización fundamental de marketing urbano (arquitectura), o de reabsorción en los procedimientos formalizados de las democracias representativas de cualquier forma de oposición o resistencia (urbanismo participativo), en las actuales fases de predominio de la episteme biopolítica (León y Urabayen, 2017). Así pues, una vez que el horizonte de sentido de las técnicas gubernamentales pasa del control espacial a386 de los individuos a la gestión biopolítica de las poblaciones, el funcionamiento de las heterotopías sufre una mutación radical. La pregunta del poder gubernamental dejará de ser "¿mediante qué disposición espacial deberá conformarse una cárcel o un museo de modo que se logre una vigilancia optimizada de los presos o los objetos de exposición?", para empezar a organizarse en torno a "¿cuántas cárceles, centros comerciales o aeropuertos deberá haber por región para mantener una producción económica media de la población?", "¿en qué barrios de la ciudad deberá incrementarse la presencia de equipamientos colectivos (machines à guérir) culturales o sanitarios con el objetivo de que se eliminen las desviaciones puntuales respecto a la media de la ciudad?", o "¿en función de qué índices concretos de pobreza, paro, higiene o delincuencia deberán identificarse dichos barrios como barrios «en riesgo de exclusión social»?" El punto nodal de este cambio de concepción gubernamental del poder en referencia a las heterotopías radica en una mutación del modo en que los dispositivos de poder se relacionan con las prácticas de la libertad. Como ya hemos visto, en la fase disciplinar las heterotopías podían aún funcionar como lugares de resistencia y emancipación debido a que el proyecto normalizador del poder gubernamental no era capaz, pese a todas sus ordenaciones y regulaciones de accesibilidad, de controlar los vacíos y las interrupciones que provocaba la yuxtaposición de lógicas por completo dispares que él mismo había creado. El poder disciplinar, debido a su utopía que intentaba lograr un proyecto formalizado y armónico de la totalidad de las cosas, era incapaz de actuar de forma efectiva sobre las discontinuidades espaciotemporales en las que se materializaban las prácticas de libertad individual. Pero, en el proyecto gubernamental biopolítico en el que estamos inmersos, la libertad ya no puede ser concebida como práctica de resistencia en los intersticios de un esquema formal discontinuo con voluntad de continuidad y armonía. Por el contrario, el proyecto gubernamental neoliberal se fundamenta precisamente en la intención de hacer productiva la libertad de los individuos en su conjunto; en hacer productiva la "negatividad" de la sociedad civil. Este es el cambio fundamental de mentalidad que se produce en el paso de un poder que normaliza sujetos en aras de producir objetos (mercantilismo) a otro que organiza los dispositivos de fondo para favorecer un "dejar hacer" a la negatividad desde la que se auto-producen los sujetos a través de la libertad (neoliberalismo). A diferencia del poder disciplinar, al poder biopolítico no le interesa disciplinar el comportamiento del individuo, sino únicamente optimizar las estadísticas de la productividad de la población. La libertad como práctica de construcción individual de la persona no puede realizarse ya como resistencia frente al poder, pues este ya no se enfrenta a ella directamente, sino que dejándola hacer, simplemente se limita a gravar o expropiar su producto. El poder biopolítico se limita a disponer los recursos (equipamientos colectivos) que permitan optimizar la productividad de la libertad y asegurar la no-desviación de la media estadística. A este respecto, Foucault no deja lugar a dudas. En la episteme biopolítica, "la libertad no es otra cosa que el correlato de la introducción de los dispositivos de seguridad" (Foucault, 2006, p. La libertad entendida como liberación, resistencia o construcción de sí, acontece en una episteme distinta de la del poder biopolítico. Dentro de esta última, las heterotopías no pueden ser en modo alguno counter-sites que permitan el empoderamiento de los individuos, sino precisamente lo contrario. ¿Es que acaso no resulta obvia la congruencia de esta inmensa proliferación de centros comerciales y ciudades aeropuertos con la ideología productivista neoliberal? En último extremo, la defensa de centros comerciales y gated communities como ámbitos paradigmáticos para el ejercicio de la libertad y la emancipación social por parte de los críticos de la arquitectura es algo más que una afirmación simplemente ingenua: es algo insultante. Especialmente cuando estas afirmaciones se realizan sin desarrollar un estudio previo que analice la capacidad económica de los habitantes ni la segregación social de la población que produce el libre mercado del sector inmobiliario en las ciudades. Ahora bien, el paso de las concepciones gubernamentales disciplinarias a las biopolíticas es el paso del mercantilismo al capitalismo. En otras palabras, el paso de una economía basada en la ideología de la armonía y la estabilidad (Broch, 2009, pp. 401-424) a una economía basada en la crisis continua como forma propia de la negatividad. Esta es una consideración ya señalada por Marx cuando comentaba que "lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente, la época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes" (Marx, 1999, p. a386 Desde la tradición del marxismo crítico, el principal cambio en las técnicas de gobierno que implica el proyecto neoliberal respecto de la episteme disciplinar es precisamente el intento de "funcionalizar la negatividad del pensamiento anti-dialéctico hacia una nueva fundación ideológica estructuralmente coherente con la forma actual y la finalidad del sistema" (Cacciari, 1969, p. De este modo, el proyecto biopolíticoneoliberal es capaz de neutralizar toda la antigua negatividad de las heterotopías frente a la norma. En las sociedades liberales, la negatividad ha dejado de ser posibilidad de libertad. Esta es la razón última de la proliferación de lo diferente: Simplemente vende más. Si con anterioridad al neoliberalismo los ideales políticos siempre habían hecho referencia a distintas utopías como las ciudades ideales renacentistas, la auténtica novedad del modo de gobierno neoliberal es haber renunciado a la armonía y unificación de la sociedad en el pueblo o la nación, pues se ha dado cuenta de que el conflicto y la diferencia, por paradójico que resulte, es más productivo y produce menos resistencia a la expropiación de valor. En palabras de Cacciari, "la imposibilidad de una síntesis efectiva, concreta de la oposición es el destino 'interno' de la ideología burguesa misma. Aceptar el 'peso' del negativo auténtico y poder resolverlo realmente en su utopía. Después de todo, el mismo mantenerse del negativo, la posición pesimista-aristocrática es exactamente mantenerse en la positividad del sistema que contiene en sí necesariamente el negativo" (Cacciari, 1969, p. Lo que este artículo critica al empleo del concepto de heterotopía por parte de la disciplina arquitectónica durante los últimos terinta años es, pues, el hecho de seguir manteniendo un concepto ingenuo de poder que, además, desvirtúa por completo los análisis de Foucault. A este respecto, el mismo Foucault ya hacía notar que "hay algo cómico y amargo que es específico de estas filosofías occidentales modernas [las que establecen estados -filosofías basadas en la idea de la libertad y han promovido el desarrollo del poder]: han pensado, incluso se han pensado, en función de una relación de oposición esencial al poder y a su ejercicio ilimitado, pero el destino de su pensamiento ha hecho que ya no se les escuche; a medida que el poder y que las instituciones políticas se impregnaban de su pensamiento, más se prestan a legitimar formas excesivas de poder" (Foucault, 1999, p. 116) Es esta malinterpretación la que les ha llevado a seguir defendiendo el potencial liberador de la negatividad en una época cuyo sistema político-económico se identifica precisamente con la negatividad y la crisis permanente. Desde nuestro punto de vista, el principal problema respecto del actual empleo del concepto de heterotopía no es únicamente que este "termina siendo un concepto inadecuado de analizar la diferencia espacial" (Saldanha, 2008(Saldanha,, p. 2081)), sino que, además de ello, promueve aquello que dice evitar: la pérdida de la capacidad emancipatoria de sus usuarios. Lo que la teoría arquitectónica necesita no son más apologías de los centros comerciales y las modernas metrópolis como heterotopías, sino menos charlatanes y más análisis sobre segregación social e informes de vulnerabilidad urbana. Este artículo recoge resultados de la investigación Mapa de Riesgo Social financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad, Programa de I+D+i orientado a los Retos de la Sociedad, 2013. Para una exposición pormenorizada de la historia del concepto en la obra de Foucault remitimos a (Johnson, 2012a). Respecto al desarrollo sucesivo de sus principales interpretaciones en las distintas disciplinas ver Johnson (2016) y Johnson (2013). Además existe una página web, http://www. heterotopiastudies.com/, dedicada por completo a la documentación y archivo de todos los trabajos, académicos y no académicos, producidos en torno al concepto de heterotopía. En ella se ha publicado una bibliografía exhaustiva y periódicamente ac-tualizada de los principales trabajos relacionados con esta noción, organizada temáticamente en función de las distintas disciplinas: http://www.heterotopiastudies.com/bibliography/. Aunque en 1978 ya existía una primera traducción al castellano que recogía parte de la conferencia de Foucault (Foucault, 1978) hasta 2009 el texto no fue publicado en esta lengua de forma íntegra (Foucault, 2009). "Esto es lo que quiero decir. No se vive en un espacio neutro y blanco; no se vive, no se muere, no se ama en el rectángulo de una hoja de papel" (Foucault, 2009, p. Hasta el siglo XIX se une el poder disciplinario con la primera 'fase' biopolítica, propia del XVIII, en el que este poder se entiende como razón de Estado. Después se toma biopoder como sinónimo de su segunda 'fase' liberal. Esto es posible dada la ambigüedad del término en las obras de Foucault.
El artículo revisa los argumentos a favor y en contra de que el público financie directa y voluntariamente la actividad cultural. Se parte de que los mecanismos de financiación elegidos por las políticas culturales tienen una dimensión ética y no solo una finalidad instrumental. Utilizando el enfoque comparativo propuesto por A. Sen, se investiga si el micro-mecenazgo (crowdfunding) y otras formas de inversión por parte de los consumidores culturales constituyen formas de mecenazgo ciudadano valiosas desde un punto de vista ético. A pesar de que las políticas culturales a favor del micro-mecenazgo pueden ser acusadas de paternalistas o de mercantilizar la vida cultural, se defiende que el mecenazgo ciudadano es una innovación social que fomenta la responsabilidad social de los consumidores culturales. En tal sentido las políticas culturales deben tener en cuenta que el comportamiento privado de consumo e inversión también es una forma de participación en la vida social. En los años ochenta del pasado siglo, las políticas "neoliberales" en Gran Bretaña y otros lugares incluyeron una drástica reducción de la financiación pública de la actividad cultural, y la exigencia (a la fuerza ahorcan) de una participación del público mucho mayor para mantener una infraestructura y una actividad cultural siquiera parecidas (Collini, 1992). Incluso en Francia, donde el Estado Cultural (Fumaroli, 1991) es antiguo y fuerte, la legislación favorece desde 2003 las donaciones de particulares y empresas mediante la Loi relative au mécénat, aux associations et aux fondations. La reciente crisis económica ha reforzado este cambio de acento en la financiación de la Cultura 1. En consecuencia, gobiernos tanto de un signo como de otro, tanto a nivel estatal como autonómico, han promovido un cierto cambio en la forma de financiar la actividad cultural 2. Salvo en el caso de la Ley Foral 8/2014, de 16 de mayo, reguladora del mecenazgo cultural y de sus incentivos fiscales en la Comunidad Foral de Navarra, los demás cambios legislativos no han llegado a materializarse. De todas formas, la legitimidad de una mayor participación privada en la financiación de la Cultura se ha convertido ya en ortodoxia. Tal como advierten Bastien, Dubois, Freyermuth y Matz (2012), la reducción de los presupuestos públicos culturales se percibe como un dato básico e incuestionable. Simultáneamente, se asume que será más eficiente este nuevo e inevitable marco fiscal. Seguramente un cambio del ciclo económico traerá mejores perspectivas de gasto público, y con ello una menor urgencia de encontrar financiación privada. De todas formas, a la coyuntura económica hay que añadir otro factor mucho más duradero como el efecto de las redes de comunicación social tanto en la actividad económica como en la cultural (Benkler, 2006; Castells, 2000). Las tecnologías de la información y la comunicación han permitido maneras inéditas de cooperación económica y social, y también formas nuevas de producir y acceder a la Cultura. Si no hace mucho la alternativa al Estado debían ser "mecenas reales o magnates intrépidos" (Feinberg, 1994, p. 101), hoy también los individuos particulares pueden realizar una financiación significativa de la actividad cultural (mecenazgo ciudadano) mediante las plataformas de crowdfunding o micro-mecenazgo. En general, por tanto, los consumidores culturales pueden participar en el coste de la oferta cultural pagando un precio por bienes culturales antes subvencionados, o también aportando capital a las empresas y pro-yectos que producen esos bienes, con o sin interés lucrativo por su parte. Hay un consenso generalizado sobre que lo más urgente en las nuevas normativas sobre financiación de la Cultura es lo relativo al crowdfunding (Ponce Velasco, 2013; Raussell Köster, Montagut Marqués y Minyana Beltran, 2013; Sajardo Moreno y Ribeiro Coutinho, 2014). Fuera de la academia, el tono es muchas veces encomiástico. Por ejemplo Y. Stricker, fundador de la plataforma de crowdfunding Kickstarter declara en su web: "En Kickstarter, los artistas e innovadores establecen sus propias reglas para sus creaciones y todas las ideas tienen la misma posibilidad de ser realizadas -¡todo el mundo participa de forma igualitaria en la formación del futuro de la Cultura!". Y Brian Meece, de la plataforma RocketHub dice que "Beethoven + redes sociales = crowdfunding para la creación moderna. Bienvenidos al renacimiento del patronazgo" (Lawton y Marom, 2010, p. No es la finalidad de este artículo describir las distintas modalidades de micro-mecenazago (Alemany y Bultó, 2014; Gutiérrez-Rubi y Freire, 2012; Rubio Arostegui, Rius Ulldemolins, y Martínez Illa, 2014) sino debatir si este último, junto con esas otras modalidades de financiación privada de la oferta cultural, puede defenderse por motivos éticos. Dicho de otra manera, si más allá de su jubilosa acogida por promotores y académicos, el micro-mecenazgo contribuye a la democracia cultural haciendo justicia a la denominación de "mecenazgo ciudadano". El resto del artículo se estructura del modo siguiente: la sección segunda establece el marco desde el que se abordará la valoración del mecenazgo ciudadano. Además de precisar cómo se entenderá esa noción, se introduce también el concepto más amplio de sistema de financiación de la Cultura (SFC), defendiéndose su relevancia ética además de económica. Así mismo se explica que la valoración del mecenazgo ciudadano como modalidad de financiación se realiza mediante un enfoque comparativo. La sección tercera se ocupa tanto de argumentos contrarios al mecenazgo ciudadano, como de razones en contra de utilizar el SFC para mejorar la calidad ética de la vida social. La cuarta sección expone distintos argumentos a favor del mecenazgo ciudadano basados justamente en su impacto positivo sobre la ciudadanía. Puesto que el artículo no pretende realizar ese ejercicio escolástico de reunir argumentos, réplicas y contra-réplicas, la sección final señala algunos resultados obtenidos, las limitaciones del enfoque utilizado y las implicaciones para el debate público sobre la financiación de la Cultura. La cuestión del micro-mecenazgo va unida a la del marco institucional que lo acoja. La legislación al respecto podrá ser un impulsor o un freno, favoreciendo más o menos tanto las plataformas de crowdfunding (al fin y al cabo, nuevas empresas de intermediación financiera), como a los inversores clientes de esas empresas (mediante desgravaciones fiscales, por ejemplo). Junto con las demás medidas para favorecer la participación de los ciudadanos en el coste de la oferta cultural, constituyen un sistema de financiación de la Cultura (SFC) alternativo o, de manera más realista, complementario al SFC donde el Estado financia la actividad cultural vía impuestos. Aparte de las cuestiones, fundamentales desde luego, de cuáles sean las causas de un SFC y de cuán eficiente sea (Albi Ibáñez, 2003; De la Torre Sotoca, 2013), consideraré que la forma de pagar por un bien, y más concretamente de financiar el tipo especial de bienes propios del ámbito de la Cultura, es una institución social y política con relevancia ética. Para abordar esta dimensión utilizaré una forma de razonar común en ética aplicada, cual es reflexionar sobre la finalidad adecuada de una institución. No me refiero a qué finalidad deben tener los fondos recaudados mediante el sistema de financiación (y que, en términos generales, podrían ir desde la redistribución de la riqueza hasta sufragar un Estado mínimo); la cuestión que abordaré es la finalidad del propio diseño institucional. Usualmente esa cuestión del diseño institucional no se considera filosófica o ética, sino un asunto empírico que deben decidir políticos y gestores ayudados, en todo caso, por científicos sociales. La filosofía se ocuparía solo de los valores y finalidades generales que se deben perseguir (tal como "las instituciones económicas deben promover la igualdad", p. ej., o "las políticas culturales deben respetar la libertad de expresión"). La cuestión moral sería qué debe hacerse, y la institucional quién y cómo debería hacerlo. Como hacen otros autores (R. Claassen, 2011; Keat, 2011), parto de cuestionar esta división del trabajo por la cual solo a las ciencias sociales les corresponde determinar ventajas e inconvenientes de los diseños institucionales concretos (tales como qué tipo de impuestos son más igualitarios o qué tipo de legislación sobre derechos de autor protege más la libertad de expresión). Estas preguntas institucionales son también preguntas morales de un tipo especial. Son finalidades necesarias de cualquier sistema de financiación, también del SFC, la eficiencia, el control del equilibrio presupuestario y la equidad en la re-caudación. Teniendo en cuenta lo último, una crítica importante de un SFC basado en contribuciones privadas voluntarias (p. ej. mediante micro-mecenazgo y ventas a precio de mercado de los bienes culturales), es que el acceso a la Cultura dependería de la renta disponible y de la buena voluntad de los mecenas. No se puede pagar cuando no se tiene, de modo que la privatización de la financiación atentaría contra el derecho a la Cultura, reconocido p. ej. en el art. 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos o en el art. 9 de la Constitución Española. Para sortear esta objeción haré una observación y una hipótesis. La primera es que "los almuerzos gratis no existen", en la frase popularizada por Milton Friedman. Dicho de otra manera, la financiación pública de los bienes culturales no es gratuita puesto que la sufragan lógicamente individuos y empresas a través de sus impuestos. Por otra parte, voy a considerar por hipótesis que el gasto cultural de todas las administraciones del Estado sea el mismo en un SFC1 donde toda la financiación es con cargo a los presupuestos del Ministerio de Cultura, consejerías y concejalías correspondientes, y otro SFC2 donde el Estado gasta lo mismo en Cultura pero con cargo directo a presupuestos solo para mantener ciertos servicios culturales básicos, siendo el resto del gasto mediante incentivos fiscales a la producción y al consumo cultural. Aunque sea una cuestión clave determinar qué bienes culturales tienen que sufragarse directamente por el Estado incluso en SFC2 para garantizar así el derecho a la Cultura, dicha cuestión no es relevante para mi argumentación. Quede claro en todo caso que lo más realista será siempre alguna combinación de SFC1 y SFC2. La idea de un SFC basado exclusivamente en contribuciones privadas y voluntarias solo debe entenderse como una hipótesis que cumpla su función en el curso de la argumentación. Qué SFC concreto sea mejor dependerá en parte de consideraciones empíricas imposibles de controlar plenamente. Por esa razón, qué tipo de SFC es más adecuado no puede determinarse a priori. Mi objetivo es argumentar sobre las ventajas éticas de sistemas de financiación más cercanos a SFC1 que a SFC2, esto es, sistemas de financiación donde los ciudadanos participen significativamente más que en la actualidad en el coste de los bienes culturales, tanto desde el lado de la oferta (medidas de apoyo al crowdfunding) como de la demanda (desgravaciones al consumo cultural). Denominaré mecenazgo ciudadano a estos tipos de SFC en que los ciudadanos contribuyen significativamente con su propia renta disponible a sufragar la oferta cultural de su sociedad. Valorar el mecenazgo ciudadano es un caso particular del problema de ética aplicada consistente en estimar la calidad ética de sistemas o instituciones alternativas. En este punto, y como A. Sen, considero inadecuado lo que él llama institucionalismo trascendental, consistente en imaginar la institución perfecta en lugar de centrarse en comparaciones relativas entre las ya existentes, despreocupándose así de las sociedades reales en que las instituciones emergen (Sen, 2009, pp. 5-6). En su lugar utilizaré lo que Sen llama enfoque comparativo, según el cual la calidad ética de un sistema X siempre es relativa a otro vecino en el espacio o en el tiempo. 611), "aunque no existe una unidad que mida el bienestar social o la calidad de vida, esos valores pueden ser medidos en escala comparativa". Se trata por lo tanto de usar la metodología de las ordenaciones parciales. Una ordenación es completa cuando para cualquier par de alternativas x e y, o bien x es al menos tan buena como y, o bien y es al menos tan buena como x. Cuando la ordenación es parcial, no puede decidirse en todos los casos qué alternativa es mejor, pero sí puede tomarse tal decisión en los casos comparables, lo que puede ser suficiente desde un punto de vista práctico (Sen, 1970). En suma, no se trata de determinar cuál es el mejor de los SFC posibles sino, por ejemplo, si el apoyo al mecenazgo cultural es una mejora coeteris paribus. Resulta obvio que el enfoque comparativo no libera de encontrar criterios de comparación, antes al contrario. En primer lugar, si consumo y Cultura fueran una síntesis imposible, entonces la soberanía del consumidor cultural sería absurda ab initio. Adorno, Horkheimer o Arendt pensaban justamente que la dimensión liberadora de la Cultura pasa porque esta no se consume (Adorno, 1977; Arendt, 1958; Horkheimer y Adorno, 1984). El mecenazgo ciudadano parte de lo contrario, de que sí es posible reconciliar consumo y Cultura, aunque ello implique en-a387 tender ambos de manera distinta a la de los autores citados (Rodríguez Ferrándiz, 2011). Por otro lado, se puede también considerar que, aunque la soberanía del consumidor cultural es posible, no puede ser democrática, y que por tanto no vale la pena perseguirla cuando el acceso a la Cultura está protegido incluso constitucionalmente. El problema ahora es que el mecanismo de mercado no asigna los bienes y servicios según criterios de necesidad, de modo que solo los consumidores más pudientes podrían participar significativamente en el mecenazgo ciudadano. Mientras tanto, los demás ciudadanos quedarían culturalmente desatendidos. Si la soberanía del consumidor significa que "los consumidores votan con sus dólares" (Persky, 1993, p. 185), está claro que eso no es admisible en la esfera pública pues solo los más ricos podrían votar. En consecuencia, por criterios de justicia distributiva, es necesario renunciar a la soberanía del consumidor cultural a favor de la financiación pública de los bienes culturales. Un tercer argumento se basa en los límites que debería tener el mercado. Incluso aunque todos los consumidores tuvieran la misma renta disponible, ahora se trata de que el SFC no debe utilizar criterios mercantiles. El mecenazgo ciudadano, por más que en muchos casos tenga una motivación altruista, introduce también criterios monetarios que distorsionan las reglas internas de la práctica cultural. Siguiendo a MacIntyre, Keat (2000) argumenta que la producción cultural es una práctica con unos criterios de éxito propios y distintos de la satisfacción de las preferencias de los consumidores (una obra de arte, por ejemplo, no es necesariamente peor porque no encuentre comprador). Más aún, en la relación que el consumidor cultural traba con los bienes culturales, sus preferencias no siempre son un dato pre-establecido, sino que pueden formar parte de esa relación. Dicho de otra manera, esas preferencias se conforman en el seno de unas prácticas en las que los consumidores se involucran asumiendo el papel de público (espectador, lector, etc.), y en conformidad con tal rol asumen voluntariamente una actitud de espera, aceptación o compenetración con los productos culturales. En consecuencia, las preferencias del consumidor no anteceden al objeto cultural consumido ni pueden por tanto determinar la producción cultural. Al contrario, tales preferencias son conformadas por esa práctica cultural en la que acepta participar como consumidor no soberano, puesto que asume sus criterios de excelencia internos, criterios que son los verdaderos "soberanos" y que solo el productor (no el consumidor) acierta en desentrañar. La anterior descripción de la experiencia cultural no siempre se corresponde con la realidad porque hoy las propias prácticas culturales conceden al público consumidor un papel destacado (Bauman, 1997). Aun así, para muchos consumidores no expertos "el valor de ciertas prácticas culturales podría verse como residiendo parcialmente en su contribución a las experiencias educativas involucradas en adquirir y ejercitar la pericia de hacer genuinos juicios valorativos" según dice Keat (2000, p. Así pues, el carácter específico de la Cultura excluye al consumidor como árbitro supremo del valor de los bienes y servicios culturales. En conclusión, el consumidor cultural no puede ser consumidor soberano precisamente por ser cultural. Y en consecuencia, el productor cultural está legitimado para rechazar una relación de mercado en la que será financiado solo si satisface las preferencias de los demandantes, puesto que las reglas internas de la práctica cultural le enfrentan con exigencias distintas. Incluso se podría aducir que el mecenas clásico aceptaba la autoridad del artista en muchos casos, sometiendo su juicio al prestigio de este último. En cambio, precisamente porque la relación con los micro-mecenas es mucho más igualitaria y democrática, las reglas de la práctica cultural se adulteran al conceder una importancia excesiva a los consumidores. Finalmente, los límites que debería tener el mercado proporcionan un cuarto argumento en contra de la viabilidad del mecenazgo ciudadano. 68), muchas personas que defienden la emisión de programas sobre arte en las cadenas públicas de televisión nunca los ven, y si tuvieran que pagar por su emisión tampoco lo harían. En otros ejemplos de la vida cultural pasa algo semejante (la gente puede estar orgullosa de la orquesta local, pero jamás ir a la sala de conciertos; o puede querer que se enseñe a Cervantes en las escuelas, pero no estar dispuesta a gastarse un euro en la investigación de la literatura cervantina). Y más en general, es perfectamente razonable valorar X y no estar dispuesto a pagar por X, simplemente porque las preferencias de compra no expresan todas las preferencias del individuo (p. ej. porque un aumento de mi renta disponible modificará mi comportamiento de consumo). En consecuencia, resulta útil distinguir el comportamiento como consumidor del comportamiento como ciudadano: como consumidor no estoy dispuesto a gastar en Cultura ni un euro más de mi presupuesto, pero como ciudadano sí estoy dispuesto a que se gaste un euro más del presupuesto público en Cultura. Y dado que los bienes culturales no son bienes públicos que beneficien a todos por igual, lo más adecuado es que la financiación a387 se decida por el partido más votado en lugar de por las compras o inversiones de los consumidores (Anomaly, 2015; R. Claassen, 2013). Otro tipo de críticas se dirigen no al mecenazgo ciudadano como tal, sino al más amplio propósito político de implantar un SFC cuya finalidad sea que los consumidores culturales se hagan mejores ciudadanos (más informados, más críticos, más responsables), y en ese sentido se mejore la calidad moral de la vida social mediante la política cultural (mediante su financiación concretamente). Si esta mejora moral se limita al rol de ciudadano y, más específicamente, a la actuación ciudadana en el campo cultural, entonces el inconveniente de que tal SFC sería inadmisiblemente paternalista solo podría ser invocado por una parte de la filosofía política liberal contemporánea, eso sí, por una muy influyente. La argumentación sería de este tipo: dado que los bienes y servicios culturales responden a preferencias subjetivas (ya sean estas de tipo estético o puramente hedonista es indiferente), tales bienes y servicios pertenecen a una esfera privada donde el Estado no debe entrometerse. Como en tantos otros casos, el planteamiento de J. Rawls también aquí es paradigmático, ya sea en relación con el asunto concreto de las políticas culturales (y a fortiori de su financiación pública), como en el más general de la neutralidad que deben tener las instituciones políticas (lo que incluiría el SFC). En ambos casos la neutralidad del Estado respecto de la esfera de valores privados excluiría utilizar el SFC como un instrumento a favor de la emancipación y el empoderamiento ciudadano. La tesis rawlsiana sobre la financiación de la Cultura es que "no tendría más justificación usar el aparato del Estado para que algunos ciudadanos paguen a la fuerza beneficios indeseados, que la que habría en obligarles a reembolsar a otros sus propios gastos privados" (Rawls, 1971, p. Tales "beneficios indeseados" pueden ser los bienes y servicios culturales financiados por el Estado puesto que responderían a preferencias meramente subjetivas. Dicho de otra manera: pagar por la Cultura de otros es paternalista puesto que el Estado debe ser neutral respecto de las concepciones alternativas sobre la buena vida, y es asunto de cada cual elegir qué bienes culturales son los que le enriquecen. La cultura política estadounidense cuadra con esta línea liberal de argumentación pues, como dice Cunnane (1999, p. Finley: "el gobierno de Estados Unidos no está obligado a financiar el arte. Ni la Primera Enmienda ni ninguna otra cláusula constitucional establecen tal obligación". EL MECENAZGO CIUDADANO COMO MEJORA MORAL Tras haber repasado argumentos éticos contrarios a la participación directa del público en la financiación de la Cultura, en esta sección se exponen argumentos más poderosos a favor de la misma. Para comenzar, téngase en cuenta que son cuestiones distintas si, (a), un SFC puede mejorar moralmente a los consumidores culturales haciéndolos de algún modo mejores ciudadanos y si, (b), dado que ese sea el caso, el Estado debería por ello implantar tal SFC. Me ocuparé primero de argumentar a favor de (b) antes de exponer varias formas en que el micro-mecenazgo y las deducciones fiscales al consumo cultural pueden hacer mejores ciudadanos. Como he explicado al final de la sección anterior mediante la argumentación de Rawls, la cuestión (b) debe hacer frente a la objeción del paternalismo 3. En todo caso, a favor de (b) o de por qué deberíamos preferir la implantación de SFC (y de sistemas de financiación en general) que hagan mejores ciudadanos, una primera respuesta es que dados dos SFC igualmente eficientes y equitativos, si uno de ellos además mejora moralmente a los consumidores culturales, entonces es preferible al otro. Pero esto no pasa de ser una defensa ocasional de (b). Una vez que se admite que el diseño institucional, y concretamente el de la fiscalidad de la actividad cultural, tiene una dimensión ético-política, la respuesta a (b) depende de cuáles han de ser las funciones del Estado y de la política en general. Solo en la reciente filosofía política liberal (señaladamente Rawls), se defiende que el Estado debe ser absolutamente neutral y no inclinarse por ninguna concepción del bien humano en particular. Pero frente a esta tesis, y por más que en el ámbito de la reflexión pura apenas haya certezas, cuando la conversación desciende a temas concretos sí surgen muchas certidumbres sobre qué cosas mejoran la vida humana y cuáles no (Galston, 1991). En suma, todas las formas de asociación política tienen que justificarse con alguna referencia a qué sea bueno para los que integran la asociación. Por eso, en el terreno de los hechos, tanto los gobiernos democráticos de cualquier signo como las instituciones internacionales dan por sentado bienes humanos como la salud, la educación o la seguridad personal. Y cuando nos apartamos algo de la ortodoxia ralwsiana, hallamos varias propuestas que defienden una concepción no paternalista de los bienes humanos que deben ser objetivos políticos. La concepción de Rawls puede calificarse como neutralismo cultural, o mejor perfeccionismo liberal a387 débil, puesto que Rawls defiende que el Estado debe favorecer una educación moral de los ciudadanos y que el objetivo de la misma es que los ciudadanos sean más autónomos (Rawls, 1971, p. Sin embargo, esa educación se limita a la aceptación voluntaria de los Principios de Justicia y de sus consecuencias, tal como hacen los miembros de la situación original. Un paso más allá sería lo que denominaré perfeccionismo liberal fuerte en cuestiones culturales, defendido por Raz, Dworkin, Nussbaum o Sen. Según estos autores, las personas tienen capacidades en cuyo desarrollo radica el bien humano, y en consecuencia las instituciones políticas deberían proporcionar un rango de opciones realista y suficientemente amplio que permita elegir a los individuos cuáles capacidades quieren desarrollar (Dworkin, 1985; Keat, 2011; Nussbaum, 1990; Raz, 1986; Sen, 1999). Aquí el Estado no fomenta ningún modelo de buena vida, pero proporciona el marco para que los distintos modelos puedan llevarse a la práctica. Un paso más allá sería el progresismo liberal en cuestiones culturales, donde la función de las políticas no es asegurar algún SFC que permita a los ciudadanos desarrollar sus capacidades, sino determinar qué SFC desarrolla esas capacidades. En el perfeccionismo liberal fuerte, las capacidades son para lograr los fines de unas prácticas previamente dadas (culturales, deportivas, personales) o que son conformadas por decisiones individuales. En cambio, el progresismo liberal persigue tanto unas prácticas, como una forma de financiar esas prácticas, que mejoren a los ciudadanos en el sentido de desarrollar su capacidad para imaginar y perseguir fines (Casado da Rocha, 2013; Siurana, 2009). El planteamiento de J. S. Mill es ilustrativo del progresismo liberal cultural. Según Mill el objetivo más importante de un gobierno es promover la virtud y la inteligencia de la ciudadanía, lo cual no es muy distinto de maximizar el bienestar social. De aquí se sigue que las políticas y acciones de gobierno deben juzgarse según dos criterios ético-políticos: uno es hasta qué punto son capaces de aprovechar las capacidades de los gobernados para lograr bienestar social; el otro criterio es el grado en que tienden a incrementar el total de buenas cualidades de los gobernados, tanto en sentido individual como colectivo (J. S. Mill, 1977a, pp. 390-391). Por tanto, deberíamos preferir un SFC que incremente las buenas cualidades de los ciudadanos, o que aproveche esas buenas cualidades para una vida cultural que redunde en mayor bienestar social, en lugar de un SFC que no lo haga. La cuestión (a) indicada al principio de esta sección consistía en si el mecenazgo ciudadano es un SFC que implica una mejora moral, en si el mecenazgo ciudadano incrementa las buenas cualidades del público y por tanto debería preferirse coeteris paribus. La respuesta puede buscarse desde el lado de los productores culturales o del propio Estado, y no solo limitarse a los consumidores. En cualquier caso, uso el término "mejora" deliberadamente, remitiéndome al empleo que J. S. Mill (1977b) hacía de ese término (improvement) en el sentido de ser una medida intermedia, un pequeño paso en la buena dirección, incluso si inicial o parcialmente acarrea incertidumbres o inconvenientes. En consecuencia, las mejoras nunca son logros definitivos ni absolutos, sino relativos y graduales. A pesar de ello, son suficientes para justificar un juicio ético a favor de determinada alternativa de acuerdo con el enfoque comparativo. También por ello mismo, no es ningún inconveniente que la lista de mejoras quede abierta, pues la finalidad de la ordenación parcial no es determinar el SFC perfecto sino colaborar en el diseño institucional. Así pues, el mecenazgo ciudadano conlleva al menos las mejoras siguientes: (1) es una innovación social que (2) fomenta la responsabilidad social de los consumidores culturales, (3) apoyando la soberanía del consumidor cultural. Comenzaré por la primera de estas mejoras. Ciertas modalidades de mecenazgo ciudadano, como el crowdfunding o los fondos de inversión cultural, son innovaciones "incrementales" (Schumpeter, 1934) en cuanto mejoras que encajan en un proceso de cambio que enlaza con la cuestación y la suscripción popular. Schumpeter propuso que la innovación podía ser un nuevo producto, un cambio cualitativo en un producto existente, un nuevo sistema productivo, un nuevo mercado, nuevos factores productivos o incluso una nueva organización industrial. Los tipos de financiación indicados encajan en varias de estas categorías: son nuevas formas de financiación (los fondos de inversión cultural), o cambios cualitativos en algo que ya existía (el crowdfunding), que permitirán por otro lado el acceso a "nuevos mercados", esto es, la participación de más públicos en el coste de la oferta. Por otro lado, se trata de innovaciones sociales y no meramente económicas. La innovación social tiene que referirse a objetivos y valores sociales como la felicidad y el bienestar, la calidad de vida, la inclusión social, la solidaridad, la participación ciudadana, la calidad medioambiental, la atención sanitaria, la eficiencia de los servicios públicos o el nivel educativo de una sociedad (Bornstein y Davis, 2010; Echeverría, 2008; Fowler, 2000; Mul-a387 gan, 2006; Murray, Caulier-Grice y Mulgan, 2010; Nicholls y Murdock, 2012). El mecenazgo ciudadano encajaría en el tipo innovación cultural, puesto que se proponen nuevas infraestructuras culturales (lo que incluye los dispositivos tecnológicos requeridas por el nuevo SFC), o nuevas formas de participación en la vida cultural (una mayor implicación del consumidor cultural en el producto, pues el mecenazgo ciudadano supone participar también en la fase productiva del mismo). Y más allá de estos aspectos más o menos formales, la expectativa creada por el mecenazgo ciudadano en cuanto innovación cultural va más allá: los consumidores culturales se convertirían en usuarios y agentes expertos al ser la financiación mediante micro-mecenazgo descentralizada y no jerarquizada. En segundo lugar, un SFC que apoye el mecenazgo ciudadano fomenta la responsabilidad social de los consumidores culturales. La noción de "responsabilidad social" procede de la ética de la empresa. La responsabilidad social de las empresas (RSE) puede definirse como "la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores" (Libro Verde. Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas, 2001). Las medidas de RSE son iniciativas voluntarias (y en tal sentido éticas) que ocasionan beneficios sociales. La responsabilidad social de los consumidores indica el deber moral que estos tienen de "evitar daños sociales e incluso de actuar proactivamente en pos del beneficio social, lo que podría incluir las tres facetas del comportamiento del consumidor: obtener, usar y desechar" (Vitell, 2015, p. Un SFC que apoye el mecenazgo ciudadano supone trasladar a los ciudadanos la responsabilidad de obtener aquellos bienes culturales que más valoren individualmente o que consideren que deben ser accesibles al público. En general, la responsabilidad social del consumidor justifica obligaciones de los ciudadanos para con la sociedad que no se limitan al ámbito político (como defiende el liberalismo y el republicanismo), sin que tampoco sea necesario recurrir a una legitimación comunitarista de las políticas públicas. En tercer lugar, el mecenazgo ciudadano apoya la soberanía del consumidor cultural. Como descripción de un hecho, la soberanía del consumidor apenas existe en un mundo dominado por grandes corporaciones económicas y financieras. Pero cuando en 1936 W. H. Hutt propuso esta noción, lo hizo para defender el poder de los ciudadanos frente al autoritarismo político de entreguerras (Persky, 1993). En una economía de mercado, los consumidores son soberanos porque no han sido privados del poder para demandar o no demandar recursos valiosos y escasos. En la concepción de Hutt, la producción es un instrumento para la consecución de fines, mientras que el consumo trata esencialmente sobre cuáles son esos fines. Así pues, en una sociedad de mercado cada ciudadano es siervo de la sociedad en cuanto productor, pero dirige las decisiones de los productores en cuanto consumidor (Hutt, 1990). El propio Hutt reconocía que las desigualdades en poder de compra hacían que la soberanía del consumidor fuera difícilmente viable sin una democracia de consumidores. En cualquier caso, en los SFC donde el Estado es quien paga la mayor parte del precio de los bienes culturales, se produce una situación de quasimonopsonio donde los productores culturales tienen que adaptarse a las preferencias y presupuestos del Estado (no de los ciudadanos), y donde la garantía de una oferta cultural plural y de calidad depende de la integridad y el buen hacer de quienes dirigen las políticas culturales, pues la capacidad de los ciudadanos para influir en esa oferta y pedir cuentas sobre la misma es muy escasa entre elecciones. Por el contrario, mediante el mecenazgo ciudadano los ciudadanos recuperan poder para decidir sobre objetivos culturales alternativos mediante sus opciones de inversión y compra. Más poder de influencia en la oferta cultural no es solo poder expresar más preferencias de compra (como en el caso de la soberanía del consumidor de otro tipo de bienes), sino participar mediante el consumo en la vida social. El motivo es que los bienes y servicios culturales tienen contenidos simbólicos relacionados con la auto-comprensión y el conocimiento personal y social. Especialmente el micro-mecenazgo permite una relación más estrecha con los productores culturales, y gracias a la información que las plataformas de crowdfunding proporcionan sobre el desarrollo del proyecto y sobre el comportamiento de los demás micro-mecenas (crowdfunders), el proceso es análogo a una discusión pública sobre la producción de bienes culturales y sobre la definición de los estándares significativos, simbólicos o estéticos que los constituyen (Burtch, Ghose y Wattal, 2013). En suma, soberanía del consumidor cultural se relaciona aquí con empoderamiento, con la función constructiva que la libertad tiene en la determinación de los valores y normas sociales (Sen, 1999), y en consecuencia con el rol de ciudadano. El análisis conceptual realizado ha expuesto el marco conceptual desde el que abordar la trascendencia ética de los diferentes sistemas de financiación de la Cultura, y por qué los incentivos públicos a los consumidores culturales son una política cultural progresista en el sentido indicado. Aunque existen poderosos argumentos conceptuales en su contra, la financiación de los bienes y servicios culturales mediante un porcentaje significativo de financiación privada también es defendible al margen de restricciones presupuestarias coyunturales. Dejando aparte modas pasajeras sobre las posibilidades del crowdfunding para la financiación cultural, existen argumentos morales genuinos a favor del mecenazgo ciudadano. Aunque dicho análisis aporta criterios para juzgar comparativamente SFC alternativos, la respuesta final sobre cuál es más recomendable requiere análisis ulteriores con una metodología empírica. Como ocurre en los demás ámbitos de la ética aplicada, los juicios sobre casos concretos dependen de circunstancias empíricas no controlables a priori. Por ejemplo, las decisiones de los micro-mecenas son altamente dependientes de las de los demás participantes en una misma campaña de crowdfunding, lo que puede causar problemas de "comportamiento gregario" (herd behavior) dependiendo del perfil de micro-mecenas predominante (Agrawal, Catalini y Goldfarb, 2015; Burtch, Ghose y Wattal, 2013). Así mismo, la hipótesis del SFC2 requiere para ser razonable una sustancial disminución de las disparidades de poder de compra que ocurren en las sociedades reales. Recordemos que en el SFC2 el presupuesto general para Cultura es igual que si fuera el Estado quien directamente lo gastara. No obstante, como dije en la sección segunda, eso no conlleva automáticamente que cualquier consumidor cultural tenga el mismo poder sobre la oferta, ni por tanto igual capacidad de participar (a través de sus decisiones de consumo e inversión), en el diálogo sobre qué vale la pena en Cultura. El motivo es que la renta disponible para Cultura varía con la renta disponible total, cuya cuantía obviamente es independiente del SFC ele-gido. Además, los individuos podrían preferir fines distintos a la Cultura como destino de los fondos sobre los que el SFC2 les permite decidir. A pesar de todo, los argumentos aportados prueban el potencial crítico y emancipador del mecenazgo ciudadano, a la vez que proporcionan una ilustración de la dimensión ética que tiene el diseño institucional de un sistema de financiación. Finalmente, el mecenazgo ciudadano ilustra el potencial transformador de las decisiones individuales de consumo e inversión en la sociedad de la información actual. Una respuesta habitual a la injerencia de los Estados en la vida cultural es la sustitución del mecenazgo estatal dirigista por una democracia cultural caracterizada por la descentralización de las políticas culturales (Vidal-Beneyto, 1981). En ese modelo la participación ciudadana es protagonista porque la función primordial del Estado es promover los equipamientos culturales y los canales de difusión que hacen posible la vida cultural de la sociedad. Sin entrar en las críticas del funcionamiento real de este modelo, he propuesto una alternativa distinta al antagonismo de Estado y mercado en el terreno cultural. Se trata de revisar la oposición Estado desinteresado vs. consumidor interesado según la cual, fuera del mecanismo de mercado, solo serían posibles tres categorías: la provisión de bienes públicos por el Estado, la provisión de servicios profesionales a precios regulados por el Estado, y por último donaciones interindividuales en la esfera privada (Anderson, 1993;R. J. G. Claassen, 2009). No se trata de que el mecenazgo cultural sea una categoría más que añadir a ese esquema, sino de que el comportamiento de consumidores e inversores culturales individuales pone en cuestión el esquema mismo. Dicho de otra manera, el mecenazgo ciudadano abre la posibilidad de que el consumo y la inversión individual en bienes culturales sean una forma de participación en la vida social. Solo para evitar la confusión con el sentido etnográfico de "Cultura" escribiré el término con mayúscula. La postura de Rawls sobre la neutralidad del Estado en cuestiones culturales es un desiderátum, pero la tesis contraria sobre lo que el Estado debe hacer respecto de la Cultura, y también sobre lo que efectivamente hace, cuenta asimismo con una bibliografía muy abundante (Bourdieu, 1984; Dubois, 1999; Fumaroli, 1991; Sierra Rodríguez y Pereiro Pérez, 2005; Sueue-Shya, 2009; Tortosa, 2009). Quien disienta de un neutralismo à la Rawls tendrá más fácil defender que el Estado sí debe implantar aquel SFC que mejore moralmente a los ciudadanos, o sea, la tesis (b).
En este artículo se desarrolla un análisis conceptual de lo sublime, acaparando el paisaje antrópico como campo de actuación, y ambas proyecciones se inscriben dentro de la disciplina de la fotografía. Así pues, se plantea un recorrido narrativo a través de la creación fotográfica de las últimas décadas, para abordar la naturaleza sublime y lo sublime industrial en la actualidad. Las constantes conceptuales advertidas en los diversos discursos artísticos marcan la línea argumental de este artículo, para establecer un marco teórico en torno a la existencia humana en el paisaje post-industrial que nos acontece. La selección de artistas incluidos, constituye un hilo conductor clave sobre el que examinar la evolución y transformación de conceptos universales presentes en el contexto paisajístico actual; algo que nos proporciona una conceptualización actualizada sobre la relación del ser humano con su entorno alterado. Analizar el paisaje antrópico en el mundo actual, híbrido y cambiante, implica mirar más allá de la corteza visual de la imagen, para profundizar en su entramado estético y conceptual, pues la progresiva transformación del entorno que habitamos nos revela cuestiones clave de la vida humana. Debemos concebir el paisaje como una confluencia de elementos y acontecimientos que van modelando nuestro destino. Éste es un hecho reflejado de forma sublime en la creación fotográfica de las últimas décadas, un lenguaje artístico que se convierte en una fuente de conocimiento plural. Por tanto, en este artículo, trataremos de hilar una teoría sobre el proceso paisajístico de reconstrucción continua que nos acontece, a través de la obra de ciertos fotógrafos contemporáneos. De hecho, en el actual siglo XXI, estamos inmersos en un proceso de imparable transformación, en el que la cualidad prístina de la naturaleza ha sido reemplazada por la mano del hombre, y esta observación nos posiciona en un estado de reflexión continua sobre la evolución del paisaje. Según los últimos estudios, el paisaje ha evolucionado hacia una nueva etapa que el premio nobel de química Paul Crutzen ha anunciado con el nombre de antropoceno. Esta nueva acepción histórica es una continuación del proceso de transformación del entorno, algo que hasta ahora solo había sido posible mediante la acción de la naturaleza. El pleistoceno fue un periodo muy frío, de numerosas glaciaciones, y cuyo desarrollo tuvo cabida mucho antes de cualquier atisbo de civilización. El pleistoceno, hace algo así como unos 11.000 años, daría paso al holoceno, un nuevo periodo caracterizado por un clima más templado y que propició algo de suma importancia para el hombre: el nacimiento de la agricultura. Ahora, sin embargo, podríamos estar inmersos en el inicio de una nueva etapa que, según Paul Crutzen, comenzó a desarrollarse a finales del siglo XVIII con la industrialización. La gran pregunta es si la humanidad por sí misma es capaz de conformarse como un agente transformador de tales proporciones. El escritor William L. Fox así lo cree, por lo que ha desarrollado sus teorías al respecto, considerando el "antropoceno" como un nuevo periodo, en el que la existencia humana se concibe como el mayor agente geológico de transformación de nuestro paisaje (Ellsworth y Kruse, 2013). Este hecho ha estado presente en el pensamiento y en la obra de notables fotógrafos y alcanza un auge significativo en la actualidad, introduciéndonos en una nueva disertación plástica y social de la imagen fotográfica. Se puede decir que hoy la fotografía refleja las huellas de un mundo construido y modificado por el hombre, un proceso de reinvención paisajística inscrito en el sistema de la sociedad post-industrial. Todas las acciones humanas definen el entorno natural y urbano y lo constituyen a sí mismo como paisaje. Este constructo espacio-temporal, en estado de transformación continua, constituye el paisaje antrópico del que formamos parte. A través de la fotografía es posible interpretar esta concepción paisajística y desentramar las constantes advertidas en numerosos discursos artísticos. En los años 80, importantes fotógrafos contemporáneos, como Jeff Wall, Andreas Gursky, Gregory Crewdson, o Georges Rousse entre otros, recuperan la idea de imagen única. De este modo el clásico de la obra maestra parece experimentar una especie de reconocimiento. Además, este énfasis de imagen única ha desempeñado un papel históricamente importante en la emancipación de la fotografía como una expresión artística, así como en su relación formal con la historia de la pintura (Gronert, 2009). En 1980 Jeff Wall comienza a fotografiar paisajes, confirmando su deseo de acercar la fotografía a la pintura, y utiliza la caja de luz de gran formato, algo que otorga gran luminosidad y monumentalidad a sus transparencias. Wall adopta las reglas del género de la pintura de paisaje, aunque las altera eligiendo escenas donde la naturaleza aparece invadida por la industrialización y los suburbios. En su trabajo destaca las preocupaciones sociales y el interés narrativo de esos paisajes. Durante la década de los 80 a la que nos venimos refiriendo, en el ámbito norteamericano la fotografía fue proclamada como la actividad por antonomasia del postmodernismo. Sin embargo, teóricos como Benjamin Buchloh, Douglas Crimp, y sobre todo Rosalind Krauss o Pierre Bourdieu en Europa, creían que la vuelta al medio expresivo no se trataba de un discurso estético, sino de un proyecto de deconstrucción, que acabaría finalmente con el aura y la originalidad. Según expresa Andreas Gursky: "En los años 70, al menos en Alemania, la fotografía no formaba parte de las artes plásticas... Lo que pensábamos en cualquier caso es que había que interpretar lo real para acceder a una expresión artística, fuera cual fuera. Cuando empecé mis estudios en Düsseldorf me interesó sobre todo la fotografía de la arquitectura. Al cabo de dos o tres años me consagré al paisaje." 1 La fotografía de paisaje no solo documenta un hecho, pues la imagen de paisaje siempre alberga una connotación subjetiva que nos cuenta mucho más de lo que perciben nuestros ojos en un primer contacto a388 visual. Robert Adams, que suscribe esta idea, afirma que las imágenes fotográficas de paisaje nunca son pura tautología, ya que el tema es demasiado profundo. No es posible abarcar todo un paisaje y capturarlo en una imagen, y por tanto no es viable concebir el paisaje fotografiado como una documentación aséptica del entorno (Adams, 1996). De acuerdo con esta idea, las narrativas intrínsecas dotan a la imagen de una caracterización conceptual, que nos permite profundizar de una manera más consciente en el paisaje antrópico fotografiado. Cabría considerar que la fotografía de paisaje es también un modo de acercarse al conocimiento del propio pasado. Igual que la literatura, el paisaje nos acerca a los caracteres de las tradiciones culturales, y de una manera decimonónica, quizás al espíritu de los hombres y de los pueblos, tal y como sostiene Alexander von Humboldt en el planteamiento romántico (Álvarez Areces, 2009). Concibamos, pues, la fotografía como una posibilidad de conectar con la cultura y el pensamiento humano; por ejemplo, con la cultura de la industrialización, símbolo esencial de la transformación social del paisaje. Cabe destacar cómo la fascinación modernista por las factorías, chimeneas, montacargas de grano y minas es reflejada en muchas fotografías de paisajes industriales realizadas durante la década de los años 1920 y 1930. Son muy conocidos y relevantes los trabajos de los siguientes artistas: Edward Weston, Charles Sheeler, Margaret Bourke-White, Charles Burchfield, y William Gropper, entre otros. Estos autores confirman el gran interés del paisaje industrial (Pauli, 2003). También se ha de subrayar la notable ingravidez y abstracción que el fotógrafo estadounidense Brett Weston, hijo de Edward Weston, expresa en obras como Locomotive (locomotora) de 1927. Las imágenes de estos autores simbolizan la imparable transformación industrial del paisaje, que reverberará en la creación fotográfica de artistas actuales esenciales como Andreas Gursky, Simon Roberts, John Pfahl, Joel Sternfeld, Kim Keever, Yannick Demmerle, Axel Hütte, Edward Burtynsky, Chris Round, Richard Misrach o, Roderik Henderson, entre otros. Todos ellos serán susceptibles de análisis en este artículo. Desde las últimas décadas del siglo XX hasta la actualidad las obras de numerosos fotógrafos, muchos de ellos incluidos en este texto, han ido creando un entramado conceptual en torno al paisaje y el lugar del hombre en él. Las fotografías de dichos autores se retroalimentan y adquieren una relevante significación estudiándolas en conjunto, ya que es mediante la interrelación de los diversos discursos artísticos como llegamos a interpretar el paisaje antrópico actual, advirtiendo además en este un punto de inflexión en común: lo sublime como detonante clave para interpretar el contexto posthumano que nos acontece. LA NATURALEZA SUBLIME: MÁS ALLÁ DE LA BELLEZA Según el filósofo y ensayista ilatiano Remo Bodei, lo sublime se instaura como la imposibilidad de representar por medio de la imaginación ideas como el infinito o la libertad, ya que estos conceptos están desligados de toda imagen sensible concreta. De este modo, se desvanece aquel ideal de acabado perfecto, que describía lo bello como una forma totalmente definida en el mundo antiguo. La superioridad de lo sublime sobre lo bello radica en que pone el acento en las bases emotivas de nuestros conflictos y en el valor de nuestros límites (Bodei, 2011). Se podría decir que en el momento actual también se busca la belleza, aunque no a través de la perfección formal, sino mediante el poder expresivo y comunicativo de la imagen, que trasciende sus propiedades puramente estéticas para llegar a nuestra conciencia desde múltiples vías del conocimiento humano. En la fotografía lo sublime puede ser concebido como una acepción de belleza que transforma la percepción que tenemos del paisaje, algo relevante para comprender nuestra relación con el mundo. Asimismo, gran parte de la imaginería del paisaje de las últimas décadas, reconoce las nociones tradicionales de lo sublime, el poder de la naturaleza para transmitir un sobrecogimiento genuino en virtud de su escala. Esta nueva percepción combina la conciencia del origen del concepto mismo en el romanticismo, una compasión por el escepticismo del pensamiento posmoderno, y un sentido de asombro en la superficie de la inefabilidad de la naturaleza. Así pues, esta compleja sensibilidad sustenta el trabajo de notables fotógrafos tales como el estadounidense Joel Sternfeld. Su fotografía titulada Approximately 17 of 41 Whales which beached and subsequently died, Florence, Oregon (encallaron alrededor de 17 de 41 ballenas, y posteriormente murieron, Florence, Oregón), registra un grupo de espectadores curiosos en el lugar de un incomprensible suicidio en masa de ballenas (Davis, 1999). En este caso, lo sublime se convierte en un sentimiento de dolor y terror, algo que se proyecta con frecuencia en muchas de las imágenes de gran formato y en color que realiza Sternfeld. Este artista ahonda en los aspectos más mundanos y adversos del paisaje, a través de ciudades abandonadas o pai-a388 sajes estériles. Uno de sus libros más emblemáticos es American Prospects, de 1987, en el que se exploran los paisajes alterados por la mano del hombre en Estados Unidos. Considerado un fotógrafo pionero del color, Joel Sternfeld ha constituido una referencia crucial para otros artistas como Andreas Gursky o Thomas Struth, cuyas obras también son objeto de reflexión sobre lo sublime. En conexión con lo anterior, prestemos atención al discurso poético de Andreas Gursky, cuya obra describe, de manera bastante singular, la sublimación contemporánea. Se podría decir que el trabajo de este autor constituye un mapa del mundo civilizado moderno. Sus imágenes, a la vez que impresionantes, resultan inquietantes. Y ante esto cabe preguntarse: ¿cuál es el origen de esta reacción? En este sentido es muy revelador el pensamiento del escritor irlandés Edmund Burke, quien en 1757 publicó A Philosophical Inquiry into the Origin of our Ideas of the Sublime and Beautiful (una investigación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y lo hermoso). Este trabajo fue de gran influencia para esteticistas y otros filósofos, destacando entre ellos al prusiano Inmanuel Kant. Tal es la importancia del pensamiento teórico de Burke, que en su tratado, mencionado anteriormente, establece la primera definición moderna de lo sublime: "Aquello que es de algún modo terrible, o tiene que ver con los objetos terribles, o actúa de una manera análoga al terror, es una fuente de lo sublime. Es decir, se trata de la producción de la emoción más fuerte que la mente es capaz de sentir" (cit. en Ohlin, 2002, p. Las fotografías de Andreas Gursky podrían interpretarse como analogías del sobrecogedor mundo global e hieratizado que nos acontece. Su obra constituye un mapa del mundo civilizado postmoderno, cuya mecánica y sistematización se vuelve en ocasiones escalofriante. En el planteamiento teórico de Andreas Gursky, la dinámica vertiginosa de la globalización constituye el lugar actual de lo sublime. Este dinamismo global hace referencia al gran sentimiento de insignificancia que define nuestra presencia en el paisaje. En términos de Burke se podría decir que estamos "aniquilados". En base a esta actitud, Gursky pretende invocar lo sublime a través de sus imágenes. El fotógrafo manipula sus fotografías con total libertad, alterando la arquitectura de los edificios y entornos naturales. Este proceso de trabajo da lugar a la repetición de patrones formales, abordando la profundidad cromática, y generando imágenes que reflejan el tiempo detenido. En este comportamiento artístico se revela una corre-spondencia crucial con el sentido de lo sublime (Ohlin, 2002). Las fotografías de Gursky denotan estructuras visuales universales que definen nuestro paisaje antrópico, y que devienen en un espíritu romántico de nuestra existencia. El enfoque compositivo y conceptual de las imágenes de Gursky refleja el comportamiento social contemporáneo, caracterizado por el individualismo del ser humano en medio de un vacío existencial. Además, la riqueza y la proporción cinematográfica de los paisajes panorámicos de Jeff Wall en la década de los 80, concebidos como mapas del poder económico y social, pueden haber influido en la obra de Gursky, en cuyas fotografías también se escribe la historia global del presente. Sus paradigmas se basan en la transgresión deliberada del horizonte perceptivo eurocentrista por la pluralidad global de contextos de experiencia vividos y la existencia de sociedades paralelas (Beil y Fessel, 2008). En su obra Kairo, Diptych (El Cairo, díptico), pareciera que el tiempo se dilata, insinuándose posibles argumentos relacionados con algún drama humano que requiere nuestra atención. Así pues, desde una perspectiva social, y frente a la contemplación de la obra a la que nos hemos referido, podríamos plantear la siguiente reflexión: ¿qué tipo de ciudad es esta, qué tipo de sistema, y qué produce tal caos? Profundizando en la teoría de lo sublime, resulta también apropiado hacer referencia a las ideas sobre el tema expuestas por Inmanuel Kant en 1764. En su publicación Observations on the Feeling of the Beautiful and the Sublime (observaciones sobre el sentimiento de la belleza y lo sublime), Kant realiza sus aportaciones abordando la caracterización de ambos conceptos, haciendo distinción entre ellos, e incitándonos a reflexionar sobre el poder de lo sublime y lo bello en la naturaleza humana. Por otro lado, tomemos en consideración el pensamiento del crítico de arte y teórico John Ruskin, quien en vez de separar los conceptos de belleza y sublime como hizo Burke, considera que lo sublime es el grado más alto de belleza. Además, la teoría de Ruskin influyó, entre otros, en el pintor británico Joseph Mallord William Turner, cuyo discurso plástico entra en consonancia con la concepción sublime de la fotografía actual de paisaje. El fotógrafo alemán Elger Esser, durante un viaje a Francia en 1996, descubrió que el paisaje sería el tema central de su fotografía. También se inscribe en lo sublime y lo romántico, y la luz es un elemento esencial de su lenguaje, que interviene trascendentalmente en la connotación plástica de sus imágenes. Otro aspecto a388 crucial de sus fotografías es la melancolía que se impone involuntariamente. Además, en sus obras más recientes, basadas en tarjetas postales, se adquiere un alto grado de abstracción. 2 Asimismo cabe señalar la fotografía Salcombe Sands, Devon, 23rd May (arenas de Salcombe, Devon, 23 de mayo), de 2008, del artista Simon Roberts, cuyo trabajo perteneciente a su serie denominada We English, expresa la belleza de lo mundano y lo banal, explorando la relación establecida entre el ser humano y su entorno. Como vemos, se puede observar en un periodo reciente y en su corriente artística una actualización del romanticismo, y otro ejemplo visible nos lo da Kim Keever a través de su obra. La imagen Summer: Blue, Yellow and Gray (el verano: azul, amarillo y gris), conecta con esa atmósfera sublime del romanticismo, y conceptualmente con la Hudson River School. El principal discurso de su obra atiende a una profunda veneración de las fuerzas naturales. Además, la luminosidad cromática de sus imágenes nos sugiere un universo de transformaciones plásticas que podrían estar advirtiéndonos de circunstancias catastróficas relacionadas con el efecto de la humanidad sobre la tierra. No obstante, la intención del artista es presentar la belleza del paisaje en sí misma, sin referencias al hombre y a la industria, creando un imaginario propio más allá de las horas y los días. La fotografía de Kim Keever Summer: Blue, Yellow and Gray formó parte de una exposición colectiva titulada Trouble in Paradise. Examinando la discordia entre la naturaleza y la sociedad), que tuvo lugar en el Tucson Museum of Art, en Tucson, Arizona, entre el 28 de febrero y el 28 de junio de 2009. Los artistas incluidos en esta muestra presentan ideas filosóficas, ecológicas y de naturaleza política y, así pues, se configura un discurso sobre el impacto de la humanidad en el paisaje. Esas obras significan la contemplación de nuestra existencia en el mundo moderno (Sasse y Handlin, 2009). Estos artistas plantean cómo la discordancia medioambiental es empaquetada y entregada a nosotros a través de los mass media. Las nubes de humo, los paisajes devastados, las inundaciones o la bomba atómica se han convertido en símbolos que reconocemos inmediatamente por el frecuente bombardeo mediático. El romanticismo aparece también implícito en las fotografías de Yannick Demmerle. En su obra Untitled ( ) (sin título no6) de la serie Les Nuits Étranges (noches extrañas), se detecta una importante nota de lo sublime, la curiosa mezcla de asombro y terror que muchos artistas románticos captaron en la naturaleza y transmitieron con sus pinturas (Earle, Phillips, Squiers y Wallis, 2006). La idea de la contemplación tranquila frente al mundo natural como un lugar por descubrir se explicita en el trabajo de Yannick Demmerle, aunque lo sublime en sus paisajes genera además una sensación de inquietud en los pantanos y espacios forestales que fotografía. Subyace una perturbación oculta en las imágenes del artista, que se intensifica por la cercanía extrema de la naturaleza fotografiada. Esta exploración del mundo natural, conectando física y emocionalmente con el entorno de forma muy cercana, es una actitud que aborda la fotógrafa estadounidense Dana Fritz. A través de su proyecto Views Removed (figs. 1 y 2), comenzado en 2012, Fritz se plantea el hecho de que la imagen actúa como un plano frente al cual podemos desarrollar una íntima contemplación del mundo natural. Ella nos propone la contemplación espiritual a través de sus imágenes, y así lo afirmaba en una conversación mantenida con la artista en noviembre de 2012, en Lincoln, Nebraska. Dana Fritz asegura su interés por propiciar a través de sus fotografías una experiencia perceptiva y cognoscitiva del paisaje que trasciende los límites objetivos de la realidad para introducirnos en un estado de conciencia espiritual en torno a la naturaleza. A la artista le interesa comprender qué tipo de naturaleza queremos, objetivo que persigue e indaga con su trabajo. Se podría apuntar incluso que el desarrollo de esta cuestión resulta clave para ella, y que la búsqueda de la respuesta la lleva a explorar una vía más experimental. De este modo, aborda con solidez el concepto de invención de un nuevo paisaje, mediante el montaje de varias imágenes en su proceso de trabajo, utilizando métodos analógicos de revelado. Deja, por tanto, a un lado la fotografía puramente directa con la que había trabajado hasta el momento para adentrarse en la aventura de crear nuevos horizontes espaciales. Es importante resaltar cómo el protagonismo de la naturaleza en la obra de Dana Fritz parece imponerse frente al dominio imperante de las construcciones del individuo en el espacio, por lo que resulta además de gran interés destacar su serie Terraria Gigantica, realizada entre 2007 y 2011 (fig. 3), con la que expone un diálogo entre artificio y verdad, fotografiando e investigando tres de las construcciones paisajísticas interiores más grandes del mundo: Biosphere 2, a las afueras de Tucson, Arizona; Lied Jungle y Desert Dome en el zoológico Henry Doorly, en Omaha, Nebraska; y el Proyecto Eden en Cornualles, Inglaterra (Ruud, 2013). La condición romántica de la naturaleza es advertida también en la obra del fotógrafo alemán Axel Hütte. Este artista conecta lo sublime con la abstracción perceptiva de sus paisajes, y emplea las variaciones de la luz y su comportamiento sobre los diversos elementos para crear composiciones prácticamente abstractas. Es de destacar que a finales de los años 80, retoma el tema tradicional del paisaje romántico, viajando por diversos países con el objetivo de reflejar la idea de lo sublime como punto de partida en su proyecto fotográfico (Pratesi y Carpi de Resmini, 2009). El interés de este autor por el paisaje fue incrementando, sobre todo, durante la década de 1990. A partir de este momento, tratará con predilección escenas de ciudad (estaciones de metro, trenes subterráneos, entradas a edificios, etc.). Incidiendo en un paisaje desarrollado, símbolo del romanticismo, Hütte incorpora a sus imágenes fragmentos de arquitectura, creando un tipo de marco geométrico en sus fotografías. Al mismo tiempo, sus imágenes poseen un tipo de belleza natural ambigua, una estética dispuesta por los humanos y orientada por el consumo. Aunque las imágenes de Hütte no son críticas directas al paisa-je industrial, estas, manifiestan que lo que parece ser virgen en realidad solo está temporalmente libre de la influencia humana 3. Hablamos de fotografías que nos inducen a reflexionar sobre la propia existencia. Hay que tomar conciencia de que para muchos artistas fotografiar el paisaje implica proyectar valores intangibles que describen nuestra existencia. El fotógrafo japonés Hiroshi Sugimoto explora el tiempo, el empirismo o la metafísica, proponiéndonos una nueva ventana al mundo cargada de sublimación y energía inmaterial. Su serie Seascapes expresa la naturaleza de forma documental y metafísica al mismo tiempo, es una exploración de la barrera entre lo físico y lo inmaterial. Conceptos como el tiempo y el espacio, indagados en sus fotografías, amplían nuestra percepción de la naturaleza, incitándonos a reflexionar sobre el origen e historia del mundo y de nuestra cultura. Sugimoto nos propone una percepción ampliada del tiempo y el espacio, en la que lo dramático y lo enigmático versan hacia una nueva revelación espiritual sobre la que interpretar lo sublime en la actualidad. Las siguientes palabras del artista, explicitan su compromiso con la espiritualidad: Figura 3. Fuente: © Dana Fritz, cortesía de la artista. a388 "Yo decidí ser espiritual y mantener una actitud igual con respecto a todas las religiones. La cuestión más importante es de dónde vienen la religión y la espiritualidad. Nuestro estadio de conciencia humana empezó con el desarrollo del sentido del tiempo y de la consciencia, lo cual está acompañado por un impacto religioso. Por lo tanto, todo está relacionado, y también lo está con mis paisajes marinos. Reflexionar sobre el pensamiento religioso... ¿Por qué, cuando contemplas la naturaleza o los paisajes marinos, sientes que algo te trae a la memoria tus viejos recuerdos, ya sean personales o de la humanidad?" 4 La inquietante armonía destilada en muchas de sus fotografías de paisajes marinos puede propiciar dramas humanos en nuestra memoria, una hibridación de sentimientos que marca nuestra existencia. Esta sensación nos lleva a valorar la experiencia de lo sublime como un estado de transformación espiritual, de fuerzas encontradas. La lógica espacio-temporal de sus obras parece reflejar lo inmaterial, que subyace más allá del tiempo y el espacio. Esta idea se proyecta con hervor en su serie Theatres, con la que nos habla de la presencia humana, ya que estas obras, realizadas con una exposición larga, han acumulado la información de los millones de fotografías que integran una película. Por tanto, la aglutinación de fotogramas proyectados en una línea temporal concreta, traduce la información inmaterial acumulada en un plano blanco sobrio y enigmático que propicia un estado de contemplación ultrasensorial. El estado contemplativo en el que nos introduce Sugimoto lo experimentamos también al percibir las fotografías de la artista estadounidense Lynn Davis, quien a través de su obra desarrolla un camino espiritual propio. El equilibrio y la armonía se instauran en el seno de su trabajo, centrado en el paisaje, y que incluye series como Water o Ice. La fotógrafa Lynn Davis, interesada en lo efímero y lo cambiante, proyecta una mirada escultórica y un enfoque minimalista en gran parte de su obra. En su serie Ice se registra la belleza sublime de los icebergs, reflejándose un mundo onírico en el que lo abrupto y lo pacífico convergen. Estos icebergs son construcciones escultóricas abstractas de naturaleza efímera que interactúan con su entorno y que simbolizan el proceso de deconstrucción y disolución que está experimentando nuestro planeta. El interés por documentar la realidad cambiante lleva a Davis a viajar a Irán en 2001 con la intención de buscar material para su serie Persia Antigua. La artista exploró los espacios desérticos y fotografió arquitecturas preislámicas y paisajes casi lunares, revelando en ocasiones la frágil relación entre la naturaleza y la civilización. El paisaje industrial nos proporciona una doble vertiente interpretativa, pues integra en su fuero los conceptos de poder y belleza. Dichos conceptos coexisten en la cuadratura discursiva de la fotografía, destacándose un carácter de relación sugerente entre la crítica y la estética del paisaje. Cabe señalar que las fotografías del artista canadiense Edward Burtynsky nos aproximan al paisaje manufacturado del contexto actual, pues sus obras poseen un incitante vínculo entre lo bello y lo degradante, y nos hablan de las fuerzas de poder que articulan las empresas industriales. Edward Burtynsky se expresa con un vocabulario romántico, y lo sublime será un concepto tradicional del paisaje que proyectará en su obra. Edmund Burke, en su tratado A Philosophical Enquiry into the Origin of our Ideas of the Sublime and Beautiful (una investigación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y lo hermoso), afirmó que lo sublime evocaba el sentimiento de ansiedad frente a la naturaleza, un estimulante reconocimiento de sus ilimitados poderes sobre la humanidad. Sin embargo, Burtynsky en ocasiones traza su experiencia de lo "sublime aterrador", basándose en el mundo del orden más que en las fuerzas de lo salvaje. Sus imágenes provocan un aplastante shock, producido por el artificio de la máquina y su poder para organizar y transformar el espacio, disociado en todo momento de la fuerza espiritual o religiosa del paisaje. El concepto de lo sublime ha sido transformado. Este hecho se manifiesta tomando conciencia de todos aquellos elementos que se han introducido en la vida del hombre desde la era industrial, modificando su relación con el entorno: la máquina, la luz eléctrica, el motor de combustión, el río, la presa, la ciudad, la fábrica, el avión o el coche. Se produce, por tanto, una variación de lo sublime, como síntoma de la ciencia, la mecanización y el progreso (Mitchel y Rees, 2009). Cabe señalar la exposición de Edward Burtynsky titulada The Industrial Sublime (lo sublime industrial), que tuvo lugar en 2012 en el Frist Center for the Visual Arts, en Tennessee, y cuya temática está siendo explorada por numerosos artistas consagrados a la fotografía de paisaje en la actualidad. Nuestro sistema de extracción, producción y manufactura instila el miedo de que hemos creado algo más poderoso que la fuerza humana, que podría acabar con nosotros si continuamos usando nuestro poder con el único propósito de conducir económicamente nuestra sociedad eludiendo el factor ecológico. En la obra de Burtynsky, lo sublime instiga al terror, a388 transmitiéndonos un desasosiego constante sobre la relación del ser humano con su entorno y la industrialización imparable que acontece. Es importante señalar la ineludible conexión que existe entre las fotografías del artista americano John Pfahl y el discurso de Edward Burtynsky. Ambos posicionamientos artísticos implican una caracterización sublime del paisaje. John Pfahl, quien conjuga el poder industrial con la búsqueda de la belleza a lo largo de todo su trabajo, llevó a cabo el proyecto Altered Landscapes (paisajes alterados), y a través del mismo fundamenta su pensamiento artístico. La exploración fotográfica de la alteración del paisaje es una actitud artística que tienen en común Pfahl y Burtynsky, y en este sentido resulta necesario desarrollar una aproximación reflexiva en torno al trabajo de John Pfahl. El citado artista americano, con su serie Power Places (lugares de energía), sugiere representaciones de plantas de energía nuclear realizadas al principio de la década de 1980 y plantea interrogantes necesarios para hallar la compleja estructura del mundo. Ya desde los inicios del siglo XIX y a raíz del ferrocarril y la industria, los estadounidenses se han cuestionado la intrusión de la tecnología en relación al medioambiente. Por tanto, cabe considerar el planteamiento artístico de Pfahl quien, consciente de los peligros que suponen las centrales nucleares o cualquier otra tecnología de producción de energía, proyecta sus paisajes con cierta ironía, aunque parezca remitirnos a una actitud de condena. Así pues, sus imágenes expresan una sugestiva conjunción entre el poder del lugar y su belleza (Jussim, 1990). Su portafolio Power Places ha sido revisado por numerosos críticos, quienes se muestran algo confusos sobre los motivos del artista en la creación de tales imágenes. Las fotografías de John Pfahl expresan colectivamente una nostalgia romántica inscrita en la modernidad, en la que las plantas de energía, así como las formaciones de las rocas y los árboles se perciben como un nuevo tipo de belleza ingenieril. Destaquemos su obra Three Mile Island Nuclear Plant, Susquehanna River, Pennsylvania (planta de energía nuclear Three mile island, río Susquehanna, Pensilvania), de 1982, perteneciente a su serie Power Places, en la que se expresa la coexistencia de lo natural y lo industrial. A partir de sus fotografías, se aprecian además otras lecturas que nos advierten sobre el carácter natural y necesario de la utilización de la energía, hallada en todo el paisaje (Bright, 1985). Sus imágenes poseen un carácter ambivalente, que nos confiere una posición crítica neutral. El propio artista expresa una actitud de lo más imparcial: "No estoy interesado en lanzar simples opiniones o hacer declaraciones propagandísticas. Me parece que cuando más de un mensaje se presenta en una obra de arte, se crea una tensión que pide a gritos ser resuelta. Las personas condicionadas por la fotografía publicitaria y sobre todo por el fotoperiodismo esperan un mensaje inequívoco y encuentran mi trabajo desconcertante. Sin embargo, espero que la mayoría de los espectadores sean provocados por la tensión fomentada deliberadamente a pensar más profundamente sobre la complejidad de las cosas. La intención es hacer que las personas se vinculen con las implicaciones de una imagen" (cit. en Jussim, 1990, p. En el mundo actual, tan congestionado de imágenes, es necesario detenernos y reflexionar, analizando conceptos universales como la belleza, instaurados en nuestra existencia y llenos de significado. En ocasiones, el concepto de belleza es asociado a un terror exponencial, como ocurre al examinar las imágenes de John Pfahl. En su obra Rancho Seco Nuclear Plant, Sacramento, California (central nuclear Rancho Seco, Sacramento, California) puede apreciarse esta idea pues, aunque no es nueva en el arte, el tratamiento del tema sin duda es diferente. Su obra evoca la primera línea de un poema de Rainer Maria Rilke: "La belleza es solo el principio del terror..." (cit. en Jussim 1990, pp. 15-16) 6. Del fotógrafo John Pfahl también merece una consideración importante su serie Smoke (humo), cuyo motor discursivo está fundamentado en los graves peligros medioambientales sufridos en las últimas décadas. Sus paisajes, vestidos por una estética atrayente, sugieren a su vez una sugestiva interpretación en relación a la alarmante realidad inscrita en la literatura de sus imágenes (Jussim, 1990). Ciertamente, las fotografías de nubes, abstractas y evocadoras, que Alfred Stieglitz aborda en su serie Equivalents (equivalentes), pueden vincularse con la serie Smoke de Pfahl. El texto mostrado a continuación refleja la experiencia del artista John Pfahl al abordar este proyecto fotográfico: "La prodigiosa pantalla de humo que brota de las pilas de coque de la corporación Bethlehem Steel, en Lackawanna, Nueva York, desde donde mejor se puede ver es desde un acantilado de escoria mirando la planta desde el norte. Un estrecho canal de barco de aguas oscuras me separa de los edificios de la fábrica, silueteados y bañados en el resplandor del lago Erie. Por el simple acto de mirar a través del enorme teleobjetivo de mi Hasselblad, me adentré en una fantasmagoría de luz y color. Atraído y con repulsión a la vez, me siento envuelto en un espectáculo de la a388 naturaleza verdaderamente asombroso. Es como si de repente me precipitara en una catarata rugiente, un volcán en erupción, o una tormenta violenta en el mar. Silbatos de alarma soplan y el humo se descarga en el cielo. Las formas se expanden y cambian mucho más rápido de lo que habría imaginado, y en su cenit absoluto, se disipa en el aire antes de que pueda tomar otro respiro. La presentación tiene sus propios ritmos y lógica como los géiseres, pasa de quince a veinte minutos antes de que se produzca otra descarga. Sin duda, la eficiencia de los mecanismos internos de la fábrica dicta una lógica de los tiempos, pero desde mi punto de vista distante yo sólo puedo verlos como parte de un proceso irracional, aterrador en su veleidad. Las oscuras emisiones de humo, chocan con nubes blancas brillantes, ambas arrastradas en un momento por un denso vapor amarillo. Yo giro mi cámara sobre el trípode rápidamente, moviendo el objetivo de un vórtice a otro, intentando seguir el ritmo de las rápidas transformaciones. A medida que las horas pasan y el sol disminuye, rosas y naranjas destacan atrás por su brillo conectando con las imponentes nubes de efluvio. Cada hora, cada día, cada momento del año aguarda sus propias sorpresas" (cit. en Jussim, 1990) 7. John Pfahl describe su experiencia como un verdadero hallazgo, que en ocasiones lo llevará a enfrentarse a los fardos de oscuras nubes que se desplazan hacia él, quedando sumergido en una atmósfera tóxica. Dicha situación nos podría estar hablando de la cotidianeidad de lo dañino, ya que el olor a humo se convierte en un aroma familiar del que apenas se llega a ser consciente. De hecho, regularmente asumimos un ambiente de toxicidad que define nuestro paisaje. Pfahl suele presentar la arquitectura de la industria nuclear del siglo XX con el lenguaje romántico de la pintura del s. XIX. El romanticismo, implícito en las fotografías industriales de Pfahl y Burtynsky, nos permite concebir una solidez conceptual y narrativa en sus trabajos. El crítico John Bentley Mays relacionó las fotografías de Burtynsky con el paisaje industrial sublime, un tipo de imagen característica de Europa, y especialmente de Gran Bretaña, durante el siglo XVIII. El principal historiador en este género, Francis Klingender, escribió: "Las ilustraciones de temas industriales fueron creciendo progresivamente durante la segunda mitad del siglo XVIII. Pozos de carbón en brezales remotos, canteras cavernosas en las montañas, molinos a la orilla de los arroyos y, sobre todo, las obras de hierro en sus hornos de cal, provocaron un llamamiento en aquellos que buscaban lo pintoresco como ejemplos perfectos de lo sublime" (Klingender, 1947, p. Los numerosos proyectos de John Pfahl, Altered Landscapes (paisajes alterados), Picture Windows (ventanales), Video Landscapes (vídeo paisajes), Submerged Petroglyphs (petroglifos sumergidos), Power Places (lugares de energía), Missile/Glyphs (misiles/glifos), Arcadia Revisited (la arcadia revisitada) o Smoke (humo), entre otros, expresan un proceso continuo de ideas en relación a la naturaleza y los efectos de la intervención humana en ella (Jussim, 1990). Es destacable cómo el poder destructor de los procesos industriales, con frecuencia, provoca una paradójica belleza en la atmósfera del paisaje. Se produce un romanticismo cromático, percibido tanto en el aire como en el agua, que nos incita a valorar el proceso de degradación que acecha a muchos ríos y minas del planeta. En relación a lo anterior, son bastante significativos también los proyectos Tailings (escombros) y Australian Minescapes, del artista Edward Burtynsky. Su serie Tailings está formada por un grupo de fotografías de escombros de níquel, cerca de la ciudad de Subdury, situada en la provincia de Ontario, en Canadá. Los intensos naranjas y rojos, causados por la oxidación del hierro y por la mezcla de diferentes metales desechados, nos transmiten la idea de desastre natural provocado por el poder destructor de las industrias, que desechan residuos que acaban en los ríos y lagos. Este es un proceso del que a veces parece que no somos del todo conscientes, o ¿se podría pensar que no queremos serlo? A menudo, ciertos intereses económicos o políticos nos alejan de la verdadera realidad humana, para hacernos partícipes de la gran máquina colectiva que constituye el sistema social al que pertenecemos. Las conciencias de los individuos son sometidas colectivamente por los intereses industriales, un proceso cada vez más difícil de controlar y frenar, debido a la colosal infraestructura técnica y económica que rige la compleja construcción del paisaje. Estamos asistiendo a una continua renovación física e intelectual del entorno, en la que todos somos partícipes, y por lo tanto también somos responsables de los resultados que se obtengan. En cualquier caso, las fotografías de Edward Burtynsky amplían enormemente nuestra sensibilidad estética y social respecto al entorno que nos ocupa. El poder y la belleza de sus imágenes nos conducen a investigar el sistema huma-a388 no que interviene en la imparable modificación del paisaje actual, contribuyendo consecuentemente a la axiomática fragilidad de la naturaleza. El propio Edward Burtynsky, expresa: "Si la experiencia humana puede considerarse como una manifestación de los sueños y los deseos, las minas pueden ser consideradas como el origen de la materia prima de esa experiencia. En un nivel de entendimiento el mineral rico es manufacturado en los objetos de nuestros deseos colectivos: los automóviles que conducimos, las televisiones que vemos, los aviones que vuelan alrededor del mundo, las casas que nos proporcionan refugio y consuelo, y un sinfín de aparatos y productos. Si el oro, la plata y los diamantes son los objetos de valor que nosotros conferimos para honrar a grandes ciudadanos y profesar nuestro amor, entonces ¿no son los grandes huecos que dejamos en ese paisaje residual un testamento duradero de estas ambiciones? Las imágenes derivadas de esos paisajes llegan a ser simbólicas. Lo que esta civilización deja es la creación involuntaria de gigantescos movimientos para nuestra forma de vida" (cit. en Mitchell, 2009) 8. La existencia humana está condicionada por nuestras acciones y, de acuerdo a cómo dirijamos nuestra relación con el medio, ya sea este natural o urbano, estaremos contribuyendo a la consolidación o degradación del paisaje social colectivo. Las claves para analizar la evolución de dicho paisaje están implícitas en la obra de Burtynsky, cuya vocación como fotógrafo de paisaje se remonta algunas décadas atrás en el tiempo, cuando con apenas veinte años observó las fotografías de Carleton E. Watkins en el Metropolitan Museum of Art, un hecho que fue realmente determinante en la trayectoria de su trabajo. Watkins destacó no solo como fotógrafo de vistas sublimes del parque Yosemite y la costa del Pacífico, sino que además dominó el arte de fotografiar las intervenciones del hombre en el paisaje: los ferrocarriles, los trabajos de hierro, los almacenes de madera, las presas y las minas. Este artista californiano fotografió con el mismo interés tanto lo natural como lo sublime de la industria. Una de sus fotografías más características y reconocidas es Cape Horn near Celilo (Cabo de Hornos cerca de Celilo), de 1867. En 1871, Carleton E. Watkins, realizó con placas de mamuts una serie de fotografías de las minas de grava de North Bloomfield, en el condado de Nevada, en California. Además, fotografió las tuberías usadas en las minerías de oro hidráulicas de la misma región. Una de sus obras al respecto es Malakoff Diggins, North Bloomfield, Nevada (Pauli, 2003). Según expresa el propio Edward Burtynsky: "Recuerdo la primera vez que vi impresiones de Carleton E. Watkins en el Museo Metropolitano de Nueva York a principios de los 80. Sus fotografías eran destacables, con una vitalidad en las imágenes que es difícil encontrar en trabajos contemporáneos" (cit. en Pauli, 2003) 9. Burtynsky quería seguir el camino de Watkins, aunque adaptándose a su generación. Decidió que lo realmente relevante para nuestra época eran aquellas imágenes que mostraban cómo hemos cambiado el paisaje, yendo por el camino contrario a la persecución del progreso (Pauli, 2003). En este sentido resulta conveniente considerar el planteamiento artístico del fotógrafo australiano Chris Round, cuyo discurso, centrado en los intereses y preocupaciones de las últimas décadas, expresa entre otras cosas la fragilidad de la naturaleza. Existe una conexión conceptual entre su obra y las fotografías de Edward Burtynsky. De hecho, el contenido argumental del artista Chris Round muestra un especial interés por los paisajes influenciados por el hombre, por la concepción post-natural del entorno. El artista australiano encuentra esos espacios dinámicos y excitantes, llenos de energía y poder, al estar en constante flujo y cambio. Por consiguiente, el ser humano cambia constantemente su relación con el medio. Este es un hecho sobre el que debemos reflexionar. En el trabajo de este autor se revelan los conceptos de poder y belleza, un paralelismo de valores positivos y negativos que confluyen hacia el resultado plástico de sus fotografías. Destaca su proyecto Beauty and the Beast. Paisajes industriales de Australia). Reflexionando en consecuencia, actualmente el paisaje se ha convertido en una compleja estructura de pensamiento. Existe cierta ambigüedad en la proyección semántica del entorno que estamos modificando. Por lo que estos paisajes analizados podrían concebirse como desafíos o metáforas visuales enfrentadas. Cabría preguntarse entonces qué efecto tienen las plantas de energía en su medioambiente o qué lugar ocupa lo sublime en la fotografía contemporánea. En la exploración del desierto contemporáneo que realiza Richard Misrach con sus fotografías, él encuentra una belleza irónica en los cráteres de bombas y los esqueletos de animales. Existe aquí un vínculo directo entre la estética y la política (Foresta, Gould y Marling, 1992). En 1979 Misrach comenzaría su expansivo proyecto fotográfico, registrando la destrucción del paisaje del desierto. Además, a diferencia de Ansel Adams y William Henry Jackson, Misrach no buscó los lugares más visitados o de concepción más sublime, sino que indagó en las zo-a388 nas más tranquilas y menos conocidas del sureste de California, el noroeste de Utah y Nevada (Ruud, 2013). Mediante la actitud artística de Richard Misrach, advertimos por tanto cómo el autor adopta otra manera de afrontar la naturaleza con la cámara. Resulta pues necesario comprender que, en la actualidad, el concepto de belleza ha sido transformado, paralelamente a la modificación del paisaje, lo que de manera inmediata nos introduce en una reconsideración de la gestión social del entorno y del tipo de naturaleza que estamos construyendo. Podemos percibir belleza en un río contaminado, algo que nos genera a la vez desasosiego. Se podría decir que percibimos lo bello en un estado de alarma permanente, inmersos en un escenario de espacios afectados por la industrialización. Existe, por tanto, una implicación emocional más allá de la armonía cromática de la imagen, que nos lleva a cuestionar cómo estamos transformando el entorno. Si nos trasladamos al 29 de noviembre de 1979 e indagamos en las palabras del fotógrafo Ansel Adams, comprenderemos cómo ha evolucionado el concepto de belleza. A continuación, se muestra un breve extracto de su discurso, que pronunció en el John Hancock Hall del Photography Resource Center, en Boston, bajo el título My Life in Photography (mi vida en la fotografía): "Sentir y expresar la asombrosa belleza de las cosas--la tierra, la piedra y el agua, la bestia, el hombre y la mujer, el sol, la luna y las estrellas--La sangre--la explosiva belleza de la naturaleza humana, de sus pensamientos, delirios y pasiones. Y en la naturaleza humana su realidad elevándose... para sentir y comprender verdaderamente la belleza natural, es la única negociación de la poesía. ¡Mucha gente de hoy en día siente realmente miedo de la belleza!" 10. En el contexto actual, las marcas que alteran el paisaje nos conducen hacia otra mirada de la belleza y de lo sublime. El fotógrafo Roderik Henderson reflexiona sobre esta idea y escoge las geografías desérticas (al igual que Richard Misrach) para desarrollar su obra. Henderson viajó durante años por los desiertos de Nevada, California, Utah, Nuevo México, Arizona y el oeste de Texas, en busca de la "nada" absoluta, de la naturaleza intocable del desierto, y descubrió que esos lugares estaban llenos de huellas de la actividad humana. Destaca su serie Badlands (tierras yermas), cuyas fotografías reflejan los desiertos de alrededor de Caineville, Utah, una de las áreas más desoladas del mundo. La extrema topografía de este paisaje y sus colinas abruptamente erosionadas lo convierten en un lugar popular para motociclistas y vehículos todoterreno. Según algunos estudios realizados, la tierra se ha erosionado a un ritmo del 300% más rápido por las motos y los vehículos todoterreno. En la imagen Badland, de 2001 (fig. 4) de Roderik Henderson, los rastros de los neumáticos provocan cicatrices en la tierra, agrediendo los suaves contornos del paisaje desértico. Además, el carácter dramático de la tormenta de nubes de la imagen en blanco y negro condiciona nuestra percepción de lo sublime en dicha obra (Sasse y Handlin, 2009). En el año 2000, en la Royal Academy of Art, tuvo lugar la exposición Apocalypse: Beauty and Horror in Contemporary Art (Apocalipsis: belleza y horror en el arte contemporáneo), comisariada por el historiador del arte Norman Rosenthal. A pesar del aparente pesimismo que destila la temática abordada, resulta importante reflexionar sobre la importancia de la trama argumental de esta muestra. Es esencial adoptar una actitud receptiva al observar las obras, que permita que sus pensamientos entren en nuestra mente, transmitiéndonos un conocimiento más profundo de la propia existencia. Esta idea es planteada por Rosenthal, quien afirma que después de todo la anticipación del apocalipsis es un estado permanente (Sasse y Handlin, 2009). El recorrido sobre el concepto de lo sublime inscrito en la creación fotográfica actual nos ha proporcionado diversas interpretaciones de esta acepción a través del discurso de artistas que comparten un interés común: el paisaje alterado por el hombre, calificado como paisaje antrópico. La selección de fotógrafos incluidos en este artículo revela una constante implícita en el trabajo de estos autores: el poder de la humanidad sobre la tierra como experiencia de lo sublime. Así pues, descubrimos cómo lo sublime está presente en el cambio de las cosas, asumiendo la ineludible condición performativa de un paisaje post-industrial que condiciona nuestra existencia. Analizar lo sublime en el paisaje antrópico nos ha llevado a percibir el valor conceptual de la fotografía sobre su función documental. En la actualidad el fotógrafo es un explorador que indaga a través de su cámara las huellas de un mundo alterado por el ser humano, desvelándonos las claves implícitas en la estructura del paisaje. Es importante subrayar cómo el acto de fotografiar se convierte en una cuidadosa exploración, en la que el artista conecta física y espiritualmente con el entorno. Los fotógrafos analizados crean un profundo vínculo con el medio, ya sea este natural o urbano, proporcionándonos una lectura simbólica de su obra mediante la proyección de valores intangibles del entorno industrializado. Aspectos inmateriales como el sentimiento de terror y dolor asociado a lo sublime brotan al percibir a través de la fotografía el mundo global y de naturaleza artificial que se impone ante nuestros ojos, algo que podemos constatar al visualizar los paisajes industriales de Edward Burtynsky o John Pfahl, las composiciones digitales de Andreas Gursky, o los vestigios desérticos de Richard Misrach. Todos los fotógrafos analizados abordan el poder de la industria, transfiriendo en el espectador sentimientos encontrados de atracción y repulsión, posicionándonos en puntos geográficos estratégicos que nos introducen de forma directa en la experiencia paisajística. Por tanto, la fotografía instiga una conexión emocional en el espectador. Esto es algo que persiguen también muchos de los fotógrafos incluidos, relacionados con lo sublime en la naturaleza. Hiroshi Sugimoto, Dana Fritz, Axel Hütte o Lynn Davis llevan a cabo una experimentación fotográfica que deviene en misteriosas atmósferas que nos envuelven y sugestionan. La exploración y experimentación fotográfica simboliza un proceso de entendimiento en el que el artista forja la actual conceptualización del paisaje. Los fotógrafos documentan el mundo para entenderlo. Comprender el sentimiento encontrado de atracción y repulsión que provocan ciertas imágenes llega a ser realmente un reto en la actualidad, que nos lleva a reflexionar sobre qué nos afecta más: ¿la belleza estética o la catástrofe ambiental? El propio Edward Burtynsky reflexiona sobre este doble sentimiento que experimenta a través de sus fotografías. Por último, tras indagar en las narrativas implícitas en la imagen fotográfica, advertimos su función educativa. La fotografía es una ventana abierta al mundo que nos muestra la realidad que trasciende tras la superficie de la imagen y nos introduce en una red de conexiones que impulsa nuestro conocimiento del entorno. Los fotógrafos Harry Callahan y Edward Weston ya se plantearon la función educativa de la cámara en otro tiempo, ya que ellos no la veían como una simple herramienta documental. La fotografía de paisaje es una entidad protagónica dentro del crecimiento de nuestra conciencia medioambiental, y por ende, puede ser considerada como objeto de aprendizaje y análisis del paisaje antrópico. Lo sublime en el paisaje antrópico a través de la fotografía actual 14 a388 4 Fragmento de la entrevista a Hiroshi Sugimoto (Cué, 2015). 6 Original en inglés: «For beauty is only the beginning of terror... ».
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. La cosmología goza de relevante actualidad no sólo en el ámbito estrictamente científico, sino también en los de la divulgación científica y de la opinión pública. No es extraña la semana en la que los medios de comunicación informan de un nuevo descubrimiento cosmológico. ¿Por qué esta amplia difusión y notoriedad? Entre otras razones porque a los hombres nos inquieta saber qué lugar (en sentido ontológico y axiológico) ocupamos dentro del cosmos. Ahora bien, a partir de estas informaciones -muy valiosas pero fragmentarias-que nos llegan de la cosmología, ¿puede la inteligencia humana lograr una comprensión crítica y razonable de la propia cosmología, esto es, de sus conceptos y supuestos precientíficos, de sus métodos y sus modelos, de sus posibilidades, logros y límites, así como de las -y esto es esencial-implicaciones para la humanidad y para nuestra comprensión de la realidad derivadas de cada uno de los modelos cosmológicos propuestos? Esta metarreflexión, de existir, correspondería realizarla a una filosofía de la cosmología, y tal es la pretensión de El universo a debate. Una introducción a la filosofía de la cosmología, publicada por Biblioteca Nueva dentro de su colección Fronteras. Su autor, Francisco José Soler Gil, es investigador en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla y miembro del Grupo de Investigación de Filosofía de la Física de la Universidad de Bremen. Desde hace años se ha especializado en filosofía de la naturaleza y de la física, de modo singular en filosofía de la cosmología. Entre sus últimos libros se encuentran Lo divino y lo humano en el Universo de Astroparticle Physics and the Search for Physical Reality (2012), Mitología materialista de la ciencia (2013) y Philosophie der Kosmologie (2014). Antes de introducirnos en la estructura y el contenido del libro, tres advertencias. La primera es que no nos encontramos propiamente ante el clásico tratado filosófico que solía llevar por nombre, ya desde los griegos, περὶ κόσμου o Acerca del mundo. Estos consistían en una filosofía del mundo (o de la naturaleza), mientras que la que aquí presentamos consiste, como reza el propio subtítulo, en una filosofía de la cosmología. La segunda es que se trata de una introducción a la cosmología, como nos avisa de nuevo el subtítulo y como el autor nos recuerda en diferentes lugares del libro, pero donde "introducción" no implica aquí carencia de rigor ni de cientificidad -cualidades que sí posee este volumen-, sino presentación sistemática y crítica de los elementos esenciales que entran en juego con la conciencia de no agotar ninguno de ellos. Y la tercera es que se trata este -el de la filosofía de la cosmología-de un campo de investigación con aún poco arraigo en España (no así en los ámbitos anglosajón y germano, donde se cultiva más), aunque ya existen estudios importantes. Para cumplir este objetivo, el autor ha estructurado el ensayo en siete capítulos precedidos de una Introducción. En el primero se analizan las principales ideas de cosmos que se han sucedido a lo largo de la historia. Esta visión panorámica no pretende ser una a389 recopilación de ideas cosmológicas, sino fundamentalmente "llamar la atención sobre qué planteamientos filosóficos (o religiosos) han favorecido la concepción de la naturaleza como un todo cósmico, y qué planteamientos han arrojado, en cambio, dudas sobre esa forma de considerar la realidad natural" (p. No es cuestión banal, pues la posibilidad de una filosofía de la cosmología pende directamente de que exista realmente una cosmología física, esto es, de que se pueda elaborar una física del universo considerado como un todo, existencia aquella que el autor busca demostrar. El segundo capítulo pretende ya defender el estatuto científico de la cosmología -no sin discutir los argumentos de aquellos que rechazan tal cientificidad-, lo que implica tanto precisar su auténtico objeto material como indagar en la función y el peso que los postulados y presupuestos filosóficos juegan en los diferentes modelos cosmológicos. Soler Gil quiere con esto posicionar a la cosmología física dentro del ámbito de las ciencias de la naturaleza, destacando no obstante la singularidad propia que encierra. Se trata, argumenta, de una ciencia no experimental, sino observacional -como lo son muchas otras ciencias y disciplinas de la física (cf. p. 42)-, la cual -aquí está una primera particularidad-tiene como objeto el universo considerado como un todo (por tanto, no solo el universo observable o un segmento del mismo) y en donde, desde el punto de vista metodológico -segunda particularidad-, se entrecruzan en su elaboración una gran cantidad de argumentos filosóficos, peculiaridad esta que convierte a la cosmología "en la más filosófica de todas la ciencias" (p. Esencial para una filosofía de la cosmología es lo que se refiere a la interpretación de los modelos cosmológicos, pues las consecuencias que se deriven de ello serán bien distintas si dichos modelos describen (de modo aproximado) la forma verdadera del universo que si son construcciones no descriptivas, esto es, sistemas ficticios útiles como herramientas de cálculo pero no realistas. En el primer caso se hablaría de realismo de los modelos cosmológicos, en el segundo de instrumentalismo. A indagar acerca de cuál de los dos escenarios resulta más verosímil está dedicado el tercer capítulo. En primer lugar, se repasan de modo general algunos de los modelos cosmológicos propuestos a lo largo de la historia a fin de obtener criterios que permitan decidir qué rasgos de un modelo cosmológico nos llevan a una interpretación realista y cuáles a una instrumentalista. Obtenidos estos criterios, el autor se sirve de ellos para indagar en los modelos de la cosmología física actual, a fin de descubrir la interpretación más adecuada para cada uno de ellos. Así, dados nuestros conocimientos actuales, concluye el autor que lo más razonable es concederle al modelo cosmológico estándar la capacidad de ofrecer una descripción realista de la estructura y dinámica a gran escala del universo (aunque aceptando que incluye "algunos aspectos dudosos"; p. 109), capacidad de la que no gozaría el modelo cosmológico inflacionario (si bien reconociendo que la actitud aconsejable respecto de dicho modelo es la prudencia; cf. p. 104) ni tampoco -aquí el autor sí es más firme-el modelo cuántico (cf. p. De esto se concluye que será el primero de ellos el que, por su valor ontológico, tomará Soler Gil como objeto preferente de su filosofía de la cosmología. Desde dicha base y horizonte real de la cosmología corresponde según el autor reflexionar sobre algunas de las consecuencias filosóficas que de él se derivan: "¿Qué es la naturaleza? ¿Es un orden racional o no? ¿Es necesaria o contingente? ¿Qué tipos de causas operan en ella? ¿Abarca la naturaleza toda la realidad, o estamos movidos para pensar que deben existir otros ámbitos del ser? ¿Es la naturaleza infinita en algún sentido? ¿Y cuál es la posición del hombre en ella, o con respecto a ella? ¿Qué relación se da entre la inteligencia y la naturaleza?" (p. A intentar responder filosóficamente a estas preguntas están dedicados los restantes capítulos del libro. Así, en el cuarto se reflexiona sobre el denominado "ajuste fino" del universo, ofreciendo algunos de los datos científicos más firmes del mismo y que, en tanto que hecho, "es admitido actualmente por la mayoría de los especialistas" (p. La cuestión seria comienza cuando se pasa de la mera constatación del hecho a su interpretación. Según Soler Gil -esta es su tesis-, hay buenos motivos para aceptar que las leyes y constantes del universo poseen unos finos ajustes, los cuales -estos y no otros-han posibilitado la generación de estructuras complejas, entre las que destacan los seres vivos. A este respecto, el autor presenta y refuta la posición contraria representada por Stenger, quien considera una falacia tal "ajuste fino". Presentará y criticará igualmente otras actitudes respecto del mismo, tales como considerarlo un hecho bruto, una necesidad o mero azar. Se incluye aquí también la hipótesis del "multiverso", de modo singular la del "multiverso matemático" de Tegmark. La conclusión de Soler Gil es que ninguna de estas hipótesis posee el suficiente grado de verosimilitud como para poder negar la hipótesis del "ajuste fino", a389 esto es, que nos encontramos efectivamente ante un universo, el nuestro, único y muy especial. El capítulo quinto analiza críticamente uno de los escenarios cosmológicos que siempre ha estado presente en la historia del pensamiento -también en la actualidad, incluidos no pocos libros divulgativos de cosmología-: el de la repetición infinita de seres y acontecimientos. El autor, tras exponer los que considera como los dos principales argumentos dados para sostener tales modelos cosmológicos (el de Ellis y Brundrit y el de Garriga y Vilenkin), los somete con instrumentos científicos y filosóficos a una fuerte crítica, mostrando -a mi juicio de modo convincentelas deficiencias que encierran. Su conclusión es que tales modelos son fruto de una proyección, si bien reformulada, de ideas cosmológicas arcaicas asumidas a priori, y no al revés, esto es, que la idea cosmológica de la repetición infinita sea consecuencia de tal o cual modelo cosmológico físico científicamente argumentado. De este modo se muestra con mayor claridad aún cómo, frente a todo ideal de puro objetivismo científico, los (pre)supuestos filosóficos -a veces incluso mitológicos-influyen más de lo que muchos consideran en el desarrollo de las teorías físicas. Los dos últimos capítulos gozan de una mayor densidad filosófica que los anteriores. En el sexto se flexiona sobre la relación que se da entre la actual cosmología física y la teología natural, así como en los elementos comunes que comparten. Lo decimos en afirmativo porque Soler Gil, aun reconociendo que estamos ante un tema "realmente delicado y difícil" (p. 171), tratará de mostrar que existe una relación entre ambas. Más aún, lo que buscará mostrar es que la "imagen actual del cosmos puede ser interpretada con sencillez y naturalidad desde una perspectiva teísta" (p. 175), y lo hará a partir de tres rasgos cósmicos que, si bien aparecieron en otros momentos del libro, son ahora explicados con mayor detenimiento: a) su condición de objeto o sistema físico ordinario; b) su racionalidad intrínseca, así como la capacidad humana de comprender tal racionalidad; c) la enigmática teleología que parecen presentar las leyes y constantes que rigen el universo, pues "parece como si estuviera diseñado para que en algún estadio de su despliegue fuera posible la vida inteligente" (p. Una vez expuesto el encaje real (y no meramente aparente) de estos rasgos con los ofrecidos por la cosmovisión cristiana, advierte no obstante del error que supone querer ver precipitadas identificaciones entre la cosmología y la teología donde no es tan claro que las haya, de modo especial la que identifica la Gran Ex-plosión con el acto bíblico de la creación del mundo. En todo caso, en esta búsqueda de elementos armónicos entre la cosmología física y la teología, el autor es consciente de que no hay lugar para la demostración -no estamos ante pruebas científicas-, pero sí para la mostración de "indicios" o "de dos caracterizaciones del universo, la cosmológica y la teológica, que encajan bien la una con la otra" (p. El séptimo y último capítulo toca de lleno un tema inquietante: nuestro "lugar" en el cosmos. Qué nos sugiere al respecto la cosmología es lo que se propone explicar Soler Gil desde su propia cosmología filosófica. Este "lugar" -defiende-no se funda tanto en los parámetros espaciales y temporales del hombre dentro del escenario cosmológico como sí en su complejidad estructural y, sobre todo, en su inteligencia (o racionalidad), la cual posee, además, una "sintonía profunda" (p. 212) con el modo de ser (y racionalidad) del cosmos. ¿La razón profunda de ello? La cosmología física no está obligada a dar una respuesta, pero desde luego, así concluye el libro, "nos deja ante las mismas puertas del misterio" (p. Resta añadir que es elegante la prudencia que, a lo largo del libro, mantiene el autor respecto de algunas de sus conclusiones, prudencia que no hay que confundir con falta de firmeza en los argumentos esgrimidos, sino que es más bien expresión de la conciencia que tiene de encontrarse ante una disciplina, la cosmología física, que sigue avanzando cada día. Desde el punto de vista formal es de agradecer el esfuerzo que realiza por presentar al comienzo de cada capítulo la cuestión a discutir y la estructura a seguir para su desarrollo, así como de cerrarlo con una síntesis del mismo. La bibliografía final es amplia y actualizada, y las notas a pie de página, dada la naturaleza del libro, resultan en general equilibradas en número y extensión. Estamos, en definitiva, ante un ensayo científico serio, actual y sugerente, de gustosa lectura, si bien intelectualmente exigente en alguno de sus desarrollos para los no iniciados, un ensayo que no busca la polémica, sino el diálogo científico entre cosmología, filosofía y teología, y que ayudará sin duda a los que cultivan o están interesados en alguna de estas disciplinas a asombrarse más si cabe por el enigma cósmico que nos envuelve y del que, de modo muy singular, formamos parte los seres humanos. Universidad San Dámaso (Madrid) [EMAIL]
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. Este breve libro es una sucinta pero interesante exposición de los principales rasgos biográficos de José Ibáñez Martín (Valbona, Teruel, 1896-Madrid, 1969) y de su papel protagonista en la creación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, principal organismo de investigación español desde su constitución en 1939. Después de un breve prólogo de José Peña González, la obra se estructura en tres capítulos. En el primero se hace una semblanza de Ibáñez Martín, sobre cuya trayectoria únicamente disponíamos de una obra colectiva publicada en 1998 con motivo del centenario de su nacimiento. El segundo recuerda a las instituciones científicas anteriores al CSIC. El tercero, y más extenso -ocupa casi cien páginas-, hace la historia del Consejo durante la Presidencia de Ibáñez Martín. Siguen una relación de los archivos -el más importante de ellos, el del propio Ibáñez Martín-y de la bibliografía consultados, así como un "Album gráfico" de ocho páginas. Del capítulo biográfico se encargó especialmente el sobrino de Ibáñez Martín, ya fallecido, Justo Formentín Ibáñez, que narra con sencillez los principales momentos de la trayectoria humana, intelectual, religiosa y política de su biografiado. Nacido en 1896 en el pueblo turolense de Valbona, en el seno de una familia católica de labradores y comerciantes, hizo allí sus primeras letras, estudió el bachillerato en Teruel, donde se alojó en una casa de huéspedes y tuvo "siempre presentes los consejos de su profesor de religión y de los franciscanos, a los que visitaba a menudo" (p. 17), y se trasladó a Valencia para cursar -en ambas obtuvo Premio extraordinario-las carreras de Filosofía y Letras, sección de Historia, y Derecho en la Universidad, al tiempo que frecuentaba el Centro Escolar y Mercantil, dirigido por el jesuita P. José Conejos, donde recibió una "educación profundamente humanista y cristiana" (p. 18), leyó a Balmes, Aparisi, Donoso y Menéndez Pelayo y dio sus primeros pasos en el arte de la oratoria. En 1920, acabadas sus dos licenciaturas en la Universidad de Valencia, Ibáñez Martín piensa en trasladarse a Madrid para hacer allí sus estudios de doctorado, pero el fallecimiento de su padre, a la temprana edad de 53 años, le llevó a cambiar sus planes y, para no ser económicamente gravoso a su familia, optó por hacer oposiciones a cátedras de Geografía e Historia de Institutos, que preparó en el Ateneo de Madrid y que ganó con el número uno en la primera convocatoria a la que se presentó: en octubre de 1922 se estrenaba en su tarea docente en el Instituto de Murcia. Si bien a sus tareas docentes pronto se añadió la publicación de varios libros de texto de geografía e historia, que "años más tarde se constituyeron en una considerable fuente de ingresos" (p. 22), para Formentín es indudable que "la faceta más importante de Ibáñez Martín fue la vocación política que llevaba en lo más profundo de su ser y cuya llama no se apagó nunca hasta su muerte" (loc. cit). Ya en Madrid había podido conocer a miembros del Grupo de la Democracia Cristiana y del Partido Social Popular; en Murcia se ins- El balance que Formentín hace de la política educativa de Ibáñez Martín -que estudia con más detalle-se centra en dos asuntos: la lucha contra el analfabetismo, que se redujo al todavía "escandaloso" (p. 40) porcentaje del 17% en 1950, y las depuraciones de profesores, que demuestran que "la fractura de las dos Españas fue tremenda" (p. Los autores consideran que en la redacción de la ley fundacional del Consejo, de 24 de noviembre de 1939, participa-ron tanto Ibáñez Martín -que aceptó alguna sugerencia directa del propio Franco-como el primer secretario general de la nueva institución, el edafólogo José María Albareda. A continuación se estudian de forma sistemática los principales aspectos de la vida del Consejo hasta 1952: relación con otras instituciones investigadoras y culturales -destaca la afirmación de que "tras la guerra civil no se desmantelaron los centros de investigación pertenecientes a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y a la Fundación Nacional de Investigaciones Científicas, sino que todos ellos se integraron en el CSIC" (p. 64)-; Patronatos de Humanidades y Ciencias Sociales -que, a pesar de la importancia que se les quiso dar, solo suponían el 15% de la investigación del Consejo-; personal investigador -se enfatiza el deseo de "buscar los hombres más idóneos y recuperar los que habían abandonado nuestro país o habían quedado fuera de sus puestos oficiales de trabajo por causas políticas" (p. 85), como el matemático Julio Rey Pastor o el historiador Menéndez Pidal, que no llegaron a integrarse en el CSIC, y se recuerda que en estos "primeros años el personal científico del Consejo se nutría del profesorado universitario, tal como había ocurrido también en la JAE. La profesionalización de la labor investigadora vino unos años después" (p. 86), con la creación, a partir de 1945, de plazas de Colaboradores y de Investigadores Científicos. Después de destacar dos facetas innovadoras del Consejo, "la creación de Centros por toda la geografía española y la apertura a la investigación de las Ciencias aplicadas y técnicas" (p. 88), se estudian con mayor o menor detalle los demás aspectos de la vida de una institución investigadora: becas y becarios, en especial para ampliar estudios en el extranjero, que por su número comenzaron a ser significativas a partir de 1945 y que son también fuente de información sobre el ambiente favorable u hostil hacia España existente en los países visitados; relaciones internacionales del Consejo -con una muy completa relación de los científicos extranjeros invitados a España-; congresos internacionales, a los que se puede enviar personal preparado a partir de 1945; publicaciones periódicas del CSIC, que llegaron a ser 178 en 1956; "la más emblemática y representativa de todas" (p. Se informa con más brevedad de las bibliotecas del Consejo, de la creciente publicación e intercambio de libros, de las exposiciones de las publicaciones del CSIC en el extranjero y de las donaciones del Consejo, tanto a personas como a entidades españolas y extranjeras. El libro concluye con la selección de algunas intervenciones parlamentarias de Ibáñez Martín en los años veinte y treinta, en las que se apuntan ya algunos de los rasgos que había de tener el futuro Consejo, como la multidisciplinariedad, la descentralización, la internacionalización y la aplicación tecnológica de la investigación. Por último, se ofrece la información más indispensable sobre la realidad del CSIC hoy y se vuelve sobre la importancia, en los orígenes y en los primeros años del CSIC, de José Ibáñez Martín y José María Albareda, buenos amigos y buenos conocedores ambos de la realidad de la JAE, antecedente ineludible del Consejo. A partir de este prometedor libro, sería muy deseable que se emprendiera la tarea de confeccionar un estudio completo de la figura y la obra de José Ibáñez Martín, a través de su archivo personal y de otras fuentes, procedentes tanto de archivos públicos como privados. Universidad de Navarra [EMAIL]
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. Lo primero que sorprende al abordar este libro es su extensión y el número elevado de capítulos, pero a la vez llama la atención tanto el título que se les ha puesto a muchos de ellos como el del libro: frases de canciones, dichos populares, medias adivinanzas... Esto despierta la curiosidad del lector. Los capítulos son muy diferentes, y no solo en longitud; unos son muy coloquiales y otros más profundos, lo que nos muestra la cultura y erudición del autor. Algunos llevan consigo un trabajo de búsqueda y recopilación de datos, a veces no fáciles de obtener, que ilustran muy bien la idea que nos presenta el científico escritor. Su objetivo principal consiste en contarnos cómo se hace la ciencia en España de una forma entretenida. Se aleja mucho de una publicación meramente científica, pues considera muchos puntos de vista, aspectos históricos, sociológicos, literarios... cosa que hace que se disfrute de la lectura, aunque acabe abrumándonos la erudición. Quiere ser una descripción del trabajo cotidiano de los científicos, que junto a los médicos son la profesión más valorada por los españoles, aunque no se sepa muy bien el porqué, ya que no parece ser muy atractiva para la sociedad a la hora de escogerla como profesión, ni ahora ni históricamente. El texto pretende señalar las condiciones de la investigación en España, muchas de ellas independientes de la crisis, aunque indudablemente afectadas por ella, y que descansan grandemente en decisiones políticas, matizadas por nuestra idiosincrasia y nuestra cultura. El libro no está escrito solo para dar a conocer a la sociedad cómo es el mundo científico, también quie-re llegar a interesar a las personas que participan en el desarrollo de esta actividad, quienes reconocerán todas las críticas señaladas y todos "los palos en las ruedas", puestos generalmente por la administración. Pero, aunque pesimista, propone vías de solución, reconociendo que no son fáciles, ya que desde las altas instancias tampoco hay interés y, lo peor, ni siquiera ven la necesidad de cambiar de actitud hacia la ciencia y la tecnología. De hecho, la falta de conocimiento refleja el escaso interés de los políticos por la ciencia, aunque no se priven de utilizarla para adornarse cuando hay algún logro o cuando se presenta un problema científico o técnico que afecte a la sociedad. Desgraciadamente en este caso rara vez están dispuestos a emprender las vías propuestas por los científicos para remediarlo. Como investigador del CSIC que es, Miguel Álvarez Cobelas centra su libro en esa entidad, pues las universidades son más diferentes unas de otras y, como señala, tienen un objetivo añadido, la docencia, muchas veces muy difícil de compatibilizar con la investigación, si se quiere hacer bien todo. Conforme va avanzando el lector por el libro, ve que el texto no deja aspecto por tratar, aunque le dedique dos páginas. Son pinceladas sobre aspectos comunes de la vida diaria del científico, aunque en ocasiones resulte excesivo que sean tan pormenorizadas y que contemple tantas individualidades. Hay una serie de capítulos (3, 5, 9, 31, 44...) donde se indican aspectos en los que el científico se comporta como el resto de a391 los mortales y surge la pregunta: ¿es que tendría que haber sido diferente? Otros capítulos no son relevantes para muchas personas en el mundo real, como el de "La pelota salta y bota", dedicado a la relación de los científicos con el fútbol. Me ha gustado que muchos capítulos contengan ejemplos reales, aunque a veces un poco esperpénticos. Encuadra un hecho real, relacionado con el tema. Hace amena la lectura, pero muchas veces el ejemplo está descrito exhaustivamente, de forma muy meticulosa y queda demasiado largo. Es verdad que el detalle redunda en apoyar la idea del autor. La descripción siempre es burlona y, así, en el capítulo 19 sobre la creación de Institutos de investigación presenta una "fábula boba", pero que va tocando todos los puntos, metiendo el dedo en la llaga y señalando las pretensiones, los "politiqueos" y el resultado: que no hubiera hecho falta esa creación si no fuera por el interés torticero de algunos. El libro es muy prolífico en ejemplos, como en el capítulo 30, en el que al comentar la idea que la sociedad tiene del científico maravilla el trabajo bibliográfico y los comentarios del autor, y vuelve a ser exhaustivo, como en los capítulos 16, 47, 49, 62 o el 109, demasiado detallado para personas ajenas al tema, o el 98, donde hace la descripción de la expedición Malaspina. Hay en él una crítica importante sobre la "Política científica", la cual aparece de forma reiterada en varios capítulos con títulos diferentes. Incluidos en ella considera el reparto de los dineros, la cuantificación de las publicaciones, la evaluación del científico y de su "excelencia", la concesión de proyectos, de becarios y de espacios, la administración y la burocracia... Aspectos todos entrecruzados entre ellos. Una pescadilla que se muerde la cola. Según comenta el autor, no hay política de Estado para la Ciencia, hay leyes hechas con el afán de ordenar y aumentar la producción científica y que han dado lugar a mucha burocracia, aunque sea verdad que esas leyes han permitido superar la época de los caciques y las camarillas (capítulo 63). A la hora de repartir los pocos dineros que hay (prácticamente todos públicos, con poca participación de empresas privadas) y como los fondos son limitados, hay que dárselos a los mejores y ahí surge el problema de cómo clasificar a los mejores, a los "excelentes". La idea que subyace a este enfoque "oficial" es que los mejores son quienes más publican, quienes lo hacen en revistas con índice de impacto mayor y con los valores más altos de los diferentes índices aplicados, como el de Hirsch (índice H). Así que todos los científicos nos vemos forzados a publicar; cuanto más, mejor. De aquí, que surjan muchos problemas, pues no todo lo que se publica es bueno, ni siquiera respaldado por el nivel de la revista. Se publica demasiado y resulta imposible leerlo todo, lo cual genera un sesgo porque se tiende a leer a los "grandes", con lo cual ellos aumentan su índice H, pero además, y más importante, se limita mucho la ciencia, al no estar abierta a nuevas ideas, a algo en contra de lo preestablecido. Y surgen dos ideas muy importantes. La primera es que el interés de la ciencia no se puede valorar por el número de publicaciones, muchas malas y poco relevantes en el contexto global. Lo que da validez a los resultados científicos es su impacto social, su utilización por la sociedad, su aplicación; y, en ese sentido, los resultados en España dejan mucho que desear. La segunda, que habría que pensar más y publicar menos. Gran parte de la actividad científica reside en recoger y analizar datos, ya solo se añaden pequeños detalles, no se elaboran teorías. Se ha reducido el análisis intelectual, el tiempo dedicado a pensar sobre un problema determinado. El nivel de discusión científica es bajo, no se contrastan argumentos científicos. Se requiere, por tanto, una nueva forma de evaluar la ciencia, la cual no será tan fácil como la actual, basada solo en contar. Esa falta de tiempo para pensar nos lleva a otro aspecto, también muy comentado: la burocracia. En muchas partes del libro se reflejan muy bien la impotencia, las barreras administrativas imposibles de soslayar y, realmente, sin relación directa con la investigación científica. Solo hay afán por controlar, nada de flexibilidad. A los científicos y tecnólogos nos puede la burocracia y eso es una queja unánime, que afecta negativamente a todo (capítulos 62, 65, 78, 93 y otros) Comparto plenamente la idea del lastre que supone para nuestro trabajo este exceso de burocracia, que todos hemos vivido, por ejemplo, en lo referente a los Proyectos de Investigación, su petición, organización, necesidad de acoplarse al dinero concedido, justificación anual de los gastos (increíble con la primera anualidad)... Este control no supone una medida del cumplimiento de la actividad científica, es sobre todo un control de los gastos realizados. Hay mucha burocracia con normas muy restrictivas, muchas trabas, mucho papeleo; es realmente un martirio poder contratar a una persona asociada a un proyecto, comprar un aparato... La contestación recurrente: "no se puede". En el capítulo 104 nos cuenta un ejemplo deses-a391 perante para conseguir una bomba hidráulica para hacer un trabajo, añadiendo a la burocracia la ineptitud y la falta de ganas de resolver el problema. De todo ello, el autor ofrece muchos ejemplos en su libro. Como ejemplos señalados en otros capítulos, uno de los que he vivido recientemente se relaciona con el de "Obras y Sobras" (73), auténtico en todo lo que comenta: no te tienes que quejar, tienes que seguir trabajando a pesar de las innumerables molestias por obras que inciden sobre tu trabajo... y unas obras se encadenan a otras, al tener que irnos adaptando a las nuevas normas de seguridad. Eso sí, los laboratorios quedan más bonitos. Por otro lado, estoy muy de acuerdo con el capítulo 22 sobre los becarios, que han sustituido muchas veces a los técnicos de laboratorio, en el que señala que deberíamos mejorar la forma de seleccionarlos y no dejar hacer la tesis a personas que no hayan garantizado su interés por la investigación. Señala aspectos relacionados con los becarios sobre los que he oído quejarse a los investigadores muchas veces. Sin embargo, yo creo que hay excepciones muy honrosas, doctorandos con un interés, dedicación y capacidad de trabajo muy altos. Otro ejemplo que refleja muy bien la realidad es el del capítulo 76 ("Para mañana no te lo voy a poder tener"), ejemplo, con muchos tópicos, que refleja bien lo que cuesta que te den unos resultados; es luchar contra una pared; o también el capítulo 110 ("Usted no sabe con quién está hablando"), donde nos informa sobre el personal de seguridad de los centros de investigación, real-mente controladores. Finalmente, el capítulo 62 ("Los Mandarines y las Mandarinas") me parece una buena recopilación sobre quién tiene el poder en el mundo científico: las revistas y la administración. Sin embargo, al autor no le gusta dejar un regusto excesivamente pesimista al lector. Y ahora me gustaría acabar comentando dos capítulos "positivos": en el 92 nos dice cómo mejorar la ciencia si pudiéramos en su funcionamiento del día a día; en el 94, aún después de todo lo comentado en el libro, señala que sobran los motivos para dedicarse a la ciencia, incluyendo recomendaciones muy acertadas desde mi punto de vista. Ahora bien, no se debe leer este texto como un libro "normal". Yo recomiendo dejarse llevar por la curiosidad de lo que se trata en cada capítulo, no leerlo por orden ni por temática. Es mejor acercarse al libro a ratos e incluso releerlo. En resumen, esta obra de Álvarez Cobelas constituye realmente una buena reflexión sobre la actividad científica en nuestro país. Toca bien todos los puntos de los que nos quejamos, ha sabido retratar bien las cosas y con ironía, incluyendo -siempre puntilloso-las verdades amargas. Lectura entretenida y fundamentada, lo he leído con agrado. Y quedo maravillada del trabajo bibliográfico y de recopilación, así como de los conocimientos del autor.
ciencia pensamiento y cultura arbor LAS RELACIONES CIENTÍFICAS CON GRAN BRETAÑA. Como es bien sabido a lo largo del Siglo de las Luces y las primeras décadas del siglo XIX, bien sea por razones de proximidad geográfica o de intereses políticos o dinásticos -recuérdense los pactos de familia de la Casa de Borbón y las mezquinas alianzas con Napoleón-el país con el que España habitualmente mantuvo una estrecha relación científica fue Francia. Sin embargo son mucho menos conocidas las relaciones establecidas entre Inglaterra y España, pues quizás entre estos dos países no ha habido siempre una relación tan fluida como con el país vecino, más aún si pensamos que hubo un franco enfrentamiento con numerosos conflictos bélicos y siempre con un trasfondo de intereses económicos en litigio. No obstante, una relativamente larga lista de científicos españoles marcharon a finales del siglo XVIII al Reino Unido como pensionados del Gobierno Ilustrado. Entre los que formaron parte de este contingente se encontraban naturalistas, médicos o farmacéuticos como Casimiro Gómez Mariano de Lagasca RESUMEN: El presente trabajo se enmarca dentro del proyecto de investigación sobre la historia del Jardín Botánico de Madrid en la primera mitad del siglo XIX. Dentro del esquema general, el objetivo principal de este trabajo trata de la etapa de Mariano de Lagasca al frente de la institución y su posterior exilio al Reino Unido, tras el descalabro que supuso para la ciencia española el regreso del absolutismo de Fernando VII en 1823. En un artículo anterior se ha expuesto la intervención de Lagasca y Clemente como diputados de las Cortes Constitucionales durante el Trienio Liberal. En éste abordamos el análisis del contexto en el que se produjo la aparición en Londres de la primera edición del Hortus Siccus Londinesis de Lagasca y su publicación en español, con la finalidad de dar a conocer un capítulo poco conocido de la ciencia botánica española. PALABRAS CLAVE: Historia de la Botánica. Los científicos ya no viajaron a Gran Bretaña de forma transitoria como pensionados o formando parte de comisiones con fines diversos, sino que la mayor parte de los científicos españoles que se establecieron en Inglaterra durante el primer tercio del siglo XIX, lo hicieron por razones políticas. El momento culminante del flujo de científicos y otros profesionales de la cultura españoles a Inglaterra se produjo tras el aplastamiento de Riego y el fin del estado constitucional en 1823, dado que Francia ya no era, como en otras ocasiones, el refugio natural de los exiliados liberales. LOS CIENTÍFICOS DEL TRIENIO LIBERAL EN EL EXILIO INGLÉS El fenómeno de la emigración política es una constante en nuestra historia contemporánea. Dependiendo de cual fuera el signo político de los gobiernos instaurados, generalmente precedidos de conflictos bélicos, golpes y pronunciamientos militares, muchos de los españoles de ideología contraria fueron expatriados a países de acogida donde tuvieron que rehacer sus vidas para regresar en muchos casos cuando las circunstancias se lo permitieran. A la emigración de los afrancesados, aquellos que sirvieron a José I y siguieron a sus ejércitos tras las derrotas de Salamanca y Vitoria, y la de los liberales que se produjo tras la restauración de Fernando VII, durante el sexenio de 1814 a 1820, siguió la de los absolutistas durante el Trienio Liberal y a ésta le sucedió inmediatamente otra nueva de liberales entre 1823 y 1833, a las que continuaron nuevas oleadas de emigrados carlistas en 1837 y 1876 y, ya más cercana a nuestros días, la peregrinación de los republicanos españoles de 1939. Sobre estas corrientes migratorias españolas, las lecturas del que fue un emigrante transitorio como el doctor Marañón son suficientemente elocuentes para la comprensión de este triste capítulo de la historia e interpretar algunos aspectos que van desde la influencia francesa en la política española a través de los emigrados, el significado del destierro, el universo intelectual, el deber de éste y su crítica desde el exilio, hasta la nostalgia y los sentimientos del desterrado (Marañón, 1947). Tras la reacción absolutista de 1823 se produjo un gran vacío en la ciencia española. Muchos de los exiliados se trasladaron a Francia, donde permanecieron los más moderados, pero dadas las relaciones políticas con el gobierno galo presionado por el español, los más exaltados tuvieron que marchar a Inglaterra hasta el advenimiento de Luis Felipe, en 1830, en que volvieron a Francia. Muchos vivieron en la isla de Jersey, como Mariano Lagasca, protagonista de nuestro presente trabajo y en la que encontraría más tarde su destino otro emigrado ilustre: Víctor Hugo (Benito Ruano, 1967; Marañón, 1947, 50-52). La mayor parte de los que salieron de Cádiz en octubre de 1923 encontraron en Gibraltar su primer refugio, como el marino y matemático Gabriel Ciscar, ex-regente del Reino, que permaneció en la colonia británica hasta sus muerte en 1829. La mayoría, sin embargo, embarcó de nuevo rumbo a Inglaterra, que era casi el único país que les brindó asilo ya que la Europa continental, coaligada en su mayor parte para ahogar el brote liberal español, les cerró sus puertas (Llorens, 1968, 17). Haremos hincapié, y este es el significado principal de nuestro trabajo, en las actividades del grupo de los profesionales y científicos que también en un nutrido grupo tuvieron como destino final el Reino Unido, tras el varapalo sufrido por el régimen constitucional de 1820. Antecedentes que nos ayudaran a comprender el contexto en que desarrolló su tarea el protagonista del presente artículo, el botánico Mariano Lagasca y Segura y poder evaluar con ecuanimidad el trabajo que exponemos sobre su herbario de Londres (Hortus Siccus Londinensis). De los científicos más destacados de este exilio en Inglaterra, de renombre europeo, podemos destacar entre otros al astrónomo y cartógrafo Felipe Bauzá, a los médicos José Manuel Aréjula, Mateo Seoane o Pablo Montesinos y al botánico Mariano Lagasca. El primero de ellos, director del Depósito Hidrográfico de Madrid, no sobrevivió al destierro inglés; Aréjula como químico y médico fue una de las figuras máximas de la España Ilustrada, alcanzó gran renombre con sus trabajos sobre la fiebre amarilla y con la nomenclatura química. Aréjula, que gozaba entre sus enemigos de la fama de jacobino, como Director General de Estudios inauguró en 1823 la Universidad Central sufrió el destierro y murió en Londres en 1830. Mateo Seoane y Sobral, políticamente encuadrado en las filas del liberalismo exaltado, tuvo una importante labor como médico y legislador en las Cortes del Trienio. Junto con Luzuriaga fueron los primeros organizadores de la sanidad militar y pública en España y figuras clave de la medicina social española. Ambos representan la perfecta influencia del mundo ideológico y científico británico, cuyas enseñanzas pusieron en práctica las disciplinas médicas en España, según los modelos ingleses. Seoane fue también, al igual que Lagasca, profesor del Ateneo Español de Londres, dedicado esencialmente a la educación gratuita de los hijos de los emigrados (Valera, et. al., 1998). Su compañero Pablo Montesinos se destacó como un claro precursor de Giner de los Ríos (Llorens, 1968, 33). Junto a las actividades profesionales y la tarea institucional desarrollada en Londres por este grupo de españoles exiliados no podemos dejar de aludir a su labor difusora de las cuestiones científicas y culturales que tuvieron como órganos de expresión algunos periódicos y revistas inglesas, a las que se sumaron otras revistas en español publicadas por algunos de ellos igualmente en Inglaterra. Además de El Ateneo de Londres, revista muy acreditada en Europa, de la que Seoane fue uno de sus fundadores y su principal redactor, los periódicos de los españoles emigrados en Londres publicados entre 1824 y 1829 fueron: El Español Constitucional, El Telescopio, Ocios de Españoles Emigrados, El Museo Universal de Ciencias y Artes, el Correo Literario y Político de Londres, El Emigrado Observador y el Semanario de Agricultura, sin olvidarnos de las Variedades de Blanco White y el Repertorio Americano de Andrés Bello (LLorens, 1968, 287-288). Prácticamente en todos se recogen en sus secciones noticias de las curiosidades mecánicas, nuevos inventos y aplicaciones útiles que se producían en el mundo occidental; reseñan las comunicaciones enviadas por las sociedades científicas inglesas y europeas en los campos de la física, química, astronómica, geología, zoología, botánica y medicina. Destacaron en esta faceta las figuras del abogado José Joaquín de Mora y sobre todo la del editor y periodista Vicente Salvá Pérez que desplegaron una intensa actividad en Londres, sin dejar de lado el significativo apoyo que proporcionaron al núcleo de exiliados españoles para sacar a la luz sus contribuciones científicas y culturales. El primero de ellos colaboró en los Ocios de Españoles Emigrados y con el editor Ackermann en la publicación de la obra de Francisco Javier Clavijero Historia científica de México que tradujo del italiano (Llorens, 1968, 159). Por su parte Vicente Salvá entró en el negocio del comercio de libros como socio de su cuñado Pedro Juan Mallén. Una vez en Londres reanudó este tipo de negocio editorial, estableciendo su Librería Clásica y Española en la céntrica Regent Street, en la que se publicaron los Ocios de Españoles Emigrados. Alcanzó notable fama entre los sectores intelectuales como un librero muy conocido y un gran bibliófilo. Su tarea editorial encontró un buen complemento en Londres con la que desarrolló la Imprenta Española, que estableció otro español expatriado, Marcelino Calero y Portocarreño, quien durante la primera época liberal española fue el redactor del Ciudadano por la Constitución (1812-1814) y después sobresalió también como un imaginativo inventor (Llorens, 1968, 62). En el plano institucional los exiliados aportaron magníficas iniciativas para consolidar dentro de su grupo la ciencia y la cultura nacional, lo que pese a las dificultades de su situación de expatriados, les permitió mantenerse fieles a su ideología progresista tratando de incrementar la educación "española" a fin de mantener vivos los vínculos con la península. La creación del Ateneo Español de Londres (1827) proporcionó una instrucción elemental y gratuita a los hijos de los refugiados y se instauró bajo las mismas premisas que inspiraron el Ateneo de Madrid establecido a su vez en 1820. La idea de su fundación partió del capitán José Núñez de Arenas, de Mariano Lagasca y del jurista afrancesado Pablo de Mendíbil, el mismo que en 1831 ejerció como profesor de español en el King ́s College de la capital del Támesis. Su apertura se celebró el 16 de marzo de 1829 y contó desde sus comienzos con doscientos alumnos, ejerciendo sus labores docentes en el centro, el mismo Núñez de Arenas como profesor de matemáticas, el médico Seoane de topografía, Lagasca de botánica, Mendíbil de gramática y Salvá de los rudimentos de griego, etc. (Llorens, 1968, 76-77). Como acabamos de ver varias fueron las iniciativas y proyectos científicos culturales en los que intervino nuestro botánico durante sus casi once años de exilio en el Reino Unido. Dada la relevancia que tenía Inglaterra en el contexto de la ciencia moderna desde los comienzos del siglo XIX, Lagasca, antes de su traslado forzoso, ya mantenía ciertos contactos epistolares con algunos científicos ingleses, que le ponían al corriente de las novedades científicas de la época, en los que mediaba de forma oficial el duque de San Carlos, a la sazón embajador de Madrid en Londres en esos años. A este respecto ya en 1815, cuando acababa de ser nombrado director del Jardín Botánico de Madrid y el centro pasó a depender de la Junta de Protección del Museo de Ciencias Naturales, Lagasca, para completar su Biblioteca con las obras científicas de las que carecía, sugirió al Secretario de Estado, Pedro Ceballos, su adquisición en Londres junto a varios instrumentos científicos imprescindibles para el Jardín 1. Con estos precedentes, comentaremos a continuación las circunstancias que llevaron a Lagasca al exilio inglés y algunos otros pormenores de su forma de vida en el núcleo de expatriados españoles de la capital londinense y las diversas actividades científicas en las que participó. Con el triunfo de las tropas del duque de Angulema en España se produjo la restauración del absolutismo por Fernando VII y la consiguiente emigración de los diputados liberales. Durante los años del Trienio Liberal, Lagasca fue Diputado a Cortes por Aragón, participando en varias comisiones sobre temas relacionados con las ciencias naturales y sanidad (Maldonado, 2003). Como consecuencia de esta actividad política tuvo que abandonar España, quedando interrumpidos tanto sus trabajos en la dirección del Jardín Botánico y su labor docente como profesor de botánica en el mismo centro científico, como en la recién creada Universidad Central de Madrid. Se trasladó con el gobierno legítimo constitucional a Sevilla, en donde el 13 de junio de 1823, una parte del pueblo a los gritos de "vivan las cadenas" persiguió a los liberales y Lagasca perdió durante el tumulto sus preciados materiales científicos (no menos de 317 libras de peso), entre los que encontraban sus herbarios y manuscritos, algunos como los de la Flora Española a punto de imprimirse, resultado de sus más de treinta años de observaciones, Después, y como todos los demás represaliados, fue declarado traidor y reo de muerte, siendo confiscados sus bienes por Real disposición el 1 de octubre de 1823 y tuvo que emprender el camino del exilio. Pasó en primer lugar a Cádiz, luego a Gibraltar y después finalmente a Londres donde llegó en 1824 y donde permaneció hasta su repatriación en 1834. Regreso que ocurrió tras la muerte de Fernando VII, al ser amnistiado y poder emprender el camino de vuelta, pasando previamente por París, Lyon, Avignon y Montpellier hasta Barcelona y finalmente Madrid (Llorens, 1968, 29). Lagasca durante su exilio londinense mantuvo frecuentes contactos con Robert Brown, John Lindley, Aymer Bourke Lambert, James Edward Smith, David Don, Philip Barker Webb o George Bentham, aunque su relación más estrecha la tuvo con el profesor de botánica de Glasgow, William Hooker (Llorens, 1968, 45). Su relación con el prestigioso botánico y aristócrata, el general Aylmer Bourke Lambert, se remontaba a unos años antes. Desde la primavera de 1818, el inglés enviaba a Lagasca semillas y otras remesas de ejemplares y muestras botánicas procedentes de las Indias orientales y de Isla Mauricio; entre ellas algunos ejemplares de palmas que no había sido capaz de denominar y una especie de Cinchona sobre la que específicamente necesita su ayuda para determinarla. Por otro lado Lagasca le envió semillas del Jardín de Madrid, muy probablemente algunas de las que incluyó en su Elenchus plantarum, en especial de la especie Ferdinanda 2. Lambert, a través del embajador español en Londres que ejercía de intermediario entre ambos, le remitió libros como la Flora Británica de E. Smith y la Flora Americana de Pursh, asi como semillas del Jardín de Calcuta. Le pedía a cambio noticias sobre el Lupinus y por sus trabajos botánicos que se mencionaban en el volumen 15o de los Anales del Museo de Historia Natural de París; en especial los referentes a los especímenes de los géneros Proustia y Dumerilia 3. Parece que Lambert, en los años sucesivos, le continuó mandando semillas de todo tipo y procedencia, muchas de la India y de la zona del Índico para el Jardín Botánico de Madrid 4 y Lagasca, por su parte, le informaba de la marcha de sus trabajos en el Jardín Botánico, de sus proyectos de publicación y le remitió varios de sus trabajos editados, alguno para que se lo entregase a R. Brown. Además le pidió plantas de su herbario, sobre todo umbelíferas, e intercambió con él opiniones sobre todo tipo de cuestiones botánicas y sobre el trabajo de sus colegas y amigos comunes, entre los que se encontraba A. P. De Candolle 5. Sin duda Lambert, junto con Smith, fueron los que más le ayudaron durante su estancia en la capital británica. Ambos le prestaron ayuda económica en más de una ocasión y Smith, el fundador y primer presidente de la Linnean Society, con el que Cavanilles mantuvo una intensa correspondencia, le ofreció la oportunidad de encargarse de una cátedra de botánica en una universidad de EE.UU., sin que Lagasca aceptara su recomendación, quizás en esos momentos por dificultades con el idioma (Constance y Rodríguez, 1975, 139). Quizás Smith no fuera el verdadero artífice de la oferta, sino más bien el botánico del "Linnean Garden" de Nueva York, Robert Prince, con el que Lagasca estaba en contacto desde 1820. Prince conocía las remesas que Lagasca hacía en esas fechas a su amigo de Cambridge el profesor Pick, de manera que tal vez esto acrecentó su interés por intensificar su correspondencia con el botánico español, colaborar en el intercambio de semillas y con otro tipo de servicios, como la promesa de enviarle un catálogo de las plantas indígenas americanas y sobre otras de su interés. Por tanto lo que más nos induce a pensar en quien fue el artífice de que Lagasca pudiese trasladarse a EE.UU., radica en el hecho de que el padre de Prince era el conservador en el mayor jardín botánico de ese país, que contaba por entonces con más de 4000 especies, de las que 1300 eran nativas 6 y tal vez los dos botánicos, padre e hijo, y el profesor de Cambridge intervinieran decisivamente en la propuesta. Hooker, en Botanical Miscellany, narra la anécdota de cuando conoció personalmente a Lagasca, probablemente nada más llegar éste a Londres. Ocurrió en casa de Lambert a finales de 1824, en presencia de otros botánicos ingleses y a partir de este primer contacto personal y tras muchos años de correspondencia entre ambos, sus visitas fueron casi diarias y en varias ocasiones herborizaron juntos. En la reunión Lagasca manifestó su malestar por la adquisición que el propio Lambert había hecho del rico herbario de su compatriota José Pavón, obligado a venderlo dada la miseria en que se encontraba tras los gastos que tuvo que hacer para salvar la vida de uno de sus hijos condenado a muerte por causas políticas, (Yáñez, 1842, 42). Sin embargo hay autores que ponen en tela de juicio estas afirmaciones, como por ejemplo James Britten que opina que los comentarios altisonantes vertidos por Lagasca son atribuibles a un error de la traducción (Britten, 1924, 347). El botánico austríaco Schultes, con el que ya se escribía Lagasca en 1819 y quien le invitó en esa fecha a formar parte como editor de su Species Plantarum 7, fue uno de los botánicos con los que también se encontró Lagasca en Londres. Tuvo lugar igualmente en la misma reunión en casa del conde de Lambert, y sus primeras impresiones sobre las circunstancias que rodeaban al botánico español en esos momentos son bastante elocuentes. En una carta que envió a Sternberg en 1830 (Hooker, 1830, 63 y 64), cuyo fragmento es reproducido por Constance y Rodríguez (1975, 139), describe la situación de este modo: Pobre por considerar excesivo el sueldo de 2000 pesos anuales que al parecer era la cifra estipulada y alegaba en su favor que, concretamente en Perú y otras partes, se contrataba por la misma cantidad a personas de menor valía (Llorens, 1968, 178). Realizó trabajos de campo en diversos jardines botánicos de la capital inglesa, como en el de la Academia de Mr. Lawrence, en el de Miss. Marian Johnson, en el de Brown, etc. Pero fue especialmente significativo el trabajo que desempeñó en el Jardín Botánico de Chelsea, en el que cultivó cereales y umbelíferas, gracias a las facilidades que amablemente le facilitó su conservador William Anderson, al que conoció mediante la recomendación que le hizo su amigo P. B. Webb para que le mostrara la rica colección de umbelíferas que poseía ese Jardín 10. En dicho Jardín debió incrementar su colección de cereales procedentes de España con los que en él se cultivaban, frecuentando sus instalaciones y trabajando casi a diario sobre las plantas de mayor interés para la agricultura. Trabajo que quiso difundir entre los británicos curiosos e interesados en los temas botánicos, como el duque de Belford y su hijo John Russell, a los que invitó para que le visitaran y poder mostrarles su colección de cereales 11. Asistió al Jardín de Chelsea prácticamente durante toda su estancia en la ciudad de Londres y se prestó a colaborar como corresponsal del Jardín Botánico de Madrid, enviando noticias, observaciones, plantas y semillas de las que existían en el Jardín londinense y en otros de la misma ciudad, junto a los almacenes y tiendas especializadas que expendían este tipo de productos tratando de resolver las demandas que se le hacían desde España. En uno de estos encargos que hizo a mediados de 1830, a través del embajador como era habitual, se lamentaba por no poder adquirir las semillas para el Jardín de Madrid ya que en los Jardines ingleses tan sólo recogían aquellas semillas estrictamente necesarias para las siembras particulares y por tanto, en el caso de que existieran, su adquisición se debería hacer por encargo y con antelación. Tan sólo cuatro de las especies requeridas las halló en una tienda londinense, la de Mr. Cherlwood, que conocía bien por ser su propietario miembro de la Sociedad Linneana de Londres. Además del envío de semillas, remitió las listas de existencias en la citada tienda, así como notas y observaciones sobre su cultivo que incluían aspectos comparativos con los datos que poseía de algunas especies comunes de España 12. A diferencia de su compatriota Seoane, que con su Exposición razonada de la doctrina frenológica, publicada en Londres en 1825 y otras obras del mismo estilo de moda en Inglaterra por las teorías que contenían, Lagasca apenas pudo dar a conocer alguna obra de importancia, sin embargo, escribió algunos trabajos sobre varias familias de plantas. Resumió estudios botánicos y arregló colecciones locales y aunque se frustraron algunos proyectos editoriales por su defectuoso inglés -en francés por el contrario se defendía con soltura-, redactó en español algunos artículos que se editaron en las publicaciones de los emigrados españoles que ya hemos mencionado. Divulgó varios escritos en el periódico Ocios de los Españoles Emigrados, en el que incluyó su tercera versión de una monografía sobre las umbelíferas: Observaciones sobre la familia de las plantas aparasoladas, en los números de septiembre a diciembre de 1825; en el de junio de 1827 la necrología de su amigo Francisco Fernández Gascó y la biografía de Simón de Rojas Clemente, ésta extraída de la Gaceta de Madrid del 27 de marzo de ese año (Yáñez, 1842, 46). Para Lincoln Constance y Rafael Rodríguez, que se han ocupado del estudio de los trabajos botánicos de Lagasca en relación con las umbelíferas, Lagasca es el más importante botánico español de la primera mitad del siglo XIX, después de Cavanilles y, afirman, que ocupa un lugar importante en el desarrollo de la sistemática de las umbelíferas de manera que aún hoy día sus trabajos permiten comprender el valor y significado de los caracteres que se utilizan para delimitar los géneros de dicha familia. Tradujo del francés y aumentó con notas curiosas la Teoría elemental de Botánica de Decandolle, que éste había publicado en París en 1813. Volvió a componer e incorporar las novedades científicas a los Elementos de Botánica del mismo Decandolle, que había perdido en Sevilla y que había redactado y utilizado desde 1806 en sus clases en el Jardín Botánico de Madrid y que la censura de entonces le había impedido publicar; ambas obras tampoco pudieron imprimirse en esta ocasión (Yáñez, 1842, 45 y 46). En una carta, en latín, que envió a Decandolle, desde Londres el 10 de agosto de 1830, traducida al inglés y al español y reproducida por Constance y Rodríguez (1975, 140-142 y 143-146), que básicamente además de referirse a cuestiones personales, consiste en una serie de comentarios sobre la memoria de las umbelíferas y la Teoría elemental. En ella le informaba que había hecho, al parecer en "Gabstol", Gibraltar según los traductores, la versión al español de la "Glosología" y que hacía seis meses que había reanudado ya en Londres de nuevo esta labor sobre la obra, rectificando bastante el texto, especialmente el capítulo 2 en que se trata de términos organográficos y otras innovaciones recientes en la actualidad que debieran contemplarse. Igualmente añadió otras novedades al capítulo 1, propias del idioma español, que le parecían enriquecedoras para el texto botánico, de manera que por todo lo que se ve más que una traducción, como le comenta a Decandolle, se trataría de un libro, tal vez elemental pero propio y nuevo, por lo que se publicará con su nombre si el destino se lo permite, para lo cual le solicitaba su permiso, como ya había hecho su hijo Alfonso. Por tanto su propósito en Londres fue de nuevo resolver el fallido intento de publicación en nuestro idioma e ilustrarla con los dibujos y ejemplos necesarios pero cambiando el orden con el que figuraba en el texto original. En primer lugar mandó al impresor las partes de la taxonomía y la fitografía a las que añadió bastantes ejemplos y algunas notas, especialmente a la segunda de ellas, a la que agregó un catálogo conteniendo los órdenes naturales que Decandolle había publicado en el volumen 3 del Prodomus Systema Naturae y también los caracteres ordinales y genéricos de las ranunculáceas, para que sirvieran como normas a los discípulos, de manera que su obra así ampliada aclarase sus propios ejemplos. Sin embargo, pese a todo el esfuerzo, Lagasca nada pudo conseguir y la traducción de la obra nunca se publicaría en español. Este reconocimiento de Seoane hacia Lagasca lo hizo también extensivo a sus amigos Joaquín Villanueva, Pablo Mendíbil y Vicente Salvá, por la ayuda que le prestaron en la edición y sobre todo a este último que colaboró en la revisión y corrección del texto y a quien se debió la perfección tipográfica del Diccionario (Seoane, 1867, V-X). Además Lagasca en su etapa londinense difundió también el estado de la botánica y la agricultura española redactando artículos que se publicaron en el Gardener ́s Magazine entre 1826 y 1828. En el primero de esos años apareció el "Sketches of the botanical, horticultural, agronomical and rural circunstaces of Spain" dedicado casi por completo a la historia y descripción del Jardín Botánico de Madrid, que había estado bajo su dirección desde 1816 hasta 1823, y en el que vertía grandes elogios a la institución científica madrileña, al afirmar que era uno de los mejor dotados de Europa en sus tiempo (Lagasca, 1826). En los dos años siguientes compuso "On the gardening and Botany of Spain", que dividido en dos partes, dedicó principalmente a los jardines botánicos en general y a los "pleasure gardens" (jardines de recreo), con instructivos comentarios muy útiles para el naturalista y también para el historiador. El contraste entre la relativa prosperidad española del siglo XVIII y la extrema pobreza del XIX se refleja también en sus jardines y así lo expresó Lagasca; el jardín de Cádiz era un ejemplo de esa decadencia por su abandono en las últimos lustros de lo que iba de siglo (Lagasca, 1827(Lagasca,, 1828)). En los dos últimos números del Repertorio Americano, de abril y agosto de 1827 publicado en Londres, aparecen artículos de Lagasca, junto con los de su fundador, el latinoamericano Andrés Bello y los de los emigrados españoles Mendíbil y Salvá. De Lagasca es la traducción y las notas de un fragmento de una obra, en latín, del viajero alemán, Doctor C. F. P. de Martius sobre plantas medicinales de Brasil. La traducción del relato del viaje, realizado entre 1817 y 1820 por el co-director y segundo conservador del Jardín Botánico de Munich, quedó inconclusa por la desaparición de la revista, pero Lagasca la reanudó en el tomo III del nuevo repertorio que con el título de Miscelanea Hispano-Americana de Ciencias, Literatura y Artes, continuó editándose (Lagasca, 1973). La vida en Londres era muy cara para muchos de los exiliados españoles y Lagasca recibió a través de Blanco White un donativo en 1826 para paliar su precaria economía (Llorens, 1968, 59). No obstante su apurada situación le llevó al extremo de tener que desprenderse de su ya escaso patrimonio científico, tras la pérdida de sus materiales en Sevilla. Un hecho que confirma este penoso episodio lo confirma la venta, en 250 libras, que ofreció al duque de Bedford de los seis volúmenes de láminas coloreadas que forman el Herbarium Pictum Hispanicum, cuya utilidad para él era grande por servirle de referencia básica en su proyecto sobre la Flora española. La obra, con 1.383 dibujos iluminados de plantas principalmente europeas y algunas africanas, americanas y asiáticas, se la compró Lagasca a la viuda del conde de Casa Valencia en 1820, según se desprende de un borrador de carta que dirigió al duque de Bedford, escrita con toda seguridad en 1827 y que se conserva incluida en el Tomo I del Herbarium Pictum, transcrita y reproducida por Eduardo Reyes Prósper (1917, 231 y 232). Parece que la venta finalmente no se llevó a cabo, ya que en el catálogo de 1829 de los libros que V. Salvá ofrecía al público en su librería londinense por un precio de 140 libras, la obra, que incluía un 7o volumen de texto manuscrito, aún figuraba, con el número de registro 3237, como perteneciente a Lagasca. Podemos aventurar que en esta fecha tampoco se vendió la obra y es muy probable que viniera a España con el mismo Lagasca después de 1834, aunque como señala Colmeiro en 1858 se desconocía su paradero (Colmeiro, 1858, 73), pudiendo haber pasado en este intervalo de tiempo a Málaga, ciudad a la cual llegaron de forma un tanto extraña algunos materiales botánicos y libros del botánico aragonés (Baguena, 1958), si bien en la actualidad se encuentra formando parte del patrimonio científico del Jardín Botánico de Madrid. Las penurias continuaron en los años siguientes y unos meses antes de su traslado a Jersey volvió a intentar vender sus pertenencias, herbario, libros, etc., y sacar algún provecho de sus conocimientos mediante la publicación de algún tratado sobre agricultura o medicina 13. Pero estas iniciativas no fueron capaces de solventar las dificultades económicas, como lo pone en evidencia el que, ya residiendo en Saint Heliers, en Jersey, solicitara para su hijo Juan "la gracia concedida a los mayores de 15 años cumplidos, incluyéndolo por separado en la Lista de S. Gr. Sr. Duque de Wellington, con el socorro mensual de 48 chelines". La solicitud aludía a las ayudas que el gobierno inglés le prestó "proporcionando escuela gratuita a sus dos hijos menores Juan y Francisco" mientras permanecieron en Londres 14. En esas mismas fechas recibió algunas ofertas esperanzadoras que le permitieran afrontar su situación. El químico y farmacéutico Andrés Alcón, amigo de Lagasca y compañero de exilio en Inglaterra, (estuvo en Edimburgo y en Londres donde probablemente pasaron mucho tiempo juntos), le informó, desde París donde se encontraba entonces, de la posibilidad de trasladarse ambos, junto a otros también expatriados como Flores Estrada y Puigblac a Guatemala, donde el futuro presidente de esa república les proporcionaría unas buenas condiciones de vida 15; sin embargo ni uno ni otro aceptaron la propuesta y continuaron en sus lugares de acogida hasta su retorno a España. Lagasca residió durante sus últimos años en Londres en el no15 de la calle Johnson, en Somers Town (barrio español en Londres, cerca de Easton Square y la iglesia de San Pancracio-Kings Cross en la actualidad), pero el catarro crónico que padecía y el clima frío y triste de Londres le impulsaron a trasladarse al más suave de la isla de Jersey 16, en donde permaneció desde 1831 hasta 1834. En este sentido su decisión estaba precedida por la marcha de Londres de muchos de sus compañeros de exilio. Se sabe que a finales de 1825 y principios de 1826, unos cuatrocientos emigrados, cerca de la mitad de la colonia de Somers Town, se desplazaron a Jersey en el Canal de la Mancha, atraídos por la abundancia y baratura de la vida y por el clima. Casi todos se establecieron en el pueblo de Sainé Helare, donde pudieron dedicarse al cultivo de la tierra y al ganado vacuno (Llorens, 1968, 46). Lagasca lo hizo en octubre de 1831 y unos días antes enviaba su equipaje, veinticuatro cajones de libros y materiales científicos, en el barco "The Marys" a través del agente de negocios y notario, Lewis Gilson, como encargado del traslado 17. Recorrió la isla herborizando, examinó los cultivos de gramíneas y asesoró a los propietarios de las fincas y granjas; este es el caso de su amigo el coronel John Le Couteur, a quien ayudó a mejorar las castas de cereales. Recompuso algunos escritos de la Flora española y formó un nuevo herbario de fanerógamas y helechos de la isla y un catálogo de sus especies en el que indicaba sus localidades de colecta y curiosas observaciones, que hubieran sido suficientes para redactar la Flora de Jersey. Durante su estancia en Inglaterra algunas corporaciones científicas europeas le distinguieron con diversos honores: miembro honorario de la Sociedad botánica de Ratisbona (Baviera) (21-IX-1824), corresponsal de la Real de horticultura de los Países Bajos (17-I-1828), corresponsal de la Linneana de Estocolmo (31-III-1832) y socio honorario de la Real Academia Irlandesa, (24-VI-1833) (Yáñez, 1842, 42-47). La Sociedad de Horticultura y Agricultura de Jersey, de la que era secretario Le Couteur, le nombro miembro honorario el 31 de agosto de 1833 18. Al igual que ocurrió con otros botánicos españoles como Cavanilles, Carlos Gimbernat, Palau o Pavón, los botánicos ingleses le facilitaron su nombramiento como miembro de la Sociedad Linneana de Londres el 21 de diciembre de 1831, eximiéndole del pago de cuotas y derechos de entrada, que en sus circunstancias no hubiera podido pagar. Sociedad a la que Lagasca deseaba pertenecer desde mucho tiempo atrás, como se lo manifestó reiteradamente al embajador en Inglaterra 19 y a otros compatriotas que se encontraban en Londres en 1819 y 1820, insistiéndoles en su petición para que intercedieran en el momento que se produjera alguna vacante 20. Para Colmeiro "Lagasca, digno sucesor de Cavanilles, fue el primer botánico de nuestro siglo y el único que durante muchos años sostuvo en el mundo científico el honor de la Botánica española" y fue condecorado con la Orden de Isabel la Católica (Colmeiro, 1858, 195). En el herbario del Jardín Botánico de Madrid, en una ubicación especial, se encuentran en la actualidad dos carpetas con los especímenes montados de las plantas secas, además de los cuatro fascículos indicados con las listas y las etiquetas con las notas de cada una de las especies (Fig. 1). Una de las carpetas contiene los especímenes correspondientes al primer fascículo del HSL, de 1826, con plantas secas numeradas desde el 1 al 25; la otra carpeta contiene los del 2o fascículo, de 1827, correspondientes a los números 25-50, aunque en este caso existen dos series con la misma numeración. Abundando un poco más sobre el interés que despertó este herbario singular en el Reino Unido sabemos que otra colección del HSL estuvo en el National Herbarium de Crowell Road (actual Museo de Historia Natural) a principios del siglo XIX, como lo manifiesta G.Claridge Druce en su edición sobre el HSL de 1908, basada en esta colección londinense que, aunque incompleta, reapareció en esas fechas. En un principio las plantas secas que él vio, correspondientes a las mismas especies que figuran en los tres primeros fascículos de la serie localizada en Madrid, representaron un gran enigma sobre su origen y autor, pero en cambio resultaba evidente que su publicación tendría un valor añadido par el conocimiento de la flora británica, dado que algunos de los especímenes correspondían a los primeros registros que se tuvieron del territorio florístico del Middlesex. Como la lista de las especies del Hortus no incluyen los nombres de localidades que figuran en la Flora of Middlesex, indujo a Duce creer que no se trataba de una serie o una copia de esta Flora, que era su idea original (Druce, 1908, 163), sino que, como él mismo dice, verificó la autenticidad de la colección y supo por Colmeiro que en efecto se trataba del HSL de Lagasca y que existía originalmente un cuarto fascículo, aunque no pudo verlo ni por tanto utilizarlo en su versión de 1908. En relación con el herbario se sabe por el borrador de una carta de R. Brown a Lagasca, del dos de agosto de 1834 y conservada en la correspondencia del primero, que Lagasca a instancias de Brown, se propuso presentar y depositar su herbario, que previsiblemente incluiría el HSL, al British Museum, lo que al parecer nunca tuvo efecto, como se deduce de la información que en 1851 proporcionó Trimen en su copia de la Flora of Middlesex, al comentar que el herbario de Lagasca "viajó en parte a Madrid y en parte a Málaga en malisimas condiciones", lo que parece confirmar nuestras conjeturas, ya señaladas, sobre el peregrinaje de sus materiales científicos desde Inglaterra hasta España. Britten asimismo se refiere a varias especies de Polygonum del Hortus Siccus Londinensis, en concreto observa que el descubrimiento del P. mite se debe remontar antes de 1724 y precisa además su localización exacta en Londres, a la vez que alude a que J. De Carle Sowerby sobre el P. hidropiper anotó que Lagasca fue quien lo presentó como una especie nueva que colectó en una zanja del "road side at Chelsea" en octubre de 1826 (Britten, 1908,170). Retomando el hilo de nuestro asunto sobre la colección madrileña del HSL desde que entró a formar parte del patrimonio del Jardín Botánico, sabemos que al parecer todo el conjunto de plantas secas formaron un apartado propio o especial en el herbario del Jardín Botánico de Madrid y así estuvo dispuesto desde los tiempos que fueron colectadas por Lagasca hasta fechas recientes en que se modificó esta disposición. Los ejemplares estaban repetidos o mejor dicho formaban dos series de plantas duplicadas, sin embargo por razones de orden sistemático se extrajeron del conjunto de este herbario singular todos los pliegos correspondientes a los fascículos 3o y 4o (las dos series), es decir aquellos que se corresponderían con los numerados desde el 51 al 75 y desde el 76 al 100 respectivamente; pero hemos comprobado que hoy día se encuentran diseminados en las carpetas de sus correspondientes familias del Herbario General en la sección "extranjero". Lo mismo se puede decir respecto a una de las dos series pertenecientes al fascículo primero, pero, a diferencia de éste y por razones que desconocemos, no se incluyeron en el herbario general ninguna de las dos series que se corresponden con el fascículo 2o (plantas numeradas desde el 25 al 50). En el anuncio que se publicó en la imprenta de Marcelino Calero (17 de Frederick Place, Goswell Road), el 6 de noviembre de 1826, Lagasca restaba importancia a este trabajo, al ser Inglaterra un país ciertamente muy adelantado en la enseñanza e investigación de la ciencia de los vegetales y por tanto poco podría aportar al avance de la botánica. No obstante, el propósito fundamental de esta publicación iba encaminado a ayudar a los principiantes y a satisfacer la curiosidad de aquellos amantes de las plantas que por sus ocupaciones no podían dedicarse a la formación de un herbario propio de plantas nativas de su país. Lagasca era consciente de que la botánica inglesa tenía reconocidos estudios y trabajos de eminentes científicos con preciosas ilustraciones realizadas con gran destreza por parte de los artistas que los embellecían, pero sin embargo, no existía, o era muy imperfecto, el "Catálogo de las Plantas" que crecían silvestres en las cercanías de Londres que fueran objeto de la atención los colectores noveles. Por tanto rellenar este vacío con plantas fanerógamas sería uno de los objetivos del trabajo que Lagasca se propuso realizar, que complementaría con tan sólo helechos y equisetos dentro de la clase de las criptógamas y aquellas otras especies empleadas en la medicina y ornamentación. Para cumplir con estos fines, Lagasca comenta, a continuación, la forma de editar su trabajo y la meticulosidad con el que deberá hacerse. Su plan de publicación consistiría en hacerlo por partes o por entregas, conteniendo cada una de ellas 25 plantas, pegadas y montadas adecuadamente en papel. De esta manera resultarían los cuatro volúmenes o fascículos independientes, en los que, bajo esta disposición, no se causaría ningún tipo de lesión a los especímenes. Se fijarían mediante tiras de papel engomado impidiendo su movimiento y sin temor a que se rompieran. Asignaría a cada planta su nombre sistemático y en la mayoría de los casos éste estaría basado en la celebrada "English Flora" de James Edward Smith; y si en algún caso Lagasca prefiriera otro nombre lo situaría después del admitido por Smith. Al nombre científico acompañará el lugar o lugares donde cada planta fue encontrada y el tiempo de su floración. Lagasca manifiesta respecto a la localización de las especies que también indicará aquellos lugares o sitios donde la misma planta se puede ver en España, pero advirtiendo que sólo en los casos en los que en su flora sean poco conocidas; de este modo Lagasca, a la vez que satisfacería la curiosidad de los botánicos ingleses, estaría sirviendo a los de su propio país que mucho desean un información correcta de las plantas de Linneo. Aunque Lagasca llevaba más de treinta años dedicado a la botánica, no confiaba suficientemente en su propio conocimiento y por tanto denominará estas plantas después de comparar sus nombres con los del herbario de Joseph Banks -en esos momentos en poder de Robert Brown-y del herbario original de Linneo; también se serviría de los de Aymer Bourke Lambert y de los señores Sowerby que poseían las plantas originales que se utilizaron para la confección de los grabados de las plantas de la "English Botany", plantas de la "English Flora", descritas por su autor, el erudito J. E. Smith y que fueron cuidadosamente contrastadas con aquellas del herbario de Linneo. A Lagasca le ayudaron en este trabajo sus dos hijos mayores y en principio pensaba que podría publicarlo en seis partes y, como indica en el anuncio al que nos estamos refiriendo, prometía la impresión de tan sólo treinta copias del trabajo, pero asegurándose previamente su suscripción; sin embargo indicaba que si la demanda superara las expectativas del número de subscriptores previstos, se esforzaría en colectar mayor número de plantas de las que contaba hasta ese momento. Las suscripciones las recibiría en su propia casa del 25 de Camden Place, Camden Town, en la librería de Vicente Salvá, 124 de Regent Street y en la de G.B. Sowerby, F.L.S., 156 de Regent Street. Además Lagasca señalaba que no era necesario adelantar ningún importe de las suscripciones que se pagarían al recibir las diferentes partes del HSL, cuyo monto ascendía a una libra esterlina por cada parte. El resto intentaría publicarlas una cada mes. En relación con esto, el nueve de noviembre de 1826, Lagasca comentó a Smith los motivos de la publicación del trabajo y algunas circunstancias que acompañaron a la edición del Hortus Siccus Londinensis y su distribución inmediata. Acababa en esa fecha de completar el primer fascículo de 25 plantas listas para distribuir a fines de ese mes; además las plantas se cotejarán con el herbario de Linneo y el del mismo Smith, a quien por cierto le anuncia el envío, en un par de días, de un paquete con 52 plantas de Londres y le anunciaba algunas novedades botánicas de México (Jackson, 1924, 349). Ya en 1827, en la "Advertencia" que acompaña al tercer fascículo, en el que no se específica la fecha exacta, Lagasca anuncia a los subscriptores que en el futuro publicará un fascículo cada tres meses y por tanto el cuarto podrá aparecer el 1 de julio próximo. Por consiguiente y de acuerdo con esta previsión, cada fascículo contendría 30 plantas en lugar de las 25 como se había hecho con los dos primeros números anteriores. El cuarto incluirá además las 10 plantas adicionales para completar el primer volumen. Lagasca asimismo proveerá colecciones de separatas de las mismas plantas arregladas separadamente en hojas de papel. El precio de cada lote de 50 plantas será de 20 chelines. Y en efecto así ocurrió ya que el tercer fascículo contiene las 30 plantas señaladas y el cuarto 40. Como se puede comprobar los planes de Lagasca fueron cambiando su proyecto inicial de publicación a medida que pasaba el tiempo, en función de las circunstancias. En el herbario del Jardín Botánico de Madrid, formando parte de las dos carpetas del herbario del HSL, existen distintas listas de plantas numeradas, unas que se corresponden con los fascículos y otras con las "centurias", y un documento manuscrito del mismo Lagasca, en el que se observan correcciones en cuanto al número de plantas que pensaba incluir en cada remesa y por tanto las que debieran figurar en cada fascículo. Concretamente el "fasciculus secundos" corresponde en realidad al "tertius" y así lo expresa Lagasca en el documento con tachaduras. Los dos primeros contienen veinticinco especies cada uno y a partir del tercero ya son treinta las que recoge la lista y cuarenta el cuarto como hemos dicho. La lista de las primeras cien plantas correspondería a su plan inicial que divide en dos partes, con cincuenta especies cada una y que corresponde también a los primeros meses de 1827. También se puede señalar que en este mismo año, a los tres sitios de venta del HSL del año anterior, se añadirían los de los señores Treuttel, Wurtz, Treuttel Jun. y Richter, en el 30 de Soho Square; y a Callow y Wilson en el 16 de Princes Street, Leicester Square. Finalmente podemos agregar que las etiquetas que acompañan cada ejemplar seco contienen además del nombre científico, detalles y observaciones del hábitat, abundancia y lugar o lugares de colecta, incluyendo en la mayoría de los casos las referencias a los de España y datos del período de floración y fructificación correspondiente a sus observaciones londinenses ya que el de España presentaría obviamente un cierto desfase en el tiempo por la diferente climatología. Es curiosos observar como en el primero, tercero y cuarto de los fascículos aparecen exclusivamente los datos de floración, mientras que en el segundo predominan fundamentalmente los de la fructificación. También a partir del segundo fascículo Lagasca incluye los datos del período vegetativo de la especie y por consiguiente incluye los términos "annua", "perennial" y "biennial" y que nosotros traducimos por anual, bianual y perenne respectivamente, así como alguna nota botánica con aclaraciones nomenclaturales. Estas etiquetas numeradas correlativamente con la designación nomenclatural, locotípica y de los meses de floración y fructificación de Lagasca las reseñamos a continuación para cada uno de los cuatro fascículos publicados.
RESUMEN: Esta comunicación pretende mostrar la identidad ciencia/técnica desde el interior del lenguaje tecnocientífico. Se revisa brevemente la argumentación filosófica tradicional al respecto, cuyo exponente paradigmático es Heidegger. Du Seuil, Paris, 1979) se analiza la definición científica de orden y desorden; enseguida se discute la formulación estadística de Boltzmann de la 2.a Ley de la Termodinámica, hasta mostrar que tal ley sólo pudo surgir en el contexto de la Modernidad y la Revolución Industrial; de hecho, en el concepto de "trabajo" se encontraría el "eslabón perdido" que permitiría asimilar la ciencia a la tecnociencia, a la tecnología. La comunicación discute también las consecuencias de esta identidad y las resistencias que despierta, derivadas de la pérdida del carácter incondicional de la verdad científica. Se discute el concepto de "incondicionalidad", su genealogía y relevancia éticas al interior del pensamiento filosófico moderno, desde Kant hasta Wittgenstein, y su negación en Spinoza. Finalmente, se introduce el pensamiento de Emmanuel Lévinas, para quien el restablecimiento de la incondicionalidad de lo ético (también de la verdad cognitiva) requiere más bien tomar en consideración el carácter dialógico de todo enunciado. PALABRAS CLAVE: Ciencia, técnica, tecnología, tecnociencia, 2.a Ley de la Termodinámica, Atlan, Heidegger, Lévinas, incondicionalidad, ética. En enero de 2005, con ocasión de la Escuela de Sistemas Complejos que por vez tercera organizó el Instituto de Sistemas Complejos de Valparaíso, Chile, nos visitó, su tercera vez también en Chile, el destacadísimo biólogo-matemático y filósofo de origen judío-francés Henri Atlan. Atlan es una de las figuras indiscutidas en este tema, el de la complejidad, tema que en su virtuosa vaguedad (todos los términos son vagos, ha dicho Wittgenstein: el de "complejidad", simplemente, no oculta su carácter difuso, inagotable) permite que, una vez más, como ha ocurrido con otros remezones experimentados por el edificio de las ciencias "exactas" en los últimos cien o más años, se produzca un cruce apasionante entre ciencias que se ven forzadas a volver sobre sus fundamentos 1, y la reflexión filosófica. En lo que sigue, intentaré desarrollar de manera sistemática el tema sobre el cual me tocó exponer en esta Escuela de Sistemas Complejos: las relaciones entre ciencia y técnica. Mi postura, que pretendía ser provocadora, y en alguna manera lo fue (también podría ser, a estas alturas, banal) afirma, en principio, que ambas disciplinas son idénticas, lo que autorizaría a hablar más bien de "tecnociencia", en vez de tratar a ambas por separado. Y mi pretensión en esa exposición fue fundamentar esta afirmación, no en el discurso filosófico ya tradicional al respecto (por ejemplo, el que podría extraerse de ciertos escritos de Heidegger, y que describiré de modo somero más adelante), sino en un texto del propio Henri Atlan quien, por desgracia, había ya partido y no pudo escuchar y discutir mis planteamientos, LOS TRABAJOS DE LA CIENCIA escrito explícitamente, por cierto, a propósito de otro tema (su título, de hecho, es "Ordres et Significations", contenido en un libro, notable ya desde su título: Entre le Cristal et la Fumée), pero del cual se puede extraer, es mi pretensión, un argumento desde el interior mismo de la ciencia -y no desde la tradición filosófica que siempre, con o sin justicia, puede ser descartada por ser de alguna manera "exterior" a aquélla-a favor de la identidad entre ciencia y técnica ya afirmada. Este argumento gira, en última instancia, sobre el significado de la nociones científicas de orden y desorden, y de la de trabajo, muy cercana a la de energía. Conviene empezar, en todo caso, por resumir la posición filosófica "tradicional", tal como se encuentra, ya lo hemos dicho, en Heidegger. Esta postura de Heidegger (a cuyo pensamiento, considerado globalmente, tiendo en todo caso a no adherir), fue planteada ya en Ser y Tiempo, y posteriormente desarrollada en una notable conferencia "La Era de la Imagen del Mundo" ("Die Zeit des Weltbildes"), pronunciada el 9 de junio de 1938 en Freiburg im Breisgau. Para Heidegger 2, la técnica moderna (o la tecnología, tal como también diremos) no es, como aparece ante el sentido común, "ciencia aplicada". Más bien, la "imagen del mundo" que la Modernidad, y particularmente su ala cartesiano-científica proyecta es ya, desde un principio, tecnológica 3. Uno de los argumentos que Heidegger ofrece, y que me parece el más adecuado para ser resumido, parte poniendo atención a la raíz griega de nuestra palabra "matemática", que para nosotros supone, de una u otra manera, un enfoque numérico, cuantitativo, ante los fenómenos. Pero Heidegger nos aclara que esta acepción corriente es más bien derivada, secundaria, no primordial. La física moderna, escribe, se llama matemática porque aplica una matemática muy determinada en un sentido eminente. Pero sólo puede proceder de esta manera, matemáticamente, porque en un sentido más profundo ya es matemática. Ta mathemata significa para los griegos aquello que el hombre ya conoce por adelantado cuando contempla lo ente o entra en trato con las cosas: el carácter de cuerpo de los cuerpos, lo que las plantas tienen de planta, lo animal de los animales, lo humano de los seres humanos. En otras palabras, "matemático" es en su origen, lo que, paradójicamente (pero atención: no tanto), conocemos antes de "conocer" en un sentido especializado. Antes de "conocer" conocemos de hecho el lenguaje y las prácticas, al interior de los cuales hemos sido socializados: sabemos (ésta es la esencia del apriorismo kantiano) del espacio, del tiempo, de "categorías" como la causalidad, que no han sido extraídas de nuestra experiencia individual, sino que constituyen el prisma, culturalmente determinado, bajo el cual nos aproximamos a lo real. Volviendo al argumento de Heidegger, lo matemático no es intrínsecamente numérico: lo numérico, en cambio, sí es esencialmente matemático, porque los números, los entes matemáticos en general, pueden ser considerados como el prototipo de aquello que conocemos antes de "conocer". Encerrados en una celda totalmente aislada del exterior, sin ningún input empírico, aún así, dice el razonamiento heideggeriano (también el kantiano), igual podríamos, si la duración de nuestra vida y la potencia de nuestras neuronas lo permitieran, construir toda la matemática. Cuando vemos tres manzanas sobre la mesa nos damos cuenta de que son tres. Pero es que ya conocemos el número tres, la triplicidad. Esto quiere decir que el número es algo matemático. Es precisamente porque los números representan del modo más imperioso eso que es siempre ya conocido y por lo tanto son lo más conocido de las matemáticas, por lo que el nombre de matemáticas quedó reservado para todo lo tocante a los números. Su argumento es fuerte, sin embargo hay quienes no se convencen, o no se dejan convencer por él. Y hay una motivación poderosa y respetable para esta denegación (por ejemplo, de parte un segmento de la comunidad científica), puesto que, en esta perspectiva, las verdades de la ciencia dejan de ser incondicionales, "puras", y pasan de una u otra manera a ser meras verdades instrumentales, susceptibles de ser condicionadas, por ejemplo, por los intereses económicos, políticos, sociales, que se mueven tras la tecnología, y menos evidentemente, al menos en ciertos contextos, tras la ciencia. El científico encerrado en su gabinete, o sentado pensando en su jardín, oyendo a Bach y transportado al mundo platónico de las ideas, puede legítimamente plantearse: ¿qué tiene que ver la tecnología -i.e. la televisión, la industria cultural o armamentista-con lo que yo hago? 4. Y es verdad que ello responde a su experiencia inmediata. Pero de la misma manera, la calma absoluta es la experiencia inmediata de quien está instalado en el ojo de un huracán. Ése es precisamente el planteamiento de Heidegger, y el que, aproximándonos más al lenguaje mismo de la ciencia, EDUARDO SABROVSKY JAUNEAU encontraría algo así como el eslabón perdido que permite asimilar la ciencia a la tecnociencia, a la tecnología. Partiremos con una cita más o menos larga de Atlan quien, al inicio del capítulo ya mencionado de Entre le cristal et la fumée ("Ordres et significations") retoma a su vez un ejemplo propuesto alguna vez por Bateson: Es conocida la historia de la oficina y de las estanterías repletas de libros y documentos. Éstos están en apariencia apilados de cualquier forma. Sin embargo, su propietario sabe perfectamente encontrar si lo requiere cualquier documento que busca. Al contrario, si por desgracia a alguien se le ocurre "poner orden", se volverá quizás incapaz de encontrar allí lo que sea. Es evidente en este caso que el desorden aparente era un orden, y viceversa. Se trata aquí de documentos en relación con su usuario. El desorden aparente escondía un orden determinado por el conocimiento de cada documento y de su significado utilitario posible. ¿Pero en qué consistía la apariencia de desorden de este orden? En que, para un segundo observador, que quiere "poner orden" los documentos ya no tienen, individualmente, la misma significación. En el límite, no tienen ninguna más que aquella ligada a su forma geométrica y al lugar que podrían ocupar en la oficina y los estantes de manera de coincidir, en su conjunto, con una cierta idea a priori, un pattern, considerado como globalmente ordenado. Se observa entonces que la oposición entre orden y apariencia de orden proviene de que los documentos sean considerados globalmente con su significación, o lo sean globalmente con una significación individual diferente (determinada, por ejemplo, por su tamaño, su color o cualquier otro principio de ubicación aplicado desde el exterior y sin el consentimiento del usuario), o incluso sin significación en absoluto (p. En otras palabras, lo que Bateson y Atlan están ejemplificando es la idea de que enunciados que contienen la palabra "orden" o "desorden" no son del mismo tipo de los que enuncian propiedades objetivas de algún objeto (por ejemplo, "esta mesa es de madera y metal"). En este último caso, se puede suponer que un observador cualquiera (supuesto un cierto conocimiento, culturalmente dado, de los muebles y los materiales) concordará con este enunciado, el cual en este sentido pasa a ser "independiente del observador". En el caso del orden o el desorden, en cambio, no es posible "descontar" al observador: lo que el enunciado enuncia no es una propiedad objetiva sino más queremos desarrollar: respecto al turbulento mundo de la tecnología (en su relación, por ejemplo, con la cultura de masas y los negocios), la ciencia constituiría, ni más ni menos, el ojo del huracán. Digamos que el tema de la incondicionalidad (de la verdad, en este caso) no es sólo preocupación de la ciencia. Lo es también de la ética, de la estética, que no querrían verse reducidas a la expresión de intereses (así, la ética no quisiera ser mera palabrería que enmascarase intereses económicos o de poder; de la misma manera, un artista quisiera que su obra se diferenciase de un simple objeto de uso -decorativo, por ejemplo-o de una mera mercancía). El fenómeno estético, en condiciones modernas o posmodernas, da igual (la Posmodernidad no es sino la Modernidad autorreflexiva, conciente de sí misma) tiende a restablecer efímeramente sus pretensiones de incondicionalidad mediante lo que en otro lugar hemos llamado "el sacrificio infinito": la permanente puesta en escena de su propia imposibilidad 5. Y en cuanto a la ética, es parte de la discusión contemporánea (al final volveremos sobre este punto) la manera como sería posible, sin ingenuidad, sostener alguna pretensión de incondicionalidad ética 6, al interior de una cultura, la nuestra, que ya ha hecho colectivamente el aprendizaje de que todo se reduciría a construcciones, manipulaciones e intereses. Digamos, en síntesis, que es legítima la objeción a la identidad entre ciencia y técnica en la medida en que tras ella se deja ver una preocupación por la incondicionalidad. La respuesta a esta objeción podría consistir, o bien en establecer que hay lo incondicional, mas no le correspondería a la ciencia cautelarlo, sino más bien a la ética o la estética; o bien, replantear, sin abandonarlo, todo el tema de la incondicionalidad. Abordaremos estas alternativas al final de este texto. Para cumplir con lo ofrecido (mostrar la identidad entre ciencia y técnica desde el interior del lenguaje tecnocientífico) nuestra estrategia será entrar, siguiendo a Atlan, a la discusión sobre la definición científica del orden y el desorden; luego, discutiendo con él la formulación estadística de Boltzmann de la 2.a Ley de la Termodinámica, pretendemos mostrar que tal ley sólo pudo surgir en el contexto de la Modernidad y la Revolución Industrial; finalmente, pretendemos sugerir que en el concepto de "trabajo" se LOS TRABAJOS DE LA CIENCIA bien la existencia (orden), o inexistencia (desorden) de una relación entre el objeto y un observador, en este caso el usuario: de una conmensurabilidad, podríamos decir, entre las representaciones del usuario y lo real 8. Podríamos decir que, a diferencia de los enunciados que se refieren a propiedades objetivas, los que se refieren al orden (y al desorden) son enunciados de segundo grado: no se refieren directamente al objeto, sino a la relación posible entre un objeto y su usuario, su observador. Frente a esta "relativización" de los conceptos de orden y desorden se erige, al parecer, la objetividad de la medición del orden en termodinámica, dada por su formulación estadística alcanzada por Boltzmann: donde S es la llamada "entropía", k es una constante universal (llamada de Boltzmann, igual a 3,3 × 10 -24 calorías/ grado, y las probabilidades p i corresponden a las probablidades de encontrar un fragmento de materia (un gas, por ejemplo) en cada uno de sus W estados posibles. Originalmente, la entropía era una magnitud macroscópica, establecida por científicos y constructores de máquinas (Carnot, Clausius, Kelvin) de la primera revolución industrial (máquinas que transforman energía calórica en energía cinética y en "trabajo" mecánico), y que daba cuenta del hecho, observable, en virtud del cual toda máquina de este tipo experimenta pérdidas, debidas a un fenómeno que la física de Galileo y Newton aún consideraba posible de ignorar (por tratarse de una magnitud causal muy pequeña, "despreciable" como se dice o decía en jerga científica 9 ), pero que ahora aparece como irreductible: el roce, la fricción. Así, por más eficiente que sea una máquina, es imposible que recupere sin pérdidas el calor invertido originalmente en la producción de movimiento (energía cinética): siempre hay roce, siempre una cantidad de calor que se pierde irreductiblemente. El mérito de Boltzmann consistió, primordialmente, en tender un puente entre la física clásica y esta ley que en un principio parecía meramente práctica, inductivo-observacional. Para tender tal puente debió, eso sí, incorporar a la física, de manera inherente, el cálculo y el modo de pensar estadístico, probabilístico, originalmente surgido en el estudio de las poblaciones humanas 10; después de esta incorporación, la física clásica no fue jamás la misma, puesto que preguntas fundamentales, del tipo "¿juega Dios a los dados?" irrumpieron a su interior. En su expresión microscópica o estadística, la 2.a Ley de la Termodinámica, o Ley de Entropía, tiene en su base en el hecho de que, como dice Atlan, "la materia sólo se deja constreñir, dominar, hasta cierto punto" (p. Ahora, en términos microscópicos y estadísticos (la estadística proporciona la herramienta que permite tratar con una enorme cantidad de interacciones aleatorias entre moléculas microscópicas, como ocurre en el caso clásico de un gas), esto significa, nuevamente en palabras de Atlan, lo siguiente: Las transformaciones impuestas por la máquinas implican una orientación, un ordenamiento de la materia y de sus constituyentes (moléculas, átomos). La materia dejada a sí misma ignora este orden impuesto por el constructor de máquinas. En particular, la principal fuente de energía natural, el calor (el del fuego y el sol) tiene por efecto agitar las moléculas de modo desordenado, es decir, aleatorio, en todas direcciones, sin que ninguna sea, incluso en promedio, estadísticamente, privilegiada. Para que haya movimiento, desplazamiento de materia, trabajo, es necesario que todas las moléculas del trozo de materia en cuestión se desplacen conjuntamente en la misma dirección. Transformar el calor en trabajo implica que se introduce orden en el movimiento desordenado de las moléculas para dar con un movimiento orientado, tal que en promedio las moléculas se desplacen en una misma dirección. Esta transformación, impuesta desde el exterior, no puede ser total: una cierta porción de desorden molecular existirá siempre, lo cual se traducirá en calor no utilizable. Esto es lo que dice el segundo principio de la termodinámica, en su expresión estadística (p. Llama la atención de inmediato en estas citas la relación que tácitamente establecen entre la formulación del segundo principio de la termodinámica, y un factum histórico primordial: el advenimiento de la empresa planetaria de dominación de la materia, la Modernidad y la Revolución Industrial. Sólo ella, la empresa de dominación de la materia, puede constituir el contexto para una afirmación como EDUARDO SABROVSKY JAUNEAU la reproducida más arriba: "la materia sólo se deja constreñir, dominar, hasta cierto punto". Sólo en este contexto, en el cual el viejo orden inherente al Cosmos medieval ha sido sustituido por una "voluntad de orden" 11, de afirmación humana en medio de un universo devenido caótico 12, es posible pensar en máquinas que pretenden maximizar la transformación de energía calórica en trabajo mecánico, es decir, introducir "orden en el movimiento desordenado de las moléculas para dar con un movimiento orientado, tal que en promedio las moléculas se desplacen en una misma dirección". Desde este punto de vista, el segundo principio de la termodinámica dejaría de ser incondicionalmente objetivo, lo cual no significa que haya que temer que se transforme en algo meramente subjetivo: por sobre lo objetivo y lo subjetivo (esto a menudo los científicos lo ignoran) está lo a priori. Es decir, el prisma a través del cual un observador colectivo (la sociedad, la cultura de la Modernidad en este caso), formado en cuanto tal por procesos de socialización al interior prácticas, formas de vida y lenguajes, observa la realidad. En el caso de la Modernidad, este prisma supone como un dato indiscutible, como "infundado fundamento" 13, la magna empresa del "desencantamiento" de la naturaleza -la Entzauberung (desmagificación) de Max Weber-y el advenimiento de sus consecuencias: la racionalidad instrumental y el mercado, la libertad del individuo ilustrado, emancipado de la tutela de la vieja institución eclesiástico estatal. La supuesta incondicional objetividad de la segunda ley de la termodinámica (es decir, de la medida del orden) resulta, siguiendo a Atlan, ser el producto de una mirada "prismática" sobre la realidad: una mirada bajo el prisma socio-cultural de la Modernidad, y sólo bajo él. En algún momento de su escrito, Atlan parece querer distinguir la concepción de orden dependiente del observador de la concepción supuestamente objetiva (porque expresada matemáticamente) del orden en física. Así, la definición del orden y del desorden en la Naturaleza presenta diferencias evidentes con aquella que estaba implícita en el ejemplo de la oficina y su ordenamiento. El primer rasgo que los distingue es que aquí la definición parece objetiva, medida mediante una magnitud física, la entropía. En el ejemplo de la oficina por el contrario, el carácter ordenado dependía de la significación posible del orden, diferente para usuarios diferentes (p. No obstante, en el párrafo siguiente se pone en evidencia que esta vuelta a la distinción fuerte entre el orden objetivo y el dependiente de un observador no es más que un recurso retórico ("la definición parece objetiva") para enfatizar precisamente lo contrario. Así, inmediatamente, Atlan agrega. Y sin embargo la entropía, magnitud física, no se define más que en relación a las posibilidades de observación y de medida como lo muestra el ejemplo de la entropía de la mezcla de dos gases diferentes. La formación espontánea de una mezcla homogénea de dos gases se acompaña evidentemente por un aumento de la entropía que eventualmente es susceptible de ser medida. Ahora bien, este fenómeno se concibe diferentemente si se lo observa antes o después del descubrimiento de la radiactividad. Si se utiliza moléculas radiactivas de un mismo gas, ya no es el mismo gas, y hay una entropía de la mezcla. ¡Lo que quiere decir que para un mismo sistema de dos recipientes de un mismo gas, uno radiactivo, el otro no, que se los deja mezclar, no existía entropía antes del descubrimiento de la radiactividad, y sí existe después de tal descubrimiento! (p. 32, las itálicas son nuestras). Lo que mueve a Atlan a la exclamación (lo que quería enfatizar mediante el mencionado efecto retórico) es el hecho que hay dos mediciones para la entropía de la mezcla de un gas, ambas correctas, dependiendo de un factor que no podría sino calificarse de tecnocientífico (y que legitima el uso de este término): el descubrimiento de la radiactividad. Sólo ella, en el ejemplo de Atlan, permite distinguir las moléculas de un mismo gas dispuestas en contenedores diferentes y conectados: esta distinción, producto de nuevas "posibilidades de observación y de medida", es la fuente de aumento de entropía, y fuente también de energía y de trabajo mecánico. Recordemos que le energía se define como la capacidad para realizar trabajo. Se da entonces, la paradoja (pero de nuevo, nunca tanto), de que una distinción en principio puramente observacional, pero producto de un complejo desarrollo teórico-empírico de las ciencias naturales, inseparable del desarrollo general de las fuerzas productivas (el descubrimiento, en este caso, de la radioactividad) permite obtener energía y trabajo donde antes no lo había. Podemos entonces definir el rol tecnológico, tecnocientífico de la ciencia (y explicar, como propusimos más arriba, la LOS TRABAJOS DE LA CIENCIA calma aparente en que transcurre, al parecer relacionada sólo distantemente con la vorágine tecnológica, no como la calma del margen, sino la del mismo centro del vortex) a partir de la tarea fundamental de la ciencia: introducir nuevas distinciones. Son estas, curiosamente, las que permiten extraer nuevas energías y fuentes de trabajo de la naturaleza. Una labor aparentemente de tipo puramente teórico, contemplativo (theorein en griego está relacionado con la visión, la contemplación), pero inserta, claro está, a través de la división del trabajo, en el complejo de las fuerzas productivas, viene a ser la fuente principal de energía y trabajo requeridos por el modo de producción industrial o postindustrial 14, para el cual la ciencia (y no como mera "ciencia aplicada", por lo que ya hemos argumentado), resulta central. Con esta conclusión, la tarea propuesta al inicio de esta comunicación -reducir (o ampliar) la ciencia a "tecnociencia", a tecnología-está en lo fundamental cumplida. Resta ahora hacerme cargo de las interrogantes filosóficas que de tal conclusión se siguen, tal como también lo ofrecí al inicio del texto. En efecto, la identidad entre ciencia y técnica que, valiéndonos de la problemática científica del orden y el desorden, hemos establecido, tiene en principio por consecuencia el despojar a las verdades de la ciencia de todo carácter de incondicionalidad. Lo cual equivale a decir, como lo he aclarado también más arriba, que el saber científico como tal quedaría inmerso -por cierto, no de manera inmediata y burda-en las turbulentas aguas de la tecnología y el mercado. Se hace importante también tratar esta cuestión (que, en su núcleo, es la de la no-incondicionalidad de la verdad) dado que, en una de sus conferencias en la Escuela de Sistemas Complejos de Valparaíso, el propio Atlan dedicó su charla a exponer, en relación a la biología, el pensamiento del filósofo Baruch Spinoza, a quien podría considerarse el exponente más elevado (junto a Nietzsche, quien reconocía la grandeza de Spinoza) de un monismo filosófico que excluye la concepción de toda esfera de incondicionalidad. En una conversación posterior a su conferencia, el propio Atlan me relató que su interés en Spinoza había surgido hace pocos años, después de advertir que muchas veces su pensamiento era calificado por sus lectores, auditores y críticos, como "spinozista". Y que al leer al filósofo judeoíbero-holandés, decidió asumir su hasta entonces ignorada deuda con él. Para Atlan, haciendo explícita su afinidad con Spinoza en nuestro encuentro de Valparaíso, "la voluntad y el entendimiento son una y la misma cosa". No es difícil rastreaar en la Ética spinoziana afirmaciones del mismo tenor. Así, por ejemplo (Pars Quarta, "De Servitude Humana seu de Affectuum Viribus") en la Proposición XXII se dice: "No se puede concebir virtud alguna anterior al esfuerzo para conservarse 15 ". Y de aquí, líneas más adelante, Spinoza extrae el siguiente Corolario: "El esfuerzo para conservarse es el primero y único origen de la virtud. Porque no se puede concebir (...) ningún otro principio anterior a éste, y sin él (...) no se puede concebir ninguna virtud" 16. Spinoza está haciendo un esfuerzo, y ello constituye el núcleo de su pensamiento, por alejarse del dualismo cartesiano que distingue ontológicamente entre res cogitans y res extensa, entre los seres humanos (y Dios), y la naturaleza. En oposición, diríamos que Spinoza naturaliza la razón humana, y particularmente la razón práctica, la ética: la virtud, el bien, no es sino una máscara de la autoconservación. En una nota más arriba hemos enunciado las incomodidades y paradojas que se siguen del pensamiento spinoziano: al no haber diferencia entre la ética y los intereses de autoconservación, no hay lugar desde el cual estos intereses puedan ser puestos en cuestión. Spinoza anticipa el utilitarismo y pragmatismo contemporáneos: si somos fieles a su punto de vista, serían imposibles (meros sinsentido) obras como El Malestar en la Cultura, de Sigmund Freud (y, posiblemente, todo el psicoanálisis). Pues precisamente allí se intenta hacer un balance de los costos y beneficios de la cultura entendida como autoconservación, en un momento en el cual (las Guerras Mundiales, la Shoah) pareciera haber irrumpido, en el escenario de la historia, todo el dolor, la ruina y barbarie que, como una sombra, acompañaría a toda cultura 17. Desde el punto de vista spinoziano (que se vería reforzado, en principio, por la identidad entre ciencia y técnica, entre verdad e instrumentalidad, que más atrás, siguiendo a Atlan, hemos derivado), no tiene sentido plantearse, por ejemplo, "la postergación indefinida de la hora de la traición". ¿Cómo, y por qué, postergarla, si la voluntad carece de autonomía? Esta postergación, sin embargo, constituye, para Emmanuel Lévinas, pensador judeo-francés de la segunda mitad del siglo XX, la esencia de lo humano ("ínfima EDUARDO SABROVSKY JAUNEAU diferencia entre el ser humano y el no-ser humano") 18. Volveremos brevemente sobre Lévinas al final de este texto. Emmanuel Kant ha sido, seguramente, el más tenaz opositor al spinozismo en la era de la Ilustración. Si bien, en su Crítica de la Razon Pura Kant reconoce en la ciencia de Newton y Galileo un momento de incondicionalidad 19, esta incondicionalidad podría todavía ser reabsorbida por el spinozismo, y considerada como una máscara de intereses cognitivos "heterónomos", es decir, impuestos desde afuera, en la terminología kantiana. Por eso, Kant se vuelve directamente hacia la ética. Su Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres se inicia con esta "inocente" sentencia: "Ni en el mundo, ni en general fuera de él es posible pensar nada que pueda ser considerado bueno sin restricción, excepto una buena voluntad" 20. Es decir, todo lo empírico es a-valórico: ningún bien que sea realmente un bien, y no una máscara de intereses mundanos, se podría hallar allí. Se suele criticar a Kant llevando al absurdo su posición (él mismo en ocasiones lo hace), puesto que, si el bien debe quedar incontaminado por la empiria, valdría más un filántropo avaro que un filántropo sin más, un amante de la humanidad, de buen corazón (puesto que, si es de buen corazón, podría obtener un goce empírico, heterónomo, de su acto filantrópico). La ética kantiana parece quedar así sustraída de toda relación con la realidad: reducida a una apelación a la santidad, al abandono de los intereses mundanos por parte del filósofo, y al paralelo abandono del mundo a la más cruda instrumentalidad. Ahora bien: distinta se presenta esta ética si entendemos que la elección que nos impone no se da entre un sujeto puro, incontaminado, versus un sujeto que ni siquiera llega ser tal, pues no es sino el juguete de la causalidad externa o interna (sus pasiones), sino entre un sujeto empírico y un sujeto moderno, desgarrado, permanentemente escindido entre el cumplimiento de su deber y sus intereses y pasiones 21. O, como lo decía ese kantiano que era Max Weber quien, refiriéndose a la actividad política, advertía el desgarro constitutivo de la Modernidad entre un "ética de la responsabilidad" (una ética del cálculo de las consecuencias de las acciones) y una "ética de las convicciones", o del corazón, cuyas demandas son incondicionales. El hombre político (¿no lo somos todos?) estaba, según Weber, permanentemente desgarrado entre estas dos lógicas 22. Aunque mucho se puede extraer de Kant aún hoy en día, el sentido común de la historia de la filosofía dice que las pretensiones de incondicionalidad de la ética kantiana quedaron pulverizadas por ese spinozista que fue Federico Nietzsche: para él (por ejemplo, en La Genealogía de la Moral) el sujeto autónomo, ético, kantiano, no es sino el resultado de una domesticación: la "crianza" de un animal capaz de hacer promesas, es decir, de postergar la satisfacción de sus intereses empíricos en pro de un interés superior. "El imperativo categórico [kantiano], dirá Nietzsche, huele a crueldad"; es el resultado, dirá Michel Foucault, su continuador en el siglo XX, de tecnologías sociales de vigilancia y castigo (Vigilar y Castigar), de las cuales formarían parte de manera eminente las ciencias sociales. Finalmente, la única defensa para un sujeto cuyo comportamiento pudiese quedar sustraído de las explicaciones empíricas consiste en transformarlo en un punto virtual. Así sucede en el primer Wittgenstein (el del Tractatus Lógico Philosophicus) donde el sujeto no desaparece, pero queda transformado en un límite del mundo: en un punto virtual, de dimensión cero 23. A lo largo de esta línea de razonamiento, se abandona, por así decirlo, a la ciencia en manos del spinozismo, con el objeto de salvar a la ética (y a la estética). Desde el punto de vista del discurso cognitivo, el ser humano no sería sino una marioneta, manejada tras bambalinas por alguna versión de la causalidad. El ser humano, en otras palabras, no hablaría: las circunstancias -físico-químicas, genéticas, sociológicas, económicas, psicológicas incluso-"hablarían" ventrílocuamente a través de él. El discurso de la ciencia -también el de la filosofía, en la cima de su moderna autoconciencia-dice "no hay verdad", "la verdad es que no hay verdad". A no ser que se distingan lenguajes y metalenguajes (lo cual es difícil, al interior del lenguaje natural), esto comporta una contradicción performativa (como la de quien dice "yo miento"). Así parece culminar el discurso científico de la Modernidad (y buena parte del filosófico): en una declaración de afasia, autocontradictoria. "Civilización de afásicos", dice refiriéndose a esta conclusión Emmanuel Lévinas. No obstante, y con esto daremos término a esta comunicación, desde el punto de vista lévinasiano no es imprescindible tal sacrificio de los intereses cognitivos de la razón a favor de una muy problemática salvación de sus intereses éticos (de partida, la distinción neta entre estos intereses es problemática). Para Lévinas en su núcleo todos los discursos son éticos, en la medida LOS TRABAJOS DE LA CIENCIA en que el hablar (aunque sea para decir "yo no hablo") es siempre la respuesta a la interpelación de un Otro, el cual desde una posición de altura, o en todo caso asimétrica (asimetría que impide que se restablezca la equivalencia, la intercambiabilidad entre ambos) interpela a un Mismo inherentemente separado, irreductible incluso a una unidad genérica con su interlocutor. La incondicionalidad de lo ético se fundamenta precisamente en este carácter "dialógico" (pero se trata de un diálogo jamás simétrico), donde soy incondicionalmente interpelado a responder de mis dichos, incluso de mis dichos cognitivos y negativos, enfrentado cara a cara a mi interlocutor. Lo social, la dualidad y el pluralismo, en oposición al monismo de la razón spinozista, no es un accidente, sino la "curvatura misma del ser", ha dicho Lévinas. Y ha dicho también: "La objetividad no es lo que resta de un utensilio o de un alimento, separados del mundo donde se juega ser. Ella se instala en un discurso, en un entre-tener que propone el mundo. Esta proposición se juega entre dos puntos que no constituyen sistema, cosmos, totalidad" 24. Recibido: 10 de enero de 2007 Aceptado: 29 de marzo de 2007 NOTAS * Este trabajo ha sido elaborado en el contexto del proyecto de investigación Fondecyt (Fondo Nacional para la Ciencia y la Tecnología, República de Chile) N.o 1030201, años 2003 a 2004, "Filosofía heideggeriana de la técnica, teoría del diseño y ciencia de lo artificial: elementos para una comprensión filosófica de la técnica en el mundo contemporáneo". 1 Fundamentos en los cuales, de manera indiscernible, se mezclan cuestiones de hecho y cuestiones de valor: basta para esto con echarle una mirada a la correspondencia entre Leibniz y Clarke, secretario de Newton, en los albores de la ciencia moderna: allí, por ejemplo, se parte discutiendo la manera de explicar científicamente el choque de dos bolas de billar; pocas líneas más adelante, y en perfecta continuidad argumentativa, se pasa a debatir la existencia de Dios, sus relaciones con el mundo humano, y las consecuencias éticas y políticas de cada una de las posibles posiciones. 2 Heidegger, aclarémoslo desde ya, no es un lego en lo que ciencia se refiere. Sus primeros estudios universitarios fueron precisamente en física. 3 En términos heideggerianos estrictos, pero que suelen confundir a los no iniciados, ya con esta sentencia bastaría: "proyectar" una "imagen del mundo" sería de por sí una actitud tecnológica. 4 ¿Qué tiene que ver de modo inherente, más allá de la mera "aplicación"? En última instancia, ésta es la pregunta que está respondiendo Einstein, con un "no" rotundo, cuando niega que Dios "juegue a los dados". Porque si Dios juega a los dados, habría una brecha entre nuestros conocimientos, que pasarían a ser intrínsecamente probabilísticos, y la verdad incondicional. Y es a través de esta brecha, por ínfima que sea, por donde pueden infiltrarse los muy materiales condicionamientos e intereses mundanos. Con la mejor de las intenciones éticas, pero con no tan buen razonamiento filosófico, Einstein quiso disociar sus descubrimientos de asuntos tan nauseabundos como la invención de la bomba atómica. El problema, que trataremos un poco más adelante, es si acaso la incondicionalidad ética (del bien) requiere de la incondicionalidad de la verdad cognitiva, o si hay que plantear las cosas totalmente en otro terreno., que prohíbe que explicaciones finalistas de los fenómenos sean consideradas científicas. Si no hay fines y valores que puedan ser "leídos" desde el Libro de la Naturaleza (para el Medioevo sí los había), entonces los valores sólo pueden quedar alojados en la esfera del sujeto moderno, que necesariamente ha de constituir una esfera sustraída de las explicaciones causales. Puesto que no se puede ser responsable por algo causalmente determinado, sea por una causalidad genética, física, económica, sociológica, físico-química, o cualquiera otra imaginable, sólo se puede atribuir responsabilidad si, de alguna manera, es posible -magna tarea-defender la existencia de una esfera sustraída de las explicaciones causales. En la charla de Valparaíso que aquí estoy sistematizando, alguien propuso dejar de lado esta ficción del sujeto responsable (ficción, pero ficción dotada de eficacia social: eso era el sujeto responsable, para Nietzsche) y simplemente asignar premios y castigos a las consecuencias observables de los actos. Es fácil mostrar las incomodidades y paradojas en la que caería esta especie de conductismo ético o jurídico. Así, si mientras estoy mostrándole a un amigo la más reciente adquisición en mi colección de puñales exóticos, sufro un ligero síncope, caigo sobre él y lo mato, sería culpable de asesinato; no lo sería quien, mediante una bien diseñada red de contactos, mandase a asesinar a otro. 7 La cita corresponde a: decir, en la medida en que la pretensión de la ciencia de Newton y Galileo no es meramente inductiva: pretende decir, no como las cosas empíricamente son, sino como "deberían ser": incluso en las galaxias más inalcanzables (de las cuales se carece de toda experiencia) debe ser válida la ley de inercia. La problemática de lo incondicional puede ser dicha en términos de la diferencia entre "hechos" y "normas". De los hechos, sólo puede haber generalización inductiva, empírica, las normas, en cambio, aspiran a ser universales. Esto queda recogido en el llamado "lema de los empiristas": "de un ser no se sigue un debe" (Hume). Lógico-Philosophicus, 5.632: "El sujeto no pertenece al mundo, sino que es un límite del mundo". En el eje spinozismo-antispinozismo, se podría considerar que la obra primera de Wittgenstein (el Tractatus) pertenece a la segunda tendencia; su obra póstuma (las Investigaciones Filosóficas, para las cuales toda expresión del lenguaje está asociada a un uso, a un determinado "juego de lenguaje" y a las prácticas sociales que lo constituyen), a la primera. Para los iniciados, esta afirmación va claramente dirigida contra Heidegger, quien en Ser y Tiempo (Sección I, Capítulo III, "La mundaneidad del mundo") afirma que la objetividad cartesiana sería una forma deficitaria de entender el mundo, incapaz de dar cuenta de la modalidad primordial de la instrumentalidad, en virtud de las cuales las cosas, antes de ser objetos, son "equipamiento" (Zeuge) para un usuario. Ésta es la parte de Heidegger (de cuyas consecuencias pragmáticas Heidegger se intenta desprender en la Sección II de Ser y Tiempo) que ha sido popularizada en Chile y los EE.UU. de Norteamérica por Fernando Flores y sus seminarios de emprendimiento.
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. La obra "Investigar e intervenir en Educación para la Salud" es un intento de Juan Agustín Morón Marchena como coordinador de recoger en un libro monográfico una actualización de los avances, enfoques, retos y metodologías que se utilizan en la promoción de la salud, todo ello con un marcado carácter reflexivo. Aunque la salud como valor ha estado siempre presente en la vida humana, se trata de un área asociada a lo clínico, más que a lo antropológico y educativo, al menos desde el plano científico. Sin embargo, además de la dimensión didáctico-pedagógica inserta en la transmisión del saber médico, cada momento histórico se caracterizaba por unas pautas de comportamiento que promovían en mayor o menor medida la salud (desde medidas básicas como la higiene y alimentación, a medidas más sofisticadas como los remedios caseros, cuidados familiares ante las enfermedades, embarazos, etc.). Actualmente, en la vida humana además de la salud como vía para alargar la calidad y esperanza de vida, se revalorizan los estudios relacionados con el aprovechamiento y desarrollo de lo humano (pedagogía de la interioridad) frente a las crecientes vías de consumismo, superficialidad y analfabetismo moral. Este libro supone una aportación a la promoción de la EpS fruto de la puesta en práctica del modelo de participación comunitaria, la cual ha sido posible desde la planificación e implicación de sus autores, quienes partiendo desde el principio de sus orígenes y su evolución, ofrecen diversos y prácticos recursos para la promoción de la salud a lo largo de él. Entre los recur-sos que ofrecen se encuentra un glosario de términos relacionados y utilizados en esta materia para clarificar el vocabulario especializado al respecto y ampliar conocimientos, no solamente los educadores, sino cualquier lector. Vemos, por tanto, que sus objetivos concluyen todos en un mismo foco común: la promoción de la Eps desde la participación comunitaria. Sus autores son especialistas sobre cómo educar para la salud desde la prevención. De los cuales se destaca su coordinador, el profesor Juan Agustín Morón, director del Departamento de Educación y Psicología Social de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Experto de amplio recorrido en materia educativa. No únicamente desde la teoría sino también desde la práctica en la docencia, el Ayuntamiento de Dos Hermanas, la investigación de la Drogodependencia, la Pedagogía-Educación Social..., y en un largo etcétera. En base al conocimiento de toda su experiencia profesional ha hilado su discurso, al igual que el resto de autores, en 183 páginas estructuradas todas ellas en torno a 11 capítulos. El primer capítulo del libro, de forma totalmente lógica, nos acerca a los orígenes y la evolución de la EpS. Los autores, Alfonso García y Antonia M.a Sánchez Lázaro de la Universidad de Murcia, parten del reconocimiento de la riqueza y complejidad del lenguaje, estableciendo la distinción entre el concepto de salud, promoción de la salud, educación para la salud y prevención de la salud. Se concibe la salud estrechamente vinculada al concepto de bienestar en diversas parcelas en las que el ser humano se desenvuelve, concre-a392 tamente bienestar social, físico y mental, espiritual y el bienestar holístico (Teoría de Gestalt). La dificultad para atender a todas las dimensiones con un estado total de salud ha llevado a los científicos a definir la salud desde un enfoque relativista, en el que se reconoce la impregnación cultural en la interpretación que el ser humano hace de la salud. De modo que tanto la salud como la enfermedad están "irremediablemente ligados a los modos de vida social" (p. 24), y como tal, se asocian a comportamientos que pueden aprenderse. La última parte del capítulo la dedican a definir su propuesta socioeducativa en favor de la salud, desde un modelo de competencias superador de la mera transmisión de información que tiene un poder limitado para introducir cambios en los estilos de vida y delimitando los principios éticos que deben regirla. En el segundo capítulo abordan los actuales desafíos de la investigación en EpS, teniendo en cuenta los dos paradigmas tradicionalmente contrapuestos que actualmente se consideran complementarios: el paradigma cuantitativo y el paradigma cualitativo. Tras definir los rasgos de cada paradigma, Fernando López Noguero recoge una tabla comparativa de ambos de gran utilidad. El tercer capítulo se centra en describir el modelo de intervención de EpS, sus ámbitos (información, motivación y desarrollo de habilidades), los tipos de intervención (consejo-información, educación individual, educación grupal o colectiva y promoción de la salud) y sus dimensiones (individual y comunitaria). Los autores, Itahisa Pérez-Pérez y Juan Agustín Morón, profundizan en el modelo de participación comunitaria que tanto defienden y del que se nutren para confeccionar el presente ejemplar, estableciendo cierto paralelismo con la educación para el desarrollo de las capacidades humanas y la animación sociocultural como la metodología ideal. Por otra parte, se señalan los ámbitos de actuación (educación para la salud, movilización social y abogacía por la salud), así como las áreas prioritarias de la dimensión comunitaria (la promoción política pública saludable, creación de entornos saludables, el fortalecimiento de la acción comunitaria y la reorientación de los servicios de salud). En el cuarto capítulo, elaborado por Esther Prieto y Guillermo Domínguez, se justifica la necesidad de planificar en el ámbito de la educación para la salud, contemplando diferentes tipos de planificación (normativa, estratégica-situacional y estratégica-corporativa), estableciendo las fases de la planificación (objetivos, naturaleza-fundamento, metodología, temporalización, recursos y destinatarios), así como las estrategias a emplear en el proceso de evaluación (descriptivas, correlacionales y manipulativas). En el quinto capítulo, Andrés Escarbajal y Silvia Martínez muestran trabajos grupales de índole cualitativa en el terreno educativo y socio-comunitario, lo que fomenta la reflexión intersubjetiva y un mayor compromiso, protagonismo y participación de los educandos en su proceso de aprendizaje. Además de describir el papel del alumnado en este procedimiento metodológico, realiza una aproximación al trabajo del educador, quien debe potenciar la inteligencia cultural, el aprendizaje autodirigido, construcción del conocimiento, potenciar la transformación personal y socio-cultural. El consumo abusivo del alcohol en los adolescentes ha sido abordado por David Cobos y M.a del Carmen Muñoz en el sexto capítulo, prestando especial atención a los efectos orgánicos, psicológicos y sociales, así como a las estadísticas de consumo y a la implantación del consumo durante el tiempo de ocio de los jóvenes, más concretamente durante los fines de semana, como consecuencia de la generalización del "botellón". También se asocia al ocio de los jóvenes al consumo de sustancias tóxicas, aspecto este que ha sido tratado por Alfredo Castillo en el capítulo séptimo, donde se puede comprobar que estilos educativos parentales inadecuados, una mala asimilación de la norma, fracaso escolar, el grupo de iguales, etc. son aspectos que inciden en la mayor o menor probabilidad del consumo nocivo, de ahí la importancia de trabajar la prevención. Otra problemática asociada a la educación para la salud es la enfermedad del SIDA. Los autores parten de su definición y detección, para adentrarse posteriormente en las iniciativas mundiales de lucha contra el SIDA, aportando datos estadísticos de la enfermedad y asumiendo que existe un reto educativo además de sanitario en esta batalla. De ahí que el siguiente capítulo, centrado en la educación sexual de los jóvenes, se convierta en un elemento de prevención del SIDA. La autora, Encarnación Pedrero, realiza una comparativa entre la visión tradicional y actual de la sexualidad, y aborda diversos modelos de educación sexual (modelos de riesgos, modelo moral, modelo revolucionario, modelo profesional), lo que permite tomar este capítulo como un documento base para el diseño de programas de formación sexual. Otro aspecto de relevancia social que está cobrando un mayor protagonismo dentro del campo de la educación de la salud es la adicción a las tecnologías. En el capítulo décimo del libro, elaborado por Luisa Torres, José Manuel Hermosilla y Almudena Martínez, podemos acceder al listado de las adicciones, los factores de riesgo e indicadores, posibles efectos de la adicción, así como las orientaciones y recursos para prevenir este abuso de la red. En el último capítulo se presenta un glosario de términos clave que guardan relación con la EpS y que, a pesar de no significar una propuesta dogmática, son verdaderamente fiables. Por ser "resultado de una análisis bibliográfico de documentos oficiales, tanto nacionales como internacionales, sobre dicha temática" (p. Finalmente, es una exigencia irrenunciable la de nuestra sociedad actual el desarrollar en la práctica real una EpS desde la participación comunitaria y la prevención. Principalmente para fomentar comportamientos sanos y prevenir los no sanos en las poblaciones más vulnerables como lo son muchos adolescentes y jóvenes que hacen un mal uso de su tiempo libre. No obstante, toda la población es merecedora de ser educada en ello, puesto que desarrollando formas "de vida sanas, los individuos pueden convertirse en poderosos agentes primarios de salud en su trabajo, en su familia, en la calle, etc., contribuyendo por esa vía a que otros miembros de la comunidad aprendan, a su vez, comportamientos sanos" (p. Sandra Castellano Conejero M.a Ángeles Hernández Prados
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. Son muchas las piezas que caen en el olvido tras abandonar su lugar, su puesto particular designado en un aparato tecnológico mayor. Su destino se trunca y su funcionalidad desaparece, sufre una especie de fosilización que convierte la pieza en una huella de sus orígenes como parte integrante de un todo tecnológico. La figura del melancólico se encarga de seguir el rastro de la pieza huérfana, pero también asume la reconstrucción de su historia y la narración de su relato mediante un proceso de prefiguración. Tal es el propósito del Dr. Víctor del Río, profesor de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Salamanca, y autor de estos relatos de la paleotecnología que no renuncian a desenredar los complejos nudos conceptuales que rodean a las invenciones concebidas como procesos técnicos y creativos. Fragmentos premonitorios expone desde el principio de la obra las cuestiones teóricas latentes en los cinco ensayos posteriores que se proponen con rigor académico y aguzado juicio la interesante hipótesis del estudio de la tecnología desde una perspectiva antropológica, puesto que la evolución humana depende de la tecnología en tanto que medio transformador de la estructura social. Por este motivo el autor realiza una genealogía de los medios que dan pie a la aparición de algunos de los hitos tecnológicos configuradores de una era paleotecnológica impulsada, en gran parte, por la mujer como máquina, es decir, como fuerza de trabajo intelectual que se sitúa en paralelo a los procesos revolucionarios, ya sean éticos o estéticos, desde la aparición de la electricidad tras la Revolución francesa a finales del siglo XVIII hasta la creación de la computadora una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. El progreso, al fin y al cabo, obedece al imperativo de una continua obsolescencia inherente al aparato tecnológico que deviene en una incontenible profusión de reinicios históricos provocados por los sucesos subversivos e innovadores de la cultura industrial. No hay que olvidar, por tanto, que son aquellos logros tecnológicos los que se convierten en fuente de fantásticas especulaciones sobre el futuro mediante un proceso de estetización de la tecnología, por lo que se genera una mitología en el imaginario social en torno a los posibles proyectos tecnológicos que finalmente determinan su modelo real a partir de la abstracción de la idea previa. En El archivo de las ideas, el primero de los cinco ensayos que componen el libro, se trazan las líneas reflexivas que siguen al conflictivo origen de la autoría, de la idea creativa del invento vinculado al problema económico de su derecho de explotación. A partir de las aproximaciones biográficas a dos importantes desheredados de la historia, Antonio Menucci (verdadero inventor del teléfono) y Nikola Tesla (uno de los grandes inventores que impulsaron la Segunda Revolución Industrial con sus trabajos sobre el electromagnetismo), se muestra cómo la idea, amparada en la normativa legal que se desarrolla bajo la sombra de la propiedad industrial, se convierte en objeto tangible mediante su inscripción en los archivos estatales. Se trata, a fin de cuentas, de un registro mercantil de las a393 ideas, de una "pulsión de archivo" (p. 62) del intangible principio de originalidad. El siguiente ensayo titulado Los puentes de Königsberg y el pensamiento diagramático aborda la problemática del lenguaje gráfico a modo de solución visual del pensamiento. Si Leonhard Eüler resolvió en 1736 el popular problema matemático de los puentes de Königsberg mediante una representación gráfica esquematizada que dará el primer paso hacia la creación de la topología, Henry C. Beck diseña el plano del metro de Londres en 1934 superando una representación analógica fiel al modelo para llegar a la representación digital basada en los números y en la posición. En ambos casos el dibujo permite la navegación del usuario mediante un proceso mental de reconstrucción espacial, una suerte de espacialización del pensamiento, tal y como intuimos en los diagramas de Anatomía de la melancolía de Robert Burton (1621). Desde las butacas del Teatro de disecciones se contempla el espectáculo de la anatomía moderna. Es durante el Renacimiento cuando se produce un giro importante en la historia de la representación del ser humano debido a la instauración de la disección pública de cadáveres en las universidades europeas. Vesalio, autor del popular tratado De humani corporis fabrica, lidera esta nueva praxis que se anticipa al método analítico-sintético cartesiano concibiendo el cuerpo humano como "un todo que sólo es comprensible a través de su descomposición" (p. Para que el público de la disección pudiese observar adecuadamente los órganos desde su posición, Vesalio dibujaba las partes visibles de los fragmentos extraídos del cuerpo mientras realizaba la disección, de tal manera que se tenía en cuenta la representación como instrumento de transmisión de conocimiento. El modelo de perspectiva y de representación derivado de la escenografía que hunde sus raíces en la selección "como una premisa cognitiva del reconocimiento" (p. 91) permite la posibilidad de llegar a descifrar su función específica en el conjunto. El cuerpo humano sigue siendo el objeto preferente de representación, pero ahora se pretende su reconstrucción digital a partir de la fragmentación mediante técnicas visuales como la tomografía (extracción de secciones cuyos ángulos y planos se combinan en el tratamiento informático de imágenes parciales) u otros sistemas de diagnosis bioquímica que permiten la transparencia de los tejidos. Así, "si la perspectiva moderna se caracterizaba por una recreación de lo real desde un punto de vista, la estética digital invierte estos términos propiciando una recreación del punto de vista desde los datos registrados" (pp. 98-99). Y el espectáculo didáctico de la disección enlaza a finales del siglo XX con el espectáculo aleccionador de la ejecución. La silla eléctrica y el dibujante es una reflexión sobre el comportamiento de las ideologías de control que ven en la electricidad la nueva materia capaz de sobrepasar los límites entre la vida y la muerte, pero también de estimular las fantasías tranquilizadoras de la justicia que se jacta de ser benefactora del individuo. Del Río nos dice que "la aplicación de la electricidad parece el intento de preservar la condena moral como una forma limpia de suprimir la vida sin violencia directa. Todos los artefactos de ajusticiamiento, en su condición misma de artefactos, tienden a duplicar la mano del verdugo, a hacer que la violencia sea indirecta" (p. Por tanto, librarse del peso moral de ejercer la agresión directamente sobre el cuerpo de la víctima es el objetivo de "tecnologías regresivas" como la silla eléctrica (p. Es una invectiva materializada en la carne de la víctima semejante a las escarificaciones provocadas por una máquina kafkiana que graba con agujas el texto de la sentencia sobre el cuerpo del condenado hasta provocarle la muerte en La colonia penitenciaria. La condena se convierte así en estigmas que representan gráficamente el dolor del otro, en "segregaciones estéticas del acto" (p. 107) de violencia dibujadas por una mano autómata que obedece ciegamente las órdenes de la justicia. Turing o el deseo de ser máquina es el último texto de esta antología ensayística. Un recorrido por la biografía del matemático que descifró el código de Enigma y soñó con la emancipación intelectual de las máquinas en su Computational Machinery and Intelligence (1947) sirve de pretexto para mostrar la evolución del problema de la conciencia frente al automatismo a partir del cuestionamiento de la noción estética de creatividad, puesto que Turing trataba de rebatir la originalidad como atributo distintivo del ser humano frente a la máquina imposibilitada para aportar algo más allá de sus instrucciones programadas. Lo que el científico inglés viene a decir es que ante la imposibilidad de conocer la subjetividad del otro la única manera de considerar si hay conciencia tras la máquina es evaluar la coherencia de sus respuestas. El frenético desarrollo tecnológico incita al ciudadano digital a fantasear con la idea del porvenir, pero para ello deberá volver la mirada sobre aquel futuro imaginado años atrás como fuente anacrónica de una mitología cuyo reflejo estético desemboca en el steampunk. Se trata de recordar cómo imaginábamos el futuro en tiempos pasados para especular sobre el a393 inmediato advenimiento tecnológico. No obstante, la descripción histórica del contexto fundacional del invento no es tanto una efeméride de los acontecimientos o una especie de hagiografía científica de sus protagonistas, sino la crónica gestacional de algunos de los conceptos abstractos asumidos por la cotidianeidad tecnológica actual que reciben la denominación de paleotecnológicos al ser observados desde la distancia melancólica del "arqueólogo futuro que ve la actualidad como un paisaje poblado en ruinas" (p. Víctor del Río recupera los pedazos perdidos de la memoria para reconstruir narrativamente los orígenes de las rupturas históricas habidas durante la era paleotecnológica. Nos introduce en la comprensión de un todo mediante el proceso subjetivo de prefiguración excitado por la pieza solitaria. Sus relatos paleotecnológicos demuestran, en definitiva, cómo la creación unida a la invención técnica es capaz de cambiar el rumbo de la civilización operando como eje ficcional mitológico a través de sus representaciones plásticas. Es por ello por lo que la colección de ensayos que completan La pieza huérfana aporta una nueva teoría, tan sólida como sugerente, sobre la estética de la tecnología vinculada a la perversa dialéctica entre ideología y mitología. Universidad de Salamanca [EMAIL]
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. En la actualidad el turismo es un fenómeno de masas por el incremento del tiempo libre, la generalización de las vacaciones pagadas, el aumento del nivel de vida y del consumo y el abaratamiento de los costes de transporte por los avances tecnológicos. Ello se explica además por el afán innato de descubrimiento de las personas, de conocer lo diferente de lo habitual, lo que está fuera del entorno cotidiano y que se encuentra especialmente en lugares distintos a los de residencia. Por eso nadie cuestiona la tendencia natural del hombre a desplazarse para conocer lugares, costumbres y modos de vida, incluida la colaboración en actividades solidarias, en un proceso de renovación e innovación constante de la práctica turística que acompaña a su vez a los procesos también de continuo cambio de las sociedades de nuestro tiempo. La mayoría de esos turistas corresponden a los países más tempranamente desarrollados, incluido el Japón, en los que más de la mitad de la población sale de vacaciones y la disponibilidad de tiempo libre aumenta, pero los turistas crecen también exponencialmente en las economías emergentes, China, la India y países de Latino-América, como México, Brasil, Argentina o Chile. Y a todo ese turismo internacional se añade el constante incremento del nacional, dentro de las fronteras de los diferentes países, con modalidades cada vez más variadas, entre ellas el turismo rural, el de naturaleza, el cultural, el industrial y el de visita de empresa. Todas son fórmulas muy vinculadas a la intensificación de los viajes de fin de semana, de puentes y festividades largas como la Semana Santa o la Navidad, y relacionadas con la tendencia creciente a fragmentar las vacaciones laborales en días de asueto que se distribuyen a lo largo del año. Consecuentemente, esa movilidad de la población, internacional y nacional, genera riqueza y oportunidades de desarrollo, puesto que los turistas requieren toda clase de servicios para hacer posibles sus desplazamientos y estancia en los lugares de destino. Así, el turismo se convierte en una gran industria que mueve economías y transciende los ámbitos nacionales, más aún en un mundo globalizado como el nuestro. Según la Organización Mundial del Turismo, el valor económico 2 a394 generado por el turismo internacional se ha elevado de 2.000 millones de dólares en 1950 a 1.260.000 millones en 2015, lo que representa el 7% de todas las exportaciones en bienes y servicios del mundo y, según esa misma fuente, el turismo ocupa el tercer puesto en los ingresos mundiales por exportaciones, solo por detrás de los combustibles y los productos químicos, y por delante de la alimentación y la industria de la automoción. En muchos países en desarrollo el turismo es el primer sector en exportaciones y el capítulo principal del PIB. Evidentemente, los efectos socioeconómicos del turismo no son menos relevantes y se manifiestan entre otras cosas en la creación de empresas y empleo, en la generación de ingresos y en la realización de infraestructuras que benefician al conjunto de la población. En el caso de España, nuestro país se ha consolidado como potencia turística, con 75 millones de turistas internacionales en 2016, y como el tercer receptor mundial en 2015, con 68,2 millones, únicamente por detrás de Francia, con 84,5 millones, y de Estados Unidos, con 77,5 millones. También en 2015 fue el tercer país por ingresos generados por el turismo internacional, con 65,1 mil millones de dólares, detrás de Estados Unidos, que recibió 204,5 mil millones, y China, con 114,1 mil millones, pero por delante de Francia, con 45,9 mil millones. Y como otra prueba más del dinamismo de este sector en España, nuestro país encabezó por primera vez en 2015 la clasificación mundial de competitividad turística entre un total de 141 países y ha repetido esta posición en 2017 entre 136, debido sobre todo a la calidad de sus infraestructuras, a la sanidad, la seguridad y la riqueza de sus recursos culturales y naturales, destacando por el número de lugares patrimonio de la humanidad, según el informe Travel and Tourism Competitiveness, elaborado cada dos años por el Foro Económico Mundial. El turismo permite además una redistribución monetaria de las rentas que se generan en origen y se gastan en los lugares de estancia, y actúa, así, como factor de intercambio internacional y mecanismo para la adquisición de divisas extranjeras, lo que facilita la capitalización de las economías de los países en vías de desarrollo, como sucedió en la España de los años 1960. Por eso, no sorprende que la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en 2002 en Johannesburgo, instara a la Organización Mundial del Turismo a desempeñar una labor más activa en favor de su desarrollo sostenible. A eso se añaden sus beneficios para la creación de empleo a tiempo completo y parcial, ya que se estima que cada turista requiere una media de tres trabajadores directos en el sector. También es cierto que el turismo puede contribuir a mantener o a aumentar la población, evitando fenómenos de desertización como los que afectaron en el pasado a la mayoría de las áreas de alta montaña, debido al éxodo rural por la crisis de su agricultura, la desindustrialización y los cambios en los modos de vida. A modo de ejemplo, basta pensar en los contrastes de ocupación del suelo y de población entre mediados del siglo pasado en los Alpes o en los Pirineos y la actualidad. De forma general, el medio rural se ve también favorecido por la demanda de los productos de alimentación y de mano de obra que genera, mano de obra procedente incluso de los países en vías de desarrollo, para cubrir las necesidades de empleo temporal o fijo, sobre todo en los periodos de temporada alta. Surgen, así, corrientes de trabajadores nacionales e internacionales que encuentran empleo directo o indirecto en el turismo. Se considera que el 20% del empleo creado en España en 2016 ha correspondido a actividades relacionadas con él, según la información de datos de afiliación a la Seguridad Social. Sin embargo, los efectos no deseados también son importantes y muy variados, lo que justifica la necesidad de canalizar esta actividad a través de criterios de sostenibilidad como los recomendados por la Carta Mundial del Turismo Sostenible de Lanzarote de 1995, renovados y actualizados por la Carta Mundial del Turismo Sostenible +20 de Vitoria-Gasteiz de 2015. Por lo pronto, la localización espacial del turismo, siempre segregativa y a veces muy puntual, ha contribuido muchas veces al vaciamiento de unas zonas en beneficio de otras, de aquellas en las que se ubican los centros turísticos, lo que acentúa los desequilibrios territoriales. En todos los países esta actividad se concentra espacialmente según factores de oportunidad muy distintos y esa concentración impulsa a menudo las desigualdades dentro de la región y del país. En España, las mayores densidades turísticas corresponden al litoral mediterráneo, las islas Baleares, Canarias y Madrid, que recibieron el 70,43% de los turistas en 2016, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Por otra parte, las inversiones de capital de los actores económicos no benefician siempre a los destinos turísticos. La construcción de infraestructuras hoteleras y de recreo se realiza con frecuencia por grupos financieros exteriores que drenan los beneficios hacia los centros de decisión urbanos, en muchos casos en el extranjero. Así, en general, los flujos económicos aprovechan menos a los municipios rurales que a394 reciben las instalaciones de acogida y ocio que a los lugares desde los que se organiza y dirige la gestión, y lo mismo sucede en las relaciones turísticas entre los países periféricos y los centrales. A su vez, los poderes públicos se ven obligados a atender a través de los presupuestos del Estado las necesidades creadas por la presión turística, entre ellas la mejora de las infraestructuras que, de no efectuarse, podrían llegar a asfixiar el desarrollo del sector, y lo mismo sucede con los servicios asistenciales, sobre todo los de salud. Muchas veces la repercusión sobre el empleo es menor de lo que cabría esperar y sería deseable. El aumento de la productividad, la modernización de las estructuras, la aplicación de las nuevas tecnologías, la concentración espacial de los equipamientos y de los establecimientos frenan el crecimiento de los empleos regulares y a tiempo completo en el sector del turismo. Incluso, los efectos sobre la creación de puestos de trabajo en la agricultura y la industria local pueden ser escasos, como sucede cuando se recurre a la importación sistemática de los bienes y materiales necesarios desde otras áreas o países para mantener la oferta turística. Y a eso se suma la inflación que genera el sector en los lugares de destino, especialmente en todo lo relacionado con la vivienda y la compra de bienes de consumo, lo que repercute inevitablemente en las economías personales de los residentes, no solo durante la temporada turística sino todo el año. En el caso de los bienes y servicios, la subida de precios viene provocada en gran parte por el carácter generalmente estacional del turismo y por los desequilibrios entre la capacidad de producción y de atención personal de las áreas de acogida y el incremento de la demanda por la afluencia de viajeros. Los turistas aceptan pagar más por los artículos y servicios durante las vacaciones, pero la subida de precios que su llegada ocasiona es soportada por los residentes todo el año. Tampoco se puede olvidar que el turismo es un importante agente de transformación y cambio social. La llegada de turistas puede ser vista como factor de pérdida de cohesión de la comunidad al debilitar el consenso establecido sobre los valores y normas de conducta, sobre todo cuando la afluencia es masiva y se produce en entornos culturales diferentes a los de procedencia mayoritaria de los visitantes. De ahí que aparezcan actitudes y sentimientos contrapuestos entre los residentes respecto a los turistas. En unos casos son actitudes favorables que pueden alcanzar la euforia y el entusiasmo, y en otros sentimientos de xenofobia y rechazo. La admiración se traduce en formas muy variadas, desde la imitación de los comportamientos a la de los modos de vestir, de alimentación o de divertirse, etc. Además, la presión turística comporta polución, más consumo de agua y energía, más necesidades de tratamiento de residuos sólidos y de saneamiento de aguas y, por supuesto, degradación medioambiental y paisajística por la construcción de infraestructuras, sobre todo cuando las instalaciones afectan a ecosistemas naturales frágiles o a espacios culturales y artísticos. De ahí la urgencia de aplicar estrategias sostenibles que intenten controlar el desarrollo y la organización de los espacios turísticos, por eso cada vez hay más consenso para emprender políticas orientadas a reducir sus impactos medioambientales, la mayoría de las veces con un componente especulativo, abandonando las estrategias predominantes de los años 1960 y 1970 cuyo principal objetivo era estimular el crecimiento de esta actividad a cualquier precio. Desde la década de 1990, todos los actores del turismo, públicos y privados, se suman a políticas que pretenden armonizar crecimiento turístico y respeto por la conservación de los paisajes naturales y los valores culturales de los medios de acogida, siempre desde criterios de sostenibilidad, y más aún a partir de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 y de las conclusiones de la Conferencia de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas de Río 2012, también denominada Cumbre de Río+20. También repercuten en el mismo sentido las conclusiones de la Conferencia sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III), celebrada en Quito en octubre de 2016, su Nueva Agenda Urbana y las recomendaciones del Acuerdo de París sobre el cambio climático, en vigor desde el 4 de noviembre de 2016. Hoy, las políticas turísticas se asocian a criterios de sostenibilidad que integran la preocupación por el medioambiente, la cultura y el bienestar social, atendiendo también a demandas cada vez más diversificadas del consumo, tanto por los lugares de destino como por las formas de ocio y ocupación del tiempo libre, entre ellas los llamados turismos de modo de vida responsable y solidario. La Carta del Turismo Sostenible, elaborada en la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible, en abril de 1995 en Lanzarote, proporciona un marco de referencia para todos los actores del turismo, públicos y privados, que se renueva en la Carta Mundial del Turismo Sostenible +20, resultante a su vez de la Cumbre de Vitoria-Gasteiz, del 26 y 27 de noviembre de 2015. En ella se asumen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados por las Naciones Unidas en septiembre de 2015 para orientar el turismo hacia vías integradoras y sostenibles, y se recuerdan los principios del Código Ético Mundial para el Turismo como soporte de la actividad, apro- La declaración de 2017 como Año del Turismo Internacional Sostenible para el Desarrollo por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 4 de diciembre de 2015 reconoce «la importancia del turismo internacional y, en particular, de la designación de un año internacional del turismo sostenible para el desarrollo, para promover una mejor comprensión entre los pueblos en todas partes, conducir a que se tome una mayor conciencia de la riqueza del patrimonio de las diversas civilizaciones y llevar a una mejor apreciación de los valores inherentes de las diversas culturas, contribuyendo así al fortalecimiento de la paz en el mundo». Según el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Taleb Rifai, 2017, el Año del Turismo Internacional Sostenible para el Desarrollo, ha de ser visto como «una oportunidad única para ampliar la contribución del sector del turismo a los tres pilares de la sostenibilidad (económico, social y del medio ambiente), así como para aumentar la concienciación sobre las verdaderas dimensiones de un sector que se suele infravalorar». Y todo eso tiene lugar cuando los diferentes países adoptan la Nueva Agenda 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible, entre los que el turismo figura como procedimiento «para promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos» (ODS 8), «para un consumo y producción sostenibles» (ODS 12) y «para conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible» (ODS 14). En este contexto, se presenta este número monográfico con aportaciones de investigadores de diferentes países y de distintas formaciones profesionales que reflexionan sobre el turismo sostenible y sus oportunidades para el desarrollo, atendiendo siempre a las prioridades establecidas en el Año del Turismo Internacional Sostenible para el Desarrollo: 1) Crecimiento económico inclusivo y sostenible, 2) Inclusión social, empleo y reducción de la pobreza, uso eficiente de los recursos, 3) Protección del medio ambiente y cambio climático, 4) Valores culturales, diversidad y patrimonio, entendimiento, y 5) Entendimiento mutuo, paz y seguridad. La preocupación por el medioambiente y el turismo se hace especialmente presente en el artículo de Violante Martínez Quintana, El turismo de naturaleza: un producto turístico sostenible. En él se recogen tendencias conceptuales en torno al turismo de naturaleza y se muestran iniciativas para su fomento, de indudable impacto en el desarrollo local, basadas en criterios de responsabilidad social y sostenibilidad. También se aporta conocimiento sobre las oportunidades de los paisajes culturales y su relación con la naturaleza. A su vez, Najem Dhaher, en Le patrimoine saharien tunisien au défi d'un tourisme durable: le cas de Tozeur et Nefta, combina la sensibilidad medioambiental y la preocupación por la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural, de la arquitectura y las tradiciones populares, para demostrar como turismo y patrimonio marcan el paisaje y son elementos que desde principios de sostenibilidad pueden impulsar el desarrollo local a394 en espacios frágiles y vulnerables, como los oasis del Sahara. A través de los casos de estudio, se formula una propuesta alternativa al modelo de turismo masivo de sol y playa dominante en Túnez, considerando imprescindible el compromiso de los residentes para la puesta en valor del territorio y de sus valores patrimoniales. María Inés Ortiz Álvarez, Luz María Oralia Tamayo Pérez, Jorge González Sánchez y Alma Villaseñor ofrecen en su artículo Guanajuato, Ciudad Patrimonio de la Humanidad. ¿Oportunidad o desafío para el turismo sostenible? un estudio de los efectos que la inclusión de un lugar en la lista de Bienes Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO provoca sobre su desarrollo turístico, la calidad de vida de los residentes, y la conservación y puesta en valor de los elementos patrimoniales y medioambientales. Guanajuato, una de las ciudades de mayores atractivos culturales y de mayor potencial turístico de México, permite mostrar la importancia de las prácticas de turismo sostenible para salvaguardar los valores patrimoniales y fomentar el empleo con criterios de responsabilidad social. Carlos J. Pardo en Sostenibilidad y turismo en los paisajes culturales de la industrialización expone el papel fundamental del turismo para la recuperación medioambiental, patrimonial y paisajística de las antiguas zonas mineras e industriales, muchas de ellas abandonadas tras una prolongada actividad extractiva y productiva. Administraciones públicas, empresas y colectivos locales colaboran para revitalizar espacios profundamente deprimidos tras los procesos de reconversión industrial de 1970 y 1980 hasta la aparición de un turismo basado en criterios de sostenibilidad. Por su parte, Manuel Valenzuela, en La sostenibilidad ambiental del sector hotelero español. Una contribución al turismo sostenible entre el interés empresarial y el compromiso ambiental, analiza la acción de las empresas hoteleras españolas para adaptar sus instalaciones a los criterios de sostenibilidad ambiental difundidos por los organismos internacionales (ONU, UNESCO, Unión Europea etc.) desde la Conferencia de Río (1992) y reforzados por la creciente sensibilidad social hacia el medioambiente. También se relacionan estos compromisos empresariales con el ahorro en la gestión de los recursos, la competitividad y el deseo de proporcionar una imagen de calidad y responsabilidad social. Por último, M. Antonio Zárate y Alejandro García Ferrero en Los museos, oferta consolidada para el turismo sostenible y la calidad del paisaje ponen en valor el papel de los museos como oferta cultural sostenible para una sociedad cada vez con más nivel educativo, más informada, con más tiempo libre y con mayor capacidad de desplazarse por motivos de ocio y turismo. Se muestra cómo los museos interesan a los turistas y cómo potencian sentimientos de identidad, respeto y tolerancia hacia otras culturas, de acuerdo con la Carta del Turismo Sostenible +20, contribuyendo también a la generación de empleo y a la puesta en valor del paisaje como patrimonio colectivo. Estos artículos ponen de relieve aspectos significativos del turismo para ocupar el tiempo libre y permitir el desarrollo personal, y ofrecen propuestas para avanzar en la aplicación de políticas sostenibles que faciliten su desarrollo. De ese modo, se aspira a estimular comportamientos responsables hacia el medioambiente, la conservación de patrimonio, la puesta en valor del paisaje, la equidad social y el respeto a las personas y las culturas. Y todo esto requiere, a su vez, la complicidad del lector y de la sociedad en su conjunto, más aún cuando la mayoría de los individuos que la forman son turistas en algún momento, personas que se desplazan de su lugar de residencia para ver, conocer, descubrir y participar de los modos de vida de otras personas, ocasionalmente en otros contextos culturales, a miles de kilómetros de distancia o muy cerca, incluso dentro de nuestras ciudades. Por eso no se pueden ignorar tendencias que definen el turismo no solo por el desplazamiento y la distancia sino también por la alteridad, por el afán de descubrir y conocer lo que no forma parte de lo habitual, de la cotidiano, sea lejos o cerca, en el lugar en el que vivimos o fuera del mismo. En cualquier caso y en todas las situaciones analizadas en los artículos de este número siempre están presentes los comportamientos, las actitudes y los valores que la Organización Mundial del Turismo, de acuerdo con las orientaciones de la Asamblea General de la ONU, pretende impulsar a través del turismo sostenible: el crecimiento sostenible, la inclusión social, la creación de empleo y la reducción de la pobreza; la eficiencia en el uso de los recursos, la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático; la conservación y puesta en valor de la cultura, de la diversidad y del patrimonio; la tolerancia, la comprensión hacia los demás, la paz y la seguridad.
El desarrollo del turismo sostenible se enfrenta con la dificultad de utilizar un discurso contradictorio, y más en un contexto en el que se dan grandes concentraciones turísticas y en el que los flujos turísticos se intensifican de día en día. Uno de los modos de acercarse al turismo sostenible es pensar en las prácticas de los turistas. Y una de las vías para alcanzar sus objetivos es favorecer la postura reflexiva de los turistas, en el marco de un turismo que proponemos llamar turismo reflexivo.
El turismo de naturaleza se ha conformado según los planteamientos académicos y las políticas turísticas en orden a un proceso lógico de evolución experimentada en el sector turístico en todo el mundo. Los impactos negativos que ha ocasionado el modelo convencional han puesto la voz de alarma, y todo el sector ha sido coadyuvado por el proceso general de la sostenibilidad en el desarrollo local, imperando en consecuencia el paradigma de la responsabilidad y sostenibilidad en los destinos turísticos. Tras un repaso conceptual del turismo de naturaleza convertido en un turismo alternativo, el presente artículo aporta las tendencias producidas en general, y la percepción de los paisajes culturales como producto turístico en particular. Finalmente se efectúa un análisis de las iniciativas para el fomento de un turismo de naturaleza alternativo y se ofrece una propuesta de planificación basada en el modelo de turismo responsable y sostenible, que actúe con garantía en el patrimonio natural y cultural como producto turístico sostenible. El turismo de naturaleza supone una enorme oportunidad de contactar con las raíces naturales y saludables que las personas necesitan en los hábitats en los que conviven, y puede actuar de compensación ante la "comodidad" del hábitat urbano polucionado y su ritmo de vida estresante. El desarrollo y progreso de la vida moderna han desgastado el medio ambiente y actuado con impactos negativos a través del modelo de turismo convencional. El Informe Brundtland definía a finales de los ochenta la sostenibilidad como "el desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades" (Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo y Brundtland, 1989, p. Pese al esfuerzo que se está llevando a cabo se ha hecho patente la pérdida de diversidad biológica, la destrucción de los hábitats, su sobre-explotación y la descarga de substancias dañinas que ocasionan pérdidas irreversibles de recursos. El ejemplo de Belice en el Estado del mismo nombre es muy ilustrativo ya que es conocida como una ciudad con ecoturismo mundial, que en sus inicios empezó como una industria con principios protectores del medioambiente y de las personas, y se convirtió en una zona turística con una industria muy competitiva. El turismo es la segunda prioridad del gobierno de Belice después de la agricultura, con un 44% de sus recursos terrestres y marítimos bajo protección y 92 reservas de la naturaleza. Estos hechos forman parte de un todo que se ha debatido en la bibliografía especializada, que demanda urgentemente el asentamiento definitivo de la sostenibilidad económica, social y medioambiental para todo el sector turístico. Las Naciones Unidas han proclamado 2017 Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, un turismo bien concebido y gestionado, que forme parte de la Nueva Agenda 2030. Los tres Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que más implicación tienen son el Objetivo 8 que atiende a promover el crecimiento económico, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, el Objetivo 12 que representa el consumo y la producción responsables y el Objetivo 14, que se dedica a conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible. Las cifras de turismo en 2016 muestran un aumento en las llegadas de turistas internacionales de un 5% entre enero y abril (Organización Mundial del Turismo (UNWTO). Panorama OMT del turismo internacional), según el barómetro OMT del Turismo Mundial del mes de junio. Con estas tendencias de crecimiento favorables la Organización Mundial del Turismo (OMT) ha seguido reforzando los objetivos para contribuir y mejorar el crecimiento económico, el desarrollo inclusivo y la sostenibilidad medioambiental en todas las agendas nacionales e internacionales. Las dimensiones medioambientales se incluyen en el marco estadístico de alcance internacional para medir el papel del turismo en el desarrollo sostenible, en las que se incluyen los indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los de la Red Internacional de Observatorios de Turismo Sostenible de la OMT. Un dato revelador es la iniciativa pionera en Madrid (España) sobre el sector turístico ante los Objetivos de Desarrollo Sostenible: turismo responsable, un compromiso para todos. El trabajo que aquí se presenta tiene como objetivo general ofrecer una panorámica amplia de los planteamientos académicos y de las políticas turísticas que sobre el turismo de naturaleza se han llevado a cabo en el proceso de evolución del sector turístico en el mundo. Abarca un marco conceptual y los retos que ofrece para conocer la dimensión alcanzada, y sus principales características y consecuencias en los destinos turísticos. Es una reflexión de las definiciones y concepciones que se han ido elaborando, y que han pasado del modelo convencional del turismo al modelo alternativo más amplio y dinámico. Desde una perspectiva más concreta, el lector podrá conocer la percepción que los turistas tienen de los paisajes culturales como producto turístico, sus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, que como aportación empírica intenta aproximarse a la realidad que presenta a través de sus opiniones y experiencias. Finalmente se efectúa un análisis de las iniciativas que se han fomentado en el turismo de naturaleza, y se ofrece una propuesta de planificación asentada en el modelo de turismo responsable y sostenible. MARCO CONCEPTUAL DEL TURISMO DE NATURALEZA El turismo de naturaleza está relacionado directamente con el desarrollo y el turismo sostenible, y prácticamente está referido a los hábitats naturales y a su biodiversidad, donde adquieren gran relevancia los parques naturales, las reservas protegidas, el ecoturismo, el medio rural, el agroturismo y el involucramiento de la población perteneciente al área determinada de implantación turística. a396 La importancia de este turismo se empieza a notar en los riesgos que la industria del turismo ha conllevado, y deja de ser considerado como una industria blanca, debido a los impactos sociales, culturales y ecológicos. Las críticas se decantaron en la década de los setenta del siglo XX, y hasta la década siguiente no se empieza a transformar la conceptualización del turismo como portador de graves riesgos para la sociedad. Con el turismo de naturaleza surge el ecoturismo, que contribuye a la conservación del entorno y su población y, si bien no se da una definición compartida, al menos se está de acuerdo en cuatro ideas básicas: 1) viajar a entornos naturales vírgenes, 2) interiorizar la experiencia obtenida en entornos naturales puros y en contacto con gentes locales, 3) impulsar la conservación de los recursos naturales y 4) educar en valores medioambientales y culturales de los lugares visitados (Epler Wood, 2002). El ecoturista es un viajero que disfruta su tiempo de ocio con un sentido de la ética que le motiva para participar en trabajos de rehabilitación en lugares degradados, y ayuda en tareas para el desarrollo de las poblaciones locales. La definición de ecoturismo de la Wikipedia incorpora el término de turismo ecológico vinculado a las actividades turísticas sostenibles, de preservación y apreciación del medio natural-cultural que van a percibir los viajeros. Promueve un turismo ético, de bienestar en las poblaciones locales, con una estructura específica y un funcionamiento empresarial, grupal y cooperativo con estos principios. A finales de la década de los ochenta, y a principios de los noventa la Sociedad Internacional de Ecoturismo (The International Ecoturism Society (TIES), Ecoturismo) marca un momento fundamental en la atención del turismo respecto al medio ambiente, la atención de catástrofes naturales, y la posterior preocupación del cambio climático. A partir de ahí la escalada de ascenso del ecoturismo es imparable y culmina con la proclamación del Año Internacional de Ecoturismo por la ONU en 2002, donde tuvo lugar la Declaración de Quebec (Canadá) sobre el ecoturismo, bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial del Turismo (OMT). Los principios que allí se plantearon se situaron en este orden: • Contribución activa en la conservación del patrimonio natural y cultural. • Inclusión de las comunidades locales e indígenas en su planificación, desarrollo, explotación y logro de su bienestar. • Interpretación del patrimonio natural-cultural del destino para visitantes. • Destinado a viajeros independientes y grupos de tamaño reducido prioritariamente. La OMT define el turismo sostenible como aquel "que tiene en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas" (Organización Mundial del Turismo. Todas las modalidades de turismo, especialmente el turismo de naturaleza, deben albergar los principios de sostenibilidad para el desarrollo y gestión de las zonas de destino turístico, la autenticidad sociocultural de las comunidades anfitrionas y la participación de todos los agentes. El Instituto de Worldwatch (Chafe, 2005) distingue ocho categorías de turismo semejantes que tienen como referente la naturaleza y el medio ambiente, tales como turismo de aventura, ecoturismo, geoturismo, turismo masivo (mar, arena, sol), turismo basado en la naturaleza, turismo pro-pobres, turismo responsable y turismo sostenible. El término ecoturismo y todas sus implicaciones conciernen básicamente a la conservación de la naturaleza y de los recursos naturales, y es un vocablo que se utiliza a nivel internacional para dar cuenta del turismo de naturaleza. El término se emplea en el ámbito americano principalmente, y es menos frecuente en el resto de los mercados. Engloba entre las vacaciones catalogadas como ecoturísticas las vacaciones de caminatas, las vacaciones de observación de aves, trekking en las montañas, trekking en el bosque pluvial y los safaris. Comprende estancias de hasta un día y abarca también el período temporal vacacional para disfrutar de áreas de notable belleza natural. El turismo rural es una definición que ha sido muy debatida y cuestionada, y se le incluye en una actividad turística que se desarrolla en el medio rural, cuya motivación principal es la búsqueda de atractivos turísticos asociados al descanso, paisaje, cultura tradicional y huida de la masificación (Valdés Peláez, 1996, p. En este sentido, la oferta turística es el conjunto de alojamientos, instalaciones, estructuras de ocio y recursos naturales y arquitectónicos existentes en zonas de economía predominantemente agrícola. En las últimas corrientes del siglo XXI, el turismo alternativo se perfila como una definición más ajustada que abarca aquellos viajes cuya finalidad son a396 las actividades recreativas en contacto directo con la naturaleza y con expresiones culturales que atañen al conocimiento, disfrute y conservación de los recursos naturales y culturales. Es también un turismo responsable, justo y solidario, de bajo impacto ambiental y cultural, ramificado entre el ecoturismo, el turismo de aventuras y el turismo rural. La Carta del Turismo Sostenible (Conferencia Mundial del Turismo Sostenible, celebrada en Lanzarote, islas Canarias, en 1995) se asentó en los documentos de Manila, Sofía, La Haya, la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, cuyos principios fundamentales ubicaban el desarrollo turístico en la sostenibilidad, desde una visión integral que incorporase en todo su ciclo y a largo plazo la viabilidad ecológica y económica, y la equidad ética y social de las comunidades locales. Este hito marca un antes y un después en la infraestructura de un turismo responsable, que insta a los gobiernos, autoridades públicas, profesionales, asociaciones, instituciones públicas y privadas y a los turistas hacia unos principios y objetivos determinados por el desarrollo turístico sostenible. Define una política turística de carácter sostenible con acciones positivas y preventivas, que proteja las zonas vulnerables ambiental y culturalmente, las zonas degradadas por modelos turísticos obsoletos y de alto impacto, la promoción de formas alternativas de turismo coherente con los principios del desarrollo sostenible y el fomento de la diversificación de los productos turísticos. El Código Ético Mundial para el Turismo (CEMT) tiene la finalidad de orientar a los agentes interesados en el desarrollo del turismo, por lo que engloba a los gobiernos centrales y locales, a las comunidades autóctonas, al sector turístico y sus profesionales y a los visitantes nacionales e internacionales. Es un marco de referencia para el turismo responsable y sostenible, que se demandó en una resolución de la Asamblea General de la OMT, celebrada en Estambul en 1997. Su reconocimiento oficial por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas tuvo lugar el 21 de diciembre de 2001 (en virtud de la resolución A/ RES/56/212), y se alentó por parte de la OMT la promoción de un seguimiento efectivo de dicho Código. En el Artículo 3 se recoge el turismo como factor de desarrollo sostenible en los dos puntos siguientes: 4) "Se concebirá la infraestructura y se programarán las actividades turísticas de forma que se proteja el patrimonio natural que constituyen los ecosistemas y la diversidad biológica, y que se preserven las especies en peligro de la fauna y de la flora silvestre. Los agentes del desarrollo turístico, y en particular los profesionales del sector, deben admitir que se impongan limitaciones a sus actividades cuando éstas se ejerzan en espacios particularmente vulnerables: regiones desérticas, polares o de alta montaña, litorales, selvas tropicales o zonas húmedas, que sean idóneos para la creación de parques naturales o reservas protegidas. Y 5) "El turismo de naturaleza y el ecoturismo se reconocen como formas de turismo particularmente enriquecedoras y valorizadoras, siempre que respeten el patrimonio natural y la población local y se ajusten a la capacidad de ocupación de los lugares turísticos" (Organización Mundial del Turismo, Código Ético Mundial para el Turismo. Por un Turismo responsable, p. En la sinergia de la Carta del Turismo Sostenible (1995), se consolida la Carta Europea de Turismo Sostenible en los Espacios Protegidos, publicada por primera vez por la "Féderation des Parcs naturels régionaux de France" en 1999, que se revisa y actualiza por la Federación EUROPARC en 2007 y 2010. El desarrollo sostenible se aplica aquí en los espacios protegidos de Europa tales como los parques nacionales, parques naturales, áreas de belleza natural extraordinaria y reservas de la biosfera que, en su conjunto, forman parte del denominado turismo de naturaleza. Contiene las prioridades de la Agenda 21, adoptada en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992), y las de la Unión Europea en su 6o Programa de Acción y Estrategia Medioambiental para el Desarrollo Sostenible. Los objetivos básicos de la Carta Europea para el Turismo Sostenible son: "Acrecentar el conocimiento de los espacios protegidos de Europa como parte fundamental de nuestro patrimonio y aumentar el apoyo a su necesaria conservación para que puedan ser disfrutados por las generaciones presentes y futuras." "Mejorar el desarrollo sostenible y la gestión turística de los espacios protegidos, teniendo en cuenta las necesidades del entorno, de la población local, de las empresas locales y de los visitantes" (Carta Europea de Turismo Sostenible en los Espacios Protegidos, p. La Carta Mundial de Turismo Sostenible +20 (Vitoria-Gasteiz, 26 y 27 de noviembre de 2015) recuerda y valida los principios anteriores, y acuerdan que el turismo debe convertirse en un instrumento de paz y tolerancia que preserve los tesoros actuales para las generaciones futuras y asegure la integridad del patrimonio común, material e inmaterial. Se pone énfasis en la compatibilidad del turismo con la conservación y protección del medio ambiente, el cambio climático, desarrollar la resiliencia, contribuir a la economía mundial, luchar contra la pobreza, y utilizar, entre otros, las TIC y los bienes y servicios locales. LOS RETOS DEL TURISMO DE NATURALEZA: HACIA EL PARADIGMA DE LA RESPONSABILIDAD Y SOSTENIBILIDAD Todo el sector turístico está implicado de manera directa con el problema medioambiental, sociocultural y económico. Pero no todas las actuaciones de transformación e introducción de actividades producen impactos negativos, ya que el turismo, en muchas áreas, ha contribuido de manera importante a la conservación de la biodiversidad. The International Ecoturism Society (TIES) señala en sus informes que existen 109 países con arrecifes de coral; en 90 de ellos, los arrecifes son dañados por anclas de transatlánticos y aguas residuales, por turistas que rompen trozos del coral, y por cosechas comerciales para vender a los turistas. En Dominica y otras islas del Caribe los turistas que usaron hoteles pequeños basados en la naturaleza gastaron dieciocho veces más que los pasajeros en cruceros cuando visitaron la isla. Y mientras que el 80% del dinero gastado en paquetes todo incluido se destina a las líneas aéreas, los hoteles y a otras compañías internacionales, los denominados Eco-hoteles contratan y compran localmente, y a veces contribuyen con hasta el 95% del dinero a la economía local. Ecoturismo Global, pp. 1-3). El perfil del ecoturista en Europa da cuenta de un viajero experimentado, con un nivel de ingresos alto, de edad madura, que informa a sus amigos en sus viajes, y suele ser la fuente de información turística más importante. A nivel mundial se identifican algunos lugares catalogados como turismo ecológico tales como las Islas Galápagos (Ecuador), el Parque Nacional Marino de Fernando de Noronha (Brasil), la Reserva Biológica Privada de Bosque Nuboso de Monteverde (Costa Rica), la Reserva Biológica Privada de la Organización para Estudios Tropicales (Costa Rica), el Parque Nacional Kruger (Sudáfrica), el Parque de la Reserva Maasai Mara (Kenia) y el Parque Nacional Turuepano (Venezuela). Todos ellos atraen importantes cantidades de turistas y son objeto de inevitables impactos negativos. También es muy significativo el caso de Ecuador con Yachana Lodge [URL], asentamiento que fue construida por la comunidad Quichua de Mondana. En esta localidad los visitantes pescan pirañas, nadan en el río Napo y caminan a través de la Amazonía. Los ingresos de las cabañas son los que ayudan a financiar una clínica de salud, una granja apícola y de permacultura 1. Entre los retos del turismo de naturaleza sobresalen el deterioro medioambiental, las catástrofes naturales y el cambio climático, que corresponden a la dimensión de los impactos procedentes de factores internos y externos a la industria turística y del ocio. El Código Ético Mundial para el Turismo da cuenta del valor incalculable que tiene el medio ambiente y los recursos naturales, y en el artículo 3 especifica que "Todos los agentes del desarrollo turístico tienen el deber de salvaguardar el medio ambien-a396 te y los recursos naturales, en la perspectiva de un crecimiento económico saneado, constante y sostenible, que sea capaz de satisfacer equitativamente las necesidades y aspiraciones de las generaciones presentes y futuras" (Organización Mundial del Turismo. Código Ético Mundial para el Turismo. Por un Turismo responsable, pp. 4-5). El turismo responsable va tomando conciencia de una serie de valores y de una gestión que tenga en cuenta la fragilidad del medio ambiente, y coexista en equilibrio con las industrias turísticas, como es el caso de la observación de aves (Wikipedia). Ficapal (2007) está interesado en el desarrollo que representa el bienestar de las personas y las comunidades a través de la satisfacción de sus necesidades. Y Benito Fraile (2007) se preocupa por la conservación de los recursos medioambientales, económicos y socioculturales que existen en los destinos turísticos. Aquí subyacen, pues, elementos esenciales de responsabilidad social empresarial (responsabilidad económica, legal, ética y altruismo-compromiso con la sociedad). La OMT ya vislumbró en el Código Ético Mundial para el Turismo, este modelo de desarrollo económico que se organiza para mejorar la calidad de vida de la población local, la del medio ambiente y la de los visitantes, sin menoscabar la rentabilidad económica de los residentes locales y la de los empresarios turísticos. En este sentido, ha de procurarse que el negocio turístico sustentable sea rentable, porque de lo contrario los empresarios olvidarán el compromiso de sustentabilidad y podrían alterar el equilibrio (Sancho y Buhalis, 1998, p. LA PERCEPCIÓN DE LOS PAISAJES CULTURALES COMO PRODUCTOS TURÍSTICOS: UNA PUESTA EN VALOR DE LA NATURALEZA La visualización de la naturaleza a través del turismo lleva al conocimiento no solo del medio natural sino también de los rasgos culturales de sus poblaciones y la sensibilización de implicación en la conservación de los mismos. Una de las tareas de la planificación consiste en satisfacer las necesidades de interpretación y de información de los visitantes y la gestión que comporta, y se requiere proporcionar una educación mínima, dado que los turistas desean aprender acerca de los ambientes que visitan y conseguir una mejor comprensión y apreciación del ambiente natural-cultural. De aquí que nos centremos ahora en conocer la percepción de los paisajes culturales como productos turísticos en los turistas que los frecuentan. Los paisajes culturales se definen como el resultado de la interacción de las personas con su medio natural a través del tiempo, y constituyen un territorio que es percibido y valorado según sus cualidades culturales, pertenecientes a un proceso y soporte de identidad de una comunidad (Plan Nacional de Paisaje Cultural). Son, por tanto, sitios y lugares de especial valor natural y cultural, de carácter histórico, que según los análisis de Zárate Martín (2012) están comprendidos muy a menudo en ámbitos urbanos o bajo la influencia de las ciudades en entornos paisajísticos de gran calidad y singularidad que se conforman en símbolos de identificación social y en recursos susceptibles de generar riqueza, a condición de mantenerlos y conservarlos desde criterios de sostenibilidad y de protección del patrimonio. Las nuevas tendencias del turismo de naturaleza incorporan los paisajes culturales en paralelo a los procesos de conservación del paisaje en el urbanismo y la ordenación del territorio. Prueba de ello son la Carta Internacional para la Conservación de las Ciudades Históricas y las Áreas Urbanas de 1987 (Carta de Toledo-Washington), la Carta Internacional sobre Turismo Cultural y la Convención Europea del Paisaje del año 2000 (Florencia), que representan una defensa de los paisajes y los valores patrimoniales a través del turismo. Los paisajes culturales como nuevo producto turístico dan cuenta de los recursos históricos y artísticos con sus entornos naturales y paisajísticos y entran en la modalidad de las nuevas demandas en ocio y turismo en la actualidad. La cultura es el núcleo central, y sus estancias oscilan entre los tres y los cuatro días, siendo las ciudades históricas la fuente de atracción principal con todos los monumentos, paisajes, urbanismo reconstruido y áreas de ocio y recreación colindantes a ellas. La percepción de los paisajes culturales como producto turístico que aquí se expone se ha realizado a través de una investigación cuantitativa (CULTURPAIS, 2015) 2 mediante encuesta 3, con un cuestionario de preguntas abiertas, cerradas y mixtas, y de escala, que sirve como introducción y contribución en la valoración que tienen los turistas sobre este nuevo producto. Entre las respuestas más significativas a la pregunta sobre la duración de la visita a ciudades históricas ricas en paisajes, el 26,1% contestó que hacía la ida y la vuelta en el mismo día, el 27,2% permanecía más de dos noches, el 19,1% dos noches, el 9,6% sólo una noche y el 17,8% hacía estas visitas coincidiendo con la estancia vacacional. Las visitas se suelen realizar a396 principalmente los fines de semana, en vacaciones de verano y entre semana, y suelen acudir mayoritariamente acompañados, en familia, en grupos de amigos y conocidos. En la tabla 1, obtenida mediante un análisis básico de comparación de medias, figuran las motivaciones de la visita a ciudades con entornos paisajísticos y culturales que están determinados por el interés de recorrer las calles y plazas del lugar (4,26), visitar monumentos (4,12) y contemplar varias vistas de la localidad (4,06). Actividades en su conjunto que requieren desplazamiento físico y sin un consumo turístico excesivo. En general, los turistas que respondieron a la encuesta muestran satisfacción global de la visita (4,46), y en la contemplación del paisaje cultural prefieren las vistas del conjunto de la ciudad y de su casco histórico (4,45), y las vistas y paisajes de su naturaleza (4,04). Respecto a los factores de calidad de los paisajes culturales los turistas señalan la importancia de la limpieza en los lugares y entornos (4,13), la indicación de vistas panorámicas (4,2), la existencia de lugares para poder tener buenas vistas (4,09), que estén en buen estado de conservación (3,98) y de fácil acceso con aparcamientos (3,32). Por último, indican la importancia que tienen las vistas del conjunto histórico desde lo alto de una torre o de cualquier otro edificio (4,23), las vistas de espacios interiores tales como plazas, calles, cruce de calles (4,18) y las vistas desde lugares donde existan buenas panorámicas (4,11). En general, en el interés del turista subyace un orden en la captación y disfrute de la visita, es decir, primero se quiere conocer y disfrutar la totalidad del lugar a través de las panorámicas más generales, a modo de vista general, para pasar después a lugares y actividades más concretas como visitar monumentos y ver museos, y realizar al final de la visita recorridos comentados por las diversas vistas de la localidad. Las mujeres son las que puntúan más alto la preferencia de las vistas panorámicas de la ciudad, las de monumentos y museos y los recorridos comentados por las diversas vistas, en tanto que los hombres puntúan en una menor proporción esta última opción. Según género, grupo de edad y nivel de estudios se plasman ciertas preferencias por dos tipos de paisajes culturales. El paisaje cultural urbano e histórico es valorado más por los hombres jóvenes-adultos y por los MOTIVACIONES DE LA VISITA  -Recorrer calles y plazas del lugar. -Contemplar varias vistas de la localidad. -Vistas del conjunto de la ciudad y de su interior. -Vistas y paisajes de su naturaleza. -Indicación de vistas panorámicas. -Existencia de lugares para poder tener buenas vistas. -Estar en buen estado de conservación sin elementos que los perturben. -Facilidades de acceso y aparcamiento. -Vistas de espacios interiores (plazas, calles, cruce de calles). -Vistas desde lugares donde existan buenas panorámicas. Este perfil de turista cultural es comunitario, por lo que el acompañamiento va a ser uno de los elementos claves que conforman grupos de familias, amigos y conocidos en esta modalidad turística. Recursos naturales con vistas panorámicas únicas en ciudades históricas únicas. Hay satisfacción con la contemplación del paisaje cultural, seguida del comportamiento recreativo social y consumista locales. Los elementos de calidad de los paisajes culturales están bien aprovechados para las vistas panorámicas y los entornos naturales. Hay un modelo de turista cultural ajustado a la oferta del paisaje cultural: a) paisaje cultural urbano e histórico para los hombres, b) paisaje cultural y panorámico para las mujeres. DEBILIDADES DE LOS PAISAJES CULTURALES Hay escasez de imágenes en la web de cara a la atracción turística. No conocer las necesidades de los visitantes motivados por el turismo cultural como valor intangible fundamental. Tener patrimonio no asegura ser un destino patrimonial en sí mismo. No disponer de buenas guías turísticas. Mejorar los accesos y aparcamientos, la conservación y elementos visuales que perturban las vistas panorámicas, señalizar mejor las rutas de los espacios urbanos y naturales, y finalmente habilitar más espacios o lugares desde donde poder tener esas vistas. Las infraestructuras están todavía poco adaptadas a la sostenibilidad y a la capacidad de carga. OPORTUNIDADES DE LOS PAISAJES CULTURALES Son fuente de riqueza cultural y educativa para lo local, nacional, regional e internacional. Se integra el patrimonio local, el turismo y las rutas culturales. Es una alternativa al desarrollo turístico, es turismo alternativo. Las actividades al aire libre (recorrer calles y plazas, visitar monumentos, contemplar vistas de la localidad) requieren desplazamiento físico y no tienen un consumo turístico excesivo, incluso a veces es muy reducido o prácticamente nulo. Más de tres cuartas partes de los turistas de la investigación recomendarían el lugar visitado y considerarían las vistas como destino cultural. AMENAZAS DE LOS PAISAJES CULTURALES Existe fuerte competencia de otras ciudades con marca Ciudad Patrimonio de la Humanidad con mejores equipamientos. Falta de planificación urbanística turística de cara a la afluencia consolidada de este turista que no tiene estacionalidad, es constante en el tiempo. Falta acondicionamiento de infraestructuras para las personas con diversidad funcional. PROPUESTA DE PLANIFICACIÓN DEL TURISMO DE NA-TURALEZA COMO PRODUCTO TURÍSTICO SOSTENIBLE Sin duda el modelo de turismo responsable y sostenible ha frenado, en cierta medida, la devastación casi imparable que había supuesto el modelo de crecimiento expansivo convencional que ejerció una importante degradación de los recursos naturales. Especialistas como Grifols (2003), Pulido Fernández (2003) y Boyra Amposta (2007) se han encaminado a través de sus perspectivas en este modelo que ahora presentamos. 95) explica que debe reunir una serie de características imprescindibles, como la de ser un turismo ecológicamente aceptable, respetuoso con el entorno, que reduzca los impactos negativos y socialmente justo para que la población local se beneficie y potencie sus valores. Deberá integrar, diversificar y adaptarse a la personalidad del sitio, por mediación de empresas locales y por la participación de todos los actores en el lugar de destino. Este modelo confluyó con el movimiento verde de los países desarrollados, las denuncias de los especia-a396 listas y las presiones de los medios de comunicación, para cambiar la legislación existente en la Unión Europea, y para que la población y las empresas tomasen conciencia de la situación. Pero el proceso no fue el mismo en los países en vías de desarrollo que se encontraban en otras fases de desarrollo y despegue de la industria del turismo. Por lo que se produce una disfuncionalidad en el sector turístico que se ha ido implantando a distintas velocidades. Pulido Fernández ( 2003) recoge términos relacionados con la sostenibilidad y el turismo cercano al hábitat de la naturaleza, en un momento en que se utilizan indistintamente expresiones como: turismo verde, turismo de naturaleza, turismo en espacios naturales protegidos, ecoturismo, turismo ecológico, agroturismo, turismo de aventura, turismo activo, turismo alternativo, turismo sostenible, turismo sustentable, turismo blando o turismo de impacto ambiental. Una de las confusiones halladas ha sido la de asociar el ecoturismo con el de turismo sostenible, siendo este último mucho más global por abarcar cualquier tipología de turismo, e incluso se confunde con la modalidad del turismo de naturaleza, que se basa en elegir la naturaleza principalmente, y se constituye en la motivación principal del viaje para el disfrute del ocio y tiempo libre. Boyra Amposta ( 2007) profundiza en el nuevo paradigma que se plantea con el concepto de sostenibilidad de cara a la planificación, que versa sobre la búsqueda del equilibrio entre desarrollo y conservación. La industria del turismo y las Administraciones del Estado deben afrontar los nuevos retos con la promoción y el desarrollo cuantitativo, así como la competitividad por la vía de la calidad y la eficacia. Se requieren fórmulas de gestión pública innovadoras, que apoyen la conformación de entornos favorables y enclaves turísticos sostenibles. En este modelo resulta imprescindible la aplicación de métodos y técnicas concretos sobre indicadores de calidad medioambiental destinados a zonas turísticas sostenibles, con el fin de asegurar la competitividad según los principios de sostenibilidad. En esta corriente se aplican indicadores específicos para los destinos turísticos elaborados por Ayuso y Fullana (2001), que se agrupan en diez principalmente: • Protección del lugar. Medición: categoría de protección del lugar según el índice de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Número de turistas que visitan el lugar (por año y mes). Proporción de turistas respecto de los residentes locales (temporada alta). • Control del desarrollo. Existencia de procedimientos de revisión ambiental o controles oficiales de desarrollo del lugar y de intensidad de uso. • Tratamiento de residuos. Porcentaje de aguas residuales que se someten a tratamiento (también pueden tomarse como indicadores los límites estructurales de otras capacidades infraestructurales del lugar: por ejemplo, suministro de aguas, basuras). • Proceso de planificación. Existencia de un plan regional organizado por la región del destino turístico. Número de especies poco frecuentes o en peligro. • Satisfacción del consumidor. Grado de satisfacción de los visitantes (basado en un cuestionario). • Satisfacción de la población local. Grado de satisfacción de la población local (basado en un cuestionario). Los indicadores medioambientales ofrecen una información previa del estado de salubridad y viabilidad en la que se encuentran los destinos turísticos y son básicos para la planificación. La OMT ofreció dos tipos de indicadores: a) indicadores básicos de turismo sostenible que se pueden aplicar a todos los destinos (protección del sitio, presión, intensidad de uso, impacto social, existencia de procedimientos de revisión ambiental o controles oficiales de desarrollo del sitio y densidades de uso, tratamiento de desechos, proceso de planificación, ecosistemas críticos, satisfacción del consumidor, satisfacción de la población local) y b) indicadores específicos de destinos para ser aplicados a ecosistemas o tipos de turismo concretos como zonas costeras, regiones montañosas, parques naturales, sitios culturales, comunidades tradicionales y pequeñas islas. Getz (1983) aglutinó tres fases en el proceso de planificación: 1) formulación de un modelo de priorización de objetivos, 2) evaluación de las estrategias y 3) selección de procedimientos. En la priorización de objetivos se identifican los problemas, de manera que se puedan conseguir con la aceptación armoniosa de las autoridades locales, la población receptora, las em-a396 presas y los visitantes, lo que lleva a la coordinación del sector público y privado en los ámbitos nacionales, regionales y locales. Para Rivas García y Magadán Díaz (2008) la planificación estratégica del turismo implica elaborar un proyecto que integre el área geográfica, para convertirla en un producto turístico que comprende un conjunto de elementos como el paisaje, las empresas, las infraestructuras, los equipamientos, el entorno social, el patrimonio, etc. Los objetivos serán específicos para cada gobierno, conforme a las expectativas de crecimiento y desarrollo, en aras de la promoción del tipo de turismo deseable, con estadísticas fiables y la coordinación con el resto de políticas. La planificación correcta plantea un análisis de antecedentes, que corresponde a la observación previa a la planificación y desarrollo; a partir de ahí se establece una oferta turística que abarca el inventario, las infraestructuras, los recursos turísticos efectivos, los recursos turísticos potenciales y la encuesta sectorial. En el análisis de la demanda se consideran la información de lo que desean los turistas, cómo vienen, cuánto tiempo, qué tipo de alojamiento, qué gastan, etc. Sancho y Buhalis (1998, pp. 187-188) exponen que el término Plan de Desarrollo Turístico se ha empleado haciendo referencia a la planificación turística y es un plan estratégico que integra todos los aspectos del desarrollo turístico entre los que se incluyen los recursos humanos, los medioambientales y los socioculturales. En definitiva, la propuesta de planificación del turismo de naturaleza como producto turístico sostenible trabaja con seis agentes principales: los gobiernos, las empresas privadas, las comunidades locales, la industria turística, los turistas y las organizaciones no gubernamentales (ONG). Entre las acciones que deben realizar los gobiernos a favor del desarrollo del turismo sostenible figuran el trabajo conjunto con los empresarios en el establecimiento de políticas sustentables, que proporcionen una política de incentivos para favorecer el crecimiento equilibrado. Por tanto, será necesario un programa de evaluación de impactos sobre los destinos turísticos, un control de la capacidad de carga de los mismos y la creación de auditorías de calidad ambiental para incluir el turismo en los planes de gobierno. a396 La participación de la sociedad y la colaboración entre los agentes son totalmente necesarios, y deben estar informados, sensibilizados y concienciados sobre los principios y valores del medio ambiente, así como los problemas que hay que afrontar, y conocer las repercusiones de las actividades en el medio para minimizar el impacto e impedir que haya efectos negativos. En la tabla 2 la propuesta de planificación del turismo de naturaleza como producto turístico sostenible está compuesta de tres fases. La observación y estudio previo del medio es la primera fase, que abarca la oferta, la demanda y los indicadores. La oferta se encarga de hacer un inventario, conocer las infraestructuras y recursos y potenciarlos, y se utiliza una encuesta sectorial. La demanda recoge la información de lo que desean los turistas y las necesidades que tiene la población autóctona. Con el diagnóstico disponible la segunda fase pasa a la planificación cooperativa entre los seis agentes (gobierno, empresas privadas, comunidades locales, industrias turísticas, turistas y ONG) para diseñar los objetivos de desarrollo del destino en un plan estratégico y con políticas turísticas. La elaboración de una imagen del destino es fundamental, y se aplican las técnicas avanzadas del marketing turístico digital. Y en su conjunto toda la planificación cooperativa debe aplicar las normativas locales, nacionales e internacionales con los principios y valores del modelo de turismo responsable y sostenible. Por último, la tercera fase requiere la consideración y el reconocimiento del producto turístico sostenible, que se dirige al núcleo central del modelo, a través de la conservación y protección del medio ambiente. Para conseguir este producto los agentes y gestores tienen que asumir un compromiso y asegurar la compatibilidad con los objetivos de conservación de los valores naturales del espacio. Finamente es un requisito imprescindible mejorar los conocimientos, la información y la formación del turismo de naturaleza en general, y la de los paisajes culturales en particular. El turismo de naturaleza es la "frontera" de todos los turismos, y el punto inicial y final en los procesos experimentales del sector turístico. La materia principal es el patrimonio natural-cultural, y todos los beneficios y riquezas que se obtengan marcarán el éxito o el fracaso de esta industria. Si se destruye el medio ambiente y se altera la autenticidad de los destinos turísticos, dispondremos de espacios desgastados, deshabitados y desestructurados, en los que la experiencia del disfrute del viaje y de la estancia pierda su significado y razón de ser. Primera Fase: OBSERVACIÓN Y ESTUDIO PREVIO -Oferta turística (inventario, infraestructuras, recursos turísticos y su potenciación, y encuesta sectorial). -Demanda basada en la información de lo que desean los turistas, y de lo que necesite la población autóctona. -Indicadores que midan el estadio inicial del Patrimonio natural y cultural del destino turístico. Segunda Fase: PLANIFICACIÓN COOPERATIVA -Planificación de los objetivos de desarrollo del destino (Plan Estratégico y Políticas Turísticas). -Trabajo conjunto entre los 6 agentes (Gobiernos, empresas privadas, comunidades locales, industria turística, turistas, ONG). -Elaborar una imagen del destino (marketing turístico digital). -Aplicación de normativas locales, nacionales e internacionales. Tercera Fase: CONSIDERACIÓN Y RECONOCIMIENTO DEL PRODUCTO TURÍSTICO SOSTENIBLE -Conservación y protección del medio ambiente. -Respetar la cultura, economía y modo tradicional de vida. -Compromiso de los agentes y gestores que deberán asegurar la compatibilidad con los objetivos de conservación de los valores naturales del espacio. -Mejorar los conocimientos, la información y la formación del Turismo de Naturaleza, en general, y de los paisajes culturales en particular. Los hábitats naturales y su biodiversidad se han puesto en alza en el mercado turístico y se han mercantilizado todos los recursos y potencialidades, desde un paseo por senderos ricos en flora y fauna, hasta los deportes de aventuras en globo, pasando por la gastronomía más sabrosa frente a paisajes paradisíacos y únicos. Más allá de estas "fronteras" no hay nada, por lo que el camino de retorno requiere la recuperación, el respeto y la valorización del patrimonio natural-cultural, y llegar a conseguir de la naturaleza y su disfrute un producto turístico sostenible. Tal y como se ha visto en los resultados del proceso turístico, los impactos negativos del modelo convencional le han hecho caer por su propio peso, y se ha visto obligado a cambiar el mecanismo de desarrollo expansivo y abrasivo por el desarrollo local sostenible. Es un hecho ya la implantación progresiva del paradigma de la responsabilidad y sostenibilidad en los destinos turísticos asentados en los entornos naturales. En consecuencia, tanto los organismos públicos como los privados, se han igualado en ajustar el turismo de naturaleza en los principios de sostenibilidad. La OMT, las Naciones Unidas y los Gobiernos han ido poniendo la voz de alarma a una industria insostenible que ha llevado al desgaste, la destrucción y la alteración de los espacios naturales-culturales y su autenticidad, modificando la interacción social y los significados sociales. Y han sido los retos que han planteado todos los turismos los que han desembocado en el turismo de naturaleza, los que han dado paso al agotamiento del modelo convencional por el inicio y emprendimiento del modelo alternativo responsable y sostenible, haciendo un uso equilibrado del mismo de manera obligada por la fuerza de los hechos. Todas estas conclusiones y propuestas a las que se llega son consecuencia de los análisis de las iniciativas para el fomento de un turismo de naturaleza alternativo, que tiene como base la conservación de los recursos, la recuperación, el respeto y la valorización. Por tanto, la comercialización, el disfrute y la expansión económica se asientan en la preservación del medio sin alterarlo y modificarlo. Todo ello implica un esfuerzo de restauración a corto y medio plazo, que tiene como eje principal la política de conservación del medio natural y la planificación y promoción del turismo. El uso de los recursos naturales requiere evaluación, conocimiento, contribución al entendimiento y resolución de los problemas que afectan a la calidad de vida (Macpherson Mayol, 2000), todos ellos entran en el nuevo modelo alternativo. Por ello, la sociedad, el tiempo y el espacio de esa posmodernidad que se caracteriza por una intensa degradación del medio ambiente, que Aledo Tur (2008) perfila en sus estudios sobre la transformación del paisaje por el turismo, ahora se torna en lo contrario, en una vuelta de tuerca y de ajuste hacia la restauración, el respeto y la valoración. En consecuencia, los referentes modernos del siglo XXI están encaminados a reactivar con mucha velocidad los procesos de identificación social e individual hacia estos principios y valores sostenibles, que pongan en su sitio los esquemas básicos, las actitudes y experiencias en los fenómenos socioculturales que emanan del turismo, y sobre los elementos más tangibles de los destinos turísticos, de los tiempos de ocio y del consumo de los mismos. El tiempo de la globalización de un mundo amenazado por las incertidumbres, los riesgos y la degradación medioambiental habría terminado, y daría paso a otro nuevo orden en el que lo local cobra protagonismo, y el desarrollo sostenible es obligado. En este sentido, las nuevas identidades y significados sociales han ido por delante de los proyectos, planes y políticas turísticas a implementar, y ahora corresponde plasmarlos en las nuevas realidades turísticas que, como en el caso de los paisajes culturales, perciben el patrimonio natural-cultural con satisfacción en general, y demandan buen estado de conservación, conocimiento y mejora de la formación para su contemplación y disfrute. Hay una vuelta a la autenticidad de los valores patrimoniales como plazas, calles, monumentos, poblaciones y sus culturas, lugares, panorámicas y paisajes, así como al interés de conocerlos in situ y experimentarlos en compañía de la familia, amigos y conocidos, sin un consumo excesivo, es el denominado modelo responsable y sostenible que se impone como el mejor de los caminos. Todo ello está inserto desde hace tiempo en la Carta del Turismo Sostenible, el Código Ético Mundial para el Turismo (OMT), la Carta Europea de Turismo Sostenible en los Espacios Protegidos y en los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, con su Agenda 2030. Por último, la propuesta de planificación basada en este modelo de turismo responsable y sostenible constituye un punto de arranque, que tiene como objetivo principal garantizar la conservación y sostenibilidad del patrimonio natural-cultural como producto turístico sostenible. Al igual que otras propuestas llevadas a cabo como las de Noguera Tur, Ferrándis Martínez y Riera Spiegelhalder (2012), que están orientadas a impulsar la recuperación y puesta en valor del a396 patrimonio cultural con la finalidad de poder disfrutar la sociedad local, y mejorar el sentimiento de identidad en el propio territorio y cultura, con un Plan de Acción de actuaciones programadas. La capacidad de éxito de la propuesta radica en la probabilidad de alcanzar los objetivos en sus tres fases, la de observación y estudio previo de la oferta y la demanda, y los indicadores que miden el estado inicial del patrimonio natural-cultural. Una segunda fase centrada en la planificación de cooperación entre los seis agentes con planes estratégicos y políticas turísticas, y una tercera fase de consideración y reconocimiento del producto turístico sostenible, que se comprometa en la promoción del turismo de conservación y protección, asegurando la calidad y proporcionando una mejora en los conocimientos, información y formación del turismo de naturaleza. De aquí al 2030 la propuesta de alcanzar un producto turístico sostenible debe ser compatible con el escenario de fondo posmoderno que trazan los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible: fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz, justicia e instituciones sólidas y alianzas para lograr los objetivos.
Este texto propone una reflexión sobre la posibilidad de desarrollar proyectos innovadores de turismo sostenible en torno al concepto de paisaje en contextos que han experimentado procesos de masificación turística estrechamente ligados a la actividad inmobiliaria. Tomando como marco de referencia la provincia de Alicante, ejemplo ilustrativo de región especializada en la vertiente residencial, se identifica como caso de estudio paradigmático el proyecto Vivood Landscape Hotel, cuyo entorno inmediato lo conforma el municipio de Benimantell y el valle de Guadalest, a pocos kilómetros de Benidorm. La reflexión se fundamenta en una investigación de carácter cualitativo basada principalmente en la aplicación de entrevistas en profundidad a actores sociales clave a propósito de esta iniciativa empresarial multipremiada, en la que convergen criterios de sostenibilidad arquitectónica y ambiental con un desarrollo integrador y respetuoso con los intereses socioeconómicos de la población local. La Comunidad Valenciana es el tercer destino turístico de España (por detrás de Cataluña y Andalucía) en número de viajes nacionales y extranjeros (casi 23 millones) y de pernoctaciones (156 millones) (datos de Frontur-Egatur y ETR-Familitur para 2015). La posición desciende hasta el quinto puesto si se considera únicamente a los turistas extranjeros. Sin embargo, al observar las cifras de alojamiento en su propia residencia ocupa el primer puesto para el turismo extranjero (20 millones) y el segundo tanto para el turismo nacional (19,7 millones de pernoctaciones) como para quienes se hospedan en viviendas de familiares o amigos. De hecho, de los 6,5 millones de turistas extranjeros que la Comunidad Valenciana recibió en 2015: 1,2 millones se alojó en vivienda propia, 1,8 en vivienda de familiares y amigos y 1,1 millones en vivienda de alquiler (Agencia Valenciana de Turismo, estimación anual a partir de Frontur-Egatur, cuota acumulada a septiembre). Específicamente, en la provincia de Alicante llama la atención el modo en el que los flujos turístico-residenciales y la inmigración de ciudadanos europeos procedentes de países con una renta per cápita más alta que la española se ha adaptado a la oferta inmobiliaria generada por la masiva construcción de viviendas edificadas sobre todo en las periferias de los centros urbanos tradicionales, en un principio destinadas a un uso no principal (Membrado Tena, 2013; Membrado Tena, 2014). El modo de producción que se sustenta en el binomio construcción-ocio halla su origen en Alicante durante los años sesenta, y en particular en la década de 1970, cuando se ocupan grandes espacios en los municipios costeros justificando la necesidad de explotar turísticamente las playas. En los ochenta, el proceso se extiende a municipios distantes de la costa entre 5 y 20 kilómetros, aprovechando la mejora de accesos, la fuerte demanda y el menor coste del suelo para, a finales de los noventa, alcanzar a las poblaciones del interior debido al precio del suelo aún más bajo y a la pérdida de calidad motivada por la saturación urbanística y la degradación ambiental de los municipios de primera y segunda línea (Huete, 2009). Los esfuerzos llevados a cabo durante el presente siglo con el propósito de diversificar la oferta turística de la región y adaptarla a un contexto postfordista se han visto constreñidos de diversas formas por las inercias preexistentes, extendidas hasta el paroxismo a lo largo de la conurbación litoral: aproximadamente un 65% del frente litoral valenciano se corresponde con suelo urbano consolidado, ocupado con tipologías en su mayoría residenciales. Sin olvidar las tendencias dominantes, en las siguientes páginas se invita a adoptar una posición de optimismo muy comedido. En concreto, se trata de mostrar cómo, en un contexto determinado por la exacerbación de las inercias inmobiliarias y la instrumentalización de la naturaleza por los intereses de la industria del ladrillo, pueden impulsarse proyectos alternativos al turismo de masas que contribuyan a mejorar la calidad y la imagen de los destinos y, en consecuencia, que favorezcan la llegada de turistas más exigentes, respetuosos y con una mayor capacidad de gasto. Bajo ese objetivo general se reconoce un objetivo más concreto relacionado con la identificación y comprensión de las dificultades inherentes a la implementación de un proyecto de estas características y de los riesgos que lo amenazan. Con esta intención se plantea un texto dividido en varias partes: primero, se esboza una reflexión acerca de las relaciones entre la valorización del paisaje no antropizado como recurso turístico y su utilidad para la innovación empresarial; a continuación se explica el enfoque metodológico que orienta el estudio, sustentado en el análisis de "un caso paradigmático": el del Hotel Paisaje Vivood; en tercer lugar, se presenta un argumento analítico a la luz de los hallazgos obtenidos; y, finalmente, en las conclusiones se discuten algunas cuestiones derivadas de los apartados anteriores. El concepto de innovación es escurridizo pues resulta difícil acotar qué aspectos particulares de una realidad pueden catalogarse como innovadores, y más en un sector tan dinámico como el turístico (Hall y Williams, 2008). A partir del trabajo de Rodríguez, Williams y Hall (2014) sobre la innovación en la política turística española podría aceptarse como punto de partida que la innovación en el ámbito empresarial se sostiene sobre dos elementos: la creatividad, entendida aquí como la facultad de inventar una respuesta novedosa para abordar un desafío concreto, y la implementación, o sea, la viabilidad asociada a la aplicación práctica de esa respuesta o, dicho de otro modo, el hecho de que la novedad de la respuesta (creación o mejora de un producto, cambio en una estructura organizativa, apertura de un nuevo mercado, etc.) se convierta en una acción que genere rentabilidad. En su aproximación al análisis de la innovación en el sistema turístico de la provincia de Alicante, Rodríguez (2016) presenta una tipología de ejemplos de innovación en tres bloques: 1) el producto, 2) la gestión y 3) los instrumentos organizativos de la política turística regional. A su vez, en el primero de los bloques cita-a397 dos distingue varios apartados. Para los objetivos del presente trabajo, interesa resaltar que en el marco de la innovación en establecimientos hoteleros la autora identifica el Hotel Paisaje Vivood como un caso paradigmático de nuevo concepto de negocio innovador basado en la exclusividad. De este modo, se empieza a justificar su selección como objeto de estudio. El paisaje, elemento auténticamente distintivo del Vivood, es otro concepto "borroso". Desde una perspectiva a medio camino entre la Sociología y las Humanidades, podría acordarse que el paisaje en una construcción histórica y social ligada a criterios estéticos subjetivos que normalmente se forman después de vivir y comparar lugares con rasgos diferentes (Roger, 1997). Es decir, los campesinos no crean el ideal romántico de la naturaleza. En cambio, este surge en el siglo XIX al experimentar esa naturaleza poetas y viajeros procedentes de las ciudades, hastiados de enfrentarse a la realidad urbano-industrial en la que cristalizaba el proyecto ilustrado. Para el campesino de la Provenza el paisaje que pinta Van Gogh es el telón de fondo de su vida cotidiana, asociado en primer lugar a la dureza de un medio en el que discurren los trabajos del campo. En términos literarios, diríase que la belleza habita no tanto en el objeto admirado como en los ojos de quien lo admira. Desde este prisma, y más allá de las estrategias de marketing, la decisión de singularizar un establecimiento hotelero mediante su catalogación como "Hotel Paisaje" resulta problemática, pues al mirar desde la ventana de un hotel es muy habitual poder ver un paisaje, aunque sea el paisaje enladrillado de una hilera de edificios. En realidad, lo que se propone es un juego mental, que se mantiene en un nivel latente, por el cual la etiqueta "Hotel Paisaje" se vincula con un alojamiento que permite acceder a unas vistas antagónicas a aquellas que envuelven el medio urbano en el que se desarrolla el día a día de los potenciales huéspedes. El paisaje lo es en tanto que constituye una realidad escasamente antropizada, constituida naturalmente en forma de montañas, estepas, desiertos, lagos o playas. Es en la experiencia del contraste donde reside la emoción y es precisamente la expectativa de emocionarse lo que atrae a nuevos perfiles de turistas (Cohen, 2004; Cohen, 2005), en este caso susceptibles de conformar un segmento de la demanda que se define por el deseo de aprovechar el tiempo que dedica a hacer turismo para aproximarse a la naturaleza desde el respeto y la voluntad de preservación de la misma. De este modo, el paisaje no violentado por la acción humana y diferenciado de los paisajes urbanos pre-dominantes en las ciudades -escenarios de las rutinas diarias, paulatinamente congestionadas por el tráfico y degradadas por la contaminación atmosférica y acústica-se torna en recurso turístico de gran valor para un sector del mercado, en ascenso durante las últimas dos décadas, que demanda experiencias alejadas de aquellas otras que caracterizan los mercados masivos del turismo fordista emergentes en los centros históricos del capitalismo industrial tras la Segunda Guerra Mundial. La investigación se presenta como un estudio de caso de carácter cualitativo sustentado en el comentario analítico de datos básicos y, fundamentalmente, en la aplicación de cinco entrevistas en profundidad a una serie de informantes clave. Por lo tanto, no se persigue concluir con la formalización de un modelo teórico o estableciendo generalizaciones. Solo se busca completar una aproximación analítica al entendimiento de una determinada realidad. El caso en cuestión se corresponde con el proyecto del Hotel Paisaje Vivood. Su presentación así como la justificación metodológica de su selección confluyen con el análisis propiamente dicho y por eso se aborda directamente al inicio del siguiente apartado. Las cinco personas entrevistadas fueron Daniel Mayo, arquitecto y director general del Vivood (se apunta su identidad privada porque es el único de los entrevistados que dio su consentimiento explícito para que así se hiciera), tres empleados de la empresa con distintos perfiles que, al mismo tiempo, son residentes en municipios muy próximos al hotel y, en consecuencia, tienen formada una impresión de primera mano acerca de la percepción que del proyecto se tiene en las poblaciones más cercanas (se trata de una camarera, un técnico de mantenimiento responsable de trabajos selvícolas y una persona con responsabilidades administrativas) y un político representante del gobierno local en el Ayuntamiento de Benimantell, en cuyo término municipal se emplaza el hotel. El trabajo de campo se realizó durante el mes de julio de 2016. Todas las entrevistas tuvieron lugar en las instalaciones del hotel a excepción de la entrevista al representante del ayuntamiento, que se llevó a cabo en las dependencias de la empresa que dirige. La duración media de las entrevistas fue de cuarenta y cinco minutos. Tras la grabación de las mismas se procedió a su transcripción íntegra. El tipo de entrevista realizada se corresponde con lo que en la bibliografía anglosajona se denomina entrevista no estandarizada (Nonstandardized o Unstandardized interview), en la que únicamente se plantea un tema general y las pre-a397 guntas abiertas específicas surgen a medida que se profundiza y avanza con la propia entrevista (Monette, Sullivan y DeJong, 2005). Es más frecuente utilizar estrategias entrevistadoras intermedias entre la estandarización y la opción aquí tomada, pero teniendo en cuenta cuáles eran los objetivos y el hecho de que en este caso se contaba con un entrevistador experimentado en la investigación del turismo desde enfoques cualitativos, se pensó que lo más aconsejable era actuar de este modo. El análisis de los textos transcritos no pretendía tanto identificar patrones discursivos sobre distintos temas susceptibles de ser comparados entre sí, pues sería absurdo con una muestra tan pequeña, sino, más bien, identificar claves explicativas útiles para dar forma a una narración documental capaz de responder al objetivo propuesto: entender cómo es posible crear un producto turístico innovador propio de un modelo turístico postfordista en un contexto -el de la provincia de Alicante-caracterizado por la hegemonía de un modelo turístico fordista masivo orientado intensamente por la función inmobiliarioresidencial (Huete, 2016). Al respecto, se ha decidido desplegar el argumento analítico prescindiendo de la integración en el texto de posible verbatim. Presentación del caso: localización, historia y características del Hotel Paisaje Vivood En el mapa 1 (figura 1) se representa la ubicación del Vivood, en el término municipal del Benimantell (con una población de 501 habitantes según la revisión del padrón municipal a 1 de enero de 2015), a 62 kilómetros de Alicante y en pleno Valle de Guadalest, entre las sierras de la Serrella y de Aitana (máxima altura de la provincia de Alicante con 1.558 metros), a 22 kilómetros de Benidorm en la costa y a 36 kilómetros de Alcoy en el interior. El Vivood abrió sus puertas al público en junio de 2015, pero la prehistoria de este hotel hunde sus raíces unos seis años antes, en una parcela de Aranjuez (Comunidad de Madrid) donde Daniel Mayo y Álvaro Figueruelo, entonces estudiantes de Arquitectura, intentaban construir una vivienda de 5 por 5 por 5 metros, destinada a ser una casa de fardos de paja prensados con gran capacidad de aislamiento, en la que invirtieron los 2.000 euros que habían obtenido al ganar un premio académico. El dinero se acabó y comenzaron a presentarse, y a ganar, otros concursos de los que se servían para financiar su novedosa casa sostenible. Entre ellos destaca el primer premio de la III Edición del Concurso Internacional de Diseño Talentos Design 11, auspiciado por la Fundación Banco Santander, con un proyecto que reconvertía su vivienda sostenible en un prototipo de alojamiento de emergencia autoconstruible en zonas afectadas por desastres naturales. Después de cuatro años adaptando su propuesta habitacional a la realidad de un contexto post-catástrofe natural, formalizaron todo el trabajo en la redacción de una investigación que, en 2011, mereció el primer premio en la sección de Arquitectura del X Certamen Universitario Arquímedes de Introducción a la Investigación Científica (Ministerio de Educación). Sin embargo, su creativo producto no pudo convertirse en una aportación auténticamente innovadora pues la implementación no tuvo éxito desde el punto de vista de la rentabilidad empresarial. Básicamente, les resultó imposible introducirse en los exigentes mercados internacionales en los que se comercializan las viviendas post-catástrofe. En ese momento Figueruelo reorienta sus intereses profesionales y Mayo decide continuar con el proyecto, aunque redefiniéndolo completamente. Es entonces cuando entra en contacto con el concepto glamping. El glamping (neologismo formado a partir de la unión de glamour y camping) es una propuesta alternativa al camping tradicional que incorpora comodidades propias de establecimientos más sofisticados en alojamientos localizados en entornos naturales. Los principios del glamping se adaptaban bastante bien al desarrollo de la vivienda con la que Mayo llevaba tanto tiempo trabajando. El glamping se basa en proporcionar comodidades en entornos naturales alejados de la civilización que, realmente, comparten algunos rasgos fundamentales con una zona devastada por una catástrofe: escasea el agua, no hay luz, la logística desempeña un papel crucial y, en definitiva, se requieren unos sistemas de construcción de alojamiento muy peculiares. Así, empieza a ajustar su modelo. Vuelve a presentarse a diversos concursos y acaba siendo seleccionado por el programa Lanzadera de apoyo a emprendedores promovido desde Valencia por Juan Roig (presidente y máximo accionista de Mercadona). De esta manera, se traslada a Valencia con un proyecto que consistía en vender casitas de madera desmontables, fácilmente transportables y autoconstruibles para campings interesados en proponer una oferta glamping y para casas rurales que quisieran ampliar su ocupación. Contaba con el respaldo financiero y el asesoramiento de los expertos del programa Lanzadera. Daba la sensación de que por fin todo funcionaba, no obstante Mayo no se sentía plenamente satisfecho con las inercias que se estaban fraguando: se había convertido en un vendedor de casas, pero no controlaba el uso final que los consumidores le daban al producto que había creado y las connotaciones distintivas de su idea, estrechamente ligadas a elementos subjetivos y experienciales, tendían a diluirse. Mayo decide dar un último giro y, mientras desde Lanzadera desarrolla el proyecto seleccionado, prepara una variación importante del modelo de negocio previsto. Comprueba que incorporando elementos de lujo y exclusividad podía saltar del glamping a un formato aún más minoritario: el Landscape Hotel, y se propone rediseñar su estructura de alojamiento para construir y dirigir él mismo un Hotel Paisaje de referencia en España. Tras persuadir al fondo de inversión de la conveniencia de adoptar este nuevo enfoque, y unos meses antes de completar su estancia en el programa Lanzadera, inicia una exhaustiva búsqueda de posibles emplazamientos que acaba en Benimantell, aprovechando una parcela de 84.000 m 2 donde años antes se había ubicado un centro de rescate y protección de animales. Las veinticinco suites independientes que hoy constituyen la oferta de alojamiento del Vivood se integran en un entorno natural en el que se une el bosque mediterráneo con laderas de terrazas de época musulmana. La reducida escala de cada uno de los volúmenes independientes que componen el hotel facilita su integración paisajística y la conservación de las especies vegetales preexistentes. El proyecto implicó la plantación de especies autóctonas en las áreas originalmente despobladas, el control de otras de tipo invasivo y el desarrollo de un metódico plan de preservación ambiental. La ejecución de las edificaciones como módulos construidos en taller evitó arrojar es-a397 combros, lo que redujo la duración de la obra y la contaminación acústica. Su llamativa disposición como estructuras independientes y elevadas sobre un sistema de cimentación reversible mediante pilares metálicos ha permitido mantener la topografía del terreno. El sistema de iluminación indirecta empleado reduce la contaminación lumínica. Los dispositivos dispuestos son de tecnología Led, lo que disminuye el consumo energético, elimina los focos de calor y, con ello, aminora el riesgo de incendios. Cuenta con una Figura 2. Perspectiva de los módulos que componen el Vivood. Se fomenta la contratación de personal residente en la zona con el fin de dinamizar el desarrollo local. La plantilla del Vivood, al redactar estas páginas, está integrada por veintiuna personas (once mujeres y diez hombres) de edades comprendidas entre los 21 y los 57 años, si bien, diecisiete (el 80%) no superan los 33 años. Doce de los empleados residen en el Valle de Guadalest. Además, se cuenta con la colaboración puntual de profesionales residentes en el valle o en sus inmediaciones (profesores de yoga, masajistas, expertos en reiki, etc.). Acorde con principios de sostenibilidad, la apuesta gastronómica promueve la revitalización de las tradiciones culinarias regionales y el consumo de sus productos. Bajo esta premisa, la oferta del restaurante se nutre de alimentos de proveedores locales que se encuentran en una isócrona de treinta minutos desde el hotel. Justificación del carácter innovador del Hotel Paisaje Vivood La presentación realizada en las líneas anteriores introduce la descripción analítica del caso y, también, pretende justificar su selección de acuerdo con los objetivos de investigación señalados. Se quiere, en todo caso, hacer evidente el hecho de que una propuesta como la del Vivood, que sitúa en el centro de su atractivo la tranquilidad y la exclusividad (por cierto, no admite niños) en un entorno de gran riqueza ecológica y valor paisajístico sobre el que se pretende una intervención mínima, se halla en las antípodas del modelo turístico masivo especializado en el residencialismo que predomina en la provincia de Alicante (Huete, 2009; Huete, 2016; Mantecón, 2008; Vera, 1987; Vera, 2005), cuyos rasgos definitorios, estudiados ya en profundidad, aluden a los graves impactos sobre el medio ambiente y a la desarticulación de la planificación territorial (Capdepón, 2016; Membrado Tena, 2011; Vera, 2005; Vera Rebollo e Ivars Baidal, 2003), a la proliferación de procesos de fragmentación social y de estrategias residenciales en las que se confunden los límites entre la migración y el turismo, con los consiguientes problemas que ello supone para la gestión municipal (Huete y Mantecón, 2010; Huete y Mantecón, 2011; Huete y Mantecón, 2012; Huete y Mantecón, 2013; Membrado Tena, 2015), a la produc-ción de lógicas en virtud de las cuales los municipios se estructuran económicamente en torno a la masiva construcción de viviendas publicitadas inicialmente como de uso turístico, impulsando dinámicas poco rentables para las sociedades locales en el medio y largo plazo (Perles Ribes, Ramón Rodríguez, Sevilla Jiménez y Moreno Izquierdo, 2016), a lo que habría que añadir la característica que quizá le concede una fisonomía más distintiva: el marcado desequilibrio existente entre, por un lado, la oferta reglada de alojamiento -vinculada sobre todo a hoteles y apartamentos registrados para su uso turístico-y, por otro, la oferta muy superior de alojamiento no reglado -ligada a viviendas particulares integradas en una economía inmobiliaria informal-. El Vivood irrumpe en este contexto con una propuesta innovadora, es decir, creativa y rentable. La dimensión creativa no reside en el hecho de haber inventado el concepto Hotel Paisaje, pues existen desde hace tiempo hoteles paisaje en muchos lugares del mundo. Más bien, la novedad tiene que ver con su incrustación en un contexto posicionado desde hace cinco décadas sobre parámetros turísticos contrarios a los principios en los que se inspira el Vivood. Mayo no ha inventado algo nuevo, pero sí lo ha adaptado de forma novedosa a una realidad en la que no existía. El análisis empírico de la innovación ha mostrado que esta no suele asentarse tanto sobre cambios radicales como sobre transformaciones incrementales, y más en el ámbito del turismo (Williams, 2014). El Vivood, en este sentido, se revela como un ejemplo modélico. Por lo que respecta a la rentabilidad que acompaña a la implementación de la propuesta, condición sin la cual no podría reconocerse la innovación, se muestran algunos datos. El coste de pasar una noche en una de las habitaciones del Vivood oscila, aproximadamente, entre los 120 y los 450 euros. Se subraya el hecho evidente de que el producto ofertado se dirige a un target con un poder adquisitivo más elevado que el del tipo medio de turista que se hospeda en el tipo medio de alojamiento de la Comunidad Valenciana donde, según los datos del Instituto Nacional de Estadística para 2015, se registraba un precio medio diario por habitación de 65,7 euros. Como se apuntaba más arriba, el hotel comenzó su actividad en junio de 2015, por eso al escribir estas líneas (septiembre de 2016) apenas se pueden hacer comparaciones interanuales. Otro dato ilustrativo es el que se refiere a la antelación media con la que se reservaron las habitaciones: durante los siete meses de vida del hotel en 2015 fue de 13,8 días, pasando en los primeros ocho meses de 2016 a 26,1 días. Estos datos no permiten discernir con claridad la rentabilidad del hotel, pero invitan al optimismo. La relevancia del capital turístico situacional A continuación la imagen trazada del proyecto se problematiza al superponerla sobre un fondo en el que se identifican los principales desafíos que han jalonado su implementación. Las dificultades inherentes al reto planteado son innumerables. Las cuestiones relacionadas con la financiación siempre son determinantes, así como las complejas gestiones administrativas que han de emprenderse para obtener los permisos pertinentes. Las primeras se resolvieron en gran medida con la ayuda del fondo de inversión de Lanzadera; las segundas se agilizaron gracias a un concienzudo trabajo de seguimiento de los trámites en curso. La búsqueda de la localización idónea supuso una odisea de viajes entre Valencia y numerosos ayuntamientos de la provincia de Alicante, hasta que se optó por su emplazamiento actual. La inmediata identificación con la filosofía del proyecto y la comprensión de las ventajas que podía ofrecer al municipio predispuso muy favorablemente al ayuntamiento de Benimantell. Las explicaciones públicas proporcionadas desde la dirección del Vivood sirvieron igualmente para despejar dudas y obtener el respaldo de los residentes en el pueblo. Aunque, quizá, estos temas no son comparables con el hecho ya resaltado de que el proyecto Vivood desentonase tanto con las tendencias turísticas dominantes en la región. Al respecto, la ubicación definitiva en un paraje natural privilegiado situado a solo veinte minutos de Benidorm, el gigante turístico de la Costa Blanca, ha resultado decisiva. Tras una primera mirada da la impresión de que no puede haber relación alguna entre el Vivood, un producto inequívocamente postfordista, y Benidorm, el rey del turismo fordista en el Mediterráneo. Sin embargo, en la práctica esa proximidad le ha permitido aprovechar un potente capital turístico situacional que se articula en un tejido de organizaciones y en una cultura muy favorables al desarrollo de negocios turísticos, facilitando así a los recién llegados la consolidación de provechosas relaciones comerciales. Ese capital turístico posee efectivamente un componente situacional muy particular pues se halla concentrado en Benidorm, un sistema turístico con entidad propia y tremendamente dinámico en el que la extensa oferta de alojamiento en vivienda privada se combina con una heterogénea oferta de ocio y con más de 40.000 plazas hoteleras que registran cada año alrededor de diez millones de pernoctaciones (Ivars Baidal, Rodríguez Sánchez y Vera Rebollo, 2012). Benidorm se distingue en la Comunidad Valenciana, y en la provincia de Alicante con especial nitidez, como una rara avis en un contexto mayor de residencialismo, casi hegemónico, donde la industria turística se ve fuertemente penetrada e instrumentalizada por la economía inmobiliaria. La proximidad a Benidorm sitúa al Vivood cerca de una densa red de proveedores, servicios de lavandería y limpieza, personal cualificado con formación en turismo y restauración, etc., y, también, de canales de comercialización y repercusión mediática que al cabo del año captan la atención de millones de personas. Es cierto que su localización aislada en la pendiente de un valle complica la frecuencia y el propio traslado de algunos suministros de consumo habitual, pero esas dificultades se están solucionando y quedan compensadas por la posibilidad real de acceso regular a los mismos. A su vez, una adecuada estrategia de marketing en las redes sociales desambigua la posición distintiva del Vivood respecto a la oferta mayoritaria de Benidorm y, en última instancia, el precio de las habitaciones ahuyenta a quienes pudieran confundirlo con una opción de alojamiento en la periferia benidormense a la que acudir cuando la planta hotelera de la ciudad cuelga el cartel de completo. La aparición del Vivood fue percibida originalmente por el empresariado turístico de Benidorm entre, por un lado, la indiferencia ante un producto extraño y arriesgado que no representaba una competencia para nadie y, probablemente, al que se vaticinaba una corta vida y, por otro, la expectación por comprobar la evolución de una propuesta tan singular. Pasado el corte del primer año de vida, la indiferencia inicial se ha tornado en respeto y reconocimiento: de hecho, algunos empresarios del sector turístico benidormense se han hospedado en el hotel para conocerlo de primera mano e intercambiar opiniones. Riesgos y amenazas futuras Se comentan ahora algunos de los riesgos que pueden perturbar el devenir del proyecto. Para ordenar la explicación se distingue entre riesgos potenciales motivados por dinámicas internas y externas. Sobre los primeros se apuntan dos cuestiones. Desde la apertura del hotel la estancia de los huéspedes a397 se halla estancada alrededor de una media de 1,4 noches. La percepción del Vivood como un lugar en el que realizar una estancia muy breve, de una noche, y ocasionalmente de dos, se asocia a la imagen que el propio hotel proyecta de rincón especial reservado para disfrutar de momentos puntuales y excepcionales. Pero con estancias tan cortas es difícil rentabilizar los esfuerzos invertidos. La respuesta de la dirección para evitar que este asunto se vuelva crónico se orienta hacia la diversificación de la oferta complementaria al alojamiento: organización de paseos y excursiones, sesiones especiales de astronomía, trekking nocturno o noche de las velas, entre otras que, junto a promociones especiales, animen a prolongar la duración de las estancias. Una segunda cuestión, también relativa a la necesidad de mejorar la rentabilidad, es consustancial al objetivo reconocido de ampliar la capacidad de alojamiento aumentando el número de suites, esto es, de módulos construidos, de los veinticinco actuales a una cifra aproximada de cuarenta. Realmente, es muy complicado hacer rentable un negocio de estas características con el rendimiento que se puede obtener de únicamente veinticinco habitaciones. Los riesgos son claros, en tanto que la posibilidad de disfrutar de un paisaje privilegiado en unas instalaciones exclusivas, la esencia definitoria del Vivood, puede alterarse al aumentar el flujo de personas que circulan por los espacios comunes. Sin embargo, este parece el problema menos difícil de resolver si se sopesan los recursos con los que la empresa cuenta, los cuales se materializan en la capacidad real para hacer un ejercicio de acupuntura arquitectónica sobre una parcela que, al fin y al cabo, consta de 84.000 m 2. En cambio, las amenazas más inquietantes, debido a la complejidad que entraña formular una respuesta efectiva a las mismas, se vislumbran en el medio y largo plazo a propósito de dinámicas exógenas. El Hotel Paisaje Vivood se construyó en un periodo de colapso de la industria del ladrillo. Algo fácil de apreciar en la Comunidad Valenciana si se tiene en cuenta la virulencia con la que se manifestó el tsunami urbanizador en esta región durante los años anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria (Gaja i Díaz, 2008). Emprender un negocio como el Vivood en el marco de una profunda crisis económica implica dificultades, pero también algunas ventajas que podrían desaparecer ante una futura revitalización de la expansión urbanística. En 2008 la Conselleria de Infraestructuras y Transportes de la Generalitat Valenciana incluía dentro del plan de carreteras la transformación de la comarcal CV-70 que une Alcoy con Benidorm en una vía rápida o au-tovía que acortaría el tiempo dedicado a completar el trayecto entre ambas localidades. El nuevo vial atravesaría el Valle de Guadalest a la altura de Benimantell e incluía la construcción de un túnel para salvar el Puerto de Ares, en el municipio de Confrides. La noticia provocó la movilización en contra del proyecto de los habitantes del valle, más aún si se considera que las sierras que lo conforman estaban reconocidas como "Lugares de Interés Comunitario" y que poco antes un grupo de expertos de la Universidad de Alicante habían propuesto su declaración como "Reserva de la Biosfera". Sin embargo, desde los municipios de la costa y la segunda línea, como La Nucía (a medio camino entre Benimantell y Benidorm), el proyecto se veía con mejores ojos a tenor de las declaraciones que hacían algunos de sus representantes políticos. En septiembre de 2009 el proyecto era presentado por el conseller de Infraestructuras y Transportes en el Ayuntamiento de Alcoy. Sin embargo, en los presupuestos de la Generalitat para 2011 desaparecían las partidas correspondientes a la ejecución de las obras debido a la falta de fondos y la idea quedó aparcada indefinidamente. La conservación del patrimonio ecológico del Valle de Guadalest se relaciona con su ubicación en una franja interior cuyos accesos desde la costa no han sido fáciles. Durante mucho tiempo esa dificultad ha servido de profilaxis ante la posibilidad de convertirse en un objetivo prioritario para los intereses inmobiliarios. Precisamente, las obras de mejora y ampliación de la carretera CV-70 en el tramo que conecta Benimantell con el litoral se acometieron hace una década, justamente cuando se produjo el crac urbanístico que detuvo la fiebre del ladrillo. En fin, no parece descabellado pensar que la modernización de la red de comunicaciones entre el valle y la costa, ya realizada, pueda animar en los próximos años el advenimiento de propuestas urbanizadoras consistentes en la construcción de diseminados de chalets o macroproyectos residenciales. Tal y como ha ocurrido desde finales de los noventa en otros lugares cercanos, la saturación y degradación de la primera y segunda línea de costa ha motivado la expansión de las dinámicas residenciales, reproducidas una y otra vez en el litoral, hacia los municipios del interior. Sin minusvalorar la predisposición de los ciudadanos a preservar la riqueza ecológica del valle que habitan, está por ver si en todos los municipios que configuran este sistema ecológico serán capaces de resistirse a la llamada del dinero fácil, pues con que solo uno decidiera poner sus recursos naturales al servicio de la economía inmobiliaria la perspectiva paisajística actual quedaría perturbada radicalmente. Desde este punto de vista, parece plausible a397 una nueva confluencia entre las élites económicas y políticas constituidas en torno al negocio urbanístico para favorecer la implantación de grandes infraestructuras que acorten el tiempo de desplazamiento entre la costa y los espacios mejor conservados del interior. Así, en octubre de 2015, y tras el cambio de gobierno autonómico, un grupo de empresarios aprovechó una reunión celebrada en la Cámara de Comercio e Industria de Alcoy con el conseller de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo para solicitar, una vez más esgrimiendo la excusa del desarrollo turístico, que se recupere el plan original de construcción de una autovía entre Alcoy y Benidorm atravesando el Valle de Guadalest. La respuesta ante esta amenaza es compleja, pues exige una intensa colaboración entre grupos de ciudadanos y ayuntamientos a escala supramunicipal. Al mismo tiempo, ello requiere políticos locales con la suficiente altura de miras como para trascender los intereses particulares de cada municipio, llegar a acuerdos que tengan como objetivo preservar la riqueza ecológica existente en el Valle de Guadalest y promover iniciativas empresariales sostenibles. Por el momento, no hay razones que animen especialmente al optimismo, cuando localismos trasnochados y cuestiones identitarias mal entendidas impiden pensar el valle como una única entidad geográfica coherente e integrada al tiempo que entorpecen el diseño de estrategias de colaboración sobre cuestiones de menor envergadura. De un modo u otro, la respuesta más realista pasará por la conformación de un sistema de relaciones económicas que articule el tejido empresarial alrededor de negocios sostenibles, cuya existencia esté supeditada a la protección del patrimonio ecológico: restaurantes que oferten platos tradicionales de la comarca, albergues, tiendas que vendan productos locales, un posible centro de BTT (bicicletas todo terreno) u otras actividades deportivas y recreativas que no supongan una agresión sobre el entorno. En fin, empresas dependientes de la afluencia de turistas y excursionistas atraídos por la riqueza natural y la ausencia de las huellas que en otros lugares ha dejado la voracidad urbanística. Las conciencias de los habitantes, pero también sus negocios, han de hallarse vinculados a la preservación del medio. En este sentido, el éxito de un proyecto innovador como el del Vivood puede actuar de referente, y más vale que así lo haga pues su futuro depende de ello. El proyecto Vivood se constituye en un caso paradigmático donde el paisaje mediterráneo es ensalza-do como un recurso turístico en sí mismo, susceptible de ser consumido a través de la mirada turística, y no convertido en un medio al servicio del negocio inmobiliario, como reiteradamente ha sucedido bajo el pretexto de un supuesto desarrollo turístico (Huete y Tros-de-Ilarduya, 2011; Mantecón, 2010). La instrumentalización de la economía turística por la inmobiliaria, y su ilustrativa plasmación en la provincia de Alicante en la desproporcionada expansión de las dinámicas residenciales, no impide todavía el establecimiento de sinergias beneficiosas entre actores que pertenezcan al sistema turístico, aunque estas se fragüen entre vecinos tan diferentes como el Vivood y la industria de ocio y turismo de Benidorm. Sobreponiéndose a un entorno más amplio de residencialismo exacerbado, tanto el Vivood como Benidorm representan, cada uno a su manera, propuestas innovadoras originadas y desplegadas desde el sector turístico, en sentido estricto. En las líneas anteriores se han comentado los beneficios que obtiene el pequeño y pintoresco recién llegado establecimiento hotelero del colosal referente del turismo mediterráneo, inmerso en un proceso de renovación constante desde hace más de medio siglo. Falta por comprobar si los empresarios de Benidorm son capaces de entender cómo un vecino minúsculo como el Vivood también puede reportarles beneficios. Sobre este asunto interesa recuperar el artículo periodístico de Rivalland: The other side of Benidorm, publicado en el diario británico The Times el 21 de noviembre de 2015. En él se utiliza el caso del Vivood Landscape Hotel para desmitificar la imagen de Benidorm y de su entorno inmediato como un espacio carente de atractivos para quienes se interesan por opciones de alojamiento y ocio alternativas al sol y playa en paquetes estandarizados de bajo coste. Obviamente, no se sugiere a estas alturas reposicionar a Benidorm, pues sería absurdo además de poco inteligente desde el punto de vista de la estrategia empresarial, pero igualmente podría resultar positivo que poco a poco se introdujeran matices mediante los que se identificara a esta ciudad dentro de un entramado geográfico de ofertas de ocio un poco más amplio. Quizá, también el empresariado de Benidorm saldría ganando. Los desafíos a los que se enfrenta el Vivood en el futuro no son pequeños. Como se ha argumentado, los más difíciles de resolver provienen de amenazas externas asociadas a la proyección de lógicas de actuación, ajenas al sistema turístico propiamente dicho, impulsadas por la economía inmobiliaria en la provincia de Alicante desde hace décadas. Tras la a397 interrupción de la expansión urbanística entre 2007 y 2008, una consecuencia observable desde el punto de vista de la gestión turística es la drástica reducción del margen de maniobra disponible para redirigir las opciones futuras de desarrollo local. La formulación de respuestas coordinadas en un nivel supramunicipal y sustentadas en la promoción y defensa de una economía local orientada por firmes principios de sostenibilidad y eficiencia ecológica se ha discutido como una opción viable y difícil. El incipiente éxito cosechado por el Vivood y por otros proyectos distintivos, como el Asia Gardens (un lujoso complejo hotelero de cinco estrellas, con 312 habitaciones, tematizado con motivos balineses) ubicado en Finestrat, a 13 kilómetros de Benidorm, prueban que es posible aprovechar el capital turístico situacional existente en un contexto de turismo de masas maduro, como el benidormense, para generar una oferta especializada basada en la creación de un producto exclusivo y diferenciado. Si se consigue incorporar ese valor añadido (no necesariamente sustentado en aspectos materiales) a un entorno que ya posee una dilatada experiencia con el turismo de sol y playa, también se puede multiplicar el precio del coste de las estancias. La adecuada interacción entre unas aptitudes personales y un medio social proclives a la innovación se reconocen como claves fundamentales. Se trata, finalmente, de poseer la imaginación para diseñar un producto innovador y la capacidad de captar los recursos que hacen falta para convertirlo en realidad. No son elementos abstractos sino factores reales que aparecen como consecuencia de la combinación de ingredientes tradicionales: pasión irreductible, formación sólida e interdisciplinar, investigación ordenada, espíritu de sacrificio, trabajo constante, grandes dosis de paciencia y resistencia al fracaso, todo ello sazonado con unas gotas de talento y creatividad en un medio socioeconómico, político y cultural que sepa apreciar el resultado. La ejecución de la receta no es sencilla, pero, a pesar del contenido de los mensajes que emiten habitualmente los medios de comunicación y la publicidad, lo cierto es que pocas cosas significativas se consiguen sin la inversión de un gran esfuerzo.
En las ciudades saharianas del suroeste de Túnez, afamadas por su cultura, sus tradiciones y por un patrimonio arquitectónico muy particular, el turismo ha provocado estos últimos años un esfuerzo de reflexión en torno a la noción de patrimonio orientada a sistematizar la oferta turística y a promover un desarrollo local. El turismo y el patrimonio en estos espacios desérticos frágiles y vulnerables son hoy dos realidades que marcan profundamente los paisajes, las actividades económicas y culturales y los movimientos de población. Estos procesos, que se han convertido en una de las preocupaciones tanto de los actores públicos como de los privados, han contribuido, a través de nuevas creaciones en términos de representación y de uso de los lugares, a una reinvención de la ciudad tradicional sahariana y de su oasis, conocidos como bienes comunes territoriales por excelencia que alimentan la adhesión de los individuos a los lugares donde viven. Frente a un turismo que no siempre se adhiere a estrategias y a prácticas de desarrollo sostenible especialmente en estos espacios concretos, nos preguntamos precisamente cómo este último puede reducir los perjuicios para el patrimonio que el turismo puede ocasionar en una perspectiva de sostenibilidad territorial.
La sostenibilidad es un modelo de desarrollo en el que las acciones presentes no deben comprometer el futuro de las generaciones venideras, y se vincula con un desarrollo económico y social respetuoso con el medio ambiente. El enoturismo supone un modo de ocio placentero que conjuga el placer del disfrute de los vinos con aspectos relacionados con la cultura, como conocimientos sobre elaboración de los vinos, sobre los ecosistemas asociados a los viñedos, sobre expresiones artísticas, etc. Todo ello constituye parte del desarrollo cultural de las regiones vitivinícolas, en las que la cultura del vino ha marcado su devenir histórico y lo que son hoy en día. Por tanto, se puede afirmar que la cultura del vino, y su uso a través de las experiencias enoturísticas, está claramente relacionada con la sostenibilidad social, económica, ambiental y cultural de los territorios. CONCEPTOS DE SOSTENIBILIDAD Y ENOTURISMO El informe Brundtland (Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo y Brundtland, 1987) definió el desarrollo sostenible como "el modo de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades". Desde el punto de vista de la ecología, la sostenibilidad está relacionada con el mantenimiento de la diversidad de los sistemas biológicos en el tiempo y con el equilibrio de las especies con los recursos del medio en que habitan. Bajo este prisma, la sostenibilidad implica el uso de los recursos a ritmos (temporales y cuantitativos) inferiores de los necesarios para su renovación. Son muy diversos los contextos económicos, sociales, culturales y medioambientales en los que se puede aplicar la sostenibilidad y, en general, se puede afirmar que todas las actividades humanas pueden enfocarse bajo el prisma de la sostenibilidad. No obstante, la sostenibilidad encierra ciertos aspectos filosóficos, la apuesta por el desarrollo sostenible implica la puesta en valor de determinados principios éticos (Komiyama y Takeuchi, 2006) y se considera que la Carta de la Tierra (2000) es el documento que recoge de modo más completo los valores y principios éticos y globales para el desarrollo de un mundo sostenible. Considerando los diversos contextos de aplicación de la sostenibilidad es frecuente hablar de cada uno de ellos por separado. Así, frecuentemente se distinguen los siguientes tipos de sostenibilidad: a) sostenibilidad ambiental, centrada especialmente en la protección de los sistemas biológicos, en la preservación de los recursos naturales y en el fomento de la concienciación ecológica, apostando por un desarrollo humano fuertemente respetuoso con el medio ambiente; b) sostenibilidad económica, referida a la generación de riqueza de modo equitativo, así como a la producción y consumo equilibrados, teniendo siempre presente la explotación respetuosa del medio para no comprometer el futuro; c) sostenibilidad social, centrada en la generación de un bien social, de igualdad de oportunidades, acceso a la educación, etc. y la inculcación de valores de respeto a la naturaleza y de uso armonioso de la misma; d) sostenibilidad política, centrada en una distribución del poder político y económico, junto con la generación de estructuras democráticas y de marcos jurídicos de respeto de los derechos humanos y el medio ambiente, fomentando las relaciones solidarias entre los países, naciones, comunidades, etc. (figura 1). Factores que hay que considerar en el desarrollo sostenible y relaciones con los diferentes aspectos de la sostenibilidad Fuente: Elaboración propia a partir de Sarukhán (2003). Tras la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (Unesco, 2001), en la que se hace hincapié en que la diversidad cultural es para el hombre tan importante como la diversidad biológica para los ecosistemas, la diversidad cultural pasa a ser otra de las facetas a tener en cuenta en las políticas del desarrollo sostenible y aparece la sostenibilidad cultural que se enfoca hacia el respeto, defensa y protección de las diferentes entidades culturales. El enoturismo, también conocido como turismo del vino o turismo enológico, es un concepto relativamente moderno, si bien se tiene constancia de que, por ejemplo, griegos y romanos ya disfrutaban de las visitas a las bodegas. Las primeras actividades turísticas en torno al vino de la edad moderna se desarrollaron en el siglo XIX, momento en el que ya destacaba como un turismo de interés especial, desarrollado principalmente por grupos sociales de élite. El enoturismo actual nace de la evolución del denominado turismo de interior y, en particular, del desarrollo del turismo rural en las regiones vinícolas, en las que el turismo enológico se enfoca inicialmente en la parte productiva del vino, las bodegas. Sin embargo, rápidamente comienza a incorporar otros aspectos del mundo del vino, como los viñedos y otros recursos enográficos susceptibles de ser explotados, como las fiestas de la vendimia, el folklore, etc. Además, ha contado siempre con la gastronomía, con la que mantiene una estrecha relación (López-Guzmán, Rodríguez García, Sánchez Cañizares y Luján García, 2010). Así, el enoturismo fue definido por Hall, Sharples, Cambourne y Macionis (2000) como las visitas a viñedos y bodegas, así como las fiestas de la vendimia y las degustaciones de vinos, que se ponen a disposición del turista para el disfrute y conocimiento de los vinos de una determinada zona, y Charters y Ali-Knight (2002) dijeron que el turismo enológico es el viaje que se lleva a cabo con el fin de disfrutar de experiencias en bodegas y regiones vitivinícolas, incluyendo los estilos de vida de sus gentes. En este sentido, las vivencias desarrolladas encierran una intensa componente formativa, contribuyendo a la adquisición de conocimientos sobre los vinos, los lugares, las gentes, etc. y, por tanto, tienen un intenso componente cultural. Son numerosas las oportunidades de desarrollo, sobre todo local, que brinda el turismo enológico a los territorios vitivinícolas, ya que junto con los bienes directamente relacionados con la producción vitivinícola (viñedos y bodegas) cuentan con bienes paisajísticos, culturales, históricos, naturales, entre otros, que pueden hacerlos muy atractivos para el turista que busca experiencias únicas y distintas. No obstante, debe procurarse el desarrollo de servicios turísticos adecuados que satisfagan las expectativas del turista (Vieira-Rodríguez, López-Guzmán y Rodríguez García, 2013; Gómez Rico, González Díaz y Molina Collado, 2015; Byrd, Canciani, Hsieh, Debbage y Sonmez, 2016). Uno de los múltiples ejemplos significativos en este sentido es el de la Bodega Marqués de Riscal.com. Ciudad del Vino (Elciego, Alava), antigua bodega del Marqués de Riscal (1858) a la que se le ha añadido el edificio emblemático diseñado por Frank Gehry, que cuenta con restaurante y hotel, todo en un marco que apuesta por la sostenibilidad (Véase La Ruta del Vino de Rioja Alavesa apuesta por la sostenibilidad con la Certificación Biosphere). Elías Pastor ( 2006) considera el enoturismo no solo como una modalidad de turismo rural sino también como una modalidad de turismo cultural, ya que el enoturismo no tiene sentido sin la cultura del vino. Este autor explica que el enoturismo es una variante del turismo rural desde el punto de vista de que las actividades enoturísticas se desarrollan en el medio rural, sin embargo, engloba lo que dice que podría denominarse antropología del vino por incorporar las manifestaciones culturales derivadas y creadas alrededor del producto "vino". La Carta Europea del Enoturismo (2006) dice que "se entiende por enoturismo el desarrollo de las actividades turísticas y de ocio y tiempo libre dedicadas al descubrimiento y disfrute cultural y enológico de la viña, el vino y su territorio". Acorde con esta definición, reconoce el enoturismo como un sistema multidimensional resultado de la interacción de los subsistemas Territorio, Turismo y Cultura del Vino. Existen bastantes evidencias para vincular el turismo enológico con el entorno y el desarrollo sostenible. De forma resumida el enoturismo supone un modo de ocio placentero en torno al vino y su cultura, que es reflejo del aprovechamiento vitivinícola del medio y de su efecto sobre el desarrollo social y económico de las regiones. Por todo ello, se puede afirmar que la cultura del vino, y su uso a través de las experiencias enoturísticas, está claramente relacionada con la sostenibilidad social, económica, ambiental y cultural de los territorios. Los apartados siguientes abundan en esta idea y aportan evidencias que la sustentan. El concepto de turismo sostenible nace hacia finales de los años ochenta (del siglo XX) en contraposición con el turismo de masas que termina provocando en los territorios que lo soportan una pérdida de calidad de los servicios y, en definitiva, del atractivo. Estos efectos, en general, se derivan de un crecimiento no controlado y que no tiene en cuenta ningún tipo de consideración medioambiental, social o cultural. La Organización Mundial del Turismo (Inskeep, 1999) señala que el turismo sostenible se sustenta en los siguientes principios: a) los recursos naturales, culturales y otros se conservan para su uso continuado en el futuro, al tiempo que producen beneficios a la sociedad actual; b) el desarrollo turístico se planifica y gestiona de forma que no cause serios problemas ambientales o socioculturales; c) la calidad ambiental se mantiene y mejora; d) se mantiene un alto nivel de satisfacción de los visitantes y el destino retiene su potencial comercial y su prestigio; e) los beneficios del turismo se reparten ampliamente a toda la sociedad. La Carta Europea del Enoturismo El apartado I del capítulo primero de la Carta Europea del Enoturismo -ya citada anteriormente y a la que a partir de aquí se hará referencia como la Cartarecoge en cuatro puntos las bases el enoturismo. La primera de ellas define el concepto de enoturismo (punto 1), y la segunda (punto 2) indica literalmente "los territorios vitivinícolas deben comprometerse y dar prioridad absoluta a los principios del desarrollo sostenible", incluyendo cinco subapartados que concretan los compromisos de sostenibilidad referidos en el título principal de este punto 2. De ellos se consideran de especial interés los siguientes compromisos: 2.1. Los territorios vitivinícolas deben jugar un rol determinante en la conservación, gestión y valorización de los bienes territoriales..., así como asumir su responsabilidad en la relación entre el territorio y su explotación; 2.2. Los recursos territoriales y vitivinícolas deben ser tutelados, preservados y cuidadosamente ges-tionados...; 2.3. La utilización de los recursos territoriales y, particularmente, vitivinícolas, no debe perjudicar la supervivencia de otras especies animales o vegetales del ecosistema. Por otra parte, es resaltable el reconocimiento del valor potencial de las zonas vitícolas para el desarrollo de las regiones que se reconoce en el subapartado 2.5. Las zonas vitivinícolas pueden constituirse en entidades de referencia para el desarrollo de un territorio. Las otras dos bases hacen referencia a la cooperación entre zonas vitivinícolas, junto con la estrategia de desarrollo de sinergias (punto 3) y al papel determinante que deben desarrollar las regiones vitivinícolas respecto a la difusión de la cultura del vino (punto 4) que tendrá "como consecuencia la necesidad de una gestión integral, correcta y esmerada, para su explotación racional, tanto en términos ecológicos como sociales". Por tanto, aquellas instituciones, empresas o particulares que quieran adherirse a esta iniciativa deben comprometerse en el desarrollo del enoturismo bajo las premisas derivadas correspondientes, que se concretan en el apartado II de la citada Carta, que lleva por título Compromisos de la Carta Europea del Enoturismo. En concreto, entre otras cosas, "los firmantes se comprometen, a establecer una estrategia en el ámbito local a favor de un «desarrollo enoturístico sostenible»", definido como "una forma de desarrollo y planificación de la actividad enoturística que respete y preserve durante un largo período los recursos naturales, culturales y sociales y que también contribuya de manera ecuánime y positiva al desarrollo económico y a la total realización de las personas que viven, trabajan o residen en los territorios". Este compromiso abarca los diferentes contextos de la sostenibilidad: ambiental ("respete y preserve durante un largo período los recursos naturales..."); social, económica e incluso política ("contribuya de manera ecuánime y positiva al desarrollo económico y a la total realización de las personas que viven, trabajan o residen en los territorios"), sin dejar de lado el aspecto cultural ("que respete y preserve [...] los recursos [...] culturales [...]"). Los proyectos enoturísticos desarrollados de este modo claramente necesitan de acciones y estrategias concertadas entre todos los diferentes agentes directamente implicados. Así, aunque deben colaborar principalmente los agentes del sector vitivinícola y turístico, también es conveniente que lo hagan los agentes de los otros sectores económicos que existan en el territorio, ya que seguramente será factible establecer sinergias con ellos, generando un beneficio global sobre todos ellos. La Carta en el capítulo dedicado a los Gestores y, respectivamente, en el dedicado al sector privado, indica los compromisos específicos que debe afrontar cada uno de ellos y que se presentan de modo resumido en la tabla 1. El Vademecum del Enoturismo Europeo El Vademecum del Enoturismo Europeo (en adelante VEE) (2006) es el documento que establece el Sistema de Gestión de la Calidad del Enoturismo en el ámbito europeo, a partir del cual se normaliza la metodología para la puesta en marcha, desarrollo y reconocimiento de las Rutas Europeas del Vino. • Control de la afluencia y de la tipología de turistas y mejora continua de la calidad de la oferta turística. • Oferta, productos y servicios relacionados con la Cultura del Vino. • Defensa y valoración de la Cultura del Vino. • Desarrollo sostenible. • Control de la afluencia y de la tipología de turistas. •Mejora continua de la calidad de la oferta enoturística. •Promoción de la oferta enoturística Articular esta estrategia en un programa de actuación anual cuyos objetivos deberán ser: •Crear una oferta específica y atractiva. • Mejorar la oferta a través del conocimiento de los clientes, la gestión integral y continua de la calidad y la búsqueda de nuevos clientes. • Crear una oferta específica alrededor de la Cultura del Vino. • Mejora continua de la oferta enoturística, con una gestión integral y continua de la calidad de la oferta y un mejor conocimiento de los clientes. Promover un desarrollo enotu- Este documento señala como pilares del enoturismo los tres subsistemas indicados en la Carta del Enoturismo Europeo, es decir, la cultura del vino, el turismo y el territorio, junto con la sostenibilidad, que es también un elemento básico en la Carta, y añade dos nuevos parámetros, la autenticidad y la competitividad, que se relacionan con la singularidad que deben tener las zonas o regiones vitivinícolas que opten al desarrollo del proyecto enoturístico: Rutas Europeas del Vino (figura 2). Respecto a la Cultura del vino, el VEE vuelve a destacar la importancia del valor enológico-cultural de los recursos y servicios enoturísticos. La cultura del vino no es solo el eje temático de la actividad enoturística, sino que es su base o pilar esencial, afirmándose que sin cultura del vino no hay enoturismo. Parte de la importancia de la cultura del vino se debe a las señas de entidad que puede otorgar a cada territorio, aportando características distintivas y singulares. Es lógico que el turismo y el turista sean factores clave del desarrollo enoturístico. Representan la oferta y la demanda, y el éxito del proyecto enoturístico depende de su capacidad para cubrir las expectativas del enoturista. La importancia del territorio radica en que es el marco de referencia de la oferta enoturística, cobrando máxima importancia, en el caso de las Rutas del Vino, ya que solo pueden optar al desarrollo de proyectos de este tipo regiones vitivinícolas vinculadas a Denominaciones de Origen (DO). El VEE confiere, al igual que la Carta, gran importancia a la sostenibilidad ambiental, ya que el medioambiente es parte del atractivo enoturístico. Por ello al planificar un proyecto enoturístico debe considerarse la capacidad de carga del territorio, evitando que se produzcan daños irreparables. La carga turística es el número máximo de visitantes o usuarios que una zona es capaz de soportar sin que se produzca una alteración negativa del medio físico (O'Reilly, 1986) o de la propia experiencia turística (Mathieson y Wall, 1987). Los datos reflejados en los estudios sobre el enoturismo en España, realizados por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN) en los últimos años, con un incremento del 21% de frecuentación durante 2016 en veinticuatro de las Rutas del Vino, señalan que la autenticidad del territorio y de la experiencia enoturística son factores muy valorados por el turista enológico, creciendo cada vez más el enoturista experimentado que busca ya no solo experiencias distintas sino también exclusivas y personalizadas, adaptadas a sus expectativas particulares. Los modelos de atención personalizada y aquellos de autenticidad vinculados a la producción más a pequeña escala, con soporte histórico y cultural, se adap-Figura 2. Factores que relacionan el enoturismo con los diferentes aspectos de la sostenibilidad y del desarrollo sostenible Fuente: elaboración propia. a399 tan, en la mayoría de los casos, perfectamente a la realidad socio-económica de los territorios vitivinícolas. Peña Casado (2014) indica que, ante la abundancia de productos y servicios, el reto, para todos aquellos sectores implicados en la creación de la oferta enoturística, está en saber cómo distinguirse para así ser más competitivo, y una posible actuación para conseguirlo puede ser buscar la diferenciación a través de crear experiencias ya que estas tienen la capacidad de generar emociones en un nivel muy superior al que puede lograr un producto tangible o un servicio. Respecto a la autenticidad, el VEE dicta lo siguiente "La autenticidad de la vivencia cultural-enoturística debe preservarse y debe ser perfectamente compatible el desarrollo del producto y sus requisitos de reconocimiento. El folklore, la historia y las tradiciones redondean esa vivencia cultural del enoturista. Es obligatorio preservar este patrimonio del destino, potenciarlo y ponerlo en valor como atractivo turístico. La gastronomía local ciertamente también forma parte del patrimonio de un destino enoturístico y merece una especial atención dada su excelente complementariedad con el elemento vino". La competitividad de un destino enoturístico depende del grado en que el servicio o el producto cubren las expectativas del cliente, así como de la rentabilidad a corto, medio y largo plazo, y de los beneficios sociales que pueda generar. En este sentido, el VEE señala que "existe una relación directa y clara entre el concepto de sostenibilidad y la competitividad. La sostenibilidad de un destino enoturístico no se puede entender sin la competitividad y viceversa". Además, indica que "la mayor ventaja competitiva se consigue cuando el funcionamiento de todo el sistema enoturístico es único y existe una mutua dependencia y refuerzo entre sus componentes que lo hace más difícil de imitar". Desde este punto de vista, la competitividad también se nutre de la autenticidad y de las peculiaridades intrínsecas a la cultura del vino de cada uno de los territorios. Enoturismo y sostenibilidad cultural Tal y como se ha indicado en apartados anteriores la Cultura del Vino se considera un pilar básico de las actividades enoturísticas y del turismo enológico. La consideración de esta premisa es suficiente para dejar evidencia de los vínculos del enoturismo con la sostenibilidad cultural, no obstante, a continuación, se comentan otras consideraciones relacionadas con ello. Durante la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales de la UNESCO (México, 1982), la comunidad internacional estableció la siguiente definición: "[...] la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias y es la que da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden". Una de las características que a través de la historia ha estado vinculada con el devenir de los pueblos y civilizaciones desarrollados en la cuenca mediterránea ha sido, sin lugar a duda, el cultivo de la vid y, asociado a ella, la elaboración del vino. De hecho, se conoce a la cultura mediterránea como "la cultura del vino y del aceite" (Mauri, 1991) o como "la cultura del pan, el vino y el aceite". Se reconoce que el cultivo de la uva y su transformación en vino ocurrió por primera vez entre el extremo oriental del Mediterráneo y el Medio Oriente (McGovern, 2003; Estreicher, 2006; Ascalone, 2008), existiendo múltiples evidencias científicas, como por ejemplo los vestigios encontrados en Mary (Gómez Miguel, 2011) o en Ugarit (Zamora, 2000), siendo posteriores algunas de las evidencias literarias, como el poema de Gilgamés (Alonso Abad, 2014) o la Biblia. Desde allí, tanto el cultivo de la vid como los hábitos de su consumo tras la fermentación, es decir después de su transformación en vino, se expandieron por toda la cuenca mediterránea, llevados por los diferentes pueblos que lo han surcado, como fenicios, cartagineses, griegos y romanos, ya sea por motivos comerciales o de expansión y conquista. Hay evidencias de que muchos de los pueblos del mediterráneo occidental conocían la vid, y posiblemente su transformación en vino, antes de la llegada de los pueblos del Mediterráneo oriental (Hidalgo Togores, 2003). No obstante, se considera que sus conocimientos podrían ser bastante rudimentarios, por lo que la llegada de los "pueblos del otro lado del mar" impulsó el desarrollo de una viticultura más cuidada, que alcanzó elevados niveles de desarrollo con la expansión del imperio romano, que también produjo cambios notables y mejoras en los métodos de elaboración del vino, sofisticándolos. En torno al vino los pueblos mediterráneos generaron hábitos y costumbres peculiares, en definitiva, modos de vida distintivos. En torno al vino se generó cierta sofisticación, y son numerosas las presentaciones artísticas, escultóricas, pictóricas, literarias, etc. en las que se incorporan elementos vitivinícolas, sin olvidar los vínculos religiosos (Dionisos Baco, Osiris, la diosa Gestín sumeria, etc.) A lo largo de la historia de estos pueblos, el vino seguirá siendo parte de su entidad cultural y de su desarrollo social, además financiará y servirá de inspiración para crear obras que los transcenderán, y que incluyen desde los propios vinos a todas las manifestaciones culturales. Todo este bagaje histórico ha dejado en los países de la cuenca mediterránea un gran patrimonio histórico, arquitectónico, artístico, etnográfico, folclórico, gastronómico, etc., sin olvidar el patrimonio biológico (como las variedades de uva y los patrones) y enológico (como las formas y modos de elaborar vinos de distintos tipos y los diferentes tipos de equipos y maquinarias asociadas, etc.). En definitiva, un gran patrimonio cultural en torno al vino, que es lo que constituye la Cultura del Vino y que es lo que hace posible desarrollar un turismo enológico de calidad, rico y enriquecedor, diverso y sorprendente, que puede cubrir las expectativas de los diferentes tipos de turistas interesados en él. Prats ( 2006) considera que son tres los tipos de elementos del patrimonio cultural del vino que son útiles para su aprovechamiento enoturístico y para conocer, a través de ellos, el devenir de los pueblos. Estos son: los objetos, en cualquiera de sus modalidades, que constituyen el "patrimonio mueble" y suelen conservarse y mostrarse en museos y colecciones sean cuales sean sus dimensiones y tipologías; las manifestaciones o "patrimonio inmaterial", que incluyen todo aquello que debe representarse o reproducirse para ser disfrutado (incluyendo fiestas, música, lecturas, gastronomía, procesos productivos, etc.), y los lugares que son el "patrimonio inmueble" y abarcan una amplia casuística desde los propios viñedos y bodegas hasta los yacimientos arqueológicos y parques naturales, entre otros. Los tres tipos de elementos interaccionan entre sí de múltiples maneras determinando una compleja y rica cultura que define la concepción integral de la cultura del vino, y por ende del turismo del vino, que debería respetarse y mantenerse como seña de identidad de los territorios y de sus gentes. Cabe mencionar como colofón de este apartado la repercusión positiva que ejercen determinados pre-mios y reconocimientos de los productos, los vinos, los parajes o las propias actividades enoturísticos en la promoción e incentivación del enoturismo. Así lo señalaba por ejemplo la gerente de la Ruta del Vino Ribera del Duero: "Muchas veces los premios contribuyen a dar visibilidad a personas, lugares y empresas en el mapa. Los Goya, por ejemplo, suponen una gran subida en taquilla para las películas galardonadas; el premio Cervantes consigue que las obras literarias aumenten sus ventas, y los Ondas dotan de reconocimiento y prestigio a personalidades de la radio, el cine, la música y la televisión. Así pasa también con los premios referentes a la cultura del vino", indicando también que "los premios son un aliciente para que los empresarios y los destinos puedan recoger los frutos de un esfuerzo realizado durante años. Pero también resulta un estímulo para aquellos que aspiran a ese reconocimiento en sus siguientes ediciones" (García García-Alcalá, 2014). En este contexto, se debe considerar también el gran aliciente que, sobre el desarrollo del enoturismo de las regiones vitivinícolas, suponen y ejercen los premios y reconocimientos singulares de los paisajes vitícolas. El máximo galardón al que puede aspirar un paisaje es su reconocimiento como Patrimonio Cultural de la Humanidad, que es otorgado por la UNESCO [URL] culturallandscape/). En la actualidad son varias las regiones y paisajes vitivinícolas mundiales que tienen este reconocimiento, y con ello se ha reconocido todo el valor cultural que encierran los paisajes vitícolas que son el resultado, a través de la historia, de la interacción de las gentes con el territorio (Gómez-Miguel y González-San José, 2013). El concepto de Paisaje Cultural fue expresado por el geógrafo C. Sauer ya en 1925 y la UNESCO, preocupada por la conservación y puesta en valor de este tipo de paisaje, lo define en las Directrices prácticas para la aplicación de la Convención Mundial sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural en 1992 como "la interacción significativa entre los pueblos y su medio ambiente", aunque esta definición fue revisada en 1995, quedando como "unidad en la que se integran las actividades humanas y el medio natural estableciendo una interacción dinámica que se manifiesta en hechos y rasgos físicos, testimonios del transcurso de una sociedad sobre un determinado territorio". Existen varios tipos de paisajes culturales, enclavándose los paisajes del viñedo en el grupo de los paisajes evolutivos activos. Son evolutivos porque fueron generados en el tiempo por transformaciones colectivas, y son activos porque mantienen su actividad y su transformación continúa. Enoturismo y sostenibilidad socio-económica El enoturismo se asocia directamente con la sostenibilidad económica y social porque es un modo de contribuir a la generación de riqueza y a su distribución entre todos los agentes vinculados al vino. Por lo tanto, es una forma de contribuir al desarrollo del bien social de las propias sociedades que ocupan los territorios vitivinícolas, a la vez que contribuye a inculcar el respeto a la naturaleza a través de un uso armonioso de la misma. Este hecho se consigue, en este caso, a través de la integración de los conocimientos asociados al cultivo de la vid con aquellos asociados a los efectos de la interacción de los viñedos con el entorno, lo que facilita el uso racional y respetuoso del medio. Existen muchas evidencias de cómo el desarrollo de los pueblos vitivinícolas ha dependido fuertemente de las labores derivadas del manejo del cultivo de la vid y de la elaboración del vino. Se podría decir que, en la mayoría de las grandes regiones vitivinícolas del mundo, los oficios en torno a la vid y el vino son el motor principal de la economía de la región, siendo la fuente principal, y a veces la única, de los ingresos de las familias. Además, en general, en las regiones vitivinícolas la renta per cápita suele ser superior que en las zonas circundantes donde no se produce vino. Ejemplos de la importancia económica del enoturismo subyacen en comentarios previos como lo ya dicho respecto a que el enoturismo en principio nació como un modo de "publicitar" los vinos. Sin embargo en la concepción moderna del enoturismo, con base en la cultura del vino, las actividades enoturísticas han salido de las bodegas, involucrando a otros integrantes de la sociedad rural con actividades económicas muy variopintas como puede ser la restauración (hoteles, restaurantes y bares), empresas vinculadas a actividades en torno a productos artesanos y productos alimenticios típicos, así como aquellas dedicadas a la oferta de otras actividades culturales (museos y exposiciones etnográficos o de otras manifestaciones artísticas, conciertos, etc.) o la oferta de actividades de naturaleza (excursiones guiadas por parques naturales, actividades de avistamiento de aves, etc.). Esto hace que el beneficio económico se extienda a otros miembros de las comunidades de las regiones vitivinícolas no estricta y directamente vinculados al mundo del vino. De este modo, el enoturismo, junto con la distribución del beneficio económico, puede conseguir un efecto social importante tanto de modo directo, generando posibilidades para fijar población en el medio rural, como indirecto, generando interés por la zona y generando la riqueza que facilite el acceso a servicios (como por ejemplo conexión a internet, mejora de las vías de comunicación, etc.) y, por tanto, contribuyendo al desarrollo en igualdad de oportunidades. Millán Vázquez de la Torre, Morales Fernández y Castro Freire (2012) afirman que el turismo del vino impulsa el desarrollo socioeconómico integral y sostenible del territorio generando empleo y riqueza y mejorando la calidad de vida de la población local. La actividad enoturística genera nuevas vías de ingresos ayudando a desarrollar la economía local. Además, el propio enoturismo y sobre todo las mejoras asociadas al desarrollo del proyecto enoturístico aumentan el atractivo turístico del territorio, lo que puede atraer nuevas inversiones con la consiguiente generación de empleo, recaudación de impuestos, etc. Desde finales del siglo pasado se vienen publicando trabajos que señalan el valor estratégico y económico del enoturismo como generador de riqueza, sobre todo en las regiones del interior. Estos trabajos muestran grados de influencia y contribuciones económicas variables y no siempre cuantificadas monetariamente. La variación depende de los territorios, los factores considerados, etc., y en algunos casos los resultados indican que aún hay que seguir trabajando y sobre todo colaborando entre los diferentes agentes implicados para poder conseguir un efecto económico significativo (Duarte Alonso y Liu, 2012a; Duarte Alonso y Liu, 2012b). Otro hecho que remarca el valor económico del enoturismo, y por tanto de su contribución a la sostenibilidad económica y social, es la instauración desde 2009 de la celebración del Día europeo del enoturismo, que tiene lugar cada segundo domingo de noviembre y que es promovido por la Red Europea de las Ciudades del Vino (RECEVIN), que en su página web indica que el Día europeo del enoturismo, instaurado en 2009, es una actividad directamente relacionada con la valorización y promoción de los territorios como activos económicos rentables, de tal modo que se consiga posicionarlos competitivamen-a399 te en el mercado global de los territorios-producto. Además, esta iniciativa favorece el establecimiento de canales de distribución de mercado bien definidos, reforzando las estrategias colaborativas y de sensibilización intra e intersectoriales, y estimula la innovación comercial del turismo del vino. La promoción conjunta de todos los eventos organizados en todos los territorios genera un impacto de imagen y difusión mayor y más fuerte. Por otra parte, resulta interesante señalar que la relativa "novedad" del enoturismo y la multitud de actividades enoturísticas que pueden ofertarse hacen de este campo un sector atractivo para los emprendedores. Además, a pesar del aumento del enoturismo observado en los últimos años, aún queda mucho por explorar y por explotar (Marzo Navarro y Pedraja Iglesias, 2012). Así, son diversas y no pocas las iniciativas que en los últimos años se han puesto en marcha de la mano de jóvenes emprendedores que han visto en este sector un modo de buscar una salida a la falta de empleabilidad (Hernando Serrano, 2014). Un último comentario vinculado a la sostenibilidad económica, es que también se debe considerar el segmento económico del enoturista, de tal modo que la oferta se adapte a los diferentes poderes adquisitivos que puedan interesarse por este tipo de turismo (Sampaio, 2012). Enoturismo y Sostenibilidad Ambiental La relación del enoturismo con la sostenibilidad ambiental deriva directamente y en primera estancia de la relación que tienen las prácticas vitivinícolas y enológicas con el medio natural y, por este motivo, está relacionada con todos los aspectos derivados del uso sostenible del territorio, así como con la elaboración sostenible del vino. Por otra parte, el enoturismo se relaciona con la sostenibilidad ambiental a través de los beneficios indirectos o externalidades medioambientales que genera, siendo las más reconocidas la fijación de dióxido de carbono, el efecto cortafuegos, la protección contra la erosión, el efecto corredor y refugio de fauna y, en determinadas ocasiones, la preservación de especies vegetales autóctonas (como pueden ser determinadas variedades de uva) (Peris-Martínez, 2013). Respecto al cultivo sostenible de la vid y la elaboración sostenible de vino, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) en sendas resoluciones de 2004 y 2008 (CST1/2004 y CST1/2008, respectivamente) define la vitivinicultura sostenible como una "estrategia global a escala de los sistemas de producción y procesamiento de las uvas, asociando a la vez la sostenibilidad económica de las estructuras y los territorios, obteniendo productos de calidad, considerando las exigencias de precisión de la vitivinicultura sostenible, los riesgos vinculados al medio ambiente, la seguridad de los productos y la salud de los consumidores, y valorando los aspectos patrimoniales, históricos, culturales, ecológicos y paisajísticos". Al enunciar los principios generales, la OIV indica que "las actividades del sector de la viña y el vino son altamente dependientes de los recursos naturales: energía solar, clima, agua, suelos y de la completa integración de estos elementos con los procesos ecológicos. Consecuentemente, la protección y la conservación de este bien natural mediante prácticas de desarrollo sostenible son un imperativo para la viabilidad a largo plazo de las actividades vitivinícolas". Directamente relacionado con este principio, es interesante resaltar que el viñedo en muchos territorios vitícolas juega un papel medioambiental muy importante, siendo en gran medida el máximo responsable de la protección del suelo, que es un recurso natural escaso pero muy valioso, tal y como se indica en la Carta Europea del Suelo (Gómez-Miguel, 2012). El papel protector del viñedo es de especial interés en los territorios en los que de no existir viñedo sería difícil la implantación de otros cultivos, ni prácticamente se instalaría otra vegetación que protegiera al suelo de la degradación, es decir, en zonas catalogadas como de baja capacidad de uso y consideradas zonas de protección, ya que cualquier acción regresiva sobre la cubierta vegetal produciría la pérdida del suelo (ej. zona vitivinícola de Requena, en España, según Peris-Martínez, 2013) El valor protector del viñedo sobre los suelos ha conseguido, en casos singulares, el apoyo de los gobiernos para adoptar medidas específicas de protección de los mismos. Sirva de ejemplo el proyecto Apoyo a la permanencia del paisaje del viñedo tradicional en la Reserva de la Biosfera de Doñana, de la Consejería de Medioambiente de Andalucía (2011) enmarcado en el convenio suscrito con el entonces Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino para la ejecución de actuaciones de desarrollo sostenible en las ocho reservas de la biosfera andaluza. Un aprovechamiento más sostenible del medio, es decir del paisaje, de los viñedos y de los ecosistemas circundantes, en principio redunda en una mejora de la oferta enoturística que puede ofrecer el territorio y, recíprocamente, como consecuencia de ello, el enoturismo redundará en beneficios socio-económicos para el territorio. De ello se deriva que sería conveniente establecer estrategias de colaboración intra e intersectoria-
Las antiguas zonas mineras e industriales, muchas de ellas ya abandonadas tras una prolongada actividad extractiva y productiva, albergan frecuentemente buenas experiencias de recuperación del patrimonio asociado y sus paisajes. Impulsados inicialmente los proyectos desde las administraciones públicas, sobre todo de ámbito municipal, con participación activa de las empresas propietarias y la comunidad local, hoy son un extraordinario referente de puesta en valor de un legado muy peculiar que ofrece amplias posibilidades de reutilización bajo la perspectiva irrenunciable del desarrollo sostenible. Los viajes ilustrados del siglo XVIII y el interés que se despertó entonces hacia las más variadas observaciones naturales y culturales, entre las que se encontraba el progreso técnico vinculado a la producción, impulsaron la atracción y el acercamiento intelectual hacia las fábricas a lo largo del siglo XIX. La fascinación decayó con la llegada del siglo XX. Fue entonces cuando lo cultural empezó a identificarse con lo artístico y el arte se convirtió en el gran protagonista de lo que ya se podría denominar como turismo. La intensificación industrial que caracterizó a las primeras décadas del siglo XX convirtió sus avances y manifestaciones materiales en algo habitual y asumido, con menor poder de seducción. El turismo de masas de base heliotrópica que se inició tras la Segunda Guerra Mundial acabó por liquidar el interés hacia las industrias y la industrialización. Ese interés volvió a despertarse con la crisis económica de mediados de la década de 1970, considerándose el final precipitado de un periodo que había logrado marcar profundamente las identidades básicas de la sociedad industrial. Muchas voces reivindicaron la conservación de los restos productivos más significativos, que permitiesen mantener vivo el recuerdo de un pasado aún no muy lejano. Fue un proceso lento, pero progresivo, de patrimonialización de lo industrial en el que jugaron un papel destacado las emociones y los recuerdos individuales y colectivos. Las propuestas de conservación e introducción de nuevas funciones en los espacios más singulares comenzaron a materializarse con proyectos de muy distinta naturaleza y con intensidades diferenciadas según regiones y países. Las antiguas fábricas y áreas mineras recuperadas se acabaron convirtiendo en una de las facetas más visibles de las nuevas tendencias culturales. Este turismo se aleja de la densificación y homogeneización de la oferta en otros turismos, creando productos nuevos y competitivos en el marco de una diversificación cada vez más compleja, lo que obliga a aplicar proyectos de intervención que consideren siempre el entramado territorial, la participación de la población local y una gestión basada en principios racionales y sostenibles. Por otro lado, se trata de un turismo en un contexto de cambio social y de nuevo modelo productivo en el marco de la globalización (Zárate Martín, 2011). Solo así se garantiza el éxito de los destinos que estuvieron vinculados a la producción. ESTADO DE LA CUESTIÓN Y PERSPECTIVAS TEÓRICAS El interés por el patrimonio industrial en España surge en la década de 1980. De algún modo, se ha devuelto a la gente un patrimonio que fue de la gente (Samuel, 1994). Pero además, se ha pasado de la puesta en valor del elemento construido a la necesidad de tratarlo de manera integrada con el paisaje y el territorio en los que se ubica. Se asume, por lo tanto, que es necesario adoptar una visión más amplia en la que se tengan en cuenta aspectos sociales, económicos y culturales, que acaban por reafirmar la identidad colectiva y promover una opinión favorable a la conservación y nuevo uso (Casanelles, 1998; Feliú Torras, 1998; Hidalgo, 2010). El crecimiento del turismo cultural como fenómeno de masas, iniciado a finales del XX, favoreció la valoración del concepto de patrimonio como un legado no vinculado tanto a la estética como a la amplia herencia transmitida por una comunidad en un espacio determinado (Sabaté Bel, 2004). Fue un cambio significativo que resultó de la propia evolución de las ideas en el campo de la protección de los componentes naturales y culturales y del concepto de paisaje cultural. Aunque los orígenes del término paisaje cultural se pueden encontrar en algunos geógrafos franceses y alemanes de finales del siglo XIX (Ratzel, (1844-1904), Schlütter (1872-1959), Vidal de la Blache (1845Blache ( -1918)), la acepción actual aparece a principios del siglo XX con la Escuela de Berkeley y especialmente con la figura de Carl Sauer (1889-1975), que lo define como la acción de un grupo social sobre un paisaje natural. El estudio científico del patrimonio industrial adquirió temprano desarrollo en Inglaterra, Francia y Alemania; primero en torno a los ejemplos más significativos de las industrias del siglo XIX, para extenderse después a otros casos menos grandiosos o singulares y a la interpretación global de los paisajes de la industrialización, promoviendo sus valores culturales, la preservación de su patrimonio histórico y la recuperación recreativa (Cossons, 2012; Albrecht, 2012). Las actividades industriales y mineras pasaron a ser consideradas por su capacidad configuradora de paisajes culturales, recuperándose enclaves tan emblemáticos como Lowell, Blackstone y Lackawana en forma de parques patrimoniales. Este nuevo concepto integral quedó posteriormente recogido en la Convención Europea del Paisaje, firmada en Florencia en el año 2000. Unos años antes, los paisajes culturales fueron reconocidos oficialmente como parte integrante de la Lista de Patrimonio Mundial a partir de 1992, incluyéndose también los industriales. En este contexto general se enmarca la aprobación en España de un Plan Nacional de Patrimonio Industrial, que comenzó en el año 2001 y en 2002 se elaboró un catálogo inicial de bienes de intervención prioritaria. Más recientemente, en 2012, se aprobó un Plan Nacional de Paisajes Culturales, en donde se contemplan como categoría específica los paisajes heredados de la industrialización. Por otra parte, en las dos últimas décadas han proliferado los debates sobre la recuperación e introducción de nuevas actividades en los antiguos espacios industriales. Son muchos los que defienden que este turismo es compatible con el desarrollo sostenible (Sharpley, 2000; Cole, 2004), destacando como aspecto más relevante sus beneficios de tipo social, económico y ambiental. Sin embargo, también se insiste en las dificultades que existen para la generación de riqueza y empleo en muchos de los paisajes industriales, sobre todo cuando se ubican en ámbitos rurales, por la complejidad que resulta de la intervención de actores de muy distinta naturaleza y la presencia de intereses dispares y contrapuestos (Valenzuela, Palacios e Hidalgo, 2008). La creciente sensibilización de las instancias oficiales y de la sociedad hacia la preservación ha logrado alcanzar a la noción de paisaje industrial, considerándolo como recurso no renovable y objeto de protección (Vahí, 2010; Castillo, López y Millán, 2010; Benito y Alonso, 2012). Esto ha sido fundamental para la con-sideración del patrimonio industrial como elemento de identidad y cohesión de las comunidades locales (Benito y Alonso, 2012) y como base para nuevos usos sostenibles (Pardo Abad, 2016). El concepto de sostenibilidad arranca de la década de 1970, con la celebración de algunas conferencias (Estocolmo, 1972) y la firma de algunos convenios (París, 1972) que representan los primeros compromisos internacionales para la conservación de la naturaleza y la cultura (Convención del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO de 1972). Después vino la redacción de informes (Informe Brundtland, 1987), la celebración de reuniones internacionales (Cumbre de la Tierra o de Río de 1992; Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, 2002; Cumbre de Naciones Unidas Río+ 20, en junio de 2012) o acuerdos sectoriales concretos (Carta Europea de Turismo Sostenible, 2007), en los que se destaca que las motivaciones culturales son cada vez más importantes en los desplazamientos turísticos y la calidad de los destinos pasa por el uso sostenible del patrimonio 1. Algunos autores apuntan que el concepto de la sostenibilidad se ha aplicado al turismo con mucha ambigüedad, agravado por la gran profusión de formas específicas del turismo y de definiciones poco precisas de desarrollo sostenible (Butler, 1999). Lo más extendido ha sido reivindicar que cualquier turismo de pequeña escala es sostenible, focalizado en lo ambiental y cultural y con participación de la comunidad local, pero incluso ahí consideramos absolutamente necesario ahondar más en la conceptualización de la sostenibilidad y en el empleo de indicadores que permitan analizar la situación real y los efectos de futuro. Se ha sugerido también que es imprescindible prestar atención en este tema a la perspectiva económica, ecológica y ambiental (tanto a nivel físico como humano) y de viabilidad de los proyectos turísticos a largo plazo (Coccossis, 1996). En otros casos, el turismo sostenible ha sido entendido solo como forma duradera de turismo, en lugar de referirlo a la viabilidad de la actividad sin degradación ambiental. Algunas aportaciones destacan los vínculos del patrimonio industrial con el turismo sostenible, enfatizando los beneficios de la recuperación de paisajes y construcciones abandonadas (Jansen-Verbeke, 1999; Butler, 1999; Sabaté Bel, 2004;Álvarez, 2010; Pardo Abad, 2014). La reutilización de edificaciones, la mejora ambiental del territorio, el uso turístico racional y la creación de proyectos y empresas de base local se enmarcan en los planteamientos de la sostenibilidad. La geografía ha necesitado bastante tiempo para considerar el patrimonio industrial como un elemento básico de los paisajes y de la cultura territorial. En el marco más reciente de la geografía postmoderna, fuertemente influida por la fenomenología y el existencialismo, que considera los distintos espacios como productos sociales singulares e irrepetibles, el legado industrial y su uso turístico se vinculan con la preservación de las señas de identidad de las comunidades locales. Y esta consideración, nacida de una nueva geografía, o de una geografía reconstituida, ha dado pie a la reivindicación de lo local frente a lo global, pero no como contraposición sino a través de las interrelaciones entre ambas escalas espaciales. Esto llevó a Benko y Strohmayer (1997) a acuñar el término de glocal. Bajo esa perspectiva, la geografía se interesa por el análisis de los lugares concretos, de límites imprecisos y confluencia de identidades y unicidades que rompen el nivel "material" y reconocido de las regiones estudiadas por la geografía clásica. En las ciudades, esta concepción territorial y paisajista centró algunos trabajos sobre el cierre de viejas fábricas y la aparición de los denominados vacíos industriales (Pardo Abad, 1990), claros síntomas de la crisis metropolitana experimentada en la segunda mitad del siglo XX bajo los efectos del cambio de modelo productivo y urbano inducido por la globalización económica y la acelerada revolución tecnológica. Con el tiempo se pudo comprobar la capacidad de respuesta y la variedad de soluciones aportadas, todo ello en un nuevo contexto económico y urbanístico que propiciaba la recuperación de los espacios interiores de la ciudad (Zárate Martín, 2012). En cuanto a la recuperación del patrimonio industrial y la puesta en valor de los paisajes asociados hay que tener en cuenta que son fenómenos relacionados con la sensación evocadora y nostálgica que causa la herencia de la revolución industrial. Y quizá con más fuerza que en otros legados, debido al cúmulo de sentimientos colectivos que aún perviven en los territorios de tradición industrial. Enlazando con los conceptos de 'espacio vivido' y de 'lugar', como centros de significado y focos de vinculaciones emocionales, existen muchos valores añadidos en este legado que dan vigor y dinamismo a su revalorización. La Carta Mundial del Turismo Sostenible fue adoptada en 2015 en la Cumbre Mundial de Turismo Sostenible. De carácter generalista, y reiterando la validez actual de la Carta Mundial de Turismo Sostenible del año 1995, insiste en la necesidad de orientar el turismo hacia vías integradoras y sostenibles. En la Carta se hace especial hincapié en que la actividad turística debe convertirse en impulsora de las economías locales y contribuir a la participación activa de las comunidades locales como parte inexcusable en la gestión responsable de los destinos turísticos. Aun sin realizar ninguna referencia explícita a un tipo concreto de turismo, el documento insiste permanentemente en la idea de que esta actividad debe reforzar el papel decisivo del patrimonio material e inmaterial. Siguiendo esta línea argumental, el patrimonio industrial puede considerarse como un elemento más que contribuye a alcanzar ese objetivo general, consolidando la identidad y la diversidad culturales como puntos de referencia imprescindibles para el desarrollo de unos destinos específicos, pero conformadores también de los activos turísticos más generales y de conjunto. Los problemas de conservación del patrimonio industrial han de encontrar en la actividad turística el modo de solución por los efectos inducidos sobre la economía y cultura locales, la cooperación entre agentes y organismos públicos y privados, la innova-a400 ción en la oferta y sobre la responsabilidad compartida en la preservación de los bienes industriales heredados. Todo ello sin olvidar la atención que se ha de prestar al frágil patrimonio cultural inmaterial de los destinos. De especial relevancia en las zonas de antigua industrialización, se ha transmitido de generación en generación y ha creado en los grupos locales un sentimiento de identidad y continuidad. El uso responsable de este patrimonio vivo con fines turísticos puede generar nuevas oportunidades de desarrollo, pero evitando dos tendencias bastante extendidas en la actualidad: la degradación y la homogeneización. Es una forma más de ahondar en la sostenibilidad turística, conservando la autenticidad y la integridad de los lugares y destinos de patrimonio industrial (figura 1). Un tipo de proyecto muy característico son los ecomuseos. Este concepto se basa en el objetivo de convertir un territorio industrial, los diferentes elementos construidos y el paisaje cultural resultante en un museo, de manera que se establezca una relación recíproca entre la sociedad y el entorno en el que se localizaron las fábricas (Pardo Abad, 2008; Pardo Abad, 2017). Las industrias pueden mantenerse aún en activo en algunas ocasiones, pero lo más frecuente es que los ecomuseos se creen en áreas afectadas por el cierre de fábricas con el objetivo de reforzar la identidad de su pasado industrial. A diferencia de los museos tradicionales, los ecomuseos no suelen disponer de grandes colecciones de exhibición y hay que desplazarse sobre el terreno para conocer minas, fundiciones, altos hornos, casas de obreros y patronos o vías férreas. Representan un proyecto abierto y participativo que funciona de manera integrada con el territorio y muestra los distintos elementos como parte de un paisaje. Los primeros pasos dados en esta dirección se remontan a finales del siglo XIX, en un momento de temor a que la creciente industrialización destruyera la variedad cultural de la sociedad rural. La realización más innovadora fue la apertura del museo Skansen en 1891, en Suecia, el primer museo al aire libre del mundo. En este caso se habilitó un amplio lugar para reconstruir escenas de la vida cotidiana y agrícola de Escandinavia. Este esquema museográfico se convirtió luego en un modelo a imitar en los llamados open air museums del mundo anglosajón y en los freilichtmuseen del germánico. Otra innovación importante fue introducida gracias a los heimatmuseen. Se trataba de pequeñas instituciones museísticas creadas para poner en valor un oficio tradicional, una industria concreta o el talento de algún personaje particular. Esta experiencia conoció una difusión notable en la Alemania de entreguerras como forma de lograr una cierta cohesión social, perdida durante el conflicto de la I Guerra Mundial, y recuperar un pasado prebélico muy idealizado. La novedad del heimatmuseum consistía en colocar a la comunidad local en el centro del universo museístico, adoptando un punto de vista global en la presentación del patrimonio. El régimen nazi instrumentalizó este modelo museístico porque la focalización en la comunidad local fue entendida en términos nacionalistas, la interpretación del sentimiento de identidad territorial se proyectó de manera patriótica, la didáctica se transformó en adoctrinamiento y propaganda en torno a los valores de la raza y la dinámica propia de estos centros El Plan Nacional de Patrimonio Industrial, aprobado inicialmente en 2001 y revisado en el año 2011, enfatiza también la necesidad de la sostenibilidad. Es, de algún modo, un cambio de paradigma, un nuevo enfoque con gran repercusión en el patrimonio industrial por lo que representa de conservación preventiva de los bienes, la implicación de la sociedad y sus instituciones, la gestión proactiva de los recursos y el uso responsable por los ciudadanos. Estas son las garantías de que el legado material e inmaterial de la revolución industrial permanezca como bien social, factor de cohesión y testigo de la historia de los territorios. El patrimonio industrial, así como sus extraordinarios paisajes asociados, constituye un enorme yacimiento de recursos culturales de gran potencia y visibilidad y actúa como elemento estructurante de las más variadas acciones de intervención, investigación, creación y difusión de proyectos de dinamización económica y social fundamentados en el turismo. a400 se opuso a la quietud del resto de museos. Durante el régimen nazi se crearon cerca de dos mil sitios de estas características y, más allá de su utilización política, es importante interpretarlos como síntoma de una transformación profunda de todo el panorama museístico internacional. El apogeo de los heimatmuseen fue casi contemporáneo a la creación del Museo de Artes y Tradiciones Populares de París en 1935. Después de la II Guerra Mundial, el consumo cultural de las tradiciones populares ya no se limita a la escenificación de lo insólito y se extiende a los rasgos más cotidianos de las comunidades locales. Los museos etnográficos se orientan también hacia el mundo industrial y urbano, traspasando los límites de la cultura popular como representación idealizada del mundo rural, que tanto había caracterizado las primeras experiencias museísticas, y el traslado de construcciones auténticas o de otros elementos de gran tamaño se abandona poco a poco a favor de una revalorización in situ (Thimothy, 2011). En la década de 1950 surgen en Estados Unidos, por influencia de los inmigrantes escandinavos, numerosos museos de pequeñas dimensiones. En los años sesenta se abre paso en Dinamarca el nuevo concepto de museo-taller, en el que al público se le invita a participar directamente, superándose la noción de los museos al aire libre de las décadas anteriores. La crisis del modelo industrial tradicional de los países desarrollados contribuyó a despertar el interés por el patrimonio industrial. En Gran Bretaña y Estados Unidos, siguiendo la referencia del tipo de museos ya comentados, se crearon muchos centros interpretativos, generalmente de reducidas dimensiones y enfocados a la historia industrial y rural de base local. Se volcaron no solo en la salvaguarda del patrimonio construi-do sino también en la conservación de las tecnologías pasadas y el saber-hacer popular. La evolución del concepto de patrimonio cultural y los debates planteados en torno a la función de los museos permitieron la constitución de los primeros ecomuseos. Su éxito tuvo que ver con la noción de patrimonio global que se fue abriendo paso en el panorama cultural y la necesidad de una aproximación científica de tipo multidisciplinar. Las ventajas de establecer estrechos vínculos de conexión entre la comunidad y el territorio propiciaron aún más su desarrollo, lo que facilitó su proyección y vinculación casi naturales hacia el concepto cada vez más extendido de la sostenibilidad. Las primeras experiencias surgieron tomando como referencia dos modelos diferentes: el ecomuseo ligado al medio (centrado en los valores ambientales de un lugar) y el ecomuseo comunitario (centrado en el desarrollo social de ámbito local). Los dos modelos se enmarcan en una lógica evolutiva que comprende varias fases (tabla 1): a) La primera fase, en la primera mitad de los años setenta, se centró en el concepto de espacio. para una explotación turística lo más intensiva posible y alejada de los principios más elementales de la sostenibilidad. d) La cuarta fase surge a finales de la década de 1990. Las motivaciones de carácter económico persisten y se añaden, como un nuevo estímulo, las preocupaciones ligadas a la globalización y la uniformidad de las identidades locales. El papel de los poderes públicos aumenta en estos momentos y, por el contrario, disminuyen las iniciativas privadas. Muchos de los ecomuseos creados ahora se enmarcan en las políticas económicas y sociales de ámbito local y regional, orientadas al fomento del empleo, el uso sostenible de los recursos culturales y naturales, el fomento de la identidad comunitaria y la participación activa de la población y los agentes del lugar. RETOS PARA UN TURISMO SOSTENIBLE DE PATRI-MONIO INDUSTRIAL: EL VALOR DEL PAISAJE Las actividades productivas y extractivas han dejado a lo largo del tiempo unas huellas de gran alcance sobre el territorio. Son las muestras de un proceso pertinaz de conformación de paisajes, con unos rasgos comunes en muchos casos que no impiden su distinción única. La difusión de técnicas, a través de los intercambios establecidos entre países y regiones, permitió crear unos modelos parecidos de explotación de los recursos naturales y de producción. Esto facilita en la actualidad que muchos territorios de la industrialización compartan experiencias de difusión de los valores asociados al patrimonio industrial, propuestas de buenas prácticas para el desarrollo sostenible, asesoramiento en la mejora del medio ambiente o introducción de nuevos usos turísticos. El encuentro de puntos comunes entre distintos lugares vinculados inicialmente a la industria no impide enfatizar las características diferenciadoras de cada sitio en particular. Las experiencias compartidas garantizan un mejor futuro para el turismo sostenible de patrimonio industrial. En muchos proyectos ya consolidados, tanto de España como de otros países europeos, ese futuro es ya una realidad y la recuperación de los vestigios materiales se ha convertido en un motor de desarrollo económico en muchas comarcas inicialmente marcadas por el cierre y el abandono de las explotaciones 3. La experiencia acumulada en esos proyectos demuestra la necesidad de contemplar siempre una serie de estrategias de intervención para alcanzar el objetivo irrenunciable del desarrollo sostenible (figura 2): a) La ordenación del territorio. El patrimonio de la industrialización ha sido un eje vertebrador y dinamizador de numerosos lugares. Tanto el patrimonio industrial como el paisaje cultural que genera deben de incorporarse como elementos fundamentales de la planificación del territorio, de las políticas urbanísticas aplicadas o de tipo cultural, medioambiental, social y económico. b) La concepción de estos territorios como paisajes culturales. Para ello es imprescindible implementar las medidas específicas que se establecen al respecto en el Convenio Europeo del Paisaje, combinando de manera ordenada la intervención sobre los distintos elementos heredados con la preservación del paisaje y la recuperación ambiental de las zonas degradadas. c) La propiedad de los vestigios. La titularidad es un factor determinante en el desarrollo turístico de los enclaves y para ello se ha de hacer cumplir la legislación sobre protección de bienes culturales cuando son de propiedad privada. En otras ocasiones puede ser interesante propiciar el paso a titularidad pública de los elementos patrimoniales más significativos, así como concienciar de su valor para la generación de riqueza y empleo. d) La implicación de las administraciones locales y agentes sociales. Este aspecto es particularmente importante para el éxito final de las iniciativas de nuevo uso, ya que pueden propiciar y garantizar la participación activa de la comunidad. Las actividades dirigidas a conocer y difundir los valores del patrimonio industrial entre la población local son muy importantes, así como la formación de personal cualificado para la correcta gestión del patrimonio. e) El desarrollo de un turismo sostenible. El nuevo uso turístico es una vía activa de desarrollo socioeconómico. Es imprescindible poner en valor los recursos disponibles mediante proyectos creativos e imaginativos, de forma que realcen los valores particulares. Lo más distintivo y diferenciador de cada lugar debe servir para crear productos turísticos de calidad que promuevan el patrimonio material e inmaterial y la identidad local con museos especializados, rutas ecoculturales, visitas a minas, instalaciones industriales, centros de interpretación interactivos, etc. Más allá de las estrategias de intervención que se acaban de analizar, un aspecto muy importante que hay que considerar es la sostenibilidad económica de los proyectos. La limitada capacidad de atracción de a400 los espacios mineros o industriales musealizados convierte en más vulnerables las iniciativas de nuevo uso turístico y cultural. Los gastos iniciales son cuantiosos por la envergadura de las estructuras construidas y la amplitud de los lugares afectados, a lo que se une el hecho indiscutible de que los beneficios, cuando existen, son reducidos frente a otras opciones de turismo (Prat Forga y Díaz Soria, 2013). La sostenibilidad económica es bastante discutible en la mayor parte de los casos, debido básicamente a que el turismo en el entorno del legado de la industrialización es minoritario. Ello obliga a que sea imprescindible una gestión eficaz de los recursos económicos disponibles, el apoyo financiero de las administraciones públicas y el patrocinio de algunas entidades privadas para lograr suplir unos ingresos propios insuficientes. Solo así se garantiza la continuidad de las propuestas y la consideración turística de unos destinos muchas veces alejados de los principales itinerarios culturales. El turismo, tal y como se reconoce en la Carta Mundial del Turismo Sostenible +20, aprobada en el año 2015, es una fuerza motriz del patrimonio cultural capaz de dinamizar la economía de las comunidades locales si se adoptan, en línea con los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, modelos de gestión innovadores y apropiados para mejorar la eficiencia del uso de los recursos 4. Esta misma línea argumental aparece recogida en la ya comentada revisión del Plan Nacional de Patrimonio Industrial del año 2011, afirmando que la conservación y activación del patrimonio cultural nunca han sido ajenas a la situación del entorno económico ni a los cambios de paradigma en la intervención patrimonial. El énfasis de la sostenibilidad obliga necesariamente a elegir determinadas alternativas frente a la priorización tradicional de inversión de los recursos, tanto públicos como privados. La generación de una nueva Cultura del Patrimonio supone que la sociedad y las instituciones se han de implicar en el reconocimiento de los valores asociados al legado de la industrialización, pero también que se extienda la gestión proactiva de los recursos patrimoniales, el disfrute de los mismos por parte de la población y el fomento de los programas de desarrollo sostenible de escala local y regional 5. A pesar de la superación de muchos de los retos planteados, la situación actual del patrimonio industrial dista mucho de estar completamente resuelta, como consecuencia de la presencia pertinaz de gra- Es un hecho constatado que el uso turístico del patrimonio industrial no siempre responde a las exigencias de la sostenibilidad ni del desarrollo responsable. El gran aporte que representa la actividad turística para la revitalización de pueblos, comarcas y ciudades, antes alejadas de los centros más dinámicos e innovadores, ha ido en paralelo a un cambio en las prácticas de los consumos culturales. Este patrimonio ha sido objeto de atención como un nuevo recurso puesto al servicio de la renovación de las identidades en las áreas desindustrializadas, valorándose como un hito o icono frente a la uniformidad global. En este cambio de apreciación no se han aplicado siempre las debidas estrategias de desarrollo sostenible, lo que retrasa la plena recuperación de unos territorios bastante vulnerables. El cambio en los consumos culturales ha incentivado un aumento constante de los proyectos de intervención sobre los elementos patrimoniales, procurando satisfacer la demanda de experiencias diferenciadas de los modelos tradicionales. Esto reduce la posibilidad de implementar proyectos con mayor rigor científico, tanto en bienes pequeños y aislados como en grandes conjuntos industriales o mineros de gran alcance territorial. Otra amenaza importante es que se ha considerado el patrimonio industrial casi exclusivamente desde una perspectiva arquitectónica centrada en los bienes inmuebles. Se han obviado con gran frecuencia los bienes muebles y el patrimonio intangible vinculado a tradiciones, conocimientos, creencias o eventos de la industrialización. No se ha apostado por el mantenimiento global de un legado muy extenso, pero fundamental en todas sus facetas para comprender la historia técnica, económica y social de los territorios. La pérdida de patrimonio mueble e intangible ha sido permanente y ha acompañado al proceso constante de abandono y cierre de fábricas, trabajos, oficios y deslocalización de empresas y personas en los lugares de antigua industrialización. El de tipo inmueble, aunque mejor considerado, se ha visto afectado por un proceso de ocupación o sustitución por otros usos (residenciales y terciarios, por ejemplo), que han motivado importantes desapariciones de elementos. Esto ha sido particularmente intenso en las ciudades, al amparo de tensiones de corte urbanístico y especulativo que han materializado un cambio radical del paisaje en muchos espacios fabriles de carácter histórico. Todas estas amenazas se han consumado con demasiada frecuencia ante las deficiencias existentes en la protección y conservación de un patrimonio poco valorado. La ausencia de figuras normativas y legales, de una planificación integral de los recursos heredados de la industrialización, de una mayor coordinación entre las diferentes administraciones públicas, y entre estas y el sector privado, y el particular reparto de competencias en materia de patrimonio en el caso español son otras amenazas añadidas a una situación de permanente vulnerabilidad. DISCUSIÓN EN TORNO AL MÉTODO DE ANÁLISIS DE ALGUNAS EXPERIENCIAS TURÍSTICAS Los paisajes industriales y los valores escénicos asociados forman parte de nuevos tipos de turismo. Su poder de información y su capacidad para transmitir conocimientos superan, en muchas ocasiones, los más especializados museos. Además, suelen estar presentes dos elementos interpretativos fundamentales: el territorio y el medio ambiente. No hay que olvidar que la concienciación medioambiental en los países occidentales, iniciada a finales de la década de 1960 y continuada en la de 1970, coincide en el tiempo con el creciente interés por la preservación de los monumentos industriales (Tempel, 2012). Las labores de recuperación ambiental y de descontaminación de suelos han sido, de hecho, muy importantes en algunos enclaves concretos. Más, incluso, que la propia preservación del patrimonio construido. Es la forma más habitual de proyectar modelos sostenibles y disimular los efectos acumulados derivados de los usos y abusos producidos. El paisaje de Riotinto, en la provincia de Huelva, es un ejemplo espectacular por ser testimonio de la gran magnitud de las labores mineras a cielo abierto (figura 3). Es muy impactante para cualquier observador, y tal vez se trate de una de las zonas postindustriales con mayores valores escénicos de todo el continente por la gran variedad cromática de las tierras y restos minerales. Esa es su principal fortaleza como destino de visitantes. La renaturalización del paisaje no se ha considerado necesaria, al contrario de las operaciones emprendidas en algunas cuencas hulleras y áreas industriales altamente contaminadas (brownfields to greenfields). La zona de Almadén, en la provincia de Ciudad Real, es diferente por tratarse de una minería subterránea de menor escala, aunque los valores arquitectónicos y patrimoniales fueron reconocidos el 1 de julio de 2012 como Patrimonio de la Humanidad. En ambos casos, los restos son perfectamente accesibles para a400 el público, facilitando una interpretación de conjunto que abarca también las condiciones laborales y familiares de los mineros. Este doble aspecto estimula las visitas, en este y en otros enclaves de patrimonio industrial (Shackel y Palus, 2006). En ambos lugares se ha optado por la creación de sendos parques mineros como mejor solución de cara a su nuevo uso turístico. No solo porque cada uno de ellos encierra un área homogénea, sino porque representan una estrategia de conjunto muy interesante que integra la preservación del patrimonio construido y el ambiente geológico en el que se produjo la actividad minera. Las poblaciones locales han acogido muy bien las dos experiencias de reutilización porque las entienden como una forma de continuidad con el pasado y de generación de empleo y riqueza. Las dificultades iniciales se han superado por la extraordinaria coordinación de todos los agentes implicados. Ha sido clave el papel desempeñado por las autoridades municipales, la población local y el impulso ofrecido por las compañías mineras. Esto demuestra que es imprescindible la intervención coordinada de agentes, no solo la calidad de los proyectos, en la recuperación turística del legado industrial y en la superación de cualquier dificultad. Se efectuaron también entrevistas a los gestores de los enclaves turísticos seleccionados de patrimonio industrial y a los responsables políticos y técnicos de los municipios respectivos. Con la intención de valorar las respuestas en relación a la sostenibilidad turística final, se estableció un control de aplicación directa entre 0 y 4 en cada una de las respuestas. De esta manera fue posible establecer los cálculos necesarios para conocer el valor medio de cada componente y el índice sintético de desarrollo sostenible final en cada lugar, entendido como media del conjunto de los indicadores utilizados. Las directrices generales recogidas por algunas instituciones públicas para la cuantificación de indicadores, como la Oficina Europea de Estadística (EUROSTAT), la Agencia Europea del Medio Ambiente, el Ministerio de Medio Ambiente o el Instituto Nacional de Estadística (INE), fueron un referente fundamental en esta parte de la investigación. Para analizar la sostenibilidad del turismo en los lugares considerados se agregó la información en dos fases. En la primera se obtuvo un indicador sintético para cada componente (de gestión, social, económico, cultural y medioambiental). En la segunda fase se calculó un indicador sintético global que proporcionase una medida de carácter multidimensional de turismo sostenible. El análisis final de los valores obtenidos permitió determinar las características de cada destino, estudiando la situación relativa de cada componente e indicador dentro del conjunto. Este método de análisis permite la comparación entre las zonas seleccionadas, identificando semejanzas y diferencias en cuanto al nivel de sostenibilidad: conservación del patrimonio cultural, dotación de infraestructuras, provisión de equipamientos, grado de información turística, creación de empleo, promoción y revitalización de la cultura local, implementación de medidas de eficiencia energética, conexión del patrimonio construido con el medio natural, etc. En los dos estudios se pudieron alcanzar algunas conclusiones relevantes, como el hecho de que la sostenibilidad está ligada sobre todo a proyectos a medio y largo plazo. También se concluyó que, a mayor nivel de sostenibilidad, mayor número de visitas turísticas, es decir, el uso y la gestión sostenible de los lugares y paisajes de patrimonio industrial se acaba convirtiendo en un importante reclamo para el turismo, lo que, por otra parte, confirma el hecho argumentado desde numerosos trabajos de que el turismo, hábilmente utilizado, es una condición para la conservación del patrimonio. Evidentemente, la frecuentación turística, siempre que se asegure desde criterios de sostenibilidad, genera nuevas expectativas de empleo e incrementa el desarrollo de las comunidades locales. Los dos trabajos referidos han permitido crear un modelo de valoración de ámbito local en enclaves concretos, pero con aspiraciones a convertirse en un referente analítico en otros paisajes culturales asociados a la industrialización. Los proyectos de recuperación y puesta en valor emprendidos en los antiguos enclaves mineros e industriales tienen en la actualidad un alcance turístico de gran interés por sus implicaciones de carácter medioambiental, territorial y patrimonial: han logrado poner en valor numerosos elementos heredados, atraer un La recuperación de la memoria colectiva ha resultado ser también un aspecto fundamental, lo que da coherencia a las intervenciones y asegura su continuidad. Algunos de los mejores ejemplos al respecto, como Riotinto y Almadén, han aplicado programas de protección patrimonial de gran interés e impacto por su carácter integral y los resultados alcanzados en relación con la sostenibilidad y el uso turístico. En la recuperación deben jugar un papel decisivo los ayuntamientos y otras entidades locales, de forma que permitan la coordinación de todos los agentes que participan de la intervención. Esto facilita el éxito final de los nuevos proyectos y demuestra la necesidad de lograr los máximos niveles de sinergia en la recuperación del patrimonio industrial. Otro factor de éxito indiscutible es que las empresas mineras o industriales, responsables de cada explotación, se im-pliquen en los proyectos, así como la participación de los antiguos trabajadores y la población local. Solo de esta forma se integrará la experiencia como un activo fundamental para incentivar las visitas y hacer comprensible la interpretación del lugar, su paisaje y los bienes heredados. El paisaje es un factor de atracción de primera magnitud, ya que los valores estéticos y visuales asociados a los territorios de vieja industrialización son muy elevados. La espectacularidad de los sitios de producción y extracción, los contrastes cromáticos de los suelos, las técnicas y maquinarias empleadas para el movimiento de tierras o las infraestructuras vinculadas crean unos entornos extraordinarios y muy singulares con gran poder de fascinación. Evocan fácilmente otras épocas y el enorme esfuerzo aplicado para obtener de la naturaleza los recursos necesarios para el progreso de la sociedad. Todo esto constituye la seña de identidad de los nuevos productos turísticos ofertados en el entorno del patrimonio industrial, con base en un desarrollo sostenible que garantiza el éxito actual de los proyectos y su permanencia futura. La idea de preservar el patrimonio común es clave en la Carta Mundial del Turismo Sostenible +20. En ella se afirma lo siguiente: "El patrimonio es uno de los motores principales del turismo, y el turismo sostenible debe ser entendido como el motor de desarrollo de los sitios patrimonio. La conservación, la protección y la puesta en valor, de forma inteligente y responsable, del patrimonio natural y cultural, representa por lo tanto un ámbito privilegiado para la cooperación y la innovación". En el concepto de patrimonio se incluye también lo inmaterial, transmitido de generación en generación y que infunde a las comunidades un sentimiento de identidad y continuidad. Esto aporta a los destinos, como valores reconocidos, la autenticidad y la integridad. El éxito de la preservación del patrimonio industrial, tal y como se expresa en el citado Plan Nacional de Patrimonio Industrial (2011), depende en gran medida de las posibilidades de contribuir al desarrollo local, regenerando lugares y potenciando el turismo.
Museos (WFFM) reconocen los museos como oferta de turismo cultural sostenible para una sociedad cada vez con más tiempo libre y capacidad de desplazarse por ocio y turismo. En este artículo se analiza la evolución de los museos desde su primera función de acopio de materiales para su conservación hasta la situación actual, en la que forman parte de la oferta turística y compiten para aumentar sus visitantes, potenciando sentimientos de identidad colectiva y de respeto y tolerancia hacia otras culturas, de acuerdo con la Carta del Turismo Sostenible de Lanzarote de 1995. Los museos contribuyen también a través del turismo a la generación de empleo y a la puesta en valor del paisaje siguiendo estrategias de la Convención del Paisaje Europeo de 2000. TODOS SOMOS TURISTAS EN LOS MUSEOS En una sociedad cada vez con más tiempo libre para ocio y formación personal y con posibilidades crecientes de movilidad por los avances tecnológicos, el turismo es una de las principales oportunidades para satisfacer el deseo de descubrir lugares, compartir inquietudes con otras gentes, conocer modos de vida, intercambiar experiencias, observar formas de producción y disfrutar de la visita de museos y de toda clase de eventos culturales. Todo esto, que repercute en la organización del territorio, obliga a ampliar el concepto del turismo, dejando obsoletas definiciones basadas solo en criterios de desplazamiento y tiempo, como la de la Organización Mundial del Turismo (OMT), aprobada en Otawa, en junio de 1991: "turismo es el conjunto de actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, por un periodo de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, por negocios y otros motivos". Así, se precisa como umbral para un desplazamiento turístico pasar más de veinticuatro horas fuera del domicilio habitual. Son los criterios presentes en todas las estadísticas de turismo, entre ellas las del Instituto Nacional de Estadística de España (INE); sin embargo, la práctica permite calificar de turismo desplazamientos de menos de veinticuatro horas que, incluso, no suponen pernoctar fuera del lugar de residencia. Y en sentido inverso, hay desplazamientos de más de veinticuatro horas fuera del hogar que no merecen ser calificados como turismo. Cada vez más se tiende a fundamentar el turismo en el acceso a la alteridad, a lo distinto y no cotidiano, pero que satisface la curiosidad, el afán de descubrir, conocer y aprender, también dentro de los lugares de residencia habitual. Sin olvidar la definición tradicional, el concepto de turismo se amplía y da respuestas a las dificultades para diferenciar quiénes son turistas y quiénes no, y cuándo una forma de consumo es turística y cuándo no lo es. Así, proliferan las ofertas guiadas para visitas insólitas que no distinguen entre foráneos y residentes (Vergopoulos, 2013), dentro del denominado turismo de exploración urbana (Garrett, 2012), que incluye el "exotismo de lo próximo" (Michel, 2012), el redescubrimiento de los barrios marginales y degradados o de los barrios multiculturales (Rath, 2007). Algunos ejemplos de esta naturaleza son las rutas turísticas guiadas y gratuitas del ayuntamiento de Toledo [URL], el programa de turismo accesible Madrid para todas y todos [URL] o el de Barcelona [URL]. En general, son propuestas orientadas a revalorizar lo local y a convertir a cualquier persona en turista en su propia "casa". Evidentemente, la visita a museos participa de estas prácticas como oferta turística que no distingue entre residentes y foráneos y que nos pone ante visitantes de distinta procedencia que comparten motivaciones, características sociales y comportamientos. Los museos forman parte actualmente de todo proyecto recreativo y de ocupación del tiempo libre relacionado con el turismo (Equipe M.I.T, 2002). El Consejo Internacional de Museos (ICOM) y la Federación Mundial de Amigos de los Museos para el Turismo Cultural Sostenible (WFFM), en su declaración de 2007, los reconocen también como oferta de turismo cultural sostenible y señalan la variedad de elementos a los que afectan: turistas, población local, lugares arqueológicos y paisajes. Tal como se recoge en la Propuesta para una Carta de Principios para los Museos y el Turismo Cultural, formulada por el ICOM en la conferencia de Bolivia y Perú del año 2000: "los agentes turísticos y autoridades, y los museos animan la participación activa de las comunidades locales en la planificación tanto de la gestión del patrimonio como del funcionamiento de los lugares turísticos y la acción recíproca entre los visitantes, en un marco de respeto hacia los valores y la hospitalidad que se les ofrecen". Por eso, los museos representan una aportación para el turismo sostenible y para toda la población, para los residentes y los visitantes, tanto desde los puntos de vista educativo y cultural como económico y político. De ese modo, los museos contribuyen a alcanzar objetivos de formación personal como los propuestos por la UNESCO para 2005-2014, la década de la Educación para el Desarrollo Sostenible. Por otro lado, los museos favorecen la sostenibilidad turística al reducir la estacionalidad e impulsar la ocupación hotelera a lo largo del año. Con ello se responde también a las demandas sociales de entretenimiento por aumento del tiempo libre y de nueva distribución del tiempo reglado de descanso a través de los distintos meses del año. Así,'descanso' no coincide con 'inactividad', como ocurre frecuentemente con el turismo de sol y playa. A la vez, las visitas de museos y otras actividades culturales ocupan cada vez más el tiempo de los individuos y un lugar destacado en las motivaciones de los desplazamientos y el empleo del tiempo libre. Es significativo que el 60,7% de los es-a401 pañoles realicen alguna actividad cultural cuando se desplazan fuera de su localidad, cifra que asciende al 65,3% si el viaje es por ocio, recreo o vacaciones. En el caso de los turistas internacionales, el 56% realiza alguna actividad cultural en su estancia en España, según el Anuario de Estadísticas Culturales de 2015, del Ministerio de Cultura. A lo anterior se añade que la visita de museos es uno de los principales componentes del turismo cultural. Los museos atraen por sus fondos, pero también por sus exposiciones temporales y la arquitectura de sus edificios, casi siempre en construcciones de valor patrimonial. Así mismo, proliferan recientemente los museos en las ciudades de tamaño medio y pequeño e incluso en medios rurales, contemplados por las administraciones públicas como parte de sus estrategias para el desarrollo local. Por último, en un marco en el que aumentan las personas que utilizan sus vacaciones para cambiar de actividad fuera de su residencia habitual, para realizar tareas solidarias y manifestar su creatividad, especialmente en campos artísticos y culturales, en el comercio, la cocina y la gastronomía, los turistas disfrutan participando de los modos de vida de los lugares que visitan, de sus manifestaciones festivas y de todo lo que contribuye a mostrar originalidad, sean Noches en Blanco, Noche de los Museos o Visita a vestigios industriales del pasado o a empresas vivas (Zárate Martín, 2011). La visita a los museos es parte de ese contexto y explica el creciente interés por conocerlos, incluso los que no figuran en las listas de los grandes pero que sí facilitan la interpretación de los lugares. DE LA CONSERVACIÓN DE FONDOS A OFERTA CULTURAL Las opiniones vertidas en el portal TripAdvisor sobre los atractivos de los lugares y sobre todo de las ciudades revelan enseguida el protagonismo de los museos como atracción turística. En Bilbao, el Guggenheim es citado como la principal de las 100 "cosas" recomendables para cualquier visitante, con 8.994 opiniones. En Madrid, el Museo del Prado es señalado con 32.570 opiniones como lo primero que se debe visitar, seguido del Thyssen-Bornemisza con 9.684 opiniones y del Reina Sofía con 9.294. Los tres museos, calificados de excelentes, justifican que Madrid figure entre las ciudades del mundo con mejores museos, y todavía habría que añadir a ellos el museo del equipo de fútbol del Real Madrid, que ocupó en 2016 la tercera posición por número de visitantes, con más de un millón, y la primera por ingresos. Madrid ha pasado de tener veintiún museos en 1948 a noventa y nueve en nuestros días, muchos proceden del siglo XIX y del primer tercio del XX, pero es a partir de 1960 y 1970 cuando empezaron a aumentar más y a generalizarse como atracción turística, coincidiendo con la irrupción del turismo de masas. Sus piezas y colecciones, como sus edificios e instalaciones, empezaron a ser utilizados por entonces como propaganda de la ciudad a través de carteles y folletos, y a aportar ingresos significativos por el número de visitantes (Fernández Fuster, 1991). Antes las visitas eran escasas y la gestión museística se centraba en el acopio y catalogación de materiales para su conservación, con poca preocupación por exponerlos de manera atractiva. No obstante, el origen de los cambios en la forma de gestionar y presentar las colecciones de los museos españoles se remonta a los 1930, bajo la influencia de exposiciones internacionales organizadas desde principios de siglo en algunos países y de ciertas muestras emblemáticas. El primer Congreso Internacional de Museos en Madrid, en 1933, actuó como revulsivo (Nieto Gallo, 1973a), pronto interrumpido por la Guerra Civil. Terminada la contienda, como señala Fernández Fuster (1991), se abrió una etapa compleja que obligó a concentrar los esfuerzos en la reparación de los edificios y en la recuperación de colecciones que habían sido trasladadas para evitar hurtos y desperfectos. La reapertura se produjo pronto, pero en medio de carencias de todo tipo. De ese modo, en 1948 había ya veintiún museos en funcionamiento. Los Anuarios Estadísticos de España muestran ya el protagonismo del Museo del Prado en los 1950, el más frecuentado con diferencia con casi la mitad de las visitas a museos. Le siguen otros museos del eje del Paseo del Prado y de Recoletos, revelando la temprana importancia cultural de este espacio dentro de la ciudad. Ese aumento da cuenta de su creciente proyección y justifica las actuaciones que se acometieron entonces para mejorarlo, con donaciones y adquisiciones que elevaron sus fondos en 1969, en el 150 aniversario de su fundación, a "3.147 cuadros, 498 esculturas, 3.200 dibujos, 9 tapices y 126 piezas de orfebrería" (Museo del Prado. Enciclopedia. a401 Cronología del Museo), y la primera reforma (1943)(1944)(1945)(1946) según proyecto de Pedro Muguruza, dirigida a reparar los daños de la guerra, sustituir materiales combustibles, renovar la luz eléctrica y habilitar nuevas salas. En el exterior, en la fachada norte, se construyó la escalera que da acceso actualmente a la segunda planta y enfrente se colocó la estatua de Goya. Un segundo proyecto de ampliación, de Fernando Chueca Goitia y Manuel Llorente Junquera, ejecutado entre 1954-1956, añadió otras dieciséis salas (Museo del Pardo. En el conjunto de España, el aumento de museos entre 1948 y 1971 estuvo también impulsado por la demanda de turistas y residentes. COMPETENCIA POR LOS VISITANTES DESDE CRITERIOS DE SOSTENIBILIDAD TURÍSTICA Dentro de esa concepción "mercantil de la cultura", como "subproducto de una sociedad de masas, abierta, democrática y económicamente avanzada" (Ballart Hernández y Juan i Tresserras, 2008), la empresa museística trata de adecuarse a nuevas maneras de exponer sus fondos para lograr mayor competitividad. Así, en los 1990, los museos avanzan desde una concepción receptiva en la que las reformas se dirigían a mejorar la legibilidad de los contenidos y prestar mayor atención en el servicio (mejores dotaciones, tienda, cafetería, folletos y publicaciones en varios idiomas...), siempre dentro del museo, a una gestión que incorpora el marketing y la atracción de visitantes desde criterios de sostenibilidad como objetivos principales. De ese modo, los museos salen fuera de sus edificios, se promocionan como un producto más de consumo, se dan a conocer y definen estrategias de captación que se materializan en exposiciones itinerantes, en el intercambio de fondos e incluso en la creación de extensiones en ciudades distintas de las de su sede: el Guggenheim de Nueva York en Bilbao, el Hermitage de San Petersburgo, el Centro Cultural Pompidou y el Thyssen-Bornemisza en Málaga, o el Louvre en Abu Dhabi. Se entra así en una dinámica en la que los museos se afirman como referencia para demandas de consumo cultural de las poblaciones locales y de los que acuden de fuera para conocer, disfrutar y experimentar las emociones que trasmiten las obras expuestas, al tiempo que esa dinámica ayuda a conservar edificios y a mejorar entornos paisajísticos y, por lo tanto, a la sostenibilidad del territorio. En todos los casos, los grandes museos se convierten en "visita obligada" para los turistas, seducidos por la propaganda, las guías de turismo, las "visitas virtuales" a través de Internet, los paquetes de los turoperadores y las ofertas hoteleras. La presentación de obras de arte únicas y las exposiciones temporales publicitadas con técnicas de marketing refuerzan su atracción. Y ese objetivo se consigue también mediante la promoción de prácticas que facilitan la interacción, como sucede en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia con carteles de "Prohibido no tocar". VISITANTES DE MUSEOS, UN PÚBLICO CON NIVEL DE FORMACIÓN MEDIO ALTO Los datos de visitantes del Ministerio de Cultura demuestran la importancia de los turistas extranjeros en la entrada a los museos y de manera especial a los más emblemáticos, el Reina Sofía y el Prado, ambos entre los veinte museos más visitados de Europa en 2015, el primero con más de 3,2 millones de visitantes, en la posición 11.a, y el segundo con casi 2,7 millones, en la 13.a posición. La entrada de turistas extranjeros se halla muy concentrada. Así, la media de extranjeros por museo en el conjunto de España es del 18,1%, pero ese porcentaje se eleva hasta el 50,5% en la Comunidad de Madrid y valores inferiores en el País Vasco (42,8%), Canarias (20,4%), Baleares (19,6%) y Andalucía (18,3%). En el primero de los casos se explica porque la Comunidad de Madrid es un destino cultural que ha pasado de ocho millones de visitantes en 2014 a trece en 2016, entre nacionales y extranjeros; en el País Vasco, por su proximidad a la frontera francesa y el efecto del Museo Guggenheim en Bilbao, y en Canarias, Baleares y Andalucía por el Figura 3. Valoración global de los museos de Madrid y veinte primeros museos con valoración excelente en la web turística TripAdvisor (mayo de 2016) a401 atractivo consolidado de sus litorales con magníficas condiciones medioambientales, instalaciones hoteleras, complejos para prácticas deportivas, parques temáticos y valores culturales, a lo que se une el efecto llamada de la comunicación "boca a boca" de sus residentes extranjeros. Por lo tanto, ocho de cada diez visitantes llegan de fuera de la Comunidad de Madrid, según la Encuesta Anual del Instituto de Estudios Turísticos. El 52% de los extranjeros proceden de cinco países: Estados Unidos, Italia, Francia, Japón y México, y el 72% de los nacionales de otras Comunidades, lo hacen desde Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla y León y Castilla-La Mancha, en porcentajes relacionados con su volumen demográfico y los flujos turísticos que generan. Los extranjeros son también numerosos en el Centro Cultural Reina Sofía, el 49,6%, y en otros museos esa proporción desciende, pero siempre es importante: el 34,4% en el Museo del Greco de Toledo y el 12,2% en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) de Cartagena, cuya nueva sede, de arquitectura vanguardista, obra del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, se inauguró el 26 de noviembre de 2008. El éxito de este museo se explica porque Cartagena se ha convertido en una ciudad turística a partir del descubrimiento de su teatro romano y de una estrategia sistemática de recuperación de los vestigios arqueológicos de su pasado, especialmente cartaginés, romano, visigodo y bizantino (Morales, 2016). Además, Cartagena, como Málaga, se beneficia de haberse convertido en punto de atraque de cruceros: en 2017 está previsto que hagan escala 148 barcos con más de 230.00 viajeros. En cuanto a las variables sociales y demográficas de los visitantes, es significativa la asociación entre el interés por la visita y el nivel de formación. En el Museo del Prado, la mayoría son personas con estudios superiores, el 65%, y los menos, las personas con estudios primarios, el 5,2%, y por edades, el 76% tiene entre 18 y 55 años, son las cohortes de población más numerosas y de mayor movilidad por razones económicas, de ciclo vital y de interés por el turismo cultural. Como una prueba más del perfil cultural de los visitantes del Museo del Prado, el 97% declara frecuentar de manera habitual museos y exposiciones, el 36,65% considera obligada la entrada a este museo si se viene a Madrid, y el 32,79% afirma que la visita responde a un interés personal. De ese modo, se hace patente el predominio entre sus visitantes de colectivos atraídos por los valores patrimoniales a los que se sumarían los vinculados al turismo de negocios que aprovechan parte de su tiempo libre para ver museos. Todo ello nos proporciona el perfil de un visitante de poder adquisitivo por encima de la media, con un nivel de gasto de 1.152,4 € por persona y de 158,7 € al día en el caso de los turistas de negocio, según la Encuesta de Gasto Turístico del Instituto de Estudios Turísticos (IET). Eso se traduce en un turismo selecto que demanda alojamiento y restauración de calidad, lo que se deja sentir en el paisaje de los principales espacios culturales madrileños: el eje del Paseo del Prado-Recoletos-Castellana y las inmediaciones del Palacio de Oriente y la Gran Vía. Los informes sociales del Laboratorio Permanente de Público de Museos del Ministerio de Cultura confirman los datos anteriores. En todos los casos, predominan los visitantes con estudios superiores; por ejemplo, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el 70,7% detentaba ese nivel de formación en 2013; en el Museo del Greco en Toledo, el 61,6% en 2015, y en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) de Cartagena, el 49,2%. A su vez, la Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España en 2014-2015, del Ministerio de Cultura, ratifica el elevado porcentaje medio de visitantes con estudios superiores de los museos, el 47%. El papel de los museos como generador de flujos turísticos y potenciador de la actividad turística se pone también de manifiesto a través de la Encuesta sobre percepción y valoración del paisaje cultural en ciudades históricas, parte de nuestro proyecto de in-vestigación Dinámicas comparadas para una gestión sostenible de los paisajes culturales a través del turismo. La encuesta fue realizada por teléfono dentro del ámbito nacional en 2014, según un cuestionario preestablecido. El universo se delimitó a mayores de dieciocho años en municipios de más de 20.000 habitantes que habían visitado en los anteriores tres años alguna ciudad monumental. Los resultados dieron cuenta del carácter selectivo de la visita a museos, pero también de su menor interés para los encuestados si se hacía abstracción de su nivel de formación. De este modo, "entrar en museos" ocupa una séptima posición como motivación para visitar una ciudad histórica, por detrás de "recorrer sus calles", "visitar sus monumentos" y "contemplar panorámicas o vistas generales", lo que no sorprende sabiendo que un tercio de la población no visita nunca o casi nunca museos, según la Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España del Ministerio de Cultura de 2014-2015. En cambio, cuando se considera la formación de los encuestados, "visitar museos" ocupa una sexta posición entre los motivos de atracción, lo que confirma más la vinculación entre nivel de estudios y entrada a museos y exposiciones. Todo nos lleva, pues, a concluir la relación entre la visita a museos y el nivel de formación, el público que acude a los museos no responde al perfil de la mayoría de los turistas y está por encima del nivel cultural medio de la sociedad. La participación en la conservación y mejora del patrimonio construido comenzó con la instalación de los primeros museos en edificios de valor históricoartístico y va a más desde la década de 1970, cuando muchos de los nuevos museos aprovechan antiguas estructuras de diferente uso (Chinchilla Gómez, 2005), salvándolas de la demolición, como el Museo d ́Orsay en París, inaugurado en 1986 en la estación de la Compañía de ferrocarriles de Orleans, abierta en 1900 con ocasión de la Exposición Universal de aquel año. En todas partes, este proceso ha ido unido al urbanismo de la recuperación y a la renovación de las empresas museísticas en cuanto a su concepto y a su presentación pública. Gracias a este proceso se han creado nuevos museos, se han remodelado edificios históricos y se han mejorado paisajística y socialmente muchos de sus entornos, con lo que se acrecienta el papel de los museos respecto a la conservación del patrimonio, no solo de los contenidos que guardan sino también de sus continentes y espacios en los que se ubican. Por otra parte, las reformas de los museos se ajustan desde entonces a objetivos de sostenibilidad medioambiental y energética. También la regulación de los flujos de visitantes es motivo de atención para garantizar la seguridad de los fondos. La inauguración de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias el 1 de abril de 1998, en el cauce antiguo del río Turia en Valencia, diseñada por Santiago Calatrava y Félix Candela, impulsó una de las mayores operaciones de renovación y de mejora de paisaje en una ciudad, además de convertirse en el principal motivo de atracción turística de Valencia, lo mismo que ha sucedido en Bilbao con el Museo de Arte Contemporáneo Guggenheim, diseñado por Frank O. Gehry e inaugurado el 17 de octubre de 1997, en el marco de la operación urbanística Ría 2000, y con una cifra de 1.103.211 visitantes en 2015 de los que el 65% son extranjeros. Los efectos de ambas actuaciones sobre el turismo son manifiestos. A los atractivos de sol y playa de la Costa del Sol, de sus campos de golf y parques temáticos, se añaden los de sus recursos patrimoniales y, sobre todo, en el caso de su capital, su transformación en ciudad de museos, estrechamente unida a la rehabilitación de su centro histórico y a la renovación de su frente marítimo. Los anteriores ejemplos y otros muchos en la geografía española, entre ellos el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) de Cartagena o el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, servirían también de muestra de cómo los principales estudios de arquitectura trabajan en el diseño de los museos para convertirlos en hitos del paisaje urbano, de la misma manera que intervienen en la remodelación de edificios históricos para usos museísticos. En nuestro país esta segunda tendencia es favorecida por la variedad y riqueza del patrimonio histórico de carácter inmueble, lo que ha permitido aprovechar multitud de edificios históricos para museos. Así, a través de una arquitectura cargada de valores histórico-artísticos propios y valores tradicionales se incorporan atractivos adicionales a los museos y se contribuye a "mantener vivo el patrimonio" (Fernández Sabau, 2009-2010, p. 42), con lo que se hace más que evidente la contribución del turismo a la sostenibilidad del territorio y del paisaje, de acuerdo con los criterios de la Carta del Turismo Sostenible de la Organización Mundial del Turismo (OMT), 1995: "El desarrollo turístico debe de ser soportable a largo plazo en el plano ecológico, viable económicamente y justo en el plano ético y social para las poblaciones locales". En la Cumbre sobre Turismo Sostenible + 20, celebrada el 26 y 27 de noviembre de 2015 en Vitoria-Gasteiz, se ratificó la validez de los anteriores principios y se expresó como objetivo "preservar nuestro patrimonio común", lo que bien cumplen los museos en sí mismos y a través de sus efectos sobre el entorno social y económico, y sobre el paisaje. Málaga cuenta, además, con un Plan Estratégico de En Madrid, la renovación de los museos favoreció la revitalización funcional y la mejora de la calidad ambiental y social de los espacios en los que se ubican (Montaner Martorell, 2005), además de permitir salvar estructuras arquitectónicas que de otro modo habrían desaparecido, como ocurrió especialmente entre 1950 y 1975, entre ellos el Mercado de la Cebada, inaugurado por Alfonso XII en 1875 según el modelo parisino de les Halles y demolido en 1956. Muchos de los museos y centros culturales nuevos ocupan ahora antiguos edificios civiles, eclesiásticas y militares, la mayoría con algún nivel de protección como Bien de Interés Cultural (BIC) y bastantes estuvieron amenazados de desaparición. Esto es lo que sucede también con fábricas e infraestructuras procedentes de las dinámicas de vaciado industrial desde los 1970 (Pardo Abad, 2004) y de las transformaciones de su sistema ferroviario. Entre los ejemplos madrileños más significativos de estas antiguas instalaciones figuran las fábricas de cervezas Mahou (1892) y El Águila (1912)(1913)(1914), la primera, que acoge el Museo de ABC del Dibujo y la Ilustración, inaugurado en 2010, y la segunda, declarada BIC en 1990 y rehabilitada a principios de 2000, que alberga la Biblioteca y Archivo Regional de la Comunidad (García Pérez et al., 2003b, pp. 152-153) Centro Cultural y de Exposiciones, refuerza la especialización de la zona. Al lado, el Museo Naval, dedicado a la investigación, conservación y difusión de nuestra historia marítima, es una de las instalaciones de mayor crecimiento de visitantes en los últimos años: de 63.752 en 2010 a más de 150.000 en 2016. Por otra parte, no hay que olvidar que el desarrollo urbanístico del corredor cultural Prado-Recoletos ha ido unido a la historia del Palacio del Buen Retiro y sus jardines. Su construcción en el siglo XVII motivó la proliferación de palacios en sus inmediaciones, entre ellos los ya señalados y convertidos en museos. A finales del siglo XIX y en el primer tercio del XX, este eje urbano se consolidó con el Plan de Ensanche de Carlos María de Castro hacia el norte y el este, y con la construcción del Banco de España, del Ministerio de Marina y de la Bolsa y, muy cerca, del Congreso. Como indica C. Gavira (1981), esta zona era en 1970 el eje del poder político y económico, y de expansión de actividades terciarias, un corredor simbólico y de comunicaciones que el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997 ratifica al retomar como proyecto "la prolongación del paseo de la Castellana por el distrito de Fuencarral", al mismo tiempo que el Plan Especial de remodelación del espacio entre Colón y la Glorieta de Atocha formula su mejora paisajística (Junta de Gobierno del Ayuntamiento, 2 de junio de 2005). Al interés turístico de la zona se suma el atractivo del Parque del Retiro que añade fundamento a la incorporación del Sitio del Retiro y el Prado en calidad de paisaje cultural a la Lista Indicativa Española de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el 18 de noviembre de 2014. Por último, la calidad ambiental de ese pasillo cultural se ha beneficiado de nuevo con la ampliación del Museo del Prado por R. Moneo, inaugurada el 30 de octubre de 2007, y con los nuevos espacios culturales del distrito meridional de Arganzuela, entre ellos el Museo Ferroviario y el antiguo Matadero Industrial. La aprobación el 11 de noviembre de 2016 de lo que será la segunda ampliación del Museo del Prado en el siglo XXI, integrando el antiguo Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro según proyecto de Norman Foster y Carlos Rubio, añadirá aún más calidad ambiental y paisajística a la zona. A su vez, la Estación de Atocha, edificio rehabilitado que acoge la terminal del AVE, medias distancias y cercanías, permite la celebración de exposiciones en su interior y favorece el dinamismo funcional de todo el espacio señalado en torno a los museos, demostrando una vez más la contribución del turismo a la puesta en valor sostenible de los bienes culturales y del paisaje. CONCLUSIÓN: EL TURISMO DE MUSEOS, OPORTUNIDAD PARA LA SOSTENIBILIDAD Y LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Como hemos visto, la ampliación de la actividad museística a partir de 1980, con una tipología muy variada por aumento de la demanda de productos culturales y la ampliación del concepto de patrimonio, se ha traducido, entre otras cosas, en la creación de numerosos museos, lo que ha permitido recuperar múltiples edificios y construir otros de nueva planta para ese destino. Los museos contribuyen a la sostenibilidad medioambiental y a la calidad paisajística de las ciudades, y más aún de sus centros históricos, al conservar sus edificios y construir otros que se convierten en hitos, en elementos de referencia del paisaje, y todo en el contexto de un turismo en constante renovación, como la sociedad actual, que no cesa de desarrollar prácticas nuevas, entre ellas la frecuentación cada vez mayor de los museos y de los lugares de memoria histórica de los que los museos son, a menudo, la mejor expresión. A veces, las formas innovadoras convierten los museos nuevos en elementos de atracción turística en sí mismos y de renovación del paisaje, al tiempo que contribuyen a revitalizar museos y colecciones ubicadas en sus inmediaciones pero que permanecieron ajenos durante décadas o en un segundo plano respecto al turismo de masas, como ha sucedido con el Museo Guggenheim de Bilbao respecto al de Bellas Artes, en una ubicación muy próxima. Este último, fundado en 1908 y con riquísimos fondos pictóricos, ha permanecido fuera del turismo de masas hasta su reforma y reapertura el 10 de noviembre de 2001, cuando el Guggenheim estaba ya en funcionamiento. En 2008, el Museo de Arte Contemporáneo Guggenheim recibió ya casi a un millón de visitantes, convertido en museo "estrella", el 66,7% de los visitantes de los museos del País Vasco, y el de Bellas Artes, el 19,3%, según las Estadísticas de Museos y Colecciones de Euskadi. Desde entonces sus cifras no dejan de aumentar hasta los 1.169.404 en 2016, de los que el 66% son extranjeros, aunque Por otra parte, la creciente afluencia del público a los museos hace que muchos sean sostenibles en términos económicos al obtener ingresos que garantizan su funcionamiento. De los museos de Euskadi, el 75,5% genera ingresos suficientes para su autofinanciación, y el restante 24,5%, no, según el Departamento de Educación Cultura del País Vasco. Entre los que consiguen ingresos propios (tres de cada cuatro), un 82,9% procede de las entradas y el resto de otras ventas (tiendas propias, cesión de espacios, etc.). No obstante, al margen de este análisis, la sostenibilidad social queda siempre asegurada, porque todos los museos contribuyen no solo a conservar elementos patrimoniales sino a difundir el conocimiento, a reforzar sentimientos de identidad colectiva, territorialidad, respeto, solidaridad y comprensión del pasado y de otras culturas, objetivos contemplados a su vez por el turismo sostenible. Los efectos positivos sobre la actividad económica y el desarrollo local se ponen también de manifiesto con casos como los vistos de Málaga y Cartagena, donde los museos se han convertido en los principales recursos de atracción turística, en la oferta más cuidada y elaborada con el apoyo de Planes locales de Estrategia Turística. En Málaga, el Ayuntamiento apuesta expresamente por un turismo cultural de calidad, alternativo al de sol, playa y golf, con el horizonte 2016-2020 y siempre con criterios de sostenibilidad. Todo esto responde además a la creciente demanda de productos culturales, a estrategias de diversificación estimuladas por el Plan Nacional de Desarrollo Integral del Turismo de España 2012-2015 y a objetivos del Consejo Internacional de Museos (ICOM) y la Federación Mundial de Amigos de los Museos (WFF) para el turismo cultural sostenible mundial. Por último, los museos crean riqueza a través del empleo directo que generan, de la venta de productos culturales, de su complementariedad con otras ofertas de la misma naturaleza (teatro, exposiciones, conciertos, cine, etc.) y de la necesidad de infraestructuras de alojamientos y restauración. De ese modo, en torno a los museos proliferan restaurantes y bares, y a menudo se alcanzan las mayores densidades hoteleras, si bien esas infraestructuras se diseñan para el turismo en general, que en el caso de las ciudades es fundamentalmente cultural y de negocios. Así, en Madrid, el distrito Centro, en el que se ubican la mayoría de los museos, agrupa el mayor número de hoteles y ha duplicado sus plazas de alojamiento entre 1987 y 2016. La mayor densidad hotelera se registra entre el Paseo del Prado y la Plaza de España-Plaza de Oriente, a lo largo de las vías que lo atraviesan en sentido este-oeste, como la Gran Vía, Carrera de San Jerónimo y Atocha. En conexión con ese espacio, a lo largo de Recoletos y de la Castellana y calles colindantes se ubica otra zona hotelera que culmina en el entorno de la Plaza Castilla y Estación de Chamartín, y más distante, un tercer eje hotelero, desde la Castellana al aeropuerto de Barajas por las calles de María de Molina, Avenida de América y la Nacional II, en donde destaca el multicolor edificio postmoderno del Hotel Puerta de América en el que han intervenido tres premios Pritzker -el Nobel de la Arquitectura-Norman Foster, Zaha Hadid y Jean Nouvel. Cada una de sus doce plantas propone un diseño diferente de habitaciones y ha sido diseñada por un top de la arquitectura, incluido el aparcamiento. En definitiva, los museos y salas de exposición constituyen una oferta consolidada dentro del turismo cultural, capaz de generar actividad económica y mejorar el paisaje, siempre desde principios de sostenibilidad contemplados en las Cumbre de la Tierra de 1992 y de Río + 21, en la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible de 2015 en Nueva York, en la Nueva Agenda Urbana que resulta de la Conferencia de Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible, de 2016, en la Carta del Turismo Sostenible de Lanzarote de 1995 y en la Cumbre sobre el Turismo Sostenible de 2015 en Vitoria-Gasteiz. A ello se une la aportación de la tarea fundamental de los museos: conservar la memoria del pasado, formar a la población y potenciar sentimientos de identidad colectiva, de pertenencia a los lugares y de respeto y tolerancia hacia otras culturas. Expresamos nuestro agradecimiento por las facilidades para la utilización de datos e información extraída del proyecto de investigación Dinámicas comparadas para una gestión sostenible de los paisajes culturales a través del turismo, concedido por el Ministerio de Ciencia e Innovación con referencia CS02011, y dirigido por M. Antonio Zárate Martín como investigador principal.
Es costumbre de la Academia de Buenas Letras de Granada, publicar un libro de aquellos que se reciben como miembros de dicha corporación. Amelina Correa Ramón, profesora universitaria y autora de numerosísimos libros y artículos científicos ha abandonado por un momento su dedicación a autores "de rescate", Isaac Muñoz, Alejandro Sawa, Melchor Almagro San Martín, y sus Diccionarios y Antologías de escritoras, poetas, y autores granadinos y andaluces, para devolvernos sus poemas tarea en la que se inició en 1987 y se habría de continuar dos años después. Seré flor nueva y Rigel fueron, en la fechas ya dichas, sus dos primeros poemarios. Tras el prólogo de Sicilia Viejo, Amelina construye, a la vez, un poemario y una antología que nos da cuenta de su saber y buen gusto literario. Versos de Neruda, Lorca, Stubbs, Egea, Aleixandre, y Claudio Rodríguez preceden a los suyos en la sección que recupera Seré flor nueva. Versos de amor, de amor primero y único: Te respiro en el aire que me rodea, siento en mi sangre latir tu aliento y es tu silencio mi compañero de poesía. La poeta emula a la rosa de Alejandría, Colorada de noche/Blanca de día, y a la amapola, flor deletérea que esconde en sus pétalos rojos sueños de adormidera alucinatoria: Amapolas de noche, sueños de día y en mis ojos, la luz de tu mirada. Amelina se autocita en el prolegómeno a Rigel: Despertarás y habrá adelfas oscuras en tu sangre. Para continuar entre adelfas de savia ponzoñosa, de almendras blancas, amargas o dulces como un beso que nutre y envenena. Reconozco su dulzor de adelfa amarga, de almendra blanca en el extraño fulgor de febrero, en un siempre súbito temblor de llamas. Eros deja una tibia flor en la ventana. Precedida por Brines, Kavafis y Cernuda, la tercera sección, "Adelfas" rinde un tributo al placer del dolor, con resonancias de la Venus de las pieles. Correa se amazona y busca la sangre del amado, hace saltar con su látigo los pétalos de la planta elegida: Y yo soy la silenciosa amazona de la luna que busca tu sangre. Herirte y después besar tu cuerpo. Éste es el castigo que impongo a tu insolencia. Mi piel descubre un látigo de fuego. Tampoco está ausente el placer de los placeres, el de morir. RESEÑAS DE LIBROS BOOK REVIEWS Dulcemente restañando tus heridas, muero entre tus labios. Neruda, Cernuda, Salinas, Colina, Benítez Reyes, Ana Rossetti, dejan paso a Guillermo Carnero, y a la tercera sección, "Declaración de luz". A Amelina, Donosita la remite a su santo traspasado por las flechas: En Santa María descubro su carne inocente. Un bello cuerpo de efebo asaeteado. "Cielos sin defensas" es el título de la última sección, divida su vez en cinco subsecciones. Hay en ella un regusto perverso, una obsesión por la sangre, presente en todo el poemario, que nos remite al decandentismo de finales del XIX, al snobismo perverso de aquellos que acudían a beber sangre en los mataderos: Sangre como único misterio. Sagrado latido que bebería por siempre. Brines, Villena, y Juan Ramón dejarán paso al "Cántico", de san Juan de la Cruz con una única concesión a santa Teresa, y al éxtasis religioso de Amelina, cargado de erotismo. Imágenes del alba Despertadas y entre mis dedos yace la sed de un tortura. Tus muslos y la cera ardiendo sobre el encaje negro de tu vello. El óleo es en mi piel fulgor de llama. Con un verso de san Juan, Amelina construye un soneto: Con llama que consume y no da pena arde fray Juan en tu dolor prendido, mirando tu marfil costado herido con marcas en la piel de la cadena. La poeta pasa los fuertes y fronteras y concluye con un triduo intitulado "Miércoles de ceniza" Como toda obra dedicada a América Latina hay que señalar la heterogeneidad existente, que también se expresa en el desarrollo en ciencia y tecnología. Pero junto a dicha heterogeneidad existen algunos, quizá bastantes, rasgos comunes en los condicionamientos que han existido y en los caminos que se han seguido. El libro tiene dos partes. En la primera se analizan algunos temas transversales a nivel regional. Se seleccionaron cinco temas entre los muchos posibles y que parecieron especialmente relevantes: -La formación de investigadores. -El género en las comunidades científicas. -La vinculación público-privado en el desarrollo científico y tecnológico. -Las relaciones entre la investigación científica y el desarrollo social en América Latina. Otros temas relevantes, que por su impacto se tratan en el capítulo introductorio, son el papel del Banco Interamericano de Desarrollo, tanto en la financiación a través de los préstamos, como por su influencia en la adopción de enfoques nacionales de política científica y el papel de la cooperación internacional. La segunda parte consiste en una serie de análisis de los procesos de desarrollo científico y tecnológico de algunos países representativos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Venezuela. Los autores de los capítulos, tanto de los temas transversales, como de los países, son destacados especialistas e investigadores, siendo en algunos casos protagonistas también de las política científicas en sus países, lo que puede dar una cierta subjetividad, pero también permite analizar algunos procesos desde dentro. Si hubiera que sacar algunas conclusiones generales sobre las características del desarrollo científico y tecnológico de América Latina en los últimos treinta años, características que se enraízan en debilidades y caminos trazados muchos años antes, habría que señalar: -Escasa prioridad política de la I+D. -Escasa articulación de las políticas científicas con las estrategias y políticas de desarrollo de los países. -Bajos niveles de inversión en I+D con dientes de sierra y períodos de estancamiento. -Escasa implicación del sector productivo privado en el esfuerzo de I+D. -En consecuencia, un desarrollo científico autónomo y autocentrado. -Bajo número de investigadores (1,4 investigadores por 1000 personas económicamente activas versus casi 9 en España). -Énfasis en producción científica: En 1993 el 1,8% de la producción científica mundial es de América Latina y en 2002 fue el 3,3%, mientras que la producción tecnológica es muy baja, 5 patentes otorgadas a nacionales por 1000 investigadores en jornada completa en México frente a 48 patentes en Brasil en 2004. Brasil tiene el 90% de las patentes otorgadas a nacionales en toda América Latina. Los análisis nos muestran la existencia de diferentes velocidades en el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, destacando Brasil por su continuidad en el esfuerzo y priorización en su desarrollo. Brasil tiene el 52% de los investigadores de América Latina y junto a México (18%) y Argentina (14%), suponen el 84% de las capacidades científicas. En la actualidad está resurgiendo un interés por las políticas de desarrollo científico y de fomento de la innovación dentro del escenario general del reconocimiento del papel del conocimiento. Pero este reconocimiento no acaba de cristalizar en políticas comprometidas y articuladas con el conjunto de las políticas. De alguna manera se perciben dos enfoques en el diseño de las políticas de ciencia-tecnología-innovación, uno que pretende importar modelos explicativos de los comportamientos de los sistemas científico-tecnológicos de los países más desarrollados y que se pretende incorporar acríticamente sin valorar los contextos locales en cuanto a capacidades de absorción reales y demandas sociales. Otro, con enfoques más adaptados a las realidades nacionales, donde la cohesión social es tan urgente como la competitividad económica y el enfoque del desarrollo no solamente es económico, sino también social y humano. Es en este debate entre enfoques donde las aportaciones del "pensamiento latinoamericano en ciencia y tecnología" son relevantes para construir una visión propia desde la realidad social de América Latina. El libro pretende hacer una aportación en este sentido, esperando que poco a poco se vayan modificando las claves del futuro desarrollo científico y tecnológico de América Latina. La diosa Fortuna es sin duda una de las metáforas que más han evolucionado en el tiempo, desde la época romana hasta el Renacimiento, el Barroco y nuestra época. El hilo que enhebra toda la carrera de Amitai Etzioni como sociólogo es precisamente conectar las teorías y los resultados empíricos que se derivan de la investigación académica con la vida de las sociedades que se estudian. En este sentido la trayectoria de Etzioni es asombrosa pues ha sabido compaginar la excelencia investigadora en una amplia gama de campos con la difusión de opinión a través de los medios de comunicación, la creación de instituciones e, incluso, con la gestión pública. Etzioni es hoy el alma de la Sociedad Mundial de Socioeconomía y de la Red Comunitaristas, fundadas por él. En total la obra académica de Etzioni con casi 50 libros y más 350 artículos y capítulos de libro es de las más completas de toda la sociología. La preocupación de Etzioni por las implicaciones morales del cambio social constatado, estudiado o propuesto, se refleja desde su obra más temprana. En 1973 en Genetic Fix ya explora las implicaciones del desarrollo de la biotecnología para el futuro bienestar humano. La obra que comentamos La Dimensión Moral se publicó hace ya 18 años en inglés y representa hasta la fecha la más congruente y contundente crítica que se haya hecho en los últimos tiempos a la racionalidad de los comportamientos humanos asumida por la economía neoclásica y sus implicaciones neoliberales. Estamos ante un análisis riguroso y contundente de las motivaciones y de los comportamientos económicos y el hecho de no contar con una traducción española de esta obra era una falta que ahora vemos felizmente subsanada. Estamos por otra parte ante un texto vigente, que no ha podido ser rebatido por la claqué neoliberal, y por la que esperamos que algún día no muy lejano den el premio Nobel de economía a su autor. Etzioni nos presenta una perspectiva que es decididamente moral y no por ello menos científica que la perspectiva utilizada por ópticas tan en boga como las del behaviorismo económico o la teoría de la elección racional. Nos presenta la alternativa de una economía comunitarista que se arguye no solo en base a las incoherencias y faltas de verificación de las viejas propuestas neoclásicas y a su poca talla moral, sino también al uso conjunto de una racionalidad axiológica y de un impecable rigor lógico en la explicación de los comportamientos y de las elecciones económicas reales que se presentan en la vida social. Estamos pues ante un libro que debería ser de obligada lectura en nuestras facultades de economía y escuelas de negocios, tantas veces divididas en dos contextos irreconciliables: el de la razón que supuestamente busca el beneficio y el del corazón que supuestamente persigue la solidaridad. En La Dimensión Moral estos dos contextos están en perfecta armonía pues se trata de la misma alma humana que debe dar razón de coherencia a todos nustros comportamientos, también los del mercado. Por José Pérez Adán Univerdidad de Valencia Este pequeño ensayo da comienzo con una cita de Persuasión de los días (1942) de Oliverio Girando, el gran poeta surrealista argentino, el poema "Comunión plenaria" que nos habla de la vinculación del ser con el otro, incluso con los entes: El mármol, los caballos/ tienen mis propias venas./ Cualquier dolor lastima/ mi carne, mi esqueleto. [...] Basta que alguien me piense/ para ser un recuerdo. Continúa después con una introducción en la que apunta la incidencia de la biotecnología en la reflexión ética, seguido de un Preámbulo que nos remite al lenguaje: "la reflexión por lo ético remite al lenguaje ético, que nunca lo agota". Hay que señalar aquí que todas las apuestas del autor son extremadas; la última tal vez la que más: "pensar es poco ético". Frente al pensamiento, jugar con las palabras, con el lenguaje, especular, el autor opone la ética de las sensaciones, de las vivencias. Una ética de las emociones Un capítulo cero titulado, Una taxonomía de las emociones, y seis capítulos más, junto con un epílogo conforman el volumen. El cero apunta al dualismo placerdolor y a los proto-estados hedonistas: miedo, ira, felicidad, pena y sorpresa. El papel de las emociones, se nos dice, ha estado siempre orientado a una mejor supervivencia de los individuos. El uno: Sensaciones, emociones, ideas, palabras, pensamientos, acciones. Frente al texto, señala el autor, "La emoción es el verdadero vehículo que respalda las palabras que nos sanan." Y añade: "La ética es una práctica, no una voluntad de práctica". El dos, El flujo histórico de los significados del lenguaje, repasa la historia de las palabras, como elementos a los que nos aferramos, y somos capaces de matarnos por ellas: "libertad", "raza", "honor", "dios", "patria", "derechos". Y concluye: "El único nexo válido entre la sintaxis y la semántica de lo ético es la emoción". El tres, Mundoemociones-acciones, indica que no necesitamos la ética para actuar. Sastre habría dicho que la acción precede a la ética y coincidiría con el autor: "la ética se vive, no se piensa". El cuatro, La construcción social del significado, apunta que la ética reside en el lenguaje y "lo ético no remite al saber de las cosas sino más bien a su ser". El quinto: La ética del segundo nivel: una metaética clásica, reflexiona sobre la otredad, "El "otro" no puede ser objeto ético, si no es objeto emocional". La empatía o afectividad humana es transferida no sólo a seres humanos, sino animales/mascotas, artefactos u objetos. Finaliza con el capítulo sexto: Una ética sin conciencia, abunda en la preactuación frente a la reflexión ética: "uno tiene que abandonarse a las emociones"; "No hay nada que entender, sólo dejarse llevar"; "Lo ético soy yo"; "Debemos conseguir vivir como si estuviéramos fuera del lenguaje". Tales reflexiones no llevan al epílogo cuya última frase define el pensamiento expresado: "Que no todo acabe en las palabras". Curioso libro, cuidada reflexión, al que sólo falta una pequeña bibliografía. Medicina, Ideología e Historia en España (siglos XVI-XXI) El presente volumen tiene su origen en el XIII Congreso de la Sociedad Española de Historia de la Medicina celebrado en Madrid en septiembre de 2005 en la Facultad de Medicina de la UCM y en el CSIC. El tiempo transcurrido ha llevado a los coordinadores a dar comienzo a sus páginas con una afirmación, a nuestro juicio, apresurada: "El final del siglo XX y los comienzos del actual han estado marcados por la denominada "muerte de las ideologías"": Esta muerte anunciada, como tantas otras: el final de la Historia de Fukuyama, la muerte de la novela, del arte, del teatro, del cine, de la filosofía fenomenológica y un largo etcétera, han mostrado, en muy poco tiempo que "los muertos que vos matasteis gozan de buena salud". Para mal, para muy mal, las ideologías han reverdecido y sus versiones integristas intentan oponerse al progreso e imponer sus creencias al conjunto social: la investigación con células madres, la clonación, la biotecnología, la eutanasia, el derecho a morir sin dolor, encuentran modernos torquemadas que actúan sin ningún rubor. "La mera gestión técnica de los recursos" y "la creciente tecnificación de la práctica médica" no parece ser de aplicación en temas sensibles como la interrupción del embarazo. Pero, dejando a parte este lapsus introductorio, el conjunto del volumen resulta excelente, interesante, científicamente de altura y bien estructurado. Nueve secciones dividen el conjunto de un total de cincuenta y cuatro contribuciones. El orden en que aparecen es, a la vez, temático y cronológico, con especial énfasis en los siglos XIX y XX. Condición histórica de la Medicina. Reflexiones y propuestas; Historiografía y fuentes; Discursos y actitudes ideológicas; Medicina y Sociedad, República, Guerra Civil, Franquismo y Transición; Sanidad internacional; tecnología e instituciones; La práctica médica en la Monarquía Hispánica; e Historia de la Medicina, Salud y Género, son el título de las nueve secciones. En ellas se dan cita un notable grupo de especialistas provenientes, en su RESEÑAS mayoría, de las cátedras universitarias de Historia de la Medicina e Historia de la Ciencia y del CSIC. Una enumeración de todas y cada una de las contribuciones sería excesivamente prolija. Únicamente decir que el lector, a la vista del índice, encontrará sin duda aportaciones de su interés complementadas con una excelente anotación y referencias bibliográficas a pie de página. La medicina española ha sido sin duda historiada por excelentes investigadores, pero no es menos cierto que conjuntos de estudios como el que ahora editan el CSIC y La Sociedad Española de Historia de la Medicina son claves para una adecuada puesta al día pormenorizada, y necesarios para una mejor compresión de la Historia de España.
La ciudad de Guanajuato fue reconocida en 1988 como Patrimonio de la Humanidad. A partir de este momento el turismo se ha convertido en la actividad que produce mayores recursos económicos para sus habitantes. Debido a las características físicas del lugar, a la estructura de su población y al gran número de visitantes se generan problemas de tránsito, escasez de insumos, aumento de precios y exceso de basura. Para reducir estos inconvenientes, es necesario considerar aspectos relacionados con el turismo sostenible, a fin de estimular el desarrollo local y tomar medidas para salvaguardar el patrimonio de la ciudad evitando su deterioro. En este trabajo se describe el origen de la ciudad y los problemas que afectan a la población local y a la sostenibilidad de su turismo. Guanajuato, como muchas de las ciudades patrimoniales de México, tiene una rica herencia cultural en edificaciones, monumentos y costumbres, y las características del relieve montañoso en el que se asienta junto con las adecuaciones que se han adoptado en la misma para favorecer la circulación vehicular y peatonal, le dan un paisaje peculiar y único. La actividad minera desarrollada durante varios siglos en el pasado también le imprimió rasgos propios que evidencian su relevancia de otras épocas. En este trabajo se analizan las características de esta ciudad desde el punto de vista del paisaje cultural y de sus oportunidades para un turismo sostenible. Con el fin de aprovechar toda esta riqueza patrimonial se realizan eventos que la han convertido en una ciudad de gran prestigio cultural más allá de las fronteras de México. El turismo, tanto nacional como internacional, ha beneficiado a Guanajuato y, si bien esta actividad genera recursos económicos que favorecen la conservación del patrimonio, también provoca una fuerte presión, particularmente sobre los habitantes, quienes tienen sentimientos opuestos respecto al turista; por un lado, saben que deja ganancias en la ciudad que, indirectamente, los favorecen y, por otro lado, ven invadido su espacio común, ya que, siendo una ciudad de menos de cien mil habitantes, el flujo de turistas puede representar un peso excesivo y generar problemas de abastecimiento de alimentos, carencia o contaminación de agua y congestión peatonal, entre otros. En la actualidad el turista busca algo más que la diversión o el descanso, por lo cual han surgido modalidades como el turismo de aventura, el turismo rural o el turismo cultural, donde el paisaje juega un papel fundamental, ya que enmarca el lugar y es un atractivo adicional. Sin embargo, el turismo también tiene que planificarse, ya que una cantidad inusual de visitantes puede generar problemas a la comunidad local, de ahí la importancia de procurar un equilibrio entre los recursos turísticos que posee el lugar y el desgaste de los mismos, ya que ambos deben ser un complemento. Con la activación de los principios del desarrollo sostenible se propone el respeto a los valores y principios éticos como: el cuidado de la vida, la integridad, la justicia social y económica, la democracia, la no violencia y la paz, entre otros, los cuales están contenidos en el documento denominado Carta de la Tierra (2006), en el que participaron diversos organismos internacionales encabezados por la Organización de las Naciones Unidas, con el fin de reglamentar la sostenibilidad de los recursos. El desarrollo sostenible supone la elaboración de estrategias para que se utilicen los recursos de manera conveniente, evitando daños al ambiente y el deterioro del patrimonio, para lo cual se señalan a continuación los conceptos teóricos en los que se basa este trabajo: En primer lugar, la sostenibilidad o sustentabilidad. Este concepto alude al equilibrio entre los recursos y el entorno al que pertenecen; por lo tanto, el objetivo de la sostenibilidad es que las generaciones presentes disfruten del bien común, cuidando que esto no desgaste, prive o comprometa dicho recurso para las generaciones futuras, de manera que su utilización o explotación permita su renovación o cuidado. Lo sostenible tiene que apoyarse en algo, "ser sostenido", es un sistema en desequilibrio que necesita el soporte de un flujo permanente de energía, materia e información. Además, para mantener los niveles requeridos de producción y sostenibilidad, demanda procesos de transformación y artificialización que deberían ser respetuosos con los valores medioambientales. Lo sustentable en cambio, puede sostenerse por sí mismo mediante su propio esfuerzo para equilibrarse, esto se aplica a sistemas específicos de la naturaleza (Mateo Rodríguez, 2012, p. Otro concepto que hay que considerar es el de paisaje cultural, el cual deriva del paisaje natural y se expresa por los resultados de la actividad humana que lo moldea (Mateo Rodríguez, 2012, pp. 40-42). El turismo sostenible es un potente instrumento que permite garantizar los recursos de los que depende, participando activamente en la estrategia del desarrollo regional (Pérez de las Heras, 2004, pp. 249-252, cita la Carta de Turismo Sostenible); por tanto, en la práctica turística, al proporcionar a los seres humanos los bienes y servicios que requieran, es importante cuidar que estos no vulneren el paisaje natural ni el cultural, además de que dichas actividades deben ser planeadas de manera que proporcionen un recurso económico que permita el mantenimiento y la conservación de los bienes patrimoniales. Por último, se maneja el concepto de conectividad. "En términos generales, puede entenderse la conectividad como una cualidad que surge y se desarrolla de la existencia de vínculos entre territorios y actividades que se interrelacionan. De esta manera, la representación física del concepto abstracto de conectividad es el de una estructura que está conformada por una red de corredores que sirven para movilizar bienes, servicios, información y personas entre distintos puntos del territorio" (Rozas y Figueroa, 2006). Estevan y Sanz (1996) revisan bastante detalladamente la terminología del transporte, y sintetizan una definición de movilidad en distinción a la de accesibilidad, donde la movilidad es un parámetro o variable cuantitativa que mide la cantidad de desplazamientos de las personas o los bienes en un determinado sistema socioeconómico; y la accesibilidad es un parámetro o variable cualitativa que indica la facilidad con que las personas salvan la distancia que los separa de los lugares donde satisfacen sus necesidades o deseos" (Gutiérrez, 2012). ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CIUDAD DE GUANAJUATO La ciudad de Guanajuato es una de las ciudades mexicanas que ofrece más importantes atractivos culturales para el turista. La declaración por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de esta localidad, en 1988, como Ciudad Patrimonio Mundial es un reconocimiento a los valores que posee, aunque no siempre fue así; por eso el interés de analizar a continuación las características de esta ciudad, las particularidades de su origen y su sostenibilidad en relación con el turismo. La región en donde se encuentra la ciudad de Guanajuato es montañosa, con declives pronunciados de laderas largas y valles profundos cavados por numerosos escurrimientos provenientes del sector septentrional de la cuenca adyacente a la misma, debido a que el valle longitudinal en el que se encuentra emplazada la ciudad es profundo y su cuenca intermontana tiene dirección perpendicular, simula una barrera orográfica que facilita la concentración del escurrimiento, lo que ha provocado inundaciones y acarreo de escombros cuando se producen lluvias torrenciales. La ciudad se fundó en 1557 y desarrolló rápidamente, debido al descubrimiento cinco años antes de las ricas vetas minerales que hiciera el capitán español Juan de Jaso, posiblemente cumpliendo órdenes de Hernán Pérez de Bocanegra. Así, el primer juez y superintendente de minas, Perafán de Rivera, la fundó con el nombre de Santa Fe y Real de Minas de Quanaxhuato (Cervantes, 1942). Su nombre, que significa lugar de ranas, fue dado por grupos chichimecas que recorrían la región antes de la llegada de los españoles. Las ciudades fundadas a causa de afloramientos de depósitos minerales suelen localizarse en zonas montañosas de relieve abrupto, con desniveles y difícil topografía, por lo que sus calles irregulares y angostas les dan aspecto de plato roto. Las minas que fueron la causa de su emplazamiento pronto comenzaron a mostrar la riqueza mineral que poseían; se multiplicaron las excavaciones mineras y aumentó la población, convirtiendo a Guanajuato en una de las principales ciudades de la Nueva España. Al finalizar el siglo XVI había 4.000 habitantes en la localidad. En 1610 ya existían las primeras casas reales -como la finca de Diego Rul, convertida en el Supremo Tribunal de Justicia 1 -, el convento y la Parroquia de San Diego. Al terminar el siglo XVII Guanajuato tenía 16.000 habitantes; en el siglo XVIII se construyeron los santuarios de Cata y de Guadalupe y se inició la construcción de la Presa de la Olla (Marmolejo, 1973, p. José Antonio de Villaseñor y Sánchez, contador general de Reales Azogues, en su informe al rey (1746-1747) señalaba la importancia de esta ciudad para la Corona Española mediante lo siguiente: La villa de Santa Fe es la capital de esta jurisdicción... el trato es oro, plata y cobre, que crían los cerros y producen las minas principales... Hállanse en todo el recinto minerales y minas todas de oro y plata... cada una... con su iglesia y su capellán y lo mismo sucede con cuarenta y tres haciendas de beneficio de sacar plata, que están en las cañadas... Compónese lo material de la villa de perfectos edificios y casas, aunque no muy concertadas sus calles por el mal terreno de su fundación; tiene tres conventos de religiosos: el de San Pedro de Alcántara de franciscos 2 descalzos, el de la Compañía de Jesús y el de la Hospitalidad de Betle-mitas... Tiene su iglesia parroquial... en ella se venera una imagen de la Santísima Virgen María Nuestra Señora de Guanajuato, que condujo un devoto caballero a estas regiones desde la ciudad de Granada... La cantidad y belleza de las edificaciones que contenía Guanajuato, sus obras de infraestructura, así como la riqueza de sus minas la hicieron blanco y objetivo para ganar la Guerra de Independencia; con la toma de la Alhóndiga de Granaditas y los sucesos inenarrables del 28 de septiembre de 1810, se produjo el abandono de las minas, la disminución considerable de sus habitantes y, como consecuencia, la ciudad perdió importancia. ACCESIBILIDAD Y CONECTIVIDAD DE LA CIUDAD DE GUANAJUATO Como se mencionó, desde su fundación Guanajuato se comunicaba con pequeños poblados mineros, minas y haciendas de beneficio, las calles del centro histórico son estrechas, pero de tamaño suficiente para permitir el paso de carretas utilizadas para la minería y aprovisionamiento de todo tipo de materiales y productos del campo, su trazado es irregular adaptándose a las formas del relieve. La ciudad de Guanajuato, al ser la capital del Estado del mismo nombre, tiene un gran dinamismo económico y en toda su aglomeración urbana se realizan movimientos de personas y mercancías de elevada intensidad, lo que contribuye a intensificar los problemas de vialidad del área central. La construcción de numerosos túneles, uno de sus rasgos más peculiares, y la vía de circunvalación de la ciudad no han sido suficientes para mejorar el tránsito, por lo que se presentan puntos conflictivos ocasionando congestionamientos, especialmente en las horas punta, y en las avenidas y calles donde circulan diversas rutas del transporte público, servicio que registra graves deficiencias en tiempos de recorrido y coberturas horarias -sobre todo en la zona sur-, además de saturación de vialidades al interior de la ciudad, ya que por la misma calle pasan, en ocasiones, más de tres rutas (Programa de Gobierno Municipal de Guanajuato 2012Guanajuato -2015)). Fuente: Marco Geoestadístico Nacional y Conjunto de Datos Vectoriales de Carreteras y Vialidades Urbanas. Mapa de vialidades de la ciudad de Guanajuato, México a402 La topografía del emplazamiento en donde se asienta la ciudad dificulta el acceso y comunicación entre las diferentes zonas; el centro histórico tiene poca capacidad vial por lo que es común que se produzcan embotellamientos de tráfico en las calles y paraderos, por esta razón se estaciona en las calles subterráneas ocasionando mayores problemas a la circulación. En general el transporte público no es muy usado por los turistas, ya que el centro histórico comúnmente se recorre caminando. No obstante, para el programa Observatorio Turístico, el servicio que prestan los taxistas es bueno (Perfil del Visitante. Por otra parte, los autobuses actuales se están sustituyendo por camionetas tipo Urban, que son más convenientes, ya que tienen menores dimensiones y contaminan menos, tienen mejor aspecto (son nuevas) y se mueven con mayor facilidad por las calles (figura 1). Un elemento singular de comunicación es el Funicular de Guanajuato, que permite a los turistas transportarse cómodamente desde el centro de la ciudad al monumento en honor al Pípila (héroe local), en el Cerro de San Miguel con un mirador desde el que se puede admirar casi toda la ciudad. En la última década se ha construido un espacio de aparcamiento para más de 300 automóviles particulares en un intento de resolver uno de los problemas de sustentabilidad del turismo, además se dispone con el mismo objetivo del espacio rehabilitado de la antigua estación del ferrocarril que brinda posibilidades de estacionamiento a los autobuses foráneos (de la Calle y Ruiz, 2014, p. 258), aunque la movilidad y accesibilidad no quedan totalmente resueltas puesto que no se cuenta con un transporte colectivo que acerque a los visitantes desde aquí al centro de la ciudad. Otra de las carencias que resulta prioritario resolver para un desarrollo turístico organizado es la falta de puntos oficiales que proporcionen información a los visitantes y turistas. Ese vacío es cubierto por guías locales que captan así más clientes (Ruiz, 2011), si bien se encuentran con la competencia de personas de escasa formación que integran lo que podríamos dominar sector "informal" del turismo que tiene peso y relevancia económica. TURISMO Y PATRIMONIO EN LA CIUDAD DE GUANAJUATO El actual Programa Estatal de Turismo del Estado de Guanajuato, como programa sectorial, así como la Ley de Turismo para el estado de Guanajuato y sus municipios hacen patente su interés por fortalecer un sector turístico competitivo, sustentable e incluyente, el cual tenga presencia y posicione a la Ciudad de Guanajuato como un destino cultural privilegiado de México, tanto a escala nacional como internacional, teniendo en cuenta sus valores relacionados con su historia, identidad, tradiciones y modernidad. Una de las principales líneas estratégicas propuestas hace referencia a la sostenibilidad turística, considerando que la importante diversidad de recursos turísticos de la ciudad debe ser aprovechada tanto en el presente como en el futuro, sin perjuicio para la calidad de vida de la población local. Así el objetivo cen-a402 tral es consolidar de manera autosostenible la oferta turística y todo el potencial de desarrollo económico que comporta. De forma específica, los objetivos propuestos en el Programa para el Desarrollo Regional Turístico Sustentable (PRODERETUS) plantean: "contribuir al fortalecimiento de las ventajas competitivas de la oferta turística nacional... modernizar la infraestructura y el equipamiento... contribuir en el cuidado y preservación del patrimonio cultural, histórico y natural de los sitios turísticos... fomentar la innovación de productos turísticos, para el desarrollo de una oferta turística complementaria y diversificada". Así, la ciudad de Guanajuato, situada en el municipio y estado del mismo nombre, puede ser considerada como uno de los sitios de importancia singular por su riqueza patrimonial, la cual adquiere una distinción a través la UNESCO, organismo que determina los sitios que formarán parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad, en cuya lista fue incluida la Zona de Monumentos Históricos de Guanajuato y Minas Adyacentes el 9 de diciembre de 1988, atendiendo a los siguientes criterios básicos: Su destacada arquitectura de edificios gubernamentales, haciendas, casas y sitios religiosos emblemáticos del barroco del siglo XVIII muestra en el paisaje los aspectos más relevantes de un próspero desarrollo industrial y económico durante una larga época ligada a la minería como actividad principal, con una perfecta adaptación de la estructura y trama urbanas a la topografía, con el desarrollo de obras hidráulicas e instalaciones inherentes a la explotación minera. IV) Estar directa o materialmente asociado con acontecimientos o tradiciones vivas, con ideas, creencias u obras artísticas y literarias que tengan un significado universal excepcional. (El Comité consideró que este criterio debería ser utilizado preferiblemente de manera concomitante con otros criterios). En la ciudad de Guanajuato existe un patrimonio urbano que la revela como Zona de Monumentos Históricos contemplada, de forma legal, por la Ley del patrimonio cultural del estado de Guanajuato. Dicha ley, además de la conservación de los bienes inmuebles históricos, hace referencia a la protección de todo el patrimonio cultural, de acuerdo a criterios de clasificación de interés social y nacional. Las disposiciones establecidas son de orden público y de rango federal, siempre con un fuerte carácter presidencialista, puesto que, según la legislación mexicana de protección del patrimonio, es el presidente de la República el máximo responsable y quien otorga la calificación de bienes protegidos, eso sí, en todo momento con la implicación de los distintos niveles de gobierno. De todos modos, la preocupación por la conservación del patrimonio monumental y artístico de Guanajuato, con sus consiguientes efectos sobre la actividad turística, es muy anterior a su declaración por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad y a la ley de 2006 antes comentada. La Ciudad de Guanajuato ya fue declarada Zona de Monumentos Históricos el 28 de julio de 1982, acogiéndose a lo dispuesto por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972, reformada en 2015 (Diario Oficial de la Federación, 28 enero 2015), que incluye nuevos valores arquitectónicos populares y artísticos y otros espaciales como plazas, jardines, rinconadas, plazuelas, callejones y, en general, la traza urbana como elemento histórico de valor incalculable (Gálvez González, 1996, pp. 27-29). En este sentido tampoco hay que olvidar los efectos sobre la conservación y protección del patrimonio que ha tenido y tiene la Convención del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO en París de 1972 (del 17 al 21 de octubre de ese año). Poblado minero de gran importancia Como se mencionó, el desarrollo de la minería propició la fundación de esta ciudad en 1554, perteneció al Distrito Minero de Guanajuato como Real de Minas de Guanajuato y se erigió como alcaldía mayor. Recibió el título de Villa 26 de octubre de 1679 por decreto del virrey Enrique de Rivera; en 1741 por orden del rey Felipe V se le otorgó la categoría de muy noble y leal ciudad de Ciudad de Santa Fe y Real de Mi-a402 nas de Guanajuato; en 1786 fue nombrada capital de la Intendencia de Guanajuato y, desde 1824, capital del estado del mismo nombre. Cabe señalar que, en la época juarista, en 1858, fue declarada capital de la República. Como sitio minero de gran relevancia en el centro de México concentró espacios de gran calidad arquitectónica para la administración, uso residencial, centros culturales y religiosos. Su patrimonio histórico, desde el siglo XVI, contiene monumentos civiles, religiosos, gubernamentales y otros de diversa índole, que conforman el paisaje urbano. Es importante destacar que, debido a que la ciudad se desarrolló en la cañada formada por el río Guanajuato, se construyeron numerosos puentes para su comunicación, ya que las avenidas del río afectaban a la ciudad con numerosas inundaciones. Con el fin de remediar esto, se realizaron obras para modificar las corrientes y darle seguridad a la ciudad. Los cambios permitieron que, años más tarde, algunos tramos del cauce se embovedaran dando lugar a túneles que hoy en día constituyen algunas de las calles subterráneas, habilitadas como medios de comunicación y que constituyen uno de los más importantes atractivos turísticos de la localidad (Vázquez González, 2011). A todo lo anterior, como reclamo para el turismo cultural, se añade el protagonismo que confiere a Guanajuato la celebración de eventos internacionales entre los que destaca sobremanera el Festival Internacional Cervantino, sin lugar a dudas el acontecimiento que más ha contribuido a proyectar la imagen de esta ciudad en el mundo, no solo como capital estatal sino también como ciudad turística de clara vocación cultural, con diversos matices y estilos (figura 2). Actualmente la sobreutilización de la ciudad por actividades múltiples y diferenciadas, pero también y de manera muy intensa por el turismo, provoca fuertes impactos paisajísticos en el interior de la ciudad, no siempre favorables para la preservación de los valores patrimoniales, y sobre todo en la periferia urbana, donde además proliferan los asentamientos formales e informales de carácter residencial como consecuencia del proceso de urbanización del conjunto del país (Garrocho Rangel, 2013). Esta presión en la ocupación del suelo bajo la indetenible urbanización (Gálvez González, 1996, p. 75) amenaza zonas de alto valor medioambiental y paisajístico de un medio natural montañoso que también atrae al turismo. De todos modos, la actividad turística cultural en torno a los principales recursos patrimoniales se desarrolla principalmente en la Zona de Monumentos Históricos, dentro del área de 14.6 km delimitada perimetralmente por el trazado de la carretera panorámica, que se extiende sobre 1.9 km 2, cubriendo aproximadamente 175 manzanas. Es recomendable el establecimiento de itinerarios para visitar esta y hacer recorridos por las vías peatonales y de comunicación que forman un rico entramado, tanto por superficie como de forma subterránea, a fin de ejercer cierto control del daño patrimonial. El otro gran atractivo turístico está constituido por la zona natural-cultural denominada de Minas Adyacentes, que se extiende fuera del anterior perímetro monumental y corresponde a las explotaciones mineras que han sido durante siglos, desde el XVI, la base de la riqueza de la ciudad y de la calidad artística de sus construcciones, tanto religiosas como civiles. Se trata de unos típicos paisajes de la minería recuperados en muchos casos para la visita turística, algunos tan emblemáticos como el de la mina La Valenciana. Estos lugares muestran no solo los antiguos sitios de exploración, explotación y transformación de los recursos minerales, perfectamente acondicionados para la visita, sino los asentamientos poblacionales a los que dieron origen y que en algunos casos se acompañan de construcciones de excepcional calidad artística como la iglesia de San Cayetano, vinculada a la mina a la que se ha hecho antes mención, La Valenciana. La iglesia, hecha construir entre 1765 y 1788 por Antonio de Obregón y Alcocer, el Conde de Valenciana y propietario original de la mina, es una de las muestras más representativas del barroco mexicano. En esta zona de Minas Adyacentes se ubica también la presa para abastecimiento de agua de la ciudad denominada de la Olla, construida en 1746, y punto central y de justificación de las importantes Fiestas de San Juan y Presa de la Olla, de 16 a 26 de junio. En su entorno la alta burguesía del Bajío levantó en el siglo XIX espléndidas mansiones de estilo victoriano que hacen de este espacio uno de los más singulares y de más belleza de Guanajuato, permitiendo su calificación como paisaje cultural merecedor de protección especial por sus valores patrimoniales (Zárate Martín y Ortiz Álvarez, 2014). En definitiva, toda la zona de Minas Adyacentes constituye un recurso de enorme potencial de desarrollo turístico a condición de encajarlo en un proyecto de desarrollo integral del turismo de la ciudad, desde luego con criterios de calidad y sostenibilidad y para participar todos los agentes económicos, sociales y políticos del turismo. EVOLUCIÓN DE LA ACTIVIDAD TURÍSTICA Y PER-CEPCIÓN DE LOS HABITANTES DE GUANAJUATO CON RESPECTO AL TURISMO La evolución urbana reciente de la ciudad de Guanajuato muestra ciertas peculiaridades que se deben destacar en cuanto al manejo y protección del patrimonio histórico de la ciudad y a su aprovechamiento turístico, debido a su particular emplazamiento de ladera de montaña. En 1990 alcanzó su máximo desarrollo demográfico, con la ocupación prácticamente completa de todos los espacios habitacionales disponibles, por lo que, a partir de esos años, el crecimiento de la ciudad tuvo que dirigirse hacia el sur, primero a la vecina localidad de Marfil y, posteriormente, a La Yerbabuena, las cuales han absorbido la demanda más reciente de vivienda y de otros usos urbanos. En general, se puede afirmar que esta dinámica urbana ha tenido efectos positivos, facilitando los trabajos de rehabilitación y mantenimiento de la zona patrimonial; sin embargo, cabe recalcar que la mayor parte de la infraestructura y la oferta turística se concentran en el centro histórico de Guanajuato, originando a menudo y sobre todo durante el Festival Cervantino una excesiva carga turística que habría que gestionar conforme a criterios de sostenibilidad, entre otras razones para reducir problemas de alojamiento, de congestión de tráfico, de abastecimiento de agua y de alimentos, que provocan inconvenientes a los vecinos y justifican por su parte actitudes no siempre favorables al turismo, a pesar de coincidir mayoritariamente en la opinión de que constituye una importante fuente de ingresos y de actividad para la ciudad. En la información censal de 2010 la población de Marfil y La Yerbabuena solo representaron poco más de la tercera parte (34.3%) de la población total de la ciudad (tabla 1). a402 La declaración de Guanajuato como Ciudad Patrimonio de la Humanidad supuso un importante revulsivo para el desarrollo turístico de la ciudad. A lo largo de esos años la tendencia del crecimiento ha sido continua, sobre todo desde 2004, aunque también se han registrado variaciones importantes en algunas ocasiones. Por otra parte, el análisis de los datos oficiales, muestra su consolidación como destino que atrae principalmente a turistas nacionales, los cuales representaron el 98,1% del total en 2015 y, en valores absolutos, este flujo ha registrado aumentos significativos, mientras que el volumen de turistas extranjeros siempre ha sido minoritario, incluso este segmento de visitantes registra en los años recientes una ligera tendencia a reducir su participación en el total de turistas. De modo paralelo al crecimiento de la afluencia de turistas, la ciudad de Guanajuato ha incrementado también de manera importante su oferta hotelera. Su aumento ha sido del 58,51% respecto a la primera fecha considerada, mientras que el de turistas ha sido ligeramente inferior, del 53,61% en el mismo periodo. Sin embargo, el promedio de cuartos ocupados y el promedio porcentual de ocupación hotelera en general mantienen valores bajos, menores del 45% con respecto a la oferta total a lo largo del periodo. Esta información evidencia algunas de las debilidades a las que se enfrenta la actividad turística de Guanajuato; en promedio la estancia media de los turistas es baja, inferior a 1.8 noches, a lo que se Tabla 1. Población y crecimiento de la ciudad de Guanajuato y áreas urbanas conurbadas, 1990-2015 Nota: * Proyección Fuente: Cálculos propios con base en la información de los censos y los conteos de población del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Población total Crecimiento medio anual (en %) A los hechos anteriores se añade la insuficiencia de la oferta hotelera para acoger al elevado número de visitantes que se concentran en determinados periodos del año. Así, la población local refiere que, en temporada de gran demanda hotelera, algunos turistas nacionales, al no alcanzar lugar en algún hotel, duermen en automóviles que se estacionan en las vías subterráneas, lo que provoca malestar y descontento entre los residentes, ya que también esos turistas generan basura, suciedad y malos olores, entre otros inconvenientes. A lo largo del año, los meses de máxima afluencia de turistas a Guanajuato son durante dos de los periodos tradicionales de vacaciones familiares: el verano y la semana santa, además del mes de octubre, cuando se celebra el Festival Internacional Cervantino. En julio de 2015, llegaron 90.400 turistas, en abril 62.900 y en octubre 74.700, en conjunto en estos tres meses se concentró el 29.7% del total de turistas que recibió Guanajuato en ese año, y son consecuentemente los meses que registraron los mayores porcentajes de ocupación hotelera (Figura 5). Con estas cifras es posible advertir que, durante los meses de máxima demanda, el número de turistas casi iguala al número de habitantes del área urbana de la ciudad patrimonial de Guanajuato, con lo que se duplica la demanda de insumos y de servicios, entre otros efectos. También se ha producido desde 1988 hasta la actualidad un incremento del rango social y poder económico de los visitantes a la localidad, por otro lado, nada sorprendente si se tiene en cuenta que el turismo cultural urbano va asociado preferentemente a segmentos de población de mayor capacidad adquisitiva y nivel social. En general se puede afirmar que ha cambiado a través del tiempo el perfil socioeconómico del visitante que llega a la ciudad de Guanajuato; así, de acuerdo con la distribución de los turistas según categoría del hotel en que se alojan, en 2015 más de la mitad (54,1%) se hospedaron en hoteles de cuatro y cinco estrellas, con unos porcentajes de ocupación cercanos al 50%, y solo el 2,1% en los de una estrella, que tenían los menores porcentajes de ocupación hotelera. Esta situación contrasta notablemente con la distribución registrada en 1992, cuando en este destino turístico no existían hoteles de cinco estrellas y donde el 21% de los turistas se alojaban en hoteles de una estrella, que alcanzaban ocupación del 60% (figura 6). Una manera de evaluar el impacto que genera la llegada de visitantes a esta Ciudad Patrimonio es a través del indicador de capacidad de carga de turistas, que relaciona el número de turistas que recibe una localidad con el número de habitantes de ese lugar. Teniendo en cuenta la singularidad de la estructura urbana de Guanajuato ya expresada anteriormente, este indicador se ha calculado en dos versiones, la primera involucra solo el área urbana de Guanajuato, donde se localiza la mayor parte de la infraestructura y de los atractivos de la zona, y la otra considera la aglomeración urbana, que incluye las áreas urbanas de Guanajuato, Marfil y La Yerbabuena. Son valores inferiores a los anteriores, pero también significativos (figura 7 y tabla 2). Para conocer la opinión de los habitantes de Guanajuato sobre la actividad turística que se desarrolla en su localidad, se realizó una pequeña encuesta dirigida a la población local; en total se llevaron a la práctica 40, pero sólo se han tenido en cuenta 37, debido a que tres encuestados llevaban menos de un año como residentes en Guanajuato, por lo que no se consideró conveniente incluirlos. Otros aspectos que se tuvieron en cuenta fue que se entrevistó a igual número de hombres que de mujeres y se intentó que fueran similares las proporciones por grupos de edad, considerando jóvenes (menores de 30 años), adultos (de 30 a 50 años) y población mayor (más de 50 años de edad), con el fin de que esto no fuera un factor determinante, aunque al analizar los resultados, se pudo comprobar que no hay grandes diferencias en las respuestas por grupos de edad. En primer lugar, destaca que la mayor parte de los habitantes de Guanajuato son conscientes de residir en una Ciudad Patrimonio de la Humanidad (el 92%) Tabla 2. Indicadores de actividad turística de la ciudad de Guanajuato, 1990de Guanajuato, -2015 Fuente: Cálculos propios con base en la información de Compendio Estadístico del Turismo en México 2016. Capacidad de carga de turistas de la ciudad de Guanajuato, 1990de Guanajuato, -2015 Fuente: Cálculos propios con base en la información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía y de la Secretaría de Turismo. a402 y se sienten orgullos de ello en igual porcentaje, pero la proporción es menor cuando se considera que esta categoría atrae gran cantidad de turistas, al 84% le complace, pero al 16% no le agrada que lleguen tantos visitantes; sin embargo, la inmensa mayoría, el 92%, valoran positivamente el aporte que hace el turismo a la economía y a la generación de empleos en la ciudad, la frase más utilizada es "en Guanajuato se vive del turismo". No obstante, la población local reconoce que existe una serie de problemas generados por la gran cantidad de personas que reciben. Destaca en primer lugar lo referente a la movilidad vehicular dentro de la ciudad, la falta de estacionamientos, junto con problemas de basura y suciedad, como los aspectos más repetidos. Le sigue en importancia el mal comportamiento de los turistas jóvenes, que la población local asocia directamente con el excesivo consumo de alcohol, principalmente durante la celebración del Festival Internacional Cervantino (figura 8). De igual manera, destaca que el 8.9% de la población encuestada mencionó que la afluencia de turistas no genera ningún problema. Finalmente, las respuestas de los encuestados ponen de manifiesto que parte de las dificultades a las que se enfrenta la Ciudad Patrimonio de Guanajuato ante la creciente actividad turística tienen que ver con la calidad de los servicios básicos que se brindan a sus habitantes. Por una parte, se señala la existencia de un desabastecimiento de agua en los meses de mayor afluencia turística que no afecta por igual a toda la ciudad, sino a las zonas altas, las más alejadas de los lugares turísticos, y eso se debe a que se atiende preferentemente a la zona hotelera. También se denuncia que durante los periodos de mayor afluencia de turistas el transporte interno se complica por el exceso de tránsito y el cierre de calles, y que, en general, bajo esas circunstancias como se comentó durante la realización de la encuesta, "se tarda más en recibir algún servicio". Por otra parte, también se critica que las tareas de mantenimiento se concentran solo en el área patrimonial, mientras que el resto de la ciudad se deja descuidada. Quizá la frase que resume esta sensación general de la población residente de Guanajuato, es que "todos deberían beneficiarse del turismo". La ciudad de Guanajuato contiene un valioso patrimonio cultural producto de su trayectoria histórica y de paisajes urbanos resultado de aprovechamientos del medio natural por el hombre basados durante siglos fundamentalmente en la minería de la plata. Su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, otorgada por la UNESCO en 1988, contribuyó decisivamente a difundir sus imágenes en el mundo y a aumentar su atracción como destino de interés tu-Figura 8. Principales problemas que generan los turistas a los residentes de la ciudad de Guanajuato Fuente: Cálculos propios con base en la encuesta e investigación de campo, 2016. a402 rístico cultural, como sucede con todas las ciudades del planeta que reciben esta calificación y que les sirve de "marca" de calidad. En la actualidad, el turismo es una de las principales fuentes de ingresos para los habitantes de Guanajuato y de actividad económica para la entidad; por lo tanto, el turismo actúa como oportunidad para su desarrollo local, pero al mismo tiempo constituye un desafío para su futuro por los efectos que provoca en el funcionamiento general de la ciudad y por los problemas que genera para la conservación del patrimonio. El potencial turístico que ofrece la ciudad al visitante, además de su paisaje y agradable clima, comprende muchos aspectos, principalmente de carácter cultural: museos, teatros, festivales, visitas a sus callejones y sitios típicos. Asimismo, Guanajuato cuenta hoy con hoteles y restaurantes de diversas categorías para todos los presupuestos y actividades culturales distribuidas a lo largo del año que podrían contribuir a reducir la excesiva concentración del turismo en unos meses y días de la semana, así como a aumentar el reducido número de días de estancia, otro de los problemas para una gestión eficaz del turismo. La puesta en valor de todos sus recursos y la creación de la infraestructura de acogida y de restauración a las que se hace referencia han sido posibles gracias a la acción combinada de los diferentes actores sociales de la ciudad y de los responsables públicos y privados del turismo, entre ellos las instancias oficiales del gobierno federal, estatal y municipal, la iniciativa privada y algunas asociaciones civiles. El esfuerzo de todos los actores públicos y privados de la ciudad ha permitido gestionar recursos económicos, sociales y de planeación que se han invertido para el rescate, rehabilitación y mantenimiento de la riqueza patrimonial, cada vez atendiendo más a criterios de responsabilidad en la protección, conservación, interpretación y presentación de la diversidad cultural y del patrimonio cultural, según se contempla en la Carta Internacional sobre Turismo Cultural para La Gestión del Turismo en los Sitios con Patrimonio Significativo, adoptada por el International Council on Monuments and Sites (ICOMOS) en su 12.a Asamblea General que tuvo lugar en México en octubre de 1999. De ese modo, se ha logrado desarrollar y consolidar una importante y variada oferta de servicios y recursos turísticos que posicionan a Guanajuato como uno de los principales destinos del turismo nacional de México y le abren la posibilidad de convertirse también en un destino turístico internacional privilegiado. Sin embargo, las acciones emprendidas hasta el momento no están exentas de dificultades, generadas sobre todo por la excesiva concentración de los flujos de visitantes en unos pocos meses por las razones ya señaladas. Como se ha expuesto, se detectan algunos problemas en cuanto a la sostenibilidad de este destino que, de no atenderse, podrían derivar en auténticos obstáculos para la consolidación y desarrollo del turismo pero también para la sostenibilidad del conjunto de la ciudad, entre ellos sobresalen las complicaciones ocasionadas por el exceso de tránsito en periodos del año muy concretos, la escasez de estacionamientos, el incremento en la generación de basura, el aumento de suciedad en los espacios públicos, el ruido y la contaminación del aire, la insuficiencia de insumos y de servicios básicos para atender a las crecientes demandas de la población local y de los visitantes, y principalmente las dificultades para el abastecimiento de agua y el manejo de los residuos. Estos inconvenientes podrían mitigarse mediante una efectiva planeación del turismo que ha de tener en cuenta los criterios de sostenibilidad que parten del Informe Brundtland, del 4 de agosto de 1987, de la Comisión de la ONU sobre el medio Ambiente y el Desarrollo y de la Conferencia de Río sobre la Tierra de 1992 y de manera también muy específica, por tratarse de un destino urbano, de la Nueva Agenda Urbana salida de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) celebrada en Quito en octubre 2016. La Nueva Agenda Urbana es un documento orientado a establecer estándares mundiales de logros en el desarrollo urbano sostenible de acuerdo con los valores y principios definidos en la Carta de la Tierra. En ella se establecen pautas que, aplicadas a Guanajuato, podrían contribuir eficazmente a resolver algunos de los problemas ya comentados. De ese modo, el desarrollo turístico de la ciudad quedaría asegurado, así como se garantizarían sus efectos positivos para la conservación y puesta en valor de su rico patrimonio cultural y paisajístico y para la generación de empleo y mejora de la calidad de vida de sus habitantes, aprovechando las oportunidades que generó su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. La implementación de medidas concretas asociadas a los planteamientos anteriores y comprometidas con el turismo sostenible, como un adecuado plan de manejo y reciclamiento de basura, campañas de concienciación sobre la urgente necesidad de ahorrar el agua y de reducir los niveles de contaminación y de gasto de energía, así como rehabilitar los inmuebles catalogados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), resolverían los conflictos detecta-a402 dos y que en gran parte se pueden interpretar como signos de saturación por la cada vez mayor afluencia de turistas. Dentro de este conjunto de medidas que convendría que formaran parte de un programa estratégico de gestión del turismo de la ciudad, habría que prestar también atención especial a obras de ingeniería que dan singularidad a la ciudad y que han favorecido la conservación de su patrimonio histórico cultural, como son los túneles construidos originalmente para el drenaje de la ciudad en tiempos de la colonia y que actualmente se utilizan para la circulación vehicular. En ese contexto y a pesar de avances realizados recientemente, habría que revisar las emisiones de gases de los motores que pueden dañar las paredes de los túneles y la salud de los habitantes. Respecto a la sostenibilidad del paisaje urbano, natural y cultural, que rodea a la zona patrimonial sería conveniente implementar acciones que permitan en lo posible contener la invasión de construcciones informales en los cerros que circundan a la ciudad y, dado que los residentes son conscientes de que su bienestar e ingresos dependen del turismo, como se ha demostrado en nuestro estudio, convendría involucrarlos en las tareas de mantenimiento y rehabilitación de los distintos espacios, no solo del área patrimonial, sino del área urbana de Guanajuato en su conjunto, de nuevo siguiendo recomendaciones contempladas en la Nueva Agenda Urbana emanada de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III). Finalmente, habría que tener en consideración todo lo legislado por los distintos niveles de gobierno de México con el fin disponer de programas para el desarrollo del turismo sostenible, en ellos se identifican objetivos, metas, estrategias y políticas acordes con las necesidades de la ciudad, de los turistas y los residentes; sin embargo, en este destino patrimonial todavía no se han logrado implantar integralmente estos programas, lo que constituye una tarea pendiente para impulsar un desarrollo turístico sostenible, aprovechando las oportunidades generadas por la calificación de Guanajuato como Ciudad Patrimonio de la Humanidad y como sucede en todas las ciudades merecedoras de esta calificación. Se hace constar el agradecimiento a Selene Eridani Zaragoza Álvarez, becaria del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por la elaboración de la cartografía sobre la diversidad monumental y cultural de la Ciudad de Guanajuato, su apoyo en el desarrollo del trabajo y la investigación en campo; a Iván Molina Gardida, por la elaboración de la cartografía de vialidades y a María Elena Cea Herrera por la revisión de estilo. En la actualidad es el Palacio de Gobierno de la Presidencia Municipal de Guanajuato.
El artículo aborda la implantación en el sector hotelero español de criterios de sostenibilidad ambiental ampliamente difundidos por los organismos internacionales (ONU, UNESCO, Unión Europea, etc.) desde la Conferencia de Río (1992), y reforzados por la creciente sensibilidad respecto al medio ambiente de la clientela no son ajenas a este proceso la búsqueda de ahorro en la gestión de los recursos y la mejora de la competitividad dentro del sector. El compromiso ambiental de las empresas hoteleras se traduce básicamente en la obtención de certificaciones de calidad ambiental y eco-etiquetas expedidas por entidades especializadas en cumplimiento de determinados requisitos. Las grandes cadenas hoteleras han demostrado un mayor interés por obtenerlas por razones de imagen y por su mayor solvencia económica, aunque aún hay un largo camino por recorrer hacia la plena sostenibilidad de los hoteles españoles. INTRODUCCIÓN DESDE EL ESCEPTICISMO: ¿ES POSIBLE (VIABLE) UN TURISMO SOSTENIBLE? Asumimos de entrada que la plena sostenibilidad medioambiental es incompatible con las actividades humanas, tanto si éstas se ubican en medios fuertemente urbanizados, ya de por sí difícilmente sostenibles, como en medios rurales o naturales (Valenzuela Rubio, 1993; Valenzuela Rubio, 2009). Para comenzar, el propio concepto de sostenibilidad presenta una considerable complejidad intrínseca en cuanto a sus retos y objetivos ya que puede plantearse desde muchas perspectivas: la económica y empresarial, la social, la cultural y, por supuesto, la ambiental, que es donde se ubica el presente texto. La sostenibilidad medioambiental presenta igualmente dificultades de análisis y aplicadas, tanto por sus componentes como por los retos metodológicos para detectar y medir los impactos de las actividades turísticas sobre los distintos parámetros del medio ambiente (físicos, construidos, sociales, culturales, etc.). No obstante, la sostenibilidad medioambiental turística es parte ineludible del debate en torno a cómo el turismo debería utilizar los recursos naturales y sociales para obtener de ellos beneficios económicos y satisfacción de los turistas, pero "respetando los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas de apoyo a la vida", tal como definió el turismo sostenible la Organización Mundial del Turismo en 1993 (López de Ávila y García Sánchez, 2015, p. De ahí se deriva la creciente aceptación de que los actores públicos y privados interesados por el turismo deben asumir la compatibilidad entre la maximización del beneficio económico y la minimización de los impactos socioculturales sobre anfitriones y turistas, así como la protección e incluso la mejora del medio ambiente natural. Obviamente, esta ambiciosa pretensión sigue suscitando actitudes enfrentadas entre los actores involucrados, favorable entre las administraciones, investigadores y grupos ecologistas, por ejemplo, y mucho más remisa en el sector privado (en especial, en el sector inmobiliario). Sin embargo, se abre paso lenta pero claramente la tesis de que la competitividad del sector turístico está estrechamente vinculada a su sostenibilidad sobre la base de que el atractivo de los destinos turísticos se halla fuertemente influido por la calidad de su entorno natural y cultural, para lo que resulta de todo punto imprescindible la colaboración de la comunidad local. Dicha aseveración es válida no solo para la modalidad extrema de turismo sostenible (el turismo ecológico) sino también y, sobre todo, para el turismo de masas, en el que se halla, sin duda, el objetivo a alcanzar si se quiere de verdad hacer compatibles los términos de turismo y sostenibilidad ambiental. EL RETO DEL TURISMO SOSTENIBLE EN EL CON-TEXTO DE LA RECUALIFICACIÓN DEL SECTOR Y LA MEJORA DE SU COMPETITIVIDAD Las posturas más favorables al turismo sostenible vienen del sector académico y de las administraciones públicas, en este caso muy matizables según escalas y competencias 1. En las aportaciones de los académicos son de destacar la diversidad de enfoque entre economistas y geógrafos; los primeros se inclinan por la perspectiva microeconómica que privilegia la sostenibilidad hotelera como parte de la responsabilidad empresarial (Rodríguez Antón, Alonso Almeida y Celemín Pedroche, 2013; López Gamero, Molina Azorín, Pertusa Ortega, Tarí Guilló y Pereira Moliner, 2013; Bonilla-Priego, Nájera y Font, 2011) y de la mejora de la competitividad (Ayuso, 2007); los segundos enfatizan los impactos negativos del turismo sobre el entorno natural y cultural (Cañizares Ruiz, 2013), pero también sus beneficiosos efectos sobre la renovación y reestructuración de los destinos turísticos consolidados (Vera Rebollo y Baños Castiñeira, 2010), sin olvidar la sostenibilidad como factor estratégico y elemento de diferenciación y competitividad del turismo español (Pulido Fernández y López Sánchez, 2013). En general, los expertos de distintas disciplinas coinciden en las deficiencias e insuficiencias de las políticas públicas para avanzar hacia un modelo turístico sostenible, como lo ponen de manifiesto los pobres resultados alcanzados hasta ahora o, en el mejor de los casos, estos resultados son solo aparentes cuando no propagandísticos. En cuanto al sector empresarial, el creciente interés por mejorar la sostenibilidad de las instalaciones turísticas se fundamenta en las perspectivas de mejora del atractivo que despierta entre determinados perfiles de consumidor y, en consecuencia, en la posibilidad de utilizarla como señuelo mercadotécnico e instrumento de competitividad frente a competidores. A pesar de lo cual, al menos testimonialmente, el empresariado hotelero se posiciona entre los ambientalmente más conscientes (Navarrete Cobo, 2011, p. De una forma u otra los distintos niveles administrativos han asumido un papel impulsor del turismo sostenible usando para ello instrumentos de muy desigual eficacia, en ocasiones puramente testimoniales. Desde la Conferencia de Río (1992) el tema del turismo sostenible ha merecido una atención creciente por parte de los organismos internacionales, que se ha concretado en la celebración de numerosos congresos y conferencias total o parcialmente enfocados al turismo; en ellas han tomado cuerpo novedosas iniciativas de cooperación desarrolladas por sus agencias especializadas en cultura (UNESCO) y en turismo a403 (Organización Mundial del Turismo, OMT) en forma de cartas, sistemas de gestión ambiental, eco-etiquetas, buenas prácticas o códigos de conducta (United Nations Environment Programme. Mediante tales instrumentos se han ido derribando barreras mentales y eliminando reticencias para aceptar la sostenibilidad como el único camino a seguir si se desea alcanzar un modelo de turismo responsable y sostenible desde el punto de vista ambiental, social y económico, en que se aúnen la rentabilidad de las inversiones con el mantenimiento de la integridad del patrimonio natural y cultural, por considerar que es en ellos donde radica el atractivo turístico (Marín y Jafari, 2002, p. EL TRÁNSITO DEL ALOJAMIENTO HOTELERO DESDE EL IMPACTO A LA RESPONSABILIDAD AMBIENTAL De entre las distintas modalidades del alojamiento turístico, la hotelera no es la que mayor impacto ambiental ha provocado en las zonas de destino, frente a las más consumidoras en espacio como las urbanizaciones residenciales o las más contaminantes como el transporte; sin embargo, a pesar de que su consumo de suelo es menor, la carga turística generada es mucho mayor que en la vivienda turística, sin olvidar su impacto paisajístico, dada su preferencia por ubicaciones panorámicas de forma individual o formando parte de urbanizaciones tipo resort; en estos casos los hoteles se asocian a los usos residenciales y de ocio, campos de golf incluidos. Es de recalcar que este modelo turístico-residencial se difundió ampliamente por las zonas turísticas en la etapa del boom inmobiliario español de la primera década del siglo XXI 2 (Valenzuela Rubio, 2007, pp. 278-282). El despertar del interés por la sostenibilidad ambiental en la empresa hotelera, más allá de la cuenta de resultados Para comenzar, es de lógica total la complementariedad entre la sostenibilidad del destino turístico como un todo y la hotelera; esto quiere decir que deberían trabajar en íntima colaboración y coordinación las instituciones locales y regionales con la empresa hotelera con la vista puesta en incentivar las iniciativas y remover los obstáculos en ambas escalas de la sostenibilidad ambiental. Otro punto de partida es que una empresa, por muy verde que se considere, nunca será totalmente sostenible, lo que no obsta para que pueda y deba profundizar en la sostenibilidad ambiental hasta el punto de llegar a integrarla en todas las áreas y decisiones del negocio, es decir, hasta convertirla en un valor corporativo. En el camino hacia ese objetivo se aprecian diversos grados o niveles en cuanto a los avances apreciados entre los hoteleros, desde los más refractarios a emprender ningún tipo de acción (que son aún mayoritarios) hasta los más comprometidos, que han alcanzado los objetivos más ambiciosos, pasando por aquellos que han obtenido certificaciones poco rigurosas (Cuenllas, 30 de septiembre de 2015). Estudios empíricos realizados sobre la adopción de instrumentos voluntarios de sostenibilidad por parte de los gestores hoteleros han demostrado que estos encuentran diferentes incentivos y obstáculos cuando emprenden la tramitación de certificaciones, ecoetiquetas o premios en reconocimiento a su comportamiento ambiental. Entre los principales incentivos está obtener ventajas competitivas, reflejadas en la mejora del beneficio de explotación y dar respuesta a las demandas de mejora ambiental de clientes y turoperadores, sin olvidar motivaciones éticas, de compromiso ambiental o de responsabilidad social con las comunidades locales. Paralelamente, se detectan obstáculos de carácter burocrático, laboral o de la propia clientela. En todo caso, la obtención de reconocimiento a la sostenibilidad de un hotel le reporta beneficios tangibles e inmediatos como la reducción de costes a corto plazo en ahorro de agua y de energía, en la gestión de sus residuos, etc., pero también fiscales y financieros, al mismo tiempo que otros intangibles a medio y largo plazo como la confianza de los clientes y el reconocimiento oficial o de la opinión pública. Ello explicaría el relativo éxito que entre los hoteles españoles han alcanzado las certificaciones medioambientales, a pesar del costo económico y de personal que implican y las dificultades encontradas en su aplicación práctica (Ayuso, 2007, pp. 156-157). Llegados a este punto, procede invocar el concepto de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que ha cobrado una gran relevancia referida al compromiso de las empresas con un futuro común más equitativo y sostenible. Aunque el sector hotelero no provoca niveles de impacto ambiental equiparables al minero, el químico o el petrolífero, las empresas turísticas se ubican por lo común en lugares de alto valor ecológico y gran sensibilidad ambiental y paisajística (montañas y zonas costeras, islas, cascos históricos, etc.), por lo que es plenamente exigible su colaboración en el mantenimiento o restauración de los valores del entorno, así como en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, la implicación de la empresa hotelera en la RSC es aún muy desigual, tanto por sus dimensiones y tipo de negocio como por los instrumentos de sostenibilidad a los que se someten, a403 como queda de manifiesto en la tabla 1; de hecho, entre ellas son mayoritarias las cadenas hoteleras, lo que es tanto más evidente en el caso español (Meliá, NH, RIU o Illunion) (Rodríguez Antón et al., 2013, p. Es digno de recalcar que las empresas hoteleras reciben presiones crecientes para que traten de ser más responsables y respetuosas con su entorno, procedentes tanto de las administraciones como de grupos de interés y de presión (ecologistas, grupos ciudadanos, empresas acreditadoras, etc.). No obstante, se debe evitar que se utilice la RSC como un mero lavado de cara o un trámite para cubrir el expediente. De ahí que se deba apostar por instrumentos de gestión medioambiental, que son los que más beneficios les van a reportar a largo y medio plazo, muy por encima de los posibles costes o efectos negativos de su implantación o los previsibles conflictos de carácter laboral. En concreto, el potencial efecto positivo de la gestión medioambiental se va a reflejar en muy diversas dimensiones de la actividad de los hoteles ya que ahorra costes, aumenta la diferenciación respecto a los competidores e incrementa la demanda de los consumidores sensibles en cuestiones ambientales. En definitiva, la gestión medioambiental hace que las compañías ganen tanto como el medio ambiente (López Gamero et al., 2013, pp. 116-117). La perspectiva de la sostenibilidad ambiental hotelera desde los grupos sociales involucrados Son cada vez más numerosas las empresas hoteleras que incorporan de forma continuada prácticas de mejora ambiental al funcionamiento de sus instalaciones a partir del creciente consenso sobre los beneficios que de ello se derivan para el comportamiento económico de sus negocios. Este reforzamiento del compromiso ambiental en el sector turístico se traduce en la obtención por las empresas hoteleras de certificaciones formales para sus hoteles mediante las que se acreditan fehacientemente los términos prácticos en que se concreta dicho compromiso; adelantamos desde ahora que son muy pocas las que se inclinan por la gestión ambiental integrada como la variante más ambiciosa y detallada de la sostenibilidad ambiental hotelera. Estas certificaciones más avanzadas (norma ISO 14001 y reglamento EMAS, sobre todo) permiten a las compañías hoteleras identificar y controlar el impacto ambiental de sus productos y servicios para, de esa manera, mejorar su comportamiento ambiental, de lo que posteriormente quedará constancia empírica a través de encuestas de calidad realizadas a los clientes (Segarra Oña, Peiro Signes, Verma, Mondéjar Jiménez y Vargas Vargas, 2014, pp. 6-7). De ellas se deriva que la satisfacción de los clientes es mayor en los hoteles que han obtenido certificación de gestión ambiental que en los que carecen de ella y así lo ha demostrado la investigación realizada a través de las webs de 6.854 hoteles españoles de 5, 4 y 3 estrellas y de la página de reservas Booking.com en diciembre de 2011. Mediante ella quedó de manifiesto que los hoteles que habían adoptado como herramienta de gestión ambiental proactiva la certificación ISO 14001 registraron mayores niveles de satisfacción entre los clientes; es digno de destacar que en términos objetivos los hoteles certificados eran de mayor tamaño y más caros, además de ser mejor valorados por todos los segmentos de la clientela en cuanto confort, localización, servicios y limpieza que los que no lo estaban (Segarra Oña et al., 2014, p. Sin embargo, esta reacción favorable a las medidas de sostenibilidad no está tan generalizada como podría imaginarse entre los clientes hoteleros; de hecho, hay clientes de altos ingresos que no responden de forma tan entusiasta a las prácticas sostenibles; en el polo opuesto estarían los ambientalmente responsables en su vida diaria, que continúan siéndolo durante su estancia en los hoteles. Aunque parezca paradójico, no siempre se tienen en cuenta los costes humanos derivados de la adaptación del hotel a las medidas de mejora ambiental en tanto en cuanto complica e incluso dificulta el trabajo de ciertos segmentos laborales; entre los que se ha detectado una actitud menos favorable a la gestión medioambiental están los trabajadores de la limpieza e incluso, a veces, los propios responsables y el conjunto de la plantilla; hay que admitir que la formación en la práctica cotidiana de la sostenibilidad en sus puestos de trabajo así como en su relación con los clientes conlleva un plus de responsabilidad. De aquí que la industria hotelera comprometida con la sostenibilidad habrá de prestar mayor atención a las nuevas relaciones laborales que de todo ello se deriven (Brody, 2014, pp. 9-15), lo cual implicará realizar acciones de formación y capacitación de sus empleados en materia ambiental, de conciliación de la vida laboral y familiar y de comportamiento no sexista. La dimensión social de la gestión medioambiental en toda su complejidad debe ir aún más allá del alojamiento hotelero proyectándose sobre la mejora de la sociedad local y no solo en lo que respecta al impacto de la empresa hotelera sobre el mercado laboral; mucho mayor sería este si el hotel incentivase en sus clientes la idea de que es indisociable de su entorno económico, social y ambiental y, en tal sen-a403 tido, les estimulara a consumir los bienes y servicios que le ofrece la comunidad local (ocio, naturaleza, cultura, restauración, etc.), a respetar y conservar los valores naturales, culturales o urbanos de su entorno territorial mediante instrumentos formativos o de sensibilización, fomentando su concienciación y comportamiento responsable; con todo ello se daría un importante paso adelante en el camino hacia la plena implantación del turismo sostenible, tal como lo formula, refiriéndose al alojamiento, el Instituto de Turismo Responsable (ITR), que expide la certificación Biosphere LAS ESTRATEGIAS HOTELERAS DE MEJORA AMBIENTAL, ENTRE EL NEGOCIO Y EL COMPROMISO AMBIENTAL Como quiera que la implantación de políticas de mejora ambiental es voluntaria más allá de las legalmente reguladas, se puede elegir entre una oferta muy amplia de opciones dependiendo del nivel de compromiso ambiental que la empresa asuma o de los costes que se desee afrontar. Las hay completamente gratuitas como son los códigos de conducta, en los que se puede elegir entre una gran oferta; el mayor problema de esta fórmula es que no existe un sistema normalizado de verificación de sus resultados, como tampoco lo hay cuando se opta por alguna buena práctica de las que también hay un amplio muestrario a propuesta de Comunidades Autónomas, Cámaras de Turismo o entidades privadas (Ayuso Siart, 2003, pp. 110-111). Puede haber métodos también gratuitos, pero más rigurosos, de estímulo al comportamiento ambiental, cuya aplicación está basada en la autorregulación mediante la aplicación de indicadores ambientales. Al margen de cuál haya sido el método utilizado para impulsar la sostenibilidad ambiental en un hotel o cadena, su reconocimiento a posteriori mediante un premio constituye otra fórmula impulsora de la sostenibilidad hotelera 4. Cosa muy distinta son las certificaciones o las ecoetiquetas ambientales, cuyos beneficiarios son a partes iguales las empresas hoteleras y las entidades certificadoras, pues ambas comparten los beneficios económicos de la sostenibilidad; igualmente, asumen una perspectiva integrada de la sostenibilidad basada en la aplicación de criterios múltiples medidos a través de estándares más o menos numerosos y complejos pero no siempre igual de rigurosos; prevalece, empero, la perspectiva del beneficio económico en algunas acciones sectoriales de mejora ambiental referidas a la energía, al agua o a los residuos. Las acciones sectoriales de mejora ambiental. La eficiencia energética de los hoteles a403 en la elección de un proyecto piloto mediante el cual se va a evaluar la vulnerabilidad a los impactos del cambio climático como paso previo para su mitigación. El propio sector turístico, a través de su escaparate con mayor visibilidad, la feria anual de turismo FITUR, viene organizando desde 2009 un Foro de Sostenibilidad y Turismo (Fiturgreen), en el que prevalece la temática energética con las energías renovables como estrella emergente. En ese mismo contexto se incardina el Programa de ayudas para la rehabilitación energética de edificios existentes (Programa PAREER-CRECE); impulsado por el Gobierno y gestionado por el IDEA (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía), se implantó en 2013, dirigido entonces exclusivamente a viviendas y hoteles, aunque desde 2015 se ha extendido a la rehabilitación de todos los edificios existentes sin distinción de usos. Un perfil muy similar pero específicamente hotelero tiene el Plan Estratégico de Rehabilitación Energética Integral de Hoteles, en proceso de implementación durante 2016-2017; su peculiaridad estriba en que su modus operandi consiste en rehabilitar un hotel construido entre 1960 y 2000 para que sirva de referente de la rehabilitación energética eficiente, rentable y con los estándares de calidad y de confort que actualmente se exigen; su objetivo, en última instancia, consiste en actuar como dinamizador de la cultura de la rehabilitación energética en el sector hotelero de nuestro país. El empeño es ciertamente muy ambicioso pues pretende que el hotel elegido, tras el proceso de rehabilitación, obtenga la certificación LEED, otorgada por el US Green Building Council, la certificación más reconocida a nivel mundial para los edificios verdes 9. Aun con estos y otros incentivos para mejorar la eficiencia energética impulsados por las administraciones públicas de los distintos niveles y por el empresariado de los sectores energético y turístico, sorprende su aún escasa presencia en la planta hotelera española. Así se desprende del Censo Alimarket Hoteles de 2016 (Pino López, 2016), que refleja las principales obras de reforma realizadas en los hoteles españoles durante el bienio 2015-2016 para mejorar su eficiencia energética. Tan sólo 315 hoteles las han emprendido con un volumen global de 58.368 habitaciones; se trata de hoteles de mediano tamaño (123 habitaciones de media), distribuidos muy desigualmente por comunidades autónomas; cinco de ellas (Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña y Comunidad Valenciana), las más turísticas, concentran el 76,36%, lideradas por Baleares con 25,71%, seguidos a bastante distancia por Canarias (14,6%), Cataluña (13,02%) y Andalucía (11,75%) y aún a más por la Comunidad Valenciana (9,84%); sin embargo, la potente base hotelera de Madrid tan solo representa el 7,94% de las mejoras en eficiencia energética. La certificación ambiental en la empresa turística, garante de un auténtico sistema de gestión ambiental (SGA) La certificación ambiental se otorga a aquellas empresas o actividades que cumplan totalmente con un conjunto de estándares, incluso rebasando ampliamente los establecidos por las regulaciones legales aplicables al sector. Normalmente, la obtienen cadenas hoteleras con preferencia a hoteles individuales; por lo común, éstas ya cuentan en sus organigramas con un departamento de Responsabilidad Social Corporativa, encargado de definir objetivos medioambientales ambiciosos tales como cero residuos o cero carbono y asumiendo el compromiso de alcanzarlos en el largo plazo; estas empresas han incorporado ya la sostenibilidad a todas las decisiones de su negocio (inversión, construcción, compras, contratación, formación etc.); por ello, cuando obtienen la certificación ambiental para sus hoteles, lo que hacen es constatar este compromiso y convertirlo en una herramienta para gestionar su comportamiento ambiental y mejorarlo de acuerdo con una estrategia planificada (Ayuso, 2007, p. El proceso de implantación de un sistema SGA y de la consiguiente obtención de la certificación se remonta a la década de los años 90 del siglo XX y desde entonces ha avanzado sustancialmente en las empresas hoteleras. Se trata de un mecanismo voluntario que implica como paso previo diseñar e implementar el SGA, para lo que se recurre habitualmente a consultoras especializadas, tras lo cual se somete a la evaluación de auditoras externas encargadas de acreditar el cumplimiento de unos estándares de calidad ambiental preestablecidos. La superación de la evaluación está fuertemente condicionada por el compromiso de los responsables de la gestión del hotel y la colaboración de su plantilla, así como por la implicación de organizaciones externas competentes en materias específicas como la gestión de residuos o la compra verde. El alto costo de todo este proceso de creación y verificación de un SGA, de la propia obtención de la certificación y de su periódica revalidación constituyen sin duda un factor de disuasión para la empresa hotelera media y pequeña. Como compensación, se ha demostrado que los hoteles que tienen certificado su sistema de gestión ambiental obtienen un mayor rendimiento económico y los recursos financieros subsiguientes, por lo que son más propensos a certificarse (López Gamero et al., 2013, p. Así pues, independientemente de la satisfacción adicional que la implantación de un SGA pueda reportar al cliente o de la mejora de su imagen y consiguiente ventaja competitiva para la empresa hotelera, lo que la certificación ambiental obtenida debe demostrar es que cumple con las normativas ambientales vigentes en la zona donde actúe (local, regional, estatal, comunitaria o internacional), así como con otras que la propia empresa asume como parte de su compromiso ambiental. De aquí la importancia de contrastar el SGA de la empresa hotelera con la norma específica que mejor refleje su grado de implicación con una estrategia ambiental avanzada; en ello se basa la obtención de una certificación ambiental expedida por una entidad acreditadora de la máxima profesionalidad y rigor evaluatorio. Dos son las normas de evaluación ambiental actualmente más prestigiosas y difundidas en el sector hotelero: la norma ISO 14001, sistema de gestión ambiental con proyección internacional, del que España es el tercer país del mundo por grado de implantación y el primero de Europa 11 (Valdés, 2014, p. 14), y el reglamento Eco-management and Audit Sheme (EMAS), respaldado por la Unión Europea; solo se considera que un hotel está certificado si ha obtenido la certificación por una de estas dos modalidades (López Gamero et al, 2013, p. Ambas ofrecen las mismas garantías y son igualmente fiables, pero presentan diferencias en cuanto a la implantación y al órgano encargado de conceder la distinción. Ahora bien, las dos tienen un elevado coste tanto de implantación como de revisión, lo que las hace difícilmente asumibles por las empresas turísticas modestas. Así lo corrobora la tabla 3, que refleja el reducido número de hoteles que se hallan acogidos en España a la certificación EMAS en 2016; algo parecido se deduce respecto a la Norma ISO 14001 a partir de la consulta realizada a la entidad acreditadora AENOR (Asociación Española de Normalización) con datos de 2015, de la que se desprende que ocupa una posición claramente secundaria frente a otras acreditaciones no equiparables a un SGA 12. El reconocimiento de la sostenibilidad ambiental hotelera mediante eco-etiquetas La eco-etiqueta consiste en un reconocimiento que se otorga a una empresa, producto o servicio por haber demostrado un mejor comportamiento ambiental en comparación con otros del mismo sector de acuerdo con los criterios o estándares establecidos por la entidad que la concede. En el caso del turismo, las eco-etiquetas han ido incrementando su presencia en el sector hotelero a partir de los años 90, lo que demuestra que el sector le presta cada vez más atención a la dimensión ambiental de sus instalaciones y, sobre todo, al aumento de competitividad que representa ofrecer un producto de mayor calidad ambiental. Como en los SGA también en las eco-etiquetas se advierten distintos niveles de exigencia y los criterios utilizados difieren según la entidad que los aplica. Por lo general, las eco-etiquetas afrontan la sostenibilidad ambiental en los hoteles con un planteamiento eminentemente sectorial y centrado en aquellos aspectos de la gestión ambiental más visibles en el funcionamiento cotidiano del hotel y más próximos a la experiencia del usuario: recogida selectiva de residuos, ahorro de agua, eficiencia energética de las instalaciones, integración del hotel en el entorno, formación del personal y de los clientes en política ambiental, entre los más relevantes. La concesión y verificación de las eco-etiquetas tienen un coste para las empresas ho-Tabla 3. Establecimientos hoteleros en España certificados por EMAS Fuente: Eco-Management and Audit Scheme (EMAS) [URL]. CCAA Número de Organizaciones Andalucía teleras mucho menor que los SGA, lo que se traduce en su dudoso impacto en el mercado reflejado en el reducido conocimiento de las mismas por parte de los clientes (Ayuso, 2007, pp. 150-151). Es un hecho que la obtención de certificaciones para los SGA se halla muy estrictamente regulada y se exige que la acreditación preceptiva para expedir el certificado de gestión ambiental sea otorgada a las empresas encargadas de concederlo por un ente público de ámbito nacional (en España la Empresa Nacional de Certificación); por el contrario, la concesión de las ecoetiquetas la gestionan directamente las instituciones o entidades que las han creado. De donde se deriva que haya surgido toda una fronda de iniciativas con muy diferente grado de implantación en el sector y, sobre todo, con niveles desiguales de exigencias y rigor en la metodología aplicada, lo que determina la exhibición en un mismo establecimiento o cadena hotelera de varias eco-etiquetas de distintas procedencias. En el caso del sector hotelero español actúan varias entidades que expiden eco-etiquetas, algunas creadas por entidades privadas como el Instituto de Turismo Responsable (Biosphere), el Instituto de Sostenibilidad Turística (Hoteles Eficientes Sostenibles-HES), y otras por organismos públicos como la Fundación Doñana 21 (Etiqueta Doñana) o el Ayuntamiento de Alcudia (Mallorca) (Distintivo Alcudia) 13; complementaria pero distinta de las anteriores es la Marca Q de Calidad turística, que expide el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE) 14; por su parte, la Etiqueta Ecológica Europea (Ecolabel) cuenta con el respaldo oficial de la Unión Europea. A nivel internacional destacan por la amplitud de los criterios utilizados la Green Globe 21 Certification y Travelife, entidad acreditada por el Global Sustainable Tourism Council; esta última es una organización sin ánimo de lucro, cuyas orientaciones para la mejora de la sostenibilidad en los destinos turísticos y en las empresas hoteleras son ampliamente aceptadas. Finalmente, hay turoperadores (caso del alemán Touristik Union International-TUI) que conceden premios de calidad ambiental a los hoteles sobre la base de las encuestas o inspecciones realizados a sus clientes, al igual que lo hacen cadenas hoteleras y organismos municipales y regionales a hoteles que han demostrado relevantes prácticas ambientales. Sobre la implantación de las eco-etiquetas en los establecimientos turísticos dejan constancia los datos aportados por ECOTRANS (Red Europea de Turismo Sostenible), según los cuales y solo en Europa existían, en 2004, 40 sistemas de reconocimiento ambiental (Torres Delgado, 2010, p. LA DESIGUAL ADHESIÓN DEL SECTOR HOTELERO ESPAÑOL A LOS CRITERIOS DE SOSTENIBILIDAD. La difusión en el sector hotelero español de la preocupación ambiental parece evidente a partir de las informaciones manejadas para redactar este texto; más difícil se antoja discernir si se limita a una pura cuestión de imagen y de mejora de la competitividad o a profundas convicciones ambientales subyacentes a todas las decisiones del negocio. De la información empírica que se van a esgrimir en este epígrafe no se obtiene una respuesta concluyente a escala nacional; algo mayor es la posibilidad de establecer diferencias entre las comunidades autónomas, aunque donde la matización alcanza mayor nivel de precisión es entre entidades empresariales hoteleras; por otra parte, la expresividad de la información para el objetivo señalado está muy condicionada por el propio sistema de calidad ambiental de que se trate: SGA, eco-etiquetas o premios. La implantación territorial de las acreditaciones de sostenibilidad ambiental y las eco-etiquetas Centrando nuestra atención en la implantación de los SGA en los hoteles españoles a través de la obtención de una certificación justificativa del cumplimiento de los requisitos fijados en la Norma ISO 14001 o en el reglamento EMAS, considerados los más fiables, los resultados obtenidos no nos permiten sacar conclusiones plenamente fiables; ello es debido a los problemas habituales cuando se trabaja con datos empresariales: la coincidencia o no entre la sede social y la ubicación del establecimiento, el período de vigencia de la certificación o el año concreto a que se refiere la información, entre otros. Ello podría explicar, en el caso concreto de EMAS, los contrastes entre los datos manejados en este artículo respecto a los aportados por investigaciones precedentes obtenidos de la misma fuente de información (Bonilla Priego, Nájera y Font, 2001, p. Así, según estos autores, el año 2008 estaban certificados por EMAS en España 139 hoteles pertenecientes a 44 organizaciones, de entre las que la número uno era la red estatal de Paradores con 74 hoteles. Pues bien, el año 2016, según se refleja en la tabla 3, había reducido su implantación a tan solo 40 empresas con un censo de 71 establecimientos, implantados en 31 municipios, en donde trabajan 10.682 empleados; la reducción de la presencia en España de la acreditación EMAS se justifica por la baja en 2009 de toda la red de Paradores debido a cambios en la estrategia de la cadena, de la que no es ajena la crisis financiera por la que ha atravesado desde a403 2009 15. En cuanto a su distribución territorial, queda de manifiesto la concentración de los datos en muy pocas comunidades autónomas y más en concreto el protagonismo que en todos los parámetros de la información exhiben los dos archipiélagos, regiones por antonomasia especializadas en la función turística; a ya mucha distancia aparece Cataluña y es irrelevante en las restantes comunidades autónomas incluidas en la tabla 3; merece la pena enfatizar el caso de Canarias, donde las certificaciones EMAS acumulan la mitad de las empresas, un tercio de los municipios, casi la mitad de los establecimientos y la mitad de los empleados (Tabla 3). 9); a pesar de que no es la certificación predominante en el sector hotelero, hay base para afirmar que su obtención da una mejor situación competitiva respecto a los hoteles no certificados de la misma categoría, según se desprende de las valoraciones obtenidas de los clientes (Segarra Oña et al., 2014, pp. 9 y 12). Sin embargo, por razones de coste de obtención y verificación anual, entre los 121 alojamientos hoteleros pertenecientes a 36 empresas que habían abonado su cuota de verificación anual a la empresa acreditadora AENOR en 2015, a la Norma ISO 14001 estaban adheridas tan sólo 18 (un 14,9%) frente a las 52 (52,9%) que lo estaban a la menos exigente Norma ISO 9001 y 31 (25,6%) que se habían acogido a la Marca Q de Calidad en que la dimensión ambiental ocupa una posición marginal entre los criterios a verificar; peor suerte corría según la información citada la acreditación EMAS con tan sólo 8 casos, todos ellos localizados en Canarias. Otro sistema de calificación de la sostenibilidad ambiental, menos riguroso pues no necesita auditoría externa pero muy popular entre turoperadores y grupos hoteleros internacionales y el más implantado en la hostelería española es la eco-etiqueta Travelife 16, a la que en 2016 estaban adheridos 217 hoteles distribuidos por cinco comunidades autónomas; no por casualidad se trata de la más implantada en las zonas del turismo de sol y playa en que los turoperadores tienen una mayoritaria presencia. De la tabla 4 y de la figura 2 se desprende una difusión territorial de la eco-etiqueta Travelife muy similar al de EMAS, ya que entre los dos archipiélagos se concentraba el 85,2% de los hoteles, con un máximo absoluto en Canarias con más de la mitad del censo (51,6%), seguida a muy larga distancia por Andalucía, que ostenta un modesto 7,8%; si descendemos a la escala provincial, es Baleares la primera con un tercio de los hoteles distinguidos por esta eco-etiqueta aunque a corta distancia de Las Palmas de Gran Canaria (tabla 4 y figura 2). Una perspectiva complementaria de las anteriores a escala autonómica nos la aporta Andalucía, que ha puesto en pie desde hace años un edificio normativo a favor de la sostenibilidad turística con resultados alentadores pero desiguales por tipos y por distribución provincial. Así, en el conjunto de la región 181 hoteles y alojamientos turísticos (de ellos 119 hoteles) 18 cuentan en 2015 con alguna forma de acreditación ambiental, junto a otros muchos recursos turísticos que también la tienen, como casas rurales, playas o parques naturales. Centrando nuestra atención en los hoteles acreditados, 31,5% se ubican en Málaga, la provincia turística por antonomasia de la región. Se advierte una situación menos optimista en la distribución por tipos de acreditación de la sostenibilidad a la vista de que la Q de Calidad y otras distinciones de calidad ambiental poco reconocidas internacionalmente totalizan un 48,1%. Sí lo son, en cambio, en grado máximo la Norma ISO 14001, que han obtenido 50 hoteles (27,6% del total), que sumados a los 43 que cumplen la norma ISO 9001 de gestión de calidad en general totalizarían el nada despreciable porcentaje del 51,4% de los hoteles y apartamentos turísticos con algún tipo de distinción ambiental de la región. Algo mejor en términos de acreditación de la calidad ambiental es la situación en Cataluña, donde el año 2010 existían ya 250 establecimientos turísticos ambientalmente certificados, entre ellos 67 hoteles, que lo habían sido sobre la base de la Norma ISO 14001 (22), EMAS (25) y la DGCA (Distintivo de Garantía de Calidad Ambiental catalán) (18) (Torres Delgado, 2010, p. La presencia destacada en Cataluña de la acreditación EMAS responde a la demostrada apuesta por ella del Gobierno de la Generalitat (European Commission, 2015, p. La primacía de las cadenas en la sostenibilidad ambiental hotelera La implantación en las cadenas hoteleras de los SGA ya ha tenido reflejo en la bibliografía académica española reciente (Bonilla Priego, Nájera y Font, 2011; Rodríguez Antón et al., 2013; López Gamero et al., 2013; Segarra Oña et al., 2014). Mediante la metodología de la encuesta y previa consulta de las memorias de sostenibilidad, que reflejan la preocupación ambiental de los hoteleros, se han detectado resultados algo más estimulantes que en el conjunto del universo hotelero. De esta manera, algunas ca- denas hoteleras españolas están siguiendo de cerca el camino ya emprendido por otras importantes cadenas hoteleras internacionales tales como Accor, Hilton, Intercontinental o Marriot. En general las cadenas hoteleras españolas, como ya se apreciaba en la tabla 1, están haciendo aceptables esfuerzos (quizá no todos los deseables) en la protección del medio ambiente, lo que se traduce en el ahorro de energía y de consumo de agua, así como en la reducción de emisiones de CO2 y otros gases contaminantes y de residuos sólidos. Destacan en el caso español las grandes cadenas privadas NH, Meliá, y la pública Paradores, por haber obtenido diversas certificaciones de calidad ambiental y eco-etiquetas. No es exclusivo, empero, de las grandes cadenas como las citadas el compromiso con la gestión sostenible de los hoteles de gama alta (4 y 5 estrellas), sino que también se está haciendo presente en otras menores (Illunion, Room Mate, Vincci, por ejemplo); así lo ha demostrado para la ciudad de Málaga Beatriz Navarrete sobre una muestra de 22 hoteles con el dato añadido de la importancia que en ellos se ha dado a la difusión de sus acciones sostenibles a través diversas formas de comunicación y difusión con protagonismo de su web corporativa (Navarrete Cobo, 2011, p. Se ha constatado, en tal sentido, que los hoteles que tienen certificada su gestión ambiental consiguen también mejores resultados empresariales (López Gamero et al., 2013, pp. 126-132) 20. Cerramos este epígrafe del texto descendiendo a analizar mediante la información disponible el balance de la obtención por los hoteles de varias cadenas de las distintas modalidades de acreditaciones o eco-etiquetas ambientales. En el caso de la cadena Meliá Hotels International (antes Sol Meliá) la acreditación ambiental arranca de su adhesión en 2011 a los criterios del Global Sustainable Tourism Council (GSTC), sobre cuya base se ha optado por acogerse a sellos y certificaciones reconocidas internacionalmente. Los datos disponibles al año 2013 apuntan hacia un horizonte moderadamente optimista, pues 18 de los 143 hoteles que la cadena gestiona en España habían obtenido una o varias de las etiquetas y certificaciones más reconocidas, según se recoge en el tabla 6 y en la figura 4 21. En conjunto, este grupo de hoteles ha obtenido 26 reconocimientos de calidad ambiental, distribuidos entre eco-etiquetas (8 Biosphere y 7 Travelife) y certificaciones (6 acogidas a la Norma ISO 14001 y 3 al Reglamento EMAS). El balance, por tanto, puede considerarse como un buen comienzo, aunque aún es mucho el camino por recorrer. Previamente, como se extrae de las Me-morias de Sostenibilidad pertenecientes al período 2008-2011, Meliá ya venía actuando sobre aspectos de relevante interés ambiental como el control y reducción del consumo de energía, de la emisión de contaminantes a la atmósfera, del consumo de agua y de sus vertidos y de los residuos sólidos, así como sobre la introducción de las energías renovables en los nuevos hoteles o sobre la protección de la biodiversidad; de las acciones medioambientales desarrolladas por esta cadena hay constancia en investigaciones académicas (Rodríguez Antón et al., 2013, p. Por su parte, la cadena hotelera NH obtuvo en 2004 la certificación de la Norma ISO 14001 para la gestión del conjunto de la red hotelera; posteriormente ha ido extendiendo la misma certificación en el marco del programa Green Hotel hasta alcanzar actualmente 38 hoteles certificados bajo la normativa medioambiental ISO ubicados en Italia, Alemania y España; esperaba conseguir 112 más a finales de 2016, si bien este dato no lo hemos conseguido confirmar. Durante años la red estatal de Paradores ocupó por derecho propio una posición avanzada dentro de las cadenas hoteleras preocupadas por el medio ambiente; tanto es así que Paradores de Turismo fue la primera cadena hotelera española en recibir simultáneamente, en 2006, la certificación Q de Calidad Turística y de la norma ISO 14001 de gestión ambiental a la totalidad de sus establecimientos; de forma individualizada, en 2008 74 paradores contaban con la certificación EMAS, lo que hacía de Paradores la cadena hotelera europea con mayor número de establecimientos con su SGA certificado según el reglamento EMAS. Un paso más hacia la plena sostenibilidad de la red se pretendió dar al incluirse en su plan estratégico 2009-2012 el proyecto Parador Verde, que impulsaba decididamente la sostenibilidad, la eficiencia energética, el consumo responsable, la accesibilidad en la planta hotelera y la responsabilidad social empresarial. Entre los objetivos marcados en dicho programa se encontraba el ahorro energético, la reducción de emisión de gases, la utilización de energías limpias y recursos renovables, la eliminación del fueloil para calefacción y agua caliente, la implantación de dispositivos para ahorrar agua, la potenciación de medidas de gestión de residuos y el uso exclusivamente de papel reciclado. Una situación bien distinta entre las cadenas medianas la aporta el grupo hotelero Illunion (antes Confortel), que aspira a convertirse en líder mundial en sostenibilidad dentro del sector hotelero para lo que cuenta con su propio Plan Energético. Argumenta para ello que ha certificado ya sus 25 establecimientos 23 con el sello Qsostenible Evolution para edificios en uso, expedido por la Agencia de Acreditación Sostenible 24 en cumplimiento de los criterios establecidos por el Consejo Internacional de Edificación y Energía Sostenible (CEIS). En concreto, lo que esta eco-etiqueta certifica es que los hoteles Illunion disponen de sistemas de iluminación de bajo consumo tanto interior como exterior, de almacenamiento interno de residuos reciclables y de una adecuada gestión de los generados por las obras, que aplican medidas que fomentan el ahorro de agua, utilizan fuentes de energía sostenible y forman a sus trabajadores en sostenibilidad ambiental; además, se garantiza la accesibilidad universal a sus edificios. La metodología de obtención de esta eco-etiqueta la convierte, no obstante, en una de las más baratas pues opera mediante autoevaluación. Si algo ha caracterizado hasta bien recientemente al turismo de masas en España ha sido la ausencia absoluta de cualquier atisbo de sostenibilidad ambiental; antes al contrario, ha merecido ser considerado como el arquetipo de actividad en permanente conflicto con el medio ambiente, de lo que hay amplia constancia en la bibliografía académica y en los medios de comunicación. Por ello, debe ser bienvenido el ambiente de sensibilidad ambiental que también ha llegado al sector bajo el influjo de las recomendaciones dimanadas de las organizaciones internacionales tras la Conferencia de Río de 1992 con su reflejo a escala comunitaria, nacional y regional. Los documentos en forma de cartas, guías de buenas prácticas, códigos de conducta, recomendaciones y similares, dimanados de entidades públicas y privadas, han creado, sin duda, unas condiciones favorables al medio ambiente que también han contagiado a los propios actores del negocio turístico (empresas hoteleras, turoperadores, etc.). A pesar de este nuevo escenario de difusión de la sensibilidad ambiental creado en torno al turismo, el grado de compromiso traducido en resultados prácticos ha sido, sin embargo, bastante desigual; muy coherente y decidida ha sido su presencia en ciertas modalidades de operadores turísticos, básicamente los implicados en las nuevas formas de turismo alternativo (rural, verde, cultural, etc.). Las administraciones, por su parte, han centrado su actuación en la creación de un marco legal y planificador acorde con los postulados de la sostenibilidad ambiental, aunque escasamente operativo al no ir acompañado de los instrumentos adecuados (regulatorios, financieros, etc.) y por no haber encontrado el suficiente eco en las administraciones locales, preocupadas por equilibrar sus presupuestos mediante el recurso al expansionismo urbanístico, hasta que en 2008 se desinfló la burbuja inmobiliaria, la más beneficiada por un modelo urbano expansivo y depredador. Por su parte, es visible en el empresariado hotelero español un cambio de actitud frente al medio ambiente en los últimos años al calor de los cambios operados en la propia clientela o por emulación de las medidas implantadas ya en los hoteles de otros países en cumplimiento de recomendaciones internacionales, directivas de la UE o regulaciones administrativas de distinto rango (leyes, ordenanzas, planes, etc.). Ahora bien, el cambio de comportamiento frente al medio ambiente y a la sostenibilidad ambiental detectado en el sector hotelero español a lo largo de este texto y materializado en la obtención de certificaciones y eco-etiquetas, lejos de resultar de un repentino despertar de la conciencia ambiental se debe básicamente a razones mucho más prosaicas del negocio hotelero; de lo que básicamente se trata es de recualificar la planta hotelera para así mejorar la competitividad interior y exterior, es decir, de alcanzar meros objetivos mercadotécnicos, los mismos perseguidos por la introducción de criterios de racionalidad en el funcionamiento de los establecimientos mediante el ahorro en el consumo de recursos (energía, agua, etc.); en definitiva, todas estas medidas apuntan a abaratar la actividad para así mejorar las cuentas de resultados. Para concluir, y al margen de si los cambios de actitud ante el medio ambiente en la hostelería española responden a una simple mejora de la imagen o a motivaciones de compromiso con el medio ambiente, como se ha comprobado empíricamente, el grado de implantación en el sector es por el momento minoritario, aunque creciendo, si bien lo que ya de plano cabe calificar de marginal es la presencia de los sistemas de gestión ambiental (SGA), cuya certificación solo se la pueden permitir por costo y exigencias operativas las grandes cadenas hoteleras y estas en un número reducido de establecimientos dentro de su planta hotelera. Por último, la fronda de normas y de entidades acreditadas para aplicarlas y emitir las certificaciones pintan un cuadro ciertamente muy abigarrado con niveles de exigencia muy desiguales y metodologías para aplicarlas de rigor harto discutible a veces. Aun así, siempre será mejor que haya entrado en escena la dimensión ambiental en la gestión del sector, aunque esté trufada de intereses cruzados y aunque se halle muy lejos aún del listón fijado por las recomendaciones internacionales y los indicadores más complejos y exigentes de comportamiento ambiental. Muy comprometidas en el caso de los organismos internacionales y muy cuestionables en las administraciones locales, corresponsables de muchos de los impactos ambientales del turismo. El conflicto surgido en torno al Hotel El Algarrobico, construido en el interior del Parque Natural del Cabo de Gata, certifica la capacidad de impacto paisajístico y ambiental que una sola instalación hotelera puede llegar a provocar. En cuanto al modelo resort, el abuso de la fórmula ha dejado en el camino una herencia de fracasos y 'ruinas' esparcidas por las regiones turísticas mediterráneas. El certificado Biosphere Responsible Tourism es un programa de certificación sostenible diseñado para la industria turística avalado por auditorías imparciales de tercera parte. El Instituto de la Sostenibilidad Turística otorga los Premios Un Compromiso Real con la Sostenibilidad, cuyo objetivo es distinguir a aquellas personas, empresas, organizaciones e instituciones que de manera permanente han adquirido un "compromiso real con la sostenibilidad y sus acciones son relevantes para la sociedad". Dentro del Instituto de la Sostenibilidad Turística coinciden la responsabilidad académica del Máster de Gestión y Dirección Hotelera, impartido desde hace más de 30 años en el ICE de la Universidad Politécnica de Madrid, con la actividad acreditadora a través de la marca Hoteles Eficientes Sostenibles (HES), registrada por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo y avalada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. El Plan podrá contar, además, con financiación del Banco Europeo de Inversión (BEI) mediante una línea de 200 millones de euros que gestiona el Banco Santander. En caso de acceder a esta línea de crédito, el BEI financiará el 50% de la inversión y el resto hasta el 50% restante será aportado por el Banco Santander en condiciones de tipo de interés y plazos más ventajosos que las del crédito tradicional destinado a rehabilitación. El certificado de eficiencia energética de un edificio o vivienda se concreta en la obtención de una calificación identificada por colores y letras que se gradúan entre la A en color verde oscuro, la de mayor eficiencia energética, y la G en rojo con nula eficiencia energética. El edificio elegido como modelo de esta experiencia-piloto ha sido el Avenida Sofía Hotel Boutique & Spa de Barcelona, primer hotel certificado LEED Platino de nueva construcción. De lo ambicioso del proyecto es buena prueba que el edificio habrá de generar toda la energía necesaria para su propio funcionamiento (Directiva Europea 2010/31/UE). Los datos numéricos se hallan en la Tabla 2. Las dos últimas tienen un ámbito de aplicación exclusivamente local. El ICTE es una Entidad de Certificación de Sistemas de Calidad especialmente creados para empresas turísticas, formado por las asociaciones turísticas nacionales más importantes de este país, la Secretaría de Estado de Turismo, las comunidades autónomas y la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias). Información obtenida del Departamento de Calidad y Medio Ambiente de Paradores. Travelife es el sistema de gestión de la sostenibilidad para agencias de viajes y turoperadores más extendido en Europa, siendo Koan Consulting la empresa licenciataria para España. Los datos numéricos se hallan en la tabla 4. Se trata, sin duda, de una mínima muestra de tan sólo el 7,6% del censo de alojamiento turístico de la región (2.366 hoteles y apartamentos en 2012). Los datos numéricos se hallan en la tabla 5. Conclusión alcanzada a partir de una muestra de 350 hoteles de distintas categorías y tamaño. La más rigurosa de las certificaciones de SGA es sin duda la Norma ISO 14001 obtenida a través de empresas acreditadas por la Entidad Nacional de Acreditación, entre las que sobresale en España AENOR, junto a otras con implantación en España y proyección internacional como Bureau Veritas, International Global Certification o TÜV Rheinland. La cifra de hoteles de la cadena Meliá (una de las mayores cadenas hoteleras a escala mundial con 350 hoteles en 40 países del mundo) certificados en España no es baladí, si se tiene en cuenta que en el conjunto de la cadena tan solo lo han sido 49, de los que 18 son españoles con 26 certificaciones en conjunto. Los datos numéricos se hallan en la tabla 6. Las tres cuartas partes de los hoteles Illunion se ubican en ciudades y casi la mitad de ellos lo hacen en las tres mayores (Madrid, Barcelona y Valencia); tan solo un tercio pueden considerarse como hoteles de playa. La Agencia de Acreditación Sostenible nace como una spin-off, entidad de investigación y base tecnológica desarrollada y vinculada a universidades y fundaciones universitarias, resultado de proyectos de investigación realizados por investigadores universitarios, técnicos y profesionales del sector con sede social en Huelva. Este sistema de acreditación es el sello económicamente más asequible de los existentes en el mercado de las acreditaciones ambientales. PROVINCIA No Hoteles Q de calidad ISO 9001 ISO 14001 EMAS Parque Natural de Andalucía Compromiso de Calidad Turística Certificaciones por provincia % por Provincia
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. Las ciudades son "cimientos" y emblemas de la civilización, polos demográficos donde habita más de la mitad de la población mundial y núcleos de intensa actividad económica. Son además la "forma predominante de asentamiento humano" en muchas zonas de la tierra, lugares propicios para la efervescencia cultural y centros desde los que se difunden innovaciones al territorio. De todo esto deriva su importancia para influir en las dinámicas globales y su potencial para liderar proyectos comunes de la humanidad, como es el reto de alcanzar la sostenibilidad en el planeta. La relevancia que tiene este desafío para las sociedades actuales y venideras y el rol fundamental que en él han de jugar las ciudades, como referentes e impulsoras de la sostenibilidad, justifica el interés del trabajo Ciudades sostenibles. Del sueño a la acción, publicado dentro de la serie La situación del mundo del Worldwatch Institute y que ha sido editado en castellano por FUHEM ecosocial e Icaria editorial. De este modo la obra examina la experiencia de diagnósticos urbanos, estudios de casos y reflexiones teóricas sobre las ciudades y la sostenibilidad, con el fin de poner de relieve "desafíos" actuales en el reto de alcanzar la sostenibilidad y dar a conocer iniciativas desarrolladas en esta dirección por las ciudades. Para esto los contenidos son desarrollados en un capítulo introductorio, dieciséis capítulos organizados en tres secciones temáticas y un apéndice. Además se aporta un aparato gráfico variado conformado por fotografías, mapas y gráficos que refuerzan las informaciones textuales. El libro comienza en el capítulo introductorio de Gary Gardner "Las ciudades del mundo en un vistazo", en el que se ofrece "una visión de las ciudades como fenómeno global" a través del análisis de estadísticas significativas de las ciudades y del hecho urbano (población urbana, tasas de urbanización, superficie edificada, etc.). De esta manera el autor posiciona a las ciudades en "su lugar en la civilización humana del siglo XXI" y contextualiza los trabajos que se presentan en las secciones temáticas de la obra. Así, en "Las ciudades, construcciones del ser humano" (sección I) este mismo autor aplica el marco analítico del "metabolismo social" para estudiar los regímenes de consumo de materiales y de energía en la trayectoria de la humanidad y de la vida urbana. Con esto se demuestra el "salto inmenso" que supuso la era industrial en este aspecto y las repercusiones negativas del "voraz apetito de materiales y de energía de la humanidad" en el presente para alcanzar la sostenibilidad. Esta aproximación se completa con otro capítulo del autor que aborda el estudio de la ciudad como un sistema. Así, desde la idea que sostiene que "las ciudades se asemejan a organismos vivos que absorben energía, metabolizan materiales y escupen residuos", a404 se realiza un análisis crítico del sistema urbano en cuestiones de consumo de energía y de materiales, de generación de residuos, de distribución de alimentos y de agua, para exponer posteriormente algunas propuestas de solución a problemáticas de cada uno de estos campos en relación con la sostenibilidad. Los principios generales de la sostenibilidad urbana son tratados también por Gardner en dos capítulos. En este sentido se considera que la diversidad urbana "hace imposible plantear un modelo único para la sostenibilidad urbana" y que además no existe "actualmente ningún modelo maduro de sostenibilidad urbana en ningún lugar del planeta". Desde esta perspectiva se plantean propuestas que pueden contribuir a la sostenibilidad en diferentes contextos urbanos. Así, se valora el papel de la naturaleza en la sostenibilidad urbana, el desarrollo urbano compacto y conectado y la gobernanza participativa, entre otros aspectos. Además se describen casos del éxito en la reducción de la huella urbana de materiales y de energía en las ciudades de Santa Mónica y Los Ángeles (California), así como en la generación de espacios públicos que refuerzan sentimientos comunitarios en Bryant Park (Nueva York) y en torno a las infraestructuras del "Metrocable" de la ciudad colombiana de Medellín, entre otros. Esta sección se cierra con un trabajo de Richard Heinberg en el que se reflexiona sobre la siguiente cuestión: "¿cuánto puede prolongarse la tendencia al crecimiento urbano, considerando las limitaciones energéticas y climáticas de este siglo?". En este sentido, según el autor, las restricciones energéticas y los esfuerzos para combatir el cambio climático pueden estar indicando un punto de inflexión en nuestro modelo urbano y precipitar un cambio hacia ciudades de dimensiones más manejables. "Desafíos urbanos para la sostenibilidad" (sección II) es la segunda sección temática de la obra y en ella se exponen iniciativas para "afrontar el desafío climático en las ciudades". Así, Tom Prugh y Michael Renner analizan la magnitud del reto de reducir la emisión de gases del efecto invernadero en las ciudades y algunos de los medios para conseguirlo como son, entre otros, disponer de financiación para desarrollar iniciativas al respecto o de datos "sólidos y exhaustivos" para caracterizar con exactitud las emisiones de las ciudades. Las implicaciones que tiene la expansión urbana descontrolada para la sostenibilidad es la cuestión que aborda Peter Calthorpe mediante el análisis de los tipos de expansión urbana descontrolada más ge-nerales, con especial atención a los que suceden en el mundo en vías de desarrollo. En el caso de China, la expansión urbana en la forma "de altísimos edificios de elevada densidad", rodeados de grandes arterias para el automóvil, se trata con detalle en el trabajo, por sus repercusiones en cuestiones que comprometen la sostenibilidad y la calidad de vida de los ciudadanos. Del mismo modo el elevado consumo de energía, de agua y de materiales de los edificios y su contribución importante a las emisiones de gases del efecto invernadero, sitúa la edificación en una posición central en las políticas para la sostenibilidad, como justifica en su estudio de Michael Renner. En él se analiza la huella ambiental de los edificios y se describen algunas de las iniciativas desarrolladas para reducir y controlar su impacto como las certificaciones ecológicas de edificios, los códigos de edificación o las cubiertas verdes. Partiendo del ejemplo de la experiencia de la ciudad canadiense de Vancouver, que en marzo de 2015 sometió a debate "un compromiso para obtener el 100% de su energía de fuentes renovables para 2050", Betsy Agar y Michael Renner se preguntan en su aportación: "¿Es posible un abastecimiento energético 100% renovable en las ciudades?". Así, analizan la dimensión de este desafío y ofrecen una aproximación a iniciativas desarrolladas en esta línea. En el siguiente capítulo Michael Renner defiende la necesidad de apoyar un transporte sostenible en las ciudades. Así a través de iniciativas como compartir coche, los vehículos ecológicos o la progresión que han tenido los "autobuses de tránsito rápido" (BRT) que contribuyen a la reducción de emisiones contaminantes y de gases del efecto invernadero, se muestran las posibilidades de estas propuestas para el progreso de la sostenibilidad. Los residuos sólidos y el cambio climático son el tema del estudio de Perinaz Bhada-Tata y David Hoornweg. En su trabajo se muestra la creciente producción de residuos en las ciudades y se describen estrategias para mitigar su impacto mediante la aplicación de las denominadas "tres erres" de los residuos (reducir, reutilizar y reciclar) y de estrategias para reducir las emisiones de gases del efecto invernadero por los residuos sólidos urbanos. Por ultimo Tom Prugh relaciona la emigración rural-urbana, los estilos de vida y la deforestación con la sostenibilidad y la sostenibilidad urbana. En este trabajo destaca la explicación del concepto de "teleconexiones urbanas con las tierras", desarrollado a404 por un grupo de investigación de la Universidad de Yale, y su extrapolación para la interpretación de los fenómenos tratados. La última sección temática de la obra "amplia el foco" para considerar otras dimensiones de la sostenibilidad urbana bajo el título "Política, equidad y habitabilidad" (sección III). Así, Andrew Cumbers, valora las iniciativas mundiales de re-municipalización de servicios públicos por las implicaciones que pueden tener para avanzar en la sostenibilidad urbana. En este sentido se destacan especialmente las expectativas que abre este proceso en sectores relacionados con la energía. Por su parte, Martí Boada, Roser Maneja y Pablo Knobel estudian los rasgos del ecosistema urbano y la importancia de la biodiversidad en la sostenibilidad de las ciudades. De este modo se explica la relevancia de la "naturación urbana", los servicios de la biodiversidad para la ciudad, se somete a valoración la gobernanza del verde urbano y se muestran ejemplos desarrollados para favorecer la biodiversidad en entornos urbanos como son los casos del Valle de las Gacelas de Jerusalén y del Jardí Tarradellas de Barcelona, entre otros. La sostenibilidad también se implementa y refuerza a través de medidas de planeamiento y de diseño urbano que favorezcan la inclusión social, como sostienen Franziska Schreiber y Alexandrer Carius. Así se refuerza la cohesión social y se ayuda a crear sentimientos de pertenencia y comunitarios en las ciudades, como se expone en este trabajo. En él se reclama además la necesidad de desarrollar planes nacionales al respecto, se analizan diferentes dimensiones de la materia y se exponen ejemplos significativos. Para Jim Jarvie y Richard Friend los problemas de expansión urbana sin control suponen una amenaza para la sostenibilidad, así como un coste de oportunidad, pues no permiten su aprovechamiento para solucionar diferentes problemas. Todo esto se ilustra a través de ejemplos en diferentes ciudades y entornos urbanos y se anima a una reformulación de la agenda de la gobernanza urbana para superar estos problemas y ordenar el crecimiento de las ciudades. Finalmente, la edición española de esta obra incluye el apéndice "Del melanoma urbanístico a la ciudad bosque: pensar la transición hacia la sostenibilidad urbana", elaborado por Emilio Santiago Muiño, en el que se reflexiona sobre la crisis inmobiliaria reciente y sobre la necesidad de emprender la transición hacia un modelo urbano sostenible como alternativa. En definitiva, la obra reseñada aborda una temática de utilidad para la sociedad, con implicaciones en el bienestar de las generaciones actuales y venideras y que es objeto de preocupación de las agendas políticas globales y urbanas. Además, la reflexión teórica sobre la sostenibilidad y la sostenibilidad urbana, así como la diversidad de experiencias y ejemplos expuestos, son un aliento para la investigación de este campo en los espacios urbanos. Todo esto manifiesta el interés del trabajo para concienciar a la sociedad del reto de la sostenibilidad y de la necesidad de continuar investigando en propuestas que permitan avanzar hacia la misma en el planeta y en las ciudades. Universidad Nacional de Educación a Distancia [EMAIL]
RESUMEN: Considerado tradicionalmente exclusivo de la sociedad japonesa, el fenómeno hikikomori o aislamiento social, se ha ido extendiendo en los últimos años a otros países desarrollados de Occidente. Desde una perspectiva filosófico-educativa y, por tanto, a partir del análisis crítico de textos, este trabajo intenta dar respuesta a lo que muchos autores consideran ya una epidemia. Mostraremos, por un lado, que el motivo principal para la aparición de este fenómeno en Japón será el fuerte conflicto existente entre una sociedad individualista y una tradición cultural colectivista aún muy presente. Por otro lado, comprobaremos que este conflicto también está empezando a producirse en Occidente gracias al ideal cada vez más colectivista que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ofrecen. Consecuentemente, los efectos en Occidente y en Japón empiezan a ser similares. Como conclusión, defenderemos la recuperación de una educación para el desarrollo de la subjetividad que intente superar dicho conflicto. INTRODUCCIÓN: LA PESADILLA DE TANIZAKI Si tuviésemos que escoger una imagen que representase el Japón contemporáneo, sin lugar a dudas elegiríamos una foto nocturna de alguna de las calles del barrio de Shinju-ku en Tokio; un barrio mundialmente conocido, si bien no por el nombre, sí por sus enormes rascacielos y por las imperiosas luces de neón que los recubren iluminando sus noches. Este fue el escenario elegido por Sofía Coppola en su película Lost in Translation (2003) para mostrar la llegada de uno de los protagonistas a la capital nipona, donde se desarrollará la trama del filme. En esta escena podemos ver cómo Bob Harris, interpretado por Bill Murray, se encuentra yendo de noche desde el aeropuerto hasta su hotel en taxi. Está medio dormido, pues tras un largo viaje en avión desde Estados Unidos hasta Japón, uno no puede ser sino presa del cansancio y del sueño. De vez en cuando entreabre los ojos, pero en seguida sus párpados vuelven a caer por sí solos. De repente, en una de estas ocasiones, al entreabrir los ojos, ya no puede dejar que el peso de sus párpados cansados venza a su voluntad de mantenerse despierto. Está pasando por las calles de Shinju-ku y, ante semejante espectáculo, es imposible permanecer dormido. El gesto del protagonista es una mezcla de asombro e incredulidad. Tanto es así que se ve obligado a restregarse los ojos para asegurarse de que aquello que está observando es real y no el fruto de un sueño. Shinju-ku, el barrio comercial de Tokio, imagen por excelencia del Japón contemporáneo, es pura luminosidad. Lo tenue allí no tiene cabida, todo es luz en su máxima potencia. Paseando por sus calles uno se da cuenta de que aquello constituye la mayor representación estética de hasta qué punto el espíritu de las luces de Occidente ha calado hondo en Japón. Posiblemente fuese el temor a un exceso de luz en una sociedad acostumbrada a la sombra lo que llevó al escritor japonés Junichirō Tanizaki a publicar en 1933 su ensayo El elogio de la sombra. En esta obra, Tanizaki muestra cómo Japón no solo era un país habituado a la sombra por haber estado políticamente aislado hasta 1887 1, sino que su cultura y tradición habían destacado desde tiempos inmemoriales por una exaltada valoración estética de lo tenue frente a lo luminoso. Todo, desde la arquitectura hasta la pintura, pasando por la cocina y todos los aparatos y utensilios usados en la vida cotidiana, venían tradicionalmente atravesados por la sombra. No es que [los japoneses] tengamos ninguna prevención a priori contra todo lo que reluce -afirmaba Tanizaki (2012, p. 30)-, pero siempre hemos preferido los reflejos profundos, algo velados, al brillo superficial y gélido; es decir, tanto en las piedras naturales como en las materias artificiales, ese brillo ligeramente alterado que evoca irresistiblemente los efectos del tiempo. No quería decir con esto el autor, por tanto, que la estética japonesa fuese totalmente contraria al brillo, sino que el brillo apreciado tenía un matiz diferente. El Occidente moderno, caracterizado -al menos a partir de la filosofía kantiana-por una fe ciega en el progreso y sus éxitos, tenía puesta la mirada más en un futuro prometedor que en un pasado que cada vez parecía pesar más a dichas aspiraciones (García Morente, 2002). Por el contrario, la tradición japonesa apostaba por una total y absoluta reverencia al pasado, siendo las huellas de su legado, hasta sus más ínfimos detalles, aquello que tranquilizaba a sus gentes a la hora de mirar hacia el futuro, donde nada habría de cambiar. Hasta tal punto era así que, "contrariamente a los occidentales que se [esforzaban] por eliminar radicalmente todo lo que [fuese] suciedad, los extremo-orientales la [conservaban] valiosamente tal cual, para convertirla en un ingrediente de lo bello" (Tanizaki, 2012, p. No se trataba de la suciedad que conllevaría una falta total de higiene, sino de las marcas que van apareciendo en un objeto por causa del uso. Estas, pudiendo ser borradas, preferían dejarse como muestra del pasado inmemorial que constituía todo tiempo presente y futuro. Lo viejo, lo velado, siempre a la sombra del pasado, habían constituido la belleza estética japonesa durante siglos y de repente, tras lo que se denominó la «restauración Meiji», la luz de Occidente parecía querer inundarlo todo sin aparentemente mostrar resistencia alguna. Ahora bien, tampoco el breve ensayo de Tanizaki pretendía serlo, puesto que, tal y como él afirmaba en primera persona al final del mismo, Yo soy el primero en reconocer que las ventajas de la civilización contemporánea son innumerables y además las palabras no van a cambiar nada. Japón está irreversiblemente encauzado en las vías de la cultura occidental, tanto que no le queda sino avanzar valientemente dejando caer a aquellos que, como los viejos, son incapaces de seguir adelante. No obstante, como nuestra piel nunca cambiará de color, tendremos que resignarnos a soportar eternamente unos inconvenientes que sólo padecemos nosotros (Tanizaki, 2012, p. Y, precisamente, así ha sido, pues efectivamente Japón y los japoneses nunca cambiaron de piel. Intentaron adaptar un sistema socio-económico occidental, sin dejar nunca de lado una cultura y una educación a405 propias que, tal y como veremos, siempre se mostraron incompatibles con aquel. Tanizaki es reconocido por su intento de lograr, en el campo de la literatura, una conciliación armoniosa entre Japón y Occidente que no supusiese la total aculturación del país nipón. Él deseaba el progreso, pero no estaba dispuesto a sacrificar un legado cultural fraguado durante siglos. Es por eso por lo que posiblemente escribió este ensayo, para que el bello mundo de las sombras no fuese olvidado y para que la luz no acabase inundándolo todo. No sabemos cuál hubiese sido la reacción de este escritor, muerto en 1965, al pasear por las calles del Shinju-ku actual, pero posiblemente hubiese creído estar inmerso en una pesadilla; una pesadilla de luz que en un primer momento podría parecer el resultado estético de la aculturación total de Japón. Ahora bien, a poco que hubiese analizado la sociedad japonesa de nuestros días, habría percibido que los valores e ideales de antaño no estaban del todo perdidos. Efectivamente, habría comprobado que Occidente está mucho más presente ahora que antes, pero su presencia no ha dejado de ser en ningún momento superficial. La esencia de la sociedad sigue siendo puramente nipona. Los japoneses, sin haber cambiado nunca por completo de piel, siguen teniendo que hacer frente a problemas, cada vez mayores, asociados a la dificultad que supone el mantenimiento de un sistema socio-económico occidental bajo una tradición cultural que poco tiene que ver con este. Dentro de estos problemas, uno de los más importantes hoy en día es el denominado fenómeno hikikomori, que afecta a personas que, no pudiendo soportar el exceso de luz, no confían tampoco en las sombras, de tal modo que optan por la más completa oscuridad, sin brillo alguno. EL FENÓMENO HIKIKOMORI: DEFINICIÓN Y CONCEPTO El fenómeno hikikomori, traducido comúnmente como aislamiento social, es mundialmente conocido por el término japonés, por tener su origen en el país nipón y por ser este el que mayor número de casos reporta a día de hoy, a pesar de haberse extendido por otras partes del mundo desarrollado (Kato et al., 2012; Teo et al., 2015). Este fenómeno puede ser definido como "estado [...] que conlleva el encierro de uno mismo en su propio hogar, sin participar en sociedad durante seis meses o más, y que no parece tener otro problema psicológico asociado como su fuente principal" 2 (Saito, 2013). De acuerdo a un informe publicado por el gobierno japonés en julio de 2010, se estimaba que podrían existir unos 700.000 casos de hikikomo-ri en todo Japón (Hoffman, 2011, 9 de octubre). Sin embargo, previamente ya había habido estudios que situaban la cifra entre los 800.000 y los 1.400.000 casos (Hattori, 2006), pues muchos permanecen ocultos durante bastante tiempo, haciendo sumamente difícil determinar el número exacto de personas que se encuentran en esta situación. No es difícil reconocer que el fenómeno hikikomori en Japón "es consecuencia del espectacular crecimiento de la economía japonesa durante la segunda mitad del siglo XX y del enorme progreso tecnológico que el país realizó durante ese periodo" (Murakami, 2000, 1 de mayo). Efectivamente, encerrarse es más sencillo cuando se dispone de una familia que pueda mantener económicamente al encerrado y cuando existen numerosas formas de encontrar entretenimiento sin tan siquiera tener que abandonar el propio cuarto. Ahora bien, Japón no es el único país que ha crecido económicamente a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y, en cuanto al desarrollo tecnológico, también se ha producido en otros países. De este modo, no puede explicarse a partir de aquí por qué este fenómeno comenzó por aparecer en Japón y no en cualquier otro país; por qué lleva años allí presente sin la menor incidencia fuera de sus fronteras; y por qué es precisamente en la actualidad cuando están empezando a registrarse los primeros casos en otros territorios. No habiendo consenso académico a la hora de dar respuesta a estas cuestiones, desarrollaremos a continuación una posible explicación teórica que trate de resolver dichos interrogantes para, finalmente, abordar el camino a seguir, desde un punto de vista pedagógico, a la hora de mitigar su presencia. JAPÓN: LA LOCURA DE MISHIMA Y LA LOCURA DE LOS HIKIKOMORI. DOS REACCIONES EXTREMAS ANTE LA PRESENCIA DE OCCIDENTE El 25 de noviembre de 1970, el ya por entonces internacionalmente reconocido escritor japonés Yukio Mishima cometió suicidio por seppuku 3 en la base militar de Ichigaya (Tokio), tras haber asaltado el cuartel y haber secuestrado a su comandante. Mishima llevaba consigo una proclama que leyó ante las tropas. Les proponía que se uniesen a él en un golpe de estado que restaurase el Japón tradicional perdido a causa de una influencia occidental cada vez más presente. Sin embargo, las tropas no parecían prestarle ninguna atención, ante lo cual decidió dejar de leer y suicidarse, rindiendo así honor a su patria (Nathan, 1985). Mishima se tomó muy en serio el principio básico que aparece en el libro clásico samurái Hagakure 4: el camino del samurái es la muerte. En un texto suyo comentando este libro, Mishima (2013, p. 19) escribe lo siguiente: "cuando Yamamoto afirma «de los dos casos, la vida o la muerte, escoge aquel en que se muere de forma inmediata», tan sólo está proponiendo seguir el camino más sensato, es decir, el abandono de uno mismo como medio de conseguir la virtud". Más adelante, afirma con orgullo que la moral tradicional japonesa, defendida en Hagakure, no consistía en ningún caso en "una moral interiorizada en la conciencia del samurái, sino en una moral que dependía del exterior" (Mishima, 2013, p. 69); esto es, de la comunidad o clan al que uno pertenecía. Así pues, no es que no hubiese un «sí mismo», sino que este venía reducido a su pertenencia a la comunidad. "Hay que tener confianza en uno mismo y responsabilizarse del clan", afirmaba Mishima (2013, p. 51), pero este «uno mismo» venía reducido a dicha responsabilidad. La comunidad lo era todo y uno debía estar dispuesto a morir alegremente por ella, puesto que, desapareciendo aquella, nada ya tendría sentido. Si consideramos la sociedad como un todo y a los individuos como cada una de las partes que la componen, podemos afirmar que, mientras que el pensamiento occidental moderno permitía, e incluso valoraba, la existencia autónoma e independiente de las partes sobre el todo, en el Japón tradicional las partes carecían de sentido más allá del todo. Mishima no pudo soportar el exacerbado individualismo capitalista que bajo la influencia de Occidente estaba dominando la sociedad japonesa y, ante un Japón cada vez más alejado del ideal samurái colectivista, optó por el suicidio ritual como acto de rebelión. La explicación oficial del gobierno japonés redujo su muerte, no obstante, a un simple acto de locura (Yamanouchi, 1972). Ahora bien, si lo que Mishima reclamaba era un Japón donde la comunidad fuese lo único importante, lo que la sociedad japonesa estaba instaurando no era en ningún caso un individualismo profundo que asentara las bases de una nueva sociedad, sino que este se situaba meramente en la superficie. La esencia seguía siendo colectivista. Tanto era así que no dejaría de poner trabas al desarrollo autónomo e independiente de los individuos que, en algunos casos, acabarían reaccionando con otro tipo de «locura». Lo cierto es que el concepto de «individuo» siempre fue difícil de entender por parte de la población japonesa. Sin embargo, no por ello se dejó de reconocer por parte de los más destacados intelectuales japoneses desde el primer periodo de apertura de Japón a Occidente la importancia que dicho concepto tendría para el desarrollo futuro del país. Así, por ejemplo, el militar y al mismo tiempo novelista Ōgai Mori, afirmaba en un texto publicado en 1911 lo siguiente: Los occidentales dicen que es la naturaleza de los bárbaros no temer a la muerte. Quizá yo sea el bárbaro que ellos describen. Así mismo, recuerdo que cuando yo era pequeño mis padres me recalcaban a menudo que, habiendo nacido en una familia samurái, debía ser capaz de acabar con mi propia vida. Me recuerdo, incluso entonces, pensando que probablemente habría dolor físico, y pensando que no había otra solución que aguantar aquel dolor. De esta forma, cada vez más, parece que debo ser ese así denominado bárbaro. No obstante, no puedo aceptar esa opinión de los occidentales como justificable. Sería erróneo afirmar, sin embargo, que estoy tranquilo en relación a la extinción del yo. Es molesto perder esa cosa llamada yo sin haber pensado claramente o aprendido lo que fue mientras existió. Vivir la vida de uno «viviendo como borracho, muriendo como dormido», tal y como los eruditos chinos dicen, es lamentable. Y como lo lamento y estoy molesto por ello, siento intensamente un vacío en mi corazón. Experimento una indescriptible tristeza. Esto se convierte en angustia. Mori, buen conocedor de Occidente por haber vivido varios años en Alemania, había estudiado el concepto de individualidad europeo, pero, a pesar de ello, se lamentaba por no haber alcanzado a comprender del todo un concepto que suponía que, de alguna manera, iría acorde a los tiempos en los años venideros. Es por ello por lo que su incomprensión no le era indiferente, sino que, por el contrario, le producía vacío y tristeza. Podríamos mencionar también, a este respecto, a su contemporáneo, el escritor Natsume Sōseki, quien, tras haber vivido algunos años en Reino Unido y reconocer sí haber alcanzado un yo plenamente individual, afirmase de una manera mucho más directa la importancia que tendría en el futuro. Lo hizo precisamente en una conferencia, impartida en 1914 para alumnos de un prestigioso colegio japonés, a quienes recomendaba encarecidamente luchar por ello con las siguientes palabras: La convicción que adquirí en aquel tiempo de que el yo es el ingrediente esencial y de que los otros son meramente secundarios, me aporta hoy una gran confianza en mí mismo, así como un profundo sentimiento de paz. Parece como si fuese esto lo que me permitiese, incluso ahora, continuar viviendo. De hecho, es quizá gracias a esta fuerza que puedo estar a405 de pie en esta plataforma y daros esta conferencia. [...]. Sea cual sea el sacrificio al que seáis conducidos, creo que estaréis satisfechos cuando alcancéis vuestro destino. No es cuestión de trabajar solamente por el bien del país o de vuestra familia; es algo absolutamente esencial para la felicidad. [...] No guardo el deseo de sermonearos, pero como creo que vuestra futura felicidad depende de este proceso, no puedo permanecer en silencio ante este asunto (Sōseki, 2004, pp. 40-41). La postura de estos dos intelectuales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue durante estos primeros años mayoritaria, pero esta valorización del yo individual irá perdiendo fuerza en las décadas siguientes. El periodo de entreguerras es conocido a nivel global como una época de exaltación de los nacionalismos que conducirá de la I a la II Guerra Mundial. Este fue el caso de Japón que, después de haberse abierto a Occidente, volverá a sus valores tradicionales más colectivistas, desarrollando una ideología y un sentimiento nacionalistas generalizados que acabarán lindando con el fascismo. De hecho, comenzará aquí el desarrollo de todo un campo de estudio aún existente en nuestros días, denominado nihonjinron, y que podría ser traducido por japoneidad, un ámbito del saber que trataría de analizar todas aquellas manifestaciones que hacen de Japón una nación excepcional (Sugimoto, 1999). Quizá el autor japonés más destacado de la época de entreguerras en el estudio del nihonjinron sea el filósofo Watsuji Tetsuro, quien a partir de los ideogramas que componen el término «ser humano» en japonés -ningen [人間]-, elaboró toda una teoría de la esencia de la mentalidad japonesa, cuyo desarrollo de la individualidad no podría ir nunca más allá de un sentimiento de dependencia hacia otros. Para Watsuji, la presencia del ideograma aida [間] -cuyo significado es «entre»-, dentro del término «ser humano», mostraba claramente cómo el pensamiento tradicional japonés no podía concebir al ser humano sin un estar siempre en relación con otros. De esta forma, él defendía que es el ser humano en el mundo. Así, siendo humano, no sólo expresa la totalidad, sino, además, es designado con el nombre de ésta (Watsuji, 2006, pp. 251-253). No habría diferencia, por tanto, entre el individuo y la comunidad a la que este pertenece, sino que lo único que existiría sería un todo cuyas partes por separado carecerían de toda validez. Este pensamiento, que volvía a las bases fundamentales del Japón tradicional, tal y como hemos apuntado anteriormente, fue altamente valorado en la época de entreguerras; no obstante, comenzó a perder credibilidad tras la derrota de Japón en la II Guerra Mundial. Los estudios de nihonjinron pasaron a ser impopulares, no siendo hasta los años 70, con un Japón ya económicamente recuperado, cuando la idea de «japoneidad» teorizada por Watsuji, volvería a ser defendida por otros autores desde diferentes ámbitos. Así por ejemplo, podríamos destacar a Chie Nakane, desde el ámbito de la antropología, quien tras analizar las relaciones sociales y laborales en Japón, mostraba cómo "el poder y la influencia del grupo no solamente afecta y entra dentro de las acciones individuales, sino que altera incluso sus ideas y formas de pensar" (Nakane, 1970, p. 10); o también cabría señalar a Takeo Doi, desde el ámbito de la psicología, quien a partir del término japonés amae [甘え] -traducido por dependencia, aunque mucho más amplio en su contenido-, trató de fundamentar la existencia de una psique propia y exclusivamente japonesa (Doi, 1988). Según este autor, la mayoría de los problemas psicológicos en Japón se debían a la predominancia de un tipo autóctono de psique, y a partir de ahí elaboraba sus intervenciones terapéuticas. Ideas en esta línea fueron muy populares en el Japón de las décadas de los 70 y los 80, sin embargo, a partir de finales de esta última, los estudios en nihonjinron comenzaron a ser bastante criticados. La radical distinción y separación entre Japón y el resto de naciones y culturas, que estos estudios pretendían fundamentar, acababan por provocar cierta hostilidad a todo aquello que no fuese japonés, perjudicando el desarrollo del país a nivel global (Dale, 1986). Ahora bien, investigaciones desde las más diversas disciplinas se han servido posteriormente de ciertas ideas originalmente abordadas desde el campo de estudio del nihonjinron, con el fin de explicar determinados fenómenos sociales que han ido apareciendo en el país nipón. La presencia de un ideal colectivista profundo desde tiempos inmemoriales en la cultura japonesa -recuperado intermitentemente en todo su potencial incluso en periodos donde el contacto con Occidente ya había claramente influido-, no podía ser obviada. Ahora bien, la pretensión de estos estudios ya no será tanto mostrar una esencia excepcional e inquebranta-a405 ble de la nación japonesa, sino dar cuenta de cómo la educación recibida o el orden social en que uno está inmerso, pueden influir en la aparición de fenómenos problemáticos concretos. Diversos estudios empíricos desde la década de los 90 han mostrado cómo existe una clara diferencia, a la hora de concebir el yo, entre Oriente y Occidente. Mientras que los orientales suelen desarrollar una idea de yo más relacional, los occidentales tienden a la construcción de un yo más individual o esencial (Markus y Kitayama, 1991; Miyamoto, Nisbett y Masuda, 2006). Esto influye en el desarrollo de los individuos en una sociedad y un mercado laboral completamente capitalista y occidental. 24), hoy en día, en Japón, "a pesar de sus diferencias fundamentales, el yo esencial coexiste con la noción local de yo relacional. Mientras que el sentido del yo esencial es conscientemente articulado y afirmado en contextos cotidianos, el yo relacional opera en un nivel más irreflexivo", siendo precisamente esto lo que viene causando determinados problemas de comportamiento y adaptación al medio. En Japón, los jóvenes son formados en una tradición colectivista aún muy presente, que dispone claramente lo que la familia y la nación esperan de cada uno y donde uno tiene la sensación de no ser nada de manera independiente al entorno que lo circunda. Sin duda, esto hace muy difícil desarrollar el yo autónomo y autosuficiente que exige el sistema capitalista neoliberal, ya que, en un contexto donde uno siempre depende de la aprobación de los otros en su desarrollo, se hace complicado llegar a ser uno mismo (Toivonen, Norasakkunkit y Uchida, 2011). Es precisamente a esto a lo que se debe fundamentalmente el fenómeno hikikomori en Japón, cuya causa directa viene siempre relacionada con el fracaso en algún grupo de pertenencia considerado por el individuo como esencial (Horiguchi, 2012). Así, por ejemplo, el encierro siempre suele comenzar tras un proceso de acoso escolar o marginación por parte de los amigos y compañeros, por la ruptura del núcleo familiar, por el suspenso en un examen fundamental o por el despido del puesto de trabajo. El individuo siente que ha fracasado en lo que se esperaba de él y, entonces, incapaz de reaccionar como ser independiente al grupo, decide encerrarse en su cuarto, experimentando el vacío al cual dicho fracaso lo ha reducido. Ya el teórico político Mayurama Masao (1963) reconocía, una década después del fin de la II Guerra Mundial, que la modernización en sentido occidental del país nipón no estaba siendo en ningún caso acom-pañada del ideal profundo de modernidad por el que había pasado Occidente a la hora de recorrer este camino, aventurando que esto sería un problema importante para Japón. Masao no se equivocaba, podemos hablar de un fracaso de la modernidad en Japón, el cual "puede ser atribuido exactamente a los mismos factores que permitieron el ascenso del fascismo: la ausencia de «individuación» o agente moralmente autónomo" (Clammer, 1999, p. No hay espacio en Japón para el yo auténtico, los jóvenes no son educados para ser ellos mismos, sino para pertenecer a diferentes grupos, fuera de los cuales, no son nadie. Si bien es cierto que algunos hikikomoris terminan descubriendo su auténtico yo durante el encierro 5, en el momento del mismo no disponen de dicho yo, puesto que, de lo contrario, posiblemente aquél no tendría lugar. Así pues, el problema del hikikomori consiste en no saber quién es, siendo consciente meramente de quién no es. Aquel individuo que decide encerrarse lo hace porque, no pudiendo cumplir con las expectativas que la sociedad espera de él, sabiendo que no es quien los demás le dicen ser, no es capaz de un descubrir dentro de sí mismo un yo propio e individual que pueda hacer frente a su fracaso particular. De esta forma, incapaz de reafirmarse, se aísla y se abandona. Una vez dentro podrá desarrollar esta personalidad o no, pero incluso en caso de conseguirla, le será difícil salir al exterior y manifestarla pues, así como podemos comprobar en alguno de los casos analizados por Zielenziger (2007), para la sociedad japonesa siempre será alguien que no ha cumplido con su parte. Comenzamos este apartado haciendo referencia a la historia de un «loco» que, como protesta hacia el olvido de la cultura tradicional nipona, decidió suicidarse siguiendo el ritual clásico samurái, y lo acabamos con la historia de otros «locos», los cuales se encierran indefinidamente aislándose del mundo, precisamente por todo lo contrario; esto es, por no disponer del yo auténtico que debería acompañar a toda modernización en sentido occidental. Ahora bien, no estamos ante un completo caso de locura, ni en un caso ni en el otro, puesto que, si bien es cierto que tras la II Guerra Mundial hubo una fuerte incursión del individualismo occidental en Japón que produjo un importante cambio tanto cultural como social con respecto al sistema de valores tradicional -tal y como apuntaba Mishima-, esta nación no introdujo precisamente aquello que era lo más fundamental, a saber, el desarrollo de la identidad propia e individual. Japón introdujo el individualismo más banal y superficial, aquél que se reduce al consumo y al bienestar físico personal, pero no a405 aquel individualismo previo y a la base de este, que afirma que cada uno es alguien completamente particular y, en el fondo, independiente de todo grupo al que pueda pertenecer. No se equivocaba Sōseki al indicar que la felicidad de los japoneses se jugaba en la consecución de un yo auténtico y personal. Aunque algunas personas no dejen de intentarlo 6, quizá sea ya tarde para volver al Japón tradicional, como pretendía Mishima. Sin embargo, no lo es para fomentar una educación donde cada uno sea verdaderamente formado como sujeto individual. Posiblemente esta sea la única salida para la, esta vez sí, verdadera locura que implica vivir en una sociedad individualista regida por un espíritu total y absolutamente colectivista. OCCIDENTE: EL IMPERIO DE LAS TIC. ENTRE SENTIRSE SOLO Y NO SABER ESTAR SOLO Si pensamos en Occidente y en el origen de la Edad Moderna desde el punto de vista de la Historia de las Ideas, es inevitable hacer referencia a Descartes y al descubrimiento del cogito como acontecimiento fundamental. Sus consecuencias pueden verse reflejadas en todos los ámbitos, pero posiblemente sea el análisis de los espacios aquel que mejor muestra dé del cambio producido en lo que respecta al pensamiento. Los espacios son aquellos que posibilitan la Historia, pudiendo ser considerados, tal y como lo hizo Foucault, monumentos vivos del pensamiento (Pardo, 1991). Así pues, no es casual que precisamente a finales del siglo XVII, cuando Descartes está desarrollando su filosofía, surja en arquitectura por primera vez la habitación propia, privada, un espacio hecho para pensar en soledad (Sánchez Rojo, 2013). De hecho, el mismo Descartes, en sus Meditaciones metafísicas, incide en el hecho de encontrarse a la hora de escribirlas "gozando de un seguro reposo, en un apacible retiro [...] sentado junto al fuego, en bata, teniendo [un] papel entre las manos" (García Morente, 1991, pp. 125-126); o lo que es lo mismo, disfrutando de la situación que ya por entonces empezaba a aparecer como idónea para pensar. Durante la Edad Media, época regida por el total orden divino, lo que realmente había importado "era el mundo externo y el lugar que uno ocupaba en él. La vida era un asunto público, e igual que uno no tenía una autoconciencia muy desarrollada, tampoco se tenía un cuarto para uno solo" (Rybczynsky, 2006, p. Las casas apenas disponían de un cuarto donde todos sus miembros llevaban una vida siempre en común. El ámbito público estaba gobernado por el monarca o señor feudal y se encontraba claramente diferenciado del ámbito privado, encarnado en la fi-gura del pater familias, "poder interno en este caso que, [sin embargo,] a semejanza del otro, no [toleraba] las intromisiones del individualismo" (Duby, Barthlemy y De la Roncière, 1988, p. Ahora bien, a partir del siglo XVII, no dejaremos de encontrar diferentes manifestaciones en favor de este espacio y de la necesidad de disfrutar de tiempo para uno mismo. Esto conducirá a concebir la privacidad como un derecho y la soledad como un valor. De esta forma, aparte de Descartes, podríamos hacer referencia a su contemporáneo, Blaise Pascal (Parajón, 1998, p. 136), quien en sus pensamientos afirmaba enérgicamente que "toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo en una habitación". Dios y el orden divino estaban empezando a ponerse en cuestión y, ante la posible pérdida de seguridad que la fe en un ser superior aportaba, el ser humano comenzó a darse importancia a sí mismo, único ser en el que con total certeza podría a partir de entonces confiar. 25), "la concepción de lo privado, fundada en la idealización del individuo como receptáculo de la libertad, [será poco a poco] entendida simultáneamente como autodesarrollo y autonomía", discurso que, desde el ámbito de la pedagogía, ha continuado vigente hasta nuestros días. Al mismo tiempo, la ciencia avanzó, los espacios y los tiempos comenzaron a ser medidos, clasificados y controlados hasta sus más ínfimos detalles, de modo que el ser humano, entendiendo la libertad como una de sus facultades más fundamentales y sintiéndose, por tanto, libre, tendría cada vez menos oportunidad de expresarse como tal. Por ello, el culto al cuarto propio -que con el tiempo será el único espacio alejado de toda mirada ajena-no dejará de crecer hasta alcanzar en el siglo XIX, con el auge de la burguesía, su más elevada situación. Los padres educaban a sus hijos en la lectura y la escritura dentro del cuarto propio, convirtiéndose la novela y el diario en dos de los elementos formativos más destacados del momento (Gay, 1992). Quizá el individuo estuviese obligado, si quería sobrevivir en sociedad, a seguir unas normas de apariencia claramente medidas y estipuladas, pero aún podía ser él mismo en la soledad de su cuarto. Esta experiencia le daba, al mismo tiempo, las herramientas clave para sortear inteligentemente las normas sociales cuando, de alguna forma, le pudiesen perjudicar. Sin embargo, esto cambiaría con el declive de la clase burguesa y el surgimiento de la sociedad de masas, una sociedad donde el valor vital no se concentraría ya en a405 llegar a ser quien uno era, tal y como habría defendido Nietzsche (López Castellón, 1983), sino en ser como el resto; mediocre, indistinguible, uno más. Precisamente Ortega y Gasset, uno de los teóricos que mejor analizó este tipo de sociedad, definió al ser humano que la componía como "el «hombre medio», [...] [que] convierte lo que era meramente cantidad -la muchedumbre-en una determinación cualitativa: es la cualidad común, es el mostrenco social, es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en sí un tipo genérico" (Ortega y Gasset, 1930Gasset, /1997, p. Atrás había quedado, por tanto, el espíritu de autoformación que había fomentado la burguesía. Ahora, más bien, se trataba de luchar por la supervivencia en las mejores condiciones posibles, dejando de lado las grandes preguntas que anteriormente habían formado parte de toda vida humana digna. La presencia mayoritaria de este tipo de ser humano dio lugar a un individuo pasivo y altamente manipulable que, disponiendo de los medios necesarios para una supervivencia biológica sin demasiados esfuerzos, sería capaz, tal y como mostró Arendt (2007), de ser indiferente ante los más desdeñables actos cometidos contra la humanidad. La de este individuo pasivo fue in crescendo en función del surgimiento de ciertos aparatos electrónicos que fueron apareciendo en la industria de la comunicación, como la radio y, sobre todo, la televisión, que gestionaba no solamente la información que recibía la mayor parte de la población sino también su ocio y entretenimiento. De este modo, hacia finales del siglo XX, el teórico político Giovanni Sartori (1998) daba cuenta de varias generaciones de jóvenes que habían sido y estaban aún siendo formadas acríticamente por las imágenes recibidas pasivamente a través del televisor. La solución a este problema estaba en la acción. Lo cierto es que el ámbito de la pedagogía ya hacía años que daba cuenta de ello, habiendo surgido a lo largo de todo el siglo XX diversos movimientos de renovación pedagógica que, desde diferentes puntos de vista, fomentaban una educación más activa y participativa, donde el alumno no solo tuviese que recibir conocimiento, sino también aprender a producirlo (Carreño, 2002). No obstante, la gran industria de la información y la comunicación parecía tener mucha más fuerza y alcance que cualquiera de estas propuestas pedagógicas, de modo que, el denominado por Sartori homo videns o individuo teledirigido, tenía a pesar de todo una presencia mayoritaria en las sociedades de los países desarrollados. Tras años tratando de solventar este problema, su incidencia no dejaba de persistir; y es que, tal vez, solo la creación de nuevos aparatos, con diferentes características, pero con el suficiente atractivo como para desbancar a la televisión de su poder de influencia, pudiese lograr un cambio. Durante la década de los años 80 el uso de los ordenadores personales domésticos comenzó a hacerse generalizado y, a lo largo de la década de los 90, poco a poco, fue incorporándose internet a los mismos. Ahora bien, este primer internet de uso público no era más que un sistema de almacenamiento de información que facilitaba el acceso a la misma, pero no la interacción entre usuarios. No sería hasta principios de la década de los 2000, cuando surgiese un nuevo tipo de internet, denominado web 2.0, que vendría a ser el instrumento revolucionario que durante décadas se había estado esperando. Según el creador de dicho concepto, Tim O ́Reilly (2007), si en algo se diferenciaba este nuevo modelo de internet con respecto al anterior, era en su carácter participativo. Las nuevas aplicaciones que irían surgiendo no solo facilitarían la interacción entre individuos a través de la red, sino que esta sería prácticamente una exigencia. De este modo, solo individuos activos y participativos podrían formar parte de este nuevo mundo en red que se estaba creando. En estos últimos años, todos nos hemos ido acostumbrando al uso diario de ciertas herramientas que nos permiten estar cada vez más cerca, a pesar de encontrarnos físicamente lejos. Del correo electrónico y los primeros chats, pasamos a los blogs y los foros, hasta llegar a la creación de redes sociales como Facebook, Tuenti y Twitter, entre otras. Hoy en día, gracias a los smartphones, todas estas aplicaciones están con nosotros allá donde vayamos, pudiendo disponer de ellas en cualquier momento, las 24 horas del día, los 365 días del año. Este estado de cosas nos convierte en sujetos en red, siempre en conexión, siempre actuando, siempre participando. Así pues, el individuo corriente de hoy en día podría definirse por muchas cosas, pero no por su carácter pasivo. Parecería entonces que el problema de aquel sujeto teledirigido y acrítico definido hace casi dos décadas por Sartori debería haber desaparecido. Sin embargo, a finales de la década de los 2000, en un estudio realizado en torno a la relación entre jóvenes y redes sociales, la antropóloga Paula Sibilia (2008), llegaría a postular el surgimiento de generaciones de individuos que podrían ser calificados como alterdirigidos. Así pues, según esta autora, habrían cambiado los medios, pero no el resultado. La gran mayoría de los sujetos seguirían siendo tan acríticos y tan manipulables como lo habían sido antes en la era televisiva. a405 Hemos de puntualizar que Sibilia realizó este estudio antes de que tuvieran lugar diversos movimientos sociales en diferentes partes del mundo que aparentemente han mostrado hasta qué punto la ciudadanía ha tomado conciencia política gracias a las TIC 7. Por un lado, estas permiten acceder a las más diversas informaciones sin tener que pasar por el filtro de los órganos de poder y, por otro, facilitan una mejor y más fácil forma de organización. Ahora bien, el uso de las TIC no se reduce al ámbito público, sino que también abarca todo el espectro de la esfera de lo privado. Diariamente colgamos información personal en la red, ya sea en forma de imagen, de vídeo o de texto. Teniendo la presencia de cualquier otro a un simple clic en la palma de nuestra mano, adquirimos una necesidad irrefrenable de contar a otros todo lo que nos pasa, lo que hacemos, lo que sentimos, lo que opinamos. En el estado de cosas actual la existencia personal se mide fundamentalmente en función de nuestra presencia en internet. Esto es así hasta el punto de que, si algo no está colgado, no solo pierde todo valor, sino que parece no haber existido. Necesitamos sentirnos constantemente apoyados, saber que contamos con la presencia de otros allá donde estemos. Unos otros que, a pesar de no estar físicamente con nosotros, están siempre Medimos nuestros actos en función de lo que se espera de nosotros y, en muchas ocasiones, nos presentamos ante el mundo no como somos, sino de la manera que nos gustaría ser. Nuestra vida se reduce a una performance constante, de modo que es muy fácil que nos sintamos solos, aun encontrándonos más acompañados que nunca (Turkle, 2011). Así pues, si bien el análisis de Sibilia podría verse refutado atendiendo al uso público de las TIC, se ve reforzado si analizamos su uso dentro de la esfera privada. La soledad se ha convertido en un estado enfermo del que hay que huir. Nadie quiere estar solo porque nos hemos acostumbrado a estar en todo momento acompañados y, aun así, la soledad es uno de los peores males de nuestros días; y es que, al sentirnos constantemente observados y tener siempre que interpretar un papel hasta en el interior de nuestros cuartos, no es difícil sentirse incomprendido y abandonado (Deresiewicz, 2009, 30 de enero). A su vez, hay determinadas situaciones en la vida que tenemos que afrontar por nosotros mismos, de manera individual, y aquí los otros, ya sea física o virtualmente, no pueden ayudarnos. Es por todo ello por lo que en Occidente también están comenzando a surgir determinados trastornos parecidos a los acontecidos en Japón. Si bien en Japón la presión de la tradición influía en la dificultad de los individuos a la hora de desarrollar un yo auténtico y personal, en Occidente esta comienza a venir determinada por un mundo tecnológico que también nos observa y nos exige ser de una determinada manera 8. Las habitaciones se han llenado de gente del mismo modo en que lo estaban durante la Edad Media, solo que ahora, en vez de física, su presencia es virtual. La soledad de uno consigo mismo, que a través de la lectura y la escritura fomentara la educación burguesa, se ha tornado cuanto menos imposible. Cierto es que ya la sociedad de masas puso en peligro el disfrute de este tipo de soledad formativa. No obstante, incluso durante esa época, los individuos tenían la posibilidad de encontrarse solos, aunque fuera de manera obligada y por las circunstancias. Así, por ejemplo, los padres solían castigar a sus hijos sin salir de su cuarto, o uno a veces se perdía en la calle y tenía por sí mismo que encontrar el camino correcto. Ninguna de esas experiencias es hoy posible, los padres tendrían primero que vaciar de aparatos el cuarto para poder ejercer dicho castigo y la posesión generalizada de un móvil con GPS impide cualquier pérdida. De este modo, no podemos dejar de reconocer que vivimos cada vez más en comunidad y que el sentido colectivista no ha dejado de aumentar en los últimos años (Reig Hernández 2012). Ahora bien, el problema no es que vivamos cada vez más en comunidad, sino que nos es sumamente complicado ser nosotros mismos dentro de ella. En muchas ocasiones podemos sentirnos solos, pero no sabemos estar solos y, hablando en terminología de competencias -frecuentemente utilizada en el discurso pedagógico de nuestros días-, es un hecho que, para evitar problemas como el fenómeno hikikomori, tanto en Oriente como en Occidente, saber estar solo se torna, hoy en día, una competencia fundamental. CONCLUSIÓN: POR UNA PEDAGOGÍA DE LA SOLEDAD 40) que "nadie es capaz de mantener intacta su conciencia si no le es dado el actualizar el diálogo consigo mismo, es decir, si carece de la soledad que requiere toda forma de pensar", y es que "cuanto más privada es nuestra vida, más auténtica y verdadera es; más nuestra, más propia, inconfundible y única" (García Morente, 2011, p. Solo experimentando y aprendiendo a disfrutar de la soledad como paréntesis a nuestra vida social y política -desde la infancia hasta la edad adulta-, podemos llegar a ser nosotros mismos en tanto que separados del resto. Al mismo tiempo, solo a partir de entonces adquirimos la competencia de saber enfrentarnos a a405 un mundo que, primando valores como la auto-superación, la competitividad o la autonomía, exige que demos lo mejor de nosotros mismos, disponiendo de una individualidad fuerte que, resistiendo, pueda adaptarse con éxito a la flexibilidad e impredecibilidad del sistema (Bauman, 2004). Preguntado en torno a la condición hikikomori, un joven japonés que había pasado por esta situación respondió a su entrevistador lo siguiente: No hay término medio (Zielenziger, 2007, p. Perfectamente podríamos aplicar estas palabras a Occidente y nuestra relación actual con las TIC. Si quisiéramos protegernos de una manera totalmente segura de la pérdida o dificultad de desarrollo de una subjetividad propia y auténtica, tendríamos que abandonar por completo el mundo tecnológico que habitamos, pero esto significaría aislarnos, haciéndose imposible una vida fructífera en sociedad. A su vez, si nos dejamos abandonar hacia el mundo que las TIC pueden llegar a permitir, acabaremos con toda posibilidad de conseguir un yo propio, autónomo e independiente. Efectivamente, tal y como afirma este joven japonés, no hay término medio para el hikikomori, y no solo en Japón, sino en cualquier parte del mundo, siendo este su gran error. Lo cierto es que la aparente contradicción en la cual se sitúa el hikikomori en realidad no es tal, siendo posible encontrar este término medio que ciertas carencias formativas pueden llevarnos a obviar. Al igual que la tradición cultural japonesa, el mundo de las TIC tiene muchos aspectos positivos, tanto en el ámbito político, como social y personal, pero no podemos olvidar que ambos mundos tienden a fomentar una total pérdida o dificultad de desarrollo de la propia personalidad. Así pues, tratar de evitar la contradicción que supone una sociedad individualista sobre la base de un contexto ideológico colectivista se torna, tanto en Japón como en Occidente, tarea pedagógica fundamental. Todos aquellos ejercicios consistentes en fomentar tiempos y espacios de soledad reflexiva servirán de buena ayuda. A su vez, no es necesario que las TIC se conviertan en un anexo de nuestro cuerpo, al igual que no tenemos por qué reducir toda nuestra subjetividad a nuestro ser cultural. Las TIC nos acompañan y la tradición cultural forma parte de nosotros, pero ni las unas ni la otra nos constituyen plenamente. En cuanto a las TIC, son máquinas, y, al igual que educamos y nos formamos para un uso responsable de las mismas, hemos de educar también para la importancia de, al menos de vez en cuando, apagarlas (Serrano-Puche, 2014). En relación a la tradición cultural, las nuevas generaciones de japoneses deberían aprender a, en determinadas circunstancias, poner en suspenso su pertenencia a determinada comunidad, siendo capaces de reafirmarse en tanto que lo que creen ser y lo que pretenden llegar a ser, independientemente de las expectativas que desde fuera les vengan impuestas. Si las luces del barrio de Shinju-ku mostraban hasta qué punto la luz del progreso en Occidente había llegado a cegar a la sociedad japonesa, el efecto de la luz de las pantallas en el resto de los países desarrollados también está resultando cegadora. Siguiendo los dictámenes de la luz del progreso hemos iluminado todos los ámbitos de nuestra vida, haciendo que cada vez sea más difícil encontrar tiempos y espacios de oscuridad, donde uno pueda descansar de un contexto donde lo único que se premia es la actividad. Cuando la oscuridad es total nos da miedo, nos hace sentirnos inseguros y desconfiados, lo cual no deja de ser lógico, pues el negro es ausencia, vacío, nada. Ahora bien, la oscuridad no debe ni tiene por qué ser total, solo ha de ser lo suficientemente oscura como para poder facilitar un buen descanso; esto es, puede ser entre sombras. Las traducciones de los textos cuya referencia sea en un idioma distinto al castellano, han sido realizadas por el autor de este artículo. Se trata del suicidio ritual samurái, consistente en la realización de un corte de lado a lado del abdomen que producía la muerte inmediata por desentrañamiento. Obra escrita en base a las enseñanzas del samurái convertido a monje Tsunetomo Yamamoto a principios del siglo XVIII y considerado por Mishima como el libro que más había influido en su vida. Existe una versión de esta obra traducida al castellano (Yamamoto, 2000). De hecho, existen estudios que tratan de investigar la posibilidad de nuevos tipos de subjetividad en el universo hikikomori a través del uso de las TIC (Ito Saito, 2012; Ito Saito y Greiner, 2013). Nos referimos aquí fundamentalmente al fenómeno otaku [オタク], también extendido en el Japón contemporáneo y muchas veces confundido con el fenómeno hikikomori, a pesar de que difieren bastante. Los otaku serían individuos enganchados a los comics manga hasta el punto de la obsesión y, si bien es cierto que pasan mucho tiempo en sus cuartos, no hay en ellos retraimiento social. Tienen contacto con otras personas y se relacionan socialmente, solo que dichos contactos se reducen a conversaciones y actividades que tengan que ver exclusivamente con el manga. Ante el fallo de la cultura tradicional japonesa a la hora de hacer valer realmente unos valores colectivistas que eviten experiencias de fracaso individual, crean sus propias comunidades basadas en mundos paralelos, las cuales les llenan bastante más de lo que lo hace su comunidad cultural en el mundo real. Para una introducción a este fenómeno, véase Lamarre (2004). En ningún caso queremos afirmar aquí que las TIC no puedan ser la causa de que un individuo se convierta en hikikomori. Japón es un país también desarrollado donde las TIC están también sumamente presentes. De esta forma, podría darse el caso de que algunos casos pudiesen venir, si no originados, al menos, reforzados por el uso de estas. Ahora bien, tal y como hemos podido observar en el apartado anterior, en Japón la raíz remite a una causa previa mucho más profunda, siendo por ello por lo que el fenómeno hikikomori tuvo aquí su origen y no en cualquiera de los otros países desarrollados, donde el fenómeno es más reciente por estar relacionado directamente con el uso de las TIC.
Este artículo propone la necesidad de realizar una revisión teórica sobre la actual asunción epistemológica que establece a la dicotomía naturaleza-sociedad como piedra angular de una cosmovisión amplia para contextos occidentales. Se rebaten aquellas perspectivas antropológicas que dan por sentado que, en estos espacios, de manera genérica y sin matices, la práctica social y las ideas no se construyen de forma vinculada al medio, cayendo bajo la creencia de que la naturaleza existe ajena a la voluntad humana. Discutiremos el ingenuo esencialismo etnológico que posiciona al naturalismo como modelo central de la cosmovisión socio-europea, el cual es caracterizado por patrones dualistas que han permitido configurar, al mismo tiempo y por contraposición a este, paradigmas monistas de relaciones socioecológicas en otras partes del mundo. Las investigaciones antropológicas dedicadas a examinar las relaciones entre los seres humanos y el medio ambiente han experimentado una fuerte mutación en las tres últimas décadas. Su redefinición como campo analítico propio entrañó un auge sin precedentes en el estudio de la construcción social de la naturaleza (Milton, 1997; Ingold, 2000; Descola y Pálsson, 2001). En ese cambio hacia la autonomía paradigmática se desestabilizaron argumentos originados en el seno de corrientes anteriores, en las cuales se tomaba la dicotomía naturaleza-sociedad como operador activo de elaboraciones teóricas sobre el medio ambiente y la cultura. Un modelo ontológico dual con epicentro en Occidente las nutría, auspiciado siglos antes por ideas cartesianas y mecánicas del mundo. En el transcurrir transformativo hubo que resituar la "moderna" dicotomía en una perspectiva histórica y etnográfica más amplia. Su manejo en contextos no occidentales empañaba la realidad produciendo un artificio que no correspondía a lo que verdaderamente los investigadores observaban en el campo (Escobar, 2000). Una vez identificado el problema y su origen, el lastre binario quedó como soporte para la enunciación de lo contrario, nada más y nada menos que la definición axiomática de la "buena" y "nueva" Antropología ambiental. En este texto realizamos una crítica a trabajos que se han elaborado en contraposición al modelo teorético del naturalismo asignado a la "cultura occidental". Este ha pasado al primer plano teórico en paralelo al apogeo y elaboración de las corrientes de Antropología contemporáneas dedicadas al medio ambiente. Fundado sobre la idea de que en contextos occidentales existe una cosmología binaria que separa la naturaleza y la sociedad, de raigambre histórica y de vigencia actual, el naturalismo ha servido de guía para aquellos postulados superadores que han puesto a este en relación a otras formas culturales de relacionarse con el entorno, la mayoría de las veces en sociedades no occidentales donde la dicotomía no era real. De esta manera ha terminado siendo el sustento principal de cimentación que posibilitó los avances en materia ecológica desde la disciplina, legitimando al mismo tiempo un programa epistemológico basado en contraposiciones automáticas más que en modelos propios de cambio paradigmático. Esto nos predispone para desentramar los fundamentos de su construcción a través de una crítica que resalte su carácter parcial y homogéneo, considerando que este modelo no es extensivo para todo Occidente. Pensamos, en contra, que se inserta de manera ac-cidental en un continuum de diversos modos de interactuación con el entorno. EL NATURALISMO COMO SUSTENTO EN LA ELABO-RACIÓN DE TEORÍAS ECOLÓGICAS A finales de los años 80 del pasado siglo se revitaliza la temática ecológica en Antropología con el surgimiento de postulados críticos empeñados en desarticular la dicotomía naturaleza-sociedad. Este par diferencial se asentó de manera irrefutable en corrientes materialistas, estructuralistas y simbólicas de viejo cuño, estancándolas en una polaridad que había que superar con los estudios contemporáneos de las relaciones entre seres humanos y naturaleza (Descola y Pálsson, 2001, pp. 12-13). Los dualismos ontológicos que los investigadores "occidentalizados" llevaban consigo al campo suponían un lastre del que había que deshacerse, herencia de una historia teórica de Occidente desde la época clásica y reforzada siglos después con ideas cartesianas y mecánicas del mundo (véase Glacken, 1996; Latour, 2007o Sahlins, 2011 para un análisis crítico de la construcción sociohistórica de las dicotomías occidentales). Reynoso (2015) afirma que en ese momento se produce un giro ontológico y perspectivista en la disciplina, el cual estaba promovido, como señala Salmond (2014, p. 161), por proyectos de larga duración que pretendían desmantelar y reconstruir las fundaciones modernistas del concepto anthropos. El giro hacia la ontología, o más bien la apertura hacia ella (de la Cadena, 2014, 13 de enero), incluye configuraciones que parten de postulados homogéneos pero que contienen procederes analíticos someramente diferenciados. Una de las principales semejanzas en su construcción es la crítica a las ontologías occidentales basadas en las dicotomías a las que nos venimos refiriendo. Entre sus diferencias, la forma teórico-metodológica de abordar la difuminación dualista que se produce en otros contextos no occidentales. En cualquier caso, las investigaciones se focalizaron en las diversas formas de concebir el ser en el mundo y en las diferentes naturalezas de otras realidades (Henare, Holbraad y Wastell, 2007; Costa y Fausto, 2010), lo cual no ha visto reducido su alcance para que este movimiento de amplio espectro se relacione también con estudios de ciencia, tecnología o medicina más allá de la disciplina antropológica (Candea y Alcayna-Stevens, 2012) 1. Aunque el trabajo de Roy Rapapport (1987) estableció las bases para superar el dualismo naturalezasociedad, es en los años noventa cuando germinan corrientes centradas específicamente en deponer a406 las erróneas concepciones occidentales de mirar la realidad (Viveiros de Castro, 2013, p. Trabajos como los de Kaj Århem (1990), Croll y Parkin (1992) o Andrew Gray (1996) son pioneros en desmontar prejuicios analíticos derivados de los dualismos ontológicos occidentales. Estas ideas preconcebidas rebatidas supondrían, a partir de aquí, un sustento para etnografías que se centraban en lo ecológico y que podrían comparar, a través de las propias ontoepistemologías de los investigadores, las limitaciones de estas en otros contextos. 120) que existen cosmologías donde la disyunción radical tan característica del pensamiento occidental entre naturaleza y cultura, entre seres humanos y animales, se disuelve al estar todo íntimamente vinculado por analogías y esencias espirituales que al mismo tiempo corresponden a un pasado ancestral. En estas sociedades el concepto de "naturaleza" es contiguo al de "sociedad", lo que designa modelos integrales de conectividad entre humanos y animales, imbricándose en un marco cosmológico más amplio que proporciona a los individuos una base moral y existencial para sus interacciones con el medio ambiente (Århem, 2001, pp. 214-215). Partir desde un planteamiento dual que separara en categorías estas realidades constituiría, pues, una forma básica de caer en un etnocentrismo ingenuo fundamentado en la supuesta universalidad de las dicotomías occidentales. Esos prejuicios marcadamente dicotómicos, y que Descola (2001Descola ( y 2004) ) denominaría naturalismo, empañarían una realidad que quizás no estuviese dominada por patrones dualistas. Sin embargo, todas aquellas cláusulas añejas derivadas de la modernidad científica occidental conformarían un soporte sólido sobre el que construir un nuevo paradigma superador que diera cuenta de manera precisa de las relaciones que se establecen entre los humanos y el medio. Partir desde una matriz dicotómica, es decir, naturalista, dificultaría un entendimiento ecológico de la realidad, ya que la disyunción no solo orientaba las metodologías y las técnicas, sino que también provocaba una ilusión epistemológica al impedir comprender efectivamente las formas locales de saber ecológico. Serían por tanto los modos de identificación naturalistas los que habría que apaciguar, revisar y controlar para no sesgar aquellas otras maneras de definir las fronteras entre el propio ser y la otredad: "Un tercer modo de identificación, más familiar para nosotros, es el naturalismo. El naturalismo es simplemente la creencia de que la naturaleza efecti-vamente existe, de que ciertas cosas deben su existencia y su desarrollo a un principio ajeno tanto a la suerte como a los efectos de la voluntad humana. Típico de las cosmologías occidentales desde Platón y Aristóteles, el naturalismo crea un dominio ontológico específico, un lugar de orden y necesidad, donde nada ocurre sin una razón o una causa, ya sea originada en Dios (como en el famoso "Deus sive natura" de Spinoza) o inmanente en el tejido del mundo ("las leyes de la naturaleza"). Como el naturalismo es nuestro propio modo de identificación y permea tanto nuestro sentido común como nuestra práctica científica, para nosotros ha llegado a ser una presuposición "natural" que estructura nuestra epistemología, y en particular nuestra percepción de otros modos de identificación" (Descola, 2001, pp. 108-109). Descola (2004, pp. 32-33) mantiene que no existe ninguna justificación objetiva desde nuestra visión occidental que sostenga que en otras culturas los humanos forman una comunidad de organismos distintos al resto de elementos del entorno, ya sean bióticos o abióticos. Donde nosotros resaltamos el lenguaje articulado y la bipedia como criterios cruciales y diferenciadores de la humanidad, otras culturas difuminan esas diferencias basándose en rasgos más abstractos como la animación, la locomoción autónoma, la reproducción sexuada o la dentición. Para este autor son los esquemas de praxis los que posibilitan que las sociedades "objetifiquen" los tipos específicos de relaciones que tienen con su medio. Esto hace que cada variación de relación local con el medio sea el resultado de una combinación particular de tres dimensiones básicas de la vida social: modos de identificación -animismo, totemismo, naturalismo y analogismo (Descola, 2012) como formas de definir las fronteras entre el ser y la otredad-, modos de interacción -que organizan las relaciones entre las esferas de humanos y no humanos y, en cada una de ellas, desde principios de reciprocidad, rapacidad o protección-, y modos de clasificación, por la cual los elementos del mundo son representados en categorías socialmente reconocibles (Descola y Pálsson, 2001, p. Pensar sobre esos esquemas de praxis supondría transformar los modelos analíticos, los orientaría hacia una ecología relacional que superaría las carencias de los programas modernistas influidos de manera crítica por los dualismos cartesianos (Descola, 2001). Pero en esa orientación se presenta el modelo ontológico occidental como contraproducente para los menesteres antropológicos en lo que se refiere a lo ecológico, habiendo que oponer a ellos cualquier for-a406 ma original de mirar la realidad social (Descola, 2001, p. En él, aduce, existe un interés explícito por beneficiarse de la naturaleza y están presentes las pautas mecánico-cartesianas de representación de lo natural (Descola, 2001, pp. 110-112). De este modo el naturalismo torna sobre el corazón mismo de los esquemas de praxis, constituyéndose a partir de él un aparato teórico orientado a superar las clásicas dicotomías. Dentro no cabrían postulados críticamente hipotéticos donde las diferentes formas ontológicas de representación de lo natural presentaran matices. Por ejemplo, no habría cabida para un modo de identificación naturalista occidental y una forma de relación basada en la reciprocidad (como la que se da en los sistemas de identificación totémicos o animistas). Esas paradojas y sinsentidos no tienen cabida en sus esquematizaciones, el naturalismo es un modelo homogéneo y universal a pesar de que otros modos de identificación se presenten de forma híbrida (Descola, 2001, pp. 115-119). En el discurso, este autor orienta sus conocimientos para justificar la proyección total de sus propuestas. Ellas se amparan bajo la preconcepción de que lo que sucede en Occidente es el contrapunto a la diversidad de las formas ecológicas de relación en el resto del mundo. Reconocer matices en un continuum relativo derrumbaría el pilar central sobre el que se erige su construcción teórica, pues piensa que, aunque muchas expresiones del naturalismo conducen a antinomias, están condenadas a permanecer en el terreno de la utopía: "... en una cosmología naturalista no puede haber terreno común entre los humanos y los no humanos: o son percibidos como pertenecientes a comunidades interconectadas, y en consecuencia el naturalismo pierde su carácter predicativo, o bien permanecen confinados en dominios ontológicos separados, y la dialéctica de la reciprocidad no es más que una metáfora para expresar una imposible aspiración a superar el dualismo" (Descola, 2001, p. Aunque en principio se definiera el naturalismo como un modo de identificación, termina ampliándose a una forma de relación y de clasificación, es decir, se presenta como cosmología extendida y absoluta -una naturaleza unitaria a la que se le sobreponen diversas visiones del mundo que terminan por hacer de la naturaleza objeto exterior a nuestro ser subjetivo (Kohn, 2015)-a la que hay que contraponer la diversidad de formas de relacionarse con el medio. De cualquier modo, el naturalismo ha sido un enemigo que mostró poca oposición debido a sus innegables consecuencias, su fragilidad estaba expuesta desde el momento en el que las mayores perversidades humanas con respecto al medio ambiente fueron identificadas con el patrocinio de una lógica mecánica, racional, progresista y totalizante del mundo (Sahlins, 2011). Otro caso analítico que parte desde el naturalismo como apoyo de proposición teórica es el de Viveiros de Castro (2004Castro (, 2010Castro ( y 2013)). Este autor alega que extrapolar los términos de las discusiones epistemológicas occidentales a otros contextos -amerindios específicamente-, pondría en entredicho las fundamentaciones ontológicas sobre las que aquellas se mantienen. Nuestra dicotomía en esos otros lugares necesitaría de una redistribución y disociación de las cualidades atribuidas a las series paradigmáticas que caen bajo las etiquetas de naturaleza y sociedad (universal-particular, objetivo-subjetivo, físico-moral, hecho-valor, dado-construido, necesidad-espontaneidad, inmanencia-trascendencia, cuerpo-espíritu, animalidad-humanidad). La concepción del mundo en aquellos pueblos, añade, se representa bajo una idea de multinaturlismo. Su diferencia con nosotros reside en las cualidades de perspectivas relativas, o puntos de vista distintos, para diferentes especies de sujetos o personas (humanas y no-humanas), concepción que se enfrenta de manera trasversal a nuestras oposiciones históricas (Viveiros de Castro, 2004, p. El concepto de multinaturalismo deviene de la idea de multiplicidad de Deleuze y Guttari (2006, p. 39), definida como herramienta cognitiva y analítica, oportunamente sustantivada, que permite escapar a la oposición abstracta de lo múltiple y lo uno, de su dialéctica, y llegar a pensar lo múltiple en estado puro, sin constricciones numéricas que se desprenden de las polaridades. El de multiplicidad, añade Viveiros de Castro (2010, pp. 100-102), es el metaconcepto que define cierto tipo de entidad cuya imagen concreta es el "rizoma", siendo antiesencialista y antitaxonimista, liberando al conocimiento antropológico de los dualismos que han construido los muros epistemológicos de la disciplina desde los siglos XVIII y XIX 2. El multinaturalismo sería opuesto a las cosmologías multiculturalistas modernas basadas en la implicación dependiente entre la unidad de la naturaleza y la multiplicidad de las culturas. Es decir, en la idea moderna occidental se da por hecho que la naturaleza existe gracias a la universalidad objetiva de los cuerpos y las sustancias, mientras que la diversidad de culturas viene garantizada por la particularidad subjetiva de los espíritus y el significado. En cambio, las concepciones a406 multinaturalistas no occidentales responderían a una unidad del espíritu y a una diversidad de los cuerpos. La cultura o el sujeto serían la forma de lo universal mientras que la naturaleza o el objeto la forma de lo particular (Viveiros de Castro, 2004, p. Una teoría indígena característica de la alteridad que consolida sus argumentaciones en la idea de multinaturalismo posibilita, sugiere Viveiros, que haya una emancipación del pensamiento europeo, ya que esta metafísica posestructural y rizomática (Viveiros de Castro, 2010) se erige en pos de la descolonización intelectual al presentarse como fondo común cosmológico y cultural panamericano. El perspectivismo sería multinaturalista porque una perspectiva no es una representación; estas últimas son una propiedad de la mente mientras que las perspectivas se localizan en el cuerpo (Viveiros de Castro, 1998, p. Esta alegoría, exégesis nuestra, resalta las diferencias entre las relaciones en el medio ambiente occidental (natural, reificado y pensado), y las interacciones vividas en los entornos no occidentales (social, habitados y co-construidos). En otras palabras, el naturalismo se basa en una ontología que postula el carácter natural de las relaciones entre naturaleza y cultura, mientras que el multinaturalismo viveiriano resalta el carácter social en el intervalo que se produce entre las relaciones de la serie humana y no-humana (Viveiros de Castro, 2004, p. Una vez más el naturalismo como ontología desdichada -para Viveiros ontología multiculturalista-surge para dar consistencia a un aparato teórico que defiende ir más allá de los dualismos. Tim Ingold, por su parte, también fundamenta sus propuestas en contraposición al naturalismo. Cree que el discurso comúnmente conocido como "occidental" gravita ontológicamente en la separación de los ámbitos de lo subjetivo y lo objetivo, siendo el primero entendido como un mundo interior de la mente y del significado y el segundo como el mundo exterior de la materia y la sustancia (Ingold, 1991, p. Para un enfoque genuinamente ecológico, argumenta, la Antropología tendrían que desprenderse de los fundamentos mismos del paradigma explicatorio occidental, básicamente aguantados por ideas de orden, racionalidad y uniformización (Ingold, 1993). Estos se vinculan a ideas neodarwinistas que anclan sus argumentos en la distinción entre genes y ambiente, construidos sobre una tradición del pensamiento occidental más antiguo y asentados sobre las diferencias entre forma y sustancia (Ingold, 2008, p. Sugiere que esa tradición de pensamiento hace difícil dirimir las diferencias entre mente, cuerpo y cultura, pues esta se sustenta en una ortodoxia científica de relaciones bio-psico-sociales que ha sido la dominante sobre las explicaciones del vivir y actuar del ser humano. 12) propone utilizar la noción de persona-organismo para superar la linealidad y la estructura jerárquica de esa relación. Esta conceptualización también viene pulida, en parte, por una contraposición argumentativa a la cultura occidental. Lo que nosotros aquí venimos denominando naturalismo vuelve a servir de puntal sobre el que arrojar una serie de culpas típicas del modelo cultural occidental, a saber: etnocentrismo, percepción de superioridad y descrédito con para los otros no occidentales. De este modo el autor entra en un debate entre lo universal y lo particular desde un punto de vista constreñido por su amplitud genérica, al comprender Occidente, y lo que no lo es, sin matizaciones y parcialidades. La noción de persona-organismo se fundamentaría no en la composición de diferentes factores interconectados si acaso en algún momento, como se propone desde la tradición ortodoxa científica (léase occidental y cartesiana), sino centrándose en los procesos de crecimiento y desarrollo en contextos particulares que contribuyen, al mismo tiempo y con su presencia, al desarrollo de otros (Ingold, 2008, pp. 28-31). En una de sus obras más importantes Ingold (2000) vapulea las hipótesis deterministas y posibilistas que hasta finales del siglo XX habían acaparado los estudios de las relaciones entre los humanos y el medio ambiente. Se centra en hacer una crítica que supere la matriz bio-psico-social que ha dominado los estudios antropológicos. Afirma que la ciencia social debería introducirse en un modelo de pensamiento sistémico, no lineal ni determinista, intentando superar los programas dualistas que heredó siglos antes. En ese sentido sitúa lo que tradicionalmente han sido las relaciones verticales entre sujeto y objeto en un mismo plano horizontal de vinculación ecológica, donde cada parte se implica con la otra de manera sensorial a través de la acción en una suerte de "ecología sensible" (Ingold, 2000, p. La contraposición de sociedades no occidentales a "nuestra" homogénea cultura occidental es una constante en toda la obra. Claro queda cuando el autor se adentra en casos de estudios específicos y de ellos extrae argumentos que superan el lastre binario a través de meta-reflexiones innovadoras y, al mismo tiempo, devastadoras con cualquier vestigio dual de pensamiento. El pensamiento occidental la mayoría de las veces queda definido de forma negativa en esa comparación invariable. Esto es, sin duda, central en muchos discursos actuales que construyen un planteamiento ecológico a406 de las relaciones entre el medio ambiente y la sociedad. El modelo naturalista, llamado indistintamente, pero definido rápidamente por alusiones a Occidente, es un firme soporte para superponer sobre él lo que sucede en otras partes del mundo. Por ejemplo, Hornborg (2001, pp. 66-67) habla de descontextualización del pensamiento de la modernidad, caracterizado por la apropiación, la dominación, el ataque, la conquista, la dominación y la "objetificación" de la naturaleza en Occidente. 88) caracteriza un modelo perverso y lo sitúa en Occidente, definiéndolo como orientalista (explotador y con reciprocidad negativa) y paternalista (protector del cuidado del cosmos). Arturo Escobar se muestra más clarividente al definir las características del modelo naturalista denominado por él como colonialidad de la naturaleza: "Muy esquemáticamente, las principales características de la colonialidad de la naturaleza, según lo establecido por innumerables discursos y prácticas en la Europa post renacentista y más allá de ella, incluye: a) clasificación en jerarquías («razón etnológica»), ubicando a los no-modernos, los primitivos y la naturaleza en el fondo de la escala; b) visiones esencializadas de la naturaleza como fuera del dominio humano; c) subordinación del cuerpo y la naturaleza a la mente (tradiciones judeo-cristianas, ciencia mecanicista, falogocentrismo moderno); d) ver a los productos de la tierra como si fueran productos del trabajo únicamente, es decir, subordinar la naturaleza a los mercados impulsados por los seres humanos; e) ubicación de ciertas naturalezas (coloniales/tercer mundo, cuerpos femeninos, colores de piel oscura) afuera del mundo masculino eurocéntrico; f) la subalternización de todas las demás articulaciones de biología e historia a los regímenes modernos, particularmente de aquellos que despliegan una continuidad entre lo natural, lo humano y lo supernatural -es decir, entre el ser, el conocer y el hacer-" (Escobar, 2011, p. En definitiva, Occidente queda definido por el naturalismo y este se caracteriza con Occidente, siendo asignaciones ontológicas automáticas y apresuradas que poseen como sustrato común un modelo de "colonización" de la naturaleza. Así queda identificado, a su vez, en términos opuestos a las relaciones ecológicas que se producen en otros lugares del mundo 3. En ese sentido, ¿podemos certificar que, a pesar de tener identificada una cosmología dualista en el contexto occidental, se extiende ella misma a todo Occidente?, ¿hay seguridad de que en la actualidad no existen en el contexto occidental realidades en las cuales los me-canismos de interacción con el medio se producen de forma no dualista? Y lo más importante, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de naturalismo occidental? Ante estos cuestionamientos, nosotros definimos como naturalistas a teóricos y a teorías que efectivamente ofrecen cuenta y verdad de que el naturalismo existe, basándose posteriormente en él para construir paradigmas de relacionamiento ecológico como antítesis de lo que ocurre en el contexto occidental. CONTRA LA PARCIALIDAD Y LA HOMOGENEIZACIÓN: CRÍTICAS AL MODELO TEORÉTICO NATURALISTA Podemos decir que la deconstrucción del proyecto dualista favoreció ir más allá de los estados y las sustancias para centrarse en procesos y relaciones (Descola y Pálsson, 2001, p. Sin embargo, la construcción social de la naturaleza en Occidente, como hemos visto, se toma como pre-dada, estática y esencialmente dual. La idea parece estar bien registrada, sin posibilidad de ambigüedades y suficientemente elaborada como para negar su existencia. Esta homogeneización de la representación de la naturaleza en Occidente es una de las primeras críticas que pueden verterse sobre los modelos teóricos que se sustentan en el naturalismo. Si bien ha servido para construir a partir de él un aparato teórico orientado a superar las clásicas dicotomías, no ofrece cabida a matizaciones donde modelos cosmológicos o de acción práctica occidentales presenten hibridaciones (Citro y Gómez, 2013; Bartolomé, 2014) o simplemente tengan sus propias multiplicidades (Yates-Doerr y Mol, 2012). 118), son modelos que rotundamente conducirían a la antinomia y están condenados a permanecer en el terreno de la utopía. La posición hermética que adopta el modelo naturalista (recuérdese que aquí es tomado como aquellos autores y teorías que efectivamente dan cuenta y verdad de que el naturalismo existe) evita cuestionamientos en la medida de lo posible, ya que las particularidades concretas correrían una suerte de relativización contra la que también se ha combatido duramente. En ese sentido, se asemeja a un absoluto que desprende resultados uniformes, homogeneizando formas de vida bajo generalizaciones parciales sin tener en cuenta transformaciones políticas, económicas, sociales, territoriales, o incluso la historia, de los diferentes contextos (Ramos, 2012; Bessire y Bond, 2014; Vigh y Sausdal, 2014; Kohn, 2015) 4. El naturalismo se ha convertido, y por lo tanto reducido, en un desconocido "otro" etnográfico que se postula como salida a las argumentaciones antro-a406 pológicas de otra cosa, siendo elusivo al tomar en serio realidades etnográficas alternativas (Candea y Alcayna-Stevens, 2012, pp. 36-37). Por otro lado, los hallazgos de los autores que utilizan el naturalismo como sustento teórico siempre se presentan en negativo. Achacan el dualismo a la cultura occidental y lo contraponen a sociedades donde este no es explícito, pero a pesar de ello no se informa de posibles variaciones transculturales, como tampoco se instiga a preguntarnos acerca de por qué en unas sociedades ocurre una cosa y en otras lo contrario (Shankman, 1998(Shankman,, p. El modelo naturalista, aun no coincidiendo con esas premisas, sí que ha servido para contraponer modelos teóricos que sean comprendidos de manera efectiva en Occidente, a pesar de que algunos autores discrepen al señalar que la dicotomía naturaleza-sociedad resulta inadecuada no solo al entender las realidades no occidentales, sino que, por ejemplo, la práctica científica moderna nunca ha podido cumplir con las normas del paradigma dualista (Latour, 2007). En esta línea se encuentra el argumento de Sahlins (2014, pp. 288-289), el cual objeta que en la práctica occidental se produce de forma común dotar de "cuerpo social" y de personalidad humana a animales, a plantas y a cosas inorgánicas, lo cual no puede ser oscurecido por una teoría que se contraponga a esa región de manera genérica, no dejando esta de ser una más entre otras. Habría, por tanto, que cuestionarse en qué medida podemos negar la existencia de modos occidentales modernos de animismo o perspectivismo en los procesos socio-subjetivos de organización de la experiencia en el entorno (Pazos, 2007, p. Esto requeriría un compromiso empírico con Occidente en el que se demostrase que no es como pensábamos que era (Candea y Alcayna-Stevens, 2012, p. 40), mostrándolo como estilo más que como un lugar (Yates-Doerr y Mol, 2012). Grove y Rackham (2001), por ejemplo, señalan que es imposible concebir a día de hoy espacios inalterados por la acción humana en el occidente europeo, sobre todo en la cuenca mediterránea, lo que dirime de alguna forma las dicotomías. Las limitaciones del modelo naturalista provienen, como decimos, de la exclusión del contexto occidental de su propio cuerpo teórico -o más bien por oponer a este las sociedades no occidentales estudiadas-sin ninguna clarividencia que reafirme lo que se está oponiendo y sin contraejemplos empíricos que lo apoyen. Esto redunda, no obstante, en otro dualismo que viene definido a través de la oposición occidental-no occidental, nosotros-ellos o interior-exterior (Candea, 2011), subyaciendo la concepción de que existe un "pensamiento indígena" o "amerindio" diferenciado de un supuesto y homogéneo "pensamiento occidental" (Bartolomé, 2014, p. El problema, aparte de la vuelta a evolucionismos secuencialmente organizados que van desde "barbarie" a "civilización", es que no se explora la eficiencia que se dice que tienen en la realidad occidental aquellos dualismos que se denuncian. Como el propio Viveiros de Castro paradójicamente afirma, los dualismos cartesianos son lo más repulsivo que anda por ahí y cada quien ama deconstruir y se complace en mostrar qué sociedades no lo tienen (Viveiros de Castro, 2012, pp. 118-119). Sin embargo, a veces no se sabe muy bien sobre quién o quiénes recae el modelo naturalista, unas veces se presenta en las obras haciendo referencia a la sociedad en general y otras, efectivamente, se presenta anclado en la tradición científica (Fischer, 2014; Morales Inga, 2014). Por otro lado, existe una distancia explícita entre las teorías con fundamento naturalista y la práctica real. En su ejecución se ha producido un trabajo de corte abstracto y exótico que no pasa la prueba de la práctica, pues olvida cuestiones políticas o movimientos conflictivos (Pazos, 2007, pp. 376-377). En este sentido las corrientes naturalistas, las que dan crédito y verdad de que efectivamente el naturalismo existe, gastan más energía en oponer sus teorías a un supuesto naturalismo que en la profundización de la lectura de los autores de los que abrevan (Reynoso, 2015) o en la materialización y operativización de su modelo teórico (Morales Inga, 2014). Su abrumadora devastación del panorama teórico en lo que se refiere a estudios ambientales se ha fundamentado, en gran parte, por atacar frontalmente a los dualismos que desde hace mucho tiempo caminaban con nosotros, pero una vez superados, no se puso en cautela la hipótesis naturalista para su refinamiento. En esa deconstrucción de los dualismos existe una elección intencionada de palabras que exageran el cuestionamiento de las problemáticas identificadas, ya que la evidencia de que existan relaciones complejas entre humanos y animales no prueba que la dicotomía naturaleza-sociedad esté visceralmente carente de sentido (Williams, 1998; Bartolomé, 2014). Todas estas objeciones desembocan en una serie de hitos críticos que identificamos dentro de los postulados teóricos que utilizan el naturalismo como sustento de construcción epistemológica y que se asemejan en su contenido a las diferentes crisis que la disciplina antropológica ha sufrido a lo largo de su historia, a sa-a406 ber: crisis de objeto, del método y de representación (Velasco y Díaz de Rada, 2006). La elaboración de concepciones acerca de las relaciones que la gente establece con el medio -realizada en sociedades indígenas no occidentales y recogidas por los autores que nosotros denominamos naturalistas-encierran un etnocentrismo hábilmente enmascarado. Su propensión a subrayar una especie de exotismo místico (Pazos, 2007) en prácticas rituales y formas cosmogónicas de esas relaciones encubre y refuerza, desde otros presupuestos, algunos de los estereotipos sobre las culturas no occidentales que ya fueran superados con anterioridad (Cantón, 2008, p. Pero quizás no se dé esto en la mayoría de los textos sino la incapacidad de presentar ese modelo -que sirve para problematizar el naturalismo occidental-volcado sobre el propio contexto de partida naturalista. Es decir, una omisión de Occidente hace unidimensional un objeto de estudio que se muestra como radicalmente diferente a las condiciones de experiencia de origen de los etnógrafos, la mayoría de ellos formados en centros occidentales. Esta forma de abordaje recae de nuevo sobre la idea de una Antropología colonial, pues pocas veces tienen en cuenta -así lo demuestran los trabajos-las relaciones extracontextuales y con los procesos amplios globalizados (Bessire y Bond, 2014; Hage, 2014, 13 de enero), existiendo en ellos la ilusión de que las sociedades estudiadas no han sufrido influencias externas o relaciones socioeconómicas con otros pueblos (Velasco y Díaz de Rada, 2006). Los relatos y proposiciones teóricas acerca de sociedades no occidentales y sus relaciones con el medio ambiente han sido más complejas que lo que las relaciones son en sí mismas, eludiendo procesos transformativos, comunicativos, históricos o socioeconómicos que esas "comunidades" han experimentado, presentándolas como independientes, autosuficientes, emancipadas del mundo occidental, y posicionándolas en lugares que ellos mismos no han elegido (Graber, 2015). Todo ello reaviva algunos interrogantes sobre las condiciones de posibilidad de realizar una "antropología en casa" (Jackson, 1987) cuando los postulados teóricos no dan margen para ello, ya que en su mismo seno se dilapida esa posibilidad al eliminar cualquier redefinición crítica de los dualismos identidad-alteridad o naturaleza-sociedad 5. En otro sentido, identificamos ciertos problemas en lo que se refiere al diseño y ejecución de las etnografías con soporte en el naturalismo. Pocas veces encontramos en esos trabajos referencias al papel de los antro-pólogos en ese transcurrir metodológico. Los investigadores se presentan como conectores de dos mundos en apariencia alejados (Morales Inga, 2014, pp. 31-32; Vigh y Sausdal 2014), estableciendo explicaciones cerradas más que posibilitando "suministrar contextos" de explicación, lo que les lleva a una cierta cosificación de los sujetos al representarlos como si estuviesen programados de antemano a actuar de una determinada manera (Cantón, 2008, p. Así es porque resulta ingenuamente esencialista el punto de partida que establecen al tomar de forma estática y fija el modelo naturalista al que contraponen sus "siempre limitadas" (Bartolomé, 2014) ideas indígenas de relaciones con el entorno, lo que deriva en unas conclusiones analíticamente sesgadas que reducen la oposición occidental a una mera comprensión formalmente positivista. Sería necesario redescubrir los códigos occidentales de relación con el medio para poder elaborar preguntas significativas (Velasco y Díaz de Rada, 2006, p. 74) y "conclusiones" que dieran impulso a realizar paralelismos sobre una base lícita no distorsionada. Esto nos aboca a la idea de que en esos trabajos existe una ausencia a la reflexividad investigadora, en el sentido en que lo proponía Bourdieu (2003), omitiendo de los relatos la inclusión del investigador en el propio objeto de estudio de manera deliberada y consciente, cuestionándose las ideas mismas que fueron llevadas al trabajo de investigación, el campo propio de su producción y el análisis de los presupuestos habituales ocultos tras la práctica científica: "La práctica de la reflexividad nos permite trascender la confianza ingenua en el mero reconocimiento de la subjetividad, y a superar la disposición "inductivista" que, tanto el positivismo como desde el naturalismo, acaba promoviendo un modelo de investigador social hiperempirista cuya relación con el objeto no es problematizada [...] Por razones opuestas, ambos entienden que es posible una captación extrasubjetiva de la realidad social y, por ello, postulan la distancia entre el sujeto y el objeto de investigación. Aunque los primeros comparen y formulen teorías y los segundos generen descripciones de la vida social, amparados en una metodología ingenua que niega la mediación" (Cantón, 2008, p. Por último, estas dos cuestiones se relacionan con otra de representación (Velasco y Díaz de Rada, 2006, pp. 73-76). Las etnografías soportadas bajo el modelo naturalista se presentan como si fueran las únicas en descubrir novedosamente las formas de relacionarse con el medio que tienen otros pueblos (Pazos, 2007). Su incauta creencia deriva de la ilusión que elimina a406 cualquier atisbo de auto-reflexividad en esa propia cultura, como si nuestra ontología fuese la única capaz de pensar otras (Bartolomé, 2014). En ese sentido, se disuelve la idea de cualquier contacto cultural con cualquier otra forma de pensar lo natural, representando esas realidades bajo mecanismos aislados, al margen de los impactos y penetraciones que el globalismo mundial tiene en culturas locales y cómo este define la formación de significados de los mundos íntimos de los sujetos (Marcus y Fischer, 2000). Pero, es más, esos "descubrimientos" adoptan un punto de vista específico que representa la variabilidad de cosmovisiones bajo una unicidad que condiciona la emergencia de lo múltiple. Cayendo en la universalización estructural de cosmovisiones a través de mecanismos que se muestran como parte "natural" de las potencialidades cognitivas de los individuos, determinan a la manera sociobiológica las manifestaciones de pensamiento y omiten la explicación de sus causas (Bartolomé, 2014, pp. 13-14). A estos tres hitos críticos se les unen la falta de referencias a elementos trasversales como la edad, el género o las estratificaciones de clases, predisponiendo al modelo naturalista definitivamente para una crítica reflexiva interna bastante enriquecedora. Pocas veces -si no ninguna-se centran en las diversas formas de estar y comprender el entorno en función de estos factores estructurantes, lo que lleva a sesgos considerables al homogeneizar comunidades de prácticas que no son efectivamente homogéneas en la misma práctica, donde no existen variabilidades al presentarlas como un estado de cosas esencializadas sin posibilidad de cambio o transiciones dinámicas 7. La intención de los postulados naturalistas, tal y como los caracterizamos aquí, es extender otro tipo de pensamiento -perspectivista, animista, monista, etc.bajo una metafísica occidental que ha opacado sin cuestionamientos otras realidades y formas ontológicas de relación con el entorno. Sin embargo, tales tipos de pensamiento alternativo no necesitan estar siempre fuera de Occidente o de la modernidad occidental, o lo que es más significativo, tales tipos de pensamiento alternativo no pueden ser siempre yuxtapuestos a la metafísica occidental cuando su presentación misma se enmarca dentro de una filosofía occidental que bien podría ser deformada por las diferentes formas de pensamiento que encuentra (Kohn, 2015, p. No obstante, al hacerlo, obvia poner en cautela elementos de carácter epistemológico, metodológico y práctico, lo que no solo plantea interrogantes sobre quién y desde dónde se construye el marco de partida y por qué esa voluntad de recurrir a él, sino que también deja abiertos cuestionamientos acerca del mismo marco, sus orígenes, desarrollos y mutaciones. 136) señalan que sería conveniente especificar los significados del naturalismo con suficiente precisión para no realizar imposiciones espurias sobre una supuesta constitución moderna occidental, pues en cierto modo esto es una manifestación última de un antropocentrismo moderno que se mantiene vigente al intentar abolirse a sí mismo. Para estos autores el naturalismo, tal y como es tratado por las corrientes que hemos identificado aquí como naturalistas, no se fundamenta en la tesis dualista que separa la naturaleza de la sociedad o a los humanos de los animales (aspectos ciertamente discutibles en la historia de la filosofía, la antropología, la sociología y la vasta realidad occidental) sino que intenta posicionar al ser humano contra el discurso de las ciencias duras, escondiendo en realidad la extensión de otra Gran División histórica entre las ciencias sociales y las ciencias de la vida. Casi cuarenta años después de la revolución anti-dicotómica, los estudios siguen siendo parciales y sesgados, y el enfoque ecológico no deja de ser totalizante y homogeneizador (Bartolomé, 2014). El naturalismo lo consideramos, de este modo, como modelo accidental, concreto e incrustado en una multiplicidad de tipos cosmológicos y prácticos de relación con el entorno que se dan en el contexto occidental, pero de ninguna manera como fundamento que legitime, por contraposición a él, un aparato teórico de relaciones ambientales, básicamente porque este no opera como se le define. O de otra forma, el naturalismo no puede ser concebido como la columna vertebral que garantice un proyecto comparativo porque al mantenerse confinado en su formulación mantiene junto a él de forma inalterable a otras alternativas ontológicas de relación con el entorno. 308), si alguno de los cajones se rompiese, todo ese ejercicio comparativo se pondría en peligro, pues el naturalismo no es tanto una variedad de conocimiento tácito como una máquina para producirlo y naturalizar los regímenes ontológicos de otros. Reivindicamos así la variabilidad y matización de un modelo paradigmático que, si bien supuso un obstáculo para el análisis socioecológico por estar preñado de dicotomías que opacaban diferentes realidades, propició el origen de perspectivas innovadoras, superadoras, extensivas y generales para los análisis de las relaciones humano-ambientales en otras partes del mundo al tomarlo de forma homogénea y generalista. El naturalismo como modelo teorético ha hecho presuponer que la "naturaleza" existe ajena a la voluntad humana y que se construye por igual en todos los lugares, prácticas y actividades occidentales en relación al medio (Descola, 2001, p. No concibe la posibilidad de entender modelos híbridos, variables y matizados, y menos aún comprender lugares de Occidente donde no opere con efectividad. El que no se haga puede estar justificado, pues las tendencias de la modernidad son parte inseparable del dualismo cartesiano y, sin duda, están minando saberes y prácticas locales e históricas. Pero esto no dirime, ni agota, el hecho de que a pesar de que se tengan presentes esas categorías mentales de naturaleza, medio ambiente y ecosistema como algo exterior a lo humano, existan muchos lugares y diferentes prácticas en el mundo occidental donde sea imposible establecer una dicotomía tan plausible. Un proceso reflexivo donde se discutiera su efectividad haría avanzar en la posibilidad analítica de esos modelos construidos al amparo naturalista. Esta comprensión no solo debe limitarse a las acciones utilitarias en las que los humanos se aprovechan, como "parásitos" de la "naturaleza", del medio ambiente y sus recursos, como si de una mera transacción material se tratase, ahondando ello en la polaridad. Habría que establecer mecanismos analíticos en los que se infiera la interrelación de formas prácticas, materiales, representacionales y simbólicas con el territorio y sus composiciones, mirar sobre otro tipo de compromisos que normalmente han sido obviados. Se abriría así un gran campo analítico y de posibilidades para el estudio del ser humano y su relación con la naturaleza en Occidente desde un paradigma desprejuiciado de un naturalismo pre-dado en el discurso científico y otorgado a la sociedad en general. El trabajo que presentamos ha sido elaborado en el marco de financiación del Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno de España para Ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU 2013). Agradezco los comentarios constructivos que sobre el texto han realizado la Comisión Editorial de la Revista Arbor y la revisión anónima. Del mismo modo quiero hacer notar mi gratitud a colegas con los que he debatido parte de las cuestiones aquí tratadas. En el mismo sentido se posiciona Bruno Latour (2013) cuando se refiere a que su proyecto no es tanto de carácter epistemológico como ontológico, pues la inversión de la investigación hacia un mundo donde los modos de existencia están plagados de entidades múltiples revierte el antropocentrismo moderno que sitúa la dicotomía sujeto y objeto, o interior y exterior, en el primer plano analítico. Los postulados que hemos repasado aquí de manera sucinta conforman la base estructural sobre la que se ha fundamento el movimiento mayor de investigaciones centradas en lo ontológico, y básicamente responden a tres estrategias etnográficas distintas (Salmond, 2014, pp. 162-167): una fenomenología ecológica llevada a cabo por Tim Ingold, una cartografía ontológica presentada por Philippe Descola, y un enfoque recursivo inherente al proyecto de Eduardo Viveiros de Castro y otros colaboradores (Holbraad, Pedersen y Viveiros de Castro, 2014) en el cual se manifiesta el carácter metodológico de sus propuestas al poner el énfasis en los problemas de acceso a la alteridad. El marcado giro hacia la ontología ha tenido gran resonancia en las antropologías de Gran Bretaña, Francia, Escandinavia, Australia, Japón, América del Norte y, cada vez más, en América del Sur, especialmente en Brasil (Salmond, 2014, p. Podría decirse, no obstante, que el giro ha sido pronunciado y fomentado desde contextos naturalistas, algo que consideramos crucial para atender a las críticas que a continuación realizaremos. La autora se refiere al naturalismo como corriente de pensamiento que busca captar en toda su pureza, en su "estado natural", la realidad social con fines de objetividad, diferenciándose del positivismo por procederes analíticos fenomenológicos. Las confusiones que puedan generarse entre esta definición y la que nosotros utilizamos aquí para caracterizar a los postulados que lo relacionan con un modelo occidental derivan de las diferentes formas de naturalismo, las cuales no son especificadas en los trabajos que estamos revisando. En la cita anterior la referencia sería a un naturalismo metodológico centrado en el procedimiento de captar estados naturales, mientras que las propuestas naturalistas de las que nos ocupamos en este texto se refieren a un naturalismo filosófico extenso, el cual comprendería a406 indistintamente un naturalismo ontológico, un naturalismo metodológico y un naturalismo epistemológico (Diéguez, 2014). Quizás sea el desconocimiento o la omisión de esta matización la razón por la cual los autores adscriben el naturalismo indistintamente a la sociedad occidental en general o a la parcela científica en particular. La multiplicidad ontológica -que se relaciona directamente con los postu-lados naturalistas-, presenta mundos cerrados donde la creatividad de generación o modificación de esos propios mundos queda constreñida y atrapada al neutralizar las fuerzas y energías del mundo de la vida (Ingold, 2016). Aunque Tim Ingold parece estar interesado en criticar el naturalismo durante los últimos años, gran parte de su teoría -como comprobamos al principio del texto-gira entorno a él, contraponiéndo-le otras formas ontológicas y dando por hecho que existe y opera en Occidente. Su intención ahora, paradójicamente, no es "refutarlo" sino "desestabilizarlo" (Ingold, 2016, p. 304), algo que creo tiene más que ver con la subida al carro de la moda ontológica y con el impacto académico que ha producido en las posibilidades de hacer antropología en los contextos dominantes de la disciplina.
Existe una tendencia en los estudios CTS contemporáneos a contraponer modelos deficitarios y modelos democráticos de divulgación científica. Esta contraposición suele apoyarse en lo que se conoce como el nuevo contrato social sobre ciencia y tecnología, y puede formularse así: mientras el viejo contrato social implicaba un modelo deficitario de divulgación científica, el nuevo contrato social implica un modelo democrático, que no es deficitario. En este artículo, defiendo la tesis de que dicha contraposición está mal fundada por dos razones. PALABRAS CLAVE: divulgación científica; modelo democrático de divulgación científica; déficit epistémico; déficit político. Parece claro que una aproximación comprehensiva a la historia del siglo XX resulta incompleta si se ignora el rol de la ciencia y la tecnología en él. No es exagerado afirmar que estas tuvieron un papel preponderante en la consolidación de los estados nacionales durante ese siglo, debido a su papel en eventos como las dos primeras guerras mundiales, conocidas como guerra de los químicos y guerra de los físicos respectivamente, y en la guerra fría (Kevles, 1995). La ciencia y la tecnología multiplicaron la capacidad destructiva de los seres humanos respecto a ellos mismos y al planeta en general, y como consecuencia generaron serias dudas acerca de uno de los ideales fundamentales del mundo moderno: que el conocimiento científico y tecnológico es necesariamente beneficioso para la humanidad, y por ello los estados deben hacer lo posible para promoverlo y desarrollarlo en sus sociedades y entre sus ciudadanos. El escepticismo sobre este ideal llevó a buscar nuevos medios para establecer relaciones más estrechas y de mayor confianza entre ciencia, tecnología y sociedad. El argumento principal es que, al menos en los estados democráticos, los ciudadanos no solo deben participar, sino que tienen derecho a participar, en ciencia y tecnología, pues son asuntos que les afectan directa e indirectamente. Pero para que esto pueda suceder, esos mismos ciudadanos deben estar mejor informados sobre ciencia y tecnología. De otro modo, su participación resultaría inocua. Para garantizar tal participación y la democratización asociada con ella, en las últimas décadas se ha empezado a hablar, especialmente a partir de la Conferencia Mundial sobre Ciencia de Budapest en 1999 (Cetto, 2000), acerca de la necesidad de implementar un nuevo contrato social sobre la ciencia y la tecnología que reemplace al viejo contrato social (Lubchenco, 1998; López Cerezo, Méndez Sanz y Todt, 1998; Gibbons, 1999; Guston, 2000; Olivé, 2003; Lozano, 2005). Olivé caracteriza estos dos contratos de la siguiente manera. En el viejo contrato social, que suele asociarse con el informe Science, The Endless Frontier, presentado por Vannevar Bush al presidente de los Estados Unidos en 1945, el sistema científico recibe apoyo de la sociedad por medio del Estado -especialmente para la investigación básica, cuyos resultados difícilmente tienen un valor de mercado-, se mantiene autónomo y relativamente aislado, es decir, fija sus propias reglas y metas y, a la larga, la sociedad se beneficia por me-dio de la ciencia aplicada y de la innovación tecnológica (Olivé, 2003, p. En el nuevo contrato social, por el contrario, la ciencia y la tecnología no aparecen aisladas del resto de la sociedad, sino inmersas en ella, por lo que es imprescindible tomar en cuenta el papel de los funcionarios del Estado, de los industriales y empresarios, así como de los ciudadanos en general, pues en una sociedad democrática todos ellos deben sancionar positiva o negativamente el gasto público para desarrollarlas. Esta es una razón fundamental por la cual estos tres sectores -Estado, empresarios y ciudadanos-deben tener una mejor y más adecuada comprensión de los sistemas de ciencia de un país, de una región, o del mundo: qué son, cómo funcionan, por qué son importantes, y cómo pueden coadyuvar a la resolución de problemas y a satisfacer demandas sociales provenientes de sectores con distintos intereses (Olivé, 2003, p. En el viejo contrato social se definía una relación unidireccional entre ciencia, tecnología y sociedad: la sociedad apoyaba económica y políticamente a la ciencia y la tecnología, pero sin que tuviera derecho a intervenir en ellas. Como contrapartida, obtenía beneficios que garantizaban su progreso y mejores niveles de bienestar. En el nuevo contrato social la relación es bidireccional. La ciencia y la tecnología no aparecen aisladas, sino que hacen parte de un sistema de valores éticos, políticos, económicos, culturales y sociales mucho más amplio que las lleva a adquirir diferentes compromisos con la sociedad. A cambio, ciencia y tecnología reciben el apoyo de la sociedad, pero con la salvedad de que esta a su vez adquiere el derecho a intervenir en cuestiones científicas y tecnológicas cuando lo considere pertinente. Para alcanzar las metas de este nuevo contrato social, debe garantizarse la participación de los ciudadanos, y esto exige una formación adecuada en temas de ciencia y tecnología. De ahí que la divulgación científica adquiera un papel fundamental en la configuración de estas nuevas relaciones. Ella permitiría formar ciudadanos con la competencia suficiente para participar de un modo idóneo en debates sobre ciencia y tecnología, y tomar así decisiones bien fundadas sobre distintos factores científicos y tecnológicos que los afectan directa e indirectamente (Castellanos, 2008; Cazaux, 2008; Lozano, 2008; Arias Cadavid, 2011; Perrault, 2013). La divulgación científica sería, en definitiva, el medio más apropiado para garantizar la participación ciudadana y democratizar el conocimiento científico y tec-a407 nológico. Pero para ello se insiste en la necesidad de abandonar un modelo deficitario de divulgación científica, y promover en su lugar un modelo democrático. Esta tendencia a contraponer modelos deficitarios y modelos democráticos de divulgación científica suele justificarse en las perspectivas abiertas por el nuevo contrato social, y puede formularse de la siguiente manera: mientras el viejo contrato social implicaba un modelo deficitario, el nuevo contrato social implica un modelo democrático, que no es deficitario. En este artículo defiendo la tesis de que dicha contraposición está mal fundada por dos razones. Pero antes de abordar este problema, es importante hacer una aclaración terminológica. Los términos se multiplican, y por ello se emplean indistintamente algunos como popularización científica, vulgarización científica, difusión de la ciencia, comunicación de la ciencia, divulgación tecnocientífica, periodismo científico, comunicación científica pública, comunicación social de la ciencia, comunicación pública de la ciencia y la tecnología, apropiación social del conocimiento, apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación y otros similares. En todos los casos, se reconoce que estos términos pertenecen al mismo universo lingüístico y conceptual, pero con cada uno de ellos se pretende ser más preciso que con los demás al tratar de determinar los elementos de ese universo. En otras palabras, el desacuerdo terminológico no parece reflejar un desacuerdo conceptual fundamental sobre el proceso comunicativo que se intenta describir. Dada esta variedad terminológica, tomo el término divulgación científica como un hiperónimo de todos los demás. Y para ello asumo una postura basada en tradiciones wittgensteinianas y quineanas de filosofía del lenguaje, de acuerdo con la cual el significado de un término viene determinado por su uso, y no por alguna característica específica del mundo exterior. Por eso no considero que ninguno de los términos de ese universo lingüístico sea intrínsecamente deficitario, participativo, democrático, o cualquier otro calificativo similar, como se da a entender en ocasiones sobre algunos de ellos. Más bien los términos tendrán usos deficitarios, democráticos o participativos, y eso les dará un significado particular. Así que emplearé divulgación científica como un hiperónimo, pero el lector podrá reemplazarlo siempre por su término favorito. En ningún caso, eso afectará el argumento principal que quiero desarrollar en este artículo. MODELOS DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y EL PROBLEMA DEL DÉFICIT Lewenstein (2003Lewenstein ( y 2010) ) plantea que hay diversos problemas vinculados con la divulgación científica, y ellos tienen que ver con asuntos como qué significa hacer divulgación científica y quién la hace o debe hacerla, qué metas tiene, quién se beneficia o se perjudica, entre otros. Con el fin de resolver estos problemas, se han formulado diversos modelos comunicativos de divulgación científica, que él sistematiza en cuatro grandes grupos. El primero es el modelo del déficit, que se caracteriza por asumir que el público tiene un déficit de conocimiento sobre temas de ciencia y tecnología, y propone que se diseñen e implementen programas para subsanarlo. El público aparece aquí como un barril vacío que es necesario llenar de conocimientos científicos y tecnológicos. Como contraparte, se ofrece la promesa de que una vez subsanado el déficit, las condiciones sociales serán mejores tanto para el sistema de ciencia y tecnología como para el público. El segundo es el modelo del contexto que, aunque acepta que el público puede tener visiones incorrectas sobre diferentes aspectos de la ciencia y la tecnología, niega al mismo tiempo que ese público sea algo así como un barril vacío. Más bien las personas responden a la información científica y tecnológica de acuerdo con los contextos particulares en que la reciben. Estos contextos pueden ser sociales, culturales, políticos, económicos e incluso psicológicos, y se cruzan permanentemente entre sí. Entonces no hay propiamente un déficit de conocimiento, pues las personas construyen su propia comprensión del conocimiento científico y tecnológico con base en los contextos específicos que atraviesan en un momento dado. La promesa aquí es que, si se tienen en cuenta a407 estos contextos, las personas desarrollarán visiones más adecuadas de tal conocimiento. El tercero es el modelo del experto profano (lay expert), que establece una diferencia fundamental entre dos tipos de experticia: la de los expertos y la de los profanos. Los primeros sin duda tienen conocimiento especializado en temas de ciencia y tecnología. Pero los segundos tienen también sus propias formas de conocimiento especializado, solo que este es un tipo de conocimiento local, no propiamente científico y tecnológico. Este es un conocimiento ubicado en situaciones socioculturales concretas, como el que puede adquirir una comunidad de agricultores sobre los riesgos de un insecticida a partir de su uso en campo. Desde este modelo se propone que este conocimiento local es tan relevante para una sociedad como el conocimiento científico y tecnológico, y en algunas circunstancias incluso mucho más. Por eso debe garantizarse el diálogo entre ambos tipos de conocimiento, de modo que el profano también tenga la oportunidad de decidir sobre temas de ciencia y tecnología a partir de su propia forma de experticia, al menos con respecto a los riesgos y beneficios que aquellas puedan traer a su comunidad. Finalmente, el cuarto es el modelo de participación pública, que se enfoca en la necesidad de plantear acciones para mejorar la participación del público en el diseño de la política científica y tecnológica de los países, y con ello incrementar la confianza de las personas en ciencia y tecnología. Se espera que tales acciones den como resultado mayores índices de democratización de la ciencia y la tecnología, de modo que el control sobre estas pase de una élite reducida de científicos y políticos al público y la sociedad en general. Lewenstein separa los dos primeros modelos de los dos últimos, y su justificación es que ambos grupos se enfrentan con problemas diferentes. El primer grupo se concentra en los beneficios que trae el conocimiento científico y tecnológico, y por ello su foco es el diseño de estrategias que generen una mayor comprensión de ese conocimiento por parte del público. En cambio, el segundo grupo se concentra en el desequilibrio que puede existir entre el sistema de ciencia y tecnología y el resto de la sociedad al tomar decisiones que afectan a ambos, y por ello su foco es el diseño de estrategias para que ambas partes estén en igualdad de condiciones en esa toma de decisiones. Puesto en otros términos, el punto que quiere destacar Lewenstein con su análisis, y que resulta particularmente explícito en su artículo de 2010, es que la divulgación científica tiene dos dimensiones distintas, pero complementarias: una dimensión epistémica y una dimensión política. La dimensión epistémica se ocupa de familiarizar al público con los contenidos y los procedimientos de la ciencia y la tecnología, lo que incluye aspectos teóricos y conceptuales, pero también históricos, filosóficos, sociológicos, religiosos, psicológicos, entre muchos otros más. El punto central del proceso divulgativo aquí es el funcionamiento de la ciencia y la tecnología, tanto en términos de sus contenidos y procedimientos, como de las circunstancias vividas por las personas que los llevan a cabo. La dimensión política se ocupa, en cambio, de familiarizar al público con los procesos y mecanismos de participación ciudadana en la generación de dichos contenidos y procedimientos. El punto central del proceso divulgativo aquí es otro: si acaso es deseable que los ciudadanos incidan en ciencia y tecnología y cómo pueden hacerlo, tomando en cuenta sus propias problemáticas y sus concepciones del mundo, sus intereses socioeconómicos, los riesgos asociados a la ciencia y la tecnología, el diseño del estado y su política científica y tecnológica, entre otros factores. En otras palabras, la dimensión política se concentra en asuntos de poder y autoridad en temas de ciencia y tecnología. Una vez se distinguen estas dos dimensiones, el problema del déficit se complejiza mucho más de lo que se reconoce habitualmente. Por una parte, el déficit puede referirse al grado de conocimiento que tienen los ciudadanos sobre ciencia y tecnología. En este caso, los científicos son expertos y el resto de los ciudadanos conforma un público básicamente ignorante sobre asuntos científicos y tecnológicos. Y tal ignorancia puede explicarse de distintas formas: falta de acceso a ese conocimiento, condiciones contextuales particulares que obstaculizan su comprensión, mayor confianza e interés en conocimientos locales que en conocimientos científicos y tecnológicos, entre otras razones. Este sería un déficit de tipo epistémico. Pero el déficit también puede referirse al grado de participación ciudadana en las decisiones sobre ciencia y tecnología. En este caso, independientemente del grado de conocimiento que tenga el público sobre estos temas, son solo los científicos (y los políticos) quienes pueden participar en la toma de decisiones sobre ellos, pues son los únicos con la idoneidad requerida en tales circunstancias. Aquí no resulta im-a407 portante garantizar el derecho del resto de los ciudadanos a participar en ciencia y tecnología, porque sin importar cuánto puedan saber al respecto, simplemente su falta de idoneidad hace que su voz sea irrelevante en los procesos de toma de decisiones. Este déficit no sería de tipo epistémico, sino político. Usar indistintamente el déficit epistémico y el déficit político ha llevado a no reconocer qué tan complejos y variados pueden ser en realidad los modelos deficitarios de divulgación científica. Pues el carácter deficitario de cada modelo depende del tipo de déficit que se tenga en mente. En otras palabras, es posible, por ejemplo, que uno sepa poco de ciencia y tecnología (déficit epistémico alto) y, sin embargo, le garanticen un alto grado de participación ciudadana en la toma de decisiones sobre estas (déficit político bajo). O, al contrario, que uno sepa mucho de ciencia y tecnología (déficit epistémico bajo) y, sin embargo, le garanticen muy poca participación ciudadana en la toma de decisiones sobre ellas (déficit político alto). Así que no hay una correlación directa entre ambos tipos de déficit, como a veces se quiere dar a entender. Y por esa razón, si retomamos las categorías de Lewenstein, es fácil concluir que no solo el primero, sino cualquiera de los otros tres modelos puede calificarse también como deficitario, de acuerdo con el tipo de déficit que se use como referencia. Piénsese en el modelo del experto profano. Este modelo busca poner en igualdad de condiciones a expertos y profanos en los procesos de toma de decisiones sobre ciencia y tecnología. Esto sin duda evitaría distintas formas de déficit político, pues se garantizaría que tanto los conocimientos científicos y tecnológicos de los expertos como los conocimientos locales de los profanos sean parte del proceso de toma de decisiones. Pero esta distinción radical entre conocimientos científicos y tecnológicos y conocimientos locales puede levantarse sobre una valoración positiva de ciertas formas de déficit epistémico. Pues en este caso, puede resultar positivo no solo destacar que ambos tipos de conocimiento pertenecen a esferas completamente distintas del saber, sino que además son esferas que en muchas ocasiones ni siquiera se intersecan. Y por eso no sería en absoluto relevante, al menos no bajo ciertas circunstancias particulares, que los profanos adquirieran conocimiento científico y tecnológico. Lo verdaderamente relevante sería que su voz se oyera en los debates sobre estos temas, incluso si no llegan a figurar como expertos en ellos, incluso si ni siquiera están al tanto de tales temas. Bajo este modelo, por ejemplo, la voz de una comunidad indígena, dado el conocimiento ancestral que posee de su territorio, debe oírse para decidir si se realiza una excavación arqueológica allí o no. Así se contrarresta el déficit político. Pero al mismo tiempo puede ser completamente irrelevante divulgar conocimiento arqueológico a esa comunidad, pues el interés podría ser, digamos, divulgar los mecanismos de participación en ciencia y tecnología que tiene dicha comunidad para evitar la excavación, y no propiamente los saberes sobre evolución humana a que apelan los arqueólogos para justificarla. Aquí podrían valorarse más los saberes locales de la comunidad indígena que los saberes científicos de los arqueólogos, y promover con ello alguna forma de déficit epistémico sobre ciencia y tecnología. EL MODELO DEFICITARIO DEL VIEJO CONTRATO SOCIAL La tesis del nuevo contrato social se apoya en al menos dos presupuestos complementarios: • El viejo contrato social se levanta sobre un modelo lineal de desarrollo científico y tecnológico, y este modelo de desarrollo implica un modelo deficitario de divulgación científica. • El nuevo contrato social se levanta sobre un modelo alternativo de desarrollo científico y tecnológico, y este modelo de desarrollo implica un modelo democrático de divulgación científica, que no es deficitario. El primer presupuesto no resulta particularmente problemático, como espero mostrar en esta sección, pero el segundo es difícil de aceptar, como espero mostrar en la próxima. El modelo de desarrollo científico y tecnológico asociado con el viejo contrato social suele describirse como lineal. Esta línea de desarrollo comenzaría en la ciencia básica, y la idea sería que cuanto mayor sea la inversión en ciencia básica, mejores serán los productos obtenidos a partir de ella. Estos productos serían el insumo principal para realizar investigaciones en ciencia aplicada, las cuales a su vez servirían de base para las investigaciones en ingeniería. A partir de esta última, se generarían procesos de investigación y desarrollo (I+D) que derivarían en innovaciones tecnológicas y repercutirían en incrementos significativos de los niveles de bienestar social de los ciudadanos. Para que este modelo de desarrollo funcione, se asume que la sociedad debe respaldar financiera y políticamente el sistema de ciencia y tecnología, pero sin interferir con él, precisamente porque son los científicos (de la academia y la industria), con ayuda de algunos políticos, quienes saben cómo funciona y cómo debe funcionar este sistema. El modelo emplea así una versión del triángulo de Sábato o modelo de la triple hélice, de acuerdo con el cual el desarrollo científico y tecnológico de los países depende de la intervención conjunta de tres actores: gobierno, academia e industria. De esa forma, se respalda la idea de que solo la academia y la industria, representadas por sus científicos, y el gobierno, representado por sus políticos, deben intervenir en asuntos de ciencia y tecnología. La sociedad tiene la responsabilidad de ofrecerles respaldo, pero no debe esperar ni exigir participación en tales procesos, pues carece de los conocimientos requeridos para hacerlo. Este modelo lineal de desarrollo científico y tecnológico lleva de ese modo a un modelo deficitario de divulgación científica. Pues aquí se asume la existencia de un déficit epistémico que resulta importante subsanar mediante procesos comunicativos, pero solo con el fin de que haya cada vez mayor grado de respaldo social a la ciencia y la tecnología. Sin embargo, el modelo no postula que los ciudadanos carezcan de otras formas de conocimiento. Los ciudadanos no son tabulas rasas, libres de cualquier forma de conocimiento. Por el contrario, ellos tienen un gran número de conocimientos a su disposición. El problema es que esos conocimientos no pueden calificarse como científicos y tecnológicos, y por eso son irrelevantes en términos de participación ciudadana en ciencia y tecnología. Así que no se busca incrementar los niveles de participación ciudadana porque incluso aquellos ciudadanos bien informados sobre ciencia y tecnología aparecerán siempre como aficionados, y no como expertos en estos temas. Es, pues, claro que hay aquí un modelo deficitario. Pero el análisis a partir de las dos dimensiones de la divulgación científica resulta mucho más informativo que aquellos análisis que se contentan con denunciar una oposición insalvable entre déficit y democracia, o alguna dicotomía similar. Pues este análisis permite comprender dos cosas. Por una parte, que la meta última del modelo de divulgación científica asociado con el viejo contrato social es sin duda terminar con el déficit epistémico. Pero, por otra parte, que esto se hace sin la pretensión de alterar en absoluto el déficit político que pueda tener el público en los procesos de toma de decisiones en ciencia y tecnología. EL DÉFICIT Y LOS MODELOS DEMOCRÁTICOS EN EL NUEVO CONTRATO SOCIAL A diferencia del viejo contrato social, el nuevo contrato tiene como una de sus principales aspiraciones romper el triángulo de Sábato, e incluir a la sociedad como una variable más para comprender cómo funciona y cómo debe funcionar el sistema de ciencia y tecnología. En esta nueva concepción, los cuatro componentes (academia, industria, gobierno y sociedad) tienen el derecho y la responsabilidad de intervenir en el sistema. Pero esto genera dificultades en dos direcciones. En primer lugar, se hace necesario redefinir el modelo de desarrollo científico y tecnológico. Y esto lleva, en segundo lugar, a una redefinición del modelo de divulgación científica asociado con él, que se ha querido ver como democrático. El inconveniente, sin embargo, es que al mismo tiempo se ha asumido que existe una oposición es-a407 tricta entre modelos democráticos y modelos deficitarios. Y esto ha llevado a pasar por alto el hecho de que en realidad existen modelos democráticos que al mismo tiempo pueden calificarse como deficitarios. Y creo que hay dos razones para esto. La primera tiene que ver con la noción de participación, que se ha tomado como una condición necesaria y suficiente para distinguir entre déficit y democracia. Necesaria, porque se piensa que cuando se habla de democracia intrínsecamente se apela a alguna forma de participación, y esto no sucedería en el caso del déficit. Y suficiente, porque se asume que incluir la participación en la divulgación científica garantiza de inmediato un rol activo del público frente a la ciencia y la tecnología. Sin embargo, esta manera de ver la participación y su relación con la democracia olvida que los mecanismos de participación democrática son variados, e incluyen desde el simple hecho de dar un voto por una de varias opciones hasta la oportunidad de debatir de un modo continuo y prolongado sobre un tema particular con el fin de tomar decisiones sobre él. Ortegón Quiñones ( 2008), por ejemplo, incluye dentro de los tipos de participación no solo el control ciudadano y el empoderamiento, sino también el poder delegado, el apaciguamiento, la apatía, la manipulación, el clientelismo, la extorsión y el soborno, entre otros. En otras palabras, la participación democrática, en ciencia y tecnología o en cualquier otro ámbito, puede presentar diversas formas, y aunque no todas ellas se sustentan en un rol activo y crítico por parte de los ciudadanos, todas ellas pueden calificarse igualmente como democráticas. Este último aspecto lleva a la segunda razón para explicar por qué se ha pasado por alto que algunos modelos democráticos de divulgación científica puedan ser deficitarios, y es que no se suele prestar atención al hecho simple, pero fundamental, de que no hay un único modelo (o sistema) de democracia, sino varios. Tales modelos de democracia pueden ser de tres tipos básicos: de participación directa, representativos o deliberativos, y las diferencias entre ellos se fundan precisamente en concepciones divergentes sobre qué es y cómo debe darse la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones en una democracia. En consecuencia, cuando se diseña un modelo democrático de divulgación científica en realidad no se hace más que reflejar un compromiso particular con determinado modelo de democracia, solo que aplicado al caso concreto de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad. Y este es el punto que los proponentes de modelos democráticos no suelen resaltar en sus análisis. Aunque más abajo no me refiero abiertamente a Held (2006) en ningún lugar, en esta sección me apoyo en su exposición sobre modelos de democracia. Mi interés es mostrar que estos modelos de divulgación científica reflejan compromisos claros con los tres tipos de modelos de democracia que acabo de mencionar, a saber: de participación directa, representativos y deliberativos. Y tales compromisos, sumados a mi análisis sobre la dimensión epistémica y la dimensión política de la divulgación científica, permiten identificar el carácter deficitario de algunos de ellos. Modelos de participación directa Olivé y Lozano insisten en el carácter participativo de sus modelos, pero no explican en realidad en qué consiste ese carácter exactamente. Aquí quiero mostrar que sus modelos pueden comprenderse mucho mejor si se interpretan desde la perspectiva de modelos de participación directa. El problema es que, a pesar de sus esfuerzos explícitos por alejarse del déficit, especialmente en el caso de Lozano, el diseño de sus modelos sobre la base de una participación directa del público en ciencia y tecnología les lleva a reafirmar posturas deficitarias. Empezaré, entonces, por comentar el modelo de Olivé, que denomino modelo de contribuyentes, y luego pasaré a comentar el modelo de Lozano, que se apoya en el de Olivé, pero introduciendo otros factores. Denomino a este último el modelo de la expresión de las libertades. El modelo de contribuyentes Tanto Olivé como Lozano enmarcan su discusión de la divulgación científica en términos del viejo y el nuevo contrato social. Olivé plantea en este sentido que el modelo de desarrollo científico y tecnológico asociado con el nuevo contrato social se caracteriza porque ciencia básica, ciencia aplicada, ingeniería e investigación y desarrollo (I+D) interactúan todas entre sí y todas con la sociedad simultáneamente, y solo así se produce bienestar social. No hay, pues, un orden o una secuencia particular que el desarrollo científico y tecnológico deba tomar en este modelo, a diferencia de lo que sucedía en el viejo contrato social, donde se postulaba una línea de desarrollo que comenzaba en la ciencia básica, avanzaba a la ciencia aplicada, luego a las investigaciones en ingeniería, y de allí a los procesos de I+D, que derivaban en innovaciones tecnológicas y bienestar social. En el nuevo contrato social, a407 investigaciones en I+D, por ejemplo, pueden dar lugar a investigaciones en ciencia aplicada o en ingeniería, una opción que resultaría imposible desde la perspectiva del viejo contrato social. Esta falta de orden o secuencia estricta en la producción de conocimiento en el nuevo contrato social se refuerza porque, de acuerdo con Olivé, la sociedad siempre tiene derecho a exigir reformulaciones en la ruta tomada para una investigación científica y tecnológica, no importa a cuál de las cuatro esferas (ciencia básica, ciencia aplicada, ingeniería e I+D) pertenezca. Es decir, la sociedad tiene derecho a intervenir en los procesos de producción de conocimiento cuando le parezca más conveniente, sin importar en qué esfera particular se dé esa producción. Y la justificación para esto es que las investigaciones en ciencia y tecnología se financian con dinero de los ciudadanos, que funcionan como contribuyentes. En esa medida, la sociedad tiene el derecho a decidir si se hacen investigaciones de, por ejemplo, ingeniería, pero no de ciencia básica, pues esto se hace con su dinero. Y ese no debería ser un argumento para detener el desarrollo científico y tecnológico en ningún momento. En última instancia, son los ciudadanos, como contribuyentes, quienes definen el modelo de desarrollo científico y tecnológico que se da aquí. La principal consecuencia de tal modelo de desarrollo es la necesidad de contar con ciudadanos bien informados sobre ciencia y tecnología, pues de otro modo sus decisiones acerca de qué investigaciones financiar podrían estar mal fundadas, y esto podría repercutir negativamente en los procesos mismos de desarrollo científico y tecnológico. Para satisfacer tal necesidad, Olivé propone un modelo de divulgación científica que se levanta sobre dos aspectos complementarios. El primer aspecto es la formación de mediadores expertos en diferentes áreas. En primer lugar, expertos en ciencias naturales, sociales y humanas que comprendan que el sistema de ciencia y tecnología debe satisfacer las demandas que le plantea la sociedad. En segundo lugar, expertos en comunicación pública de la ciencia y áreas afines, que sirvan de interfaz entre el sistema de ciencia y tecnología y la sociedad. Finalmente, expertos en estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad (CTS), que tengan la capacidad de ver el sistema científico y tecnológico y sus relaciones con la sociedad desde perspectivas cada vez más amplias. Todo este proceso de formación de expertos tiene como finalidad garantizar la participación ciudadana en ciencia y tecnología por medio de la formación del público. El segundo aspecto del modelo de Olivé es la autonomía epistémica de las comunidades científicas y tecnológicas. Esto no significa que tales comunidades estén al margen de la sociedad, pues de acuerdo con Olivé la justificación para financiar el sistema de ciencia y tecnología con fondos públicos es precisamente su capacidad para satisfacer las demandas de esa sociedad. Más bien la autonomía epistémica se refiere a que, al igual que sucedía en el viejo contrato social, este modelo sigue sosteniendo la necesidad de la 'autonomía epistémica' de las comunidades científicas y tecnológicas, pues solo así pueden lograr sus objetivos en la producción de conocimiento. La autonomía epistémica significa que el conocimiento científico y sus aplicaciones son generados dentro de comunidades científicas y tecnológicas por medio de prácticas, es decir, de complejos de acciones que tienen sus propios y específicos valores y normas para organizar el trabajo, así como para la aceptación y rechazo de sus productos (hipótesis, teorías, modelos, técnicas, tecnologías) (Olivé, 2003, p. El punto es que, aunque se rechaza la autonomía política de las comunidades científicas y tecnológicas, se respeta aún su autonomía epistémica. Se produce así un blindaje de las comunidades científicas y tecnológicas frente a la incidencia y el control de otros actores sociales sobre ellas. Y la razón es que en última instancia son esas comunidades, y no el resto de comunidades que conforman una sociedad, las únicas que tienen la capacidad no solo de producir conocimiento científico y tecnológico, sino además de juzgar adecuadamente qué puede o no contar como tal para luego divulgarse. El modelo democrático de Olivé se opone, en suma, a la presencia de cualquier forma de déficit político en las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad. Lo más importante es garantizar la participación ciudadana en estos temas. Y la participación tiene aquí un carácter directo, pues los ciudadanos funcionan como contribuyentes que tienen la potestad de decidir de forma inmediata en qué investigaciones debe o no gastarse su dinero. Pero tal rechazo al déficit político se consigue a costa de reforzar el déficit epistémico de la sociedad en temas de ciencia y tecnología. Los tres tipos de mediadores expertos que propone su modelo, más la tesis de la autonomía epistémica, no hacen sino afianzar la idea de que el conocimiento de las comunidades científicas y tecnológicas y el conocimiento local de otras comunidades constituyen esferas del saber que bási-a407 camente no se intersecan en ningún punto. Al igual que sucede con el modelo deficitario asociado con el viejo contrato social, este modelo democrático se apoya en la idea de que estas últimas comunidades no producen conocimiento científico y tecnológico, sino otras formas de conocimiento. ¿Y quiénes deciden que esas son otras formas de conocimiento? Precisamente las comunidades científicas y tecnológicas, cuyos procesos de producción de conocimiento resultan así blindados con respecto a los procesos que pueden llevarse a cabo en otras comunidades diferentes. El rol de los mediadores expertos es así evitar el surgimiento de cualquier tipo de déficit político, de modo que los ciudadanos, en tanto contribuyentes, puedan ejercer su derecho democrático a participar directamente en la toma de decisiones sobre qué tipo de investigaciones respaldar. Pero para ello deben asumir la existencia de un déficit epistémico, que se levanta sobre el hecho de que la sociedad debe respetar la autonomía epistémica de las comunidades científicas y tecnológicas, lo que impide que al mismo tiempo pueda tener una participación directa en la producción y en la circulación de ese conocimiento. Las decisiones sobre estos últimos aspectos dependen exclusivamente de la autonomía epistémica de las comunidades científicas y tecnológicas. El modelo de la expresión de las libertades Mónica Lozano comparte varios elementos con León Olivé respecto a la lectura que ambos hacen del viejo y del nuevo contrato social, pero se aleja de él en un punto fundamental. Ella vincula el nuevo contrato social con un modelo de desarrollo científico y tecnológico inspirado en la tesis de Amartya Sen sobre las libertades humanas. Este cambio es significativo porque la justificación para la participación ciudadana en ciencia y tecnología no es ya la incertidumbre sobre qué hacer con el dinero de los contribuyentes, sino la expansión de las libertades humanas. El punto es que, desde esta perspectiva, los ciudadanos tienen el derecho y la responsabilidad de elegir qué entienden por una vida digna, pues esta es un reflejo de la expresión de sus propias libertades. Y parte de esta elección recae sobre temas de ciencia y tecnología. La razón es que la ciencia y la tecnología se presentan en las sociedades contemporáneas como opciones que es necesario conocer y evaluar con el fin de elegirlas o no como un componente más de lo que cada uno entiende por una vida digna. Por supuesto, no todos tienen que incluirlas en sus vidas. Pero aquellos que decidan hacerlo deben tener la capaci-dad de evaluar los riesgos y los beneficios asociados con ellas, para poder así expresar adecuadamente sus libertades. Por eso el desarrollo científico y tecnológico se elabora aquí desde los intereses de la sociedad, y con una participación directa permanente en temas científicos y tecnológicos. Porque la sociedad se convierte no en un paciente, sino en un agente de desarrollo, que decide qué rutas deben tomar la ciencia y la tecnología, según lo que cada sociedad haya definido como una vida digna para sus miembros. Este es, entonces, un modelo de desarrollo que debe garantizar la participación directa de los ciudadanos en la toma de decisiones sobre ciencia y tecnología, ya que de otro modo no es posible que ciencia y tecnología entren a jugar un rol verdaderamente efectivo en la vida de una persona como expresiones de su propia libertad, y no como imposiciones externas. Pero la única manera de garantizar tal participación directa es mediante procesos eficaces de divulgación científica que permitan a los ciudadanos tomar partido en los debates, no de forma arbitraria, sino como una manera informada de alcanzar la vida digna que todos ellos aspiran a tener para sí mismos. Así que la divulgación científica en el modelo de Lozano contribuye a evitar el déficit político de los ciudadanos con respecto a la toma de decisiones sobre ciencia y tecnología. Puesto que lo más importante es que ellos puedan elegir qué debe o no incluirse en su vida, de modo que esta adquiera un estatus de dignidad, no puede recurrirse a intermediarios en ese proceso de toma de decisiones. Es un derecho y una obligación participar directamente en temas de ciencia y tecnología. Pero este rechazo al déficit político se hace una vez más a costa de trazar una línea insalvable entre el conocimiento científico y tecnológico, que producen los científicos al amparo de sus comunidades de especialistas, y otras formas de conocimiento, que producen los demás ciudadanos, y que no pueden calificarse en realidad como conocimientos científicos y tecnológicos. De un modo similar a lo que sucede en el modelo deficitario del viejo contrato social y en el modelo de contribuyentes con la noción de autonomía epistémica, en el modelo de la expresión de las libertades solo se toma como conocimiento científico y tecnológico aquel tipo de conocimiento que se produce al amparo de un contexto institucional determinado, que lo valida y lo respalda como tal. Ese es el conocimiento que hace parte de los procesos de divulgación científica, y así se garantiza una vez más el blindaje de las comunidades científicas y tecnológicas frente a la in-a407 cidencia y el control de otros actores sociales sobre ellas. Pues de acuerdo con Lozano, las demás formas de conocimiento producidas por el resto de los ciudadanos por fuera de esos contextos institucionales pueden reconocerse a lo sumo como "diferentes tipos de conocimiento y experticia" (Lozano, 2005, p. 70), pero nunca como conocimiento científico y tecnológico genuino. Por ello no hacen parte del proceso de divulgación científica, al menos no como formas de conocimiento científico y tecnológico, sino más bien como contrapartes de ese conocimiento. Porque no han sido producidas y avaladas como tal por comunidades científicas en contextos institucionales específicos. 162), que sigue de cerca el modelo de Lozano, resume muy bien este punto cuando afirma que "el modelo democrático reconoce la existencia de múltiples tipos de conocimiento -en ocasiones en conflicto-, y trata de consensuarlos a través del debate público abierto y constructivo". La eliminación del déficit político se levanta, en suma, sobre la reafirmación de un déficit epistémico de la sociedad acerca de temas científicos y tecnológicos. No se niega que la sociedad tenga algún tipo de conocimiento. Se niega más bien que esta tenga conocimiento científico y tecnológico. Y por ese motivo la divulgación científica tendría como una de sus funciones entrar a mitigar tal déficit epistémico, aparentemente mediante la puesta en marcha de algo así como un diálogo de saberes entre conocimientos científicos y tecnológicos y otros conocimientos que no podrían calificarse como tales. A pesar de toda la formación que hayan podido recibir sobre ciencia y tecnología en instituciones como la escuela, la universidad o los medios de comunicación, este modelo postula que los ciudadanos carecen de conocimientos científicos y tecnológicos, aunque no de otros tipos de conocimiento, y por tanto la divulgación científica debe entrar a suplir tal carencia mediante un diálogo que se apoye en estos últimos. Solo así puede garantizarse que los ciudadanos tengan el fundamento suficiente para participar directamente en la toma de decisiones sobre qué aspectos de la ciencia y la tecnología desean incluir en su concepción de una vida digna. Los modelos de participación directa que acabo de presentar se caracterizan por ofrecer diversas opciones para atacar el déficit político, pero al hacerlo caen en alguna forma de déficit epistémico. La razón, me parece, tiene que ver con las dificultades propias de apelar a cualquier forma de participación directa en temas de ciencia y tecnología. Pues, aunque resulte plausible concebir la participación directa del público en asuntos de diseño de política científica, sea por cuestiones monetarias o de algún otro tipo, es mucho más difícil aceptar que el público pueda o incluso deba participar directamente en la producción de conocimiento científico y tecnológico. Es plausible que el público decida, por ejemplo, si financia o no una investigación sobre células madre. Pero, ¿esperamos que ingrese también al laboratorio y tome directamente decisiones sobre qué procedimientos seguir, qué experimentos diseñar, o qué criterios emplear para determinar si algo cuenta o no como evidencia empírica? La respuesta parece ser negativa. Y quizá esto explica que se apele en este punto a nociones como las de autonomía epistémica y diferentes tipos de conocimiento y experticia para justificar la exclusión de la sociedad en estos procesos. En ambos casos parece razonable defender una perspectiva en la cual se garantice la participación directa en el diseño de política científica y tecnológica, pero de ningún modo en los procesos mismos de producción de conocimiento. Pero si entonces parece claro que la participación directa no puede o no debe garantizarse con respecto a la producción de conocimiento, ¿no debería también dejarse en duda este tipo de participación con respecto al diseño de política científica? Después de todo, si el público no sabe realmente sobre temas de ciencia y tecnología, ¿cómo estar seguros de que tomará decisiones adecuadas sobre el control político de la ciencia y la tecnología? ¿No sería más razonable en realidad que otros tomen las decisiones por él? Así llegamos precisamente a los modelos representativos de divulgación científica, y para ello me voy a apoyar en el tratamiento que hace Ana Cuevas de las relaciones entre conocimiento científico, democracia y ciudadanía. Cuevas enmarca su aproximación a la divulgación científica de una forma un poco distinta a Olivé y Lozano. Como ellos, Cuevas empieza por notar la situación de desconfianza general hacia la ciencia y la tecnología que caracterizó a varios sectores sociales en la segunda mitad del siglo XX, y que llevó finalmente a posturas como la tesis del nuevo contrato social. Pero para ella el problema de fondo es cómo lograr que las relaciones entre el sistema de ciencia y tecnología y la sociedad sean más fluidas, comprensivas y receptivas. Su solución a este interrogante envuelve dos aspectos: sensibilización de científicos y políticos y formación de ciudadanos con mejores conocimientos científicos y tecnológicos. El propósito del segundo aspecto es conseguir mayor participación ciudadana en las decisiones sobre ciencia y tecnología, con respecto a407 tanto a la determinación de sus objetos de investigación como al grado de financiación pública que deben recibir. Para alcanzar este propósito, Cuevas rechaza el modelo deficitario tal como lo describe Durant (1999), y se enfoca en el modelo democrático. Sin embargo, en este punto ella formula una pregunta que revela la complejidad del problema que tiene en frente, a saber: ¿qué tan participativo debe ser el modelo democrático con que se ha de formar a los ciudadanos para que intervengan en ciencia y tecnología? Su respuesta se apoya en el análisis del debate entre Dewey y Lippmann en la primera mitad del siglo XX sobre las condiciones de participación ciudadana en los estados democráticos. Ella extiende sus conclusiones sobre este debate al caso particular de los modelos democráticos de divulgación científica, y muestra que es posible diseñar por lo menos dos modelos democráticos diferentes. En esta sección me ocupo del modelo de élites, inspirado en Lippmann, y que Cuevas no respalda. Más abajo volveré sobre el modelo deliberativo, inspirado en Dewey, y que Cuevas sí respalda. El modelo de élites se funda en una constatación empírica difícil de rebatir: las sociedades contemporáneas contienen un alto grado de complejidad y especialización en casi todos sus temas, y por eso es difícil esperar que sus ciudadanos estén en la capacidad suficiente para ser expertos en todos ellos al mismo tiempo. No puede exigírseles, por tanto, que tengan la competencia necesaria para tomar decisiones bien informadas en un amplio número de asuntos que los afectan directa e indirectamente. Por el contrario, en muchos casos ellos comprenden la realidad social y política con base en estereotipos y prejuicios, debido precisamente a ese alto grado de especialización sobre el que se levantan sus sociedades. Incluso hay ocasiones en que ni siquiera están interesados en tales temas, y esta falta de interés es una opción perfectamente respetable y defendible en sociedades democráticas. No parece, entonces, conveniente poner el peso de la toma de decisiones sobre un gran número de temas, incluidos los científicos y tecnológicos, en los hombros de los ciudadanos. Incluso sería políticamente irresponsable basar tales decisiones en los puntos de vista de personas que o no están al tanto de estos temas, o no están interesadas en ellos, o ambos. Pero, aun así, todo estado democrático tiene la obligación de velar por el bienestar y el buen desarrollo de sus ciudadanos. Y por eso en principio debe garantizar que se tomen las mejores decisiones posibles acerca de cualquier asunto que sea o pueda llegar a ser rele-vante para esos ciudadanos, y esto incluye la ciencia y la tecnología. ¿Cómo velar por ese bienestar y buen desarrollo, pero sin exigir a cambio una participación directa, como se sigue de los modelos de Olivé y Lozano, y sin renunciar al mismo tiempo a las instancias democráticas? La respuesta es un modelo democrático de élites. En este modelo, los ciudadanos eligen a los representantes más idóneos para satisfacer sus demandas sociales, y estos conforman élites de expertos y líderes. Los primeros recaban información y coordinan investigaciones de relevancia para el resto de la sociedad, mientras que los segundos ejecutan decisiones políticas con base en la labor de los expertos. Así que el desarrollo científico y tecnológico depende directamente de las decisiones que tomen expertos y líderes. Y estos a su vez deciden qué divulgar a la sociedad sobre ciencia y tecnología, de acuerdo con lo que resulte más conveniente para ella desde un punto de vista político y epistémico. Por eso, aunque el modelo se levanta sobre la postulación de un déficit epistémico y parcialmente político de parte de los ciudadanos, continúa siendo democrático por dos motivos. No solo porque garantiza la participación ciudadana en la elección de representantes (expertos y líderes), sino porque además somete la ciencia y la tecnología al mismo tipo de control democrático que reciben otros componentes del estado en una democracia representativa. El modelo de élites muestra, en suma, que es posible formular un modelo de divulgación científica que sea democrático y al mismo tiempo se levante sobre la postulación de un déficit epistémico y parcialmente político de los ciudadanos. Y digo parcialmente político, porque los ciudadanos conservan aún su derecho democrático a participar en la toma de decisiones sobre temas de ciencia y tecnología, solo que mediante la elección de sus representantes. Se garantiza, pues, la participación en ciencia y tecnología, pero tal participación no es ni epistémica ni políticamente directa. Todo esto sin renunciar a los objetivos trazados en el nuevo contrato social sobre la integración de la sociedad en la toma de decisiones democráticas sobre asuntos científicos y tecnológicos. He mostrado en las dos secciones anteriores que, a partir de consideraciones de participación directa y representatividad, es posible diseñar modelos de divulgación científica que sean democráticos y deficitarios al mismo tiempo. Así que, contrario a lo que en general han querido dar a entender muchos defenso-a407 res de la tesis del nuevo contrato social, el hecho de que un modelo de divulgación científica sea democrático no garantiza inmediatamente que no pueda ser también deficitario. El problema es más bien cómo formular un modelo de divulgación científica que sea democrático, pero no deficitario, pues no es del todo obvio que tal cosa pueda hacerse. En este sentido, creo que los modelos deliberativos son la opción que muestra mejores resultados en esta dirección por el momento. Aquí quiero comentar en particular la versión desarrollada por Cuevas con base en su lectura de Dewey. Esta versión concuerda en líneas generales con el modelo que presenta Cortassa a partir de su crítica a la obsesión contemporánea con el déficit como categoría fundamental de análisis, y su propia propuesta de basar los modelos de divulgación científica en la existencia de asimetrías cognitivas (o asimetrías epistémicas, para usar mi propia terminología) que posibiliten la diseminación efectiva del conocimiento científico y tecnológico entre diferentes agentes. En este modelo, los ciudadanos aparecen como sujetos autogobernados que tienen la capacidad de desarrollar hábitos inteligentes para la indagación. Pero estos son hábitos que se forman y fortalecen no en situaciones de aislamiento, sino a partir de su integración en procesos deliberativos con otros. La deliberación exige así el ejercicio de la libertad, entendida como la auto-dirección de un sujeto que comprende que sus acciones individuales tienen una dimensión moral. Y esta dimensión moral se manifiesta en el impacto de tales acciones en los demás. Lo anterior lleva a plantear que el desarrollo de la ciencia y la tecnología no debe responder a intereses particulares ni de los expertos ni del resto de los ciudadanos. Exige más bien el trabajo mancomunado de ambos grupos. Y por eso la divulgación científica se vuelve relevante aquí, porque ella se concibe como un proceso deliberativo entre expertos y los demás ciudadanos, que no son expertos, pero que tampoco son completamente ignorantes sobre ciencia y tecnología, como se da a entender en los modelos de participación directa y representativos. Este proceso deliberativo, que se levanta sobre la asimetría existente entre el grado de conocimiento científico y tecnológico de los expertos y aquel de los demás ciudadanos, permite que estos últimos afiancen y amplíen los conocimientos científicos y tecnológicos que ya poseen, y esto contribuye a convertirlos en personas con mejor información sobre ciencia y tecnología, y a darles mayor poder político en la toma de decisiones. Pero asimismo transforma a los expertos en personas inte-resadas en las consecuencias sociales, ambientales y políticas de sus investigaciones. Este modelo ataca, en definitiva, tanto el déficit epistémico como el déficit político, al intentar garantizar que los procesos deliberativos refuercen la participación ciudadana en ciencia y tecnología desde dos puntos de vista complementarios. No solo porque políticamente los ciudadanos tienen el derecho democrático a hacerlo, sino además porque el proceso deliberativo los convierte en sujetos epistémicamente fiables en estos temas, gracias al afianzamiento y la ampliación del conocimiento científico y tecnológico, tal vez aún incipiente, con que entraron al proceso deliberativo. Es decir, sujetos que, mediante su interacción con otros, mejoran y vuelven más sofisticado el conocimiento científico y tecnológico con que contaban al empezar la deliberación. Pero no se asume en ningún momento que los así llamados conocimientos locales no puedan calificarse a su vez como conocimientos científicos y tecnológicos. Siempre y cuando ambos tipos de conocimiento satisfagan los mismos criterios epistémicos, habrá que concluir que ambos pertenecen a la misma esfera del saber. Los modelos deliberativos de divulgación científica generan, sin embargo, el mismo tipo de interrogantes que pueden surgir en el caso de su contraparte en los modelos de democracia. Por ejemplo, aunque con ellos se pretende que la deliberación se origina con algún grado de conocimiento de las partes sobre el tema a tratar, grado que crece en la medida en que la deliberación avanza, no se puede garantizar que no existan desequilibrios con respecto a asuntos como el poder de unos grupos sobre otros, el mejor dominio de un tema o incluso las habilidades retóricas para persuadir a los demás, entre otros. Esto significa que los resultados de la deliberación pueden llegar a viciarse por las características individuales y sociales de los actores que participan en ella. Y así de hecho existe la posibilidad de que ciertos grupos orienten todo el proceso deliberativo hacia sus propios intereses particulares. La asimetría epistémica puede convertirse, entonces, en asimetría política también, al menos si los actores se concentran únicamente en usar las estrategias que más convengan a su propia causa. Otro aspecto para tomar en consideración es que no resulta del todo claro quién decide cuáles son los criterios epistémicos que algo debe satisfacer para contar como conocimiento científico y tecnológico. Y esto es importante porque si se parte de la idea de que incluso antes de iniciar el proceso deliberativo el público tiene no solo otros tipos de conocimiento, a407 sino además algún tipo de conocimiento científico y tecnológico, entonces cabe la pregunta de cómo se establece esto. ¿Acaso porque ciertas comunidades científicas y tecnológicas particulares lo deciden así o porque el público lo decide así? ¿O acaso porque pueden identificarse criterios universales de cientificidad previos a la existencia misma de comunidades particulares, sean estas científicas o no? Estas preguntas sugieren que, una vez más, la asimetría epistémica puede dar lugar a una asimetría política en el proceso deliberativo, en esta ocasión con respecto a quién decide qué habrá de considerarse o no como conocimiento científico y tecnológico. De cualquier forma, y a pesar de los interrogantes que puedan surgir al momento de querer implementarlos, especialmente en lo que concierne a las asimetrías epistémicas que los soportan, los modelos deliberativos de divulgación científica parecen ofrecer una opción viable para el diseño de modelos democráticos que no sean deficitarios. Estos son modelos que no niegan la existencia de algún grado de conocimiento científico y tecnológico al público, conocimiento que puede mejorarse con la deliberación, y que establece un punto de partida para respaldar la participación política de ese público en la toma de decisiones con los expertos. Los modelos deliberativos aparecen, por tanto, como la mejor opción para todos aquellos que quieren evitar la presencia del déficit en la divulgación científica. Pues son modelos que pueden calificarse, al mismo tiempo, como democráticos y no deficitarios. Y una afirmación semejante no parece ser posible en el caso de los modelos de participación directa y los modelos representativos. He querido mostrar en este artículo que no solo hay distintas versiones del modelo democrático de divul-gación científica, las cuales no siempre resultan compatibles entre sí, sino que además muchas de ellas pueden calificarse como deficitarias, sea desde una dimensión epistémica, desde una dimensión política, o desde ambas. Esto lleva a rechazar uno de los presupuestos fundamentales de la tesis del nuevo contrato social, a saber: que necesariamente el modelo democrático de divulgación científica no es deficitario.
fue un importante divulgador de la ciencia en la Argentina de los años cuarenta del pasado siglo XX que perteneció al grupo de las Misiones Pedagógicas. En este trabajo se ofrece una breve biografía suya y se presenta su producción como autor de textos de divulgación de la ciencia y la técnica. Se destacan sus principales características y se discute su importancia y significado para la época. LA ACTUALIDAD DE LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA EN ARGENTINA La salida de la dictadura militar, en 1983, dio origen en Argentina a una etapa de expansión cultural de la que no fue ajena la divulgación de la ciencia, sobre todo en lo relativo a la aparición de revistas y suplementos especiales en los diarios de mayor circulación. En esta década, el diario Clarin, que fue el primero, inaugura su suplemento Ciencia y Técnica seguido por La Nación, con Ciencia y más tarde por Pagina 12 con Futuro (Cazaux, 2010). En este mismo período aparece la versión argentina de la revista española Muy Interesante (1985) bajo la dirección de un conocido dibujante y emigrado español, el alicantino Manuel García Ferré, Ciencia Hoy (1988), promovida por la asociación que lleva el mismo nombre, Conozca Más (1989), de la editorial Atlántida, y Descubrir (1989), de editorial Perfil. Es el momento en que las revistas comienzan a sustituir a los libros como cauces fundamentales de la divulgación de la ciencia y alcanzan un grado de difusión notable. Una iniciativa notable fue la que adoptó la Universidad de Buenos Aires en 1984 creando el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas como una institución encargada de tender puentes entra la universidad y la comunidad a través de un conjunto de actividades dirigidas hacia un público amplio y no necesariamente universitario. Entre ellas figuraban Los libros de Nautilus, concebidos como un medio para difundir los conocimientos científicos en formatos de revista o libros. La creación de la editorial universitaria EUDEBA, en el mismo año, sirvió para complementar la actividad divulgadora del centro cultural, el "Rojas", como fue popularmente conocido. La profunda crisis económica que padeció Argentina desde 1998 hasta el 2001 afectó muy seriamente a la producción editorial en divulgación de la ciencia, reduciendo por ejemplo los lectores de las revistas anteriores a valores inferiores a los 100.000 y dejando en mínimos las demás actividades. La salida de la crisis supuso un relanzamiento de las iniciativas divulgadoras, pero en ningún momento una vuelta a la situación anterior pues, por una parte, muchas revistas, editoriales e instituciones habían desaparecido en esos años y, por otra, el contexto en el que se estaba produciendo la comunicación de la ciencia hacia el gran público se estaba abriendo hacia unos horizontes totalmente nuevos y diferentes. Los suplementos de los grandes diarios, con diferentes adaptaciones, monopolizaban al gran público y algunas editoriales para sobrevivir tuvieron que adaptarse a la espectacularidad y el sensacionalismo que la nueva sociedad demandaba, como la colección de la editorial Lamiqué, Libros científicamente divertidos o la Ciencia que ladra, de la Universidad de Quilmes (Cazaux, 2010). Los canales de televisión comienzan a incluir la ciencia como tema de atracción, pero sobre todo serán otras formas de expresión, algunas tan enraizadas en el carácter argentino como el teatro, las que incluyan como novedad a la ciencia en sus argumentos. (En el 2004 había cuatro obras de tema científico representándose en las salas de Buenos Aires). Aparecen los cafés científicos, los festivales, los viernes científicos, museos de puertas abiertas, el túnel de la ciencia (Cazaux, 2010) y todo un amplio abanico de iniciativas de comunicación con el público que dejaban en parte arrinconados los tradicionales formatos del libro y la revista, que de todas maneras tratarían de sobrevivir con los nuevos recursos que aportaba internet. Esta profusión de formatos y esta deriva hacia la espectacularidad de la ciencia, de todas formas, no dejaba satisfechos a los divulgadores más serios y responsables, como el biólogo Eduardo Wolovelsky, que en una entrevista del diario Página 12 (17 de febrero del 2014) afirmaba: No acuerdo con la mayoría de la cosas que se hacen en divulgación científica, porque hay una perspectiva publicitaria, propagandística, sin promover ninguna reflexión... cuando hay tanta preocupación por la generación de vocación hacia la ciencia, justamente la perspectiva publicitaria la erosiona, primero porque plantea una perspectiva de divertimiento que no es cierta, porque el estudio requiere muchas virtudes, y una de las cuestiones que está ausente es el divertimiento, puede existir la pasión, el interés, un deseo profundo, intenso, un compromiso importante, convicción, pero no es el divertimiento lo que convoca. A pesar de estos problemas, en la Argentina previa a la caída de la dictadura militar existe una importante producción editorial en divulgación de la ciencia que no se puede olvidar y que, sin duda, es de las más destacadas del mundo iberoamericano. Una producción que hunde sus raíces en lo que se dio en llamar la "edad de oro" de las editoriales argentinas, la década de los cuarenta del pasado siglo. En ella, el protagonismo de los intelectuales españoles exiliados fue, en muchos casos, decisivo, creando editoriales, sosteniendo colecciones o revistas y, en cualquier caso, trabajando Francisco Díaz-Fierros Viqueira 3 a408 siempre muy duro al lado de sus colegas argentinos en proyectos donde la idea de que se estaba construyendo algo nuevo y relevante era la dominante. En esa época y en ese ambiente, un exiliado español, nacido en una aldea del noroeste hispano y formado en la gran escuela de las Misiones Pedagógicas, José Otero Espasandín, puso en marcha una serie de divulgación, la Colección Oro de Billiken, que sirvió para llevar a los jóvenes argentinos, de una forma amena y competente, el conocimiento científico del momento. Su importante obra divulgadora, salvo contadas excepciones (Muñoz, 1984; Otero Varela, 2001; Pelegrín, 2000; Pelegrín, 2008) es prácticamente desconocida en España por lo que sería un acto de justicia histórica rescatarla del olvido en el año en el que se cumplen 75 de la edición de su primer libro de divulgación. LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA EN ESPAÑA EN LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO VEINTE La historia de la divulgación científica fue considerada tradicionalmente como un género menor dentro de la historia general de la ciencia. De hecho, todavía no existen buenos compendios de esta actividad que es una pieza clave para la transmisión de los conocimientos científicos a la sociedad. Solo en los últimos años comenzaron a aparecer estudios sobre el papel esencial que juega, incluso como elemento constitutivo de la ciencia, la divulgación científica (Secord, 2004; Topman, 2008; Nieto-Galán, 2011), así como sobre las distintas modalidades que se fueron empleando en esta empresa a lo largo de la historia. En España, la divulgación científica tuvo unos claros precedentes en la obra de los ilustrados (Feijoo y Sarmiento, fundamentalmente) pero será en la segunda mitad del XIX, coincidiendo con la denominada "segunda revolución del libro" (Botrel, 1996), propiciada por el importante incremento de la alfabetización y por lo tanto con la llegada de nuevos lectores potenciales, cuando se manifieste ya de una forma clara. Serán sin duda, en primer lugar, las traducciones de los libros de los franceses Figuier y Flammmarion, en ediciones de lujo y gran formato, las que inicien este proceso, seguidas por otros libros de similares características, ahora de autores españoles (Odón de Buen, Chao, etc.), editados sobre todo en Barcelona, los que sustenten esta divulgación de "élite". Así mismo, revistas generalistas como El Museo Universal, La América o La Ilustración Española y Americana (Lafuente y Saraiva, 2002; Corell Domenech, 2013) no dudarán en dar cabida como firmas frecuentes a los grandes divulgadores científicos del momento (Echegaray, Picatoste, Rodríguez Mourelo, Rodríguez Carracido, etc.). Pero va a ser la aparición de las ediciones populares y de bajo coste la que realmente lleve la ciencia a todos los niveles de la sociedad española, algo que sucedió con el cambio de siglo. La primera colección relevante de estos libros serían los Manuales Soler que, en formato reducido (11 x 16 cm.) y textos entre cien y doscientas páginas, trataban de llevar la ciencia y la técnica a "las personas amantes de la instrucción", "las familias", "los centros y asociaciones de carácter científico, político, profesional o recreativo" y a "las personas que se preocupan en instruirse", teniendo como objetivos generales los de "popularizar los principios de la ciencia moderna, sus grandes conquistas" (Sánchez Vigil y Olivera Zaldua, 2013). En 1900 editaban, entre otros, El compendio de química biológica y El compendio de química orgánica de Rodríguez Carracido, El compendio de química general de Luanco o El análisis químico de Casares Gil. Al lado de estos libros, que intentaban hacer asequible el conocimiento de ciencias de interés y actualidad, se publicaron otros de aplicación técnica como Los abonos industriales, La abeja y sus productos, Ascensores hidráulicos y eléctricos, Canales de riego, etc. En 1908 la colección tenía ya un amplio catálogo que contaba entre sus autores a científicos españoles relevantes, además de los ya citados, como Ernesto Caballero, Lázaro e Ibiza, Calderón y Arana, Huguet del Villar, Rivas Mateos, Rafael Altamira, Odón de Buen, Fernández Navarro, Banús y Comas. Con 101 títulos editados en 1915, la colección fue adquirida por Josep Gallach que la incorporó a su fondo y la reeditó, y continuó con el nombre de Manuales Gallach. Tres años después sería adquirida, con todos los fondos de Gallach, por la editorial madrileña CALPE (Compañía Anónima de Librería, Publicaciones y Ediciones) que continuó editándola y ampliándola, conservando el título (Sánchez Vigil y Olivera Zaldua, 2013). También fue importante en relación con la divulgación científica la editorial Labor fundada en Barcelona por el alemán Georg W. Pfegler que creó en 1923 la Biblioteca de iniciación cultural, en formato menor, y que hasta 1937 llegó a tener publicados 403 libros, muchos de ellos con varias ediciones. Con un nivel divulgativo superior a los Manuales Soler tenía como a408 lema de la colección La Naturaleza de todos los países. La Cultura de todos los pueblos. La Ciencia de todas las épocas y se anunciaba con la pretensión de "acercarse a la incesante actividad creadora de la Ciencia y penetrar en los cauces de la corriente viva del saber, en sus últimos avances y descubrimientos, estableciendo íntimo contacto con las aportaciones de todas las culturas, épocas y países". Tenía varias secciones (Ciencias filosóficas, Artes plásticas, Música, Ciencias históricas, Geografía, Ciencias jurídicas, Política, Economía, Ciencias exactas, físicas y químicas y Ciencias Naturales). En su catálogo científico aparecen, sobre todo, traducciones, principalmente de autores germánicos, acompañados por algunos españoles consagrados ya como profesionales de la ciencia de una cierta relevancia, como J. Mañas y Bonvi (Física general, 1927) De todas formas, la editorial más importante de la época fue CALPE y en ella también existieron fondos y colecciones relevantes en relación con la divulgación de la ciencia, una editorial que, sobre todo, tuvo una importante penetración en el mercado americano, fundamentalmente en el argentino. Fundada en 1918 después de la gran guerra por Nicolás María Urgoiti, presidente de Papelera Española y propietario de El Sol, tenía como asesor literario a Ortega y Gasset. Este proyecto editorial fue posible gracias a la incorporación de los fondos adquiridos a Gallach y en sus primeros años fue una de las empresas españolas más rentables (en 1922 era la empresa que ingresaba más en Hacienda (Sánchez Vigil, 2004). En 1920 comenzó un ambicioso proyecto de apertura hacia los mercados americanos que se consolidó dos años después con la inauguración de su delegación en Buenos Aires y una agresiva política comercial que "sembró las bibliotecas de instituciones públicas y los despachos de particulares de colecciones CALPE y enciclopedias Espasa" (Sánchez, 2004). En relación con la ciencia tenía varias colecciones (Medicina y Biología, Ingeniería y Química, Actualidades Científicas y Políticas, Libros de Invenciones e Industrias y Agricultura y Ganadería), que no se podrían adscribir con facilidad al género de la divulgación pues en ellas el tratamiento de los temas se realizaba con un grado bastante elevado de especialización. Por otra parte, las dos colecciones de vocación divulgadora, la Colección Universal y los Breviarios de Ciencias y Letras, no cumplieron esa función porque la primera se dedicó prácticamente a la literatura española y universal y al ensayo (en relación con la ciencia solo tenía El Origen de las Especies) 3 y la otra no pasó de los cinco títulos. Sin embargo, sí que tuvieron una gran relevancia y transcendencia la colección de las cinco obras del francés J. H. Fabre, publicadas en 1920, dedicadas a la vida y costumbres de los insectos, y sobre todo los Libros de la Naturaleza. Esta colección fue concebida en 1920 por el pedagogo Lorenzo Luzuriaga y estuvo reeditándose, ya como Espasa-Calpe, hasta los años setenta. Tuvo veintiún títulos y en ellos colaboraron el zoólogo Ángel Cabrera, con ocho títulos, el geógrafo Dantín Cereceda, con cinco, Josefa Martí, con dos, y ya solo con uno Fernández Navarro, Cándido Bolívar y otros. Todos los libros llevaban unas hermosas y atrayentes sobrecubiertas del dibujante Bagaría. En 1925, con graves problemas económicos, CALPE se fusiona con la editorial Espasa, a la que le distribuía su Enciclopedia Universal y que a su vez era su principal fuente de ingresos. En 1937, dentro de una tendencia general de las delegaciones de las editoriales españolas en Argentina de transformarse en empresas independientes, aparece Espasa-Calpe Argentina, gestionada por Urgoiti y Gonzalo Losada (este último crearía poco después la editorial Losada) con la colaboración de Guillermo Torres y Attilio Rossi. La iniciativa fundamental de esta nueva etapa fue la creación de la colección Austral, conjunto de libros en "ediciones íntegras autorizadas, bellamente presentados, muy económicos", "libros para todos los lectores y un libro para el gusto de cada lector". Ya en diciembre de 1938 tenía publicados más de cincuenta títulos convirtiéndose en la colección estrella de Espasa-Calpe (Larraz, 2009). El tratamiento de la divulgación científica en esta nueva y emblemática colección fue realmente limitado, pues analizando sus primeros mil títulos (alcanzados en 1950) se encuentran muy escasos volúmenes dedicados a esta temática: dos de Desiderio Papp sobre el sistema solar y el universo, dos de Ignacio Puig sobre el cosmos y la tierra, tres de M. Maeterlick sobre vida y costumbres de hormigas y abejas, otro de E. Labin sobre energía atómica y finalmente otro de A. Demaison de narraciones sobre animales salvajes. La historia de la ciencia, con siete textos de J. Babini, J. G. Crowther, A. Mieli, C. Plá y J. Rey Pastor, solo con un criterio muy amplio podría considerarse también como divulgación científica. Espasa-Calpe publicó también otras colecciones sobre ciencia como Historia y Filosofía de la Ciencia, dirigida por Rey Pastor o Nueva Ciencia. Nueva Técnica, donde los libros entraban de lleno, por su elevado tratamiento, en la categoría del ensayo o del libro de texto. Solo esporádicamente libros como los de George Gamow (1942Gamow ( y 1949)), ya en los años cuarenta, volvían de nuevo a ser dirigidos hacia el gran público. Otras editoriales españolas (Seix y Barral, Reguera, Juventud, etc.) trataron también de forma puntual la divulgación científica, pero fueron en su conjunto las tres grandes editoriales consideradas previamente las que llevaron el peso de este género literario. De su análisis se puede concluir que, aunque comparado con la producción editorial global dedicada a la ciencia fue un tema menor, no dejó de tener su importancia y, sobre todo, se puede apreciar cómo fueron los científicos consagrados los que escribieron, de forma abrumadoramente mayoritaria, estos libros. Los divulgadores con una formación no específicamente científica, como pudieron ser los periodistas o cultivadores de las ciencias sociales que en otros países tuvieron una cierta presencia (Nieto-Galán, 2011), en la España de los comienzos del siglo XX, que es la época que consideramos en este trabajo, prácticamente no existieron 4. LA DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA EN ARGENTINA EN LOS AÑOS CUARENTA Existen diferentes trabajos sobre la edición en Argentina que coinciden en señalar su precariedad hasta la década de los cuarenta en la que comienza su "edad de oro", propiciada en parte por el exilio de editores y empresas españolas como consecuencia de la guerra civil y en la que se crearon y desarrollaron numerosas editoriales de prestigio como Espasa-Calpe, Losada, Emecé, Sudamericana, etc. Anteriormente editoriales menores locales, así como muchas francesas que comenzaban a especializarse en la edición en castellano y algunas españolas, irían cubriendo un mercado en expansión pero todavía relativamente limitado. En los años cuarenta la Editorial Sudamericana pone en marcha la colección Ciencia y Cultura, en la que se publicarían ensayos como la Autobiografía de la tierra de John Bradley o los Ensayos de un biólogo de J. Huxley. Pero serían sobre todo en las editoriales Codex y Abril donde aparecerían los trabajos del geólogo Héctor German Oesterheld, uno de los grandes divulgadores y escritores para públicos juveniles en Argentina, desaparecido durante la dictadura de los militares. (Ferreiro, García, Ostuni, Rosales y Rodríguez van Rousselt, 2004). Una editorial singular en relación con la divulgación de la ciencia en la Argentina para públicos infantiles y juveniles sería la Atlántida, fundada en 1904 por el periodista uruguayo Constancio C. Vigil (1876Vigil ( -1954)), que llegaría a ser líder del mercado de revistas. En ella se editó el magazine infantil Billiken desde 1919, que todavía sigue en circulación, y que es la revista infantil más antigua de habla hispana. La revista organizó sus contenidos como un complemento escolar en los que no faltarían desde el primer número los relativos a la divulgación científica en forma de curiosidades científicas o notas de actualidad sobre nuevos inventos o descubrimientos (Varela Vázquez, 1994, 15 de abril). Años más tarde se crea la Biblioteca Billiken, que aportaría Obras maestras en versión compendiada y Divulgación amena de temas científicos, históricos y literarios. Las dos colecciones quedaron aplazadas hasta los años cuarenta, en los que se pusieron en marcha simultáneamente con el nuevo nombre de Colección Oro, y en la que José Otero Espasandín tendría un protagonismo especial. José Otero Espasandín nace el 9 de noviembre de 1900 en Santa Baia de Castro, una pequeña parroquia del ayuntamiento de Cerdedo (Pontevedra). Estudia magisterio en Santiago y poco después de concluir la carrera es enviado a cumplir el servicio militar a Melilla donde conoce a Rafael Dieste, que tan fundamental sería años después en su vida. En 1923, después de dos años en África, vuelve a Galicia para ejercer la docencia en Ribeira pero en 1929 se traslada a Madrid a408 para ampliar sus estudios en la Escuela Superior de Magisterio en la especialidad de Ciencias. Entra en relación con la Institución Libre de Enseñanza y a partir de estos vínculos trabaja como profesor de Matemáticas en la Escuela Plurilingüe Internacional (allí conocería a su mujer, Alicia Ortíz) y en el Museo de Ciencias. En Madrid reanuda y refuerza su amistad con Dieste y pasa a colaborar con las Misiones Pedagógicas donde coincide con Maria Zambrano, Serrano Plaja, Sanchez Barbudo, Lorenzo Varela, etc. Estos años recorriendo los pueblos de Galicia y España rescatando tradiciones, divulgando la ciencia y la cultura por medio de los libros, el cine y el teatro marcaron sin duda su vida, como ocurrió, en general, con sus compañeros de Misiones que eran caracterizados por "el deseo de comunicación con el pueblo, de intercambiar la cultura ancestral y los valores de los que eran depositarios, al mismo tiempo de entrega solidaria de una juventud, de un compromiso integral, una fuerza unificadora y un anhelo de grupo" (Pelegrín, 2008). Es importante destacar que, desde siempre, Otero Espasandín tuvo una secreta admiración por las matemáticas 5 que compartía y cultivaba con su amigo Dieste, y que tenía pensado solicitar una pensión de estudios para ampliar estos conocimientos. También la naturaleza y más concretamente las aves era otra de sus pasiones, que dejó reflejada en algunos de sus poemas (Cuquejo Enríquez, 2006). La guerra civil cambia el rumbo de su vida y en 1939 cruza la frontera francesa, es internado en un campo de refugiados y poco después logra el visado para trasladarse a Inglaterra, estableciéndose en Norwich donde su esposa ejercía de profesora de español. Por su condición de refugiado no consigue trabajar, aunque intenta realizar los estudios de ingeniero electricista. De todas formas, como consecuencia del comienzo de la segunda guerra mundial y del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con España, su mujer pierde su trabajo y la situación del matrimonio se hace insostenible. Pero en 1940, su amigo Dieste desde Buenos Aires, donde ejercía como editor literario de Atlántida, le consigue un trabajo en la editorial que le permite obtener el permiso de emigración y realizar su traslado a la Argentina. Coincide la llegada de Otero Espasandin con la puesta en marcha en Atlántida de la Colección Oro, que Dieste llevaba tiempo proyectando. Destinada "a niños de 7 a 80 años" pretendía divulgar la cultura en obras bien escritas y diseñadas y con un tratamiento literario que las hiciese asequibles a un público mayoritario, por eso, el libro: Debe ser claro, ordenado, ameno, distribuido en capítulos. Un libro de divulgación que no exija para ser entendido conocimientos especiales ni más hábito literario que el leer una revista no literaria. Sin embargo, el libro debe ser bonito, noble, como una buena conferencia de Misiones que pudiera escuchar con gusto cualquiera de los misioneros además del público (Dieste, 1995). Otero sería durante dos años el único autor de una colección en la que en ese período de tiempo publicaría catorce libros, la mayoría de divulgación en biología, astronomía, química, geografía, mitología, etc. Trabajaba día y noche, con un contrato leonino, pero que le permitía vivir modestamente y, sobre todo, mantener contacto con sus viejos amigos y proyectar y, en algunos casos, desarrollar viejas ilusiones editoriales y literarias. En los cinco años que pasó en la Argentina publicó veintiséis libros, la mayoría de divulgación y con la editorial Atlántida, así como diversas traducciones. También publicó más de un centenar de artículos, sobre todo en revistas de la emigración siendo de destacar los veinticuatro sobre pájaros que escribió para Correo Literario. Esta revista creada por Luis Seoane tenía entre sus colaboradores a Dieste, Alberti, Serrano Plaja, Francisco Ayala, María Teresa León, Sábato, Octavio Paz, Gabriela Mistral o Julio Cortazar (Otero Varela, 2001). En 1947 es contratado por un instituto de educación secundaria norteamericano de Waynesburg (Pennsylvania) para dirigir el departamento de español y donde pasaría seis años. De allí, como consecuencia de una enfermedad de su mujer, se traslada a Washington, donde trabajará como editor del boletín de la Organización Panamericana de la Salud y posteriormente como traductor para el departamento de agricultura, donde también dará clases de castellano para graduados. Sin llegar a volver a pisar las tierras de Galicia y de España fallece en Washington el 15 de octubre de 1987. En el año 1941 Otero Espasandín inaugura la Colección Oro de editorial Atlántida con el libro Maravillas de las regiones polares y continúa hasta 1943 como único autor de la colección a la que aportaría catorce volúmenes. Bastante menos de un libro por mes que le exigía la editorial, pero más que suficiente para un trabajo para el que "debía de hacerse con la bibliografía precisa, debía estudiarla y documentarse, debía profundizar en el tema y después, contrarreloj, debía escribir todo un mazo de folios que tenía que a408 entregar el día señalado". De ellos, la mayoría de los libros podrían incluirse dentro del género de la divulgación científica (Pobladores del mar, Prodigios de las aves, Los seres microscópicos, Gigantes marinos, El cortejo solar, Un paseo por el cielo y Sociedades de insectos). Durante ese mismo año publicaría también los números 19 y 23 de dicha colección, dedicados a Prodigios de las plantas y Nuestro Planeta. Los restantes libros de la Colección Oro que publicó en estos tres primeros años estarían dedicados a las sociedades antiguas de Egipto, Grecia y Roma y a las narraciones mitológicas. En los últimos meses de 1943 hay un intento de Otero de establecer vínculos con otras editoriales y publica en la Colección Conocimiento de Editorial Pleamar La Antártida como mito y como realidad, y en 1944 la traducción del libro de divulgación científica Tierra, luna y planetas de F. L. Whipple. En ese mismo año probaría suerte con Labor con El deporte griego, así como con la editorial Abril con la traducción del libro La astronomía al día de W. M. Smart, y en 1945 con la editorial Nova, con La Química al día de A. Allcott y M. S. Bolton. De todas formas, Atlántida, donde todavía permanecía como asesor literario su fiel amigo Dieste, seguiría siendo su editorial, en la que publicaría, en 1945, los volúmenes dobles, números 81 y 82 de la Colección Oro, Los átomos. Desde los griegos hasta nuestros días, que sería premiado en la Argentina 6 y el 97 sobre Animales viajeros. La serie dedicada a las civilizaciones antiguas la concluiría con el volumen doble 86 y 87 sobre Las civilizaciones mesopotámicas. En el año 1946 publica otro volumen doble, el 98-99, El mundo de los reptiles, y a partir de este momento decide aparecer con seudónimos 7: el de Roger Moulin (Cuquejo Enríquez, 2006; Pelegrín, 2000) lo utilizaría en sus libros La atmósfera inquieta y Volcanes y terremotos (números 118 y 119 de la Colección Oro) y el de Norman Beechdale (Cuquejo Enríquez, 2006) para Riesgos y promesas de la ciencia. El último libro que publicaría para Atlántida, ya desde Estados Unidos, sería en 1950 Los grandes ríos. En total editó en la Argentina veintiocho libros, de los cuales dieciocho podrían adscribirse al género de la divulgación científica. También realizó tres traducciones de libros anglosajones sobre temas de popularización de la ciencia y dos más sobre otros temas. En la prestigiosa revista quincenal Correo Literario se encargó de una columna que apareció puntualmente en sus veintiún primeros números (del 15 de noviembre de 1943 hasta el 15 de septiembre de 1944) y que, ya de una forma menos regular, conti-nuó en tres números más (24, 38 y 40), sobre la vida y costumbres de las aves. Según su testimonio era un material que había extraído en parte de un futuro libro que pensaba publicar y que se titularía Pájaros en vuelo, pero que nunca llegó a ver la luz. Finalmente, hay que citar también su obra literaria, muy dispersa en revistas gallegas y de la emigración americana que solo últimamente fue recopilada, en su producción en idioma gallego, por María Cuquejo Enríquez ( 2006). Hay que señalar que, aunque inicialmente esta obra no tendría ninguna relación con la ciencia, en varias de sus poesías y cartas se pueden rastrear sin ningún género de dudas su querencia y vocación por las cuestiones y expresiones científicas ("Paseo as miñas cábalas / baixo á-lgoritma das estrelas"; "Cruzabas ti a pratela do microscopio / da medianoite"; "Emigraron os paxaros da alma / po-las liñas magnéticas do rencor"; "Númaros pitagóricos / pespuntean na punta dos teus dedos", etc.), así como su respeto y afecto por el mundo natural, sobre todo por los seres que pueblan el aire. LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DE OTERO ESPASANDÍN Es posible que en la selección de temas de divulgación científica que incluía la Colección Oro interviniesen tanto Dieste como Otero Espasandín, pues aquel tenía fama de ser un editor muy meticuloso, como atestigua su carta a Sánchez Barbudo, otro de los autores de la colección, en la que le "especifica el esquema, el índice del contenido de los capítulos del futuro libro, la extensión, el tiempo previsto para su publicación, la remuneración, etc." En cualquier caso, se puede observar desde el primer momento la búsqueda de un equilibrio entre temas relacionados con las ciencias de la tierra (Maravillas de las regiones polares, El cortejo solar, Un paseo por el cielo...) y las ciencias de la vida (Pobladores del mar, Prodigios de las aves, Los seres microscópicos...), algo que era relativamente normal en las colecciones populares que comenzaban a editarse desde las primeras décadas del siglo XX. Posteriormente, a partir de 1945, introduce el conocimiento de la materia (Los átomos...) y, sobre todo, el avance científico y sus consecuencias, positivas y negativas, sobre las sociedades humanas (Riesgo y promesa de la ciencia). Así como los dos primeros grupos, correspondientes a las ciencias de la tierra y de la vida, parecen responder a una premeditada planificación editorial, el último grupo podría ser el reflejo de una preocupación mundial en relación con las aplicaciones de la ciencia que co-a408 menzó a extenderse en los últimos años de la segunda guerra mundial y, sobre todo, a partir del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki: "Las consecuencias inmediatas del descubrimiento de la bomba atómica no han podido ser más funestas para la paz y la reconciliación de los pueblos" (Riesgo y promesa de la ciencia, 1946). En cambio, la colección de textos sobre las aves que aparecerán en Correo Literario sí que parecen responder a un interés muy especial y particular que el autor desde siempre sintió por la naturaleza. Un texto de divulgación científica, además de la amenidad y de su lenguaje asequible, debe de beber en fuentes seguras y todas sus afirmaciones tienen que responder a realidades bien contrastadas. Los libros y artículos de Otero no suelen ser pródigos en citas bibliográficas, por lo que no resulta fácil realizar este análisis; sin embargo, una lectura detallada de los mismos muestra siempre un buen y actualizado conocimiento de la materia tratada, lo que presupone un riguroso trabajo previo de asesoramiento. Por otra parte, de las contadas citas que aparecen, sobre todo en sus trabajos sobre aves, se puede deducir que las fuentes anglosajonas, fundamentalmente las americanas, eran las de su preferencia. De todas formas, en lo que sí se distinguen los textos de divulgación científica de Otero Espasandín, y en parte se diferencian de los que se encontraban en las colecciones populares del momento, es en el tratamiento del texto. Escritos con un léxico clásico, pero expresivamente muy rico y sugerente, convierten algunas partes de sus libros y artículos en auténticas piezas literarias:...En este caso ocurre algo semejante a lo que acontece con ciertas plantas, o sea que a pesar de contener sus flores elementos masculinos, no se realiza la polinización directa, sino que el polen de una planta fecunda los ovarios de otra distinta. Parece como si fuera necesario correr la aventura, abrir el alma al mensaje que viene de lejos teñido de leyenda, dejarse llevar en alas de un ensueño, a fin de que los frutos del amor sean plenos, aptos para dar cauce a la vida, eternamente renovada. Esto ocurre con la flor, con el paramecio, con las abejas, con los hombres (Las sociedades de insectos, 1943)....Tiene del duende tal vez la sorpresa, la aparente travesura, la gracia, lo arisco; pero su atuendo, su contorno firme, lo medido de sus actos repentinos, la acústica de su garganta, la geometría y el primor de sus huevecillos, lo alejan de toda creación de la fantasía, le dan una fuerza de evidencia absoluta. Basta que le veáis unos segundos, mientras salta de una a otra zarza, para que los más íntimos y menudos registros de vuestra sensibilidad se pongan alerta (La vida privada del Carrizo Casero. Esta "prosa lírica" con un "entronque teatral" de Otero Espasandín, que Pelegrín (2008) relaciona con su paso por las Misiones Pedagógicas, no impide que el contenido del texto sea fiel a la realidad científica que trata de describir aunando en él expresividad, riqueza y rigor. Consiguiendo libros y artículos a un tiempo competentes y hermosos, en los que se hace realidad ese anhelo del autor de unir la ciencia con la poesía. De ellos, el crítico F.A.R. de Correo Literario resaltaba en 1943, sobre sus primeros libros publicados, que en sus páginas se conjugaban "la pasión del escritor, del hombre de imaginación con el método, conocimiento y rigor característicos de libros que sobre divulgación científica ha escrito hasta ahora" y, un año más tarde, el escritor Lorenzo Varela escribía que tienen "ese don explicativo difícil de encontrar, ese acierto en la selección de los hechos, ideas e interpretaciones, que hacen de sus libros verdaderas obras maestras dentro de su categoría". Otra de las características de estos escritos es la importancia que en los mismos adquiere el contexto histórico, sobre todo en relación con el mundo clásico, y que evidentemente está relacionado con la vasta cultura que sobre estos temas Otero Espasandín poseía. Algo que ocurre desde sus primeras publicaciones hasta las últimas: En esta epopeya, tan vieja como el hombre mismo, de aventura y de conquista, la Antártida ocupa el último capítulo... Es preciso remontarse a las aventuras ultramarinas de los griegos -la conquista del Vellocino de Oro y la descripción de los soberbios muros de Troya, levantados según el mito, por los mismos dioses-o a los tiempos del Nuevo Mundo, para encontrar un plantel de héroes equivalentes (La Antártida como mito y como realidad, 1943). La sospecha de que el mundo está, en última instancia, constituido de partículas indivisibles, eternas y homogéneas, surgió en las mentes de los pensadores jonios varios siglos antes de nuestra Era, y esa concepción fue cantada en versos latinos magistrales por Lucrecio. Olvidada durante muchos siglos fue resucitada por Dalton a comienzos del siglo XIX (Los átomos. De todas formas, la erudición no impide que en otras partes del texto se busque la complicidad y la cercanía mediante preguntas directas al lector o la a408 utilización de la paradoja y el contraste como recurso para despertar su interés o incluso el humor y la ironía para relativizar determinados pasajes del mismo. Según Pelegrín (2000), buscaría la sugestión del lector, prodigando vocablos como extraño, curioso, asombroso, sorpresa, secreto, incógnita, misterio, etc. Y tampoco rehuiría el lenguaje coloquial: La alegría de Bunsen cuando comprendió el alcance del aparato para el análisis químico no es para describir. Se dedicó a perseguir substancias raras por todos los rincones del laboratorio; aquí encontraba sodio, allí litio, en otro lugar cinc. Aquello era una maravilla, no importaba que estuviesen mezclados entre sí y otras basuras del laboratorio; aquel detective maravilloso separaba en el acto las huellas digitales de todos los elementos que merodeaban por los más absurdos recovecos (Los átomos. No son raras tampoco analogías sorprendentes y originales como las que utiliza, por ejemplo, para describir la erosión eólica: El viento es otro escultor y otro demoledor maravilloso de las tierras emergidas. No posee, como el agua, arma de doble filo: la acción disolvente y la acción mecánica, y por ello su acción es más lenta. Además como buen artista, tiene gran inventiva. Su instrumento especial es la lima, o mejor dicho la lija. Allí donde encuentra arena, llena sus talegos y en cuanto se le impone un obstáculo lanza contra él sus mil lenguas afiladas como sierras. El viento utiliza desde hace millones de años la técnica de los talladores de diamantes, consistente en utilizar el polvo de la misma materia que desea atacar. Ataca el granito con el polvo de granito, el basalto con el polvo de basalto (Nuestro Planeta, 1943). Y tiene una idea muy arraigada sobre la ejemplaridad de los grandes nombres de la historia (algo también muy presente en las Misiones Pedagógicas), por lo que en sus textos ocupan siempre un lugar destacado figuras como Maxwell, Pasteur, Admunsen, Flemming, Curie, etc. con la idea de que detrás de cada descubrimiento, de cada avance de la ciencia se haga visible el factor humano, de "lo que de eterno hay en el hombre", y de poder "contribuir en la medida de mis posibilidades al conocimiento de cuanto los hombres de todas las procedencias han descubierto" (La Antártida como mito y como realidad, 1943). Pero si hay una convicción que aparece una y otra vez en sus libros sobre las ciencias de la vida es la del equilibrio que existe entre las diferentes fuerzas y ele-mentos que se encuentran en la naturaleza. La idea de una armonía entre todos los seres que la pueblan y el delicado encaje entre las diferentes funciones que generan es algo que pudo nacer en sus lecturas de los clásicos pero que sin duda alimentó y enriqueció con sus paseos y vivencias por el campo gallego de su juventud. Ecologista avant la lettre, Otero Espasandín no dudó en criticar la actitud engreída y altiva del hombre frente a la naturaleza, comentando con ironía: "menos mal que poseemos en compensación el don de la inconsciencia y de la vanidad, y olvidándonos de cuánto y cuánto nos rodea, nos erigimos en reyes de la creación, nos dedicamos a la política o al periodismo, aceptamos banquetes e intrigamos para que nos concedan una condecoración o un nombramiento honorario" (El ave más útil: el guanay. Finalmente, el libro Riesgo y promesa de la ciencia (1946), uno de los últimos que publicó, está dedicado fundamentalmente a la descripción y exaltación de los grandes avances de la ciencia y técnica contemporáneas (la conquista del espacio, los nuevos materiales, las telecomunicaciones, las nuevas formas de energía, el radar y la penicilina), por lo que podría ser incluido dentro del género de la literatura documental, una de las modalidades de la divulgación científica. Pero, al final y en algunos de los apartados anteriores, Otero Espasandín no deja de plantear con claridad algunos de los problemas que afectan a la ciencia y la técnica contemporánea comenzando por el hambre en el mundo, cuestión sobre la que señala que "con muy pocas excepciones -y éstas harto interesadas para ser tenidas en cuenta-en nuestros días nadie puede dar crédito ni a Adam Smith ni a Malthus, entre otras muchas cosas porque, aunque parezca paradójico, el problema alimenticio al que nos venimos refiriendo ha sido planteado en mayor medida por la abundancia de víveres que por su escasez", y todo ello como consecuencia, en parte, de que "la obsesión de nuestra sociedad es producir sin saber muy bien para qué ni para quien, y estos productos, pensados en función de dividendos, de precios, competencias y ganancias, y no en función de las necesidades reales de la población y del bienestar que proporcionan, acaban por ahogarnos, por lanzarnos a la lucha contra nuestros semejantes, por privarnos del trabajo". Sin citarlo, recuerda en muchos casos el pensamiento de Bertrand Russell, tan comentado pero también tan criticado en aquellos tiempos, cuando plantea el problema del control por las élites económicas y políticas mundiales de las telecomunicaciones, proponien-a408 do incluso para contrarrestarlo "la nacionalización de las estaciones de radio de cada país, su plena subordinación a los intereses de la comunidad y un amplio programa de acuerdos internacionales que encaucen y fiscalicen de un modo cauto, pero progresivo, las posibilidades culturales de estas conquistas de la ciencia y el tesón humano". Y por supuesto, coincide también con el pensador y activista inglés en su crítica sobre las aplicaciones bélicas de la ciencia, sobre todo de la energía atómica, defendiendo un pacifismo lúcido y radical: Sí, los hombres de ciencia, como el ciudadano corriente y moliente, habían aprendido muchas cosas en tanto se afanaban en sondear arcanos de la materia para sacar a luz tesoros de su energía, la nueva piedra filosofal. Entre ellas aprendieron cuánta infelicidad crean las locuras de los hombres y hasta qué punto resultan vanas y ridículas muchas de las ambiciones y muchas de las glorias en cuyo nombre se lanzan unos contra otros... La colección de libros de divulgación que escribió Otero Espasandín para la Biblioteca Billiken de Atlántida en la Argentina en los comienzos de su "edad de oro" editorial constituye un hito fundamental en la popularización de la ciencia en ese país. Concebidos como libros para un público amplio, "para niños de 7 a 80 años", fueron sobre todos leídos, en sus repetidas ediciones, por los jóvenes argentinos y en ellos toda una generación aprendió a conocer los secretos de la ciencia, a vivir con pasión los nuevos descubrimientos y a mirar con admiración, pero también con respeto y cuidado, una actividad que estaba cambiando su modo de ser y estar en el mundo. Ese colectivo de escritores españoles que tuvieron que exiliarse de su país en un momento especialmente dramático de su historia habían aprendido a valorar la importancia y transcendencia de una auténtica educación para el pueblo en experiencias como las bibliotecas circulantes, las colecciones populares y, sobre todo, las Misiones Pedagógicas. Nutridos culturalmente con las nuevas prácticas y teorías pedagógicas que venían de los tiempos de la Institución Libre de Enseñanza y estimulados por los nuevos movimientos políticos de democratización de la sociedad, se empeñaron como auténticos misioneros en la tarea de llevar la cultura a las capas tradicionalmente más desposeídas de ella. También la cultura científica. Su obra se prolongó en el exilio, y en México, Cuba y Argentina, sobre todo, crearon editoriales y revistas y prodigaron su saber y entusiasmo con su trabajo incansable de escritores y promotores de todo tipo de actividades culturales (conferencias, teatro, música, etc.). Pese a ello todavía sigue siendo una gran desconocida, sobre todo en lo relativo a la literatura infantil y juvenil que desarrollaron (Pelegrin, Sotomayor y Urdiales, 2008). Las aportaciones de Rafael Dieste en la Argentina fueron especialmente singulares e importantes y a su lado Otero Espasandín supo interpretar como pocos sus deseos, contribuyendo a llevar adelante con una actividad inagotable proyectos que todavía siguen siendo una referencia indiscutible en esos países. Y como bien nos recuerda la pedagoga argentina Ana Pelegrín: "allá en Buenos Aires, en las provincias de Argentina, en escuelas remotas, en el deseo de aquella inalcanzable colección completa de Billiken, viven las páginas de los españoles" (Pelegrín, 2008). En el campo de la extensión agraria, que es una forma específica de divulgación técnica, en cambio, el propietario rentista que no era técnico agrario pero tenía una cierta formación (por ejemplo, los abogados) tuvo una presencia significativa en las revistas de divulgación agraria españolas de esta época.
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. Las dos ideas que presidieron la concepción de este libro son: 1o) La convicción absoluta de que una obra de las dimensiones de la de Nuria Espert no puede quedar dispersa en artículos de revistas especializadas o en la sección de crítica teatral de la prensa periódica. 2o) Puesto que el teatro es, desde sus orígenes, un brillante capítulo del arte, el estudio de su obra se hace analizando los elementos de la plástica escénica con que cada obra es presentada y siempre teniendo en cuenta el paralelismo con la evolución de las artes plásticas. Esta orientación del estudio se "justifica" porque desgraciadamente es opinión harto generalizada que el teatro no forma parte de las Bellas Artes, sin reparar en que un actor / actriz es un artista que nos acerca al "retrato" del personaje que en cada momento interpreta. A partir de ahí, el estudio se estructura en diez capítulos cuyo esquema es siempre transversal: ello supone atender no solo al aspecto literario, a la interpretación, al autor del texto y su significación en la época, sino además a los elementos artísticos que configuran el espacio escénico para dar forma a la idea del director de escena, las fórmulas que utiliza el escenógrafo para su realización y su comparación con las soluciones empleadas por los artistas plásticos y, teniendo todo esto en cuenta, se explica el contexto histórico en el que se produce. El estudio abarca la obra de Nuria Espert desde sus comienzos como actriz hasta la temporada 2014-2015. El punto de partida son los años inmediatamente posteriores a la guerra civil, para ver en ese contexto su formación como actriz y llegar en el capítulo III a la muerte del general Franco, señalando así lo que significaba en esa época formar Compañía y poner en escena obras de Brecht, Sartre, Genet, Lorca, O'Neill o Valle-Inclán... En el capítulo II se señala cómo entre los artistas plásticos hay un deseo de normalización artística llevado a cabo por los pintores y escultores que, en sus primeros viajes por Europa, habían descubierto las novedades que en un horizonte tan estrecho como el de la posguerra española no se habían producido. Los escenógrafos que pusieron fondo plástico a las obras de la Compañía Nuria Espert en estos primeros años emprendieron esa misma dirección, manteniendo sus presupuestos estéticos de la preguerra (ecos de las primeras vanguardias) y aceptando alguno de los lenguajes que se definían en la Europa de la época. En el arte teatral español el capítulo III significa el gran salto a la contemporaneidad con las escenografías, en pleno franquismo, de Víctor García. Así fue como el teatro se adelantó a las artes plásticas sugiriendo el arte póvera, el cinetismo o la abstracción (Las criadas de Genet, la Yerma de Lorca y Divinas palabras de Valle-Inclán, 1969-1975). Esto supuso la internacionalización de Nuria Espert como actriz y con ella la modernización del teatro español, de tal manera que la presencia de Víctor García en la Compañía supuso claramente un antes y un después. En los tres capítulos siguientes, normalizada la situación política, el estudio se hace por los personajes interpretados: personajes de Lorca, personajes del teatro clásico y personajes del teatro contemporáneo (capítulos IV, V y VI). En cada uno de ellos se analiza la obra de los escenógrafos y se compara con la situación del proceso seguido por los artistas plásticos, y se señala la continua renovación de los montajes de la Compañía Nuria Espert, que va llamando a los directores y a los escenógrafos que atienden los teatros europeos, entre los que destacan, por una más constante colaboración con Nuria, Ezio Frigerio para la escenografía y Franca Squarciapino para el vestuario. Llaman asimismo a directores y escenógrafos españoles también de relevancia internacional (Lluís Pasquall, Gerardo Vera o Miguel del Arco, por ejemplo). En todo caso el esquema de análisis es siempre el mismo. Exactamente igual que cuando hablamos de Nuria Espert directora de ópera (capítulo VII) se analiza el autor, las claves de la lectura que hace Nuria y la labor del escenógrafo para dar forma a su planteamiento. Los capítulos VIII y IX tratan de otras vertientes de la profesión teatral. El primero habla de recitales, gestión teatral o actos culturales de diversa índole. Y el segundo de las conclusiones del estudio realizado, bajo el título de El significado de una doble aportación, que alude a la contribución de Nuria, por un lado, a nuestra historia cultural, que está en relación con la importancia de los dramaturgos que ha traído a la escena española y, por otro lado, a nuestra historia artística, en relación con las puestas en escena que han realizado los escenógrafos que han realizado "la puesta". Finalmente, el capítulo X, aparte de las fuentes documentales y la selección bibliográfica, incluye una relación, con un breve apunte biográfico, de todos los directores de escena y todos los escenógrafos que han trabajado para Nuria Espert. El estudio se cierra con un índice onomástico. Isabel Mateo Gómez Consejo Superior de Investigaciones Científicas
donde ha investigado sobre estructura de polipéptidos y macromoléculas sintéticas y en proteínas del plasma, con un intervalo como Visiting Scientist en los NIH (USA). Ha sido Vicepresidente del Licenciada en Ciencias Químicas y doctora en Química Industrial por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 2004 es Científico Titular del CSIC, adscrita al Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento (INGENIO, CSIC-UPV). Hasta ese momento se dedicó a la planificación y gestión de la investigación y de la transferencia de tecnología en diversas entidades españolas (EOI, CDTI, Secretaría general del Plan nacional de I+D, Secretaría de Estado de Universidades e Investigación, OTT del CSIC). Ha participado en más de 15 proyectos de investigación y en 20 contratos de I+D y de asesoramiento con diversas entidades públicas y publicado más de 35 artículos en revistas nacionales y extranjeras y capítulos de libros. Forma parte del Consejo Científico-técnico de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Es miembro de la Red de excelencia europea PRIME y de la Red de estudios políticos, económicos y sociales sobre la ciencia, la tecnología y la innovación (red CTI-CSIC). Sociólogo (UBA), Máster en Educación Superior (U. Palermo/UNESCO), Máster en Gestión de la Ciencia y la Tecnología (UPV/EHU). Ha sido docente universitario (UBA-UNLu-Argentina), Consultor del Programa Fondo para el Mejoramiento de la Calidad Universitaria -FOMEC-y Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria -CONEAU-(Ministerio de Educación-Argentina). Principales temas de investigación: evaluación de la actividad científica; redes de conocimiento y redes de innovación; innovación social y desarrollo regional; migración y movilidad de recursos humanos cualificados; indicadores de ciencia y tecnología. Doctor en Arqueología por la Universidad de Santiago de Compostela y visiting scholard en la Universidad de Cambridge (1986). de investigación del CSIC, donde dirige el Laboratorio de Arqueoloxía da Paisaxe del IEGPS (CSIC), unidad de investigación que reúne a 30 especialistas y tiene como objetivo cubrir un ciclo integral de investigación básica, aplicada y oferta de servicios innovadores para la gestión y evaluación del Patrimonio Cultural. Sus líneas de investigación son Arqueología del Paisaje, Teoría arqueológica y Arqueología y sociedad. Es autor de una docena de libros y monografías científicas, de alrededor de 120 artículos de investigación en revistas españolas e internacionales, y de cerca de 45 artículos de divulgación y ensayo. Ha dirigido 9 tesis doctorales, 24 tesis de licenciatura y 31 trabajos de investigación del Tercer Ciclo. Ha impartido cursos en diversas universidades españolas, europeas y latinoamericanas. Desde marzo de 2003 es el Coordinador del Área de Humanidades y Ciencias Sociales del CSIC. Profesor de Investigación del CSIC en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía. Últimos libros publicados: Telépolis (Destino, 1994), Cosmopolitas Domésticos (Anagrama, 1995), Filosofía de la Ciencia (Akal, 1995), Introducción a la Metodología de la Ciencia: la Filosofía de la Ciencia en el Siglo XX (Cátedra, 1999), Los Señores del Aire: Telépolis y el Tercer Entorno (Destino, 1999), Un Mundo Virtual (Debolsillo, 2000), Ciencia y Valores (Destino, 2002) y La Revolución Tecnocientífica (Fondo de Cultura Económica, 2003). Investigador Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En la actualidad es el director del Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento (INGENIO) (CSIC-UPV). Desde hace más de 20 años ha dedicado su actividad profesional y científica al análisis y gestión de la ciencia y la tecnología. Ha dirigido 5 tesis doctorales, participado en más de 20 proyectos de investigación y 30 contratos de I+D con diversas entidades públicas; como resultado de esas actividades, ha publicado más de 60 artículos científicos y libros sobre estas materias y difundido sus avances mediante cursos, seminarios y conferencias en Europa y América Latina. En 2005 fue galardonado con el Premio Nacional de Investigación "Juan de la Cierva" en Transferencia de Tecnología que concede, con periodicidad bianual, el Ministerio de Educación y Ciencia español. Profesor titular de Filosofía de la Ciencia en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Ha sido codirector de la Unidad Asociada de Estudios de Ciencia y Tecnología del CSIC-UPV/EHU y actualmente es coordinador de la Cátedra Sánchez-Mazas de la UPV/EHU, entidad dedicada a la investigación en temas de ciencia, tecnología e innovación. Es editor de la revista Theoria. Sus temas de investigación conciernen al estudio de las teorías y prácticas representacionales de la ciencia, y a las transformaciones científico-tecnológicas de la sociedad y la cultura. Es Profesora Titular de Universidad en el Departamento de Lingüística Aplicada a la Ciencia y Tecnología de la Universidad Politécnica de Madrid. Se licenció en Filología inglesa en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente cursó el Doctorado en esta universidad, obteniendo el grado de Doctor en el campo de literatura inglesa. En 1987 obtuvo una beca "Fulbright" para realizar estudios posdoctorales en la Universidad de Harvard (Estados Unidos de América) y de 1990 a 1992 cursó estudios de Master en la Universidad de Reading (Reino Unido), obteniendo el título de "Master in Teaching English as a Foreign Language" en dicha universidad. Ha publicado en varias revistas de prestigio tanto en el campo de la literatura como en el de la lingüística aplicada, que constituye su principal foco de estudio e investigación. Licenciado en Economía y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesional de la Oficina de Transferencia de Tecnología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de la Argentina. Miembro del Centro de Estudios para la Planificación del Desarrollo del Instituto de Investigaciones Económicas de la UBA. Es Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Alcalá de Henares y licenciada en Historia del Arte por la misma universidad. También tiene un Master en Estudios Norteamericanos por el Instituto de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y otro por la Universidad de Michigan State (East Lansing, USA). Ha trabajado como profesora asociada en el Departamento de Filología Inglesa AUTORAS Y AUTORES de la Universidad Complutense de Madrid y en la actualidad es profesora titular en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid de la Universidad Politécnica, donde imparte clases de inglés para fines específicos y de presentaciones orales en entornos profesionales. Ha sido invitada en un par de ocasiones a dar clases de inglés para fines específicos en la Universidad de Chile (Santiago, Chile). Sus artículos y ponencias publicadas hasta la fecha versan, primordialmente, sobre aspectos metodológicos del inglés para fines específicos, estudio que simultanea con el de aspectos literarios de escritoras en lengua inglesa como Sylvia Plath o Sandra Cisneros. En la actualidad está trabajando en un par de proyectos financiados por la Comisión Europea que tienen como objetivo la promoción de lenguas y el acercamiento entre distintas instituciones para crear un sentimiento de cohesión en Europa. Es Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid y desde 2004 es Investigador Científico en el Centro de Información y Documentación Científica del CSIC. Es codirectora con Jesús Rey Rocha del Grupo de Estudios de la Actividad Científica del CINDOC (CSIC). El trabajo del grupo se desarrolla en el ámbito de los estudios sobre Ciencia-Tecnología-Sociedad. Actualmente, su investigación se centra en tres líneas: a) Dinámica de equipos de investigación. E-Mail: [EMAIL] Entre sus libros, cabe citar: Genes para cenar; Biotecnología, Industria y Sociedad; Biotecnología y Sociedad: Encuentros y desencuentros, Radiografía de la Investigación Pública en España (coeditado con Jesús Sebastián). Licenciada en Psicología, terapeuta de sistemas y doctora en psicología. Ha desarrollado sus más de 12 años de vida profesional en el campo de la I+D, la transferencia de conocimientos y la evaluación e intervención en sistemas humanos en diversas entidades (Universidad de Valencia-Estudi General; Instituto de Investigación de la Empresa Familiar, Colegios profesionales, centros de formación de postgrado, hospitales y gabinetes de recursos humanos). En el período 2003-2007 trabajó como contratada doctor en el Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento -INGENIO-(CSIC-UPV), donde, entre otros, participó en un proyecto dedicado a la valorización de las ciencias humanas y sociales en el CSIC. Ha participado en seis proyectos de investigación y publicado más de 10 artículos científicos y capítulos de libros. Desde octubre de 2007 es profesora de la Universidad Católica de Valencia, donde imparte docencia en la Facultad de Psicología y Ciencias de la Salud. Licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Percepción Social de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko AUTORAS Y AUTORES Unibertsitatea. Responsable de diversos proyectos vinculados con la Percepción Social hacia la Ciencia, la Tecnología y la Innovación; la percepción de las causas de la migración científica-tecnológica y sobre Recursos Humanos en Ciencia, Tecnología e Innovación. Publicaciones en las temáticas de redes de cooperación empresarial, demanda y movilidad de recursos humanos y transferencia de conocimiento. Es Doctor en Ciencias por la Universidad Autónoma de Madrid y MSc en "Electronic Information Management" por la Universidad de Sheffield. Desde 2001 es Científico Titular en el Centro de Información y Documentación Científica del CSIC. Es codirector con M.a José Martín Sempere del Grupo de Estudios de la Actividad Científica del CINDOC (CSIC). El trabajo del grupo se desarrolla en el ámbito de los estudios sobre Ciencia-Tecnología-Actualmente, su investigación se centra en tres líneas: a) Dinámica de equipos de investigación. Es Licenciado en Filosofía por la Universidad Católica de Chile (1986) y Doctor en Filosofía por la Universidad de Valencia (1996); Subdirector General del Instituto de Cooperación Iberoamericana de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI); Secretario General del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED). En 1997 se incorpora al CINDOC, actualmente Instituto de Estudios Documentales sobre la Ciencia y la Tecnología, donde desarrolla actividades de docencia, investigación y asesoría internacional en políticas y gestión de la I+D y en cooperación internacional. Desde 2005 coordina la Red CTI/CSIC de "Estudios políticos, económicos y sociales sobre la ciencia, la tecnología y la innovación". Es Director Adjunto de la Revista Arbor y Presidente del Consejo Editorial de la Fundación Carolina.
Historia de los papas en el siglo XX a través de las grandes biografías, novelas y películas LAS PUERTAS DE LA HISTORIA "Para entender la guerra de los Balcanes, hay que leer Un puente sobre el Drina de Ivo Andric". La frase es algo más que un reclamo comercial de esos que se colocan en un fajín rojo sobre los libros en función de los acontecimientos. Ivo Andric, que por cierto vivió en Madrid, donde tiene una placa muy cerca del Ritz, nos abrió a un conocimiento del que no puede dar cuenta la historia. Sin esos componentes, el retrato de una época queda borroso y a la comprensión última de los hechos le falta una textura humana imprescindible. Este es el espíritu que a mi juicio anima la técnica de Onésimo Díaz Hernández a la hora de escribir la Historia de los papas en el siglo XX. El subtítulo anuncia que esa historia se construye a través de biografías, novelas y películas. Todo un reto, porque no son muchas las novelas y películas que se han ocupado de los papas, pero sí han acompañado el tiempo de los pontífices, y han expresado las inquietudes y los problemas de su época. El resultado es un libro estimulante, rico, pleno de detalles, pero a la vez profundo. El libro parte de la pregunta sobre el papel de la Iglesia en una época de crisis, dominada por lo que el autor llama las tres formas de la secularización: una sociocultural, que separa la política de la religión, otra neutral, que consiste en una separación pacífica entre el Estado y la Iglesia (al modo de los Estados Unidos), y una tercera política, que avanza con un laicismo militante que confina toda manifestación religiosa al ámbito estricto de la intimidad. Con esta premisa, el autor acota el tiempo de su análisis. Comienza por Benedicto XV, papa enfrentado a un tiempo de guerra. Deja para el siglo XIX a León XIII, a pesar de que el papado del autor de la Rerum Novarum se mete en el siglo XX y los ecos de su encíclica social llegan hasta nuestros días. Y con Benedicto XV y sus iniciativas para conseguir la paz comienzan a aparecer en el texto de Onésimo Díaz los escritores que narran el conflicto bélico: Andric con Éxtasis y caída de Tomas Galius o Ludwig con Julio de 1914. El autor no se limita a los escritores contemporáneos, sino que amplía las visiones a aquellos que han vuelto sobre conflictos que forman parte de su pasado. De ahí la relevancia que concede a Agosto. Thomas Mann y Joseph Roth se alternan con Mario Monicelli, director de La Gran Guerra, con Alberto Sordi y Vittorio Gassman, y las más recientes Los intocables de Elliot Ness y Camino a la perdición. O el Chaplin de Tiempos modernos se mezcla con la obra del filósofo Ortega y Gasset o las memorias de Kafka para componer un tejido de obras que han afrontado la crisis cultural del periodo de entreguerras. Novelas, ensayos, biografías o películas, van dibujando los problemas a los que los papas dieron respuestas con sus encíclicas o cartas. Y el lector percibe que algunos de esos problemas son actuales, como el de la educación, abordado por Pio XI en la Divini illius Magistri, de diciembre de 1929, en la que defiende los derechos de la Iglesia en la educación y subraya que la educación de los hijos recae sobre todo en los padres, y no en el Estado. a410 La guerra. La guerra y las religiones políticas que fundan el nazismo o las dictaduras fascistas y la soviética son las grandes tragedias del siglo XX. Y el papa que se enfrenta a la Segunda Guerra Mundial es Pío XII, elegido unos meses antes de que estalle la Gran Guerra. Le acompañan en esta obra Irene Nemorivoski, Anna Frank con sus diarios, pero también Roman Polanski con El pianista, Andrei Tarkovski con La infancia de Iván, Casablanca de Michael Curtiz o La lista de Shindler de Spielberg. Las obras de ficción no solo sirven para dibujar el contexto o la visión de los artistas sobre los acontecimientos de la historia. En el caso de Pío XII una obra de teatro, El vicario (1963), del dramaturgo Rolf Hochhuth, es el inicio de la leyenda negra sobre Pío XII, porque fija la imagen de un papa culpable, acusado de haber mirado para otro lado ante el genocidio de los judíos europeos. En esa obra se inspira la película Amén (2002), de Costa Gavras, a la que el autor atribuye "un guión excesivamente parcial y apasionado, que conduce a la deformación de los hechos". Juan XXIII es el papa "santo y bueno" que llega a la cátedra de Pedro en 1958 y se tiene que enfrentar a un mundo dividido y en plena transformación. Un papa que publica la Pacem in terris, en la que habla del riesgo de confrontación nuclear, el mismo año que Kubrick firma su ¿Teléfono rojo? Es el mundo que se enfrenta al problema del racismo, con historias como Adivina quién viene a cenar esta noche, o el que contempla conmocionado el asesinato de John Fitzgerald Kennedy. La investigación sobre la conjura dará lugar a películas como JFK Caso abierto, de Oliver Stone, en 1991. El autor recuerda que es a Juan XXIII a quien Pier Paolo Passolini dedica El Evangelio según san Mateo (1964), película sincera y llena de valores. Ese diálogo con el mundo contemporáneo es el que eclosiona con toda su fuerza en el Concilio convocado por Juan XXIII e impulsado por Pablo VI. Fue el Concilio más ecuménico y el más universal: reunió a dos mil padres de los cinco continentes y despertó un enorme interés en los medios de comunicación. La Iglesia se hacía presente en un mundo cada vez más secularizado y hacía un alegato rotundo en favor de la libertad, de una vida de fe plural, que se podía traducir en numerosas manifestaciones culturales. Luego vino el posconcilio con la teología de la liberación, con mayo del 68, y otros vientos disolventes que nacieron de la crítica y el rechazo de toda autoridad, y en este tiempo el autor va cosiendo ensayos, novelas y sucesos: la matanza de la plaza de Tlatelolco, las obras de Marcuse, la novela de Ginzburg Las palabras de la noche, o El hombre que quería ser culpable (1973), de Henrik Stangerup, en la que un novelista de mediana edad mata a su esposa en un arrebato y queda libre porque la sociedad niega la responsabilidad individual y el sentimiento de culpa, a pesar de que el protagonista confiesa su culpa y quiere expiar su pecado. El contexto social y cultural que Onésimo Díaz Hernández dibuja en torno a cada pontífice no pretende ser exhaustivo. Plantea más bien un ramillete de obras que han tocado el corazón de los grandes problemas y selecciona aquellas más interesantes. Así, cuando aborda el terrorismo, fenómeno nacido en los rescoldos del mayo del 68, nos recomienda una serie de obras que comienzan por El día de la lechuza, novela de Leonardo Sciascia sobre la corrupción política y la mafia; El proceso de Burgos (1979), documental de Imanol Uribe, y Operación Ogro (1979), de Gillo Pontecorvo, sobre el asesinato de Carrero Blanco. En el nombre del hijo, Agenda oculta y The Boxer retratan el terrorismo en Irlanda del Norte, y se echa de menos alguna referencia en cine o en novela sobre el terrorismo de la banda Baader-Meinhof. La Historia de los papas en el siglo XX es una obra accesible, fácil de leer para cualquier nivel cultural, pero el lector navegará con más facilidad por las aguas del pontificado de Karol Wojtyla. Es más reciente y ha marcado la historia, no solo del final del siglo XX con la caída del muro y el fin del comunismo, sino también la del siglo XXI. Es el papa que se enfrenta al final del milenio y conduce a la Iglesia a un camino que lleva a "cruzar el umbral de la esperanza", como escribió san Juan Pablo II en uno de sus documentos. Navegamos por los años de Reagan y los de Gorbachov en la Unión soviética, Walesa en Polonia (Walesa, la esperanza de un pueblo, de Andrej Wajda) y por el final de la RDA. Algunas obras han revelado la tragedia del comunismo con extrema eficacia a pesar de su sencillez. Es difícil comprender la desazón y deshumanización de la vida en la RDA si no se ha visto La vida de los otros, de Florian Henkel. Esa Iglesia que propone la verdad eligió para tomar el relevo de Karol Wojtyla al cardenal Joseph Ratzinger, que asumió el pontificado como "humilde trabajador de la viña del Señor". Es el papa que dialoga con la posmodernidad, que habla con esa sociedad de la modernidad líquida, concepto acuñado por Bauman. Es el mundo de la globalización, o de la norteamericanización, como dijo Max Weber. Pero es también el mundo que descubre el valor de la contemplación. Benedicto XVI beatifica a Charles de Foucauld mientras en los cines triunfa un documental, El gran silencio, de Philip Gröning, sobre la vida monástica, y en En los compases finales del libro, Onésimo Díaz aborda el papado de Francisco, con un perfil biográfico y un comentario sobre sus primeros escritos, sobre todo la Evangelii gaudium, además de algunas obras que han abordado con la técnica del documental la vida de Jorge Bergoglio. El autor se aventura aquí con algo que suele dar mucho miedo a los historiadores: la visión del futuro. Y apunta dos líneas, una como probable, la otra quizá menos. La primera es la idea de que Francisco repetirá el gesto de Benedicto XVI: la renuncia si llega el día en que ve que las fuerzas le fallan. La segunda es la posibilidad de que se convoque un tercer Concilio Vaticano. En su presentación en Madrid, Onésimo Díaz anunció su próximo libro: un texto en el que abordará la biografía de una serie de mujeres a través de la novela, el cine o la autobiografía. Estoy seguro de que será tan interesante, estimulante, y lleno de buenos sugerencias para leer y ver como este de la historia de los papas del siglo XX. El libro se cierra con la recomendación de leer buenas obras y ver buenas películas, y una lista para quien quiera iniciar ese camino o lo quiera continuar. La historia nos lleva a todos esos libros, en la misma medida en que todas esas historias nos llevan a "la historia".
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. UNA VISIÓN ANTROPOLÓGICA, SOCIOLÓGICA Y ECOLÓGICA / THE HUMAN HUNTER. AN ANTHROPOLOGICAL, SOCIOLOGICAL AND ECOLOGICAL APPROACH Los seres humanos hemos practicado la caza desde los albores de nuestra evolución, y aún hoy en día se trata de una actividad muy presente, ya no solo como medio para adquirir alimento y abrigo sino, y muy particularmente, como una fuente de ocio, la cual se enfrenta a encontrados debates éticos y estéticos. En los últimos años predominan tratados y volúmenes colectivos dedicados a analizar la caza desde determinados puntos de vista, pero escasean los planteamientos más holísticos o en donde participen diferentes disciplinas que nos puedan aportar visiones complementarias. Este ha sido el objetivo del volumen que tiene usted en sus manos: intentar plasmar en unos pocos y selectos artículos algunas características del cazador humano, su papel a lo largo de diferentes periodos y las consecuencias que esta actividad tiene sobre el medio natural. Fue a comienzos de 2014 cuando Alfonso V. Carrascosa se puso en contacto conmigo para proponerme la coordinación de este proyecto. Su contagioso entusiasmo y el acertado planteamiento de desarrollar algunas cuestiones tratadas en el libro que sobre la caza publiqué dentro de la colección ¿Qué sabemos de? del CSIC 1, me hicieron aceptar de inmediato. Al poco inicié una búsqueda exhaustiva de expertos en diferentes ámbitos, capaces de hacer realidad un trabajo recopilatorio que aspirara a mostrar la cinegética desde muy diversos campos de conocimiento. La aspiración original era distanciarme del clásico predominio de enfoques experimentales y ecológicos, y promover un número monográfico en donde estuviera presente una visión esencialmente humanista de la actividad cazadora del hombre. Si se ha conseguido esta meta, al menos en parte, lo juzgarán los lectores, a quienes en todo caso animo a adentrarse en una lectura sin prejuicios, con la mente abierta, y con ganas de dejarse llevar por los diversos caminos por los que transita nuestro conocimiento sobre la cinegética. Los artículos que conforman este monográfico intentan responder a varias preguntas, a cuál más fascinante. Así, las motivaciones y decisiones que toman los cazadores humanos son analizadas desde variados puntos de vista, tanto antropológicos y sociales como ecológicos. Asimismo, se abordan cuestiones más concretas, como la gestión del lobo, la caza llevada a cabo por cazadores-recolectores actuales, las tácticas y estrategias del depredador humano, la información sobre historia natural que podemos obtener de los tratados históricos de caza, o ensayos en donde se analiza la problemática de la caza y las respuestas que puede dar una disciplina como la genética, o cómo poner en valor la gestión de la caza para que esta sea rentable y fuente de desarrollo en los territorios rurales. Si ya individualmente cada uno de los artículos son un reflejo fidedigno de los candentes asuntos que giran alrededor de la actividad cazadora del ser humano, el conjunto muestra una interesante visión complementaria que, confío, sea fuente de debate riguroso y despierte en el lector interés por profundizar aún más en los diversos temas tratados. Mi agradecimiento a Alfonso V. Carrascosa, Director de Arbor, por ofrecerme coordinar este proyecto, y a todos los autores, por su participación y su infinita paciencia en el trámite y publicación final del monográfico. La caza como recurso renovable y la conservación de la naturaleza. Madrid: CSIC y Los Libros de la Catarata.
Las investigaciones paleoeconómicas realizadas los últimos años sobre la caza en el Paleolítico Superior de la Península Ibérica habrían sido incomprensibles sin la relevante participación de la Escuela de Antropología americana. Este artículo resume la historia de aquellas investigaciones, los principales hitos que marcaron la evolución de las estrategias de caza y el contexto teórico de las principales hipótesis. Hasta los primeros años setenta poco se conocía de los modos de subsistencia de las comunidades humanas que poblaron la Península Ibérica durante los treinta mil años del Paleolítico Superior. El punto de partida fue la tesis doctoral publicada por el paleontólogo vasco Jesús Altuna acerca de las faunas cantábricas (Altuna, 1972), que no tardó en convertirse en la referencia principal para las futuras investigaciones que surgieron en materia de arqueozoología, paleoeconomía y paleoambiente. El entonces joven paleontólogo intuyó por primera vez la relevancia del ciervo en los modos de subsistencia del Paleolítico Superior Cantábrico, su protagonismo principal como presa preferida en las actividades de caza y su contribución esencial en la dieta humana. Las investigaciones emprendidas a partir de entonces revalidaron el alcance del ciervo en la vida de las poblaciones humanas que habitaron la Península Ibérica en el Paleolítico Superior. En cierta manera aquella especie tuvo un protagonismo similar al registrado para el reno en las llanuras abiertas del sudoeste de Francia; y al señalado para bisontes, bóvidos y caballos en las severas estepas de la Europa central y oriental. El rol prioritario del ciervo en la Península Ibérica resultó consecuente con unas características biogeográficas particularmente propicias para una proliferación generalizada de la especie: la latitud meridional peninsular, la templanza climática respecto a franjas europeas más septentrionales, el potencial de las fachadas costeras, la regeneración del nivel de productividad ecológica y la notable diversidad ecosistémica a nivel regional, convirtieron nuestra Península Ibérica en solar idóneo para la propagación de los rebaños de ciervo, sobre todo en los estrechos corredores costeros. La caza del ciervo se completaba con otros dos escenarios de caza: las cacerías habituales de cápridos que menudeaban por las abruptas laderas montañosas; y las matanzas de caballo, bóvido y bisonte que pastaban entre prados y herbazales de las planicies y llanuras litorales. En las amplias mesetas interiores, influenciadas por unas condiciones climáticas más rigurosas y extremas, las cacerías de équidos y bóvidos podrían haber adquirido particular relevancia, aunque a ciencia cierta no hay datos al respecto. En cualquier caso, las prácticas de caza paleolíticas de las comunidades peninsulares se dirigieron principalmente a los cinco animales citados. A partir de la base común formada por este repertorio de especies se sucedieron los modelos de comportamiento cinegéticos (especialización/diversificación, collector/forager) y los patrones de caza (grado de estacionalidad, intensidad de las capturas, selección de las presas, preferencias por edad/sexo) que han protagonizado los modos de vida de nuestros antepasados sapiens de la Península Ibérica. EL PALEOLÍTICO SUPERIOR INICIAL: EL CAZADOR OPORTUNISTA Hace 40.000 años se produjo la aparición del Homo sapiens en la Península Ibérica, la especie que representó la implantación del comportamiento plenamente moderno. Pero durante los primeros veinte mil años de vida de nuestra especie por las tierras peninsulares hay pocas certezas sobre los modos de vida de las bandas cazadoras-recolectoras. Más bien cabría decir que las supuestas evidencias se limitan a conjeturas inferidas a partir de informaciones precarias y fragmentarias, interpretadas por lo habitual a través estereotipos controvertidos de problemática. La imagen estándar de aquellas comunidades remite a bandas de cazadores-recolectores integradas por un parco puñado de individuos, habituadas a costumbres nómadas continuas, inquietas por buscar alimento de manera incesante por amplios territorios. La mayoría de los prehistoriadores han caracterizado los modos de caza de los primeros sapiens que habitaron la Península a partir de estas premisas: un patrón generalista en la selección de presas mediante la captura de un amplio elenco de animales; una estrategia de carácter oportunista ajena a un sistema de planificación logística; y un comportamiento táctico aleatorio en la búsqueda de las presas, basado en encuentros fortuitos y aleatorios. De este modo la caza representaría una proyección más o menos directa de los recursos locales (riqueza, abundancia y densidad de presas), con un impacto reducido en la naturaleza, supeditada a costes elevados en el plano de la movilidad residencial pero con una reducida inversión en cuanto a la movilidad logística. Esta imagen se ajusta bastante bien al modelo evolucionista que asocia los primeros humanos modernos con sistemas de caza rudimentarios, acomodando las necesidades a las posibilidades del entorno y padeciendo los riesgos que los vaivenes de la naturaleza generarían de modo casi inevitable en nuestras latitudes. Siguiendo esta línea de pensamiento, algunos especialistas han formulado incluso semejanzas entre las actividades cinegéticas de los primeros sapiens y los hábitos de caza de los últimos neandertales (Rasilla Vives y Straus, 2004), una propuesta que llevada a sus últimas implicaciones trasciende la simple escena cinegética para conectar con la controversia sobre los orígenes del comportamiento moderno. La tesis doctoral que publicó Altuna a inicios de los setenta proporcionó una información paleontológica aceptable para iniciar los estudios sobre las prácticas de caza del Paleolítico Superior peninsular. La primera aportación arqueozoológica se debió al antropólogo estadounidense Leslie G. Freeman, que realizó el primer estudio sobre la evolución de los modos de subsistencia a lo largo del Paleolítico cantábrico (Freeman, 1973), inusual trabajo de impronta paleoeconómica influenciado por las premisas teóricas procedentes de la Antropología americana y particularmente representativo de la Escuela procesualista de Chicago. Freeman recurrió a una metodología innovadora para abordar la precaria información cantábrica disponible por entonces y para proporcionar una interpretación ajustada a los entonces sorprendentes datos registrados en una cueva cántabra conocida como El Juyo. Los niveles magdalenienses depositados en esta cueva hace 15.000 años presentaban una acumulación tan ingente de huesos de ciervo que Freeman recapacitó sobre una interesante hipótesis: la posibilidad de que los cazadores hubieran adoptado en el período magdaleniense una estrategia cinegética profundamente alejada del modelo oportunista, una estrategia de caza especializada del ciervo. En opinión de Freeman la caza sistemática del ciervo magdaleniense representó un mecanismo de «especialización territorial» para incrementar la cantidad de alimento. En realidad el concepto «especialización territorial» había sido concebido por Kent V. Flannery, prestigioso arqueólogo del Próximo Oriente que había impulsado un innovador proyecto de investigación acerca de la transición al modo de producción de alimentos en el Creciente Fértil. En opinión de Flannery la especialización territorial había representado una estrategia oportuna para aumentar el volumen de alimento, recurriendo a una utilización progresivamente intensificada de recursos procedentes de situaciones cada vez más localizadas, una estrategia planificada que a la larga produjo una tendencia progresiva de sustitución del modo de subsistencia cazador-recolector por el modo de producción agrícola y ganadero. Freeman proyectó el concepto especialización territorial al mundo cazador-recolector magdaleniense, pero su aplicación tuvo inmediata repercusión como punto de partida de una larga polémica historiográfica que a día de hoy permanece abierta. Por de pronto, tan solo un par de años más tarde de la publicación de Freeman, un joven doctorando estadounidense asumió el testigo de la hipótesis especializada pero aportando un modelo de comportamiento cinegético mucho más complejo y a la par controvertido. La caza especializada del ciervo se relaciona con tácticas planificadas, destinadas a interceptar los animales en lugares estratégicos, un modo de comportamiento típico de los collectores. En la imagen, una partida de cazadores analiza el valor estratégico de un valle cerrado para la emboscada de animales. Fue a mediados de los setenta cuando el prehistoriador americano Lawrence G. Straus intervino decisivamente en el debate sobre la caza especializada con su proyecto doctoral sobre el Solutrense vasco-cantábrico, primera revisión moderna para este período crucial del Paleolítico Superior (Straus, 1977). Esta tesis doctoral influyó decisivamente en la renovación teórica de la investigación paleolítica de nuestro país pues supuso la resuelta incorporación de la tradición de la Antropología económica americana, materializada a través de la corriente llamada Arqueología procesual, la escuela de pensamiento liderada audazmente por el célebre antropólogo Lewis R. Binford desde finales de los años sesenta. En su conocido axioma la cultura es un medio de adaptación extrasomático del hombre, Binford defendió con absoluta determinación la aquiescencia del procesualismo con los principios del materialismo cultural de raigambre determinista. Desde la adhesión incondicional a tales principios, Straus facultó una nueva imagen sobre el Paleolítico Superior, donde la economía saltaba a primer plano, los modos de subsistencia pasaban a ocupar un lugar preminente en la caracterización cultural y las prácticas de caza se concebían como una muestra inmediata de la adaptación cultural y un reflejo directo del progreso de la humanidad. El estudio de los restos faunísticos solutrenses dispersos entre los museos cantábricos y los fructíferos resultados registrados en las excavaciones en la cueva asturiana de La Riera permitieron a Straus componer un escenario cinegético más complejo que el proyectado por Freeman años antes, basado en tres puntos básicos: La implantación de la caza especializada solutrense. La primera premisa consistió en adelantar el momento de implantación de la caza especializada varios miles de años antes de lo propuesto por Freeman. En opinión de Straus la caza sistemática del ciervo se había iniciado en el período solutrense, coincidiendo grosso modo con el ciclo climático crítico llamado Último Máximo Glacial, período caracterizado por un intenso desarrollo de los glaciares y un agudo enfriamiento climático. La implantación de la especialización en un período sumamente crítico, mediatizado por una importante reducción de la productividad ecológica y por una restricción de las posibilidades ambientales, resulta aparentemente contradictorio pero bien podría ponerse en relación con la capacidad de las comunidades humanas solutrenses para superar profundas adversidades paleoambientales en un ejercicio de resiliencia. La incorporación de tácticas de caza masiva. La segunda premisa resultaba bastante más controver-tida porque sostenía que la caza especializada del ciervo ocultaba realmente la implantación de una novedad táctica de primer orden: la matanza masiva de los rebaños mediante batidas planificadas de manera minuciosa a fin de masacrar el mayor número posible de animales. La hipótesis de la matanza catastrófica no era novedosa para el Paleolítico pues ya había sido planteada para tierras francesas y centroeuropeas tanto en la caza de renos como de caballos. Los antropólogos americanos conocían perfectamente las matanzas catastróficas a través de imágenes etnohistóricas del Nuevo Continente, en concreto a través de las emboscadas de los rebaños de ciervos ejecutadas por los nativos amerindios de las costas noroccidentales y las matanzas de manadas de caribúes perpetradas por los nunamiut de las latitudes subárticas canadienses. Fueron precisamente estas imágenes etnográficas las que sirvieron a Straus para determinar las posibles variantes tácticas de la caza masiva de ciervos en el Solutrense cantábrico (Straus, 1983): la batida mediante celadas de los rebaños en valles ciegos y encajonados de difícil salida; la cacería invernal de animales mediante la conducción de los rebaños a zonas dificultosas cubiertas de nieve; y las emboscas en lugares de paso de carácter estratégico como desfiladeros o vados, instalados en las rutas migratorias estacionales que conectan los pastos altos de verano y los pastos bajos de invierno. La movilidad logística estacional. La tercera premisa se refería a una precisa planificación territorial de las prácticas de caza mediante una triple combinación: la reducción de la movilidad residencial, el aumento de la movilidad logística y la regulación estacional de los movimientos. De acuerdo con las ideas anteriores las poblaciones solutrenses y magdalenienses renunciaron a los hábitos nómadas de sus predecesores del Paleolítico Superior inicial (importunados por un desplazamiento continuo del campamento residencial) y adoptaron unas rutinas más sedentarias al prolongar las ocupaciones residenciales durante largas temporadas del año. La reducción de la movilidad residencial tuvo una contrapartida inevitable: un incremento de la movilidad logística basada en traslados de pequeñas partidas de cazadores hasta lugares estratégicos que servían como cazaderos más o menos especializados. Los desplazamientos logísticos hasta los cazaderos situados tierra adentro se realizarían de manera periódica con una cadencia estacional, condicionada por los diferentes ritmos de productividad de cada entorno. Los campamentos residenciales se habrían emplazado a lo largo de las planicies litorales, cuyas praderías y pastizales habrían propiciado el ojeo individualizado de los herbívoros mayores (caballos, bóvidos, bisontes) y el rastreo masivo de los rebaños de ciervo que proliferaban por las llanuras y los bosques. Por su parte, los cazaderos logísticos se habrían apostado en zonas estratégicas de los valles interiores y en las laderas montuosas circundantes, próximos a las vertientes rocosas tan apropiadas para la cabra y a los refugios arbolados apreciados por el rebeco. De esta manera la complementariedad logística de la caza planificada desde los campamentos residenciales y los cazaderos logísticos permitía un aprovechamiento sistemático local de las posibilidades medioambientales y sumaba una nueva dimensión al concepto de especialización territorial de Freeman. La idea de que los cazadores tardiglaciares recurrieron a la movilidad logística estacional ente las planicies costeras y las montañas prelitorales resultó lo bastante convincente como para aplicarse a otras regiones de la periferia peninsular. El estadounidense Iain Davidson aseguró que las comunidades solutrenses/magdalenienses que poblaron el litoral levantino recurrían a movimientos de la costa a la montaña para aprovechar las posibilidades del territorio (Davidson, 1989). Pero también ha sido utilizado por varios especialistas para describir los patrones de vida de las comunidades cazadoras-recolectoras tardiglaciares que habitaron la larga fachada andaluza, ya fuera Almería, Málaga o Cádiz (Ramos, 1999). ¿QUÉ HABÍA DETRÁS DE LA CAZA? O CÓMO ALIMENTAR A LA GENTE Y SOBREVIVIR A LAS INCLEMENCIAS DEL CLIMA La caza especializada de los rebaños de ciervos propuesta por Freeman y Straus se ajustaba bastante bien al modelo de comportamiento que Binford calificó como collector en la prestigiosa revista American Antiquity (Binford, 1980). En su opinión el proceder collector resultaba propio de aquellos grupos cazadores-recolectores que practicaban un modus vivendi relativamente complejo caracterizado varios rasgos: la planificación meticulosa de las actividades de subsistencia, la búsqueda intencionada de recursos, la voluntad de usar tácticas para "interceptar" las presas, la adaptabilidad a las posibilidades más oportunas del entorno y la perseverancia en minimizar las contingencias inherentes al modo de vida oportunista. La aplicación de la expresión collector a los grupos solutrenses y magdalenienses peninsulares no tardó en trascender a la producción científica de nuestro país. Pero su aplicación acarreó un coste teórico insoslayable porque hubo que asumir ad hoc los condicionamientos inherentes al modelo ideado por Binford, profundamente arraigados en el determinismo ambiental. Los collectores representaban un modo de vida adaptado específicamente a aquellos entornos ecológicos supeditados a un plantel de recursos limitado, relativamente disperso pero proclive a concentraciones puntuales, breves y de carácter estacional. Fue de esa manera como la discusión sobre la caza acabó implicada en debates ambientales y como tuvo lugar la incorporación de la Ecología Cultural a la investigación del Paleolítico Superior peninsular. La Ecología Cultural irrumpió en la discusión sobre la caza solutrense y magdaleniense, aportando su robusto corpus teórico, con los trabajos redactados por Karl W. Butzer al finalizar los ochenta. El ecólogo americano concretó los parámetros teóricos necesarios para la implantación de las prácticas de movilidad pulsatoria o pendular, basadas en los ritmos estacionales Figura 2. La caza masiva del ciervo se basó sobre todo en la emboscada de los rebaños formados por las hembras y sus crías (Straus, 1983). En la imagen, ciervas pintadas de la cueva de Covalanas (Santander). a412 (Butzer, 1989). En su opinión los movimientos logísticos entre ecosistemas variados podían interpretarse desde dos perspectivas. Por una parte representaban adaptaciones específicas a aquellos medioambientes sometidos a crisis periódicas, situaciones cíclicas de estrés tanto en la abundancia como la densidad de los recursos. Por otra parte, representaban estrategias para optimizar los recursos de un territorio y solventar oportunamente las fluctuaciones de los recursos, acomodando las necesidades humanas a las variaciones que influyen en la abundancia, densidad y distribución temporal de las presas. Estas propuestas participaban de una mentalidad economicista propia de una de las líneas de investigación más conocidas de la Ecología Cultural: la Teoría de Forrajeo Óptimo 1. Fue el prehistoriador estadounidense Geoffrey A. Clark, a la sazón codirector junto a Straus de las excavaciones en la cueva de La Riera, el mejor representante de la Teoría del Forrajeo Óptimo en la investigación paleolítica de nuestro país. Recurriendo a la metodología propia de la Amplitud de Nicho, Clark formuló una ambiciosa hipótesis acerca de la evolución de la subsistencia cantábrica desde el Paleolítico inferior hasta los tiempos históricos (Clark y Yi, 1983). Su trabajo fue un contrapunto interesante al enfoque de Straus, preocupado por buscar una explicación empírica a los datos paleontológicos de campo. La labor de Clark prometía más bien una interpretación sistémica de los cambios paleoeconómicos acaecidos durante miles de años, la manera de proceder típica de los arqueólogos procesuales, a la sazón fascinados por los procesos de cambio adaptativo a largo plazo. En su hipótesis se incluía un precepto crucial de la adaptación paleolítica: la caza y otras prácticas de explotación de recursos representaron, por encima de todo, mecanismos para la intensificación alimentaria a fin de cubrir las necesidades nutricionales de una población cazadora-recolectora abrumada por un incremento perpetuo de la población. Esta tesis recogía las premisas del modelo neomalthusiano programado por la conocida Teoría de la presión demográfica, que el prehistoriador Mark Nathan Cohen había revitali-Figura 3. La caza masiva se completó probablemente con las cacerías de ciervos durante la época de celo otoñal (Straus, 1983). En la imagen, grabado de ciervo alanceado de la cueva de Peña de Candamo (Asturias). a412 zado por entonces en un libro que alcanzó notable impacto, bajo un título tan significativo como La crisis alimentaria de la prehistoria 2 (Cohen, 1981). En opinión de Clark, la caza había soportado un largo proceso de intensificación alimentaria durante gran parte del Paleolítico a fin de cubrir las necesidades incesantes de una población en crecimiento. La sustitución de la caza oportunista que practicaban los primeros sapiens por la caza especializada solutrense y magdaleniense constituyó uno de los mecanismos necesarios para incrementar el volumen de alimento. Pero las batidas catastróficas especializadas representaron el cenit de las posibilidades de intensificación cinegética, provocando un agotamiento del potencial implícito en la caza para mantener las continuas demandas nutricionales. Fue así como las comunidades humanas utilizaron prácticas de consumo alternativas para proseguir la incesante exigencia de presión alimentaria, procurando aumentar las labores de pesca, recolección vegetal y marisqueo. En este último escenario la caza se mantuvo como una estrategia equili-brada y mantuvo su contribución principal como pilar estable de la alimentación hasta los últimos momentos del Paleolítico, coincidiendo con las primeras manifestaciones climáticas claras del Postglaciar. Los cambios acaecidos en las prácticas de caza hacia el inicio postglaciar de hace 11.000 años permiten apreciar las bases de un modelo alternativo al propuesto por Clark bajo las premisas de la presión demográfica. Finalizaban los años ochenta cuando varios prehistoriadores utilizaron planteamientos ambientalistas para interpretar los cambios culturales postglaciares y justificar los cambios que dieron por tierra con la estabilidad cinegética instalada tras la adopción de la caza especializada. El inspirador principal de la Teoría Ambiental fue el prehistoriador anglosajón Geoffrey N. Bailey, involucrado con la tradición paleoambiental de Cambridge. Bailey consideró que la compleja cadena de modificaciones ecológicas había sido la causa principal del cambio que operó en las conductas cazadoras al iniciar el Holoceno. La inundación de las plataformas litorales redujo notablemente los territorios costeros, provocando la disminución de las especies de pradera y reduciendo las posibilidades de caza de équidos y bóvidos. El calentamiento y las lluvias provocaron la colonización boscosa adecuada para la proliferación de animales propios de ambientes templados arbolados, permitiendo nuevas oportunidades para cazar corzos, rebecos y jabalíes. Pero este cambio ambiental no solo generó modificaciones en cuanto a la abundancia, densidad y distribución de los animales; también trascendió a los hábitos territoriales, rutinas estacionales y composiciones de los rebaños, repercutiendo en los modos de caza de manera más que significativa (Quesada, 1998a). En todas las propuestas señaladas se mantiene como pilar central un axioma trascendental del procesualismo: la adaptación como mecanismo necesario para superar los desafíos que continuamente surgen en la historia de la humanidad. Pero paradójicamente la mayoría de los antropólogos económicos que configuran la primera generación procesualista de los estudios paleolíticos peninsulares transmitieron en sus trabajos una imagen más bien estática sobre la caza del Paleolítico Superior. En todos ellos hay una tendencia a considerar que una vez implantado el patrón cinegético especializado, la caza se convirtió en una estrategia estable y en un pilar invariable de la dieta de las comunidades humanas durante miles de años, hasta que acontecieron los cambios culturales en el tránsito entre el Pleistoceno y el Holoceno. Hubo que esperar hasta los noventa para que surgieran las primeras hipótesis interesadas por los procesos de cambio a medio plazo, promovidas por una segunda generación procesualista, representada por prehistoriadores españoles. La tesis doctoral de César González Sainz fue el primer trabajo que avaló la capacidad de adaptación de las prácticas de caza magdalenienses cantábricas (González Sainz, 1989), en el momento particularmente crítico que se correspondía con el último recrudecimiento de la glaciación würmiense conocido entre los especialistas como Younger Dryas. Pero la ver-satilidad de los cazadores para adecuar las prácticas de caza a las necesidades y a las condiciones ambientales puede rastrearse mucho antes. Los cazadores solutrenses que padecieron la crisis del Último Máximo Glacial modificaron asiduamente las prácticas cinegéticas y recurrieron de manera sucesiva a tres modelos de caza distintos, para solventar este triple compromiso: afrontar el descenso de la productividad ambiental, optimizar las variantes ecológicas disponibles en el entorno y aumentar la producción para resolver las exigencias del incremento de la población (Quesada, 1998b). La Teoría de la presión demográfica ha influido sobremanera en las interpretaciones sobre los modos de adaptación de las prácticas cinegéticas de los cazadores-recolectores peninsulares. La imagen presenta un modelo metodológico propio de la Arqueología procesual, ideado por D. R. Harris (1978) para explicar las relaciones adaptativas que mediaron entre el modo cazador-recolector y el productor, sobre la base de la Teoría de la presión demográfica. Las últimas tendencias procesualistas, integradas bajo la Teoría catastrofista, han acrecentado el interés por estos procesos de cambios repentinos, bruscos y coyunturales. El catastrofismo viene a ser contrapunto radical al antiguo marco de pensamiento procesualista de los setenta, que interpretaba los cambios culturales como procesos paulatinos a largo plazo pero nunca como crisis puntuales o revolucionarias. En esa línea de trabajo ha destacado el paleolitista catalán Jordi Estévez con sus reflexiones acerca del potencial de las crisis breves para catalizar los cambios en las prácticas de caza. En su opinión, el cambio que se produjo en la transición del Pleistoceno al Holoceno pudo significar el colapso del sistema de caza especializado en la caza del ciervo. No en vano un sistema especializado posee un riesgo muy elevado por su dependencia hacia unos pocos recursos, de manera que bastaría una crisis puntual provocada por un período corto de intensas y constantes nevadas para situar las poblaciones de un animal como el ciervo, so-metido a una continuada presión cinegética desde largo tiempo, en una situación crítica de retorno imposible y para provocar un fallo sistémico en todo el modo de subsistencia (Estévez, 2005). En la actualidad las interpretaciones cinegéticas vinculadas con el Funcionalismo, la Ecología Cultural y el Procesualismo resultan menos ambiciosas que las ideadas por los representantes netos de la Antropología americana de los años setenta y ochenta. En función de los vaivenes historiográficos de las ciencias sociales, las aportaciones actuales respiran un mayor escepticismo, prudencia y preocupación por la historia a corto plazo. Pero incluso en las formulaciones más recientes de la Antropología económica, las propuestas teóricas desarrolladas por los prehistoriadores anglosajones de los años setenta y ochenta aún proporcionan un cuerpo teórico principal para reconstruir las conductas de caza y los modos de alimentación que permitieron la subsistencia de aquellos antiguos cazadores-recolectores. Para una crítica a la versión economicista y actualista "capitalista" de sociedades pasadas se puede acudir a los argumentos de la Arqueología Social de Ramos (1999).
En la introducción se expondrán los tres tipos básicos de caza: defensiva, ofensiva y lúdica. Esta es la que desde antiguo ha sido codificada y registrada en los libros de caza, un género que nace en Grecia y que durante el período grecolatino tiene un mínimo cultivo. Será en la Edad Media cuando el género tenga un mayor desarrollo y surgirá un nuevo tipo de tratado: el de cetrería, un subgénero netamente medieval y que sucumbirá con la aparición de las armas de fuego. Tanto los libros de montería como de cetrería son una interesante fuente de información sobre el medio natural parcamente explorada, máxime cuando dos tratados medievales castellanos, escritos en la primera mitad del siglo XIV, el Libro de la caza de don Juan Manuel y el Libro de montería del rey Alfonso, se cierran con sendas guías de caza en las que se describen, a veces escuetamente a veces minuciosamente, los territorios en los que se podía cazar, en qué época y qué especies eran las más abundantes, e incluso, en el caso de la montería, cómo se debían de disponer las partidas de caza. La caza era uno de los dos medios básicos que el hombre primitivo tenía para proveerse de alimento; el otro era la recolección de frutos que encontraba. Sin embargo, no se ha de pensar que eran unos meros depredadores asistemáticos que vivían al día, que cazaban lo que encontraban a su paso. Todo lo contrario, los primitivos pobladores practicaban una «depredación provisoria», es decir, tenían un sistema organizativo que les permitía subsistir aplicando las mejores estrategias para cubrir las necesidades alimenticias que cada grupo humano tenía de acuerdo con las condiciones medioambientales en las que vivía (Quesada López, 1998). Según se fueron transformando las sociedades nómadas, de cazadores-recolectores en sociedades sedentarias y agrarias, la caza dejó de ser la fuente principal de alimentos y pasó a tener otras consideraciones en el discurrir del tiempo. Fue transformándose, según acontecían los avances tecnológicos, culturales y sociales, hasta el punto que en cierto momento puede hablarse de tres modalidades básicas de caza: la caza defensiva, la caza ofensiva y la caza lúdica. Estos tres tipos de caza son los que han perdurado hasta prácticamente el siglo pasado. Los campesinos, desde siempre y en cualquier época y lugar, se han visto obligados a defenderse de las alimañas que podían diezmar y esquilmar sus cultivos y ganados. Osos, lobos, zorros o jabalíes, por solo nombrar los más grandes, podían ser un auténtico problema. Los tres primeros podían atacar, y de hecho atacaban, los rebaños. Numerosas narraciones folclóricas hablan de los ataques de lobos y zorros a ovejas, cabras o vacas que tranquilamente se apacentaban en los prados o estaban recluidas en sus apriscos. Los jabalíes pueden, en pocos minutos, arrasar todo un sembrado. Los osos podían hacer «muy gran daño en el ganado, principalmente en las colmenas» (Terrón Albarrán, 1984, p. La documentación de todo tiempo y lugar habla de las quejas de los campesinos a causa de los problemas que estas fieras ocasionaban en sus medios de subsistencia. Así surge una de las modalidades básicas de la caza: la caza defensiva, en la que los hombres tratan de proteger y defender sus tierras y animales, incluso sus propias vidas. Los campesinos y villanos no cazaban tan solo para controlar las alimañas que pudieran perjudicarles a ellos y sus medios de subsistencia. Por medio de la caza conseguían un buen complemento para su alimentación, pues era un medio excelente para obtener carne, especialmente liebres, conejos y algunas aves, sobre todo perdices. También les proporcionaba pie-les que utilizaban para su vestimenta y equipamiento doméstico (Cantera Montenegro, 1997, p. Esta caza da lugar a que aparezca la figura del cazador profesional, para el que la caza se convertía en un medio de vida de donde obtenía los recursos necesarios para su subsistencia, no un mero complemento como lo era para el campesinado, por lo que se la designa como caza ofensiva. Una idea recurrente, desde siempre, es que la «la actividad cinegética se convierte en ocasiones en un objeto de diversión o deporte de algunas personas» (García Cañón, 2002, p. Sin embargo, la idea del mero divertimento no cabe en la mentalidad antigua. No existe el ocio por el ocio. Eso es algo que se consigue en las sociedades postindustriales en las que el tiempo libre es una de las grandes conquistas sociales. En épocas pasadas todo lo que se hacía tenía un fin, un propósito. Así, la caza no era simplemente un divertimento, aunque pudiera producir placer y diversión, como muy bien afirma don Juan Manuel en el siglo xiv, cuando, en el Libro de los estados, dice que uno de sus mayores plazeres era «caçar con aves e con canes». Es lo mismo que dirá a finales de ese siglo Gastón Phébus (Tilander, 1971) Como puede apreciarse, la caza es la escuela básica del militar -caballero, milesmedieval. Pero no solo para el entrenamiento físico, como acabamos de ver, sino que esta academia también le sirve al señor para conocer mejor sus tierras y sus gentes. No se trata de un hallazgo del hombre medieval, ya en la Grecia clásica la caza era uno de los pilares de la educación del ciudadano, como nos lo hace saber Jenofonte en su Cynegeticon: Yo aconsejo a los jóvenes que no desprecien la caza ni el resto de la educación, pues por ella se hacen expertos en las cosas de la guerra y en las demás que exigen pensar, hablar y obrar correctamente. Es preciso que el que ya deja atrás la infancia se dedique, primero, al ejercicio de la caza y, luego, a las demás enseñanzas. Esta caza lúdica, durante la edad media y el renacimiento, se presenta bajo dos modalidades básicas: la montería, que se conocía como correr monte, y la cetrería, o caça con aves, o como lo expresaban los cazadores franceses del medievo: los deduis de chiens y los deduis des oyseaux. Aunque no siempre se dieron estas dos modalidades, pues la cetrería, los deduis des oyseaux, son una modalidad que aparece en Europa con la caída del Imperio Romano (Van den Abeele, 1996, p. Tanto la caza lúdica como la ofensiva ha sido objeto de codificación por escrito. Así, en el siglo iv a. C. nace de la mano de Jenofonte una rica literatura didáctica relativa a la caza o a sus auxiliares destinada principalmente a un público que la practica (Van den Abeele, 1996, p. Esta larga historia, que se inicia con el Cynegetico de Jenofonte, es relativamente breve y pobre en el mundo grecolatino. En los casi diez siglos que median desde la aparición de la obra de Jenofonte y la caída del Imperio Romano, solo se compusieron cinco obras, curiosamente todas tituladas de igual manera: Cynegeticos -debidas a Jenofonte (s. iv a. Ahí se abre un gran paréntesis hasta que en el siglo x surge la primera obra de cetrería, el anónimo de Vercelli, y se inicia una nueva, rica y copiosa tradición que en gran medida oscurecerá los demás tratados de caza: los de la chasse par force. En cualquier caso, ya sean libros de cetrería ya lo sean de montería, un buen número de ellos atesora muchos datos básicos para la historia de la veterinaria por el sencillo hecho de que perros y aves de rapiña se han usado como poderosas armas de caza, pero como seres vivos podían padecer enfermedades o sufrir accidentes y había que cuidarlos con mimo y esmero, por eso numerosos tratados de caza dedican amplías secciones a los aspectos médicos, quirúrgicos y farmacológicos. Además, tanto perros como aves de cetrería son descritas con detalles minuciosos, tanto desde el punto de vista morfológico, como de su distribución. En el caso de las aves de cetrería -falcónidas y accipitrinas-ofrecen información detallada sobre los territorios de cría y, aunque a veces es difícil interpretar los datos, pueden permitir un estudio comparativo con el momento actual. Si se acepta la información que ofrece Juan Manuel en su Libro de la caza (cap. IV), los halcones sacres fueron aves que habitaron en la Península Ibérica, pues era posible capturarlos a orillas del Valderaduey y en los encinares de Mayorga y Villalpando y, según López de Ayala, criaban en Escandinavia (cap. V), pero los informes actuales no hablan de la existencia de sacres (Falco cherrug) en Europa occidental. Puesto que para enseñar a cazar hay que conocer con detalle las piezas que se quieren capturar (osos, ciervos, jabalíes, ánades, garzas, etc.) así como sus hábitats, estos textos contienen descripciones de gran interés para la historia natural. Algunos de ellos incluso permiten reconstruir la distribución de las diversas especies que eran objeto de caza y la de otras no tan interesantes desde el punto de vista cinegético. Muchos de los datos que esos libros ofrecen se han visto confirmados por la arquezoología, es decir, por el estudio arqueológico de los restos de animales, básicamente huesos, que se han localizado en los diversos yacimientos arqueológicos. Otros, muy pocos en verdad, son una rica fuente para conocer la toponimia de tiempos pasados, el paisaje, las especies que existen en un determinado punto y en qué época del año abundan y es el momento más adecuado para cazarlas. Sin embargo, lo primero que se ha de hacer es definir qué se entiende por libro de caza, pues nos movemos ante un amplísimo abanico de posibilidades tanto de contenido, puede ser un recetario para curar a413 los halcones, como una detallada obra sobre la caza del oso o del jabalí; puede presentarse bajo diversas formas literarias: tratado sistemático en prosa -Libro de la montería, Livre de la chasse de Gaston Fébus, De arte venandi cum avibus-, recetario -Dancus Rex, Libro de los azores-, diálogos -Diálogos de la montería-, debate -Livres du roy Modus et de la royne Ratio-, poema para instruir -Libro de cetrería de Luis de Zapata o el Dels auzels cassadors de Daude de Prada-, como de extensión, desde apenas unas pocas hojas a gruesos volúmenes. De esta amplia muestra de formas pueden excluirse obras alegóricas como el Libro de cetrería de Evangelista, un tratadito castellano que parodia la caza de cetrería (Fradejas Rueda, 1988; Fradejas Rueda, 1992a) o todos los referidos a la chasse amoreux (Thiébaux, 1974). Un elemento que todos los libros de caza tienen en común es que se trata de textos didácticos con un fin utilitario, por lo general escritos por expertos en el tema, a veces personajes de los que apenas si conocemos su nombre -Valerino, Gerardus, Guillemus-, a veces son reyes como Alfonso de Castilla -Libro de la montería-, Federico II de Hohenstaufen -De arte venandi cum avibuso João I de Portugal -Livro da montaria-; otras grandes nobles aficionados a la caza como Juan Manuel -Libro de la caza-, Pero López de Ayala -Libro de la caza de las aves-, Gaston Fébus -Livre de la chasse-, Edward, duque de York -Master of Gameo Gace de la Buigne -Le roman des deduis-, o cazadores profesionales como Pero Menino -Livro de falcoariao Juan de Sahagún -Libro de cetrería-. A veces se ocuparon de ello eruditos de la talla de Adelardo de Bath -De curis accipitrumo Alberto Magno -De falconibus et asturibusy otras se atribuyeron a personajes ficticios -Dancus-o de conocida reputación, como Hipócrates, para prestigiar los textos que anónimos escritores compusieron (Fradejas Rueda, 1998, pp. 19-20; Van den Abeele, 1994, p. Una excelente definición de los libros de caza, aunque limitada a la época medieval, que es la de mayor interés, es la que ofrece Van den Abeele (1996). Cualquier texto cuyo contenido no entre en la definición anterior no debe tenerse en cuenta a la hora de estudiar la caza en tiempos pasados, otra cosa es que puedan ser útiles para completar el panorama. 76) sostiene que los libros de caza no son un buen campo para el estudio histórico del medio natural ya que hay serios problemas de lengua, pues aunque «les traités cynégétiques tiennent le langage le plus concret sur les animaux» (1996, p. 77), es muy difícil identificar correctamente las diversas especies que mencionan. Por ejemplo, en los tratados de cetrería castellanos el ornitónimo cuervo puede servir para designar a tres especies claramente diferenciadas y que solo se pueden individualizar por medio del adjetivo que las especifica: cuervo carnicero correspondería al Corvux corax, el cuervo marino al Phlalocrocorax carbo y el cuervo calvo al Geronticus eremita. Según López de Ayala, entre las aves que se alimentan de insectos y pequeños mamíferos se encuentran los tartalanes y los budalones y entre las anátidas los trullos y las capisayadas, pero no sabemos de qué especies se trata, a pesar de los esfuerzos por identificarlos (Bernis, 1995). A veces la filología y la ornitología comparadas han permitido identificar alguna variedad como es el a413 caso de la averramía (y las varias formas bajo las que aparece): se ha identificado positivamente como la espátula (Platalea leucorodia) (Fradejas Rueda, 1990). A pesar de los posibles problemas lingüísticos que estos viejos tratados puedan encerrar, muchas veces debido a los errores de transmisión textual a lo largo de los siglos (Fradejas Rueda, 1999; Fradejas Rueda, 2002a), los tratados de caza pueden ser una importante e interesante fuente de información para la historia ecológica. Ya han servido para la historia de la veterinaria y de la farmacopea, pero el medio natural se ha resentido debido al acientifismo de los datos que ofrecen los libros de caza, también ha habido una cierta prevención porque la caza y la ecología (más bien el ecologicismo) son dos mundos abiertamente enfrentados. Sin embargo, las meras observaciones, que eso es lo que abunda en los libros de caza, son datos que han de ser interpretados y valorados a la luz de los conocimientos actuales. Así, en el De arte venandi cum avibus, libro de cetrería redactado por Federico II de Hohenstaufen (1194-1250), en el capítulo I.55 se pone como ejemplo de la migración altitudinal la perdiz pardilla (Perdix perdix): «de montibus ad convales tempore hiemis et de valibus ad montana tempore estatis,... ut perdices» (Trombetti Budriesi, 2000, pp. 72-74). Eso es un mero dato observacional y por tanto incontestable y, en consecuencia, valioso. En este sentido los libros de caza españoles son una riquísima fuente de información. Hay dos obras que destacan entre todas las demás debido a que incorporan un apartado que es exclusivo del mundo hispánico: el Libro de caza de don Juan Manuel y el Libro de la montaría del rey Alfonso 2. Estas dos obras contienen unos catálogos muy detallados de los mejores lugares de caza que había en el reino de Castilla en el siglo xiv, lo que permite estudiar con detenimiento una serie de espacios naturales cuya única característica en común es la de ser cazaderos: uno de aves, el otro de jabalíes (Sus scrofa) y osos (Ursus arctos) y, ocasionalmente, de encebros (Equus hydruntinus). Uno recorre ríos, el otro montes. Tanto las unas como las otras han sido estudiadas desde diversas perspectivas. El Libro de la caza se debe a la pluma del Príncipe don Juan Manuel, nieto de Fernando III el Santo, so-brino de Alfonso X el Sabio y abuelo de Juan I. Este noble castellano redactó un pequeño tratado de cetrería que decía seguir el modelo de su tío Alfonso X. No se sabe cuál pudo ser esa obra alfonsí y por eso durante mucho tiempo se ha considerado la única obra original, que no seguía ningún modelo anterior, de la cetrería española. Sin embargo, se ha podido demostrar que sigue el esquema y modelo, muy adelgazado, del De arte venandi cum avibus de Federico II de Hohenstaufen (Fradejas Rueda, 2005). El contenido se presenta perfectamente estructurado. Comienza por ofrecer una clasificación de las aves de caza (cap. 1) 3, los motivos por los cuáles él prefiere la caza con halcón que con azor (cap. 2) para pasar a la descripción y elección de los mejores halcones (cap. 3), su amansamiento (cap. 4), afeitamiento (cap. 5), especialización (caps. 6 garceros, 7 grueros y 8 que no sean raleones) y caza (cap. 9). En el décimo capítulo se introduce en un aspecto delicadísimo en la vida de las aves: la muda, y en el undécimo toca, someramente, las enfermedades y su cura, tema por el que Juan Manuel no sentía ningún interés, pero se vio forzado, por el peso de la tradición, a incluirlo. En definitiva, no se ha salido del esquema tradicional de los libros de cetrería (Fradejas Rueda, 1998, p. Y para que sea más sencillo de manejar Desafortunadamente solo se han conservado los tres primeros obispados de los quince prometidos, los de Cartagena, Cuenca y Sigüenza (mapa 1). El manuscrito se interrumpe con estas palabras: «Pues es acabado de contar las riberas que don Johan sabe en el obispado de Çigüença, dirá d 'aquí adelante de las riberas que él sabe en el obispado de Osma». EL LIBRO DE LA MONTERÍA La otra gran obra de gran valor para la historia de la ecología peninsular es el Libro de la montería 5. Esta obra, de la que se han conservado trece copias manuscritas producidas durante los siglos xiv y xv, a las que hay que añadir al menos cinco más que existían a principios del siglo xvi (Fradejas Rueda, 2002b, p. En el primero habla de los rastros, perros y monteros; el segundo lo dedica a «la física de los canes» y en el tercero, el más extenso, presenta «los montes que a en el nuestro señorio». Como libro de caza su valor es escaso ya que casi todo el material propiamente venatorio carece de originalidad 6 puesto que bebe de fuentes conocidas. Así, una parte del libro primero (caps. 38-41) y todo el libro segundo derivan del Libro de los animales que cazan, traducción castellana, finalizada en 1252, del tratado árabe Kitab al-yawarih (Fradejas Rueda, 1987). El tercer libro, el más extenso, 290 folios por las dos caras de los 357 que conforman el códice Y.ii.19 de El Escorial, es realmente lo más novedoso y original de toda la obra y que en gran medida puede atribuirse al rey Alfonso XI 7. El libro III es, como ya he adelantado, el único de interés para la historia de la ecología peninsular. No abarca todo el territorio, tan solo zonas escogidas del reino de Castilla y León, por lo que quedan excluidos Portugal, Navarra, Aragón y el reino nazarí de Granada (mapa 2). Estas descripciones van desde las escuetas en las que se informa del nombre del monte, qué tipo de caza es posible encontrar y en qué época -«El monte de Caloca es bueno de oso en verano» (p. 55b) 9, «Las gargantiellas de las cabeçuelas que estan sobre Bohoyo es buen monte de osso en verano» (p. 81a), «El Çarçalejo et Ual de Çelada es todo vn monte, et es bueno de puerco en ynujerno; et a uezes ay osso» (p. 106a), «La sierra de Solchite es buen monte de puerco en yuierno, et ay muchas enzebras; et en este monte ay una fuente quel dizen de Salzeio» (p. 125b)-hasta las más completas en las que se indica, además, en dónde se han de situar las bozerías (ojeadores que con sus gritos levantan la caza y la dirigen), las armadas (líneas de cazadores que esperan la pieza levantada en el lugar más predecible que saldrá) y los renuevos (lugares donde se sitúan los perros de refresco): La Onbria de Piedra Fita es buen monte de osso en ynuierno. Et son las bozerias la vna por çima de la cunbre de la sierra; et la otra desde el atalayuela, por çima del Çerro de la Pellona ayuso fasta el can- Estas descripciones, que comienza en el valle de Mena, en Tierra de Castilla la Vieja, recorren las principales sierras hasta llegar a la zona de Gibraltar -«los montes de termino de Tarifa, et de Algezira»-, aunque, como cabe esperar, deja amplias zonas inexploradas (mapa 2). Esta tediosa relación, a veces rápida, a veces detallada, la ameniza con algún que otro relato personal como cuanto cuenta cuándo cazó por primera vez en la tierra de Algeciras -«La primera vez que corri este monte, mate en el vn osso de los grandes que nunca vj. Et fue el primero osso que maté en tierra de Algezira» (p. 134b)-, o la noche que pasó persiguiendo una osa en la zona del actual embalse de Melonares (Sevilla) (p. 116a-b), o los dos días, lunes y martes después de Pascua Florida (¿de 1344?), que duró la caza de un oso en la Sierra de Sancti Spíritus (Badajoz) (pp. 107-108), o los cuatro osos que mataron, de los diez que localizaron, en la sierra de los Ibores (Cáceres) (p. Aparte de la localización de estas especies cinegéticas -oso, jabalí, encebro y raramente el ciervo-, el Libro de la montería es de gran valor porque permite reconstruir el paisaje; aunque para ello haya que basarse en los topónimos, a veces no son tales, sino meras designaciones descriptivas de los lugareños que informaron a los monteros del rey Alfonso, en los que abundan los fitónimos -arrayán, carrizo, aliso, almarjo, algarrobo, almez, acebuche, retama, lentisco, tejo, madroño, etc.-, los zoónimos -águila, buitre, ciervo, culebra, halcón, gavilanes, etc.-y orónimos -bodonal, collado, cuevas, barranco, angostura, guijo, lomo, lanchar, etc.-. Algo han intentado investigadores como Terrón Albarrán (1998, 2002, 2008) o Valverde (2009), que son quienes más se han acercado al análisis del Libro de la montería. Aquel con los ojos del cazador historiador, este con los del biólogo que hace escarceos en libros históricos 10. Un aspecto importante e interesante es el procedimiento de compilación de la información recogida en el Libro de la montería. A ello ha dedicado Ruhstaller (2012) un interesante trabajo, al que nada cabe añadir. La caza, actividad que ha desarrollado el ser humano desde sus orígenes, ha sido objeto de una rica producción escrita que se presenta como una interesantísima e inexplorada fuente de datos para la historia del medio natural: los libros de caza. Un tipo de escrito pensado para instruir a los que la practicaban y cuyos orígenes se remontan a la Grecia clásica, aunque el gran desarrollo se dio a partir de la Edad Media, desde el siglo x. Estos textos han sido estudiados con pasión desde el punto de vista filológico; no en vano, antes de que otros especialistas los puedan utilizar, los críticos textuales los han de estabilizar y fijar. Pero también los han analizado los historiadores de la veterinaria y la farmacología y en menor medida los historiadores de la ciencia. Aunque ha habido algunos escarceos desde el ámbito de las ciencias naturales -botánica, zoología y ecología-, solo se ha hecho tardía y puntualmente, a pesar de que los libros de caza españoles encierran una valiosísima información no presente en ninguna otra tradición cinegética europea. La verdad es que el Libro de la caza de don Juan Manuel y el Libro de la montería son dos obras que se completan y que podrían haber ofrecido la mejor fuente para conocer el medio natural del reino de Castilla y León durante el siglo xiv. Lamentablemente, el estado fragmentario del primero nos ha privado de los datos pertinentes para la cuenca del Duero, el Ebro y el Guadalquivir, lo cual ofrece un panorama truncado. A pesar de ello, los datos que ambos textos ofrecen son de sumo interés y gran valor para trazar la historia del medio natural de una gran parte de España que, además, se puede contrastar con los datos, parciales y no muy exactos, de las relaciones topográficas que Felipe II mandó realizar en los años de 1570. Este trabajo no se ha realizado bajo los auspicios de ningún proyecto, pero toma sus datos y resultados de dos proyectos financiados, por el ministerio correspondiente en cada momento, entre los años 2006 y 2013 e identificados por las referencias HUM-2006-00932/FILO y FFI2010-15128 titulados Archivo Iberoamericano de Cetrería y cuyos resultados son accesible en www.aic.uva.es. Hablar de originalidad en la época medieval es un tanto problemático puesto que es un concepto moderno que no entraba en la escala de valores de tiempos pasados. Para una discusión acerca de la originalidad de la literatura cinegética véase Fradejas Rueda (1986). 19) de que se inspirara en uno preexistente de Alfonso X, pues no hay prueba alguna, aunque tenemos información de que el rey Sabio escribió libros de caza, no sabemos realmente cuál era su contenido. Valverde (2009) recoge exactamente 1.560, sin embargo hay algunos más que no ha tenido en cuenta ya que utilizó la edición decimonónica de Gutiérrez de la Vega (1877), aunque en su trabajo dice que utiliza una edición corregida en 1976 (Valverde, 2009, p. No tiene corrección alguna digna de ese nombre, pues lo que utiliza es la reedición prologada por Casariego (Gutiérrez de la Vega, 1877/1976). Todas las citas al Libro de la montería se hacen con referencia a la edición de Seniff (1983) ya que es la más correcta filológicamente y se ha preparado con criterios científicos. La letra que sigue al número de la página indica la columna: a = izquierda, b = derecha.
Resumimos la información aportada por estudios científicos recientes sobre las opiniones, visiones y actitudes de los cazadores españoles sobre la caza y su gestión. En concreto, discutimos las distintas funciones que atribuyen los cazadores a la actividad cinegética (económicas, ecológicas y sociales), así como los juicios morales asociados a diversas motivaciones para cazar. Seguidamente, exploramos las valoraciones expresadas por cazadores y gestores respecto a ciertas herramientas de gestión cinegética (concretamente, el control de depredadores, las sueltas de perdices de granja, y la regulación de la presión de caza), y discutimos sobre cómo éstas influyen en la toma de decisiones. Por último, exploramos las posibles tendencias futuras de esta actividad, a partir de lo expresado por los propios cazadores. Funciones y valoraciones de la caza y su gestión en España: estudios científicos sobre el colectivo cinegético 2 a414 La caza es una actividad muy importante en Europa, África y América (Fischer et al., 2013a). Numerosos trabajos han evaluado los efectos de la caza y su gestión no solo sobre las poblaciones de especies cinegéticas (p. ej. Díaz-Fernández, Arroyo, Casas, Martínez-Haro y Viñuela, 2013) sino también sobre especies no diana (p. ej. Caro et al., 2015). Asimismo, los estudios socioeconómicos sobre la caza están recibiendo en los últimos años atención creciente en la literatura científica. Dichos estudios se centran más frecuentemente en la posición de la sociedad frente a la caza o frente a determinadas medidas de gestión cinegética (p. ej. Dunk, 2002; Ljung, Riley, Heberlein y Ericsson, 2012) que en los puntos de vista de los propios cazadores. Además, buena parte de estos trabajos se han realizado en el norte de Europa (p. ej. Willebrand, 2009) o América (p. ej. Treves y Martin, 2011), mientras que son mucho menos frecuentes en el sur de Europa, donde la caza también juega un papel muy relevante. En este trabajo resumimos algunos estudios recientes sobre las opiniones, visiones y actitudes de los cazadores españoles sobre la caza y su gestión. En particular nos centramos en: i) las funciones y papeles que juega la caza según los cazadores, así como los motivos por los que se caza y su legitimidad moral; ii) las valoraciones expresadas por cazadores en relación a ciertas medidas de gestión cinegética y cómo dichas valoraciones influyen (o no) en la toma de decisiones; iii) el futuro de la caza según el colectivo cinegético. FUNCIONES Y MOTIVACIONES DE LA CAZA Un estudio basado en grupos focales de discusión con cazadores de Castilla-La Mancha señala que estos consideran la caza como una actividad multifuncional (Fischer et al., 2013a). El término multifuncionalidad se ha utilizado previamente para otras actividades asociadas a la explotación de recursos naturales, como la agricultura o silvicultura, y hace referencia a los diversos beneficios (incluyendo los no comerciales) de dichas actividades. Las funciones que juega la caza según los cazadores participantes en el mencionado estudio se pueden agrupar en tres: económicas, ecológicas y socioculturales. Los cazadores consideran que la caza es una actividad económica muy importante en las áreas rurales de España. Por ejemplo, los participantes comentaron que la caza es uno de los principales sectores productivos en muchas zonas de Castilla-La Mancha. En ese sentido, uno de los argumentos utilizados ha-bitualmente en defensa de la caza es el número de puestos de trabajo que genera, tanto de forma directa (guardas, armerías, granjas cinegéticas, etc.), como indirecta (hoteles, restaurantes, etc.). Desde el propio colectivo se han realizado estimas que sugieren que la caza origina en España alrededor de 30.000 empleos directos y más de cuatro millones de jornales al año, así como un volumen de negocio de más de 3.500 millones de euros (Garrido, 2012). Los participantes hacían también referencia con frecuencia a la importancia del turismo cinegético como fuente de riqueza. No en vano esta modalidad de turismo experimentó un auge importante durante los años 2000 (Rengifo Gallego, 2008). Además, los cazadores españoles consideran la caza como parte integral de la gestión de la biodiversidad, indicando que la caza y su gestión son fundamentales para el mantenimiento del equilibrio ecológico, por lo que de algún modo se ven como "administradores" de la naturaleza. El papel de la caza como parte de la administración de los ecosistemas, y en particular de la fauna silvestre, ha sido también ensalzado por cazadores de otros países, como Noruega (Kaltenborn, Andersen y Linnell, 2013). En España, los cazadores consideran, por ejemplo, que la caza es imprescindible para controlar poblaciones de especies cuyas abundancias han aumentado mucho en los últimos tiempos, como algunos ungulados (Acevedo et al., 2011). Según los participantes en los grupos focales, la mejor forma de controlar los daños que las elevadas densidades de ungulados provocan sobre la vegetación es a través de la caza. Argumentos similares se utilizaban para defender la caza como herramienta de control de poblaciones de ungulados que causan accidentes de tráfico o de poblaciones de especies introducidas. Otro caso típico en el que los cazadores se ven como administradores de la naturaleza es el del fomento de las especies cinegéticas, como el conejo (Oryctolagus cuniculus) o la perdiz roja (Alectoris rufa), que son presas de depredadores amenazados. Algunos participantes en el mencionado estudio comentaron que sin la gestión que hacen de la caza no podrían existir especies emblemáticas como el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Finalmente, el colectivo cinegético también enfatiza la función sociocultural de la caza, que incluye valores como capital social, estatus social o impacto sobre la calidad de vida (Fischer et al., 2013a). Los cazadores españoles destacan, por ejemplo, la importancia de la caza como una actividad tradicional, a través de la que se hereda un patrimonio cultural y social muy im-a414 portante. En ese sentido, Vázquez-Guadarrama (2012) observó que para muchos cazadores la actividad cinegética juega un papel crucial para el fomento de la amistad y camaradería. Esta función de la caza no distingue entre clases sociales. Por un lado, en la mayoría de los pueblos españoles existe un coto social en el que pueden cazar los lugareños por una módica cuota anual y así pasar un buen rato de entretenimiento. Por otro lado, es también una actividad apreciada entre gente de clases altas, políticos y empresarios que, según indicaron los participantes en los grupos de discusión, aprovechan las jornadas cinegéticas para reforzar sus vínculos afectivos o comerciales. Las tres funciones de la caza se consideran, de forma implícita, lícitas y válidas. Otro estudio, en cambio, indica que las motivaciones individuales para cazar están asociadas a juicios morales contrastados, y son por tanto las que identifican la aceptabilidad (o no) de la caza como actividad (Fischer et al., 2013b). En este estudio, en el que participaban tanto cazadores como no cazadores españoles, los argumentos morales asociados a los motivos para la caza presentaban un patrón común en ambos grupos: la superioridad moral de la "moderación", frente al "exceso". Por ejemplo, en relación con las motivaciones asociadas a la función económica de la caza, se consideraba moralmente aceptable, en un extremo, la caza para la subsistencia o la caza como medio de desarrollo rural, pero moralmente inaceptable, en el otro extremo, la caza comercial "de lujo", asociada en los discursos a "avaricia" y "ganancia excesiva". Además, el discurso de los cazadores llevaba implícito un juicio moral positivo a los motivos asociados a "mantener la herencia cultural", pero negativo cuando los motivos culturales para cazar se apreciaban como "no genuinos"; por ejemplo, dar una cierta imagen social que se consideraba inadecuada dentro del colectivo cinegético. Estos resultados indican que existe una gran diversidad de argumentos morales en el discurso de los cazadores, que se utilizan para legitimar o deslegitimar ciertas tipologías de caza, a través de los valores implícitamente asociados a los motivos percibidos tras dichas modalidades. GESTIÓN CINEGÉTICA: VALORACIONES Y FACTORES QUE AFECTAN A SU IMPLEMENTACIÓN En las últimas décadas las poblaciones de muchas especies de caza menor se han visto mermadas como consecuencia de diferentes factores, incluyendo la pérdida de hábitats o la sobreexplotación cinegética. Esto ha conducido a que se implementen cada vez más herramientas de gestión, especialmente en aquellas áreas donde la caza es una actividad recreativa o comercial y no de subsistencia (p. ej. Europa y Norteamérica). La gestión incluye medidas encaminadas a mejorar la reproducción y la supervivencia natural de las especies cinegéticas, como proporcionar alimentación suplementaria o reducir el riesgo de depredación. Asimismo, incluye otras encaminadas a regular la presión cinegética, a efectos de evitar un declive poblacional, que ocurriría si la tasa de extracción (lo que se caza) supera la diferencia entre los individuos que nacen y los que se mueren de forma natural. Como mostramos en los ejemplos siguientes, no todas estas medidas tienen la misma aceptación entre el colectivo cinegético, ni las decisiones sobre qué gestión implementar se sustentan necesariamente en resultados objetivos, sino que están influidas normalmente por actitudes y percepciones subjetivas. Uno de los conflictos más extendidos entre los humanos en relación a la gestión de la fauna silvestre es probablemente aquel en el que están involucrados los depredadores, ya que pueden matar al ganado, competir con los cazadores por las especies cinegéticas o incluso herir o matar a las personas (Woodroffe, Thirgood y Rabinowitz, 2005). Cuando se percibe que los depredadores causan este tipo de daños, una reacción habitual entre los colectivos afectados es matarlos. En España el control de depredadores es una herramienta de gestión utilizada en muchos cotos (Díaz-Ruiz y Ferreras, 2013). En general, los grupos focales y entrevistas celebrados con cazadores y gestores cinegéticos de Castilla-La Mancha reflejan que existe una creencia extendida en el colectivo de que los depredadores han aumentado mucho durante las últimas décadas, debido fundamentalmente al desarrollo de políticas conservacionistas por parte de la administración. Los argumentos de que los depredadores son muy abundantes y que estos "tienen que comer" llevan a muchos gestores y cazadores a pensar que el efecto de la depredación sobre las especies de caza es muy importante y que, por tanto, si no se controlan se notará una disminución en los individuos disponibles para la caza (Delibes-Mateos, Díaz-Fernández, Ferreras, Viñuela y Arroyo, 2013). En ese sentido, una encuesta realizada a cazadores de Castilla-La Mancha mostró que estos consideraban que el control de depredadores repercutía muy positivamente sobre la caza y, en menor medida, sobre otras especies y la economía rural (Delibes-Ma-a414 teos, Caro y Arroyo, datos no publicados). En un estudio basado en entrevistas, gestores cinegéticos de Castilla-La Mancha mostraron en general opiniones muy negativas sobre los depredadores. Además, esta actitud era más negativa entre los gestores de cotos comerciales con gran rendimiento económico, que en los de cotos cuyo objetivo era principalmente lúdico; los primeros llegaban a afirmar que sin el control de depredadores la caza sería imposible (Delibes-Mateos et al., 2013). Esto sugeriría que la tolerancia a los depredadores es menor cuanto mayor es el interés económico de los gestores (Delibes-Mateos et al., 2013). Algunos de los participantes de los grupos focales incluso identificaron a los depredadores como el principal problema de la caza en la actualidad. La percepción tan negativa que tienen muchos cazadores sobre los depredadores no está generalmente apoyada por los trabajos científicos, que sugieren, por ejemplo, que la depredación no es la causa más importante de la pérdida de nidos o del declive poblacional de la perdiz roja (Casas y Viñuela, 2010; Blanco-Aguiar et al., 2012). La mala reputación de los depredadores entre el colectivo cinegético español parece estar basada en gran medida en los prejuicios tradicionales, como ocurre en otros países (p. ej. Lindsey, Du Toit y Mills, 2005). En España los depredadores han estado tradicionalmente muy mal vistos, como demuestra el hecho de que hasta la década de los 70 existiera una agencia gubernamental, conocida como Junta de Extinción de Alimañas, que promovía y financiaba el control de depredadores (Corbelle-Rico y Rico-Boquete, 2008). Por otra parte, existe una amplia opinión dentro del colectivo cinegético de que los métodos permitidos actualmente por la ley para controlar depredadores son poco eficaces. Esto lo expresaron tanto los gestores entrevistados por Delibes-Mateos et al. (2013), como los cazadores que respondieron a la encuesta mencionada con anterioridad; estos últimos dieron a los métodos legales una puntuación promedio de eficacia de 5,9±2,3 (n=45) (siendo 1 "nada eficaces" y 10 "totalmente eficaces" para reducir el número de depredadores). Por consiguiente, no es de extrañar que se usen en algunos cotos otros métodos ilegales, como el veneno, para controlar a los depredadores (Márquez, Vargas, Villafuerte y Fa, 2012). SUELTA DE PERDICES ROJAS Otra de las herramientas de gestión más conflictivas actualmente se basa en la suelta de animales criados en granjas para reforzar las poblaciones silvestres, o bien directamente para aumentar de forma temporal los individuos disponibles para la caza (Caro, Delibes-Mateos, Vicente y Arroyo, 2014). Esta práctica se ha hecho cada vez más frecuente en el caso de la caza menor en muchos países. En España, por ejemplo, las sueltas de perdices de granja han crecido notablemente en los últimos años como consecuencia del declive sufrido por las poblaciones silvestres (Blanco-Aguiar et al., 2008). Los cazadores españoles suelen expresar opiniones negativas sobre las sueltas y las perdices criadas en granjas. Por ejemplo, en un trabajo reciente se evaluó la valoración que daban más de 500 cazadores de perdiz a diferentes atributos relacionados con la jornada cinegética. Entre todos ellos, la calidad de la perdiz (es decir que sea silvestre y no de granja) fue el que recibió una mayor puntuación; un promedio de 8,9 ± 1,5 en una escala del 1 al 10 (Delibes- Mateos et al., 2014). Los cazadores encuestados se mostraron dispuestos a pagar más de veinticinco veces más por una perdiz silvestre adicional en su jornada cinegética que por una perdiz de granja. En general, los cazadores más veteranos y los que cazan más días a lo largo de la temporada mostraron una menor disposición a pagar por las perdices de granja. Las críticas a las sueltas de poblaciones también fueron habituales en otros trabajos realizados con cazadores y gestores cinegéticos (Vázquez-Guadarrama, 2012; Delibes-Mateos et al., 2015). De acuerdo con estos estudios, una de las críticas más habituales de los gestores y cazadores a las sueltas es que las perdices de granja son perjudiciales para las poblaciones silvestres porque introducen parásitos y enfermedades y ponen en riesgo la pureza genética de las poblaciones naturales (p. ej. Delibes-Mateos et al., 2015). Esto último se debe a que la suelta ilegal de híbridos de perdiz roja con griega (A. chuckar) (más fáciles de criar en cautividad) es muy frecuente en España (Blanco-Aguiar et al., 2008). Incluso alguno de los participantes en estos estudios llegó a afirmar que, en la provincia de Ciudad Real, por ejemplo, las sueltas habían acabado con las perdices silvestres. Por otra parte, los cazadores y gestores también consideran frecuentemente que las sueltas son una forma artificial de cazar (Vázquez-Guadarrama, 2012; Delibes-Mateos et al., 2015). Así, en los grupos de discusión varios participantes usaron términos despectivos, como gallinas, perdices de bote o de plástico, para referirse a la poca naturalidad de las perdices de granja que se sueltan normalmente. En ese sentido, los cazadores expresan con frecuencia su preocupación por la decadencia de la caza natural en detrimento de la artificial (Vázquez-Guadarrama, 2012), como la basada en sueltas de ejemplares de a414 granja. El colectivo cinegético también suele ser crítico con las sueltas porque considera que estas no son efectivas para recuperar las poblaciones y, por tanto, las bolsas de caza (Delibes-Mateos et al., 2015). Entre los gestores, las críticas más negativas sobre esta práctica de gestión fueron expresadas por aquellos que nunca habían empleado las sueltas en sus cotos (Delibes-Mateos et al., 2015), lo que sugiere que la decisión de no utilizar esta medida de gestión está motivada por esta valoración. No obstante, y a pesar de todas estas críticas hacia la suelta de perdices, la realidad es que es una medida de gestión que se emplea con mucha frecuencia en los cotos españoles (Caro et al., 2014). La principal razón escondida detrás de esta aparente paradoja podría ser que existe una opinión bastante extendida dentro del colectivo de que las sueltas son muy importantes económicamente. Así, algunos cazadores y gestores piensan que las sueltas se llevan a cabo porque proporcionan importantes cantidades de dinero y que, por otra parte, son fundamentales para mantener la caza comercial (Delibes-Mateos et al., 2015). De hecho, estudios recientes han demostrado que se sueltan muchas más perdices en los cotos comerciales que en aquellos que tienen otra finalidad no económica (Arroyo, Delibes-Mateos, Díaz-Fernández y Viñuela, 2012). Por último, como se ha indicado anteriormente, una de las herramientas de gestión cinegética más importante son los mecanismos para regular la extracción, indispensables para evitar la sobreexplotación de este recurso. Aunque en España los sistemas de regulación cinegética están muy extendidos, la literatura científica les ha prestado escasa atención hasta hora en comparación con otras herramientas de gestión, tanto en cuanto a su eficacia como a su valoración en el sector (pero ver Angulo y Villafuerte, 2004). Caro, Delibes-Mateos, Viñuela, López-Lucero y Arroyo (2015), mediante entrevistas a gestores de cotos de caza menor del centro de España, han esbozado cuáles son los principales mecanismos de regulación implementados para la caza de la perdiz roja; y en qué se basan las decisiones de regulación. En general, los gestores reconocen que la regulación de la extracción en función de la disponibilidad es esencial para evitar un mayor declive de las poblaciones de perdiz, y por tanto para mantener o incrementar las bolsas de caza. Para que esto sea eficaz, una premisa esencial es que las estimas de las poblaciones sean fiables (Sutherland, 2001). Sin embargo, esto no se cumple en el caso de las poblaciones de perdiz roja, donde las decisiones sobre cuánto cazar se basan frecuentemente en valoraciones cualitativas de los gestores o los guardas del coto, y casi nunca en una metodología rigurosa de estima de abundancias (Caro et al., 2015). Por ejemplo, la disponibilidad de perdices para la caza se evalúa a veces en función de si la temporada reproductora "ha sido buena", según la cantidad de pollos observados (el tamaño de bandos post-reproductores) antes del comienzo de la temporada cinegética. Sin embargo, se ha demostrado que este método no se corresponde bien con las densidades reales, siendo más eficaces otro tipo de estimas (Caro et al., 2015). No obstante, algunos gestores o guardas de caza desconfían de las estimas basadas en métodos "científicos", por la impresión de que el conocimiento lo da la "presencia continuada en el campo", no una metodología estándar que se realiza de forma relativamente puntual. Entre los mecanismos de regulación para la perdiz roja en el centro de España se incluyen el ajuste del número de cazadores y días de caza, establecer zonas libres de caza ("reservas"), preestablecer cuotas fijas en las tasas de extracción y en ocasiones extremas prohibir la caza durante toda la temporada (Caro et al., 2015). Estos sistemas coinciden con los descritos para otras aves de caza del norte de Europa [URL]. No todos estos mecanismos tienen la misma eficacia para regular la extracción total y, en última instancia, la sostenibilidad de la caza. Por ejemplo, en el caso de cotos de perdiz que realizan caza "en mano" (en la que el cazador busca caminando las piezas con o sin ayuda de perros), se ha mostrado que la densidad de cazadores por día influye más que el número total de días de caza en una temporada (Caro et al., 2015). En cambio, no existen estudios en nuestro país sobre la aceptación y valoración de estos diferentes mecanismos de regulación en el colectivo cinegético. Este tipo de estudios, que ya han sido realizados por ejemplo en países nórdicos (Andersen, 2008), permitiría evaluar la probabilidad de que se implementen adecuadamente, así como la de sus consecuencias económicas y ecológicas a largo plazo. EL FUTURO DE LA CAZA SEGÚN EL COLECTIVO CINEGÉTICO En el estudio de Vázquez-Guadarrama (2012) se preguntaba específicamente a los cazadores por la visión que tenían sobre los cambios que está sufriendo esta actividad, y cómo veían el futuro de la misma. Con res-a414 pecto a la primera pregunta, las valoraciones de la caza en el pasado frente a la actualidad fueron muy diversas. Mientras que algunos consideraban que la caza en tiempo pasado fue claramente mejor (con menciones a que la actividad estaba mejor regulada, los cazadores eran mejores, pero también que la caza era "más auténtica"), otros consideraban que simplemente era distinta (no necesariamente mejor o peor), o con valoraciones confrontadas según el aspecto considerado. Con miras al futuro, un aspecto frecuentemente mencionado fue que existe una tendencia a la extinción de la caza natural y una transformación hacia la caza más industrial, lo que se percibía como algo negativo. Esta opinión la expresaron principalmente los cazadores que preferían una caza más activa, donde se "busca" la presa en el medio (p. ej. como la modalidad de "caza en mano"), así como los veteranos (mayores de 40 años). Esto sugiere que hay una parte del colectivo que siente su "idea" de la caza desplazada frente a otras visiones dentro del mismo colectivo. Además, muchos señalaron que, en gran medida, el futuro de la caza se encuentra en manos de ellos, los cazadores, para lo que mencionaron que sería impor-tante mejorar su imagen, ya que en general se consideran mal vistos o incomprendidos por el resto de la sociedad. Es decir, el futuro de la caza lo ven también como un resultado de las relaciones que tengan como colectivo con el resto de la sociedad. Los trabajos revisados en este artículo indican que los argumentos morales asociados a los motivos por los que se caza, o las percepciones o actitudes de los cazadores y gestores sobre el medio natural y su funcionamiento, influyen en la legitimidad atribuida a esta actividad o a los sistemas de gestión utilizados; y en última instancia a la toma de decisiones. Sin embargo, las relaciones entre las percepciones, opiniones y actitudes y el comportamiento pueden ser muy complejas (Herbelein, 2012). Por lo tanto, trabajos como estos son muy importantes para entender mejor estas relaciones; y así poder mejorar la toma de decisiones y resolución de conflictos con otros intereses (p. ej. conservacionistas), con el fin de hacer de la caza una actividad ecológica, social y económicamente sostenible.
Gestión cinegética racional ligada a la praxis de la caza y la recolección. ¿Entelequia aristotélica o quimera? Desde los albores de su historia filogenética, el consumo de proteínas de origen animal ha tenido gran relevancia en la evolución de los humanos. La caza cooperativa representa una estrategia evolutiva estable a partir del momento en que los cazadores paleolíticos se especializan en la persecución de grandes animales. Todo este proceso implica la adopción de decisiones relacionadas con la gestión de la caza, algunas de las cuales siguen siendo utilizadas por los cazadores-recolectores contemporáneos. En estas sociedades que todavía practican la caza como medio de subsistencia, la composición de sus respectivas dietas y las técnicas de explotación empleadas son explicables bajo supuestos teóricos contenidos en la Teoría del Con objeto de poner a prueba dicha teoría, se han tomado en consideración cuatro decisiones que implican la adopción de diferentes estrategias de gestión por parte de los cazadores-recolectores: I) qué comer, II) dónde y cómo buscar el alimento, III) cuáles son el tamaño y composición más adecuados del grupo de cazadores-recolectores y IV) qué pautas de manipulación y reparto de las presas son más eficientes. La TFO se ha puesto a prueba en diversas ocasiones y, en un alto porcentaje de los casos estudiados, sus predicciones se ajustan a lo observado en distintas sociedades cazadoras-recolectoras. Esto significa que la maximización de los rendimientos de captura a corto plazo es su principal preocupación, en lugar de comportarse como "depredadores prudentes" o realizar una selección pasiva de sus presas en función del tamaño, accesibilidad y abundancia de las mismas. Dicho comportamiento no niega que los cazadores-recolectores actúen como conservacionistas pero descarta que esa sea la principal preocupación de su modo de vida. No cabe duda de que los pueblos indígenas tienen un amplio conocimiento del medio, pero no está claro si lo utilizan para mantener un balance con la naturaleza o para ser cazadores más eficientes Es más probable que la extracción sostenible se deba a una baja presión de caza en zonas donde abundan las presas, lo que constituye un epifenómeno en lugar de una estrategia deliberada de conservación. A tenor de los datos disponibles, seguir manteniendo el mito del salvaje ecológicamente noble es tan falaz como peligroso de cara a la solución de sus problemas presentes y futuros. Dicha concepción errónea deriva, en parte, de confundir sostenibilidad y conservación. No obstante, resulta oportuno recordar que las conclusiones derivadas de la presente revisión tienen un valor estrictamente académico y no justifican juicios morales improcedentes respecto a los derechos de los cazadores-recolectores. PALABRAS CLAVE: Aprovechamiento; conservación; recursos renovables; sostenibilidad; teoría del forrajeo óptimo. La alimentación carnívora es un carácter sinapomórfico para humanos y chimpancés, dentro de los primates superiores (Hominidae), aunque se perciben diferencias cualitativas y cuantitativas entre ambos grupos tanto en la diversidad de especies capturadas, como en la frecuencia de ingesta y el modo de obtener, procesar y repartir las presas (Alvard, 2002). Esto significa que ya desde los albores de su historia filogenética el consumo de proteínas de origen animal por mediación de la caza ha tenido gran relevancia en la evolución de los humanos (Homo) (de Heinzeling et al., 1999; Stiner, 2002). Hace al menos un millón de años que una fracción de los animales era ya directamente capturada por los homínidos (Potts, 1996; Walker y Shipman, 1996). El consumo de carroña o la caza aportan más calorías por unidad de tiempo de búsqueda que la recolección de productos vegetales (Hill, 1982). Hasta fechas recientes se pensaba que la carroña era la única fuente de proteínas de alta calidad para los primitivos cazadores-recolectores humanos (Binford, 1981; Blumenschine et al., 1987), al carecer de una tecnología apropiada para capturar presas vertebradas. No obstante, se conocen poblaciones de chimpancés (Pan) y babuinos (Papio) que cazan cooperativamente valiéndose de sus propias capacidades físicas (Stanford, 1998). Esto refuta el hecho de que el hombre no haya podido ser en sus orígenes un cazador social que compartiera las presas obtenidas, además de ladrón activo de carcasas, como lo son otros carnívoros. Los cazadores humanos han seguido un proceso evolutivo complejo. KEYWORDS: Exploitation; conservation; renewable resources; sustainability; optimal foragin theory. a415 el desarrollo de la inteligencia favoreció en primera instancia el robo de carcasas a otros predadores, la formación de grupos que operaban de forma coordinada para acceder a presas de mayor tamaño, el desarrollo secuencial de útiles para faenar las carcasas y de armas para defenderse y cazar, así como el establecimiento de reglas para el reparto equitativo de la carne obtenida (Stanford, 2001). La competencia con otros carnívoros podría haber inducido el incremento del tamaño corporal de los cazadores primitivos (Arsuaga et al., 2014), la cooperación estratégica, los hábitos diurnos, la rápida manipulación de las presas y la captura selectiva de otras de menor tamaño, en paralelo a la expansión progresiva del neocortex y al perfeccionamiento de las habilidades cognitivas y de comunicación intragrupal (Van Valkenburgh, 2001; Pearce, Stringer y Dunbar, 2013). La conversión de los primitivos cazadores oportunistas en sistemáticos predadores pudo haber tenido lugar en un escenario donde las presas óptimas eran abundantes y predecibles, la disponibilidad de otros alimentos resultaba escasa o impredecible y las capturas proporcionaban excedentes una vez cubiertas las necesidades de los propios cazadores (Rose, 2001). Una tal conversión requería la posesión de ciertas capacidades intelectuales para tomar decisiones, elaborar estrategias cooperativas, así como fabricar y manejar útiles para la captura y procesamiento de las presas. Estas características asimilan a Neandertales y modernos humanos (Pearce, Stringer y Dunbar, 2013), mientras que les separan del resto de los primates, incluidos los primitivos humanos (Hill, 1982; de la Rasilla Vives y Straus, 2004). La caza cooperativa representa una estrategia evolutiva estable a partir del momento en que los cazadores paleolíticos se especializan en la persecución de grandes animales (Boesch, 1994), cuya captura sistemática es difícil de imaginar sin una adecuada tecnología y organización social (Hill y Hawkes, 1983; Stiner, 1991). Como consecuencia, el éxito venatorio da lugar al despiece de la presa, al transporte selectivo y al reparto de las partes más apetecibles antes de ser consumidas. Todo este proceso implica la adopción de decisiones relacionadas con la gestión de la caza que pueden ser constatadas a partir del registro fósil y, con las oportunas reservas, inferida a partir del comportamiento observado en los cazadores-recolectores actuales. Admitir que el consumo de carne y la existencia de patrones comunes de aprovisionamiento asimilan a primitivos humanos y cazadores-recolectores recientes, en modo alguno presupone que las similitudes priman sobre las diferencias (Stiner, 2002). A tenor de esta evidencia, en el presente ensayo se abordarán dos aspectos muy concretos e interrelacionados, eludiendo de forma deliberada extrapolar los resultados a otras poblaciones y especies prehistóricas de homínidos: Analizar el conjunto de decisiones adoptadas por los cazadores-recolectores actuales para proveerse del alimento adecuado de forma eficiente. Determinar si las sociedades que dependen total o parcialmente de la caza y la recolección aplican medidas de gestión racional o conservación de los recursos, con objeto de garantizar su sostenibilidad y futuro aprovechamiento. ESTRATEGIAS DE CAZA Y RECOLECCIÓN: PREMISAS TEÓRICAS La mejora y diversificación de la tecnología con fines cinegéticos aconteció en los últimos 75.000 años, lo que representa un salto cualitativo trascendental y establece marcadas diferencias respecto al modelo de caza practicado anteriormente. Los cazadores-recolectores contemporáneos, incluso en las sociedades menos tecnificadas, disponen de útiles para la caza que no eran empleados por poblaciones más primitivas (Marlowe, 2005). Actualmente se conocen al menos 478 sociedades de cazadores-recolectores cuyas fuentes de alimentación se basan en productos silvestres (más del 90% de la dieta) (Marlowe, 2005), así como 62 países en los cuales el 20% de las proteínas consumidas proceden de animales silvestres (FitzGibbon, 1998; Nasi, Taber y Van Vliet, 2011). Sin embargo, la sofisticación de las técnicas de caza no es el único factor que influye en la explotación de las especies presa (Hill, 1982; Dusseldorp, 2012). Una razón determinante es que algunas especies son más rentables que otras. Pero ¿qué significa rentabilidad? ¿Mayor tamaño, mayor abundancia, mayor accesibilidad, menor peligro o coste de adquisición, mejores cualidades nutritivas? La respuesta depende de una serie de circunstancias cuya principal limitación, en cualquier caso, no es necesariamente material o logística. Las estrategias de caza-recolección utilizadas por poblaciones humanas particulares, así como las causas que determinan la composición de sus respectivas dietas y las técnicas de explotación empleadas, son explicables desde supuestos teóricos contenidos en la teoría del forrajeo óptimo (TFO) (Belovsky, 1987). La TFO asume que las presas de un depredador son distintas entre sí, en términos de la energía que le aportan y del tiempo que el depredador debe emplear en la manipulación de cada una de ellas. La TFO es un corolario de la teoría de la selección natural, ya que se maximiza la eficacia biológica durante la actividad de forrajeo (Stephens y Krebs, 1986). Dicha teoría parte de la asunción de que los cazadores-recolectores adoptan decisiones, a corto plazo, encaminadas a maximizar los rendimientos derivados de las capturas (Alvard, 1993) y que dicha optimización puede ser cuantificada en forma de energía (calorías) obtenida al cabo del lance cinegético. Cada especie presa tiene un valor singular, ya que posee un tamaño determinado, se distribuye de forma heterogénea en el tiempo y en el espacio, su densidad no es constante, su abundancia es limitada y requiere un costo para localizarla, perseguirla, darle caza y procesarla antes de ser consumida. De acuerdo con las predicciones de esta teoría, los cazadores eligen aquellas especies que son óptimas para su dieta y evitan aquellas otras que no lo son, independientemente de su densidad y parcialmente de su tamaño (Stephens y Krebs, 1986). Tres variables básicas intervienen en el modelo: 1) la tasa de encuentro de cada presa (1/t), 2) el tiempo de manipulación que cada una requiere (persecución + captura + procesamiento + transporte) y 3) la energía neta media que proporciona (calorías/ hora de manipulación) (Figura 1). En un contexto evolutivo, el forrajeo óptimo pudo originarse como consecuencia de una diversificación de la dieta, forzada por el agotamiento de los recursos básicos hasta entonces utilizados, a causa del incremento demográfico humano o de un deterioro ambiental (Zeder, 2012). Una tal decisión deriva de una reducción de la eficiencia de forrajeo y requiere una cuidadosa selección de presas alternativas para compensarla (Smith et al., 1983). Para ello ha de cumplirse que la tasa neta de energía que proporciona cualquier nueva presa supere la tasa media de las que formaban parte de la dieta óptima (Hawkes y O ́Connell, 1992). La TFO puede ser aplicada de dos formas distintas: a) Para construir modelos hipotético-deductivos que permitan comparar el aprovisionamiento óptimo de especies predicho frente al observado. b) Para elaborar modelos inductivos explicativos de las decisiones tomadas por los grupos de cazadores-recolectores con el fin de maximizar los réditos derivados de su actividad. Representación gráfica de la teoría del forrajeo óptimo (TFO). Las dos curvas indican diferencias de coste en el tiempo de búsqueda y manipulación de alimentos, así como la dieta óptima correspondiente al punto de corte de ambas funciones. La TFO no excluye que determinadas decisiones tengan finalidades distintas a la aquí planteada, como obtención de pieles, nutrientes esenciales para la salud, productos de interés para cubrir otras necesidades, prestigio social, reducción de riesgos o ánimo de lucro, por ejemplo (Jones, 2004; Winterhalder y Kennett, 2006). Un tal comportamiento no refuta las predicciones establecidas porque son casos particulares de una estrategia global cuyo objetivo, a largo plazo, es la rentabilización de las capturas en términos energéticos con el menor esfuerzo y riesgo posible. Para poner a prueba la TFO se han tomado en consideración cuatro decisiones que implican la adopción de diferentes estrategias (gestión) por parte de los cazadores recolectores: I) qué comer, II) dónde y cómo buscar el alimento, III) cuáles son el tamaño y composición más adecuado del grupo de cazadores-recolectores y IV) qué pautas de manipulación y reparto de las presas son más eficientes. Alternativamente se han propuesto otras dos hipótesis que implican patrones de comportamiento diferentes: a) Teoría del predador prudente o depredador inteligente de Slobodkin (1974). El objetivo prioritario de los cazadores no consiste en la maximización inmediata de los rendimientos de la caza, sino en la sostenibilidad de los recursos a medio y largo plazo. Esto implica que una especie dejará de cazarse y un territorio de ser visitado cuando la densidad poblacional caiga por debajo de un determinado umbral de riesgo. Tal comportamiento garantiza la sostenibilidad de las especies presa e implica la polarización de las capturas hacia otras especies más abundantes, lo que puede traer consigo el cambio del territorio habitual de caza por otro más favorable. Esta hipótesis entronca con el concepto 'Ecologically noble savage', redefinido por Redford (1991) y asumido por un sector de conservacionistas y antropólogos. Postula que los grupos de cazadores recolectores viven en armonía con la naturaleza y se comportan como predadores prudentes, basándose en el profundo conocimiento que poseen de su entorno y que culturalmente transmiten de generación en generación (Alvard, 1993; Hames, 2007). Los ejemplares que forman parte del lote óptimo de especies también son objeto de una selección intraespecífica predicha por la TFO. Machos y hembras tenderán a ser capturados de forma indistinta y proporcional a su abundancia en el medio, excepto cuando el dimorfismo sexual de la especie es acusado y convierte en más rentable la captura de uno u otro sexo por su mayor tamaño, o cuando unos poseen mejor condición física que otros. Asimismo, los adultos tienen mayor valor intrínseco que los jóvenes y las crías, salvo cuando el tamaño de los inmaduros es equiparable al de los adultos de otras especies diana (Alvard, 1998), como sucede por ejemplo en el caso de los Piro respecto a tapires (Tapirus terrestris) y capibaras (Hydrochoerus hydrochaeris) (Alvard et al., 1995). SELECCIÓN DEL LUGAR DE FORRAJEO A escala regional, el alimento disponible no se reparte equitativamente por todo el territorio y su abundancia fluctúa a lo largo del ciclo anual. Por tanto, de acuerdo con las predicciones de la TFO, es necesario decidir qué área resulta más rentable en términos de distancia, período anual y abundancia de presas, y por cuánto tiempo deben permanecer en ella los cazadores-recolectores. Murdock (1967) distingue cuatro patrones distintos de comportamiento en una muestra de 168 sociedades cazadoras-recolectoras, en función de la movilidad: Bandas completamente migratorias o nómadas (75% en zonas ecuatoriales, 64% en zonas semi-tropicales, 42% en zonas boreales, 10% en zonas templadas y 8% en zonas templadas-frías). Comunidades seminómadas, cuya movilidad es interrumpida por períodos de permanencia en campamentos estables. Comunidades semisedentarias, donde la tendencia a permanecer ligados a un campamento prima sobre las fases de movilidad. Aquellas que viven fijadas a un territorio durante todo el año. De forma sintética cabe distinguir dos estrategias dominantes: la que implica el desplazamiento de los consumidores en busca de los recursos (forrajeadores) y la que se basa en el transporte total o parcial de dichos recursos a los consumidores (recolectores) (Binford, 1980). La mayoría de los grupos forrajeadores son poco numerosos, bastante móviles, especialmente en los climas templados, y el número medio de desplazamientos anuales se cifra en torno a siete (Marlowe, 2005). Generalmente el nomadismo implica una utilización cíclica y predecible de distintos recursos a lo largo del año. En hábitats favorables, donde la abundancia de alimento puede soportar una mayor densidad poblacional, los grupos locales tienden a mantener constante su tamaño, en torno a treinta individuos para evitar conflictos internos y fisiones, y a reducir la movilidad del grupo (Marlowe, 2005). Tendencias latitudinales en el uso de la caza, la pesca y la recolección como medios de subsistencia. El modelo recolector es más evolucionado y se basa en un campamento fijo desde donde salen y al que regresan las partidas de caza. Esta estrategia la siguen, por ejemplo, los ¡Kung (Binford, 1980). En algunos casos las partidas de caza utilizan campamentos móviles durante varios días. En ambas situaciones el esfuerzo cinegético tiende a concentrarse en torno al núcleo habitado (Ohl-Schacherer et al., 2007; Smith, 2008) y suele provocar un empobrecimiento del área periférica inversamente proporcional a la distancia recorrida por los cazadores (Alvard, 1994; Alvard, 1998; Muchaal y Ngandjui, 1999). Por otra parte, los factores implicados en dicho empobrecimiento tienen relación directa con el tamaño de la población humana y su distribución espacial, el tipo de armamento utilizado y el número medio de capturas anuales por cazador (Levi et al., 2011). La utilización de armas de fuego ejerce mayor impacto sobre las presas que el incremento del tamaño poblacional de los grupos que utilizan una tecnología más rudimentaria para cazar (Levi et al., 2011). Sin embargo, no suele traducirse en un aumento de la distancia recorrida en pos de las presas más valiosas, sino en un cambio de estrategia basado en la persecución de presas alternativas dentro del territorio habitual de caza (Alvard, Robinson, Redford y Kaplan, 1997; Peres y Lake, 2003; Ohl-Schacherer et al., 2007; Smith, 2008). Esta situación puede verse alterada cuando la existencia de carreteras y ríos favorece el transporte motorizado, ya que permite recorrer mayores distancias en menos tiempo que caminando (Souza-Mazurek et al., 2000). En climas templados la movilidad individual varía entre 14 km para los hombres y 9,5 para las mujeres (Marlowe, 2005). El almacenamiento de comida se da cuando la temperatura efectiva (medida simultánea de la cantidad total y de la distribución anual de la radiación solar) es inferior a los 15o. Dicho comportamiento no tiene lugar entre las bandas forrajeadoras. Por consiguiente, la movilidad no está necesariamente relacionada con la abundancia o escasez de alimento, si bien hay una tendencia a reducir el número de desplazamientos. El sedentarismo puede ser producto de abundancia local de recursos en el contexto de una escasez regional (Kelly, 1995) y propicia la defensa territorial de los recursos, la domesticación y la caza de grandes animales (de más de 40 kg) que no merece la pena criar (Alvard y Kuznar, 2001). La caza como actividad prioritaria propicia el incremento del área de campeo y la movilidad, mientras que la pesca se asocia con un mayor sedentarismo. Por otra parte, la movilidad, junto al control de la natalidad y el empleo de técnicas de subsistencia encaminadas a incrementar la produc-tividad de los recursos (gestión del medio, agricultura y ganadería), son decisiones adoptadas para no superar la capacidad de carga regional (Zeder, 2012). Tanto forrajeadores como recolectores tienen que tomar decisiones acerca de la elección del territorio de caza. De acuerdo con la TFO, dicha elección está condicionada por la disponibilidad y abundancia de presas óptimas. Por consiguiente, la predicción apunta hacia las zonas más ricas, abandonando el lugar cuando los beneficios están por debajo de la media de los obtenidos en otros parches (Alvard et al., 1995). Se ha constatado que existe una relación inversa entre el número de desplazamientos que realizan los forrajeadores a lo largo del año y la distancia media que existe entre los parches que visitan. Por tanto, la distancia entre parches juega un papel muy importante. Alvard (1994) constató que la presión de caza de los Piro (recolectores) era mayor en los alrededores del poblado. Como consecuencia, la tasa media de retorno se cifraba en 0,98 kg/h a una distancia no superior a 4 km de los asentamientos y de 3,18 kg/h entre 4-8 km. Distancias superiores no parecen ser recorridas, incluso existiendo zonas óptimas de caza, ya que el costo energético de los desplazamientos y transporte de las presas no compensa los rendimientos cinegéticos obtenidos. La caza grupal permite la obtención de más y mayores presas y, en general, el incremento del éxito cinegético (Kaplan, Hooper y Gurven, 2009). Además, reduce el riesgo de enfrentamiento con animales peligrosos, posibilita la emboscada de rebaños o facilita el aislamiento de individuos gregarios. La caza cooperativa es habitualmente practicada por cazadores-recolectores tan diferentes como ¡Kung, Pigmeos Mbuti e Inujjuamiut, por ejemplo (Alvard, 1999). Packer y Ruttan (1988) sostienen que la caza cooperativa se produce cuando favorece la probabilidad de encuentro o captura de presas óptimas y compensa el tener que repartirlas, lo que se inscribe dentro de las predicciones de la TFO. De hecho, se ha constatado una relación inversa entre la tasa de éxito cinegético y el tamaño de las presas. Entre los Ache y Hadza la tasa de éxito frente a presas cuyo peso alcanza o supera los 40 kg es diez veces menor que la obtenida para presas inferiores a 10 kg, y cinco veces inferior para los ¡Kung (Hawkes, 2001). Los beneficios que proporciona la caza colectiva han sido cuantificados para los cazadores Lamalara de ballenas, los cuales obtienen 3 kg de carne/persona/hora de caza colectiva frente a 0,39 kg pescando en solitario especies de menor tamaño (Alvard, 1999; Alvard, 2001). La caza es una actividad eminentemente masculina y la división de tareas entre los sexos es quizás tan antigua como el propio hombre (de Heinzeling et al., 1999). Tener un campamento fijo tiene la ventaja añadida de que los jóvenes no lactantes permanecen en él mientras la madre recolecta, lo que no implica que la fertilidad de los grupos móviles sea menor que la de los sedentarios (Hill y Hurtado, 1996). No obstante, cuando los grupos son muy reducidos, generalmente menos de diez personas, se acrecienta el papel igualitario de hombres y mujeres en la búsqueda y obtención de los recursos (Binford, 1980). Esta homogeneización de tareas ha podido verse favorecida, además, por el uso de útiles que reducen el riesgo (redes, lazos) y el empleo exclusivo de la fuerza para capturar determinado tipo de presas. Este es el caso, por ejemplo, de los pigmeos Aka (Hewlett, 1992). En cualquier caso, parecen primar las estrategias complementarias sobre las igualitarias entre ambos sexos, lo que proporciona un papel activo a hombres y mujeres, pero de distinta naturaleza (Hurtado y Hill, 1992; Hawkes et al., 1993). En determinadas circunstancias los hombres tienden a perseguir presas de difícil adquisición que incrementan su estatus social y la dependencia de otros miembros que no son activos cazadores, mientras que las mujeres se centran en la recolección de productos que implican menor esfuerzo pero aseguran el aporte diario de alimento (tubérculos en muchos casos: Speth, 2010) tanto para ellas como para su descendencia (Hawkes, O'Connell y Rogers, 1997). Esto es consecuencia del ajuste individual del comportamiento en función de la edad, sexo y estatus reproductivo de los miembros del grupo, cuyo tamaño, por otra parte, resulta ser sumamente variable. Dicha variación está condicionada por la forma en que se distribuyen los recursos en el medio y por su abundancia. La mejora tecnológica (veneno, arco y flecha, armas de fuego) ha favorecido el incremento de la caza individual, o al menos la reducción del tamaño de los grupos cazadores, como se ha comprobado en el caso de los Hadza. Como corolario, la probabilidad de cooperación declina cuando la captura de las presas no requiere la participación necesaria de terceros (Scheel y Packer, 1991). ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN Y REPARTO DE LAS CAPTURAS Las estrategias de manipulación de las capturas dependen de la tecnología empleada y de los usos y costumbres de los cazadores-recolectores (Bright, Ugan y Hunsaker, 2002), lo que incide en el balance energético que proporcionan tanto a cazadores como al resto del grupo. La caza cooperativa suele estar estrechamente vinculada al reparto de los beneficios obtenidos, es común, aunque no exclusiva entre los cazadores-recolectores que no almacenan alimento (Binford, 1980), y se centra en las grandes presas que son inaccesibles para un cazador solitario. Ejemplos de caza cooperativa y reparto de la carne acopiada son abundantes (Hawkes, 1990) y están bien estudiados en ¡Kung, Pigmeos Mbuti, Aché, Hadza e Inujjamiut, por ejemplo. Las capturas de pequeño tamaño suelen ser propiedad del cazador y no se comparten, aunque existen excepciones como en el caso de los Hadza (Hawkes, 2001). El reparto de alimentos está asociado al igualitarismo social y tiene como beneficio la reducción del riesgo de desnutrición o mortalidad (Kaplan, Hill, Lancaster y Hurtado, 2000). El reparto puede ser equitativo entre cazadores y restantes miembros del clan o beneficiar más a unos que a otros según acuerdos previamente pactados (Barnes, 1996; Wiessner, 1996). El primer caso es frecuente entre los recolectores tropicales; los cazadores generalmente no controlan el reparto de la carne de las grandes presas, ya que suelen ser consideradas un bien comunal al que tienen acceso también quienes no han participado en el lance cinegético (Hawkes, 2001). Desde el punto de vista cooperativo cabe distinguir dos situaciones diferentes, ninguna de las cuales puede considerarse verdaderamente altruista (Alvard, 2001): el mutualismo y la reciprocidad. El mutualismo proporciona beneficios inmediatos y equivalentes a quienes lo practican, puesto que se basa en un intercambio simultáneo de bienes. La TFO suele invocar esta estrategia para resaltar las ventajas de la caza cooperativa. Dicha estrategia abarca tanto la cooperación sinérgica como la cesión de productos marginales o excedentarios. Rígidas normas previenen la aparición de individuos parásitos. La reciprocidad consiste en un intercambio no simultáneo de recursos e implica un costo a corto plazo para una de las partes. Reduce el riesgo que provoca la desaparición de recursos en ambientes estocásticos, pero favorece la posibilidad de que algunos individuos se dediquen sistemáticamente a la obtención de beneficios sin contribuir a su generación. Este comportamiento se da, por ejemplo, en el seno de bandas Inuit. Mutualismo y reciprocidad no forman parte de las predicciones explícitas de la TFO. No obstante, en tanto que incentivan la adquisición de presas energéticamente rentables que de otro modo serían inaccesi-a415 bles para cazadores solitarios, cabe asumir que ambos tipos de comportamiento favorecen la inclusión de determinadas presas dentro del lote óptimo de especies, en detrimento de otras más pequeñas o de más fácil adquisición pero menos rentables. El hecho de que la caza colectiva no se traduzca en mayores cantidades de carne para los cazadores que para el resto del grupo queda compensado por la obtención de otro tipo de beneficios como, por ejemplo, reputación. Este público reconocimiento permite la elección de esposas más trabajadoras, que paren antes y crían mejor a sus hijos (Blurton-Jones, Hawkes y O'Connell, 1997), así como ser considerado un vecino y aliado deseable (Hawkes, 2001). OBSERVACIONES EMPÍRICAS EN APOYO DE LA TFO La TFO y la de la selección pasiva de presas preconizan la maximización de beneficios nutricionales a corto plazo, a diferencia de la teoría del predador prudente que predice una limitación de uso de las presas y territorios más vulnerables para evitar su agotamiento. La principal diferencia entre las dos primeras teorías reside en el costo de manipulación; el forrajeo óptimo lo contempla como elemento determinante en la configuración del lote de especies cinegéticas, mientras que la selección pasiva no lo toma en consideración. A pesar de que las tres teorías son radicalmente distintas y sus predicciones diferentes, los datos empíricos recogidos sobre el terreno no siempre son fácilmente interpretables a la luz de los tres supuestos teóricos. Por ejemplo, el hecho de que el espectro alimentario de un determinado grupo se nutra básicamente de cuatro hipotéticas especies puede ser debido a: • Que se trata de las especies más rentables y fáciles de manipular. • Que son las más abundantes y accesibles. • Que no manifiestan tendencias demográficas regresivas que aconsejen dejar de cazarlas. Por consiguiente, resulta necesario disponer de información complementaria para determinar si el modelo de caza estudiado se adecúa significativamente a las predicciones de cualquiera de los tres supuestos posibles o, en su defecto, ser cautos a la hora de interpretar los resultados. Téngase en cuenta que dicha interpretación con frecuencia escapa del ámbito estrictamente científico y adquiere connotaciones sociopolíticas y morales acerca del papel que han desempeñado y desempeñan las sociedades cazadoras-recolectoras en el medio que habitan, así como se han utilizado para defender o cuestionar si dichas sociedades viven en armonía con la naturaleza y, por lo tanto, son los mejores garantes de su conservación (salvajes ecológicamente nobles, utilizando el malsonante término acuñado por Redford, 1991). En el presente trabajo no se pretende entrar en una polémica de naturaleza ética sino reunir datos recogidos por distintos investigadores que, desde un punto de vista académico, permitan arrojar luz sobre esta cuestión. Sea cual sea el resultado, el derecho de los pueblos indígenas a habitar la tierra de sus antepasados queda fuera de toda duda y la pertinencia de emitir juicios morales sobre su forma de comportamiento no forma parte del objetivo de esta discusión. La TFO se ha puesto a prueba en diversas ocasiones y, en un alto porcentaje de los casos estudiados, sus predicciones se ajustan a lo observado en distintas sociedades cazadoras-recolectoras (véase revisión de Alvard, 1998, por ejemplo). Esto significa que la maximización de los rendimientos de captura a corto plazo es la principal preocupación de muchos cazadores indígenas. Precisamente Alvard et al. (1995) han demostrado que los Piro no seleccionan edad o sexo de sus presas para minimizar el impacto sobre ellas, sino que actúan según la TFO. De hecho, tienden a perseguir animales con peso superior a 4-5 kg y no cazan selectivamente machos viejos sino adultos en edad reproductiva porque son los más abundantes. Todo ello se traduce en la elección de un lote óptimo de especies, que muchas veces no son las más abundantes ni las más accesibles sino las más fáciles de manipular, lo cual refuta que se guíen por una selección pasiva de sus presas. Un tal comportamiento es compatible con dos asunciones evolutivas de la TFO: a) una buena alimentación incrementa la supervivencia y fertilidad de los individuos y b) reduce el tiempo de forrajeo a favor de otras actividades que benefician a la eficacia biológica (Alvard, 1998). Dicho comportamiento no niega que los cazadores-recolectores actúen como conservacionistas pero descarta que esa sea la principal preocupación de su modus vivendi. Lo que parece estar claro es que TFO y conservación parecen excluirse a largo plazo (Alvard et al., 1995). Dilucidar si la actitud conservacionista racional de las sociedades cazadoras-recolectoras es una entelequia aristotélica (actuación encaminada hacia un fin intrínseco) o una quimera (lo que imaginariamente se propone como verdadero sin serlo) no es tarea sencilla, incluso manejando datos objetivos. El problema a415 es de naturaleza semántica y conceptual, lo cual posibilita el uso ideológico del concepto 'conservación' en defensa de posturas opuestas. Para evitar ambigüedades, aquí se asume como conservación cualquier decisión racional de subsistencia que tiene un costo a corto plazo para quienes la implementan, con vistas a mantener la sostenibilidad de los recursos a largo plazo (Alvard, 1993). La conservación implica la manipulación deliberada del ambiente para favorecer la producción de recursos (Balée y Erickson, 2006) o la restricción de la actividad cinegética sobre presas en declive y territorios depauperados. Aparentemente es la intencionalidad y no los resultados la que caracteriza la actitud conservacionista, pero prácticamente no es así ya que tanto una como otros tienen que ser concomitantes. Determinadas sociedades cazadoras-recolectoras consideran que los recursos son inextinguibles y que dependen de la generosidad de fuerzas sobrenaturales. El comportamiento ético individual y colectivo propicia la existencia de caza y la desviación de la norma es la que provoca su carencia, en cuyo caso resulta necesario implementar rituales mágicos expiatorios para aplacar la ira de los espíritus (Krech, 1999; Hames, 2007). Es innegable que estas sociedades adecúan su conducta al mantenimiento de la caza en sus territorios, pero en puridad no se les puede considerar conservacionistas pragmáticos, entre otras razones porque suelen ser conscientes de que la sobreexplotación es perjudicial. Tampoco cabe interpretar los tabúes como una forma primitiva de protección porque, salvo excepciones (Ross et al., 1978), su origen no suele tener relación directa con la conservación de especies o lugares sobreexplotados, sino con mitos culturales (Alvard, 1998). El hecho de vivir en armonía con la naturaleza no refleja necesariamente una actitud conservacionista (Alvard, 1998), como sostenían muchos antropólogos entre los años 1960-1980(FitzGibbon, 1998)). Muchas poblaciones de cazadores-recolectores se mantienen en equilibrio con sus presas porque no las cazan hasta extinguirlas. Pero esto no es una meta fijada de antemano sino una consecuencia de otros factores (Alvard et al., 1995), efecto que ha sido bautizado por Hunn (1982) como epifenómeno conservacionista. El equilibrio con el medio ambiente puede surgir de la baja densidad poblacional humana, limitada tecnología y alta movilidad. Por eso no resulta contradictorio que Borgerhoff y Coppolillo (2005) encuentren una correlación positiva entre la presencia de pueblos nativos de baja demografía y zonas de alta diversidad. La sostenibilidad es posible aun en ausencia de una actitud conservacionista cuando la tasa de extracción no supera la tasa intrínseca de crecimiento de las poblaciones objeto de caza. La vulnerabilidad de las especies, el número de capturas y el tamaño de la población de consumidores son factores que hay que tomar en consideración (Alvard et al., 1997). De ahí que, en la práctica, la sostenibilidad dependa del comportamiento del cazador y de la especie presa, puesto que son los que determinan el número y tipo de animales recolectados (FitzGibbon, 1998). Por tanto, TFO y sostenibilidad son compatibles cuando la sobreexplotación es espúrea. Actualmente prevalece la idea de que muchas sociedades tradicionales han sobreexplotado a sus presas y deteriorado el hábitat (Diamond, 1988; Alvard, 1998). Según Krech (1999) entre los nativos norteamericanos hay pocas evidencias de conservación anterior al contacto con el hombre blanco y ninguna durante dicho período. Igualmente, la conservación entre los cazadores contemporáneos es rara y solo se produce cuando las presas son valiosas y escasas, constituyen bienes privados (recursos abundantes y predictibles) y merece la pena defenderlos tanto a corto como a largo plazo (Alvard y Kuznar, 2001). Por otra parte, un estudio de Hames (1987) sobre diversos pueblos amazónicos no apoya la hipótesis de la conservación: cuanto más diezmadas están las especies diana más tiempo se invierte en cazarlas (Siona-Secoya y Yanomamis, entre otros). Los Piro, por ejemplo, no evitan cazar especies vulnerables en zonas defaunadas si de paso las encuentran (Alvard et al., 1995). Esto no obvia la existencia de pruebas a favor de una conservación proactiva por parte de distintas sociedades cazadoras-recolectoras (Ohl-Schacherer et al., 2007). Pero dichas pruebas son escasas y muy abundantes las que apuntan en sentido contrario (Smith y Wishnie, 2000). Una reciente revisión realizada sobre el tema (Hames, 2007) echa en falta argumentos empíricos en apoyo de un conservacionismo generalizado, concluyendo que la idea de conservación proactiva atribuida a los nativos es un mito. No cabe duda de que los pueblos indígenas tienen un amplio conocimiento del medio, pero no está claro si lo utilizan para mantener un balance con la naturaleza o para ser cazadores más eficientes (Hames, 1987). Las causas de no conservación se atribuyen a que las especies presas son de libre adquisición (Hames, 1991; Smith et al., 1983) o al bajo impacto que provoca la caza sobre la biodiversidad del territorio, lo que no excluye que algunas especies se encuentren sobreexplotadas (Alvard et al., 1995). Resulta oportuno recordar que las conclusiones derivadas de la presente revisión tienen un valor estrictamente académico y no justifican juicios morales improcedentes. Porque no se trata de reflotar el dilema caza-conservación, sino de convertirlo en un binomio compatible donde todos somos parte del problema y conjuntamente debemos contribuir a su solución. De acuerdo con Peres (1994), limitarse a considerar a los pueblos indígenas como ecológicamente nobles es insuficiente si no se adoptan otras medidas complementarias, sin imposiciones y previo consenso. La TFO nos permite entender cómo se comportan quienes dependen de la caza para la subsistencia. La historia nos ha enseñado que el progreso es necesario e inevitable pero tiene un costo ambiental si no se planifica adecuadamente. Seguir manteniendo el mito del salvaje ecológicamente noble es tan falaz como peligroso y en parte deriva de confundir sostenibilidad y conservación. ¿Acaso defender que son los mejores garantes del uso racional de los recursos no los está condenando involuntariamente a permanecer en un éxtasis cultural para evitar que el crecimiento poblacional, la modernización tecnoló-gica y la adquisición de bienes de consumo a cambio de materias primas alteren el equilibrio, si circunstancial o voluntariamente entran en esta dinámica? Cada vez quedan menos sociedades cazadorasrecolectoras aisladas y el contacto con el resto de la civilización se ha intensificado. Inevitablemente esto trae como consecuencia nuevos hábitos en las poblaciones indígenas inducidos por otras necesidades ajenas a su tradición. En muchos casos el modelo de caza subsistencial se ha visto desbordado por la emergencia de mercados externos que absorben toda la carne de monte que se les pueda aportar (Fa, Peres y Meeuwing, 2002; Fa et al., 2015). En realidad quienes forman parte de estas redes de suministro son campesinos que han encontrado mayor rentabilidad en la venta de caza que en su explotación estricta para autoconsumo. Todo esto revela que el problema de la sobreexplotación cinegética, especialmente en las zonas tropicales, rebasa el entorno virtual de los cazadores-recolectores tradicionales. Estos últimos pueden verse inevitablemente abocados a padecer las consecuencias de la creciente escasez de presas o a integrarse como proveedores en la cadena comercial. Ambas opciones son indeseables ya que acentúan el problema de la sobreexplotación en lugar de zanjarlo o siquiera paliarlo.
La caza tiene problemas para dar y tomar. Produce y sufre problemas de todo tipo, aunque solo hablaré de los genéticos. La caza está en declive sobre todo porque a la naturaleza le va mal. Sin embargo, la caza no solo es fuente de problemas, sino también de soluciones. Hay que compatibilizar caza y conservación de la naturaleza de modo que se haga un uso sostenible de la fauna y los ecosistemas. Hay conocimientos científicos y técnicos suficientes para conseguirlo. Quizá lo que no hay es voluntad. ¿Cómo les cuento de la caza si de la caza ya se ha dicho todo? Lo único que se me ocurre es dar una visión muy personal con palabras sencillas. Espero contar algo nuevo, aunque me consta el desinterés manifiesto de algunas personas por que se les cuenten historias que les hagan pensar de otra manera o siquiera dudar. "Para empezar por el principio, diré que la perdiz roja es un pájaro que todavía está ahí. Los pájaros de ellos, los pájaros de los otros, son, a menudo, pájaros que les han puesto. Parece natural que con alguna ventaja habíamos de contar los pueblos subdesarrollados. Con esto se da por supuesto que la civilización opera contra la caza, o, todo sea dicho con palabras pobres, que el tractor y la cosechadora se comen la perdiz". PONIENDO EL PROBLEMA EN PERSPECTIVA La caza está en declive porque para cazar hay que irse al campo. El declive de la caza es simultáneo a la pérdida de paisajes y especies. La naturaleza está sufriendo una crisis de extinciones de especies como nunca ha ocurrido en la historia del planeta. La caza consiste en matar animales y algo ha tenido que ver en las extinciones de especies, aunque a escala global tiene muy poca culpabilidad y algo que agradecerle. El "problema" de la caza son muchos problemas pero el de la pérdida de naturaleza es el principal. Voy a intentar poner el problema en perspectiva. El crecimiento de la población asusta. Se ha estimado que en 2100 serán 11.000 millones de personas (United Nations -Department of Economic and Social Affairs. A la vez, la producción de cereales per capita empezó a disminuir a mediados de los años 80 y todavía no ha parado de seguir cayendo, mientras que la superficie de cultivo per capita ha disminuido cerca del 20% en la última década. Cada día que pasa tomamos más tierra, más bosques y más vida silvestre, y lo hacemos de forma más agresiva. Hay que intentar pensar en la escala. La mayoría de las especies animales y vegetales están en las selvas tropicales y la situación de casi todas las selvas tropicales es desesperada. Solo nos quedan siete millones de Km 2 de selva tropical. Desgraciadamente, el ritmo al que desaparecen los bosques tropicales se ha incrementado desde 1999. El 40% de todos los bosques lluviosos tropicales está en Brasil y esa masa verde representa un papel vital en el mantenimiento de la biodiversidad de la Tierra, la hidrología regional, el clima mundial y el ciclo del CO 2. Es un record planetario. También tiene el record mundial de velocidad de destrucción absoluta de bosque, deforestando más de dos millones de hectáreas al año y aumentando el ritmo según su economía crece (Butler, 2005, 16 de noviembre; Malhi et al., 2008). Los problemas están en todos lados, no solo en los bosques tropicales. También nuestros paisajes y ecosistemas están sufriendo alteraciones drásticas. Cuantificando la pérdida de naturaleza de otro modo: el 13% de las especies de aves, la quinta parte de los mamíferos, el 5% de los peces y el 8% de las plantas terrestres están amenazados de extinción seriamente. Casi todos los animales grandes están en problemas: los felinos, las grullas, los loros, las serpientes, los cánidos, los monos antropomorfos, los elefantes, los rinocerontes... todos los animales "icónicos". En dos décadas se mató al 90% de todos los rinocerontes negros, quedan menos de 400 rinocerontes de Sumatra, es posible que queden unos 600 gorilas de montaña, el águila de Filipinas está mucho peor que la imperial ibérica, la foca monje casi se ha extinguido... Los peores son los gatos. Los gatos domésticos son quizá la causa mayor de destrucción de especies de aves tras la pérdida de hábitat. No son solo los gatos. Los perros han extinguido poblaciones silvestres de cánidos transmitiendo enfermedades. El ganado también hace lo suyo y son una especie de plaga, devastando hábitats y propagando enfermedades. La tuberculosis bovina ha pasado de las vacas a los búfalos silvestres y de estos a los leones, guepardos, kudúes y babuinos en Sudáfrica, mientras que en Norteamérica se la contagiaban a los bisontes y en España a los linces (Gortázar, Che Amat y O'Brien, 2015). La única esperanza que tiene la fauna y flora amenazadas de las islas es la exterminación de las plantas, cabras, ratas, perros, gatos y conejos que hemos introducido en ellas. Aunque desde hace mucho tiempo somos conscientes de los problemas tremendos que puede suponer introducir especies exóticas, continuamos haciéndolo sin disminuir el ritmo. Consumimos el 35% de la productividad primaria de los ecosistemas continentales y usamos el 55% del agua de los ríos, lagos y otras fuentes de agua dulce. Sin embargo, el porcentaje de tierra que está protegido es mucho menor del 5% de la superficie mundial y no llega al 0,5% la superficie marina protegida, sea lo efectiva que sea esa protección (World Bank Open Data). Esta es, pues, la escala de la destrucción de la naturaleza. Hay que proteger la naturaleza porque la estamos destruyendo. Cuando se trata de proteger ecosistemas, mayor superficie es mejor que menor, conectado es mejor que fragmentado y natural es mejor que manejado. Eso es obvio pero complicado de conseguir en la práctica. Desgraciadamente, en la actualidad y por lo menos en el futuro inmediato, la supervivencia de cada vez más especies tendrá que depender del cuidado de fragmentos de hábitat en forma de reservas o, peor aún, zoos, hasta a416 que se pueda recuperar el hábitat perdido y las causas de extinción. Muchas especies tendrán que intentar sobrevivir en pequeñas poblaciones aisladas sin espacio para crecer. Su supervivencia depende del cuidado humano. Por si fuera poco, de una manera o de otra, toda la vida silvestre está amenazada por el cambio climático. No solo afectará a la vida silvestre, sino que el cambio climático muy probablemente afectará a las poblaciones humanas. Algunas sociedades podrán hacer frente al problema, pero son de esperar rupturas sociales, movimiento de poblaciones y explotación de más recursos, que afectarán también a la naturaleza. Hoy en día, proteger la naturaleza significa gestionarla. Los recursos son limitados, por lo que tendremos que ponernos de acuerdo en qué especies o subespecies queremos proteger, dónde y en qué números y cuál es la mejor manera de hacerlo. A largo plazo no puede haber conflicto entre el desarrollo económico y la protección de la naturaleza. A corto plazo, hay conflictos inmensos. La palabra progreso hace tiempo que la hemos sustituido por desarrollo económico. A nadie se le ha ocurrido cómo hacerse rico con linces ibéricos, gorilas de montaña o golondrinas. Para mucha gente, el gasto en la protección de especies es un lujo que no nos podemos permitir. Al final se conseguirá. Hará falta el trabajo de miles de personas y el entendimiento de millones para conseguir el cambio, pero mientras tanto, ¿qué hacemos?, ¿cuál es la mejor manera de hacerlo?, ¿debemos evitar la extinción de todas las especies?, ¿de las subespecies?, ¿solo de algunas? La mejor manera de conservar la naturaleza es conservar paisajes. Si queremos salvar especies, tendremos que salvar el hábitat. UNA DEFENSA DE LA CAZA Alrededor del 62% de la superficie nacional es terreno cinegético (Estadística anual de caza. No todo ese territorio tiene un uso exclusivamente cinegético, en ocasiones sí, pero en cualquier caso todo él es gestionado para cazar, en mayor o menor medida y mejor o peor hecho. Para cazar hace falta naturaleza y la caza ha trabajado para que esos lugares se mantengan y prosperen en ellos las especies cinegéticas y sus depredadores aunque los quieran controlar. Existen otras figuras de protección del territorio, como parques, reservas naturales, monumentos naturales, paisajes protegidos, Red Natura 2000 y quizá otras, y dentro de muchas de ellas se puede cazar. Esas figuras de protección del territorio son espacios protegidos aislados. La caza protege mucha más superficie que además es continua en el espacio. Está bien disponer de espacios protegidos, pero es mucho mejor la protección del espacio, que hace la caza. También la caza ha cedido partes de su superficie para convertirla en espacios protegidos, y ahí está el caso paradigmático de la Reserva Natural del Monte del Pardo, que fue un coto de la Corona y es una de las mayores extensiones de ecosistema bien conservado de Europa, a las mismas puertas de Madrid. La caza no solo se ocupa de proteger el espacio. También protege a especies concretas. Por ejemplo, el ciervo. Esta especie se extinguió en la mitad norte de la Península Ibérica. Con fines cinegéticos, a partir de los años 50 comenzaron a repoblarse diferentes sierras del norte de España con ciervos provenientes del centro y sur peninsular, principalmente de Quintos de Mora (Toledo), creándose nuevas Reservas Nacionales de Caza. En la actualidad los ciervos se encuentran en prácticamente toda la Península y las poblaciones están aumentando, lo que seguro que agradece el lobo además de los cazadores. Junto a todo esto, el aprovechamiento cinegético produce rentas y empleo, especialmente en ambientes rurales, complementando o sustituyendo a las rentas agrarias. El medio rural se nos despuebla y cualquier actividad económica allí es bienvenida y necesaria para cohesionar socialmente el país. Sin embargo, la caza no solo tiene aspectos positivos. Aunque la alteración y destrucción del hábitat sea la principal causa de destrucción del planeta y de pérdida de biodiversidad, la caza tiene su parte de culpa también. En primer lugar, porque la caza actúa directamente sobre los animales matándolos. Algunas especies se están matando de más y no podemos olvidar que en la historia algunas han sido cazadas hasta su extinción. Además, la caza está siendo perjudicial para la naturaleza por métodos menos directos que pegarles tiros a más animales que los que la naturaleza puede reponer. La caza altera la naturaleza de varias formas menos evidentes. Algunas de estas formas tienen consecuencias genéticas (que luego podrán tener consecuencias demográficas) y de ellas se encarga la Genética. Así pues, antes de contar algunas de estas maneras más enrevesadas por las que la caza se fastidia a sí misma, creo conveniente explicar uno o dos conceptos de genética, con palabras simples. MANERAS EN QUE LA GENÉTICA PUEDE AYUDAR AL CONOCIMIENTO Y GESTIÓN DE LA CAZA Cada especie y subespecie es como es por su información genética. Cada individuo también, aunque en mayor o menor medida en el aspecto (fenotipo) a416 influye además el ambiente. La información genética está contenida en una molécula que es el ADN. La molécula de ADN es capaz de hacer copias de sí misma, con lo que puede pasar entre sucesivas generaciones en los seres vivos. Esta molécula es también extraordinaria porque es capaz de contener la información que nos hace a cada ser vivo ser lo que somos. En los seres vivos que nos interesan aquí, la información genética está contenida en varias moléculas de ADN y cada una de ellas forma parte de un cromosoma. La información genética está duplicada, así que el número de cromosomas de una célula es par. Cada cromosoma de una pareja contiene información para hacer lo mismo, por ejemplo, el color del pelo, aunque puede ser que en cada lugar del ADN de ambos cromosomas (cada gen) haya variantes en la información para hacer lo mismo: una variante de un gen (alelo) en un cromosoma para teñir el pelo de un color y otra variante en su otro cromosoma para teñirlo diferente. Uno de los juegos de cromosomas proviene del padre, de un espermatozoide, y el otro juego proviene de la madre, de un óvulo. Hay una pequeña cantidad de información genética que está contenida en una molécula de ADN distinta de la que hace los cromosomas. Es el ADN mitocondrial. Las mitocondrias son orgánulos de las células que tienen su propio ADN, diferente del de los cromosomas. Los espermatozoides no transfieren ADN mitocondrial al embrión, de modo que todo el ADN mitocondrial de un individuo lo ha heredado de su madre. La Genética estudia el modo en que el ADN se transmite entre generaciones. Cuando la Genética estudia aspectos cinegéticos no suele estudiar la herencia en individuos sino en grupos. Es decir, estudia cómo es y cómo varía el acervo genético de poblaciones. Los ciervos del Monte del Pardo, por ejemplo. La base de la Genética de Poblaciones es la ley de Hardy-Weinberg. Dice que, en una población infinita donde las generaciones no se solapan, el apareamiento es libre y al azar y donde no hay mutación, migración ni selección, la composición genética permanece en equilibrio. La "composición genética" de la población son las frecuencias de los alelos de cada gen. Si nada cambia (no hay mutación, selección...), las frecuencias de los distintos alelos permanecen constantes. Podemos establecer una analogía con los apellidos de la guía de teléfonos de una ciudad grande. Las frecuencias de los apellidos son las mismas en las guías de todos los años. Conocidas las frecuencias de los apellidos (4% de Benítez, 15% de Sánchez, 8% de Pérez...) se pueden calcular las frecuencias de las parejas de apellidos en la guía de teléfonos (frecuencia de Pérez Benítez, Sánchez Pérez, y así) y además la frecuencia de cada pareja de apellidos permanece constante. Cuando la composición genética de una población cambia es porque está pasando algo que la altera. Ese "algo" es una violación de las premisas del modelo de Hardy-Weinberg: que la población es infinita, las generaciones no se solapan, el apareamiento es libre y al azar y donde no hay mutación, migración ni selección. La labor del genetista es detectar un cambio en la composición genética y averiguar el motivo, el "algo" que produce el cambio. En el modelo la población es infinita. Las poblaciones finitas pierden diversidad genética generación tras generación, pero si la población es grande, esa pérdida de alelos es tan lenta que a la escala temporal humana que nos interesa es despreciable. Tampoco varía mucho las cuentas el hecho de que las poblaciones sean solapantes, es decir, que en un mismo año puedan reproducirse en la población padres, abuelos, nietos y cualquier individuo de cualquier generación viva. Las mutaciones son sucesos muy raros y podemos despreciar también su efecto, ya que van produciendo alelos nuevos a un ritmo tan lento que no es de importancia en la escala temporal de la gestión cinegética. Los apareamientos pueden ser más o menos aleatorios en algunas especies, como los conejos, o pueden no serlo completamente en especies donde determinados genotipos tienen ventaja reproductiva y unos cuantos machos acaparan todas las hembras, como los ciervos. Con todo, cuando se observa un cambio de la composición genética de una población hay que sospechar de la migración y de la selección. Los casos descritos y posibles de causas de cambios en la composición genética y sus consecuencias son numerosos, pero para muestra vale desgranar unos cuantos. A veces una población puede perder alelos y con ello perder diversidad genética debido a una interrupción del flujo genético. Eso puede ocurrir cuando una población queda dividida, por ejemplo, por una autopista. ¿Son capaces los ciervos de cruzar una autopista, aunque sea por los pasos de fauna habilitados? Para saberlo no hay más que estudiar las frecuencias de los alelos de los ciervos a uno y otro lado. A veces el flujo genético se interrumpe porque la población ha quedado aislada, por ejemplo, con un vallado cinegético que cierra toda una finca. A partir de ese momento la diversidad genética de la población irá disminuyendo, aunque el ritmo de pérdida depende del tamaño de la población que ha quedado aislada y de su diversidad genética inicial. La pérdida de diversidad puede ser lenta, o puede no darse si el vallado es algo permeable al paso; para averiguarlo basta contar las frecuencias de los alelos en la población. Hay casos en los que rápidamente se pierde gran a416 diversidad genética. Por ejemplo, cuando se funda una población por la translocación de unos pocos ejemplares de otra población, pongamos por caso las poblaciones de arruís de algunas fincas. También se pierde mucha diversidad genética en poco tiempo en otros casos de "cuello de botella", casos en los que muchos animales de una población mueren y esta se recupera o no a partir de pocos individuos. Enfermedades y caza excesiva provocan cuellos de botella. A veces las frecuencias de genotipos de una población no son las que se esperarían atendiendo a las frecuencias de los alelos y eso no es por flujo genético ni por selección, sino simplemente porque lo que se pensaba que era una población son dos. Un ejemplo de esto es una población silvestre de perdices después de soltar allí algunas otras de una granja: en ese momento no hay una población sino dos, la silvestre y la de granja. Un caso curioso de la existencia de dos poblaciones en donde se pensaba que había una se describió en el corzo (Kurt, Hartl y Voelk, 1993). En ese lugar, algunos machos acaparaban la zona de bosque y eran territoriales mientras que el resto vivía en las zonas más abiertas y eran más migratorios. Allí había dos grupos familiares, dos poblaciones, una en el bosque y otra en zonas abiertas. Esas diferencias en la preferencia de hábitat podrían deberse a adaptaciones diferentes a los dos ambientes y eran mantenidas por bajos niveles de flujo genético entre ambas poblaciones. Es interesante que, cuando la presión de la caza aumentó, se forzó de alguna manera el flujo genético entre ambos sistemas sociales y esta diferenciación entre los dos grupos de corzos empezó a desaparecer. También la selección, natural o artificial, cambia las frecuencias de algunos alelos. Por ejemplo, no sería de extrañar que las frecuencias de determinados alelos de genes que intervienen en la respuesta inmune hayan cambiado en el conejo después de la aparición de la mixomatosis y luego también después de la de la hemorragia vírica. Hay varios ejemplos de cambios en las frecuencias alélicas por selección cinegética, con sus correspondientes consecuencias adaptativas. Un trabajo clásico en genética cinegética descubrió que la caza selectiva de los mejores trofeos del carnero de las Rocosas provocó una disminución progresiva del peso corporal y el tamaño de la cuerna de los machos de una población en sucesivas generaciones (Coltman et al., 2003). Otro ejemplo clásico trata de la selección artificial del tamaño de la cuerna en machos de ciervo. Hay quienes eliminan los machos jóvenes con una cuerna poco desarrollada en un intento de conseguir una población de ciervos con mejores trofeos, matando para ello a los machos con peor fenotipo. Es el caso opuesto a la selección artifi-cial de los carneros de las Rocosas. Allí se matan los mayores machos adultos con el resultado de que los machos cada vez son más pequeños, y en este caso del ciervo se matan de muy jóvenes los machos de malas cuernas para obtener una población de machos con buenas cuernas. Se puede conseguir así, aunque la operación tiene sus riesgos. En Francia se descubrió que los alelos del gen que codifica la enzima mitocondrial isocitrato deshidrogenasa 2 (Idh-2) están relacionados con el tamaño de la cuerna en ciervos. En una población se mataron en años sucesivos los machos con poco desarrollo de la cuerna y el resultado fue un incremento en la población del alelo Idh-2 125 de ese gen, a la par que un incremento en el número de puntas de las cuernas en la población (Hartl, Lang, Klein y Willing, 1991; Hart et al., 1995). Sin embargo, unos británicos publicaron un trabajo (Pemberton et al., 1998) que describía que la supervivencia de las hembras jóvenes de ciervo era mayor cuando el gen Idh-2 estaba en heterocigosis, esto es, cuando en ambos cromosomas del par hay alelos diferentes de este gen. De modo que, en la población francesa, al eliminar machos con malas cuernas, eliminaban de la población uno de los alelos de este gen y con ello aumentaban la frecuencia en la que el gen Idh-2 es homocigoto y con ello disminuían a su vez la supervivencia de las hembras jóvenes. No es de extrañar que cuando se selecciona a favor o en contra de un fenotipo con base genética otros caracteres con base genética pueden verse afectados también. Hay variados casos de cambios de estructura genética provocados por la caza del tipo de cambios en el flujo genético, disminución de la diversidad genética y selección. No hay demasiados trabajos publicados dedicados al asunto, pero la evidencia que hemos encontrado hasta ahora nos sugiere que, en general, aunque la caza puede tener consecuencias genéticas en cuanto a flujo genético, disminución de diversidad y selección intencionada o no, estas consecuencias no suelen ser graves. De todos modos, faltan estudios y más aun monitorizando genéticamente poblaciones a lo largo de varias generaciones, que es como hay que hacerlo. Para hacer estos estudios basta con contar alelos para ver cambios genéticos en las poblaciones, interpretarlos e intentar aportar soluciones para la gestión cinegética, si es que son necesarias. En la actualidad contar alelos es sencillo. El grado de conocimientos y tecnología que estamos consiguiendo en las últimas décadas es impresionante. Desde este punto de vista, son muy buenos tiempos para la ciencia que tenga que ver con la protección de la naturaleza y con la gestión de la caza. Corren tiempos emocionantes para la genética, la genómica, a416 la proteómica y todas las "ómicas". En 1990 comenzó el Proyecto Genoma Humano, con el objetivo de secuenciar todo nuestro genoma. La secuenciación del genoma se completó en 2004 (International Human Genome Sequencing Consortium, 2004). Desde entonces se han secuenciado genomas enteros de muchas personas, de neardentales y de más de sesenta especies. No solo aumentan los conocimientos genéticos, sino que las técnicas para secuenciar y para estudiar marcadores genéticos avanzan enormemente a la vez que se abaratan sus costes en dinero y tiempo. Sin embargo, todos estos avances científicos útiles para la protección de la naturaleza están ocurriendo justo en nuestros días, a la vez que la naturaleza está sufriendo una crisis de extinciones de especies como nunca ha ocurrido en la historia del planeta. ¿Cómo es posible que todos estos conocimientos de aplicación inmediata a la protección de la naturaleza no sirvan para impedir su destrucción? La respuesta es porque los conocimientos no se aplican o, en el caso de las especies cinegéticas, se aplican mal. MALA APLICACIÓN DE LA GENÉTICA A LA GESTIÓN CINEGÉTICA "La tecnología es una forma de organizar el mundo de tal manera que el hombre no tenga que experimentarlo". Eso lo dijo Max Frisch. Esta frase creo que explica algunos casos de mala aplicación de la ciencia a la gestión cinegética. En ocasiones los conocimientos genéticos obtenidos con alguna tecnología se interpretan con elucubraciones abstractas equivocadas alejadas de la realidad. El divorcio que hay muchas veces entre el conocimiento científico y su aplicación empieza a veces desde el principio, desde la propia normativa que gobierna la caza. Hay dos tipos de errores en las normativas o en su aplicación: a) no regular una especie o subespecie cuando esa regulación es necesaria y b) regularlas cuando tal protección no es necesaria. Tanto una terminología imprecisa como unos conocimientos científicos insuficientes hacen que algunas decisiones que se toman en normativas y actuaciones sean incorrectas e indefendibles. Las consecuencias potenciales tanto de la sobreprotección como de la nula protección afectan directamente a la biodiversidad, al igual que lo hace indirectamente el desviar recursos hacia actuaciones innecesarias, cuando no perjudiciales. Luego los científicos nos podemos perder en elucubraciones abstractas equivocadas alejadas de la realidad y las administraciones encargadas de la normativa y su aplicación pueden perderse en ilusiones y eso en el mejor de los casos, que es cuando disponen de presupuesto para el manejo de las pobla-ciones cinegéticas. Se hará "la genética" del bicho en cuestión, esto es, se usará la tecnología para genotipar animales, pero con unos conceptos tan alejados de la realidad que la aplicación en la gestión será nula en el mejor de los casos y perjudicial las más de las veces. Es preferible ahorrarse el dinero y el esfuerzo. Hay varios casos de mala aplicación de la genética a la gestión cinegética. El caso de la perdiz es un ejemplo paradigmático de mala gestión y es sobre el que me voy a extender más porque en esta especie se da casi todo el catálogo de malas aplicaciones de la genética en la gestión cinegética. EL CASO DE LA PERDIZ ROJA Hemos dicho que en poblaciones cinegéticas puede haber problemas de pérdida de diversidad por interrupción del flujo genético, por fragmentación o aislamiento de poblaciones o por caza excesiva o cualquier otra causa que provoque un cuello de botella. También puede haber alteraciones genéticas debidas a selección. Esos son problemas genéticos de lujo. No se estudian pérdidas de diversidad genética ni selección más allá de un puñado de trabajos académicos que no se aplican. No se les dedica la debida atención ni presupuesto aunque, con diferencia, el problema genético principal de la caza es otro. Este artículo comienza con un párrafo que Miguel Delibes escribió en 1964. Se refería a que por entonces todavía quedaban animales en España, aunque en otros países más desarrollados ya no quedaban suficientes como para cazarlos, así que los extranjeros ponían los animales, esto es, que los criaban en granjas y los soltaban en el campo para cazarlos. Miguel Delibes se refería a la perdiz. A nadie se le escapa que un animal nacido y criado en una granja es, por definición, ganado o ave de corral. Así que los extranjeros cazaban ganado cinegético en sus países y para cazar animales silvestres tenían que venir a España. El tractor y la cosechadora llegaron a España y desde hace décadas ya la perdiz y otras especies "se ponen" en el campo aquí también. Por supuesto, Delibes previó lo que iba a pasar, pero creo que ni en sus peores pesadillas llegó a imaginarse lo mal que se iban a poner los animales en el campo. Medio siglo después de las palabras de Miguel Delibes, un hijo y un nieto suyos describen la suelta de cerdos vietnamitas, un animal exótico que está creando poblaciones asilvestradas en España y que hibrida con nuestro jabalí (Delibes-Mateos y Delibes, 2014). No es ya que se suelten animales, es que se puede soltar cualquier cosa y de cualquier manera. Las ideas que tenemos de la perdiz, como de otras especies cinegéticas, están llenas de ignorancias, prejuicios, lugares comunes, medias verdades e intereses. Unas décadas atrás algunos cazadores dieron la voz de alarma porque algunas perdices resultaban malas para el lance cinegético al no comportarse como lo habían hecho siempre las perdices silvestres. En el año 2000 se decía que esta mansedumbre se debía a la suelta de perdices de granja, pero no perdices rojas (Alectoris rufa) autóctonas, sino híbridos entre perdiz roja y perdiz griega (Alectoris graeca). El motivo para forzar esa hibridación en cautividad era, decían, porque la perdiz griega pone más huevos, con lo que la producción de la granja aumenta, y con ella el beneficio económico. La suelta de híbridos está prohibida por ley así que, aunque solo fuera por eso, es un asunto de interés y se hicieron y publicaron trabajos científicos que daban fe de esta hibridación entre perdiz roja y griega y se describían incluso marcadores genéticos para detectar la hibridación. Lo primero que llama la atención es que se diga sin más que la perdiz griega pone más huevos que la roja. Hay guías de aves que dan la información de las puestas. Consultando la primera a mano vemos que la puesta de la perdiz es de ocho a catorce huevos, que no es mayor que la de la perdiz roja (del Hoyo, Elliott y Sargatal, 1994). Averiguar si la perdiz roja se hibrida con griegas o con lo que sea es muy sencillo, rápido y barato. Basta secuenciar un segmento de ADN mitocondrial de varias perdices criadas en granjas cinegéticas y comprobar si las secuencias son propias de perdiz roja, de griega o de qué. El ADN mitocondrial se hereda por vía materna, así que algunas perdices híbridas tendrán ADN mitocondrial propio de perdiz roja, pero otras híbridas habrán heredado el ADN mitocondrial extraño por vía materna. Ni siquiera es necesario secuenciar, ya que es posible técnicamente conocer a qué especie pertenece un segmento de ADN mitocondrial de un modo indirecto que es aún más rápido y económico que la secuenciación (Blanco-Aguiar et al., 2008). Eso se hizo y no se encontró que en España la perdiz roja se hubiese hibridado artificialmente con la griega, pero sí con otra especie, la perdiz chúkar (Alectoris chukar), y de qué manera. La hibridación es generalizada en granjas cinegéticas y cada vez más frecuente en el campo. Donde dije digo, digo Diego. Sin más, se explicó esta práctica de hibridación artificial porque la perdiz chúkar pone más huevos. Comprobando esta afirmación en la misma guía de aves leemos, de nuevo, que no tiene mayor puesta. En realidad, las perdices rojas se han cruzado en granjas cinegéticas con líneas de perdices chúkar domesticadas que han sido seleccionadas para mansedumbre, para que críen mejor en una jaula y para mayor producción de huevos. No se han hibridado las patirrojas con chúkar silvestres, sino con aves domésticas de corral. Se han creado así líneas de perdices domesticadas híbridas entre perdices roja y chúkar y estos híbridos son los que se crían en granjas cinegéticas y se sueltan en toda el área de distribución de la perdiz roja. También se han creado artificialmente híbridos entre perdiz chúkar doméstica y perdiz griega para soltarlos en los países del área natural de distribución de la perdiz griega. No acabaron aquí los equívocos. Hace una década ya se sabía que estudiando de una forma rápida y barata el ADN mitocondrial de las perdices podíamos averiguar si en las poblaciones silvestres y granjas había híbridos. Sin embargo, el ADN mitocondrial se hereda por vía materna, así que los machos híbridos o aun machos de perdiz chúkar pura no transmiten su ADN mitocondrial a la descendencia. El ADN mitocondrial tiene sus limitaciones y se planteó la necesidad de acudir a los cromosomas para conseguir marcadores genéticos que diagnosticasen hibridación y que se heredasen de ambos padres. Esos marcadores genéticos son secuencias de ADN que son siempre de una manera en perdices rojas y siempre de otra en perdices chúkar, de modo que, si encontramos una secuencia propia de chúkar en una perdiz roja, tenemos la evidencia de que esa perdiz roja proviene de la hibridación con una perdiz chúkar. Además, debido a la forma en que se habían creado los híbridos, se necesitaba encontrar varios marcadores genéticos, cuantos más mejor. Los híbridos de perdices roja y chúkar se han construido por retrocruzamientos de los híbridos de primera generación con perdiz roja. Un híbrido entre una perdiz roja y otra chúkar tiene la mitad de su genoma de perdiz roja y la otra mitad de chúkar. Esto es así porque ha recibido un juego de cromosomas del padre y el otro juego de la madre. En realidad, somos un poco más de nuestra madre que de nuestro padre porque heredamos de ella un poco más de genoma, que es el ADN mitocondrial. Los híbridos de primera generación son morfológicamente intermedios entre ambas especies y se reconocen a simple vista. No son estos híbridos los que se sueltan. Los híbridos de primera generación se cruzaron con perdices rojas, eso es el retrocruzamiento. Estos híbridos del primer retrocruzamiento tienen una cuarta parte de su genoma propio de perdiz chúkar y son morfológicamente indistinguibles de perdices rojas. Un segundo retrocruzamiento daría híbridos con un 12,5% de genoma de chúkar. No sabemos cuán-a416 tos retrocruzamientos se hicieron. Sabemos que se hizo en Francia. En cualquier caso, en los sucesivos retrocruzamientos se seleccionaron aquellas perdices híbridas que conservaban las características de las perdices chúkar domésticas que son deseables para los criadores de perdices. No basta con uno o dos marcadores genéticos cromosómicos. En cada retrocruzamiento el porcentaje de genoma de perdiz chúkar del híbrido se reduce a la mitad, de modo que algunos marcadores genéticos propios de chúkar no van a pasar a la descendencia. A más marcadores genéticos, más posible es seguirle la pista a la existencia de hibridación en retrocruzamientos sucesivos. El límite en el número de marcadores que hay que emplear está en la cantidad de lugares diagnósticos de hibridación que seamos capaces de encontrar en el genoma y en el dinero que cuesta estudiar un número elevado de marcadores con la tecnología actual. Se ha conseguido una buena colección de marcadores genéticos para hibridación que, sin embargo, se están aplicando mal. Una vez conseguido un buen número de estos marcadores genéticos cromosómicos surgieron voces que opinaban que no era necesaria su aplicación. El argumento era que ninguna perdiz de suelta llega a sobrevivir en el campo, por lo que no suponen un peligro para la integridad genética de las poblaciones silvestres de perdiz roja. Este argumento no era más que un deseo. Se comprobó pronto que algunas perdices de suelta llegan a sobrevivir y reproducirse en libertad, contaminando genéticamente a la perdiz roja silvestre. No se sabe con precisión cuántas perdices se sueltan en España cada año. Las estimas varían entre unos tres y unos seis millones de aves. No se conoce tampoco con precisión qué porcentaje de perdices soltadas llega a sobrevivir y reproducirse. El porcentaje dependerá de cada lugar y las circunstancias y las estimas que se conocen son muy variadas. Supongamos que anualmente se sueltan en España cuatro millones de perdices de las que el 5% llega a reproducirse al menos en la siguiente temporada de cría. Eso significaría que cada año se están soltando en el campo 200.000 perdices híbridas que llegan a sobrevivir como para cruzarse entre ellas y con las perdices rojas silvestres para dar lugar a una descendencia de híbridos. Esas 200.000 perdices se multiplican por los hijos que tienen y esa es la magnitud anual de la destrucción de la integridad genética de la perdiz roja. Cada año la extensión de la hibridación aumenta, tanto en el grado de hibridación de los animales como en la extensión geográfica donde se da la hibridación. Por un lado, cada vez se sueltan perdices de granja en más lugares y, por otro, las perdices se mueven, extendiendo geográficamente el rango que ocupan las poblaciones híbridas. Cabe esperar que exista selección natural en contra de algunas variantes genéticas de los híbridos que causen una menor supervivencia en libertad, es posible, pero poco puede hacer la selección natural contra la selección artificial de imponer a la naturaleza millones de genomas domésticos cada año. Era urgente aplicar los marcadores genéticos diagnósticos de hibridación para intentar pararla. Así se hizo y se sigue haciendo, pero se aplican mal. Los marcadores genéticos se están usando mal porque se aplican a cada perdiz individualmente en lugar de tomar la población como unidad de estudio, con el resultado de que perdices en las que no se ha encontrado evidencia de hibridación son consideradas como perdices rojas puras cuando, por lógica, son híbridas. Además, se puede demostrar. Voy a intentar explicarlo. Pongamos por caso que se dispone de veinte marcadores genéticos diagnósticos para detectar hibridación. Si en una perdiz roja se encuentra al menos un marcador genético exclusivo de perdiz chúkar, se puede afirmar sin lugar a duda que esa perdiz, en su genealogía, se ha hibridado y no es genéticamente pura. Sin embargo, veinte marcadores genéticos son veinte lugares en el genoma, y el número de sitios en el genoma en los que el ADN de una perdiz híbrida puede potencialmente contener una base de perdiz chúkar es astronómico. La hibridación puede estar en muchos millones de lugares del genoma, pero miramos solo en veinte. En cada retrocruzamiento sucesivo se pierde la mitad de genoma de chúkar y es posible que en los retrocruzamientos de una perdiz se hayan perdido esos veinte lugares que podemos estudiar pero que permanezcan otros millones de lugares con genoma de chúkar. Esa perdiz será híbrida, pero indetectable con esos veinte marcadores. Sin embargo, si se genotipase esa perdiz con marcadores diagnósticos adicionales sí sería posible demostrar su naturaleza híbrida, porque se estarían mirando otros sitios del genoma que sí podrían haberse conservado desde chúkar en los retrocruzamientos. ¿Cuántos marcadores genéticos hay que usar entonces? La respuesta es que no es un asunto importante, aunque se han hecho algunos cálculos matemáticos (Boecklen y Howard, 1997; Kanda, Leary, Spruell y Allendorf, 2002) que demuestran que hacen falta muchos marcadores para no cometer un error grande. Por ejemplo, con veinte marcadores diagnósticos la mitad de los híbridos de una población no se detectarían para porcentajes de hibridación del genoma similares a un quinto retrocruzamiento. Los resultados dan poco a416 consuelo a quien quiera averiguar si un animal concreto es híbrido si no ha sido detectada introgresión. Si se dispusiera de cien marcadores diagnóstico el poder de detección de hibridación es ya suficiente para que, aun siendo imposible detectar a todos los híbridos, el error cometido sea pequeño. Un problema es que no disponemos de momento de tantos marcadores diagnóstico pero otro problema sería que, de tenerlos, habría que pagar el tiempo y el dinero que cuesta genotipar tantos loci, algo impracticable a los actuales costes para aplicarlo a la gestión cinegética. No obstante, el número de marcadores no es demasiado importante para su aplicación en gestión. Las pruebas genéticas para detectar hibridación se tienen que aplicar para la gestión cinegética no a animales individuales, sino a poblaciones. Si muestreamos una cantidad suficiente de perdices de una población, digamos sesenta, y estudiamos una docena o poco más de marcadores genéticos diagnósticos, si en esa población hay hibridación se detectará con seguridad la existencia de hibridación en el grupo. Si en esa muestra de perdices y utilizando los mismos marcadores no se encontrase hibridación, tendríamos la confianza de que la población es pura. Si se encontrase hibridación en un coto de caza no podríamos, en principio, saber cuántas perdices hibridaron, solo que en ese lugar hay hibridación. Lo que sí sabemos es que, aun en ausencia de más sueltas de híbridos, toda la población silvestre será híbrida en pocas generaciones, y todas ellas tendrán la misma proporción de contaminación genética: a esta población se la denomina "enjambre de híbridos". Si las sueltas de híbridos continúan, el grado de hibridación de cada perdiz silvestre irá aumentando generación tras generación. La población de perdices de una granja cinegética es un ejemplo de libro de enjambre de híbridos, ya que se han creado con ese fin. Si algunos animales de una granja dan positivo al test genético de la hibridación, todas las perdices de ese núcleo poblacional son híbridas. Esto lo da a entender también el hecho de que en aquellas granjas en las que se han eliminado perdices detectadas como híbridas, la producción de huevos sigue siendo tan elevada como antes, como corresponde a ponedoras hibridadas con perdices chúkar domésticas seleccionadas para producción. Los marcadores genéticos hay que considerarlos en poblaciones naturales o artificiales pero se están aplicando a individuos, por eso se están utilizando mal. Algunas administraciones y particulares han buscado hibridación en los reproductores de sus granjas de perdices utilizando de diecisiete a veintidós marcadores genéticos. Cuando los tests genéticos de hibridación son positivos, lo que suelen hacer es eliminar aquellos individuos en los que se ha detectado hibridación, manteniéndose como reproductores los individuos en los que no se ha encontrado genoma de chúkar. Se están dando como puras esas perdices cuando, por lo expuesto hasta ahora, probablemente no lo sean. Se firman documentos que certifican que en una perdiz de granja "no hay evidencia de hibridación" y ese certificado hace legal al pájaro. Cualquiera sabe ya, pero creo que esta situación no puede sostenerse mucho tiempo, porque basta genotipar esas perdices con unos pocos marcadores adicionales para demostrar que son híbridas. Todas las perdices de todas las granjas que he estudiado están hibridadas con perdiz chúkar doméstica. Con la ley en la mano, todas las granjas de perdices deberían cesar su actividad y quizá ser sancionadas. Eso no va a pasar porque aquí parece que cualquiera puede hacer mangas y capirotes de las leyes de caza. Quizá tampoco sea buena idea prohibir las sueltas sin más. Las perdices son importantísimas en los ecosistemas mediterráneos y no sabemos qué consecuencias podría tener dejar de soltar en el campo millones de presas para depredadores, algunos de ellos amenazados de extinción. Asumiendo que van a seguir las sueltas, al menos habría que procurar que las perdices de suelta que se crían en las granjas fueran rojas puras. Esto se puede conseguir con la ayuda de unos cuantos marcadores genéticos. La única manera de hacerlo es localizar poblaciones silvestres libres de hibridación y tomar de ellas pollos y huevos que se llevarían a una granja. Las perdices son aves prolíficas y en poco tiempo se obtendrían muchos reproductores libres de hibridación. El primer problema es dónde encontrar esas poblaciones libres de hibridación. Es obligado recordar que llevamos décadas mareando a esta perdiz. La extensión de la hibridación ha ido y va aumentando de tal manera que en la actualidad no es fácil encontrar lugares donde no haya llegado. Yo solo conozco la Casa de Campo de Madrid, el Parque Nacional de Monfragüe, lugares recónditos de los Arribes del Duero y gran parte de Navarra. Puede haber más sitios, desde luego, o menos: en Navarra se prohibieron las sueltas de perdices, pero es posible que en el futuro se permitan, y en los alrededores de Monfragüe ya han aparecido híbridos. La situación es urgente porque es cuestión de tiempo que no quede ni una sola pareja de perdices rojas puras que podamos tener en un zoológico, aunque sea como muestra. La perdiz roja era una riqueza casi exclusiva de España que hemos despilfarrado. Lo que se caza ahora no es perdiz roja, sino un sucedáneo. El caso de la perdiz es un ejemplo de mala aplicación genética a la gestión. Se utiliza la tecnología, se usa un lenguaje propio de la genética, pero de una manera tan alejada de la realidad que el resultado es perjudicial. Hay más ejemplos similares, pero ni se pueden citar todos ni mucho menos describirlos en detalle porque no acabaríamos, pero sí que merecen ser citados brevemente algunos. Hay dos subespecies de conejo, Oryctolagus cuniculus cuniculus y Oryctolagus cuniculus algirus, la primera distribuyéndose al norte de la segunda, con una franja intermedia de hibridación natural. Se realizan sueltas sin control genético alguno, de manera que se sueltan conejos de una subespecie en el área de distribución de la otra y, por si el viceversa no fuera suficiente, se sueltan además conejos domésticos. El resultado es una progresiva homogenización genética de la especie, difuminándose la diferencia entre ambas subespecies. Se han descrito numerosas subespecies de ciervo, que varían según los autores. Tradicionalmente, en la Península Ibérica se reconocían dos subespecies atendiendo a medidas morfológicas: Cervus elaphus hispanicus (Hilzheimer, 1909) y Cervus elaphus bolivari (Cabrera, 1911), si bien esta última se cuestionaba. Sin embargo, varios estudios genéticos publicados en las últimas décadas han echado abajo la clasificación taxonómica tradicional del ciervo (Randi, Mucci, Claro-Hergueta, Bonnet y Douzery, 2001; Ludt, Schroeder, Rottmann y Kuehn, 2004; Meiri et al., 2013). Resumiendo, lo que tales estudios han demostrado es que lo que se consideraba una sola especie es en realidad un par de especies diferentes: el ciervo canadiense (Cervus canadensis), que se distribuye por América y el este de Asia, y el ciervo común (Cervus elaphus), que es de menor tamaño y ocupa el resto del Paleártico. Se identificaron tres subespecies de ciervo canadiense. En cuanto al ciervo común, los resultados de los estudios no apoyaban la existencia de numerosas subespecies, sino que solo identificaron cuatro líneas evolutivas diferentes: una en Europa Occidental, otra en los Balcanes, una tercera en Oriente Medio y una última en África. En otras palabras: según varios estudios filogenéticos, la subespecie descrita en España, Cervus elaphus hispanicus, no existe y los ciervos peninsulares son indistinguibles filogenéticamente de los ciervos de toda Europa Occidental, con la excepción de los balcánicos. En ausencia de base genética que diferencie los ciervos peninsulares de los europeos, no cabe hablar de pruebas genéticas para diferenciarlos. Aunque se han dedicado recursos para diferenciar genéticamente ciervos de la Península Ibérica de ciervos centroeuropeos (sobreprotección o mala protección), se han dedicado muy pocos para caracterizar especies e hibridación interespecífica (infraprotección). En otros países europeos se han descrito casos de hibridación artificial del ciervo común con otros cérvidos, en particular con ciervo canadiense y con ciervo sika (Cervus nippon), sin que en España se considere gran cosa estos posibles casos de hibridación, ni desde el punto de vista científico ni desde el administrativo. Desafortunadamente, en España se han realizado sueltas de ciervos de otras especies y subespecies y de sus híbridos y apenas se han podido detectar por no haberse realizado las pruebas genéticas oportunas. La hibridación antropogénica es el principal problema genético de las especies cinegéticas y la lista de animales que la sufren es larga. Hay cuatro grupos evolutivos de jabalíes: europeos, italianos, de Oriente Próximo y asiáticos. En España se importan jabalíes para ser soltados, sin que sepamos de dónde ni cómo ni si tiene consecuencias genéticas porque no se ha estudiado. Sí sabemos que hay quienes hibridan jabalíes con cerdo doméstico para conseguir animales híbridos de gran tamaño. Aunque no es difícil detectar hibridación de jabalí y cerdo, no tenemos idea de la magnitud de estas prácticas de hibridación ni de sus consecuencias en la naturaleza porque prácticamente no se hace ningún control genético (Goedbloed et al., 2013). Existe evidencia de hibridación de codorniz común (Coturnix coturnix) con codorniz japonesa de corral (Coturnix japonica) y que esta hibridación se ha producido artificialmente en granjas cinegéticas. Una vez en el medio natural, los individuos híbridos podrían a su vez cruzarse con codorniz común (ver una reciente revisión sobre el tema en Puigcerver et al., 2013). Los efectos de la suelta de individuos híbridos pueden ser muy perjudiciales para la codorniz común, por ejemplo, porque los primeros suelen tener tendencias sedentarias. También se han soltado perdices pardillas de una subespecie ajena a la Península, sin que haya control genético alguno de estas actividades ilegales ni en codornices ni en perdices. Hay más ejemplos de especies cinegéticas que se sueltan con consecuencias genéticas en las poblaciones silvestres. Como no hay animales, hay que ponerlos. Al menos, podrían ponerse bien. No es mi intención describir los conocimientos genéticos y la situación de todas las especies cinegéticas, una a una, sino contar la lista de malas aplicaciones de la genética en la gestión cinegética. La perdiz ha servido de principal ejemplo y lo dicho de ella se puede tener en cuenta para las demás especies. Los peces podrían haber sido otro buen a416 ejemplo. Todas las malas prácticas cinegéticas con consecuencias genéticas en el campo ya las han sufrido los ríos previamente. Las especies piscícolas tienen problemas por desaparición de poblaciones y especies autóctonas, translocaciones entre cuencas con subespecies diferentes y suelta de especies exóticas invasoras y de híbridos de salmónidos. Existe una rica literatura de las consecuencias genéticas de las malas prácticas piscícolas que, aunque no ha podido evitar la contaminación genética de nuestros peces, sí sirve al menos de notario de lo que ha ocurrido. Los peces nos han dado conocimientos genéticos para evitar y controlar estos problemas, aunque en la práctica estos conocimientos se traducen en nada. Estamos arrasando los campos de la misma manera que hemos arrasado los ríos, sin que los conocimientos adquiridos sirvan siquiera como escarmiento. No todo son malas actuaciones. Por ejemplo, en la Comunidad Autónoma del País Vasco se crían y sueltan liebres europeas (Lepus europaeus) de la propia línea evolutiva de la región y para ello realizan un genotipado sencillo y económico del ADN mitocondrial de los animales. No entiendo por qué en el resto de las especies cinegéticas, pudiendo hacer las cosas bien, o se hacen mal o no se hacen. No entiendo tampoco por qué, salvo excepciones, los animales soltados no se marcan. Una perdiz anillada informaría al cazador de que no es silvestre sino de suelta y, si la fecha de la anilla es de unos años atrás, le diría además que, aunque de suelta, esa perdiz mala no será cuando ha sobrevivido tanto. Si la perdiz fuera híbrida la anilla nos diría la granja origen de la hibridación, o quizá el origen de una enfermedad si la perdiz aparece enferma. No entiendo por qué ni siquiera se anillan los animales soltados, aunque sí sé que cuando alguien no quiere que se sepa algo es porque tiene algo que ocultar. La caza va mal y además tiene mala prensa. No hace falta más que leerla para ver que todas las noticias referidas a ella son negativas y cuando los cazadores hablan es para quejarse de algo. Al igual que a otras industrias, quizá a la industria cinegética le ha llegado el momento de reconvertirse. Las prácticas cinegéticas han estado cambiando continuamente a lo largo de la historia y seguirán haciéndolo. Hay que intentar desarrollar buenas prácticas de caza que, al ser respetuosas con la naturaleza, permitan que la misma caza se pueda seguir realizando y pueda ser legitimada como sostenible y beneficiosa para el medio natural. No sé el futuro de la caza, pero sí el presente. Para mí, el paradigma de la caza en la actualidad son unas perdices sembradas que salen delante de unos hombres que se ponen las botas con perchas de espanto sin dar un palo al agua ni jugar el lance.
RESUMEN: En este último siglo, ha quedado demostrado que, al menos en los países desarrollados, los espacios reservados para la práctica de la caza deportiva son los que han llegado hasta nosotros en las mejores condiciones de conservación, fundamentalmente gracias a la voluntad de propietarios y gobernantes que han deseado preservarlos de otras actividades humanas. Pero con una población mundial en continuo crecimiento y acontecimientos como el land grabbing, la sensibilización ecológica de la sociedad urbanita, la radicalización de la fractura económica de la sociedad y el abandono rural, entre otros, quizás estemos obligados a replantearnos el papel de la actividad cinegética. Quizás haya llegado el momento de que el mantenimiento de los espacios cinegéticos necesite ser rentable por sí mismo, para cualquier persona que quiera vivir y trabajar en ellos, en lugar de depender de la buena voluntad de algunos. Y quizás la producción de naturaleza pase a ser un negocio necesario. No obstante, si logramos distanciarnos de las circunstancias coyunturales y echar un vistazo con perspectiva prehistórica, nos resultará más fácil dar con esa "teoría unificada" de la caza, si existe. Sin duda alguna, actualmente tenemos a nuestra disposición -gracias a Internet-más información que la que jamás ha tenido nadie en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, ahora más que nunca, es necesario saber separar la información superflua, imprecisa o capciosa, de lo sustancial y veraz, y saber interpretarla adecuadamente. De lo que no cabe duda es de que, a lo largo de los últimos cientos de miles de años, la caza ha supuesto una fuente de alimentación absolutamente fundamental. Tan solo en estos últimos 10.000 años, gracias a la agricultura y la ganadería, la caza ha ido perdiendo su protagonismo como medio de provisión de alimentos (Cassinello Roldán, 2013). Mientras que la actividad agropecuaria ha ido colonizando el espacio y erradicando especies que compitieran con las domésticas seleccionadas para la producción del alimento elegido, las especies silvestres han ido quedando relegadas a aquellos espacios que no reunían las condiciones óptimas ni siquiera para una explotación agropecuaria, pasando a ser su caza (sobre todo en el caso de los ungulados silvestres) una actividad de ocio reservada primero a los gobernantes, posteriormente a la aristocracia y, muy recientemente, a toda aquella persona con poder adquisitivo para cubrir los altos costes que esta afición ha conllevado. Dicho esto y antes de seguir con la argumentación, permítaseme un inciso. Para ser justos, deberíamos ser conscientes de que la actividad agropecuaria no es el monstruo exterminador de especies. Mucho más lo es el hombre moderno de los países desarrollados en sí mismo. En primer lugar, erradica las especies de los lugares donde se asienta, las ciudades, luego de los lugares donde desarrolla su actividad extractiva, comercial e industrial, minas, mercados, puertos, polígonos industriales, etc., y así sucesivamente. Sin embargo, a menudo oímos que es la actividad agrícola y ganadera la gran enemiga de la conservación de la naturaleza. Si nos centramos en España, a lo largo del siglo XX y especialmente en sus últimas décadas, la caza ha sufrido un cambio radical nunca antes observado. Con los cambios sociales y económicos, la revolución industrial, la proliferación de los vallados ganaderos primero y cinegéticos después, y el advenimiento de la sociedad del bienestar, la caza ha pasado de ser el privilegio de la aristocracia y la alta burguesía o el salvavidas de las clases rurales más pobres, a convertirse en una de las aficiones "deportivas" con más federados. Esta nueva coyuntura facilitó en los años 60 del siglo pasado la mercantilización de esta atávica relación del hombre con las especies silvestres, favoreciendo con ello dos situaciones contrapuestas. Por un lado, la posible desaparición de las mismas en aquellos lugares donde han estado a libre disposición de la gente, y por otro, a menudo, su superabundancia en aquellos terrenos donde se las explota cinegéticamente. Valga como muestra la gran diferencia que se puede observar entre dos regiones españolas limítrofes como son la Comunidad valenciana y la castellanomanchega, sin ir más lejos. Mientras que en la primera la agricultura intensiva, la industria y el aprovechamiento forestal llevaron casi al exterminio de los ungulados silvestres y actualmente la mayoría de los terrenos donde se suele practicar la caza mayor son públicos y libres, en la segunda, el abundante aprovechamiento agropecuario extensivo ha permitido una mayor supervivencia de estas especies, que han acabado aglutinándose en fincas valladas privadas donde se les ha podido contener, controlar y gestionar de forma privada, siendo actualmente donde se las caza principalmente. Esto ha llevado a modelos de gestión totalmente diferentes que han hecho de la caza una actividad con una relevancia muy distinta entre ambas regiones, con significados y connotaciones muy diferentes para los cazadores que, desde diferentes orígenes, la practican. Lógicamente, aún son mayores las diferencias que hay entre cazadores de distintos países o entre continentes. En este sentido la diversidad de cazadores va desde el que practica la caza de subsistencia de pequeños animales para sobrevivir en a417 los trópicos (véase Vargas, Farfán, Duarte y Fa, en este mismo volumen) hasta aquel que practica la caza mayor en vacaciones para viajar, conocer mundo y dejar unas divisas en las poblaciones locales, pasando por las mil y una formas de vivir la caza. Por otra parte, el incremento del abandono rural por parte de agricultores y ganaderos está facilitando el aumento descontrolado de las poblaciones de ungulados silvestres. Llegados a este punto, podemos afirmar que la actividad cinegética ha quedado supeditada, a lo largo de la historia, fundamentalmente al uso que hemos hecho del territorio en función de nuestros intereses económicos. Por tanto, para poder pronosticar cual podría ser el futuro de la actividad cinegética, con unas mínimas garantías de certidumbre, sería necesario intentar comprender cuál es la situación económica mundial y su relación con el medio rural. ¿PARA QUÉ SE VA A NECESITAR EL SUELO A ESCALA MUNDIAL EN EL FUTURO? De entre todas las actividades humanas posiblemente la agricultura y la ganadería sean las que más terreno ocupan. Por tanto, deberíamos intentar ver cuál es la previsión del uso que estas actividades van a hacer del suelo. El constante crecimiento de la población mundial haría pensar, en un primer análisis, que vamos a necesitar todos los pedazos de tierra posibles para cultivar alimentos. De esto trata la tan presente Seguridad Alimentaria que en los años 50 del siglo pasado en Europa motivó la creación de la Política Agraria Comunitaria (PAC) y que actualmente se mantiene en todas las agendas políticas internacionales. Incluso desde la crisis alimentaria de 2007-2008, a la luz del fenómeno mundial conocido como land grabbing (de Castro, 2012) parecería ser un problema mucho más grave de lo imaginado. Sin embargo, hay razones para pensar que esa urgencia no es tan acuciante y fundada como cabría pensar. O cuando menos, hay criterios dispares que nos invitan a la duda. En Europa, si bien el consenso en torno a la PAC fue ayudar a agricultores y ganaderos para poder garantizar el suministro de alimentos a los ciudadanos europeos, en los años 80 se llegó a una situación de sobreproducción que cambió radicalmente la situación. La sobreabundancia de alimentos producidos en Europa, junto a la globalización de los mercados, los acuerdos de comercio internacional, el establecimiento de la sociedad del bienestar y la sensibilización de la ciudadanía ante la degradación medioambiental, entre otras cuestiones, hicieron que los objetivos de la PAC fueran cambiando. Se empezó a poner límites a la producción, se empezó a exigir una actividad agrícola y ganadera más respetuosa con el medio ambiente, se orientó al sector primario a diversificar sus producciones adaptándose a las demandas de los consumidores y a las exigencias de los mercados, se recortó el presupuesto y se acabaron por introducir el desacoplamiento de las ayudas respecto de la producción y la condicionalidad de la percepción de las ayudas al cumplimiento de medidas de carácter agroambiental. La evolución de esta situación ha contribuido, en estas últimas décadas, a un aumento del abandono progresivo de aquellos terrenos agropecuarios donde no se puede mantener una producción económicamente competitiva en este contexto de la globalización de los mercados, lo cual se ha agravado notablemente en estos últimos años con la crisis económica. En el caso concreto de Europa los agricultores y ganaderos están sometidos a unos condicionantes productivos que no sufren el resto de productores extracomunitarios, a saber: alto valor de la tierra, elevada presión fiscal, salarios mínimos, seguridad social, prevención de riesgos laborales, bienestar animal, o un sin fin de prohibiciones en el uso de determinados productos o técnicas; alimentación animal, fertilizantes, insecticidas, fitosanitarios, zoosanitarios, hormonas, manipulación genética, etc. Sin embargo, no tenemos ningún problema en importar estos alimentos de países donde no solo no se exigen estas condiciones, sino que incluso a veces se producen mediante explotación infantil o de género y, ante esto, ni siquiera se ponen aranceles a su importación. Y ante esta situación, los ciudadanos europeos, habida cuenta de las condiciones acordadas para la percepción de las ayudas económicas de la PAC, así como las restricciones impuestas a través de las políticas de protección de Espacios Naturales, como RED NATURA 2000, parecen estar más preocupados por la conservación de la fertilidad de la tierra europea y su biodiversidad que por la producción de alimentos en sí. De otro modo, las autoridades europeas a falta de subsidios públicos a la producción, en lugar de poner cada vez más exigencias a los agricultores y ganaderos europeos, deberían poner aranceles a la importación de alimentos de países donde no se cumple con esas mismas exigencias, o legislar de forma que facilitaran a los productores vender directamente sus productos a417 a los consumidores; sin embargo, la legislación hace todo lo contrario, obliga a los productores a cumplir con unos trámites legales insufribles, mientras que pone todas las facilidades del mundo para que sean los intermediarios los que acaparen toda la cadena desde la producción hasta la venta al consumidor. Por otra parte, en cuanto a la producción de alimentos, los avances tecnológicos alcanzados a lo largo de las últimas décadas han permitido que la productividad de las superficies agrícolas se haya multiplicado y que se haya definitivamente desligado de la tierra, siendo posible producirlos mediante cultivos hidropónicos bajo invernaderos (hasta en los tejados de rascacielos, por ejemplo) o mediante ganaderías intensivas bajo techo e incluso, como ya se ha anunciado y veremos en poco tiempo, la producción de proteína animal mediante su cultivo en laboratorio (Cultured Beef, Maastricht University, http://www.culturedbeef.net). Con la generalización de la aplicación de estos avances tecnológicos a todas las superficies agrarias actuales es muy razonable pensar que sería suficiente para cubrir la demanda mundial de alimentos sin necesidad de seguir deforestando algunas zonas del planeta. En resumen, quizás el problema de la seguridad alimentaria mundial sea tan solo una cuestión política y, efectivamente, lo más importante no sea la producción en sí de alimentos, sino luchar contra la desertificación, tratando de mantener nuestros suelos vivos y fértiles, mediante actividades sostenibles, al menos ecológicamente, como parece compartir la mayoría de la ciudadanía europea. Pero para ello habría que mantener gente en el medio rural que no pierda esa cultura agropecuaria y que pueda seguir haciéndose cargo de una adecuada conservación de estos espacios, produciendo alimentos bajo el estándar ecológico. Sin embargo, para que esto sea posible es necesario desarrollar una actividad económicamente rentable en el medio rural, de lo contrario el éxodo rural continuará y los campos y montes estarán cada vez más abandonados, agravando los problemas derivados de ello. Ante esta situación, cuando algunos estudios económicos hablan de que la caza en España mueve más de 3.000 millones de euros al año (Garrido Martín, 2012), es decir, más dinero que el sector olivarero español (Interprofesional del Aceite de Oliva Español, 2009) o que la agricultura y la ganadería ecológicas juntas (Caracterización del sector de la producción ecológica española, 2013), cabría pensar que la caza como deporte podría formar parte de una de las soluciones. Por tanto, esta posibilidad nos exige estudiar más detalladamente cuál es la situación real de la caza deportiva en España. A pesar de que son muchos los actores que intervienen en el vasto mundo de "la caza", casi siempre se tiende a verla desde la perspectiva del cazador, o sea, del usuario de la actividad, mientras que muy pocas veces se observa que para que ese usuario pueda disfrutar de esa caza es necesario que exista un terreno donde esos animales se críen, así como alguien que se encargue de que esos animales puedan subsistir en adecuadas condiciones y sin poner en peligro la vegetación y la biodiversidad ni las actividades de otras personas, agricultura, tráfico, riesgos para la salud, etc. Curiosamente, el responsable de todo ello no es el cazador, sino el titular del aprovechamiento cinegético, en principio, del propietario del terreno, aunque a menudo, este es el mismo cazador o grupo de cazadores que se hacen cargo de su propio coto privado o del coto municipal por el que pagan un arrendamiento, asumiendo todos los gastos como tributo que hay que pagar por practicar su afición. Si nos ponemos en el lugar de este otro actor de la actividad cinegética observaremos nuevos matices. Por ejemplo, tanto si el terreno es de titularidad pública como privada, el hecho de que se dedique a la crianza y mantenimiento de estas especies solamente es posible en la medida en que se deja de utilizar para otros fines, lo cual, como mínimo, supone un coste de oportunidad, por no hablar de la amortización del capital en el caso de haber comprado esos terrenos, o de los impuestos de IBI y coto, o de los gastos de personal para el mantenimiento del espacio y las infraestructuras, o de los gastos por seguros para cubrir las posibles indemnizaciones en caso de daños a la agricultura o accidentes de tráfico, o incluso los gastos para el control de la población en el caso de que los cazadores no hagan la suficiente presión cinegética. Visto desde esta perspectiva, nos damos cuenta de que para que la actividad cinegética subsista también es necesario que alguien viva y trabaje en el medio rural, es decir, que a alguien también le compense desarrollar esa actividad. Por suerte o por desgracia el arrendamiento cinegético de los espacios públicos es muy económico y no requiere un gran esfuerzo para ser cubierto por quien lo arrienda. Según Garrido Martín (2012) el precio medio pagado en España por arrendamiento de cotos de caza estaría en 15 €/ha. Extrapolando datos, si los 35 millones de hectáreas de acotados que hay en España se pagaran a ese precio, el importe total invertido por los cazadores en arrendamientos cinegéticos a los propietarios de los terrenos sumarían 525 millones de euros. Entonces, si aceptamos como válido el montante global del dinero que mueve la caza en España según establecen estos estudios (más de 3.000 millones de euros/año), se podría decir que sólo el 15% del presupuesto de los cazadores llega a quienes se dedican a la cría de los animales o al mantenimiento de sus espacios, esto es, unos 648 €/cazador al año. Si las cifras son correctas y el número de cazadores es de 800.000, como apuntan estos estudios, el resto de los aproximadamente 4.500 € de presupuesto, 3.825 €/cazador y año, iría a parar a equipo, armas, ropa, coches, perros, hoteles, viajes, taxidermia, etc. Sin embargo, cualquiera diría que mantener una finca de caza debe ser un negocio muy lucrativo. Y si es de caza mayor todavía más. Pues bien, nada más lejos de la realidad. Aparte de los ajustados ingresos por la venta de derechos de caza, la gestión de los ungulados cinegéticos y su medio está plagada de trabas tanto administrativas como sociales. Para empezar, son muchos los que condenan abiertamente la caza en vallados cinegéticos. Entre estos se incluyen algunos cazadores que defienden que la caza debe ser absolutamente natural sin prácticamente ninguna intervención humana que manipule el hábitat o las poblaciones de estos animales. Quizás esta visión romántica sea válida para los grandes espacios vírgenes de Canadá, Rusia y alguno más; pero en la Europa actual esto es poco menos que imposible. Por el contrario, otros, entre los que también se encuentran cazadores, motivados por la posibilidad de ganar mucho dinero en poco tiempo, apuestan por manejar a los animales como si de objetos de consumo rápido se tratara, criándolos en condiciones intensivas o comprándolos en granjas cinegéticas intensivas para su suelta e inmediata caza en cotos que ofrecen un entorno más o menos agradable, sin pararse a pensar que este tipo de "caza" es rechazada de plano por la opinión pública, perjudicando con ello a la imagen pública del conjunto de la actividad cinegética. Tan es así que un grupo de científicos españoles ha propuesto la aplicación de un sistema de calidad cinegética certificada como herramienta que ayude a contener la actividad cinegética dentro de unos parámetros que garanticen la sostenibilidad ecológica de las especies de fauna y flora que viven en los espacios donde esta se desarrolla (Carranza y Vargas, 2007). Reconocen que es necesario que la caza sea viable económicamente y, sin embargo, se desestima para esta certificación no solo a los cotos intensivos, sino incluso a los cotos donde se refuerza la población con sueltas procedentes de granjas cinegéticas. En este punto es necesario hacer, a modo de inciso, una reflexión. Si por coto intensivo entendemos el típico coto de caza, fundamentalmente de menor, donde se practica la caza comúnmente conocida como "de bote", estoy totalmente de acuerdo en que no se le conceda esa certificación de calidad cinegética. Pero si por coto "intensivo" (desafortunada palabra para nombrar el tipo de coto que voy a describir) entendemos aquel coto, fundamentalmente de caza mayor (donde a menudo se renuncia a aprovechar la caza menor, en favor de los depredadores naturales), constituido sobre un espacio natural bien conservado, donde se mantiene una población de ungulados silvestres por debajo de la capacidad de carga del medio, en el que puntualmente se sueltan algunos individuos de alto valor cinegético para satisfacer una demanda en firme y poder así alcanzar la rentabilidad económica del acotado, no puedo estar más en desacuerdo. Esta salvedad se basa en dos hechos. En primer lugar, los propios científicos indican que, tratándose de fincas valladas, es necesario introducir variabilidad genética, lo que se entiende en el campo como "renuevo de sangre", periódicamente para evitar los indeseados procesos endogámicos. Sin embargo, el Real Decreto 1082/2009 de 3 de julio, por el que se establecen los requisitos de sanidad animal para el movimiento de animales de explotaciones cinegéticas, determina que son obligatorias unas pruebas sanitarias, las cuales requieren varios manejos espaciados en unos días, sobre los animales a trasladar (por ejemplo, la prueba de la tuberculina). En la práctica, estos manejos, si se realizan sobre animales totalmente salvajes, provocan un nivel de estrés que no solo puede llegar a alterar la prueba, sino que causa un porcentaje de bajas por peleas, traumatismos e infartos, absolutamente excesivo e intolerable. Por tanto, en la práctica, solo se puede cumplir esta norma con animales que estén acostumbrados a pasar por las instalaciones imprescindibles, es decir, con animales procedentes a417 de granjas cinegéticas donde, desde pequeños, anualmente se les somete a este tipo de manejo sin que para ellos suponga mucho estrés. En segundo lugar, uno de los objetivos de la certificación es que la actividad sea económicamente viable; pero la premisa indiscutible es que el coto sea ecológicamente sostenible, para lo cual es imprescindible mantener una carga ganadera ajustada a la capacidad de carga del medio, nunca por encima. Sin embargo, hoy por hoy, en la España seca, a los precios que se está pagando la caza y la carne de la caza, esa rentabilidad económica es imposible sin ese refuerzo. Y las perspectivas de futuro son que los ingresos por tasas de abate sigan disminuyendo, a tenor del incremento de la oferta, no solo por el aumento generalizado de las poblaciones de ungulados silvestres en toda España, sino también por el aumento de la oferta internacional. Por tanto, la viabilidad económica de los cotos de caza mayor, al menos desde el punto de vista del gestor cinegético, tiene un futuro muy incierto. Por otra parte, no parece muy justo para el gestor cinegético que, por intereses públicos, se obligue a este tipo de espacios a una normativa mucho más estricta que a un solar urbano o periurbano y que, por otra parte, no se articulen medidas que permitan los ingresos necesarios para el mantenimiento de estos espacios. Resulta cuando menos curioso que, en el caso de cotos de caza, de fincas de caza, se hable de la viabilidad económica como de un objetivo, cuando para cualquiera que esté pensando en poner en marcha una empresa y requiera de financiación la viabilidad económica no es un objetivo, es una condición sine qua non, la premisa indispensable que hay que demostrar con un plan de empresa bien ejecutado sin el cual nadie se arriesgaría a invertir. Son tales esas trabas sociales a las que me refiero que no solo algunos propietarios de fincas de caza no quieren que su actividad se relacione con las granjas cinegéticas, sino que incluso son muchos los propietarios de granjas de este tipo de especies que tampoco quieren tener nada que ver con la caza. Vemos por tanto que esas trabas sociales, digamos sentimentales o ideológicas, conllevan otras de carácter técnico-normativo que afectan sustancialmente a lo económico. Hablando del aspecto normativo, hasta la fecha toda la legislación en materia cinegética ha contemplado esta actividad como si dependiera de la extracción de un recurso natural de dominio público (la famosa res nullius). Este enfoque sería más acertado para la pes-ca en altura en aguas internacionales o para el aprovechamiento de poblaciones naturales que viven en espacios abiertos de titularidad pública, como puedan ser Parques Nacionales o cotos de caza municipales. Sin embargo, la realidad en Europa es que la mayor parte de los ungulados cazados se crían en fincas valladas de propiedad privada. Se podría decir que con esa legislación lo que se pretende es garantizar la conservación de la vegetación y la biodiversidad. No obstante, lo más curioso es que si el propietario de esa finca la dedica a criar vacas o cualquier otro ganado doméstico no se le pone ningún límite a la carga ganadera que pueda mantener de forma natural ese espacio; es más, al parecer a partir de 2015 los ganaderos que quieran recibir las ayudas de la PAC por aprovechamiento de pastos tendrán que justificar una carga ganadera mínima de 0,20 UGM/ha. Eso equivaldría a un ciervo/ha como mínimo, lo cual para cualquier responsable público de cotos de caza en más de media España supondría un absoluto despropósito e incluso un motivo para retirar la titularidad del coto de caza. Sin embargo, cuando se decide dedicar esa misma finca a criar especies cinegéticas todo cambia y la legislación le pone límites a la cantidad de animales que hay que tener y hasta al cómo, cuándo y cuántos animales debe se deben matar, meter o sacar. Es como si se entendiera que el propietario de esa finca fuese un inconsciente imprudente si cría especies cinegéticas, y un comprometido y responsable ciudadano digno de recibir subsidios cuando cría especies domésticas. Ciertamente estamos hablando de biodiversidad, tanto vegetal como animal, lo cual resulta ser del interés público; y la administración, al igual que debe velar por que cualquier actividad humana no atente contra el medio ambiente, también en este caso lo debe hacer, sin duda. Sin embargo, cuando hablamos de cotos de caza, los condicionantes legales son mucho mayores que en cualquier otra actividad. En definitiva, todos hablamos de sostenibilidad, sin embargo, a menudo nos olvidamos de que para que algo sea sostenible lo debe ser en primer lugar desde el punto de vista económico. Desde la perspectiva del titular y gestor cinegético, se podría decir que la producción de caza mayor en España comparte con el resto de producciones primarias varios problemas: Falta de profesionalización de los productores. La inmensa mayoría de los propietariostitulares de fincas de caza mayor no gestiona a417 de forma profesional, sostenible y prioritaria el aprovechamiento de sus recursos cinegéticos, debido a que simplemente los contemplan como una actividad secundaria que ayuda un poco a la renta de su explotación ganadera, agrícola o forestal. En este sentido podemos distinguir tres supuestos. En el caso de cotos gestionados por las administraciones públicas, estas someten las cacerías a sorteos o subastas públicas a precios de salida muy económicos con la idea de ofrecer un servicio social, siendo el objeto principal de estas cacerías el control de poblaciones. En el caso de cotos sociales o zonas de caza colectiva (nueva denominación propuesta para la nueva Ley de Caza de Castilla-La Mancha) son casi exclusivamente los vecinos del pueblo donde está ubicado el coto los que organizan las cacerías, fundamentalmente para el disfrute de los socios del acotado sin pensar casi en el control de las poblaciones y mucho menos en el beneficio económico. En el caso de cotos privados de caza la actividad productiva principal es, en la mayoría de los casos, la agropecuaria. En cuanto a la caza mayor, los propietarios disfrutan sus fincas como lugar de encuentro, esparcimiento y ocio, invitando ocasionalmente a sus amigos y contactos profesionales. Y en algunos casos, realizado esto, ceden el aprovechamiento cinegético restante a organizaciones de cacerías que sí que aprovechan profesionalmente esos recursos. Como consecuencia de la situación anterior, los propietarios de fincas como productores de caza resultan ser unos productores totalmente atomizados y desestructurados, con intereses muy diferentes, que están a disposición de unos cuantos organizadores de cacerías que controlan la comercialización de la producción cinegética. En el caso de cotos privados de caza dedicados exclusivamente a la actividad cinegética los costes de producción que soportan los propietarios son, al igual que para el resto de productores del sector primario español, tremendamente más altos que la mayoría de los productores extracomunitarios del mismo sector, de tal forma que no pueden competir con la oferta internacional. Tan solo algunos clientes que no pueden ausentarse de sus trabajos más de un par de días asumen el sobrecoste de cazar en España, a cambio de no tener que coger el avión y ausentarse cuatro o cinco días. Aun así, en estas fincas la actividad cinegética es menos lesiva en todos los aspectos que la ganadería tradicional. Finalmente, todos se ven afectados por la problemática de la carne de caza, cuyo mercado está manejado por unos pocos exportadores que "marcan los precios en lonja", mientras que los productores, atomizados, no son capaces de defender los precios ya que, por otra parte, el consumo de carne de caza en España es totalmente anecdótico, y un porcentaje altísimo (alrededor del 90%) de la carne se exporta, principalmente a Alemania a través de esos pocos exportadores. De ahí que prácticamente nadie se dedique a criar ciervos para su aprovechamiento cárnico, a diferencia de lo que ocurre en la inmensa mayoría del resto de países de la Unión Europea. Dicho todo esto, ¿cabe pensar en el trabajo en torno a las especies cinegéticas como una actividad productiva económicamente rentable, que realmente sea un motor generador de puestos de trabajo en el futuro para el desarrollo sostenible del mundo rural? ¿o simplemente se mantendrá por el caprichoso deseo de alguien con dinero suficiente como para dilapidarlo en su afición? EL FUTURO DE LA CAZA COMO ACTIVIDAD ECONÓMICA Gracias a los estudios realizados por la Real Federación Española de Caza (La situación de la caza en España (IV): daños, cultivos y caza, 2010) y por su Fundación para el Estudio y Defensa de la Naturaleza y la Caza (FEDENCA) (Garrido Martín, 2012), nos podemos hacer una idea de la situación del sector cinegético en España. De los datos aportados en dichos estudios, llaman poderosamente la atención dos cuestiones en concreto. Primero, desde hace aproximadamente dos décadas el número de cazadores no ha dejado de disminuir. Y segundo, desde que organismos como la Junta Nacional de Homologación, el Instituto Nacional de Estadística o la Real Federación Española de Caza han venido recopilando datos (ver Garrido, 2011), se ha constatado que las poblaciones de ungulados silvestres no han parado de aumentar; a un ritmo del 10% anual en los últimos años. Todos sabemos de la colonización de nuevos territorios por parte de corzos, ciervos, machos monteses y jabalíes. Así como del aumento de a417 los accidentes de tráfico y los daños a la agricultura causados por estas especies. En suma, ante una oferta cada vez mayor, el número de demandantes no deja de disminuir. Esto, sin duda, no solo plantea interrogantes, sino que también nos habla de futuros problemas. Por un lado, no es descabellado pensar que podría llegar el día en que la oferta exceda en tanto a la demanda que la inmensa mayoría de los cazadores no estén dispuestos a pagar nada por cazar a un animal. Por otro lado, en algunas zonas ya hemos llegado a un exceso tal de animales silvestres sueltos por el monte que la administración pública tiene que pagar a cazadores para que controlen las poblaciones (aunque esto solo sea fruto de una decisión política contraria a la economía), como ya lo están haciendo a través de agentes medioambientales en muchas zonas de España para evitar los daños a la agricultura, los accidentes de tráfico, el riesgo de transmisiones de enfermedades o incluso el peligro que algunas poblaciones están causando a infraestructuras públicas, como el caso de los conejos en las vías del AVE. Podríamos decir que la reversión de esta tendencia ya es un objetivo de interés público. De no ser así, la proliferación generalizada de estas especies se convertirá en la pesadilla de las administraciones públicas. Y esto no es un problema exclusivo de España. La revista Time del 9 de diciembre de 2013 dedicó su portada al siguiente titular: America ́s Pest Problem: Why the rules of hunting are about to change, dedicando varias páginas a analizar el problema del incremento de las poblaciones de especies silvestres y la necesidad de controlar esas poblaciones mediante su caza. Esto no augura un futuro prometedor para la comercialización de la actividad cinegética tal como la hemos conocido estos últimos años. Los años dorados de la comercialización de la caza han pasado. La globalización de los mercados y la facilidad para viajar permiten que la oferta internacional, mucho más económica que la española, esté al alcance de la mano de muchas más personas, afectando muy negativamente al sector cinegético español. Hoy en día es fácil encontrar safaris de una semana a África para cazar varios animales por unos 2.000 €. No es de extrañar que muchos cazadores de caza mayor, ante esta oferta, se pregunten si vale la pena gastarse esos 2.000 € en un día de montería o irse una semana a Sudáfrica, por ejemplo. O cacerías para el control de poblaciones en Australia o EEUU. A la luz de estos datos básicos, para aquellos que se dedican a criar estas especies y los espacios que ellas ocupan la perspectiva no puede ser peor. De seguir esta tendencia no solo se cerrarían los cotos comerciales, sino que aquellos que conseguían una mínima renta, que les ayudaba a amortiguar los gastos de la finca, también la van a perder, y la pérdida de puestos de trabajo en este tipo de fincas se sumará al de las ganaderas, agravando aún más si cabe el despoblamiento rural, con la consiguiente repercusión negativa para la conservación del medio ambiente. En definitiva, o destinamos fondos públicos al mantenimiento de este tipo de "reservas biológicas" de interés público, o conseguimos un alto precio por la carne, o reforzamos la renta cinegética con la suelta selectiva de ejemplares de alto valor cinegético, o concurrimos a un mercado libre de servicios ambientales, o convertimos nuestras fincas en parques turísticos, o tenemos que echar mano a una mezcla de todas estas posibles salidas, o tendremos que abandonar para a continuación vender las fincas que acabarán en manos de los multimillonarios extranjeros. Y mientras seguirán pasando de mano en mano mientras que quede alguien dispuesto a enterrar su fortuna en ellas. Dicho esto, es necesaria otra reflexión. Como ya hemos apuntado en el apartado anterior, no todos los acotados son iguales ni tienen por qué serlo. Tenemos que distinguir tres escenarios muy diferenciados: Una parte importante de la producción de caza mayor en España se desarrolla en espacios donde a menudo las únicas actividades que se desarrollan son la forestal y la ganadera a lo sumo. En estos terrenos la "actividad cinegética" es residual, realizándose solo por ocio y para el control de poblaciones. Son terrenos cuya titularidad a menudo está en manos de las administraciones públicas, locales y autonómicas fundamentalmente, como los Montes de Utilidad Pública, los Espacios Naturales, las Reservas Nacionales de Caza, o como sería el caso de los Parques Nacionales (donde se dice que no se puede cazar, pero que en realidad esa actividad la desarrollan -pagados por todos los españoles-los funcionarios, para el control de poblaciones) ocupando una superficie muy considerable. Los acotados surgidos de la agrupación de terrenos pertenecientes a pequeños y medianos agricultores e incluso mon-a417 tes municipales, que son fundamentalmente de caza menor. En estos acotados las especies de caza mayor suponen un ataque directo contra los cultivos, por lo que en teoría deberían ser objeto continuo de control, aunque no se lleva a la práctica de forma eficiente provocando daños a la agricultura y accidentes de tráfico, originando sobrecostes a las asociaciones de cazadores que no están dispuestos a asumir. Los cotos privados de caza, los cuales son los grandes productores de especies cinegéticas. En estos a menudo se alternan las producciones agropecuarias domésticas con las cinegéticas, siendo solo unos pocos los que se dedican en exclusiva a la actividad cinegética comercial. Y finalmente, también hay que tener en cuenta a las granjas cinegéticas, que en muchos casos están asociadas a estos cotos privados de caza. Estas diferencias explican los problemas que en 2013 y 2014 han surgido en Castilla-La Mancha como consecuencia del intento de la administración pública por fiscalizar esta actividad, obligando a rehalas, secretarios y muleros a darse de alta en la Seguridad Social. Sea como fuere, esta situación tiene una solución difícil que solo se podría arreglar mediante una adecuada legislación de caza donde se diferencien unos y otros acotados, como también se diferencia el uso que se le da a un vehículo si es para uso personal y privado o para realizar una actividad económica. En cualquier caso, dada la importante economía que mueve y las implicaciones medioambientales que conllevaría su desaparición, es urgente saber por qué cada vez hay menos cazadores. En esta línea, llama la atención que, mientras en España ocurre esto, en países como EEUU y Alemania la tradición cinegética se sofistica y enriquece con el paso de los años, aumentando el número de cazadores. Buscando diferencias quizás lo más llamativo sea que en los países donde se transmite de generación en generación la pasión por la caza esta esté muy ligada al aprovechamiento y consumo de la carne cazada, mientras que en España no existe esa tradición. En los primeros la caza se practica principalmente de forma individual o a lo sumo con un amigo, mediante las modalidades de rececho y aguardo, llevándose la pieza cazada a casa para llenar el congelador de carne. Sin embargo en España la caza tiene un carácter social mucho más marcado, siendo toda clase de cacería colectiva, ganchos, monterías, batidas, tiradas, ojeos, e incluso competiciones, las modalidades más practicadas, donde el componente social, de relaciones, de negocios o simplemente de estar un rato con los amigos es más importante que otra cosa y la carne es lo de menos, al punto de que, en muchos casos, se queda en el campo o incluso se llega a tirar a un vertedero, como por desgracia ocurre en descastes de conejos o en tiradas de palomas, por ejemplo. Esto es un hecho, como también lo es que en España la carne de caza tiene el valor económico más bajo de toda la Unión Europea. Mientras que en el resto de Europa el precio medio pagado en campo por la carne de ciervo-gamo, está por encima de los 6 €, pagándose en varios países a más de 10 €/kg de canal limpia (Kotrba y Bartos, 2010), en España, sin embargo, la carne de ciervo se ha venido pagando entre 1 y 2 €/kg de canal con piel. Si entre el oreo y la piel se pierde aproximadamente un 12% del peso, el precio equivalente de la canal limpia y oreada sería tan sólo un 13,6% más caro. De ahí hasta los 6-8-10 €/kg, sin duda hay un margen incomprensible. El cómo y porqué hemos llegado a esta situación quizás sea importante, no por buscar culpables, lo cual no tendría mucho sentido ni tampoco arreglaría nada, sino por descubrir los errores para no incidir en ellos y poder mejorar la situación. Si, como parece, una de las causas probablemente más importantes de que se vaya perdiendo nuestra rica tradición cinegética es esa falta de cultura por el aprovechamiento de la carne, quizás lo que deberíamos hacer es preguntarnos por qué no le damos valor a estas carnes, cuando, por contra, hay otros países donde sí que se les da. EL VALOR DE LA CARNE DE CAZA La primera razón por la que no se le da valor a la carne de caza es la falta de conocimiento. En España a todo el mundo le suena que la carne de caza es una carne muy fuerte con mucho sabor y la mayoría que la ha probado la asocia a guisos muy pesados, con chocolate, calderetas, etc. Incluso cuando le propones a alguien comerla a la plancha vuelta y vuelta, se extraña y pregunta: ¿pero eso no es peligroso?, ¿no hace falta cocinarla mucho? La realidad es que la mayoría de los españoles que han probado la carne de caza, casi con seguridad, lo han hecho de un animal que ha muerto acosado por perros, práctica habitual para asegurar el control de las poblaciones de ungulados silvestres, probable-La caza vs. la cría de ungulados cinegéticos: la producción de naturaleza como respuesta a las exigencias de la sociedad occidental del siglo XXI 10 a417 mente de varios tiros, que incluso le han reventado el estómago o los intestinos y que hasta que ha sido eviscerado y refrigerado han pasado unas cuantas horas. Sin duda, este tipo de carne tiene una contaminación hormonal y microbiológica que no solo afecta a su disponibilidad para el consumo, sino que la empapa de malos sabores e incluso modifica su textura al punto que la pueden hacer desagradable para cualquiera. Pero ¿cuál es la realidad en torno a la carne de caza? La carne: cantidad vs. calidad ¿Qué lugar ocupa la carne de caza en el mundo?, ¿cuál es su verdadero valor? Actualmente se estima que se producen más de 300 millones de toneladas de carne (figura 1), de las cuales más del 80% es producida por únicamente tres o cuatro especies domésticas: vacuno, porcino y aves de corral (figura 2). Esto solo es posible gracias a la cría superintensiva de estas especies (figura 3). Tenemos que ser conscientes de que las especies principalmente consumidas han sido objeto de un manejo intensivo que ha acabado por romper su relación ancestral con el medio natural que ocupaban. Por otro lado, las especies de ganados domésticos, vacas, cerdos, ovejas, cabras y pollos, han venido siendo seleccionadas desde hace miles de años para las diferentes producciones que nos han interesado, lo cual ha llevado a diferenciaciones morfológicas importantes, con unos índices de producción absolutamente antinaturales (figura 4). Sin embargo, los ungulados silvestres han mantenido con el medio que ocupan una relación natural basada en milenios de coevolución, lo cual facilita la estabilidad y diversidad del ecosistema, haciendo a los animales mucho más rústicos y resistentes a las enfermedades, y mucho más respetuosos con el medio ambiente y su biodiversidad, que las especies de ganado tradicional. Y por otro lado, como los ungulados silvestres nunca han sido seleccionadas para la producción de carne, las tasas de crecimiento y conversión de pienso en carne son increíblemente inferiores, al igual que la calidad de la conformación de las canales. Muy al contrario, de forma natural los ungulados cinegéticos han sido seleccionados para ser "atletas" listos para la huida, por lo que, por lo general, mantienen unos niveles de grasa muy inferiores a los de las especies domésticas lo cual convierte a estas carnes en especialmente recomendables para las dietas hipocalóricas o para las personas con problemas de colesterol (tabla 1). Por otra parte, tienen unos niveles de proteínas, hierro y otros minerales muy superiores a los de las carnes de ganados domésticos tradicionales, lo cual las convierte en especialmente aptas para ancianos y deportistas. Estos valores nutricionales fundamentalmente, más que sus cualidades organolépticas, son los que tenemos que tener en mente a la hora de plantear la cría de especies silvestres, la comercialización y el consumo de la carne de caza. En cualquier caso, son cuatro los factores que determinan la calidad de una carne, a saber: 2) Selección y métodos de crianza y alimentación. Gracias a estas técnicas hemos conseguido carnes muy diferentes dentro de una misma especie, como ocurre con la del cerdo ibérico o la del Kobe, con una cantidad de grasa intramuscular mucho mayor que la que existe en otras razas de sus mismas especies (figura 5). Esto supone unas diferencias extraordinarias en cuanto a cantidades porcentuales de calorías, colesterol, proteínas, etc. Cualidades nutricionales de la carne según especies. Dentro de una misma especie el sistema de manejo y alimentación también influye en la calidad de la carne, no es lo mismo alimentar a un animal a base de piensos compuestos procedentes del reciclado de los subproductos de la industria agroalimentaria, incluso con harinas elaboradas con restos cárnicos, mientras está estabulado (como de hecho se permite en países extracomunitarios aunque en EU esté estrictamente prohibida desde el año 2000 como consecuencia de la EEB), que alimentarlo pastando en praderas naturales sin contaminantes químicos, ni manipulación genética, ni tratamientos hormonales y además haciendo ejercicio (figura 6). Incluso si el animal ha sido criado en el campo, tampoco tiene nada que ver la carne de aquellos animales que han sido criados aportándoles piensos compuestos a lo largo de todo el año o de forma importante durante los cuatro a seis meses de escasez (esencialmente el verano en España y el invierno en los países del norte de Europa), de la de aquellos animales que, por haberse criado en grandes superficies (varios cientos o miles de hectáreas) y con cargas ganaderas dentro de la capacidad de carga del terreno, han podido comer lo que el campo y la naturaleza les ha ofrecido en cada época del año de forma totalmente natural, como podría ser el caso de los cotos tradicionales de caza mayor en España. 3) Las condiciones ante mortem. También influyen en la calidad de la carne las circunstancias que vive el animal previas a la muerte. Una misma especie animal, criada en las mismas condiciones, da una calidad de carne muy diferente en función de las condiciones en las que ha muerto. No tiene nada que ver la de una ternera sacrificada en el matadero con la de un toro lidiado en la plaza, a pesar de que sean hermanos y se hayan criado en la misma dehesa. Como tampoco es lo mismo un venado cazado en montería que uno cazado a rececho de un certero disparo en la cabeza o cuello sin que el animal se haya estresado por la presencia del cazador. Aparte de lo ya comentado en el párrafo segundo del apartado dedicado a el valor de la carne de caza, un animal que ha sido acosado y obligado a hacer ejercicio físico antes de su muerte habrá quemado la mayor parte del glucógeno de sus músculos y la carne que nos llegará tendrá un, no deseable, acúmulo de ácido láctico. 4) El manejo y tratamiento que se le haya dado a esa carne después de sacrificado el animal. No tiene nada que ver un ciervo cazado en montería que ha sido eviscerado entre cuatro y seis horas después de su muerte, con temperaturas exteriores superiores a 20o C, que un ciervo que ha sido eviscerado y refrigerado a 2-3o C en menos de veinte minutos después de haber sido cazado. Por todo lo dicho, a mi juicio, la rentabilidad de las explotaciones de cría de ungulados cinegéticos no debería estar basada en la búsqueda de un mayor y más rápido crecimiento de los animales para la producción de mejores canales o más cantidad de carne, sino en el mayor precio de la carne por sus valores nutricionales y naturales, libres de químicos de síntesis. Si además tenemos en cuenta el escasísimo volumen que la carne de los ungulados silvestres representa sobre el total de carne producida, nos daremos cuenta de que no haría falta mucho para que la demanda superara en mucho a la oferta. En España el consumo per cápita al año es de 52 kg de carne aproximadamente, es decir, un consumo semanal de 1kg/persona (Presentación de los datos de consumo alimentario en el hogar y fuera del hogar en España 2012). Si tan sólo el 4,9% de la población española (2,3 millones de habitantes) consumiera 125 gr a la semana (1/8 del total de la carne consumida) no habría suficiente oferta en toda España para atender la demanda interna de este tipo de carne y no se podría exportar nada; esto es así porque el promedio de ungulados cazados anualmente no llega a 500.000 (Garrido, 2011), lo que a 30 kg de carne aprovechable por canal supondrían 15.000 toneladas de carne de caza. Sin duda, el potencial crecimiento de esta actividad es enorme. Por todo lo dicho estoy convencido de que la gestión del medio natural y más concretamente la cinegética va a desempeñar un papel imprescindible, en donde la implicación de los cazadores cada vez va a ser más necesaria para el control de las poblaciones en aras de la preservación de la biodiversidad, la lucha contra los incendios, la prevención de daños a la agricultura, así como la disminución de los riesgos de accidentes de tráfico y transmisión de enfermedades. No obstante, dada la globalización de la comercialización de la caza, el aumento de las poblaciones silvestres, las presiones sociales anticaza y la paulatina pérdida de la afición cinegética, en España es absolutamente necesario que sepamos reconocer la carne procedente de las especies cinegéticas como el "caviar del campo", que lo es, y seamos capaces de ponerla en valor y promocionarla. No hacerlo sería desaprovechar un recurso valiosísimo, tanto en sí mismo como por las repercusiones que conlleva su desaprovechamiento. Para ello será necesario que implementemos protocolos de actuación para el adecuado sacrificio de los animales durante la acción de caza, así como los medios necesarios para su saca del monte y el correcto manejo post mortem de los cuerpos para garantizar la máxima calidad de la carne. También serán imprescindibles las certificaciones de ámbito nacional oportunas que permitan diferenciar unas y otras carnes (por ejemplo, calidad rececho libre de contaminantes y calidad montería), ofreciendo al consumidor la garantía de lo que está comprando. Por otra parte, también sería necesaria una adecuada trasposición del reglamento (CE) no 853/2004 para que los productores no tengan más trabas legislativas autonómicas y puedan vender directamente al consumidor la carne de estas especies, o bien que los antiguos mataderos o carnicerías de los pueblos pudieran trabajar este tipo de carnes. Dicho todo esto, y cayendo en la cuenta del esfuerzo personal que tanto cazadores como gestores cinegéticos y propietarios rurales tienen que soportar, y recordando el volumen generado por la caza en su conjunto, me pregunto ¿qué no llegaría a generar la caza en España si cazadores, gestores cinegéticos y propietarios rurales pudieran beneficiarse económicamente de la comercialización de la carne? De esta forma, los inputs del mundo rural pasarían de prove-a417 nir del ocio caprichoso de los, cada vez menos, cazadores, al gasto necesario en alimentación saludable de la creciente población urbana en los mercados de mayor poder adquisitivo, ayudando por tanto a reducir la brecha económica entre ambas esferas. Por consiguiente, en este siglo XXI que estamos iniciando la gestión de las especies cinegéticas y su medio natural necesita superar el concepto de aprovechamiento sostenible y pasar a ser contemplado, ya con una mentalidad proactiva, como producción de naturaleza. Así, junto con el turismo de naturaleza y el cinegético, podrían ser el paradigma de actividad productiva sostenible que permita la fijación de po-blación activa fuera del ámbito urbano, garantizando la conservación de la naturaleza y ofreciendo una esperanza para la incorporación de muchas regiones del tercer mundo al desarrollo económico global. Mientras la conservación del medio ambiente dependa del altruismo de unos pocos, o de que aún quede alguien a quien le compense pagar una fortuna por practicar su afición, o de subvenciones públicas, dicha conservación no estará garantizada. Por el contrario, en el momento en que la conservación del medio ambiente sea una actividad económicamente rentable en sí misma, habrá un ejército de buenas personas dispuestas a vivir de ello y habremos ganado la batalla de la conservación. Carne de caza; caza; conservación de la naturaleza profesionalizada; ganadería cinegética; gestión cinegética; granja cinegética; productores de naturaleza; ungulados silvestres.
El lobo (Canis lupus) disminuyó en España durante gran parte del siglo XX. Pero a partir de los años 70, comenzó una recuperación que ha continuado hasta la actualidad, cuando se estima la presencia de más de 2.000 ejemplares en unos 115.000 km 2 del cuadrante noroccidental español. Los conflictos con el ganado convierten al lobo en una especie polémica y obligan a su control en algunas zonas de España. Su gran capacidad de adaptación y su elevado potencial reproductivo permiten su explotación cinegética. Sin embargo, el lobo es una especie simbólica en un importante sector de la población, lo que añade complejidad a la regulación de su caza y a toda su gestión. Este artículo describe la gestión del lobo en las distintas comunidades autónomas españolas y los aspectos ecológicos y sociales que explican el conflicto del lobo. Mediante una revisión bibliográfica, discutimos el papel de la caza y el turismo del lobo en el desarrollo rural, y se presentan los debates actuales sobre si la caza mejora la percepción del lobo y reduce el furtivismo y los daños al ganado. La gestión del lobo en España. Controversias científicas en torno a su caza 2 a418 "Existen dos lobos, uno fantástico y otro real. El primero es la suma de una infinidad de historias, leyendas, cuentos tradiciones, proyecciones de la fantasía (...). El segundo es Canis lupus Linnaeus, un animal de carne y hueso, que constituye el objeto de estudio de la biología". De esta forma describía el biólogo Luigi Boitani (1986) al lobo hace casi treinta años. Y es que el lobo es una especie simbólica para gran parte de la sociedad. Constituye el origen del perro -con el que muchas personas le identifican-, simboliza la naturaleza perseguida para ciertos grupos urbanos y encarna también todos los atributos del mal para los ganaderos y otros habitantes rurales. El lobo ha estado amenazado a escala mundial hasta mediados de los 90 -cuando fue catalogado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en la categoría riesgo menor, mínima preocupación (Baillie et al., 1996)-y ha desaparecido de amplias regiones del planeta donde proliferaba hace apenas uno o dos siglos. El lobo se ha reducido a causa de la intensa persecución por parte del hombre para prevenir los ataques al ganado. La presa natural del lobo son los ejemplares más vulnerables de las especies de ungulados silvestres y, en el caso del ganado, la mayoría de los individuos muestran esta característica (Mech, 1970). Por tal motivo, los lobos atacan frecuentemente al ganado -incluso en zonas donde hay elevadas densidades de ungulados silvestres-y en ocasiones matan muchas más cabezas de las que pueden comer. En todos los sitios del mundo en donde coinciden lobos y ganado se repite el mismo proceso: los lobos matan ganado y el hombre mata lobos. Los ataques al ganado han generado el mito diabólico del lobo entre los sectores rurales, y la persecución a que ha sido sometido ha propiciado un símbolo opuesto -el de la naturaleza perseguida-entre muchos habitantes urbanos. La imagen de un lobo muerto por cazadores evoca la justicia del campesino acosado que venga la muerte injusta de su ganado en los primeros, y la arrogancia del hombre que destruye el medio ambiente común en los últimos. El otro lobo es el animal de carne y hueso, el que se rige por las reglas de la biología, y que no se diferencia en nada de otras especies menos carismáticas de nuestra fauna, como el ciervo, la garduña o el conejo. La caza y la gestión se llevan a cabo en el medio natural, y tienen que acatar las reglas de la ecología y la dinámica de poblaciones. Pero también se desarrollan en las sociedades humanas, que están moldeadas por las ideas, la política, las distintas percepciones de la naturaleza y los mitos. David Mech (2012) ha escrito que los lobos no son ni santos ni pecadores; el problema es que grandes sectores de la sociedad los ven de esta manera. Por eso, cualquier intento de gestionar al lobo animal olvidando al otro lobo -el que vive en el mundo de los símbolos y las emociones humanas-terminará en fracaso. El objeto de este artículo es presentar a los dos lobos, el que habita en los montes españoles y el que surge de las percepciones de diferentes grupos sociales; describir las características de la gestión de la especie en España, comprender las razones de los conflictos que el lobo genera -presentes a diario en periódicos y redes sociales-y esbozar las controversias científicas, económicas y afectivas que plantean la caza y la gestión del lobo en nuestro país y en otras partes del mundo. SÍNTESIS DE SU ECOLOGÍA Y DINÁMI-CA DE POBLACIONES El lobo de carne y hueso es un cánido poco especializado, social, adaptable y con gran capacidad de recuperación, lo que le ha permitido escapar de la extinción a pesar de la severa persecución a que se ha visto sometido. Hasta la década de 1980, se creía que el hábitat natural de los lobos eran las zonas más remotas y deshabitadas, pero en los últimos años los hemos visto adaptarse a áreas muy humanizadas de España, Italia y Estados Unidos. Al aumentar la tolerancia de la sociedad hacia la especie, los lobos han demostrado su capacidad para vivir cerca del hombre, mientras que la persecución implacable les ha relegado a los lugares más despoblados del planeta (Mech, 1995). Las razones de la recuperación de los lobos tras reducirse su persecución hay que buscarlas en su gran capacidad de adaptación y en su elevada fecundidad. En primer lugar, hay que destacar la capacidad del lobo de vivir en un gran número de hábitats diferentes. Su distribución e el mundo incluía a comienzos del siglo XX la mayor parte de Eurasia y Norteamérica (Boitani, 2003), y en la actualidad siguen ocupando una extensión que abarca las regiones más septentrionales del planeta hasta los resecos desiertos de Arabia o Israel. Mech y Cluff (2011) han descrito las costumbres de los lobos en el Alto Ártico, a solo mil kilómetros a418 del Polo Norte (80o N), en un medio con escasas presas, cuatro meses de oscuridad total en invierno y temperaturas de hasta -53o C, donde las manadas tienen áreas de campeo de más de 6.600 km 2. Más al sur, los lobos isleños de la Columbia Británica (Canadá) se alimentan de salmones y otros productos marinos, se dispersan a nado atravesando brazos de mar de hasta 5 kilómetros y viven "con dos patas en tierra firme y las otras dos en el océano" (Stronen et al., 2014 y referencias allí citadas). Además de estos casos extremos de adaptación, los lobos se extienden por la mayor parte de los ecosistemas del hemisferio norte, como la tundra, los bosques boreales y mixtos, las estepas, etc. En España los lobos pueden vivir también en gran variedad de hábitats, desde las solitarias montañas cantábricas hasta las llanuras cerealistas castellanas o las pobladas regiones del occidente gallego. Y esto se debe al hecho de poder suplir su natural comportamiento depredador de ungulados silvestres (Mech, 1970) con la incorporación de ganado y carroña en su dieta. La evidencia empírica de la existencia de poblaciones de lobos carroñeros en Italia (Boitani, 1982), Israel (Hefner y Geffen, 1999), la llanura cerealista castellana atravesada por autovías (Blanco, Cortés y Virgós, 2005) o el occidente gallego (Llaneza, López-Bao y Sazatornil, 2012), donde los ungulados silvestres brillan por su ausencia, demuestran que estos animales no necesitan medios inalterados para vivir. Allá donde se les ha estudiado, los lobos viven en manadas, las cuales consisten en familias formadas por la pareja reproductora y sus descendientes de los dos o tres últimos años (Mech, 1999). En cada manada suele reproducirse una única hembra al año, que pare cinco o seis cachorros de media (Mech, 1970; Fuller, Mech y Cochrane, 2003). La mortalidad de las poblaciones de lobo causada por la acción humana puede compensarse por medio de mecanismos compensatorios de productividad poblacional (Blanco y Cortés, 2002). Así, se ha apreciado un aumento del alimento disponible per capita en las poblaciones intensamente perseguidas, con lo que el porcentaje de hembras que se reproduce cada año también se incrementa, así como la supervivencia de los cachorros en los primeros meses y el tamaño de la manada (Mech, Adams, Meier, Burch y Dale, 1998). Por medio de estos mecanismos se llegan a compensar anualmente pérdidas poblacionales del 35% de los individuos de más de seis meses de edad (Fuller, 1989, pero ver Creel y Rotella, 2010). Cuando la persecución se reduce o cesa, las poblaciones de lobos pueden incluso recuperar parte del terreno perdido de forma relativamente rápida, como ha ocurrido en los cuarenta últimos años en España y en otros países europeos (Chapron et al., 2014). Las mayores poblaciones se encuentran en Castilla y León, Galicia y Asturias, donde se concentra más del 90% de los lobos españoles; otras comunidades con unas pocas manadas son Cantabria, Madrid y Castilla-La Mancha (Guadalajara). En el País Vasco, La Rioja y Andalucía no está claro que haya manadas reproductoras, y en Cataluña hay algún individuo aislado. En las últimas cuatro décadas el lobo se ha recuperado notablemente en España, aunque en los últimos años este aumento se ha ralentizado de forma notable. Desde el año 2000, los lobos han ampliado ligeramente su distribución por el sur en las provincias de Ávila, Segovia, Madrid y Guadalajara, lo que representa un incremento del área de distribución de la población reproductora del 4%, quizá la expansión más modesta del lobo desde que comenzó su recuperación hacia 1970 (Blanco, Sáenz de Buruaga y Llaneza, 2007; Blanco, 2014, p. La pequeña población de Sierra Morena se encuentra en la actualidad en el mismo borde de la extinción (López-Bao et al. 2015). LAS DISTINTAS PERCEPCIO-NES DEL LOBO El otro lobo, el que vive en la mente de los seres humanos, constituye símbolos diferentes -e incluso, opuestos-para los distintos grupos sociales. Por este motivo, la caza del lobo es una actividad particularmente controvertida, que suscita pasiones a favor y en contra (Mech, 1995). En las últimas décadas, se han realizado numerosos estudios sobre las actitudes y las percepciones de distintos sectores sociales hacia el lobo, que han revelado una serie de características comunes en casi todos los países del mundo donde se han realizado (Blanco y Cortés, 2002). Por ejemplo, la mayoría de los trabajos han mostrado que tanto los habitantes rurales como los ganaderos, las personas mayores y las de más bajo nivel educativo suelen sentir animadversión hacia el predador. Mientras que los residentes urbanos, los jóvenes, los universitarios y los miembros de asociaciones conservacionistas suelen tener actitudes más positivas (Kellert, 1999; Houston, Bruskotter y Fan, 2010). Además, se ha demostrado que las actitudes de las personas estudiadas eran tanto más favorables a a418 la conservación de los lobos cuanto más lejos vivían de ellos. La distancia a los lobos afectó las actitudes de todos los grupos sociales estudiados en Suecia, tanto si eran miembros de organizaciones conservacionistas, como cazadores o ganaderos. Dicha tendencia se mantuvo incluso a una escala espacial muy pequeña, es decir, la gente que vivía dentro de los territorios de las manadas tenía una actitud más negativa hacia la conservación del lobo que la gente que vivía justo en los bordes de los territorios (Karlsson y Sjöström, 2007). Asimismo, en la actitud hacia los lobos suele haber un efecto contagio. Naughton-Treves, Grossberg y Treves (2003) observaron que el grupo social era el factor que mejor predecía la tolerancia hacia los lobos en Wisconsin (USA). Las personas que vivían en condados con lobos tenían más probabilidades de conocer a alguien que había tenido experiencias negativas con los animales; si su entorno era negativo, estas personas tenían más probabilidades de ser menos tolerantes hacia los lobos. En su posicionamiento a favor o en contra de los lobos, las personas se agrupan con frecuencia en bandos que a veces mantienen posturas irreconciliables. En un estudio realizado en Michigan sobre las percepciones relativas a la caza del lobo, Lute, Bump y Gore (2014) vieron que la marcada dicotomía en las percepciones del lobo entre los distintos grupos no se explicaba por diferencias regionales, sino por la teoría de identidad social. Esta teoría sostiene que los individuos actúan de acuerdo con las expectativas y normas del grupo al que se adscriben. Los grupos comparten un deseo de identidad social que se fomenta enfrentándose a otros grupos de ideología distinta. De esta forma, los cazadores y los ecologistas de Michigan manifestaron opiniones muy distintas con respecto a la vulnerabilidad de las poblaciones del lobo, el miedo a la especie, si la caza del lobo reduce los conflictos, las actitudes negativas del público o si aumenta o disminuye el furtivismo. Estas opiniones se usaron posteriormente para justificar la caza del lobo o para oponerse a ella. La percepción del lobo en España Estas pautas generales están presentes en el conflicto del lobo que vive España en las últimas décadas. En 1997, Blanco y Cortés (2002) hicieron un estudio de actitudes sobre el lobo en Cantabria en el que entrevistaron a 247 personas en tres áreas con distinto nivel de daños al ganado. Los resultados coincidieron en lo esencial con los reseñados arriba. Entre las personas favorables a los lobos predominan los habitantes urbanos, no ganaderos y que viven en zonas en donde no hay lobos. En este grupo predominan los más jóvenes y los que tienen mayor nivel educativo; además el lobo es mejor visto por las mujeres que por los hombres. Por el contrario, los habitantes rurales que viven en zonas con lobos son los más hostiles hacia su presencia. Los ganaderos también son muy desfavorables a la especie, particularmente si habitan territorios con elevados daños, poseen ganado en extensivo y trabajan a tiempo completo. La actitud de los cazadores se dividió entre los que estaban ligeramente en contra y los que estaban ligeramente a favor del lobo, aunque los primeros predominaban. El sector social favorable a la especie apreciaba el valor simbólico, ético, científico, estético y recreativo del lobo, pero rechazaban su valor cinegético y el utilitario. Sin embargo, los dos últimos valores -la caza del lobo y su potencial para generar recursos económicos-fueron los más considerados por el sector hostil a la especie que, por el contrario, mostró poca estima hacia los valores más apreciados por el sector favorable. Estos resultados muestran la percepción opuesta del lobo de los dos grupos sociales: la visión romántica e idealizada del público urbano, que utiliza la naturaleza para el recreo y el ocio, y la visión pragmática y utilitaria de los habitantes rurales, que dependen de los recursos naturales para vivir. En cualquier caso, el 81,8% de los habitantes urbanos de Cantabria entrevistados en este estudio eligieron la opción más positiva del espectro ("aunque los lobos coman ganado, creo que es posible encontrar soluciones para que lobos y ganaderos puedan convivir en la misma zona"), mostrando una voluntad clara de conservar la especie (Blanco y Cortés, 2002). Los daños al ganado y la caza del lobo Los resultados de todos estos sondeos son poco sorprendentes si consideramos que los más afectados por el lobo son sin duda los ganaderos. En España, los territorios proporcionalmente con un mayor número de daños causados por el lobo son aquellos en donde abunda el ganado extensivo -por lo general, las zonas montañosas y las dehesas del centro y suroeste-y en donde ha tenido lugar una reciente recolonización por lobos, habitados por ganaderos que aún no han tenido tiempo de adaptarse a su presencia (Blanco, Reig y Cuesta, 1992; Blanco, 2017; Blanco y Cortés, 2009). Por ejemplo, en la montaña cantábrica, los daños por lobo y año son a418 unas diez veces mayores que en la llanura cerealista castellana. En una de estas áreas montañosas con ganado en régimen extensivo -el municipio de Polaciones (Cantabria)-, entre el 28 y el 50% de los ganaderos indica que hay daños anualmente, con unas pérdidas anuales promedio de 93.380 pesetas (561,23 euros) en 1996 (Blanco y Cortés, 2002). Las pérdidas, por el contrario, son mucho menores en las áreas donde el ganado está protegido por pastores durante el día. Así, en Valderredible (Cantabria), los daños anuales causados por el lobo solo afectaron al 8% de los ganaderos, y en la llanura cerealista de las provincias de Valladolid y Zamora, el porcentaje de ganaderos cuyo ganado se encuentra en territorio de lobos con radiomarcaje, solo el 5% denunciaron ataques cada año (Blanco y Cortés, 2002). Consecuentemente, los métodos de gestión de la ganadería y los sistemas de pastoreo son determinantes a la hora de percibir la incidencia del lobo, el cual puede ser un auténtico azote en algunas zonas o ser muy asumible en otras. El lobo ha sido perseguido durante siglos para evitar los daños al ganado, y en la actualidad la caza en España se intenta modular en relación a los daños al ganado y se usa para limitar la densidad de las poblaciones que provocan más ataques al ganado. Los planes de gestión aprobados hasta el momento en las comunidades donde el lobo es especie cinegética y tienen poblaciones abundantes, como Galicia y Castilla y León, la zonificación -que determina la intensidad de la caza-se ha realizado considerando los daños al ganado como primera variable. En Asturias el lobo no es legalmente cazable, pero las poblaciones se controlan con cierta intensidad también en función de los daños al ganado. La percepción del lobo por los cazadores Los cazadores constituyen el otro grupo social que, al menos en potencia, puede verse afectado por los lobos. Por un lado, por sus efectos reales o percibidos sobre los ungulados cinegéticos, y por otro, por poder constituir un trofeo cinegético muy valorado por los cazadores. En Cantabria, Blanco y Cortés (2002) apreciaron que los cazadores tenían una actitud dispar hacia el lobo, con dos sectores principales, uno ligeramente hostil (51%) y otro ligeramente favorable (42%) a la especie. Las actitudes neutras y las extremas eran minoritarias. La procedencia rural o urbana de los cazadores no influyó en estos resultados. Es posible que algunos cazadores rechazaran al lobo al responsabilizarle de la reducción de los ungulados cinegéticos, mientras que otros lo valoraran LA GESTIÓN DEL LOBO EN ESPAÑA Hasta el año 1970, el lobo era legalmente considerado como una alimaña que podía (y debía) ser perseguida en toda época del año y con todos los medios, incluyendo por supuesto el veneno. Desde entonces a la actualidad se ha recorrido un largo camino. Ahora, la conservación del lobo como especie es una obligación del estado español, y la caza legal y el control están regulados, aunque la caza ilegal sigue siendo un hecho generalizado. La diferencia es que antes de 1970, el Estado español -como ocurría en la mayor parte del mundo-había decidido eliminar al lobo por ser una especie dañina. En la actualidad, se trata de conservar la especie como elemento esencial de la fauna española, lo cual no implica su protección estricta. El elemento constante de este proceso ha sido la paulatina reducción de la mortalidad causada por el hombre, respaldada por una sociedad cada vez más conservacionista. Los hitos legales en los últimos 45 años han sido la Ley de Caza de 1970, que catalogó al lobo como a418 especie cinegética, lo que, al menos en teoría, le confería una protección parcial. La prohibición definitiva del veneno en 1983 acabó legalmente con el método más eficaz de persecución del lobo, aunque esta técnica ha repuntado -ya de forma ilegal-en los últimos años. En 1986, España firmó el Convenio de Berna manteniendo al lobo en el anexo III que, aunque no le otorgaba una protección total, supuso un paso adelante en su conservación. Y por fin, la aprobación de la Directiva de Hábitats en 1992, que protegió las poblaciones situadas al sur del Duero, nos lleva al momento actual. Desde el punto de vista administrativo, España se ha ido convirtiendo en un estado cada vez más descentralizado, en el que el poder de las Comunidades Autónomas es casi absoluto y la influencia del Ministerio de Medio Ambiente se desvanece día a día. La Directiva de Hábitats europea establece en 2015 la protección legal del lobo al sur del río Duero, protección recogida asimismo en el Real Decreto 1997/1995 (normativa estatal), y en las normativas regionales de Castilla-La Mancha y Andalucía. Solo en casos de que hubiera daños reiterados a la ganadería está permitido su control al sur del Duero por parte de la administración castellano-leonesa, aunque este tipo de controles son en general moderados. Al norte del Duero el lobo puede ser objeto de caza y control, pero -de acuerdo con la normativa estatal y europea-las poblaciones deben ser mantenidas fuera de peligro (Blanco, 2005). Al norte del Duero, la tradicional división entre especie cinegética y especie protegida se difumina en una gestión cuyo principal objeto suele ser reducir los daños al ganado y el conflicto social. Cada comunidad autónoma utiliza su fórmula de manejo, y las que tienen mayores poblaciones de lobos (Castilla y León, Galicia y Asturias) cuentan con planes de gestión que incluyen una zonificación del territorio mediante la cual la caza y el control se suelen concentrar de forma prioritaria en las áreas con más daños al ganado. La gestión del lobo en Castilla y León está siempre en el ojo del huracán. Sus defensores subrayan que allí se mata de forma legal un porcentaje de lobos menor que en las otras comunidades del norte del Duero -exceptuando Galicia-y que en Castilla y León es donde más se han expandido los lobos en las últimas décadas. Sus detractores les acusan de que la caza constituye el principio y el fin de la gestión del lobo y de llevar la filosofía cinegética a extremos inaceptables. Por ejemplo, el que los lobos se cacen deportivamente, incluso en ausencia de daños al ganado, en la vertiente leonesa del Parque Nacional de los Picos de Europa -que se gestiona como una parte de la Reserva Regional de Caza de Riaño (Blanco, 2014, pp. 160-163)-, los cupos exagerados de algunas reservas de caza y los desafíos a la legalidad (el plan de gestión del lobo, aprobado en 2008, fue declarado inmediatamente ilegal por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León y luego por el Tribunal Supremo) han hecho que muchas personas identifiquen la caza del lobo con otras prácticas anacrónicas no necesariamente relacionadas con ella. En Cantabria los lobos son especie cinegética, y se abaten sin mayores miramientos en las cacerías del jabalí y de otros ungulados. Las cifras en esta comunidad no son bien conocidas, pero debe de haber entre siete y diez manadas y cada año se cazan probablemente entre diez y veinte lobos (casi dos lobos por manada). En el País Vasco, el lobo no es una especie cinegética, pero la Administración puede organizar batidas con cazadores en caso de daños al ganado. En la actualidad el lobo está casi ausente de esta comunidad, donde -a causa de los ataques a las ovejas latxas-nunca fue bienvenido. Y lo mismo ocurre en La Rioja, donde el lobo es especie cinegética. Los cánidos entran constantemente desde las provincias limítrofes, pero no se forman manadas estables porque la política oficial es no tolerar lobos en la comunidad. Además, hay presencia esporádica de lobos en otras comunidades situadas al norte del Duero -incluyendo Cataluña, donde cada año llega algún ejemplar procedente de los Alpes franceses-pero en ninguna de ellas se ha previsto la caza o el control de estos ejemplares. Por tanto, la gestión del lobo en España depende en gran medida de la magnitud de los daños al ganado, aunque en ciertos lugares la competencia real o imaginaria del lobo con la caza mayor influye también en su manejo. Esto ocurre en algunas reservas de caza del norte de Castilla y León, donde el lobo es perseguido más por el supuesto impacto sobre los ungulados silvestres que por los daños al ganado, por lo demás poco abundantes. En estos casos, algunos gestores y celadores de caza de la propia administración muestran una percepción personal más negativa hacia el lobo que los propios ganaderos. Un caso aparte es el de Sierra Morena. Aquí el lobo está estrictamente protegido, pero su incompatibilidad con la explotación intensiva de la caza mayor -que se gestiona casi como ganadería extensiva-recluida en fincas cercadas le ha llevado al mismo borde de la extinción (López-Bao et al., 2015). Además, la gestión del lobo está influida por otros factores, como la tradición de cada comunidad autónoma, las presiones políticas de los diferentes sectores sociales y, desde luego, los valores y prejuicios personales de los políticos y funcionarios que dirigen las instituciones de gestión del medio. Esto hace que los lobos de comunidades vecinas que viven en hábitats casi idénticos y generan problemas muy parecidos sean objeto de medidas de gestión muy diferentes. CONTROVERSIAS CIENTÍFICAS EN TORNO A LA CAZA DEL LOBO En su entorno geográfico, España es el único país donde se caza el lobo, lo cual se debe en buena parte a motivos históricos y culturales. En nuestro país siempre ha habido una población de lobos relativamente importante, ya que hacia 1970, cuando la especie alcanzó su mínimo histórico, debía de haber un mínimo de 200 ejemplares (Valverde, 1971). El lobo nunca ha estado protegido en España, ni siquiera cuando las poblaciones eran relativamente pequeñas. Cuando empezaron a recuperarse, a partir de los 80, la caza del lobo se consideraba la mejor forma de gestionar los conflictos. Sin embargo, en Europa occidental, los lobos o bien estaban extinguidos en los años 80 -como ocurría en Francia y Alemania, países que ahora cuentan con pocos centenares de lobos-o estaban en una situación muy precaria, como en Italia y Portugal, donde se protegieron hace varias décadas para permitir su recuperación (Chapron et al., 2014). Cuando las poblaciones aumentaron, las sociedades de estos países -acostumbradas a considerarlo como una especie protegida-ya no vieron en la caza una opción aceptable para manejar la especie. La experiencia de las últimas décadas en Europa demuestra que hay muchas formas de gestionar al lobo, ya que las poblaciones se han recuperado tanto en los países donde se ha gestionado como especie cinegética como en los que las han mantenido protegidas (Blanco, 2005). Se han alegado muchas razones para justificar la caza del lobo. Todas ellas están relacionadas con la reducción de la conflictividad o con la búsqueda de alguna utilidad o beneficio. La rentabilización económica del lobo puede responder a las quejas de quienes alegan en el mundo rural que es un animal que solo sirve para hacer daño. En general, se suele aceptar que la caza del lobo genera un beneficio económico que compensa en parte las pérdidas que la especie causa, y que la caza legal reduce el furtivismo, mejora la percepción del lobo y reduce los daños al ganado. Sin embargo, casi nunca se han probado tales afirmaciones. En los siguientes apartados, vamos a discutirlas a la luz de estudios científicos realizados en varias partes del mundo y de la experiencia en distintas zonas de España. Se pueden adelantar ya las conclusiones: el tema es muy complejo, y ni los partidarios de la caza del lobo ni sus detractores pueden apoyarse en la ciencia para ganar por KO a sus contrincantes. Pero Los beneficios más evidentes que generan los lobos pueden ser de tipo ambiental y económico. El estudio sobre la percepción del lobo en Cantabria al que hemos aludido más arriba comprobó que los amantes del lobo prefieren subrayar sus valores científicos y estéticos, mientras que los sectores antilobo están mucho más interesados en la posibilidad de cazarlo o en los beneficios económicos que puede procurar (Blanco y Cortés, 2002, pp. 89-92). Entre los amantes del lobo ha causado furor el descubrimiento de las cascadas tróficas (Ripple et al., 2014), y el vídeo How wolves change rivers, que describe estos procesos con elegancia, contaba con casi 22 millones de visitas en Youtube en enero de 2016. No obstante, algunos científicos se muestran escépticos sobre la capacidad real del lobo para desencadenar cascadas tróficas y critican ciertas exageraciones destinadas a santificar a la especie (Mech, 2012); otros autores subrayan que tales cascadas no son posibles en los humanizados paisajes europeos (Newsome y Ripple, 2015). Las cuentas de la caza Los sectores menos favorables al lobo prefieren los beneficios económicos, y la caza -sobre todo en las reservas-se ha presentado muchas veces como el mejor método de generar ingresos para los pueblos que compensen los perjuicios causados por la especie. Sin embargo, obtener un rendimiento económico del lobo a través de su explotación cinegética no es fácil, ya que -a no ser que se les cebe para atraerlos a puntos fijos, lo cual es polémico desde un punto de vista legal-la caza del lobo es bastante impredecible. Incluso en los lugares donde se les ceba, como ocurre en la reserva regional de caza Sierra de la Culebra (Zamora) -señalada muchas veces como ejemplo del beneficio económico que genera la caza del lobo-, la rentabilidad cinegética del lobo es limitada. La crisis económica y quizá la falta de interés de los cazadores por el lobo son responsables de los bajos precios del lobo. Para revitalizar las subastas, se ha elevado el número de lobos cazables y se ha subido el precio de salida en las subastas. En las reservas de caza de Riaño y Mampodre (León), los cazadores locales deben pagar 600 euros por matar un lobo y los foráneos 1.200 euros. Aunque en la temporada 2013-2014 se dio permiso para cazar 27 lobos, no se sabe cuántos de ellos han sido pagados por los cazadores y cuántos son muertos por los celadores de caza, pero se estima que solo seis o siete lobos han sido cobrados a 1.200 euros (Iñaki Reyero, comunicación personal). Los cazadores locales rara vez muestran interés por llevarse el trofeo, con lo cual no tienen que abonarlo. Además de los lobos muertos por los cazadores, otros muchos lobos son abatidos por los celadores para completar el cupo, por lo que el objeto de la caza del lobo en Riaño y Mampodre está más orientado al control de la especie que a la caza deportiva o la explotación económica. En las reservas de caza de León, el beneficio que genera la caza del lobo es también limitado. Habría que preguntarse si la caza del lobo suscita verdaderamente tantas pasiones entre los cazadores. Por ejemplo, en marzo de 2015 el precio de salida de los lobos que se subastan en la Sierra de la Culebra era de 3.500 euros, pero el de los ciervos medallables subía a 4.500 euros. Teniendo en cuenta que esta reserva proporciona la mejor oportunidad de conseguir un trofeo de lobo en Europa occidental -mientras que se pueden conseguir trofeos de ciervo en cualquier parte-, es probable que la caza deportiva del lobo no suscite tanto entusiasmo como a veces se ha argumentado. El turismo de observación de lobos En los últimos años ha surgido en España un nuevo negocio relacionado con el lobo: el turismo de observación. Curiosamente fue la caza del lobo la que promovió dicha actividad. Los cebos usados para atraer y cazar a los lobos en la reserva de la Culebra (Zamora) facilitaban su observación, y el número creciente de aficionados ha hecho posible la aparición de varias empresas dedicadas a explotar el avistamiento de lobos. Lo cierto es que este negocio recién nacido parece aportar mucho más dinero a los pueblos de la zona que la tradicional caza de la especie. De acuerdo con un estudio de Talegón Sevillano et al., (2012), en la Sierra de la Culebra los turistas de observación de lobos representan el 46% de las pernoctas en alojamientos rurales, con una estancia media de 2,18 días. El gasto mínimo de alojamiento y comida alcanzaría los 440.000 euros anuales, lo que probablemente representa diez veces más que el dinero que la caza del lobo deja en la zona. Los resultados de este sondeo concuerdan con los de un estudio mucho más detallado realizado en Columbia Británica (Canadá) en 2012 con osos. Los autores comprobaron que el turismo de observación de osos generó para el gobierno de la provincia una suma once veces superior al de su caza; el primero creó 513 empleos directos frente a once del último (Center for Responsible Travel, 2014). La caza de lobos y el turismo de observación no son en teoría incompatibles, aunque resulta obvio que su protección estricta aumentaría los avistamientos. De hecho, un estudio reciente ha mostrado que la extracción de lobos en las proximidades de los Parques Nacionales de Yellowstone y Denali reduce los avistamientos dentro de los parques incluso si la muerte de ejemplares tiene un impacto mínimo sobre sus poblaciones (Borg et al. 2016). En España, el turismo de lobos se centra en dos reservas de caza de Castilla y León donde la especie se caza moderada o intensamente: la de la Sierra de la Culebra y la de Riaño (la última se ubica en el Parque Regional de los Picos de Europa). Pero, aunque caza y observación puedan ser compatibles, los observadores de lobos y los cazadores suelen tener sensibilidades distintas e incluso opuestas, lo que genera un conflicto de fondo que va en aumento conforme se incrementa el turismo de observación. Las iniciativas del grupo ecologista Lobo Marley para proteger a los lobos en La Culebra -y las reacciones contrarias que han suscitado-o la polémica sobre la gestión del lobo en la reserva de Riaño inundan los medios y las redes sociales, sacando a la luz estas tensiones. ¿MEJORA LA CAZA LAS ACTITUDES HACIA EL LOBO Y REDUCE EL FURTIVISMO? Se suele también argumentar que la caza del lobo mejora la percepción de los habitantes locales hacia la especie y reduce la caza furtiva (Linnell, Swenson y Andersen, 2001), aunque pocas veces se han evaluado tales afirmaciones. Entre los científicos hay también distintas sensibilidades, que se reflejan a veces en sus publicaciones. El investigador David Mech, que ha dirigido el Wolf Specialists Group de la UICN durante décadas, es uno de los partidarios de la caza como método de gestionar al lobo. Mech (1995) ha argumentado convincentemente la necesidad de una zonificación que permita proteger las poblaciones más inocuas con el ganado y reducir las que causan más daños y conflictos. El autor americano consideró que la caza del lobo por el público constituye la forma más barata de gestionarlo y -al menos en USA-la más aceptada por gran parte de la población. Mech (1995) reconoce el rechazo de muchos ecologistas a la caza del lobo, aunque el rango de actitudes es muy variable, desde los que aceptan el control por daños al ganado, pero lo rechazan para permitir la recuperación de los grandes rebaños de caribúes, hasta los que aceptan el control por guardas de la administración, pero no la caza deportiva. En cualquier caso -insiste-en un momento u otro es necesario controlar a los lobos, y los ecologistas deberían reconocerlo y aceptarlo. En un artículo posterior, Mech (2010) discute sobre los métodos más aceptables para el público americano de gestionar las poblaciones de lobos donde estas se han recuperado y son cazables tras décadas de protección. Una de las recomendaciones es abrir la temporada de caza en noviembre, cuando los cachorros del año tienen tamaño adulto y han abandonado los centros de reunión, lo que dificulta que los cazadores que descubran su ubicación puedan aniquilar manadas enteras. A modo de inciso podemos decir que, en Castilla y León, la caza del lobo se abre el primer domingo de septiembre, y en algunas manadas de la reserva de Riaño se ha matado en un solo día a casi todos los cachorros, que cuando tienen cuatro meses de edad o menos ni siquiera hacen intención de huir al ver caer a sus hermanos abatidos. Matar a tiros a los cachorros en la zona de cría resulta inaceptable para la mayoría de la sociedad y probablemente vulnera la legislación. Y volviendo a la relación entre la caza y la tolerancia de la sociedad hacia el lobo, varios autores han puesto este paradigma en entredicho. Por ejemplo, Treves y Bruskotter (2014), en una reciente revisión, dudan de a418 que la caza legal de los carnívoros mejore la tolerancia de la sociedad. En Brasil, Marchini y Macdonald (2012) observaron que la intención de los propietarios de grandes fincas de matar jaguares se correlacionaba con las normas sociales, y de este modo, los que pensaban que otros propietarios matarían ilegalmente jaguares tenían más propensión a hacerlo ellos mismos. Asimismo, en Wisconsin se permitió la muerte de algunos lobos para reducir los daños al ganado y mejorar su aceptación. Pero, contra todo pronóstico, el seguimiento sociológico de esta iniciativa desveló que los ciudadanos redujeron su tolerancia hacia el lobo y mostraron una tendencia mayor a matarlo de forma ilegal (Treves, Naughton-Treves y Shelley, 2013). Es más, la tolerancia continuó bajando cuando el lobo fue declarado especie cinegética en Wisconsin (Hogberg, Treves, Shaw y Naughton, 2013; Browne-Nuñez, Treves, MacFarland, Voyles y Turng, 2015). Es posible que la caza del lobo en España fomente una mejor percepción por parte de cierto sector del público, pero si es así, no ocurre en todas partes. Un ejemplo son las reservas de caza de Riaño y Mampodre (León). Allí los daños del lobo al ganado son escasos, y desde luego mucho menores que los daños causados a los ungulados silvestres, como veremos más adelante. En esta comarca ganadera, existe un grave problema de enfermedades del ganado vacuno, que los ganaderos atribuyen al aumento de ciervos y jabalíes (Exploring traditional husbandry methods to reduce wolf predation on free-ranging cattle in Portugal and Spain), que alcanzan densidades muy elevadas. La caza legal del lobo es muy intensa, con un cupo de 27 ejemplares (temporada de caza 2013-14) en una población de unas trece manadas, lo que representa una extracción media de dos animales por manada. Cuando los cazadores no completan los cupos, esta labor es ejecutada de forma implacable por los celadores de la reserva. A pesar de todo ello, un sondeo realizado por Echegaray (2004) mostró que el 39,1% de los habitantes rurales de la zona creían que el lobo está excesivamente protegido y el 67,4% de los habitantes rurales y el 71,4% de los cazadores rurales entrevistados aprobaban disparar ilegalmente al lobo en los ganchos de jabalí. La situación no parece haber cambiado en los últimos años. En la subasta de caza organizada en Riaño en enero de 2015, el titular del Diario de León dice lo siguiente: "Exigen a la Junta que eleven el cupo de caza de lobos" "Hay más lobos que venados" (Campos, 2015, 28 de enero). Y en el interior se recogen las críticas de los vecinos, que afirman que los lobos es-tán aumentando y están terminando con las especies de caza. Por cierto, quienes piden matar más lobos no aluden a los daños al ganado, que son escasos y apenas preocupan a los ganaderos (Exploring traditional husbandry methods to reduce wolf predation on freeranging cattle in Portugal and Spain), como veremos más abajo. Al menos en este caso, es evidente que la caza del lobo no ha promovido una mejor actitud hacia la especie entre los habitantes locales. La razón puede ser que los elevados cupos de caza se intentan justificar desde la administración con una cierta propaganda antilobo; además, se insiste constantemente en que la especie está aumentando, aireando censos realizados por la propia reserva en los que el número de lobos se estima de forma generosa. La información se disemina en todos los ámbitos, comenzando por los celadores en su trato con los cazadores locales y acabando en los altos niveles de la administración, que la transmiten a los medios de prensa regionales. Esta propaganda continua cala entre los habitantes de la zona, que reaccionan como si se encontraran sitiados por los lobos, aunque ello no tenga un reflejo objetivo en los ataques al ganado ni en los supuestos "daños" a los ungulados cinegéticos. En este caso, no está claro si es la actitud antilobo de los locales lo que promueve su caza intensiva, o son los argumentos oficiales para justificar la caza los que refuerzan los sentimientos antilobo de los habitantes locales. El resultado final es el descrito por Treves y Bruskotter (2014, p. 477): la actitud de los habitantes locales ante los grandes carnívoros no depende tanto de los perjuicios objetivos que estos causan, cuanto de las normas y creencias sociales del grupo; y la legalización oficial de la persecución de los carnívoros puede influir en las intenciones del público para ejercer la caza ilegal. La caza ilegal es uno de las mayores causas de mortalidad entre los lobos, al menos en Europa. Entendemos por caza ilegal o furtivismo la muerte ilegal de lobos, cualquiera que sea la razón por la que se practica y el método usado. El concepto de caza ilegal o furtiva está necesariamente ligado a la regulación de la caza legal, ya que son las dos caras de la misma moneda. En poblaciones protegidas, toda muerte intencionada por el hombre se considera furtivismo. Cuando los lobos se pueden cazar legalmente sin regulaciones -como ocurre en algunas zonas del este de Europa y en gran parte de Asia-, la caza ilegal no existe. Por definición, cuanto más se amplíe el margen de la caza legal, menor es el espacio para el furtivismo. En este sentido, el furtivismo no siempre es el mal mayor; es a418 peor una caza legal abusiva que no considere la conservación de las poblaciones cazadas. Muth y Bowe (1998) consideran diez tipos de razones para realizar caza furtiva en Norteamérica, pero entre ellas predominan la protección de la propiedad (el ganado en el caso del lobo), el uso tradicional de la naturaleza y la rebeldía contra las normas y las autoridades encargadas de la gestión de la naturaleza. En el caso del lobo en Escandinavia, Gangaas, Kaltenborn y Andreassen (2013) encontraron que la población local era más propensa a practicar la caza ilegal en zonas donde los daños al ganado eran más cuantiosos. Es muy difícil ofrecer datos fiables sobre la magnitud de la caza furtiva. El estudio más importante sobre el tema se ha realizado en Suecia, donde la caza ilegal del lobo causa el 51% de su mortalidad, y más de las dos terceras partes del furtivismo son indetectables con los métodos habituales (Liberg et al., 2012). En Castilla y León en la década de los 90, al menos el 50% de los lobos muertos se cazaron fuera de la temporada de caza, y, por tanto, ilegalmente (Llaneza y Blanco, 2002). En la llanura cerealista castellana, en una muestra de diez lobos radiomarcados que murieron por causa conocida, dos fueron cazados legalmente, cuatro muertos ilegalmente (tres a tiros y uno con veneno) y cuatro murieron de forma accidental (tres atropellados y uno atacado por mastines en una finca ganadera) (Blanco y Cortés, 2007). La cuestión de si la caza legal reduce el furtivismo no tiene fácil respuesta. En una revisión bibliográfica sobre la caza de los carnívoros para su conservación, Treves (2009) concluye que el furtivismo no parece reducirse cuando los carnívoros son considerados como especies cinegéticas. En 2016 se ha publicado un estudio que sugiere que la persecución legal del lobo no reduce, sino que aumenta, la caza ilegal (Chapron y Treves, 2016). La guerra en los tribunales que mantienen distintos sectores relacionados con el lobo en el Medio Oeste americano ha hecho que las poblaciones de Wisconsin y Michigan hayan sido desprotegidas y vueltas a proteger varias veces en los últimos años. Los autores del estudio analizaron las tasas de incremento de las poblaciones en los distintos periodos, concluyendo que cuando el lobo era objeto de control legal la caza furtiva aumentaba con respecto a los periodos de protección. En los años de protección estricta, las tasas anuales de crecimiento en Wisconsin y Michigan eran del 16 y el 14% respectivamente. Cuando se permitía el control, las tasas (excluyendo los lobos muertos legalmente) bajaban al 12 y el 10% anual. Los autores creen que, al permitir la muerte legal del lobo, la administración envía a la población un mensaje devaluando el valor de la especie y sugiriendo que la persecución del furtivismo se relajará. La debilidad del estudio reside quizá en que la diferencia entre las tasas de crecimiento en años con y sin protección estricta es tan pequeña que resta solidez a las conclusiones, mucho más si consideramos que las estadísticas relativas a las fluctuaciones de las poblaciones de lobos suelen estar llenas de incertidumbres. En España no tenemos datos sobre este aspecto (sería muy difícil diseñar un estudio para obtenerlos), pero tampoco es obvio que la caza evite el furtivismo, como sugieren datos recogidos en la reserva regional de caza de Riaño. En la propia reserva la caza ilegal es difícil por la presencia de celadores y agentes forestales del Parque Regional de los Picos de Europa, pero en los cotos aledaños la caza ilegal parece ser muy elevada. Por ejemplo, en un coto vecino a la reserva donde se ha hecho un seguimiento detallado de una manada de lobos en la temporada 2013-14 se han matado seis ejemplares a pesar de que el coto tenía un único precinto para cazar legalmente el lobo (Iñaki Reyero, comunicación personal). Como ya se ha dicho, es posible que promover la caza de una especie cree una avidez venatoria que puede estimular la caza furtiva. En cualquier caso, la pregunta de si la caza legal mejora las percepciones y evita o reduce el furtivismo es muy difícil de responder, porque las circunstancias varían en el espacio y en el tiempo, los datos contrastables son escasos y se han recogido solo en unas pocas zonas y la información sobre la caza furtiva es fragmentaria. Aun así, la bibliografía científica y los pocos datos recogidos en España sugieren que este paradigma ampliamente aceptado no siempre se cumple. LA CAZA DEL LOBO Y LOS DAÑOS LA GANADERÍA Y LA AGRICULTURA A DEBATE Los lobos atacan al ganado, y la razón más poderosa para cazarlos es reducir las densidades con el objeto de mitigar los daños. De hecho, los planes de gestión de las comunidades autónomas españolas suelen incluir una zonificación en la que la intensidad de la caza y el control es proporcional a los daños al ganado. Hasta ahora todos aceptábamos -tanto en España como en el resto del mundo-que la caza y el control de los lobos reducían los daños al ganado. Pero recientemente un artículo de Wielgus y Peebles (2014) ha venido a sembrar la duda. Los autores trabajaron con lobos para evaluar dos hipótesis: la de la caza co-a418 rrectiva (remedial hunting), que predice una disminución de los daños al ganado al aumentar la caza de los predadores, y la hipótesis fuente-sumidero (source-sink), que predice que los daños permanecerán estables o aumentarán al incrementarse la extracción de carnívoros (Peebles, Wielgus, Maletzke y Swanson, 2013). Sus resultados apoyan la segunda hipótesis. En concreto, Wielgus y Peebles (2014) evaluaron el efecto de la mortalidad del lobo en la reducción de los daños al ganado en Idaho, Montana y Wyoming en un periodo de 25 años, en el que existen estadísticas detalladas del número de lobos estimados, el número de parejas reproductoras (manadas), el número de lobos cazados, la cantidad total de ganado y el número de cabezas de ganado depredadas por los lobos. En su artículo comprobaron que la cantidad de cabezas depredadas estaba asociada positivamente a la cantidad de ganado existente y al número de manadas de lobos, como era previsible. Sin embargo, también observaron que el número de cabezas depredadas en un año determinado estaba positivamente asociado -y no negativamente, como cabría esperar-al número de lobos matados el año anterior. Es decir que, al aumentar el número de lobos cazados, aumentaban los daños al ganado. Las probabilidades de depredación de ganado aumentaron un 4% para el ganado ovino y un 6,5% para el vacuno por cada lobo adicional matado, hasta que la mortalidad del lobo superó la tasa de crecimiento intrínseco medio del 25%. Por encima de esta cifra, el número de cabezas de ganado depredadas se redujo, pero también disminuyeron el número total de manadas y de lobos en la población. Los autores desconocen la causa de estos resultados, pero creen que el control de los lobos podría crear una inestabilidad social en las manadas o estimular la formación de un mayor número de pequeñas manadas que serían responsables del aumento de los daños. Al parecer, el control de los lobos causa una reducción de las depredaciones en el área de la manada controlada, pero un aumento a amplia escala. Estos resultados son sorprendentes, pero no totalmente novedosos. Previamente se había descrito en Norteamérica un aumento de los daños causados por oso negro (Ursus americanus) tras ser sometidas sus poblaciones a altas mortalidades correctivas (Collins, Wielgus y Koehler, 2002; Treves, Kapp y MacFarland, 2010); además, los mismos autores del reseñado estudio de los lobos comprobaron que la depredación de ganado causado por pumas (Puma concolor) en el estado de Washington se correlacionaba con la mor-talidad que se infringía a estos últimos precisamente con el objeto de reducir los daños al ganado (Peebles et al., 2013). En España, con menor cantidad de datos, Fernández Gil et al. (2016) vio que el número de cabezas de ganado depredadas por los lobos en distintas zonas de Asturias en un año determinado estaba correlacionado con el número de lobos matados ese año y el anterior. Todos estos estudios han sembrado la duda sobre la eficacia de la caza y el control del lobo -tal como se ha efectuado hasta ahora en España-para reducir los daños al ganado. Sin embargo, publicaciones posteriores puntualizan o contradicen estos resultados. Un estudio sobre el efecto del control del lobo en la recurrencia de ataques a las explotaciones ganaderas realizado en la misma población del oeste de los EEUU (Bradley et al., 2015) ha mostrado que, en ciertas condiciones, el control de los lobos tras los ataques al ganado retrasa el que se produzcan nuevos daños, aunque subrayando la enorme complejidad del fenómeno. Esta publicación ha matizado los resultados de Wielgus y Peebles (2014), pero sin contradecirlos. Sin embargo, recientemente Poudyal, Baral y Asah (2016) replicaron el estudio de Wielgus y Peebles (2014) obteniendo resultados opuestos. Los autores del nuevo trabajo aseguran que por cada lobo muerto la depredación de vacas se reduce al año siguiente un 1,9% y la de ovejas un 3,4%; en el mismo año, la muerte de ovejas aumenta un 2,2%, aunque este efecto es efímero. Entretanto, en la guerra del lobo que se libra en todos los países de su área de distribución, cada cual arrima el ascua a su sardina. Mientras que algunos proponen eliminar su caza y su control para evitar el aumento de daños al ganado, otros sugieren incrementar los cupos con el objeto de alcanzar las tasas de mortalidad necesarias para reducir los daños. El aspecto positivo es que estas publicaciones estimularán nuevos estudios que ayudarán a aclarar cuáles son los métodos estadísticos idóneos para investigar estas complejas relaciones, si las conclusiones obtenidas en unas zonas son generalizables a otras y cuáles son los mecanismos biológicos que vinculan el control de los lobos con los daños al ganado. De momento, la rápida sucesión de artículos científicos con resultados contradictorios nos estimula a abordar este tema con mucha prudencia y un punto de escepticismo. La caza del lobo y el control de los ungulados silvestres Otra cuestión de interés es que la caza del lobo podría incrementar de forma indirecta los daños de a418 los ungulados a los cultivos. Aunque resulte sorprendente, el coste económico de los daños producidos por los ungulados silvestres es mucho mayor que el de los lobos. Por ejemplo, en la reserva de caza Sierra de la Culebra (Zamora), en 2013 los daños por fauna cinegética ascendieron a 103.102 euros; hubo 295 expedientes correspondientes a daños de cultivos -sobre todo de ciervo y jabalí-y solo diecisiete expedientes de daños a ganado de lobo (La Opinión de Zamora, (2015, 27 de enero). Y lo mismo podemos decir de las reservas de caza de Riaño y de Mampodre (León). Esta proporción se mantiene en la mayor parte del área de distribución del lobo. Sin embargo, los daños de los ungulados se suelen asumir mejor porque son más "democráticos" -se reparten de forma más homogénea entre los agricultores-y además carecen del componente emocional que acompaña a la muerte violenta del ganado. A igualdad de pérdida económica, es más impactante la presencia de un ternero muerto o herido que un prado levantado por las hozaduras de una piara de jabalíes. Además, entre los daños indirectos de los ungulados se encuentra la transmisión de enfermedades al ganado (Muñoz-Mendoza et al., 2013; Guta et al., 2014), que en la reserva de caza de Riaño representa la primera preocupación de los ganaderos, muy por encima que la causada por los daños del lobo. De veinte ganaderos de la reserva entrevistados en 2014, el 85% estaban preocupados por las enfermedades del ganado, el 20% por la proliferación de ciervos y jabalíes y solo el 5% estaban preocupados por el lobo (Exploring traditional husbandry methods to reduce wolf predation on freeranging cattle in Portugal and Spain). La caza del lobo podría agravar los daños directos e indirectos de los ungulados silvestres. Los lobos se han recuperado en España desde principios de los 70 hasta la actualidad. De hecho, en el Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos de España, el lobo está considerado como especie casi amenazada (Blanco et al., 2007), es decir, la categoría anterior a vulnerable. Aunque la gestión del lobo varía en las distintas comunidades autónomas, en casi todas las que están al norte del Duero hay alguna forma de caza o control de las poblaciones, lo que no ha impedido a los lobos mantenerse o aumentar en las últimas décadas. Esto indica que la caza y el control del lobo no son incompatibles con su conservación, pero tampoco son estrictamente necesarios, como lo prueba la recuperación de las otras poblaciones de Europa occidental (Chapron et al., 2014) en países que han optado por su protección. No hay una única fórmula "correcta" para gestionar a los lobos y la elección de un método u otro depende en ocasiones de las preferencias personales de los políticos y gestores. Desde un punto de vista biológico, la gestión del lobo ha sido un éxito clamoroso, tanto en España como en otros países europeos. Pero no podemos decir lo mismo desde una perspectiva social. El conflicto en torno al manejo del lobo no cesa: los ganaderos se sienten permanentemente descontentos, aunque se aumenten las subvenciones y las indemnizaciones, y los animalistas y ecologistas se manifiestan por las calles de Madrid para pedir el fin de las campañas de exterminio del lobo, a pesar de que en su expansión este se encuentra ya a pocas decenas de kilómetros de la ciudad (Alonso, Laso y Martín, 2012). Como han señalado Licht, Millspaugh, Kunkel, Kochanny y Peterson (2010), la gestión del lobo va mucho más allá de la biología y de la ciencia. El lobo desata pasiones e inspira símbolos distintos para diferentes personas. Recuperar y gestionar el animal es factible. El reto es gestionar los símbolos. Esta es la publicación número 15 del Iberian Wolf Research Team (IWRT). El texto de este artículo ha cristalizado tras años de trabajo de campo con Yolanda Cortés y de discusiones y debates con muchos colegas, entre los que quiero destacar a los miembros de la Large Carnivore Initiative for Europe (LCIE). Javier Talegón, Iñaki Reyero y algunos guardas y celadores han aportado datos esenciales sobre las reservas de caza de la Sierra de la Culebra y de Riaño. Mi agradecimiento a Yolanda Cortés, Erundino Alonso y Francisco García, que han revisado distintas versiones del manuscrito. Y, por supuesto, a Jorge Cassinello, cuya tozuda perseverancia ha desmantelado todas mis excusas y trucos para evadirme, y ha conseguido que me resultara menos difícil escribir este artículo que seguir negándome a hacerlo.
La sociología de la ciencia ha mostrado la importancia de los procesos de institucionalización y profesionalización en la configuración de la ciencia. Los trabajos de Robert K. Merton acerca del nacimiento de la ciencia moderna abordaron la institucionalización de la ciencia mostrando, entre otras cuestiones, el sistema de normas que caracterizan el ethos científico. Éste no sólo supone la existencia de los valores destacados por Merton -comunitarismo, universalismo, desinterés y escepticismo organizado-sino también contravalores como el secretismo, el particularismo, el interés o el dogmatismo. Sociólogos de la ciencia posteriores han analizado los procesos de profesionalización destacando la importancia que tiene que los valores que guían la institucionalización y profesionalización de la ciencia se adecuen a los valores y percepciones sociales. La institucionalización y profesionalización de la ciencia y el tipo de valores presentes en ambos procesos, así como en la misma práctica científica, son recursos fundamentales para el análisis de la situación de las mujeres en el sistema de ciencia y tecnología en los países occidentales. Este tipo de análisis ha sido llevado a cabo por los estudios de ciencia, tecnología y género o estudios feministas de la ciencia, en cuyo seno se desarrollan análisis sociológicos, históricos y epistemológicos de la ciencia y la tecnología. Los interrogantes a los que los análisis sociológicos pretenden dar respuesta son básicamente: en qué medida las mujeres están presentes en la ciencia y la tecnología, qué lugares y qué puestos alcanzan en las instituciones científicas, en qué grado las científicas logran prestigio o reconocimiento en su ejercicio de la ciencia y la tecnología o en qué medida las condiciones de profesionalización y de promoción son iguales para mujeres y hombres. Las respuestas que se den a estos interrogantes son esenciales para aclarar si las mujeres están teniendo un acceso IGUALDAD Y EQUIDAD EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN IBEROAMÉRICA a la ciencia y la tecnología y un ejercicio profesional normalizado en unas sociedades que se manifiestan formalmente igualitarias y no discriminadoras por razones de sexo. El primer paso en el intento de ofrecer una respuesta a las cuestiones planteadas ha consistido en establecer cuáles son los datos en los contextos de educación, institucionalización y profesionalización de la ciencia y la tecnología. Es decir, elaborar un diagnóstico de la situación de las mujeres en el sistema de ciencia y tecnología. El segundo, ha supuesto analizar y explicar la situación diagnosticada. Por tanto, en primer lugar se han elaborado y se siguen elaborando estudios estadísticos que nos informan del número de mujeres que estudian carreras científicas y tecnológicas, del número de mujeres que ejercen como profesionales en estos campos, de los lugares que ocupan en la profesión y de su promoción, tanto académica como profesional. Estos estudios se vienen llevando a cabo desde hace varias décadas en los países europeos y de Norteamérica. En España este tipo de estudios han aparecido algo más tardíamente, de hecho desde hace un par de décadas, pero están permitiendo elaborar diagnósticos bastante precisos sobre la situación de las mujeres en el sistema de ciencia y tecnología de nuestro país 1. Los datos básicamente muestran que las mujeres en España se han ido incorporando de forma masiva a las carreras de ciencias experimentales llegando a constituir desde hace dos décadas más del 50 % de las personas que estudian ciencias en nuestras universidades. La distribución de este porcentaje es, sin embargo, desigual, ya que existe una amplia presencia de mujeres en ciencias biológicas y de la salud pero son muchas menos en titulaciones como la de Física. En el ámbito de las carreras de ingenierías las mujeres siguen siendo minoritarias, pues no logran pasar del 30 % que alcanzaron en el curso 2000-2001. Por otro lado, los datos muestran que las mujeres van desapareciendo a lo largo de la carrera académica. Es decir, son menos las que se doctoran, menos las que obtienen becas predoctorales y menos las que obtienen becas posdoctorales y pueden dedicarse en exclusiva a la investigación. Éstas son también las tendencias que encontramos en los países europeos. Si prestamos atención a un ámbito como es el de la enseñanza universitaria que, en principio, tendría que ser uno de los más favorables a la incorporación en pie de igualdad de científicas e ingenieras, la situación es bastante peor de lo que cabría esperar. Las profesoras contratadas y titulares son muy escasas en física, bastante escasas en matemáticas, menos del 50 % en biología y escasísimas en ingenierías. Si miramos las catedráticas basta con señalar que en general en la universidad española son el 13 %, pero la proporción es mucho más baja en ciencias experimentales y son casi inexistentes en las carreras de ingeniería. La situación de las mujeres desde que comienzan sus estudios hasta que ejercen como profesionales queda expresada en la famosa figura de la tijera que muestra cómo van desapareciendo en la medida en que ascendemos a los grados más altos de las carreras y de las profesiones. Además, los datos muestran que las mujeres no pueden traspasar las proporciones señaladas, es decir, que los números han variado muy poco durante dos décadas. Este hecho sociológico se ha sintetizado en la fórmula generalizable a todos los ámbitos de la vida profesional: las mujeres tienen mucho potencial formativo y poco ejecutivo. Lo que significa que en esta situación están actuando causas que nada tienen que ver con la formación de las mujeres ni con su excelencia académica. Limitándonos al sector público en el que se han llevado a cabo la mayoría de los estudios, y que además es bastante más favorable a la incorporación de las mujeres como profesionales de la ciencia y las ingenierías que el privado, los datos muestran que: a) la proporción de científicas e ingenieras no se corresponde con la proporción de licenciadas o doctoras en las diferentes especialidades, es decir, es menor de lo que cabría esperar; b) tienden a estar en los puestos más bajos de la profesión; c) su promoción es más dificultosa que la de sus compañeros masculinos. La situación en el sector privado es francamente descorazonadora. Apenas hay datos con respecto a la participación de las mujeres en la investigación que se desarrolla en la industria y en el sector privado. En el popularmente conocido Informe ETAN aparecían datos de algunos laboratorios de investigación privados. A la vista de la escasez, por no decir ausencia, de datos, La Unión Europea promovió un estudio al respecto, que se publicó en 2003 bajo el título Women in Industrial Research: A wake up call for European Industry (WIR). En dicho informe se presentan EULALIA PÉREZ SEDEÑO Y AMPARO GÓMEZ datos de la situación de las mujeres en la investigación industrial, donde las mujeres sólo constituyen el 15 % de los investigadores (en España el porcentaje es del 19,3 %). WIR también presenta un estudio cualitativo que identifica y describe buenas prácticas para promover la participación de las mujeres y mejorar sus carreras en el sector privado. En WIR se subraya que las mujeres están infrarrepresentadas en la investigación industrial dentro de la Unión Europea, aunque la misma situación se da en otros países de la OCDE como Estados Unidos, Japón, Australia, Canadá o Nueva Zelanda, a la vez que es más probable que las científicas e ingenieras logren empleos como técnicas o simples trabajadoras, en vez de aquellos empleos para los que están preparadas. El estudio señala que hay múltiples factores que inciden en el hecho de que haya pocas mujeres en la investigación industrial. En primer lugar, hay barreras en la entrada, a la hora de reclutarlas (por ejemplo, prácticas de empleo sesgadas), falta de autoconfianza por parte de las mujeres, carencia de información sobre las carreras en ciencia y tecnología, falta de oportunidades para desarrollar la carrera y de modelos de referencia, así como la existencia de brecha salarial y de estereotipos de género. En la investigación científica hay muchísimos prejuicios contra las mujeres, pues se considera que la ciencia es una actividad esencialmente masculina (históricamente), a la vez que las características de la ciencia se definen como características masculinas (activo, racional, objetivo y lógico, frente a lo pasivo, emocional, subjetivo e intuitivo). El diagnóstico establecido no es nada halagüeño (aunque en algunos países de nuestro entorno es aún peor). De ahí que los estudios estén tratando de establecer las causas que provocan esta situación. La explicaciones se sitúan en diversos territorios, básicamente en tres: los sesgos de género que siguen operando en la educación científico-tecnológica, los factores estructurales que siguen actuando en las instituciones científicas en la propia práctica de la ciencia y la tecnología y en su profesionalización, y en el papel de la ideología, los valores y la valoración social de las mujeres en relación a un espacio fuertemente masculinizado como es el de la ciencia y la tecnología. Las explicaciones que se están ofreciendo básicamente muestran la existencia de mecanismos sutiles y poco visi-bles a través de los cuales la discriminación se mantiene de forma persistente cuando desaparecen las barreras formales. Esto ocurre en el contexto de la formación científica y tecnológica en la que se siguen sosteniendo creencias, manteniendo valores y expectativas sobre las estudiantes (e incluso ellas mismas también las mantienen) que se reflejan en las carreras que eligen y en su promoción académica. Contravalores como el particularismo y el dogmatismo estarían operando en este contexto. En el ámbito profesional se han señalado dos formas de discriminación persistente: la territorial (se relega a las mujeres a ciertas zonas de la tarea científica marcadas por el sexo: computar datos, clasificar, catalogar) y la jerárquica (se las mantiene en niveles inferiores sea cual sea su cualificación con enormes dificultades de promoción). Por otro lado, los estudios muestran la existencia de formas de discriminación relacionadas con el hecho de que los estamentos de los que depende el contrato y la promoción profesional, además del prestigio y el reconocimiento, siguen siendo fuertemente masculinos y tienden a perpetuarse bajo esa forma, dificultando la promoción de las mujeres o excluyéndolas de los niveles más altos de la profesión. Los estereotipos de lo masculino y lo femenino, los usos sociales establecidos, las pautas de conducta, tienden, de forma sistemática, a reproducir patrones y modelos conductuales masculinos, que son los dominantes. Dichos modelos y patrones están institucionalizados y determinan el modo en que las mujeres quedan excluidas de los niveles más altos. Se muestra la importancia del hecho de que las organizaciones formales incluyen lo que se conoce como organizaciones informales que constituyen redes de influencia a las que las mujeres no acceden, de las que no forman parte, pero que son las que realmente distribuyen los puestos y tareas de responsabilidad y prestigio (los famosos colegios invisibles de las universidades e instituciones científicas, por ejemplo). Esto repercute negativamente sobre las posibilidades de acceso y promoción de las mujeres. Se han realizado estudios, que han tenido mucho impacto, en los que se ha visto que en la evaluación por pares hay importantes sesgos de género. Las mujeres con igual o mejor curriculum que sus homólogos masculinos son bastante peor evaluadas. El primer estudio fue el de Wen-IGUALDAD Y EQUIDAD EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN IBEROAMÉRICA neräs y Wold en 1997 en Suecia 2, uno de los países más igualitarios del planeta. Se comprobó que las candidatas a una ayuda posdoctoral tuvieron que tener 2,6 veces más el número de publicaciones de los varones para que les fuera concedida tal ayuda. Lo que significa que las convocatorias públicas son desiguales en lo que respecta al género, las mujeres pierden puntos sin causa obvia. No digamos ya en las pertenecientes al mundo privado de la empresa en las que se ha señalado que las mujeres tienen una escasa presencia en los comités de selección. Además, se resalta la importancia del hecho de que las tareas de la reproducción y el cuidado siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres, con lo que su tiempo, disponibilidad y prioridades es diferente a la de los varones. Los roles sexuales siguen operando en cada generación, aun cuando las mujeres estudien y sean profesionales. Su percepción por el entorno profesional y su situación en él viene marcada por este hecho. A pesar de que muchas científicas e ingenieras consideran como primordial integrar su vida familiar y su trabajo, lo cierto es que a menudo encuentran enormes trabas para combinarlas porque se les exige mucha inversión personal y temporal. En el caso de la ciencia, el problema de la conciliación es especialmente complicado, pues muchas de estas mujeres tienen como compañeros varones con carreras semejantes a las suyas, por lo que ambas partes de la pareja se ven afectadas por las exigencias de su trabajo (y la sociedad todavía demanda a las mujeres más atención a la vida familiar que a los hombres). Además, las ingenieras y científicas se sienten preocupadas por el desarrollo de sus carreras (la promoción, el reconocimiento y el aumento salarial), la enseñanza, el nivel de responsabilidad y confianza, por tener un entorno laboral hospitalario común, disposiciones laborales flexibles, seguridad laboral y mentores adecuados. Las mujeres compiten con otros, con un medio masculinizado y con su forma de vida; la tarea es triple. Los estudios que presentamos a continuación se ocupan del tipo de cuestiones que hemos expuesto. Por un lado, hay una serie de trabajos que abordan cuantitativamente la situación de las mujeres en distintos aspectos de los Sistemas de Ciencia y Tecnología de diversos países iberoamericanos. Tales estudios son sumamente interesantes, no sólo per se, sino además, porque en algunos de estos países el diagnóstico de la situación de las mujeres en el sistema ciencia-tecnología está dando sus primeros pasos, por tanto los trabajos que presentamos ofrecen una importante información. Y, en aquellos países en los que estos estudios tienen una trayectoria más larga, se profundiza en sectores específicos de la ciencia y la tecnología. Otros trabajos abordan la situación mediante el uso de técnicas cualitativas, que tan buenos frutos han dado en la investigación social en general y en la de género en particular. En conjunto todos ellos nos ofrecen la oportunidad de acercarnos a la situación de las mujeres en ciencia y tecnología de un amplio conjunto de países iberoamericanos y en diversas parcelas disciplinares. Eso puede permitir hacer comparaciones entre estos países y establecer si hay tendencias semejantes entre ellos y si coinciden con las encontradas en otros países europeos. Si esto fuera así nos encontraríamos con que, a pesar de las considerables diferencias sociales, económicas, educacionales o políticas entre países tan diversos, estas diferencias no se reflejarían en la situación de las mujeres en el sistema de ciencia y tecnología. Dicho de otro modo, la exclusión, discriminación y relegación de las mujeres en este terreno trascendería el desarrollo económico, político o social de los países. El primero de los artículos, Mujer y ciencia: Políticas de igualdad y excelencia académica, está escrito por Miguel Ángel Quintanilla Fisac, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Salamanca. Muestra perfectamente por qué son importantes las políticas de igualdad y cómo, al contrario de lo que algunas personas suponen, las políticas afirmativas o positivas no son contrarias a la excelencia académica, sino todo lo contrario. Hemos elegido este artículo para comenzar este volumen especial de Arbor, por lo significativo que es el hecho de que esté escrito por la persona sobre la cual recaen las más altas competencias referentes a las Universidades y la Investigación en España (tras la ministra de Educación y Ciencia), dado que Miguel Ángel Quintanilla es desde principios del año 2006 Secretario de Estado de Universidades e Investigación. Olga Bustos, en Los retos de la equidad de género en la educación superior en México y la inserción de mujeres en el mercado laboral, analiza y discute los cambios en la inserción acelerada de las mujeres mexicanas en la educación superior. El paso del 17 % al 50 % de mujeres en este campo, en treinta años, ha supuesto una serie de EULALIA PÉREZ SEDEÑO Y AMPARO GÓMEZ implicaciones sociales, familiares y económicas que exige políticas públicas orientadas a la equidad de género, de modo que estas mujeres logren plena inserción en el mercado laboral. El artículo Género, ciencia, ¿paridad es equidad?, de Lourdes Fernández Rius, examina la situación de las académicas cubanas, partiendo de las transformaciones socioculturales que han posibilitado su acceso a las instituciones científicas. Las cuestiones sobre el reconocimiento, la autoridad, el desempeño académico o la conciliación entre la vida profesional y la personal (que en la mayoría de los casos para las mujeres es vida familiar) aparecen a la hora de analizar con detalle los obstáculos que persisten hoy en día para su pleno desarrollo profesional y personal. El artículo de Ana Franchi, Jorge Atrio, Diana Mafia y Silvia Kochen, titulado Inserción de las mujeres en el sector científico-tecnológico en la Argentina (1984Argentina ( -2006)), da cuenta de las desigualdades persistentes en el desarrollo de la carrera científica de las mujeres en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) una institución que agrupa a la mayoría de las/los investigadoras/es en Argentina. El estudio realizado confirma la tendencia dominante en el sector de ciencia y tecnología en Iberoamérica: las mujeres aparecen en ciertas disciplinas científicas, son mayoría en los niveles más bajos y minoría en los más altos. Patricia Tovar, en La mujer colombiana en la ciencia y la tecnología ¿Se está cerrando la brecha?, presenta evidencia cuantitativa y cualitativa sobre las desigualdades de género en el acceso a la educación superior y al sistema de ciencia y tecnología en Colombia. Los datos etnográficos que presenta el trabajo, relacionados con las trayectorias personales, entrenamiento, desarrollo laboral, y los asuntos relacionados con la familia y cómo éstos las afectan, permiten identificar los principales obstáculos que estas mujeres encuentran en su trabajo científico. Con el artículo de María Victoria Canino y Hebe Vessuri, nos adentramos en otro tipo de trabajos en los que se analizan disciplinas, profesiones o universidades concretas, en los que se especifican y encarnan problemas y cuestiones ya suscitadas. Las autoras nos adentran en los entresijos de una institución concreta, la Universidad Central de Venezuela. Durante mucho tiempo la única institución que proporcionaba formación académica y profesional, hoy en día sigue siendo la más importante del país, aunque comparta esas funciones con otras instituciones públicas y privadas. La Universidad en Femenino. Un cuadro de luces y sombras en la UCV analiza la participación de las mujeres en la vida universitaria y en los procesos de formación doctoral, así como en el sistema de investigación de esta institución líder. Neide Mayumi Osada y Maria Conceição da Costa, en Fazendo gênero na Biologia Brasileira: Obstáculos e preconceitos na produção do conhecimento do Projeto Genoma FAPESP, analizan la participación de las mujeres en la producción de conocimiento del Proyecto Genoma financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo, una de las más importantes en este terreno, y que ha invertido en el proyecto unos treinta y tres millones de euros entre 1997 y 2003. Ello ha provocado una gran eclosión investigadora en el país, logrando un prestigio que, una vez más, excluye a las mujeres. El siguiente trabajo aborda una disciplina y profesión muy diferente. El texto de Victoria Fernández, Edurne Larraza, Montse Maritxalar y Txelo Ruiz, Una aproximación a la situación de la mujer en los estudios universitarios de informática, analiza el paulatino descenso del número de alumnas en estudios de informática en la Universidad del País Vasco. Presenta datos sobre la situación de las estudiantes y compara la presencia de doctorandas y profesoras en esta universidad y en el conjunto del Estado, así como la inserción laboral de las ingenieras informáticas buscando sesgos de género. El artículo de Marilia Gomes de Carvalho y de Josimeire de Lima Sobreira, Gênero nos cursos de engenharia de uma universidade tecnológica brasileira, aborda el estudio de las relaciones de género entre chicos y chicas y las expectativas profesionales de los/las estudiantes de las carreras de ingeniería de la Universidad Tecnológica do Paraná-Campus de Curitiba. Las conclusiones de este estudio muestran que hay discriminación entre los estudiantes ya que tienden a no reconocer la competencia para estos estudios de sus compañeras (por otro lado minoritarias). Por otro lado, las chicas reconocen que han de estudiar mucho más que ellos y obtener mejores notas para tener alguna oportunidad en un mercado laboral, en el que reconocen que tendrán menos oportunidades que sus compañeros varones. IGUALDAD Y EQUIDAD EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN IBEROAMÉRICA El trabajo de Verónica Sanz, Mujeres e ingeniería informática: el caso de la facultad de informática de la UPM, combina el enfoque cuantitativo y el cualitativo aplicado a la facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid. Tras analizar los datos de la presencia de mujeres en dicho centro, analiza la percepción que las mujeres tienen de su situación en su propia facultad y departamento, mediante entrevistas en profundidad: ahí surgen sus problemas en la promoción académica y en la compaginación de la vida profesional y personal. Gloria Bonder, en Juventud, Género & TIC: Imaginarios en la construcción de la Sociedad de la Información en América Latina, considera que la condición para que los jóvenes latinoamericanos acepten las Tecnologías de la Información y la Comunicación y les asignen sentido social y subjetivo se basa en los imaginarios sociales que sostienen la difusión de estas tecnologías. Partiendo de una investigación aplicada sobre programas de alfabetización digital para jóvenes analiza las prácticas y discursos que animan de manera vehemente para que la juventud excluida se incorpore a estas tecnologías y cómo se desarrolla con respecto al género. El artículo de Amparo Gómez, Antonio Canales, Inmaculada Perdomo, Margarita Santana, Carolina Martínez y Rosana García, Sesgos en la ciencia y su transmisión: la educación científico-tecnológica, aborda una temática diferente, pero íntimamente relacionada con las anteriores, a saber, la existencia de sesgos de género en la educación científico-tecnológica. Mediante un estudio empírico realizado en la Universidad de La Laguna e institutos de enseñanza secundaria de la isla de Tenerife, pretende establecer si las afirmaciones sobre las capacidades cognitivas, destrezas, actitudes y comportamientos de las mujeres que se formulan en ciertas disciplinas científicas se transmite en la enseñanza de la ciencia y la tecnología, perpetuando los sesgos de género en las nuevas generaciones de científicos/as y tecnólogos/as. Finalmente, Eulalia Pérez Sedeño, Isabel Sánchez Balmaseda, Silvia García Dauder y María José Miranda Suárez abordan en Percepción de la ciencia y la tecnología en la adolescencia madrileña, otro tema diferente, pero de suma importancia a la hora de abordar muchas de las cuestiones tratadas en los trabajos anteriores. Basándose en un trabajo de campo realizado en el año 2005, analizan la percepción que los y las estudiantes de 12 a 18 años tienen de la ciencia, de la tecnología y de sus profesionales. También se indaga en las expectativas vocacionales y profesionales con respecto a estas mismas áreas. Es posible que la percepción que poseen sirva para explicar y poner remedio al alarmante descenso de alumnado en las opciones científico-tecnológicas. Como se puede ver, se ha reunido aquí un conjunto variado y amplio de análisis que abarca países, instituciones, disciplinas y enfoques muy diferentes. La situación en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, España, México o Venezuela se afronta desde diversos ángulos, metodologías y perspectivas. Disciplinas como la biología o las ingenierías se someten a un escrutinio más estrecho. Universidades o Academias también se abordan en ellos. Los enfoques, cuantitativo o cualitativo, a veces aparecen solos, a veces combinados. Pero, como se verá, en todos ellos está presente la preocupación por la presencia de las mujeres en los sistemas de I+D o educativos, los motivos de su posible exclusión y las estrategias para aumentar su presencia y lograr así una plena equidad en ciencia y tecnología en nuestros países.
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. Me encantan los azores. Son impulsivos, fuertes, ágiles... Estar en el campo cazando en compenetración con un azor es una experiencia extraordinaria. La emoción de esos momentos compensa los sacrificios que requiere mantenerlos sanos. Los ejemplares que más me han marcado fueron Zalaú, el azor con el que me licencié como cetrero y Fragua, la hembra de azor con la que tanto he disfrutado cazando conejos. muchas veces no cazan delicatessen, como sucede con las urracas. ¿Qué le diría a quienes son críticos con la cetrería? Les diría que antes de emitir juicio alguno hay que diferenciar lo que es cetrería y lo que no. Tener un ave de presa no es cetrería, lo es a partir del momento en que la razón para tener al ave en casa es cazar animales que viven libres en su medio natural. Quedan fuera por tanto las exhibiciones de vuelo o los mercados medievales, por poner dos ejemplos. Personalmente no estoy en contra de estas disciplinas. Lo que no comparto es que se considere cetrero a quien se limita a manejar aves de presa con las que no caza. Actualmente, debido a la facilidad para conseguir halcones en cualquier centro de cría y a la dificultad de contar con un coto próximo a casa, se está estableciendo una modalidad intermedia. Me refiero al entrenamiento de halcones mediante la suelta de palomas. Esta modalidad hace halcones fuertes, redondos, con gran fe en la persecución... pero no están cazando. Por muy difícil que resulte la captura (en ocasiones ni se llega al 5%) no es caza. Los falsos mitos acostumbran a venir precedidos de prejuicios y desconocimiento. A la cetrería le rodean unos cuantos. Desde creer que las aves cazan cuanto ven, a pensar que las rapaces exóticas pueden ser invasoras o que las aves que manejamos proceden del medio natural. Las aves de presa fallan más de lo que aciertan, su tasa reproductora es baja y, por lo tanto, controlable, y por último la oferta de aves de cetrería criada en centros de reproducción doméstica supera con creces la demanda del mercado y, gracias a las pruebas de ADN, es fácil comprobar la procedencia de las aves. Los casos aislados fuera de la ley son denunciados por el propio colectivo cetrero. El interés en la cetrería está en las emociones y valores que alimenta su práctica. Para convencer de su interés basta constatar que este arte se mantiene desde hace miles de años en culturas de los cinco continentes. ¿Dónde y cuándo apareció esta disciplina? La cetrería nace espontáneamente porque el halcón silvestre busca al hombre. Sabe que al sobrevolar su territorio de caza las potenciales presas encuentran refugio permaneciendo en el suelo. Busca entonces un aliado que se las levante, aunque sea involuntariamente. El doctor Javier Ceballos Aranda en la portada de Fuera de Serie, suplemento dominical de El Mundo con tirada superior a 400.000 ejemplares, 18 de enero de 2015 Autor de la fotografía: Álvaro Felgueroso. He leído que los cetreros ni se comen la pieza, ni la venden. Entonces ¿qué hacen con las piezas? La presa es para el ave. Lo que sobra se suele guardar en el congelador para que el ave se alimente una vez termina la temporada de caza. Son raras las ocasiones en las que la presa acaba en el plato, además a420 Cualquier transitar humano facilitó la caza al halcón. El encuentro con el hombre, aparentemente fortuito, se ha acabado sellando en una alianza que se ha mantenido a través de los siglos. Hay pruebas de su práctica en Asia Central hace más de 4.000 años. Desde entonces ha sido transmitida de generación en generación. En España se practica desde tiempo de los visigodos (aproximadamente 1.500 años). La cetrería ¿está más cerca de la ecología o de la caza? El caso de la cetrería es el de una caza ecológica. Es un ejemplo estupendo del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Además de ser silenciosa y no dejar residuos ni animales heridos, es tremendamente selectiva. Es fácil de entender: las presas han evolucionado durante generaciones para aprobar el examen de la supervivencia, por lo que modelan a los depredadores y les hacen mantenerse en forma. Si el conejo que perseguimos despliega bien sus recursos de huida, se mantiene vivo. Dicho en otras palabras, las aves rapaces, al igual que el resto de los seres vivos, buscan obtener el resultado con el mínimo esfuerzo posible. Saben seleccionar la presa más mermada en facultades para intentar capturarla. El doctor Javier Ceballos mantiene viva la saga Ceballos entregada a las Ciencias Naturales (cuarta generación). En la imagen con la doctora Josefina Barreiro consultando en el museo la colección de aves insectívoras de su padre, el doctor Pedro Ceballos (cuatro mil ejemplares) Autor de la fotografía: Luis Castelo. a420 ¿Qué opina de la legislación que se aplica en España? Hay temas que debieran ser legislados de forma coherente y global. La cetrería es uno de ellos. No tiene sentido contar con diecisiete regulaciones diferentes de la cetrería en función de la Comunidad Autónoma donde nos encontremos. Menos aún constatar agravios comparativos sin sentido entre unas y otras regiones. Las iniciativas que se están tomando desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD [URL]. html) me parecen un buen punto de partida para iniciar esta armonización de normativas relativas a la cetrería. La cetrería ¿no puede suponer un riesgo para la introducción de especies invasoras? La cetrería no representa peligro para que se produzca una potencial invasión de especies alóctonas. Este es uno de los falsos mitos. Los cetreros volamos un ave por lance. De escaparse o perderse, hablamos de una sola ave. Lo primero que hace el cetrero al perder contacto visual con su ave es buscarla. No olvidemos que se trata de nuestro compañero de caza, a quien queremos más allá del valor económico que pueda representar. En otras palabas, agotaremos todos nuestros recursos hasta localizarla. Además, a las aves alóctonas las volamos con sistemas de radiolocalización. Si aun así el ave se pierde, no veo la gravedad del problema porque es difícil que un ave de cetrería sobreviva sola y, si lo hiciera, no se puede reproducir. Durante el medievo ya se volaban cientos de aves alóctonas con mucho menos control que ahora y no parece que exista mucha invasión de rapaces exóticas. Imaginemos que aun así lo consigue. Incluso que hace nido. Para entonces ya tendríamos un sinfín de avistamientos publicados en las redes sociales y en foros de ornitólogos. En el caso de las rapaces la tasa reproductora es baja, y además quedan los pollos muchos días en el nido. Si tan grave es que prosperara la nidada, hay semanas para decidir si procede sacrificar a los pollos, llevarlos a un zoológico, o incluso subastarlos para sacar un beneficio para el correspondiente ayuntamiento. Aplicar términos como "invasión de especies alóctonas" en el caso de las aves rapaces confunde a la opinión pública y alimenta demagogias sin sentido. ¿Cómo se controla el traslado y la reproducción de especies? ¿Es compatible el respeto por el animal con la organización de certámenes como los de belleza? El traslado y la reproducción de especies está regulado por la administración. Todas las aves autóctonas han de estar registradas en CITES 1. Los centros de cría han de estar registrados como núcleo zoológico. Han de pasar las correspondientes inspecciones de la administración. En cuanto a los certámenes de belleza de halcones son algo singular. Llamativo, pero poco extendido. Se llevan a cabo en países árabes como Qatar. Los criterios seguidos por el jurado están regidos por el buen estado de salud del ave, por lo que son plenamente compatibles con el respeto del animal. No hay problemas de anorexia, como ocurre con las pasarelas de modelos humanos. Las rapaces han pasado de verse como alimañas a considerarse aves de prestigio. ¿En qué situación se encuentran hoy las aves y la cetrería en España? En España, durante el siglo XIX, las aves de presa estaban mal vistas. No había entonces cetreros que las protegieran. Ya en el siglo XX, desde 1902 hasta 1971, la ley española no solo autorizaba, sino que premiaba su persecución y muerte. En 1953 la Dirección General de Montes, Caza y Pesca Fluvial, del Ministerio de Agricultura, crea las Juntas Provinciales de Exterminio de Animales Dañinos. Más de 20.000 rapaces fueron sacrificadas y su muerte recompensada con fondos públicos. En los años cincuenta, de la mano del profesor José Antonio Valverde, Félix Rodríguez de la Fuente descubrió la cetrería. Félix entendió el papel que desempeñan las rapaces en la naturaleza al sanear las poblaciones silvestres de sus presas y lideró la cruzada para proteger a las aves de presa. Argumentó las razones para protegerlas. Una vez se habían recuperado las poblaciones silvestres de las aves rapaces empleadas en cetrería, apareció el ICONA prohibiéndola (Real Decreto 1095/1989). La razón no podía ser más absurda: la incluía entre los métodos de caza masivos y no selectivos. Exactamente lo contrario de lo que en realidad es. Afortunadamente la administración central se había vuelto a equivocar por pretender legislar sobre algo, la caza, que ya tenía sus competencias transferidas a las comunidades autónomas. Actualmente la cetrería no solo está autorizada en toda España, sino que constituye el primer Patrimonio Cultural Inmaterial reconocido por la UNESCO en todas sus comunidades autónomas. Las aves empleadas en cetrería proceden de la reproducción doméstica. Sus congéneres silvestres mantienen poblaciones saludables. Otras rapaces como el águila perdicera, el águila imperial, el buitre negro, el quebrantahuesos... tienen una situación que a420 puede preocupar más. Los menos afines a la cetrería van constatando que quien más depreda a los halcones peregrinos es el búho real, y que los cetreros llevan varios lustros autoabasteciéndose con la producción de pollos del colectivo de criadores. Hoy la cetrería está bien vista en todo el mundo y la sociedad le empieza a reconocer su innegable aportación a la ciencia, a la cultura y a la conservación de las aves de presa. Además de en España y en los Emiratos Árabes ¿en qué otros países es una actividad relevante? Es el Patrimonio Cultural Inmaterial más internacional en la historia de la UNESCO. En 2010 así se reconoció en España, Emiratos Árabes, República de Corea, Mongolia, República Checa, Bélgica, Francia, Marruecos, Qatar, Siria y Arabia Saudita. En 2016 Portugal, Italia, Alemania, Kazajistán y Paquistán. En un futuro próximo Eslovaquia, Holanda... Se practica en más de setenta países. Cuando un halconero se retira a descansar, tras una jornada de caza, en las antípodas amanecen los sueños de otro cetrero. Poéticamente podríamos decir que desde hace miles de años un halcón de cetrería se mantiene en el aire, recordándonos que, a pesar de las barreras y diferencias que nos marcamos los humanos, es mucho más fuerte lo que nos une que lo que nos separa. Igual que la caza ¿la cetrería es un mundo de hombres? Las aves cetreras no entienden de diferencias humanas. Nada importan a sus ojos nuestra religión, cultura, estado civil, nacionalidad o situación financiera. Se fijan en nuestro manejo y en nuestra colaboración para cazar. Rey o mendigo, noble o villano, todo cetrero, hinca la rodilla en el suelo para recoger a su ave. Tampoco entienden de diferencias de género. De hecho, en España, aunque sean pocas en número, contamos con buenas cetreras. En el ámbito internacional hay países, como los árabes, donde no hay mujeres cetreras, pero eso no tiene nada que ver con su capacidad para volar un halcón. ¿Cómo pueden ayudar las aves, y más concretamente la cetrería, a concienciar sobre la importancia de cuidar el medio ambiente? De una forma mucho más efectiva que con otros recursos, porque la cetrería nos hace cambiar el pun-to de observación. Pensar y ver a través de nuestras aves. Descubrir la dimensión vertical. Entender el ciclo vital por integrarnos en él como un elemento activo. El conocimiento que aporta la cetrería sirve para concienciar a los demás sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. En realidad, todo cazador conoce extraordinariamente bien el campo. Temporada tras temporada despierta sus sentidos y su inteligencia para entender mejor cuanto sucede y cuanto ve en la naturaleza. Como ya escribía el profesor José Antonio Valverde en 1985, "se me dirá por qué siendo un conservacionista hago una apología de la caza cetrera, y adelantándome al comentario, diré que porque soy un conservador realista [...] en el cetrero hay que ver no a un enemigo, sino a un aliado". ¿Qué espera de su labor como divulgador?, ¿hasta qué punto está unida a su labor como cetrero? El conocimiento de nada sirve si no se comparte. Es de las pocas cosas que uno puede entregar y no perder. Espero cultivar mis dotes de comunicador y poner este don al servicio de cuantos estén interesados en los temas que pueda conocer mejor y también captar la atención de la ciudadanía para despertar su curiosidad. Trabajar con niños es muy reconfortante. Resulta mucho más difícil que trabajar con adultos y, por tanto, alcanzando el éxito, la satisfacción es mayor. Los niños tienen una gran curiosidad, pero necesitan experimentar para mantener su atención. Llevo veintiséis años organizando talleres y campamentos de verano para niños. El próximo verano coordino el Campamento ADAJA por 49a vez [URL]. Profesionalmente es uno de los trabajos de los que me siento más orgulloso. Para el futuro sí considero que habrá reemplazo generacional. Usted siempre ha tenido un entorno favorable para dedicarse a su pasión, pero ¿cómo puede llegar uno a dedicarse a la cetrería si no cuenta con un entorno así? Mi entorno era favorable pero nunca lo tuve fácil. Cuando empecé me iba a la Casa de Campo en bicicleta con mi cernícalo, porque ni tenía edad para conducir. Al volver a estar activo, ya con cuatro hijos, durante cuatro años he tenido que hacer treinta km. diarios solo para ir a dar de comer a mi azor, porque no vivía conmigo... y ya no digamos para ir también a cazar. Afortunadamente ahora estoy mejor organizado. En cualquier caso, no todo el mundo puede hacerse cetrero, porque es una disciplina elitista. No hablo de que sea necesario ser aristócrata para practicarla. La selección natural para llegar a ser cetrero viene determinada, en gran medida, por uno de los mayores tesoros que puede tener el hombre moderno: la disponibilidad regular de tiempo libre. Personalmente ¿qué le ha aportado o quitado la cetrería? Esta cuestión ya me la plantearon hace tiempo y vuelvo a contestar con las mismas palabras. La cetrería me ha aportado mucho, tanto en el ámbito profesional como en el personal. Me ha permitido recorrer mundo conociendo cetreros de las más variadas culturas. Ha sido mi escuela para fotografiar aves en vuelo y ha desarrollado mi vocación investigadora, siendo el tema de la mayoría de mis publicaciones. Además, me ha adentrado en el mundo de los documentales y me ha permitido acceder a reuniones internacionales y a encuentros con el gobierno al más alto nivel. En un ámbito más personal me ha educado en la cultura del esfuerzo. Mucha dedicación y sacrificios para conseguir resultados habitualmente intangibles, como pueden ser un buen lance o un detalle del ave. Las visitas guiadas por el comisario de la exposición permitieron resolver muchas dudas sobre la práctica de la cetrería Autora de la fotografía: Gema Solís. http://arbor.revistas.csic.es Entrevista con el doctor Javier Ceballos, cetrero 8 a420 Figura 7. El salón de actos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en una imagen insólita, repleto de familias venidas de toda España para la ceremonia de entrega de premios del concurso nacional escolar La cetrería española vista por los niños, organizado por Ceballos Autor de las fotografías: Pablo Montiel. a420 Figura 8. Talleres de cetrería con el doctor Ceballos en los jardines del museo. Enorme éxito de convocatoria, llamado a prolongarse en el tiempo Figura 9. El doctor Javier Ceballos impulsó el 3 de octubre 2014 la primera ofrenda de los cetreros a su santo patrón, Francisco de Borja, organizada en la iglesia de los Jesuitas de Serrano, en Madrid, parroquia donde descansan sus restos. Se repite anualmente cada 3 de octubre Fotografía: Julieta Ceballos. Me permite disfrutar aún más de la maravilla de la creación. Tener a mi azor a diario en el puño me descubre cómo Dios ha hecho también perfectas a las aves. Siento que pienso a través de su pequeño cerebro cómo he de desarrollar el lance. Veo a través de sus ojos y vuelo entre sus plumas. Este último comentario considero que es común entre los cetreros, puesto que al hablar decimos "vamos a volar" en vez de "el pájaro va a volar". En cuanto a lo que haya podido quitarme la cetrería supongo que tiempo para otras cosas. Pero al final la satisfacción llega al saber hacer lo que tienes que hacer en cada momento y hacerlo bien. Por último, ¿qué le recomendaría a alguien que quisiera ser cetrero? Animo a quien quiera hacerse con un ave de cetrería a que antes se lo piense tres veces. Primero pensando en el ave, después en uno mismo, y en tercer lugar en el entorno que va a verse afectado (familia, trabajo, casa, vacaciones...). La cetrería hace que adaptemos nuestra vida al servicio de las aves. Una iniciativa sensata es acompañar durante una temporada a un cetrero en activo para conocer de cerca las implicaciones de hacer de la cetrería un estilo de vida. Contaremos entonces con mayor criterio y, por tanto, con mayor libertad para tomar la decisión. Recomiendo también la lectura de Manual básico y ético de cetrería, disponible gratuitamente en Internet (en español y en inglés) y en formato de libro. Por supuesto, también apuntarse a los talleres que desarrollo periódicamente en Avium. Escuela de Cetrería www.avium.es. 1 Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora.
El objetivo de este artículo es presentar los principales resultados de una investigación realizada a los turistas que participaron en la Fiesta de los Patios en 2014, desagregado por género. La investigación demuestra la presencia mayoritaria de turistas con estudios universitarios, con una edad superior a los 50 años y con un nivel de renta medio. En las últimas décadas, especialmente desde finales de los años ochenta del siglo XX, se han producido una serie de cambios sociales y económicos, entre los que destacan la liberación del comercio internacional, las mejoras y progresos en las tecnologías y las comunicaciones a nivel mundial, y la imposición, cada día más patente, de una globalización de carácter claramente mercantilista. Todos estos cambios están produciendo una serie de transformaciones en las sociedades hacia una mayor uniformidad en general y, específicamente, en sus formas de expresión social y festiva (Desantes Real, 2013). En el siglo XIX el folklore surge como una forma de afrontar la nueva situación económica y social derivada del cambio producido de manera general por la Revolución Industrial, que modificó todos los valores culturales predominantes hasta la fecha (Velasco Maillo, 1990). En el mismo sentido, en la actualidad la preocupación por el patrimonio inmaterial es entendida como una reacción similar, pero en este caso ante las condiciones de vida generalizadas por el proceso de globalización. Ante la supuesta homogeneización cultural que conlleva la misma, se impone la necesidad de reivindicar lo propio y construir patrimonios culturales que nos diferencien (Gómez Pellón, 2002). En este sentido la salvaguardia de los valores culturales diferenciadores se ha convertido en una necesidad para el mantenimiento de aquellas tradiciones que nos han conformado como pueblos distintos, ricos en costumbres y expresiones populares, concretadas en el patrimonio material e inmaterial que les confiere permanencia en el tiempo, superando la máxima del individualismo en las sociedades avanzadas y volviendo a dar valor a lo comunitario. Con esta idea, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), en la reunión realizada en París en el año 2001, intentó establecer una definición provisional del Patrimonio Cultural Inmaterial (UNESCO, 2001), entendiendo que lo inmaterial nos acerca a la noción de identidad, comprendiendo dentro de este nuevo concepto (Castelli González, 2006) los procesos aprendidos por los pueblos junto con el saber, las destrezas y la creatividad que los definen y son creadoas por ellos, los productos que elaboran, y los recursos, espacios y otros aspectos del contexto social y natural necesarios para su sostenibilidad. Estas expresiones culturales mantienen su valor mientras permanecen vivas en las comunidades que las fueron generando. Podemos señalar, por tanto, que se ha producido un cambio de paradigma en la comunidad internacional, que desde hace poco tiempo está preocupada por el rescate de lo que podemos considerar inmaterial, dado el contenido que tiene de nuestro propio pasado, y cuya necesidad de conservación y salvaguardia está al mismo nivel que los bienes materiales de interés cultural (Quiros Vicente y Casas Pérez, 2011; Quintero Rivera, 2002). En todo caso, no debemos ver el patrimonio intangible únicamente como un recurso al que salvaguardar por el interés económico que tiene en el mismo, sino que su significación más importante es sobresalir como factor de identidad y sociabilidad, dado su gran simbolismo y potestad de creación identitaria (Olivera, 2011), otorgando por tanto a dicho valor un importante privilegio de salvaguardia. En este sentido, la preocupación por la sostenibilidad del patrimonio nos determina como sociedades de futuro, al tiempo conservadora de sus requisitos tradicionales y abierta a los cambios derivados de la contemporaneidad (Plasencia Martín, 2007). Sin embargo, la realidad económica que nos rodea hace necesario también el uso de variables de segmentación de los visitantes, por su potencial utilización en la adopción de políticas públicas y privadas encaminadas a la mejora de la satisfacción de estos, siendo imprescindible para ello la identificación de los perfiles de los visitantes actuales y, por ende, de los potenciales (Fernández-Huerga, 2010; Sánchez Sánchez y Fernández Puente, 2014; Wedel y Kamakura, 2000; Kotler, Armstrong, Saunders y Wong, 1999). Así en experiencias comparadas dentro de otros ámbitos como, por ejemplo, en el turismo del vino se han realizado multitud de estudios para determinar los perfiles sociodemográficos de los turistas, siendo estudiados factores como la edad, la ocupación, los niveles educativos, los ingresos o la renta disponible para así poder adaptar mejor la oferta a quienes buscan esta tipología de visitantes (entre otros, Tassiopoulos, Nuntsu y Haydam, 2004; Bruwer, 2004; Jolley, 2002; Howley y Van Westering, 2000; Dodd y Gustafson, 1997). El objetivo fundamental que persigue el presente artículo es, de manera general, mejorar el conocimiento sobre el patrimonio inmaterial de la humanidad y, específicamente, de la Fiesta de los Patios de Córdoba y, dentro de este análisis, conocer el perfil sociodemográfico de los visitantes de la Fiesta, determinando, del mismo modo, la influencia que tiene el género de estos en las diferentes facetas que han sido objeto de estudio en esta investigación. Con estos avances también se pretende aportar a las entidades públicas y privadas que intervienen en la promoción, a421 organización y desarrollo de la Fiesta de los Patios de una serie de parámetros que les permitan la mejora de la percepción que los visitantes actuales tienen de ella (a través de la orientación clara de sus políticas y actuaciones). A efectos de dar una mayor claridad expositiva, la estructura del presente artículo comienza, tras esta introducción, con una revisión teórica que fundamenta el concepto objeto de estudio, continuando con una breve descripción del área geográfica donde se ha desarrollado el trabajo de campo, la metodología empleada y los resultados derivados de la investigación, que persiguen el avance del conocimiento científico en la materia. Para finalizar se presentan las conclusiones más destacadas, la principal limitación de la investigación, el planteamiento de las futuras líneas de investigación que se consideran más adecuadas y las referencias bibliográficas utilizadas. REVISIÓN DE LA BIBLIOGRAFÍA a. El concepto de patrimonio cultural, como cualquier construcción social, es dinámico y refleja el avance que producen los cambios sociales, políticos y económicos de las sociedades que lo producen o definen (Carrera Díaz y Delgado Méndez, 2012). Existen muchas manifestaciones del patrimonio cultural que no tienen apariencia física, y este patrimonio cultural "especial" viene integrado por "conocimientos tradicionales" y por "expresiones culturales tradicionales y populares" directamente atribuibles a "comunidades" de muy diversa índole que pueden tener su origen en consideraciones derivadas del indigenismo, de la etnia, de la ruralidad, de la localidad o simplemente del hecho de compartir determinados valores culturales o sociales. Como no tienen entidad física, suelen denominarse "patrimonio inmaterial" (Desantes Real, 2013). En cualquier caso, la mayoría de las expresiones culturales inmateriales tienen reflejo en el mundo material, es decir, en cierto modo, lo material y lo inmaterial son inseparables (Ruggles y Silverman, 2009). Pero cuando hablamos de patrimonio inmaterial nos podemos estar refiriendo a multitud de expresiones populares. Olivera (2011) concretó esta tipología de patrimonio ciñéndolo a las actividades y saberes que se manifiestan, principalmente, en fiestas populares; rituales, creencias y mitos; manifestaciones escénicas y espectáculos tradicionales; conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo (medicina y farmacopea tradicional, cosmologías); tradiciones culinarias y fiestas gastronómicas; habilidades artesanas y tesoros humanos vivos; formas de expresión musical, canto y danzas populares; manifestaciones lúdicas y deportes tradicionales; lenguas, tradiciones y expresiones orales, epopeyas heroicas y leyendas; usos y costumbres sociales; espacios culturales con alta presencia inmaterial; hitos de la memoria colectiva (lugares de encuentro); especiales formas de adaptación al medio natural; espacios imaginarios y de inspiración de obras pictóricas, musicales o literarias; etc. Durante las últimas décadas, gracias a la expansión realizada por el constructo "patrimonio" (Santamarina Campos, 2013; Ariño Villarroya, 2002), hemos asistido al reconocimiento global y globalizado de otros patrimonios potenciales que, hasta este momento, eran o bien no reconocidos como tales o bien minusvalorados como patrimonios "menores". Del mismo modo, se está produciendo un cambio de enfoque dentro del campo de las Ciencias Sociales mostrando un interés especial por los procesos en detrimento de los objetos, lo que ha llevado al nacimiento de una nueva definición de patrimonio como la entidad compuesta por expresiones que se manifiestan de manera compleja y diversa a través de las costumbres sociales (Sánchez Carretero, 2005; Bouchenaki, 2004). Esta nueva perspectiva precisó de la identificación de las costumbres y de los sistemas de creencias para hacer que el enfoque patrimonial fuera aplicable a los aspectos tanto materiales como inmateriales (Mariano, 2011). Desde este nuevo enfoque, el patrimonio cultural inmaterial se revaloriza como fuente de diversidad, identidad, creatividad, y, además, como práctica y conocimiento de quienes lo portan (Bouchenaki, 2004; Kirshenblatt-Gimblet, 2004). En este contexto, se entiende al patrimonio como construcción social (Hernando Gonzalo, 2009; Mantecón, 1998), sustentado en la propia riqueza de la sociedad que lo conforma. Así el patrimonio cultural se ha ido conformando como un ámbito interdisciplinar que se acerca a las realidades socioculturales y los colectivos que, de una u otra forma, le dan vida (Delgado Méndez, 2008). En cualquier caso, existen numerosos autores (entre otros, Villaseñor Alonso y Zolla Márquez, 2012; Giménez, 2007) que señalan que hablar de un patrimonio material en contraposición con un patrimonio inmaterial representa una dicotomía conceptual innecesaria, ya que se está refiriendo a dos caras de una misma "moneda". Del mismo modo, desde los años ochenta del pasado siglo, el patrimonio inmaterial ha sido objeto de un intenso proceso de institucionalización y construcción jurídica (Cejudo, 2014; Di Giovine, 2009; Bouchenaki y Kurin, 1989). No obstante, antes de su aparición ya se utilizaban las categorías "riquezas ar-tísticas" o "tesoros artísticos" para referirse al legado espiritual de una nación o a su patrimonio económico (Boude Figueredo y Luna, 2013). Actualmente nos resulta bastante normalizada la noción de patrimonio inmaterial, pero su conceptualización como la conocemos hoy en día es relativamente reciente. En las últimas décadas del siglo pasado, se realizaron muchos intentos por parte de la UNESCO por buscar un concepto fijo y uniforme de lo que podría comprender el patrimonio inmaterial, pero no es hasta el año 2002 en la Reunión Internacional de Expertos de la UNESCO en Río de Janeiro donde se recalcó la relevancia de adoptar un concepto flexible de salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial (Villaseñor Alonso y Zolla Márquez, 2012). En esta reunión se enfatizó que los miembros de las comunidades practicantes son quienes deben decidir sobre las prácticas culturales que deberán ser salvaguardadas, así como sobre las formas en que estas deben ser protegidas. Asimismo, se expresó la inquietud de que personas externas se apropiaran de los recursos culturales y surgió la preocupación sobre la autoridad en la proclamación del patrimonio cultural inmaterial (Arizpe, 2009). Partiendo de estos fundamentos, la convención del 17 de octubre de 2003 en París, bajo el auspicio de la UNESCO, para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, concluye que: Se entiende por patrimonio cultural inmaterial --los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes-que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana (UNESCO, 2003). De la definición anterior es posible sacar algunas notas definitorias del patrimonio inmaterial como es su carácter intangible, transformable, adaptable y dinámico; está en constante construcción, evoluciona o involuciona, y necesita ser recreado constantemente para preservarse (Boude Figueredo y Luna, 2013). No obstante, la amplitud de manifestaciones culturales que tienen cabida bajo esta definición es de tal magnitud que ha provocado, como señalan Ruggles y Silver-man ( 2009), que cualquier publicación sobre patrimonio inmaterial tenga que dedicar un amplio espacio a la cuestión de la delimitación del concepto. En este sentido, según López López (2011, p.1.895), hay "tres aspectos que, en la práctica, siempre están presentes en la transformación patrimonial de determinadas manifestaciones culturales: su vinculación con la idea de tradición, su aparente carácter desconflictualizado y su capacidad para expresar cierto tipo de valores colectivos caracterizados de una forma más o menos abstracta" (p. La Fiesta como parte del concepto inmaterial de cultura El conocimiento de la cultura por parte de los grupos regionales es un buen reflejo de cómo el saber tradicional garantiza la conservación del patrimonio tanto material como inmaterial. Esta diversidad nos ayuda a entender no sólo nuestra cultura sino otras, de manera que la herencia que nos lega la ciencia de la conservación contribuye al fortalecimiento de las identidades locales y regionales (Aguilar Solves, 2014). Por ello, es importante tener presente que los motivos para la Fiesta no los suministra la historia que revive, sino la propia representación de la misma en la actualidad. En este sentido, el estudio de las fiestas y su relación con los procesos de identificación colectiva ha sido una de las temáticas más recurrentes de los estudios científicos de las últimas décadas tanto en España como en Andalucía (Brisset, 1992). Pero, como advierte Prat i Carós (1999), a menudo encontramos que las nociones de folklore, cultura popular y patrimonio cultural hacen referencia a unos mismos objetos de estudio (García-Olivares, 1997). Y uno de esos referentes, uno de esos objetos, ha sido la Fiesta. Partiendo de esta visión, y siguiendo el estudio realizado por López López y Ruiz Ruiz (2013), podríamos señalar que la Fiesta de los Patios de Córdoba tiene un importante carácter patrimonial, al cumplir con las tres dimensiones que estos autores (en su estudio sobre la Fiesta de los Mosqueteros del Santísimo Sacramento de Béznar en Granada) consideran necesarias en este ámbito: 1) raigambre histórica de la celebración y sus implicaciones en la memoria colectiva, 2) centralidad del fenómeno dentro de los procesos de identificación local, y 3) diversas formas de sociabilidad que propicia el contexto festivo. A efectos de determinar la posible existencia de los puntos anteriores en la Fiesta de los Patios de Córdoba, debemos señalar que la propia esencia de ésta se enclava en la conceptualización de celebración con a421 raigambre histórica. En este sentido, el origen de esta tipología de casa en Córdoba se asienta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX para dar respuesta a las necesidades de alojamiento que precisaban las personas que se trasladaban a la ciudad desde entornos rurales (véase Aspectos culturales, sociales, festivos, económicos y de vida cotidiana asociados al patio tradicional cordobés). Por su parte, la significación de la celebración en la llegada de la primavera con todo su carácter de alegría (flores, macetas, etc.) y la apertura al vecindario de los patios, da un valor patrimonial de identificación local muy importante a la celebración en sí, ya que es en los patios donde los vecinos, junto con sus familias y amigos, se reúnen y convierten a estos en lugares de esparcimiento y de celebración colectiva. Y finalmente, en el aspecto de la sociabilidad y formas de participación, la propia UNESCO señala que la Fiesta de los Patios de Córdoba promueve la función del patio como lugar de encuentro intercultural entre las personas, y fomenta un modo de vida colectivo sostenible, basado en el establecimiento de vínculos sólidos y de redes de solidaridad e intercambios entre vecinos, estimulando al mismo tiempo la adquisición de conocimientos y el respecto por la naturaleza. Relación del turismo con el patrimonio inmaterial El turismo tiene una relación directa con el disfrute de los activos del patrimonio inmaterial en el marco de las experiencias del turismo cultural. Podemos considerar al turismo cultural como aquel cuya motivación es conocer, comprender y disfrutar de elementos y rasgos distintivos, espirituales, materiales e intelectuales, que caracteriza a una comunidad o grupo social concreto. Dentro del turismo actual, aquel que tiene su fundamento en la cultura, se ha convertido en uno de los fenómenos más importantes y diversos de nuestro tiempo, abierto a un continuo proceso de innovación, mejora y creación de nuevos productos en respuesta a las nuevas demandas de experiencias turísticas diversificadas (Brunet y Alarcón, 2008) y, sin duda, a la evolución del conocimiento en materia de gestión cultural (véase Turismo y patrimonio cultural inmaterial). En este sentido, los intereses del sector turístico deben reconocer los conceptos, ideales y prácticas inherentes a la gestión del patrimonio cultural, pero, de manera recíproca, aquellos que gestionan los patrimonios culturales deben entender qué es y cómo funciona el turismo. De esta manera, el ámbito turístico y el patrimonial cultural podrán asociarse buscando la simbiosis en sus intercambios. En cualquier caso, la relación entre patrimonio y turismo, aunque parezca algo muy cercano en el tiem-po y perteneciente, principalmente, al siglo XXI, no es tan actual, ya que desde finales del siglo pasado, el patrimonio cultural ha sido atractivo para el turismo (Troncoso y Almirón, 2005, Alonso González y Macías Vázquez, 2014). Pero es innegable que en los últimos años se ha acrecentado de manera destacada dicha relación, más quizás por su valor económico que cultural (Leijonhufvud, 2011; Quintana y Stagno, 2009). Así los agentes turísticos y las autoridades (locales, regionales, nacionales e internacionales) muestran cada vez mayor interés en concebir productos turísticos asociados con el patrimonio cultural inmaterial que, a su vez, contribuyan a su salvaguardia, reforzando la diversidad cultural de los destinos, enriqueciendo su oferta turística. En todo caso, los activos patrimoniales no tienen un carácter eminentemente comercial, sino que son de dominio público, por lo que la gestión, promoción y salvaguardia están entre las competencias básicas de las diferentes administraciones públicas (Cuasapás Ponce, 2013). Este crecimiento del turismo vinculado al patrimonio está relacionado, por tanto, con la aparición de una nueva tipología de turista, aquel que está preocupado por acercarse y conocer la naturaleza y las culturas, que busca consumir nuevos productos turísticos diferentes a los habituales (Troncoso y Almirón, 2005). Es la tercera ciudad por tamaño y población de la región de Andalucía, contando con una extensión municipal de 1.245 km 2. Su casco histórico (Judería) fue declarado Patrimonio Material de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Diez años antes, en 1984, lo había sido la Mezquita-Catedral de Córdoba. La Fiesta de los Patios se celebra durante el mes de mayo en Córdoba. En dicha festividad, los vecinos de las casas típicas, cuya arquitectura bebe directamente de la fisonomía de las viviendas romanas, y que luego adaptaron los árabes, y que pasan todo el año cuidando de las plantas, abren sus casas a los visitantes para que puedan visitarlas y, sobre todo, participar en la Fiesta de los Patios. Esos días, los inquilinos ofrecen su hospitalidad a los foráneos y a la propia comunidad local. Esta tipología de casas se va adaptando a la situación socioeconómica de la ciudad de Córdoba y a los usos sociales imperantes en cada época histórica (véase Aspectos culturales, sociales, festivos, económicos y de vida cotidiana asociados al patio tradicional cordobés). El año 2013 fue el primero en el que la Fiesta de los Patios de Córdoba se celebró ya con la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, lo cual supuso un fuerte incremento en el número de visitantes. Así, los ingresos estimados en el citado año 2013 y derivados de la Fiesta de los Patios, también aumentaronó por encima del 50%, superando los 6 millones de euros (véase Estudio sobre la repercusión económica en la ciudad de Córdoba de la Fiesta de los Patios en mayo de 2013). Hemos de resaltar que la entrada a los patios por parte de los visitantes es totalmente gratuita y que el número de patios abiertos al público en la edición de 2014 fue de 65, agrupados en seis itinerarios que se distribuían por diferentes zonas de la ciudad. Para llevar a cabo la investigación se realizó un trabajo de campo entre los días 5 y 18 de mayo de 2014, coincidiendo con las fechas de celebración de la Fiesta de los Patios en Córdoba, con el que se perseguía conocer, entre otras cuestiones, el perfil sociodemográfico de los visitantes y, específicamente, determinar la influencia que el género podría tener en los distintos ítems consultados. El cuestionario, desde donde se obtuvieron los resultados que serán objeto de análisis y que se presentan en el apartado siguiente, fueron cumplimentados por los turistas que cumplían dos condiciones de manera simultánea: primera, que se encontrasen visitando cualquiera de los patios definidos dentro de los itinerarios oficiales; y, segunda, que hubiesen visitado, al menos, dos patios. El cuestionario se basa en trabajos previos, sobre temáticas y situaciones similares (Lourenço-Gomes, Costa Pinto y Rebelo, 2014; Chen y Chen 2010; Nicholas y Thapa, 2010). El mismo día que comenzó la Fiesta de los Patios se realizó un pre-test de 30 cuestionarios para detectar posibles desviaciones y errores, aplicando a la versión definitiva las mejoras detectadas en el mismo. En el cuestionario se establecían ítems que mezclaban preguntas sobre la valoración de la opinión del visitante (mediante una escala de Likert de cinco puntos), respuestas sí/no, y cuestiones tanto cerradas como abiertas. En la cumplimentación de los cuestionarios, que eran totalmente anónimos, estaban presentes los encuestadores para resolver las dudas que pudieran surgir. Los cuestionarios se distribuyeron en cuatro idiomas (español, inglés, francés y alemán). En el trabajo de campo desarrollado se realizaron 992 encuestas, de las cuales 960 fueron válidas. El número total de personas que visitaron los Patios en 2013, según fuentes del Ayuntamiento de Córdoba, fue de unas 80.000 personas, de las cuales aproximadamente un 52% eran turistas. Por tanto, hemos considerado como población objetivo 41.600 personas. Con esta población objetivo, el error muestral de la investigación fue del +/-3,13%. El índice de fiabilidad según el Alfa de Cronbach fue de 0,782, lo cual da sustento de validez al trabajo de campo (Nunnally y Bernstein, 1994). En la tabla 1 se presenta la ficha técnica de la investigación realizada en la Fiesta de los Patios de Córdoba en 2014. Del mismo modo, se realizó una estratificación de los turistas por países y, en concreto en España, por regiones, siguiendo el patrón porcentual definido en la Encuesta de Ocupación Hotelera correspondiente a mayo de 2012 (último dato disponible de carácter mensual en el momento de la realización del trabajo de campo) en la ciudad de Córdoba (Instituto Nacional de Estadística, 2014b) y de acuerdo cona los datos del Observatorio Turístico de Córdoba. Con los datos extraídos de las citadas fuentes, podemos determinar que el 53,52 % de los turistas alojados en los establecimientos hoteleros de la ciudad de Córdoba en mayo de 2012 fueron españoles, y, el restante, 46,48%, extranjeros. En la tabla 2 se presentan los porcentajes por comunidades autónomas procedentes a partir de los datos del Observatorio Turístico de Córdoba de 2012, y el número de cuestionarios realizados (y su porcentaje) en esta investigación. En la tabla 3 se presentan los datos porcentuales por países extranjeros según la Encuesta de Ocupación Hotelera (Instituto Nacional de Estadística, 2014b) y los cuestionarios y porcentajes correspondientes alcanzados en el trabajo de campo. Una vez definidos los porcentajes de turistas que se iban a encuestar de acuerdo con su nacionalidad o región de procedencia, se utilizó un muestreo de conveniencia, comúnmente utilizado por la doctrina científica en este tipo de investigaciones, donde los encuestados están disponibles para ser preguntados en un espacio y tiempo determinado (Finn, Walton y Elliot-White, 2000). Como se puede apreciar en las tablas 2 y 3, la similitud entre los datos porcentuales estratificados de las diferentes fuentes estadísticas oficiales (Observatorio Turístico de Córdoba. Informe 2013 y Encuesta de Ocupación Hotelera, respectivamente) y la distribución porcentual conseguida en el trabajo de campo son prácticamente idénticas, por lo que también con este dato podemos determinar la fiabilidad de la investigación de campo realizada. Fuente: elaboración propia a partir de Instituto Nacional de Estadística (2014). blas de contingencia obtenemos la frecuencia y el porcentaje de casos que presentan las dos características de forma conjunta. Para conocer si entre las dos variables hay o no dependencia hemos realizado la prueba Chi-cuadrado. Se comprueba también si las proporciones de columna son o no diferentes. La comparación de medias entre dos grupos se ha realizado mediante el test de t-Student bajo el supuesto de normalidad comprobada con el test de Kolmogorov-Smirnov. El análisis estadístico se realizó con el programa SPSS 21.0 para Windows. Las diferencias consideradas estadísticamente significativas son aquellas cuya p<0.05. RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN Y DISCUSIÓN Uno de los objetivos de esta investigación es determinar el perfil sociodemográficos de los visitantes a la Fiesta de los Patios de Córdoba, diferenciado por género. Así, en la tabla 4 se presentan los principales resultados, diferenciados por género, en relación con la edad, nivel educativo, país de procedencia y renta mensual de los turistas que han visitado el citado patrimonio. Como se puede apreciar de la tabla 4, la primera cuestión que hay quea destacar es que del total de encuestados, el 46,5% eran hombres y el 53,5% restante mujeres. Por tanto, existe un pequeño desequilibrio pero que permite aseverar una casi paridad entre los encuestados. En líneas generales se pueden extraer algunas conclusiones interesantes, para algunas de las variables independientes analizadas: a) Edad: el 50,8% de los visitantes varones tiene más de 50 años y, en cambio, las mujeres con el citado rango de edad, se quedan en el 43,8%. Además, en el caso de las mujeres, casi otro 40% (concretamente el 39,4%) tiene menos de 40 años. Por tanto, la primera conclusión que podríamos sacar de estos datos es la necesidad de fomentar la promoción, especialmente en el caso de los hombres, en el segmento de edad inferior a 39 años, ya que también de esta forma se podrían tener un relevo generacional con el paso del tiempo en los propios visitantes. En las mujeres este relevo parece estar más asegurado. De acuerdo con la tabla 5 anterior, observamos que los aspectos que motivaron la visita a Córdoba y que presentan diferencias significativas entre hombres y mujeres fueron: "Fiesta de los Patios", "Visitar amigos y familiares" y "Por motivos laborales", siendo las mujeres las que presentan mayor motivación en estos aspectos que los hombres (p<0.05). Por su parte, en los aspectos descriptivos, vemos que en ambos sexos el principal atractivo turístico que motivó la visita a Córdoba, en el periodo de la realización de la investigación, fue conocer el patrimonio material de la ciudad (fundamentalmente, y como se ha señalado anteriormente, el casco histórico y/o la Mezquita-Catedral), pero le sigue en importancia, para las mujeres, como motivación la visita a la Fiesta de los Patios (4,16 puntos), cuando para los hombres se sitúa en la tercera posición en motivación (3,81 puntos). Siguiendo con el análisis desagregado, en el lado contrario en ambos sexos, el menor valor motivacional lo tienen las cuestiones relacionadas con el trabajo, siendo algo mayor en las mujeres (1,54 puntos) que en los hombres (1,36 puntos). En todo caso resulta significativo que el conocimiento de los diferentes museos de la ciudad reciba una calificación baja en la motivación para visitar la misma, por parte de los turistas encuestados tanto hombres (2,88) como mujeres (2,84). Esta cuestión debería ser objeto de respuesta por las autoridades locales competentes desarrollando, por ejemplo, el concepto denominado ecomuseo (Gilabert González, 2015), que se trata de una institución basada en la idea de conservar y presentar in situ los elementos patrimoniales de un territorio y donde la comunidad local es una activa participante en el proyecto de musealización. Respecto a la valoración específica de las principales variables determinantes de la Fiesta de los Patios (tabla 6), las mujeres valoran en mayor medida los aspectos "Compra de souvenirs", "Ambiente de los patios", "Comodidad de la visita" y la "Distancia entre los patios en mayor medida " que los hombres (p<0.05). En todo caso, de las diferentes medias dimanadas de la tabla 6, debemos destacar que el aspecto más valorado por ambos grupos es la conservación de los patios (algo que es determinante de la calidad en la percepción de la visita), seguido por parte de los hombres por la integración en el entorno, y en el caso de las mujeres por el ambiente en los patios. Es necesario destacar también que una cuestión que siempre ha sido un aspecto de amplia polémica en la Fiesta de Patios, como es la espera en la visita, no es valorada negativamente por los encuestados; de hecho, los hombres le dan un valor de 3,46 puntos y las mujeres A continuación, se presentan en la tabla 7 los diferentes niveles de satisfacción en general con la Fiesta de los Patios, segmentándolos también entre hombres y mujeres. El 88.4% de los hombres afirman estar satisfechos o muy satisfechos con la visita a los patios frente a un 92.5% de las mujeres, con lo que podemos afirmar que el porcentaje de mujeres satisfechas o muy satisfechas con la visita es mayor que el de hombres. En el resto de niveles de satisfacción no existen diferencias significativas. También resalta la diversidad cultural de los extranjeros que visitan este patrimonio inmaterial, destacando en el trabajo de campo, la obtención de 39 diferentes nacionalidades. La asistencia de las entidades implicadas en la organización de la Fiesta de los Patios, a eventos y ferias internacionales especializadas, determinaría también una buena medida para su desarrollo turístico. En cuanto a la motivación principal para la visita a la ciudad, quizás por su mayor experiencia turística, destacan la visita al patrimonio cultural material que posee la ciudad de Córdoba, como esson el casco histórico (Judería) y la Mezquita-Catedral. En este sentido, la convergencia del Patrimonio Material e Inmaterial de la Humanidad que posee la ciudad de Córdoba, haría necesario el desarrollo de estudios relacionados tanto con las ciencias de la conservación del patrimonio como con el desarrollo de programas de prácticas específicos en el ámbito universitario de Córdoba. La principal limitación para la investigación se encuentra en la dificultad de la obtención de datos estadísticos oficiales diferenciados de la Fiesta de los Patios y de los otros eventos festivos que tiene la ciudad en el mismo mes, y, en general, de la visita a la propia ciudad. Como futuras líneas de investigación se propone la realización de un análisis para profundizar en la relación y sinergias que pudieran existir entre el patrimonio material e inmaterial de la ciudad, buscando con ello conocer las posibilidades de asociación promocional de ambos y la forma en que la declaración de la UNESCO ha influido en su mayor conocimiento global y, simultáneamente, si esta cuestión hace que deba aumentarse la protección sobre los mismos. Adicionalmente, en las próximas ediciones de la Fiesta se recomienda realizar investigaciones de carácter cualitativo tanto entre los turistas como entre los visitantes de la propia comunidad local. Países Encuesta de Ocupación Hotelera Encuestas realizadas (N = 456)
Este artículo pretende realizar un estudio sobre la posible aparición de un nuevo tipo de ciudadanía: la ciudadanía global. Buena parte de la bibliografía de ciencias sociales lleva tiempo anunciando el debilitamiento del estado-nación y de la ciudadanía nacional como resultado del proceso de globalización. La consecuencia sería el aumento del cosmopolitismo y la emergencia de una identidad ciudadana global. Esta sería, en principio, especialmente acusada entre los colectivos más globalizados. En el artículo se analizarán dos: los mochileros y los expatriados corporativos. Sin embargo, se intentará mostrar que cuando se utiliza la evidencia empírica disponible existen rasgos contradictorios. Tanto los mochileros como los expatriados corporativos comparten una retórica cosmopolita que no tiene un correlato tan claro en la esfera de las prácticas. La idea moderna de ciudadanía supone un vínculo político y jurídico entre un estado y los miembros del mismo. En cuanto tales, los individuos son poseedores de derechos -cívicos, políticos o sociales (Marshall y Bottomore, 1998)-y deberes -tributarios, electorales o, entre otros, militares-. En consecuencia, la ciudadanía supone la inclusión de ciertos individuos en una comunidad política y, de modo paralelo, la exclusión de otros. También es, y de una forma crucial, una forma de identidad sociopolítica, ya que implica vínculos sentimentales y de lealtad por parte del ciudadano respecto del estado al cual pertenece (Heater, 2007, p. Sería posible, por tanto, definir el concepto como "un estatus político y jurídico relacionado con un estado que integra a las personas afectadas, al mismo tiempo que las dota de una identidad política, en un contexto sociocultural y en un determinado territorio y que desarrolla sujetos políticos activos y participativos" (González García y Chacón-López, 2014, p. La ciudanía implica tanto una dimensión formal como sustantiva, es decir, es tanto un estatus como una práctica ciudadana (Díaz Velázquez, 2009). Tradicionalmente se consideraba que la ciudadanía se vinculaba con el estado-nación 1, lo que denominaremos ciudadanía nacional. Sin duda, el concepto de ciudanía nacional surgió y se desarrolló junto al estado moderno. Los estados democráticos han tendido a constituirse en torno a naciones y la idea de ciudadanía ha estado ligada al principio nacional (Sánchez-Cuenca, 2010, cap. 2; Sánchez-Cuenca, 2016, pp. 124 y ss.). Reinhard Bendix (1974) mantenía que durante la Edad Media no todos los individuos tenían la capacidad de relacionarse directamente con el estado. La creación del estado moderno supuso la extensión de esa capacidad a los individuos adultos que vivían bajo su paraguas. Se pensaba que el estado era la única fuente de derechos y deberes y que la idea de una ciudadanía cosmopolita, por atractiva y justa que fuera, estaba ligada más a la esfera de la ética. Como nos recuerda Tzvetan Todorov, Jean Jacques Rousseau así lo creía: Las expresiones "derechos del hombre" y "ciudadano del mundo" encierran, una y otra, una contradicción interna: para poder gozar de derechos es preciso ser, no hombre, sino ciudadano; pero -(...)-únicamente los estados poseen ciudadanos, y no el mundo. Estar a favor del derecho implica que se está del lado del ciudadano y, sin embargo, el mejor principio de justicia es el de la universalidad (Todorov, 2010, p. El estado moderno, en consecuencia, era "la fuente originaria de los derechos de ciudadanía, y estos derechos contienen un signo de igualdad nacional" (Levín, 2004, p. 45) y la idea de pueblo y de ciudadanía eran las dos caras del estado-nación (Vior, 2011, p. La cultura nacional trasmitida a través de la educación resultaba necesaria para inculcar y fomentar los valores cívicos en los individuos. En los últimos tiempos, sin embargo, se comienza a dudar de esta relación y muchas veces se contrapone la identidad nacional a la identidad ciudadana. Se argumenta que la nación definida en términos culturales, como hace cierto tipo de nacionalismo, es incompatible con la noción de ciudadanía 2. Solamente una nación definida en términos políticos lo sería. Así, una voz tan reputada como la de Jürgen Habermas acuñó la noción de patriotismo constitucional para rechazar la vinculación sentimental a la nación cultural como base de la identidad sociopolítica. El patriotismo constitucional al poner el acento en la adhesión en los fundamentos del régimen político democrático, y no tanto en la comunión con los substratos prepolíticos de una comunidad étnico-nacional, se encontraría en condiciones de estrechar la cohesión entre los diversos grupos culturales y consolidar una cultura política de la tolerancia que posibilite la coexistencia intercultural (Velasco, 2003, p. En este caso, la ciudadanía no se ligaría a la nación como entidad étnico-cultural, sino a los valores democráticos recogidos en la constitución. La nación definida en términos culturales se presenta como algo contrapuesto a una nación basada en valores cívicos y republicanos. Pretendemos revisar a lo largo de este artículo cómo estas nociones se relacionan con la posible aparición de una ciudadanía global. El artículo pretende ser lo que Richard Swedberg denomina un "estudio previo" en el cual se tratan de hallar relaciones creativas en base a una "breve pero intensa confrontación con los datos" (Swedberg, 2016, p. En el mismo intento contrastamos las teorías más difundidas sobre la ciudadanía global con la evidencia empírica disponible acerca del sentimiento cosmopolita, tanto entre el grueso de la población mundial como, especialmente, entre ciertos colectivos globalizados. El objetivo es detectar la presencia de un mayor cosmopolitismo entre estos últimos. Respecto a la terminología empleada se utilizarán los conceptos de ciudadanía nacional, definido más adelante, y los de ciudadanía global, ciudadanía a422 mundial o ciudadanía cosmopolita. Estos tres últimos operarán como sinónimos en todo el texto. El concepto de cosmopolitismo se entenderá en una doble dimensión: individual e institucional. En ambos casos, como se verá, este puede operar como una ideología o como una práctica. En lo que sigue trataremos de arrojar algo de luz sobre alguna de estas cuestiones en modo alguno sencillas. Para ello, en primer lugar, revisaremos la relación entre el concepto de identidad social y el proceso de globalización. Se mantendrá que la ciudadanía ha sido, y es, una de las principales fuentes de identidad, si bien el proceso de globalización hace que otros criterios adquieran importancia a la hora de definir la identidad sociopolítica de los individuos. En segundo lugar, describiremos los factores que según la teoría circulante inciden en que la ciudadanía ligada al estado-nación, la ciudadanía nacional, se esté debilitando. En tercer lugar, reflexionaremos sobre la posible aparición de una ciudadanía global que complemente o sustituya a la debilitada ciudadanía nacional. Después se revisarán las evidencias que las encuestas ofrecen sobre el apoyo al estado-nación y a las opciones cosmopolitas. Para terminar, nos centraremos en dos colectivos: los mochileros y los expatriados corporativos, que viven la globalización de un modo destacado. El objetivo es intentar discernir, usando la evidencia empírica disponible, si entre ellos está surgiendo una identidad ciudadana global o si por el contrario prevalece aún la identidad ciudadana nacional. Este afecta a todas las esferas de la vida social, cultural, política y, claro está, económica. La globalización de la cultura está produciendo importantes cambios en las culturas nacionales y locales en todo el planeta y en los procesos identitarios asociados a las mismas. Renato Ortiz (1998) hablaba de "modernidad mundo" para referirse a las tendencias a la homogeneización, que afectan a ciertos espacios desterritorializados del planeta. Existe un espacio homogéneo, fruto de la modernidad mundo, frente a la pluralidad de culturas locales. Un espacio que pugna por ser hegemónico. Existe, asimismo, una tendencia a la generación de una "memoria colectiva internacional popular", frente a la "memoria colectiva nacional popular". Los artífices de la memoria nacional fueron el estado y la escuela. (...) Los artífices de la memoria inter-nacional popular son, en primer lugar, los medios de las transnacionales, quienes tienen la capacidad de generar un conjunto de imágenes que se transforman en referentes culturales (Ortiz, 1998, p. Esta cultura transnacional, afirma, tiende a enfrentarse con las culturas nacionales enclavadas en lo local. Se está produciendo, por tanto, una homogeneización occidentalizante que encarna mayoritariamente ciertos valores o líneas de fuerza como, por ejemplo, el individualismo o el consumismo. Esta homogeneización se ve contestada por fuerzas de carácter local, que enfatizan la diferenciación. La amplia mayoría de los científicos sociales confirman la existencia de una dinámica de homogeneización cultural, de un lado, y de diferenciación, de otro, que opera entre lo local y lo global. El reto, para la mayoría de ellos, como afirma Peter L. Berger "lo plantea una cultura global emergente, de procedencia occidental en su mayor parte (estadounidense, en realidad), que penetra en el resto del mundo tanto en el nivel de la elite como en el nivel popular" (Berger y Huntington, 2002, p. La construcción de la identidad social, en consecuencia, se ve afectada de un modo notable por esta cultura de carácter global, que es aceptada, rechazada o negociada por los individuos. En el mundo actual se producen paradojas identitarias que hacen que "algunos parecen estar demasiado seguros de quiénes son, mientras que otros lo están muy poco" (Eagleton, 2001, p. Esto es así porque las identidades se construyen a partir de múltiples capas: género, edad, comunidad de pertenencia o, entre otras, culturas del gusto y del consumo (Hormigos Ruiz y Oda Ángel, 2014, pp. 246-248), que no se eligen racional y voluntariamente, pero que tampoco son irracionales e involuntarias. Pensar lo contrario es entrar en lo que Amartya Sen (2007) denomina la falacia de las opciones identitarias singularistas. Los individuos poseen cierta capacidad de negociar con su entorno cultural y de construir su identidad. La identidad, por tanto, no es un proceso sujeto a un automatismo que obligue a su asunción acrítica. El individuo no es un mero portador de estructuras. Y, paradójicamente, tampoco es un proceso plenamente electivo. La identidad se encuentra estructurada socialmente y en torno a esas estructuras los individuos negocian su posición. Existe, sin embargo, cierto debate sobre la existencia de una identidad primaria que dé sentido a todas las demás identidades. Algunos autores afirman que no existe tal cosa, sino que las identidades funcionan en paralelo. Amin Maalouf aseveraba que la identidad a422 está hecha de múltiples capas. No hay una esencia que sea la fuente última de la misma. "En todas las épocas hubo gentes que nos hacen pensar que había entonces una sola pertenencia primordial, tan superior a las demás en todas las circunstancias que estaba justificado denominarla «identidad». La religión para unos, la nación o la clase social para otros. En la actualidad, sin embargo, basta con echar una mirada a los diferentes conflictos que se están produciendo en el mundo para advertir que no hay una única pertenencia que se imponga de manera absoluta sobre las demás" (Maalouf, 2010, p. Puede existir una jerarquía entre las lealtades de los individuos, pero no es inmutable y de hecho varía, como demuestra la experiencia real de muchas personas. La etnia, la religión, la nación, el género o la edad pueden ser más o menos importantes para las personas en diferentes momentos en función de las circunstancias sociales e históricas en las cuales se muevan. Otros estudiosos, por el contrario, sostienen que es posible encontrar una jerarquía dentro de las posibles identidades sociales que puede adoptar el individuo. Existe una identidad que engloba las demás. Manuel Castells así lo cree cuando afirma: Para un individuo determinado o un actor colectivo puede haber una pluralidad de identidades. No obstante, tal pluralidad es una fuente de tensión y contradicción tanto en la representación de uno mismo como en la acción social. (...) En la sociedad red, (...), para la mayoría de los actores sociales, el sentido se organiza en torno a una identidad primaria (es decir, una identidad que enmarca el resto), que se sostiene por sí misma a lo largo del tiempo y el espacio (Castells, 2000, pp. 28-29, cursiva del propio autor). De lo anterior puede mantenerse que existen múltiples fuentes identitarias conformadas históricamente. La nación, la ciudadanía, la etnia, la raza o cualquier otro criterio pueden ser base de la identidad social. También podría añadirse que la cultura global puede ser un nuevo factor de identidad social que pugna con los tradicionales. Uno de los principales criterios de base para construir la identidad sociopolítica, al menos durante los últimos 300 años, ha sido el de ciudadanía. Y es un concepto que está siendo puesto en duda. Se considera, precisamente, que la cultura global auspiciada por el proceso de globalización es un poderoso diluyente de una noción primaria de la identidad en torno al concepto de ciudadanía y de la vinculación del estado-nación con la ciudadanía. EL DEBILITAMIENTO DE LA CIUDADANÍA NACIONAL COMO IDENTIDAD SOCIOPOLÍTICA El de ciudadanía, como hemos mantenido más arriba, es uno de los criterios a través de los cuales puede configurarse la identidad social de los individuos. Ahora bien, los defensores del concepto de identidades múltiples afirman que en la actualidad se está produciendo un debilitamiento de la ciudadanía nacional tradicional como criterio básico a la hora de configurar la identidad sociopolítica. Esta debilidad se produciría en dos esferas. Por un lado, la presencia de grupos étnicos y nacionales diferenciales dentro de los estados desvincularía a la ciudadanía del estadonación. Y, por otro lado, la apertura de fronteras y la integración supranacional permitirían la aparición de ciudanías coexistentes o superpuestas. La primera tendencia puede denominarse la crisis de la identidad nacional y la segunda la ciudadanía débil. Crisis de la identidad nacional La existencia de grupos étnicos o nacionales con identidades diferenciales y, a veces, enfrentadas a la identidad ciudadana del estado-nación puede ocasionar que esta última se debilite. Por un lado, los estados plurinacionales son más la realidad que la excepción. La idea de un estado-nación con una identidad cívica unitaria parece más un sueño que una realidad en la mayor parte de los casos. En varias de las viejas naciones europeas coexisten diversas identidades nacionales bajo el paraguas de un mismo estado (Lamo de Espinosa, 1996). Esto puede generar conflictos identitarios marcados, sobre todo cuando las naciones incluidas en el estado plurinacional reclaman para sí un estado y una identidad cívica propia. El caso del nacionalismo escocés, vasco o catalán, por citar apenas los más evidentes, puede ejemplificar bien esta situación. Los nacionalismos tienden a definirse por contraposición y es habitual que el nacionalismo regional emergente intente definir a sus ciudadanos frente a los ciudadanos del estado en el cual se encuentran inmersos en la actualidad. Aunque, en algunos casos, se plantea la posibilidad de mantener una doble nacionalidad una vez que se alcanzase la independencia política. En todo caso, parece claro que las lealtades nacionales regionales pueden suponer un menoscabo de una identidad ciudadana nacional. Por otro lado, la llegada de grupos étnicos vía inmigración puede suponer un desafío a la identidad cívica dominante (Castles y Davidson, 2000). En Francia, por ejemplo, los temores ante la llegada de inmigrantes musulmanes -algunos asentados en el país desde a422 hace años-han generado una gran polémica en torno a los valores republicanos. La cuestión del velo en la escuela resonó en la prensa de medio mundo. La idea era que los valores de los musulmanes resultaban incompatibles con la concepción de la ciudadanía francesa tradicional. La pérdida de la identidad cívica republicana francesa a manos de los inmigrantes musulmanes ha sido incluso novelada con éxito por Michel Houellebecq (2015). En este libro presenta la victoria electoral de un partido islamista en Francia que trata de subvertir los sagrados valores republicanos. En el caso de la Unión Europea, la ciudadanía nacional plena la poseen los miembros de un estado. Existe un segundo escalón de ciudadanía que disfrutarían los demás miembros de la Unión Europea (pueden, en algunos casos, votar y ser elegidos en las elecciones locales, regionales o para el parlamento de la Unión Europea). Y en un tercer escalón estarían los individuos de terceros países que no tienen la ciudadanía plena. Resulta significativo que algunos residentes de terceros países pueden llevar mucho tiempo residiendo en el país de acogida y, aun así, disfrutar de menos dere-a422 chos que los miembros de otros estados de la Unión Europea que tienen paradójicamente una vinculación menor con el mismo (Benhabib, 2006, p. Por último, Seyla Benhabib (2006) afirma que se está produciendo un "efecto desagregación" entre los diferentes criterios que constituyen la ciudadanía. Algunos grupos de inmigrantes en países desarrollados podrían beneficiarse de los derechos de ciudadanía y, sin embargo, no ser ciudadanos de pleno derecho y, además, no sentirse identificados con el estado bajo el cual residen. Este hecho podría tener que ver con el proceso de individualización y personalización propio de las sociedades tardomodernas (Giddens, 1999, pp. 118-119; Lipovetsky, 2004), con los procesos de "desanclaje" de las estructuras comunales (Beck y Beck-Gernsheim, 2003) y la deslegitimación de las instituciones tradicionales, entre ellas el estado (Martín-Cabello, 2015). El resultado es que "los derechos que configuran la ciudadanía hoy son mucho más complejos que en el pasado y se tienen que adecuar a poblaciones mucho más diversificadas e individualizadas" (Borja, 2002, p. Como consecuencia de lo anterior, algunos autores propugnan que la ciudadanía deja de ser un criterio de identidad prioritario y que se configura en lo que denominan una ciudadanía flexible (Ong, 1999). En definitiva, si se suman los aprietos del estado nación (crisis de la identidad nacional) con que la ciudadanía nacional deja de ser la principal fuente de identidad social (ciudadanía débil) encontramos que el concepto tradicional de ciudadanía nacional se debilita. Como consecuencia de lo anterior, Stephen Castles (2003) sostiene que surgen, de un lado, una jerarquía de ciudadanía dentro de los estados-nación (Tabla 1) y, de otro, jerarquías de ciudadanía en función de la posición del estado-nación dentro del sistema mundial de estados. ¿DE LA CIUDADANÍA NACIONAL A LA CIUDADANÍA GLOBAL? Hasta el momento hemos comentado los problemas que la globalización crea a la ciudadanía nacional tradicional. A partir de este momento intentaremos responder a la difícil cuestión de la posible aparición de una ciudadanía global. Este asunto está íntimamente relacionado con la noción tradicional del cosmopolitismo, aunque la existencia de un proceso de globalización nos hace preguntarnos si es cierto que, como afirma Piort Sztompka (2008, p. 111), la humanidad ya no es una categoría o un agregado estadístico, sino una entidad sociológica real. Si es así, sería posible hablar de una ciudadanía global en un sentido sociológico. De otro modo, se estaría dando otro nombre al ideal cosmopolita tradicional de un ciudadano del mundo. Múltiples autores han destacado el impacto que la globalización está teniendo sobre la noción de ciudadanía (Delanty, 2000). En especial destacan su carácter disgregador sobre la soberanía nacional y el debilitamiento que produce en la noción de ciudadanía nacional tradicional (Bokser y Salas-Porras Soulé, 1999; Castells, 2000; Castles, 2003, pp. 15-17; Girardo Jiménez, 2000). Sin embargo, no existe acuerdo sobre el impacto de la globalización en la emergencia de una ciudanía global, cosmopolita o universal. Algunos autores creen que la globalización destruye la idea de ciudadanía y que no tiene nada que ver con la idea de una ciudadanía cosmopolita (Seoane Pinilla, 2009). También se ha afirmado que la globalización neoliberal está destruyendo los derechos sociales y que impide la aparición de una ciudadanía mundial (Anchustegui Igartua, 2012). Otros ven, de un modo más optimista, en la globalización una oportunidad que permitiría un cosmopolitismo en el cual la nacionalidad y las fronteras no impiden el desarrollo de los derechos reconocidos por la justicia universal (Mandujano, 2009). De hecho, la idea de reformular o reinventar la ciudadanía a la luz de los cambios producidos por el proceso de globalización aparece constantemente en la bibliografía al respecto (Aguilera Portales, 2011; Niederberger, 2012; Parada Barrera, 2009; Santiago Juárez, 2015). En todo caso, creemos necesario revisar los sentidos en los cuales se ha usado el cosmopolitismo y la ciudadanía mundial o universal, pues no todos los autores entienden lo mismo cuando usan la expresión ciudadanía global. En líneas generales, el ideal cosmopolita de una ciudadanía mundial tiene dos dimensiones: puede verse como un ideal ético o como un orden político real (Held, 2012). En el primer caso, el cosmopolitismo puede contemplarse como un ideal ético. La idea clásica es la de que el cosmopolitismo es una doctrina ética según la cual los individuos tienen vinculaciones con todos los individuos del planeta. Es decir, los seres humanos son en primer lugar ciudadanos del mundo y solo de modo accidental miembros de su comunidad política. En consecuencia, han de comportase como iguales ante cualquier otro ser humano con independencia de su ciudadanía. Para Immanuel Kant, el cosmopolitismo era una actitud ética, un principio moral que afirmaba la pertenencia de los seres humanos a una a422 misma comunidad universal. Es cierto que habló de una federación mundial de estados, es decir, de un cosmopolitismo como un orden político real, pero consideraba la federación mundial más como un ideal al cual aspirar que como una realidad alcanzable. De hecho, la ciudadanía cosmopolita era en sus términos más una obligación moral que una realidad. En nuestro mundo creía que la ciudadanía mundial debía ceñirse al derecho a la hospitalidad (Santiago Juárez, 2009). En la actualidad este cosmopolitismo moral, sostiene David Held (2012, pp. 52-57), pivota en torno a tres grandes principios: el igualitarismo moral individualista, el reconocimiento recíproco y el razonamiento imparcial. Asimismo, el tema del universalismo ético que implica el cosmopolitismo es controvertido. Algunos autores, como Immanuel Wallerstein (2007) han afirmado que en la actualidad no hay tal cosa, que vivimos presa de un universalismo europeo, no de un universalismo universal. Es decir, el ideal cosmopolita sería una trasposición a nivel mundial de las ideas europeas, no un ideal fruto del concurso de todos los pueblos de la tierra. La globalización podría estar ayudando, en definitiva, a la extensión de los ideales éticos cosmopolitas, bien como fruto de un diálogo racional transnacional intensificado, o bien como fruto de la extensión de una cultura occidental globalizada con pretensiones de universalidad. En todo caso, sean cuales sean sus causas, la extensión de los ideales cosmopolitas y de la ciudadanía mundial es una cuestión de carácter empírico. En teoría la globalización debería hacer que aumentase el apoyo mundial al cosmopolitismo. En el segundo caso, el cosmopolitismo puede verse como un orden político real. Si el concepto de ciudadanía ha estado ligado a una entidad política respecto a la cual adquiría sentido, la pregunta sería: ¿es posible la existencia de un ente supranacional real que confiera derechos y deberes y al cual los individuos puedan sentirse vinculados o es simplemente, como planteábamos antes, una figura del entendimiento? Desde esta posición se suele contestar afirmativamente, haciendo referencia a la existencia de un derecho cosmopolita (Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas), de órganos de justicia que aplican el derecho cosmopolita (la Corte Penal Internacional) y de organizaciones que tienen ya una verdadera dimensión transnacional (ONU, UNESCO, OIT), aunque muchas de ellas en su origen pudiesen surgir como acuerdos entre naciones. Algunos autores consideran que los organismos transnacionales ya están operando en clave de un cosmopolitismo real. Josep M. Colomer (2015) sostenía que en la actualidad está surgiendo un gobierno mundial basado en una gobernanza que, si bien no seguía las pautas de las democracias nacionales tradicionales, sí podía considerarse, desde su punto de vista, democrática. Para él, "la democracia se puede definir como una forma de gobierno basada en el consentimiento social que implica los valores y objetivos de la libertad, la toma de decisiones efectiva y la rendición de cuentas Tabla 1. Jerarquías de ciudadanía en los estados-nación Fuente: Castles, 2003, p. Ciudadanos plenos Gente nacida en un país más inmigrantes naturalizados. Inmigrantes que han obtenido algunos derechos de ciudadanía debido a permanentes una residencia duradera. Faltan casi todos los derechos excepto aquellos garantizados para todos los indocumentados por los instrumentos internacionales de derechos humanos. Solicitantes de asilo Derechos muy limitados bajo regímenes especiales. Normalmente disfrutan de todos los derechos, pero pueden no ser capaces de ejercerlos debido a la discriminación y la exclusión social. Principalmente en sociedades de colonos blancos (EE. UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Latinoamérica). Sujetos a procesos históricos de desposesión, discriminación jurídica y exclusión social. Hoy el asunto fundamental es la exclusión social. Divisiones de genero La discriminación jurídica contra las mujeres es ahora poco común en los países del norte, aunque es todavía común en el sur. La discriminación institucional e informal persiste. Es decir, las instituciones globales serían democráticas, aunque no se ajustarían a la democracia partidista nacional, y serían la base de una ciudadanía global real. Sin embargo, otros autores consideran que no es posible considerar verdaderamente democráticas las decisiones de estas organizaciones. Robert A. Dahl afirma: "aunque los procesos democráticos puedan establecer los límites externos dentro de los cuales las élites realicen sus negociaciones, llamar a las prácticas políticas de los sistemas internacionales «democráticas» equivaldría a privar al término de toda su significación" (Dahl, 2014, p. Lo cierto es que, aunque existan organizaciones transnacionales, tanto políticas como de la esfera civil, según sus críticos aún es imposible mantener que confieren derechos y deberes a los individuos tal y como hacen los estados. En este sentido, Adela Cortina (1997) considera que la ciudadanía cosmopolita funciona más como un ideal que como una descripción sociológica de nuestro mundo. Vemos, pues, que existe debate también en torno a este punto. El proceso de globalización, en consecuencia, puede afectar al cosmopolitismo y a la ciudadanía en un doble sentido. Por un lado, puede influir en la extensión del ideal ético del cosmopolitismo y en la construcción de identidades cosmopolitas con independencia del cosmopolitismo real. Por otro lado, la creciente interconexión de las diversas sociedades del planeta podría estar generando una autoridad cosmopolita real que llevase aparejada una ciudadanía de carácter global. En el siguiente epígrafe intentaremos responder a la primera de las cuestiones, esto es, recogeremos algunas estadísticas y estudios que intentan mostrar si es posible hablar de una ciudadanía global en términos identitarios. La cuestión que hemos descrito más arriba, es decir, si en la actualidad asistimos a la emergencia de una ciudadanía global o si las ciudadanías nacionales siguen siendo importantes fuentes de identidad para los individuos, solamente puede contestarse utilizando la evidencia empírica disponible. De otro modo, la discusión teórica puede hacerse eterna. Como otros autores han remarcado, es necesario que el cosmopolitismo se convierta en una categoría analítica y deje de ser un concepto difuso (Skrbis, Kendall y Woodward, 2004). Diversos estudios muestran que el apego a la nación sigue siendo importante. La Encuesta Mundial de Va-lores así lo plantea. Cuando se pregunta a los ciudadanos de distintos países por los sentimientos de orgullo nacional, existe una gran diversidad, pero en líneas generales las naciones menos desarrolladas suelen presentar porcentajes de orgullo nacional sostenidos, si no crecientes y mayores que las desarrolladas. Entre estas últimas, donde predominan los llamados valores postmaterialistas, también existen países que presentan fuertes sentimientos de orgullo nacional (se sugiere que como reacción a la recepción de inmigrantes o a la integración en unidades supranacionales del tipo de la Unión Europea). En otros ha disminuido el sentimiento patriótico, lo cual no es signo de una mayor vinculación con una ciudadanía mundial. De hecho, en algunos países desarrollados donde ha disminuido el sentimiento patriótico, este se ha desplazado hacia unidades menores con mayor coherencia cultural (nacionalismos regionales). Encontramos, por tanto, un panorama complejo, pero la vinculación con el estado-nación sigue siendo importante (Inglehart, 2001, pp. 399-402). La llamada crisis de la identidad nacional, de la que hablamos antes, puede ser cierta en algunos países desarrollados, pero no supone una vinculación automática con una ciudadanía global y con entes políticos supranacionales. Más bien supone un recogerse en otras identidades comunitarias. Y, en algunos casos, la presencia de inmigrantes o la integración en entidades supranacionales puede incluso exacerbar el sentimiento patriótico nacional. El caso de la Unión Europea es significativo para valorar el grado de identificación de los ciudadanos con su nación o con la propia Unión Europea, ya que es una de las entidades políticas supranacionales más exitosas y consolidadas. En el Eurobarómetro de mayo de 2015 se preguntó si en el futuro los europeos se veían como nacionales de su país, nacionales y europeos, europeos y nacionales, o solamente europeos. Los resultados variaban por países, pero para el conjunto de la Unión Europea un 38% se veían solo como miembros de su nación, un 52% como miembros de su nación y de la Unión Europea, un 6% como miembros de la Unión Europea y de su país, y solamente un 2% como miembros de la Unión Europea 4. El sentimiento de pertenencia al país en solitario o con más frecuencia de modo compartido con la Unión Europea era la opción mayoritaria. A todo lo anterior podemos sumarle que la identidad cosmopolita como primera opción identitaria sigue teniendo unas dimensiones reducidas. Como informa Manuel Castells haciendo referencia al trabajo de Pipa Norris, que utilizaba la Encuesta Mundial de Valores: a422 "En cuanto al conjunto mundial, la proporción de los que se consideran primariamente ciudadanos del mundo, es decir, cosmopolitas, es del 13%; la de los que se consideran primariamente de identidad nacional entendida como Estado-nación es del 38%, y el resto (...) se considera como identidad local o regional prioritariamente" (Castells, 2010, p. Es decir, solamente un 13% de los habitantes del planeta se definen en primer lugar como ciudadanos del mundo. En una encuesta de 2016 encargada por el canal de televisión británico BBC a GlobalScan se preguntó en dieciocho países a los entrevistados si se veían más como ciudadanos globales que como ciudadanos de su país 5. La suma de personas que afirmaban estar muy de acuerdo y parcialmente de acuerdo con esta afirmación era del 49% para el conjunto de países, siendo del 43% para la suma de parcialmente en desacuerdo y muy en desacuerdo. En algunos países el apoyo a la opción cosmopolita era sorprendentemente alto. En Nigeria el 73% y en España el 59% estaban de acuerdo con la afirmación. Ahora bien, cuando se les ofrecieron cinco opciones para definir su identidad principal los resultados fueron distintos. Para el conjunto de los países encuestados el 52% se definió como ciudadano de su nación, el 17% como ciudadano del mundo, el 11% como miembros de su comunidad local, el 9% se refirió a su tradición religiosa, y el 8% lo hizo respecto a su raza o cultura. En los casos señalados, en Nigeria el 68% se definió como ciudadano de su nación y solamente un 9% como ciudadano del mundo. En España el 28% como ciudadano de su nación y el 54% como ciudadano del mundo. Fue el único país en el que esta opción resultó mayoritaria. En líneas generales, la opción principal al definir la identidad primaria sigue siendo el estado-nación y, en algunos países, las comunidades locales, la tradición religiosa o la raza y la cultura. Solo el 17% se define en primer lugar como ciudadano del mundo. Existe, por tanto, una cierta contradicción entre estas visiones. Los individuos de los países que pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se sienten menos ciudadanos globales que los de los países que no pertenecen a la misma. Sin embargo, los países en los cuales existe una mayor identificación primaria con la ciudadanía nacional suelen ser países que no pertenecen a la OCDE (por ejemplo, Rusia, Kenia, Nigeria o China). Es posible aventurar que las identidades tradicionales, entre ellas la ciudadanía nacional, siguen siendo las más importantes para los individuos, si bien la respuesta políticamente correcta sería la apuesta por una ciudadanía global. En los países menos desarrollados podría reflejar también un deseo de inclusión en la comunidad de países más desarrollados, lo cual no impediría la presencia de un fuerte sentimiento patriótico 6. Bronislaw Szerszynski y John Urry ( 2002) realizaron una investigación a través de focus groups en Inglaterra para indagar la extensión y la profundidad del cosmopolitismo. Encontraron que en ellos pocos se declaraban ciudadanos del mundo o desafiaban la identidad nacional tradicional. Sin embargo, hallaron lo que llamaron un cosmopolitismo banal impulsado sobre todo por los medios de comunicación transnacionales. Esto podría explicar, por un lado, la visión positiva del cosmopolitismo y la persistencia de las identidades nacionales y locales. De hecho, en un estudio hecho con padres se constató que estos veían más el cosmopolitismo como una forma de capital cultural con la que dotar a sus hijos en la era de la globalización que como un ideal ético (Weenink, 2008). Un estudio posterior, basado en la citada Encuesta Mundial de Valores, trató de encontrar el perfil del cosmopolita, entendido como aquel individuo que expresaba mayor sentimiento de "pertenencia al mundo". Encontró que el cosmopolita suele ser una persona joven, ecologista, poco patriota, políticamente activa, con educación superior y con una actitud positiva hacia los inmigrantes en países donde hay mucha inmigración. Sin embargo, este perfil era distinto en algunos contextos. Por ejemplo, el conjunto de la población en los países de la antigua URSS era más cosmopolita que en otros lados, lo que interpretaron como falta de confianza en los estados surgidos tras su desintegración (Schueth y O ́Loughlin, 2007). Así pues, el estado-nación y, de un modo quizá no sorprendente, las comunidades locales y regionales siguen siendo la principal fuente de identidad. Además, tampoco existe un apoyo explícito hacia las instituciones propias del cosmopolitismo político real: "según los sondeos de opinión, es muy improbable que, en el futuro previsible, la mayoría de los ciudadanos de un país acepten la integración plena en un estado federal supranacional" (Castells, 2000, p. La identificación con una ciudadanía mundial puede operar en la esfera identitaria junto al rechazo a un estado o a una federación de estados mundial. A veces se habla de patriotas cosmopolitas o cosmopolitas con raíces para referirse a esta situación. DE MOCHILEROS Y EXPATRIADOS CORPORATIVOS Podría argumentarse, no obstante lo anterior, que en efecto la población en su conjunto es reacia a una ciudadanía global y que el sentimiento de identidad nacional sigue siendo fuerte y estando extendido, pero que ya existen colectivos globalizadores emergentes entre los cuales esta idea no es tan extraña. Si la globalización efectivamente supone una superación de las barreras nacionales y un debilitamiento de su soberanía y de la ciudadanía nacional, sería lógico suponer que la nueva ciudadanía global operará con más fuerza entre los colectivos ampliamente globalizados. Como mantienen Zlatko Skrbis y Ian Woodward (2013), el cosmopolitismo puede verse como una práctica y ciertos colectivos como las elites corporativas internacionales pueden ser un buen ejemplo de estas prácticas. A pesar de las dificultades que entraña la investigación con colectivos globalizados, existe cierto corpus empírico sobre algunos de ellos. Aquí nos centraremos en dos colectivos concretos: los mochileros (backpackers) y los expatriados corporativos. La elección no ha sido fruto del azar, sino de un interés intelectual. Llevamos tiempo investigando y escribiendo sobre los mismos. Además, el fenómeno del nomadismo global se acerca al cosmopolitismo, aunque no pueda establecerse una relación plena. Como afirma Norbert Bilbeny (2007, pp. 64-69), ser patriota o cosmopolita es sobre todo una manera de ser o de pensar. Por tanto, un viajero -lo haga por placer o por negocios-puede recorrer el mundo sin sentirse miembro del mundo 7. En todo caso, en principio parece lógico pensar que entre los nómadas globales se produzcan actitudes cosmopolitas con más frecuencia que entre los patriotas. Es lo que pretendemos ver a continuación. Los mochileros son un colectivo específico de turistas que suele emprender un viaje de larga duración por el extranjero en el que visitan destinos múltiples a los que viajan a través de un itinerario flexible que suelen autogestionar. Como mostró Anders Sørensen (2003), su origen es mayoritariamente occidental, acostumbran a ser jóvenes, con educación universitaria y viajan entre dos y dieciocho meses en momentos específicos de su vida (fin de estudios, divorcios o entre un trabajo y otro). En líneas generales, su perfil es el de ciudadanos de sociedades opulentas que toman un respiro de su vida cotidiana. En principio, podría considerarse que una subcultura global de este tipo es un caldo de cultivo ideal para las actitudes cosmopolitas. 26) encontraron que entre las motivaciones expresadas por los mochileros para emprender su viaje se hallaba en primer lugar la de explorar otras culturas y en sexto lugar, de un total de diecinueve opciones, la de interactuar con personas de otros países. El viaje es visto por los mochileros como una experiencia ampliamente educativa (Martín-Cabello y García-Manso, 2015a). Por tanto, consideran el cosmopolitismo como una forma de capital cultural adquirible a través del viaje. Sin embargo, la bibliografía sobre mochileros no ha explorado en profundidad las cuestiones de identidad nacional o cosmopolita. En líneas generales, la cuestión de la identidad se ha ceñido a la auto-percepción de los mochileros como "viajeros" o como "turistas". Una contraposición que es básica en esa subcultura, pero que nos aleja de la auto-percepción del mochilero más en general. Algunos estudios han tratado de mostrar que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones permiten la aparición de un sentimiento de comunidad con extraños (Adkins y Grant, 2007), que sería una forma de lo que más arriba se denominó cosmopolitismo banal. Aunque también es cierto que según algunos recuentos etnográficos la nacionalidad seguía siendo una de las formas de identificación básica entre mochileros, y que estos tendían a reunirse por motivos de nacionalidad y lengua compartida. Dicho de otro modo, los mochileros pueden sentirse miembros de una comunidad global de viajeros sin renunciar a su origen. Al fin y al cabo, tras su periplo debían regresar a su país a recuperar su vida corriente. Asimismo, también se ha constatado que los mochileros en muchas ocasiones tienden a operar con grandes categorías geográficas que oscurecen las diferencias identitarias importantes para la población local. Era frecuente, por ejemplo, que los mochileros que viajaban por Latinoamérica consideraran al subcontinente como una gran unidad, minusvalorando las diferencias entre las diversas partes del mismo. Existen también criterios identitarios regionales entre los mochileros latinoamericanos, que se reconocían entre sí como miembros de una comunidad cultural diferenciada de la de los mochileros "gringos" (Martín-Cabello, 2014). Respecto a las prácticas, se ha señalado que los mochileros tienden a relacionarse entre sí, habitualmente usando el inglés como lengua franca, y que sus a422 contactos con la población local tienen a ser escasos y limitados a las relaciones comerciales. Además, acostumbran a seguir rutas prefijadas y a convivir en enclaves que reproducen el hogar fuera del hogar (hostales, refugios, cafeterías, etc.). Su modo de vestir, por otro lado, los unifica como colectivo y los diferencia de la población local de los países que visitan. Los expatriados corporativos pueden definirse como trabajadores de empresas transnacionales o de burocracias internacionales que durante un tiempo prolongado y habitualmente de modo voluntario trabajan en el extranjero. Algunos estudios muestran que, en líneas generales, el grueso de los expatriados corporativos tiene una procedencia occidental (Expatriate Trends Study 2013: Understanding Their Perspective). En la bibliografía gerencial sobre la expatriación se ha prestado atención al hecho de que el cosmopolitismo tiene una correlación positiva con el deseo de expatriarse. Así, en encuestas elaboradas en Alemania y Corea del Sur, se encontró una fuerte correlación entre el cosmopolitismo y el deseo de trabajar en el extranjero (Froese, Jommersbach y Klautzsch, 2013). Antes mencionábamos el caso de los padres que consideraban que el cosmopolitismo era una forma de capital cultural que deseaban transmitir a sus hijos. Esto sin duda tiene su correlato en las empresas globales, que valoran positivamente el cosmopolitismo entre las características de sus empleados de "alto potencial". La expatriación es una característica que se exige a las elites directivas (Luci, 2014, p. Un asunto diferente es medir si los expatriados son realmente cosmopolitas, es decir, si se sienten ciudadanos del mundo y viven en prácticas cosmopolitas. La identidad cosmopolita de los expatriados no está clara, pues existen diversos rasgos a los cuales pueden adscribir su identidad. Por ejemplo, en algún estudio se ha encontrado que estos suelen sentirse miembros de una subcultura multinacional cuando están en contextos alejados de sus orígenes. Es el caso de los expatriados occidentales en Asia. Por el contrario, esos mismos expatriados occidentales pueden referirse a sus identidades nacionales cuando el entorno es occidental. Un australiano en Italia puede realzar sus rasgos nacionales en detrimentos de los cosmopolitas y, por el contrario, referirse a una cultura transnacional que lo une al italiano cuando se encuentra en Indonesia (Hipsher, 2008, p. En relación a las prácticas, algunos autores han señalado que los expatriados interactúan poco con los miembros de las comunidades locales en las que habitan (Fechter, 2007). De hecho, suelen hacerlo entre ellos y con los miembros de la cultura local más integrados en su mundo, sobre todo los compañeros de trabajo del país en el cual están expatriados (Beaverstock, 2002). También se ha descubierto que los expatriados más cosmopolitas suelen adaptar en mayor grado su conducta a los nuevos entornos que los menos cosmopolitas cuando su estancia es breve. Por el contrario, cuando es larga los no cosmopolitas se adaptan más y los más cosmopolitas se vuelven más hacia su cultura occidental (Grinstein y Wathieu, 2012). Diversos estudios etnográficos han subrayado que los expatriados tienden a generar enclaves a través de los cuales reproducen sus hogares en el extranjero (Lauring y Selmer, 2009; Porter, 2009; Sánchez, 2005). Sin contar con estudios específicos de largo recorrido sobre el tema, es viable aventurar que los expatriados corporativos tienen una relación peculiar con el cosmopolitismo. Este es considerado como una forma de capital cultural y, sin duda, los rasgos propios del cosmopolitismo (apertura a otra cultura, valoración de lo foráneo, etc.) son reclamados como valiosos en el discurso explícito. Ahora bien, los recuentos etnográficos muestran una situación distinta en la esfera de las prácticas: creación de enclaves, valoración de lo propio frente a lo foráneo en estancias prolongadas, o relaciones con otros expatriados. Se puede encontrar, por tanto, la misma situación ambigua del cosmopolitismo dentro de este colectivo transnacional. Los teóricos de la ciudadanía afirman que el concepto de ciudadanía nacional, es decir, aquella que liga la ciudadanía al estado-nación, está en crisis. Han argumentado sobre este punto en múltiples obras de carácter más o menos teorético. Como hemos tratado de mostrar, piensan que la consecuencia del debilitamiento de la ciudadanía nacional sería, por un lado, la emergencia de una ciudadanía flexible, a la carta, desagregada y jerarquizada; y, por otro lado, la aparición de una ciudadanía global, mundial o cosmopolita. Esta última, la ciudadanía cosmopolita, suele verse como una ciudadanía o bien superpuesta o bien enfrentada a la ciudadanía nacional. El proceso de globalización suele verse como el principal impulsor de esta transformación. Tras la revisión de datos secundarios y de estudios que tratan de medir en el mundo el apoyo a los estados-nación (sentimiento patriótico) y a la ciudadanía mundial (sentimiento de pertenencia al mundo), he-a422 mos comprobado que el entorno local, regional o nacional continúa siendo la principal fuente de identidad primaria para las personas. La identidad cosmopolita tiene unas dimensiones reducidas. No obstante, también es cierto que la opción me siento tan miembro de mi nación como del mundo o del mundo como de mi nación tiene un gran peso, aunque descompensado hacia la identidad nacional. Otro asunto es que, como plantean algunos estudios, se esté desarrollando un cosmopolitismo banal o de la vida cotidiana bajo el influjo de los medios de comunicación transnacionales. De igual modo, nuestro trabajo ha explorado las evidencias disponibles sobre dos colectivos globalizados: los mochileros y los expatriados corporativos. La hipótesis de partida sostenía que estos colectivos podrían ser una avanzadilla en el apoyo a la ciudadanía global, ya que están más firmemente implicados en el proceso de globalización. La evidencia no deja de ser ambigua. Por esta razón, trataremos ambos colectivos de modo unificado en estas conclusiones, ya que existen continuidades notables entre la subcultura mochilera y la de los expatriados corporativos, como se ha tratado de mostrar en otro lugar (Martín-Cabello y García-Manso, 2015b), y porque su posicionamiento respecto al cosmopolitismo es similar. En ambos casos se suelen expresar ideales cosmopolitas: apertura al otro o valoración de las culturas foráneas, y se considera que el cosmopolitismo es una parte valiosa del capital cultural de las personas. Sin embargo, ambos colectivos suelen proceder de entornos occidentales y, en cuanto a sus prácticas, existe cierta tendencia a crear enclaves y redes de mochileros y expatriados corporativos en el extranjero. Es decir, la retórica es claramente cosmopolita pero la práctica cotidiana no lo es tanto. En definitiva, la ciudadanía global aparece como un recurso retórico importante entre las instituciones globales e incluso entre la ciudadanía, que compra la idea de ser un ciudadano del mundo. De hecho, se ha desarrollado un cosmopolitismo cotidiano fruto del influjo de las culturas globalizadas trasmitidas por la industria mediática. Sin embargo, la ciudadanía nacional no ha desaparecido. Al contrario, sigue siendo -junto a las identidades locales y regionales-la fuente de identidad primaria para la mayor parte de la población del planeta. Algunos colectivos globalizados muestran estas ambigüedades, al aunar una retórica cosmopolita con la defensa de la identidad ciudadana nacional o una vaga identidad transcultural (como mochilero o expatriado corporativo). En ese sentido es imprescindible seguir avanzando por estas líneas de investigación para validar si estos colectivos globales son una avanzadilla de una nueva identidad ciudadana global o, por el contrario, las identidades nacionales continúan siendo básicas incluso dentro de estos colectivos, como parecen apuntar los estudios previos. Antes del siglo XVIII el concepto de ciudadanía estaba ligado a las ciudades-estado, mientras que a partir de ese momento comenzó a estarlo al estado-nación. Aquí nos referiremos a ciudanía como concepto surgido de la modernidad. Sobre la ciudadanía en el mundo antiguo véase el trabajo de Ellen Meiksins Wood (2011). En esta obra se describe un lento declinar del concepto de ciudadanía desde la Antigüedad hasta la Edad Media. "Lo que resulta más ambiguo y paradójico en la tradición occidental de la teoría política, que nació en la comunidad cívica de la antigua Grecia, es que sus ideales fundacionales de ciudadanía e igualdad fueron, casi desde el principio, adaptados para que sirvieran a la causa de la desigualdad y la dominación" (Wood, 2011, p. Se habla, por ejemplo, de un nacionalismo cívico frente a un nacionalismo étnico, estando el primero basado en una asociación racional de ciudadanos y el segundo en la sangre y la cultura común compartida (Smith, 2004, pp. 57-60). Algunos autores, sin embargo, abogan por no considerar nacionalismo (étnico) y ciudadanía como realidades excluyentes. Para ello hablan de una ciudadanía diferenciada que integre las demandas de los grupos étnicos en su seno (Gómez Rodríguez, 2004; Kymlicka, 1996) 3. Una buena comparación sobre las tradiciones de ciudadanía y acerca del tratamiento que se da a los grupos étnicos en Europa y Estados Unidos se encuentra en Kroes (2002). El caso de España requeriría una explicación diferente que sobrepasa los límites de esta contribución. Pero resultan significativos los porcentajes de respuesta en torno a las opciones identitarias primarias ofrecidas: ciudadano español (28%), ciudadano del mundo (54%), la comunidad o área local menor que el país (5%), la tradición religiosa (5%) y la raza o la cultura (5%). Hicimos una consulta a la persona encargada de la encuesta en España, que realizó la empresa Sigma Dos Int., para aclarar cómo se formuló la pregunta, sin recibir contestación por su parte. En todo caso, los datos de la Encuesta Mundial de Valores muestran que la proporción de los que contestan sentirse identificados en primer lugar con su localidad, con la nación o con la región es mucho mayor que la que arroja este estudio (consultada a través del Banco de datos ASEP-JDS). Es lo que el escritor Rafael Argullol (2016, 2 de enero) llamó el provinciano global.
Han sido y son frecuentes los conflictos de la ciencia con su entorno cultural, en especial los que surgen de una supuesta incompatibilidad entre la cultura científica y la humanista. Un capitulo reciente de estos conflictos han sido las llamadas guerras de la ciencia, en las que se ha venido discutiendo sobre el lugar y prestigio social de la ciencia respecto de la cultura de humanidades y se han esbozado algunas propuestas para superar el tradicional antagonismo entre ellas. En este artículo trato de esta última cuestión y, retomando ideas de Otto Neurath acerca de la unidad de la ciencia, concluyo que el mejor modo posible de coexistencia y entendimiento entre ciencia y humanidades es el que tiene como base su colaboración en la solución de problemas sociales. La cultura humana es un variado conjunto de conocimientos, creencias, valores, preferencias y habilidades que no poseemos por herencia genética sino que hemos adquirido por imitación y aprendizaje. Pero no todos los seres humanos compartimos unas mismas creencias, unas mismas opciones éticas, unas mismas preferencias estéticas, ni unas mismas capacidades, y la diversidad cultural ha dado lugar, a lo largo de la historia y en la actualidad, a conflictos y enfrentamientos, algunos más dramáticos que otros, entre sectores culturales o culturas que se han considerado incompatibles. Un área muy importante de la cultura humana es la cultura científica, que reúne disciplinas como las matemáticas, la física, la química, la biología o la economía, con sus correspondientes ramificaciones. Desde sus comienzos en la Europa renacentista, la ciencia moderna ha venido ganando prestigio social, y aunque actualmente la valoración de la ciencia dista mucho de la veneración acrítica que suscitó en un pasado reciente, y es general una actitud de sospecha y vigilancia respecto de sus aplicaciones tecnológicas y de los objetivos de muchas de sus investigaciones teóricas, no cabe duda de que la ciencia es una de las instituciones más valoradas socialmente y que más confianza suscita en todo el mundo. Sin embargo, ha habido en los últimos siglos y surgen de vez en cuando en la actualidad múltiples conflictos o enfrentamientos entre la ciencia y su entorno cultural. Tal vez los más enconados son los que han tenido como motivo la incompatibilidad entre determinadas teorías científicas y concepciones del mundo basadas en creencias religiosas. Es inevitable mencionar en este aspecto la oposición de las iglesias cristianas a la naciente teoría heliocéntrica de Copérnico, tanto por parte del joven protestantismo como de la vieja ortodoxia católica. En 1539, antes de la publicación de De Revolutionibus, Lutero advertía: "Algunos han prestado atención a un astrólogo advenedizo que se esfuerza en demostrar que es la Tierra la que gira y no el cielo o el firmamento, el sol y la luna [...] Este loco anhela trastocar por completo la ciencia de la astronomía, pero las Sagradas Escrituras nos enseñan (Josué 10, 13) que Josué ordenó al sol, y no a la Tierra, que se parara". También Melanchthon y Calvino combatieron las ideas de Copérnico esgrimiendo la verdad incontestable de la Biblia. Melanchthon consideraba "una falta de honestidad y de decencia mantener en público" la teoría heliocéntrica y que "un espíritu justo debe ad-mitir la verdad revelada por Dios y someterse a ella". Y en su Comentario al Génesis, Calvino se preguntaba: "¿quién osará colocar la autoridad de Copérnico por encima de la del Espíritu Santo?" 1. Por otra parte y como es bien sabido, la astronomía copernicana, aunque utilizada por la iglesia católica ya en 1582 para reformar el calendario juliano, fue condenada por esta debido a que su estructura heliocéntrica se oponía a la imagen bíblica del universo. De ahí que se obligara a Galileo a renunciar a tal creencia y, a pesar de ello, se le condenara a arresto domiciliario en 1633, en el que murió a los pocos años. Desde la publicación de El origen de las especies, la teoría darwinista de la evolución ha sido objeto de variadas impugnaciones por parte de exaltados religiosos, defensores de la veracidad del relato bíblico de la creación. Por ejemplo, el Estado de Tennessee emprendió en 1925 una acción legal para prohibir su enseñanza, y los pleitos de este tipo han llegado a nuestros días en Estados Unidos con el creacionismo transmutado en una teoría pseudocientífica, la del diseño inteligente. Los partidarios de esta teoría argumentan que el evolucionismo darwiniano es insuficiente para dar razón de la complejidad de los seres vivos y que es necesario explicarla como resultado del plan trazado por una inteligencia sobrehumana, y exigen el reconocimiento de su teoría en la enseñanza pública estadounidense. Sobra decir que tales pretensiones se han encontrado con el rechazo de la comunidad científica y de los jueces. De todos modos, los conflictos entre las teorías científicas y los dogmas teológicos son, por lo general, cosas del pasado. Actualmente, al menos en occidente, las distintas confesiones religiosas han acabado admitiendo que no hay que interpretar literalmente los textos sagrados en sus ocasionales descripciones o explicaciones de los fenómenos naturales. Pero no siempre la oposición a los contenidos de las teorías científicas proceden de la religión: en la URSS de los años treinta y cuarenta, por ejemplo, el lysenkismo prohibió la investigación en líneas como el evolucionismo o la genética por su incompatibilidad con ciertos dogmas marxistas, como la transmisión de los caracteres adquiridos, y no faltaron los ataques a la teoría de la relatividad, a la mecánica cuántica y a cosmólogos sospechosos de haber contravenido las doctrinas del Anti-Düring de Engels. Otros enfrentamientos han estado relacionados no con los contenidos del conocimiento científico, sino con su relevancia cultural o humana, y con el estilo, a423 métodos y objetivos propios de la investigación científica. Encontramos este tipo de críticas ya en el humanismo renacentista. El renacimiento fue un movimiento cultural de amplio alcance que se caracterizaba por la ruptura con la tutela religiosa de la cultura propia de la Edad Media y la vuelta a los saberes de la cultura clásica grecolatina. Este ambiente de liberalización del pensamiento favoreció sin duda el nacimiento de la ciencia moderna. Sin embargo, el humanismo renacentista, cuya concepción antropocéntrica situaba al hombre por encima de la naturaleza y radicalmente separado de ella 2, se sentía poco atraído por textos antiguos de carácter científico, como los de Tales de Mileto o Pitágoras, y de la cultura clásica prefería los escritos de teatro, poesía, gramática o retórica, que le acercaban a las tradicionales cuestiones filosóficas sobre el ser humano y le permitían un lenguaje más elocuente y un latín más elegante. Las siguientes palabras de Petrarca son muy significativas respecto del poco aprecio que muchos humanistas del renacimiento mostraban por el conocimiento y la explicación de los fenómenos naturales. "Aunque todas estas cosas fueran verdaderas, no contribuirían en modo alguno a una vida feliz, pues ¿en qué nos ayuda familiarizarnos con la naturaleza de los animales, pájaros, peces y reptiles si seguimos ignorándolo todo respecto a la naturaleza de la especie humana a la que pertenecemos, y no sabemos o no nos preocupamos por saber, de dónde venimos y hacia dónde vamos?" También encontramos este tipo de menosprecio de la ciencia por su supuesta irrelevancia cultural en la crítica romántica al programa racionalista de la Ilustración. E independientemente de que se pueda calificar a Nietzsche como un filósofo romántico anti-ilustrado o simplemente como un ilustrado crítico, sus opiniones sobre la ciencia intentan una descalificación de esta por su estilo de pensamiento y la naturaleza de sus resultados. En realidad, la crítica nietzscheana de la ciencia se deriva de su valoración negativa del conocimiento conceptual respecto del conocimiento intuitivo y las impresiones directas, espontáneas y fugaces de lo individual e irrepetible. Para Nietzsche, los conceptos son creaciones humanas que resultan de la búsqueda de lo general y permanente, de la anulación de las diferencias, y se convierten en "metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas"; son, en fin, toscas representaciones, descoloridas y petrificadas, de las intuiciones originales. Según Nietzsche, el conocimiento conceptual, condición de la racionalidad humana, "insufla en la lógica el rigor y la frialdad peculiares de la matemática" y tiene su mejor expresión en la formulación de las leyes naturales, que conforman el contenido de la ciencia moderna. Tales leyes, "incomprensibles en su esencia", se limitan a recoger relaciones superficiales entre fenómenos, a las que otorgan una validez espaciotemporal ilimitada que no es un descubrimiento, sino una concesión, un presupuesto, de modo que, por ejemplo, "toda la regularidad de las órbitas de los astros y de los procesos químicos, regularidad que tanto respeto nos infunde, coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros introducimos en las cosas" (Nietzsche, 1873(Nietzsche, /1980, pp. 8-16), pp. 8-16). Resulta curioso cómo la teoría de los conceptos de Nietzsche, a partir del supuesto difícilmente rebatible de que los conceptos son abstracciones o construcciones humanas que recogen ciertas semejanzas entre objetos o sucesos, desemboca gratuitamente en una visión claramente despectiva de la racionalidad humana y de la ciencia; una conclusión en la que juega un papel decisivo su permanente añoranza del conocimiento de las "esencias" de las cosas y los fenómenos. Esta depreciación de la ciencia por su supuesta irrelevancia cultural la encontramos también, aunque con matices propios, en Heidegger, quien en su Introducción a la metafísica, tras defender la primacía de la filosofía sobre la ciencia tanto "lógicamente" como en cuanto a "la existencia espiritual", cree detectar en la ciencia, ya sea en su aspecto práctico o tecnológico como en su aspecto teórico, un alarmante "debilitamiento del espíritu", e incluso se atreve a denunciar que la interpretación de la ciencia "como valor cultural, trata de encubrir la impotencia del espíritu por medio de una inconsciente tendencia a la mentira" (Heidegger,1953(Heidegger, /2001, pp. 22-54), pp. 22-54). Ya sea por lejana influencia del humanismo renacentista o por la más cercana del romanticismo, el caso es que hasta no hace mucho, y todavía en parte, la admiración por los prodigios del desarrollo científico y sus aplicaciones técnicas ha convivido en occidente con la convicción de que la verdadera cultura o lo más valioso de ella (esto es, lo más excelente, profundo y refinado) se situaba en el terreno de las humanidades, es decir, de la literatura, el teatro, la poesía, el arte, la historia, la filosofía, el cine, etc. Aunque se reconocieran los méritos del estudio de la naturaleza y sus secretos, mucho más interesante se ha venido considerando el afán por desentrañar los misterios de la condición humana, individual, social o histórica, dando por supuesto que se trata de dos territorios incomunicados. Esta situación es la que a423 propicia la última etapa de los conflictos entre la ciencia y su entorno cultural que vengo mencionando: una etapa en la que no se discute sobre la verdad o la relevancia de los contenidos de la ciencia ni sobre la bondad de sus aplicaciones, sino sobre el prestigio social de la ciencia y las humanidades y el reconocimiento por parte de las instituciones y de los ciudadanos, al tiempo que se esbozan algunas propuestas para superar la zanja entre estas dos áreas culturales. Cabe situar el inicio de esta tercera fase en la ya célebre conferencia de C. P. Snow en la Universidad de Cambridge en 1959, "The two Cultures", publicada posteriormente y ampliada en 1964. La expresión de "las dos culturas" alude claramente a la tradicional división entre la cultura científica y la de las humanidades. Sin embargo Snow se refiere solo a las diferencias e incompatibilidades que cree advertir entre los físicos y los "intelectuales literarios" (novelistas, poetas, dramaturgos), entendiendo que los físicos son los científicos más representativos, y que los literatos representan cualificadamente a la otra cara de la cultura, de modo que la contraposición entre físicos y literatos constituiría "una metáfora vistosa" (Snow, 1964(Snow, /1977, p. 19) de la escisión de la cultura humana en dos mundos incomunicados y muy distintos psicológica, intelectual y moralmente. En tal contraposición los científicos aparecen como ciudadanos solidarios, tenaces y optimistas, convencidos de que pueden hacer mucho por resolver los grandes problemas de la humanidad. Son, según Snow, personas inteligentes y acostumbradas al diálogo y el debate y "el grupo de intelectuales más sano que tenemos" en lo moral; y en cuanto a los resultados de su trabajo, los científicos crean una cultura "rica en contenido teórico, generalmente mucho más rigurosa y casi siempre de un nivel conceptual más alto que las teorías de los intelectuales literarios" (Snow, 1964(Snow, /1977, p. Estos, sin embargo, gozarían de un prestigio y una influencia social muy superior a los que se otorgan a los científicos, aunque viven apegados a la cultura tradicional, desconectados del conocimiento científico y ajenos o reticentes a las innovaciones tecnológicas y son, por lo general, seres antisociales e incluso reaccionarios ética y políticamente. Y como prueba de ello esgrime Snow las convicciones fascistas de Pound y Yeats, la actitud antisemita y belicista de Dostoievski o lo que presenta como pesimismo anti-tecnológico de Lawrence u Orwell. Snow entreveía, sin embargo, una superación de la división entre las dos culturas en una "tercera cultura" aún en ciernes, que estaría formada por las ciencias sociales: historia social, sociología, demografía, economía, psicología (Snow, 1964(Snow, /1977, p. Si atendemos solo al tono maniqueo, simplista y tendencioso de este panfleto de Snow resulta inexplicable el eco que ha alcanzado posteriormente; sin embargo, hay que reconocer que tuvo el acierto y la oportunidad de llamar la atención sobre el hecho ya mencionado de que se llegara a identificar "la cultura" (o lo más excelente de la cultura humana) con la cultura humanista 3 y denunciar que el término "intelectual" quedara reservado, por lo general, para profesionales de este área de la cultura y que muchos de ellos gozaran de un reconocimiento social excepcional y de una cercanía a los poderes públicos y centros de decisión de los que, por lo general, carecían los científicos. Sin embargo, el panorama ha cambiado notablemente. Desde mediados del siglo XX ha venido creciendo en la población la necesidad de una cultura científica básica, con la correspondiente oferta divulgativa por parte de muchos científicos, convencidos de que esta labor constituye una parte importante de su trabajo. Actualmente la información sobre ciencia y tecnología está presente en prensa, radio, televisión, librerías e internet, y son muchos los científicos (pensemos en Isaac Asimov, Stephen Hawking, Carl Sagan, Stephen Jay Gould, Richard Dawkins o Daniel Dennett) que han conseguido una imagen pública tradicionalmente reservada a muy pocos de ellos. Es un hecho que el prestigio social de la ciencia ha crecido considerablemente y que poca gente consideraría ya que se puede ser "culto" desconociendo conceptos básicos de la biología, la física o la tecnología. Sin embargo, no han cesado en las últimas décadas los enfrentamientos entre "las dos culturas", si bien se ha tratado tan solo de una serie de reproches mutuos y de polémicas con poco calado conceptual y un discreto eco editorial entre determinados sociólogos y filósofos, por una parte, y un reducido número de científicos, por otra. Resulta desproporcionado que a estas escaramuzas dialécticas se les haya llamado "las guerras de la ciencia". De todos modos, me detendré brevemente en estas discusiones atendiendo a que uno y otro bando presentan sus puntos de vista como fórmulas para crear puentes o disolver fronteras entre la cultura científica y la humanista y poner fin a los tradicionales conflictos entre ellas. La filosofía de los años sesenta rompió con la imagen tradicional de la ciencia, heredera de una pers-a423 pectiva positivista. Autores como Popper, Hanson o Toulmin insistieron en el carácter hipotético y provisional del conocimiento científico y en la inevitable carga teórica de la observación y la experimentación en la ciencia, y como es bien sabido, Kuhn defendía que no se pueden comprender los cambios en el desarrollo de la ciencia atendiendo solo a criterios lógicos y empíricos y prescindiendo de factores externos (sociales, económicos, psicológicos, etc.). Sin embargo, esta oportuna labor crítica tuvo en el campo de la filosofía algunas derivaciones extremas que ofrecían una imagen irreconocible de la ciencia. Feyerabend llegó a sostener que dentro de una ciencia existen puntos de vista "a menudo tan diferentes como las ideologías subyacentes a las distintas culturas", que no existe un método científico específico y que "la ciencia es mucho más semejante al mito de lo que cualquier filosofía científica está dispuesta a reconocer" (Feyerabend, 1975(Feyerabend, /1981, p. El giro sociológico que Kuhn, entre otros, introdujo en el análisis del desarrollo de la ciencia estuvo acompañado del incremento de interesantes estudios históricos, sociales, económicos y políticos sobre la ciencia. Y hubo sociólogos y filósofos que, desde una perspectiva similar a la de Feyerabend, intentaron despojar drásticamente a la imagen de la ciencia de atributos como la objetividad, la neutralidad, la autonomía, la universalidad o la racionalidad, de modo que, convertido en un producto cultural como cualquier otro, el conocimiento científico sería mero producto de las condiciones sociales, económicas o políticas del entorno en que surge, su análisis no exigiría categorías o criterios sustancialmente distintos a los utilizados en los estudios culturales de actividades como el cine, la religión o la literatura, y la misma actividad científica podría estar tan sujeta a la opinión pública como puede estarlo una determinada política educativa, fiscal o laboral. Sociólogos del conocimiento como Barnes, Bloor, Collins, Mackenzie o Pickering, para quienes el conocimiento no es más que un conjunto de creencias compartidas por determinados grupos o culturas, han defendido que los estudios sobre el conocimiento científico deben prescindir de consideraciones acerca de su verdad o su falsedad, su justificación o falta de ella, dado que los contenidos de estos criterios no tienen carácter universal, sino que varían según cada grupo social o cultural (Barnes y Bloor, 1982). Otros sociólogos (Knorr-Cettina, Latour, Woolgar), más centrados en el análisis de prácticas científicas concretas, han insistido en que los datos experimentales no son meros registros de fenómenos naturales, sino resultados de los acuerdos con los que se resuelven las controversias en el interior de los grupos de investigadores (Latour, 1987, p. 258); de modo que la investigación experimental no descubre hechos naturales ni formula verdades acerca de ellos, sino que construye los hechos, aunque luego legitime esos acuerdos y creaciones con la habitual retórica sobre la cuidadosa observancia del método científico (Latour y Woolgar, 1979, p. Por su parte, el crítico cultural Aronowitz (1988), insistiendo en la fundamental semejanza de las ciencias con otras disciplinas y actividades culturales, 4 afirmaba que también la ciencia de cada momento histórico y cada país es producto y reflejo de la ideología política dominante; de modo similar la psicóloga y filósofa Irigaray ha sostenido que "la ciencia hace siempre determinadas elecciones, determinadas exclusiones, debido sobre todo al sexo de los estudiosos que se dedican a ella" (Irigaray, 1987, p. 219); y la antropóloga Harding ha denunciado que la ciencia actual "no sólo es sexista, sino también racista, clasista y culturalmente coactiva" y que "la física, la química, las matemáticas y la lógica conservan las huellas de sus creadores culturales no menos que la antropología y la historia", a lo que añadía que el androcentrismo de la ciencia moderna, unido a la creencia en el carácter progresivo de la racionalidad científica, nos ha llevado a un punto en el que es necesaria "una revolución intelectual, moral, social y política más radical de lo que los fundadores de las modernas culturas occidentales jamás habrían imaginado" (Harding, 1986(Harding, /2010, p. En este marco de revisión crítica de la ciencia como producto cultural y de propuestas de cambios en ella se inscriben los consejos del sociólogo Ross, que cree que la ciencia debería revisar sus pretensiones de validez universal y relativizar sus exigencias metodológicas a fin de que sean posibles modos distintos de hacer ciencia en los que se respete la diversidad de los valores culturales (Ross, 1996). Tiene razón Hacking al afirmar que lo que estos constructivistas sociales combaten "no es la verdad de la proposiciones aceptadas por la ciencia, sino una imagen demasiado ensalzada de lo que hace la ciencia o la autoridad que los científicos reclaman para el trabajo que llevan a cabo" con el fin de "asegurar la autoridad cultural de la ciencia" (Hacking, 1999(Hacking, /2001, pp. 159-160), pp. 159-160). Y el modo de hacerlo consiste básicamente en democratizarla, pero en el sentido de despojarla de sus características propias hasta convertirla en una variedad cultural como cualquier otra, considerando que con ello contribuyen a superar la brecha entre ciencia y humanidades construyendo puentes entre ellas (Latour, 1999, p. 17 Como era de esperar, esta visión reduccionista de la ciencia suscitó diferentes respuestas desde el lado de la cultura científica. Por esos años aparecieron numerosos artículos y libros en los que, frente a tanta interpretación relativista, se reivindicaban los valores epistémicos en la ciencia como explicación de sus éxitos teóricos y prácticos 5. En este apartado es inevitable mencionar el conocido e ingenioso "asunto Sokal". En 1996, el físico de la universidad de Nueva York Alan Sokal tuvo la perspicaz idea de enviar a la revista de sociología Social Text un artículo que era solo una leve exageración de afirmaciones relativistas respecto a la ciencia como las que acabamos de citar. En él encontramos despropósitos como que la gravedad cuántica (una teoría aún en ciernes) es un tipo de física liberadora que serviría de apoyo a las causas políticas progresistas; que la metodología de la ciencia posmoderna ofrece una valiosa herramienta intelectual al proyecto político de derribar las fronteras en la vida social y cultural; que es necesaria una matemática "emancipada" acorde con la nueva física posmoderna; o que la teoría del campo cuántico confirma el punto de vista de Lacan sobre la neurosis (Sokal, 1996). El artículo fue aceptado y poco más tarde Sokal desveló que se trataba de un artículo carente de rigor conceptual, plagado de absurdos y barbaridades bien trabados, cuya aceptación y publicación ponían de manifiesto la falta de criterio o la permisividad de la revista con los contenidos acordes con su ideología. Hubo también respuestas indignadas de científicos a esa versión "posmoderna" de la ciencia, pero con un tono polémico diferente. Así el biólogo Paul Gross y el matemático Norman Levitt, aunque llevan a cabo una crítica certera de la frivolidad e incompetencia con que algunos sociólogos y críticos literarios opinan sobre la actividad científica, mantienen una actitud sarcástica y despectiva, y en el capítulo final llegan a sostener que, en contraste con el desconocimiento de la cultura científica que muestran muchos profesores de humanidades, los científicos están, por lo general, muy capacitados para enseñar historia o filosofía de forma competente (Gross y Levitt, 1994). En un tono muy semejante y de un modo no menos gratuito Hawking y Mlodinow (2010, p. 11) afirman que la filosofía, debido a su desconexión con la física actual, ya no es capaz de ofrecer respuestas a las viejas preguntas que le son propias y que son los científicos quienes tienen que retomar esa tarea. Esta idea de un relevo en las tareas que han estado tradicionalmente en manos de intelectuales de humanidades es visible en la reacción de algunos cien-tíficos a los excesos críticos de estos y está presente, por ejemplo, en el planteamiento editorial del libro colectivo La tercera cultura. Este libro, recopilado por el agente literario John Brockman, ofrece una serie de interesantes artículos divulgativos sobre física, genética, biología evolutiva, informática, neurofisiología, física, etc. a cargo de reconocidos especialistas (como Gell-mann, Penrose o Dawkins). Pero en la introducción Brockman aclara que el término de tercera cultura del título se refiere a los trabajos divulgativos de científicos que "están ocupando el lugar del intelectual clásico a la hora de poner de manifiesto el sentido más profundo de nuestra vida, replanteándonos quiénes y qué somos" (Brockman, 1995, p. En términos parecidos se expresan varios autores del libro en esa misma introducción. Esta aspiración de superar la tradicional escisión entre "las dos culturas" mediante la ocupación por parte de la cultura científica de terrenos que tradicionalmente han pertenecido a las humanidades, es decir, de unificar la cultura mediante una reducción a partir de los conocimientos que la ciencia nos ofrece o puede previsiblemente llegar a proporcionarnos, es central en el polémico libro del entomólogo Edward O. Wilson Consilience. La unidad del conocimiento. Las ideas de Wilson acerca de la unidad o unificación del conocimiento humano no siempre son coherentes. En su versión más razonable tal unificación implicaría, por ejemplo, que todo proceso mental "tiene un fundamento físico y es consistente con las ciencias naturales" o que ciertas predisposiciones naturales influyen eficazmente en determinadas manifestaciones o instituciones culturales, como el totemismo o las ceremonias religiosas (Wilson, 1999, p. Sin embargo, en el último capítulo Wilson reclama una interpretación decididamente reduccionista de sus consideraciones acerca de la unidad del conocimiento y dice haber argumentado que, aunque existan diferentes explicaciones de los fenómenos (explicaciones antropológicas, psicológicas, etc.), solo hay "intrínsecamente" un tipo de explicación, porque "todos los fenómenos tangibles, desde el nacimiento de las estrellas hasta el nacimiento de las instituciones sociales se basan en procesos materiales que en último término son reducibles, por largas y tortuosas que sean las consecuencias, a las leyes de la física". De modo que las peculiaridades de nuestra especie y, en general, la cultura humana "sólo tendrán sentido completo cuando se conecten mediante explicaciones causales a las ciencias naturales" (Wilson, 1999, pp. 389-390). Hemos visto que tanto la crítica relativista de la ciencia como la reacción de muchos defensores de la a423 cultura científica tienen en común el afán de superar la brecha entre ciencia y humanidades mediante una unificación que adopta una forma distinta en cada caso: en el primero, esta unificación exigiría la disolución de las fronteras, esto es, la negación de cualquier demarcación de la ciencia; y en el segundo, la solución estaría en la reducción de la cultura humanista a cultura científica. No voy a detenerme a mostrar lo insatisfactorio de ambas propuestas, sino que me centraré en una cuestión que las ideas de Wilson suscitan. Tras conocer su propuesta es sensato preguntarse: ¿acaso la ciencia ha logrado una unificación de sus diversas ramas y especialidades como la que se propone en el caso de "las dos culturas"?, ¿en qué consiste o podría llegar consistir esa unidad de la ciencia? En lo que sigue partiré de estas cuestiones con el fin de extraer algunas consecuencias que puedan ser aplicables a los enfrentamientos o supuestas incompatibilidades entre la cultura científica y la humanista. LA UNIDAD DE LA CIENCIA Uno de los grandes valores en el desarrollo de la ciencia es la unificación, el descubrimiento de que fenómenos, leyes o teorías aparentemente distintos responden a unos mismos principios, de modo que elementos teóricos antes dispersos pasan a formar parte de una teoría más general capaz de dar razón de cada uno de ellos. De hecho, en la ciencia moderna, la física newtoniana surge como unificación, mediante el concepto de fuerza gravitatoria, de los descubrimientos de Copérnico y Kepler en mecánica celeste y de Galileo en la caída de los cuerpos en la Tierra. Luego en el siglo XIX, tanto el electromagnetismo de Maxwell, que aglutinó en una misma teoría la luz, el calor radiante, la electricidad y el magnetismo, como la teoría cinética del calor supusieron dos importantes logros unificadores de fenómenos diferentes en apariencia. Y en la segunda mitad del siglo XX la unificación de la fuerza electromagnética con las interacciones nucleares débil y fuerte reavivó la idea de una física plenamente unificada en lo que ha llegado a denominarse de modo grandilocuente la teoría del todo. Pero la física no es la única ciencia con éxito en este aspecto; ahora también se invocan profundas conexiones entre la química orgánica y la genética en el campo de la biología molecular. No es extraño, por tanto, que la unidad de la ciencia haya sido uno de los grandes temas de la reflexión filosófica sobre esta. Podemos encontrar muestras de ello tanto en Kant como Comte y, sobre todo, en el Círculo de Viena, en cuyo documento fundacional, "La concepción científica del mundo", se afirma que el grupo tiene como meta "lograr la ciencia unificada" (Carnap, Hahn, y Neurath, 1929). El modo más habitual (no el único, como veremos) de concebir esta labor unificadora de la filosofía tenía en Carnap su mejor exponente y consistía básicamente en dos tipos de reducción, una semántica y otra metodológica. La reducción semántica exigía disponer de un lenguaje de observación neutro teóricamente y seguro epistémicamente desde el que poder interpretar los distintos términos científicos, para descartar así injerencias metafísicas en el lenguaje de las teorías. Y la reducción metodológica, inspirada en la labor de Hilbert en la axiomatización de la geometría, estaba orientada a presentar la ciencia en su totalidad como un sistema jerárquico de teorías y leyes de diferentes niveles relacionados deductivamente a partir de los principios o leyes fundamentales de la física (Carnap, 1928). Este programa reduccionista no era ajeno a la convicción de que la naturaleza misma está organizada de tal modo que los principios de la física explican todo tipo de fenómenos y regularidades químicas, biológicas, mentales o sociales. Sin embargo, a pesar de los mencionados logros en la unificación de teorías, la historia de la ciencia no nos permite ser muy optimistas respecto de la consecución de una ciencia unificada. Ciertamente, la teoría cinética del calor convirtió a la termodinámica en una teoría fenomenológica explicada básicamente desde la mecánica clásica, pero aún sigue pendiente de explicación la omnipresente irreversibilidad que el principio de entropía contempla; y en cuanto a la unificación de las fuerzas fundamentales, la fuerza gravitatoria se resiste a mostrarse compatible con las interacciones nucleares, cavando una zanja entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Por otra parte, en biología, la perspectiva reduccionista de, por ejemplo, el genetista Watson o el entomólogo ya mencionado Wilson se ha encontrado con el escepticismo de Mayr o Levontin, quienes, frente al enfoque exclusivamente atomista en genética, han abogado por un acercamiento más holista y medioambiental. Finalmente, las ciencias cognitivas y las sociales, dada su diversidad de enfoques, propia de ciencias jóvenes que, además, se enfrentan a fenómenos altamente complejos, no prometen de momento una unificación interna. Esta realidad ha tenido eco en la filosofía de la ciencia de las últimas décadas, que ha incluido en su agenda una revisión del viejo ideal de una ciencia unificada. Destaca en este aspecto la llamada Escuela a423 de Stanford, que reúne a filósofos como John Dupré, Ian Hacking, Peter Galison, Patrick Suppes o Nancy Cartwright, entre otros. Según Cartwright, una malinterpretación de la naturaleza de las teorías científicas junto a una especie de realismo extremo en cuanto a su estructura han creado falsas expectativas respecto de la unificación de la ciencia. El éxito de muchas teorías científicas y de algunas unificaciones y reducciones teóricas parciales ha suscitado la creencia en un mundo racionalmente ordenado, en el que cada ley o regularidad empírica es una realización de un principio o ley fundamental, y que puede ser representado por un sistema teórico universal. 17), que ha acompañado a la física moderna durante siglos, estaba también presente en el proyecto de una ciencia unificada del Círculo de Viena y del empirismo lógico y lo está en el concepto de teoría del todo de la física contemporánea. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una teoría científica (Cartwright se refiere especialmente a las teorías de la física) es solo una organización de leyes experimentales o fenomenológicas a partir de unos principios sumamente abstractos que no añaden ningún contenido a las leyes que articulan. Y estas leyes fenomenológicas, que son las que describen el mundo, están circunscritas a situaciones concretas, son diversas y en general independientes entre sí. Incluso aquellas que tratan de un mismo tipo de fenómenos no forman de suyo una pirámide, sino un mosaico (patchwork). Si unimos estas consideraciones al hecho de que incluso las mejores teorías tienen un alcance limitado, dado que solo son aplicables a situaciones parecidas a las de sus modelos, es preciso concluir que lo que la ciencia actual nos muestra (y la física es buen ejemplo de ello) no es una unidad o la prueba de que esta es posible, sino una gran diversidad: una variedad de disciplinas con diferentes grados de precisión que tratan de campos distintos con algún que otro solapamiento errático. Por tanto, no hay razones para pensar que nuestro mundo está racionalmente estructurado de tal modo que cada suceso o regularidad obedezca a una ley fundamental. Lo que el conocimiento científico nos muestra es un mundo moteado (a dappled world): un mundo rico en cosas distintas con naturalezas diferentes que se comportan de modos diferentes, un mundo en el que muchos sucesos no están cubiertos por ninguna ley porque ocurren en la intersección de teorías donde no hay ninguna ley específica. Por tanto, la idea de la unidad de la ciencia como meta o ideal tiene como base un malentendido, fruto de la confusión entre las características de nuestras teorías y la propia naturaleza (Cartwright, 1999, pp.1-17). En su defensa del pluralismo en la ciencia, Cartwright y otros autores (Cartwright, Cat, Flech y Uebel, 1996) han destacado la figura de Neurath, un autor notablemente comprometido con el proyecto de unificación de la ciencia, mostrando su cercanía al modo en que este concebía las relaciones entre las diversas disciplinas científicas. El sociólogo, economista y filósofo Otto Neurath fue uno de los padres del Círculo de Viena, creó el Instituto Internacional de la Ciencia Unificada en 1934 en La Haya, y en 1938 fundó en Chicago, junto con Carnap y Morris, la Enciclopedia Internacional de la Ciencia Unificada. Su concepción de la unidad de la ciencia, diferente, como veremos, de la habitual en el Círculo de Viena y sus epígonos, era acorde con su pensamiento político, su interés en la vida social y el bienestar de los ciudadanos 6 y sus ideas sobre la función de la ciencia en la sociedad. La ciencia era para Neurath una empresa fundamentalmente social, cuyas leyes permiten la predicción y el control de fenómenos naturales y sociales y, por tanto, la solución de múltiples problemas (económicos, bélicos, educativos, de convivencia, etc.) que afectan a los ciudadanos. Sin embargo las leyes científicas son enunciados abstractos que se ocupan selectivamente de determinadas clases de fenómenos (físicos, químicos, biológicos o sociales) y sólo se cumplen apropiadamente en condiciones privilegiadas, diseñadas y producidas artificialmente en el laboratorio: unas condiciones muy distintas de las que espontáneamente se dan en la naturaleza o en la sociedad, donde los fenómenos son singulares, irrepetibles y sumamente complejos en cuanto a sus propiedades y sus causas, de modo que no se pueden predecir a partir de un solo tipo de leyes y exigen la utilización de leyes de distintas disciplinas: "Es cierto que se pueden distinguir diferentes clases de leyes: por ejemplo, leyes químicas, biológicas o sociológicas; sin embargo, no se puede decir que la predicción de un proceso individual concreto dependa sólo de una clase concreta de leyes. Por ejemplo, el incendio de un bosque en un determinado lugar de la Tierra depende tanto del tiempo meteorológico como de si ha habido o no intervención humana. Sin embargo, esta intervención sólo se puede predecir si se conocen las leyes del comportamiento humano. Esto es, en ciertas circunstancias debe ser posible conectar todo tipo de leyes unas con otras" (Neurath, 1931(Neurath, /1983, p. 59, cursivas en el original). Por tanto, la predicción y el control de fenómenos naturales y la solución de los problemas sociales exigen disponer de conocimientos y leyes provenientes de ciencias muy distintas. En esta consideración se a423 basa el proyecto de Neurath de una ciencia unificada, que consistiría básicamente en hacer asequibles los conocimientos provenientes de diferentes ciencias para facilitar la colaboración y el entendimiento de científicos de distintas disciplinas en la solución de problemas sociales concretos: "la acción común nos empuja hacia una ciencia unificada" (Neurath, 1931(Neurath, /1973, p. Pero tal proyecto no consistía en articular las distintas leyes y teorías científicas en un único sistema deductivo a partir de las leyes fundamentales de la física, como proponía, entre otros, Carnap, sino en una tarea enciclopédica (no muy distinta de la de L'Enciclopedie de Diderot) cuyo objetivo era ofrecer un "mosaico" o "agregado" de leyes de ciencias diferentes, una "orquestación interdisciplinar" del conocimiento científico en su rica variedad (Neurath, 1936(Neurath, /1983(Neurath, y 1946(Neurath, /1983) o, como dice en otro lugar, "el stock de todas las leyes conectables y lógicamente y realmente compatibles" (Neurath, 1931(Neurath, /1973, p. En definitiva, para Neurath, la creación de una ciencia unificada no era una cuestión de reducción teórica entre ciencias sino una tarea académica orientada a "servir con acierto a toda actividad transformadora" (Neurath, 1930(Neurath, /1983, p. Un necesario complemento de este proyecto era la formación de un lenguaje básico común que permitiera la comunicación entre científicos de distintas especialidades y de estos con el resto de ciudadanos. Sin embargo, Neurath no creía que para este fin hubiera que perseguir un lenguaje de observación neutro y seguro que confiera precisión y certeza a las expresiones de la ciencia, porque tal lenguaje tendría que ser acerca de sensaciones, un lenguaje solipsista, subjetivo, privado. El tipo de lenguaje que proponía Neurath era un lenguaje sobre objetos y sucesos espaciotemporales (lo que entendía por lenguaje "fisicalista") (1931/1983), aunque sus expresiones, incluso las más elementales, los enunciados protocolares, carezcan de la certeza que tanto valoraban otros miembros del Círculo de Viena: En suma, la idea de unificación de la ciencia de Neurath se distancia del proyecto reduccionista de sus compañeros de escuela para situarse en el terreno pragmático de la solución de problemas sociales específicos, cuya complejidad exige la colaboración de distintas ciencias, y se concreta en la elaboración de un compendio organizado de conocimientos científicos teóricos y prácticos que facilite esta colaboración. VOLVIENDO A LAS DOS CULTURAS Por cuanto hemos visto acerca de la unidad de la ciencia, no merece mucha confianza un proyecto reduccionista de la cultura como el sugerido por Wilson. Sin embargo, por otra parte, resulta fácil aplicar a la cuestión de las relaciones entre ciencia y humanidades las ideas de Neurath respecto de la unidad de la ciencia. Los grandes problemas, tanto locales como globales, que afectan actualmente a la humanidad, ya se trate de los movimientos migratorios y de refugiados, el calentamiento global, la creciente desigualdad entre países y dentro de ellos, la corrupción, el terrorismo, etc., no tienen cada uno de ellos una sola causa sino que resultan de la confluencia de causas de diferentes tipos, y hacerles frente con un mínimo de realismo exige abordarlos desde distintos frentes y contar con las aportaciones de profesionales de distintas áreas de nuestra cultura, no solo de la cultura científica y de la tecnología. Tengamos en cuenta que las soluciones, a corto o largo plazo, de problemas como los mencionados exigen en última instancia decisiones políticas nacionales e internacionales. La lucha contra la desigualdad, por ejemplo, es una cuestión política que parece exigir, entre otras medidas, el establecimiento de un impuesto progresivo sobre el capital a nivel multinacional (Piketti, 2013); y no merecen ninguna confianza medidas contra el calentamiento global que no incluyan políticas que potencien la investigación en nuevas tecnologías no contaminantes y formas de energías renovables lo suficiente abundantes que permitan ir prescindiendo de los hidrocarburos. La importancia de las decisiones políticas multinacionales es aún más obvia ante problemas como los movimientos masivos de refugiados, la corrupción o el terrorismo. Sin embargo, sería ingenuo esperar que las convicciones personales, igualitarias, ecologistas, humanitarias o de transparencia, de los políticos de turno propicien medidas conducentes a combatir tales problemas. Las disposiciones legislativas y las actuaciones orientadas a tal efecto son o serán, sobre todo, respuestas a las opiniones, sentimientos, presiones generalizadas y movilizaciones de los ciudadanos a favor de ellas. Como la experiencia de los últimos años nos muestra, la inclusión en los programas de los partidos políticos de medidas de "regeneración democrática" o de transparencia no proceden de una súbita a423 conversión de nuestros políticos sino de las oleadas de indignación que han producido en la población los múltiples casos de corrupción; y no parece admitir muchas dudas el hecho de que el cumplimiento de los planes presentados por 150 países en la Cumbre sobre el Cambio Climático celebrada en París en diciembre de 2015 para reducir sus propias emisiones de gases dependerá en última instancia de la fuerza que los ciudadanos de los distintos países ejerzan sobre sus gobiernos. En suma, la solución de problemas como los mencionados depende en gran medida de la conciencia que de ellos tengan los ciudadanos, de sus exigencias ante sus gobernantes, de su implicación en las medidas adecuadas que se adopten y de su aceptación de las consecuencias colaterales de estas. Llegados a este punto es inevitable resaltar la influencia que en la formación de opiniones, creencias, valores, conciencia social y actitudes de los ciudadanos ante los grandes problemas sociales tienen elementos de la cultura como la sociología, la ideología política, la filosofía, la ética, la antropología o la historia: áreas humanísticas cuyos contenidos se difunden y circulan entre la población a través del ensayo, la narrativa, los blogs, las redes sociales, el periodismo de opinión, el cine, la televisión, la radio o el teatro, esto es, medios que, en un país democrático, favorecen la información, la reflexión crítica, la desarticulación de mitos, la discusión racional y la formación de criterios propios en cuestiones para las que la ciencia y la tecnología no siempre aportan respuestas, unas veces porque no han llegado aún a ellas y otras porque sencillamente no forman parte de sus objetivos. Desde esta perspectiva carecen de sentido los enfrentamientos entre distintos aspectos de la cultura, como es el caso de las discusiones y "guerras" entre paladines de la ciencia y de las humanidades. La guerra realmente importante en el ámbito de la cultura es la que se dirige contra los problemas que afligen o amenazan a los ciudadanos y contra las creencias, mitos, tópicos, opiniones y actitudes que dificultan su solución, y en ella es imprescindible la colaboración de distintas áreas de nuestra cultura, sin que en esta tarea ninguna de ellas deba renunciar a su identidad, a su propia perspectiva y a sus objetivos. Pero finalmente son imprescindibles dos breves comentarios. La conclusión de este artículo es un entendimiento meramente pragmático entre la ciencia y su contexto cultural, una propuesta de mínimos que en modo alguno expresa todo el contenido y la relevancia cultural tanto de la ciencia como de las humanidades. Más allá de sus aplicaciones prácticas, el conocimiento que nos ofrecen las teorías científicas mejor establecidas nos permite encontrar explicaciones de los fenómenos y una imagen de la naturaleza física, biológica y humana mucho más sólida de lo que los distintos relativismos culturales predican y mucho más satisfactoria que las procedentes de creencias pseudocientíficas, revelaciones divinas o antiguas leyendas. Del mismo modo, resultaría injustamente empobrecedor valorar la cultura humanista solo por su capacidad para configurar en los ciudadanos determinadas actitudes o valores orientados a la solución de problemas prácticos comunes. Ello supondría olvidar todos los aspectos éticos y estéticos de las humanidades y, sobre todo, su calidad de ámbito donde se replantean nuestros grandes y viejos problemas y se generan concepciones generales del mundo y de la vida humana que, en consonancia con la ciencia, contribuyen a dar sentido a nuestra existencia. Pico de la Mirandola nos presenta a Dios diciendo a Adán: "La naturaleza de las demás criaturas está definida y limitada por las leyes que he establecido. Sin embargo, tú, libre de tales restricciones, podrás trazar por ti mismo los rasgos de tu propia naturaleza [...] No te he hecho celeste ni terrestre, mortal ni inmortal, para que, por ti mismo, como libre y soberano artífice, te forjes de la forma que hayas escogido" (Garin, 1994, pp. 8-9). Como resaltaba Snow (1964Snow ( /1977)), muchos británicos que consideraban imperdonable culturalmente no haber leído alguna obra de Shakespeare no creían tan grave desconocer el contenido del segundo principio de la termodinámica (p. Tampoco Rorty (1988), discutiendo si la ciencia configura una clase "natu-ral" en el contexto de la cultura, creía ver ninguna diferencia esencial entre la química y la crítica literaria o la biología y la moralidad. Cabe destacar en este aspecto las críticas al relativismo de los filósofos Laudan (1996) y Boghossian (2006).
Es notable la cantidad de edificaciones que han existido y existen en Doñana. Estas construcciones, muy diversas, exponen la identidad del lugar. Han desaparecido algunas de ellas; otras se hallan en un proceso de degradación que nos hace plantearnos la cuestión de la conservación de lo construido en un medio natural singular. En el presente trabajo, se recopila, actualiza y completa la información disponible sobre el estado actual del patrimonio edificado de Doñana y se analiza la estructura de implantación de las edificaciones. Se comprueba cómo ha evolucionado la edificación en el Parque a lo largo de la historia, en qué estado ha llegado hasta nuestros días, cómo ha servido al hombre de este entorno, de qué manera ha desempeñado sus funciones básicas de cobijo y protección del hombre y cómo podrían afrontar su futuro, en torno a las mismas estrategias de eficiencia que las han hecho sobrevivir hasta hoy. INTRODUCCIÓN 1.El hombre y la naturaleza en los extremos La relación entre el hombre y la naturaleza en los espacios naturales protegidos no transita por lugares comunes, ni sigue las pautas habituales y más extendidas en el mundo contemporáneo. Frente al hombre post Revolución Industrial, que entra como una fuerza modificadora de la naturaleza y mantiene una relación de equilibrio inestable y precario con el medio que le rodea, el hombre que ha habitado históricamente estos lugares, incluso el habitante contemporáneo, mantiene una relación mucho más compleja con estos medios naturales. Un primer acercamiento al estado actual de estos espacios puede dejarse llevar por una aproximación maniquea y una simplificación propia de determinados prejuicios, y contemplar a la naturaleza como una fuerza positiva y al hombre como un motor negativo. Esto no es válido en la mayor parte de los espacios naturales protegidos; la naturaleza es aquí una naturaleza experimentada y vivida por el hombre, con una densa historia común (Castrillo Díaz, 2000, p. (Figura 1) El imaginario colectivo no asocia los espacios naturales protegidos a la edificación y, sin embargo, es notable la cantidad de edificaciones que han existido y siguen existiendo hoy en algunos de ellos. La mayoría de ellas son reflejo de los aprovechamientos históricos de estas tierras: caza, pesca, ganadería, aprovechamientos forestales. Y es notable también la presencia de una arquitectura popular y vernácula doméstica, como la más cercana al hecho fundacional de la arquitectura: dar cobijo frente al medio (Agudo Torrico, 1999, pp. 13-15). La vivienda, como manifestación más funcional de esta necesidad de arquitectu-ra, es también testimonio de rasgos diferenciadores y de la construcción de una cultura local. La edificación es aquí testigo y huella de una relación singular entre hombre y naturaleza. En este marco el territorio de Doñana, con su conocida riqueza natural y su historia azarosa, es paradigma de cómo el hombre y un trozo de tierra (no un trozo cualquiera) han trenzado sus recorridos y sus historias. La historia de Doñana no se entiende sin el paso del hombre por ella. La historia de los hombres que vivieron y viven hoy en Doñana no se comprende si no se penetra en la compleja relación que mantienen con este medio natural y de la que son testigos los edificios y construcciones que han ido salpicando este territorio desde hace siglos y que han ayudado al hombre en la colonización de estas tierras. El patrimonio edificado en Doñana como huella y valor Las investigaciones sobre las edificaciones en Doñana han quedado casi siempre en un segundo plano en la actividad científica desplegada con especial intensidad desde hace 50 años alrededor del Parque Nacional. Una visión, quizás reduccionista, ha tendido a limitar sus valores patrimoniales a sus valores biológicos; hoy en día, esa visión está superada con la incorporación a las valoraciones patrimoniales de otro tipo de cuestiones culturales, sociales, etnológicas, etc., y se reconoce a las edificaciones su valor como exponentes de estos valores. Para algunas de las edificaciones de este entorno este reconocimiento llega tarde, ya que se encuentran en estados de conservación que las hacen irrecuperables. Otras se hallan actualmente en un proceso de degradación física y funcional que nos lleva a plantearnos Figura 1. Bosque, marisma, dunas Fuente: elaboración propia. a424 cómo resolver la cuestión de la conservación de lo construido en un medio natural tan singular. Estas inquietudes nos obligan a valorar la situación actual y a analizar las posibilidades de pervivencia de estos edificios en un futuro inmediato. El conjunto de edificios que se ubican en Doñana, con su diversidad de fechas de construcción y de estados de conservación, son testigos y huellas físicas de la relación entre sus habitantes y este particular medio físico. Su estudio puede ofrecer datos de esa relación y del recorrido histórico del ser humano en este territorio, de cómo ha adaptado sus modos de vida a una naturaleza tan presente y singular, y de la manera en que sus ecosistemas han influido en la configuración física del hábitat humano. Los sistemas constructivos, los usos y las formas de vida ligadas a estas edificaciones contribuyen a forjar la singularidad de estos territorios desde el momento en que son el apoyo necesario para el hombre en su proceso de habitación, explotación, domesticación e investigación en medios naturales de tanta potencia. Doñana -como territorio limitado y acotado por diferentes figuras administrativas y de protección-se enclava en la parte más occidental de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en el Sur de España, alrededor del antiguo estuario en la desembocadura del río Guadalquivir en el Océano Atlántico. Sus tierras se ubican en catorce municipios de tres provincias diferentes (Huelva, Sevilla y Cádiz). Su medio físico, en el que predominan los ecosistemas de marismas, cotos, arenas, dunas móviles y un extenso frente marítimo y fluvial, ha dificultado históricamente la formación de asentamientos y núcleos de población es-tables. La explotación de estas tierras (por la nobleza y posteriormente por la burguesía) para aprovechamientos marginales (caza, ganadería, pesca, madera, carbón, salinas, etc.) ha ido favoreciendo la aparición de pequeños asentamientos en zonas concretas, diseminados y aislados, que han transformado el medio físico más cercano de una manera casi imperceptible y con unos modos integrados en las dinámicas naturales. Estos asentamientos y sus edificaciones han modificado incluso el hábitat biológico en el que se insertan (Fernández Alés y Muñoz Reinoso, 2014). El interés científico por estas tierras -que comienza en el siglo XIX-y las figuras de protección ambiental se consolidan en 1963, con la creación de la Reserva Biológica de Doñana, y seis años más tarde con la creación del Parque Nacional de Doñana (Decreto 2412/1969), que actualmente abarca 54.254 ha., y con la Ley 91/1978 del Parque Nacional de Doñana. Ambos ámbitos de protección se integran en la gestión administrativa común que se produce desde el Espacio Natural Doñana (Ley 8/1999). (Figura 3) Doñana -como territorio, como idea, como mitoabarca un ámbito que supera y desborda los límites de las figuras administrativas y de protección que sectorizan y contienen su territorio físico. El estudio que desarrolla el presente artículo se limita al ámbito del Parque Nacional, entorno en el que se encuentra una variedad de edificaciones, tipologías constructivas y unidades paisajísticas representativas de toda el área de Doñana. Todos los tipos edificatorios singulares en Doñana, en la medida en que están vinculados inexorablemente a su territorio y a su historia, están Figura 2. Casa Puntal de los González, Casa del Fahinao, Choza de la Plancha Fuente: elaboración propia. a424 presentes dentro de los límites administrativos del Parque Nacional, por lo que este se convierte en una suerte de laboratorio donde además las condiciones de contexto de estas edificaciones (administrativas, climáticas, de uso) se dan en grado extremo. Es, por tanto, el punto de partida idóneo para una investigación de este tipo. La abundante presencia de edificación dentro de los límites del Parque Nacional también impone la necesidad de simplificar y limitar el objeto de estudio. Aunque se harán algunas referencias a los palacios (fundamentales en su capacidad de ser polos de atracción del poblamiento y en su conexión con el uso cinegético predominante en un largo periodo de la historia de Doñana) y a otras edificaciones, la investigación se centra en la arquitectura residencial (de manera temporal o permanente) que, como se comprobará, ha mantenido en parte su uso y lo ha adaptado a las nuevas circunstancias de vida actual del Parque. El artículo se marca como objetivos principales el analizar la estructura de implantación territorial, temporal y funcional de las edificaciones. Se plantea igualmente la selección de casos de estudio de entre las construcciones del Parque, de manera que la representatividad de los mismos permita observar y analizar cuestiones extensibles al conjunto de las edificaciones de Doñana. Tras la caracterización objetiva de estos casos, la extrapolación de lo observado permitirá aportar argumentos al debate sobre la conservación de lo construido en un medio natural tan singular. LOS USOS, LAS TIPOLOGÍAS DE LA EDIFICACIÓN Y EL TERRITORIO La mayoría de las edificaciones que han ido poblando a lo largo de la historia el entorno de Doñana, aparecen ligadas a algunos de los aprovechamientos, a veces difíciles y extremos, que permiten estas tierras. Descartada la agricultura extensiva por el tipo de terrenos que constituyen la mayor parte del entorno, quedan la ganadería y otra serie de oficios menores en cantidad, pero importantes en tanto que revelan una relación muy particular del hombre con este medio natural. Se trata de trabajos que aprovechan lo que ofrece la naturaleza y se integran de una manera fluida en el ciclo, los climas y el paso de las estaciones en Doñana: la pesca, el aprovechamiento de la sal, de la madera, de las piñas, del carbón (Granados Corona y Ojeda Rivera, 1994, pp. 53-74). Por otra parte, ocupa un lugar muy singular el aprovechamiento cinegético que, como se ha indicado, ha sido actividad principal de un amplio periodo histórico de Doñana, y ha generado una cierta ocupación y la aparición de determinadas edificaciones. De este modo, los distintos tipos edificatorios en Doñana surgen directamente ligados a los usos y a los aprovechamientos del suelo y de la naturaleza. Edificaciones singulares: palacios, torres almenaras, cuarteles, edificaciones científicas, casas salineras Aunque esta investigación se centre en la edificación doméstica y de pequeño tamaño, no puede obviarse la importancia que han tenido determinadas tipologías en la relación entre el hombre y el territorio de Doñana. De este modo, los palacios surgen ligados al aprovechamiento cinegético de estas tierras, en un principio por parte de la realeza y la nobleza, y posteriormente por parte de la burguesía. Dentro de un plan trazado por Felipe II, consistente en jalonar toda la costa nacional de torres de vigilancia para custodia y defensa del territorio frente a las posibles invasiones desde África, surgen las torres almenara. En la misma línea de vigilancia, pero centradas en el contrabando de mercancías y bienes, las casas cuartel, que en principio fueron ocupadas por el cuerpo de carabineros y posteriormente por la Guardia Civil, han permanecido habitadas hasta la segunda mitad del siglo XX. Ligadas al aprovechamiento de la sal y a paisajes existentes en toda la Baja Andalucía, destaca el tipo de las casas salineras, de las que quedan en Doñana tres ejemplos, al borde del río Guadalquivir, en diferentes estados de ruina y abandono. Por último, debido al aumento del interés científico por Doñana en la década de los 50 y Figura 3. Situación de Doñana en la Península Ibérica Fuente: elaboración propia. a424 60 del siglo XX, y fundamentalmente a la declaración de Parque Nacional en 1969, surgen una serie de edificaciones científicas, de apoyo a la labor investigadora. Cada uno de estos conjuntos de edificaciones merece un estudio específico, dadas sus características tipológicas y sus singularidades patrimoniales. En la actualidad, muchos de estos edificios singulares se dedican a albergar usos científicos y de gestión del parque, además de al alojamiento eventual de invitados y personalidades. Otros son restos difícilmente visitables y abandonados a su suerte. El término hato puede proceder del término gótico fat, que significa 'vestidos','equipaje','bagaje', mezclado con el árabe hazz, que se refiere a 'porción que toca a cada cual','pago a un criado por su alimentación o sueldo' (Castrillo Díaz, 2000, p. Este origen toponímico arroja pistas sobre la evolución a lo largo de la historia de Doñana del tipo edificatorio al que nos referimos hoy en día como "hato". Así, el hato pasa de ser en su origen un lugar de descanso de pastores, protegido con elementos efímeros como techumbres y sombrajos, a evolucionar hasta convertirse en chozas y, posteriormente, en edificaciones de fábrica. Este tipo edificatorio está ineludiblemente ligado al uso ganadero, del que se tienen noticias en Doñana desde la Baja Edad Media, principalmente focalizado en la cría de ganado caballar, vacuno y lanar, y siempre localizados en torno a puntos donde existe agua. La evolución del régimen de tenencia y explotación del suelo en la historia de estas tierras ha influido decisivamente en la aparición de los hatos en determi-nados puntos de Doñana, en aquellos en los que era más viable la cría de ganado. Con la evolución de los usos del suelo, marcada de manera importante por la repoblación de pinares en la zona de Las Marismillas y posteriormente en todo el entorno (a partir de 1737), los ecosistemas ganaderos degeneran y la funcionalidad de los hatos va adaptándose a nuevos usos. También a partir de mediados del siglo XVIII, el uso cinegético está relacionado con este tipo edificatorio, ya que se comienza a dispersar a los guardas de los cazaderos por el territorio, y van alojándose en chozas y ventas que jalonan el mismo, hasta mediados del siglo XIX, fecha de la que se tiene constancia de las primeras edificaciones de fábrica de este tipo (Granados Corona y Ojeda Rivera, 1994, pp. 53-74). Es decisiva, asimismo, en el siglo XX la creación del Parque Nacional, que aprovecha estas edificaciones como casas de guarda y de apoyo en la labor de cuidado y vigilancia del territorio. Desde el punto de vista formal, los hatos son un conjunto de estructuras más o menos efímeras y una edificación principal, todo ello alojado dentro de un cercado; así, se suelen encontrar alrededor de la edificación pequeños huertos, un pozo, un horno para pan, gallineros, abrevaderos para ganado, chamizos para resguardo del coche o perreras. Todo el conjunto suele estar ubicado bajo uno o más árboles de gran porte, como protección frente a las tormentas y los rayos. (Figura 5) Los hatos que hoy en día están ocupados se dedican a usos de apoyo de la guardería del parque, alojamiento de los guardas y apoyo a las actividades científicas. Las chozas aparecen en su configuración actual, sin que pueda datarse claramente su origen, como evolución de tipos de construcción aún más primitivos, probablemente efímeros, ligados a algunos aprovechamientos estacionales. Existe la constatación de que a finales del siglo XIX hay gran número de familias que poseen derecho a cultivar en Doñana y a aprovechar algunas parcelas, por la tolerancia del propietario. Se trata de un grupo numeroso de población, formada principalmente por los parcelarios, los chamiceros y los carboneros, pero también por personas que aprovechaban la piña, la madera...y que transportaban todos estos bienes a los asentamientos urbanos, principalmente a Sanlúcar de Barrameda en el caso de los habitantes de las zonas de Pinar del Faro y los pinares de Las Marismillas (García de Alvear, 1986, p. En el caso de las chozas situadas en la Marisma, su aparición puede tener más que ver con aprovechamientos ganaderos y de pesca, y están más ligadas territorialmente al municipio de Hinojos. Hay que señalar que las chozas no se dan únicamente en el ámbito rural de Doñana, sino que, en determinadas épocas de penuria económica, han sido frecuentes también en barrios de poblaciones cercanas como Isla Mayor, Villamanrique o Pilas (Cobo López y Tijera Jiménez, 2008) o en otras zonas rurales andaluzas. En 1969 se establece el Parque Nacional y se imponen limitaciones que afectan directamente en su modo de vida y en sus sistemas productivos a los habitantes de estas chozas. En los años 70, se produce una emigración masiva de la población que ocupa las chozas a poblaciones de los alrededores, por falta de trabajo. La conceptualización de este tipo edificatorio es sencilla y parece surgir de una manera natural del propio medio, como las presas de los castores o los ni-dos de los pájaros. Las chozas se presentan en muchos casos como un accidente del propio terreno. A ello colabora indudablemente el material vegetal, de un color ocre que se vuelve parduzco con el tiempo, y su morfología orgánica. Normalmente, dos o más chozas se agrupaban en las llamadas casas de familia, dentro de un mismo cercado de brezo, o de hincos de sabina y alambre en la zona de la marisma (para evitar que lo tumbara el viento). Una de las chozas hacía las veces de cocina y las demás de estancia-dormitorios. No existen patrones formales, aunque sí constructivos, como se verá; no hay dimensiones estándar, ni huecos típicos, ni orientaciones preestablecidas. Lo habitual es que cada choza tenga dos puertas enfrentadas en sus lados principales, lo que permite una óptima ventilación cruzada; en las últimas chozas construidas, se incluyen más huecos, para disipar el humo en caso de incendios. Destaca el elemento de sombra del emparrado o la enramá, en la zona frontal y entre chozas, prolongación del espacio de estancia, zona de estar principal en verano y, según se constata en los casos que aún quedan en pie, elemento de gran calidad espacial. (Figura 6) Hay constancia de chozas habitadas regularmente en el poblado de la Plancha hasta mediados de los años 80 del siglo XX. Desde entonces, las chozas que quedan en el Parque tienen un uso turístico, que es el caso de la mayoría de las chozas de la Plancha, o ganadero, como las chozas de la marisma. La construcción de chozas, con la técnica tradicional que se ilustra más adelante con los casos estudiados, sigue siendo una actividad viva en Doñana, resultando además económicamente rentable para varias cuadrillas que se dedican actualmente a ello, que constru-Figura 5. Casa Puntal de los González, Casa de la Venta, Casa del Cerro del Trigo Fuente: elaboración propia. a424 yen chozas destinadas principalmente a uso público (observatorios de aves, centros de visitantes), recreativo (bares y chiringuitos en el entorno del Parque) y particular. Es importante también la existencia de una variante observada en numerosos casos de la zona, donde se construye la estructura y los cerramientos verticales con fábrica de ladrillo y la cubierta con la técnica tradicional de los choceros. Esto dota a estas edificaciones de un aire rústico y popular muy valorado en la zona. Cabe señalar que el proceso constructivo de las chozas actuales ha incorporado algunas técnicas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las uniones de las maderas y al cosido de la capa vegetal, así como a la prevención de riesgos laborales, que se aplica en la actualidad como prescribe la legislación vigente. Igualmente se han observado en los ejemplos que se han podido examinar algunas variaciones del tipo -como las chozas de planta circular-así como variaciones en la estructura, consistentes sobre todo en la aparición de más rollizos y piezas de madera, con una función constructiva que probablemente sea redundante. La implantación en el territorio Como ya se ha comentado, Doñana no ha sido un lugar aprovechable para la agricultura intensiva, lo que probablemente haya provocado que en su territorio principal no se hayan producido grandes asentamientos. También ha influido la posesión de las tierras durante la mayor parte de su historia por parte de la nobleza y la burguesía. A estos hechos hay que unir la circunstancia de que Doñana es un territorio situado en un extremo geográfico, aislado, mal comunicado; por Doñana no "se pasa" para transitar hacia otro lugar, a Doñana "hay que ir" expresamente. Choza en construcción, Chozas en el Pinar del Faro, Choza en la Plancha Fuente: elaboración propia. a424 gunos hatos en la zona de la marisma y la construcción en su lugar de chozas para alojar a grupos ganaderos de Almonte e Hinojos. En la costa, como ya se ha explicado, se sitúan dos tipos concretos de edificaciones: las torres de vigilancia y las casas cuartel, estratégicamente emplazadas para un dominio de la visión de la costa y control del tráfico marítimo. Por otra parte, los hatos generan una red de caminos en la que estas edificaciones son los nodos. Si se representaran todos los caminos existentes, podría leerse el territorio con facilidad a través de los hatos. Como parece lógico, las marismas presentan una dispersión en sus puntos edificados, asentados normalmente en zonas donde el nivel de inundación no es máximo y se puede acceder con cierta facilidad en invierno. Se da aquí la presencia de algunos hatos y chozas de ganaderos, y el caso especial de las casas salineras, en borde del Río Guadalquivir. Los condicionantes del medio natural son claves para explicar los tipos edificatorios, dándose el hecho de que dentro de un mismo tipo se distinguen pequeñas variaciones dependiendo de en qué unidad pai-Figura 7. Edificaciones, red de caminos y límites de unidades paisajísticas. Caracterización de las unidades paisajísticas Fuente: elaboración propia. sajística esté situado, caso de los hatos y las chozas y de las diferencias tipológicas entre las situadas en marisma o en arenas estabilizadas. EL ESTADO ACTUAL DE LAS EDIFICACIONES RESI-DENCIALES DE PEQUEÑA ESCALA EN DOÑANA Para esta investigación ha sido necesario recopilar y actualizar la información sobre las edificaciones del Parque Nacional de una manera sistemática. Se lleva a cabo este propósito mediante la elaboración de un censo actualizado de las construcciones del Parque. Para ello, se ha partido de un estudio bibliográfico, centrado en la escasa bibliografía sobre el tema. Este estudio ha constituido un punto de partida básico para entrar en contacto con el patrimonio edificado del Parque; pero sus conclusiones y datos sobre muchas de las edificaciones han quedado superadas por el paso del tiempo, por los veloces cambios en Doñana y en los modos de vida de sus habitantes, y por el abandono de gran parte de los edificios. Han sido necesarias, por tanto, las investigaciones de campo para actualizar esta información. Por otra parte, se ha completado esta información con el estudio de los documentos urbanísticos siguientes, de carácter territorial y municipal, que inciden sobre el ámbito del Parque y contienen determinaciones sobre algunas de sus edificaciones, que se resumen a continuación: a) Plan de Ordenación del Territorio del ámbito de Doñana (POTAD). En su memoria de ordenación, se encuentra un apartado destinado a la protección de los valores culturales y la identidad de Doñana, así como específicamente a "proteger las edificaciones rurales de interés representativas de Doñana que contribuyen a su identidad y a su cualificación territorial como exponentes de unas formas constructivas, tradiciones, modos de vida y uso productivo del territorio". En este marco, se señalan algunas edificaciones dentro del ámbito del presente trabajo, que se consideran "de interés": Núcleo de Marismillas, Palacio de Doñana, Casa Algaida, Casa Guardas, Casa de la Pichiricha y Casa de la Cañada Mayor. Esta selección puede considerarse escasa y en ella se perciben ausencias significativas. El POTAD delega en el planeamiento de ámbito municipal la misión de establecer medidas de protección y conservación de este patrimonio. b) Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural de Doñana (PRUG). Este plan contiene un listado de las edificaciones existentes en el año 2004 en el Parque, con referencias a las fincas en las que cada una de ellas se encuentra, y con una escueta tabla en la que se ofrece información sobre el uso de cada edificación, el destino que se prevé para cada una, a modo orientativo, y algunas observaciones adicionales. Básicamente, se separan las edificaciones en tres grupos: • Aquellas que se prevé mantener en su actual estado y uso. En este grupo hay algunos casos llamativos, como el Cuartel de Malandar, la Casa de Vetalengua, la Casa de los Guardas, Vetacarrizosa y la Casa del Cherri, cuyo estado se consideraba entonces aceptable y se preveía mantener para usos diversos. Hoy en día, todas estas edificaciones se encuentran sin uso y algunas de ellas en estado de ruina absoluta. • Aquellas que se recomendaba rehabilitar, por considerarse de un valor patrimonial reconocible, y destinar a usos diversos. En este grupo también encontramos casos en los que no se han llevado a cabo estas intervenciones, como La Venta y la Casa del Cerro del Trigo. • Aquellas que se proponía eliminar. En casi ningún caso se ha llevado a cabo la eliminación, aunque sí el abandono y la falta de uso, con el consiguiente proceso de degeneración de la edificación. En otros casos, sin embargo, en los que también se proponía la eliminación, se ha seguido manteniendo el uso e incluso la conservación, como en los casos de la Casa de Martinazo y de la Casa de Santa Olalla. c) Revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Almonte (RPGOU Almonte). Este documento urbanístico incluye en su catálogo un numeroso grupo de edificaciones dentro del Parque Nacional, abarcando la totalidad de los tipos edificatorios de Doñana. Sobre cada una de ellas, se plantean "propuestas para su protección" en diversos grados: desde las obras de conservación y mantenimiento hasta las obras de sustitución total con conservación tipológica, con varias posibilidades intermedias, con base en un análisis muy completo y en su valor patrimonial. Cabe señalar cómo varias de las edificaciones consideradas de interés en este catálogo se han abandonado y algunas de ellas se encuentran en ruina, como es el caso de la Casa de los Guardas, de Hato Barrera, de la Casa de Vetalengua, de la Casa del Cerro del Trigo o del Cuartel antiguo de Malandar. d) Aprobación Inicial del Plan General de Ordenación Urbana de Hinojos (PGOU Hinojos). En este documento, que abarca un territorio del Parque con menor densidad de edificaciones, como es la Marisma de Hinojos, se protegen cuatro edificaciones: dos hatos y dos chozas. Todos ellos se engloban dentro de un mismo nivel de protección, el nivel B, Protección Estructural, que protege "los elementos que conforman las características básicas, tanto ornamentales como estructurales que definen la composición del edificio". Una de las edificaciones protegidas, la Choza de Pepe Caro, se encuentra en un precario estado de conservación. A través de las visitas al Parque realizadas entre los meses de marzo de 2012 y mayo de 2013, se ha podido comprobar in situ el estado de determinadas edificaciones seleccionadas, pudiéndose documentar fotográfica y planimétricamente su situación, lo que se ha realizado de una manera más intensa en los casos finales elegidos para su estudio. De igual modo, se han mantenido algunas entrevistas con personas cualificadas en su relación con el Parque: técnicos del Espacio Natural, personal de guardería y habitantes de las propias edificaciones. Como resultado del estudio bibliográfico y de las investigaciones de campo, se han elaborado unas tablas a424 resumen de la edificación existente actualmente en el Parque, en las que se han cruzado todas las fuentes de datos existentes, con especial atención a las referencias bibliográficas más importantes, las determinaciones que sobre cada edificación dictamina el planeamiento territorial y el municipal, así como alguna información puntual sobre su estado actual, recogidas fundamentalmente en las entrevistas realizadas al personal de guardería. Igualmente se han reflejado en ellas su uso original y su uso actual. Las tablas permiten establecer algunas consideraciones sobre el estado actual de conservación y el uso de las edificaciones en Doñana, que pueden ser útiles a la hora de plantear estrategias de conservación de este patrimonio. El poner en relación estas informaciones disponibles sobre cada edificación permite detectar situaciones llamativas, como algunos casos en los que el planeamiento prevé la demolición de una edificación concreta, que sin embargo continúa ocupada y en uso; o aquellos otros en los que el planeamiento protege determinadas edificaciones en diferente grado por sus valores patrimoniales y estas han desaparecido o han avanzado peligrosamente en su proceso de deterioro. Por cuestiones de espacio, se presenta en este artículo un extracto de estas tablas, mostrando las edificaciones seleccionadas como casos de estudio. (La versión completa de estas tablas, se puede consultar en el Trabajo fin de Máster Las edificaciones de Doñana. Estrategias de eficiencia, de José María Rincón Calderón, codirigido por los doctores Carmen Galán Marín y Domingo Sánchez Fuentes en la Universidad de Sevilla). (Figura 9) El censo de la edificación permite también comparar los estados de conservación, y establecer una primera categorización para de cada una de las construcciones estudiadas. A grandes trazos y con las limitaciones que este trabajo tiene de partida, se clasifican las 44 edificaciones en tres grados de conservación: a) Dieciocho edificaciones se encuentran en uso y buen estado de conservación. Extracto de censo de la edificación elaborado Fuente: elaboración propia. A la hora de seleccionar los casos finales de estudio, se ha terminado incidiendo específicamente en aquellas edificaciones que presentan rasgos autóctonos y distintivos que las singularizan dentro del conjunto de construcciones rurales andaluzas, y que más han adaptado sus configuraciones a las condiciones físicas y climáticas del lugar. Se han considerado los diversos paisajes de Doñana y las principales tipologías edificatorias dentro de la arquitectura doméstica vernácula que se da en el Parque. Se ha tenido en cuenta asimismo la facilidad de acceso y el estado de conservación y régimen de ocupación de cada edificación. De este modo, se han seleccionado hatos y chozas; se han elegido edificaciones en uso, en desuso y abandonadas en proceso de degeneración. Igualmente, se han considerado los diferentes microclimas que se encuentran en Doñana, directamente relacionados con sus distintas unidades ambientales. También es reseñable la elección de una pareja de hatos, la Casa de la Pichiricha y la Casa de la Cañada Mayor, que pertenecen a un mismo tipo constructivo pero que han sido intervenidos cada uno durante la historia en diversos grados, por lo que se estima interesante el comprobar cómo se han comportado frente a estos cambios de manera comparativa. La Tabla 1 resume estas cuestiones e ilustra la selección de casos. De cada uno de los casos estudiados se ha elaborado una ficha que consta de unos datos básicos (descripción, información urbanística, constructiva, datos sobre su estado actual), obtenidos a partir de una observación in situ, de información fotográfica actualizada y de levantamiento planimétrico esquemático, según datos obtenidos en las visitas de campo. Como parte de la caracterización formal y constructiva de las edificaciones y, en la línea de analizar su adaptación al medio y su capacidad de respuesta ante él, se realizó un estudio higrotérmico que contribuyera a aclarar esta cuestión y a arrojar datos concretos de registros climáticos en el interior y en el exterior de los casos seleccionados, mediante la instalación de sondas de temperatura y humedad que midieron y registraron ambos parámetros en cuatro de las edificaciones durante un periodo de doce meses. Casa de la Pichiricha: fachada trasera, porche delantero, estructura de cubierta Fuente: elaboración propia. Selección final de casos de estudio a424 En el caso de los dos hatos seleccionados, se han detectado en ellos las características habituales de esta tipología: la edificación principal es una construcción de estructura simple, de una sola planta, con cubierta a dos aguas de teja o fibrocemento, aunque en ambos casos se consigue un espacio adicional ocupando la planta bajo cubierta. Ambos se construyen con estructura de muros de fábrica de ladrillo. El acabado es enfoscado y pintado. Presentan dos crujías con un paso entre ambas que hace las veces de espacio central de estancia, alrededor del cual se sitúan los dormitorios. Normalmente se integra una cuadra para caballos en el mismo cuerpo edificatorio, aunque con acceso independiente desde el exterior y sin comunicación con la vivienda; esta cuadra está más dimensionada en los hatos de la marisma, por su mayor dependencia del caballo como medio de transporte. En el caso de la Casa de la Cañada Mayor no se dispone de esta estancia, y en el caso de la Casa de la Pichiricha funciona hoy como un almacén. Es frecuente en los hatos la existencia de dos puertas enfrentadas en la edificación, para posibilitar la ventilación cruzada, rasgo que solo se encuentra en la Casa de la Pichiricha. En cuanto a la caracterización térmica, en el caso de los hatos se comprobó en su interior la atenuación de las temperaturas y de la humedad relativa registradas en el exterior, adecuándolas a los límites y estándares de confort térmico, por la propia configuración y concepción del tipo constructivo, con un buen índice de compacidad, una adecuada cultura de muros y una buena relación en sus fachadas entre huecos y macizos. (Figura 12) Las dos chozas estudiadas ilustran la técnica constructiva habitual en este tipo de edificación y también la adaptación de la misma a los distintos ecosistemas de Doñana. El concepto constructivo es simple: se trata de una estructura de rollizos y maderas de diferentes tamaños y diámetros que forman simultáneamente la estructura vertical y de cubierta de la choza. La estructura se recubre con una gruesa capa de material vegetal, previamente recogido y dejado secar en el entorno cercano, que se compacta y se superpone en capas sucesivas, hasta alcanzar un espesor que en algunos casos es de más de 50 cm., y que en el caso de las dos chozas analizadas se sitúa en un espesor medio de 25 cm. De lo bien compactada que esté esa capa vegetal dependerá la impermeabilidad de la choza. Normalmente la estruc-Figura 11. Casas de la Pichiricha y de la Cañada Mayor: esquemas de plantas y alzados Fuente: elaboración propia. a424 Figura 12. Casa de la Cañada Mayor: vista general, detalle de acceso, estancia bajo cubierta Fuente: elaboración propia. tura solía ser de enebro o sabina, por su accesibilidad y dureza, aunque en los últimos tiempos se ha impuesto el uso del pino (principios del siglo XX) y del eucalipto, que tienen como ventaja el ser maderas más largas y resistentes a la humedad y a los insectos. Cada una de las piezas de madera empleadas recibe un nombre concreto en función de su posición en la estructura, que siempre se ha mantenido constante en los tipos observados, aunque con ligeras variaciones en los casos de las chozas de construcción más moderna. (Figura 13 y Figura 14) En cuanto a la envolvente, el vegetal que se usa en cada caso está ligado al territorio concreto donde se asienta la choza: junco (el más usado para cubiertas), castañuela (habitual en las chozas de la marisma, como es el caso de la Choza del Pastor), brezo o barrón. La hierba se siega a mediados de septiembre, con la marisma aún seca. Se agrupa en haces, que se amontonan a su vez en almiares para dejarse a secar. A la acción de cubrir la choza en sucesivas capas se le denomina cobijar. Antiguamente las capas se cosían con palmas trenzadas por el propio chocero, aunque en la actualidad se unen con cuerdas, clavos y tornillos (Cobo López y Tijera Jiménez, 2008). Con frecuencia se cubre la cumbrera con malla de gallinero, para proteger el material vegetal contra las aves, que pueden anidar en ese lugar o llevarse el vegetal, como se observa en el ejemplo de la Choza de la Plancha, que ilustra también otro gesto típico en estas construcciones, que rematan su cubierta con una cruz formada por dos palos de madera. Sin embargo, tal y como ocurre en la Choza del Pastor, en las últimas chozas ejecutadas es habitual el proteger con malla toda la choza, incluida cubierta y cerramientos completos por su capa exterior. Otra característica habitual en las últimas generaciones de habitantes de las chozas es el blanqueo de superficies y estructura interior, con intenciones higiénicas, como se ha podido comprobar en la propia Choza de la Plancha. Choza en La Plancha: exterior, acceso, interior Fuente: elaboración propia. Por último, los datos de humedad y temperatura registrados en los dos casos de chozas estudiados han permitido observar que resulta decisivo el emplazamiento de cada uno de los dos casos, reaccionando ambas chozas ante los registros más extremos de temperaturas de manera distinta en función de las características físicas del enclave concreto en el que se encuentran y siendo sensibles, por ejemplo, a la cercanía del río o a la presencia de vegetación y árboles de sombra. La investigación evidencia la complejidad del campo estudiado, debido a la velocidad con la que se suceden los cambios en Doñana y a que se trata de un entorno dinámico, permanentemente en evolución. Las edificaciones se insertan en este marco complejo de manera natural; la mayor parte de las veces, surgen como respuesta humana a una necesidad derivada de un uso o un aprovechamiento del territorio. Las evoluciones y cambios en estos usos han determinado igualmente la vida de estas edificaciones, que se han visto influidas por los cambios históricos sucedidos en Doñana, fundamentalmente en materia de régimen de propiedad del suelo y de los aprovechamientos que de ellos se derivaban. Esta inercia de cambio permanente nos ha llevado hasta un estado actual de las edificaciones en las que, como se ha comprobado, aproximadamente una quinta parte de las construcciones se encuentran irrecuperables y solo nos quedan algunos restos de ellas, con la pérdida que ello supone en cuanto a la memoria de unas épocas, unos modos de vida y unos usos humanos de los que los edificios son tes- tigos. Lógicamente, la pérdida y el abandono de una edificación están ligados a su desuso, por lo que el argumento del uso, que es central en el acercamiento a las edificaciones que se propone en este artículo, se convierte en una cuestión clave en el análisis de estas edificaciones y en el planteamiento de estrategias para su regeneración. Igualmente, una cantidad importante de edificaciones se encuentran en un estado que, dependiendo de las decisiones que se tomen sobre ellas, puede ser un punto de no retorno. Según se ha expuesto, diecisiete edificaciones se hallan sin uso y en una situación en la que pueden recuperarse o continuar un inexorable proceso de degeneración y deterioro. Estas edificaciones exigen una toma rápida de decisiones, a la vez que suponen una auténtica oportunidad de ensayar una política para su recuperación. Como se ha expuesto, el planeamiento territorial y urbanístico permite intervenciones sobre estas edificaciones en diversos grados, por lo que habría que preguntarse por qué no se ha intervenido hasta el momento sobre algunas de ellas. La caracterización constructiva y los resultados obtenidos de la instalación de sondas de temperatura y humedad ha permitido comprobar las enseñanzas que pueden obtenerse de los tipos constructivos más ligados a este territorio, como los hatos y las chozas. En primer lugar, su adaptación al medio en el que se ubican; en los hatos mediante una determinada formalización y una cierta cultura de muros; en las chozas mediante la concreción de un singular sistema constructivo que aprovecha las condiciones de la tierra y del clima, sobre todo en las chozas situadas en los pinares del río, como la analizada en la Plancha. En segundo lugar, se ha comprobado su interés y singularidad, en cuanto que son testigos de unas formas de vida y unos hábitos humanos ilustrativos de unos modos de relacionarse entre el hombre y el medio natural que ya hoy en día están prácticamente en desuso. Se aprecia asimismo la necesidad de dar a conocer este patrimonio, que algunos de los habitantes del Parque valoran positivamente pero que no está instalado en el imaginario colectivo sobre Doñana, que reduce sus valores patrimoniales a los puramente biológicos. El conocer el patrimonio edificado, etnológico y humano de Doñana se estima como el paso previo y necesario para su valoración y para la creación de inquietudes positivas respecto a su futuro inmediato. Dentro de este marco de análisis, resulta evidente que el futuro de las edificaciones en Doñana pasa en buena parte por mirar hacia su pasado. Como se ha expuesto, las edificaciones que han sobrevivido son las que han adaptado sus usos y sus configuraciones a las nuevas situaciones que se han ido sucediendo en Doñana; se han adaptado auténticamente al lugar y a sus exigentes circunstancias. Los ejemplos de las chozas o los hatos, que varían sus características en función de en qué ecosistema del Parque se insertan, son paradigmáticos. El caso de las chozas se convierte además en el máximo exponente de unas ciertas estrategias de eficiencia y sostenibilidad, en su adaptación al clima, en su aprovechamiento de los materiales y las formas que la naturaleza ofrece en cada zona, en su inserción en unos ciclos naturales y en unas formas de vida y oficios tradicionales que, aunque ya desaparecidos en parte, son un buen espejo en el que mirarse. Proponemos, de este modo, algunas líneas maestras que pudieran servir para la revisión, recuperación y puesta en valor de este patrimonio edificado: Necesariamente, los edificios deben llenarse de contenido y funcionalidad, con usos actualizados a las nuevas necesidades de Doñana pero también con la recuperación, siempre que sea posible, de formas de vida y oficios en desuso. Se señalan a continuación algunos ejemplos: -El uso turístico: puede ser clave en la regeneración de determinados edificios que cuentan con un especial atractivo adicional, como es el caso de la Casa del Cerro del Trigo y del yacimiento arqueológico anexo, o de las casas salineras, que podrían funcionar como elementos de interpretación del aprovechamiento salinero de la Bahía de Cádiz. -El uso de guardería y científico: resulta llamativo que hasta los años 70 del siglo XX se levantaran edificaciones de nueva planta en 2008). El facilitar estos procesos redundaría en beneficio del mantenimiento de estos oficios y de algunas edificaciones que pudieran utilizarse de apoyo a estos aprovechamientos, como es el caso de algunas chozas o pequeños hatos. Además, implicaría a la población local en la gestión y conservación del Parque. • No crecer físicamente sino apostar por la recuperación, el reciclaje, la reutilización. En un entorno donde la conservación de la edificación es complicada y donde existe una importante cantidad de edificaciones en desuso, parece obvio que, antes de construir de nueva planta, como se hizo hasta bien avanzado el siglo XX, es necesaria la rehabilitación y la reutilización de lo ya edificado. Es un proceso mucho más sostenible desde todos los puntos de vista, más económico, más respetuoso con el entorno y con su herencia y su historia. • La adaptación al medio. En las intervenciones que se pudieran realizar sobre las edificaciones existentes, sería necesario ser consecuentes con su pasado, con sus formas y con sus lógicas constructivas. Esto pasa por una adaptación al entorno, tomando como ejemplo el paradigma de las chozas, sin la inclusión de materiales ni soluciones formales ajenas al medio y a lo que son los usos habituales en el Parque. Se han visto ejemplos de cómo este principio no se ha tenido en cuenta en algunos casos (edificaciones de los años 70, algunas intervenciones puntuales en los hatos); por el contrario, hay casos en que estas estrategias tradicionales de la edificación en el Parque se han aplicado con buenos resulta-dos, como el Laboratorio Luis Bolín, las variaciones contemporáneas en los tipos de choza o las utilizaciones de edificaciones de técnica mixta con cubierta vegetal. • Políticas de sostenibilidad. Doñana tiene en sus edificaciones una oportunidad para aplicar políticas y prácticas de sostenibilidad parejas a las que se aplican en otros ámbitos de trabajo del Parque. El rescate de una arquitectura vernácula, con valores indudables, puede y debe hacerse desde un escrupuloso respeto por el medio natural y humano en el que se encuentra. La recuperación de materiales y técnicas autóctonas, la aplicación de técnicas de diseño bioclimático pasivo (como las que ya se dan en las chozas), el uso de energías renovables, etc., son aspectos que deben guiar una intervención en este tipo de edificaciones. Como se ha comentado, el patrimonio edificado de Doñana, como exponente de una cultura y de unos modos de vida, es hoy en día muy desconocido por el gran público. Su valoración pasa necesariamente por su difusión y conocimiento, por lo que sería deseable la puesta en marcha de iniciativas que contribuyeran a este extremo desde el campo investigador y académico, así como en la opinión pública, principalmente de los municipios del entorno y en su área de influencia. El futuro de las edificaciones en Doñana debe pasar por su conocimiento, la divulgación de los valores que atesoran, y una apuesta por la regeneración de las técnicas y aprendizajes extraídos de la propia historia del lugar y de este medio natural. En palabras de Jorge Riechmann, "se trata de imitar a la naturaleza, no porque sea una maestra moral sino porque funciona" (Riechmann, 2006).
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. La gran ventaja de la exposición filosófica de Markus Gabriel es su transparente claridad. Rompiendo con la tradición obscurantista que se apoderó de buena parte de la filosofía continental con Heidegger y la posmodernidad, Gabriel va directo al asunto: su libro se propone defender la libertad y dignidad humana, continuar la tarea histórica de la filosofía como "crítica de la ideología", y reivindicar nuestro carácter de "seres espirituales" como eje y fundamento de la comprensión de nosotros mismos. Y ser "espiritual" significa que estamos dotados de una conciencia inmaterial que las ciencias naturales no podrían explicar de manera suficiente a pesar del indudable anclaje de la mente en la evolución natural y el organismo biológico, dos hechos que Gabriel no niega en ningún momento. Lo que rechaza con brío es la que llama ideología del neurocentrismo, que juzga una falacia epistemológica, gran enemiga de las humanidades y promesa distópica de un futuro cyborg puramente tecnológico. La cuestión es si ese neurocentrismo que denuncia Gabriel es una derivación ideológica de una mala y peligrosa perspectiva cientifista -más que científicasobre la naturaleza humana y su ontología, o el núcleo mismo de las teorías neurológicas y cognitivas. Y esta es una duda que Yo no soy mi cerebro no acaba de despejar pese a su ambicioso enunciado. El trasfondo de esta crítica del neurocentrismo es el impacto del avance de las neurociencias sobre la filosofía de la mente, como prefiere llamarla el autor, aunque quizás fuera más exacto hablar de filosofía de la con-ciencia, puesto que la mente incluye también la inteligencia, la memoria, el procesamiento de la percepción y las emociones básicas (o inconscientes) distintas de la conciencia de uno mismo o consciencia-de-sí. Gabriel afirma que, contra lo que sostienen los neurocéntricos (aunque no especifica demasiado quiénes son estos), no somos el cerebro. Nada que oponer: somos mucho más que ese órgano sin el cual, sin embargo, no habría mente ni conciencia. Inevitablemente, Gabriel reactiva la vieja discusión sobre el dualismo alma-cuerpo o psiquismo-materia que se remonta a los orígenes mismos de la filosofía occidental y al idealismo de Platón y su extensa progenie. ¿Pero se puede defender que no somos un cerebro sin recaer en el dualismo? Gabriel afirma que sí, y deja claro que no piensa en un alma inmortal alojada en un cuerpo obsolescente, ni en un homúnculo que habita el célebre "teatrillo cartesiano". Solo en un ser espiritual cuya naturaleza inmaterial (y sus valores, como la libertad y la dignidad) no podría explicar la investigación de la naturaleza material. Bien, reducir conciencia y mente al funcionamiento de los tejidos cerebrales es un absurdo (en el que de hecho caen pocos científicos). Basta con observar que todos los cerebros funcionan igual y sin embargo producen obras de muy diverso valor y significado. Pero el problema está en que, si bien el cerebro es un órgano tan funcional y vital como el corazón, el hígado o los pulmones, es diferente a ellos en un aspecto clave: por lo que hace y es capaz de hacer. En concreto a425 porque hace la mente humana, para decirlo al modo del neurólogo Antonio Damasio. Por eso un requisito realista de la investigación de la mente es admitir que sin conocer el cerebro y su actividad no entenderemos mucho más de lo que ya sabíamos a través de la filosofía y la historia de la cultura. El impacto de las neurociencias y la investigación cognitiva ha estimulado versiones groseras de materialismo naturalista centradas en la presunta actividad intencional de los genes o en la cibernética de los circuitos neuronales como explicación de casi todo. Ocurrió algo semejante en el pasado con el impacto de Darwin en el erróneo e ideológico "darwinismo social", o con la mala traducción de la genética en eugenesia. Pero tampoco es mejor refugiarse en una filosofía especulativa empeñada en ignorar el conocimiento natural de la mente humana que aportan las neurociencias. Por ejemplo, la simbiosis neuronal de emociones y percepciones para formar recuerdos, sentimientos e ideas resuelve algunas añejas disputas sobre el carácter racional o bien emocional de la mente humana, o el papel de la percepción y la experiencia en el conocimiento del mundo. La investigación cognitiva también ha derruido el dañino constructivismo relativista que sigue tan presente en ciencias sociales e ideologías de moda. Gabriel no pertenece a ese grupo. No rechaza que la biología evolutiva o las neurociencias sean importantes para entender el cerebro y la mente humana, lo que ocurre es que procede como si ese saber no importara gran cosa. Reivindica, y hace muy bien, que tanto o más importante es conocer la tradición humanista de progreso del autoconocimiento que se remonta a la antigüedad clásica. Rechaza que la investigación neuronal baste para fundamentar una epistemología (qué podemos saber), una ontología (qué somos) y una ética y política apropiadas (qué debemos hacer), basadas en el conocimiento y la libertad, mientras avisa de que esa falacia ya se ha convertido en ideología invasiva. Sin duda tiene bastante razón en lo último, pero hay una objeción de fondo: no hay ninguna verdadera razón para atribuir al conjunto de la investigación neurológica y disciplinas asociadas de semejante abuso y ponerlo bajo sospecha. No veo ningún problema en considerar que la conciencia sea una entidad inmaterial que no debemos cosificar y, por tanto, atribuirle una residencia orgánica, al estilo de la identificación de la glándula pineal con la sede del alma que propuso Descartes. Es fácil hacer chistes sobre el papel del glutamato en las sinapsis para la creación de conciencia, pero está claro que sin sinapsis no hay vida mental. Por otra parte, tenemos excelentes ejemplos de cómo un organismo psicosomático pone en marcha procesos inmateriales con una base puramente biológica. Por ejemplo, el lenguaje humano: requiere del aparato auditivo, fonador y del cerebro, pero no produce "cosas" biológicas -como la respiración, el metabolismo o la reproducción-sino intangibles, como la comunicación y el simbolismo, sin las cuales no habría conciencia, ideas ni cultura. Como explicó Charles S. Peirce hace un siglo, las ideas son símbolos capaces de actuar y cambiar el mundo, una capacidad muy material por inmateriales que sean. Que la conciencia no sea una cosa material -podemos llamarla espiritual o como nos guste-no la libera del anclaje biológico. Es más bien una capacidad de la mente para pensar, en sí misma surgida de la evolución humana, inseparable de la biología cerebral. Es en la comprensión del fundamento biológico de la mente donde nace la retroalimentación positiva entre ciencia natural y filosofía, como sucede en el curso de la propia evolución entre mente y cultura. Tampoco es casual que la fenomenología, la filosofía del lenguaje, la antropología, la ética o la estética interesen tanto a muchos investigadores cognitivos y neurológicos: el interés es mutuo. El interés filosófico de las investigaciones neurocientíficas radica en si podemos saber más y conocernos mejor gracias a lo que aporten. El propio Gabriel admite que es así al reivindicar a Freud -al fin y al cabo, un científico arcaico de la mente-como un adelantado del mejor conocimiento de nosotros mismos que ha servido, además, para liberarnos de penosos espectros como la inculpación del deseo sexual. Pero no veo una ortodoxia de las neurociencias que sostenga literalmente cosas como "soy mi cerebro". La inevitable tendencia a usar expresiones como "el cerebro dice" o el "cerebro piensa" ha desatado muchas polémicas -por ejemplo, la de Maxwell Bennett y Peter Hacker con Daniel Dennet y John Searle (2008)-que equivocaban el plano. En efecto, ciertos críticos toman como enunciados ontológicos y metafísicos simples metáforas instrumentales. Si la reducción puramente cibernética de la mente humana es rechazable por muchas razones (por ejemplo, la tontería de que nuestro cerebro nos manipula y por tanto no hay libre albedrío), también lo es minimizar la importancia del cerebro para la mente. Basta con reparar en las devastadoras consecuencias de la carencia de empatía, del Alzheimer o de la transmisión hereditaria de patologías como la esquizofrenia. Gabriel también lo reconoce al citar síndromes neurológicos que influyen, a veces de manera determinante y destructiva, en la configuración de la conciencia. Por consiguiente, entender todo lo posible el funcionamiento del cerebro (en realidad, del sistema psicosomático en su conjunto) para entender cómo somos en tanto que seres mentales (o espirituales) tiene gran relevancia filosófica. En conclusión, el libro de Markus Gabriel resulta reconfortante como proyecto y propósito filosófico, pero decepciona un tanto la argumentación desarrollada para respaldarlo. Aumentar el saber sobre nosotros mismos, y por tanto nuestra libertad, es tarea tanto de las humanidades y la filosofía como de las ciencias naturales, que por eso fueron juntas durante la mayor parte de su historia. Parece más productivo trabajar por vincular ambas y protegernos de la tecnocracia anti-humanidades que por trazar líneas divisorias punteadas por las exageraciones, reduccionismos y falacias ideológicas que siempre aparecen y aparecerán. La ideología, desde luego, siempre será el enemigo a batir. Universidad del País Vasco
Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0. José Andrés-Gallego Consejo Superior de Investigaciones Científicas
La singularidad de la conmemoración del 50 aniversario de mayo del 68 invita a un análisis y revisión de las principales cuestiones relacionadas con aquel acontecimiento original y complejo, fuera del mero ritual de la celebración. La bibliografía más reciente sobre el tema ha reaccionado de distinta manera contra los efectos distorsionadores que las sucesivas conmemoraciones decenales han introducido en la representación de aquel evento histórico, convertido en industria de consumo, hasta el punto de trocar sustancialmente su enfoque y significado, así como el alcance de su legado. Sin duda, el cincuentenario multiplicará dichas prácticas y discursos, y no será posible valorar de inmediato su incidencia en la opinión colectiva, aunque la tendencia en todo caso no es nueva: el 68 quedó atrapado desde el inicio entre el mito y la crítica. De ahí su continuo regreso al ritmo de la conmemoración. GLOBAL Y CENTRALIDAD FRANCESA El 68 fue un movimiento que alcanza al conjunto de los países industrializados y que establece referentes subversivos fuera de esas fronteras. Asimismo han insistido en la dimensión cultural del 68, siguiendo la estela del giro cultural de los estudios históricos y sociales en las últimas décadas, y retomando desde esa perspectiva la reflexión sobre el legado del 68 como derivada de una memoria global del 68, una memoria cultural de carácter transnacional (Cornils y Waters, 2010; Gassert y Klimke, 2009). Situado en un contexto mayor, el mayo francés no pierde su centralidad dentro del movimiento internacional ni del propio debate sobre el 68 (Artières y Zancarini-Fournel, 2015; Sirinelli, 2007; Sirinelli, 2008). Junto al simbolismo de París, la conjunción incompleta y conflictiva, pero objetiva, aunque no llegaran a coincidir realmente, del movimiento estudiantil y de la huelga obrera constituye una profunda novedad y la principal diferencia del 68 francés respecto de otros países, Alemania, también Italia, México, Japón, y sobre todo Estados Unidos, haciendo de mayo el 68 por excelencia. Algunos actores y espectadores de aquel mayo-junio hablaron de una experiencia insaisissable (de Gaulle) o de una revo-EL 68, MITO Y CRÍTICA / MAY'68, MYTH AND CRITIQUE 2 a427 lución introuvable (Aron). La misma multiplicidad de planos superpuestos que concurren ha proyectado el 68 francés en un abanico de interpretaciones, como un acontecimiento monstruo (Nora, 1972), un acontecimiento que no tuvo lugar (Deleuze y Guattari, 1984, 3-9 mayo) o un fundamental acontecimiento de palabras (Canut y Prieur, 2011). REVISIONISMO HISTORIOGRÁFICO Y CONFLICTO DE INTERPRETACIONES Algunas tesis, elevadas ya a categorías historiográficas (Reynolds, 2011; Ross, 2002; Zancarini-Fournel, 2008), apuntan la existencia de un conveniente consenso en la conformación de una historia oficial o narrativa común de carácter reduccionista, en cuanto versión conmemorada progresivamente desarrollada e impuesta, que habría reevaluado a la baja el acontecimiento, desposeyéndolo de su verdadera naturaleza con objeto de evitar su virtual repetición. En dicho empeño se reencontrarían ex gauchistes reconvertidos y el propio estado. La tesis es discutible, entre otras razones porque las conmemoraciones del 68 nunca han respondido en Francia al viejo modelo de celebración de estado -ni es previsible que vaya a suceder con el cincuentenario-y han favorecido tanto la construcción de la doxa como su crítica, utilizadas ambas como producto comercial. Esa argumentación, en cualquier caso, recoge y ha hecho aflorar nuevas voces vinculadas a aquellos acontecimientos (Gildea, Mark y Warring, 2013), estimuladas por las nuevas movilizaciones en Francia de El artículo de Imanol Zubero, con un rico manejo de fuentes, ilumina desde dentro la complejidad del movimiento, centrándose en tres cuestiones fundamentales que han llegado hasta la actualidad: el quién (el sujeto), el qué (los contenidos) y el cómo (los medios) de la acción sociopolítica transformadora. Su análisis profundiza en la dimensión de la juventud entendida no como un nuevo sujeto abstracto de la revolución, sino en el marco concreto de afinidades reveladas por el fugaz encuentro de universitarios y trabajadores que propiciaron los acontecimientos franceses. Ello imprime un inevitable sello cultural a la crítica social (el rechazo del orden dominante se acompaña de la aspiración a una vida plena y auténtica), con independencia de las tensiones evidenciadas entre los actores o de las contradicciones tanto discursivas como prácticas derivadas del común deseo de abolir las jerarquías. Con todo, el mayo francés, en la manera de concebir la acción, acabó reproduciendo y escenificando dentro de la izquierda la división que significaran en otro tiempo Marx y Bakunin, de vuelta en el 68: la división entre la izquierda que reivindica la organización y el poder contra el poder, y la izquierda espontánea y asociacionista que entiende que el lugar de la política es la sociedad misma. A de Gaulle le preocupó el posible rearme de la primera y relativizó en su visión del 68 la segunda. La valoración de las continuidades y rupturas entre el 68, el ciclo antiglobalización y las últimas movilizaciones sociales de la década 2010, simbolizadas en la protesta del 15-M en España, es el eje de la contribución de Eduardo Romanos a este monográfico. La revitalización de principios antiautoritarios vinculados con la tradición del pensamiento libertario que significó mayo del 68, difundiendo la autogestión como modelo alternativo en el ámbito del trabajo y de la convivencia privada, acabó por marcar el rumbo de los movimientos sociales a partir de entonces. El último ciclo de protesta entroncaría con ese nuevo repertorio de acción, actuando el movimiento por una justicia global como eslabón intermedio. El hilo democrático, la voluntad de ampliar el concepto y experimentar nuevos modelos de democracia establecería el argumento esencial de los tres ciclos, aunque pueda hacerse recaer en el actual movimiento de los indignados un particular acento: la idea de inclusividad empática, favoreciendo con ello la apertura hacia personas sin una experiencia previa de participación. Josep Maria Caparrós Lera viene a esclarecer la imagen que alimentase Malraux del 68 como una película, evaluando minuciosamente en su artículo el impacto de la revolución en la pantalla, desde los mismos acontecimientos hasta la actualidad. El cine al servicio de la revolución tuvo entonces su momento estelar. Se erigió, desde la constitución de los Estados Generales del Cine, en protagonista de la ruptura ética y estética de mayo, y mantendrá después su relevancia como instrumento de difusión y fuente de comprensión de las nuevas representaciones colectivas. Convertido el séptimo arte en elemento de la lucha política, el 68 alimentó la formación de distintos grupos de cine militante, vinculados al gauchisme o a los aledaños del PCF, cuya producción traspasará los límites de la simple propaganda para prolongar los gritos de la revuelta. Desde el punto de vista cinematográfico, Godard no fue solo un precursor del 68 en el seno de la Nouvelle Vague, sino también el mejor exponente de la politización del cine durante el post 68. Una deriva que se registra también fuera de Francia, particularmente en Estados Unidos e Italia, además del cine iberoamericano, como una herencia de mayo. La revisión de Caparrós se detiene igualmente en las principales películas, documentales y de ficción, producidas desde finales de los 70, sean de carácter interpretativo o evocador, algunas de las cuales se entienden mejor en el marco de los propios debates conmemorativos. Juan María Sánchez-Prieto discute en su artículo la mencionada tesis del consenso oficial fabricado al filo de las conmemoraciones. La interpretación del 68 forma parte del espesor del acontecimiento, por lo que resulta inseparable de su memoria. La misma efervescencia de la palabra -la calle convertida en un libro colectivo aparentemente elaborado sin orden ni concierto, ni finalidad alguna-invita a profundizar en la cuestión de la concordancia entre pensamiento y acción. Exista o no un pensamiento 68, fue mayo quien movilizó a los intelectuales, y no al revés, por más que Sartre o Marcuse hayan pasado como pontífices o profetas del 68, y en cierta manera lo sean. Si el 68, por otra parte, agravó la crisis teórica dentro del marxismo, fue la particular crítica al marxismo y al totalitarismo conducida por los nuevos filósofos después de 1975 la que introdujo un nuevo sesgo en la discusión del 68. Desde la celebración del 10.o aniversario el conflicto de memorias no ha hecho sino agudizarse en la medida en que la interpretación del 68 se ha abierto a nuevos desarrollos en clave individualista y cultural que, al margen de los contenidos concretos del debate actual alimentado igualmente por los historiadores, no son del todo extraños a esa doble liberación de la palabra y del deseo que activó mayo, y se recoge en el sustrato situacionista de los años 68. Desde este enfoque, la pregunta acerca del verdadero legado se vuelve más difícil. La aportación de Julio García Caparrós sobre las deconstrucciones del 68 está centrada en el pensamiento de Jacques Derrida, poniendo en valor la naturaleza política y teórica de su filosofía, objeto de particular crítica por parte de Luc Ferry y Alain Renaut en su extendida consideración del pensamiento 68 en términos de antihumanismo. A diferencia de su maestro y amigo Maurice Blanchot, Derrida no se dejó arrastrar por los sucesos de mayo y estableció distancias intelectuales con Foucault y Lacan, incluidos en la nómina de Ferry y Renaut, donde no figura curiosamente Althusser -mentor del antihumanismo teórico en el seno del marxismo-con quien Derrida mantuvo amistad. Y aunque quepa asignar a la deconstrucción una genealogía heideggeriana, Derrida nunca fue un devoto de Heidegger, como pretenden sus críticos. Analizada su trayectoria intelectual, lo paradójico y singular de Derrida a propósito del 68 es cómo desde comienzos de los años 1980 -mientras se verifica el acomodamiento de antiguos gauchistesél experimenta un giro ético, social y político que le lleva al compromiso y aun al activismo, utilizando la fuerza especulativa, frente a la seguridad y el empuje de la nueva ola liberal. Es ahí donde adquiere pleno relieve su filosofía de la deconstrucción, y donde esta reviste rasgos notorios a427 de humanidad y hasta religiosos: la espera y acogida del otro o, con mayor expresividad, el lenguaje como promesa y venida del otro, donde se resuelve también la necesidad personal de hacerse soplo. EL 68 Y LAS CIENCIAS SOCIALES Los efectos del 68 en las ciencias sociales son posiblemente mayores que en la filosofía y deben ser repensados desde dentro, a modo de balance crítico. Es lo que hace Higinio Marín Pedreño al valorar desde claves antropológicas, históricas y culturales la propia revolución antropológica del 68, esto es, la proclamación de un nuevo sujeto de morfología post cristiana, que explora en su artículo, iluminando desde una cierta arqueología del saber los principales entresijos de mayo. Su examen, mucho más que en la invención de la juventud como nuevo sujeto histórico y social, se centra en la jovialidad como nuevo paradigma cultural y modalidad de la autoconciencia humana, en sustitución de la mortalidad, lo que se entiende por la inexperiencia de la necesidad en esa misma juventud. El 68 alumbra así una temporalidad post mortal: la autoconciencia de una juventud finita pero perpetua -una modalidad mortal de la inmortalidad-que reduce la muerte al rango de incidente y amplifica en el hombre, convertido en super-viviente, la fuente del deseo. El regreso a Freud, asociado normalmente al 68, lleva aquí a reencontrarse también con Ortega. Pero se trata, en el fondo, de un regreso mucho más primordial, según invita a considerar Marín: el regreso al Olimpo mitológico. La nueva subjetividad, la supervivencia jovial como «morfología de unos seres sin necesidades pero con deseos que sacian sin apremio mortal alguno, en una suerte de juventud lúdica sin fin, no es nueva» del todo, es la vida de los antiguos dioses. Desde otro ángulo, Celso Sánchez Capdequi analiza en su artículo cómo la idea de creatividad social, uno de los principales referentes del 68, ha afectado a la disciplina que tan cercana estuvo al desarrollo y primer análisis de los acontecimientos: la sociología. El rechazo de las parálisis funcionales alienta un nuevo ideal de autonomía social e individual fundado en la creatividad de la acción, donde el artista creativo, capaz de cambiar la vida, emerge como nueva figura del hombre nuevo. Su recorrido por las sociologías post 68 lleva a reconocer a partir de las obras de Castoriadis, Eisenstadt y Joas el gran potencial de la creatividad dentro de la reflexión sociológica frente a las rigideces de la sociología de la modernización. Esa misma consideración conduce a una constatación. Si la creatividad se manifiesta como contracultura durante la protesta, hoy se ha convertido en norma. Prescindiendo de las trayectorias individuales de los agentes, desde los años 80 la bohemia artística abandona la periferia para situarse en los centros de decisión y organización de la sociedad. La innovación se convierte en símbolo del bienestar social. Arte y técnica se miran a la cara. El 68 habría triunfado en este aspecto de un modo mucho más sustantivo de lo que la crítica actual reconoce. La creatividad ha dejado de ser una utopía y se ha convertido en principio de realidad. Y también en un imperativo. No es que queramos ser creativos, es que debemos serlo, concluye Sánchez Capdequi con Reckwitz (2012). ¿Existe un 68 científico? La pregunta la formula José Andrés-Gallego en el artículo que cierra el monográfico, e intenta responderla mediante una doble aproximación a la cuestión. El 68 constituyó un escenario particularmente idóneo para la aplicación de la investigación-acción (action research), que desde 1945 había despertado el interés de los científicos sociales en el marco de desarrollo de las metodologías participativas. Al mismo tiempo, para comprender la complejidad del 68, las propias ciencias sociales se plantean la necesidad de ampliar las perspectivas metodológicas. La combinación de métodos (mixing methods) no es una invención del 68, pero el concepto y las prácticas de triangulación adquieren nueva realidad y vigencia a partir de entonces. Si Kurt Lewin intentó aplicar analógicamente los principios de la mecánica cuántica a las ciencias sociales antes de 1968, fue Norman Denzin quien a raíz de la experiencia de la crisis de esos años reformuló el campo de la interacción simbólica y sus exigencias dentro de la práctica investigadora. Fuera de los límites de la investigación-acción, o de sus excesos cuando se torna en investigación militante, el pluralismo metodológico y la idea de una estética de la investigación científica frente a la pura lógica del procedimiento científico siguen constituyendo hoy desafíos no solo para las ciencias sociales. No se trata ya de superar la dialéctica enfrentada entre métodos cuantitativos y métodos cualitativos, ni de implementar nuevas técnicas entrecruzadas, sino de concebir metodológicamente de otra manera la propia interacción entre teoría y práctica. No quiero terminar esta presentación sin agradecer al director de Arbor, Alfonso Carrascosa, su disponibilidad, interés y buen hacer para que este número de la revista viera la luz. Y a los autores, la generosidad personal e intelectual que lo ha hecho posible. Cincuenta años después, siguen asaltando la memoria los muros de París.
RESUMEN: Charles de Gaulle se convirtió en el símbolo de la política con que querían acabar los protagonistas de la sonora revuelta parisina de mayo de 1968. El fracaso de su intervención en televisión el día 24 pareció confirmar que había caído, y con él quizá también la Va República, que era diseño suyo. Su actividad en los días siguientes, hasta el 30, transformó por completo la situación, desbloqueó la aporía política, desactivó la crisis social y fue el comienzo del fin de la protesta universitaria. En las elecciones que convocó para el mes de junio, su partido obtuvo la mayoría más amplia que obtuviera nunca. En medio quedaron algunos misterios que han sido y son motivo de debate entre los historiadores. El más destacado, su viaje relámpago a la base militar francesa en Baden-Baden (Alemania) el día 29. Analizamos las principales interpretaciones que se han aportado para explicar lo sucedido. Un hecho tan frecuentemente citado como el mayo del 68 francés parece que apenas requiere presentación. Sin embargo, es más frecuente acercarse a su estudio desde el punto de vista de la protesta y su propósito que desde el análisis de los acontecimientos políticos. La razón es bien conocida: el mayo del 68 francés ha tenido una importancia simbólica prolongada e intensa, mientras que los hechos en sí podrían parecer intrascendentes. En efecto, cabe resumirlos diciendo que una protesta estudiantil creció hasta convertirse en un grave conflicto social que colapsó por unos días el sistema político. Sin embargo, un mes más tarde las elecciones otorgaron al partido gobernante una mayoría parlamentaria todavía más amplia que la que tenía al comienzo de los acontecimientos. Evidentemente, este resultaría un resumen insuficiente por dejar fuera aspectos de gran calado que subyacen a los hechos puramente políticos. Ahora bien, sin conocer estos, cabe también interpretar deficiente o equivocadamente los sociales o de mentalidad. Todos los componentes de una realidad histórica son inseparables, por más que los historiadores necesitemos deslindar campos para perfilar mejor relatos y explicaciones. En este artículo nos vamos a ocupar de los hechos políticos básicos de mayo del 68, concretamente en la relación que guardan con el entonces presidente de la República, Charles de Gaulle. La tarea no es sencilla. Si el mayo del 68 tiene una carga simbólica importante, de Gaulle también, y ambas dimensiones parecen entrar en conflicto justamente en torno a estos acontecimientos y la forma de encararlos. De Gaulle era reconocido por muchos franceses como el salvador de Francia en dos ocasiones especialmente difíciles: ante la derrota frente a los alemanes en 1940, y ante el riesgo de guerra civil generado por el problema argelino en 1958. Se había convertido en el diseñador y el piloto de un nuevo sistema político, la Va República, que pretendía superar los defectos de las precedentes. Su estilo y prestigio hacían de él mucho más que un político, un estadista excepcional. Quienes se le oponían debían hacerlo impugnando su pretensión de identificarse con Francia y no tenían fácil la tarea. Mayo del 68, que comenzó como una algarada universitaria, se convirtió a la altura del día 24 en una inesperada ocasión de terminar con el régimen de la república gaullista. Seis días más tarde se demostró que era todo lo contrario. En medio quedaban una serie de sucesos que han sido objeto de frecuente estudio y que todavía hoy no terminan de estar claros. Los estudiantes y sus protestas La revuelta comenzó entre los estudiantes de Nanterre, donde se había creado recientemente una Facultad de Letras cuya pretensión de ser el comienzo de una universidad modelo había quedado justamente en eso. Los altercados se hicieron allí crónicos, alimentados por la contemplación en los noticiarios cinematográficos de las algaradas estudiantiles en EE.UU. y en Alemania que les sirvieron de modelo (Sorlin, 2005, p. Los motivos eran protestas contra la guerra en Vietnam, y la reivindicación de libertades, o mejor, de facilidades sexuales. Este último fue el asunto con que un estudiante entonces desconocido, Daniel Cohn-Bendit, asaltó al ministro de Juventud y Deportes, François Missoffe, cuando este acudió en febrero a Nanterre para inaugurar una piscina. La respuesta del sorprendido ministro fue recomendarle un baño en las nuevas instalaciones (Lacouture, 1986, p. Las movilizaciones estudiantiles no cesaron. El 25 de abril el diputado comunista Pierre Juquin fue abucheado y expulsado de Nanterre con gritos de «Juquin Judas» que apenas dejaban lugar a dudas sobre la opinión que el Partido Comunista (PCF) merecía a los revoltosos. El proyecto contenía la palabra selección, que bastó para inflamar el ambiente de protesta entre los estudiantes. Para los políticos sus reivindicaciones aparecían como frutos de la inmadurez y problemas menores que convenía atender por razones de decoro público. Así lo hizo saber de Gaulle al ministro del Interior, Christian Fouchet, el 1 de mayo: había que terminar con los disturbios de Nanterre, ya que en París iba celebrarse la conferencia que pretendía devolver la paz a Vietnam y que reuniría a norteamericanos y norvietnamitas. Ese mismo 1 de mayo el sindicato comunista CGT (Confédération générale du travail) celebró su primera marcha desde 1954, que terminó con algunos incidentes con la policía (Giraud, 2008, p. Pero nada de eso inquietaba especialmente al gobierno, que tenía en su agenda otros asuntos. El primer ministro, George Pompidou, salía en esas fechas para un viaje de diez días por Irán y Afganistán. De Gaulle había comentado a su ayudante de campo François Flohic: «Esto no me gusta mucho; no hay nada difícil ni heroico que hacer» (Flohic, 1979, p. a428 Todo comenzó a complicarse cuando el decano de Nanterre, ante los continuos incidentes, decidió cerrar la facultad el 2 de mayo. Eso trasladó a los grupúsculos de agitadores a la Sorbona, en el centro de París, provocando una jornada de desórdenes que culminó con la entrada de la policía en la universidad y varias detenciones. Era la explosión de un movimiento que venía caldeándose tiempo atrás (Joffrin, 2008, pp. 13 y ss.). Ese mismo día apareció un artículo en el órgano comunista L'Humanité firmado por Georges Marchais, miembro del buró político del partido, en el que se trataba de desenmascarar a los «falsos revolucionarios» que resultaron ser protagonistas de ese día y en buena medida del mes: «Certains groupuscules anarchistes, trostquistes, maoïstes, etc., composés en général de fils de grands bourgeois, et dirigés par l'anarchiste allemand Cohn-Bendit» (Giraud, 2008, p. Estaba claro qué opinión merecían al PCF. El día 5 de Gaulle convocó a Joxe, que hacía las funciones de primer ministro, Fouchet y Peyrefitte, ministro de Educación, y les empujó a reaccionar con contundencia ante lo que consideraba un motín: si lo consentían estarían destruyendo el estado. Los ministros se mostraron partidarios de una respuesta más conciliadora que entendían más proporcionada a una provocación estudiantil, que estimaban sonora, pero de poco calado y por tanto poco peligrosa. Y eso a pesar de la llamada a la huelga total en las universidades que había sido convocada ese mismo día. A partir de entonces las cosas no hicieron más que empeorar: la violencia se desató de forma inesperada. Tardó tiempo en comprenderse que se trataba de una acción política entendida como tal por los estudiantes. La respuesta represiva de las autoridades tratando de restablecer el orden chocaba con la simpatía hacia la causa estudiantil que ganaba cada vez más a la opinión pública. Poco a poco, la idea de la brutalidad represora de la policía pesaba más que la contraria. De Gaulle seguía pidiendo a sus ministros firmeza, pero al mismo tiempo talento para cambiar las cosas: «Señores, es necesario reformar la universidad... pero no es posible tolerar la violencia en la calle». Los comunistas también matizaron su postura. Georges Séguy, secretario general de la central sindical CGT y miembro del buró político del PCF, aunque seguía denunciando a los «provocadores» de extrema izquierda, hizo notar su «simpatía por los intelectuales que se ponen resueltamente del lado de la clase obrera». Algo nuevo había aparecido en la calle y el partido no quería desligarse por completo de ello. Los comunistas tendieron lazos hacia los «enragés», los indignados, y también la policía: el prefecto de policía de París facilitó al principal sindicato de enseñanza superior (SNE-Sup) una nueva línea directa de teléfono para mantener el contacto. Ni siquiera sus propios promotores controlaban totalmente el movimiento en esos momentos (Joffrin, 2008, pp. 104-108). El 8 de mayo de Gaulle pidió más contundencia en la respuesta. Reunido con los responsables implicados más de cerca les leyó un mensaje remitido por cinco premios Nobel pidiendo un gesto de apaciguamiento, lo cual, según él, no era sino pura demagogia. El general opinaba lo contrario: debía detenerse el desorden incluso disparando si hiciera falta (Peyrefitte, 2002(Peyrefitte,, pp. 1690(Peyrefitte, -1693)). Los ministros se salieron con la suya y anunciaron la reapertura de la Sorbona. Los líderes estudiantiles reaccionaron llamando de nuevo a la radicalización (Cohn-Bendit, 1975, pp. 36 y ss.). Al día siguiente de Gaulle reprochó a Peyrefitte su decisión. Tal como él veía las cosas, el enfrentamiento entre los izquierdistas radicales y los comunistas marcaba una importante divisoria, la meta de Cohn-Bendit y los suyos es destruir la sociedad burguesa de la que los comunistas eran garantes como oposición. Si se salían con la suya, todo el sistema, el sistema de la República tal como él lo concebía, estaría en cuestión (Peyrefitte, 2002(Peyrefitte,, p. De Gaulle confiaba en que los comunistas no permitirían que el mundo obrero se uniera a la revuelta, como pretendían los estudiantes, pero la realidad no siguió ese camino. La reviviscencia de los desórdenes llevó a Peyrefitte a dar la orden de cerrar de nuevo la Sorbona con el consiguiente desprestigio ante los medios de comunicación. El 10 de mayo se vivió una noche de enfrentamientos y barricadas en el barrio Latino. Solo de madrugada actuó la policía. Ese mismo día debía comenzar la conferencia de París sobre la paz en Vietnam que era un teórico y esperado éxito de la diplomacia francesa. La realidad parisina distaba mucho de ser pacífica: el 11 de mayo los combates terminaron a las 5:30 de la mañana con un balance de 721 heridos, 367 de ellos graves. Tenemos dos versiones contradictorias sobre las instrucciones que de Gaulle dio sobre una posible intervención del ejército para poner fin al desorden, las dos del ministro de defensa Messmer, que en un primero momento escribió que el presidente le había indicado que había que esperar. En la segunda, de 1998, reiterada en 2007, afirma que le empujó a desplegar una fuerza militar y abrir fuego si era preciso. Un efecto importante de la escalada de la violencia fue que el PCF se situó contra la represión, dejó de hablar contra los izquierdistas y se alió con el movimiento. Uno de los grandes sindicatos, la CFDT (Confédération française démocratique du travail, antiguo sindicato católico vinculado al izquierdismo no comunista) se alineó con los estudiantes: comenzaba el movimiento social. La CGT comunista, aunque no se mostraba ya opuesta, mantenía las distancias. En esa divisoria de decisión política se produjo el regreso de Pompidou de su viaje. Llegó con ideas propias y nuevas, de conciliación: era partidario de reabrir la Sorbona, liberar a los detenidos, retirar la policía y recuperar así la iniciativa. De Gaulle, aunque poco convencido de la eficacia de las medidas, le concedió autonomía para ejecutarlas, algo que lamentará más tarde. No tuvo mucho más remedio, la alternativa era la dimisión del jefe del ejecutivo. El dilema era estratégico: Pompidou estaba convencido de que el enfrentamiento entre comunistas e izquierdistas dejaba a salvo el sistema, mientras que de Gaulle pensaba que tal frontera podía borrarse si el estado seguía sin dejar sentir su presencia de modo eficaz. El deslizamiento por la pendiente de la complicación y la radicalización continuó con la manifestación del día 13 en la que por primera vez se escucharon gritos contra de Gaulle: el «dix ans, ça suffit!», nacido en círculos de la oposición política, llegaba a la calle. Era el síntoma de una rápida conexión entre la política y la revuelta, y en un momento simbólicamente muy inoportuno: en el décimo aniversario del 13 de mayo de 1958 que había marcado el retorno al poder del general. De Gaulle llegó a pensar si todo esto no tenía que ver con su política hacia el este. Tenía previsto un viaje a Rumanía, donde apoyaría la política de Ceaucescu, que aparecía como un ejemplo de criterio autónomo frente a Moscú: ¿debía cerciorarse de si era ese el problema latente? En Checoslovaquia se estaban viviendo momentos difíciles en esos mismos días: la política de apertura de A. Dubceck había sido motivo de serias advertencias por parte de Moscú y de movimiento de tropas del Pacto de Varsovia para unas maniobras militares en la frontera del país. Pompidou, por su parte, se preguntaba si no sería la conferencia sobre Vietnam lo que se intentaba sabotear. Mientras el gobierno se debatía en la duda sobre qué hacer, el desorden seguía ganando la calle. La esperanza de los gobernantes era que esa actitud anárquica terminara por cansar a la opinión, la alarmara, y la empujara a apoyar las posturas gubernamentales. Con esa esperanza, tras dudarlo mucho, el Presidente de la República hizo caso a su gobierno y emprendió el día 14 su viaje a Rumanía. Pero no llegó un cambio de viento favorable al gobierno, sino lo contrario. La crisis estudiantil se transmitió a través de los sindicatos al tejido social y se declararon huelgas que el día 16 sumaban ya 600.000 participantes. Pompidou seguía convencido de que no era señal de que el PCF estuviera iniciando su asalto al poder, estaban, sencillamente, dejando ver su fuerza frente a la exhibición neoizquierdista en el ámbito universitario. De Gaulle, mientras tanto, hablaba en Rumanía con su ministro de Exteriores, Couve de Mourville, de la crisis de civilización que evidenciaban los hechos: había que emprender reformas de calado, y pronto. Su propuesta era impulsar nuevas formas de participación, social y política, ese sería su nuevo horizonte. Otra paradoja más de estos días fue que mientras de Gaulle era aclamado por los obreros de un país comunista, el gran sindicato comunista, la CGT, confirmaba su viraje en Francia para sumarse al movimiento huelguístico: ese fue, declaró luego Pompidou, el momento en que comenzó a inquietarse seriamente ante los acontecimientos (Alexandre, 1969, p. Pesaba en esa inquietud que la postura de la CGT significaba que el gobierno ya no podía contar con la televisión como un instrumento dócil, controlada como estaba, mayoritariamente, por los comunistas. Había también motivos para la confianza: dentro del PCF las consignas eran por el momento mantener un tono reivindicativo, pero no revolucionario. Pero la situación era ya explosiva. Varios ministros insistían en pedir el regreso del Presidente desde Rumanía, que terminaron por conseguir. El día 18 de Gaulle regresó a París. Volvía convencido de que los comunistas habían cambiado de orientación y que estaba ante una batalla totalmente diferente. Sus ministros recordarán la furia con que les reprochó su actitud: «Basta que de Gaulle se vaya, y se hunde todo», es como si no supieran gobernar. Ese día de Gaulle volvió a utilizar un vocablo en desuso para referirse a lo que él consideraba desorden y caos insufribles y repugnantes: «La reforme oui, la chienlit, non!». La reforma sí, el pandemonio, no 1. Reprochó a Pompidou su actitud apaciguadora, que solo había empeorado las cosas, se negó a aceptar su dimisión y le habló de su proyecto de plantear un referéndum sobre la participación en las empresas y en la universidad, la primera piedra de su nuevo plan de reformas. Resumió sus instrucciones al ejecutivo con un contundente «¡Se acabó el recreo!» y les anunció que el día 24 se dirigiría al país en un mensaje televisado (Lacouture, 1986, pp. 681-682). Mientras él se enfrascaba en la preparación del mensaje sobre la participación, dio vía libre al gobierno para abrir negociaciones con los sindicatos. Lo hicieron por medio de un joven ministro que había militado en el comunismo y conservaba importantes contactos: Jaques Chirac. El general no creía que fuera una vía de solución, pensaba que conduciría a un «Munich económico» mientras dejaba intacta la cuestión de fondo. El 19 y el 20 de mayo la situación siguió empeorando. De Gaulle leyó los despachos de la agencia oficial de noticias china que exaltaban el movimiento estudiantil y su filiación maoísta: de modo que no había servido de nada haber sido el primero entre los grandes en abrirles la puerta de la diplomacia. No obstante, su gran temor seguía siendo que el PCF estuviera preparando un asalto al poder, algo que las fuentes soviéticas hasta ahora disponibles parecen desmentir. Más bien daba la impresión de que preferían esperar, constatar hasta dónde resistía el gobierno, y prepararse para conformar uno alternativo de amplio espectro que luego pudieran controlar en solitario (Giraud, 2008, pp. 78-84). La confusión al respecto creció en los días siguientes: el gobierno superó una moción de censura mientras negociaba en secreto con los comunistas, sin tener claro qué pretendían finalmente. La prensa china llenaba de elogios a los «izquierdistas» desmarcados del PCF, maoístas, trotskistas o anarquistas de la Fédération de la gauche, mientras que la soviética seguía la crisis a través de las declaraciones de líderes del PCF y la CGT o de discursos oficiales, pero se mostraba claramente enfrentada a los «izquierdistas», jaleados por los chinos, que les acusaban de «revisionistas» (Smirnov, 2006, pp. 173-175). Pero los signos eran inquietantes. Los grafitis denunciaban ahora a de Gaulle como responsable de los males: «la chienlit c' est lui!», es él quien causa estragos. Era una nueva orientación política del movimiento. Mientras tanto, la URSS concentraba tropas del Pacto de Varsovia en la frontera checoslovaca en un episodio más de esa crisis paralela a la que de Gaulle no dejaba de mirar. Se llegó así al 24 de mayo con diez millones de huelguistas y la esperanza del gobierno puesta en la alocución televisiva de de Gaulle. No funcionó y, lo que es peor, alimentó la idea de una revuelta política contra él y «su régimen». La crisis estudiantil que se había vuelto social era ahora claramente política. El referéndum se despreció. Ni siquiera los gaullistas entendían qué sentido tenía plantearlo en ese momento; y su amenaza de irse fue recibida con cánticos de los estudiantes diciéndole adiós. Quien tantas veces había conseguido gobernar con la palabra, reconoció que se había equivocado: había sido una salida de pata de banco («J 'ai mis à coté de la plaque») y la situación no había por dónde agarrarla («insaisissable»). Lo detuvo Pompidou en una reunión de madrugada, llamándole a continuar en la tarea y a confiar en los acuerdos que se estaban negociando. Pero para de Gaulle los cuatro días siguientes fueron de caída en picado: entendió claramente que era él quien estaba en cuestión ahora, con todo lo que eso significaba. La oposición lo entendió así también. Un mitin gigante convocado en Charléty el 26 pareció diseñar un gobierno alternativo con Mendès France y Mitterrand que preconizaría una revolución sin comunistas, algo que estos no podían consentir. Eso repercutió en las negociaciones que en esos mismos días mantenía la CGT en Grenelle con el gobierno. El 27 se alcanzó un acuerdo in extremis. Resultó ser demasiado tarde: no consiguieron que las asambleas obreras, que se habían comprometido ya con la reivindicación política, lo aceptaran. La vía de la negociación de Pompidou fracasaba, pues, también. Enfrente, la prioridad política impulsada por los «izquierdistas» estaba ganando la partida a los comunistas. Eso les obligó a cambiar de táctica, a admitir alinearse con la reivindicación de un «gobierno popular» en el que participarían con otros grupos políticos. Para entonces todo indicaba que, definitivamente, los comunistas querían ponerse a los mandos de un proceso político que parecía imparable (Peyrefitte, 2002(Peyrefitte,, p. Dentro del PCF no había acuerdo sobre el procedimiento. Si entendían que no era la hora de la revolución, sí parecía la de la toma del poder, porque este se estaba hundiendo y solo era cosa de recogerlo. Convocaron, pues, una manifestación para el día 29 con el lema «Gouvernement populaire», tratando de adelantarse a que Mitterrand se hiciera con la presidencia de la República como había ofrecido. Entre los gaullistas cundía el desánimo, y dentro del gobierno también: ni siquiera podían garantizar las comunicaciones internas en el ministerio del Interior. Un nuevo desastre parecía cernirse fatalmente sobre Francia. Los sucesos de los últimos días de mayo del 68 tienen como gran protagonista, inesperadamente, a ese Charles de Gaulle que aparecía sobrepasado por los acontecimientos el día 24. No es de extrañar que la inter-a428 pretación resulte difícil. Primero, por la alta densidad de acontecimientos; segundo, porque contamos con versiones difíciles de compatibilizar, o incompatibles, para reconstruir los hechos, y tercero, porque da la impresión de que su principal protagonista buscó deliberadamente dejar poco claro qué había querido hacer. Recordemos esquemáticamente lo sucedido. El 28 de mayo daba la impresión de que los comunistas habían decidido tomar el poder: convocaron una manifestación para el 29 que podría terminar con un asalto del Elíseo. A primera hora del 29, de Gaulle suspendió el consejo de ministros previsto para esa mañana, lo pospuso para la tarde del 30 e, inesperadamente, anunció a un perplejo Pompidou que se marchaba a su casa en el campo en Colombey-les-deux-églises. En realidad, sin comunicarlo a nadie, voló hasta Baden-Baden donde se entrevistó con el general Massu, jefe de las tropas francesas estacionadas en Alemania. De allí volvió a Colombey a media tarde. La noticia de su desaparición durante unas horas conmocionó a la cúpula del poder y se difundió brevemente a través de los medios de comunicación. Desde Colombey de Gaulle llamó a Pompidou a las 18:30 y le confirmó la celebración del consejo al día siguiente. Mientras tanto, se desarrollaba la manifestación comunista, enormemente concurrida, que se disolvió sin incidentes esa misma tarde poco después de las 19:30. A primera hora del 30 de mayo de Gaulle volvió a París, presidió el consejo de ministros e hizo saber que hablaría por la radio. En su brevísima alocución anunció que no iba a retirarse, que posponía la celebración del referéndum, que disolvía las cámaras y convocaba elecciones. Responsabilizó del desafío a la República a una amenaza dictatorial del comunismo totalitario, apoyada sobre la ambición y el odio de políticos retirados. Esa misma tarde la manifestación más grande de mayo de 1968 recorrió París en apoyo del jefe del estado. A partir de ahí todo cambió: las huelgas se debilitaron hasta desconvocarse, el movimiento estudiantil perdió fuerza y en junio las elecciones dieron a los gaullistas la mayoría parlamentaria más amplia de su historia. ¿Cómo deben interpretarse los hechos? Hay una evidencia básica en la que coinciden todos los estudios: de Gaulle fue su gran protagonista, se transformó y transformó la situación en 48 horas que resultaron cruciales. Lo difícil es interpretar cómo lo hizo y por qué el que había fracasado tan estrepitosamente por televisión el 24 y parecía perdido en los últimos cuatro días produjo un efecto tan diferente con su discurso radiofónico del 30. Las interpretaciones de los hechos están mediatizadas por sucesos posteriores, especialmente los resultados electorales de junio, el relevo del primer ministro Pompidou, la celebración del referéndum el 27 de abril de 1969 y su resultado negativo, la retirada de de Gaulle esa misma medianoche y su fallecimiento el 9 de noviembre de 1970. A estos hechos inmediatos deben sumarse las revelaciones sobre lo sucedido en mayo del 68 por parte de los protagonistas que fueron haciéndose públicas en años sucesivos. Las mencionaremos al mismo tiempo que presentamos las interpretaciones a que dieron lugar, que cabe resumir en seis grandes líneas argumentales. La primera es la hipótesis del desfallecimiento del jefe del estado que, abandonado por los políticos, desorientado y falto de recursos, pensó en huir e incluso en volver a empezar la batalla del control del país desde fuera de París y de la propia Francia, como ya había hecho en 1940. Solo cuando por boca del general Massu constató que el Ejército le apoyaba, decidió regresar. El pueblo francés, cansado de desorden, le escuchó. La mayoría silenciosa despertó en la manifestación monstruo del día 30 y su voz tuvo eco en toda Francia, un eco que resonó pronto en la normalización de la vida del país y a continuación en las urnas. Esta explicación, que predominó en la década posterior a los hechos en algunos sectores, fue contestada con contundencia por quien entonces era ayudante de campo de de Gaulle, el almirante François Flohic, que acompañó al matrimonio de Gaulle en su viaje a Baden-Baden y Colombey ese 29 de mayo de 1968, y publicó en 1979 Souvenirs d'outre-Gaulle. Ahí testimonia que el general no era en absoluto un hombre desorientado o perdido ese día: dio instrucciones muy precisas con un control de sí mismo evidente en todo momento. Flohic supone que tuvo una tentación de retirarse a la que en el fondo nunca tuvo intención de ceder. Al contrario, ante el peligro de la disolución del poder realizó «la maniobra antisubversiva por excelencia, colocando sutilmente [al país] ante el vacío de su desaparición» (Flohic, 1979, p. El yerno del general de Gaulle, el general Alain de Boissieu, abundó en esta explicación en sus memorias, en las que califica de maniobra táctica magistral el movimiento de ese día (Boissieu, 1990, p. Esta hipótesis tiene un grave inconveniente para sostenerse: la noticia de que de Gaulle estaba en paradero desconocido llegó a la opinión pública cuando la radio, a las 17:34, dio la noticia de que no estaba -o no era seguro que estuviera-en Colombey. Por tanto, es difícil pensar que hubo lugar para que la noticia se difundiera mucho, ni que creara una sensación de vacío que sacudiera los ánimos y fuese causa de un cambio tan intenso. En todo caso, la maniobra de desconcierto y de colocación frente al vacío tendría entonces por público destinatario los colaboradores inmediatos del general: el gobierno de Francia. Serían los políticos los que habría querido sacudir con su actitud, y especialmente al primer ministro Pompidou. En cuanto al recurso al ejército, de Boissieu suaviza tal posibilidad hasta hacerla prácticamente irrelevante frente a la explicación del golpe de efecto. Esta hipótesis heroica y maquiavélica, que cifraba en el poder de escenificación de de Gaulle la resolución del problema no dejaba en buen lugar a su entorno, que debía cargar con todas las culpas de los desgobiernos de mayo. No es casual que en 1982 los herederos de Pompidou, fallecido en 1974, decidieran publicar sus memorias, con el significativo título de Pour rétablir une verité. El autor rompe también con la versión oficial del recurso a las legiones. Promueve otra visión menos favorable a de Gaulle y regresa a la tesis del desfallecimiento, limitado ahora al 29 de mayo. Sería un episodio más en la historia de un hombre ciclotímico, un momento más de los varios que conoció Pompidou en que de Gaulle se sentía tentado por la dimisión (Pompidou, 1982, p. Las confidencias del propio de Gaulle con él en esos días, en efecto, apuntaban en ese sentido: había aparecido ante él como un hombre cansado que ya no sabe qué hacer, que incluso parece actuar falto de orientación y comete la imprudencia de abandonar su puesto al frente del país en un momento de máximo peligro. La argumentación de Pompidou sobre el hundimiento del día 29 se complementó y reforzó con el informe de Massu, que permaneció secreto durante quince años. No lo publicó hasta que aparecieron las memorias de Pompidou. La primera entrevista concedida por Massu a la prensa sobre el asunto data de 1982 y el contenido de su libro de recuerdos publicado al año siguiente ayuda a entender la interpretación de Pompidou. Massu interpretó que de Gaulle había venido a verle descorazonado y prácticamente decidido a retirarse. Su charla con él le habría ayudado a recapacitar y a volver a su puesto al frente de Francia. No obstante, lo más débil en esta interpretación de un de Gaulle hundido es la tesis del recurso al ejército como fortaleza en la que cimentar una reacción frente a la debilidad de la política. Además de que entra en contradicción con la ejecutoria política del general y numerosos escritos y declaraciones suyas, consta que de Gaulle ni siquiera preguntó a Massu por este asunto, como este mismo subraya en su libro en respuesta a las tesis de Boissieu. Y hay todavía más: a las 8 de la mañana del día 29, el general había convocado al general André Lalande, su jefe de estado mayor particular y le había encargado una doble tarea: primera, que fuera a ver a Massu y a otros dos generales al frente de regiones militares para preguntarles si intervendrían con sus tropas para mantener el orden; segunda, que de paso se llevara a Baden-Baden en el avión a la familia de su hijo, que no podía viajar por falta de medios de transporte a causa de la huelga. Cuando de Gaulle, repentinamente, dejó Baden-Baden, tras cerca de una hora de conversación con Massu en la que no habló de este tema con él, el general Lalande, que había llegado a la base, se reunió con Massu para tratar del encargo recibido por de Gaulle. Fuera lo que fuera lo que de Gaulle buscaba de Massu, si buscaba algo, no era conocer su disposición a marchar sobre París en caso de que se lo pidiera. Las revelaciones de esta tercera hipótesis cuestionaban seriamente la versión oficial gaullista establecida por Flohic y de Boissieu. El intento de recomposición de la interpretación del 29 y 30 de mayo llegó con un artículo del jurista François Goguel en la revista Espoir, del Institut Charles de Gaulle, en 1984. Es significativo que ese mismo artículo se haya publicado de nuevo en la misma revista en el monográfico sobre mayo del 68 aparecido en abril de 1998 en el trigésimo aniversario de los hechos con una nota que indica: «La Redacción se ha permitido republicar este texto fundamental de François Goguel aparecido en su número de marzo de 1984» (VV. El trabajo está construido sobre nuevos testimonios de protagonistas de los hechos y colaboradores de de Gaulle que ayudan a precisar lo sucedido y su significado. De Gaulle había encargado a su yerno de Boissieu que convocara a Massu en Alsacia, pero de Boissieu fue incapaz de contactar con Massu y ante la falta de noticias, cuando los helicópteros se detuvieron a repostar, de Gaulle optó por seguir camino para visitar a Massu en su propia residencia. La finalidad del presidente habría sido escenificar el apocalipsis ante el militar para hacerle reaccionar, práctica, por otra parte, habitual en de Gaulle. Massu se habría creído la representación sin percibir segundas intenciones, y habría deducido que su contraargumentación había servido para restablecer la confianza del estadista. Pero, apunta Goguel, esto es difícilmente creíble a poco que se sepa del líder de la Francia libre. La explicación que sugiere el autor es la siguiente: lo que realmente habría buscado mediante ese encuentro era impresionar a la opinión. La salida de París era un medio para empujar a que la opinión se rehiciera: que dos hombres tan distintos, que solo tenían en común la devoción por Francia, aparecieran unidos en un momento crítico, sería suficiente para remover los espíritus. La nueva explicación sería que de Gaulle habría buscado la asociación de dos nombres, el suyo y el de Massu, para impresionar a la opinión pública, pero solo para impresionar, no para intervenir militarmente, ni siquiera en hipótesis. Massu habría realizado el papel que de Gaulle esperaba de él, algo por lo que de Gaulle le debía sincero agradecimiento y razón por la cual nunca habría hecho pública la verdadera intención del viaje: no quería hacerle quedar como un puro comparsa, engañado, además. Aquella entrevista habría quedado ligada afectivamente al día en que se rehízo tras cuatro de incertidumbre. En cuanto a la confidencia de de Gaulle a Pompidou de que había tenido un desfallecimiento, Goguel sostiene que el primer ministro le malinterpretó: de Gaulle estaría hablando de los días de dudas, pero no del viaje del 29, cuando ya está ejecutando su plan de salida de la crisis. La hipótesis añade matices y precisiones interesantes, pero de nuevo le falta solidez en un punto esencial: esa asociación de nombres no se produjo. Nadie habló de ella el día 29. Solo L'Aurore mencionó a Massu el 30 de mayo. Es más, oficialmente el encuentro fue desmentido el 31 de mayo. La noticia del encuentro llegó desde el extranjero, del enviado especial permanente que Le Figaro tenía en Bonn, y puede afirmarse que en realidad solo fue conocida por poca gente el día 30, después de que la manifestación de apoyo a de Gaulle hubiera terminado. Así las cosas, es difícil sostener que fuera la maniobra con que pretendió movilizar la opinión. Una quinta versión de los hechos se desprendería de lo revelado por Philippe de Gaulle, que en 1983 declaró ser el único que tenía las claves para explicar la escapada a Baden-Baden. En su segundo tomo de memorias la explicación que aporta está en la línea con la argumentación de Goguel, aunque añade precisiones interesantes (De Gaulle, 2000, pp. 190-215). Habría sido él mismo quien sugirió el día 26 a su padre que se alejara de París y amenazara con marcharse. Su consejo fue que marchara a Brest donde podría embarcar en un crucero con todos los medios para desplazarse y comunicarse. Su padre le contestó que prefería irse a Colombey, a lo que al hijo protestó que parecería que se iba a descansar como cualquier fin de semana. El general le sugirió entonces que, ya que él debía someterse a un tratamiento termal y tenía problemas con el lugar al que quería acudir, que se fuera a Baden, a casa de Massu, donde podría seguir tratamiento y que llevara con él a su familia: así alejados de París se evitaría una molesta posibilidad de toma de rehenes. El almirante dice haberse percatado en ese momento de que estaba ante una maniobra del estilo de las que su padre recomienda en su obra Le fil de l'épée: el jefe debe cubrir de misterio sus intenciones, con astucia y, si es preciso, bajo un velo de engaño. El general aprovecharía para entrevistarse con Massu en Estrasburgo u otro lugar a mitad de camino entre Colombey y Baden. Por tanto, confirma que no había intención de ir hasta Baden si Boissieu hubiera conseguido concertar un encuentro en otro lugar. Y también que su padre no estaba sin recursos en esos momentos, sino que lamentaba no haber sabido prever la deriva de los acontecimientos y haberse dejado superar por ellos en velocidad. Ese sería el contenido del "desfallecimiento" del que habló a algunos colaboradores. En esos momentos lo que buscaba era únicamente generar una sacudida que despertara a la opinión. De nuevo el problema está en explicar por qué no buscó dar publicidad al hecho sino lo contrario. Finalmente tenemos la versión de Henri-Christian Giraud, expuesta en su obra L'accord secret de Baden-Baden, publicada en 2008. Giraud, periodista y escritor, se ha especializado en las relaciones entre de Gaulle y los comunistas, y es ese conocimiento el que le pone sobre la pista de otra posible explicación. Gaullismo y comunismo eran dos soportes necesarios de la Va República, los dos únicos elementos esenciales de la política francesa, según expresó alguna vez André Malraux. De Gaulle había acudido en busca de apoyo de la URSS muy pronto, en 1941, y lo había obtenido. Estaba convencido de que Rusia era la esencia de la superpotencia, a la que llamaba así y no Unión Soviética, con una pertinacia llamativa. Su afán de mostrar independencia respecto a los Estados Unidos, según el autor, no era más que una máscara de su preferencia por los rusos. Esas convicciones no eran ningún misterio para los soviéticos que valoraban muy positivamente la postura del general francés, y le correspondían con gestos de proximidad. La culminación había sido su viaje a la URSS en 1966. Los contactos entre de Gaulle y los soviéticos estuvieron encauzados frecuentemente a través de Yuri Dubinin, primero traductor y luego miembro del cuerpo diplomático en París, que después sería embajador en Madrid a428 (1978( -1986( ), Washington (1986( -1990)), París (1990París ( -1991) ) y viceministro de exteriores de Rusia. Existía un entendimiento táctico entre de Gaulle y Moscú que hacía que el general pudiera contar con la garantía de que los comunistas serían una oposición leal, que no promoverían la ruptura del sistema. A cambio se les dejaba dominar el ámbito cultural francés y tener un partido y un sindicato que eran señores indiscutibles de la izquierda y gobernantes de barriadas enteras. Los sucesos de mayo del 68 inquietaron políticamente a de Gaulle en el momento en que tuvo la impresión de que los comunistas podían haber cambiado de postura. Su miedo procedía de las dudas que tenía sobre cómo aceptaba la URSS su política hacia el este de Europa (hemos mencionado el caso de Rumanía), en la que favorecía los criterios «independientes» de los distintos países del otro lado del telón de acero. Los sucesos de Checoslovaquia, que discurrieron en paralelo a la crisis de mayo francés y terminaron con una intervención militar soviética, fueron un elemento añadido a ese temor. De Gaulle no creía posible que los grupos anarquistas o izquierdistas radicales de estudiantes fueran a poner en peligro el sistema. Ni siquiera temió cuando se aproximaron a la izquierda no comunista. Pero sí lo hizo cuando entendió que los comunistas habían cambiado de postura y estaban dispuestos a romper su pacto no escrito, y eso sería lo sucedido a partir del 24 de mayo. Si había habido un cambio tan trascendente en las intenciones soviéticas, había que diseñar una respuesta totalmente diferente de la contemplada hasta entonces, porque se estaba ante una crisis que afectaba al núcleo del sistema. De todo esto, uno de los secretos mejor guardados de la política del general, ni siquiera estaban al tanto explícitamente algunos de sus ministros: sería un apartado que gestionaba él personalmente sirviéndose de los medios que entendía oportunos. El viaje a Baden se explicaría como un medio para resolver esta duda, al mismo tiempo que como la preparación de una respuesta abierta al abierto desafío planteado. Eso explicaría muy bien la frase con que comenzó su alocución del 30 de mayo: «Francesas, franceses, siendo yo depositario de la legalidad nacional y republicana, he considerado en las últimas veinticuatro horas todas las posibilidades, sin excepción, que me permitirían mantenerla. En efecto, debía estar preparado para un escenario totalmente nuevo, o podía confiar en una solución dentro del que él mismo había levantado. En el primer caso la situación sería muy difícil y exigiría empezar desde cero y quizá desde fuera de un poder arrancado de sus manos como consecuencia de la impericia de sus ministros y de su propia falta de agilidad para adelantarse a los acontecimientos, como él mismo reconocería. Pero para responder a esa pregunta la clave era saber cuál era la postura de Moscú, ya que eso determinaría la del PCF. Una respuesta la tendría cuando terminara la manifestación del día 29: si terminaba en intento insurreccional y de toma del poder, Francia se enfrentaba a un episodio más de violencias revolucionarias de signo político. Eso no ocurriría si Moscú no había dado su placet a una toma del poder. Pero, desde luego, si lo había dado, el problema exigía considerar todas las posibilidades, desde la revolución y el desplazamiento del telón de acero hacia el oeste, hasta una guerra abierta en Europa. Ese era el interrogante al que él necesitaba responder. Su pregunta, supone Giraud, era suficientemente delicada como para que no pudiera ni formularse ni responderse por la vía diplomática. Las informaciones que le llegaban de la embajada no dejaban ver apoyo a un movimiento insurreccional, ni tampoco el tenor de la prensa soviética. Pero eso no era seguridad suficiente, sobre todo a partir del 24, cuando se vio el cambio de orientación de la CGT que parecía trasladar el del PCF. De Gaulle necesitaba algo más, e intuyó o conoció que la respuesta le podía llegar por otro medio, todavía más comprometido. El 28 de mayo se produjo la visita del comandante de las fuerzas soviéticas en Alemania oriental al puesto de mando de las francesas dirigidas por Massu en Baden-Baden, un hecho excepcional. De Gaulle habría intuido que el mensaje que Moscú quisiera hacerle llegar no podía tener un sello más fiable que el del hombre que estaba al mando de las divisiones que tenían por misión invadir la RFA, y Francia, si fuera el caso. Esa sería la información que buscaba encontrar en Massu, mediante entrevista en Estrasburgo, Baden, o donde fuera, pero directa. Le urgía tener ese dato, pues su decisión dependía de dos grandes factores: la postura de Moscú y la del PCF. La segunda la tendría con el final de la manifestación del 29, pero la primera decidió buscarla directamente a través de Massu. De Gaulle se cuidó mucho de cubrir con un velo de engaño su maniobra, en esto Giraud toma nota de lo que indica Philippe de Gaulle. Diseñó para eso un plan minucioso que ejecutó a partir del día 27. El testimonio de uno de sus próximos, Alain Peyrefitte, refuerza la tesis del plan minucioso. De Gaulle concedió audiencia a Peyrefitte el día 29 a las 4 de la tarde. El 28 Bernard Tricot, secretario general de la presidencia, le comunicó que su audiencia se posponía al fin de semana, y le hizo llegar una carta manuscrita del general en la que este le reiteraba su amistad. Mientras todos los demás piensan que de Gaulle está desorientado y sin recursos, Peyrefitte anota: «miércoles 29, por la tarde, cuando me entero de que el general ha desparecido y que su primer ministro nada sabe de dónde ha ido, no dudo que esté siguiendo un guion establecido en sus menores detalles. Desde el martes por la tarde, había previsto "dar un golpe" que le mantendría ausente un día, quizá dos; retrasar el consejo de ministros; no decir nada a nadie, ni a Pompidou ni a Tricot. Para mí es la señal de que de Gaulle ha tomado los mandos. No tengo ningún mérito en descifrarlo: yo tenía una clave que otros no tenían» (Peyrefitte, 2002(Peyrefitte,, p. Peyreffite conocía bien a de Gaulle, como demuestra su voluminosa y valiosa obra acerca de él, y tenía el dato de su nueva cita para el fin de semana, que indicaba a las claras para él que el general sabía dónde estaría para entonces. En la misma línea, de Boissieu recuerda haber visto el borrador de un discurso que de Gaulle preparaba (el del día 30) el día 29 a primera hora de la mañana, cuando acudió a visitarle por indicación suya para recibir instrucciones y encargos minuciosamente preparados (De Boissieu, 1990, p. Nada de incertidumbre ni de pérdida del control, pues, en de Gaulle, aunque se hubiera empeñado en varias entrevistas en dar la impresión de que eso era, justamente, lo que le pasaba. Podemos estar seguros de que tenía un plan minuciosamente planeado y cuidadosamente ocultado y enmascarado. Giraud concluye que si quería ver a Massu era porque él tenía una información que le interesaba. Una de las confirmaciones más explícitas de que hubo un mensaje de Moscú respecto a la crisis francesa se encuentra en las Memorias del entonces ministro alemán de exteriores, Billy Brandt: «El jefe de la misión soviética hizo saber al general Massu en Baden-Baden que Moscú consideraba con benevolencia la salvaguardia del régimen» (Giraud, 2008, p. Como hemos señalado, el 28 de mayo una delegación soviética del más alto nivel militar, presidida por el mariscal Piotr Kochevoi, visitó a Massu en Baden-Baden. Kochevoi mandaba cinco ejércitos de cuatro divisiones cada uno, frente a las dos divisiones francesas. El soviético, como recoge Massu en sus memorias, conversó a placer con él, en primer lugar, de su desprecio por los alemanes, responsables de la muerte de veintisiete millones de soviéticos, a los que veía cada vez peores, y de su decisión de aplastarlos ante la menor provocación. Llegó a afirmar que «el próximo teatro de guerra será Alemania occidental». Francia no debía equivocarse de aliado en la próxima guerra, advirtió. En la cena cambió de tono iniciándola con un brindis «por la amistad franco-soviética» y por «el gran presidente Charles de Gaulle». Habló de los acontecimientos de París: «Kochevoi se asombra, se indigna del comportamiento de los estudiantes. "¡Hay que aplastarlos, aplastarlos!" dice -en ruso naturalmente-pero acompañando sus palabras de gestos que hacen inútil la traducción» (Massu, 1983, pp. 35-37). Se despachó a gusto acerca de la estupidez juvenil que daba como hecho y tomaba como derecho todo lo que se había conquistado para ellos, y pasó luego a exaltar la amistad franco-soviética y lo excepcional del trato que de Gaulle había recibido en su visita a la URSS. Cuando se empezó a fumar, le dijo a Massu que no tendría nada de raro que París le tomara prestados algunos regimientos. No debía preocuparse: los rusos harían como que no sabían nada del debilitamiento de la guarnición francesa (Giraud, 2008, p. Y volvió sobre la cuestión estudiantil: era cosa de los franceses, pero los soviéticos no comprendían que hubieran permitido que se la jugaran una pandilla de anarquistas: «los habríamos aplastado». Era difícil una mayor exhortación a la firmeza del gobierno. Giraud supone que este mensaje es el que de Gaulle quería oír de Massu. Desde luego, no le preguntó algo así directamente: escenificó ante él un estado de ánimo cargado de preocupación y en extremo abatido, y le dejó hablar. Cuando conoció el contenido que le interesaba y pensó que la representación había sido satisfactoria, se levantó de pronto y anunció que volvía a Francia ante un asombrado y satisfecho Massu. Aterrizado ya en La Boisserie, esperó la siguiente información. El testigo en este caso fue Flohic. Tras llamar a Pompidou y a Tricot para informarles de su llegada a Colombey, de Gaulle dio un largo paseo campestre con su mujer, tranquilo y apaciguado, hablando de flores y árboles. Contra su costumbre no se puso a trabajar al volver, sino que encendió el televisor para ver las noticias de las 8. Se le notaba impaciente, y tras ver el telediario se produjo un cambio de humor espectacular. Flohic no lo anota, pero Giraud señala que ese telediario dio cuenta de la disolución en la más absoluta tranquilidad de la gran manifestación organizada por la CGT. La discusión de cómo las consignas más a428 radicales se suavizaron a las dos horas de comenzar la manifestación y por qué terminó disolviéndose en la más absoluta tranquilidad sin asomo de movimiento insurreccional, ha llevado a varias interpretaciones. Giraud está convencido de que la válida es la que pone en Moscú el origen de la orden de suavizar la protesta y respetar el orden republicano: hacía tiempo que el Kremlin había decidido someter a las autoridades del PCF a los imperativos de la política exterior soviética, en concreto a no perjudicar en nada la política gaullista que beneficiaba la estrategia soviética de distensión este-oeste y de distanciamiento de Europa occidental de los Estados Unidos (Giraud, 2008, pp. 357-360; Rey, 1991, p. Gran parte de las acciones de de Gaulle en esos días tenderían a ocultar esta finalidad esencial de su viaje a Baden. Ahí habría volcado su genio como líder capaz de llevar a efecto su designio y al mismo tiempo mantenerlo oculto. Para confirmar su hipótesis, Giraud aporta varios argumentos más, entre los que cabe subrayar los siguientes: la conformidad de Moscú y su entendimiento claro pero tácito le permitió cargar contra el comunismo en su discurso del día 30, y eso no impidió que los más conocidos representantes del gaullismo de izquierdas acudieran a la embajada soviética al terminar la manifestación de apoyo a de Gaulle del día 30 para participar en una recepción de despedida de Dubinin (Giraud, 2008, pp. 391-403). La respuesta del PCF fue en la práctica extremadamente suave, aunque envuelta en retórica de denuncia. En el nuevo gobierno que se formó con Maurice Couve de Mourville el gaullismo de izquierda tomó el relevo, encarando reformas interiores, y marcando una política exterior dirigida en sus menores detalles por de Gaulle y todavía más favorable a las posturas soviéticas y menos a las norteamericanas. Cuando se produjo la intervención militar en Checoslovaquia el 21 de agosto, la reacción del presidente fue acordar con el ministro de exteriores, Michel Debré, que desaprobarían la acción y admitirían que podía significar diferir la distensión, pero no renunciar a ella. De Gaulle, siempre tan sensible a denunciar los atentados contra la libertad, permaneció llamativamente callado, y fue el responsable último de que Debré acabara calificando la intervención soviética en Checoslovaquia de «incident de parcours», un contratiempo. La invasión de Checoslovaquia tuvo mayor efecto en el PCF, que se distanció de Moscú y abrió la puerta a un acuerdo con la izquierda, que en la postura de la República Francesa en relaciones internacionales. El estudio de las actitudes y la actividad de Charles de Gaulle en mayo del 68 ha ocupado muchas páginas y no es abordable con detalle suficiente en las disponibles en un artículo, pero lo que recogemos aquí pensamos que sirve para percatarse de algunos hechos sin cuyo conocimiento no es posible comprender el mayo del 68 francés. Destaca, en primer término, la profunda visión política del estadista francés. Su diagnóstico de que se trataba de una crisis de civilización que reclamaba reformas profundas ha sido confirmado en los años posteriores. Junto a esto, destaca su prudencia política al insistir en un criterio suyo recurrente: era preciso preservar la autoridad del estado, porque cualquier mal presente o futuro sería menor que los que traería consigo su hundimiento. El primer deber de los políticos era este y apenas si consiguieron cumplir con él en esas semanas. En tercer lugar, llama la atención la importancia de la administración de los tiempos en la decisión política. De Gaulle reconoce que su mayor error fue dejarse adelantar por los acontecimientos, y es justamente eso lo que debe rectificar con una nueva maniobra a partir del 28. Ahí justamente radica otro hecho relevante: la capacidad de rectificación del general, su reconocimiento de los errores y fracasos -el día 24-y su búsqueda de nuevas soluciones -la maniobra del 29 y el discurso del 30. De otra parte, la forma en que de Gaulle cierra la crisis, la crisis política más urgente, manifiesta hasta qué punto los elementos que él ponderaba eran esenciales frente a los más aparentes que parecieron abrirse camino en las primeras semanas de la revuelta, aquellos que dieron su brillo al movimiento estudiantil y lo legitimaron ante la opinión. No es difícil imaginar qué consecuencias hubieran podido derivarse de la ausencia de un hombre como él al frente de Francia en aquellos momentos, y qué es lo esencial en política más allá de la retórica. Ciertamente hay numerosos aspectos que todavía hoy distan de estar claros. Las tesis de Giraud, en tantos aspectos atractivas por su compatibilidad con los hechos y su capacidad de explicar lo que otras hipótesis no explican, deberán esperar la disponibilidad de nuevas fuentes, especialmente soviéticas, para ser confirmadas o desmentidas. Pero sea cual sea la aportación de esas nuevas fuentes, parece fuera de duda la extraordinaria pericia que demuestra de Gaulle en la gestión y búsqueda de soluciones para una crisis que adquirió una envergadura histórica. En mayo del 68 se entrelazaron factores culturales, de mentalidad, sociales, políticos, a428 de relaciones exteriores, estratégicos y personales, con una intensidad y una densidad llamativas. Ser capaz de ver en ese aparente desorden, y de ver a través de los aciertos y equivocaciones propios y de sus colaboradores, fue uno de los logros de este renombrado estadista. Con todo, los hechos dejan ver también qué significa el final de un tiempo. De Gaulle, que había dominado la conducción de otras crisis de forma magistral, en esta se muestra más dubitativo, y finalmente incapaz de conducir las reformas profundas que demandaba la crisis de civilización que revelaban los hechos. Su tiempo había pasado, y él parecía entenderlo también así. La consideración de los hechos más estrictamente políticos de aquellas semanas ayuda también a entender que por profundas y radicales que sean muchas causas sociales y culturales en el devenir histórico, resulta precisa una política adecuada para que los deseos de mejora lleguen a puerto. El genio o, al menos, el talento político nunca dejará de ser una necesidad de las comunidades humanas. Si tienen la suerte de contar con él, llegarán más lejos que si les falta. Por eso, siempre necesitaremos hacer una buena historia política para entender nuestro pasado.
Una feliz -o lamentable, según se mire-coincidencia ha hecho que tenga hoy el honor de representar al Ministerio de Educación y Ciencia en la inauguración de esta jornada, dedicada a celebrar los logros de las mujeres en la ciencia y en la política, en el saber y en el poder, como dice el título de esta jornada. Lamentablemente, desde luego, porque no puedo suplir a la ministra, así que no pretenderé hacerlo. Y no tanto porque la ocasión me permite recordar ante vosotras las contribuciones que este Ministerio está haciendo a la causa de la igualdad de hombres y mujeres, especialmente en el campo de las políticas científicas y de educación superior (para eso somos la primera entidad de la AGE que ha creado una unidad especializada en este campo, la Unidad Mujer y Ciencia), sino por algo en lo que tengo incluso mayor interés personal, porque me permite compartir con vosotras algunas reflexiones que sobre las políticas de igualdad y su papel en la política científica me vienen preocupando desde hace tiempo. Para empezar, permitidme que lance una pregunta que es al mismo tiempo una provocación: ¿Son las políticas de discriminación positiva para promover la igualdad de hombres y mujeres compatibles con una adecuada política científica, que debería estar basada en criterios de mérito y excelencia académica? Ya podéis imaginar que mi respuesta es "sí". Pero seguramente lo que os puede extrañar es que me atreva siquiera a plantear la cuestión. Y sin embargo sabéis muy bien que es un tipo de cuestión que se plantea continuamente cuando se diseñan o defienden políticas de promoción de la igualdad en contextos sociales que se rigen por normas y criterios acordes con sistemas jerarquizados o estructuras meritocráticas. En tales contextos no es ya de buen tono (no es políticamente correcto) argumentar en contra de las medidas de discriminación positiva. En lugar de ello se prefiere, más sutilmente, argumentar a favor de un compromiso entre lo que debemos hacer para cumplir con las imposiciones de lo políticamente correcto y lo que en todo caso habría que intentar para conseguir los verdaderos objetivos de excelencia científica o cualquier otra versión de los ideales de un sistema meritocrático o simplemente jerarquizado. En este caso la respuesta tranquilizadora a nuestra pregunta-provocación sería: "Las políticas de igualdad son incompatibles con una adecuada política científica, porque son incompatibles con el dominio exclusivo de los criterios de excelencia académica, pero si nos esforzamos todos, podemos llegar a un compromiso". Hay otra respuesta posible, aparentemente más radical, aunque no es más que la consecuencia lógica de la anterior. En realidad, una vez que hemos renunciado a la inviolabi- POLÍTICAS DE IGUALDAD Y EXCELENCIA ACADÉMICA lidad del criterio de excelencia irrestricta, ¿por qué vamos a establecer ningún compromiso? ¿Qué es lo que queremos salvar: una especie de miniexcelencia académica apta para grupos desfavorecidos? Mejor echamos por la borda el propio criterio de excelencia académica y reivindicamos otro tipo de política científica, que no tiene por qué transigir con las reivindicaciones de igualdad, sino más llanamente limitarse a extraer de ellas todas las consecuencias. En el fondo, tengo la impresión de que estaríamos, en este caso, en una especie de revival de la vieja polémica ciencia burguesa / ciencia proletaria. Puesto que la meritocracia científica es incompatible con la igualdad y ésta es irrenunciable, renunciemos a aquella y definamos un nuevo modelo de excelencia científica o académica acorde con los valores que inspiran nuestras políticas igualitarias. Me parece que ambas respuestas son erróneas y perniciosas. Erróneas porque parten de un prejuicio compartido, que es la identificación de la igualdad o la equidad en la distribución de oportunidades con la inexistencia de estructuras jerárquicas o meritocráticas. Y perniciosas porque con la pretensión de reforzar el valor de las políticas de igualdad, en realidad abocan a la reivindicación de la diferencia, algo perfectamente legítimo pero que, en relación con la cuestión planteada, supone de hecho una renuncia al objetivo inicial. Creo que puede ser útil en este punto recuperar una vieja distinción de la filosofía política de tradición radical, la distinción entre desigualdad y dominación. No todas las desigualdades son injustas. No lo son, por ejemplo, las desigualdades biológicas o sociales si no conllevan asimetrías de poder y por lo tanto relaciones de dominación. La discriminación de las mujeres, por ejemplo, no se debe simplemente a las desigualdades biológicas entre hombres y mujeres, sino al hecho de que sobre ellas se impongan relaciones de dominación (asimetrías de poder) en la mayoría de las sociedades históricas y actuales 2. Hay muchas estructuras sociales que se basan en relaciones asimétricas y en la distribución diferenciada de roles y funciones. Desde las más elementales estructuras familiares hasta las más complejas organizaciones políticas, económicas o culturales, la distribución de papeles, de reconocimientos y de recompensas presenta pautas muy diferentes de asimetría y desigualdad que pueden ser moralmente aceptables en la medida en que no impliquen dominación. Una de estas estructuras sociales de carácter asimétrico es la estructura social de la ciencia. Hay razones para ello, bien estudiadas por los sociólogos. Recordemos los estudios de Merton sobre el reconocimiento del mérito en las comunidades científicas. El llamado "efecto Mateo" que se cumple como una ley de hierro en la distribución del reconocimiento social: "el que tiene mucho recibirá mucho más, el que tienen poco hasta lo poco que tiene lo perderá". El problema de estas estructuras meritocráticas o jerarquizadas no es que existan, sino que se produzcan como consecuencia de mecanismos de discriminación que no responden funcionalmente a la lógica propia del sistema, sino a su sustitución por relaciones de dominación. Que haya diferencias entre maestro y discípulo no es disfuncional ni injusto, pero que el maestro abuse del discípulo, le obligue a hacer lo que no quiere o se aproveche de su trabajo en detrimento del mérito ajeno, no solo es inmoral sino además pernicioso para el sistema científico, ya que priva o merma en el discípulo su propia capacidad creativa. Ahora bien, ¿por qué ocurre precisamente que las diferencias jerárquicas se vean sistemáticamente dobladas por desigualdades sociales como las de sexo, raza, clase social, etcétera? Éste es, en efecto, el caso de la posición de las mujeres en el sistema científico. En la base del sistema hay un elevado grado de igualdad (igual número de mujeres que de hombres en el sistema universitario, por ejemplo). Pero a medida que se asciende en la estructura jerárquica del sistema científico, la proporción de mujeres desciende inexorablemente, de forma similar a como ocurre en cualquier otro ámbito social con estructura jerarquizada. Hay mecanismos sociales que explican esto de forma bastante plausible. Supongamos que, por razones culturales o por simple inercia social, se produce de hecho un ligero sesgo en la selección de candidatos o candidatas en el primer escalón de una estructura jerárquica. Aun admitiendo que el sesgo es muy pequeño, a medida que éste se hereda en los siguientes escalones y que en ellos las opciones disponibles se van reduciendo, el efecto acumulativo de la discriminación pronto arrojará un resultado alarmante 3. Lo curioso de estos mecanismos es que el sesgo discriminatorio de origen puede ser tan sutil que incluso resulte difícil percibirlo como un verdadero caso de discriminación o desigualdad injusta, es decir de relación de dominación. Pero sus efectos son igualmente notables a medida que se asciende en la escala jerárquica, aunque la dificultad para percibir el mecanismo que los produce hace que se perciban como una situación aparentemente natural. Ante situaciones de este tipo no hay forma de luchar contra la acumulación de esas desigualdades arrastradas a lo largo de la escala jerárquica, que no sea compensando el sesgo discriminatorio con medidas de discriminación alternativa, adecuadas a cada nivel de la escala. Creo que este tipo de medidas no atentan en absoluto contra los criterios de excelencia científica, porque no se trata de abolir el criterio de mérito para la promoción de mujeres, por ejemplo, sino de evitar que la aplicación de ese criterio se vea dificultada por la existencia de discriminaciones o sesgos en los escalones previos de la estructura meritocrática. Algunas de las medidas que estamos poniendo en práctica en la política científica del Ministerio responden a esta lógica. Por ejemplo, a igualdad aproximada de méritos científicos, y siempre que se supere un umbral mínimo de calidad académica, primamos los grupos de investigación que incorporen más mujeres o que sean liderados por A igualdad aproximada de requisitos académicos, preferimos comisiones paritarias, o al menos proporcionales, para intervenir en los procesos de selección y evaluación de personal académico, etc., etc. Hay algunas críticas obvias a esta forma de proceder, aunque creo que no están exentas de cierta hipocresía. Por ejemplo, si asignamos cinco puntos sobre cien a los criterios de discriminación positiva de género en la evaluación de proyectos científicos, eso implica que de dos proyectos con puntuación casi igual (4 % de diferencia, por ejemplo) saldría primado el que fuera beneficiado por el criterio de discriminación positiva (en un 5 %). Y aquí viene el escándalo: un punto fatídico (5 -4 = 1) puede inclinar la balanza a favor de las mujeres y en contra de la excelencia científica. Sólo que, recordemos, la variabilidad estadística de las puntuaciones con las que se evalúan proyectos científicos es mucho mayor que el 5 %. Así que, sí es cierto: la discriminación a favor de la mujer viola los criterios de excelencia... en un margen inferior al error estadístico esperable. ¡Una gran traición a los criterios de excelencia académica! Sin duda habría sido mucho mejor deshacer el empate echando una moneda al aire. Aunque la verdad es que no sé por qué. Esperamos con total confianza que el resultado de estas políticas no sólo va a ser un sistema científico más igualitario y más justo, sino también -y sobre todo, en este caso-más eficiente: nos permitirá incorporar a la aventura científica seguramente a la mitad, al menos, de los cerebros más brillantes de la especie humana, los de las mujeres. 1996) 157-158, se propone una simulación en la que con ocho niveles jerárquicos (con 500 puestos en el nivel más bajo y 10 en el más alto), un factor de discriminación equivalente al 1 % reduce la presencia de las mujeres desde un 53 % en el nivel más bajo a un 35 % en el más alto. Si la simulación se hace con un nivel de discriminación del 5 %, las cifras pasan del 58 % al 29 %.
En este artículo analizamos tres cuestiones centrales que se plantearon en 1968 y se siguen planteando en la actualidad: el quién (el sujeto), el qué (los contenidos) y el cómo (los medios) de la acción sociopolítica transformadora. Cuestiones que no nacen en aquel momento, pero que sí quedaron formuladas en unos términos que han llegado hasta la actualidad. "¡Cuál sería mi felicidad viendo en el poder a una izquierda realista y responsable y en las calles, empresas, ciudades y escuelas una izquierda apasionada y creadora!; dos izquierdas que unas veces se enfrentarían y otras se apoyarían, pero que siempre serían conscientes de estar unidas para lo mejor y para lo peor, bajo la amenazadora mirada de las fuerzas de derecha y de la vieja clase dirigente" (Touraine, 1977, p. "Desde 1968 han entrado en nuestra vida temas y modos de acción que ya no se perderán", escribe Touraine (1977, p. 36) en una de sus Cartas a una estudiante. Tres décadas más tarde, los editores españoles de un libro sobre 1968, intelectuales militantes enmarcados en el espacio de la izquierda alternativa, lo reivindicaban como imprescindible "capital de conocimiento y experiencias" para quienes hoy aspiran a transformar la realidad (Garí, Pastor y Romero, 2008, p. Nada resulta más sencillo que construir un relato que conecte the Long Sixties (Strain, 2016) con la realidad sociopolítica actual. También se ha dicho que las nuevas teorías críticas que acompañan o inspiran las principales luchas sociales de la actualidad se han desarrollado "en el marco de coordenadas políticas heredadas de las décadas de 1960 y 1970", por lo que recogen y continúan algunos de los principales debates surgidos en aquella época, como los relativos a la naturaleza de los sujetos de la emancipación o a la consideración del poder; de ahí que pueda sostenerse que "en el momento actual continuamos evolucionando dentro de la secuencia histórica abierta entonces" (Keucheyan, 2013, p. Otra cosa es acordar cuáles son esos temas y modos de acción que hoy perduran, y evitar la tentación de construir causalidades o conexiones ex post que expliquen (o resuelvan) ciertos problemas, teóricos o prácticos, relacionados con la participación sociopolítica; especialmente aquí y ahora, por la influencia que sobre nuestro análisis del acontecimiento de mayo puede tener ese otro acontecimiento, ocurrido también en mayo, que es el 15-M de 2011, entre los que resulta inevitable establecer comparaciones (Blanco, 2014; Gil Villa, 2014; Gómez Pin et al., 2012; La Parra-Pérez, 2014; Ruiz Fernández, 2016; Sorman, 2011, 23 de octubre; Subirats, 2011, 22 de octubre; Townson, 2011, 6 de junio). Intentaremos evitar la tentación de las inferencias causales retrospectivas. 119) que "los años 1968-1970 vieron cómo se activaba de nuevo una división casi tan antigua como el movimiento obrero entre una «primera izquierda» intervencionista, polarizada en torno a la cuestión de la toma del poder del Estado, y una «segunda izquierda», atenta a las transformaciones moleculares del tejido social y a las iniciativas autónomas de la sociedad civil". Partiendo de esta división, que opera con fuerza en la actualidad, en esta breve reflexión nos fijaremos en tres cuestiones centrales en los debates de entonces y de ahora sobre la acción social: el quién, el qué y el cómo (los medios) de esta acción. LA CUESTIÓN DEL(OS) SUJETO(S) ¿Fue mayo del 68 una rebelión juvenil? Dejamos a un lado el debate sobre el sustantivo rebelión para centrarnos en el adjetivo juvenil. El imaginario social del 68, fijado por una iconografía que privilegia ciertos lugares (universidades parisinas), actores (jóvenes) y reivindicaciones (cierre de la Sorbona, barricadas del Barrio Latino), parece no dejar lugar a la duda: se trataría de un movimiento eminentemente juvenil y específicamente universitario (Chollet, 2007; Delporte, 2007; Leblanc, 2009). Hijos de la opulencia, consumidores saciados, educados en saberes no instrumentales; también nuevos bárbaros. Ajenos, en cualquier caso, a la cultura dominante, a la de sus progenitores y sus educadores: "generación escéptica" o "generación sin padres" (Kahl, 2008, p. Incluso hay quien aborda los acontecimientos de mayo con el trasfondo de una "ola de violencia adolescente y brutalidad" que, iniciada a mediados de los cincuenta, sorprendió a la mayoría de las sociedades industriales avanzadas (Gretton, 1969, p. Los protagonistas mismos parecen identificarse antes como jóvenes que como pertenecientes a cualquier otra categoría social, dotando a esa característica, en principio puramente cronológica, de una inmensa e indubitada potencialidad transformadora. Así, el Llamamiento de la Sorbona, aprobado los días 13 y 14 de junio de 1968, formula en su tesis 15: "Basémonos en nuestra juventud, en nuestra «inmadurez», en nuestra falta de responsabilidad para conseguir que todo el mundo alcance una visión clara de las cosas y pueda ser verdaderamente adulto, maduro y responsable" (VV. Kristin Ross rechaza las interpretaciones del 68 como una revuelta juvenil, necesariamente transitoria. Frente a este reduccionismo "sociobiológico", sostiene que "mayo reunió grupos socialmente he-a429 terogéneos e individuos cuya convergencia erosionó las particularidades, entre ellas las de clase y edad; consiguió que se materializaran alianzas imprevisibles entre distintos sectores sociales" (Ross, 2008, p. Hubo huelgas obreras, es cierto, las más importantes de la historia de Francia (Astarian, 2008; Pudal y Retière, 2008). También nació en 1968 la Conféderation Paysanne en la región de Larzac, movimiento agrícola igualitario y antiproductivista que supone una de las más destacadas "vidas posteriores" de mayo (Martin, 2014; Ross, 2008, p. Pero todo esto quedó oscurecido por "el «maelstrom» estudiantil" (Morin, 2009, p. 9), que todo lo inundó. Sin embargo, hay que matizar que apenas ningún analista -salvo alguno de muy primera hora, carente de la necesaria perspectiva, o alguno de muy última hora, cargado de pensée anti 68 (Audier, 2008)-reduce mayo a una mera cuestión juvenil. Aun partiendo de "la miseria del medio estudiantil", prácticamente todos los análisis que destacan el papel de la juventud universitaria señalan también, de una forma o de otra, que "los estudiantes están contemplando, más allá de la universidad, la tierra baldía de la cultura, el comercio y la política capitalista, para no mencionar una política exterior cuyo salvajismo avergonzaría a una jungla, y están espantados" (Hampden-Turner, 1978, p. Fueron personas jóvenes las protagonistas, pero menos por su condición biográfica que por su experiencia generacional. Remitiéndonos a Mannheim, habría que destacar aquí no tanto la influencia de la edad como la de la contemporaneidad: los sesenta constituyeron una época en la que las viejas "entelequias" resultaron sacudidas por una oleada de cambios de tal magnitud que, afectando especialmente a las personas más jóvenes, dio lugar al "fenómeno de las unidades generacionales que se yerguen alimentadas por entelequias completamente nuevas" (Mannheim, 1993, p. 159), "ninguna patria da a sus hijos tantos rasgos específicos y comunes como una época a los suyos", en los sesenta se produjo un profundo cambio cultural (Inglehart, 1971; Inglehart, 1977) que, asociado a un no menos profundo cambio en los fundamentos tecnológicos y económicos de las sociedades industriales avanzadas (Bell, 1976; Touraine, 1973), generó un "espacio de tiempo" que posibilitó dos de las condiciones que Bensaïd y Weber (1968, p. 166) consideran necesarias para que se dé una situación revolucionaria: "que los de arriba no puedan ya gobernar como antes" y "que los de abajo ya no quieran vivir como antes". Desde esta perspectiva, coincidimos con Ross (2008, p. 24) cuando sostiene que mayo del 68 tuvo menos que ver con el particular grupo social que lo protagonizó (los "estudiantes" o los "jóvenes") que con "el abandono de las determinaciones sociales, con desplazamientos que sacaron a la gente de su ubicación en la sociedad". Esta desubicación generalizada permitió que el individuo emergiera de entre todas las constricciones sociales que caracterizaban la sociedad francesa de aquel tiempo. "Cualquier otro que no sea yo es para mí un agente de represión": este lema es para Finkielkraut (2001, p. 137) la expresión de un individualismo radical que, sin embargo, no hacía sino descubrir y exaltar "los principios distintivos de la propia sociedad que creían combatir". Es esta una interpretación de los movimientos de los sesenta más adecuada al caso de Berkeley que al de Nanterre, pero que se ha convertido en dominante: los sesenta como apoteosis de la individualidad -"el acontecimiento reducido a la exhibición de una herida narcisista" (Bensaïd, 1998)-y, por ello, fácilmente reintegrables al sistema (Boltanski y Chiapello, 2002; Harvey, 2005; de Miguel, 1979; Premat, 2009; Sedlmaier, Sedlmaier y Malinowski, 2011; Sorman, 2011, 23 de octubre; Vallespín, 2009). Castoriadis (2006, pp. 28-29) cuestiona estas lecturas en términos de preparación (o aceleración) del individualismo cuando, en su opinión, 1968 fue una reacción contra un proceso de "privatización" de las sociedades occidentales iniciado en los cincuenta y reforzado tras el interludio de mayo. 30) "aquellas semanas de confraternización y de solidaridad activa, cuando uno podía dirigir la palabra a cualquiera en la calle sin temer ser tomado por loco". Parlez à vos voisins!: este estallido de la comunicación, esta "enorme conversación en la que todo el mundo interviene" (Sander, 2008, p. Incluso escépticos como Finkielkraut confiesan: "viví plenamente aquel momento de gracia, aquella interrupción sabática de la vida corriente en que la gente había dejado de cruzarse con otros, sin más, y, por el contrario, se escuchaban, se disputaban el uso de la palabra. Con la participación de todos y cada uno y ante el estupor general, el hormiguero se había convertido en ágora" (Finkielkraut, 2014, p. Individualista, sí, pero no en el sentido liberal del término: a429 En y mediante el movimiento de mayo ha tenido lugar una formidable resocialización, aun cuando ésta ha mostrado ser pasajera. La gente no buscaba sentir el calor y el olor de los otros -ni solamente «estar juntos». [...] Buscaban la verdad, la justicia, la libertad, la comunidad [...]. Si se quiere comprender dónde estaba el «individualismo» en mayo del 68, piénsese entonces en lo que, tras la modificación de los acuerdos de Grenelle, selló el desmoronamiento del movimiento: el reabastecimiento de los surtidores de gasolina. El orden quedó definitivamente restablecido cuando el francés medio volvió a poder dirigirse, en su coche, con su familia, hacia su segunda residencia o su lugar de pícnic (Castoriadis, 1998, pp. 30-31). Como la juventud, también la clase obrera se vio crecientemente desubicada cuando las determinaciones sociales que la definían como categoría social saltaban por los aires a medida que las sociedades capitalistas transitaban hacia el post-industrialismo y el post-materialismo. Mayo de 1968 supone la quiebra definitiva del proletariado como sujeto histórico privilegiado, en realidad único, y la progresiva aparición de una miríada de nuevos sujetos (o nuevas subjetividades) sociales. Esta quiebra provocó algunas de las tensiones más importantes y duraderas en el seno de los movimientos de mayo: fue como si los activistas se negaran a reconocer su labor de "destrucción creativa" de unas viejas estructuras, espacios y formas de lucha, y su sustitución por otras nuevas. Al tiempo que los estudiantes buscaban la aprobación y el apoyo de los trabajadores, "mostraban por su movimiento mismo, que las reivindicaciones más radicales, más importantes, ya no eran llevadas adelante por la clase obrera, sino por ellos y otras capas que se movilizaban en ese momento" (Castoriadis, 2006, p. El mayo francés, a diferencia de lo que ocurría en los campus norteamericanos, estaba influido por un recuerdo nostálgico del movimiento obrero (Cohn-Bendit, 2010, p. 18); de ahí que soñara con el momento en que "las cóleras de las diferentes categorías sociales" llegaran a unirse, con resultados explosivos (Glucksmann, 1976, p. Las y los estudiantes seguían pensando que solo la clase obrera tenía la capacidad y la voluntad de hacer la revolución (Castoriadis, 2006, p. 151), y se empeñaron en lograr el reconocimiento de esta mediante acciones caracterizadas, a veces, por "rasgos masoquistas de humildad" (Nieto, 1971, p. 111), como la marcha estudiantil que el 16 de mayo parte desde la Sorbona hacia la factoría de Renault-Billancourt con una pancarta que dice: "Los trabajadores tomarán de las frágiles manos de los estudiantes la antorcha de la rebelión contra el régimen antipopular de desempleo y de miseria" (Bensaïd y Weber, En todo caso, ya fuera como jóvenes trabajadores (Touraine, 1968, p. 99), en 1968 un sector de la clase trabajadora comenzó a definirse a partir de claves que lo acercaban a la experiencia de otros jóvenes de clase media y lo alejaban de otros trabajadores de más edad. Escribía Glucksmann: "El joven acampa en la sociedad sin habitarla y la sociedad lo explota sin «integrarlo». Se puede ser joven toda la vida: materialmente esto es la miseria o la inseguridad, burguesamente la maldición e intelectualmente una suerte" (1976, p. Una misma experiencia de exclusión permitió que muchos estudiantes universitarios tomaran conciencia de su "condición proletarizada", no solo en su etapa formativa, sino también como futuros trabajadores (Bensaïd y Weber, 1968, p. Esta toma de conciencia política no era la del intelectual comprometido (engagé) de otros tiempos, individual y atomizada, fundada en el "despertar de una conciencia a las razones de otra clase", dando lugar al "compañero de viaje [...] con su relati-a429 va libertad y su irreductible alteridad de testigo exterior". En mayo surgió "un colectivo con conciencia de su estatuto particular y que expresa las necesidades específicas descubiertas en su propia miseria y alienación, y no sentidas por solidaridad con otros desalienados. Sus relaciones con las clases oprimidas por el mecanismo social son, por tanto, objetivas y no afectivas" (Nieto, 1971, p. Cinco décadas después podemos recuperar la pregunta que Subirós (1989) dejaba en el aire -"mayo del 68: ¿nuestros abuelos o nuestros nietos?"-para proponer, a modo de hipótesis, que aquel fugaz encuentro entre jóvenes universitarios y trabajadores jóvenes, vinculados por la condición precaria, pudiera estar hoy produciéndose de nuevo en la forma de un precariado (Calella, 2013; Standing, 2013) compuesto por individuos que, más allá de sus diferencias, comparten un escenario de relaciones distintas de aquellas que caracterizan al salariado (principal beneficiario de las políticas socialdemócratas de posguerra) y a la vieja clase obrera; individuos precarizados, pero con conciencia de serlo y con voluntad de resistir a esta situación. Standing sitúa la fecha de nacimiento del precariado en el 1 de mayo de 2001, cuando varios miles de personas, mayoritariamente jóvenes estudiantes y activistas sociales, desfilaron en Milán como una protesta alternativa a las manifestaciones sindicales: Los vetustos sindicalistas [...] no podían sino sentirse perplejos ante aquella nueva masa en movimiento, cuyas reivindicaciones de inmigración libre y una renta básica universal tenían muy poco que ver con el sindicalismo tradicional. Los sindicatos entendían como única respuesta posible a la precarización un regreso al modelo «laborista» que ellos mismos habían contribuido tanto a cimentar a mediados del siglo XX: más empleos estables con seguridad a largo plazo y los arreos complementarios que solían acompañarlo; pero muchos de los jóvenes manifestantes habían visto a la generación de sus padres acomodarse a la pauta fordista de empleos rutinarios a tiempo completo y subordinación a la gestión industrial y a los dictados del capital. Aunque carecían de una agenda alternativa coherente, no mostraban ningún deseo de resucitar aquel laborismo (Standing, 2013, p.18). ¿Expresión renovada de aquel "obrero social [...] procedente de la crisis y reestructuración capitalista, víctima del paro, del trabajo negro, de la explotación generalizada" (Negri, 1980, p. ¿Retorno del operaismo enfrentado a la institucionalización de la práctica política y sindical de las fuerzas que debían representar a la clase obrera, práctica "que nunca iba más allá de lo posible, procurando no tratar nunca de alcanzar lo imposible?" "El acontecimiento frustra las previsiones". 7) su libro L'irruption (título más adecuado que el escogido para su publicación en castellano: La revolución de hoy). "Al acontecimiento que sacudió la sociedad francesa cada uno trata de darle nombre", abunda Lefort (2009, p. "Lo impensable había advenido" (Baynac, 2016, p. 64), desafiando la confiada estabilidad de un sistema político y económico que parecía inmutable. La narrativa de un mayo "espontáneo" desconoce la existencia de una cultura política radical que en los años anteriores se expresaba en oposición a las guerras de Argelia y Vietnam, pero también en conflictos laborales y estudiantiles (Bensaïd y Weber, 1968, pp. 32-33; Ross, 2008, pp. 34-35). Pero si no espontáneo, sí fue inesperado. Raphaël Glucksmann recuerda el lamento de un activista de las Juventudes Revolucionarias Comunistas en marzo de 1968: "¡Joder, nunca va a pasar nada en este país!" 195); y su padre, André, recuerda que unos meses antes un importante periódico vespertino titulaba "Francia se aburre" (Glucksmann, 2007, p. Los acontecimientos de mayo revelan "una sociedad latente que surge bruscamente" y que había pasado desapercibida a quienes desde "la descripción, el sondeo, las estadísticas y el periodismo", tan solo eran capaces de captar "la sociedad manifiesta" (Glucksmann, 1976, p. 32) recuerda cómo las investigaciones sociológicas y psicológicas realizadas en los países que pronto se verían sacudidos por el acontecimiento dibujaban una juventud "fría", "escéptica", sin ninguna inclinación subversiva; de ahí la sorpresa cuando estalló la protesta. Y plantea la hipótesis de que la misma juventud que se refugiaba en la vida privada en los cincuenta y primeros sesenta es la que sale a las calles y se enfrenta a todas las instituciones en 1968, en ambas circunstancias por las mismas razones: el rechazo al orden social dominante y la aspiración a una vida plena y auténtica. Glucksmann sostiene que "mayo del 68 pone en crisis los principios de un modo de vivir y de pensar caduco. Lo que hasta ahora se consideraba evidente resulta ser inadecuado" (Glucksmann y Gluscksmann, 2008, p. Francia vivía con una "memoria falsificada", la de un país y una sociedad unánime y firmemente antifascista, resistente contra el nazismo, olvidadiza de la vergüenza de Vichy. Pues bien: "En 1968, de manera torpe y caricaturesca, la joven Francia saldó cuentas con los eufemismos y con las leyendas con las que la alimentaron" (Glucksmann y Glucksmann, 2008, p. Esta fue, también, radicalizada por su pasado nazi, la situación en Alemania: "La revuelta fue desde el principio un conflicto generacional en torno a429 a distintas cuestiones (cómo debía uno trabajar y vivir, cómo concebía uno mismo el mundo, etc.), pero había un asunto particular que en muchas familias degeneraba en auténticos enfrentamientos. «¿Cuánto sabías tú en aquel momento? ¿Qué hiciste?», se les preguntaba sobre todo a los padres que habían combatido en la guerra a sus veinte años" (Mohr, 2008, p. 17) considera que este declive en la confianza hacia las instituciones, iniciado en los sesenta, supone una transformación de largo plazo que está anclada en las experiencias formativas de toda una generación, y que esta transmite en cierto modo a las siguientes. "Nuestra protesta estaba precedida por el deterioro de nuestra confianza", resume Kahl (2008, p. ¿Pero hacia dónde, hacia qué instituciones o ámbitos, se dirige esta pérdida radical de confianza? Marwick (2005) afirma que entre 1958 y 1974 tuvo lugar una revolución cultural que transformó el estilo de vida, las relaciones familiares y las libertades personales de gran parte de la gente corriente, pero de ninguna manera se produjo una revolución política o económica, ni una redistribución fundamental del poder político y económico. ¿Fue mayo solo una "revolución superestructural"? Esta es la interpretación dominante del 68, casi desde el momento mismo de los hechos y hasta la actualidad (Granés, 2011). 158) recuerda la tesis 29 de la llamada carta de la Sorbona: "La revolución burguesa fue jurídica, la revolución proletaria fue económica, la nuestra es una revolución cultural". Por su parte, Bourdieu considera que mayo del 68 fue sobre todo una "gran convulsión del orden simbólico" (2004, p. 24) considera que "la reducción retrospectiva del movimiento de mayo a la voluntad de liberación antiautoritaria y de modernización de las costumbres ofrece una lectura despolitizada y despolitizante". En este sentido, Cohn-Bendit (1976, pp. 203-205) se fija en Alemania, donde el movimiento ha creado "sus propias estructuras de vida [...] su contra-medio", de manera que decenas de millares de personas viven en comunidades donde se desarrollan nuevas formas de comunicación, relación e intercambio. Fernández Buey (2009, pp. 64-68) distingue entre dos décadas de los sesenta: la del pop, característica de la contracultura norteamericana, y la de la proletarización, más propia de las vanguardias estudiantiles europeas. Sin embargo, Touraine (1978, pp. 157-158) introduce esta misma distinción en el mayo francés al contrastar Nanterre, más orientada hacia cuestiones políticas y sociales, "revolucionarios más que innovadores culturales", y la Sorbona, con su revuelta cultural "cargada de nuevos planteamientos (más que de reivindicaciones) referidas a la vida personal, la sexualidad, la expresión, que fue el que finalmente preva-leció". Hijos de Marx y de Rimbaud -"hay que transformar el mundo, hay que cambiar la vida" (Fuentes, 2005, p. 49)-, la tensa convivencia entre la "crítica social" y la "crítica artista" (Boltanski y Chiapello, 2002), sin duda la mayor riqueza de 1968, fue también la principal de sus contradicciones. Escribe un protagonista: "mayo quería cambiar la vida y para ello había que salir del capitalismo, lo cual suponía creer en la exaltante posibilidad de hacer la revolución. [...] Mayo del 68 pretendía abolir lo existente y trabajar para su radical mutación" (Ibáñez, 2016, p. Pero la hibridación entre Marx y Rimbaud, o entre Marx y Freud, resultó más sencilla en la teorización freudomarxista y en el grafitismo -"Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución. Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor"-que en la práctica sociopolítica (Harvey, 2005, pp. 39-63). En 1962 el situacionista Trocchi declaraba: "No estamos interesados en el coup d' etat de Trotsky y Lenin, sino en el coup du monde" (Brown y Anton, 2011, p. Pero ¿cómo, con qué medios, puede llevarse a cabo tal proyecto? En la entrevista de Sartre a Cohn-Bendit en Le Nouvel Observateur, el filósofo se refiere a la incomprensión generalizada que provoca el hecho de que los activistas "no buscan elaborar un programa, ni dar una estructura al movimiento", que pretendan "destruirlo todo" sin aclarar qué "quieren colocar en lugar de lo que derrumban". "La fuerza de nuestro movimiento -responde Cohn-Bendit-reside precisamente en que se apoya en una espontaneidad «incontrolable», que da el impulso sin pretender canalizar o sacar provecho de la acción que ha desencadenado"; de lo que se trata es de "hacer comprender la situación, no a la totalidad de los estudiantes, ni siquiera a la totalidad de los manifestantes, pero a un gran número de entre ellos", para lo que es preciso "evitar la creación inmediata de una organización o definir un programa que serían inevitablemente paralizantes". Y concluye: "La única oportunidad del movimiento es justamente ese desorden que permite a las gentes hablar libremente y que puede desembocar, por fin, en cierta forma de autoorganización" (L'imagination au pouvoir, une interview de Daniel Cohn-Bendit par Jean-Paul Sartre (1968)). Si la aspiración a conciliar a Marx y a Freud (o Rimbaud) fue la mejor aportación de 1968 en el terreno de los objetivos, pero también su principal contradicción, en el terreno de la práctica cabe decir lo mismo del intento de conciliar a Marx y a Bakunin (Cohn-Bendit, 1976, p. Tanto Freud como Bakunin entraron con naturalidad en el pensamiento de mayo a través a429 del antiautoritarismo característico del movimiento estudiantil (Nieto, 1971, pp. 241-242). Pero, de nuevo, esta hibridación de marxismo analítico y anarquismo práctico fue mucho más sencilla en la teoría que en la práctica. 154), "no se puede afirmar que el interés por tomar el poder centralizado fuera ajeno a mayo"; por el contrario, Ibáñez (2016, p. 24) sostiene que "mayo del 68 nunca se planteó seriamente la toma del poder", ya que "su inclinación pasaba, más bien, por disolver el poder o por cortocircuitarlo". Un planteamiento menos leninista y más luxemburguista o "situacional". El modelo eran los comités de acción, "figura emblemática de mayo del 68" (Artous, 2008), "vividos como nuevas relaciones sociales" (Ross, 2008, p. 160) y experimentados como "el camino que lleva al individuo aislado hacia la solidaridad y la unidad de la masa proletaria, eliminando con su espontaneidad la característica división de los grupúsculos de izquierda e incluso de los grandes partidos revolucionarios" (Nieto, 1971, p. La constitución de estos comités de acción (CA), junto a otras prácticas como las ocupaciones (Viénet, 1978) o la puesta en práctica de "estructuras de vida" comunitarias a las que se refería Cohn-Bendit, forman parte de la búsqueda de "lugares soberanos", donde las jerarquías son abolidas, característica de los movimientos del 68 (Glucksmann, 1976, p. El mayo francés se inspira en un formidable "repertorio de confrontación" que se remonta hasta el siglo XVII (Tilly, 1986), entre cuyas acciones destacan la "insurrección urbana" y la "construcción social de la barricada" (Tarrow, 1997, pp. 85-88), que tan familiares resultan en el escenario de 1968. Pero fueron esas otras prácticas de autoorganización las más novedosas y significativas. Su punto débil, la ausencia de coordinación: "Cuanto más fuertes son los CA, más celosos se vuelven de su autonomía, más refractarios a aceptar una línea, más propensos a denunciar la burocracia de cualquier autoridad tutelar. El miedo de recrear una estructura paralizante inhibe a los CA en su conjunto" (Baynac, 2016, p. Statera sostiene que el impulso original del 68 era primariamente utópico, antes que ideológico, basado en la "agitación creativa", que sustituía el diagnóstico y la estrategia, en la acción directa y la "instantaneidad absoluta", inversión de la relación tradicional entre medios y fines (1977, p. "Nuestra ideología era la espontaneidad absoluta", confirma Cohn-Bendit, y por ello "un movimiento liberador de obligaciones [...] puso de manifiesto la amplitud que éstas adquieren en nuestras sociedades. La política-ficción está a la orden del día" (1976, p. Frente al "principio de realidad" y "la fuerza normativa de lo fáctico", el poder de la imaginación (Mohr, 2008, p. "En nosotros se despertaba el sentido de la posibilidad. El desarrollo del sentido de la realidad nos interesaba poco", recuerda Kahl (2008, p. "Nosotros habíamos definido un campo de liberación de los apremios: el movimiento estudiantil", reflexiona Cohn-Bendit (1976, p. Liberación incluso del apremio revolucionario por excelencia: el de la consumación de la revolución (Statera, 1977, pp. 219-221). Desde esta perspectiva, representada en el Soyez réaliste, demandez l'impossible, con mayo de 1968 "la revolución entra en la era godeliana de la «incompletitud» y de la «inconsistencia»", abandonando toda idea de lucha final para pensarse como un permanente recomenzar (Glucksmann y Glucksmann, 2008, p. Baynac recuerda un momento de la manifestación del 8 de mayo cuando, al aproximarse a la Asamblea Nacional, alguien dice "¡Tomémosla!", recibiendo la siguiente réplica: "¡Dejemos a esos gilipollas con sus discusiones!". Recordando estos hechos, escribe Baynac: "Aunque este exceso de confianza no carezca de esplendor y desenvoltura, cabría, sin embargo, lamentar el resultado. Ese poder que, en efecto, estaba en la calle, debíamos haberlo utilizado para hacer entrar la calle en la Asamblea. Pero las masas no querían saber nada de un poder que rechazarían sistemáticamente durante todo mayo" (2016, p. 400): "Los estudiantes prefirieron que le pouvoir permaneciera indefinidamente en la rue, y ni siquiera tuvieron tiempo para discutir la elección de un eventual líder, en el que por otra parte no delegaban nada. Pero un vacío de poder no dura mucho tiempo. De Gaulle recuperó las riendas". 118) no deja de valorar esta estrategia dirigida "ocupar y conquistar el tiempo" y no, como en el modelo leninista, a ocupar y conquistar el espacio. Desde su perspectiva, es precisamente en virtud de esta estrategia por lo que verdaderamente puede considerarse que mayo de 1968 es "la revolución de la revolución". Ecos del Glucksmann de entonces: "Haciendo de la calle, de las fábricas y de las universidades los lugares de la vida política, el movimiento nacido en mayo lleva de frente a la repolitización y a la desestabilización, que conducen no a un cambio de programa político sino a un trastorno de la naturaleza misma del poder y, por consiguiente, a una revolución" (1976, p. Los activistas actuaban como si las normas sociales y las mediaciones institucionales se hubiesen suspendido temporalmente, como si no existieran, y seguían autónomamente sus propias normas como si así pudieran prefigurar la sociedad alternativa que imaginaban (Klimke y Scharloth, 2008, p. "La subversión de la política no se logra más que por la irrupción a429 de lo político", en la forma de un sujeto colectivo que irrumpe en la escena pública con el objetivo de gestionar los asuntos sociales de manera directa e igualitaria, defiende igualmente Blanchard pasados los años (2008, p. Con la referencia de la Comuna y los soviets, el rechazo a que el movimiento revolucionario se organice "en un segundo aparato de Estado" (Glucksmann, 1976, p. Por el contrario, se afirma que fue la pretensión de las distintas facciones marxistasleninistas de "recapturar" ideológicamente una revuelta esencialmente utópica la que provocó que "se consumiera la protesta masiva y se impusiera entre las masas estudiantiles la desilusión y la apatía" (Statera, 1977, pp. 283-284). 225), "era Cohn-Bendit quien tenía razón, y la herencia de mayo del 68 sería muy poco si no fuera más que ese fundamentalismo bolchevique que valerosa e inútilmente intenta recuperar la fuerza inicial del partido leninista". Ciertamente, la senda bifurcada (Sennett, 2012, pp. 64-71) entre una izquierda política, que sostiene que "para enfrentarse a un gran poder hacía falta otro gran poder" y una izquierda social asociacionista, que considera el acto de cooperar un fin en sí mismo antes que un instrumento estratégico, no surge en los sesenta, pero sí es entonces cuando se consolida, dando lugar a una izquierda libertaria compuesta por jóvenes con formación universitaria, empleados en el sector terciario, con inclinaciones posmaterialistas y rasgos ideológicos heterogéneos -en la medida en que apoyan tanto la autonomía del individuo como los derechos sociales-, que acabará dando la espalda a los partidos y sindicatos de la izquierda clásica (Merkel, 1994, p. Buscando el difícil equilibrio (uno más) entre utopía e ideología, entre lo político y la política, entre la imaginación y la realidad, Castoriadis señala que el límite de mayo de 1968 fue, sí, la incapacidad para instaurar otras instituciones, pero debían ser unas instituciones esencialmente distintas de las existentes; por ello, la respuesta a este límite no podía ser reducir la acción política a los espacios ya institucionalizados, delimitarla a las instituciones realmente existentes (partidos, elecciones, parlamentos): "[mayo] reveló e hizo visible para todos algo fundamental: el lugar verdadero de la política no es aquel que se creía. El lugar de la política está en todas partes. El lugar de la política es la sociedad" (Castoriadis, 2006, p. Pero el intento de superar el "falso debate" que oponía unilateralmente espontaneidad y organización (Bensaïd y Weber, 1968, pp. 112-113) quedó abierto entonces y continúa en la actualidad, tan vivo o más que en 1968. El escritor mexicano Carlos Fuentes, por entonces un joven periodista destinado en París, escribe en una de sus crónicas sobre mayo del 68: "Cafés, bistrós, talleres, aulas, fábricas, hogares, las esquinas de los bulevares: París se ha convertido en un gran seminario público. [...] Renació de una manera maravillosa el arte de reunirse con otros para escuchar y hablar y reivindicar la libertad de interrogar y de poner en duda. Los contactos se multiplicaron, se iniciaron, se restablecieron. Hubo una revueltatan importante como las barricadas estudiantiles o la huelga obrera-contra la calma, el silencio, la satisfacción, la tristeza" (Fuentes, 2005, pp. 25-26). Aquel gran seminario público iniciado en 1968 continúa en la actualidad. El nuevo ciclo de protesta política abierto en España en mayo de 2011 ha llevado a decenas de miles de personas a redescubrir el valor de la conversación democrática; conversación que, prolongada más allá de las plazas en las que surgió, ha dado lugar a un asombroso despliegue de experiencias y prácticas de innovación social aplicadas a multitud de ámbitos de la vida cotidiana. Se ha dicho que una de las consecuencias más duraderas de los sesenta fue el surgimiento de una sociedad civil mucho menos receptiva a los mensajes de los detentadores del poder estatal y, en consecuencia, el debilitamiento de la capacidad de los Estados para controlar a su ciudadanía (Arrighi, Hopkins y Wallerstein, 1999, p. Pero las preguntas fundamentales de mayo siguen siendo las mismas que hoy desconciertan a los movimientos sociales: ¿cómo sostener la protesta? ¿es posible "cambiar el mundo sin tomar el poder?" (Holloway, 2002); ¿de verdad solo puede haber política realmente libre, emancipatoria, "en la medida en que uno se mantenga a distancia del Estado"? ¿Puede un movimiento antisistémico descuidar la acción política a corto plazo, incluyendo la electoral? Escribe Touraine que su vivencia de dos "situaciones extremas", mayo de 1968 -"el triunfo de la inventiva libertaria"-y el golpe contra Allende en septiembre del 73 -"el hundimiento, tanto económico como político, del socialismo en libertad"-le llevaron a pensar que la contradicción que venimos señalando entre espontaneidad e institucionalización no se resuelve mediante fórmulas tales como la "revolución permanente", sino mediante "otras soluciones más allá de las absolutas, [como] dejar de ignorar la interdependencia de la innovación cultural con los movimientos sociales, la responsabilidad política y la gestión económica" (Touraine, 1977, pp. 13-14).
La protesta no se distribuye aleatoriamente en el tiempo, sino que se concentra en forma de ciclos. Los últimos tres grandes ciclos internacionales de protesta han sido los surgidos alrededor del 68, el movimiento antiglobalización en el cambio de milenio y la reciente movilización por la democracia y contra la austeridad a partir de 2010. Este artículo analiza las continuidades entre estos ciclos centrándose en el impacto cultural de los movimientos sociales a partir de la elaboración y difusión de nuevos conceptos de democracia. La protesta no se distribuye aleatoriamente en el tiempo sino que se concentra en determinados periodos históricos. Son los llamados ciclos de protesta, que van dejando un poso en relación con nuevas formas de confrontación pero también con nuevas estrategias para hacerles frente por parte de los estados (el control policial de la protesta) y, de una manera más general, con el desarrollo mismo de la democracia. Si nos centramos en los movimientos sociales, veremos que estos no tienen que inventar la rueda a cada rato (della Porta, 2017). Las innovaciones que trae consigo cada ciclo de protesta en el terreno de la acción y la organización de los movimientos sociales se van depositando en forma de repertorios, esto es, "el conjunto de medios que tiene [un grupo] para plantear reivindicaciones diferentes a individuos diferentes" (Tilly, 1986, p. Aunque la difusión de innovaciones se acelere en el inicio de los ciclos de protesta (Tarrow, 1994), los nuevos desarrollos beben en realidad del trabajo cultural realizado por redes sumergidas de activistas en periodos menos visibles pero igualmente importantes. Son lo que Alberto Melucci (1994) llamó periodos de latencia, en los que el conflicto está más silenciado pero no apagado del todo. Estos periodos se alternan con otros de (mayor) visibilidad en el desarrollo habitual de los movimientos sociales. Este artículo analiza las continuidades y discontinuidades entre los últimos ciclos de protesta más importantes a nivel internacional, a saber, los surgidos alrededor del 68, el movimiento antiglobalización en el cambio de milenio y la reciente movilización por la democracia y contra la austeridad a partir de 2010, para ver qué queda de uno en otro. El artículo se estructura como sigue: los tres primeros apartados examinan por separado cada uno de los ciclos mientras que el cuatro se centra en su impacto cultural a partir de un análisis longitudinal de la experimentación con nuevos conceptos de democracia. Un último apartado de conclusiones cierra el artículo subrayando los principales resultados de la investigación. LA HETEROGENEIDAD DEL 68 GLOBAL Protestas masivas se habían sucedido desde principios de la década de 1960 contra el rearme nuclear, la guerra de Vietnam, el Shah de Irán o el golpe de estado en 1967 de los coroneles en Grecia, pero ninguna de ellas tuvo la repercusión del 68 francés (Mazower, 2000, p. En pocos días, una huelga general masiva paralizó la economía, mientras los estudiantes ocupaban las universidades, colapsando el sistema educativo. La protesta universitaria tuvo como foco el nuevo y marginal campus de Nanterre, fundado cuatro años antes en el cinturón rojo de París para descongestionar el primigenio de la Sorbona. Algunos de sus estudiantes formaron el movimiento 22 de marzo que ocupó en esa fecha la universidad en protesta por la detención dos días antes de varios compañeros acusados de romper una ventana del edificio de American Express en una manifestación contra la guerra de Vietnam (Ross, 2002, p. Tras varias jornadas de disturbios con la policía, el rectorado decidió cerrar el campus de Nanterre el 2 de mayo, trasladándose la protesta a la Sorbona y desde allí por toda la ciudad y otras localidades de Francia (Seidman, 2004, pp. 92 y ss.) 7) ha señalado cómo en mayo de 1968 se unieron dos formas de crítica: la social, enarbolada por el movimiento obrero contra la desigualdad, la pobreza y la explotación, y una crítica artística relacionada con el romanticismo revolucionario y ocupada en desvelar "la arbitraria subestructura de un orden sin fundamentos". La síntesis entre ambas, obra del estudiantado, abriría según Boltanski un nuevo ciclo político. Frente a esta imagen del 68 como cesura, Gilles Lipovetsky (1994) ha subrayado su carácter clausurante. Los acontecimientos de mayo habrían significado "la glorificación del espíritu neolibertario" y el fin de los conceptos modernos de la revolución y el individuo, elementos de la ideología revolucionaria "guiada por una fe escatológica y un partido todopoderoso", el comunista, hegemónico entre la izquierda hasta ese momento. A partir de entonces, emergería un nuevo individualismo, que Lipotvesky denomina transpolítico, implosionador de las dicotomías modernas: "lo político y lo existencial, lo público y privado, lo ideológico y lo poético, la lucha colectiva y la gratificación personal, la revolución y el humor, todo devino entrelazado de manera inextricable". Sin embargo, esta identificación del fenómeno del 68 como acontecimiento extraordinario que separa un antes y un después parece pasar por alto el proceso de gestación de las demandas que se hicieron visibles en la movilización de aquellas jornadas. Sería quizás más acertado pensarlo, de acuerdo al modelo bipolar de Melucci (1994), como expresión de cambios producidos en el activismo revolucionario durante las últimas décadas, sobre todo en el anarquismo, que remozó alguno de sus principios clásicos con nuevas inquietudes y preocupaciones (Romanos, 2007). En Francia, los existencialistas habían erosionado el concepto de-a430 cimonónico de naturaleza humana y su vinculación con la necesidad, esto es, con el camino trazado hacia su satisfacción a través de la revolución social, clausurando así su carácter teleológico (Crowder, 1991; Morland, 1997; Yack, 1986). Defendían un socialismo con más voluntad y menos determinación al mismo tiempo que advertían sobre los peligros del afán destructivo y la violencia (véase Aron, 1973). A uno y otro lado del Atlántico, había surgido una 'tercera vía' que quiso renovar la izquierda denunciando simultáneamente la tiranía del totalitarismo comunista y la subyugación individual y colectiva de los regímenes democráticos capitalistas (Katsiaficas, 1987). En 1968, la juventud se rebelaba contra las coerciones impuestas desde los sistemas políticos y educativos proponiendo una transformación de la vida cotidiana que acabara con la futilidad de su existencia, al mismo tiempo que descubría los caminos de la emancipación social en una autoliberación de la persona (Kellner, 2005; Sanbonmatsu, 2004). En este sentido, los anteriores movimientos de provos y situacionistas habían contribuido a afianzar una crítica social que abría las limitaciones del orden establecido mediante gestos revolucionarios que mostraban su debilidad y la capacidad creadora del individuo (De Jong, 1971; McDonough, 2002; Pas, 2008). Más allá del contexto francés, donde la movilización, aunque intensa, duró poco (en las elecciones de junio el partido de de Gaulle salió reforzado), el 68 fue una compleja crisis global con múltiples ramificaciones. Europa formaba ya de por sí un microcosmos, dividido en dos bloques, una miríada de tradiciones políticas y un amplio espectro de oportunidades políticas (Klimke y Scharloth, 2008). Allí, acontecimientos internacionales de consecuencias transnacionales, como la guerra de Vietnam o la primavera de Praga, tuvieron un impacto de similar magnitud en activistas a uno y otro lado del telón de acero, mientras eran interpretados de manera diferente entre círculos activistas de un mismo país. Trabajadores manuales ayudaron a canalizar la protesta hacia una solución política en Francia mientras que hicieron de catalizador antiparlamentario en Italia. En algunos países, las protestas surgieron a partir de acontecimientos dramáticos (como el asesinato de Benno Ohnesorg en Berlín occidental) mientras que en otros no hicieron falta esos "puntos de inflexión icónicos" (Nehring, 2008, p. En ocasiones, culturas políticas tradicionales desempeñaron un papel paradójico como facilitador de ideologías más jóvenes, como el puritanismo con las demandas maoístas por la simplicidad y la autenticidad en Noruega y Suecia. La dimensión lingüística fue motivo de conflicto en Bélgica mientras que barre-ras lingüísticas debilitaron las protestas en Suiza. Las iglesias locales desempeñaron papeles diferentes en diferentes países: inhibiendo la protesta en Rumanía, aliándose con la disidencia en Polonia o colaborando circunstancialmente con los disidentes en España. La diversidad y complejidad del ciclo de protesta se refleja también en los diferentes factores que explican el final de las movilizaciones: la represión policial (Suiza e Irlanda del Norte), la intervención militar exterior (Checoslovaquia) o la interferencia de demandas nacionalistas (Yugoslavia), entre otros. A pesar de estas diferencias, podemos decir que mayo del 68 significó en su conjunto una revitalización y actualización de principios antiautoritarios vinculados con la tradición de pensamiento libertario y, lo que quizás es más importante, la irrupción de la imaginación en la protesta, no solo en sus repertorios de acción, sino también en sus principios, fines y metas. Si el "corto verano" de 1936 fue la apoteosis del anarquismo en el terreno de la acción y de las realizaciones revolucionarias (Enzensberger, 1972), la corta pero intensa primavera de 1968 condensó el trabajo cultural que desde el final de la segunda guerra mundial se venía produciendo en diversas "comunidades críticas" (Rochon, 1998) y movimientos de protesta. UN MOVIMIENTO DE MOVIMIENTOS (PREEXISTENTES) Los ciclos de protesta se caracterizan no solo por un gran número de acciones (concentradas en un breve periodo de tiempo) sino por un salto cualitativo en sus formas. Como sostiene Tarrow (1994), los ciclos de protesta expanden las formas conocidas de acción colectiva (repertorios) a partir de pequeñas innovaciones. La innovación en las formas de confrontación se acelera en los periodos de intensificación de los conflictos. Las protestas del ciclo alrededor del 68 incluían pequeñas innovaciones asociadas con tácticas de no-violencia, desobediencia civil y teatro callejero que pasaron a formar parte del repertorio de acción colectiva empleado por los movimientos sociales (Kornetis, 2013). Teach-ins organizadas por los estudiantes para subvertir la verticalidad universitaria, détournements, happenings y otras formas antiritualistas de acción directa tenían, más allá de una función instrumental, también una dimensión expresiva, orientada a la transformación de los propios activistas, concienciándoles del carácter represivo de sus sociedades (Klimke y Scharloth, 2008, p. Más allá de los acontecimientos de protestas, los turbulentos años 60 vieron el surgimiento de los llamados "nuevos movimientos sociales", unos movimientos que a430 giraban "en torno a cuestiones como los derechos de las mujeres, las relaciones de género, la preservación medioambiental, la etnicidad y la emigración, la paz y la solidaridad internacionales, con una fuerte (y nueva) base social de clase media y una clara diferencia respecto de los modelos de acción colectiva obrera o nacionalista que les habían precedido en la historia" (della Porta y Diani, 2011, p. Durante la década de 1970, estos nuevos movimientos sociales mantuvieron un perfil confrontacional relativamente alto (llegando incluso a formas radicales de acción) mientras que en la década siguiente muchos de ellos acabarían por moderarse e institucionalizarse, cristalizando en estructuras fuertemente profesionalizadas. La moderación en las formas de acción colectiva corrió pareja en muchos países a una moderación, no sin pausas ni retrocesos, en las estrategias de control policial de la protesta. Se pasó de un modelo de escalada de fuerza a uno de control negociado caracterizado por una reducción del uso de la fuerza, un mayor énfasis en el "diálogo" y la inversión de grandes recursos en la recopilación de información (della Porta y Reiter, 1998). Hasta que llegó el movimiento antiglobalización. La conocida como "batalla de Seattle" protagonizada a finales de noviembre de 1999 por la policía de esa ciudad, con el apoyo de la guardia nacional y otras fuerzas especiales, y activistas que se manifestaban en contra de la Ronda del Milenio organizada por la Organización Mundial del Comercio supuso un punto de inflexión en la visibilidad de un naciente movimiento transnacional contra la globalización neoliberal, y de la incapacidad de las fuerzas del orden para hacerle frente. Después de Seattle, los activistas antiglobalización continuaron organizando contra-cumbres y acciones de protesta ante las grandes reuniones internacionales: el Foro Económico Mundial de Davos, las cumbres europeas o el G8. También crearon su propio foro de encuentro, el Foro Social Mundial, cuya primera edición se celebró en la ciudad brasileña de Porto Alegre en 2001. Por su parte, la policía siguió rearmándose, llegando incluso a la militarización (en términos de equipamiento, entrenamiento y despliegue) de unidades dedicadas al control del orden público, y empleando una estrategia fuertemente coercitiva, de empleo muchas veces indiscriminado de la fuerza, en combinación con estrategias de recopilación dirigida de información como medida preventiva (della Porta y Diani, 2011, pp. 253-255). El movimiento por una justicia global, o movimiento antiglobalización (aunque en realidad dirigía su crítica contra una versión particular de la misma: la globa-lización neoliberal), se ha entendido muchas veces como un "movimiento de movimientos" preexistentes que se reactivaron gracias al esfuerzo de muchos activistas por establecer puentes entre sus diferentes marcos de referencia (frame bridging). La identidad del movimiento se fue forjando en el diseño y el desarrollo de eventos transnacionales (campañas, contracumbres, foros), que requerían la participación de organizaciones creadas en la resaca de la anterior ola de movilización en torno a cuestiones muy diversas. Se fueron creando así densas redes de interacción entre estas organizaciones. Los activistas dejaban a un lado sus lealtades particulares para participar en amplias movilizaciones que servían de sustrato sobre el que construir la identidad inclusiva del nuevo movimiento. Donatella della Porta y Lorenzo Mosca (2007) han definido este proceso como "contaminación en acción". Generado a través de la participación individual y organizativa en campañas comunes, la contaminación en acción implica diversos mecanismos con funciones diferentes: estructural (facilitando la coordinación logística entre las organizaciones), afectiva (generando la tolerancia y la confianza mutua entre los activistas) y cognitiva (favoreciendo la construcción de identidades intersectoriales y transnacionales). Della Porta y Mosca analizan este proceso en dos sectores aparentemente enfrentados y con dinámicas y valores opuestos: sindicatos y grupos promotores de la solidaridad con el sur global. Se ha identificado a los primeros con valores materiales, el egoísmo y la defensa de sus propios intereses, mientras los segundos lo harían más bien con valores postmateriales, el altruismo y la solidaridad. Unos y otros convergieron en un movimiento que supuso la revitalización de la "cuestión social" al mismo tiempo que mostraba una fuerte preocupación por muchas de las demandas centrales en los nuevos movimientos sociales surgidos alrededor del 68 en temas relacionados con los derechos de las mujeres y las minorías, la desigual distribución de los riesgos medioambientales o la amenaza de la guerra. Si el 68, según Boltanski (2002), fusionó dos formas de crítica (social y artística), el nuevo ciclo de protesta alrededor del cambio de milenio combinó dos conjuntos de demandas hasta entonces fuertemente divididos (materialistas y postmaterialistas). UN NUEVO CICLO DE INDIGNACIÓN El ciclo de protesta vinculado con el movimiento antiglobalización decreció a comienzos del nuevo milenio, en parte acelerado por su crisis en Estados Unidos después del 11-S en un ambiente significativamente a430 más represivo, con la vinculación que desde el poder se hacía entre activismo transnacional y terrorismo global y la dominación del problema de la guerra por encima de otras demandas (Hadden y Tarrow, 2007). Sin embargo, el siguiente ciclo no tardó en llegar. Lo hizo muy pronto esta vez. La década de 2010 se abría con una fuerte oleada de movilización en diferentes regiones del mundo sobre cuestiones de alguna forma interrelacionadas: desde las políticas de austeridad, con una fuerte crítica al poder de las multinacionales y la creciente desigualdad, hasta la defensa de la democracia, con movilizaciones contra regímenes autoritarios y reivindicaciones a favor de una "democracia real ya". Ancladas en contextos muy diferentes, las movilizaciones dentro de esta nueva ola presentan sin embargo algunos rasgos en común, desde las emociones (con la indignación en el centro) y formas de acción (de ocupación del espacio público) hasta marcos rectores (que vinculan la crisis financiera a una crisis de la democracia) e identidades colectivas, pasando por infraestructuras (de redes y reuniones) y experiencias generacionales (de precariedad y acceso a las nuevas tecnologías de la información) (Castells, 2012; Flesher Fominaya, 2014; Gerbaudo, 2012 El reciente ciclo de protesta encontró en España uno de sus focos principales. El 15 de mayo de 2011, la convocatoria de manifestaciones en todo el país con el slogan "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros: ¡democracia real ya!" significó el pistoletazo de salida de un movimiento cuya capacidad de movilización y visibilidad no tienen parangón en la historia reciente de España (Romanos, 2013a). Algunos de los indignados que se movilizaron contra la respuesta de las autoridades a la crisis económica participaron más tarde en la creación de nuevos partidos políticos que hoy en día están gobernando algunas ciudades importantes y se han hecho un hueco en los parlamentos, tanto a nivel regional como nacional. Mientras tanto, un fuerte ciclo de movilización ha tenido lugar. Miles de personas han participado en un movimiento de protesta que ha intentado, y en buena medida conseguido, cambiar la responsabilidad de la crisis del nivel individual (de la gente que "vivió por encima de sus posibilidades") al colectivo (de las elites políticas y económicas, coaligadas para defender sus intereses). Los activistas han exigido a las autoridades que revirtieran los recortes en servicios públicos y derechos civiles, fortalecieran mecanismos de control y transparencia en su gestión y crearan nuevos canales de acceso a la toma de decisiones. Sin embargo, las autoridades han hecho en buena medida oídos sordos, amparadas por unas instituciones diseñadas durante la transición a la democracia para alejarlas de la presión de la calle. De hecho, las respuestas más contundentes han sido negativas, en la forma de leyes "mordaza" que extienden el rango de acciones colectivas susceptibles de ser sancionadas. A lo largo del nuevo ciclo de protesta, los indignados han organizado un amplio rango de acciones, unas más convencionales, otras más contundentes, con una gran capacidad de movilización y masivo apoyo social (Romanos, 2014; Sampedro y Lobera, 2014). Las movilizaciones han provocado un cambio en el campo doméstico de los movimientos sociales con el surgimiento de nuevos actores (por ejemplo, asambleas locales, iniciativas colectivas de autogestión, las llamadas "mareas" en diferentes sectores de empleo y servicios públicos) y el fortalecimiento de otros ya existentes (entre otros, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y el movimiento de paralización de desahucios). En sus protestas y redes, los activistas han enfrentado la lógica del sistema con una lógica alternativa basada en una versión actualizada del modelo de democracia deliberativa (véase la siguiente sección). Se han afanado por construir un movimiento de 'cualquiera' basado en un 'nosotros' terriblemente inclusivo que pretende superar viejas filias ideológicas o partidistas y las dinámicas autoreferenciales, formas organizativas, discursos e identidades de movimientos sociales tradicionales (Perugorria y Tejerina, 2018). A su vez, como ya se ha adelantado, el movimiento 15M se inserta en una oleada de protesta más amplia que tiene en la Primavera Árabe y el movimiento Occupy Wall Street otras de sus manifestaciones más visibles. Participantes en estas movilizaciones se han vinculado unos con otros, no solo en la identificación de una misma lucha en pos de mayores cotas de democracia, sino también a través de la difusión de prácticas e ideas (Romanos, 2016). Sin embargo, muchas de estas prácticas e ideas no son nuevas. Investigadores en movimientos sociales han establecido importantes líneas de continuidad entre la nueva ola de protesta transnacional y la protagonizada por el movimiento antiglobalización. De alguna forma el movimiento antiglobalización adelantó la reciente crisis económica (y política) como consecuencia de un proceso de globalización dirigido por y en aras del mercado. Como señalan Donatella della Porta y Alice Mattoni (2014), este movimiento lanzó una llamada de atención, una alerta sobre lo que, si no se ponían cortapisas a la globalización neoliberal, se avecinaba sobre los grupos más vulnerables de la(s) a430 sociedad(es). La nueva ola de protestas anti-austeridad tiene como protagonista a estos grupos, que han experimentado ya esas consecuencias en el contexto de la actual crisis económica y financiera. Los indignados de hoy vinculan los efectos negativos del capitalismo global neoliberal con una noción ineficaz e insuficiente de democracia (Flesher Fominaya, 2014), como lo hacían los activistas diez años antes. Y frente a esa versión ineficiente de la democracia ellos plantean otro modelo, más participativo y deliberativo, con el que experimentaron de forma visible en las plazas. Sin embargo, no todo son continuidades entre las dos olas de movilización. Una de las diferencias más importantes tiene que ver con el locus de la crítica y la acción. Si a lo largo de la historia los movimientos sociales han encontrado en el estado-nación su principal objetivo y ámbito de actuación, los activistas antiglobalización se desplazaron hacia un nivel más transnacional. Las protestas se organizaron principalmente en ese nivel y a ese nivel pertenecían también los responsables de la versión neoliberal de la globalización que ellos criticaban: organizaciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio. Estas organizaciones siguen siendo criticadas por quienes se manifiestan hoy contra las políticas de austeridad, pero la actual ola de protesta ha invertido de alguna forma la tendencia para anclarse de nuevo en el territorio. De hecho, una de las formas más visibles de acción ha sido el establecimiento de campamentos más o menos estables en los centros simbólicos de poder local y nacional. Por ejemplo, los indignados han elegido las plazas centrales como lugar en el que representar su denuncia contra la mercantilización de la vida social y el espacio público. Esa denuncia no se ha detenido. Al contrario, se ha hecho todavía más fuerte contra intervenciones del mercado todavía más autoritarias en protestas como la de Gezi (Turquía), que desvelan el autoritarismo de las actuales formas de la globalización neoliberal. En 2013 la mercantilización del espacio público en Estambul (con el intento de construir un centro comercial que iba a sepultar uno de los pocos parques en el centro de la ciudad) encontró una fuerte resistencia que desbordó la protesta inicial para dar vida a un nuevo movimiento social dentro de una nueva fase en la secuencia global de movilizaciones. Justo cuando la ola transnacional que se hizo más visible en 2011 parecía decaer, protestas como la de Turquía, Brasil y otras latitudes renovaron el enfrentamiento contra el capitalismo global neoliberal y sus consecuencias (della Porta, 2017). EL HILO DEMOCRÁTICO ENTRE LOS CICLOS DE PROTESTA 1 Uno de los objetivos principales de los movimientos sociales ha sido el desarrollo de nuevos conceptos de democracia (della Porta y Diani, 2011, p. Los movimientos reclaman la legitimidad de modelos alternativos a la democracia parlamentaria. Por lo general no piden la abolición del actual sistema de partidos, sino que buscan dotarle de un mayor contenido democrático al mismo tiempo que se involucran en la generación de espacios alternativos en los que experimentar con otros modelos de democracia. En ese plano parecen actuar también los recientes movimientos contra la austeridad, y en concreto el 15M, donde el grueso de los participantes presentaba un perfil más bien reformista (Calvo, 2013), por mucho que las reformas que promovían se orientasen hacia cambios generales en la forma en que se organiza y conduce la política. Los nuevos movimientos sociales desarrollados predominantemente en Europa alrededor del 68 invocaron una teoría democrática comunitarista que podemos vincular con la tradición anarquista. La democracia directa se erigió en alternativa a los modelos por entonces dominantes con una concepción más elitista y competitiva: el modelo liberal de democracia y la democracia organizada de corte socialista o católico (Kitschelt, 1993). Si el 68 global trajo consigo la actualización del concepto de democracia directa, la siguiente ola de movilización transnacional por una globalización desde abajo puso en práctica un nuevo concepto de democracia deliberativa. 340) ha definido la democracia deliberativa como aquella que se da cuando, "bajo unas condiciones de igualdad, inclusividad y transparencia, un proceso comunicativo basado en la razón (la fuerza de un buen argumento) es capaz de transformar las preferencias individuales y alcanzar decisiones orientadas al bien público". El movimiento antiglobalización experimentó con este modelo alternativo de democracia en sus redes internas. Los activistas participaron de una "cultura organizativa" que "enfatizaba la diversidad por encima de la homogeneidad; la subjetividad por encima de la obediencia a las demandas organizativas; la transparencia incluso a costa de la efectividad; la confrontación abierta orientada a la construcción del consenso por encima de la toma de decisiones eficiente; y la 'contaminación ideológica' por encima del dogmatismo" (della Porta, 2005b, p. Esta cultura se regía asimismo por un marcado sentido de prefiguración. Los activistas en-a430 tendían que la mejor estrategia para traer consigo el cambio social que ellos anhelaban era practicar ese cambio en el seno de su propio movimiento (Maeckelbergh, 2011). Sin embargo, la estrategia no es nueva. Su origen vincula de nuevo a los nuevos movimientos sociales con la tradición del movimiento anarquista. Aunque parezca una innovación sesentayochista, la prefiguración es tan vieja como la teoría anarquista moderna: Bakunin y sus seguidores abogaban por una sociedad sin clases que, lejos de tomarse por asalto, debía ser construida a imagen y semejanza de la Asociación Internacional de los Trabajadores. La Internacional era el "embrión" de ese nuevo mundo. De la misma manera, los proyectos alternativos de los anarquistas en otras esferas, diferentes aunque relacionadas con el asociacionismo obrero, tales como la educación, la cultura y la información, también debían servir de modelo para la sociedad anti-autoritaria, libre y no-jerarquizada que perseguían sus organizaciones, grupos y activistas (Romanos, 2013b). ¿Hasta qué punto el nuevo ciclo internacional de protesta iniciado en 2010 se hace eco de este modelo de democracia? Un vistazo a sus prácticas y discursos parece mostrar un profundo compromiso con el mismo. Centrando el foco de nuevo en España, y concretamente en las primeras fases del movimiento 15M, el marco organizativo adoptado durante las acampadas fue el asambleario. La horizontalidad asamblearia fue el mecanismo de decisión del incipiente movimiento. Quienes participaban en las asambleas se sentían iguales y parte de un proyecto compartido. En su desarrollo se hacía hincapié en la necesidad de utilizar un lenguaje inclusivo, una de cuyas expresiones más visibles era el empleo del género femenino (en referencia a "personas"). De hecho, la inclusividad ("absoluta, de cualquier persona") era el fundamento para mantener la subjetividad y la diversidad dentro del movimiento. La transparencia no fue solo una demanda hacia sus principales adversarios (en el sistema político y el económico) sino también una de los valores centrales del movimiento: seguramente no hay mejor forma de visibilizar el proceso deliberativo e invitar a participar en él que celebrándolo en las plazas de los barrios, pueblos y ciudades. Además, las redes internas (comisiones y grupos de trabajo) hacían pública toda la información relativa a sus acuerdos y actas a través de Internet, facilitando su acceso a toda persona interesada en conocer sus actividades. En cualquier caso, los principios de igualdad, inclusividad y transparencia son propios también del modelo de democracia directa y participativa desplegado por los nuevos movimientos sociales post-68. El valor añadido del modelo asociado al movimiento antiglobalización residiría en la importancia de la transformación de preferencias facilitada en el proceso deliberativo. De hecho, la deliberación es el modo de interacción más favorable para dicha transformación (Landwehr, 2009). Los teóricos de la democracia deliberativa rebaten en este punto el enfoque de elección racional propio del modelo liberal, que entiende el proceso democrático básicamente como una agregación de preferencias individuales (Talpin, 2011). Los teóricos liberales entienden que dichas preferencias deben protegerse de la perniciosa injerencia del estado. Los teóricos deliberativos critican este enfoque por su esencialismo, reduccionismo y problematicidad. En concreto, tratan de desmontar tres ilusiones asociadas al modelo liberal, subrayando que: 1) las preferencias no son autónomas ni libres, sino que se producen en determinados contextos económicos, sociales y culturales; 2) las preferencias pueden cambiar si lo hacen estos contextos; y 3) la agregación de preferencias supuestamente prefijadas de acuerdo a intereses individuales obstaculiza la promoción de la justicia social. En resumen, si cada uno votamos según nuestras preferencias individuales y estas están determinadas por intereses individuales, la toma de decisiones colectivas no puede orientarse al bien común. En cambio, la democracia deliberativa entiende que las preferencias son endógenas y maleables, siendo el objetivo de la deliberación su eventual transformación en aras del bien común a través del acceso a la información y un proceso consciente de aprendizaje (Talpin, 2011, p. El movimiento 15M se hacía eco del principio de transformación de las preferencias en la reflexión de sus activistas acerca del "pensamiento colectivo" y la "escucha activa" que debían guiar la participación en las asambleas: El pensamiento colectivo es totalmente opuesto al sistema actual que se rige por un pensamiento individualista [...] Normalmente ante una decisión dos personas con ideas opuestas tenderán a enfrentarse y defender ferozmente sus ideas poniendo como objetivo convencer, ganar o a lo sumo llegar a un punto medio. El objetivo del pensamiento colectivo es construir. Es decir, dos personas con ideas diferentes ponen sus energías en construir algo. No se trata entonces de mi idea o la tuya. Son las dos ideas juntas las que darán un producto nuevo que a priori no conocíamos ni tú ni yo. Por eso es tan necesaria la escucha activa en la que no solo estamos preparando la réplica que vamos a430 a dar. El pensamiento colectivo nace cuando entendemos que todas las opiniones, las nuestras y las diferentes, todas, son necesarias para generar la idea de consenso. Una idea que tras su construcción de forma indirecta nos transforma [...] [El pensamiento colectivo es] algo así como el resultado de la síntesis de las inteligencias e ideas individuales, no una sumatoria ecléctica, sino la síntesis. Las inteligencias individuales puestas al servicio del bien común, la creación a partir de la diferencia, entender la diferencia como un elemento que aporta enriquecimiento de la idea común (Guía rápida para la dinamización de asambleas populares publicada por acampadasol, 31/05/2011, disponible en http://madrid.tomalaplaza.net). La transformación de preferencias en el proceso deliberativo debe estar sustentada en una comunicación de calidad. El debate y la deliberación, entendida como una forma "desapasionada, razonada y lógica" de comunicación (Dryzek, 2000, p. 64), permite la formación de nuevas preferencias orientadas al bien común. En este sentido, los activistas del 15M explicaban en ese momento la participación en la toma de decisiones orientada al consenso en las asambleas contraponiendo la "escucha activa" a lo que ocurre en los procesos de democracia representativa: Se buscan los mejores argumentos para tomar la decisión más acorde con las diferentes opiniones, no posicionamientos enfrentados, como ocurre cuando se vota. Su desarrollo debe ser pacífico, respetando todas las opiniones, hay que dejar los prejuicios y las ideologías en casa [...] Es importante mantener calma gestual para no transmitir a la asamblea sentimientos o afectos personales, recordaremos en todo momento el valor de una sonrisa en momentos de tensión o bloqueo (Guía rápida para la dinamización de asambleas populares publicada por acampadasol, 31/05/2011, disponible en http://madrid.tomalaplaza.net). Para velar por la calidad de la comunicación y facilitar otras condiciones del proceso deliberativo, las acampadas contaban con una comisión dedicada a la "dinamización de asambleas". Entre sus miembros había jóvenes profesionales formados en metodologías participativas (Nez y Ganuza, 2012, p. 123) que asumían el papel de moderadores y otros "facilitadores" que intentaban asegurar su concentración e imparcialidad. La comisión también elaboró y difundió diversos materiales escritos y audiovisuales que buscaban "ayudar a materializar esta nueva forma de hacer política", instruyendo en el proceso deliberativo. Se especificaban allí los diferentes actores, los espacios, las relaciones y los mecanismos del "modelo de es-tructura asamblearia y toma de decisiones", describiendo, por ejemplo, los roles de los ya mencionados moderadores y facilitadores, pero también las funciones de los equipos encargados de la preparación del espacio y las herramientas físicas (megafonía, sillas para personas con movilidad limitada, etc.), los turnos de palabra, los intérpretes de la lengua de signos y la redacción de las actas. A pesar de estos esfuerzos por asegurar el buen funcionamiento del modelo deliberativo, su puesta en marcha no estuvo exenta de limitaciones y problemas. "La combinación de una voluntad de consenso con la deliberación abierta significa que la toma de decisiones puede ser fácilmente saboteada por grupos pequeños [...] Como quedó patente en las conversaciones con los activistas [del 15M], la toma de decisiones era lenta, laboriosa y desmoralizante cuando incluso las decisiones simples podrían ser bloqueadas por un puñado de personas que ejercen el poder de veto" (Feenstra, Tormey, Casero-Ripollés y Keane, 2016, p. En cualquier caso, la experimentación con el modelo deliberativo practicado en las asambleas ha dejado una huella biográfica importante en los participantes con consecuencias en su modo de entender la política (Feenstra et al., 2016). Las protestas del nuevo ciclo reproducen en buena medida la cultura organizativa y los nuevos conceptos de democracia gestados en anteriores ciclos de protesta. Sin embargo, las nuevas movilizaciones trajeron consigo pequeñas innovaciones, afianzadas en periodos menos visibles pero no por ello huérfanos de acción, sobre todo en la dimensión más simbólica (Romanos, 2013a). Estas innovaciones vinculaban ese trabajo cultural de anteriores periodos de latencia (Melucci, 1994) con las nuevas formas de protesta practicadas en el nuevo ciclo de movilización. En este sentido, podemos advertir dos aspectos de la inclusividad que resultan hasta cierto punto novedosos en el movimiento 15M; aspectos que a su vez fueron difundidos a otros movimientos. "En primer lugar, la inclusividad promovida por los indignados no tiene tanto que ver con los ya participantes en el movimiento -y el establecimiento de mecanismos que aseguren su inclusión en el proceso de toma de decisiones-sino con los potenciales participantes. Aquí la plaza desempeñó un papel importante" (Romanos, 2016, p. Se habían ocupado muchos espacios en el pasado pero no tanto el centro de las ciudades de manera masiva y con vocación de cierta permanencia (el 'modelo Tahrir' de protesta 2 ). La novedad del 15M consistía en colocar la experimentación con un nuevo concepto a430 de democracia en el centro del espacio público. Los activistas sacaban el "experimento" de la democracia deliberativa de los recintos que hasta entonces habían sido su "laboratorio" (centros sociales, foros sociales, etc.) para colocarlo en el centro de las ciudades, animando a "cualquiera" que pasara por allí a unirse y desbordar con ello los límites de la movilización. El cambio era en realidad un cambio de orientación: la atención se ponía en los potenciales participantes y no tanto en los ya comprometidos con el movimiento (Lawrence, 2013). El segundo aspecto tiene que ver con un significado menos racional y más afectivo de la inclusividad, no tan orientado hacia el proceso de toma de decisiones (donde, como hemos visto, no es bueno traer "sentimientos o afectos personales") sino hacia la transformación del espacio público como un espacio abierto también a la empatía (Romanos, 2016). Los activistas entendían que uno de los valores centrales del movimiento era la "INCLUSIVIDAD. La fuerza de este movimiento es ser muchos y distintos [...] Los espacios que nos dan fuerza, que nos alegran y potencian, son los que permiten a cada cual sentirlos como propios". Este concepto de inclusividad, que podemos llamar inclusividad basada en la empatía, o inclusividad empática, dejaba a un lado las cuestiones más estratégicas para crear un espacio donde cualquiera pudiera compartir sus problemas favoreciendo con ello la apertura hacia personas sin una experiencia previa de participación y por ello más reticentes a involucrarse en el nuevo movimiento. CONCLUSIONES '1968' fueron en realidad varios años de contienda política y social, les années 68 (Ginsborg, Passerini, Strath y Wagner, 2002), que en perspectiva internacional podemos entender como un ciclo de protesta que contenía muchos conflictos. En diferentes partes del mundo, la juventud se rebelaba contra las coerciones impuestas desde el establishment político y educativo en pos de una transformación de la vida cotidiana que acabara con la futilidad de su existencia, al mismo tiempo que descubría los caminos de la emancipación social en una autoliberación de la persona. Uno de los resultados más visibles del ciclo de protesta fue, de hecho, la difusión de la autogestión como un modelo de organización en el mundo del trabajo y en formas alternativas de convivencia en el ámbito más privado. Los nuevos conflictos venían expresados en términos y conceptos avanzados por existencialistas e intelectuales adscritos o cercanos a la llamada new left. La protesta empleó además un repertorio de acción en buena medida renovado bajo la influencia de provos, situacionistas y otros movimientos contraculturales. Los activistas se organizaron siguiendo pautas no jerárquicas, horizontales y descentralizadas, en abierto contraste con el modo de estructuración vertical de los partidos políticos (Kornetis, 2013), y configurando una serie de formas que serían predominantes en los movimientos sociales a partir de entonces. Las recientes protestas contra la austeridad y por una democracia "real" surgidas en diferentes regiones del mundo a partir de 2010 se vinculan con aquellas de '1968' a partir de ese repertorio de acción y organización que actúa como repositorio de los saberes de los movimientos sociales y, al mismo tiempo, horizonte de posibilidad que se va ampliando poco a poco con pequeñas innovaciones. Pero el vínculo se establece también a partir del desarrollo en las protestas recientes de conceptos de democracia participativa experimentados por los sesentayochistas, con el ciclo antiglobalización actuando de puente, sobre todo en relación con la dimensión más deliberativa de ese concepto. A su vez, como todo ciclo de protesta, el reciente ha traído innovaciones, que en este caso combinan formas de acción y democracia: los indignados sacaron la experimentación con la democracia deliberativa al centro de las ciudades, donde instalaron acampadas en señal de protesta. En las acampadas practicaban un sentido de inclusividad relativamente novedoso, fuertemente orientado al 99% de la población y a convertir el espacio público en un espacio abierto a la empatía. Visto así, el trabajo de los movimientos sociales en las últimas décadas ha sido un esfuerzo orientado en buena medida a la ampliación de nuestro concepto de democracia. Es de prever que este horizonte se vaya ampliando todavía más en el futuro, no sin pausas ni retrocesos. De hecho, aquí nos hemos fijado en el modelo deliberativo de democracia practicado durante la fase concreta de las acampadas, pero otros conceptos o modelos de democracia han sido empleados por otros teóricos para explicar desarrollos posteriores del 15M: la contrademocracia (Pierre Rosanvallon), la democracia posrepresentativa (Simon Tormey), la democracia monitorizada (John Keane) o incluso planteamientos "tecnopolíticos". En este sentido, el contexto español ha sido "un campo de experimentación política continuada, donde la irrupción del movimiento 15M ha constituido un elemento desencadenante y catalizador para la innovación política (Feenstra et al., 2016, p. Del 68 al 15M: continuidades y rupturas entre ciclos de protesta 10 a430 es que, como se decía en la acampada de la Puerta del Sol: "vamos despacio porque vamos lejos". Los impactos de los movimientos sociales y los ciclos de protesta llevan tiempo. Por mucho que la opinión pública demande cambios súbitos y sustanciales tras las protestas (y juzgue que han fracasado si no los encuentra), sus resultados se sitúan más bien en el medio y largo plazo.
Se ofrece una panorámica histórica del cine realizado en torno al mayo de 1968, centrándose en el fenómeno militante en Francia y su repercusión en otros países. Desde la revolución de las nuevas olas europeas y mundiales hasta el nuevo cine latinoamericano, quedan sintetizados los principales grupos y autores. Asimismo, se constatan las películas más representativas -documentales y de ficción-realizadas durante y después de la revolución del 68, haciendo hincapié en cinco filmes evocadores y en las contradicciones que se observan. Un apéndice reproduce el famoso Manifiesto por un cine militante de los Estados Generales. "El cine ha sido inventado por la burguesía para ocultar lo real a las masas" (Jean-Luc Godard) Desde la revolución de octubre de 1917, nunca un hecho revolucionario contemporáneo tuvo tanta repercusión en el séptimo arte. El mayo francés del 68 significó un antes y después en el medio cinematógrafo, tanto europeo como mundial. La revolución de 1968, que traspasó las fronteras del país galo, fue preconizada por el fenómeno de las nuevas olas de los años sesenta, y no solo acabó con la nouvelle vague francesa sino que avanzaría otro tipo de cine, al tiempo que retrató unos acontecimientos históricos que posteriormente serían evocados en películas de ficción. De todo ello, cronológicamente, vamos a tratar en este artículo, que hemos iniciado con una célebre frase de uno de los máximos representantes de esa ruptura estética y ética. Cuando en 1951, el gran teórico André Bazin fundó Cahiers du Cinéma difícilmente pensó en la renovación que significaría esta revista especializada, la cual promovió la política de autores y fue el trampolín de la nueva ola francesa, encabezada por François Truffaut, Claude Chabrol, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette y el cerebro gris Éric Rohmer, junto al también innovador Alain Resnais -conocido como el "cineasta del tiempo"-, que estaba relacionado con la nouveau roman fundada por Robbe-Grillet (Chabrol y Godard, 1999; Douchet, 1998; Heredero y Monterde, 2002). Esta nueva ola, que tendió a resaltar más la responsabilidad del director como autor de la obra cinematográfica, rompió las estructuras industriales en torno a la financiación de los filmes y dio "una relativa unidad temática en cuanto se centraba en un cine de personajes y de retratos humanos más que de grandes temas. Así el amor es su gran centro y a través de la juventud que lo vive se contemplan los problemas personales, humanos y sociológicos." Ciertamente, los componentes de la nouvelle vague realizaron un cine de tendencia psicológica, ofreciendo más retratos humanos -de la incertidumbre de unos tipos de hombre y mujer contemporáneos, muy parisienses-que temáticas concretas. Todo ello con un aire poco comprometido -al menos en apa-riencia-, sin crítica social ni política, y más sugeridor y amoral que pedagógico; pues las escenas de alcoba aparecieron en la pantalla sin ningún pudor. Constantes de la nueva ola francesa serían los reducidos presupuestos económicos con los que trabajaban -intercambiándose a veces los puestos de trabajo dentro de la producción-, la referida ruptura con los viejos moldes y reglas al uso (como hicieron las vanguardias de los años veinte) y la improvisación y naturalidad narrativas. Con todo, una vez en rodaje, cada cineasta echó por su camino, constituyéndose años después -con estilo propioen autores de valía, que alcanzaron el reconocimiento mundial. Y otro tanto podríamos decir de los diversos movimientos fílmicos europeos y mundiales de la década de los 60: free cinema inglés, nuovo cinema italiano, Junger Deutscher Film alemán, nuevo cine español, nuevas olas suiza, sueca y japonesa, cinema novo brasileño, o el denominado cine del deshielo de los países del este, por no ir más lejos. Sin embargo, tras el mayo del 68, estas nuevas olas prácticamente se disgregaron y -centrándonos en Francia, objeto de nuestro estudio-la revista Cahiers du Cinéma, desaparecido también su impulsor (Bazin había fallecido en 1958), evolucionó hacia posturas ideológicas de extrema izquierda (Baecque, 1991). Y así, en octubre de 1969, elaboró un programa marxista, enfrentándose teóricamente con otra publicación nacida pocos meses antes -Cinéthique, los llamados "chicos terribles" de la teoría cinematográfica de ese período-y, a la vez, con La Nouvelle Critique, órgano del PCF, que operaba con cierta independencia del Partido Comunista. Tres revistas claves que entraron en polémica sobre la utilización del cine y la función de la cámara tomavistas tras la revolución de 1968 (Jelicié, 2016, pp. 7-41). Después llegaría Tel Quel, como más abajo comentaremos. Pero si hubo un cineasta que anunció los hechos del mayo francés y el cine militante nacido en ese mismo período fue, sin duda, el mencionado Jean-Luc Godard (Liandrat-Guigues y Leutrat, 1995; Vianey, 1972); pues su película La chinoise (1967) divulgaba el pensamiento de un grupo maoísta y concluía con las palabras "fin d 'un début", que eran premonitorias, ya que en la posterior obra de Godard se afirmaría la necesidad de politizar directamente la comunicación, dando a su estructura expresiva -la misma estructura dialéctica del análisis histórico materialista- (Micciché, 1972, p. LA IRRUPCIÓN DE MAYO DEL 68 Y así llegamos a la revolución francesa de 1968, desarrollada entre el 2 de mayo y el 23 de junio de ese año. Considerada por André Malraux -ex comunista y ministro de Cultura del presidente de Gaulle-como una película o un ensayo general para un film, el 68 fue, realmente, una generación de izquierdistas cinéfilos (Albiac, 1993, p. De ahí que el propio Godard también manifestara: "El dolor que sufrimos permanece en el cine y, por tanto, en silencio". Veamos, por tanto, cómo irrumpió en la pantalla, explicitándose en el ámbito francés, ahora que hemos llegado a su 50 aniversario. Es obvio que los hechos de mayo causaron un gran impacto en el mundo cinematográfico, ya que dieron a luz una serie de grupos de realización de filmes, autores y colectivos militantes que hicieron del séptimo arte un instrumento para la lucha política (Beceyro, 1976; Zimmer, 1976). Otra película antecedente y paralela a la citada cinta de Jean-Luc Godard fue la obra colectiva Loin du Vietnam (1967), realizada por siete cineastas de prestigio: Chris Marker, Joris Ivens, Agnès Varda, William Klein, Claude Lelouch y los ya referidos Resnais y Godard. Se trata de un documental dividido en episodios (110 minutos), donde no se indica quién dirige cada parte, en protesta contra la intervención militar norteamericana en la guerra del Vietnam, un conflicto bélico cuya denuncia está considerada como una de las semillas del mayo francés y de las manifestaciones en los Estados Unidos. Un film que constituyó un hito en el cine político, pues no solo apoyaba directamente a la resistencia comunista sino que atacaba al imperialismo estadounidense. Un año antes, uno de los autores de esta película, Joris Ivens, había dirigido otro documental, Le ciel, la terre, en el que daba "fe de la determinación inquebrantable de los norvietnamitas frente a los bombardeos aéreos casi cotidianos." El documentalista Chris Marker, que no firma este film militante, fue el verdadero artífice de una obra "comprometida", en la cual colaboraron voluntariamente unos 150 técnicos. Rodada en Francia, Cuba y Bolivia, además de en Estados Unidos y Vietnam, su objetivo era que el público debatiera y se posicionase en contra de la guerra. Loin du Vietnam influyó en la creación de grupos y colectivos surgidos a partir de mayo del 68, ya que la mayoría de aquellos cineastas habían participado en esta experiencia. SLON y los grupos Medvedkin y Dynadia En efecto, de Loin du Vietnam nació la Société pour le Lancement des Oeuvres Nouvelles (SLON), cooperativa independiente de producción que recuperaría el espíritu del frente popular de los años treinta y de la misma nouvelle vague (Marie, 1997). De ahí que Chris Marker estrenara en abril de 1968 À bientôt, j'espère, sobre una huelga obrera en una fábrica de Besançon, y también impulsase Le moindre geste (1968)(1969)(1970), largometraje interpretado por niños con problemas psíquicos. Pero SLON, animada por el propio Marker, ofrecería sus servicios técnicos a otros colectivos de cine militante, como los famosos grupos Medvedkin y Dynadia. Inspirado en el cine-tren de Aleksandr Medvedkin, que creó en 1932 un estudio fotográfico móvil instalado expresamente en unos vagones de tren que recorrían la Unión Soviética grabando películas y documentales que podían revelarse, montarse y exhibirse in situ, surgirían los grupos Medvedkin en Besançon y Souchaux, con cineastas-obreros militantes del sindicato CGT pero que actuaban como una "asociación libre". Sus realizaciones nacían de la iniciativa de uno a431 de ellos, como respuesta ante un acontecimiento o un escándalo. Las obras de los Medvedkin han sido consideradas no tanto películas de propaganda como gritos de revuelta; restableciendo un vínculo con aquel cineasta soviético que manifestaba en sus cintas: "Camaradas, esto no puede seguir así!, ¡Camaradas, esto tiene que cambiar!". Mientras que el grupo Dynadia, organismo de propaganda audiovisual destinado a difundir las ideas políticas del PCF, realizaría numerosos filmes en 16 mm durante sus tres años de existencia (1968)(1969)(1970)(1971), como Dix ans de gaullisme, Les immigrés en France, Le longement, Images sauvages y Les communistes dans la lutte, o el cortometraje Et maintenant?, que evoca los sucesos de mayo con imágenes de archivo y fotografías y posee una segunda parte sobre la campaña de Jacques Duclos, que fue el candidato comunista a las elecciones presidenciales de 1969. Grupo Dziga Vertov y otros colectivos Uno de los grandes pioneros de la escuela soviética de los años veinte, Dziga Vertov -autor del cine ojo y famoso también por sus noticiarios de actualidades y el documental El hombre de la cámara (1929)-, inspiró a Jean-Luc Godard y Jean-Pierre Gorin para formar un nuevo grupo militante (Font, 1976). El innovador Godard, de ideología ácrata, antiguo marxista-leninista y existencialista sartriano, en este período ya había abolido las reglas del lenguaje fílmico. Por eso, con el grupo Dziga Vertov se dedicó a un cine directamente político, dentro de la dialéctica materialista e incidiendo en el escándalo y la acción revolucionaria. Fruto de su postura creadora, asociado con Gorin, Jean-Luc Godard dio a luz nueve películas radicales entre 1968 y 1972: Un film comme les autres, British sounds / See you at Mao, Pravda, Le vent d'est, Luttes en Italie, Jusqu'à la victoire (cinta inacabada sobre Al Fatah, rodada en Palestina, que terminará con su mujer, Ana-Marie Miéville, tras la disolución del grupo bajo el título Ici et ailleurs), Vladimir et Rosa, Tout va bien y Letter to Jane. Esta última realización con Jean-Pierre Gorin es un ensayo cinematográfico de 52 minutos, que deconstruye una sola fotografía de noticias de Jane Fonda en Vietnam. Con todo, en 1972 así definiría Godard su trabajo antisistema en el grupo Dziga Vertov: "Es un intento de romper con la habitual dictadura del director. De intentar relacionarse con la gente en una película sobre una base un poco más igualitaria que si sólo son considerados técnicos o esclavos. De intentar no establecer una jerarquía." En 1979, desengañado de los postulados del 68 y tras una etapa de experimentación en vídeo, Jean-Luc Godard volvería a su obra tradicional (Sauve qui peu / La vie), reflexionando sobre sus temas habituales y métodos deconstructivos de creación (Passion), al propio tiempo que evocaba con su película Nouvelle vague (1990) los principios de la nueva ola francesa, que él había ayudado a crear. Asimismo, cabría mencionar aquí la labor análoga de sendos colectivos de cine militante aparecidos en ese período: Atelier de Recherche Cinémathographique (ARC), nacido a raíz de las primeras huelgas de ocupación en mayo del 68, con títulos como Le Droit à la parole, Oser lutter, oser voincre, CA13, comité d'action du 13ème arrondissement de Paris y Écute Joseph, nous sommes tous solidaires, que en el momento de su separación en 1969 contaba con una veintena de miembros; y Cinéastes Révolutionaires Proléteriens (CRP), a431 surgido del ala izquierda de los Estados Generales del Cine, autores de películas como Flins 68-69 y Palestine vaincra, que fue el grupo que tuvo más problemas con las autoridades francesas; pues uno de sus componentes, Jacques Kébadian, sería condenado a prisión en 1970 (Pérez Turrent, 1972, p. ESTADOS GENERALES DEL CINEMA FRANCÉS (EGCF) No obstante, todo había comenzado el mes de febrero de 1968, cuando cientos de cineastas y críticos -a los que me sumé entonces con una carta dirigida al diario Le Mondesalieron en defensa del director de la Cinemateca Francesa, Henri Langrois, a quien el gobierno pretendía cesar. De Gaulle se propuso terminar con este espacio de debate donde se difundían las películas innovadoras de las nuevas olas de los 60. La respuesta fue contundente: se logró mantener a Langlois en su cargo y dejó preparado al mundo del cine para unirse a los sucesos revolucionarios. De ahí que se convocaran los antes citados Estados Generales del Cine a través de este llamamiento: "Ya sea usted técnico, intérprete, crítico o espectador, si quiere la REVOLUCIÓN, por, para y en el CINE, venga a militar a los ESTADOS GENERALES DEL CINEMA" (Bruck, 2017, 10 de mayo). Enseguida se organizaron comisiones de trabajo con el propósito de elaborar una nueva concepción del cine, formando a la vez unidades de producción a fin de cubrir los eventos de la revolución. Y en medio de los enfrentamientos entre estudiantes y obreros con la policía, el 18 de mayo, por iniciativa de Godard y otros cineastas, también extranjeros, pidieron la suspensión del célebre Festival de Cannes, cosa que consiguieron con la dimisión del jurado internacional. Y el día 26 del mismo mes, los Estados Generales del Cinema Francés se reunieron en Suresnes; más de 1.300 personas deliberaron sobre los diferentes proyectos de reforma de la industria del séptimo arte. Manifiesto por un cine militante Entre el 17 y el 21 de mayo de 1968, el Comité Revolucionario de Cine-Televisión, los Sindicatos de Técnicos de la Producción Cinematográfica (CGT) y el Comité Conjunto Cine-Interfacultades hicieron "tres llamamientos" y, después de diversos proyectos para la transformación de las estructuras del séptimo arte, que fueron debatidos, publicaron un manifiesto por un cine militante de los Estados Generales. (Por su im-portancia y clara significación, para no romper el relato, lo reproducimos completo en el Apéndice). Asimismo, hubo una moción final -más centrada en el cine francés-, que decía así: "Los Estados Generales del Cine han nacido de un movimiento popular de contestación y lucha contra el orden económico, social e ideológico vigentes, el del capital protegido por el aparato del Estado. Los Estados Generales tienen como objetivo el hacer de la vida cultural, y por tanto del cine algo esencial a la vida de la nación, un servicio público. 1) Destrucción de los monopolios, la creación de un organismo nacional y único de distribución y exhibición de los films. 2) La autogestión contra la burocracia. Responsables elegidos por un tiempo límite, controlados y revocables. 3) Creación de grupos de producción autogestionados, que no estén sometidos a la ley capitalista del beneficio. 4) Abolición de la censura. 5) Autogestión para los estudiantes y los enseñantes, apertura hacia todas las clases sociales. 6) Unión estrecha del cine con una televisión autogestionada e independiente del poder y del dinero." Aparte de elaborar estos proyectos -algunos fueron propuestas de los ya mencionados Claude Chabrol, Jacques Rivette y Alain Resnais, junto a Jean-Louis Comolli y Louis Malle, entre otros cineastas galos-, los EFCF rodaron 70.000 metros de película en dos meses y más de treinta filmes en 16 y 35 mm, con el objetivo de informar sobre las acciones del movimiento obrero y estudiantil. Al disolverse, los EGCF dieron paso a la formación de diversos colectivos de cine militante, cuyos principales grupos han sido comentados anteriormente. Aparte de algunos títulos antes citados y de los famosos cinétracts (brevísimos cortos documentales mudos, con fotografías y sin acreditar), se realizaron diversas películas contemporáneas a los hechos del mayo francés. Obviamente, en esas jornadas "el cine se polarizó hacia el acontecimiento en acto, hacia el acontecimiento histórico vivido, y la actitud del creador se ajusta a ello." Asimismo, varias imágenes rodadas por los referidos grupos militantes fueron después vendidas y utilizadas para filmes de montajes posteriores, como Mai 68 (1974), de Gudie Lawaetz. Pero más importante sería el largometraje Grands soirs et petits matins. Rodado en 16 mm en los meses de mayo-junio de 1968, sería estrenado ese mismo año en salas no comerciales y en las universidades francesas. Diez años después de que, a instancias de los EGCF, se hubieran captado con la cámara al hombro los sucesos más relevantes que tuvieron lugar durante esas jornadas en el barrio latino, el fotógrafo y cineasta estadounidense William Klein -autor de la sátira vanguardista Qui êtes-vous, Polly Maggoo? (1966)-montaría con su metraje original un documental (98 minutos) que mostraba con extraordinaria intensidad la atmósfera de las manifestaciones, reuniones y debates públicos. Una larga selección de imágenes, donde se evidencia que las calles de París en aquellos días habían pertenecido a los estudiantes, trabajadores, escritores... En este film testimonial, aparece repetidamente uno de los líderes la revolución, Daniel Cohn-Bendit, y las reacciones de los revolucionarios ante el discurso del presidente de Gaulle por televisión. También cabe subrayar la importancia de otras películas que rememoran los hechos del mayo francés: Le fond de l'air est rouge (1977), de Chris Marker; Mourir à trente ans (1982), de Romain Goupil, y Reprise (1996), de Hervé Le Roux. Este último documental (180 minutos) es un film de reconstrucción histórica que trata de una huelga en una fábrica de provincias durante esos días de mayo, y pone el acento en las peleas encarnizadas entre los obreros comunistas y los maoístas, desestimando la influencia de la izquierda antiautoritaria (Porton, 2001, p. Aun así, "apoyando su reflexión en la mirada de testigos implicados en el acontecimiento que relatan viviéndolo, los cineastas evitan la interpretación normativa del documental de montaje. Pero esa realidad histórica es interpretada por Comolli desde una perspectiva crítico-ideológica post-68. De ahí que afirmara: "Quise hacer un film histórico, pero con esta precisión: no he querido hacer un film sobre la historia como sucedió, sino sobre la historia como presente; es decir, pensar la historia como un terreno de contradicciones, de luchas, en el que la misma memoria participa de estas luchas, una historia siempre viva en nosotros". Realizada en color, con actores poco profesionales y en sistema de cooperativa -en 16 mm, luego sería ampliada a 35 a431 para su exhibición comercial y mundial-, logra una gran belleza plástica y fuerza dramática (Caparrós Lera, 1978, pp. 206-209). En la misma línea de experimentación, cabe mencionar a Jonas, qui aura vingt-cinq ans en l'an 2000 (1976), dirigida por el suizo Alain Tanner, dentro de los esquemas críticos de la posrevolución de mayo. Dejemos que el propio autor exponga su voluntad de expresión y describa la herencia del mayo francés: En el espíritu de muchos, el 68 era un fenómeno político, en el sentido de la política politiquera. Los que militaban en un partido de esta época, como el personaje de Max en la película, creían en un cambio bastante radical en las instituciones. Su esperanza fue decepcionada y se produjo un gran vacío, que se vive aún hoy y que constituye una gran desilusión. Lo que me interesa es lo que queda, puesto que ciertas compuertas fueron abiertas, en un nivel discursivo, en un nivel de acciones individuales o en grupo que no estaban insertas en un partido. La manera como las mujeres o los jóvenes hablan hoy no es en absoluto la misma que antes del 68 ( ) El año 2000 puede ser el horror; el futuro de esos ocho personajes, que son el niño del final, su hijo, es quizás esta civilización. Pero no pidamos solamente a ese niño, Jonás [clara referencia al profeta bíblico], el diferir las esperanzas y echarlas sobre sí mismo. El film lo dice claro: tengamos cuidado. Si nosotros, ahora -profetiza Tannerno intentamos movernos un poco, él, dentro de 25 años, estará verdaderamente en la m... Así, a finales del milenio, Alain Tanner realizaría la continuación de su profecía: Jonas et Lila, à demain (1999), sobre la vida de este personaje, un joven que acaba de terminar sus estudios de cine y que comparte su vida con una chica negra llamada Lila. Esta película viene a ser un retrato de los hijos de la generación del 68. Y ya llegamos a las visiones más actuales, aquellos filmes que han evocado en el presente siglo el mayo francés. Pero hay un antecedente importante, que también debemos comentar. Este antiguo cineasta de los años de la nouvelle vague -pues trabajó paralelamente a la nueva ola francesa-, que participó activamente en los EGCF y estaba entonces un tanto desarraigado, regresó a su país para brindarnos una ácida visión de mayo del 68. Narra el drama íntimo de una familia de la campiña francesa, que se reúne en su casa patriarcal ante la muerte de la madre de Milou -de cuerpo presente-, en espera de repartirse la herencia. Mientras, estalla la revolución de 1968, que ellos viven a través de la radio sin integrarse. Con todo, Louis Malle no consideraba la película explícitamente dedicada a ese hecho histórico: "Es tan solo una comedia en la campiña francesa que se sitúa en esta época: el 68 no es más que el telón de fondo, el background de toda la acción". Bien interpretado y concebido con un estilo coral, lo más interesante de este film es el retrato que ofrece de ciertas mentalidades, especialmente de la burguesía gala, y su aguda reflexión crítica sobre la oposición campo-ciudad. Por otra parte, Milou en mai es una crónica contextual, donde priva la ironía sobre la historia concreta, y en la cual no se escatiman concesiones exhibicionistas en torno a la liberación sexual, a la vez que rompe una lanza en favor del ecologismo; temas que se propulsaron en mayo del 68. Obra, por tanto, intelectual y minoritaria, que ha sido valorada así en una reciente comunicación (Bausero y Ventura, 2017): Milou en mai es una película centrífuga. Los personajes son catapultados desde el interior de una casa de campo (de arquitectura tradicional y atiborrada de objetos) hacia el exterior en un doble movimiento que termina enclaustrado en una caverna prehistórica. Los sucesivos cortes de luz que se producen en la casa (con su correspondiente estética "en sombras") funcionan como dispositivo disparador de ese lanzamiento, el cual, a su vez, es modulado por la huidaregreso del representante máximo del orden establecido: Charles de Gaulle. The Dreamers (2003), de Bernardo Bertolucci, es el siguiente film argumental que hay que comentar. Discípulo de Pier Paolo Pasolini, Bertolucci había preconizado el mayo del 68 con Prima della rivoluzione (1964). Cuarenta años después, tras su criticado Novecento (1976), vuelve al "compromiso" político con una película evocadora de aquellos acontecimientos históricos. Ambientada en los sucesos del París de 1968, Soñadores relata la historia de Matthew, un estudiante estadounidense que entabla relaciones con Isabelle y Theo, dos hermanos que asisten con frecuencia a la Cinémathèque. Cuando allí se realiza una manifestación relacionada con el mayo francés, Matthew es invitado a dejar su hotel y vivir con los hermanos, pues sus padres les han dejado solos en casa. Enseguida a431 conoce que los hermanos son siameses y poseen una singular relación fraterna. Matthew comparte con ellos su afición por el séptimo arte y juntos recrean secuencias de filmes famosos, al tiempo que discuten ideas sociopolíticas y culturales, que evidencian opiniones antagónicas. A través de esas recreaciones, Isabelle y Matthew establecen una relación sentimental, que choca con los singulares lazos de ella con Theo. Matthew acaba implicándose en una violenta manifestación de protesta, y tomará conciencia de que sus ideales políticos y el comportamiento psicológico de los hermanos no concuerdan. Termina su relación con Isabelle, que decide seguir a su hermano, y abandona París. Realizada en la línea erótica e incestuosa de otras películas escandalosas del mismo autor (El último tango en París, La luna), Bernardo Bertolucci combina el documental reconstruido con la ficción. Asimismo, durante el desarrollo del film se ven escenas de diferentes películas clásicas que se alternan con los acontecimientos de la narración. La mayoría de los veintitrés títulos que intercala "que van desde The Cameraman, de Buster Keaton, a Persona, de Ingmar Bergman, o Mouchette, de Robert Bresson, pasando por cuatro cintas de Godard, así como una banda sonora de veinte canciones célebres" tiene que ver con el juego de adivinar la película que hacen los protagonistas. Obra, pues, de un cinéfilo y ensayo posmoderno, que también sería valorada en estos términos por los antes citados Cristina Bausero y Alejandro Ventura: "The Dreamers es un film centrípeto: los tres jóvenes encerrados en ese apartamento parisino (cuyo sentido vital se reduce al "puro sexo") son una muestra condensada de la multitud anónima que se manifiesta en las calles. En este caso, el deterioro escenográfico del interiorrepresentado por el caos y la acumulación de basurafunciona como metáfora del propio conflicto interior de esos jóvenes atrapados en un espacio laberíntico de impronta haussmaniana." (Se refieren al barón Georges-Eugène Haussman, que hizo una renovación urbanística en París en tiempos de Napoleón III). Les amants réguliers (2003), de Philippe Garrel, es el siguiente film directamente evocador. Cuenta la historia de un joven poeta, François, que participa en la revolución de mayo francés. Y se inicia una pasión intensa que les hará revivir la ilusión tras el desencanto de la revolución perdida. En Los amantes habituales, un grupo de jóvenes cultivan poesía, pintura y escultura, más droga y sexo, mientras ven cómo el nuevo mundo que querían construir va desapareciendo paulatinamente. Nés en 1968 (2008), de Olivier Ducastel y Jacques Martineu, continúa en la misma línea evocadora, creativa y argumental. La acción se sitúa en la revolución estudiantil del 68. Tres amigos, Catherine, Yves y Hervé, animados por un compañero que ha estado en Berkeley, organizan una comuna en una vieja granja para intentar vivir con este dogma: "Igualdad entre hombres y mujeres, sin tabúes y sin ninguna otra regla". Pero, cuando salen al mundo exterior, topan con gobiernos de derechas, que les pueden llevar a la prisión. Los nacimientos que se producen en esa comuna dan lugar a una segunda generación en la que hay dos hijos gays, que se convertirán en miembros de la nueva revolución sexual. Après mai (2012), de Olivier Assayas, cierra de momento el ciclo de películas evocadoras. Este film arranca en el París de principios de los setenta. Narra la vida de un estudiante de 18 años, Gilles, implicado por los cambios del mayo francés. Y como otros universitarios, duda optar entre radicalismo y sus proyectos más personales. En Después de mayo, las relaciones amorosas y los hallazgos artísticos llevan a Gilles y a sus amigos hasta Italia y Londres. A través de este itinerario existencial se sienten obligados a comprometerse con el propósito de hallar su espacio en esos años revolucionarios. A estas cinco películas argumentales cabría aplicarles el juicio crítico de tres especialistas: David Cortés, comisario de una importante exposición sobre el mayo del 68, celebrada en 2008; y los profesores Juan Orellana y Jorge Martínez Lucena, quienes se referirán a la influencia de los filósofos Herbert Marcuse (Eros y civilización), Gilles Lipovetsky (La felicidad paradójica) y Charles Taylor (La ética de la autenticidad): El cine realizado en mayo del 68 incorporó muchas de las cuestiones abiertas en el acontecimiento y lo pone en relación con aquellas aproximaciones cinematográficas posteriores (...), donde mayo del 68 aparece reinscrito en un conjunto de estereotipos, reduciéndolo al tópico de las barricadas estudiantiles parisinas y expurgándolo de toda conflictividad política al plantearlo exclusivamente como un movimiento juvenil de liberalización de las costumbres (Cortés, 2016). El "individualismo" del que habla Taylor es la característica principal de los personajes de estos filmes, personajes que, sucumbiendo a la dictadura de los deseos, buscando el lastimoso bienestar nietzscheano, acaban cayendo en una profunda infelicidad (Orellana y Martínez Lucena, 2009). LA HERENCIA CINEMATOGRÁFICA DEL MAYO FRANCÉS Dos países heredaron enseguida la experiencia del mayo francés: Estados Unidos e Italia. Por un lado, el cine "contestatario" norteamericano de finales de los años sesenta y principios de los setenta, de manos de Denis Hopper (Easy rider), Arthur Penn (Alice's restaurant) y Robert Altman (M.A.S.H.), junto al documental Woodstock (Michael Wadleigh, 1970), sobre el legendario festival de música rock. Fue un grupo de cineastas que puso en la picota el American way of life -como antes lo había hecho el fenómeno underground estadounidense, el director independiente Robert Kramer o los coetáneos Newsreel de Nueva York y San Francisco, que tenían como finalidad realizar películas sobre y para "la nueva izquierda"-, pero que finalmente sería asimilado por la industria de Hollywood (Biskind, 2004). Y por otro, el cine político italiano, encabezado por Marco Bellocchio -siguiendo el ejemplo de Cannes, también se interrumpió ese año el Festival de Pesaro-, que se inicia con la formación de diversos colectivos de filmes militantes en Turín, Roma y Milán. Son célebres los cinegionale rodados por los grupos del movimiento estudiantil italiano, aunque no poseían -según el crítico Pio Baldelli, en su ponencia El cine político y el mito de las superestructuras (1968)-informaciones precisas sobre los problemas reales, sino que intentaban provocar mítines políticos de adhesión estática, no de acción, y rendir homenajes a los "héroes" de las guerrillas y lograr una contemplación fervorosa en asambleas y manifestaciones (Baldelli et al., 1970). Y este teórico destacó como un claro ejemplo de cine militante Apollon, una fabrica occupata, film realizado por el Centro de cinediarios libres de Roma, con un coste de 700.000 liras, 5.000 metros de película en 16 mm y de una hora de duración; producto que calificaría de paternalista, falseador (trata de una huelga de 320 obreros tipógrafos), tanto en el plano informativo como en el lenguaje. Los obrerosvíctimas -comenta este crítico de la "vieja guardia" del PCI-se interpretan a sí mismos, se representan, pues la acción gira en torno a dos protagonistas que en el fondo exaltaban el poder constituido. Asimismo, llegarían las películas del llamado realismo crítico italiano -pero desde una perspectiva eurocomunista de influencia gramsciana-, con Francesco Rosi, Bernardo Bertolucci, Elio Petri, Francesco Rosi, Damiano Damiani y Giuliano Montaldo a la cabeza, y títulos tan representativos como La estrategia de la araña (1970), de Bertolucci; Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970) y La clase obrera va al paraíso (1972), de Petri; Il caso Mattei (1972) y Lucky Luciano (1973), de Rosi; Confesiones de un comisario (1971), de Damiani; y Sacco e Vanzetti (1971), de Giuliano Montaldo, por no citar más. Género político, que sería asimilado comercialmente, del cual es pionero Costa-Gavras, con la "oscarizada" Z, en 1969, y La confesión, en 1970. Cineasta que muchos años después haría una referencia en su película La petite apocalypse (1993), una comedia que satiriza a los ex intelectuales de mayo del 68, inspirada en la novela homónima del polaco Tadeusz Konwicki. Todo ello daría lugar al denominado cine de la serie Z -cineastas que, adaptándose al estilo thriller norteamericano, defendían que las formas de expresión son neutras y deben ponerse al servicio de un contenido político de izquierda-y también a sus antagonistas de la citada revista de teoría y crítica literaria Tel Quel -entre sus colaboradores figuraban Roland Barthes, Jacques Derrida, Umberto Eco y Michel Foucault-, que optaba por el ultraizquierdismo intelectualista y estético, además del llamado telquelismo cinematográfico (Asensi Pérez, 2006). Manifestaban que el arte fílmico estaba viciado por a431 su nacimiento en un contexto capitalista y burgués y que era necesario revolucionar las formas antes de ocuparse del contenido. "Un tiempo precioso se perdió durante los años que siguieron al mayo del 68 en la elaboración de una est-ética que se ha revelado en última instancia ultra-izquierdista. Ciertamente, la búsqueda de un "cinema materialista" no estaba desprovista de valor. El telquelismo cinematográfico ha tenido el mérito de denunciar la función opiomática del cinema tradicional (...) Se ha confundido cinema y cinema hollywoodense, proclamando que el séptimo arte estaba congénitamente enfermo de peste" (Hennebelle, 1977, II, p. Y cita a Jean-Patrick Lebel, quien afirma que "la cámara no segregaba la ideología como el hígado segrega la bilis" (Lebel, 1973). Concluye así su discurso Guy Hennebelle: "Esta epidemia (cuyo contagio se ha hecho sentir en varios países extranjeros) ha retrasado sin duda el advenimiento de una vanguardia política en el ámbito del cinema francés." Por su parte, el historiador Jean-Pierre Jeancolas hablaba de tres tendencias políticas fundamentales en el film francés post-68: un cine de la liga de los derechos del hombre -donde destacaría Elise ou la vraie vie, de Michel Drach, y El atentado, de Yves Boisset, sobre el caso Ben Barka-; un cine del programa común de la izquierda -con Beau Masque, de Bernard Paul, o Nada, de Claude Chabrol, más próxima a las tesis del PCI-, y más allá... del cine gauchiste -con La femme de Jean, de Yannick Bellon, y On s 'ent trompé d' histoire d'amour, de Jean-Louis Bertucelli y Colline Serraux, en la línea feminista y descolonizadora (Jeancolas, 1974, cit. por Hennebelle, 1977, I, pp. 150-159). Ciertamente, desde fines de los sesenta y durante toda la década siguiente, se consolidaría un nuevo cine militante más allá de ámbito francés. Las producciones de Fernando E. Solanas y Octavio Getino -famosos por La hora de los hornos (1968)-y el Cine Liberación, junto a las del grupo Cine de la Base de Raymundo Gleyzer -desaparecido durante la dictadura militar argentina-, consiguen reconocimiento mundial y una gran difusión. Este movimiento "revolucionario", aparte del referido cinema novo brasileño (Glauber Rocha), se extenderá a la Cuba de Castro (Tomás Gutiérrez Alea), Bolivia (Jorge Sanjinés), Chile (Patricio Guzmán, Miguel Littin), Colombia, México, Uruguay y Venezuela, donde se realizarán experiencias análogas (Mestman, 2016). Se trata del llamado tercer cine, que se planteaba también como una batalla política contra las concepciones burguesas del séptimo arte, como "una lucha política en la cultura formando parte de la lucha política en genera" (Pérez Turrent, 1972, p. O sea que, con sus valores y defectos, la sombra de mayo del 68 es alargada. De nuevo citamos al historiador Ángel Luis Hueso, en su síntesis sobre la revolución de 1968: La gran aportación del cine surgido en este momento fue poner en evidencia la necesidad de que la imagen adoptara una postura más crítica ante situaciones políticas vividas por la sociedad; no podemos olvidar, además, que en estos mismos años cinematografías con tanta fuerza como la estadounidense o la italiana van a reflejar una fuerte preocupación por las transformaciones políticas que experimentan sus propios países (Hueso, 1998, p. Es indiscutible, pues, la importancia del séptimo arte entre los protagonistas del mayo francés. Reproducimos, finalmente, lo que afirma el historiador y sociólogo Juan María Sánchez-Prieto, en su resumen de esta utópica revolución: El cine ha sido el reino de este mundo para una generación. Un mundo más real que el discurso de los políticos, que la crítica de la oposición. La ficción del cine se antojaba terriblemente verdadera. El ojo del cine -había sentado Morin-eleva lo real a irreal, el presente a lo vivido, el recuerdo y el sueño, a un mismo nivel, el nivel del imaginario, tan mitómano como lúcido. El cine fue un consuelo mayor, a la espera de la revolución (Sánchez-Prieto, 2001, p. En definitiva, pienso que las películas realizadas en torno y sobre el mayo del 68 no pasarán con letras de oro a la historia del cine. Pero hoy, con motivo del 50 aniversario, destacan como un fenómeno creativo y testimonial que valía la pena constatar. A la documentalista e historiadora Violeta Bruck, que sintetizó este tema en un ensayo en línea, que coincide con algunos de los conceptos y apreciaciones que personalmente ya tenía en mente antes de consultarlo y escribir este artículo. APÉNDICE MANIFIESTO POR UN CINE MILITANTE DE LOS ESTADOS GENERALES La dictadura burguesa actúa en todos los niveles. El cine y la televisión, a la vez industria y espectáculo, no son únicamente una fuente de ganancias para algunos, sino que constituyen también un arma ideológica en manos de la clase en el poder. Asimismo, por lo que respecta al cine, los capitalistas tienen en él, como en todas las ramas de la actividad social, uno de sus monopolios. Por esta razón han creado un sistema que se manifiesta como una coacción frente a los trabajadores de la profesión y como orientación ideológica para el público. Este sistema trae consigo dos aspectos. Uno, represivo: censura gubernamental que acarrea a menudo la autocensura, y separaciones sociales, económicas e ideológicas en la producción y en la distribución. El otro, liberal, pero en realidad destinado a reforzar su dominio, mascarada de una pretendida Intelligentsia, flecos de estetas cortados de la realidad social. Los festivales, que se vinculan con el aspecto liberal del sistema a causa de su máscara de efervescencia cultural son, de hecho, ferias comerciales. En cuanto a su pretendida significación cultural, esta se reduce, a causa del manejo de los premios y de las campañas de prensa, a intento de integración de obras que chocan momentáneamente con los valores admitidos. Para llevar a cabo una ruptura ideológica con el cine burgués nos pronunciamos por la utilización de las películas como arma política. ¿Cómo puede ser una película un arma política? Facilitando informaciones que la prensa burguesa escrita y hablada ignora deliberadamente (huelgas locales, despidos, lucha revolucionaria en cualquier país). Ayudando a analizar los mecanismos del sistema capitalista con el fin de poner de relieve sus contradicciones y de ese modo ayudar a combatirlas. Popularizando, comprendiendo y extrayendo enseñanzas de todas las formas de lucha revolucionaria, desempeñando en todos esos casos una función crítica y movilizadora. En consecuencia, es necesario ligar, tanto como sea posible, y en función de las situaciones objetivas y de las posibilidades de acción que estas implican, esta ruptura ideológica a una práctica militante. 1) La utilización del cine como arma de lucha política, tal y como se ha definido antes, y sobre el que los militantes implicados ejerzan un control político tanto en la realización como en su distribución. 2) La utilización del cine como base de intercambios de experiencias políticas; de ahí deriva la necesidad de suscitar tras cada proyección cualesquiera debates que puedan desencadenarse a consecuencia de los problemas concretos que la originaron. 3) La utilización y la realización de películas vinculadas a acciones políticas (mítines, manifestaciones, huelgas, etc.). 4) Paralelamente a la difusión de tales películas, una información que las explique, las complete o las provoque.
El 68, más que entre la memoria y la historia, se debate entre el mito y la crítica. El mayo francés ha sido una fuente constante de discusión y proliferación de ideas, por lo que no resulta convincente la tesis reciente acerca de una historia oficial o consenso en torno a su significación, fabricado al filo de las conmemoraciones. Partiendo de la doble explosión de la palabra y la acción que supuso el movimiento, en este artículo se pretende profundizar en la cuestión del papel ejercido por los intelectuales en los años 68, antes y después del epicentro de mayo-junio. Desde esta perspectiva, será más fácil valorar hasta qué punto el debate intelectual sostenido por el ritual conmemorativo ha acabado construyendo una ideología o un pensamiento separado del movimiento y difuminador de sus principales contornos. O si, por el contrario, es posible concluir en torno al legado actual del 68, quintaesencia de su memoria. Una de las preocupaciones fundamentales de la historiografía actual es la disquisición entre historia y memoria, sus relaciones y diferencias. La inflación actual de la memoria, de las memorias, hace peligrar la historia, o cuanto menos ha puesto la historia al servicio de la memoria, como antaño lo estuvo al servicio del príncipe o la nación. La contraposición entre la subjetividad de la memoria y la objetividad de la historia se ha vuelto más problemática, pese a los progresos de la historia profesional en el siglo pasado. La ola memorial y conmemorativa lo invade todo, marca la propia agenda del historiador, quien se ve constreñido ante la "pretensión de la memoria colectiva a una verdad más verdadera que la veracidad de la historia" (Nora, 2011, p. La historia acaba reducida a la memoria colectiva del grupo de los historiadores, sometidos ellos mismos a la presión de las memorias sociales fragmentarias. El énfasis en la pluralización de las memorias cuestiona la posibilidad misma de una memoria histórica unitaria, y limita el empeño de la historia a la reconstrucción y explicación de ese juego de memorias. El 68 no escapa a esta complicación. El 40o aniversario del acontecimiento consagró el 68 como lugar de memoria al tiempo que reivindicaba su historización (Gildea, Mark y Warring, 2013, p. En realidad esa pretensión no es nueva, al menos en Francia. Desde 1989, la asociación Mémoires de 68 procedió a un inventario de fuentes para esa "historia a realizar" (Perrot, 1993), proyecto del que parten algunas elaboraciones recientes (Artières y Zancarini-Fournel, 2015; Zancarini-Fournel, 2008). Los historiadores más implicados en esa tarea no son ajenos a la experiencia del 68 y, como ha hecho notar Jacques Revel valorando en términos genéricos sus visiones recientes de mayo, la especificidad profesional no siempre se corresponde con ausencia de ideologización, y hasta se puede observar un endurecimiento en las posiciones (Callu, 2010, prefacio, pp. 18-21). Fuera de trabajos preferentemente descriptivos, algo semejante ocurre con los investigadores más jóvenes, en su denuncia de los enjuagues de la memoria y el olvido de los hechos frente al predominio de las interpretaciones, a lo que habría contribuido -según algunas percepciones (Ross, 2002(Ross, /2008, pp. 29-30), pp. 29-30)-el trabajo contraproducente de los sociólogos. El 68, más que entre la memoria y la historia, se debate entre el mito y la crítica: desde el principio; no es un efecto acumulado de las sucesivas conmemoraciones, aunque estas hayan repercutido en el "mito poderoso" (Gassert y Klimke, 2009, p. 7) o en la "batalla de la interpretación" (Cornils y Waters, 2010, p. No es posible regresar a los hechos prescindiendo de las representaciones o interpretaciones del 68, que habrían devaluado el carácter mismo de esos sucesos, porque la interpretación arranca del propio 68, es parte del acontecimiento en todo su espesor, no únicamente un componente necesario de cualquier memoria (Bénéton y Touchard, 1970; Dosse, 2010). Por ello, resulta poco consistente la tesis de una historia oficial o de un consenso actual en torno a la memoria del 68 francés, enfatizada por Reynolds, cuando se reconoce al tiempo que, no solo no ha habido ninguna conmemoración oficial patrocinada por el estado, sino que mayo ha sido una fuente constante de discusión y proliferación de ideas, y que por la misma dificultad del tema no se ha llegado a un acuerdo real sobre la cuestión de la interpretación (Reynolds, 2011, p. En las páginas que siguen, se pretende profundizar en esta última dimensión. Se valoran por una parte algunos aspectos de los sucesos de mayo íntimamente ligados con las ideas, con objeto de determinar desde dentro la relación entre la doble explosión de la palabra y la acción que significó de modo particular el 68 francés. Ello permitirá una aproximación más medida a la cuestión de la correspondencia entre pensamiento y movimiento, o de manera más concreta al papel ejercido por los intelectuales en los años 68, antes o después del epicentro de mayo. Con esta perspectiva, será más fácil calibrar hasta qué punto el debate intelectual mantenido por el ritual de las conmemoraciones ha acabado construyendo una ideología o un pensamiento separado del movimiento y difuminador de sus principales contornos. O si, por el contrario, cabe concluir en torno al legado actual del 68, quintaesencia de su memoria, por encima de la radical contraposición entre el mito y la crítica, que tiende a obviar el carácter de la hipercrítica como generadora de nuevos viejos mitos. LA LIBERACIÓN DE LA PALABRA El tema de la concordancia entre pensamiento y acción, y la necesidad en cualquier caso de pensar el acontecimiento, más allá de las categorías ideológicas utilizadas por algunos líderes de la revuelta, se plantea desde el primer momento. La elaboración apresurada de Cohn-Bendit, el referente emblemático del 68 francés, cediendo a los imperativos de la inmediata mercantilización del producto (Cohn-Bendit, 1968, p. 7 y pp. 11-12), se afanó -empeñado en darle la vuelta a432 a Lenin-en la presentación farragosa del gauchisme como remedio a la enfermedad senil del comunismo, sin detenerse realmente en las causas del malestar de estudiantes y obreros ni en su forma de expresarlo. Mayor alcance y agudeza, aun en la apelación al mito, refleja la mirada reflexiva vertida entonces por Michel de Certeau (1968, p. 27): "En mayo pasado, se tomó la palabra como se tomó la Bastilla en 1789". Heredero el 68 en Francia de las tradiciones revolucionarias liberales y proletarias del pasado, "el lenguaje de las revoluciones no se aprecia como nuevo hasta que han terminado", escribió a su vez el historiador y activista Vidal-Naquet en la introducción del Journal de la Commune étudiante (1969). Desde esa perspectiva, el 68 se presenta y recobra actualidad como una liberación de la palabra, la reivindicación del "derecho a hablar" de todos, pero en nombre propio, desde la afirmación de la singularidad. Por primera vez, una revolución social se vuelve un fenómeno de lenguaje, que resulta al mismo tiempo un desafío político (Loyer, 2008, p. La efervescencia de mayo constituyó el "festival de la palabra agente", en todas sus variedades ("de líderes y anónima, de estudiantes y obreros, verbalizada y mural, poética y política, pedagógica y mesiánica, la palabra sin palabras y la palabra ruido"), apuntó Nora (1972, p. Esa dimensión de la palabra en acción, lejos de negar el acontecimiento se integra en él, reforzando desde este plano performativo su misma significación. Más allá de la gestualidad de la calle, es a través del trabajo de la palabra y de la escritura libres como mayo entronca con la mitología revolucionaria, manifestando una voluntad histórica de ruptura: para la propia retórica libertaria, reconquistar la palabra y reescribir de nuevo es hacer (Combes, 1984, p. Una ruptura simbolizada en el rechazo de la sociedad de consumo que, como recogió Certeau, está cuestionando no ya los presupuestos del régimen político, sino las bases del sistema entero que la sustenta. La palabra impertinente y excesiva, como nueva arma simbólica, se convierte en una fuerza de emancipación política y hace del 68 toda una experiencia cotidiana de la política (Canut, 2011, pp. 11-12 y p. La abolición del silencio, la palabra desatada en la calle contra el sistema de relaciones jerárquicas, la invasión del poder y los valores tradicionales responde antes que nada a la propia necesidad de liberar el malestar acumulado. "Teníamos una idea bíblica de la palabra" (Daum, 1988, p. No fue el pasatiempo de los pasivos, ni la libertad formal concedida a los impotentes (Cusset, 2008, p. 130), contestan los mi-litantes a sus críticos. Uno de los primeros fue Aron, para quien ese "maratón de palabras" era simple palabrería emocional (Aron, 1968, pp. 31-32). El mito de la barricada cobra así un nuevo sentido: pierde su utilidad militar para entenderse como la "delimitación de un lugar de la palabra, de un lugar donde el deseo puede inscribirse y llegar a la palabra", suprimiendo las barreras internas (Geismar, July y Morane, 1969). Un grafiti parisino lo expresaba claramente: "La barricada cierra la calle pero abre la boca" (Rohan, 1988, p. Se convierte en la expresión de un aire de libertad, de un ansia de vivir y de cambiar el mundo, de un compromiso contra el conformismo creado por el propio consumismo que comenzase por vivificar el lenguaje (y la universidad), devolviendo a la palabra toda su verdad y poder. Como es sabido, el lenguaje vital del 68, antes que en boletines, papeles y manifiestos, se plasmó en los muros de París. Para que las palabras no se las llevara el viento. La ciudad como libro colectivo (Combes, 1984, p. 114 y pp. 121-122), aparentemente elaborado sin orden ni concierto, ni finalidad alguna, contiene la "palabra salvaje" (Barthes, 1968, pp. 109-110) de las auténticas fuerzas vivas anónimas del movimiento, multiplicando el rol de escritor público, en su intento de producir discurso contra el orden establecido o simplemente de desenmascarar a través del humor, la parodia, la paradoja o lo insólito los límites de todos los viejos discursos (Vivero, 2011) 1. Este es sin duda más ideológico, pero no más representativo del fenómeno, y evidentemente menos novedoso. Su análisis combate una imagen forzada del 68 como rebelión de una juventud poetizada y niega a los estudiantes una verdadera dimensión de sujeto político para reivindicar el movimiento de masas y el protagonismo obrero (Ross, 2002(Ross, /2008, pp. 388-391), pp. 388-391), como ya hicieran los principales grupos gauchistes después de los sucesos (Sánchez-Prieto, 2001, pp. 121-123). Los estudiantes abrieron y ofrecieron la palabra a los intelectuales y obreros, pero lo cierto es que el gauchisme tuvo dificultad para articular esa palabra liberada. Si los jóvenes manifiestan el deseo de romper definitivamente con lo ya dicho, los obreros tuvieron mucha más dificultad para prescindir del lenguaje instalado en su propio medio (Canut, 2011, pp. 19-20). El movimiento del 22 de marzo buscó el engarce de estudiantes-obreros a través de los comités de acción, a432 nuevas formas de organización al margen de los grupos políticos existentes, con el fin de que la "voz de los trabajadores domine por fin la mentira de la burguesía" (citado por Duteuil, 2008, p. Sin embargo, su presencia dentro de las empresas y lugares de trabajo será muy escasa, lo que no afecta a la magnitud y éxito de la huelga obrera. Al margen del grupo surgido en Nanterre, fueron los situacionistas quienes más próximos se mostraron del lenguaje nuevo de mayo, inspirando una parte significativa de aquellos grafitis. Inscripciones como "Queremos vivir", "Vivir sin tiempos muertos", "Toma la vida", "El aislamiento alimenta la tristeza", "Sed solidarios y no solitarios", "La cultura es la inversión de la vida", "Creatividad, espontaneidad, vida" 3, resumen bien esa presencia y el propio objeto de la liberación de la palabra: poner el lenguaje al servicio de la vida 4. La crítica situacionista del arte y la cultura separados de la vida repercute en una crítica de la política, que es al mismo tiempo una llamada a la política creativa -no reducible a la poesía revolucionaria-con objeto de favorecer una "intervención creativa directa en la realidad" que disponga la vida cotidiana en el centro de la cuestión social (Ghirardi, 2003, pp. 15, 23-25). Esta voluntad de vivir y de forjar una nueva civilización que trascienda la cosificación económica, está en la base de la politización masiva de los jóvenes alrededor del 68. Ello conllevará después de los sucesos -superada la hostilidad y la parálisis iniciales de los viejos partidos frente al movimiento-una transformación de las propias organizaciones políticas de juventud, tanto en las formaciones de derecha como de izquierda, fomentando la participación y el compromiso, lo que contribuirá a una renovación de la democracia interna, aunque el recorrido resultase efímero (Dubois, 2014, p. Tampoco la Internacional Situacionista sobrevivió al post-68, aunque el núcleo de sus ideas, así como la invocación a una nueva política sensible a la vida de la gente, tenga en la actualidad vigencia, por encima de los grupos o líderes políticos que aparentan capitalizarlas, y de la conexión real que quepa establecer con los trabajadores. EL PAPEL DE LOS INTELECTUALES El papel jugado por los intelectuales antes y después de mayo sigue provocando controversia. La primera cuestión que se plantea son los referentes teóricos de los estudiantes y los posibles inspiradores ideológicos del movimiento, o al menos de los principales grupos gauchistes (troskistas, maoístas, situacionistas). La se-gunda, y quizá más importante, la incidencia de los hechos en el debate ideológico inmediato y en la activación del pensamiento post-68. Los nombres que suelen barajarse, con mayor o menor fundamento, se confunden (Bourdieu, Castoriadis, Debord, Althusser, Marcuse, Sartre, Lacan, Foucault, Deleuze, Derrida, etc.) y ello ha contribuido a que se haya podido hablar de manera genérica de un pensamiento 68 5, que no ha hecho sino prolongar la polémica y la batalla de la interpretación al filo de las conmemoraciones. En cualquier caso, al igual que el movimiento evidenció una enorme diversidad, si no cabe establecer un pensamiento unificado de la protesta, ello no impide valorar el mayor o menor peso y proyección de unas ideas respecto a otras. Algunas individualidades han recibido mayor atención. La obra Les Héritiers de Bourdieu y Passeron (1964), denunciando los obstáculos que dificultaban el acceso de determinados grupos sociales a la universidad (o a centros concretos) y su éxito académico, fue señalada por Aron como uno de los catalizadores de mayo, aunque recientemente Cruel ha criticado sus tesis -reelaboradas por Bourdieu (1984) en el Homo academicusrebatiendo su influencia en el origen de la crisis y en la radicalización de los activistas, supuestamente amenazados en su promoción social y futuro profesional (Cruel, 2004, pp. 47-50, pp. 61-62 y pp. 159-161). Por otro lado, Althusser (para el retorno a Marx) y Lacan (para el retorno a Freud) continúan siendo evocados por antiguos activistas como los principales referentes intelectuales del laboratorio de reflexión que fue l'École normale supérieure (donde también emergía Derrida entonces), muy politizada en los 60, en la estela de las guerras de Argelia y Vietnam, pero carente del dinamismo del foco principal estudiantil de la Sorbona (Delacroix, 2015; Dubois, 2010, pp. 193-195). Los maos de la calle Ulm, pese a su inspiración althusseriana, se implicaron poco en las jornadas de mayo, a diferencia de los troskistas, visibles estos en las barricadas. Será después de los sucesos cuando los maoístas concedan importancia a la fusión de estudiantes y obreros, queriendo establecer el paralelismo con el mito de la gran revolución cultural proletaria china, y alcanzando protagonismo durante la contestación de los años posteriores (Le Goff, 1998, pp. 173-181). Sartre, encarnando la figura del intelectual total, ha pasado como el verdadero puente intelectual del 68 que establece la conexión entre la atmósfera pesimista de la posguerra y los nuevos vientos optimistas de cambio. Alumno y maestro del gauchisme, quiso ser el a432 filósofo del movimiento, siempre a la búsqueda de la buena revolución y del nuevo intelectual comprometido (Delannoi, 1989, p. 26 y pp. 31-32), aunque quizá quien mejor encarnó ese compromiso revolucionario con los jóvenes -alimentando la unidad de acción entre estudiantes, obreros y escritores-fuese Maurice Blanchot (Brillant, 2003, p. Sartre no gozó del favor de los situacionistas y, después de entrevistar a Cohn-Bendit 6 y de consignar su percepción de los hechos (Sartre, 1968), no ocultaría su proximidad con el maoísmo en los primeros años 70. Si Sartre fue pontífice, Marcuse ha sido referido como profeta del 68 -las tesis de su libro El hombre unidimensional (1964) habrían quedado confirmadas por la revuelta-, aunque últimamente se niegue con determinación su proyección en el escenario francés (Duteuil, 2008, p. 192), desconociendo muchos datos al respecto: su misma presencia en París en el corazón de mayo o la referencia a su pensamiento en los muros de la ciudad. La obra de Marcuse adquirió una audiencia masiva después de los sucesos, pero se traduce y difunde en Francia durante las jornadas de mayo, y en la Sorbona ocupada por los estudiantes se leía mucho. Tampoco puede obviarse la cercanía del pensamiento de Marcuse, en aspectos esenciales, con los postulados situacionistas (Combes, 1984, pp. 87-90 y p. 110), aunque estos tuvieran en La sociedad del espectáculo de Debord (1967) y en el Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones de Vaneigem (1967) sus referentes inmediatos (Chollet, 2015). Fuera de planteamientos causalistas, el gran rechazo a la sociedad industrial avanzada que preconizaba Marcuse se hizo particularmente visible en el 68 francés, aunque el primer sorprendido por la coincidencia entre algunas de las ideas que sugirió y las formuladas por los jóvenes fuese él (Marcuse, 1969, pp. vii-x). Marcuse no había valorado en su libro de 1964 las potencialidades revolucionarias de la juventud y hubo de revisar a la luz del 68 francés la desconsideración efectuada de los trabajadores como sujeto revolucionario en el presente, cuestión central en el debate mantenido en el seno del marxismo durante los Treinta Gloriosos y que se superpone a la propia discusión sobre el 68. En vísperas del 68, Marcuse, preguntado en Berlín por la alternativa concreta a la sociedad existente, contestaba: "es por el momento la negación, pero en la negación misma se encuentra ya lo positivo". Certeau viene a coincidir con él cuando tras la experiencia de la toma de la palabra afirmaba: "lo que ha sido vivido positivamente no ha podido enunciarse más que negativamente". Marcuse no avanza en este punto después de mayo. Esta indefinición de la alternativa es lo que empuja a Aron a argumentar sobre la inexistencia de la revolución del 68, pues no considera alternativa real los planteamientos de corte anarcosindicalista formulados entonces. Y dialogando con Marcuse, insiste en que el rechazo de la sociedad de consumo no define un objetivo, sino que "expresa una revuelta emocional y moral que no puede traducirse en un programa político" (Aron, 1968, p. Observación que recobra hoy validez, en determinados contextos, aunque pueda matizarse. Touraine -el maestro de Cohn Bendit en Nanterre-se apresuró a anunciar un "nuevo período de la historia social" donde las nuevas luchas sociales no estarían protagonizadas por la "élite obrera", pero tampoco es capaz de precisar mucho más, todo estaba por descubrir: comenzaba ahora, "a la luz de mayo", un "largo trabajo teórico y práctico" (Touraine, 1968, p. El 68 hizo entender en la calle, y ayudó a replantear, cuestiones sobre las que trabajaban los intelectuales, como eran las mismas relaciones entre lenguaje, poder y política; los límites de los actuales modelos de organización económica; las nuevas exigencias de emancipación o la naturaleza de los nuevos movimientos sociales. Fue el 68 quien movilizó a los intelectuales, no al revés, llevando a la politización del propio discurso filosófico (Pinto, 1989, p. 45) y al compromiso de aquellos de permanecer junto a quienes luchan contra el poder y la represión, en lugar de caer en la "indignidad de pretender hablar por ellos" (Foucault-Deleuze) 8. A la liberación de la palabra siguió la conceptualización de la liberación del deseo, como requerimiento de una voluntad libre. Distanciándose de Lacan, la obra de Deleuze -descubridor de Nietzsche en Francia-aliado con Guattari adquiere significación en ese sentido. El deseo no como carencia sino como producción y extensión del campo social, y aun como "instancia revolucionaria" contra el dominio del interés en la sociedad presente (Deleuze-Guattari, 1972, pp. 36-37, p. La revolución se sostiene en el deseo, no en el deber. La contestación gauchiste post-68 beberá también en estos autores y en Foucault (1975) para decretar la liberación del cuerpo, entronizado como "máquina deseante" una vez desembarazado del sujeto (Courtine, 2011, pp. 282-283) 9. Desde aquí se explica mejor el alumbramiento del feminismo en Francia, inexistente como tal en el 68, según han valorado señaladas activistas (Formaglio y Lechevallier, 2010, p. 170 y pp. 174-176), y su repercusión en la implosión del gauchisme 10. a432 La radicalización del deseo como apología de la subversión general acabó evidenciando el carácter de la contracultura -en Francia y fuera de ella-como negación de una acción auténticamente innovadora. Marcuse criticó enseguida el "radicalismo inapropiado" de determinadas manifestaciones contraculturales e hizo ver que la revolución "no es nada sin su propia racionalidad" (Marcuse, 1972, p. 132), lo que suponía igualmente un reconocimiento de la crisis teórica del marxismo, agravada tras el movimiento de mayo. El neomarxismo revolucionario pretendido por Althusser -en clave de antihumanismo teóricohabía quedado desbordado por el propio imaginario del 68. Ya antes de esa fecha, Castoriadis había defendido el abandono de Marx en favor de la revolución, inspirando a sesentayochistas como Cohn-Bendit. Trasladando junto a Morin y Lefort su visión de los acontecimientos, Castoriadis se opuso a cualquier comparación de mayo con la revolución cultural china y exaltó la autogestión -la plena autonomía individual y social, y la exigencia de "la elección y la revocabilidad permanente" de cualquier responsabilidad (Morin, Lefort y Castroriadis, 1968, p. 108)-como reverso de la lucha contra todas las jerarquías y las burocracias, idea que conduciría a la propia fragmentación y descomposición de los grupos gauchistes (hasta disolverse en la cultura posmoderna). Independientemente de la audiencia conseguida durante el post-68, la voluntad de estos autores de llevar la crítica al marxismo y el totalitarismo "hasta el núcleo de la teoría marxista" (Lefort, 1971, postfacio) tuvo particular eco y traducción después de 1975, coincidiendo con la irrupción en el debate de los nuevos filósofos, quienes acabarán perfilando el nuevo tipo del intelectual mediático e introduciendo también un nuevo sesgo en la discusión sobre el 68, en las proximidades de la primera conmemoración. CONMEMORACIONES Y REINTERPRETACIONES DEL 68 Hacia 1975 se produce un verdadero cambio de telón. En sus distintas vertientes, el gauchisme político y el mismo debate ideológico post-68 desarrollado dentro del cuadro marxista-libertario, se diluyeron con relativa facilidad. La llamada nueva filosofía, articulada en 1975-1976 alrededor de nombres como Levy, Glucksmann, Jambet o Lardreau, alcanzó enseguida gran difusión editorial y mediática, y condicionaría la conmemoración de 1978, al tratarse de antiguos gauchistes (maoístas en su mayoría) que de alguna manera se declaraban los herederos del movimiento, estableciendo y rompiendo relaciones con el pensamiento de los 60 y primeros 70 11. Con ellos la crítica sesentayochista del poder adquiere un aire tremebundo, presentado el estado como la nueva encarnación del mal, al tiempo que establecen un vínculo directo entre marxismo y Goulag, utilizando a Solzhenitsyn, para recuperar el discurso de los derechos humanos frente a la "extrema izquierda reaccionaria" o el "fascismo marxista" (Glucksmann, 1975; Glucksmann, 1977; Levy, 1977) 12. La lucha antiautoritaria se transforma en lucha antitotalitaria. 41), y detrás otros autores, los nuevos filósofos habrían borrado las huellas de mayo, siendo por ello los principales responsables de la distorsión de su ideología y legado. La primera manifestación del giro interpretativo es la "modesta contribución" de Regis Debray (1978) al décimo aniversario. Según este antiguo guerrillero encarcelado durante mayo y más tarde colaborador de Mitterand, el 68 provocó un cortocircuito entre las dos Francias, la nueva y la vieja: la Francia dinámica y expansiva desde el plano económico, y la anquilosada atendiendo al marco socio-institucional y a las mentalidades. Un cortocircuito que obliga a revisar la instalación, no a cambiar el sistema. Convencido de la indestructibilidad del mismo, considera que los sucesos del 68 abrieron una nueva vía al desarrollo del capitalismo y la democracia, de ahí que mayo pueda entenderse como la revolución cultural del capitalismo, apunta Cassen (1978, septiembre) a raíz del libro. Y aludiendo indirectamente al paralelismo establecido por Certeau entre la toma de la Bastilla y la toma de la palabra, concluye Debray: "Mayo del 68 es la cuna de la nueva sociedad burguesa". Lo importante, considera, es lo que la historia ha hecho del movimiento, y no lo que este ha creído hacer 13. Muchos militantes pudieron sentirse huérfanos (Guillebaud, 1978). La polémica abierta por Debray llega hasta el 20.o aniversario. En su análisis había valorado igualmente el significado del 68 como emancipación del individuo dispuesto a "liquidar las dos religiones solidarias y concurrentes de la nación y el proletariado" (Debray, 1978, p. Lipovetsky, perteneciente a la segunda generación de los nuevos filósofos, desarrolla ampliamente la cuestión haciendo del 68 el catalizador del individualismo narcisista triunfante en los años 80. Aunque parte de la noción de Tocqueville -el repliegue egoísta del individuo sobre la esfera privada-para definir el fenómeno, Lipovetsky no discute el carácter movilizador y participativo del 68. Esa es una dimensión del hecho, pero históricamente la más significativa fue otra, lo que tuvo de explosión individualista. La misma reacción antijerárquica y la liberación de la palabra que traduce el movimiento, son signos de un a432 individualismo transpolítico inseparable de la reivindicación de la independencia personal. El 68 provoca así una reevaluación de lo privado, lo que supone un salto adelante en la lógica individualista: el derecho a la libertad, en teoría ilimitado pero hasta ahora socialmente circunscrito a la economía, la política o el saber, se extiende a las costumbres y alcanza el ámbito de lo cotidiano (Lipovetsky, 1983). Al margen del recorrido del debate, no puede obviarse la raíz individualista propia del pensamiento libertario que incorporó la llamada a la revolución de la vida cotidiana realizada por los situacionistas, junto a su apoyo a la causa obrera y la autogestión (Ghirardi, 2003, p. Tampoco debe ignorarse que fue Marcuse posiblemente el primero en percibir la esencia del 68 en clave de advenimiento de un nuevo individualismo (Sánchez-Prieto, 2014, pp. 89 y ss.) 14. Luc Ferry vino a prolongar los desarrollos de Debray y Lipotvetsky, concitando la mayor parte de las críticas posteriores por su pretendida invención de un pensamiento 68 alejado de los hechos y los actores (Ferry y Renaut, 1985), aunque no se ha retenido tanto el diálogo que mantuvo con Castoriadis -fiel este a sus principios-, forzando la interpretación del 68 en clave liberal 15. Para Ferry, el 68 se sitúa a medio camino entre las grandes revoluciones del siglo XIX y el nuevo individualismo de los 80, y como aquellas -por eso su reiteración-no llega ni a romper el sistema que rechaza ni a inscribirse verdaderamente en formas institucionales nuevas 16. Siendo el 68 un movimiento esencialmente antijerárquico y antitradicional -lo cual comparte Castoriadis entendido desde la socialización-, aquel no se encarnó políticamente sino socialmente, sostiene Ferry. La primera crítica a Lipovetsky y Ferry durante el vigésimo aniversario provino de un antiguo trotskista (socialista a partir de los 80), Henri Weber, pero fue bastante contenida, pues se acababa asumiendo la interpretación individualista, aunque matizada. Frente al individualismo egoísta tocquevilleano del primero y el individualismo revolucionario del segundo, Weber (1988/1998) contempla un individualismo propiamente democrático compatible con las ideas comunitarias y solidarias. La crítica más dura la formulará tardíamente Ross, como si quisiera entrar a destiempo en el debate, reaccionando contra lo que considera la despolitización de mayo, reducido en los 80 a una pura cuestión cultural o de costumbres, aunque curiosamente sus referencias a Ferry se ciñen únicamente a las tesis del autor sobre el pensamiento del 68 17. En su cruzada contra el legado interpretativo del 20.o aniversario, Ross incluye igualmente la obra de Hamon y Rotman (1987-1988), a la que responsabiliza de haber fabricado una imagen elitista del 68, a partir de un grupo pequeño de supuestos héroes, que deja de lado la experiencia de miles de personas, para afianzar la idea romántica de una revolución puramente cultural alejada de las masas y de la política colectiva. Sin negarle valor académico, el trabajo de Ross no oculta -como han puesto de manifiesto otros historiadores (Gildea et al., 2013, p. 284)-una intención política de reformular el proyecto del 68 para hacerlo efectivo en el presente. O lo que es lo mismo, una voluntad de revivir el mito. 45), para quien desde el vigésimo aniversario no se habría prestado ninguna atención a este debate inconcluso de las interpretaciones del 68, lo cierto es que este no se detuvo y acabó consagrando el giro cultural, en la percepción y valoración del 68, durante el 30.o aniversario, fuera del cuadro del individualismo humanista de derecha y del propio ámbito francés. Las obras de Le Goff y Marwick -ignoradas por Ross-son importantes en este contexto. La primera supone una mirada crítica desde la izquierda y para la izquierda, centrada en los efectos disolventes de la contracultura gauchiste, que hace del 68 una "herencia imposible". Le Goff se opone así a cualquier lectura positiva del acontecimiento en términos de modernidad (o posmodernidad) cultural. El 68, arrastrado por el mito revolucionario y la pasión de vivir, hizo de la autonomía individual un absoluto que se vuelve contra cualquier estructuración y mediación social, así como contra cualquier sentimiento de obligación o deber con respecto a las generaciones pasadas y futuras. Los ochenta, en su componenda liberal-libertaria de trasfondo económico, no han definido la verdad del 68. Es preciso superar el "síndrome del tabula rasa" y la instalación en el nuevo conformismo para reconstruir los fundamentos culturales y éticos de la convivencia, explorando nuevas vías de compromiso de la ciudada-a432 nía con la política y el Estado, concluye (Le Goff, 1998, pp. 16-19, pp. 350-351 y pp. 457-464) 18. Por su parte, la obra de Marwick (1998), sin limitarse al caso francés y situada al margen de la polémica francesa, tuvo el poder de disolver los aspectos más criticados de la contracultura en una amplia y generosa comprensión de los años 60 como revolución cultural, haciendo valer a la postre la interpretación culturalista del 68. Dentro de una gran floración de títulos y reediciones 19, el 40.o aniversario evidenció el juego de interpretaciones y memorias enfrentadas, antes que la cristalización de cualquier consenso. La irrupción de Sarkozy, durante la campaña presidencial de 2007, prometiendo "liquidar definitivamente" el 68, incorporaba la mirada del acontecimiento desde el poder, emulando a de Gaulle, con miras a rentabilizar políticamente la interpretación más crítica del 68. La imagen a su lado de Glucksmann -símbolo de los nuevos filósofos treinta años antes-reforzaba el efecto. Y Cohn-Bendit (2008) no desaprovechó la celebración para rubricar en términos personales su prolongado Forget 68. Había que enterrar la memoria del 68. Audier, en su afán de esclarecer la trama intelectual de dicha involución, incide en el mito del ilocalizable pensamiento 68 para construir la genealogía de 'un' pensamiento anti-68 que queda expuesto a la misma crítica comúnmente realizada a Ferry, aunque intente soslayarla hablando de pluralidad en su seno (Audier, 2008, p. El otro frente del debate lo establecen quienes no se resignan a una simple rehabilitación cultural del 68 -la aceptación de la revolución de las costumbres y las mentalidades-, y espoleados por la obra de Ross y las nuevas movilizaciones sociales de mediados de los años 90 y primeros 2000, luchan contra el olvido y reivindican su proyección política actual. Las obras de Cusset y Duteuil, antiguos militantes particularmente críticos con la traición de la izquierda a la memoria del 68 (Cusset, 2008, p. 97), son significativas en ese sentido y continúan alimentando el ideal de ruptura frente al reformismo acomodaticio. Contrariamente a lo indicado por Estas críticas de los fieles contra los renegados en el seno del viejo gauchisme han llevado a los propios historiadores a recuperar otras muchas voces anónimas, a los olvidados, y a reconstruir el perfil del activista. Voces que revelan una experiencia subjetiva del descubrimiento de la propia conciencia política; de implicación en una acción colectiva radical que se recuerda como un momento clave en la construcción de la propia identidad personal. Voces que evocan el sentimiento de injusticia social en el marco de la pros-peridad económica y la descolonización, por encima del anticapitalismo y antiimperialismo militantes. Voces que reviven la falla entre democracia y rigidez institucional; el aprendizaje familiar del antifascismo o el rechazo del acomodamiento de los padres; la actitud personal frente a la resignación religiosa o el ateísmo militante; la búsqueda de modos alternativos de vida; la experiencia de la sexualidad y su repercusión de prolongado alcance en el sentido del yo. Todo ello se mezcla de manera reflexiva en la fabricación de las distintas memorias individuales, componiendo historias de vida que no responden a un único patrón y que traducen la misma tensión y pluralidad de los debates públicos, al quedar expuestas igualmente a un tiempo político cambiante y transformador que obliga a rehacer el propio relato, integrando esa y otras experiencias vividas al margen del activismo en un todo más o menos coherente donde se resuelve finalmente la comprensión de uno mismo (Gildea et al., 2013, p. Es la misma dificultad que encuentran los historiadores para escribir la historia en tiempos de memoria 20, sometidos ellos mismos al poder del mito y de la crítica. A MODO DE CONCLUSIÓN: LA AMBIVALENCIA DEL LEGADO La pregunta se repite desde el día siguiente y presidirá seguramente la conmemoración del cincuentenario. El mito perdura y se fortalece de conmemoración en conmemoración, pero cuál es la verdad del mito del 68 y qué es lo que le hace vulnerable a la crítica, esas son las preguntas difíciles de contestar. Su romanticismo y mesianismo apelan a la búsqueda de sentido, a la posibilidad liberadora de forjar un mundo radicalmente distinto que mire a las personas y no a las cosas. "Lo posible, creado por el acontecimiento, quedó en suspenso" apunta Canut (2011, p. 25), dada la inconcreción política del movimiento y la ausencia de un lenguaje común, de ahí que las nuevas subjetividades surgidas con él no dejen de llamar a la puerta intentando llenar ese gran vacío creado por la mitificación. El 68 ciertamente no pertenece a nadie y por ello ha acabado erigiéndose en precursor de todo para gozar de perenne actualidad. De cualquier forma, hay aspectos que pueden retenerse. La movilización fue expresión de una poli-a432 tización masiva, que cuanto menos manifiesta una voluntad de presencia y participación ciudadana, de vivificar las instituciones tanto como el lenguaje, por más que la palabra liberada pueda perderse o vuelva a ser retomada por el sistema, como ya advirtió Certeau (1968, p. La palabra viva del 68, desactivada por el lenguaje gerencial triunfante en los 80, establece un doble compromiso con la creatividad y la crítica, entendidas como herramientas fundamentales para la construcción social, que mantienen su valor. No es un simple desahogo inconformista, ni una pura apelación a la libertad de expresión, que si por otra parte prescinde de la palabra de autoridad -y a ello también contribuyó el 68 con su rechazo de las jerarquías-, se convierte en vieja demagogia, como se comprueba hoy en el discurso de algunos grupos o movimientos que, en su origen, como el 68, hicieron de la calle un lugar de la palabra al que atender y escuchar. Con independencia de la existencia o no de un pensamiento 68 ligado al movimiento, no pueden ignorarse los efectos ideológicos del 68. Le Goff (2013) ha insistido en la influencia e impregnación actual del gauchisme cultural heredero de aquella revolución y en las fracturas que provoca en la sociedad (matrimonio homosexual, nuevo antifascismo, ecologismo mesiánico, educación de los hijos, posiciones identitarias, etc.). La sublimación subversiva del deseo hizo aflorar una cultura de la autenticidad donde el ser uno mis-mo en su propia singularidad se convierte en el valor supremo. Frente a la norma exterior, sea cual sea, se reivindica el derecho a afirmar la diferencia, sea cual sea. Las normas de vocación universal se eclipsan en beneficio de los particularismos, lo que dificulta seriamente la comunicación y el fortalecimiento del pensamiento: el pensamiento débil acaba identificado con el pensamiento correcto, soslayándose cualquier discusión sobre una política de límites 21. Esta es sin duda la parte más incómoda del legado del 68, y la que invita a reflexionar. De la dinámica de transgresión del orden establecido se ha pasado a la banalización actual de cualquier realidad, reducido todo a una única dimensión, que nos devuelve a la crítica marcuseana. El relativismo del 68 ha favorecido, por paradójico que pueda resultar respecto a la atmósfera en que se desenvolvió el movimiento, un nuevo conformismo -la instalación en el presente sin mayores expectativas de futuro-cuyos contornos ideológicos trascienden el individualismo liberal-libertario de los 80, tal y como sugiere Castoriadis (1997, pp. 32-47), al caracterizar el posmodernismo como conformismo generalizado. Esta ausencia de verdades madres facilita la disgregación de la comunidad, el abandono de la búsqueda de la unidad, y reduce la pluralidad a una amalgama (posmoderna) de espíritus que erosiona el sentido y el valor de la democracia. La actual amenaza o tentación populista, de derecha o izquierda, no es una casualidad. Véase el análisis que desde esa perspectiva hace la autora de no pocos de los eslóganes de mayo. Viene a reafirmar a Certeau, para quien un acontecimiento "no es lo que se puede ver o saber de él, sino lo que se convierte para nosotros" (Certeau, 1968, p. Para Marcuse (1972, pp. 48, 131), "no cabe ningún cambio social radical sin un cambio radical de los agentes individuales de cambio". En su concepción, la liberación individual debía trascender los límites del individuo burgués (determinado por la tensión entre la realización personal y el funcionamiento social), pero restaurando al mismo tiempo la dimensión íntima del yo creada en su momento por la "cultura burguesa". El análisis de Premat (2009) sobre las interpretaciones de mayo no sobrepasa los límites trazados por Ferry y Renaut en La pensée 68, sin explorar los efectos de la crítica al libro en la
El objetivo de este artículo es el de poner en valor la naturaleza política y teórica de la filosofía deconstructiva de Jacques Derrida, disociándola de una identificación simple con las críticas de la misma que se siguen del libro de Ferry y Renaut, y que en ningún caso hacen justicia a un intento tan sostenido en el tiempo de propiciar el cambio, la reflexión y la innovación en los más diversos frentes políticos y sociales. LA CARICATURA, EL PANFLETO Y LA MUERTE Si tuviéramos que hacer un relato de esto de lo que aquí vamos a hablar elegiríamos varios hitos, diferentes marcas para señalar las distintas, y a menudo distantes, etapas de nuestro recorrido. Como punto de inicio tomaremos una tira, una bande desinée aparecida en La Quinzaine Litteraire el 1 de julio de 1966 firmada por Maurice Henry. Otro hito importante sería la publicación en 1985 de Pensamiento del 68. Ensayo sobre el antihumanismo contemporáneo, de Luc Ferry y Alain Renaut. Y el punto final sería el 8 de octubre de 2004, con el fallecimiento del filósofo Jacques Derrida, vencido por un cáncer de páncreas. Aparentemente no hay ninguna conexión entre los tres acontecimientos. Y la verdad es que el vínculo entre ellos es bastante complejo, inaccesible a un examen sumario. He elegido el primer hito no por casualidad, sino porque define el impacto popular en los medios de masas de un estilo de pensamiento que, alejándose del marxismo, del existencialismo y de la filosofía católica en cualquiera de sus formas -desde el neotomismo de Jacques Maritain al personalismo de Emmanuel Mounier-, ha irrumpido bajo la etiqueta del estructuralismo en la escena cultural y cultual francesa. De hecho, los cuatro salvajes dibujados por Henry, representan a Michel Foucault, quien entre otras cosas pondría patas arriba las relaciones de la filosofía con la historia, a Jacques Lacan, que invita a una relectura de Freud con independencia de los senderos más pisoteados por el freudismo, a Claude Lévi-Strauss, al que debemos un relanzamiento de la etnografía en Francia, y a Roland Barthes, quien propone nuevas concepciones sobre qué significa leer y sobre las fronteras de la literatura. Una primera advertencia significativa es la de que entre estos taumaturgos, entre estos chamanes del nuevo pensamiento salvaje, abundan las ciencias sociales en cualquiera de sus formas, pero se echa de menos la filosofía. Para ser justos, dos de las personalidades principales del periodo que nos ocupa están ausentes de la viñeta y son, además, grandes amigos entre sí. Me refiero a Louis Althusser y a Jacques Derrida. Es obvio que en esa nómina de ausentes y presentes en la tira de caricaturas habría que incluir a Gilles Deleuze y a Félix Guattari, y a una lista casi interminable de sociólogos, pensadores y publicistas de la época. El segundo hito solo a primera vista resulta más sólido desde el punto de vista intelectual que el primero. En efecto, la publicación del ensayo de Ferry y Renaut no es tanto un acontecimiento filosófico como uno político, en el que, como es lógico y afín a la problemática de los 60, habrá que incluir la política académica, la restauración de los modos tradicionales de producción de conocimiento, así como la política editorial bajo los modos del capitalismo financiero. Luc Ferry pone en circulación no tanto un diagnóstico filosófico genuino, como tendremos ocasión de evaluar, cuanto un programa de anulación y desarme de la filosofía de izquierda, si es que no de la filosofía pública en general. En este sentido no es ni siquiera comparable a lo que pretendieron los llamados nuevos filósofos, quienes intentaron un espacio junto a la filosofía surgida del 68, ya que Ferry no pretende sustituir nada sino efectuar una enmienda a la totalidad, aunque para ello se valga de un viejo artefacto intelectual como el del antihumanismo, que habremos de revisar con mucha atención. También me adelanto a decir que Ferry y Renaut tuvieron éxito. Habrá que reconocerlo sin ambages. Muchas de las propuestas o actitudes de finales de los 60 estaban ya desarmadas por la fuerza de los acontecimientos. El socialismo era ya una empresa espectral, y no olvidemos lo que debe el pensamiento 68 a cierto apoyo institucional y a unas convicciones que eran desmentidas casi cada día por la práctica de la élite socialista. En el otro lado, justo al lado del propio Luc Ferry y de sus obvios compromisos políticos, el republicanismo de derecha abandonaba la excepcionalidad gaullista para caer en la dinámica bling-bling, esto es, en el exhibicionismo desprejuiciado de la riqueza y el mal gusto, en el que el italiano Silvio Berlusconi es verdad que iba bastantes pasos por delante de Nicolas Sarkozy. Por otro lado, los atentados del 11 de septiembre de 2001, uno de los últimos aspectos de la deriva del nuevo siglo sobre los que llegó a pronunciarse Jacques Derrida, provocaron un rearme de los esquemas de identidad menos inclusivos, de tal manera que la larga circularidad de terrorismo y nacionalismo reactivo no había hecho otra cosa que comenzar. Porque la muerte de Derrida es un final. Morir siempre lo es, de hecho el filósofo había dicho adiós a todos los grandes nombres de los 60. Incluso había tematizado en la muerte de su gran amigo Emmanuel Lévinas qué significa decir adiós. Del mismo modo en el que la inminencia del final se le aparecía en su última entrevista concedida como el desenlace de una guerra librada contra uno mismo, lo que no solo es una metáfora del cáncer sino también de la deconstrucción misma como una apelación a una responsabilidad ética indecidible, infinita. La muerte de Derrida es un final en otro sentido más radical. Nadie a433 como él había encarnado las luces e incluso los excesos de una edad que así se cerraba. Pero también, y este es el giro fundamental de nuestra contribución, nadie habría efectuado una crítica más inmisericorde de las ilusiones, de los espejismos y de las consignas en los que la verdadera fuerza inspiradora del 68 llegaría a perderse. Volviendo a nuestra anecdótica viñeta, la verdad es que el filósofo protagonizó durísimas diatribas con Michel Foucault y Jacques Lacan; el tercer chamán, Claude Levi-Strauss, jamás aceptó las alegrías con las que Derrida abordaba su trabajo en antropología, y puede decirse que solo mantuvo una tibia amistad con Roland Barthes. Al final, en el término, uno -también el propio Jacques Derridacomprende cuánto hay de efímero y qué poco de duradero en los asuntos humanos. E incluso advierte cuántas cosas no habría escrito ni dicho de todas las que ha escrito y dicho, forzado por las circunstancias o los compromisos. Esto explicaría el título de nuestro artículo y la petición de disculpas. Es verdad que nadie tiene derecho a pedir perdón por otro, así que he tomado por título una cita, una disculpa, una petición de perdón citada, porque el filósofo la expresó aquí y allá. Porque la multiplicó entre la imposibilidad de decir y la de no hacerlo o guardar silencio. Estos son los tres hitos de una historia, aunque yo no voy a contar una historia, o no de una manera sustancial. Porque se trata de pensar, de seguir haciéndolo, incluso en estos tiempos en los que el pensamiento parece un esfuerzo inútil, un injustificable retardo. LA ESCOLÁSTICA DE UNA ENEMISTAD CON EL PENSAMIENTO Gran parte de lo que hoy se recuerda por el público común de la filosofía de Jacques Derrida, y de la llamada deconstrucción, se debe a un panfleto, dado que no creemos que alcance la categoría de un ensayo de filosofía como tal. Se trata del libro que publicaron Luc Ferry y Alain Renaut La pensée 68, subtitulado de una manera tan aparatosa como reveladora, Essai sur l'antihumanisme contemporaine (Ferry y Renaut, 1986). Y digo que de manera reveladora porque la acusación del antihumanismo viene de muy lejos. De hecho es casi tan antigua como el llamado estructuralismo. Y hemos dicho "casi" porque justo en el año 1968 no puede decirse que todavía sea el del antihumanismo un aspecto recurrente en la crítica del estructuralismo. No, por ejemplo, en las dos sesiones públicas que se siguieron en febrero de aquel año en la Sorbona, y que estaban centradas en el tema mucho más técnico de la pertinencia o no del análisis sincrónico (estructuralista), frente al diacrónico o histórico (defendido, en este caso, por el teórico marxista franco rumano Lucien Goldmann) (Labrousse, Zazzo et al., 1969). En cambio, un año más tarde, y desde allí hasta la intervención de Luc Ferry y Renaut, la cuestión del antihumanismo está bien presente, como se recoge en un ensayo de Eugenio Trías de 1969, titulado Luz roja al humanismo, que es a su vez la presentación de un volumen de conjunto (VV.AA., 1969). Ferry y Renaut consideran, lo que en cierto modo es obvio, que el llamado antihumanismo tiene su origen en un libro de Michel Foucault publicado en 1966, que llegaría a ser muy popular Las palabras y las cosas. Sin embargo, a partir de aquí se inicia la especulación, porque subtienden la genealogía de ese antihumanismo a la influencia del filósofo alemán Martin Heidegger en Francia, lo que pone en el epicentro de este antihumanismo sesentayochista a Jacques Derrida. A este respecto conviene que deslindemos aquí la posición de Derrida con respecto al estructuralismo, ya sea el de Foucault, el del psicoanálisis de Jacques Lacan o el antropológico de Levi-Strauss. En medio quedaría el caso del antihumanismo de Louis Althusser, que es un caso con características particulares por muchas razones. Del mismo modo habrá que precisar a qué tipo de recepción de Heidegger se refieren Ferry y Renaut, y a qué recepción de Heidegger se opondría siempre Derrida en general. Digamos que el conjunto de la estrategia de Ferry y Renaut es el de identificar al pensamiento del 68 con el antihumanismo, del que es reo al menos parcialmente el llamado estructuralismo. En segundo lugar ese antihumanismo habría que localizarlo en la difusión de la filosofía heideggeriana en Francia, y Jacques Derrida sería el gran heideggeriano francés, luego Derrida es el pensamiento 68. Todo tiene el aspecto de una operación ad hominem, de hecho el propio filósofo tuvo la oportunidad de desmontar parte de la argumentación, y sobre la otra a estas alturas ya contamos con toda la información necesaria para hacerlo por nuestra cuenta. Así que vamos a detenernos un instante en la relación con cada uno de los protagonistas relevantes de la caricatura estructuralista no sin antes apuntar a la conexión entre la deconstrucción y el estructuralismo. Esta la expondrá Derrida en su largo diálogo con Elisabeth Roudinesco, que es también un reencuentro con una amiga alejada (Derrida y Roudinesco, 2001, pp. 19-27) y, aunque a regañadientes, un ajuste de cuentas con el libro de Ferry y Renaut, probablemente inútil, es verdad, porque no se trataba de un ataque filosófico propiamente dicho, pero sí muy rico en contenido para nuestros propios intereses: "Yo comencé a escribir a433 entre 1962 y 1966, en los [años en] que el estructuralismo era no solo un pensamiento sistemático, sino un nuevo pensamiento del sistema, de la forma sistémica, con la prevalencia del modelo lingüístico en Lévi-Strauss y en Lacan, ya sea con la complicación con la que cada uno afectaba a ese modelo". Y aquí, desde el principio, el homenaje, la recepción de la herencia, se confunden con la crítica. "Yo sentía, en verdad, la fecundidad y la legitimidad de ese gesto, en ese momento, como respuesta a los empirismos, a los positivismos o a otros 'obstáculos' epistemológicos". Este esperanzado optimismo juvenil se mezcla no obstante con un actitud por completo diferente. "Pero yo percibía no menos el precio a pagar, a saber, el de una cierta ingenuidad, la repetición un poco alegre de viejos gestos filosóficos, la sumisión un poco sonámbula a una historia de la metafísica de la que estaba entrenado a descifrar el programa, las combinaciones, todas las posibilidades a mis ojos ya agotadas, fatigadas. Creí poder discernir lo que este programa podría comportar de esterilidad, o de precipitado y dogmático". Entre esos motivos de distancia con respecto a la promesa estructuralista, precisamente cuenta, y mucho, la denegación práctica de la historia y de la fuerza del cambio. Pero, insiste Derrida, "yo no he dicho nada nunca contra el estructuralismo", lo que subraya Roudinesco citando una frase del filósofo en Fuerza y significación, que es un verdadero homenaje: "Si se retirase un día, abandonando sus obras y sus signos en las playas de nuestra civilización, la invasión estructuralista llegaría a ser una cuestión para el historiador de las ideas. De hecho, es muy difícil evitar la tentación de pensar que Derrida está imitando en este fragmento una de las especialidades de Michel Foucault, a saber, la de los pronósticos algo ampulosos. De hecho es un pronóstico ampuloso de Foucault el que dará origen a la leyenda del antihumanismo a la hora de abordar la filosofía estructuralista: "En todo caso, una cosa es cierta: que el hombre no es el problema más antiguo ni el más constante que se haya planteado el saber humano. (...) El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento. Y quizá también su próximo fin. Si esas disposiciones desaparecieran tal como aparecieron (...) entonces podría apostarse a que el hombre se borraría, como en los límites del mar un rostro de arena" (Foucault, 1966). Dos playas, dos rompeolas de profecía, pero a decir verdad la de Foucault es anterior a la Derrida. a433 Con Claude Lévi-Strauss nunca existió intimidad alguna, aunque es manifiesto que al antropólogo no le agradó en absoluto que fuese elegida su obra por un muy joven Jacques Derrida en el congreso de la John Hopkins University en 1966. Aparentemente se trata de una modesta comunicación, pero supone dos cosas fundamentales para el futuro desarrollo de la deconstrucción, a saber, la aparición de un discurso propiamente postestructuralista y la introducción de Derrida con extraordinario éxito en Estados Unidos (Derrida, 1972a, pp. 269-293). Afirmar el ocaso del enfoque estructural debido a su ausencia de centro, a la vez que se lo invoca con un gesto netamente metafísico, solo podía incomodar al más científico y menos espectacular de los estructuralistas. Una consecuencia no menos importante, pero mucho más complicada, de esta intervención americana sería la del inicio de una larga disensión con el psicoanalista Jacques Lacan, puesto que él mismo había participado en tal encuentro, cosechando lo que cuando menos podría describirse como un moderado fracaso, a pesar de sus más que notables esfuerzos por ganarse la simpatía del público (Lacan, 1972, pp. 205-220). Las diferencias con Lacan, aunque con un componente personal llamativo, tienen mayor alcance teórico. En particular advierte Derrida cómo el psicoanálisis de este último, aunque travestido de ambición filosófica, en realidad solo se sirve de los aspectos más pedestres y afines a la convención metafísica de una inspiración de Heidegger, con una perspectiva bastante ingenua sobre el sujeto y su relación con la verdad (Derrida, 1977b). Esta deconstrucción de la clausura metafísica del psicoanálisis de Lacan tiene su expresión más radical y agresiva en el comentario que se propone de una lectura privilegiada, a saber, la que el psicoanalista hiciese sobre el relato de La carta robada de Poe (Lacan, 1978). Digamos que esta crítica de la ilusión del análisis como una simple correspondencia o asimilación de la verdad, como una llegada a destino de la carta que permanecía en demora o souffrance, es lo que pone en un plano sustantivo el propio Derrida en la parte principal de su trabajo sobre el cartero de la verdad, y lo más importante es que no lo hace acudiendo a ninguna instancia externa al texto, sino a partir de una close reading, de una lectura más atenta de la obra de Poe que viene a inquietar la interpretación de Lacan (Derrida, 1977a). No estamos hablando de un escrito cualquiera del psicoanalista, sino de uno de los más brillantes y celebrados en la escena filosófica de aquellos años. En efecto, para Deleuze ese análisis de posiciones en torno a un objeto que circula, la carta o lettre, es lo característico de una perspectiva estruc-tural, de lo inconsciente estructurado como un lenguaje (Deleuze, 1982, pp. 569-599). Claro que esto no es sino el principio de una respuesta por parte de la deconstrucción al desafío que el psicoanálisis planteaba a la filosofía. La amistad y colaboración de Jacques Derrida con Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe se traduce en un demoledor escrito, en el que se acentúa la pertenencia estricta del pensamiento de Jacques Lacan a una matriz metafísica y al papel que juega cierta intromisión pedestre de Heidegger en ella (Nancy y Lacoue-Labarthe, 1981). Esta exposición del sistema Lacan, aparecida en 1973, tendrá un eco peculiar en el propio psicoanalista, a la vez complacido en su vanidad (casi infinita, todo hay que decirlo) e inquieto por la manera en la que se desmonta su presentación o apariencia filosófica (Lacan, 1981, p. Parte de esta diatriba tiene que ver con algunos modos de atribución por parte de Lacan de las inquietudes y contribuciones ajenas. Por ejemplo, del interés de Jacques Derrida por la escritura en Platón en su época más afín a la revista Tel Quel (Derrida, 1972b, pp. 77-213). De aquel mismo periodo proviene el énfasis, igualmente usufructuado de manera poco ética, por la chora platónica, que probablemente ha conocido Lacan o bien por la lectura del libro de entrevistas Posiciones, que le afectaba de un modo tan directo, o de su eco en Julia Kristeva, de nuevo en el entorno de Tel Quel (Kristeva, 1977, p. Aunque es verdad que Derrida tardaría mucho tiempo en publicar un desarrollo amplio de su lectura del Timeo platónico (Derrida, 1993a). 2 Y esto nos lleva a la relación de Derrida con uno de los pensadores más relevantes del 68, a saber, con Louis Althusser, con el que mantuvo una sólida y probada amistad a lo largo de muy dramáticas vicisitudes. Althusser, desde el marxismo más ortodoxo, supone la otra vuelta de tuerca al real o presunto antihumanismo estructuralista, singularmente en su afirmación de que la perspectiva materialista es la de la lucha de clases, entendida como un proceso sin sujeto ni fines (Althusser, 1974). Todavía en 1982, y frente a la interpretación, tan común dentro del marxismo estricto, de la deconstrucción como una especie de oscurantismo escolástico, Althusser defenderá lo que considera una verdadera radicación materialista del empeño de Derrida (Althusser, 1994, p. Por cierto que este reconocimiento no es separable de un interés del maestro marxista por Martin Heidegger. Es que el último aspecto de la crítica a Derrida vertida por El pensamiento del 68 se refiere a la identificación de ese constructo teórico con la recepción de a433 la filosofía de Martin Heidegger en Francia, y por lo tanto con la asunción de que este sea su intérprete privilegiado. Esto es una forma de omitir cuestiones más complejas. En primer lugar, si nos referimos a la influencia de Heidegger en el antihumanismo del 68, desde luego habría que mencionar la Humanismusbrief, dirigida por el pensador alemán a Jean Beaufret, y que plantea una ruptura con la interpretación dada por Jean Paul Sartre del existencialismo como una manera de humanismo. Es verdad que esta carta es fundamental para comprender qué sea la deconstrucción con respecto a la metafísica, dado que el reverso de la misma es también metafísico, por ejemplo al invertir la noción de esencia por la de existencia (Heidegger, 1991, p. No hay algo así como un afuera de la metafísica y desde luego no lo hay como su contrario, dado que la táctica de la inversión siempre está presa de aquello que se quiere invertir. Sabemos, sobre todo a través de la monumental biografía de Peeters, que Jacques Derrida no simpatiza en absoluto con Jean Beaufret y su círculo de allegados, que no solo parecía afecto de la pedantería de un culto idolátrico laico a Heidegger sino también de cierto antisemitismo casi nauseabundo. Y sin embargo Ferry y Renaut no yerran, o no lo hacen del todo, cuando asignan a la propia deconstrucción una genealogía heideggeriana. En efecto, la deconstrucción, en un sentido nada convencional, estaría relacionada con lo que en Ser y tiempo el filósofo alemán determinaría como la destrucción de la historia de la ontología (Destruktion der Geschichte der Ontologie), con ese célebre epígrafe seis de la Introducción. La Destruktion así entendida no tiene el sentido de quitarse de encima la tradición ontológica, sino el de acercarse hacia las experiencias originarias que llevaron a plantearse a los humanos el problema del ser. Esto conlleva mostrar la naturaleza derivada y secundaria de los conceptos metafísicos. Sin embargo "La destrucción no quiere sepultar el pasado en la nada; tiene una mira positiva: su función negativa resulta indirecta y tácita (unausdrücklich und indirekt)" (Heidegger, 1979, p. No obstante, y desde el principio, el abordaje de la filosofía de Heidegger que emprende Derrida no pasa sino por una deconstrucción de la misma, de todo lo que en ella permanece anclado a una ontología de la presencia, con un origen dado y alcanzable, así como con unos fines. En realidad el trabajo deconstructivo no tiene origen ni término, de ahí que privilegie la escritura, la differance, en lugar de una difference que pueda reducirse de manera más o menos obvia a la unidad. En este diferirse sin origen ni final de la escritura, entra en juego toda la dinámica de la huella o de la traza, en la que ocupa los primeros años de su producción Derrida, una vez que se ha desprendido de su inicial ocupación fenomenológica (Derrida, 1967, pp. 42-108). En cualquier caso lo que nunca fue Jacques Derrida, contra lo que opinan Ferry y Renaut, es un devoto heideggeriano. El hecho de que se rebelase a menudo contra aquellas formas de no lectura debidas a la condenada política del pasado nazi heideggeriano no significa en absoluto que intentase proteger u ocultar nada de ello, antes al contrario. Lo que sucede es que la deconstrucción nunca debe sustraerse al imperativo de la lectura y a la seriedad de la misma, si es que de verdad se pretende dislocar, inquietar o disociar los procedimientos convencionales de interpretación y transmisión. Lo demostraría, al producirse la enésima y más oportunista revisión biográfica -la de Víctor Farías-con un texto denso y cuidadoso que es sobre todo una lectura atenta y perturbadora del discurso del rectorado de Martin Heidegger, que en cierto modo también puede considerarse una actualización de la pneumatología, dado que se centra en la interdicción del uso sencillo de la noción de espíritu, y de cómo esta se vulnera en el discurso rectoral (Derrida, 1989a). A posteriori, el filósofo reconocerá que con el estructuralismo no mantiene en absoluto la misma distancia, sino que se separa de aquellos principales pensadores o bien por motivos de estilo o por bien por razones conceptuales. Cerca teóricamente de Foucault, de su análisis de dispositivos sociales y de sus efectos textuales. Bastante lejos del elemental retorno freudiano de Lacan y sin embargo muy cerca de su estilo y de su tratamiento cuidadoso de la lengua. Digamos que Ferry y Renaut fracasan en su intento de construirse una imagen unívoca, del todo fantasiosa, de ese monstruo conceptual al que se oponen. Que la debilidad de la argumentación sea manifiesta no habría de impedir cierto éxito editorial y una no pequeña respetabilidad académica. Esto no se explica por razones intrínsecamente filosóficas, que no existen, sino de tipo sociológico. Habría que interrogarse por los cambios producidos en el capitalismo financiero y por la expansión de una ideología, la del neoliberalismo, tan absurda como la de la ortodoxia leninista y no menos mortífera que ella. Que la deconstrucción era incompatible con dichos cambios es lo que veremos a continuación, así que lo de menos es que el neo humanismo individualista que se postula como alternativa sea un subproducto ya deteriorado desde la misma factoría. Y es que no se trata con esta operación de sustituir una filosofía mala o perversa por otra mejor, sino de hacerlo por ninguna filosofía. A partir de 1981, esto es, de su ingreso en las mazmorras de la Checoslovaquia estalinista, el trabajo de Jacques Derrida sufre una aceleración casi desesperada, multiplicándose así en la exposición a los medios de masas y también en los compromisos sociales y políticos que la desconstrucción es capaz de asumir. Este cambio de ritmo es indiscutible, lo que no significa que haya una novedad radical en ello. La práctica textual, a la vez parsimoniosa y devoradora de prejuicios, tenía desde el principio, y el filósofo no se ha cansado jamás de repetirlo, un sentido político. Formaría parte de ese impulso mesiánico, en sí mismo no deconstruible aunque sí lo sean todos los mesianismos religiosos, ideológicos y sociales (Derrida, 1983). Es verdad que la bibliografía sobre este giro es relativamente pobre en España, al menos si la comparamos con la que existe sobre la primera etapa, y que todavía se parece a un ejercicio especulativo (Fernández Agis, 2010). De hecho sobre este desfase bibliográfico la propia deconstrucción de Jacques Derrida tendría mucho que decir, pues afecta a la propia industria universitaria, a sus modos de recepción y transmisión. Para todos los que la propuesta de Derrida no es clasificable con facilidad. Demasiado alejada de discursos antaño poderosos, como el marxismo y el psicoanálisis (a pesar de la profunda amistad con Althusser, o tal vez por ella misma) y un poco demasiado clásica en su manejo de la técnica del comentario. En otro sentido, bastante ajena al academicismo convencional, pues a diferencia por ejemplo de un Gilles Deleuze, lo único parecido a una monografía universitaria firmado por Derrida es una tesis bastante rigurosa y densa sobre la fenomenología de Husserl (Derrida, 1990a) que, aunque ajena por completo a la elaboración literaria del conjunto de sus obras, plantea un problema, el de esa incesante búsqueda de un comienzo originario dentro de la fenomenología husserliana, que no es nada extraño a la inquietud deconstructiva por un retorno y una dislocación sin término de la presunta apodicticidad, de la presencia y de lo tético en filosofía. Sostenemos que a partir de este giro ético y político es posible reinterpretar, y así lo hace el filósofo francés, lo sostenido a través de la deconstrucción en relación con ese presunto pensamiento del 68. En el caso del antihumanismo es preciso llevarlo más lejos del mero tachado estructuralista del subsuelo existencial o marxista clásico (Derrida, 1989c, pp. 145-174). Ahora y bajo diversos modos, ya sea como descentramiento de la conciencia en Jacques Lacan o como denuncia del dominio de unas ciencias humanas sin sujeto en Michel Foucault, lo que sobre todo prefiere percibir la deconstrucción es el "humanismo de otro hombre". Lo otro, como veremos, es lo incalculable, y el acontecimiento lo que viene o llega (Derrida, 1992c, p. Sería demasiado fácil objetar que esta ética de la alteridad tiene que ver con un interés tardío por Emmanuel Lévinas. No se trata de discutir la filiación de esta temática en el pensamiento de Lévinas, cosa que reconoce sin problemas Jacques Derrida. Es la naturaleza tardía de esa impostación la que puede rebatirse sin dificultad, dado que Violencia y metafísica, el primer ensayo dedicado al maestro, es del año 1963. Es decir, al principio mismo o desde el principio. No se pueden mostrar al detalle los innúmeros compromisos en los que se desarrollaría la filosofía deconstructiva. Uno de los fundamentales, que se vincula a cierta actitud crítica hacia el admirado Lévinas, sería el de una relativa afinidad con el feminismo (Derrida, 1987a), con la denuncia de la omisión de la diferencia y el género en favor de un falologocentrismo, dando de nuevo un giro de más a su deconstrucción del fonocentrismo, mediante el suplemento de la escritura, que acompañado en esto por Paul de Man, habría seguido hasta Jean Jacques Rousseau (De Man, 1979). En esa adhesión tendría un peso importante su amistad de larga duración con Hélène Cixoux, proveniente como él de una familia franco judía y argelina (Cixoux y Derrida, 1998). En cualquier caso se convierte en una referencia importante a la hora de interpelar al pensamiento desde una óptica feminista (Chanter, 1995). Y entre sus aportaciones en este terreno yo no pasaría por alto su sorprendente relectura femenina de la filosofía de Nietzsche, en torno a la pregunta "y qué si la verdad hubiese sido siempre mujer", ¿no afectaría esto a una metafísica de la presencia, de lo que se muestra o aparece a plena luz? Ese otro con respecto al sujeto del humanismo liberal no es solo la mujer sino incluso el animal. Derrida hablará a veces de un genocidio animal, sistemático y despiadado, aproximándose así a la lucha animalista, pero sin renunciar por ello -no lo hará jamás-a una reflexión de alto nivel a la vez que se afronta este aspecto de lucha, por ejemplo mostrando el extraño efecto de opacidad de nuestra propia desnudez ante la mirada de un animal (Derrida, 2008), o la responsabilidad sin límite a la que nos expone el cuidado de nuestro gato con respecto al resto de los gatos (Derrida, 1992a), como si al dar la vida a alguien necesariamente, y más allá de cualquier satisfacción, tuviésemos que señalar que estamos dando la muerte a muchos otros, como un innumerable reproche que a433 nos viene silencioso desde el otro. Este es un aspecto crucial de la deconstrucción, por lo que se refiere a todo tipo de compromiso ético. Me refiero a la naturaleza inagotable de la responsabilidad, esto es, a lo incalculable del efecto de nuestras decisiones y a la constricción con la que las efectuamos, lo que las acerca lógicamente a lo que en psicología cognitiva se denomina double bind, doble nudo o doble vínculo (Zoletto, 2003), uno en el que hagamos lo que hagamos lo hacemos mal. En nada se observa mejor este doble nudo, que a menudo llamará aporía, en un sentido clásico, que en el planteamiento político y filosófico del principio de hospitalidad, que es el de un mandato a la vez inevitable e insuficiente (Derrida, 1998a). Hay una antinomia insoluble entre la ley de la hospitalidad (incondicional) y las leyes o regulaciones de la hospitalidad, de tránsito o emigración (Derrida, 1997, p. Esa antinomia sacude en realidad los atributos del estado, de la nación, y plantea la existencia de ciudades-refugio. De tal manera que la ley incondicional sobrevive en esos burgos más allá, o mediante el desborde de las leyes condicionadas del estado-nación (Derrida, 1996a). Esa apertura hacia el otro, hacia el extranjero o extraño, no es independiente de lo que nos está dado esperar de nosotros mismos. Así que por este lado, por el de la arribada del otro, es nuestra democracia la que se pone a prueba, porque a diferencia de otros sistemas la democracia siempre queda para otro día, es perfectible, está por venir (Derrida, 1992b). A partir de esta idea creo que puede entenderse mejor la posición política del filósofo, y en particular su juicio en torno al 68: "No he sido nunca lo que se dice una persona del sesenta y ocho. Es verdad que he participado en aquellos momentos en las manifestaciones u organizado la primera asamblea general en la calle Ulm, pero me he mantenido en reserva, incluso inquieto ante una cierta euforia de espontaneidad, de fusión y antisindicalismo, ante el entusiasmo de la palabra por fin 'liberada', de la 'transparencia' restaurada, etc. Nunca he creído en esas cosas..." Conviene no perder de vista esta perspectiva y esta memoria escindida de esa ilusoria inmediatez. A menudo fue considerado con circunspección por otros actores debido a esa reserva, puede que hasta el final de su vida, por lo que resulta todavía más injustificada la acusación de Ferry y Renaut; una que podría haberse aparejado con más exactitud a Julia Kristeva o Alain Badiou, por ejemplo, quienes tuvieron una actitud hostil a menudo hacia el filósofo por su falta de entusiasmo revolucionario en aquella hora. No obstante, Derrida es consciente de que algo que viene de más lejos ha ocurrido entonces. A través de esa espontaneidad política ingenua se ponía en cuestión la legitimidad de las instituciones. Y en particular se producía una interrogación social, de facto, sobre el origen de los poderes de sanción, publicación y distribución. De ahí el interés temprano de la deconstrucción por lo que se llamarían contra instituciones, y en particular por el lugar de la filosofía, de la facultad de filosofía, dentro de la universidad, tal y como ya era planteado en la diatriba clásica entre Kant -quien era partidario de la presencia de la misma para preservar lo universal de la universidad-y Schelling, que abogaba por su desaparición o fusión entre todas las disciplinas (Derrida, 1984; Derrida, 1986; Derrida, 2001b). No obstante, el interés de Derrida era todavía de más largo alcance, y afectaba a la idea misma de la docencia y a la enseñanza de la filosofía en bachillerato, con la constitución del Groupe de Recherches sur l'Enseignement Philosophique (GREPH) (Derrida, 1982, pp. 57-108). Por no hablar de su compromiso personal con una contra institución como el Colegio Internacional de Filosofía (Derrida, 1998b, pp. 91-129). Podríamos multiplicar la exposición de los frentes de combate político: derechos de minorías, racismo, defensa internacional de los escritores, derecho y pena de muerte, etc., pero eso excedería los límites de este trabajo. Ese incesante activismo, que no renuncia en absoluto a la potencia especulativa, es el que incomoda al individualismo neoliberal, que solo aspira a una restauración del orden económico e institucional. En realidad la deconstrucción es incómoda en más de una dirección y por más de un motivo, dado que interrumpe o pone en suspenso las adscripciones políticas simples. Así se muestra en el debate, en algunos casos hasta furioso, que se levantó en 1993 con sus Espectros de Marx, que es una reivindicación de cierto espíritu de Marx frente al intolerante dogmatismo de un olvido, realizada precisamente por quien nunca fue militante comunista ni marxista teórico (Derrida, 1993c). Sobre esa furia yo subrayaría la violenta respuesta de Antonio Negri, a pesar de los más elementales principios de gratitud que le debía a Derrida, por la acogida e incluso refugio de este al inicio de su fuga de la justicia italiana. Dogmatismo y petrificación leninista obligan. Tampoco sus acercamientos a la democracia radical o al populismo de izquierda podrían ser muy fructíferos (Mouffe, 1998). De entrada, y sin mayores profundizaciones, de este populismo le separa la ecuación entre democracia y secreto que ha resaltado frente a la peligrosa utopía de la absoluta transparencia, que es en sí misma totalitaria (Derrida, a433 1994; Derrida, 1993b). A estas resistencias políticas, y a veces coincidiendo con ellas, se unen las más convencionales de escepticismo (Goodheart, 1991). LO REAL Y NOSOTROS QUE LO AMAMOS APASIONADAMENTE Una de las actividades más serias dentro de la filosofía europea es la de una restauración del realismo en ontología, singularmente la que se produce bajo la dirección del italiano Maurizio Ferraris, y que de manera explícita se presenta como una crítica a la deconstrucción de Derrida (Ferraris, 2010). Este nuevo realismo prestará una gran atención a los hechos sociales, a su naturaleza y a su inequívoca realidad diferente a la de los hechos físicos, como así sucede desde la filosofía analítica del americano John Searle (1997). Una diferencia no pequeña entre ambos es que Ferraris fue un gran amigo del francés mientras que la enemistad con el mismo es notoria por parte de Searle, y tiene que ver con el intento deconstructivo de hacer uso de la filosofía del lenguaje de John Austin, de quien el propio Searle se considera heredero intelectual (Searle, 1991; Derrida, 1990b). De hecho, y siempre según Ferraris, la eficacia de la deconstrucción en el desmontaje de las realidades que tienen que ver con la documentalidad, es inversamente proporcional a la misma cuando se aplica a otro tipo de realidades. El poder textual se transforma en impotencia (Scholes, 1985). Creo que es una crítica injusta. De hecho Derrida no ha dicho que no exista algo así como lo real. Que algo sea imposible, en el sentido en el que lo plantea, no lo hace menos real sino todo lo contrario. Es que lo real es lo que viene, lo que llega u ocurre de manera imprevisible, de una vez por todas. La deconstrucción de Derrida, aun admitiendo un cierto giro político, social y ético -uno que se identificaría como una aceleración de los ritmos e intervenciones, de las tomas de posición y las denuncias-no se sustrae con ello a un movimiento o a una posibilidad que estaba allí desde el inicio. Acercarse a lo real como lo que se acerca, como el acontecimiento, supone retomar la orientación inicial de la deconstrucción de Jacques Derrida, que era precisamente la de la fenomenología. El fenómeno es lo que se aparece. Es verdad que la ontología de la fenomenología de Husserl está determinada por una metafísica de la presencia, que es ontoteología de parte a parte, privilegiando el logos, el sentido, el estar sobre sí mismo o presente a sí del ser, etc. Esto es algo que, lejos de negar, enfatizaría una filosofía deconstructiva al abordar la perspectiva husserliana. De allí que se volviese a lo que problematiza ese discurso metafísico: la escritura, la huella, la diferencia, el género, etc. Por eso, y solo por eso, debido a razones estrictamente filosóficas, la deconstrucción siempre fue una política, incluso cuando lo que aborda políticamente es el discurso político o la ideología. No es casualidad que la deconstrucción haya estado tan lejos y a la vez tan cerca del marxismo revolucionario, del reformismo socialdemócrata o de la democracia radical populista, como que todos esos discursos, todas esas prácticas, todas esas ideologías obedecen, en un caso o en otro, a lo calculable, a lo previsible, a lo determinado y determinable. Lo hace, y de un modo superlativo, la ideología neoliberal, como si la dinámica del mercado estuviese más exenta de una metafísica de la presencia que la planificación socialista, por ejemplo. Por eso no es posible situar con precisión a Derrida ni en el acomodo de la revuelta ni en la seguridad de la reforma o en la arrogancia de la restauración derechista. A todo ello se opone lo que ocurre y lo hace de una vez por todas: "Intentar pensar el azar sería antes de nada interesarse en la experiencia (subrayo esta palabra) de lo que llega de modo imprevisible. Y con seguridad estarían inclinados a pensar que la imprevisibilidad condiciona la estructura misma del acontecimiento. ¿Un acontecimiento anticipable, y por lo tanto aprehensible o comprensible, un acontecimiento sin encuentro absoluto, es un acontecimiento en el sentido pleno de la palabra?" Lo previsto, lo presente en su anticipación está en lo horizontal de un horizonte, se anuncia o pronostica. En cambio el acontecimiento es el venir de la alteridad de lo otro. Pero eso otro, dice, y en esto muy pegado a la escucha de Emmanuel Lévinas, es vertical, viene desde lo alto. En realidad el otro es lo más alto. Con esta idea de la realidad imposible y de la responsabilidad sin límite hacia esa llegada de lo otro, de un otro que es también lo alto, es obvio que la deconstrucción -sin alterar en absoluto la laicidad de su pensamiento-se hace hospitalaria incluso con esa dimensión religiosa de la espera, del arriba, pero con la atención muy puesta en todo lo que en aquella dimensión pertenece a la misma clausura metafísica. Así a veces asocia la deconstrucción con todo lo que hay de negativo en la teología negativa, o incluso se abre a una cierta vitalización del agustinismo cristiano al reconstruir, al confesar, su biografía argelina (Derrida, 1991). Esta venida, lo que sale al encuentro, es el efecto del lenguaje, la lengua en efecto y afecto. A esto a433 ha dedicado innumerables páginas, pero a nosotros nos basta con resumir las finales de El monolingüismo del otro (Derrida, 1996b, pp. 125-128). La improvisación de cualquier inauguralidad es lo imposible mismo. La aporía permanece como un lenguaje imposible, ilegible, irrecibible. Por eso, dicho sea de paso, la existencia de la literatura, de su libertad de producción y distribución, no es un asunto entre otros, sino el asunto mismo de la libertad y del cambio. Gracias a esa lengua, que no es una dada, sino un acontecimiento prometido más que dado, a que hay la donación de la lengua, a que ella la lengua se da (escribe en alemán es gibt die Sprache). La lengua viene del otro, es la venida del otro. Pero ese venir, y cada vez que abrimos la boca, es el performativo de una promesa. Lo que afirma Derrida es que esa promesa ha de disociarse de los valores de la verdad, de la intención o de un querer decir. Es esa apertura estructural y mesiánica que existe en el decir. Paul de Man, el crítico americano de origen belga y amigo de Derrida, bromeaba trucando la célebre frase de Heidegger, Die Sprache spricht, el habla habla, por lo que tiene de tautológico y de presente así, con esta otra Die Sprache vespricht, el habla promete. Pero lo prometido está en lo abierto, no previsto, porque todo lo que acontece, si es que algo sucede, lo hace con un margen de imprevisión, incluso de perversión. Esa hospitalidad hacia lo que llega, con sus amenazas y sus bendiciones, todas ellas imprevistas, ese enamorarse del aparecer de lo que aparece, es lo propio de la deconstrucción, lo que la desapropia de cualquier discurso político simple, incluido el de la mitología de la inmediatez del 68. Pero eso es a la vez lo más característico del 68, esa idolatría pasional por el cambio. Y esto es lo que la restauración de la filosofía convencional, planteada por Ferry y Renaut, pretende sacrificar, sin tener en cuenta (o tal vez teniéndolo demasiado presente) que con ello no se desarticula solo el pensamiento de Jacques Derrida, sino tal vez cualquier pensamiento en sentido radical o profundo. Alguien que no dejó, hasta el último instante, de decir, de escribir y pronunciarse, supo desde el principio cuánta era su responsabilidad: "Hablar me da miedo porque, sin decir nunca bastante, digo también siempre demasiado. Y si la necesidad de hacerse soplo o palabra estrecha el sentido -y nuestra responsabilidad del sentido-, la escritura de nuevo estrecha y constriñe más la palabra. La escritura es la angustia de la ruah hebrea experimentada desde el lado de la soledad y de la responsabilidad humanas" (Derrida, 1989b, pp. 18-19). A sabiendas ya del pésimo pronóstico de su enfermedad, Derrida concede una entrevista a Jean Birnbaum, en la que afirma lo siguiente: "La supervivencia es la vida más allá de la vida, más que la vida, y el discurso que pronuncio no es un discurso mortífero; al contrario, es la afirmación de un viviente que prefiere el vivir, y por tanto el sobrevivir, a la muerte, pues la supervivencia no es solo lo que queda: es la vida más intensa posible" (Derrida, 2007, p. Y así, en su trabajo, arrancado sí, pero no vencido. No creo que el tiempo que viene necesite menos pensamiento sino mucho más.
La comprensión antropológica de lo sucedido en mayo del 68, y en el contexto de los cambios epocales de la segunda mitad del siglo XX, requiere, por una parte, realizar una arqueología subjetiva de un nuevo sujeto histórico y metafísico, la juventud, y por otra, el estudio de la formación de una nueva morfología de la autoconciencia, la jovialidad. Según cuenta la tradición, cuando san Benito ascendió el Monte Cassino encontró allí erigido un altar a Júpiter. Sus piedras se habrían utilizado para edificar la célebre abadía que se convirtió en la inspiración del monacato occidental y la institucionalización de una cultura cristiana sobre las ruinas del mundo antiguo. Pues bien, en mayo del 68 se consumó eruptivamente la finalización de aquella época y la proclamación de un tiempo y un sujeto de morfología tardomoderna y postcristiana: la reposición mutante de un 'paradigma olímpico'. El altar a Júpiter había sido reconstruido. EL PRINCIPIO: LA EXPLOSIÓN ATÓMICA Y LA DEMOGRÁFICA El final de la segunda guerra mundial viene marcado por dos explosiones. Una, antecedente y de naturaleza física, aunque desencadenada artificialmente: la bomba atómica. La otra, de naturaleza social, aunque retardada en una cuenta atrás embriológica: la explosión demográfica que pobló desde finales de los años sesenta y durante los setenta del pasado siglo los países occidentales con una muchedumbre veinteañera. El descubrimiento a mitad del siglo XX de la energía atómica y su manipulabilidad, supuso, para decirlo con palabras robadas a Marcuse, la transición a un nuevo estado de civilización. La creación de los arsenales atómicos significó que por primera vez desde que existía el homo sapiens, la autodestrucción y la del planeta a manos del hombre había llegado a ser una posibilidad real. Desde ese punto de vista el descubrimiento de la energía atómica suponía un hito que diferenciaba aquellas sociedades de todas las precedentes, de manera que la historia humana se dividía a esos efectos en dos periodos: el que precedía y el que seguía al descubrimiento de la energía atómica. Además no es cierto que, como Einstein aseguró, "las armas nucleares lo [hubieran] cambiado todo, excepto nuestros modos de pensar" (Glover, 1999(Glover, /2013, p. 129), porque desde entonces, aunque tal vez lenta e imperceptiblemente, la humanidad supo que su supervivencia no dependía solo de que pudiéramos dominar las fuerzas de la naturaleza, sino de que, con expresión de Marcel, consiguiéramos dominar nuestro propio dominio. En esa tesitura el hombre alcanzó una visión de sí mismo nunca antes contemplada: el dominio del hombre sobre el mundo comprometía la subsistencia misma de la humanidad como especie y la del planeta como ecosistema global. Así que aquella peripecia histórica servía, una vez más, de epifanía de la esencia humana: el poder del hombre se cancelaría y destrui-ría a sí mismo si no devenía cuidado. De modo que, como Heidegger había apenas enseñado, el cuidado se revelaba como el requerimiento interno del poder humano para seguir siéndolo, y, por tanto, como su interno y originario designio; y se mostraba así mediante la inevitable arqueología de sí que le imponía al hombre el futuro catastrófico que él mismo había hecho posible. Como Nietzsche atribuía a todo lo estrictamente nuevo, también en aquel tiempo vibraba "una fuerza de efectos retroactivos" que revelaba no solo la historia abscondita, sino facetas de la esencia abscondita de lo humano. Y de esa revelación formaron parte destacada tanto el pacifismo como el ecologismo como ideologías nacientes y, sobre todo, como contenidos nuevos de la autoconciencia humana, sabedora de estar ingresando en una edad de sí desconocida. La conciencia ecológica supuso la certeza de que los actos humanos tienen efectos secundarios sobre el planeta y sobre el hombre mismo que en aquel tiempo ya habían dejado de ser secundarios. Más todavía: aquel tiempo se diferenciaba en buena medida y precisamente por la principalidad de lo que antes eran solo efectos residuales y despreciables de cuanto se hacía, y por la ampliación de la responsabilidad (Jonas, 2004, p. 17) sobre lo involuntariamente causado no ya como individuos, sino como especie. Tales certezas estaban ya dando forma a la singularidad de nuestra posición histórica y deslindaban la contemporaneidad: la conciencia de que el peligro para la supervivencia no surgía solo de aquello que nos desbordaba y no podíamos controlar -sino, paradójicamente, de nuestro propio control que requería a su vez ser controlado-puso a la humanidad en presencia de sí misma como nunca antes había sido posible; a saber, como una amenaza letal y planetaria, pero también como una comunidad que no surgía solo de un inicio común, sino de la responsabilidad ante un previsible destino común al que había sido incorporado el planeta. Se había hecho visible que las razones por las que la suerte humana estaba asociada a la del planeta no residían solo en los avatares exteriores y cósmicos, como la dependencia del sol o la posibilidad de impactos de meteoritos en tránsito, o en episodios como las mutaciones víricas y sus potenciales devastaciones pandémicas. Sino que en el núcleo mismo de la condición humana había un vínculo con el mundo en el que habitamos y del que este depende compartiendo nuestra suerte: la libertad había ensanchado su poder hasta el punto de incluir al planeta en su propio destino. Y en el empeño por evitar la catástrofe que él a434 mismo podía causar, el hombre descubrió el destino de su señorío sobre el mundo: tomarlo a su cuidado. Se había hecho visible, pues, que sobre la libertad humana se cernía la preservación del planeta y que de ella dependía la preservación de la humanidad frente al poder del hombre (Freud, 1913(Freud, /2000, p. 134): los imperativos morales se habían convertido en imperativos de subsistencia para la especie. Es lo que Hans Jonas llamó la "heurística del temor": del temor por la autodestrucción surgía la evidencia sin precedentes de que las relaciones con las demás especies y con el medio natural se habían transformado en deberes morales y tareas políticas. De manera que, si había tenido sentido hablar de una Edad de Piedra, de Bronce o de Hierro, no había menos razones para poder hablar de una edad atómica. Un tiempo en el que invisible pero indeleblemente la libertad humana había descubierto su cuño sobre todo lo viviente y sobre el planeta mismo, pues si bien no eran obra suya, subsistían en tanto el hombre los preservaba de su inextinguible locura cainita. Ahora resultaba claro que sin ser los autores de la vida sobre el planeta ni de su habitabilidad, participábamos de esa autoría poniéndolos a salvo de nuestro propio poder: la naturaleza entera había devenido cultura. La conciencia ecológica obligaba al hombre a reconocerse como responsable potencial de su perdición y la amenaza catastrófica del poder atómico nos entregaba paradójica pero indelegablemente al mundo como encomienda y misión. El poder atómico transparentó la libertad humana como un acontecimiento en la historia natural de las especies a las que podía aniquilar, de la historia de la biosfera cuyas condiciones podía alterar definitivamente, y de la geología de la corteza terrestre que podía modificar y contaminar por siglos y hasta milenios. La posición del hombre en el mundo se había alterado esencialmente: la posibilidad de destruir el mundo implicaba la encomienda de su salvación, al tiempo que asociaba -y en realidad limitaba-la salvación del hombre al mundo. Pero en el abigarrado panorama de aquellos decenios esa "heurística del temor" era solo un bajo continuo, persistente y a veces dominante, pero cada vez más soterrado tras una melodía más amable y que más bien requiere de una heurística de la dicha. En efecto, en la segunda mitad del siglo XX se estaban produciendo unas modificaciones en las condiciones materiales de la existencia que suponían un hito y una transformación también sin precedentes en la historia no ya de la cultura y las sociedades occidentales, sino de la humanidad como especie biológica. La explosión demográfica no fue un mero crecimiento cuantitativo. No hay exageración alguna en decir que nunca hasta entonces el hombre había vivido una situación semejante: las sociedades desarrolladas de mediados del siglo XX estaban alcanzando un nivel de eficiencia en el aseguramiento de la satisfacción de las necesidades vitales y, en general, en la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos como no se había conocido. Jamás antes el hombre había logrado estar tan a salvo de las lacras del hambre, el frío, la enfermedad y la violencia como lo estaban los ciudadanos de aquellas prósperas sociedades. Estar razonablemente a salvo de las guerras, las epidemias y las hambrunas era una situación de la que no habían disfrutado -y todavía no disfrutan-la inmensa mayoría de los seres humanos, y habría bastado para colmar las ensoñaciones políticas e históricas más utópicas Por primera vez en la historia esos sueños cobraban realidad: había mucho bien objetivo en el hecho de que se pudiera hacer más que nunca antes por superar enfermedades, por eludir la amenaza del hambre, el frío, la ignorancia y la violencia; había mucha dignidad humana lograda en semejante clase de sociedad, que era en sí misma una bienaventuranza sin más tacha que el distinto grado con el que amparaba a unos y otros. Además, la ampliación del horizonte temporal de la vida era de tales proporciones que había hecho posible lo que podría describirse como la curvatura del tiempo de la vida, por la que al sujeto se le ocultaban los límites temporales de su existencia. Pero dicha ocultación no era una mera ampliación de la esperanza media de vida, que ciertamente crecía asombrosamente ya en aquellos decenios. La ocultación realmente significativa consistía en una creciente, aunque siempre frágil, suspensión del "hiperpoder" (la expresión es de Freud) de la muerte para definir los contextos de significado para la vida, incluso para darle o quitarle sentido a esta en su conjunto. Y esa ocultación o, si se quiere, su ocaso tras la nueva curvatura del tiempo de la vida en tanto que elemento estructural y naciente en aquellas sociedades, no se seguía de un mero olvido psicológico y moral de nuestra condición mortal, sino de la efectiva y venturosa colonización humana del tiempo de la vida suficientemente a salvo del miedo a la muerte, cuya indefectible soberanía ya no oprimía tan entera y despóticamente. Y de ahí que se hiciera posible una postergación cultural y existencial de la muerte en tanto que conteni-a434 do hegemónico de la autoconciencia como no había tenido lugar antes. Esa derogación fue, además, de tal alcance y novedad que bien puede decirse que lo que se desvaneció fue la mortalidad misma, tal vez por primera vez en la historia del hombre. Obviamente no se trataba de que los hombres hubieran dejado de ser mortales, sino de que la mortalidad había dejado de ser el contenido definitorio de su autoconciencia. A imagen del descubrimiento de la curvatura del mundo físico, la experiencia de la curvatura del mundo de la vida presagiaba un descubrimiento metafísico con toda clase de cambios culturales. Mientras que en todos los sistemas sociales conocidos los ritos funerarios habían tenido una centralidad que expresaba su soberanía 1, en las sociedades del último tercio del siglo XX, y por primera vez en la historia de las culturas humanas, los ritos funerarios no solo tendían a minimizarse, sino que empezaban a carecer de cualquier clase de centralidad cultural. La muerte estaba empezando a dejar de ser definitiva, si no en tanto que era el final, sí al menos en tanto que ya no ofrecía la definición de lo humano ni informaba su autoconciencia estableciéndola. Esa nueva curvatura del tiempo de la vida exigía que esta se definiera desde un centro que ya no coincidía con su condición mortal: el sentido de la vida no podía afincarse fuera de ella, exclusivamente más allá de una muerte que había dejado de ser su foco estructurante. Y esa emancipación -relativa pero relevantede la vida respecto de la muerte no solo manifestaba las venturosas conquistas científicas, tecnológicas e institucionales que empezaban a dar forma al mundo, sino que sacaba a la luz una intuición metafísica que, además, definía aquella forma naciente de la autoconciencia de lo humano: la vida no se define ni se comprende tanto -ni principalmente-por la muerte, como desde y por sí misma. Vita viventibus est esse, decían los metafísicos antiguos, la vida es el ser para los vivientes: la vida se entiende más y mejor desde el incremento viviente al que tiende, que desde su colapso mortal. Se empezaba a hacer efectiva para la experiencia común, quizá por primera vez, la excentricidad metafísica de la muerte por mucho que esta siguiera siendo el seguro y común destino humano. Pero en aquella afirmación de la vida había algo más que la mera sublimación fugitiva de la angustia ante la muerte que, ciertamente, si bien no había perdido su poder soberano, lo ejercía ya desde regiones menos centrales y más remotas del discurrir vital. No se vive para morir, y aunque ningún viviente escape a ese destino mortal, se vive para vivir y en creciente pleni-tud, si eso fuera posible. Y esa certeza campaba entonces por primera vez entre multitudes nacidas tras la mayor hecatombe mundial conocida; unas multitudes que descubrían que si bien la muerte es ineludiblemente el final de la vida, no era su fin propio. Probablemente nunca el hombre había estado en condiciones culturales de afirmar esa divergencia como cuando su mundo le había dejado ver la vida sin la fatídica y soberana inminencia de la muerte. Se trataba de una suerte de epojé histórico cultural, una manumisión "ontológica" modesta pero relevante, en el preciso sentido de que, si bien no cabía eludir la muerte, se había hecho posible decir y pensar el ser de la vida sin convertir su rasgadura mortal en su prevalente definición esencial. Esa exigua pero encomiable derrota de la muerte forma parte de la dirección dominante de todo progreso humano, cuyo impulso parece aspirar a recomponer las felices condiciones de aquel estado original que atraviesa nuestra memoria con el nombre de "paraíso". Aunque un siglo antes Baudelaire no lo viera, también el gas, el vapor y las plataformas de ferrocarril de su tiempo contribuyeron en su orden a "la reducción de los rastros del pecado original" en los que consistía toda "verdadera civilización" (Baudelaire, 1952, p. Un paraíso que, ciertamente, les parecía que quedaba al otro lado de la esquina, y cuya nostalgia secularizada cruza de parte a parte este nuevo estado civilizatorio. LA INVENCIÓN DE LA JUVENTUD COMO SUJETO HISTÓRICO Stefan Zweig reseña en sus memorias la irrupción de la "juventud" como un cambio efectuado por la generación de europeos sobrevivientes de la Primera Guerra Mundial: "La generación entera decidió hacerse más juvenil, todo el mundo, al contrario del mundo de mis padres, estaba orgulloso de ser joven"; y ese orgullo suponía que toda aquella "generación de jóvenes [centroeuropeos] había dejado de creer en los padres, en los políticos y los maestros" (Zweig, 2002, p. Todo el orden antiguo parecía haber perdido la raíz de su crédito con la guerra, de modo que "la generación de posguerra se emancipó de golpe, brutalmente, de todo cuanto había estado en vigor hasta entonces y volvió la espalda a cualquier tradición, decidida a tomar es sus manos su propio destino, a alejarse de todos los pasados y marchar con ímpetu hacia el futuro. Con ella había de comenzar un mundo completamente nuevo, un orden completamente diferente en todos los ámbitos de la vida" (Zweig, 2002, p. Ciertamente, ese surgimiento de la juventud daba efectividad a la desautorización de las tradiciones y de sus sedes sociales, epistémicas y culturales que ya había proclamado la Ilustración europea y que, no obstante, todavía no se había encarnado en un sujeto capaz de realizarla en una etapa biológica y biográfica que se identificara con sus ideales. Ahora el repudio de la tradición y de lo viejo podía ya animar a una criatura concebida en su seno, ex novo, como lo había sido también -aunque a la larga con peor fortuna-la raza nueva del proletariado. Este nuevo sujeto histórico ya no se configuraba por la carencia de patrimonio que caracterizaba a las muchedumbres proletarias, sino por la carencia de pasado que configura a los jóvenes. Sin embargo, en la juventud esa carencia se transmutaba y convertía en lo contrario, en riqueza y abundancia vital. Así que el pasado mismo dejaba de ser patrimonio para convertirse en carencia en tanto que necesariamente determinado y ya sin posibilidad alguna disponible. De modo que la falta de pasado que había implicado la insignificancia social de los desposeídos y de los jóvenes -lo adolescente-, ahora paradójica y novedosamente significaba la plenitud que se seguía de tener todo el futuro disponible; sin que importara que fuera solo posibilidad, porque precisamente la posibilidad se había convertido en la forma más valiosa del ser del hombre: el joven "vive de posibilidades y en la dimensión de lo posible", había adelantado Ortega (1924/1987, p. Futuro, juventud y posibilidad se amalgamaron así con el porvenir del mundo y de sus conquistas de un modo inédito. Lo juvenil, que había sido poco menos que mera adolescencia de la plena madurez, ahora acordaba su paso con la marcha del mundo y se afirmaba a sí mismo frente a lo venerable "con orgullo" (Zweig, 2002, p. 251), que se expresaba de mil formas, desde las apariencias más exteriores hasta los hábitos de juicio y estima de lo real. "Por doquier la vejez corría azorada en pos de la última moda; de repente no había otra ambición que la de ser joven e inventar rápidamente una tendencia más actual que ayer" (Zweig, 2002, p. En efecto, lo juvenil no fue un mero comienzo histórico, sino que su principalidad es también ontosocial porque "la actividad original y primera de la vida es siempre espontánea, lujosa, de intención superflua, es libre expansión de una energía preexistente", dice Ortega (1924Ortega ( /1987, p. Y desde las antípodas Baudrillard lo ratifica desde nuestros días: "lo vivo quiere sobre todo gastar su fuerza" (2009, p. Así la vida aparece como dispendio sin más fin y utilidad que su mismo brotar; la vida, cabría agregar, es juventud. Pero juventud asociada en un "instinto de coetaneidad" surgido de la sincrónica y espontánea pujanza del apetito vital y juvenil de realización. La vida misma es juventud y todo lo que se distancie de una se aleja irremisiblemente de la otra, porque en lo juvenil se opera aquella coincidencia de lo vital con su propio centro. Lo singular del caso es que esta metafísica de la juventud esclarecida entre otros por Ortega, se lleve a cabo en simultaneidad con la emergencia histórico-social de la juventud como sujeto y modalidad de la autoconciencia de lo humano. Esa elevación de la propia situación a categoría de principio tan típica como ineludible del pensar filosófico, constituye, no obstante, un signo delator de la constitución de la juventud como el naciente sujeto histórico del nuevo estado civilizatorio. Con notables diferencias, pero en la misma dirección encontramos a Freud cuando afirma que las alianzas fraternas de hijos desposeídos contra el padre a434 dominante componen la horda primitiva. El vigor de la pulsión sexual y la exclusión de los jóvenes por parte del varón maduro y dominante, habría generado esas "juveniles bandas de hermanos" que con el parricidio original (Freud, 1913(Freud, /2000, p. 145) y después con la obediencia retardada, fundaron la cultura desde su conciencia de culpa y los sacrificios totémicos. Ciertamente en ambos pensadores se refracta un biologicismo de raíces darwinistas, que se oponía a la sociología marxista de clases con la propuesta de categorías y sujetos generacionales, de género y hasta raciales tan típicos de principios del siglo XX europeo (Cfr. Pero en Freud, y pese al carácter menesteroso del sujeto, opera la misma energía principial y fontanal galvanizada en las pulsiones desiderativas de la psique y cuya satisfacción es más bien una descarga o un dispendio. También en la descripción que hace Zweig de la llegada de la juventud se adivinan los ecos de la arqueología freudiana de la psique en la que la especie evoluciona desde "la horda paterna [que] es reemplazada por el clan de hermanos" Aunque para Ortega no es la necesidad -tampoco la sexual-la que rige al principio, pero para uno y otro lo humano se define y constituye por la oposición entre lo juvenil y lo maduro. De modo que, con o sin parricidio original, en Freud y en Ortega esa energía primordial es el principio protagónico de la historia y de la cultura, e incluso de la vida misma. Ciertamente ya no se trata solo ni principalmente de una juventud biológica, ni siquiera de la juventud como sujeto social protagónico, sino de lo joven como contenido esencial y forma de la autoconciencia de lo humano: la jovialidad como una suerte de energía vital primordial que se confirma en su lozana indeterminación hecha de puras posibilidades, de puro futuro irreconciliablemente enfrentado al pasado y a lo paterno. Juventud es, por tanto, un término polisémico que significa al menos tres realidades de ordenes diversos pero entreverados. En primer lugar, cabe un sentido de 'juventud' que se corresponde con la etapa biopsíquica que media entre la infancia y la madurez, caracterizada por la plenitud de las potencias vitales, en particular las físicas. Se trata, en efecto, de un periodo definido por sus límites: el tiempo en el que ya se ha abandonado la infancia pero todavía no se ha alcanzado la madurez. Para el hombre, como para el resto de los mamíferos, el abandono de la infancia viene dado por la primera madurez orgánica, a saber, la madurez sexual. Pero no es tan claro qué puede significar la plena madurez en términos físicos, de modo que el abandono de la juventud viene dado más bien por criterios sociales y culturales. Y así es como se deja ver la imbricación de los distintos sentidos o niveles del término juventud y que no son tanto estratos o planos como momentos de un continuo. En la primera juventud se entra, pues, por alcanzar la capacidad reproductora según la especie; y se sale tras el ejercicio de esa misma capacidad en términos sociales, es decir, tras asumir la carga del sustento de una prole. De hecho, en términos sociales, el surgimiento de la juventud como fenómeno epocal se deja ver en el contexto de las singularidades de los sistemas productivos y educativos de las sociedades desarrolladas de mediados del siglo XX. En las economías de subsistencia los procesos y los medios de producción de bienes económicos entrañan una escasa complejidad cognitiva al tiempo que muy baja eficacia productiva. La baja complejidad cognitiva reduce mucho el tiempo de aprendizaje requerido para que un sujeto sea económicamente productivo, si bien, como su eficacia productiva es muy baja, se hace precisa la multiplicación de tales agentes productivos. Si lo dicho se proyecta al ámbito del agente económico principal en estos sistemas, a saber, la organización familiar, se comprenderá que una prole numerosa no solo multiplica los agentes productivos, sino que además, como estos requieren muy poco tiempo de aprendizaje, la prole resulta ser un medio para la producción de bienes; un medio que en muchas circunstancias resulta casi impuesto por el régimen general de las economías de subsistencia. Al otro extremo del desarrollo económico están las sociedades avanzadas desde el último tercio del siglo pasado. En tales sociedades la complejidad cognitiva de los procesos y medios de producción de bienes económicos es muy alta, lo que significa que el periodo de aprendizaje para que un sujeto se convierta en agente productor de bienes económicos es muy largo. Por consiguiente, el tiempo en que la prole supone un coste para la familia -desde el punto de vista económico-es también muy prolongado, y hasta su emancipación el hijo es, en términos económicos, casi solo un puro gasto. Todo lo anterior contribuye a producir una severísima disminución del índice de natalidad en las sociedades desarrolladas. Pero, además, produce una demora en la asunción de responsabilidades laborales y, por añadidura, familiares. Ese nuevo periodo creado para poblaciones masivas por la distensión del proceso educativo universalizado y que media entre la madurez reproductiva o salida fisiológica de la infancia y la asunción de responsabilidades profesionales (familiares y cívicas), da forma a un tiempo biográfico nuevo, no disponible en a434 sociedades con menores niveles de desarrollo, y apenas reconocible a lo largo de toda la historia de las sociedades y culturas humanas, salvo en fenómenos episódicos y de alcance muy restringido. En este sentido cabe hablar incluso de la juventud como un nuevo sujeto social con características propias y nuevas, con frecuencia y reveladoramente asimilado al de los estudiantes. De hecho, tal vez no implique ninguna exageración decir que nunca a lo largo de la historia del sapiens había sido posible tal fenómeno, y desde luego que no con su actual dimensión demográfica y morfología subjetiva. Tal y como Zweig había relatado y Bourdieu (2002) afirma, "la juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos" (p. 164), o al menos por llegar a pensarse como edades que no solo son distintas, sino que se definen por su oposición. Por último, y en tercer lugar, pero directamente imbricado con los anteriores, cabe hablar de la juventud como una categoría o constelación de categorías culturales. En este sentido lo jovial goza de cierta autonomía, y hasta puede darse en ausencia de la juventud en términos físicos o sociológicos, si bien su origen remite a dichas dimensiones. En tanto que categoría cultural la jovialidad admite muchas acepciones de alcance menor que van desde un estado de ánimo o temple emocional basal, a unas ciertas disposiciones positivas hacia las innovaciones y hasta un difuso optimismo actitudinal. Pero la jovialidad como modalidad de la autoconciencia no es un estado de ánimo y, por tanto, tampoco algo que se siga de una juventud psicofísica, ni un mero derivado de la juventud sociológica como si esta fuera su sustrato real preconsciente. Si lo jovial deriva en su origen de esos dos sentidos precedentes, a su vez los configura al retornar sobre ellos formalizándolos. De hecho, más bien es la jovialidad como autoconciencia la que suscita eso que llamamos juventud 2. Si la juventud se puede inventar es porque para que llegue a existir y ser reconocida como tal precisa de la jovialidad como autoconciencia, y ni siquiera como etapa biográfica existe la juventud en términos individuales sin que exista antes la juventud como formalidad cultural de la autoconciencia 3. A la juventud le ha ocurrido lo que Guy Debord vaticinó para el proletariado: que no podría suceder a la burguesía sino convirtiéndose en la clase y el sujeto de la conciencia (Debord, 1967(Debord, /1999, p. Y eso es exactamente lo que ocurrió en las sociedades occidentales y desarrolladas en torno al 68: la constitución de un nuevo sujeto social e histórico que abría una época -la nuestra-caracterizada por la hegemonía de lo jovial como paradigma cultural: días de Júpiter, del latín Iovis, de donde proceden joven y jovial. La juventud, o si se quiere, lo jovial, aquí no designa una etapa de la vida orgánica sino una modalidad de la existencia cuya autoconciencia la constituye. Y de ahí que la inmensa mayoría de los hombres hayan existido sin haber sido nunca jóvenes en ese sentido, sin que eso implique, obviamente, que no alcanzaran una determinada edad caracterizada por la plenitud de las potencias psicofísicas. Ahora bien, sin las nociones sociales y culturales de juventud es poco probable que esa edad tuviera la visión de sí misma como la culminación de lo humano en el orden de la conciencia. Y ambos aspectos son constitutivos de la juventud como tal, cuya gestación social caracteriza históricamente a nuestra época: la suscitación de un sujeto social que sucede y en muy buena medida sustituye históricamente a la burguesía y el proletariado; y el desplazamiento crítico y estructural de la madurez como paradigma antropológico. Se trata, pues, de una invención (del latín invenire,'encontrar','hallar') en el exacto sentido etimológico de la expresión: un descubrimiento que requirió poder nombrar y reconocer algo que en cierto sentido siempre estuvo ahí, pero ciertamente solo llegó a estarlo con la forma de un avatar histórico singular. En ese sentido es cierto que, como afirma el título del estudio de Bourdieu, "la juventud no es más que una palabra" (Bourdieu, 2002, p. 1), si bien con todo lo que una palabra lleva consigo, a saber, la comprensión de una realidad nueva cuyo nombramiento saca a la luz. Dicha epojé creativa es también un epítome, es decir, viene suscitada por el cúmulo de una serie nueva de condiciones sociales de la existencia que mudan la morfología de la experiencia humana del mundo y de sí, e incoan mutaciones en su autocomprensión. Tales cambios han hecho posible un fenómeno antropológico históricamente singular y exclusivo de las sociedades avanzadas contemporáneas. La invención de la juventud opera simultáneamente un epítome histórico y una epojé esencial de lo humano, del sujeto en el que el propio tiempo es elevado a concepto en la reflexión teórica y a autoconciencia en la existencia. No se trata de negar que la juventud egipcia, o la griega en sus gimnasios (Salvador, 2009, p 90), y los colegios juveniles romanos (collegia iuvenum) o los college oxonienses, las castas ociosas y en general las microsociedades deportivas no supongan un precedente de las muchedumbres juveniles descargadas de responsabilidades laborales y familiares. Pero todas ellas son variantes de microsociedades a434 aristocráticas (Veyne, 1988, p. 34), lo que limita su alcance categorial para dar razón de su propio tiempo y de los universos culturales de los que formaban parte. Por consiguiente, lo jovial no es solo ni principalmente el periodo que media entre la plena capacidad sexual y la asunción de responsabilidades laborales o familiares, ni siquiera según su insólita distensión contemporánea y su disponibilidad para la práctica totalidad de la población de las sociedades avanzadas; ni tampoco solo su configuración como un sujeto social nuevo; sino todo lo anterior elevado a la condición de paradigma antropológico y de categoría cultural axial con unos contenidos propios que se constituyen en la línea del horizonte de la autoconciencia del sujeto contemporáneo, y de los que nos hemos de ocupar. Más exactamente: lo jovial es la modalidad de autoconciencia humana que -formalizada por la curvatura del mundo de la vida y la consiguiente postergación de la mortalidad-sustituye a la mortalidad en tanto que contenido esencial de su definición. Lo jovial surge esencialmente de (y como) la manumisión metafísica del hiperpoder de la muerte en correlación con las variables sociales, epistémicas e institucionales que lo hacen posible. Si la segunda mitad del siglo XX alumbró un tiempo efectivamente nuevo, no fue solo por la manipulabilidad de la energía atómica o por la transformación de las condiciones materiales de la existencia, sino por la inauguración de una modalidad inédita de la autoconciencia humana. Ahora bien, la sustitución de la mortalidad por la jovialidad como forma epocal de la autoconciencia en la que las multitudes se descubrieron a sí mismas como jóvenes en el 68, es ciertamente posible por la incomparecencia de la mortalidad que deriva a su vez de una forma de inexperiencia característica, aunque no exclusivamente contemporánea. LA AUTOPSIA DE LA MORTALIDAD: LA INEXPERIENCIA DE LA NECESIDAD La morfología fundamental del nuevo sujeto histórico que protagonizó mayo del 68 surge de una experiencia de la conciencia suscitada como la forma subjetiva de una transformación históricosocial: desde mediados del siglo XX los ciudadanos de las sociedades desarrolladas han vivido bajo tal régimen de aseguramiento de la satisfacción de sus necesidades que desconocen el sentido genuino de tener o padecer necesidades. Entiéndase que, obviamente, no se pretende que el ciudadano de tales sociedades no hubiera experimentado los estados psicofísicos del hambre, de la sed o del frío, sino que tales estados carenciales no suponen por sí solos una experiencia de la necesidad. En sentido estricto, hay experiencia de la necesidad allí donde la dificultad para su satisfacción es también un compromiso para la subsistencia y donde, por tanto, los estados carenciales que se expresan en los deseos transparentan la propia condición mortal. Sin la mortalidad presentida en el miedo por la insatisfacción de una carencia no hay propiamente hablando experiencia de una necesidad, aunque esta lo sea en términos fisiológicos (o incluso sociales). Propiamente la experiencia de la necesidad no es, por tanto, la de una mera privación, sino que requiere la emergencia en la conciencia de la vulnerable dependencia mortal del sujeto de la satisfacción. Dicha emergencia tiene la forma pasional del miedo, de modo que la experiencia de la necesidad es también y simultáneamente una experiencia de la propia condición mortal. Mejor: la necesidad solo es experimentada como tal, y no solo como mero apetito o deseo, en tanto que autoconciencia mortal; así que la inexperiencia de la necesidad implica también una peculiar incomparecencia de la mortalidad en el orden de la conciencia. Además, y más allá de una mera experiencia, la necesidad puede constituirse en una circunstancia estable, un estado de necesidad, que se configura como un estado de la conciencia cuando el miedo y la presunción de lo mortal que este contiene pesa sobre el conjunto de la existencia. En estado de necesidad, la necesidad se padece incluso una vez satisfecha. Y cuando la necesidad se padece lo que padece es lo humano mismo del hombre que se deteriora sojuzgado por la dependencia que impone nuestra condición corpórea. En estado de necesidad el pathos humano es el temor por la subsistencia, y de ahí que liberar a los hombres del estado de necesidad sea un logro histórico y social de proporciones morales. Por consiguiente, en el régimen de garantías de las satisfacciones de la vida que dan lugar a la inexperiencia de la necesidad hay mucha humanidad o, si se quiere, hay una lograda proporcionalidad con la condición y dignidad de lo humano. Por el contrario, el estado de necesidad o miseria reduce lo humano en el hombre a preocupación por las necesidades. Vencer la necesidad es, pues, hacer justicia al hombre y liberarlo de un sometimiento postrador; pero es también exponerlo a una singular forma de olvido. Como el estado de necesidad se expresa en la mortalidad como formalidad prevalente de la autoconciencia humana, la inexperiencia de la necesidad implica, por tanto, la venturosa incomparecencia de a434 la mortalidad en y a través del miedo y de unas necesidades que, por eso mismo, dejan de serlo en tanto que experiencia de la conciencia. La necesidad, aunque no deje de serlo en términos fisiológicos, deja de serlo como experiencia de la conciencia allí donde no se transparenta la fragilidad mortal del sujeto a través de tales desequilibrios carenciales. Por tanto, en su sentido más decisivo, los hombres de las sociedades avanzadas, quizá por primera vez en la historia de forma masiva y como estado social, desconocen qué es el hambre o el frío en tanto que experiencias de la conciencia. Incluso si accidentalmente se ha tenido una experiencia intensa de tales estados carenciales metabólicos o térmicos, rara vez estos habrán compuesto un estado de necesidad y mucho menos un estado de conciencia, cuya inexperiencia forma parte decisiva de nuestro estado civilizatorio. La mortalidad como autoconciencia estaba asegurada allí donde la abundancia o escasez de "las cosechas ritmaban los cortejos fúnebres" (Delumeau, 2002, p. 253), pero vencido ese yugo, la mortalidad misma se transforma en tanto que contenido de la autoconciencia. La cuestión, por tanto, no es la obviedad acerca de si los hombres necesitan alimento y agua para subsistir. Es claro que la muerte acecha siempre bajo la imposibilidad de satisfacer nuestras necesidades, y a diario hemos de acudir a su cita para preservar nuestro organismo. Pero lo relevante ahora es si los hombres en las sociedades avanzadas de la segunda mitad del siglo XX comen y beben por necesidad, es decir, por la elusión de la muerte que acecha tras la insatisfacción. Y, por extravagante que parezca, la realidad que se impone es que el sujeto de las sociedades avanzadas hace tiempo que ya no come ni bebe por necesidad; al menos en tanto que la necesidad hace relación a una mortalidad que ya no resulta aludida en la satisfacción de sus necesidades, que han sido -circunstancial pero establemente-derogadas como tales. Pues bien, dicha derogación o inexperiencia de la necesidad como régimen regular de la existencia, por un lado, y la postergación de la muerte, por el otro, componen lo cóncavo y lo convexo de la curvatura del mundo de la vida que está tomando forma en aquellos años, y que de manera singular encarnan aquellas generaciones ociosas desde el punto de vista de la producción. De ahí el desplazamiento de la mortalidad como centro y formalidad de la autoconciencia contemporánea, y su sustitución por la centralidad de la vida que hemos caracterizado -todavía incipientemente-como jovialidad. El miedo ya no es, a despecho de Hobbes, la pasión cardinal que formalizaba la existencia y su abdicación como señor constante de nuestra conciencia abre espacios inéditos para la experiencia del mundo y de la propia condición. De ahí que desde entonces y todavía entre nosotros, la muerte no solo ha cedido su primacía, sino que parece desvanecerse para el hombre contemporáneo. Como dice de sí mismo Vargas Llosa, "lo ideal para mí es que la muerte llegue como un accidente, vivir como si fueras un inmortal y en un momento dado eso se interrumpa por un accidente" 4. Esa reducción de la muerte a incidente, en la que habita no solo el olvido de que la derogación de la necesidad es meramente circunstancial, sino de que la muerte es una dimensión liminar pero estructurante de la existencia humana, tiene entre nosotros la naturaleza de un fenómeno de magnitudes culturales y antropológicas que cabe llamar la postmortalidad: no somos inmortales pero vivimos después de la mortalidad como forma de la autoconciencia. El carácter incidental que nuestro tiempo otorga a la muerte se aprecia con claridad si consideramos las únicas formas de comparecencia general de la mortalidad ante el sujeto contemporáneo en las sociedades desarrolladas: las enfermedades y los accidentes. En el orden de nuestra cultura unas y otros se han identificado: el hecho de que tras cada defunción podamos rastrear una serie etiológica de malfuncionamientos asistenciales u orgánicos, alienta la figuración social de que toda muerte es de suyo evitable en la medida en que dicha relación de impericias, azares o patologías sea superada. De donde se sigue que toda muerte tiene una naturaleza accidental y con frecuencia culposa, ya sea por negligencia activa o por falta de previsión. Parece, pues, como si detrás de cada defunción hubiera un "fracaso técnico" (Fernández del Riesgo, 2007, p. Dicho fracaso sustituye a la indigencia que hizo surgir a las religiones: "el primitivo se habría inclinado ante el hiperpoder de la muerte con el mismo gesto con que parece desmentirla" (Freud, 1913(Freud, /2000, p. 96), a saber, las religiones que prometían la salvación en una vida inmortal. Ahora bien, si esa inclinación resignada fue también "un primer reconocimiento de la (ananké) necesidad que hace frente al narcisismo humano" (Freud, 1913(Freud, /2000, p. 96), entonces la actual inexperiencia de la necesidad habría posibilitado el regreso de la conciencia a formas de narcisismo omnipotente. Es decir, mediante la dominación de la ananké el hombre se habría erguido de nuevo frente a la muerte y no solo habría abandonado las ya innecesarias promesas salvíficas de las religiones, sino que a434 habría retomado la creencia narcisista en una programática omnipotencia humana materializada en el progreso tecno científico y político. Ahora bien, la postmortalidad y el carácter incidental de la muerte no derivan solo ni esencialmente del portentoso y eficaz sistema de satisfacción de necesidades, ni de la insólita eficacia de los sistemas de prevención y asistencia. La incomparecencia real de la muerte consistió propiamente en su reducción ontológica -es decir, la redefinición de su clase de realidad-a la categoría de accidente. Si la autoconciencia humana dejó de comprenderse con la forma de la mortalidad y el hombre de entenderse bajo la condición de mortal es por el estatuto de incidente que devino sobre todo deceso, como si este fuera una excepción que, ciertamente, se cumple en todos los casos, si bien sin que de ahí se siga la refutación de su carácter incidental. Se trata de la constitución de una modalidad mortal de la inmortalidad: una eternidad hecha de duración; un "eterno mientras dure" o "para siempre hasta que se acabe" que es la textura interna de la temporalidad postmortal. Una juventud finita pero perpetua y que requiere para serlo el ocaso de su ocaso, la curvatura de su mundo. Esta exaltación de la juventud que no es meramente psicológica, tiene carácter ontológico precisamente en tanto que requiere la reducción ontológica de la muerte al rango de incidente. Dicha reducción es, por consiguiente, correlativa a la configuración de la existencia humana y de su temporalidad como si de una inmortalidad finita se tratara. Sobre esa curvatura de la existencia, es decir, sobre la inexperiencia de la necesidad y la postmortalidad, el sujeto jovial surfea -para utilizar la imagen de Baricco (2008, p. La condición del surfista puede sustituir al homo tipographicus, faber o viator para simbolizar la jovialidad como la modalidad de la autoconciencia que surge en el último tercio de siglo XX. En el surfista la curvatura del mundo se presenta como una gran ondulación móvil sobre la que el sujeto se desliza ajeno al apremio de las necesidades e inmerso en una temporalidad en bucle, sin más dirección que la de su reiteración perpetua. Así, desapercibido, el surfista habría respondido positivamente a la pregunta sobre el eterno retorno con la que Nietzsche creía llevar la voluntad a su prueba más extrema y dramática: "¿Quieres repetir esto una vez más e innumerables veces más? [...] ¡qué feliz tendrías que ser contigo mismo y con la vida, para no desear nada más que esta última y eterna confirmación y sanción!" EL SUPERVIVIENTE Y EL PARADIGMA OLÍMPICO La inexperiencia de la necesidad tiene otro efecto de primera importancia para la morfología interna de la subjetividad, y muy particularmente para la que tomaba forma en aquellos decenios y decidió la suerte de los nuestros. En la medida en que parece garantizado el régimen de satisfacción de las necesidades y en que la experiencia de estas deja de transparentar la vulnerabilidad mortal del sujeto, los deseos que en el estado de necesidad casi se reducen a ser noticia psíquica de las necesidades, dejan de ceñirse a estas y cobran una autonomía y amplitud característicamente humana: el gusto. Como es sabido sapiens significa 'el que degusta' y procede del latín sapio ('degustar'), como si al hombre le caracterizara la capacidad de demorarse en la satisfacción de sus necesidades dando lugar a una experiencia nueva del mundo. El homo sapiens sería, por tanto, el que degusta, y en su sentido más primario cabría decir que es el que se demora en masticar, el que retiene el mundo que le alimenta para apreciar en él algo que no alimenta pero que le informa y le contenta: sabor. En el sabor el mundo ya no es mero alimento, y en ese 'ser más que meramente' el hombre se demora, hace morada y lo habita saboreándolo, sabiéndolo. El sapiens saborea el mundo y en su boca -en su saborear-el mundo llega a 'saberse', a tener sabor por primera vez, porque nunca antes ningún viviente se demoró tan perfectamente en el alimento de otra forma que como mero alimento. Y por eso ningún otro inventó la gastronomía, la erótica, el vestido y la moda, la poesía y la música, la arquitectura y todas las artes. Todas ellas surgen en la demora del sapiens en la satisfacción de unas necesidades que han perdido en parte al menos el carácter de emergencia vital. El gusto es, por tanto, la fuente amplificada del deseo respecto de la necesidad, y en el gusto el deseo alcanza una autonomía lúdica que está en la base de toda la cultura del sapiens y de la dignificación de las satisfacciones. La conversión de la necesidad en ocasión para la degustación significa la apertura del espacio de la vida en una amplitud más libre y dichosa que supone una humanización de la necesidad y del hombre mismo, potencialmente al menos. Por el contario, si el estado de necesidad es postrador, es porque ocluye esa amplitud del deseo humano y lo ciñe a la angostura de las necesidades padecidas como emergencias vitales. El bruto, dice con razón Rousseau, no tiene más deseos que los correspondientes a sus necesidades (Rousseau, 1755(Rousseau, /2005, p. En el gusto las necesidades humanas comparecen culturalmente elaboradas y culturalmente satisfacibles. No es cierto, por tanto, que el gusto sea por sí mismo o en primera instancia una depravación del sujeto, como Rousseau aseguró. Pero ciertamente es ocasión para una peculiar impostación de lo humano: si de forma constante el gusto se encapsula y deja de referirse a la necesidad con la que ya no guarda proporcionalidad alguna -es decir, si deja de mediar entre satisfacciones y necesidades-, porque simplemente niega o ignora la necesidad, entonces la satisfacción se hace autorreferencial y nos ausenta de la común condición de seres precisados y necesitantes a la que pertenecemos con todos los demás hombres. Así es como la satisfacción suscita su propia insatisfacción y en su falta de medida respecto de la necesidad -en su opulencia-nos aísla de las necesidades ajenas, o mejor, de la necesidad misma como carácter de lo humano. El actual régimen de satisfacción de las necesidades logrado en las sociedades desarrolladas y la consiguiente inexperiencia de la necesidad y derogación de la mortalidad, no se limita, por tanto, a habitar la mediación cultural entre deseo y necesidad que implica el gusto, sino que ha encapsulado el deseo transformando su autonomía lúdica en autorreferencial. Entre los nuevos ciudadanos de las sociedades del bienestar no es la necesidad ni su proporcionalidad libre lograda en la elaboración cultural del gusto, sino una autonomía lúdica y autorreferencial -narcisista-del deseo la que establece el régimen de las satisfacciones humanas. El 68 es ciertamente la expresión crítica de ese malestar y la denuncia de esa opulencia, pero el denunciante es el sujeto nacido de ese régimen de satisfacciones y con los rasgos inequívocos de la ilusión histórica que supone la sociedad burguesa que deplora. Como Debord advirtió, "el hecho de que la utilidad bajo su forma más pobre (comer, habitar) ya solo exista en cuanto encerrada en la riqueza ilusoria de la supervivencia ampliada, es la base real de la aceptación de la ilusión generalizada que tiene lugar en el consumo de mercancías modernas. Estamos, pues, ante un sujeto configurado por la inexperiencia de las necesidades que impulsa la reducción de la muerte al estatuto de incidente y la inauguración de una existencia postmortal. Una existencia en la que la autoconciencia humana se ha desprendido de su milenaria condición, y ha adoptado la de una jovialidad correlativa con la invención social de la juventud y su elevación a categoría epocal y antropológica. Pues bien, en conjunción con todo lo anterior la "supervivencia ampliada" de la que hablaba Debord, y que implica la inexperiencia de la necesidad como régimen basal de la existencia, da a luz a un super-viviente de cuya (super)vivencia se han desvanecido las referencias al trance mortal que entrañan las necesidades. Es decir, se trata de un superviviente que no lo es por prevalecer a una circunstancia o riesgo mortal, sino a la mortalidad misma; estamos, pues, ante una supervivencia como estado de la conciencia y estado civilizatorio: la jovialidad como apoteosis en la curvatura del mundo postmortal. Como es sabido, apotheosis significa divinización, con frecuencia de un héroe vencedor. Pues bien, la supervivencia como morfología de unos seres sin necesidades pero con deseos que sacian sin apremio mortal alguno, y cuyas existencias discurren en una suerte de juventud lúdica sin fin, no es nueva. Es la vida de los dioses del Olimpo, cuyos rasgos felices resurgen ahora modélicos en la morfología de la supervivencia jovial. Los felices dioses del Olimpo comen y beben por deleite, por un sabor que sacia, es decir, por saber: por el gusto de conocer y saborear. Y ahí revelan que su divinidad es un paradigma hiperbólico del sapiens. Desde luego que Feuberbach acertaba al respecto: "los dioses son deseos realizados" (1846/2005, p. O, dicho de otra forma, son la plenitud paradigmática de la super-vivencia humana; nada más (y nada menos) que una proyección de los anhelos humanos. Y precisamente porque se trata de una apoteosis antropomorfa -tal vez la más humana de las hipérboles: ser como dioses sin muerte ni necesidad-, en los supervivientes olímpicos cabe como en ninguna otra invención humana una heurística de la dicha reveladora de la naturaleza y condición del hombre; y más en particular, del hombre contemporáneo según su forma pionera, la de los jóvenes del 68, porque ningún otro se ha atrevido a derogar la muerte (ni la necesidad). He aquí, pues, que la forma contemporánea de la autoconciencia, la jovialidad, es la realización histórica del paradigma olímpico en el superviviente postmortal. De hecho, si los deseos del hombre jovial se cumplieran, le pasaría como a Dorian Gray y "jamás vería marchitarse una sola flor de su hermosura. Jamás sentiría debilitarse en sus venas el pulso de la vida. Sería eternamente fuerte, alegre y dulce como los dioses griegos". Y así es en efecto, aunque se trate de una eternidad finita. He ahí, pues, el paradigma olímpico que, como si de una latencia arquetípica se tratara, ha venido a resurgir remedado casi dos mil 3. "La juventud como producto engendrado socialmente: en ningún lugar ni periodo histórico cabría definir a la juventud mediante meros criterios biológicos o con arreglo a criterios jurídicos" (Levi y Schmitt, 1996, p.
Este trabajo analiza la idea de creatividad social en relación con los acontecimientos de mayo del 68. Esta expresión aparece como foco de interés sociológico en un momento en el que las viejas estructuras de la modernidad burguesa se erosionan y emerge una nueva autoimagen del hombre postburgués: el artista. El texto explica los diferentes significados de la creatividad y los peligros que surgen en la sociedad moderna cuando la creatividad instituida oculta a la creatividad instituyente. Si alguna expresión de cambio social ha suscitado en la historia reciente la atención del amplio espectro de científicos sociales, y de la opinión pública en general, ha sido la de los acontecimientos de mayo del 68. Su irrupción coincide con el cuestionamiento y el desprestigio de símbolos, referentes y estructuras de una modernidad que ya no se reconoce en los viejos perfiles burgueses de la autoridad paterna en la familia, el especialista en la profesión, el súbdito en la política y el fiel en la religión. Las expectativas de nuevo cuño marcadas por un espíritu más reivindicativo y heterodoxo, afín al autodesarrollo personal y a la iniciativa individual, refractario a esquemas de autoridad y a paternalismos, valedor de una visión estética y esteticista de la biografía y de las relaciones sociales, y defensor de minorías y modos de vida alejados de las corrientes dominantes de la sociedad, componen un fondo coral que expresa la voluntad social de transformar el guion de los acontecimientos en el que los automatismos de la historia decimonónicos dejan su lugar a la agencia social. En términos de análisis social y atendiendo a la publicación científica más reciente (Boltanski y Chiapello, 2002; Florida, 2010; Koppetsch, 2006; Reckwitz, 2012), mayo del 68 es en especial expresión reveladora de un cambio de valores que madura en un curso histórico de muy largo recorrido. Además de transformaciones específicas en dominios sectoriales como los nuevos sujetos de la protesta representados por la juventud universitaria (Hobsbawm, 2000, p. 303), la transformación de las relaciones de producción hacia un cariz más espontáneo, informal y menos reglamentado (Boltanski y Chiapello, 2002), un modo de crítica social basada en la recuperación de las dimensiones lúdicas y expresivas de la condición humana (Marcuse, 1982), lo que se detecta en esa ola de cambios convulsos es una mutación honda y de calado en el magma soterrado de la imaginación humana en cuyas tramas se adivina una nueva autoimagen del hombre: la del artista creativo (Taylor, 2006, pp. 637 y ss.). Francia, y más en concreto París, se constituyen en símbolos que encarnan una mutación profunda y de una longitud de onda que va a expandirse con diferentes ritmos a lo largo y ancho del planeta. Casi medio siglo después de aquellas jornadas intensas y reivindicativas su efecto sorpresa ha pasado. Queda su eco en las tramas secretas de los modelos sociales posteriores, por ejemplo en las del actual. Así como hasta fechas recientes, por la proximidad con su acontecer, se trataba de un evento que se enfocaba como principio de una serie de cambios con los que se iniciaba algo nuevo y desconocido, la reflexión actual sobre mayo del 68 y su ideal de creatividad se percibe, ya con más retrospectiva histórica, como un punto de llegada de un largo proceso histórico en el que empieza a estabilizarse un determinado estado de cosas: el imaginario de la creatividad y el arte como discurso nuclear del conjunto de la sociedad (Reckwitz, 2012). PRECEDENTES: EL DESPERTAR DEL DISCURSO DE LA CREATIVIDAD En el entorno de esos días señalados de finales de los 60 (y en sintonía con las revueltas del 68) un debate inédito se instala en los discursos académicos y sociales: la creatividad social. De manera súbita y espontánea el interés social y sociológico por esa cuestión crece y se consolida. El rechazo a las parálisis funcionales y a los privilegios de clase forjados en las viejas estructuras de la modernidad burguesa alienta la idea de autonomía social e individual deudora de un elemento fundamental habitualmente olvidado: la creatividad de la acción. En este contexto marcado por el protagonismo de las aulas universitarias y por una atmósfera de contestación canalizada como novedad por la juventud universitaria (Hobsbwam, 2000, p. 669), con el cual la sociedad del momento redescubre en el pálpito artístico-creativo del viejo romanticismo, y posteriormente, en el del arte de las vanguardias, un legado revolucionario promotor de una imagen de la sociedad muy distinta a la que empieza a dar síntomas de descomposición. Se trata de algo que no era común hasta ese momento. La creatividad había ocupado un lugar menor o casi anecdótico en los grandes momentos del pensamiento sociológico. Autores tan sustantivos en la formación del imaginario sociológico como K. Marx, M. Weber, E. Durkheim y G. Simmel analizan periféricamente la creatividad, pero sin convertirse en el núcleo denso de sus investigaciones. Temáticas como el fetichismo de la mercancía en Marx, la experiencia carismática en Weber, la efervescencia ritual en Durkheim y la lucha entre las formas trascendentes y los procesos de formalización en Simmel, representan episodios sectoriales o de especial interés para otros objetivos explicativos de los citados autores. De igual modo, la teoría de la modernización que desde los años 30 del siglo pasado impera en el universo sociológico y que, entre otros, representa el sociólogo norteamericano Talcott Parsons, fija su atención en la adaptación a435 y estabilización del sistema social. Su preocupación es la consolidación del orden social en unos entornos de enorme complejidad y turbulencias internacionales. Este enfoque teórico, hegemónico hasta los años 60 del siglo pasado, concibe la vida social a partir de un proceso de secularización que encarna el proceso inexorable de la diferenciación funcional de la sociedad y que desemboca en la convergencia de todo tipo de sociedad en el modelo de las democracias occidentales secularizadas, descentradas, diferenciadas e individualizadas. Sin duda alguna, las contribuciones de los autores francfortianos de mitad del siglo pasado, como Walter Benjamin, Herbert Marcuse, Theodor Adorno, y posteriormente Jürgen Habermas, ofrecen una versión renovada de la sociedad moderna ya que coinciden en el diagnóstico de las cegueras del pensamiento identitario y en la necesidad de oxigenación críticodiscursiva con la que reorientar el curso errático de la razón moderna. Desde la otra parte del espectro político (conservador), Daniel Bell advierte del surgimiento de una subjetividad hedonista y esteticista que, en continuidad con una atmósfera moral permisiva y experimental, acaba erosionando los esquemas de rigor, autocontrol y disciplina inherentes a la racionalidad moderna. Ya en los 80 el arco de pensadores posmodernos como Francois Lyotard, David Harvey, Scott Lash y Frederic Jameson constatan, sin entrar en el corazón de la creatividad, el nacimiento de una sociedad en la que las esperanzas de emancipación universal de la modernidad declinan y los actores empiezan a priorizar las cuestiones del significante frente a las del significado, el fragmento frente a las visiones unificadas del mundo, la pulsión y expresión estética frente a las grandes síntesis de la teoría. Sin embargo, a partir de los años 70, surgen los primeros esbozos de una reflexión social y sociológica expresamente dedicada a la creatividad. Dicho de otro modo, esta empieza a ser pensada, meditada, convertida en problema. Tres serían los casos más representativos de este nuevo episodio de reflexión social: Cornelius Castoriadis (1988), Shmuel Eisenstadt (2000) y Hans Joas (1992). Estos autores van a entrar en los procesos de transformación de la sociedad moderna por la vía regia de la creatividad. Si bien es verdad que sitúan sus reflexiones en escenarios distintos, como el de lo ontológico en Castoriadis, lo histórico-evolutivo en Eisenstadt y lo intersubjetivo en Joas, se trata de contribuciones que comparten el hilo conductor de un elemento que, a pesar de su condición estructural en la vida humana, ha sido frecuente-mente apartado de la atención académica. En los tres autores se constata el impulso vivo del episodio social del 68 en la medida en que, a diferencia de los automatismos históricos prevalecientes en la teoría de la modernización, afrontan las dimensiones creativas del actor social en aspectos tan constitutivos de la experiencia social como la noción de orden, civilización e institución social. Los acontecimientos de la época llevan a estos marcos teóricos a explorar a fondo las condiciones de posibilidad de hechos sociales naturalizados por la sociología y a cuestionarse su supuesta consistencia ahistórica. Griego de nacimiento y francés de adopción, perteneciente a la corriente trostkista del marxismo, además de psicoanalista y economista, este autor estudia las dimensiones inexpresadas de una ontología (judeocristiana) que, desde sus orígenes presocráticos, ha encontrado en la categoría de determinación (Bestimmheit) el fundamento de sus reflexiones. Desde Grecia a la modernidad burguesa la filosofía ha pensado el ser como una realidad autosuficiente y clausurada a lo que solo cabe llegar con el uso metódico de la razón. El ser es un orden preexistente, abstracto y formalizado que, ya se sitúe en el mundo de las ideas de Platón, en el marco histórico en el que se autorrevela el espíritu (Geist) en el caso de Hegel, o en las contradicciones históricas finalmente reconciliadas con la revolución exitosa en Marx, solo cabe ser constatado como una realidad cerrada y clausurada por la indagación filosófica. El soporte epistemológico que subyace a este enfoque filosófico incluye un yo cognoscente que se acerca a un objeto acabado y clausurado en su ser a través de la facultad racional, que proporciona un modelo de verdad como adequatio. De igual modo, todo lo que es y ocurre es lo que habrá de ser y ocurrir sin margen alguno para la novedad y, algo más, sin espacio para la intervención creativa de la acción humana. Ante este dibujo filosófico Castoriadis (1988) profundiza en las tramas secretas de una realidad que, lejos de ser orden, es magma, y que constituye el principio dinámico y acausal de la complejidad del universo. Plantea una reflexión ontológica, de fundamentos, radical, por tanto, ya que explora la (in)consistencia de los supuestos irrebatibles de la filosofía occidental, como son el yo cognoscente, el mundo objetivo y la verdad como adecuación. Y lo hace convirtiendo en objeto de exploración el imaginario, la urdimbre viva, dinámica y transformadora desde la cual el ser se define como por-ser, como auto-alteración y, a435 por tanto, como multiplicidad (p. A su juicio, la estabilidad del mundo ha sido pensada en términos lógico-morales. Pero Castoriadis propone detener la mirada en lo sin-fondo del imaginario entendido como la condición de formalización de la conciencia lógica y formal. Se trata de las condiciones de posibilidad del pensamiento que no pueden ser pensadas. El imaginario actúa a partir de las tramas de sentido y al margen del principio de realidad ya que es su generador. En él no hay ser, sino caos generador de múltiples y provisionales formas de ser en ausencia de criterios lógicos y morales ahistóricos. Sus elementos originarios son imágenes y metáforas que, como bien sabía Nietzsche, se relacionan a partir de criterios de semejanza y similitud y cristalizan en realidades objetivas y objetivadas. Antes de pensar en una realidad acabada, el imaginario es creación de imágenes con las que se incorpora hemenéuticamente el sentido al mundo. La creación imaginaria es el nacimiento de un nuevo ideal de sociedad (Durkheim) en el que se proyecta el querer-ser intersubjetivo. Esto hace pensable el mundo. De esta forma, las sociedades podrán diferenciarse a partir de la relación que establezcan con su trasfondo imaginario: o bien ignoran su protagonismo creador y lo delegan en otras fuerzas externas como Dios, tradición o naturaleza, a las que Castoriadis denomina sociedades heterónomas, o bien asumen su responsabilidad creativa e incorporan elementos de autocorrección crítica y política, a las que define como sociedades autónomas. En el caso de Shmuel Eisenstadt el plano de la experiencia desde el que enfoca la cuestión de la creatividad es el histórico-evolutivo. Este pensador judío y alumno aventajado de Edward Shils debate con la teoría de la modernización y sus esquemas de convergencia para explorar las posibilidades desconocidas que albergan las experiencias de la modernización. En los años 70 este autor, ya conocedor de la teoría del imaginario de Castoriadis, indaga en los múltiples modos de expresión que pueden ofrecer los procesos de modernización que han sido silenciados por la hegemonía universal del modelo propiamente judeo-cristiano. En su reflexión la novedad epistemológica radica en que sitúa a la modernización en sus encuadres civilizaciones y en conexión con sus cimientos simbólicos. Existen diferentes dinámicas históricas modernizadoras que promueven las diferentes civilizaciones en las que tienen lugar a partir de los presupuestos cosmovisionales sobre los que se asientan. La clave explicativa de esas dinámicas históricas vendría dada por el (diferente) grado de tensión que en todas ellas se establecen entre los planos de la trascendencia y la inmanencia. Eisenstadt (2000) detecta una creatividad cultural (pp. 19-20) inadvertida en la vida de las civilizaciones que desborda los límites presuntamente universales del modelo de civilización judeo-cristiano y que surge históricamente de la mano de la idea de trascendencia. Pues bien, aquí juega un papel destacado el episodio histórico de la era axial de la que habla en primer lugar el filósofo alemán Karl Jaspers (1965). Con este concepto este autor remite al período histórico que abarca entre el 800 y 500 a. C. en el que surgen civilizaciones y religiones como la filosofía griega, el judaísmo, el cristianismo, el budismo, el confucianismo, el zoroastrismo y más tarde el islam. Todas ellas comparten una innovación cultural revolucionaria: la visión dualizada del mundo. La trascendencia y la inmanencia constituyen los dos planos de una experiencia que sustituye a la visión monista y compacta del mundo (Bellah, 2005, p. 71), inherente a las sociedades tribales y arcaicas (preaxiales). Si en estas el elemento nuclear es la conservación del orden cósmico al que liga su suerte y destino la vida humana, en las culturas axiales el elemento básico y novedoso es la idea de salvación individual. Se abre el período histórico en el que los actores toman conciencia del problema de la muerte y se hacen cargo de la orientación de su vida terrenal. Frente al plano trascendente de la salvación del alma, el plano de la inmanencia constituye el contexto en el que el actor individual crea y diseña modos de vida con los que ofrecer respuesta al interrogante ético del deber ser. Si aquel mundo es el de la beatitud y la vida eterna y, por ende, modelo ético del terrenal, en el más-acá rige la muerte y la contingencia. Todo es mutable, incierto e inestable: en definitiva, tiempo. Por ello, en este plano de la inmanencia los actores empiezan a asumir la conciencia de su libertad y su responsabilidad en la creación de formas de vida en las que la salvación es desafío prioritario. De algún modo esta moviliza la acción individual y la interacción político-social dentro de la esfera inmanente donde las biografías individuales y las instituciones políticas se rediseñan constantemente debido a su contingencia constitutiva. El surgimiento de esta visión dual de las civilizaciones axiales constituye un paso irreversible en el proceso evolutivo de la especie. Su contribución esencial consiste en la aparición de lo que Merlin Donald (1991) denomina la cultura teórica que, personificada por los pensadores y portadores del conocimiento, como filósofos, profetas, místicos, ascetas, literatos, etc. otorgan a las ideas y al pen-a435 samiento abstracto y universal un protagonismo inédito. Si bien en esas civilizaciones solo las minorías creativas (Toynbee, 1981, p. 343) pueden hacer uso competente de ese horizonte de conocimiento social debido a su elevado nivel de ilustración cultural, el embrión de su posterior y lenta democratización a lo largo de la historia ya está en curso de manera inexorable. De este modo, el problema de la salvación contribuye al surgimiento definitivo de una creatividad social en la memoria filogenética de la especie, en la que los primeros estadios cognitivos, es decir, el episódico, el mimético y el mítico se integran con el teórico (de la era axial) en la conciencia humana entendida como un "un sistema híbrido" (Donald, 1991, p. La imaginación y la argumentación constituyen los cimientos simbólicos de los que se componen las respuestas éticas de los individuos ante el desafío de la trascendencia. Y en este sentido, el avance evolutivo de la era axial ha acompañado desde entonces hasta la actualidad a la memoria cognitiva, cultural y moral de esas civilizaciones. En todas ellas reside el componente auto-corrector de la reflexividad y de la creatividad en lugar de mecánicas esenciales de origen divino, metafísico o natural. Y la singularidad de recorridos modernizadores descansa en las tramas cosmovisionales del conjunto de las civilizaciones. Más en concreto, en la específica manera de resolver la tensión entre trascendencia e inmanencia. De esta cuestión depende la mayor o menor tendencia al cambio de los marcos intramundanos. Así las cosas, las civilizaciones con una visión extramundana de la salvación, por ejemplo el budismo o el hinduismo, ofrecían pocos impulsos para una transformación política y social. Al mismo tiempo, las civilizaciones con una fuerte orientación intramundana, por ejemplo el judaísmo, el cristianismo y el islam, siempre en períodos concretos, mostraban una mayor tendencia a la transformación que a la conservación del mundo de modo que "el potencial para un proceso extenso y acelerado de transformación alcanzaba su valor máximo" (Joas y Knöbl, 2015, p. El sociólogo alemán Hans Joas representa el despertar de la creatividad en el plano de la reflexión sociológica. Afincado en los entornos del pensamiento pragmatista y reputada autoridad en la obra de G. H. Mead, Joas se convierte con su obra La creatividad de la acción (publicada originalmente en 1992) en uno de los primeros sociólogos que trata expresamente el problema de la creatividad. Y lo hace en un contexto poco favorecedor, como el de una corriente socio-lógica y cultural, el de la teoría de la modernización, que ensalza las reglas como herramienta explicativa del comportamiento social y del funcionamiento institucional. En este enfoque teórico la creatividad es lo por explicar, no lo que explica. Joas entiende que la sociología ha analizado la vida social sin acción o, con más precisión, sin entrar radicalmente en las consecuencias de la acción. Su potencial de contingencia y aleatoriedad ha sido reprimido por lógicas y mecánicas que alejan de la vivencia subjetiva y la convivencia intersubjetiva la aparición de lo inesperado y lo aleatorio; en concreto, la aparición de aquello que altera e interrumpe las líneas rectas y rutinarias de la vida social. Su concurso implica efectos y consecuencias que escapan a la capacidad de previsión y control del actor. En este sentido, Joas entiende que la creatividad es algo estructural en la acción. Se trata de la fuerza autotrascendente y renovadora de la interacción social que no se integra en las estructuras del orden, antes bien, las altera y, por lo mismo, las funda. Su relación directa con el cambio social y con la autonomía de la sociedad revela aspectos que han sido desatendidos en una sociología mayormente atenta a las continuidades de la vida social, y ajena a la capacidad de los actores para reorientar el curso de las cosas e intervenir voluntaria y consensuadamente en el mismo. Joas no se plantea la acción como núcleo básico desde el que elaborar una nueva teoría social junto a la marxista, la funcionalista, la sistémica, etc. Más que proponer una teoría social creativa o de la creatividad piensa en el componente creativo subyacente a todo actuar humano. No hay manera de despojarse de su inquietante presencia porque lo mismo que altera funda. En ese sentido cualquier análisis sociológico habría de contar con los efectos inesperados y eventuales cambios derivados de la acción. Esto es algo que, según Joas, los sociólogos de los años 70 y 80 empiezan a realizar. A diferencia de las rígidas armaduras conceptuales de la sociología de la modernización, modelos sociológicos como la teoría del imaginario social de C. Castoriadis, el estructuralismo genético de P. Bourdieu, la teoría de la estructuración de A. Giddens, entre otros, vienen a hacer visible el momento de ruptura que inexorablemente ofrece la acción. Las denomina a todas ellas teorías de la constitución que, por un lado, dicen no a visiones deterministas y transhistóricas del curso temporal y, por otro, afirman la existencia del cambio social a partir de decisiones y acciones de los miembros de la sociedad (Joas, 1992, p. Uno de ellos es la idea de un sujeto que no se acerca al mundo con el único cometido de conocerlo. Antes bien, el sujeto es parte del mundo que, antes que a conocer, le incita a actuar, a hacer, a intervenir en los desafíos que le interpelan. Su conexión con lo que en él acontece es directa, y la tarea del conocimiento solo es comprensible al albur de los estímulos del entorno, nunca en abstracto. Toda acción es respuesta al carácter situado del actor en un contexto específico. Otro aspecto sería la dimensión social de la acción. El actor forma parte de una atmósfera que le constituye medularmente. La figura del individuo no es el elemento inicial y esencial en el análisis de la creatividad ya que en ella se dan cita un sinfín de condicionantes sociales que la hacen posible. Joas se detiene en los códigos de comportamiento social como referencias inexcusables desde las que explicar las decisiones y acciones del yo. Y el último aspecto sería el de la relevancia del cuerpo en la acción social. No en vano, se trata de una instancia cuyo protagonismo ha sido menor por la hegemonía de la mente y la razón de cuño cartesiano. Joas recupera las dimensiones expresivas que intervienen en las propuestas sociales de los actores que se activan desde experiencias autotrascendentes conformadoras de valores y creencias, y posteriormente se articulan argumentativamente en el debate social. En estas tres reflexiones que tratan expresamente la creatividad prevalece un rasgo común y compartido: la creatividad es una instancia potencial y posibilitante cuya presencia inesperada supone la aparición de lo desconocido en el plano ontológico, histórico-evolutivo e intersubjetivo. Se trata de lo que prepara (Bloch) un futuro estado de cosas que no puede anticiparse por la condición de alteridad del hecho creativo. Sin embargo, lo que ocurre en la actualidad es que la creatividad ha devenido imaginario social contemporáneo. Más que como potencia, hoy se ha actualizado como institución. Podemos hablar de la creatividad como escenario de normalización y como norma que define los contornos de lo pensable en nuestros usos sociales. En este sentido, mayo del 68 era el inicio de un modelo social en que se democratizó la figura del artista creador. Pero, como se expondrá a continuación, también fue final de un largo proceso histórico en el que culminaba la transformación radical de la sociedad moderna y de la autoconciencia humana. CULMINACIÓN DE UN LARGO PROCESO HISTÓRICO: LA CREATIVIDAD COMO NORMA En nuestro tiempo se ha producido un hecho inédito sin parangón en la historia humana. La creatividad se ha hecho realidad. Su alcance semántico impregna el conjunto de actividades y ámbitos de la vida social. Si hasta fechas recientes ha sido pensada como potencia instituyente, ahora se ha convertido en actualización instituida. La creatividad del arte y el artista se desplazan desde la periferia al centro de mando de la sociedad. La visión antagónica de la modernidad escindida entre el ámbito del cálculo y el de la creatividad se resquebraja. La creatividad artística ya no corresponde a un ámbito funcional de la sociedad. Se ha transformado en la palabra sagrada (Bröckling, 2013, p. 152) cuya fuerza semántica lo abarca todo. Cuando se habla de creatividad como centro de la vida social, dos serían los rasgos que dan forma a tal experiencia. En primer lugar, una búsqueda casi obsesiva de la novedad. El gran desafío del actor contemporáneo es el de la originalidad. Buena parte de las orientaciones del comportamiento social están movidas por la noción de ruptura con lo establecido. Se vive la necesidad imperiosa de aportar diferencia a todo lo que se hace. Las estructuras internas de las instituciones, los criterios de productividad de las organizaciones económicas, las pautas de estabilización de las empresas en el mundo globalizado y la autoimagen de los individuos, entre otros, son tramas sometidas a la novedad. Especial interés ofrece la creatividad dirigida a "la conformación del individuo mismo" (Reckwitz, 2012, p. 11) sobre la base de una propuesta de originalidad concebida como ruptura, diferencia y divergencia. Richard Rorty habla de "la cultura de la autocreación" (1991, pp. 159 ss.) para definir esta forma de estar en el mundo característico del hombre de nuestro tiempo. Por otra parte, el modelo del artista, antes demonizado en los inicios de la modernidad burguesa, ahora cobra un protagonismo tan intenso que le convierte en un referente constante de actos y decisiones. Taylor (2006), "existe un conjunto de ideas e intuiciones, aún no comprendidas del todo, que nos lleva a admirar al artista y al creador más que ninguna otra civilización; que nos convence de que una vida dedicada a la expresión o a la representación artística es eminentemente valiosa" (p. La creatividad es representada por un perfil social que, por ejemplo, para hacer visible la peculiaridad de nuestro tiempo, no formaba parte del cuadro de los tipos de acción social que Max Weber (1987, pp. 20 y ss.) a435 definió con carácter casi canónico para la reflexión sociológica (Knöbl, 2011, p. El artista de las vanguardias de principios del siglo XX destaca en la aridez burocrático-funcional del modelo maquinista por el hecho de incorporar afectividad a sus obras. Esta carga afectiva se sitúa en el centro de la relación social transmitiendo y convocando al otro, al público. El modelo del artista, por tanto, representa un tipo de acción más integral que incluye sectores de la vida humana que habían sido menospreciados por la obsesión acumulativa de la modernidad burguesa. Una vez analizado el significado de lo creativo como el foco vertebrador de la sociedad contemporánea se trataría de repensar la noción de modernidad que se proyecta desde este centro neurálgico estético. El elemento destacable sería que el énfasis funcional y racionalizador se debilita o se transforma sin que ese surco teleológico desaparezca, antes bien, se reubica. La dimensión estético-creativa no viene a desdecir las poderosas tendencias calculativas y normativas que han predominado en la modernidad inicial. Si acaso, su presencia sustantiva en los actuales modos de vida llena un déficit estructural que acompaña los dos últimos siglos de la historia humana: la ausencia de la afectividad como elemento inexcusable de la vida social. La expansión de la creatividad constituye un síntoma, un indicio de algo que exigía presencia en los actos sociales pero que había sido maniatado por la racionalidad funcional para una mejor gestión técnica de la complejidad de las sociedades avanzadas. Los actores quieren expresarse más allá del perímetro de lo doméstico y lo funcional, pretenden mostrar sus afectos o incorporarlos a buena parte de sus contextos de acción, aborrecen un modelo de vida que parte en dos polos totalmente incomunicados, razón y afecto, la dimensión integral de la condición humana. Un paso decisivo tiene lugar cuando los perfiles característicos de la creatividad contemporánea como gastrónomos, diseñadores, publicistas, modistas, ingenieros, etc., liberan su afectividad en el manejo objetivo de los artefactos técnicos de sus oficios y conjugan libre y experimentalmente la convivencia de sendos dominios de la vida humana y profesional, hasta tiempos recientes enfrentados e incomunicados. La modernidad estética promueve la creatividad como instancia de reencuentro de una forma de vida descompensada, durante gran parte su recorrido, hacia la esfera técnico-productiva. Desde los años 70 (más en concreto, desde el umbral histórico de mayo del 68) se constata una transformación paulatina pero insistente que echa raíces en una vertiente de la tra-dición igualmente moderna, como es la romántica, pero soslayada o alejada de los centros de organización y decisión social, y que consuma su irrupción y consolidación estructural desde el momento en que "las ideas y prácticas de las viejas contraculturas y subculturas se transforman en hegemónicas" (Reckwitz, 2015, p. Dicho de otro modo, el ideal de la creatividad se convierte en el segmento dominante de la cultura del presente en sus formas de trabajo, consumo y relación. En este orden de cosas, podría hablarse de una visión de la modernidad que ya no responde al origen ascético-burgués glosado, en especial, por Max Weber, en la medida en que la racionalidad medios-fines y la experiencia estética por separado son básicamente "puntos extremos de un continuum" (Reckwitz, 2012, p. Es decir, no son inexorablemente excluyentes entre sí. Más bien, se han escindido debido a un modo de vida que promovió la tendencia compulsiva hacia la eficacia, y en el que el medio técnico se convirtió en finalidad social. Sin embargo, a día de hoy lo que predomina en nuestras miradas de la experiencia ordinaria son combinaciones cruzadas en las que la estética adereza y nutre las actividades sociales de todo tipo y la razón instrumental se resitúa en el plano de los medios técnicos. Estamos, por tanto, ante un cambio de la estructura social. El arte se ha desplazado hacia el centro de las estructuras organizadoras del modo de vida contemporáneo. El artista y sus rasgos tales como la experimentación, la originalidad, la sed de reconocimiento, la lucha contra lo canónico, entre otros, se imponen en todos los órdenes de lo social. La modernidad no es algo monolítico. Dicho de otro modo, "la modernidad no es sólo una maquinaria de des-estetización, también de estetización" (Reckwitz, 2012, p. En este sentido, la consolidación de la creatividad como valor prevaleciente supone el nacimiento de un modelo de subjetividad que se expande por los diversos recintos de la sociedad y que no encaja con las pautas identitarias de origen burgués. El alma romántica y el alma ilustrada ya no caminan por separado. El sujeto creador actual las cruza en sus producciones. Por ello, no se identifica con el artista romántico abandonado a su sola meditación sin contacto con el mundo y sus recursos profanos, ni con el técnico o especialista que sigue pautas mecánicas del trabajo en cadena sin contacto con sus tramas emocionales. En este contexto surge una nueva versión del modo de vida metódico, cuyo objetivo ya no es la disciplina y el autocontrol afectivo sino la autoafirmación y la experimentación. Surge una nueva moral del trabajo basa-a435 da, por un lado, en la importancia de los contenidos del trabajo y, por otro, en las expectativas de la satisfacción subjetiva y la autorrealización individual (Koppetsch, 2006, p. Esta sistematización de la conducta, que viene dada también por la difusión global del soporte tecnológico, descansa sobre un elemento de no-planificación y aleatoriedad del trance creativo que se armoniza con la racionalidad instrumental. De algún modo, "la innovación técnico-económica y la creatividad estética se asocian" (Heubel, 2002, p. Aquí la racionalidad técnica se acopla a la exigencia de racionalidad estética consistente en la producción orientada a la novedad. Aunque entre ambas formas racionalidad no existe ninguna homología estructural, toda vez que la racionalidad formal tiende a procesos anónimos guiados por una lógica de incremento de los rendimientos frente a la dimensión opuesta de la racionalidad estética orientada a la producción de la novedad ante un público al que hay que encantar desde el deleite emocional, el imaginario de la creatividad resulta de una complementariedad entre ambos modos de la racionalidad. GENEALOGÍA DEL IMAGINARIO DE LA CREATIVIDAD Las reflexiones sociológicas más recientes sobre la creatividad, emparentadas con las expuestas anteriormente, introducen una mirada bien distinta. Se enfrentan a una creatividad instituida como forma de vida (Lebensform). Su condición de hecho social cristalizado no sugiere análisis de la creatividad referidos a lo que está por-venir, más bien a lo que ya está consumado. Sobre este particular Andreas Reckwitz (2012) realiza un estudio genealógico que describe la dinámica histórica que desemboca en el modelo social actual y que revela la fuerza incontinente del arte para colonizar otras esferas de la modernidad. Ese proceso atravesó por diferentes fases: en primer lugar, fue nicho; tiempo después, se transformó en contracultura; y, por último, se convirtió en norma. En los primeros momentos de la modernidad el arte ocupa un espacio y un protagonismo marginal y subsidiario. Es el nicho en el que se condensan los perfiles y las actividades socialmente desvirtuadas y las incipientes voces discordantes con el sistema de producción capitalista. El núcleo de la sociedad lo constituye la conciencia burguesa, la filosofía maquinista, la secularización de creencias e ideales, el control técnico del mundo, la neutralización afectiva del cuerpo humano y la hegemonía del individuo autorreferencial y autosuficiente. Asimismo, el sustento normativo de la religión contribuye a la catalogación y convalidación moral de los comportamientos sociales en los que la bohemia se concibe como la periferia marginal de los núcleos de decisión política. El arte se ocupa de la belleza y el artista la engendra sin más relación con los centros de decisión de la sociedad que la de ser un mero episodio de compensación afectiva en medio de la erosión emocional provocada por la conciencia instrumental burguesa. Proporcionan disfrute, huida de la realidad y ensoñación onírica. Pero no influyen sobre la realidad entendida como una experiencia radicada en los procesos de actividad económica. En este esquema la socialidad artística se localiza en la bohemia donde se liberan los rigores morales de la sociedad y donde una atmósfera de permisividad y laxitud impregna las biografías y las experiencias de los artistas. Se trata de contextos que facilitan determinadas actividades desempeñadas por personalidades excéntricas y excepcionales por su contacto con la inspiración ultramundana. El perfil del artista queda recogido en la figura del genio. Su obra está motivada por factores ajenos y extraños a la conciencia burguesa rígida y disciplinada. Su estilo de vida se encarna en una minoría aristocrática no integrada socialmente porque su actividad profesional no encaja en la tipología de los oficios reconocidos orientados básicamente hacia el trabajo remunerado. La gran aportación social es la educación sentimental con la que refina la rudeza y la insensibilidad burguesa. Sin embargo, ya en este período de la experiencia artística se anuncian voces minoritarias que cuestionan los usos y abusos de la insaciable economía capitalista. En 1851 tiene lugar en el Cristal Palace de Londres la I Exposición Universal en la que los destellos de la opulencia en sectores como la arquitectura, los objetos técnicos, la producción industrial, el interiorismo, absorben la atención de esas masas anónimas sedientas del calambrazo de la nueva divinidad secular: el consumo. Una de las primeras expresiones de rechazo es el movimiento denominado Art-and-Craft, que se dirige contra la producción industrial estandarizada y promueve una interpretación alternativa del trabajo y el consumo. Este movimiento pretende anular la diferencia insalvable entre trabajo y arte acudiendo a un concepto integrador como el de artesanía. Con él se trata de hacer una defensa de los artefactos artesanales producidos por el hombre y para el hombre, donde no hay primacía de la producción ni de la circulación, donde el productor y el usuario no se someten al predominio del objeto y donde el trabajo y sus obras invitan a la realización y al disfrute personal respectivamente. Consistiría, por tanto, en un intento de cuestionar el cariz impersonal y objetivo de la economía capitalista al ver en la actividad artesanal los modos de trabajo a435 que salvaguardan la expresividad de los individuos en la producción y el uso de las mercancías. Esta voz minoritaria e inaudible de rechazo a las lógicas de la economía capitalista nunca ha dejado de estar presente en la vida moderna. Es más, se fortalece en los años 50 y 60 del siglo XX. Esta transformación tiene lugar, primera y tímidamente, en los procesos de producción y de consumo con la llegada del sistema fordista. Radicado originariamente en Estados Unidos y basado en el imaginario de la affluent society, el fordismo se consolida a partir de una contradicción de base. Por un lado, insiste en el proceso de racionalización de la modernidad burguesa orientado hacia una sociedad hiperorganizada, centrada en la planificación económica y diseñada bajo el modelo de la gran corporación con una rígida jerarquía y división del trabajo. Asimismo, activa una profunda estetización de la vida cotidiana. Las clases medias encarnan los primeros episodios de actores contemporáneos que encuentran sentido en el consumo masivo en el que ya no predomina el valor de uso sino el valor estético y simbólico de las cosas. Todo esto es posible por la revolución técnica que se está produciendo en ese momento histórico y que permite la difusión y el disfrute a gran escala de la estimulación estética. La radio, el cine, el tocadiscos y, más tarde, la televisión, se brindan a la novedosa recepción estética. A mitad de siglo pasado surgen las primeras expresiones de rechazo del sistema fordista. Una mutación axiológica, de la que habla Charles Taylor en referencia a ese giro expresivista que tiene lugar en la sociedad de los años 60 del siglo pasado (primero en Estados Unidos), se produce con el resultado de una alteración del cuadro global de la sociedad. Ese giro tiene en la experiencia artística su núcleo fundamental. Ya no se trata tanto de un consumo masificado y organizado de la producción, sino de una reivindicación de la figura del artista como modelo de vida. Y en concreto, del artista de las vanguardias. Todos los individuos están llamados a orientar su vida desde sus parámetros basados en la expresividad. Esta concepción del arte se sitúa en las antípodas de la estética de la cultura de masas y del conformismo social del sistema fordista. Reivindica el arte como algo que excede el espacio de la belleza de la modernidad burguesa y que cobra vida como núcleo directriz de las prácticas sociales. Ya no se trata de una parte de la experiencia humana, sino de la experiencia humana integralmente concebida desde la expresividad estética. Términos como autenticidad, autodesarrollo, plenitud, vivencia etc. se convierten en referentes semánticos del discurso social y, al mismo tiempo, del discurso académico de la psicología y la pedagogía, como ocurre en los casos de A. Maslow, E. Fromm y H. Marcuse, entre otros. De algún modo, las tramas del romanticismo y las vanguardistas confluyen, renovando el sustrato de creencias de la sociedad. La vida planificada del futuro y la experiencia volcada hacia el recuerdo del pasado se debilitan ante una existencia centrada en el vértigo del presente. Así las cosas, este episodio post-romántico y post-vanguardista se caracteriza por la democratización de la creatividad espontánea, que "exige experimentar la vitalidad del momento, vindicar la espontaneidad contra la rutinización, contra la repetición de actos idénticos en la creación de lo nuevo" (Reckwitz, 2010, p. La creatividad entendida como la capacidad de elaborar ideas y actos imprevistos y novedosos, de combinar de manera inédita distintas representaciones y prácticas o de trascender fronteras y límites rígidamente arraigados, se presenta como presupuesto natural de un sujeto que se realiza a sí mismo. Esta mutación simbólica de la sociedad se corresponde con numerosos movimientos de protesta que ganan visibilidad social e influencia sobre la opinión pública. A partir de este momento, la dimensión estética se transforma en contracultura a través de la que se proyectan, de manera múltiple y diversa, visiones alternativas a la imperante. La visión burguesa del mundo queda seriamente cuestionada. Elementos de la vida creativa, que hasta ese momento existía en nichos sociales diseminados, se erigen, se radicalizan y se configuran como referentes atractivos favorecedores del cambio de valores. Recogen una sensibilidad diversa y comprometida dirigida hacia temas como la defensa medioambiental, los derechos de la raza negra y de la mujer, la oposición ante la guerra, los excesos de la explotación capitalista, etc. En este orden de cosas, en los años 80 la creatividad artística se convierte en norma. El arte se sitúa en los centros de decisión y organización de la sociedad. La bohemia artística abandona la periferia para, luego de representar la posición antagónica y alternativa a la sublimación burguesa y fordista de la producción, convertirse en voz cantante del presente histórico. El referente simbólico de la innovación habla en favor del gesto creativo como el impulso irrenunciable del bienestar social. Arte y técnica se cruzan y se solapan. Y lo hacen liberando la inventiva en el trance experimental de la creatividad, en el que los instrumentos técnicos ofrecen sus recursos a la ensoñación y a la imaginación. Este binomio ya no corresponde en exclusiva a un segmento o clase social, ni a un perfil pro-a435 fesional, ni a un entorno cultural. La complejidad tecnológica ya no es, per se, un obstáculo o impedimento que bloquea la proyección creativa. Muy al contrario, convive con la invención y es parte sustantiva de las realizaciones individuales en los diferentes planos de la experiencia social. Las nítidas fronteras de antaño entre sendos espacios sociales se diluyen. Este hecho social de reciente factura describe las claves simbólicas del tiempo actual. La experiencia artística invade los diferentes planos de la cultura contemporánea. Comparece como una oportunidad para la autoexpresión individual en el curso de la acción, pero también como un desafío irremplazable que obliga a generar originalidad. Su normalización se traduce en exigencia, cuando no en coacción. Solo los espíritus más originales tienen garantizada la presencia en los espacios densos y decisivos de la sociedad. Reckwitz (2015) habla de la paradoja inherente a la normalización estética. No en vano, su carácter de desafío irremplazable se vive, en determinadas ocasiones, como una disciplinización de "segundo orden" (Reckwitz, 2015, p. 46), desde el momento en que no se condensa en los cuerpos domesticados, sino en la imperiosa necesidad de "marcar distancia frente a lo actual y las rutinas e incluir un elemento de lo sorprendente y lo imprevisible" (Reckwitz, 2015, p. La creatividad ha devenido nuevo destino inexorable que convierte a todo individuo en artista pero con desiguales resultados en términos de originalidad. CONCLUSIÓN: LAS ENCRUCIJADAS DE LA CREATIVIDAD Se decía anteriormente que la época actual tiene algo de inédito en la historia. La creatividad se ha convertido en norma y en normal. Las voces de la academia que clamaban por una sociedad diseñada desde los parámetros de la creatividad artística pueden verse representadas en el actual modelo de la sociedad moderna que se consolida con motivo de los acontecimientos de mayo del 68. Es difícil saber si aquellas esperanzas en futuros modelos sociales animados por la utopía estética hoy se considerarían culminados y consumados en el actual. La creatividad se ha hecho realidad, más en concreto, principio de realidad. Y en ese sentido, la creatividad ya no solo libera, expande y estimula el ingenio y la libertad, también ofrece frenos, resistencias y coacciones. La normalización de la creatividad obliga al conjunto de los actores a ofrecer originalidad en cada aspecto de su vida, a vivir la creación como un imperativo. No es que queramos ser creativos, es que debemos serlo (Reckwitz, 2012, p. La propia sociedad premia esa creatividad bajo etiquetas de enorme prestigio en nuestros días, como innovación, emprendimiento, talento, etc. Y por diferentes motivos de orden educativo, económico, cultural etc. no todos los individuos están en iguales de condiciones de acceder a las máximas cotas de reconocimiento social. Una nueva escisión social se trama en el seno de la cultura de la creatividad. Pero de igual o mayor importancia es el problema del significado de la creatividad en nuestros usos sociales. Hoy es principio de realidad y, en ese sentido, su condición de hecho social consolidado en las conciencias de los actores puede hacer olvidar que ha sido propiamente imaginada y proyectada. Es decir, que ha sido creada. El peligro de nuestro tiempo es que esta sociedad vea creatividad por doquier salvo en los procesos instituyentes que la crearon. Negar esta realidad implica que el concepto de creatividad instituida se explique sin creatividad instituyente, sin esas dimensiones potenciales (Castoriadis, Eisenstadt y Joas) que forman parte de la génesis del hecho social y que lo convierten en algo contingente y provisional. Mayo del 68 fue una fecha histórica cargada de resonancias. Con ella nacía la sociedad de la democratización de la creación. Y también nuevas expresiones de desigualdad social.
RESUMEN: Las empresas spin-off son una de las herramientas puestas a disposición de las universidades para comercializar y transferir el conocimiento científico generado en su seno, sustrato fundamental del proceso innovador que demanda el capital de las economías desarrolladas. Análogamente, constituyen un nuevo objeto de noticiabilidad en los medios de comunicación, que prestan ocasionalmente sus espacios informativos a dar cobertura mediática de la actividad desarrollada por tan singular tipología de empresas. El objeto de esta investigación estriba en analizar y comparar la cobertura mediática recibida por las spin-off de dos de las universidades más prolíficas en la creación de estos entes económicos privados en el estado español, La ciencia, en tanto que institución social, no puede considerarse como entidad ajena a las dinámicas de transformación a las que se ve sometida la sociedad en cuyo entramado de relaciones se inscribe. De hecho, la conjunción de ciertas circunstancias históricas ha terminado situando la actividad científica en el epicentro del desarrollo económico y del proceso de innovación tecnológica en las sociedades avanzadas (Etzkowitz y Leyersdorff, 2000, p. El saber científicamente sancionado, en especial aquel catalogado como «básico», abría a las empresas una ventana para escudriñar los productos y servicios que se ofertarían en un futuro no muy lejano (Dickson, 1988, p. 102), confiriéndoles así la oportunidad de apropiárselo y explotarlo antes de que sus inmediatos competidores tuvieran acceso a ellos. La necesidad del capital de aumentar su productividad y su competitividad internacional requería, por tanto, que el intercambio, la transferencia del conocimiento, se produjese en mayor escala, de manera discrecional, y con un mayor grado de intensidad en las relaciones forjadas entre los diferentes actores del proceso innovador. El interés por el saber científicamente sancionado que la crisis económica despierta en la industria corre análogo al que los policy makers de la ciencia mostraban en sacar rédito económico del mismo. En una de las primeras alocuciones públicas del science adviser de Ronald Reagan, George Keyworth III, este ya puso de manifiesto la importancia que tenía para la salud financiera de las universidades estadounidenses, sufragadas masivamente con recursos públicos desde la II guerra mundial, el estrechar sus lazos con las empresas (Dickson, 1988, p. En este nuevo escenario, en el que la drástica reducción en la financiación pública de la ciencia hace virtud de la necesidad y posibilita la adopción de una política de transferencia del conocimiento mucho más agresiva, se comienza a hablar por primera vez de la «tercera misión de la universidad» (Barge-Gil y Modrego, 2009, p. Como remedio a la debilidad estructural del mercado único europeo, acuciado por el empuje de las potencias consolidades y emergentes, el Libro blanco de la educación y la formación (Commission of the European Communities. 15) propugnaba potenciar la innovación en las diferentes economías nacionales mediante una colaboración mucho más estrecha y coordinada entre los tres entes que integraban la «Triple Hélice» (Etzkowitz, 1993, pp. 327-328), a saber, Academia, Industria y Estado, orientada hacia un objetivo compartido y canalizada a través de los mecanismos y espacios dispuestos para tal fin (Bueno Campos, 2007). En lo que respecta estrictamente a las instituciones académicas, las nuevas responsabilidades en las que se concreta su redefinida posición en la industria de I+D (Echevarría, 2003, p. 58), en la que ahora tomaban un peso preponderante, serían: promover la cultura científica entre los estudiantes universitarios y el resto de la sociedad, transferir el conocimiento al tejido productivo, para lograr efectos positivos en la competitividad y en la productividad, y poner en marcha políticas de fomento del emprendimiento, sin las cuales no sería posible un aprovechamiento efectivo de esos conocimientos transferidos (Bueno y Casani -Fernández, 2007, p. Por su parte, entre las diferentes lecturas recibidas por la «tercera misión de la universidad», la interpretación que presenta más adeptos es aquella que adjetiva a las instituciones superiores de docencia y ciencia como "emprendedoras" (Guerrero y Urbano, 2012), esto es, que apuestan por la comercialización tanto de sus recursos técnicos y tecnológicos, como también del conocimiento obtenido por su personal humano (Bueno Campos y Casani Fernández de Navarrete, 2007, p. Las empresas spin-off son uno entre tantos otros mecanismos a disposición de las instituciones superiores de docencia y ciencia, entre otros centros de investigación, para hacer efectiva la transmisión del conocimiento a la industria, comercializando el conocimiento generado en su seno, así como las capacitaciones y competencias del equipo humano de la institución. Son tres grandes rasgos los que diferencian una spin-off de cualquier otro tipo de entidad empresarial (Aceytuno Pérez y Cáceres Carrasco, 2009, p. El alma mater de toda spin-off académica es, con frecuencia, la universidad. Y entre ambas entidades opera el trasvase de conocimientos (objetivado en base a diferentes fórmulas, como las patentes o los contratos know-how) que da propiamente contenido al concepto de transferencia (Nuevos mecanismos de transferencia de tecnología, p. Además, es el personal de la misma institución de enseñanza el que pone en marcha estas iniciativas empresariales, al objeto de comercializar aquellos resultados de investigación obtenidos gracias a la movilización de los recursos de la universidad de origen. Esto es, al menos, lo que prescribe la teoría. La realidad es ciertamente muy distinta. De hecho, no puede hablarse strictu senso de transferencia del conocimiento entre la universidad y su empresa spin-off, pues no existe en modo alguno la independencia real que se presupone entre ambas entidades. El saber científicamente generado no ha cambiado de manos. Los mismos que lo produjeron, valiéndose de recursos financieros y técnicos ajenos, son los que ahora interponen una empresa spin-off para explorar y explotar, con fines de lucro privado, las rentabilidades comerciales que este pueda granjear en el mercado. Por tanto, en la antinomia entre los conceptos spin-off académica y transferencia se expresa teoréticamente el conflicto entre la disposición normativa y la realidad de la comercialización del conocimiento. Las relaciones mantenidas por el ente empresarial y su universidad de origen no están mediadas por los preceptos de independencia y autonomía que la noción de transferencia requiere, sino por el carácter estrecho de su vinculación. Este particular puede constatarse atendiendo a aspectos tales como la procedencia de parte del capital semilla con el que se pone en marcha una spin-off; el empleo de las instalaciones, recursos y servicios dispuestos por las universidades para el desarrollo de la iniciativa empresarial; la compaginación de sueldo público y emolumentos privados por parte del personal investigador que constituye la spin-off (la excedencia no es una obligatoriedad contemplada en la Ley Orgánica de Universidades para las Empresas de Base Tecnológica creadas con recursos públicos); o las mismas condiciones contractuales que posibilitan el retorno parcial de la inversión hecha por las universidades, y que se cifra al buen desenvolvimiento de la empresa spin-off en el mercado. En otro texto (Arboledas, 2016, pp. 26-27), se han enunciado estos nexos de unión con mayor grado de detalle. Lo común y esencial a todos ellos es que la misma naturaleza de la interrelación entre la empresa derivada de la universidad y su propia alma mater, termina por ligar inextricablemente la suerte de ambas entidades. A tenor de lo visto, cabe considerar a las empresas spin-off como la consumación más perfecta de la lógica imperante en la vinculación universidad-empresa que las políticas científicas y académicas sancionan, por la que las primeras deben de promover un entorno fértil para el cultivo y explotación de actividades empresariales (Guerrero y Urbano, 2012), apostando, para ello, por la comercialización de sus recursos tecnológicos y humanos. La investigación académica se ha liberado del yugo de la coacción autoimpuesta en la estricta observancia de las necesidades del capital (Kleinman, 2010, pp. 31-34), transformándose ella misma en capital. En el nuevo escenario de la práctica tecnocientífica que las empresas spin-off consagran, la Comunicación Social de la Ciencia juega un papel determinante. Sus estrategias comunicativas (en especial, las que comprenden a los mass media como vehículo para penetrar en la opinión pública) responden a la pretensión de involucrar a los públicos en las relaciones públicas que ellas mismas despliegan (García-Hernández, Martínez-Rodrigo y Victoria Mas, 2016, p. Con tal proceder legitiman, por un lado, su propia praxis social y las relaciones sociales de producción instaladas en el interior de la ciencia que amparan su existencia y, por el otro, reproducen y refuerzan las prioridades mostradas por la política científica, que promueve el empleo de los menguantes recursos de las universidades para la creación de empresas que explotan, con fines de lucro privado, aquellos conocimientos y recursos que son propios de las primeras, financiadas en su mayoría con dinero público. Pero no solo a las empresas spin-off les resulta indispensable encontrar eco mediático. De hecho, dado el vínculo estrecho que une a estas con las universidades que las engendraron, mencionado más arriba, puede aseverarse que estas también necesitan introducir en la agenda de intereses de los medios de comunicación a sus Empresas de Base Tecnológica (EBT), al objeto de poner en valor, por extensión, su implicación con la comercialización de los resultados de la investigación. Una de tantas acciones específi-a437 cas que se derivan de la perfectamente pergeñada estrategia de comunicación que articulan estas empresas tecnocientíficas (Echevarría, 2003, p. 39), con la que promocionar su marca comercial entre los diferentes stakeholders de la universidad, adquirir un mayor prestigio y, en lo posible, substanciar aquellos objetivos específicos que se marcasen en relación al impacto mediático de sus actividades de transferencia del conocimiento a la industria. Aunque dinamite muchos de los preceptos axiológicos mertonianos sobre la independencia y carácter desinteresado de la institución científica, nada tiene de sorprendente que esta institución social pretenda encauzar el caudal comunicativo con fines estratégicos, esto es, para la defensa de sus intereses particulares. De hecho, el concepto mismo de Comunicación Social de la Ciencia no puede concebirse ni explicarse fuera de las circunstancias históricas que hicieron de la diseminación del conocimiento científico y de la instrucción de los ciudadanos en las vicisitudes investigadoras una necesidad imperiosa para la propia preservación y reproducción de la ciencia. Sus raíces históricas se hunden en la economía política que siguió a la devastación operada por la II guerra mundial, en la construcción de sistemas nacionales de ciencia y tecnología integrados y centralizadores en la toma de decisiones y el emplazamiento de recursos (Alcíbar, 2009, p. 166), siendo estos últimos abrumadoramente públicos. Esto es, el ciudadano, con su dinero y con su voto, constituía el pilar esencial sobre el que aquellos descansaban, por lo que resultaba ineluctable e ineludible la tarea de presentarle las bondades de la investigación científica, informarle de sus avatares (particularmente, en lo que respecta a sus avances), convencerle de su contribución al progreso económico y al bienestar social y, por supuesto, crear para él un clima de opinión favorable a la continuidad de la inversión en investigación. Con el más reciente tránsito de la macrociencia a la tecnociencia, operado en virtud de la progresiva informatización y empresarialización de la práctica investigadora (Echevarría, 2003, p. 12), la Comunicación Social de la Ciencia -la cual, en rigor, debería denominarse ahora Comunicación Pública de la Tecnociencia (Alcíbar, 2009; Alcíbar, 2015)-incorpora una nueva y esencial función: la de vencer cualquier resistencia que en la sociedad pueda auspiciar el constante drenaje de recursos públicos que operan las pautas de comercialización y transferencia del conocimiento imperantes. A tenor de la importancia que presenta la empresa spin-off como expresión más acabada de la actual actividad tecnocientífica, por un lado, y la Comunicación Pública de la Ciencia como recurso estratégico para dotar de continuidad a la estrategia política cuyo orden de prioridades posibilita la existencia de tales entidades, por el otro, se deriva de un modo necesario que el tratamiento mediático recibido por las Empresas de Base Tecnológica determinará el signo bajo el cual se construye y difunde la imagen misma de la práctica científica actual. Este trabajo se propone analizar el tratamiento informativo recibido por las empresas spin-off de las universidades españolas de Granada y Politécnica de Madrid, en tanto que vía para penetrar en la imagen mediatizada de tales empresas que se difunde a la opinión pública. En el proceso, además, se pondrá en contraste las similitudes y diferencias más significativas en lo que respecta a los modos por los que la prensa se aproxima a las Empresas de Base Tecnológica de cada una de las instituciones. Para tal fin, se implementará una metodología de tipo cualitativo basada en el análisis de contenidos. Este posibilitará integrar de manera efectiva en el estudio los aspectos de forma y fondo propios de los recortes periodísticos que componen la población de casos, en virtud de su estrecha interrelación en la estructura final del texto, partícipes ambos del sentido que el periodista imprime en la producción de contenidos informativos y que postreramente propone a los concurrentes en el proceso comunicativo. La principal herramienta de la que se dotará este examen de los contenidos informativos relativos a las empresas spin-off de las universidades de Granada y Politécnica de Madrid, será la ficha de análisis estandarizada que puede consultarse en el Apéndice 1. La elección del alma mater de aquellas empresas spin-off que ocuparán el trabajo desplegado no ha sido ingenua en modo alguno. Según el informe Actividad investigadora de la universidad española (Informe IUNE 2016, p. 9), ninguna otra institución superior de enseñanza ha producido tantas Empresas de Base Tecnológica desde el año 2006 hasta el 2015 como la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). La Universidad de Granada (UGR) le va a la zaga para ese mismo periodo de tiempo. Hay que señalar, sin embargo, que este documento de referencia no toma en cuenta la producción de tales outputs tecnocientíficos antes del año que toma como punto de partida, por lo que todas las instituciones superiores de docencia analizadas parten a437 con el contador a 0. La trascendencia de este particular, en relación a los criterios metodológicos esgrimidos, palidece nada más tomar en consideración que aquí se pretende indagar en la imagen de las empresas spin-off construida por los contenidos de los mass media en la actualidad; esto es, se ha adoptado una perspectiva diacrónica, no de tipo sincrónico. En tales circunstancias, la UPM y la UGR son las dos instituciones más señeras y representativas en el área (por ser las más prolijas), y su elección responde al hecho de que son estas las que garantizan una más amplia población de casos de estudio. Esta decisión responde a la misma lógica que auspició la decisión anterior: es a partir del año 2013 cuando las universidades Politécnica de Madrid y de Granada avanzan hacia los dos primeros puestos en la clasificación de universidades con más empresas spin-off creadas, desbancando a otro centro de la capital del Estado español, como es la Autónoma (Informe IUNE 2016, p. Por su parte, la otra gran restricción técnica a la composición de la población de contenidos informativos que hay que estudiar se establece en base al formato de estos mismos, pues este trabajo se centrará en la prensa escrita, bien en formato de papel, bien en digital. Esta delimitación resulta de la integración de dos criterios: aunque los periódicos en papel sigan sin conocer suelo en su desplome de ventas, muestran todavía una gran capacidad para penetrar y marcar de manera decisiva la agenda mediática, transversal a todos ellos; grado de influencia que han transferido, al menos parcialmente, a las cabeceras digitales. Pero el factor esencial que nos ha llevado a incorporar la prensa escrita en la red es que Internet se ha convertido en el segundo medio de comunicación de los españoles, también en lo que respecta a contenidos de índole científica, como refleja la VII Encuesta de percepción social de la ciencia (p. My News ha sido la base de datos empleada para la recopilación de todos los casos de la población de estudio ya que, por sus singulares características, se adecuaba a la perfección a las pretensiones de esta investigación y a los criterios establecidos para la misma. Su archivo hemerográfico cuenta con millones de entradas procedentes de más de mil diarios, en papel y digitales, indizados desde el año 1996. Empleando su motor de búsqueda avanzado, se introdujeron las siguientes queries para representar nuestras necesidades informativas: ["Universidad de Granada" AND ("spin-off" OR "spin off" OR "Empresa de Base Tecnológica")] a437 sean recogidos por periódicos del mismo y distintos grupos de comunicación, fenómeno al que se ha dado nombre de reverberación. Cuando la nota de prensa se difunde a los diferentes medios, esta es reproducida tal cual, sin que su texto se modifique en una coma, salvo por ciertos cambios, con todo, muy sutiles, que verifican que no estamos en presencia de un mero automatismo; por ejemplo, ligeras variaciones en el título o diferentes criterios a la hora de categorizar un contenido en las diferentes secciones informativas de las que dispone cada cabecera. Si allí era la agencia de noticias y la cabecera del grupo RSC, en lo que respecta a la Universidad Politécnica de Madrid, predomina la información en periódicos especializados en el campo de la economía, en particular, Cinco Días. La reproducción de un mismo contenido informativo entre distintos medios se reduce al mínimo, limitándose a la translación de la cabecera en papel a su homóloga digital o, con mucho, a la reverberación entre algunos periódicos de un mismo grupo editorial. Este particular responde a que las agencias de noticias no desempeñan rol alguno en la cobertura mediática de las empresas spin-off de la Universidad Politécnica de Madrid, a diferencia de lo que ocurría con su homóloga andaluza. Menos disimilitud encontramos en el peso específico de los distintos formatos considerados en este estudio para las dos instituciones superiores de educación y ciencia. La proporción papel/digital en el caso de la UGR ofrece los siguientes guarismos: 35% de las informaciones en periódicos impresos, 65% en el entorno digital. Para la Politécnica, la relación es de 7 a 3 en favor de los contenidos cibernéticos. Resultados nada sorprendentes, pues, al fin y al cabo, análogo al hundimiento de la prensa en papel es el incremento del consumo de información en Internet, que ya es el segundo medio de comunicación en España en grado de penetración, solo por detrás de la televisión (AIMC, Resumen general, p. Uno de los aspectos que necesariamente ha de ser tenido en consideración a la hora de analizar el tratamiento informativo del que es objeto un cierto hecho, fenómeno o ente, es la determinación de cuál es la motivación preponderante que conduce al periodista a otorgar al susodicho carta de noticiabilidad. O, dicho de otra manera, identificar la percha de actualidad mediante la que este justifica tal decisión. En este trabajo se han identificado a priori hasta seis razones distintas por las que un periodista podría prestar su desempeño y el espacio en su medio de comunicación a las empresas spin-off de las dos universidades bajo escrutinio, como serían: Fundación -Investigación -Existencia y actividad -Premios, concursos, participación en programas y convocatorias -Cese de actividad -Otros. La tabla 1 recoge los diferentes porcentajes en los que cada una de estas perchas de actualidad se presenta en los relatos informativos analizados. Tanto para las Empresas de Base Tecnológica de la UGR como para las propias de la Politécnica de Madrid, predomina un interés periodístico focalizado en su mera existencia, esto es, en el desarrollo de aquella actividad económica que, en tanto que entidades económicas empresariales, están llamadas a generar y reproducir. Se da la circunstancia de que la proporción en la que esta motivación aparece es incluso mayor en la institución madrileña, probablemente bajo el influjo de la especialización económica de alguna de las cabeceras que recogen esos contenidos. Cabe subrayar también que no hay spin-off que haya recibido carta de naturaleza por haber puesto fin a su actividad. En términos generales, las empresas spin-off son objeto noticiable en los medios de comunicación por el mero hecho de serlo. Lo que se necesita determinar ahora es qué son, es decir, cómo se representan y construyen los medios de comunicación la imagen de tales entes que se hace llegar a la sociedad a través de sus contenidos informativos. A tenor de lo visto en el apartado introductorio, la naturaleza compleja y poliédrica de estos outputs de la praxis tecnocientífica puede definirse en base a tres grandes dimensiones: 1) su condición de empresa, la más importante de todas, puesto que una spin-off es, ante todo, un medio para posibilitar el lucro privado a partir de la venta de productos o servicios; 2) su origen en la actividad investigadora universitaria; y 3) su carácter de mecanismo de transferencia y comercialización de una serie de resultados de investigación. Cada aspecto ha sido definido operativamente en conformidad con una serie de ítems informativos rastreados al efecto en los diferentes textos (ver Apéndice 1). El gráfico 1 da constancia del porcentaje en el que se han satisfecho los ítems para cada uno de los componentes de la representación mediática construida. Los datos ponen de relieve que la imagen de las empresas spin-off en ambos casos no resulta equilibrada, no presenta de manera balanceada los diferentes componentes constitutivos de su naturaleza compleja. Antes al contrario, se sobrerrepresenta una cierta dimensión y se infrarrepresentan otras; en concreto, aquellas que más directamente se ligan con la especificidad de la misión social y el origen de estas Empresas de Base Tecnológica, las que identifican estas como producto de la revolución tecnocientífica (Echevarría, 2003, p. 7), operada también en el interior de la investigación universitaria. Se pone de relieve, por tanto, un sesgo mediático de primer orden, que reduce la complejidad del fenómeno del que se ocupa y limita, a su vez, la capacidad de los públicos para incorporar en su acervo una imagen fidedigna de los principales aspectos definitorios de la spin-off como entidad social. El que las proporciones entre el diferente grado de presencia de cada uno de los componentes se guarde entre las dos universidades aquí concernidas, a excepción de la condición de la EBT como mecanismo de transferencia del conocimiento (aspecto en el que se cargan más las tintas para las empresas de la institución nazarí), apunta a que el sesgo no es fruto de la casualidad, sino que existen una serie de factores comunes que hermanan la cobertura mediática recibida por las spin-off de ambas instituciones. La razón de la preeminencia del componente empresarial frente a todos los demás aspectos de la naturaleza constitutiva de las entidades objeto de nuestro interés, si bien grave de por sí, podría responder a un tratamiento informativo dominado por la especialización periodística en la temática económica. Este llevaría a los profesionales a dar encaje a tales outputs de la actividad tecnocientífica en aquellos marcos de referencia y sentido que les son más habituales, y de ahí resulta el sesgo introducido. Para verificar o refutar esta afirmación es necesario atender a dos elementos del discurso periodístico: la sección temática y la firma periodística. Dimensiones cubiertas informativamente de la naturaleza de la spin-off Determinar cuál es el espacio idóneo para una noticia entre los diferentes contenedores informativos a disposición del profesional no es una cuestión menor ni baladí, pues ofrece interesantes pistas respecto del enfoque que se ha querido imprimir a la información, y participa, en fin, del sentido global del texto, influyendo en la percepción y el reconocimiento que del acontecer noticioso hagan los públicos (Martini, 2000, p. De ahí la trascendencia de evaluar este aspecto para dilucidar si existe, o no, una especialización temática que dé razón de ser a la sobrerrepresentación de los componentes económicos de la spin-off. En lo que respecta a la Universidad de Granada, las secciones de ámbito local o regional se reparten hasta en once de los veinte casos analizados. Son estos contenedores informativos geográficamente delimitadores, es decir, aquellos que aglutinan los principales aconteceres acaecidos dentro de unas fronteras definidas. A gran distancia le sigue la sección de economía, con el 30% de los casos. Sociedad o cultura, ámbitos en los que suele encontrarse información acerca de la actualidad científica cuando no hay en ese medio una sección específica para tales contenidos, cuentan aquí con una presencia residual. La tematización económica antes constituye la excepción que la regla. El fenómeno diametralmente opuesto se manifiesta en aquellos contenidos informativos relativos a la Politécnica de Madrid. El significativo peso de la prensa económica especializada en tal cobertura informativa aúpa hasta la primera posición a la sección de economía, con el 61% de los casos, relegando a todas las demás. Los compartimentos geográficos apenas aco-gen en su seno el 15% de las informaciones analizadas sobre empresas spin-off de la institución superior de enseñanza de la capital. El reportaje publicado en el periódico digital Valenciaplaza, por su parte, adolece de categorización temática alguna. Tomando los datos de manera agregada (gráfico 2), la competencia entre las dos secciones predominantes se hace tan reñida que no permite derivar de este componente del estudio ninguna conclusión determinante. Para el conjunto de las treinta y tres informaciones que componen la población de casos, 14 contenidos aparecen en un espacio de índole económico, y otros 13 bajo el auspicio de categorías geográficas. La diferencia es mínima, así que no hay jalones para aseverar que existe una diferenciación temática de índole económica que justifique la preeminencia de los componentes empresariales en la representación mediática de las empresas spin-off. Este ámbito de análisis se encuentra en estrecha interrelación con el anterior, ya que se concibe la especialización del profesional de la información precisamente en relación a la habitualidad con la que sus contenidos se engloban dentro de una misma sección; esto es, se fija si es un periodista especializado o generalista en tanto que incorpora a cada texto una serie de conocimientos y capacitaciones profesionales que le ha granjeado su desempeño previo. En el nivel operativo, se estimará como especialidad periodística en economía toda aquella labor cuyos cuatro de sus últimos contenidos publicados en el mismo medio aparezcan bajo la categoría o categorías concernientes a esa temática. Lo anterior presupone, necesariamente, que la firma puede ser identificada y la labor del periodista en ese medio, a su vez, rastreada. En caso contrario, la rúbrica se consignará bajo la categoría de "Periodista no identificable". También se contemplan las opciones de "Agencias", "Redacción del medio" (cuando la información se atribuye indiferenciadamente a la labor del equipo que trabaja en una redacción del grupo), así como la de "Sin firma", activada cuando no se consigna en ninguna parte el autor o autores de los contenidos informativos. Siguiendo esta clasificación, la tabla 2 recoge los resultados obtenidos para las informaciones sobre las spin-off granadinas y madrileñas. Como ocurriera con la especialización temática en el ámbito económico, la firma del periodista se presenta como fenómeno residual en los contenidos relativos a la Universidad de Granada. Solo en un 30% de los casos se puede identificar y seguir la pista del profesional. Eso sí, cuando este aparece, muestra vitola de especialista económico en proporción 5 a 1. La inhibición del periodista a la hora de rubricar sus contenidos, el fenómeno más notable para este conjunto de casos, responde ante todo a la presencia destacada de los despachos de agencia de Europa Press, que no tiene por costumbre que sus trabajadores firmen los contenidos. Y, de nuevo, la cobertura mediática de las EBT de la Universidad Politécnica de Madrid se caracteriza por darse en los términos opuestos, como reflejo invertido de lo que sucede con las de la UGR. El 69% de los periodistas son identificables. Sin embargo, apenas más de la mitad (cinco sobre nueve) se distinguen por trabajar predominantemente en el área económica. De nuevo, no hay ninguna dirección específica hacia la que apunten los números cuando se agregan resultados. Aunque el 66% de los periodistas que rubrican sus contenidos destaquen por su especializa-ción en economía, no es menos cierto que solo se consigna la firma del profesional en el 45% de las informaciones, cifra, a todas luces, bastante baja para lo que era factible hallar. A tenor de todo lo visto en este apartado, no es posible atribuir el sobredimensionamiento del aspecto empresarial de la naturaleza de la spin-off por la especialización periodística, cifrada tanto en las secciones informativas en las que tales contenidos se ubiquen, como en la trayectoria y bagaje profesional de los periodistas que las elaboran. Aspecto esencial de la labor periodística, en la verosimilitud del relato construido a través de las fuentes y la propia confianza que estas merezcan se cifra la credibilidad del contenido informativo y, de paso, la del propio periodista. Existen multitud de criterios clasificatorios de las fuentes de información, en función de qué aspectos quieran ponerse de relieve al establecer la tipologización. En este caso, se categorizarán las fuentes en función del grado de implicación para con respecto a la actividad de la empresa spin-off y su éxito comercial, distinguiendo entre fuentes interesadas y fuentes no interesadas. Este criterio nos viene dado por el propio modelo de la «Triple Hélice» de Eztkowitz y Leydersdorff (2000, pp. 112-113), ya que, en tanto que las empresas spin-off pueden considerarse como emanadas de ese espacio interseccional en el cual Academia, Industria y Estado, los grandes integrantes de la industria de I+D (Echevarría, 2003, p. 16), trabajan de manera conjunta en pos de un objetivo común, se asume como fuente interesada todo agente social que pertenezca a alguna de estas tres instancias y que, por tanto, cifre su suerte personal o profesional en el buen desenvolvimiento de tal empresa en el mercado (Arboledas, 2016, pp. 62-63). En conformidad con este orden de clasificación, se han obtenido los siguientes resultados al evaluar la Tabla 2. Firma periodística Fuente: Elaboración propia. dimensión cualitativa de las voces concitadas por los periodistas en los diferentes textos que dan cuenta de la actualidad de las empresas spin-off de las dos grandes universidades aquí consideradas: • UPM: 54%, fuentes interesadas; 46%, fuentes no interesadas. • UGR: 96%, fuentes interesadas; 4%, no interesadas 1. Desde luego, los resultados relativos a la Universidad de Granada llaman poderosamente la atención. A lo largo de los 18 casos en los que explícitamente se consignan las fuentes de información empleadas por el periodista, solo una puede considerarse como fuente no interesada (un cliente puntual de la empresa EC-3Metrics); en cuanto al resto, todas forman parte de alguna de las hélices del mecanismo innovador, por lo que todas ellas, sin excepción, muestran interés en la marcha positiva de la empresa spin-off. Entre los múltiples motivos a los que se podría atribuir esta circunstancia, hay dos que pueden identificarse de manera prístina al establecer parangón con los resultados obtenidos para el caso de la Universidad Politécnica de Madrid: por un lado, el uso extensivo de las notas de prensa, de las que depende buena parte de la totalidad de contenido relativo a las EBT granadinas. Como se dijo más arriba, en tales circunstancias, el periodista queda a merced de lo que disponga la agencia de prensa, imposibilitado o incapaz de poner coto a las pretensiones (manifiestas o no) de las voces que han sido conjugadas en el texto, limitado en su accionar a un mero volcado de información. Por otro lado, además, en el origen de algunas informaciones se puede encontrar a la propia alma mater de las empresas spin-off, a la sazón, la Universidad de Granada, y un organismo adyacente, como es la Fundación Descubre. Esto es algo que no ocurre con la Universidad Politécnica de Madrid, para la que la casi totalidad de sus fuentes interesadas pertenecen al ámbito mismo de la empresa (en especial, socios de la propia spin-off objeto de interés). No deja de resultar significativo que la Politécnica de Madrid no haya desarrollado ninguna labor particular para introducir sus empresas spin-off en la agenda mediática o, si efectivamente ha hecho esfuerzos en esa dirección, no hayan encontrado reflejo alguno. Curiosamente, la diferencia en términos cualitativos referida a las tipologías de fuentes de información empleadas encuentra expresión también atendiendo a la dimensión cuantitativa. Un número mayor de fuentes no comporta, necesariamente, mayor pluralidad de enfoques en concomitancia dentro de un texto. Pero lo que sí que es cierto es que reduciendo el número de voces que se dan cita en el contenido periodístico, se constriñe cualquier intento de extender los marcos de sentido desde los que abordar un fenómeno cualquiera. Así, encontramos que, en promedio, el número de fuentes utilizadas en las informaciones relativas a la Universidad de Granada no supera el 1,15. Al contrario, en el caso de la Politécnica, la media de voces consignadas en los diferentes textos llega hasta 2,07. Se puede estar tentado a afirmar que la atención mediática recibida por las Empresas de Base Tecnológica de la Universidad de Granada responde a la pretensión espuria de granjearles una promoción pública y una publicidad prácticamente gratuita en los medios de comunicación, como da buena cuenta el tipo de fuente empleada; mientras que las spin-off de la Politécnica de Madrid sí responden a las exigencias de la profesionalidad periodística. No obstante, se da la circunstancia de que ni siquiera es necesario bajar hasta el nivel del análisis de las fuentes informativas para identificar los intereses económicos entreverados en algunos de los contenidos relativos a las spin-off madrileñas: a) Alise Devices es objeto de noticiabilidad en dos ocasiones. Cuando la información la da el periódico digital Valenciaplaza, se subraya que la empresa está cobijada en la aceleradora de empresas Wayra, propiedad de Telefónica. b) La información de El Confidencial sobre Unmanned Solutions consigna que está patrocinada por Bankia Índicex. El único enlace de la noticia lleva a la herramienta creada por el banco para evaluar la competitividad digital de las pymes. c) Dail Software recibe una inusitada atención por parte de Cinco Días, que informa sobre la empresa y su peculiar software de análisis lingüístico hasta en tres ocasiones. El interés por el artefacto cibernético y sus creadores responde a que esta spin-off pertenece al holding eGauss I+T, que cuenta con una cátedra en la Politécnica de Madrid y con no pocas informaciones que le hacen referencia en el periódico del grupo Prisa. Por desgracia, este análisis solo permite hacer tal apunte, sin poder indagar ulteriormente en la naturaleza de las relaciones entre ambos entes. Por tanto, de 13 casos en total, hay cinco en los que la pretensión promocional, guiada por intereses extraperiodísticos y lubricada con inversión publicitaria, es palmaria. En tales circunstancias, la empresa spin-off constituye solo un componente más de la estrategia comunicativa implementada, y la cobertura recibida a437 responde a intereses situados por encima de su propia actividad comercial, pero en los que participa (y se beneficia) de alguna manera. Valores asociados a las empresas spin-off En la medida en que predominan las fuentes de información interesadas no solo en el buen desenvolvimiento de la empresa spin-off en el mercado, sino también en la construcción de una imagen socialmente positiva de las mismas, es necesario evaluar hasta qué punto tales pretensiones se materializan en la cobertura mediática recibida por estas entidades económicas privadas. A tal efecto, se ha implementado en este nivel un análisis de los textos periodísticos partiendo de los postulados y técnicas propios del framing, concepto que adoptara su formulación canónica en manos de Entman (1993, p. En línea con la propia naturaleza constitutiva de la empresa spin-off, se han definido tres frames específicos, como serían Desarrollo comercial, Emprendimiento y Vinculación público-privada (tabla 3), en base a los cuales se rastrearán en el texto todos aquellos elementos fácticos, expresiones y usos del lenguaje que introduzcan un juicio de valor respecto de los mismos. Las pretensiones de este nivel de estudio se ven parcialmente complementadas con los resultados obtenidos en el transcurso de la investigación, al menos en dos sentidos: por un lado, en tanto que la práctica del framing se define tomando como base la selección y prominencia de ciertos aspectos de la realidad, el análisis previo respecto de los componentes de la empresa spin-off en su representación social ha de ser conebido, bajo este prisma, también como parte de esa "evaluación moral" (Entman, 1993, p. 52) que introduce el marco de sentido. Como se vio, elegir es interpretar. De igual modo, en el espacio del texto periodístico, las voces conjugadas en el texto deben ser tomadas como manifestación de un determinado frame a cuyo albur se interpreta el fenómeno objeto de noticiabilidad. Por tanto, la información incorporada al texto directa o indirectamente a través de las fuentes, debe ser tomada también igualmente como ámbito de análisis con el propósito de determinar bajo qué auspicios se interpreta la actividad de las empresas spin-off. Los juicios de valor introducidos en los textos, globalmente considerados, para cada uno de estos marcos de sentido, se definirán en un sistema ternario simple, cuyas posiciones serán: Positivo/Negativo/ Ausente. Aunque existan diferentes grados en los que un frame puede actuar en un texto periodístico (Dahl, 2015, p. 46), en este caso, no es posible una gradación entre los extremos del vector construido (llegando un término neutro que, en todo caso, quedaría contemplado en la categoría "Ausente"), por ser posiciones antitéticas. Los gráficos 3 y 4 dan cuenta de los resultados obtenidos para cada una de las universidades. A las empresas de ambas universidades se les asocian valores positivos en cuanto a su desarrollo comercial, caracterizado abrumadoramente como "positivo". Las cifras descienden cuando se menciona el emprendimiento y la vinculación público-privada, sobre todo, en el caso de la UPM. Cabe destacar, además, que en este último apartado, solo dos veces se acentúa el lucro privado que comporta ese engagement, mientras que, en el resto de las ocasiones en que sale a relucir, se incide en el papel clave de la transferencia del conocimiento universitario en el proceso de innovación empresarial. No es la primera vez que la representación mediática disocia lo que aparece inextricablemente ligado. En un principio, se renunció a presentar a la empresa spin-off como algo cualitativamente distinto al resto de las entidades económicas privadas con ánimo de lucro, incidiendo solo en su componente empresarial. Sin embargo, en el momento en el que hay que admitir que, en efecto, el producto que llevan al mercado no es cualquiera, y que su cometido, su misión social, resulta de una importancia crítica para el con-Tabla 3. Relaciones entre frames analizados y componentes de la naturaleza de la empresa spin-off Fuente: Elaboración propia. Dimensiones de la naturaleza de la empresa spin-off Spin-off como empresa Emprendimiento Spin-off como producto de la actividad investigadora universitaria Vinculación público/privada Spin-off como vehículo de transferencia del conocimiento a437 junto de la economía, se renuncia a asociarles cualquier pretensión de lucro privado, como si tales empresas actuasen movidas por pretensiones altruistas. Para el caso concreto de la Universidad de Granada, se ha señalado que los aspectos de la naturaleza de sus spin-off relativos a su procedencia y misión social se explotaban informativamente en una proporción mucho menor que su condición de empresa, algo que también ocurría para el caso de la UPM en (véase más arriba el § 3.3). Llama la atención, por tanto, que los porcentajes sobre los valores asociados al emprendimiento y la vinculación público-privada, que corresponden a aquellas dimensiones, sean tan elevados. Esto es, apenas se cubren los ítems informativos que pueden ofrecer una panorámica amplia y nítida en lo que respecta a la naturaleza de la empresa spin-off, pero no se desaprovecha oportunidad alguna para aportar una valoración positiva de estas dimensiones más infrarrepresentadas. En tanto que el éxito empresarial comanda la actividad de las empresas spin-off objeto de cobertura mediática, en ningún caso se siembra la más mínima sospecha de que su idea, producto o servicio pudiera ser innecesario o, llegado el caso, perjudicial en su uso o aplicación. Tampoco existe el más mínimo cuestionamiento del modelo actual de transferencia del conocimiento que ha posibilitado la existencia de tales empresas. Cabe concluir, necesariamente, que los periodistas han puesto su desempeño profesional al servicio de los intereses de sus fuentes informativas, y así, las empresas spin-off gozan de un tratamiento positivo y complaciente que les permite reproducir y ampliar el alcance de su legitimación social como productos de la práctica tecnocientífica. La primera conclusión que cabe derivar de la discusión pretérita de los resultados es que las empresas spin-off de ambas universidades reciben atención mediática por el hecho de ser consideradas empresas exitosas, con independencia del medio de comunicación que se ocupe de ellas o del formato (papel o digital) en el que se difunda la información. No por menos, "Existencia y actividad comercial" es la percha de actualidad más ampliamente utilizada por los periodistas para justificar la cobertura informativa. Y tan solo en un caso, de los 33 analizados, el relato del recorrido de la spin-off puede asociarse a la idea de fracaso. El desarrollo empresarial en positivo es, precisamente, el que les entrega carta de noticiabilidad. Con este marchamo, además, son promocionadas a través de los contenidos periodísticos. La causa transmuta constantemente, en efecto. En segundo lugar, no es aventurado afirmar, a tenor de los datos obtenidos sobre qué ítems informativos aparecen más ampliamente en los textos analizados (gráfico 1), que los periodistas no parecen haber comprendido en absoluto qué es una empresa spin-off. Y si lo han hecho, sus contenidos no dan reflejo en absoluto de ello. De ahí que ciertos aspectos de la naturaleza de tales entidades empresariales se hallen completamente desdibujados; y son estos, precisamente, los que las singularizan y diferencian respecto de otras empresas, en general, y de otras empresas derivadas, más en concreto (Aceytuno Pérez y Cáceres Carrasco, 2009, p. 27), como serían su origen en la actividad investigadora universitaria y su condición de vehículo de transferencia del conocimiento. El sobredimensionamiento de la dimensión económica frente a los otros dos grandes componentes de la naturaleza de la empresa spin-off no parece responder, en principio, a lógica o causalidad alguna. Los datos obtenidos no ofrecen resultados concluyentes cuando se analizan las secciones periodísticas en las que la cobertura mediática recibida por estas empresas derivadas se recoge, por un lado, o cuando se indaga en la especialización informativa del profesional de los medios de comunicación. Por tanto, cabe determinar que el sobredimensionamiento del componente empresarial de la spin-off es una condición ínsita a su cobertura informativa, y los motivos que la auspician han de buscarse fuera de la actividad profesional periodística. A pesar de lo anterior, esto es, que la naturaleza de las Empresas de Base Tecnológica nacidas en los reductos universitarios aparece representada de forma descompensada, poco equilibrada; el periodista no desaprovecha la oportunidad que el texto informativo le brinda para ofrecer un respaldo a las políticas de transferencia del conocimiento que han posibilitado la emergencia de tales entidades económicas en el seno de la ciencia financiada con dinero público. Así, los frames denominados "Vinculación público/privada" y "Emprendimiento", que más estrechamente se vinculan al origen y la misión social de la empresa spin-off (ver tabla 3), no solo se activan de continuo en las informaciones periodísticas, sino que el tratamiento que presentan, en ambos casos, no da pie a suscitar cuestionamiento alguno de las prioridades de los policy makers en el campo de la actividad científica y el nuevo modelo de financiación de la universidad que se está implantando. Los valores asociados a las empresas spin-off en tales campos resultan siempre positivos, y la imagen que de tal tratamiento resulta, por tanto, particularmente benigna. El análisis de la tipología de las fuentes informativas concitadas por el periodista en sus textos revela que este es tan solo uno de los protagonistas en el complaciente relato de actualidad construido sobre los outputs de la actividad tecnocientífica que ocupan el interés de la investigación, y no precisamente el que logra asumir el control del flujo informativo en la materia. La preeminencia de las fuentes interesadas, esto es, aquellas que ligan su suerte personal o profesional a la buena marcha de la empresa spin-off, por un lado, y a la construcción de una representación mediática de la misma que sirva a su propia legitimación, por el otro, puede tomarse como uno de los factores más importantes para dar explicación de por qué la imagen proyectada sobre la opinión pública de tales entidades lleva aparejados unos valores tan positivos. Las pretensiones de tales fuentes de información (pertenecientes a alguna de las tres instancias imbricadas en la «Triple Hélice», a saber, Academia, Industria y Estado) han sido más que materializadas en los textos periodísticos, a los gráficos 3 y 4 cabe remitirse. En ese sentido, la unanimidad axiológica existente entre científicos y periodistas (o, más bien, entre agentes tecnocientíficos y profesionales de la información) en lo que respecta a las tareas que la ciencia desempeña en la sociedad, se puede hacer extensible, como ya lo es en relación al papel del periodismo para con la ciencia (Alcíbar, 2008, p. 2), también a las políticas actuales de transferencia y comercialización del conocimiento científico. En un movimiento permanente entre el consenso y el disenso, entre la simetría y la disimilitud, las universidades de Granada y Politécnica de Madrid participan a437 de la construcción de la imagen social de las empresas spin-off. Dos tratamientos informativos distintos, antitéticos en ciertos aspectos analizados (tipología de fuentes o contenedores informativos empleados, por ejemplo) que, una vez tomados en su globalidad, ponen de relieve las tendencias comunes al modo de representar estas entidades en los medios de comunicación, las características esenciales del modo en el que la praxis periodística construye el relato de la ciencia que se desarrolla hoy en día. POTENCIALIDADES Y OPORTUNIDADES FUTURAS DE LA INVESTIGACIÓN Las conclusiones obtenidas del análisis de la cobertura mediática recibida por las empresas spin-off en España resultan representativas en la medida en que lo son las dos universidades de origen analizadas, las más prolijas en la gestación de tales entidades en los últimos años. No obstante, para que la imagen que se proyecta de las Empresas de Base Tecnológica no solo resulte representativa, sino que pueda considerarse completa y rica en detalles, deberían incorporarse al corpus de estudio todas las instituciones superiores de enseñanza públicas del estado español o, cuanto menos, aquellas que cuenten con una Oficina de Transferencia de los Resultados de Investigación (OTRI) consolidada. La escalabilidad de la metodología aquí implementada garantiza la viabilidad de tal empresa, y ofrece un recurso de gran valor para llevar a término una propuesta semejante. Por su parte, solo serían necesarias ligeras modificaciones en la ficha de análisis (ver Apéndice 1) para abordar el tratamiento de las empresas spin-off de cualquier universidad, o de un conjunto de ellas, en forma sincrónica, recorriendo las distintas fases históricas en el surgimiento y despliegue de tales outputs tecnocientíficos a través del relato escrito por los grandes medios de comunicación del estado español. Para finalizar, cabe poner en relieve que una de las más prometedoras vías de estudio en la poco explotada veta de la representación mediática de las empresas spin-off, estribara en poner en comparación tales entidades con otros productos más clásicos o convencionales de la actividad científica, tales como la publicación de artículos científicos o la celebración de congresos, para así determinar con precisión el interés relativo que despiertan las Empresas de Base Tecnológica de origen universitario en los medios de comunicación. Esta investigación se ha desarrollado bajo el auspicio del Plan Propio de Investigación de la Universidad de Granada, en la convocatoria para estudiantes de máster (modalidad B1) correspondiente al año 2016. • Accionariado/número de socios. • Número de empleados o colaboradores. • Volumen de negocio del último año en curso. • Capital inicial requerido. Modo de obtención del susodicho. Origen: Sí/No. Explicación: Montante de capital requerido: Sí/No. Cantidad: • Año de inicio del proyecto empresarial. • Producto o servicio ofertados. • Mercados en los que se comercializa (en el nivel geográfico, sociográfico o de especialización productiva). • Perfil del cliente o contratante. b) Spin-off como producto de la actividad investigadora universitaria: • Grupo de investigación, departamento o facultad de la que emergió. • Personal investigador presente en la empresa, ejerciendo algún cargo. • Servicios prestados por la OTRI de la universidad, amén de otros organismos y entidades universitarios, en la constitución de la empresa e inicio de su actividad. • Retornos generados para la universidad por la explotación comercial de la investigación. c) Spin-off como vehículo de transferencia del conocimiento: • Resultados e implicaciones de la investigación cuyos resultados queríanse apropiar con la spin-off. • Ventaja competitiva diferencial explotada por la empresa gracias al conocimiento, competencias y capacitaciones obtenidas en el desempeño investigador. • Razones por las que se empleó la spin-off como vehículo de explotación del conocimiento. • Otros mecanismos de transferencia utilizados previa o conjuntamente con la empresa spin-off. Número de ítems total satisfechos (de un total de 16): (*Indicar si se trata, en cada caso, de una fuente personal o documental, interesada o desinteresada). Fundación Investigación Existencia y actividad Premios, concursos, participación en programas y convocatorias Cese de actividad Otros
• La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). • La Convención y Recomendación relativas a la Lucha contra las Discriminaciones en la esfera de la Enseñanza (1960). • La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, CEDAW (1979). A su vez, estos instrumentos están relacionados con las resoluciones y recomendaciones de las principales Conferencias de las Naciones Unidas, así como con las iniciativas que hacen hincapié en la importancia del aspecto de la igualdad entre los sexos en la resolución de cuestiones globales. Cabe mencionar por ejemplo: -Las Estrategias orientadas hacia el futuro para el adelanto de la mujer hasta el año 2000 (Nairobi, 1985). -El Informe sobre el Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural (1988Cultural ( -1997)). -La Conferencia Mundial sobre la Educación para Todos (Jomtien, 1990). -La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río de Janeiro, 1992). -La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994). -La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995). -La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995). -La Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos-Hábitat II (Estambul, 1996). -La Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 1996). -El Decenio de las Naciones Unidas para la Educación en la esfera de los Derechos Humanos: hacia una cultura de paz (Beijing, 1995(Beijing, -2004). -La Quinta Conferencia Internacional de Educación de Adultos. Todos estos instrumentos legales y estrategias constituyen un marco de referencia para realizar progresos en la cuestión de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres en materia de educación. Si bien hay que reconocer que se han realizado progresos muy importantes, todavía queda mucho por hacer como lo demuestran las siguientes estadísticas del Informe sobre Desarrollo Humano que publica anualmente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: • El 66 % de la población analfabeta del mundo son mujeres. • En el África Subsahariana, por cada 100 hombres matriculados en la enseñanza superior sólo hay 33 mujeres, y las cifras son todavía más bajas en las ramas científicas y tecnológicas. • En los países en desarrollo, por cada 100 hombres en el mercado de trabajo sólo hay 50 mujeres. • En algunos países, las mujeres carecen todavía del derecho de voto y no pueden poseer bienes raíces. • En la esfera política las mujeres sólo representan el 10 % de parlamentarias en el mundo entero. • Los PIB nacionales registrarían un aumento importante si el trabajo no pagado de las mujeres fuese un factor de la producción reconocido oficialmente. (Uno de los acuerdos en la Conferencia Mundial de la ONU en Beijing, en 1995, fue que los países participantes se comprometían al diseño de indicadores que permitieran contabilizar el trabajo doméstico como parte del producto interno bruto de los países.) • Las mujeres siguen padeciendo de la disparidad con respecto a los salarios de los hombres en múltiples sectores de la vida profesional (su salario es un 25 % inferior, en promedio). Aquí hay que señalar que esto no sólo tiene implicaciones en el presente, sino también a futuro, ya que las mujeres están en mayor desventaja en términos de jubilaciones y pensiones. Es evidente que esta situación debe cambiar rápidamente y que la función de inversión en capital humano que posee la educación constituye un aspecto esencial de esta problemática, ante la cual hombres y mujeres tienen idénticas responsabilidades. Con respecto a los obstáculos o frenos que tienen muchas mujeres para acceder a cargos de toma de decisiones en la educación superior, se mencionan tres aspectos fundamentales: • Las actitudes de la sociedad hacia la mujer, que no estimulan su participación en la adopción de decisiones. • Los bajos porcentajes actuales de mujeres matriculadas en la enseñanza superior que todavía se observan en algunos países. Sin embargo, esta situación está cambiando rápidamente en todas las regiones, al grado de que la tendencia apunta en distintos países a un porcentaje mayor de mujeres en la educación superior. • La ausencia de equidad entre mujeres y hombres en los planes de estudios de la educación superior. ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 795-815 ISSN: Hasta que no se traten estas cuestiones, no cabe duda de que será escaso el número de mujeres que tengan acceso a puestos de responsabilidad en la educación superior o en el conjunto de la sociedad. Esto se relaciona estrechamente con lo que se conoce como "techo de cristal", situación en la cual una mujer se enfrenta a una serie de límites o barreras implícitos (no visibles o tangibles) que resulta difícil traspasar, impidiendo que las mujeres sigan ascendiendo en su carrera laboral (Bustos, 2002 2; 2003 3 ). Mujeres y toma de decisiones Dentro de esta misma discusión, en 1993, la UNESCO y la Secretaría del Commonwealth publicaron un estudio titulado "Las Mujeres en la Administración de la Enseñanza Superior" 4, en el que se precisaban los obstáculos principales que impiden la participación de las mujeres en la esfera de la toma de decisiones: • Acceso limitado a la educación en general, y a la educación superior en particular. • Prácticas discriminatorias en materia de nombramientos y ascensos profesionales. • Tensiones derivadas de la doble función familiar y profesional. • Actitudes de la familia. • Interrupciones de la carrera profesional. • Estereotipos culturales. • Alienación cultural masculina y resistencia continua a que las mujeres ocupen puestos de dirección. • Propagación del "síndrome de la barrera" (techo de cristal), que da prioridad a los criterios encubiertos en materia de ascensos profesionales. • Ausencia de políticas y legislaciones adecuadas que garanticen la participación de las mujeres. Considerando los anteriores obstáculos, las soluciones para poner remedio a la exclusión de las mujeres estriban en: invertir esas tendencias mediante un amplio acceso a la educación, y en especial a la educación superior; revisar los procedimientos de nombramientos y ascensos; proporcionar en todas las profesiones un apoyo a las mujeres mediante normas legislativas e infraestructuras; elaborar programas especiales para las mujeres; poner en práctica el principio de la acción afirmativa, a fin de que se haga factible el acceso y la participación de las mujeres, en espera de que se produzca un auténtico cambio de actitud en la cuestión de la plena equidad entre los géneros y de que exista un genuino apoyo institucional y gubernamental con políticas claras y eficaces que se apliquen realmente. La matrícula de las mujeres en la educación superior A nivel internacional, en los últimos veinte años, se ha podido comprobar un aumento importante -aunque no suficiente-de la matrícula de mujeres en la educación superior. Este progreso se debe en parte a estrategias específicas que han centrado la atención en las desigualdades que debían corregirse. La actividad de las Naciones Unidas a este respecto ha sido eficaz, porque las personas encargadas de la adopción de políticas han cobrado conciencia de los derechos de las mujeres y de la necesidad de abrir a mayor cantidad de ellas el acceso a todos los niveles de educación. Debe destacarse aquí, el papel que ha jugado desde hace varias décadas el movimiento feminista a nivel mundial. Un análisis detallado de las estadísticas sobre la educación superior en el mundo, reportadas por la UNESCO, pone de manifiesto la distinta índole de este problema en función de los diferentes contextos socioculturales y económicos. En general, la matrícula de las mujeres ha aumentado e incluso ha superado a la de los hombres en varios países. Además, algunas naciones han contraído claramente un decidido compromiso de facilitar el acceso de las mujeres a la enseñanza superior. Como puede suponerse, las disparidades mayores se siguen encontrando mayoritariamente en los países en desarrollo. Esto se observa mejor en la tabla siguiente: Como puede apreciarse en el cuadro anterior, países como Qatar, Australia, Polonia y Colombia presentaban ya en 1992 una matrícula más alta en mujeres que en hombres. Sin embargo, en Botswana, Senegal, Argelia, Pakistán, Bélgica y México 5, la matrícula en ese mismo año era mayor en hombres. Sin embargo, el ingreso mayor de mujeres a la educación superior, en comparación con los hombres, no implica que ha desaparecido la división de carreras femeninas y masculinas. Si bien cada vez ingresan más mujeres a las diferentes áreas del conocimiento, todavía los porcentajes mayores se observan en letras, humanidades y ciencias sociales. Sería menester que en el análisis del acceso de las mujeres a la educación superior y de su participación en ella se profundizara más en los siguientes aspectos: los tipos de estudios que eligen; la suerte que corren las graduadas cuando llegan a predominar en determinadas carreras y no logran participar en los procesos de decisión relativos a su ámbito profesional; la promoción de la mujer en las ramas científicas de todos los niveles de educación para permitirle el ejercicio de profesiones en la esfera de la ciencia. Desde el punto de vista económico, la posesión de títulos de enseñanza superior aumenta las perspectivas de promoción social de las personas graduadas. A pesar de la situación económica actual, las posibilidades de encontrar un empleo de las personas que poseen una graduación o un diploma son diez veces mayores que las de aquellas que no tienen título alguno. Por consiguiente, ha llegado el momento de fomentar actitudes más progresistas con respecto a las mujeres que poseen títulos para realizar una carrera profesional, y que -como miembro de la familia que obtiene ingresos iguales o superiores-necesitan un apoyo adecuado en la gestión de sus responsabilidades personales y sociales. Por otra parte hay que destacar que la cuestión de la equidad entre los sexos en los planes de estudios universitarios se justifica por varios motivos, a saber: • Reconocimiento y reforzamiento del papel de la universidad en la sociedad. • Repercusiones de la internacionalización y la mundialización. • Creación e intercambio de conocimientos teóricos y prácticos. • Necesidad de tratar los problemas sociales en el plano local. • Generalización de las cuestiones relacionadas con la equidad entre los sexos. Las personas que redactaron el documento La mujer y el currículo universitario: hacia la igualdad, la democracia y la paz, con motivo de la celebración de la Conferencia de Beijing (1995), coincidieron en señalar que el currículo universitario tiene que: -Presentar modelos estimulantes para las estudiantes. -Fomentar y consolidar la confianza de la mujer en sí misma. -Presentar las profesiones con predominio masculino bajo un aspecto que las haga más atractivas para las mujeres. Además, hacer caso omiso de esta cuestión resulta hoy inaceptable, si tomamos en cuenta que la teoría del desarrollo reconoce que la cuestión de la equidad entre los géneros se ha convertido en un factor clave de todas las soluciones propuestas para resolver problemas generales, y de que muchas instituciones de enseñanza superior han empezado ya a introducir innovaciones de amplio alcance en los currículos para adaptarse a la transformación de la sociedad. Las mujeres nombradas para ocupar puestos de dirección en instituciones en las que se toma en consideración la cuestión de la equidad entre los géneros, se percatan de que su función dirigente se acepta con mayor facilidad. Las mujeres en la dirección de la educación superior Cabe preguntarse si el sector de la educación superior no debería beneficiarse de la presencia de más mujeres en los puestos de dirección. Nos hallamos en un momento del proceso de mutación social en el que se están cuestionando los esquemas de dirección y en el que aumenta regularmente la cantidad de mujeres en distintos campos profesionales. En cierta medida se puede decir que estamos en una encrucijada y que el nuevo rumbo emprendido reviste gran importancia porque va a conducirnos a los esquemas de dirección del siglo XXI. Las estadísticas actuales proporcionadas por las principales asociaciones de universidades ponen de manifiesto la necesidad de una mayor presencia de las mujeres en la dirección de la educación superior: Aunque las mujeres están ocupando cada vez más puestos de dirección -por ejemplo, los de vicerrectoras adjuntas y directoras de departamentos universitarios-es importante hacer preguntas como las siguientes: -¿En qué situación real se hallan hoy en día las mujeres con estos puestos de dirección en la educación superior? -¿Qué implicaciones tiene la llamada feminización de los puestos de dirección en un contexto de la educación superior? -¿Cómo influye la diversidad cultural en las prácticas administrativas y en la función de la mujer en este ámbito? Dirección de la educación superior Si se tienen en cuenta la modernización y las reformas actuales de este sector en la educación, las funciones de las rectorías o vicerrectorías han sufrido una transformación radical en los últimos años. He aquí una enumeración de las cualidades y competencias ideales que debe poseer una persona que ocupa estos cargos: -Sólido historial de dotes de mando y máxima competencia académica en la enseñanza y la investigación. -Capacidades de dirección y de visión de futuro. -Capacidades de gestión. -Experiencia institucional. -Experiencia internacional en el campo de la educación superior. -Capacidades para negociar con todas las partes interesadas (en el plano interno: con la administración, el profesorado y los estudiantes; en el plano externo: con quienes se encarguen de la adopción de políticas en el plano nacional, y también con el sector económico, los grupos comunitarios y las instituciones homólogas regionales e internacionales), y -capacidades de comunicación y carisma, de ser posible. A medida que se hacen más complejos los retos afrontados por la educación superior, es evidente que su dirección requiere competencias cada vez mayores. Además, esos retos se plantean en un momento en que incluso su dirección máxima es objeto de un examen riguroso. No hay razones para que las mujeres que cuentan con las capacidades requeridas, sean excluidas de los puestos de dirección y ejercicio del poder. En primer lugar, este principio debe ser reiterado, aceptado y puesto en práctica en el sector de la educación superior. En segundo lugar, se deben ofrecer a las mujeres las posibilidades de formación adecuadas (horarios, tiempos, etc., considerando los roles de género que la sociedad les ha impuesto, es decir, eliminar el androcentrismo vía horarios, tiempos y espacios), a fin de que adquieran las competencias necesarias para que sus candidaturas no sean descartadas cuando haya puestos de dirección vacantes. Por este motivo, la UNESCO coopera con algunas ONGs para promover la adquisición de capacidades de dirección por parte del personal de la educación superior, como rectores o rectoras, vicerrectores o vicerrectoras, y personal de distintas categorías de las instituciones académicas. Concretamente, la UNESCO, la Asociación de Universidades del Commonwealth y la Secretaría del Commonwealth han adoptado una estrategia conjunta a fin de formar a la mujer para el desempeño de funciones dirigentes e investigar qué elementos pueden promover u obstaculizar su ascenso profesional dentro de la jerarquía. Entre los temas que abarca esa formación figuran: la formación para las funciones administrativas; los estudios como medio de propiciar el progreso social de la mujer; la gestión de las responsabilidades profesionales y personales; las mujeres y las funciones de dirección; y las mujeres y la dirección de las universidades. Hasta ahora, esta formación se destina a mujeres que -en virtud de los puestos que ocupan-pueden formar a sus colegas y provocar así un efecto multiplicador para que pueda haber más mujeres con funciones de dirección en todos los niveles de las instituciones donde se hallan. Importancia de la feminización de los puestos académicos de dirección En un estudio encargado por la UNESCO a la Organización Universitaria Interamericana, la profesora Sheryl Bond, de la Queen's University de Canadá, examinó la cuestión de las funciones directivas académicas en la actualidad, e hizo hincapié en que el incremento de los nombramientos de mujeres es el indicio de una mutación social efectiva. En ese estudio se examinan también los factores que impiden a las mujeres el acceso a puestos elevados, y se exponen ejemplos recientes de la influencia recíproca entre el contexto social y el poder de los puestos de dirección. Bond aboga por pasar del debate al diálogo, lo cual armonizaría el adelanto profesional de las mujeres con la renovación y el progreso de la educación superior -esta idea resulta esencial si se pretende que este nivel de educación contribuya eficazmente al desarrollo. Por ahora, la feminización de las funciones directivas y sus posibles ventajas siguen siendo un tema de debate controvertido en relación con la emancipación de las mujeres. No obstante, cada vez está más extendida la idea de que la feminización de los puestos de dirección empieza a ser un elemento bien diferenciado en la administración. Los factores específicos que han influido en esto son: -El compromiso contraído con respecto a la participación de las mujeres en el poder (que implica el rechazo del poder ejercido con opresión). -La insistencia en la dignidad, el servicio y la importancia del mérito. -El reconocimiento y la toma en consideración de las tensiones derivadas de la doble responsabilidad personal y profesional de las mujeres. Como estamos todavía en un período de transición, un grupo de cierta importancia todavía no reconoce la existencia de estos factores e insiste en que el acceso a las funciones de dirección depende esencialmente de emular el comportamiento de los hombres. A pesar de esta opinión divergente, todos deberíamos convenir en que las dirigentes verdaderamente capaces, tienen el deber de ayudar a otras mujeres competentes. SITUACIÓN DE LAS MUJERES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO Los datos aportados por la ANUIES 6, así como en el XII Censo Nacional de Población y Vivienda de 2000, reportados Si analizamos el porcentaje anterior desagregado por sexo, encontramos que a nivel nacional, de acuerdo a la ANUIES 9, la matrícula de mujeres y hombres a nivel licenciatura es desde el año 2000 de 50 y 50 %, aunque con fuertes desproporciones dependiendo del área de conocimiento, como se verá más adelante. De hecho, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) -que es la institución de educación superior más grande de América Latina-esta composición paritaria de porcentajes se alcanzó desde 1994. Incluso algunas carreras que tradicionalmente ocupaban un porcentaje mayor de hombres, ahora éste se ha invertido. Tal es el caso de las áreas de Ciencias de la Salud, así como de las Ciencias Sociales y Administrativas, que mientras que en 1983 la mujeres representaban el 47 y 43 % respectivamente, para 2001 pasaron a ocupar porcentajes de 61 y 57 %. No obstante, también hay que reconocer que siguen existiendo carreras que históricamente han sido y siguen ocupadas por hombres (i. e.: ingeniería) o por mujeres (v. gr.: Enfermería o el Área de Educación y Humanidades), lo que se conoce como carreras masculinas y femeninas. Esto se revisará más adelante. La composición actual de la matrícula de mujeres en la educación superior en México, contrasta fuertemente con lo que ocurría hace tres décadas. Por ejemplo, en 1969 las mujeres no representaban ni la quinta parte del total de la matrícula en educación superior, pues sólo constituían el 17 % (Bustos, 2000) 10. Sin embargo, la educación superior en México ha tenido diversas y muy variadas transformaciones a diferentes niveles. Si bien sigue siendo privilegio de un porcentaje muy bajo, como se vio anteriormente, hasta hace algunas décadas, todavía se volvía un doble privilegio, accesando a ella mayoritariamente varones, por lo que la presencia de las mujeres representaba un porcentaje mínimo. Este hecho se encontraba estrechamente vinculado a la división de roles estereotipados de género (Bustos, 1988 11; 1994 12 ), como producto de una construcción sociocultural, que establece como funciones primordiales o únicas de las mujeres el ser madre, esposa y ama de casa (identificándolas con lo emocional y lo afectivo), reservando las tareas del mundo público, del trabajo remunerado y la educación formal sobre todo a los varones (proveedores económicos, racionales, exitosos), estableciéndose la falsa dicotomía de lo público-privado, así como lo femenino-masculino. Lo anterior conlleva una división del trabajo por géneros, situación que desde hace tiempo ha sido criticada y cuestionada por el movimiento feminista, pues esta división constituye un aspecto social de la organización de las relaciones humanas que ha quedado profundamente oscurecido por nuestras formas de percibir lo "natural" y lo social (Harding, 1996 13 ). Por otra parte, como sistema simbólico, la diferencia de género es el origen más antiguo, universal y poderoso de diversas conceptualizaciones moralmente valoradas de todo cuanto nos rodea. Cambios notables en la inserción de las mujeres en la educación superior Afortunadamente, con respecto a la inserción de mujeres en la educación superior esta situación ha venido cambiando con un ritmo sostenido, especialmente en las últimas tres décadas (Blázquez, 1999 14 Un fenómeno muy interesante y digno de analizar es que en ninguna de las áreas de conocimiento se observó una inversión de porcentajes de carreras llamadas "femeninas", cuyo porcentaje ahora fuera ocupado por los hombres. Éste hubiera podido ser el caso de "Educación y Humanidades", donde tradicionalmente los porcentajes de mujeres han sido más altos en ellas, que para hombres; sin embargo, ocurrió más bien lo contrario. Esto lo que nos refleja es que cada vez ingresan más mujeres a la educación superior, pero aún persiste la división de las llamadas carreras femeninas y masculinas. Más aún, se observa una recomposición en las denominadas carreras masculinas, donde cada vez -aunque con ritmo lento-ingresan más mujeres. Tal es el caso del área de las Ingenierías y Tecnologías, donde en 1980 el porcentaje de mujeres era sólo del 11 % y para 1999 se había elevado al 27 %. A pesar de estos cambios notables, todavía las mujeres representan prácticamente la cuarta parte de la matrícula en esta área. Las anteriores cifras pueden verse de manera más detallada en el Gráfico 1 (Anexo I). La información y el análisis realizado en el presente trabajo nos permiten afirmar que, en lo que atañe a estudiantes, a pesar de que los porcentajes de mujeres y hombres en cuanto a inserción en la educación superior son prácticamente de 50 % para unas y otros, el problema persiste en cuanto a la elección de carreras. Es decir, todavía sigue presente aquella clasificación de las carreras femeninas y masculinas (Bustos, 1994) 18. A pesar de que hay evidencias de que en algunas áreas del conocimiento los porcentajes de mujeres y hombres se han invertido, esto ha operado sólo para aquellas carreras que estaban sobrerrepresentadas por hombres. Pero lo contrario no se ha observado todavía, es decir, recomposición de porcentajes en aquellos campos del conocimiento como Educación y Humanidades, donde tradicionalmente los porcentajes han sido altos para mujeres, siguen estando altos, mas no se observa indicio alguno de que ahora estos porcentajes altos sean ostentados por varones (en esta área, en 1983, la composición era de 42 % hombres y 58 % mujeres, en tanto que para 2001, el porcentaje de hombres bajó al 34 % y el de las mujeres se elevó al 66 %). Aquí la observación es que es más difícil romper con estereotipos de género en los varones, que en las mujeres. Pero por otro lado no hay que descartar que se trata también de carreras, que socialmente se les ha asignado un menor prestigio y por lo tanto con salarios más bajos. Por otro lado, la homofobia habría que analizarla aquí. Es decir, qué tanto los hombres no eligen estas carreras, ya que al ser "femeninas", atentan en contra de su "masculinidad". En otras palabras, parecer ser que a los varones los persigue más este fantasma de la homofobia o temor a la homosexualidad. Evolución de los porcentajes de egreso y titulación en educación superior Aunque los porcentajes de egresos entre mujeres y hombres no han sido muy diferentes, lo que se observa es un incremento en el de mujeres. Analizando el egreso por áreas del conocimiento, durante el período 1997-2001 (con excepción de Educación y Humanidades), puede observarse este ligero incremento en las mismas a favor de las mujeres. Más específicamente, el incremento fue de 1 % en Agropecuarias, Salud, Naturales y Exactas, Sociales y Administrativas; y, en relación a las Ingenierías y Tecnologías, el aumento fue de 3 %. Esto puede apreciarse más claramente en el Gráfico 2 (Anexo I). Con respecto a la titulación, las cifras a 2001 también apuntan ligeramente a favor de las mujeres. Con excepción del rubro de Ciencias Agropecuarias y Educación y Humanidades, donde hubo un descenso del 1 % y 5 %, en Salud el incremento fue del 3 %, en Naturales y Exactas se mantuvo igual (49 %); en Sociales y Administrativas el aumento fue del 5 %; y en Ingenierías y Tecnologías fue del 3 %. (Ver Gráfico 3 Anexo I.) La feminización de algunas carreras en México En el Gráfico 4 (Anexo I), puede verse esta recomposición en los porcentajes en carreras como: Planeación, Ingeniería Textil, Ingeniería Bioquímica, Arte Dramático, Ventas y Mercadotecnia, Ecología y Química Agropecuaria. Destacan sobre todo dos de ellas: Ecología que, durante el período analizado, las mujeres pasaron del 0 % a casi 52 %; y Planeación que se elevó de un 2,7 % al 56 %. También llama la atención que dentro de estas carreras, están incluidas dos del área de Ingeniería (Textil y Bioquímica). En el caso de la primera sería más fácil entender este incremento, ya que se acerca de alguna forma a ciertas características asociadas a lo "femenino"; sin embargo, valdría la pena analizar lo referente a la carrera de Ingeniería Bioquímica. También será de gran interés poder conocer cómo y en qué condiciones se insertan en el mercado laboral. La condición de inequidad de las mujeres en el posgrado La situación actual de las mujeres en el posgrado en México se encuentra en desventaja con respecto a los hombres. Un primer análisis que debe hacerse es que el porcentaje más alto tanto de mujeres como de hombres en posgrado se encuentra en el nivel maestría (71,3 y 71,8 % respectivamente), siguiéndole el nivel de especialización (22,6 y 20,5 % respectivamente); y en un menor porcentaje el nivel de doctorado, donde las mujeres representan el 6,5% y los hombres el 7,6%, con respecto al total de estudiantes de los tres niveles de posgrado (especialización, maestría y doctorado). Sin embargo, analizando el período 1998-2001, se encuentra un incremento de la participación de mujeres en el posgrado, sobre todo en las especializaciones y el doctorado. (Para mayor claridad, ver el Gráfico 5, Anexo I.) A reserva de hacer una investigación más acotada, una explicación acerca del decremento de la participación de las mujeres en el período estudiado (1998)(1999)(2000)(2001), puede deberse a que varios de los programas actuales en posgrado, permiten que el estudiantado se inserte en un programa de doctorado, inmediatamente después de haberse titulado de licenciatura, evitándose así el paso por una maestría específica. Si se analiza cada nivel de posgrado, por sexo, pueden apreciarse más claramente las diferencias de porcentaje en cuanto a la matrícula de mujeres y hombres, así como el incremento del porcentaje de mujeres en los tres niveles de posgrado, en el período 1998-2001. En ese sentido, las mujeres en especializaciones pasaron de 44 a 46,2 %. Por lo que toca a las maestrías, el porcentaje se incrementó de 41,5 % a 42,3 %. Esto puede observarse con mayor precisión en el Gráfico 6, Anexo I). Lo anterior refleja que, aunque se observa un incremento de las mujeres en el posgrado, las diferencias todavía son grandes. La mujeres representan apenas poco más de un tercio en doctorado. Más adelante se abundará al respecto, pero vale la pena adelantar que, en términos generales, resulta difícil para las mujeres incursionar en la misma proporción que los hombres. La perspectiva de género resulta aquí una herramienta muy útil en este análisis. La edad aproximada del posgrado es de 25 años en adelante, que coincide precisamente con el período de reproducción biológica, por lo que muchas estudiantes renuncian o prefieren no incursionar en un posgrado. O, en otros casos, dada la adherencia al estereotipo de género femenino, no consideran una opción atractiva hacer un posgrado, pues visualizan en el corto plazo el unirse en pareja, tener hijos y atender una casa (es decir, habría una identificación con los roles tradicionales de género). Aunque esto está cambiando, todavía son barreras para que las mujeres accedan más a posgrados. OFERTA DE PROFESIONISTAS VS. DEMANDA DE PROFESIONISTAS EN MÉXICO Las últimas publicaciones de ANUIES ( 2003) aportan información relevante en cuanto a la oferta de profesionistas en el período 2000-2010, así como la demanda en ese mismo período. Resulta interesante y preocupante que las únicas dos áreas donde la demanda de profesionistas, en el período analizado, superará a la oferta son, por un lado, las Ciencias Agropecuarias y, por el otro, el Posgrado. Esto va en detrimento directo de las mujeres, pues precisamente en estas dos áreas es donde las mujeres ocupan porcentajes muy bajos. Esto habrá que tomarse muy en cuenta a fin de incidir en políticas públicas en materia educativa, laboral y familiar. Condición de escolaridad de las mujeres en México, su inserción laboral y doble jornada de trabajo Por lo que respecta a México, resulta importante destacar los distintos mecanismos de exclusión y discriminación hacia las mujeres -independientemente de su grado de escolaridad-que se observan al analizar las cifras respecto a la tasa de participación femenina en el sector laboral, donde las mujeres constituían en 1999 el 33,49 % de la población económicamente activa y el 33,32 % de la población ocupada. Al analizar la participación de mujeres en el trabajo por nivel de instrucción, se observa que el porcentaje mayor corresponde a aquellas con un nivel de instrucción medio superior y superior, representando en 1991 el 47,9 %; en 1996 el 50,4 % y en 1997 el 52,6 % (véase Gráfico 7). Al cruzar la población ocupada por sexo, según nivel de instrucción e ingresos, resultan impactantes los datos al señalar que de la población que se ubica en el rubro de "profesional medio y superior" ganando menos de un salario mínimo, el 45,4 % son mujeres y sólo el 23 % son hombres. Esto nos indica que un porcentaje considerable de mujeres, con un nivel de escolaridad alto, tiene que aceptar trabajos mal remunerados, o bien tiene que aceptar trabajos por horas o de tiempo parcial, al no ser compatibles los horarios de muchos trabajos con el cumplimiento de los roles tradicionales de género de madres-esposas-amas de casa, que socialmente les han sido asignados. Por otra parte, al analizar las cifras respecto al rubro de ingresos, lo que se encuentra es que el porcentaje más alto (27,4 %) corresponde a las mujeres que perciben menos de 1 salario mínimo al mes (en los hombres es sólo del 17,7 %); le sigue en importancia el rubro de 1 a 2 salarios mínimos, con un 25,4 % (véase Gráfico 8). Si estos datos se cruzan con el estado civil de las mujeres, encontramos que el rubro de divorciadas es el que tiene la tasa de participación laboral más alta (72,6 % en 1997) (véase Gráfico 9). Esto merece ser analizado con más detenimiento y desde un enfoque de género, pues lo que nos está indicando es que este grupo de mujeres seguramente asume la responsabilidad única de los gastos familiares o la mayor parte de éstos, pues a pesar de que en México existe una reglamentación de pensión alimentaria para hijos e hijas, esto no se lleva a cabalidad ni en los términos justos. Esto todavía se agrava más si tomamos en cuenta que dentro del total de la tasa de participación femenina según número de hijos/as, el porcentaje más alto corresponde a mujeres que tienen 1 ó 2 hijos (40,7 %), pero también es considerable el porcentaje de las que tienen de 3 a 5 hijos (36,8 %). De esto se desprende que en estas mujeres recae una doble jornada de trabajo, con las implicaciones que esto conlleva, pero que históricamente se han "naturalizado" o "biologizado" los roles de género, que por supuesto son construcciones socioculturales que asignan a las mujeres el cuidado y atención de hijos e hijas, pero que socialmente deben asumirse como un "deber ser". Es decir, no se asume que estas responsabilidades deben ser compartidas por la pareja u otros miembros de la familia, o el entorno social para lo cual debería contarse con infraestructura (estancias infantiles, comedores públicos, horarios escolares prolongados, etc.). Sin lugar a dudas, estas y muchas otras consideraciones deberían de formar parte de una serie de propuestas encaminadas al establecimiento de políticas públicas orientadas a un trato justo que no sólo beneficiaría a las mujeres, sino a la sociedad en general, promoviendo y garantizando de este modo las relaciones de equidad entre los géneros. En la medida en que las mujeres en nuestro país representan ya el 50 % de la población en la educación superior y en varias carreras más del 50 %, el reto es cómo seguir manteniendo esa proporción del 50 %, pero eliminando el sexismo en su inserción en las carreras llamadas "masculinas". Pero por otro lado, cómo lograr que el trato sea justo al insertarse en el mercado laboral, donde muchas veces tienen que aceptar cualquier trabajo, con remuneraciones injustas, o bien se les siguen imponiendo obstáculos para frenar su desempeño laboral y llegar a cargos de toma de decisiones, es decir, sigue existiendo el "techo de cristal", a pesar de que estén en igualdad de condiciones en cuanto a conocimientos, experiencia, etc., y donde queda claro que la decisión en detrimento de las mujeres obedece a los prejuicios y discriminaciones fincados en los estereotipos y roles de género que colocan en desventaja a las mujeres, en relación con los hombres. Reflexiones y propuestas de acciones, estrategias y políticas para evitar obstáculos y la necesidad de diseñar y poner en práctica políticas públicas encaminadas a una mayor justicia hacia las mujeres Retomando lo planteado en la Conferencia Mundial sobre Mujeres y Educación Superior, convocada por la UNESCO, en 1998, en París, Francia (op. cit.), en ella se establece que siendo conscientes de los distintos obstáculos a los que se enfrentan las mujeres dentro de la educación superior, las soluciones para poner remedio a la exclusión de las mujeres estriban en: invertir esas tendencias mediante un amplio acceso a la educación, y en especial a la educación superior; revisar los procedimientos de nombramientos y ascensos; proporcionar en todas las profesiones un apoyo a la mujer mediante normas legislativas e infraestructuras; elaborar programas especiales para las mujeres; poner en práctica el principio de la acción afirmativa, a fin de que se haga factible el acceso y la participación de las mujeres, en espera de que se produzca un auténtico cambio de actitud en la cuestión de la plena equidad entre los géneros y de que exista un genuino apoyo institucional y gubernamental con políticas claras y eficaces que se apliquen realmente. Mujeres, diversidad cultural y educación superior No cabe duda de que el fenómeno de la diversidad cultural constituye un ámbito muy problemático en relación con la cuestión de la dirección y administración ejercidas por mujeres en el sector de la educación superior y en la sociedad general. Son múltiples los factores que intervienen en esto: el papel histórico de las mujeres en algunas sociedades, los conflictos derivados al acceder a un nivel de educación superior y su contacto con otras culturas, y su propio compromiso con los valores de su raza, religión y nación. Con respecto a las tensiones entre las mujeres de distintas culturas y su papel en el progreso de la educación superior, se debe tener en cuenta lo siguiente: -La función desempeñada por las mujeres en todas las sociedades está condicionada por una serie de tradiciones esenciales, que a veces son muy antiguas y que influyen con especial complejidad en su vida cívica y profesional. Mediante la promoción de modalidades de enseñanza e investigación del Programa UNITWIN y de Cátedras UNESCO, el Proyecto Especial Las mujeres, la Enseñanza Superior y el Desarrollo tiene como objetivo impulsar las carreras profesionales de las mujeres en áreas prioritarias como la administración de la educación superior, la salud comunitaria, la incorporación a la sociedad, la atenuación de la pobreza, y la ciencia y el desarrollo. Estas cátedras y redes reconocen la identidad cultural como una variable esencial de la estructuración de las actividades llevadas a cabo. -En algunos países y culturas hay mujeres que ocupan cargos importantes, pero su acceso al poder se ha debido en muchos casos a relaciones familiares, maritales o políticas. -Las formas de administrar y dirigir varían muy considerablemente de una cultura a otra, y a este hecho se le concede mayor atención con el fenómeno de la internacionalización. Actualmente se admite que el entendimiento de otros pueblos y la comprensión de sus lenguas, como expresión de sus esquemas de pensamiento, son elementos esenciales para lograr el éxito en cualquier esfera de actividad. -En todas partes, la administración y la dirección consisten paradójicamente en recibir lo que otros nos dan. Por consiguiente, resulta esencial que las distintas culturas encuentren un terreno común para dialogar y negociar. En este contexto, las culturas dejan de ser barreras y se convierten en puentes que unen los extremos. En la dirección y gestión de la educación superior, las mujeres de culturas distintas pueden ponerse en contacto entre sí para intercambiar ideas y pareceres que enriquezcan sus propias ideas sobre cuestiones específicas, por ejemplo la forma de tratar las actitudes de los hombres con respecto al poder y el tema de la toma de decisiones en sus respectivos países. A pesar de la profunda diversidad cultural, a la hora de tratar de obtener una mayor participación en la toma de decisiones y en el poder, a las mujeres deben servirles de guía: • Los derechos legales de las mujeres. • El factor de la masa crítica. • La adaptación de las tradiciones culturales. • La problemática planteada por las funciones de dirección. • El compromiso institucional con la equidad entre los géneros. • La feminización de las funciones de dirección. • Las responsabilidades sociales de la educación superior. Todos estos elementos son universalmente válidos y reflejan con la mayor elocuencia posible la visión que las mujeres tienen de las prioridades en materia de dirección de la educación superior para los años venideros, en los que las mujeres y toda la ciudadanía responsable tratarán de encontrar con afán un nuevo sistema de cooperación social. ¿Cuáles son las perspectivas en relación a las tendencias al cambio a nivel internacional? El mundo evoluciona hacia una mayor democracia y hacia la adopción de políticas orientadas por el mercado, en un esfuerzo por incrementar el desarrollo humano. En este contexto, hay que ofrecer a las mujeres más posibilidades de ser nombradas para cargos directivos. La labor desplegada por los organismos especializados y los grupos de mujeres, así como las resoluciones de las Conferencias Internacionales, están contribuyendo a la contratación de mujeres para ocupar esos cargos. En los ámbitos de la investigación, la formación, la defensa de intereses y la creación de redes, se pueden percibir claras tendencias a un incremento de la autonomía de las mujeres con altas calificaciones. Los resultados indirectos del mayor acceso de las mujeres a esas esferas y de su participación en ellas son perdurables y benefician continuamente a las mujeres de todos los grupos sociales. La ya mencionada Estrategia Global de la UNESCO para las Mujeres, la Educación Superior y el Desarrollo, se basa en esas tendencias y tiene como objetivo aumentar la participación de las mujeres en los procesos de adopción de decisiones. En conclusión, lo que se necesita hoy en día es una visión común del desarrollo social y humano, que sea compartida tanto por los hombres como por las mujeres, que esté basada en la justicia social, y que otorgue a la mujer el lugar que le corresponde en la adopción de decisiones. "Es probable que la tarea esencial del siglo XXI sea forjar una nueva cooperación entre hombres y mujeres para tratar las cuestiones del presente y configurar sus futuros proyectos personales y sociales." De acuerdo con esta visión, todos los que desempeñan funciones dirigentes -ya sean hombres o mujeres-han de convertirse en instrumentos esenciales del cambio que ha de conducirnos a una nueva sociedad. Por consiguiente, los hombres y las mujeres, lejos de ser adversarios deben ser copartícipes de pleno derecho y por igual en esta importante tarea. En ese sentido, la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, realizada en octubre de 1998, en París, Francia 19, se planteó como una de las metas centrales una articulación clara al profundo deseo que tienen las mujeres de forjar esta nueva cooperación social. Algunas estrategias para la actividad futura, encaminadas a promover el acceso de la mujer a la educación superior y de su participación en este sector de educación, fueron las siguientes: La UNESCO debe establecer un Observatorio Internacional sobre las Mujeres y la Educación Superior para el seguimiento de su acceso a este sector de la educación, su participación en él y su presencia en la adopción de decisiones. Las ONGs internacionales deben efectuar una revisión crítica de los instrumentos legales para determinar su eficacia en relación con la educación superior. Las ONGs especializadas en las cuestiones de las mujeres y la educación superior, o interesadas por ellas, deben proseguir sus actividades de formación a fin de potenciar las capacidades de las mujeres para defender la equidad entre mujeres y hombres en el plano internacional, regional, nacional e institucional. Por conducto de las ONGs especializadas en la educación superior -por ejemplo, asociaciones y conferencias regionales de rectores-se debe redactar una Carta-Compromiso, cuyo propósito sea lograr la Equidad entre los Géneros, para que sea firmada por los dirigentes institucionales. La UNESCO debe apoyar las iniciativas en pro de la evaluación y seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995). Esas iniciativas comprenderán simposios y actividades regionales, así como una reunión especial que se convocará para el año 2000 (esta reunión internacional se llevó a cabo en 2000 en Nueva York); así como promover la presencia de las mujeres en los niveles de toma de decisiones de la educación superior y fomentar el empleo de las graduadas. Las instituciones deben establecer un comité superior para asegurarse de que se van a alcanzar los objetivos relacionados con la equidad entre mujeres y hombres. En las universidades e instituciones de educación superior, deben crearse Oficinas para la Igualdad de Oportunidades en materia de Empleo, a fin de supervisar los progresos de las mujeres que ocupan puestos académicos y administrativos (por ejemplo, nombramientos para cátedras, puestos de directoras de departamentos universitarios, puestos superiores de administración, etc.). Las oficinas de orientación de carreras y los servicios de colocación de graduados deben adoptar medidas especiales para que las estudiantes estén plenamente informadas de las posibilidades y obstáculos que presentan las distintas profesiones respecto de la cuestión de la equidad entre los géneros. Habría que agregar aquí, que también a través de estos servicios de orientación vocacional, deberían diseñarse y llevar a la práctica distintos programas que tiendan a la eliminación del sexismo en las carreras, es decir, de la superflua clasificación de las carreras "femeninas" y "masculinas". Las instituciones de educación superior y las ONGs (especialmente las que representan a mujeres y estudiantes) deben potenciar al máximo la utilización de modelos y de mujeres pioneras en una profesión, como medio para informar y asesorar a las estudiantes sobre sus opciones profesionales. Se debe prestar una atención especial a los sectores donde las mujeres están escasamente representadas (por ejemplo, ciencias e ingenierías). En ese sentido, una de las acciones importantes a nivel de las instituciones de educación superior debe ser la recuperación de las académicas pioneras en los distintos campos del conocimiento, a través de vídeos y publicaciones que recojan sus biografías, testimonios de sus vidas cotidianas, aportaciones, etc. 10. Se debe aumentar el número de Cátedras UNESCO y Redes UNITWIN que promueven la cuestión de la igualdad entre mujeres y hombres en las áreas de la educación superior, desarrollando para tal efecto actividades de investigación y formación. La UNESCO y otras organizaciones deben crear equipos móviles de expertas en la perspectiva de la equidad entre los géneros, a fin de fomentar la capacidad endógena en el plano nacional e institucional. En determinados contextos y casos, se pueden considerar deseables los sistemas de cuotas como medio de encaminarse hacia la plena igualdad entre mujeres y hombres. Esto es, el principio de acción afirmativa debe formar parte de las políticas educativas dentro de las instituciones de educación superior. Se debe preparar en cada región un Código de Práctica Correcta para ilustrar la promoción de la equidad entre los géneros en distintos contextos culturales. Las ONGs especializadas en las cuestiones de las mujeres y la educación superior deben organizar sesiones de formación exhaustivas, que estén destinadas a estudiantes de ambos sexos recién graduados, para tratar la cuestión de la feminización de las funciones de dirección con miras a crear una sociedad más humana. Debe respaldarse con vigor el principio del aprendizaje a lo largo de toda la vida para las mujeres; y se deben adoptar medidas adecuadas para permitirles que prosigan sus estudios, que se incorporen al mercado de trabajo, y que logren armonizar sus responsabilidades profesionales y personales. Aquí una observación adicional es que, así como se comparten las responsabilidades de tener un trabajo fuera del hogar, así también debe compartirse las responsabilidades del hogar y trabajo de los hijos. Esto es indispensable, a fin de que no se siga fomentando más el rol de la "supermujer", donde la exigencia apunta a que tiene que ser eficiente en ambos espacios (el "público" y el "privado"), con los consiguientes costos que representan para las mujeres que se encuentran en estas condiciones, pues las repercusiones las afectan seriamente a nivel de salud física, psicológica y social. Los siguientes objetivos, planteados en la Conferencia Internacional sobre Mujeres y Educación Superior, realizada en París, en 1998 20, habría que retomarlos, pues siguen estando vigentes: Para el año 2010, el número de estudiantes matriculados en la enseñanza superior de un país (es decir, en la educación possecundaria para los grupos de 18 a 24 años de edad y los estudiantes de edad madura) debería corresponder a la realización del objetivo de mantener o aumentar el número de mujeres matriculadas. Por ejemplo, mantener el porcentaje de un 50 % o más de mujeres en los países donde se haya alcanzado esa cifra; o bien, fijarse un objetivo de aumento del 20 % al 30 % en los países donde sea escasa la matriculación de mujeres. Los puestos de catedráticos/as, profesores/as y jefes/as de departamento, deben ser desempeñados por hombres y mujeres sobre la base de la equidad. Como muchas mujeres poseen hoy en día los títulos exigidos, se deben establecer objetivos para aumentar sus nombramientos hasta que lleguen a alcanzar el 50 % de los puestos. Esto puede implicar la creación de nuevos puestos. Lo ideal sería que el 50 % de todos los puestos de rectores y vicerrectores fuesen ocupados por mujeres. Las estadísticas muestran que en la actualidad las mujeres solamente ocupan entre un 5 % y un 7 % de esos puestos. Las instituciones deberían adoptar una política de aumentar esas cifras anualmente en un 25 % hasta alcanzar el 50 %. En este caso, podría ser útil aplicar una política de alternancia. Deberían establecerse objetivos para aumentar su número periódicamente hasta alcanzar ese 50 %. En determinados contextos culturales, se necesita desplegar grandes esfuerzos para evitar que las mujeres sean excluidas del acceso a la educación superior y de su participación en ella. Una exclusión de este tipo significa negar a la mujer el derecho a contribuir al desarrollo humano sostenible. CONSIDERACIONES Y PROPUESTAS FINALES Si bien el incremento de la matrícula de las mujeres en las IES hay que considerarla como un gran avance, no hay que quedarse sólo con el dato cuantitativo y hay que destacar que hay áreas todavía reservadas a los hombres (las ingenierías y tecnologías). En la UNAM esta igualdad de porcentajes se obtuvo desde 1994. Sin embargo, sigue habiendo grandes diferencias en cuanto a la matrícula de mujeres y hombres, en detrimento de las primeras, sobre todo las así llamadas carreras "masculinas". Ha habido áreas del conocimiento que se han "feminizado", es decir, donde antes la matrícula era más alta en hombres, ahora lo son las mujeres (Ciencias Sociales y Administrativas, por ejemplo o en Salud). Sin embargo, no ocurre lo mismo a la inversas, es decir, que se masculinicen áreas tradicionalmente femeninas (Humanidades y Educación, por ejemplo). La matrícula en el posgrado es mayor en hombres que en mujeres. Esto coincide en muchos casos con el proceso biológico reproductivo de las mujeres. Testimonios de varias mujeres reflejan que es mejor para ellas, una vez que se titulan de licenciatura, elegir un diplomado o bien una especialidad, que pueden terminar en un año, porque de otra forma no se aventurarían a un embarazo si estuvieran cursando el doctorado. Afortunadamente en la UNAM, durante el período en que la doctora Rosaura Ruiz ocupó el cargo de Directora General del Posgrado, se formuló la propuesta y fue aceptada, en el sentido de que las estudiantes que estén haciendo el doctorado y se embaracen tendrán seis meses de gracia para que suspendan sus estudios de doctorado, tiempo en el cual se les seguirá otorgando la beca correspondiente. (Fuente: Comunicación personal con la doctora Rosaura Ruiz, septiembre, 2003). A partir de los datos reportados por el INEGI en el último censo de población, es preocupante cómo casi el doble de mujeres en comparación con los hombres, percibe menos de un salario mínimo en el rubro de personas con educación media y superior. Es decir, no es el nivel de escolaridad lo que define esto. De igual modo, de mujeres y hombres que tienen que trabajar más de 48 horas a la semana, son las mujeres las que tienen el porcentaje más alto de quienes reciben menos de un salario mínimo. Aquí se evidencia claramente la discriminación de género. Sería interesante realizar una investigación más a fondo en términos de indagar dónde y en qué trabajan las mujeres (las que lo hacen) que han terminado una carrera universitaria. Qué porcentaje ejerce su carrera. O en qué terminan trabajando. Habría que cruzar esto con el sesgo de género que sigue existiendo cuando se contrata a una mujer. O bien, terminan haciendo otra cosa, diferente a su carrera y aceptando salarios ínfimos. O bien, en los casos que son mínimos y que obtienen un buen trabajo, qué les representa esto en términos de dobles y triples jornadas de trabajo, en detrimento de su salud física, psicológica y también social. Esto, porque tienen que seguir realizando los roles de género impuestos a las mujeres, esto es, ser madres-esposas-amas de casa. A partir de las consideraciones anteriores y otros hallazgos, una primera propuesta debería encaminarse al establecimiento de políticas públicas en los ámbitos educativo, laboral y familiar, que pudieran posteriormente traducirse en iniciativas de ley. Esto sin descuidar que a la par se tiene que trabajar en todo un proceso de formación y sensibilización a mujeres y varones respecto a que estas situaciones de discriminación no son "naturales" ni "inherentes" a los sexos. Desmitificar esto lleva tiempo y en este sentido, algunos campos del conocimiento o carreras como la Psicología tienen mucho que aportar (además de otras afines). Esta sensibilización o formación en perspectiva de género, debería empezar desde las personas encargadas de la toma de decisiones, pues de otra forma quedaría sólo a nivel de buenos deseos. TABLA 2: ASOCIACIONES DE UNIVERSIDADES Y PRESENCIA DE MUJERES ONG MIEMBROS INSTITUCIONES DIRIGIDAS POR MUJERES CANTIDAD % LOS RETOS DE LA EQUIDAD DE GÉNERO EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO Y LA INSERCIÓN DE MUJERES EN EL MERCADO LABORAL ARBOR 30 años se triplicó la población de mujeres en la educación superior. ¿Sigue habiendo carreras femeninas y masculinas?
El presente artículo repasa la contribución de distintos historiadores a los debates sobre el significado, los orígenes y el contenido del término globalización. Este concepto ha sido desvirtuado y cuestionado como consecuencia de su uso sistemático, tanto en ámbitos académicos como entre el público en general. La historiografía se ha ido adaptando a los cambios semánticos sufridos por el término, hasta el punto de que la globalización ha servido para recuperar perspectivas de larga duración, así como enfoques monocausales e incluso deterministas. Sin embargo, algunas de las aportaciones más recientes permiten no solo integrar la globalización en los relatos históricos, sino perfilar su verdadero alcance y significado. La palabra globalización se repite constantemente en estudios académicos y medios de comunicación. La mayor parte de los científicos sociales, que hasta hace poco solo querían internacionalizar sus respectivas disciplinas -economía, ciencia política, educación-, buscan ahora hacerlas globales. En los últimos días de 2015, el vocablo apareció en la edición digital de The New York Times haciendo referencia, indistintamente, al mundo del deporte -globalización del doping-, la antropología -obituario de Sidney Mintz-y el motor -la estrategia de mercado de Ferrari. La popularización del término ha contribuido, indudablemente, a su indefinición semántica; pero esta característica ha acompañado a la palabra desde que comenzó a utilizarse en el ámbito académico. Después de la segunda guerra mundial, globalización hacía referencia a la expansión de una determinada forma de capitalismo que contribuía a una homogeneización cultural y política de las distintas partes del mundo, y que era consecuencia inevitable del avance de la industrialización. En la década de 1970, los economistas comenzaron a hablar de globalización como una consecuencia de las acciones de nuevos agentes trasnacionales -multinacionales fundamentalmente-que minaban la capacidad de muchos gobiernos para controlar sus flujos comerciales o financieros (Bach, 2006). Esta versión del concepto cuajó tras la publicación en la Harvard Business Review, el año 1983, del artículo de Theodore Levitt "The Globalization of Markets" (Levitt, 1983). La globalización aparecía aquí como un fenómeno de raíz económica, estrechamente vinculado a la crisis de las instituciones de Bretton Woods, y sobre cuyas bondades discutían acaloradamente los expertos. Tras la caída del bloque soviético se llegó a una especie de consenso respecto a la definición económica de la globalización, que entonces parecía llegar a su apogeo. Esta aludía a la creciente integración mundial de los mercados de bienes y capitales, así como a la mayor movilidad de las personas, posible gracias a los espectaculares avances tecnológicos en materia de transportes y comunicaciones. Desde una perspectiva crítica, Joseph Stiglitz la definía como "la integración creciente de los países del mundo, que ha venido dada por una considerable reducción de los costes de los transportes y las comunicaciones, y la ruptura de las barreras artificiales al flujo de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor medida) personas, a través de las fronteras" (Stiglitz, 2002, p. Entre los entusiastas, el periodista Thomas Friedman concebía la globalización como "la potencial difusión del capitalismo de libre mercado a todos los países del mundo" (Friedman, 2000, p. Ambos escribían acuciados por una necesidad similar: la de encontrar un nuevo paradigma que posibilitara comprender y afrontar los desafíos mundiales de la posguerra fría. Stiglitz dio a luz La globalización y sus descontentos tras trabajar para la administración Clinton y el Banco Mundial entre 1993 y 2000. Una experiencia que "cambió radicalmente" sus "visiones tanto de la globalización como del desarrollo" (Stiglitz, 2002, p. ix). Friedman comenzó su andadura como comentarista de internacional de The New York Times justo tras el colapso de la Unión Soviética, llegando a la conclusión de que la globalización proporcionaba la clave para dar sentido a la actualidad. La definición económica de la globalización planteaba dos problemas. En primer lugar, se centraba en un aspecto concreto del fenómeno -la expansión de los mercados-, al que se subordinaban el resto de las facetas -políticas, culturales, etc.-. Por otro lado, se presentaba como un proceso de raíz exclusivamente occidental, unidireccional y contemporáneo. Ya antes de que Friedman y Stiglitz publicasen sus libros, una serie de sociólogos adujeron que la integración de los mercados representaba tan solo una cara de un proceso más amplio, cuyo único denominador común era la creciente interconexión del planeta a todos los niveles. Coincidían en apuntar a los avances tecnológicos como catalizadores del cambio, pero estos no habían facilitado solo el intercambio de mercancías o dinero, sino también la transmisión de ideas, especies animales, enfermedades, armas, etc. En 1990, el británico Anthony Giddens habló así de globalización como "la intensificación, a nivel mundial, de las relaciones sociales que conectan lugares distantes, de manera que los acontecimientos, a nivel local, se encuentran condicionados por hechos que ocurren a muchas millas de distancia" (Held y McGrew, 2002, p. Años después, Joseph Nye sintetizaba las mismas ideas en la frase "aumento de las redes de interdependencia". Esta visión convertía el fenómeno globalizador en algo tan antiguo como "la historia de la humanidad", y prácticamente irreversible (Nye, 2003, p. Contemplada así, la globalización perdía también su carácter occidental y unidireccional. Según el austríaco Manfred Steger, su origen puede remontarse a la noche de los tiempos, partiendo de una primera etapa marcada por la expansión, desde África, de la especie humana (Steger, 2009, pp. 19-20). Y Giddens la describía como un "proceso dialéctico" en que lo global y lo local se influyen mutuamente. Globalización equivalía así a glocalización, noción popularizada a438 por el también inglés Roland Robertson, para quien "el concepto de globalización implica simultaneidad e interpenetración de lo que se conoce comúnmente como lo global y lo local, o (...) lo universal y lo particular" (Robertson, 2005, p. Los historiadores estuvieron presentes desde un principio en los debates en torno a la globalización, y sus trabajos variaron a la par que el concepto. Sin embargo, aportaron a las discusiones una variable propia: mientras que sociólogos y politólogos tendían a subrayar la novedad de la globalidad actual, quienes se acercaban a ella desde la historia la consideraban el último capítulo de una larga serie temporal. A la mayoría de ellos, como recuerdan los alemanes Jürgen Osterhammel y Niels P. Petersson, "algo que la literatura sociológica presenta como hallazgos novedosos les resulta[ba] muy familiar". Muchos de los primeros en cultivar la historia de la globalización provienen de áreas afines, como la historia de la economía mundial, la historia de las migraciones o la historia de las relaciones internacionales, a las que han añadido el adjetivo global llevados por nuevas inquietudes académicas o por un cierto oportunismo. De hecho, "los historiadores de la economía habían descrito de forma precisa el proceso de emergencia e integración continuada de la economía global" mucho antes de que los debates sobre la globalización se pusieran de moda (Osterhammel y Petersson, 2005, p. Entre los primeros en considerar la globalización avant la lettre desde una perspectiva eminentemente histórica destaca precisamente un grupo de economistas liderado por el italiano Carlo Cipolla y el estadounidense David Landes. Interesados en explicar la primacía economía europea -y occidental-sin recurrir a la metodología marxista, creyeron encontrar la clave en determinados avances tecnológicos desarrollados en el viejo continente. Estas ventajas tecnológicas no eran, sin embargo, el resultado de condiciones materiales más favorables; muchas de las invenciones que subyacían al desarrollo europeo se habían concebido en Asia. Tal era el caso de la pólvora, inventada por los chinos, y que solo tras llegar a suelo europeo comenzó a aplicarse a la producción de armas de fuego. Algo similar ocurría con innovaciones desarrolladas en Europa, cuando eran trasplantadas fuera. Landes se preguntaba en 1983 "cómo y por qué una invención tan crucial [como el reloj mecánico] tuvo lugar en Europa y se mantuvo como monopolio europeo durante alrededor de quinientos años. No es algo que uno pudiera esperar tras repasar el mapa tecnológico. La Europa medieval era cualquier cosa menos el líder científico e industrial que sería un día" (Landes, 1983, pp. 11-12). La contestación la había adelantado Cipolla dos años antes, al aludir al "espíritu utilitarista" propio de los europeos, "que nació de la cultura urbana y adquirió rigor en la filosofía baconiana", expresándose "en un interés por las máquinas y en una intensa curiosidad por todas las actividades artesanas relacionadas con su construcción" (Cipolla, 1999, p. Landes precisó en su polémico La riqueza y la pobreza de las naciones lo que se escondía tras ese utilitarismo: el respeto judeocristiano por el trabajo manual, el concepto judeocristiano de la subordinación de la naturaleza al hombre, el sentido judeocristiano del tiempo lineal, y la importancia del mercado (Landes, 2008, p. Más recientemente, Niall Ferguson ha simplificado esta actualización de las tesis de La ética protestante de Max Weber en seis epígrafes: competición, ciencia, derechos de propiedad, medicina, sociedad de consumo y ética del trabajo (Ferguson, 2011). Fueron el norteamericano Jeffrey G. Williamson y el irlandés Kevin O'Rourke los que en 1999 aplicaron a estas concepciones la definición económica de la globalización, estableciendo una cronología. Acudiendo a la teoría económica clásica, partieron la hipótesis de que en un mundo realmente globalizado se tenía que dar también una convergencia de niveles de vida, medida en términos salariales. Algo que, a su entender, había ocurrido por primera vez en la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la coincidencia de distintos factores: los avances en transportes -ferrocarril y barco de vapor-y comunicaciones -telégrafo y teléfono-, la extensión del librecambismo -con la proliferación de acuerdos comerciales generalizables-, la movilidad de capitales -facilitada por el patrón-oro-y la intensificación de las migraciones (O'Rourke y Williamson, 2006). Surgió así la teoría de las dos globalizaciones: según esta, la globalización actual, iniciada en la década de 1960 e incrementada tras la caída del muro, habría tenido un antecedente entre los años 1870 y 1914 (o 1929, según los casos). Entre medias se habría vivido un período de desglobalización, marcado por una vuelta a las políticas proteccionistas y autárquicas, y posteriormente por la división del planeta en dos bloques económicos antagónicos (Frieden, 2006). El marco del auge y caída de la globalización económica es compartido hoy por una amplia gama de historiadores, que difieren entre sí al posicionarse éticamente frente al proceso. Mientras unos lo utilizan para defender la superioridad de la civilización de raíz a438 europea, otros lo critican usando categorías imperialistas o de clase. Entre los primeros se encuentra el propio Landes, quien lamentaba que "determinadas personas ha[yan] querido restar importancia al valor ejemplar de occidente, viendo en él un agresor" (Landes, 2008, p. Ferguson ahonda en esta línea al quejarse de que haya quienes "reclaman que todas las civilizaciones son, en cierto sentido, iguales, y que occidente no puede reclamar una superioridad sobre, digamos, el este de Eurasia" (Ferguson, 2011). Por su parte, los detractores de la globalización económica rechazan el papel primordial de esos valores, y la consideran el resultado del juego de fuerzas puramente materiales, determinadas por los intereses de potencias hegemónicas -Gran Bretaña en el siglo XIX y Estados Unidos en el XX-. El avance del capitalismo global equivaldría así a una especie de americanización encubierta, entendida como una forma de imperialismo cultural y, por ello mismo, difusora de las desigualdades. Para los norteamericanos Alfred E. Eckes y Thomas W. Zeiler, la globalización, vista como una fuerza compleja en la que predominan los factores económicos, representa la clave principal desde la que comprender la política estadounidense durante el siglo XX (Eckes y Zeiler, 2003). La carrera de los gobiernos norteamericanos por la conquista de mercados exteriores se habría hecho a costa incluso de los intereses de los propios estadounidenses. Para "las elites de la política exterior económica", era una "percepción generalizada" que "la salud del sistema económico internacional debía prevalecer sobre la salud de la economía doméstica" (Eckes, 1995, p. En un alegato de nacionalismo, de resonancias bastante actuales, al hablar de las políticas económicas de Nixon, Zeiler extraía la siguiente lección: "la globalización del libre comercio no debe ser una cuestión de fe (...). La fuerza de voluntad y el gobierno (...) podrían cambiar la globalización y, de esta manera, cambiar la historia de la desigualdad" (Zeiler, 2013, pp. 22-23). a438 la expansión de Occidente (...). Acaba con la gente (...) afirmando su diferencia y rechazando la uniformidad, con una sincronía llamativa que indica, de hecho, el alto nivel de integración global que se ha alcanzado" (Geyer y Bright, 1995, pp. 1036-1037). Algunas de las recetas de la nueva historia global -y de la globalización-tienen antecedentes en obras anteriores, como The Rise of the West (1963West ( /1991)), del recientemente fallecido William H. McNeill. Aunque este acabó admitiendo que su libro podía "ser visto como una expresión de la actitud imperial de posguerra en los Estados Unidos" (McNeill, 1963(McNeill, /1991, pp. xv-xvi), pp. xv-xvi), lo cierto es que relativizaba en gran medida la superioridad occidental. Esta aparecía como el resultado de un intercambio cultural cuyas raíces se remontaban al surgimiento mismo de la humanidad. La europea era la última de una larga serie de civilizaciones que se habían sucedido a lo largo de la historia, ascendiendo al cénit de su poder para sucumbir posteriormente. Antes de desaparecer, legaban parte de su bagaje a las culturas con las que habían entrado en contacto. Los "núcleos con una gran preparación (...) tienden a importunar a sus vecinos, colocando ante ellos novedades atractivas. Los pueblos vecinos menos preparados se ven entonces impulsados a hacer de esas novedades algo propio (...). Pero esos esfuerzos producen una dolorosa ambivalencia entre el impulso de imitación y un deseo igualmente ferviente de preservar las costumbres e instituciones que diferencian a los potenciales receptores de la corrupción y la injusticia inherentes a la vida civilizada". Para McNeill, "el contacto con extraños" representaba "el principal motor del cambio social" (McNeill, 1963(McNeill, /1991, p. The Rise of the West se anteponía así a algunas de las metanarrativas que, buscando trazar los ejes de una historia verdaderamente global, han proliferado en los últimos años. Varios de esos trabajos han recuperado las visiones, si no teleológicas, sí deterministas de la historia que, al modo del siglo XIX, quieren imitar los métodos de las ciencias naturales, hasta dar con las leyes que regulan el devenir de la especie humana. En 1991, David Christian llamó a superar los límites de la existencia humana, para escribir la gran historia. Si en "términos geográficos, la escala apropiada puede ser el mundo en su conjunto", entonces "la escala temporal apropiada para el estudio de la historia puede ser el tiempo en su conjunto" (Christian, 1991, p. La historia debía trabajar con las variables sistémicas y evolutivas propias de biólogos y geólogos: "existen los grandes archipatrones. En cierto sentido, la historia [de la hu-manidad, el planeta y el universo...] es una fuga cuyos dos temas principales son la entropía (que conduce al desequilibrio, la decadencia de las entidades completas, y una especie de 'agotamiento' del universo) y, en una especie de contrapunto, las fuerzas creativas que forman y sostienen equilibrios complejos pero temporales, a pesar de la entropía. Estos equilibrios frágiles implican a las galaxias, las estrellas, la tierra, la biosfera (...), las estructuras sociales de distinto tipo, los seres vivos y los seres humanos. Todas estas son entidades que logran un equilibrio temporal, pero siempre precario, sufren crisis periódicas, reestablecen nuevos equilibrios, pero al final sucumben a las fuerzas superiores del desequilibrio" (Christian, 1991, p. Muchas de las metanarrativas que pueden constituir una historia de la globalización a largo plazo han acabado cayendo en un reduccionismo que no es ya económico, sino medioambiental (Grew, 2006). El fisiólogo Jared Diamond recibió en 1998 el premio Pulitzer de ensayo por Armas, Gérmenes y Acero, donde asimilaba la historia con las ciencias naturales de carácter "histórico" -astronomía, climatología, ecología, biología evolutiva...-. Los historiadores debían efectuar estudios a largo plazo de la evolución de las sociedades humanas, buscando cadenas de causación apoyadas en estudios probabilísticos. Con alguna salvedad, concluía que las divergencias entre los pueblos no se debían más que a "diferencias en sus respectivos medios", marcadas por cuatro factores: "las diferencias entre los continentes en cuanto a las especies de animales salvajes y plantas silvestres disponibles como materiales de partida para la domesticación"; "los ritmos de difusión" de las ventajas comparativas entre áreas geográficas; "la difusión entre los continentes, que pueden ayudar a acumular una reserva de especies domésticas y tecnología"; y "las diferencias entre los continentes en cuanto a superficie o tamaño total de la población" (Diamond, 2009, p. William McNeill había explorado también los vínculos entre biología e historia en los años setenta, con un estudio sobre la difusión de las enfermedades infecciosas a lo largo de los siglos. Partiendo de la idea de un equilibrio entre parásitos y seres humanos, rastreaba sus alteraciones como consecuencia tanto de las innovaciones tecnológicas como de los contactos entre grupos. Hombres y enfermedades interactuaban irremisiblemente, conformado uno de los motores de la historia (McNeill, 1976). Ya en los albores del siglo XXI, su hijo John McNeill, profesor en la Universidad de Georgetown, ahondó en la balanza entre ser humano y medio ambiente, para hablar del a438 siglo XX como un momento transicional: hasta entonces, el hombre había ido progresivamente adaptándose al medio, modificándolo solo parcialmente; sin embargo, las nuevas tecnologías le habían dotado de una inédita superioridad frente a su entorno: "Las mismas características que han sustentado nuestro éxito biológico a largo plazo -adaptabilidad, inteligencia-nos han permitido, en los últimos tiempos, montar una civilización altamente especializada en la explotación de combustibles fósiles (...) que nos garantiza sorpresas y conmociones" (McNeill, 2000, p. xxiv). Tomados en su conjunto, los trabajos de los Mc-Neill ofrecen una visión mucho menos determinista de los antecedentes de la globalización, que abre la puerta para un nuevo tipo de estudios históricos. Si Plagues and Peoples o Something New Under the Sun enfatizaba procesos de lenta evolución, The Rise of the West ponía el acento en los intercambios culturales. En 2003, padre e hijo sintetizaron su carrera investigadora en Las redes humanas: una historia global del mundo. Su relato tomaba como punto de partida un concepto de globalización muy similar al de Giddens: "Una red (...) es una serie de conexiones que ponen a unas personas en relación con otras. Estas conexiones pueden tener muchas formas, encuentros fortuitos, parentesco, amistad, religión común, rivalidad, enemistad, intercambio económico, intercambio ecológico, cooperación política e incluso competición militar. En todas estas relaciones las personas comunican información y la utilizan para orientar su comportamiento futuro. También comunican (...) tecnologías útiles, mercancías, cosechas, ideas y mucho más. Asimismo, intercambian sin darse cuenta enfermedades y malas hierbas, cosas que no pueden utilizar pero que, a pesar de ello, afectan a su vida (...). El intercambio y la difusión de esa información, estas cosas y esas molestias, así como las respuestas a todo ello, dan forma a la historia" (McNeill y McNeill, 2004, p. En su repaso, los McNeill terminaron por ofrecer una periodización de la globalización que coincidía, grosso modo, con la de los historiadores económicos. Sería solo "en los últimos quinientos años" cuando "la navegación oceánica" habría unido "las redes metropolitanas del mundo (...) en una sola red cosmopolita, y en los últimos ciento sesenta años, a partir de la invención del telégrafo, la red cosmopolita fue electrificada cada vez más, lo cual permitió intercambios más numerosos y mucho más rápidos. Hoy día (...) todo el mundo vive dentro de una sola red global" (McNeill y McNeill, 2004, p. HACIA UNA SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA CONTEMPORANEIDAD GLOBAL El deseo de desvincular los orígenes de la globalización de la influencia del capitalismo europeo potenció la aparición de explicaciones monocausales que se extendían a lo largo de varios siglos, cuando no milenios. A su vez, el deseo de superar este nuevo tipo de trabajos ha conducido a algunos historiadores al punto de partida de los economistas: el siglo XIX. ¿Resulta posible estudiar esa centuria, en perspectiva global, sin caer en el determinismo económico ni en el eurocentrismo? Desde los años cincuenta, distintos especialistas en la expansión imperial europea han defendido la tesis de que la aceleración de las ocupaciones territoriales en Asia y África por parte de las grandes potencias tiene menos que ver con las dinámicas internas del capitalismo que con las condiciones locales imperantes en ambos continentes (Gallagher y Robinson, 1953; Fieldhouse, 1990). Geyer y Bright recogieron este hilo, para situar el origen de la "civilización global" en la convergencia de una serie de graves crisis locales, por todo el planeta, a mediados del siglo XIX: la rebelión Taiping, la guerra civil en China, la guerra de Crimea, la rebelión de los Cipayos en la India, la guerra contra Paraguay en América Latina, la guerra civil americana, etc. Estos conflictos habían provocado una redefinición de las relaciones entre occidente y el resto del mundo, que no pueden entenderse exclusivamente desde la perspectiva de la dominación: "Europa resolvió su crisis regional volcándose hacia fuera (...) y lo hizo no por la conquista (...) sino mediante un nuevo esfuerzo, con nuevas capacidades, de sincronizar el tiempo global" (Geyer y Bright, 1995, p. Las víctimas de ese nuevo expansionismo no fueron tampoco actores pasivos, sino que contribuyeron a tejer unas redes globales donde las influencias circulaban en ambas direcciones: "Las iniciativas europeas chocaron, se solaparon e interactuaron con las dinámicas paralelas de otras regiones, así como con estrategias competitivas de auto-mejora, concebidas para reforzar su poder regional y mantener a raya o contener las presiones externas" (Geyer y Bright, 1995, p. En los últimos años, esta perspectiva ha propiciado la aparición de historias globales del siglo XIX, salidas de la pluma de expertos en la expansión imperial europea: El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914, del británico Christopher A. Bayly (2010) Bayly recalca la aparente paradoja asociada al concepto de glocalización: durante el XIX, "las grandes fuerzas del cambio mundial potenciaron las diferencias aparentes entre las comunidades humanas. Pero esas diferencias las expresaban de una manera cada vez más parecida" (Bayly, 2010, p. xxiv). La dialéctica homogeneización-diferenciación no había sido ocasionada solo por la expansión de modelos europeos, pues "los orígenes de los cambios de la historia global fueron siempre policéntricos" (Bayly, 2010, pp. 555-556). La narrativa de Bayly parte del concepto de revoluciones industriosas, acuñado a mediados de los noventa por el estadounidense Jan de Vries. Este apuntaba a dos transformaciones propias del S. XVII: "la reducción del tiempo de ocio según crecía la utilidad marginal del ingreso en metálico, y la redistribución del trabajo, desde la producción de bienes y servicios para el consumo directo hacia la producción de productos comercializables" (Vries, 1994, p. Las familias de Inglaterra y algunos países del norte de Europa habrían comenzado a producir más para el mercado, con la expectativa de aumentar beneficios y acrecentar sus posibilidades de consumo. Con sus nuevos ingresos adquirían productos de lujo -hasta entonces monopolio de las clases altas-, cuya demanda potenció las conexiones con los mercados asiáticos, haciendo rentables iniciativas de por sí revolucionarias, como las compañías comerciales. La base del crecimiento de los siglos XVII y XVIII no era solo económica. Tras la dinámica de las revoluciones industriosas se escondía una nueva mentalidad, que "permitió que la gente de clase media convenciera a los pobres para que adoptaran su estilo de vida" (Bayly, 2010, p. Asimismo, al crecer sus redes comerciales, occidente se volvió cada vez más sensible a lo acaecido en el resto del mundo. Las guerras del siglo XVIII estuvieron vinculadas a procesos como la desintegración del imperio mogol de la India, y el destino de Napoleón quedó sellado en Egipto. Ideológicamente, las revoluciones industriosas llevaron en Europa a un cuestionamiento de las estructuras sociales y políticas, y en muchos otros lugares del mundo -El Cairo, Delhi, Beijing, etc.-a un proceso de autorreflexión. Por todo el mundo surgieron proyectos de reforma con un punto en común: se presentaban como una respuesta a la modernidad (Osterhammel, 2014, p. 904), entendida simplemente como la tendencia "a pensar que se es moderno" o como el "deseo de estar con los tiempos" (Bayly, 2010, p. xxxiv). En Europa, la incertidumbre revolucionaria se resolvió en una política expansiva, aprovechando las oportunidades que ofrecían las revueltas asiáticas. El dominio europeo familiarizó a indios, chinos o japoneses con los patrones ideológicos occidentales, pero también incitó su resistencia. Con el paso del tiempo, surgieron variedades autóctonas de una ideología puramente europea -el nacionalismo-, diseñadas precisamente para ejercer la oposición contra occidente. A finales del XIX, los nacionalismos asiáticos eran verdaderos movimientos de masas, semejantes a los que existían en algunos países europeos. La oleada de violencia de mediados del XIX desató otro fenómeno global: el crecimiento del tamaño y la efectividad de los estados. Este se percibió en tres áreas: el crecimiento económico -productividad del trabajo humano, difusión del modo industrial de producción, apertura de nuevas fronteras en todos los continentes-, el desarrollo administrativo -mayor control sobre la población-y el perfeccionamiento de las fuerzas armadas (Osterhammel, 2014, pp. 907-909). Este último aspecto del desarrollo estatal constituye, para Charles Maier, uno de los ejes centrales de la globalización moderna. El profesor de Harvard ha distinguido al respecto varias etapas: la del Leviatán 1.0, propia del régimen territorial establecido con la paz de Westfalia en 1648. Los conceptos de soberanía territorial y frontera admitían la existencia de unidades estatales enfrentadas entre sí. Prepararse para esos choques requería una mayor eficiencia en la gestión de los recursos del país, que se consiguió recabando la lealtad de las elites regionales o locales (Maier, 2006, p. La oleada revolucionaria de finales del S. XVIII dio paso al Leviatán 2.0, "constituido (...) sobre bases más cohesionadas", que llevó hasta límites insospechados la capacidad de control (Maier, 2006, p. En esta ocasión, el avance de la maquinaria estatal se acompasó con un acceso mayor de la población a los mecanismos de decisión, tanto dentro como fuera de Europa. Los nuevos estados occidentales se habían constituido sobre la base de la representatividad y la libertad, generándose una "tensión entre igualdad y jerarquía" (Osterhammel, 2014, p. El tamaño de los estados les obligaba a relacionarse más directamente con sus ciudadanos, de cuyo concurso dependían, y que tenían sus propias reivindicaciones: "ahora la gente esperaba recibir del estado algo más que protección y honor" (Bayly, 2010, p. Los cipayos pudieron rebelarse precisamente porque participaban del entramado institucional de a438 sus dominadores, y porque el contacto con ellos les creó nuevas expectativas. Se explican así fenómenos como la multiplicación de opciones políticas en los estados occidentales, o el crecimiento de las nuevas reivindicaciones nacionalistas en los territorios colonizados. Allí, muchos deseaban copiar los modelos de gestión propios de los estados occidentales, adaptándolos a sus propias circunstancias. En último término, el progreso de los estados-nación y la creciente capacidad de movimiento de sus ciudadanos, produjeron efectos contrarios a los deseados por las autoridades: "Otra vez vemos la paradoja de la globalización. El endurecimiento de las fronteras entre naciones-estado e imperios a partir de 1860 impulsó a la gente a buscar formas de contactar, comunicarse e influirse, a través de esas fronteras" (Bayly, 2010, p. Esta "eficiencia asimétrica" -como la califica Osterhammel-se dejó sentir en el plano de la economía. Sin negar su importancia, todos estos autores relativizan el impacto de las innovaciones tecnológicas en el desarrollo económico. Los nuevos medios de comunicación tuvieron también importantes aplicaciones en otros ámbitos, como el político. En muchos lugares, las fuerzas de oposición a los gobiernos o a los dominadores occidentales se convirtieron, gracias al telégrafo y el teléfono, en verdaderos movimientos internacionales (Osterhammel, 2014, p. La mejora de los sistemas de transportes no solo afectó al tráfico de mercancías, sino al movimiento de personas (Hoerder, 2012). Las migraciones no tuvieron un efecto meramente económico, pues se convirtieron en un importante factor de desestabilización política, ya sea por los enfrentamientos entre nativos e inmigrantes, o incluso entre los colonos y la metrópolis (Bayly, 2010, pp. 134-136). Bayly y Osterhammel cuestionan también el papel de la industrialización como modelo principal de crecimiento en el siglo XIX, llegando a poner en duda además sus raíces europeas. El primero señala cómo en la modernización del textil británico el cultivo de algodón en la India jugó un papel primordial. En muchas otras partes del planeta, el desarrollo se debió fundamentalmente al aumento de la producción agrícola -la última fase de la "gran domesticación", en palabras de Bayly. "La otra fuerza de riqueza creciente fue la apertura de nuevas fronteras en todos los continentes: desde el medio oeste americano a Argentina, de Kazajstán a Birmania (...), no todas las clases de modernidad del siglo XIX se emplazan en un marco industrial" (Osterhammel, 2014, p. Lo que sí varió fue el destino de los productos del campo, que pasaron a alimentar al mercado internacional. A la postre, la industrialización no puede considerarse el motor primigenio de la aceleración global del XIX, pues solo parece haber tenido una importancia crítica a partir de 1850. Exclusivamente a partir de entonces el capitalismo participaría como actor primario en el reforzamiento de las redes globales, aunque los impulsos partiesen, en más de una ocasión, de decisiones políticas o de motivaciones ideológicas (Bayly, 2010, p. Como concepto analítico, la globalización tropieza con tres graves obstáculos. En primer lugar, el carácter difuso de su propia definición. Mientras los economistas se fijan más en los medios -factores de producción, tecnología-, los sociólogos insisten en el resultado -la integración creciente-. De hecho, hoy día se tiende a distinguir entre globalidad, "condición social caracterizada por estrechas interconexiones y flujos globales", y globalización, "conjunto de procesos sociales que parecen transformar la condición actual" (Steger, 2009, pp. 7-8). Las discusiones en torno al origen temporal y causal de la globalidad actual han llevado a tropezar con el segundo de los obstáculos: hay autores que dudan, si no de la existencia misma de la globalización, sí de su relevancia. El economista Paul Krugman (1999) o el filósofo John Gray (2011), por poner solo dos ejemplos, han cuestionado el supuesto debilitamiento del poder de los estados en la nueva era global, así como el carácter eminentemente aperturista de las innovaciones tecnológicas. En tercer lugar, la trasposición de la noción de globalización al lenguaje público y, sobre todo, al terreno de la confrontación política, han hecho que o bien se vacíe de contenido real, o bien sea muy difícil usarla de manera desapasionada. A la postre, podría afirmarse que el de globalización es hoy un concepto verdaderamente postmoderno, ya que más importante que su existencia real es el hecho de creer en ella. ¿Es conveniente seguir sustentando las investigaciones académicas en una idea tan aparentemente difusa como la de globalización? El repaso historiográfico que hemos efectuado, selectivo y ceñido en gran medida al mundo anglosajón, puede aportar algo de luz al respecto. Quien se acerque a la historiografía con el propósito de historiar la globalización, se encontrará con trabajos que, en poco más de treinta años, han recuperado y descartado muchos de los enfoques propios de la ciencia histórica en los últimos dos siglos. Las síntesis de Landes, los McNeill, Bayly y Osterhammel son consecuencia del cansancio provocado por la profusión de investi-a438 gaciones apoyadas en temáticas concretas y en lapsos temporales reducidos. Recientemente, Jo Guldi y David Armitage han llamado precisamente a recuperar la historia de larga duración como única vía para reintroducir a la disciplina en el debate público (Guldi y Armitage, 2015). Sin embargo, muchos de los intentos por retornar a las grandes interpretaciones han provocado la vuelta, con todos los matices que se quiera, del cientificismo y el determinismo. Siempre que se sobrevuelan coordenadas espacio-temporales amplias resulta fácil sucumbir a la tentación de las explicaciones monocausales, cimentadas en metodologías propias de otras disciplinas. O'Rourke y Williamson elaboraron complicados modelos econométricos, que no pretendían sino reclamar la solidez asociada con las matemáticas. Por su parte, Jared Diamond volvía sus ojos hacia la biología; y David Christian hacia la física, en pos de una nueva versión de la teoría nebular que deshumanizaba la historia para retrotraerla al momento del big bang. La historiografía tampoco se ha visto al margen de condicionamientos políticos o ideológicos. La necesidad de superar el eurocentrismo no puede llevarnos a dar un giro de ciento ochenta grados, y a reivindicar equilibrios desorientadores. Seguimos haciendo historia desde occidente, y estamos influidos por problemáticas típicamente occidentales. Asimismo, si se admite la existencia de una globalización, esta tiene, con bastante certeza, un regusto occidental. Lo cual no conlleva necesariamente un juicio de valor acerca de la superioridad o inferioridad de Europa o Norteamérica; es simplemente la constatación de una primacía en la que otros continentes pueden haber jugado una baza relevante. Las instituciones políticas, las prácticas económicas y las ideologías que sustentaron la expansión europea han nacido al albur de los intercambios con otras áreas. Se puede admitir, con Pomeranz, que los factores subyacentes a la primacía europea son contingentes. Pero alterar la perspectiva geográfica y los indicadores económicos para afirmar la igualdad de desarrollo entre Europa y otras áreas del planeta, antes del siglo XIX, parece un enfoque algo artificial. Bayly y Osterhammel, por el contrario, y a pesar de sus importantes diferencias, representan lo mejor que la historia puede aportar al conocimiento de la globalización. Esto es así porque, irónicamente, se alejan del concepto para adoptar una postura libre de condicionamientos teóricos. Acuñando expresiones como globalidad emergente o gran aceleración, desean librarse de los constreñimientos propios de modelos como el de O'Rourke y Williamson. Solo así los historiadores son capaces cuestionar -como hacen Eckes y Zeilerque los avances tecnológicos inciden necesariamente en una mayor integración de los mercados, cuando esta depende en última instancia de los gobiernos. Como recordaba hace unos años Paul W. Schroeder, la consideración de la agencia humana es uno de los activos principales de la historia. Es más, son las reacciones de los hombres las que marcan la diferencia a la hora de enfrentarse a acontecimientos fortuitos, como puede ser una epidemia. En unas palabras que parecen responder directamente a Diamond, Schroeder aseguraba que "la Peste Negra se explica por factores biológicos; la historia de la Peste Negra es la historia de las respuestas humanas a los cambios sociales" (Schoreder, 1997, p. Los mejores estudios de historia global serán, por ello mismo, aquellos que, al modo de Bayly, combinen las perspectivas estructurales con las respuestas a nivel micro. Siguiendo a John Lewis Gaddis, "nuestra mayor dependencia de la micro que de la macroorganización nos abre un amplio abanico de enfoques metodológicos. En una misma narración podemos ser rankeanos, marxistas, freudianos, weberianos, o incluso posmodernos, en la medida en que estos modos de representación nos aproximen más a las realidades que tenemos que explicar (...). La conceptualización del término globalización planteó un problema para los historiadores, pero solo de forma genérica. Aludía a la existencia de una serie de conexiones y redes mundiales que a algunos -historiadores de la economía, asiduos de la historia mundial, etc.-no les habían pasado del todo desapercibidas. Pero se carecía de una visión de conjunto, libre de la preocupación por demostrar la existencia o dar con el origen exacto de la globalización, y volcada simplemente en entender cómo se habían ido entretejiendo los hilos, cada vez más densos, que habían enmarañado los continentes entre sí. La maraña contenía hilos de muchos colores, cada uno de los cuales simbolizaba fuerzas dispares -económicas, sociales, ideológicas, políticas, militares-. En algunos momentos y en lugares concretos, un color parecía predominar sobre el resto, pero ese predominio resultaba inexplicable sin tener en cuenta los otros hilos; y este provenía de la paciente labor de tejedores situados a veces en latitudes muy dispares. La mejor historia de la globalización es aquella que se ha olvidado del concepto y se ha transformado en una historia global, buscando conexiones mundiales, teniendo en cuenta perspectivas tanto estructurales como particulares, y siendo a438 conscientes -como recuerdan los McNeill-, de que nunca alcanzaremos del todo el objetivo propuesto: "Estamos enzarzados en una lucha con las fuerzas (...) del desorden. Podremos vencer mientras nos quede energía, pero nunca de forma infinita, y siempre tendremos que pagar un precio: la energía que se aplica a poner orden no puede dedicarse a otra cosa. Esta es aproximadamente la historia del universo, de la vida y de la humanidad" (McNeill y McNeill, 2004, p. Distintos colegas y amigos han leído el manuscrito en sus diversas versiones, haciendo sugerencias que han mejorado el resultado final. Entre ellos cabe destacar a Antonio Moreno Juste, Andrés Sánchez Padi-lla, Pablo León Aguinaga, José María Faraldo, Antonio Niño Rodríguez y Aurelia Jiménez. Francisco Veiga me proporcionó la oportunidad de presentar una versión previa de este texto en un simposio organizado el mes de enero de 2016 en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. El artículo se ha beneficiado también de las discusiones, a lo largo de los seis últimos cursos, con mis alumnos de la asignatura Globalización y Relaciones Internacionales, impartida en la sede de la Universidad Complutense de Madrid del Máster Interuniversitario en Historia Contemporánea. Durante un año, compartí la docencia de esta materia con Carlos Sanz, gracias al cual conocí varias de las lecturas que he utilizado. Todos los errores son, por supuesto, exclusiva responsabilidad del autor.,
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). Se inicia este año 2018, 74o de edición de Arbor -lo que la mantiene como la revista científica multidisciplinar de edición ininterrumpida más dilatada de España-con un monográfico dedicado a la efeméride de los 50 años de Mayo del 68. Vaya además desde aquí nuestro homenaje a uno de sus autores, Josep María Caparrós Lera (1943Lera ( -2018)), Catedrático Emérito de Historia Contemporánea y Cine de la Universidad de Barcelona, que nos ha dejado este mes de marzo tras dolorosa enfermedad. Arbor continúa su andadura trabajando denodadamente por situarse en un nicho editorial poco usual en las revistas científicas, que busca mantener su multidisciplinariedad sin solaparse con las revistas especializadas. De ahí que priorice para su publicación puestas al día y revisiones sobre temas de actualidad e interés social abordados en un tono de alta divulgación científica. Esto no es sencillo, dado que la mentalidad imperante es la de la especialización, pero no es menos cierto que un mismo tema tratado desde varias disciplinas científicas en un mismo monográfi-co tiene enorme interés, aun cuando no siempre sea posible conseguirlo al nivel que nos gustaría. También resulta interesante la alternancia de monográficos de distintas especialidades tanto humanas como sociales o experimentales. Arbor pretende evitar así ser un sumidero de artículos de cualquier temática que tenga los vehículos adecuados de expresión en las revistas especializadas del CSIC o en otras que no pertenezcan a esta institución. Tratando temas de actualidad e interés social de manera que se puedan revisar científicamente desde varias especialidades asuntos del día a día, Arbor pretende propiciar el encuentro de la diversidad de especialistas y saberes, ofreciendo así al lector monográficos recopiladores del mayor número posible de visiones sobre un mismo tema. Vamos a seguir trabajando para la consecución de este reto, el del encuentro de distintas ramas del saber, algo tan característico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Llegaremos, y así contribuiremos a sostener la originalidad de Arbor.
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). Siempre que se impulsa desde los poderes públicos un cambio legislativo que afecta a los currículos escolares y -por tanto-a los conocimientos que deben impartirse en las aulas, hay un debate en torno a qué contenidos históricos deben aprender los estudiantes. Aunque la mayoría de estas iniciativas legislativas nacen con la idea de solucionar los problemas de aprendizaje detectados por las pruebas de diagnóstico nacionales e internacionales, en el caso de la enseñanza de la historia los elementos ideológicos suelen lastrar la búsqueda de soluciones. Los debates giran casi siempre sobre qué contenidos históricos concretos se deben introducir en los currículos, olvidando problemas de más importante calado para la enseñanza de la historia. Habitualmente en este contexto aparecen estudios o noticias de prensa que muestran los vacíos de contenidos históricos del alumnado, además de manifestar cierta añoranza por periodos pasados donde supuestamente todo el alumnado era capaz de recitar los nombres de los reyes godos, o de memorizar el nombre de grandes glorias nacionales como Viriato, el Cid o los Reyes Católicos. El problema, más allá de esa visión esencialista de la historia, es que estos debates dejan aparcada una pregunta de más calado: ¿por qué los estudiantes deben saber historia? La obcecación en los conocimientos denominados de primer orden (fechas, datos, conceptos y acontecimientos concretos) suele difuminar la finalidad de este enfoque de enseñanza: la construcción de identidades sociales, políticas y culturales en ocasiones de forma arbitraria (Carretero, 2011; Carretero, Asensio y Rodríguez-Moneo, 2012). El triunfo de esta forma de concebir el conocimiento histórico reproduce un problema epistemológico en las aulas: aquel que mimetiza el conocimiento de la historia con la reproducción memorística de hechos del pasado. Le Goff (1988) ya apuntó que una de las grandes dificultades en la definición de la historia es que este término hace referencia tanto a la historia vivida (el pasado, la realidad histórica tal y como sucedió) como a la historia construida (el conocimiento que de ella se tiene a través de la interpretación del historiador). La historia como disciplina académica a lo largo del siglo XX ha superado la mera descripción de hechos como la base de su conocimiento. Y aunque las corrientes postmodernistas la hicieron tambalear, sigue sosteniéndose firme gracias a un método de análisis de la realidad social basado en el contraste de hipótesis y pruebas empíricas. Sin embargo, las investigaciones sobre la enseñanza de la historia muestran que esta todavía mantiene el lastre del positivismo, utilizado frecuentemente con fines identitarios. Frente a esto, es necesario un replanteamiento didáctico y epistemológico basado en la historia como construcción, en el método histórico, y en la orientación de esta materia para la educación en valores cívicos desde una perspectiva crítica. En este número de Arbor hemos querido responder a los retos internacionales a los que se enfrenta la enseñanza de la historia, y a las tensiones y dudas que se presentan en España con los continuos cambios de ley educativa. El título, Identidad, patrimonio y pensamiento histórico, responde a tres de los grandes desafíos sobre los que se construye el conocimiento histórico en los niveles educativos preuniversitarios. Por un lado, cómo afrontar la enseñanza de la historia en una sociedad multicultural y con conflictos identitarios. La historia como materia manipulable sobre la que construir identidades, por ejemplo, con fines políticos secesionistas-unionistas, o como una materia que permite crear ciudadanos críticos capaces de discutir y reflexionar sobre la sociedad más allá de esas tensiones identitarias. En segundo lugar, y relacionado con la anterior cuestión, el patrimonio histórico y cultural y su función en la enseñanza de la historia: la relación del patrimonio con la memoria, con la manipulación histórica, el papel de los museos y otros lugares de interés histórico y patrimonial en la construcción del conocimiento sobre el pasado en el conjunto de la sociedad. Y en tercer lugar, la historia como una materia capaz de crear un pensamiento racional y analítico sobre el pasado, utilizando un método: el método del historiador. Ante estos desafíos, presentamos nueve trabajos que analizan los tres interrogantes señalados desde diferentes perspectivas. Una de ellas es el currículum, ese documento marco que se construye desde las diferentes instituciones y que suele generar controversias sobre su adecuación al nivel académico, didáctico y pedagógico. Los trabajos de Penney Clark sobre Canadá y de Mark Sheehan sobre Nueva Zelanda presentan dos modelos curriculares muy diferentes al español, con resultados generalmente positivos, que nos permiten un marco donde plantear mejoras futuras. El modelo canadiense, muy diverso según sus provincias, ha ido evolucionando hasta dejar en un plano secundario el relato de la construcción de la nación, ante la diversidad cultural característica de este país. En los últimos años las propuestas curriculares de la mayoría de las provincias han impulsado un modelo de educación histórica realmente novedoso. En el caso neozelandés, el profesor Sheehan muestra un modelo flexible y con gran autonomía por parte del profesorado. Una autonomía que ha conllevado resultados dispares: cuando los docentes poseen un sólido conocimiento sobre esta disciplina se han desarrollado programas muy innovadores. Sin embargo, hay un resultando más negativo cuando el profesorado tiene un conocimiento más superficial de los contenidos históricos. Otra de las perspectivas de análisis ha sido la de las narrativas históricas del alumnado. Un enfoque muy novedoso y de gran interés actual tanto para la psicología social como para la enseñanza de la historia. Así, el trabajo de Arnoso, Páez, Bobowick y Basabe centra su análisis en los estudios sobre la memoria colectiva y las representaciones sociales de la historia. Este artículo presenta un balance de los trabajos sobre esta temática desde la psicología social, y sus aportaciones a la enseñanza. Sin duda la formación del profesorado es una de las líneas de trabajo que más preocupan a los investigadores, principalmente a la hora de detectar problemas o deficiencias en sus concepciones epistemológicas y metodológicas sobre la historia. En este sentido, el trabajo de Chapman, Burn y Kitson se centra en las ideas que tiene el profesorado en formación. El análisis pone el foco en una discusión online que permitió explorar el pensamiento de cuarenta docentes de historia en prácticas en Inglaterra y analizarlos cualitativamente. El propósito ha sido conocer la variedad de ideas presentes en estos docentes en formación sobre los objetivos y propósitos de la enseñanza de la historia frente al pensamiento de los políticos ingleses y la opinión en los medios de comunicación de masas. Otra de las grandes líneas de investigación sobre la enseñanza de la historia gira en torno a los materiales, recursos y prácticas educativas en el aula. El trabajo de Rodríguez y Solé se ha centrado en los manuales escolares y su uso tanto en Educación Primaria como Secundaria. A pesar de las numerosas reformas educativas llevadas a cabo, los libros de texto tienen una vigencia en el aula que recuerda épocas pretéritas. En este trabajo se analizan las escuelas historiográficas y pedagógicas que han influido en la evolución de los currículos educativos y la adaptación que hacen de esos contenidos los manuales, especialmente con las narrativas nacionales. Si el libro de texto sigue teniendo una hegemonía casi incontestada en el aula, el examen sigue siendo el principal instrumento de evaluación de los conocimientos históricos del alumnado. El artículo de Trigueros, Miralles, Molina y Maurandi analiza las posibles fuentes de variación y discrepan-a440 cias entre la calificación obtenida y la que espera obtener a final de curso el alumnado de Educación Secundaria en historia. Tras la aplicación de un cuestionario con una muestra superior a 1.100 alumnos de once institutos, el trabajo muestra que el alumnado mejor informado tuvo una diferencia menor entre la nota esperada y la obtenida que los que afirmaban no conocer bien los criterios de evaluación. El patrimonio, su definición y uso en el aprendizaje formal e informal de la historia es otra de las líneas de investigación fundamentales. El trabajo de Ibáñez, Fontal y Rivero analiza la situación de la educación patrimonial basada en las TIC en España, presentando una síntesis de la legislación y una selección de casos significativos de las tendencias actuales de cara a definir las perspectivas de futuro de la aplicación de las TIC para educación patrimonial. La relación entre el patrimonio y la creación y construcción de identidades colectivas es bastante significativa. En este sentido el trabajo de Cuenca, Molina y Martín se centra en las relaciones entre identidad, ciudadanía y patri-monio, basándose en el tratamiento didáctico que se desarrolla desde esta perspectiva en los museos. Para ello realiza un análisis comparativo entre EE.UU. y España. Finalmente, el trabajo de Santacana y Martínez analiza el factor emocional y el patrimonio cultural en relación con la didáctica. Partiendo de modelos patrimoniales existentes se investiga el peso de factores como la sorpresa, la empatía y la identidad. Este monográfico presenta un alto grado de interés social. Si entendemos la disciplina histórica como una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye, hay que hacer énfasis en cómo facilitar a cada generación la enseñanza del pensamiento histórico. Fomentar en las aulas una metodología que propicie pensar históricamente permitirá a los estudiantes desarrollar las habilidades propias del pensamiento crítico. Al tiempo, se establecerán las bases para que futuros jóvenes se interesen por la historia y cuenten con el suficiente bagaje conceptual y procedimental que contribuya en el futuro a renovar los temas, las preguntas y las respuestas.
El manual escolar sigue siendo un recurso didáctico clave en la enseñanza de la historia. En Educación Primaria y Secundaria pervive su uso, a pesar de las numerosas reformas educativas llevadas a cabo desde hace siglo y medio. Este trabajo pretende analizar su vigencia, estructura y cambios a lo largo del tiempo. Los cada vez más numerosos estudios se han escrito desde una perspectiva española o portuguesa, así que interesa conocer la evolución paralela y establecer comparaciones. Se analizan las escuelas historiográficas y pedagógicas que han influido en la evolución de los currículos educativos. Además, se reflexiona sobre los contenidos históricos de los manuales, especialmente las narrativas nacionales. El libro de texto ha sufrido cambios, sobre todo en las últimas cuatro décadas, debido a las políticas educativas, las demandas de la sociedad y la propia función de la escuela (Magalhães, 1999; Afonso, 2014). Con todo, sigue siendo el recurso más utilizado por estudiantes y profesores. Lo más habitual es que sea el protagonista de la planificación de las clases y organice las actividades de los estudiantes, como si fuera el programa en sí mismo. El manual puede desempeñar el papel de formador, lo que permite al profesor un desarrollo más eficaz de sus funciones de enseñanzaaprendizaje, la renovación de métodos pedagógicos y estrategias, la actualización de conocimientos y la introducción de innovaciones pedagógicas (Gérard y Roegiers, 1998; Tormenta, 1996). Es un instrumento de aprendizaje que facilita la labor del profesor y sirve como intermediario entre el estudiante y la materia. Puede ser un recurso didáctico que ayude a resolver la diversidad cultural y los desequilibrios formativos de muchos jóvenes (Prats, 2011). Ahora bien, el manual deviene asimismo en un vehículo de transmisión de conocimientos, recibidos de forma estática. El predominio del positivismo, que concibe la historia como una herramienta al servicio del poder, sigue teniendo un gran peso específico en los currículos actuales. Ello implica unas programaciones basadas en la sucesión de civilizaciones y regímenes políticos en orden lineal. Las ideas románticas mantienen una gran importancia en las representaciones históricas de los estudiantes, pues las leyendas y mitos nacionales han calado en el discurso identitario transmitido desde la educación formal y no formal. Esos modelos de enseñanza tradicionales, centrados en el profesor y en el papel pasivo del estudiante (Freitas, 1999; Freitas, 2005) denotan que la formación docente en países como España y, en menor medida, Portugal no ha dado prioridad a un verdadero cambio en las metodologías didácticas. De hecho, los últimos decretos se encaminan a un modelo neopositivista, que pretende recuperar los valores de la patria y sus grandes héroes (López Facal, 2014). Las contradicciones de una materia que sigue necesitando la memoria, pero a la vez debe combinarla con cuestiones de aplicación práctica, suscitan retos de especial dificultad. La enseñanza de la historia debe conceder protagonismo al alumno en el proceso de enseñanzaaprendizaje, algo que se antoja complejo con la hegemonía del libro de texto, en el cual lo político-factual sigue siendo predominante, aunque haya comenzado a mutar a formatos digitales. La enseñanza de las ciencias sociales tiene que incluir el aprendizaje de datos, hechos y conceptos que resulten de fácil memorización y comprensión para el alumnado, pero la escasez de procedimientos y técnicas propias desvirtúa en parte los objetivos didácticos de la misma (Prats y Santacana, 2011). Wineburg (2001) ha señalado la nula utilidad de una enseñanza de la historia lineal, basada en la construcción de la nación, y que busca entrar en una difícil competición con la cultura de consumo de masas y el entretenimiento audiovisual. El enfoque de los contenidos históricos, que persigue la consolidación de una memoria colectiva de la nación, inculca en los alumnos un rol pasivo. Además señala el bajo nivel cognitivo que se exige en este tipo de enseñanza y la resistencia de los alumnos en contextos multiculturales, ante una historia ya escrita desde una perspectiva concreta (Rosa, 2004). Esto obvia la alteridad, es decir a los marginados de la historia (derrotados, expulsados, exiliados), frente al discurso dominante de los españoles o portugueses descubridores y conquistadores. Pero también ignora a numerosos alumnos de origen foráneo o mestizo, ajenos a ese discurso arcaico. Valls (2007, pp. 55-63), gran especialista en el estudio de los manuales escolares de historia en España, ha señalado cuatro etapas en la evolución del currículum de historia en Educación Secundaria (que con matices podría trasladarse a Educación Primaria). La primera (1836-1890) supone la creación del código disciplinar, que partió de modelos educativos preexistentes influenciados por corrientes francesas. Al mismo tiempo que se implanta la enseñanza reglada, surgió la necesidad de contar con programas y manuales. Estos combinaban una importante carga religiosa, continuadora de modelos previos, y nacionalista, como novedad aportada por la incipiente historiografía liberal. En 1846 se crean los primeros programas educativos de historia en España, diseñados por Antonio Gil de Zárate para tercero y cuarto de bachillerato, con un marcado carácter de historia general y nacional. Entonces la historia tenía una división tripartita (Edad Antigua, Edad Media y Edad Moderna), pues solo desde fines del XIX se incluirá la época contemporánea. La visión eurocéntrica estaba marcada por la sucesión de imperios y civilizaciones. Y llama la atención que los contenidos dedicados a la historia de España solo comenzaban a tener relevancia desde fines del Me-a444 dievo. Esta etapa viene marcada en su conjunto por la promulgación, en 1857, de la primera ley educativa con carácter general en España: la ley Moyano. Estaba destinada a forjar la identidad nacional y religiosa para afianzar el débil Estado-nación español. Por tanto, predominará la memoria frente al razonamiento y los contenidos principales serán relativos a nombres, fechas y batallas (Delgado y Albacete, 1996, p. POLÍTICA Y REFORMAS EDUCATIVAS: EVOLUCIÓN HISTÓRICA La segunda etapa supone el predominio de la historiografía positivista y europeísta, de la cual emerge la primera escuela historiográfica, con autores como Rafael Altamira. Destacan las aportaciones de las entonces novedosas investigaciones ligadas a la prehistoria y la arqueología. La II República, debido a su escasa duración y, a pesar de sus ambiciosas reformas, apenas podrá implantar unos manuales verdaderamente renovadores, de modo que seguirá usando los preexistentes. Este modelo positivista y memorístico aún sigue impregnando currículos, manuales y evaluaciones en la actualidad (Monteagudo, Miralles y Villa, 2014, p. La tercera supone un retroceso, con el rechazo a la modernidad educativa, reflejada en unos manuales cuya función era exaltar los valores católicos y patrióticos del franquismo, obviando todo lo ligado a una visión europeísta, laica o liberal. En la programación de 1939 se da gran importancia a temas como la dictadura de Primo de Rivera, la guerra de África, el caos de la II República o la exaltación del fascismo frente al comunismo y la democracia. Los valores hegemónicos que debían impregnar a los españoles eran: religión, familia, militarismo y patriotismo (Valls, 2009, p. La cuarta deriva de la necesidad de un nuevo código disciplinar y las desavenencias sobre su concreción. Destaca el cambio de rumbo, de un modelo nacional-católico a otro más tecnicista, a partir de 1970, con la Ley General de Educación (LGE). Todavía en los últimos años del franquismo, va a primar la formación de ciudadanos pertenecientes a una nación que estaba incorporándose, por fin, al modelo de bienestar occidental y ampliaba la educación obligatoria hasta los catorce años. Sus repercusiones son solo comparables a las de la ley Moyano, pues empieza a subrayarse la educación por objetivos, el entorno del alumnado, la vida cotidiana o los trabajos de campo. La influencia de Piaget marcará unos contenidos que van de lo cercano a lo lejano (Canals y González, 2011, p. 45), algo que no obstante hace ya varias décadas se viene poniendo en duda para la enseñanza de la historia (Calvani, 1986; Egan, 1991). En 1990 la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) supone un modelo curricular abierto y flexible, frente a la tradición anterior que dejaba en manos de autonomías y centros escolares la concreción de programas. En relación a la historia, destaca la insistencia en cambios y continuidades, así como en cuestiones culturales. La edad de escolaridad obligatoria aumenta de los catorce a los dieciséis años, equiparando España con los países europeos. Los contenidos se dividen en conceptuales, procedimentales y actitudinales, aunque serán los primeros los que sigan predominando hasta la actualidad. Pero se observa ya un interés por cuestiones no solo memorísticas y teóricas, además de subrayar la educación en valores. La otra gran aportación de esta ley será la unión de las ciencias sociales y las ciencias experimentales en una sola área de Educación Primaria: Conocimiento del medio natural, social y cultural. En Secundaria surgirá el área de Ciencias Sociales, integrada por los contenidos de geografía e historia. La Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) y la Ley Orgánica de Educación (LOE), en 2002 y 2006 respectivamente, han venido matizando aspectos pedagógicos, que en general han afectado poco a los contenidos y sistemas de evaluación subsiguientes que se aplican en las aulas de historia, a pesar de la inclusión de la evaluación por competencias en 2006, que en la práctica resulta ajena a buena parte de los docentes, aunque afirmen aplicarla. Se promueve un aprendizaje que evalúe no solo la cantidad, sino la calidad y por supuesto el saber hacer, es decir las capacidades. Esto no ha servido para desplazar al modelo tradicional, de reproducción de conocimientos. La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) aporta como novedad los estándares de aprendizaje, contenidos relativos a la iniciativa emprendedora (que ensalza a empresarios y es de gran complejidad para Educación Primaria) y refuerza la idea de una narrativa nacional española (López Facal, 2014, pp. 278-283). En Primaria ha supuesto la desaparición de Conocimiento del medio natural, social y cultural, recuperándose las dos áreas de conocimiento diferenciadas: Ciencias Sociales y Ciencias de la Naturaleza. En Portugal la enseñanza de la historia inicia su andadura de forma similar a España y el resto de Europa, en el contexto del liberalismo, a partir de las reformas de instrucción pública de 1830. Será con la reforma de Passos Manuel, de 17 de noviembre 1836, cuando la disciplina histórica llegue a la Educación Secunda-a444 ria. En 1872 se publica el primer programa de historia, muy vago en cuanto a su contenido, que no pasaba del Medievo en historia general y de la era de los descubrimientos en historia de Portugal. Con el programa de 1880 el contenido se extenderá hasta la etapa contemporánea en historia general y, en relación con Portugal, terminará con el establecimiento del régimen constitucional (1822). La Antigüedad se enseñaba en quinto curso de Secundaria, después de seguir el orden cronológico normal (Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea) en los cuatro años previos. Esto se justificaba considerando la historia de la Antigüedad más difícil de entender, por ser más remota, así como por la adopción de la metodología causalista de interpretación de la historia. El diseño de una historia nacionalista y municipalista será la gran dominante durante esta fase republicana (Torgal, 1996). Se consolida así una visión positivista, aunque con la diferencia respecto a España de prestar atención a personajes e hitos locales. (dictadura portuguesa: 1933-1974) no habrá cambios estructurales importantes en relación a los contenidos de historia que se imparten en Educación Primaria. Las variaciones se dan en la orientación ideológica de dichos contenidos, valorando ciertos períodos de la historia de Portugal y marginando otros, de acuerdo a los intereses ideológicos del régimen. Curiosamente se mantuvo la metodología causalista de interpretación de la historia, en una visión racionalista. El interés ideológico estaba más centrado en la historia nacional que en la europea. La reforma de 1947-1948 derivó en una enseñanza de la historia menos ideológica, en favor de una concepción positivista. Con la reforma curricular de 1967, la historia casi desaparece la escuela primaria, en referencia a temas de historia social, tales como transporte, comida, ropa y algunos ejemplos de figuras de la historia de Portugal. La idea acerca de que los alumnos de esta etapa no poseían un pensamiento abstracto, se verá reflejada en la eliminación de la historia en los planes de estudio de Educación Primaria (Jahoda, 1963; Hallam, 1967; Roldão 1995; Freitas, 2005; Solé, 2009). La dictadura salazarista, a pesar de su cercanía ideológica con el franquismo, mostró una menor dureza a la hora de fijar los valores nacional-católicos (en los que coincidía), quizá porque su llegada al poder fue menos traumática, dada la ausencia de una guerra civil y la consiguiente represión y depuración de gran parte de los docentes. Durante el Estado Novo Después del 25 de abril 1974, con la llegada de la democracia, siguieron muy presentes las principales corrientes historiográficas en los currículos (marxismo, positivismo), mientras que Annales dejó también su impronta, especialmente de Educación Secundaria, integrando temas sociales y mentalidades, por influjo de la Nouvelle Histoire. Según Magalhães (2013) la estabilización del sistema educativo portugués tuvo lugar con la aprobación de la Ley Orgánica de Educación 46/86, de 14 de octubre, concretada por el Decreto-Ley 286/89, de 29 de agosto. Extendió la educación obligatoria a nueve cursos de escolaridad e implantó, a partir de 1991, un modelo curricular abierto y flexible. El sistema educativo portugués presenta, por tanto, una estructura diferente al español, en cuanto a la enseñanza Primaria y Secundaria. Existen dos grandes etapas, la Básica, que a su vez se divide en tres ciclos: primero-cuarto curso (6-9 años), quinto-sexto (10-11 años), séptimo-noveno (12-14 años). Y la Secundaria abarca tres cursos: décimo-duodécimo (15-18 años). Al igual que en España, la definitiva modernización educativa se inicia en la última década del siglo XX. En tanto que los programas educativos no han variado desde entonces, las principales variaciones se han introducido en la práctica metodológica y didáctica. Con el Currículo Nacional do Ensino Básico-competências Essenciais comenzó a prevalecer la influencia anglosajona, que suponía abandonar el enfoque positivista por otro constructivista (Fosnot, 1996). Sin embargo, en la práctica muchos maestros siguieron fomentando la educación por objetivos y prácticas tradicionales. Estas resistencias al cambio, por parte de docentes, son similares a las que se dan en España. La última etapa ha estado marcada por las Metas de Aprendizaje, que se basan en novedosas investigaciones sobre historia de la educación, dando relevancia a la construcción de nociones de: cambio, evidencia, empatía y explicación (Barca y Solé, 2012, p. Fueron sustituidas poco después, durante el año escolar 2011/12, por otro documento normativo, las Metas Curriculares, que identifican el aprendizaje esencial realizado por los estudiantes, centrándose en los contenidos. Hasta el momento, los objetivos del plan de estudios se han publicado en diferentes disciplinas a444 de segundo y tercer ciclo, incluyendo la historia, pero no en el primero, produciéndose así un enorme vacío en relación a Conocimiento del medio, área poco valorada en el sistema educativo actual. En suma, se observan concordancias con el caso español: un esfuerzo modernizador efímero, que pronto ha dado paso a una vuelta al paradigma positivista de historia factual, si bien la mayor proximidad de Portugal a las influencias anglosajonas ha permitido una visión más renovadora en cuanto a educación histórica, frente a la secular influencia francófona y los consiguientes programas enciclopédicos en España, especialmente visible en ciencias sociales y humanas. LA HISTORIA EN LOS PROGRAMAS Y MANUALES ES-COLARES DE EDUCACIÓN PRIMARIA Y SECUNDARIA España La idea de España ha vertebrado la enseñanza de la historia desde el siglo XIX. En esta fase inicial no se distingue del resto de Estados-nación europeos, empeñados en crear ciudadanos y patriotas que asuman una lengua e identidad comunes. Aunque en España el Estado pronto renunció a tutelar ese proceso mediante centros públicos, dejando en manos de órdenes religiosas la formación de las élites y las clases populares. La influencia religiosa hará que, en los contenidos relativos al origen de la humanidad, no se incorporen hasta fechas tardías las novedades de la arqueología y el evolucionismo, que chocaban con los relatos bíblicos. La Institución Libre de Enseñanza, vanguardia de la modernización educativa y ajena al modelo dominante, rechazaba el uso del manual en los niveles primarios, favoreciendo la enseñanza oral (García, 1992, p. Las presiones políticas, editoriales y académicas dejaron la idea de currículum abierto de la LOGSE en una quimera. En la práctica, los contenidos mínimos eran tan amplios que seguían marcando una programación extensa, donde reconocer los hitos fundamentales del pasado. La ampliación de la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años supuso implantar el sistema todavía vigente: cuatro años de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y dos de Bachillerato. En el segundo de estos últimos destacaba la existencia de una asignatura obligatoria de historia de España, centrada en la etapa contemporánea, algo anómalo con relación al resto de Europa, fruto del contexto político interno (López Facal, 2010, p. Los contenidos que reflejan los manuales, sobre todo a partir de la década de 1990, suponen un salto cualitativo, por ajustarse más a lo que se investiga en historia en las universidades, así como por la inclusión de fuentes y documentos de cada época tratada. Además, otra gran novedad fue la inclusión de lo local en currículos y manuales, aunque nunca superando el 10% respecto a la historia nacional (Valls, 2007, p. La polémica se suscitó por la sustitución de tópicos españolistas por los de los nacionalismos periféricos. Esto motivó una ofensiva recentralizadora, a favor de la clásica historia general de España: desde la Prehistoria hasta la actualidad. A partir de la LOCE (2002) y, sobre todo, de la LOE ( 2006) se pierde el modelo abierto y flexible anterior. Esto explica por qué los manuales siguen incluyendo tan vasto temario, pues se concentra toda la historia universal y nacional en pocos cursos. Actualmente la extensión y complejidad de los temas históricos reflejados en los manuales se ha reducido tanto en la enseñanza Primaria como Secundaria. Debido a los cambios sociales y culturales, las editoriales ya no hacen hincapié en cuestiones conflictivas, que son a444 eliminadas o idealizadas, aunque persiste el protagonismo de lo político-factual. En cuanto a las actividades, se perciben casi las mismas preguntas que años atrás, cambiando el nombre del epígrafe final de cada tema por el de Practica tus competencias, aunque la información que se pide al alumno sigue siendo en esencia memorística (Rodríguez, Goméz y Simón, 2014). Con la LOMCE, la enseñanza de la historia se inicia a partir de cuarto curso de Educación Primaria, con una impronta nacional. En ESO, donde aún no se ha implantado la última reforma educativa, la historia tiene mayor relevancia que la geografía (limitada solo a segundo curso) y la visión es más eurocéntrica, pero dominada igualmente por la evolución lineal: Prehistoria y Antigüedad (primer curso), Edad Media y Moderna (segundo curso), Edad Contemporánea (cuarto curso). Para concluir con un regreso a la historia de España en Bachillerato. El análisis de los programas de primer ciclo en Portugal ha demostrado que los contenidos de historia se han ido reduciendo desde la década de 1970 hasta la de 1990, pasando a integrarse en el área de Conocimiento del medio (Roldão, 1995). Sin embargo, en manuales recientes se produce el fenómeno contrario, al incorporar más contenidos, aunque el programa es el mismo que en 1991 (Solé, 2014). Se valora el estudio de la historia local, en tercer curso, si bien no ha recibido especial atención en términos teóricos y metodológicos. Mientras que en cuarto se profundiza en cuestiones de investigación, destacando el interés por la historia nacional, así como los acontecimientos de la historia local relacionados con la historia nacional, y aspectos relevantes de la vida cotidiana (Freitas, 2005, p. Esta aproximación a la historia de la vida diaria surge de las reivindicaciones de la historiografía portuguesa, especialmente del profesor Mattoso (1988, p. 454) critica el programa y los manuales de la década de 1990, referentes al primer ciclo de Educación Primaria, porque suponen un cierto resurgir del nacionalismo y de la enseñanza tradicional que apela al conocimiento factual. El método de enseñanza de Conocimiento del medio, al igual que en España, es espiral (Bruner, 1960), partiendo de lo próximo a lo lejano y de lo conocido a lo desconocido (Roldão, 1995). Se trata de un currículum basado en expanding horizonts (Egan, 1986), defendidos por Dewey y Piaget. En primer ciclo no se estudia de forma sistemática y cronológica la historia nacional. Solo a partir de segundo y tercer ciclo los contenidos de historia se presentan de forma diacrónica y progresiva, de un pasado lejano hasta la actualidad, donde se organizan los temas más relevantes considerados en orden cronológico. Los programas de historia y geografía, en segundo ciclo, y de historia, en el tercero, muestran los temas organizados en una línea evolutiva, desde la Prehistoria hasta nuestros días, con una perspectiva nacional en segundo ciclo (quinto y sexto curso), eurocéntrica y occidental en el tercero (séptimo, octavo y noveno curso). 444) ha señalado que el programa de segundo ciclo, aunque sigue un rumbo diacrónico, no se sitúa en una "historia cronológica y factual", sino en la enseñanza de los grandes momentos de la historia portuguesa, otorgando un papel decisivo al "estudio de la realidad de nuestro tiempo". En tercer ciclo y en Secundaria, a pesar de los cambios relativos a contenidos y objetivos de las últimas décadas, pervive un programa de historia universal, desde la Antigüedad hasta nuestros días. Se integra la historia de Portugal en algunos contenidos relevantes de la historia del mundo, de cariz europeo: los primeros pueblos que habitaron la Península Ibérica, la formación de Portugal, la expansión ultramarina, la colonización de Brasil y su posterior independencia (1822), la restauración (1640), el despotismo ilustrado, el establecimiento de la República, el Estado Novo y la revolución del 25 de abril. Grandes cambios se han producido en los libros de texto de historia en Portugal. Inicialmente, al acabar la dictadura, destaca la preponderancia de la escuela de Annales y hay preocupaciones de actualización pedagógico-didáctica que, a menudo, se superponen a la atención científica (Torgal, 1996). Esta realidad se está reduciendo al mínimo debido a una mayor participación en la preparación de estos libros de texto por equipos con formación especializada, tanto en términos científicos como pedagógicos. La legislación en vigor desde 2007 sobre evaluación y certificación de los libros de texto implica que haya un coordinador científico y pedagógico, y luego que sean debidamente certificados antes de ser comercializados. ESTUDIOS SOBRE MANUALES ESCOLARES DE HISTO-RIA EN EDUCACIÓN PRIMARIA Y SECUNDARIA España Los estudios sobre los libros de texto constituyen una línea de investigación clásica en la didáctica de las Ciencias Sociales (Valls, 2001; Prats, 2011). La perspectiva sociocultural, que centra su investigación en el a444 conocimiento pedagógico de los contenidos mostrados en los libros de texto, es la que más ha primado en los estudios sobre los manuales escolares (Martínez Valcárcel, 2011). Actualmente su análisis ha adquirido mayor complejidad al estudiarse tanto sus características internas como el contexto de uso por parte de profesores y alumnos. Muchos maestros aún tienen el libro de texto como única referencia del saber histórico, del que apenas se apartan ni en clase ni a la hora de plantear actividades. Los resultados de algunas investigaciones muestran que el 95% de los exámenes analizados proceden literalmente de la propuesta del manual, en el caso de Educación Primaria (Gómez Carrasco, Rodríguez Pérez y Miralles Martínez, 2015). La historia que presentan los manuales de Educación Primaria se ha ido desprendiendo de algunos elementos polémicos, de problemas históricos planteados en la larga duración o políticamente incorrectos, lo que deja escasa presencia al desarrollo del pensamiento crítico (Rodríguez, Gómez y Simón, 2014). El discurso transmitido se basa en la construcción de la narrativa histórica de España, en mucha menor medida interesa lo europeo o lo universal. Dicho discurso se complementa con un epígrafe dedicado a la comunidad autónoma de turno, que en Primaria aparece a título casi anecdótico, y más que en la historia suele centrarse en aspectos culturales, sobre todo del patrimonio material (Rodríguez y Simón, 2014). Los estudios sobre percepciones del alumnado en Educación Secundaria subrayan el predominio del uso del manual como clave de una recepción pasiva de los saberes históricos. Hasta un 80% del alumnado analizado afirma que era el recurso didáctico fundamental. Junto a la lección magistral, ausencia de debates y predominio de exámenes escritos memorísticos, dibuja unas metodologías docentes arcaicas (Cuesta, 1998; Merchán, 2005; Martínez, Souto y Beltrán, 2006; Miralles y Martínez, 2008). Los ejercicios de empatía histórica, surgidos en el ámbito anglosajón (Shemilt, 1984; Lee y Asbhy, 2000), movilizan otro tipo de habilidades cognitivas sobre historia, pero brillan por su escasez en manuales tanto de Educación Primaria (Sáiz y Colomer, 2014) como de Secundaria (Gómez, 2014). Así pues, los resultados de las investigaciones realizadas con manuales de historia muestran pocos cambios y muchas permanencias en el caso español. En Educación Primaria, frente al discurso españolista cristiano de nuestro pasado reciente, emerge una visión idealizada de Al-Ándalus y la supuesta convivencia pacífica de las tres culturas. Apenas se incide en la conquista de América por su carácter bélico y de imposición, y se prefiere aludir a las culturas prehispánicas. La convulsa historia de España en el siglo XX se resume en ideas clave (Guerra Civil, Transición, Constitución). Pero cuestiones polémicas, como la violencia o represión, se pasan por alto. Las palabras más repetidas en los libros de Educación Primaria son, en este orden: Roma/romanización, íberos/celtas, Al-Ándalus y Reinos Cristianos. Las demás, con mucha menor frecuencia, se refieren a monarcas de especial relevancia: Reyes Católicos, Carlos I, Felipe II. Ello sugiere que, tras la reconquista (construcción historiográfica), España ya ha cuajado como entidad política y territorial (Ríos, 2005; Rodríguez y Simón, 2014). Sin embargo, la palabra nación, en sentido moderno, surgió como respuesta a la invasión francesa de 1808, tal y como señalan diversos historiadores (Álvarez Junco, 2001; García Cárcel, 2011). En Educación Secundaria se percibe un relato que combina lo español y lo europeo. Pero la visión de Europa que contienen los manuales es una construcción identitaria ficticia que, salvo Mesopotamia y Egipto, por ser la cuna de la civilización, centra el discurso en rasgos supuestamente comunes de Europa desde la Antigüedad. Se obvia que griegos y romanos tenían parte esencial de sus dominios en Asia o África, o bien se da por válido el modelo feudal francés para todos los reinos cristianos de Europa (López Facal, 2010). El tratamiento que recibe el período andalusí, aunque integrado en la historia peninsular, todavía se desarrolla como un excurso en el devenir de un pasado cristiano (Valls, 2011; Sáiz, 2012). Siguen apareciendo nombres míticos como don Pelayo y la batalla de Covadonga, llegando incluso a condicionar la visión histórica de alumnos universitarios, que los asumen como una verdad irrefutable (Sáiz y Gómez, 2014). En cuanto a la guerra civil y la dictadura franquista, destaca el esfuerzo por afianzar los valores democráticos del alumnado. Aunque la visión sigue siendo excesivamente política y poco interesada en cuestiones de la vida cotidiana (Valls, 2009). Los primeros manuales, surgidos en el siglo XIX, carecían de ilustraciones. Sin embargo, han ido cobrando una enorme relevancia. Este contenido paratextual ha dado pie a una línea de estudio en la que destacan los trabajos de Valls sobre Felipe II, la emancipación de los países hispanoamericanos o la guerra de la independencia (Valls, 1995; Valls, 1999; Valls, 2001; Valls, 2007). La distinción clave se da entre ilustración (adorna el texto) y documento (informa del personaje, acontecimiento u objeto reflejado). Se detectan los cambios más importantes entre 1975-1985, etapa en la que las imágenes (aunque en menor medida que a444 el texto) pierden el sesgo nacional-católico. Después esa modernización de los manuales ha perdido vigor. Otros estudios han subrayado que a menudo las imágenes tienen una mera función estética; por ejemplo, con relación a la visión de la Edad Moderna en 2.o de ESO (Gómez y López, 2014). En Portugal numerosos estudios se han realizado sobre el libro de texto en el campo de la historia de la educación y, desde la década de 1990, en el campo de la educación histórica. Mendes (1999) estudió la relación entre el concepto de identidad nacional y la ideología en los textos portugueses de tercer ciclo de enseñanza, durante el período 1976-1992. Concluyó que, desde la década de 1980, los libros de texto muestran una mayor preocupación por la naturaleza de la historia, por hacerla más objetiva y científica. Los libros de texto de este período todavía tienen una visión demasiado eurocéntrica, especialmente en ciertos temas como la expansión colonial, pero por otro lado la identidad nacional surge raramente explícita, a excepción de la crisis de 1383-1385, limitada a la cuestión de la independencia nacional y la confrontación con Castilla. Otros estudios han analizado los libros de texto de historia, en el contexto de las relaciones de la educación con la ideología del Estado Novo. Matos (1990) analizó libros de historia de Portugal y manuales de lectura (adoptados en la enseñanza Primaria y Secundaria) buscando establecer una confrontación entre múltiples representaciones de la nación y algunas de las figuras históricas más representativas, abarcando un período que se extiende desde 1895 hasta la fase inicial del Estado Novo. Llegó a la conclusión de que la enseñanza de la historia es un medio particularmente sensible en el registro de la conciencia nacional de cambio, habiendo notado, sin embargo, al mismo tiempo, el aumento de la atención por cuestiones locales y regionales. En un estudio exploratorio, Solé (2014) ha comparado tres libros de texto de cuarto curso de Educación Primaria, publicados en 1985, 1998 y 2013, analizando su estructura, contenido, idoneidad de los programas metodológicos y cambios, a través del estudio de las actividades y preguntas planteadas. Determina que los libros de texto han evolucionado en términos científicos y educativos, con cambios estéticos, pero manteniendo una visión de la historia tradicional, basada en cuestiones políticas y en conceptos. Como Freitas (2005) había subrayado antes, en estos libros de texto no se hace referencia a la vida cotidiana, con la excepción del manual de 1985, y la historia local se ignora en los manuales recientes, que se centran exclusivamente en la historia nacional. Por otro lado, es el manual más reciente el que presenta actividades que estimulan la investigación y la creatividad de los estudiantes. La línea de investigación centrada en la cognición histórica situada ha centrado su atención en los manuales de historia de segundo y tercer ciclo y de Secundaria. El estudio pionero de Magalhães (2002) trató de comprender las perspectivas de los profesores sobre el uso didáctico de las fuentes del libro de texto en el aula. Señala que los profesores han optado por elegir para sus clases fuentes atractivas (preferiblemente iconográficas) e ignorar las que parecían desconocer o consideraban difíciles para sus estudiantes. Por su parte, Costa (2007) ha puesto de manifiesto que los profesores valoran el libro de texto no solo como texto informativo, sino también por el empleo de fuentes adecuadas y atractivas imágenes, esenciales para la construcción del conocimiento histórico. En la tipología de las fuentes de los libros de texto utilizados en el aula, Lima (2010) encontró diferencias entre las disciplinas de historia y geografía. En la primera se valoran las fuentes escritas, en especial secundarias, y en la segunda las iconográficas. Acerca del uso del libro de texto en el contexto del aula, destaca el estudio de Moreira (2004) sobre cómo los estudiantes de octavo curso usan las fuentes históricas de los manuales. Las fuentes que se consideran más útiles por parte de los estudiantes son las escritas, sobre todo las informativas. En cuanto a las fuentes iconográficas, las perciben como mera ilustración, mostrando bajos niveles de alfabetización icónica, que se encuentra en el nivel de la interpretación superficial del mensaje. El estudio realizado por Silva (2007), con estudiantes de segundo curso, demostró que eran capaces de desarrollar habilidades cognitivas que les permitían ir más allá del reconocimiento y reproducción lineal de la información presentada en el libro de texto. Afonso (2014) trató de comprender el papel de los libros de texto en el desarrollo de las competencias por parte de estudiantes y maestros tanto dentro como fuera del aula. También el estudio de Gonçalves (2010) intentó evaluar la importancia del libro de texto como promotor de competencias históricas, subrayando la postura crítica de los docentes frente al manual. Rego (2014) se centra en las percepciones de los alumnos de tercer ciclo de Primaria, respecto a la utilización de libros de texto de historia y geo-a444 grafía, su uso en el aula y qué importancia se le da. Acerca de las nuevas tendencias actuales en el uso de las TIC, Nunes (2013) ha señalado que, a pesar de las innovaciones tecnológicas, el libro de texto sigue siendo el recurso educativo más relevante y a veces incluso exclusivo. Sobre los criterios adoptados por los profesores para escoger manuales de historia, Magalhães (2013) ha señalado diferencias entre Educación Primaria y Secundaria. Prevalecen aspectos gráficos, claridad de contenidos y rigor científico en Primaria; mientras que en Secundaria el criterio más valorado es el rigor científico del manual y la diversidad de propuestas de trabajo que ofrece, ya sea en clase o como tarea autónoma en casa, facilitando el trabajo de los estudiantes. La enseñanza de la historia en Portugal y en España presenta una evolución cronológica similar. La disciplina surge, al igual que en el resto de Europa, en el siglo XIX y se consolida a fines de dicha centuria e inicios de la siguiente, de la mano del positivismo. La modernización de la misma se ve frenada por las dictaduras de ambos países, a partir de la década de 1930. Si bien el retroceso, en el caso español, fue mayor por la represión de la posguerra. A partir de la década de 1970 se inician profundos cambios, motivados por la recuperación de la democracia en ambos países. Aunque habrá que esperar aún dos décadas para una definitiva modernización curricular, que equipare las naciones ibéricas con su entorno europeo. En los últimos años, la introducción de la enseñanza por competencias parecía animar un cambio de paradigma definitivo, que sin embargo se ha visto truncado por las inercias docentes, apegadas a un modelo de historia factual vigente durante casi dos siglos, así como por la involución conservadora en las leyes educativas. Entre los retos principales sigue presente la necesidad de desterrar una enseñanza de la historia basada solo en conceptos y memorización, así como el mayor conocimiento mutuo de dos países vecinos que siguen viviendo de espaldas, a pesar de compartir una historia en buena medida común, reflejada también en los vaivenes educativos. En ambos países el análisis y estudio de los manuales escolares de historia ha cobrado gran relevancia, en especial desde la década de 1990. Si bien los primeros trabajos surgen antes desde la perspectiva de la historia de la educación. Hay algunos rasgos comunes en el discurso identitario que transmiten dichos manuales en España y en Portugal, fruto no solo de la influencia positivista, sino de una historia similar. La presencia islámica durante varios siglos y, sobre todo, su condición de primeros imperios coloniales modernos, así como su decadencia como tales o las dictaduras del siglo XX marcan su devenir histórico, reflejado en los manuales. El afán nacionalista se complementa, a partir del último tercio del siglo XX, con la insistencia en una supuesta identidad común europea, especialmente visible en la enseñanza Secundaria, mientras que en Primaria predomina lo nacional. La historia ya no se construye tanto en función de las luchas contra musulmanes, franceses o ingleses (en España) ni contra castellanos (en Portugal), si bien la visión eurocéntrica también es una construcción interesada y artificial. La brecha existente entre las tendencias actuales sobre el modelo cognitivo de aprendizaje de la historia con la realidad del aula en España y, en menor medida en Portugal, tiene como consecuencia un conocimiento histórico débil. Es necesario un aprendizaje basado en habilidades, que permitan al alumnado interpretar el pasado, más allá del conocimiento factual (Barca, 2000; Lévesque, 2008; Seixas, 2010). Esta línea de investigación posee un largo recorrido en el ámbito anglosajón y, en menor medida, holandés (Lee y Ashby, 2000; Van Drie y Van Boxtel, 2008). Sin embargo, las aportaciones de estos trabajos no han llegado apenas a los currículos ni manuales españoles. En Portugal el impulso a las metas de aprendizaje y la educación histórica fue mayor, pero se vio rápidamente truncado por modificaciones legislativas. A pesar de los cambios profundos en el diseño de libros de texto, sobre todo desde la década de 1970, se percibe en España y en Portugal el retorno a una historia tradicional y nacionalista (Solé, 2014; López Facal, 2014). También en otros países parece evidente ese proceso hacia una historia política de hechos, por encima de todo conocimiento histórico, en la cual prevalecen conceptos sobre procedimientos, relegando habilidades históricas, desarrollo cognitivo y resolución de problemas. Por tanto, la situación en Portugal y en España no es tan distinta a la de los países anglosajones, si bien es cierto que estos parten de unos sistemas educativos donde la enseñanza de la historia dejó atrás el modelo factual mucho antes. Así que sus problemas, aunque signi-a444 ficativos, parecen menores que los que pueden entreverse en países con regímenes democráticos que no llegan ni al medio siglo de existencia, lo cual ha generado una impronta providencialista de la enseñanza de la historia, aún perceptible. Los problemas detectados, aunque muy importantes, no pueden ocultar la contundencia de los cambios producidos, tanto en el nivel curricular como en los contenidos y actividades que recogen los manuales. Los abundantes estudios llevados a cabo en Portugal y en España, ya señalados, permitirán comprender diversas dimensiones de la investigación en torno a los libros de texto y sugerir nuevas formas en la enseñanza de la historia. Las principales líneas de investigación abiertas tienen que ver con la incorporación de las co-rrientes historiográficas predominantes en cada época, la renovación metodológica de la enseñanza de la historia, el uso del manual por docentes y discentes, dentro y fuera del aula y la construcción del conocimiento histórico del alumnado, a través del desarrollo de competencias históricas.
La investigación sobre la memoria colectiva y las representaciones sociales de la historia en el campo de la psicología social puede proporcionar reflexiones de interés para el fortalecimiento de las competencias meta-cognitivas en la enseñanza de la historia. En este capítulo se revisa la bibliografía existente y la investigación empírica en este campo. En primer lugar, se analizan los procesos a través de los cuales se conforman las memorias y representaciones del pasado. A continuación, se exponen tres competencias de razonamiento necesarias para su aplicación en las prácticas de enseñanza: a) una centrada en la determinación de lo que es de importancia histórica; b) otra que aborda la identificación y la compresión de la continuidad y del cambio histórico; y c) aquella dirigida a identificar la multiplicidad de causas y consecuencias en la historia a través de la conciencia histórica y la toma de perspectiva. Concluimos nuestro capítulo con una serie de orientaciones prácticas dirigidas al profesorado o agentes relevantes en la enseñanza de la historia. La investigación sobre la memoria colectiva y las representaciones sociales del pasado en el campo de la psicología social puede proporcionar reflexiones de interés para el fortalecimiento de las competencias meta-cognitivas en la enseñanza de la historia. Este campo de investigación ha centrado su interés en el modo en el que los grupos sociales preservan y transmiten su herencia a través de las generaciones. La figura central en la cuestión de la memoria como fenómeno social es Halbwachs (1925Halbwachs ( /1950)), quien la define como la memoria de los miembros de un grupo que reconstruyen su pasado a partir de sus intereses y marco de referencias presentes. Esta memoria asegura la identidad y el valor de un grupo. Halbwachs distingue la memoria de la historia, argumentando que mientras la historia pretende dar cuenta de las transformaciones de la sociedad, la memoria colectiva insiste en asegurar la permanencia y la homogeneidad del grupo. La posibilidad de recordar y rememorar algo del propio pasado sostiene la identidad, en la medida en que es un factor extremadamente importante del sentimiento de continuidad y de coherencia en su reconstrucción de sí mismo (Pollak, 1992). Halbwachs está influenciado por el concepto de representaciones colectivas de Durkheim y también converge con la perspectiva de las representaciones sociales de Serge Moscovici (1976). Sin embargo, mientras Durkheim hacía referencia a la homogeneidad y al pensamiento dominante en una sociedad, Moscovici rescató la idea de la diversidad social en el interior de los grupos. Para el autor, no hay una memoria sino múltiples memorias, no hay una representación sino múltiples representaciones ligadas a las identidades de los grupos. Por ello, a la hora de desarrollar competencias meta-cognitivas en la enseñanza de la historia, es necesario tener en cuenta esta multiplicidad de visiones, así como el modo en el que se transcienden los intereses grupales para producir memorias inclusivas que confluyan en la construcción de la historia de los pueblos. REPRESENTACIONES SOCIALES SOBRE EL PASADO, SESGOS Y PROCESOS DE CREACIÓN La memoria colectiva o las representaciones sociales sobre el pasado de un grupo social se construyen a partir de imágenes y conocimientos que son elaborados, transmitidos y conservados a través de la comunicación interpersonal e institucional. Estas representaciones sirven para preservar un sentido de continuidad, reforzar una imagen positiva del grupo y cultivar los valores y normas grupales (Pennebaker, Páez y Rimé, 1997). Para ello, es importante tener en cuenta distintos tipos de procesos que determinan el funcionamiento de las representaciones sociales a la hora de reforzar las competencias meta-cognitivas en la enseñanza de la historia (Jodelet, 2011; Lautier, 2001; Tutiaux-Guillon, 2012): (a) El proceso de anclaje: es el modo en el que una nueva información (en este caso la educación de la historia) se integra en las cosmovisiones pre-existentes. Es decir, se trata del proceso a través del cual la nueva información será interpretada por el alumnado a partir de lo "ya conocido", la experiencia previa, la pertenencia grupal y los valores del propio grupo. Por ejemplo, es sabido que los jóvenes migrantes están menos interesados que sus pares europeos en la historia de las naciones europeas. Asimismo, la juventud musulmana es más crítica sobre temas del holocausto y construyen más analogías entre la segunda guerra mundial y el actual conflicto entre Israel y Palestina (Grever, 2012; Lautier, 2001). El anclaje hace también referencia al proceso de selección y reinterpretación de la información para que se adecue al cuadro cultural como ilustraron los estudios de Barttlet (1932Barttlet ( /1973) ) y Jodelet (2011). (b) Por su parte, el proceso de objetivación hace referencia a cómo algo abstracto se transforma en algo casi concreto. En el caso que nos ocupa, se ha observado cómo los acontecimientos históricos son objetivados a través de las figuras o personajes históricos ligados al evento, como Colón para hacer referencia al descubrimiento de América o Hitler en relación al nazismo (Lautier, 2001). Es lo que Barttlet denominaba esquematización para referirse al proceso donde se simplifica y concreta la información para adecuarla al marco cultural. (c) Finalmente, la polifasia cognitiva implica una coexistencia dinámica de distintas modalidades de conocimiento: el tradicional y el nuevo, por un lado, así como el conocimiento "lento", discursivo, lógico o analítico con otro de tipo "rápido", heurístico o mágico (Moscovici, 1976), que podría estar implicado en la superación de las barreras a la conciencia histórica y la toma de perspectiva en la enseñanza de la historia. PSICOLOGÍA DEL RUMOR Y DISTORSIONES COGNITIVAS EN LA RECONSTRUCCIÓN DEL PASADO A estos procesos comunes en la conformación de las representaciones sociales, hay que sumar el papel de los rumores en la reconstrucción de las memorias a445 del pasado (Allport y Postman, 1952/1977; Bartlett, 1932Bartlett, /1973)), ya que tienen una importancia particular para la enseñanza de la historia. En primer lugar, una historia se narra por medio de rumores o de recuerdos que pasan de un sujeto a otro, simplificando e ignorando muchos elementos de historia. Este proceso se denomina nivelación. Al mismo tiempo, algunos detalles se amplifican o se exageran, convirtiéndolos en centrales para asimilarlos al marco narrativo del recuerdo (asimilación). Consecuentemente, en este recuerdo que ha acentuado los elementos coherentes con la visión general, se agregan detalles coherentes con la visión del grupo adaptándolo a las convenciones, usos, costumbres, valores y estereotipos del grupo (es lo que llamamos convencionalización). Por ejemplo, en general, los manuales de historia destacan especialmente el enfrentamiento de la segunda guerra mundial y el enfrentamiento con los aliados, reconociendo como punto de partida el ataque a Pearl Harbour (condensación y simplificación). No se mencionan las agresiones militares japonesas, los raptos y violaciones de mujeres chinas y coreanas cometidas desde 1931 (Páez y Basabe, 1993). Cabe destacar que, en la medida en que las representaciones del pasado suelen estar ancladas en acontecimientos históricos que son relevantes para las identidades sociales, en ocasiones, algunos acontecimientos que en principio deberían producir memorias colectivas, son olvidados o silenciados. A veces, los acontecimientos pueden ser tan vergonzantes o culpabilizadores que la mayoría de las personas puedan negarse a hablar de ellos, como en el caso de Dallas, cuyos habitantes negaban el asesinato de Kennedy (Pennebaker y Basanick, 1998). Wagner-Pacifici y Schwartz (1991) sostienen que en ocasiones se reconoce la gravedad de lo ocurrido pero se ignora su sentido social. Incluso, en ocasiones, ocurre lo que Beristain (2000) ha descrito como memorias retorcidas, dispuestas incluso a responsabilizar a las víctimas. Por ejemplo, según algunas encuestas, la mayoría de la población alemana de más de 40 años creía medio siglo después que los judíos fueron en parte responsables del holocausto (Páez y Basabe, 1993). MEMORIA COLECTIVA, REPRESENTACIONES SOCIALES Y COMPETENCIAS PARA LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA La enseñanza de la historia va a estar influenciada por el modo en el que las distintas memorias y representaciones confluyen en la conformación de una narración común. Es necesario tener en cuenta que la enseñanza de la historia a través del sistema edu-cativo en general y de los libros de texto en particular, es solo una de las muchas fuentes para aprender sobre el pasado. Un estudio con estudiantes en Alemania encontró que las novelas históricas y películas se evaluaron como más influyentes que los libros de texto para aprender sobre el pasado. Sin embargo, el estudio también reveló que las clases de historia y los maestros eran más influyentes que el conocimiento trasmitido por los familiares (Von Borries, 1995). Los cambios en la historiografía tienen, por lo general, una influencia tardía en los libros de historia. Por ejemplo, hasta los años sesenta, los historiadores no prestaron atención a la expulsión de la población palestina en 1948 y elaboraron una narrativa en la que la población palestina habría abandonado la tierra de forma voluntaria. Pasaron veinte años hasta que esta versión fuera incluida en los libros de texto y no sin antes enfrentarse a múltiples resistencias (Bar-Tal, 2014). Aunque los cambios en la enseñanza de la historia tienen un impacto en el modo en el que se construye la memoria y las representaciones sobre el pasado, este proceso suele ser lento en el tiempo. Un estudio realizado en Estados Unidos acerca de las representaciones que la población tenía respecto de la figura de Colón, revela que para la mayoría (85%), prevalecía aún una imagen neutra que lo caracterizaba en términos de descubrimiento y solo una minoría (3.65%) pondría de relieve el genocidio indígena que le acompañó (Schuman, Schwartz y D'Arcy, 2005). Los estudios que se presentan a continuación pretenden visibilizar el modo en el que distintas representaciones y memorias del pasado pueden afectar al aprendizaje de la historia, en particular las competencias de razonamiento necesarias para su aplicación en las prácticas de enseñanza (Seixas, 2012; Grever, 2012). (1) SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA: ACONTECIMIENTOS TRAUMÁTICOS, IMPACTO EMOCIONAL Y RELEVANCIA PARA LA IDENTIDAD GRUPAL Entender la significación histórica es la competencia para identificar qué eventos o personajes históricos tienen consecuencias a largo plazo. En concreto, se refiere a por qué nos preocupamos por determinados acontecimientos históricos y no por otros. (a) Visiones sesgadas: dominación occidental y sesgos sociocéntricos Se ha encontrado que, en general, acontecimientos sucedidos en el ámbito europeo o vinculados con América del Norte, como las guerras mundiales, la revolución francesa o la reforma luterana, son los a445 eventos que más importantes se consideran (Glowsky, Ellerman, Kromeier, y Andorfer, 2008; Liu et al., 2009; Pennebaker, Páez, y Deschamps, 2006), de forma coherente con lo reflejado en los libros de historia, centrados principalmente en la historia occidental (Tutiaux-Guillon, 2012; López y Carretero, 2012). Ahora bien, esta disposición se combina con otra tendencia hacia el sociocentrismo: cada país tiende a considerar como más importantes los acontecimientos o personajes históricos de carácter local (Bobowik et al., 2010). Por ejemplo, en España, los participantes calificaron la guerra civil española como el acontecimiento más importante del siglo, mientras que los participantes de Estados Unidos lo hicieron en relación a la guerra civil americana. En general, los países occidentales informaron sobre muy pocos eventos ocurridos fuera de su propia región. El sociocentrismo es también evidente en las nominaciones de personajes históricos importantes. La bibliografía muestra cómo las personas tienden a recordar a personajes históricos del endogrupo. Destaca el caso de Nelson Mandela, quien, aunque fue mayoritariamente valorado de forma positiva, lo fue de forma significativamente más positiva en África que en el resto de los continentes (Liu et al., 2009). Curiosamente, en cierta medida, la misma regla se aplica con relación a los villanos. Por ejemplo, la población española mencionó a Francisco Franco, mientras la portuguesa citó a Antonio Salazar entre los diez personajes más importantes de la historia del mundo. Sin embargo, el sesgo sociocéntrico no es válido para todas las naciones. Por ejemplo, la evaluación positiva del Che Guevara como personaje histórico latinoamericano, es significativamente mayor en los países europeos y africanos en comparación con los países de América Latina, mostrando que Guevara es más bien un símbolo mundial de la lucha contra la injusticia social que un líder histórico latinoamericano (Pennebaker, Páez y Deschamps, 2006). (b) Anclaje de la violencia y de pasados históricos traumáticos La memoria colectiva conserva los acontecimientos extremos que afectan a un gran número de personas y suelen estar relacionados con cambios importantes en el tejido social o con amenazas importantes para la cohesión nacional (Hilton y Liu, 2008; Pennebaker, Páez y Rimé, 1997). A pesar de que las guerras han producido sólo el 2% de las muertes durante el siglo XX (Layard, 2005), la gente tiende a destacar el papel de la violencia, las guerras y los líderes militares en la historia del mundo y en sus efectos demográficos catastróficos. Diversos estudios han encontrado la centralidad y el consenso en torno a la violencia como acontecimiento central en las memorias colectivas (Arnoso, Arnoso y Pérez Sales, 2012; Pennebaker, Páez y Deschamps, 2006), mientras que la ciencia y la tecnología, incluyendo la revolución industrial, son secundarios en importancia. En veinticuatro países de América, Europa y Asia, la guerra y la violencia colectiva representaron el 48% de los acontecimientos recordados. Además, el 45% de los líderes nombrados, eran conocidos por su papel en distintas guerras o eventos marcados por la violencia colectiva (Liu et al., 2009). El carácter central de guerras y conflictos está ligado al impacto emocional que estos generan. Por ejemplo, acontecimientos como el asesinato de John F. Kennedy, el 11 de septiembre (11-S), los desastres naturales o las crisis financieras, entre otros, tienen un fuerte impacto emocional que se comparte socialmente. Este compartir de emociones intensas como la ira, la tristeza, el miedo y la ansiedad (entre otras) es fundamental en la creación y el mantenimiento de la memoria colectiva (Neal, 1998(Neal, /2005)). El anclaje de la violencia como un factor principal en las representaciones sociales de la historia es congruente con la historiografía del siglo XIX, donde los historiadores académicos compartieron un enfoque romántico basado en la filosofía idealista alemana, rechazando el principio de las leyes y la causalidad en la historia y centrándose en las descripciones ideográficas de la vida política, de la guerra y los grandes hombres. Por ejemplo, el historiador alemán von Ranke situó los conflictos bélicos como principales agentes de cambio, con el argumento de que solo a través de la guerra una nación se convierte en una nación y afirmando que sin guerras no habría estados (Iggers, Wang y Mukherjee, 2008). Estas representaciones en las que predominan los acontecimientos bélicos son coherentes con su visibilización en los medios de comunicación y los libros de texto históricos, donde, por lo general, los tiempos de guerra reciben mayor cantidad de atención (Pingel, 2000; Zerubavel, 2003). (c) Identidades sociales y reconstrucción del pasado Además, las representaciones sociales del pasado suelen estar ancladas en acontecimientos históricos que son relevantes para las identidades sociales, que son capaces de provocar un cambio social o amenazan la identidad de grupo. Por ello, y tal como se ha señalado, el pasado puede ser silenciado o distorsionado afectando al modo en el que se transmite y se enseña la historia. Por ejemplo, en los países donde las ca-a445 tástrofes y las represiones colectivas han tenido lugar (Alemania, Italia, Francia, España, Argentina, Chile o Uruguay, por citar solamente algunos) la respuesta institucional ha sido, al menos durante algunas décadas, la de olvidar y neutralizar lo que ocurrió, no incluyendo en los textos de historia aquellos aspectos que deseaban borrar de la memoria colectiva. Además, el silencio institucional puede operar de la mano de un silenciamiento informal, tanto de los represores como de las víctimas. En el caso de los supervivientes de masacres colectivas, el olvido ha podido aparecer como una forma de evitar la vergüenza por lo sufrido. Los estudios históricos muestran que el olvido y el silencio son reacciones muy frecuentes entre las víctimas de violencia extrema y que la gente prefiere no hablar ni oír hablar sobre las mismas (Wieviorka, 1992). En palabras de Primo Levi (2000), "quien ha sido herido tiende a rechazar el recuerdo para no renovar el dolor, quien ha herido arroja el recuerdo a lo más profundo" (p. (d) La experiencia histórica y los ciclos del recuerdo Por otro lado, es necesario reflexionar acerca del cómo los acontecimientos significativos del pasado están condicionados por el modo en el que la experiencia histórica reciente es accesible para las personas, en tanto está anclada en la experiencia directa y en la memoria comunicativa. Por ejemplo, sabemos que los británicos eran más propensos a recordar la segunda guerra mundial que los estadounidenses, probablemente porque los británicos experimentaron la guerra de forma mucho más directa y personal que los otros (Scott y Zac, 1993). Además de la cercanía espacial, la cercanía temporal en la experiencia histórica también se ha mostrado relevante. De acuerdo con Manheim (1952), las memorias colectivas dependen en gran parte de la cohorte generacional de pertenencia. Para el autor, más que las bases biológicas o cronológicas, es la localización social lo que identifica a las generaciones, siendo estas formadas por las experiencias compartidas que sus miembros observan. Según Mannheim (1952) "los datos mentales son de importancia sociológica, no solo por su contenido real, sino también porque ello produce que los individuos lo compartan para formar un grupo, (es decir) tienen un efecto socializante" (p. Las personas que comparten un contexto socio-histórico y que toman de la experiencia un conocimiento de tipo similar, forman un grupo social, una unidad generacional. De este modo, Mannheim planteó que las generaciones o cohortes se conformaban como unidades sociales mediante un conjunto de experiencias sociopolíticas compartidas. Cada generación ten-dría una posición social única, basada en experiencias históricas, que la identificaría. Además, la evidencia empírica ha confirmado que las personas recuerdan mejor los acontecimientos históricos y colectivos experimentados durante la adolescencia o edad adulta temprana. Pennebaker y Basanick (1998) desarrollaron la hipótesis del periodo crítico, explicando que los sucesos, tanto autobiográficos como acontecimientos nacionales o mundiales, ocurridos cuando las personas tenían entre 12 y 25 años, serán más significativos y persistentes en la memoria de las mismas. Schumann y Scott (1989) (en Schuman, Belli, Bischoping, 1997) encontraron que cuando se preguntaba a personas de diversas edades sobre cambios o acontecimientos históricos que les parecían más importantes, hacían referencia a aquellos que ocurrieron al final de su adolescencia o en los primeros años de su juventud. En este sentido se argumenta que este es el periodo de formación de la identidad, de las relaciones íntimas y es un tiempo de gran inestabilidad emocional. Por otro lado, Pennebaker y Basanick (1998) afirman que los sucesos nacionales crearán memorias colectivas más profundas en una sola cohorte de la sociedad que en todos sus demás miembros. Consideran que los eventos, en el momento en que suceden, deben ser también importantes y significativos para la cohorte generacional. (e) Rituales de conmemoración Sin duda, la significación de la historia podrá medirse a través de los modos en los que las memorias son compartidas a través de rituales de conmemoración. Los ritos, las ceremonias y las tradiciones cumplen con el fin de aumentar la cohesión social a través del compartir colectivo de sentimientos, percepciones y recuerdos. Los rituales de conmemoración constituyen formas muy potentes de mantener vivas las memorias colectivas a través del tiempo. Para ello, es importante contar con el apoyo de las instituciones en la promoción de los rituales de recuerdo. Pennebaker y Basanick (1998) han encontrado que suele haber un lapsus de aproximadamente veinticinco años entre la experiencia traumática y la posibilidad de construir monumentos y elaborar abiertamente el pasado. A la hipótesis del periodo crítico, los autores añadieron la hipótesis de la existencia de recursos económicos y el poder social necesario para conmemorar aquellos acontecimientos, así como la tesis de la distancia psicológica para que las emociones negativas o las representaciones conflictivas sobre el pasado desaparezcan y la sociedad se ponga de acuerdo sobre cómo afrontar y validar el recuerdo. a445 (f) Sesgo positivista vs. actitudes del presente En otro sentido, algunos estudios han encontrado cierta tendencia a evaluar de forma más positiva los acontecimientos históricos más antiguos en comparación con acontecimientos recientes (Bobowik et al., 2010), exagerando, por ejemplo, los aspectos positivos del descubrimiento de América, la revolución francesa o la revolución industrial (entre otros). Evaluar la revolución francesa positivamente sugiere la activación de un sesgo positivista que olvida el terror, las guerras y masacres napoleónicas o, al menos, que el paso del tiempo permite a los individuos y a los grupos reinterpretar los sucesos. Esto es congruente con la tendencia psicológica de reducir al mínimo los estímulos negativos a largo plazo (Taylor, 1991). Los estudios que comparan los recuerdos autobiográficos de las personas en función de su edad han confirmado esta tendencia positivista: una mayor edad se asocia con una valoración más positiva de los recuerdos propios (Laurens, 2002). Por otro lado, la memoria colectiva o las representaciones sociales del pasado se movilizan para servir a las actitudes y necesidades del presente. Cuando se abre la estructura de oportunidades para los procesos de recuerdo, no se recuperarán todas las experiencias, sino que individuos y colectividades recordarán aquello que sirva para algo en el curso de las acciones presentes. Por ejemplo, en el año 1985 el 30% de los ciudadanos de Estados Unidos mencionó la segunda guerra mundial como un evento histórico importante; aunque esta se redujo al 20% en el año 2000, tras los acontecimientos del 11-S, el porcentaje volvió a ascender al 28%, en una "resurrección" de la segunda guerra mundial como un evento histórico en el contexto de la violencia terrorista internacional (Schuman y Rodgers, 2004). (g) Memorias en conflicto: silencio u olvido Otro punto importante en las dinámicas de la memoria colectiva es el conflicto frecuente entre las memorias oficiales y las transmitidas de forma informal. De acuerdo con Calveiro (2002), la memoria es siempre un relato social que integra voces diversas, donde lo que se busca no es armar un relato único, sino hacer presente la contradicción, la diferencia y la polémica como elementos que permitan la construcción de dimensiones complejas, cuestionando el modo lineal y unívoco de pensamiento. Las memorias y narraciones del pasado implican una moral, señalan una utopía y por tanto vienen acompañadas de un componente ideológico, una dimensión final y una cierta filosofía de la historia (Rivero, Bellelli y Bakhurst, 2000). Por ejemplo, en España, aunque había tanto personas de derechas como de izquierdas que mencionaban la guerra civil como un hecho central de la historia, las de derechas minimizaban su importancia y gravedad (Páez y Liu, 2010). Los perpetradores directos y vicarios tienden a amortiguar el conflicto ético que genera el uso de la violencia, atribuyendo la responsabilidad de esas acciones al otro grupo, descalifican a las víctimas y minimizan su sufrimiento (Sabucedo, Blanco y de la Corte, 2003). Numerosos estudios muestran la existencia de visiones sesgadas de la realidad, dirigidas a exculpar y minimizar la responsabilidad personal o grupal en los hechos, a favorecer la idea de que el grupo externo es el agresor y la encarnación del mal y el propio es la víctima (Bandura, 1999; Hewstone, Jaspars y Lallje, 1982; Sabucedo, Blanco y de la Corte, 2003). Un estudio realizado en Chile acerca de la memoria colectiva del golpe de estado mostró una década después de la vuelta de la democracia que, aunque se encontraron consensos con relación al reconocimiento de los hechos, las diferencias ideológicas influían en qué y cómo se recordaba el pasado (Manzi, 2006), mientras el 47.3% evaluaba los hechos como injustificados, la otra mitad le otorgaba alguna o mucha justificación, siendo las personas de derechas quienes más justificaban el golpe. En el caso de Alemania, la posición oficial o institucional asumió la responsabilidad de la nación en los crímenes de la segunda guerra mundial. Sin embargo, a inicios del siglo XXI, aún un 40% de la población alemana opinaba que los alemanes fueron espectadores pasivos y el 23% que fueron víctimas de los nazis (Langenbacher, 2003, en Páez y Liu, 2010). En una línea similar, los nietos de los alemanes que vivieron como adultos en la segunda guerra mundial compartían una visión más positiva del rol de sus abuelos durante la guerra que los abuelos sobre sí mismos (Moller, 2012). Es decir, a pesar de la autocrítica institucional, la opinión pública informal en Alemania rechaza la culpa colectiva y está de acuerdo con el olvido del pasado negativo. (h) La exclusión de la voz de las mujeres Finalmente, una cuestión escasamente abordada en la bibliografía se refiere a la existencia o no de una mirada diferenciada asociada al género en las memorias del pasado. Esta escasez es coherente con la exclusión a la que durante siglos enteros han estado expuestas las voces de las mujeres en la construcción de la historia de la humanidad. Las mujeres podrían considerarse como las grandes olvidadas de a445 la historia y también por las investigaciones sobre la memoria colectiva desde una perspectiva anclada en el género. Aun y todo, algunas investigaciones de tipo cualitativo parecen señalar que hombres y mujeres desarrollan habilidades diferentes en lo que concierne a la memoria, habilidades que conducen a prestar más atención a ciertos campos sociales y culturales que a otros y a definir las identidades ancladas en ciertas actividades más que en otras (Jelin, 2002). Las mujeres tienden a recordar la vida cotidiana, la situación económica de la familia, lo que se suponía que debían hacer en cada momento del día, lo que ocurría en sus barrios y comunidades, sus miedos y sentimientos de inseguridad. Por ejemplo, en el caso de las memorias marcadas por la represión política, se ha encontrado que muchas mujeres parecen narrar sus recuerdos en la clave más tradicional del rol de mujer, la de "vivir para los otros", y en ocasiones incluso llegan a "narrar al otro", corriendo la propia identidad. Los testimonios de los hombres se encuentran sin embargo en documentos públicos, en testimonios judiciales y en informes periodísticos. Relatan desde una lógica racional y política, minimizando los aspectos emocionales vinculados a estas experiencias (Jelin, 2002, pp. 108-109). Los estudios con sobrevivientes de la Shoa en relación con las prácticas diferentes en cuanto al modo de hacer públicas las memorias, indican que las narrativas de las mujeres eran menos, entre otras cosas porque hubo menos mujeres que sobrevivieron a los campos de concentración (Glanz, 2001, en Jelin, 2002). En sus relatos, la supervivencia está ligada a la reproducción de los roles aprendidos en la socialización: la limpieza, las habilidades para coser o el cuidado de los otros, que permitieron reinventar los lazos familiares en el interior de los campos (Goldenberg, 1990, en Jelin, 2002). En el caso de las mujeres secuestradas y forzadas sexualmente para establecer estaciones de servicios sexuales para servir a las tropas japonesas durante la segunda guerra mundial el silencio de su experiencia durante más de cincuenta años fue una constante. La agresión japonesa tuvo éxito en enmudecer a las víctimas (Chizuko, 1999, en Arnoso, Ansaloni, Gandarias y Arnoso, 2012). En el caso de la represión en el cono sur latinoamericano, la realidad parece distinta: han sido las mujeres (madres, abuelas, viudas, etc.) quienes, saliendo de los roles tradicionales de género, han conservado las memorias de la represión, convirtiéndose en un símbolo colectivo, público y político a nivel mundial en la recuperación de la memoria colectiva de los pasados políticos traumáticos recientes (Arnoso, Ansaloni, Gandarias y Arnoso, 2012). Gracias a esos grupos, la memoria puede convertirse en algunas ocasiones en una memoria abierta, en una masa en red que atrae a hacia el sentido de justicia (Jodelet, 2006; Jodelet, 2011). Sus voces implican el reconocimiento y legitimación de otras experiencias además de las dominantes que pueden llevar eventualmente a una transformación del contenido y marco de la memoria social, en la medida en que pueden significar una redefinición de la esfera pública definida de antemano. 2) IDENTIFICACIÓN Y COMPRESIÓN DE LA CONTINUIDAD Y DEL CAMBIO HISTÓRICO: PERCEPCIONES DE LA HISTORIA Además de la significación de la historia, otro elemento relevante de las competencias meta-cognitivas para el proceso de aprendizaje de la historia es la dicotomía entre el cambio o la continuidad histórica, la idea de progreso versus la idea de la repetición, pero también la inclusión de la decadencia o el declive. (a) Las percepciones de la historia como un proceso lineal y progresista Estas percepciones fueron dominantes en los siglos XVIII y XIX, seguramente como resultado del progreso económico y científico de la época. La historia sería comprendida a través de un determinismo económico lícito, tal como ha sido interpretada por el evolucionismo social. Numerosos pensadores (por ejemplo, Kant) apoyaron una interpretación whig de la historia en la que la humanidad avanzaría de la barbarie y la ignorancia hacia la paz, la libertad y la prosperidad. Este tipo de representaciones siguen en la actualidad vigentes, tanto en el cine, la televisión y la retórica política como en los libros de texto de historia (Barton, 2012; Foster, 2012; Tutiaux-Guillon, 2012; Wertsch, 2002). Las encuestas han evidenciado que la visión de la historia como narración de progreso es dominante entre diversas naciones (Páez, Bobowik, Liu, y Basabe, 2015). Además, se ha encontrado que el acuerdo con una representación de la historia ligada al progreso social se asocia con una visión más positiva de las guerras y una evaluación menos negativa de las catástrofes sociales, claramente identificable en el abuso del argumento del progreso como justificador del genocidio contra la población indígena (López y Carretero, 2012). (b) De la repetición a la decadencia en la historia de la humanidad Por otro lado, la mayoría de las culturas antiguas han tenido una concepción circular de la historia, como es el caso de las religiones de la India (pen-a445 samiento indio de Vedas) o las teorías cíclicas de la historia desarrolladas en el mundo islámico por Ibn Jaldún quien refería que "nada hay nuevo bajo el sol" (Fontana, 2000; Iggers, Wang y Mukherjee, 2008). También en el mundo occidental las representaciones cíclicas de la historia han tenido sus promotores, algunos de ellos indicando que las civilizaciones tienen una génesis, un desarrollo pleno y un proceso de decadencia que puede lograr que esa civilización muera por completo o que se reinvente y vuelva a crecer expresada de otra manera. Una visión cíclica de la historia podría ser relacionada con la concepción de Vico de la espiral de la historia (1744/1973), quien refirió que la historia tendría tres estadios cíclicos: uno de anarquía y salvajismo; otro de orden, civilización y razón, y un tercero de decadencia y barbarie, todos ellos relacionados con diferentes formas políticas como la teocracia, la aristocracia, la república o la monarquía. Por su parte, Spengler, identificaría esta tendencia cíclica en la vida de las distintas culturas, las cuales también atravesarían una carrera vital predeterminada (juventud, madurez y decrepitud), estando en la actualidad viviendo la vejez de la cultura occidental. El mismo Marx sostenía que la historia siempre se repite dos veces: una vez como tragedia y la segunda vez como comedia (Fontana, 2000). Así mismo, la teoría crítica post-marxista, bajo las propuestas de sistema-mundo de Wallerstein (2011) propondría que el desarrollo del capitalismo culminaría con una serie de mecanismos que redistribuyen los recursos desde la 'periferia' al 'centro' del imperio, enfrentando las tesis y posiciones ortodoxas que verían en el desarrollo económico del capitalismo un progreso para el conjunto de la humanidad y subrayando que bajo la idea del progreso lo que realmente estaría ocurriendo sería una explotación del centro sobre la periferia y una barbarie invisibilizada por unos medios de comunicación que solo reflejarían el progreso del centro del imperio. Un estudio transcultural reveló que esta mirada cíclica, de ascenso y caída (Hobsbawm, 1995), es apoyada tanto en las culturas orientales como las occidentales, especialmente en el mundo anglosajón, europeo y en las naciones asiáticas (Pingel, 2000). Además, estas creencias están especialmente arraigadas en los países económicamente más desarrollados y en países principalmente individualistas, lo que probablemente refleja las preocupaciones modernas sobre los límites ecológicos y sociales del crecimiento económico (Inglehart, Basañez, Díez-Medrano, Halman y Luijkx, 2004). 3) TOMA DE PERSPECTIVA EN IDENTIFICAR LAS CAUSAS Y CONSECUENCIAS DEL CAMBIO O LA REPETICIÓN HISTÓRICA Finalmente, en el aprendizaje de la historia, es importante la capacidad de identificar las múltiples causas que influyen en el cambio o en la repetición de la historia, así como la toma de perspectiva histórica o la conciencia de que en diferentes épocas existían diferentes mundos culturales (Seixas, 2012). (a) Las causas y consecuencias del cambio o la repetición histórica En la actualidad, la enseñanza laica ha sustituido una enseñanza de tipo religioso que explicaba el desarrollo de la historia asociado a la voluntad de poderes superiores (Seixas, 2012), donde los cambios o las repeticiones estarían sujetos a decisiones divinas. Este enfoque teológico (Bujarin, 1925(Bujarin, /1974) ha sido mayoritariamente rechazado en la actualidad en las encuestas con estudiantes universitarios, aunque un tercio de los jóvenes estudiantes migrantes en Francia, así como el 13% de ascendencia francesa, comparten esta visión de la historia (Tutiaux-Guillon, 2012). Asimismo, un enfoque centrado en los "grandes hombres", capaces de determinar la dirección principal de la historia (Moscovici, 1985), jugó un papel central en las narrativas nacionalistas del siglo XIX y XX en Europa y en América (Carretero, 2009). A pesar de que los historiadores hayan rechazado esta teoría de la historia, los medios de comunicación han seguido, a través de casos particulares y narrativas individuales, transmitiendo este papel central de personalidades históricas (Moscovici, 1985). El modo en el que los medios de comunicación encuadran las noticias para hacerlas más atractivas desalienta a los espectadores en la atribución de la causalidad de los acontecimientos a los factores sociales (Iyengar, 2005). En este sentido, un reciente estudio en treinta y siete países (Hanke et al., 2015) sobre cuarenta personajes de la historia mundial muestra que el mayor consenso entre culturas se manifiesta en torno a recordar a personajes científicos innovadores como Einstein, seguido de figuras humanitarias pacifistas como la madre Teresa de Calcuta y Ghandi. Por otra parte, las figuras negativas obtienen menos consenso, como Hitler, Osaba Bin Laden y Saddam Hussein. Respecto a las diferencias por culturas, los idealistas religiosos y seculares están sobre-representados en los países predominantemente cristianos, mientras los políticos realistas son más frecuentes entre los países preferentemente musulmanes o en los países asiáticos. Las guerras como principales agentes del cambio que determinan el curso de la historia fueron enaltecidas por la visión romántica de historiadores académicos del siglo XIX (Iggers, Wang y Mukherjee, 2008) y diversos estudios han mostrado que aún hoy la población considera que las revoluciones o eventos relacionados con la guerra han sido más relevantes que otros para entender los procesos históricos (Liu et al, 2009), lo que sugiere que las personas comparten una visión de la historia como un producto de la violencia (Moscovici, 1985). El darwinismo social, el marxismo y el evolucionismo social también aportaron argumentos para explicar los procesos de la historia. Spencer y otros utilizaron las ideas biológicas de Darwin para apoyar su argumento de que una lucha entre los diferentes pueblos y naciones llevaría a aquellas más fuertes y capaces a gobernar el mundo. La idea de la historia como resultado de la violencia era relevante en el siglo XIX, y el conflicto social y la revolución eran rasgos centrales en la doctrina tanto de Marx como de Engels. Entrados más en el siglo XX, la perspectiva de la ciencia y la tecnología se integraron en el abordaje de la casuística del desarrollo histórico. Después de la segunda guerra mundial, historiadores económicos como Rostow (1961) hicieron hincapié en la idea de modernización científica y en el desarrollo tecnológico como factor principal de la historia. Confirmando la prevalencia de estas creencias, el 54% de los encuestados de ochenta y cinco naciones de la World Value Survey acordó que los avances científicos de las últimas décadas suponían una ayuda en el progreso de la humanidad (Inglehart et al., 2004). (b) Toma de perspectiva: comprensión del pasado y de sus múltiples periodos Igualmente es necesario señalar que la competencia sobre la toma de perspectiva histórica también implica la comprensión del pasado en diferentes contextos y la conciencia de la existencia de diferentes períodos históricos (Seixas, 2012). La investigación sobre el recuerdo libre de los acontecimientos históricos ha mostrado cómo la población evalúa los acontecimientos más recientes como históricamente más significativos que los eventos que ocurrieron hace mucho tiempo (Liu et al., 2009; Pennebaker et al., 2006). Asimismo, se ha encontrado un efecto de asimetría entre los eventos y los afectos positivos y negativos, de manera que los sucesos negativos son más fácilmente detectados e influyen más en la percepción, la evaluación y el juicio. Esta tendencia se supone que es adaptativa porque los sucesos negativos son más informativos y requieren reacciones más rápidas que los positivos (Páez et al., 2015). En este sentido, los medios de comunicación se centran más en las noticias negativas (Bar-Tal, 2014). Teniendo en cuenta estos hallazgos, hay que considerar que las personas usan diferentes tipos de razonamiento y de pensamiento que pueden compartir y funcionar de forma simultánea. Por ello, la enseñanza de la historia debe tener en cuenta que pueden coexistir diferentes concepciones o teorías sobre la evolución y el cambio en la historia. Asimismo, es importante considerar que el desarrollo del aprendizaje histórico es desigual y que un aprendizaje más avanzado o especializado no implica una desaparición de aproximaciones simplistas que pueden reaparecer. La revisión de la bibliografía expuesta sugiere que son varias las competencias meta-cognitivas que pueden promoverse entre el profesorado para mejorar el aprendizaje de la historia en la enseñanza: (a) el análisis sobre los indicadores que influyen en que los distintos eventos, personajes o informaciones históricas sean significativas y trasciendan en el largo plazo; (b) la capacidad de identificar y comprender los procesos de cambio, ciclo y declive en la historia de la humanidad; (c) la capacidad de comprensión de los múltiples factores intervinientes y la toma de perspectiva en el análisis de la historia. Para el desarrollo de dichas competencias, pueden ser de ayuda los hallazgos realizados por la investigación sobre las memorias colectivas y las representaciones sociales del pasado, sirviendo de guías para un análisis crítico de los relatos históricos que se transmiten en la bibliografía, los medios de comunicación y también los textos de historia. A continuación se presenta una serie de desafíos que emergen como consecuencia de las distorsiones que afectan a dichas representaciones, acompañadas de recomendaciones de buenas prácticas que pueden ser tenidas en cuenta por el profesorado y por los agentes responsables en el diseño de las líneas curriculares para la enseñanza de la historia. Desafío 1: Los grupos sociales recuerdan, olvidan y reconstruyen el conocimiento del pasado a través de realidades simplificadas que conforman representaciones y memorias en función de las a445 necesidades del presente y de sus identidades sociales. Los individuos tendemos a anclar nuestro recuerdo del pasado en lo cercano y conocido. Asimismo, las representaciones dominantes de la historia universal son etnocéntricas y sometidas a la mirada del mundo occidental. Recomendación: se sugiere ampliar la mirada de la historia, buscar más allá de las narrativas dominantes o excesivamente locales (disminuir el socio o etnocentrismo), incluyendo en la enseñanza, las historias de otras latitudes menos conocidas (África, Asia, etc.) que pueden, sin embargo, ofrecer aprendizajes y herencias de interés para el crecimiento comunitario en occidente. Es necesario reflexionar sobre lo que es históricamente significativo y por qué lo es, cuestionando los motivos que amplifican, especialmente a través de los medios de comunicación, ciertos elementos históricos sobre otros. Los monumentos y los rituales son importantes, pero es necesario considerar que a menudo cuentan solo la historia de los vencedores. Desafío 2: La centralidad de las guerras y los episodios de violencia enfatizan el conflicto intergrupal en desarrollo de la humanidad. La objetivación en personajes históricos impide la inclusión de factores de tipo socioestructural y de proceso. Recomendación: se debe evitar normalizar la centralidad de la violencia y el conflicto como forma del progreso. Esta centralidad desplaza la relevancia que otros procesos históricos de carácter positivo puedan tener para el desarrollo de la humanidad. Así, parece conveniente poner de relieve que existen dinámicas capaces de promover cambios colectivos y que además lo hagan a través de emociones colectivas positivas. Los lideres o personajes históricos son relevantes, pero no son capaces de absorber la complejidad de los procesos históricos. Muchas memorias han sido silenciadas u olvidadas. Las emociones negativas han jugado un papel importante en ese silenciamiento. Además, existen personajes y eventos históricos mejor recordados y otros más olvidados. Los textos son una fuente importante para la enseñanza, pero no la única. Recomendación: Es necesario incluir en los libros de texto, en las aulas y en los contenidos transmitidos por los medios de comunicación las narrativas silenciadas, especialmente en contextos post conflicto. Hace falta destacar el papel de los supervivientes y sus descendientes para la preservación de la memoria colectiva de hechos de violencia colectivos (guerras, genocidios y violaciones de derechos humanos). Las emociones negativas pueden promover la negación o el silenciamiento ante sucesos vergonzantes para el propio grupo que retrasen la inclusión de ciertas memorias en los libros oficiales (especialmente cuando la violencia viene del estado), por lo que es necesario combinarlos con otros recursos documentales, como las narrativas testimoniales, entre otros. Además, aunque las emociones negativas pueden inducir al silencio, también pueden activar la necesidad de reparar el pasado a través del reconocimiento del daño cometido y redimir así la culpa o la vergüenza asociada a los hechos. Liberar las emociones negativas puede ser de utilidad para transformar el dolor en una imagen más positiva del endogrupo. Desafío 4: Existe una enorme discrepancia en la reconstrucción del pasado en función del género implicado. La voz de las mujeres ha sido sistemáticamente negada y eso supone una construcción de la historia realizada sin al menos la mitad de la población. Recomendación: Es urgente recuperar las narrativas de las mujeres en la inclusión de la historia. Quizás, sus memorias y representaciones del pasado pudieran proporcionar una mirada completamente distinta de lo que es significativo en la historia de la humanidad. Frente a la centralidad del conflicto en las memorias tradicionales, las memorias de las mujeres están cargadas de recuerdos dirigidos de forma sistemática a la inclusión del otro. Desafío 5: Todos los tipos de sesgos revisados en este capítulo (el anclaje en la violencia, el socio-centrismo o etno-centrismo, sesgo positivista, sesgos generacionales, el anclaje en la experiencia personal, etc.) impiden la toma de perspectiva histórica o entender que la continuidad histórica tiene diferentes facetas. Recomendación: Es imprescindible fortalecer la competencia de toma de perspectiva en el análisis histórico del pasado. Eso puede ser posible a través de: 1) destacar la importancia de factores explicativos del recorrido de la historia alternativos y 2) tomar en cuenta de diferentes maneras de entender la temporalidad (visión lineal y de progreso, circular y cíclica, visión crítica de la explotación del centro sobre la periferia). De esa manera, el profesorado de historia también puede respetar la diversidad cultural del aula, con sus diferentes intereses en función de las identidades sociales diversas (étnicas, religiosas etc.) y diferentes maneras de entender la historia [URL]. como avance o como un ciclo).
El artículo analiza el factor emocional y su relación con el patrimonio cultural. Asimismo, se plantea cómo este factor es fundamental y en ocasiones decisivo en relación con la didáctica y la difusión de elementos patrimoniales. Partiendo de modelos patrimoniales existentes se investiga el peso de factores como la sorpresa, la empatía y la identidad, resumiendo las últimas investigaciones que en este sentido hemos realizado en el seno de nuestro grupo de investigación. Los análisis se basan en ejemplos de patrimonio arqueológico, artístico y arquitectónico. LOS PARADIGMAS EMOCIONALES DEL PATRIMONIO Analizar el papel del sistema emocional en nuestra percepción del patrimonio no es un tema fácil; pero si ello se quiere plantear desde la didáctica, es decir desde la óptica del aprendizaje, es mucho más complejo. Es casi obligado, en el momento de trazar el estado de la cuestión, referirse a lo que entendemos por emoción; naturalmente lo primero que hay que decir es que se trata de un estado afectivo que transforma nuestro equilibrio psico-físico de una forma transitoria pero que puede llegar a ser intensa. Este estado de equilibrio puede ser afectado por elementos externos, los cuales son la causa de muchas emociones, aun cuando puede haber causas internas desencadenantes de la emoción. Veamos, antes de analizar como actúan las emociones en los procesos de aprendizaje, algunos ejemplos característicos: Ejemplo 1. La visita al campo de concentración nazi de Ravensbrück, cerca de Fürstenberg, a casi un centenar de kilómetros de Berlín puede provocar reacciones distintas entre los visitantes, a veces visibles. Se trataba de un campo dedicado a acoger a mujeres, al que se le unió luego una sección de chicas jóvenes y niñas. El campo desarrolló a su alrededor un recinto industrial con talleres de producción (confecciones básicamente) y, desde 1942, la empresa Siemens edificó junto al campo una gran cantidad de naves industriales para fabricar armamentos que, obviamente, recaían sobre las reclusas. Se calcula que más de cien mil mujeres y un millar de niñas pasaron por este campo, donde se instalaron cámaras de gas y se calcula que un total de 92.000 personas fueron asesinadas en Ravensbrück. Ante este enorme complejo patrimonial muchas personas reaccionan con un sentimiento de cólera, de indignación y enojo. Esta reacción es típicamente emocional; lo mismo ocurre cuando se visitan museos como el Yad Vashem de Jerusalén en memoria del holocausto (Gutterman y Shalev, 2008, pp. 22-25) o el Jüdisches Museum de Berlín. Por lo tanto, podemos afirmar que hay emociones que están relacionadas con la cólera o la indignación. Muy distinta es la reacción de muchos visitantes que visitan el famoso castillo de Neuschwanstein, cerca de Fusen, en Baviera. Se trata de una extraña construcción que se edificó por orden del rey Luis II en 1869, en una época en que los castillos no tenían ya ninguna utilidad; fue una gran fantasía romántica, en la que el monarca quería revivir una época absolutamente periclitada. Se trataba de un castillo ideal, fantástico, casi de leyenda. Además, la mole se halla enclavada sobre el desfiladero del Pöllat, en plenos Alpes, un paisaje realmente de ensueño. En definitiva, una escenografía para el placer estético y paisajístico (Burillo et al., 1988(Burillo et al.,, pp. 1061(Burillo et al., -1063)). Pero ¿qué reacciones produce esta obra cuando se visita? Hoy es uno de los monumentos más visitados de Alemania y, a pesar de las incomodidades que ello provoca, las visitantes suelen tener una experiencia alegre, con un sentimiento de extravagancia y de capricho. Y todo ello es una reacción también emocional. Hay veces que el deleite ante el patrimonio produce un cierto miedo o inquietud. Cuando el turista se adentra en la red de catacumbas romanas que se extienden bajo la Via Apia, de unos 170 kilómetros de longitud, con más de medio millón de tumbas, el descenso, en varios niveles puede llegar a sobrecoger (Fink y Asamer, 1997). El sistema de túneles subterráneos, excavados en la toba, impresiona y hay personas que tienen verdadero pánico a causa de la claustrofobia que producen. Téngase en cuenta que hay algunas de estas galerías que tienen más de veinte kilómetros subterráneos laberínticos, como las de San Calixto, o las de San Sebastián con más de 12 kilómetros El miedo, la ansiedad, el desasosiego son también una reacción emocional. También existe en algunas ocasiones la sensación de tristeza, casi de aflicción, mezclada con cierta nostalgia. Esto es lo que pueden producir unas ruinas del pasado que fueron majestuosas y hoy solo conservan el esqueleto; es el caso de conjuntos mayas como el de Chichén Itzá, en el centro de la Península de Yucatán (Lavallé, Michelet y Ocampo, 1988, pp. 152-153). Para una parte de la población de origen maya estas ruinas son la evidencia del genocidio que sufrieron sus antepasados; ellos todavía hablan una lengua maya y los conjuntos monumentales les pueden provocar sensación de tristeza quizás mezclada con la nostalgia del pasado. A veces el patrimonio puede ser contemplado con un inmenso placer, con sensaciones de afinidad con el artista o con la obra, casi con devoción ante la misma. Estas reacciones son perceptibles a veces en grandes obras mitificadas por la cultura; es el caso del Guernica de Pablo Picasso, expuesto hoy en el Museo Reina Sofía de Madrid o de los Fusilamientos de la Moncloa de Goya, en el Museo del Prado. ¿Cuántas obras de esta pinacoteca están rodeadas de sentimientos de placer, casi de amor? Muchas veces, la reacción ante el patrimonio cultural es de sorpresa, casi de asombro o de a446 estupefacción. Esta es la reacción que suelen tener los viajeros que penetran a través del siq o desfiladero de Petra. La antigua capital del Reino Nabateo está excavada en la roca, casi esculpida en ella. Se trata de una ciudad cuyo origen se remonta al siglo VIII a. C. pero que prosperó especialmente dos siglos después, bajo los pueblos nabateos. La razón de ello es que la ciudad estaba situada en plena ruta del incienso y de las especias entre Arabia y el Mediterráneo. La sorpresa no desaparece después del primer impacto visual, sino que se va acumulando a medida que nos adentramos en el interior del valle, que en realidad es enorme, ya que se extiende desde el mar Muerto al Golfo de Aqaba. En ocasiones el patrimonio provoca sentimientos confusos de pena, de remordimiento, casi de culpa o de vergüenza. ¿Qué experimentan muchos ciudadanos centroeuropeos hoy cuando visitan complejos como la tristemente denominada Topografía del Terror de Berlín? El recorrido por lo que fue el centro de poder nazi en la capital del III Reich, por los sótanos hoy visibles de los calabozos de la Gestapo produce ciertamente una sensación de vergüenza en mucha gente. Piensan: ¿cómo pudieron nuestros padres y abuelos llegar a esto? En Palermo, bajo el monasterio de la Orden de los Capuchinos menores, los monjes, desde el siglo XVI, excavaron un cementerio subterráneo. Los cadáveres se sometían a deshidratación y se trataban con ácido acético; algunos se embalsamaban, se les volvía a colocar sus propias ropas y se dejaban así expuestos. Aun cuando en sus orígenes estaban destinadas únicamente al sepelio de los frailes, con el paso del tiempo, familias respetables de Palermo pedían autorización para ser enterradas en este lugar, siguiendo estas mismas pautas. El resultado es que debajo del convento hay hoy más de ocho mil cadáveres, muchos de los cuales están momificados y se exhiben vestidos e incluso de pie. Hay desde niños hasta médicos, diplomáticos, monjes, hombres y mujeres de todas las edades y profesiones. ¿Qué tipo de emoción produce esta visita turística en mucha gente? La reacción a veces es de asco, de repulsión, casi de un sentimiento de aberración. Y esto es también una emoción. Estos ejemplos se presentan como paradigmáticos de lo que puede ser el complejo sistema emocional en el tratamiento del patrimonio; naturalmente, las emociones nunca suelen ir solas y normalmente se nos presenten asociadas; es frecuente asociar el asco con el remordimiento; la sorpresa puede asociarse con el miedo o con el placer y el amor puede asociarse a muchas otras emociones, como admiración, piedad, etc. LAS EMOCIONES Y LA MOTIVACIÓN: DOS CONCEPTOS INTERRELACIONADOS No es este el lugar para discutir las causas complejas de las emociones ni si, como propuso Robert Zanjonc (1923Zanjonc ( -2008)), los sistemas cognitivos y los afectivos son independientes o interdependientes. No podemos hoy discutir si las emociones pueden surgir sin elementos de conocimiento o cognición (Zanjonc y Hazel, 1982, pp. 123-131). Tampoco existen pruebas fehacientes de que la cognición sea una de las condiciones sine qua non para las emociones, como pretenden otros autores. Lo que nos importa para nuestro análisis no es tanto la génesis de las emociones sino su relación con el aprendizaje y la de este con la didáctica del patrimonio. En este sentido, resulta interesante la conocida ley de Yerkes-Dodson (Yerkes y Dodson, 1908, pp. 459-485) que ya a principios del siglo pasado pusieron de manifiesto -si no es que demostraron-que hay una relación clara entre la excitación emocional y el aprendizaje; en realidad establecieron que cuanta menos actividad emocional existe, también se produce menos aprendizaje y a la inversa: "cuando se incrementa la actividad emocional se eleva el aprendizaje". Esta ley, en su expresión matemática, correlaciona el cociente intelectual y el emocional de modo que su representación gráfica es una U invertida, es decir, a más emoción hay más aprendizaje, pero se llega a un punto óptimo o máximo a partir del cual, si sigue aumentando la emoción, decrece el aprendizaje. Un ejemplo de aplicación de esta ley en el campo que nos ocupa, el del patrimonio cultural, es que cuando visitamos un equipamiento museístico que nos genera mucho interés, que nos emociona mucho por la razón que fuere, nuestra excitación va en aumento y el proceso de aprendizaje está activado al máximo, pero llega un momento en el cual, por cansancio o por cualquier otro factor, cuando más aumenta la excitación, el nivel de saturación es tan elevado que decae. Por lo tanto, no hay que esperar que siempre se mantenga igual el estado emocional; es como el sentimiento de alegría o de pena, que no se pueden mantener indefinidamente; ello solo se produce en estados psicopatológicos. De todo ello se desprende la importancia de las emociones y de la educación emocional. Los grandes teóricos de la educación del siglo pasado, tales como Ovide Decroly y María Montessori, ya creyeron que el ser humano nace con un gran potencial que había que potenciar y desarrollar. Por ello la función más importante del educador es acompañar a las personas, en a446 cualquier edad de la vida, en su proceso de aprendizaje. Para ello fundamentaron lo que se ha denominado didáctica del objeto, ya que la observación estaba en el centro de la escuela y los objetos, como elementos concretos, son observables (Santacana y Llonch, 2012, pp. 23-30). La educación emocional, en la medida en que incita la motivación, produce en el individuo una alta dosis de satisfacción y de felicidad. No es pues exagerado afirmar que la educación exige emociones; poco se puede construir entre individuos inertes a toda emoción. Por ello podemos afirmar que el patrimonio es una herramienta educativa ya que contiene un alto potencial de emotividad. EL PATRIMONIO CULTURAL Y LAS EMOCIONES Hay personas que se emocionan ante los objetos muy antiguos; la remota antigüedad de un objeto prehistórico, el pisar un yacimiento arqueológico en el cual vivieron homínidos o humanos de nuestra especie hace millones o miles de años les provoca una extraña sensación, como si el tiempo se precipitara encima de ellos, y no hay nada de malo ni de enfermizo en esta actitud porque es una emoción lícita, desencadenada en nuestro cerebro cuando tenemos conciencia temporal. Otras personas se sienten emocionadas al pisar escenarios del pasado en los cuales ocurrieron cosas extraordinarias. Así les conmueve el Salón de los Espejos de Versalles o los campos de Batalla de guerras remotas; y esta emoción, derivada se sus lecturas, del visionado de películas o de escuchar relatos es una emoción innegable, humana, y nada tiene de extemporáneo o extraño (Martínez y Santacana, 2013). También hay personas que se estremecen cuando ven objetos o escenarios de cosas que ocurrieron en su infancia o en su juventud. El recuerdo brota en su mente y humedece sus ojos. Nada más propio de la mente humana que emocionarnos por los recuerdos de la infancia o de la juventud. Tampoco eso es ajeno al ser humano. Finalmente, hay personas que, ante una obra de arte, sea un aria de ópera, una canción de los Beatles, un poema de Baudelaire o una pintura de Van Gogh, se quedan extasiados, en el fondo emocionados: la belleza les atrae irremisiblemente. Frente a todos ellos surgen también individuos que manifiestan que ellos son personas lógicas, racionales, que saben dejar las emociones a un lado y examinan la realidad con objetividad. Con esta afirmación suelen querer decir que la razón y la emoción son dos elementos antagónicos. Sin embargo, la neurociencia desenmascara esta falacia; en realidad, la interacción entre la parte del cerebro encargada de las emociones -la amígdala-y la zona en donde se nucleariza lo que llamamos, sin mucha razón, pensamiento racional -el córtex cerebral-es continua y sus ataduras son muy complejas. Por otra parte, hay razones para creer que existen muchas más vías que van desde la amígdala -emociones-al córtex -razonamiento-que a la inversa. Por ello, suelen ser las emociones las que influyen sobre la razón y no al contrario, o en todo caso es más fácil esta relación que la inversa. Dicho con otras palabras, también necesitamos "el corazón" para pensar y para emitir juicios (Ledoux, 1999). A veces parece como si una reacción emocional ante el arte o ante el patrimonio no fuera propia de personas cultas; por ello las emociones a veces se esconden o se procuran aminorar. Sin embargo, nada más humano, nada más necesario que el sistema emocional para gozar del patrimonio cultural. Todas las reacciones emocionales que hemos descrito son lícitas y no tienen nada de extraño. No hay razones erróneas para que algo nos emocione; en realidad hay prejuicios, razones erróneas que nos impiden emocionarnos ante determinados elementos patrimoniales; el desconocimiento del objeto patrimonial o la falta de vivencias personales pueden ser factores que contribuyen a yugular o impedir el desarrollo emocional ante el arte o ante cualquier elemento del patrimonio cultural (Martínez, 2014). El papel de las emociones ante el patrimonio resulta especialmente evidente cuando nos referimos al patrimonio inmaterial, que es el que está en la cabeza de las personas; sabemos un tipo de baile porque está interiorizado en nosotros; conocemos una melodía porque está almacenada en el recuerdo. Por lo tanto, cuando percibimos un recuerdo, un lugar, o a veces un objeto que ha significado algo o que es importante para nosotros, nuestra atención se altera, aumenta, y suele activar redes asociativas muy relevantes de nuestra memoria. Todo esto no es otra cosa que un conjunto de reacciones emotivas. Y nuestro sistema emocional "es la guía que da luz e ilumina todos nuestros planes [...]. Normalmente nuestras acciones e incluso nuestros aprendizajes están sujetos a las emociones; hemos planteado ya que poco o nada aprendemos sin la emoción que nos motiva, sin que tenga un significado para nuestra mente. Hoy sabemos que todo pasa por el filtro emocional. Sin embargo, el ser humano necesita siempre de otros seres humanos para mantener vivo el fuego emocional; pocos se emocionan mirando a un patinador o patinadora desde el tele-a446 visor de su casa en completa soledad; sin embargo, en una grada de la pista, junto con gente a nuestro lado que vive el mismo momento, el desencadenante de las emociones es mucho más fácil. Las emociones son como un fuego que se aviva en contacto con otros seres humanos. El patrimonio cultural inmaterial, por lo que tiene de colectivo, de colaborativo, porque se conserva y almacena únicamente en la mente, tiene un alto componente emocional. Hay periodos en la vida en los cuales la construcción del sistema emocional es más importante que en otros; nos referimos a la infancia y a la adolescencia. Las emociones construidas durante la infancia permanecen para siempre, cuando revivimos fiestas tradicionales o familiares asociadas a la infancia nuestro sistema emocional reacciona y en ocasiones nos genera un placer y una alegría indescriptibles, mientras que en otros casos nos genera soledad, tristeza o desazón. La razón de ello es que "la información ambiental" moldeó la parte emocional de nuestro cerebro. Igual ocurre con etapas de la adolescencia, cuando despiertan tantos sentimientos nuevos y desconocidos en las personas; estos sentimientos y emociones -el primer beso, el primer amor... etc.-se reviven emocionalmente muchos años después precisamente porque nos revierten a una juventud temprana. El patrimonio inmaterial, en la medida que es forjador de emociones, tiene también este poder de hacer revivir sensaciones, alegrías, miedos, placer o dolor con más fuerza que cualquier otro tipo de patrimonio. Además, el sistema emocional que activa el patrimonio inmaterial es también para muchas personas un sistema de recompensas para el cerebro; casi no hay ninguna actividad humana que como resultado último no pretenda hallar alguna recompensa, bien sea esta de tipo consumatorio, como la comida, la bebida o el sexo, o bien de tipo lúdico, el juego, o bien del tipo que llamamos espiritual, es decir, la satisfacción de resolver un problema matemático o de experimentar una sensación agradable a través del arte, de la música o de la religión. Incluso los actos más altruistas del ser humano buscan una recompensa, lo que se suele decir "el sentirse bien", el placer tras la "buena obra"; es similar al placer del atleta después del estado de agotamiento, cuando ha ganado la carrera. Al final de todos estos caminos se hallan los mecanismos emocionales de nuestro cerebro, sus sistemas de recompensa por lo hecho, por lo vivido o por lo descubierto (Martínez, 2014). Cuando se quiebra el sistema emocional de recompensa aparece la apatía, la depresión, la obsesión para terminar con la vida. Esta digresión sobre las emociones puede parecer superflua y sin embargo es lo más importante para comprender las funciones del patrimonio cultural inmaterial. Ye hemos visto que "la relación entre las emociones y la motivación es muy íntima, ya que se trata de una experiencia presente en cualquier actividad que posee las dos principales características de la conducta motivada: dirección e intensidad" (Choliz, 2005, p. Cualquier conducta, cuando está impulsada por emociones, se realiza de forma más intensa, más vigorosa y con más ímpetu. Por ello, cuando el patrimonio cultural inmaterial está cargado de emoción, está asegurado su mantenimiento. Aquí hay una reacción biyectiva, mediante la cual las emociones estimulan la motivación y la motivación desencadena emociones; son dos caras de la misma moneda. Veamos a continuación un ejemplo: imaginemos que participamos en un ritual colectivo que nos produce sensación de felicidad. En este estado todos los estímulos ambientales, todo lo que está a nuestro alrededor lo interpretamos positivamente; este estado facilita además nuestra empatía, por ello seremos más proclives a conductas altruistas; todo lo que ocurra a nuestro alrededor lo vamos a recordar durante mucho más tiempo y tendremos mucha más facilidad para comprenderlo. Todo ello favorece las relaciones interpersonales, y todo junto nos proporciona una sensación placentera, de bienestar, que aumenta incluso nuestra autoestima y nuestra autoconfianza (Choliz, 2005, pp. 10-11). Todo esto puede ocurrir en multitud de rituales y eventos. En la Lista de Patrimonio Inmaterial de la UNESCO hay una peregrinación anual al mausoleo de Sidi "Abd el Qader Ben Mohammed, conocido como Sidi Cheikh 1. Se halla enterrado en Al Abiodh Sidi Cheikh en Argelia. El último jueves de junio se inician las celebraciones religiosas en honor a este fundador de la hermandad sufí. Esta peregrinación está organizada por los grupos nómadas de la región, todos ellos sufís. La peregrinación significa una renovación de los vínculos y las alianzas entre los miembros de la hermandad; los valores comunitarios se refuerzan, como la hospitalidad, las plegarias a Sidi Cheikh, la recitación del sagrado Corán y todo ello va acompañado de bailes, competiciones de esgrima y concursos ecuestres con centenares de jinetes. Mucha gente se emociona viendo los caballos correr y competir; hay una gran alegría entre los mayores porque ven cómo los conocimientos espirituales se aprenden y transmiten mediante estas prácticas y todos se sienten más altruistas, se establecen nuevas amistades, se conciertan a446 alianzas y todo ello son funciones de la peregrinación. Sin la emoción, nada tendría sentido y es la emoción la que los motiva a todos (Santacana y Llonch, 2015; Unesco, 2013). En otras ocasiones, el desencadenante de emociones no es necesariamente una fiesta o un ritual; en Lituania hay una tradición que se conoce con Las cruces 2. Fabrican cruces y las colocan en caminos, montañas, cementerios o casas y se asociaba a las fiestas de las cosechas en los países bálticos; a menudo eran bendecidas por el sacerdote y adquirían un valor sagrado. Con la dominación rusa en el siglo XIX y la difusión de la religión ortodoxa frente a la católica latina, las cruces fueron un símbolo de identidad en Lituania; después de la dominación soviética, este simbolismo se reforzó y se convirtió en un acto de resistencia a los ocupantes. Las autoridades las prohibían y las retiraban, y pese a ello la gente les respondía multiplicándolas. Fueron quemadas muchas veces, las autoridades soviéticas establecieron en la colina un vertedero para disuadir a la gente, pero no pudieron eliminarlas. Incluso se proyectó construir una gran presa para inundarlo todo. Por ello hoy han adquirido un simbolismo que va más allá del puramente religioso ya que muchos lituanos las asocian a su lucha por la libertad. La tradición de las cruces implica no solo fabricarlas, esculpiendo imágenes de madera, sino también pintarlas y mantenerlas. Se trata de un arte anónimo, en donde no figura el autor, ni su nombre. No se enseña en las escuelas pero la gente lo mantiene. La capacidad emotiva de este patrimonio es muy alta, ya que para mucha gente significa su voluntad de resistir la opresión, su férrea decisión de mantener la identidad lituana por encima de las imposiciones de un estado, el ruso o el soviético, con el cual no se sintieron jamás identificados. Por esto es hoy un importante y emotivo patrimonio inmaterial (Santacana y Llonch, 2015). Las cruces lituanas recuerdan las ideas de Harry Browne (1933-2006) cuando escribió que "la felicidad no es un coche nuevo, fama, riqueza o incluso una manta caliente. LOS FACTORES EMOCIONALES Y SU INFLUENCIA EN EL PROCESO DE APRENDIZAJE BASADO EN EL USO DEL PATRIMONIO: LA EMPATÍA Y LA SORPRESA COMO FACTORES CLAVES Si el patrimonio cultural -tanto material como inmaterial-tiene un fuerte componente emotivo, es necesario ahora plantear hasta qué punto la ley de Yerkes-Dodson es aplicable a este campo. Para ello, y como ejemplo, nos remitiremos a uno de los trabajos realiza-do en el seno de nuestro grupo de investigación y que utilizó como "banco de pruebas" el monasterio tarraconense de Santa Maria de Poblet. Se trata de un monasterio cisterciense, fundado en el siglo XII y que pese a los procesos desamortizadores hoy sigue manteniendo una comunidad religiosa. Además de las características propias de la orden del Císter, este monasterio es el panteón real de los monarcas de la Corona de Aragón y constituye uno de los grandes conjuntos monumentales de la Edad Media. Una parte de la investigación consistió en diseñar diversas estrategias educativas en el entorno del monasterio, para posteriormente ser analizadas y evaluadas por parte de grupos de jóvenes maestros de educación primaria. Para la evaluación se emplearon metodologías cuantitativas y cualitativas, siendo la técnica del focus group la herramienta principal para la obtención de resultados. Esta técnica cualitativa está ampliamente difundida en diversos ámbitos de la investigación educativa, así como en otras disciplinas tales como la sociología o la misma psicología (Puchta y Potter, 2004; Gutiérrez, 2011). El factor común en el focus group o también denominado técnica de grupos de discusión consiste en reunir a grupos reducidos de personas para indagar acerca de sus percepciones, sus opiniones, actitudes o reacciones frente a un tema o problema y, en el caso que nos ocupa, una situación problemática. Por ello, a lo largo de los distintos debates grupales se formularon a los participantes un conjunto de preguntas ligadas a los objetivos y las hipótesis del diseño didáctico para finalmente hacerles posicionar respecto a cuál de las actividades les había gustado más; en realidad se quería valorar el concepto de atractividad de cada una de las actividades. El primer resultado que apareció claramente definido fue que la interactividad mental y la sorpresa eran dos factores fundamentales de la atractividad. También había una relación clara entre atracción y el placer que conlleva el propio aprendizaje: la conciencia del aprendizaje. En muchos casos se reflejaba la relación clara entre "haberlo vivido" y el propio aprendizaje. Pero las actividades que fueron más atractivas y que se valoraron mejor fueron aquellas que se relacionaban con la capacidad empática. La capacidad de ponerse en la piel del otro fue el factor más destacado por los informantes y las actividades que lo propiciaban las mejor valoradas. Naturalmente para ello era necesario conocer muchos detalles, ver muchos objetos del otro y conocer a fondo la situación que se dio en el pasado. Probablemente es este factor emocional de la empatía el más importante de los que se pudieron valorar y medir con la investigación (Martínez, 2014). El modelo resultante de la investigación se puede esquematizar mediante círculos concéntricos en los que se colocan los factores de atractividad y los recursos utilizados, y en los que se observa cómo de los cuatro factores que intervienen (empatía, interacción, sorpresa y variedad), tres son de carácter emocional (Figura 1). Tan solo un factor es distinto, y es el que se refiere a la variedad. En efecto, a lo largo de la investigación emergió este factor, que inicialmente no estaba previsto y que fue el de la variedad de recursos utilizados para interpretar el patrimonio. De todos los empleados fueron destacados en la evaluación el uso de objetos (didáctica del objeto), el papel del educador, los recursos teatrales, tales como la aparición de actores y actrices en el transcurso de las experimentaciones, y el uso de diversas maletas didácticas o kits móviles en algunas actividades. Como puede verse, los resultados de la investigación, modesta en cuanto a los recursos, son relevantes en cuanto a los resultados. Quisiéramos resaltar dos elementos fundamentales en el sistema emocional humano y que aquí sobresalen: la empatía y la sorpresa. En efecto, la clave que nos permite acceder a las emociones de los demás -radica en la capacidad de captar los mensajes no verbales-, que son fundamentalmente visuales (Goleman, 2008, p. En este aspecto las teatralizaciones, cuando se realizan con cierto rigor, riqueza indumentaria o la presencia de elementos originales, cumplen estas funciones. Por otra parte, hay que recordar que los fundamentos de la empatía se hallan presentes en la mayoría de los humanos desde la infancia y, por lo tanto, los recursos de tipo empático se pueden utilizar en todas las edades de la vida. 170) afirma, apoyándose en trabajos previos de Martin L. Hoffman, que la psicología evolutiva ha demostrado cómo incluso los bebés experimentan angustias empáticas antes incluso de ser conscientes de su existencia. De hecho, toda relación que implique adquirir la capacidad de experimentar el estado subjetivo de los demás, ya fuere sintonizando con sus intenciones o compartiendo un deseo, es una manifestación de empatía. Por lo tanto, comprender el pasado solo es posible mediante importantes dosis de empatía, y el conocimiento y aprendizaje de la historia a través del patrimonio cultural se desarrolla y crece mediante reacciones empáticas que tenemos hacia personas y escenarios que existieron en el pasado. En cuanto a la sorpresa, forma parte del sistema de alertas cerebrales que probablemente va unido al sistema del miedo y del pánico; de hecho, es un paso previo, con la diferencia de que la sorpresa puede desencadenar emociones negativas, con cargas de ansiedad, rabia, ira o terror, o emociones positivas, vinculadas a sentimientos de placer, de reconocimiento, de felicidad e incluso de amor (Solms y Turnbull, 2004, pp. 105-138). Los dos factores de carácter emocional que hemos mencionado en nuestra experimentación se desencadenan a partir de fuentes primarias (documentos) que han pasado a través del tamiz del guión teatral y también a partir de los objetos contenidos en las maletas didácticas. Que el teatro es un arte que se basa sobre todo en el desencadenamiento de emociones no constituye ciertamente una novedad, pero el uso de los objetos siempre puede ser más discutible (Santacana y Llonch, 2012). Los ejemplos de emociones y situaciones empáticas desencadenadas a partir de objetos, como hemos comentado anteriormente, son muchos y podrían ejemplificarse en el relato de Dory Sontheimer (2014): una mujer barcelonesa que con motivo de la muerte de su madre descubre que la fa-llecida guardaba siete cajas de papeles y objetos que le descubrían la trágica historia de su familia, judíos alemanes que rehacen su vida en Barcelona tras sufrir la muerte de la mayor parte de los miembros de su familia. Martín en el prólogo de esta obra nos dice: "Por favor, pongámonos por un instante en la piel de una pareja de jóvenes perseguidos a muerte y que tuvieron que cambiar de religión, de identidad y de pasado para salvar su vida y la de sus hijos pero que no pudieron proteger la vida de sus padres que terminaron en un campo de exterminio. E imaginemos después el día que decidieron guardar los objetos en cajas con la esperanza de que alguien los recuperara y reconstruyera la memoria de una familia destrozada por el nazismo. Imaginemos por lo que ha pasado Dory al descubrir los recortes y fragmentos de todo el espanto que rodeó a su familia. Hágalo, y si no se emociona es que no es de este mundo". Por todo ello, no es exagerado concluir afirmando que existe una estrecha relación entre el factor emocional, el patrimonio y el aprendizaje de la cultura.
El final del siglo XX ha estado acompañado de trans formaciones socioculturales que han permitido que las muje res empiecen a acceder a los ámbitos en los que histó ri ca men te habían estado excluidas, y con ello a la posibilidad de jugar un papel activo dentro de la academia y las ciencias. ¿Qué las hizo interesarse en la academia?, ¿cómo tuvieron acceso?, ¿cómo hicieron sus descubrimientos y contribuciones?, ¿qué reconocimientos han tenido por parte de la comunidad científica y universitaria y/o de la sociedad? ¿Por qué tantas mujeres se van y abandonan su preparación en distintas etapas del camino? ¿Cómo conciliar el desempeño académico y la propia vida? ¿Cómo explicar la incongruencia entre la igualdad presencial de mujeres y hombres en el ámbito científico y las diferencias en el acceso a puestos de toma de decisión y de reconocimiento en este ámbito? Ante estas interrogantes se impone hoy entender mejor la situación de las académicas, evidenciar y difundir sus aportaciones en los distintos campos del conocimiento y analizar con mayor detalle los obstáculos que aún impiden su creciente desarrollo profesional y realización personal. Género, ciencia, masculinidad, feminidad, equidad. ¿En qué medida el orden patriarcal del mundo y las condiciones femeninas y masculinas que integra permiten a mujeres y a hombres la satisfacción, realización plena y el crecimiento personal? ¿Existe distancia o relación entre mujeres y hombres en cuanto a su desarrollo personal y social? ¿Posibilita el orden patriarcal la contribución al desarrollo de los derechos humanos y a la calidad de vida? Las sociedades patriarcales -prevalecientes en nuestros días-se diseñan y organizan desde una prescripción de normas y valores identificables con una determinada construcción simbólica de masculinidad y feminidad. Los modelos de la cultura patriarcal se expanden hoy vertiginosamente en virtud de la globalización aunque ello apunte hacia un sincretismo en el cual se vertebran diversidad de culturas, costumbres, tradiciones, religiones, relaciones económicas, núcleos de género diferentes. A su vez, todas las sociedades, con sus ritmos propios experimentan transformaciones en este sentido que evidencian puntos de tensión entre conservación y cambio. El patriarcado es universal y longevo. Sin embargo, el mismo no posee un fundamento esencial u ontológico que lo legitime, no hay esencias masculinas o femeninas eternas, sino que se va construyendo en lo simbólico, en la organización social y en un sistema de prácticas que crean lo material y lo espiritual y le dan continuidad a niveles macro, medio y micro estructurales a través de la socialización. ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 817-826 ISSN: El patriarcado se impone a través de la coerción (leyes, islamismo fundamentalista, etc.) o a través del consentimiento (imágenes y mitos transmitidos). Esto último nos devela la existencia de una igualdad formal entre hombres y mujeres pues incluso, ante la autonomía económica femenina hay patriarcado, toda vez que la relación hombre-mujer se realiza de acuerdo a dinámicas e inversiones psicológicas que resultan diferentes al ser ambos productos de una socialización también diferente. Es por ello que aun desapareciendo la dependencia económica femenina subsiste la dependencia emocional de las mujeres, en definitiva, el patriarcado. La cultura patriarcal produce, reproduce, promueve valores asociados a la distinción y segregación de las personas a partir de su sexo. El orden sociocultural configurado sobre la base de la sexualidad -definida históricamente-se expresa a través del género, categoría que permite comprender las asignaciones y expectativas socioculturales hacia las personas en dependencia de sus diferencias sexuales. Implica a las actividades y creaciones de los sujetos, la intelectualidad y la afectividad, el lenguaje, concepciones, valores, el imaginario, las fantasías, los deseos, la identidad, la autopercepción corporal y subjetiva, el sentido de sí mismo, los bienes materiales y simbólicos, los recursos vitales, el poder del sujeto, la capacidad para vivir, la posición social, jerarquía, estatus, la relación con otros, las oportunidades, el sentido de la vida y los límites propios. Así, el dimorfismo sexual se resignifica social y culturalmente y se expresa en un orden de género binario: masculino-femenino, dos modos de vida, dos tipos de sujetos, de atributos eróticos, económicos, sociales, culturales, psicológicos, políticos, dos modos de ser, de sentir y de existir. En fin, la construcción de una subjetividad diferente para mujeres y hombres que se identifican con lo femenino y lo masculino respectivamente. Es uno de los modos esenciales en que la realidad social se organiza, se construye simbólicamente y se vive. Así, determinada noción de lo femenino se asocia a la maternidad, a lo que es dado por la naturaleza, al hecho de engendrar y parir. Éste es el eje de la feminidad desde lo patriarcal. Ello articula también con la idea del sexo igual a procreación y lo deslegitima como placer. De este eje derivan otras ideas y dicotomías. Por ejemplo, lo femenino asociado a la dulzura, delicadeza, al cuidado, a la atención, a ser más para los otros que para sí, como el lugar de la emoción, de los afectos, de los sentimientos, de la intuición. Lo femenino es asignado predominantemente a las mujeres las cuales, en cumplimiento del "mandato cultural", deben asumir el rol de madres-esposas-amas de casa, liderar una familia y ser su pilar emocional. En las mujeres, el quehacer y el sentido de la vida no se orientan hacia sí mismas sino hacia los otros. Trabajar, pensar, sentir para otros, articulado todo alrededor del vínculo con los otros. Tanto interna como externamente son habitadas por los otros y desplazadas de sí mismas. De este modo, la presencia del amor conyugal y familiar, sostenido fundamentalmente por las mujeres sin suficiente reciprocidad, en muchas ocasiones se convierte en un pilar de dominación masculina y de inequidad afectiva. Lo masculino se articula alrededor de la virilidad, de la erección, de la potencia, del sexo como placer, de la homofobia. La perfección, eficacia, la excelencia, el éxito, la razón, la condición de emprendedor, dominador, competitivo son los atributos psicológicos por definición expresados en roles instrumentales. Es éste el lugar de la cognición, del intelecto, del saber, de la cultura, del poder, solvencia económica y capacidad resolutiva en el ámbito público. Se excluye de aquí cualquier noción asociada a los afectos, la intuición o la emoción. Más bien es la fuerza y la agresividad física y psíquica, dada en el dominio de lo físico y en el control de los sentimientos, de la sensibilidad, de la vulnerabilidad y en la búsqueda de la autonomía, la independencia, la decisión y seguridad emocional. Este contenido se atribuye predominantemente a los hombres. A ellos se les exige ostentar tales atributos si desean ser masculinos, lo que desde las asignaciones, es igual a ser hombre. Aquí se dirime su identidad de género y como persona. Por su parte, la sociedad se encarga de instrumentar los agentes socializadores (pedagógicos, coercitivos, correctivos, valorativos) para hacer cumplir la normatividad asociada a la condición de género. La socialización sexista de niñas y niños, va conformando subjetividades y habilidades distintas: relacionales y emocionales, de cuidado y atención para las niñas e instrumentales para niños, a través de los comportamientos exigidos en unos y otros casos, de los juguetes y el tipo de juegos que practican y que se les exige que practiquen en la familia, escuela y sociedad en general, por el tipo de estudios o profesiones que se espera que cursen o desempeñen, por las preferencias docentes, etc. Esto coloca el acento en los determinantes socioculturales en la comprensión de posibles diferencias cognitivas entre mujeres y hombres. En el proceso de socialización -que tiene lugar a través de dichos agentes-se producen y reproducen relaciones de poder o de equidad -respeto a las diferencias así como un lenguaje social, modelos y mecanismos para la interiorización. En esta socialización cristalizan las subculturas de género, las tradiciones culturales y la sociedad en general. Cada mujer u hombre sintetiza en la experiencia de sus propias vidas el proceso sociocultural e histórico que les hace ser precisamente ese hombre y esa mujer, sujetos de su propia cultura, con límites impuestos a su ser en el mundo por esa construcción que es el género. En una misma persona pueden confluir cosmovisiones de género diversas (tradicionales, religiosas y otras más modernas). Existe un sincretismo en la cultura como subjetividad, como vivencia social y también en la subjetividad individual. Sincretismo que no deja de ocasionar tensiones y conflictos. Esta escisión de género se expresa además en una división-exclusión de la propia vida. Se advierte así un espacio "público", productivo-remunerado, moderno, con progreso científico técnico, con movilidad, conectado con el comercio, la ganancia, la política y los asuntos internacionales y un espacio "privado", reproductivo-estático, tradicional, conservador, no remunerado. La idea de lo masculino y ser hombre aparece vinculada al ámbito público. El hombre debe desempeñarse en la vida pública, ese es su espacio, para lo cual debe ostentar sabiduría, poder, ejercicio del dominio, demostrar su excelencia y eficacia, su racionalidad. Este espacio es visible, tangible, es el único donde el trabajo es remunerado, "medible". En el ámbito público el poder económico, político, jurídico, científico, religioso, bélico ha estado y está fundamentalmente en manos de hombres. Lo femenino -asignado a la mujer-se ubica de modo exclusivo en el ámbito privado, doméstico, familiar. El ámbito "privado" aparece como el propio de la mujer la cual por "naturaleza" podría desempeñarse mejor en este sentido. Este es su espacio, el del cuidado, el de la atención a los otros, el de los afectos, el de la reproducción de la vida, el del trabajo no remunerado-invisible. Por ser la mujer quien está "mejor dotada" para el ámbito privado y las exigencias que de éste derivan, es que se le ha impedido históricamente el acceso a la educación, a la cultura, a la ciencia, al trabajo fuera del hogar, el acceso al saber y al poder que de ello se deriva, para que, de este modo, "no se vea afectada su función natural esencial para la cual ha sido destinada". Los valores y roles escindidos para cada género no tienen el mismo reconocimiento social. Se trata de una construcción cultural que pretende, apoyándose en tales diferencias, establecer una desigualdad que se articula a una dicotómica jerarquización y poder, acentuando la supremacía de lo masculino como valor. El orden fundado sobre la sexualidad es un orden de poder concretado en maneras de vivir con oportunidades y restricciones diferentes. Lo masculino (atribuido al hombre) se erige como supremo sobre lo femenino (atribuido a la mujer). Los hombres aparecen como dueños y dirigentes del mundo, de sus familias, mujeres, hijos e hijas. El tema de lo diferente aflora como el tema de lo desigual y con ello de lo jerárquico. Algo es lo legítimo, superior y paradigmático, a saber lo masculino asignado al hombre y a su vez lo humano. Algo aflora como poco legítimo, inferior y sometido, a saber lo femenino asignado a la mujer. El espacio público y los valores que se le asignan es lo que se privilegia, lo que se valora como lo supremo. Es el paradigma de lo humano o lo que se conoce como la universalización de lo masculino. Se va construyendo un orden, desde lo masculino, donde esta construcción cultural es la medida de todo lo humano, la traslación de lo masculino a lo humano. Mientras, se sigue perpetuando un espacio "privado" sin valor ni prestigio, reservado a las mujeres y que refuerza su sometimiento. ¿DÓNDE SE ENTRELAZAN CIENCIA Y GÉNERO? La ciencia ha sido concebida como una relación de dominio y explotación del hombre hacia la naturaleza, a la cual había que explotar mediante ingenios e inventos y así proveer conocimientos verdaderos para transformarla en nuestro provecho (Sedeño, 1999). "De acuerdo con la concepción tradicional o concepción heredada de la ciencia, esta es vista como una empresa autónoma, objetiva, neutral y basada en la aplicación de un código de racionalidad ajeno a cualquier tipo de interferencia externa" (Colectivo de autores, 2001, p. Aparece así, una concepción "esencialista" y "triunfalista" de las ciencias en la cual desde una linealidad a más ciencia, más tecnología, más riqueza, más bienestar social. Según Núñez, la concepción que distancia a la ciencia de la economía, la política, la sociedad y la moral hunde sus raíces en el positivismo lógico que pretendía la objetividad y alcance de la verdad a partir de recursos empíricos y lógicos sin que interviniesen circunstancias psicológicas, políticas u otras (Núñez, 2001). El saber y la cultura no son neutrales sino que en tanto construcciones humanas están condicionados por lo económico, lo social e histórico específico de cada sociedad así como por las relaciones de poder imperantes de modo específico. Si el conocimiento científico está inscrito en la sociedad, la cultura y la historia, no es posible obviar el examen de género. Lo cierto es que, en la producción de conocimientos científicos, se ha viajado también en caminos dicotómicos donde lo cuantitativo, en tanto modo de hacer ciencia, ha sido legitimado, promovido e impuesto como lugar del Saber, como el lugar de lo medible, demostrable, observable y, por tanto, de la Verdad. Acá aparece también la universalización de un camino, la absolutización de una parte convertida en paradigma de la ciencia y del saber científico legitimado. Siguiendo esta misma lógica de lo diferente convertido en desigual en una relación jerárquica y de poder se aprecia entonces que: la razón, el saber, el intelecto, la excelencia, lo medible y perfecto van apareciendo casi como sinónimos a la vez que, lo legítimo, lo es, por estar exento de emociones, de afectos, de intuición, de intangibilidad. Aparece subyaciendo a la dicotomía de género, lo que la ideología patriarcal pacientemente ha tejido desde hace milenios, la contraposición cognición-afecto, razón-emoción y la legitimación de la razón y el intelecto como superior al afecto y la emoción. Se aprecia también la contraposición objetivo, visible, tangible versus lo subjetivo, no visible, no medible. Así como la dicotomía objeto-sujeto, cultura-naturaleza, cuerpo-mente, individuo-sociedad, público-privado, razón-emoción, objetividad-subjetividad, hecho-valor, ciencia-creencia y las jerarquías correspondientes. Ello nos sitúa en el dualismo dicotómico que nuevamente vemos en la contraposición entre la cantidad y la calidad en el ámbito del pensamiento científico que sostiene la ya mencionada "neutralidad" de las ciencias. En este sentido refiere Ana Sánchez: "al introducir el sesgo androcéntrico que supone la generización de la sociedad en la base misma de las dicotomías se pone de manifiesto el hecho de que la propia forma de conceptualizar, la forma de elaborar los principios lógicos y epistémicos que rigen el método científico obedece a una construcción patriarcal, situándose el género como el factor desvelador crucial de esta construcción (...)" (en Fernández, Ana. El patriarcado reduce los valores humanos a los masculinos y en consecuencia estos aparecen como únicos y modélicos. Esto recuerda al modelo único y universal de ciencia supuestamente neutral en términos de valores aunque a la vez destilando valores sesgados por un modo de entender la ciencia y de ejercer el poder sobre la naturaleza así como entre los que saben y los que no. Pienso que estos dos fenómenos se cortan para condicionarse mutuamente. Donde sería difícil determinar si es una ideología patriarcal la que subyace en ambos supuestos o es el modo de producir el saber de una época el que se refleja en lo patriarcal o todo ello resulta de una imbricación entre ambos fenómenos que definitivamente se articulan y alimentan mutuamente en la producción de sentidos en los contextos sociales e individuales. Lo objetivo, desde esta comprensión, excluye cualquier presencia de subjetividad, de valoración, de intuición, devaluado, por demás, por no legitimarse desde un saber que se pretende científico. Se legitima una manera de hacer ciencia y una manera de pensar. Los discursos y mitos sociales (científicos, de género) ordenan y legitiman a los actores y a los espacios sociales y subjetivos que son -en tanto jerárquicos-de poder, de violencia. Entonces, y ahí aparecen de nuevo los entretejidos, ¿quiénes poseen el acceso al saber científico desde este lugar? ¿Quiénes son portadores de la real capacidad de razonar, de desplegar su intelecto, de poseer objetividad y protegerse de afectos e intuiciones? Tal como señalamos más arriba, quedaría claro que los hombres en tanto portadores de "lo masculino", sinónimo a su vez de razón, precisión, excelencia, etc. Las mujeres quedan excluidas del saber científico en tanto se identifican con el lugar de la emoción, los afectos y la intuición. ¿Podrían estos entretejidos contribuir a explicar el hecho de que durante milenios se privara a las mujeres del acceso a la educación, a la ciencia y al desempeño público? ¿Podrían explicar también el hecho de que las llamadas "ciencias duras" sigan siendo predominantemente desempeñadas por hombres? ¿De que los cargos de dirección y toma de decisiones sigan siendo en su mayoría ejercidos por hombres? ¿De que determinadas ciencias o profesiones se devalúen cuando se feminizan? ¿De que un amigo insista en que la "Física" es para hombres y un colega diga que aunque la Psicología es femenina, los talentos siempre han sido masculinos? La limitación en el acceso al saber (lograr un saber, acceder a las instituciones que lo certifican, mantener constante superación) y al consiguiente poder que ello supone ha sido una de las prohibiciones más fuertes que la historia y la cultura patriarcal ha impuesto a las mujeres. La entrada masiva de las mujeres al trabajo remunerado es uno de los sucesos más significativos del siglo XX. Junto a esto ha sido remontada la exclusión de las mujeres del saber científico, especialmente a partir de la segunda mitad de dicho siglo al develarse progresivamente las barreras institucionales y sociopsicológicas que han obstaculizado, incluso hasta hoy, el acceso de las mujeres a la ciencia y la tecnología así como los mecanismos explícitos e implícitos de discriminación. Hoy podemos exhibir en varios países indicadores que hablan de la creciente presencia de las mujeres en Ciencia y Tecnología. En Cuba, el ámbito profesional de las ciencias está constituido por el 50,4% de hombres y el 49,6% de mujeres para una igualdad presencial de género similar a la existente en otros países desarrollados. Esto, sin lugar a dudas, indica los esfuerzos y avances que en materia de educación, salud y políticas de empleo se han realizado en la sociedad cubana lo cual es imprescindible para profundizar en otros niveles de progreso en este y otros espacios sociales. Esto resulta un camino necesario en el empeño de avanzar en equidad social y transformar el orden androcéntrico de las ciencias. Sin embargo, no sólo se trata de ventaja numérica, tener equidad presencial en el ámbito de las "ciencias" es un elemento de avance extraordinario pero no suficiente. ¿Hasta dónde la equidad conquistada? La marca de género se visualiza hoy nítidamente en la división sexual del trabajo científico y en la dicotomización entre lo que es ciencia y lo que no: "ciencias exactas, fuertes o duras", asociadas a la razón, al desarrollo del pensamiento lógico, a las metodologías cuantitativas, predominantemente masculinas en las cuales están mucho más representados los hombres y "ciencias sociales o blandas" más bien asociadas al cuidado, al servicio, a lo humano, al contacto con los demás, es decir, las ciencias sociales -de dudosa calidad en tanto tales-las cuales se abren al espacio de la ciencia con la timidez que genera una aproximación cualitativa en la construcción del conocimiento, aproximación muchas veces vista como el "agujero negro" de las ciencias con predominio de mujeres para una segregación horizontal. Si observamos las mujeres y hombres que se habían doctorado en la Universidad de La Habana hasta 1997 se aprecia una mayor presencia de mujeres en Ciencias Sociales (tradicionalmente femeninas) que hombres, para un fenómeno inverso en las Ciencias Exactas (tradicionalmente masculinas) indicador de subsistencia de dicha segregación. ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 817-826 ISSN: 0210-1963 A la vez, se aprecia una feminización de las Ciencias Económicas así como una equidad presencial de mujeres y hombres en Ciencias Naturales lo cual habla a favor de los cambios que van produciéndose en el acceso de mujeres y hombres a las ciencias. lo cual también va conformando expectativas así como su identidad de género. Niñas, emotivas, pasivas, dependientes, tiernas, subjetivas, comunicativas, "idóneas" para las ciencias "blandas" y niños, racionales, dominantes, agresivos, competitivos, fuertes, con frialdad y objetividad, lo más "valioso" y necesario para el estudio y desempeño en las "ciencias duras" (por supuesto, desde un cierto paradigma o noción de lo que se entiende por ciencia). Esta dicotomía jerárquica se convierte en obstáculo para que mujeres sigan carreras "científicas" ya que esto sale del marco de las expectativas sociales y de ellas mismas, pues las cualidades necesarias para las "ciencias" desde una determinada noción de lo que es ciencia son las masculinas. A su vez, se ven universidades feminizadas pero el ejercicio profesional en especial desde el examen de las jerarquías sigue siendo masculino, más hombres en elevadas categorías científicas y académicas, así como en puestos de toma de decisión en los ámbitos científicos y académicos. Cuando en la estructura ocupacional las mujeres están en los escalones más bajos o escasamente en puestos de toma de decisiones estamos ante la segregación vertical de las ciencias. En Cuba, si bien se ha incrementado con relación a décadas anteriores, en la medida en que se eleva la jerarquía en las categorías científicas, disminuye la presencia de mujeres y viceversa. A su vez, cuando se trata de reconocimientos por resultados científicos, lo cual significa el grado de superación y de progreso en esta esfera, las mujeres poseen menor representatividad que los hombres. ¿Cómo explicar estos datos existiendo igualdad presencial de mujeres y hombres en el ámbito científico? No es posible minimizar el progreso dentro del cual el patriarcado de coerción deja su lugar detrás. "Algo se ha quebrado del equilibrio anterior, donde regía un orden entre los géneros por el cual las mujeres "naturalmente" ocupaban un lugar postergado. Los organizadores de sentido que organizaban lo femenino y lo masculino trastabillan, las demarcaciones de lo público y lo privado se vuelven borrosas (...) diversas fisuras amenazan con el quiebre del paradigma que legitimó durante siglos las desigualdades de género" (Fernández, Ana. Las nuevas prácticas (públicas y privadas) promueven transformaciones subjetivas que a la vez instituyen nuevas producciones de sentido y nuevos posicionamientos que redimensionan las propias prácticas. En este sentido, las políticas de igualdad de oportunidades y en particular, los esfuerzos realizados en la sociedad cubana en términos de políticas educacionales, de salud y empleo, han visibilizado a las mujeres pero a su vez se mantienen los supuestos tradicionales que sostienen el discurso social y las prácticas educativas. Estamos en un tránsito en el cual coexiste lo tradicional y lo moderno, aspectos en perpetuidad y hasta empeoramiento (feminización de la pobreza en familias monoparentales encabezadas por mujeres) y otros en progreso (autonomía económica y con respecto al hombre, desaparición de estigmas ligados al comportamiento sexual). Hoy, cuando muchas mujeres creen obrar en libertad, están obedeciendo a nuevas consignas sociales, ser todo al mismo tiempo: madres asalariadas con doble jornada, monjas en aporte de fuerza de trabajo a la colectividad y sexy para atraer a sus parejas tal cual promueve la publicidad. Esta multiplicidad de roles implica un constante desplazamiento por habilidades diferentes a la vez que gran costo en energía psicológica. No se trata sólo de una lógica aditiva de lo público a lo privado, de carencia de tiempo -que sí lo es por demás-sino de conciliar dos lógicas, dos sistemas de valores y habilidades diferente, de pensar, sentir y actuar muy distintas. La tensión entre ambos puntos se resuelve por medio de negociaciones, transacciones o se padece a través de malestares y violencias. Sobrevive el "techo de cristal" para las mujeres, como un nivel que no pueden sobrepasar donde existe una socialización que las impulsa hacia una dirección lo cual se refleja en el menor ascenso en la categorización académica, en la superación así como en el acceso a puestos de toma de decisión en el ámbito científico. Subsiste una opresión y violencia de género en su mayoría invisible sostenida por el fundamento de la "naturalización" de los roles que deben desempeñar las mujeres y los hombres y que conduce a la desigualdad en el ámbito familiar, conyugal, en la distribución del dinero, del poder y de las responsabilidades domésticas. Sobreviven factores socioculturales, económicos y psicológicos. Subsisten estereotipos de género que impiden cambiar la vida de mujeres y de hombres y a la ciencia misma. A pesar de las transformaciones que han permitido el acceso de las mujeres a la educación y al empleo remunerado, la distribución de roles en el hogar sigue siendo sexista. La doble y triple jornada de trabajo para las mujeres posee implicaciones económicas pues parte de esta jornada se refiere a todo un trabajo doméstico que no se remunera ni siquiera se cuantifica sino que más bien se les atribuye de modo natural por su condición de género. Esto también puede analizarse en términos de empobrecimiento para las mujeres y de empoderamiento para los hombres. La responsabilidad del funcionamiento de la familia, de otros familiares y de la educación de los hijos sigue siendo responsabilidad de las mujeres. En ocasiones aparece la desautorización de las parejas para que se involucren en elevadas responsabilidades y continúa lo asignado a las mujeres desde la cultura patriarcal. La organización de la sociedad en sus diversas instancias continúa siendo patriarcal (dedicación extrema, largas jornadas de trabajo, exceso de reuniones y actividades en horarios extendidos, etc.) como si fuera éste el único espacio de vida o al menos el más privilegiado. Ante esto, las mujeres muchas veces son excluidas, se sienten excluidas o se autoexcluyen de actividades muy complejas o de dirección que conspiren contra el tiempo que por "mandato cultural" deben emplear en la vida doméstica. Esto esencialmente ocurre por la insuficiente redimensión en el ámbito de la subjetividad individual de los roles de género tradicionales a la vez que se continúan privilegiando los espacios públicos para los hombres y los privados para las mujeres. Así, los puestos de toma de decisión, gubernamentales, económicos a escala universal están en manos de hombres, las decisiones y gerencias en el mercado, las ciencias y hasta las guerras. Tener equidad presencial en el ámbito de la "ciencia" es un elemento de avance pero no la solución completa del problema. Esto resulta un camino decisivo, imprescindible en el empeño de transformar el orden androcéntrico de las ciencias. Sin embargo, me gustaría subrayar que contiene, en sí mismo, reductos de tal androcentrismo. Toda vez que intentamos estimular la presencia de las mujeres en las "ciencias" es imprescindible delimitar de qué ciencia hablamos, pues desde seguir legitimando una noción de "ciencias duras" y "blandas", este camino que en un sentido aflora como emergente de cambio lo es a su vez de perpetuidad de lo mismo. Sólo se trata de que las mujeres habiliten un espacio, que se conserva tal cual y no una transformación personal y social. Para muchas mujeres que poseen lugares destacados en las ciencias esto ha sido a costa de asumir valores androcéntricos. Por eso se impone legitimar una noción diferente de ciencia así como también replantearse la idea del lugar del varón en este tema, ¿por qué no estimular el acceso de éstos hacia ciencias no tradicionalmente masculinas? Con ello puede intentarse desarticular los estancos dicotómicos autocontenidos de lo masculino-ciencias "duras", lo femenino-ciencias "blandas". Subsiste aún el fantasma de la ciencia asociado a algo medible, observable, constatable, es decir, una noción positivista y patriarcal de lo que es ciencia, de "lo masculino" como valor para perpetuar una interpretación androcéntrica de la sociedad. La ideología patriarcal condiciona un modo de concebir y hacer ciencia que a su vez refuerza esta propia ideología. Se entrelaza en un nudo lo que ha promovido y puede seguir promoviendo una cultura sexista y androcéntrica: un pensamiento dualista, dicotómico, excluyente. La causa está pues en el subsistente androcentrismo en la Ciencia, en los sistemas educativos y en la propia sociedad. Si el discurso social, político, científico ha sido fundamentalmente masculino (patriarcal) se ha promovido desde aquí un modo de hacer ciencia que genera cambios a la vez que continúa perpetuando lo patriarcal. No tiene por qué existir un solo paradigma de lo que es ciencia y hacia ahí dirigir a hombres-niños y mujeresniñas, sino que las personas puedan sentir la libertad de estudiar unas u otras ramas, según las necesidades propias sin que por ello sientan cuestionamientos, compulsiones o exclusiones ya sea hacia las ciencias exactas, naturales o sociales, se trate de las mujeres o de los hombres. La igualdad social, la coeducación y las intervenciones en políticas de igualdad no han logrado todo lo deseable. No se trata sólo de alfabetizar en "ciencias" a las mujeres. Podemos hablar de una equidad conquistada entre mujeres y hombres en el acceso a la educación, en el ámbito de las ciencias a la vez que de la existencia de límites para continuar avanzando en dicha equidad en especial en cuanto al progreso académico, el acceso a puestos de toma de decisión, a la desarticulación de ciencias "femeninas" y "masculinas" y a la desmistificación del fantasma de la "buena ciencia". Reconocer la diversidad de géneros, la existencia de mujeres y hombres en la construcción de una sociedad humana diversa y democrática resulta imprescindible. Se impone entonces desafiar la ideología patriarcal, quebrantar la subordinación genérica, invalidar la concepción binaria del mundo y resignificar lo que hasta hoy se ha estado entendiendo por ciencias "duras" y "blandas", hombre-mujer, masculino-femenino, maternidad-paternidad, público-privado, familia. Indisolublemente unidos tendrán que ir los cambios en los roles públicos, en los roles domésticos y en las relaciones de género. Ello demanda avanzar en la ocupación paritaria del espacio público y la democratización del ámbito privado, en el reconocimiento del trabajo no remunerado y de la co-responsabilidad doméstica, familiar de hombres y mujeres. El asunto está en que las tareas que se realicen no se definan en función del sexo ni se sobre o minusvaloren en unos u otros casos, sino que se adjudiquen y realicen en dependencia de las capacidades individuales específicas entre personas con iguales derechos. Urge transformar las instituciones y estructuras que refuerzan y perpetúan la discriminación de género y la desigualdad social así como neutralizar las ideas y prácticas en cuanto al sexismo en educación. Mover los estancos de género en el acceso y desempeño científico de mujeres y hombres tributará al cambio en la división sexual del trabajo en ambos sentidos (no sólo hacia las mujeres), a recuperar el valor de la diversidad y a continuar avanzando cada vez más hacia el humanismo, la justicia y equidad de toda la sociedad.
La conformación de las identidades y sus relaciones con la formación de la ciudadanía son problemas relevantes dentro de las sociedades actuales, que están siendo también abordados desde la perspectiva de la educación patrimonial, tanto en la educación formal, como no formal e informal. Este trabajo analiza las relaciones entre identidad, ciudadanía y patrimonio, centrándose en el tratamiento didáctico que se desarrolla desde esta perspectiva en los museos. Para ello, se contrastan, empleando una metodología cualitativa, tablas de categorías, de observación y registro de datos, las propuestas educativas de museos del ámbito norteamericano con las de museos españoles. Se ponen de manifiesto dos formas diferentes de articular este discurso, reflexionando sobre las diferencias encontradas entre ambos contextos culturales y los obstáculos detectados para desarrollar propuestas educativas dentro del marco de referencia teórico, simbólico-identitario, holístico, participativo y socio-crítico, del que se parte. Cada vez son más abundantes las investigaciones que abordan la educación patrimonial, convirtiéndose en un campo de estudio que emerge en los últimos años del siglo pasado y que en la actualidad está plenamente consolidado, de gran relevancia para desarrollar propuestas didácticas interdisciplinares, que permitan trabajar problemas socialmente relevantes del presente. En este sentido, se pueden entender como problemas relevantes algunas cuestiones que suponen retos sociales de plena actualidad como son los conceptos de identidad y ciudadanía. La conformación de las identidades y la ciudadanía pueden y deben entroncar directamente con los componentes patrimoniales de una sociedad, de manera que para entender una sociedad, desde su perspectiva cultural, es necesario analizar las relaciones multidireccionales existentes entre estos tres elementos: ciudadanía, identidad y patrimonio. Así, las últimas investigaciones sobre educacion patrimonial ponen de manifiesto el potencial que el patrimonio puede tener para el tratamiento educativo de estos referentes sociales que consideramos claves, como son la identidad, la ciudadanía y las relaciones culturales. Sin embargo, estas conexiones no se han analizado sistemáticamente ni desde posicionamientos teóricos ni empíricos. Es esta laguna la que pretendemos abordar conectando y rentabilizando los estudios previos llevados a cabo hasta ahora por los diversos colectivos académicos. El problema de investigación de base, del que parte este trabajo, plantea: ¿qué tratamiento damos al patrimonio para que, a partir de los museos y centros patrimoniales, podamos abordar cuestiones sociales relevantes, como los conflictos de identidad, los problemas asociados a la multiculturalidad y la formación para la ciudadanía? Es interesante valorar las conexiones existentes entre dos países en los que los problemas de identidad y de conformación de la ciudadanía a partir de ella pueden ser constituyentes de la propia realidad social de cada uno de ellos. Así se toman como ejemplo Estados Unidos y España, referentes de inmigración y multiculturalidad en los que analizar las relaciones sociales de identidad y ciudadanía mediante el patrimonio y a través de los diferentes tratamientos que recibe en sus museos. De esta manera, se establecen como objetivos del trabajo: • Determinar las conexiones entre los procesos de identidad, ciudadanía y el patrimonio a través de la comunicación desarrollada en los museos. • Contrastar los estudios llevados a cabo en el ámbito español respecto a la educación patrimonial en los museos, con los programas diseñados en el ámbito estadounidense para trabajar la identidad, la ciudadanía y la multiculturalidad. • Reconocer las relaciones entre identidad y patrimonio en los procesos educativos desarrollados en los museos, contrastando los casos españoles y estadounidenses. La educación patrimonial es una línea de investigación relevante en la actualidad, dentro del ámbito educativo en general, y de la didáctica de las ciencias sociales en particular, tal como se pone de manifiesto en diversos estudios (Cuenca, 2010; Martín Son abundantes los grupos de investigación ya consolidados a través de la realización de proyectos I+D+i competitivos o tesis doctorales, que abordan los procesos educativos a través del patrimonio a partir de unas premisas básicas y coincidentes en gran parte. La investigación en el ámbito de la educación formal no es nada desdeñable, con trabajos como los de Ávila (2001), de Castro (2016), Gillate, (2014), González Monfort (2007) o Lleida (2010), centrados en el análisis de las concepciones y conocimientos del profesorado y en el papel del patrimonio como contenido y recurso en los procesos de enseñanza y aprendizaje en el ámbito formal. Así, son bastante abundantes los trabajos de educación patrimonial centrados en el análisis de las concepciones del profesorado en formación inicial (Cuenca López, 2003) y en formación permanente (Estepa, Ávila y Ruiz, 2007) y en el uso de diferentes recursos didácticos en la enseñanza y aprendizaje del patrimonio, fundamentalmente de los libros de a447 texto (Cuenca y López Cruz, 2014; Estepa Giménez, Ferreras Listán, López Cruz y Morón Monje, 2011). En esta línea no se debe olvidar citar las propuestas realizadas por el grupo HEREDUC (Heritage Education), como parte del programa Sócrates financiado por la Unión Europea. Se parte de la premisa de que la educación patrimonial necesita un lugar en el aula y el aula necesita un lugar en la educación del patrimonio (De Troyer, 2005). Por otro lado, en el plano internacional, se han desarrollado enormemente los estudios de museos desde múltiples perspectivas (Macdonald, 2011; MacLeod, 2001), siendo muy destacable la producción investigadora en el ámbito de la educación no formal, abordando análisis de las propuestas didácticas realizadas en museos o en centros de interpretación del patrimonio. También en esta línea, en el ámbito nacional, podemos encontrar los trabajos de Masriera Esquerra (2007), donde se hace un estudio comparativo de los planteamientos didácticos en diferentes centros de interpretación patrimonial, de Rico Cano (2009) sobre los materiales de museos, de Martín Cáceres (2012) sobre la comunicación patrimonial en el museo, de Tejera (2013), respecto al papel educativo de los museos virtuales o la interactividad en los museos (Santacana y Martín Piñol, 2010). En el mismo ámbito, pero más centrado en el uso de la tecnología aplicada al museo y a la educación patrimonial son relevantes los trabajos de Asensio y Asenjo (2011), Ibáñez (2011), Somoza (2011) o Vicent (2013). Aunque son más escasos los trabajos que relacionan patrimonio, identidad y ciudadanía, podemos resaltar algunos. Entre ellos, son de gran interés las reflexiones y estudios sobre patrimonio, paisaje y ciudadanía de Brusa (2011) o los de Semedo (2007) y Pinto (2011), donde se trabajan aspectos relacionados con museos, público y ciudadanía, así como los que conectan comunicación, museo e identidad (Copeland, 2009; Davis, 2007; Falk, Dierking y Adams, 2011; Semedo, 2015). De manera similar se pueden citar los trabajos de Martín Cáceres y Cuenca, (2011) o Estepa (2013), en los que se analizan las conexiones entre educación formal y no formal con respecto al patrimonio y la identidad y sus relaciones con propuestas de educación para la formación de ciudadanos. En la misma línea, las relaciones entre los ámbitos formales, no formales e informales en la educación patrimonial y sus conexiones con el campo de las escalas identitarias han sido objeto de estudio por Calaf (2010), Fontal (2003) o Gómez Redondo (2013), siempre trabajándose desde perspectivas interdisciplinares. A ello se unen los trabajos que abordan la evaluación de los programas educativos en museos y conjuntos patrimoniales (Fontal y Gómez Redondo, 2016; Vicent, Ibáñez Etxeberria y Asensio, 2015), aspectos a los que cada vez se les está otorgando una mayor relevancia en el campo de la investigación en educación patrimonial. A partir de aquí, el marco de referencia teórico desde el que se desarrolla este estudio pasa por considerar las conexiones directas entre patrimonio, identidad y ciudadanía. Así, se establece una visión del patrimonio y de la educación patrimonial de carácter sistémico, participativo, interactivo, complejo y sociocrítico. Los referentes iniciales de esta perspectiva teórica parten de la visión del concepto de patrimonio desde una perspectiva holística (Prats, 1997) y sistémica (Mattozzi, 2001). Para la definición de patrimonio se parte de múltiples visiones: antropológica, temporal y socio-crítica (Lowenthal, 1985; Sibony, 1998), a lo que se unen las relaciones identitarias, tal como se plantea en los trabajos de Fontal (2013). La educación patrimonial es la responsable de analizar y desarrollar propuestas didácticas (en contextos educativos formales, no formales e informales) de carácter investigativo, transdisciplinar y socio-crítico, en las que tanto el diseño y el desarrollo de finalidades, contenidos y estrategias metodológicas propicien la construcción de valores identitarios, fomentando el respeto intercultural y el cambio social, y conduciendo a la formación de una ciudadanía socioculturalmente comprometida. En este sentido, el principal problema que se ha tenido para poder desarrollar esas funciones educativas ha sido, en muchos casos, la propia concepción que se ha tenido de lo patrimonial. Hasta fechas muy recientes, ha imperado una concepción en la que el patrimonio se ha utilizado principalmente para construir o reforzar identidades colectivas excluyentes (Pérez Garzón, 2008; López Facal, 2010). El caso más significativo ha sido el uso dado para fundamentar los movimientos nacionalistas: sobre la base de las diferencias culturales, siempre planteadas desde visiones sociales excluyentes, el patrimonio servía para proporcionar argumentos historicistas que buscaban legitimar las reivindicaciones procedentes de los nacionalismos (López Facal, 2001). Los únicos elementos que se activaban, que se legitimaban socialmente como patrimonio (Prats y Hernández, 1999), eran aquellos que demostraban las pecu-a447 liaridades privativas de ese grupo que constituía el pueblo-nación, desestimándose cualquier otra que no sirviera para demostrar la especificidad nacional. No cabe duda de que esa concepción de lo patrimonial casa difícilmente con la realidad de las plurales (y complejas) sociedades actuales, en las que lo que prima es la multiculturalidad, la disparidad de orígenes del ciudadano (Kymlicka, 2007), y que no tienen por qué sentirse identificadas con esa visión de lo patrimonial. En ocasiones, el individuo puede llegar a sentirse excluido de las mismas, como ocurre en el caso de los ciudadanos de origen turco en Alemania (von Borries, 2006), o los inmigrantes de origen asiático, caribeño y latinoamericano que comienzan a instalarse en Canadá a partir de los años sesenta del siglo pasado, y que son totalmente ajenos a las culturas británica y francocanadiense sobre las que, en un momento dado, se erige la identidad nacional canadiense (Lévesque, 2011). Si con el patrimonio se busca, entre otras funciones socioeducativas, fomentar valores identitarios en los que, sin renunciar a la historia propia, se prime el principio del reconocimiento mutuo, la comprensión de lo ajeno, y la enseñanza de lo trasnacional y lo global (Radkau, 2011), con los que todos, autóctonos o extranjeros, puedan verse reconocidos (Jordán, Ortega y Mínguez, 2002), entonces se ha de partir de una concepción de lo patrimonial que exceda claramente a esa visión tradicional y permita reforzar el sentimiento de una identidad basada en la pertenencia a una civilización asentada sobre la salvaguarda de los principios democráticos, la justicia social y el respeto a los derechos humanos (Rodríguez Lestegás, 2009). Con las propuestas de educación patrimonial se trata de superar las barreras disciplinares, metodológicas y curriculares para que el patrimonio aporte todo su caudal educativo a la formación de la ciudadanía. Desde esta visión los elementos patrimoniales se articulan como un único hecho sociocultural constituido, de manera holística, por diversas manifestaciones de carácter histórico, artístico, etnológico, científico-tecnológico y medioambiental, que en conjunción permiten el conocimiento integral de las diferentes sociedades tanto del pasado como del presente, dando lugar a estructuras de identidad social que se convierten en símbolos culturales que permiten desarrollar visiones interculturales en la sociedad (Martín Cáceres, 2012). El patrimonio se convierte en un espacio multidisciplinar ya que se aplica a disciplinas tales como historia del arte, geografía, biología, geología, historia, física y química, antropología, etc., aunque nuestro planteamiento es avanzar de lo multi a lo interdisciplinar, relacionando los diversos conceptos implicados en el patrimonio para plantear la unicidad de la realidad y la importancia de los conocimientos integrados para conocerla. Las instituciones que participan como informantes en este estudio consisten en ocho museos y centros de interpretación españoles y otros ocho de Estados Unidos de América. Los criterios de selección de estos dieciséis centros se establecen en función de las diferentes tipologías patrimoniales que trabajan. La selección de centros informantes pretende contrastar diversos tipos de museos y espacios de presentación del patrimonio: parques naturales, museos de la ciencia, museos de historia y de arte. Para analizar los diferentes procesos de educación patrimonial en relación con la conformación de identidades y la formación a447 de la ciudadanía. En estos espacios culturales se han seleccionado centros patrimoniales de gran reconocimiento internacional por sus dimensiones y características del patrimonio conservado, y de gran impacto por el número de vistas recibidas. Se han seleccionado en función de las características sociales de los ámbitos establecidos, de gran carácter multicultural y tradicional conflictividad identitaria, con el objeto de comprobar si estas instituciones patrimoniales desarrollan programas educativos tendentes a la reflexión sobre los problemas identitarios y la conformación de una ciudadanía socio-crítica (tabla 1). En concreto, en España se trabaja con ocho centros patrimoniales seleccionados previamente por ser los más visitados en sus respectivas disciplinas dentro del marco de la investigación aquí presentado. Estos museos se encuentran repartidos en cuatro centros histórico-artísticos (Picasso de Barcelona, El Prado de Madrid, Guggenheim de Bilbao y Picasso de Málaga), dos museos de las ciencias (Cosmocaixa de Barcelona y Parque de las Ciencias de Granada) y dos centros de interpretación de la naturaleza (Parque Nacional de Doñana de Huelva y Timanfaya de Lanzarote). En el marco geográfico norteamericano se han seleccionado otros ocho centros siguiendo los mismos criterios en los estados de Arizona, California y New York, ámbitos territoriales y socioculturales que implican una complejidad en los aspectos de referentes identitarios, fruto de la alta tasa de inmigración existente, al igual que en el caso español. Así se seleccionan también cuatro centros histórico-artísticos (Heard Museum de Phoenix, Metropolitan y Guggenheim de New York y Getty Museum de Los Angeles), dos científico-tecnológicos (Arizona Science Center de Phoenix e IDEA Museum de Mesa) y dos de carácter natural (Grand Canyon Museum & Visitor Center en Tusayan y Natural History Museum de Los Angeles). La información se obtendrá a través de la observación de las salas de exposición de los centros culturales y de las actividades que se realizan por los visitantes en estos espacios. Posteriormente los datos se triangulan con las aportaciones de los gestores patrimoniales de dichos centros mediante entrevistas y grupos de discusión en los que participan junto a los propios investigadores responsables de este estudio. La recogida de información se realiza mediante unas fichas de observación y registro de datos y el análisis se desarrolla a través de un sistema de categorías preestablecidas ya validado por su empleo en otros estudios previos de características similares ( El sistema de categorías (tabla 2) se concibe como un instrumento que organiza el contenido y la estructura de las fichas de observación, guiando el proceso analítico de la investigación. Este instrumento se organiza como una hipótesis de progresión (Cuenca López, 2002) compuesta por tres niveles de evolución, estableciendo una evolución de los procesos de educación patrimonial desde la conceptualización más simple hasta la más compleja. Se compone de tres categorías de estudio que se dividen en diversas subcategorías e indicadores que facilitan la adscripción y la interpretación de las unidades de información en el proceso de análisis de datos, permitiendo abordar los estudios de una forma sistemática y rigurosa. La categoría I aborda el Concepto de patrimonio, y las variables que la componen tratan la perspectiva sobre la consideración del patrimonio, las diversas tipologías patrimoniales y el nivel de interdisciplinariedad que se desarrolla en las diferentes propuestas. En la categoría II, Modelo de comunicación patrimonial, se analiza el tratamiento didáctico de esos elementos patrimoniales, incluyendo el interés educativo del patrimonio, el papel que juegan en las propuestas didácticas tanto el profesorado, como los gestores, el alumnado y el público, los recursos y materiales empleados como apoyo a las diferentes experiencias, los tipos de contenidos trabajados, su integración y contextualización, la conexión de las propuestas con el entorno y las finalidades de todos los procesos educativos. Por último, las relaciones entre patrimonio e identidad se centran en el conocimiento de los elementos patrimoniales constitutivos de la identidad, sus representaciones, las escalas de identidad relacionadas también con el patrimonio y las conexiones entre las tipologías patrimoniales y las concepciones de identidad. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS Los resultados obtenidos en este estudio comparativo se van a presentar estructurados en función de las diferentes categorías que han guiado toda la investigación, contrastando en cada categoría los datos obtenidos de los casos españoles y norteamericanos, estableciendo también los paralelismos y divergencias entre las diferentes tipologías patrimoniales a las que se asocian los diversos centros patrimoniales. Categoría I: Concepto de Patrimonio En esta primera categoría de la investigación la consideración sobre el patrimonio y su conceptualización está directamente relacionada con el carácter de cada centro patrimonial, en función de la tipología patrimonial específica con la que trabaje (museos históricoartísticos, etnológicos, de la ciencia, de la naturaleza ). En el caso de los museos de carácter histórico-artístico, predomina fundamentalmente una visión unidisciplinar. Así sucede en los cuatros centros españoles, la materia objeto de conservación y estudio en cada caso marca enormemente las propuestas educativas. Se suele apreciar una perspectiva del patrimonio de carácter temporal, estético y estilístico y en muchas ocasiones excepcionalista, en función del trabajo con tipologías patrimoniales, en las que predomina el patrimonio artístico sobre todas las demás, siendo el referente museístico más valorado, al menos en lo que se refiere al número de visitantes dentro de las instituciones patrimoniales. En el ámbito norteamericano, la situación es la misma: el predominio de los valores artísticos, el desarrollo de propuestas unidisciplinares y la organización a partir de escuelas artísticas y referentes temporales. Pueden citarse casos de diversas exposiciones que de forma sumativa cuentan con una perspectiva multidisciplinar, es decir en conjunto el museo presenta diversas tipologías patrimoniales, pero no establece conexiones entre ellas. Sin embargo, el Heard Museum (Phoenix) realiza un planteamiento diferente, en el que la organización de los contenidos se establece en función de unos criterios más interdisciplinares, basados en problemas sociales actuales de las comuni- dades indígenas, en los que se relaciona la historia, el arte, la etnología y la tecnología, en un marco espacial, temporal y natural, tal como se ha considerado relevante en diferentes trabajos (Janes, 2007). En el caso de los museos de la ciencia y la tecnología y los espacios naturales es el trabajo con conceptos relacionados con la diversidad lo que establece el carácter diferenciador, aunque nunca se obvia la perspectiva temporal. También es muy habitual, en lo que a los centros del patrimonio natural se refiere, la consideración de referentes excepcionalistas, ligados a ejemplares en extinción (como es el caso del lince y otros animales y vegetales del Parque Nacional de Doñana y su entorno) y monumentalistas (como sucede con el Gran Cañón del Colorado, en Arizona). Tanto en el ámbito español como en el estadounidense se dan una serie de aspectos comunes bastante interesantes, relacionados con el tratamiento interdisciplinar de sus propuestas educativas. Tanto en los museos de la ciencia como en los parques naturales y museos de la naturaleza se percibe la necesidad de articular conexiones del entorno natural, social y cultural, ya que la naturaleza no tiene sentido sin la presencia e intervención del ser humano. Esto se percibe en Doñana, Timanfaya y Grand Canyon, pero se pone de evidencia especialmente en el Natural History Museum de Los Angeles, así como en otros museos de estas características. Los museos de historia natural en Estados Unidos encuentran su sentido en la explicación de la conjunción del medio natural con el medio sociocultural, de manera que la visión interdisciplinar es el referente fundamental, tal como debe entenderse cualquier proyecto educativo relacionado con los museos (Cuenca y Martín Cáceres, 2014). Por otro lado, hay que mencionar que en ninguno de los casos analizados, salvo en el citado Heard Museum, se plantea el trabajo a partir de problemas sociales relevantes de la actualidad, tal como se pueden desarrollar en espacios patrimoniales vinculados a conflictos socioculturales, en la línea planteada por Sevcenko (2010). Este hecho puede suponer de por sí un obstáculo para poder atender propuestas educativas relacionadas con la ciudadanía, especialmente si se consideran perspectivas patrimoniales excepcionalistas y unidisciplinares. Categoría II: Modelo de Comunicación del Patrimonio Existen casos de centros patrimoniales que no entienden la necesidad de desarrollar propuestas didácticas o lo dejan como una función secundaria dentro de las actividades de la institución (Cuenca López, Martín Cáceres, Ibáñez Etxeberria y Fontal Merillas, 2014). Afortunadamente esta situación está ya llegando a ser excepcional. Los grandes museos, como se evidencia en este estudio, están en la cabeza de la preocupación por diseñar proyectos educativos que hagan comprensibles, dinamicen y comuniquen a la sociedad el patrimonio que conservan. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones encontramos el uso del patrimonio como recurso didáctico para comprender las características socioculturales de una cultura (del pasado o del presente). En el caso de los museos histórico-artísticos, en los que el objeto de exposición es la pieza patrimonial o la obra de arte, muy escasamente encontramos exposiciones que estén diseñadas pensando en los tipos de público que pueden ser objetivo de su propuesta. Predomina de forma abrumadora la comunicación unidireccional, con el empleo fundamentalmente de recursos de carácter tradicional. Sin embargo, cada vez más se está empleando la tecnología para facilitar la comunicación (aunque sea también unidireccional). Es de destacar el caso del J. Paul Getty Museum de Los Angeles, en el que se emplean i-phones como recursos, cargados con una gran cantidad de información útil para el visitante, desde planos hasta actividades, pasando por supuesto por datos sobre todas las obras y exposiciones, en diversos idiomas. Por otro lado, es muy común el uso de redes sociales para la comunicación de los procesos de comunicación virtual del patrimonio, aunque hay que reconocer que este es un aspecto en el que aún debe avanzarse, para que realmente se conviertan en recursos interactivos para la dinamización y socialización del patrimonio (Ibáñez, Asensio, Vincent y Cuenca, 2012; Rodríguez Temiño y González Acuña, 2014). Igualmente en todos los museos norteamericanos la presencia de espacios, talleres y materiales didácticos diseñados pensando en el alumnado y en las familias es primordial desde su concepción original. Esto se está sintiendo de forma progresiva también en los centros españoles (como se puede comprobar en el Museo del Prado), aunque todavía queda mucho por trabajar en esta línea. A pesar de todo ello, lo que prima en todos los discursos museísticos es la transmisión de información ligada al tema central del museo, dejando en un segundo plano los aspectos procedimentales y actitudinales, que normalmente son abordados en talleres específicos. En cualquier caso, en estos centros de carácter histórico-artístico se desarrollan procesos de contextualización de los contenidos transmitidos y de su patrimonio asociado, centrados en los aspectos espaciales y temporales, aunque en muchas ocasiones se suele desarrollar exclusivamente indicando un lugar o una fecha más que buscando una conexión y comprensión de los fenómenos espaciotemporales y sociocultura-a447 les por parte de los visitantes. En este sentido, hay que citar de nuevo el Heard Museum, donde, junto a esta contextualización espaciotemporal, se persigue también atender al contexto social y actual de las comunidades que son tratadas en este centro patrimonial y los fenómenos culturales asociados a ellas. Con respecto a las finalidades del proceso de educación patrimonial, a pesar de que en los últimos años se ha percibido una modernización de los procesos de comunicación en los museos, haciendo en general múltiples esfuerzos para conectar estos centros con la sociedad, hay que decir que la finalidad básica que se promueve a partir de sus propuestas didácticas es la academicista (el aprendizaje de mucha información) y en determinadas ocasiones la propagandística, ligada a cuestiones de carácter político o al fomento del prestigio de una determinada comunidad o institución cultural, tal como se puede interpretar por determinadas exposiciones existentes en el Metropolitam Museum of Art de New York o en el Guggenheim, tanto de esta última ciudad como de Bilbao. La situación es bastante diferente en los museos de la ciencia y la tecnología. En estos centros se percibe en gran parte, tanto en los casos españoles como en los norteamericanos, que el objeto de atención es el público, más que los propios elementos patrimoniales, y sobre él gira todo el discurso y la propia selección de los contenidos que se transmiten. Además, el público escolar recibe un tratamiento espacial adaptado a sus necesidades e intereses. Así se percibe en casos como CosmoCaixa en Barcelona o IDEA Museum de Mesa. En ocasiones es tanta la dedicación al público infantil y a sus intereses que los centros se pueden confundir más con una ludoteca que con un espacio patrimonial, con una enorme cantidad de talleres y juegos que trabajan gran cantidad de contenidos procedimentales y actitudinales asociados a los conceptos que son el centro de la comunicación. Los museos de ciencias naturales y espacios patrimoniales de la naturaleza, al igual que los museos de ciencia y tecnología, cuentan con un gran despliegue de recursos, que combinan los más tradicionales (vitrinas, paneles ) con la más moderna tecnología, pasando por grandes representaciones integrales del entorno, que permiten desarrollar propuestas de contextualización funcional, espacial y temporal mucho más potentes y comprensibles para los visitantes. La finalidad en estos centros, aunque puede estar más centrada en trabajar los problemas de la conservación patrimonial y en la atención a aspectos de la práctica diaria (asociados a la gran cantidad de talleres que se plan-tean), no parece que pueda tampoco considerarse desde una perspectiva socio-crítica, ya que no se plantean por lo general cuestiones que permitan una reflexión sobre los problemas de la actualidad que promuevan el cambio reflexivo de carácter individual o colectivo. Categoría III: Patrimonio e identidad Es en este punto en el que podemos entroncar con los aspectos relacionados con la conformación de la ciudadanía, a través del reconocimiento de las identidades individuales o colectivas y de los elementos patrimoniales asociados a estos conceptos. En este caso, los museos de la ciencia y la tecnología aportan muy poco contenido a los aspectos identitarios y a la conformación de la ciudadanía (salvo en los aspectos más puramente prácticos), ya que se podrían considerar desde una perspectiva identitaria al ser centros asépticos en los que solo se busca conocer y reflexionar sobre los procesos científicos que dan lugar a la tecnología, pero no suelen asociar estos aspectos a sociedades o culturas específicas. Los museos de ciencias de la naturaleza o espacios naturales mantienen una perspectiva algo diferente ya que, especialmente los norteamericanos, plantean las relaciones del medio natural con el entorno sociocultural, lo que permite establecer vínculos entre el patrimonio natural y los factores identitarios de una sociedad (Mata, 2008). Sin embargo, en muchas ocasiones están ligados a estereotipos culturales o a convenciones sociales, más que a las señas propias de identidad de una comunidad social. Algo muy similar se puede decir de los centros histórico-artísticos, en los que las obras artísticas y patrimoniales se configuran como referentes identitarios, pero requieren un mayor nivel de comprensión y complejidad por parte de los visitantes, por lo que en muchas ocasiones se entienden más desde una escala identitaria individual que colectiva, atendiendo a cuestiones afectivo-emocionales vinculadas a las relaciones directas del individuo con el elemento patrimonial. Por otro lado, es evidente el sentido colectivo que los elementos patrimoniales pueden significar para la identidad de una comunidad cultural, pudiendo convertirse en una seña de identidad. Es aquí donde el patrimonio encuentra su relación con la conformación de la ciudadanía a través del desarrollo de los conceptos asociados a las identidades, desde la perspectiva de los museos comunitarios (Davis, 2007). Así, se pueden encontrar ejemplos en los que a través del patrimonio se aborda el concepto de identidad y la construcción de una ciudadanía crítica, como en el Museo de El Prado, el Metropolitan o, especialmente, el Heard Museum, quizás no de forma global en el conjunto a447 de estos museos, pero sí a través de determinadas actividades o exposiciones específicas que aparecen en ellos. Por último, a pesar de que todos estos centros, en mayor o menor medida, son museos y espacios patrimoniales de reconocido prestigio internacional, no se encuentran referentes que se asocien a visiones interterritoriales o de carácter multidentitario, a pesar de que en casi todos ellos aparecen representados gran cantidad de continentes, países, culturas, civilizaciones y paisajes naturales y culturales, del pasado y del presente, que podrían permitir abordar estas cuestiones y hacer propuestas mucho más complejas, significativas y culturalmente abiertas, para trabajar un concepto de ciudadanía global, comprensiva, inclusiva y multicultural. En síntesis, se puede concluir con la idea de que los grandes museos, independientemente del entorno o país en el que se encuentren, cuentan con unas características bastante similares, al menos en sus consideraciones externas. El concepto de patrimonio que predomina en ellos y su tratamiento educativo, los recursos y tecnología con los que cuentan son muy parejos. En los aspectos de contenido se encuentran situaciones también comunes, básicamente en la poca representatividad de los referentes identitarios (salvo en excepciones muy concretas), en las prácticamente nulas relaciones interdisciplinares de los elementos patrimoniales que conservan y en las escasas propuestas participativas y multidirecciones que se emplean en educación patrimonial, a pesar de los grandes medios y recursos con los que cuentan. Todos estos esfuerzos que los centros patrimoniales están dedicando cada vez más al campo educativo podrían reorientarse, de manera que permitan un tratamiento más interactivo y multicultural, similares a la línea que se desarrolla en la mayoría de los museos comunitarios norteamericanos, donde el centro de atención y objeto de trabajo no es el elemento patrimonial en sí, sino el público al que van dirigidas las propuestas didácticas, sus intereses, expectativas y demandas sociales, individuales y colectivas, para la formación de la ciudadanía y la conformación de identidades respetuosas con otras culturas. De esta manera, estos museos se convierten en centros de dinamización social a través del patrimonio, orientados a estudiantes y público en general, con sus correspondientes adaptaciones, que permiten abordar procesos de socialización patrimonial desde los primeros niveles educativos (Cuenca y Martín Cáceres, 2014). Esta propuesta ha de pasar por hacer un tratamiento de lo patrimonial próximo al modelo que promueve la educación intercultural (Jordán, Ortega y Mínguez, 2002), lo que significa potenciar la tolerancia, el respeto y la valoración de la diversidad cultural a partir del conocimiento de la propia cultura, y de la cultura y los valores del otro. Eso supone que hay que saber quiénes somos, eso que está marcado, de modo colectivo, por la etnia, la lengua, las tradiciones y formas de vida -es decir, las dimensiones étnica y cultural-, para poder extrapolar e intentar comprender cómo son ellos en esas mismas dimensiones (Ortega y Mínguez, 1997). Evidentemente, esto implica que aquellos elementos patrimoniales que se enseñan en los museos, y el propio discurso museístico que, como hemos visto, suele estar elaborado en términos nacionales, étnicos o culturales únicos, y en ocasiones excluyentes, ha de llevarse más allá: que esos elementos patrimoniales sirvan también, y sobre todo, para mostrar los muchos puntos en común que existen entre las distintas comunidades nacionales, culturales y étnicas que pueblan el globo, y las muchas interrelaciones y dependencias mutuas que nos unen. En otras palabras, la solución tal vez no se encuentre en hacer desaparecer el nosotros y el ellos, sino en hacer que el visitante al museo, que el alumno que observa las colecciones de El Prado, el Metropolitan o el Heard Museum se plantee críticamente quién conforma el nosotros y quién el ellos. Una de las características del modelo intercultural de integración es que se basa en conservar y promocionar lo específico de cada grupo cultural (Ortega y Mínguez, 1997). En definitiva, la idea que subyace es que con el museo se favorezca una visión crítica de la identidad que fomente, a su vez, el tratamiento de las identidades múltiples, de las fidelidades concéntricas inclusivas (López Facal, 2006), tan necesarias en estas sociedades marcadas por la multiculturalidad. Este estudio ha sido posible gracias a los equipos de trabajo y a la financiación proporcionada por los proyectos I+D+i Evaluación cualitativa de programas educativos en museos españoles (EDU2011-27835), Educación patrimonial en España: evaluación sistemática de programas, consolidación e internacionalización del OEPE (EDU2012-37212), Educación patrimonial para la inteligencia territorial y emocional de la ciudadanía. Análisis de buenas prácticas, diseño e intervención en la enseñanza obligatoria (EDU2015-67953-P) y la RED14: Red de investigación en enseñanza de las Ciencias Sociales (EDU2014-51720-REDT), concedidos por el Ministerio de Economía y Competitividad; el proyecto La formación en identidad regional en ciencias sociales a partir del
El presente trabajo realiza un análisis de la situación de la educación patrimonial basada en las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en España, presentando una síntesis de la legislación referente a la enseñanza del patrimonio para, posteriormente y a partir de la labor de revisión, caracterización y puesta en valor realizada por el Observatorio de Educación Patrimonial en España, definir una relación de variables estructurantes y presentar una selección de casos significativa de las tendencias actuales de cara a definir las perspectivas de futuro de la aplicación de las TIC para educación patrimonial en España. INTRODUCCIÓN: MARCO NORMATIVO De la LOGSE a la LOMCE: El patrimonio como materia curricular en España y su práctica educativa El patrimonio lleva veinticinco años presente de manera explícita en el currículo educativo español desde que con la LOGSE 1 (1990-2006) se incluyera entre los objetivos generales de Educación Primaria "conocer el patrimonio cultural, participar en su conservación y mejora y respetar la actitud de interés y respeto hacia el ejercicio de este derecho", vinculando su desarrollo a las áreas de Conocimiento del medio natural, social y cultural y Educación artística. La primera de ellas situaba entre sus objetivos "analizar algunas manifestaciones de la intervención humana en el medio, valorar críticamente la necesidad y el alcance de las mismas y adoptar un comportamiento en la vida cotidiana acorde con la postura de defensa y recuperación del equilibrio ecológico y de conservación del patrimonio cultural". Por su parte, en Educación Secundaria Obligatoria, el patrimonio se aproximaba a la dimensión actitudinal, encontrándose entre los objetivos generales de etapa "conocer, respetar y valorar las creencias, actitudes y valores de nuestro acervo cultural y patrimonio histórico-artístico" y "conocer y apreciar el patrimonio cultural y lingüístico de España, atendiendo a su diversidad pluricultural y plurilingüe". vida humana en el pasado y que valore la importancia que tienen los restos para el conocimiento y estudio de la historia y como patrimonio cultural que hay que cuidar y legar", y buscando la capacidad para "valorar y respetar el patrimonio natural, histórico, cultural y artístico, y asumir las responsabilidades que supone su conservación y mejora", aspectos incluidos como criterios de evaluación. Una novedad en el diseño curricular es la incorporación de una serie de estándares de aprendizaje que concretan cada criterio de evaluación hasta el punto de constituir en la práctica una serie de actividades obligatorias. Asociados a los criterios mencionados se hallan los siguientes estándares: "identifica, valora y respeta el patrimonio natural, histórico, cultural y artístico y asume las responsabilidades que supone su conservación y mejora; respeta los restos históricos y los valora como un patrimonio que debemos legar y reconoce el valor que el patrimonio arqueológico monumental nos aporta para el conocimiento del pasado; respeta y asume el comportamiento que debe cumplirse cuando visita un museo o un edificio antiguo; y aprecia la herencia cultural a escala local, nacional y europea como riqueza compartida que hay que conocer, preservar y cuidar". Así, podemos concluir que la LOMCE insiste en la dimensión histórica, y vuelve a incidir en acciones como el conocimiento, el estudio, la valoración, el respeto y la responsabilización ciudadana en el devenir del legado histórico y cultural desde la Educación Primaria, aunque cabría preguntarse si realmente desarrolla los contenidos históricos necesarios para dotar de herramientas al alumnado que le permitan comprender realmente el patrimonio (Pelegrín Campo, 2015). En Educación Secundaria, encontramos un despliegue de actuaciones en relación con el patrimonio, abordando contenidos explícitos relacionados con el patrimonio artístico, cultural, histórico, geológico, natural, literario, artístico y musical, así como la inclusión de contenidos de historia del arte en la asignatura de Historia Contemporánea de primero de Bachillerato. Si la lectura del marco normativo demuestra que el patrimonio ha tenido y tiene una presencia considerable en los textos curriculares en España que las concreciones autonómicas han desarrollado aún más (Fontal Merillas, 2016), el análisis de la práctica docente en España refleja un uso reducido. Así se desprende del estudio Análisis del tratamiento del Patrimonio Cultural en la legislación educativa vigente que, tras recoger que el 69,7% de los centros participantes en el estudio (n=682) declaraban que se podría mejorar la presencia del patrimonio en el currículum, desvelaba a448 que, frente al 80,8% de docentes que declaraban trabajar el patrimonio en su centro, tan solo el 18% había llevado a cabo algún proyecto, programa o actividad específica de innovación educativa en relación con el patrimonio cultural (Fontal, 2013). En la misma línea, estudios centrados en el análisis del tratamiento del patrimonio en los libros de texto indican que es usado frecuentemente como ilustración y recurso educativo, destacándose los elementos histórico-artísticos sobre otras manifestaciones patrimoniales pero predominando la consideración de los valores estilísticos y monumentales (Cuenca y López, 2014). Estos datos, puestos en relación con el análisis de la presencia del patrimonio en el currículum, pueden estar indicando que es frecuente que se sitúe la excusa o problema en las leyes educativas, cuando la normativa no solo es suficiente sino además completa en cuanto a los contenidos patrimoniales. La gestión educativa del patrimonio desde la administración: el Plan Nacional de Educación y Patrimonio El Plan Nacional de Educación y Patrimonio (PNEyP) forma parte de los Planes Nacionales de Patrimonio Cultural, creados como instrumentos de gestión de los bienes culturales, y cuya coordinación se realiza desde el Instituto del Patrimonio Cultural en España (IPCE) del Ministerio de Cultura. En 2013 se aprobó el PNEyP, que cuenta con dos programas generales, el de Investigación en educación patrimonial e innovación en didáctica del Patrimonio, y el de Formación de educadores, gestores y otros agentes culturales e investigadores en educación patrimonial (Fontal Merillas e Ibáñez Etxeberria, 2015). Los objetivos del PNEyP se centran en definir las bases teóricas y criterios de la educación patrimonial, fomentar la investigación e incorporarla como línea de desarrollo prioritario en el marco de los planes estratégicos de las administraciones; también pretende garantizar la implementación de la normativa educativa, al objeto de favorecer la inserción curricular de contenidos patrimoniales, su preservación, valoración y disfrute público, crear instrumentos de coordinación que garanticen la colaboración entre educadores y gestores, fomentar la elaboración de materiales educativos, integrar las líneas de actuación orientadas a la didáctica de los bienes patrimoniales en las herramientas de gestión del patrimonio cultural, difundir programas y acciones educativas y promocionar la cooperación española en programas y acciones internacionales (Domingo, Fontal, Cirujano y Ballesteros, 2013, pp. 7-8). La importancia de las TIC en el Plan Nacional de Educación y Patrimonio El PNEyP, tiene muy en cuenta la dimensión tecnológica de la educación y, dentro del programa dedicado a la investigación, se señala como línea prioritaria "la integración de las TIC en nuevos modelos de enseñanza-aprendizaje" (Domingo et al., 2013, p. 18), recogiendo un concepto abierto de TIC y reconociendo la variada naturaleza de sus manifestaciones y las posibilidades educativas que pueden derivarse de su uso en el trabajo con el patrimonio. Esta incorporación en los nuevos modelos de educación patrimonial se plantea como medio y no como un fin en sí misma. Se trata, en definitiva, de la aplicación de todas las posibilidades que brindan los entornos 2.0 y 3.0 al ámbito de la educación patrimonial, generando un escenario que permita una educación complementaria a la educación presencial, promoviendo la construcción de nuevos modos de organizar y acceder a la información y a los conocimientos. Sobre la base de estas cuestiones, el PNEyP define unos criterios o estándares de calidad deseables en las propuestas de educación patrimonial con uso de TIC, que se concretan en: claridad de ideas, programas y contenidos, así como herramientas y soportes de facilidad de uso (usabilidad) y funcionalidad (funcionabilidad) que permitan garantizar el valor efectivo y la buena aplicabilidad de estos nuevos modelos de enseñanza-aprendizaje; definición de recursos y actividades encaminados a distintos grupos, en función de edades y competencias; consideración de la heterogeneidad de los grupos presentes en las redes sociales educativas, favoreciendo un intercambio intergeneracional, interregional y multicultural en la construcción del conocimiento; dotación técnica y estímulo de su uso a los agentes implicados para favorecer su integración pedagógica; diseño de programas para la formación del profesorado y otros agentes, para que puedan estudiar a fondo las características y potencialidades de los nuevos recursos y crear contenidos que se ajusten a sus objetivos, así como la creación de narrativas integradas en el discurso que capten la atención del usuario. Considerando lo anterior y siempre en el ámbito de las TIC, el PNEyP establece cinco líneas de actuación específicas: formación orientada a los agentes patrimoniales, dotación de infraestructuras, desarrollo de software, análisis del impacto de las TIC en la educación y diseño de un portal web. Además, dentro del programa de investigación e innovación se define una actuación específica orientada al análisis del impac-a448 to de los medios de comunicación, redes sociales y otros medios virtuales en la formación patrimonial de la sociedad. En definitiva, se pretende profundizar en las posibilidades de localización, intercambio, debate y difusión que permiten las tecnologías de la información y comunicación. Ya en el segundo programa, dedicado a la formación, se hacen varias referencias a la formación en TIC, entendidas como recursos didácticos y medios de enseñanza-aprendizaje, para lo que se insiste en la necesidad de adquirir competencias que permitan aprovechar las potencialidades de estas tecnologías, sus puntos fuertes y débiles, un conocimiento logístico, el diseño de estrategias de enseñanza-aprendizaje, la búsqueda de un empleo efectivo de las TIC, etc. (Domingo et al., 2013, p. Por tanto, el PNEyP -que pretende incidir en las políticas educativas del ámbito formal, pero también no formal e informal-, ha situado las TIC como medios, contextos, contenidos y recursos para la educación patrimonial, lo que confiere a este plan un carácter actualizado y completo en la concepción de la relación entre patrimonio y TIC. ESTUDIO: ANÁLISIS Y EVALUACIÓN DE PROGRAMAS EDUCATIVOS QUE ABORDAN EL PATRIMONIO ME-DIANTE EL USO DE LAS TIC Tomando como punto de partida la legislación educativa y las herramientas administrativas al servicio del desarrollo de la educación patrimonial, proponemos un estudio que, partiendo del inventario y análisis de programas que se plantean el uso de TIC, determine mediante una evaluación basada en estándares, algunos ejemplos de buenas prácticas que sirvan para ayudar a definir enfoques y modelos adecuados en el uso de TIC en educación patrimonial. Para ello, utilizaremos como base los instrumentos que nos ofrece el Observatorio de Educación Patrimonial en España (OEPE), vinculado al PNEyP. Panorama de la educación patrimonial en España: OEPE El OEPE, nace con el objetivo de localizar, inventariar, analizar y evaluar los programas de educación patrimonial generados en España. Creado y desarrollado a partir de dos proyectos de I+D+i, ha generado una base de datos que contiene 1.700 entradas referenciadas, que inventaría hasta dieciséis tipologías educativas de programas de educación patrimonial (véase tabla 1). OEPE, integrado además dentro del PNEyP, cumple la función de investigación continua y seguimiento de las acciones y líneas proyectuales desarrolladas en la materia de educación patrimonial (Domingo et al., 2013, p. Dentro del programa de investigación en educación patrimonial e innovación en didáctica del Patrimonio, se define como línea específica la observación permanente de la educación patrimonial en España, en la que se espera del OEPE que aborde el seguimiento de cuantas iniciativas o líneas proyectuales sean desarrolladas en la materia objeto de su competencia, tanto en España como en el marco de la Unión Europea. Por ello el observatorio recoge también toda la información relativa a las actividades, programas, proyectos, planes, redes, jornadas, cursos, concursos, etc. que se lleven a cabo en España y, al mismo tiempo, sirve como herramienta de difusión de los programas más significativos, actuando como punto de encuentro para quienes deseen profundizar en la educación patrimonial (Domingo et al., 2013, p.19). Instrumentos y recogida de datos Los datos y evidencias referentes a programas y acciones de educación patrimonial se recogen desde el OEPE en dos fases, una primera de inventario de acciones y programas, describiendo sus características y, una segunda, donde se seleccionan aquellos que reúnen los estándares de calidad generales y específicos de cada tipología educativa. Así, OEPE emplea un sistema de filtros secuenciado, que parte de la búsqueda y localización de programas y acciones conforme a una serie de indicadores definidos por un equipo de expertos, que conforma una muestra amplia (véase tabla 2). Sobre esa relación de programas localizados, se aplica un segundo filtro en base a 23 criterios de inclusión y 14 de exclusión, que determinan en el tercer paso su inventario final en la base de datos. El cuarto paso es efectuar análisis estadístico-descriptivos, centrados fundamentalmente en conocer las tipologías patrimoniales y educativas, la geolocalización de los programas, el grado de concreción del diseño, el tipo de implementación o instrumentos que emplean, etc.; un tipo de análisis que resulta útil para detectar tendencias, ausencias y necesidades. En el quinto paso, se seleccionan aquellos programas que se aproximan a los estándares generales de calidad ya definidos, vinculados al diseño, la implementación y los resultados. De entre ellos, los que obtienen un mayor nivel de adecuación a los estándares son seleccionados para realizar en el sexto paso una evaluación extendida, donde se incluye además una evaluación específica relacionada con su tipología educativa. Finalmente, aquellos programas que destacan por su excelencia son seleccionados para realizar estudios de caso, individuales o sectoriales, según proceda. Este, a su vez, redefine los criterios de búsqueda iniciales, en una secuencia circular, de manera que se va tendiendo a la localización de programas más próximos a una educación patrimonial de calidad. De este modo, cerramos un círculo que nos permite definir un sistema de filtros basado en criterios de inclusión/excusión, análisis estadístico descriptivo, evaluación basada en estándares básica, evaluación basada en estándares extendida y estudio de casos (véase figura 1) (Fontal, 2016). Ficha de inventario OEPE Elemento clave del paso 3, acceder a la misma supone entrar de hecho en la base de datos OEPE, obteniendo el reconocimiento de acción de educación patrimonial desde el PNEyP. Esta ficha se organiza en cinco bloques dedicados a la identificación y localización, la descripción, los datos del diseño educativo, su relación con otras fichas y finalmente, si fuera el caso, un anexo documental. En conjunto, la ficha de inventario se compone de 42 campos más el anexo documental, que permite incluir documentos escritos, audiovisuales y enlaces (links). Tablas de estándares básica y extendida y anexo tecnológico En los pasos 5 y 6, encontramos la evaluación basada en estándares generales y específicos de cada una de las dieciséis tipologías educativas ya mencionadas (véase tabla 1). Los programas son analizados en aspectos referidos a su diseño, implementación y resultados. Además, tras la definición de estándares generales y específicos por cada tipología educativa, se efectúa una selección de programas para realizar un análisis de conteni-Figura 1. Sistema de filtros: procedimiento secuencial de selección de programas desde el inventario hasta el estudio de casos. Fuente: elaboración propia. a448 do y, tras una selección de programas referentes, una evaluación basada en estándares, centrada en analizar el enfoque/modelo teórico, los objetivos, la estructura de los diseños, la planificación de las actuaciones, el grado de cumplimiento y adecuación de la planificación (implementación), así como la calidad de los resultados e impactos generados (de Miguel, 2000, p. Los estándares básicos han sido definidos partiendo de los tres primeros análisis estadísticos en los que se analizaban 350, 644 y 1. 120 programas respectivamente, e incluyendo los criterios derivados del PNEyP, que se refieren a la calidad de la información sobre el programa y al grado de concreción del diseño (véase tabla 2). Esta herramienta cuantifica el grado de acercamiento al nivel óptimo de cumplimento del estándar de calidad, de manera que posteriormente se puedan unificar los informes. Para ello, se concretan en rúbricas que permiten identificar los criterios de evaluación para cada grado, en este caso cualitativo, donde A equivale a se alcanza con calidad, B a se alcanza, C a se alcanza con condiciones y D a no se alcanza. Este mismo sistema es el que permite la creación de la submuestra a la que se aplica, dentro del paso 6, la tabla de estándares extendidos, más específicos y detallados, y en la que además, relevante para este trabajo, se aplica un anexo de estándares específicos relacionados con la dimensión tecnológica para propuestas que impliquen el uso de TIC (véase tabla 3). A partir de ese momento, comienza el estudio de cada caso sectorial propiamente dicho, entre ellos, aquel al que se refiere este trabajo, para el cual ha-remos una selección de programas que, habiendo cumplido los estándares de calidad extendidos, hayan presentado resultados de manera pública, convirtiéndose en nuestros programas referentes. ANÁLISIS DE DATOS Y RESULTADOS: VARIABLES ESTRUCTURANTES Y PROGRAMAS REFERENTES Descripción de la muestra La base de datos OEPE contiene 1.406 programas inventariados 4 de los cuales, independientemente de su tipología educativa, 56 contienen el descriptor TIC, lo que viene a suponer el 3,98% del total (véase tabla 4). De los 56 programas clasificados como tecnológicos, 20 (35,7%) se incluyen en la categoría patrimonio inmaterial, 34 (60,7%) se localizan en la categoría patrimonio cultural, y en menor medida aparecen combinadas las categorías de monumentos: obra arquitectónica (5), patrimonio natural y cultural (4), monumentos: arqueología (3) o tan solo 1 programa en las categorías monumentos: obra escultórica; monumentos: inscripción en cavernas; monumentos: obra pictórica; lugares arqueológicos y por último en la categoría lugares: creados por el hombre. Si nos centramos en las tipologías educativas a las que atienden, quince son recursos didácticos (26,7%), once son proyectos educativos (19,6%), seis son proyectos de investigación (10,7%), cinco herramientas didácticas, cuatro acciones educativas, cuatro programas educativos, cuatro rutas o itinerarios didácticos, dos son redes y, dentro de las tipologías proyecto de mejora, diseño didáctico, actividad aislada, curso y taller encontramos un programa en cada una de ellas. Tabla de estándares extendida y anexo con criterios específicos para la dimensión tecnológica. Los 56 programas recogidos en este primer análisis estadístico-descriptivo han sido sometidos a la evaluación basada en estándares, habiendo resultado una selección de seis programas que son objeto del estudio de caso sectorial. Para ello, hemos partido de una curva media, mostrando aquellas propuestas que se sitúan en la franja B-C de cumplimiento de los estándares generales, de manera que reúnen gran parte de los estándares de diseño, implementación y resultados generales, y que se sitúan en la franja A en los estándares específicos (véase figura 2). Una vez sometidos a evaluación basada en estándares, encontramos que solo dos programas se sitúan en el grado de cumplimiento A, cuatro en el B y tres en el C, lo que genera una muestra de seis programas, cuya singularidad y grado de calidad nos permiten situarlos como ejemplos, y de los que proponemos un análisis detallado en base a lo que definimos en el siguiente epígrafe como variables estructurantes, para mostrarlos como programas referentes, convirtiéndoles en nuestra muestra sometida a estudio de caso. Caracterización de la muestra: variables estructurantes en educación patrimonial y TIC Todos los programas analizados pivotan sobre una serie de variables estructurantes que se complementan e interrelacionan. Estos conceptos que caracterizan la Tabla 4. Descripción cuantitativa de la muestra según fases de selección. Sobre esta concepción afectivo-simbólica del patrimonio, en relación a las derivadas educativas de la misma, asumimos como variable estructurante la estrategia de la secuencia significativa de procedimientos para la educación patrimonial de Fontal (2003), por la cual la dimensión afectiva del patrimonio se une de manera indisoluble, y al mismo nivel de significatividad, con el conocimiento conceptual básico, para así garantizar el conocimiento, preservación y transmisión del patrimonio en todas sus dimensiones. Estas ideas en torno al conocimientocompresión-comunicación y al despertar de valores individuales y grupales son el eje conductor y marco de referencia de las actividades educativas con el patrimonio como centro. La secuencia circular o en espiral Conocer para Comprender, para Respetar, para Valorar, para Cuidar, para Disfrutar, para Transmitir para Conocer, recoge de manera gráfica y sencilla los objetivos que debe tener la educación patrimonial (véase figura 4). Por TIC entendemos todos aquellos recursos que nos ofrece el mundo digital, en un continuo cambio, tanto el hardware fijo o móvil, como el software que hace que estos funcionen, programas y aplicaciones específicas o apps. No obstante, desde el punto de vista de la educación, consideramos que lo relevante es hablar de usos innovadores de la tecnología (Vicent e Ibáñez Etxeberria, 2012). Dentro de la segunda cadena de conceptos con capacidad de interrelación que nos permiten estructurar el tema, en primer lugar, hablamos de innovación educativa. Durante años, se ha aplicado una ecuación errónea al mundo de la integración de TIC en educación -y también en entornos patrimoniales-, según la cual, cualquier innovación tecnológica se convertía rápidamente en una innovación educativa (Salinas, 2004). En nuestro ámbito, por sus características favorecedoras de experimentación, en los entornos patrimoniales más diversos, se ha hecho un gran número de experimentos de integración de TIC, donde complejas y costosas -o no tanto-, instalaciones tecnológicas se han puesto al servicio del público, con la esperanza final de que el visitante o usuario de esos espacios aprendiera algo. Esa visión del proceso educativo como algo inevitable, ha provocado que, en muchos casos, innovaciones tecnológicas se presentaran automáticamente de manera ilícita como innovaciones educativas, cuando en muchos de los casos, la introducción de esas innovaciones solo ha supuesto un cambio en el medio transmisor del mensaje, pero los procesos transmisivos se han repetido sobre esquemas tradicionales (Ibáñez Etxeberria, Vicent, Asensio, Cuenca y Fontal Merillas, 2014). Esto se ha podido dar porque un gran número de intervenciones se han realizado al margen de los procesos de enseñanza-aprendizaje que debería buscar toda acción de educación patrimonial, independientemente del entorno formal o informal en que se encuentre el visitante o aprendiz. Así, esto supone un déficit fundamental si entendemos la enseñanzaaprendizaje de cualquier ámbito o concepto como esa vía de doble dirección donde el éxito de los procesos no se mide en el atractivo, innovación o calidad de los medios presentados, sino en la calidad del proceso educativo que queda finalmente reflejado en la conciencia del educando. Finalmente, y cerrando el círculo del aprendizaje en torno a la educación patrimonial, encontramos la variable evaluación, que estructuralmente -como lo demuestra la bibliografía-, es el eslabón más débil de esta cadena conceptual. Si asumimos la evaluación educativa como una herramienta indiscutible para garantizar la calidad de los procesos educativos y el instrumento que puede posibilitar la mejora continua de esos procesos (Lukas y Santiago, 2004), habremos de convenir que su aplicación debe ser un elemento indispensable que cierre el círculo de la innovación, de manera que podamos reflexionar, y sacar conclusiones, que permitan garantizar que los objetivos educativos se han cumplido y en qué medida, y si no ha sido así, saber por qué, y de qué manera debemos trabajar para subsanar estos déficits. Así pues, en este escenario deseable de educación patrimonial y TIC, tras el proceso de búsqueda y selección en base a estándares descrito, buscamos proyectos realizados sobre espacios de presentación del patrimonio, que contengan estas variables estructurantes. En su selección, buscamos registros que señalen que, mediante la integración y uso de TIC, se influye de manera positiva en los procesos de enseñanza-aprendizaje ligados a los objetivos de la educación patrimonial. El conocimiento y análisis de estos programas ha de permitir, desde la reflexión sobre la experiencia, una traslación y adecuación a otros escenarios, de manera que se permita participar colectiva-Figura 4. Secuencia significativa de procedimientos para la educación patrimonial. Fuente: Fontal, 2003 a448 mente en la creación de ese conocimiento compartido en torno a los procesos educativos que se dan con los elementos patrimoniales. Sobre estas premisas, obtenemos los seis proyectos que han conformado el estudio de caso sectorial y que narramos a continuación. Dentro de la gran oferta de rutas basadas en códigos QR impulsadas por los más diversos colectivos que encontramos en la actualidad en España, una muy interesante es el proyecto Invisible Maps. Surgido en 2011 desde el Museu del Disseny de Barcelona se presenta como "una iniciativa para localizar y hacer visible el patrimonio inmaterial de la ciudad". En opinión de los creadores, "a través del tiempo y los años la ciudad ha cambiado mucho, cada capa nueva transforma y oculta la anterior", por lo que "la participación ciudadana toma un nuevo valor con el objetivo de recuperar los recuerdos ocultos en la memoria de la gente, miles de fragmentos que se recomponen y ubican en la ciudad dejándonos comprender mejor el entorno urbano que nos rodea". Invisible Maps plantea una visión de Barcelona centrada en esta participación, destacando los hechos y lugares que han marcado profundamente las experiencias personales. De esta manera, crea un mapa del patrimonio invisible de la ciudad. La iniciativa se desarrolla a través de unos talleres en los que muestran al público cómo participar creando sus propios códigos QR para posteriormente transformar sus experiencias personales en contenidos digitales, vinculando el "yo interior" con el exterior de la ciudad. Estos códigos QR ofrecen la oportunidad de interactuar con el territorio y su historia, creando unos contenidos que son accesibles a través de tecnología móvil. Según los impulsores de esta iniciativa, los beneficios que se obtienen son: 1) conocer la ciudad y crear experiencias colectivas para una mejor comprensión del presente, 2) crear un diálogo entre tecnología y sociedad, 3) promover la participación interactiva ciudadana con componentes sociales y antropológicos, 4) facilitar a los ciudadanos una imagen de la propia ciudad donde viven comprensible y motivadora y 5) crear nuevos escenarios de comunicación, virtuales y reales. Evaluado externamente, el resultado es desigual. En cuanto a la participación e interés captado, si analizamos la actividad a través de su perfil de twitter, vemos que, durante los catorce meses de vigencia del proyecto, no generaron excesivas interacciones en torno al mismo. Por el contrario, si nos acercamos a la web, los rastros de los posts publicados demuestran un gran interés por la participación en los talleres de formación que, ante la demanda, hubieron de ser realizados varias veces. En cuanto a los resultados del proyecto referidos al contenido digital, este ha legado una serie de rutas minuciosamente estructuradas y organizadas, que tomando como base fotos, videos y textos escritos, consiguen aflorar los objetivos perseguidos, valorizando esa serie de patrimonios inmateriales personales y colectivos que también se aprecian en la web, y que demuestran que una actividad planteada secuenciadamente acaba teniendo un seguimiento por público que está interesado en participar en esos procesos de patrimonialización en red. Guía didáctica geolocalizada del Espacio Natural de Quilamas Otro proyecto interesante con uso de códigos QR en entornos patrimoniales, es el tour virtual sobre patrimonio geológico del Espacio Natural de Quilamas en Salamanca (Martínez Graña, Goy y Cimarra, 2013). Dicho proyecto crea un tour virtual que consta de diecisiete puntos geológicos o geosite destacables, que se crean en capas que se superponen en Google Earth. Este diseño y utilización de rutas se está popularizando con la integración de los GPS en los smartphones, y hoy en día, disponemos de múltiples apps que nos permiten crear nuestras propias rutas. En este proyecto se crea una ficha para cada punto, y la novedad es que en la misma se introduce una clasificación que nos remite a la apreciación de su valor científico, turístico y educativo (Bruschi y Cendrero, 2005). Este sistema califica cada elemento dentro de los tres ámbitos de referencia en torno a cuatro variables a las que otorga un valor de 1 a 3. Así, los criterios científicos son: abundancia-rarezadiversidad, relevancia en el entorno, utilidad para interpretar procesos, e interés científico y de investigación; los criterios educativos por su parte son: facilidad de comprensión, condiciones de visita, posibilidad de realizar actividades y asociación con otros elementos geológicos y, finalmente, los criterios turísticos son: proximidad a infraestructuras y equipamientos, calidad del entorno, accesibilidad y asociación con otros elementos de interés patrimonial (natural, histórico o cultural). Con esta idea, las rutas previamente diseñadas pueden ser preparadas desde nuestra casa o institución, pero a su vez, pueden ser insertadas in situ a través de la instalación de códigos QR, con un muy bajo impacto en el entorno. Con este tipo de trabajos, estamos ofertando recursos de aprendizaje a la comunidad educativa, transversales o limitados a una única área de conocimiento, para trabajar en el aula, en casa o in situ, que convierten nuestro patrimonio en objeto de aprendizaje. Así, las experiencias de aprendizaje se van extendiendo hacia el aprendizaje a lo largo de toda la vida, el aprendizaje de libre elección y el aprendizaje ubicuo, pero también incluyen las instituciones formales de aprendizaje, centros escolares a los que también se quiere llegar a través de una adecuada implicación del profesorado para poder garantizar una continuidad en los procesos de conservación y comunicación del patrimonio. Proyecto de trabajo QRcodificación de las calles de Rubí e Itinerario de Viladecavalls a Can Sanahuja Un buen trabajo de implicación de la comunidad escolar y de las instituciones locales son los proyectos QRcodificación de las calles de Rubí e Itinerario de Viladecavalls a Can Sanahuja (Silva, 2013). El primero consiste en el compendio de trabajos de diversos centros escolares que trabajaron sobre los nombres de las calles del centro urbano. Esta práctica habitual adquiere otra dimensión cuando toda la información textual y multimedia (imagen, audio y vídeo) se publica en un blog elaborado a tal efecto. En cada calle, se genera un código QR y, en colaboración con el ayuntamiento, se coloca debajo de cada una de las placas identificativas de la calle, para que cualquier ciudadano que disponga de un smartphone acceda a los trabajos realizados por el alumnado. Proyecto gemelo pero en entorno rural, es el Itinerario de paisaje de Can Sanahuja, donde, utilizando el mismo sistema, se puede acceder a los trabajos realizados por el alumnado sobre 25 puntos de diferentes elementos del paisaje: flora, fauna, cultivos, masías y vistas panorámicas que se encuentran en un recorrido por las afueras del pueblo, y que se recogen también en 25 blogs sobre los que se ha generado el correspondiente código QR, accesible desde placas que el ayuntamiento ha integrado en el paisaje. Un proyecto que da un paso más allá en cuanto a su concepción patrimonial, generación de contenido digital por parte del alumnado y participación social es, dentro del proyecto QRcodificación de las calles de Rubí, el trabajo realizado en torno a la conmemoración del 50 aniversario de la Riada de Rubí (Silva, 2013). Realizado por alumnado de secundaria, consistió en la realización de una ruta de siete puntos a lo largo de la actual riera de Rubí. Sobre cada punto, el alumnado de la ESO de diferentes institutos, realizó una investigación documental y gráfica que concluyó con la creación, sobre cada uno de esos siete puntos, de una pequeña galería fotográfica con imágenes de 1962 o anteriores, imágenes actuales, un texto explicativo y una grabación de audio con el contenido del mismo, así como un pequeño vídeo relatando cómo era aquel lugar hace 50 años. Cada uno de los ficheros de texto, imagen, sonido y vídeo se publicaron en Internet y se «empaquetaron» en siete páginas asociadas a cada uno de los puntos, sobre las que se generó un código QR, y en cada uno de los puntos seleccionados se instalaron paneles informativos que incluían un mapa de la riera con la situación del punto, una imagen del lugar en 1962, un texto y el código QR que enlazaba con el resto de información multimedia trabajada por el alumnado. Otra tendencia en educación patrimonial es la creación de apps específicas desde instituciones y museos, donde entendemos por app o aplicación de descarga rápida, un programa destinado a dispositivos móviles (tablets, smartphones), que presenta unas características especiales. Son más pequeñas y específicas y su uso suele limitarse a algo muy concreto, como juegos, herramientas para redes sociales, noticias e información, utilidades para fotos, vídeos o música. En este panorama expansivo, si a mediados de 2012 tan solo tres grandes museos de arte de España como el Guggenheim, el Picasso y el Reina Sofía contaban con una app (López, 2012), en la actualidad, una visita a los market nos ofrece una gran cantidad de apps entre las que elegir. Una de ellas, es la del MARQ de Alicante que, en versión gratuita, ofrece una app con actividades didácticas relacionadas con los contenidos de las salas para adultos y niños. La utilización de esta aplicación, en su versión para iPod, ha sido evaluada por Romero Cortijo (2013), que ha realizado un estudio con un grupo de 50 escolares divididos en grupo experimental y grupo de control, a los que ha preguntado sobre su percepción de aprendizaje y su satisfacción con la tarea. También ha triangulado la información con entrevistas a los maestros y con tareas de observación. Los resultados le permiten concluir que el uso de aplicaciones móviles como recurso educativo para la difusión del patrimonio arqueológico, en contraposición con la ausencia de materiales didácticos de apoyo o el empleo de recursos tradicionales, posibilita una mayor y mejor construcción de aprendizajes significativos por parte de los visitantes escolares en la medida en que se producen las condiciones idóneas a448 para el desarrollo de este tipo de aprendizajes. Con respecto a la estructura de la app, que presenta una serie de actividades educativas con respuesta de elección múltiple, concluye que la voluntad de dotar a la aplicación de un sistema de autocorrección produce que en ocasiones se roce un enfoque conductista basado en procesos automatizados de copia, en lugar de mecanismos de reflexión mental. Este blog consta de una galería de imágenes que tratan con personas y la interacción con sus patrimonios de referencia. Se pretende mostrar algunos elementos significativos de la arquitectura, el espacio urbano, el arte público y otras expresiones culturales. Estos elementos se han fotografiado y editado como un cartel por los alumnos del grado de educación primaria del Colegio Cardenal Cisneros de la Universidad de Alcalá, y los de la Facultad de Educación de la Universidad de Laponia de Rovaniemi en Finlandia. Un tema común en cada cartel es la inclusión de una parte del cuerpo humano, con el objetivo de transmitir cómo la gente común puede interrelacionar con el patrimonio, con el propósito de vincularlos a los propios referentes culturales. Al final, los estudiantes fueron invitados a subir sus trabajos a la página web con el fin de que fueran compartidos y apreciados públicamente. El formato de blog ofrece la posibilidad de admirar todos los carteles juntos en una galería única, y también dejar comentarios sobre cualquiera de ellos. De esta manera, se fomentan nuevas oportunidades para que el patrimonio resulte más cercano a la gente. El VIRtual Generator and Organizer (VIRGO) ha sido creado en el marco del proyecto Aplicación didáctica de la cibermuseografía de la Fundación Aragón I+D. Esta herramienta está estructurada en tres ambientes separados: un repositorio de piezas arqueológicas procedentes de la ciudad romana de Bílbilis en modelos digitales visionados a 360o grados, una sala virtual que simula un museo para crear exposiciones en 3D y que constituye el espacio de actividad del usuario; y el museo virtual en 3D para visitar las exposiciones creadas. El usuario selecciona del repositorio las piezas que van a conformar su exposición; posteriormente en la sala virtual elije, sitúa y da color a los elementos expositivos, ubica en ellos las piezas seleccionadas, redacta las cartelas y decide si incluir archivos que hagan la función de paneles explicativos o enlaces a videos del canal you tube del museo de Calatayud que sirvan como audiovisuales asociados a la exposición. El usuario adquiere, por tanto, un rol activo en la construcción de conocimiento a través de la reflexión sobre el propio discurso expositivo que quiere realizar mediante los objetos arqueológicos seleccionados de la colección. Supone un ejemplo de interactividad constructiva aplicada a la educación patrimonial propia de la web 2.0 que cuenta con escasos paralelos a nivel mundial, donde solo Clark RemixTM-uCurate podría considerarse similar pese a las diferencias contextuales y propiamente metodológicas. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES: TENDENCIAS Y PERSPECTIVAS DE FUTURO Tecnología móvil en espacios de presentación del patrimonio y museos en España: realidad aumentada, códigos QR y apps Podemos ver que la implantación de propuestas de innovación educativa mediadas por tecnología en entornos de presentación del patrimonio y museos se encamina hacia el desarrollo de actividades de educación patrimonial en las que las tecnologías móviles y el aprendizaje ubicuo van a ser los ejes básicos de desarrollo. A ello ayuda la imparable extensión de la tecnología móvil (smartphones y conexiones wi-fi y 3G-4G), que está permitiendo el desarrollo de aplicaciones sencillas y accesibles con actividades para entornos patrimoniales. Uno de los recursos con más recorrido va a ser la realidad aumentada (AR), entendida como aquella tecnología que permite al usuario ver en todo momento el mundo real, con superposición de objetos virtuales, coexistiendo en el mismo espacio visual (Azuma, 1997). Sus características principales son combinar lo real y lo virtual en un entorno real, poseer interactividad en tiempo real y ser un registro en 3D (Azuma et al., 2001), creando una realidad mixta y permitiendo disponer de mucha mayor información. La principal diferencia con la realidad virtual (VR) es que no sustituye la realidad física, sino que superpone la información digital en tiempo real, al mundo real (Basogain, Olabe, Espinosa, Rouèche y Olabe, 2007), permitiendo al usuario interactuar, además de ser más barata y accesible. Otra actividad en escena son los códigos QR, una evolución de los tradicionales códigos de barras, a los que accedemos con cualquier dispositivo móvil con cámara y una aplicación o app de lectura adecuada (Silva, 2013), cuya evolución futura podría llevarnos hacia los iBeacons. En la actualidad, debido a las ven-a448 tajas que ofrece este sistema de presentación y distribución de la información, hemos vivido una eclosión de su presencia en el ámbito educativo en escenarios patrimoniales. Su accesibilidad y bajo costo, pequeño impacto visual, la posibilidad de fácil de actualización y, hasta hace bien poco, su carácter modernizador y su reversibilidad, han hecho de esta tecnología uno de los campos activos en señalización cultural ligada al patrimonio, aunque hoy en día se esté encontrando en un franco retroceso. Este es el camino que previsiblemente seguirá la evolución de los iBeacons, pero por ahora su implementación se halla en fase inicial y solo se lo pueden permitir grandes equipamientos. Por ahora, la facilidad que tenemos para editar información digital y lo sencillo de crear los códigos QR, está ofreciendo la posibilidad de que la comunidad participe en la creación de sus propias rutas patrimoniales entendidas desde ese concepto moderno de patrimonio, en el que el grupo decide lo que es importante en su identidad. Su utilización y su devenir de uso nos dirá si esa ruta profundiza en el proceso patrimonializador que representa el modelo de pasos de Fontal (2003). Finalmente, el desarrollo de las apps en educación patrimonial, camina entre un nuevo furor y las limitaciones de su uso en condiciones que mejoren el aprendizaje. Todavía es pronto para sacar más conclusiones de las escasas evaluaciones realizadas, pero creemos que mientras este recurso lidera claramente el ámbito de la inclusión, a la vez se halla en una encrucijada de identidad educativa de la que habremos de ver su desarrollo futuro en base a unas potencialidades evidentes. Espacios de interactividad creativa y participación social El afianzamiento de la web 2.0, definida como espacio de interacción, participación y creación social por parte de los usuarios, posibilita actividades de elearning aplicadas a la educación patrimonial desde un planteamiento constructivista. La discusión y participación en blogs y redes sociales no siempre refleja un uso multidireccional de la información y también son todavía escasos los ejemplos de dinamización de redes sociales con finalidad clara de educación patrimonial y de creación de comunidades de aprendizaje on line. Cabe destacar diferentes iniciativas globales de twitter para dinamizar la red social con contenidos que podemos relacionar con la educación patrimonial, como 18 o. Asimismo, la presencia de proyectos españoles vinculados a la educación patrimonial en mundos virtuales, como second life, es muy escasa en comparación con las actividades de los países anglosajones (Vicent, Rivero y Feliu, 2015) y limitada a la reconstrucción de algún resto patrimonial. No obstante, en la actualidad asistimos a una reestructuración de la oferta en fun-Figura 5. Características principales que han favorecido la implantación de códigos QR en espacios patrimoniales. Fuente: elaboración propia. a448 ción de su adaptabilidad a dispositivos móviles y su adecuación a diferentes perfiles de público, por lo que podemos calificar el momento como de transición. Finalmente, la potencialidad de la web 2.0 para compartir información y crear recursos de manera colaborativa se ha plasmado en algunas iniciativas de recopilación de documentos para que pasen a formar parte del archivo digital del museo. Así, el proyecto Fotoscopia del Museo de la vida rural de L'Espluga de Francolí, lanzado en 2011, puede considerarse un ejemplo pionero al respecto. La creación de exposiciones virtuales on line por parte de los usuarios constituye otra vía de participación social de alta potencialidad educativa. Junto a iniciativas experimentales como VIRGO, no hay que dejar a un lado herramientas como la Open Gallery de Google que es previsible incorporen los museos incluidos en el Google Art Project, unos 30 de ellos españoles. Pero en cualquier caso de momento la utilización de la web 2.0 como herramienta para la educación patrimonial parece escasa respecto a su elevada potencialidad para desarrollar propuestas de enseñanza-aprendizaje constructivas y significativas (Martín Cáceres y Cuenca López, 2015). La necesidad de la evaluación en educación patrimonial y TIC No podemos terminar sin hablar de evaluación. Los escenarios patrimoniales son unos excelentes entornos para la implementación experimental de tecnologías emergentes. Sus posibilidades, su capacidad de atracción a públicos interesados, su valor positivo y su fácil venta social, entre otros, han hecho que, en los años anteriores a la actual crisis económica, hayan sido múltiples las iniciativas con base de tecnología digital en nuestros espacios patrimoniales (Asensio y Asenjo, 2011; Vicent e Ibáñez Etxeberria, 2012) pero en contraposición resultan muy escasos los ejemplos de evaluación científica de los resultados obtenidos. Uno de los primeros programas de los que tenemos constancia por la publicación de los resultados de su evaluación es el del programa de VR de caserío Igartubeiti en Gipuzkoa, el cual, en época temprana realizó una interesante, por precoz, evaluación educativa (Akordagoitia Murua, 2004). Un segundo proyecto evaluado de integración de la tecnología, en este caso móvil, en escenarios de presentación del patrimonio es el caso del Museo de Historia y Arte de Zarautz (Vicent, 2013). Este proyecto educativo se diseñó en base al triángulo aprendizaje informal-espacios de presentación del patrimoniomobile learning, con utilización de dispositivos móvi-les tipo PDA y GPS (Ibáñez Etxeberria, Jiménez de Aberasturi, Correa Gorospe y Noarbe de la Casa, 2005). En un primer programa se evaluaron los parámetros de portabilidad, accesibilidad, uso e impacto (Correa, Ibáñez Etxeberria y Jiménez, 2006), siendo mayoría los que declararon haber aprendido; sin embargo, se constató que existían serias dificultades para concretar el tipo de aprendizajes que se habían logrado. También se pudo apreciar la gran motivación que supone para los alumnos el realizar un trabajo de campo sobre el terreno y con este tipo de tecnologías. Una nueva versión del programa fue evaluada buscando el aprendizaje producido (Ibáñez Etxeberria, Vicent y Asensio, 2012, Ibañez Etxeberria et al., 2014). Los resultados confirmaron la alta satisfacción y la percepción de los dispositivos móviles como herramientas que mejoran las condiciones de aprendizaje y hacen que este sea más sencillo y agradable, así como que los contenidos trabajados a través de los mismos son bien adquiridos. En el proyecto del cibermuseo VIRGO la evaluación incluyó además entre sus dimensiones la carga de trabajo que conlleva la utilización de tecnologías complejas. Para ello se recurrió a un instrumento ya verificado: el índice de carga de tarea NASA-TLX (Hart y Staveland, 1988), que está diseñado para medir aspectos como la exigencia mental, la exigencia física, la exigencia temporal, esfuerzo, rendimiento y nivel de satisfacción. Su aplicación proporcionó como resultados una carga de trabajo global de entre el 66% y el 36% en función de los usuarios, si bien el nivel de frustración fue bajo mientras que el de rendimiento resultó alto. La información cualitativa proporcionada por los participantes en la evaluación explicó que esto se debía a que, una vez dominada la herramienta, su manejo resultaba sencillo y se puede aplicar a muchas actividades diferentes y en distintas etapas educativas por lo que finalmente su uso era muy satisfactorio (Rivero y Flores-Hole, 2014). Otra dimensión escasamente analizada es el proceso de interacción en los espacios web 2.0 de difusión patrimonial, que constituye una línea de trabajo emergente. Recientemente, nuevos proyectos relacionados con el uso de la tecnología móvil en espacios patrimoniales en España han publicado sus resultados de evaluación como Movilízate (García Andrés y Andrés López, 2014), y Arqueólogos del siglo XXI (González Sanz, 2014), pero ello no oculta que este ámbito se ha trabajado poco, y que supone uno de los ámbitos de la educación patrimonial y TIC que necesita una urgente mejora. Este artículo recoge resultados financiados desde tres proyectos financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad en el marco del programa de investigación fundamental no orientada: Observatorio de Educación Patrimonial en España. Análisis integral del estado de la educación patrimonial en España (EDU2012-37212), Educación Patrimonial en España: Consolidación, evaluación de programas e internacio-nalización del observatorio de educación patrimonial en España (OEPE) (EDU2009-09679) y Evaluación cualitativa de la acción cultural de yacimientos romanos con web 2.0 (CIVITAS) (HAR2013-48456-C3-3-P), así como desde del proyecto Apps, redes sociales, dispositivos móviles y ubiquitous learning en Educación Patrimonial (EHU15/16), de la Convocatoria de Ayudas a la investigación EHU-UPV 2015.
Esta investigación analiza las posibles fuentes de variación y discrepancias entre la calificación obtenida y la que espera obtener a final de curso el alumnado de Educación Secundaria en Historia, según la información recibida sobre los criterios de evaluación y la práctica de determinados hábitos de estudio. Tras la aplicación de un cuestionario con una muestra superior a 1100 alumnos de once institutos, el alumnado mejor informado tiene una diferencia menor entre la nota esperada y la obtenida; en cambio, entre los que afirman no conocer bien los criterios de evaluación, la diferencia es mayor. Percepción del alumnado sobre la evaluación de historia en Educación Secundaria Obligatoria: análisis de las calificaciones esperadas y obtenidas 2 a449 La coherencia entre las obligaciones de los alumnos y la práctica educativa debería garantizar que entre el alumnado no hubiera sorpresas sobre las notas que obtienen al finalizar el curso. En ello, cobran especial importancia la actitud del alumnado, la adquisición de unos hábitos de estudio y el conocimiento sobre cómo se les va a valorar. Por tanto, la información que el alumno recibe sobre los criterios de evaluación se convierte en una tarea muy importante para el correcto desarrollo de los procesos de aprendizaje y para conseguir una evaluación positiva. Conviene saber cuándo y cómo se informa a los alumnos sobre estos criterios, cuándo y cómo el alumno dice conocerlos y, por supuesto, la influencia o no de dicha información en la predicción y consecución de la nota final. Del mismo modo, es importante la predisposición del alumnado hacia la materia y la importancia que el profesorado otorgue al conocimiento que el estudiante debe tener sobre los criterios de evaluación. En este trabajo, se analizan las respuestas ofrecidas por el alumnado con relación a este particular. El interés por conocer algo más sobre el pensamiento del colectivo discente, al relacionar las calificaciones obtenidas con los resultados esperados, a tenor de variables como tiempo dedicado al estudio, la importancia de la materia, el tipo de exámenes y contenidos de los mismos, los hábitos de estudio, la información recibida sobre los criterios de evaluación, etc., nos ha llevado a la propuesta de realización de un estudio descriptivo e interpretativo, con metodología cuantitativa, aplicado a alumnos de 3.o y 4.o de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). La información recibida de los agentes implicados en el proceso educativo puede aportar datos de gran valor para entender mejor la realidad de nuestras aulas y comprender los porqués de los resultados académicos en ciencias sociales, así como el grado de corresponsabilidad en los mismos por parte del alumnado. De este modo, será posible enunciar propuestas y cambios, en su caso, para la mejora educativa (Porto, García y Navarro, 2013). En esta línea, autores como McIntyre, Pedder y Rudduck (2005) afirman que la motivación del alumnado y su actitud hacia la materia cambian de forma muy positiva cuando el profesorado tiene en cuenta sus opiniones y sus puntos de vista, pues les hace partícipes y corresponsables de los procesos educativos. Si los alumnos son una parte muy importante del proceso evaluador, será necesario conocer sus opiniones; en este sentido, hay trabajos que demuestran que las respuestas ofrecidas por los alumnos, en relación con la enseñanza y el aprendizaje en las distintas materias, indican que para ellos son muy importantes los procesos internos (Waug, 2009), además de los desarrollos finales. En este contexto surgen una serie de preguntas de investigación: ¿debería coincidir la nota que los alumnos esperan con aquella que obtienen?, ¿la información que recibe el alumnado sobre los criterios de evaluación es relevante en esta cuestión?, ¿en qué consiste y cómo se realiza ese proceso informador?, ¿ocupa un papel relevante en la percepción sobre la nota el desarrollo de unos hábitos de estudio? En este estudio se analizan las posibles fuentes de variación entre la calificación que el alumno espera obtener a final de curso (nota esperada o expectativa) y la que realmente termina alcanzando (nota obtenida) en geografía e historia de 3.o y 4.o de ESO. Coincidimos con Waugh (2009) al afirmar que el alumno tiene un mayor control y mejor relación con sus compañeros si su opinión se considera para la evaluación. Siendo la historia una disciplina en la que el profesor suele dirigir más el proceso evaluador, la consideración y mayor participación del alumnado en su evaluación produce más efectos a largo plazo en los resultados académicos, en comparación con otras materias (matemáticas, por ejemplo). Del mismo modo, conviene destacar que cualquier análisis que se realiza desde el punto de vista del discente está plagado de mitos, creencias y prejuicios que, obviamente influyen en la decisión que adoptan hacia el aprendizaje de cualquier materia (Heine y Maddox, 2009). En esta misma línea, Gentry, Gable y Rizza (2002) consideran que evaluar las clases desde el punto de vista de los estudiantes es importante, ya que las preferencias y perspectivas de los mismos son diferentes a las de sus profesores, lo que nos aportará datos desconocidos por el docente. A pesar de la abundante bibliografía existente sobre la evaluación en general, al ser considerada como una tarea cuya responsabilidad se le atribuye al colectivo docente, en ella no suele tenerse en cuenta la opinión del alumnado. No obstante, hay estudios que resaltan la conveniencia de contar con los estudiantes en este proceso, pues hace que desarrollen una actitud hacia la materia altamente positiva y satisfactoria en estos procesos. Journell (2010) ha investigado sobre la percepción del alumnado en alguna de las ciencias sociales, principalmente en historia y geografía, destacando la importancia de tener en cuenta la opinión del alumno. Heckert, Ltier, Ringwald-Burton y Drazen (2006) afirman que el esfuerzo del estudiante está más relacionado con la evaluación (actitud) del profesor que con la nota esperada. Además, el alumno de ESO agradece que se tenga en cuenta su opinión en esta materia, y al estar bien informado hace que sea más sencillo obtener resultados positivos, al tiempo que facilita los conocimientos. McCall (2006) indica que si el profesor comunica los objetivos a449 que hay que conseguir y el propósito de la asignatura, la actitud del alumnado es bastante más positiva. Para otros autores (Molina, Nunes y Vallejo, 2012) la evaluación formativa es un proceso bidireccional entre profesores y alumnos, con el fin de aumentar, reconocer y responder al aprendizaje. Esta es la oportunidad ideal para que los alumnos expresen cuáles son sus expectativas de aprendizaje y, sobre todo, aprendan de qué forma van a ser evaluados (Burns, 2010). Por su parte, Chevalier, Gibbons, Hoskins, Snell y Torpe (2008) indican que los estudiantes deberían ser entrenados para desarrollar una visión de sus objetivos en función de sus habilidades, lo que incidiría en sus expectativas sobre los resultados académicos. Según Heine y Maddox (2009), suele haber correlaciones positivas entre la nota que el estudiante obtiene académicamente y la nota que otorga al profesor; es decir, que los estudiantes que no obtienen buenos resultados evalúan mal al profesorado y a la práctica docente. Maurer (2006) estableció que una variable que afecta a la precisión de las percepciones del estudiante era la disonancia cognitiva. Esto nos lleva a pensar que la esperanza sobre los resultados de los alumnos con malos hábitos no será igual que la de aquellos que tienen buenos hábitos. Para la realización de esta investigación, se diseñó un cuestionario denominado Escala de Percepción de la Evaluación en Geografía e Historia (EPEGEHI-1), el cual fue aplicado al alumnado de 3.o y 4.o de ESO de la Región de Murcia antes de que conocieran la nota final del curso, revelándose así las expectativas sobre la nota que esperaban obtener. Para el análisis de los datos, se ha utilizado el paquete estadístico R 2.15 (R Core Team, 2012) y SPSS. El muestreo total se aplica a once institutos obteniéndose 1.117 encuestas válidas (error muestral:,7%). La muestra resulta homogénea en cuanto a sexo (53% varones, 46% mujeres). Las edades se distribuyen en tres grandes grupos: 39% con 15 años, 42% con 16, junto a un elevado porcentaje de repetidores (23%). La distribución del alumnado por niveles es la siguiente: • Estudiantes que cursan 4.o: De ellos se dispone de registros sobre sus tres notas de tercer curso y dos de 4.o (1.a y 2.a evaluaciones), además de la expectativa de nota final en 4.o. • Alumnado que cursa 3.o: De ellos se dispone de registros sobre las tres notas de segundo curso y dos notas de 3.o (evaluaciones 1.a y 2.a), además de su expectativa de nota final en 3.o. Se han contrastado las notas de las dos primeras evaluaciones junto con la nota final obtenida (por un lado) y la esperada (por otro). Así, se crean tres nuevas para tercer curso: "notas3_1" y "notas3_2", que no tienen valores faltantes; y notas3_3", formada por los sujetos que ahora están en 4.o. Por último, debemos destacar que la variable "expectativa de nota a obtener" se refiere al curso actual, así que para relacionarla con las notas de 3.o solo será válida si tenemos en cuenta los alumnos que ahora están en 3.o. Por tanto, mientras que para "notas3_3" solo teníamos datos de alumnos que están en 4.o, para "expectativa de nota a obtener" solo tenemos registros válidos para los que están en 3.o. Debemos tener presente que, en la actitud del alumnado sobre la nota final, es importante saber qué sabe sobre la forma de calificar la materia, es decir, si conoce los criterios de evaluación y calificación y su aplicación en los procesos de enseñanzaaprendizaje (Tabla 1) y el tiempo de estudio o de trabajo que le dedica a la materia de geografía e historia (es decir, los hábitos de estudio y su incidencia en el aprendizaje y evaluación de esta materia (Tabla 2). Una vez contestadas las cuestiones anteriores, se crea una variable agregada de información sobre evaluación, originándose dos grupos: alumnos que expresan estar bien informados y alumnos que dicen estar mal informados, averiguando además si esa información se recibe al inicio de curso o se produce de forma continuada a lo largo del mismo. Como también se pretende conocer la relación con los hábitos de estudio, en la Tabla 2 se reflejan las preguntas relacionadas con este apartado del estudio: Estas respuestas permiten crear una nueva variable agregada, denominada "Hábitos de estudio". Para su definición, se consideran alumnos con buenos hábitos aquellos que estudian una hora o más a la semana (recordar que geografía e historia se imparte tres horas por semana) y preparen el examen, como mínimo, el día anterior. En primer lugar, para analizar los resultados, se elabora una primera clasificación para conocer las notas obtenidas en las distintas evaluaciones, y aquella que esperan obtener en la evaluación final. En la Tabla 3 se muestra un análisis de descriptivos en el que aparece el número de estudiantes que han participado en la investigación (con las notas medias obtenidas y esperadas en las distintas evaluaciones de 3.o), distinguiéndose en función del curso en el que están matriculados. Se observan las mayores diferencias (signifi-a449 cativas, t(1099)=6,170, p<,01)) entre la nota obtenida y la esperada correspondiendo con la última evaluación. Tal y como se puede apreciar (Tabla 3), se observa que los alumnos obtuvieron notas medias muy similares en las evaluaciones 1.a y 2.a de tercer curso, tanto ese año como el anterior. A la vista de estos resultados, se plantea la siguiente cuestión: ¿Por qué esa diferencia entre la nota final (real) y la que espera obtener el alumno? En consonancia con el objeto de este estudio, se agrupa al alumnado en función de su conocimiento de tales criterios; es decir, en función de estar bien informado o mal informado (alumnos con buenos y malos hábi-Tabla 1. Preguntas del cuestionario relacionadas con la información que el alumnado recibe sobre los criterios de evaluación Tabla 2. Preguntas sobre el tiempo de estudio Fuente: elaboración propia. A principio de curso, el profesor nos informó de los criterios de calificación de la asignatura de ciencias sociales, geografía e historia. □ Sí □ No V2 ¿Para la evaluación, el profesor tiene en cuenta sobre todo la nota de los exámenes? Es decir, ¿los exámenes suponen el mayor porcentaje de la calificación final? □ Normalmente no estudio □ Menos de 1 hora semanal □ 1 hora □ De 1 a 2 horas □ De 2 a 3 horas □ De 3 a 4 horas □ Más de 4 horas a la semana a449 tos de estudio (Figura 1). Concretamente, se intenta contrastar si los resultados de los alumnos que durante ese año están cursando 3.o y los del año anterior son comparables en las evaluaciones 1.a y 2.a. Es decir, si sus notas no difieren estadísticamente en dichas evaluaciones. Al contrario, al comparar la nota obtenida en la 3.a evaluación de los alumnos de 4.o y la nota esperada en la misma evaluación por los alumnos que están en 3.o, observamos diferencias significativas (t(1099)=6,170, p<,01) con un intervalo de confianza del 95% para la diferencia entre expectativa y nota obtenida (,5999, 1,1599) y una estimación puntual de,8797. De esta manera, se plantea la posibilidad de explicar esta discrepancia teniendo en cuenta la información que dice recibir el alumno sobre los criterios de evaluación, para lo cual adquieren especial importancia los siguientes aspectos: • Información que el discente recibe a principio de curso sobre los criterios de calificación de la asignatura. • Averiguar si la nota del examen es lo que más puntúa en la evaluación final. Análisis de discrepancia entre la expectativa sobre la nota a obtener y la obtenida según el criterio de información (denotamos con Δ la estimación puntual de la diferencia) Nota media obtenida en ciencias sociales en 3.o de ESO Fuente: elaboración propia. Fuente: elaboración propia. • Otros aspectos (además del examen) que el profesor pueda tener en cuenta a la hora de evaluar: -Participación y preguntas de clase. -Comportamiento y actitud en clase. -Realización de las actividades que propone el profesor en clase. -Trabajos y deberes fuera del aula. Conocer los criterios de calificación de cada examen, con una clara especificación sobre lo que puntúa cada una de las preguntas de la prueba. Por tanto, ¿cuántos alumnos expresan que el profesor les informa al inicio del curso sobre los criterios de evaluación? Es decir, ¿cuántos contestan afirmativamente a la pregunta: "A principio de curso, el profesor nos informó de los criterios de calificación de la asignatura de geografía e historia"? La respuesta es abrumadora: el 94% indica que el profesor sí informa (Tabla 4). En el segundo caso, para tener una información más rigurosa y completa sobre los datos que el alumnado maneja en relación con los criterios de evaluación, se quiere conocer, además, cómo es esta información que el alumno dice recibir, cómo se plasma, en qué consiste y qué apartados incluye; para esto, trabajamos con las variables del cuestionario (v1, v2, v3, v4, v5 y v6; y v7 y v8). La información procedente de estas variables se organiza en otra nueva, denominada variable de información (v_info). Esta nos permite clasificar a los alumnos bien o mal informados con mayor rigor; ya no es válido que contesten afirmativamente a una sola pregunta; en este caso, los requisitos para considerar a un estudiante bien informado son los siguientes: si contesta afirmativamente a la variable v1 (puesto que únicamente admite las respuestas sí o no); que el sumatorio de v2, v3, v4, v5 y v6 sea mayor que 2 (prácticamente, todas las respuestas deben ser afirmativas) y, además, las variables v7 y v8 deben ser igual o mayor que 3 (casi siempre). Se trata de un criterio bastante riguroso, pues obliga al profesor a informar al inicio de curso sobre el valor de cada pregunta o apartado y, sobre todo, antes de la realización de los exámenes. En este caso, se obtiene un porcentaje muy bajo de alumnos que dicen estar bien informados de forma continua, es decir, a lo largo de todo el curso: solo un 15,5% dice conocer bien los criterios de evaluación. Es de destacar el elevado número de alumnos que dice no conocer de forma continuada el valor de los distintos apartados para la elaboración de la nota final (84,5%). ¿Por qué esta discrepancia? ¿Acaso el profesor piensa que únicamente indicándolo al inicio del curso el alumnado ya ha asimilado y entendido lo que tiene que hacer para superar la materia? Las categorías de alumnos bien y mal informados (según el criterio anterior) nos llevan a la reflexión de que quizá se haya sido demasiado exigentes y rigurosos al definir los parámetros que clasifiquen al alumno bien o mal informado a lo largo de todo el curso o de forma continuada, por lo que decidimos no exigir nada con respecto a las variables v7 y v8. A la hora de definir un nuevo criterio de información menos restrictivo ("Antes de hacer el examen, ¿te han explicado o recordado cómo se va a calificar?" y "Lo que vale cada pregunta, o lo que puntúa, ¿se especifica claramente en el examen?"). Para ordenar los resultados según estas variables, se crea la variable v_info2 o "Criterio de información sin tener en cuenta v7 y v8". Este es menos riguroso que el anterior, pues no obliga al profesor a indicar cómo se va a puntuar cada pregunta o parte de una prueba o examen, pero sí se tiene en cuenta la información que el alumno recibe al inicio del curso, fundamentalmente. El resultado en esta ocasión cambia sustancialmente, pues se obtiene un 98,4% de alumnos que reconocen que a principio de curso el profesor les informa de los Tabla 4. A principio de curso el profesor informa de los criterios de calificación Fuente: elaboración propia. criterios de evaluación (v1 hasta v6), alguno más que los de la pregunta directa v1 (94%). Por ello, se deduce que a principio de curso se informa al alumnado de forma general de los procedimientos y criterios de evaluación. Esta información no se ofrece con el mismo rigor a lo largo de todo el curso, de una manera más continua o permanente, pues el alumnado, en su inmensa mayoría, manifiesta no haber sido informado sobre aspectos como el valor de cada examen en el cómputo total de la evaluación, el valor de cada pregunta o apartado del examen, etc. (Tabla 5). Según la información anterior, volvemos a una de nuestras cuestiones cruciales, ¿influye en la nota que obtiene o espera el alumno la información que recibe sobre los criterios de evaluación? En la Tabla 6 se aprecian las diferencias entre alumnos bien y mal informados, y la nota esperada y obtenida y que, efectivamente, la información que el alumno posee sobre los criterios de evaluación es un factor determinante en la esperanza sobre las notas que espera conseguir, pues se observa casi un punto de diferencia entre lo que espera obtener y aquello que finalmente obtiene entre los alumnos mal informados, de 6,31 a 7,26 (t(927)=6,077, p=,000<,01) y de menor valor entre bien informados, de 6,38 a 6,96 (t(170)=1,581, p=,116). Por otra parte, se pretende averiguar si las diferencias observadas en las notas obtenidas entre los alumnos bien y mal informados son estadísticamente significativas. Para esto se procede a contrastar los resultados mediante una t de Student con las notas esperadas y obtenidas para los dos grupos. El resultado revela que se mantiene la discrepancia únicamente para los alumnos mal informados. Para los alumnos bien informados (Figura 2) encontramos que no hay diferencias significativas entre expectativa y nota real para la 3.a eval. (t (170)=1,581, p=,116). Se puede concluir afirmando que los estudiantes bien informados, en su previsión entre lo que esperan y obtienen, casi siempre aciertan; en cambio, los mal informados suelen obtener mayor nota de la que esperan, quizá por no conocer adecuadamente los criterios de información; es decir suelen ser más pesimistas en relación con el rendimiento académico. Como se ha indicado, también se pretende averiguar la relación entre nota esperada y obtenida en relación con los hábitos de estudio. Así, teniendo en cuenta los parámetros anteriores para identificar a los alumnos con buenos o malos hábitos, se obtiene una clasificación en la que se observa con mucha claridad que un Tabla 5. Variable de información Tabla 6. Nota media esperada y obtenida según criterio de información Fuente: elaboración propia. Criterio V_info2: Criterio de información sin tener en cuenta v7 y v8 V_info: Criterio de información 77,6% no tiene hábitos de estudio adecuados y solo un 22,4% puede considerar que tiene buenos hábitos (Tabla 7). En la Tabla 8 se presentan varios datos entre alumnos con buenos y malos hábitos, mostrando sus expectativas sobre la nota y aquella que realmente obtienen. Para los alumnos con buenos hábitos de estudio encontramos que sí hay diferencias significativas entre expectativa y nota real para la 3.a evaluación (t(807)=6,131, p=,000<,05), con un intervalo de confianza del 95% para la diferencia entre expectativa y nota real (,710, 1,322) y una estimación puntual de 1,016 (Figura 3). Para los alumnos con malos hábitos encontramos que no hay diferencias significativas entre expectativa y nota real para la 3.a evaluación (t(290)=1,733, p=,084). Por tanto, se deduce que los alumnos con buenos hábitos obtienen significativamente notas superiores de las que esperan, mientras que los alumnos con malos hábitos no difieren en su percepción entre la nota esperada y la obtenida. Esto podría reforzar la idea de que los buenos hábitos traen consecuencias positivas inmediatas, pues este alumnado es más exigente consigo mismo. Según los resultados de este trabajo, el alumnado no conoce -con claridad-cómo se le va a evaluar, pues las respuestas que ofrece para identificar si conoce los criterios de forma global, por apartados, inicial o continuadamente, ofrecen resultados distintos. Hay respuestas que discrepan según sea la pregunta, aunque el contenido sea el mismo; así, cuesta trabajo entender por qué el 94% de los consultados dice saber los criterios de evaluación al inicio del curso, y cuando esta pregunta no se le hace de forma general, sino que se divide entre los distintos elementos que influyen en la Figura 2. Relación entre notas, expectativas de notas y criterios de información en la 3.a evaluación del curso 3.o Fuente: elaboración propia. 2006), así como los de Zhao y Hoge (2005), la materia de historia aparece como la que menos gusta y está considerada de menor utilidad, según los alumnos; en este estudio estas conclusiones se pueden ver reflejadas en el gran número de estudiantes que no tienen buenos hábitos de estudio, pues si la materia les aburre o no les gusta, no le dedican el tiempo suficiente, lo que también influye en el pesimismo que suelen mostrar a la hora de predecir la nota, pues no se ha visto que se trate de estudiantes que prevean alcanzar calificaciones superiores a las obtenidas. Por otro lado, teniendo en cuenta estudios como los de McIntyre et al. (2005) y Waugh (2009), la actitud del estudiante ante la materia cambia positivamente cuando se siente partícipe y corresponsable del proceso educativo; o los estudios de Burns (2010), al afirmar que la evaluación formativa es un proceso bidireccional entre profesores y alumnos, con el fin de aumentar, reconocer y responder al aprendizaje; también se desprende de nuestro estudio que, como parte de este proceso educacional, conocer de primera mano lo que nuestros alumnos saben sobre todos los aspectos que intervienen en la evaluación a lo largo del curso es un elemento de vital importancia y que incide directamente en la opinión que el alumno tie- 2006). En este estudio, consideramos que los alumnos podrían haber acertado más en sus expectativas a partir de la motivación que produce conocer los factores que intervienen en el proceso evaluador; es decir, que para la motivación del alumnado sobre una asignatura y las tareas para obtener una evaluación positiva, se manifiesta como relevante el conocer su opinión y que el profesor se interese por saber qué opina el alumno y qué conoce sobre lo que hay que hacer durante el curso. Cuanto más se trabaja con las impresiones de los estudiantes, más coincidencia hay en las expectativas del alumnado en relación con los procesos de evaluación para el aprendizaje (Waug, 2009). También en este caso, se ha visto que un alto porcentaje de alumnos (84,5%) dice no tener una información continuada sobre la forma de evaluar por parte del profesor a lo largo de todo el curso, lo que está directamente relacionado con un mayor error en la previsión sobre los resultados que desea obtener; de ahí la necesidad de conocer lo que el alumno espera de la materia y explicar los procedimientos o técnicas para que esa esperanza se modifique a mejor o sirva para crear certidumbres en los discentes. En historia, el alumno manifiesta su dificultad no tanto en el desconocimiento de la materia, como en saber el mundo en el que ha de estructurarla para las exigencias evaluadoras; es decir, si relacionamos esto con la participación, ¿sabe un adolescente lo que es participar?, ¿o cuánto ha de participar para que se tenga en cuenta al máximo en su puntuación?, ¿distingue bien y distribuye los espacios y tiempos según la importancia de cada aspecto que hay que tener en cuenta en la evaluación? Lógicamente, estos apartados difíciles de cuantificar pueden producir desorientación e influir en una previsión equívoca de sus posibilidades. Por otro lado, si el alumnado, en los últimos días de curso, muestra dudas sobre la nota que ha de obtener y no espera resultados muy buenos (en general), habrá que incidir en la necesidad de ofrecer la información de forma continua y lo más clara posible. En este caso, coincidimos con Heine y Maddox (2009) cuando afirman que existe una correlación positiva entre notas obtenidas y el grado de información que posee el alumno. Otro aspecto importante que se deduce de este trabajo es que la práctica de unos buenos hábitos de estudio permite obtener puntuaciones mayores en la materia (7,35 frente a 6,76 de los malos hábitos), aunque sus expectativas iniciales sean bastante inferiores a las notas reales. Aún teniendo este desfase importante entre lo que se espera y lo que se obtiene, los alumnos con buenos hábitos suelen tener una previsión de la calificación que siempre es más alta (6,33) que la que manifiestan los alumnos con malos hábitos (6,27), aunque al conocerse las puntuaciones haya menos diferencias entre el colectivo con peores hábitos de estudio. Como se ha dicho anteriormente, tal vez se deba al esfuerzo y exigencia propia de los alumnos con buenos hábitos. El elevado número de alumnos con malos hábitos (77,6%) nos podría llevar a relacionar este dato con otros factores que intervienen en la educación o con consecuencias como el fracaso escolar. Esta mayoritaria práctica sobre la materia no lleva a la desorientación e inseguridad propias de no dedicar el tiempo necesario al estudio. Por consiguiente, el alumnado que conoce mejor en qué consiste la evaluación y pone en práctica sus obligaciones, tiene mejores expectativas sobre sus resultados académicos. Coincidimos con Chevalier et al. (2008) en ese reconocimiento por parte del alumnado de sus posibilidades académicas. Esta necesidad que debe tener el profesorado sobre lo que el alumnado conoce de la materia, de la evaluación, de las explicaciones, de la estructura de las clases, de sus obligaciones como estudiante, etc. permitirá que, a la hora de adoptar las serias y responsables decisiones sobre una evaluación lo más completa posible (o como últimamente se ha denominado: evaluación auténtica), tenga más elementos y criterios para llevarla a cabo con objetividad. Esto también se refleja en trabajos como los realizados por McIntyre et al. (2005) cuando afirman que, al preguntar a los estudiantes por los distintos procesos educativos, nos aportan datos y detalles de los procesos internos, y no solo de lo a449 que se ve. Tal y como se observa en los resultados, los estudiantes bien informados, en su previsión entre lo que esperan y obtienen, suelen acertar más, es decir, la nota que esperan obtener tiene un mayor grado de coincidencia con la nota que obtienen; y los mal informados, en cambio, tienen menores posibilidades de predecir sus resultados con éxito, e incluso encontrándose en los últimos días del curso suelen manifestar una actitud más pesimista frente a la nota final. Quizá haya que replantearse cómo ha de ser esa información, que por ley el docente ha de ofrecer al alumno sobre los criterios de evaluación. No se trata de comunicarlo durante los primeros días de clase, pues el curso es largo y habrá aspectos que no se entiendan adecuadamente hasta que no se lleven a la práctica. Tampoco es operativo colocar la información en cualquier lugar y pensar que el alumno la consultará cuando le sea necesario. Como se ha expresado antes, a principio de curso se informa al alumnado de forma general de los procedimientos y criterios de evaluación, pero esta información no se ofrece con el mismo rigor a lo largo de todo el curso de una manera continuada. Será el día a día lo que facilite a los estudiantes una predicción de nota con el menor índice de error posible y a partir de su implicación en el proceso educativo. En este punto se observa una relación muy elevada con la evaluación formativa o procesual, tan importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje y tan demandada en los últimos años. Este trabajo es resultado de los proyectos de investigación Criterios, procedimientos e instrumentos de evaluación de los contenidos de Geografía e Historia en el segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (08668/PHCS/08), financiado por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia en el marco del II PCTRM, y La evaluación de las competencias básicas en Educación Secundaria Obligatoria desde las ciencias sociales (EDU2012-37909-C03-03), subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad. Alumnado Porcentaje (Frecuencia) Porcentaje (Frecuencia)
Se estudia la conveniencia de incluir el concepto de histéresis en las disciplinas humanistas, así como la necesidad de incorporar el análisis de los fenómenos donde aquél participa. La histéresis se produce en los más diversos campos de la acción y el pensamiento humanos, y su estudio contribuiría a completar y perfeccionar la visión que tenemos de los mismos. Al realizar la inclusión que aquí se propone, se operan varios cambios de orden epistemológico, operativo y conceptual. En las disciplinas humanistas, los conceptos vienen asumiendo por tradición el papel de herramientas analíticas en bastante mayor medida que el de contenidos sobre los que efectuar el análisis. La histéresis manifiesta su alcance como hecho a analizar y también como herramienta de análisis, pero en el caso presente hemos tenido en cuenta más aspectos del segundo enfoque que del primero. De aquí que nos hayamos centrado en ubicar su campo epistemológico. FUNDAMENTOS DE LA HISTÉRESIS El fenómeno de histéresis se define como la capacidad de ciertos materiales para conservar algunas de sus propiedades, en ausencia de las causas o circunstancias que las ocasionaron. Desde una perspectiva diacrónica, también puede entenderse como la cualidad que poseen ciertas materias o productos para depender, no tanto de las circunstancias en las que se hallan en un momento dado, como de todo el proceso por el que se ha llegado a las mismas. En cierta medida el fenómeno de histéresis evidencia lo que pueden definirse como "estados no reversibles" de un sistema, o más aún, como "sistemas propiamente no reversibles"; es decir, sistemas que gozan de una "linealidad unidireccional", pues al ser sometidos a las circunstancias inversas a las que dieron origen a una situación, el sistema no logra regresar a su estado inicial. La mente y las sociedades humanas se comportan más bien como sistemas no reversibles. Cuando una persona tiene una experiencia profunda, digamos en su infancia, o se ejercita en un tipo de habilidad o aprende ciertas técnicas mentales, ya no tendrá ninguna opción para regresar al estado previo a estos hechos. En las sociedades humanas sucede de manera similar: nunca se ha dado el fenómeno de un regreso a una situación original por medio de operar acciones inversas a las ejecutadas anteriormente, ni aún en el caso de que tal regreso haya sido la meta declarada del conjunto social o de una mayoría considerable de su clase dirigente. CIENCIAS FÍSICAS Y DISCIPLINAS HUMANISTAS: EXTRAÑOS VECINOS Hace ya más de medio siglo que Snow pronunció su célebre conferencia sobre Las dos culturas donde establecía que los científicos creían que los literatos reducían la vida "al momento existencial", y los literatos consideraban a los científicos como "especialistas ignorantes" que no habían leído ni una de las obras clave de la civilización occidental (Snow, 1987, pp. 14 y ss.). Hoy en día la relación entre ambas "culturas" se realiza, más que a través del método científico, por medio de la tecnología, ya que incluso los humanistas más alejados de la ciencia utilizan ordenadores y otras muchas herramientas digitales. Las posiciones epistemológicas, sociales y culturales entre ambos tipos de conocimiento distan mucho de haberse acercado un solo paso. Esta investigación quiere responder a las preguntas: ¿por qué usar conceptos específicos de las ciencias físicas en las disciplinas humanistas? y ¿por qué las disciplinas humanistas han dejado de ser capaces de elaborar por sí mismas sus propios conceptos? Hace unos años, Bent Flyvbjerg publicó una obra en la que el tema central era por qué las investigaciones sociales fracasan y qué se podía hacer para que tuviesen éxito. 2) ha desarrollado un enfoque neoaristotélico basado en el concepto de phronesis, considerando que ocupa un ámbito bien diferenciado de la episteme o conocimiento científico, y de la techné o conocimiento del buen hacer. En su opinión, en la medida en que las investigaciones sobre el hombre y la sociedad se plieguen en exclusiva, bien a la episteme, bien a la techné, verán su desarrollo limitado y deformado. Por ello nos formulamos estas otras preguntas: ¿son posibles una teoría y una epistemología de las ciencias sociales?, ¿pueden las ciencias políticas y sociales ser científicas en el mismo sentido que lo son las ciencias naturales? Hay que asumir que hasta el momento las disciplinas humanistas no han conseguido elaborar conceptos que sirvieran para construir epistemológicamente sobre estratos sucesivos. 13) escribió un prefacio para su obra El pasado de la mente en el que, tras comentar que desde los tiempos de William James se había intentado convertir la psicología en una ciencia natural sin conseguirlo, afirmaba con rotundidad que "la psicología propiamente tal ha muerto". Y añadía: "lo paradójico es que todos, excepto los psicólogos, sabemos que la psicología murió". Fenómenos similares han sucedido en los ámbitos más diversos de las disciplinas humanistas. La figura de Hans J. Morgenthau, uno de los politólogos más influyentes del siglo XX, puede servir de ejemplo, en la medida en que elaboró con detalle una prestigiosa teoría de las relaciones internacionales. Él mismo decía que su teoría debía ser juzgada no en términos abstractos o a priori, sino empíricos y pragmáticos. Su objetivo era "llevar orden y significado a una masa de fenómenos que sin ella permanecerían desconectados e ininteligibles" (Morgenthau, 1993, p. Leer a Morgenthau es sumergirse en las profundidades de una mente erudita y compleja (Barbe, 1987), pero la visión estrictamente racionalista y epistémica de las relaciones internacionales que él pretendía fundar sufrió un duro golpe solo con una película de intriga de los años ochenta, Juegos de guerra, dirigida por John Badham, que hizo famosa una frase referida a la guerra nuclear: "extraño juego. El único movimiento para ganar es no jugar". A pesar de la obra teórica de Mor-a450 genthau, la política internacional sigue llena de fenómenos impredecibles que solo es posible racionalizar a posteriori. ENFOQUES PARA UNA RESPUESTA: EL LENGUAJE Vamos a desarrollar tres tipos de respuestas posibles a las preguntas formuladas. La primera tipología se refiere a la unidad de la ciencia; la segunda, a la unidad metodológica; y la tercera, a la precisión de los conceptos. La idea de la "unidad del conocimiento" se remonta a la antigüedad griega pero su alcance ha sido tan discutido como la propia entidad del "conocer". Cuando hablamos de conocimiento en general la noción de "unidad" se desestabiliza y se hunde como si la hubiésemos situado sobre arenas movedizas, ya que la episteme, o conocimiento de algo objetivable, repetible, estable y perdurable como para que pueda ser estudiado sub specie aeternitatis, poco tiene que ver con el doxa, u opinión sobre un hecho perecedero e irrepetible, y tampoco tiene mucho que ver ni con la techné ni con la frónesis, es decir, con la habilidad para realizar bien algo material o para enjuiciar con criterio y lucidez una situación poco definida y cambiante. Cuando nos referimos solo a episteme, a ciencia, y no a toda la gama de "conocimientos", la unidad de la misma se nos antoja mucho más factible, pero hemos de ser prudentes, pues tal unidad ha sido discutida por los propios científicos durante décadas e incluso siglos. Si meditamos con detenimiento llegaremos a la conclusión de que tal unidad atañe al menos a tres tipos de componentes: a) lingüísticos, b) epistemológicos, c) metodológicos. Si no se cubren los tres aspectos, la unidad de la que hablamos puede fracasar en cualquier momento. El aspecto lingüístico es el que más directamente nos atañe, ya que tratamos de establecer la pertinencia de un concepto, un término propio de las ciencias físicas, en el entorno de las disciplinas humanistas, y además afirmamos que tal concepto cubre un aspecto trascendente para la comprensión adecuada de una amplia variedad de fenómenos sociales y humanos. Con esto puede parecer que "fisicalizamos" las disciplinas humanistas o pretendemos acercarlas a la Ciencia Unificada, según los criterios del Círculo de Viena (Kraft, 1966; Rayward, 2008; Gelb, 1976). Pero en modo alguno es nuestra intención. A este respecto hay que destacar que los componentes del Círculo de Viena, y en particular Otto Neurath y Rudolf Carnap (Ayer, 1993), sí se adentraron en muchos aspectos de las disciplinas humanistas, y ofrecieron en su ámbito numerosas propuestas. A este conjunto de acciones pertenece, por ejemplo, el proyecto ISOTYPE, lanzado por Neurath, de donde proviene la idea de "isotipo" o tipo icónico estandarizado para representar una cierta idea. Es decir, hablamos del intento de "fisicalizar" una parte de la escritura, y también del diseño gráfico y de la señalética. El proyecto ISOTYPE partía de la idea (errónea cuando se aplica al conjunto de las disciplinas humanistas) de que las palabras dividen (diversos idiomas) y las imágenes unen (una misma percepción), y por ello proponía la sistematización internacional de un lenguaje de signos icónicos lineales y sin perspectiva, de manera que pudiera transmitir ideas sociales y datos cuantitativos sin necesidad de palabras pertenecientes a idiomas concretos. Esto es, un regreso a formas pictográficas propias de la etapa previa a la fonetización de la escritura (Gelb, 1976). El proyecto ISOTYPE, pues, puede considerarse representativo de cómo la idea de "avanzar" en el terreno científico y en la profundidad epistemológica en las disciplinas humanistas puede conducir a resultados exactamente opuestos a los que persigue. Es una ambición que llega a generar entornos rígidos que perturban o impiden la creatividad y la innovación, proponiendo el regreso a fases pretéritas y ya superadas en el desarrollo cognitivo. La única alternativa posible al fisicalismo era una reforma radical del lenguaje ordinario, y esto podía conseguirse, en opinión de Rudolf Carnap, mediante una lógica simbólica estandarizada. Una pulsión que también está presente en Wittgenstein, John Austin, Alfred Ayer y otros muchos filósofos analíticos y del lenguaje (Katz, 1971; Lledó, 1995; Glock, 2012). El fisicalismo tiene la forma de una proposición que se demuestra a sí misma, jamás duda y nunca falla. Así pues, no es para "fisicalizar" o para hacer "más científico" el lenguaje de las disciplinas humanistas, por lo que proponemos el uso de la histéresis en sus análisis y estudios. ENFOQUES PARA UNA RESPUESTA: LA EPISTEME En el enfoque epistémico nos encontramos con aspectos que atañen a la propia episteme y también a la metodología. Una episteme sin método o un método sin episteme carecen de sentido científico. El tema que nos atañe tiene como base la suposición de que la práctica científica, por sí misma, genera unidad en proporción directa al crecimiento ordenado de ideas y conceptos que es capaz de activar. Al considerar la práctica científica como una entelequia (no tiene otro fin que ella misma) la arrancamos de este mundo; la arrancamos incluso del cerebro de los científicos, que evidentemente están "contaminados" con todo tipo de intereses personales, ideológicos, comerciales. De otra parte, cuando la ciencia se considera como una "práctica social específica" adquiere una corporeidad tan característica que enseguida entra en contacto con cuanto la rodea. Choca o conecta con la tecnología, con los intereses comerciales, con el ambiente de la época y la política, etc. Además, la "práctica científica" real tiende por sí misma a "complicarse la vida", es decir, tiende a presentarse como el medio paradigmático para dirigir la sociedad, por lo que los choques con el resto de actividades sociales se multiplican sin cesar. Que el contenido científico deje de ser entelequia se debe a que este término inventado por Aristóteles define a los entes que tienen el fin en sí mismos, y "dirigir la sociedad" no es un fin que pertenezca a la sustancia científica sino al interés personal o ideológico de los científicos, que es distinto. Una de las postulaciones más claras de la ciencia como sistema de dirección social la formuló Marx en sus famosas Tesis sobre Feuerbach (1845). En la primera de ellas habló de que el "defecto de todo materialismo anterior", incluido el de Feuerbach, había sido el de concebir la realidad como actividad sensorial, no como práctica. De ello dedujo Marx que el problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico (tesis II). La famosa conclusión de su razonamiento, expresada en la tesis número once, nos dice que "los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo". Si cambiamos el término "filósofos" por el de "científicos", conseguimos la versión marxista definitiva, la que postuló en 1848 en el Manifiesto comunista; es decir, una ciencia práctica muy superior al resto de la literatura socialista y revolucionaria, en cuanto a rigor, capacidad de predicción y fiabilidad. La idea de dirigir la vida y la sociedad por medio de la ciencia se fundamenta en un error epistemológico que ha sido silenciado o pasado por alto. Este error epistemológico se define como la confusión entre "lo que es" y "lo que debe ser". O en otras palabras, entre una fundamentación científica de algo y el valor moral referido a ese algo. 79): "Uno puede tener el conocimiento más claro y completo de lo que es y no ser capaz, sin embargo, de deducir de ello lo que debería ser el objetivo de nuestras aspiraciones humanas. El conocimiento objetivo nos proporciona poderosos instrumentos para lograr ciertos fines, pero el objetivo último en sí y el anhelo de alcanzarlo deben venir de otra fuente. (...) El conocimiento de la verdad en cuanto tal es maravilloso, pero su utilidad como guía es tan escasa que no puede demostrar siquiera la justificación y el valor de la aspiración hacia ese mismo conocimiento de la verdad. Nos enfrentamos aquí, en consecuencia, a los límites de la concepción puramente racional de nuestra existencia". 707) hace ya décadas, las proposiciones científicas, por su propia naturaleza, han de estar siempre en modo indicativo, del tipo "calculamos la fuerza de un cuerpo multiplicando la masa del mismo por su aceleración en un momento dado", mientras que la acción de gobierno se ejecuta mediante proposiciones en modo imperativo, del tipo "construid un puente desde este punto hasta aquél". Y para pasar del modo indicativo al imperativo es necesario un juicio de valor, que ni es ni puede ser científico, pues es moral. ENFOQUES PARA UNA RESPUESTA: EL MÉTODO Existen dos "mitos" respecto del método científico: 1) La convicción de que es el uso del método científico el que construye la ciencia o genera la entidad de la misma; y 2) la idea difusa pero persistente de que el método científico es el medio adecuado para realizar innovaciones y aportaciones científicas. Etimológicamente, método científico significa "camino hacia el conocimiento". Y como tal camino está demarcado por varios condicionantes. Entre los más importantes hay que destacar la lógica, la empírica y la medición, a los que hay que añadir la reproductibilidad y la refutabilidad. Es suficiente con que respetemos estos cinco principios para que estemos haciendo uso del método científico. Lo que sabemos con seguridad de la investigación científica es que no puede ser errática y que debe obedecer a ciertos criterios lógicos y empíricos, pero esto es propio de cualquier búsqueda, análisis o investigación práctica bien hecha. Por ejemplo, si estamos estudiando cómo almacenar ciertos materiales en un espacio determinado que tenemos disponible, es probable: a) que hayamos formulado el problema con claridad, b) que reunamos los datos pertinentes sobre las dimensiones de ese espacio y los objetos a almacenar, c) que hagamos conjeturas y formulemos a450 hipótesis sobre cómo ubicar los objetos, d) que realicemos pruebas y e) al final, sacaremos conclusiones y actuaremos en consecuencia. Ahora bien, nadie introducido en estos temas ignora que tales pasos son los propios del método científico. ¿Quiere esto decir que cuando estudiamos las opciones de almacenaje de ciertos objetos en un espacio dado "hacemos ciencia"? ¿O más bien aplicamos con cierto rigor normas básicas de sentido común? Un empresario americano, Paco Underhill (1999), aplicó el método científico al estudio de las conductas de compra en las tiendas. Explicó su forma de actuar en un libro que tituló Why we buy. Pero ¿se trata realmente de una ciencia? La respuesta científica es no. El uso del método científico no "crea" ciencia ni es posible una ciencia de lo efímero y cambiante. La segunda cuestión que planteábamos anteriormente tenía que ver con el método científico como instrumento adecuado para hacer innovaciones en la ciencia, a lo que ahora podemos añadir también en cualquier otra actividad, aunque no sea científica. Si aceptamos la definición de Albert Szent-Gyorgi (Evans y Deehan, 1988, p. 155), descubridor de la vitamina C, en el sentido de que la genialidad o creatividad consisten en "ver lo que todo el mundo ha visto y en pensar lo que nadie ha pensado", lo que estamos preguntando es si el método científico es un instrumento adecuado para "pensar lo que nadie ha pensado", o incluso "el único método" para hacer tal cosa. Sobre esta cuestión, se sostiene que: 1) No existen métodos auténticamente creativos, ni el científico ni ningún otro. Tampoco es posible que exista uno en un futuro predecible, porque la creatividad depende de la intuición y esta no es asequible a nuestra inteligencia. Ignoramos qué es, y cómo y cuándo funciona. 2) La inteligencia racional es una herramienta mental de extraordinario valor, pero no tiene capacidad para justificar las verdades que ella misma establece y tampoco es pertinente para analizar todas las facetas de los seres humanos. En el caso de la incorporación de conceptos propios de las ciencias de la naturaleza a las disciplinas humanistas, y más en concreto de la histéresis, lo que cabe decir es que no hace a estas más científicas metodológicamente hablando, ni tampoco las sitúa en una lanzadera hacia la creatividad y la invención. Para quien sepa mirar, la histéresis abre algunas ventanas que estaban cerradas y ofrece paisajes relativamente nuevos. De esto es de lo que vamos a tratar a continuación. EXPOSICIÓN DE LA HISTÉRESIS: EL ORIGEN En cierta ocasión escribió Friedrich Hayek (1992, p. 21) que, para ser efectivas, las disciplinas humanistas deberían imitar a las ciencias en su espíritu y no en sus métodos. Y es cierto que las ciencias tienen "espíritu" y valores, no solo materia. Valores como el amor al conocimiento y el esfuerzo continuado por la superación intelectual, desde luego, pero también como la perseverancia, el sacrificio y la pasión por desarrollar proyectos. La pertinencia de incrustar el concepto de histéresis en las disciplinas humanistas surge de esta "influencia espiritual", no de los reduccionismos lingüísticos, epistémicos o metodológicos que ya han sido comentados. Por ello hunde sus raíces tan profundamente en nuestra cultura, que podemos remontarnos a la antigüedad griega para hallar sus fundamentos. Por ejemplo, en el diálogo Fedro, de Platón, hay un pasaje en el que Sócrates, tras una argumentación del personaje que da nombre al diálogo, se ve ubicado entre la ciudad y la naturaleza o, dicho de a450 otra manera, entre el ámbito humanizado y el ámbito natural. Tal pasaje transcurre de esta manera: "Eres asombroso, Sócrates. Pues tal y como hablas, te pareces a un forastero que se deja llevar y no a uno de aquí. Por lo que aparentas, creo que raras veces te alejas de la ciudad; ni siquiera sales de sus murallas". A lo que responde Sócrates: "No me lo tomes a mal, amigo mío. Y el caso es que el campo y los árboles no me enseñan nada, pero sí, en cambio, los hombres y la ciudad" (García Gual, Martínez Hernández y Lledó Íñigo, 1988). La contestación es densa porque en unas pocas líneas se concentran las diferencias esenciales que separan la filosofía natural (que es el ancestro de la ciencia moderna) de la filosofía humana o, si se quiere, los límites que recogen, de una parte, los conocimientos que versan sobre la naturaleza y, de otra, los conocimientos que versan sobre los hombres. Y Sócrates, que era un filósofo, no un científico, muestra su inclinación definitiva por estos últimos, en la misma medida en que se aleja de lo que hoy llamaríamos una "perspectiva científica". En el diálogo platónico de Fedro, pues, las murallas de Atenas son algo más que la línea divisoria entre el campo y la ciudad, o entre la naturaleza y el mundo humanizado; simbolizan la línea divisoria entre dos formas de conocimiento. Sabiendo como sabemos lo conversador que era Sócrates, podemos comprender que existieran muchas razones para que la ciudad fuera su medio de experimentación y el campo no. Y una de las más hondas es la histéresis, que en los humanos rompe la dependencia directa de las causas con sus efectos o, dicho de otra forma, introduce factores diferidos cronológicamente. En el conocimiento natural, el del campo y los árboles como se dice en Fedro, los fenómenos de histéresis no se producen o tienen una dimensión limitada. La naturaleza funciona enlazando causas y efectos de tal manera que forman ciclos constantes, repetitivos y caracterizados. Al llegar la primavera florecen las plantas, y al llegar el otoño se caen las hojas. Ni las plantas ni los animales pueden ignorar los condicionantes ambientales inmediatos que llamamos primavera, verano, otoño e invierno. En la mente y en las sociedades humanas, por así decir, muy lejanas primaveras pueden provocar floraciones en pleno invierno, y muy lejanos inviernos seguir presentes a través de una larga variedad de veranos. 4) leemos una reflexión que es una magnífica descripción de la importancia esencial de la histéresis para la comprensión de la humanidad, sin que se mencione el concepto: "Felizmente, el pasado no muere jamás completamente para el hombre. El hombre puede olvidarlo fácilmente, pero siempre lo guarda en él. Pues, tal y como existe en cada época, es el producto y el resumen de todas las épocas anteriores. Si desciende en su propia alma, podrá reencontrarlas en ella y distinguirlas según lo que cada una le haya aportado". EXPOSICIÓN DE LA HISTÉRESIS: LA MENTE La anterior cita de Fustel de Coulanges se encuentra en una de sus obras más recordadas y reeditadas, La ciudad antigua; y Sigmund Freud, al igual que el historiador francés y que Platón unos miles de años más atrás, también usó la ciudad como metáfora para describir la importancia de los fenómenos de histéresis (de nuevo sin mencionar el concepto) en la mente humana. Desde los inicios de la psicología, se había insistido mucho en "la conservación de lo primitivo junto a lo evolucionado" en la mente de las personas, y puede afirmarse que Freud asumió un método fundado en la histéresis para construir su teoría del psicoanálisis. Pasado y presente no están claramente delimitados en la mente freudiana, y de ahí que las regresiones, el subconsciente y los sueños puedan conectar diferentes etapas de la vida. En El malestar en la cultura (1973), Freud dedicó varios párrafos a una metáfora urbana cuyo protagonista era Roma, comparándola con la mente humana. La "ciudad eterna" freudiana no habría visto morir y derrumbarse los diferentes periodos por los que ha atravesado, pues todos y cada uno de ellos, como construcciones de aire o de sutil cristal, se conservarían sobrepuestos a la ciudad actual (1973, p. Allí, como en una niebla, podríamos ver la Roma quadrata de los inicios; y en los alrededores expandidos, el Septimontium, la posterior ciudad de las siete colinas; y también la muralla de Servio Tulio y así sucesivamente. Tal ente fantástico, tal Roma comprimida en el tiempo y en el espacio, sería, en opinión de Freud, la mente humana. La histéresis ha sido denominada en ocasiones "la memoria de las cosas", pero es obvio que en la mente humana la memoria es mucho más que "el recuerdo", abstractamente considerado; es la parte sustancial de la construcción del "yo". Una de las posiciones más radicales de permanencia del pasado en la mente humana es la teoría del inconsciente colectivo, de Carl Jung (1990, p. 43), relacionada con lo que Freud denominada "remanentes arcaicos" o formas mentales recurrentes. El inconsciente colectivo de Jung parece hablar de una "memoria de la especie", que nos conectase en tiempo presente con una antigüedad de miles de años. La teoría de Jung ha parecido "metafísica" a muchos de sus críticos, y en modo alguno hay que suscribirla, en todo o en parte, para apreciar los fenómenos de histéresis presentes en la mente de cada uno de nosotros. Un enfoque mucho más cercano a la vida cotidiana lo hallamos en los casos clínicos que evidencian cómo la construcción de la personalidad solo es posible a partir de la presencia del pasado en el presente, tanto en el aspecto emocional y cognitivo como en otros muchos, ya sean circunstanciales o empíricos. Daniel L. Schacter (1999) relató el caso de un paciente designado como GR, poeta, pintor y crítico de arte, que el 19 de marzo de 1992 se despertó presa de una gran confusión mental. No podía mover el brazo derecho, hablaba con dificultad y abrigaba dudas sobre su propia personalidad, pues no recordaba nada de su propio pasado. Después se comprobó que el olvido también se extendía a los sucesos de su vida cotidiana, por lo que la amnesia retrógrada se le complicaba con la anterógrada para conseguir una idea de sí mismo. La amnesia se prolongó durante meses sin remitir, y GR cayó en estado depresivo. Pasaba la mayor parte del día durmiendo o en apatía, hasta que un año después, tras detectar los médicos alteraciones en el ritmo cardiaco, decidieron implantarle un marcapasos. Le aplicaron anestesia local y, mientras estaba tendido en la mesa de operaciones, al notar cierto malestar en el pecho, GR recordó con toda claridad que había pasado por una situación similar bastantes años atrás, cuando le operaron de una hernia. En pocos segundos recordó otros aspectos de su vida anterior, y enseguida su mente se sumergió en un mar de recuerdos, con toda su vida pasada reubicándose en el presente. Abrumado por esta catarsis provocada por la histéresis que le configuraba como una entidad en todo el proceso de su vida, GR estuvo varios días sin dejar de hablar de sus recuerdos. Volvía a ser él mismo. El caso atípico de GR, en opinión del doctor Schacter, era que hubiese olvidado su pasado al completo, y lo recuperase en un solo instante. EXPOSICIÓN DE LA HISTÉRESIS: LA SOCIEDAD Y LA HISTORIA La idea de que el pasado, en términos humanos, es lo que queda atrás en el tiempo, además de ser simple es incompleta, y por ello deforma nuestras nociones de presente y de futuro. En nuestra mente y en las sociedades e instituciones que ponemos en marcha los seres humanos, existe siempre un "halo de simultaneidad y presencia" del que no es posible prescindir. Es en este sentido como hay que interpretar la afirmación del historiador italiano Benedetto Croce (1938, p. 5) de que "la necesidad práctica, que está en el fondo de todo juicio histórico, confiere a toda historia el carácter de historia contemporánea". Una idea que otro historiador, Robin George Collingwood, extendió, al considerar que "un pasado fijo y acabado está divorciado de la experiencia presente y, por tanto, divorciado del testimonio histórico". Para que el pasado sea "histórico", insistía Collingwood (2004, p. 229), hay que comprender que "no es, en manera alguna, pasado, es presente. No es un pasado que sobrevive en el presente; tiene que ser presente". En otras palabras, la historia auténtica, así como el comportamiento de las personas y de las sociedades, solo se comprende con justeza desde una perspectiva de histéresis. John Roberts explica el peso del pasado de una manera particularmente ajustada al papel que aquí estamos asignando a la histéresis: "Quizá mi preocupación principal haya sido, desde el principio, mostrar y recordar al lector no especializado el peso de la historia y la importancia, incluso hoy, de la inercia histórica en un mundo en el que a menudo se nos incita a pensar que podemos controlarlo y manejarlo" (2003, p. XII) La perspectiva humanista que se abre desde la histéresis ha de ser comprendida como la "inversa" del historicismo y, aún más, como la posición antitética del relativismo historicista. Al comprender la concentración temporal que genera la histéresis en las mentes y en las sociedades humanas o, si así se prefiere, la importancia intrínseca que tienen los fenómenos de histéresis en la identidad y el desarrollo de las personas y de las sociedades, se aprecia con claridad el error del historicismo cuando establece que las ideas y los conceptos varían de forma completa en las grandes etapas o fases históricas, por lo que puede afirmarse que no existe una mente o naturaleza humana común a ellos o, si se prefiere formular de otra manera, que el "resto común" de todos los cambios históricos es cero. Como han razonado muchos autores, si damos por válida esta hipótesis, es el propio historicismo el que la niega, puesto que los conceptos y las situaciones históricas pasadas resultarían incomprensibles en esencia, por lo que no podrían deducirse las "leyes históricas" que todos los historicismos han formulado (Popper, 1973; Hayek, 1992). Deducir leyes a partir de situaciones, conceptos y políticas que no comprendemos, carece de sentido, y si las comprendemos, al menos en parte, es que el "resto común" no es cero. a450 Chesterton (1947, pp. 135-136) describió el historicismo como: "un hábito imbécil que se ha alzado en las controversias modernas y que sostiene que tal o cual credo puede ser sostenido en una época, pero no en otra". Hasta la caída del muro de Berlín, el marxismo fue el historicismo que más fuerza alcanzó en occidente. Karl Marx estuvo seguro de haber hallado, definido y explicado las leyes de la evolución histórica, y durante toda su vida fue de este hecho del que se sintió más orgulloso. Meses antes de 1848 llegó al convencimiento de que la humanidad sigue una ruta social evolutiva fijada de antemano, que atraviesa diversas fases que, a su vez, van generando paulatinamente las condiciones para la aparición de las siguientes. Como dice en el prefacio a El capital, son fases naturales inalterables, que nadie puede modificar, incluso una vez conocida la naturaleza y el sistema mediante el que funcionan. Marx no explicó por qué sucedía esto, por qué estaban cerradas a la acción humana las fases de su historia; nunca dijo por qué las acciones de los hombres, de todos los hombres, eran inoperantes, y lo mismo daba hacerlas que no hacerlas, ya que la historia, de una forma u otra, seguiría el curso que tenía trazado. Se trataba de un razonamiento que hacía de sus propios esfuerzos intelectuales algo completamente inútil y prescindible, y con ello actuaba como si al mismo tiempo propugnase el historicismo más absoluto y radical, y de otra parte lo denunciara como absurdo y gratuito. "Cuando una sociedad ha descubierto la ley natural que determina su propio movimiento, ni aun entonces puede saltarse las fases naturales de su evolución ni hacerlas desaparecer del mundo de un plumazo". Lo que Marx argumentaba en ese párrafo de presentación de su obra cumbre, no era otra cosa que la inutilidad completa de los esfuerzos revolucionarios pues, aunque no existieran partidos comunistas, o la clase obrera no se organizara, o los agitadores políticos dejasen de publicar los miles de periódicos y panfletos que sacaban a la luz cada día, el mundo seguiría siempre el camino que tenía trazado, sin desviarse una coma. Visto desde este aspecto, el historicismo marxista marca el punto más alejado de la pertinencia de considerar los efectos de la histéresis que describimos en estas páginas, en las que se expone cómo la mente y las sociedades se modifican de manera que incorporan en sus entidades e identidades respectivas sus propios periodos formativos, que jamás desaparecen; es decir, que jamás se convierten en fases superadas o muertas que es necesario liquidar, o que pueden ser liquidadas. Para "liquidar" la infancia, la adolescencia, la juventud de una persona, esa persona debe morir. Para "liquidar" la historia de un pueblo, tal pueblo ha de dejar de existir como ser social e histórico. ALGUNAS IMPLICACIONES DE LOS EFECTOS DE HISTÉRESIS Cualquier fenómeno que ejerce influencia sobre la entidad e identidad de algo ha de tener un número indefinido e incalculable de implicaciones que le afecten. Vamos a describir sucintamente cómo afecta la presencia de histéresis en dos de estas implicaciones. La primera, la denominada "teoría de las generaciones", que en España definió Ortega y Gasset, y expusieron y aplicaron varios de sus discípulos, entre ellos Pedro Laín Entralgo y Julián Marías. La segunda, la llamada "nostalgia de los orígenes", que es uno de los motivos mitológicos y antropológicos más constantes. Ortega y Gasset en El tema de nuestro tiempo (1985, p. 7), "imaginó" a las generaciones como un "proyectil biológico lanzado al espacio en un instante preciso, con una violencia y una dirección determinadas". Que se trataba de un "proyectil biológico" había sido apreciado mucho tiempo atrás, pero se había apreciado y explicado de una forma muy distinta a como la planteó Ortega. Auguste Comte, por ejemplo, el padre del positivismo y de la sociología, tomó la duración de la vida, y por consiguiente la sucesión de las generaciones, como un dato esencial para comprender la evolución social. En su opinión, el progreso social se basaba en la muerte de las generaciones anteriores, que producían una renovación inevitable. Lo antiguo desaparecía por haberse convertido en inapropiado para los tiempos modernos. Lo que imperaba en Auguste Comte era la idea de "reemplazo", de "sustitución", no de continuidad (Marías, 1949, pp. 25 y ss.). Algo similar entendió John Stuart Mill, que describió la situación de la sociedad en un momento dado como causa de la situación social "inmediatamente posterior". Bajo tales premisas, en palabras de Julián Marías (1949, pp. 31 y ss.) el problema fundamental de la ciencia social era "encontrar las leyes según las cuales una situación de la sociedad produce la situación que la sucede y reemplaza" (Marías, 1949, pp. 31 y ss.). Esta visión de ruptura generacional sistemática se ha mantenido durante largo tiempo y se halla, incluso, en figuras neopositivistas muy cercanas al marxismo, como Otto Neurath (Esteban, 2003, p. a450 245), para el que "en general prevalece la intuición básica de que la totalidad de lo que ocurre en un momento del tiempo es causa de lo que ocurre en el siguiente". En Ortega y Gasset, por el contrario, lo más interesante no era esa idea de sucesión o de reemplazo, sino la "coincidencia" y "superposición" de varias generaciones, en diversos grados de jerarquía y relación de unas respecto de las otras. Coincidencia y superposición que permiten la transmisión y filtración de los valores que dan entidad e identidad a las personas, familias, pueblos. Una idea que ya estaba en Wilhelm Dilthey (Marias, 1949, pp. 56 y ss.) antes que en Ortega, pues aquel planteó siempre la idea de infiltración entre generaciones a partir del patrimonio cultural que cada generación encontraba al llegar al mundo. A juicio de Dilthey, desde la perspectiva positivista era imposible el estudio adecuado de las obras humanas, ya que el positivismo estaba obligado a considerar tales realizaciones (el arte, el derecho, la literatura...) como entidades exteriores a nosotros mismos, cuando es el caso que solo pueden ser asimiladas y comprendidas desde el interior de las mismas. Es decir, la visión interior versus la visión exterior, así como la visión de sustitución de unas generaciones por otras frente a la visión de coincidencia y superposición, implican diferencias esenciales en la comprensión e interpretación de la vida humana y social en todos sus aspectos (Navarro, 2007). Al estudiar un aspecto importante de la cultura griega, como fue su religión, el historiador Raffaele Pettazzoni (1967, p. 69) afirmó que "para el pensamiento histórico, cada phainomenon es un genomenon. La civilización griega surgió del encuentro de dos culturas preexistentes, una de ellas mediterránea, que ya existía en la zona, y otra que era indoeuropea y se impuso a la anterior". Para Pettazzoni, el verso de Horacio Graecia capta ferum victorem cepit et artis intulit in agreste Latio, "la Grecia conquistada a su fiero vencedor conquistó e introdujo las artes en el agreste Lacio", tenía dos significados históricamente ciertos, uno de los cuales no conocía ni el propio poeta que escribió las palabras. El primero, conocido por Horacio, era el de la conquista romana de Grecia en el siglo II antes de Cristo. El segundo, desconocido para el escritor romano, se refería a lo que ya había sucedido en Grecia dos mil años atrás con la llegada de los indoeuropeos, que se impusieron a las tribus mediterráneas existentes. En ambos casos se produjo una superposición de generaciones y una superposición de culturas. Y en ambos casos se desató una fuerte "nostalgia por los orígenes". Desde el punto de vista de la histéresis, el "hombre verdadero" no es un simple producto biológico; el hombre ha de heredar y asumir una cultura, y por ello tiene un carácter "espiritual", que es algo más que el cumplimiento de las necesidades materiales que le permiten vivir (Eliade, 1995, p. CONCLUSIÓN: CIERTAS CONSECUENCIAS DE IGNORAR LOS EFECTOS DE HISTÉRESIS La enorme distancia que existe entre el ser humano como mero "ser biológico", a considerarlo como resultado de un proceso vital que le da entidad e identidad, de manera que se integra en él y no puede ser despegado del mismo sin anular su ser y deformar o destruir su sustancia, condiciona que existan incontables consecuencias vinculadas a ello. Consecuencias que se manifiestan en los más diversos planos, ya sean teóricos o prácticos, formales o de contenido. Por ejemplo, no es necesario poseer grandes conocimientos de metodología para sospechar que afirmaciones como la de Otto Neurath anteriormente citada ("en general prevalece la intuición básica de que la totalidad de lo que ocurre en un momento del tiempo es causa de lo que ocurre en el siguiente") o la de Stuart Mill ("encontrar las leyes según las cuales una situación de la sociedad produce la situación que la sucede y reemplaza") muestran una tendencia demasiado marcada a propiciar errores del tipo post hoc ergo propter hoc; es decir, tras ello, luego a causa de ello. Pero sabemos que la mera sucesión no es motivo suficiente de causalidad. Más bien es causa suficiente para descalificar esa metodología ab initio. Otro aspecto de las consecuencias de ignorar los efectos de histéresis es el empobrecimiento en la consideración de las facultades mentales y espirituales del hombre. Al eliminar los efectos de histéresis no se elimina una "palabra rara", se minimizan o niegan las implicaciones de la experiencia mental vivida por cada persona. Dicho de otra forma, se minimiza o niega la capacidad de cada sujeto para aprender de su experiencia, para modificar su conducta, para desarrollar sus dones y fortalecer su voluntad; en términos más filosóficos, se niega la ontogénesis. Otro vicio común de los métodos que ignoran los efectos y características de los procesos vitales, y que no son tan sutiles como para comprender el peculiar comportamiento de los sistemas no reversibles, es que destruyen las individualidades y solo son capaces de generar falsos estándares generalistas. Un tipo de error que se halla hoy en día en casi todas las disciplinas humanistas, desde la psicología a450 a las ciencias de la comunicación, y desde la sociología a la pedagogía. Por ejemplo, una pedagogía que quiera ser ciencia y solo ciencia no puede basarse en lo individual, ha de homogeneizar conceptos generales. Sin embargo, no se debe olvidar que tal actitud es exactamente la opuesta a la que ha de desarrollar el profesor en el aula, que fracasará si no está atento a las diferencias entre sus alumnos y a sus trayectorias personales. Si el maestro no considera cómo se efectúa el "proceso de aprendizaje" de sus alumnos y cómo es integrado por cada uno de ellos en la construcción de su propio conocimiento y de su propio yo (histéresis) estará perdido. En tal situación, no debe olvidar que, al considerar el aprendizaje individual, evaluarlo y adaptarlo, hace lo contrario que marca la ciencia, porque está ejerciendo un "arte", el de enseñar. Un arte que está lleno de subjetividad tanto por parte del profesor como de los alumnos, todos ellos "sujetos individuales" distintos entre sí, personas con personalidad que se transforman individualmente durante el proceso de aprendizaje, que ya no podrán arrancar de sí, pues se integra de manera diferente y subjetiva en cada uno de ellos. (De nuevo histéresis en el campo de la entidad y de la identidad.) Una última consecuencia que hay que considerar atañe a cómo la difusión de los falsos estándares generalistas sobre las sociedades y los individuos ha multiplicado la fuerza de las leyes abstractas generales y de las ideologías pseudocientíficas que tanto han medrado en los dos últimos siglos. Leyes abstractas que emergen con facilidad de disciplinas y ciencias humanistas y que se usan de forma argumental y funcional desde el poder para instituir organismos artificiosos y promulgar creencias e ideologías operativas, que en ambos casos se imponen mediante leyes positivas perfectamente caprichosas, discutibles y discutidas. Al considerar los procesos de histéresis en las personas y en las sociedades, es decir, al poner cierto énfasis en los procesos vitales que constituyen la entidad e identidad de la gente, se descubren muchas de las debilidades pseudocientíficas de las leyes y estándares abstractos, sobre las personas y sobre la sociedad, que tan útiles resultan a los poderes establecidos. Ciertamente, tales leyes y principios abstractos y generales, formulados en las disciplinas humanistas, han jugado un papel de primer orden en la constitución y construcción de los megaestados actualmente existentes, que han extendido su insidiosa injerencia a todos los campos de las actividades humanas.
La diversidad cultural en la sociedad y en las aulas es una realidad patente que hay que tener en cuenta y no obviar. La investigación en el campo de las actitudes desarrolladas por parte de los agentes educativos se hace inexorablemente pertinente y necesaria para la construcción de una sociedad futura libre de conflictos innecesarios. En este estudio se han analizado las actitudes familiares mediante entrevista semiestructurada. Se realizó un análisis cualitativo y cuantitativo, obteniendo el perfil sobre pensamiento en torno a la diversidad cultural de progenitores e hijos. El grado de concordancia de dichas actitudes queda reflejado en el análisis de los resultados, apreciando desconocimiento de grupos culturalmente diversos, ventajas de enriquecimiento personal, convicción sobre la necesidad de integrar tanto a los estudiantes como a sus familias, preparación del profesorado y fomento de unas relaciones óptimas entre alumnos, docentes y familias. No obstante, existen divergencias en la función de la escuela con relación a las conductas, creencias, tradiciones y dificultades, y a la formación de los docentes para superarlas y para el tratamiento de la diversidad. Las actitudes tienen una trascendencia incuestionable en la sociedad y su devenir. Parte de ellas se forjan y consolidan en la adolescencia. Pueden definirse como "una tendencia a actuar de una manera determinada que se expresa en la evaluación a favor o en contra hacia un objeto y que está condicionada por la incidencia de los elementos cognitivos, afectivos y conductuales" (Arnau Sabatés y Montané Capdevila, 2010Capdevila,, p. 1584)), tres elementos inseparables a la persona humana. La percepción complementa a la anterior, como determinantes de acción, siendo a su vez influida e influyente en la misma: actitud. Actitudes, percepción y educación resultan estrechamente vinculantes. En el centro educativo, las percepciones y actitudes de los agentes intervienen en la dinámica y proceder del mismo. Por ello se justifica su estudio como explicación y predisposición de la conducta, de tal arte que para contrarrestar/modificar esta hay que trabajar/modificar aquellas. Las actitudes hacia la diversidad y su percepción no son una excepción, y han sido analizadas por diversos autores en beneficio de la escuela inclusiva (Álvarez, Castro, Campo Mon y Álvarez Martino, 2005; Barrena Blázquez, 2014; Hwang y Evans, 2011; Torres y Fernández Batanero, 2015). Adquieren una importancia capital, dada la proliferación de actitudes antisociales inapropiadas para la época actual en los albores del tercer milenio donde la diversidad es una creciente realidad consustancial a la sociedad globalizada en la que nos hallamos inmersos. Las aulas y los centros tampoco son una excepción, reflejo de la manifiesta diversidad sociocultural afortunadamente pero también de actitudes inadecuadas e incluso execrables, lamentablemente. Las percepciones y actitudes ante la diversidad cultural en las aulas y centros educativos marcan un estilo educativo y de configuración ciudadana. Su estudio goza de importancia propia, más en ciertas etapas educativas donde se atiende a adolescentes, puesto que el grupo de iguales y la identidad social están marcados por los compañeros de clase (Goenechea Permisán, 2014), y para ciertos colectivos, principalmente profesorado y otros agentes educativos. Con buen criterio se han analizado cómo son las actitudes, percepciones y expectativas de familias de culturas minoritarias, en un intento de marcar diferencias (Etxeberria, Intxausti y Joaristi, 2013; Garreta Bochaca, 2008; Hernández Prados, Gomariz Vicente, Parra Martínez y García Sanz, 2016; Santana Vega, Feliciano García y Jiménez Llamos, 2016; Santos Rego y Lorenzo Moledo, 2009; Santos Rego, Lorenzo Moledo y Priegue Caamaño, 2011). En paralelo, se han indagado actitudes y percepciones del alumnado perteneciente a esas culturas, con tintes diferenciales (Buendía Eisman, Expósito López, Aguadez Ramírez y Sánchez Núñez, 2015; Leiva Olivencia, 2013; Ruiz Román y Merino Mata, 2009). Y por último, la coincidencia de estas actitudes, expectativas y percepciones entre familias y profesorado (Intxausti, Etxeberria y Joaristi, 2014) e incluso, con menor profusión, la de familias, alumnos y profesores (Aguado, Ballesteros, Malik y Sánchez, 2003). No obstante, todos los estudios referidos han sido realizados sobre la población de culturas minoritarias. Con fundamento en todo lo anterior, el estudio que se presenta a continuación se ha trazado como objetivo dibujar el perfil perceptivo-actitudinal de alumnado y progenitores de culturas mayoritarias que conviven con otras culturas minoritarias ante la diversidad de estas últimas, a la par que valorar la sintonía/concordancia entre tales patrones paterno-filiales, valorando la influencia de los mayores en las actitudes ante la diversidad de sus menores, e identificando posibles desviaciones de las actitudes pro-sociales que serán formuladas como necesidades. Siendo esta la hipótesis de partida, caso de verificarse tal influencia, para modificar las actitudes de los hijos se habría de trabajar la de los progenitores a la par. Caso de refutarse, cabría reflexionar sobre tal circunstancia y sobre la génesis concreta de configuración perceptivo-actitudinal del estudiantado. Esta es una de las hipótesis de investigación, en sentido figurativo, pues se trata de un estudio descriptivo. Se han estudiado en otros momentos los patrones actitudinales de los alumnos por un lado (Fernández Fernández, 2017), de sus profesores por otro (Fernández Fernández, Rodríguez Fuentes y Miñán Esigares, 2016) y de sus padres (Rodríguez Fuentes, Fernández Fernández y Miñán Espigares, 2016), así como la incidencia de los profesores en sus alumnos, restando por escudriñar la influencia de padres en sus hijos, que se contempla en esta ocasión, para completarse el deseado completo triángulo de desarrollo actitudinal (Rodríguez Fuentes, 2017). Se ha optado por un diseño transversal de investigación por estudio de casos, en concreto dos estudios de casos: alumnado y sus familias, de tres institutos diferentes de la provincia de Granada, en cuanto a tamaño, localización, tipo de profesores, alumnos y familias, etc. con los que se ha podido trabajar estrechamente y que han ofrecido una imagen completa y re-a451 presentativa del fenómeno estudiado. Estos institutos han sido los siguientes: Alonso Cano (del municipio de Dúrcal del extrarradio de la capital, con un tamaño grande), Francisco Ayala (de tamaño intermedio, de Granada capital) y Montes Orientales (centro pequeño del municipio de Iznalloz, zona rural del norte de la provincia). La localización y naturaleza distintas garantizan la representatividad provincial. Los participantes, tanto alumnado como familiares, fueron seleccionados minuciosamente teniendo en cuenta los consejos al respecto que nos ofrece la bibliografía sobre el estudio de casos (Stake, 2015). Así fueron entrevistados un total de 22 familias con variedad de ocupaciones y estudios y 62 alumnos pertenecientes a la etapa final de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y a la de Bachillerato. Con esta variedad de centros y contextos se pretende que la muestra sea representativa de la provincia e incluso poder extrapolarla a contextos y situaciones similares. La tabla 1 recoge las características de los sujetos de investigación. La recogida de datos se realizó a través de una entrevista semiestructurada cuyo guion ha sido adaptado a cada caso concreto para poder descubrir los aspectos perceptivo-actitudinales más destacados de cada colectivo participante en la investigación. La entrevista consta de un total de 18 preguntas semiabiertas vinculadas directamente con la diversidad cultural, así como con el comportamiento o la actitud de familias y alumnado ante determinadas circunstancias y comportamientos, cuyos descriptores pueden leerse en la tabla 2 de resultados del apartado siguiente. El guion de preguntas se ha extraído de un sondeo a expertos, profesores y educadores sobre cuestiones cruciales que hay que escudriñar entre los progenitores y sus hijos en el ámbito de la escuela, sometidas a la validación de expertos investigadores del grupo de investigación ICE. Posteriormente, en cuanto a análisis de datos por categorías y metacategorías, la información fielmente transcrita se ha sometido a análisis de contenido en un primer momento, mediante agrupación de declaraciones previamente codificadas mediante un sistema de categorización elaborado a posteriori y debidamente validado por juicio de expertos y experimentación con algunas entrevistas-piloto, coincidencia o concordancia sobre la que el coeficiente kappa de Cohen arrojó un alto valor de acuerdo (k=.87) unido a la máxima significación estadística (p=.00). En efecto, al no disponer de un modelo teórico previo para la identificación de categorías sobre actitudes hacia la diversidad (como sí se dispone en otros casos, como por ejemplo al identificar operaciones de lectura o escritura o trastornos del lenguaje, que sí han sido descritos, y por tanto procedería emplear una categorización apriorística, como por ejemplo las categorías "decodificación", "comprensión" y "metacomprensión" lectoras), las categorías han sido derivadas de las declaraciones de los participantes, asignando códigos de letras a sus palabras, siendo luego recopiladas y agrupadas por coincidencia (categorías) y reducidas por afinidad temática (metacategorías), respetando siempre la textualidad de la declaración y la pertenencia al participante al que se le asignó en este caso un número. En segundo lugar, para combinar el análisis cualitativo anterior con el cuantitativo, se han sometido a análisis estadísticos partiendo de las frecuencias obtenidas en el análisis anterior, empleando estadísticos de tendencia central, porcentajes fundamentalmente, y el cálculo de pruebas de significación estadística como Chi cuadrado exacta (chi 2 ), dado el tamaño distinto de las muestras de los casos y de correlación Spearman, dada la naturaleza de las mismas. Diferencias intracasos, en primera instancia, como consecuencia de las variables independientes (edad, centro, población, curso, sexo, zona) e intercasos, en segunda instancia, entre el caso del alumnado y familiares, respecto de su componente perceptivo-actitudinal en torno a la diversidad. Se aúna de esta manera una metodología de corte eminentemente cualitativo con otra de corte cuantitativo, en la línea de las tendencias metodológicas contemporáneas MMR (Mixed Methods Research) (Cameron, 2011) que huyen de la vieja dicotomía estéril entre métodos cuantitativos versus cualitativos (Díaz López, 2014). Consiste, en suma, en un diseño transversal de tipo no experimental, del tipo fundamentalmente descriptivo, por cuanto persigue la descripción de las actitudes culturales de los participantes (progenitores y descendientes), aunque con matices de contraste y correlacional, en tanto que contrasta y relaciona las actitudes de sendos grupos. A continuación se recogen en la tabla 2 los datos globales agrupados por categorías en relación con las respuestas dadas por padres/madres e hijos. Aparecen, ubicadas tras la columna primera de metacategorías, las categorías más frecuentes, en la segunda columna, con sus frecuencias de aparición y porcentajes de cada caso (progenitores y descendientes) así como la diferencia dentro de cada caso (intracaso) en función de las variables independientes (curso, centro, edad, nivel de estudios, tamaño, sexo y zona) contemplando incluso el porcentaje de variables en las que existen diferencias, según la prueba del chi cuadrado (chi 2 ). Por último, las últimas dos columnas contiene la diferencia entre un grupo y otro (progenitoresdescendientes) y cuando no existen diferencias sino que los datos aparecen relacionados en la última columna se muestra el coeficiente de correlación de Spearman (ρ) entre ambos grupos, junto con su nivel de significación estadística entre paréntesis (p-valor). Resultados sobre la pertinencia o las necesidades actitudinales identificadas Con esta investigación se ha pretendido, en primera instancia, descubrir cuáles son las necesidades de familiares y sus hijos a partir de sus patrones perceptivo-actitudinales propios y disonancias entre ellos (tabla 3), desde el prisma y escenario intercultural característico de los centros educativos, en donde la diversidad cultural va ganando terreno hasta convertirse en una evidencia consustancial y enriquecedora. Priman, pues, como puede observarse, las necesidades o actitudes mejorables. Ello responde a razones perceptivas y actitudinales paterno-filiales poco adecuadas manifestadas en esta investigación. Suman el total del 33.3% de las contabilizadas en la información recogida sobre sus declaraciones, a las que cabe añadir las de los casos exclusivos (tabla 3): a) A los padres/madres otro el 26.7% de percepciones y actitudes poco adecuadas, lo que asciende al 60%. Se trata de sus prejuicios sobre la tendencia a pensar en una conducta y rendimiento por debajo de lo normal de alumnos de culturas minoritarias. b) Para el caso del alumnado, al 33.3% anterior cabe sumar otro 26.7%, lo que computa igualmente el 60%. Perciben poca formación por parte del profesorado para atender a la diversidad, y escasa relación entre las familias y los docentes. Dentro del aula, muestran la equivocada percepción de que la base es el aprendizaje, por encima de otras dimensiones preliminares. Evidentemente, también existen bondades en las percepciones y actitudes reflejadas en las declaraciones de los participantes; no obstante, son menores que las anteriores. Comunes entre ambos colectivos, un 20%, la consideración autóctona y arraigada de individuos de otras culturas, las buenas relaciones interculturales y la conveniencia de la integración y participación como objetivo del sistema educativo. Bondades específicas de cada colectivo son: a) Respecto de los padres/madres, la confianza en el profesorado y sus capacidades para atender a la diversidad, las buenas relaciones que se tienen con el profesorado y el valor de la integración, también como pilar básico dentro del aula. Se trata de otro 20%, que sumado al anterior asciende al 40%. b) Respecto del alumnado, la concepción de las buenas conductas y del normal rendimiento de alumnos de culturas diferentes a la mayoritaria. Resultados sobre diferencias intracaso o patrones actitudinales El cálculo de las diferencias (intracaso) dentro de cada colectivo (progenitores y descendientes) es de utilidad para apuntar o descartar la existencia de sendos patrones colectivos consolidados en torno a sus percepciones y actitudes ante la diversidad cultural en las aulas, patrones que serán descritos y comparados en el siguiente apartado. Así, cuando prima la ausencia de diferencias dentro del colectivo puede hablarse de un patrón unánime y consolidado; si, por el contrario, prevalecen las diferencias en varias variables independientes conjuntas de las consideradas supone la versatilidad e inconsistencia del patrón. Con fundamento en los datos anteriores de la tabla 2, puede anunciarse la existencia de un patrón perceptivo-actitudinal común de progenitores sobre la diversidad cultural en las aulas y centros educativos. Prueba de ello es que más de la mitad de sus respuestas (66.7%) no evidencian diferencias intracaso significativas. En el resto, donde sí existen diferencias significativas, se deben principalmente a un solo factor de los seis posibles (22.2%): edad principalmente (6, 12 y 17) y zona (13). Solo en dos ocasiones (11.1%) las variables combinadas por pares determinan diferencias: edad y estudios (3) y estudios y sexo (5). Y en otras dos ocasiones (11.1%) son tres las variables conjuntas que diferencian las respuestas: centro, curso y zona (1) y centro, curso y sexo (11). De otra forma, la variable más determinante ha sido la edad, responsable de las diferencias en cuatro respuestas (3, 6, 12 y 17), es decir, del 22.2% de las mismas. Aunque el porcentaje es relativamente bajo, más bajo aún resulta para el caso de las otras variables que justifican las divergencias en dos preguntas (11.1%) cada una: centro (1 y 11), curso (1 y 11), estudios (3 y 5), sexo (5 y 11) y zona (1 y 13). Por otro lado, el caso del alumnado es más ambiguo, existen frecuentes declaraciones distintas y abundantes variables determinantes que amenazan la existencia de un único patrón. Solo en un 33,3% las diferencias no alcanzaron el grado de significatividad. Del resto de ellas, las diferencias se deben principalmente a todas las variables analizadas conjuntamente (22.2%): centro, curso, edad, sexo y zona (1, 3, 8 y 9); seguidas de cerca de las declaraciones influenciadas por cuatro variables a la vez (16.7%): centro, curso, edad y sexo (5 y 17) y centro, curso, edad y zona (4); con idéntica proporción que las respuestas diferenciadas por tres variables: centro, curso y edad (10 y 14) y centro, curso y sexo (13). Por último, un par de variables a la vez han determinado sendas cuestiones (11.1%): centro y curso (6) y curso y edad (12). Contrastando las divergencias anteriores, se observan apenas dos similitudes correspondientes: a) una con la relativa incidencia de la variable edad tanto de progenitores como de descendientes en sus respuestas, y b) otra con la escasa incidencia tanto de la variable sexo como de la zona en ambos colectivos. Hecha tal excepción, proliferan las divergencias entre sus diferencias (figura 1): los progenitores muestran menor diversidad en sus respuestas (prevalece la categoría "sin diferencias" en dos de cada tres respuestas, es decir con un 66.7% de frecuencia) que sus hijos (en los que predomina las diferencias en "casi todas" o "todas" las variables independientes: 38.9%, que unido al 27.8% de respuestas diferentes por dos o tres variables suman el 66.7%, es decir que difieren en dos de cada tres respuestas, proporción contraria al caso de padres/madres). Por último, cabe reseñar que el centro y el curso son variables de escasa influencia en los padres/madres a diferencias de los hijos donde se muestran determinantes. Resultados sobre diferencias intercaso o sintonía entre progenitores-descendientes Ahondando en el análisis comparativo de los casos anteriores se llega a la aproximación de la influencia de un patrón en el otro, naturalmente del patrón de padres/madres en sus hijos. De tal suerte que cuanto más coincidentes sean los mismos más intensa será esta capacidad de influencia. La hipótesis de partida es que ambos patrones sean altamente coincidentes, fiel reflejo de la determinación de la personalidad de los padres en los hijos. No obstante, tan solo resultan no significativas las diferencias entre ellos en las dimensiones 1, 4, 7, 10 13 y 16, como se aprecia visualmente en el gráfico siguiente, lo que asciende al 33.3% de las mismas (una de cada tres respuestas). Luego no puede confirmarse la influencia anterior, salvo en las dimensiones señaladas (figura 2). En dos de ellas, por tanto un total del 11.1%, puede afirmarse que todas las respuestas (1 y 7) registradas resultan casi idénticas, pues a la ausencia de diferencias significativas (p>.05) se une la correlación positiva y absoluta (ρ=1): • El origen del alumnado de otras culturas es de la zona, es decir, lo consideran perteneciente al contexto y no desarraigado, según declaraciones de progenitores e hijos (59.1 y 57.4%, respectivamente). Le siguen las aulas multiculturales, también en frecuencias similares (36.4 y 36.1, respectivamente). • Las ventajas de la interculturalidad son para la cultura minoritaria según padres/madres (81.8%) e hijos (83.3%), siendo el global de sus respuestas igualmente similares. Muy por debajo se sitúan las ventajas colectivas (13.6 y 10%, respectivamente. Y casi como testimoniales aparecen las desventajas (4.5 y 6.7%, respectivamente). Pese a la conveniencia de la ausencia de desventajas, no resulta del todo ajustado que las ventajas solo sean para los individuos de culturas minoritarias, sino que más bien lo son para todos (colectivas). En las otras cuatro en que no se apreciaron diferencias significativas (4, 10, 13 y 16), esto es, el 22.2% del total, la correlación obtenida resultó media-alta: • Las relaciones interculturales entre alumnos son percibidas mayoritariamente como "buenas", tanto para progenitores (59.1%) como para hijos (61%), seguidas de "normales" en el primer caso (31.8%) y solo regulares en el segundo (20.3%); resultando las diferencias en su conjunto no significativas (p=.88), incluso ciertamente relacionadas (ρ=.63). • Objetivo de la escuela respecto de las familias de culturas minoritarias ha de ser preferentemente "su integración" según declaraciones de padres/ madres (70%) y también de sus hijos (49.2%). "La participación" también alcanza valores considerables en ambos casos (30 y 39%, respectivamente). Sus diferencias son insignificantes (p=.88) y su correlación media-alta (ρ=.69). • No son conscientes ni las familias (65%) ni aun menos los hijos (78.9%) de las posibles diferencias de participación escolar de otras familias de otras culturas. Solo en torno al 20% percibe diferencias en la participación, y un porcentaje bajo (10 y 2.4%) constata que no participan. Las respuestas entre ambos colectivos no son significativamente diferentes (p=.07) y su correlación normal (ρ=.65). • Coinciden también padres (62.5%) e hijos (56.3%) en la manera de resolver problemas interculturales, a través del "diálogo" fundamentalmente, siendo las diferencias globales no significativas Actitudes ante la diversidad cultural de progenitores y descendientes. Eficiencia de la influencia por su grado de confluencia 10 a451 (p=.09) aunque su correlación solo media (ρ=.5), lo cual se debe a que como segunda opción los padres/madres resaltan la "participación" (18.8%) y los hijos la "integración" (25.6%). Sorprende que un 12.5% de padres/madres indicó que eran "irresolubles" las dificultades, frente al 3.1% del alumnado que se decantó por esta respuesta. Contrariamente, sí presentan diferencias significativas, la mayoría de las respuestas restantes (66.7%) de padres/madres e hijos, como representa la figura 3 y se describe seguidamente: • Los padres/madres declaran mayoritariamente disponer de "ninguna información" sobre otras culturas (42.9%) junto a "escasa" (28.6%) mientras que la respuesta más frecuente del alumnado es "escasa y general" (89.7%). De esta y el resto de respuesta surgen las diferencias significativas (p=.04). • Mientras que los padres/madres perciben que la conducta y el rendimiento del alumnado de otras culturas como "normal" (52.6%) con cierta tendencia a "malos" (36.8%), los hijos los perciben "buenos" (53.3%) con tendencia a "normales" (40%); siendo por tanto sus diferencias significativas (p=.00). • Acerca de las creencias y tradiciones no hay acuerdo: unas familias manifiestan mayoritariamente que "sí han de ser tenidas en cuenta en el instituto" (47.6%), aunque con un porcentaje también nutrido que opina lo contrario (38.1%), o solo "a veces" o "casos concretos" (14.3%). Los alumnos son más críticos: "solo a veces" (41.7%) y "no" (31.7%) son las respuestas más representativas. En consecuencia, las diferencias entre ellos alcanzan el grado de significatividad de p=.02. • Para las familias las dificultades derivadas de la atención educativa al alumnado de las diferentes culturas se polarizan entre "sí existen" (45.5%) y "ninguna" (40.9%). Nuevamente los hijos se muestran más críticos admitiendo que sí existen, bien "algunas" (42.4%), bien "bastantes" (40.7%). Sus diferencias resultan significativas (p=.04). • Respecto de la función de la escuela en cuanto a la atención a los diferentes grupos culturales, para las familias debe ser "la enseñanza" (57.1%), seguida de "la adaptación y la integración de todos" (42.9%). Para el alumnado los porcentajes se invierten: el 58.1% afirma que debe ser "integrarlos en el grupo de clase" fren-Figura 3. Diferencias paterno-filiales en la percepción/actitud ante la diversidad cultural en las aulas Fuente: elaboración propia. • El objetivo principal que hay que lograr con el alumnado de otras culturas diferentes a la mayoritaria debe ser "la formación en todos sus frentes para la integración" y "fomentar la tolerancia, el respecto y el no al racismo", con idénticos porcentajes (38.1%), seguidos de "terminar el curso con la inclusión de todos" (23.8%). El alumnado divide sus opiniones al respecto entre "que se integren sin abandonar su cultura y sean uno más" (57.8%) y el aprendizaje básico de "escribir y hablar español" (42.6%). Las diferencias son significativas al 99.7%. • La mayoría de las familias considera el profesorado suficientemente formado para atender a los diferentes grupos culturales que conviven en sus aulas, debido a su "experiencia y estudios" (55.6%). El 44.4% considera lo contrario: "no" lo están o "solo regular", a partes iguales. El alumnado se expresa de forma más crítica: solo el 35% lo percibe formado, mientras que el resto opina que "no" lo está. Por tanto, son significativas las divergencias (p=.04). • En palabras de familiares deben ser formados para "conocer las distintas culturas, sus costumbres y hábitos" principalmente (47.6%) junto a su formación didáctica "propia de maestros" (33.3%). De nuevo, para el alumnado la tendencia se invierte: formación docente y "aprender el idioma y otras lenguas" como prioridad, junto a "conocer y comprender las culturas que trabaja" (35%). El resto de respuestas de ambos colectivos son testimoniales y en su conjunto sus diferencias alcanzan la significatividad estadística (p=.02). • La relación de profesorado y familias para estas es "buena y adecuada" en un excelso porcentaje (83.3%), mientras que según los descendientes es "buena" pero también inexistente, a partes similares (53.4 y 44.8%, respectivamente). • Relacionado con lo anterior, las dificultades entre profesores y familiares son "nulas" para las familias en todos los casos (100%), mientras que la mitad del alumnado es consciente de dificultades y la otra mitad no; de tal manera que las divergencias entre ellos alcanzan el grado de significatividad de p=.04. • Las familias declaran que el tratamiento que debe ofrecerse a la diversidad en las aulas es básicamente "la integración" (61.9%), y en menor me-dida el "aprendizaje" y la "riqueza" en porcentajes idénticos (19%). El alumnado apuesta por el "aprendizaje" junto a la "integración" (44.6% y 37.5%, respectivamente), seguidos de lejos de "aprovechar la riqueza de la diversidad", "aprendiendo todos juntos, unos de otros" (17.9). Las diferencias paterno-filiales son significativas al 99.8% (p=.02). • Como conclusión final, los padres/madres resaltan "la integración" (44.4%), por encima de otras respuestas, como "la igualdad" (22.2%) y "los prejuicios" (22.2%), mientras que los hijos introducen la "no discriminación entre unos y otros (los diferentes grupos culturales)" (55.6%) coincidiendo en "la igualdad" (22.2%) pero no en otras. Se perpetúan las diferencias significativas entre sus respuestas (p=.04). DISCUSIÓN DE RESULTADOS Y CONCLUSIONES En definitiva, se puede aludir a la existencia de un patrón paterno perceptivo-actitudinal en torno a la diversidad cultural, dadas las escasas diferencias individuales intracaso, delimitado por los rasgos que contiene el cuadro siguiente. Rasgos más o menos adecuados, como también engloba, pero relativamente uniformes que dibujan un perfil concreto. Con menor contundencia cabe afirmar lo anterior para el caso del alumnado, la mayor variedad de percepciones y actitudes, detectada por la profusión de diferencias individuales dentro del colectivo, perfila un panorama más incierto sobre la forma de concebir del alumnado a sus compañeros pertenecientes a otras culturas. Tal ambigüedad conforma un patrón débil o inexistente. Sea débil o inexistente, lo cierto es que no parece que exista una influencia considerable del patrón paterno en el filial, pues en este caso las diferencias significativas interindividuales de ambos colectivos o intercasos superan a las semejanzas y, aún más, a las que muestran una correlación intensa. Menor aún ha sido la confluencia detectada dentro del seno del aula entre docentes y discentes, según las investigaciones previas (Etxeberria, Karrera y Murua, 2010; Rodríguez Fuentes y Fernández Fernández, 2017). Del balance global sobre pertinencia actitudinal, se desprende la necesidad de una actuación profunda de intervención ya que las necesidades mostradas en forma de deficiencias, prejuicios y desconocimiento derivan en acciones, inacciones y expectativas contraproducentes para el devenir escolar de alumnos de culturas minoritarias, no siendo estos directamente responsables desde esta perspectiva. Se hacen a451 precisas intervenciones coordinadas desde varios frentes como pueden ser las aulas interculturales de convivencia o adaptación lingüística de los centros, el claustro de profesores, las escuelas de padres, las asociaciones de madres y padres de alumnos (AMPAS). E incluso acciones coordinadas en determinados extremos como los planes directores puestos en marcha desde las subdelegaciones del gobierno en coordinación con las Delegaciones Territoriales de Educación, en donde además de formación e información se impulsen cambios de concienciación y comportamentales del alumnado (actuaciones extrínsecas), así como otras (intrínsecas) encaminadas a mejorar la didáctica del aula y de los centros interculturales. Ello pasa imprescindiblemente por considerar no solo los agentes externos del acto didáctico sino por contar con familiares y alumnado, para ir moldeando y configurando sus actitudes, cubriendo la triangulación precisa que reclama la educación intercultural (Aguado, Ballesteros, Malik y Sánchez, 2003). Sírvase para ello desde charlas y jornadas de convivencia hasta programas de intervención específicos generados desde el claustro e incorporados al proyecto educativo del centro en el seno de las asociaciones de padres y madres. En los mismos términos lo considera Torres Santomé ( 2008), aunque los participantes de esta investigación siguen vinculando la riqueza a los colectivos minoritarios, exclusivamente, y aún peor a las dificultades derivadas de su atención en las aulas. Dificultades que cuando son relacionales entienden que han de ser resueltas exclusivamente a través del diálogo y no con otras fórmulas, como el conocimiento cultural, como garante de su comprensión y empatía, y ello a pesar de que resultan ínfimos los niveles de información declarados por los participantes de esta investigación sobre otras culturas ni las diferencias de implicación y participación en los centros, como otras investigaciones ponen de manifiesto (Aguado et al., 2003; Etxeberria Segastume e Intxausti Intxausti, 2013; Franzé Mudanó, 2008; Garreta Bochaca, 2008, Hernández Prados et al., 2016; Intxausti et al., 2014; Leiva Olivencia y Escarbajal Frutos, 2011; Maiztegui Oñate e Ibarrola Armendariz, 2012; Santos Rego y Lorenzo Moledo, 2009; Santos et al., 2011), también del propio alumnado. Es decir, no son conscientes de la menor participación ni de la falta de capacitación para la misma, puesta de manifiesto en otras investigaciones (Reparaz y Naval, 2014), a diferencia de las familias ni inmigrantes (Valdés Cuervo y Urías Murrieta, 2011), a pesar de contar con la motivación e "interés manifiesto por las familias inmigrantes hacia la escolarización de sus hijos, que contribuye a despertar el sentimiento de pertenencia" (García Sanz, Hernández Prados, Parra Martínez y Gomariz Vicente, 2016, p. Además, no se desarrolla un currículo intercultural que tenga en consideración las creencias y costumbres de grupos culturales minoritarios, como se ha puesto de manifiesto en la bibliografía especializada (Torres Santomé, 2008), quizá porque los agentes educativos encargados de ello no están por la labor, al menos los progenitores y sus hijos, según los resultados obtenidos. Barrena Blázquez (2014) califica las actitudes generales del alumnado como contrarias a la integración, incluso de rechazo a la población de alumnado inmigrante, que alcanza niveles preocupantes, conducente a la expulsión del país de estos alumnos en la investigación por la amenaza de competencias para el acceso al mercado laboral, apostilla Calvo Buezas. Además se apuesta por la integración como objetivo escolar con ellos. En total otro 20%, que sumado al común de padres e hijos asciende al 40%. Y ello afecta al comportamiento y rendimiento escolares. Junto al comportamiento y rendimiento, se destaca en la presente la tradicional obsesión por la enseñanza como objetivo escolar básico, por encima de la integración y adaptación previas a la anterior. Ambas denotan quizás lo que otras investigaciones han puesto de manifiesto también sobre la necesidad de formación de los docentes, en otras obras reclamada por los propios docentes (Gómez Jarabo, 2015; Leiva Olivencia, 2008; Leiva Olivencia, 2010). Como consecuencia, las expectativas menores, que también lo son para familiares de culturas minoritarias, según Ruiz Román y Merino Mata (2009) Leiva Olivencia (2013) propone incrementar y optimizar las relaciones interpersonales en contextos interculturales, dadas las diferencias religiosas e idiomáticas (Aguado et al., 2003). Goenechea Permisán (2014) no cree que sean problemas insalvables, mientras que Gómez Jarabo (2015) alerta de que pueden desencadenarse no solo conflictos sino episodios a451 violentos, donde el alumnado inmigrante es sensiblemente vulnerable, más victima que acosador. Para el desarrollo de acciones como las anteriores, cabría reformular las deficiencias y carencias puestas de relieve en esta investigación, coincidentes con otras investigaciones que focalizan las propias culturas afectadas (minoritarias) en necesidades de formación de la comunidad escolar, en este caso del alumnado, pero también de sus familias, y no solo del profesorado, como viene siendo común reclamar (Aguado et al., 2003; Swain, Nordness y Leader-Janssen, 2012; Taylor y Ringlaben, 2012) en función de sus programas de enseñanza (Kim, 2011). Para que sean totalmente adaptados al contexto concreto se hace indiscutiblemente preciso el diagnóstico de las actitudes antes de la contribución a la mejora de las mismas hacia alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (Ahmmed, Sharma y Deppeler, 2012; Avramidis, Bayliss y Burden, 2000; Avramidis y Norwich, 2002; Talou et al., 2010), puesto que, pese a la pretendida representatividad del estudio, otros contextos pueden presentar necesidades propias. El análisis del contraste entre unos contextos y otros, iniciado por investigaciones previas (Forlin, Sharma, Loreman, 2007) nos ofrece pistas de cómo se estimulan las actitudes precisamente y cómo se mejora la convergencia entre patrones actitudinales. Y todo ello ha de perpetuarse en el tiempo, puesto que el fenómeno indagado avanza a ritmos vertiginosos e inestimables. Y por supuesto, con variaciones de tipo metodológico, puesto que permiten enriquecer la descripción del objeto de estudio actitudinal, empleando otros diseños, otros instrumentos e incluso otros sistemas de categorías, incluso de contraste con las propuestas en el presente estudio. Se requiere caminar y perpetuar esta línea de investigación que, si bien se encuentra relativamente fértil en el caso de percepciones y actitudes de participantes de las culturas minoritarias, no lo está tanto para otros participantes de la cultura mayoritaria, en los que se ha focalizado este estudio. VARIABLE CASO DEL ALUMNADO CASOS DE LOS FAMILIARES CATEGORÍAS No % CATEGORÍAS No % Categorías* Progenitores Descendientes Relación entre ellos
En este artículo llevamos a cabo una extensa revisión de la literatura científica en lo relativo a los vínculos entre materialismo y felicidad, desde un enfoque multidisciplinar que incluye la psicología, la comunicación, la economía y la ética. La línea dominante en la bibliografía insiste en vincular un mayor materialismo con una menor auto-percepción de felicidad y de bienestar, y con una mayor propensión a la depresión. En esta revisión atendemos a los aspectos que así lo evidencian, al rumbo actual de las investigaciones y a los retos aún pendientes de clarificación por parte de la comunidad investigadora. Es poco conocido que el rey Midas fue un personaje histórico, cuyo reinado se sitúa en Frigia (Asia menor) en el siglo VIII antes de Cristo. Su reinado fue tan próspero que fascinó a los griegos, quienes lo incorporaron a su mitología. Según esta, cierto día paseaba Midas por su jardín cuando se encontró con Sileno, dios de la embriaguez. Midas celebró una fiesta en su honor, y como agradecimiento, Sileno le concedería el deseo que quisiera. Aunque el rey ya poseía una considerable fortuna, su codicia le hizo pedir el poder de convertir en oro todo lo que tocase. Midas, eufórico por haber recibido ese don, comenzó a convertir en oro ramas, piedras... Sin embargo, aquella sed desmedida de riquezas se volvió en su contra cuando vio que también la comida y la bebida se tornaban en oro, igual que las rosas, que perdían su color y su fragancia con solo tocarlas (Fernández Corte y Cantó Llorca, 2012). Cuatro siglos después del reinado de Midas, arranca en Grecia una de las tradiciones éticas más importantes de la historia del pensamiento: el eudemonismo, que asocia la consecución de la felicidad con la práctica de la virtud. Milenios más tarde, esta corriente ética se ha constituido en un auténtico paradigma para ramas de conocimiento tan dispares como la psicología, la economía o la sociología, entre otras. Etimológicamente, eudemonismo significa estar en posesión de un buen demonio, es decir, de un buen espíritu, un espíritu virtuoso (Ferrater Mora, 2001) y su primera formulación sistemática la hizo Aristóteles en la Ética a Nicómaco (Calvo Martínez, 2001), para quien, si la felicidad es el propósito último y más elevado de la vida, nada habrá más importante que observar un comportamiento virtuoso para alcanzarla. Aristóteles considera que la virtud se sitúa siempre entre dos extremos; así, por ejemplo, la valentía estaría tan lejos de la cobardía como de la temeridad. En el campo que nos ocupa, esto es, en la relación del ser humano con los bienes materiales, el modo virtuoso de gestionar los bienes estaría tan lejos de la codicia como de la prodigalidad. El término medio estaría, según Aristóteles, en la generosidad, con la que se relativizaría la importancia de los bienes materiales y se acompasaría con los que el estagirita denominaba bienes del alma. Paralelamente a ello, la búsqueda excesiva de las riquezas materiales no solo no ayudaría a alcanzar la felicidad, sino que incluso podría alejarnos de ella. La virtud y, por tanto, la felicidad eudaimónica, es una conquista que requiere el establecimiento de comportamientos virtuosos, de manera reiterada y constante. En suma, toda la tradición eudemonista surgida a raíz del sistema aristotélico se basa en el siguiente prius: la consideración de la existencia de un nexo causal entre virtud y felicidad. Dicha relación causal ha sido protagonista de una larga e histórica controversia, como, por ejemplo, con el deontologismo kantiano (Mardomingo, 1996), el cual afirmaba que, dado que la felicidad es eminentemente subjetiva, la búsqueda de nuestra felicidad personal puede entrar en colisión con el deber y con lo que es justo. Lo cierto es que dicha controversia cada vez se ve más mitigada por las crecientes evidencias científicas. En este artículo nos proponemos ahondar en el estudio de los vínculos entre la felicidad y el comportamiento virtuoso en el terreno del materialismo 1, concibiendo este como la relación quizás menos virtuosa que entabla una persona con los bienes y las riquezas materiales, y por ende, a priori, menos eudaimónica. Tomamos así una senda de estudio que data ya de varias décadas atrás, abierta en buena medida por el pionero Easterlin (1974), con su famosa paradoja. A dicho autor le han seguido otros que señalan las serias limitaciones en la relación entre el nivel de ingresos monetarios de una persona y su felicidad e incluso su bienestar (expresado en términos de subjective well-being (SWB) (Oswald y Wu, 2010). Parece que un mayor poder adquisitivo puede mejorar hasta cierto punto la satisfacción vital, pero no forzosamente mejora el bienestar emocional o hedonia (Kahneman y Deaton, 2010), puesto que tal relación pudiera estar condicionada por terceros parámetros. Tal es el caso, por ejemplo, de lo subjetivo de la comparación con el grupo de referencia (Brown and Gray, 2016; Ferrer i Carbonell, 2005), entre otras muchas variables de orden psicológico, social, moral, etc. En este sentido, y dejando aparte la controversia en torno a la ya archiconocida paradoja de Easterlin en su dimensión macroeconómica (Ma and Zhang, 2014), en términos individuales y microeconómicos nos inclinaremos más por el planteamiento de Dunn, Gilbert y Wilson (2011) y Dunn y Norton (2013), entre otros, quienes afirman que, salvando los extremos, en la relación entre felicidad y poder adquisitivo, la cuestión no es tanto tener más o menos dinero, sino qué se hace con el dinero que se tiene. Es desde esa perspectiva desde la cual abordaremos el materialismo, cuestión que aquí nos ocupa. Decía Kahneman (2011) que creer que el dinero da la felicidad no solo es erróneo, sino una desgracia social. Desgracia que también podría acaecer a nivel individual. En ese sentido, son numerosos los estudios en los que se asocia un estilo de vida apegado al dinero y a las posesiones materiales con un menor bienestar tanto subjetivo como psicológico. Es decir, el hecho de darle más valor e importancia a lo material parece directamente asociado a un menor bienestar de las personas y viceversa (Hudders y Pandelaere, 2012; Kashdan y Breen, 2007; Kasser et al., 2014). Sin embargo, son muchas las personas que, a día de hoy, y debido a multitud de factores (Duh, 2015), siguen considerando que su felicidad se esconde tras la conquista de determinadas posesiones materiales que se desean. Para Lee y Ahn (2016) esto no es solo erróneo sino contraproducente, coincidiendo con Pieters (2013) o con Kasser et al. (2014) en que el materialismo nos aleja de la felicidad. Entre otras razones por la pérdida de control que provoca sobre nosotros el consumo y la adquisición de bienes, lo cual va en contra de nuestra auto-determinación y autonomía. Es así como la excesiva abundancia se puede convertir en una trampa en términos psicológicos, como bien señalaba Luthar (2003) en su estudio sobre dicha abundancia durante la infancia. El materialismo sería, por tanto, un conjunto de creencias en relación al dinero y a las posesiones materiales (Dittmar, Bond, Hurst y Kasser, 2014), en las que dichas posesiones tienen una centralidad exacerbada; o, dicho de otro modo, podría ser explicado como la situación en que los bienes materiales están presentes de forma preeminente en los valores personales de un individuo (Belk, 1985). Así, para Richins y Dawson (1992) el materialismo sería "the importance ascribed to the ownership and acquisition of material goods in achieving major life goals or desired states", definición bajo la cual se arropan tres dimensiones: la centralidad de la adquisión de bienes en la vida de la personas, la persecución de la felicidad a través de la adquisición bienes y el éxito vital definido a partir de las posesiones (acquisition centrality in the life of people, acquisition as the pursuit of happiness, and possession-defined success in the life). Tres dimensiones que sustentarían, por otro lado, la escala desarrollada por estos mismos autores. En ese sentido, varios son los estudios que afirman que esta segunda opción nos reporta una felicidad más sólida y duradera que el hecho de adquirir bienes materiales (Carter y Gilovich, 2012; Diener, Horwitz y Emmons, 1985; Gilovich y Kumar, 2015; Gilovich, Kumar y Jampol, 2015; Howell, Pchelin e Iyer, 2012). Varias son las razones por las que ello puede ocurrir, como el hecho de que las experiencias son menos proclives a la adaptación hedónica; esto es, al hecho de que las personas acaben acostumbrándose a todo objeto o estímulo que suscite cualquier tipo de respuesta emocional (Armenta, Jacobs Bao, Lyubomirsky y Sheldon, 2014; Carter y Gilovich, 2014; Gilovich y Kumar, 2015). Asimismo, Peng y Ye (2015) y Van Boven y Gilovich (2003) también exploran la diferente relación que tiene con la felicidad la adquisición de bienes materiales frente a la adquisición de experiencias. Estas hacen más feliz al individuo por cinco vías diferentes. En primer lugar, porque una buena experiencia irá mejorando en el recuerdo con el tiempo, en lo que coinciden con Howell y Guevarra (2013); en segundo lugar, las experiencias tienen lazos más estrechos con el yo, pasan a formar parte de la trayectoria vital de la persona con mayor intensidad. Las experiencias, en tercer lugar, a diferencia de los bienes materiales, se prestan menos a la comparación social, algo cuyo antagonismo con la felicidad es bien conocido. En cuarto lugar, las experiencias suelen cubrir necesidades sociales y afectivas, al ser vividas a452 muchas de ellas en compañía; tal vez por ello sean más perdurables, al menos a priori, en la memoria. Las experiencias parecen, por tanto, más capaces de producir felicidad, además de por todo lo dicho, porque son algo que tras ser vivido podemos contar y relatar a los demás, compartir con ellos, etc., algo nada baladí, como señalan Kumar y Gilovich (2015). Por tanto, dejando aparte que la mayor felicidad en relación al dinero podría venir de gastarlo no solo con los demás (Caprariello y Reis, 2013), sino en los demás (Aknin et al., 2013; Aknin, Broesch, Hamlin y van de Vondervoort, 2015), parece lícito pensar que estaríamos ante un tipo de consumo, el experiencial, con una carga eudaimónica de partida mayor que el de los bienes u objetos. Ahora bien, esta dicotomía tiene sus matices. Aunque hay quien aboga por separar en dos categorías estancas el consumo de bienes del de experiencias (Schmitt, Brakus y Zarantonello, 2015), lo cierto es que son más los autores que defienden que estaríamos ante dos extremos de un mismo continuum (Peng y Ye, 2015; Dunn y Norton, 2013; Guevarra y Howell, 2015). PROPUESTAS PARA UN CONSUMO QUE PRODUZCA MÁS FELICIDAD La línea dominante en la bibliografía asocia determinados modos de consumo con niveles más elevados de satisfacción personal y felicidad, y previene de formas menos saludables de relación con los bienes materiales. Uno de los iniciadores de esta línea argumental fue J. K. Galbraith (1958), quien ya a mitad del siglo XX denunciaba cómo los incipientes medios de promoción comercial iban generando necesidades en la población, que sin embargo no mejoraban su bienestar cuando consumía los bienes cuya necesidad había sido artificialmente inducida por medio del marketing. A pesar de que los planteamientos de Galbraith han sido frecuentemente criticados por la bibliografía, algunos de sus argumentos siguen ofreciendo conclusiones firmes. En esta línea, Dutt (2008) reafirma las conclusiones de Galbrith e introduce el elemento de comparación: aunque el consumidor es libre para elegir qué y cuánto consumir, su decisión está fuertemente marcada por los niveles de consumo de la sociedad en que se incardina. El consumo de bienes cuyo deseo ha sido artificialmente inducido ni siquiera genera utilidad auto-percibida por el consumidor, y además genera efectos macroeconómicos adversos al agravar la brecha de desigualdad social. Ahuvia (2002) también incide en la importancia del contexto cultural para determinar la influencia del consumo en los niveles de bienestar y felicidad. En su trabajo plantea que los países ricos arrojan un mayor nivel de bienestar que los países más pobres, lo cual podría llevarnos a establecer un vínculo entre consumo y bienestar. Sin embargo, cuando se lleva la comparación a individuos procedentes del mismo país, la diferencia en el nivel de ingresos apenas incide en los niveles de bienestar y felicidad reconocidos por los individuos, siempre y cuando las necesidades básicas estén cubiertas. Su conclusión es que los países más desarrollados generan personalidades más individualistas, que posibilitan que sus ciudadanos se sientan más orientados hacia la búsqueda de su propio camino de desarrollo personal, y menos inclinados a generar una buena imagen social. Sus conclusiones son en gran medida coincidentes con las de Headey, Muffels y Wooden (2008). En lo relativo a los modos de consumo que producen más felicidad, la bibliografía aporta algunas conclusiones interesantes. Así, Cohen y Vandenbergh ( 2008) asocian mayores niveles de bienestar y felicidad con un consumo respetuoso con el medio ambiente. Guven (2012) se plantea la misma cuestión pero invirtiendo los términos: cuando una persona es feliz, ¿cambian sus hábitos de consumo y su propensión al ahorro? Este trabajo ofrece algunas conclusiones interesantes: las personas felices ahorran más, gastan menos, tienen menor propensión marginal para consumir, toman más tiempo para tomar decisiones y controlan más sus gastos. Sin embargo, y a pesar de que su trabajo parece prometer lo contrario, no termina de aclarar cuál es la dirección del nexo causal: ¿es la felicidad la que provoca esos cambios o viceversa? DeLeire y Kalil (2010) ofrecen evidencias empíricas que muestran que la única componente del consumo que se relaciona positivamente con la felicidad es el consumo de ocio. En cambio, el consumo en bienes duraderos, obras de caridad, cuidado personal y salud, comida, coches e inmuebles no se relacionan de forma significativa con la felicidad. Según los autores, el hecho de que el consumo mejore los niveles de bienestar tiene que ver con el incremento de los niveles relacionales de la persona. Uno de los contextos de pensamiento desde el que se propone consumir menos como vía de desarrollo personal y mejora del bienestar y la felicidad es el movimiento a favor del decrecimiento (Gisbert Aguilar, Generar valor y felicidad reduciendo la utilización de materia y energía; Koch, Money, Happiness and Human Needs: Shifting Priorities in Degrowth Research?; Taibo, 2016). Como decíamos más arriba, el concepto de materialismo al que hemos estudiado se asocia no tanto al hecho de consumir de manera excesiva en términos generales (Lee y Ahn, 2016) cuanto a mostrar excesivo apego por los bienes materiales. O al menos, mayor apego a los mismos frente al que se pueda tener por hacer cosas o vivir experiencias. Si bien hay quien postula el anticonsumo generalizado como la vía de acercamiento a una felicidad más auténtica (Lee y Ahn, 2016), pensamos que otra vía menos maximalista podría venir de dividir el consumo en las dos categorías ya expuestas: no parece lo mismo preferir cosas que preferir acciones o experiencias. Ambos tipos de consumo tendrían distinta relación con la felicidad, como hemos observado. Estos resultados están siendo corroborados por estudios provenientes de disciplinas muy diversas (Manchanda, Abidi y Mishra, 2015). Así, por ejemplo, dentro de lo que en un momento dado podríamos encajar también bajo el paraguas de las "sciences of spending" de Dunn y Weidman (2015), el economista Bruni (2010) ya planteaba también la dicotomía posesiones/experiencias, y lo hacía en términos de bienes de consumo ordinario (ordinary consumption) frente a bienes relacionales (relational goods), a los cuales, al implicar vivencia o experiencia vivida, les achaca un mayor potencial para generar felicidad, principalmente por la vía eudaimónica. Volviendo a la psicología positiva, tal vez el consumir cualquier tipo de experiencia sea ya una actividad positiva en sí, como afirman Lyubomirsky y Layous ( 2013), aunque haciendo la salvedad de que pueden existir variables que hacen ajustar o no un determinado tipo de actividad a una persona concreta, o viceversa. No ignoramos aquí el hecho de que es posible incurrir en un cierto consumismo de experiencias, y que es frecuente encontrar personas orientadas de forma reiterada a realizar este consumo con cierta compulsión. Obviamente, este tipo de consumo de experiencias se aproxima al materialismo entendido como apego a los bienes materiales (en este caso, al placer que reporta la realización de determinadas ex-periencias). No obstante, aquí nos estamos refiriendo a un tipo de consumo de experiencias matizado por la virtud aristotélica entendida como búsqueda de un punto medio que escape de las posiciones extremas, y que lo cualifica como más virtuoso que el material por los cinco motivos antes expuestos: mejora en el recuerdo, incorporación a la trayectoria vital de la persona, menor propensión a la comparación social, relación con necesidades sociales y afectivas, y perdurabilidad (Howell y Guevarra, 2013). En definitiva, se trata de aspectos que tienen que ver con el desarrollo de la trayectoria personal y de nuestras posibilidades de socialización, lo cual encaja con el ergon o finalidad propia del ser humano en el sistema aristotélico, ya que el estagirita entiende al hombre como animal político (zoon politikon) y ser social por naturaleza. Al margen de esas posibles variables, es cierto que el hecho de que las experiencias proporcionen mayor felicidad hedónica y eudaimónica confluye con los postulados de la Self-Determination Theory (Ryan, 2009), ya que el consumo de experiencias permite una mayor satisfacción de necesidades psicológicas básicas como autonomía, competencia y filiación. Otro punto de conexión del consumo de experiencias con la felicidad puede ser el que señalan Kumar y Gilovich (2016) o Kumar, Killingsworth y Gilovich (2014). Estos autores afirman que las experiencias permiten disfrutar más que los objetos del tiempo de carencia, demora o espera de su disfrute, lo cual refuerza su carácter eudaimónico. La capacidad de esperar y postergar una recompensa mayor, en detrimento de una inmediata pero menor, es sinónimo de una madurez racional y emocional que, a la postre, puede conectar con el crecimiento eudaimónico (Kahneman, 2011). De alguna manera, las experiencias inciden más sosegadamente en la naturaleza deseante de los consumidores que los bienes materiales. En relación con ello, cabe señalar el reciente estudio de Delle Fave et al. (2016) en el que han sondeado la definición popular de felicidad en una larga lista de países, encontrando patrones comunes más que interesantes. Como principal factor interno que supuestamente sustenta la felicidad, los encuestados destacaron la armonía y la paz interior. En cuanto a los factores externos o del entorno, la familia y las relaciones sociales ganaron sobradamente. Por tanto, el tener menos deseos de objetos o bienes materiales, esto es, ser menos materialista, podría ser satisfactorio también por la vía de, al menos, atentar menos contra esa armonía interior. Los bienes materiales facilitan, asimismo, mayor comparación social de los consumidores, lo cual también podría ser un obstáculo para esa paz interna. En paralelo, dado que frecuentemente compartimos las experiencias con otros, estarían fortaleciendo el primer agente capaz de producir felicidad en nuestro entorno, las relaciones y los afectos. Al mismo tiempo, cabe pensar también que podrían estar funcionando no solo como generadoras de felicidad, como decimos, sino también como antídoto o como barrera de contención ante una posible depresión, al mitigar la probabilidad de aparición de algunos de sus síntomas. En otro orden de cosas, la bibliografía revisada arroja conclusiones claras sobre las posibilidades de medición, siempre complicada, de las variables estudiadas y de su relación entre sí. Hasta el momento, la observación de todo ello se ha llevado a cabo preeminentemente a través de mediciones autodeclarativas, con escalas que no dejan de comportar cierta subjetividad y variabilidad en la interpretación de las mismas, los ítems, sus valores, etc. (Frederick y Loewenstein, 1999), en especial en constructos tan esquivos como los que estamos analizando. Por ello, los recientes estudios que incorporan mediciones de carácter implícito suponen un paso adelante en ese sentido. En cuanto a las limitaciones del estado de la cuestión y sus posibles líneas futuras de investigación, consideramos que sería deseable incorporar otras variables que pudieran estar mediando en la relación de la felicidad y la depresión con el materialismo. Tal es el caso, por ejemplo, de la personalidad y los rasgos que la conforman (Puente-Díaz y Cavazos Arroyo, 2015) o de la autoestima, algo también importante en especial en los jóvenes (Chaplin y John, 2010). Tampoco es frecuente que en los estudios que relacionan materialismo e (in)felicidad se tengan en cuenta las expectativas en cuanto a la calidad de vida esperable o la situación personal y socioeconómica (Sirgy et al., 2011) u otros factores psicosociales. Tal es el caso de la familia, así como el grupo de pares y el apoyo social de otros conglomerados sociales (Christopher y Schlenker, 2004), algo que ciertamente es relevante a la hora de transmitir o no valores materialistas a los individuos (Goldberg, Gorn, Peracchio y Bamossy, 2003). Por otro lado, la bibliografía no termina de fijar con claridad el sentido de la causalidad: ¿estamos en condiciones de dictaminar si es el materialismo lo que causa una mayor tendencia a la depresión y un menor nivel de felicidad o es a la inversa? En ese sentido, coincidimos con Dittmar et al. (2014) en que la exploración de dicha causalidad sería algo necesario y prioritario para futuras líneas de trabajo, en aras de dar con modelos de intervención que pudieran fomentar el bienestar y la felicidad de los consumidores. Aun con todo, el presente trabajo viene a subrayar la importancia del estudio de la eudaimonia en el consumo frente a la hedonia, la cual ha sido estudiada desde hace más tiempo con relación al bienestar (Hirschman y Holbrook, 1982). Esto es algo que consideramos importante en el escenario actual, por otro lado, para las marcas y empresas a la hora de decidir cómo configurar la oferta. En ese sentido, parece que todo aquello que pueda ser convertido en experiencia, podría ofrecer mejores resultados, no solo para el consumidor y su eudaimonia, sino también para las marcas y empresas, y a la larga para la sociedad en su conjunto. De acuerdo con Gilovich, Kumar y Jampol (2015), los agentes sociales y económicos, públicos y privados, debieran aprovechar ese mayor retorno hedónico y eudaimónico que ofrece la inversión en experiencias por parte del consumidor. A la postre, esto haría crecer también el bienestar social, habida cuenta de la cantidad de problemas que acarrea el exceso de materialismo. Así, cabe preguntarse: ¿ha de seguir siendo necesariamente el materialismo la fuerza impulsora de la sociedad de consumo moderna? Visto lo visto, parece que, si queremos avanzar hacia eso que viene en llamarse economía de la felicidad, o en términos de Crespo y Mesurado (2014), flourishing economics, el viraje hacia las experiencias se muestra harto interesante. Entre otras cosas, porque la huella ecológica de esa economía de las experiencias, en términos de materias primas, residuos, etc., se intuye más virtuosa y menos perjudicial que la que pueda tener el consumismo materialista. En la misma línea se expresaba Antonio Genovesi, uno de los padres de la conocida como economía civil, esa otra tradición económica clave que apunta en la misma dirección. Genovesi pretende escapar de una concepción del mercado entendido como lugar de aprovechamiento y maximización del interés particular, puesto que, para él, la adecuada gestión de los bienes es aquella que conduce a la felicidad, lo cual requiere un comportamiento virtuoso alejado del materialismo: es ley del Universo que no se puede lograr la felicidad propia sin posibilitar la de los demás (Genovesi, 1963, p. Por eso, dirá, hace falta ser virtuoso para ser feliz: somos seres capaces de virtud, y esta virtud no debe ser una voz vana y quimérica, sino verdadera y real (Genovesi, 1765(Genovesi, /2013, p. De una manera multidisciplinar, el presente estudio pretende recuperar la voz de Genovesi al albur de los últimos avances en la observación científica de la relación entre felicidad, depresión y materialismo. Esperamos que ello sirva, por otro lado, para ayudar a individuos y familias, en tanto que consumidores, a a452 adoptar decisiones de compra que sean hedónica y eudaimónicamente más "inteligentes", por tomar la expresión de Dunn y Norton (2013). Esto es, a adoptar un consumo más virtuoso para sí, para los demás y para el planeta en última instancia, y que aquí aproximamos grosso modo, y dejando aparte toda salvedad por el momento, con la preferencia por experiencias en detrimento de las posesiones materiales. En conclusión, los resultados aquí presentados vienen a sumarse a otros estudios previos que dan vigencia más que nunca a aquel prius eudemonista de los tiempos clásicos que, alimentado siglos más tarde por la elaboración ilustrada de la mencionada economía civil, consideraba la búsqueda de placeres y riquezas materiales como obstáculo para la consecución de la verdadera felicidad. El materialismo o apego extremo a lo material es notoriamente diferente a la búsqueda de experiencias, entendiéndose aquel como algo claramente "tóxico" para nuestro bienestar, como decían Solberg, Diener y Robinson (2004). Tan tóxico como aquellas manos del rey Midas, que convertían en oro todo lo que tocaban. Incluso a su propia hija, cuyo nombre, Zoe, significa vida. Al ser abrazada por su padre, Zoe quedó también convertida en oro, siendo despojada no ya de su sonrisa y su felicidad, sino de la vida misma. Y ¿qué es la vida sino la suma de todas esas pequeñas y grandes vivencias que seamos capaces de atesorar? [1] Entendemos "materialismo" no en sentido filosófico, por remisión a las doctrinas que consideran que la realidad está compuesta de corpúsculos que poseen propiedades mecánicas y actúan unos sobre los otros de acuerdo con leyes mecánicas expresables matemáticamente (Ferrater Mora, 2001, s.v. materialismo), sino en el sentido de dar un lugar preeminente en los estilos de vida y en las prioridades personales a la posesión de bienes materiales. El plan-teamiento central de este trabajo, por tanto, es que invertir recursos en experiencias de vida hace a las personas más felices que invertir en posesiones materiales (Van Boven, 2005, p.
En esta distribución desigual no solo se ordenan los espacios sino también los tiempos, ritmo y velocidad, de ahí que se pueda hablar de una cronopolítica asociada a la gestión política de la movilidad. Este aspecto del tema que nos ocupa, pese a su relevancia, no ha sido objeto de un estudio exhaustivo y detallado. El objetivo de este artículo es, precisamente, abordar INTRODUCCIÓN: REGÍMENES DE MOVILIDAD Y BIOPOLÍTICA Tomemos como punto de partida la noción de biopolítica tal y como Michel Foucault (2007) la planteara para constituir, junto con la noción de anatomopolítica 1, las relaciones de poder que el filósofo francés denominó biopoder 2. El objeto de la biopolítica es el control o la dominación de la población. Un control que, como señalan Pedro Torrejón, Tirado, Baleriola y Maureira (2016, p. 346), se extiende más allá de la obediencia sumisa de los súbditos a la voluntad del soberano para afectar al conjunto de variables que marcan el devenir lógico de la población. Ente estas variables, en particular para el caso que nos ocupa, cabe destacar la movilidad o circulación de la población. Coincidimos con quienes, desde una posición crítica, señalan que algunas de estas aportaciones se basan en asunciones discutibles como, por ejemplo, "que el movimiento per se genera cambio, que es autoevidente, y que la característica principal de nuestro presente es la enorme capacidad de movilidad que tenemos a nuestro alcance" (Torrejón et al., 2016, p. Este tipo de asunciones nos devuelven la "imagen de un movimiento claro, evidente y etéreo" 3 que tiene difícil encaje con la "multitud de prácticas que establecen las condiciones de lo que se considerará movimiento o no, movilidad legítima o ilegítima, que nos dotan, o no, con nuestra potencial motilidad" (Torrejón et al., 2016, p. Desde esta perspectiva, la clave del entendimiento de la biopolítica actual estaría, siguiendo a Mark Salter (2013, p. 3), en superar la dicotomía movilidad/inmovilidad (basada en la presencia/ausencia de movimiento) para centrarnos en la circulación entendida desde una perspectiva foucaultiana. De este modo, cualquier análisis exploratorio/explicativo de la circulación contemporánea debería dar cuenta de la gestión política de dicha circulación lo cual implica atender no solo a la facilidad de movimiento, sino a todos los casos de no movilidad, los de aquellos que son detenidos incluso antes de empezar (Salter, 2013, p. Porque la gestión política de la circulación, o del acceso a la movilidad, se convierte en cuestión clave en un mundo globalizado, desterritorializado progresivamente desde el punto de vista de la organización socio-económica, pero que al mismo tiempo se reterritorializa en virtud del refuerzo de las fronteras como lugares de prácticas político-administrativas de control, retención, reclusión y exclusión de individuos. Partiendo de esta concepción, la gestión de la circulación/movilidad ha de entenderse desde la idea de borderity (Amilhat Szary y Giraut, 2015). Se trata de un neologismo derivado de la noción foucaultiana de governmentality que permite entender la gestión de los límites territoriales, y la circulación entre ellos, como un dispositivo esencial de gubernamentalidad política partiendo de la distinción entre border, boundary y frontier (Bigo, 2005). Nos ocuparemos más tarde de definir la fina línea que separa estos conceptos. Por el momento, nos basta con señalar que, desde esta perspectiva, la frontera pasa de ser tratada como un concepto territorialmente fijo, estático, a entenderse "como una serie de prácticas que ponen el foco en cómo las divisiones entre entidades (políticas) aparecen o son producidas y sostenidas" (Parker y Vaughan-Williams, 2009, p. Dos son las aproximaciones teóricas que, en el marco de los Estudios Críticos de Frontera, han comenzado a pensar la frontera "al margen del imaginario geopolítico moderno, ilustrando la compleja naturaleza del confín en cuanto dispositivo biopolítico de producción de subjetividad, gestión del movimiento y gobierno de la población" (Campesi, 2012, p. La primera de ellas es la propuesta derivada de la filosofía política de Giorgio Agamben (1998). Esta perspectiva se centra en la excepcionalidad de las prácticas de poder para decidir si ciertas formas de vida merecen vivir, así como para generar una praxis de control y clausura que se antepone a la necesidad de garantizar el respeto de los derechos de las personas dentro y fuera de las fronteras (Campesi, 2012, p. La segunda visualiza la frontera como un "espacio permeable, que privilegia, más que impide, la circulación de los flujos comerciales y comunicativos, intentando limitar los peligros que implica la creciente libertad de movimiento" (Campesi, 2012, p. Para entender esta segunda perspectiva conviene atender a las aportaciones de Didier Bigo, en particular, a su concepto Ban-opticon Dispositif o dispositivo de prácticas de exclusión. La lógica de este dispositivo no se entiende desde el cierre total, sino "en la gestión a453 diferencial de las circulaciones" (Campesi, 2012, p. 14), gestión que permite conjugar en un solo verbo libertad de movimiento y seguridad. Retomando las palabras de Michael Foucault, no se trata "de fijar y marcar el territorio, sino de dejar fluir las comunicaciones, controlarlas, seleccionar las buenas y las malas, permitir que la cosa se mueva siempre, se desplace sin cesar, vaya perpetuamente de un punto a otro, pero de manera tal que los peligros inherentes a esa circulación queden anulados. Ya no la seguridad del príncipe y su territorio, sino la seguridad de la población y, por consiguiente, de quienes la gobiernan" (Foucault, 2008, p. Esta fórmula fundamenta el control de la movilidad/circulación en cálculos supuestamente racionales del riesgo, cálculos medidos por diferenciaciones socio-políticas de inclusión/exclusión previamente creadas: flujos legítimos o ilegítimos, lícitos e ilícitos, peligrosos o funcionales para el sistema. 74), por medio del dispositivo se excluye y se normaliza, se monitoriza el futuro y se controla el presente, categorizando y clasificando a quienes podrán beneficiarse de la libertad de movimientos y a quienes quedarán excluidos incluso antes de cualquier intento de hacer uso de la misma. De este modo, esta lógica, clave para la gobernanza neoliberal, mantiene la velocidad y libertad de movimiento de un sector minoritario de la población (cosmócratas) mientras controla y supervisa el tiempo y el movimiento, la velocidad y el flujo, presente y futuro (Shamir, 2005), de otro sector que en este caso es tratado y definido como población de riesgo (Bigo, 2006; citado en Tabernero Martín, 2013, pp. 3-4). TECNOLOGÍAS Y PRÁCTICAS DE GESTIÓN DE LA MOVILIDAD/CIRCULACIÓN Ronen Shamir comienza su artículo Without Borders? Notes on Globalization as a Mobility Regime (2005) desvelando la contracara de la globalización: una distribución jerarquizada/estratificada de la libertad de movimiento. Estratificación que se basa en la clasificación de individuos y grupos conforme al cálculo de riesgos y amenazas o, lo que es lo mismo, en una auténtica lógica de la sospecha, y en la emergencia de tecnologías de intervención/control (campos de detención de extranjeros, de peticionarios de asilo y refugio, controles y perfiles biosociales, etc.) que posibilitan los medios técnicos y estadísticos para crear distinciones y clasificaciones (Shamir, 2005, p. Merece la pena detenerse a desvelar la lógica común de todas estas tecnologías, comenzando por la definición de fronteras mediante la construcción de muros y guetos, y acabando por la definición de perfiles biosociales. Empecemos por recuperar la distinción terminológica que nos ofrece Didier Bigo (2005) en torno al concepto de frontera, un término que, según el autor, describe la relación entre fuerzas, entre poderes que compiten por delimitar espacios de influencia. Es una institución que conecta espacio y población en diversos sentidos. Así, podemos distinguir entre frontera como límite territorial (border), frontera como línea divisoria (boundary), y frontera como confín o límite (frontier). La primera acepción alude a la materialización de la frontera. Es el límite (físico) que se construye entre dos espacios socio-políticos para delimitar materialmente la frontera entre ellos. Inicialmente, la función de los puestos fronterizos se vinculaba con las necesidades de defensa de la soberanía e inviolabilidad del estado frente a invasiones enemigas. Además se perfilaba una función simbólica asociada a la afirmación de la identidad nacional. De este modo, las fronteras adquieren relevancia en relación con la consolidación de los modernos estados nacionales, momento en el que se hace evidente la necesidad política, militar y económica de controlar los movimientos a través de las fronteras (Tilly, 1992, p. El actual régimen de movilidad, más concretamente la necesidad de gestionar esta movilidad bajo la lógica de la sospecha, añade a la exigencia de defensa y control, la de bloquear el flujo y la movilidad, la de capturarla y contenerla mediante la construcción de muros y vallas (Pallister-Wilkins, 2016). Estos dispositivos técnicos constituyen toda una arquitectura de la exclusión ya que no solo delimitan la frontera sino que "concentran" y "encarcelan" en enclaves específicos (Tazzioli, 2016), concebidos a modo de gigantescos guetos o gulags 4 (Shamir, 2005, p. 205), a sectores cada vez mayores de población definida/construida simbólicamente como peligrosa bajo la lógica de la sospecha. Susan Coutin (2003) los denomina espacios de no existencia. En ellos se materializa la exclusión física y legal; son espacios regidos por lo que Agamben (1998) describe como lógica de la excepcionalidad, y en los que se cuestiona algo incuestionable: la dignidad inherente al ser humano. Parafraseando a Michel Foucault, nos encontraríamos ante las nuevas heterotopías, espacios reservados para quienes son definidos/construidos desde la excepción crítica a la norma establecida. No obstante, los espacios de no existencia no son la única técnica empleada en la gestión de la movilidad bajo la lógica de la sospecha. 209) que el actual régimen global de movilidad se basa en un principio básico de autorregulación: a453 la movilidad asociada a la persecución de un beneficio o rentabilidad económica es defendida; la movilidad por razones de supervivencia es condenada. Para mantener en funcionamiento este principio, además de los dispositivos físicos de bloqueo y encarcelamiento, se despliega todo un elenco de técnicas administrativas de control clasificatorio basadas en la construcción de perfiles biosociales. Se trata de una técnica de control y gestión de la movilidad "basada en interminables series de observaciones, recolección de datos y procedimientos clasificatorios que permiten la creación de modelos de perfiles altamente complejos". Así, "la elaboración de perfiles se basa en la creación e inscripción de un perfil personal holístico en bases de datos electrónicas de manera que permita clasificar a los individuos en diversas categorías de sospecha" (Shamir, 2005, p. Podríamos decir entonces que la gestión de la movilidad mediante la construcción de perfiles biosociales no es sino un intento de adherir a un cuerpo móvil una identificación fija, indeleble, pues "si el pasaporte es el propio cuerpo, no hay forma de desprenderse de la inscripción" (Schindell, 2017, p. 27) en base a la cual se construye el acceso a derechos, entre ellos, la libertad de movimiento. Después de este pequeño recorrido parece obvio concluir que la gestión de la movilidad es, básicamente, una cuestión de biopolítica pues no solo implica la producción jerárquica y desigual de quién o qué (cuerpos), y por dónde (espacios), se puede mover, sino también de cómo, en qué tiempos, debe o puede hacerlo. Nos ocuparemos de este último aspecto en el siguiente apartado. GESTIÓN DE LA MOVILIDAD Y EXPROPIACIÓN DEL TIEMPO La gestión de la movilidad no se limita al control de los cuerpos y espacios. Incluye también la gestión de los tiempos, la cual se dibuja así como una forma de dominación porque "dominar a los hombres pasa, entre otros menesteres, por dominar el tiempo, sea cual sea la noción que se tenga de este" (Martorell Campos, 2012, p. Dicho de otro modo, toda forma de poder implica la capacidad de disponer del tiempo de los otros; habría una equivalencia entre poder y dominio o expropiación del tiempo ajeno 6. Así, el poder llevaría asociada una cronopolítica porque "técnicamente el tiempo es algo imposible de producir. Solo el ejercicio del poder, al apropiarnos del tiempo de los demás, puede acrecentarlo. El poder se mide como la relación entre el tiempo obtenido de los demás y el tiempo necesario para conseguir esa movilización" (Anisi, 1995, p. La expropiación del tiempo ajeno ha constituido un pilar fundamental de la estructura temporal de la modernidad capitalista desde sus inicios. En este período, que Jacques Attali (1985) denomina "tiempo de las máquinas", la expropiación del tiempo pasaba por tratar de convertir, o someter, a un esquema temporal abstracto regido por el reloj (Thompson, 1989) a antiguos campesinos y artesanos portadores de un tiempo propio en el que se mezclaban, sin solución de continuidad, distintas actividades de vida, desde la productiva a la lúdica pasando por la religiosa. El proceso de proletarización implícito no estuvo exento de movimientos de resistencia, como la huida y el abandono de los lugares de trabajo, en un intento por proclamar de manera no consciente el "derecho a la pereza" (Lafargue, 2011). No obstante, el proceso continuó avanzando en su lógica disciplinar. Y lo hizo sin mayores resistencias pues, una vez sometidos al ritmo vertiginoso del capital ("el tiempo es oro"), los trabajadores dejaron de enfrentarse a la estructura temporal del cronómetro para centrarse en una nueva reivindicación: el acortamiento del tiempo de trabajo (Vega Cantor, 2012). En el mundo contemporáneo, la expropiación del tiempo se ha extendido a todos los ámbitos de la vida y no se limita, como antes, al terreno laboral. La compresión del espacio-tiempo (Harvey, 1998), la idea de que las tecnologías han condensado espectacularmente las distancias temporales y espaciales, es un tema recurrente en los discursos académicos y populares, como lo es también la noción de que el cambio económico, social y cultural es más rápido que en épocas anteriores. Así, la expropiación del tiempo de la vida se expresa hoy, de manera paradójica, en la falta de tiempo y en la sensación subjetiva de apuro, apremio, angustia y perentoriedad ante la creciente percepción y experiencia social de la velocidad y la aceleración como diagnóstico de nuestro tiempo (Wajcman, 2017). De esta manera, se construye, desde la idea de aceleración social, un discurso sobre las estructuras temporales de la modernidad del que Hartmut Rosa (2010 y 2011) sería uno, sino el mayor, exponente. Podemos distinguir en su análisis tres tipos de aceleración: la tecnológica, fundamentalmente referida a la constricción del espacio y la emergencia de "no lugares" (Augé, 1993) como consecuencia de una revolución técnica en el ámbito de los transportes y la comunicación; la del cambio social, referida a profundas innovaciones sociales y culturales de carácter intrageneracional; y la del ritmo de vida en sus dos manifestaciones, objetiva y subjetiva; si la primera se a453 entiende desde el aumento del número de episodios de acción por unidad de tiempo, la segunda se vive desde la escasez de tiempo, el sentimiento de urgencia y la presión temporal. Junto a los tipos reseñados más arriba, Rosa describe lo que él denomina "ruedas de la aceleración". La primera de ellas supone la promesa de eternidad que se intuye en la posibilidad de vivir muchas vidas en una; la contrapartida es la desazón que produce la distancia creciente entre las expectativas creadas y las auténticas capacidades experienciales y físicas del ser humano. La segunda se asocia con el triunfo de la competencia como eje estructurador de las racionalidades políticas del neoliberalismo imperante. La racionalidad política del neoliberalismo pretende generar individuos autónomos, capaces de elaborar su propio proyecto personal y de responsabilizarse del devenir de dicho proyecto en la confrontación competitiva cotidiana. Recordar aquí que la nota de distinción de la gramática social neoliberal, frente a otras anteriores, es el hecho de que la posición, la identidad social y su reconocimiento, se dilucidan en un juego de permanente competencia y acreditación (Feher, 2009). Llegar antes, llegar primero, aunque a veces no se sepa bien a dónde. Porque no llegar, pero sobre todo llegar tarde, se interpreta como fracaso personal. Atrapados en la pendiente resbaladiza de la aceleración, los individuos se (re)construyen desde la flexibilidad y la movilidad constante. Así, entrando en la rueda del tiempo sincronizado, aquel con valor de cambio, se logra el reconocimiento y la identidad siempre sustentada en marcadores temporales. De la misma manera, la incapacidad para seguir el paso de la rueda de la aceleración se interioriza como culpa en una suerte de individualismo desocializante que lee en clave personal condiciones sistémicas. Son múltiples las voces que analizan críticamente las consecuencias del paradigma de la aceleración. Una de las más claras apunta a la pérdida de capacidad emancipadora y promoción de autonomía (Sánchez Capdequí, 2012). Parece lógico pensar que, por su propia definición, la sociedad de la aceleración será capaz de llevar la promesa de autonomía y autodeterminación a su máxima expresión. Pero la realidad es que la aceleración instaura el reino de la heteronomía, un universo constrictivo en torno a la obligación ("debo hacer", "debo ser", "debo tener", "tengo que llegar", "debo alcanzar") que sustituye la autonomía y la liberación por la alienación (del espacio, del tiempo, del mundo), y por el sufrimiento (fragmentación biográfica, desorientación, depresión, estrés, etc.); un sufrimiento "que puede ser «sordo», es decir, no consciente para quien lo padece, como la falsa conciencia o la ideología; un sufrimiento y una alienación que no provienen de fuera sino que son «causados socialmente»" (Álvarez-Cienfuegos Fidalgo, 2016, p. 116) como parte de un proceso más general de expropiación del tiempo propio. El diagnóstico parece evidente: junto al prestigio social ligado a un estilo de vida ajetreado y móvil que se deriva del dictado neoliberal de la flexibilidad como parte sustancial de la maximización de la productividad, la experiencia de una escasa calidad de vida asociada a la percepción de pérdida de soberanía temporal 7 (Wajcman, 2017). Podemos pensar, desde una perspectiva funcionalista de corte marxiano, que el propio sistema engendra en su seno las fuerzas de su destrucción, es decir, que una vez alcanzado cierto nivel de aceleración social, la única opción posible es la desaceleración producida por los límites naturales y biológicos a la velocidad, o por prácticas sociales intencionales como prácticas slow o el resurgir de formas tradicionales de vida. Hartmut Rosa dedica una parte de su trabajo al análisis de estos procesos. Sin embargo, la perspectiva que pretendemos desarrollar aquí se aleja un tanto de este tipo de enfoque para desplegarse, paralelamente, desde dos supuestos básicos. Por un lado, comenzamos nuestra andadura desde la consideración de la desincronización como una forma de gestión del tiempo y la subjetividad que se impone, como la cara oculta de la gramática de la aceleración social, para producir divisiones sociales y políticas. Porque "no todo se acelera de la misma manera ni una aceleración en una parte trae aceleración en otra, es decir, la desincronización aparece entre el mundo social y el extrasocial, pero también entre diferentes patrones de velocidad en el interior de ramas sociales" (Álvarez-Cienfuegos Fidalgo, 2016, p. De este modo, y apoyándonos en el concepto de heterotemporalidad de Kimberly Hutchings (2008), podemos afirmar que no existe una única narrativa que marque la experiencia de la temporalidad moderna; al contrario, existen múltiples narrativas temporales asociadas a sendas trayectorias sociales y vitales. Por otro lado, el segundo pilar de nuestro argumento sostiene que si la aceleración produce sufrimiento, la desaceleración impuesta o sobrevenida en forma de espera, sobre todo cuando viene asociada a la gestión desigual de la movilidad, también. Porque si la soberanía temporal es un indicador de libertad y autonomía individual, el carácter de su distribución es igualmente un indicador de igualdad, equidad y justicia social, o de su falta. En cualquier caso, los dos supuestos mencionados nos sirven para colegir la relevancia del estudio de la desaceleración como parte de la cronopolítica asociada a la gestión política de la movilidad; una desaceleración que toma, como veremos, la forma de espera impuesta o forzada. LA ESPERA COMO FORMA DE DESACELERACIÓN FORZADA Como sugiere Henri Lefebvre (2002), la espera es un rasgo característico de la modernidad, el producto inevitable de la apropiación burocrática de la vida cotidiana moderna. Desde esta perspectiva, la espera es una experiencia que cualquier ciudadano o ciudadana podría relatar como parte de su cotidianeidad. Relatar, que no explicar, pues en la medida en que la espera está hecha de tiempo, cualquier intento en esa dirección tropieza de frente con la dificultad que coarta la explicación del tiempo, aquella de la que ya nos advirtió San Agustín al anunciarnos que, si nadie nos pregunta, sabemos qué es el tiempo; pero si tratamos de explicarlo, nuestro aparente conocimiento se desvanece. Esto podría ayudarnos a entender por qué, salvo algunas notables aunque contadas excepciones que abordan el tema tanto frontal como indirectamente a través del estudio de las estructuras y formaciones sociales que emergen de la experiencia de la espera (Bissell, 2007; Laín Entralgo, 1984; Schwatz, 1974; Schwatz, 1975; Schweizer, 2010; Tallis, 2013), esta ha quedado reducida a la consideración de experiencia o situación intersticial (Gasparini, 1995; Gasparini, 2004), o incluso a su definición como no-evento (Ehn y Löfgren, 2010), todo lo cual la devalúa como objeto de estudio, tanto en su dimensión objetiva (tiempos y formas de espera impuestas desde la estructura) como subjetiva (experiencia personal y vivencial de la espera). Esta explicación podría ser válida pero quizás no suficiente en la media en que se apoya únicamente en una de las tres características que utiliza Miguel Albero (2016, p. 36) para describir la espera. Según este autor, la espera es tiempo, está hecha de tiempo. Pero también es conciencia del transcurrir del tiempo en el acto de la espera. Por último, la espera se define por su carácter estático frente a la tendencia al dinamismo y el movimiento propios de la naturaleza humana. En este sentido, argumenta el autor, la espera sería lo contrario de nuestra naturaleza humana en la medida en que supone un tiempo que pasamos sin actuar, aguardando que algo ocurra, porque aunque llenemos ese tiempo desarrollando alguna actividad, esta se proyecta sobre el fondo de la espera para, desde la imposibilidad de negarla, sufrirla pacientemente. Desde la idea de tendencia, la espera se nos presenta como una experiencia cargada de connotaciones negativas, una aberración contraria a la naturaleza humana pero también al régimen temporal de la modernidad tardía cuyo núcleo es la exaltación de la velocidad, de la aceleración, en definitiva de la movilidad. No obstante, toda la negatividad con la que podemos (re)pensarla no puede evitar su recurrente presencia, ni la variedad de formas y modulaciones con las que se manifiesta (Hage, 2009), desde la espera existencial, hasta la espera vinculada a la esperanza (como la amorosa o la mesiánica) o a su ausencia (espera angustiosa), pasando por la espera vinculada a la volición del poder (espera deliberada) o a la actividad económica/comercial (espera indeseada) (Albero, 2016, pp. 41-45). Nos encontramos ante una tipología construida a partir de tipos ideales pues las experiencias y vivencias asociadas a cada uno de ellos pueden darse simultáneamente en una mezcla abigarrada que para nada ayuda en el ejercicio de análisis. Esto nos obliga a elegir como punto de partida, y con fines exclusivamente analíticos, uno de estos tipos. Siguiendo la línea argumental que vengo desarrollando en este trabajo, parece lógico colocar el foco de interés en la experiencia objetiva y, sobre todo, subjetiva, de la espera deliberada, aquella que emerge paralelamente a las distintas formas de gestión política de la movilidad. Más concretamente, propongo centrarnos en lo que Craig Jeffrey (2008) denomina espera crónica. Se refiere con este término a la espera impuesta en tanto que forma de dominación que afecta a un número cada vez mayor de personas: migrantes internados en centros de detención; personas refugiadas y peticionarias de asilo hacinadas en campamentos; desplazados que huyen del hambre, la violencia, el colapso económico, los desastres naturales, o de todos estos fenómenos a la vez (Bayart, 2007, citado en Jeffrey, 2008, p. Y las cifras se multiplican si incluimos en esta estadística macabra a las familias de quienes desaparecieron o perecieron víctimas de las tecnologías de gestión de la movilidad. También ellas son víctimas condenadas a una espera crónica indefinida: esperan noticias de sus seres queridos; esperan un reconocimiento social y legal que les permita seguir adelante con sus vidas 8; esperan la reparación del daño causado 9. El crecimiento exponencial de la población que, a nivel global, está sometida a esta modalidad pue-a453 de explicarse atendiendo a dos factores que, en no pocas ocasiones, se presentan reforzándose mutuamente (Jeffrey, 2008, p. El primero de ellos sería el programa económico y social del neoliberalismo imperante que ha generado una población flotante forzada a esperar por los derechos mínimos y necesarios para garantizar una subsistencia digna. El segundo se vincula directamente, también a nivel global, con la organización del poder político; un poder centrado en la creación de espacios de excepción, por utilizar un término de Giorgio Agamben (1998), en los que la población es sometida a la exclusión y la violencia, incluida la que acompaña a la expropiación del tiempo propio. La espera crónica que aquí nos ocupa está, al más puro estilo kafkiano, vinculada al poder. Espera y poder son las dos caras de la misma moneda hasta el punto de que la primera constituye uno de los atributos esenciales del segundo, porque "el poderoso no espera y hace esperar, el paria jamás puede hacer que nadie espere, y él no deja nunca de esperar" (Albero, 2016, p. 160); es la espera la que le otorga su condición de desheredado, es desheredado luego espera. Porque la espera, como señala Barry Schwartz (1974y 1975), es un proceso social estratificado que presenta variaciones socialmente definidas desde posiciones de poder también diferenciadas de forma tal que la distinta distribución del tiempo de espera se corresponde con estas posiciones de poder. Señala el autor, en este sentido, que mantener en la espera define socialmente a quien espera desde la subordinación a una definición social infravalorada del propio sujeto y de su tiempo. En su libro sobre la espera, Harold Schweizer (2010, p. 11) utiliza una imagen muy gráfica para ilustrar esta asociación entre la espera, como desaceleración, y la diferenciación social. Se vale de un cuadro de Honoré Daumier titulado El vagón de tercera clase (1864) en el que se representa la situación de los pasajeros de un vagón de tren. Sus expresiones faciales y sus posturas corporales transmiten un sentimiento de resignación vinculado a su actividad: la espera. Una actividad que, en la sociedad de la aceleración social, se nos presenta denigrada desde su aparente inutilidad y escaso valor de cambio. La espera parece una aberración temporal, un anacronismo situado frente a la forzosa sincronía del tiempo productivo. De este modo, "la forzosa pasividad del que espera le expulsa de la comunidad de ciudadanos productivos; su permanencia en el ámbito temporal le sitúa extramuros de la cultura del dinero y la velocidad" (Schweizer, 2010, p. En este sentido, no es un detalle menor el hecho de que Daumier nos sitúe ante personajes con un estatus de "tercera clase", es decir, pobres o carentes de poder cuya actividad es esperar, gastar una moneda cuyo valor de cambio es nulo. El poder produce espera como parte de su ejercicio y manifestación. Cárceles 10, centros de internamiento, de confinamiento y de concentración son el ejemplo extremo de las herramientas de las que se vale el poder para producir espera. Son, todos ellos, parte sustancial de la arquitectura de la espera, lugares en los que los seres humanos allí recluidos "esperan a vivir, y lo hacen porque otros, con razón o sin ella, se lo imponen, porque alguien tiene el poder de obligarlos" (Albero, 2016, p. No es esta la única forma en que el poder produce espera como forma de dominación. En los sistemas complejos de la modernidad la espera es el inevitable producto de la apropiación burocrática de la vida cotidiana. Aquí, un poder más sutil e indirecto ejercido por la administración burocrática produce una forma de espera menos extrema, pero no por ello menos invasiva: en lugar de expropiar temporalmente la vida, se invaden todas las esferas de esta con una estrategia basada en la dilación. Pierre Bourdieu (2000) ya nos advertía del potencial de esta estrategia cuando señalaba que hacer a la gente esperar, dilatar el tiempo sin destruir la esperanza, aplazar sin decepcionar totalmente, forma parte del trabajo de dominación social. Estrategia sumamente inteligente pues "el rechazo genera rabia, que es al cabo productora de energía y por tanto peligrosa en manos de la ciudadanía, mientras que la dilación deja al ciudadano el resquicio de la esperanza" (Albero, 2016, p. 166) de lograr algún día el reconocimiento oficial. Solo leyendo entre líneas, nos recuerda Albero, podemos vislumbrar una posible función pedagógica en todo esto: lograr que la ciudadanía aprenda de forma paulatina que toda la vida es espera 11. Y si hemos apuntado anteriormente que la metafísica de la aceleración produce efectos, leídos en términos de sufrimiento, sobre las vidas y subjetividades de las personas, podemos hacer una afirmación similar respecto a la metafísica de la espera crónica. La resignación, la impotencia, la vulnerabilidad de la espera en la sociedad de la aceleración tiene hoy múltiples rostros. Uno de ellos es el de quienes hacen cola y esperan su turno ante las puertas de los comedores sociales para obtener la comida del día. Otro es el de aquellos que, recluidos en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) 12, pasan su tiempo a453 esperando la expulsión. Finalmente, el rostro de los refugiados que hacen cola y esperan en los campos habilitados a tal fin. En una información publicada en noviembre de 2015 por el diario digital Público, un voluntario español relataba las condiciones en el campo de refugiados de Kara Tepe en Lesbos (Grecia): una situación de caos generalizado en la que el único procedimiento ordenado era el de la policía griega que procedía diariamente a registrar a las personas que llegaban al campo. Personas que, resignadas, hacían cola y esperaban pacientemente, en ocasiones hasta tres días, para poder cumplimentar el trámite necesario para poder seguir su periplo 13. Pese a las diferencias y la especificidad de cada caso, todas estas personas comparten algo: viven en un permanente estado de liminalidad (Turner, 1988), ese espacio interestructural, de transición entre dos estados diferentes, que se vive desde la combinación de sentimientos encontrados: la desesperación del desconocimiento y la incertidumbre sobre lo que vendrá, y la esperanza y expectativa ante el logro de una nueva situación e identidad (Sutton, Vigneswaran y Wels, 2011). Sujetas a las decisiones de otros, las personas sometidas a la espera crónica no solo viven en un permanente estado de inferioridad, vulnerabilidad, incertidumbre y arbitrariedad (Griffiths, 2014; Turnbull, 2016), sino de suspensión de su capacidad de agencia (Dwyer, 2009). Cabe señalar que esta capacidad lleva implícita, también, una lectura desde la temporalidad: definida en el presente, se conforma desde el pasado para orientarse, finalmente, hacia el futuro 14. La liminalidad cronificada altera esta secuencia bien idealizando el pasado, bien desdibujando el futuro, bien cumpliendo ambas condiciones pero, en cualquier caso, dejando como único referente un presente que finalmente acaba retroalimentándose en y desde la propia espera. No es difícil imaginar estos procesos en su realización existencial concreta. Por ejemplo, la experiencia de muchas personas exiladas y desterradas se proyecta más sobre el pasado que sobre el futuro. Porque cuando la espera se cronifica, el futuro, esto es, la posibilidad de abandonar la condición liminal adquiriendo un nuevo estatus o identidad, se desdibuja. Entonces, el horizonte es solo espera de modo que solo queda lugar para la nostalgia de un pasado idealizado que ya nunca podrá existir y que, quizás, nunca existió. Por otro lado, la experiencia nos dice que a medida que la nostalgia del pasado se instala para quedarse, se produce un paulatino desdibuja-miento de la esperanza que motivó en primera instancia la espera. Y, entonces, solo queda la espera desnuda, cruda, pura. 131), "eso les pasa sin duda a muchos refugiados cuando su espera se eterniza, cuando ya no creen a los Moisés de su comunidad que les hablan de ese futuro fantástico a la vuelta de la esquina, cuando ya no creen nada, la suya pasa a ser la espera de nada generada por el hastío, por el paso del tiempo sin respuestas". Y es en ese momento cuando el presente se convierte en el único referente posible 15. Estamos ante un presente vacío por exceso de un tiempo que no se puede vender, cambiar, mercantilizar; solo pasar o matar (Khosravi, 2014). Existe una segunda posibilidad, la de un presente aumentado, como si se viera con la ayuda de un instrumento óptico hasta hacerse perceptible únicamente por su unidad más pequeña (el instante, el aquí y ahora), y por el motivo que lo moviliza. Podemos utilizar la investigación de Craig Jeffrey (2008, p. 956) sobre experiencias de hombres jóvenes desempleados en la India como referencia para ilustrar este extremo. Tal y como relatan estos hombres, el desempleo de larga duración aumenta las expectativas hasta el punto de que el objeto de la espera, en este caso un empleo, domina todas sus acciones y pensamientos. La experiencia de un presente aumentado está también en la cotidianeidad de las personas inmigrantes en situación de ilegalidad o irregularidad jurídica; personas que, sentadas metafóricamente sobre sus maletas, viven en permanente estado de alerta, preparadas para el tránsito, y sumidas en una interminable y desesperante espera de lo peor: la detención, la expulsión. Espera cotidiana y desesperante que comparten con quienes esperan silentes, pero no sosegados, la inminencia de un desahucio o la llegada de una ayuda social de emergencia. En cualquiera de estos casos, el resultado es el sufrimiento (incertidumbre, culpa, depresión, ansiedad, vergüenza) asociado a una progresiva pérdida del sentido de la existencia. Sin papel/rol social, sin conexión funcional con el sistema social en el que viven o pretenden vivir, la liminalidad los invisibiliza, los inmoviliza y los convierte, en virtud de la espera, en sujetos dependientes de las decisiones de otros (Khosravi, 2014), de los sistemas expertos de los que depende en última instancia su vida. Porque, como señala Schwartz (1974Schwartz ( y 1975)), todo sistema social no solo decide quiénes serán los beneficiarios de recursos, servicios y bienes sociales, sino que también establece prioridades en el orden y tiempo de a453 satisfacción de las necesidades asociadas. En este sentido, el sistema social establece ritmos de desaceleración forzada a través del funcionamiento de sus sistemas expertos. En la relación con estos sistemas, en concreto con el aumento de la severidad de los requisitos y el incremento de la complejidad y tardanza de los trámites, las capas sociales más vulnerables experimentan el sufrimiento que se asocia a la gestión heterónoma de su tiempo desde la desaceleración (Abad Miguélez, 2016). Un sufrimiento que se actualiza permanentemente en la medida en que, en la relación con estos sistemas, y con el fin de obtener alguna suerte de reconocimiento social, los sujetos se ven obligados a emprender un proceso de justificación/acreditación en el que mostrar y demostrar que son merecedores de atención (Fassin, 2003, pp. 60-62). Y aquí entra en juego la paradoja más cruel de la aceleración/desaceleración. Si, por un lado, obligados a esperar, se someten a la lógica del aplazamiento indefinido, por el otro, la presión hacia la aceleración se incrementa porque en este caso la espera no es inactividad (estatismo en estado puro), sino actividad para perpetuar la espera y el sufrimiento asociado. Conviene recordar aquí que los sujetos "expulsados de las divinas reglas sobre el tiempo verdadero y matemático establecidas por Newton" (Schweizer, 2010, p. 11) no pueden presentarse como víctimas estructurales de las contradicciones, las incoherencias y las ambigüedades de las instituciones, o de un lugar social que los invalida, los descalifica, los instrumentaliza o los desconsidera. Porque en la sociedad de la aceleración, el no tiempo, el tiempo muerto no productivo se vincula con un fracaso personal en la gestión del yo del que el único y último responsable es el propio sujeto. De este modo, mientras aprenden a asumir las dilaciones en la gestión de sus peticiones, deben enfrentarse a la necesidad y la responsabilidad de activarse. Se trata de la presión de la aceleración, de la urgencia por convertir su no tiempo en una suerte de tiempo productivo susceptible de ser transformado en capital (Rotter, 2016) 16, aunque sea desde una posición de subalternidad (Wacquant, 2010). De este modo, la presión por la aceleración toma aquí una forma particular: la persistencia en la liminalidad que se manifiesta a través de la asertividad de mantenerse en la espera, cumpliendo sus reglas, sus exigencias. Se cierra así el círculo vicioso del sufrimiento asociado a la espera deliberada y crónica: son parias porque esperan; esperan porque son parias. En la introducción a su libro Time and Social Theory (1990), Barbara Adam relata una conversación informal mantenida con un amigo en una reunión social. La conversación se desarrolla entre las dudas de uno (que se muestra escéptico ante la consideración del tiempo como objeto de estudio), y la argumentación de la autora, empeñada en desvelar el carácter socialmente relevante no solo de su objeto de estudio sino de su propio trabajo. La autora reconoce, al inicio del extracto en el que relata este episodio, la dificultad que conlleva zanjar las dudas de su interlocutor; es decir, cómo convencer a propios y extraños del valor que tiene tratar de entender "algo" que forma parte de la "experiencia ordinaria" de la gente. Hacer uso de la tradición legada desde la sociología y la antropología suele ser el primer recurso para construir un argumento de este tipo. El segundo es insistir en la producción social de esto que se nos aparece como evidencia porque solo así podemos entender en profundidad, tanto en su definición (pues delimita los contornos de la vida cotidiana) como en sus efectos (pues conforma las formas de vivirla), uno de los motores fundamentales de nuestra experiencia de vida. Sin embargo, pese a su centralidad, no nos paramos a reflexionar sobre este asunto. Lo mismo sucede con la espera, materia de la que está hecha la vida y que, a su vez, está hecha de tiempo. No nos paramos a reflexionar sobre ella, tan solo la sufrimos pacientemente y en silencio. Por otro lado, cuando hablamos del tiempo, también en la vida ordinaria, hacemos referencia, en ocasiones sin distinción alguna, a cosas diversas: un fenómeno, distintos procesos, varias cualidades, una dimensión, una categoría, un concepto. Con la espera sucede algo parecido. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la espera es a la vez una acción, dos plazos, una cualidad, un lugar, dos objetos y dos técnicas (Albero, 2016). Y si bien estas acepciones nos parecen lo suficientemente densas como para dar lugar a un vademécum al estilo del que ha puesto a nuestra disposición Miguel Albero, lo cierto es que en este texto solo nos hemos ocupado de una de ellas, aquella que la vincula al poder de forma tal que podemos entenderla como tecnología de gobierno de la población. En este sentido, vemos la espera vinculada a la gestión política de los flujos de movilidad en los que no solo se definen movimientos y lugares, sino también tiempos y ritmos y, por tanto, derechos y desigualda-a453 des de acceso a los mismos, los cuales acaban adoptando una forma temporal. Así, la espera de la que nos hemos ocupado en este trabajo es la espera impuesta a los desheredados, los parias, los sujetos situados al margen de la lógica social que permite acceder al reconocimiento, y de la lógica mercantil que posibilita convertir el tiempo en oro. Porque estos sujetos no tienen tiempo, no tienen soberanía temporal. Al contrario, están condenados a depender de otros hasta en la disponibilidad de su tiempo, en la definición de la estructura temporal de su existencia. No está de más recordar que la pérdida de soberanía temporal asociada a la desaceleración o espera no es la única manifestación de la expropìación del tiempo ajeno que ha caracterizado la estructura temporal de la modernidad capitalista. De hecho, aquella se manifiesta bajo dos procesos que, pese a su aparente contradicción, se complementan: la aceleración y la desaceleración. Estudiados desde su complementariedad, en una suerte de ritmo-análisis (Lefebvre, 2004), revelan las paradojas intrínsecas de su puesta en acción, o lo que es lo mismo, los puntos ciegos de la cronopolítica de la sociedad moderna. Este ejercicio de desvelamiento partiría de una proposición básica: que ambos procesos tienen una dimensión performativa en tanto en cuanto están directamente implicados en la construcción social de identidades, prácticas y expectativas. Asumir este carácter performativo desde una teoría de la práctica (Bourdieu, 1997) nos permitiría entender el alcance social y sociológico de la pérdida de soberanía temporal en las sociedades modernas pues, además de posibilitar el análisis de experiencias vividas en espacios concretos de prácticas institucionalizadas de aceleración y desaceleración vinculadas a regímenes de movilidad/inmovilidad, permite comprender el modo en que ciertas acciones, prácticas, e incluso políticas, contribuyen a la institucionalización de la desigualdad y la exclusión a partir de la expropiación desigual del tiempo. La anatomopolítica constituye una tecnología de gobierno que trata de aumentar las capacidades de los individuos para integrarlos tanto en el sistema de producción económica como en el de dominación política. Siguiendo a Michael Hardt y Toni Negri (2002), podemos definir el biopoder como una forma de poder que regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticulándola. Podríamos añadir a esta lista un adjetivo más: transgresor. 16) que es apreciable en la literatura académica reciente una tendencia a vincular movilidad con resistencia, con una postura transgresora implícita en el cruce de fronteras o ruptura de las definiciones sociales. En este sentido, menciona el trabajo de Mikhail Bakhtin sobre lo carnavalesco como antídoto frente al estatismo y la rigidez del orden social; las nociones de estrategia (arma de los poderosos para fijar fronteras y definir lo apropiado a cada espacio/lugar) y táctica (arma de los débiles para resistir las definiciones estratégicas) de Michel de Certeau; la exaltación de la figura del nómada como emblema de un espacio liso no marcado por las estrías de la organización estatal de Gilles Deleuze y Felix Guattari y, finalmente, para no alargar más esta exposición, menciona el trabajo de Rosi Braidotti quien, desde la teoría feminista, ha trabajado una visión del sujeto nómada como identidad libre que fluye entre culturas y lugares en un constante proceso de construcción. Sin embargo, desde su punto de vista, esta celebración un tanto "romántica" de la movilidad no ayuda en el diagnóstico de las diferencias en la motilidad. Su argumento es que la movilidad debe entenderse a partir de su relación directa con el poder porque la movilidad es producida socialmente de modo tal que no solo resulta variable a través del espacio y el tiempo, sino que afecta visiblemente a las personas, los lugares, las cosas, y a las relaciones que puedan establecerse entre todos ellos (Cresswell, 2001, p. La proliferación de guetos puede leerse como parte del proceso de segurización. Se trata de un proceso que, señala Andrés Davila (2009, p. 326), atiende a la gestión de las dos dimensiones de "lo seguro": aquello que nos atañe y está a buen recaudo, es decir, libre de peligro (tutus), y aquello que se da por descontado y, en esta misma medida, nos tiene sin cuidado (securus). A tenor de esta ambivalencia, añade el autor, podemos entender la yuxtaposición de vectores de segurización opuestos: desde la proliferación de enclaves residenciales que ofrecen la promesa de la exclusividad racial y la homogeneidad de clase, a los asentamientos chabolistas y los centros de retención donde se termina por encerrar a los demás que están de más. La gestión de estos vectores mediante el despliegue de diversas formas de control y bloqueo del movimiento hacia zonas/espacios a los que por definición no se pertenece (Neilson y Mitropoulos, 2007, p. 472) constituye la forma moderna de control social desde la segurización del espacio. Traducción de la autora. Vinculando poder y expropiación del tiempo proponemos una lectura específica de la conexión entre tiempo y poder que puede entenderse como complemento o profundización de aquella otra más tradicional que se despliega desde el principio de legitimación y se construye desde la naturalización de un poder cuyos orígenes se pierden en la memoria de los tiempos (Rajchenberg y Héau-Lambert, 2002, p. Debemos el término a Koen Breedveld (1998) quien lo utilizó para referenciar la expropiación del tiempo en el régimen temporal de la aceleración social. En este sentido, aludiría a la capacidad, a453 o incapacidad, de gestionar flexiblemente los tiempos de ocio, descanso y trabajo. Adelantamos aquí que en este trabajo entenderemos el término en un sentido amplio, vinculado a la pérdida de agencia en la gestión del tiempo propio. Desde esta perspectiva, nos es útil para comprender la expropiación del tiempo no solo en el régimen de aceleración y movilidad social forzada, sino en el de la desaceleración e inmovilidad impuesta desde la espera. En este caso, la espera crónica se asocia a la continua dilación en la resolución de los distintos problemas legales, jurídicos y administrativos que se derivan de la imposibilidad de probar legalmente la muerte de una persona. A título de ejemplo, recogemos aquí las palabras de una mujer senegalesa que relata su condición de víctima: "Mis hijos no han podido coger nada de la herencia de su abuelo, no podemos demostrar que su padre está muerto, entonces su parte está pendiente de que él vuelva. Así que soy viuda sin serlo. No puedo casarme de nuevo y tengo que trabajar para mantener a mis tres hijos" (Tras la frontera. Este es el caso de las familias de las personas que murieron en la playa del Tarajal el 6 de febrero de 2014. Pese a la movilización y los recursos presentados por diversas ONG, las familias siguen esperando justicia y reparación. La cárcel se institucionaliza como forma de castigo por varias razones relacionadas todas ellas, como nos indica Roger Matthews (2003, p. 66), con la gestión del tiempo, o mejor, de la espera. La primera explicación para entender la institucionalización de la cárcel como forma de castigo centrada en el tiempo es que este atributo resultaba universal y, en esta medida, independiente de cada individuo. La segunda se refiere a su objetividad y solidez frente a otras formas de castigo previamente utilizadas (e. g. la deshonra). La tercera y última nos remite a la condición social del atributo: el tiempo es una estructura social, lo que confiere al castigo basado en el tiempo un carácter también social. El sufrimiento subyacente a la espera crónica nos permite establecer cierto paralelismo entre la pedagogía de la espera y la pedagogía del dolor. 442), apoyándose en Emile Durkheim, que la administración del dolor es parte del proceso de legitimación social de modo que el aprendizaje del sufrimiento se acaba definiendo como el precio que hay que pagar por la pertenencia. De la misma manera, el aprendizaje de la espera es el precio que hay que pagar por la gestión política que define el derecho a la movilidad. Los CIE son instalaciones públicas de carácter no penitenciario donde se retiene, con el objeto de facilitar su expulsión, a las personas extranjeras en situación irregular privándolas de libertad durante un periodo máximo de 60 días. Estos centros aparecen en el ordenamiento jurídico español por primera vez con la aprobación de la Ley Orgánica 7/1985 sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros en España. El relato es un ejemplo vívido de la biopolítica que viene siendo ejercida a través de una fuerza pública cuya razón de ser es concretar un orden más general en virtud del cual los cuerpos son distribuidos en espacios y tiempos (Rancière, 1995, p. 25) que el tiempo social, a diferencia del tiempo físico y del tiempo vivido, se ocupa del movimiento continuo entre pasado, presente y futuro; un movimiento que resulta de una construcción social en virtud de la cual los individuos tratan de comprender su experiencia vital en un contexto de cambio. Las personas que esperan sine die comparten la temporalidad propia de la víctima porque, en ambos casos, el sufrimiento asociado al trauma vivido detiene el tiempo en un eterno presente del que resulta casi imposible deshacerse (Hartog, 2012, p. Rebecca Rotter (2016), en su estudio sobre las experiencias de peticionarios de asilo en el Reino Unido, señala que, frente a la visión tradicional de la espera como no tiempo o tiempo no productivo, las personas participantes en su estudio relatan el tiempo de espera (entre 2 y 9 años) como un tiempo estructurado, intencional y agencial. La pretensión de la autora es poner en valor precisamente esta última dimensión, lo cual no contradice lo que venimos argumentando porque espera y actividad no son per se incompatibles, sobre todo cuando esta última se produce en el contexto de perpetuación de la propia espera.
En el presente artículo defendemos la hipótesis de que es posible encontrar en el pensamiento intuitivo una serie de características o leyes que dan cuenta de aspectos lógicos, distintos a la lógica simbólica clásica, y que involucran tanto el lado racional (intelectual) como emocional del ser humano. Para ello, proponemos una articulación entre autores provenientes de perspectivas diversas que, no obstante, argumentan a favor de la existencia de aspectos lógicos en el pensamiento intuitivo o en el pensamiento en general. En principio planteamos qué entendemos por aspectos lógicos, teniendo como base los términos lógica y logos, y diferenciamos los aspectos lógicos de un sistema lógico propiamente dicho. Posteriormente proponemos, siguiendo a Ramírez (2012), quien se basa en planteamientos psicológicos, psicoanalíticos, filosóficos y matemáticos, que existen dos tipos de lógica que consideramos se encuentran en la base del proceso de pensamiento intuitivo: una lógica primaria y una lógica secundaria, las cuales interactúan en un tercer tipo de lógica denominado lógica fractal. Finalmente proponemos una articulación entre la lógica fractal y el pensamiento intuitivo. ¿QUÉ SON ASPECTOS LÓGICOS? Para defender la hipótesis de que es posible encontrar en el pensamiento intuitivo una serie de aspectos lógicos, es conveniente definir qué entendemos por estos y diferenciar un aspecto lógico de un sistema lógico. El término lógico proviene del latín tardío logĭcus y este del griego λογιχός 'relativo al razonamiento', que a su vez proviene de λόγος (logos)'palabra''razón''lenguaje''pensamiento' (Corominas, 1980). Para Heráclito, el término logos estaba referido a una especie de fuerza que organiza o articula los elementos individuales del mundo en un todo coherente (Flew, 1979). De acuerdo con Galimberti (2002) logos es un término que en la Grecia antigua aludía al orden del mundo, que luego pasa a designar el orden del discurso, y posteriormente la razón. Para Ramírez (2012) logos se refiere al paso a un nivel superior de articulación mediante la integración de un elemento novedoso, producto del azar, a lo ya existente, dando lugar así a una nueva reiteración. De acuerdo con este autor, es válido utilizar el término espíritu para designar las distintas formas de expresión que toma el logos, que podrían corresponderse con sus diferentes acepciones según el nivel de articulación o de «orden» al que nos estemos refiriendo; en principio, tal vez logos sea la acción de articular en general, posteriormente, el verbo, la palabra, que deviene en lenguaje y en razón (lógica), entendida esta como un nivel superior de expresión del logos. Para explicar con mayor claridad el concepto de logos y su relación con distintos tipos de lógica, retomamos la propuesta de Ramírez (2012) sobre cuáles son los registros mediante los cuales se presentaría la realidad. Para abordar este tema, el autor plantea una conjetura sobre la evolución del cosmos: en principio existía el caos original todavía sin ninguna forma, esto es, "el real anterior a cualquier ser" (Ramírez, 2012, p. 118), en donde todo se transforma incesantemente, la energía pura, este es el registro real. En cierto punto, hay una acción que se sostiene en el tiempo, que permanece y permite cierta regularidad, esto es, una forma o figura (la materia o el ente, por ejemplo) que procede del caos originario pero se diferencia de este, en tanto que es energía condensada, este es el registro formal. Cuando hay una re-presentación de tales formas, es decir, "una repetición de la figura, de la presentación" (p. 118), una huella de lo real, hablamos del registro imaginario, es decir, del surgimiento de las imágenes. Lo imaginario puede ser físico, como en el caso de una sombra o del reflejo de un objeto, que no necesitan ser percibidos para existir; pero cuando las imágenes se asocian y se articulan según las leyes de la percepción y dejan una huella o representación fisiológica (cfr. Manrique Tisnés y de Castro Correa, 2016), hablamos de un imaginario animal; además, si nos referimos ya a imágenes mentales que requieren del psiquismo y de la relación con otros para ser evocadas, y que además se guían por estructuras lingüísticas, podemos nombrar esto como imaginario humano. El último registro se da gracias a la articulación de imágenes mentales determinadas por las leyes del lenguaje (cfr. Manrique Tisnés y de Castro Correa, 2016) o por las leyes culturales; el registro simbólico se refiere entonces a las representaciones (simbolizadas) de las representaciones (imaginarias), en tanto que estas permiten abstracciones como conceptos y significados; además este registro es el que da posibilidad a la comunicación humana. Estos registros, aunque pueden diferenciarse teóricamente, se presentan como una mezcla inextricable en la experiencia cotidiana de la realidad, es decir, no es posible una forma sin energía, una imagen sin forma o una palabra sin una representación imaginaria, de hecho: [...] toda realidad es una mezcla fractal de los respectivos registros: la realidad material es la unión de lo real y lo formal, la realidad animal agrega a esta realidad material lo imaginario sensorial: RFI [real, formal, imaginario]; y la realidad humana añade lo simbólico, RFIS [real, formal, imaginario, simbólico], ya que el hombre es un animal verbal, simbólico (Ramírez, 2012, p. Ahora bien, ¿cómo se relaciona el concepto de logos y los distintos tipos de lógica con estos registros? Podemos definir el logos como la acción de articular: la verbación, neologismo que tiene en cuenta su traducción latina, verbum, que en español, verbo, mantiene muy bien su doble significación de 'proceso' y de 'palabra'. También el vocablo articulación representa a la vez la acción de articular y su resultado. Pero el resultado, lo articulado, es más bien la acción conjunta de lo articulante, el logos o el Yang (lo creativo) de la filosofía china, con lo ya antes articulado, la ananké griega o el Yin chino (lo receptivo). Hay un devenir en la verbación de lo caótico a lo elemental, de esto a lo primario (animal) y de allí a lo secundario (simbólico humano) para terminar en lo a454 terciario (formalización y matematización). La secuencia evolutiva sería la siguiente: Formación → Combinación → Organización →Asociación → Simbolización → Verbalización → Teorización → Formalización (p. Si definimos logos como la acción de articular, como el principio que articula los elementos del mundo (la chispa o la causa), tal y como lo hacen Heráclito y Ramírez (2012), hemos de aceptar que es gracias a él como surge la forma, que hay posibilidad de iteración 1, de devenir de caos a cosmos; aunque esto no está predeterminado, pues de la misma chispa (posibilidad creativa) puede surgir tanto el orden como el desorden (caos), que son dos caras de la misma moneda. Así las cosas, el devenir del logos va entonces desde la formación (constitución de un ente o de un elemento) o con-formación, por ejemplo cuando se constituye un átomo de hidrógeno; pasando por la combinación, por ejemplo cuando el átomo se combina con otro de hidrógeno y uno de oxígeno; a su vez estos cuando se organizan dan lugar a una molécula de agua, la cual es ya un elemento más complejo que cada uno de sus componentes; las propiedades intrínsecas del agua asimismo se combinan y se organizan con otras condiciones del medio y con aspectos azarosos para dar lugar a los más simples (y luego a los más complejos) organismos vivientes. En los animales hay leyes de asociación de las imágenes y de las representaciones que les permiten percibir y actuar en el mundo que los rodea, y en los humanos hay palabras que nombran imágenes, es decir, hay una simbolización del mundo y de las experiencias, una transposición del mundo a entes abstractos en principio mediante el simbolismo y posteriormente a través del orden significante. Cuando las palabras se expresan mediante la verbalización hay un paso más allá en tanto que la enunciación de palabras permite una descarga motora y una mayor articulación del pensamiento ya simbolizado (Zapata, 1995). Y además, si estas expresiones se articulan mediante razones para formar proposiciones basadas en leyes simbólicas de no-contradicción, llegamos al punto de la teorización. Finalmente cuando se vacía el contenido de estas proposiciones y se deja únicamente su estructura, se pueden establecer relaciones formales entre términos (por ejemplo fórmulas o matemas), es el nivel de la lógica formal, este procedimiento sería una expresión elevada de la formalización, el cual, de cierta forma ya ha sido "preparado" por los procesos anteriores que, aunque son formas de operación distintas, comparten con él el punto de tender hacia la articulación, aunque en fases distintas del ser, por eso: El logos es la forma, es el espíritu de lo formal (el verbo); pero se hace carne cuando habla, cuando pertenece a un ser que habla; y este es el surgimiento de lo simbólico: cuando alguien se dirige a un congénere no con una señal, un grito o una presencia, sino con una palabra: esto es, un signo; que es elemento de un lenguaje pero utilizado como señal de algo: incorpora lo imaginario y lo formal, con un sentido fundado en lo real como último referente (Ramírez, 2012, p. Es por lo anterior por lo que consideramos que en todas las fases del devenir del ser -físico-químico, biológico, psíquico y transindividual (psicosocial) (Simondon, 2009)-encontramos la expresión del orden, de la articulación: de distinta forma en cada una de ellas hay expresión del logos. Teniendo en cuenta lo anteriormente descrito, lo que comúnmente designamos como lógica, que sería la lógica formal, es una forma de expresión de la razón, pero no la única, pues de hecho: La razón es primero causa, determinación, cadena o sucesión de eventos y luego (muchísimo tiempo después) facultad humana de razonamiento (de pensamiento lógico). Primero logos y luego la lógica, después la logología y la matemática (Ramírez, 2012, p. Pero tampoco, según lo dicho, la lógica formal sería la única forma de expresión lógica: hay ya una lógica en lo imaginario (la cual comprende a su vez lo formal y lo real), que funciona mediante asociaciones por contigüidad y simultaneidad, y en general gracias a la sensibilidad, la percepción y las leyes del aprendizaje; es ajena a la contradicción y a la negación, por no ser todavía proposicional ni simbólica. Y por supuesto, hay también lógica en lo simbólico, que toma las representaciones imaginarias para hacer abstracción de ellas. Las imágenes (re-presentaciones sensoriales) son a su vez re-presentadas mediante palabras (representaciones de segundo orden). Se pasa de una lógica primaria, sin negación ni contradicción, a una lógica secundaria, simbólica, basada en el principio de no contra-dicción aristotélico (Ramírez, 2012, p. Sobre el término lógica, habría que aclarar que este ha sido usado en principio según dos acepciones: un uso técnico del término que alude a la lógica formal (la cual se explicará brevemente más adelante) y un uso «profano» del término; sobre este último aclara Quintanilla (1985): Es el uso que hacemos de él cuando, por ejemplo, hablamos de «la lógica» de un determinado régimen a454 político, o de la «la lógica» de las ciencias empíricas, o de «la lógica» de las relaciones de parentesco en el seno de una determinada comunidad, o de «la lógica» del lenguaje ordinario. En esta acepción,'lógica' quiere decir a veces 'estrategia', a veces 'método', a veces'conjunto de presupuestos, a veces 'hilo conductor', a veces simplemente 'aplicación de la lógica en sentido técnico', etcétera (p. Según la cita anterior, el término lógica parece adquirir un sentido más general, que alude a cierta dinámica específica, a una forma de operación o de funcionamiento ordenada según ciertas reglas o leyes. Este tipo de definición parece acercarse más en principio a la idea que se pretende transmitir al hablar aquí de aspectos lógicos del pensamiento intuitivo; no obstante, no consideramos que exista una brecha absoluta entre las formas lógicas «profanas» y las «técnicas», más bien son niveles distintos de la expresión del logos que, aunque no dejan de diferenciarse entre sí, comparten el punto de darle un orden o una forma de operación y de funcionamiento específico a cierto nivel de la realidad; que a su vez es susceptible de ser captado de una forma particular por las estructuras del pensamiento humano. Para Gómez (2012) la lógica clásica se basa en una serie de principios de la razón, que determinan ya sea la esencia del ser (interpretación ontológica) o las posibilidades del conocimiento verdadero (interpretación gnoseológica). Estos principios son: el principio de identidad, según el cual todo ente es idéntico a sí mismo (A→A); el principio de no contradicción, que predica que es imposible ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido ¬ (A ˄ ¬ A); el principio del tercer excluido, que plantea que necesariamente ocurre o un hecho o su contrario (A ˅ ¬A); el principio de bivalencia, según el cual un enunciado solo posee dos valores de verdad: lo absolutamente verdadero y lo absolutamente falso; el principio de reducción al absurdo, que dice que si de una tesis es posible deducir una contradicción, entonces dicha tesis es falsa; el principio de pseudo-Scoto, el cual anuncia que de una contradicción es posible deducir cualquier otro enunciado (indicando el riesgo de una contradicción para la racionalidad); y el principio de razón suficiente que predica que, para que un hecho acontezca, es necesario que haya una razón suficiente para que sea así y no de otro modo. Los sistemas lógicos en general comparten ciertas características entre sí para ser considerados como tales, por ejemplo, que asignan un valor de verdad a las proposiciones, ya sea que partan de dos o más va-lores de verdad, que plantean unos signos o símbolos determinados de ese sistema, que tienen unas reglas de formación para determinar cuándo una fórmula es una estructura bien formada de ese sistema, que poseen reglas y definiciones que les permiten transformar una fórmula en otra, que parten de una teoría de demostración para derivar enunciados, entre otros elementos propios de un cálculo (cfr. Según lo dicho hasta el momento en el presente trabajo no se pretende plantear un sistema lógico correspondiente al tipo de pensamiento intuitivo, sino más bien dar cuenta de una serie de leyes, características, fenómenos, etc., que se evidencian en este tipo de pensamiento según algunos autores; en consecuencia, nos distanciamos de las posturas que consideran que el pensamiento intuitivo es caótico, sin leyes, irracional o incomprensible. Es por esto por lo que las perspectivas que desarrollaremos a continuación las hemos designado como aspectos lógicos del pensamiento intuitivo. ¿QUÉ ES PENSAMIENTO INTUITIVO? La intuición es un concepto complejo por sus diferentes acepciones y formas de comprensión. Etimológicamente, la intuición se asocia a la mirada y al acto de ver (Corominas, 1980). Históricamente, la intuición se ha entendido principalmente en dos sentidos: uno teológico, asociado a la bienaventuranza dada por Dios, y otro filosófico, asociado a la captación de datos mediante la percepción o a las ideas puras que surgen a partir de la razón (Builes, 2017). Konrad Lorenz afirma que la intuición es "la captación inmediata de relaciones complejas" (Lorenz, 1993, p. 106), entendida "en el sentido de captar directamente la regularidad predominante a partir de un sinnúmero de hechos concretos" (Lorenz, 1993, p. Además, Lorenz (1993) aclara que la intuición "es una función de la percepción en general y de la percepción gestáltica en particular y, por lo tanto, un proceso fisiológico totalmente natural" (Lorenz, 1993, p. Así, considera que la intuición es condición necesaria para la ciencia, pues "no existe investigación de la naturaleza que carezca del todo de intuición" (Lorenz, 1993, p. Bunge, 1996), y la considera complementaria al procedimiento de comprobación mediante inducción. Como características de la intuición menciona que es capacidad de síntesis de muchos elementos; en la vivencia subjetiva solo es posible captar el resultado de la misma, mas no el proceso por el que se llegó a este; lo percibido cobra el carácter de «verdad» y se toma por cierto, y por tanto no es corregible a454 por la acción de la razón; y permite captar aspectos esenciales o constantes de los objetos más allá de lo contingente de los mismos (Lorenz, 1993). Para Ramírez, Lopera, Zuluaga y Ortiz (2017), quienes se basan en este último autor, la intuición se entiende desde tres perspectivas: la facultad (intuición) de comprender los datos sin necesidad de razonamiento consciente, el proceso (intuir) no consciente, holístico y automático de conocimiento inmediato de una cosa mediante la asociación de saberes no conscientes; y el resultado (intuiciones), es decir, lo que deriva de este proceso que puede ser un estado de ánimo, un presentimiento, una ocurrencia o un saber consciente en forma de imágenes o palabras, el cual posee generalmente el carácter de una «verdad evidente» que no es corregible por la acción de la razón y lleva asociada una alta valencia afectiva. En este punto los autores resaltan la importancia de la formación y del análisis de la intuición y la depuración de los propios prejuicios, y nosotros resaltaríamos la importancia de hacer conscientes, hasta donde sea posible, las reglas o leyes inconscientes que guían el pensamiento intuitivo, lo cual podría favorecer el proceso de formación de la intuición 2. Estos autores (Ramírez et al., 2017) describen entonces el pensamiento intuitivo como un proceso que parte de estímulos internos o externos al sujeto, los cuales son indicios que no se alcanzan a captar conscientemente. Entre estos estímulos se establecen asociaciones de forma automática, lo cual podemos interpretar como un proceso de análisis inconsciente de los mismos; y así: En La interpretación de los sueños Sigmund Freud (2010a) propone que el proceso primario se refiere a una forma de pensamiento en la cual se privilegian las imágenes en vez de los conceptos, no se diferencia entre lo percibido o lo conocido y lo representado o imaginado. Las representaciones se enlazan mediante ciertas categorías de asociación y se pasa de una imagen a otra cuando esta sirve para figurarse cierto aspecto de la vida psíquica. Freud menciona algunas de estas formas de asociación de las representaciones: mediante la simultaneidad, que tiende a reunir elementos y a presentar entre ellos un nexo cercano, dado que en algún momento estos se presentaron de forma simultánea; mediante la semejanza, referida a la concordancia entre dos elementos que pueden intercambiarse entre sí porque son similares; en el sueño por ejemplo, esta se representa por el «así como», en este punto entrarían también las relaciones por homofonía; mediante la comunidad o contigüidad, cuando dos elementos se muestran como vecinos, se suceden el uno al otro, lo cual evidencia que sus correspondientes pensamientos son cercanos en algún sentido psíquico; y la oposición, entendida como la tendencia a figurar un elemento mediante su opuesto o condensar dos opuestos en una sola unidad. Lo anteriormente mencionado se basa en una concepción del psiquismo o del aparato psíquico dividido en dos sistemas o instancias, de los cuales el segundo deniega al primero el paso a la consciencia de ciertos contenidos penosos o merecedores de censura en general; en el caso del sueño, el segundo sistema desfigura estos contenidos penosos de tal modo que estos pueden mudar en otra cosa; por ejemplo, puede disfrazarlos convirtiéndolos en su contrario. El segundo sistema, el que critica o censura, mantiene relaciones más estrechas con la consciencia que el primer sistema, y por tanto se conecta con el obrar consciente y voluntario. La actividad del primer sistema se basa en la tendencia a disminuir las cantidades de excitación por medio de una descarga de las mismas y el segundo sistema produce una inhibición de esta descarga, aumentando el nivel de tensión "al proceso psíquico que conviene exclusivamente al primer sistema lo llamaré ahora proceso primario, y proceso secundario al que resulta de la inhibición impuesta por el segundo" (Freud, 2010a, p. El proceso secundario hace uso del pensar y del razonar como un rodeo a la satisfacción que brindaría la descarga directa de la tensión, pasando así el psiquismo de estar regulado únicamente por el principio de placer a evidenciarse el principio de realidad. Como otros elementos que hay que tener en cuenta en la lógica primaria se encuentran por supuesto las características que gobiernan el proceso primario, a454 que Freud describe a modo de leyes generales que operan en el mismo; estas son: el desplazamiento, según el cual se desplazan cargas afectivas de ciertas representaciones a otras que inicialmente se encontraban débilmente cargadas; ocurre así una transferencia y un desplazamiento de las intensidades psíquicas hasta llegar a subvertir los valores psíquico-afectivos iniciales. También está el proceso de condensación, que consiste en concentrar varios elementos psíquicos en una sola representación o imagen; en el sueño, por ejemplo, se podrían representar varias palabras o nombres en una sola cosa u objeto. Además está la ausencia de contradicción y, por último, el miramiento por la figurabilidad o figuración plástica, entendida esta como la capacidad de figurarse una situación a partir de datos abstractos llevándolos a imágenes sensibles; de este modo, los pensamientos se transportan a huellas mnémicas visuales o acústicas. En su artículo Lo inconsciente (2010b), Freud plantea que los procesos inconscientes poseen características y peculiaridades que contrarían directamente las propiedades de la consciencia, al pertenecer a dos sistemas distintos, como ya se dijo anteriormente. Estas características son: la ausencia de negación o de contradicción, que hace referencia a que en lo inconsciente hay contenidos investidos con mayor o menor intensidad, pero no hay negación entre ellos; la ausencia de temporalidad, es decir, los procesos inconscientes no están ordenados de acuerdo con el tiempo, no se modifican por el transcurso de este y en general no se relacionan con él; el proceso primario, es decir, la movilidad de las investiduras energéticas según las leyes de condensación y desplazamiento, y la sustitución de la realidad exterior por la psíquica, es decir, los procesos inconscientes se rigen por el principio de placer, no por el principio de realidad. Jacques Lacan (Miller, 2010; Miller, 2015) también plantea algunos elementos importantes que hay que tener en cuenta en la discusión sobre la lógica primaria, tomando como referencia la teoría lingüística de Roman Jakobson, especialmente los polos metafórico y metonímico o eje paradigmático y eje sintagmático, puesto que para Lacan el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo cual quiere decir que los sujetos actúan muchas veces según una lógica del significante, es decir, guiados por las leyes del discurso y no según la realidad tal como esta es o tal cual se capta mediante la percepción. Lacan (Miller, 2010) parte también de la teoría del signo de Saussure, según la cual [...] definiremos prudentemente el signo como una entidad que: 1) puede hacerse sensible y 2) para un grupo definido de usuarios señala una ausencia en sí misma. La parte del signo que puede hacerse sensible se llama, para Saussure, significante; la parte ausente, significado y la relación que mantienen ambas, significación (Ducrot y Todorov, 1974/1984, p. Sustituir un significante es una forma de articulación de los significantes, y es allí donde la metáfora interviene produciendo significados. La dimensión metonímica se ejerce asociando elementos de acuerdo con los contextos en los que se presentan. Así: La dimensión metonímica, en la medida en que puede participar en la agudeza, juega con los contextos y los empleos. Se ejerce asociando los elementos ya conservados en el tesoro de las metonimias. Una palabra puede estar vinculada de formas distintas en dos contextos diferentes, lo cual le aportará dos sentidos completamente distintos. Tomándola en un cierto contexto con el sentido que tiene en otro, estamos en la dimensión metonímica (Miller, 2010, p. El deseo del sujeto se modifica entonces de acuerdo con su relación con el significante. Que el deseo no esté totalmente determinado por la necesidad hace que los objetos de este estén sometidos a sustituciones y a desplazamientos (metáforas y metonimias) propias de la función de la palabra. De acuerdo con lo dicho, lo que Freud llama proceso primario es para Lacan lo que está marcado y estructurado por el lenguaje y el modo de funcionamiento primario de este, que da lugar a las formaciones del inconsciente. De este modo, los sueños, los lapsus, los síntomas, entre otros son sustituciones (metáforas) y desplazamientos (metonimias) de deseos reprimidos. Según Ducrot y Todorov (1974/1984) se podría resumir lo dicho hasta el momento mediante dos fórmulas que plantea Lacan: La condensación es una metáfora donde se dice como sujeto el sentido reprimido de su deseo, y el desplazamiento es una metonimia donde se marca aquello que constituye el deseo, deseo de otra cosa que siempre falta (Miller, 2010, p. En El Seminario de Jacques Lacan. El deseo y su interpretación, Lacan complementa lo anteriormente planteado diciendo que el deseo no puede comprenderse por referencia a objetos ni tampoco bajo el esquema predeterminado de estímulo-respuesta; como ejemplo menciona lo siguiente: Si cosquillean la planta de las patas de una rana, ésta responde haciendo cierta relajación muscular. Pero cuando está en juego la subjetividad capturada por el lenguaje, hay emisión, no de un signo, sino de un significante (Miller, 2015, p. No es un signo lo que se emite, puesto que por definición este es una entidad que hace referencia a un objeto extralingüístico que este representa, mientras que un significante a lo que refiere es a otro significante dentro de la cadena misma. El deseo es entonces explicado por Lacan en los siguientes términos: Entre el lenguaje pura y simplemente requisitivo de la demanda y aquel en que el sujeto responde a la pregunta acerca de lo que quiere y se constituye con respecto a lo que es hay un intervalo. En ese intervalo se produce lo que se denomina deseo (Miller, 2015, p. De acuerdo con lo anterior los sujetos, más que guiarse por algún tipo de objetividad total o de realidad, pueden desear en tanto que tienen en cuenta la sustitución de un significante por otro (condensación, metáfora) y el desplazamiento de un objeto a otro que falta dentro de la cadena significante (metonimia). Desde una perspectiva filosófica y fenomenológica, también Ricoeur (1986) reconoce la existencia de un tipo de pensamiento involuntario y espontáneo que realiza una suerte de "improvisación" por sí mismo y sin necesidad de consciencia, y se guía por las categorías básicas de semejanza y contraste 3. Sobre esto plantea que: Dicha improvisación del pensamiento se expresa en particular en la asociación de ideas, y más precisamente en la asociación por semejanza y contraste [...]. Bain ya había presentido que esta asociación por semejanza y contraste ocultaba todo el pensamiento espontáneo, como si una necesidad de reconocer las cosas y de asimilarlas, y una necesidad de acentuarlas oponiéndolas estuvieran dotadas de vida propia y se adelantaran al pensamiento reflexivo en sus síntesis y sus discriminaciones. Se trata de lo que autores como Renovier y Hamelin han visto perfectamente: la asociación llamada por semejanza y contraste resume de manera grosera toda la diversidad de relaciones cuyo edificio forma la armadura misma del pensamiento; y tales relaciones son vivientes; actúan espontáneamente antes aún de ser percibidas. Algo razonable opera sin que razonemos (Ricoeur, 1986, p. Una forma de describir las formas de pensamiento simbólicas o secundarias es desde la perspectiva ontogenética-evolutiva del ser humano. En la vía de conocer este devenir del pensamiento humano, Piaget (1970Piaget ( /1972) plantea una epistemología genética, la cual implica procesos biológicos, psicológicos y también lógicos, y como su nombre lo indica, requiere un proceso gradual de desarrollo en el ser humano. Este autor considera que entre los cuatro y los siete años se da una sucesión en la adquisición de conocimientos y habilidades: el infante humano en primer lugar se vuelve capaz de hacer seriaciones, es decir, de establecer relaciones de orden (primero A, luego B, etc.), y en segundo lugar forma agrupaciones o clases (A y A', B y B', etc.). También, con relación a la percepción, se da un predominio inicial de relaciones topológicas (de vecindad, continuidad, cierre, posiciones en relación con las fronteras, etc.), y solo posteriormente se comprenden las relaciones entre segmentos o figuras separadas a partir de la interiorización de las nociones de espacialidad según la geométrica y la métrica. Con relación al asunto de la experiencia, leemos en Piaget (1970Piaget ( /1972) ) que según la tradición filosófica empirista, todo conocimiento proviene necesariamente de la experiencia, sin embargo, para este autor, aunque esta brinda claramente unas bases para el conocimiento de los objetos del mundo, pues es la que permite descubrir las propiedades físicas de los mismos, existen también nociones abstractas que se van desarrollando en el infante a partir de la experiencia; más específicamente, a partir de las acciones a454 que el infante realiza sobre los objetos, este va abstrayendo propiedades que conllevan la comprensión de unas operaciones y formas de coordinación más allá del objeto mismo. Un ejemplo de una noción que se desarrolla gracias a procesos lógicos es la noción de conservación, según la cual a partir de los seis o siete años el niño es capaz de identificar la conservación de la cantidad de objetos o de materia independientemente de los cambios perceptivos que tenga, gracias a tres procesos: la identificación, que permite reconocer que se mantiene la cantidad de un líquido por ejemplo aunque este se cambie de recipiente; la reversibilidad simple, que permite reconocer que se puede volver a un estado inicial del objeto o de la materia; y la compensación de las transformaciones relativas, que permite reconocer que ciertas características, el alto de un recipiente, por ejemplo, pueden compensarse con otras, el ancho de otro recipiente, por ejemplo. La experiencia física consistiría en actuar sobre los objetos para generalizar conocimiento; la experiencia lógicomatemática obtiene conocimiento a partir de una abstracción de la acción sobre los objetos, y no de los objetos como tales, pues en la acción se le agregan al objeto caracteres que este no poseía antes, los cuales se añaden a sus propiedades anteriores. Piaget habla en este punto refiriéndose a la lógica simbólica únicamente; sin embargo, sugiere más adelante (1970/1972, p. 130) que las raíces de esta lógica deberían buscarse en estructuras sensorio-motrices previas al lenguaje que también poseen relaciones de orden y que coordinan las acciones; en este punto se podrían incluir otros planteamientos sobre la existencia de una lógica de pensamiento intuitivo distinta a la lógica simbólica. Luego la adquisición del pensamiento lógico formal de acuerdo con Piaget (1999) consiste no solamente en la capacidad de realizar una serie de operaciones abstractas, sino en adquirir un estado de consciencia distinto (acompañado de sentimientos y conductas), que se caracteriza por cierta "obligación social" de tener un pensamiento lógico, no contradictorio, lo cual se constituiría en una exigencia intelectual, social y moral. De acuerdo con Ramírez (2012), quien a su vez se basa en Aristóteles, Freud, Piaget, entre otros autores de diferentes disciplinas: En la cita anterior se evidencia la posición que se quiere transmitir, la lógica fractal incluye entonces ambas perspectivas lógicas, la simbólica, bivalente y basada en leyes formales, y la primaria, basada en unas leyes imaginarias, automáticas y generalmente no conscientes, aunque esta última no se considera de ninguna manera irracional. «Fractal» es un concepto matemático propuesto por Benoît Mandelbrot en el ámbito de la geometría que proviene del latín fractus: irregular. Talanquer (1996), Ramírez (2012) y Ramírez et al. (2017) retoman este término para referirse a objetos (o realidades) que poseen tres características: la dimensión fraccionaria o pertenencia a dimensiones no enteras; la autosimilaridad, referida a la iteración de formas simples en varias escalas; y la porosidad, como la capacidad de interpenetración con otros objetos o realidades (cfr. De acuerdo con lo dicho, ¿cómo sustentar la idea de la existencia de una lógica fractal? Si hemos dicho, con Ramírez (2012), que la realidad se puede comprender según la evolución de cuatro registros (real, formal, imaginario y simbólico), pero que en la experiencia cotidiana estos se presentan de forma simultá-a454 nea a modo de una mezcla inextricable (fractal) de los mismos, es posible que la lógica, entendida como un modo de expresión del logos que toma la forma de la razón humana, también se pueda comprender separando los distintos tipos de lógica (como hemos hecho en este capítulo: una lógica primaria y una lógica secundaria, por ejemplo); pero a su vez habría que aceptar que estos tipos de lógica no son excluyentes entre sí, de hecho son complementarios, y la experiencia cotidiana se presenta como una mezcla de estos, en la cual es difícil establecer una barrera absoluta entre un modo de funcionamiento lógico y otro 4. También es por lo anterior por lo que el pensamiento intuitivo contiene aspectos de lógica primaria y secundaria pues, aunque tiene un sustento importante en la lógica imaginaria (en las leyes de la percepción, de la sensación, del aprendizaje, del "instinto"), estas han sido modificadas y están atravesadas por la dimensión simbólica de la realidad humana. Hay una lógica primaria que es la lógica de lo imaginario, basada en la contigüidad (desplazamiento, diacronía, metonimia, eje sintagmático) y en la simultaneidad (condensación, sincronía, metáfora, eje paradigmático, semejanza). La que llaman lógica femenina, soporte de la intuición, formalizada por los matemáticos contemporáneos como lógica sin negación. Es multívoca, polisémica, y para Freud determina los procesos inconscientes. Hay una lógica secundaria, lógica simbólica, basada en el principio de no contradicción, llamada usualmente lógica bivalente o aristotélica. Es la lógica clásica fundamentada en la ley del tercero excluido y en la negación. El discurso científico está basado en ella y se utiliza en la vida cotidiana cuando queremos que el discurso sea riguroso, racional: su límite ideal es la lógica formal. Algunos la asocian con lo masculino. Es unívoca, con un sentido único estructural o sintáctico que permite múltiples significaciones. La lógica cotidiana (de hombres y mujeres) raras veces se ubica exclusivamente en uno de los dos campos anteriores. Es a veces primaria y a veces secundaria, y la mayor parte del tiempo es una mezcla inextricable: por un momento funciona formalmente, unívoca, consistente, para saltar en seguida a otro sentido homofónico, similar o por mera alusión. Por eso la llamamos lógica fractal, porque en ella lo primario y lo secundario están mezclados como el agua y la arena o la esponja y el aire. Consideramos que es a causa de lo anterior por lo que nos hemos topado con las categorías asociativas básicas de semejanza y contigüidad en las teorías que hemos presentado hasta el momento y otras que no hemos mencionado, las cuales se modifican según la complejidad del fenómeno en cuestión, ya sea el lenguaje, el pensamiento, el funcionamiento neural o, por otra parte, lo inconsciente: en las disciplinas del lenguaje están el eje paradigmático y el eje sintagmático; en el psicoanálisis freudiano la condensación y el desplazamiento; en el psicoanálisis lacaniano la metáfora y la metonimia; en la neurología, las relaciones topográficas y topológicas entre las neuronas 5, en la psicología del pensamiento, las teorías sobre la semejanza, la metáfora, la inducción y la analogía 6, entre otras. El anterior argumento puede sustentarse tomando como base el principio de isomorfismo (iso:'igual'; morphé:'forma') el cual retoma también la teoría de la Gestalt (Mitri, 2002). Este concepto proveniente de las matemáticas, designa la correspondencia uno a uno entre los elementos de dos sistemas o conjuntos, por lo que resulta que también se corresponden las operaciones y relaciones de esos sistemas (Mitri, 2002, p. La teoría de la Gestalt lo utiliza para indicar que existen correlaciones dinámicas entre los distintos niveles de la realidad: físico, biológico y psicológico, y para resaltar la interdependencia entre estos. En este caso, según lo que hemos dicho, habría un isomorfismo entre el funcionamiento neuronal, los procesos psicológicos de pensamiento y el lenguaje o funcionamiento lingüístico, entre otros aspectos, en tanto que estos aspectos comparten categorías afines, que pueden diferenciarse teóricamente, pero en la realidad se presentan a modo de una mezcla inextricable, fractal, de las mismas. Para dar un ejemplo sencillo de la lógica fractal (y en este caso, de una intuición fractal) se podría pensar en una situación de toma de decisiones, tal como la elección de un candidato presidencial, en la cual se combinan aspectos imaginarios, emocionales (como el aspecto físico, la forma de expresarse, entre otros) que nos llevan a descartar ciertas opciones de candidatos, y a454 luego cuando hemos de elegir entre solo dos restantes podemos analizar desde una perspectiva racional cuáles son las posibles consecuencias de elegir a uno o a otro; o también un caso cotidiano, en el cual se puede analizar una situación desde una perspectiva lógica y simbólica para pasar en otro momento a plantear semejanzas por homofonía o contigüidad entre palabras o expresiones. Ramírez (2012) plantea que la intuición es fractal, en tanto que implica captaciones y ocurrencias holísticas y sintéticas, pero para su formación requiere del análisis de los prejuicios sedimentados en el propio discurso. Hemos identificado en el pensamiento intuitivo dos tipos de lógica: primaria y secundaria. La primera es la lógica sin negación, que está basada en las categorías básicas de contigüidad y simultaneidad, la segunda es la lógica aristotélica basada en la no contradicción, esencial en el pensamiento humano. Estas dos interactúan entre sí de tal forma que no es posible decir que la intuición es únicamente una percepción o un instinto pues, aunque encuentra allí su soporte, es un fenómeno humano complejo determinado también por leyes de funcionamiento lingüístico como la metáfora y la metonimia. Por tanto, es más conveniente hablar de una lógica fractal, que es una mezcla de estos dos tipos de lógica, y que influye en el proceso de pensamiento, que puede guiarse más desde lo primario o lo secundario, según se trate de pensamiento intuitivo o de pensamiento deliberado. Los autores agradecemos al profesor Carlos Arturo Ramírez por su disposición para revisar el texto, realizar comentarios críticos y conversar al respecto. También a la Universidad EAFIT de Medellín, Colombia, por financiar el proyecto de investigación titulado Aspectos lógicos del pensamiento intuitivo y sus implicaciones en la toma de decisiones, del cual deriva el presente artículo. Logos se combina con ananké, la 'necesidad' o la 'repetición', para dar lugar tanto a la iteración como al surgimiento de algo novedoso a partir de esta. En el Informe del Banco Mundial sobre el desarrollo mundial del año 2015 se hace referencia a algunas perspectivas psicológicas contemporáneas como la teoría de los modelos mentales (cfr. Johnson-Laird, 1983) para referirse al modo de pensamiento de los seres humanos, quienes tienen limitaciones cognitivas a la hora de tomar decisiones e interpretan la realidad a partir de los modelos que construyen del mundo; por esta razón, los autores de este texto resaltamos la importancia de estudiar los aspectos relacionados con el pensamiento intuitivo con el fin de intervenir sobre ellos teniendo como meta el desarrollo humano individual y por ende de los países (cfr. También Cassirer (1998) encuentra características similares en sus estudios sobre el pensamiento mítico, el cual no se contrapone al pensamiento científico. Así, este autor reconoce la importancia de la imagen en el pensamiento mítico y como formas de funcionamiento de este plantea la asociación por contigüidad y la tendencia a la síntesis, entre otras. Este argumento, si se amplía hablando de las clases y los niveles de la realidad y de la relación de estos con las teorías científicas, puede llegar a ser una crítica al dogmatismo y al reduccionismo en la ciencia (cfr. En este punto es importante aclarar que en el ser humano tanto la lógica primaria como la secundaria tienen un fundamento biológico y fisiológico en cuanto al funcionamiento neuronal, a la formación de representaciones mentales, y a los procesos emocionales y adaptativos (Cfr.
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). En el contexto de la cada vez más abundante literatura confesional y de la predilección por la estética del fragmento, Puerta principal destaca como un libro de gran belleza y profundidad, un texto inusual por muchos motivos. En primer lugar, su sinceridad y transparencia. No suelen serlo los textos confesionales pese a su intención declarada, ya que en el esfuerzo de verificarse a sí mismos, de resultar genuinos, acaban construyendo al personaje que se sincera en la confesión íntima. El texto de Arbona sortea este peligro desde el origen porque nace como auténtico memorando privado y solo paulatinamente ha ido abriéndose a otros interlocutores, siempre próximos y comprensivos, para más tarde abarcar un público general. En su inicio, el libro solo pretendía tomar nota de lo que iría ocurriendo en un intervalo de tiempo desconocido, a lo largo de un viaje que la autora emprendía a pesar de sí misma y del que se ignoraba todo, duración, itinerario, destino incluso. Esta difícil y peligrosa travesía era la experiencia de una enfermedad grave. Con el principio del tratamiento de la enfermedad, en un mes de enero, dan comienzo también las notas de ese diario personal que será prolongado durante los diez meses de la vida de una profesora universitaria, todo un curso académico, que se convierte en un insólito año sabático en el que se revisa todo y todo es reiniciado de nuevo. Un tiempo de esperanza e incertidumbre, de indagación y descubrimientos. Las breves entradas de este diario tratan de apresar cualquier indicio que sirva para comprender qué significa esta experiencia para la propia vida y para la de aquellos a los que se ama. Responden los apuntes del diario a una invitación clara: atender a los signos de vida que van mostrándose en el peligroso periplo de la enfermedad. Así se van tejiendo día a día estas páginas con la hermosa profundidad de quien confiesa pero no exhibe, de quien muestra su interior y continúa manteniendo su pudor e intimidad. Y las entradas del diario toman nota de las revelaciones de la belleza natural que pugnan por dejarse ver en mitad del artificio (los cielos, los pájaros, las briznas de hierba y flores que resurgen en los resquicios del asfalto), epifanías de la belleza espiritual que desvela una misteriosa hechura (aquellos con los que se convive, aquellos que han plasmado su sensibilidad en la literatura y el arte). El anhelo de belleza agranda cada vez más la capacidad de celebración del mundo y transfigura el modo de mirar, el punto de vista sobre uno mismo también. El libro de Arbona contiene la verdad de lo que no pretende ser mostrado sino compartido. Por otro lado, como buena conocedora de la tradición literaria, la escritora dice muchas cosas importantes con la metáfora sugestiva que da título a su libro, la puerta, umbral por excelencia para una experiencia de umbral como es la suya. No una puerta cualquiera, sino la principal del edificio, aquella que atravesamos como dueños o al menos invitados dilectos, por derecho propio, a la vista de todos, sin subterfugios ni disimulos. A un lado y al otro están el edificio que nos acoge o el espacio exterior. Es también la puerta un umbral donde se aguarda; y la protagonista de estas páginas espera a lo largo de su libro ante variados umbrales, en la consulta del médico, en el refugio de la casa -durante los días de malestar y flaqueza-, en el intervalo de cierta mejoría -entre un tratamiento y otro-, atenta a la revelación que le ofrecen sus lecturas (Cervantes, Dostoievski, Machado, Flannery O ́Connor, Carver, Zambrano, Eliot), su meditación sobre el pasado y los encuentros con muchas personas. Esta es otra de las notas significativas del libro, la paradoja del diario de una enferma que no se ocupa de sí misma, que no queda encapsulada en la situación que padece sino que es proyectada hacia el encuentro con "muchos". La sensibilidad del enfermo a los signos de la destrucción y la muerte ha dado paso en este libro a la atención por todo lo que ocurre, no solo en sí misma, sino a su alrededor, en España y en el mundo, inexplicable actitud si no se comprende el propósito con que se abordaron estas páginas, indagar en el sentido que tiene esta experiencia. No es este un diario de soledad, no es un monólogo o soli-loquio sino un diálogo continuo, a propósito de todas las incidencias del día, como hilo de oro que vincula todo el libro, de principio a final, y teje hermosas confidencias con Dios, en primer lugar, al que la narradora reconoce en todo lo que ocurre, y con todos los que le acompañan en la travesía. La enfermedad vivida desde este punto de vista se convierte en un importante episodio biográfico que transfigura al yo, que lo ha instalado en un nuevo modo de mirar los objetos y de preguntarse por el sentido de la existencia. La puerta que permite un ingreso o una salida es también en sí misma un paso, un presente, un instante en el que se concitan lo pasado, la memoria, y el futuro, la anticipación. Es la puerta de acceso a un modo más elevado de mirar y de sentir. Su primer fruto ha sido este texto traspasado de hermosura, luz, limpieza, lluvia y silencio. Universidad Complutense de Madrid
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). Promesas infundadas, delirios extravagantes, ideas peligrosas, mecanismo de huida. Muchos son los apelativos que los críticos del transhumanismo han otorgado a esta corriente filosófica y cultural. A menudo, descalificativos y argumentos rancios han servido de escapatoria para no entrar en un debate serio al respecto de alguna de las cuestiones más importantes que hay detrás de las propuestas transhumanistas. Sin embargo, la gran virtud del libro de Antonio Diéguez es mostrar un punto de vista crítico y equilibrado, con la intención de no dar la espalda a ninguna dificultad y de mostrar cuáles son los puntos fuertes y los supuestos injustificados tanto de la argumentación transhumanista como de la de sus principales detractores. No todo lo que se ha escrito a favor o en contra del transhumanismo ha de recibir el mismo crédito. Los prejuicios que se alojan detrás de algunas tesis y las metas que se esconden tras ciertas promesas difícilmente son equiparables en muchos casos. Por ello, la importancia de este libro radica en hacer una limpieza y clarificación de todo el murmullo de ideas que han hecho de esta corriente un tema público de actualidad. En un primer capítulo el autor indaga en los orígenes y características de la corriente transhumanista, así como en sus diferentes modalidades. Esta "filosofía de moda" se asienta en ocasiones sobre arenas movedizas y sobre ofertas de inmortalidad, pero también sobre testimonios filosóficos arraigados y sobre el apoyo o fe en una actividad tecnocientífica en auge. De esta manera, se puede apreciar que ideas filosóficas de larga tradición -el humano como animal enfermo, el envejecimiento como un error biológico, la visión dualista que supone al cuerpo como prisión de la mente, etc.-sustentan la argumentación en favor del mejoramiento del ser humano y a la vez refuerzan la percepción de que las pretensiones transhumanistas son algo perseguido a lo largo de la historia. Esto no significa que los autores transhumanistas hagan una buena interpretación de los ejemplos históricos que seleccionan como predecesores de su pensamiento, pues la lectura que realizan es frecuentemente parcial, descontextualizada y distorsionada. Diéguez diferencia dos principales modalidades de transhumanismo: por un lado, estaría la rama cultural o crítica, que identifica con el posthumanismo y, por otro, la tecnocientífica. La primera de ellas, fruto del pensamiento posmodernista, es una crítica al humanismo moderno y a su concepto de ser humano. El a456 transhumanismo tecnocientífico, por su parte, se divide en dos vertientes, a saber, una de índole cibernética y otra biológico-médica. Sin embargo, a ambas les une la esperanza emancipadora, o incluso redentora, según ellos, de traspasar las barreras biológicas. La primera de estas vertientes es analizada en el segundo capítulo. Gran parte de esta sección la ocupa el análisis del pensamiento de Hans Moravec, Marvin Minski y Raymond Kurzweil, que gira alrededor de cuestiones como la inteligencia artificial, la singularidad, los cíborgs o el volcado de la mente humana a una máquina. El autor español remarca el determinismo tecnológico subyacente a sus tesis y realiza una profunda exploración del funcionalismo en el que se afianzan. Cabe destacar también la actitud propagandística manifiesta en estos investigadores científicos, la cual se une a sus sueños de inmortalidad propiciados por una deseable fusión con las máquinas, todo ello envuelto de un lenguaje que se asemeja más a la literatura de Isaac Asimov que a la ciencia no ficcional. En el tercer capítulo, el turno es para la reflexión acerca de la modalidad biomédica del transhumanismo tecnocientífico. En él se valora el papel de la biología sintética en la modificación de las capacidades humanas y los diferentes discursos acerca del biomejoramiento, ya sea este químico (a través de fármacos) o genético. Diéguez expone y sopesa de manera detallada los principales argumentos de los defensores del biomejoramiento pero también examina los supuestos de los detractores de este. De esta forma, el autor hace una dura crítica a todos aquellos que basan su negativa al biomejoramiento en un concepto de naturaleza humana como esencia inviolable. Por otro lado, explora las posibles consecuencias negativas del mejoramiento biológico y la ambigüedad de sus fines. Una vez realizado este repaso y comentario del panorama del pensamiento transhumanista, el autor español saca a colación la obra de Ortega y Gasset como clave para desatascar la cavilación acerca de las problemáticas desarrolladas a lo largo del libro. Como ya haría en su artículo La acción tecnológica desde la perspectiva orteguiana: el caso del transhumanismo, publicado en la Revista de Estudios Orteguianos, 29, pp. 131-153, Diéguez reivindica la filosofía de la técnica de Ortega para el análisis acerca del mejoramiento humano. Se pueden señalar tres puntos de especial interés: La idea de la técnica como algo inherente al ser humano, como modo de adaptación del medio a sí mismo a través de la creación de una sobrenaturaleza, de la humanización del mundo. La concepción antropológica de que el hombre busca no solo sobrevivir, sino vivir bien, o sea, bienestar. Lo que sea el bienestar es algo variable, que depende de los diferentes proyectos de vida. La crisis de los deseos como signo distintivo de las sociedades contemporáneas, esto es, la falta de finalidad para la técnica, la ausencia de plan vital ante las abrumadoras posibilidades que ofrece la tecnología. La exposición de la filosofía orteguiana es el hilo conductor que abre paso a las conclusiones. En primer lugar, parece esencial que para valorar el mejoramiento se han de tener en cuenta los fines hacia los cuales se dirige. Lo meliorativo es algo que depende siempre de un criterio a través del cual evaluarlo, y este, para Diéguez, no es otro que la noción de bienestar. En vista de esto, resulta cuestionable que la inmortalidad sea un objetivo deseable. Son muchas las dificultades existenciales ligadas a tal circunstancia. La soportabilidad de una vida eterna, la pérdida de la identidad personal, la asimetría entre el envejecimiento corporal y mental o la ausencia de todo propósito vital son algunos de los problemas que plantea cualquier pretensión de inmortalidad. Ahora bien, Diéguez arguye que las tesis transhumanistas no son -o al menos no solo son-fruto de aspiraciones históricas, de preocupaciones posmodernistas, o consecuencia de las sociedades complejas y tecnificadas, sino que también surgen como efecto colateral del sistema tecnocientífico. Las promesas pretenciosas son inevitables en la difícil búsqueda de financiación para la investigación, en una forma de hacer ciencia donde la competencia y la rentabilidad son los valores supremos. En definitiva, Diéguez apoya un mejoramiento moderado -nunca tan radical como para hablar de superación de la especie humana-siempre y cuando este vaya en pro del bienestar social. Para ello, es de vital importancia que sean los ciudadanos los que definan los fines, que establezcan su proyecto vital, y no que sea el desarrollo tecnológico el que lleve a la deriva a la sociedad en favor de los antojos mercantiles. Volviendo a Ortega, la esencia de la técnica es, al fin y al cabo, adaptar el mundo al hombre. Sería del todo paradójico, cuando no contradictorio, que el ser humano sea el que, a través de medios tecnológicos, literalmente se transforme para acoplarse al nuevo mundo hasta tal punto que dicha adaptación pueda proclamar la extinción de la especie. Daniel Labrador Montero Universidad de Salamanca
En la mayoría de los países del mundo la inserción de las mujeres en el sector científico-tecnológico es un tema crucial, pero no siempre se encuentra en las agendas políticas. Al no considerar este tipo de estudios con una prioridad crítica, existe un inadecuado registro de los datos discriminados por sexo, a pesar del compromiso surgido en la Conferencia Internacional de Beijing (1995), reiterado en la Conferencia Mundial sobre Ciencia celebrada en Budapest 2 (1999); donde se trató la necesidad y exigencia de contemplar las variables de sexo y edad en todas las estadísticas sociales, por parte de los organismos responsables. El proceso de institucionalización de la ciencia comienza a nivel regional a partir del año 1945, motivado por la importancia que cobra el desarrollo científico a conse- ARGENTINA (1984ARGENTINA ( -2006) ) "Las niñas y mujeres de muchos países de la región han tenido enormes dificultades para acceder al sistema educativo y por ende al conocimiento científico y tecnológico. Asimismo, la enseñanza y las ciencias han estado basadas en tratamientos desde visiones que excluyen a la mujer. Una participación plena y equitativa de la mujer en las actividades científicas y tecnológicas contribuyen a enriquecer y reorientar sus temáticas, enfoques, prácticas y aplicaciones. En consecuencia, es necesario desarrollar estrategias y políticas que faciliten el acceso de la mujer al conocimiento científico y tecnológico, y que simultáneamente amplíen sus espacios de participación en todos los ámbitos de las actividades científicas" 1. Sin embargo este desarrollo no fue acompañado por un abordaje de las cuestiones de género, quedando oculto el papel de las mujeres en el sector. Existen hasta la fecha algunos trabajos que dan cuenta de algunos aspectos de la situación de las mujeres en el sector de C y T en Latinoamérica, demostrando una tendencia homogénea (Kochen, 2001), las mujeres aparecen en ciertas disciplinas científicas, y en minoría en las categoría superiores. Por otra parte, esta temática comienza a verse incluida en algunos eventos y talleres de trabajo 3 en el área de ciencias, además, algunos organismos internacionales 4 están incorporando las cuestiones de género en sus estudios. En el desarrollo del presente trabajo nos hemos propuesto analizar la evolución en el desarrollo de la carrera científica, durante los últimos 20 años de un grupo de científicas/os pertenecientes al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que es la institución que nuclea la mayor parte de las/los investigadoras/es en nuestro país. El CONICET tiene una carrera del investigador con una jerarquía establecida en cinco niveles, de menor a mayor son: Asistentes, Adjuntos, Independientes, Principales y Superiores. La promoción de una categoría a la siguiente se obtiene luego de una evaluación académica realizada por comisiones de pares. Se analizó en primer término el conjunto de las/os investigadoras/es, considerando la distribución por sexo y categoría en las últimas dos décadas. La cantidad de años considerados para la muestra obedece al volumen de información disponible y con el grado de confiabilidad necesario, dichos datos fueron previamente estructurados y organizados para que sea comparable su evolución. Luego hemos seleccionado dos grupos de investigadoras/es de las categorías más bajas, asistentes y adjuntos. En el primer grupo, se consideró para el análisis a todas/os las/os investigadoras/es activos con categoría de Asistente (categoría inferior) en el año 1994, que hubieren ingresado a la Carrera en el año 1984 y que en el año 2002 continúan como investigadoras/es de la institución. Y en el segundo grupo, se consideró a todas/os las/os investigadoras/es que estaban en la categoría de Adjunto (categoría inmediata superior a la de Asistente), en el año 1994, tanto aquellos que hayan ingresado directamente a esta categoría, o los que fueron ascendidos a la misma, en el año 1984 y que en el año 2002 continúan como investigadoras/es de la institución. Se cuantificó la deserción ocurrida en el período. La normativa para el ingreso a la carrera del investigador 5 establece un rango de edades para el acceso a los diferentes niveles, para conocer el grado de dispersión de edades, se realizó un control a través de las fechas de nacimiento. Incorporamos para el análisis el estado civil, teniendo en cuenta que la carga familiar recae principalmente en las mujeres. Analizamos el conjunto de las/os investigadoras/es, considerando la distribución por sexo y categoría en el período descrito. En el gráfico 1a se observa que las mujeres son un poco más de la mitad en la categoría más baja (Asistente), sin cambios significativos durante todo el período en estudio. La situación, en la categoría siguiente (Adjuntas/os) (Gráfico 1b), muestra una tendencia de aumento en la participación de mujeres, superando el 50% a partir del año 1999. En el gráfico 1c, ascendiendo en la escala jerárquica (Independiente), hay un predominio de hombres, sin embargo se puede observar una mayor presencia de mujeres en últimos años en esta categoría. En las categorías más altas (Principales y superiores), las mujeres representan actualmente entre el 30 % y el 17 % respectivamente de las/os investigadoras/es (Gráficos 1d y 1e), mientras como se puede observar su presencia era significativamente menor en el inicio del estudio. Sin embargo, en la categoría inmediatamente superior, Independiente, los varones duplican en porcentaje a las mujeres (Gráfico 4). En relación al estado civil, para ambos grupos hemos observado, que en las categorías inferiores el porcentaje de casados no difiere entre varones y mujeres. Sin embargo, a partir de la categoría que representa la mitad de la carrera (Independiente) sólo el 40% de las mujeres están casadas, mientras que la mayoría de los varones están casados (70%). Igual que en el grupo 1, las proporciones de deserción por género son similares entre varones y mujeres. Al analizar la distribución etaria (Gráfico 6), al igual que en el grupo 1 no se observó diferencias entre géneros. Se estudió la categoría alcanzada en el año 2002 (Gráfico 7), más de la mitad de las mujeres no fueron promovidas. Mientras que cerca del 60 % de los varones fueron promovidos a la categoría siguiente (Independiente). Ninguna mujer alcanzó la categoría de Principal (inmediata superior a Independiente) mientras que sí lo hicieron el 2,5 % de los varones. Distribución por año de nacimiento de los 79 investigadores En este estudio sobre la inserción, permanencia y promoción de las mujeres en el sistema científico y tecnológico en la Argentina analizamos la participación por género en la carrera del investigador científico, en el período que va desde 1994 hasta el 2006. La primera observación es que ha aumentado significativamente la masa crítica de investigadoras/es en el CONICET en los últimos años del período estudiado, este aumento también impactó en forma positiva en el porcentaje de mujeres, que se vio incrementado. El análisis de la distribución por sexo según la categoría alcanzada muestra claramente cómo las mujeres son mayoría en los niveles inferiores y su participación va decre- Mujeres Hombres ciendo en las categorías superiores. Sin embargo, en los últimos siete años se incrementó la presencia de mujeres en las categorías más jerárquicas, a pesar que los cambios logrados no alcanzan valores significativos. En relación a la permanencia en la carrera no se observaron diferencias por género, siendo el nivel de deserción bajo. Cuando estudiamos cómo evolucionaron los investigadores de acuerdo a la promoción alcanzada en la carrera, encontramos que los varones obtuvieron en mayor proporción categorías superiores, inclusive ninguna mujer de los grupos estudiados logró ser promovida a la categoría más alta obtenida por esta población. En relación al estado civil hemos observado que las mujeres que alcanzaron las categorías más altas, en su mayoría no formaron una familia. Con estos datos no podemos discernir si permanecer solteras fue una opción real o una imposición para el éxito en sus carreras. Es interesante señalar que en un trabajo cualitativo realizado por nuestro grupo, observamos en entrevistas a mujeres prominentes del sector científico tecnológico, cuyas edades oscilaban entre los 60 y 70 años, refería la mayoría de ellas, que habían "decidido" no establecer una familia, por las presiones laborales. En el período estudiado vemos que las desigualdades entre mujeres y varones persisten aunque se observa una evolución favorable en la inserción de las mujeres en el sector científico-tecnológico. Trabajos como éste que ponen en evidencia las inequidades de género posibilitan la toma de conciencia de las/os actuales y futuras/os actores de este sistema. Por otra parte contribuyen al diseño de políticas públicas que tienden a resolver esta situación a través de medidas de acción positiva. Recibido: 24 de abril de 2007 Aceptado: 25 de junio de 2007 NOTAS 1 Declaración de Santo Domingo, realizada en la Reunión regional de consulta de América Latina y el Caribe de la Conferencia Mundial sobre Ciencias, "Equidad de mujeres y hombres en las actividades científicas".
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). He tenido la inmensa suerte de encontrarme con la obra dirigida por Susana Sanz Caballero con el propósito de realizar una recensión sobre ella. Digo la inmensa suerte por cuanto se trata de un trabajo necesario y oportuno para los estudiosos de los derechos humanos en general y de forma más concreta de los derechos del niño. El interés superior del niño es un elemento fundamental de este ámbito material y la revisión de la jurisprudencia referida a él de diferentes tribunales no puede ser más que un acierto. Máxime cuando, como indica la coordinadora de la obra en el prólogo, "El elenco de investigadores que participan en la obra no podría haber sido más variado ni más experto en la materia. Se trata de autores que provienen de seis Estados y de tres continentes diferentes". Por lo demás, se trata del resultado del Congreso Internacional sobre el interés superior del niño en la jurisprudencia internacional, comparada y española, celebrado en Valencia en octubre de 2016, en el marco del proyecto de investigación del Ministerio de Economía vertebrado en tres universidades españolas (Universidad CEU Cardenal Herrera, Universidad de Valencia y Universidad de Comillas). Lo anterior es una garantía de que la lectura de las páginas que la componen (449) será, sin duda, un ejercicio provechoso. La obra se estructura en cuatro partes: la primera, dedicada a la jurisprudencia internacional y europea; la segunda, a la jurisprudencia comparada; y la tercera, a la jurisprudencia española. A diferencia de las anteriores, la cuarta parte no es una subdivisión temática pues contiene unas contribuciones igualmente intere-santes, bajo una rúbrica genérica de comunicaciones. En la primera, se estudia la jurisprudencia de órganos judiciales internacionales (Tribunal Europeo de Derechos Humanos, TEDH, y Tribunal de Justicia de la Unión Europea, TJUE), junto con otros que carecen de esta naturaleza (el Comité para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y el Comité de los derechos del niño). En la segunda, se analiza tanto jurisprudencia nacional (es el caso de la mexicana, peruana, italiana o marroquí) junto con un aspecto más específico y particular, de especial relevancia para quien escribe, como es el supuesto del "denominado conflicto indígena mapuche" en Chile. En la tercera, se profundiza en la jurisprudencia constitucional; tras ello, en la jurisprudencia penal y, de modo particular, en la consideración del interés superior del niño en las medidas que se les imponen a quienes se encuentran en conflicto con la ley, para a continuación detenerse en dos cuestiones específicas pero de gran interés: una, la aplicación de este principio a la gestación subrogada y, otra, una breve reflexión sobre las "experiencias de los juzgados de Valencia". Por lo que se refiere a las comunicaciones, tratan cuestiones variadas como la jurisprudencia del TEDH sobre la sustracción internacional de menores (aspecto también analizado desde la perspectiva del Convenio de La Haya de 1980 sobre los aspectos civiles de la sustracción internacional de menores) y la reproducción asistida; del TJUE en el caso de los demandantes de asilo menores de edad; la consideración del principio del interés superior del menor en el caso del niño a457 extranjero; su implementación en Argentina y Brasil; su cumplimiento en Chile; en el modelo de responsabilidad penal; en el caso de la guardia y custodia compartida; en los niños con discapacidad, para terminar con la infancia expuesta a la violencia de género. Lo cierto es que, a la luz de los temas expuestos, se nos ocurren pocos que no aparezcan directa o incidentalmente en el tratamiento de la obra que ahora consideramos. De entre todos los trabajos que conforman esta publicación colectiva, destacaré el firmado por Jorge Cardona Llorens sobre la situación del principio, una vez que han transcurrido cuatro años ya desde que se aprobara la Observación general 14. No podemos olvidar que una de las grandes dificultades que plantea la concreción del interés superior del niño deriva de su múltiple funcionalidad. En este sentido, nos encontramos ante un principio inspirador y fundamental de los derechos de los que son titulares los niños; inspirador por cuanto es el elemento sobre el que se construyen los derechos del niño, configurándose así como el motivo por el que existe la misma Convención de 1989. Además de lo anterior, es un principio que ha de motivar la adopción de las normas de derecho interno aplicables a los niños con independencia del ámbito material del que se trate, ya sea derecho civil (tutela, filiación, régimen de visitas u otros), derecho penal o laboral, entre otros. Por último, se trata de un principio interpretativo de las normas aplicables a toda situación que afecte real o potencialmente a un menor, de modo que el órgano encargado de su aplicación siempre ha de interpretar la norma a la luz del interés superior del menor. Pero no acaban aquí los problemas, pues la indeterminación característica de este concepto jurídico genera una concreción cuando menos compleja, al tener que resultar adaptable a cada situación particular, lo que no siempre produce el mismo resultado. Ni todos los niños se encuentran en la misma situación (pensemos en los niños de la calle, que nos refleja la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos o en la gestación subrogada o el secuestro internacional de menores, por solo citar algunas de las realidades infantiles), ni precisan idéntica atención. Es evidente que, junto con los anteriores, una cuestión añadida es la que deriva de la naturaleza abstracta del interés superior del niño, que precisa interpretarse en cada caso concreto conocidas las circunstancias que rodean el supuesto al que nos enfrentemos. Es cierto que, en este punto, hemos de ubicar el interés superior del niño (de varios o de todos ellos, según los casos) en el centro de nuestras consideraciones, de-jando de lado los posibles prejuicios sociales, morales o religiosos del aplicador. La diversidad de las medidas que la aplicación de este principio puede implicar provoca que no sea tan relevante el concepto en sí mismo como los criterios que han de guiar al órgano encargado de su aplicación. En consecuencia, si dotásemos de un contenido concreto al interés superior del menor estaríamos vaciándolo de significado e impediríamos la proyección de su aplicación. Además, ante las dificultades de desprendernos de la carga subjetiva que conforma el pensamiento individual, este concepto jurídicamente indeterminado precisaba de criterios objetivos que guiaran al órgano encargado de la aplicación. En este sentido, el Comité de los derechos del niño, en su Observación general 14 propuso unos elementos que hay que considerar en el proceso de identificación o aplicación de una medida a un supuesto que afecte a un niño, a varios o a los niños como categoría que, dado que potencialmente ha de ponderarse ante un abanico casi infinito de situaciones, ilustrarán al encargado de la decisión en este proceso. La comprensión del interés superior del menor a lo largo de estos años, según afirma el profesor Cardona, ha de evaluarse positivamente en la medida en que vamos progresando adecuadamente por la senda marcada por el Comité en la Observación general 14 y eso siempre es un logro relevante, por cuanto lo más difícil es cambiar las dinámicas y los criterios de los órganos encargados de la decisión y aplicación de las normas pues la inercia impulsa siempre hacia su mantenimiento. El libro coordinado por la profesora Sanz Caballero presenta trabajos y aristas más que sobresalientes, puesto que ha intentado aportar una visión cuasiomnicomprensiva de la aplicación del interés superior del menor en la jurisprudencia. Decía antes que pocos son los temas que no han sido tratados en esta obra colectiva, pero hay uno, que por su interés quizá habría ameritado un tratamiento más detenido: se trata del interés superior de los niños indígenas. Es cierto que se refiere a esta cuestión H. Pacheco Cornejo en el trabajo titulado "El interés superior del niño en la jurisprudencia chilena. Casos del denominado conflicto indígena mapuche". Sin embargo, considero que el análisis del equilibrio entre el interés superior del niño y el derecho a la identidad cultural podría haberse vertebrado alrededor de la sentencia de la Corte Constitucional colombiana de 25 de enero de 2000, en el asunto de los menores u'wa. Medidas de protección, en las que parece prevalecer el último sobre el primero. Es cierto que el mismo Comité de los de-a457 rechos del niño, en su Observación general sobre los derechos indígenas partió de la premisa de que no se puede averiguar cuál es el interés superior del menor sin consultar a las autoridades de ese grupo específico en el que se integra, así como de la particularidad que presenta el reconocimiento de los derechos colectivos de los que es titular el pueblo indígena considerado 1. En todo caso, esta última es solo una idea para la reflexión en una futura jornada o publicación, puesto que no dudo que el sólido grupo de investigación que participa en este proyecto será un grupo consolidado que seguirá trabajando y profundizando en este que es un ámbito material de la mayor relevancia, no solo para académicos, sino también y muy especialmente para los órganos encargados de la decisión, interpretación o aplicación de medidas que afecten a los niños. Me resta únicamente felicitar a la directora por los excelentes resultados obtenidos y esperar que las próximas materializaciones de este proyecto de investigación sigan la senda trazada por esta estupenda obra. Universidad Autónoma de Madrid
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). Hay muchas formas de enfermar que afectan a la salud de los seres humanos. Enfermar es un hecho individual, pero la necesidad de comparar y clasificar para comprender este hecho único, no solo en cada individuo sino en el conjunto de personas que tienen una causa común o compartida de enfermar, hace que en medicina hablemos también de enfermedades. Y enfermedades hay muchas, unas son frecuentes como la cardiopatía isquémica, el asma bronquial, la esquizofrenia o la enfermedad de Parkinson, y otras son poco frecuentes. Frente a aquéllas, que llamamos comunes, estas son las llamadas enfermedades raras o minoritarias. Determinar que una enfermedad entra en la categoría de enfermedad rara requiere que tenga una baja prevalencia de menos de 5 afectados cada 10.000 habitantes. Pero las enfermedades raras tienen otras características que hay que tener en cuenta. Jules Berman (2014) ha indicado seis observaciones que distinguen las enfermedades raras de las comunes: (1) las enfermedades raras generalmente inciden en la población joven (al menos un 50 por cien son de inicio en la edad pediátrica), mientras que las enfermedades comunes típicamente se dan en adultos, aumentando en frecuencia con la edad; (2) las enfermedades raras generalmente son genéticas y se pueden segregar en una familia con un patrón de herencia mendeliana o mitocondrial; en cambio, las enfermedades más comunes a veces se agrupan en familias, pero no por ello son trastornos mendelianos; (3) las enfermedades raras a menudo se presentan como síndromes, que involucran varios órganos o sistemas fisiológicos, y las enferme-dades más comunes no suelen ser sindrómicas; (4) los factores ambientales juegan un papel importante en la causa de las enfermedades comunes y mucho menos en las enfermedades raras hereditarias; (5) la diferencia en las tasas de aparición de las enfermedades raras en comparación con las de las enfermedades comunes es amplia, a menudo del orden de mil veces o mucho más; (6) hay muchas más enfermedades raras que enfermedades comunes. Por esto último, las enfermedades raras son una cuestión de salud pública, y no menos que las enfermedades comunes porque afectan a un volumen importante de la población. Además las personas compartimos una parte muy relevante de nuestra condición de seres humanos, el genoma que nos hace humanos, así como sus variantes que generan la diversidad fenotípica de nuestra especie (The 1000 Genomes Project Consortium, 2015). Este genoma compartido supone que compartimos también, y no es trivial, variaciones genéticas que condicionan enfermedades raras. ¿No es esta razón suficiente para que nos preocupen las personas afectadas por trastornos o condiciones que, en primera instancia, pueden parecer ajenas a aquellas personas no afectadas por ninguna de estas enfermedades? Y si esta es la realidad médica y social, ¿cuál es la respuesta científica? Aparentemente sencilla: hay que investigar en enfermedades raras con el objetivo de conocer por qué y cómo se producen -las causas y los mecanismos-, mejorar la capacidad diagnóstica y encontrar nuevos tratamientos eficaces que curen o que mejoren la calidad de vida de las personas afectadas, muchas veces niños que tienen toda o gran parte de su vida condicionada por la presencia de la enfermedad, por el hecho de estar enfermos (Palau, 2016). En este monográfico de la revista Arbor se aborda el mundo de las enfermedades raras desde la perspectiva social en el primer artículo; desde sus aspectos médicos, teniendo en cuenta tanto la orientación global de la medicina del adulto como la de algunos grupos de enfermedades, tales como los trastornos metabólicos, los trastornos de la visión, las enfermedades que afectan el sistema hematopoyético o el cáncer entendido como una enfermedad rara, especialmente cuando hablamos de cáncer hereditario o de síndromes de predisposición al cáncer (artículos segundo al sexto), así como los aspectos diagnósticos (artículo séptimo) y terapéuticos (artículos octavo y noveno). Finalmente, la cuestión científica se expone tanto en el ámbito del laboratorio (artículo décimo) como en el marco de la investigación de campo y epidemiológica (artículo décimo primero). Las enfermedades raras son un desafío (Rubio Zamora, Palau, Palacín, Molina Vázquez e Isla Gómez, 2018). Detrás de cada una de ellas hay personas. Los científicos y los médicos debemos preocuparnos por dar respuestas que puedan incorporarse al sistema de salud, unas mejorando la atención sanitaria para enfocar y resolver el problema de salud pública que representan en su conjunto, otras permitiendo diagnosticar lo que hasta ahora no tenía un diagnóstico (Gahl, Adams, Markello, Boerkoel y Tifft, 2016), y finalmente determinando dianas moleculares y rutas biológicas que sean nuevas dianas terapéuticas que conduzcan a la obtención de medicamentos eficaces y sostenibles. Con este deseo queremos contribuir, desde este pequeño monográfico, al mejor conocimiento y difusión de las enfermedades raras entre la comunidad científica y también en el conjunto de la sociedad.
Las enfermedades poco frecuentes suelen ser las grandes olvidadas tanto de los sistemas sanitarios como de la investigación. Esto da lugar a que los pacientes y los familiares encuentren dificultades no solo para recibir una asistencia médica adecuada, sino también para conseguir un verdadero apoyo psicosocial. No obstante, se están produciendo cambios muy positivos, como son la creciente presencia del conjunto de las enfermedades raras en las políticas nacionales e internacionales, la evolución en el papel que adoptan los pacientes, los médicos y los investigadores y en sus relaciones mutuas, la creciente sensibilización e implicación social, las oportunidades crecientes de difusión y de sensibilización y la circunstancia favorable desde el punto de vista tecnológico y de comunicación. La complejidad de estos cambios y la responsabilidad que cada grupo de agentes implicados está asumiendo en este nuevo marco son asuntos controvertidos y están surgiendo cuestiones de índole ética. A veces no es fácil responder a ellas y solo se puede explicar el papel que adoptan los distintos agentes por imperiosa necesidad. Las enfermedades raras incluyen un grupo muy diverso de enfermedades, el número de las cuales se estima que podría oscilar entre las 5.000 y las 7.000. Resulta difícil de concretar este dato, dado que cada mes aparecen nuevas enfermedades vinculadas a nuevas mutaciones y nuevos genes, que hasta ahora no habían sido descritos. Sirva de ejemplo el siguiente dato, relacionado con el mes de septiembre de 2014, en el que según el boletín de Orphanet, se habían descrito trece nuevas mutaciones o nuevos genes y tres nuevos síndromes: http://www.orpha.net/actor/ EuropaNews/2014/140930.html. Las enfermedades poco frecuentes suelen ser las "grandes olvidadas" tanto de los sistemas sanitarios como de la ciencia en general, por la poca frecuencia con la que se manifiestan entre la población. Este aspecto hace complejo su abordaje, tanto desde el ámbito médico como desde el social. Nos encontramos ante un círculo vicioso, ante el denominado paradigma de la rareza: al existir pocos pacientes de una misma enfermedad, no se fomenta la investigación y, por tanto, como no se estudia dicha enfermedad, es difícil el correcto abordaje médico ante la carencia de información tan básica como pueden ser los síntomas para su diagnóstico o la información relacionada con su evolución. En el 80% de los casos estas enfermedades están vinculadas con alguna alteración genética, que se suele manifestar en el mismo momento del nacimiento o en los primeros años de la infancia. Este aspecto hace que mayoritariamente afecten a niños, implicando una cronicidad de las mismas, ya que muchas de ellas no tienen tratamiento curativo. El principal criterio para considerar una enfermedad rara o huérfana es la prevalencia de la misma, es decir, el número de afectados respecto a la población en general. En la Unión Europea además también se consideran como factores asociados y necesarios la inexistencia de tratamientos adecuados o la severidad de los mismos. La Comisión Europea de Salud Pública califica como raras o poco frecuentes a aquellas "enfermedades, incluidas las de origen genético, que son crónicamente debilitantes o potencialmente mortales y que tienen tan poca prevalencia que se necesitan esfuerzos especiales combinados para combatirlas" [URL] policy/index_es.htm). En Europa para que una enfermedad sea categorizada como rara debe afectar a menos de cinco personas por cada 10.000. En Estados Unidos la Ley de las enfermedades raras del 2002 define una enfermedad rara exclusivamente con relación a su prevalencia, señalando que es "cualquier enfermedad o condición que afecte a menos de 200.000 personas en los Estados Unidos" [URL]. Otros países utilizan otros parámetros para identificar la prevalencia máxima para que una patología pueda ser considerada como poco frecuente (Japón o Italia). Considerando el número de afectados, se estima que aproximadamente unos 30 millones de europeos y unos 25 millones de norteamericanos padecen una enfermedad rara. a459 establecimiento de mesas de trabajo, integradas por diferentes perfiles de expertos, entre los que se encuentran los propios pacientes que son quienes mejor pueden defender sus derechos y necesidades. Hay que destacar que las estrategias sanitarias y sociales pueden llegar a ser muy dispares entre países. Sirva de ejemplo la obligatoriedad de indexar cada uno de los pacientes afectados por una enfermedad poco frecuente en un registro nacional. Este instrumento es básico para poder conocer la prevalencia real de una enfermedad en un determinado país, así como los condicionantes propios del paciente (edad, herencia o mutación de novo, antecedentes familiares, etc.) y promover la investigación en relación con una determinada enfermedad e incluso organizar los recursos asistenciales. En nuestro país, a día de hoy, resulta imposible poder obtener datos fiables respecto al número de afectados de una enfermedad, pese a los esfuerzos que se están haciendo en las políticas públicas para promover el registro de los pacientes. Consideramos que la obligatoriedad, por el bien de paciente, de su familia y de la propia comunidad científica, debería ser el principal mecanismo para poder ir construyendo progresivamente un registro de pacientes que refleje del modo más fidedigno posible la realidad. En relación con la comunidad médica, sigue habiendo un cierto olvido hacia estas enfermedades, que se ha correspondido, además, con un cierto olvido también por parte de la industria y de la investigación farmacéutica. Hablamos de enfermedades huérfanas con tratamientos huérfanos. Si defendemos una sanidad universal y solidaria, los pacientes con enfermedades raras tienen derecho a un conocimiento médico adecuado, a un diagnóstico rápido y a una investigación y tratamiento de primera línea (Editorial, 14 de junio de 2008). El ritmo de aprobación de fármacos de uso común es habitualmente más de diez veces mayor que el de fármacos huérfanos. Pero hay un intento de que esta situación cambie. En el año 2013 el International Rare Diseases Research Consortium (IRDiRD) se comprometió a aprobar al menos 200 fármacos huérfanos en el periodo 2013-2020, estableciendo este indicador como uno de sus objetivos generales de su plan de acción [URL]. Y es que, por fortuna, a día de hoy, la investigación básica y clínica y la asistencia médica a este grupo de pacientes se ha convertido en una prioridad para los programas de financiación tanto en Europa como en Estados Unidos. Pero el camino es largo y tortuoso. La falta de información médica, la ausencia de terapias efectivas, la escasa investigación, las dificultades en la cobertura de la asistencia médica requerida como avanzábamos antes son algunos de los enemigos de este grupo de pacientes. Otra de las percepciones de los pacientes es una necesidad inminente de una mayor sinergia entre profesionales, lo que a veces topa de frente con la sensación de propiedad del paciente. Esta percepción de propiedad, en palabras de los propios pacientes, debe cambiar rotundamente para avanzar junto con el enfoque holístico e integral de cada caso. Respecto a las percepciones de los pacientes y familiares es destacable el dato de que el 40% de las familias percibe que se podía haber diagnosticado de forma más precoz la enfermedad rara de su hijo y que las visitas a diferentes médicos han sido excesivas antes de llegar al diagnóstico definitivo (Anderson, Elliot y Zurynski, 2013). Esta demora puede estar vinculada a la falta de la descripción de la sintomatología de la enfermedad (muchas veces se trata de enfermedades con un amplio espectro de manifestaciones clínicas) y de la historia natural de la enfermedad, derivaciones a especialistas que no pueden aportar información etc., pero ello no debe ser óbice para generar interés médico en el conocimiento de todas aquellas enfermedades que aún siguen siendo grandes desconocidas para la comunidad científica. Este retraso en el diagnóstico puede, en muchas ocasiones, condicionar un retraso en el inicio del tratamiento, la realización de pruebas complementarias molestas e innecesarias y, sin ninguna duda, un sufrimiento y tensión emocional evitables (tanto para el propio paciente como para su familia). Parece evidente que se requiere una mayor inversión en formación de los profesionales de la salud, un mayor estado de alerta frente a este grupo de enfermedades, y el desarrollo de nuevos recursos para su estudio clínico y de cuidados de forma integral al paciente y la familia. El desarrollo de terapias y medicamentos huérfanos, como en otros casos, requiere unas fases de investigación clínica y básica previas al propio proceso de desarrollo y ensayo de los medicamentos, que de por sí tienen una duración media mínima en conjunto de unos diez años. El primer elemento para el mejor conocimiento de una enfermedad poco frecuente es lo que en medicina se denomina historia natural de la enfermedad. Se entiende por historia natural el preciso conocimiento de los síntomas para un correcto diagnóstico, así como su evolución en el tiempo para el correcto consejo e intervención médica, y además para posibilitar la valoración y evaluación del efecto de la intervención médica y para poder mesurarla. A par-a459 tir de aquí la lucha debe basarse en el trabajo coordinado, tanto clínico como básico, para indagar posibles opciones terapéuticas que mejoren las condiciones de vida del paciente, el desarrollo de herramientas de medida y evaluación clínica para esas intervenciones y, en definitiva, para minimizar el desarrollo de la enfermedad o ralentizar sus efectos. Como comentábamos con anterioridad, en la definición de enfermedad rara de la Unión Europea se contempla, además de la prevalencia de la enfermedad, la alteración que supone de la calidad y la esperanza de vida, así como el impacto familiar. Además, dado que se calcula que un 80% de las enfermedades raras tiene una causa genética, no podemos olvidar que en muchas familias las padece más de un paciente, con el subsiguiente incremento de las dificultades. A esto hay que añadir, desde el punto de vista no estrictamente médico, que los pacientes con enfermedades raras tienen la peor experiencia, entre el resto de los pacientes, sobre oportunidades sociales y económicas y, por supuesto, sobre cuidados médicos (Van Weely y Leufkens, 2004). En el caso de los pacientes pediátricos esto se manifiesta en forma de problemas en el rendimiento y en la adaptación escolar, en la autoestima y en la interacción social (Henderson, Packman y Packman, 2009). Refiriéndonos al impacto psicosocial de las enfermedades raras, en el Estudio socio-sanitario en Enfermedades Raras (ERES) realizado en 2007 en España se advierte que, entre los pacientes, hay una discapacidad percibida moderada o importante en el área emocional (49,6%) así como en el área social (48,3%) entre los encuestados (Avellaneda Fernández et al., 2007), independientemente del tipo de enfermedad. El 74% de los encuestados tenían algún tipo de dependencia, denotando un gran problema de índole socio-sanitaria. Como consecuencia, una de las conclusiones del estudio es que la única forma de afrontar los complejos problemas de las personas afectas por enfermedades raras es un abordaje interdisciplinario e integral que incluya no solo los organismos políticos y administrativos sino también las asociaciones de pacientes, que son la principal fuente de apoyo e información, tal y como se muestra en este estudio, para la mayoría de los pacientes. Cada vez son más las instituciones sanitarias que, en muchos casos con la colaboración de las asociaciones de pacientes y sus comités científicos, contemplan el abordaje de las enfermedades poco frecuentes mediante unidades interdisciplinarias. Destacamos el impulso que se está dando en la Unión Europea al estudio y conocimiento del abordaje médico y científico de las enfermedades raras desde las instituciones sanitarias de los diferentes países miembros. Actualmente el Eu-ropean Union Committee of Experts on Rare Diseases (EUCERD) está llevando a cabo un estudio de campo cuantitativo y cualitativo para la definición de un mejor modelo asistencial que contemple una atención integral al paciente y a la familia afectada por una enfermedad poco frecuente. Desde la época del Aceite de Lorenzo, uno de los más conocidos casos de familias que determinan un cambio en la investigación y terapias para la enfermedad de su hijo, han sido mucho los ejemplos de cómo las familias de los pacientes con enfermedades raras y los mismos pacientes son capaces de modificar el curso de la investigación y las posibilidades terapéuticas. No obstante, necesitamos reflexionar sobre si debe ser esa la verdadera función de las familias y asociaciones o si, por otra parte, se trata de una forma de suplir una necesidad no resuelta por los sistemas sanitarios actuales. ¿Es justo que las asociaciones financien la investigación? Estamos asistiendo a una creciente implicación de las asociaciones, muchas veces de forma independiente de su tamaño, que consiguen una gran movilización social para recaudar fondos y poder así financiar y fomentar una investigación que resulta insuficiente. Pero la pregunta de muchas de ellas es: ¿dónde está el límite?, ¿es esa su verdadera responsabilidad? Lo que sí es indudable es su necesidad, porque la investigación en posibles terapias es la mayor fuente de esperanza para estas familias. Ahora bien, ¿están las asociaciones preparadas para seleccionar qué tipo de investigación y qué investigadores son la mejor opción? La realidad es que percibimos cada vez una mayor profesionalización de las asociaciones de pacientes, de forma que no depende tanto del número de familias afectadas por la enfermedad cuanto de las aptitudes y creencias personales de quienes las configuran y de sus habilidades profesionales utilizadas en pro de la asociación. Los comités científicos, que resultan el nexo de unión entre familias e investigación, parecen cada vez más necesarios si admitimos como adecuada esa función de sostén de la investigación de las asociaciones. El asesoramiento a las familias, la evaluación del correcto desarrollo de los proyectos, el acompañamiento en las decisiones... son algunas de las deseadas funciones de los comités científicos. El poder y la voz de los pacientes es cada vez mayor y determinan políticas en apoyo de la investigación y de otros fines vinculados a las necesidades del colectivo (afectados y familias). Considerando el reducido número de pacientes por país de determinadas enfermedades poco frecuentes y el alto número de estas a nivel global, así como el tiempo necesario para el a459 desarrollo de un proyecto de investigación parece más que necesaria la implicación de las familias en la promoción de la investigación. Está claro que la investigación es la esperanza para una mejor calidad de vida de los pacientes, y que en las enfermedades más discapacitantes el tiempo obra en contra del estudio y del desarrollo de agentes terapéuticos. Es por este motivo por lo que las asociaciones de pacientes en muchos casos son el primer foco para la promoción de la investigación en enfermedades raras. Conseguir la descripción de la historia natural de la patología, el fomento del estudio básico de la enfermedad y otras vías terapéuticas desde las asociaciones puede ser un gran paso para poder conseguir en el futuro financiación pública o incluso inversión de la industria farmacéutica ante la evidencia de los avances preliminares que se hayan podido conseguir. Las asociaciones de pacientes se convierten además en el principal recurso de apoyo para sus propios miembros. El intercambio de experiencias entre pacientes/ familias recién diagnosticadas y aquellas que podríamos calificar de "veteranas" es de incalculable valor. El apoyo psicológico entre iguales facilita la mejor asimilación de las circunstancias vinculadas a la enfermedad, y es una vía imprescindible para unir fuerzas en pro de la mejor calidad de vida del paciente y de su familia. Dicho trabajo entre iguales permite a su vez contemplar los diferentes ángulos de visión para el tratamiento de la enfermedad (educación, recursos terapéuticos, investigación etc.). Las asociaciones de pacientes son un recurso asistencial que los médicos, y por extensión las instituciones hospitalarias, no deben olvidar y con las cuales es positivo un trabajo colaborativo. Podríamos considerar que las asociaciones de pacientes, deben ser el "primer medicamento" que debería "recetar" el especialista en el caso de aquellas enfermedades que no tienen tratamiento curativo. En muchos casos es la única vía terapéutica, con gran efecto positivo en el paciente y en la familia. La situación económica actual de crisis ha despertado en muchos ciudadanos antes ajenos la solidaridad, y en esta coyuntura parece haber una mayor sensibilidad y compromiso social por las enfermedades raras. Las labores de sensibilización y difusión son cada vez más facilitadas por el avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Las redes sociales, los medios de comunicación, que ya en el informe de Bañón Hernández, Fornieles Alcaraz, Solves Almela y Rius Sanchis (2011) resultaban más sensibles a las noticias sobre enfermedades raras, suponen un escaparate de excepción para llegar a más y más gente. Pero una vez más, es difícil establecer un límite de la exposición de personas y familias que facilite la implicación social sin caer en el morbo. Por otro lado, la disponibilidad y la facilidad de acceso a información relevante para la familia a través de las TIC facilita una necesaria migración de la actividad médica a los propios domicilios de los pacientes para estar presentes en su día a día, como lo está la enfermedad y las dificultades. Un trabajo a veces invisible que modifica de forma significativa el empowerment de las familias y su bienestar en el más amplio sentido y que, en muchos casos, es más realizado por las asociaciones y poco asumido por las instituciones sanitarias. Por suerte, existen cada vez más iniciativas sanitarias destinadas a formar y a asesorar al paciente, a la vez que a tratar cualquier duda que le pueda generar inseguridad a él o a su familia en el transcurso de la enfermedad. Los proyectos vinculados a lo que se viene denominando eHealth, se centran en el potencial de las nuevas tecnologías y en la recentralización de las prioridades de la investigación en las verdaderas necesidades de los pacientes. Conjugar estos dos aspectos está permitiendo el desarrollo de actuaciones con un alto impacto geográfico (las redes de comunicaciones no entienden de fronteras), que a su vez generan un efecto psicológico y social positivo en el paciente y en su familia. La confianza que inspiran las instituciones sanitarias que avalan muchas de estas iniciativas es el principal elemento que deben considerar los pacientes y sus familias a la hora de participar en las mismas. El consejo médico en el uso de las mismas debería hacerse y tener el mismo impacto que un fármaco en los hábitos de cuidado que debe incorporar y seguir el paciente. Actualmente es más que evidente el cambio que se está dando en la relación médico-paciente. Podemos decir que estamos viviendo un cambio en la relación hacia una corresponsabilidad (responsabilidad compartida en la toma de decisiones), un acto médico donde tanto el paciente (o sus cuidadores en el caso de menores) como el médico deciden qué es lo mejor para el paciente en un proceso de negociación, de valoración de situaciones sociales, tiempos, costesbeneficios En este cambio de roles los pacientes con enfermedades raras han resultado pioneros para el cambio ya que, en ocasiones, la información con la que cuenta el médico, responsable de conocer las características de cientos de enfermedades, puede ser menor que la que llega a tener el paciente (o el cuidador) que se enfrenta a una sola enfermedad y con un estrecho vínculo emocional y personal. Pero el cambio en esta relación va también reflejándose en la relación del investigador y el paciente. Cada vez más las asociaciones de pacientes reclaman una cercanía de los investigadores, explicaciones comprensibles sobre en qué se basa su trabajo, y de forma recíproca una implicación formal en el reto de facilitar, en un momento de crisis económica como el que vivimos, la continuidad de la línea de investigación mediante el soporte económico. La presencia de los investigadores en jornadas organizadas por las propias familias y por las asociaciones permite esa cercanía que las familias y los pacientes necesitan, y suponen el recuerdo del fin último por el que trabajan los propios investigadores: mejorar el futuro y la calidad de vida de los pacientes. Los pacientes tienen mucho que decir en sus prioridades en investigación. Como conclusión, podemos decir que estamos asistiendo a grandes e importantes cambios en cuanto a la situación de las enfermedades raras en todos los ámbitos. Prueba de ello es el crecimiento de su peso en las políticas nacionales e internacio-nales, el cambio de rol de los pacientes, médicos e investigadores y de sus relaciones recíprocas, la creciente sensibilización e implicación social, las mayores oportunidades por el momento tecnológico que vivimos Sin duda, muchos elementos que están evolucionando y creciendo pero que nos dejan a su vez muchas preguntas: ¿están los pacientes y las asociaciones asumiendo roles que deberían asumir las instituciones públicas?, ¿están los pacientes y las asociaciones sometiéndose a una exposición que no es conveniente? Y, por último y más importante, ¿serán estos cambios suficientes para determinar un verdadero punto de inflexión en la evolución de la investigación y los avances en enfermedades raras? La valiosa colaboración de Begonya Nafría, del Hospital Sant Joan de Déu, y de Jordi Cruz, de MPS-Fabry España, ha sido decisiva para la realización de este artículo.
La mayoría de las enfermedades raras (ER) son de base genética, cursan con síntomas muy diversos y a menudo ocasionan un grado variable de discapacidad, especialmente los errores congénitos del metabolismo (ECM). El proceso de transición clínica de un paciente con una ER que alcanza la edad adulta pretende garantizar una atención sanitaria ininterrumpida, coordinada y psicológicamente apropiada mediante unidades expertas (UE) multidisciplinares. El especialista en medicina interna tiene un papel central, junto a los de nutrición y dietética, laboratorio especializado en ECM y otros especialistas (neurología, genética clínica, farmacia, oftalmología, obstetricia, psiquiatría, enfermería, trabajo social, con el apoyo de pediatría experimentada en ECM). Las UE deberían organizar la asistencia, desarrollar guías clínicas de diagnóstico, seguimiento y tratamiento, adaptar los servicios de farmacia, crear un registro de pacientes, establecer relaciones con las asociaciones de pacientes, desarrollar un programa científico formativo, establecer colaboraciones internacionales, facilitar la colaboración con la industria farmacéutica y mantener una actividad investigadora propia. PALABRAS CLAVE: enfermedades raras; enfermedades metabólicas hereditarias; errores congénitos del metabolismo; transición niño-adulto en errores congénitos del metabolismo. Las enfermedades raras (ER) son entidades muchas de ellas de base genética (hasta un 80% tienen una transmisión genética) que cursan con síntomas muy diversos y a menudo ocasionan un grado variable de discapacidad (Palau, 2010). Por otra parte, otras muchas ER se diagnostican en la edad adulta y existen numerosos profesionales que, desde sus respectivos ámbitos de interés, tienen un nivel de experiencia en dichos procesos que les permite constituirse en unidades o grupos de referencia para los pacientes que los padecen. La existencia de estructuras asistenciales que garanticen una atención clínica adecuada de los pacientes afectos de ER constituye a menudo un reto sanitario de gran magnitud. Su desarrollo e implementación requiere no solamente un esfuerzo e implicación de los recursos humanos (de tipo médico, de enfermería, de trabajo social, de investigadores, de asociaciones de pacientes, etc.), sino también un compromiso de los responsables de la gestión sanitaria, estructuras docentes, industria farmacéutica, organismos de investigación y mecenazgo. A continuación se presentan y se analizan aquellos aspectos que se han tener en cuenta en la asistencia a pacientes adultos con enfermedades raras, con especial atención a los errores congénitos del metabolismo (ECM) o enfermedades metabólicas hereditarias. ENFERMEDADES RARAS EN PACIENTES ADULTOS Es difícil establecer diferencias substanciales entre las ER de la edad infantil y aquellas que afectan a la edad adulta, puesto que fundamentalmente se trata de formas clínicas diferentes, aunque la alteración genética sea la misma. En general, será en los primeros períodos de la vida cuando se presenten y desarrollen con mayor probabilidad. Sin embargo, cuando muchos de estos pacientes alcanzan la edad adulta, los problemas que acarreaban debido a su enfermedad de base siguen activos. Así, si una ER diagnosticada en la edad infantil había conllevado, por su gravedad, un grado de discapacidad avanzado de tipo neurológico, las necesidades para su atención cuando se llega a la edad adulta suelen requerir mayores prestaciones, tanto para el propio paciente como para sus cuidadores. Incluso, en este último caso, la dedicación al paciente suele ser absoluta y comporta una carga adicional de responsabilidad difícil de llevar a cabo a medida que pasan los años, por motivos evidentes. Si el paciente era tributario de una dieta específica, vital para su normal desarrollo y tratamiento de su enfermedad, puede que en el momento de alcanzar la edad adulta y con capacidad de decisión se generen conflictos con los progenitores ante una resistencia fácil de entender; o en ocasiones, es el propio paciente quien tiene que adoptar una responsabilidad sobre sí mismo no acostumbrada hasta entonces, lo cual le puede exigir un ejercicio de autocontrol y rigor nada fácil de asumir. En el caso de la mujer, al llegar a la edad adulta estas pacientes pueden tener hijos sanos si se adoptan las medidas necesarias. Así, por ejemplo, aquellas con tratamiento dietético pero que quizás podían haber relajado un poco la dieta, deberán reiniciar un tratamiento estricto en períodos previos al embarazo y durante toda la gestación. Esta medida va a condicionar el normal desarrollo del feto y constituirá la garantía de un recién nacido libre de problemas, principalmente de tipo neurológico. En otras ocasiones, el consejo genético constituirá la base para evitar una enfermedad en la descendencia; es relativamente comprensible que esta situación genere desasosiego, depresión, hastío e incluso dificultades en las relaciones de pareja. En estos casos, el apoyo del psicólogo puede ser de gran ayuda para superar momentos clave en la vida personal de (la mayoría de veces) una paciente con riesgo de que su descendencia pueda resultar afectada si no adopta las medidas adecuadas. Otras veces, al llegar a la edad adulta, el paciente asume una responsabilidad sobre su proceso que le vuelve receloso hacia la atención por parte del profesional, y se vuelca en una búsqueda desesperada de información a través de los numerosos medios (principalmente Internet) hoy en día al alcance de cualquiera mínimamente experto en su manejo; tal interés no significa que sea intrínsecamente perverso pero, si no se sabe conducir con habilidad, la relación con el facultativo se desenvuelve en un clima de desconfianza que en nada contribuye al buen control del paciente. Esta circunstancia no es exclusiva del adulto, pues durante el período infantil puede suceder lo mismo, pero con los padres. En cualquier caso, hoy en día el profesional puede enfrentarse con este problema ante cualquier paciente adulto, tenga una ER u otro tipo de proceso, si bien el hecho de ser una ER (con el desconocimiento a menudo de su causa y de su tratamiento) probablemente se preste a mayor discusión. Una problemática que a menudo se plantea con los sujetos adultos afectos de ER, especialmente si estos no son atendidos en centros de referencia, o bien en hospitales distintos a aquellos en los que venían siendo atendidos hasta entonces, es la accesibilidad a determinados tratamientos, ya sea por su complejidad o por su coste. Efectivamente, durante el período infantil es normal que el hospital de referencia haya constitui-a460 do hasta entonces el marco asistencial habitual, pero al alcanzar la edad adulta se tiende a derivar a estos pacientes al médico de asistencia primaria, a menudo sin experiencia sobre dichas enfermedades. Es entonces cuando lo que parecía fácil se vuelve difícil debido a un entorno organizativo no apropiado, y las dificultades administrativas pueden, de forma involuntaria, pasar por delante de las necesidades del enfermo. Es por ello por lo que las estructuras sanitarias deben contemplar (y, de hecho, en la mayoría de casos ya se contemplan) estos desajustes, y procurar que estos pacientes sean atendidos en hospitales preparados para ello, o bien mejorar la organización estructural del sistema sanitario para darles cobertura a través de una estrecha conexión entre sus distintos niveles (hospitales de tercer nivel, hospitales de segundo y primer nivel y centros de asistencia primaria). En ello juegan un papel relevante los propios profesionales, ya que deben tomar la iniciativa de establecer dicha relación, siempre con el apoyo de políticas sanitarias específicamente dirigidas en este sentido. Esta circunstancia de interrelación y colaboración se refiere no solo a los tratamientos (sean o no complejos), sino que es extensible incluso a las visitas ambulatorias que no tengan una dificultad específica que requiera la atención del especialista, quizás ubicado lejos del domicilio del sujeto afectado. Finalmente, una de las cuestiones más importantes que se plantea en pacientes con ER en edad infantil que alcanzan la edad adulta es el hecho de que este momento es un período crucial en muchos sentidos. Aunque no necesariamente tiene que ser así, lo habitual es que estos enfermos sean atendidos a partir de este momento por otro profesional, no pediatra, por lo general desconocido para ellos y quizás en otro centro diferente al habitual hasta entonces. Este hecho, entre otros, que coincide con una etapa crucial del adolescente, ha sido tratado y analizado en numerosos foros y ha merecido la consideración de muchos expertos hasta establecer una serie de normas que la mayoría de las sociedades científicas y profesionales han hecho suyas (Blum et al., 1993; Buchbinder, Berger, Robert y Vannier, 2011). ATENCIÓN CLÍNICA EN EL PERÍODO DE TRANSICIÓN DE LA EDAD INFANTIL A LA ADULTA La transición clínica de un paciente con una ER que alcanza la edad adulta constituye un período que adquiere una gran relevancia por el contexto habitualmente de riesgo en que se produce (una edad sometida a la influencia de numerosos factores, psicológicos, educativos, sexuales, etc.) y por los cambios que necesa-riamente hay que adoptar para minimizar sus posibles consecuencias adversas. Ello requiere una gran atención por parte de los profesionales que están atendiendo al paciente y también por parte de aquellos que a partir de este momento van a tener cuidado del mismo, lo cual comporta la adopción de una serie de medidas que están bien establecidas bajo el término de transición. La transición, en este contexto del ámbito médico, se define por el desplazamiento de adolescentes y jóvenes afectos de trastornos de tipo crónico desde un sistema centrado en el cuidado del paciente en edad infantil hasta otro orientado a la atención del sujeto adulto (Blum et al., 1993; Kossoff, Veggiotti, Genton y Desguerre, 2014). El objetivo final de dicha transición es que la atención sanitaria se lleve a cabo de una forma ininterrumpida, coordinada, adecuadamente desarrollada, psicológicamente apropiada y que sea debidamente comprendida. Si bien hasta hace unos años no se prestaba tanta atención a este proceso, el hecho de que en la actualidad prácticamente un 85% de pacientes en edad infantil alcancen la edad adulta ha condicionado que se deba recurrir a la adopción de unas medidas antaño impensables (por innecesarias). Ello adquiere mayor relevancia por cuanto la mayoría de los sistemas de salud están reforzando el papel de la medicina de familia, es decir, la atención que se recibe en aquellos centros de asistencia primaria más cercanos al lugar de vivienda habitual. Otra cuestión que hay que tener en cuenta es que no siempre se produce una necesaria interrupción de la asistencia clínica por parte del profesional o profesionales que atendían al joven con la ER a partir del momento de su traspaso al equipo médico de adultos. Efectivamente, puede haber muy distintos modelos de transición, que van desde su derivación a otro centro (hospitalario o de atención primaria) hasta una continuidad garantizada por la presencia en el mismo centro de parte del equipo anterior juntamente con el nuevo. Por consiguiente, las dificultades en un caso y en otro pueden ser totalmente distintas en intensidad y calidad. Por ello, los aspectos que se comentan a continuación deben entenderse como generales y adaptables a cada circunstancia. Para el proceso de transición es preciso tener en cuenta una serie de etapas bien establecidas: Información completa de la historia clínica del paciente al centro receptor Este es un aspecto en el que a todas luces parece innecesario insistir, aunque la experiencia ha demostrado que en la mayoría de las relaciones en el ámbito de a460 la salud la falta de información (a menudo de forma involuntaria) es un factor clave para el buen desarrollo de una asistencia clínica de calidad. Es decir, antes de involucrar al paciente en cualquier proceso de derivación hay que asegurarse que la información acerca del mismo ya está en manos del equipo receptor. Una vez aceptada la recepción, es el momento de seguir adelante con el proceso. El proceso de transición ha de ser: a) Individualizado. Efectivamente, cada paciente es diferente y sus condiciones (físicas, psicológicas, del entorno, etc.) pueden aconsejar un tipo de actitudes y no otras. Dicho acuerdo debe ser total, y además con el compromiso tanto del propio paciente como de sus familiares o cuidadores. c) Debe tener lugar fuera de períodos de crisis. El momento de la transición no se debe llevar a cabo en un período con intensos factores potencialmente desestabilizantes, con lo cual ante la presencia de cualquiera de ellos habría que retrasar el inicio de la transición. d) Debe tener lugar al final del período docente. Es decir, cuando han finalizado las clases y no existe una situación de estrés que interfiera en el proceso de transición. e) Debe tener en cuenta todas las necesidades sanitarias. Cada paciente puede requerir la atención inmediata de uno o más especialistas o de ninguno en particular, y en este caso el papel del médico internista (e incluso del médico de familia) adquiere una relevancia fundamental; más adelante se insistirá ampliamente en ello. f) Debe tener en cuenta los aspectos económicos. Aunque puede resultar doloroso como aspecto que hay que considerar ante la salud de un paciente con una ER, este es un factor que siempre hay que dejar solucionado antes de proceder a su derivación. Si se lleva a cabo de forma adecuada, es posible evitar interrupciones del tratamiento que a veces resultan cruciales para su supervivencia. Una correcta coordinación de estos aspectos administrativo-económicos nunca hay que considerarla secundaria en el proceso de transición, sino que adquiere a menudo una relevancia que supera incluso cualquier otra consideración. Acciones que hay que llevar a cabo con el joven paciente antes de la derivación Para que la transferencia resulte más fácil al paciente, es necesario antes de la derivación: a) Informarle del proceso. Es aconsejable que la información acerca de lo que significa este momento le llegue de forma progresiva y detallada, mucho antes de iniciar la ejecución de la transferencia (alrededor de los 12-14 años). Ello le permitirá hacerse una idea de todo el proceso asistencial con antelación, lo que le dará tiempo para plantearse todo tipo de preguntas y para obtener las respuestas más adecuadas. b) Que el líder del grupo o su médico directamente responsable le comunique las etapas del proceso. Las etapas del proceso deben serle comunicadas por un profesional con experiencia, a ser posible por el facultativo que ha venido teniendo la responsabilidad de su control durante años. c) Asignarle un profesional de trabajo social. Esta persona debería mantener una estrecha relación con el paciente de forma continuada e incluso estar presente en las visitas del último año antes de su trasferencia (o el tiempo que se considere necesario). d) Proporcionarle un plan global de transferencia. El enfermo debería disponer de una agenda con control de los tiempos y consecución de determinadas competencias o habilidades con relación al proceso que garanticen una preparación suficiente para llevar a cabo la transferencia sin dificultades. Estos pueden ser los padres, otros familiares, amigos o pareja del joven; cuanta más información y menos incertidumbre entre el propio enfermo y también entre sus acompañantes, más garantía de que el proceso se llevará a cabo con éxito. f) Visitar el centro receptor. Siempre es conveniente conocer con antelación el centro o equipo receptor, puesto que sin la angustia de la primera visita médica este acercamiento es mucho mejor aceptado y crea menos ansiedad. g) Facilitarle la reunión con otros jóvenes inmersos en el proceso de transición. La participación del joven en reuniones, conversaciones, contactos (telefónico, presencial, por correo electrónico) con otros jóvenes prácticamente ya en proceso de transferencia le permitirá detectar con mayor facilidad aquellos aspectos más comprometidos y hacerles frente con mayores garantías de éxito. h) Facilitarle guías de su enfermedad. Proporcionar información escrita sobre su proceso le ayudará a adquirir confianza en sí mismo y en las acciones que el nuevo equipo o profesional deberá adoptar en esta nueva fase. Características de los grupos o unidades de atención a pacientes adultos con ER Este apartado concierne a una cuestión en la que, de modo genérico, existe amplio consenso en cuanto a determinados aspectos generales que deben cumplir la mayoría de los grupos o unidades de atención a pacientes adultos con ER. Sin embargo, dependiendo del tipo de ER es lógico suponer que algunas cuestiones específicas deberán ajustarse a cada una de las mismas. Por consiguiente, dada la variedad y número de aquellas, el detalle propio de forma individualizada queda fuera de los objetivos de estas páginas. A modo de ejemplo, y también por su elevada prevalencia, a continuación se exponen las características más relevantes de una unidad de atención a pacientes adultos con errores congénitos del metabolismo (ECM); estas enfermedades constituyen un paradigma de proceso crónico, la mayoría se diagnostican al nacer o al poco tiempo de vida, precisan de atención multidisciplinar y representan un ejemplo para ilustrar el proceso de transición comentado más arriba (Lee, 2002; Mütze et al., 2011). Por otro lado, es de destacar el papel aglutinador que el especialista en medicina interna puede llevar a cabo en el seno del equipo. COMPOSICIÓN DE LOS GRUPOS O UNIDADES DE PACIENTES ADULTOS CON ERRORES CONGÉNITOS DEL METABOLISMO (ECM). PAPEL DE LA MEDICINA INTERNA COMO FACTOR AGLUTINADOR DE LA LA-BOR ASISTENCIAL Los ECM son un grupo muy numeroso de enfermedades (véase la tabla 1), dentro de las ER. Se caracterizan por ser detectables a nivel bioquímico (por análisis de metabolitos o por estudios enzimáticos o, en general, por estudios de la proteína alterada). Las manifestaciones clínicas en la mayoría se inician ya en el período neonatal o durante la lactancia, mientras que otras lo hacen más adelante, e incluso en la edad adulta. Sin embargo, los avances en el diagnóstico y tratamiento de muchos de estos procesos, así como la implantación del cribado neonatal, han hecho posible que cada vez con mayor frecuencia se pueda establecer un diagnóstico inmediato y poner en marcha las medidas necesarias para evitar consecuencias que de otro modo pueden llegar a ser irreversibles o incluso producir la muerte. Por consiguiente, cada vez es más habitual que muchos pacientes alcancen la edad adulta, momento en el cual se plantean diversas acciones que conviene llevar a cabo para ofrecer la misma calidad asistencial que hasta entonces venían recibiendo por parte de los profesionales de los servicios de Pediatría. Esta situación genera unas necesidades de diversa índole que deben tener en cuenta el momento crucial, en muchos aspectos, que representa el cambio asistencial planteado por el sistema organizativo de la estructura sanitaria. El diagnóstico precoz de los ECM permite, en muchas ocasiones, establecer un tratamiento adecuado y con ello se pueden evitar complicaciones graves con secuelas irreversibles, la mayoría de las cuales y las de peor pronóstico son de tipo neurológico. En el momento actual el tratamiento de muchos de estos pacientes se fundamenta en la observación rigurosa de una dieta específica (distinta según el tipo de proceso), en la toma de determinados fármacos que convierten en funcional la proteína alterada o bien en la administración de la enzima deficitaria (terapia enzimática sustitutiva). Otros tratamientos más específicos están en fase de investigación (terapia génica y celular, trasplante hepático). Sin embargo, en otras ocasiones el tratamiento se limita al alivio de los síntomas. En este contexto, la composición de las unidades o grupos al cuidado de estos pacientes tiene que emular en gran medida a la que se venía observando en la edad infantil, ciertamente teniendo en cuenta determinadas consideraciones (Lee, 2002; Mütze et al., 2011). En primer lugar, una de las características más llamativas de los ECM es la afectación de diversos aparatos y sistemas, aunque a menudo la más temible es la de tipo neurológico por las consecuencias potencialmente graves sobre el sistema nervioso central. Otra consideración es que los pacientes ya han superado la fase de crecimiento y desarrollo físico, con lo cual es probable que el control de determinados parámetros, y por tanto el papel de algunas especialidades, se vea aliviado en favor de una mayor intervención por parte del médico internista. En efecto, la mayoría de pacientes adultos con ECM han sido diagnosticados en la edad infantil, por lo que sus procesos, en general, suelen estar bien establecidos y su tratamiento correctamente determinado, lo que les permite alcanzar aquella edad en una situación de estabilidad. Es precisamente por ello por lo que el internista con una formación adecuada debe disponer de la capacidad de mantener esta estabilidad, y al mismo tiempo detectar cualquier cambio (clínico o analítico) que sugiera la aparición más o menos próxima de alguna descompensación de su enfermedad. En este caso, el papel del especialista se hace absolutamente necesario. Especialista en Medicina interna En nuestra opinión, y también según la experiencia de otros grupos, la referencia al especialista en Medicina Interna como protagonista obligado en la atención a pacientes con ER, y en particular a los pacientes con ECM, es totalmente oportuna. Por consiguiente, el papel central del internista, debidamente formado, está claramente justificado y con toda seguridad debería abarcar el mayor tiempo de la asistencia clínica de los pacientes con ECM por parte del equipo multidisciplinar (Orden SCO/227/2007 de 24 de enero). Para mantener la continuidad asistencial en la atención de todos estos pacientes, el internista ha de estar especialmente preparado para trabajar en equipo en colaboración con otros especialistas hospitalarios, con el médico de familia, y con otros profesionales sanitarios (Cardellach y Vilardell, 2006). Tampoco puede olvidarse que, cada vez más, muchos de estos pacientes diagnosticados en el período infantil alcanzan la edad adulta con dificultades para identificar a su médico de referencia. Con todo ello se pretende indicar que el futuro especialista en Medicina Interna se debería convertir en el interlocutor entre los médicos de familia y los distintos especialistas hospitalarios, expertos en alguna de estas ER, absolutamente necesarios para atender algunas de las complicaciones que estos pacientes puedan presentar durante su evolución. Además, las labores asistenciales del internista se deberían complementar con las investigadoras, en el más puro sentido de investigación traslacional. Una tercera consideración en cuanto al papel aglutinador del equipo por parte del internista en la atención a pacientes con ECM (y otras ER), es precisamente el reto de conseguir una coordinación entre sus distintos miembros (Grau y Cardellach, 2010; Socie-dad Española de Medicina Interna). Los enfermos, durante toda su etapa infantil, han gozado de una atención clínica de gran calidad y al mismo tiempo muy bien sincronizada entre los diversos especialistas, que facilitó enormemente el proceso en cada visita. Es, por consiguiente, necesario que no se pierda este grado de excelencia pero, al mismo tiempo, que el joven se habitúe a asumir una responsabilidad progresiva como adulto y entienda que a partir de este momento, y cada vez más, las decisiones se van a adoptar de común acuerdo con su opinión, cada vez más independiente de la de sus padres o mentores. En esta decisión, obviamente, es fundamental el grado de madurez e indemnidad neurológica del afectado. Los facultativos de laboratorio han de tener formación específica en ECM. Su relevancia y papel fundamental en el diagnóstico y control del tratamiento de los enfermos con ECM es de suma importancia. La labor asistencial, docente e investigadora de un laboratorio de estas características es imprescindible para el normal funcionamiento de una unidad que atienda a estos pacientes. La interacción o feed-back entre profesionales clínicos (al lado del paciente) y el laboratorio aumenta la calidad de la asistencia, al hallarse todos ellos más sensibilizados con el problema, y además el análisis de cualquier anomalía o accidente clínico resulta mucho más rentable a la hora de encontrar la solución más adecuada. Especialistas en nutrición y dietética Su papel es relevante y absolutamente necesario, puesto que ejercen el control nutricional y dietético de ciertos ECM. Otros profesionales especialmente sensibilizados en ER También es necesario el concurso de otros especialistas que puedan dar respuesta a cualquier eventualidad que surja al margen de las habituales Ictiosis ligada al X a460 y que por su complejidad aconseje su concurso. Así, es muy deseable la participación de profesionales de Genética Clínica, Farmacia, Oftalmología, Obstetricia, Psiquiatría y Neurología. Estos especialistas deben estar dispuestos a responder de forma ágil y responsable a cualquier consulta que se les reclame dentro de su ámbito. El papel de la enfermería en estas unidades de adultos con ECM, al igual que en estructuras similares para otras ER, es fundamental por cuanto su interacción inmediata y experiencia acerca de las necesidades de estos pacientes sobrepasa la atención puramente médica. El rol de enfermería, no solo en la atención asistencial inmediata, sino también a través de correo electrónico o contacto telefónico, en situaciones de consultas imprevistas, es muy relevante, ya que su experiencia permite solventar numerosas cuestiones que probablemente no precisen de una visita médica concertada. Su capacidad profesional en el respectivo ámbito (conocimiento de las necesidades de medicación, relaciones conflictivas, curas, fisioterapia, rehabilitación, extracciones de muestras de sangre, orina y saliva, etc.) les habilita para una actividad específica y muy efectiva. Una de las actividades más relevantes en las unidades de adultos con ER es el denominado gestor de caso, un profesional especializado (habitualmente del ámbito de enfermería) en las cuestiones más habituales que atañen a una determinada ER. Del mismo modo, cabe comentar también el papel de los profesionales de trabajo social, por cuanto muchas de estas enfermedades ocasionan desequilibrios familiares o bien el propio paciente con riesgo de exclusión del entorno precisa de algún tipo de ayuda social o de otro tipo (económico, administrativo, consejo, etc.). Pediatra experimentado en ECM La inclusión de un pediatra es a todas luces aconsejable, por un lado, para que el joven no se sienta bruscamente desatendido por su médico habitual de referencia, y por otro porque la experiencia de este profesional en el ámbito de los ECM es habitualmente muy consolidada y por consiguiente su aportación en todo momento es de gran interés asistencial. Sin embargo, no siempre es posible esta conjunción de profesionales y ello dependerá de las características del centro, de la labor específica de aquellos dentro del mismo y de la capacidad de motivación y convencimiento por parte del coordinador de la unidad. Para garantizar la continuidad asistencial de una unidad de atención a pacientes adultos con ER (en este caso, ECM), es preciso elaborar un programa docenteformativo que incluya la participación (rotación) de médicos residentes y que necesariamente incluyan el laboratorio y el mismo servicio de Pediatría. La multiplicidad de órganos y sistemas afectados en las enfermedades metabólicas congénitas constituye un marco apropiado para la formación del residente en medicina interna y seguramente también para otras especialidades. Solamente de esta manera se pueden fidelizar profesionales con vocación de atender a pacientes con ECM u otras ER. El papel de los servicios de medicina interna en la consecución de este objetivo, y el de las unidades de pacientes con ECM, es crucial para ofrecer una atención asistencial adecuada. OBJETIVOS DE LOS GRUPOS O UNIDADES DE PA-CIENTES ADULTOS CON ERRORES CONGÉNITOS DEL METABOLISMO (ECM) Independientemente de que el motivo último de la creación de unidades de atención a pacientes adultos con ECM sea fundamentalmente proveer una asistencia clínica de la mejor calidad, no se puede olvidar que esta solamente se conseguirá a través de la consecución de una serie de objetivos que se detallan a continuación. Reconocimiento oficial por parte de las estructuras directivas y organizativas del centro y servicios de salud. Una unidad de estas características debe poseer el apoyo oficial para poder desarrollarse y disponer de las mismas oportunidades que otras estructuras asistenciales; en el caso contrario, la situación de la misma estaría sustentada en falso y no podría ofrecer una asistencia adecuada. Por consiguiente, es aconsejable que su creación vaya precedida de, en primer lugar, una necesidad evidente, y posteriormente, de todos los pasos administrativos necesarios para conseguir el reconocimiento dentro del organigrama asistencial. Otro nivel muy importante de reconocimiento de estas unidades debe ser lograr la consideración de unidades expertas (CatSalut, Instrucció 12/2014). El logro de esta consideración solamente puede provenir del correcto funcionamiento desde el punto de vista asistencial con el apoyo de la investigación y la formación, tal como se comenta más adelante. Con todo, ninguna estructura de este tipo se puede crear de la nada, es decir, sin la implicación y esfuerzo a460 convencido de los propios profesionales implicados. Por lo tanto, solo con el firme convencimiento de los mismos, muy probablemente asociado a una mayor dedicación y esfuerzo personal sin esperanza de retorno concreto a cambio, salvo el sentimiento de profunda satisfacción de raíz vocacional, se podrá conseguir crear una unidad de atención a pacientes adultos con ER, en este caso ECM. Desarrollo o adaptación de guías clínicas de diagnóstico, de seguimiento, y sobre todo de tratamiento de los ECM en pacientes adultos. Efectivamente, en general existe amplio consenso acerca de la actitud que se debe seguir en estos aspectos en el caso de la edad infantil, pero ello está menos establecido en el caso de los adultos. Probablemente este hecho se deba a que muchos de estos enfermos hace unos años no alcanzaban la edad adulta, pero los avances en el diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades han invertido esta tendencia y cada vez son más los niños afectos que llegan a esta edad. Por ello, es fundamental adaptar las guías a sus necesidades. Y esta actitud debe contemplar también los tratamientos de situaciones urgentes, muy comunes en algunos tipos de ECM cuando sufren alguna descompensación. Todas estas guías y protocolos, una vez validados por los profesionales acreditados, deben estar en un lugar fácilmente accesible a disposición de todos los facultativos las veinticuatro horas del día. Los sistemas informáticos hoy en día permiten conseguir esta disponibilidad sin mayor problema. Adaptación de los servicios de farmacia a estas nuevas necesidades, buscando el mejor equilibrio (si es preciso, en colaboración con otros centros cercanos) por lo que respecta al coste/eficiencia de los medicamentos más caros que se deben disponer en reserva. Organización de la asistencia clínica. El seguimiento en régimen ambulatorio de los pacientes con ECM debería organizarse en consultas de tipo monográfico, es decir, sin la presencia de enfermos afectos de otros procesos (no ER). Ello favorecería la coordinación con otras especialidades y con el pediatra experto, así como la intervención de enfermería y trabajo social, lo que resultaría en una atención más focalizada hacia aquellos. Este objetivo, muy ambicioso en sí mismo, puede verse limitado en su logro debido a la existencia de inercias establecidas a lo largo de años, pero en todo caso jamás hay que renunciar a su consecución. En este mismo ámbito es necesario disponer de facilidades para la obtención, traslado y procesamiento de muestras biológicas para la investigación y en este aspecto el papel de enfermería adquiere una relevancia especial. No debe olvidarse la necesidad de disponer de un documento de consentimiento informado (reconocido por el Comité Ético de Investigación Clínica) para facilitar los trámites al respecto; en cualquier caso, la frialdad de dicho documento no puede sustituir todo tipo de explicaciones al paciente o a sus acompañantes. Otro aspecto importante en este apartado es la necesidad de establecer una relación estrecha con el centro hospitalario cercano al domicilio del paciente y con el médico de familia del centro de asistencia primaria correspondiente. Ello significa favorecer el intercambio de información personal entre el facultativo del centro de referencia y el médico de familia (nombre, teléfono, correo electrónico) y también compartir información médica y de cualquier otro tipo que ataña al paciente. El objetivo es que en cualquier momento este pueda acudir a uno u otro centro y que los distintos facultativos implicados sean conocedores de su proceso con el fin de adoptar las decisiones que se estimen oportunas en cada momento. Este intercambio de información redunda en beneficio de los pacientes, por cuanto mejora su confianza en los profesionales y en muchas ocasiones evita desplazamientos innecesarios. Elaboración de perfiles de laboratorio para cada enfermedad metabólica. La gran diversidad de los ECM añade, al propio proceso, un factor de complejidad nada despreciable y por ello es aconsejable establecer unos perfiles de laboratorio adecuados a cada enfermedad, con el fin de facilitar la labor del profesional y obviar extracciones innecesarias o por el contrario un descuido evitable. Ello solo se puede llevar a cabo después de un análisis riguroso de cada proceso, de una revisión exhaustiva de los protocolos de seguimiento específicos de la edad pediátrica y del análisis de su adecuación al paciente adulto; solo así será posible establecer los parámetros de control imprescindibles y la periodicidad de los mismos. En esta decisión deben participar expertos en dichas enfermedades (incluso del ámbito pediátrico), responsables de laboratorio, gestores y también especialistas en informática médica. Este proceder garantizará una utilización razonable de los recursos. Solicitud de otras exploraciones, la mayoría probablemente basadas en la imagen (radiología simple, densitometrías, resonancia magnética, etc.). Esta solicitud debería basarse en los criterios de necesidad y oportunidad, según aconsejen las guías en cada caso. a460 Objetivo 7. Creación de un registro o base de datos. Toda unidad o grupo de trabajo en ECM del adulto debe disponer de un registro propio que contenga la mayor información posible de cada paciente, no solo desde el punto de vista médico, sino también administrativo. La inclusión de determinados datos administrativos permite conocer, por ejemplo, el origen del paciente o su lugar de vivienda habitual. Ello va a permitir establecer, en cualquier momento, la prevalencia de un determinado proceso en el territorio, así como los centros de asistencia más cercanos al lugar de residencia. En el primer caso, se contribuirá al conocimiento de la enfermedad, y en el segundo se dispondrá de un dato imprescindible para mejorar la coordinación entre los distintos niveles asistenciales (una prioridad repetidamente puesta de manifiesto por los responsables de la gestión de los sistemas de salud). Ambos son objetivos comunes que hay que conseguir en cualquier tipo de ER. La elaboración de estas bases de datos constituye el embrión de los registros de ECM (y de las ER en general), tanto en el nivel local como nacional e internacional. Establecimiento de relaciones con las asociaciones de pacientes (y sus familiares). En el ámbito de las ER, y más específicamente en los ECM, el papel de estas asociaciones es muy relevante por motivos obvios. En efecto, en primer lugar, por la misma naturaleza del proceso, ya que a la propia esencia de su baja frecuencia se añade el hecho de que la enfermedad se presenta mayoritariamente en la edad infantil; ambas circunstancias son factores que estimulan la creación de este tipo de asociacionismo. Por otro lado, las asociaciones de pacientes constituyen un revulsivo necesario para llamar la atención a los gestores de los servicios de salud sobre la escasez de recursos que a menudo se invierten en la investigación, formación y atención sanitaria en ER. Además, la relación de estas asociaciones con los profesionales que atienden a estos pacientes fortalece la confianza entre ambos y abre caminos que a veces no podrían labrarse por otros medios. Finalmente, la presión de estas asociaciones de pacientes y familiares en distintos ámbitos es un factor determinante a la hora de incluir un determinado tratamiento (habitualmente muy caros por tratarse de medicamentos huérfanos) en la cartera de prestaciones de los servicios de salud. Desarrollo de un programa científico y formativo. Una unidad de atención a pacientes adultos con ECM debe tener entre sus objetivos principales conseguir un elevado nivel científico y educativo. Sin ello no se puede garantizar una buena asistencia, y en consecuen-cia tal unidad no tendría ningún futuro. Por tal razón desde el principio deben tenerse muy presentes los tres ámbitos de actuación: asistencia, investigación y docencia. La investigación clínica, con la colaboración de laboratorios especializados en ECM, es muy importante por cuanto es la más próxima a la asistencia y sus resultados comportan beneficios inmediatos a los pacientes. Sin embargo, es también muy útil y necesario, o cuando menos aconsejable, disponer de la capacidad de llevar a cabo aspectos de la investigación de tipo más básico. En este sentido, la colaboración activa de investigadores de otras ramas de la ciencia, como no puede ser de otro modo, complementa y garantiza un trabajo en equipo multidisciplinar. El ámbito formativo es crucial para asegurar la calidad asistencial y la continuidad en el tiempo de una unidad de adultos en ECM. Así, un programa atractivo de rotación de médicos residentes (MIR) por la unidad y sus diversos dispositivos, que incluya la posibilidad de realizar la tesis doctoral al final del período formativo, debe constituir un aliciente para mantener actualizado el equipo de trabajo estable de la unidad y conseguir, al mismo tiempo, fidelizar jóvenes profesionales sensibilizados con las ER. Dicho programa formativo debe estar abierto a la participación de MIR de las distintas especialidades implicadas, tanto del propio centro como de otros. Colaboración con otras unidades de adultos a nivel nacional e internacional. Esta colaboración es necesaria para la consolidación de cualquier unidad de este tipo, por lo que la información de la existencia de aquellas y el establecimiento de acciones conjuntas debe constituir un objetivo prioritario. La inscripción de los miembros en las sociedades científicas de este ámbito y la asistencia a reuniones y congresos facilita enormemente dicho objetivo. Facilitación de las relaciones con la Industria farmacéutica. Estas relaciones son muy importantes tanto desde el punto de vista asistencial como de investigación. Efectivamente, uno de los problemas más habituales en pacientes con ECM es el tratamiento de determinados procesos que precisan medicaciones de elevado coste, pero que son la única posibilidad terapéutica para estos pacientes. Independientemente de las acciones institucionales con los gestores de los servicios de salud, en las que las unidades reconocidas pueden tener un papel de asesoramiento muy relevante en la síntesis, desarrollo y comercialización de fármacos, la inclusión de pacientes en ensayos clínicos puede facilitar la consecución de determinados fármacos. Por otro lado, la participación de la industria farmacéutica en proyectos de investigación, programas formativos, becas para jóvenes profesionales, etc. constituye otro ámbito de colaboración de aquella con las unidades de adultos con ECM. Colaboración con las iniciativas de registros sobre ECM. La elaboración de un registro sobre una ER tiene una dificultad añadida a la propia de cualquier registro de otra enfermedad, y es precisamente la escasa prevalencia de aquella. Existen iniciativas de esta índole a diversos niveles, como autonómico, nacional, europeo e incluso mundial. Ya se ha tratado anteriormente la importancia de la confección de bases de datos para luego poder contribuir a la elaboración de los registros. Cualquier unidad de adultos en ECM debe ser consciente de que su papel va más allá de lo que significa un buen funcionamiento de aquella. Sin una aportación de la información que poseen estas unidades a los organismos que tienen como fin elaborar estos registros la consideración de unidad queda desvirtuada al evitar o dificultar el mejor conocimiento de una enfermedad determinada. Desarrollo de actividad investigadora propia. Ya se ha tratado en otros apartados la importancia de llevar a cabo investigación en ECM para poder desarrollar una asistencia de calidad. Una unidad de adultos en este tipo de procesos probablemente se halle, al menos inicialmente, un paso por detrás de similares unidades en el ámbito pediátrico, puesto que la historia y, por consiguiente, la experiencia en este tipo de ER así lo justifican. Sin embargo, ello no puede ser una limitación para reducir el nivel de investigación en estas enfermedades cuando dichos pacientes alcanzan la edad adulta. El estudio de la etiología, fisiopatología, epidemiología, tratamiento, etc. está al alcance de todos los centros mínimamente preparados para atender a estos enfermos. La aportación de muestras biológicas a los biobancos de los organismos e instituciones del ámbito universitario e investigador debe ser un objetivo prioritario. Para ello se deben seguir los protocolos de información, consentimiento y confidencialidad que existen al respecto. Dichas muestras podrán ser utilizadas en proyectos de investigación una vez validados convenientemente por los comités establecidos a tal fin. PAPEL DEL INTERNISTA EN OTRAS UNIDADES DE PACIENTES ADULTOS CON ENFERMEDADES RARAS El especialista en Medicina Interna, por su propia formación integral y por el desarrollo de su actividad asistencial en los hospitales, es una figura que debería te-ner un papel muy relevante en la atención a pacientes con ER, además de los ECM ya comentados. Además, existen muchas ER que prácticamente ya forman parte del ámbito de la medicina interna, por lo que la asunción cuando menos coordinadora del control de estos pacientes está probablemente fuera de discusión. El Boletín Oficial del Estado de 7 de febrero de 2007 (Orden SCO/227/2007 de 24 de enero), en su apartado n.o 14 sobre los campos de acción del especialista en formación en Medicina Interna ya contempla, entre otros aspectos, la atención al paciente sin diagnóstico preciso o al enfermo con diversos procesos simultáneamente, la atención clínica a enfermos atendidos en unidades especiales de enfermedades metabólicas hereditarias, el cuidado de enfermos en fase paliativa de la enfermedad y la atención a pacientes con ER, ya sea por no inscribirse en una especialidad definida o por el desarrollo de nuevos conocimientos. Por otro lado, las recomendaciones de la Unión Europea para afrontar el reto de las ER se enmarcan en los siguientes apartados: Identificar expertos y crear redes (de diagnóstico, seguimiento y tratamientos) de los afectados y sus familiares. Facilitar el acceso a los nuevos tratamientos huérfanos. Simplificar los circuitos asistenciales y garantizar una buena conexión entre la atención primaria y los especialistas. Potenciar prestaciones sociales (rehabilitación, ayudas). Desplegar actividades formativas, informativas y de sensibilización dirigidas a profesionales sanitarios y sociales, a organizaciones de pacientes y al conjunto de la sociedad. Potenciar la investigación biomédica y social en todos los ámbitos territoriales. A modo de ejemplo, en la tabla 2 se expone un listado de ER en las que el internista puede tener un papel aglutinador y responsable de los pacientes que las sufren. De la lectura de este texto se desprende, sin lugar a dudas, que el especialista en Medicina Interna puede intervenir muy activamente en distintos niveles de los especificados. De ningún modo se pretende insinuar que el internista deba ser el protagonista único e inequívoco de la solución del problema de las ER sino, como se ha dicho, que sea el facultativo de referencia coordinador que aglutine los esfuerzos de muchos profesionales de las diversas especialidades. Relación de grandes grupos de ER en las que el internista puede desempeñar un papel relevante dentro del equipo asistencial
Estas alteraciones pueden clasificarse en tres tipos fundamentalmente: i) trastornos del metabolismo de los carbohidratos (del glucógeno y de la glucosa), ii) defectos del metabolismo lipídico, y iii) alteraciones de la fosforilación oxidativa -OXPHOS-. Las dos primeras se deben a deficiencias enzimáticas de las rutas metabólicas de degradación y síntesis de glúcidos y lípidos y muestran diversas manifestaciones clínicas, pero una buena parte de ellas cursan con intolerancia al ejercicio. Aunque un buen número de pacientes con estos trastornos musculares presentan síntomas en la infancia, el diagnóstico normalmente se retrasa hasta la segunda y tercera década de la vida. Por tanto, reconocer las características clínicas de estas deficiencias conduce a un diagnóstico precoz y a un mejor tratamiento. Las enfermedades mitocondriales son un grupo de trastornos originados por una deficiencia en la síntesis de ATP a través del sistema de fosforilación oxidativa. Este sistema está formado por proteínas codificadas en los dos genomas de la célula (nuclear y mitocondrial) y, por tanto, pueden presentar un modelo de herencia mendeliano o materno. En esta revisión se describirán las características especiales del sistema genético mitocondrial y las principales mutaciones que causan enfermedades en humanos. Estas alteraciones pueden clasificarse en tres tipos fundamentalmente: i) trastornos del metabolismo de los carbohidratos (del glucógeno y de la glucosa), ii) defectos del metabolismo lipídico, y iii) lesiones mitocondriales, aquellas debidas a alteraciones de la fosforilación oxidativa -OXPHOS-(estas últimas serán tratadas en el siguiente apartado específico de este artículo). Estas enfermedades muestran diversas manifestaciones clínicas, pero suelen cursar frecuentemente con intolerancia al ejercicio (IE). Aunque gran parte de los pacientes con miopatía metabólica presentan síntomas de IE en la infancia, el diagnóstico normalmente se retrasa hasta la segunda y tercera década de la vida. Por tanto, reconocer las características clínicas de estas deficiencias conduce a un diagnóstico precoz y un mejor tratamiento de los pacientes. Alteraciones de los carbohidratos Esta proteína es una enzima lisosomal codificada por el gen GAA, cuya deficiencia conlleva una acumulación de glucógeno en el lisosoma, principalmente, del tejido muscular. Existen presentaciones infantiles, juveniles y del adulto, con diferentes grados de gravedad determinados por el nivel de actividad residual de la enzima, desde el 1% en la forma infantil hasta 10-20% en el adulto. Los niños presentan miocardiopatía hipertrófica, cianosis, macroglosia, hepatomegalia, hipotonía severa y dificultad respiratoria, que suele ser letal en ausencia de tratamiento enzimático sustitutivo (TSE) -myozyme®-, por lo que un diagnóstico precoz es muy importante (Lim, Li y Raben, 2014). En el Pompe del adulto se da la afectación muscular sin lesión cardíaca. Actualmente el diagnóstico de confirmación se puede realizar mediante análisis enzimático en linfocitos (más rápido aunque menos específico) y cultivo de fibroblastos, o mediante análisis genético (incluso iniciada la TSE), con el fin de confirmar la enfermedad en niños o en las variantes más tardías (existen más de 450 mutaciones) para su caracterización genética, pues se están estudiando otras terapias como el uso de chaperonas moleculares que funcionan con efectividad según el tipo de mutación presente. Deficiencia de fosforilasa muscular, miofosforilasa, enfermedad de McArdle, enfermedad de almacenamiento del glucógeno tipo V (GSDV) Mutaciones en el gen PYGM (>140) provocan la perdida de la actividad de la enzima glucógeno fosforilasa muscular, y por lo tanto un bloqueo completo en la degradación del glucógeno (Figura 1). Cuando se realizan contracciones musculares intensas, se estimula la glucogenolisis anaeróbica y la afectación muscular en estos enfermos. El glucógeno también es necesario para el metabolismo oxidativo, por lo cual la disponibilidad de sustratos para OXPHOS disminuye, disminuyendo también la capacidad para realizar ejercicio de intensidad moderada. En los pacientes aparece el fenómeno second-wind, mediante el cual cuando notan las primeras contracturas y paran el ejercicio, hay una readaptación metabólica consistente en un aumento de captación de glucosa y del catabolismo de ácidos grasos (Haller y Vissing, 2002). Este hecho ocurre tras 6 a 8 minutos de ejercicio y se asocia con una disminución en la frecuencia cardíaca que es proporcional a un aumento en la capacidad oxidativa del músculo. El esfuerzo máximo, como levantar o empujar objetos pesados, causa rápidamente fatiga y contracturas musculares, mialgia y rabdomiolisis, que puede dar lugar a mioglobinuria (orinas oscuras) en > 50% de los casos; y alrededor del 10% de los pacientes pueden sufrir fracaso renal (Lucía et al. 2012). Los pacientes experimentan fatiga, taquicardia, y en ocasiones dificultad respiratoria con el ejercicio de más larga duración de intensidad sostenida como caminar cuesta arriba (Sharp y Haller, 2014). Se produce debilidad muscular fija en un 25% de los pacientes, generalmente en mayores de 40 años. Las pruebas diagnósticas se realizan tras una rabdomiolisis o una hiperCKemia inexplicada (X 5-10 nivel normal) (Lucía et al. 2012; Martin, Lucía, Arenas y Andreu, 2014). El historial del tipo de intolerancia al ejercicio del paciente es clave para el diagnóstico. La prueba de esfuerzo del antebrazo puede realizarse de forma aérobica y demostrar un bloqueo en la glucogenolisis cuando se detecta un aumento excesivo de amonio y falta de elevación de lactato plasmático. Normalmente, la biopsia muscular se realiza en el paciente en el contexto del diagnóstico diferencial con otras miopatías o miositis; e histoquímicamente puede diagnosticarse la deficiencia de miofosforilasa. Sin embargo, actualmente el diagnostico puede realizarse a nivel genético, en a461 muestras menos invasivas como sangre, pues la mutación "stop", p.R50X representa en caucásicos el 60-75% de los alelos (Martín et al., 2001; Martín et al. 2014; García-Consuegra et al., 2016). Los pacientes deben evitar contracciones musculares máximas y, lo que es más importante, practicar ejercicio moderado aeróbico a una intensidad que provoque un ritmo cardíaco inferior al 70% del máximo, para lograr un aumento en la disposición y utilización de sustratos alternativos al glucógeno e incrementar el umbral de esfuerzo necesario para provocar daño muscular. La ingesta de proteínas ayuda a activar la gluconeogénesis hepática. Una dieta adecuada de carbohidratos es necesaria para mantener la producción de glucosa a partir de glucógeno hepático y su liberación a sangre debido a que la glucosa sanguínea es un combustible alternativo clave cuando la glucogenolisis muscular está bloqueada. La ingesta de glúcidos simples previa al ejercicio físico mejora la capacidad para realizar el ejercicio (Vissing y Haller, 2003; Martín et al., 2014). Deficiencia de fosforilasa b kinasa (GSD_IX) La fosforilasa b quinasa (PhbK) es un homotetrámero de 4 subunidades, α, β, γ, y δ, con isoformas específicas de tejido, excepto para la subunidad β. La deficiencia de PhbK muscular es un trastorno ligado al cromosoma X, causado por mutaciones en el gen PHAK1 que codifica la isoforma muscular de la subunidad α, un componente regulador de la enzima. La PhbK fosforila al glucógeno fosforilasa, convirtiendo su forma b inactiva en la forma a activa. Por otro lado, la fosforilasa también puede activarse por AMP, IMP y fosfato inorgánico. Únicamente siete pacientes descritos (Preisler et al., 2012) de PhbK muscular no han mostrado alteraciones significativas del metabolismo del glucógeno durante el ejercicio. Los pacientes presentan mialgias y calambres musculares por esfuerzo, con o sin mioglobinuria, debilidad proximal o distal, o hiperCKemia asintomática (Preisler et al., 2012; Wehner, Clemens, Engel y Killmann, 1994). Representación esquemática del metabolismo de los carbohidratos y las enzimas deficitarias que se asocian con patología muscular. Las enzimas afectadas se encuentran sombreadas (ver texto para relacionar los acrónimos) y se incluye entre paréntesis el número romano de nomenclatura correspondiente a la clasificación de las enfermedades del glucógeno Fuente: Elaboración propia. a461 de glucógeno; el diagnóstico mediante demostración de deficiencia enzimática debe confirmarse con un análisis genético. Deficiencia de fosfofructoquinasa (PFK) muscular (Enfermedad de Tauri, GSD_VII) La PFK es la enzima que cataliza el paso limitante de la glucolisis y posee tres isoformas, músculo (M), hígado (L) y plaquetas. La isoforma muscular es un tetrámero de subunidades M. Los eritrocitos contienen isoformas M y L. La deficiencia de la isoforma M produce un bloqueo completo de la glucolisis muscular, y parcial en los eritrocitos. La deficiencia de PFKM impide el metabolismo oxidativo y anaeróbico, igual que en la enfermedad de McArdle. El fenotipo clínico en ambas entidades es similar; sin embargo, en la deficiencia de PFKM no se produce efecto second-wind (Haller y Vissing, 2004) y la ingesta de carbohidratos es contraproducente pues inhibe la lipolisis disminuyendo los niveles séricos de ácidos grasos. Además, los pacientes presentan anemia hemolítica compensada. La enfermedad se ha descrito en diferentes fondos genéticos, pero es más prevalente en judíos Ashkenazi (Musumeci et al., 2012). El diagnóstico histoquímico muestra ausencia de tinción PFK, aunque dada la labilidad de la enzima hay que tener en cuenta posibles errores preanalíticos. Se puede hacer diagnóstico genético confirmatorio. Los pacientes deben evitar realizar ejercicio intenso y la ingesta elevada de glúcidos previamente al ejercicio; deben también practicar ejercicio aeróbico moderado. Deficiencia de fosfoglucomutasa (PGM1) La fosfoglucomutasa 1 (PGM1) cataliza la interconversión entre glucosa-1-fosfato y glucosa-6-fosfato, siendo la isoforma mayoritaria en hígado y músculo; además, juega un papel relevante en la glicosilación normal de proteínas. La deficiencia de PGM1 muscular se ha descrito como miopatía pura, y en pacientes con defectos de la glicosilación (Tegtmeyer et al., 2014). El uso de suplementos de galactosa parece mejorar la glicosilación y los episodios de rabdomiolisis (Preisler et al., 2013; Tegtmeyer et al., 2014). Defectos de la glucolisis distal Los defectos de la glucolisis distal incluyen fosfoglicerato quinasa (PGK), fosfoglicerato mutasa (PGM) y lactato deshidrogenasa (LDH). Suelen ser deficiencias parciales con una elevación en los niveles de lactato de la prueba de ejercicio en el antebrazo (2X vs 4X normal). El ejercicio de máxima contracción suele inducir los síntomas. La capacidad oxidativa está con-servada pues se produce suficiente piruvato para el metabolismo oxidativo dependiente de glucosa, en contraste con GSD_V o GSD_VII. PGK (GSD IX) está codificada por un único gen, en el cromosoma X; suele producir anemia hemolítica no esferocítica que puede acompañarse por afectación del sistema nervioso central (SNC), incluyendo retardo mental, convulsiones y temblor. Un 30% presenta IE inducida por ejercicio de elevada intensidad (Spiegel et al., 2009). PGAM (GSD X) es un dímero, y tiene dos isoformas, M (músculo) and B (cerebro); en músculo es un homodímero MM. Las mutaciones en la isoforma M causan miopatía pura con IE. Diez de quince casos descritos son afroamericanos con una mutación común, p.W78X. La presencia de agregados tubulares en la biopsia muscular suele ser frecuente (Naini et al., 2009). LDH (GSD XI) es una enzima tetramérica que contiene las subunidades muscular (LDH-A) y corazón (LDH-B), que produce un defecto puro de la glucolisis anaeróbica, conduciendo a IE con ejercicio intenso máximo y a veces dermatitis por la preponderancia de LDH-A en la piel. El diagnóstico es bioquímico y genético. Otros defectos poco frecuentes Su isoforma A está presente en músculo y eritrocitos. Su deficiencia causa anemia hemolítica y miopatía (Yao et al., 2004) inducidas por fiebre, posiblemente por la termolabilidad de la enzima. Es un dímero compuesto por tres isoformas; la isoforma beta se encuentra solo en músculo; el único paciente descrito presentó IE con 5% de actividad enzimática (Comi et al., 2001). Se ha descrito en cinco pacientes (tres familias) con afectación cardíaca. Algunos presentan convulsiones generalizadas. La biopsia muestra disminución de glucógeno y proliferación mitocondrial (Kollberg et al., 2007). Se ha descrito en pocos pacientes. Se produce un defecto de la autoglucosilación de la glicogenina, que es un paso clave para que comience la síntesis de glucógeno. El fenotipo es similar a GYS1 con IE, cardiomiopatía, y características similares en la biopsia muscular (Moslemi et al., 2010). Alteraciones de los glúcidos que producen debilidad muscular Deficiencia de enzima desrramificante, enfermedad de Cori, GSD_III. Es una proteína única con dos do-a461 minios, oligo-1-4-glucantransferasa y amilo-1-6-glucosidasa. Las cadenas de glucógeno son acortadas por la fosforilasa hasta restos de cuatro unidades de glucosa, que son eliminados por la desramificante en dos pasos llevados a cabo por esos dominios. Se han descrito más de 100 mutaciones. Un 85% de los casos presentan alteraciones hepatomusculares (GSD_IIIa) y un 15% únicamente hepáticas (GSD_IIIb). Los pacientes pueden desarrollar cardiomiopatía hipertrófica y arritmias (Kishnani et al., 2010). La debilidad progresiva tiene lugar a los 30-40 años. Es frecuente la hipertransaminemia, aumento de CK e hipoglucemia cetótica. Hay acúmulo de glucógeno anormal, que ha de confirmarse bioquímica o genéticamente. Los pacientes deben adoptar una dieta rica en proteínas con carbohidratos complejos, y deben controlarse mediante electrocardiograma y pruebas bioquímicas y ecográficas de función hepática (Kishnani et al., 2010). Deficiencia de enzima ramificante (GBE), enfermedad de Andersen, GSD_IV. La enzima GBE transfiere restos glucosilos unidos mediante enlace alfa-1,4 del exterior de la cadena de glucógeno a una posición alfa-1,6, sintetizando glucógeno ramificado, lo que incrementa la solubilidad y disminuye la fuerza osmótica (Thon, Khalil y Cannon, 1993). Hay acúmulo de glucógeno parecido a la amilopectina. Se han descrito 40 mutaciones asociadas con afectación hepática, del corazón, muscular y SNC, con formas infantiles graves y formas moderadas del adulto (Bao, Kishnani, Wu y Chen, 1996). El diagnóstico se confirma bioquímica o genéticamente. Se debe realizar seguimiento de la afectación hepática y coronaria. Alteraciones del metabolismo de los lípidos En la figura 2 se muestran las vías deficitarias asociadas a miopatías lipídicas. Deficiencias asociadas a debilidad muscular y acúmulo de lípidos Deficiencia primaria de carnitina Se produce por mutaciones en el gen OCTN2, el transportador de membrana plasmática de carnitina, que a su vez impiden la reabsorción de carnitina filtrada por el riñón. La carnitina se requiere para el transporte de ácidos grasos de cadena larga (LCFA) a la matriz mitocondrial donde tiene lugar su oxidación. Existe una presentación infantil severa con hipotonía y crisis de hipoglucemia hipocetótica, e hiperamonemia con encefalopatía hepática. En niños mayores se describe una forma que cursa con debilidad muscular, hiperCKemia y cardiomiopatía. La forma adulta solo se manifiesta con fatigabilidad (Magoulas y El-Hattab, 2012). Se producen depósitos de lípidos intramusculares, y se considera deficiencia cuando la carnitina y las acilcarnitinas en plasma y en músculo son < 10% de la normalidad, lo que puede confirmarse por recaptación impedida en linfocitos y fibroblastos. Debe seguirse la evolución de la cardiomiopatía e iniciar suplementación con L-carnitina lo antes posible. Enfermedad de almacenamiento de lípidos neutros (NLSD) La NLSD está causada por mutaciones en la lipasa neutra necesaria para la liberación de ácidos grasos desde los depósitos de triglicéridos en el músculo esquelético y los adipocitos. La ATGL -adipocito triglicérido lipasa-, que es activada por la proteína CGI-58, cataliza el primer paso de la hidrólisis de los triglicéridos. Las mutaciones en el gen ABHD5, que codifica CGI-58, produce NLSD con ictiocitosis (NLSDI) -síndrome de Chanarin-Dorfman- (Lefevre et al., 2001). Las mutaciones en el gen PNPLA2, que codifica ATGL (Fischer et al., 2007), conducen a NLSD con miopatía (NLSDM). En ambos síndromes la movilización y utilización de ácidos grasos durante el ejercicio está impedida. El fenotipo de NLSDI se caracteriza por debilidad moderada y acumulación de lípidos en músculo esquelético y en otros tejidos junto a la presencia de ictiocitosis. Los pacientes con NLSDM pueden encontrarse asintomáticos con hiperCKemia y acumulación de lípidos en músculo, corazón y otros tejidos. Estos pacientes desarrollan debilidad muscular en la tercera década de la vida, y algunos presentan cardiomiopatía dilatada. La observación de gotas lipídicas en los leucocitos de una extensión de sangre periférica -anomalía de Jordan-, junto a una intensa acumulación de lípidos en fibras musculares tipo I sugiere una posible NLSD, cuya confirmación es genética. Deficiencia de mútiple acil-CoA deshidrogenasa (MADD) MADD se produce por mutaciones en la flavoproteína transferente de electrones (ETF) A o B y por mutaciones en la deshidrogenasa (ETFDH, ETF: ubiquinona oxidorreductasa) (Laforêt y Vianey-Saban, 2010). La proteína transfiere electrones desde múltiples deshidrogenasas implicadas en la oxidación de ácidos grasos hasta el coenzima Q10. La clínica varía desde formas infantiles fatales hasta enfermedades multisistémicas con o sin malformaciones congénitas, pasando por enfermedades moderadas del adulto que presentan debilidad de extremidades y debilidad axial a461 (de cuello), disfagia, IE, hepatomegalia, encefalopatía, mioglobinuria e hipoglucemia inducidas por infecciones, ayuno o cirugía (Olsen et al., 2007), la cual es comúnmente debida a mutaciones en ETFDH. Se produce hiperCKemia, aumento de acilcarnitinas de varias longitudes y descenso de carnitina. En orina hay aciduria orgánica. En músculo hay depósitos de lípidos y algunos pacientes presentan defectos OXPHOS. El tratamiento con riboflavina mejora los síntomas en pacientes que responden con mutaciones en ETFDH. Puede observarse una deficiencia de CoQ10 secundaria tratable con suplementación. Alteraciones del metabolismo lipídico con rabdomiolisis y mioglobinuria La deficiencia de carnitina-palmitil transferasa II (CPT2) es el trastorno más común de la oxidación de los ácidos grasos y la miopatía metabólica más frecuente que cursa con rabdomiolisis recurrente y mioglobinuria (prevalencia estimada 1:300.000). La CPT (CPT1 y CPT2) está implicada en el transporte de LCFA al interior de la matriz mitocondrial, dónde se degradan por la β-oxidación. Dos formas multisistémicas, neonatal e infantil, son graves o fatales. La forma más común, miopatía del adulto, cursa con mialgias, rabdomiolisis y mioglobinuria inducidos por fiebre, ayuno o ejercicio submáximo de larga duración (Bonnefont et al., 2004). El aumento sérico de acilcarnitinas de cadena larga (C-18, 18:1, 16) hace sospechar la deficiencia, que puede confirmarse midiendo la actividad CPT II en músculo o fibroblastos, y detectando la mutación causal; en este sentido, la mutación común, p.S113L, representa el 70% de los alelos (Martín et al., 1999). Los pacientes deben evitar el ayuno e ingerir carbohidratos cuando son físicamente activos, y ácidos grasos de cadena media (MCT). El bezafibrato aumenta los niveles de mensajero y de proteína CPT2, incrementando la oxidación LCFA. En un estudio con seis pacientes tratados con bezafibrato se mostró una mejoría en el nivel de la actividad física y del dolor muscular (Bonnefont et al., 2010). Deficiencia de deshidrogenasa de ácidos grasos de cadena muy larga, VLCAD La VLCAD se localiza en la membrana interna mitocondrial y cataliza el primer paso de la oxidación de LCFA. Las mutaciones stop en VLCAD producen una enfermedad infantil fatal en la infancia; sin embargo, las mutaciones con cambio de aminoácido retienen actividad residual de la enzima y producen una fenocopia de la forma adulta de CPT2. En ayuno se identifica el acúmulo sérico de acilcarnitinas de cadena larga y de la molécula C14:1 (Liang y Nishino, 2010). El manejo del paciente es similar a la deficiencia de CPT2. Deficiencia de Proteina Trifuncional (TP/3hidroxiacil-CoA de cadena larga deshidrogenasa) La TP involucra tres reacciones de la oxidación de los ácidos grasos: enoil-CoA hidratasa, 3-hydroxiacil-CoA deshidrogenasa de cadena larga (LCHAD) y acil-tiolasa, produciendo acetil-CoA y un acil-CoA acortado en dos átomos de carbono, que sirve como sustrato para un nuevo ciclo de β-oxidación. Las mutaciones afectan a todas las subunidades de la enzima, siendo la más común LCHAD, causando formas infantiles y adultas. Curiosamente algunos casos de rabdomiolisis presentan además neuropatía periférica y retinitis pigmentosa, lo que ayuda al diagnóstico diferencial con CPT2 y VLCAD. La mutación p.G510Q representa el 90% de los alelos mutantes de LCHAD. Los pacientes deben evitar el ayuno, ingerir carbohidratos y MCT (Liang y Nishino, 2010). El gen LPIN1 codifica la lipina-1, que actúa a dos niveles: como una fosfatasa ácida fosfatídica que convierte el ácido fosfatídico a diacilglicerol, el cual interviene en la síntesis de triglicéridos y fosfolípidos, y como un coactivador transcripcional que regula los genes implicados en la oxidación de ácidos grasos y en biosíntesis mitocondrial. No se conoce bien el mecanismo por el cual algunas mutaciones en este gen producen rabdomiolisis recurrente desencadenada por fiebre y ayuno, principalmente en la infancia (Michot et al., 2012). Las mitocondrias son orgánulos subcelulares con doble membrana que están presentes en todas las células de los mamíferos. Su principal función es la de producir la mayor parte de la energía celular en forma de ATP mediante el sistema de fosforilación oxidativa (OXPHOS), ruta final del metabolismo energético mitocondrial, que se encuentra localizado en la membrana interna de las mitocondrias. Este sistema está formado por unos 85 polipéptidos diferentes organizados en cinco complejos transmembrana (Figura 3). Los electrones proce-dentes de la oxidación de los carbohidratos y grasa son transportados hasta el oxígeno por medio de los cuatro primeros complejos para producir agua, al tiempo que se bombean los protones desde la matriz al espacio intermembranal. El gradiente electroquímico que se crea hace que la ATP sintasa (complejo V) pueda fosforilar el ADP produciendo el ATP. Las proteínas componentes de estos cinco complejos multienzimáticos están codificadas en el DNA mitocondrial (mtDNA) (trece polipéptidos) y el resto en el DNA nuclear nDNA (Figuras 3 y 4). Las mitocondrias poseen otras muchas funciones participando en la ß-oxidación, en el ciclo de la urea, en el metabolismo de aminoácidos, en la homeostasis del calcio, en la biosíntesis del grupo hemo, en la detoxificación de las especies reactivas de oxígeno y en la regulación de la apoptosis. El nombre de enfermedades mitocondriales se refiere a un amplio grupo de trastornos, causados por defectos en el sistema OXPHOS, que tienen en común el estar producidos por una deficiencia en la biosíntesis de ATP. La biogénesis del sistema OXPHOS está bajo el control de los dos sistemas genéticos de la célula (nuclear y mitocondrial), por lo que pueden mostrar distintos patrones de herencia: mendeliana (autosómica recesiva, autosómica dominante, ligada a cromosoma X) para los genes codificados en el nDNA, y materna para los codificados en el mtDNA. Las primeras mutaciones asociadas al mal funcionamiento de este sistema y que generaban enfermedades se descubrieron en el mtDNA en 1988. Desde entonces, el número de mutaciones encontradas en este genoma ha crecido enormemente, si bien alguna de ellas solo se ha presentado en un único paciente. Asimismo, se han descrito muchas mutaciones en genes de proteínas mitocondriales codificadas en el nDNA que participan en el mantenimiento y expresión del mtDNA, y en la composición y formación del sistema OXPHOS. Estas enfermedades presentan una gran variación fenotípica, con manifestaciones clínicas que afectan a distintos órganos y tejidos, por lo que su estudio requiere la participación de especialistas de muy diverso origen que aporten datos clínicos, morfológicos, bioquímicos y genéticos que permitan un diagnóstico correcto. En este trabajo nos referiremos fundamentalmente a las enfermedades debidas a alteraciones en el mtD-NA y a los diversos aspectos de su diagnóstico, así como a algunos detalles de mutaciones nucleares que afectan al sistema OXPHOS, dentro de lo que se podría llamar medicina mitocondrial. Esquema del sistema de fosforilación oxidativa. Subunidades codificadas en el DNA mitocondrial (azul) y en el DNA nuclear (amarillo). Puntos: coenzima Q. En la parte inferior figura el número de subunidades codificadas en uno u otro genoma Figura 4. Mapa genético del DNA mitocondrial humano. rRNA, RNA ribosómico; tRNA, RNA de transferencia indicando el aminoácido que transporta; secuencias codificadoras de proteínas (ND: subunidades de la NADH deshidrogena, complejo I; cyt b: apocitocromo b, complejo III; CO: subunidades de la citocromo c oxidasa, complejo IV, y ATP, subunidades de la ATP sintasa, complejo V) a461 El mtDNA humano está formado por 16.569 pares de bases y codifica 37 genes: dos RNA ribosómicos (rRNAs), 22 RNA de transferencia (tRNAs) y 13 polipéptidos componentes de cuatro de los cinco complejos del sistema OXPHOS: siete (ND 1, 2, 3, 4, 4L, 5, 6) del complejo I o NADH: ubiquinona oxido-reductasa; uno (cyt b) del complejo III o ubiquinol: citocromo c oxido-reductasa; tres (CO I, II, III) del complejo IV o citocromo c oxidasa; y dos del complejo V o ATP sintasa (Figuras 3 y 4). El resto de los polipéptidos del sistema OXPHOS, así como todo el complejo II, están codificados en el nDNA. Para la síntesis de las proteínas codificadas en el mtDNA, la mitocondria utiliza un código genético que difiere del código genético universal en que el codon UGA codifica triptófano, en vez de ser un codon de terminación, los codones AUA y AUU se utilizan también como codones de iniciación, y AGA y AGG son codones de terminación en lugar de codificar para arginina. El mtDNA se hereda por vía materna. La madre trasmite el genoma mitocondrial a todos sus hijos y solamente las hijas lo pasan a todos los miembros de sucesivas generaciones. El número de moléculas de mtDNA varía entre unas pocas en las plaquetas a unas 150.000 copias en el oocito, pero la mayor parte de los tejidos contienen entre 1.000 y 10.000 por célula, con dos a diez moléculas de DNA por mitocondria (poliplasmia). Todas las moléculas de mtDNA son idénticas en tejidos normales (homoplasmia); si aparecen dos poblaciones de mtDNA, normal y mutada (heteroplasmia), estas segregan al azar entre las células hijas durante la división celular (segregación mitótica) originando tres posibles genotipos diferentes: homoplásmico para el mtDNA normal, heteroplásmico y homoplásmico para el mtDNA mutado. Por ello, el fenotipo de una célula con heteroplasmia dependerá del porcentaje de mtDNA mutado que contenga y, por tanto, de los niveles de ATP que produzca (expresión umbral) y la manifestación clínica dependerá de este nivel umbral crítico. Como consecuencia, una de las principales características de las enfermedades mitocondriales es que, en general, son multisistémicas. Los tejidos que se afectan de forma más habitual son los que requieren mayor energía (el ojo, el sistema nervioso central, el músculo esquelético, el corazón, los islotes pancreáticos, el riñón, el hígado, etc.). El mtDNA muta con una velocidad de diez a veinte veces superior a la del nDNA. Enfermedades causadas por mutaciones en el mtDNA Las enfermedades mitocondriales causadas por mutaciones en el mtDNA están originadas por defectos que afectan a los componentes de los complejos multienzimáticos I, III, IV y V y, por tanto, tienen en común el estar producidas por una síntesis deficiente de ATP. Las mitocondrias son componentes imprescindibles de todos los tejidos y órganos, por lo que estas enfermedades serán, en general, multisistémicas y darán lugar a un amplio espectro de fenotipos. En algunos casos, las enfermedades pueden encuadrarse en síndromes bien definidos, pero otras veces presentan solapamiento de síntomas o, como sucede en los niños, estos no se han desarrollado del todo y no están muy definidos. Asimismo, en algunos casos, las enfermedades mitocondriales pueden afectar solamente a un tejido específico, como a las células cocleares en un tipo de sordera mitocondrial o al nervio óptico en la neuropatía óptica hereditaria de Leber (LHON) (DiMauro, Hirano y Schon, 2006). La posibilidad de encontrarnos ante una enfermedad mitocondrial se debe tener en cuenta cuando un paciente presenta una asociación de síntomas bastante inexplicable con un rápido y progresivo curso de la enfermedad, implicando órganos no relacionados. Entre las manifestaciones clínicas más comunes se encuentran una o varias de las siguientes: encefalopatía, desórdenes motores, accidentes cerebro-vasculares, convulsiones, demencia, retraso mental, miopatía, intolerancia al ejercicio, ptosis, oftalmoplejía, retinopatía pigmentaria, atrofia óptica, ceguera, sordera, cardiomiopatía, defectos en la conducción cardiaca, disfunciones hepáticas y pancreáticas, diabetes, defectos de crecimiento, anemia sideroblástica, pseudo-obstrucción intestinal, nefropatías, acidosis metabólica y otros más secundarios. Como el número de trastornos y de mutaciones en el mtDNA es muy grande (se han descrito más de 200 mutaciones puntuales y numerosas deleciones diferentes) y son la causa de una gran variedad de enfermedades que presentan heterogeneidad en cuanto a fenotipos y a edad de aparición, en este artículo nos referiremos solamente a los fenotipos más característicos y a las mutaciones o zonas hot spot que más comúnmente se han asociado a los mismos (véase la tabla 1), dejando de lado un número muy grande de mutaciones que, en general, se han descrito solamente en casos aislados. En todo caso, habrá que tener en cuenta que nos podemos encontrar con que ciertas mutaciones que están ligadas a un fenotipo concreto puedan ser la causa de nuevos fenotipos (una misma mutación puede dar origen a síndromes muy diversos) y con que un síndrome determinado pueda estar causado por mutaciones localizadas en distintos genes. La prevalencia estimada de las enfermedades mitocondriales es de 1 cada 10.000 personas. En este trabajo clasificaremos las enfermedades de acuerdo con las características genético-moleculares de las a461 mutaciones. Así, las enfermedades producidas por daños en el mtDNA se pueden dividir en tres grandes grupos según estén asociadas a: 1) mutaciones puntuales, 2) deleciones, 3) depleción de mtDNA. Enfermedades causadas por mutaciones puntuales en el mtDNA El alto índice de mutación del mtDNA hace que sea posible encontrar un gran número de mutaciones puntuales; sin embargo, no todas van a ser patológicas, ya que la mayoría representan polimorfismos que se han fijado en la población y que han servido para trazar las migraciones humanas. Existen una serie de criterios para establecer cuándo se debe considerar una mutación como patogénica, pero la aplicación de los mismos depende mucho de cuán exigente se es a la hora de considerarlos. Muchas mutaciones que, en su momento, se consideraron patológicas han resultado ser simples variaciones polimórficas y, en otros casos, la secuenciación completa del mtDNA ha dado como resultado la presencia de otras mutaciones con mayor posibilidad de ser patogénicas (Montoya, López-Gallardo, Díez-Sánchez, López Pérez y Ruiz-Pesini, 2009; Montoya et al. 2009). Hasta el momento se han descrito más de 200 mutaciones puntuales patológicas distribuidas a lo largo de los 37 genes que codifica el mtDNA y que, en general, responden a un tipo de herencia materna. Algunas de estas mutaciones aparecen frecuentemente asociadas a algunos síndromes concretos (mutaciones comunes), mientras que el resto solo se han encontrado en casos puntuales. La mayor parte de las mutaciones que se han asociado a patologías determinadas, y que se consideran patogénicas, se pueden encontrar en la base de datos de MI-TOMAP [URL]. ¿Qué mutaciones hay que estudiar ante un caso de enfermedad mitocondrial? Si los pacientes han sido evaluados con precisión, el análisis puede restringirse a unas pocas mutaciones que representan la mayor parte de los casos. Solamente ante la presencia de defectos concretos en la actividad de la cadena respiratoria se debe iniciar un estudio de la presencia de otras mutaciones descritas o nuevas. Entre las patologías más importantes causadas por mutaciones puntuales podemos citar: Síndrome de NARP (Neuropatía, Ataxia y Retinopatía Pigmentaria) Esta combinación de síntomas, a veces acompañada de retraso en el desarrollo, epilepsia, miopatía o polineuropatía, se ha descrito asociada a la mutación m.8993T>G, de herencia materna, en el gen codificante de la subunidad 6 de la ATP sintasa (complejo V). Aparece en la infancia o en adultos jóvenes. La biopsia muscular no muestra la presencia de fibras rojo-rasgadas. La mutación se encuentra en forma heteroplásmica en un rango inferior al 90% en todos los tejidos estudiados: leucocitos, fibroblastos, músculo, riñón y cerebro, aunque en nuestra casuística hemos encontrado pacientes con un porcentaje de la mutación cercano al 95%. Existe una alta correlación entre el contenido de mtDNA mutado y la severidad de la enfermedad. Síndrome de Leigh de herencia materna (MILS) Es una enfermedad neurodegenerativa progresiva muy grave de aparición temprana debida a una caída muy importante en la producción de energía en el cerebro en desarrollo. Las manifestaciones clínicas más evidentes son: disfunciones del tallo cerebral y de los ganglios basales, desmielinización, regresión psicomo-tora, retraso en el desarrollo, convulsiones, ataxia, neuropatía periférica, hipotonía, mioclonías, atrofia óptica, dificultades en la alimentación, y vómitos. Los niveles de lactato y piruvato están muy elevados en sangre y en líquido cerebro-espinal. El diagnóstico se confirma por resonancia magnética nuclear que muestra lesiones necróticas cerebrales focales en el tálamo, en el tallo cerebral y en el núcleo dentado. Esta enfermedad se produce por mutaciones en genes tanto mitocondriales como nucleares y, por tanto, se puede heredar de forma materna (mitocondrial) o mendeliana. La forma que se hereda por vía materna (MILS) está causada fundamentalmente por la mutación m.8993T>G/C, y a veces por la m.9176C>G en el gen de la subunidad 6 de la ATP sintasa del mtDNA con un alto porcentaje de heteroplasmia (por encima del 90%). Síndrome de MELAS (encefalomiopatía mitocondrial, acidosis láctica y episodios de accidentes cerebro-vasculares) Este síndrome está caracterizado por encefalomiopatía, acidosis láctica y accidentes cerebro-vasculares recurrentes y transitorios, producidos a edad temprana, que provocan una disfunción cerebral subaguda y cambios en la estructura cerebral con acompañamiento de hemiparesia y ceguera cortical. Además, otros caracteres comunes son: convulsiones generalizadas, migraña, sordera, demencia, vómitos, debilidad en las extremidades. La biopsia muscular suele presentar fibras rojo-rasgadas. La mayor parte de los pacientes con esta enfermedad (80%) presentan la mutación m.3243A>G localizada en el gen tRNA Leu(UUR) (MT-TL1) pero también se han encontrado otras mutaciones en el mismo u otros tRNAs y alguna en genes codificantes de proteínas de los diferentes complejos. Todas las mutaciones están en forma heteroplásmica y presentan una clara herencia materna, aunque raramente más de un miembro de la familia está afectado. La mutación principal (m.3243A>G) se ha relacionado también con otras enfermedades muy distintas como oftalmoplejía progresiva externa, cardiomiopatías e incluso con diabetes mellitus y sordera, por lo que la relación genotipo-fenotipo no es muy fija. La alta frecuencia con que aparece esta mutación hace que sea de análisis obligatorio cuando estamos ante enfermedades de no muy clara sintomatología. Síndrome de MERRF (epilepsia mioclónica con fibras rojo-rasgadas) MERRF se caracteriza por epilepsia mioclónica acompañada a veces de miopatía, ataxia cerebelar, demencia, sordera, atrofia óptica, lipomas múltiples en cuello y tronco, con presencia de fibras rojo-rasga-a461 das no reactivas a citocromo oxidasa. Puede aparecer tanto en la infancia como en adultos y es de curso progresivo. La mayoría de los casos de MERRF están originados por la mutación m.8344A>G localizada en el gen del MT-TK, pero también se han encontrado otras mutaciones más minoritarias en el mismo gen. Todas las mutaciones están en forma heteroplásmica. Enfermedades causadas por deleciones del mtDNA Las deleciones en el mtDNA se encuentran siempre en heteroplasmia, ya que la homoplasmia sería incompatible con la vida por faltar genes completos imprescindibles para el funcionamiento de OXPHOS. Se han descrito numerosas deleciones diferentes, si bien hay una de ellas, la llamada deleción común de 4977 pares de bases, que se encuentra mucho más frecuentemente. Los síndromes asociados a la presencia de estas deleciones son muy variados, algunos se describen a continuación. Síndrome de oftalmoplegia externa progresiva crónica (CPEO) Esta enfermedad es una de las más comunes entre los trastornos del mtDNA que suele aparecer en la adolescencia o en adultos y está caracterizada por oftalmoplegia, ptosis palpebral y miopatía. Además, suele ir acompañada de intolerancia al ejercicio, fatiga y debilidad de las extremidades. Las biopsias musculares presentan fibras rojo-rasgadas COX negativas. Se ha asociado fundamentalmente a deleciones grandes y únicas en mtDNA que aparecen de forma espontánea sin historia familiar. En particular en nuestros laboratorios, un 60% de pacientes con CPEO presentan la deleción común. Asimismo, esta enfermedad se ha relacionado con la mutación puntual m.3243A>G y con deleciones múltiples de herencia autosómica recesiva o dominante asociadas con mutaciones en genes como POLG, ANT1, o C10orf2. Síndrome de Kearns-Sayre (KSS) Este síndrome consiste en una enfermedad multisistémica progresiva caracterizada clínicamente por la presencia de CPEO, retinopatía pigmentaria y aparición antes de los 20 años de edad. Los pacientes desarrollan muy a menudo bloqueo de la conducción cardiaca, ataxia, miopatía mitocondrial, hiperproteinorraquia, sordera, demencia, fallos endocrinos y renales. La biopsia muscular muestra fibras rojo-rasgadas y COX negativas. Esta enfermedad está causada por la presencia de deleciones grandes únicas en el mtDNA de aparición espontánea, aunque también se ha asociado a deleciones múltiples (Ascaso, López-Gallardo, Prado, Ruiz-Pesini y Montoya, 2010). El síndrome de médula ósea-páncreas de Pearson está caracterizado por anemia sideroblástica con vacuolización de precursores de la médula ósea que se manifiesta con una anemia macrocítica y disfunción pancreática exocrina que aparece en los primeros años de vida. Esta enfermedad no es esencialmente neuromuscular, pero los niños que la padecen suelen morir antes de los tres años de vida, y los pocos que sobreviven, gracias a numerosas transfusiones de sangre, suelen desarrollar posteriormente un fenotipo de Kearns-Sayre. Este síndrome está causado por deleciones grandes únicas del mtDNA de aparición esporádica. Otras enfermedades causadas por deleciones del mtDNA Existen otros síndromes que se han asociado a la presencia de grandes deleciones en el mtDNA. Así, en los fenotipos de diabetes, sordera y atrofia óptica, miopatías en general, DIDMOAD (diabetes mellitus, diabetes insípida, atrofia óptica y sordera). O bien a deleciones múltiples: el síndrome de MNGIE (encefalomiopatía mitocondrial neurogastrointestinal), la mioglobinuria recurrente, miositis con cuerpos de inclusión. Enfermedades asociadas a depleción de mtDNA La disminución considerable de los niveles de mtD-NA es la causa de un grupo de enfermedades con caracteres clínicos y genéticos muy heterogéneos, de herencia autosómico recesiva, que aparecen muy temprano y que provocan la muerte en la infancia temprana (Lee et al., 2009). Se presentan habitualmente con debilidad muscular, encefalomiopatía progresiva o fallo hepático. Actualmente se distinguen cuatro tipos diferentes de formas de presentación según el tipo de órgano que sufre la depleción: miopática, encefalomiopática, hepatocerebral y neurogastrointestinal (Elpeleg, 2003; Suomalainen e Isohanni, 2010; Nogueira et al., 2014). Se considera que existe una depleción mitocondrial cuando los niveles de mtDNA están por debajo de un 30%-20% con respecto a controles emparejados por edad y sexo (Vu et al., 1998; Morten et al., 2007). Sin embargo, en los casos graves se llega hasta valores por debajo del 5%. La mayoría de ellos mueren en su infancia temprana, aunque algunos alcanzan hasta la pubertad e incluso mucho más (Lee et al., 2009). Las distintas formas de presentarse la enfermedad se han asociado con mutaciones en varios genes. La forma miopática se a461 caracteriza por una atrofia muscular proximal grave, debilidad, hipotonía, fallo en el crecimiento y dificultad para la alimentación. La forma encefalomiopática está caracterizada por un retraso psicomotor grave, hipotonía muscular, convulsiones generalizadas, altos niveles de lactato en sangre y disfunción tubular renal variable. Se ha relacionado con mutaciones en el gen que codifica la subunidad beta de la succinil-CoA sintasa (SUCLA2) (Elpeleg et al., 2005; Suomalainen e Isohanni, 2010; Nogueira et al., 2014), con SUCLG1, que codifica la subunidad alfa de la succinato CoA ligasa, con la timidina fosforilasa (TYMP) y con RRMB2, ribonucleótido reductasa. Por último, la forma hepatocerebral aparece muy temprano con vómitos, fallo del desarrollo, hipotonía e hipoglucemia asociada a un deterioro neurológico progresivo. El síndrome de Alpers se considera como una forma de síndrome de depleción. El hígado muestra degeneración grasa, fibrosis, desestructuración y proliferación de conductos biliares (Mazziotta et al., 1992). Esta forma de depleción se ha asociado a mutaciones en los genes codificantes de desoxiguanosina kinasa (DGUOK) (Mandel et al., 2001), DNA polimerasa gamma (POLG) (Naviaux y Nguyen, 2004), MPV17 y TWNK (Calvo et al., 2006; Spinazzola et al., 2006; Nogueira et al., 2014). La primera fosforila desoxurribonucleótidos purínicos; la segunda participa en la replicación del DNA mitocondrial, y MPV17 es de función desconocida. La forma neurogastrointestinal (MNGIE) se caracteriza por una pérdida de peso, falta de movilidad gastrointestinal, disfagia, dolor abdominal, diarrea y una neuropatía desmielinizante motora y sensorial. Aparece entre los 20 y los 50 años de edad y presenta niveles elevados de timidina y desoxiuridina en plasma. Esta enfermedad puede estar producida también por deleciones múltiples y mutaciones puntuales y se ha asociado a mutaciones en el gen de la timidin fosforilasa (TYMP) y en el gen RRM2B. Mutaciones en estos genes nucleares que afectan al llamado mantenimiento del mtDNA se están asociando tanto con trastornos que producen depleción de mtDNA como con aquellos que presentan deleciones múltiples del mtDNA (Cámara et al., 2015). Enfermedades causadas por mutaciones en genes nucleares codificantes de proteínas mitocondriales Como se ha indicado anteriormente, solamente trece de las proteínas componentes del sistema OX-PHOS están codificadas en el mtDNA. El resto de los polipéptidos, así como todos los factores implicados en su importe a la mitocondria, procesamiento, modificación y ensamblaje en los complejos, los enzimas y factores necesarios para el mantenimiento y expresión del genoma mitocondrial, composición fosfolipídica de la membrana interna mitocondrial y las proteínas relacionadas con la motilidad, fusión y fisión de las mitocondrias están codificados en el DNA nuclear. Por ello, cabe esperar que un gran número de enfermedades mitocondriales se deban a mutaciones en este genoma y que se presenten un modo de herencia mendeliano. La identificación de mutaciones en genes nucleares que afectan al sistema OXPHOS ha crecido muchísimo en los últimos años gracias al avance en el desarrollo de nuevas tecnologías de secuenciación de exomas y genomas completos (NGS, secuenciación de nueva generación). De este modo se ha establecido la etiología molecular de muchos fenotipos de enfermedades mitocondriales típicos o atípicos. Alguna de estas mutaciones y genes (más de 150 mitonucleares) se han descrito ya en el apartado de síndromes de depleción, y otras muchas se han descrito a lo largo de los últimos años (Taylor et al., 2014). Desde el punto de vista clínico las enfermedades causadas por mutaciones en el DNA nuclear suelen presentarse con un fenotipo más similar en los distintos pacientes de una misma familia y suelen ser más graves e incluso letales en la infancia. Una descripción de todas estas mutaciones está fuera de los objetivos de este artículo. Como hemos visto, las dificultades con las que nos encontramos en el campo de las enfermedades mitocondriales son muchísimas, lo que hace que no se tenga todavía un gran conocimiento de los mecanismos patogénicos y que no exista prácticamente ninguna estrategia terapéutica. No existe ninguna terapia universal para el tratamiento de las enfermedades mitocondriales. De momento, solamente pueden ser tratadas de forma paliativa dependiendo de los síntomas de cada una de ellas. Estas terapias pueden ser sintomáticas (ejercicios físicos, utilización de fármacos y cirugía), farmacológica (eliminación de metabolitos nocivos, administración de metabolitos, cofactores, administración de aceptores de electrones, eliminadores de especies reactivas de oxígeno) y genéticas (cambio de la heteroplasmia, el importe de tRNAs, y expresión alotópica de proteínas codificadas en el mtDNA). Para las enfermedades mitocondriales causadas por mutaciones en genes nucleares los mecanismos de terapia y los problemas que generan son semejantes a los de la terapia génica para otras enfermedades mendelianas. Fuente: Montoya, Emperador, López-Gallado y Ruiz-Pesini (2014).
Existe un elevado número de patologías raras que afectan al ojo o a la visión. Una posible clasificación de las mismas podría venir definida por el tejido que está afectado. Así, podríamos definir tres tipos principales de patología rara ocular: 1) la patología neuro-ocular, que afecta básicamente a la retina y al nervio óptico, 2) las distrofias corneales y 3) la patología que implica deficiencias en el desarrollo del globo ocular o en alguna de sus partes. En todas ellas existe una clara base genética mendeliana y actualmente no existe tratamiento para casi ninguna de ellas. En este artículo se lleva a cabo una revisión sobre este conjunto de patologías. Distrofias hereditarias de la retina; nervio óptico; distrofias corneales; defectos del desarrollo ocular. RETINA, COROIDES Y NERVIO ÓPTICO De los tres tipos de patologías oculares raras, las distrofias retinianas (DR) son con diferencia las más numerosas, heterogéneas y complejas. Existen muchos tipos de DR dependiendo del patrón de herencia, el tipo de fotorreceptor y el tipo celular que se ve afectado inicialmente. Las características que mejor definen las DR son su elevada variabilidad clínica y heterogeneidad genética. Actualmente se conocen más de 260 genes y más de 300 loci responsables de algún tipo de DR (https:// sph.uth.edu/retnet/). A modo de ejemplo, existen 64 genes responsables de retinosis pigmentaria (RP) o 22 responsables de amaurosis congénita de Leber. Además, distintas mutaciones en un mismo gen pueden dar lugar a cuadros clínicos diferentes o al mismo cuadro clínico pero con diferentes patrones de herencia (Ayuso y Millán, 2010). Clasificación en función de la clínica y de los patrones de herencia La RP es el paradigma de DR. Los estudios epidemiológicos realizados en nuestro país indican que la forma autosómico dominante de la enfermedad está implicada en alrededor de un 15% de los casos mientras que las formas autosómico recesivas suponen el 34% y las formas ligadas al cromosoma X un 7%. Se han descrito unos pocos casos en el mundo de RP de herencia digénica (la combinación de mutaciones en heterocigosis en dos genes distintos en un mismo individuo produce la enfermedad), oligogénica, y existen formas de DR de herencia mitocondrial. Además, cabe destacar que cerca del 20% de las DR son formas sindrómicas que asocian la afectación de otros órganos (Khanna y Baehr, 2012). Aunque, en general, las DR afectan al conjunto de la retina en sus estadios más avanzados, suelen empezar afectando a un tipo de fotorreceptores. Según el tipo de fotorreceptor que se ve afectado primariamente, las DR se pueden clasificar en cuatro grupos: Son DR que inicialmente afectan a los bastones y progresivamente se extienden también a los conos. Los bastones son los fotorreceptores encargados de la visión en blanco y negro y en ambientes de baja luminosidad (visión escotópica). De ahí que en las distrofias de bastones los síntomas iniciales sean la pérdida de visión nocturna y de visión periférica (visión en túnel). Ejemplos de este tipo de DR son la RP, que se caracteriza por los síntomas anteriores y unos depósitos de pigmento característicos en la retina, o la ceguera nocturna (nictalopia) estable, caracterizada por una dificultad para adaptarse a la oscuridad pero que no es progresiva como la RP (Lodha, Loucks, Beaulieu, Parboosingh y Bech-Hansen, 2012). Los conos son los encargados de la visión en color y en ambientes de alta luminosidad (visión fotópica). Se localizan fundamentalmente en la mácula. Los síntomas iniciales de las distrofias de conos son la pérdida de visión central y de agudeza visual, así como la dificultad para percibir colores. La distrofia de conos más frecuente es la enfermedad de Stargardt, de herencia recesiva, pero existen un gran número de distrofias maculares que reciben distintos nombres en función del patrón que presentan en los estudios de fondo de ojo (Roosing et al., 2014). La acromatopsia se caracteriza por daltonismo, nistagmo, fotofobia y agudeza visual muy reducida a causa de la ausencia o de la deficiencia en el funcionamiento de los tres tipos de conos y la causan distintos genes, todos ellos con patrón de herencia autosómico recesivo. Además, existe una forma incompleta de acromatopsia que se produce por deficiencias en los genes de las opsinas roja y verde que se localizan en un cluster génico en el cromosoma X (Hamel, 2007). Distrofias de conos y bastones En este caso la muerte de los conos precede a la de los bastones. Existe una entidad clínica de inicio muy temprano, la amaurosis congénita de Leber (ACL), que se caracteriza por una pérdida visual muy severa de forma congénita o antes del primer año de vida motivada por la pérdida simultánea de conos y bastones. Otras entidades de inicio más tardío son las distrofias de conos y bastones, que a diferencia de la ACL son progresivas. Ambas entidades clínicas presentan también una amplia heterogeneidad genética. La ACL suele ser autosómica recesiva aunque se han descrito genes que dan lugar a un patrón autosómico dominante. Las distrofias de conos y bastones pueden ser autosómicas dominantes, recesivas y ligadas al cromosoma X (Roosing et al., 2014; Hamel, 2007). Otras distrofias de retina Algunas de las DR son difíciles de catalogar porque, aunque afectan a la retina, se asocian además a alteraciones de otras estructuras oculares. La coroideremia es una DR ligada al cromosoma X caracterizada por una degeneración progresiva de la coroides, el epitelio pigmentario de la retina (EPR) y la retina; la retinosquisis, también ligada al cromosoma X, se caracteriza por una degeneración macular temprana; el albinismo, tanto oculocutáneo como ocular, presenta patología retiniana debida a la ausencia de melanina en la retina, y la ausencia de decusación del nervio óptico supone que los pacientes carezcan o tengan muy reducida la visión tridimensional; el síndrome de Goldmann-Favre es una distrofia vitreorretiniana muy poco frecuente con un patrón de herencia autosómico recesivo. La mayoría de las formas sindrómicas de DR son debidas a defectos de la estructura de los cilios. El cilio es un orgánulo de gran importancia no solo en los fotorreceptores sino también en el desarrollo de la cóclea, la función renal, hígado, corazón, cerebelo, etc.; por ello, la mayoría de las formas sindrómicas de DR se conocen como ciliopatías retinianas (Ramamurthy y Cayouette, 2009). De entre ellas, el síndrome de Usher es con diferencia la más prevalente. Asocia sordera neurosensorial, RP y, en algunos casos, disfunción vestibular. Es una enfermedad heterogénea tanto clínica como genéticamente que, desde el punto de vista sanitario, tiene un elevado interés por el alto grado de incomunicación social que representa para los pacientes. Su modo de transmisión es autosómico recesivo y su prevalencia la convierte en la asociación de sordera y ceguera de origen genético más frecuente. En el síndrome de Bardet-Biedl, la segunda forma más frecuente de RD sindrómica, la distrofia retiniana se asocia a polidactilia, obesidad, hipogenitalismo, disfunción renal y discapacidad intelectual leve. Su patrón de herencia es siempre autosómico recesivo. Otras DR síndromicas extremadamente raras con prevalencias inferiores al 1/100.0000 son el síndrome de Alstrom, de Joubert, Senior-Loken o Norrie (Ramamurthy y Cayouette, 2009). Otras patologías neurológicas de la visión: las atrofias del nervio óptico La atrofia óptica (AO) se caracteriza por la degeneración bilateral de los nervios ópticos que causa la pérdida de visión habitualmente durante la primera década de vida. Las atrofias ópticas afectan principalmente a las células ganglionares y a sus axones, que forman el nervio óptico. Desde el punto de vista genético se distinguen la AO autosómica dominante (AOD), la AO ligada al cromosoma X (AOLX), la AO autosómica recesiva (AOR) y la neuropatía óptica hereditaria de Leber con un patrón de herencia mitocondrial (NOHL). Tanto los genes nucleares responsables de AO como los mitocondriales, responsables de NOHL alteran funciones mitocondriales como la fusión mitocondrial, el metabolismo energético y del calcio mitocondrial, el control de la apoptosis o el mantenimiento de la integridad del genoma mitocondrial (You, Gupta, Li, Klistorner y Graham, 2013). Los distintos tipos de patologías, los genes responsables de las mismas y su patrón de herencia se reflejan en la tabla 1. Los genes que producen DR pueden afectar procesos biológicos tan distintos como la fototransducción, el ciclo visual, la fagocitosis de los discos del segmento externo, la estructura del fotorreceptor, la estructura y función ciliar, el desarrollo de la retina, el procesamiento del RNA mensajero, la degradación de proteínas en el EPR, el intercambio iónico, el tráfico de moléculas en el terminal sináptico, etc. Una descripción más completa de cada uno de estos procesos y de las distintas patologías que pueden producir puede verse en la revisión de Ayuso y Millán en 2010 (Ayuso y Millán, 2010). Mecanismos fisiológicos implicados en la progresión de las DR Las DR son, en general, enfermedades progresivas en las que la función de los fotorreceptores va disminuyendo con el tiempo. Los fotorreceptores mueren por apoptosis. Sin embargo, los mecanismos que disparan la cascada apoptótica no están bien esclarecidos. Los estudios en los modelos de RP indican que la muerte de los fotorreceptores comienza con la degeneración de los bastones y posteriormente de los conos, que no pueden sobrevivir mucho debido a la hiperoxia provocada por la muerte de los bastones que conduciría a un estrés oxidativo y a un proceso inflamatorio que activaría la apoptosis y la muerte neuronal (Cepko, 2005). El término distrofia corneal (DC) abarca un grupo heterogéneo de enfermedades restringidas a la córnea, normalmente bilaterales no inflamatorias y determinadas genéticamente. Clínicamente, las DC pueden dividirse en tres grupos basados en la localización anatómica única o predominante de las anomalías: El epitelio corneal y su membrana basal o capa de Bowman y el estroma corneal superficial (distrofias corneales anteriores). El estroma de la córnea (distrofias corneales estromales) La membrana de Descemet y el endotelio corneal (distrofias corneales posteriores). La mayoría de las DC no tienen manifestaciones sistémicas y presentan una clínica variable en forma de opacidades de la córnea, de una córnea clara o turbia, y afectan a la agudeza visual en diferentes grados. Al igual que las distrofias hereditarias de la retina, las DC pueden presentarse de forma autosómica dominante, autosómica recesiva o ligadas al cromosoma X. La caracterización genética de las distrofias corneales ha revelado tanto heterogeneidad genética como fenotípica. Una misma entidad clínica puede estar causada por distintos genes y un único gen dar lugar a diferentes cuadros clínicos. Estos avances producidos en la genética de las DC parecen demostrar que la separación en distintas entidades clínicas para esta categoría puede tener un sentido histórico más que práctico. Los principales tipos de distrofias corneales y los genes responsables de cada una se reflejan en la tabla 2. Además de los genes descritos en la tabla, existe un cierto número de loci genéticos implicados en estas distrofias corneales cuyo gen no se ha identificado todavía (Klintworth, 2009). La etiología de las malformaciones oculares es compleja e incluye factores ambientales y genéticos. Las causas ambientales pueden corresponder a factores potencialmente teratógenos, como agentes químicos, biológicos o físicos, que interrumpen el desarrollo ocular normal. Los factores genéticos presentan tres tipos de origen: multifactorial, cromosómico y monogénico. Entre las formas monogénicas encontramos: La anoftalmia: se refiere a la ausencia completa del globo ocular en presencia de los anexos oculares (párpados, la conjuntiva, y el aparato lagrimal). Por otra parte, la microftalmia se define como un globo con una longitud axial total (LAT) que es al menos dos desviaciones estándar por debajo de la media para la edad. Las anoftalmias/microftalmias (A/M) pueden ser unilaterales o bilaterales y son una condición heterogénea con diversas etiologías. Se ha descrito que aproximadamente un tercio de las personas con A/M presentan formas sindrómicas debidas tanto a anomalías cromosómicas como a mutaciones en un único gen. La microftalmia se clasifica de acuerdo a la apariencia anatómica del globo y de la gravedad de la reducción de la longitud axial. La microftalmia grave se refiere a un globo con un diámetro corneal menor de 4 mm y un LAT menor de 10 mm en el nacimiento o inferior a 12 mm después del primer año de edad. La microftalmia simple se refiere a un ojo que es anatómicamente intacto a excepción de su corta LAT mientras que la microftalmia compleja se refiere a un ojo con disgenesia del segmento anterior o del posterior. El nanoftalmos es un subtipo de microftalmia simple caracterizado por microcórnea, LAT menor de 18 mm, hipermetropía alta (≥ 8 dioptrías) y en el que el glaucoma de ángulo cerrado es común. La disgenesia del segmento anterior incluye un espectro de anomalías en el desarrollo de la córnea, el iris, el ángulo iridocorneal y el cuerpo ciliar. Ejemplos de microftalmia compleja del segmento anterior son la anomalía de Axenfeld-Rieger, que presenta malformación del segmento anterior del ojo y en la que un 50% de los casos presenta ceguera por glaucoma y puede asociar alteraciones sistémicas; la anomalía de Peters, que asocia malformaciones en la cámara anterior como la opacidad corneal, y la esclerocórnea. En la disgenesia de segmento posterior nos encontramos la vasculatura fetal persistente, el coloboma coriorretiniano y la displasia de retina. Mutaciones en los genes SIX3, HESX1, BCOR, SHH, PAX6, RAX o SIX6 entre otros se asocian con A/M aislada. Otros genes se han relacionado con las formas sindrómicas, como son el gen CHD7 para el síndrome de CHARGE, IKBKG asociado a incontinentia pigmenti, NDP a la enfermedad de Norrie, SOX2 a trastornos oculares relacionados con SOX2 o POMT1 asociado al síndrome de Walker-Warburg (tabla 3). Una de las malformaciones más frecuentemente asociadas a A/M es el coloboma. El coloboma es una anomalía del sector inferior del iris, o bien una escotadura en el margen pupilar que otorga a la pupila un aspecto de cerradura debida a la falta de cierre de la fisura coroidea durante el desarrollo (Fuhrmann, 2010). Tipos de distrofias corneales clasificadas en base a su situación en la córnea. Genes principales asociados a las mismas y patrón de herencia de cada una de ellas La aniridia afecta principalmente al iris, pero esta afectación puede variar desde una hipoplasia que mimetiza al coloboma, hasta la ausencia completa de estructuras. Es común la afectación de la cámara anterior del ojo, la retina, la mácula y el nervio óptico. Entre las alteraciones del segmento anterior encontramos: queratopatía por disfunción limbar, ojo seco, glaucoma (presente en el 50% de los pacientes), cataratas, subluxación del cristalino y distintas anomalías del ángulo camerular. En el segmento posterior podemos encontrar: hipoplasia macular y del nervio óptico. La aniridia clásica presenta un patrón de herencia mendeliana autosómico dominante y está causado por mutaciones en el gen PAX6. La aniridia puede presentarse de forma aislada o asociada a otras alteraciones como el síndrome de Rieger o Axenfeld-Rieger; el síndrome de Peters, el síndrome de Gillespie, que presenta aniridia, ataxia y retraso mental, o el síndrome de WAGR, cuyo nombre corresponde a las siglas en lengua inglesa de las alteraciones presentes en el mismo (Wilms tumor, Aniridia, Genital abnormalities and Retardation). El WAGR es esporádico y está causado por deleciones de la región cromosómica 11p13 que incluye, entre otros, los genes PAX6 y WT1 (Fuhrmann, 2010). Actualmente, las DR no tienen tratamiento. Sin embargo, la retina es un tejido para el que las terapias avanzadas son muy prometedoras por su accesibilidad quirúrgica y su monitorización no invasiva, y por ello desde hace años se vienen ensayando distintas apro-a462 ximaciones en modelos animales y recientemente en humanos. Las aproximaciones terapéuticas actuales comprenden el uso de nutracéuticos encaminados a reducir el estrés oxidativo y los procesos inflamatorios que provocan la apoptosis de los fotorreceptores, terapias farmacológicas, terapia génica, terapia celular y, en las etapas finales de las DR cuando apenas queda resto visual, el uso de prótesis de retina y la optogenética. El trasplante de córnea era hasta hace poco el único tratamiento para las DC aunque algunos de los alotrasplantados sufrían rechazo. Actualmente, el tratamiento varía en función del tipo de distrofia. Algunas se tratan Tabla 3. Enfermedades raras relacionadas con defectos en el desarrollo ocular. Genes principales implicados y su tipo de herencia médicamente con métodos que extirpan el tejido corneal anómalo, tales como la queratoplastia lamelar endotelial profunda y la queratectomía fototerapéutica. Otras distrofias menos debilitantes o asintomáticas no requieren tratamiento. Recientemente, se están ensayando otras aproximaciones terapéuticas como el uso de agentes biológicos como inhibidores del VEGF-A para evitar procesos de neovascularización o anti TNF-alpha como el infliximab. Además de las terapias avanzadas (terapia celular, terapia génica e ingeniería tisular) en los estadios más avanzados de la distrofia corneal, el tratamiento de preferencia es el trasplante de córnea artificial. Distrofias de retina no sindrómicas Tipo Enfermedad Gen/genes Tipo de herencia Distrofias de retina sindrómicas Síndrome Gen/genes Tipo de herencia
Las anemias raras y los fallos medulares hereditarios son enfermedades hematológicas caracterizadas, respectivamente, por una disminución de la concentración de hemoglobina o por diversos grados de defectos en la producción de células hematopoyéticas que conducen desde una citopenia de un solo linaje hasta una de múltiples linajes. Son enfermedades raras y difíciles de diagnosticar debido a la heterogeneidad clínica, citológica y genética. En este artículo abordaremos en primer lugar el diagnóstico de las anemias raras y sus causas principales: fallos medulares, defectos del hematíe y trastornos del metabolismo de los factores de maduración eritrocitario. Seguidamente introduciremos los fallos medulares hereditarios y su patología asociada, como son las malformaciones congénitas y la predisposición tumoral, haciendo especial hincapié en los más frecuentes: ANEMIAS RARAS 1.1 Introducción a las anemias raras La anemia, o disminución de la concentración de hemoglobina (Hb) en la sangre, es la manifestación de un trastorno del organismo que afecta al sistema hematopoyético. Aunque se trata de una condición muy común en la patología humana, sus causas pueden ser muy diversas, y a veces difíciles de identificar. La más frecuente y, por ello, la mejor conocida, es la falta de hierro o anemia ferropénica, presente, en mayor o menor grado, en todos los países del mundo (Pasricha, 2014). Por esta razón, no es infrecuente considerar la anemia como una enfermedad, o como la consecuencia de una alimentación inadecuada. La realidad es muy distinta, ya que en la anemia, al ser un signo, y no una enfermedad, conocer su causa es un requisito imprescindible para iniciar cualquier tipo de tratamiento. En condiciones normales, la concentración de Hb, varía con la edad y el sexo y, por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que existe anemia cuando la concentración de Hb es inferior a 110g /L en niños, a 120g /L en mujeres jóvenes no embarazadas y a 130 g/L en varones (World Health Organization, 2011). Afortunadamente, la medida de la concentración de hemoglobina es, hoy en día, muy asequible, ya que todos los analizadores hematológicos automatizados la realizan de forma rápida, precisa y económica. En este contexto, las anemias raras constituyen un grupo heterogéneo de enfermedades raras que debido a su baja prevalencia (< 5 por cada 10.000 habitantes) son poco conocidas, incluso entre los profesionales de la salud. Debido a ello, los pacientes suelen permanecer largos periodos de tiempo sin diagnosticar, o con un diagnóstico incorrecto, lo que imposibilita conocer el pronóstico de la enfermedad, o realizar un consejo genético para futuros embarazos. Esta situación comporta un estado de ansiedad tanto para los pacientes, como para sus familiares, que viene agravado por la ausencia de tratamiento, en general, paliativo, y limitado a transfusiones de sangre, a la administración de quelantes de hierro y estimuladores de la eritropoyesis, o a la extirpación del bazo (esplenectomía). El único tratamiento curativo, el trasplante de progenitores hematopoyéticos, no siempre es aconsejable dada la elevada morbilidad asociada a la intervención y la frecuente ausencia de donantes emparentados. Es por todo ello por lo que las anemias raras, mayoritariamente hereditarias, constituyen hoy en día un importante problema clínico y sociosanitario. Al objeto de disminuir las desigualdades en la atención sanitaria que en Europa padecen este colectivo de pacientes, la Comisión Europea (EC) viene promocionando, desde el año 2002, la creación de redes de expertos europeos en enfermedades raras, una de las cuales es la dedicada a las anemias raras o ENERCA (European Network for Rare and Congenital Anaemias). Actualmente, en ENERCA se incluyen 63 anemias raras, desde las ultra raras, como, por ejemplo, la anemia de Fanconi o la hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN), hasta las menos raras como las hemoglobinopatías, talasemias y anemias hemolíticas [URL]. El principal objetivo de ENERCA es ayudar a los profesionales de la salud a realizar una mejor atención sanitaria a aquellos pacientes con algún tipo de anemia rara. Después de diez años de funcionamiento, la experiencia de ENERCA ha demostrado que el médico, al acceder fácilmente a una información veraz y contrastada, puede diagnosticar una anemia rara de manera más rápida, y el paciente, al tener un fácil acceso a la web, puede conocer mejor su enfermedad y obtener, si lo desea, una segunda opinión. Esto último ha contribuido decisivamente a disminuir su estado de ansiedad y a mejorar su confianza en el sistema de salud. Actualmente está en desarrollo una plataforma de medicina a distancia (telemedicina) que contribuirá a facilitar, aún más, la accesibilidad a la información, independientemente del lugar de residencia (Vives Corrons, 2013). Abordaje diagnóstico de las anemias raras Como en toda anemia, el diagnóstico de una anemia rara tiene su inicio en un minucioso examen clínico del paciente, realizado la mayoría de veces por el médico de familia o el especialista en medicina interna. La intensidad del síndrome anémico depende de su causa, y puede variar desde una anemia bien tolerada o compensada hasta formas muy graves dependientes de hipertransfusión. El inicio neonatal de la enfermedad (anemia e ictericia) es relativamente frecuente, así como la disminución progresiva de la anemia con el crecimiento. Lo habitual es la anemia crónica que, con ciertas variaciones, suele persistir durante toda la vida, por lo que no es infrecuente la aparición de las complicaciones como las úlceras maleolares o la litiasis biliar (Sans-Sabrafen, Besses Raebel y Vives Corrons, 2006). Otras veces la anemia aparece de forma aguda y bajo forma de crisis hemolíticas que suelen ser desencadenadas por agentes diversos como infecciones intercurrentes o la ingesta de ciertas substancias oxidantes. El diagnóstico de una anemia requiere tres exploraciones básicas: 1) hemograma o examen a463 hematológico básico, 2) recuento de reticulocitos o hematíes jóvenes circulantes y 3) examen morfológico de la sangre a partir de un frotis. El hemograma informa del estado de la serie roja suministrando el valor de la concentración de hemoglobina (Hb), clave diagnóstica de la anemia, del número de hematíes circulantes, y de su tamaño (VCM). Algunos analizadores hematológicos automatizados suministran también la concentración promedio de la hemoglobina contenida en los hematíes (CCMH) y la amplitud de la curva de distribución del volumen eritrocitario (RDW). El recuento de reticulocitos indica la capacidad de la médula ósea para contrarrestar la intensidad de la anemia, y junto al VCM constituye hoy en día el criterio más útil para realizar una primera orientación diagnóstica de una anemia (Vives Corrons y Aguilar i Bascompte, 2014). El examen de frotis de sangre es, muchas veces, decisivo para el diagnóstico de una anemia. Como señala Barbara Bain (Bain, 2005) a pesar de los avances en el recuento automatizado de células sanguíneas, el examen del frotis sanguíneo conserva aún todo su valor en el diagnóstico etiológico de las anemias hemolíticas y en el diagnóstico diferencial de la macrocitosis. Una vez confirmado el diagnóstico de anemia, es fundamental conocer su causa ya que de ello dependen el pronóstico y el tratamiento más adecuado. Para ello se requieren exámenes o pruebas específicas complementarias cuya selección viene facilitada por el empleo de diagramas de flujo [URL]. Muchas de las pruebas que se mencionan en los diagramas de flujo pueden ser realizadas en laboratorios clínicos convencionales, pero otras se hallan solo al alcance de laboratorios especializados o de eritropatología. Causas de las anemias raras Más del 80% de las anemias raras son hereditarias, y el resto aparecen en el curso de enfermedades no debidas a trastornos del sistema hematopoyético (anemias secundarias). El diagnóstico de una anemia rara exige tener siempre en cuenta esta posibilidad y realizar el correspondiente diagnóstico diferencial. No cabe duda de que esto exige pericia, habilidad clínica y un gran conocimiento de las enfermedades en general, solo al alcance de profesionales con buena formación en medicina interna. Un ejemplo de ello es la enfermedad de Rendu-Osler (telangiectasia hereditaria), donde la anemia suele ser prácticamente siempre el primer síntoma. Durante muchos años, el desconocimiento de esta enfermedad ha conllevado su consideración como causa de anemia rara, cuan-do en realidad se trata de una anemia ferropénica secundaria a las micro hemorragias crónicas. Igualmente pueden ser consideradas anemias raras las que se asocian a enfermedades crónicas raras, como, por ejemplo, las anemias de base inmune, los defectos de absorción y ciertas enfermedades de la sangre como los síndromes mielodisplásicos (SMD). La red europea ENERCA contribuye activamente con ORPHANET y la OMS a la actualización de la clasificación internacional de enfermedades (ICD-10) de la sangre y los órganos hematopoyéticos, donde las anemias se sitúan en tres grandes grupos: 1) D50-D53 (anemias nutricionales), 2) D54-D59 (anemias hemolíticas), y 3) D60-D64 (aplasia medular y otras anemias). En un sentido práctico, las causas de las anemias raras pueden ser de tres tipos: fallos de la médula ósea, defectos del hematíe y trastornos metabólicos de los factores de maduración. Anemias raras debidas a fallos de médula ósea Los fallos medulares obedecen a defectos congénitos o adquiridos de la hematopoyesis que pueden tener un carácter cuantitativo (aplasia selectiva de serie roja o eritroblastopenia) o cualitativo (trastornos de la maduración o diseritropoyesis). El resultado final es un descenso de la eritropoyesis efectiva y del número de reticulocitos (anemia arregenerativa). Como veremos más en detalle en el apartado segundo de este artículo, la gran mayoría de los fallos medulares tienen un origen congénito y entre ellos destacan la anemia de Fanconi, la eritroblastopenia selectiva o anemia de Diamond-Blackfan y la anemia diseritropoyética congénita (CDA). La CDA es, en realidad, un grupo heterogéneo de defectos de la eritropoyesis con aborto medular de los eritroblastos antes de madurar a reticulocitos (diseritropoyesis) e importante alteración de la morfología eritrocitaria. Clínicamente cursa con anemia, generalmente macrocítica y sobrecarga de hierro. Hasta la actualidad se han descrito cinco formas clínicas de CDA: CDA I, CDA II, CDA III, CDA IV y CDA con trombocitopenia (Iolascon, Heimpel, Wahlin y Tamary, 2013). Las dos primeras (CDA I y CDA II) tienen un patrón hereditario autosómico recesivo y las dos siguientes (CDA III y CDA IV) autosómico dominante. La trombocitopenia con CDA tiene una herencia ligada al cromosoma X. En muchos casos obedece a mutaciones del gen CDAN1, que codifica para una chaperona o proteína de interacción, o del gen C15ORF41, que codifica para una endonucleasa supuestamente implicada en la replicación del ADN o ensamblaje de la cromatina. En otros casos la mutación causante de la enfermedad se desconoce. Se ca-a463 racteriza por una marcada diseritropoyesis en la que destacan los puentes cromatínicos internucleares. Obedece a mutaciones en el gen SEC23B, que codifica una proteína implicada en la función del aparato de Golgi. Se caracteriza por una marcada diseritropoyesis en la que destaca la presencia de binuclearidad o multinuclearidad eritroblástica con presencia de una doble membrana celular en un elevado porcentaje de eritroblastos. Obedece a mutaciones en el gen KIF23, que codifica una proteína (MKLP1) necesaria para la movilidad celular. Se caracteriza por una marcada diseritropoyesis en la que destaca la presencia de marcadas alteraciones de la cromatina nuclear y el tamaño de los eritroblastos dando una imagen prácticamente superponible a la eritroleucemia o enfermedad de Di-Guglielmo. Obedece a mutaciones en los genes que codifican factores de transcripción eritroide y GATA1. Es tan poco frecuente que sus características morfológicas están aún por definir con precisión. Es un trastorno ligado al sexo (cromosoma X) que se hereda con carácter autosómico recesivo y caracterizado por trombocitopenia y alteraciones morfológicas de las plaquetas que en algunos pacientes se acompaña de diseritropoyesis intensa. Anemias raras debidas a defectos del hematíe Los defectos de los hematíes pueden ser a) intrínsecos o de causa hereditaria y debidos a alteraciones estructurales o funcionales de sus componentes fundamentales: la hemoglobina (hemoglobinopatías), la membrana (membranopatías) o las enzimas del metabolismo (enzimopatías), y b) extrínsecos o de causa adquirida y producidos por alteraciones del plasma sanguíneo o del sistema vascular. En cualquier caso, el resultado final es siempre un síndrome hemolítico de intensidad variable con aumento compensador de la eritropoyesis y aumento del número de reticulocitos. Clínicamente se caracterizan por tres signos que cuando van unidos son de gran utilidad diagnóstica: 1) reticulocitosis, 2) esplenomegalia y 3) ictericia. Defectos hereditarios del hematíe Dentro de este grupo de anemias hereditarias se incluyen las hemoglobinopatías (estructurales y talasemias), más frecuentes en el sur de Europa, y las eritroenzimopatías y membranopatías, de prevalencia muy inferior a las anteriores y consideradas como anemias ultra raras. Obedecen a mutaciones en los genes de globina, que pueden alterar la síntesis (talasemias) o la estructura de la hemoglobina (hemoglobinopatías estructurales). Su prevalencia mundial se estima en alrededor de 269 millones de portadores, pero en Europa existen poblaciones de riesgo, en especial para las talasemias, que se localizan en las regiones que rodean el mar Mediterráneo (anemia mediterránea) y cuya prevalencia es de uno a cinco casos por cada 2.000 habitantes. Es de señalar que, a lo largo de los últimos 30 años, en muchos países de la Unión Europea (UE), se ha observado un aumento de la prevalencia de hemoglobinopatías no autóctonas debido al impacto inmigratorio de poblaciones procedentes de otras áreas geográficas donde estas enfermedades son prevalentes (África, Asia y centro América). Entre ellas destaca la hemoglobinopatía S (HbS; OMIM 603903), prevalente en las poblaciones del África subsahariana o central debido a la protección que ofrece contra la malaria o paludismo. La HbS obedece sustitución de valina por ácido glutámico en la sexta posición de la cadena beta de la globina y en su forma homocigota o combinada con otras hemoglobinopatías es responsable de la llamada enfermedad de células falciformes (ECF) o drepanocitosis. La ECF evoluciona bajo forma de crisis de hemólisis (anemia) y vaso-oclusivas con micro infartos (dolor) desencadenadas por la hipoxia que, al disminuir la solubilidad de la HbS, la precipita, distorsionando la forma del hematíe (hematíes falciformes) y disminuyendo drásticamente su capacidad de deformación. Estas crisis cursan con anemia regenerativa (Hb:70 a 110 g /L), dolor abdominal y crisis vaso-oclusivas muy dolorosas que afectan muchos tejidos del organismo, especialmente articulaciones y sistema músculo-esquelético. El frotis de sangre muestra hematíes falciformes (véase figura 1). El diagnóstico de la ECF requiere un estudio de hemoglobinas (Vives Corrons y Aguilar i Bascompte, 2014; Bain, 2011) y la demostración de la mutación mediante biología molecular. Durante la primera infancia son frecuentes complicaciones sobreañadidas como, por ejemplo, el retraso del crecimiento y puberal, hipoesplenismo secundario con infartos esplénicos repetidos y susceptibilidad a infecciones graves tales como infecciones pulmonares recurrentes con infartos repetidos, abscesos óseos y del tracto genitourinario y la sepsis neumocócica, muchas veces causa de la muerte del paciente. Otras complicaciones frecuentes son la hipertrofia cardiaca secundaria a la anemia; necrosis papilar renal con hematuria, pérdi-a463 da de la capacidad de concentración renal, priapismo; cálculos biliares, cirrosis hepática; necrosis avascular del fémur y el húmero; accidentes cerebrovasculares (ACV); convulsiones y alteraciones visuales. En pacientes sometidos a hipertransfusión, a todo ello deben añadirse las complicaciones debidas a la sobrecarga de hierro. Actualmente gracias a la posibilidad de realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad mediante cribado neonatal de la ECF, puede instaurarse un tratamiento preventivo desde los primeros años de vida, con lo que la frecuencia de las complicaciones se reduce significativamente y la mortalidad durante la primera infancia disminuye drásticamente. No existe un tratamiento específico para la ECF, aunque sí preventivo a base de realizar una vida saludable junto a la administración de vacuna antineumocócica polivalente y ácido fólico. En casos de crisis vaso-oclusivas, la hidratación, la administración de analgésicos y el tratamiento de las causas desencadenantes son la única terapéutica eficaz contra el dolor. En casos graves se recomienda también la administración de hidroxiurea (HU) ya que al aumentar la concentración de HbF, disminuye la frecuencia de las crisis vaso-oclusivas, la necesidad de transfusiones, y sobre todo la aparición del síndrome torácico agudo. En los niños la hipertransfusión suele mejorar el pronóstico. Además de la HbS existen otras hemoglobinopatías estructurales de interés clínico como la HbS, HbJ HbD y las hemoglobinas inestables, llamadas también hemoglobinopatías congénitas con cuerpos de Heinz que obedecen a sustituciones de aminoácidos cerca del grupo hemo que afectan la estabilidad de la molécula de hemoglobina. En presencia de un agente oxidante, las hemoglobinas inestables precipitan y se forman cuerpos de inclusión eritrocitarios o cuerpos de Heinz. Clínicamente cursan con un síndrome hemolítico crónico de intensidad variable. El diagnóstico requiere una tinción para cuerpos de Heinz y un estudio de hemoglobinas (Vives Corrons y Aguilar i Bascompte, 2014). Este grupo, a diferencia que la ECF, presenta un patrón de herencia autosómico dominante. Obedecen a la disminución de la síntesis de alguna de las cadenas de globina (alfa o beta), debido a ausencia, disminución o traducción defectuosa de ARN mensajero específico (ARNm) causada por deleciones o mutaciones puntiformes de los genes de globina implicados. Mientras que las mutaciones puntiformes predominan en los genes beta, las grandes deleciones son más frecuentes en los genes alfa. De acuerdo con el tipo de mutación y la intensidad de la disminución de síntesis, la gravedad del cuadro Figura 1. Hematíes falciformes (alargados) en un paciente con drepanocitosis a463 clínico puede ser más o menos intensa. En la beta talasemia las formas más leves consisten en una discreta o moderada anemia hipocroma y microcítica (rasgo talasémico) mientras que las más graves, con anemia intensa, pueden clasificarse en "talasemia mayor" o "talasemia intermedia" según tengan o no requerimiento transfusional periódico, respectivamente. En la alfa talasemia, como el clúster genético tiene dos genes, la mutación de un único alelo, relativamente frecuente en nuestra población, carece de anemia y cursa solo con discreta microcitosis, mientras que la de dos alelos cursa como un rasgo talasémico (anemia microcítica leve o moderada). La mutación de tres alelos da lugar a la llamada hemoglobinopatia H, una forma clínica superponible a la beta talasemia intermedia pero con presencia de HbH o tetrámeros betaglobina, resultado del exceso de estas cadenas por la disminución de cadenas alfa. La pérdida completa de los cuatro alelos (alfa-talasemia homocigota) es incompatible con la vida (hidropesía fetal). El diagnóstico de ambas formas de talasemia se basa en los datos aportados por el hemograma y por el estudio de hemoglobinas mediante electroforesis o cromatografía líquida de alta resolución (HPLC). En el caso de la beta talasemia, se observa siempre un aumento de la fracción HbA2, y en las formas más graves también de HbF, mientras que en la alfa talasemia el patrón de hemoglobinas es normal, siendo necesario recurrir a la biología molecular. Un estudio familiar preciso es también muy importante para prevenir errores diagnósticos y la aplicación de tratamientos innecesarios. Además, la correcta identificación de los estados portadores para cualquier tipo de hemoglobinopatía permitirá identificar parejas de riesgo, es decir, donde ambos miembros de la pareja son portadores asintomáticos de alguna hemoglobinopatía; en estas parejas, como en cualquier enfermedad con patrón de herencia autosómico recesivo, el porcentaje de tener un descendiente afectado de un trastorno grave de la hemoglobina es del 25% en cada embarazo. Obedecen a defectos estructurales o funcionales de las proteínas de la membrana eritrocitaria. En general se heredan con carácter autosómico dominante pero existen formas que se transmiten con carácter recesivo. La esferocitosis hereditaria (EH; OMIM 182870, 182900, 270970, 612653, 612690) es la causa más frecuente de anemia hemolítica congénita en la raza blanca y obedece a un defecto de proteínas del esqueleto de la membrana que producen vesiculación y pérdida parcial de la misma con la consi-guiente disminución de la relación superficie/volumen y aparición de esferocitos (véase figura 2). Las proteínas mayormente afectadas en la EH son la espectrina y la Banda 3. La hemólisis se produce casi exclusivamente en el bazo, con lo que la anemia hemolítica suele asociarse a intensa esplenomegalia, palpable en el 75% al 80% de los casos. Junto a ello, son especialmente frecuentes las complicaciones del síndrome hemolítico crónico como, por ejemplo, la ictericia intermitente con aumento de pigmentos y formación prematura de cálculos biliares, la crisis de eritroblastopenia transitoria por infección del parvovirus B19 o déficit de folato o la formación de úlceras maleolares tórpidas (King y Zanella, 2013). El diagnóstico de la EH se basa en la triada: 1) anemia con ictericia, 2) intensa esplenomegalia y presencia de esferocitos circulantes (esferocitosis), fácilmente demostrables mediante el examen morfológico de la sangre. Una prueba que sirve para demostrar de forma indirecta la esferocitosis es la resistencia osmótica eritrocitaria (ROE) que muestra un aumento de la hemólisis cuando los glóbulos rojos se colocan en una solución salina hipotónica. La hemólisis se incrementa en gran medida si los hematíes se incuban primero sin glucosa a la temperatura corporal durante 24 horas (véase figura 3). La implementación de los analizadores hematológicos automatizados que determinan la CCMH mediante un sistema directo permite utilizar esta magnitud como criterio de EH cuando se halla aumentada en presencia de un recuento elevado de reticulocitos. Finalmente la utilización de la técnica del EMA-binding test se está implementando actualmente como técnica de referencia, especialmente en el diagnóstico de la EH. La técnica del EMA-binding test se basa en la medida de la intensidad de fluorescencia en hematíes que han sido incubados con un fluorocromo, la eosin-5-maleimida (EMA). El EMA se une de manera específica al transportador de aniones (Banda 3). El dominio citoplasmático N-terminal de la Banda 3 interactúa con otras proteínas como la anquirina y la proteína 4.2, que a su vez están unidas al citoesqueleto de espectrina que estabiliza la membrana lipídica. La sensibilidad y especificidad del EMA-binding test han sido evaluadas para la detección de anemias hemolíticas debidas a defectos de membrana en distintos estudios. Esta técnica es especialmente sensible en la detección de EH, por lo que actualmente se incluye en el algoritmo diagnóstico de esta enfermedad (Kedar, Colah, Kulkarni, Ghosh y Mohanty, 2003; Bianchi, Fermo y Zanella, 2012). De la misma manera, el EMAbinding test también se emplea en el diagnóstico de Figura 2. Esferocitos (más pequeños y densos) en un paciente con esferocitosis hereditaria Figura 3. Curva de fragilidad osmótica eritrocitaria a463 otras membranopatías como la eliptocitosis hereditaria (HE). El tratamiento de la EH es exclusivamente preventivo a base de la administración de ácido fólico y cuando la anemia es muy intensa puede ensayarse la extirpación del bazo (esplenectomía) ya que, en la mayoría de los casos, normaliza la concentración de hemoglobina y desaparece la anemia (aunque no los esferocitos circulantes). Debido al importante efecto defensivo del bazo frente a infecciones, en algunos casos la esplenectomía se ha asociado a sepsis neumocócica fulminante (especialmente en niños menores de cinco años) por lo que en todos los casos, antes de la esplenectomía, debe administrarse vacuna antineumocócica polivalente. En la EC es característica la presencia de numerosos eliptocitos circulantes en sangre periférica (véase la figura 4). Al igual que la EH, la EC obedece a un defecto de proteínas del esqueleto (principalmente Banda 4,1) que alteran la elasticidad de la membrana impidiendo su recuperación después de un alargamiento. No existe pérdida de membrana y, por ello, la ROE y la CCMH son normales. En casos graves, como, por ejemplo, la piropoiquilocitosis hereditaria (PPH), la esplenectomía puede ser también beneficiosa, pero nunca tanto como lo es la EH. Finalmente existe una forma muy rara de membranopatía cuya manifestación morfológica fundamental es la estomatocitosis hereditaria (OMIM 194380, 185000), es decir, la presencia de hematíes con una palidez central alargada en lugar de redonda (véase figura 5). Su mecanismo genético y molecular es poco conocido, aunque sí se sabe que en todas las formas existe un trastorno de la permeabilidad a los iones sodio o potasio por el cual el hematíe puede hidratarse (xerocitosis congénita) o deshidratarse (hidrocitosis congénita). Todas estas formas cursan con un síndrome hemolítico con marcada reticulocitosis pero escasa anemia. La esplenectomía está recomendada porque facilita la aparición de trombosis (trombofilia). Algunos déficits enzimáticos producen hemolisis solo bajo estrés celular producido por infecciones, medicamentos oxidantes o por la ingesta de habas. Otros déficits enzimáticos están asociados a anemia hemolítica crónica no esferocítica (AHCNE). En algunas ocasiones, la expresión del déficit no está restringida al eritrocito sino que se extiende a otros tejidos, principalmente al neurológico, hepático o muscular con aparición de neuropatía, hepatopatía o miopatía asociadas a la anemia. El hematíe es especialmente vulnerable a las enzimopatías porque a diferencia de otras células no puede resintetizar las enzimas deficientes ya que carece de núcleo y ribosomas. Las deficiencias enzimáticas se producen cuando alguna de las enzimas de su reducido metabolismo es inestable y desaparece muy rápidamente, o ha perdido funcionalidad catalítica y carece de actividad. En el hematíe maduro existen dos vías metabólicas fundamentales: 1) la glucolisis anaerobia por la que la glucosa se utiliza para generar ATP y 2) el sistema antioxidante por el que elimina cualquier agresión oxidativa para generar NADH y NADPH. El ATP se utiliza para cumplir con los requisitos energéticos y el NADH para reducir la metahemoglobina. El NADPH se utiliza para reducir el glutatión oxidado que a su vez se requiere para mantener los grupos sulfhidrilo de proteínas en un estado reducido y para desintoxicar peróxido de hidrógeno (véase figura 6). Se han descrito enzimopatías en ambas rutas metabólicas. El déficit de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD; OMIM 300908, 134700) es la más frecuente del sistema antioxidante, y muestra transmisión hereditaria ligada al sexo. Es especialmente frecuente en África, Asia y en la región mediterránea (Grecia e Italia, principalmente) y, debido a su carácter polimórfico, tiene muchas variantes entre las que destacan las G6PD A-, predominantes en la raza negra, y las G6PD Mediterráneas, predominantes en la raza blanca. En las formas G6PD A-, la enzima es inestable pero la actividad enzimática es casi normal en los reticulocitos, mientras que en las variantes G6PD Mediterráneas, la enzima es aún más inestable y su actividad es muy baja incluso en los reticulocitos. Esto explica que en portadores de G6PD A-el episodio hemolítico agudo sea auto limitado y la recuperación de la anemia sea más rápida que en los portadores de variantes G6PD Mediterráneas. Clínicamente el déficit de G6PD cursa con anemia hemolítica inducida por la ingesta de habas (fabismo) o de ciertos medicamentos oxidantes (anemia hemolítica medicamentosa). Debido a ello, los portadores de un déficit de G6PD pueden per-Figura 5. Hematies en los que la palidez central (siempre redonda) tiene forma alargada o de boca a463 manecer asintomáticos durante muchos años, hasta que se produce este contacto con las substancias que desencadenan la hemólisis. Entre los medicamentos que pueden ser causa de hemólisis en el déficit la deficiencia de G6PD destacan ciertos analgésicos, sulfamidas, antipalúdicos, y antibióticos (Luzzatto y Seneca, 2014). El fabismo, una anemia hemolítica muy intensa inducida por la exposición a las habas o al polen de la planta solo se produce en personas con la variante mediterránea. No todas las familias se ven afectadas, lo que sugiere la necesidad de cierta predisposición genética. También existen formas ultra raras de déficit de G6PD que obedecen a variantes no polimórficas sino esporádicas que cursan con un síndrome hemolítico crónico. Otros factores que pueden inducir hemólisis en el déficit de G6PD son las infecciones virales, especialmente gripe y hepatitis, la cetoacidosis diabética y otras situaciones de estrés diversas. El diagnóstico del déficit de G6PD se basa en la historia clínica (antecedentes citados) y la exclusión del mecanismo autoinmune mediante la negatividad de la prueba de Coombs. Durante la crisis hemolítica la observación del frotis muestra la presencia de excen-trocitos o hematíes sometidos a un estrés oxidativo (véase figura 7). Para técnicas de cribado se utiliza la prueba de la mancha fluorescente a base de demostrar la formación de NADPH (fluorescente) a partir de NADP (no fluorescente) o la reducción de la metahemoglobina en presencia de azul de metileno. El déficit de piruvato quinasa (PK; OMIM 266200) es la enzimopatía más frecuente de la glicolisis anaerobia (vía de Embden-Meyerhof) y es la causa más frecuente de síndrome hemolítico crónico hereditario después de la esferocitosis hereditaria (Zanella, Fermo, Bianchi y Valentini, 2005). Es una enzimopatía mucho menos frecuente que el déficit de G6PD. El diagnóstico de la PK requiere la cuantificación de la actividad enzimática en el hemolizado del paciente. Dado que la anemia hemolítica en el déficit de PK obedece siempre a mutaciones del gen PKLR, los leucocitos tienen una actividad PK normal, por lo que si no se eliminan bien al preparar el hemolizado pueden falsear el resultado y enmascarar la existencia de un déficit de PK eritrocitaria. Para evitar esta importante tado mediante la determinación del cociente entre la actividad PK y hexocinasa (HK). La HK es una enzima cuya actividad también aumenta en presencia de reticulocitosis y, por tanto, si este incremento es muy superior al de la PK, el déficit de esta enzima se pone de manifiesto por una disminución significativa del cociente PK/HK. Defectos adquiridos del hematíe Los defectos adquiridos de los hematíes resultan de agresiones extrínsecas a eritrocitos normales por parte de un entorno hostil (alteraciones del plasma o del sistema vascular) como, por ejemplo, la anemia hemolítica autoinmune (AHAI) y la anemia hemolítica mecánica y microangiopática (MAT) o por una mutación somática de la célula madre pluripotente como, por ejemplo, la hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN). Aparece cuando existen anticuerpos dirigidos contra un componente de la membrana eritrocitaria o cuando ciertos fármacos que interaccionan con la membrana del hematíe facilitan su fagocitosis por los macrófagos del bazo, del hígado y de la médula ósea. El patrón en cada caso es característico y se determina por la naturaleza y cantidad de auto anticuerpos producidos. En todos los casos el diagnóstico se basa en la demostración de la antiglobulina mediante positividad de la prueba de Coombs directa para IgG o IgM y complemento. En ocasiones el frotis de sangre puede mostrar intensa policromasia debida a la reticulocitosis y esferocitosis (Vives Corrons y Aguilar i Bascompte, 2014; Dacie, 2001). Obedece a rotura de los hematíes al pasar por vasos sanguíneos de pequeño calibre y parcialmente trombosados, tal como sucede en la microangiopatía trombótica (MAT), o por grandes vasos con anomalías estructurales derivadas de implantación de prótesis valvulares cardíacas o arteriales con coartación grave de la arteria aorta. La MAT mejor conocida es la púrpura trombótica trombocitopénica (PTT) o síndrome hemolítico urémico (SHU), que es una entidad clínica definida por la tríada: anemia hemolítica no inmune, trombocitopenia grave e insuficiencia renal aguda. El Síndrome hemolítico urémico atípico (SHUa) es una forma de SHU donde la MAT obedece a la pérdida de regulación de la vía alternativa del complemento sobre las superficies celulares de origen genético. El SHUa es una causa de anemia ultra rara que, pese al tratamiento estándar con terapia plasmática, frecuentemente evoluciona hacia la insuficiencia renal crónica terminal, de elevada mor-talidad. En los últimos años, se ha establecido el papel clave que desempeña el sistema del complemento en la inducción de daño endotelial en los pacientes con SHUa, mediante la caracterización de múltiples mutaciones y polimorfismos en los genes que codifican determinados factores del complemento (Noris y Remuzzi, 2009). Para el diagnóstico de la anemia hemolítica mecánica es fundamental la observación del frotis de sangre, ya que suministra la clave diagnóstica por la presencia de hematíes fragmentados o esquistocitos (véase figura 8). Es una enfermedad clonal causada por una mutación somática en el gen PIG-A que codifica una proteína involucrada en la síntesis del grupo glicosilfosfatidilinositol (GPI). La mutación ocurre en la célula madre hematopoyética pluripotente, y por ello el déficit (total o parcia) de GPI afecta la totalidad de las células sanguíneas. El grupo GPI es el puente de unión entre ciertas proteínas funcionales y la membrana celular por lo que, cuando falta, estas no pueden realizar su función. Entre ellas destacan la CD55 y CD59 que intervienen en la protección del hematíe frente a la acción lítica del complemento. Ello explica la hemólisis intravascular mediada por el complemento, la trombosis venosa y la insuficiencia de la eritropoyesis, aunque el mecanismo de la expansión clonal de la población HPN aún se desconoce. El diagnóstico se basa en la demostración, mediante citometría de flujo, del déficit de proteínas GPI (CD55 y CD56) en hematíes y granulocitos. No se utiliza el análisis molecular ya que las mutaciones responsables de la enfermedad no son ni homogéneas ni repetitivas. El diagnóstico diferencial incluye todas las otras formas de anemia (en particular la anemia hemolítica autoinmune), la trombosis de la arteria mesentérica, la obstrucción de la vena porta y una trombosis de la vena renal. Hasta el año 2007, el tratamiento de la HPN era exclusivamente sintomático (transfusiones de sangre y administración de eritropoyetina, glucocorticoides y anticoagulantes), pero a partir de este año la introducción del anticuerpo monoclonal Eculizumab recibió la designación europea de medicamento huérfano para el tratamiento de la HPN (Parker, 2012). El Eculizumab disminuye drásticamente la hemólisis, y con ello la necesidad de transfusiones, pero a la vez reduce las complicaciones trombóticas y el riesgo de insuficiencia renal. El pronóstico de la HPN depende de la frecuencia e intensidad de las crisis hemolíticas, de la trombosis y de la posible aparición de aplasia de médula ósea. Anemias raras debidas a trastornos del metabolismo de los factores de maduración Los trastornos metabólicos de los factores de maduración, todos ellos hereditarios, obedecen a mutaciones genéticas, en algunos casos desconocidas, que alteran el metabolismo del hierro o de las vitaminas (vitamina B12 y ácido fólico). Entre ellas destacan: a) la anemia sideroblástica congénita (ASC), debida a un defecto en la unión del hierro al grupo hemo, y b) la microcitosis congénita no sideroblástica, formada por un grupo de enfermedades muy raras y de descripción reciente que obedecen a defectos del metabolismo del hierro y cursan con anemia microcítica y sobrecarga de hierro. Son un grupo de trastornos que cursan con un porcentaje de sideroblastos "en anillo" en la médula ósea superior al 15%. Los sideroblastos "en anillo" están formados por la disposición perinuclear de las mitocondrias que contienen grandes depósitos de hierro en su interior (véase figura 9). En general cursan con una sobrecarga de hierro. Microcitosis congénita no sideroblástica Otras anemias hereditarias relacionadas con el metabolismo del hierro no presentan sideroblastos "en anillo", y se clasifican en cuatro grupos: aceruloplasminemia, atransferrinemia, anemia ferropénica refractaria al hierro (IRIDA) y déficit de DMT1. Todas estas enfermedades se heredan con carácter autosómico recesivo (Falco et al., 2013). La aceruloplasminemia (OMIM 604290) es una rara enfermedad genética ligada a mutaciones de gen de la ceruloplasmina (CP), proteína plasmática que participa en la liberación de hierro al plasma partir de los macrófagos. Clínicamente, el déficit de CP cursa con anemia microcítica moderada, disminución del hierro en plasma con aumento de la ferritina y sobrecarga de hierro en el hígado, páncreas y ganglios basales. Suele asociarse a diabetes mellitus y a trastornos neurodegenerativos de aparición tardía. Su diagnóstico se basa en la demostración de una ausencia o concentración muy baja de CP y cobre en el plasma. La atransferrinemia (OMIM 209300) obedece a una mutación del gen de la transferrina (TF), proteína Figura 8. Hematíes fragmentados en un paciente con síndrome hemolítico urémico a463 transportadora del hierro en la sangre. Clínicamente cursa con una anemia microcítica hipocrómica generalmente intensa y de inicio neonatal con sobrecarga de hierro hepática y en otros órganos vitales. Los signos externos son palidez y fatiga. Su diagnóstico de laboratorio se basa en la observación de valores muy bajos de TF sérica. La anemia ferropénica refractaria al hierro (IRIDA, OMIM 206200) es una enfermedad rara ligada a mutaciones del gen TMPRSS6, que codifica la proteasamatriptasa-2, que producen un déficit de la misma. La disminución de matriptasa -2 se acompaña de una mayor producción de hepcidina, una hormona hepática que inhibe la absorción intestinal de hierro y dificulta la salida del hierro de los depósitos del organismo facilitando su acumulación. Clínicamente se caracteriza por una anemia hipocrómica microcítica de intensidad moderada que aparece hacia et tercer o cuarto mes de vida pero que no suele diagnosticarse hasta más tarde, incluso pasada la adolescencia. El déficit de DMT1 (AHMIO1, OMIM 206100) es una forma de anemia microcítica que obedece a mutaciones del gen SLC11A2, que codifica el transportador de hierro DMT1 y regula su absorción y transferencia al citoplasma de los eritroblastos. Es una enfermedad ultra rara que no padecen más de cinco familias en todo el mundo. Clínicamente cursa con una anemia hipocroma y microcítica, en general muy intensa, y de aparición perinatal que se acompaña de gran sobrecarga hepática de hierro. Introducción a los fallos medulares hereditarios Los síndromes de fallo de la médula ósea congénitos o fallos medulares hereditarios (FMHs) son enfermedades multisistémicas que se caracterizan por presentar grados variables de deficiencia en la producción de células hematopoyéticas, que pueden ir desde la depleción de un solo linaje celular (citopenia) hasta la de múltiples linajes o incluso de todos los linajes (pancitopenia) (Dror, 2011; Shimamura y Alter, 2010). Los FMHs son enfermedades monogénicas con una alta heterogeneidad genética y solapamiento fenotípico entre sí por lo que se requiere un análisis tanto de médula ósea como genético para poder llegar a un diagnóstico correcto (Dokal y Vulliamy, 2010; Shimamura y Alter, 2010). Son denominados síndromes raros por la muy baja prevalencia que presentan cada una de estas patologías. La incidencia conjunta estimada es de dos casos nuevos por un millón de individuos por año y de 65 casos por cada millón de recién nacidos vivos (Tsangaris et al., 2011). Suelen tener una presentación en la infancia, pero también se han descrito algunos casos en edad adulta. En todo caso, se asocian con morbilidad y mortalidad im-Figura 9. Sideroblastos en anillo (eritroblastos con hierro intramitocondrial) en la anemia sideroblástica a463 portante, requiriendo transfusiones sanguíneas de por vida, tratamiento de infecciones, factores de crecimiento y trasplante de progenitores hematopoyéticos. Así mismo, presentan alto riesgo de desarrollar cáncer hematológico o tumores sólidos y una alta toxicidad al tratamiento, lo que conlleva una menor esperanza de vida (Dror, 2011; Shimamura y Alter, 2010). En los siguientes apartados se describirán los aspectos más relevantes de algunos de estos síndromes. La anemia de Fanconi (AF; OMIM 227650) es una enfermedad hereditaria de patrón recesivo mayoritariamente autosómico y en un caso ligado al cromosoma X. Se trata de una enfermedad rara ya que su prevalencia en la población general se estima en dos a cinco casos por un millón de individuos, con una incidencia estimada de 1/131.000 nacimientos y una frecuencia de portadores sanos de 1/181 en los Estados Unidos de América (Rosenberg, Tamary y Alter, 2011). Es importante tener en cuenta que la AF es responsable del 30% de los casos de niños con aplasia medular congénita (Shimamura y Alter, 2010) por lo que usualmente se debe sospechar AF cuando se está frente a un caso de aplasia medular congénita. Hasta el momento se han identificado 21 genes implicados en AF cuyos nombres derivan de sus correspondientes grupos de complementación o subtipos genéticos (Bluteau et al., 2016) (véase tabla 2). En la mayoría de los casos cada uno de los padres es portador de una de las variantes patogénicas, con tres excepciones: los pacientes varones del subtipo FA-B (gen FANCB), los pacientes del subtipo FA-R (gen RAD51) y en los casos en los cuales una de las dos variantes sea de novo (no presente en los padres o presente en solo algunos de los gametos de uno de los progenitores). El gen FANCB es un gen ligado al cromosoma X, por lo que las mujeres son portadoras asintomáticas de la variante patogénica. El gen FANCR Tabla 2. Subtipos genéticos y genes implicados en anemia de Fanconi (RAD51) ha sido descrito recientemente en un paciente AF (Ameziane et al., 2015), en quien se describe una variante de novo en heterocigosis simple con un efecto dominante negativo asociado a un fenotipo clínico y celular compatible con este síndrome. Mutaciones en cuatro de los genes FANC (FANCD1/BRCA2, FANCJ/BRIP1, FANCN/PALB2 y FANCO/RAD51C) también causan predisposición al cáncer de mama o de ovario en portadores asintomáticos. Diversos estudios de carácter molecular coinciden en que los productos proteicos de estos genes actúan en diferentes niveles de una misma vía de reparación del DNA a la que han denominado ruta FA/BRCA (véase figura 10). Hoy día se sabe que esta ruta consta de al menos tres complejos de proteínas claramente definidos, los cuales son indispensables para su activación y correcto funcionamiento con el fin de reparar un daño específico del DNA, como son los enlaces cruzados intercatenarios (ICLs, del inglés interstrand cross link). Desde el punto de vista clínico, la AF está considerada como un síndrome de inestabilidad cromosómica con un alto espectro de manifestaciones clínicas que se pueden agrupar en malformaciones congénitas, disfunción endocrina, alteraciones hematológicas (ci-topenias, síndrome mielodisplasico (SMD) o leucemia mieloide aguda (LMA)), predisposición a desarrollar tumores y fragilidad cromosómica. Cabe destacar que un 30% de los pacientes no presenta malformaciones congénitas y solo son diagnosticados en el momento en que debuta la enfermedad con las alteraciones hematológicas (Shimamura y Alter, 2010). El 75% de los pacientes presentan manifestaciones hematológicas en la primera década de vida (Kutler et al., 2003). Para hacer su diagnóstico se requiere de la confirmación por citogenética de la fragilidad cromosómica (Auerbach, 2009; Castellà et al., 2011a). La hipersensibilidad específica de las células AF a agentes inductores de ICLs, como el diepoxibutano (DEB) o la mitomicina C (MMC), ha permitido desarrollar un ensayo diagnóstico para la enfermedad estandarizado en linfocitos T de sangre periférica (SP) (Auerbach, 2003). Este protocolo también se puede realizar, adaptándolo, en fibroblastos o amniocitos, dependiendo del caso que se esté estudiando. Además de este ensayo existen otros complementarios a la fragilidad cromosómica que permiten la caracterización genética de los pacientes con AF como son la parada del ciclo celular en fase G2/M, el análisis de monoubiquitinación de FANCD2 y el subtipaje de pacientes AF por complementación génica con vectores retrovirales. Hasta hace unos años el estudio genético no formaba parte del análisis clínico rutinario de los pacientes AF, en parte porque se consideraba como suficiente con la confirmación citogenética del diagnóstico (fragilidad cromosómica) y el subtipo del paciente y, por otra parte, porque el análisis mutacional resultaba laborioso. Sin embargo, con la implementación de nuevas tecnologías de secuenciación de alto rendimiento, actualmente se consigue realizar el subtipaje y el estudio mutacional a la vez, secuenciando todos los genes AF en un mismo ensayo, e incluso identificar nuevos genes implicados (Bogliolo et al., 2013). No obstante, esta aproximación de subtipar y buscar el gen en el mismo tiempo diagnóstico, puede provocar errores en estos pacientes, debido al amplio espectro mutacional de la enfermedad y a que no se han descrito aún todos los genes relacionados con la enfermedad. Por este motivo se aconseja que siempre se inicie el diagnóstico por el estudio mutacional en pacientes con una fragilidad cromosómica positiva para AF. Ante la identificación de variables de significado clínico incierto o de genes previamente no descritos como AF, se recomienda realizar un estudio funcional de complementación génica para ayudar a establecer la patogenicidad del gen identificado. En España el gen FAN-CA es el causante de un 77% del total de casos, con una mutación fundadora en la etnia gitana española/ portuguesa (96% de los pacientes AF gitanos españoles presentan la mutación c.295C>T en homocigosis) (Callén et al., 2005; Castellà et al., 2011b). Con respecto al tratamiento, además de corregir en lo posible algunas de las malformaciones congénitas, es indispensable hacer un seguimiento hematológico con el fin de identificar signos y síntomas tempranos de fallo de médula ósea (MO). Las actuales guías recomiendan el seguimiento de los recuentos sanguíneos cada tres a cuatro meses, y un aspirado de médula ósea anual. Se debe iniciar su tratamiento dependiendo del compromiso clínico del paciente y seguir con el mismo de acuerdo con la respuesta a este. Dentro de las medidas de soporte, se encuentran las transfusiones de concentrados de hematíes o plaquetas, el uso de factores estimulantes de colonias/citoquinas y el trasplante de progenitores hematopoyéticos. Este es actualmente el único tratamiento curativo para el fallo de médula ósea en estos pacientes. De todas maneras, el trasplante de progenitores hematopoyéticos no previene el desarrollo de cáncer en la AF y puede incluso ser un factor de riesgo para la aparición de tumores de cabeza y cuello en los casos en que aparezca enfermedad injerto contra huésped crónica (Shimamura y Alter, 2010). Independiente de si el paciente ha sido o no trasplantado, el seguimiento de riesgo oncológico, especialmente de carcinoma escamoso de cabeza y cuello, anal y ginecológico, es extremadamente importarte. Finalmente, el diagnóstico correcto y precoz de la AF no solo permite descartar otras enfermedades, sino que fundamentalmente posibilita el manejo adecuado de sus alteraciones hematológicas y el consejo genético al individuo y su familia en caso de sucesivos embarazos. Además, en familias con mutaciones en genes de predisposición al cáncer, posibilita una adecuada vigilancia y evaluación del riesgo en familiares. Finalmente, el diagnóstico correcto de la enfermedad es imprescindible para el adecuado tratamiento de los tumores, debido al incremento de la toxicidad del tratamiento quimio y radioterápico en estos pacientes (Neveling, Endt, Hoehn y Schindler, 2009). En este sentido, el conocimiento de las bases moleculares de la enfermedad ha permitido personalizar los protocolos de acondicionamiento para el trasplante de progenitores hematopoyéticos en pacientes AF. Adicionalmente hoy en día es posible la selección preimplantacional de embriones sanos compatibles para curar al hermano afecto con el trasplante de progenitores hematopoyéticos (Verlinsky, Rechitsky, Schoolcraft, Strom y Kuliev, 2001). Finalmente hay que indicar que actualmente se están realizando en Estados Unidos y en España ensayos clínicos de terapia génica para curar la enfermedad (Tolar et al., 2011; Tremblay et al., 2013). Aunque fue considerada inicialmente como solo una displasia ectodérmica (denominada síndrome de Zinsser-Cole-Engman), posteriormente fue relacionada con anomalías hematológicas, y mejor caracterizada mediante estudios funcionales y genéticos (Shimamura y Alter, 2010). Se trata de una enfermedad rara con múltiples patrones de herencia: autosómico recesivo, autosómico dominante o ligado al cromosoma X. Se observa una mayor afectación de varones, con una relación a463 hombre: mujer de 3:1, estimada a partir de 550 casos descritos en la bibliografía (Shimamura y Alter, 2010). Con respecto a su expresión clínica, se ha descrito una tríada diagnóstica dada por distrofia ungueal, pigmentación poiquilodérmica y leucoplasia de la mucosa oral, pero solo un 46% de los pacientes suelen presentarla. Estas anomalías suelen estar presentes en los afectados por separado con un 70% para las dos primeras y un 47% para la última. De todos modos, el 75% de los pacientes con disqueratosis congénita (DC) presentan por lo menos una de estas manifestaciones u otra anomalía congénita. Hay dos subgrupos de DC muy graves. El síndrome de Hoyeraal-Hreidarsson (HH, MIM 300240), caracterizado por hipoplasia cerebelosa, ataxia, retraso en el desarrollo psicomotor, microcefalia, inmunodeficiencia, retraso del crecimiento intrauterino y anemia aplásica grave, que debuta a edad temprana. El síndrome de Revesz (RS, MIM 268130), caracterizado por retinopatía exudativa bilateral, retardo del crecimiento intrauterino, desarrollo de anemia aplásica y calcificaciones a nivel del sistema nervioso central (Dokal y Vulliamy, 2008; Shimamura y Alter, El diagnóstico clínico de esta patología suele realizarse a una edad media de 14 años, con un rango de edad que va desde el nacimiento hasta los 75 años. Los individuos afectados por DC no presentan un aumento de la incidencia de aplasia medular en la infancia. Sí se ha visto que el riesgo de padecer esta última se ve incrementado en un 1% cada año hasta los 20 años, y hasta en un 10% cada año hasta los 50 años. De manera similar a como ocurre en la AF, la incidencia acumulada de aplasia medular es del 50% a los 50 años. El fallo de la médula ósea es la complicación más frecuente en niños, mientras que la fibrosis pulmonar es la causa de mortalidad más frecuente en adultos (Parry, Alder, Qi, Chen y Armanios, 2011). La mediana de edad de los pacientes que han sobrevivido sin ser diagnosticados de ningún cáncer en la bibliografía es de 68 años, muy superior a la de los pacientes diagnosticados de AF. En esta etapa de la vida es más frecuente el cáncer de tipo sólido (Dokal y Vulliamy, 2010; Shimamura y Alter, 2010). El acortamiento acelerado de los telómeros es la característica molecular de este síndrome que genera la disfunción o muerte celular. Esto se explica porque los genes implicados en el desarrollo de esta enfermedad tienen como finalidad el mantenimiento y la estabilidad telomérica (véase figura 10). En España los estudios mutacionales han identificado tres familias ligadas al cromosoma X con mutaciones en DKC1 y cuatro familias con patrón autosómico dominante y con mutaciones en TERT (Carrillo et al., 2012). Los telómeros son regiones repetitivas en tándem TTAGGG localizadas en los extremos de los cromosomas, con una función especializada en facilitar la replicación del DNA terminal y prevenir alteraciones cromosómicas que son producto de sus extremos libres (reordenamientos como deleciones, duplicaciones, etc.). Estas secuencias repetitivas se asocian con un complejo proteico denominado Shelterina, que cumple su función de protección y mantenimiento telomérico. Durante el proceso replicativo del DNA, la enzima telomerasa da lugar a estas secuencias teloméricas en el extremo 3'-hidroxilo mediante el RNA TERC usado como molde (véase figura 10). Ante niveles limitados de telomerasa se van acortando secuencialmente estas regiones teloméricas con cada división celular (Calado y Young, 2009; Dokal y Vulliamy, 2010; Shimamura y Alter, 2010). El diagnóstico se basa en la identificación de los hallazgos clínicos patognomónicos de la DC (triada clínica) asociados a anomalías hematológicas y a cáncer. Sin embargo, dado que muchos pacientes no presentan anomalías clínicas características, es imprescindible que ante una aplasia medular que no responde a tratamiento inmunosupresor, y en la que se ha descartado AF, se realice una prueba que permita excluir el diagnóstico. Ya hemos visto que, en la AF, el estudio de inestabilidad cromosómica permite el diagnóstico en el laboratorio. En el caso de la DC la prueba recomendada para confirmar el diagnóstico será el análisis de la longitud de los telómeros en células de sangre periférica (Dokal y Vulliamy, 2010; Shimamura y Alter, 2010; Vulliamy et al., 2004). Se ha descrito que importantes acortamientos teloméricos, por debajo de una longitud crítica, activan la senescencia replicativa y limitan el potencial proliferativo celular. Esto se explicaría porque los tejidos del sistema hematopoyético y la mucosa epitelial, que en condiciones normales presentan una alta tasa proliferativa, están clínicamente más afectados en la DC (Dokal y Vulliamy, 2010; Shimamura y Alter, 2010). Entre las características clínicas de esta patología está el fenómeno de anticipación. La anticipación consiste en que a medida que la enfermedad va pasando de generación en generación esta aparece a edad más temprana, con a463 mayor gravedad del fenotipo clínico y asociado a telómeros cada vez más cortos. Este fenómeno ha sido descrito en las generaciones sucesivas de familias con mutaciones en TERC, TERT y TINF2 (Armanios et al., 2005; Fernández García y Teruya-Feldstein, 2014; Vulliamy et al., 2004). En cuanto al manejo médico de la DC es parecido al de la AF y depende del compromiso clínico del paciente. Incluye el tratamiento de infecciones, el uso de factores estimulantes de colonias/citoquinas y el trasplante de progenitores hematopoyéticos en casos de aplasia medular grave. El trasplante de progenitores hematopoyéticos es el tratamiento curativo para el fallo medular pero no cura la enfermedad en otros tejidos. Además el régimen de acondicionamiento para el trasplante de progenitores hematopoyéticos puede exacerbar la fibrosis pulmonar, por lo que se recomienda la medición de la función pulmonar anualmente en estos pacientes (Dokal y Vulliamy, 2008; Shimamura y Alter, 2010). A diferencia de otros síndromes de fallo medular congénito, en que la descripción inicial ya consideraba características propias del síndrome además del fallo medular, como las malformaciones congénitas, en la anemia de Diamond Blackfan (ADB; OMIM 105650) la primera descripción solo describía una anemia pura neonatal que requirió soporte transfusional. Actualmente ya han sido descritos en la bibliografía cerca de 1.000 casos, y aproximadamente el 25% de ellos presentan al menos una anomalía congénita. La ADB es una enfermedad rara con patrón de herencia autosómico dominante. No se han observado diferencias entre varones y mujeres (relación 1:1). La baja talla es la anomalía más frecuente seguida de las alteraciones en el pulgar. Se han descrito otras anomalías menos frecuentes, tales como las alteraciones craneofaciales, el labio leporino, el paladar hendido y el cuello corto (Dokal y Vulliamy, 2008; Tsangaris et al., 2011). La edad media para el diagnóstico es de tres meses, con un rango que va desde el nacimiento hasta los 64 años de edad, siendo el 98% de los casos diagnosticados en el primer año de vida (Dokal y Vulliamy, 2010; Shimamura y Alter, 2010). La ADB tiene su base molecular en mutaciones heterocigotas en los genes que codifican los componentes de cualquiera de las subunidades ribosomales tanto pequeña 40S como grande 60S (véase tabla 4 y figura 10). Las mutaciones en estos genes afectan el procesamiento del RNA ribosómico. Recientemente se ha relacionado también la ADB con mutaciones en el factor de transcripción GATA-1 (Parrella et al., 2014), en El diagnóstico de ADB desde el punto de vista clínico es complejo. Los recuentos sanguíneos generalmente muestran una anemia macrocítica con reticulocitopenia, así como la Hb F y la adenosina desaminasa eritrocitaria elevadas en más de 85% de los pacientes. En la médula ósea encontraremos de manera característica una eritroblastopenia profunda sin alteración del resto de líneas celulares. Sin embargo, pueden ser descritas alteraciones menores en la línea mieloide o en los megacariocitos. El principal diagnóstico diferencial debe realizarse con la eritroblastopenia transitoria de la infancia, aunque otros FMH deben tenerse también presentes (Shimamura y Alter, 2010). La incidencia acumulada para SMD, LMA y algunos tumores sólidos (osteosarcoma, linfoma de Hodgking) ha sido estimada en un 20% a los 46 años, lo que implica un aumento del riesgo de desarrollar cáncer. El seguimiento en el tiempo de los casos de cáncer (leucemia o un tumor sólido) sugiere una sobrevida libre de cáncer de más del 50% en los pacientes a los 40 años (Vlachos, Rosenberg, Atsidaftos, Alter y Lipton, 2012). El tratamiento se basa en la respuesta de gran número de pacientes a los esteroides. Sin embargo, se aconseja no realizar este tratamiento hasta pasado el primer año de edad. Hasta entonces, y en aquellos pacientes que no responden a los esteroides, o que los precisan a dosis muy altas, el único tratamiento será el soporte transfusional adecuado con concentrados de hematíes. El único tratamiento curativo de la enfermedad es el trasplante de progenitores hematopoyéticos, aunque hasta este momento se desaconseja Tabla 4. Subtipos genéticos y genes implicados en la anemia de Diamond-Blackfan. si no existe un donante familiar HLA idéntico (Dror, 2011; Shimamura y Alter, 2010). Es probable que los defectos genéticos en esta patología aceleren la apoptosis de las células progenitoras eritroides, ya que se ha demostrado que MDM2 (un regulador central de p53 que actúa como una ubiquitina ligasa que conduce a la degradación de p53) se une específicamente a varias proteínas ribosomales libres, incluyendo RPL5, RPL23, RPL11, RPS7, y RPL26. Una hipótesis alternativa o complementaria implica un desequilibrio entre la producción de hemo y globina lo que conduciría a eritropoyesis ineficaz, apoptosis y anemia (Narla y Ebert, 2010). La primera descripción del síndrome de Shwachman-Diamond (SDS, MIM 260400) se debió a la observación de que varios niños con mala absorción por insuficiencia pancreática también presentaban neutropenia. Aunque la herencia es autosómica recesiva, hay un mayor número de casos masculinos con una ratio hombre: mujer de 1.48:1 (Shimamura y Alter, 2010). En un 55% de los 560 casos descritos se observan anomalías físicas. La baja estatura es la anomalía más frecuente (en un 50%), seguida por la disostosis metafisiaria documentada radiográficamente (en un 25%), y por anomalías torácicas y retraso en el desarrollo. La edad media diagnóstica a la que se detecta la mala absorción está en dos semanas de edad, con un rango que va desde el nacimiento hasta los 11 años. La neutropenia habitualmente se observa algo más tarde, lo que puede retardar en algunos casos la edad de diagnóstico, que se basa esencialmente en la combinación de la disfunción pancreática exocrina más un signo de fallo de la médula ósea (Dokal y Vulliamy, 2008; Shimamura y Alter, 2010). La disfunción pancreática es otro síntoma que debe sospecharse cuando se muestran heces grasas. La insuficiencia pancreática exocrina debe ser confirmada mediante la cuantificación de las enzimas duodenales o el análisis de grasa en heces. Actualmente está recomendada la determinación en suero de los niveles de tripsinógeno e isoamilasa pancreática (Rothbaum et al., 2002). Desde el punto de vista hematológico, se deben documentar las neutropenias de repetición, asociadas en ocasiones a anemia, macrocitosis, Hb F elevada o trombocitopenia. En algunas ocasiones el análisis de la médula ósea puede mostrar hipocelularidad, con una depleción de precursores mieloides. La anemia aplásica puede estar presente hasta en un 20% de los pacientes con una mediana de edad de tres años (rango que va desde el nacimiento hasta los 35 años). Entre las complicaciones hematológicas más graves del SDS está el SMD y la LMA con una edad media de ocho años en el momento del diagnóstico (rango que va desde los seis meses a los 42 años) (Dokal y Vulliamy, 2008; Shimamura y Alter, 2010). Con respecto a su etiología genética, hasta en un 90% de los pacientes con SDS se identifican mutaciones bialélicas en el gen SBDS (locus 7q11), que está altamente conservado en el aspecto de la evolución. Codifica la proteína SBDS, con una expresión de mRNA de forma ubicua. Esta proteína multifuncional se ha implicado en la biogénesis de ribosomas (véase figura 10), en el procesamiento del RNA y en la estabilización del huso mitótico (Ceci et al., 2003; Moore, Farrar, Arceci, Liu y Ellis, 2009). Las principales causas de mortalidad en SDS son las complicaciones hematológicas de insuficiencia medular y el desarrollo de cáncer. En aquellos pacientes con neutropenias graves hay mayor riesgo de infecciones. Por lo tanto, el manejo médico depende de la evolución clínica, requiriendo tratamiento específico de las infecciones, y suele incluir el uso de factores estimulantes de colonias/citoquinas. Además de lo ya mencionado, los pacientes con SDS pueden requerir transfusiones sanguíneas para el manejo de las citopenias. El trasplante de progenitores hematopoyéticos está indicado para fallos de médula ósea graves, SMD, LMA o citopenias refractarias a los otros tratamientos (Dokal y Vulliamy, 2008; Shimamura y Alter, 2010). Otros fallos medulares hereditarios Existen otros síndromes sin comentar que forman parte de esta categoría, como es el caso de la neutropenia congénita severa, la trombocitopenia amegacariocítica, la trombocitopenia con ausencia de radio o la deficiencia de GATA2, entre otros (Wegman-Ostrosky y Savage, 2017). Se trata de síndromes menos frecuentes pero que se deben tener en cuenta como diagnóstico diferencial frente a un caso con aplasia medular de tipo congénito. Por otra parte, el solapamiento clínico refleja cierto grado de interconexión entre las rutas moleculares que están implicadas en el fallo de médula ósea y la íntima relación de estas vías con la regulación del ciclo celular, la estabilidad a463 genómica y la apoptosis, tal como se intenta ilustrar en la figura 10. El hemograma y el espectro de malformaciones congénitas pueden ayudar a establecer el diagnóstico, pero el grado de solapamiento fenotípico limita un correcto diagnóstico basado exclusivamente en manifestaciones clínicas, por lo que el diagnóstico diferencial basado en estudios funcionales y genéticos suele ser determinante. Estos estudios se ven dificultados por el hecho de que los genes implicados en los diversos FMH son muy numerosos y, por tanto, es previsible que las nuevas técnicas de secuenciación masiva se vayan implantando paulatinamente en la rutina diagnóstica. Esto permitirá ahorrar tiempo y dinero en la caracterización genética de enfermedades raras con alta heterogeneidad genética como son los FMH. Una alternativa ya utilizada en algunos FMH como la AF es el uso de paneles dirigidos a la captura y secuenciación masiva de los genes implicados. Otra opción es recurrir a la secuenciación masiva del exoma completo que puede ser útil no solo para caracterizar las mutaciones sino también para identificar nuevos genes en pacientes sin mutaciones en los genes ya conocidos (Bogliolo et al. 2013). Un conocimiento más profundo de estas patologías permitirá en un futuro comprender mejor la fisiopatología de la hematopoyesis con el fin de brindar un adecuado manejo clínico a los pacientes que padecen estos trastornos genéticos. Además, como estas patologías se asocian generalmente con malformaciones congénitas y predisposición a desarro-llar algún tipo de cáncer, su comprensión también proporcionará conocimientos sobre el desarrollo embrionario humano y sobre el origen de los tumores (Dokal y Vulliamy, 2010). Subtipo/Grupo de complementación Gen AF Localización cromosómica Proteína
Heredar una alteración en un gen de susceptibilidad al cáncer supone vivir con una probabilidad alta de desarrollar la enfermedad, con frecuencia más de una vez, y por lo general a una edad temprana. Y también convivir con otros familiares, padres, hijos, o hermanos, que pasan por idénticas circunstancias. Existen 200 entidades clínicas diferentes en las que se hereda la susceptibilidad al cáncer y todas ellas tienen un enorme impacto personal y familiar. Aunque en su mayoría son poco frecuentes, en su conjunto representan una parte sustancial, en torno al 5%, del conjunto de cánceres, por lo que también su impacto poblacional resulta importante. La identificación de estas personas o familias y su derivación a unidades especializadas para que reciban un adecuado asesoramiento genético y posterior seguimiento clínico contribuye a aliviar a las familias, a la vez que evita costes sanitarios innecesarios restringiendo las medidas de seguimiento solo a aquellos que las necesitan. En este proceso el conocimiento de los genes responsables y el estudio genético de las familias en riesgo es un paso de importancia crucial. Las nuevas técnicas de secuenciación masiva del exoma han facilitado la búsqueda de nuevos genes responsables del cáncer familiar y de síndromes de susceptibilidad al cáncer que a corto plazo proporcionarán un espectro más correcto y completo de los mismos y a medio plazo permitirán una aplicación masiva en la práctica clínica. PALABRAS CLAVE: Clave: Cáncer familiar; cáncer hereditario; síndrome de susceptibilidad al cáncer; genes de alta susceptibilidad; secuenciación masiva del exoma; asesoramiento genético. El término cáncer engloba un grupo numeroso de enfermedades que se caracterizan por el desarrollo de células anormales, que se dividen y crecen sin control en cualquier parte del cuerpo. Si bien las cifras de incidencia y mortalidad ayudan a comprender la magnitud de la carga que representa esta enfermedad para la sociedad, estos indicadores contribuyen poco a entender el efecto del cáncer sobre los pacientes y sus familias. Además de la morbilidad física que causa el cáncer, esta enfermedad conlleva un fuerte sufrimiento emocional y una reducción general de la calidad de vida del paciente y de sus familiares (Faller et al., 2013). La mayor parte de los cánceres tiene un carácter esporádico, es decir, aparecen en individuos en los que no existe ningún riesgo familiar o hereditario de desarrollar la enfermedad. En estos casos la enfermedad aparece por lo general a edades avanzadas, generalmente más allá de los 65 años, y es consecuencia de la acumulación a lo largo de esos años de alteraciones genéticas en las células de un determinado tejido. Sin embargo, existe un pequeño porcentaje de casos, entre un 3 y un 10% del total de cánceres, en los que el desarrollo del cáncer está relacionado con la presencia de un síndrome de predisposición genética al cáncer (SPGC). Son los casos que suelen denominarse cáncer hereditario y que se identifican en base a ciertas características personales y familiares. Los casos hereditarios se deben a factores genéticos de susceptibilidad que porta el individuo desde su nacimiento, factores que hereda de sus progenitores y que transmitirá a sus descendientes. Es importante insistir en que no es el cáncer lo que se hereda, sino la predisposición o susceptibilidad genética a desarrollarlo, circunstancia que no siempre implica una probabilidad del 100% de tener la enfermedad, sino que el riesgo de desarrollarla es significativamente superior al observado en la población general. La identificación de individuos y familias con un riesgo incrementado de desarrollar cáncer permite, además de una valoración individualizada del riesgo de desarrollar la enfermedad, recomendar estrategias de prevención y diagnóstico precoz adecuadas en cada caso. Hasta la fecha se han descrito alrededor de 200 SPGC, la mayoría de ellos son poco frecuentes, y en todos ellos el riesgo de cáncer excede el riesgo poblacional, si bien las cifras de riesgo son muy diferentes de unos a otros. Además, estos síndromes manifiestan una gran variación en su expresividad, de modo que, dentro de una misma familia podemos observar marcadas diferencias en la edad de aparición, el tipo de tumor, su localización, en la agresividad o en la tasa de supervivencia. La práctica totalidad de los SPGC conocidos hasta la fecha son procesos monogénicos y, en consecuencia, se heredan siguiendo patrones mendelianos. Sin una adecuada historia familiar, muchos SPGC podrían no identificarse y ser considerados como tumores de carácter esporádico. La historia familiar es sin duda la herramienta más eficaz para determinar la probabilidad de que una familia tenga un SPGC, y para poder llevar a cabo el proceso de asesoramiento genético (Bennett et al., 1995). EL CÁNCER HEREDITARIO COMO ENFERMEDAD RARA Las cifras mencionadas al inicio demuestran que el cáncer en su conjunto es una enfermedad muy común, si bien algunas formas de cáncer y en particular las formas hereditarias y los SPGC entran dentro del concepto de enfermedades raras. En la tabla 1 se muestran los SPGC más comunes, en los que se conoce el gen o los genes responsables. Además del nombre de los genes, la tabla también recoge el número con el que la entidad se reconoce en el catálogo de McKusick (1998), las cifras de penetrancia y de riesgo de cáncer, y la incidencia del síndrome en la población. Con la excepción del Síndrome de Cáncer de Mama y Ovario Hereditario (SCMOH) y del Síndrome de Lynch, todas las demás entidades se ajustan a la definición de enfermedad rara de la Comunidad Europea. Todos muestran frecuencias inferiores a los cinco casos por 10.000 habitantes. Presentan además grandes dificultades diagnósticas y de seguimiento, conllevan serios problemas sanitarios, un fuerte impacto personal y familiar, de la mayoría existe escasa información epidemiológica, y plantean importantes dificultades para su investigación por su escasa frecuencia y por la alta mortalidad que conlleva la enfermedad. Además, en muchos de los SPGC clínicamente definidos se desconoce la causa o causas genéticas. Por ejemplo, en las formas familiares de cáncer de testículo, de próstata, de células escamosas de esófago, de carcinoide gástrico, el esófago de Barret, el cáncer colorrectal familiar de tipo X, en algunos tumores cerebrales familiares, etc. A este grupo de SPGC de causa desconocida hay que aña- dir todas aquellas familias en las que no se identifica la mutación responsable aun estando diagnosticadas de un síndrome con gen conocido. Así, en el 40% de las familias que se ajustan a los criterios clínicos del SCMOH, no se detecta la mutación causal ni en BRCA1 y BRCA2, ni en otros genes asociados al desarrollo de la enfermedad (PALB2, BRIP1, RAD51C, TP53, PTEN, etc.) Igualmente, en el 40-50% de los casos de cáncer colorrectal no-polipósico hereditario (HNPCC) que se ajustan a los criterios clínicos más exigentes (Amsterdam I), no se identifican mutaciones en ninguno de los genes de reparación de bases desapareadas (MMR, mismatch repair genes) (Valle et al., 2007). También en el 10% de las familias con formas clásicas de poliposis adenomatosa familiar (PAF) y en el 60-70% de las formas atenuadas de PAF no se detectan mutaciones en los genes conocidos asociados a poliposis adenomatosa (APC, MUTYH, AXIN2, POLD1 y POLE) (Rivera et al., 2014). Aunque en distintas proporciones esta situación se da en todos los SPGC conocidos. La heterogeneidad genética es por tanto la norma en los SPGC y una parte sustancial de la misma es desconocida. IDENTIFICACIÓN DE LOS SÍNDROMES DE PREDISPOSICIÓN AL CÁNCER Más del 90% de los cánceres son esporádicos, es decir, los factores ambientales tienen un peso importante en su aparición. Existen numerosos factores ambientales potencialmente cancerígenos, muchos de ellos están recogidos en el capítulo primero de libro de K. Schneider (Schneider, 2002). Por el contrario, solo un 3-10% de todos los tumores muestran un claro carácter hereditario y en su aparición el papel principal es de los factores genéticos frente a los ambientales. Entre todos los cánceres es importante poder identificar estos casos hereditarios, ya que mediante el consejo genético los individuos y las familias afectadas van a poder beneficiarse de las medidas de prevención y detección precoz que conllevan una efectiva reducción de la mortalidad. El cáncer hereditario presenta una serie de características clínicas cuyo conocimiento favorece su identificación. Las principales características son (Urioste Azcorra, 2011): • Alta incidencia de cáncer en la familia, que suele ser la señal de alarma más común y la principal causa de consulta. • Aparición del mismo tipo de cáncer, que por lo general se presenta en generaciones sucesivas, o en una única generación, siguiendo modelos mendelianos. • Aparición del cáncer a edad temprana, entre 10-15 años antes de la edad en la que es frecuente la aparición de la forma esporádica de ese mismo tipo de tumor. • Bilateralidad en el caso de afectación de órganos pares. • Multifocalidad, iniciándose el tumor de manera independiente en varios focos repartidos por el órgano donde se asienta. • Aparición de varios cánceres primarios en el mismo individuo. Al valorar esta circunstancia conviene tener presente que las segundas neoplasias en ocasiones pueden guardar relación con el tratamiento de neoplasias anteriores. • Asociación del cáncer con defectos del desarrollo, dando lugar a fenotipos complejos donde el cáncer es un rasgo más dentro de un conjunto de manifestaciones o signos, en el que son comunes defectos del desarrollo mayores y menores. La identificación de una o varias de estas características debe alertar sobre la existencia de un posible caso de cáncer hereditario y debe iniciarse una evaluación especializada que confirme la sospecha diagnóstica y lleve a cabo la realización de pruebas genéticas específicas, el consejo genético del individuo y su familia y establezca las oportunas medidas de seguimiento, detección precoz y reducción del riesgo. SÍNDROME DE PTEN-TUMORES HAMARTOMATOSOS Aunque el 70% de las consultas de cáncer hereditario giran en torno al cáncer de mama/ovario y las formas polipósicas y no polipósicas de cáncer colorrectal, otros SPGC, como el Síndrome de PTEN-tumores hamartomatosos, (SPTH), aunque menos comunes en la práctica diaria, ilustran mejor la dificultad que entraña el reconocimiento y el manejo de estos pacientes. El SPTH es un fiel reflejo de los problemas que plantea cualquier enfermedad rara, y a continuación revisaremos el estado actual del conocimiento del síndrome tratando de mostrar la complejidad y las dificultades para avanzar en la definición del fenotipo, de sus bases moleculares y de las mejores opciones para el manejo y tratamiento de los pacientes. El término SPTH engloba un conjunto de entidades clínicas causadas por mutaciones germinales en el gen PTEN, entre las que se encuentran los síndromes de Cowden (SC), y de Bannayan-Riley-Ruvalcaba (SBRR) -los dos principales-, la enfermedad de Lhermitte-Duclos (ELD), los trastornos del espectro autista asocia-a464 dos a macrocefalia y la entidad conocida como Proteus-like. El SC es el prototipo dentro del SPTH. Es un síndrome raro, difícil de reconocer -en parte porque una alta proporción de individuos de la población general presentan uno o más rasgos del síndrome-, multisistémico, caracterizado por la presencia de tumores de carácter benigno junto a la predisposición para desarrollar cáncer, descrito clínicamente hace más de 30 años antes de identificarse las mutaciones germinales en el gen PTEN como causa del mismo (Lloyd y Dennis, 1963). Por su parte el SBRR es una entidad aún más rara, que se manifiesta en el nacimiento, caracterizada por macrocefalia, sobrecrecimiento, hamartomas, lipomatosis, alteraciones vasculares, retraso psicomotor y máculas hiperpigmentadas en el pene (Gorlin, Cohen, Condon y Burke, 1992). Fenotipo y criterios diagnósticos Al tratarse de una enfermedad rara, con una alta variación fenotípica, en 1983 se propusieron los primeros criterios diagnósticos para el SC (Salem y Steck, 1983), que fueron revisados por un consorcio internacional de expertos en 1996 (Nelen et al., 1996). A partir de esta fecha el diagnóstico del síndrome se ha fundamentado en las distintas versiones de los criterios del consorcio. La tabla 2 recoge los criterios del consorcio publicados en el 2000 Sin lugar a dudas estos criterios han sido útiles para la identificación del síndrome y para el manejo de pacientes y familias. No obstante, los trabajos y revisiones recientes insisten en las dificultades diagnósticas y han ampliado el espectro de alteraciones asociadas al síndrome, modificando el valor de algunas de ellas en el proceso diagnóstico (los criterios revisados aparecen en la tabla 3) (Tan et al., 2011; Pilarski et al., 2013). Criterios patognomónicos (lesiones mucocutáneas) Criterios diagnósticos del síndrome de Cowden Fuente: Elaboración propia a partir de International Cowden Syndrome Consortium, 2000 (Eng, 2001). A la dificultad diagnóstica contribuye la aparición dependiente de la edad de ciertas manifestaciones, circunstancia por la que la identificación del síndrome está condicionada por el servicio de salud que valore al paciente. Así, los pediatras están muy habituados a medir el perímetro cefálico de sus pacientes y pueden sospechar el síndrome ante una macrocefalia. No sucede los mismo con los gastroenterólogos u oncólogos, para los que la presencia de pólipos o de cáncer, serán determinantes a la hora de sospechar el síndrome. De hecho, la presencia de alguno de estos dos signos suele ser uno de los motivos más frecuentes para indicar el estudio de PTEN en un adulto. Por otro lado, la identificación de alteraciones mucocutáneas propias del síndrome, que históricamente han tenido un gran valor de cara al diagnóstico, requiere una formación muy específica de la que carecen la mayor parte de los profesionales médicos (Tan et al., 2011). La extensa revisión de la bibliografía llevada a cabo por Pilarski et al. (2013) ha revelado que: 1) no hay suficientes evidencias para considerar como patognomónica ninguna de las características descritas en el SC; 2) tampoco hay evidencias para considerar la mastopatía fibroquística mamaria, ni los miomas uterinos, ni las malformaciones genitourinarias, ni los tumores del SNC -con excepción del ELD-como criterios diagnósticos; 3) en cambio, sí deberían ser incluidos como criterios diagnósticos los trastornos del espectro autista, el cáncer colorrectal, la acantosis glucogénica del esófago, las máculas en el glande del pene, el carcinoma de células renales, la lipomatosis testicular y las anomalías vasculares; y 4) la información reciente sugiere que los criterios del consorcio internacional utilizados hasta la fecha son demasiado laxos y deben ser sustituidos por criterios más restrictivos, como los que proponen estos autores (Pilarski et al., 2013). En resumen, el cuadro fenotípico y los criterios diagnósticos del SC siguen siendo aspectos controvertidos a pesar de los años transcurridos desde las primeras descripciones. La situación es aún más indefinida para el SBRR, síndrome del que no existen series publicadas, o para el Proteus-like, una entidad aún mal definida. El SPTH es un síndrome de predisposición al cáncer. Clásicamente estaba aceptado que los pacientes con SC tenían un riesgo elevado de padecer cáncer de mama, riesgo del 25-50%, y carcinoma folicular de tiroides, con un riesgo del 3-10%, a lo largo de la vida (Eng, 2000). Posteriormente se identificó el riesgo para cáncer de endometrio, que junto a los dos anteriores, componían el conjunto "clásico" de tumores asociados al SC (Eng, 2003). Durante años estos fueron los únicos riesgos reconocidos, hacia los que se dirigían todas las recomendaciones y medidas para la detección precoz. No obstante, los estudios más recientes conceden al cáncer un papel mucho más relevante del reconocido hasta la fecha. En primer lugar, las cifras de riesgo de cáncer parecen ser superiores a las estimadas para los "cánceres clásicos". Así, el riesgo para cáncer de mama se sitúa en el 77-85% a lo largo de la vida, el de tiroides en 35-38% y el de endometrio en el 28%. Además, existe un riesgo elevado para otros tumores como riñón (34%), colorrectal (9%) y melanoma (6%) (Nieuwenhuis et al., 2013; Tan et al., 2012). El riesgo a lo largo de la vida para cualquier tipo de cáncer alcanza el 85% (uno de los SPGC con mayores cifras de riesgo) y se proponen nuevas medidas de seguimiento además de la vigilancia anual de mamas, tiroides y endometrio: colonoscopia y ecografía renal, ambos con frecuencia anual a partir de los 30 años, y examen dermatológico anual desde el momento del diagnóstico (Bubien et al., 2013). No obstante, algunos autores (Daniels, Rich, Weissman y Pilarsky, 2012) han criticado la magnitud de estos riesgos, en especial de los aparecidos en el trabajo de Tan et al. (2012), alegando un posible sesgo en la selección de los pacientes, por lo que podría ser prematuro recomendar cambios en la práctica clínica hasta que estas cifras no sean corroboradas por nuevos y más extensos estudios. En resumen, los riesgos de cáncer asociados al SPTH y las medidas de detección precoz y reducción del riesgo también son aspectos no bien definidos aún, aunque parece aceptarse que existe un riesgo para una mayor variedad de tumores. Localizado en 10q23.3, el gen PTEN codifica una fosfatasa que juega un papel de supresor tumoral regulando negativamente la ruta de señalización PI3K/ AKT/mTOR (Maehama y Dixon, 1998). Sus funciones son parcialmente conocidas. Está implicado en el mantenimiento de la estabilidad genómica, reparación del ADN, senescencia celular y en migración y metástasis (Zhang y Yu, 2010). Se han identificado mutaciones en PTEN en numerosas formas esporádicas de cánceres humanos (Bonneau y Longy, 2000). Contiene nueve exones y en su estructura destacan dos dominios, el dominio fosfatasa (aa 7-185) y el C2, ambos esenciales para su función supresora tumoral, y los dominios PDZ y PEST que contribuyen a la estabilidad de la proteína (Lee et al., 1999). Liaw et al. (1997) identificaron por primera vez mutaciones germinales en PTEN en varias familias con SC. Los resultados inmediatamente posteriores a esta primera descripción apuntaban a que el 80% de los casos que cumplían los criterios diagnósticos -del consorcio internacional-, presentaban mutación germinal en PTEN. Este porcentaje ha ido disminuyendo en la medida en que se ha analizado un mayor número de casos, situándose en la actualidad entre el 30 y el 35% de los pacientes que satisfacen los criterios clínicos (Pilarski et al., 2013; Tan et al., 2011). Las mutaciones se distribuyen a lo largo de todo el gen, incluyendo la región promotora, con un claro punto caliente entre los exones cinco y ocho, y siendo raras las mutaciones entre los exones uno al cuatro y en el nueve (Hollander, Blumenthal y Dennis, 2011). Grandes reordenamientos del gen se han descrito; algunos de ellos son extensas microdeleciones en la región 10q22-q23 que implican pérdidas de PTEN y de BMPR1A y pueden asociarse a fenotipos específicos (Delnatte et al., 2006). Tomando como base solo los resultados de tres series de pacientes, que sumaron más de 100 casos con mutación germinal en PTEN (dos estudios europeos y uno de EEUU), no se ha apreciado una clara correlación genotipo-fenotipo (Bubien et al., 2013; Nieuwenhuis et al., 2013; Tan et al., 2012). En un alto porcentaje (65-70%) de los pacientes con sospecha de SPTH no se detecta mutación germinal en PTEN. Teniendo en cuenta que tanto del SC como el SBRR son entidades que se definen y diagnostican por sus signos clínicos, mientras que la presencia de una mutación germinal en PTEN es condición indispensable para diagnosticar de SPTH, la no detección a464 de la mutación en un paciente diagnosticado de SC o de SBRR crea notables incertidumbres. ¿La ausencia de mutación invalida el diagnóstico de SC o de SBRR?, ¿son recomendables, y con qué pautas, las medidas de seguimiento y prevención en un paciente diagnosticado de SC sin mutación detectable en PTEN? Mientras tratamos de encontrar respuestas razonables a estas preguntas, cabe mencionar que se han descrito otros mecanismos genéticos y otros genes como posibles responsables del síndrome. Alimonti et al. (2010) demostraron que ciertos cambios sutiles en los niveles de expresión de PTEN pueden aumentar sustancialmente el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Ratones que manifestaban niveles de PTEN del 80% tenían un riesgo del 40% de tener cáncer de mama. No hay resultados en humanos que avalen los obtenidos en ratones por estos autores. La hipermetilación germinal del promotor del gen KLLN se ha propuesto recientemente como causa del SPTH. KLLN comparte promotor con PTEN y la hipermetilación del mismo reduce 250 veces la expresión de KLLN y contrariamente a lo esperable, incrementa ligeramente la expresión de PTEN, en el 37% de los pacientes con SC y estudio negativo del gen PTEN (Cho y Liang, 2008). El uso de agentes demetilantes en líneas linfoblásticas de estos pacientes restaura la expresión de KLLN (Bennett et al., 2011). No se dispone de confirmación de estos resultados en otras series de pacientes distintas a las del grupo de la dra. C. Eng de Cleveland, Ohio (Cho y Liang, 2008). También este mismo grupo ha descrito variantes en los genes SDHB, SDHD del complejo II de la cadena respiratoria mitocondrial, potencialmente implicados en el 10% de los pacientes con SC o SC-like con estudio negativo de PTEN/KLLN (Ni y Eng, 2012), si bien algunas de las variantes encontradas son frecuentes en población general por lo que estos resultados requieren confirmación en nuevas series. Y por último, ese grupo de investigadores también ha sido el primero, y de momento el único, que ha descrito mutaciones germinales en AKT1 y PI3KCA, ambos genes miembros de la misma ruta de señalización que PTEN, en una pequeña proporción de pacientes con SC o SC-like (Oloff et al., 2013). Manejo de pacientes y expectativas terapéuticas El SPTH es un síndrome difícil de identificar, como ya se ha mencionado, que con frecuencia se diagnostica tarde y, en más de un tercio de los casos, después de haber estudiado otros genes de susceptibilidad, principalmente BRCA1/2 y APC. Existen grandes sesgos a la hora de remitir pacientes para el estudio del gen PTEN en función de la especialidad clínica del profesional sanitario que sospecha el síndrome. El conocimiento está muy parcelado. Aunque es un síndrome raro (alrededor de un caso cada 200.000 nacimientos) algunos autores opinan que puede existir un infradiagnóstico por la gran variación fenotípica que presenta (Eng, 2000). En cualquier caso, ante la sospecha del mismo, los pacientes deberían ser remitidos a consultas de consejo genético especializadas, en las que llevar a cabo la prueba genética, coordinar el seguimiento del paciente e iniciar el estudio familiar. Las recomendaciones de seguimiento, muy centradas en el cáncer, han sido revisadas recientemente en el trabajo de Bubien et al, y aparecen en la tabla 4. Respecto al tratamiento del SC, el desarrollo de numerosos inhibidores de varios nodos en la ruta PI3K/ AKT/mTOR (inhibidores de AKT, inhibidores Pan-PI3K, inhibidores mTORC1, etc., revisado por Dienstmann, Rodon, Serra y Tabernero, 2014), ha abierto notables expectativas. En la reunión de ASCO 2013, Komiya y sus colegas presentaron los resultados de un estudio piloto en el que 18 pacientes con SC fueron tratados con 2mg diarios de sirolimus, durante dos meses. Los pacientes experimentaron una mejoría de sus síntomas gastrointestinales, mucocutáneos y de su función cerebelar (Komiya et al., 2013). Sin embargo, a fecha de hoy estos resultados no se han publicado, ni tampoco resultados de otras series con análogos del sirolimus como el everolimus o el temsirolimus. En consecuencia, no se dispone aún de datos contrastados que avalen las buenas expectativas iniciales para el tratamiento de los pacientes con inhibidores PI3K/AKT/mTOR. En definitiva y a modo de resumen, el SPTH es una entidad difícil de reconocer, con un diagnóstico que suele retrasarse, con un fenotipo muy variable, aún no totalmente definido. Los criterios clínicos recientemente revisados han identificado una serie de características posiblemente sobrevaloradas, frente a otras con mayor valor predictivo de cara a la prueba genética. El uso de estos nuevos criterios clínicos podría ayudar a reconocer de manera más precisa los candidatos al estudio genético, y a acortar el tiempo hasta el diagnóstico. Los pacientes portadores de mutaciones en PTEN parecen tener un alto riesgo de padecer cáncer (en torno al 85% de manera global), incluyendo una amplia variedad de tumores (mama, tiroides, endometrio, riñón, colorrectal y melanoma). Estas nuevas estimaciones del riesgo de cáncer conllevan modificaciones en las recomendaciones de seguimiento. Desde el punto de vista genético, el síndrome es heterogéneo y se han descrito hasta seis ge-a464 nes distintos potencialmente implicados, cuyo papel requiere confirmación en series más amplias de pacientes y en distintas poblaciones. Pero además, en un porcentaje muy importante de pacientes no se identifica la mutación causal por lo que es muy probable la existencia de otros genes de susceptibilidad, cuya identificación es necesaria. Los inhibidores de la ruta PI3K/Akt/mTOR han abierto nuevas y prometedoras vías en el tratamiento de los pacientes, aunque por el momento no hay datos contrastados disponibles. HERRAMIENTAS PARA LA BÚSQUEDA DE NUEVOS GENES IMPLICADOS EN LOS SPGC Como se ha mencionado anteriormente el número de síndromes de susceptibilidad al cáncer es elevado, mas de 200, y uno de los principales problemas que tiene su abordaje es, por un lado, la gran heterogeneidad genética que presentan la mayoría de ellos y, por otro, el desconocimiento de las bases genéticas en muchos de estos síndromes. Esto hace que gran parte Los cánceres más frecuentes, como el de mama, colon, próstata, pulmón, páncreas y una larga lista, son buenos ejemplos de lo anterior. El cáncer de mama solo tiene dos genes conocidos de alta penetración, BRCA1 y BRCA2, que explican alrededor de un 20% de las familias con cáncer de mama y ovario, y un tercer gen recientemente descubierto, RAD51C, que explicaría un porcentaje del 1% de las familias (Meindl et al., 2010; Osorio et al., 2012). Hay además otro conjunto de genes de moderada penetración, entre los que se encuentran PALB2, BRIP1, RAD51D, CHEK2 y ATM (Filippini y Vega, 2013), que explicarían menos del 5% de las familias. De esta manera y con el conocimiento actual que tenemos, solo el 25-30% de las familias con cáncer de mama y ovario tendrían una base genética conocida. Más complicado es el caso del cáncer de próstata o pulmón donde no hay genes descritos que puedan explicar un mínimo porcentaje de familias con estos cánceres. Por otro lado, nos encontramos con síndromes de susceptibilidad muy poco frecuentes. Estamos hablando de incidencias menores del 1/100.000 que hacen muy difícil identificar el gen asociado a la enfermedad, salvo que se den circunstancias favorables. Algunos síndromes de inmunodeficiencia severa o de malformaciones asociadas a cáncer son buenos ejemplos. Finalmente, una tercera situación la constituyen los cánceres que se explicarían tomando como base un modelo poligénico, o mejor multifactorial, entre los que el cáncer de vejiga o de esófago representan buenos modelos. En este último existe una condición previa que es el esófago de Barrett (EB), una patología premaligna que se caracteriza porque el epitelio escamoso del esófago es reemplazado por el epitelio columnar dando lugar a una metaplasia que puede llegar a degenerar en circunstancias habituales (reflujo esofágico, hernia de hiato) en un adenocarcinoma de esófago (Pascarenco et al., 2014). El EB está presente en muchas familias en forma de agregación, o con otros miembros con hernia o con reflujo o incluso con cáncer de esófago, pero sin que hasta el momento se haya identificado un gen de susceptibilidad. Genes de susceptibilidad al cáncer Hasta hace poco se pensaba que los casos esporádicos se podían explicar tomando como base los modelos poligénicos donde un conjunto de genes de baja susceptibilidad, con riesgos (OR) <1,5, se combinarían según un modelo multiplicativo, dando lugar a un incremento importante de riesgo final. Las nuevas técnicas de genotipación masiva han demostrado que esto es correcto y, de hecho, se han realizado desde 2010 una gran cantidad de estudios de genotipación masiva, los llamados GWAS (Genome Wide Association Studies), en los que comparando miles de casos y miles de controles se ha podido confirmar la existencia de estos genes de una manera robusta y sólida (Milne y Benítez, 2008). Así, se han identificado mediante estudios de asociación 67 genes de baja penetración en cáncer de mama, 12 genes en cáncer de colon, 5 genes en cáncer de pulmón o 27 genes en cáncer de próstata. Todos ellos tienen unos OR<1,5 y además contribuyen a explicar un porcentaje de familias con esos diferentes tipos de cáncer. En mama hasta un 27% del riesgo de cáncer familiar, un 7% en colon y pulmón y hasta un 30% en próstata (Ghoussaini, Pharoah e Easton, 2013) (figura 1). Estos resultados vienen a apoyar la hipótesis de que parte de las familias con cáncer pueden explicarse tomando como base un modelo poligénico, posiblemente con un gen mayor confiriendo un OR superior a dos o tres, y otro conjunto de genes de baja penetración adicionales completando el espectro de alto riesgo. Este hecho explicaría en parte la dificultad que existe para encontrar nuevos genes de alta susceptibilidad en mama (BRCAX) o en colon (HNPCCX). La secuenciación masiva del exoma Desde hace años hemos asistido a una nueva revolución tecnológica. La posibilidad de secuenciar todos nuestros genes de una forma rápida (pocos días) y económica (menos de 1.000 euros) es lo que conocemos como secuenciación masiva del exoma (WES) y, yendo más allá, tenemos también la posibilidad de secuenciación masiva del genoma. La diferencia entre uno y otro es la información que se obtiene, ya que en el primer caso se secuencian exclusivamente los exones de un gen, la zona codificante, mientras que en el segundo caso se incluyen además las regiones intrónicas y las regiones intergénicas, es decir, todo nuestro genoma versus el 2% del mismo que es donde se acumulan el 85-90% de las mutaciones. Debido a la complejidad de esta tecnología especialmente en lo que al análisis y al almacenamiento de datos generados se refiere, la WES es el método utilizado en la actualidad para la búsqueda de nuevos genes, que es su aplicación más importante. La WES ha venido a cubrir una importante parcela en la búsqueda de genes responsables de enfermedades genéticas en general y en el cáncer familiar en particular. La estrategia es la misma, secuenciar toda la zona codificante con las diferentes plataformas comerciales que hay en la actualidad (Illumina, Applied, Roche), y para ello se parte de una fragmentación del genoma en pequeños fragmentos de 150-400 pares de base; a continuación hay que capturar los fragmentos pertenecientes a los exones de los genes, o simplemente los genes incluyendo exones e intrones, secuenciar esos miles de fragmentos, y posteriormente ensamblarlos en un continuo donde se pueda leer de forma ordenada el genoma o exoma y analizar si existen mutaciones puntuales, deleciones, inserciones u otras alteraciones que puedan explicar la susceptibilidad al cáncer en esas familias. Este proceso es complejo, aunque actualmente está informatizado y automatizado en los diferentes pipelines bioinformáticos que se utilizan en los distintos laboratorios. Estas herramientas permiten alinear las secuencias que se generan, identificar los cambios en las secuencias comparándolos con las secuencias de referencia, pero después hay que eliminar los fal-sos positivos, hay que cruzar los datos con aquellos que se encuentran en las diferentes bases de datos, y mediante estos y otros filtros hay que dejar en camino 150.000 variantes por término medio que son las que se obtienen inicialmente y quedarse con la media docena de variantes o genes que pueden ser los realmente de interés que estamos buscando (Tucker, Marra y Friedman, 2009) (Véase figura 2). Resultados de la secuenciación masiva en la búsqueda de nuevos genes La secuenciación masiva ha puesto de manifiesto dos aspectos. El primero es que la identificación de nuevos genes no es una tarea tan sencilla como lo que parecía originalmente. La segunda es que nuestro genoma o exoma es mucho más complejo de lo que suponíamos y que en un gran número de familias el cáncer se debe a la interacción de muchos genes que darán finalmente un riesgo similar al de un gen de alta susceptibilidad. Esquema donde se muestra la localización de muchas de las variantes de baja susceptibilidad identificadas en diferentes cánceres esporádicos mediante estudios de GWAS. Estas variantes contribuyen también al riesgo de cáncer familiar Fuente: Ghoussaini, Pharoah e Easton, 2013. a464 Figura 2. Esquema simplificado del proceso de secuenciación masiva. A la izquierda las fases de secuenciación y a la derecha el pipeline del análisis de datos con algunos de los softwares que se utilizan para el análisis Fuente: Elaboración propia. En el primer caso los genes que se han ido identificando corresponden a síndromes asociados, en su mayoría a modelos recesivos o poco frecuentes, o en otras ocasiones formando parte de ese espectro de genes de heterogeneidad genética. MAX fue el primer gen descrito por secuenciación masiva en cáncer familiar en el año 2011 y nuestra Unidad del CIBERER (U706) tuvo ese honor (Comino-Méndez et al., 2011). Este es un gen que explica menos de un 5% de familias con feocromocitoma y paragangiomas y también un 1% de las formas esporádicas. En el 2012 tres nuevos genes, uno en cáncer de páncreas que explicaba un 2% de familias (ATM) (Roberts et al., 2012), otro en una forma rara de paragangliomas con policitemia (HIF2A) (Zhuang et al., 2012) y el tercero en esófago (RHBDF2) (Blaydon et al., 2012), fueron descritos. En el 2013 un nuevo gen de disqueratosis congénita (RTL1) (Ballew et al., 2013) y otro de Anemia de Fanconi (FANCQ) (Bogliolo et al., 2013), fueron publicados, y finalmente en el 2014 varios trabajos en distintos tipos de cáncer familiar, melanoma y POT1, cáncer de pulmón y HER2, y en cáncer de ovario de célula pequeña (Robles-Espinoza et al., 2014; Shi et al., 2014), han sido los identificados hasta el momento. Como se puede apreciar el número de genes es escaso, dada la dificultad de encontrar familias extensas y la necesidad de hacer gran cantidad de estudios funcionales para demostrar que se trata del gen responsable. Más complicado y complejo es el abordaje de otros cánceres familiares más comunes como son el de mama o el de colon. Los estudios realizados en los primeros con diferentes aproximaciones, a saber: a) en familias con un mínimo de ocho a diez mujeres con cáncer de mama en diversas generaciones (Gracia-Aznarez et al., 2013), b) en regiones del genoma previamente identificadas como candidatas mediante estudios de ligamientos (Hilbers et al., 2013; Rosa-Rosa et al., 2010), c) en múltiples familias con tres o cuatro casos de cáncer de mama (Snape et al., 2012; Thompson et al., 2012), han mostrado en todas las ocasiones la ausencia de un gen de alta susceptibilidad que explicara un bajo porcentaje de familias o incluso una sola de las grandes familias poniendo de manifiesto la importancia que tienen los genes de moderada y baja susceptibilidad para explicar su origen (Lu et al., 2014). Lo mismo ocurre en el cáncer de colon familiar, ya que los intentos que ha habido de buscar nuevos genes HNPCCX en grandes familias a464 han identificado únicamente posibles variantes que puedan jugar algún papel. La secuenciación masiva en estas familias ha mostrado una nueva categoría de variantes, las variantes raras, aquellas variantes que aparecen al secuenciar en exones y que generan un cambio de aminoácido o afectan al splicing, que no han sido descritas nunca ni se encuentran en bases de datos, y que pueden ayudar a explicar esta mayor susceptibilidad. La única forma de entender el significado de estas variantes raras es mediante estudios poblacionales, bien de amplios estudios de asociación entre casos y controles o bien mediante secuenciación del gen donde se encuentra la variante en un amplio número de casos y de controles. En este sentido se puso recientemente en marcha un consorcio en cáncer de mama cuyo nombre es COMPLEXO (Southey et al., 2013), formado por una veintena de grupos de todo el mundo con el objetivo de dar respuesta a esta situación. El cáncer hereditario, junto con los síndromes de susceptibilidad al cáncer, constituye una entidad compleja ya que la mayoría de los esfuerzos se han centrado en los cánceres más comunes (media docena) dejando de lado las restantes 200 formas. Hay una importante tarea clínica, diagnóstica, preventiva y terapéutica por hacer, que la genética empieza a analizar en la actualidad, en algunos casos a entender, y en otros a descubrir. La mayor formación en esta área, que se está recibiendo fuera de los currículos oficiales, está contribuyendo a ello. El incremento en el número de los grupos de investigación ha sido el gran detonante, y finalmente las nuevas tecnologías nos enseñan, a la par que facilitan la explicación de determinados interrogantes que se llevan tratando de descifrar desde hace tiempo. Los próximos años van a ser productivos y se va a poder trasladar gran parte de los desarrollos diagnósticos y terapéuticos al estudio del paciente. Síndromes de predisposición al cáncer más frecuentes
Las enfermedades raras, más allá de su baja prevalencia, presentan diferencias con las enfermedades comunes. Los biomarcadores se caracterizan por ser herramientas útiles para determinar y evaluar de un modo objetivo procesos biológicos normales, procesos patológicos o la respuesta farmacológica a las intervenciones terapéuticas o a cualquier otra intervención en la atención sanitaria. Como determinantes biológicos de la enfermedad humana y del modo de enfermar individual, los biomarcadores son de especial interés para el estudio de las enfermedades y el seguimiento de las respuestas terapéuticas de los nuevos medicamentos. En el ámbito de las enfermedades raras, los biomarcadores genéticos y genómicos permiten realizar el diagnóstico de la mutación primaria y determinar el perfil genómico pero, al igual que ocurre con las enfermedades comunes complejas, los biomarcadores bioquímicos y los perfiles ómicos dinámicos y funcionales son fundamentales para el diseño de la medicina personalizada en los pacientes con enfermedades poco frecuentes. Biomarcadores y medicina personalizada en las enfermedades raras 2 a465 En el contexto de la atención sanitaria orientada al individuo se viene proponiendo en los últimos años la transición desde una práctica médica personalizada al concepto moderno de la personalización de la ciencia médica para mejorar la salud individual y el tratamiento individualizado para cada paciente. En muchos aspectos la medicina personalizada, estratificada o de precisión se refiere a la incorporación de la individualidad biológica única del individuo y su interacción con el medio ambiente en la medicina clínica y cuidado de la salud de la persona. Por medicina personalizada entendemos la integración de la información que se proporciona a una persona en particular y el uso en la práctica clínica de la interacción entre el fenotipo y los perfiles genético, genómico, transcriptómico, proteómico y metabolómico del individuo con el medio ambiente, incluyendo el entorno nutricional (Palau, 2012). La consecuencia esperada es optimizar las estrategias de salud preventiva y de respuesta a las terapias con medicamentos, actuando de un modo anticipatorio mientras las personas están aún en un estado de salud o en una etapa temprana de la enfermedad. La medicina personalizada trata de trasladar la evidencia de las intervenciones médicas basada en el conocimiento de la población como conjunto de individuos hacia la evidencia individual de cómo tratar a la persona específica basada en su historia clínica, su perfil biológico y su hábitat natural. El objetivo es ofrecer una asistencia sanitaria adaptada a cada persona. La medicina personalizada, fundamentada en la integración de la información individual, a partir de la variación del genoma, la fisiología y el fenotipo celular en su interacción con el entorno personal, puede representar un modelo proactivo, preventivo y prospectivo de atención sanitaria (Snyderman, 2009; Snyderman y Langheier, 2006; Snyderman y Yoediono, 2006), por oposición a aquella que pivota alrededor de la enfermedad con un enfoque tradicional, reactivo, del estado de salud de los individuos. Este enfoque de la medicina personalizada afecta tanto a las enfermedades comunes como a las enfermedades raras. ENFERMEDADES RARAS Y SU RELACIÓN CON LAS ENFERMEDADES COMUNES La investigación en enfermedades raras (ER) ha devenido en un elemento esencial para comprender las causas y mecanismos de la enfermedad humana y de los modos de enfermar en las personas. En las pasadas tres décadas ha habido un importante y creciente avance en el diagnóstico de las enfermedades raras y, en menor medida, en el tratamiento de las mismas. Por el contrario, durante este mismo período ha habido un relativo estancamiento en el progreso médico y científico de las enfermedades comunes. El conocimiento generado por la genética en el ámbito de las enfermedades minoritarias y de la biología de nuevas rutas celulares y moleculares relacionadas con las mismas está contribuyendo también a conocer mejor la patogénesis tanto de las propias enfermedades raras como de las enfermedades comunes (Roubertoux y de Vries, 2011). Se tiende a pensar que las enfermedades raras son -aparentemente-más simples que las enfermedades frecuentes. En la mayoría de las enfermedades raras la mutación en un gen es condición necesaria, y en muchas ocasiones suficiente, para que la enfermedad se manifieste en algún momento de la vida. Así pues, podríamos caer en la tentación de pensar que la enfermedad rara se puede concebir como un experimento controlado de la naturaleza en la que todo es idéntico en la persona enferma y en las personas sanas, excepto por un solo factor que es la causa fundamental de la enfermedad, la mutación génica. Nada más lejos de la realidad: la fisiopatología de las enfermedades raras y sus variantes fenotípicas son la consecuencia de alteraciones en redes biológicas complejas, que condicionan formas complejas de enfermar en las personas afectadas por una de estas enfermedades poco frecuentes. Las mismas vías biológicas 'simples' que se encuentran en las enfermedades raras son también componentes de la fisiopatología de las enfermedades comunes. Si en términos de prevalencia y carga asistencial las enfermedades comunes son rompecabezas que los investigadores médicos han de resolver, las enfermedades raras son piezas fundamentales de tales rompecabezas, al tiempo que un problema global de salud pública. No es descabellado proponer que las enfermedades raras constituyen el extremo de la expresión patológica y clínica, en forma de fenotipos específicos, del continuum de la vida humana y de las enfermedades comunes. Las enfermedades raras, no obstante, se reconocen como enfermedades poco frecuentes, con una prevalencia de menos de cinco afectados por 10.000 habitantes y con una serie de características condicionadas por fenotipos clínicos generalmente crónicos e invalidantes. Conceptualmente podemos considerar que los elementos que conforman el marco de las en-a465 fermedades raras son aún más amplios y que se pueden resumir del modo que sigue (Palau, 2010): Componente de salud pública. Cada enfermedad rara es muy poco prevalente; sin embargo, la afectación grosso modo de 3.000.000 de personas con problemas de salud compartidos -y, claro está, con otros muchos no compartidos-en una población como la española tomada en su globalidad, sí es una cuestión que requiere una aproximación sanitaria y científica desde los supuestos de la salud pública. Es lo que se ha denominado como la paradoja de la rareza. Historia natural: diversidad y heterogeneidad. En un conjunto de afecciones tan amplio como el de las enfermedades raras la diversidad es una característica intrínseca. La naturaleza de los procesos patológicos varía desde enfermedades que afectan a un único sistema orgánico hasta enfermedades que son multisistémicas. La heterogeneidad de estas enfermedades se manifiesta en distintos perfiles de su historia natural, lo cual condiciona la actuación clínica y preventiva de los servicios de salud. Atención integral y multidisciplinar. Una enfermedad rara suele ser crónica e incapacitante. En muchas ocasiones el paciente con este tipo de enfermedades necesita una atención que vaya más allá de la asistencia clínica específica que se le ofrece desde un servicio especializado. Esta atención se debe plantear en el contexto del manejo global, con atención médica integral, psicológica y social. Muchas enfermedades raras suponen un alto grado de dependencia y de carga social, sanitaria y económica. Esto no es algo particular de las enfermedades raras, pero hay aspectos que sí son específicos de las mismas y que les confieren cierto grado de particularidad. Se estima que cuatro quintas partes de las enfermedades raras son genéticas, mayoritariamente monogénicas, y siguen las leyes de la herencia mendeliana. Riesgo de recurrencia de una enfermedad genética en las familias, lo que hace del consejo genético una herramienta terapéutica de primer orden para estos pacientes y sus familiares. La distribución de los enfermos y de las familias por una geografía amplia es un fenómeno intrínseco a las enfermedades raras. La distribución aleatoria y la baja prevalencia hacen que pueda haber casos en cualquier lugar, sea un medio urbano o rural, sin que se concentren en ningún área concreta. Oportunidades de tratamiento y desarrollo de terapias. Las opciones terapéuticas en la enfermedad rara son, en general, escasas y poco eficaces. No obstante, el desarrollo de nuevas terapias y fármacos para estos trastornos dirigidos a dianas moleculares específicas de enfermedades raras puede ser no solo útil para las mismas sino también para enfermedades comunes que puedan compartir tales dianas biológicas. Teniendo estos elementos en cuenta, junto con la prevalencia, podemos hacer una distinción entre las enfermedades raras y las enfermedades comunes, para determinar qué las diferencia y hace que sea relevante en términos médicos y de salud pública reconocer al amplio y variado grupo de las enfermedades raras (Berman, 2014): Las enfermedades raras se manifiestan típicamente y con mayor frecuencia en la población joven, esto es, en la época pediátrica, considerada esta como la lactancia, la infancia y la adolescencia, a lo largo de las dos primeras décadas de la vida, cuando el individuo crece y se desarrolla física y mentalmente. También aparecen en la edad adulta, pero en este período de la vida son más frecuentes las enfermedades comunes. Las enfermedades raras suelen seguir un patrón genético, con herencia mendeliana o mitocondrial. Las enfermedades comunes pueden darse en familias pero generalmente no siguen un patrón mendeliano. En ambos casos influye el componente epigenético y la interacción con el medio ambiente, pero esto es más intenso y juegan un papel mayor en la patogenia de las enfermedades comunes. Las enfermedades raras se manifiestan a menudo como cuadros sindrómicos, afectando varios órganos o sistemas fisiológicos, con participación de rutas metabólicas cuyo conocimiento va en aumento; las enfermedades comunes suelen ser no sindrómicas, aunque pueden compartir las mencionadas rutas biológicas, siendo este un punto de confluencia de primer orden para determinar nuevas dianas terapéuticas. Las diferencias en la tasa de aparición de las enfermedades raras comparada con la de las enfermedades comunes es muy grande, siendo del orden de mil veces más o incluso mayor. Existen muchas más enfermedades raras que enfermedades comunes. No obstante, está por establecer qué vías y redes biológicas y fisiopatológicas comparten. El concepto de biomarcador se relaciona con la medición de determinantes y procesos bioquímicos, celulares o fisiológicos en cualquier material biológi-a465 co. Centrándonos más en el plano de la enfermedad humana, los biomarcadores se caracterizan por ser herramientas para determinar y evaluar de un modo objetivo procesos biológicos normales, procesos patológicos, o la respuesta farmacológica de intervenciones terapéuticas o cualquier otra intervención en cuidados de la salud. Los biomarcadores se pueden aplicar como herramientas diagnósticas, de estadiaje y pronóstico de la enfermedad, y predicción y monitorización de la respuesta a un tratamiento farmacológico, a una terapia no farmacológica o a una intervención terapéutica de cualquier índole. La determinación de un biomarcador se puede hacer directamente en fluidos o tejidos corporales, o alternativamente mediante técnicas de imagen que pueden incluir trazadores específicos de funciones fisiológicas. En el campo del descubrimiento y la aplicación clínica de los biomarcadores conviene tener en cuenta dos conceptos fundamentales: el objetivo subrogado (surrogate endpoint) y la validación (Bonassi y Neri, 2009). Un objetivo o producto subrogado es una medida de laboratorio o signo físico empleado en un ensayo clínico como sustituto de producto final medido directamente en el paciente, tal como las funciones vitales, la apreciación del paciente respecto a su situación clínica o la supervivencia. Por ejemplo, es esperable que los cambios inducidos por una terapia en un producto subrogado también se reflejen en un cambio significativo del resultado final clínico. El uso de un biomarcador como producto subrogado requiere su validación, esto es, la demostración de la precisión (correlación entre lo medido con el resultado clínico) y la reproductibilidad de lo que se está midiendo. El biomarcador subrogado debe ser un correlato del verdadero alcance clínico del procedimiento y capturar en su totalidad el efecto neto de un tratamiento en el resultado clínico. Siguiendo las pautas de las autoridades regulatorias, como es la Agencia Europea del Medicamento (EMA en sus siglas inglesas), las propiedades que un biomarcador ideal debería poseer son: (i) medir un parámetro específico en un rango que distinga entre el estatus patológico y el normal (validez analítica); (ii) los cambios observados en su determinación deben indicar un cambio en las características de la enfermedad con la que se correlaciona y los cambios de tales características de la enfermedad deben reflejarse en modificaciones en el propio biomarcador (validez clínica); (iii) los cambios medidos en el biomarcador reflejen con una alta probabilidad que se deben a un efecto de una intervención dada (utilidad clínica); (iv) un biomarcador debe ser fácil de identificar y de medir y no sufrir variación en función del tipo de recogida de las muestras, métodos y plataformas empleadas para su identificación (factibilidad); (v) tener en cuenta la relación coste-efectividad, que en la enfermedades de baja prevalencia también es importante por el coste elevado de cada tratamiento individual, y (vi) su determinación no debe requerir procedimientos invasivos (revisado en Ferlini, Scotton y Novelli, 2013; Scotton, Passarelli, Neri y Ferlini, 2014). Por lo que respecta a los tipos de biomarcadores hay dos criterios para definirlos, relacionados bien con el momento del proceso clínico en que se aplican, bien en con el tipo de molécula biológica que se investiga o analiza (Ferlini et al., 2013; Scotton et al. 2014). Biomarcadores de proceso clínico En relación con el momento de la historia natural de la enfermedad cabe indicar que hay biomarcadores de exposición ambiental y biomarcadores de susceptibilidad, concretamente aquellos que infieren predisposición a desarrollar o proteger de la enfermedad según el perfil genético del individuo (Bonassi y Neri, 2009). En el caso de las enfermedades raras monogénicas la presencia de una mutación génica es indicativa de predisposición o diagnóstico de la enfermedad en cuestión. En este contexto cabe distinguir dos tipos de biomarcadores según su ubicación en la historia natural: (i) biomarcador diagnóstico/pronóstico como es aquél biomarcador que clásicamente identifica pacientes que pueden correlacionarse con un resultado, tales como el cribado de una enfermedad, la monitorización de medicas clínicas y la progresión de la enfermedad, y la predicción del riesgo de enfermedad. Los biomarcadores diagnósticos son firmas que diferencian la población sana de los individuos enfermos o discriminan entre grupos en función de la gravedad de la enfermedad. En las enfermedades raras genéticas, las mutaciones génicas son biomarcadores diagnósticos; (ii) el biomarcador predictivo/terapéutico es aquel que resalta los diferentes resultados de una terapia o tratamiento particular, discriminando entre dos categorías, respondedores y no respondedores, o entre muy y poco respondedores. Entre los tipos de moléculas cabe distinguir los ácidos nucleicos, las proteínas y los metabolitos, medibles en líquidos, células o tejidos orgánicos. Cabe distinguir: (i) biomarcadores genómicos, que incluyen tanto los determinantes de DNA como de RNA, para los que, más allá de la secuenciación Sanger automatizada de la cadena de DNA, se dispone una gran a465 versatilidad de técnicas de análisis como son las tecnologías de microarrays, las plataformas de secuenciación masiva (NGS, next generation sequencing), secuenciación de RNA (RNAseq), el análisis de expresión específica de alelos y de isoformas de splicing alternativo, el estudio de la expresión de los microRNA y los estudios de modificación epigenéticos del DNA y del código de histonas; (ii) biomarcadores proteómicos, más cercanos a la función/disfunción biológica y medibles en fluidos orgánicos accesibles (sangre, orina), lo que permite que se puedan monitorizar a lo largo del tiempo y en respuesta a ensayos clínicos. Una de sus limitaciones radica en el hecho de que hay que determinar hasta qué punto reflejan en los fluidos analizados el proceso patológico de los tejidos diana de la enfermedad, lo cual no es óbice para que sea campo de investigación de gran interés. Las técnicas de inmunoensayo y sobre todo las tecnologías de espectrometría de masas han permitido un gran avance en la búsqueda de estos biomarcadores; (iii) biomarcadores metabolómicos: a la par que la proteómica permite encontrar modificaciones de la expresión proteica en un fluido o tejido, el análisis masivo de los metabolitos ofrece también el perfil metabolómico como un biomarcador del estatus de enfermedad y de respuesta a los tratamientos. También aquí la espectrometría de masas y las técnicas de resonancia magnética contribuyen a determinar los perfiles diferenciales entre individuos sanos y enfermos. (iv) biomarcadores de imagen, que determinan estructuras mediante técnicas de resonancia magnética nuclear (RMN) o cambios funcionales/metabólicos empleando trazadores moleculares con es el caso de la tomografía de emisión de positrones (PET) o la tomografía computarizada de emisión monofotónica (SPECT). El empleo de biomarcadores genómicos nos define el perfil genético del individuo y su susceptibilidad a padecer una enfermedad, actuando como marcador diagnóstico en el caso de las enfermedades raras monogénicas (Boycott, Dyment, Sawyer, Vanstone y Beaulieu, 2014) o como marcador de predicción en el caso de las enfermedades complejas. Por el contrario, los biomarcadores de perfiles bioquímicos (proteómico, metabolómico y tal vez epigenómico) pueden ser útiles para definir el proceso dinámico y evolutivo de la enfermedad y las respuestas a los tratamientos. La combinación del acervo genómico, el perfil bioquímico en fluidos y células, y la estructura tisular/orgánica determinada por técnicas funcionales de imagen hacen del biomarcador un campo de estudio necesario y de primer orden en la medicina personalizada del siglo XXI. LOS BIOMARCADORES EN LAS ENFERMEDADES RARAS Después de lo comentado anteriormente, cabe preguntarse cuál es el papel de los biomarcadores en las enfermedades raras, y especialmente qué tipo de marcadores son relevantes en estas enfermedades que mayoritariamente son genéticas. Desde la perspectiva tanto del diagnóstico, pronóstico y manejo de la historia natural de la enfermedad como del seguimiento y evaluación de la respuesta terapéutica en ensayos clínicos y del tratamiento en la práctica clínica, el papel de los biomarcadores es similar al que tienen en las enfermedades complejas. Tal vez la mayor diferencia entre las enfermedades raras y las comunes radique en el aspecto diagnóstico, dado que, para un número apreciable de enfermedades raras, la mutación génica es un biomarcador de primer orden (Boycott et al. 2014), necesario y generalmente suficiente para el que el individuo desarrolle la enfermedad en algún momento de su biografía. Esto mismo no es posible en las enfermedades comunes complejas, en las que el perfil genómico indica susceptibilidad para desarrollar la enfermedad, esto es, puede ser necesario pero no suficiente (Palau, 2012). No ocurre igual cuando nos interesamos en emplear biomarcadores para el seguimiento de la historia natural o evaluar la respuesta terapéutica. En estas situaciones es tan necesaria la investigación y la detección de nuevos biomarcadores en enfermedades raras como en enfermedades comunes. Si ambos conjuntos de enfermedades comparten mecanismos fisiopatológicos y si, en general, en ambos casos son procesos crónicos, es obvio que conocer y poder determinar en el marco clínico los biomarcadores subrogados que definan el estatus y la evolución del paciente es fundamental para desarrollar nuevas terapias que demuestren su eficacia en los ensayos clínicos, ya sea la enfermedad poco frecuente, ya sea una enfermedad de alta prevalencia. ¿CÓMO ENTENDEMOS, PUES, LA MEDICINA PERSO-NALIZADA EN LAS ENFERMEDADES RARAS? Sobre la base de los elementos descritos anteriormente hemos mostrado varios aspectos que pueden diferenciar las enfermedades raras de las comunes. Uno de estos elementos es la edad de inicio de la enfermedad y la afectación del conjunto de la biografía de la persona enferma. Sin embargo, la mayoría de los elementos biológicos y clínicos relacionados con la medicina personalizada y el modelo prospectivo de la enfermedad (Snyderman, 2009: Snyderman y Langheier, 2006; Snyderman y Yoediono, 2006) son compartidos por las enfermedades raras y las enfermeda-a465 des comunes. La identificación de perfiles genómicos y biológicos en cada individuo, sea afectado o sano, es relevante para diseñar su cuidado y manejo clínico. ¿Hay, sin embargo, algún aspecto específico de la medicina personalizada en las enfermedades raras? Parte de la respuesta se relaciona con el desarrollo de biomarcadores y lo acabamos de mencionar. Los biomarcadores genómicos son relevantes para la enfermedad común, ya que están definiendo la susceptibilidad de un rasgo o enfermedad; la combinación de las variantes genómicas puede aumentar o disminuir el riesgo de enfermedad en los individuos de una población, de modo que si el perfil genómico de una persona induce una reducción de la línea basal de la enfermedad, esta padecerá la enfermedad más tempranamente en su vida. En las enfermedades raras la línea basal de la persona es muy baja, a raíz de que el individuo es portador de una o dos mutaciones altamente penetrantes cuya presencia es suficiente para que se desarrolle la patología. Los biomarcadores dinámicos bioquímicos son necesarios para definir el pronóstico y la respuesta terapéutica tanto en las enfermedades comunes como en las minoritarias. En ambos casos los biomarcadores deben estar relacionados con las vías biológicas que participan en el proceso de la enfermedad. La diferencia entre las enfermedades comunes y las raras radica pues en el papel central de la mutación primaria patógena en el origen y la evolución ulterior de la enfermedad (Palau, 2012). Conocer esta mutación es fundamental para establecer el manejo del paciente en el marco de la medicina personalizada. Las ideas expuestas tienen su origen en la actividad científica y clínica del autor, con financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, del Instituto de Salud Carlos III, del CIBERER, de la Comisión Europea (FP7 y DG SANCO), de la Generalitat Valenciana, de la Generalitat de Catalunya, y de las Fundaciones Ramón Areces, Isabel Gemio y Amigos de Nono.
Los medicamentos huérfanos son aquellos fármacos destinados al tratamiento de enfermedades de baja prevalencia, también conocidas como enfermedades raras. La investigación y desarrollo de nuevas terapias para este conjunto heterogéneo de enfermedades presenta una serie de dificultades que están bien reconocidas. Entre ellas, el reducido número de afectados compromete el retorno económico de la inversión realizada por parte de la industria farmacéutica. Por ello la Unión Europea en el año 2000 aprobó un Reglamento Europeo específico para favorecer e incentivar el desarrollo de estas terapias. Transcurrida más de una década, los resultados muestran el efecto positivo que la entrada en vigor de dicho Reglamento ha provocado. Actualmente se han designado más de 1300 compuestos, de los cuales más de 90 ya han obtenido la autorización de comercialización. La voz de los pacientes ha sido clave para el devenir de este cambio y los programas y consorcios promovidos por la UE prometen todavía un futuro más esperanzador. Las enfermedades raras (ER) o también llamadas enfermedades minoritarias son condiciones patológicas que se presentan de forma poco frecuente en la población afectando a un número reducido de pacientes. Las ER aglutinan a un número enorme y heterogéneo de enfermedades graves y amenazantes de la vida o crónicamente debilitantes que limitan la autonomía y la calidad de vida del afectado y de su entorno familiar. La prevalencia es el criterio epidemiológico que se utiliza para delimitarlas, y en la Unión Europea la proporción de individuos que debe presentar una enfermedad concreta para ser considerada rara tiene que ser inferior a los cinco casos cada 10.000 habitantes (Regulation (EC) No 141/2000 of the European Parliament and of the Council of 16 December 1999 on orphan medicinal products). El reconocimiento de las necesidades específicas que presentan estos colectivos de afectados fue ya otorgado de forma pionera por el gobierno norteamericano en 1983 (Haffner, 2006). Los medicamentos destinados a tratar enfermedades raras son conocidos como medicamentos huérfanos debido a la falta de estímulos que tradicionalmente venían existiendo para investigar y desarrollar terapias farmacológicas para este conjunto de enfermedades (Haffner, Torrent-Farnell y Maher, 2008). En condiciones convencionales el desarrollo de medicamentos es ya en sí mismo un proceso complejo, largo, arriesgado y económicamente costoso que requiere una elevada inversión de recursos y de tiempo, que no siempre finaliza con resultados positivos. Dichas dificultades se ven significativamente incrementadas cuando dichos medicamentos están destinados al tratamiento de enfermedades raras, ya que a los obstáculos propios del procedimiento de desarrollo de fármacos, se unen las limitaciones inherentes de la investigación en enfermedades poco frecuentes (Tambuyzer, 2010). Así pues, factores como la baja prevalencia de la enfermedad, la dificultad en obtener un diagnóstico clínico y genético, la ausencia de registros de pacientes, el limitado número de expertos clínicos en cada una de las enfermedades, la dispersión geográfica de los enfermos, el desconocimiento de la historia natural de la enfermedad, la escasez de estudios epidemiológicos o la ausencia de biomarcadores y variables clínicas validadas, suponen una barrera en la investigación de estas condiciones médicas que complica el desarrollo de nuevas terapias. Estas dificultades específicas en el desarrollo de medicamentos huérfanos, junto con el hecho de que el potencial número de pacientes que hay que tratar sea bajo o muy bajo (hasta un máximo de 255.550 pacientes en la Unión Europea, o de unos 25.000 pacientes en nuestro país), explica que tradicionalmente el esfuerzo destinado a desarrollar medicamentos dirigidos a tratar enfermedades de baja prevalencia fuera reducido y, en consecuencia, hubiera originado una escasez de medicamentos huérfanos. En otras palabras, no existía un entorno de mercado apropiado para que la industria farmacéutica invirtiera en este conjunto tan diverso y complejo de enfermedades. Ante semejante problemática, en el año 2000 la Unión Europea, siguiendo la experiencia previa adoptada por la Food and Drug Administration (FDA) y los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, aprobó el Reglamento Europeo 141/2000 sobre medicamentos huérfanos con el fin de responder al vacío existente en la investigación de fármacos dirigidos a tratar enfermedades raras. Dicho reglamento contemplaba la creación del Comité de Medicamentos Huérfanos (COMP) en el seno de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), así como una serie de incentivos para aquellos fármacos en investigación que cumplieran con unos determinados criterios (Torrent-Farnell y Morros, 2001). En este aspecto, el Comité de Medicamentos Huérfanos de la EMA tiene el mandato de evaluar y otorgar la designación de medicamento huérfano (Orphan Designation) a aquellos medicamentos que cumplen con los criterios establecidos para poder ser designados. Los criterios que deben cumplir los fármacos para poder ser designados se resumen en el cuadro 1, y exigen que dicho medicamento vaya destinado a tratar una enfermedad genuinamente rara o de baja prevalencia y en todo caso inferior a cinco casos por cada 10.000 habitantes en todo el territorio de la Unión Europea, que dicha enfermedad sea amenazante para la vida de los pacientes o crónicamente debilitante y que o bien no existan tratamientos para dicha enfermedad o que, existiendo tales tratamientos, el nuevo medicamento aporte algún beneficio significativo (Significant Benefit) en el abordaje global de la condición que se pretende designar. Aquellos medicamentos en investigación que obtienen la designación huérfana de la EMA/Comisión Europea tienen derecho a incentivos tanto en forma de ventajas económicas y comerciales como de apoyo científico a través de procedimientos específicos (cuadro 2) (Westermark et al., 2011). Transcurrida más de una década desde la entrada en vigor del Reglamento europeo sobre medicamentos huérfanos, los resultados muestran un significativo a466 incremento en la investigación de fármacos dirigidos a tratar, curar o diagnosticar enfermedades consideradas raras. Tanto es así que desde el año 2000, más de 1.300 medicamentos en investigación han sido designados como huérfanos, de los cuales más de 90 medicamentos diferentes han demostrado ser eficaces y seguros por medio de los correspondientes estudios clínicos y han sido autorizados para su comercialización en la Unión Europea (véase tabla 1) (European Medicines Agency. Merece la pena subrayar el papel complementario y diferenciado que tiene la designación huérfana de la EMA con relación a la autorización de comercialización para una indicación terapéutica huérfana. La primera, como se ha dicho antes, permite un acceso a los medi-camentos solo en el ámbito de la investigación, es decir, a través de programas de investigación y desarrollo clínico mediante ensayos clínicos, o a través de usos compasivos para grupos de pacientes con características similares o para casos individuales excepcionales. Por tanto, la designación huérfana no es intercambiable con la autorización de comercialización; esta última se basa en la evaluación del beneficio y del riesgo potencial y por tanto de la eficacia y de la seguridad del medicamento huérfano para un grupo de afectados que presentan las características clínicas que se especifican en la indicación terapéutica autorizada por la EMA. Debe señalarse a efectos reguladores y jurídicos que la exclusividad de mercado solo protege a la población incluida en la indicación terapéutica aprobada. La designación es por tanto un proceso competitivo (race horse en terminología inglesa) y abierto, en el que diferentes compuestos pueden ser designados para una Cuadro 1. Criterios para la designación de medicamento huérfano en la Unión Europea (Reglamento 141/2000) Cuadro 2. Incentivos que aporta la obtención de la designación de medicamentos huérfanos en la Unión Europea. • Destinado al diagnóstico, prevención o tratamiento de condiciones amenazantes para la vida o crónicamente debilitantes que afectan a no más de cinco de cada 10.000 personas en la Comunidad Europea cuando la solicitud se realiza (Criterio de prevalencia) o, • Destinado al diagnóstico, prevención o tratamiento de condiciones amenazantes para la vida o crónicamente debilitantes y que sin incentivos es improbable que la comercialización del medicamento en la Comunidad Europea genere suficiente retorno para justificar la inversión necesaria (Criterio de insuficiente retorno de la inversión) y, • Que no exista un método satisfactorio de diagnóstico, prevención o tratamiento de la condición en cuestión que haya sido autorizado en la Comunidad Europea (Criterio de método no satisfactorio) o, • Que en el caso de que exista un método, que el medicamento suponga un beneficio significativo a aquellos afectados por tal condición (Criterio de beneficio significativo). • Protocol Assistance: acceso al asesoramiento científico por parte de la EMA. • Procedimiento centralizado: reducción de las tasas para la obtención de la autorización de comercialización de medicamentos huérfanos designados por la Agencia Europea (EMA). • Exclusividad de mercado: exclusividad de mercado durante diez años que confiere protección contra fármacos similares autorizados en la Unión Europea para la misma indicación terapéutica. Excepciones: acuerdo con el sponsor, falta de suministro, si el nuevo fármaco similar demuestra ser clínicamente superior. Se añaden dos años adicionales si la indicación terapéutica autorizada está destinada a la población pediátrica. • Incentivos nacionales en los diferentes países de la Unión Europea incluyendo estrategias de apoyo a la I+D+i y políticas de acceso a tales medicamentos por parte de los Sistemas Nacionales de Salud. • Programas de investigación comunitarios en el marco de la agenda Horizonte 2020 de la Comisión Europea. a466 misma enfermedad rara y en el que un mismo principio activo puede ser designado para diferentes condiciones patológicas minoritarias, si se presenta la documentación científica necesaria que avale la plausibilidad del medicamento para cada condición. Finalmente hay que destacar que el proceso de designación europea está abierto tanto a los investigadores como a los centros de investigación académicos, públicos o privados, mientras que el proceso de obtención del registro se limita solo a la industria farmacéutica que deberá cumplir con todos los requisitos que exige la autorización, fabricación y mantenimiento en el mercado de dichas especialidades farmacéuticas. La contribución de diferentes entidades privadas, públicas, académicas e industriales de nuestro país en impulsar la investigación básica y traslacional en medicamentos huérfanos ha sido notable y creciente, igual que ha sucedido en los principales países de la Unión Europea. Así, 22 promotores españoles han conseguido obtener 40 designaciones de medicamento huérfano, entre los que se incluyen el propio Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (European Medicines Agency. Raloxifene hydrochloride for the treatment of hereditary haemorrhagic telangiectasia), CIBERER, Almirall, Esteve-UAB, PharmaMar, Digna Biotech, Lipopharma, Tigenix, Proretina Therapeutics, VHIR, Oryzon o Minorix, por citar algunos ejemplos. De entre estos, un producto oncológico (Trabectedina) ha conseguido ya la autorización de comercialización en la Unión Europea. Resulta indudable, pues, que la creación de un marco regulador específico que incluye ayudas al desarrollo, conjuntamente con la inclusión de las enfermedades raras en los planes de salud pública de los diferentes entes gubernamentales, han supuesto un fuerte impulso en la investigación en medicamentos huérfanos, y por ende en la atención de pacientes y familias afectados por este grupo de patologías. Este cambio de tendencia iniciado en el año 2000, que ha derivado en un incremento en el interés susci-tado en la investigación en medicamentos huérfanos, se ha visto reforzado por posteriores iniciativas, proyectos, programas y consorcios creados con el mismo fin. En este sentido, la creación de la red Centro Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Raras (CIBE-RER) del Instituto de Salud Carlos III o la realización de telemaratones específicos para financiar proyectos en el ámbito del estado español, la financiación de proyectos cooperativos europeos como los que se enmarcan en el 7th framework o el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea, o la fundación del consorcio International Rare Diseases Research Consortium (IRDiRC) en el ámbito internacional son claros ejemplos de proyectos que han contribuido a generar un mayor conocimiento en el campo de las enfermedades raras en general y de los medicamentos huérfanos en particular. No obstante, si bien el cambio observado y el creciente interés en la investigación en medicamentos huérfanos es muy significativo, siguen existiendo aún hoy ciertas cuestiones en las que se debe seguir ahondando para optimizar tanto la investigación en medicamentos huérfanos como la atención a los pacientes afectos por enfermedades de baja prevalencia. Por un lado, uno de los retos que se debe afrontar es la adecuación de los ensayos clínicos a las peculiaridades y características específicas propias de las enfermedades raras. Algunos trabajos realizados han puesto de manifiesto que las características de los ensayos clínicos confirmatorios llevados a cabo para demostrar la eficacia de los medicamentos y conseguir la autorización de comercialización para estos medicamentos presentan una menor fortaleza cuando los comparamos con los ensayos clínicos realizados en medicamentos destinados a enfermedades de mayor prevalencia (Buckley, 2008; Califf et al., 2012; Kesselheim, Myers y Avorn, 2011; Mitsumoto, Dorsey, Beck, Kieburtz y Griggs, 2009). Este hecho ha provocado que en ocasiones se haya puesto en duda la calidad de la evidencia científica que se deriva de alguno de estos estudios (Picavet, Cassiman, Hollak, Maertens y Simoens, 2013) Fuente: Elaboración propia. a466 mización de los recursos atendiendo a las características de cada una de las enfermedades raras investigadas es un reto en el que se debe trabajar con firmeza. En este aspecto, parece necesario ajustar los diseños metodológicos convencionales a la realidad de estas enfermedades de un modo flexible, así como propiciar la utilización de diseños metodológicos alternativos que permitan un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles en cada caso particular (Bowalekar, 2011; Gupta, Faughnan, Tomlinson y Bayoumi, 2011). Por ello se han iniciado proyectos promovidos por la Unión Europea que actualmente se están desarrollando, en los que se trabaja para conseguir una mejora en la investigación en enfermedades raras y medicamentos huérfanos siempre preservando los pilares básicos de la investigación: calidad, eficacia y seguridad (Tudur Smith, Williamson y Beresford, 2014). Por otra parte, no se puede obviar el elevado nivel de controversia en cuanto a las posibilidades de acceso de los pacientes a los diferentes tratamientos farmacológicos, debido al elevado precio que se otorga a los medicamentos huérfanos para compensar el bajo número de pacientes que hay que tratar y que supone un elevado impacto presupuestario en los diferentes sistemas sanitarios estatales y autonómicos. Este hecho junto con la desfavorable coyuntura económica puede ocasionar dificultades en el acceso a los medicamentos huérfanos de los pacientes afectados (Hughes-Wilson, Palma, Schuurman y Simoens, 2012; Simoens, 2011). El desarrollo de políticas sanitarias que favorezcan la equidad en el acceso a fármacos para enfermedades raras es crucial para favorecer la sostenibilidad del sistema sanitario, evitando poner trabas a la innovación que aporte valor añadido en el tratamiento de estos pacientes (Morel et al., 2013). En definitiva, la investigación y el desarrollo en medicamentos huérfanos han experimentado un innegable auge en los últimos años que debe traducirse en una mejora en la calidad de vida de los pacientes afectados por enfermedades raras, así como de sus familiares y cuidadores. Adicionalmente este avance debe repercutir también en la investigación de otras enfermedades convencionales ya que, debido al carácter transversal del conocimiento médico, la experiencia adquirida en las enfermedades raras puede potencialmente ser de aplicación en patologías comunes, aportando ventajas para el conjunto de la sociedad. Finalmente debe reconocerse el papel activo y crucial que las asociaciones de pacientes han desarrollado a lo largo del camino recorrido tanto en Estados Unidos como en los diferentes estados de la Unión Europea. Asociaciones de pacientes afectos por enfermedades raras como EURORDIS en el ámbito europeo o FEDER en el español han sido catalizadores del auge en la investigación en medicamentos huérfanos, impulsando la formación y educación y las políticas de transparencia y acceso a estas intervenciones terapéuticas. Solicitudes valoradas Opiniones positives (Designaciones) Solicitudes retiradas Opiniones negativas Medicamentos huérfanos comercializados
Para nadie es un secreto que las mujeres colombianas están todavía lejos de obtener igualdad de oportunidades en muchos campos, en algunos más que en otros, entre ellos el de la ciencia 2. Pero lo que no siempre está muy claro es en qué consiste esa desigualdad. Este documento ofrece evidencia de que las mujeres se encuentran en bastante desventaja con respecto a los hombres en lo que se refiere al acceso a los recursos, los puestos de decisión, los salarios, los ascensos y en general las posibilidades de crecimiento en sus carreras como científicas o tecnólogas. Para entender esta situación se han recogido no sólo las cifras que hay sobre estas desigualdades, sino las experiencias y percepciones de algunas científicas, todas muy talentosas y exitosas, aunque no siempre con el reconocimiento que merecen; con respecto a su propia situación dentro del sistema de ciencia y tecnología. Desafortunadamente muchas de ellas piensan que la ciencia es un campo neutro y que la inequidad de género poco o nada tiene que ver con ellas. Algunas incluso piensan que los problemas que han tenido son el reflejo de falta de esfuerzo personal. A continuación presentaré, en primer lugar, un resumen de la recopilación y análisis de las cifras sobre género y ciencia, que servirán de contexto para visualizar la brecha que separa a hombres y mujeres en los sistemas de ciencia y tecnología en Colombia. Enseguida se discutirán los factores que contribuyen a que esta brecha continúe abierta, lo que se ilustrará con ejemplos y datos resultantes de una investigación etnográfica realizada sobre el tema. Hablar de las desigualdades de género en la ciencia incomoda a muchas personas, las cuales lo ligan con una cuestión de calidad, o cambian de tema mencionando que el problema de la ciencia no es el género sino que sea buena o mala. Cuando se habla de mujeres de ciencia, queda en el aire la sensación de lo que ellas hacen es diferente y de alguna manera menos científico. Como si la ausencia de las mujeres en las academias, en los puestos de decisión y como profesoras en las universidades tuviera que ver con la falta de excelencia, es decir, porque no eran lo suficientemente buenas no lograron entrar en esos círculos lejanos para muchas de ellas. Es obvio que la situación es bastante distinta a la que se vivió hace un par de décadas cuando sin ninguna reserva se impedía que las mujeres fueran admitidas en las universidades. Muchas aún recuerdan cómo existían cuotas de mujeres para carreras como medicina o ingeniería, en universidades privadas. Las que lograron entrar mencionan espacios donde la intimidación y el acoso eran corrientes, como una época oscura, en donde los problemas se conocían, pero no se hablaba de ellos, pues no había mecanismos que permitieran discutirlos y remediarlos. El hecho de que esas cuotas hayan desaparecido, alimentan la creencia generalizada de que se han superado muchas barreras en cuanto al avance de las mujeres en la educación superior, la puerta de entrada a una profesión como científicas. Se admite que existen algunos "leves" problemas de discriminación, no deliberados, lo que en parte es cierto, sin embargo, todavía hay un buen trecho por recorrer. Aunque, como veremos, las formas que toma la discriminación ya no son tan claras, no por esto dejan de convertirse en obstáculos reales o desmoralizantes. Esto por supuesto significa que todavía se están desperdiciando muchos talentos, más el esfuerzo de un país como Colombia, donde educar a las mujeres para que se desempeñen en diferentes campos es una gran contribución y un avance en el desarrollo del país. Está claro que las carreras técnicas pueden ser el tiquete del progreso y la independencia económica de muchas mujeres de bajos recursos 3. Esto obviamente tiene un gran impacto a nivel social y económico, por lo que corregir estos desbalances es el reto que trae este siglo, esfuerzo en el que espero estar contribuyendo. ¿CUÁNTAS Y CUÁNTOS SOMOS? Para entender el tema de las desigualdades e inequidades de género en el campo de la ciencia en Colombia es necesario saber ¿cuántas y cuántos somos? Es decir, es necesario visualizar cómo están representadas las mujeres frente a los hombres dentro de los principales indicadores estadísticos. Para esto se realizó una investigación 4 donde se examinó la situación de las mujeres en el sistema de ciencia y tecnología, resaltando los principales factores que han obstaculizado su participación. La recolección de datos estadísticos se centró en obtener información a partir del número de personas que terminan bachillerato, las que entran a la universidad, las carreras que prefieren estudiar, los que deciden continuar con estudios superiores, el acceso a las becas, los que terminan maestrías y doctorados y luego los que se desempeñan en cargos donde se toman decisiones sobre la ciencia, como las academias, y las universidades. Además de esto se tuvieron en cuenta otros datos relacionados con la investigación y la obtención de patentes. Resalto que la tarea de buscar datos estadísticos no ha sido fácil, pues aún no es política de todas las entidades a cargo de proporcionarlos, el desagregarlos por género. Sólo hasta hace un par de años que el Departamento Nacional de Estadística, DANE, creó una división que tuviera en cuenta el tema de género. Otro problema que debe mencionarse es que a partir del año 2003, el Ministerio de Educación Nacional asumió la recolección, consolidación y validación de la información del sector que era realizado anteriormente por otras entidades. El Ministerio en su página web 6 menciona en un documento sobre matrículas de educación superior como: "Se han detectado problemas de sobrestimación y subestimación de las estadísticas en algunas instituciones de educación superior, las cuales están en revisión para consolidar una fuente confiable de cifras para el sector." Es decir, que en el sector educación, ciencia y tecnología, las cifras no son del todo confiables y que aún se encuentran en diferentes niveles de construcción. Las cifras recogidas nos mostraron en primer lugar que hay más mujeres que hombres matriculadas en las universidades colombianas, pero que son ellos los que se ganan más becas, y a los que contratan más cuando se graduan, quienes patentan la mayor parte de las invenciones, quienes dirigen investigaciones, para las cuales reciben más dinero, y son quienes más publican y reciben mejores salarios y son recompensados con mejores cargos como las decanaturas o las rectorías, entre otras cosas. Estos indicadores además de servir como medidas, nos muestran las desigualdades ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 835-844 ISSN: 0210-1963 de género en la educación superior y en la producción científica, pero no nos muestran nada al respecto de lo que ocurre en las relaciones interpersonales en el área de trabajo, ni lo que ocurre a nivel cotidiano dentro del hogar. Estos datos están situados dentro de indicadores sociales más amplios de educación, salud y de las actividades económicas realizadas por hombres y mujeres. El total de la población colombiana es de aproximadamente 44 millones y medio, de los cuales el 53 % son mujeres. El 47 % de las mujeres que trabajan en Colombia lo hacen en el sector servicios y el 20 % de las mujeres ocupadas en el sector informal, se desempeñan en el servicio doméstico 7. Como en muchos otros países del sector, en Colombia en el año 2005, había más mujeres matriculadas en primer año en la universidad (39.3024) que hombres (34.9303), pero ese número disminuye dramáticamente cuando se trata de llegar al doctorado. Al mirar las cifras para egresados, también notamos cómo más mujeres que hombres terminan la universidad. De igual manera el porcentaje de proyectos financiados por Colciencias a proyectos presentados por mujeres se ha mantenido entre 1991 y 2004 en un promedio de menos del 30 %, llegando en varios años a ser de menos del 20 %. En cuanto a las becas para estudios en el exterior los porcentajes se han mantenido entre el 70 % para hombres y el 30 % para mujeres, con un ligero aumento para mujeres a partir del año 2003. Estos mismos porcentajes reflejan la presencia de las mujeres como docentes en las entidades de educación superior que se han mantenido estables. En los campos en los que se ha notado menos avance es en el de lo cargos directivos en las rectorías y decanaturas de las universidades y en los Consejos de Programas Nacionales de Ciencia y Tecnología (28 % mujeres). En las áreas donde los porcentajes son extremadamente bajos, menos del 10 % son en el de la solicitud y obtención de patentes y en las asociaciones científicas. Para ir más allá de las cifras, como ya se dijo, se utilizó una metodología etnográfica, que permitió examinar la realidad de las experiencias privadas y públicas que viven a diario las mujeres que han decidido dedicarse a la ciencia o a la tecnología. El análisis de la realidad privada nos lleva directamente al tema de la familia y la maternidad 9 y las obligaciones que tienen ellas, a diferencia de ellos, con la familia como uno de los factores primordiales que afectan a las carreras de las mujeres y la adquisición de capital humano en la forma de inversiones en educación avanzada y en entrenamiento adicional. Sabemos que las influencias familiares tienen mucho que ver en las decisiones que se toman con respecto a las carreras que van a estudiar. Esto se ha verificado con jóvenes colombianas, por lo menos en el caso de la ingeniería en la Universidad Nacional, donde muchas estudiantes de ingeniería mencionan cómo ellas escogieron esa profesión imitando a sus padres 10. Hay otros factores familiares que inciden de manera positiva, como ser hijas únicas o hermanas mayores que cuentan con el estímulo y los recursos en casa, sin embargo se estimula más a los hijos a orientarse a profesiones diferentes que a las hijas, para ellas, continúa la tendencia hacia las profesiones "fáciles y blandas". Las narrativas personales y las entrevistas que se recogieron para esta investigación, junto con los ejercicios de observación participante en diversos escenarios académicos, examinaron las dinámicas de género dentro de las universidades y del área de trabajo, y nos permitieron entender mejor las dinámicas relacionadas con las decisiones de posponer la entrada a un programa avanzado de maestría o de doctorado, la aceptación de una beca, y en general el avance personal, que se traduce también en menos tiempo para publicaciones y por lo tanto menos ascensos y menos salarios. En sus propias voces ellas nos cuentan con lujo de detalles historias personales sobre lo que les ha ocurrido dentro de las facultades y los institutos departamentos como estudiantes, cómo fue su búsqueda de trabajo y de mejores oportunidades y cómo son las relaciones, no siempre cordiales, con sus colegas, sus supervisores y sus subordinados. Además de esto, se tuvieron en cuenta otras variables como edad, clase social y su relación con los sistemas académicos públicos y privados. Los hallazgos de estudio nos muestran que debido a las responsabilidades familiares, las mujeres confrontan opciones diferentes y adquieren este capital de manera más lenta, lo que a su vez incide en la trayectoria de vida como científicas o académicas. Se examinaron también las dinámicas de género dentro de las universidades y del área de trabajo. Las entrevistas personales nos permitieron ver cuáles son las percepciones de discriminación que ellas mismas tienen. Algunas, pocas, insisten que ni en Colombia, ni en las universidades donde ellas trabajan hay discriminación, pues ellas no la han sentido directamente. Estas afirmaciones se hacen a veces desde posiciones privilegiadas, donde se han tenido toda clase de facilidades económicas para estudiar, más las mejores ventajas en la obtención de trabajos. Se arguye incluso que es una cuestión personal de empuje que permite que unas personas lleguen más lejos que otras, en un mundo donde se asume que todos y todas tenemos las mismas posibilidades de acceso y las mismas reglas de juego. Pero por otra parte existe un sentimiento de que los roles culturales y el papel biológico de ser mujer, en cierta manera consiste en un obstáculo que no tienen los hombres, por lo que algunas se sienten marginadas y excluidas. En el caso de las científicas es particularmente relevante el tema de las decisiones sobre el mejor momento para casarse y tener hijos. El 30 % de las científicas entrevistadas decidieron concientemente "casarse con la ciencia" y permanecer solteras y sin hijos. Otro 30 % eran separadas o divorciadas y mencionaron conflictos con sus parejas relacionados con su trabajo y el tiempo que dedicaban a las actividades fuera del hogar. Las casadas agradecieron el tener esposos comprensivos con sus carreras, pero decidieron limitar el número de hijos y postergar sus nacimientos, acomodándolas a los requerimientos de sus carreras. Este último grupo manifestó la constante negociación por el reparto de las tareas domésticas o para las de estratos más altos, el apoyo imprescindible de sus empleadas domésticas, sin las cuales hubiera sido muy difícil criar hijos y dedicarse a la ciencia. También en este punto se resaltó la comprensión de los jefes, al darles ciertos permisos especiales, que algunas llaman "privilegios" para acomodar horarios que les permitieran manejar mejor sus obligaciones en casa. El dilema en que se encuentran muchas científicas sobre "tener o no tener familia" confronta a las que se dedican a carreras que demandan dedicación exclusiva, largas horas en el laboratorio, extensas visitas A pesar de los avances en materia de igualdad que se han realizado en el país, todavía a muchas les toca ser pioneras en algunos campos. Se asume con frecuencia que las puertas de las universidades están abiertas para todas las personas que deseen entrar, siempre y cuando tengan un buen puntaje en los exámenes de admisión, y que en los concursos de méritos siempre ganan quienes tengan mejores credenciales y otras cosas que dan la falsa imagen de igualdad de acceso. Sin embargo, sabemos, que son los egresados de los colegios privados quienes obtienen los mejores puntajes en los exámenes estatales 11, y que en muchas zonas de Colombia, los estudiantes no tienen acceso a la educación superior, que no hay buenos colegios en barrios marginales y que estudiar es costoso y es un privilegio casi exclusivo de los que tienen recursos, lo que deja por fuera a las minorías étnicas del país. También sabemos que en Colombia no hay programas avanzados en muchas áreas y que hay que salir al exterior a capacitarse, pero para eso hay que saber hablar y escribir en otras lenguas, y los idiomas enseñados en el bachillerato de los colegios oficiales son insuficientes para competir por becas. ¿CUÁLES SON LAS EXPLICACIONES? A menudo se asume que existe un marco de análisis unificado que permite entender las desigualdades para poder así identificar los problemas y resolverlos. El ya clásico libro de Hilary Rose 12 sobre sociología de la ciencia comienza con la pregunta ¿Es posible una ciencia feminista? Y se estructura alrededor de tres puntos fundamentales en los estudios de género y ciencia. En primer lugar, se analizan las críticas feministas de la ciencia, trabajadas desde diferentes disciplinas como la filosofía de la ciencia o la historia 13. En segundo lugar está el de la situación de las mujeres en las instituciones científicas y en tercer lugar, la cultura de la ciencia. Todas las teorías feministas ubican el género como una característica importante que interactúa con otras características no menos significativas como la clase social o la pertenencia a un grupo étnico subordinando que estructuran las relaciones entre personas y en general en toda la sociedad. Sin embargo, el utilizar el género, como el lente a través del cual se mira la ciencia resulta en diversas imágenes y teorías, que tomadas en su conjunto nos sirven como referente y punto de partida. Algunos trabajos buscan las causas del desigual acceso a la ciencia en otras dinámicas más amplias de desigualdad social 14 y otros estudios se concentran en la crítica de la ciencia 15, y proponen la reinvención de nuevos sujetos femeninos. Dentro de las teorías utilizadas para explicar la poca presencia de las mujeres en la ciencia están las esencialistas, que buscan en las hormonas, tamaño del cerebro, fuerza muscular y otras características biológicas, a los factores responsables de los logros de un género sobre los del otro. El asunto del género es mucho más complejo de lo que lo imaginamos. Se podría aducir que el problema del acceso a la ciencia se resolvería removiendo los obstáculos que impiden que las mujeres entren y se desempeñen con éxito en el campo de la ciencia 16. Igual se podría argumentar con respecto al campo de la política o las artes, donde no se buscan privilegios especiales para las mujeres, sino que todas las personas tengan igualdad de oportunidades sin que sean discriminadas en base a su género. Esto estaría bien, si se hablara sólo del ámbito público, es decir, lo concerniente al empleo, el acceso a puestos de trabajo y a la discriminación en la universidad o en el campo de trabajo. Existe una tendencia a asumir que al conocimiento se llega de manera independiente de las condiciones sociales individuales y generales de la sociedad y que la manera de obtener conocimiento está libre de valores y que existe como algo aparte fuera de las personas y de la sociedad. Los estudios de género y ciencia critican el concepto de objetividad, piedra angular del método científico, al igual que las teorías sobre la construcción del conocimiento. Estos cuestionamientos son novedosos para muchas personas que hacen parte del sistema de ciencia y tecnología en Colombia. Para algunos ha sido una revelación enterarse de los prejuicios de género en el diseño de las investigaciones, la manera como se recogen e interpretan los datos y las conclusiones que se obtienen. Para ilustración de este punto me voy a referir a una discusión reciente en una red de arqueología y que sirve además para abrir la discusión sobre la construcción del conocimiento, como lo muestra el siguiente comentario de un arqueólogo: "Gracias a esta comunicación he caído en la cuenta que por algún motivo, posiblemente censurable por alguna acérrima Esta misma persona, agrega la siguiente perla: "En lo sucesivo me referiré a las personas en general en masculino por una pura cuestión tradicional que considero no desmerece en absoluto al género femenino." Por qué seguir aferrados a lo "tradicional" cuando en realidad desmerece y excluye. Es claro que para muchas personas es muy difícil aceptar los cuestionamientos que ya se hacían desde la década de los setenta, donde se critica el término hombre como incluyente de la experiencia de ambos géneros. La primera en caer, fue la definición de antropología como "el estudio del hombre" a ser ahora el "estudio de los seres humanos" pues era evidente, como en el ejemplo anterior que se asumía que todo lo importante en la sociedad era producto de mentes masculinas, por lo que pocas personas se tomaban la molestia de preguntarse cuál era el papel que las mujeres tenían en la sociedad, no siempre subordinado y también con importantes contribuciones a la ciencia, para descubrir, más adelante, que en efecto, con contadas excepciones, en muchas disciplinas se había quedado por fuera el estudio de la mitad de la humanidad. ¿Por qué continuamos imaginando que sólo los hombres pueden ser los únicos capaces de pintar en las cavernas, de inventarse la rueda, de dividir átomos, o de llegar al espacio, incluso a pesar de las muchas evidencias que nos muestran lo contrario? Durante muchos fue aceptada como verdad absoluta en las teorías sobre la "evolución del hombre" que la herramienta fundamental que habría permitido la subsistencia de aquellos primeros humanos era un hacha de piedra que a su vez servía para matar y despresar a un animal. Una vez que se pensó en femenino, no se pensó sólo en matar, se imaginó a una primate que habiendo perdido el pelo corporal tenía que haber inventado algún implemento que le ayudara a mantener a su cría atada a su cuerpo y que ese mismo implemento le serviría para recoger frutos y otros alimentos y trasladarlos de un lugar a otro y asi tener pequeñas reservas para alimentar a sus crías. Nunca sabremos a ciencia cierta qué fue primero, ese primer cargador de bebé o un instrumento de madera que se utilizó para desenterrar tubérculos, ambos hechos, en un material perecedero, pero utilizados principalmente por mujeres. Hoy sabemos que en las pocas sociedades que aún sobreviven de la caza y la recolección, la gran proporción de la dieta viene de la recolección, practicada principalmente por mujeres y no de la caza, por lo general practicada por hombres, que es esporádica, estacional y se practica en grupo. Es claro, como lo ha demostrado la antropología, que las mujeres no se quedaban quietas en las cavernas esperando a que los hombres salieran y trajeran la comida, tal como ha ocurrido en ciertas sociedades patriarcales donde el proveedor salía a la oficina y traía su caza, para que su esposa encerrada en casa le cocinara. Es claro que estas investigaciones sobre el "origen del hombre" fueron realizadas desde un punto de visión masculino sesgado y que cuando las mujeres llegaron al mismo sitio, vieron cosas diferentes y se encontraron con que el macho dominante y agresivo, es un ideal que se busca con nostalgia y que aún algunas personas quieren encontrar. Lo que sí queda en claro es que no podemos continuar viendo a un género, el masculino, como el dueño de la ciencia y del conocimiento, sin tener en cuenta las contribuciones y las diferentes experiencias femeninas, ni asumir que la mejor persona para un trabajo es un hombre, sino que también puede ser una mujer. A lo largo de la historia de la humanidad, las tareas importantes de la sociedad como buscar la comida, obtener el conocimiento, realizar avances tecnológicos, para mencionar sólo unas pocas, no han sido exclusivamente masculinas, es más, muchas, como tal vez ocurrió con el arte rupestre, fueron realizadas en conjunto por hombres y mujeres. En los estudios científicos que han omitido a las mujeres, se podría argumentar que parte del problema radica en que no se siguió el método científico de manera correcta ya que la muestra, de un universo compuesto por todos los seres humanos no era suficientemente representativa pues se omitió al género femenino. También se podría asumir que una vez corregido este sesgo androcéntrico, el problema estaría resuelto, por lo que el término "género" no tendría cabida dentro de la crítica de la ciencia. Sin embargo, no podemos caer en argumentos simplistas. Tampoco podemos decir que las mujeres hacemos las cosas mejor, sólo porque somos mujeres, como por ejemplo lo que se escucha popularmente: si tuvieramos una mujer presidente del país sería distinto, pues ella si vería las problemas que abruman a las mujeres, y que por ser mujer, dadora de vida, estaría en contra de la guerra, pues sabemos que primarán no los intereses de género sino los de su propia clase social. Igual creo que ocurre con el acceso a la ciencia, si tenemos más científicas, ¿será que eso hará diferente la ciencia y los problemas de investigación? Automáticamente, me pregunto, se preocuparían ellas por investigar sobre la menopausia, el cáncer de útero y de seno y la mamografía sería un procedimiento más agradable, es decir, la ciencia estaría al servicio de la salud femenina y no en contra como ocurre muchas veces. Pero sabemos que no necesariamente será así, que hay otros factores que tienen un gran peso, y que determinan qué clase de ciencia se debe hacer, como los intereses de las grandes compañías farmacéuticas y de los fabricantes de instrumentos médicos y de las empresas promotoras de salud quienes tienen un gran poder y control en la sociedad. Es difícil medir la discriminación cuando no se trata de un problema tan evidente como lo fue en décadas anteriores donde los mecanismos para impedir la entrada de las mujeres a las universidades no eran tan sutiles como lo son hoy. Hay cosas que son claramente discriminatorias y arbitrarias como los procesos de selección de docentes o de investigadores, que tal vez más tienen que ver con la corrupción que reina en el país que con el género. Otros mecanismos se sitúan en un plano diario, soterrado que va produciendo malestares de bajo nivel, pero que sumados se convierten en agresiones e insultos a largo plazo. Nos referimos aquí a cosas como el no escuchar e ignorar a una mujer cuando habla, el ridiculizar con chistes lo que ella dice, lo que se convierte en ofensas, al parecer sin consecuencias, e invisibles. Otros ejemplos de estas microdiscriminaciones son el ocultamiento de información sobre convocatorias, concursos, eventos, y en fin, las actividades que permiten avanzar en una carrera científica. Cuando no se está conciente de las estructuras de poder es muy fácil atribuir fracasos o triunfos a situaciones personales. Como resultado, la hostilidad, las envidias y las culpas son frecuentes en este medio. Muchas mujeres no reconocen los problemas de discriminación pues han hecho un gran esfuerzo por mantener su posición y con gran orgullo muestran sus logros. ¿Cómo definir esos mecanismos de discriminación? Se pueden incluir también términos como asedio o acoso, que tiene como sinónimos palabras, que se oyen con frecuencia en el medio académico como importunación, molestia, persecución, y que implican el uso de políticas, prácticas, procedimientos, acciones e inacciones que tienen como resultado diferentes niveles de control, que cumplen la función de obstaculizar y crear barreras con el propósito de limitar y dificultar el acceso, la comunicación y en general el éxito. Éstas son difíciles de identificar y cuantificar, pues son negadas, toleradas o justificadas por aquellas personas -por lo general hombres-que están en el poder. Estos mecanismos pueden ser clasificados de varias maneras. Los estructurales, los institucionales y los familiares. Existe una amplia gama de comportamientos desde las más abiertas y descaradas propuestas de tipo sexual, el contacto corporal no invitado, la presencia de material inapropiado para una área de trabajo como pornografía en las pantallas de los computadores, hasta los mecanismos más sutiles como la circulación de chistes de doble tono, o de corte sexista que hacen que el ambiente de estudio o de trabajo este viciado. Cualquiera puede corroborar esto leyendo los ofensivos letreros, que están en las paredes, los baños o los pupitres, de algunas universidades para que sean leídos por cualquiera. Estas ofensas, en cierta manera toleradas, se convierten en marcas emocionales invisibles que se van acumulando causando efectos destructivos, son violaciones de los derechos de las mujeres y parte del problema que hay que afrontar. El tratamiento desigual que ellas reciben está interiorizado profundamente en diferentes niveles, pues no es fácil verlo a simple vista. Muchas veces es inconsciente y hace parte de una dinámica en donde no siempre se cuestionan las herramientas utilizadas para demeritar o dar menos importancia al trabajo realizado. Cuando se usan lentes distorsionadas por la discriminación es difícil evaluar el trabajo con ecuanimidad, permite que unos avancen más rápido que otras y por lo tanto obtengan mayor reconocimiento. A las mujeres tanto en la universidad como en el área de trabajo se les recuerda constantemente su sexualidad y la implicación de que la belleza y la inteligencia no pueden estar en el mismo cuerpo es resaltada constantemente. Si no es la discriminación la razón por la cual las mujeres no hacen parte de ciertas áreas de la ciencia, o no figuran Varios temas atraviesan esta investigación, sobre qué es la ciencia, para quién es y cómo será utilizada. Uno de los retos que surgen es el de criticar nociones como "la ciencia está en todo lado, al alcance de todo el mundo." Por eso se partió de la idea de que nos encontramos frente a un círculo cerrado con una variedad de patrones de exclusión, en donde las mujeres no siempre son invitadas, incluso aquellas que tienen mejor posición social. Esta situación hay que mirarla desde varios ángulos. Por una parte están los mecanismos de exclusión tradicionales, si se pueden llamar así y por otro tenemos las percepciones que las mujeres tienen sobre la ciencia como "algo que no les pertenece a ellas". ¿Cuáles son los factores que inciden en el momento de optar por una profesión y de hacer un esfuerzo y una inversión económica? ¿Es la manera como se enseña la ciencia en las escuelas o son factores sociales más amplios donde se encarrila a las niñas y a las adolescentes hacia profesiones "femeninas" de servicio, de cuidado o donde se enfatiza el cuerpo y la belleza como metas en la vida? O será que la ciencia se percibe como algo muy difícil, sólo para hombres, o si lo podemos entender nosotras las mujeres "es porque no es verdaderamente científico". Todo esto requiere de un repensar la ciencia y sus estructuras. Esto implica que si se cambia la manera cómo se hace la ciencia y los actores que la hacen, de alguna manera se cambiarán los efectos de la ciencia haciéndola mejor o tal vez más responsable. Se trata de ir más allá de abrir las puertas para que más mujeres puedan pasar, se trata también de reformar aspectos de la ciencia que son perjudiciales para los seres humanos y para el medio ambiente. Dentro de esta discusión es necesario mencionar los debates en torno a las teorías sobre género, ciencia y desarrollo los cuales se mueven entre varias posiciones ideológicas. Algunos discursos argumentan que la industrialización y dentro de esta el desarrollo científico, es el paso necesario para erradicar la pobreza. No se trata simplemente de agregar a las mujeres, sino que se debe hacer una crítica profunda de cómo se hara las teorías y prácticas del desarrollo. Desde la década de los setenta se habló del caso de las mujeres, en especial las rurales como víctimas del desarrollo, pues se argumentaba que ellas se beneficiarían automáticamente, cosa que no ocurrió así. En resumen, los talentos de las mujeres colombianas son poco apreciados, sus contribuciones tienden a ser ignoradas y sus logros escondidos y no hay suficiente preocupación por incluir datos sobre género en las estadísticas e informes. Las ausencias e inconsistencias sobre el trabajo de las mujeres en la ciencia, hace que sea muy difícil ubicar su posición. Pero, ¿qué importancia tiene esto? La tarea de evaluar la posición de la mujer dentro de la ciencia y la tecnología, mostró un panorama desconsolador en cuanto a las muchas desigualdades detectadas, por lo que se debe también proponer algún mecanismo o acción que sirva para corregir este problema. La tendencia a ver esto exclusivamente como el resultado de una cultura machista, lo hace ver como algo abstracto, enraizado en todos los niveles de la sociedad, con el cual hay que aprender a convivir, pues no es mucho lo que se puede hacer al respecto. A veces no se sabe qué pesa más si el género o la clase social como el obstáculo con mayor peso para entrar en los círculos cerrados de la ciencia. Esto tiene implicaciones negativas para muchas mujeres, ya que estas carreras son vistas como las puertas de entrada para un ascenso en la posición social, mejores salarios y mejores oportunidades. A pesar de los cambios sociales de las últimas décadas en Colombia, aún a muchas mujeres les toca realizar esfuerzos heroicos para entrar, sobrevivir y sobresalir en campos tradicionalmente masculinos, horadando las instituciones que han sido injustas para ellas, en espacios diseñados para cuerpos, roles y horarios masculinos. Después de este panorama, finalizo con varias preguntas: ¿Qué podemos hacer para mejorar esta situación? ¿Qué tipo de acciones se podrían empezar a tomar en las escuelas, las universidades, las instituciones y las áreas de trabajo? En primer lugar, hay que visibilizar el problema, introducir políticas, cambiar viejas estructuras de poder y proponer implementar acciones positivas que estimulen y resalten las contribuciones de las mujeres y mejoren su participación en la ciencia. Las entidades que financian la ciencia deben exigir mayor representación de las mujeres en la dirección de proyectos de investigación, y en general en campos de toma de decisiones, de manera que se empiecen a romper las "roscas" o como se conoce en otros países los círculos de muchachos que con sus mecanismos se promueven entre sí pero impiden el paso de las que no hacen parte de éstos, y a por lo menos comenzar a resquebrajar los techos de cristal. Al fin tenemos la evidencia de que hay una gran brecha y de que la discriminación en la ciencia en Colombia es una realidad. LA MUJER COLOMBIANA EN LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA.
Las terapias avanzadas comprenden un grupo de medicamentos biológicos basados en la terapia génica, la terapia celular y la ingeniería de tejidos. En este artículo se presentan algunos conceptos básicos, se describen las estrategias más prometedoras y se detallan los resultados de diferentes ensayos clínicos para un grupo significativo de enfermedades, especialmente las enfermedades hereditarias monogénicas. Se hace un mayor hincapié en la terapia génica ex vivo en enfermedades del sistema hematopoyético, al ser el grupo de enfermedades pioneras que además han orientado la investigación en el campo. Destacamos también algunos ejemplos de éxito de terapia génica in vivo y señalamos la contribución de la terapia celular y de la ingeniería de tejidos al grupo de enfermedades raras de la piel. Pretendemos con ello dar una visión de la situación de las terapias avanzadas en enfermedades raras y señalamos algunas de las vías de futuro orientadas al desarrollo de tratamientos más eficaces y seguros. Las terapias avanzadas constituyen un grupo de medicamentos de uso humano basados en la terapia génica, la terapia celular o la ingeniería de tejidos. Se trata de estrategias terapéuticas nuevas que abren esperanzas para un gran número de enfermedades raras (ER) que carecen de tratamientos eficaces. Los medicamentos de terapia avanzada en ER se encuentran en un alto porcentaje de casos en fase de investigación básica y de desarrollo preclínico. En gran medida esto es así puesto que el desarrollo de los mismos va asociado a los avances en los conocimientos de las bases moleculares y fisiopatológicas de la enfermedad. La mayor atención que este grupo de enfermedades, tan heterogéneas y tan poco prevalentes, ha recibido por parte de las instituciones sanitarias en el mundo occidental ha representado un impulso tanto en la investigación básica como en el desarrollo de nuevas terapias, y en especial en terapias avanzadas. Así, para enfermedades de las que se dispone de un buen conocimiento sobre su biología encontramos ensayos clínicos en diferentes fases de desarrollo y empiezan a surgir los primeros medicamentos comercializados, de acuerdo con la legislación existente para medicamentos de terapias avanzadas. Esta es sin duda un área de presente y futuro y cuyos avances pueden dar respuesta al tratamiento de muchas enfermedades, hoy huérfanas de curación. Este trabajo pretende presentar al lector una visión sobre el estado actual de las terapias avanzadas en enfermedades raras cubriendo aspectos básicos de concepto, diseño y desarrollo, así como presentar algunos ejemplos que de forma exitosa han realizado el largo trayecto que va desde la investigación básica a la práctica clínica. La terapia génica consiste en un conjunto de estrategias terapéuticas que utilizan un medicamento biológico cuyo principio activo son ácidos nucleicos capaces de modular la expresión de genes endógenos o expresar nuevos genes para prevenir, detener o revertir un proceso patológico. Además del principio activo el medicamento de terapia génica requiere de un vehículo o vector que facilite el acceso del principio activo al interior de la célula diana. Mayoritariamente la terapia génica para enfermedades raras se ha desarrollado alrededor de enfermedades monogénicas recesivas; sin embargo, las posibilidades de una aplicación para enfermeda-des más complejas está siendo evaluada en estudios preclínicos (Fillat y Altafaj, 2012). La terapia génica, en función de la enfermedad que se vaya a tratar, se desarrolla tomando como base tres principios: Es la estrategia más comúnmente utilizada e implica la adición de una secuencia recombinante de DNA para que exprese un producto génico que está ausente o no es funcional en el paciente. Es una estrategia común para el desarrollo de terapias para enfermedades hereditarias cuyo defecto genético da lugar a una pérdida de función. La adición génica puede darse de manera que el nuevo gen se mantenga de forma episomal en el núcleo de la célula, o bien se integre en el genoma de la célula huésped. Esta integración podrá ser esencialmente aleatoria, o bien podrá tener lugar en una región deseada del genoma, en regiones que no interfieran con la expresión de genes relevantes para la célula, a las que se denomina como zonas seguras del genoma. En este caso se trata de corregir condiciones patológicas en las que o bien se produce una proteína anómala, o se produce una sobreexpresión patológica de la misma. Estas aproximaciones también se vislumbran para la regulación de ARNs no codificantes, especialmente los miARNs. Así se diseñan secuencias de reconocimiento de miARNs específicos, para que actúen como competidores de los transcritos naturales sobre los que actúan, ejercitando un papel de esponja, o de secuestro de los miARNs. 3) Reparación o edición génica. Esta estrategia se podría considerar la aproximación ideal. El objetivo es sustituir únicamente los cambios nucleotídicos existentes que han dado lugar a un gen disfuncional. Los sistemas desarrollados son similares a los que se utilizan para la inserción de genes en sitios seguros del genoma. Esencialmente consisten en inducir un punto de rotura en una región concreta del ADN, a la vez que se introduce en la célula una región con la secuencia nucleotídica correcta y dos brazos de homología en cada extremo para facilitar que tenga lugar un proceso de recombinación homóloga entre el ADN huésped y el fragmento introducido. Con ello se consigue reparar la región que alberga las mutaciones patogénicas. Vectores virales: Vectores integrativos. Distinguiremos dos tipos de vectores, los vectores γ-retrovirales y los lentivirales. Ambos comparten algunas caracterís-a467 ticas, como que se trata de virus ARN cuyo genoma es fácilmente modificable, y que permiten la expresión en trans de gran parte de sus proteínas para la formación de las partículas virales. Se denominan integrativos ya que el genoma viral se inserta en el ADN cromosómico de la célula infectada y permanece a lo largo de las diferentes divisiones celulares. Estas propiedades los han hecho especialmente atractivos para las estrategias de terapia génica basadas en la manipulación ex vivo de las células. Los vectores γ-retrovirales, y principalmente los derivados del virus de la leucemia murina, fueron los pioneros en entrar en ensayos clínicos de terapia génica. Estos vectores, una vez han infectado la célula, no son capaces de entrar en el núcleo a no ser que la célula se encuentre en división; momento en que la envoltura nuclear se desintegra y el genoma liberado por el vector viral puede tener acceso a los cromosomas celulares y proceder a la integración. La integración de estos vectores tiene lugar principalmente en regiones ricas en genes, y particularmente cerca del inicio de la transcripción. Sin embargo, los vectores lentivirales -los más utilizados derivados del virus VIH-sí son capaces de transportar el genoma al núcleo celular, lo que favorece la transducción de células quiescentes, por lo que este proceso es independiente de la división celular. Como ocurre con los vectores γ-retrovirales, la integración de los vectores lentivirales en el genoma de la célula huésped también transcurre en regiones ricas en genes. No obstante, en este caso no existe preferencia por la integración alrededor del inicio de transcripción (Schröder et al., 2002). Esto ha hecho que sean considerados vectores más seguros y de mayor aplicabilidad. En estos vectores se realizó también la inactivación de los promotores y secuencias potenciadoras de la expresión, lo que supuso un paso adicional de seguridad. De manera análoga, en los vectores γ-retrovirales también se ha realizado tal inactivación, por lo que en ambos casos se pueden utilizar secuencias reguladoras de la expresión génica más débiles o con actividad específica de linaje celular. Destacamos principalmente los vectores derivados de virus adenoasociados (AAV). Se trata de virus ADN, de genoma pequeño y que necesitan de un virus helper, para completar su ciclo de vida. El genoma del AAV puede remplazarse por el gen terapéutico prácticamente en su totalidad, a excepción de las secuencias ITR. Ello permite un margen de clonaje relativamente pequeño, alrededor de las 5kb. Esto es considerado una limitación ya que en ocasiones las secuencias que se quieren introducir exceden este tamaño. Por otro lado, los AAV son vectores altamente atractivos ya que pueden transducir células post-mitóticas, mantienen el genoma de forma episomal en el núcleo celular y hay una variedad significativa de serotipos diferentes de AAV con tropismos de tejido específico. Son vectores de especial interés en estrategias de terapia génica in vivo, en marcha en varios ensayos clínicos. Una de sus principales limitaciones radica en la respuesta inmune que frecuentemente despiertan estos vectores, lo que en algunos casos limita la eficacia del vector. Estrategias de terapia génica: Ex vivo. La terapia génica ex vivo se basa en la colecta de las células que se quieren modificar del paciente, seguida por la transducción in vitro de estas células con los vectores portadores del gen terapéutico y la posterior reinfusión de las células corregidas al paciente (figura 1). El paradigma de esta estrategia lo constituye la terapia génica ex vivo de células hematopoyéticas, que se describe en detalle más adelante. Esta estrategia se utiliza en la mayor parte de los casos con vectores integrativos que permitan el mantenimiento del gen terapéutico a largo plazo, tales como los vectores γ-retrovirales o lentivirales. La terapia génica in vivo consiste en la administración del vector terapéutico directamente al paciente. La administración puede ser sistémica por vía endovenosa, o local por inyección directa al órgano o tejido de interés (figura 1). Para el tratamiento in vivo de enfermedades raras los principales vectores utilizados son los vectores AAV, cuyos logros se describen más adelante. TERAPIA GÉNICA EX VIVO DE ENFERMEDADES RARAS: EL SISTEMA HEMATOPOYÉTICO El protocolo básico seguido en los ensayos clínicos de terapia génica de enfermedades monogénicas del sistema hematopoyético es el que se muestra en la figura 1. En la inmensa mayoría de estos protocolos, las células diana se obtienen a partir de la médula ósea o de aféresis de sangre periférica tras un tratamiento que moviliza las células madre hematopoyéticas (CMH) de la médula ósea. En un paso posterior, las CMHs se purifican mediante sistemas inmunomagnéticos basados en la expresión del marcador CD34, expresado en estas células. Una vez enriquecida la población de CMHs, estas se activan proliferativamente mediante cultivo in vitro durante 24 o 28 horas, seguido de uno o varios ciclos de transducción con los vectores γ-retrovirales o lentivirales portadores de los genes terapéuticos durante un máximo de 2 o 3 días adicionales. Por último, las células CD34+ sometidas al proceso de corrección genética se infunden en el paciente por vía endovenosa. En las patologías en las que las células corregidas desarrollan fuerte ventaja proliferativa respecto a las células no corregidas, como es el caso de la inmunodeficiencia X1-SCID, las células se pueden infundir sin necesidad de pre-acondicionar a los pacientes con quimioterapia. Por el contrario, si las células corregidas no desarrollan una ventaja proliferativa, el paciente recibe un acondicionamiento quimioterápico para facilitar el injerto de las células transducidas. Imunodeficiencia severa combinada por déficit de ADA. Entre los síndromes hematopoyéticos que primero se consideraron para su tratamiento génico destaca la inmunodeficiencia severa combinada asociada a mutaciones en el gen Adenosina Deaminasa (ADA-SCID). La ausencia de ADA implica la acumulación del sustrato desoxiadenosina trifosfato en la célula, lo cual resulta particularmente tóxico en los linfocitos T. Esta inmunodeficiencia fue una de las primeras patologías que se trataron mediante terapia génica con vectores γ-retrovirales, primero en los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos (Blaese et al., 1995; Kohn et al., 1998), y luego en el Hospital San Raffaelle de Milán (Aiuti et al., 2002; Bordignon et al., 1993). Las alternativas que se consideraron para el tratamiento genético de esta enfermedad tenían por objeto la transferencia del gen ADA en los linfocitos T de los pacientes o en las CMHs. Tras la infusión de las células corregidas en los pacientes, se observó la presencia de bajas proporciones de células corregidas en sangre y modestas evidencias de beneficio clínico. Los mejores resultados se obtuvieron posteriormente por parte del equipo del Dr. A. Aiuti en Milán, quien introdujo modificaciones sustanciales en los ensayos clínicos anteriores. Como paso previo a la infusión de las células CD34+ transducidas, este investigador retiró la administración de la proteína ADA recombinante a los pacientes. Con ello se pretendía forzar la ventaja proliferativa de las células corregidas frente a las no corregidas. Por otra parte, para facilitar el injerto de las células infundidas, los pacientes se acondicionaron con un tratamiento submieloablativo de busulfán (Aiuti et al., 2002; Aiuti y Roncarolo, 2009). Desde el punto de vista clínico, este protocolo mostró beneficios terapéuticos incuestionables en los diez pacientes a quienes se les aplicó en el primer ensayo clínico. A los diez años de tratamiento, ocho de los pacientes mantenían la función de los linfocitos T sin tratamiento con la proteína ADA recombinante. Es de destacar que en este protocolo todos los pacientes tratados estaban vivos, y ninguno de los pacientes manifestó efectos adversos severos como consecuen-Figura 1. Modalidades de terapia génica: ex vivo / in vivo. Ex vivo: esquema del protocolo de modificación de células hematopoyéticas mediante vectores gamma-retrovirales / lentivirales. In vivo: esquema de inyección directa de vectores adenoasociados a músculo esquelético Fuente: Elaboración propia. a467 cia de fenómenos de mutagénesis insercional. A día de hoy se han tratado más de 40 pacientes con este protocolo, siendo la supervivencia del 100% y la eficacia terapéutica del 75%. Este protocolo constituye uno de los ejemplos más representativos de la eficacia y seguridad asociada a procedimientos de terapia génica ex vivo. En virtud de los resultados obtenidos, el medicamento consistente en células CD34 + transducidas con el vector γ-retroviral utilizado en este ensayo recibió en 2016 la autorización de la Agencia Europea del Medicamento para ser registrado como medicamento de uso clínico en Europa, bajo la denominación de Strimvelis (Aiuti, Roncarolo y Naldini, 2017). Inmunodeficiencia severa combinada X1-SCID. La inmunodeficiencia X1-SCID representa aproximadamente la mitad de todas las inmunodeficiencias severas combinadas y está asociada a un defecto en la cadena gc, una proteína que forma parte de numerosos receptores de interleuquinas. La terapia génica de estos pacientes se inició en el Hospital Necker de París, por parte de los Drs. Fischer y Cavazzana, mediante la transferencia del gen terapéutico a células CD34+, utilizando vectores γ-retrovirales. En este caso, la infusión se realizó sobre pacientes que no habían recibido acondicionamiento alguno. En los dos primeros pacientes que se trataron se consiguió restaurar tanto el número como la función de las células B, T y NK (Cavazzana-Calvo et al., 2000). Estos resultados se confirmaron en cinco nuevos pacientes tratados en el mismo centro (Hacein-Bey-Abina et al., 2002) y en otros cuatro pacientes tratados por B. Gaspar y A. Thrasher en Londres (Gaspar et al., 2004). A partir del segundo año de tratamiento, no obstante, seis de los veinte pacientes X1-SCID que fueron infundidos con células transducidas con los vectores γ-retrovirales desarrollaron leucemias linfocíticas, si bien cinco de ellos respondieron satisfactoriamente al tratamiento antitumoral. La inmunodeficiencia X1-SCID y los avances en la seguridad de la terapia génica. En los pacientes X1-SCID que desarrollaron leucemia linfocítica se observó que una gran proporción de las inserciones del vector terapéutico tuvieron lugar en regiones próximas o dentro de genes de las células diana. De hecho, se observó que con alta frecuencia la inserción del vector terapéutico ocurría junto al oncogén LMO2, implicado en leucemias linfocíticas (Hacein-Bey-Abina et al., 2003). Con objeto de minimizar el riesgo de transactivar oncogenes por la inserción de vectores terapéuticos, se desarrollaron nuevos vectores γ-retrovirales en los cuales las regiones LTR se habían inactivado a semejanza de los realizados en los vectores lentivirales autoinactivados. Con este vector ninguno de los más de diez pacientes tratados ha desarrollado reacciones adversas asociadas a la inserción del vector (Hecein-Bey-Abina et al., 2014). La granulomatosis crónica constituye otra inmunodeficiencia que ha sido tratada mediante terapia génica. Esta enfermedad se caracteriza por una respuesta ineficaz de las células fagocíticas para generar anión superóxido, lo que se manifiesta mediante un síndrome recurrente de infecciones y formación de granulomas. Los estudios clínicos realizados por el Dr. Manuel Grez en Frankfurt sobre pacientes con mutaciones en el gen pg91 phox y basados en la infusión de células CD34+ transducidas con vectores γ-retrovirales en dos pacientes adultos que recibieron acondicionamiento mieloablativo también mostraron mejorías clínicas, pues los pacientes tratados en estos estudios generaron células fagocíticas con actividad NADPH funcional (Ott et al., 2006). A pesar de ello, y tal como ocurrió en el caso de la inmunodeficiencia X1-SCID, también se observaron fenómenos de oncogénesis insercional que promovieron una reconstitución oligoclonal de los pacientes a partir de los clones en los que se había producido la transactivación de oncogenes tales como MDS-EVI1 (Stein et al., 2010). Como consecuencia de ello, estos ensayos clínicos se detuvieron hasta el desarrollo de nuevos vectores. Recientemente se ha puesto en marcha un ensayo clínico en donde el gen GP91 está insertado en un vector lentiviral autoinactivado, que está demostrando evidencias de injerto estable con células que han recuperado la función fagocítica, con clara mejoría clínica y ausencia de genotoxicidad. β-Talasemia. Marina Cavazzana publicó los resultados del primer paciente con b-talasemia que fue tratado con células CD34+ que se transdujeron con un vector lentiviral que confería expresión específica del gen de la globina-b en células de la serie eritroide. Tras un acondicionamiento mieloablativo, los pacientes se infundieron con las células transducidas. Progresivamente a lo largo del tiempo se observó el incremento de la población de células eritroides portadoras del gen terapéutico (Cavazzana-Calvo et al., 2010). Durante un tiempo, se observó la predominancia de células que provenían de un clon celular en donde el vector lentiviral se había integrado en un microARN (Let-7), produciendo su inactivación y con ello la sobre-expresión de uno de sus genes diana (HMGA2), implicado en crecimiento celular. Afortunadamente, a467 tras un periodo de predominancia clonal benigna, la hematopoyesis del paciente retornó a un patrón policlonal, disminuyendo los riesgos de progresión maligna. Nuevos pacientes han sido tratados con este tipo de vectores tanto en Europa como en Estados Unidos, sin que por el momento se hayan indicado efectos adversos severos. Más recientemente la Dra. Giuliana Ferrari, del Hospital San Raffaele, también ha demostrado beneficio clínico en tres de los cuatro pacientes tratados con un nuevo vector lentiviral. Se trata de un síndrome asociado a inmunodeficiencia y trombocitopenia. En el año 2010 el equipo del Dr. C. Klein publicó los resultados de los dos primeros pacientes tratados con un vector γ-retroviral portador del gen de Wiskott-Aldrich. Estos pacientes mostraron una mejoría clínica evidente, resolviéndose los problemas hemorrágicos, eccema, autoinmunidad y predisposición a infecciones severas (Boztug et al., 2010). El beneficio terapéutico observado en este ensayo se confirmó en un estudio posterior (Braun et al., 2014). No obstante, como ocurrió en el tratamiento de pacientes X1-SCID con vectores γ-retrovirales, progresivamente se observó la aparición de leucemias mieloides y linfoides en siete de los diez pacientes tratados como consecuencia de fenómenos de genotoxicidad. En virtud de estos fenómenos de oncogénesis insercional, el Dr. A. Aiuti inició un ensayo clínico con vectores lentivirales en pacientes con Wiskott-Aldrich. En la actualidad se han publicado los resultados obtenidos en tres pacientes, en los que además de demostrar la recuperación en el recuento de plaquetas y el rescate de la inmunodeficiencia, también se demuestra que el patrón de reconstitución hematopoyética de los pacientes fue policlonal, sin que por el momento se hayan generado efectos adversos en ninguno de los pacientes tratados (Aiuti et al., 2013). Adrenoleucodistrofia y leucodistrofia metacromática. La transducción de células madre hematopoyéticas se ha utilizado no solo para la corrección de enfermedades de este sistema, sino también para el tratamiento de otras patologías, tales como diferentes leucodistrofias. En estos casos, el objetivo clínico perseguido es el de hacer llegar la proteína deficitaria en el paciente a los tejidos críticos, tal como es el sistema nervioso, en estas patologías. Puesto que estas dos leucodistrofias se habían tratado anteriormente mediante trasplante alogénico de CMHs, se pensó que la infusión de CMH autólogas que sobre-expresaran la proteína deficitaria en el paciente podría también restaurar o al menos detener la progresión de la enfermedad. La X-adrenoleucodistrofia cursa con una desmielinización severa en el cerebro que se produce como consecuencia de la deficiencia en la proteína ALD en los oligodendrocitos y microglía. En el ensayo clínico realizado por la Dra. N. Cartier las células CMHs se transdujeron con vectores lentivirales portadores del gen de la ALD y posteriormente se reinfundieron en los pacientes tras un acondicionamiento mieloablativo para facilitar la reconstitución a partir de las CMHs transducidas. Los resultados que se presentaron en dos pacientes demostraron por primera vez que era posible detener el proceso de desmielinización en estos pacientes, de manera análoga a como se había mostrado en pacientes sometidos a trasplante alogénico de CMHs, pero sin las complicaciones clínicas asociadas a un trasplante alogénico (Cartier et al., 2009). A. Biffi y L. Naldini también obtuvieron resultados positivos en un ensayo en tres pacientes asintomáticos con leucodstrofia metacromática, originada por una deficiencia en el gen de la arilsulfatasa A (ARSA). Como en el caso de la ALD, en los tres pacientes tratados en este ensayo se observó un detenimiento en el progreso de la enfermedad, sin que se manifestaran efectos adversos colaterales (Biffi et al., 2013). Próximos ensayos clínicos de enfermedades monogénicas del sistema hematopoyético. La seguridad y eficacia clínica observada en los ensayos clínicos de terapia génica ha promovido el desarrollo de nuevos vectores que permitan la puesta en marcha de nuevos ensayos clínicos para el tratamiento génico de otros síndromes que afectan a células del sistema hematopoyético. Así, la Unidad 710 del CIBERER (CIEMAT/ IIS Fundación Jiménez Díaz) ha desarrollado nuevos vectores lentivirales para el tratamiento de tres graves patologías que cursan con anemia aplásica (anemia de Fanconi), anemia macrocítica (deficiencia en piruvato quinasa) e inmunodeficiencia (deficiencia de adhesión leucocitaria de tipo I). La anemia de Fanconi (AF) se caracteriza principalmente por fallo de médula ósea y predisposición a cáncer. Los ensayos clínicos realizados en Cincinnati por el equipo del Dr. D. Williams con vectores γ-retrovirales no generaron beneficios terapéuticos en los pacientes (Kelly et al., 2007). En virtud de ello, nuestro equipo de investigación ha venido trabajando en el desarrollo de nuevos vectores lentivirales, más eficaces y seguros, que abren nuevas expectativas para el tratamiento de pacientes con anemia de Fanconi del subtipo A, que afecta al 80% de los pacientes españoles con AF (Adair et al., 2016; Gonzalez-Murillo et al., 2010; Tolar et al., 2012). En virtud de los estudios preclínicos realizados, a467 la Comisión Europea y la Food and Drug Administration (FDA) americana designaron el vector desarrollado por nuestro equipo como un nuevo medicamento huérfano para el tratamiento de pacientes con anemia de Fanconi. Asimismo, la Agencia Española del Medicamento aprobó en 2013 el protocolo de terapia génica en España, el cual ha recibido financiación del Ministerio de Sanidad y de la Comisión Europea para su puesta en marcha en España y en otros países europeos. Resultados muy recientes han mostrado que la transducción de CMHs de pacientes AF con nuestro vector lentiviral son capaces de reconstituir el sistema hematopoyético de ratones inmunodeficientes (Río et al., 2017), lo que abre nuevas esperanzas a que la terapia génica sea un tratamiento eficaz y poco tóxico para pacientes con anemia de Fanconi. En el caso de la anemia producida por déficit en piruvato quinasa eritrocitaria, los estudios preclínicos ya realizados con este vector muestran no solo su eficacia terapéutica sino también su seguridad (García-Gómez et al., 2016; Meza et al., 2009), por lo que confiamos en dar comienzo a los estudios clínicos en los próximos años. En esta línea de trabajo, la Agencia Europea del Medicamento y la FDA han designado también al vector lentiviral desarrollado por esa Unidad CIBERER como medicamento huérfano. Una tercera enfermedad en la que venimos trabajando en esta Unidad CIBERER es la inmunodeficiencia conocida como deficiencia de adhesión leucocitaria de tipo I (LAD-1). Como en los casos anteriores los estudios preclínicos realizados con el vector lentiviral construido por nuestro laboratorio han mostrado evidencias de eficacia terapéutica (León-Rico et al., 2016), lo que ha facilitado también la designación de medicamento huérfano por las agencias europea y americana. Confiamos en que el uso de este vector lentiviral portador del gen CD18, deficiente en los pacientes con LAD-1, nos permita próximamente iniciar el tratamiento de pacientes con esta grave inmunodeficiencia. TERAPIA GÉNICA IN VIVO DE ENFERMEDADES RARAS: TEJIDOS DIANA Probablemente los ensayos clínicos desarrollados hasta ahora para enfermedades de degeneración de la retina se pueden considerar uno de los mayores logros de terapia génica in vivo con vectores adenoasociados. La amaurosis congénita de Leber (ACL) fue la primera enfermedad de este grupo que entró en protocolos de terapia génica. Se trata de una enfermedad genética para la que se han descrito hasta 14 genes cuyas mutaciones dan lugar a diferentes sub-tipos de la enfermedad. Para el subtipo que cursa con mutaciones en el gen RPE65 (retinal pigment epithelium-specific 65 KDa protein) tres grupos, uno en Reino Unido y dos en Estados Unidos, iniciaron ensayos de terapia génica en 2007 (Bainbridge et al., 2008; Hauswirth et al., 2008; Maguire et al., 2008). Estos estudios demostraron la seguridad del tratamiento, con una respuesta inmune frente al virus o al transgén mínima, probablemente por ser el ojo un lugar inmunoprivilegiado. Se han publicado respuestas parciales en algunas de las funciones estudiadas y las mejoras se han mantenido a lo largo de varios años. La readministración en el segundo ojo de un mismo paciente no ha dado lugar a ningún efecto adverso y en cambio sí ha permitido mejorar la visión (Benett et al., 2012). La agencia americana FDA ha aprobado la terapia génica para ACL, que sería el primer tratamiento de terapia génica para una enfermedad genética hereditaria aprobado en Estados Unidos. El grupo de enfermedades con alteraciones en la visión es muy amplio y se están iniciando ensayos clínicos en nuevas enfermedades, como la degeneración macular asociada a la edad (NCT01024998), el síndrome de Usher tipo B (NCT01505062) o la enfermedad de Stargardt (NCT01367444), esta última mediante el uso de vectores lentivirales. Entre las enfermedades raras cuyo órgano diana para la expresión del transgén es el hígado, destacamos dos. En primer lugar, la hemofilia B, una enfermedad causada por mutaciones en el factor IX de la coagulación de la sangre, para la que se realizaron ensayos clínicos tras la administración endovenosa de un vector adenoasociado serotipo 2 que expresaba el factor IX. En uno de los sujetos tratados se observaron signos de eficacia con una dosis de factor circulante entre el 10 y el 12 por ciento de un individuo normal. Sin embargo, el factor persistió únicamente a lo largo de diez semanas como consecuencia de la destrucción de las células hepáticas transducidas por linfocitos T activados frente a péptidos de la cápside del AAV. Estos datos, que no se habían visto antes en modelos animales, demuestran las diferencias existentes entre especies con relación a la presentación antigénica y reactividad de las células T (Mingozzi y High, 2011). Posteriormente, con virus AAV serotipo 8 más optimizados se desarrollaron nuevos ensayos clínicos para hemofilia B. Se utilizaron dosis bajas del vector y aun así pudieron observarse valores de entre el 3 y el 11 por ciento del factor IX circulante, y los pequeños efectos adversos observados pudieron ser controlados mediante tratamiento puntual de glucocorticodes. Otra de las enfermedades para las que el hígado es el órgano diana es la porfiria aguda intermitente, cuyas alteraciones son debidas a mutaciones en el gen de la porfobilinógeno deaminasa. Liderado por un grupo español del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de Navarra, se ha llevado a cabo un ensayo clínico fase 1 con un vector AAV, serotipo 5 que expresa de forma hepatoespecífica la porfobilinógeno deaminasa (NCT02082860), mostrando seguridad del tratamiento, si bien a las dosis utilizadas no se observó una corrección del defecto metabólico. Este tejido, en parte como consecuencia de su facilidad de acceso, es altamente atractivo para la aplicación de terapias, no solo de enfermedades musculares sino también de enfermedades cuya proteína sea secretada fácilmente. Destacamos el tratamiento de la deficiencia familiar de lipoproteinlipasa, un trastorno genético debido a mutaciones en el gen de la lipoproteinlipasa que conlleva defectos en la degradación de la grasa con niveles altos de triglicéridos y pancreatitis recurrentes. El tratamiento intramuscular con AAV serotipo 1 que expresa el gen de la lipoprotein lipasa consigue reducir el número de episodios de pancreatitis. El producto AAV2/1-LPL, conocido con el nombre de Glybera, fue aprobado para su comercialización por parte de la Comisión Europea en noviembre de 2012, convirtiéndose así en el primer medicamento de terapia génica en el mercado. Próximos ensayos clínicos de enfermedades monogénicas mediante estrategias in vivo. Entre las enfermedades para las que se prevé el inicio de ensayos clínicos, destacamos la mucopolisacaridosis tipo III A o síndrome de Sanfilippo A. Es una enfermedad metabólica debida a mutaciones en el gen de la sulfamidasa que cursa con importante alteraciones somáticas y neurológicas. A raíz de los estudios preclínicos del grupo de la Dra. Bosch en el CBATEG Universidad Autónoma de Barcelona (Haurigot et al., 2013), la Comisión Europea ha designado el vector adenoasociado que contiene el gen de la sulfamidasa humana como medicamento huérfano. En colaboración con Laboratorios Esteve el proyecto de Sanfilippo A ha entrado en fase clínica recientemente. Como resultado del trabajo liderado por grupos españoles, también han recibido la designación de medicamentos huérfanos los vectores adenoasociados que contienen el gen de la timina fosoforilasa para el tratamiento de la enfermedad de MNGIE, tomando como base los estudios preclínicos de los Dres. Martí y Barquinero (Torres-Torronteras et al., 2014) y el vector adenoasociado portador del gen de la alanina glioxilato aminotransferasa para el tratamiento de la hyperoxaluria primaria tipo 1, liderado por el Dr. Salido (Salido et al., 2011). Dentro del ámbito de la medicina regenerativa, la ingeniería de tejidos (IT) es un campo emergente y muy dinámico de carácter multidisciplinar que combina la investigación básica y la clínica con el objetivo de desarrollar sustitutos biológicos para reemplazar in vivo tejidos y órganos dañados a causa de enfermedades, lesiones y anomalías congénitas, además de estimular la capacidad regenerativa intrínseca del organismo. Los tres elementos clave de la IT son las células, la matriz o andamiaje empleado y los morfógenos o factores de crecimiento (Atala, 2007), que han de combinarse adecuadamente para reproducir una estructura tridimensional que sea morfológica y funcionalmente similar al tejido u órgano que desee reemplazar y en la cual sea posible el mantenimiento y la diferenciación de los diversos tipos celulares hacia el fenotipo correcto. La dificultad de recrear andamiajes tridimensionales complejos capaces de albergar distintos tipos celulares ha llevado al desarrollo de técnicas de re-celularización de "esqueletos" de órganos previamente descelularizados como es el caso de la tráquea o de órganos complejos como el corazón y el hígado (Song y Ott, 2011). Otros abordajes novedosos que están permitiendo el desarrollo de estructuras tridimensionales complejas son las técnicas de bioprinting, que se basan en las tecnologías de impresión en 3D, haciendo posible la generación de estructuras tisulares tridimensionales y dando lugar a mini-órganos completos (Bajaj, Schweller, Khademhosseini, West y Bashir, 2014). La piel como sistema modelo. La piel, el órgano externo que nos protege del medio ambiente, está formada por dos compartimentos, la epidermis y la dermis. La epidermis es un epitelio estratificado y queratinizado, dotado de una gran capacidad regenerativa esencial en el que el principal tipo celular es el queratinocito. Por debajo se encuentra la dermis, un tejido conectivo especializado, poblado fundamentalmente por fibroblastos, células de origen mesenquimal productoras de matriz extracelular. La regeneración continua de la epidermis tiene lugar a expensas de la proliferación de una subpoblación del estrato basal, las células madre de la epidermis (CMEs). La comprensión de la biología fundamental de las CMEs y de los mecanismos que rigen su multipotencialidad a467 es clave para el éxito de estrategias terapéuticas basadas en IT, terapia génica o terapia celular en el campo de la medicina regenerativa cutánea. La IT cutánea surgió motivada principalmente por la necesidad crítica de dar cobertura permanente a grandes quemados, y posteriormente se ha empleado también en el tratamiento de úlceras crónicas. La posibilidad de fabricar in vitro grandes cantidades de epitelio cultivado a partir de una pequeña muestra de piel del paciente revolucionó la terapéutica de los grandes quemados. Si bien la piel fue el primer órgano producido mediante técnicas de IT, el campo de la IT cutánea ha evolucionado vertiginosamente en las últimas décadas, permitiendo importantes avances en el campo de la regeneración cutánea. En sus inicios, se emplearon cultivos 2D (una monocapa de queratinocitos) y posteriormente se han ido desarrollando nuevos sistemas de cultivo celular organotípicos basados en el uso de biomateriales que tratan de mimetizar la dermis humana. Como resultado, una amplia variedad de sustitutos cutáneos bioingenierizados, más o menos complejos, se encuentran actualmente disponibles en el mercado (Ehrenreich y Ruszczak, 2006) y han sido empleados con éxito en la clínica para la regeneración tisular permanente en distintas patologías (Wong, McGrath y Navsaria, 2007). El equivalente cutáneo ideal debería ser fácil de manipular, resistente y barato, además de ser capaz de recrear la fisiología de la piel y no inducir rechazo inmunológico en el receptor. Las matrices dérmicas de dichos sustitutos pueden estar compuestas de varios materiales, como colágeno de origen humano o bovino, proteoglicanos, ácido hialurónico o polímeros sintéticos, entre otros. Sin embargo, se ha comprobado que los queratinocitos crecidos sobre este tipo de matrices pierden capacidad de expansión. En los últimos años se ha conseguido optimizar este sistema mediante el desarrollo de una piel bioingenierizada compuesta por queratinocitos humanos que proliferan sobre una matriz de fibrina en la que se encuentran embebidos fibroblastos dérmicos humanos vivos. Este sustituto cutáneo presenta numerosas ventajas frente a los implantes de láminas epiteliales entre las que destacan la gran capacidad de expansión del componente epitelial in vitro y la preservación funcional de las CMEs. Esto es probablemente debido a que la fibrina, componente fundamental de la matriz provisional durante el proceso fisiológico de cicatrización, actúa como un fuerte inductor de la re-epitelización y la reorganización del tejido conectivo, eventos fundamentales para la regeneración cutánea. La fibrina no solo constituye un reservorio de diferentes factores sino que además preserva la potencialidad y funcionalidad de las CMEs, ya que favorece la adhesión de células indiferenciadas. Por todo ello, su uso está muy extendido para la regeneración de piel en casos de pérdidas masivas de tejido cutáneo (Llames et al., 2004; Llames et al., 2006) y en otros tejidos como el cardíaco, óseo o cartilaginoso, entre otros. En ensayos preclínicos, la piel bioingenierizada puede ser trasplantada a ratones inmunodeficientes de manera que la piel humana regenerada retiene las principales características clínicas e histológicas de la piel humana madura (tanto en el nivel dérmico como en el epidérmico) y persiste durante toda la vida del animal. Cuando las células provienen de piel de pacientes, es posible recapitular el fenotipo de la enfermedad en la piel regenerada en el ratón. Dicho modelo es lo que se conoce como modelo de ratón humanizado en piel (Río et al., 2002) y ha permitido estudiar la fisiopatología de diversas patologías cutáneas prevalentes y raras, así como ayudar al diseño y evaluación de estrategias de intervención terapéutica en el campo de la dermatología (Escámez et al., 2011). Las investigaciones en el campo de la IT se unen a los incesantes avances en el desarrollo de nuevas tecnologías como el bioprinting y el conocimiento de las potenciales propiedades regenerativas de las células madre (embrionarias y adultas). De hecho, la generación de sustitutos bioingenierizados a partir de células pluripotentes inducidas son también ya una realidad en el campo de IT cutánea (Guo et al., 2013; Lee et al, 2014). TERAPIAS AVANZADAS PARA ENFERMEDADES RARAS DE LA PIEL Las enfermedades hereditarias raras de piel, también conocidas como genodermatosis, representan una parte relevante de la patología dermatológica y constituyen cerca del 8% del conjunto de enfermedades raras. Actualmente, las bases genéticas de alrededor de 400 genodermatosis, en su mayoría monogénicas, han sido dilucidadas, lo cual permite una clasificación precisa, su diagnóstico molecular y, en buena medida, la comprensión del mecanismo patogénico. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos no existe tratamiento curativo sino fundamentalmente paliativo, y a menudo las consecuencias de las genodermatosis son devastadoras y estigmatizantes para el paciente. La epidermolisis bullosa (EB) es la primera familia de genodermatosis cuyo tratamiento ha sido abordado por terapia génica ex vivo. El tratamiento en 2006 de a467 un paciente con CMEs autólogas modificadas genéticamente evidenció el potencial terapéutico de esta estrategia. El conocimiento acumulado desde entonces ha sido clave en el diseño de tratamientos para otras enfermedades monogénicas de la piel. La EB es un grupo de enfermedades raras que se caracteriza por la presencia de erosiones y ampollas en la piel y mucosas, debidas a mutaciones en genes que codifican varias proteínas estructurales responsables de mantener la adhesión dermo-epidérmica. La EBJ se debe a mutaciones en los genes que codifican para las cadenas α3, β3, y γ2 de la laminina 332, la integrina α6β4 o el colágeno XVII. La EBJ fue la primera genodermatosis que se abordó con terapia génica en un estudio llevado a cabo en Italia por el grupo liderado por los Dres. Michele de Luca y Fulvio Mavilio. Esta pionera aproximación terapéutica consistió en el trasplante de láminas de queratinocitos modificados genéticamente con vectores retrovirales convencionales para producir la cadena β3 de la laminina 332 (Mavilio et al., 2006). Este protocolo mostró beneficios terapéuticos indiscutibles. Es de destacar que, a los doce años del tratamiento, el paciente continúa expresando la proteína terapéutica y la piel regenerada sigue mostrando una buena resistencia mecánica (Carulli, Contin, Rosa, Pellegrini y Luca, 2013; Rosa et al., 2013). Utilizando el mismo protocolo, una nueva paciente fue trasplantada en Salzburgo en julio de 2014 por el grupo del Dr. Bauer en colaboración con el Dr. de Luca, mostrando una regeneración estable de la úlcera tratada tres meses y medio después del trasplante (Bauer et al., 2017). Epidermolisis bullosa distrófica (EBD). La EBD está causada por mutaciones en el gen COL7A1 que codifica el colágeno tipo VII (C7). El C7, principal componente de las fibrillas de anclaje, desempeña un papel crítico en la adhesión dermo-epidérmica y por tanto en el mantenimiento de la integridad cutánea. Los enfoques terapéuticos para EBD se centran en la restauración de la expresión o la reposición del C7 mediante abordajes de terapia génica ex vivo, terapia celular e ingeniería tisular (figura 2). Si bien los queratinocitos son la fuente natural y mayoritaria de C7, los fibroblastos dérmicos, aunque en menor grado, son igualmente capaces de secretar esta proteína. Por tanto, se está valorando la oportunidad de utilizar estrategias de terapia celular basadas en la administración local de fibroblastos alogénicos (células con mejor tolerancia inmunológica que los queratinocitos) (Petrof, Martínez-Queipo, Mellerio, Kemp y McGrath, 2013; Venu-gopal et al., 2013). Cabe destacar el ensayo realizado en Londres por la empresa Intercytex (Eudract 2010-023121-38) que, si bien obtuvo resultados modestos en los once pacientes tratados, demostró la posibilidad de emplear células de origen mesenquimal como fuente alternativa de C7, así como la ausencia de rechazo clínico (Petrof et al., 2013). En la actualidad se están llevando a cabo varios ensayos clínicos de terapia génica ex vivo para EBD. En uno de ellos participa la Unidad 714 del CIBERER (UC3M-CIEMAT/IIS Fundación Jiménez Díaz) y está enmarcado en el proyecto europeo Genegraft. La estrategia se basa en evidencias preclínicas obtenidas diez años antes por la U714 en colaboración con el grupo del Dr. Meneguzzi en un modelo humanizado de EBD (Gache et al., 2004). Dicha aproximación consiste en el trasplante de CMEs modificadas genéticamente asociadas a una matriz dérmica que contiene fibroblastos. Este equivalente dermo-epidérmico, generado por ingeniería de tejidos, ha obtenido la designación de medicamento huérfano (EU/3/09/630) y será empleado en el ensayo europeo liderado por el Dr. Hovnanian (NCG01874769; Hovnanian, Bodemer y McGrath, 2014). El otro ensayo, liderado por el Dr. Lane, se está llevando en la Universidad de Stanford (NCT01263379) y se basa fundamentalmente en el mismo concepto. Ambos estudios están activos y reclutando pacientes. El grupo americano ha publicado resultados preliminares prometedores en un primer grupo de cuatro pacientes tratados (Siprashvili et al., 2016) y está reclutando nuevos pacientes para comenzar un ensayo clínico en fase II. Más recientemente y tras el éxito preclínico del transplante de piel bioingenierizada portadora de fibroblastos transducidos con un vector lentiviral auto-inactivador (Georgiadis et al., 2016), se ha lanzado el primer ensayo clínico basado en la administración intradérmica de fibroblastos autólogos modificados genéticamente para el tratamiento de EBD recesiva (NCT02493816). En la actualidad está en marcha un ensayo clínico en fase I/II de terapia génica ex vivo con fibroblastos (NCT02810951) en pacientes adultos y en niños con EBD recesiva. Por otro lado, en el año 2010, y para sorpresa de parte de la comunidad científica, se publicaron los resultados de un estudio clínico para EBD que utilizó trasplante de medula ósea de hermanos histocompatibles. Concretamente, se observó depósito de C7 en la unión dermo-epidérmica, así como persistencia de las células del donante en la piel de los pacientes. Cabe destacar que, al tratarse de un abordaje sistémico, presentaba la ventaja añadida de mejorar también la fragilidad de epitelios internos. Sin embargo, el acondicionamiento de los pacientes, así como la inci-a467 dencia de enfermedad injerto contra huésped, asociados al trasplante de médula ósea, cuestionaron su empleo en EBD. De hecho, en un estudio posterior en veinte pacientes, cinco pacientes fallecieron a causa de complicaciones asociadas al tratamiento (Tolar y Wagner, 2013). No obstante, estos ensayos fueron un acontecimiento en la historia del tratamiento de la EBD y han abierto nuevas e interesantes líneas de investigación en el campo. Así, experimentos preclínicos recientes han demostrado que la población celular de la médula ósea con capacidad regenerativa en EBD es consistente con CMMs (Tamai et al., 2011). Estos estudios, así como los resultados beneficiosos obtenidos en dos pacientes en los que además se observó una ausencia de efectos adversos relevantes (Conget et al., 2010), han dado lugar a la puesta en marcha de tres ensayos clínicos. Uno de ellos se está realizando en Japón y consiste en la administración intradérmica de CMMs derivadas de médula ósea (UMIN000006723). En cuanto a los otros dos ensayos clínicos, basados en la administración sistémica de CMMs, se han realizado en el Reino Unido (SRCTN46615946) y en Egipto. En ambos casos se ha comprobado una mejoría en la resistencia cutánea en los pacientes tratados (El-Darouti et al., 2016; Petrof et al., 2015). En la actualidad se encuentran abiertos dos nuevos ensayos clínicos que utilizarán CMMs, uno de ellos en población adulta en Londres (NCT02323789) y otro en pacientes pediátricos en España (código EudraCT: 2017-000606-37), en el cual participa la Unidad 714 del CIBERER (UC3MCIEMAT/IIS Fundación Jiménez Díaz). Síndrome de Netherton (SN). El SN está causado por mutaciones en el gen SPINK5 que codifica la proteína LE-KTI, clave en el mantenimiento fisiológico de la función barrera de la piel. La falta de LEKTI da lugar a infecciones recurrentes, deshidratación, así como complicaciones tales como bronconeumonía y sepsis. Estos pacientes presentan mal pronóstico con una alta tasa de mortalidad (10% durante el primer año de vida). Los doctores Li y Qasim están en la fase inicial de un ensayo clínico de terapia génica ex vivo en el hospital Great Ormond Street de Londres (NCT01545323). Este ensayo se basa en resultados preclínicos obtenidos en colaboración con la U714, en los que se demostró que la transferencia del gen terapéutico a las CMEs mediante vectores lentivirales era capaz de restablecer un estrato córneo funcional (Di et al., 2011). Terapias avanzadas para la epidermolisis bullosa distrófica (EBD). Esquema de las diferentes estrategias terapéuticas en desarrollo a467 Paquioniquia congénita (PC). A diferencia de las genodermatosis comentadas anteriormente, que tienen una herencia autosómica recesiva, la PC es un desorden de la queratinización que presenta una herencia autosómica dominante. La enfermedad se caracteriza por la aparición de queratodermia palmoplantar sumamente dolorosa e incapacitante para los pacientes. La PC está causada por mutaciones en los genes que codifican para las keratinas K6, K16 y K17. El grupo del Dr. Kaspar en EEUU diseñó un siARN (small interfering ARN/ARN de interferencia) capaz de anular específicamente la función del gen mutado (terapia génica de supresión) sin alterar el producto del alelo normal. Este equipo demostró además la viabilidad de la estrategia en estudios in vitro (Hickerson et al., 2008). En 2008 se llevó a cabo un ensayo clínico empleando siARN como tratamiento in vivo de la PC (NCT00716014), siendo el primer protocolo que utilizó esta tecnología en humanos. Este ensayo de fase Ib se realizó en una única paciente y demostró, por un lado, una clara mejoría clínica pero, por otro, la necesidad de mejorar el sistema de administración y su eficacia (Leachman et al., 2010). Un nuevo ensayo clínico se está preparando en la actualidad en el que participarán el Dr. Milstone (Universidad de Yale) y el Dr. Irvine (Our Lady's Hospital, Dublín), entre otros. Las terapias avanzadas para el tratamiento de las ER se encuentran en un momento de expansión. En el caso concreto de la terapia génica han sido necesarios más de 20 años entre el primer ensayo clínico y el primer medicamento comercializado; sin embargo, en pocos años probablemente tengamos una imagen bien distinta. El número de medicamentos huérfanos basados en terapias avanzadas y el número de ensayos clínicos en desarrollo avanza significativamente cada año. Por otro lado, es importante señalar las oportunidades que las nuevas tecnologías están aportando al campo. En este sentido destacamos los avances en la denominada cirugía o edición genética que empezaron con la aplicación de las nucleasas de dedos de zinc (ZFN), las secuencias TALEN, y que actualmente se sirven de la revolución que está suponiendo el sistema CRISPR/Cas9 para la edición del genoma (Lombardo y Naldini, 2014). La combinación de esta tecnología con el empleo de células madre pluripotentes inducidas diferenciadas a la estirpe celular deseada abre un gran campo de futuro, todavía hoy en fase experimental. En definitiva, pues, estamos ante un escenario en que las aproximaciones más clásicas en terapias avanzadas están implantándose en ensayos clínicos, a la vez que irrumpen con fuerza nuevas tecnologías que previsiblemente irán a mejorar la seguridad y eficacia de estas terapias. Paralelamente el impulso que las nuevas metodologías en secuenciación del exoma y genoma están aportando a la identificación de las causas genéticas de enfermedades raras amplía el espectro de enfermedades cuya opción terapéutica contemple tratamientos de terapias avanzadas.
RESUMEN: Dentro de las enfermedades raras, las enfermedades hereditarias constituyen un grupo mayoritario que incluye las ocasionadas por mutaciones en un solo gen (monogénicas) o aquellas ocasionadas por más de un gen (poligénicas). Descubrir que un determinado gen se asocia con el desarrollo de una patología se ha convertido en un paradigma de la investigación biomédica actual que tiene enormes repercusiones en la práctica clínica. Así, el diagnóstico molecular, basado en la búsqueda de mutaciones en los genes asociados a una patología, no solo se ha convertido en un refuerzo imprescindible del diagnóstico clínico, sino que frecuentemente aporta criterios a ese diagnóstico que permiten un manejo personalizado de los pacientes. Sin embargo, nos hemos familiarizado tanto con términos como genes, genoma humano o secuenciación de ADN que frecuentemente olvidamos que la identificación de un gen como responsable de una enfermedad es a menudo solo el punto de partida de un largo proceso cuyos objetivos fundamentales son establecer los mecanismos moleculares que determinan la patología y el desarrollo de estrategias que la eviten o la remedien. En este artículo revisaremos los avances recientes en dos patologías raras, una poligénica, el síndrome hemolítico urémico atípico, y otra monogénica, la telangiectasia hemorrágica hereditaria, para ilustrar el modelo de investigación multidisciplinar que caracteriza a la investigación biomédica actual y cómo el conocimiento generado en esta área se ha trasladado a la práctica clínica. EL SÍNDROME HEMOLÍTICO URÉMICO ATÍPICO COMO MODELO DE ENFERMEDAD RARA MULTIGÉNICA El síndrome hemolítico urémico (SHU) es un trastorno de la microvasculatura clínicamente definido por anemia hemolítica microangiopática (producida por fragmentación de los eritrocitos) y plaquetopenia, que afecta preferentemente a los riñones y se manifiesta con hematuria, oligoanuría y fracaso renal. El daño al endotelio de la microvasculatura glomerular parece ser el primer suceso en la patogénesis del SHU. Este daño endotelial dispara la formación de microtrombos que ocluyen las arteriolas y los capilares renales (microangiopatía trombótica), causando la rotura de los eritrocitos que atraviesan esta microvasculatura parcialmente ocluida. Tradicionalmente se distinguen dos formas de SHU. La forma más frecuente (90% de los casos) se denomina SHU clásico o típico y está asociado a diarrea provocada por infección de escherichia coli, productor de la toxina shiga. En la mayoría de los pacientes el SHU típico es consecuencia de intoxicaciones por consumo de alimentos contaminados por esta bacteria. Normalmente son casos agudos que evolucionan satisfactoriamente al cabo de dos o tres semanas, aunque el 10% evolucionan hacia enfermedad renal crónica y un 25% desarrollan secuelas renales permanentes. El trasplante renal en estos casos es una alternativa terapéutica con buenos resultados (Repetto, Rodríguez de Córdoba, Arrizurieta, Rivas e Ibarra, 2008). Por exclusión, a los casos de SHU que no están asociados con diarrea provocada por escherichia coli (aproximadamente un 10%) se les denomina SHU atípico (SHUa), enfermedad ultra-rara, no asociada a diarrea y de mucho peor pronóstico que el SHU típico, con una mortalidad elevada. La mayoría de los pacientes presentan recurrencias y más de un 50% desarrollan una insuficiencia renal terminal. El trasplante renal en estos casos no es aconsejable porque la enfermedad recidiva frecuentemente en el injerto. Esta forma atípica de SHU tiene una incidencia de aproximadamente dos casos por millón de habitantes y año, y una prevalencia de 1/10 5 niños en la Unión Europea (Noris y Remuzzi, 2009). La existencia de familias con múltiples casos de SHUa hacía suponer un componente genético en esta variante de SHU que en algunos casos se había identificado como una deficiencia en plasma de la proteína factor H del complemento. Sin embargo, fue un trabajo pionero basado en un estudio GWLA (Genome-wide linkage analysis) con tres extensas familias de SHUa el que definitivamente estableció la asociación genética del complemento con el SHUa (Warwicker et al., 1998). Este estudio demostró que la herencia del SHUa en estas tres familias estaba ligada al agrupamiento de genes reguladores de la activación del complemento (RCA, Regulators of Complement Activation), que codifica proteínas reguladoras del complemento en el cromosoma 1 humano e identificó que en una de estas familias una mutación en el gen de factor H se asociaba con el desarrollo de la patología. Estos resultados inmediatamente provocaron una serie de estudios adicionales que han delineado la predisposición genética a SHUa, identificando mutaciones asociadas a la patología en muchos otros genes del complemento y proporcionado conocimientos fundamentales sobre sus mecanismos patogénicos. Estos hallazgos han cambiado la percepción de que el SHUa era una patología relacionada con hipocomplementemia (carencia de complemento) y han conducido a la comprensión de que la enfermedad se inicia por el daño endotelial causado por el complemento como consecuencia de su regulación deficiente sobre las superficies celulares (Rodríguez de Córdoba, Esparza Gordillo, Goicoechea de Jorge, López-Trascasa y Sánchez-Corral, 2004). El Sistema del complemento El complemento es un componente fundamental de la inmunidad innata, donde juega un papel crucial en la defensa contra infecciones, en la eliminación de restos apoptóticos, en el procesamiento de inmunocomplejos y en la modulación de la inmunidad adaptativa (Ricklin, Hajishengallis, Yang y Lambris, 2010). El complemento es un complejo sistema molecular organizado por un conjunto de proteínas en plasma y en las superficies celulares que una vez activado funciona como un sistema de amplificación en cascada. Es capaz de disparar señales de alarma ante la presencia de agentes extraños al organismo, de discriminar componentes propios y extraños y, mediante un sistema de etiquetado molecular, de identificar estos últimos para su eliminación por opsonofagocitosis o su destrucción mediante lisis celular directa. El complemento es un arma de doble filo que requiere una regulación estricta para focalizar su acción sobre la superficie responsable de su activación (patógenos, células apoptóticas o complejos inmunes) y para evitar que se consuma completamente tras dicha activación. Esto se consigue por la acción concertada de un conjunto de proteínas reguladoras en el plasma y en las superficies celulares que actúan en distintos niveles, pero sobre todo controlando la actividad de las enzimas responsables del circuito de amplificación y limitando el depósito de la etiqueta molecular (el a468 fragmento activo C3b) sobre los componentes propios. La pérdida de regulación del complemento lleva inevitablemente a su consumo, con la generación de componentes activos, y al daño accidental de los propios tejidos. Ambas situaciones tienen consecuencias patológicas. De hecho, durante estos últimos años numerosos estudios han asociado mutaciones y polimorfismos que alteran la función de las proteínas reguladoras del complemento con un importante número de enfermedades en las que la inflamación crónica, el daño tisular o la susceptibilidad a infecciones juegan un papel relevante. El SHUa se ha convertido en el paradigma de este conjunto de enfermedades que incluye otras enfermedades raras, como la Glomerulopatía C3 o la hemoglobulinuria paroxística nocturna (PNH), y enfermedades comunes como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), la Nefropatía IgA (NIgA), el Lupus Eritematoso Sistémico (LES), las infecciones por neumococo o la enfermedad de Alzheimer (EA) (Holers, 2008). SHUa, una lesión causada por el complemento El SHUa se asocia con mutaciones o polimorfismos en los genes que codifican las proteínas reguladoras del complemento como factor H (CFH), proteína cofactor de membrana (MCP), y el factor I (CFI), y con mutaciones en los genes que codifican componentes del complemento como el factor B (CFB) y C3 (C3) (Rodríguez de Córdoba, Subías-Hidalgo, Pinto y Tortajada, 2014). Las mutaciones en CFH son prototípicas del SHUa y constituyen la alteración genética más frecuente entre estos pacientes. Representan aproximadamente el 15% de los pacientes con SHUa en todas las series. Las mutaciones en CFH asociadas con SHUa se agrupan en el extremo C-terminal de la proteína, una región que es crítica para que el factor H se una a las superficies celulares y controle la activación local del complemento. Los portadores de estas mutaciones en CFH expresan moléculas de factor H que poseen actividad reguladora normal en plasma, pero una capacidad limitada para unirse y proteger las células de la lisis mediada por el complemento. La caracterización funcional de las mutaciones en factor H asociadas a SHUa ha establecido que para desarrollar SHUa se requieren ambos, la combinación de un sistema de complemento activo en plasma y una protección defectuosa de las superficies celulares (Rodríguez de Córdoba, Tortajada, Harris y Morgan, 2012). Posteriormente, el análisis funcional de mutaciones en otros genes del complemento ha confirmado las conclusiones generadas en los estudios con mutaciones en factor H (Atkinson, Liszewski, Richards, Kavanagh y Moulton, 2005). Entre los pacientes con SHUa hay un grupo (de 5 al 10% del total, dependiendo de las cohortes) que presenta autoanticuerpos anti-factor H con consecuencias similares a las de las mutaciones en factor H. Los autoanticuerpos anti factor H asociados con SHUa van dirigidos contra la región C-terminal de la molécula de factor H y bloquean específicamente la capacidad de factor H de regular la activación del complemento sobre las superficies celulares. Los autoanticuerpos anti-factor H tal vez sean la explicación a posteriori de algunos casos de SHUa para los que no se ha encontrado un defecto genético en los genes del complemento (Dragon-Durey et al., 2005). La penetrancia de la enfermedad en los portadores de mutaciones en genes del complemento es aproximadamente del 50%, siendo habitual que en familias en las que se han identificado mutaciones solo algunos portadores desarrollen la enfermedad. Además, la presentación clínica de la enfermedad entre familiares puede variar significativamente. También existe una gran heterogeneidad clínica entre pacientes no emparentados portadores de la misma mutación. Todo ello sugiere que deben existir factores adicionales (genéticos y ambientales) que modulan el desarrollo y la evolución de la enfermedad. Hoy en día se acepta que entre los factores desencadenantes del SHUa están las infecciones (frecuentemente del tracto respiratorio), los fármacos inmunosupresores, los tratamientos anticancerosos, los anticonceptivos orales y el embarazo, entre otros. En relación con los factores genéticos adicionales, la presencia de mutaciones en más de un gen de complemento aporta ese factor adicional en el 7 al 10% de pacientes con SHUa. Sin embargo, el factor genético que contribuye más frecuentemente al desarrollo de la enfermedad en los portadores de mutaciones es la presencia de determinados polimorfismos en los genes que codifican el factor H (CFH) y la proteína cofactor de membrana (MCP) (Rodríguez de Córdoba et al., 2014). Numerosos trabajos resaltan la importancia de realizar un análisis genético completo de los pacientes para determinar lo más precisamente posible los factores de riesgo genético de padecer SHUa que llevan el paciente y sus familiares, pues se ha observado que los individuos afectos de SHUa en familias que presentan más de un factor de riesgo son aquellos que acumulan el mayor número de esos factores de riesgo. En resumen, los estudios de laboratorio desarrollados durante estos últimos años han establecido que a468 el SHUa es una patología compleja, poligénica y multifactorial en la que participan tanto factores genéticos como ambientales. Los niveles disminuidos o la pérdida de actividad de factor H, de factor I, de MCP, la generación de autoanticuerpos anti-factor H o de mutaciones "activadoras" en factor B o C3 predisponen a contraer SHUa porque impiden una regulación adecuada del complemento sobre las superficies celulares. Así, las situaciones que disparen la activación del complemento en la microvasculatura no se podrán controlar de modo apropiado en el nivel del endotelio vascular, ocasionando su destrucción y la formación de microtrombos que ocluirán las arteriolas y los capilares renales. Este concepto de lesión causada por el sistema del complemento justifica, como veremos más adelante, la aplicación de estrategias inhibidoras del complemento en el tratamiento del SHUa. Las proteínas del complemento factor H, factor I, factor B y C3 son proteínas plasmáticas sintetizadas fundamentalmente por el hígado, mientras que MCP se localiza en las superficies celulares. Estas características son importantes a la hora de aplicar tratamientos con plasma y en el trasplante renal (véase más adelante). Relevancia de las mutaciones en la evolución y el tratamiento de los pacientes con SHUa Numerosos datos apoyan la tesis de que la presentación clínica de la enfermedad está relacionada con el hecho de tener o no mutaciones en genes del complemento, y sobre todo con el gen particular que está mutado (Ariceta et al., 2009). Los pacientes con mutaciones en factor H tienen una presentación más agresiva y quedan con secuelas más importantes, mientras que los pacientes con mutaciones en MCP son los que tienden a evolucionar mejor, aunque son los que presentan más recurrencias. La infusión de plasma o los recambios plasmáticos son las estrategias terapéuticas empleadas habitualmente tras la aparición de un primer episodio de SHUa y han permitido disminuir la mortalidad de un 50 a un 25% de los casos. Diversos grupos que trabajan en SHU han publicado las pautas que se aconseja seguir en el tratamiento de SHUa (Ariceta et al., 2009, Campistol et al., 2013). La infusión de plasma permite reemplazar los reguladores del complemento con mutaciones pérdida de función por proteínas funcionales, mientras que los recambios plasmáticos son oportunos para la eliminación de las proteínas con mutaciones ganancia de función o de los autoanticuerpos anti-factor H. En el caso de mutaciones en MCP, los tratamientos con plasma no deberían tener efecto alguno. De hecho, es una observación generalizada que la evolución de estos pacientes no mejora con tratamientos plasmáticos. Antes o después, los enfermos con SHUa necesitan un trasplante renal. En este sentido es importante considerar también que la experiencia acumulada en estos últimos años muestra que el resultado del trasplante está condicionado por el gen del complemento que está mutado. Por ejemplo, en pacientes con mutaciones en factor H o en factor I, proteínas plasmáticas sintetizadas principalmente en el hígado, la recurrencia de la enfermedad en el riñón trasplantado es de aproximadamente el 80%. Sin embargo, en los pacientes con mutaciones en MCP, el éxito del trasplante es muy elevado, debido a que el MCP expresado en el injerto corrige el defecto genético del paciente. En estos pacientes la recidiva de la enfermedad en el órgano trasplantado es solo del 20%. En los trasplantes realizados en pacientes con autoanticuerpos anti-factor-H, realizar una plasmaféresis previa al trasplante que disminuya el título de autoanticuerpos parece ser una buena opción para evitar la recurrencia. La aplicación de terapias basadas en la utilización de inhibidores del complemento se ha demostrado eficaz para prevenir o reducir el daño causado por la activación del complemento. En la actualidad existen varios inhibidores del complemento con potencial aplicación en SHUa, pero solo uno de ellos, el eculizumab (Soliris; Alexion Pharmaceuticals), está aprobado para el tratamiento del SHUa. El eculizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que se une a la proteína del complemento C5 con gran afinidad, evitando su activación y que el complemento proceda por la vía terminal organizando el complejo de ataque a las membranas y dañando las superficies celulares. En el SHUa la desregulación del complemento provoca la activación descontrolada de C5, que ocasiona un importante daño tisular mediante la formación del complejo de ataque a la membrana. El bloqueo de la vía terminal del complemento con eculizumab reduce de forma rápida y permanente este daño tisular. Tras 26 semanas de tratamiento, ambos estudios mostraron una normalización de los parámetros hematológicos y una ausencia de fenómenos de microangiopatía trombótica en la mayoría de los pacientes, así como una mejoría continuada de la función a468 renal y una reducción de la necesidad de diálisis en un número significativo de ellos. Además, cuanto más temprana fue la intervención con eculizumab mayor fue la mejoría de la función renal. Los resultados de los estudios de extensión a uno y tres años demostraron una mejoría progresiva de la respuesta hematológica y de la función renal. Hay que señalar que todos estos resultados positivos con eculizumab se observaron indistintamente en pacientes con o sin alteraciones genéticas y con anticuerpos anti-Factor H. En general la tolerancia al eculizumab fue correcta y satisfactoria, y únicamente se han indicado unos pocos eventos adversos graves relacionados con el tratamiento, que probablemente tengan que ver con la propia patología de base. Debido a su mecanismo de acción, el eculizumab podría incrementar el riesgo de infección por gérmenes encapsulados, por lo que todos los pacientes son vacunados contra neisseria (vacuna tetravalente) catorce días antes de iniciar el tratamiento y normalmente reciben profilaxis antibiótica. Actualmente se encuentran en marcha otros dos estudios de fase 3, multicéntricos, prospectivos y abiertos, sobre la terapia con eculizumab en pacientes con SHUa (C10-004 y C10-003; Fakhouri et al., 2013, Greenbaum et al., 2013) que, a diferencia de los estudios anteriores, incluyen mayoritariamente pacientes recién diagnosticados de SHUa. Los resultados de estos estudios confirman la mejoría hematológica y de la función renal observada en los estudios iniciales, así como los beneficios del uso temprano de eculizumab. El perfil de seguridad fue también similar, aunque en uno de estos estudios se han observado dos casos de meningitis meningocócica (5%). Ambas infecciones se controlaron adecuadamente y uno de los pacientes incluso continuó con el eculizumab. En otro estudio retrospectivo de diecinueve pacientes pediátricos tratados con eculizumab durante 28 semanas de media (C09-001), en el 89% de los pacientes se normalizaron los parámetros hematológicos y en el 68% se mantuvieron libres de eventos de microangiopatía trombótica. La función renal mejoro en el 47% de los pacientes y el 50% suspendió la hemodiálisis. Búsqueda de nuevos genes asociados con SHUa A pesar de los avances de estos últimos años, en un 30 o 40% de pacientes con SHUa no se identifica un gen responsable ni se detecta la presencia de anticuerpos anti-factor H. Estos pacientes no son diferentes de los que llevan mutaciones en genes del complemento, por lo que es posible que lleven mutaciones en otros genes del complemento. Recientemente se han identificado mutaciones en la proteína anticoagulante trombomodulina que predisponen a desarrollar SHUa porque alteran la regulación del complemento en superficies celulares. Si bien estos resultados concuerdan con la desregulación del complemento característica del SHUa, se desconoce si los mutantes de trombomodulina asociados con el SHUa tienen también alterada la actividad anticoagulante y, por lo tanto, si las alteraciones de esta actividad pudieran ser también relevantes en el SHUa. En este sentido, un estudio reciente ha evaluado mediante secuenciación de ADN masiva en 36 pacientes con SHUa la presencia de mutaciones en los genes del sistema del complemento y de la coagulación, encontrando mutaciones en genes de ambos sistemas. Aunque estos datos sugieren una contribución de los genes de la coagulación -en particular de plasminógeno (PLG)-en la predisposición al SHUa, son necesarios estudios adicionales que confirmen estas observaciones (Rodríguez de Córdoba et al., 2014). La búsqueda de nuevos genes asociados con el SHUa se ha abordado también utilizando la secuenciación de exomas (Lemaire et al., 2013). Así, se han identificado mutaciones en homocigosis en el gen DGKE, que codifica la proteína quinasa épsilon del diacilglicerol (DGK-ε) en pacientes que tuvieron un debut muy temprano del SHUa, normalmente durante el primer año de vida, seguido de múltiples recurrencias que frecuentemente les llevaron a fracaso renal terminal en la segunda década de la vida. Aunque las consecuencias del déficit de DGK-ε no se han establecido todavía, una posibilidad es que en ausencia de DGK-ε aumente la señalización intracelular y la activación de la proteína quinasa C en células endoteliales, en plaquetas y podocitos, y con ello se genere un estado protrombótico al elevarse la síntesis de proteínas como el factor von Willebrand, el inhibidor 1 del activador de plasminógeno, el factor activador de plaquetas o el factor tisular. Además, la pérdida de DGK-ε podría alterar la homeostasis del podocito y el diafragma de filtración, lo que explicaría la elevada proteinuria que se observa en pacientes con mutaciones en DGKE. Aunque el papel del complemento en el desarrollo de la enfermedad renal en los portadores de mutaciones en DGKE se había descartado inicialmente, recientemente se han identificado pacientes con mutaciones en DGKE que además llevan mutaciones en otros genes previamente asociados con el SHUa, como THBD y C3 (Rodríguez de Córdoba et al., 2014). Retos actuales de la investigación en SHUa Con el desarrollo de técnicas de cribado masivo de genes del complemento, el número de variantes a468 en genes del complemento asociadas con el SHUa y otras patologías relacionadas con desregulación del complemento alcanza ya varios centenares. Las consecuencias funcionales de muchas de estas variantes son desconocidas, lo que genera incertidumbres y dificulta la toma de decisiones sobre el manejo y el tratamiento de los pacientes. Es fundamental disponer de un mapa que correlacione aspectos estructurales y funcionales para cada uno de los eventos moleculares implicados en la activación y en la regulación del sistema del complemento, pues la comprensión de esta relación estructura-función permitirá en un futuro una interpretación inmediata de las consecuencias funcionales de las variantes genéticas en los genes del complemento encontradas en los pacientes. La caracterización funcional y estructural de variantes genéticas en proteínas del complemento es, además, una oportunidad única para profundizar en los mecanismos moleculares implicados en la activación y en la regulación del sistema del complemento. Claramente en estos momentos este es un argumento circular, pues será a través de un conocimiento profundo de los aspectos funcionales y estructurales de las proteínas del complemento como generaremos el mapa que nos permitirá interpretar en el futuro las consecuencias funcionales de las mutaciones que encontremos. La ausencia de marcadores específicos robustos que pongan de manifiesto desregulación o activación del complemento en el SHUa u otras enfermedades relacionadas con el complemento es una dificultad que impide anticipar el debut o los episodios de estas enfermedades. Los niveles de C3 en plasma tienen un significado pronóstico limitado y la identificación de fragmentos activados de proteínas del complemento plantea todavía dificultades técnicas. De hecho, la mayoría de los pacientes con SHUa no presentan alteraciones del complemento en plasma que sugieran una desregulación del complemento. Del mismo modo, el valor de estos marcadores para evaluar la eficacia de los tratamientos anticomplemento o la remisión de la enfermedad es muy limitado. Creemos que es necesario desarrollar marcadores biológicos que se fundamenten en los mecanismos patogénicos específicos de cada enfermedad. En este sentido, dado que SHUa es una enfermedad caracterizada por una desregulación específica sobre las superficies celulares, parece oportuno desarrollar ensayos específicos que evalúen esta situación y valoren la desregulación y la activación del complemento simulando las condiciones fisiológicas en las que se desarrolla la enfermedad. Hemos resumido los avances que han permitido descifrar los mecanismos patogénicos del SHUa a través de la caracterización funcional de variantes genéticas del complemento. Estos avances y la generación de modelos animales apropiados han facilitado el desarrollo de terapias para el tratamiento del SHUa basadas en la utilización de inhibidores del complemento, que están cambiando la historia natural de la enfermedad. Del mismo modo, es cada vez más evidente que un conocimiento individualizado de los factores genéticos de riesgo de desarrollar SHUa facilita el manejo personalizado de los pacientes. El conocimiento de los factores genéticos de predisposición de los pacientes y el desarrollo de biomarcadores que permitan un seguimiento de la patología serán imprescindibles en el diseño de ensayos clínicos apropiados que determinen la eficacia de futuras terapias. Estos son retos importantes que de nuevo requieren un enfoque multidisciplinar y la implementación de una evaluación de rutina entre la investigación clínica y la básica. En esta interacción, el conocimiento básico en complemento contribuirá a comprender las mutaciones asociadas a la enfermedad y a desentrañar los mecanismos patogénicos, y a su vez la investigación clínica, a través de la identificación de nuevas variantes genéticas patogénicas y de la explotación de registros de pacientes, ayudará a los estudios básicos, facilitando en su conjunto la explotación del conocimiento generado en los entornos clínico, básico e industrial. LA TELANGIECTASIA HEMORRÁGICA HEREDITARIA COMO MODELO DE ENFERMEDAD RARA MONOGÉNICA La telangiectasia hemorrágica hereditaria (HHT) o Síndrome de Rendu-Osler-Weber es una enfermedad hereditaria autosómica dominante. Existen al menos cuatro genes diferentes mutados en la HHT, a saber, ENG, ACVRL1, GDF2 y MADH4, que codifican para las proteínas endoglina (ENG), el receptor de activina ALK1 con actividad serina-treonina quinasa (ACVRL1), la proteína morfogenética del hueso BMP9 (GDF2) y Smad4 (MADH4), respectivamente. Estas proteínas están implicadas en la vía de señalización de la superfamilia del factor de crecimiento transformante (TGF)-β en las células endoteliales vasculares. Las mutaciones en ENG (HHT1) y ACVRL1 (HHT2) representan más del 90% de todas las mutaciones de la HHT. En este apartado revisaremos las manifestaciones clínicas, la genética, las bases moleculares y celulares subyacentes, los modelos animales y los enfoques terapéuticos de la HHT que han sido estudiados en los últimos años. Manifestaciones clínicas de la HHT La HHT es una enfermedad vascular asociada con sangrados nasales (epistaxias), telangiectasias, hemorragias gastrointestinales y malformaciones arteriovenosas (MAV) en pulmón, hígado y cerebro. Las telangiectasias se visualizan como pequeñas manchas rojas en la piel, en la cavidad bucal, en la punta de los dedos y en la nariz. Estas pequeñas lesiones vasculares aparecen como dilataciones focales en las vénulas post-capilares que se agrandan posteriormente, conectándose con las arteriolas dilatadas y dando lugar a la pérdida del lecho capilar. Por otra parte, las MAV se generan a partir de pequeñas lesiones vasculares mediante un proceso progresivo de remodelado vascular. La enfermedad está incluida en la base de datos de Herencia Mendeliana en el Hombre (Mendelian Inheritance in Man, MIM), cuyo editor es el doctor Victor A. McKusick (http://www. ncbi.nlm.nih.gov/omim). El diagnóstico se basa en criterios clínicos, conocidos como los criterios de Curaçao (Shovlin et al., 2000). Así, una persona es considerada como un paciente de HHT si cumple al menos tres de los cuatro criterios siguientes: i) epistaxias espontáneas y recurrentes; ii) múltiples telangiectasias en lugares característicos (labios, cavidad oral, dedos, nariz); iii) lesiones viscerales en órganos internos (telangiectasias gastrointestinales, MAV pulmonares, hepáticas, cerebrales o espinales; o iv) un familiar de primer grado con HHT. La enfermedad HHT no es aparente en el nacimiento, sino que evoluciona con la edad en un patrón fenotípico reconocible. La penetrancia de la enfermedad aumenta con la edad y en torno a los 45 años es aproximadamente del 90%. Hombres y mujeres se ven afectados por igual y cada uno puede transmitir la enfermedad a aproximadamente la mitad de sus hijos, en consonancia con el desarrollo de la enfermedad en los individuos heterocigotos para una mutación en un gen HHT. Varios estudios de investigación en niños con dos progenitores afectados sugieren fuertemente la letalidad in utero de los individuos homocigotos. Dado que los pacientes pueden tener MAV en el pulmón y en el cerebro mucho antes de que aparezcan los síntomas más evidentes, como son la aparición de epistaxias y telangiectasias, el establecimiento de un diagnóstico molecular temprano es necesario. Estas malformaciones pueden dar lugar a complicaciones, como el ictus cerebral, el infarto cerebral, los abscesos cerebrales, la hemoptisis masiva y la parálisis. Existen guías clínicas internacionales para el diagnóstico y tratamiento de la HHT (Shovlin et al., 2000; Faughnan et al., 2011). La HHT es una enfermedad autonómica dominante. Existen cuatro genes cuyas variantes patógenicas pueden causar la HHT. El primer gen identificado fue endoglina (ENG), que se localiza en el cromosoma 9 y afecta a un porcentaje del 39 al 59% de la población total afectada por HHT. A continuación, fue descrito el gen ACVRL1 (también conocido como ALK1) que está en el cromosoma 12 y que es responsable de entre el 25 y el 57% de los casos de HHT. Hasta la fecha, se han descrito más de 600 mutaciones patogénicas diferentes en ENG y ACVRL1. Las mutaciones en ENG y ACVRL1 dan lugar a los subtipos de la enfermedad, HHT1 y HHT2 respectivamente, y es de resaltar que los pacientes de HHT1 y de HHT2 constituyen más del 90% de la población total de pacientes de HHT. En alrededor del 2% de la población total HHT, el origen de la enfermedad es una mutación en el gen MADH4 que da lugar al síndrome combinado de poliposis juvenil (JP) y HHT (JPHT), aunque se ha encontrado un solapamiento de espectros en las mutaciones de MADH4 en JP y JPHT. Se ha descrito que ciertas mutaciones en el gen GDF2 dan lugar al fenotipo HHT5, aunque la población afectada es minoritaria, ya que representa menos del <1% de la población total HHT (Wooderchak-Donahue et al., 2013). Además de los genes HHT conocidos, dos loci adicionales se han descrito en el cromosoma 5 y en el cromosoma 7, pero sus genes responsables no han sido todavía identificados. Existe una base de datos con las mutaciones descritas hasta ahora en los genes HHT [URL]. La detección de las mutaciones patogénicas concretas en los genes HHT es considerada como un diagnóstico molecular muy útil, dado que puede servir para identificar a posibles familiares afectados, aunque en ellos no se haya manifestado una evidente sintomatología. Este diagnóstico molecular es especialmente relevante en los niños, debido a que la aparición de los síntomas tiene lugar generalmente en la edad adulta, y útil también para el diagnóstico genético preimplantacional cuando se pretende seleccionar un embrión libre de la mutación patogénica del gen HHT (Abdalla y Letarte, 2006). Todas las características clásicas de la HHT se pueden ver en los distintos subtipos, en especial en la HHT1 y en la HHT2, pero la prevalencia de anomalías vasculares específicas varía según el genotipo. Las MAV pulmonares son más comunes en la HHT1 que en la HHT2, aunque en el número relativamente pequeño de pacientes JP-HT descrito hasta ahora la prevalencia a468 de las MAV pulmonares puede ser todavía mayor. Los pacientes HHT1 también son más comúnmente afectados por las MAV cerebrales y por un cortocircuito (shunting) intrapulmonar microscópico. En una cohorte de pacientes de HHT, la ecocardiografía de contraste positivo, que refleja el cortocircuito intrapulmonar, se encontró en el 85% de los pacientes de HHT1 y en el 35% de los pacientes de HHT2, en comparación con el 7% de una población de control. En cuanto a las MAV hepáticas y a la enfermedad grave asociada, los pacientes de HHT2 son los que tienen una mayor prevalencia. El estudio de una serie de pacientes sugiere que los de HHT2 pueden tener más MAV pancreáticas y desarrollar más temprano las telangiectasias de piel que los de HHT1. Algunas características de la HHT descritas y no incluidas en los criterios de Curaçao (Shovlin et al., 2000), demuestran fuertes correlaciones genotipo-fenotipo. Así, por ejemplo, la poliposis juvenil (JP) se produce en pacientes con mutaciones MADH4 y parece ser indistinguible de la JP causada por mutaciones en el gen BMPRIA. En el hombre (pero no en ratón) la hipertensión arterial pulmonar se produce predominantemente en los pacientes de HHT2, y puede tener un pronóstico peor que cuando se debe a mutaciones en el gen BMPR2. Los pacientes de HHT2 también están en mayor riesgo de hipertensión pulmonar post-capilar asociada con MAV hepáticas. Hasta ahora, no hay evidencias que sugieran que las mutaciones específicas dentro de un gen de la HHT particular confieran diferentes fenotipos relacionados con la HHT (Shovlin et al., 2000). Estudios traslacionales sobre la HHT Durante las últimas dos décadas, se han realizado grandes avances sobre el conocimiento de los genes ENG y ACVRL1 y de las proteínas codificadas por ellos, tanto mediante experimentos in vivo como in vitro. Estos estudios han permitido concluir que la haploinsuficiencia es la causa de la patogenicidad en las mutaciones de ENG (HHT1) y ACVRL1 (HHT2) en los dos subtipos mayoritarios de la HHT. Este mecanismo de haploinsuficiencia postula que existe una deficiente expresión o función de las proteínas que codifican los genes de la HHT en el alelo mutado y que esta deficiencia es la causa de la sintomatología de la enfermedad (Abdalla y Letarte, 2006). Modelos animales de la HHT Nuestra comprensión de por qué las mutaciones de los genes de la enfermedad conducen a la patología vascular ha avanzado considerablemente gracias a la generación de modelos animales de la HHT. Los rato-nes homocigóticos nulos para ENG y ACVRL1 mueren entre los días 10.5-11.5 después de la gestación, debido a graves defectos cardiacos y vasculares, lo que demuestra el importante papel que juegan estos dos genes durante el desarrollo embrionario. Esta falta de viabilidad explicaría la ausencia de pacientes homocigóticos para los genes de la HHT. Por el contrario, los ratones heterocigotos para ENG y ACVRL1 son viables y de alguna forma mimetizan la haploinsuficiencia de estos genes en los pacientes de HHT. De hecho, estos ratones heterocigotos muestran la sintomatología característica de la HHT, incluyendo hemorragias nasales, telangiectasias, vasos dilatados y MAV en pulmón, hígado y cerebro. Algunos datos sugieren que las mutaciones de la HHT pueden ser perjudiciales durante algunas formas de angiogénesis, con efectos específicos sobre la estabilidad de los brotes vasculares recién formados. El proceso fisiológico de la angiogénesis conlleva la formación de nuevos vasos sanguíneos derivados de otros vasos preexistentes y está presente en el desarrollo embrionario, en el crecimiento del organismo, así como en la cicatrización de heridas. Durante la angiogénesis existen breves períodos de activación de células endoteliales, donde la proliferación y la migración están coordinadas con un reclutamiento controlado de las células murales circundantes (pericitos o células de músculo liso), la remodelación proteolítica de la membrana basal y la matriz extracelular y la expresión de factores de supervivencia de células endoteliales. Así, ciertos factores proangiogénicos tales como el factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF) regulan diferencialmente las subpoblaciones de células endoteliales en el brote angiogénico, controlando independientemente la migración endotelial en células especializadas de punta (tip cells) y la proliferación en el tallo. Curiosamente, se ha encontrado que endoglina es prescindible para la vasculogénesis (formación de vasos de novo), pero es necesaria para la angiogénesis vascular inducida por VEGF. Las células murales son después reclutadas para estabilizar los vasos sanguíneos nacientes, donde existe una fuerte implicación del factor de crecimiento transformantebeta (sistema TGF-β) en este proceso de estabilización del vaso. Aunque estos animales heterocigotos mimetizan los síntomas de la enfermedad en humanos, existe una gran variabilidad en su fenotipo HHT que depende en gran medida del fondo genético de cada ratón. De forma similar, en humanos la sintomatología de la enfermedad varía incluso entre los distintos individuos afectados dentro de una misma familia, lo que sugiere que, además de la mutación concreta, existen otros factores genéticos o ambientales que pueden a468 modular los síntomas de la HHT. En este sentido, es de resaltar que las lesiones vasculares en la HHT son muy localizadas, y que incluso dentro del lecho vascular afectado la gran mayoría de los vasos parece desarrollarse y funcionar normalmente. Este hecho ha llevado a algunos autores a postular que se requiere la perturbación de alguna función de las proteínas codificadas por los genes de la HHT (endoglina, ALK1, Smad4, BMP9), lo que en un contexto HHT de haploinsuficiencia de dichos genes daría lugar a la malformación vascular. Se ha sugerido que ciertos estímulos como la cicatrización de heridas, la angiogénesis, la inflamación, o la infección podrían ser algunos de los detonantes adicionales que darían lugar a la lesión vascular. Los modelos de ratones heterocigotos para ENG y ACVRL1 desarrollan con expresividad variable características específicas de la HHT, incluyendo sangrados nasales, telangiectasias, vasos dilatados y MAV. Por tanto, estos ratones representan el modelo animal más similar a la HHT humana. También se han generado ratones donde se ha suprimido la expresión de los genes de la HHT específicamente en células endoteliales, así como ratones que llevan alelos LoxP nocaut (knockout) condicionales para ENG y ACVRL1, dando lugar a modelos en los que las malformaciones vasculares aparecen de una forma más constante y predecible que en los ratones heterocigotos. La disponibilidad de todos estos modelos se presenta como una herramienta muy útil para testar nuevos medicamentos y para investigar las bases patogénicas de la HHT (Bourdeau, Dumont y Letarte, 1999; Jerkic et al., 2006; López-Novoa y Bernabéu, 2010; Mahmoud, Upton y Arthur, 2011; Srinivasan et al., 2003). Bases moleculares y celulares Puesto que el mecanismo patogénico de la HHT es la haploinsuficiencia, se han llevado a cabo diversos estudios para conocer en profundidad la estructura, la función y los mecanismos reguladores de la expresión de las proteínas de la HHT con objeto de encontrar vías terapéuticas para contrarrestar dicha haploinsuficiencia. La endoglina es una glicoproteína de membrana que se expresa como un homodímero de 180 kDa unido por puentes disulfuro. Contiene un gran dominio extracelular de 561 aminoácidos, altamente glicosilados, principalmente en residuos de asparagina. Estructuralmente, la endoglina pertenece a la familia de proteínas de zona pelúcida (ZP) que comparten un dominio ZP de ~260 residuos de aminoácidos en su región extracelular. La estructura tridimensional del dominio extracelular de endoglina a 25Ǻ de resolución ha sido dilucidada utilizando microscopía electrónica. La endoglina está dispuesta como una cúpula hecha de monómeros orientados de forma antiparalela que encierran una cavidad en un extremo. Cada subunidad comprende tres regiones bien definidas, dos de ellas correspondientes al dominio ZP. Este dominio ZP contiene un péptido RGD (Arginina-Glicina-Aspártico) que es un sitio consenso de reconocimiento celular presente en numerosas proteínas adhesivas de la matriz extracelular. La tercera región no muestra ninguna homología significativa con otras familias de proteínas / dominios y por lo tanto ha sido denominada como el dominio huérfano. La región transmembrana, abarca 25 residuos hidrofóbicos y se encuentra entre el ectodominio y la región citosólica. Se conocen dos isoformas diferentes de endoglina generadas mediante procesamiento alternativo del mRNA, la forma larga, (L)-endoglina, que es la predominante, y la forma corta, (S)-endoglina, que es minoritaria; ambas se expresan en tejidos humanos y de ratón. En humanos, las proteínas S-endoglina y L-endoglina varían entre sí en sus colas citoplasmáticas que contienen 14 y 47 aminoácidos, respectivamente. Ambas isoformas de endoglina están constitutivamente fosforiladas y pueden ser dianas de serina/treonina quinasas, incluyendo los receptores de TGF-β tipo I (ALK1, ALK2 y ALK5) y tipo II. El dominio citoplásmico de L-endoglina contiene un motivo consenso PDZ (Serina-Serina-Metionina-Alanina) en el extremo carboxilo que media la interacción con varias proteínas que contienen el dominio de unión a PDZ. ALK1 es una proteína transmembrana de aproximadamente 55 kDa con un ectodominio glicosilado de 97 aminoácidos que lleva una pequeña secuencia rica en cisteínas, la cual probablemente confiere la conformación estructural apropiada para capturar el ligando. La región citoplásmica de 362 aminoácidos de ALK1 contiene: (i) un dominio GS, una secuencia conservada de 30 aminoácidos rica en glicina/serina e implicada en la regulación de la activación de los receptores; y (ii) un dominio de serina/treonina quinasa. La fosforilación de los residuos de serina/treonina de ALK1 en el dominio GS por el receptor de tipo II (TβRII) conduce a un cambio conformacional en ALK1 que permite la fosforilación de las moléculas de señalización Smad1, Smad5 o Smad8. La estructura del dominio citosólico de ALK1 contiene el bucle L45, una pequeña región que interactúa con Smads, confiriendo la especificidad de señalización entre los diferentes receptores de TGF-β tipo I. Además, la región citosólica de ALK1 contiene un motivo de consenso para la interacción con el dominio de andamiaje de la caveolina-1, una importante proteína componente de caveolas. La mayo-a468 ría de las mutaciones de ALK1 en pacientes de HHT2 implican el dominio citoplásmico, en contraposición a los de HHT1, donde las mutaciones de endoglina se localizan en el dominio extracelular. La proteína Smad4, mutada en JP-HT, es un factor de transcripción de ~60 kDa que se transloca entre el núcleo y el citoplasma en respuesta a las señales del TGF-β. Pertenece a la familia de proteínas Smad y contiene dominios MH1 y MH2. La proteína BMP9, mutada en HHT5, es un factor soluble presente en la sangre, cuya forma activa tiene ~24 kDa y es miembro de la familia de proteínas morfogenéticas del hueso (BMP) y de la superfamilia del TGF-β (López-Novoa y Bernabéu, 2010; Llorca, Trujillo, Blanco y Bernabeu, 2007; Mahmoud et al., 2011; Wooderchak-Donahue et al., 2013). Regulación de la expresión de los genes en la HHT Una forma de contrarrestar el mecanismo de haploinsuficiencia podría ser aumentar la expresión del alelo normal del gen afectado en la HHT. Esta atractiva hipótesis ha conducido a un detallado estudio de los estímulos y mecanismos que regulan la expresión de los genes en la HHT. Tanto la endoglina como ALK1 son proteínas de membrana que se expresan en células endoteliales, las cuales constituyen la diana celular principal en la HHT. La expresión de endoglina se encuentra aumentada en aquellos sitios donde hay una proliferación activa de células endoteliales asociada con neoangiogénesis, como en tejidos inflamados o infectados, en procesos de cicatrización de heridas, piel psoriásica, artritis sinovial, lesión vascular y vasos tumorales. De forma similar, una mayor expresión endotelial de ALK1 también se ha descrito en tejidos altamente vascularizados, incluyendo el pulmón, la placenta y el corazón, así como en las lesiones vasculares. Hay una variedad de estímulos responsable del aumento de la expresión de estos genes en la HHT en los vasos activados, incluyendo la hipoxia, el daño arterial y las citoquinas relacionadas. La caracterización de la región promotora de los genes ENG y ACVRL1 ha demostrado que no tienen caja TATA o CAAT, sino múltiples regiones ricas en Guanina-Citosina (CG) que reclutan el factor de transcripción Sp1 para regular su transcripción basal. Por otra parte, el estado de metilación de las islas CpG también modula la actividad de la región promotora de ambos genes. Se han descrito diversos factores de transcripción que regulan la expresión de estos genes en respuesta a diversos estímulos como la hipoxia (HIF-1α), TGF-β (Smad) o daño vascular (KLF6). La expresión de endoglina también está regulada positivamente por los oxisteroles (pro-ductos de la oxidación del colesterol), activando el receptor nuclear LXR, el cual se une a un elemento de respuesta en el promotor de ENG. Por el contrario, el factor de necrosis tumoral-α (TNF-α), probablemente a través del factor de transcripción NFκB, disminuye los niveles de endoglina en células endoteliales. Muchos de los estímulos descritos como reguladores de la expresión de los genes en la HHT (angiogénesis, daño vascular, isquemia, inflamación, citoquinas, etc.) también se han postulado como posibles agentes desencadenantes de la lesión vascular de forma sinérgica con la haploinsuficiencia de los genes HHT. De hecho, la necesidad de un estímulo desencadenante para la generación de las MAV se ha demostrado usando un ratón inducible nocaut para la endoglina, donde se ha combinado un estímulo angiogénico con la supresión de endoglina. Esta podría ser la razón por la que en pacientes de HHT las lesiones vasculares solo aparecen en sitios concretos dentro de ciertos órganos, en lugar de estar presentes en todo el cuerpo y en todos los órganos o tejidos (Botella et al., 2002; López-Novoa y Bernabéu, 2010; Mahmoud et al., 2011; Shovlin, 2010). Función de las proteínas codificadas por los genes de HHT. Los cuatro genes mutados identificados en la HHT (ACVRL1, ENG, MADH4 y GDF2) codifican para proteínas implicadas en la vía de señalización de TGF-β. Así: i) ALK1 es un receptor serina/treonina quinasa tipo I; ii) la endoglina es un co-receptor auxiliar sin actividad catalítica; iii) BMP9 es un miembro de la superfamilia del TGF-β y además es un ligando soluble de ALK1 y endoglina; y iv) Smad4 es un factor de transcripción que media la señalización aguas abajo de los receptores tipo I de TGF-β. La contribución de cada uno de estos componentes en la vía de señalización ha sido elucidada. Así, en la membrana celular, la endoglina forma un complejo de proteínas con los receptores de TGF-β tipos I y II al que se une el ligando BMP9. Esta unión desencadena una señalización intracelular dependiente del complejo de proteínas Smad que contiene Smad4. Una vez en el núcleo, el complejo de los factores de transcripción Smad regula la expresión de múltiples genes que están implicados en procesos de la biología vascular, como la angiogenesis, el remodelado vascular o la proliferación de células endoteliales. Así, por ejemplo, se ha demostrado que la endoglina modula el tono vascular al regular los niveles y la actividad de la sintetasa endotelial de óxido nítrico (eNOS) y la ciclooxigenasa-2 (COX-2), siendo estos dos enzimas claves en el control de las respuestas a la va-a468 sodilatación. Curiosamente, se ha demostrado que la expresión de la isoforma S-endoglina está aumentada durante el proceso de senescencia de las células endoteliales y durante el envejecimiento de modelos animales. Puesto que en la vía de señalización de TGF-β, S-endoglina ejerce un papel antagonista al de la isoforma mayoritaria L-endoglina, estos datos sugieren que S-endoglina podría contribuir al aumento de los síntomas de HHT con la edad. Debido a la expresión predominante de endoglina en células endoteliales, es tentador especular que la pérdida de la función de la endoglina del alelo mutante en este tipo de células es la causa de las lesiones vasculares en la HHT. Una función descrita para la endoglina es su papel protector contra la apoptosis en células endoteliales sometidas a hipoxia y tratamiento con TGF-β1. En este contexto, la haploinsuficiencia de endoglina en la HHT puede conducir a una apoptosis masiva en las células endoteliales capilares donde se requiere la función de la endoglina para su supervivencia. Como consecuencia de la apoptosis de estas células, la red capilar desaparecería gradualmente y solo un vaso preferencial sería el que eventualmente se convertiría en el cortocircuito arterio-venoso. Se ha descrito que la endoglina también modula funciones celulares de una forma independiente de TGF-β. Por ejemplo, la endoglina regula el citoesqueleto de actina a través de la interacción de su dominio citoplásmico con miembros de la familia de proteínas LIM, como zixina y ZRP-1. Así, las células endoteliales de pacientes de HHT muestran una morfología anormal con una deficiente organización de su citoesqueleto debida a la desorganización de las fibras de actina. La organización de la red capilar durante la angiogénesis depende de la estructura de las células endoteliales, de modo que en la vasculatura de los pacientes de HHT, un citoesqueleto desorganizado facilitaría la rotura del endotelio con los cambios en las fuerzas de cizalladura y la presión arterial. Esto podría conducir a hemorragias de los vasos y a la eventual desaparición de la red capilar, como ocurre en la HHT. Se ha publicado que en la célula endotelial la secuencia RGD del dominio extracelular de endoglina sirve de sitio de reconocimiento para las integrinas, que son receptores de adhesión presentes en los leucocitos. Este proceso es estimulado por señales inflamatorias y facilita el tráfico leucocitario a través del endotelio. La inflamación se ha descrito como un agente desencadenante de las lesiones vasculares en la HHT y se sabe que la infiltración leucocitaria es un proceso asociado necesario para la reparación y re-modelado vascular. Por tanto, estos datos apoyan la hipótesis de que la función de la endoglina en la adhesión celular es crítica para el desarrollo de las lesiones vasculares en la HHT (Lastres et al., 1996; López-Novoa y Bernabéu, 2010; Mahmoud et al., 2011; Rossi et al., 2013). Aproximaciones terapéuticas en HHT Lamentablemente, hasta ahora no hay ninguna cura para la HHT y los tratamientos existentes son meramente paliativos. Por otra parte, aunque se conocen bien los genes responsables, la terapia génica no es una opción viable todavía. A continuación, se comentan algunos de los hallazgos clínicos, criterios diagnósticos y tratamientos paliativos más representativos. Las MAV pulmonares suelen ser múltiples y se localizan fundamentalmente en los lóbulos inferiores. Las principales complicaciones clínicas son: i) existencia de un cortocircuito entre sangre oxigenada y no oxigenada a nivel pulmonar, lo que conlleva a una deficiente oxigenación y la aparición de disnea, cianosis, y policitemia; ii) embolismos, sobre todo en la circulación cerebral con la producción de abscesos y accidentes isquémicos cerebrales; y iii) hemoptisis (sangrado pulmonar) por rotura de las MAV pulmonares. Entre las pruebas para el diagnóstico se emplean la radiografía de tórax, la gasometría, el ecocardiograma transtorácico con contraste y la angiografía. El tratamiento de elección es la embolización, que debe realizarse en todas las malformaciones mayores de 3 mm. Pueden utilizarse espirales o balones inflables. Esta técnica consigue oclusiones en un porcentaje del 90 al 100% de los casos, pudiendo volver a aparecer la lesión por recanalización con el paso del tiempo. Dado el riesgo aumentado de abscesos cerebrales en estos pacientes, debe realizarse profilaxis antibiótica antes de intervenciones dentales o quirúrgicas (Shovlin, 2010; Lacombe et al., 2013). Los pacientes con estas malformaciones suelen ser asintomáticos sin mostrar alteraciones en los marcadores de la función hepática. No obstante, pueden existir graves complicaciones clínicas cuando el paciente presenta: i) insuficiencia cardiaca de alto gasto, provocada por los cortocircuitos arteriovenosos; ii) hipertensión portal; y iii) disfunción de la vesícula biliar. La ecografía abdominal con doppler se ha usado como prueba diagnóstica, pero en los últimos años en su lugar se usa el TAC helicoidal debido a su a468 mayor sensibilidad. Para su tratamiento se ha utilizado la embolización o la ligadura de la arteria hepática, pero la mejoría clínica dura poco tiempo y en algunos casos hay muerte por fallo hepático agudo. Por este motivo esta técnica ha sido desaconsejada. Por ahora el trasplante hepático es la mejor opción terapéutica para los pacientes sintomáticos, aunque no está exenta de riesgos. En un estudio preliminar se ha administrado de forma sistémica el anti-angiogénico bevacizumab (anti-VEGF) a pacientes de HHT con graves malformaciones vasculares hepáticas, siendo los resultados esperanzadores (Dupuis-Girod et al., 2012; Shovlin, 2010). Los sangrados nasales (epistaxias) recurrentes de telangiectasias presentes en la mucosa nasal son la manifestación clínica más común en la HHT. Mientras que algunos pacientes presentan epistaxias ocasionales, otros tienen sangrados nasales diarios que pueden ir asociados con anemia. Muchos pacientes solo requieren suplementos orales de hierro, mientras otros necesitan transfusiones y un tratamiento nasal de emergencia. Se han descrito diversos tratamientos tópicos, sistémicos y quirúrgicos, aunque cada uno tiene una eficacia variable en cada paciente. Entre las propuestas farmacológicas, se han usado antifibrinolíticos, derivados de estrógenos, anti-angiogénicos, agentes inmunosupresores y antioxidantes. La eficacia de los agentes antifibrinolíticos, épsilon aminocaproico y ácido tranexámico se basa en la inhibición de la actividad fibrinolítica, mediante su unión al centro activo de la plasmina en los tejidos, lo que conduce a la estabilización del coágulo. El ácido tranexámico está indicado en hemorragias graves con hiperfibrinolisis, como es el caso de la HHT, y algunos estudios han descrito una disminución en la intensidad y en la frecuencia de hemorragias nasales después de la primera semana de tratamiento y una mejora en la anemia asociada de pacientes de HHT sin efectos secundarios de trombosis. Sin embargo, el ácido tranexámico está contraindicado en pacientes propensos a sufrir trombosis por los riesgos de enfermedad tromboembólica venosa. En la terapia hormonal, el uso de estradiol / noretindrona para los sangrados basales y gastrointestinales de la HHT ha mostrado un grado variable de eficacia dependiendo del paciente. El raloxifeno, otro modulador del receptor de estrógeno (SERM) similar al tamoxifeno, se ha probado con éxito en una veintena de mujeres posmenopáusicas con HHT. El raloxifeno, un SERM de segunda generación, presenta un perfil clínico mejorado frente al del tamoxifeno, y se utiliza actualmente para el tratamiento y prevención de la osteoporosis post-menopáusica. Las pacientes de HHT con osteoporosis y tratadas con raloxifeno mostraron una clara disminución en la frecuencia y en la cantidad de epistaxias. Ciertos experimentos celulares in vitro sugieren que el mecanismo de acción molecular del raloxifeno y del ácido tranexámico se debe a que aumentan los niveles de expresión de los genes ENG y ACVRL1, lo que podría contrarrestar la haploinsuficiencia de estos genes en los pacientes de HHT. Los estudios del raloxifeno se llevaron a cabo en la Unidad de HHT española del Hospital de Sierrallana (Cantabria) en colaboración con el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid, y han servido para obtener la primera denominación de un medicamento huérfano para la HHT que la European Medicines Agency (EMA) y la Food and Drug Administration (FDA) americana han otorgado en todo el mundo. Para el tratamiento de los sangrados en la HHT también se han usado recientemente medicamentos antiangiogénicos como el bevacizumab y la talidomida. El bevacizumab es un anticuerpo humanizado recombinante contra VEGF que interfiere en el proceso de angiogénesis y que ha mostrado resultados favorables en el tratamiento de las malformaciones hepáticas en la HHT. Sin embargo, debido a sus efectos secundarios han surgido algunas críticas respecto a su administración sistémica. Actualmente existen varios estudios en marcha usando administración tópica en las fosas nasales para reducir complicaciones. La talidomida surgió como una posible terapia antiangiogénica con varios estudios clínicos en cáncer. Tal como con el bevacizumab, una observación casual en un paciente de HHT sometido a tratamiento con talidomida para el cáncer condujo a algunos trabajos que indican un potencial uso beneficioso en la HHT. Algunos estudios mecanísticos indican que la talidomida estimula el reclutamiento de células murales, mediante el aumento de los niveles del factor PDGF-B en la célula endotelial, facilitando así el reclutamiento de las células murales llamadas pericitos (que expresan el receptor PDGFR-β), así como el aumento de la proliferación de pericitos. Finalmente, también se han descrito casos asilados sobre los efectos beneficiosos de: i) agentes inmunosupresores como el tacrolimus en pacientes de HHT sometidos a trasplante hepático; ii) uso tópico del timolol (un derivado del propranolol) para el tratamiento de las epistaxias; y iii) administración sistémica del antioxidante N-acetilcisteina para los sangrados nasales (Albiñana, Bernabéu-Herrero, Zarrabeitia, Bernabéu y Botella, 2010; Dupuis-Girod et al., 2012, Lebrin et al., 2010; Shovlin, 2010). Conclusiones y perspectivas futuras en la HHT Durante los últimos años la investigación traslacional ha permitido lograr importantes avances en la comprensión científica, diagnóstico y tratamiento de la HHT. La mayoría de los genes causantes de la HHT están bien caracterizados y codifican proteínas implicadas en la vía de señalización del TGF-β. Experimentos de manipulación genética en ratones demuestran que los dos genes mutados más frecuentemente en la HHT son esenciales para el desarrollo cardiovascular y desempeñan un papel clave en la angiogénesis. La mutación de estos genes da lugar a modelos animales que reproducen las lesiones vasculares en pacientes de HHT y también sugieren la necesidad de un estímulo desencadenante como la an-giogénesis para que se generen las lesiones vasculares. En cuanto a la terapia, no existe todavía una cura para la HHT, pero existen una gran diversidad de medidas paliativas tanto quirúrgicas como farmacológicas que sirven para evitar complicaciones clínicas y mejoran la calidad de vida del paciente. El desafío para la próxima década es comprender mejor la base molecular de la HHT y desarrollar terapias más eficaces. Afortunadamente existen unos excelentes modelos de ratones con los que se avanza rápidamente en estos importantes campos de investigación. Además, la estrecha colaboración entre las asociaciones de pacientes, los clínicos y los investigadores básicos se muestra como un componente esencial para conseguir, a largo plazo, la cura de esta enfermedad.
Registros y biobancos de enfermedades raras. RESUMEN: Los registros y los biobancos de enfermedades raras se han convertido durante los últimos años en instrumentos clave para la investigación de este tipo de enfermedades. En el presente artículo se hace una revisión del concepto de registro y de la utilidad de los mismos en las enfermedades raras, se muestra un panorama de los registros de enfermedades raras en el ámbito internacional y nacional y se exponen los retos y las oportunidades que presentan los registros. Se presentan asimismo los biobancos como estructuras creadas con el fin de gestionar muestras biológicas para su uso en investigación. Se abordan los aspectos éticos, legales y sociales relacionados con la actividad de los biobancos y los aspectos técnicos asociados con la armonización, estandarización y control de calidad de las muestras y de la información relacionada y se ofrece un panorama general de los biobancos, recalcando su importancia en el ámbito de las enfermedades raras y la necesidad de colaboración con los registros de enfermedades raras. Registro; biobanco; enfermedad rara; armonización; interoperabilidad; biobanking. REGISTROS EN EL ÁMBITO DE LAS ENFERMEDADES RARAS Disponer de información sistematizada es una necesidad generalizada en todas las disciplinas científicas. En el ámbito de las enfermedades raras (ER), los registros constituyen instrumentos clave para poder avanzar en la investigación clínica, en la mejora de la atención, en la vigilancia y en la calidad de vida de los afectados por una ER (Rare Diseases Task Force. El concepto de registro En el ámbito de la salud suele distinguirse entre registro de pacientes y registro de enfermedades, aunque este es un asunto que va más allá de la diferencia semántica (Bellgard et al., 2013; Cavero-Carbonell et al., 2015). Según el Diccionario de epidemiología (Porta, 2014), un registro de enfermedades es "el archivo o fichero de datos correspondientes a todos los casos de una enfermedad particular u otra condición relevante de salud en una población definida de manera tal que pueda ser relacionado con una población base". La definición de registro de pacientes que parece ser más aceptada es la proporcionada por la Agency of Health Research and Quality (Gliklich, Dreyer y Leavy, 2014) estadounidense: "sistema organizado que usa métodos de estudio de epidemiología observacional para recoger datos uniformes (clínicos y otros) con el fin de evaluar resultados específicos para una población definida por una enfermedad, condición o exposición particular, y que sirve a uno o más propósitos predeterminados, científicos, clínicos o de políticas". Es habitual distinguir entre registros poblacionales o de población, que se refieren a poblaciones geográfica o administrativamente definidas y se proponen recoger todos los casos en esa población, y los no poblacionales, donde la cobertura no es completa o exhaustiva de toda la población y que están basados en centros sanitarios (hospitalarios u otros) o en otros criterios (asociaciones de pacientes, por ejemplo). La utilidad de los registros en el ámbito de las ER Lo que diferencia un tipo de registro de otro, sobre todo, es la finalidad: los registros de enfermedades poblacionales se dirigen principalmente a la vigilancia de la salud, mientras que los registros de pacientes están más orientados a la evaluación de resultados. Los propósitos de salud pública e investigación figuran entre las principales utilidades de los registros en el ámbito de las ER, resaltadas en las recomendaciones principales del comité de expertos en ER europeo (EUCERD) sobre registros de pacientes y recogida de datos sobre ER (European Union Committee of Experts on Rare Diseases. EUCERD Core Recommendations on Rare Disease Patient Registration and Data Collection), que además considera las siguientes utilidades de los registros: • Apoyar el desarrollo de políticas en el ámbito local, regional, nacional e internacional. • Facilitar la investigación de las ER tanto en el campo clínico como en el epidemiológico. • Monitorizar la provisión de atención sanitaria y de intervenciones terapéuticas. • Facilitar la realización de ensayos clínicos y de estudios post-comercialización. La situación actual de los registros de ER En el ámbito internacional Un hito importante ha sido la creación del consorcio IRDiRC (International Rare Diseases Research Consortium), cuyo objetivo para el año 2020 es desarrollar 200 nuevas terapias y diagnósticos para las ER. Entre las medidas y políticas que este consorcio propone (International Rare Diseases Research Consortium. Policies & Guidelines) está "coordinar y conectar los registros de pacientes: establecer procedimientos operativos comunes estándar, armonizar las cuestiones éticas y de acceso a los datos y muestras de los pacientes", así como estimular a promover la armonización, interoperabilidad y acceso abierto a las ontologías que hay que aplicar a bases de datos, registros y biobancos. Los países miembros del consorcio han impulsado un importante número de proyectos, y en España uno de ellos ha sido el desarrollo de la red española de registros de ER para la investigación (Spanish Rare Diseases Registries Research Network, SpainRDR: https://spainrdr.isciii.es). En Europa, las ER son un campo con un potencial de colaboración enorme (Montserrat Moliner y Waligora, 2013) y los registros no son ajenos a ello. La Unión Europea (UE) está apoyando los registros a través de la Plataforma europea para el registro de las ER (JRC Scientific and Technical Reports. Esta plataforma, establecida en el Joint Research Centre (JRC), proporciona servicios y he-a469 rramientas comunes para los registros de ER de la UE. Y ya está desarrollando sus actuaciones en dos importantes redes de registros: EUROCAT (Vigilancia Europea de Anomalías Congénitas) y SCPE (Vigilancia de la Parálisis Cerebral en Europa). En los países de la UE, como cita la propia Comisión Europea [URL] registries/index_en.htm), hay dos registros nacionales que son destacados: el Registro Nazionale Malatie Rare italiano (Taruscio, Kodra, Ferrari y Vittozzi, 2014) En España, como han mostrado los inventarios de registros realizados (López-Briones, Amorós, Benkovic y Zurriaga, 2014; Zurriaga Lloréns et al., 2006), existen diferentes registros de ER, con mayor o menor especificidad, en variados campos, pero es necesario destacar el ámbito de las anomalías congénitas. Así, de los 33 registros europeos miembros de pleno derecho de EUROCAT, dos de ellos son españoles (País Vasco y Comunidad Valenciana), y existe además un registro español afiliado (Navarra) y un miembro asociado español: el Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas (ECEMC) (Martínez-Frías, 1995), establecido en 1976. Los retos de los registros de ER y las oportunidades existentes Uno de los problemas que plantea la investigación en las ER es que, a causa de su escasa frecuencia, una única organización no dispone de información del suficiente número de pacientes para realizar investigación clínica o traslacional que pueda ser generalizada. Esta es también una importante limitación que encuentran los registros de ER. Pero el principal reto es que, aunque algunas ER están cubiertas por más de un registro, muchas de ellas no están presentes en ninguno. Ello es debido a una conjunción de factores entre los que están: • La escasa frecuencia de las ER, especialmente de las ultra-raras. • La complejidad de desarrollar y gestionar un registro, que aumenta por el hecho de que los casos sean pocos. • El desconocimiento y la falta de visibilidad de algunas ER. Tampoco se puede dejar de mencionar la inespecificidad de los sistemas de clasificación y codificación: muchas de las ER no disponen de un código específico en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) o en otras clasificaciones de amplio uso (Schieppati, Henter, Daina y Aperia, 2008). Por ello es necesario que los sistemas sanitarios de información vayan confluyendo hacia sistemas mucho más específicos, como puede ser ORDO, o bien que se enlace con lenguajes con mayor especificidad (Rath et al., 2012) y que son internacionalmente reconocidos, como SNO-MED-CT (Lee, Keizer, Lau y Cornet, 2014). En el trabajo efectuado por RD-Connect (Thompson et al., 2014) se han sistematizado los retos a los que se enfrentan los registros de ER, como son: • La continua reinvención de lo que es un registro. • La fragmentación de los datos de los pacientes. • Las dificultades de inclusión y seguimiento de los pacientes. • La resistencia para adoptar y adaptarse a los elementos de datos comunes. • Las dificultades para proteger la identidad del paciente, especialmente en los casos de enfermedades ultra-raras. • La implementación de un identificador único de paciente, especialmente en lo que se refiere a los aspectos éticos de su utilización y a la protección de datos. • La disponibilidad de las organizaciones e investigadores participantes para compartir datos. Otros retos presentes también son: • La complejidad de abordar un registro global que abarque un gran número de patologías y territorios. La tendencia recomendada por IR-DiRC es que los registros no se restrinjan y no se dediquen a un único producto o intervención terapéutica. • El origen de los datos: en muchas ocasiones las fuentes son básicamente hospitalarias, pero cada vez más se impone la aportación de otras fuentes como las de atención primaria (Phillips, 2004), así como las socio-sanitarias. La ampliación de fuentes es fundamental para evitar caer en sesgos (Dreyer y Garner, 2009). • Alcanzar la interoperabilidad en los registros, en sus tres aspectos: técnico, semántico y organizacional. • El aspecto transfronterizo, muy agudizado en el ámbito de la UE, que es necesario que ya sea abordado en los registros. EUCERD (Aymé y Rodwell, 2014) sistematizó los retos más importantes para los registros de ER al citar el consenso establecido en torno a seis áreas principales, que son: la interoperabilidad internacional, las fuentes de datos, la recogida de datos, las buenas prácticas, el uso de datos para propósitos normativos y la sostenibilidad. Además, las organizaciones de pacientes están demandando que sea tenido en cuenta el punto de vista de los pacientes y su participación en los registros. Y así, tres organizaciones internacionales, EU-RORDIS (European Organisation for Rare Diseases) en Europa, NORD (National Organization for Rare Disorders) en Estados Unidos y CORD (Canadian Organization for Rare Disorders) en Canadá, efectuaron una declaración conjunta (EURORDIS-NORD-CORD Joint Declaration 10 Key Principles of Rare Disease Patient Registries) que recoge los diez principios clave para los registros de pacientes. Entre ellos citan aspectos generales de los registros, que ya han sido mencionados, y otros más específicos concernientes a los pacientes, como son la inclusión de datos directamente suministrados por los pacientes, acompañados de datos notificados por profesionales sanitarios; el refuerzo de la cooperación público-privada para asegurar la sostenibilidad de los registros; la implicación de los pacientes en la gobernanza y gestión de los registros; o el papel que podrían jugar los a469 registros de pacientes para la construcción y el empoderamiento de comunidades de pacientes. Todos estos retos, afortunadamente, se presentan en un momento en el que las ER han entrado en la agenda de muchos países e instituciones supranacionales, de manera que aspectos como la colaboración internacional, las oportunidades de financiación, la existencia de planes o estrategias nacionales de ER, el impulso a la investigación, el desarrollo de plataformas (nacionales o internacionales) y otros favorecen el desarrollo y consolidación de los registros de ER. El trabajo desarrollado por diferentes proyectos permite disponer ya de aspectos resueltos como, por ejemplo, los elementos de datos comunes para los registros de ER que han sido estudiados y sistematizados en EpiRare (Common Data Set and disease-, treatment and other specific modules). Las oportunidades de desarrollo y estabilización de los registros afortunadamente existen. BIOBANCOS EN EL ÁMBITO DE LAS ER Según la definición recogida en la Ley de Investigación Biomédica (LIB 14/2007) un biobanco es "un establecimiento público o privado, sin ánimo de lucro, que acoge una colección de muestras biológicas concebida con fines diagnósticos o de investigación biomédica y organizada como una unidad técnica con criterios de calidad, orden y destino". En la práctica, un biobanco es una plataforma de apoyo a la investigación que actúa de nexo de unión entre donantes, clínicos e investigadores con el propósito de asegurar un tratamiento seguro y eficaz de las muestras biológicas y datos asociados. Los biobancos son repositorios de muestras biológicas almacenadas con fines de investigación médico-científica que son recogidas bien con esos fines o que constituyen muestras residuales de procedimientos médico-quirúrgicos, y su valor depende no solo de la muestra en sí sino de la información clínica asociada de que se disponga. Existen diferentes tipos de biobancos que, por lo general, se clasifican en biobancos poblacionales, biobancos orientados a enfermedades, biobancos de casos-control o bancos de tejidos, entre otros (Riegman, Dinjens y Oosterhuis, 2007; Riegman, Morente, Betsou, Blasio y Geary, 2008). Estos repositorios constituyen estructuras bien organizadas en el seno de instituciones de distinto carácter, tales como hospitales o centros de investi-gación, fundamentalmente. Precisan para su funcionamiento en nuestro país de una autorización otorgada por la autoridad sanitaria competente en cada caso, así como de su inclusión en el Registro Nacional de Biobancos del Instituto de Salud Carlos III (Real Decreto 1716/2011). Las muestras biológicas han desempeñado durante décadas un papel esencial en el desarrollo de la investigación académica (Artene et al., 2013). Hasta hace pocos años, la investigación médica estaba basada en la disponibilidad de muestras por parte de individuos o pequeños grupos de investigación. En los últimos años, los avances en investigación genómica A continuación, se comentan los aspectos más relevantes relacionados con la gestión de los biobancos. Aspectos legales, éticos y sociales "Las actividades desempeñadas por los repositorios de muestras biológicas conllevan muchos dilemas éticos y legales, por lo que tanto en el ámbito nacional como internacional existen diversas normas establecidas para salvaguardar los derechos de los donantes" (Veloza Cabrera, Wiesner Ceballos, Serrano López, Peñaranda Correa y Huertas Salgado, 2010). En el caso concreto de España, hay regulaciones de carácter general y específico que son de aplicación. Estos documentos resaltan el hecho de que los intereses de los seres humanos prevalecen sobre los intereses de la sociedad y de la ciencia (Medical Research Council. Operational and ethical guidelines) y regulan las distintas actividades que se llevan a cabo en estos establecimientos. En cuanto a las diferentes consideraciones éticas y legales hay que tener en cuenta las siguientes: a. Procedencia de las muestras La procedencia condiciona el posible uso: en el caso de las muestras obtenidas en el curso de intervenciones clínicas, estas solo se pueden almacenar en un biobanco cuando existe un excedente; en ningún caso se pueden ver afectados los estudios diagnósticos. En cuanto a las muestras obtenidas para investigación, su uso se encuentra limitado a un proyecto de investigación en concreto a no ser que el individuo consienta otros usos. b. Protección de los riesgos de la investigación Los beneficios de participar en los biobancos no son individuales sino colectivos y están representados por todos los avances en los conocimientos científicos para la prevención, el tratamiento y el diagnóstico de las enfermedades. La naturaleza y el grado de los riesgos derivados de la actividad científica de los biobancos depende fundamentalmente de la capacidad de identificación de las muestras y de los datos asociados a ellas. Los riesgos derivados de la investigación pueden ser intrínsecos o ulteriores. Entre los primeros se incluyen los de carácter biológico o psicosocial. Los primeros están representados por las complicaciones derivadas de la toma de la muestra y los riesgos psicosociales por la violación de la confidencialidad y de la privacidad. En cuanto a los riesgos ulteriores, las muestras biológicas contenidas en los biobancos tienen el potencial de generar una cantidad de datos en el futuro que también deben estar sujetos a regulaciones sobre la protección de datos personales y sobre la confidencialidad para evitar el riesgo de discriminación genética. Con el fin de obtener la autorización por parte del comité de ética correspondiente, se deberá demostrar que los riesgos y los beneficios están equilibrados y que los posibles riesgos han sido minimizados. c. Documento de consentimiento informado Toda muestra ha de ir obligatoriamente acompañada de un consentimiento informado, definido como "un acuerdo por escrito mediante el cual el sujeto de investigación o, en su caso, su representante legal autoriza su participación en la investigación con pleno conocimiento de la naturaleza de los procedimientos, beneficios y riesgos a que se someterá, con la capacidad de libre elección y sin coacción alguna" (LIB 14/2007). En el caso de los biobancos, por lo general, la naturaleza y el rol del consentimiento informado varían en relación con el consentimiento tradicional, en el cual el sujeto autoriza el uso de sus muestras en determinados proyectos de investigación. Así, la tendencia actual es solicitar al donante la firma de un consentimiento informado de carácter más amplio que permita el uso de las muestras en distintos proyectos, si bien el donante puede revocar el consentimiento en cualquier momento. d. Acceso a las muestras y datos por parte de los investigadores Los biobancos deben tener políticas bien establecidas para distribuir las muestras a los investigadores, así como procedimientos estandarizados para determinar lo que constituye un uso apropiado en investigación de las muestras y datos (European Commission. La solicitud de muestras debe estar, por tanto, bajo un estricto nivel de revisión científica por parte de un comité científico. La cesión de muestras debe además quedar aprobada por el comité de ética al que el biobanco en cuestión esté adscrito. Estandarización, normalización y control de calidad La capacidad de los biobancos de poner a disposición de los investigadores muestras e información asociada de la más alta calidad requiere de la implantación en su organización de buenas prácticas (BP) de laboratorio, del desarrollo de procedimientos normalizados de trabajo (PNT) y del tratamiento informático de los datos asociados, así como de la implantación de un sistema que garantice la calidad (Betsou et al., 2007; Liaño y Torres, 2009; Morente, Fernández y Álava, 2008). Dada la importancia que presenta la colaboración internacional en la investigación biomédica, la armonización de las directrices sobre las BP, la estandarización y normalización de los procedimientos en los biobancos y el despliegue de políticas de aseguramiento de la calidad son una prioridad (Red Nacional de Biobancos (RNB). Los procedimientos de trabajo en los biobancos deben basarse en las directrices establecidas en este tipo de guías. De igual modo, la estandarización de los procedimientos debe basarse en la evidencia científica, y debe evolucionar como resultado de los avances en la investigación. La normalización de los procedimientos, por su parte, adquiere un papel fundamental ante una necesidad muy concreta: la conexión en red entre biobancos (Simeon-Dubach, Burt y Hall, 2012). Así, la creación de redes de biobancos, o la participación en proyectos multicéntricos requiere que todos los implicados adopten unos procedimientos de operación comunes (Norlin et al., 2012). El trabajo en red entre biobancos precisa además de un flujo de información multidireccional y, en este sentido, una correcta gestión y trazabilidad de las variables pre-analíticas asociadas a las muestras resulta clave a la hora de garantizar que la interconexión y la interoperabilidad entre biobancos sea efectiva (Asslaber y Zatloukal, 2007). En el año 2010, el Working Group on Biospecimen Science de la International Society of Biological and Environmental Repositories (IS-BER) publicó un artículo en el que se presentaba la primera versión de la codificación Simple PREanalytical Code (SPREC) (Betsou et al., 2010). Esta codificación pretende sintetizar las condiciones pre-analíticas asociadas al material biológico, desde su extracción hasta la utilización por el investigador, y ha supuesto una revolución en el ámbito de los biobancos (Simeon-Dubach y Watson, 2014). Entrando ya en materia de aseguramiento de la calidad, los biobancos deben implantar un sistema de gestión de la calidad que consiga que la organización funcione de manera eficaz (Haro, Regalado y García-Montero, 2006). Aunque en el año 2008 la Asociación Francesa de Normalización (AFNOR) desarrolló la primera norma de calidad específica de Biobancos (NFS96-9000), no existe una norma internacional es-pecífica para estos establecimientos y es la norma ISO 9001/2015 la que está siendo adoptada en España y en Europa. Sin embargo, considerando el desarrollo que han experimentado los biobancos durante los últimos años, se requieren normas adicionales en ensayos, calibración (ISO 17025/2005) y producción de material de referencia (Betsou et al., 2007). En la última década en muchos países europeos se han establecido biobancos poblacionales u orientados a enfermedades, y en ellos se ha hecho una fuerte inversión tanto científica como financiera (European Commission. A challenge for governance), habiendo recogido hasta la fecha millones de muestras que han favorecido grandes avances en la comprensión de factores de riesgo específicos de enfermedades complejas. En 2010, el European Institute for Prospective Technological Studies (IPTS) del European Commission ́s Joint Research Centre, en colaboración con el European Science and Technology Observatory (ESTO), publicó los resultados del estudio Biobanks in Europe: Prospects for Harmonisation and Networking, que puso de manifiesto la variación y fragmentación de las prácticas y actividades de los biobancos dentro de Europa. Sobre la base de esta evidencia, el informe recomendaba la creación de una red internacional o de una organización "paraguas" que fomentase la armonización y la normalización de las prácticas de los distintos biobancos (European Commission. Así, la constitución de redes y la armonización se han convertido en cuestiones clave en el ámbito de los biobancos y, a fin de garantizar una investigación en colaboración significativa y superar la heterogeneidad de los biobancos en Europa, se procedió a la elaboración de directrices comunes y PNT y a la armonización de metodologías. Además de los asuntos relacionados con la armonización, la práctica de los biobancos se enfrenta a numerosos desafíos. Mientras las redes y consorcios van en aumento, quedan muchos otros puntos por solventar, tales como el flujo transfronterizo de muestras y datos asociados, la integración informática de distintos tipos de datos o la sostenibilidad a largo plazo de estas estructuras. La Red de EuroBioBank es la primera y la única red operativa de biobancos en Europa que proporciona muestras humanas como un servicio a la comunidad científica para el desarrollo de la investigación en ER. Está compuesta por 24 miembros procedentes de 11 países europeos y sus aproximadamente 150.000 muestras están disponibles a través de un catálogo online. Esta red fue creada en 2001 por la Asociación Francesa contra la Miopatía (AFM) y EURORDIS con el fin de contribuir a acelerar la investigación en ER, siendo su principal objetivo desarrollar una masa crítica de muestras biológicas y colecciones para ER. La investigación biomédica en España ha sufrido un importante desarrollo en las últimas tres décadas, convirtiendo a la comunidad investigadora española en la novena potencia en producción científica (Red Nacional de Biobancos (RNB). La investigación biomédica española se encuentra totalmente equiparada a la de los países de nuestro entorno y en este sentido podemos afirmar que el desarrollo experimentado por los biobancos de nuestro país durante la última década se enmarca dentro de la tendencia de crecimiento de la actividad de biobanking en Europa. En el año 2006, el Instituto Roche realizó una encuesta para detectar la situación real con la que se enfrentaba España respecto a la obtención de muestras para estudios biomédicos. A partir de esta encuesta se desarrolló una Guía práctica para la utilización de muestras biológicas en Investigación Biomédica, en la que se revisaron las condiciones de los biobancos en España y en la que se concluyó que, aunque los biobancos eran elementos cuya importancia para la investigación biomédica era ya reconocida, necesitaban un impulso aún mayor. Se hacía fundamental modernizar sus instalaciones, mejorando los controles de calidad y la preparación de sus técnicos, además de aumentar el tiempo de dedicación que prestan estos últimos a los bancos. Su colaboración con otros biobancos o su funcionamiento en red es capital para la expansión de estos establecimientos. Y todo ello requería un sistema de acreditación que definiera qué es y qué no es un biobanco, y que señalara las competencias de aquellos que realmente lo fueran frente a otros que no constituyeran más que meras colecciones. En este contexto, la aprobación y entrada en vigor de la LIB 14/2007 marcó el proceso de reestructuración, desarrollo y consolidación que han experimentado los biobancos en nuestro país. La ley, que regulaba por primera vez la figura de los biobancos con fines de investigación biomédica, establece criterios y líneas de actuación en aspectos relacionados con su organización, funcionamiento, autorización, cierre, etc. La existencia de un marco legal específico de biobancos resultó muy beneficiosa a la hora de abordar la problemática con la que se encontraba el sector. Sin embargo, la ley resultó incompleta para algunos aspectos relacionados con la incorporación de muestras a los biobancos, con el régimen de las colecciones de acuerdo con su finalidad (ensayos clínicos, líneas de investigación, diagnóstico...) o con la custodia de los consentimientos informados, entre otros. Bajo el amparo de la LIB 14/2007, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) puso en marcha en 2010 una iniciativa de creación de una estructura cooperativa en red (RE-TIC) de biobancos hospitalarios, denominada Red Nacional de Biobancos (RNBB), con el objetivo de sentar las bases para convertirse en una plataforma trasversal dentro del sistema nacional de I+D+i. La red contaba con el compromiso añadido de situar a nuestro país en la vanguardia de las iniciativas europeas a este respecto, formando parte del proyecto ESFRI de BBMRI. La concesión de dichas ayudas determinó el modelo organizativo de los biobancos que en la actualidad nos encontramos en los hospitales del sistema nacional de salud, ya que estuvo condicionada a la creación de un único biobanco por centro que acogiera el conjunto de colecciones de muestras obtenidas en los distintos servicios del hospital. Se trata de un modelo multidisciplinar de biobanco, conocido con el nombre de biobanco hospitalario, que caracteriza, en gran medida, la situación de los biobancos en España. La RNBB quedó integrada por un total de 52 centros hospitalarios y de 11 centros asociados con actividad relevante en biobancos, entre los cuales se encon-a469 traban biobancos poblacionales y otras plataformas cooperativas de ámbito autonómico, de ámbito interterritorial y del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER). Entre los años 2010 y 2013, la RNBB promovió un espacio colaborativo con resultados notables en armonización de procedimientos, difusión al exterior, formación de profesionales, construcción de una primera fase de una plataforma informática de interoperabilidad técnica y semántica, promoción de criterios de planificación económica y de políticas de aseguramiento de la calidad, etc. (Red Nacional de Biobancos (RNB). En el periodo comprendido entre 2014 y 2017, la Plataforma Red Nacional de Biobancos (PRNBB) ha dado continuidad a la experiencia previa como RETIC, como Plataforma de Apoyo a la Investigación en Ciencias y Tecnologías de la Salud del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). En esta etapa la PRNBB, formada por 52 instituciones de 15 Comunidades Autónomas, ha afrontando nuevos retos, llevando a cabo una gestión más profesionalizada de sus servicios, la promoción de colecciones de alto valor estratégico y la realización de actividades de I+D+i en el campo de los biobancos. En la actualidad España cuenta con un total de 94 biobancos inscritos en el Registro Nacional de Biobancos y la PRNBB se encuentra en fase de preparación de un Plan de Actuación para los años 2018-2021, que se enmarca en la Acción Estratégica en Salud del ISCIII. Realizando un análisis comparativo entre la situación actual de los biobancos españoles con respecto a la situación descrita en el año 2006 en la Guía Práctica para la Utilización de Muestras Biológicas en Investigación Biomédica, podemos afirmar que ha mejorado de una forma sustancial. La existencia de un marco legislativo específico para biobancos, la financiación proporcionada por el ISCIII y por todas las instituciones que han apostado por la consolidación o creación de biobancos, el trabajo realizado desde la PRNBB y desde otras iniciativas de redes de biobancos o biobancos en red y, por supuesto, el realizado por todos los profesionales involucrados en el sector han sido piezas clave en el proceso de saneamiento, estructuración y organización de los biobancos españoles. Biobancos en el ámbito de las ER Si bien el papel de los biobancos en el avance de la investigación es indiscutible, en el ámbito de las ER los biobancos adquieren aún mayor relevancia. A pesar de que los biobancos de ER comparten muchos aspectos con el resto de biobancos, la rareza y diversidad de las ER y sus muestras biológicas y datos asociados plantean retos y oportunidades específicas que requieren de la colaboración transnacional y la armonización. Así, pequeñas colecciones o incluso muestras individuales pueden ser extremadamente valiosas para la investigación, teniendo algunas de ellas relevancia directa para la salud de determinados pacientes. Es además en este campo donde el trabajo en colaboración con otros biobancos cobra mayor importancia, de manera que se llegue a cierto grado de armonización (incluyendo la codificación de ER) de forma que las muestras de distintos biobancos puedan ser integradas en estudios a mayor escala. En nuestro país, destaca la iniciativa puesta en marcha en 2008 por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER -Instituto de Salud Carlos III), el CIBERER Biobank (CBK), un biobanco de carácter público y sin ánimo de lucro ubicado en la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FI-SABIO) en Valencia. La integración del CBK dentro de la estructura del CIBER, Área de Enfermedades Raras (CIBERER), establecida para servir de referencia, coordinar y potenciar la investigación de excelencia sobre las ER en España, confiere al biobanco ese mismo carácter, el de ser un centro donde se prima y favorece la colaboración con grupos de investigación básica y clínica, haciendo especial hincapié en los aspectos de la investigación genética, molecular, bioquímica y celular de las ER con el objetivo de mejorar el conocimiento sobre la epidemiología, las causas y los mecanismos de producción de las mismas. Con esta iniciativa, el CIBERER ha querido dar respuesta a los miles de ER para las que no alcanza a desarrollar proyectos de investigación, proporcionando material biológico para que otros grupos de investigación puedan llevarlos a cabo. Asimismo, el CIBERER ha querido solventar uno de los problemas principales con que se encuentra la investigación en este tipo de patologías: la dispersión de muestras debida a la baja prevalencia de las mismas. Una segunda iniciativa del ISCIII al respecto corresponde a la creación en 2013 del Biobanco Nacional de Enfermedades Raras (BioNER), conectado con el Registro Nacional de ER (SpainRDR). El BioNER se constituye sobre la base del Biobanco del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras (IIER), bioban-a469 co que alberga muestras biológicas de afectados por ER, trastornos del espectro autista y causados por el síndrome del aceite tóxico, y que participa en varias redes de biobancos y proyectos nacionales como internacionales, tales como la RetBIOH, Eurobiobank o RD-Connect. Aunque la actividad de coleccionar muestras biológicas para su utilización en investigación constituye un hecho histórico en medicina (Morente et al., 2008), el biobanking puede considerarse como una disciplina nueva y muy dinámica que surge ante la necesidad de disponer de material biológico e información asociada de calidad para su puesta a disposición de la comunidad científica internacional (Hewitt, 2011). Como ya hemos visto en puntos anteriores, los biobancos en España y en los países de nuestro entorno han experimentado un enorme desarrollo durante los últimos años (Morente, Álava y Fernández, 2007). En términos generales podemos afirmar que este desarrollo ha venido acompañado de una evolución en la forma de entender el mundo del biobanking. En una primera etapa, los biobancos centraron sus prioridades en el número de muestras y en la cantidad de información que debía asociarse a las mismas. Durante una segunda etapa, en la que nos encontramos actualmente, el biobanking está centrando sus prioridades en la calidad de las muestras y de la información asociada. Ambas etapas han estado muy orientadas al producto final y a los desarrollos internos operacionales de los propios biobancos (Simeon-Dubach y Watson, 2014). En nuestros días se está proponiendo que los biobancos evolucionen hacia una nueva etapa en la que se priorice el valor y el impacto de su actividad, en la que los donantes sean conscientes del beneficio del uso de sus muestras en investigación biomédica, en la que las entidades financiadoras valoren los resultados en términos de mejora de la investigación y de producción científica etc., y en la que los investigadores aprovechen la capacidad de plasmar sus ideas en generación de conocimiento. La nueva forma de entender los biobancos se fundamentaría en su sostenibilidad desde una triple perspectiva: social, financiera y operativa. En este sentido se plantea la necesidad de reenfocar las actividades, servicios y productos de los biobancos priorizando las necesidades de donantes, financiadores y clientes (Simeon-Dubach y Watson, 2014). Por otra parte, la experiencia de los últimos años nos está permitiendo confirmar el hecho de que las muestras que se obtengan hoy van a ser las utilizadas en la investigación del mañana. En este sentido, tendremos que hacer el esfuerzo de prever el tipo de investigación que se llevará a cabo a medio plazo. La revolución de las denominadas ómicas, junto con los avances en investigación en células madre etc., han estado asociados al desarrollo de tecnologías que evolucionan de una forma imparable y que hacen, a su vez, que evolucione también el tipo de muestras que estas demandan para su uso en investigación (Kreiner e Irion, 2013). Así, de cara a los próximos años, se hace necesario el desarrollo de biobancos en los que, por poner un ejemplo, se almacenen nuevos tipos celulares con perfiles genéticos conocidos que faciliten el desarrollo de nuevas terapias. Estos aspectos adquieren un papel muy importante en el caso de los biobancos de ER por las particularidades que estos presentan. REGISTROS Y BIOBANCOS: UNA UNIÓN NECESARIA En casi todas las recomendaciones citadas, de diferentes organismos e instituciones, se menciona que los datos de los registros de pacientes de ER deben estar enlazados con los correspondientes datos de los biobancos. Así, el consorcio IRDiRC expone que la interoperabilidad y la armonización entre registros y biobancos debería ser un objetivo perseguido constantemente. Y que el enlace y la transferencia de datos entre las plataformas existentes debería ser considerada como una de las "buenas prácticas" entre registros y biobancos. Este enlace debe permitir compartir y enriquecer mutuamente la información disponible sobre los pacientes con ER, posibilitando avanzar en la investigación y mejora diagnóstica y terapéutica. Pero requiere que se respeten escrupulosamente las consideraciones éticas, las medidas de control de calidad y protección de datos y necesita además un gran avance en la interoperabilidad. Registros y biobancos han vivido, en muchas ocasiones, dándose la espalda, pero afortunadamente ya se dan las condiciones para solventar los aspectos técnicos, semánticos y de organización que permitan superar esta situación, de manera que los datos de los registros de pacientes de ER estén enlazados con las muestras biológicas de los biobancos, permitiendo mayores avances en la investigación. Los registros son reconocidos como una prioridad global en el campo de las ER, pero existe todavía un amplio y largo camino por desarrollar. La colaboración internacional y el respaldo que las instituciones y organizaciones están dado al desarrollo de los registros ha permitido, en muchos casos, su puesta en marcha. Ahora es necesario asegurar además su sostenibilidad. Los registros son instrumentos que requieren tiempo para alcanzar su máxima potencialidad y que, por desgracia, tardan un poco en ofrecer datos con la calidad requerida. Hay que ser paciente, dentro de la exigencia. Los aspectos técnicos necesarios para el desarrollo de un registro son conocidos, aunque en muchas ocasiones se actúa como si no lo fueran y se producen reinventos. En cambio, los aspectos semánticos actúan, en el campo de las ER, como un freno importante de los registros. Es necesario seguir avanzando en la confluencia hacia sistemas que sean apropiados y den respuestas adecuadas y en los que la especificidad y multiplicidad de enfermedades estén contempladas. En este sentido, las iniciativas actuales de estandarización y armonización como SPREC o la implantación sistemas de gestión de la calidad con PNTs comunes, garantizan un óptimo aprovechamiento de los recursos disponibles con el propósito de satisfacer la necesidad de comparación de las muestras y la información clínica asociada a las donaciones de material biológico humano. Estos elementos son clave en la próxima generación de biobancos y serán fundamentales para el desarrollo de una plataforma europea potente en materia de investigación biomédica. Todo lo anterior, sin olvidar que el fin último de los biobancos es lograr que los beneficios resultantes de las investigaciones que empleen muestras biológicas humanas sean compartidos con la sociedad en general y con la comunidad internacional. Estos beneficios necesariamente han de redundar en la mejora de la atención a los afectados por alguna enfermedad, en la mejora de los servicios de salud o en el refuerzo de las capacidades de investigación. Los retos a los que se enfrentan los registros y los biobancos en el campo de las ER son muchos, pero las oportunidades existen y deben ser aprovechadas. Lo que se puede obtener es mucho y los pacientes y sus allegados lo necesitan. 2014 Report on de State of the Art of Rare Disease Activities in Europe) en el que se repasaba la situación de los registros europeos de ER, detallando que, de acuerdo con la base de datos de Orphanet (Orphanet Report Series. Rare Disease Registries in Europe), había 641 registros de ER en
técnica del deporte español que integra un capítulo dedicado al foot-ball, deporte hasta la fecha muy poco conocido en España. El objeto de estudio se centra en el análisis terminológico sobre el capítulo de foot-ball que incluye la presente obra, con el objetivo de recabar información que ayude a confeccionar el Diccionario Histórico de Términos del Fútbol en español que estamos elaborando. El fútbol es sin duda el deporte del que más líneas se han escrito. A partir de la popularidad que logró una vez terminada la I guerra mundial, no hay duda del protagonismo creciente que ha alcanzado como deporte universal. Es el deporte rey, el espectáculo de los espectáculos, generador de millones de textos de todo tipo. 191), el fútbol proporciona, dentro del lenguaje periodístico deportivo, "el género rey", por los matices expresivos inherentes a su práctica competitiva. Desde que el fútbol apareció en España en el último tercio del siglo XIX y tomó carta de naturaleza en los primeros años del siglo XX, proporcionó los primeros textos de una bibliografía especializa (Nomdedeu-Rull, 2015; Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2015). Fue también a principios de los años veinte del siglo pasado cuando en España este deporte también llamado balompié (Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2013) se erigió como el primer espectáculo de masas y generó una masiva bibliografía técnica y prensa especializada (Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2014; Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2015; Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2016). El sport y la anglomanía desatada a partir de la restauración borbónica, junto al movimiento regeneracionista suscitado ante la crisis de 1898, condujeron al entonces foot-ball a protagonizar la primera colonización de la lengua española de la historia contemporánea (Torrebadella-Flix, Olivera-Betrán y Bou, 2017). García-Candau (1996) trató esta cuestión en su día, y varias han sido las aportaciones que hasta el momento se han ocupado de este asunto (Aleixandre-Benavent, Agulló, Agulló, y Valderrama-Zurián, 2007; Castañón Rodríguez, 1993; Nomdedeu-Rull, 2015; Nomdedeu-Rull, 2017; Pascual, 2012; Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2013; Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2015). Son muchas las palabras que tienen su origen en este lenguaje, al que llamamos deportivo, desde finales del siglo XIX y principios del XX. Los calcos -balompié-y los préstamos -fútbol-lingüísticos asoman por todas partes. En los primeros años de la Belle Époque, con el deporte ya como término propiamente definitorio para sustituir al sport (Olivera-Betrán y Torrebadella-Flix, 2015), surgió el interés por buscar un lenguaje adecuado (Vázquez Montalbán, Mercé Varela e Ibarz Melet, 1972). No obstante, estos comienzos no fueron fáciles puesto que existió una estrategia españolizadora del lenguaje deportivo anglosajón abanderada por quienes deseaban mantener una pureza de la lengua española y huir de cualquier barbarismo. La construcción del lenguaje deportivo en el idioma tiene sus orígenes a partir de la penetración y divulgación de la lengua escrita. Principalmente es en la prensa deportiva o en las columnas deportivas de la prensa de noticias en donde se recogen las primeras referencias terminológicas del lenguaje deportivo (Nomdedeu-Rull, 2017; Torrebadella-Flix y Olivera-Betrán, 2012). Estas voces, con el paso del tiempo, van a tener su aceptación en el lenguaje propio de cada deporte, y finalmente también muchas de ellas serán utilizadas en otros ámbitos no exclusivamente deportivos. Puede afirmarse que, en el caso particular del fútbol, estas voces nuevas, en algunos casos anglicismos, fueron rápidamente incorporadas a los códigos terminológicos de los aficionados. Así, y en la medida en que estas nuevas palabras inundaban las crónicas futbolísticas de una incipiente prensa deportiva, aparecieron las discusiones lingüísticas y terminológicas, también reproducidas en las páginas de la prensa deportiva más relevante del momento (Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2013). El principal artífice que promovió una estrategia españolizadora del lenguaje deportivo anglosajón fue el publicista Antonio Viada. En este contexto, el objetivo de este estudio es dar cuenta de la novedad lingüística y de contenidos que supuso el Manual del Sport (1903) de Antonio Viada Viladesau (Mataró, 1862-Barcelona, 1914), obra publicada en Madrid en 1903, a partir del análisis de las primeras documentaciones léxicas de los vocablos del fútbol en español que se dan cita en sus páginas y de las primeras referencias a aspectos técnicos y tácticos del foot-ball que aparecieron en un manual (véanse las figuras 1 y 2). Sin duda alguna, esta obra fue una de las referencias más importantes para dar a conocer el juego y el reglamento a cuantos neófitos desearan conocerlo (Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2014). Asimismo, y teniendo en cuenta que este estudio se enmarca en el Diccionario Histórico de Términos del Fútbol (DHTF) que se está elaborando, no desatendemos algunos datos bio-bibliográficos del autor en relación con su obra objeto de estudio (Nomdedeu-Rull, 2015; Nomdedeu-Rull y Torrebadella-Flix, 2016). La metodología seguida en este estudio ha consistido en la catalogación de los términos en torno al foot-ball que aparecen en la obra Manual del Sport y el contraste con la base de datos terminológica a470 que sirve de base para la elaboración del DHTF, con el objeto de observar si entre los términos usados en el texto de Viada hay términos del fútbol documentados por primera vez en español. Es a partir del análisis terminológico descrito como proporcionamos un cuadro descriptivo de vocablos y una interpretación semiológica del lenguaje utilizado. Para ello en la metodología de análisis se han utilizado recursos y técnicas de análisis histórico en torno al tratamiento del léxico. Gracias a la digitalización de los textos fundamentales de la última década del siglo XIX, textos hallados en repositorios digitales diversos -Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España y Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica, entre otras-, se ha podido avanzar en las búsquedas y en la documentación de los términos de un modo mucho más rápido del que se hubiera procedido al carecer de las herramientas tecnológicas actuales. En último término, se ha procedido al vaciado léxico del Manual del Sport y a la exposición de las prime-ras documentaciones léxicas que recoge, objetivo principal del presente estudio. Así, pues, el estudio se presenta en un marco de contextualización del deporte, y en particular del fútbol, en la España de principios del siglo XX; seguimos con el conocimiento del autor en relación con su obra; y, finalmente, tratamos la terminología del fútbol en el Manual del Sport con el foco puesto en los términos que se documentan por primera vez en español en este manual. Por todo ello situamos la aportación del Manual del Sport de Antonio Viada en la confluencia del movimiento regeneracionista y de la llamada literatura del desastre, que también acompañó el devenir del deporte español de principios del siglo pasado (Torrebadella-Flix, 2014). Como se demuestra en este estudio, tanto el discurso de la obra como la práctica deportiva en sí misma tuvieron para el autor la intención de divulgar una obra de cultura física moderna y socialmente educativa. A finales del siglo XIX, el deporte tenía en España una elitista representación de asociaciones con una muy marcada representación burguesa (Torrebadella-Flix, Olivera-Betrán y Bou, 2015). La prensa deportiva de entonces es un ejemplo que testimonia el encanto que la pujante burguesía sentía por este nuevo estilo de ocio llamado sport (Torrebadella-Flix y Olivera-Betrán, 2013). Es en estos años cuando todavía el fútbol no había alcanzado un gran reconocimiento popular y en la prensa deportiva de la época se manifestaban algunas significativas opiniones, como la de Mariano de Cavia, que alertaban sobre el problema que podía suponer la invasiva oleada cultural anglosajona que se apreciaba en el sport (Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull, 2013, p. A partir de comienzos del siglo XX, momento en el que las crónicas y las noticias del sport comenzaban a normalizarse en la incipiente prensa deportiva, Viada inició en 1902 la primera intervención de reafirmación lingüística de la lengua española en el deporte. Como hemos mencionado, las discusiones terminológicas ante la invasión de neologismos deportivos ocuparon un espacio destacado en las páginas de la revista Los Deportes. Puede decirse que el foot-ball fue el deporte con el que primero se levantó la polvareda después de la propaganda de Mariano de Cavia con la voz deporte y sus derivados (Olivera-Betrán y Torrebadella-Flix, 2015). Aún, así, las discusiones para establecer un consenso terminológico de las voces del fútbol (y de las de otros sports) quedaron divididas en dos posiciones. Por un lado, había quienes defendían una traducción parcial de las voces inglesas; en cambio otros, entre ellos Narciso Masferrer, se posicionaban a favor de efectuar una transformación total y radical de las voces del foot-ball: aconseja efectuar de una vez un cambio total y radical de todas las palabras del juego denominado de foot-ball, pues así como en Francia y en Alemania han efectuado traducciones parciales de algunas palabras, ó sea á medias, hagámoslo nosotros por completo dando muestra de mayor entusiasmo y decisión; pónganse de acuerdo todos los redactores de deportes de los periódicos locales; adopten los más apropiados, parecidos y lacónicos términos; publiquen los en tal forma constantemente y en breve tiempo quedarán adoptados y usados por el gran número de aficionados existentes hoy en la populosa ciudad Condal. (J. B., 1902, 9 de febrero) 1 Las discusiones sobre el lenguaje futbolístico fueron una constante a lo largo del primer cuarto del siglo pasado; y así se reflejó en la propia denominación del juego y sus diferentes voces propuestas: foot-ball, pila-pie, futbol, balompié... Es en este momento en el que se documenta por primera vez el préstamo futbol en un texto en español publicado en Los Deportes en la sección Intimidades firmada por Narciso Masferrer, forma que, aún sin tilde en esa época, acabará arraigando como denominación de este deporte hasta hoy. El fútbol a la española ya se había puesto en marcha: La afición ha cundido de tal modo, que todo el mundo juega ya á futbol... ¡es tan fácil cosa esa de lanzarse la pelota! Nuestra juventud, la que puede, acapara todos los balones de El Siglo, y la que no, juega con piedras, con cajas de cartón, con lo que sea factible de empujarse con los pies é introducirse en el goal (Masferrer, 1903, 1 de marzo). La aparición de la palabra futbol (sin tilde) en español se puede deber, a partir de algunas calas realizadas en la documentación textual de las primeras décadas del siglo XX, a la influencia de los periodistas catalanes en la divulgación del léxico del fútbol en estos primeros años del nuevo siglo, puesto que la forma futbol era ya de uso común en los textos en catalán referentes a este deporte: en La Ilustración catalana ya se documenta con regularidad desde 1903. Antonio Serra, escritor de la columna Notas de sport de La Vanguardia, empleó dicha voz en esta forma en español por primera vez el 17 de enero de 1903, aunque separada por un guion (fut-bol): El presidente de la Asociación «foot-ball» («futbol») Clubs nos ha comunicado además, que dicho Tribunal -que se ha formado para entender en todos los asomos difíciles que pueden suscitarle en el juego en cuestión-ha organizado un concurso de (fut-bol) asociación exclusiva para segundos bandos de los Clubs constituidos en España (Serra, 1903, 17 de enero). El año en el que aparece el Manual del Sport, en España el deporte contaba con una nutrida prensa deportiva fijada únicamente en Barcelona (Los Deportes y Vida Deportiva) y en Madrid (Heraldo Sport, Gran Vida, Revista del Sport, Arte y Sport). Antonio Viada (1903) no se aventuró a indicar cuál fue la primera entidad futbolística o la primera zona de España en que se practicó el fútbol pero, por un lado, puso en este escenario el hecho de que las primeras asociaciones de este deporte estuvieron vinculadas a las colonias inglesas de Málaga, Mahón, Barcelona, Bilbao y otros puntos y, por el otro, identificó a470 que Cataluña era la zona en la que este juego tenía más aceptación, con más de una veintena de clubes. Si en Barcelona el fútbol se inició, claramente, a finales de 1899, en el caso de Madrid fue a principios de 1902 cuando se recogieron las primeras noticias de que este deporte iba progresivamente convirtiéndose en conocido. También la presencia del fútbol en el País Vasco, especialmente en Bilbao, sitúa esta región como la otra zona importante de la cantera futbolística del momento, es decir, la tercera potencia de fútbol en discordia. Las asociaciones y clubs regionales pronto movilizaron encuentros entre sus equipos y fue especialmente significativa la disputa oficial de la primera Copa del Rey, entonces competición considerada como el campeonato de España, que se disputó en Madrid. Así puede decirse que, organizativamente, el fútbol en aquel año solamente había cundido en Bilbao, Barcelona y Madrid, triángulo capital en la institucionalización fundacional del fútbol en España. En estos momentos, el fútbol estaba echando sus raíces en la población española y había salido de su reclusión colonial. Como citaba Gamper (1914), había quien menospreciaba el fútbol por eso de ser sport extranjero, otros lo veían antihigiénico, violento y bárbaro, un juego de los hijos de clase burguesa. Sin embargo, el fútbol pronto penetró en el entusiasmo de algunos defensores como Juan Gamper, Josep Elías y Alberto Serra en Barcelona, Juan Padrós y Ángel Berraondo en Madrid, y Ramón de Aras, Juan de Astorquia y Alejandro de la Sota en Bilbao (Polo del Barrio, 1993; Torrebadella-Flix, 2012; Turuzeta, 2012). Estos fueron los primeros apóstoles del fútbol en España y representaron el inicio de un proceso deportivo y de cultura anglosajona que ya estaba triunfando en muchas partes del mundo (Elías, 1901, 1 de marzo; Elías, 1903, 20 de septiembre). El fútbol se presentaba con una carga simbólica plenamente inmersa en el discurso regeneracionista del momento. Tanto es así que, desde otros círculos político-pedagógicos (vinculados a la Institución Libre de Enseñanza) impregnados por este ambiente, se concibió el fútbol como el mejor deporte que podía practicar la juventud española (Álvarez Santullano, 1903; Zulueta, 1903, 22 de septiembre). ANTONIO VIADA Y EL MANUAL DEL SPORT En este apartado vamos a centrarnos en recuperar el valor que supuso la publicación del Manual del Sport a inicios del siglo XX. Entre 1899 y 1903, en Barcelona se impulsaron importantes efemérides de gran trascendencia en el ámbito del deporte, que especialmente tuvieron el Foot-ball Club Barcelona y la emblemática figura de Narciso Masferrer, amigo personal de Antonio Viada (Masferrer, 1911, 23 de noviembre), como principales mentores (Torrebadella-Flix, 2014). Históricamente podemos recordar la figura de Antonio Viada por sus múltiples facetas periodísticas, pero debemos destacar que su Manual del Sport merece ser calificado como la primera gran obra del deporte español (Torrebadella-Flix y Olivera-Betrán, 2012) (véanse figuras 4 y 5). Su precio, 8 pesetas (tal como se publicitaba en el número 7 de la revista deportiva Gran Vida, del 1 de diciembre de 1903), era muy elevado en la época, pues equivalía a tres veces el sueldo de un obrero de principios del siglo XX. Véase el asiento descriptivo de la obra. En un total de 772 páginas, se compilaban las descripciones de 27 deportes: Su acogida en la prensa de la época fue notoria, pues se publicaron muchas reseñas de la obra. Des-tacamos un fragmento de la publicada en La Energía Eléctrica: MANUAL DEL SPORT.-D. Antonio Viada, acaba publicar el libro cuyo título apuntamos con un prólogo originalísimo de Alejandro Saint-Aubin. La obra, que es indispensable, no sólo al sportman, sino al aficionado y á toda persona culta que desee marchar á la altura de los adelantos deportivos, delicioso oasis en el continuo batallar de la agitada vida moderna y vigoroso medio para mantener el equilibrio físico é intelectual de nuestra complicada máquina, después de la introducción reseña ligeramente la historia del sport, y en el capítulo de nociones generales que sigue al boceto histórico agrupa las diferentes clases de sports en un cuadro sinóptico, basado en sus analogías de objeto ó instrumento. La exposición de los sports más en boga comprende diferentes capítulos, detallando con una claridad y sencillez admirables cuanto conviene conocer para imponerse, con sólo una lectura de agradable solaz, en el complicado mecanismo y ya extenso argot deportivo, pudiendo asegurar (al menos á mí me ha sucedido), que una vez cogido el libro, no se abandona su lectura hasta el final; quedando en la imaginación Figura 3. "Antonio Viada en su despacho" Fuente: Arte y Sport, 30 de marzo de 1904, p. 9. a470 impresión indeleble de multitud de ideas asimiladas sin esfuerzo y con el atractivo de la variedad (Bibliografía, 1903, 25 de junio). Otra destacada reseña es la que se publicó en La Ilustración Española y Americana en la que se ensalzó el supuesto patriotismo y "españolismo" de Viada, del que él mismo huyó. Como se demuestra en las palabras siguientes, al final del artículo titulado "Sobre el vocabulario deportivo III", publicado en el número 16 de Los Deportes el 27 de abril de 1902, dejó clara su postura a este último respecto: «Permítame, además, me atreva á esperar de su buen deseo que contribuirá, por lo que toca á su coto cerrado, á la obra de españolización del idioma deportivo; tarea mucho más fácil que la tal vez no conveniente de la españolización de los españoles (?)» En esta última reseña, se refleja una vez más el discurso regeneracionista con el que nacía esta obra: En la introducción de la obra, el Sr. Viada, estudiando la superioridad de la raza anglosajona sobre la latina, y apuntando la influencia decisiva de los sports en tal superioridad, reproduce párrafos de los apasionados juicios emitidos por el barón de Hartcourt acerca de la última guerra hispano-americana, juicios altamente mortificantes para España. [...]. Todo el Manual es concienzuda y correcta exposición de la importancia capitalísima que para la nación entraña el cultivo del músculo, el mantenimiento de la vigorosidad corporal, el fortalecimiento de las energías físicas y la reconstitución de la salud social desequilibrada por exceso do trabajo cerebral. [...]. Ciclismo y automovilismo, esgrima y tiro, carreras hípicas y regatas, gimnasia y pelotarismo, billar y natación y otros muchos juegos encaminados á favorecer el "ejercicio físico al aire libre, que se practica por recreo y por estímulo", aparecen admirable y extensamente tratados por el Sr. Viada, que, con esta obra, presta un señalado servicio, no ya a los aficionados al sport, sino muy especialmente a nuestra raza, necesitada de traducir en hechos el consejo de Zola, "compensando el exceso de pluma con el exceso de gasto de calzado" (Manual del Sport 1903, 22 de agosto). También El Cardo se hizo eco de la noticia con un apunte que seguramente pertenecía a Narciso Masferrer: Viada, mi querido compañero, el competentísimo escritor en materias deportivas, me acaba de favorecer con el envío de su Manual de Sport, que ha editado lujosamente la casa Romo y Füssel, de Madrid. Es el tal Manual un bouquin de 772 páginas, de modo que no he podido leerlo más que al vuelo, y claro está que no me puedo aventurar á dar mi opinión hasta bien conocidas todas las materias de que trata. Para entretener el tiempo y á guisa d 'hors d' oeuvre, allá va un capítulo del Manual, en que Antonio Viada explica lo que es sport, y que ofrezco á mis lectores, convencido de que este platillo les sabrá á poco y acudirán prestos á la librería para darse el gustazo de un banquete... deportivo. Acto seguido, el mismo Narciso Masferrer ofreció un capítulo del Manual del Sport de Antonio Viada titulado "Lo que es sport" en el que expuso el origen del término sport y derivados tales como sportman o sporting (Viada, 1903, 15 de junio). Por lo tanto, la obra de Viada fue extensamente reconocida y, sin duda alguna, la valoración que hacía de ella Narciso Masferrer es la que más nos interesa, puesto que, a nuestro juicio, aporta reveladores datos del completo alcance que Viada deseaba ofrecer en las cuestiones terminológicas del deporte: [...] un Manual del Sport, cuyo modesto libro encubre un tomo de cerca de 800 páginas, en que se tratan todos los deportes, y aún puedo añadir, que por conveniencia de los editores, suprimió Viada más de 200 páginas, entre las cuales contaban un vocabulario de más de 1.000 voces de sport, españolas y extranjeras. Este libro, a pesar de estas suspensiones, basta y sobra para acreditarlo entre nosotros todos como el primero entre los primeros, y por eso no podía dejar de figurar en el puesto de honor que hoy le asigna Arte y Sport en esta sección (Masferrer, 1904, 30 de marzo). El Manual del Sport puede ser considerado como la primera aportación bibliográfica completa y moderna del deporte español. Torrebadella-Flix y Olivera-Betrán (2012) la han clasificado como una de las cien obras deportivas más importantes de la historia del deporte en España. El libro trata con esmero y detalles aspectos históricos, técnicos y reglamentarios de numerosos deportes, algunos de los cuales apenas eran conocidos en España. En sí se trataba de una peque-ña, sencilla pero completa enciclopedia de deportes, la primera publicada en España. La dedicatoria tenía como protagonista: [...] á las diversas entidades que en España trabajan por propagar el sport; á la Federación Gimnástica Española, en primera línea; al Tiro Nacional, á la Sociedad de Fomento de la Esgrima, a la Unión velocipédica española y á las asociaciones particulares de regatas, de polo, de foot-ball, de tennis, etc., etc. Pero es poco libro este para ser dedicado. Es un modesto Manual del sportman, que se recomienda á la buena acogida de cuentos practican algún sport ó deseen practicarlos ó conocerlos (Viada, 1903, p. Viada introducía el sport a partir de los componentes comunes que estructuraban la práctica: campos de juego, instrumentos, pruebas, personal y reglamento. Asimismo, proporcionaba una clasificación "científica" a partir de la comprensión "lógica" de sus analogías según el objetivo o el instrumento utilizado: los deportes de carreras, que tienen como objeto la velocidad; los deportes de armas, que tienen por instrumento un arma; los deportes de balls (bolas o pelotas), que tienen por objeto este instrumento; y los deportes atléticos, que tienen por objeto los ejercicios gimnásticos o atléticos. Esta aportación puede considerarse como la primera clasificación sistemática española de los deportes. La obra de Viada es la primera publicación española que ilustra y propaga a la perfección el estándar deportivo inglés. Asimismo, debe considerarse como una importante contribución al conocimiento del deporte en España, puesto que en aquella época el deporte era muy minoritario; incluso algunos de los deportes tratados tardaron bastantes años en practicarse, como en el caso del basket-ball, foot-ball, rugby o el skating-hockey. Puede afirmarse que, prácticamente, hasta la segunda década de siglo, el Manual del Sport fue el único referente del deporte moderno publicado con el que contaban los españoles. El libro de Viada aparecía en la coyuntura de la crisis finisecular marcada por el desastre colonial de 1898. En esta época no existía prácticamente literatura deportiva, a excepción de unas pocas obras en torno al ciclismo (Torrebadella-Flix, 2011). El Manual del Sport fue la primera obra que se presentó alimentada ideológicamente por el discurso regeneracionista del momento (Torrebadella-Flix, 2014). Un análisis crítico sobre el discurso regeneracionista de la obra hace de ella que, en el ámbito del deporte y de la llamada regeneración física, se encuentre a la altura de obras a470 críticas tan significativas como las que escribieron Joaquín Costa (1901) o Ricardo Macías (1899). Para validar esta afirmación, citamos unas palabras que el propio Antonio Viada escribió en esta obra: Este anacronismo en el siglo XX y tratándose de un país europeo, más que á resistencia del público es debido á desconocimiento, como desconoce tantas cosas de la vida moderna. Por otra parte, del Estado, que en los países bien regidos es el tutor del país, no hay que esperar nada; pues no está siquiera definitivamente constituído, siendo la máxima política de todos los Gobiernos la vulgarísima de "vivir al día, y el que venga atrás que arree". Mientras tal barbaridad sea un axioma gubernamental español, que lo será hasta que los buenos españoles se decidan á intervenir en la gobernación del país, no será de extrañar, no ya que se desconozcan los beneficios del sport, sino que se desconozcan siquiera los servicios públicos bien organizados hoy en España prendidos con alfileres ó simples parodias de lo que son en Europa (Viada, 1903, pp. 18-19). Asimismo, en el prólogo de la obra, Alejandro Saint-Aubin Bonnefont (1857-1916), corresponsal del Heraldo de Madrid en la guerra hispano-estadounidense y diputado por el partido liberal, dejó una imborrable huella histórica y del sentir regeneracionista del momento. Con estas palabras, que a continuación reproducimos, un lector mediante una carta anónima publicada en la prensa se hacía eco del Manual del Sport, coincidiendo con las opiniones de Saint-Aubin: Tiene usted razón, no una, sino un millón de veces, querido amigo Alejandro. «Nuestros soldados, cuando salieron de España para combatir en los bosques y sabanas de Cuba, eran, grandes o chicos, hombres formados y robustecidos en las duras faenas del campo y de la fábrica, vigorizados en el tremendo sport del trabajo constante y del ejercicio muscular, para la conquista del pan. Cuando llegaron á las manos con los cowboys y con los rough-rider americanos, ya estaban los nuestros extenuados, rotos, hambrientos; reponiendo las fuerzas perdidas en la lucha por la fiebre, el paludismo, el calor sofocante y por la alimentación deplorable é insuficiente» (Manual del Sport, 1903, 10 de junio). EL LENGUAJE DEL FÚTBOL De los seis períodos en los que hemos divido la historia del léxico del fútbol entre 1890 y la actualidad -para lo cual hemos tenido en consideración factores históricos, textuales y futbolísticos, a partir, sobre todo, de las clasificaciones establecidas por los historiadores Xavier Pujadas y Carles Santacana (2012), por un lado, y a partir también de las expuestas en Torrebadella-Flix y Olivera-Betrán ( 2013), en Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull (2014), Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull (2015) y Torrebadella-Flix y Nomdedeu-Rull (2016) y en Nomdedeu-Rull y Torrebadella-Flix (2016)-, el Manual del Sport de Viada se halla, desde el punto de vista textual, en la etapa que va de 1890 a 1913 y que hemos denominado Inicios de la prensa deportiva y creación de un espacio propio. Este período se establece porque es en 1890 cuando se documenta la primera crónica de un partido de fútbol (Recreativo de Huelva-Sevilla) y es en 1913 cuando se publica el libro Novísimo tratado de Foot-ball. Método práctico para jugar y apreciar la licitud y oportunidad de las jugadas, de Georges Graham, el primer libro monográfico de fútbol, además de que se crea la Real Federación Española de Fútbol. Esta datación obedece, pues, a razones textuales. Desde el punto de vista histórico, el manual estudiado pertenece a la etapa denominada etapa de gestación o regeneracionista, que va de 1900 a 1919. Esta etapa se caracterizó por la identificación del fútbol como signo elitista y burgués: este deporte se presentó entre connotaciones de moda y de regeneracionismo y se mostró como un excelente medio de educación física, principalmente en las escuelas privadas pertenecientes a las congregaciones religiosas. En estas dos primeras décadas se produjo un proceso de institucionalización del fútbol. Esta primera fase de gestación coincidió con el fin de la gran guerra en Europa y tuvo como colofón las demandas colectivas del deporte para organizar la participación en los Juegos Olímpicos de Amberes (Kuntz, 1919, 25 de diciembre; Reparaz, 1919, 15 de diciembre). Desde el punto de vista léxico, como se ha expuesto en Nomdedeu-Rull (2014), no fue hasta 1902 cuando surgió la necesidad de reglamentar el juego del fútbol y su léxico (Nomdedeu-Rull, 2014), lo que se demuestra con la publicación del Reglamento de foot-ball de la Asociación de clubs de foot-ball de Barcelona en ese mismo año. La presencia de los términos del fútbol comenzó a ser tan significativa en este periodo que a comienzos de siglo XX se produjeron dos fenómenos que demostraron el gran interés existente por informar sobre el juego del foot-ball. Por un lado, en 1902 se inició una etapa en la que varios redactores y periodistas de la época publicaron reflexiones sobre la adaptación de los términos futbolísticos en el marco de una estrategia españolizadora del lenguaje deportivo anglosajón (Nomdedeu-Rull, 2017). Por otro lado, se fundaron publicaciones periódicas que con el paso de los años, la Revista de Sport, el diario general ABC (1903-) y se publicó el Manual del Sport de Antonio Viada. Por lo tanto, nos hallamos en un periodo de recepción del léxico futbolístico, y concretamente en los textos periodísticos, en el que todavía no había surgido la preocupación por la denominación de las voces, si bien este interés estaba próximo, debido sobre todo al caudal de anglicismos que atestaría las páginas de las publicaciones de la época desde 1902. Imperaba la novedad del nuevo juego, lo que ocasionaba la aparición de noticias asociadas a él, como la constitución de nuevos clubes o la celebración de partidos. Hasta 1903, pues, con las excepciones del Reglamento de foot-ball de la Asociación de clubs de Football de Barcelona y del Manual del Sport de Antonio Viada, las documentaciones léxicas del fútbol hallan en periódicos de diverso género. En 1868 podemos documentar la primera referencia al fútbol, publicada en Valencia en El Panorama, Periódico ilustrado quincenal, el 30 de abril de 1868 2, cinco años después de la creación de The Foot-ball Association en Londres (1863). Habrá que esperar a 1890 para encontrar la primera crónica de un partido de fútbol de la que tenemos conocimiento, publicada en La Provincia (Huelva) el 12 de marzo de 1890. A partir de 1890, la publicación de crónicas, y no solo de noticias breves, conllevó que aumentara el número de primeras documentaciones léxicas, esto es, de neologismos en la época. Desde este momento, comenzaron a aparecer noticias en la prensa de información general, sobre todo en La Vanguardia, lo que provocó un aumento, si bien lento, de términos documentados por primera vez (Nomdedeu-Rull, 2017). EL LENGUAJE DEL FÚTBOL EN EL MANUAL DEL SPORT Desde el punto de vista lingüístico, el Manual del Sport de Antonio Viada es un libro innovador y fundamental para poder explicar la historia del léxico del fútbol en español. Sin duda, forma parte del corpus lingüístico del fútbol español que sirve para esclarecer la historia de la implantación de este deporte en España y, en consecuencia, del lenguaje del fútbol que comenzaba a usarse con cierta frecuencia en el período en el que se publicó. Este estudio sigue en la línea de otros publicados por Nomdedeu-Rull y Torrebadella-Flix centrados en el análisis de la historia del lenguaje del fútbol con el fin último de elaborar el DHTF. Desde el punto de vista léxico, se han podido identificar varias investigaciones parciales que han tenido como objeto de estudio el análisis historiográfico de los términos futbolísticos. Sin embargo, la bibliografía existente que se ha centrado en el análisis de dichos términos en español no es suficiente para cubrir un apartado tan importante en la historia de la lengua española como lo es el relativo al estudio diacrónico del léxico del fútbol. Esta carencia se debe tres razones: en primer lugar, al hecho de que los investigadores se han interesado más por el estudio del lenguaje del fútbol de las últimas dos décadas, que no por su análisis histórico desde los orígenes hasta hoy (Nomdedeu-Rull, 2004); en segundo lugar, se han elaborado casi más diccionarios que han tenido el fútbol 3 o el deporte 4 como ámbitos de interés que, en cambio, estudios de investigación que se hayan propuesto analizar el lenguaje del fútbol en los textos receptores de su terminología a lo largo de la historia; y, en tercer lugar, al hecho de que no se ha abordado la cuestión desde una perspectiva interdisciplinaria a partir de las aportaciones de lingüistas, historiadores del deporte y documentalistas. El foot-ball -léase fut bol, como citaba Viada (1903, p. 481)-tuvo sus primeras adaptaciones institucionales en una obra tan ejemplar y representativa del deporte como fue el manual que nos ocupa. Las expresivas locuciones del lenguaje del fútbol (Mapelli, 2004) tienen como punto de origen las primeras crónicas y la elevación mitológica del fútbol como combate guerrero. Como trata Paniagua (2009), el lenguaje bélico ha sido desde antiguo inoculado en el fútbol y lo ha achampañado hasta nuestros días. Estas observaciones encajan perfectamente en la narrativa futbolística de las primeras obras que se ocupan de este deporte, con lo que el carácter bélico del fútbol se presenta de forma connatural a la lógica interna y externa de su juego (Torrebadella-Flix y Olivera-Betrán, 2016). En 34 páginas (481-515) en las que Viada dedica su atención al foot-ball, se emplean 69 términos específicos del fútbol, de los cuales 39 son primeras documentaciones léxicas en español, es decir, son términos que se documentan por primera vez en este idioma. Hasta este momento, en la base de datos del DHTF se han podido identificar las 164 primeras documentaciones léxicas del fútbol en español desde 1868 hasta 1903, parte de las cuales se ha ido presentando en diferentes investigaciones (Nomdedeu-Rull, 2014; Nomdedeu-Rull, 2015; Nomdedeu-Rull, 2017; Nomdedeu-Rull y Torrebadella-Flix, 2016). Entre estas 164 primeras do-a470 cumentaciones léxicas se hallan las 39 voces que aparecen por primera vez en el Manual del Sport de Viada: association ('fútbol') atacar ('entrar, acometer') bolea campo de meta carga challenge círculo de saque Copa de la Liga Inglesa Copa Manier Copa Sheriff Dewar dribbling foot-ball association Foot-ball Association Cup fuera de juego ('balón fuera del terreno de juego') golpe aplicado ('tiro directo') golpe de rebote golpe franco guarda de meta guardián guardián de meta juez de pasa ('juez de línea') kick ('puntapié al balón') línea de pasa ('línea lateral') línea divisoria de los dos campos madero travesaño meta ('gol') obstrucción pasa pasar pase puntapié puntapié de meta puntapié de rincón resto rincón ('córner') sacador salida ('saque inicial') terreno de association travesaño de meta Como se observa en estos datos, el número de extranjerismos usados no era tan abrumador como se podría suponer desde un inicio. Entre los términos documentados, se observan tres que se refieren a denominaciones del juego (association, challenge, foot-ball association), cinco a demarcaciones (guarda de meta, guardián, guardían de meta, juez de pasa, sacador), nueve a zonas del campo (campo de meta, círculo de saque, línea de pasa, línea divisoria de los dos campos, madero travesaño, meta, rincón, terreno de association, travesaño de meta), 18 a acciones del juego (atacar, bolea, carga, dribbling, fuera de juego, golpe aplicado, golpe de rebote, golpe franco, kick, obstrucción, pasa, pasar, pase, puntapié, puntapié de meta, puntapié de rincón, resto, salida) y cuatro relativos a competiciones (Copa de la Liga Inglesa, Copa Manier, Copa Sheriff Dewar, Foot-ball Association Cup). En relación con el objetivo último de este trabajo, que es aportar la documentación de términos del fútbol para la realización del DHTF, el paso siguiente lo representa el análisis de la incorporación de los términos del corpus en los diccionarios españoles, para documentar así su primera entrada en un diccionario de lengua española. A pesar de que generalmente las voces aparecen en los textos antes que en las obras lexicográficas, es posible que sean los diccionarios los introductores de determinados términos en el español. En los párrafos anteriores, se han mostrado los 39 términos que Viada registró por primera vez en español en su Manual del Sport. Para demostrar si sus propuestas penetraron en los diccionarios españoles, en este apartado se exponen los datos relativos a las búsquedas de todos los términos realizadas en todos los diccionarios españoles. De ellos, solo tres vocablos (7,7%) se hallan en algún diccionario de español a lo largo de la historia, lo que demuestra la escasa documentación relativa al léxico del fútbol con la que han trabajado históricamente los lexicógrafos españoles: carga y meta se incorporan en la 15.a edición del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (DRAE) y dribling en el Diccionario manual e ilustrado de la lengua española (DRAEM) de la misma institución. Asimismo, y de cara al trabajo histórico de documentación de voces para el DHTF, también es necesario buscar los términos en los textos del Corpus Diacrónico del español (CORDE) de la Real Academia Española, corpus textual desde los inicios del idioma hasta 1974 «diseñado para extraer información con la cual estudiar las palabras y sus significados, así como la gramática y sus usos a través del tiempo» y que sirve de material básico para la confección del Nuevo diccionario histórico del español de la propia Real Academia Española. El motivo de la búsqueda de estos términos en el CORDE se halla en su finalidad misma, pues, como expone la RAE en la sección de Ayuda del Banco de datos del español, «pretende ser-a470 vir tanto a un investigador interesado en la existencia de una palabra o expresión o que quiera llevar a cabo un estudio gramatical, como a los lexicógrafos que con sus materiales elaboren el Diccionario histórico». Pero, además, se ha consultado el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del español (CNDHE). A la luz de los datos contrastados en el CORDE, no se documenta ninguna de las 39 voces del texto de Viada y en el CNDHE son siete los términos hallados (dribling, fuera de juego, kick, meta, obstrucción, pase y puntapié). Estos datos demuestran, en la línea de lo que se ha argumentado en otros estudios similares a este, que a pesar de que se trata de un corpus muy amplio de textos, en lo referente a las épocas más antiguas el CORDE presenta carencias en cuanto a la selección de textos para estudiar la historia del léxico de especialidad del español. El Manual del Sport de Antonio Viada (1903) fue la primera obra técnica del deporte español que integró un capítulo dedicado al foot-ball, deporte hasta la fecha muy poco conocido en España, marcada por un regeneracionismo, modernismo y europeísmo que impregnan la obra. Con ella, Viada trató de ilustrar y propagar el deporte a partir del modelo inglés. La aportación que realizamos en este estudio es doble: por un lado, ofrecemos un análisis de contenidos de la obra más importante de la época para dar a conocer aspectos históricos, técnicos y reglamentarios de 27 deportes a los neófitos; por otro lado, exponemos las aportaciones léxicas referidas al lenguaje del fútbol. En relación con esto último, la principal aplicación de los resultados obtenidos en este estudio tiene que ver con la obtención de datos para el DHTF, que se encuentra en proceso de elaboración. La aportación progresiva de nuevas primeras documentaciones léxicas en los textos más importantes de la historia del fútbol en español contribuye a conformar la base terminológica del futuro diccionario. En último término, los datos proporcionados pueden suponer una importante aportación al Nuevo Diccionario Histórico del español de la Real Academia Española. La descripción textual del libro objeto de análisis y su contextualización en el marco histórico-deportivo de la época ofrece una información muy valiosa no solo para el conocimiento de la historia bibliográfica en español sino, en el caso que nos ocupa, para el estudio de la historia del lenguaje del fútbol en este idioma. Gracias a ello, en esta investigación podemos dar a conocer 39 primeras documentaciones léxicas del futbol en español en un texto, el Manual del Sport de Viada, fundamental para la interpretación de la historia de los términos del fútbol en español. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LAS PRIMERAS VOCES DEL FÚTBOL EN ESPAÑA EN EL MANUAL DEL SPORT (1903)