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La emergencia global del movimiento maker constituye uno de los fenómenos más recientes de difusión y apropiación de tecnologías por parte de la sociedad.
El vencimiento de varias patentes en los campos de la fabricación digital y de la microelectrónica, junto con un reverdecimiento de la mentalidad DIY (Do It Yourself) y con la popularización de espacios, laboratorios y eventos temáticos por buena parte de la geografía internacional, han ayudado a consolidar una creciente presencia en la sociedad del enfoque conocido como aprender haciendo.
En este artículo examinamos cómo ha surgido este movimiento e identificamos los principales valores que inspiran esta filosofía de capacitación de la ciudadanía a través de la tecnología.
Así mismo analizamos las oportunidades que plantea este fenómeno para la promoción de una cultura tecnológica en la sociedad y también las contradicciones, mitos y retos que en él se encierran.
Durante los últimos años hemos asistido a una popularización del movimiento maker (Dougherty, 2012).
Este fenómeno ha surgido a escala global por la aparición de lo que se conoce como open hardware, que ha permitido el surgimiento de innovaciones con diseño abierto y de bajo coste.
El gran desarrollo de nuevas tecnologías de libre acceso en torno a la fabricación digital (Birtchnell y Urry, 2013) ha creado nuevas y numerosas posibilidades para la ciudadanía, de cara a adoptar los beneficios que promete la producción personalizada (Ratto y Ree, 2012).
Este factor, unido al surgimiento de espacios orientados a la colaboración como Fab Labs, Makerspaces o Media Labs, donde se trabaja en diversos proyectos en un régimen de producción social y con una marcada orientación hacia necesidades ciudadanas, ha permitido el desarrollo de nuevas formas de innovación colaborativa basadas en la producción social de tecnologías no propietarias.
Por ello, el movimiento maker está atrayendo la atención de todo tipo de instituciones interesadas en las posibilidades que encierra este fenómeno para la educación, la ciencia, la tecnología y la sostenibilidad.
Con el objetivo de explorar las oportunidades, amenazas y mitos que encierra este fenómeno repasamos sus orígenes y sus interrelaciones con la contracultura norteamericana y con la cultura hacker (Himanen, 2002).
También analizamos las visiones que promueve esta corriente respecto a la cultura tecnológica incorporada y a la cultura tecnológica no incorporada, con el fin de diseccionar la dimensión axiológica de este paradigma tecno-social.
A pesar de que los comienzos del movimiento maker pueden identificarse claramente con una serie de tecnologías no propietarias que son producto de la expiración de una serie de patentes en campos como la microelectrónica, la impresión 3D o el diseño 3D, hay que añadir que además de estas nuevas tecnologías libres hay otro tipo de factores sociales que han propiciado su irrupción en la sociedad.
Así, nuevas formas de trabajo como la producción social (Benkler, 2006) colaborativa o lo que se conoce en inglés como Peer to Peer o P2P 1 y un énfasis en el aprendizaje informal y no formal, que se producen de manera online y off-line (Tabarés-Gutiérrez, 2016) han contribuido claramente a su consolidación.
Conviene aclarar que el movimiento maker hunde sus raíces en otros fenómenos anteriores de apropiación social de la tecnología como el Do It Yourself (DIY) y la ética hacker.
El Do It Yourself es una corriente de pensamiento bastante madura que hunde sus orígenes hasta los años ́20, con manifestaciones bastante populares como las emisiones pirata de radio (Haring, 2008).
Esta filosofía de hacer las cosas por uno mismo ha estado más o menos presente desde los años ́70 (Kuznetsov y Paulos, 2010) y ha vivido épocas muy populares como en las décadas de los ́80 y los ́90 (Atkinson, 2006), o como la que vivimos actualmente, en la cual ha habido un resurgir de este enfoque gracias a la expiración de diversas patentes en el campo de la fabricación digital y de la microelectrónica (Fox, 2014).
Para entender el movimiento DIY deberíamos primero definir en qué consiste exactamente, lo cual no es fácil, ya que comprimir las tres grandes áreas (diseño, arte y artesanía) en las que normalmente se divide no es simple (Atkinson, 2006).
Una definición bastante útil es la que proponen los autores Kuznetsov y Paulos, los cuales definen el fenómeno DIY como "cualquier creación, modificación o reparación de objetos sin la ayuda de profesionales remunerados" (Kuznetsov y Paulos, 2010, p.
Tras esta definición podemos intuir que esta filosofía encierra un componente de altruismo y de actitud amateur, ya que el énfasis de la misma se centra en la falta de ayuda o soporte profesional para el desarrollo de tareas orientadas a la producción o a la modificación de objetos diversos con un fin determinado.
Este interés por el desarrollo de creaciones y modificaciones que carezcan de una supervisión profesional es el que posteriormente ha dado lugar a la ética hacker (Himanen, 2002) y al que nos ocupa en este texto, el movimiento maker (Dougherty, 2012).
Fenómenos que también podemos relacionar con la contracultura americana del siglo XX y que también se encuentran entre las influencias de los grandes pioneros del software y del hardware comercial, los cuales crearon una nueva industria tecnológica con unos valores diferentes a los que había en otras culturas ingenieriles (Barbrook y Cameron, 1996).
Tanto el movimiento maker como la filosofía DIY comparten esa querencia por la creación y modificación de objetos físicos o digitales pero, al mismo tiempo, la cultura maker también se diferencia de la primigenia filosofía DIY en el uso de tecnologías libres, en su producción social (Benkler, 2006) y en el acceso a Internet como fuente de conocimiento, discusión, co-creación y promoción de sus ideas (Tabarés-Gutiérrez, 2016).
Este tipo de súper usuarios de la red se han vuelto cada vez más comunes y populares gracias a las nuevas posibilidades de producción personal a471 de artefactos que ha introducido el paradigma de la fabricación personalizada y de la microelectrónica, además de otro tipo de tecnologías de diseño abierto que se conocen como open hardware.
Para ayudar a entender las diferencias del movimiento maker con otras contraculturas tecnológicas nos gustaría citar el trabajo de Silvia Lindtner, la cual ha publicado extensamente sobre la cultura maker y a la cual reconoce ciertas diferencias con la anterior cultura hacker (Himanen, 2002), que se caracterizaba por un énfasis en el código; "la cultura maker contemporánea no sólo se preocupa por las tecnologías abiertas de Internet y lo digital, sino también de objetos físicos como diseños de artefactos, sensores y conectores de red que unen el mundo digital con el físico.
Mientras la cultura hacker anterior se preocupaba por el código y el funcionamiento de Internet, esta nueva cultura maker se preocupa por los diseños del hardware y el funcionamiento de las tecnologías que hacen posible la Internet de las Cosas" (Lindtner, 2014).
Como relata esta autora la nueva cultura maker también se caracteriza por involucrar a individuos que intentan jugar y experimentar con la tecnología al igual que los hackers (Lindtner, 2015), pero cuyo ámbito de experimentación es mucho mayor debido al desarrollo de lo que se conoce como open hardware, que ha permitido enlazar el mundo físico con el virtual a través de artefactos que poseen un diseño no propietario (Gershenfeld, 2005).
Es el caso de iniciativas tan exitosas como Arduino (Dafermos, 2015), Raspberry Pi, Makerbot (Ratto y Ree, 2012) o RepRap (Kostakis y Papachristou, 2014), que han permitido a su vez el desarrollo de un sinfín de proyectos de bajo coste pero con un gran impacto y popularidad en Internet.
Estas tecnologías funcionan como plataformas de código libre que permiten desarrollar a multitud de aficionados y entusiastas de la tecnología diversos artefactos en el ámbito de la microelectrónica, las telecomunicaciones o la fabricación digital.
Iniciativas que normalmente son de bajo coste pero que se orientan a necesidades específicas de diversos colectivos marginales de la sociedad y que no suelen estar cubiertas por la producción en masa.
Es el caso de llaves de reemplazo para coches, mandos y joysticks diversos, sensores de presencia, herramientas para la monitorización ambiental, prótesis, ortesis, robots educativos y un largo etcétera.
La gran ventaja que ofrecen estas soluciones de bajo coste es que no existe la necesidad de fabricar una gran tirada, con el elevado coste asociado que ello conlleva, sino que se pueden fabricar pequeños prototipos que pueden ser mejorados sin tener que fabricar de nuevo una serie más larga.
Lo cual hace que se pueda desarrollar un mejor control y modificación sobre las diversas innovaciones, de manera que se adapten a las necesidades personales de sus usuarios en vez de lo contrario, que suele ser lo imperante en las estructuras de producción actuales.
Esta irrupción de la fabricación personalizada (Lipson y Kurman, 2010; Mota, 2011) y la micro-electrónica de bajo coste ha propiciado un gran interés en la ciudadanía en general y ello ha propiciado que espacios como Hackerspaces, Makerspaces o Fab Labs se hayan convertido en algo común en las ciudades.
En estos lugares se celebran eventos temáticos, cursos y actividades de todo tipo orientadas a la producción colaborativa de objetos digitales (Smith, Hielscher, Dickel, Söderberg y Oost, 2013) capaces de cubrir diferentes necesidades sociales propuestas por la ciudadanía.
Es por ello por lo que el fenómeno se abre paso en el entorno principalmente urbano, pero no solo en él, ya que hay notables experiencias en el mundo rural y en nuestro país tenemos un buen ejemplo como es el caso de la experiencia que se lleva a cabo en Calafou 2.
Además, también estamos asistiendo a un creciente desarrollo de tecnologías libres para la industria agrícola y prueba de ello es la iniciativa Farmbot (Cruz, Herrington y Rodríguez, 2014), la cual nos muestra cómo las posibilidades del movimiento maker pueden tener un gran recorrido en el entorno rural, debido a sus bajos costes y a su posibilidad de aplicación directa a diversas problemáticas concretas que afectan a este medio.
Todos estos espacios que hemos citado anteriormente se caracterizan por disponer de un equipamiento en el cual podemos listar varios tipos de máquinas tales como impresoras 3D, escáneres en 3D, kits de soldadura, cortadoras láser, CNC ́s y una larga lista de herramientas que facilitan el desarrollo colaborativo de proyectos de fabricación a través de los cuales poder aprender y experimentar con la tecnología.
Además, el desarrollo en la Web de plataformas como Thingiverse 3 y otras muchas más que funcionan como artefactos de conocimiento (Locoro, Ravarini, Cabitza y Mari, 2017) permite a estos usuarios descargar diseños, instrucciones y tutoriales para replicar proyectos ya realizados por otros usuarios en otros laboratorios alrededor del mundo o compartir sus propios diseños a través de este tipo de plataformas.
Además, estas plataformas también constituyen un ágora pública donde poder discutir con diversos usuarios y creadores de los proyectos las posibles dudas o preguntas que surgen en los procesos de fabricación y desarrollo tecnológico.
Debido a la variedad de los proyectos que se han desarrollado en estos espacios maker y al impacto que han tenido muchos de ellos fuera del entorno en el que han sido creados, algunos autores y la prensa en general han comenzado a hablar de "una nueva revolución industrial" (Anderson, 2012; A third industrial revolution) o "una democratización de la fabricación" (Mota, 2011).
Si bien es cierto que este movimiento provee de herramientas para favorecer una producción más social y fomentar la innovación y el emprendimiento en la ciudadanía (Gershenfeld, 2005; Smith et al., 2013), no por ello hay que caer en ciertas visiones tecno-utópicas que se alimentan desde los medios de comunicación (Sivek, 2011).
En este sentido, es innegable que este tipo de espacios y dinámicas proveen de innumerables oportunidades para la ciudadanía a la hora de volver a reconectarla con las actividades de fabricación que han sido desterradas del centro de las ciudades y de muchos de los países con economías avanzadas, a través de la deslocalización de centros productivos hacia países en vías de desarrollo con unos menores costes laborales.
Al mismo tiempo, también debemos resaltar que el movimiento maker ofrece oportunidades para promover modalidades de producción y consumo más sostenibles, pero no por ello debemos olvidar que las principales barreras en el uso de este tipo de tecnologías libres en las que se fundamente esta nueva ola de hazlo tú mismo no residen en el coste, sino en el acceso al conocimiento y su desarrollo (Morozov, 2014, 23 de enero).
Precisamente este se ha vuelto cada vez más fragmentado y disperso gracias a la pléyade de plataformas (Locoro et al., 2017) y entornos colaborativos que han surgido a partir de la explosión de la Web 2.0 (Tabarés-Gutiérrez, 2015, 29 de julio).
Además, su profusión y creciente especialización provoca numerosas brechas digitales debido al surgimiento de diversas tecnologías que se han desarrollado gracias a la digitalización de sectores ya establecidos, como el de la fabricación, que ahora son mediados a través de plataformas y herramientas digitales.
POPULARIZACIÓN DE LA CULTURA MAKER
La popularización del movimiento maker se ha producido a escala internacional gracias al efecto red (Farrell y Klemperer, 2007) que se produce en Internet y al papel que desempeñan las comunidades on-line en el espacio virtual (Rheingold, 1996), pero también a través de la difusión de innumerables espacios físicos donde se realizan actividades orientadas a interactuar con este tipo de tecnologías no propietarias y de bajo coste (Niaros, Kostakis y Drechsler, 2017).
Este es el caso de espacios como Fab Labs, Makerspaces y Hackerspaces, los cuales permiten a sus usuarios desarrollar proyectos colaborativos de fabricación digital o acceder a cursos, seminarios y jornadas donde se puede aprender a dominar las máquinas indicadas y adquirir los conocimientos necesarios para desarrollar las capacidades adecuadas.
Algunos de estos espacios pertenecen a redes más formales como es el caso de los Fab Labs, los cuales surgen a principios del año 2000 a partir de la iniciativa de Neil Gershenfeld que por aquel entonces era director del Center for Bits and Atoms (CBA), en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
El origen de esta red se debe a la financiación que recibe el CBA por parte de la National Science Foundation (NSF) y a la colaboración que se inicia con el Grasroots Invention Group, lo cual les permite adquirir una serie de máquinas que permiten "fabricarlo casi todo" (Gershenfeld, 2005).
A partir de la primera fundación de este laboratorio se desarrollan otros en diversos países del mundo, como la India o Noruega, en torno a 2002.
A la creación de estos espacios le sigue el desarrollo de varios materiales didácticos que el propio Neil desarrolla para dar a conocer el funcionamiento de las máquinas que componen un Fab Lab e introducir los conceptos de fabricación digital y open hardware.
Estos materiales son los que posteriormente formarán parte de lo que se conoce como Fab Academy: un programa de formación a distancia para instruir y certificar a las personas que lo deseen en las herramientas que se disponen en estos espacios de fabricación alternativos 4.
Otras iniciativas como los Makerspaces o Hackerspaces no han conllevado el establecimiento de una red formal como la Fab Lab Network, ya que este tipo de espacios deben disponer de una serie de equipamiento específico para poder pertenecer formalmente a la red, pero también han experimentado un crecimiento notable durante los últimos años a través de redes informales.
Este tipo de laboratorios urbanos también disponen de una serie de máquinas y herramientas de fabricación digital, además de desarrollar diversas actividades formativas y de contar con personas formadas en el uso de estas herramientas de fabricación digital (muchas de las cuales suelen haber realizado el curso del Fab Academy).
En este tipo de laboratorios se suelen utilizar metodologías de aprendizaje cooperativo, a través del desarrollo de proyectos o retos que implican el aprendizaje multidisciplinar de diversas competencias y que se apoyan a su vez en el uso de software y de hardware libre.
La popularización de a471 Fab Labs, Makerspaces, Hackerspaces y otro tipo de laboratorios urbanos ha sido manifiesta durante los últimos años, no en vano el número de estos espacios no hace más que crecer continuamente.
Así, la plataforma de fablabs.io muestra cómo hay unos 1.150 laboratorios activos 5 en diversas partes del mundo y números similares se pueden encontrar en otros espacios de fabricación digital no adscritos a la red del MIT, ya que en la wiki colaborativa de Hackerspaces el número llega hasta los 1.355 laboratorios activos 6.
Otro modelo interesante que merece atención es el sistema de franquicias estadounidense TechShop 7, que ofrece servicios de membrecía a sus usuarios para acceder a un equipamiento más profesional del que se puede encontrar en los anteriores laboratorios.
La principal fortaleza de este modelo radica en sus nexos con la industria (acuerdos con Ford o Autodesk en EE.
UU., Samsung o Fujitsu en Japón y Leroy Merlin en Francia), ya que facilita el escalado industrial de los prototipos.
Lamentablemente esta empresa anunció recientemente su quiebra en EE.
UU. (pero no en otros países), lo cual es un síntoma claro de la exigente búsqueda de modelos de negocio sostenibles que todos estos espacios deben asumir para garantizar su supervivencia 8.
Por último, las Maker Faires o ferias maker son los eventos más populares donde se pueden contemplar las creaciones realizadas por multitud de apasionados de la tecnología.
Este tipo de exposiciones surgen en 2006 gracias al empuje de la revista Make (Sivek, 2011) para "celebrar el movimiento maker" 9 y dar visibilidad a todos esos proyectos que han sido concebidos bajo la filosofía DIY y que han sido desarrollados en garajes o locales de barrio.
A lo largo de los últimos años este tipo de ferias han atraído una gran asistencia de público y se han consolidado en multitud de localizaciones por todo el planeta.
En nuestro país se han desarrollado eventos de este tipo en ciudades como Barcelona, Bilbao, León, Madrid o Santiago de Compostela.
Dichos eventos permiten visualizar el potencial de las creaciones que se desarrollan en un régimen de producción colaborativa y social, al mismo tiempo que intentan atraer el interés de otro tipo de organizaciones o instituciones más formales tales como empresas, ayuntamientos o agencias de desarrollo, que no suelen estar en contacto con este tipo de comunidades de innovación.
La consolidación de este movimiento en la sociedad ha atraído la atención de diversas instituciones que han decidido tender puentes con este fenómeno.
Quizás el caso de EE.
UU. haya sido uno de los más mediáticos, ya que la administración Obama decidió celebrar una Maker Faire dentro de la propia Casa Blanca en 2014 bajo el lema White House Maker Faire 10.
Dicho evento se enmarcó dentro de la semana de actividades dedicadas al movimiento maker, conocida como la National Week of Making 11, en la que suelen participar activamente universidades, colegios, ayuntamientos y empresas.
Además, el gobierno norteamericano también ha realizado diversas acciones de difusión y sensibilización para impulsar la cultura maker en diferentes ámbitos.
Entre estas acciones destaca la iniciativa Maker Cities, la cual consiste en una alianza de más de 100 ciudades estadounidenses que se han comprometido a apoyar el desarrollo de espacios maker, a promover eventos relacionados con el fenómeno y a apoyar acciones que provengan de este tipo de colectivos 12.
Otro de los países que también ha impulsado de manera notable el desarrollo de este tipo de actividades es China.
En 2010 y en Shanghái, se inauguró el primer espacio dedicado a la cultura maker denominado Xin-CheJian (traducido como nuevo taller o nueva fábrica) y al año siguiente la propia ciudad apoyó la apertura de 100 espacios más para promover los valores de la cultura maker (Lindtner y Li, 2012).
Otras ciudades como Nanjing, Pekín, Hangzhou y Shenzhen también albergan este tipo de espacios y han apoyado diversas iniciativas relacionadas con la promoción de estos laboratorios de fabricación digital.
Especialmente representativo es el caso de Shenzhen, ya que este pequeño pueblo pesquero ha pasado a convertirse en un escaso periodo de tiempo en la capital tecnológica del gigante asiático y en uno de los centros neurálgicos de la fabricación a nivel mundial.
Compañías como Foxconn, que cuentan con cientos de miles de empleados y ensamblan productos para todo tipo de gigantes tecnológicos como Apple, Sony o Amazon, tienen su sede en esta ciudad.
Precisamente estas empresas que se dedican al desarrollo de alta tecnología como Foxconn o Xiaomi han adoptado prácticas propias del movimiento maker para mejorar su competitividad, tales como el establecimiento de redes informales para compartir diseños de hardware, establecer listas de materiales y otras (Lindtner, 2015).
Este tipo de experiencias se ven motivadas por razones económicas y no por factores culturales, como pudiéramos pensar inicialmente (Lindtner, 2014), ya que el fenómeno de una producción open-source ha estado de manera más o menos presente en la historia de este país desde los inicios de su industrialización masiva, con el objetivo de abaratar costes y fomentar un ecosistema de innovación (Lindtner, 2015; Lindtner y Li, 2012).
En lo que se refiere al continente europeo podemos observar varias iniciativas por parte de la Comisión Europea para apoyar este tipo de espacios y organizaciones.
A través del programa marco de investigación Horizonte 2020 existen varios sub-programas de trabajo específicos como Science with and for Society (SwafS) 13 que tratan de fomentar la educación científico-tecnológica de la ciudadanía y de los escolares a través de la financiación de proyectos colaborativos de investigación que promuevan el enfoque STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics).
Este término fue acuñado por la NSF norteamericana en los años ́90 para subrayar la importancia de trabajar en la enseñanza de estas disciplinas de manera integrada desde una edad temprana y orientarlas hacia la resolución de problemas concretos.
Este enfoque educativo se caracteriza por enseñar de forma conjunta Ciencias, Matemáticas y Tecnología a través de la realización de proyectos en equipo que involucran a los estudiantes en problemas auténticos para los que se necesitan soluciones reales, tal y como ocurre en la ingeniería.
Al mismo tiempo, la Comisión Europea ha financiado directamente varios proyectos que im-pulsan la investigación en torno a este tipo de espacios de fabricación como Make-IT 14, Making Sense 15 u OPENMAKER 16.
Otros programas de investigación como Erasmus+ auspiciados por la Comunidad Europea también han hecho lo propio a través de proyectos como OD&M 17.
La Comunidad Europea también ha dedicado diversos esfuerzos a la realización de eventos específicos orientados a la exaltación de la cultura maker y por ello ha apoyado la celebración de la Maker Faire en Roma 18 como el evento de referencia del movimiento maker en el continente.
Por último, también ha promovido su apoyo institucional a otro tipo de eventos más relacionados con la cultura del emprendimiento y en los que ha habido apoyo por parte de grandes empresas relacionadas con las tecnologías digitales como Makers Town 19.
En lo que se refiere a nuestro país nos gustaría mencionar dos iniciativas singulares.
En este sentido tenemos que reseñar la experiencia que lleva a cabo desde hace algunos años el Ayuntamiento de Barcelona a través de la red de Ateneus de Fabricació 20.
Esta red de espacios de fabricación digital ha contribuido a acercar el potencial de este tipo de tecnologías emergen-Figura 1.
El evento Makers Town, celebrado con el apoyo de la Comisión Europea en Bruselas Fuente: Fotografía propia. a471 tes hasta diversos barrios de la ciudad, con el objetivo de establecer espacios de conocimiento y al mismo tiempo de acción ciudadana y en los que "desde niños hasta jubilados puedan entrar en el mundo de la fabricación digital" 21.
Otra experiencia que también destacamos es la que apoya la Viceconsejería de Formación Profesional (FP) del Gobierno Vasco a través de la red Ikaslab 22.
Una red de espacios dedicados a la impresión en 3D en diversos centros de FP de la comunidad autónoma, con el objetivo de familiarizar a los estudiantes del sistema con esta tecnología y ampliar sus conocimientos, capacidades y habilidades para mejorar su futura empleabilidad de cara a las empresas.
Esta iniciativa se enmarca en la ambiciosa estrategia de Industria 4.0 23 que dispone el gobierno vasco para apoyar la digitalización del sector de la fabricación.
Como hemos visto, el movimiento maker va más allá de un colectivo con grandes habilidades digitales para desarrollar proyectos colaborativos.
Encontramos una fuerte carga ideológica en la que se resaltan valores como la cooperación, la producción social entre iguales, el acceso al conocimiento, la promoción de la innovación y el rechazo de la propiedad intelectual, entre otros.
Este ideario ha llevado a algunos autores a preguntarse si estos nuevos innovadores sociales representan una nueva etapa en la lucha de clases (Dafermos y Söderberg, 2009), ya que como podemos observar se pone de relevancia la importancia del "aprender haciendo" de cara al empoderamiento tecnológico de la ciudadanía.
Creemos por tanto que es necesario analizar los valores que se promueven en este tipo de cultura tecnológica con el objetivo de diseccionar el contenido ideológico de la misma y así poder entender el sentido que se promueve.
Llegados a este punto nos gustaría introducir y definir el concepto de cultura tecnológica de un grupo social y para ello prestamos atención a la definición de Miguel Ángel Quintanilla (2005), quien la define como "la información representacional, práctica o valorativa que comparten los miembros del grupo y que son potencialmente relevantes para la creación, producción, posesión o utilización de tecnologías o sistemas
Esta definición de Quintanilla se afianza en otras contribuciones que el mismo autor desarrolla previamente (Quintanilla, 1998) y que se basan a su vez en la definición que Jesús Mosterín propone de cultura: "la información transmitida por aprendizaje social entre animales de la misma especie" (Mosterín, 1993).
Quitanilla (2005) establece tres componentes de la cultura tecnológica:
• La información representacional, como conocimientos, creencias y representaciones conceptuales o simbólicas de las técnicas.
• La información práctica, que incluye hábitos, reglas de comportamiento y habilidades técnicas específicas.
• La información valorativa, en la que se incluyen fines, valores y actitudes relativos al diseño, uso, etc. de sistemas técnicos y de conocimientos técnicos.
Estos tres componentes de la cultura tecnológica que citamos aquí se pueden presentar en dos modalidades: aquellos que están incorporados a sistemas técnicos y aquellos otros que no lo están, a pesar de ser parte de la cultura técnica de un grupo social.
Así, podemos hablar de cultura técnica en sentido estricto y de cultura técnica en sentido lato (Quintanilla, 1998).
Hablamos por lo tanto de cultura técnica incorporada como "la información cultural (representacional, práctica o valorativa) que el agente u operador del sistema debe tener para que el sistema funcione adecuadamente" (Quintanilla, 2005, p.
256) y de cultura técnica no incorporada "cuando se trata de elementos culturales relacionados con el uso, producción, etc. de sistemas técnicos, pero que no son esenciales para el correcto funcionamiento de éstos" (Quintanilla, 2005, p.
Así mismo debemos aclarar que las fronteras entre estos dos tipos de culturas no es algo rígido, ya que el desarrollo y difusión de las tecnologías propicia la adquisición de contenidos culturales por parte de los sistemas técnicos y estos a su vez generan nuevos rasgos técnico-culturales en sentido lato (Quintanilla, 1998).
Este precisamente es el caso que nos ocupa, ya que podemos observar claramente cómo la fuerte carga ideológica que presenta el movimiento maker propicia unos rasgos de cultura tecnológica no incorporada que determinan el uso y disfrute de las tecnologías libres que se utilizan.
La dimensión axiológica o valorativa de la cultura tecnológica se pone de relieve a la hora de utilizar las tecnologías open source con las que el fenómeno ha ido creciendo.
Esto ha cristalizado de forma reveladora en el desarrollo de varios manifiestos que exaltan la ética y los valores de esta filosofía DIY tanto a nivel internacional (Hatch, 2013) como nacional (García-Sáez, 2016).
Como es bien sabido, los factores culturales tienen una gran influencia sobre los procesos de innovación (Echeverría, 2008; Quintanilla, 1997; Toboso-Martín, 2014) y por ello también prestamos atención a la a471 propuesta que hace Quintanilla para calcular el nivel de innovación de un grupo social (empresa, país, región, etc.), que articula en torno a dos factores (Quintanilla, 2005):
• La capacidad de innovación tecnológica, la cual depende de las tecnologías que estén disponibles para un determinado grupo social.
Es decir, cultura tecnológica incorporada a sistemas técnicos que está integrada en la cultura del grupo.
• La propensión a innovar en el ámbito de la tecnología que tiene un determinado grupo social y que depende de representaciones, actitudes, valores y pautas de comportamiento referidas a la tecnología y a los sistemas técnicos que comparten los miembros del grupo.
Es decir, cultura tecnológica no incorporada.
Como el propio autor indica, estas dos hipótesis se pueden resumir en que "no basta con poder innovar, es preciso además querer" (Quintanilla, 2005).
Es decir, la primera de las hipótesis plantea el acceso a tecnologías con las cuales se puedan desarrollar innovaciones, y la segunda se enmarca en factores culturales que puedan facilitar una cultura de la innovación tales como la disposición a asumir riesgos, la valoración de la creatividad, la búsqueda de la perfección en el trabajo, la confianza en la ciencia y la tecnología como medio para resolver problemas, etc.
Creemos que esta propuesta de Quintanilla es más que relevante para el caso que nos ocupa ya que los elementos de cultura tecnológica axiológica no incorporada del movimiento maker apuntan precisamente en esta dirección.
En otras palabras, promueven ese sentido de confianza en la tecnología como medio para poder resolver problemas, estimulan la creatividad y el valor del trabajo, a la vez que desmitifican el fracaso o el error, y lo hacen a través de un sentido colectivo de aprendizaje y pertenencia que se fomenta a través de diversas comunidades de práctica (Wenger, 1999).
Podemos hablar de que fomentan una cultura proclive a la innovación, al aprendizaje continuo, a la difusión del conocimiento de manera libre, al trabajo cooperativo y a otra serie de factores que se consideran primordiales de cara a la transición hacia una sociedad de la innovación y el conocimiento (Olivé, 2005).
Por otro lado, el equipamiento tecnológico con el que se suele dotar a este tipo de espacios ha permitido que los usuarios de los mismos hayan podido desarrollar una cultura tecnológica incorporada al tener acceso a una serie de tecnologías de fabricación digital que de otra forma sería muy difícil desarrollar.
Pode-mos concluir por tanto que estos espacios han contribuido claramente a la difusión social (Rogers, 1962) y a la apropiación social (Toboso-Martín, 2014) de las tecnologías de fabricación digital, pero al mismo tiempo a la promoción de una cultura proclive a la innovación y además crítica con el desarrollo tecnológico.
Quizás este sea el hecho más reseñable de este tipo de iniciativas ya que, si bien hemos comentado que este tipo de tecnologías se han popularizado por la expiración de una serie de patentes que han permitido su libre uso, quizás la mayor contribución del movimiento maker haya sido desde una dimensión axiológica que favorece el desarrollo de la innovación por parte de actores no habituales, lo cual constituye una innovación social (Echeverría, 2008) y al mismo tiempo produce vías alternativas al desarrollo tecnológico.
En este sentido podemos hablar de que se ha producido una socialización de la I+D o una popularización de los procesos de innovación en la fabricación que ha conllevado el giro hacia una fabricación social (Tabarés-Gutiérrez, 2016; Tabarés-Gutiérrez, Sopelana, García y Moreno-Valdés, 2016), ya que estos espacios poseen unos recursos que permiten desplegar una cultura tecnológica incorporada a través de sus equipamientos, talleres, cursos y demás, pero al mismo tiempo fomentan una cultura tecnológica no incorporada que promueve la creatividad, el emprendimiento y la innovación.
HORIZONTES DEL MOVIMIENTO MAKER
Oportunidades, mitos y retos
El movimiento maker presenta un gran potencial de cara a promover una cultura de la innovación en la sociedad debido a la dimensión axiológica que conlleva, ya que las dinámicas de innovación abierta (Chesbrough, 2003; Von Hippel, 2005) que se establecen en los diversos espacios on-line y off-line que componen estas comunidades de innovadores sociales ofrecen numerosas oportunidades a la hora de involucrar a la ciudadanía con la tecnología y la fabricación.
Por ello, el potencial de este tipo de espacios a la hora de fomentar procesos de co-creación entre diversos actores es destacable, debido a que los desarrollos tecnológicos que se producen en estas comunidades son resultado de las interacciones e iteraciones entre los diferentes grupos que se encuentran en estos espacios.
En este sentido quizás el sector educativo haya sido uno de los que más atención ha prestado a las posibilidades que plantea la cultura maker a la hora de repensar los métodos de aprendizaje actuales (Martin, 2015).
Las narrativas de poder que acompañan a la a471 producción de artefactos a través del uso de tecnologías de fabricación digital (Halverson y Sheridan, 2014) constituyen un elemento que facilita el empoderamiento personal a través del uso de la tecnología, el desarrollo de habilidades y competencias específicas y una mayor motivación e involucración hacia la consecución de los objetivos curriculares delimitados en su aprendizaje.
Quizás el peligro de la incorporación de este tipo de tecnologías y espacios a las aulas radica más en adoptar un enfoque tecnocentrista y simplista, en vez de uno axiológico y holístico.
Aparte de la educación, la industria de la fabricación también puede beneficiarse de la cultura maker a la hora de impulsar una mayor sostenibilidad de las prácticas de producción y consumo (Kostakis, Niaros, Dafermos y Bauwens, 2015), además de adaptarse a las necesidades que demanda la digitalización de la industria.
La irrupción de una fabricación abierta (Tabarés-Gutiérrez et al., 2018) propiciada por la combinación de tecnologías libres, la producción social de artefactos y la generación de conocimiento en red, representa también una oportunidad reseñable para las pymes industriales que muchas veces no disponen de los recursos necesarios para adquirir equipamiento de alta tecnología o contratar profesionales altamente cualificados.
En este sentido, la facilidad de acceso a los espacios maker, la ausencia de licencias restrictivas en el uso de las tecnologías y el libre acceso a la información que se producen en este fenómeno pueden ayudar a este tipo de empresas a adoptar dinámicas que les permitan adaptarse al cada vez más acelerado ritmo de innovación tecnológica propiciado por la digitalización.
Por otro lado, también es necesario afrontar las visiones tecno-optimistas que normalmente se exponen en los medios de la cultura maker y las oportunidades que presenta (Sivek, 2011).
Hay que resaltar que existen diversos retos y desafíos que se deben superar para poder hablar de un movimiento verdaderamente inclusivo.
Entre ellos destaca el mismo "arquetipo de maker" ya que, según un estudio de Maker Media, ocho de cada diez makers son hombres, su media de edad es de 44 años y sus ingresos familiares rondan los 106.000$.
Además el 97% poseen una carrera universitaria y el 80% ha recibido alguna formación de tercer grado (Leonard, 2013, 26 de julio).
Las cifras en Reino Unido y China son bastante similares con un 80% y un 77% de varones que se autodefinen como makers (Niaros et al., 2017).
A pesar de que estos espacios de fabricación digital se han desarrollado en un considerable y diverso número de localizaciones, estos números nos hacen preguntarnos si no se están cometiendo los mismos errores que en otros modelos que fomentan la ciencia, la tecnología y la innovación o si simplemente son un reflejo de las desigualdades que se proyectan a través de modelos culturales sesgados y tan ampliamente difundidos como el de Silicon Valley.
Los datos que existen nos indican que el movimiento maker está formado por individuos que podrían considerarse como élites educativas, ya que los conocimientos necesarios para utilizar este tipo de tecnologías siguen siendo altamente especializados.
Por ello, podemos afirmar que las barreras de entrada al uso de la tecnología se han relajado pero no podemos decir lo mismo de las barreras referentes al acceso y uso del conocimiento (Morozov, 2014, 23 de enero), el cual podemos entrever como más fragmentado y especializado debido a la popularización de las plataformas digitales.
Al mismo tiempo también debemos desmitificar la explosión de creatividad y artesanía que a veces se asocia con este fenómeno (Kneese, Rosenblat y Boyd, 2014), ya que el hecho de que se compartan diseños en diversas plataformas on-line no implica que se favorezca la creación de nuevos modelos.
En este sentido podemos encontrar un buen número de diseños para imprimir en 3D, diseños de placas de microelectrónica y otros contenidos que en multitud de ocasiones se replican en otra parte del mundo o se modifican parcialmente.
No siempre este tipo de plataformas alojan diseños completamente nuevos y es que en Internet y en la Web muchas veces el modelo que se favorece es el de réplicas o remix (Perkel, 2006), cuyas similitudes con la Web 2.0 son bastante reveladoras (Tabarés-Gutiérrez, 2015, 29 de julio).
Además, el carácter artesanal de estas creaciones está mediado digitalmente por los comandos que se desarrollan a la hora de generar los diseños en 3D, el software que controla los componentes, etc. Todos ellos artefactos que responden a unos diseños originales ya preestablecidos y para los cuales el software y el hardware con el que están fabricados siempre disponen de unos parámetros ya predefinidos anteriormente.
¿Hacia la institucionalización de la cultura maker?
Como hemos visto a lo largo de este artículo, la expansión de la cultura maker a través de innumerables espacios, eventos y diversos colectivos ha atraído la atención de buena parte de los diversos actores institucionales y privados que ven en este fenómeno una manera de apoyar la creatividad, el emprendimiento y la innovación en la ciudadanía.
Este interés conlleva a su vez una serie de tensiones a la hora de formalizar a471 las actitudes, comportamientos y valores que se encuentran inscritos en el ideario de este movimiento y propicia desencuentros entre los objetivos que se persiguen por los diferentes bandos.
Muchas instituciones ven en este movimiento una manera de apoyar el emprendimiento y el desarrollo de competencias digitales en la ciudadanía y así aliviar la presión que tienen que soportar de cara a la promoción de políticas activas de empleo, y de este modo favorecer la transición hacia un cada vez más competitivo mercado laboral en la sociedad del conocimiento.
Estos apoyos financieros pueden generar controversia en los espacios de fabricación digital, ya que muchos de ellos experimentan con diversos modelos de negocio con el objetivo de garantizar su viabilidad económico-financiera, la cual es una de sus problemáticas más recurrentes y acuciantes.
Este hecho implica muchas veces aceptar fondos que contravienen sus objetivos y aspiraciones originales y que pueden provocar tensiones entre los diferentes miembros de la comunidad.
Lo mismo ocurre con los eventos que se celebran para ensalzar la cultura maker y que son apoyados por empresas privadas, instituciones y otros organismos que pueden tener intereses diferentes a los que tienen este tipo de comunidades.
Y es que la cultura maker es a la vez un síntoma y una transformación del nuevo capitalismo que está alumbrando el fenómeno de la globalización (Lindtner, Bardzell y Bardzell, 2016) y la cada vez mayor importancia de las plataformas digitales en los diferentes ámbitos de la sociedad.
Podemos decir que este fenómeno está sucediendo a escala internacional, pero al mismo tiempo dispone de particularidades propias que dependen del contexto donde se circunscribe y que hacen que cada cultura maker nacional, regional o local disponga de especificidades propias de su contexto.
No en vano, de lo que estamos hablando en todo momento es de culturas de innovación tecnológica alternativas a las ya establecidas.
Lo cual supone una lucha entre los diversos valores e intereses que persiguen y que provocan tensiones en ecosistemas cada vez más complejos y especializados.
La formalización de la cultura maker presenta grandes oportunidades a la hora de promover en la ciudadanía una actitud más crítica para con la tecnología, además de fomentar el desarrollo de competencias digitales y un aprendizaje basado en proyectos colaborativos, pero al mismo tiempo también presenta diversas tensiones con el modo de vida establecido en buena parte de las sociedades occidentales.
El motivo no es otro que el uso intensivo de los recursos del planeta por parte de los países desarrollados, que no favorecen modos de consumo más sostenibles y que se acercan a lo que podíamos denominar como economía circular.
Esta apuesta por la sostenibilidad es otro de los grandes valores del movimiento maker, que al mismo tiempo refleja las tensiones y transformaciones de una evolución a escala global del sistema capitalista, en busca de una economía más orientada al sector servicios y mediada por las tecnologías digitales.
En este sentido podemos concebir el movimiento maker como una especie de manifestación de la contracultura tecnológica que demanda procesos más sostenibles, colaborativos, transparentes, abiertos en la producción y desarrollo de tecnología, y que al mismo tiempo redunden en un beneficio social mayor, más equitativo, justo y compartido.
A lo largo del presente texto hemos repasado los orígenes del movimiento maker y su posterior popularización a escala global a través de los innumerables espacios físicos y plataformas digitales donde esta nueva cultura de innovación alternativa se está difundiendo con paso firme.
En esta contribución hemos enumerado las diferentes oportunidades que la cultura maker representa a la hora de volver a reenganchar a la ciudadanía con el sector de la fabricación y sus potencialidades para empoderar a los individuos a través del uso de las nuevas tecnologías de uso libre que se han popularizado en la sociedad.
En este sentido es importante destacar que, a pesar de tratarse de un fenómeno emergente, los valores que se circunscriben en él son de una importancia primordial de cara a la transición de la sociedad hacia entornos postindustriales, en los que el papel de la innovación, la experimentación, el aprendizaje social y el acceso al conocimiento irán cobrando cada vez más importancia, al mismo tiempo que irán relegando otros valores actualmente presentes en estructuras provenientes de la etapa industrial.
Por ello, la irrupción y popularización del movimiento maker es un anticipo de las nuevas sensibilidades que están forjando el uso de las nuevas tecnologías que devienen de la revolución digital, y simultáneamente una expresión por una parte de la sociedad de la necesidad de repensar nuestras estructuras actuales de desarrollo productivo y tecnológico.
Por este motivo es importante prestar atención a este tipo de movimientos emergentes, ya que suponen una llamada de atención sobre ciertos aspectos de la sociedad a los que se critica de manera activa y a471 a los que se proponen rutas alternativas, con el fin de facilitar las transiciones y transformaciones que urge afrontar a corto y medio plazo.
En este trabajo se ha prestado especial atención a la importancia que posee la cultura tecnológica en el movimiento maker a la hora de crear rutas alternativas en el desarrollo tecnológico y permitir a la ciudadanía su empoderamiento a través de la apropiación social de la tecnología, pero al mismo tiempo se ha tratado de poner de relieve la necesidad de promover en la sociedad nuevos valores que sirvan para afianzar su transición hacia un nuevo tipo de economía.
En este texto se ha tratado de prestar especial atención a ciertos valores que propicia esta nueva ética maker y cómo son considerados como fundamentales a la hora de promover una cultura de la innovación en la sociedad, la cual será crucial de cara al asentamiento de la tan ansiada economía del conocimiento.
Este hecho se ve favorecido por la cada vez mayor digitalización de industrias y sectores enteros, que propician la orientación de la economía hacia el sector tercero, hacia la generación de servicios de valor añadido.
En este sentido, es necesario que se desarrollen nuevas culturas de la innovación para propiciar nuevas formas de valor que produzcan prosperidad y riqueza, y para generar en la sociedad nuevos valores respecto a la innovación.
Por ello el movimiento maker puede ser una fuerza regeneradora que, convenientemente apoyada y canalizada por las instituciones y otros agentes, puede proveer numerosas oportunidades de renovación en sectores como la educación, la fabricación y la artesanía para crear nuevas estructuras que sean capaces de albergar las nuevas sensibilidades necesarias para facilitar la transición hacia una economía postindustrial.
Esta publicación se inscribe en el marco del programa de apoyo a Centros Tecnológicos y sus Corporaciones y Alianzas Tecnológicas Emaitek del gobierno vasco, y del proyecto OPENMAKER, que ha recibido financiación de la Comisión Europea a través del programa Horizonte 2020 bajo el número de contrato 687941. |
La responsabilidad social universitaria (RSU) constituye un desafío para las universidades y plantea el reto de alcanzar estándares que involucren y beneficien a todas las partes interesadas: a los académicos por medio del estudio de los elementos en orden a su adecuado funcionamiento, y al personal de administración y servicios a través del diseño de políticas y estrategias para el fomento y la regulación de la RSU.
Aunque la bibliografía relaciona de manera general los procesos de transferencia tecnológica (TT) y la RSU, no se ha profundizado en sus especificidades e implicaciones.
Este trabajo tiene como propósito, a partir de una revisión de la bibliografía, definir cómo se puede entender la TT como práctica de RSU, sobre la base de una serie de propuestas de actividades concretas y de las posibilidades de investigación que el tema plantea.
A partir de los años 80, un entorno determinado por la denominada sociedad del conocimiento, el incremento de la importancia de las competencias científicas y tecnológicas y los cambios en las políticas de financiación gubernamental significaron una renovación del contrato social de la universidad, en el que las universidades debían dar respuesta a las necesidades de los "usuarios" en la economía y en la sociedad (Martin, 2003).
Esto se relaciona con una transformación en la misión tradicional de docencia e investigación de la universidad y conlleva un mayor acercamiento de estas instituciones a las demandas y a las necesidades de diferentes actores sociales, lo que la bibliografía denomina como una tercera misión (Etzkowitz y Leydesdorff, 2000, p.
Esto ha llevado a la universidad a convertirse en un actor clave en el desarrollo social y económico de su región de influencia, a través de una vinculación mucho más estrecha con los diferentes agentes de su entorno (Vega Jurado, Manjarrés Henríquez, Castro Martínez y Fernández de Lucio, 2011; Wang, Hu, Li y Pan, 2016), y ha permitido mejorar la competitividad y la creación de riqueza en las regiones donde se lleva a cabo esta dinámica (Barnes, Pashby y Gibbons, 2002. p, 396).
Las principales actividades asociadas a esta tercera misión se han enmarcado en procesos de transferencia tecnológica que para el caso de universidades en países desarrollados se traducen en la generación de patentes, licencias, empresas spin-off e innovaciones, así como en la realización de consultorías especializadas del trabajo articulado con empresas y en el sustento a la creación de estructuras tales como las oficinas de transferencia tecnológica (Siegel, Waldman, Atwater y Link, 2003).
Particularmente en Latinoamérica se ha adoptado una perspectiva según la cual este proceso denominado extensión universitaria se asocia a la función social de la universidad, a la proyección de la cultura universitaria y a la preocupación por los problemas nacionales (Tünnermann Bernheim, 2010. p, 119).
Sin embargo, a partir de la década de 1990, se materializa en América Latina un cambio en las políticas de ciencia y tecnología que, inspiradas en la experiencia de los países desarrollados, promueve en las universidades la adopción de la denominada tercera misión (Vega Jurado et al., 2011, p.
74) desde una perspectiva tecnológica.
Es así como los procesos de transferencia tecnológica cobran relevancia en el interior de las universidades como indicadores de las relaciones con su entorno, por lo que las universidades realizan continuamente esfuerzos para continuar sus vínculos colaborativos, sobre todo con el sector empresarial.
Sin embargo, se está viviendo un momento clave en la reinvención conceptual de la misión social de las universidades -aquella de cara a la comunidad, al impacto en su entorno-apoyado en los cambios que conducen hacia la transferencia de conocimiento, intercambio y coproducción de conocimiento, migrando hacia un concepto de universidad comprometida (Conway, Humphery, Benneworth, Charles y Younger, 2009).
De manera particular, la relación entre la universidad y el entorno, así como su papel en la difusión del conocimiento como respuesta a problemas sociales, se sustentan en la hoy denominada responsabilidad social universitaria (RSU), que evidencia el compromiso de la universidad con las instituciones y actores con las que interactúa sobre la base de un sistema de valores que tiene en cuenta los derechos humanos y el desarrollo sostenible.
En la bibliografía se han desarrollado elementos teóricos que hoy configuran las nociones básicas de la responsabilidad social en el interior de la universidad (Gaete Quezada, 2015; Gasca-Pliego y Olvera-García, 2011; Siracusa, Ardiles y Pulido, 2012; Vallaeys, 2006), centrados principalmente en acciones de intervención social y de relación directa con la comunidad interna y externa de la universidad.
Sin embargo, aún se reconoce la necesidad de desarrollar y hacer mucho más operativo el concepto de responsabilidad social universitaria, de tal forma que se fortalezca el corpus de bibliografía que apoya este trabajo en el interior de las universidades.
Teniendo en cuenta la relación existente entre la denominada tercera misión, que hoy se apoya en gran parte en procesos de transferencia tecnológica, y lo que define la responsabilidad social universitaria, este trabajo tiene como propósito identificar puntos comunes de actuación que desde el ejercicio de los procesos de transferencia tecnológica puedan entenderse también como prácticas de responsabilidad social universitaria, colocándose en línea con el enfoque de universidad comprometida.
Por ello busca responder al interrogante sobre cómo la transferencia tecnológica puede constituir una práctica de responsabilidad social universitaria, tomando como base una revisión sistemática de la bibliografía sobre responsabilidad social universitaria y del estado de la cuestión sobre transferencia tecnológica, identificando cómo y bajo qué acciones la transferencia tecnológica puede ser entendida como una práctica de responsabilidad social universitaria, y planteando oportunidades de investigación futura sobre esta temática.
Las conclusiones indican que los procesos de transferencia tecnológica evidencian el compromiso social de la universidad, considerando aspectos como: (i) la transferencia tecnológica incorpora problemas sociales que conllevan la generación de transformaciones, (ii) el concepto de conocimiento socialmente robusto, (iii) la divulgación de los procesos de transferencia tecnológica como mecanismo de apropiación social del conocimiento y (iv) el fortalecimiento del vínculo entre las distintas partes interesadas como parte del capital social de los procesos de transferencia tecnológica.
Este artículo se dividirá en las siguientes secciones (i) el marco teórico sobre responsabilidad social universitaria, (ii) la transferencia tecnológica en la universidad, (iii) la responsabilidad social de la transferencia tecnológica, (iv) la transferencia tecnológica como práctica de responsabilidad social universitaria y (v) conclusiones.
LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EN LA UNIVERSIDAD
En las universidades ha aumentado la necesidad de demostrar que efectivamente su funcionamiento y razón de ser se orientan a la satisfacción de las necesidades y problemas de las personas, grupos o instituciones con los que interactúan (Gaete, 2011, p.
Es así como la responsabilidad social universitaria es concebida como un proceso global que trasciende los procesos o funciones misionales de docencia, investigación y extensión, llevando a cabo de manera sinérgica e integral el compromiso de la colectividad universitaria hacia la vinculación social con las comunidades, donde particularmente se debe conformar un sistema de valores éticos fundamentado en los derechos humanos y en el desarrollo sostenible (Aristimuño y Rodriguez Monroy, 2014, p.
La evolución del concepto de responsabilidad social universitaria ha presentado cuatro etapas diferenciadas temporal y circunstancialmente: (i) el paso de una universidad de élite a una universidad inclusiva, generando oportunidades para más personas, independientemente de su posición social y nivel económico, (ii) la aparición de una universidad con proyección social, estableciendo mayor contacto con las comunidades nacionales e internacionales y generando beneficios para ambas partes, (iii) la aparición de una universidad comprometida con el medio ambiente, a partir de la Cumbre de la Tierra, realizada en Brasil en 1992, en la que el concepto de desarrollo sostenible alcanza al sector universitario, quedando integrado en su compromiso con la sociedad (Araque Acevedo, Rubio Guerrero y Uribe Macías, 2015) y (iv) la aparición de una universidad socialmente responsable, el uso de la expresión responsabilidad social universitaria y el inicio del debate acerca de responsabilidad social, la autonomía y la libertad académica en las universidades (Cardona Zuleta, 2010).
La investigación sobre la responsabilidad social en las universidades emergió desde finales de los 90 sustentada en gran parte en lo expuesto en la Conferencia Mundial de Educación Superior de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, donde se reconoció que la responsabilidad de las universidades no es solo educar a los jóvenes para su futuro profesional sino también para que sean capaces de aplicar sus habilidades y talentos con el mayor sentido social posible (Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, octubre 1998).
Esto fue ratificado en el año 2009, reconociendo además la necesidad de que estas instituciones de educación contribuyan a la formación de ciudadanos dotados de altos principios éticos (Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, julio 2009).
Al compromiso en la formación de los estudiantes se suma la relación de las universidades con sus distintas partes interesadas, con las personas y organizaciones sobre las que influyen, así como con aquellos grupos que pueden incidir sobre ellas, de manera negativa o positiva (Aristimuño y Rodriguez Monroy, 2014, p.
Dentro de las llamadas partes interesadas, Vallaeys, Cruz y Sasia (2009) hacen referencia a una amplia gama de individuos, tales como: el personal no docente, los docentes y el personal de investigación, las autoridades, los estudiantes, los proveedores, los graduados, los reclutadores, los competidores, las comunidades locales, las organizaciones asociadas y las entidades públicas gubernamentales.
Por ello, en el marco de lo expuesto, la responsabilidad social universitaria requiere ser apreciada desde tres niveles: (i) responsabilidad social universitaria interna, que incorpora a los estudiantes, docentes, investigadores, directivos y personal administrativo, (ii) responsabilidad social universitaria externa, que incluye empleadores, graduados, proveedores y socios estratégicos directos y (iii) responsabilidad social universitaria hacia el estado, la sociedad, el desarrollo y el medio ambiente global (Gasca-Pliego y Olvera-García, 2011, p.
Condiciones de la responsabilidad social universitaria
La responsabilidad social universitaria se apoya en una serie de elementos que hacen evidente su existencia en el interior de las universidades, muchos de ellos intrínsecos a su quehacer.
Es necesario estable-a472 cerlos, reconocerlos y hacerlos explícitos para el desarrollo de esta función.
Boyle, (2007) reconoce en su trabajo algunos de estos elementos:
Valores morales y cívicos y la misión de la institución educativa: inspiran e influyen en el entorno educativo con respecto al compromiso con la comunidad.
Currículo oculto: lecciones no declaradas que se aprenden dentro y fuera del aula.
Ambiente educacional: creación de un entorno para el aprendizaje efectivo, especialmente influyente en lo que respecta a la educación moral.
Vecindad y ciudadanía: en la medida en que las universidades se comportan como buenos vecinos, se convierten en un actor clave en su entorno de influencia, demostrando la "ciudadanía" de la institución.
Comunicación: la comunicación de la universidad con su entorno permite responder a las demandas de los grupos de interés, por lo que se ha de realizar una rendición de cuentas y lograr la participación de la comunidad (Garde Sánchez, Rodríguez Bolívar y López-Hernández, 2013, p.
Prácticas de responsabilidad social universitaria
Entre las prácticas reconocidas e identificadas en la bibliografía en las cuales se apoya una universidad para hacer explicita su responsabilidad social, están: i.
La docencia: en el marco de la responsabilidad social universitaria, la docencia es una función dirigida a la formación de profesionales.
El docente no solo contribuye con la formación de profesionales cualificados sino que genera productos tangibles con importancia social y científica al articularla con la investigación y la extensión (Guadrón, Silva, Acosta y Piñero, 2012, p.
La gestión ambiental: se ha concebido como una respuesta social desde las universidades la inclusión de los temas ambientales en sus actividades de enseñanza, investigación, extensión a la comunidad y gestión de la universidad (Chiappetta Jabbour, 2010, p.
La educación ética: Larrán Jorge y Andrades Peña (2014, p.
150) encontraron que particularmente para el caso de las universidades españolas la formación ética responde a lo exigido por el proceso de Bolonia.
Esta es una práctica que cada vez más se está incorporando en las universidades, asociada a los problemas de discernimiento ético que se han manifestado en la población egresada, lo cual ha promovido más esta formación.
La extensión: su finalidad es establecer un nivel de comunicación y de acción entre la universidad y la comunidad, a través de procesos intra y extrauniversitarios mediados por la praxis (Torres Pernalete y Trápaga Ortega, 2010, citado en Gasca-Pliego y Olvera-García, 2011, p.
50); está asociada a la capacidad de la universidad de atender a necesidades y problemáticas sociales.
El servicio-aprendizaje: constituye el método por el cual los estudiantes pueden adquirir valores morales y cívicos, conocimiento académico, y desarrollar habilidades en el mundo real (Boyle, 2007, p.
Los servicios de infraestructura: son todo tipo de instalaciones que una universidad, aparte de sus funciones de investigación y enseñanza, ofrece para sus grupos de interés (Esfijani, Hussain y Chang, 2013, p.
Impactos de la responsabilidad social universitaria
Vallaeys y Carrizo ( 2006) reconocen que la formación humana y profesional y la construcción de nuevos conocimientos constituyen las principales actividades de la universidad, y que por consiguiente tienen impactos específicos distintos a los generados por las empresas.
De manera integrada, Vallaeys et al. (2009) señalan que la responsabilidad social universitaria tiene cuatro categorías de impactos: i.
Impactos de organización (laboral y ambiental): la universidad genera impactos en la vida de quienes tienen algún tipo de vínculo o relación con ella.
Así mismo también debe incorporar estrategias que aseguren el control y el adecuado manejo de la contaminación en su medioambiente (desechos, deforestación, polución atmosférica por transporte vehicular, entre otras), de tal forma que no genere impactos negativos en su entorno de influencia.
Impactos sociales (extensión, transferencia y proyección social): la universidad tiene un impacto sobre la sociedad y sobre su desarrollo económico, social y político; es un referente y un actor social que puede promover o no el progreso, que puede crear o no capital social, que puede vincular o no la educación de los estudiantes con la realidad social exterior. iii.
Impactos educativos (formación académica): la universidad tiene un impacto directo sobre la formación de los jóvenes y de los profesionales, sobre su manera de entender e interpretar el mundo, de comportarse en él y de valorar así su vida.
Impactos cognitivos (investigación y epistemología): la universidad orienta la producción del saber y de las tecnologías, influye en la definición de lo que se llama socialmente verdad, ciencia, racionalidad, legitimidad, utilidad, enseñanza.
La articulación de las necesidades de las partes interesadas y de los impactos de la institución universitaria conducen a establecer y a definir los cuatro ejes de responsabilidad social universitaria (Vallaeys et al., 2009), que se apoyan en la gestión socialmente responsable de: i.
La participación social: la participación de la universidad en la comunidad.
Se trata de la reunión de diversos actores universitarios y no universitarios alrededor de un proyecto social consensuado, de tal forma que se asegure un aprendizaje permanente colectivo y se contribuya al mismo tiempo a la solución de problemas sociales concretos.
La formación profesional y ciudadana: la formación académica en su temática, organización curricular, metodología y propuesta didáctica.
Una buena formación profesional y ciudadana implica que exista una estrecha vinculación entre la universidad y las necesidades reales de la sociedad.
La gestión social del conocimiento: la producción y difusión del saber, la investigación y los modelos epistemológicos promovidos desde el aula.
En este eje se ubica lo concerniente a la responsabilidad social de la transferencia tecnológica por parte de la universidad.
El campus responsable: implica la gestión socialmente responsable de la organización y de sus procedimientos institucionales, del clima laboral, del manejo del talento humano, de los procesos democráticos internos y del cuidado del medio ambiente, así como de la relación de la universidad con proveedores, vecinos y comunidad en general.
De manera específica existen tres enfoques conceptuales para la definición de la tercera misión: (a) desarrollo de un conjunto de actividades de cooperación de la universidad con agentes públicos y privados para transferir a la sociedad conocimiento y tecnología para la innovación y el bienestar social; (b) compromiso social y comunitario en la solución de los problemas del entorno o del territorio en el cual se desarrolla; este enfoque es similar al que se ha venido consolidando en América Latina en el que la universidad asume una "misión social" capaz de vincularla más estrechamente con la sociedad y sus problemas (Tünnermann Bernheim, 2010); y (c) surgimiento de la universidad empresarial o emprendedora, que conduce no solo a la creación de empresas por parte de estudiantes, graduados y profesores sino también al desarrollo de actividades de transferencia de tecnología a la empresa, lo que incluye la comercialización de la producción científica y la interacción universidad-gobierno-industria para el fortalecimiento de los sistemas nacionales de innovación en el modelo de triple hélice (Bueno Campos y Casani Fernández de Navarrete, 2007, citado en Vera Salazar, Galvis-Lista y González Zabala, 2013, p.
Un hecho que incidió en las relaciones de la universidad con agentes de su entorno fue la denominada Ley Bayh-Dole, aprobada en 1980 en un esfuerzo por acelerar la difusión y comercialización de nuevos conocimientos producidos en las universidades (Hayter, 2016), a lo que se sumaron diversas fuerzas que promovieron cambios significativos en las políticas de patentes universitarias, que se manifestaron en la decisión de muchas universidades de establecer oficinas de transferencia de tecnología (Roessner, Bond, Okubo y Planting, 2013) para que luego surgieran en el entorno universitario una variedad de instituciones especializadas en la comercialización de tecnología a través de una spin-off o de mecanismos financieros de apoyo a este tipo de iniciativas, produciéndose un cambio de actitud en los órganos de dirección de las universidades y entre sus miembros hacia la creación de este tipo de empresas (Beraza Garmendia y Rodríguez Castellanos, 2007, p.
Es así como gran parte de las relaciones de la universidad con su entorno se establecieron principalmente con empresas, apoyadas en mecanismos de vinculación propios de procesos de transferencia tecnológica tales como patentes, licencias, empresas spin-off y contratos de consultoría especializada.
318) reconocen que la creciente participación de las universidades en la transferencia de tecnología y en la comercialización ha generado nuevos retos acerca de su naturaleza y misión; desde la perspectiva del modelo de la triple hélice este representa la disposición de profesores universitarios y graduados a participar activamente en la transferencia de tecnología (Etzkowitz y Leydesdorff, 2000, p.
En cuanto a los canales o mecanismos de transferencia tecnológica, Merchán Hernández (2012, p.
197) ha agrupado las formas de cooperación más generales entre la universidad y la empresa en: (i) proyectos de I+D y asesoramiento tecnológico, (ii) formación o intercambio de personal, (iii) participación en empresas spin-off, (iv) explotación de resultados de propiedad intelectual y (v) utilización de instalaciones o materiales de la universidad.
Se reconoce también la existencia de mecanismos formales e informales de transferencia de tecnología (Okamuro y Nishimura, 2009, p.
275) de acuerdo a los costes generados, de tal forma que los menos costosos y más usados son la consultoría, la utilización de los equipos técnicos de la universidad por parte de las empresas y la implementación de procesos de transferencia de conocimientos a la empresa, mediante diferentes alternativas como la vinculación de graduados universitarios, la formación en procesos especializados o el suministro de información (Fromhold-Eisebith y Werker, 2013, p.
La implementación de todos estos mecanismos está orientada a promover una alta calidad de la investigación, de la innovación y del progreso económico y social (Guerrero, Urbano, Cunnigham y Organ, 2014, p.
Cabe mencionar que los procesos de transferencia tecnológica se ven permeados por las características de la universidad, tales como su naturaleza pública o privada, su calidad académica y el tamaño y antigüedad de la oficina de transferencia tecnológica, así como también por las condiciones locales de la demanda de alta tecnología y por los términos del contrato de licencia (Siegel, Veugelers y Wright, 2007, p.
A ello se suman otros factores como la conexión social, la confianza, las políticas de propiedad intelectual, la capacidad tecnológica (Bierly III, Damanpour y Santoro, 2009, p.
498), la valoración de la investigación, y la participación de estudiantes, docentes y grupos de investigación (Closs, Ferreira, Soria, Sampaio y Perin, 2012, p.
El contexto donde se lleva a cabo la transferencia juega también un papel importante.
1314)), por ejemplo, mantiene que la calidad del entorno regional de una universidad puede impactar significativamente su éxito en la comercialización de la ciencia.
La proximidad de los sectores estratégicos, la construcción de comunidades, el establecimiento de modelos participativos de co-creación entre los usuarios y las comunidades de desarrollo en un modelo de innovación abierta (Freitas, Mayer, Arnab y Marshall, 2014) favorecen los procesos de transferencia y destacan la importancia de la interacción con los actores sociales en el marco este tipo de procesos.
La revisión de los aspectos asociados con la responsabilidad social universitaria y la transferencia tecnológica muestra varias diferencias entre ambas, de lo que se podría presumir que estos términos no tienen factores de convergencia; es así como a partir de una revisión de la bibliografía se pretendió identificar elementos que permitieron interconectar ambos conceptos y encontrar en la transferencia de tecnología una forma de hacer operativa la responsabilidad social universitaria.
Las etapas que se ejecutaron para el desarrollo de este trabajo se describen a continuación: a472 1.
Diseño: se realizó una revisión sistemática de la bibliografía sobre los conceptos de responsabilidad social universitaria y de transferencia tecnológica, a fin de identificar prácticas de ejecución e identificar puntos de inflexión.
Se consideraron estudios de revisión sobre estos temas.
Estrategia de búsqueda: las búsquedas se realizaron en las bases de datos ISI y SCOPUS con los siguientes términos de búsqueda: "prácticas de responsabilidad social universitaria"; "mecanismos de transferencia"; "tecnología + responsabilidad social universitaria"; "responsabilidad social + transferencia tecnológica".
Criterios de inclusión y exclusión: se tuvieron en cuenta trabajos que insistieran en prácticas de responsabilidad social universitaria y aquellos que incluyeran aspectos sociales de la transferencia tecnológica.
Extracción de datos: a partir de la aplicación de los criterios de selección se eligieron 46 artículos como relevantes para el estudio.
Análisis de los datos: para el análisis de los datos se construyó una matriz de sistematización y recopilación de la información, se hizo una revisión comparativa de los textos y se extrajeron las ideas claves de los mismos que permitieran configurar los principales aportes en torno al tema.
LA TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA DESDE LA UNIVERSIDAD.
Hoy en día las universidades no son consideradas una torre de marfil, sino que han crecido hasta convertirse en un catalizador del crecimiento de las naciones más allá del desarrollo del capital humano, transformándose en la fuente más importante para la transferencia de tecnología, la investigación, el desarrollo y la innovación en la sociedad (Hamdan et al., 2011(Hamdan et al.,, p.
La investigación universitaria y las actividades relacionadas con la misma contribuyen de manera importante a las economías modernas, principalmente: (i) por el aumento de la productividad de la I + D aplicada en la industria, (ii) por el desarrollo de nuevos conocimientos y aportes técnicos, (iii) por la provisión de capital humano de gran valor, (iv) por el desarrollo de equipos y tecnología y (v) por el diseño de conceptos y prototipos de nuevos productos y procesos que pueden tener algunos impactos sociales y económicos grandes e inesperados (Roessner et al., 2013, p.
En el marco de estos procesos las universidades deben gestionar las más amplias consecuencias sociales y medioambientales de sus acciones, más allá de los requisitos legales y normativos con los que operan (Mendez, 2011, p.
Las universidades pueden alcanzar un comportamiento socialmente responsable y contribuir a un mejor posicionamiento de su gestión tecnológica a través del manejo de la cantidad y calidad de una investigación que refuerce la relación entre universidad y entorno social, y a través del desarrollo de programas de transferencia tecnológica capaces de impulsar la vinculación de la universidad con su entorno.
Sin embargo, para ello es indispensable revisar la normativa universitaria, plantear políticas de trasferencia tecnológica realmente adaptadas a la realidad y especializar al personal en torno al tema (Martínez de Carrasquero, 2012, p.
En este sentido las universidades, a consecuencia de su relación con las ciudades, pueden convertirse en "buenos o malos vecinos" (O'Mara, 2012, citado en Gaete Quezada, 2015, p.
277) en relación con el papel fundamental que los procesos de transferencia tecnológica juegan en el desarrollo económico de las comunidades locales.
Como ejemplo, una práctica de responsabilidad social que en el marco de la transferencia de tecnología tiene un impacto relevante es la de asesorías a las comunidades en diversos ámbitos (Martínez, Mavarez, Rojas, Rodríguez y Carvallo, 2006, p.
Analizando los conceptos asociados a la transferencia tecnológica y la forma a través de la cual estos procesos contribuyen a la responsabilidad social universitaria, se presentan algunos aspectos a partir de los cuales se podría considerar la transferencia tecnológica como una práctica de responsabilidad social, partiendo de las siguientes premisas: i.
La tercera misión de la universidad, en la que se enmarcan los procesos de transferencia tecnológica, está asociada a su contribución al desarrollo económico y social.
El desarrollo de procesos de transferencia tecnológica, mediante el mecanismo que se aplique, implica transformaciones sociales que pueden impactar positiva o negativamente a los contextos donde se implementen.
La formación de capital humano en sus diferentes niveles es una práctica de transferencia tecnológica que se puede ejecutar de manera responsable, desde los ámbitos de la enseñanza tradicional, como en las actividades de educación continuada o educación para el trabajo. iv.
Los procesos de transferencia tecnológica tienen una repercusión directa con las áreas de influencia de los receptores de la tecnología.
La triada universidad-empresa-estado en el marco de los procesos de transferencia tecnológica favorece su impacto y las implicaciones sociales de estos procesos.
El cambio en los modelos de gobernanza hacia una universidad más comprometida con la sociedad y sus partes interesadas.
La consideración de estos factores favorece el ejercicio de la transferencia tecnológica desde la perspectiva de la responsabilidad social, por lo que la universidad debe tomar conciencia e identificar acciones explícitas que permitan incorporar el carácter social desde esta práctica.
En suma, a partir de la revisión de la bibliografía se identificaron aspectos inherentes a la transferencia tecnológica que también son propios del ejercicio social, los cuales se detallan a continuación y constituyen un referente para entender cómo la transferencia tecnológica puede ser considerada una práctica de responsabilidad social universitaria.
El impacto social de la transferencia tecnológica
Considerando el trabajo de sociólogos y antropólogos, Bozeman (2000, p.
630) destacó que la transferencia de tecnología se da en un contexto de cambio cultural, además de que existen formas en que la tecnología afecta al cambio, por lo que el interés en la evaluación de los resultados e impactos de los procesos de transferencia tecnológica va en aumento.
Es así como actualmente, debido al creciente interés por la transferencia de tecnología orientada al valor social y público, las instituciones del gobierno incluyen en sus casos de éxito los impactos sociales de sus actividades de transferencia de tecnología y demuestran cómo la política pública no se centra solo en el enriquecimiento de los socios de transferencia de tecnología, sino más bien sobre los impactos sociales y económicos más amplios (Bozeman, Rimes y Youtie, 2015, p.
Aun así estos cambios no han sido asumidos del todo, de tal forma que los datos sobre patentes y licencias se utilizan a menudo como indicadores para evaluar los esfuerzos de transferencia de tecnología de las universidades (Okamuro y Nishimura, 2009, p.
7), dejando de lado los resultados asociados a los beneficios e impactos a la sociedad.
Sin embargo, estos resultados pueden tener una mirada en la que se destaque el aporte social de los mismos.
Tal es el caso de las spin-off, que de acuerdo con Kanter (1999) son nuevos modelos empresariales que surgen de la investigación académica y agregan aspectos basados en conocimiento e innovación sostenible como resultado del proceso de cooperación entre las instituciones de investigación y las instituciones comerciales.
Lo anterior pone sobre la mesa la importancia de considerar los impactos que los productos o resultados de la transferencia de tecnología pueden generar en la sociedad y el hecho de que la relevancia social de la investigación desarrollada por la universidad es el principal objetivo de transferencia tecnológica, cobrando más importancia que la obtención de beneficios económicos.
El cambio en el contrato ciencia-sociedad Gibbons (1999) argumentó que el contrato entre la ciencia y la sociedad se creó para sostener la producción de conocimiento fidedigno y que, al establecerse un nuevo contrato, se debe hacer de tal forma que asegure la producción de conocimiento socialmente robusto.
Por lo que un nuevo contrato requiere la producción conjunta de conocimiento entre la sociedad y la ciencia, lo que implica un proceso en el cual tendrá que ser legitimado una y otra vez (Gibbons, 1999, citado en Mendez, 2012, p.
Este cambio en el contrato social para la ciencia representa la expectativa de que, a cambio de inversiones del gobierno, las universidades producirán una buena investigación pública que sirva al interés de la nación y resuelva sus problemas sociales (Mendez, 2012, p.
355) afirman que un nuevo contrato social se ha formado entre la academia, la industria y los gobiernos como principales socios en la producción de conocimiento, y la tercera misión ha permanecido latente, incluyendo nuevas formas de educación y compromisos a largo plazo con los valores sociales.
Frente a lo antes expuesto se hace explícito el desafío de la universidad, la cual no debe estar distante de los grandes problemas a los que se enfrenta el mundo hoy en día -los desafíos ambientales, las injusticias sociales, los conflictos armados, la intolerancia, la falta de respeto de los derechos humanos...-y debe tener un papel activo de participación en los espacios locales y globales para fomentar y apoyar una de manera activa una sociedad justa y sostenible (Boni y Gasper, 2012, p.
Con base en este reto, las relaciones de la universidad con la industria pueden aparecer como "socialmente responsables" en la medida en que los beneficios se inviertan en la solución de los problemas de la sociedad (Ankrah y AL-Tabbaa, 2015, p.
a472 La divulgación de los resultados de la transferencia tecnológica Closs et al. (2012, p.
114) señalan que la publicación autorizada de una invención académica permite beneficiar a la sociedad; además puede ayudar a impulsar la imagen de la universidad y añadirle valor a la institución.
Adicionalmente, la difusión de experiencias empresariales de éxito ayuda a cambiar la expectativa personal o la imagen social y constituye un jalonador de las mismas.
Es el caso de las universidades que promueven sus actividades de colaboración con la participación de empresarios externos e internos pueden constituirse en referente para futuros desarrollos.
En este contexto, cabe citar la denominada cuarta misión (la promoción) de la universidad con relación a la transferencia de tecnología, concebida como un vehículo de relaciones públicas inteligente que permite a las universidades diferenciar el "papel único" de la oficina de transferencia de tecnología de sus otras misiones principales (Bueno Campos y Casani Fernández de Navarrete, 2007; Hayter, 2016).
El capital social lo constituyen los activos de propiedad colectiva que residen y derivan de las relaciones estables entre los actores y las unidades sociales, es la buena voluntad a disposición de la comunidad universitaria (estudiantes, empresarial, académicos), y su origen está en la estructura y en el contexto de las relaciones del actor (de mercado, sociales o jerárquicas).
Por lo tanto, su efecto se deriva de la información, la influencia y la solidaridad que la universidad coloca a disposición de los actores con los que se relaciona (Adler y Kwon, 2002, p.
El capital social constituye un importante motor de la eficacia de las relaciones de la universidad con los diferentes actores involucrados (Al-tabbaa y Ankrah, 2016, p.
El capital social es concebido también como un activo donde la confianza está basada en las relaciones sociales y en las interacciones continuas; así mismo abarca el valor colectivo de la relación y la reciprocidad y otros enlaces que conectan redes de individuos e instituciones, constituyendo un capital de ayudas sociales, coordinación y cooperación para beneficio mutuo (Wang y Shapira, 2012, p.
202); se relaciona directamente con la confianza entre los actores que se relacionan, y juega un papel determinante en la calidad y efectividad de los resultados de las relaciones.
Para el caso de los científicos universitarios su capital social se desarrolla a partir de sus redes de investigación y de otras relaciones científicas, además de que se complementa con el denominado capital posicional, el cual se asocia con el prestigio y la reputación de las instituciones a las que están vinculados (Wang y Shapira, 2012, p.
A lo anterior se suma que la estructura social de la economía regional y el tejido de las relaciones sociales en el que se incluye una universidad influye fuertemente en la densidad de los contactos que unen a los científicos con las personas en la industria, y además afecta a la densidad de las redes a través de las cuales se puede comercializar el conocimiento universitario (Casper, 2013(Casper,, p.
El trabajo articulado con las partes interesadas
Con relación al establecimiento de redes con las partes interesadas, cada vez es más marcada la incorporación de las universidades en la generación de conocimiento y transferencia de tecnología con mayor pertinencia social y vinculación con las comunidades, a partir de la unión de esfuerzos de todas las disciplinas (Hamdan et al., 2011(Hamdan et al.,, p.
a472 Finalmente cabe resaltar que, en términos de expectativas, los diferentes grupos de interés de la universidad representan principalmente un instrumento de legitimidad que puede favorecer el proceso de aceptación y aprobación de sus actividades en su entorno social, aunque actualmente desempeñan un papel menor entre las instituciones, a pesar de la gran influencia que tienen en cualquier organización (Garde Sánchez et al., 2013, p.
De acuerdo con lo expresado por Conway et al. (2009, p.
11) ha habido un cambio asociado a la naturaleza de la producción de conocimiento que ha llevado desde la transferencia de conocimiento a la coproducción; y además el concepto de transferencia de tecnología basado en la idea de que una sola oficina podría atender las solicitudes de gestión de las empresas, identificar qué universidad podría resolver esos problemas y establecer un contrato para que la universidad proveyera una solución no ha logrado aprovechar todo el potencial de las partes involucradas, debido a que la naturaleza de la innovación ha cambiado para volverse más interactiva (Conway et al., 2009, p.
Una tendencia global emergente es promover el compromiso social.
Algunos autores del Reino Unido afirman que las universidades desempeñan un papel clave no solo en el desarrollo económico sino también en el social, especialmente porque están vinculadas al desarrollo regional (Benneworth, Boer y Jongbloed, 2015; European Union, 2011).
Este concepto generalmente se relaciona con lazos de beneficio mutuo a nivel local, entre los miembros de la universidad y las comunidades dentro de la ciudad y región de origen.
Esta es una dimensión más sobresaliente en América Latina (Mora, Aguiar Serra y Vieira, 2017, p.
Particularmente Goddard (2009), a través del concepto de universidad cívica destaca la importancia de que la universidad integre la docencia y la investigación al servicio de agendas académicas y sociales/industriales, y además destaca que el compromiso activo de las universidades con las regiones está en su contribución al sistema regional de innovación mediante la generación de capacidades.
Esto incluye la contribución de la educación superior al desarrollo social, cultural y ambiental, mediante la participación formal e informal y la representación externa como actor institucional en las redes regionales de aprendizaje, innovación y gobernabilidad (Uyarra, 2010(Uyarra,, p.
Estos cambios han creado nuevas pre-siones para las universidades, particularmente sobre sus modelos de gobernanza, y han llevado desde la toma de decisiones dirigida por los expertos académicos hacia la toma de decisiones dirigida por los consumidores (Conway et al., 2009, p.
LA TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA COMO PRÁC-TICA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA
Como se ha presentado en este trabajo, en el alcance de la transferencia tecnológica se pueden considerar implicaciones que contribuyen a su enfoque social y se deben incorporar acciones explícitas que refuercen y hagan operativo el cumplimiento de los compromisos con el entorno.
Estas acciones permitirían enriquecer los procesos de transferencia tecnológica y de igual forma constituyen una base sólida para que las universidades sustenten una gestión socialmente responsable.
Las siguientes proposiciones colocan en su contexto la transferencia tecnológica frente a los desafíos de la responsabilidad social universitaria.
Proposición 1: Incorporar problemáticas y necesidades sociales en los procesos de transferencia tecnológica para la generación de transformaciones e impactos sociales, económicos y culturales en la sociedad.
Desde esta perspectiva se propone que los procesos de transferencia tecnológica no pueden estar a espaldas de la realidad social en la que está inmersa la universidad y de los actores del entorno en que se ubica.
En este sentido los proyectos realizados deben contemplar variables como la sostenibilidad y la gestión ambiental, tanto desde el diseño como en la ejecución y deben hacer un adecuado uso de los indicadores de impacto, más allá de los de resultados.
La universidad debe iniciar un seguimiento de los proyectos posterior a su finalización y llevar los registros requeridos para hacer verificar los efectos de su implementación.
A fin de profundizar en lo anterior se deben promover investigaciones empíricas que identifiquen casos de procesos de transferencia tecnológica que incorporen necesidades y problemáticas explicitas de comunidades asociadas a la universidad.
Es de destacar que esta proposición se articuló con lo propuesto en la proposición 4, lo que implica que para el logro de estos procesos de transferencia con un mayor impacto social se requiere contar con una participación activa de las partes involucradas, no desarrollar proyectos aislados, sino que por el contrario vinculen a actores relacionados con la universidad.
Proposición 2: Vincular el compromiso social en las políticas institucionales como eje del proceso de responsabilidad social universitaria y como promotor en procesos institucionales tales como la transferencia tecnológica, en el contexto de un nuevo contrato social de conocimiento socialmente robusto.
El compromiso de la responsabilidad social de la transferencia tecnológica no puede ser un proceso improvisado, sino que debe responder y estar articulado con relación a los planes institucionales, desde la dirección institucional hasta los planes del área de investigación y los grupos de investigación y de igual forma en la misión y visión de estos procesos.
Por lo que esta proposición lleva a estudiar las condiciones organizativas de la universidad que lleven a procesos de transferencia tecnológica con compromiso social, de tal forma que permitan estudiar cómo este proceso es una acción no aleatoria sino deliberada en estas instituciones.
Proposición 3: Divulgar los procesos y resultados de transferencia tecnológica como insumos para potenciales procesos de transformación social, favoreciendo procesos de apropiación en la comunidad.
Esto evidencia cómo la apropiación social de los resultados de la transferencia tecnológica contribuye a la responsabilidad social universitaria.
La universidad debe ser capaz de llevar su lenguaje al lenguaje de la comunidad y al de los actores relacionados, informando sobre los resultados del conocimiento generado y sobre cómo esos resultados pueden ser utilizados para su beneficio y para el desarrollo futuro; esto en condiciones adecuadas para su comprensión, de tal forma que favorezca investigaciones y trabajos futuros.
Los procesos de divulgación no pueden ser confundidos con la promoción y comercialización de lo que hace la universidad, pero si pueden ser complementados por los mismos, deben ser entendidos como una forma en que la universidad se encarga de que su trabajo realmente llegue a quienes podrían finalmente beneficiarse del mismo y que la sociedad conozca cómo la universidad trabaja para la mejora de sus necesidades y problemas.
Este aspecto abre la posibilidad de estudios sobre los medios y mecanismos de promoción y divulgación de los resultados de transferencia y cómo llegan a diferentes sectores asociados con la universidad.
Proposición 4: Considerar a los actores implicados como parte del capital social de la universidad e investigadores en el marco de los procesos de transferencia tecnológica.
Este aspecto constituye un común denominador con las proposiciones anteriores, puesto que un trabajo articulado con las partes inte-resadas redunda significativamente sobre los efectos sociales de la transferencia, debe estar claro en los planes y políticas diseñados para ello y debe estar apoyado en mecanismos de comunicación y divulgación adecuados.
En este sentido la universidad debe tener parámetros claros que aseguren un adecuado uso de su capital social no solo con la comunidad científica sino con otros actores involucrados para enriquecer sus procesos de transferencia.
La universidad no puede encerrase en una cápsula, sino que debe estar abierta a un diálogo constante con las partes involucradas.
Por ello trabajos futuros permitirán estudiar las redes y trabajos colaborativos con diferentes actores y socios en la universidad a fin de identificar los medios y estrategias de trabajo con cada uno y los proyectos y resultados que se obtengan de este tipo de trabajos.
ESTRATEGIAS DE RESPONSABILIDAD SOCIAL EN LA TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA
Tomando como base el análisis de las características y prácticas de responsabilidad social universitaria y de la transferencia tecnológica, se identificaron ciertas estrategias que permitirían considerar la transferencia tecnológica desde la perspectiva de la responsabilidad social universitaria y que favorecerían la generación de indicadores que hagan evidente esta gestión y la imagen de la universidad en su entorno social, como se presenta la tabla 1.
Estas estrategias constituyen un referente para que las universidades puedan incorporar de manera formal los procesos de transferencia tecnológica como resultado de su gestión en responsabilidad social y así mejorar su impacto en el entorno.
La bibliografía ha reconocido tradicionalmente que los procesos de transferencia tecnológica se asocian principalmente con relaciones directamente establecidas con las empresas, entendiéndolos como los principales demandantes de tecnología.
Como resultado de este tipo de vinculaciones se generan productos de conocimiento tales como patentes, spin-off, licencias y resultados de consultorías especializadas y se favorece la producción científica de los investigadores y la innovación en las empresas.
En esta bibliografía poco reconocimiento se da a la vinculación con otros actores sociales y a los impactos que estos procesos de transferencia generan a los problemas del contexto social. a472 tar con las condiciones y el respaldo de las instituciones.
Este trabajo propone unas líneas de acción que pueden ser referenciadas por las universidades en el marco de su proceso institucional de responsabilidad social universitaria, así como en el diseño de los indicadores del mismo.
En este sentido este trabajo arrojó cuatro proposiciones que constituyen otras tantas oportunidades para futuras investigaciones y que representan coyunturas explícitas para sustentar cómo los procesos de transferencia tecnológica llevan a una responsabilidad social ejercida desde la universidad.
Como conclusión general se puede afirmar que la revisión bibliográfica permitió identificar elementos conceptuales y operativos de la transferencia tecno-lógica que permiten sustentar procesos de responsabilidad social llevados a cabo desde la universidad.
Este trabajo presenta como principal aporte la identificación explícita de estas prácticas que permitirían a la universidad identificar y hacer visible la manera en que su trabajo de transferencia también contribuye a su compromiso socialmente responsable.
Este trabajo puede ser un punto de referencia para el desarrollo de futuras investigaciones a fin de realizar estudios de caso e identificar las prácticas implementadas en las universidades, tanto de países desarrollados como de Latinoamérica, y los mecanismos que han desarrollado frente al reto de incorporar los procesos de responsabilidad social universitaria e identificar constructos teóricos a partir de estos referentes. |
El artículo analiza la ficción seriada producida en España tras la reciente crisis económica desde el punto de vista de la introducción de localizaciones diferentes a la ciudad de Madrid y su relación con temáticas tales como el terrorismo, la inmigración y el tráfico de drogas.
El estudio se fundamenta en aportaciones teóricas relacionadas con la representación espacial en el audiovisual, así como en el interés creciente en aplicar conceptos procedentes de la geopolítica al análisis de la ficción televisiva.
Los estudios de caso son tres series de ficción criminal recientes:
LA FICCIÓN TELEVISIVA EN ESPAÑA ANTE LA CRISIS
Este texto es una aproximación al proceso de renovación de la ficción televisiva española tras el estallido de la crisis económica a través del estudio de caso de tres series recientes de temática criminal que reflejan conflictos de base geopolítica: El Príncipe (Telecinco: 2014-2016), Mar de plástico (Antena 3: 2015(Antena 3: -2016) ) y Perdóname, Señor (Telecinco: 2017).
La hipótesis de partida es que, como resultado de los problemas vividos por la ficción televisiva con la crisis económica, creadores, productoras y cadenas tuvieron que apostar por nuevos mecanismos para conectar con las audiencias y encontrar un hueco en los mercados internacionales, y en este contexto la utilización de localizaciones externas a la ciudad de Madrid (el tradicional espacio hegemónico) se convirtió en un elemento de diferenciación.
El género de ficción televisiva criminal, el conocido internacionalmente como television crime drama, se convirtió en el género ideal para este proceso debido a su extraordinaria popularidad en el mercado global y a su capacidad para ofrecer temáticas relevantes socialmente.
Las particularidades de España como nexo transatlántico, nodo del corredor mediterráneo y frontera sur de Europa, fueron por primera vez aprovechadas por su ficción televisiva para aspirar a unirse a una triple tendencia: la emergencia internacional del television crime drama a partir de la popularidad del Nordic Noir (Peacock, 2014; Turnbull, 2014), el uso de las localizaciones como un valor de producción (Agger, 2017; Jensen y Waade, 2013) y la relevancia de la ficción televisiva que representa el mundo contemporáneo con base geopolítica (Moïsi, 2017; Saunders, 2017).
El análisis espacial ha ido alcanzando relevancia en el análisis fílmico (Christie, 2000; Lefebvre, 2006), y paulatinamente también en el análisis de la ficción televisiva, donde la emergencia en el mercado internacional de la televisión del Nordic Noir acreditó esta renovada importancia de los espacios, tanto por su enriquecimiento de los valores de producción como por su importancia semántica en la narrativa (Toft Hansen y Waade, 2017).
A este respecto, Roberts (2016) ha propuesto complementar lo que se conoce en el ámbito anglosajón como spatial turn de los estudios mediáticos (Falkheimer y Jansson, 2006), por el locative turn ('giro locativo'), a través del cual se ha producido una transformación de la importancia dada a la economía cultural del espacio por parte de la producción para televisión.
El objetivo principal de este texto, por tanto, es mostrar cómo ese giro locativo (como se podría traducir la expresión) del que habla Roberts también se ha producido de manera gradual en la ficción televisiva española gracias los procesos de innovación realizados por entidades (cadenas, productoras, creadores) tras la crisis económica, motivo por el que las series seleccionadas pertenecen al periodo 2014-2017.
Pero antes de pasar al análisis de las series, es necesario establecer adecuadamente las consecuencias de la crisis económica que comenzó en 2008 para la ficción televisiva, la importancia de las nuevas localizaciones en relación con la utilización y la presencia hegemónica de la ciudad de Madrid y la manera en la que la utilización de los espacios y las temáticas de base geopolítica han ido ganando importancia en la televisión internacional a través del género de la ficción criminal.
La ficción televisiva en España vivió un extraordinario desarrollo a partir de la llegada de los operadores privados a comienzos de la década de los noventa, fortaleciendo la industria audiovisual y convirtiéndose en la favorita en los gustos de los espectadores.
Tras el éxito sucesivo de Farmacia de guardia (Antena 3: 1991(Antena 3: -1995) ) y Médico de familia (Telecinco: 1995(Telecinco: -1999)), que establecieron en gran medida las bases estéticas, narrativas y temáticas de esta nueva ficción en lo que fue en gran medida una rotura con su desarrollo histórico (Cascajosa Virino, 2015), las cadenas apostaron de una manera definitiva por la producción propia de ficción desarrollada por productoras independientes.
Con Periodistas (Telecinco: 1998(Telecinco: -2002)), la ficción producida localmente logró asociarse a nociones de calidad gracias sus generosos valores de producción, rodaje en localizaciones y preocupación por tratar temas de candencia social (Smith, 2009, p.
La ficción española siguió floreciendo en los años siguientes, hasta el punto de que Palacio, en su análisis del periodo 2005-2011, se atrevió a hablar de una "Edad de Oro", caracterizada por el vigor industrial, presencia en los mercados internacionales, la renovación de géneros, la recuperación de una ficción de base autoral y su tratamiento del pasado (2012, pp. 65-69).
Pero durante este periodo de crecimiento industrial también se comenzaron a manifestar signos de un paulatino estancamiento narrativo y estético que acabaron confiriendo a las ficciones un carácter más acomodaticio.
A partir del año 2010, la crisis económica empezó a afectar de una manera clara al mercado televisivo, con un hundimiento del número de producciones: según los datos el anuario OBITEL, el número de programas de ficción pasó de 46 en 2010 a 30 en 2013, incluyendo series semanales, miniseries y seriales diarios (Lacalle, 2011, p.
No parece casual que García de Castro y Caffarel, en su estudio de la ficción española en el periodo 2010-2015, afirmaran que "la ficción televisiva nacional vivió la regresión creativa mayor de toda su historia reciente" (2016, p.
El impulso de innovación se hizo relevante no solo pensando en lo perdido tras la llegada de la crisis, sino en las amplias posibilidades de un futuro donde los flujos transnacionales y la apertura de mercados propiciada por la llegada de los servicios de vídeo bajo demanda (VOD) suponían nuevas oportunidades.
Es aquí donde el aspecto de los espacios en el que se desarrollan las narrativas se ha convertido en un elemento destacado.
Merece la pena recordar que la ficción española producida por las cadenas de ámbito estatal ha sido tradicionalmente centralista, primando la presencia de Madrid por encima de cualquier otro espacio de la geografía, incluso hasta el punto de motivar valoraciones que señalan que en el "ámbito de la ficción televisiva española, el centralismo de Madrid no tiene parangón, sobre todo en las series familiares"(Peris Blanes, 2012, p.
Un ejemplo de lo que Edensor denominó el proceso de "espacialización de la nación" (2002, p. xviii) había sido la representación de Madrid en la longeva serie de televisión Cuéntame cómo pasó (TVE1: 2001-), en donde se subraya "el carácter medular de la ciudad como capital política y como emplazamiento donde fijar la historia nacional" (Rueda Laffond, 2011, p.
Los casos puntuales en donde la ficción española de ámbito estatal se ha desarrollado en otros lugares se han debido a su carácter absolutamente imprescindible para el planteamiento narrativo, como ocurrió en La dársena del poniente (TVE1: 2006(TVE1: -2007)), situada en la Costa de Sol y protagonizada por una familia de navieros; Doctor Mateo (Antena 3: 2009(Antena 3: -2011)), sobre un médico cosmopolita caído en desgracia que busca recuperar la seguridad en el pueblo costero en el que veraneaba; y Gran Reserva (TVE1: 2010-2013), rodada en La Rioja y protagonizada por una familia dedicada al negocio del vino.
Sin embargo, es necesario hacer un apunte en relación a la manera en la que los espacios han sido representados en las series españolas de ámbito estatal: ha existido una hegemonía de Madrid como principal localización, pero en la inmensa mayor parte de los casos buscando representar una ciudad sin rasgos identitarios reconocibles.
Esto no ha sido un hecho casual, sino a menudo una imposición por parte de las cadenas con el fin de que la ficción no se pudiera asociar a un lugar u otro y con ello alienar a una parte de la audiencia, lo que llevó a que entre los profesionales circulara el concepto de que en España la ficción televisiva tenía lugar en el denominado Planeta Series (Cascajosa Virino, 2016, pp. 220-225).
Y ello, frente al trabajo identitario más intensivo y de una fuerte base espacial que estaba teniendo lugar en la televisión autonómica (Castelló Cogollos, 2004).
De esta forma, a través de esta reducción de los rasgos identitarios de Madrid, se ha pretendido camuflar la escasa diversidad de las localizaciones de la ficción española estatal.
Aunque una de las motivaciones que subyacen puede ser que la inmensa mayoría de las productoras se encuentran en Madrid, lo cierto es que, como afirma Peris Blanes contraponiendo la experiencia británica, este hecho "no debería ser una excusa si lo que se pretende es integrar a toda la sociedad en un mismo proyecto nacional" (2016, p.
Con el paso de los años, se estableció un irresoluble statu quo: las cadenas preferían estas localizaciones desdibujadas en una ambigua "españolidad" ante el miedo de alienar a las audiencias, así que las productoras carecían de estímulo para buscar otras localizaciones.
Sin embargo, la necesidad de innovar en un contexto hostil llevó a apostar por la diversidad geográfica y el aprovechamiento estético de espacios caracterizados por su belleza o exotismo.
Y frente a las dificultades de la crisis económica, el abaratamiento de efectos digitales y las ayudas proporcionadas por gobiernos locales y autonómicos favorecieron rodajes fuera de Madrid.
Sin embargo, este giro locativo también ha tenido que ver con la exploración de temáticas de base geopolítica, de forma que el tratamiento de España como frontera sur de Europa les ha dado un punto de densidad de sentido a la vez que, como se verá, ha contribuido a ampliar su atractivo en el contexto del mercado internacional.
Sin duda, esta tendencia se puede relacionar con la emergencia de un tipo de ficción que cada vez está resultando de mayor interés desde el punto de vista de la geopolítica, en una relación con la que "la realidad internacional no se convierte únicamente en una fuente de inspiración para los guionistas de las series televisivas.
La propia serie se transforma en fuente de inspiración para los actores del mundo, en un movimiento dialéctico cada vez más temible" (Moïsi, 2017, p.
Por su parte, en un estudio específico sobre la ficción televisiva de base geopolítica, Robert Saunders estableció sus tres características esenciales: "1) engages international themes via imaginary scenarios; 2) builds "worlds" based on situated social, geographical, and political understandings; and 3) interrogates questions of domestic versus foreign identities via narratives" (2017, p.
Tanto Moïsi como Saunders basan sus análisis a473 en la capacidad de los creadores de televisión de tomar elementos de la actualidad geopolítica para crear narraciones que ofrecen sugerentes interpretaciones de la misma, algo que se puso de manifiesto con la emergencia de las series sobre terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la manera en la que la temática de la seguridad nacional fue impregnando la ficción televisiva criminal norteamericana (Tasker, 2012).
Así, el tradicional localismo del género criminal ha ido dando paso a temáticas sustentadas en los flujos del delito internacional (desde la corrupción al tráfico de drogas y de personas), precisamente por su capacidad para representar un marco identificable por las audiencias de todo el mundo.
La emergencia del Nordic Noir estableció que eso era posible para países ajenos a la cultura anglosajona gracias a la eficacia con la que se inspiraron en los formatos y culturas de producción internacionales para la creación de un contenido nacional innovador (Bondebjerg y Redvall, 2015, p.
En el caso del género criminal en la ficción española, hasta los últimos años el desarrollo del género había estado lastrado por la problemática relación de la sociedad española con el pasado dictatorial (Colmeiro, 2001), pero poco a poco fue ganando importancia en las parrillas de televisión al amparo del éxito paralelo de los programas de sucesos (Romero Santos, 2015).
También ha sido relevante la propia emergencia del género en el cine español reciente, como se comentará más adelante.
Para realizar una aproximación a esta cuestión en la ficción televisiva española reciente se ha optado por la herramienta del estudio de caso, ya que permite un conocimiento más comprensivo al posibilitar tener como puntos de referencia tanto condicionantes de producción como de recepción y trazar relaciones causales.
Debido a que este estudio es un esfuerzo de aproximación inicial a un proceso de renovación más amplio, se considera más útil en términos analíticos centrarse en tres casos producidos de forma sucesiva, y a través de ellos determinar la adopción, en un periodo corto de tiempo, del énfasis espacial y de las temáticas geopolíticas como fórmula de creación de series en la ficción televisiva en España de temática criminal.
Las tres series elegidas se basan en buscar localizaciones alejadas de Madrid.
En principio, la elección de Ceuta como escenario para El Príncipe fue tan novedosa como arriesgada, pero su enorme éxito comercial lo impulsó como una moda de la que se derivan las localizaciones andaluzas de Mar de plástico y Perdóname, Señor.
En estos espacios, se desarrollan las tramas de base geopolítica: El Príncipe centrándose en la relación entre terrorismo y tráfico de drogas; Mar de plástico indagando sobre la explotación y tráfico de seres humanos; y Perdóname, Señor sobre el tráfico de drogas y personas en los circuitos de la economía sumergida.
En el análisis, se tendrá en cuenta en cada caso el contexto de producción, el uso de localizaciones y su relación con temáticas de base geopolítica, así como aspectos relacionados con la recepción local de las series y su proyección internacional.
UNA CIUDAD AL OTRO LADO DEL MAR
La ficción televisiva española encontró en el sur de España un filón narrativo a partir del éxito de El Príncipe en 2014, principalmente por emitirse en una cadena generalista como Telecinco y obtener un notable éxito de audiencia, con cifras cercanas a los cinco millones de espectadores de media y picos superiores a los seis millones 1.
Fue la serie con la que debutó la productora Plano a Plano, demostrando un interés que luego sería recurrente en explorar como elemento de diferenciación: un nuevo concepto espacial.
Quizás el elemento más significativo de El Príncipe era desarrollarse en un lugar real, la barriada del Príncipe Alfonso en la Ciudad Autónoma de Ceuta, conocida por su alta tasa de paro y analfabetismo y uno de los centros del tráfico de drogas y radicalización yihadista.
La premisa fue creada por el guionista Aitor Gabilondo una década atrás, cristalizando en un guion al que, en homenaje a Martin Scorsese, puso como título Malas calles, y al que colocó una imagen de The Wire (HBO: 2002(HBO: -2008) en la portada.
Este último elemento obedecía a que, como en la serie norteamericana, en la que la narrativa estaba fuertemente determinada por la ciudad de Baltimore, Gabilondo colocó un barrio de una ciudad sin identificar como espacio principal donde se desarrollaba una historia policiaca protagonizada por un agente encubierto 2.
Finalmente, Gabilondo decidió re-ubicar la historia en El Príncipe tras conocer por un artículo de prensa que era "el barrio más peligroso de España" (Bárbulo, 2003, 28 de abril).
Sin duda, un factor que favoreció la luz verde al proyecto por Mediaset para su emisión por Telecinco fue el éxito de una producción de su división cinematográfica (Telecinco Cinema), el thriller No habrá paz para los malvados (2011, Enrique Urbizu), ganadora de seis premios Goya, incluyendo mejor película y mejor actor para José Coronado, que interpretaba a un policía que investiga un grupo yihadista.
En El Príncipe el protagonista era el agente del servicio de inteligencia español (CNI) Javier Morey, que se infiltraba en una comisaría del barrio para investigar una red de reclutamiento de terrorismo yihadista.
En ese contexto, iba a mantener una compleja relación con el vetera-a473 no policía Fran Peyón (José Coronado), mientras vivía una historia de amor con la maestra Fátima Ben Barek (Hiba Abouk), cuyo hermano Faruq (Rubén Cortada) es uno de los mayores narcotraficantes de la zona.
Desde el primer momento, el barrio de El Príncipe se presenta como un escenario privilegiado para el marco de la acción: desde el punto de vista narrativo dota de realismo a una trama central que se ocupa del tráfico de drogas y del terrorismo yihadista, y desde el punto de vista estético ofrece una localización de un gran exotismo y belleza.
En relación con lo primero, se puede considerar que El Príncipe se puede ajustar a lo que Saunders denomina una serie "Exotic-Irrealist", especialmente en lo que tiene que ver con "cinematic elements and high production value, especially in affective use of filming locations" y "intense scrutiny of the 'Other', with frequent use of linguistic marking (namely through the use of Arabic, Russian, Chinese, etc.) to establish social distance" (2017, p.
11), con la salvedad de que se realiza en una localidad que no es extranjera pero sí que sitúa en un contexto de lejanía y contraste étnico y religioso.
En este sentido, El Príncipe presenta una interesante historia de amor inter-étnica, aunque el tono pesimista de la serie no permite ofrecer un escenario feliz, sino uno de conflicto.
Y así ya está anticipado en una de las líneas de diálogo del primer capítulo, que es rememorada en el desenlace de la misma: "En El Príncipe todo acaba en agua salada: en lágrimas... o en el fondo del mar".
Tal y como plantea Paul Julian Smith en su análisis de la serie, "as ever the political, economic, romantic, and erotic remain inseparable.
La serie bordea un ámbito polémico en términos de representación, mostrando a una población musulmana que ha sido en gran medida invisibilizada en la ficción a través de algunos clichés (el terrorista y el traficante de drogas), pero también refleja sus espacios de convivencia pacífica y solidaridad, como el centro cívico en el que trabaja Fátima o la cafetería que regenta su padre, Hassan (Tomás Calleja).
La importancia en la serie de la temática geopolítica y su exploración espacial es más evidente incluso en la segunda temporada, que comienza con una operación de los servicios secretos españoles en Malta y en la que los servicios secretos franceses se introducen en la narrativa en una relación más de confrontación que de colaboración sincera con sus colegas españoles.
En esta segunda temporada, la trama terrorista se relaciona con la corrupción política y empresarial, revelando la existencia de un "estado profundo" en España, hasta concluir en una cadena de atentados terroristas en Granada y Ceuta que reproducen el modus operandi de los grupos yihadistas que actuaron en Francia y en Bélgica en 2015 y 2016.
Así, por primera vez, una serie española se articuló sobre lo que Moïsi considera el hilo conductor de la geopolítica en la ficción televisiva, "el miedo al terrorismo y la pregunta sobre la naturaleza y la identidad del enemigo" (2017, p.
Desde el punto de vista de su uso estético, hay que resaltar que el barrio de El Príncipe es una localización caracterizada por una belleza pintoresca.
Ello es debido a que una parte importante del barrio está formado por infra-viviendas construidas por los propios habitantes, que para combatir la alta humedad han pintado con colores fuertes y vivos, como amarillo chillón, verde esmeralda, coral, naranja o bermellón.
La ciudad que aparece representada, por tanto, es muy distinta a la prototípica basada en el cemento: colorista, exótica y sorprendente.
La representación de la ciudad en El Príncipe es omnipresente a través de múltiples tomas aéreas, que van jalonando la narrativa de cada capítulo.
Problemas de seguridad y limitaciones presupuestarias llevaron a que la serie se rodara solo de manera muy puntual en Ceuta, esencialmente en forma de tomas áreas, localizaciones relevantes de la ciudad, como el puerto, y algunos planos con actores.
El grueso de las filmaciones tuvo lugar en Madrid y los planos que representaban espacios reales de El Príncipe se completaron con la tecnología Virtual Backlot de la compañía Stargate Studios (Terán, 2014, 26 de febrero), que permite insertar a los personajes en localizaciones virtuales basadas en imágenes filmadas.
Por tanto, aunque la serie no se rodó allí, las imágenes que mostraban el barrio de El Príncipe sí que eran reales.
Por otro lado, la representación del barrio dio origen a críticas desde una perspectiva post-colonial que resaltaban su "orientalismo" (Aidi, 2015, 12 de octubre), pero tras su estreno los medios locales destacaron su éxito comercial y la manera en la que lograba introducir a una ciudad escasamente representada en la ficción en los televisores (y redes sociales) de los españoles (Matés, 2014, 5 de febrero).
La potencialidad de la serie para generar turismo en la zona llevó a que las autoridades locales firmaran un convenio y otorgaran una subvención de 60.000 euros para lograr que una parte más extensa del rodaje de la segunda temporada tuviera lugar en la ciudad.
La cobertura periodística de este rodaje destacó el uso de localizaciones como el Parque Marítimo del Mediterráneo, las Murallas Reales y los miradores, y la posibilidad de aprovechar la serie para potenciar el atractivo a473 turístico de Ceuta (Oliva, 2014, 25 de julio).
La relación entre tema y espacio fue relevante en los mecanismos de promoción internacional de la serie: en el dossier de venta de Mediaset una página estuvo dedicada a noticias reales relacionadas con las tramas de la serie, y otra a presentar específicamente al barrio de El Príncipe como "another character of the story" 3.
No cabe duda de que estos aspectos contribuyeron a que se vendiera a un total de 35 territorios, incluyendo los principales mercados latinoamericanos, los Estados Unidos (donde se emitió por el operador en español UniMás) y países europeos como Italia (donde fue un gran éxito de audiencias), Portugal y Polonia.
MAR DE PLÁSTICO Y PERDÓNAME, SEÑOR.
ANDALUCÍA COMO FRONTERA SUR
El éxito comercial de El Príncipe supuso un catalizador para que el género criminal se convirtiera en la principal tendencia de la ficción dramática en la televisión española, dando como resultado multitud de proyectos que han explorado el género desde diferentes ángulos, desde el drama familiar (Bajo ).
Pero su innovadora utilización de una localización externa a Madrid basada en el sur de España y su planteamiento narrativo de base geopolítica también tuvo continuadores en dos series de televisión situadas en Andalucía, Mar de plástico y Perdóname, Señor.
El hecho de que dos series de ficción de la televisión estatal emitidas con tan poca diferencia de tiempo se desarrollen en Andalucía merece ser resaltado.
A pesar de la fuerte interrelación entre la identidad española y la andaluza, la presencia de la comunidad en la ficción estatal ha llegado casi siempre a través de emigrantes fuertemente estereotipados viviendo en Madrid (Ruiz Muñoz, 2009, 1 de septiembre).
Entre las excepciones a las ficciones estatales situadas y rodadas en Andalucía se pueden mencionar la ya citada La dársena del poniente, con exteriores en la Costa del Sol, y el serial diario Bandolera (Antena 3: 2011-2013), así como la co-producción internacional Falcón (Sky Atlantic / Ca-nal+ / ZDF, 2012), adaptación de las novelas de Robert Wilson sobre un agente de policía sevillano.
A pesar de que Falcón pasó desapercibida en su emisión en Canal +, la serie demostró las posibilidades de desarrollar un relato criminal en una localización andaluza en un contexto en el que se había producido un impulso a las políticas públicas de fomento de rodajes, favoreciendo que ficciones televisivas internacionales como Game of Thrones (HBO: 2011-) y Penny Dreadful (Showtime: 2014-2016) se filmaran en Andalucía (Oubernell, 2017, 31 de mayo).
Otro factor favorable fue el éxito de dos producciones rodadas en Andalucía y financiadas por los grupos mediáticos que emitirían las series posteriormente.
Por un lado, Atresmedia, tanto con la ganadora del Goya a la mejor película, La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014), como con Mar de plástico, ofreció thrillers sobre sórdidos asesinatos.
Por otro, Mediaset, con la taquillera El Niño (Daniel Monzón, 2014), producida por Telecinco Cinema, y Perdóname, Señor, emitida por Telecinco, trataban del tráfico de drogas en la costa de Cádiz.
En este segundo caso, en ambas el actor Jesús Castro interpretaba un papel similar.
El título de Mar de plástico, creada por los guionistas Juan Carlos Cueto, Rocío Martínez Llano, Alberto Manzano y Pablo Tébar en el seno de la productora Boomerang TV, hacía referencia a la comarca del Poniente Almeriense, conocida por ese nombre por el elevado uso de invernaderos.
El hecho de que buena parte de los trabajadores manuales de la zona sean inmigrantes ha sido motivo de recurrentes conflictos en la zona, el más notorio en la localidad de El Ejido en 2000.
La serie tenía un planteamiento característico de la ficción criminal europea, con un asesinato que sirve de detonante de la acción y que pone de manifiesto los secretos y miserias de ese lugar.
En este caso, se trata de la ficticia localidad de Campoamargo en Almería, donde el asesinato de la hija de la alcaldesa motiva la llegada del sargento Héctor Aguirre Millán (Rodolfo Sancho) para investigar el caso.
Campoamargo tiene una elevada población gitana, así como de inmigrantes procedentes de América Latina, África y Europa del Este, lo que otorga a la serie una riqueza étnica inédita en la ficción española.
A eso se añaden aspectos poco explorados que se acaban convirtiendo en elementos relevantes de la trama, como el hecho de que Héctor sea un veterano de la guerra de Afganistán.
Mar de plástico se ajusta a lo que Saunders, en su categorización de las series geopolíticas, ha denominado como procedural-localised, una modalidad especialmente habitual en el Nordic Noir donde el asesinato inicial sirve para mostrar las debilidades del estado del bienestar, se explora la otredad (especialmente a través de los personajes extranjeros) y se reflejan en la narrativa los flujos ilegales de la globalización (2017, p.
En Mar de plástico ello es especialmente patente a través de la exploración de la inmigración ilegal y de la trata de mujeres, que acaba siendo la motivación del asesinato inicial.
Por otro lado, como en El Príncipe, también aquí hay una trama con una historia de a473 amor inter-étnica, aunque menos central en la narrativa, entre Lucas (Jesús Castro), un racista joven local, y la inmigrante Fara (Yaima Ramos).
A pesar de todo y de que el escenario era explícitamente identificado en el título con la realidad de esa comarca almeriense, en la serie se optó por un nombre ficcional para la localidad donde se desarrolla la historia (una combinación de los lugares de rodaje Níjar, Campohermoso, San Isidro, Vícar, Balerma, Almerimar y El Ejido), así como por comenzar cada capítulo con un rótulo que recordaba el carácter de ficción de la trama.
En todo momento la serie se presentaba como una narrativa de frontera: de hecho, el primer capítulo se iniciaba con un plano cenital (claramente inspirado en el reciente éxito de La isla mínima) que comenzaba en el mar y recorría toda la costa hasta mostrar los invernaderos.
Hay que resaltar la importancia del paisaje en narrativas televisivas recientes como la serie norteamericana Breaking Bad (AMC: 2008-2013), una de las referencias explícitas para Mar de plástico, en palabras del director Javier Quintas, en su propósito de "hacer del paisaje un personaje más" a través de recursos como los planos abiertos y no rehuir la aparición del sol (Redondo, 2015, 23 de julio).
El cromatismo adoptaba una fuerte tonalidad amarilla, que evidenciaba la hostilidad de los paisajes donde se desarrollaba la serie.
Esta representación del paisaje en relación con una nueva España que, como resultado de la inmigración, es más diversa que nunca, se puede interpretar como una prolongación televisiva de una tendencia que Marvin D'Lugo detectó en el cine español a partir de la década de los 90, de forma que ha venido a "reflect changes in the political, social and cultural communities that are its diverse national audience", siendo ejemplo de una idea de la modernidad que ha superado el proyecto europeo para marcar "the more recent recognition of the globalizing project" (2010, p.
La apuesta de Mar de plástico fue considerada exitosa, con tres millones setecientos mil espectadores de media para su primera temporada, lo que llevó a que fuera renovada para una segunda que obtuvo resultados peores pero aceptables.
Sin embargo, la acogida de la serie fue negativa por parte de las autoridades de la zona, hasta el punto de que el alcalde de la localidad de El Ejido acusó a la serie de "intentar estigmatizar" a la provincia, polémica que fue respondida por el productor Jorge Redondo, que recordó en unas declaraciones que las autoridades locales habían leído dos de los guiones de la serie y que se había invertido en la zona medio millón de euros solo en la primera parte de su rodaje (Morales, 2015, 24 de septiembre).
Como en otros casos, el paso del tiempo y el éxito comercial de la serie hicieron variar esta posición de partida, y en noviembre de 2016 la serie recibió un premio de la diputación de Almería (como El Ejido, gobernada por el Partido Popular) en el marco del Festival de Cine de Almería (Cabrera, 2016, 7 de noviembre).
Localización y planteamiento argumental hicieron destacar a Mar de plástico: en el MIPCOM de 2015 fue elegida como uno de los nuevos proyectos de ficción más destacados por la consultora The Wit y al año siguientes sus derechos para Europa y Latinoamérica fueron adquiridos por Netflix (Fernández, 2016, 22 de octubre).
Perdóname, Señor, creada por Frank Cuesta y escrita por Antonio Onetti, narraba la historia del regreso a su localidad natal de Barbate (Cádiz) de la monja Lucía Medina (Paz Vega), y el reencuentro con el hijo que su hermano ha criado como propio, Rafa (Jesús Castro), y con su antiguo amor y padre de Rafa, Bruno Lachambre (Stany Coppet).
La trayectoria de ambos hombres es de colisión, ya que el primero acaba de introducirse en el contrabando de hachís y el segundo es uno de los narcotraficantes más poderosos de la zona.
El creador Frank Ariza nació y creció en la localidad de Barbate, y en las entrevistas que concedió a propósito del rodaje y estreno de la serie estableció la narrativa desde una premisa más local y autobiográfica, resaltando, con relación a la elección de la localización, que Madrid "no deja de ser una ciudad y es mucho más impersonal.
Creo que los valores de la familia que todos hemos vivido, los representa mucho más cercano un pueblo" (Redacción Vertele, 2017, 24 de mayo).
Uno de los aspectos más destacados de Perdóname Señor es su poco complaciente retrato de la situación de la zona, especialmente teniendo en cuenta que Barbate es citada de manera expresa como el lugar donde se ambienta la serie, frente a la ficcional Campoamargo de Mar de plástico.
Así, se muestra la dependencia de la economía local de lo que viene del mar, de manera legal e ilegal.
La conservera local se encuentra amenazada por el cierre, lo que desencadena una huelga liderada, entre otras, por la cuñada de Lucía y madre adoptiva de Jesús, Antonia (Estefanía de los Santos).
Las autoridades públicas no tienen soluciones para este problema, como tampoco para ninguno de los otros de la zona, lo que lleva a Bruno a convertirse en benefactor en la sombra para salvar la empresa.
El fracaso del estado en la zona es uno de los temas de la serie.
De hecho, las autoridades públicas parecen estar ausentes del relato, salvo para ejercer represión, como es el caso del teniente Menéndez a473 (José Manuel Seda), el guardia civil que lidera la investigación que, siguiendo la categorización de Saunders, permite adscribir la serie al procedural-localised.
Así, la historia cuenta con dos detonantes argumentales, el regreso de Lucía y el encarcelamiento y asesinato en prisión de El Rojo (Antonio de la Torre), lo que obliga a Rafa a pasar a liderar su negocio de narcotráfico.
El eje geopolítico central de Perdóname, Señor tiene que ver con la dinámica entre la dimensión local de este tráfico de drogas, encarnada por la generación sin horizontes a la que pertenece Rafa, y la dimensión internacional que encarna Bruno, que aspira a ser un empresario reconocido por su compromiso con la zona mientras articula una red de tráfico de drogas con un cartel mexicano y mantiene un difícil equilibro con su socio en Marruecos, país a donde se extiende su conflicto con Rafa.
Por otro lado, Lucía lucha junto con el padre José (Antonio Zabálburu) para sacar a una mujer, Sibebi (Chanel Terrero), de una red de explotación sexual.
De esta manera el tráfico de drogas y de personas se muestran como las dos caras del mismo tipo de criminalidad internacional.
El elemento más distintivo de Perdóname, Señor es la utilización, casi omnipresente, en la narrativa del paisaje marítimo, algo ligado a la trama del narcotráfico, y la presencia de múltiples escenas de acción a lo largo de la serie, que incluyen la recogida de droga en la playa y diferentes persecuciones marítimas, desarrolladas en localizaciones de la playa de la Hierbabuena, la playa de Nuestra Señora del Carmen, la playa de Los Alemanes y las Marismas del Barbate.
Pero el mar también está ligado al ocio y al placer: la suntuosa casa de Bruno, uno de los espacios centrales de la narrativa, presenta una enorme terraza al mar donde tienen lugar muchas escenas de su vida doméstica.
La playa se relaciona sobre todo con las subtramas amorosas de Rafa con la hija del teniente Menéndez, Paula (Lucía Guerrero), y de Lucía y Bruno, que viven su reencuentro en una escena donde es claramente visible uno de los referentes arquitectónicos de la zona, el faro de Cabo Trafalgar.
Sin embargo, el trágico clímax de la serie, donde, incapaz de resolver el conflicto entre padre e hijo, Lucía muere de un disparo, se sitúa en las Marismas de Barbate, un paisaje lleno de contraste y acantilados donde las pasiones humanas extremas encuentran una adecuada expresión metafórica.
Frente a la estilización de Mar de plástico, Perdóname, Señor realiza una aproximación más naturalista de sus localizaciones, lo que se pone de manifiesto especialmente en los espacios urbanos, como el uso que se da a la lonja de la localidad como escenario de la trama relacionada con la fábrica de conservas que sirve para explorar la menguante dependencia de la localidad del pescado.
La serie también se rodó en otras localizaciones del litoral, así como, aprovechando la cercanía geográfica, en Tánger, donde se muestran localizaciones tan distintivas como su zoco.
Perdóname, Señor, al contrario que otros casos analizados, se rodó con la colaboración del ayuntamiento de la localidad de Barbate, que firmó un convenio con la productora para favorecer un rodaje que, en estimaciones hechas públicas, iba a proporcionar a la localidad unos ingresos de en torno el millón de euros.
En declaraciones públicas, por las autoridades se indicó el triple beneficio de posicionarse como lugar de rodaje, promocionarlo como destino turístico y, también, mostrar "un gran pueblo con ganas de salir para delante" (V. B., 2016, 1 de abril), lo que se puede situar más en términos de una reivindicación del orgullo local.
Quizás esto último tenía que ver con la presencia de actores conocidos como Paz Vega y con la confianza en el éxito de la serie, que logró dos millones ochocientos mil espectadores de media.
Además, como en el resto de los ejemplos citados, el atractivo internacional de la serie puso de manifiesto con la venta a la plataforma de televisión de pago latinoamericana DirectTV (Redacción Audio-visual451, 2017, 18 de julio).
En las páginas precedentes, se han analizados tres estudios de caso que permiten trazar algunos de los mecanismos utilizados por la ficción televisiva española en el periodo posterior a la crisis económica.
Concretamente, estas series sirven de exponente de una innovación articulada sobre estrategias de producción, tratamiento espacial y exploración de temas más relevantes y de base geopolítica.
Situar sus tramas argumentales en la ciudad autónoma de Ceuta (El Príncipe) y Andalucía (Mar de plástico y Perdóname, Señor) permitieron a sus respectivas productoras aprovechar ayudas públicas y encontrar localizaciones nunca vistas en la ficción televisiva, muchas de ellas (hasta, podemos decir, la playa almeriense de la ficcional Campoamargo que visitan ocasionalmente los personajes) con indudable potencial turístico.
Por ello, a pesar de que en su mayor parte fueran recibidas en su estreno con cierta hostilidad política, su éxito comercial aseguró un claro cambio de opinión al respecto.
Y es que, como se ha puesto de manifiesto en el análisis, se aprovechó el indudable atractivo de estas localizaciones, pero también se han situado en ellas historias con temas controvertidos sobre el terrorismo y el tráfico de drogas y de personas, a473 temáticas exploradas desde una óptica geopolítica reconocible tanto para las audiencias locales como globales.
Sin duda, se puede hacer una lectura crítica en relación a que en la ficción española sea necesario explorar estas temáticas para introducir tramas donde haya personajes extranjeros y pertenecientes a minorías étnicas, pero para esa cuestión sería necesario un análisis específico sobre la diversidad en la serialidad española, algo que queda fuera de los objetivos de este texto.
En todo caso, hay que señalar que, en un contexto de una ficción televisiva caracterizada por su centralismo y reticencia a tratar temas controvertidos, estas tres series han contribuido decisivamente a ampliar y diversificar los horizontes de la ficción televisiva española.
También es necesario señalar que las características presentes en estas tres series no parecen haberse quedado en lo excepcional, ya que entre 2016 y 2018 se pueden contabilizar numerosos proyectos que han seguido su senda.
Así, entre las series de este periodo que combinan ambición temática con localizaciones fuera de Madrid se pueden citar las siguientes: La Zona (Movistar: 2017) en Asturias, La Peste (Movistar: 2018-) en Sevilla, Félix (Movistar: 2018-) en Andorra, La verdad (Telecinco: 2018-) en Cantabria, Fariña (Antena 3: 2018) y Vivir sin permiso (Telecinco: 2018-) en Galicia y Presunto culpable (Antena 3: 2018) en País Vasco...
Aunque para valorar el calado y vigencia de estos cambios en la ficción televisiva española, será necesario un estudio específico que tenga en cuenta una muestra más amplia tanto numérica como temporalmente.
El hecho de que las tres series analizadas (El Príncipe, Mar de plástico y Perdóname, Señor) hayan tenido saludables ventas internacionales en un momento en el que ello se ha convertido en un objetivo esencial para la ficción española muestra la viabilidad comercial de este nuevo sentido del lugar de la ficción televisiva de género criminal. |
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El libro del ovetense Jorge Lafuente es un libro serio y académico, basado en su tesis doctoral de historia, defendida en la Universidad de Valladolid, y dirigida por el ilustre catedrático de historia contemporánea Pablo López Pérez.
La obra tiene la solidez de una investigación asentada en la documentación de los archivos de Exteriores, General de la Administración, Presidencia del Gobierno y Fondo Histórico de la Universidad de Navarra.
Este último recopila el mayor número de archivos personales de figuras decisivas del siglo XX español.
Por lo reciente de los acontecimientos citados, ha podido contrastar la información obtenida con muchos de los protagonistas de nuestra política exterior, que aparecen en las páginas de este libro.
El tema tratado resulta interesante por su novedad, ya que la guerra civil, el franquismo y la transición democrática son los tres grandes periodos que nuclean las investigaciones de interés de nuestros investigadores nacionales y esencialmente de los internacionales.
Los estudios que entran a describir nuestras últimas décadas en democracia suelen pertenecer más bien al ámbito del periodismo de investigación, con objetivos distintos a los del investigador histórico.
En el caso concreto de Leopoldo Calvo Sotelo, es una figura importante como presidente de gobierno, además de los cargos de relevancia que ocupó en los ejecutivos anteriores, y que pone fin al capítulo de la UCD centrista, ante la llegada de la generación socialista del cambio.
Un periodo poco estudiado hasta este momento, por el mayor protagonismo de los movimientos políticos proporcionados por la transición democrática bajo la figura de Adolfo Suárez.
La importancia del libro de Lafuente es que ayuda a conocer a una persona de relieve y especialmente un momento muy importante de nuestra historia, como será el último proceso de la negociación de nuestro país con las instituciones de la Comunidad Económica Europea para su integración final, en tiempos ya del gobierno de Felipe González.
Como sucede en todo trabajo de fuerte valor biográfico, como es el descrito en estas páginas, el autor describe a un hombre sin tacha.
No cabe duda de que las cualidades personales y profesionales del político fueron sobresalientes, aunque en un marco adusto y que se volvió contra él, ante la gran diferencia con el extrovertido y atractivo Adolfo Suárez.
Los dos primeros capítulos, de los siete que componen el libro, nos descubren a una persona poco conocida, brillante en su formación, políglota por gusto, aunque con carencia de datos sobre su vida familiar.
Sin embargo, deja claro su bagaje liberal, procedente de los Bustelo, aunque su éxito público viniese rodado por su apellido paterno Calvo Sotelo, sobrino carnal del protomártir del régimen, José Calvo Sotelo, antiguo ministro y político monárquico asesinado unos días antes del estallido de la guerra civil.
Su relación con la ACdP le introduce en el mundo democristiano español, colaborador y crítico a su vez del régimen franquista, pero donde se bebía un europeísmo incipiente, por las relaciones con los partidos políticos de este signo que gobernaban en gran parte de la Europa occidental.
El autor ha sabido retratar a474 una situación difícil, de una generación de jóvenes de clase alta que se mostraban críticos en los salones de su casa y ocupaban altos cargos en la administración y en el partido por su preparación y relación familiar.
El relato de aquellos acontecimientos se hace vivo y, gracias a la aportación documental, van apareciendo un número elevado de nombres de colaboradores que formaron equipo con Calvo Sotelo y que posteriormente tuvieron una gran relevancia como ministros de los ejecutivos socialistas.
Su periodo ministerial de relaciones con la Comunidad Económica Europea se convierte en la parte neurálgica del libro, con tres capítulos, dejando los dos últimos a su momento de mayor responsabilidad política como vicepresidente económico del gobierno y finalmente como presidente del gobierno.
Este momento resulta sumamente importante para España porque supone el punto final de las negociaciones con los países europeos para conseguir su apoyo a nuestra integración en la Comunidad Económica Europea, cuando España es una democracia plena en todos sus aspectos y no cuenta con el remanente de instituciones procedentes del régimen anterior.
Lo delicado del tema le hace al autor describir de forma pormenorizada el proceso, documento a documento, proporcionando una valiosa información, pero perdiendo aquella agilidad narrativa a la que nos tenía acostumbrados en la parte biográfica.
Se echa de menos, no obstante, un análisis al detalle de nuestra integración en la OTAN que, aunque es aludida, no tiene el protagonismo del proceso negociador del Mercado Común Europeo.
Una deficiencia destacable, porque la integración en la OTAN fue una de las grandes bazas para la aceptación de España en la Comunidad Económica Europea y resultó importante porque se abandonó la defensa de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, que no fueron integradas dentro del marco OTAN.
A su vez, resulta excesivamente frío el político por la ausencia de referencias a la labor realizada décadas antes que él, al equipo de técnicos que comandó Alberto Ullastres, verdadero negociador de la mayor parte del proceso de integración de España en la Comunidad Económica Europea, que es salvado por el autor en la página 351, en las conclusiones, aludiendo a la estima que le merecieron estos profesionales, que permitieron a Calvo Sotelo no empezar de cero.
El resultado del libro es muy positivo y se integra en la bibliografía necesaria para comprender un momento de nuestra historia cada vez más relevante por la importancia fundamental que Europa tiene en todos los aspectos en la historia de la España reciente.
José Luis Orella Universidad San Pablo CEU |
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).
El ensayo De Ávila a Constantinopla: los viajes fabulosos de José Jiménez Lozano es un estudio de la obra jimenezlozaniana a través del espacio real y literario de Ávila.
Arbona Abascal, editora y especialista en Jiménez Lozano, ha dirigido la publicación, en la que han colaborado también Martínez Illán, Fomicheva (Kovrova) y Howell.
Se ha contado con una beca de investigación de la Institución Gran Duque de Alba, dependiente de la Diputación Provincial de Ávila.
El libro centra su análisis en la categoría narratológica del espacio de Ávila como origen de la cosmovisión y poética del escritor nacido en Langa, en la comarca abulense de La Moraña, en 1930.
Ávila se asocia a la infancia, una etapa clave en la formación intelectual del niño.
Este aprehendió entonces el mundo que, posteriormente, el escritor adulto ha reflejado literariamente en su obra.
Esos estudiosos de mi escritura de quienes hablaba van más allá, incluso, y pretenden que todo mi imaginario y mi universo literario están urdidos en mi experiencia infantil y que lo que luego he hecho ha sido simplemente extender a Langa como un pañuelo y envolver ahí las otras cosas del mundo.
Y no soy yo precisamente el que pueda decir que son así las cosas, pero sí que de este modo me gustaría que fueran (p.
En la introducción, «Asomarse a la infancia, otear el horizonte.
A modo de preliminar», Arbona Abascal explica que Ávila no es un espacio estático y reducido para Jiménez Lozano, sino dinámico y abarcador.
El niño aprendió a mirar el mundo (lo desconocido) más allá del universo conocido de la infancia.
La obra se divide en cuatro capítulos en los que se afronta un viaje fabuloso en la obra jimenezlozaniana «que va de lo familiar y conocido hacia lo distinto y desconocido» (p.
Si los dos primeros capítulos recogen escritos y testimonios de Jiménez Lozano sobre Ávila, los dos últimos capítulos son artículos literarios sobre la obra del escritor.
Se concluye con una galería de fotografías y una bibliografía que recuperan y justifican los espacios tratados en la publicación.
El primer capítulo, «La infancia de José Jiménez Lozano.
La casa, la escuela, los primeros trayectos», a cargo de Arbona Abascal, ofrece una selección de escritos del premio Cervantes acerca de los espacios a475 íntimos o homelands (empleando un término muy querido por Jiménez Lozano) de su infancia.
En primer lugar, se justifica la escritura del escritor, que nace de la mirada inocente de la niñez, pues «escribir es conservar los ruidos, gestos e imágenes de niño» (p.
22), es decir, recuperar la memoria de «las fulguraciones de la infancia» (p.
Por lo demás, no acierto a verme de niño.
Mi infancia me parece un paraíso clausurado del que los recuerdos apenas si significan nada de lo que a mí me parece que había allí.
Esos recuerdos son de naderías, y como ceniza en cuanto la infancia desapareció.
Solo tienen cabida en la escritura, como la digo [...]
El resto de la vida es un exilio.
Bernanos decía que la infancia nos sostiene también en la hora de la muerte.
En realidad su recuerdo de verdadera patria nos acoge siempre (p.
A continuación se presentan esos espacios fundamentales o homelands de la infancia de Jiménez Lozano que comparten ese viaje de ida y vuelta con la imaginación.
Primero la casa, que no solo abarca el espacio físico de la vivienda, sino que engloba otros metafísicos: las candelas y los susurros, los objetos con los que se juega de niño, las personas y las gentes, los cuentos y las historias, o la lengua que para el autor es locus standi o casa del ser.
Otro homeland es la escuela, en la que surgen las primeras lecturas y las palabras de los maestros.
Los primeros trayectos del niño, desde Langa y sus inmediaciones hasta Ávila, permiten dibujar el mapa de La Moraña jimenezlozaniana, un escenario simbólico compuesto por los territorios y los viajes reales y ficticios, que aparece reflejado en la obra del autor.
Por último, se ofrece el espacio de Ávila que se constituye como un lugar simbólico que separa la realidad y la fantasía; desde las murallas abulenses Jiménez Lozano contempla Constantinopla, es decir, traspasa el mundo conocido e íntimo de la infancia para soñar y ver el mundo.
Así que, ahora entiendo, por ejemplo, que no andaba yo muy equivocado, cuando de niño me traían a Ávila, que a mí me pareciera Constantinopla, aunque yo no supiera a ciencia cierta lo que Constantinopla era, pero sí algo muy hermoso y muy importante; y, desde luego, ésta resultó ser, más tarde, la más importante de mis rutas, y un homeland ciertamente (p.
El segundo capítulo, «De piedras, colores y hombres.
La Ávila constantinopolitana de José Jiménez Lozano», también firmado por Arbona Abascal, presenta una selección de textos pertenecientes al libro Ávila publicado por Jiménez Lozano en 1988, y que los estudiosos consideran clave para entender la poética del premio Cervantes.
Arbona considera tres espacios fundamentales en este título: las murallas, la casa y la estancia.
El movimiento espacial se ordena en la secuencia exterior-interior, es decir, desde fuera hacia dentro de la ciudad. «[...] las murallas contienen voces de la historia de la ciudad y las casas custodian memoria del vivir cotidiano, la mirada del escritor se detiene en la estancia como el «gran invento» abulense [...]» (p.
La estancia, invento de Santa Teresa de Jesús, es el espacio para la revelación del ser, por ello es el lugar más íntimo y querido.
El tercer capítulo, «Encuentros con Teresa de Jesús», de Victoria Howell, aborda en la obra de Jiménez Lozano la figura de Teresa de Jesús, cuya existencia está íntimamente unida a Ávila, ciudad en la que la santa nació en 1515.
Para Howell, la imagen más característica de Teresa de Jesús en la obra jimenezlozaniana es la de la escritora y monja caracterizada como viajera incansable.
Asimismo, la especialista analiza el tratamiento de Jiménez Lozano del personaje de Teresa de Jesús en relación con el imaginario popular y con dos factores de la vida de la santa: su despreocupación por la honra y su relación con el Santo Oficio de la Inquisición.
Howell confirma con su estudio que la presencia de Santa Teresa de Jesús es real en la obra jimenezlozaniana.
El cuarto capítulo, «Algunas noches blancas», coescrito por Antonio Martínez Illán y Anna Fomicheva (Kovrova), es un estudio comparado entre Dostoievski y Jiménez Lozano.
El primer contacto del premio Cervantes con Dostoievski se remonta a su niñez en Ávila, cuando adquirió un ejemplar de Pobres gentes en un kiosko.
Martínez Illán y Fomicheva (Kovrova) sostienen que Jiménez Lozano asumió aspectos claves de la poética de Dostoievski en la escritura de su obra.
Los estudiosos rastrean las huellas de esta relación a través del empleo de algunos temas en Jiménez Lozano: los mapas en la infancia, la estepa rusa y las tormentas de nieve, los viajes a Rusia o el icono y la presencia de lo sagrado.
En la coda final, se lleva a cabo un estudio conjunto entre Crimen y Castigo y Agua de noria, dos novelas que comparten el tema principal del crimen.
Los dos teóricos concluyen que la influencia literaria de Dostoievski es constante en la obra de Jiménez Lozano.
En definitiva, como demuestra De Ávila a Constantinopla: los viajes fabulosos de José Jiménez Lozano, Ávila no es únicamente un espacio literario para Jiménez Lozano, sino que es una forma de contemplar el mundo, y esta mirada nutre de presencias la literatura a475 jimenezlozaniana.
Como de niño desde las murallas de Ávila emprendía viajes fabulosos que le llevaban con su imaginación a volar a Constantinopla, es decir, más allá de la tierra conocida, hacia lo desconocido y lo otro.
En el presente el escritor lleva a cabo viajes fabulosos con su literatura, para ello mira el mundo a través de su ser, que descubre o se le revela en la estancia, en un diálogo, en soledad y silencio, consigo mismo; el resultado es su obra literaria.
Antonio Ayuso Pérez Universidad Complutense de Madrid |
Este artículo presenta los contenidos del número monográfico de Arbor insertándolos en las actuales condiciones epistémicas y epistemológicas para el ejercicio de las humanidades, y rastreando en la evolución social los fenómenos que apuntan a la necesidad de que los saberes humanísticos colaboren con las ciencias sociales, naturales y formales.
TIEMPO HISTÓRICO Y ESPACIO EPISTÉMICO
Uno de los rasgos que parecen definir nuestro presente es el de la inseguridad sobre lo humano.
Ya no es fácil trazar fronteras claras -suponiendo que alguna vez lo fuera-entre el hombre y el animal, entre el hombre y la máquina; más allá de estos, entre la cultura y la naturaleza de la que proceden unos y otros, y ni siquiera entre lo vivo y lo inerte.
Los difundidos términos de "posthumanidad" o de "transhumanidad", de los que aquí no abusaremos, pretenden reflejar tal estado de cosas.
Resulta comprensible, entonces, que se reclamen nuevas representaciones de lo humano, aunque no sea más que para hacer frente a dos fenómenos históricos capitales: el papel protagonista de la ciencia como actor de una acelerada transformación del hombre, y la indisputada hegemonía de las tecnologías de la información y de la comunicación sobre las formas de vida y sobre las prácticas colectivas.
Claro está que habría otros muchos factores a los que atender en el análisis de nuestro tiempo histórico, pero estos dos se cuentan entre los principales responsables de que se nos haya movido bajo los pies el suelo antaño algo más firme de lo que creíamos ser y saber.
Y son, a defecto de poder considerarlos todos, los que nos conciernen en primera instancia.
Si nos hallamos en curso de mutación antropológica, si hemos perdido la constancia de en qué pudiera consistir lo humano, dado que se anuncian insólitas posibilidades tecnológicamente condicionadas para la humanidad, con mayor motivo las llamadas humanidades dudan sobre su contenido, su función y su legitimidad.
Convendría no engañarse en un punto: las humanidades siempre han estado "en crisis", y periódicamente han querido salir de ella presentándose a sí mismas como "nuevas".
No se les ha concedido, en efecto, sentirse seguras de su estatuto científico -ni siquiera de su mera consistencia intelectual-, y aún menos del fundamento último del saber, filosófico o científico.
Tampoco en esto sería beneficioso ceder ni al olvido de la historia ni a la propaganda institucional.
Sin embargo, se diría que los estudios humanísticos tienen hoy una buena oportunidad para renovarse de hecho, y no solo bajo modo de autopromoción retórica.
Justo porque a la inseguridad sobre lo humano le corresponde, lógicamente, la incertidumbre en lo relativo al conocimiento -la cual ha impregnado la ciencia, por no hablar de una filosofía en apariencia dimitida de sus funciones enciclopédicas y críticas-, las humanidades tal vez puedan consolidar sus bases y ampliar sus objetivos si dejan de denegar, casi en el sentido psicoanalítico del término, los vínculos que las unen a la laboriosa agencia científica, y si pasan a trabajar en colaboración con ella.
Que tal oportunidad se ofrezca más franca que nunca a las humanidades lo reconocen no únicamente los humanistas, primeros interesados en la renovación, sino también los propios científicos, muchos de ellos unidos por mil hilos visibles e invisibles con la filosofía, el arte, la literatura, el cine y la música de la contemporaneidad.
Unos científicos que, salvo excepciones, no subestiman las humanidades como sí parecen hacerlo ciertos humanistas, aquellos que solo reivindican para sus disciplinas el prestigio de la tradición o la nobleza del culto de la cultura cultivada, y que suelen fingir menosprecio por unas ciencias de las que con frecuencia lo ignoran casi todo.
Por una parte, este arraigado anticientismo humanístico ya no es ni una marca de distinción intelectual ni una garantía de inconformismo político.
Por otra, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación han contribuido a reducir la distancia entre disciplinas y a reagrupar los conocimientos, de suerte que ya resultaría difícil confiar en un humanismo que se despreocupase completamente del saber y del saber-hacer científico general.
Además, las instituciones de la investigación se han extendido y sus contactos multiplicado, trenzándose entre ellas redes que vuelven incongruente el aislado iletrismo científico de los humanistas.
Todo apunta, por tanto, a que el erudito en cierto ámbito cultural, pero ajeno a las lógicas trasversales de producción del conocimiento, pudiera ser una figura del pasado.
Las relaciones entre las humanidades y las ciencias constituyen así una problemática legítima desde hace tiempo, es decir que se inscriben en el dominio de lo pensable dentro de nuestro marco cognoscitivo, y de lo defendible en el seno de la infraestructura institucional de este, en las universidades, en los centros de investigación, las fundaciones, las editoriales, etc. Ahora bien, quizá fuera recomendable, si de trocar la denegación en afirmación de tales relaciones se trata, eludir dos riesgos.
Uno residiría en permitir que las vacilaciones identitarias de las humanidades se contagiasen en exceso a las ciencias formales y naturales: lo que sugerimos no es humanizar las ciencias, de entenderse por ello relativizarlas sin más, vía su consideración como mero discurso, sino hacer científicas las humanidades, tomando por fin en serio, en la medida en que lo tolere nuestro susodicho marco cognoscitivo, las posibilidades epistémicas de sus objetos (las obras del pensamiento, del arte, de la literatura), y las posibilidades epistemológicas de las disciplinas que los estudian (la filosofía, la teoría y crítica del arte, la cultura visual, la teoría literaria, etc.).
El otro riesgo surgiría de descuidar a las cien-a476 cias sociales, las cuales pudieran juzgarse menos relevantes para los "nuevos" trabajos humanísticos que las formales y naturales tan solo porque, en el fondo, siguen siendo el traumatismo reprimido de las humanidades, de las que nacieron a finales del siglo XIX para mejor ponerlas paradójicamente en cuestión, socavando sus cimientos estéticos y hermenéuticos al describir las condiciones sociales, intrínsecamente académicas y escolásticas, de su existencia.
Ambos riesgos no son insuperables a poco que se tenga en cuenta que si, como hemos alegado, la identidad y la comprensión de lo humano están cambiando, en pareja situación no se explicaría que se prescindiese ni del rigor y del empirismo de las ciencias formales y naturales, ni del poder de objetivación y de la capacidad reflexiva de las ciencias sociales.
Esperamos que este número monográfico de la revista Arbor, gestado en el seno del grupo oficial de investigación ILICIA.
Inscripciones Literarias de la Ciencia 1, invite a sopesar el interés vital que reviste la interacción de las humanidades y del pensamiento científico.
Los ensayos que lo componen, y que a continuación reseñamos, se ordenan en torno a una serie de temas recurrentes (la paulatina indistinción de naturaleza y cultura en el modo de vida humano, la presencia del cuerpo en los lenguajes verbales y visuales, la forja de imaginarios sociales que alían conocimiento y sensibilidad, etc.), y a la plasmación de esos temas en nuestras prácticas simbólicas (en la filosofía, la narrativa, la poesía, la pintura, la divulgación científica, etc.).
En una obra reciente, Ciencia, filosofía y racionalidad (2013), Jesús Mosterín subrayaba, de forma muy oportuna, los límites del humanismo clásico, y en particular los que le imponen su indiferencia o su hostilidad ante la ciencia.
Invirtiendo tan tradicional posición, Mosterín propugnaba en ella un humanismo remozado, ya no antagónico del conocimiento científico, sino conformado a la vez de ciencia y de sabiduría, es decir un humanismo epistemológico con una marcada dimensión práctica o moral.
Matriz deseable para las proyectadas ciencias humanas o humanidades científicas, este humanismo se caracterizaría por algunos rasgos esenciales que merece la pena traer a colación.
Primero, por el repudio de la falacia antropocéntrica, de la creencia en que el ser humano sea el eje del universo, que se acompaña de una filosofía diferencialista respecto de los restantes seres y entes naturales, y en particular de los animales.
Segundo, la tesis consecuente de que existe una naturaleza, y no solo una historia, humana, descrita con rigor suficiente por dos ciencias, la paleoantropología y la genética, y de que esa naturaleza nos identifica con el cosmos en su conjunto, del que solo somos una parte, aunque una parte dotada de autoconciencia.
Tercero, la consideración del conocimiento como un continuo, dentro del cual no puede darse separación radical entre humanidades y ciencias, sino una interacción constante de sus distintos niveles cognitivos que queda probada, a lo largo de la historia de las ideas, por la doble actividad de pensadores como Aristóteles, Descartes o Leibniz -si bien la hiperespecialización científica contemporánea vuelve más difícil la continuidad entre disciplinas-.
Cuarto, la lógica y recíproca advertencia contra unas humanidades puramente especulativas, carentes de cualquier control metodológico y epistemológico, y encerradas en la autosatisfacción culturalista, y contra unas ciencias sin ambición intelectual ni significado moral y político, que se limitarían a resolver problemas técnicos y renunciarían a abordar las grandes cuestiones sobre la condición humana.
Quinto y último, la asignación a las humanidades de un objetivo primordial, el desarrollo de la mencionada autoconciencia del ser humano dentro de una percepción ecológica de su existencia, del encadenamiento de todas las formas de vida y de la identidad última, material, entre el hombre y el cosmos.
Hasta aquí el filósofo.
El naturalismo ilustrado de Mosterín, que podría tomarse como adecuado punto de partida para nuestro proyecto, encuentra en estas páginas prolongación en la contribución del genetista Andrés Moya, quien alimenta el debate sobre la naturaleza del hombre, la autoconciencia de la especie (de la que las humanidades son manifestación) y la complementariedad entre las ciencias y las artes.
En cuanto a la primera, a la naturaleza humana, Moya expone la que denomina tesis de la transevolución: los hombres ya estamos capacitados para intervenir en los genes de muchos animales, con los que formamos una cadena biológica, e incluso en los nuestros, lo cual nos permitirá modificar la naturaleza (ajena y propia) y, paradójicamente, volverá obsoleto el mismo determinismo cientista de algunos genetistas.
La transevolución biotecnológica -Moya no emplea este último término, aunque es en la biotecnología en lo que piensa-hace presagiar "sociedades, mundos y entes radicalmente nuevos", y obliga a reintroducir en el debate las categorías, antaño contestadas desde ciertos sectores científicos, de "perfección" y de "progreso" crecientes.
Sea de ello lo que sea, precisamente el mudable porvenir de la naturaleza convierte la cultura, la filosofía, las artes y la literatura en imprescindibles para el hombre: la ciencia, por definición limitada y pragmática, quizá confiera una enorme ventaja evolutiva a nuestra especie, pero no puede por sí sola atribuir un sentido, una orientación y una finalidad a la existencia humana.
En esa tarea, en el incremento de la autorreflexión y en la elaboración de respuestas para las preguntas últimas que el hombre se hace a sí mismo, las ciencias deben recibir la ayuda de los filósofos, los artistas y a476 los literatos.
Las formas de conocimiento intuitivas y totalizadoras de estos logran aprehender, a su modo y según su régimen propio, la verdadera esencia de la realidad, y son, no menos que las ciencias, una eficaz herramienta para, primero, "desocultar" el mundo humano, y para remodelarlo luego en sus dimensiones imaginarias y a la vez normativas.
Ambos tipos de saber, el científico y el humanístico, se apuntalan el uno al otro en el empeño del hombre por reconstruir la realidad, y por garantizar así la supervivencia de la especie.
Si la concepción de la actividad científica que despliega Moya es utilitarista, también lo parece su visión de las capacidades reflexivas y creativas del hombre: las artes y la filosofía, sus principales resultados, han de poder manipular simbólicamente, según sus valores propios, las manipulaciones materiales de la ciencia, constituyéndose en uno de los ejes de la razón práctica -algo que también defendía en su libro citado Jesús Mosterín-.
De la deseable pluralidad de las formas de conocimiento, generales y específicas, y de la interacción entre ciencias y humanidades, cabe esperar no solo un aumento del goce intelectual, sino también la mejora de la gestión de la vida y del gobierno del mundo.
Sin embargo, el optimismo científico-natural tiene sus peligros, y Márcio Seligmann-Silva, en un bien documentado trabajo, apunta hacia uno de ellos.
Moviéndose entre la literatura, la filosofía y la ciencia (en particular, la teoría de la evolución y el psicoanálisis, si se acepta considerar ciencia este último), el investigador estudia la permanente reversibilidad entre lo humano y lo animal que apremia a nuestra cultura.
Reversibilidad a la que podríamos calificar de "regresiva" si somos antropocéntricos, o de "continuista" si preferimos el universalismo biológico -como en este número lo hace A. Moya-.
El papel que la literatura ha desempeñado históricamente en el fundamental debate sobre la animalidad del hombre y la humanidad del animal es el de servir de portavoz a una suerte de ecumenismo de la vida: para Seligmann-Silva, la literatura sería el lugar desde el que se habría hecho oír la voz de nuestro ser animal durante todo el tiempo en que la conciencia del origen humano en la naturaleza estuvo sujeta a represión o a denegación culturales, y en particular religiosas.
Antes de que Darwin estableciera que el hombre es un animal evolucionado, y antes de que Freud precisase que la cultura como factor evolutivo sujeta y distancia justamente al animal en nosotros -es decir, en el fondo, al cuerpo-, la tragedia griega había mantenido en primer plano la animalidad somática con su exhibición de dionisíacos placeres, dolores, miedos y ansiedades, y Rousseau había invocado la piedad y la compasión como experiencias inmediatas, sentimientos espontáneos que vinculan entre sí a todos los seres vivos.
La estética de lo abyecto, que surge durante la modernidad y en paralelo con los hallazgos científicos y psicoanalíticos, ilumina las vivencias sensoriales (en particular, los olores y sabores intensos, profundamente marcados por valencias arcaicas), una oscura masa animal cuya presión rompe las cadenas en que la estética clásica de lo bello desencarnado había aprisionado al cuerpo.
Un poco más tarde, Franz Kafka, heredero singular de la tradición de la fábula, deshará la oposición entre los cuerpos del hombre y del animal, creando personajes de naturaleza o de cultura indecidibles (perros científicos, simios académicos, chacales-héroes civilizadores, caballos que promulgan leyes; pero también seres humanos que se metamorfosean en insectos, o artistas del hambre encerrados en jaulas, etc.).
Hoy mismo John M. Coetzee pone en escena, con su narrativa y sus ensayos, el cuerpo que devora cuerpos, en la cotidiana hecatombe alimentaría de la que son víctimas los animales; y, al preguntarse por una ética de la alimentación, abre el campo literario a la reflexión filosófica contemporánea (Benjamin, Foucault, Agamben) sobre la gestión cultural (bios) de la vida natural (zoé), el mismo asunto tratado por Moya desde la perspectiva del genetista.
Séligman-Silva refiere cómo la literatura intuye, anticipa o desarrolla los descubrimientos científicos, al tiempo que profundiza en ellos aportándoles el valor imprescindible para proteger la humanidad (y la animalidad) del hombre.
Al hacerlo así, la literatura tiende a incluir en la esfera de la responsabilidad humana la totalidad de lo viviente (los animales y las plantas, además de los congéneres); lo cual, claro está, resulta ambiguo, pues puede conducir al ejercicio puramente instrumental, pero a la vez bienpensante y paternalista, del poder y del control sobre la naturaleza.
He ahí uno de los puntos oscuros del voluntarismo científico del que hace gala en este mismo número A. Moya y, en su libro, J. Mosterín (epistémico y técnico el primero, más social el segundo).
Se diría innecesario insistir sobre la oportunidad del debate que la literatura, por su misma existencia como voz del animal en nosotros, provoca a propósito de tal ambigüedad en un mundo cuyo futuro será probablemente decidido por la ciencia al servicio de la biopolítica.
Comoquiera que sea, cabe cruzar la frontera entre la naturaleza y la cultura, lo animal y lo humano, lo inerte y lo vivo por senderos menos abruptos que los de Moya, evitando así en parte el riesgo de despeñamiento moral y político señalado por Seligman-Silva.
En una intervención de destacable novedad para el mundo hispanohablante, Laurence Dahan-Gaida propone una esclarecedora meditación sobre la morfogenética contemporánea, la teoría que hasta el momento tiende el más sólido puente conocido entre la physis y la techné, y por lo tanto entre las ciencias naturales y formales y las humanidades.
Partiendo de la estética, y a través de tres de sus figuras ejemplares (Leonardo da Vinci, Goethe y Valéry), Dahan-Gaida desvela cómo es posible explicar la sorprendente con-a476 vergencia entre las formas en el arte y las formas en la naturaleza, sin reducir las primeras a ser solo una imitación de las segundas.
Si el arte fabrica estructuras, y si lo hace a semejanza de la materia, animada o inanimada, y de sus bellas arquitecturas (en las cristalizaciones de los minerales, en el flujo de las olas, en las nervaduras de una hoja, en las espiras de una concha marina, etc.), ello se debe a que en el mundo tiene lugar una común producción de orden y de regularidad sin causas ni finalidades claras; una producción que los artistas y literatos ejecutan asimismo con medios propios, y que la ciencia está ahora en condiciones de comprender mejor desde los suyos gracias a sus últimos avances, y en particular a los de la física y la biología.
Para estas disciplinas, en efecto, la clave de inteligibilidad del universal orden de las formas, naturales o culturales, reside en los conceptos de autopoiesis y de organización emergente, por los que se entiende un modo de estructuración espontánea del ser -el modo de ser del ser, podría decirse, que se manifiesta análogamente en lo orgánico y en lo inorgánico, en lo natural y en lo artificial, y da cuenta de "la coherencia subterránea que vincula entre sí la inagotable diversidad formal".
Dicha coherencia resulta ya modelizable mediante los instrumentos de las matemáticas (de la topología, la teoría de las catástrofes y de los fractales, la física de las estructuras disipativas, etc.), los cuales se revelan también pertinentes en buena medida para analizar las formas de ciertos objetos de las humanidades (algunas pinturas, narraciones, partituras musicales, secuencias fílmicas, etc.).
Despunta entonces, tras la teoría de la forma gestada en el campo científico, una hipótesis fisicalista capaz de aprehender unitariamente la organización de la materia, la articulación con ella de la percepción y de la cognición, y la exteriorización de su concordancia en las creaciones del arte y de la literatura -es decir, un sueño para los humanistas-.
Leonardo, Goethe y Valéry, situándose en la intersección de los saberes de su época, y trabajando a partir de ellos y contra ellos, intuyeron la subterránea identidad, la secreta armonía entre el mundo y el hombre, entre el ser y el pensar, entre lo sensible y lo inteligible, y anticiparon, según Dahan-Gaida, la actual epistemología de la forma auto-organizada y sus iluminaciones científicas.
Moverse en esa intersección, en ese espacio colindante, caracteriza al artista, y es también lo que acaso debieran hacer unas humanidades en diálogo crítico con las ciencias (formales, naturales o sociales) en cada periodo histórico, para allí contribuir a gestar, como sugerirán más adelante Schwartz y Berti, conceptos y métodos transdisciplinares.
La reversibilidad, en algunos aspectos, entre lo natural y lo cultural, entre la espontaneidad y el artificio, es detectable todavía más cerca de la experiencia inmediata, y eso hace Amelia Gamoneda en un artículo que, si bien arranca de las reflexiones del poeta francés Bernard Noël sobre la fotografía, la pintura y la poesía, aborda el proceso conducente desde la realidad al pensamiento y al lenguaje, y ofrece el esbozo de una teoría general de la conducta simbólica.
En el núcleo del proceso se encuentra el cuerpo, donde se efectúan las sutiles mediaciones, ya anticipadas por Dahan-Gaida, entre la percepción y la intelección, entre lo vivido y lo concebido, mediaciones somáticas que dejan su huella en las obras del arte y de la literatura.
El cuerpo, tema medular para las humanidades y las ciencias sociales de las últimas décadas -ya hemos reseñado las consideraciones al respecto de Seligman Silva-, es la bisagra que articula la experiencia vital del mundo con su experiencia cultural.
Si de los sentidos nace la conciencia primaria, biológica y presubjetiva, de la reelaboración de la información sensorial mediante el lenguaje y la memoria surge la conciencia secundaria o superior, fundamento de lo que llamamos el sujeto o la persona.
El trayecto que, partiendo de la realidad, pasa por el sensorio, se organiza poco a poco en la percepción, se ordena sistemáticamente en la cognición, y puede desembocar en los enunciados artísticos y literarios, lo recorre ejemplarmente la poesía, "conducta de riesgo" del lenguaje que siempre recuerda a las facultades más elevadas de la conciencia secundaria su anclaje orgánico, es decir la fisiología en la que se sustentan.
La poesía transita de hecho en las dos direcciones, desde el cuerpo a la palabra y desde la palabra al cuerpo, para hacer justicia a la vez a la materia y al espíritu.
Y las fulgurantes intuiciones poéticas de la impronta carnal grabada en la impronta verbal, y viceversa, reciben hoy el refrendo de la neurocognición: esta ya ha empezado a explicar, desde su nivel de pertinencia propio, el modus operandi del cuerpo en su infatigable trabajo de reversión mutua entre lo físico y lo mental, entre el percepto y el concepto.
Al proceder así, al ocuparse de la cognición encarnada, las ciencias neurocognitivas devuelven -quizá sin proponérselo-a la poiesis, a la del escritor pero también a la del artista plástico, su estatuto de vivencia integral, de circuito de intercambio originario entre los símbolos y los gestos, entre el lenguaje y la acción.
Y justifican también la centralidad de lo somático en otras disciplinas, tanto sociales como naturales, al igual que la necesaria colaboración entre ellas si lo que se desea es aprehender la dual condición del hombre como animal simbólico, es decir como cuerpo productor de significaciones.
Aun cuando en estas páginas se reconozcan la relativa "pérdida de realidad" y el gradual "agotamiento de la presencia" acarreados por el paso de lo físico a lo mental y por la producción de lenguaje desde el cuerpo, sus hipótesis sobre la conducta del homo significans refuerzan el cuestionamiento de la ya aludida antítesis, de filiación hermenéutica, entre la naturaleza y la cultura, responsable mayor de la condena de las humanidades a (no) ser (sino) "ciencias del espíritu" (W. Dilthey). a476 G. Schwartz y E. Berti, un físico escritor y un escritor interesado por la física, se suman al mismo afán de combatir el aislamiento de las disciplinas, de reordenar los territorios del saber.
Si bien comienzan con la divergencia paulatina, sobre todo social e institucional, entre las ciencias y las humanidades a partir del siglo XVIII, cuando se separan progresivamente las figuras del científico, del filósofo, del artista y del literato, lo que importa a los autores es documentar que, más allá de la especialización y de la autonomización de los campos científico, intelectual, artístico y literario, se ha dado un permanente intercambio, una constante transacción teórica y práctica entre todos ellos.
La idea que guía su ensayo es la de que la cultura en sentido lato, dentro de la cual solemos englobar las ciencias ("cultura científica") y las artes, verbales o visuales ("cultura humanística"), está irrigada en profundidad por unas mismas fuentes de invención, o con mayor exactitud por un imaginario colectivo de donde brotan todas las creaciones humanas, ya sean científicas o artístico-literarias.
Dicho imaginario tiene condición metafórica: la metáfora es, como se sabe, la figura de una transferencia plausible, con valor epistémico, entre distintas descripciones del mundo; por su parte, el imaginario colectivo, metafóricamente articulado, funciona en tanto escenario donde los temas y formas del arte y la literatura pueden dar expresión, con sus recursos propios, a los descubrimientos científicos, y los descubrimientos científicos objetivar y justificar los temas y formas artístico-literarios.
Fenómenos de concomitancia ciencias-humanidades como, entre otros, el epistemocentrismo de la novela policíaca en la modernidad y su progresiva relativización posmoderna, la disolución simultánea de los sistemas de referencia absolutos en física, de la narración omnisciente y del argumento cerrado en literatura, de la perspectiva unificada en pintura y del tono fundamental y de la armonía en música, o la aparición convergente del psicoanálisis y del monólogo interior en la narrativa, y de las lógicas distintas de la aristotélica y de la estética fragmentaria y aleatoria de las vanguardias, confirman, según los autores, que artistas, científicos, literatos y filósofos adoptan en cada corte temporal una misma disposición ante el mundo.
A esa general manera de encarar la realidad cabe aproximarse, siquiera sea someramente, gracias al citado concepto antropológico de imaginario colectivo, y al epistemológico de "paradigma de conocimiento", a los que también podrían sumarse -añadimos nosotros-los filosóficos de "configuración epistémica" y de "configuración estésica".
Sobre tal constatación Schwartz y Berti asientan una propuesta inseparablemente teórica y metodológica: puesto que hay una patente interrelación histórica, temática y formal entre las ciencias y las humanidades, necesitamos reconocer la intrínseca complejidad de la mayoría de nuestros objetos de conocimiento, remodelar su investigación elaborando un metalenguaje compartido o suficientemente común entre las distintas disciplinas que se ocupan de ellos, y adoptar un enfoque transversal que combine en su tratamiento la precisión analítica con la visión global.
Si además, en este proceso de reunificación potencial del mundo y del saber sobre el mundo, las humanidades consiguieran reforzar el rigor de las ciencias mediante la exigencia crítica y la audacia intelectual que tradicionalmente se les presupone, pero esta vez epistemológicamente armadas, el diálogo entre humanistas y científicos habría dado sus mejores resultados.
Sobre el imaginario común que subyace a la producción científica y a la literaria versa justamente el artículo de Francisco González Fernández, en el que, estudiando las repercusiones que la invención de la anestesia tuvo sobre la literatura, se describe el modo cultural -en sentido amplio-de vivir y representar el dolor.
La ciencia es aquí la que sirve como estímulo: los procedimientos anestésicos facilitaron separar el dolor del cuerpo y objetivarlo, como si se tratase de un antagonista exterior al propio enfermo, en pugna con él y al que pudiera derrotarse.
La literatura advirtió casi de inmediato las implicaciones existenciales de tan capital avance científico, encontrando para ellas una soberbia expresión, apenas alegórica, en la figura del doble oscuro y maligno, emanación que se desprende del individuo y que desde fuera se convierte en su peor pesadilla, en su enemigo íntimo (D. Jeckyll y Mister Hyde, Y. Petróvich Goliadkin, etc.), justo como lo hace el dolor con quien lo padece.
La técnica de la anestesia no engendró, claro está, el motivo del doble, que data de mucho antes, pero tal motivo solo se eleva a categoría de mito literario, impregnador y recurrente, cuando los escritores lo adaptan para hacerle significar la despersonalización y la lucha contra sí mismo impuestas por la experiencia del daño físico.
Merece la pena detenerse un instante en ello.
Pensado el dolor hasta entonces sobre todo en el ámbito de la religión, donde se le confería sentido y valor, la asombrosa posibilidad de localizarlo y de neutralizarlo científicamente, que elimina su alcance religioso, tiene que ser aprehendida y asimilada por la sociedad.
La literatura interviene y media en el conflicto entre religión y ciencia, traduciéndolo a su lenguaje: a través de la cuasi-alegoría del doble malévolo, la literatura retira al dolor sus últimas connotaciones trascendentes, y pasa a juzgarlo como un mal profano que ha de erradicarse sin miramientos.
Así pues, bajo la proliferación, a partir del Romanticismo, de las reencarnaciones del doble, late algo más que una moda narrativa: la sociedad, que necesitaba entender el cambio antropológico entrañado por la eventual supresión del dolor, delega en la literatura para que lo represente, es decir para que remodele la percepción colectiva del sufrimiento corporal.
Si este caso de historia de la literatura resulta tan esclarecedor no se debe, como a476 podría presumirse, a que muestre la dependencia de la imaginación literaria respecto de los avances científicos, es decir la inferior jerarquía de la literatura ante la ciencia, sino a que apunta hacia una suerte de coevolución entre ambas.
Un desarrollo conjunto en el que lo científico va asumiendo un papel preponderante a medida que nos acercamos a la contemporaneidad, y en el que la literatura actúa como depósito de temas y formas susceptibles de integrar las innovaciones científicas en el cuerpo social -nunca mejor dichoy en su imaginario, como mantenían Schwartz y Berti, e incluso de anticiparse en ocasiones a ellas.
Ahora bien, las disciplinas sociales y las humanidades deberían esquivar la trampa de un acrítico encantamiento cientista que consideraría las ciencias formales y naturales como las únicas ciencias de verdad "científicas", y en consecuencia como el modelo a seguir ciegamente.
Para poner de relieve los riesgos de tal prejuicio J. A. González Alcantud lleva a cabo una revisión del llamado asunto Sokal, y de sus implicaciones a la vez epistemológicas, sociales y políticas.
Epistemológicas, porque los científicos formales y naturales no pueden reclamar derechos de propiedad exclusivos sobre la positividad y la objetividad, ni pretender que sus descripciones y análisis son plenamente evidentes y transparentes.
Implicaciones sociales, ya que la práctica científica está profundamente condicionada por el contexto en el que se desenvuelve, y del que forma parte no menos que las humanidades, a las que es más habitual reprochar sus sesgos ideológicos o sus determinaciones históricas.
E implicaciones políticas, puesto que el progresismo no siempre se halla incontestablemente del lado de la razón pura y sin mezcla, del esquematismo científico, tal y como a veces dan la impresión de creer Sokal y Bricmont en sus escritos sobre lo que denominan "la impostura intelectual" en las humanidades.
Un oportuno escrutinio de la obra del químico, epistemólogo y teórico de la literatura Gaston Bachelard sirve a González Alcantud para caracterizar, a continuación, lo que sería una ciencia que evitase el cientismo y el solipsismo en el que acaso incurren Sokal y Bricmont: una ciencia sostenida por un racionalismo no reduccionista, rigurosa pero igualmente abierta, plural e interpretativa, atenta al ya mentado imaginario y a sus manifestaciones artísticas y literarias, y que comprenda la relevancia antropológica de la ficción y del ensueño.
Bachelard pide que se reserve un lugar no solo en las humanidades, sino también en las ciencias, para el azar, como lo hacen actualmente algunas disciplinas, entre ellas la física o la biología -recuérdese lo observado por Schwartz y Berti-; y asimismo que se conceda voz al casi inefable encanto poético del mundo, a las metáforas y a los ritmos de la vida, aunque sin incurrir en sublimaciones culturales ni en un espiritualismo trivial.
Retornando después, armado de la epistemología bachelardiana, sobre las críticas de Sokal y Bricmont a los supuestos fraudes científicos en el ensayismo contemporáneo, Alcantud las percibe teñidas de un tradicionalismo -J.
M. Català dirá un poco más adelante que son fruto del repliegue de las ciencias sobre sí mismas-, de un positivismo y de un causalismo excesivos que exigirían, de acatarse, el abandono por parte de los científicos de todo diálogo con unas humanidades soberanamente menospreciadas.
Y ese menosprecio resultaría tanto más grave, según Alcantud, cuanto que los autores tienden a compensarlo y a legitimarlo mediante la aludida apelación sistemática al progresismo político, insuficiente por sí solo para refrendar sus tajantes afirmaciones epistemológicas: el progreso social, en efecto, no proviene siempre ni únicamente del ejercicio de la razón científica.
En el curso de este debate, González Alcantud aún tiene tiempo para entrar en detalles sobre el modo de proceder de las ciencias sociales y de las humanidades, para repasar algunas conocidas conjeturas transdisciplinares de Lévi-Strauss, de Monod o de Hacking, y para examinar ciertas influyentes hipótesis sobre los fractales o sobre la teoría de las catástrofes.
Todo ello lo autoriza a cerrar su participación con un apropiado desagravio, concordante con el de otros colaboradores de este proyecto, de la metáfora y de su valor heurístico como eficaz vehículo epistémico a la hora de transitar por la frontera entre las ciencias y las humanidades.
Y con una prudente advertencia simultánea contra su uso inmoderado.
Desde un deseo semejante de ponderar el peso específico de la ciencia en los estudios de literatura, y sobre todo de distinguir con claridad las cosas, si bien esta vez no ya entre ciencia y cientismo, sino entre ciencia y simulación de cientificidad primero, y entre ciencia y hermenéutica después, escribe el conocido lingüista Dominique Maingueneau.
En su artículo retraza la génesis del análisis del discurso -de la que él ha sido uno de los más destacados agentes-en la intersección entre las ciencias sociales y las humanidades, y su enfrentamiento con ese "extraño e imposible saber" que es el de las especialidades literarias.
Las últimas suelen estar dominadas, salvo excepciones, por dos principios nada científicos: el de la autonomía y singularidad absolutas de su objeto, el texto literario, que se concibe como sagrado, y el del vínculo privilegiado, fundado sobre el amor y el carisma, que el investigador sostiene con él.
A esa doble creencia subyacente en la relación hermenéutica con la literatura Maingueneau opone la actitud del analista del discurso, para el cual los textos literarios son menos epifanías de la conciencia creadora que inscripciones tangibles de la discursividad social, una discursividad múltiple y heterogénea (política, jurídica, religiosa, estética, etc.), que se fabrica a través de instituciones y prácticas de lenguaje, y en tiempos y lugares concretos.
La comprensión del interdiscurso grabado en las obras de literatura, y de las propias obras como discursos, precisa por tanto de las ciencias sociales, a476 únicas capaces de objetivar tales variables: el análisis del discurso literario es, como se ve, una disciplina de clara vocación científica.
Sin embargo, no por ello debe olvidarse que la manera hermenéutica de abordar los textos, emotiva y enfática, nunca desaparecerá, porque responde a una necesidad social, la de preservar y transmitir el patrimonio de los valores literarios, y porque además se parece mucho al trato espontáneo que con aquellos establece el lector ordinario.
El análisis del discurso no aspira a impugnar la hermenéutica de la literatura, pero sí a distinguirla de una genuina ciencia del hecho literario, a la que no puede bastarle, como hacen muchos estudiosos convencionales, con imitar algunas normas de las ciencias sociales o formales, o con proyectar sobre los textos ciertos conceptos científicos prestigiosos a fin de legitimar y de ennoblecer su interpretación subjetiva.
Lo deseable, más bien, es leer la literatura integrando en la lectura los métodos y controles epistemológicos de las ciencias sociales, sin limitarse a jugar con la ambigüedad del como si se hiciera ciencia, a pesar de que a la vez se rechace, pues así lo exige la posición hermenéutica, que las ciencias estén en condiciones de dar cuenta suficiente, racional y exhaustiva, de los valiosos textos literarios.
Al concluir el ensayo de D. Maingueneau, y no es esta la menor de sus cualidades, el lector cobra conciencia de que ambas aproximaciones a la literatura, la propia del paradigma hermenéutico y la que define al paradigma discursivo -traducible como "científico-social"-, no son excluyentes; de que la segunda, la científica, siempre será socialmente hablando una empresa menos apoyada y difundida que la primera; y de que aun así nos hallamos ante una las más fértiles aventuras intelectuales de las últimas décadas, y de las que más ha ayudado a combatir el aislamiento secular de las humanidades.
Ningún estudio de conjunto de las relaciones entre las humanidades y el pensamiento científico podría hoy dejar de lado la llamada cultura visual, ni ignorar los problemas específicos que presenta para disciplinas como la semiótica o la teoría del arte la constante interacción contemporánea entre el ver y el saber, entre las imágenes y los conocimientos producidos por las ciencias.
Josep Maria Català Domènech asume el reto y analiza dicha interacción, preguntándose en particular si la conversión de la realidad en imágenes epistemológicas, científicas, es factible, cómo y a qué precio.
El autor procede a explorar las diferencias entre las imágenes científicas y las artísticas: mientras que las imágenes artísticas tienen condición metafórica, porque se asemejan a la realidad sin ser su calco literal, las de la ciencia resultan alegóricas en la medida en que, aunque vinculadas a la realidad, representan ante todo el conocimiento que tenemos de ella, es decir nuestra forma de pensarla mediante ideas o conceptos.
Con el paso de los siglos la imagen científica, fuertemente auxiliada por la tecnología, se ha hecho cada vez más alegórica, esto es más abstracta, intelectual y cargada de teoría, como sucede por ejemplo en las visualizaciones de la física o de la química.
Y se ha convertido así en una especie de inhóspito no-lugar, perdiendo la calidez estética y narrativa que tuvo en la botánica y en la zoología del siglo XVII, disciplinas cuyas ilustraciones se las arreglaban para ser no menos científicas que artísticas, y para transportar un relato cultural, una didáctica mitología sobre una realidad humanizada.
Con todo, según el autor, aún cabe recuperar un humanismo de la imagen científica.
De modo semejante a como Gaston Bachelard se propuso -antes nos lo recordó González Alcantud-abrir el significado de los símbolos (del mito, de la poesía, etc.) sin renunciar al saber científico sobre ellos, Català sugiere que la actual confluencia de la ciencia, de la divulgación y de la ficción, por ejemplo en los manuales de enseñanza o en el cine de anticipación, consigue difuminar los límites entre la ciencia y el arte, asociando sus distintos niveles epistemológicos y fundiendo el conocimiento y la imaginación.
En las imágenes divulgativas el saber disciplinar se vuelve por fin comprensible y elocuente, y ese es acaso el camino hacia una "tercera cultura" efectiva que cruce las mentalidades humanista (fundamentalmente metafórica) y científica (principalmente alegórica), y que invente un discurso visual capaz de percibir la realidad con ojo estético y de interpretarla sin renunciar a describir su esencia.
Una tercera cultura, muy alejada de la caricatura que de ella hicieran Sokal y Bricmont -quienes salen decididamente malparados en estas páginas-al invitar a las ciencias a replegarse sobre sí mismas y a declinar la comunicación con las humanidades.
Dentro de ese nuevo modelo de relación entre los símbolos, la realidad y el conocimiento, además de trabajar con las alegóricas teorías científicas se movilizaría la dimensión metafórica, narrativa y estética propia de la vida cultural, con el objetivo de forjar una ciencia rigurosamente científica a la par que incondicionalmente humana, la cual alimentaría también un saber no especializado, justo aquel que, para J. M. Català, "da significado al mundo".
No parece menos, en efecto, lo exigible del enorme desarrollo de las habilidades científicas, tecnológicas y artísticas de la especie humana.
Ahora bien, la interacción ciencia-arte en la imagen defendida por Català no es asunto neutro, ni queda al margen de la siempre vigente polémica sobre los potenciales usos sesgados de la cultura científica por la comunicación social, el ámbito donde más se propicia el encuentro del conocimiento con las imágenes.
Según el autor de esta introducción, las competencias de la imagen científica para pensar la realidad, para extender -sobre todo gracias a las nuevas tecnologíasel saber que se tiene de ella, y para modificarla, están fuera de duda.
No obstante, la atención mutua que se prestan investigadores y artistas parece haber conducido antes que nada a saturar la dimensión estéti-a476 ca de muchas imágenes científicas, a ahogarlas bajo el lujo visual.
Y al ser confusa la línea que separa, en nuestras sociedades del conocimiento que lo son por igual del espectáculo, la ciencia de la paraciencia, la divulgación del adoctrinamiento y la información de la manipulación, la opulencia perceptiva de las imágenes científicas puede ejercer poco transparentes funciones retóricas dentro de unos medios de masas proclives a trasmitir también dudosas, cuando no alienantes, representaciones del mundo y de la vida.
Por ejemplo, en las perturbadoras hipervisualizaciones del cuerpo humano del artista y vulgarizador médico Alexander Tsiaras, ampliamente difundidas en prensa, televisión e internet, se revela con qué facilidad cabe poner la convergencia del arte, la ciencia y la tecnología al servicio de la normalización de algunas discutibles obsesiones biopolíticas del presente, antes que al de la irradiación desinteresada del saber, o tanto como a esta.
Y torcer así, según una maliciosa dialéctica del conocimiento, el uso epistémico de las imágenes científicas hacia su abuso ideológico.
El lector se habrá formado ya una idea sobre la complementariedad y la ocasional divergencia entre las tesis desplegadas por nuestros colaboradores.
Sería aconsejable huir de la tentación de cerrar lo que no tiene cierre, pues la investigación, actividad esencialmente problemática, o más bien problematológica, suele ampliar a un tiempo el dominio de lo conocido y de lo desconocido.
Contentémonos pues con resumir primero, como en un ejercicio de epistemología negativa, aquello de lo que no se trata al impulsar las relaciones de las humanidades y de las ciencias formales, naturales y sociales; y con sostener después una única y moderada propuesta, aunque no carente de consecuencias, en lo que hace a la renovación de los estudios humanísticos.
De entrada, no se trata de aspirar a resolver definitivamente las grandes cuestiones sobre la realidad, el conocimiento y la verdad, cuestiones que se modificarán al mismo ritmo en que lo haga la historia universal, ni de practicar un enciclopedismo presuntuoso, ni de reinventar una reencarnación del intelectual total, esta vez más epistémica que políticamente orientado.
No se trata de reducir unas ciencias a otras, y menos aún las humanidades y las ciencias de la sociedad a ciencias formales y naturales, persiguiendo invariablemente un fisicalismo desentendido de la autonomía parcial que lo simbólico puede llegar a adquirir en su existencia cultural.
No se trata de combatir la paulatina diferenciación de los campos sociales, y entre ellos de los dominios del conocimiento, ya que, como consta, la especialización es fuente de progreso.
Y no se trata tampoco, o no debería tratarse, de relegitimar unas humanidades titubeantes produciendo meros efectos de cientificidad al frotarlas con las disciplinas más acreditadas del momento (con la genética, la neurología, las matemáticas, etc.), ni a la inversa de ablandar las ciencias calificadas de "duras" mediante una dosis suficiente de humanismo retórico.
Hasta aquí algunas de las negaciones que son condición de posibilidad del levantamiento de una denegación mucho más perjudicial, la de los vínculos históricos, estructurales y funcionales existentes entre el pensamiento humanístico y el pensamiento científico.
De lo que sí se trataría, en cambio, es de evitar que las humanidades sigan viviendo casi exclusivamente de la contestación imaginaria de las ciencias, en lugar de colaborar con ellas allí donde es posible y deseable hacerlo; de defender, entonces, la necesidad de construir una misma racionalidad, crítica y reflexiva, para lo humanístico y para lo científico, por ejemplo promocionando en todas las disciplinas el esfuerzo de objetivación y el respeto de criterios metacognitivos contrastados como los de coherencia, empirismo o exhaustividad; de apuntalar los valores fundamentales que comparten a la vez los investigadores y los intelectuales, y de conseguir que dichos valores transciendan de los campos científico e intelectual hacia la sociedad en su conjunto, contribuyendo así a fortalecer los debates públicos según el modelo de rigor y de revisabilidad que distingue el proceder de la ciencia.
Y se trataría por fin, para terminar sin concluir, de recordar que si las preguntas capitales más arriba mencionadas sobre la realidad y el conocimiento no pueden recibir respuestas definitivas, porque el mundo se transforma con el saber que sobre él se elabora, la búsqueda cooperativa e inacabable de la verdad como ideal regulativo, vieja ambición de un pragmatismo reformador, constituiría un proyecto digno de ser retomado de común acuerdo por las ciencias y por las humanidades en tiempos de fracturas políticas, desigualdades económicas y antagonismos religiosos. |
Durante mucho tiempo la Universidad Central de Venezuela (UCV) fue la única institución nacional que proporcionó formación profesional y académica a los ciudadanos.
En el presente, si bien comparte estas funciones con un conjunto de instituciones públicas y privadas, continúa siendo la institución que produce el mayor contingente de egresados de las ciencias y las ingenierías en el ámbito nacional, tiene el mayor número de programas de posgrado y de investigadores.
En este trabajo analizamos la participación de las mujeres en la vida universitaria y en los procesos de formación doctoral, así como en el sistema de investigación de esta institución líder.
PALABRAS CLAVE: UCV, género, educación superior, docencia e investigación, Venezuela.
La UCV es la institución matriz de la educación superior venezolana, fundada en 1721.
Durante mucho tiempo fue la única institución nacional que proporcionó formación profesional y académica a los ciudadanos.
En el presente, si bien comparte estas funciones con un conjunto de instituciones públicas y privadas y aunque adolece de dificultades de variada índole, continúa siendo la institución que en términos numéricos produce el mayor contingente de egresados de las ciencias y las ingenierías en el ámbito nacional, tiene el mayor número de programas de posgrado y de investigadores.
En este trabajo analizamos su participación en la educación superior y en los procesos de formación doctoral, así como en el sistema de investigación.
Además de ratificar las conclusiones de la mayoría de los estudios sobre el tema en la región, que apuntan a la subrepresentación femenina en el sistema de investigación y desarrollo, particularmente en las ciencias exactas, naturales y tecnológicas; a barreras de acceso de la mujer a cargos de mayor prestigio y poder a medida que avanza en la carrera científica; y de techos de "cristal" que obstaculizan la visibilidad del trabajo femenino e inciden en la calificación de su desempeño profesional, hacemos hincapié en algunos aspectos característico de la esa institución y de la vida académica venezolana.
LOS PRIMEROS DOSCIENTOS AÑOS
Para el momento de la independencia, Venezuela tenía una población diezmada por las guerras y el terremoto de 1810, de menos de un millón de habitantes.
Era un país pobre, fundamentalmente rural, desarticulado.
Paulatinamente, las familias pudientes comenzaron a plantear la educación formal para sus hijas, ya que hasta entonces lo habían hecho mayoritariamente a través de un modelo de socialización en el que se privilegiaba la formación para la vida doméstica, la satisfacción del marido y el desenvolvimiento en los ámbitos sociales de la pequeña sociedad acomodada.
Surgieron colegios de niñas para brindarles
ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 845-861 ISSN: enseñanza en lectura, escritura, las cuatro operaciones algebraicas básicas y religión y opciones como geografía, historia, urbanidad, música, etc. En forma irregular, se ofrecía en los programas la asignatura "Labores propias del sexo".
En 1833, Tomás Antero reimprime en Caracas una obra titulada: Cartas sobre la educación del bello sexo por una señora americana, que fue el primer libro que se leyó en Venezuela relativo a la instrucción de las niñas (Alcibíades, 2001).
La población que acudía a la escuela era realmente poca, menos de un estudiante por cada 100 habitantes (0,8 %); hacia 1840 las niñas representaban alrededor del 25 % de la matrícula.
Los programas y el horario en el que se impartían las clases eran distintos para niños y niñas; a los varones se les enseñaba leyes y matemáticas en una jornada de por lo menos 6 horas diarias, mientras que a las niñas se les adiestraba en todo tipo de bordado, se les iniciaba en las operaciones básicas de matemáticas que les pudieran servir en el manejo del hogar, pero se les apartaba de la enseñanza de la constitución y las leyes; su jornada era de 4 horas con una de descanso, girando todo el programa en hacerlas más "codiciadas" en las élites sociales (Alcibíades, 2001).
Para finales de la década de 1840 cada una de las provincias tenía por lo menos una escuela para niñas dedicada al primer nivel de enseñanza.
La educación no alcanzaba la calidad programática y el alcance de la de los varones, y no preparaba a las chicas para ingresar a la universidad, lo que en parte explica la ausencia de las mismas en la Universidad Central de Venezuela (UCV) 1.
En los 189 años desde su fundación hasta 1910 no se encontró en sus registros ningún nombre que podamos deducir que es de una mujer 2-3.
Los primeros nombres que asociamos con figuras femeninas comienzan a asomarse tímidamente a partir de la tercera década del siglo XX.
De 3.824 egresados en ese lapso, apenas 26 fueron mujeres (0,67 %) y si proyectamos esta cantidad en la historia de la Universidad podemos decir que en más de 200 años de fundada la UCV, la cantidad de muchachas egresadas de sus filas fue de 26 contra 14.676 varones (0,18 % suponiendo que nuestra selección fue correcta), y donde filosofía concentró el mayor número de egresadas (13), todas bachilleres, farmacia (7), cinco en Ciencias Médicas y una en Odontología 4.
En el año 1936 se graduó la primera mujer que cursó estudios de Doctorado en Medicina en la Universidad Central de Venezuela, Lya Imber, una joven inmigrante que había llegado a Venezuela en 1930 con su familia paterna.
Leal (1981) comenta en su libro Historia de la UCV que cuando Lya llegó, la gente se agolpaba para verla pues era larguirucha, de ojos verdes y rubia, además no hablaba castellano, más parecida a una estampa salida de un cuadro de Renoir.
Su ingreso constituyó un gran desafío a la UCV para la época y este hecho se convirtió en un gran acontecimiento en la Caracas aldeana, fresca y estudiantil.
Su contraparte masculina, José Francisco Molina, lo había hecho 151 años antes, en 1785.
La consideración de la evolución de la población de egresados de la Universidad más antigua, importante y emblemática del país, refleja de varias maneras la realidad de Venezuela en un largo período de su historia.
Hasta bien entrado el siglo XX, un país rural sin vías de comunicación que permitieran la unificación y el libre tránsito, con una débil infraestructura sanitaria y una población diezmada por las enfermedades venéreas y el paludismo.
Entre 1920 y 1935 se estima que hubo un promedio anual de siete mil muertes debidas al paludismo y cerca de un millón de afectados por la enfermedad (Gutiérrez, 1998: 78).
Sólo a partir del comienzo de la explotación petrolera en 1920 se observan algunos esfuerzos de unificación del territorio, comenzando a desarrollarse un tejido de vías de comunicación más orientado a facilitar la explotación petrolera por las compañías transnacionales que a fomentar el desarrollo integral del país.
Las décadas de 1940 y 1950 se caracterizaron por el inicio de la explotación a gran escala de yacimientos petroleros y la conversión de Venezuela de un país rural y agrícola dependiente del café y la ganadería, en un país urbano dependiente casi exclusivamente de la renta petrolera.
A pesar de este auge económico, el impacto en la educación superior se vio afectado por la ausencia de democracia; el número de egresados de la universidad se incrementó en apenas 215 titulados entre una década y otra.
Las necesidades del personal capacitado para acometer las tareas asociadas al desarrollo fueron solucionadas mayoritariamente a través de la inmigración de obreros, técnicos y profesionales europeos.
Para 1950, Venezuela ya contaba con una población de cinco millones de habitantes, y sólo tenía funcionando tres universidades (Central, de Los Andes y del Zulia).
Demás está decir que todavía la universidad seguía siendo una institución a la medida de las clases más favorecidas.
La década de 1940 constituye el inicio del fortalecimiento de la educación superior en Venezuela, tanto en lo cualitativo, con la aprobación de la Ley de Universidades que otorga cierta autonomía a estas instituciones, como en lo cuantitativo, derivado de la expansión de la demanda como consecuencia de la creciente renta petrolera.
En 1945 una coalición cívico-militar produce un golpe de Estado que derriba al general Medina Angarita y establece un gobierno populista que dura tres años.
En ese lapso se establece el sufragio directo para la elección del Presidente de la República y se concede el derecho al voto a las mujeres y a los y las analfabetas.
Las mujeres fueron parte importante de la renovación de principios y actitudes del período.
La Agrupación Cultural Femenina y la Asociación Venezolana de Mujeres abordaron temas sobre la mujer y el trabajo como obrera, como ciudadana, en la vida económica del país, en la obra de asistencia social, en la escuela nueva, ante la ley.
La labor femenina organizada desembocó, entre otras, en el I Congreso Venezolano de Mujeres en 1940.
En 1940 la Universidad gradúa a 1.170 personas, lo que marca la inflexión que daría lugar a la masificación de la educación, visible con más fuerza en las décadas siguientes.
En ese año la universidad graduó el equivalente al 7 % del total de graduados en toda su historia previa (15.792).
También en ese año se gradúa el mayor grupo de mujeres hasta entonces, llegando a 80.
Las egresadas lo hicieron en siete disciplinas distintas, aunque seguían excluidas de las carreras liberales y de las clásicas vinculadas al control del poder jurídico y político.
La mayor concentración de egresadas, aparte de las que recibieron el título de bachiller en filosofía (52), se dio en la carrera de enfermería (17).
Sin embargo, debe decirse que aunque la enfermería era uno de los campos ocupacionales en crecimiento dinámico que se abrían a las mujeres en la ola modernizadora que siguió a la muerte del dictador José Vicente Gómez, la profesión de enfermera universitaria estuvo limitada por la dificultad de atraer a la carrera un número suficiente de jóvenes mujeres educadas de clase media (Vessuri, 2001: 533).
A partir de 1941 la presencia femenina en la Universidad se vuelve un poco más frecuente llegando a finales de la década a un total de 767 egresadas, lo que representa el 11 % del total de graduados para el período.
Una vez que las mujeres comienzan a ganar un espacio en la Universidad, su incorporación es cada vez más notoria a medida que nos acercamos al presente, pasando a más del 67 % para la década de 1990.
Datos de Secretaría (construcción propia, 2007).
Es de hacer notar que en Facultades como Ciencias, Farmacia, Humanidades y Educación, y Odontología ya el margen de diferencia es muy estrecho, superando las féminas a los hombres en Facultades como Humanidades y Educación y Odontología.
La Facultad de Ingeniería es la que presenta el mayor margen de diferencia entre hombres y mujeres, con sólo 134 mujeres contra 2.166 hombres.
LA DÉCADA DECISIVA, LAS MUJERES LLEGARON PARA
En los años de la década de 1970, la participación de las mujeres se hace más notable pues sólo en dos de las Facultades de la UCV -Ingeniería y Agronomía-, los hombres tienen una clara presencia mayoritaria, aunque ya se observa la presencia más frecuente de mujeres en ellas.
Entre tantas historias, se ha recogido la de la primera ingeniera metalúrgica, Julia Montilla de Domínguez, egresada en 1973, cuando apenas había 80 profesionales en esta rama en el país.
Es de hacer notar que el comportamiento de las mujeres egresadas en la Universidad desde el año 1941 hasta el año 1980, es de crecimiento constante en cada una de las diferentes carreras, no pudiendo decirse lo mismo de los hombres.
En la década de 1980 ya las egresadas de la Universidad constituyen amplia mayoría en todas las Facultades, excepto en las carreras "masculinas": Agronomía, Ciencias Veterinarias e Ingenierías.
Se observan grandes márgenes de feminización en carreras como Farmacia, donde las mujeres tienen una participación del 84 %, en Humanidades y Educación con un 76 %, Odontología con un 81 %, Medicina 62 %, Ciencias Económicas y Sociales con un 63 %, Ciencias Jurídicas 60 %, Ciencias 57 % y Arquitectura, con un porcentaje de 58 %.
En este lapso, el comportamiento es casi igual que en la década de 1981-1990; si bien los hombres continúan siendo mayoría en las facultades de Agronomía, Veterinaria e Ingeniería, el porcentaje de su participación ha bajado en comparación con la década pasada.
Si se analizan los números con más detalle, se observa que en la Facultad de Veterinaria el número de egresadas ha aumentado mientras que el de los varones ha disminuido un tanto, lo que explica el estrechamiento de la brecha entre ambos sexos.
Por su parte, en la Facultad de Agronomía los egresados masculinos están en franca disminución mientras que las mujeres se han mantenido con un comportamiento similar en el número de egresadas; en este caso, el aumento en el porcentaje se debe a la disminución del número de egresados varones.
Entre las razones que ayudarían a explicar estos desarrollos se pueden mencionar por lo menos dos: para mediados de la década de 1990 la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos (SVIA) determinó que el número de agrónomos desempleados se elevaba a un 40 % de los inscritos en ese colegio (vale decir, unos cuatro mil ingenieros agrónomos) (Cruces y Vessuri, 2005: 194).
También la creciente urbanización de la zona de influencia de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UCV en la ciudad de Maracay ha llevado a muchos jóvenes, probablemente más las hembras que los varones, a decidir seguir estudios universitarios en una institución cercana a su hogar, sin tener que desplazarse a otra ciudad.
Con respecto a la Facultad de Ingeniería, a pesar de que es la única en la que la presencia femenina es realmente baja (28 %) en comparación con el resto, el comportamiento no es homogéneo para todas las escuelas, ya que de las 13 escuelas en tres las egresadas son mayoría, como en Química con el 52 %, Hidrometalurgia con el 53 % y en Estructural en la que hay un solo egresado éste es mujer.
Asimismo, en escuelas como Petróleo y Geología las cifras de egresadas se han mantenido en aumento.
Cabe destacar que la Escuela de Ingeniería de Minas y la de Mecánica son las únicas Escuelas en las que la participación femenina es menor al 15 %; es importante resaltar que en la última la segregación de género no sólo se da a nivel estudiantil; en la planta profesoral es mucho más marcada con tan sólo 12,69 % de presencia femenina; son sólo 8 las profesoras que imparten enseñanza en esa escuela, frente a 55 profesores.
La inclusión de educadoras en esta vieja escuela es de reciente data.
La primera mujer profesora ya salió jubilada y la segunda que ingresa a la escuela, tiene nivel agregado, con más de 20 años de antigüedad en la misma; las siete restantes se han incorporado recientemente y son todas instructoras.
En la última década, se observa una disminución absoluta en el número de egresados en 6 de las 11 facultades de la UCV: Ingeniería, Ciencias, Farmacia, Arquitectura, Agronomía y Veterinaria.
De las cinco restantes, se destaca el aumento del 61 % de los egresos en la Facultad de Medicina y esto se debe a la incorporación de los títulos de TSU en la misma.
Lo más interesante es que este aumento es absolutamente femenino.
Incorporando la información disponible hasta el 2003, la tendencia se acentúa mucho más en esta facultad, elevándose el número de egresados a 17.309, donde las mujeres representan el 79 % (véase Tabla 6).
Actualmente la Facultad de Medicina tiene 12 escuelas, de las cuales 8 son de carreras técnicas y 4 de carreras largas, como vemos en la Tabla 7.
Sobre el crecimiento y decrecimiento de las carreras en esta universidad, se observa que las carreras que siguen avanzando no son las que están directamente vinculadas con los planes de desarrollo que tiene actualmente plan- teados el país.
Tal es el caso de los ingenieros agrónomos, tan importantes en el proceso que se ha abierto de seguridad alimentaria y expansión de la frontera agrícola.
En el área de la salud, en la década de 1990, hay un estancamiento en el número de médicos varones graduados, justo en vísperas del momento de mayor expansión de las políticas públicas del sector salud.
Todas las carreras de mayor componente técnico están en franco retroceso o estancadas.
Para esta década el presupuesto universitario se vio disminuido en términos absolutos en 5,5 %, mientras que el de los Institutos Universitarios Tecnológicos (IUT) creció en 41 %.
Esto ayudaría a explicar, entre otras cosas, que mientras que para el año 1980 el 83 % de la matrícula de la educación superior oficial estaba en las universidades y el 17 % en los IUT, para el año 2000 la relación aparece completamente invertida.
No hay duda que la Universidad Central, institución pública madre de universidades y escuela de líderes y de ciudadanos durante casi tres siglos vive hoy una crisis profunda.
No es este el lugar para hacer un análisis de los males que aquejan a la universidad, pero sí queremos señalar que así como las mujeres fueron abriendo las puertas de este venerable recinto para alcanzar su formación integral y su participación en la sociedad, es probable y deseable que otros sectores sociales todavía excluidos por la pobreza y sus secuelas también logren completar su formación en esta y otras instituciones de educación superior, instituciones que deben ser socialmente responsables, vinculadas a sus sectores productivos y sociales, recuperando la calidad de la educación que deben ofrecer, pertinentes, conocedoras, renovadas, flexibles, creadoras.
Si se revisa el número de egresados de posgrado por género y nivel desde 1941 en esta casa de estudios es claro que las mujeres se han incorporado al menos numéricamente en condiciones de igualdad con los hombres a los programas de especialistas para atender las demandas crecientes del sector servicios, y constituyen un porcentaje apreciable de los egresados en el nivel de maestría, aunque queda una profunda brecha por cubrir en el nivel de los estudios de doctorado, como se ve en la figura 2.
LAS MUJERES EN EL NIVEL DE POSGRADO EN LA UCV
Si bien para la década de 1940 la inclusión de las mujeres en el posgrado no es muy significativa, en la década de 1950 éstas comienzan a tener más presencia, aunque sólo en la Facultad de Farmacia superan a los hombres, y hay un porcentaje superior al 40 % en Odontología.
En los años de la década de 1960, se da una baja participación de las mujeres y un ligero crecimiento de los hombres en los estudios de postgrado si lo comparamos con la década previa.
Por otro lado, si se toma en cuenta la evolución de la matrícula de egresados de posgrado por década, se aprecia que las mujeres participan en los estudios de posgrado con fuerza a partir de la década de 1970, para superar con creces la participación masculina en la década de 1990 (véase Figura 3).
Egresados de posgrado de la UCV por género, 1941UCV por género, -2003 (%) (%) Fuente: Secretaría UCV.
Construcción Propia (2007) en la Facultad de Medicina superando ahora con creces las mujeres a los hombres (Figura 4).
En cuanto a los niveles de formación, las mujeres predominan ampliamente en los cursos de especialización, abrumadoramente concentrados en la Facultad de Medicina, mientras que igualan a los hombres en maestría y doctorado.
Ya para la década de 1990, las mujeres son la mayoría de los egresados con nivel de Maestría en todas las Facultades excepto Ingeniería y Ciencias Económicas, así como también en el CENDES (figura 5).
Con respecto al Doctorado, la situación es parecida, con un predominio de hombres entre los doctores de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas (figura 6).
El próximo paso sería conocer cómo se ubican en el mercado laboral estas profesionales con niveles de postgrado.
Un indicio lo obtuvimos en un estudio sobre químicas e ingenieras químicas en la industria del plástico en el área metropolitana de Caracas (Aray, Canino y Vessuri, 2007).
Claramente las mujeres constituyen el grueso del personal técnico-profesional empleado en pequeñas empresas no competitivas y en empresas del sector público.
LA DOCENCIA Y LA INVESTIGACIÓN FEMENINA EN LA UCV
Se ha argumentado que la actual relación entre la docencia y la investigación en la educación superior puede rastrearse a tres escenarios pedagógicos que surgieron en la segunda mitad del siglo XVIII: el seminario (surgido en la universidad alemana alrededor de 1760), el laboratorio (que emergió en las Grandes Écoles francesas antes de la Revolución, en torno a 1780), y el salón de clases (que apareció en Escocia, en la Universidad de Glasgow aproximadamente en 1760) (Clark, 1989, citado por Gottlieb y Keith, 1997:397-398).
Los cambios organizacionales subsiguientes en la historia de las universidades llegaron a determinar la actividad científica después de 1840.
Cada una de las tres innovaciones sirvió como modelo para la difusión internacional.
El desarrollo de la investigación para los fines docentes de la universidad permitió una gran latitud y aumentó la variedad de campos.
La expansión del conocimiento fue manejada por la creciente especialización de los estudios de posgrado, que en su desarrollo se volvieron más importantes que los estudios de grado, y la investigación más importante que la docencia (Metzger, 1987).
Cuando nos trasladamos al contexto venezolano, sin embargo, aun reconociendo las limitaciones de un único caso de estudio, observamos que el modelo es válido sólo en la periferia de la vida institucional en este medio particular, con la consolidación de grupos de investigación en algunas facultades e institutos.
Pero esas innovaciones quedan empequeñecidas por el statu quo, el poder y el estatus del profesorado conservador en la universidad venezolana.
La actividad de investigación ha tenido grandes dificultades para establecerse con firmeza en la vida de la universidad, que en términos generales ha seguido siendo una institución básicamente docente.
Con todo, es la institución de educación superior con mayor número de investigadores y mayor tradición científica en el país.
Su modernización debió enfrentar dos desafíos fundamentales, que aún no consigue resolver: uno es la masificación, que trajo como consecuencia la contratación de personal docente no siempre adecuadamente preparado.
Con frecuencia, se ha convertido a los profesores en dadores de clases, sin aprovechar el potencial de investigación siquiera para producir conocimientos que repercutan de manera directa en la calidad del docente y por ende en la calidad del alumnado.
Claramente, en la práctica, si no en el discurso, el valor de la investigación es menor que el de la docencia; a esta última se le asigna un valor preponderante por parte de los que dirigen las escuelas y facultades.
La docencia rutinizada se ha convertido en un fin en sí mismo, olvidando su función social.
Otro rasgo de la vida institucional ayuda a explicar también la poca respuesta de parte del profesorado a los cambios en el medio.
Los nombramientos y el sistema de promoción funcionan bajo el supuesto de un profesor a dedicación exclusiva, ubicado en una Facultad particular, que avanza gradualmente de instructor a profesor titular a lo largo de muchos años.
No hay incentivo para la investigación, menos aún para la que es de naturaleza inter o transdisciplinaria, como dictan las tendencias actuales en el ámbito internacional, o incluso para una docencia menos repetitiva y rígida.
No hay recompensas para iniciativas de colaboración o de asociación entre departamentos o interfacultades 5.
Todo el sistema todavía favorece la realización de una carrera académica tradicional establecida en los años de 1960, es más, sin el incentivo y valoración que en ese momento se daba a la construcción de capacidades para la investigación.
De hecho, moverse fuera del sistema establecido es exponerse a riesgos y al fracaso.
Veamos entonces qué ha sucedido y cómo se han desenvuelto las mujeres en esas circunstancias.
A pesar de que el reglamento universitario exige título de cuarto nivel para ingresar a la docencia universitaria, en la práctica esto no es así y basta con sólo estar inscrito o estar cursando cualquier nivel en los estudios de postgrado.
De este modo encontramos que sólo una minoría tienen doctorado o maestría, y el grueso son licenciados o equivalentes.
Queda además un amplio conjunto de personas sin definición de titularidad en los registros administrativos de la Universidad.
A título meramente ilustrativo de una tendencia, se puede observar que entre los docentes que tenían su título registrado en los archivos de la Comisión Clasificadora Central de la UCV en 2001, las mujeres eran el 41 % de licenciadas o equivalentes, alcanzaban a los hombres entre los especialistas y magisters, y eran el 41 % de los doctores.
En cuanto a la dedicación, las mujeres alcanzan a los hombres en la Dedicación Exclusiva, y su participación disminuye proporcionalmente a medida que baja el número de horas de dedicación al trabajo universitario.
Cuando se considera la categoría del personal docente, destaca el hecho que los titulares asociados, que suponen la posesión del título de doctor, son sólo el 14 %; de ellos el 38 % son mujeres titulares; y el 57 % están en las categorías de Agregado, Asistente e Instructor, quedando un 29 % en la categoría "especial".
De hecho, en el contexto local el doctorado es paradójicamente buscado no pocas veces por profesores casi al finalizar su carrera universitaria, para poder jubilarse con la categoría de titular y así garantizar una mejor jubilación, aunque su título no redunde en un mejoramiento de las capacidades institucionales.
El personal jubilado y pensionado constituye el 36 % y muchas veces continúan trabajando en la docencia universitaria, aproximándose en algunas Facultades al 48 % del personal docente (véase Tabla 8).
Pareciera evidente que intervienen factores de expulsión relacionados con el estancamiento salarial del sector público, que unido al desprestigio de la carrera académica, expulsa mano de obra masculina del sector científico, particularmente público.
La entrada significativa de mujeres en el medio universitario en busca de estabilidad y una mayor flexibilidad horaria, más presionadas a compatibilizar su rol reproductivo con el productivo, pudiera así ser interpretada como parte del proceso de segregación negativa de las mujeres, frente a otros espacios laborales mejor remunerados.
Con todo, vemos que la trayectoria femenina en la carrera profesional académica muestra una permanencia excesiva en los niveles de instructor y asistente y un descenso en sus números en los niveles superiores.
El número de personas con dedicación exclusiva y tiempo completo, categorías históricamente pensadas para apoyar las funciones de investigación de la universidad, totalizan 4.501, lo cual sugiere un potencial importante para esta actividad.
Sin embargo, este potencial no se ha plasmado en una dinámica fuerte de la investigación, como veremos a través de la consideración de la participación de investigadores e investigadoras de la UCV en el Programa de Promoción del Investigador (PPI) y en los subsidios de investigación del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la propia UCV.
Desde 1990 ha funcionado en Venezuela el Programa Nacional de Promoción del Investigador (PPI), surgido a partir de las iniciativas de grupos de profesores universitarios que buscaban valorizar y dar visibilidad a la actividad científica en el ámbito académico.
En dicho programa participan, de forma voluntaria, los investigadores que desean someter su producción intelectual a la evaluación de sus pares, constituidos éstos en comisiones de áreas, quienes califican los logros de los participantes en base a los criterios definidos y públicos.
La acreditación resultante se estructura en tres categorías, a saber: Candidato, Investigador y Emérito.
La categoría de investigador, comprende cuatro niveles, que reflejan una escala ascendente en cuanto a productividad, intelectual, contribución a la formación del talento humano, y el esfuerzo desplegado por el(la) investigador(ra) en el desarrollo y consolidación de líneas de investigación.
El programa se ejecuta mediante convocatorias anuales.
Los investigadores reciben incentivos directos en forma de beca como premio a su productividad.
El somero relevamiento del avance de la presencia femenina en casi trescientos años de vida universitaria en la UCV, revela un cuadro de sombras y crecientes luces a medida que nos acercamos al presente, pero todavía es claroscuro.
Es indudable que las mujeres han entrado hace tiempo en la vida académica y, más aún, sus números superan los de los hombres.
Pero la discriminación de género no está resuelta con ello en la universidad.
Persiste en cuanto a los cargos de autoridad y poder, las posibilidades de hacer una carrera en la investigación, y más allá, en la posibilidad de democratizar más la participación de las mujeres de segmentos desprotegidos de la sociedad.
En la vida académica de la UCV siguen predominando las mujeres de clase media y no hay todavía una fuerte presencia de mujeres afrodescendientes, por ejemplo, a un número apreciable de representantes de las etnias indígenas 7.
Habrá que ver si el tema del género desaparece cuando se alcanza la paridad numérica, o si el movimiento reivindicativo que lo ha acompañado es capaz de responder a la demanda de un mayor compromiso con las luchas y las esperanzas de mujeres que integran los movimientos sociales y las organizaciones populares y exigen más democracia y participación.
Las ciencias y particularmente las ingenierías están ampliamente estereotipadas como ámbitos masculinos en la cultura venezolana.
Hemos visto cómo las mujeres se han abierto camino en casi todas las carreras de Ciencias, aunque con menos fuerza en física y en matemáticas.
Pero en ingeniería, y en esas áreas "más duras" de la ciencia, el estereotipo y el prejuicio persisten.
No obstante, es interesante indicar que hoy en día la Facultad con menos porcentaje de mujeres en la UCV, Ingeniería, está dirigida por una mujer y en la Facultad de Odontología, de 11 Ese contexto influye en el desempeño de quienes no se espera que tengan éxito.
Los estereotipos predominantes pueden desestimular a personas, especialmente mujeres y miembros de grupos minoritarios, a aspirar y seguir carreras de ciencias e ingenierías y asumir roles de liderazgo.
Los prejuicios no examinados extendidos en contra de las mujeres en ciencias e ingenierías influyen en la evaluación de la motivación, determinación, promesa, seriedad y productividad de las científicas y puede minar la percepción de la calidad de su trabajo a lo largo de sus carreras.
Los modernos prejuicios de género, además de ser extendidos son automáticos, ambiguos y ambivalentes; son prescriptivos y descriptivos a la vez, promoviendo en las mujeres rasgos como la sumisión, el cuidado de otros, los cuales limitan su habilidad de ser percibidas como siendo igualmente efectivas en roles tradicionalmente masculinos.
Los factores que afectan las trayectorias de carrera de las mujeres en las ciencias y la ingeniería se relacionan en buena medida a estos prejuicios y estereotipos.
El factor más perjudicial para la progresión de la mujer en una carrera científica o profesional es el estatus familiar.
Diferentes autores corroboran esta constatación que hemos confirmado en otros trabajos (Vessuri y Canino, 2006; Aray, Canino y Vessuri, 2007).
La evidencia indica que las científicas casadas están en desventaja, particularmente si tienen hijos; tienen menos probabilidades de seguir carreras en ciencia e ingeniería pese a haber obtenido un título avanzado, de estar en la fuerza de trabajo, de ser promovidas y tienen menos probabilidades de ser geográficamente móviles.
Existe un estereotipo respecto al cuidado de los niños, los viejos, los enfermos o discapacitados como trabajo apropiado para las mujeres.
El modelo de discriminación por las responsabilidades familiares, también conocido como "la barrera maternal" puede ser descripto en términos concretos como los patrones no reconocidos de la esterotipificación que afectan negativamente a la mujer en la academia.
Es necesario discutirlo para enseñar a las personas a reconocer este prejuicio como lo que es, y para iluminar y promover un nuevo modelo que estimule el cambio institucional, reconociendo la importancia de la maternidad y las responsabilidades familiares como parte de la carrera femenina.
Las tácticas tradicionales de aumentar la representación femenina en las Facultades, no supera las cuestiones sistémicas que limitan las oportunidades de las mujeres.
Políticas y prácticas que parecen aplicarse igualmente a todo el mundo a menudo tienen efectos muy diferentes sobre hombres y mujeres por las diferencias en su situación social general.
O cuando se implementan, y las mujeres se aprovechan de esos programas o medidas, son vistas como menos serias que sus colegas masculinos.
Recientemente el PPI prolongó la edad tope de las mujeres para ingresar al Programa y las exigencias de los plazos para pasar de un nivel a otro, tomando en cuenta el reloj biológico que limita los años reproductivos de las mujeres, y que a menudo las hace tener que elegir entre tomarse el tiempo para el embarazo, el parto, y el cuidado de los hijos y seguir carreras de patrones convencionales.
Otros requisitos del éxito de la carrera como la reubicación geográfica, viajes, y largos días de trabajo son mucho más difíciles para personas que tienen responsabilidades importantes de cuidado de miembros de la familia -abrumadoramente mujeres-que para personas que no las tienen -usualmente hombres.
Recibido: 15 de mayo de 2007 Aceptado: 16 de julio de 2007 NOTAS 1 Ésta había sido creada en el año 1721 con el antiguo nombre de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, denominada así por estar bajo la tutela y protección del Monarca español y del Sumo Pontífice.
En 1827 durante el gobierno republicano bajo la direc-ción de Simón Bolívar y Vargas fue transformada en la Universidad Central de Venezuela (Leal, 1981).
2 Nuestro análisis lo realizamos sobre la base de un listado de nombres compilados por el ex secretario de la UCV Ildefonso Leal y luego publicado por la Secretaría de la UCV (García y Leal, 1996) en el cual no aparece registrado el sexo de los egresados, por lo que hicimos un esfuerzo de atribución (con un inevitable margen de arbitrariedad de alrededor del 1%) del sexo a los integrantes de la lista, guiándonos por lo que a nuestro juicio parecían nombres típicos masculinos y femeninos; aquéllos sobre los cuales no teníamos absoluta certeza los colocamos en otro listado como sin información.
Nuestro trabajo está soportado en la base de datos que nos suministró la Secretaría de la UCV (2006UCV (, 2007)).
En algunos casos consultamos lo publicado por Leal, pero en varias ocasiones los datos no coincidían pues en la publicación hay nombres repetidos o que están en la base pero no en el listado de este autor.
3 En 1911 aparece el primer nombre de ese listado que llama nuestra atención como posible primera egresada de esa casa de estudios en la disciplina de dentista: Cotton, Rosario; sin embargo, debido a que este nombre, al igual que otros como Victoria, María, etc., eran usados como primer o segundo nombre de varón, no descartamos que pueda pertenecer a un varón.
Para corroborar este dato, tratamos de ubicar el expediente de este egresado en los archivos de la Universidad, sin éxito en la búsqueda.
4 Llama la atención que la de dentista, que es justamente la disciplina en la que aparece nuestra potencial primera egresada de la UCV en 1911, no es la típica carrera femenina, por lo que la sospecha de error sobre el sexo del nombre seleccionado aumenta.
La primera dentista sobre la que el nombre no sugiere dudas respecto de su sexo aparece en 1936.
5 Si bien existe desde hace varios años el Programa de Colaboración Interfacultades (PCI), esto sigue siendo un desafío en la práctica.
El programa supone que los profesores pasen con suficiente antelación su programación de contenidos a dictar en las materias ofertadas, de manera que los interesados en otras escuelas y/o facultades las puedan cursar, pero en la práctica se listan las materias sin los respectivos programas y casi siempre sobre la marcha.
No ha tenido la acogida que se esperaba por distintas razones, entre ellas las más importantes es la diferencia en las fechas de inicio y culminación de los semestres en las distintas escuelas y Facultades, por otro lado, ha existido un retardo muy marcado en la entrega de recaudos (notas) de una escuela a otra a veces de más de dos años, lo que ha puesto en peligro la propia graduación de los estudiantes descalificando el Programa.
Pero también hay una especie de sombra amenazadora para los profesores ya que se dice que a través del PCI se pondrá a los profesores a dictar materias en cualquier escuela si hace falta (para optimizar recursos), lo que podría reforzar la visión del maestro dador de clase, eliminando la posibilidad de la investigación.
6 Con relación a la población docente de la UCV hemos encontrado tres totales marcadamente diferentes dentro del mismo quinquenio, que van desde 5.075 hasta 8.029 profesores.
Datos de la Comisión Clasificadora Central del Presupuesto Central de la UCV.
7 Nuestras estadísticas no han reflejado la existencia de las minorías étnicas y raciales, no porque no existan sino porque la naturaleza de la información estadística no nos permitió identificar estas variables.
No obstante, sabemos por observación y experiencia, que estas mujeres son raras en el medio académico. |
La especie humana ha manipulado desde sus orígenes tanto el mundo real como el figurado.
Mientras que la acción manipuladora de la especie humana sobre ambos mundos fue crítica para su supervivencia al comienzo de su evolución -hoy transevolución-, en la cultura ulterior esos mundos son abordados por dos actividades con bases conceptuales muy diferentes: la ciencia y el arte.
En este trabajo sostengo la tesis de que ambos resultan necesarios para saber estar en el mundo y para transformarlo adecuadamente.
DE LA INTUICIÓN AL OFICIO
Si en lugar de examinar la ciencia por su producto o por su proceso lo hiciéramos atendiendo a la intuición, a la idea o al ansia por comprender que están detrás de ella, nos daríamos cuenta, como probablemente no pueda ser de otra manera, de que no difiere mucho de otras actividades del pensamiento.
No es que la existencia llegue a cobrar sentido para el individuo que examina el mundo bajo el prisma de la ciencia, pero proporciona satisfacción y deleite intelectual conocer las piezas que lo componen y que lo hacen funcionar.
En el fondo, sean reales o figurados sus respectivos mundos, y con independencia también de si por la ciencia accedemos o no al único mundo real posible, cuestión de eterno debate, la ciencia y las artes convergen en un hedonismo palmario y consustancial en sus practicantes: los científicos y los artistas.
De nuevo, sean reales o figurados, a los mundos se accede en primera instancia a través de la intuición, la idea y la voluntad de comprenderlos.
El sentido ganado por el mundo real o el mundo figurado gracias a la explicación que sobre ellos elabora el científico o el artista quizá no sea transferible sin más a la existencia de estos, pero eso es otro asunto y en todo caso científico y artista sí disfrutan por la cosa hecha, algo consustancial a nuestra especie.
Luego están los métodos, las especializaciones, las matemáticas, las metáforas y las adecuaciones de las diferentes ciencias y artes que conforman los aprendizajes y los oficios, de cuyo ejercicio más o menos diestro obtendremos un mayor o menor placer final.
Nuestra especie manipula desde sus orígenes los entes del mundo, tanto los del real como los del figurado.
Y ese trabajo inicial no se puede considerar estrictamente científico, pero tampoco estrictamente artístico.
El objetivo que subyacía a la manipulación de las cosas reales del mundo y de las cosas figuradas era posibilitarnos la supervivencia por la apropiación de las mismas.
Hay cuestiones ontológicas que ya nos preocupan desde entonces y, al tiempo que tratábamos de subsistir manejando los entes del mundo real, también las creaciones del mundo figurado respondían a cierta necesidad de atribuir sentido a la existencia.
La representación figurada de un animal no era otra cosa que un intento por aprehenderlo y dominarlo en cierta forma, por ejemplo.
Ese sentido existencial tiene más relación con las ganas de vivir y sobrevivir, es decir con la aludida perduración de los miembros de la especie, de lo que estaríamos dispuestos a aceptar de entrada.
No había todavía ciencia de las manipulaciones ni, verosímilmente tampoco, arte, sino más bien tentativas de mantenerse por medio de prácticas de racionalidad mínima sobre el mundo real (a base de ensayo y error), así como balbucientes vislumbres de un mundo imaginario que pretendía captar la esencia de las cosas.
No creo que lo primero fuera ciencia todavía, ni arte lo segundo.
La ciencia y el arte se forjaron posteriormente con la propia evolución de la cultura, y de la intuición para las cosas de los mundos real y figurado pasamos a los oficios.
Pero ¿en qué consisten ese oficio al que llamamos ciencia, y ese otro al que denominamos arte?
El hombre es la única especie que puede repasar su historia y cuyos miembros pueden reflexionar, con estupor unos y con satisfacción otros, sobre el hecho de que de la misma forma que hemos llegado a ser podríamos no haber llegado.
Esta constituiría una de las más crudas conclusiones existenciales que cabría esperar de la moderna teoría de la evolución.
No obstante, tales afirmaciones requieren matización.
La teoría evolutiva, en efecto, es uno de los pilares centrales de la moderna biología, la ciencia que estudia los entes vivos.
Y esa teoría, cuya formulación inicial corre a cargo de Darwin, avanza que todos los entes vivos tienen un origen común y que unos vienen de la evolución de otros.
La especie humana no es ajena en modo alguno al devenir evolutivo, y la moderna investigación biológica confirma, primero, que la enorme cantidad de caracteres idénticos entre todos los entes vivos solamente es explicable por la circunstancia de que todos procedemos de un ente ancestral común; y segundo, que rastreando los caracteres de nuestra especie, así como los de otras, somos capaces de reconstruir con precisión creciente la historia evolutiva que nos precede.
Sería sumamente oportuno, por otra parte, atender a la historia de esa reconstrucción, porque cuando examinamos las especies vivas que están próximas a nosotros en el árbol evolutivo, u otras ya desaparecidas, apreciamos que comparten, o han compartido con la nuestra, una ingente cantidad de caracteres.
Muchos de dichos caracteres son constitutivos del ente humano, de la misma forma que de esas otras especies, simplemente porque los hemos heredado de los ancestros comunes.
Otros son inéditos, y tiene relevancia detectar su aparición.
Así pues, los entes que son las especies se componen de caracteres compartidos y de caracteres novedosos.
Aunque los caracteres particulares o específicos de las especies nos sirvan para la discriminación sistemática entre ellas, si es que estamos dispuestos a conferir estatus de ente definido a cada especie, lo cierto es que no es a477 lícito obviar la importancia que revisten los caracteres compartidos como prueba fehaciente de que todas poseen un mismo origen y genealogía.
No podemos tampoco hacer caso omiso del hecho de que los entes vivos son susceptibles de transformarse con el devenir del tiempo, y es un objetivo fundamental de la ciencia que los estudia determinar qué agentes, qué fuerzas guían, sin dirección aparente, la transformación de unos en otros.
Darwin fue diestro proponiendo una de ellas, la selección natural.
No es la única: existen otras.
De hecho, para Darwin era imperiosa la necesidad, dada la natural transformación de unos entes en otros, de hallar de nuevo alguna fuerza, también natural, apta para explicar la evolución.
Es probable que nos aturda la diversidad de lo vivo; casi no hay rincón en el planeta que no esté habitado por la vida, y sorprende conocer las condiciones tan extremas, desde una perspectiva antropocéntrica, que aquella puede llegar a soportar.
Por poco que se estudie su naturaleza y las fuerzas que gobiernan su evolución, no dejaremos de apreciar la irreductible tendencia de lo vivo a perseverar, haciendo de la transformación, de la diversificación y, en una palabra, del cambio, la base de su éxito colonizador y expansivo.
Cualquier ontología de la vida debería captar tan inexcusable cualidad.
Pero regresemos a la primera afirmación: el hombre es la única especie capaz de reconstruir su historia evolutiva.
Esta no es sino una más de las muchas investigaciones desarrolladas por la especie dentro de la esfera del conocimiento que llamamos ciencia.
Y la ciencia es, también, otra de las muestras posibles del repertorio de capacidades intelectivas de nuestra especie.
Algo ha acontecido en su singular evolución que ha posibilitado a la especie humana ser destacadamente racional e inteligente.
Con todo, no conviene enfatizar tal circunstancia desde la óptica de la exclusividad.
Si deseamos contemplar la evolución como una categoría intrínseca a la vida, cosa innegable, entonces deberíamos admitir que la inteligencia, la racionalidad y otras características que nos solemos atribuir como privativas no lo son en realidad -aun cuando sí pueda serlo un cierto grado de ellas-.
En todo caso, hemos conseguido narrar la historia de la vida en el planeta y, específicamente, nuestra propia historia evolutiva.
No se trata de una conquista antigua pues, aunque la ciencia moderna nace con Galileo en el siglo XVI, el descubrimiento de la evolución, del árbol de la vida y de la historia evolutiva de nuestra especie tardarían al menos tres siglos más.
Son hechos relativamente recientes y, además, muy descollantes porque trascienden su propia facticidad.
En efecto, cuando enjuiciamos racionalmente parejos hallazgos no podemos dejar de reflexionar sobre su significación.
Formulo una de esas reflexiones, de marcado interés para lo que aquí pretendo, mediante las siguientes preguntas: ¿por qué hemos llegado a ser entes tan racionales?, ¿de qué nos sirve?, ¿qué hacer con nuestra inteligencia?
Mi interrogación sobre el servicio que la inteligencia presta a la especie no tiene por finalidad mostrar que con ella hacemos cosas, como de hecho ocurre y siempre ha ocurrido.
Sin ir más lejos, somos una especie sorprendentemente activa en su competencia para modificar o alterar el medio que la rodea, ahora ya casi todo el planeta.
Sostengo, además, que el intervencionismo es crecientemente racional o, dicho de otro modo, progresivamente más científico conforme la ciencia va proyectando su linterna del conocimiento sobre los entes que constituyen la naturaleza, entes entre los que nos contamos.
Nuestra especie, con su razón científica, ha intervenido e interviene la naturaleza, incluida la nuestra.
No obstante, mi pregunta por el activo servicio que la inteligencia nos presta pretende ser un cuestionamiento de otro tipo, a saber: ¿puede nuestra singular inteligencia trascender la naturaleza de los entes?
Y ¿qué entiendo por trascender?
No utilizo el término en el sentido kantiano de traspasar los límites de toda experiencia posible, sino más bien en una doble acepción muy vinculada a la ciencia misma y próxima al realismo de Heidegger.
Por un lado, trascender en el sentido de penetrar, comprender o averiguar algo que está oculto.
La inteligencia, como instrumento de la ciencia, sujeta los entes a una actividad de escrutinio, de experimentación, que los desoculta y que los hace comprensibles.
Si declaro que los hace más comprensibles es que ya disponemos previamente de esa misma capacidad de desocultamiento; pero la inteligencia en su vertiente científica acentúa la comprensión de los entes y, por lo tanto, los torna más manejables, mediante un mayor entendimiento de lo que sobre ellos pudiera obrarse.
De no estar la acción rodeada de tanta inteligencia, de no estribar en el desocultamiento científico de la verdad del ente, no se lograría manipular este último.
Por otro lado, la segunda acepción de trascender, muy próxima al aserto que acabo de efectuar, es la de que con la acción científica inteligente vamos más allá del propio ente comprendido o penetrado.
La ciencia se configura como práctica inteligente, y trasciende los entes sobre los que proyecta su linterna, en el sentido de moverse allende ellos, de transformarlos, de crear o fabricar otros.
LA ESPECIALIZACIÓN DE LA CIENCIA
En una obra en la que se ocupa de la esencia de la ciencia, Heidegger (1999) reconoce que para tratar tal materia hay que plantearse antes otras preguntas.
La primera, por ejemplo, versaría sobre la relación que existe entre el ser con capacidad de conocer y los entes conocibles.
Del primero, el hombre, asevera Heidegger que su existir o Dasein lo faculta para apreciar el ente cual ente, el ente verdadero.
No cabe relativismo en el conocimiento debido a la inconfundible forma en que nos relacionamos con el resto de seres de nuestra especie y con los entes en general.
Heidegger otorga singularidad a la especie; el Dasein de los humanos es único, tiene carácter de exclusividad, marca propia que bien pudiera vincularse a la autoconciencia, a la percepción de "yoidad", de ser el único ser que se pregunta por el ser, por su ser, hallándose su esencia en su propia existencia.
Yo, por mi parte, pienso que la ontología de la vida reclamaría que algo tan fundamental como el Dasein (humano) fuera una característica compartida, hasta cierto grado, con otros seres que, evolutivamente, están próximos a nosotros.
Sin embargo, no es esa la cuestión que deseo abordar y desarrollar aquí.
Lo que me interesa subrayar, desde una óptica más científica, es si el Dasein humano, aun y admitiendo que sea exclusivo, constituye o no el producto esperable de cualquier evolución natural.
Anteriormente había descrito como grandes éxitos en la biología el descubrimiento del árbol de la vida o de la historia evolutiva de la especie humana, historia donde se pone de manifiesto que somos entes naturales con caracteres tanto compartidos con el resto de las especies como singulares.
Un punto que sigue en debate es si nuestra especie es un producto final de la evolución o, por el contrario, otro resultado singular de la misma, por maravillosas que pudieran parecer las cualidades que la configuran.
No descarto que consigamos llegar en algún momento a una dilucidación efectiva de tal asunto desde la ciencia, desocultando cada vez más ese ente tan particular que es la especie humana.
La cuestión en torno a si somos o no un producto final, complejo, de la evolución biológica, divide a muchos estudiosos, tanto dentro de la ciencia como fuera de ella.
Dentro de la ciencia, por ejemplo, la posición tradicional de los biólogos evolutivos es que somos meros accidentes, y que las contingencias que gobiernan la evolución hacen totalmente imposible pensar en una tendencia hacia entes de complejidad progresiva, cuyo término más acabado sería nuestra especie.
En cambio, desde otros sectores de la ciencia, señaladamente desde la física y su célebre principio antrópico, se asegura que cualquier teoría válida sobre el universo tiene que ser compatible con la existencia del hombre.
Es decir: si en el universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, esas condiciones son verdaderas porque nosotros existimos.
Y diversas corrientes de pensamiento evolutivo relativamente jóvenes postulan también que es inevitable la complejidad creciente de la vida en su evolución, a pesar de la supuesta contingencia y no predictibilidad local o puntual, tanto espacial como temporal, del devenir evolutivo.
Estas corrientes no entran en consideraciones más especulativas en torno a si el hombre es el remate de la evolución biológica, o la complejidad creciente la forma contemporánea de hablar científicamente sobre el progreso; simplemente manifiestan que pertenece a la dinámica de la vida incrementar su complejidad, y que cualquier contingencia que la mermase, o cualquier fuerza temporal que la redujera, tarde o temprano se vería contrarrestada de nuevo por la propensión natural a la complejificación.
Es más, empezamos a encontrar formulaciones teóricas sobre las condiciones necesarias para que la evolución sea progresiva y, lo que resulta más importante, predecible.
Sé que estas hipótesis pueden antojarse al menos sorprendentes cuando uno se da cuenta de cómo se suele estudiar, explicar y presentar la historia evolutiva, generalmente imbuida de los principios básicos de contingencia y accidentalidad, que hacen francamente impracticable toda referencia a principios alternativos como los de complejidad creciente, inevitabilidad o progreso.
En tanto en cuanto sigamos adelantando en el desocultamiento esencial del recorrido evolutivo, especialmente en el desarrollo de una teoría universal más acabada de la evolución, bien predictiva o bien no predictiva, será oportuno desarrollar el pensamiento sobre la trascendencia del quehacer humano atendiendo a su propio futuro, pensamiento que se basaría en dos supuestos primordiales.
El primero de ellos es el de nuestra singularidad como seres capaces de asegurar sin ningún género de dudas, al menos retrospectivamente, que "estamos aquí", que "somos conscientes de ser", y que estamos aquí porque hay un proceso, de asumida complejidad creciente, basado en la acción sistemática de fuerzas puramente naturales, que nos ha llevado a la situación de ser conscientes de nuestra existencia, así como a poder establecer nuestra genealogía vital, la que nos vincula con el resto de entes que pueblan o han poblado el planeta.
El segundo supuesto concierne a la misma ciencia -genuino producto de la racionalidad y de la inteligencia-, la cual, siendo una conquista reciente, nos lleva de la mano hacia la trans-a477 formación racional de la naturaleza, incluida la propia (Fernández Liria, 2012).
Este supuesto tiene amplias consecuencias, por lo que, al igual que sucede con el supuesto previo, no hemos de tomarlo como carente de soporte empírico.
Ambos disponen de él.
En efecto, es empíricamente contrastable que somos un resultado de la evolución biológica en relación de parentesco con el resto de entes vivos (dicho esto, nos falta soporte, ya se apuntó, para confirmar si encarnamos el producto final de la evolución, la forma más avanzada de la complejidad o del progreso biológico ascendentes).
También es empíricamente contrastable que nuestra especie ha intervenido e interviene en la naturaleza de modo cada vez más racional, más científico.
Somos interventores compulsivos, pero solo podemos efectuar especulaciones -en parte justificadas por la historia de los logros sociales, culturales, científicos y tecnológicos de las diferentes civilizaciones-a propósito de qué futuro cabe augurar para nuestro planeta y para los entes que lo pueblan, así como para nosotros mismos.
Los dos supuestos anteriores conforman la base que me ha ayudado a formular la tesis sobre la trascendencia de la evolución a la que denomino, en una sola palabra, transevolución.
Conviene hacer una consideración previa para evitar confusiones sobre lo que significa, en primera instancia, la trascendencia de la evolución como teoría científica que ha ido más allá de su propio dominio biológico para entrar en el dominio no-biológico, tecnológico y cultural si se quiere, de la transevolución.
La evolución biológica, en cuanto teoría, ha sobrepasado su propio campo de actuación, y en torno a ella se ha forjado un pensamiento evolutivo que permea, que impregna, muchos otros saberes y disciplinas.
El pensamiento evolutivo elabora explicaciones convincentes, racionales, en torno al lenguaje, la ética, la religión, la sociedad o la economía.
C. Castrodeza (2010), por ejemplo, eleva la selección natural a categoría metafísica.
Así, las conductas sociales de los individuos en sectores o profesiones o colectivos tan variados como los de la política, la economía, las naciones, las culturas o las lenguas, etc., parecen admitir, todas ellas, una razonable interpretación sobre el supuesto nada desdeñable de que están darwinizadas, de que son darwinianas en esencia.
Es decir, de que su dinámica responde a una acción selectiva que, en condiciones de competencia por recursos obviamente escasos, impone el dominio de unos individuos sobre otros, de los partícipes de unas ideas o representantes de una clase política sobre los de otra, de los seguidores o impulsores de unas economías frente a los de otras, de los miembros de unas naciones sobre los de otras, de los poseedores de una cultura o de los hablantes de una lengua dadas sobre los de otras.
Es cuestión clave identificar la naturaleza del recurso que corresponde a cada uno de esos ámbitos, profesiones o colectivos, cuya escasez promueve la acción de la selección natural.
Ahora bien, ¿son los individuos los últimos beneficiarios de tal imposición?
Castrodeza sostiene que no porque, aunque se trate de seres humanos concretos en cualquier zona de la sociedad, en la política, en la economía, en la ciencia, o en un país o en otro, en esta o aquella lengua, etc., los que en verdad se imponen unos a otros no son los individuos, sino sus genes, que simplemente tratan de maximizar su eficacia, de extenderse.
Llevando hasta límites extremos la tesis de Dawkins relativa a los replicadores, para Castrodeza el ente humano no representaría más que un feliz constructo de la evolución biológica, en el cual la conciencia del yo, la percepción de ser único, es un invento de la evolución por selección natural para garantizar la persistencia temporal de sus replicadores más íntimos e indivisibles.
Obviamente esta tesis, que conduce al nihilismo absoluto, comporta que todas las más nobles cualidades de la especie no dejan de ser un cúmulo de sucesivas y afortunadas soluciones rematadas en el autoengaño del ente sobre su yo, sobre su ficticio control de sí mismo y sobre su presunta voluntad de decidir con libertad.
Visión del ente humano que, como no parece compatible con el Dasein heideggeriano, nos empujaría a plantearnos el otorgar tal estatus existencial a sus unidades más fundamentales e indivisibles: los genes.
¿Habría alguna contra-argumentación pensable, alguna tesis a nuestro alcance que permitiera subvertir el nihilismo impuesto por los genes al ente humano y, en general, al resto de entes vivos?
Es probable que la respuesta se halle en la misma historia reciente de la ciencia, en el surgimiento de la biología molecular y de la ingeniería genética, en ese preciso momento en el que los propios genes se vuelven entes ellos mismos intervenibles a partir de su construcción más sofisticada y perfecta: la especie humana.
La capacidad de nuestra especie para modificar la naturaleza ha sido una tónica constante, pero si siguiéramos a pies juntillas la tesis de los replicadores dawkinianos acabaríamos por mantener que todo ese intervencionismo, de una manera u otra, estaba en último término orientado a la maximización del éxito relativo de unos replicadores frente a otros, y no de los individuos.
Y tal vez sea legítimo afirmar que todavía permanecemos bajo su ciego influjo, al menos mientras no intensifiquemos nuestra acción sobre ellos.
Solo con la actual ciencia biológica vislumbramos que podemos lograr esto último.
No lo estamos haciendo con nuestro propio genoma, en toda su dimensión, a477 porque el trecho que nos separa de una intervención racional, efectiva, inteligente sobre él es todavía largo.
Pero el resto de entes vivos ya son objeto de nuestro actuar interventor.
La domesticación de especies con las que convivimos ilustra la acción trascendente sobre los otros entes vivos, intervención que va nutriéndose continuamente de ciencia.
Tanto es así que estamos a las puertas de crear, de fabricar entes que no han existido antes, y eso aun cuando una ciencia como la biología sintética se encuentre solamente en sus albores ¿Qué tipo de biología cabe esperar, en el futuro más o menos inmediato, que concierna también a un intervencionismo de gran calado sobre el propio ente humano?
Si aceptamos la tesis nihilista de los replicadores dawkinianos, el subsiguiente análisis filosófico del estatuto del ente humano y de su intervencionismo sobre otros entes y sobre el suyo propio nos informa de que el Dasein del hombre está por constituirse, y de que será real cuando tengamos una capacidad de intervención racional y con amplio desocultamiento sobre nosotros mismos, en particular sobre nuestros genes.
La intervención sobre el resto de los entes, nuestra proyección científica hacia los mismos a partir de la emergencia de la ingeniería genética, su gradual desocultamiento, no es otra cosa que el mejor ejercicio, la antesala para superar el nihilismo y para entrar en la fase propiamente existencial del ser humano; para exceder así, o eliminar, el estatus de Dasein existencial de sus replicadores.
Y es aquí donde comparece la idea de trascender la evolución como transevolución por acción del, ahora sí, Dasein humano.
Con la tesis de la transevolución sostengo que el hombre está en condiciones de trascender la naturaleza, incluida la suya propia.
De hecho, podría afirmarse que es sustancial, esencial a nuestra especie, llevar a cabo tal proceso, como venimos haciéndolo desde nuestro origen.
Es más, se conseguirá guiar la transformación de la naturaleza según modalidades que solo podemos barruntar, aunque existen algunas sólidas evidencias -las antes comentadas como soporte empírico a los dos supuestos-que nos llevan a presagiar sociedades, mundos y entes radicalmente nuevos.
El segundo supuesto se sirve de la ciencia, y hace que ella asuma un protagonismo central en toda esta empresa transformadora y reinterpretativa de los entes.
Fue Heidegger mismo quien otorgó a la ciencia, cuando perseguía su esencia, una cualificación y una relevancia que la sitúa no como una manera entre otras de desocultar la verdad de los entes, sino como el instrumento más valioso al que podemos recurrir para alcanzarlo.
CIENCIA Y CONOCIMIENTO GENERAL
Desde sectores diferentes al campo científico se afirma que la ciencia no es más que un modo de conocer la naturaleza y los entes que la constituyen.
La aprehensión de esos entes, aseveran portavoces no científicos, puede llevarse a cabo a partir de otros regímenes de conocimiento con capacidad de captación de la realidad del mundo o de la esencia de las cosas.
Si bien doy por buena tal afirmación, creo que sería razonable utilizar, en un intento aclaratorio y clasificatorio de tales sistemas de aprehensión del mundo, precisamente su estatus o no de cientificidad porque, a mi juicio, hay una diferencia entre el quehacer científico y el no científico.
Bajo el paraguas de la no cientificidad se protegen muchas formas de aferrar el mundo, la esencia de los entes, las cuales, tal y como defiende Heidegger, quizá gozan de habilidad similar a la de la ciencia para dar, desde el Dasein, con la verdad entitativa.
Los atributos de verdad del ente desocultado ya están ahí desde el primer momento, y la percepción de cualquiera de ellos mediante el arte, la poesía o la filosofía, puede ser incluso sublime.
La ciencia, en cambio, suele provenir de una captación pobre de los atributos de los entes, más alejada en principio de lo fundamental que la de la literatura, el pensamiento filosófico y las artes.
De hecho, la proyección científica sobre los entes resulta siempre tosca, limitada y parcial.
Ello es así porque la ciencia no puede, en su estricta identidad, abarcar el estudio del ente en cuanto ente, desligado de sus atributos, que son por fuerza aquello en lo que la ciencia se focaliza y se especializa.
Esa es la diferencia cardinal entre la filosofía o el arte y la ciencia.
Pero la ciencia dispone de un proceder, de un método, que la lleva invariablemente, de forma progresiva y sistemática, a un tipo de desocultamiento de la verdad subyacente de los entes que por su parte no tiene parangón posible con los asimientos instantáneos de la poesía, la literatura o la música.
El mismo Heidegger considera que, con la ciencia, hemos fabricado un instrumento imprescindible que nos proporciona una capacidad de intervención sobre los entes de la que, probablemente, carecen las otras formas no científicas de aprehensión de la realidad y del mundo.
Aun cuando estas últimas, que continúan tras el auge de la ciencia, ayudan a saber qué tenemos delante, a entender las esencias verdaderas de los entes, precisamente gracias a su no limitación, a su no especialización, solo las formas científicas limitadas, especializadas de la ciencia nos permiten actuar con garantías sobre ellos.
La especialización y la limitación, en efecto, son las claves de la ciencia a lo largo de su historia.
Es tanto lo adquirido a a477 través de la especialización científica que desde hace tiempo una sola mente no es capaz de abrazar todo el conocimiento producido por la ciencia, ni siquiera en sus líneas básicas.
La sociología del conocimiento científico, al estudiar su especialización obligada frente a saberes más universales, acaba indicándonos que la formación científica es tanto menor a escala individual cuanto mayor es a escala de la sociedad en su conjunto, y que, en consecuencia, sería muy importante cultivar al tiempo modos de aprehender la realidad inicialmente más totalizadores; conocimientos que, en buena medida, nos facilitasen un mejor estar en el mundo, un mejor posicionarnos frente a los entes y los hechos; en definitiva, un mejor "tener criterio".
En todo caso, la forma más amplia de conocimiento, no necesariamente una sola, debe ser no científica, porque las restricciones que impone el método de la ciencia impiden justo la generalidad.
Es decir, lo característico del método científico hace que el conocimiento ofrecido por él sea particular, y que no pueda suplantar formas tradicionales, pre-cientí-ficas, de conocimiento, las cuales al parecer sí logran abarcar, por la naturaleza de su proceder, lo general.
Como será fácil concluir de estas reflexiones, abogamos claramente por la pluralidad del conocimiento del mundo, pues el ser humano individual necesita tipos tanto generales como especializados, no científicos y científicos, de saber, para habitar ese mundo y, llegado el caso, para transformarlo apropiadamente.
Y para evitar que, conforme el mundo se escudriña con la lente de la ciencia, el conocimiento acumulado pase por nosotros como pasa el agua por la roca emplazada en medio de un río.
Introducción a la filosofía. |
En la primera parte de este texto, se exploran los orígenes del topos de la animalidad en nuestra cultura moderna; para ello se recuperan temas tratados desde la creación de la estética, y se arroja luz sobre el encuentro de la reflexión estética con la ciencia (en especial con Darwin y su teoría del origen de las especies).
En la segunda, el autor asume la identidad de Rotpeter, el personaje de Kafka, y presenta el tratamiento de los animales en el escritor de Praga.
En el epígrafe final se retoma el debate en torno a la cuestión animal y a la "naturaleza" en el contexto de una biopolítica de la compasión; aquí el autor apoya la discusión en dos obras de J. M. Coetzee, con el objetivo de mostrar hasta qué punto la compasión y la beneficencia pueden hallarse en el origen de una simple tutela autoritaria ejercida hacia el "otro".
Desde el siglo XVIII, es decir desde la Ilustración y su deseo de explicar el mundo por medio de la razón científica, una fuente privilegiada para pensar el hombre es su confrontación con el animal.
En la definición del ser humano, el animal sirve en tanto espejo, en el que unas veces se percibe la diferencia, y otras la semejanza con nosotros.
El hombre surge como una continuidad o como una ruptura con respecto a la naturaleza.
En ese proceso la objetivación de la naturaleza conduce, more dialéctico, al intento de rescatarla, ya sea proponiendo un retorno hacia ella -cuya manifestación más reciente es el ambientalismo moderno-, ya defendiendo nuestro ser animal.
Es oportuno recordar aquí la obra de Jean-Jacques Rousseau, conocido como el abuelo del ambientalismo.
Para el filósofo, la piedad es el principio par excellence de una moral natural, en cuanto se trata de un sentimiento inmediato, anterior a la reflexión.
Gracias a la piedad, podemos ponernos en el lugar de quien sufre e identificarnos con él.
En un sentido transparentemente cristiano, leemos en el autor que la piedad es la primera pasión relacional; el piadoso lleva en sí mismo "le triste tableau de l 'humanité", ya que toda la humanidad sufre.
En su Discours sur les origines de l'inégalité parmi les hommes, Rousseau elabora el concepto de piedad y fundamenta en él el derecho natural (1976, p.
No juzgo tener que temer ninguna contradicción al conceder al hombre la única virtud natural que hasta el más feroz detractor de las virtudes humanas le hubo de reconocer.
Hablo de la piedad, disposición que conviene a seres tan débiles y sujetos a tantos males como somos nosotros; virtud tanto más universal y útil al hombre cuanto que es anterior al uso de cualquier reflexión, y tan natural que los propios animales dan señales sensibles de ella algunas veces 1.
Como prueba de la naturalidad de la piedad y de su precedencia a toda reflexión, Rousseau recuerda que en los espectáculos se enternecen y lloran aun aquellos que, si fueran tiranos, no dudarían en someter a tormento a sus enemigos; una idea que Diderot también expondría en su Paradoja sobre el comediante (circa 1773), aunque con la casi contraria intención de probar la ausencia de efecto moral virtuoso en el teatro.
Rousseau se sirve de ella, en cambio, para acreditar nuestra piedad natural.
Todas las virtudes sociales se derivan de la piedad, y el hombre equipado solamente con la razón y sin piedad sería un monstruo.
Entre los frutos de la piedad, el ginebrino menciona la amistad, la misericordia y la generosidad.
La conmise-ración sería "un sentimiento que nos pone en el lugar de aquel que sufre", pero que se habría debilitado en el hombre civil.
La base de la conmiseración, como la de la piedad, es la identificación: "La conmiseración será tanto más fuerte cuanto más íntimamente se identifique el animal espectador con el animal que sufre" ("La commiseration sera d 'autant plus énergique que l' animal spectateur s 'identifiera plus intimement avec l' animal souffrant ", 1964, p.
Resulta interesante que, justo en este fragmento, Rousseau escriba dos veces el término animal: el filósofo está elaborando una teoría de la piedad natural.
La razón, al engendrar el amor propio, permite, gracias al fortalecimiento de la reflexión, que dejemos de identificarnos con la persona que sufre.
Como resumió Hannah Arendt, según Rousseau "donde terminaba la pasión -la capacidad de sufrimiento-y la compasión -la capacidad de sufrir con los demás-comenzaba el vicio" (Arendt, 1988, p.
Para él, a diferencia de lo que pensaban los teóricos de lo trágico y de lo sublime, pero en armonía con ciertos autores cristianos, la compasión estaría vinculada a una extendida repugnancia por la muerte y por el sufrimiento.
También la teoría moral del siglo XVIII (al contrario que Burke) suele referirse al malestar provocado por la contemplación del sufrimiento ajeno.
Se nota en Rousseau una relectura piadosa de la historia: para impedir que termine en debilidad, aquel afirma que la piedad debe ser generalizada y ampliada al género humano; teniendo piedad de la especie, la piedad se convierte en fuente de justicia.
Recordamos aquí estas palabras e hipótesis de Rousseau para analizar la relación entre la teoría de la animalidad humana y la teoría de la compasión.
En este trabajo intentaremos profundizar en dicha relación mediante tres incursiones en tan amplio asunto.
En su primera parte, asumiremos la identidad del personaje Rotpeter, de Kafka, y estudiaremos el tratamiento de los animales en el escritor de Praga; así abordaremos el tema de la construcción de lo humano desde sus vínculos con su ser animal.
Kafka es un autor fundamental, en cuya obra se advierte en qué medida nuestra autoimagen procede de una identificación con el mundo animal.
En la segunda parte, rastrearemos los orígenes del problema de la animalidad en nuestra cultura moderna.
Para ello, se recuperarán ciertos temas frecuentados por la estética desde su fundación, así como se arrojará luz sobre el encuentro entre la reflexión estética y la ciencia (poniendo el énfasis en Darwin y en su teoría del origen de las especies).
Márcio Seligmann-Silva 3 a478 exploraremos entonces dos obras de J. M. Coetzee para mostrar en qué medida la compasión y la caridad pueden conducir a un ambivalente ejercicio de cierta tutela autoritaria sobre el "otro".
ACTO I. INVESTIGACIONES DE UN SIMIO O NOSOTROS LOS ANIMALES EN KAFKA
Estimados compañeros de la academia, no se imaginan cómo me llegó esta invitación a escribir sobre los animales en la obra de mi amigo Franz Kafka, y cuánto me emocioné con ella.
Muchos de ustedes no están enterados, pero lo conocí poco después de haber él publicado -para mi furor, sin mi permiso-ese texto que pronto se hizo famoso; me refiero, por supuesto, a Ein Bericht für eine Akademie (Un informe para una academia).
En aquella época, yo todavía era joven y no había accedido a la academia, donde se aprende todo tipo de maniobras y de engaños.
Por entonces, aún era inocente y puro.
Sin embargo, me hace especialmente feliz esta invitación porque el escribir sobre tal tema me permite no solo releer las páginas ya amarillentas de aquella obra única del (a pesar de todo) gran escritor de Praga -dicho sea aparte: ¡qué bella ciudad!-, sino también recordar a compañeros que viven al otro lado del Ecuador, en el país tropical en el que yo mismo viví hasta la edad de cinco años.
Ya están al corriente de que desde aquel tiempo resido en Hamburgo, encantadora ciudad portuaria alemana.
Pero ¡basta de preámbulos!
Dispongo de poco espacio, tengo casi cien años y dependo además de mi secretaria, Frau Bündschen, que necesita regresar pronto a su casa para cuidar de su hijo recién nacido.
Empecemos por el comienzo: ¿por qué Kafka concedió tanto espacio a los animales en sus textos?
Para mí, eso es señal de inteligencia: así consiguió pensar mejor el propio animal-humano.
Como simio que soy, y primo de ustedes, puedo decir con sinceridad que el señor Kafka debe de haber sido uno de los que supieron bucear más profundamente en el hombre del siglo XX, esto es en alguien que no se siente en casa ni siquiera en su propio cuerpo.
De hecho, él no entendía nada de animales.
Le gustó mi informe porque allí expongo cómo el ser humano está muy cerca del ser animal.
Yo crucé galopando el proceso evolutivo que a ustedes les llevó cientos de miles de años recorrer.
Como ustedes, yo también me humanicé pecando, es decir fabricando suciedad y riéndome: ¡escupiendo, bebiendo y fumando!
Empecé por el Schnaps y acabé en el vino tinto: me encantan las delicadas uvas de las montañas de la región de Chirouble (¡Ya saben qué regalarme!).
Fui reconocido como ser humano el día en que solté un "hola" justo después de terminar una botella de eau de vie.
De ahí en adelante, todo fue cuestión de imitación.
Yo, como buen simio, soy un excelente imitador.
De simio a animal humanizado, y de animal humanizado a profesor, bastaron unos pocos pasos.
El secreto consiste en imitar bien, como ya sabía el gran Aristóteles.
A Kafka le fascinó esta idea.
Tal vez ello tenga que ver con la situación de los judíos en Europa, que en poco tiempo salieron de la marginalidad y de los shtetls -sus asentamientos del este europeo-para llegar a las grandes universidades.
Pero la anterior es solo una divertida hipótesis.
No se olviden de que, a pesar de sus ironías sobre él, Kafka era un admirador de Darwin -el único científico al que yo realmente respeto-, y aun de Freud -quien a su vez admiraba al científico inglés-.
Después de todo, lo que Franz ve como mi proceso de humanización, Freud también lo describe en sus obras Tótem y tabú (que aquel pudo haber leído) y El malestar en la cultura (sí, "en la cultura", no "en la civilización").
Freud no era Rousseau, aquel filósofo suizo a quien, como escribió Voltaire, le gustaría haber vuelto a caminar a cuatro patas, y regresado al bosque.
Rousseau era crítico con la civilización; Freud llegó más al fondo y comprendió que el hombre está condenado a vivir en el malestar, Unbehagen, viva donde viva.
Es decir, que está condenado a sentirse desamparado.
Yo también me siento así desde el momento en que pronuncié aquel fatídico "hola".
En el mismo volumen en que Kafka publicó mi texto podemos leer también otros que me parecen relevantes para este tema.
Uno de ellos es Chacales y árabes.
Se trata de un breve escrito sobre la relación de los cánidos del desierto con estos últimos.
Aunque la historia es narrada por un "europeo del norte", el interés reside en el protagonista, líder de los chacales.
Allí asistimos a uno de los toques de genialidad de Kafka.
Debemos recordar que el praguense construyó gran parte de su obra como una prolongación de sus diarios (que eran, en verdad, "nocturnarios", textos escritos por la noche y repletos de sueños).
Su escritura nacía como parte de su vida.
Construía personajes en sus textos de tal modo que los lectores se sintieran empujados a identificarlos con el autor, es decir con él mismo.
Con su pluma, supo interiorizar y diseminar como pocos el gesto auto-bio-gráfico, central en la literatura desde entonces.
Incluso en mí se creyó reconocer un trasunto del escritor praguense.
En el caso concreto del relato sobre los chacales, confieso que es fuerte la tentación de ver en ellos una tribu de judíos que lucha sangrientamente con los árabes desde hace a478 siglos.
"Necesitamos paz con ellos", clama el chacal, quien sueña con un desierto purificado de las sucias y bárbaras costumbres de sus enemigos; sueña, por ejemplo, con que los animales que los árabes necesitan comer son sacrificados en el respeto ritual y sin crueldad.
Como corroboración de esta lectura judaizante, es fundamental recordar que Kafka publicó su cuento sobre chacales, y el mío propio, en la conocida revista editada por Martin Buber Der Jude, en 1917.
Sin embargo, para mí lo decisivo no está en el punto de vista étnico, sino en la mirada sobre el animal humano que Kafka proyecta desde su texto.
El animal es limpio; los hombres son sucios.
El autor juega a la rayuela en la tortuosa ruta de la "evolución", calificada de "humana"; o quizá también juega al Lego con las piezas de la creación.
Otro relato del mismo volumen, Un médico rural (a propósito, aparecido en 1920), pinta una pequeña ciudad que es significativamente invadida por los "nómadas del norte"; y en el titulado Una hoja vieja asistimos de nuevo a la operación de animalizar a los hombres, o de despojar a esos animales avergonzados que son los hombres de su tenue vestimenta humana.
Tales bárbaros humanos comen carne cruda -como también lo hacen sus caballos-; a menudo, hombres y caballos comparten un mismo pedazo de carne que devoran juntos.
Y si les cae una vaca, enloquecen y la desgarran al unísono con sus afilados dientes, de un modo como solo Eurípides fue capaz de describir en sus Bacantes, refiriéndose al frenesí de las tebanas hechizadas por Dionisio.
En ese relato kafkiano se cuenta la disolución de la ciudad causada por una inoculación (por cierto, igualmente dionisíaca) de lo "animal".
Kafka presenta al rey, impotente en palacio, en tanto encarnación de la crisis del poder soberano que, a su vez, necesita domar la "vida natural" (zoe), la "vida desnuda", como escribió otro famoso contemporáneo de Kafka, Walter Benjamin.
Al examinar la vida animal, Kafka toca la crisis de la soberanía y de nuestra autoimagen.
Estas dos crisis aparecen como paralelas.
Kafka apunta al animal en nosotros, como lo hicieran Freud y, antes de él, Darwin; muestra un poder amorfo, teóricamente monopolizador de la violencia, en su intento de administrar la vida desnuda que se le escapa -y a la cual Penteu y Cadmo, abuelo de Dionisio, también sucumbieron por no saber adorar y sacrificar a los dioses-.
Sin embargo, Kafka solo trabaja con extremos para mejor deconstruirlos.
Ese es el encanto de su narrativa.
Lo que queda claro otra vez en el breve texto El nuevo abogado, que abre el mismo volumen y retrata a Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno, como a un eminente jurista.
Bucéfalo estudia la ley y la representa.
El animal, que fue reprimido en nosotros y sobre cuyo sacrificio construimos la cultura, es quien porta la insignia de jefe de policía, y quien representa a nuestro superyó.
Y la literatura es esa "investigación" sobre el ser humano que se realiza mediante una inmersión en nuestro ser animal.
Algo semejante sucede en el maravilloso escrito de Franz sobre el expolio, publicado por nuestro amigo Max Brod justamente con el título de Investigaciones de un perro.
Entre todos sus relatos de animales, es en este en el que más se nota la búsqueda de un punto de vista específicamente animal (digo esto con conocimiento de causa, aun cuando la infancia animal se me haya perdido entre las profundas brumas de mi alma).
Nuevamente, nos asalta la tentación de leer el texto como un ensayo sobre la condición del judío sin patria, sin lugar y sin cuerpo.
La narración en primera persona obra prodigios: nos sentimos a cuatro patas, y yo mismo, al leerla, si no me contengo repito el antiguo gesto de rascarme las orejas con los pies.
Por lo demás, el perro investigador, que se somete a un riguroso ayuno, acaba siendo obligado a comer por la fuerza.
Imposible no pensar en el anoréxico Kafka y en la atracción que sentía por quienes, como su "artista del hambre", se autodestruyen a través de la inanición.
Pero dejemos de lado tal tentación.
El animal, en medio de una crisis vital y de una investigación a la que ve como su tabla de salvación, estudia precisamente el asunto del hambre, protofenómeno de nuestra (e incluyo en el "nuestra" a todos los animales) existencia.
Ese perro es el primer gran investigador moderno de la vida desnuda, y en ello se revela precursor de Benjamin y de Agamben.
Como el propio narrador canino asevera: "Todo el conocimiento, el conjunto de todas las preguntas y de todas las respuestas, está contenido en los perros".
La figura perruna tiene grabada en su memoria animal una imagen que la atormenta.
Se trata de lo que Freud denominó una Urszene, una proto-escena, un espectáculo traumático de gran intensidad y de fuerte carga sexual.
La escena, a la que nuestro amigo canino asistió cuando era pequeño, estaba compuesta por un grupo de siete perros ("perros como tú y como yo", escribe el narrador) que caminaban en fila, uno detrás de otro, mientras mostraban públicamente sus partes íntimas y producían una música fascinante, atrayente y angustiosa.
Mucho se podría escribir sobre pareja música, pero no tenemos aquí espacio.
Quedémonos con la imagen del cuadrúpedo que expone su sexo sin sentir vergüenza.
Freud explicó en El malestar en la cultura a478 que el hombre, al volverse bípedo, tuvo que reprimir sus instintos -incluso los sexuales, fuertemente vinculados al sentido del olfato-.
La libido así reprimida pudo canalizarse en la cultura.
El hombre abandona su animalidad al pasar a avergonzarse de sus órganos sexuales, ahora expuestos por la posición erguida.
Los perros que traumatizan a nuestro narrador exhiben su sexo sin pudor (yo mismo, como ustedes pueden leer en mi informe, solo le enseño mi sexo a mi compañera simia entre cuatro paredes.
Soy un ser cultural: Kulturmensch).
Freud también escribiría posteriormente bellas palabras sobre la sexualidad de los canes y sobre la relación de esos animales con sus excrementos, una relación que a nosotros nos escandaliza, a pesar de que a ellos los consideremos como nuestros mejores amigos.
Mucho más se podría añadir sobre la animalidad en la tradición de la fábula, de Esopo a Perrault y a Orwell, y asimismo sobre otros animales kafkianos.
La obra de Kafka Josefina la cantora o El pueblo de los ratones es también primorosa a este respecto.
Otra vez música, judeidad y sexualidad se mezclan en ella de manera muy original.
Ya el conocidísimo relato La metamorfosis empieza con una frase que resume gran parte de la historia de la primera mitad del siglo XX: "Als Gregor Samsa eines Morgens aus unruhigen Träumen erwachte, fand er sich in seinem Bett zu einem ungeheueren Ungeziefer verwandelt" ("Cuando Gregor Samsa despertó una mañana de sus sueños intranquilos, se encontró en su cama metamorfoseado en un insecto monstruoso").
En este fragmento, el prefijo negativo un es la marca de ese nuevo hombre que se descubre sin protección (arrojado al malestar, Unbehagen), inmerso en culpa y en vergüenza, y con una casa -con una familia-en ruinas.
¿Dónde está la familia en Kafka?
Justamente en torno al gran insecto, y solamente allí.
El insecto es lo siniestro, Unheimlich, la aparición de lo que "debería permanecer secreto, escondido, y que sin embargo se manifiesta".
El prefijo un, reiterado en semejantes términos ("Unbehagen", "Ungeheuer", "Unheimlich", "Unbewußten": malestar, monstruoso, siniestro, inconsciente), se encuentra también en el centro de una estética que busca presentar "lo puramente humano".
Kafka fue uno de los grandes de tal tradición estética, y supo remodelarla a su manera.
Como escribió el perro investigador al que cito por última vez, "no hay nada aquí que comprender, son cosas obvias y naturales".
Estimados compañeros, espero que no se ofendan si un viejo simio cojo se dirige a ustedes como si fuera su igual.
Lo hago porque me emociona y me entusiasma verme honrado con la oportunidad de decirles estas palabras.
LAS MATRICES DE LO ABYECTO: EL HOMBRE SIMIO.
ESTACIONES DE UN TEMA
Edmund Burke, en el parágrafo de su tratado de 1757 sobre lo bello y lo sublime dedicado al "Olfato y paladar, amargores y mal olor", observa que "ningún olor o sabor puede producir un sentimiento de admiración [a grand sensation], excepto los amargores muy destacados y los olores insoportables" (Burke, 1990, p.
Cuando son extremadamente fuertes y están "directamente apoyados en lo sensorial [lean directly upon the sensory]", olores y sabores causan solamente dolor, sin deleite (delight).
Sin embargo, si esas sensaciones son "moderadas, como en una descripción o narración, se convierten en fuentes tan naturales de lo sublime como cualquier otra, y se basan en el mismo principio que el de un dolor moderado" (Burke, 1990, p.
En otras palabras, la participación o no del olfato (de olores intolerables) y del paladar (de amargores destacados) en la sensación de lo sublime depende de un delicado juego de equilibrios: debe ser intensa, pero nunca tan intensa que esté a punto de trocarse en nada más que dolor, sin dejar espacio para el deleite.
El modo de mitigar su efecto -y toda teoría de lo sublime depende de un análisis del efecto-es su conversión narrativa, es decir su tránsito por el camino racional de la verbalización.
Solo así, respetando la dosis correcta de amargor y de mal olor, se puede -para Burke-tratar el asunto "con dignidad", o sea mantenerlo dentro de la esfera de lo sublime.
Según el autor irlandés, cabe recordar que "la idea de lo sublime pertenece al instinto de conservación", y que "su afección más fuerte es el sufrimiento" (Burke, 1990, p.
La tirada sobre el olor y el paladar termina aludiendo a la posibilidad de incurrir, en estos puntos, en el vitium de la exageración.
Sus ejemplos proceden del mundo animal, y son esenciales para lo que sigue: "Las cosas terribles [Things which are terrible] son siempre grandiosas [great]; sin embargo, cuando tienen cualidades desagradables, así como cuando poseen realmente algún grado de peligrosidad, aunque de un tipo fácilmente superable, son apenas odiosas [odious], como por ejemplo sapos y arañas" (Burke, 1990, p.
Al establecer este límite, Burke levanta también una frontera entre lo sublime y lo que pasó a conocerse como "abyecto" a finales del siglo XX.
Lo sublime todavía era pensado por él y por sus sucesores (Mendelssohn, Kant, Schiller) en clave de decoro retórico.
Aquello que Burke denomina "odioso" debe a478 ser aproximado a lo abyecto.
Ambos conceptos implican una recusación, una negación.
Recordemos que lo abyecto, tal como lo define el diccionario Houaiss, es lo "despreciable, bajo, innoble", derivado del latín abjectus, "tirado por tierra, derribado, despreciable, vil [...] bajo, abatido"; el participio pasado del verbo abjecere que significa "lanzar, tirar, derribar, echar abajo, despreciar, rechazar".
El caso es que Burke y los teóricos de lo sublime mantienen lo odious/detestable, y lo que Mendelssohn y Kant denominaron Ekelhaft, asqueroso, fuera del campo de las representaciones artísticas (Seligmann-Silva, 2005, pp. 31-56).
Quisiera proponer un paralelismo verosímil entre, por un lado, la construcción en el campo estético (tanto en las obras como en la teoría) del concepto de lo abyecto (en su parentesco con lo sublime, lo odious y lo asqueroso) y, por otro, los descubrimientos científicos que se produjeron a lo largo del siglo XIX.
Importa señalar la simultaneidad de lo que puede describirse como el nacimiento del eje subterráneo de lo abyecto, que pasó a manifestarse cada vez más en las obras de arte y, a su vez, el radical cambio en la visión del hombre impulsado por la teoría darwiniana de la evolución de las especies.
Mi hipótesis es que hay una relación más que meramente histórica entre el hecho de que Darwin y la ciencia hayan revelado el ser animal en nuestro origen al mismo tiempo que la estética clásica se derrumbó bajo el peso de las presentaciones abyectas.
Lo abyecto -aquello que se rechaza, se expulsa, se vomita-es, para Kristeva, un "objeto" primero; es el "refoulement originaire", la "represión originaria".
Lo abyecto nos coloca, escribió en su libro de 1980, frente a "esos estados frágiles en los cuales el hombre vaga por los territorios del animal" (Kristeva, 1980, p.
Si lo sublime proviene totalmente del instinto de conservación, lo abyecto ilumina nuestro ser fragmentado: también ello es originario, y también de ello nace nuestra vida, aunque el foco ahora se dirige hacia "el otro borde", es decir, hacia el difuso margen del "sujeto" pre-subjetivo, el sujeto en un mundo que todavía no era mundo.
Si en lo sublime hay deleite, en lo abyecto hay goce, jouissance, un placer ambiguo nacido de una catarsis del Otro que levanta al mismo tiempo la catastrófica topografía de nuestro ser (Kristeva, 1980, p.
En otras palabras, lo abyecto es pensado a partir de Kristeva como algo que nos remite al momento ritual de nuestra cultura, que obliga a lo simbólico a un acto regresivo para protegerse a sí mismo, ya que el mundo está desde siempre amenazado de ruptura bajo la fuerza de una masa abyecta primigenia que insiste en abrirse paso hasta la superficie.
En tal sentido, antes de volver a la cuestión animal vale la pena recordar algunos otros componentes de la constelación conceptual que hoy en día tiene en lo abyecto a su estrella más visible.
En esta constelación se percibe también claramente -y en aparente proximidad con la ambigua luminosidad de lo abyecto-la presencia de "lo informe" según Bataille.
Rosalind Krauss (re)lanzó con gran pompa dicho concepto competidor de la abyección en la exposición de 1996 L'informe.
Mode d'emploi, celebrada en el Centre Georges Pompidou, y en su catálogo editado junto con Yve Alain Bois 2.
Cabe decir que los dos conceptos anteriores han intervenido a partes iguales en el debate teórico y práctico sobre lo sublime contemporáneo.
Las contribuciones de Bataille a la revista Documents del año 1929 y siguientes constituyen un campo de batalla contra los modelos de belleza clásicos y contra la idealización del arte (Menninghaus, 1999, p.
El artículo Bouche, por ejemplo, muestra en una foto una enorme boca abierta: un verdadero ataque directo contra Lessing, quien en su Laocoonte de 1766 había reivindicado, como uno de los pilares de las artes plásticas, una estética de la contención y de la ocultación de los orificios del cuerpo.
La anatomía cómica de los simios entra también en escena en esta campaña artística.
En lugar del modelo solar apolíneo, que llevaba en su centro una visualidad ideal, Bataille propone en 1927 L'anus solaire, como si estuviera revelando el elemento abyecto de la imagen solar, o transformando el culto de lo bello en culto escatológico.
Semejante programa estético se abre asimismo a la sexualidad violenta, y desemboca en una interpretación sacrificial del arte.
"Como Nietzsche, Bataille diagnostica en los contemporáneos un asco de sí mismos, de los instintos del animal de rapiña, que tiene su origen en la debilidad" (Menninghaus, 1999, p.
Según el ensayista francés, estamos perdiendo nuestra "crueldad inocente": deberíamos liberar al animal encadenado dentro de nosotros.
Después de Sade, Baudelaire había asociado tortura y voluptuosidad.
En Mon coeur mis à nu este último escribió: "Crueldad y lujuria, sensaciones idénticas, como el extremo calor y el extremo frío" (Baudelaire, 1975, p.
Y en Les Paradis artificiels hace observar: "Pues así como de una droga terrible, el ser humano disfruta del privilegio de poder extraer nuevos y sutiles placeres del dolor, de la catástrofe y de la fatalidad" (Baudelaire, 1975, p.
Con Bataille, el movimiento de entrega a la crueldad y a una estética de la sangre y del dolor se radicaliza: de este modo, se actualiza nuevamente la tragedia con sus elementos dionisíacos y con su capacidad para a478 encontrar satisfacción en el miedo.
Lo bello solo encuentra lugar aquí como algo que debe ser sacrificado: como un espacio para la desacralización y una fuente de goce a través de su desfiguración y de su "desfloración".
En la estructura de lo sagrado, Bataille ve inserta, siguiendo a E. Durkheim y a M. Mauss, la propia necesidad del sacrilegio.
Sin embargo, aunque Bataille haya escrito L'abjection et les formes misérables, no podemos confundir su antiestética con el concepto de abyección de Kristeva.
En Bataille no hay, como observó Menninghaus, una teoría de la economía pulsional de la abyección, ni una investigación sobre sus dimensiones psico-históricas y no objetales, ni una hipótesis sobre la abyección originaria de la madre, centrales en Kristeva (Menninghaus, 1999, p.
Además, el erotismo en Bataille se basa en el deseo masculino, mientras que Kristeva habla de la "economía biopulsional" de un cuerpo materno pre-objetal, y de un subsiguiente "tornarse objeto".
Bataille es relevante como figura central de la revuelta contra el modelo clásico y como continuador de la reestructuración de lo estético a partir de lo que Adorno definió en términos de un "desencadenamiento de lo elemental".
Tal proceso -continúa Adorno-estaría vinculado con la "autoconciencia" de nuestro "ser natural" (Adorno, 1970, p.
Para el filósofo el arte, sobre todo desde el romanticismo, pasó a estar dirigido por una dialéctica entre lo "espiritual" y lo "elemental" (o lo "repelente", lo "desagradable": en una palabra, nuestro "ser naturaleza" siempre reprimido, o nuestro ser "apenas un animal", que Schiller había intentado descartar de la literatura).
Este pasaje entre la forma humana y la animal era un lugar antiguo, ya conocido mucho antes de los descubrimientos de Darwin.
A lo largo del siglo XVIII se dio un conflicto entre los adeptos de la teoría de la "gran cadena de los seres", quienes creían que existía una continuidad entre los mundos mineral, vegetal y animal, entre las especies más simples y las más complejas, y aquellos que se esforzaban por distinguir con claridad al hombre del resto de la creación.
La última postura resultaba, como es evidente, mucho más compatible con los dogmas de la Iglesia, que autores como Herder y Kant todavía habían intentado proteger durante sus incursiones en la antropología.
Pero la teoría de la gran cadena de los seres permitía, por ejemplo, la aproximación de los negros a los animales, sobre todo a los simios.
En Daniel Defoe encontramos un retrato del salvajismo marcado por la ambigüedad: los salvajes oscilarían entre los polos de la docilidad (Viernes) y de la ferocidad (los demás integrantes de la tribu de Viernes, caníbales).
De esta suerte, el autor asimila los "salvajes" a los animales, que son algunas veces mansos (o sea, domesticables) y otras pertenecen a una naturaleza descontrolada, externa a la civilización.
También el filósofo David Hume, y Edward Long, que lo sigue en este punto, aproximan los negros a los animales, pensando en la gran cadena de los seres.
Long, en su History of Jamaica, fue uno de los mayores impulsores de la tesis sobre la animalidad de los negros, y de ella hizo derivar la justificación de la esclavitud.
Long afirmaba que en África los negros mantenían relaciones sexuales con simios.
Contra la concepción cristiana de la monogénesis, propuso la poligénesis, ya que para él blancos y negros constituían dos especies distintas.
Junto con Hume, veía a los negros desprovistos de genio, de ciencia y de capacidad para el progreso (Cf.
Buffon, antes de él, al relacionar las distintas razas con los climas y su influencia ya había adelantado ideas cercanas a las de Long.
Es capital observar que todas estas teorías tenían un fuerte contenido estético y eurocéntrico.
Buffon condena la "fealdad" de los tipos no europeos y los estigmatiza como degenerados.
Describiendo el aspecto exterior de los lapones, por ejemplo, sentencia: "Son todos igualmente groseros, supersticiosos, estúpidos [...] en su mayor parte, idólatras, [...] más groseros que los salvajes, sin coraje, sin respeto por sí mismos, sin pudor; este pueblo abyecto [abject] no tiene hábitos que no merezcan desprecio" (Variétés dans l'espèce humaine, citado en Bindman 2002, p.
Aunque en Buffon, a diferencia de lo que afirma Long, no haya lugar para la hipótesis de la poligénesis, la concepción "científica" de que puede existir un "pueblo abyecto" no deja de ser esclarecedora; y ha hecho, como se sabe, una triste carrera hasta nuestros días.
La teoría de evolución de las especies había entronizado la idea de que el hombre es parte de la cadena animal.
Con sus análisis empíricos, Darwin desacreditó -o por lo menos lo intentó-a los prosélitos de las especulaciones pre-científicas creacionistas.
Es oportuno recordar alguno de ellos, sobre todo el que el autor despliega en su libro de 1872 La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, pieza fundamental en la divulgación de la teoría de la evolución de las especies y de la selección natural.
En esta obra, Darwin lleva a cabo un trabajo de comparación entre las manifestaciones de la emocionalidad en el hombre y en diversos animales.
El naturalista británico había movilizado un impresionante ejército de corresponsales, ubicados por todo el mundo, para que le enviaran una descripción detallada de las a478 reacciones y expresiones (faciales, pero también gestuales y corporales) de las poblaciones autóctonas.
El objetivo era comprobar la unidad de la especie humana, en la misma medida en que la especie humana estaba vinculada a los otros animales.
Con el fin de captar así la "esencia" de la humanidad (del hombre, sin importar su educación), dato fundamental para la teoría que quería defender, Darwin recurre al examen de la conducta expresiva de "locos" y de niños, a las famosas fotografías de rostros con músculos galvanizados de Duchenne, a obras de arte y, por último, ya se ha mencionado, a la comparación de "distintas razas humanas" (Darwin, 2000, p.
He aquí un párrafo oportuno:
En los humanos, algunas expresiones, como el erizar del cabello bajo la influencia del terror extremo, o enseñar los dientes cuando se está muy furioso, difícilmente pueden ser comprendidas sin la creencia de que el hombre existió un día en una forma inferior y animalesca.
El hecho de compartir ciertas expresiones entre especies distintas, aunque cercanas, como la contracción de los mismos músculos faciales durante la risa por el hombre y por varios grupos de simios, se torna más inteligible si creemos que ambos son descendientes de un ancestro común.
Aquel que admita que, en general, la estructura y los hábitos de todos los animales evolucionaron de forma gradual, abordará el entero asunto de la expresión a partir de una perspectiva novedosa e interesante (Darwin, 2000, p.
Encontramos por tanto en Darwin la proposición explícita de que existe algo así como "el animal dentro de nosotros".
Además, al indagar las reacciones y expresiones humanas y animales, el padre de la teoría de la evolución encara el problema de lo abyecto de forma muy similar a la de Burke.
En la parte dedicada a la expresión del disgust, del asco, Darwin afirma: "Este término, en su sentido más simple, significa algo desagradable al paladar" (2000, p.
Un nativo de Tierra del Fuego, continúa, al tocar la carne fría que el científico comía, mostró "enorme asco por su consistencia blanda".
Y añade: "A mi vez yo sentí un profundo asco de ver mi comida tocada por un nativo desnudo, aunque sus manos no parecían sucias".
Darwin no analiza por qué tuvo asco de ese hombre, pero para él debería ser natural experimentarlo ante el contacto, aun indirecto, con "un nativo desnudo", incluso con uno de manos limpias.
No se trataba de un prurito de higiene: el asco es aquí indicativo de la abyección del "otro", del aborigen, de la desnudez.
Por otra parte, su reflexión sobre la repugnancia que nos producen los restos de comida en la barba de un hombre no deja de proceder de un insight de sutileza casi psicoanalítica: siempre que vemos comida, surge en nosotros "la idea de comerla".
Aunque lamentablemente Darwin no se explica sobre este punto, sin duda la figuración de aproximar nuestra boca a la barba del hombre sería lo que provoca el asco.
Como se percibe, aquí la abyección transita también por las fronteras entre los géneros y entre los deseos de-negados.
Más en general, la expresión del asco se derivaría, para el naturalista, de los actos de escupir y vomitar.
Darwin sostiene que nuestros antepasados debían tener la capacidad de regurgitar voluntariamente una comida que no les sentara bien, capacidad que compartirían con los simios.
Y así el círculo se cierra: de lo abyecto del otro a lo abyecto del simio que siente lo mismo, la abyección se convierte en una prueba, como volveremos a ver en Kafka, a la vez de nuestra animalidad y de la "humanidad" del simio.
Obras como el Frankenstein, publicado en 1817 por Mary Shelley, y los cuentos de Hoffman, con sus personajes autómatas, exploraban igualmente los límites de lo humano y buscaban dar forma a una nueva sensibilidad.
El relato de Robert Louis Stevenson Dr. Jeckyll and Mr. Hyde, de 1886, fue escrito después de que Darwin diera a la imprenta sus estudios.
En esa literatura, ya no se trata de lo cómico (como en Hogarth), ni del análisis del carácter tras las fisonomías (como en Lavater), sino más bien de incorporar el elemento terrorífico -el Unheimlich, diría Freud-de nuestro "origen", ya sea interpretado según la teoría freudiana de la represión o según la hipótesis de lo abyecto como constitutivo y negador a la par de lo simbólico.
Si deseamos aquilatar el sentimiento de asco manifestado por ejemplo por Ottilie -el personaje de Goethe-respecto de las "afinidades electivas" con nuestros parientes primates, cabe recordar las palabras de Freud en su texto Die Verneinung (La negación, 1925) sobre el origen de la capacidad de juicio.
Hemos de tener presente que la negación es un camino abierto para nuestro diálogo con lo reprimido.
Freud hace emanar la facultad de juicio de un "código elemental del Yo-Placer que consiste en la diferenciación binaria entre 'introducir en mí' y 'eliminar de sí'" (Menninghaus, 1999, p.
Y escribe que tal diferenciación se expresa "en el lenguaje de las pulsiones [Triebregungen] orales más antiguas: quiero comer esto o quiero escupir; y, traduciéndolo de modo abierto [in weitergehender Übertragung]: quiero introducir esto en mí y expulsar aquello de mí.
Es decir: debe estar en mí o fuera de mí.
El Yo-Placer originario quiere [...] introyectar todo lo bueno y expulsar todo lo malo" a478 (citado en Menninghaus, 1999, p.
No hace falta dar un gran salto para pasar de esta idea a la noción de lo abyecto, aunque el concepto de Kristeva y tal teoría del juicio tampoco sean estrictamente paralelos.
Y eso sin contar con que, para Freud, el asco justamente despierta sentimientos reprimidos y regresivos de tipo polimorfo-perverso.
Según el fundador del psicoanálisis, encontrar placer en los excrementos sería una herencia arcaica y "una práctica infantil evidente; solo en el campo de la represión cultural y de los límites del asco la fijación extemporánea en ello tiende hacia el precipicio de las perversiones" (apud Menninghaus, 1999, p.
No podemos olvidar que, en Freud, el proceso de aculturación se confunde con el de hominización y pasa por la represión de los instintos y predilecciones animales, que son recluidos en las profundidades de nuestro ser.
Como leemos en El malestar en la cultura, el tránsito del modo de caminar cuadrúpedo al bípedo determinó, por un lado, una serie de represiones del olfato y de su papel en la excitación y en las relaciones humanas; y, por otro, el aumento del papel de la visualidad.
"Un factor social está también inequívocamente presente en la tendencia cultural a la limpieza, la cual recibió, ex post facto, justificación en consideraciones higiénicas, aunque se haya manifestado antes del descubrimiento de las últimas.
El incentivo de la limpieza se origina en el impulso de deshacerse de las excreciones, que se tornaron desagradables a la percepción de los sentidos.
Sabemos que, en la habitación de los niños, las cosas son distintas", escribe Freud.
Y añade que si utilizamos el nombre de nuestro mejor amigo, el perro, como injuria es precisamente porque este tiene el olfato por sentido dominante, porque no le repugnan sus excrementos ni experimenta vergüenza ante sus funciones sexuales (Freud, 2010, p.
No es casualidad que el episodio central de Un informe para una Academia narre el día en que su humanizado mono protagonista aprende a escupir, pivote de su aventura de aculturación.
El sabio simio fue capturado tras recibir dos disparos: uno le habría alcanzado en un pómulo -literalmente, en la "manzana de su cara" (pómulo): cuántas manzanas en el proceso cultural, y en nuestras caídas-; el otro le hirió en las nalgas, que debían estar demasiado expuestas.
Nuestro amigo orador ironiza en su informe sobre la idea de libertad: al igual que Freud, sabe que solo nos humanizamos gracias a nuestra capacidad para acostumbrar el cuerpo a los barrotes de una prisión, como hizo él mismo tras ser capturado.
Además, el mono se volvió hombre, como no podía ser menos, del mismo modo que todos nosotros: imitando a otros hombres.
Su primer acto humano, por lo tanto, fue escupir: al lanzar su saliva, el mono dio a entender que era inteligente.
Parafraseando a Borges, podemos afirmar que Darwin fue un gran lector de Kafka.
Luego vino la pipa y, tras ella, el aguardiente.
Después de todo, Adán y Eva comenzaron con un pequeño pecado.
En Hamburgo, la naturaleza del simio huyó rápidamente de él; a la inversa, su "primer profesor casi se convirtió él mismo en un simio" (Kafka, 1999, p.
En esta narración, nuestro ser animal abyecto toma la palabra y reclama la literatura como su reino propio.
El simio -hombre, o el hombre-simio, presta su voz al animal que quedó aprisionado dentro de nosotros, y que nos remite a nuestro origen filo y ontogénico con una ironía que solo Kafka pudo dominar completamente.
Sería conveniente resituar la cuestión de nuestra animalidad en el contexto de las investigaciones sobre las tensiones entre la zoe y la bios, es decir entre la vida animal y la vida organizada.
Como Arendt, Foucault y, más recientemente, Agamben han mostrado, la cultura occidental se inclinó por una politización de la zoe.
Según Freud deja patente en su ya citado El malestar en la cultura, la aculturación es un largo proceso de alejamiento, represión y despedida del cuerpo.
Nuestra "vida" se transforma en algo que ha de afrontarse y administrarse mediante técnicas destinadas a reimplantar el principio de placer allí donde la sociedad quiere, cueste lo que cueste, imponer la existencia en común y la renuncia a la felicidad en beneficio de la comunión 3.
Podemos hablar de una "dialéctica de la compasión" en la medida en que la sociedad amplía cada vez más el círculo no solo de culturas, etnias y poblaciones humanas, sino también de animales y vegetales que deben ser incluidos y concertados en este gran plan de construcción de una unidad de la vida.
Aquí, la protección no se deja distinguir del control.
Por terminar con otra referencia literaria, J. M. Coetzee es uno de los escritores actuales que más y mejor aborda tales asuntos.
Lo que Agamben denomina "biopolítica" surge en la obra de Coetzee de la reflexión sobre la gestión de la vida y la muerte de los excluidos como "resto" de la sociedad, y también de sus incursiones literario-filosóficas en el estudio de las fronteras entre el ser humano y el animal.
En Vida y época de Michael K., (1983) por ejemplo, Coetzee narra la historia de un negro que se encuentra sin lugar en la sociedad de Sudáfrica, mientras el apartheid se desmorona.
Pero Michael K. no encarna solamente a478 al negro sudafricano; en él puede verse asimismo a un representante de los marginados que dependen del asistencialismo, con su doble cara de caridad y de control.
Hacia el final del libro, definitivamente privado de espacio social, Michael K. piensa: "Me convertí en un objeto de caridad [...]
Tal vez la verdad sea que basta estar fuera de los campos, fuera de todos los campos al mismo tiempo.
Quizás ya eso represente una conquista por ahora.
¿Cuánta gente queda que no está ni presa ni montando guardia en la puerta?
Escapé de los campos; tal vez, si me quedo en mi casa, escape también de la caridad" (2003, p.
¿Qué significa semejante "escapar de la caridad"?
Coetzee, como intelectual blanco sudafricano, considera con dureza, en el anterior pasaje, la ambigüedad de los llamados "derechos humanos", una exitosa doctrina biopolítica que permite sin duda imponer el control en clave "caritativa" y bienintencionada.
Los derechos humanos, iluminados de un modo crítico, fueron también tema central en su novela Disgrace (1999).
Como Elisabeth Anker escribió con respecto a esa obra, "the law remains an object of passionate ambivalence throughout the novel", siendo así que el autor apunta a los muchos peligros que acompañan a los derechos humanos cuando se aplican como medio para alcanzar la justicia social (Anker, 2008, pp. 234-235).
Coetzee cuestiona la universalización de ciertos a prioris característicos de los derechos humanos, gestados en Occidente y dentro de su horizonte legal y cultural.
Y en el libro K. desaparece literalmente sin dejar rastro, destaca Wright, derruyendo las fronteras entre él y los animales e insectos de los que se alimenta.
Al asumir ese reproche contra unos derechos humanos implantados como doctrina de los colonizadores, Coetzee ya apuntaba hacia una posición que los social studies y la crítica del derecho internacional consolidarían en los años siguientes a su novela.
Makua Wa Matua, exponente de los estudios de derechos humanos pensados a partir de la lucha de descolonización africana, afirmó por ejemplo en 1994 que "for Africa, the anti-colonial struggle was a human rights movement, different and separate from the modern human rights movements" (Matua, 1994, p.
La resistencia contra los colonialismos, y los movimientos de independencia, no fueron integrados hasta entonces; y, en verdad, solo lo han sido hoy parcialmente, en el modo en que pensamos y traducimos en acciones los derechos humanos 4.
En La vida de los animales Coetzee, por medio de su alter ego Elisabeth Costello -una exitosa escritora australiana, vegana y militante contra el maltrato animal-había incorporado diversos fragmentos sobre la compasión y la simpatía.
Para Costello, contrariamente a Buffon 5, y mucho más en sintonía con lo que pensaba Bentham 6, podemos identificarnos incluso con una ostra: "No hay límites para nuestra capacidad de percibir por el pensamiento el dolor de los demás.
No hay límites para la imaginación simpatizante" (2002, p.
El personaje compara el asesinato cotidiano de millones de animales con un holocausto sin fin.
En su opinión, existiría un estado de excepción en nuestra relación con los animales, una situación de guerra en la cual "no hay ley" (2002, p.
Costello cree que la compasión por los animales es reciente y, sobre todo, anglosajona; que, en otras palabras, puede ser también comprendida como una etapa más del colonialismo congénito de la Ilustración.
Es imposible reproducir aquí las sutilezas de este texto polifónico de Coetzee donde, a la vez que se enuncian y defienden con sólidos argumentos las tesis veganas, también se ironiza sobre ellas y se las critica.
Sin embargo, el objetivo del autor es justamente mostrar las aporías con las que nos enfrentamos cuando se pasa a pensar la política desde el punto de vista de la alimentación y de la compasión.
El gran éxito de la literatura (y del ensayismo serio) consiste en no plegarse a soluciones fáciles y simplistas.
Aquí acaba esta modesta exposición: "A ustedes, eminentes miembros de la Academia, solo les he presentado un informe" (Kafka, 1999, p.
Sobre la importancia de la piedad para la formación de la sociedad, cf. también el prefacio al Discours (Rousseau, 1964, p.
No obstante, en su Essai sur l'origine des langues Rousseau se muestra más cercano a las ideas de Hobbes.
Allí argumenta que la piedad requiere un movimiento de reflexión inexistente en el estado de naturaleza.
Aun así, todavía insiste en su naturalidad: "La piedad, aunque natural en el corazón del hombre, permanecería eternamente inactiva sin la imaginación que la moviliza.
¿Cómo nos dejamos vencer por la piedad?
Transportándonos hacia fuera de nosotros mismos, identificándonos con quien sufre.
Solamente sufrimos en la medida en que juzgamos que aquel sufre; no es en nosotros, es en él en quien sufrimos.
Pensemos cuánto conocimiento adquirido supone dicha manifestación [...].
El que nunca reflexionó no puede ser clemente, ni justo, ni compasivo; tampoco puede ser malo y vengativo" (Rousseau, 1998, p.
"En el proceso de desarrollo del individuo, el objetivo principal es el programa del principio del placer, el cual consiste en obtener satisfacciones que proporcionen felicidad [...]
Es distinto en el caso del proceso cultural; en este, el objetivo principal es, en gran medida, la producción de una unidad compuesta por individuos humanos; seguramente, el objetivo de tornarse feliz existe todavía, pero queda en segundo plano, y casi siempre se tiene la sensación de que la creación de una gran comunidad humana sería más exitosa si no fuera necesario preocuparse por la felicidad del individuo" (Freud, 2010, p.
Buffon deja claro el modo de funcionamiento de la compasión, que para el naturalista era más corpóreo y "animal" que cultural.
"Existe, por lo tanto, una especie de insensibilidad cruel en sacrificar sin necesidad sobre todo aquellos animales que son más cercanos a nosotros, que viven con nosotros y cuyo sentimiento se refleja en nosotros, destacándose por los signos del dolor; ya que aquellos cuya naturaleza es distinta de la nuestra prácticamente no pueden afectarnos.
"Compasión: esta palabra expresa suficientemente que se trata de un sufrimiento, de una pasión que compartimos; sin embargo, es menos el hombre quien sufre que su propia naturaleza la que padece, la que se rebela mecánicamente y se coloca ella misma al unísono con el dolor.
El alma tiene menos que ver que el cuerpo con este sentimiento de piedad natural, y los animales son también susceptibles de él; el grito de dolor los conmueve, corren para socorrer, retroceden frente a la visión de un cadáver de su especie.
Así, el horror y la piedad son menos pasiones del alma que afecciones naturales ["des affections naturelles"], dependientes de la sensibilidad del cuerpo y de la similitud de conformación; este sentimiento debe, por lo tanto, disminuir en la medida en que las naturalezas se distancian.
Un perro que golpeamos y una oveja que degollamos nos causan alguna piedad; un árbol que cortamos y una ostra que mordemos no provocan ninguna piedad" (Buffon, 2007, p.
La historia de la Ilustración es también la de la ampliación de tal círculo de empatía -ampliación paralela, y no opuesta, a la expansión de la violencia-.
"Llegará un día en que la humanidad extenderá su manto sobre todo lo que respira.
Empezamos a conmovernos con la suerte de los esclavos: terminaremos endulzando la suerte de los animales que sirven a nuestros trabajos y a nuestras necesidades." |
En esta contribución se exploran las relaciones entre estética y biología en dos textos de Paul Valéry: La introducción al método de Leonardo da Vinci (1894) y El hombre y la concha (1937).
En estos ensayos, Valéry desarrolla una teoría morfogenética que atribuye al arte la función de reapropiarse de las fuerzas formativas que obran en la naturaleza con el fin de producir a su vez la misma variedad de formas, y restaura de este modo el lazo entre estética y ciencias de lo viviente que Goethe había sido el primero en establecer.
La morfogenética valeryana es esencialmente dinámica, pues otorga privilegio al
LA MORFOGÉNESIS DE GOETHE
Si existen dos disciplinas emparentadas durante generaciones por sus métodos estas son la historia del arte y la biología, que comparten la misma precisión morfológica en la descripción y la misma exigencia de dominio de cantidades inconmensurables de objetos.
En el siglo XIX, las teorías goetheanas sobre la emergencia de las formas naturales interesarán tanto a los científicos como a los escritores, contribuyendo así a establecer vínculos entre la dinámica de la forma y el discurso de la biología.
La práctica de Goethe es ante todo práctica de las ciencias de lo viviente, práctica de la anatomía y de la botánica, y también de la fisiología, ciencias que Goethe buscaba articular en un todo coherente al que significativamente denominaba "morfología", por la cual entendía una teoría de la forma, de la formación y de la transformación de los cuerpos orgánicos.
La morfología se sitúa dentro de la historia natural en cuanto estudio de las formas y de las partes de la naturaleza organizadas en relación con el conjunto de lo viviente.
Aunque Goethe explota la explicación legal matematizable para verificar la descripción sensible, a menudo estetizante, que permite ver la esencia misma de las cosas, la esencia goetheana no es exactamente una estructura, sino un poder de estructuración: es Bildung (la forma como actividad de formación) y no únicamente Gestalt (la forma fija).
Además, la forma y la formación que definen a lo viviente son también y sobre todo con-formación, es decir interconexión e interacción con el medio de vida.
El autor capta ese poder de conformación de la esencia mediante el concepto científico y filosófico de metamorfosis, el cual permite comprender "la dinámica de implicación de la ley en la concreción empírica" ( van Eynde, 2011).
Goethe pretende ser por tanto el teórico de las formas que se transforman, se diversifican, aun conservando una identidad arquetípica.
Por ello no separa el concepto de forma fenomenal (Gestalt) del de formación (Bildung), de fuerza formadora (Bildende Kraft), de pulsión (Trieb) y de estructura en el sentido de las relaciones entre el Todo y las Partes (relaciones mereológicas) (Petitot, 2003, p.
En este último punto es donde confluyen los sistemas del arte y de la naturaleza: en la idea de un todo que une las partes, de una totalidad orgánica capaz de traducir la coherencia subterránea de lo vivo tras la inagotable diversidad de las formas que la vida segrega.
Goethe se verá entonces obligado a concebir "una estética morfológica [...] y una teoría morfológica de la cultura" (Cohn, 1999, p.
11) que amplíen el concepto de naturaleza, con el fin de poder incorporar a este el mundo de la organización y de las formas: así, "las ciencias naturales y la estética van de la mano, el proceso de la naturaleza, así como el de las artes, es una formación, una construcción de la forma que, por medio de procesos cognitivos, permite acceder a la esfera del sentido" (Cohn, 1999, p.
Dado que su interés consistió en discernir la formación y la transformación de las formas, Goethe tenía una justificación para recurrir a la estética concebida como una ciencia general de la sensibilidad, pero también como un estudio sobre nuestra recepción de las "bellas formas" producidas por el arte (Class, 2011, p.
El poeta y pensador germánico sostenía, en efecto, que la forma artística deriva de la forma viviente, cuyas características esenciales reproduce, y que por ende puede, a cambio, facilitar la comprensión de esta, al menos en un plano heurístico.
La forma deviene así la clave del entendimiento de todas las cosas, puesto que une informaciones objetivas y sensibles, pero también propiedades de virtualidades ocultas que dan acceso a la inteligibilidad (Wunenburger, 2011).
LA MORFOLOGÍA DINÁMICA DE PAUL VALÉRY
La hipótesis de un generativismo que opera tanto en las variaciones morfogenéticas de la naturaleza como en las imágenes creadas por el hombre ha sido retomada por numerosos filósofos y artistas del siglo XX, los cuales presienten la existencia en la naturaleza de una fuerza que dota de forma y que pluraliza en todos los niveles de su organización la red de sus figuras posibles.
Se trata de una de las ideas directrices de Paul Valéry, quien se interesó por las transformaciones y modulaciones de la naturaleza viviente, y elaboró a partir de ellas el modelo de una "morfología generalizada".
El proyecto de Valéry remite a una tendencia de la modernidad que consiste en alinear la creación con el modelo de lo viviente, con la dinámica de su crecimiento.
Algunos apuntes antiguos dan cuenta de su fascinación por los "ritmos primitivos", que alimentan en él la utopía de remontarse al origen, la de "la misteriosa unión entre la obra de arte y la naturaleza" (citado en Jallat, 1982).
En efecto, el estudio de lo viviente permite considerar "la formación sistemática de las formas, la búsqueda de transformaciones, modulaciones, etc." que actúan como un poder de estructuración, o mejor dicho de formación (Robinson-Valéry, 1974, p.
Laurence Dahan-Gaida 3 a479 conformación: la Bildung antes que la Gestalt (la forma fija), lo posible antes que lo dado.
No el producto acabado sino la producción de formas, la dinámica de generación tal como aparece en su encarnación por excelencia en la naturaleza, en la que Valéry ve una potencia de transformación combinada con otra de conservación y de regeneración.
La teoría valeriana de la forma está fundada sobre esa intuición profunda de que la forma es un desarrollo inmovilizado, la fijación de una inestabilidad fundamental que hace que todo ser viviente sea constantemente él mismo y constantemente otro.
Goethe no decía otra cosa al describir la arquitectura como "música inmovilizada".
Esa concepción dinámica de la forma, que valora el proceso en la creación, trae como consecuencia la emancipación del arte respecto de la mimesis en el sentido de 'copia', y la sustitución de esta por una poiética que subraya la producción antes que el producto creado.
Desde tal óptica, el arte ya no es un proceso secundario, relegado a una imitación laboriosa de la naturaleza, sino el efluente mismo de su actividad creadora.
Se anula así toda relación jerárquica entre arte y naturaleza, techné y physis: "El arte como imitación de la naturaleza -esta simpleza es cierta si uno recuerda que imitar puede ser mejor que copiarsignificaría desentrañar los procedimientos y someterlos -como en las máquinas-y no querer producir el exterior -cualquier cosa que se muestra-.
Pero el verdadero arte es poseer todo el conjunto -los medios libres de transformación-" (Celeyrette-Pietri, 1987, vol. III, p.
La función del arte no es imitar la naturaleza, en el sentido de la natura naturata, sino de la natura naturans.
Dicho de otro modo: reapropiarse de las "fuerzas forma tivas" que operan en ella con el fin de producir a su vez la misma variedad de formas: "Naturaleza, es decir: la Producente o la Productora.
A ella es a quien le encargamos producir todo aquello que no sabemos hacer y que, sin embargo, nos parece hecho" (Hytier, 1957, p.
Se explica entonces su fascinación por la concha, que constituye a sus ojos la forma por excelencia, puesto que muestra el trabajo de las fuerzas de la naturaleza: es la forma hecha visible de las fuerzas naturales.
Valéry le dedicará en 1937 un célebre ensayo: El hombre y la concha.
El hombre y la concha
Para Valéry, lo fascinante de la concha -y de otras formas de prominente morfología como el cristal, la flor, etc.-es que se trata de objetos complejos que resultan "más inteligibles a la vista, aunque más misteriosos para la reflexión, que todos los demás que vemos indistintamente" (Hytier, 1957, p.
La concha pone en juego una disyunción entre la inteligibilidad inmediata e intuitiva producida por la percepción sensible de la forma y el misterio intelectual sobre el que reposa su principio organizador interno.
El conflicto epistemológico se sitúa en la oposición entre una construcción mecánica causal (regida por tanto por la física clásica) y una producción viviente final (teleológica):
Concebimos la construcción de esos objetos; y por ello nos interesan y nos retienen; no concebimos su formación, y por ello nos intrigan.
A pesar de estar nosotros mismos hechos o formados por conducto de crecimiento insensible, no sabemos crear nada por ese conducto (Hytier, 1957, p.
Para Valéry, las "formas naturales son leyes que hablan a nuestros ojos" (Hytier, 1957(Hytier,, p.
1173): su poder legislador se da a través de una experiencia sensorial que es ante todo de tipo visual.
Ahora bien, las formas como la concha oponen resistencia al conocimiento, puesto que su proceso generador no se deja aprehender: "Encontramos en su apariencia la semejanza de una intención y de una acción que les hubiera dado forma similar a lo que los hombres saben hacer, y pese a ello la evidencia de procedimientos que nos resultan prohibidos e impenetrables" (Hytier, 1957, p.
El problema que plantea la concha es el de la finalidad de la organización: la concha es una forma organizada, una estructura, una totalidad, pero resulta imposible desvelar el esquematismo de su composición (Petitot, 2003, p.
En ese sentido, es la imagen de la vida misma, que uno no puede "representar ni como algo necesario a partir de las cosas no vivas, ni como algo del todo accidental; que parece fabricar fines y no tenerlos; significar o aspirar a cierta tendencia a la desigualdad e igualarse en estadísticas" (Robinson- Valéry, 1974, p.
Con el fin de "reducir" la complejidad de la concha como forma, Valéry probará diversos enfoques, empezando por el geométrico.
Pero este revela muy rápidamente sus limitaciones: solo consigue describir la figura general de la concha sin poder explicar la dinámica de su engendramiento:
Hélices, espiras, evoluciones de relaciones angulares en el espacio, el observador que las considera y se esfuerza por traducirlas en sus formas de expresión y de comprensión no deja de percibir un carácter esencial de las formas de ese tipo.
Una concha, como una mano, como una oreja, no puede confundirse con una concha simétrica.
Si dibujamos dos espirales, una de a479 las cuales sea la imagen de la otra en el espejo, ningún desplazamiento de esas curvas gemelas en su plano las llevaría a superponerse (Hytier, 1957, p.
La forma de la concha indica el funcionamiento del torbellino del que nace: "Ese movimiento de torsión lo encontramos formalmente en la concha.
Una extraña dialéctica une aquí el interior y el exterior.
El molusco que vive en la concha excreta, expulsa fuera de sí, pero también atrae, absorbe.
Rechazo hacia el exterior e integración: movimiento centrífugo y centrípeto" (Hytier, 1957, p.
Al manifestar las "fuerzas formativas" que la originan, la figura de la concha, al igual que la del torbellino, se relaciona con la figura hiperonímica de la espiral, que prefigura el organismo con su propia economía interna.
Imagen de la vida desplegándose, la figura del torbellino pone de manifiesto la sensibilidad de Valéry respecto a la dinámica de las cosas por venir, pero es también la imagen de una fuerza mortífera que lo arrastra todo con su movimiento aspirador, engullidor (Pietra, 1981, p.
Al fin y al cabo, el geómetra, con su arsenal de figuras y de operaciones, no puede extraer sino tres observaciones simples de su examen de las conchas: podrá describir su figura general, señalar bruscas e imprevisibles interrupciones en el aspecto de las formas y, por último, constatar una superioridad estadística de las diestras sobre las siniestras en el enroscamiento de las espirales.
La concha obliga a una aprehensión semelfactiva (válida para una sola ocasión) ante la cual la geometría pura se muestra incompetente, puesto que, como toda forma viva, consta de una tendencia a escapar a la nivelación de la repetición para mantener una asimetría: "Todas las conchas cuya forma deriva del enrollamiento de un tubo manifiestan necesariamente esa disimetría, a la que Pasteur concedía tanta importancia y de la que obtuvo la idea maestra de las investigaciones que lo llevaron del estudio de ciertos cristales al de las fermentaciones y al de sus agentes vivos" (Hytier, 1957, p.
Si en cuanto forma la concha escapa a nuestro entendimiento, es debido a "la presencia misma de lo que caracteriza la vida: la no-simetría.
¡Derecha e izquierda no son intercambiables, la permuta acabaría con su especificidad!"
Puesto que la geometría no consigue dar cuenta de las fuerzas de formación que operan en la concha, una segunda tentativa consistirá en rehacer su forma mediante el pensamiento, como si se tratara de una obra humana.
Porque la mente, constata Valéry, está "rigurosamente limitada, en su representación de las cosas, por la consciencia que tiene de sus medios de acción exterior, y por el modo en que esa acción procede de ella, sin tener necesidad de conocer el mecanismo": "solo sé lo que sé hacer" (Hytier, 1957, p.
Para Valéry, el concepto de "hacer" es anterior e indisociable del "saber": "'Explicar' no es otra cosa que describir una manera de hacer: no es otra cosa que rehacer mediante el pensamiento" (Hytier, 1957, p.
Pero las limitaciones del "poder" y del "hacer" son estrechas, y las alcanzamos en cuanto nos enfrentamos a las formas más complejas de la naturaleza, que ponen en juego no ya una serie de fuerzas de construcción sino de formación (Coquet, 2006, p.
15): Pienso en la naturaleza viva al observar cómo hace -¡no!-cómo suceden en ella formaciones y transformaciones totalmente ajenas a nuestros modos de hacer y de modificar -y que resultan inexpresables por medio de los términos que poseemos, que son actos de percepción o de ejecución-.
Sin embargo, el hacer (el nombre general de esos fenómenos) es una creación particular de la naturaleza viviente que se detecta en ciertas bestias (entre las cuales nos encontramos nosotros) -pero no en las plantas ni en la mayoría de los animales-.
El león no le da forma a nada.
A no ser, claro, que le dé forma de comida a un antílope vivo, que con sus dientes haga de su carne una masa absorbible.
-No es acaso, dice el León, una Obra "de arte" formidable, "la que" hago con mis mandíbulas-cuando al transformar la vida del Otro en muerte, y su muerte en mi vida, mi enorme rostro, mi máscara de oro de espléndidos dientes se ocupa con esmero de la presa abatida?
Comprendemos rápidamente que la generación de la concha obedece a leyes muy distintas que las de los actos humanos, que responden a un designio, a una idea que coordina y organiza.
Ahora bien, si "nuestros designios conscientes y nuestras construcciones o fabricaciones voluntarias parecen del todo ajenas a nuestra actividad orgánica profunda", los de la araña o el molusco traducen por el contrario una verdadera "inherencia orgánica" (Robinson- Valéry, 1974, p.
Una vez constatadas las limitaciones del "hacer", Valéry llevará a cabo una última tentativa para acercarse al misterio de la concha, refiriéndose esta vez a la ciencia y a su modelo de explicación causalista.
Pero el modo de conocimiento científico resulta tan inadecuado como los demás métodos al obligarnos a reconocer que "nuestro conocimiento de las cosas de a479 la vida es insignificante comparado con el que tenemos del mundo inorgánico" (Hytier, 1957, p.
La concha, en cuanto forma natural, no puede ser reducida por ninguno de los medios de nuestra ciencia:
Ni máquina, ni intención, ni azar... todos nuestros medios están excluidos.
Máquina y azar son los dos métodos de nuestra física; en cuanto a la intención, no puede intervenir sin que el hombre mismo esté implicado, explícitamente o en forma encubierta (Hytier, 1957, p.
En una anotación de los Cuadernos de 1931, Valéry detalla por qué los conceptos de finalidad, de causa y de efecto son inadecuados para dar cuenta del crecimiento de la forma:
La naturaleza viviente sabe cuán necesarias son la física y la química para la construcción de sus especies.
Ignoro si le importará la astronomía. -Está claro que para ella la cantidad y la calidad no se distinguen de la misma manera que para nosotros, tampoco la materia y la energía, ni el tiempo y el espacio etc. Opera transformaciones extraordinarias -El mismo problema resuelto por ella y por nosotros ofrece dos métodos muy distintos -Nosotros actuamos, y nuestras acciones nos imponen la idea de finalidad, de causa, de efectos -Pero esos conceptos invencibles no proceden en el caso de la naturaleza viviente y nos sitúan ante dificultades insalvables cuando se los aplicamos.
Conseguimos pensar que aquello que ignora sabe, que aquello que no piensa prevé -etc. [...]
Solo disponemos del acto como tipo inteligible.
Pero el acto no es otra cosa que un caso muy limitado y particular de la naturaleza viviente (Robinson-Valéry, 1974, p.
El estudio de los seres vivos, vegetales o animales, demuestra la imposibilidad de reducir la naturaleza viviente a las leyes de la física clásica, cuyos conceptos operativos hace fracasar: fuerza, causalidad, movimiento, determinismo, etc. Por lo tanto, habrá que dirigir la mirada hacia otro tipo de ciencia donde "el hacer es mínimo, donde la capacidad de producir o reproducir los fenómenos está muy restringida" (Robinson- Valéry, 1974, p.
Es lo que provocará que Valéry se aleje de la física -durante mucho tiempo su paradigma de referencia-para buscar en la biología un modelo de inteligibilidad operatorio con el que fundar su teoría morfogenética (Coquet, 2006).
Pero la biología resultará igualmente decepcionante -dado que el análisis microscópico no basta para satisfacer la curiosidad del observador-, tanto como la toma en consideración de los constituyentes que las ciencias de lo viviente nos han enseñado a diferenciar: "las fuerzas, el tiempo, la materia, las relaciones, y los diferentes 'órdenes de tamaño' entre los cuales nuestros sentidos nos imponen distinguir.
La vida pasa una y otra vez de la molécula a la micela, y de esta a las masas sensibles, sin tomar en cuenta los compartimentos de nuestras ciencias, es decir de nuestros medios de acción" (Hytier, 1957, p.
Que las formas vivas parezcan obedecer a leyes propias significa que conjugan de manera totalmente singular un poder de auto-organización con una espontaneidad que semeja desafiar las leyes de la física.
Como señala Valéry en una anotación de 1918: "La maravilla de la vida reside en la combinación de la espontaneidad aparente con la organización.
En lo no-vivo hay una degradación o difusión que es lo espontáneo, lo natural, lo que es de esperar, lo probable" (Robinson-Valéry, 1974, p.
En otro pasaje de los Cuadernos Valéry se pregunta "cómo se ha formado un sistema de redención próxima, de contra-Carnot, en un medio donde la degradación es la regla [...]
Ello nos lleva a buscar aquello que en la naturaleza -inorgánica-retrasa la degradación.
Levantamientos -Retrasos locales" (Robinson- Valéry, 1974, p.
Al igual que en la cita anterior, Valéry a479 se refiere aquí al segundo principio de la termodinámica, que establece la tendencia de la energía a la dispersión, a la difusión irreversible durante sus procesos de transformación espontánea.
Esa tendencia de la naturaleza hacia el equilibrio, denominada ley de crecimiento de la entropía, fue interpretada por los físicos del siglo XIX como una "flecha del tiempo" orientada hacia el desorden y que condenaba los sistemas a una ineluctable muerte térmica.
Al predecir el crecimiento del desorden en un mundo dominado por la uniformidad, la termodinámica clásica era incapaz de explicar el surgimiento de nuevos órdenes en la naturaleza.
Ahora bien, la naturaleza no deja de inventar espontáneamente sistemas organizados muy complejos, capaces por sí mismos de mantener su propia organización y que, en el transcurso de la evolución, alcanzan grados de orden y complejidad cada vez más elevados.
Parece desafiar de este modo la tendencia espontánea a la uniformidad y al equilibrio que le atribuye el segundo principio de la termodinámica.
En el siglo XIX, la ciencia parecía disponer por tanto de dos secuencias temporales cuyas flechas eran opuestas: mientras que la termodinámica describía un proceso irreversible de pérdida de energía y de crecimiento del desorden, la biología describía una evolución hacia formas de organización cada vez más sofisticadas y diferenciadas.
La contradicción entre Carnot y Darwin se hubiera dicho insalvable hasta que algunas teorías recientes permitieron reconciliar ambas flechas del tiempo, explicando la aparición espontánea de formas organizadas en la naturaleza por una mezcla de azar y determinismo.
Alain Boutot ha recogido cuatro teorías matemáticas pertinentes para explicar la emergencia de las formas naturales y las ha expuesto en su libro sobre La invención de las formas.
En primer lugar, la teoría de las catástrofes, que proporciona modelos topológicos de aparición de discontinuidades en un medio continuo; la teoría de los fractales, que explora una familia de formas geométricas a la vez complejas e irregulares cuya particularidad principal es la auto-similitud; la teoría de las estructuras disipativas, que muestra cómo algunas organizaciones espontáneas, evolutivas, pueden emerger en el interior de un medio discreto atravesado por flujos de energía; y por último la teoría de los atractores extraños, que formaliza el comportamiento de procesos caóticos como las turbulencias.
Estas teorías tienen en común su interés por la realidad tal como nos viene dada a través de la serie infinita de sus formas y de sus metamorfosis.
No buscan "purificar" la naturaleza despojándola de sus accidentes, sino que afrontan el desorden y la imprevisibilidad que perturban los equilibrios y favorecen la emergencia de nuevas organizaciones.
Lejos de constituirse contra lo sensible, proponen una "fenomenología de lo aparente" que considera la naturaleza en su inmediatez, tal como se nos ofrece en el mundo de la percepción ordinaria.
Como destaca Alain Boutot, "el universo de las teorías morfológicas no es el universo frío y sin sorpresas de Newton y Laplace, sino un mundo de formas diversas y cambiantes" (Boutot, 1993, p.
Esas formas son cambiantes porque están en contacto con el universo, el cosmos, que no es únicamente el "buen orden" de Platón, sino también el lugar del "aparecer de las formas, aparecer que debemos distinguir de la apariencia, del reflejo del eidos, de la Idea-Forma platónica" (Vercruysse, 2011, p.
El aparecer no obedece a una dinámica previsible, sino que es lo inesperado de la forma, una forma en acto, que solo existe en la medida en que traza el camino de su propia formación.
La misma tendencia se confirma en las ciencias de lo viviente, que insisten cada vez más en la inestabilidad como régimen de funcionamiento de los sistemas naturales.
Reconocen que sus objetos "no son solo sistemas capaces de conservar/reproducir estructuras estables en condiciones inestables y de regular/programar sus operaciones.
Son asimismo seres que muestran una variedad de formas y una creatividad morfológica que ha maravillado a los naturalistas de todas las épocas" (Fagot-Largeault, 1995, p.
Existe por tanto la posibilidad de considerar los problemas de morfogénesis desde un punto de vista a la vez más dinámico y más abierto al azar, como atestigua por ejemplo el desarrollo actual de una perspectiva embriológica que describe la invención de las formas como el resultado de la producción en los organismos de una multitud de posibilidades que son sometidas al mecanismo de la selección (Fagot-Largeault, 1995, p.
DE LA BIOLOGÍA A LA ESTÉTICA
No cabe duda de que a Valéry le hubieran interesado enormemente esas teorías cuyo punto en común es explicar los procesos de morfogénesis mediante mecanismos que un crítico ha calificado ya no de "causales" sino de "geométricos" (Kellert, 1993, p.
Dichas teorías sustituyen las concepciones estáticas de la forma como estructura por un concepto genético de la forma como auto-organización emergente o como autopoiesis.
Ofrecen entonces una respuesta al problema de Valéry, que anhelaba "una Dinámica y una Física de la Forma o, dicho de otro modo, una teo-a479 ría de la (auto)-organización" (Petitot, 2003, p.
120), capaz de demostrar que la naturaleza "no separa su geometría de su física" en las formas que produce.
Por su parte, los científicos no se han equivocado al reconocer en Valéry a una suerte de precursor.
Así, René Thom describe su sorpresa cuando descubrió "en la pluma de Valéry ideas, metáforas que juegan un papel importante en [su] propia 'teoría de las catástrofes'" (Thom, 1983, p.
Para sostener su aserción, Thom cita un largo fragmento de los Cuadernos en el que Valéry trata de describir la dinámica del crecimiento de las plantas haciendo hincapié en la discontinuidad del proceso: El árbol crece por empuje pero las fuerzas de crecimiento de superficie, de volumen, dependen de una suerte de esquema que regula la periodicidad de las emisiones de ramos, de pecíolos, de nervaduras -Las formas de las hojas dependen de él.
El esquema puede concebirse como un sistema de líneas de flujo y de super(ficies) equipotenciales -isobaras que representan las capas continuas, o tubos cerrados.
Las magnitudes capilares reinan en el interior.
La semilla contiene lo necesario para iniciar una evolución, un funcionamiento, un 'tiempo' en un medio, cuya concentración cambia -Encierra un explosivo. [...]
La forma es, por una parte, el orden de los contactos y, por otra (en las formas naturales), el lugar de los puntos de discontinuidad de las leyes, siempre que ese lugar sea continuo.
Esa estructura dinámica de las plantas -sugiere que nuestras ideas sobre la vida y la muerte se remontan a una época en la que no teníamos idea del funcionamiento -algo que las máquinas nos permiten observar.
Los seres vivientes están basados en un ciclo, o más bien en un sistema de ciclos -y de epiciclos -del que no tienen sino una consciencia bastante tosca --Es posible vincular en ocasiones esos ciclos a los ciclos astronómicos -y a ello viene a unirse la idea tosca del tiempo --'Orden del mundo'.
Pero el tiempo es exclusivo de cada sistema, incluso de cada funcionamiento, del cual no es otra cosa sino el nombre vago. / No hay tiempo no-funcional, nocíclico. [...]
La planta muestra su tiempoque es edad, que es masa y figura (Robinson-Valéry, 1974, p.
Parece que Valéry atisbó una teoría dinámica universal cuya originalidad -y cuyo carácter premonitorio-reside en la puesta en evidencia de la aporía continuo/discontinuo que constituye la fuente de toda modelización natural: al describir la morfogénesis de las plantas, evoca en efecto una temporalidad discontinua que está marcada por la aparición de lugares de "catástrofe" en un medio altamente continuo 15.
A semejanza de René Thom, Ilya Prigogine, el padre de la termodinámica no lineal y de la teoría de las estructuras disipativas, advirtió numerosas convergencias entre sus propios trabajos y las reflexiones de Valéry sobre el tiempo: en primer lugar, la idea de un devenir complejo que no obedece a leyes deterministas sino al concepto de lo "posible-en-cada-instante" (Hytier, 1957(Hytier,, p.
1467)); igualmente el reconocimiento de una pluralidad de temporalidades distintas y la idea de procesos marcados por no-linealidades y bifurcaciones, esto es por puntos críticos donde la evolución de un sistema puede orientarse hacia direcciones imprevistas; por último, la reflexión sobre las transiciones del desorden al orden que van a contracorriente de la termodinámica clásica y de su interés exclusivo por el paso del orden al desorden, es decir por la entropía.
En efecto, los Cuadernos están repletos de observaciones sobre la aporía generada por la oposición entre el tiempo termodinámico y el tiempo de lo viviente, que es un tiempo largo, creador, cuya flecha está orientada en sentido contrario a la entropía: En otra anotación, con fecha de 1935, Valéry relaciona directamente la neguentropía con la no-clausura que caracteriza los sistemas vivientes:
(Las propiedades de los sistemas vivientes) implican contravenciones a Carnot (consecuencias, de hecho, del no-aislamiento), contravenciones regulares y no accidentales, contravenciones organizadas, acaso sea la definición de la organización -del anti-desorden (que es del orden de lo improbable)-Pero limitadas (la muerte) (Robinson-Valéry, 1974, p.
761). a479 Si Valéry sigue utilizando el vocabulario de la termodinámica es con el fin de establecer una clara distinción entre los sistemas cerrados de los que se ocupa la termodinámica clásica y los sistemas vivos que intercambian energía con su entorno y cuyo destino puede ser otro que la entropía.
En una anotación de 1933 titulada Tiempo de planta, sugiere la existencia de un tiempo-forma al que se puede acceder mediante la aprehensión sensible de las plantas:
Nada impone mejor a la mente el problema de la Modulación -esa parte divina en las artes-que los empalmes de las formas vegetales y los que en seguida se encuentran en los organismos animales.
Pasar de un plano a otro, de un tono a otro, de un 'universo' a otro -esa sustitución, como del sueño a la vigilia y viceversa-, del día a la noche y viceversa -de lo libre a lo atado-.
En las extremidades de las plantas, las soldaduras, las diversas diferenciaciones a partir de un mismo rango o anillo o nivel-edad (puesto que la edad de una planta es una forma y una masa).
Hay un momento de tiempo-planta en que el cambio de figuras se acentúa -especie de aceleración periódica morfogénica-crecimiento, figura y funciones están relacionadas [...]
"Modulación" es la palabra clave de la estética valeryana, cuyo modelo toma prestado al mundo de lo vivo, como confirma la siguiente anotación de 1917: "La bella arquitectura se asemeja a la planta.
Se ve en los detalles -en la modulación de las formas, que permite conducir un edificio de arriba abajo, como vegetalmente (para el ojo). / La ley de crecimiento tiene que ser sensible" (Robinson-Valéry, 1974, p.
Antes de convertirse en la teoría de los armónicos, la ley de modulación se presenta como una técnica "de sustitución por similitudes y armónicos" que permite generar continuidad en el encadenamiento de las formas:
Pasajes y modulaciones -El secreto mejor guardado del arte -y la marca del arte exquisito. / Aquel que ignora esto es una bestia -Aun poderosa...
Ese secreto une el dedo o la mano que pasa a la forma de la luz-sombra. / La naturaleza viviente es invencible en esto.
Sabe rematar un tallo, abrir un orificio, abrir la extremidad de un canal -alargar un órgano externo, intercalar un globo. / Transiciones. / Sin embargo, este problema es profundo -Porque no es otro que el de la combinación de la acción y la materia (en el sentido relativo de cosa que se conserva) o el de la oposición y la combinación de la construcción y la for-mación (vid. signif(icativo) y formal.
Es en la pintura de Leonardo da Vinci -elevado en los Cuadernos a la categoría de "ángel de la morfología"-donde Valéry observa la realización de esa técnica.
Para Leonardo, pintar consiste en transformar cada singularidad en "fragmento de un indivisible psíquico", en el que "todo lo que aparece no lo hace sino en una suerte de resonancia de similitudes" (Celeyrette-Pietri, 1987, vol. V, p.
Esto le permite en sus cuadros pasar sin transición de las "curvaturas masivas a los ropajes multiplicados, del humo naciendo de los tejados a las lejanas arborescencias [...] de los peces a los pájaros; de las orejas y los rizos a los torbellinos petrificados de las conchas", y "de la concha a la voluta del tumor de las ondas" (Valéry, 1894(Valéry, /1964, p.
En ese glissando de imágenes lo determinante no es la semejanza figurativa, sino la ley de modulación que permite construir un campo de "posibilidades armónicas" donde "cada uno de los objetos de la vista está virtualmente cargado de reflejos de los objetos contiguos [...]
Cada objeto de pensamiento, imaginado, engendra un campo de similitudes, como si un ojo con una sensibilidad inaudita viera sobre cada objeto la imagen de los objetos contiguos y pasara de uno a otro -ya no hay objeto aislado, es decir sin otros-" (Celeyrette-Pietri, 1987, vol. XXIX, pp. 350-351).
De la imagen de la onda surge por tanto la de la concha, que no es en sí misma sino la forma hecha visible de fuerzas marinas, cuyo movimiento en espiral se repite en otros torbellinos -oreja, rizos, ondas, cabelleras, etc.-.
Al actuar como "un molde variable continuo", la ley de modulación traduce el dinamismo común a las fuerzas formativas de la naturaleza y a las fuerzas energéticas que animan el espacio de la visión, uniendo en un todo coherente la biología, la estética y la cognición.
Es ahí precisamente donde reside el genio de Leonardo a ojos de Valéry, en una inteligencia formal que le permite aunar percepciones sensibles y propiedades ocultas que dan acceso a la inteligibilidad.
Leonardo consigue que la naturaleza sea inteligible y asimilable para el cerebro humano gracias a una "lógica especial de las imágenes" cuya característica propia es hacer visibles las estructuras que están fuera del alcance de nuestra percepción.
Leonardo no busca tanto pintar árboles, peces o conchas, como hacer visible "[la] potencia siempre inminente [de la naturaleza]" (Valéry, 1894(Valéry, /1964, p.
No pinta formas sino fuerzas invisibles, el devenir de la forma, que es una virtualidad susceptible de actualizarse en los objetos más variados.
Sin embargo, antes de operar sobre el lienzo, la continuidad se construye en el campo mental -en la imaginación o en el espacio dinámico de la visión-.
A través de Leonardo, Valéry recupera la hipótesis goetheana del vínculo entre morfogénesis biológica y estructuras cognitivas, hipótesis que ha sido retomada en el siglo XX, concretamente por Alan Turing, para quien el proyecto de una teoría fisicalista unitaria de las formas biológicas y de las estructuras cognitivas está justificado por una aproximación a la forma desde un punto de vista genético, como auto-organización emergente.
La estrecha relación entre la organización biológica, la estructuración de la percepción y la estética remite en Valéry a un lugar donde las cosas "que están naciendo a la forma" ya no se encuentran "en" el espacio, sino que "hacen" su espacio, lo generan dinámicamente, "[en dicho espacio] la exterioridad se vuelve en cierto modo 'endógena'" (Chédin, 1982, p.
Encontramos esa idea, por ejemplo, en una anotación de los Cuadernos con fecha de 1926: "La imagen del árbol o de la planta en la que pienso tan a menudo es imagen representativa de leyes simples de la cosa viviente elemental y hace sensibles ciertas 'fuerzas', una continuidad, funciones de fuerzas, un vínculo variable vectorial, una geometría intrínseca de una sola pieza donde dimensiones, tiempo, masa, fuerzas están unidos y se manifiestan unos a través de otros" (Robinson- Valéry, 1974, p.
Consideradas desde el punto de vista de su nacimiento, las formas no solo configuran su espacio, sino que lo configuran temporalmente.
Le dan un ritmo, en el sentido etimológico del término descubierto por Benveniste -"la forma en el instante en que es asumida por aquello que es moviente, móvil, fluido [...].
333)-, la forma de lo que no tiene consistencia orgánica y sin embargo crea de manera perpetua su modulación imprevisible, su respiración independiente del movimiento del metrónomo.
Dicho de otro modo: la forma viviente, aprehendida en su imprevisible devenir, en su génesis, es la que debe ser reinscrita en el marco de una teoría general de la morfogénesis.
En cuanto fenómeno de ritmo, la forma quizá no sea al fin y al cabo sino una "manera particular de fluir"; "'disposiciones' y 'configuraciones' sin fijeza ni necesidad natural, resultantes de un arreglo siempre sujeto a cambio" (Benveniste, 1951(Benveniste, /1966, p.
Partiendo de las carencias detectadas en la biología de su tiempo, que se encontraba todavía envuelta en cuestiones metafísicas de las que la física había sabido deshacerse años atrás, Valéry fue capaz de formular las preguntas, de construir los problemas cuya solución no se encontró hasta cinco décadas después.
Ello lo llevó a prefigurar algunas orientaciones que apenas habían sido esbozadas, en vida del autor, en las ciencias matemáticas, físicas y biológicas, permitiéndole así anticipar el paradigma morfológico que ha vuelto a hacer su aparición en las ciencias y las artes a finales del siglo XX.
"Trabajo para alguien que vendrá después", escribió.
Lo cual constituía, según él, una de las funciones más características del arte: "Las artes descansan sobre lo desconocido del pensamiento -sobre sus coincidencias por cuanto son maravillosas, su nitidez por cuanto es rara, su desarrollo por cuanto es sorprendente y simple" (Celeyrette-Pietri, 1987, vol. III, p.
Como demuestra el ejemplo de Valéry, si hay una posibilidad de que el arte juegue un papel precursor, será trabajando no solo con, sino contra los saberes de su tiempo, e igualmente posicionándose en la intersección de varias disciplinas, fuera de los caminos marcados por ellas.
Esta es la razón por la que Valéry convirtió a Leonardo en su figura tutelar.
Genio plástico y genio matemático a la vez, Leonardo "ha tejido miles de lazos puros" (Valéry, 1894(Valéry, /1964, p.
Su capacidad para vislumbrar las estructuras comunes a los objetos más dispares le permitió establecer aleaciones inéditas entre elementos provenientes de disciplinas distintas y llevar así a cabo la unión entre el saber y el hacer, entre el conocimiento y la creación.
Ingenioso como buen ingeniero, supo redefinir los papeles y lugares de intervención del arte interesándose no por las obras, sino por la dinámica de su generación, objeto de una teoría general de la morfogénesis en la frontera entre la estética, la física y la biología.
Por este motivo constituye un modelo para Valéry: si todo conocimiento de la forma empieza como un conocimiento de lo viviente, entonces es necesario restablecer la continuidad de las operaciones intelectuales ejemplificada de forma magistral en su época por Leonardo.
El original francés ha sido traducido al español por Borja Mozo. |
Paralelamente a su poesía, Bernard Noël desarrolla una obra en prosa que plantea interrogantes de orden cognitivo, en particular en torno a la percepción visual.
La exploración de dispositivos tecnológicos (la cámara fotográfica) y de escenificaciones del acto de creación (la escena del pintor trabajando) es ocasión para contrastar la pertinencia de las intuiciones y reflexiones del poeta puestas bajo el foco de las actuales ciencias cognitivas.
El trayecto de lo óptico a lo mental queda inscrito en una comprensión encarnada y gestual de la cognición que apunta también hacia el surgimiento del lenguaje.
Su poesía ha de ser pues entendida como el tramo final del proceso.
La escritura es "el pensamiento del cuerpo".
Esta es la fórmula -aparentemente metafórica-con la que Bernard Noël (1975, p.
104) ancla la poesía en la materia física y viva, la fórmula que expresa la implicación del cuerpo en operaciones que le privan de su visibilidad.
De tales anclaje y operación se ocupa incesantemente la obra de este poeta francés nacido en 1930 que, a los veintiocho años, publica un primer libro de título sintéticamente programático: Extraits du corps dice lo que el poema habrá de albergar.
Más de otros cien títulos desde entonces -intensamente breves muchos de ellos-puntúan su híbrida senda de poeta, novelista y ensayista, una de las que -y no son más de media docena-imprimen carácter a la poesía francesa de la segunda mitad del siglo XX.
La herencia cultural de Noël lleva los nombres de Blanchot, Lévinas o Bataille.
A L'expérience intérieure -libro del último mencionadoquerría el poeta responder con L'expérience extérieure, hipotético escrito que contaría la anulación de la distancia entre lo material y lo mental: una versión exteriorizada del "éxtasis profano" postulado por el transgresor pensador.
De Artaud, Noël hereda el escalpelo que disecciona y desmiembra los cuerpos, la crudeza y la crueldad de un discurso enunciado en el teatro de las vísceras, de los huesos y los músculos.
Sometiendo a juego el yo -sometiendo el je al jeu en Treize cases du "je", o en Le double jeu du tu [Trece casillas de yo, El doble juego del tú]-, Noël parece estar más bien del lado del "Grand jeu" de Daumal y Gilbert-Lecomte que del lado de los surrealistas, pues sus imágenes proceden de una conciencia vidente o de una metafísica experimental antes que de una descontrolada eyección del inconsciente.
Del mismo modo, el borborigmo oral que se hace oír en algunos poemas encuentra causa en una exasperación físico-poética de la lengua corporal y no acusa gestación libidinal.
La videncia -la de la estirpe de Rimbaud y de Michaux-tiene en Noël como objeto el espacio y el órgano en el que surge: cuerpo y ojo.
Avatar del acto creador y de la conciencia creadora, esta videncia prolonga un saber fenomenológico en el que se da acogida a las intuiciones del Merleau-Ponty de Le visible et l'invisible [Lo visible y lo invisible] (1964) y, en particular, al interior y el exterior de uno mismo que componen "la pulpa de lo sensible".
Cuestión pues de percepción y de elaboración mental de la percepción.
Cuestión de lenguaje que expresa tal elaboración.
Dicho con más precisión: en el acto de percepción que lleva al conocimiento y que sostiene el acto de escri-tura, Noël ve un funcionamiento consistente en una apertura de lo sensible visible a lo invisible, apertura en la que viene a implicarse el lenguaje.
O, como anota Meschonnic: "Ver, no solo ni tan siquiera verdaderamente lo que hay que ver, sino ver el ver, es una poética" (2011, p.
La obra de Noël se encuentra pues en estrecha dependencia de esa operación entre lo visible y lo invisible, entre lo óptico y lo mental.
Su poesía vuelve a visitar constantemente dicha escena, que es la del nacimiento de un lenguaje con naturaleza de palabra poética enraizada en el cuerpo: "Desde el comienzo de mi escritura me ocupo de la observación del lugar de la mirada, de su volumen y de su elemento" (2010, p.
La perseverancia en esa observación transforma la obra poética en poética de la obra, activando un nivel auto-reflexivo que expulsa de ella toda anécdota.
La poesía de Noël asiste insistentemente a la escena de sus orígenes.
Esta escena perceptiva, cognitiva y creativa encuentra un correlato particularmente valioso en otra escena cuya observación puramente exterior puede resultar significante para la primera: la escena del pintor pintando su cuadro; el análisis de la relación entre ambas será esencial en las páginas que siguen.
Conviene ya señalar que son numerosos los títulos de poesía y de prosa de Noël en los que lo visual se anuncia como raíz tanto de la pintura como de la escritura: Les yeux dans la couleur, Romans d'un regard, Onze romans d'oeil, Les peintres du désir [Los ojos en el color, Novelas de una mirada, Once novelas de ojo, Los pintores del deseo].
En ellos, a menudo la escritura se constituye en écfrasis de la actividad del pintor, del surgimiento de su pintura como prolongación de la mirada, de un espacio que comprende tanto la obra como el cuerpo del artista.
La reflexión de orden teórico que sustenta tan asidua observación y que explicita su vinculación con la escritura del poeta se encuentra en el llamado Journal du regard [Diario de la mirada] (1988a); escrito entre 1970 y 1983, este puzzle de fragmentos narrativo-ensayísticos precede en el tiempo a los libros citados, y no se ocupa todavía de pintores concretos.
Contiene ya, sin embargo, un texto que constituye la excepción -está dedicado a un pintor-, una fábula que es relato mítico de los orígenes del arte, del lenguaje y del conocimiento.
Anudando estos tres hilos, la Fábula para Konrad Klapheck dice así:
En el principio el hombre veía, y no sabía hablar.
Ver era la totalidad de su pensamiento.
En aquel tiempo el pensamiento se parecía al mundo pues era su imagen.
Más tarde, el hombre comenzó a detallar la imagen, y dio un nombre a cada uno de esos detalles.
Entonces, articulando todos esos nombres el hombre supo rehacer la imagen, y -¿por qué no?-también el mundo.
Al hablar de lo que veía, el hombre acababa de crear la transcripción sonora de lo visible.
Más tarde quiso visualizar los sonidos de su palabra, e inventó la escritura.
Pero al mirar la escritura el hombre no veía sino palabras, y se dio cuenta de que había convertido lo visible en invisible.
Entonces, en el cuerpo mismo del hombre, se produjo la gran separación entre el exterior y el interior: entre la vista que ve y la vista que piensa...
Y la mano se convirtió en ese órgano ambiguo que unas veces dibuja lo visible y otras escribe lo invisible (1988a, p.
La condición narrativa de este texto es también excepción en un libro -Journal du regardque suele dispersar con gesto gnómico una teoría no articulada en discurso consistente sino vinculada a la experiencia cotidianamente vivida.
La fragmentación del pensamiento busca así la analogía con la visión del ojo: discontinua, entrecortada a causa de su propia fisiología.
Journal du regard pertenece a un tiempo en el que el saber neurocognitivo sobre el sentido de la vista estaba bastante menos desarrollado que en nuestros días, aunque los conocimientos sobre la fisiología del ojo sí estaban disponibles desde hacía ya largo tiempo.
En la actualidad, la de la vista es la parcela mejor conocida de cuantas estudian los científicos que se afanan en torno al cerebro, lo que de momento no implica que tales conocimientos hayan tenido gran peso en los estudios sobre las formas de la cultura.
Un libro de ambición global sobre el conocimiento de la imagen como el de Jacques Aumont -L'image, de 1990-despeja la cuestión de la transformación de lo visual en lo mental en una escueta página donde se precisa que esta es la parte más importante del sistema perceptivo, pero que aún no es posible saber cómo se realiza el paso de la bioquímica retiniana a la señal de naturaleza nerviosa en el cerebro.
Después de 30 años de estudio sobre los procesos de la vista, parece quizá algo insuficiente registrar solamente lo que todavía no se sabe y quizá no llegue a saberse.
En clara diferencia con esta precavida inhibición, Journal du regard de Bernard Noël acude a vías intuitivas, razonadoras o imaginarias para interrogarse sobre la conversión de lo visual en lo mental en un momento que precede al de la divulgación de los conocimientos neurocognitivos.
Estimar la calidad de lo obtenido por tales vías a la luz de lo que hoy sabemos no es sino un primer objetivo de estas páginas.
El otro, incluso más tentador, es acompañar a la obra de Noël en las intuiciones no comprobadas.
CORRELATOS TECNOLÓGICO-ARTÍSTICOS DE LA MIRADA
El conjunto de la obra de Noël refleja la misma convicción que defiende el especialista en neurología aplicada al arte Semir Zeki: si la visión que se da en nuestro cerebro tiene como función la adquisición de conocimiento sobre el mundo que nos rodea, el arte -especialmente el de la pintura-constituye una extensión de esa función del cerebro (Zeki, 2005, p.
Por ello, no solo el cuadro pintado sino también la escena de los pintores trabajando debería contener alguna huella de esa extensión de la visión que es el arte.
Pero además, la obra escrita de Bernard Noël -sin distinción de poemas y prosas-supone que la palabra es realización que adviene en algún punto de ese campo extendido de la visión, disintiendo así implícitamente de Semir Zeki sobre una cuestión que para este no ofrece duda: que el sistema visual -desarrollado evolutivamente durante millones de años antes de que apareciera el lenguaje-es capaz de distinguir y de extraer de la realidad elementos de manera mucho más fina que el lenguaje mismo.
En su avance hacia la escena de la pintura pudiera decirse que la obra de Noël cubre ciertas etapas exploratorias; la búsqueda de un correlato tecnológico para la actividad perceptivo-cognitiva centra una de ellas 2.
Es bien sabido que la anatomía del ojo justifica la metáfora -ya clásica-de este como cámara fotográfica, pues el ojo es una cámara oscura en la que los rayos luminosos alcanzan el cristalino, donde convergen reguladamente hacia la retina.
El iris, por su parte, actúa como diafragma que se abre y cierra para controlar la cantidad de luz que penetra.
Este conjunto de operaciones conforman la fase óptica de la visión, que termina cuando la luz llega a la retina; en ese momento, la "imagen retiniana" -que es aún imagen óptica-empieza a codificarse en impulsos nerviosos y se producen operaciones químicas que conciernen a la retina y a la fóvea (cuyos conos y bastones absorben la luz y descomponen la rodopsina): la retina inicia además el procesamiento de la señal que ha transducido, y el nervio óptico es en realidad una invaginación de tejido cerebral, cerebro que penetra en el ojo.
Las señales sinápticas llegan pues al córtex cerebral a480 primario, al área visual 1, y después a las otras áreas especializadas en atributos de la visión.
La integración de esas áreas nos permite ver tal y como vemos.
En palabras del neurocientífico y psicólogo cognitivo Stanislas Dehaene: "El cerebro recompone tramo a tramo el puzzle constituido por la imagen estallada del objeto en la retina" (2007, p.
Como muchos pintores, Noël sabe que la percepción visual no es un simple registro sino una interpretación.
"La imagen óptica refleja muy exactamente el objeto real, pero la percepción visual que de ella se deriva no vehicula otra cosa que una interpretación.
Hay en el ojo una especie de pre-mentalidad que abstrae y que articula. [...] abrir los ojos ya es pensar " (1988a, pp. 27-28).
Las áreas visuales, confirma Zeki, están dotadas no solo de capacidad de ver, sino también de "comprender" (2005, p.
Y las fases óptica, química y neuronal de la visión permiten decir que esta no es un proceso puramente receptivo, pues lo recibido es tratado activamente en cada una de ellas.
Así pues, la analogía que pliega la visión al funcionamiento de la cámara fotográfica resulta insuficiente.
A menos de considerar que la oscuridad en la que la cámara conserva la película impresionada -y en la que la imagen es solo latente-guarda semejanza con las zonas visuales cerebrales en las que la imagen ya no es sino un conjunto de señales bioquímicas y eléctricas entre neuronas.
Así parecen entenderse estas palabras de Noël:
En algún punto, sin embargo, el proceso en nuestro cerebro se empieza a asemejar a lo que ocurre en un laboratorio de revelado fotoquímico, pues el resulta-do de la operación no es una simple imagen óptica: la visión es siempre algo que se construye, algo poético, como le ocurre a la imagen latente que deja de serlo en el laboratorio fotográfico.
Noël afirma que "la mirada poética es sin duda el momento en el que todo el cuerpo se convierte en cámara oscura" (1975, p.
De cómo el cuerpo pueda devenir ese espacio se hablará más adelante.
De momento, limitémonos a constatar que la cámara fotográfica de la que aquí se trata debería, para funcionar como metáfora de la operación perceptivo-cognitiva, incorporar en sí misma un laboratorio de revelado.
El ojo humano -como hace la fotografía-capta la imagen en milésimas de segundo; pero su color, su forma y su movimiento son procesados en el cerebro con un ligero desfase temporal, de manera que la imagen se encuentra -aunque sea de manera imperceptible-fuera del tiempo real (Zeki, 2005, p.
Todo lo que se elabora en la cámara oscura fotográfica o en el cerebro humano pierde su realidad y su condición física original, como si se tratara de un arancel exigido por el órgano de la metamorfosis -suerte de Proteo invisible-: "En lo más tenebroso de la cámara oscura se encuentra el punto que todo lo ve -el punto que ve incluso la metamorfosis de la realidad en imágenes y de las imágenes en pensamiento; si fuera posible posar la mirada en ese punto, nos veríamos expulsados de nosotros mismos" (Noël, 1975, p.
Ese ojo tenebroso que no puede ser visto es testigo y hacedor de la operación que trata de elucidar Journal du regard de Bernard Noël: la de la conversión de la imagen óptica en una imagen -inexistente, como se verá-llamada imagen mental.
Los límites de la cámara fotográfica como metáfora de la operación de la visión excitan un imaginario donde el injerto tecnológico pretende mejorar las prestaciones: "A partir de la cámara fotográfica se pueden imaginar otras muchas; por ejemplo, una conjunción de la cámara y del ordenador que nos permitiera escribir visualmente con todas las imágenes del mundo: las de la cultura y las de la realidad, fusionadas inseparablemente por nuestra memoria" (Noël, 1988a, pp. 75-76).
Esta implementación de la cámara revela que el modelo de comprensión del cerebro es ahora el ordenador.
Noël parece aquí sucumbir a la tendencia cognitivista del momento en que escribe: la que concibe la cognición como manipulación regulada de símbolos y plegada a un modelo computacional.
Pero no es más que una tentación pasajera y finalmente rechazada.
Pues su proyecto es intuitivamente conexionista y experiencialista: pocos años faltan para que a480 el conexionismo de segunda generación defienda que las operaciones del cerebro están conectadas entre sí como redes en las que las neuronas no intercambian símbolos sino que actúan a un nivel más fundamental que el de las representaciones; unas redes que modifican la experiencia del sujeto tanto como la experiencia de este las modifica a ellas, resultando así una cognición encarnada.
Noël adivina esa intervención del cuerpo en la cognición y busca su huella en la actividad de la propia cámara fotográfica: "El cuerpo condiciona el trabajo maquinal de la toma de imágenes [del fotógrafo]: se apropia de esta manera del objetivo" (1988a, p.
Pero es esta una cuestión puramente postural que no sugiere cámara oscura ninguna: al cabo, la metáfora de la máquina fotográfica se revela claramente insuficiente.
Es momento pues -apartando máquinas con vocación orgánica-de ceder el paso a gestos más encarnados: "La fotografía es la tumba de un guiño; la pintura es la casa de los ojos", parece concluir Noël (1988a, p.
La escena del acto de pintura -el cuerpo del pintor trabajando-se ofrece como alternativa a la cámara fotográfica para representar la operación completa en la que lo visible se convierte en mental.
Pero serán aún necesarios algunos pasos para llegar hasta ella.
ESPACIO DE LA MIRADA Y ESPACIO MENTAL
"La mirada hace de lo visible el lugar de sus signos" (Noël, 1988a, p.
Ese espacio de la mirada está definido por su intencionalidad: por su dotación de sentido.
Se trata de un espacio intervenido, pues la mirada "hace del espacio el elemento de su comunicación.
"La mirada se sostiene en el espacio que ella misma es" (Noël, 1988a, p.
Es espacio ahormado en significación:
El espacio de la mirada es lo visible.
Y lo visible es nuestra lectura del mundo, pues nuestros ojos cruzan siempre nuestra visión del mundo con nuestra mentalidad (Noël, 1988a, p.
Lo visible es el lugar intermedio [...] en el que el ojo interpreta la doble realidad, que le viene de lo real y de lo mental (Noël, 1988a, p.
De modo que la noción de espacio de la mirada además de tener condición física tiene condición interpretativa y por ello concierne al exterior del cuerpo, al ojo y al cerebro.
Condensa la naturaleza mixta de lo visible capturado por la vista y en proceso de convertirse en materia mental, es decir, reclama para sí una cualidad metamórfica.
Noël recuerda que Aristóteles sabía que nuestra vista es más sensible a la especie de las cosas que a su individualidad, lo que supone una conceptualización de la información ya desde el primer momento de la percepción que ha sido también reconocida por Piaget o Arnheim (Noël, 1988a, pp. 27-28).
No escasean los avales proporcionados a esta operación mental inscrita en la mirada: desde la lingüística cognitiva, Mark Johnson habla de una "categorización" existente ya en ese nivel (1991, p.
259); y un neurobiólogo como Edelman sostiene que "en el cerebro se desarrolla un proceso de "auto-categorización" conceptual [...] [durante la percepción].
La experiencia perceptiva nace de las correlaciones establecidas por una memoria conceptual sobre un conjunto de categorizaciones perceptivas en curso" (1992, p.
Bernard Noël lo enuncia más poéticamente: "Estamos en el sentido del mismo modo que en el aire.
Nuestra mirada va de una idea a otra y no conoce más que lo que reconoce, tocando por doquier la piel de su propio saber" (1988a, p.
Conocemos sobre la base de la semejanza, que garantiza la correlación conceptual; y este utensilio mental -sobre el que se basa toda analogíase activa tanto en la conciencia primaria como en la superior.
Edelman despeja así las dudas que pudieran surgir respecto de la primera de ellas: "Es la interacción entre un tipo particular de memoria y la categorización perceptiva lo que da lugar a la conciencia primaria" (1992, p.
Esta conciencia primaria es compartida por hombres y animales y resulta imprescindible para la construcción de la conciencia superior que caracteriza al hombre.
La conciencia primaria se limita a un pequeño intervalo de memoria, que corresponde a la noción de presente, un "presente rememorado" sin referencia a las ideas de pasado y de futuro.
En él, la noción del "yo" es biológica, mas no personal, ya que la noción de "yo" personal está vinculada a la autoconciencia, que funda la conciencia superior y que permite situarse en relación al tiempo.
La conciencia primaria forma imágenes mentales, pero no relativas a un "yo" personal.
Por su parte, la conciencia de orden superior no puede ver el mundo a través de la sola conciencia primaria: no podemos ver el mundo como los animales que somos ni vivir estrictamente en el presente.
Edelman se pregunta, en un aparte, si ese abandono del "yo" personal no es el mismo que buscan los místicos (1992, pp. 185-193).
Y es ocasión para preguntarse también si el espacio de la mirada noëliano -lugar de auto-categorización conceptual durante la percepción-no trata de aprehender esa conciencia primaria de la que no se puede ser cons-a480 ciente y que es necesaria para el surgimiento de la conciencia superior.
Un místico -dice Edelman-podría quizá experimentar esta conciencia primaria.
Los artistas -sugieren los neurocientíficos Zeki, Changeux o Lehrer-podrían estar mostrándola en sus obras.
Los poetas quizá estén hablándonos de ella: la écfrasis poética del espacio de la mirada noëliano tal vez tienda a captar la expresión de un "yo" biológico bajo el "yo" personal.
Noël cuenta en un texto titulado Un jour de grâce -texto importante que abre su obra completa y que no escribe hasta el año 2000-el relato de la experiencia adolescente del descubrimiento de lo que llama "el estado luminoso" (y no "iluminado").
Una experiencia renovada en la edad adulta al hilo de una frase de Matisse: "Cuando pinto, veo a mis espaldas".
Durante ese episodio -relata Noël-, pude experimentar el volumen exterior de mi mirada como un espacio físico en el que se desdoblaba el volumen interno de mi cuerpo.
De este modo, las imágenes del mundo form[aban] un espectáculo interiorizado antes de pasar a la cabeza [...] la mirada era el espacio de una traslación y el de una actividad interior, como si el cuerpo fuera hasta donde van los ojos [...] la mirada desencadena[ba] un torrente espacial que se lleva[ba] mi rostro y mis ojos.
Pérdida de identidad o del "yo" personal, reducción a la conciencia primaria (imágenes del mundo que son espectáculo interiorizado antes de convertirse en pensamiento), unión de lo interior y lo exterior del cuerpo en el espacio de la mirada (la mirada como espacio de translación del cuerpo), implicación del cuerpo en la percepción: tales son las coordenadas del "estado luminoso".
Lo extraordinario no es que el cuerpo esté implicado en la visión -cosa que pertenece al saber de la neurobiología-sino vivirlo cual experiencia -como parece ocurrirle al místico, o a Noël en este "día de gracia"-.
Convicciones trascendentes puestas al margen, experimentar la implicación del cuerpo en la operación de conocimiento del mundo es lo que convierte la experiencia estésica en experiencia estética.
Y poder expresar esta implicación es el modo específico de existencia de lo que llamamos arte.
Este es al menos el planteamiento que defienden las presentes páginas.
"Pérdida [de la identidad] convertida en esencia del placer de ver y más tarde del placer de escribir que también desencadenan (en ocasiones) la unidad de los espacios interior y exterior" (Noël, 2010, p.
12): la escritura poética (en sus momentos privilegiados) participa también de un nivel primario de la conciencia, por mucho que el lenguaje sea precisa e inevitablemente la manifestación del acceso a la conciencia secundaria.
Que el lenguaje poético pueda abrir un cauce privilegiado hacia aquella conciencia primaria a la que la conciencia superior no puede acceder es cuestión esencial y problemática: ¿puede el arte atisbar un modo de conocimiento previo al que se encuentra constituido por el lenguaje simbólico?
Para tratar de responder a esta pregunta, Noël elige el campo básico de la percepción visual, pues cuenta con captar en él la esencialidad de la implicación corporal en el conocimiento primario -en las conceptualizaciones a las que puede proceder la conciencia primaria-.
Así pues, Journal du regard insiste sobre operaciones que incluyen el cuerpo en la mirada situándolas en el contexto de la experiencia del "estado luminoso":
A veces, el que mira cae en su mirada: es porque ha encontrado la abertura.
O más bien ha dejado de ser el mirón de lo que ve: acaba de mezclarse con la sustancia de lo visible (1988a, p.
Y al perderla soy visto por lo que veo, pues la piel de mis ojos no detiene ya la sustancia del cielo: está en mí del mismo modo que yo estoy en ella. [...]
Como si bajo la piel estuviera el azul del cielo.
La impresión visual abandona la retina y entra en nosotros.
Esta penetración podría tener la profundidad del espacio interior, o también podría constituirla.
No sabemos aislar las diversas dimensiones del espacio en el que se desarrolla nuestra actividad mental, pero sentimos lo mucho que esta actividad debe al circuito de intercambio entre la carne del cuerpo y el aire del mundo (1988a, pp. 122-123).
Este "circuito de intercambio" demanda cierta consideración antes de abordar la implicación del cuerpo en la operación de conocimiento a la que la escena del pintor trabajando trata de dar visibilidad.
UN CUERPO EN LA MIRADA
Si bien la tradición filosófica que separa la res extensa de la res cogitans es la de mayor peso en la cultura occidental, sabido es que otra tradición heterodoxa interesada en la implicación del cuerpo en el conocimiento termina por aflorar en el cambio del XIX al XX.
Tras Bergson, Nietzsche y Husserl, Merleau-Ponty propone la noción de chair como masa interiormente a480 trabajada que se piensa a sí misma y participa, desde su reversibilidad, tanto del cuerpo como del espíritu -"mente", sería preferible decir-.
Partiendo de una fenomenología de la percepción, Merleau-Ponty llega a una fenomenología de lo imperceptible que pone el acento sobre la parte invisible que toda visibilidad comporta.
La visión no es sino un pliegue de esta chair que entra en contacto consigo misma, un pliegue que tiene la particularidad de no ser visible para el cuerpo en el que se encuentra encarnado (Collot, 1989, pp. 15-44).
La visión es pues una estructura de conocimiento de la propia chair, y el conocimiento que esta visión supone está enraizado en el propio cuerpo.
Del mismo modo, el espacio de la mirada noëliana es un momento de la reversibilidad del cuerpo: cuando el sujeto que mira deviene "la sustancia de lo visible"; y todo saber derivado de esa mirada tendrá también raigambre corporal.
La neurobiología y las ciencias cognitivas han venido a dar consistencia científica a estas neblinosas formulaciones fenomenológicas: Edelman o Damasio exploran biológicamente la implicación del cuerpo en la cognición junto a lingüistas cognitivos como Lakoff o a investigadores en epistemología aplicada como Varela.
En lo que respecta al tratamiento de la imagen en el cerebro, Damasio defiende que, además de las estructuras visuales específicas, el resto del cuerpo se ve impelido a participar en el proceso.
Antes o después las vísceras van a reaccionar a las imágenes que uno está viendo, y a las imágenes que la memoria está engendrando en relación con lo que se está viendo.
En suma, se va a constituir un recuerdo del paisaje que se está mirando.
Este recuerdo consistirá en la huella neural de un gran número de cambios [...], algunos de los cuales han tenido lugar en el cerebro mismo (como es el caso de la imagen elaborada a partir del mundo externo, o el de las imágenes elaboradas a partir de la memoria), mientras que otros han tenido lugar en el cuerpo propiamente dicho (1995/2006, p.
Damasio reconoce la extrañeza que suscita la idea de que los fenómenos mentales emanen de la totalidad del organismo, y precisa que lo que en verdad defiende es que los circuitos mentales "contienen representaciones fundamentales del organismo, y que no dejan de tomar en cuenta los estados sucesivos del cuerpo.
Dicho de otra manera, [...] en el cerebro existen circuitos neurales que elaboran en permanencia una representación del organismo" (1995/2006, p.
Así pues, es preciso comprender que la presencia de cuerpo en la percepción se produce bajo especie de huella neuronal.
La representación del cuerpo en el cerebro -al igual que la del resto de representaciones-no compone otra figura que la de un circuito neuronal, y la expresión "imagen mental" no es sino una convención: "la imagen que creemos ver no es más que una correlación entre diversos tipos de categorizaciones" (Edelman, 1992, p.
De ello se colige que la imagen percibida y el cuerpo que percibe tienen una traducción de la misma naturaleza en el cerebro.
Y que la actividad mental elabora a un tiempo la información que viene del cuerpo y la que el cuerpo percibe.
Journal du regard comprende esta idea, aunque enuncie en términos anatómicos lo que es de orden neuronal: "En toda obra visual, la visibilidad es el resultado del trabajo oscuro de la mano.
Esta visibilidad viaja a través del cuerpo, del ojo a la mano, entra luego en la mirada" (1988a, p.
Y más cerca ya de una concepción retiniana y neuronal, añade: "Los gestos del pintor son una mirada ciega de la que todo su cuerpo parece ser la retina" (1988a, p.
Damasio sugiere aún que el cerebro representa "el mundo exterior mediante modificaciones que este provoca en el cuerpo mismo", es decir, "modificando las representaciones fundamentales del cuerpo cada vez que tiene lugar una interacción entre el organismo y el entorno" (1995/2006, p.
Esas representaciones fundamentales conciernen al estado de las regulaciones hormonales, al de las vísceras, al de la masa muscular y la piel, al del conjunto musculo-esquelético y sus potenciales movimientos (1995/2006, p.
Estima igualmente que hay un mapa dinámico del conjunto del organismo, localizado en diversas áreas cerebrales.
Los circuitos cerebrales de dicho mapa traducen un esquema corporal que concierne a la cabeza, al cuerpo, a los miembros del mismo y a su contorno.
Es así como la actividad de interacción del organismo con su entorno -por ejemplo en el caso de la percepción visual-engendra representaciones que dependen de lo que es percibido, pero también del cuerpo que percibe.
Damasio explica además que cuando miramos se producen dos tipos de señales en el cerebro.
Las unas remiten al cuerpo y más particularmente al órgano de percepción -los ojos, en el caso que se estudia-y su conjunto da lugar a un mapa dinámico de la globalidad del cuerpo.
La segunda serie de señales remite a la actividad sensorial precisa del órgano concernido.
El cruce de las dos series permite sentir que estamos viendo algo con nuestros ojos.
Pero sentir algo no es lo mismo que tener conciencia de ello, y la represen-a480 tación neuronal del estado del cuerpo se sitúa normalmente en un plano al que la conciencia no tiene acceso, excepto en caso de perturbación del cuerpo por el dolor o la emoción (Damasio, 1995(Damasio, /2006, pp. 292-294), pp. 292-294).
La experiencia noëliana de la presentación del cuerpo en el espacio de la mirada podría constituir también un caso de ruptura excepcional de esta opacidad de la conciencia: la experiencia estética tendría entonces ese poder revelador de señales cerebrales del cuerpo en su globalidad.
Como si la conciencia superior pudiera -en un momento de gracia-captar la conciencia primaria.
Damasio sitúa estas operaciones neuronales que conciernen al cuerpo y a la percepción antes del umbral que da acceso a la conciencia superior, pero las ve sin embargo dotadas de "subjetividad" por razón de que pueden ser objeto de una narración no verbal hecha mediante imágenes (más bien esquemas que imágenes) que representan el comportamiento de los sistemas sensoriales y motores en el espacio y en el tiempo de relación con el entorno.
La noción neurológica de "narración no verbal" de Damasio posee un correlato evidente en la teoría del filósofo y lingüista cognitivo Mark Johnson, para quien los esquemas de imágenes surgen mentalmente en analogía con las operaciones espaciales de exploración y de manipulación de los objetos físicos de las que somos capaces: son estructuras significativas extraídas principalmente de nuestros movimientos corporales, de nuestras intervenciones con los objetos y de nuestras interacciones perceptivas (1991, pp. 80-81).
Subyacentes a la metáfora cognitiva -cuya concepción por parte de Lakoff y Johnson los precede en el tiempo-estos esquemas de imágenes no tienen realización lingüística y se sitúan en un nivel preconceptual, en el límite que separa los procesos corporales de los actos conscientes.
Sin embargo, tales esquemas sí son capaces de proyecciones metafóricas en el sentido de que desarrollan una actividad cognitiva que nos permite tener experiencias estructuradas y coherentes 3.
Noël parece estar muy de acuerdo, cuando afirma -y le suponemos pensando en la mirada que vehicula la narración no verbal del cuerpo-que "toda mirada supone una metáfora" (1988a, p.
Pero, ciertamente, el hombre posee "capacidades narrativas de segundo orden, proporcionadas por el lenguaje, gracias a las cuales se pueden construir narraciones verbales a partir de las no verbales. [...]
Quizá el lenguaje no esté en el origen del «yo» [biológico, central o «proto-yo»], pero está con seguridad en el arranque del «Yo» [personal o autobiográfico]" (Damasio, 1995(Damasio, /2006, p.
Las metáforas del lenguaje acogen la proyección metafórica de los esquemas de imágenes que construyen la narración no verbal del cuerpo.
La vinculación de la narración no verbal, los esquemas de imágenes y la capacidad metafórica sitúa al conjunto en una zona preconceptual, y es lo que permite postular que la actividad metafórica que caracteriza al lenguaje poético se ancla en una conciencia primaria a la cual tiene acceso la conciencia superior en el momento de la experiencia estética.
Una segunda entrada de lo biológico en el lenguaje estaría aconteciendo en ese "instante de gracia" -tras la primera, la que dejó su huella indeleble en el lenguaje al producir su surgimiento-: el lenguaje poético explicaría así su aura -en el sentido benjaminiano, esa lejanía irreductible de algo que nos es muy cercano-.
Que la obra poética de Bernard Noël se encuentra inmersa en un proyecto de reconocimiento de la narración no verbal que inerva la narración verbal es algo que ofrece poca duda, pero no se demostrará aquí esa convicción en el ámbito de su poesía.
Pues la intención es dirigir el análisis hacia otro ámbito de escritura cuya vocación descriptiva insiste en la ya mentada escena del pintor trabajando.
Entre los libros consagrados a esta escena hay uno cuyo título se adscribe a un género que probablemente un lector canónico no le adjudicaría: Onze romans d'oeil.
Un narrador cuenta -y ésa es la novela-su observación de largas sesiones de gestos corporales y resultados pictóricos ejecutados por once conocidos artistas.
Movimientos y percepciones son los ingredientes no verbales de la narración que hacen los cuerpos de los pintores, traducidos a narración verbal por el escritor.
Dos conciencias narradoras, pues, pero dos conciencias de distinto nivel.
El relato ofrece la formación de una palabra y de una escritura que se producen en el mismo momento en que el escritor mira trabajar a los pintores; está pensando y escribiendo mientras percibe una escena que es espectáculo plural: tanto el teatro de la pintura en proceso como el resultado pictórico en sí.
Para el lector, se compone así un trayecto de actos: el escritor da forma lingüística a una escena visual de gestos físicos que, a su vez, generan la forma visual de la obra pictórica.
De esta suerte se construye un dispositivo cuya perspectiva evoca la dimensión de profundidad que acompaña al espacio de la mirada noëliano: se a480 construye un trampantojo del acto perceptivo, cognitivo y creativo.
La ilusión que ofrece este trampantojo es la de presentar a los ojos del lector una creación unitaria que va desde lo que ve el pintor hasta lo que dice el escritor, desde la vista al lenguaje.
La novela se edifica a partir del ojo, sí, pero la introducción de dos sujetos creativos pudiera pretender hacer más comprensible el recorrido del trayecto que va de lo óptico a lo mental.
Y, sobre todo, pudiera delimitar mejor el territorio en el que la llamada imagen mental se encuentra con el lenguaje.
Pero este trampantojo es más que una simulación de actos en perspectiva.
En él, el cuadro que se está pintando no es solo resultado de los gestos del pintor, sino que oficia de imagen que refleja las percepciones del pintor intervenidas por su propio cuerpo; es decir, el cuadro se torna visualización de la narración no verbal del "yo" que pinta.
Le roman du renvoi [La novela de la remisión] -uno de los Onze romans d'oeildice de la obra del pintor Serge Plagnol: "Lo que se pinta no es una copia, es una impronta, una impresión.
La pintura es un acontecimiento del cuerpo que se hace imagen" (1988b, p.
Mientras tanto, Journal du regard refrenda: "El cuadro se comporta más como un cuerpo que como un signo" (1988a, p.
"La mano carnal del pintor entra entonces enteramente en su mano mental, y esta contiene sus ojos" (1988a, p.
Que la escena de observación elegida por Noël sea la de la pintura y no otra escena creativa se debe a su valor de evidencia, pues la pintura muestra "a la vez lo visto, lo visible, la visión y el movimiento de metamorfosis que sin cesar los liga " (1988a, p.
"La pintura no fija lo visible, sino la visibilidad, y esta es doble, pues es a la vez lo que permite ser visto y lo que permite ver" (1988a, p.
Este carácter de registro tanto de lo óptico como de lo mental convierte el cuadro en un espejo global de la escena en la que el pintor pinta -además de ser también un resultado de los actos del pintor en dicha escena 4 -.
Desde la neuroestética, Semir Zeki (2005) podría confirmar la propuesta, pues en sus estudios sobre el arte moderno constata que la pintura avanza hacia el registro pictórico de las respuestas de las neuronas que se encuentran en las áreas visuales, lo cual permite conjeturar una relación entre la fisiología del córtex visual y las creaciones artísticas pictóricas.
Zeki sostiene, por ejemplo, que, contemplado a cierta distancia, un cuadro de Malevitch entra en el campo receptivo de una neurona que responde de manera óptima frente a un cuadrado azul sobre fondo blanco y que apenas reacciona frente a ese mismo cuadro sobre fondo negro.
De modo que el efecto estético de la obra depende de tal neurona o de ese grupo de neuronas que poseen propiedades similares (2005, p.
La conclusión que Zeki extrae es que si esas neuronas no respondieran a ese estímulo, ese tipo de arte no existiría (2005, p.
De donde cabe deducir que el arte moderno está hecho más a imagen y semejanza del cerebro que de la naturaleza.
Quizá en la abstracción persiste pues la mimesis, pero su modelo es de orden cerebral.
Jonah Lehrer expone en similar perspectiva cómo la obra de Cézanne es un espejo frente al que se mira el cerebro (2010, pp. 125-148).
Su pintura ejecuta en sí misma un proceso de construcción de la imagen que acoge de manera específica la actividad de las neuronas del área visual 1, que no se dejan fascinar por la luz -traducida, por otra parte, en fenómenos electroquímicos a partir de la retina-; estas neuronas responden a las líneas, a los ángulos, al contraste, a una geometría abstracta a partir de la cual se despliegan las formas.
Tal podría ser también el caso de Mondrian y de su uso de la línea recta.
Estos pintores captarían pues la imagen en un estadio prefigurativo de formación, en el momento que precede al de su entrada en el área visual 2, es decir, antes de su avance hacia las áreas del color y el movimiento.
En este contexto de arte que refleja la actividad cerebral del pintor, Zeki habla incluso de la llamada pintura cinética, que entra en relación con la existencia de neuronas del área visual 5 especializadas en el movimiento visual.
Se conoce el caso del artista cinético Jean Tinguely (Suiza, 1925(Suiza, -1991) ) quien, según afirmación de Zeki, consiguió adaptar un aspecto de su arte a las neuronas selectivas de la orientación (2005, p.
Dejando a un lado el cuadro pintado y considerando la gestualidad del pintor mientras pinta, las observaciones de los neurólogos resultan también significativas.
Zeki refiere que Tinguely, visualmente muy receptivo a los movimientos, estaba fascinado por los del también pintor Georges Mathieu mientras pintaba, aun cuando sus obras no le interesaban (2005, p.
De manera plausible, Tinguely y Noël son ambos sensibles a la gestualidad de la actividad pintora en la medida en que sea portadora de una narración no verbal que se implica en la mirada del pintor.
La hipótesis es pues que la gestualidad del pintor es una puesta en escena de la narración no verbal (compuesta de esquemas corporales dinámicos) mediante la cual el cuerpo se implica en la visión.
La escena no es una metáfora, es un índice de la metamorfosis que la imagen vista experimenta en su cerebro.
Escribe Noël: a480 Los gestos de los pintores -mientras pintan-son miradas sin ojos (1988a, p.
En el caso del pintor, ver es un trazo, pues hay coincidencia entre el vistazo y el gesto, entre la mirada clara y la línea que capta la materia cuya forma ocupa el espacio (1988a, p.
La pintura es un objeto mental que me obliga a verlo en su propia mirada, es decir, desembarazado de sus referentes y visto según la visión del pintor.
Mi pensamiento entra en ese momento en lo que fue pensado por él (1988a, p.
Volvamos pues a la construcción de la perspectiva que incluye al narrador y que ahora se manifiesta en términos de mirada: mirada del pintor representada por la pintura resultante, mirada del pintor elaborándose en la gestualidad de su propio cuerpo, mirada del escritor.
Engastadas las unas en las otras, muestran un punto de fuga: las miradas en perspectiva se fugan hacia ese punto en el que la mirada del escritor alcanzaría la conversión mental que transforma la escena en lenguaje.
Ese punto de fuga es de hecho un punto de vista, pues es el escritor quien comprende y organiza la escena.
De manera que el trampantojo -que se funda precisamente en la inversión del punto de fuga en punto de vista, en la proyección hacia adelante del efecto de perspectiva (Baudrillard, 1979, p.
91)-es obra del escritor.
La escena, como trampantojo, trata de incluir a su propio espectador; quiere hacerle ver y con ello entrar en la perspectiva, quiere hacer suya la mirada que lo construye; y, en el caso de Noël, quien dice mirada dice cuerpo que se vuelca en el espacio de la mirada, tal y como contaba la experiencia de Un jour de grâce.
La composición del conjunto de las miradas en Onze romans d'oeil recupera así esa escena de revelación, borra la distinción entre los cuerpos del pintor y del escritor suprimiendo la frontera de los espacios de sus miradas, creando un "espacio formado con una sola masa en el seno de la cual interior y exterior ya no se contradicen sino que se contienen el uno al otro.
Y el cuerpo en ese momento se vuelve exterior" (Noël, 1988b, p.
En el poemario La chute des temps, el escritor lo decía con potencia metonímica: "la claridad es de pronto la loca / que arranca la piel de los ojos" (1993, p.
Así el poeta puede comprender lo que decía Matisse: "Cuando pinto, veo a mis espaldas".
Todo trampantojo trabaja perceptivamente sobre el mundo físico con el fin de darle una determinada comprensión mental, y su construcción interpretativa de la percepción "realiza la unión de lo sensible y lo in-teligible" (Lévi-Strauss, 1993, p.
Pero la unión de la naturaleza física y la naturaleza mental es siempre un nudo de resistencia a la comprensión.
Quizá por ello Noël -a contrapelo de todo lo dicho hasta ahoraconcibe de un modo básico y provisional una noción de visión que preceda a la que tiene capacidad interpretativa, una visión previa a cualquier estado que pudiera ser instrumentado por lo mental: una visión no ya óptica sino háptica y táctil (Riegl) que busque la materialidad de las imágenes percibidas sin aportarles significación.
Así, dice Le roman du leurre [La novela del engaño]: "... lo concreto de las cosas pasa enteramente a la mirada, que las sorbe como si fueran un huevo. [...]
Ya no se trata de dibujo ni de color, es otra cosa... es materia " (1988b, p.
La visión háptica -en cuanto visión predecesora de toda otra-aportaría la dimensión física al espacio de la mirada en el que se confunde el interior y el exterior de los cuerpos.
En su aproximación a la materia experimentaría su contacto antes de comprenderla, sería pura co-presencia:
El placer de ver nos sumerge en la emoción de la presencia que nos aparta del momento de la significación (1988b, p.
No estamos en el mundo más que en el instante en el que somos el mundo: entonces no hay separación, y el espacio es tanto mental como real (1988b, p.
Es evidente la cosa que coincide con la mirada.
Entonces sujeto y objeto son idénticos.
Este primer contacto entre la visión y la materia concilia con lo que Gumbrecht más tarde llamará "producción de presencia" resistente a la interpretación.
Pero el modo de captación háptico que la caracteriza tiene caducidad, es -para Noël-el movimiento introductorio al excepcional momento de gracia en el que se asiste a la transformación de lo físico en lo mental: "Captar la imagen en el instante en que pasa de la retina al espacio mental permitiría ver cómo lo real se desrealiza [...] [y] accede sin embargo mediante metamorfosis a otra especie de realidad: la de la energía mental" (1988b, p.
Energía mental que, quizá, no es enunciado metafórico sino designación poco precisa de los impulsos electroquímicos que se producen en nuestro cerebro.
Energía mental que -por ser una especie de realidad-poco aclara sobre su conversión en lenguaje, sobre su pérdida de realidad.
Pues Noël sabe que en el surgimiento de la palabra se agota la presencia, que el lenguaje separa de la presencia (1988a, p.
Y la neurobiología le da la razón cuando señala que la memoria simbólica asociada al lenguaje nos aparta a480 del "presente rememorado" que funda la conciencia primaria (Edelman, 1992, p.
No cabe esperar que Noël ponga luz sobre un surgimiento del lenguaje que la neurobiología actual aún no sabe explicar, pero las intuiciones del poeta no terminan en esta derrota.
El antiguo sueño de la filosofía -de Platón a Kant, de Heidegger a Gadamer-aparece en Le roman du leurre asociado a la escena de la pintura:
Has soñado, siempre, con asistir al surgimiento de la palabra y del pensamiento en el espacio del cuerpo.
De pronto, te parece que vas a ver algo análogo a través [...] de esas formas de cuerpos que no son cuerpos y que construyen un empuje, una emanación... la materia misma es una emanación...
Pero ¿te dejas engañar por una apariencia o por un movimiento? (1988b, p.
La escena de la pintura tiene pues vocación lingüística, aspira a ver surgir la narración verbal de la narración no verbal, a observar el proceso de desnaturalización que acompaña a todo proceso significante.
Que la elección de Noël sea esta escena y no cualquier otra escena creativa se debe a que incluye un componente físico real que es en sí ya significante: la gestualidad manifiesta un poderoso lazo entre la naturaleza del cuerpo y la significación (la interpretación) que coagula en el cuadro.
Algo semejante dice Journal du regard: "El gesto hace aparecer una forma que significa y una materia que cobra vida: su trazado efectúa la unión [...] hace surgir algo que se descubre en la intensidad de la presencia" (1988a, p.
Como si el gesto fuera capaz de unir una "producción de presencia" con el acto interpretativo: la materia con el lenguaje.
Ciertamente, el gesto tiene significación, pero no es todavía lenguaje por mucho que su trazo pertenezca a la narración no verbal y recoja el sentido de los esquemas de imagen corporal.
Mark Johnson concibe que estos esquemas suscitan proyecciones metafóricas y metonímicas que forman parte de una teoría de la significación que establece la continuidad entre esquemas de imágenes y proposiciones de lenguaje (1991, pp. 280-284).
El gesto se encontraría así entre unos y otras, una posición que exploran ciertas semióticas (Fabbri).
De hecho, existe una continuidad entre gesto y lenguaje constatada por los estudios recientes en psicología del desarrollo; esta continuidad no implica sucesión sino contigüidad, y hace que, en nuestra primera infancia, el gesto no preceda simplemente al lenguaje sino que lo acompañe de manera esencial.
El lenguaje debería pues ser pensado como expresión de todo el cuerpo, como una articulación que no solo efectúa la boca, sino también y simultáneamente el conjunto de nuestros miembros y de nuestra gestualidad, en particular la de la mano y la del rostro.
Más allá de lo defendido por Leroi-Gourhan, la antropología y la ciencia cognitiva actuales proponen que la evolución no seleccionó el lenguaje solamente, sino la combinación del lenguaje y el gesto (Kenneally, 2009, pp. 333-336).
Apoyo esencial para esta tesis ha sido la teoría motriz del lenguaje de Lieberman, que pone de relieve la parcial coincidencia de zonas cerebrales que controlan el movimiento del cuerpo y de zonas que ordenan pensamientos y lenguaje.
Desde el último decenio del siglo pasado, la motricidad es considerada un elemento clave en la organización del conocimiento.
El descubrimiento de neuronas plurimodales (que responden a impulsos visuales y motores, por ejemplo), los estudios sobre las neuronas espejo (Rizzolatti) o sobre el sentido del movimiento (Berthoz) han sido capitales para comprender que el conocimiento tiene una raíz gestual.
En la estela de Berthoz precisamente, Gérard Olivier trabaja sobre la hipótesis de una cognición gestual que concibe la imagen mental como un acto en el que gesto y objeto no tienen límites precisos: "la imagen visual de un objeto es asimilable al esbozo de la simulación mental de una exploración ocular de ese objeto (tal y como pensaba Piaget) y, del mismo modo, la imagen auditiva de un sonido del lenguaje es asimilable a la simulación mental de su pronunciación" (Olivier, 2012, p.
Similar comprensión parece asistir a Bernard Noël en la escena de la pintura: el gesto del pintor exterioriza su imagen mental, y el escritor que asiste a la escena experimenta como imagen mental propia esa gestualidad que leen sus neuronas espejo.
El escritor narra en simultaneidad con aquello que ve -el acto de la pintura en cuanto imagen mental-y la coincidencia de ambos gestos -el pictórico y el lingüístico-sugiere que el uno refleja al otro, que el uno engendra al otro como reflejo: que la palabra surge del gesto corporal de la pintura.
La escena de la pintura noëliana expresa intuiciones congruentes con lo que la ciencia está explorando en el momento en que él escribe -el primer libro de Lieberman que habla de la impronta motora sobre el lenguaje es de 1984: The biology and evolution of language-.
"Pienso en mí, pero también pienso fuera de mí, en una reversión perpetua del interior y del exterior, de lo proyectado y de lo reflexionado, cuyo cruce produce ese objeto mental: la imagen" (1988a, pp. 17-18).
El poeta piensa como el psicólogo o el lingüis-a480 ta cognitivo piensan que funciona el pensamiento.
El poeta dice que en su lenguaje y en su pensamiento verifica esa dependencia de la experiencia corporal de movimiento en el espacio.
No dice tampoco otra cosa la metáfora cognitiva.
El lenguaje humano tiende a abismar en sí mismo ese saber, necesita olvidar su biológica cuna.
La conciencia superior le priva de esa alteridad corporal dotándolo de una memoria simbólica capaz de producir recategorizaciones de nivel fonético, semántico y sintáctico y de asociarlas recursivamente.
Pero no puede reducirlo a un tratamiento computacional de información ni evitar su fascinación por la desconocida y muda conciencia primaria en la que está anclado.
La poesía se presenta entonces como una conducta de riesgo del lenguaje: se despoja del manto consensual, frecuenta los cuerpos en los que el lenguaje fue gesto y acto, torna fecundada por la potencia metafórica de la narración no verbal.
La poesía viene "sucia de besos y de arena" -decía Lorca y recordaba siempre Gelman-, trae en su lenguaje "la impronta verbal de la impronta carnal" (Noël, 1998, p.
Este artículo ha sido realizado en el seno del Proyecto de Investigación Inscripciones literarias de la ciencia: lenguaje, ciencia y epistemología (ILICIA) Ref.
Traduzco todas las citas de los originales franceses.
Otra etapa es la que explora el cuerpo en su intimidad orgánica y fragmentaria.
En sus reacciones se encuentra sin duda el sustrato de la actividad de construcción y de interpretación del acto perceptivo, y al mismo tiempo se manifiesta una relación dialógica con la otredad.
Un ingenio óptico como el caleidoscopio pudiera metaforizar esta disposición: observación de una interioridad necesariamente oscura, fragmentación, intervención del espejo y su alteridad; títulos de la obra noëliana tales como Extraits du corps, L'ombre du double o Treize cases du je atienden ese modelo caleidoscópico (Gamoneda, 2002).
En referencia a la pintura de Kandinski, Johnson escribe: "es evidente que los colores no tienen peso literal.
Solo podemos relacionar metafóricamente su 'peso' y 'fuerza' con los de los objetos físicos de un campo de gravitación u otro campo de fuerzas.
En segundo lugar, el equilibrio adecuado de las fuerzas del color solo existe en el acto de nuestra percepción cuando estamos ante un cuadro.
Lo que experimentamos es el equilibrio de complejas fuerzas psicológicas que operan en nuestro 'juego' perceptivo con las relaciones entre línea, espacios, contornos y colores.
En tercer lugar, nos ocupamos de patrones o esquemas psicológicos que nos permiten tener experiencias estructuradas y coherentes a las que podemos dar sentido.
Nos encontramos ante niveles de organización que están en el límite entre los procesos corporales y los actos conscientes o reflexivos, en los que, si queremos, podemos concentrar nuestra atención.
Nos ocupamos de niveles preconceptuales en los que la estructura surge de nuestra experiencia a través de las extensiones metafóricas de los esquemas de las imágenes" (1991, p.
"La proyección metafórica [...] es uno de los modos en que alcanzamos el orden y estructuramos nuestra experiencia para darle sentido.
Otro tipo de estructura proyectiva es la metonimia, que trata de las relaciones entre las partes y el todo" (Johnson, 1991, p.
Los esquemas de imágenes se encuentran en relación con la capacidad de hacer girar mentalmente los objetos (algo que, en la vida cotidiana, nos permite reconocerlos desde diversos ángulos de visión); esta capacidad, que compartimos con muchos animales, registra en el hombre la influencia del lenguaje, de modo que tal capacidad puede verse alterada por la existencia o no de un nombre para el objeto que hacemos girar.
Del mismo modo, la lengua altera la memoria de los colores, e incluso su percepción.
El color no es un atributo del mundo físico sino el resultado de una elaboración cerebral a partir de la información visual.
Ciertamente, la realidad física es el desencadenante de funcionamientos ópticos, químicos y eléctricos que producen la sensación del color.
Experimentamos esta sensación como un dato real, pero es un pro-ducto mental.
Podemos hablar así de la creación de un objeto mental (el color) a partir de un tratamiento cerebral de lo que en origen no son sino ciertas longitudes de onda de la luz.
La constancia del color -independientemente de los cambios de iluminación-es también una elaboración comparativa que realiza el cerebro.
Un cerebro que se muestra sensible a la manera en que distinguimos lingüísticamente el color en función del hemisferio cerebral que estemos utilizando: en el campo visual derecho -controlado por el hemisferio izquierdo que gestiona el lenguaje-la no coincidencia del color observado y del nombre que se le da incita al sujeto a dudar de qué color se trata, cosa que no ocurre si la observación se ofrece al campo de visión izquierdo (Kenneally, 2009, pp. 148-149).
El lenguaje -junto a otros factores cognitivos como la memoria, el juicio o el aprendizaje-ayuda a la categorización, es decir, interviene en la conversión de lo óptico en mental.
La poesía de Noël injerta su lenguaje en este circuito de intercambio.
Así comprendido, el trampantojo noëliano no puede evitar evocar el cuadro "Las meninas" de Velázquez, que también pretendía subrayar la dimensión intelectual de la pintura.
Quizá el narrador de Onze romans d'oeil pudiera verse a sí mismo como el aposentador de la corte José Nieto, quien, al fondo del cuadro, se encuentra de pie en unas escaleras que abren la estancia a una perspectiva ilimitada. |
Examinaremos en este artículo las relaciones entre literatura y ciencia a lo largo de los últimos dos siglos, con especial énfasis en el estado actual y en las perspectivas futuras.
Veremos aquí que existen profundos vínculos entre ellas como consecuencia de que ambas se nutren de un imaginario colectivo común a la vez que lo alimentan.
Analizaremos también diversos aspectos tales como las influencias recíprocas y los desarrollos simultáneos de nuevas ideas y conceptos.
En este sentido, comprobaremos cómo los grandes cambios de paradigma se manifiestan muchas veces a la vez en la ciencia, la literatura y otros ámbitos del saber.
Finalmente, discutiremos algunos aspectos relativos a la exploración de los espacios comunes entre literatura y ciencia con el objetivo de potenciar las formas de conocimiento a partir de un mestizaje epistémico y metodológico.
Los historiadores parecen coincidir en que la bifurcación entre literatura y ciencia comenzó en los siglos XVIII y XIX, cuando ambas áreas del conocimiento se establecieron como instituciones profesionales especializadas (Gossin, 2002, pp. 252-260).
A partir de ese momento, las fronteras instauradas arbitraria y contingentemente se fueron solidificando hasta que, hacia finales del siglo XIX y principios del XX, la literatura y la ciencia se convirtieron en carreras universitarias independientes.
Para esa época, el contacto entre artistas, literatos y científicos era más bien escaso, y las fronteras institucionales (tanto educativas como profesionales) acentuaban la incomunicación.
La difícil relación entre literatura y ciencia alcanzó tal nivel de paroxismo que la indiferencia o el desprecio mutuo se convirtieron en un lugar común, en una especie de cliché intelectual.
A esto se sumó el que los escritores, artistas y humanistas manifestaban temor y disgusto frente al reduccionismo y a la mecanización que proponía la ciencia.
Al igual que sus predecesores del Romanticismo, los escritores y críticos modernos expresaron una mezcla de miedo y envidia ante el prestigio cultural que estaba alcanzando la ciencia, convertida por entonces en la herramienta más eficaz para adquirir "conocimiento verdadero", una herramienta que amenazaba la posición de privilegio de aquellos.
Esta situación contribuyó a dificultar el intercambio de ideas y conceptos entre literatura y ciencia, empujando a cada disciplina a atrincherarse en su propia torre de marfil.
El clímax de tal desencuentro entre literatura y ciencia lo marcó Charles P. Snow en su ya famosa conferencia Rede de 1959 acerca de lo que él denominó "las dos culturas y la revolución científica".
Si bien su discurso poseía fuertes componentes políticos y buscaba relacionar la pobreza en el mundo con la falta de conocimientos científicos en los intelectuales que deciden las políticas de estado, su planteamiento puso sobre la mesa un problema que contaba ya más de ciento cincuenta años.
El debate lanzado por Snow (y al que F. R. Leavis respondió ferozmente) era una continuación de la polémica victoriana que habían mantenido un siglo antes Matthew Arnold y T. H. Huxley 1 (Snow, 2000).
En cualquier caso, la conferencia de C. P. Snow tuvo una gran repercusión y la controversia se instaló tanto en la esfera académica como en revistas y periódicos de circulación masiva.
La polémica acerca de las "dos culturas" abarcaba muchos aspectos que incluían reformas políticas, morales y educativas.
Quedaba claro que se había levantado una especie de barrera infranqueable entre ambas disciplinas y que ello estaba minando las posibilidades de desarrollo social, político e intelectual.
Sin embargo, pese a que la incomunicación explícita resultaba más que evidente, no es menos cierto que existía al mismo tiempo un intercambio sutil, involuntario y silencioso.
Como veremos en este artículo, las fronteras que circunstancialmente pueden separar diferentes dominios del conocimiento reducen, pero no suprimen, el flujo de información de unos a otros.
El pensamiento viaja gracias a la interacción social y a actividades que involucran a personas de diferentes disciplinas; es sin duda la manera más eficiente de hacerlo circular.
No debemos ignorar que las fronteras son siempre porosas y que los conceptos suelen filtrarse por pequeñas hendijas permeando todos los rincones de la cultura.
La historia de las ideas muestra que cada vez que ha habido cambios sustanciales de paradigma se han producido con relativa simultaneidad en diversos ámbitos culturales (Watson, 2002).
Paradójicamente, hacia la misma época en la que el debate acerca de la divergencia entre las "dos culturas" alcanzaba su apogeo despuntó la publicación lenta y gradual de algunos estudios sobre literatura y ciencia.
Estas iniciativas se alumbraron principalmente en departamentos de Historia de las Ideas, Filosofía de la Ciencia, Teoría Literaria y Lingüística.
Ciertos estudios se consolidaron a partir de la década de los 80, cuando se formó una masa crítica de intelectuales dedicados a dichos temas y se organizaron reuniones, conferencias y grupos de trabajo (Gossin, 2002).
En 1985 fue fundada en Estados Unidos la Society for Literature, Science and the Arts (SLSA), que cuenta actualmente con varios cientos de miembros en activo, prepara conferencias anuales y edita su propia revista (Configurations); y más tarde se crearía en el Reino Unido la British Society for Literature and Science.
Lamentablemente, en el mundo hispanohablante los esfuerzos por integrar (o al menos por explorar las relaciones entre) literatura y ciencia, mucho más escasos y dispersos, no han logrado constituir la mencionada masa crítica de investigadores e intelectuales imprescindible para trabajar con orden y sistema.
Si bien existe en la actualidad un consenso bastante amplio a propósito de la necesidad y el valor de los estudios transdisciplinares, es preciso aún encontrar modelos y metodologías que faculten para abordar sistemáticamente las relaciones entre literatura y ciencia.
En este artículo nos centraremos en particular en cuatro aspectos que nos parecen relevantes y que no han sido lo bastante tratados en investigaciones a481 previas.
Rastrearemos primero la relación de la literatura y la ciencia con el imaginario colectivo de cada época.
Veremos que, más allá de los gruesos muros de separación entre las disciplinas, se dan conexiones subterráneas e inconscientes que permiten un trasvase permanente de ideas y conceptos entre los plurales ámbitos del conocimiento.
Discutiremos luego los problemas y paradojas que aparecen cuando un lenguaje (formal o natural) se mira a sí mismo.
Las últimas dos secciones describirán, por un lado, los lazos de la novela policíaca con el método científico y, por otro, cómo ciertos cambios de paradigma a lo largo del siglo XX se han desplegado convergentemente tanto en literatura como en ciencia.
Analizaremos, para finalizar, las posibilidades reales de una hibridación entre literatura y ciencia, haciendo especial hincapié en las estrategias susceptibles de impulsar una integración crítica de las distintas formas de conocimiento.
A pesar de que cuenta con grandes escritores como Julio Verne, H. G. Wells, Isaac Asimov o Ray Bradbury, hemos excluido de nuestro estudio a la ciencia ficción.
Los textos literarios de este género proponen en general, ya sea en forma de apología o de rechazo, una exacerbación de los logros tecnológicos y una extrapolación del comportamiento social.
Sin embargo, la presencia de conceptos científicos o, más latamente, de cuestiones tocantes al conocimiento del mundo, resulta en ellos más bien escasa, y su tratamiento un tanto superficial.
Curiosamente, en el resto de la literatura (fuera de la ciencia ficción) tales asuntos suelen manejarse con mayores lucidez y profundidad.
Es justo en esas últimas manifestaciones, a la vez menos evidentes y mucho más intensas, donde centraremos nuestro análisis de las interacciones entre literatura y ciencia.
Al contrario de lo que pudiera parecer a primera vista, el que la literatura y la ciencia se influyan la una a la otra no es algo tan extraño; de hecho, aun sin proponérselo se han influido significativamente a lo largo de la historia.
Superando el alejamiento circunstancial entre intelectuales humanistas y científicos, las novedades de cada campo se difunden a través de los medios de comunicación o de otros canales más complejos y sofisticados, y tarde o temprano terminan por infiltrarse en todos los sectores de la cultura.
Más sorprendente aún es el hecho de que ciertas ideas surjan a la par en ambas disciplinas, es decir con una diferencia de pocos años y sin que quepa apreciar un condicionamiento recíproco o una conexión causal entre ellas.
¿Es una simple coincidencia, por ejemplo, que el narrador omnisciente comenzara a abandonarse en la literatura al mismo tiempo que en la física desaparecían los sistemas de referencia absolutos?
¿O que Virginia Woolf y Freud se hicieran, casi a la vez, preguntas acerca del inconsciente?
¿Existe alguna relación entre lo que André Gide denominó mise en abyme 2 y los conjuntos de Cantor?
Historiadores y sociólogos han remarcado el hecho de que muchos descubrimientos científicos (y también tecnológicos) se efectúan de modo más o menos paralelo, sin que los respectivos autores hayan tenido contacto entre sí o conocimiento el uno de los trabajos del otro.
Uno de los ejemplos más citados es la formulación del cálculo diferencial realizada independientemente por Newton y Leibniz hacia finales del siglo XVII.
Estos "descubrimientos" sincrónicos se dan también en el mundo del arte y de la literatura; incluso se ha llegado a argumentar que los hallazgos múltiples revisten características similares tanto en el campo artístico como en el científico (Lamb y Easton, 1984).
Pareciera que, de alguna forma, en cada disciplina y en cada momento histórico la solución a ciertos problemas (o incluso cada uno de los cambios de paradigma) confluyera naturalmente en una determinada dirección.
Pero, ¿cómo explicar entonces los descubrimientos concomitantes en diferentes disciplinas?
¿O es que en el fondo no son tan diferentes?
¿Cuál es el punto de contacto, el nexo común entre diversos ámbitos de la cultura y del conocimiento?
La ciencia y la literatura (o el arte) son modos de explorar la realidad, estrategias para comprender el mundo.
Difieren en sus métodos, sí; pero se asemejan en sus intenciones.
La literatura y la ciencia, dos manifestaciones de la creatividad humana, se nutren en cuanto tales de un imaginario colectivo común.
Como bien señala Emmanuel Lizcano Fernández (Lizcano, 2003, p.
4), es "el imaginario [el que] educa la mirada, una mirada que no mira nunca directamente las cosas: las mira a través de las configuraciones imaginarias en las que el ojo se alimenta [...]
Cada imaginario marca un cerco, su cerco, pero también abre todo un abanico de posibilidades, sus posibilidades".
Ahora bien, ¿cómo definir el imaginario colectivo si es precisamente allí donde se elaboran las definiciones?
Aunque no sea posible definirlo, podemos metaforizarlo: podemos pensarlo como un magma subterráneo en continua ebullición, originando permanentemente formas, ideas, conceptos, precipitando estos en identidades (transitoriamente) fijas y creando así el universo en el que los grupos humanos viven y en a481 el que producen eso que llamamos cultura y conocimiento.
El imaginario colectivo de cada tribu, de cada grupo humano, es en cada momento la "matriz de la que se alimentan los sentidos, el pensamiento y el comportamiento; acota lo que, en cada caso, puede verse y lo que no puede verse, lo que puede pensarse y lo que no puede pensarse, lo que puede hacerse y lo que no puede hacerse [...] lo que es posible y lo que es imposible" (Lizcano, 2003, p.
Todas las actividades humanas se nutren, de una u otra manera, del imaginario colectivo de cada época.
Es por lo tanto razonable que, si algo sustancial ha mudado en él, dicho cambio se revele simultáneamente en varios ámbitos de la cultura.
La ciencia y la literatura se abastecen de ese imaginario colectivo y a la vez lo abastecen.
No sorprende así que ciertos conceptos puedan ser "recogidos" y amplificados en sincronía por las dos, con los elementos propios de cada una de ellas.
Tendremos en consecuencia dos productos diferentes, uno científico y otro literario, que responden en el fondo al desarrollo de una idea germinal común.
La literatura y la ciencia son dos de las áreas que más "material" aportan al imaginario colectivo (al menos en la cultura occidental).
Nada más natural, entonces, que el que las nociones literarias o científicas repercutan también en otras áreas de la cultura.
Este modelo permite asimismo comprender mejor algunos aspectos relevantes de las relaciones entre literatura y ciencia.
Por ejemplo, lo que llamamos habitualmente "anticipaciones literarias de la ciencia" no es otra cosa que la incorporación al imaginario colectivo de ciertas ideas con origen en la literatura que luego la ciencia (o cualquier otra práctica) tomará para sí.
En lugar de anticipaciones (ya sean literarias o científicas) deberíamos hablar más bien de creaciones de cada campo que, una vez disueltas en el imaginario colectivo, pueden ser asimiladas y utilizadas en otro espacio cualquiera de la cultura.
En efecto, asumir que se trata de anticipaciones significaría creer en una inexorable determinación del progreso científico (solo es anticipable aquello que inevitablemente ocurrirá).
Ahora bien, el desenvolvimiento de las ideas, del pensamiento y de la cultura no parece algo inexorable, ni por ende tampoco fácilmente predecible; y se piensa además que la ciencia "constituye" el mundo al menos tanto como lo "descubre", lo que reduce aún más su anticipabilidad.
El imaginario colectivo es, así pues, el lugar clave para explorar las vinculaciones entre literatura y ciencia.
Pero, ¿cómo organizar la exploración del imaginario?, ¿cómo investigar la realidad imaginaria del imaginario?
El primer paso consiste en saber dónde buscar afluentes de lo imaginario.
En este sentido, es primordial tener en cuenta que "Lo imaginario [...] no está solo allí donde se lo supone, en los mitos y los símbolos, en las utopías colectivas y en las fantasías de cada uno.
Está también donde menos se lo supone, incluso en el corazón mismo de la llamada racionalidad" (Lizcano, 2003, p.
No debemos olvidar aquí que debajo de cada idea o concepto (tanto en literatura como en ciencia) late una metáfora, una metáfora que, como sugería Nietzsche, se ha olvidado de que lo es (Díaz y Heler, 1992, p.
Y son justamente tales metáforas las que nos abren pequeñas grietas por donde aventurarnos a explorar el imaginario.
Si partimos de un concepto o una idea (ya sea esta científica o literaria) y seguimos su débil hilo, que se pierde de vista en las profundidades del imaginario, percibiremos que la identidad de esa idea o de ese concepto se desvanece, que sus contornos se difuminan y sus características se desagregan.
Una vez allí, el camino inverso hacia la superficie nos conducirá a una novela o a una teoría científica, a un poema o a un concepto matemático, a buscar un nuevo sistema de referencia o a reemplazar el narrador omnisciente o a abandonar la perspectiva y abrazar el cubismo o la pintura abstracta.
Como comprobaremos a continuación, muchas veces una misma intuición primigenia, brotada del magma del imaginario, se expresa a la vez y de modos plurales en diferentes ámbitos de la cultura y del conocimiento.
AUTORREFERENCIALIDAD EN LITERATURA Y CIENCIA
El impresionismo, el cubismo y diversas formas de pintura abstracta efectúan a principios del siglo XX un corte drástico con la tradición figurativa.
Nace otra mirada al mundo, la cual condice en la literatura con otras técnicas y perspectivas: ficciones que trasportan ante todo una realidad verbal (Joyce, Lezama Lima, Guimaraes Rosa, etc.) y cuyas referencias históricas o sociales parecen, en ciertos momentos, una especie de excusa; ficciones en las que las palabras buscan independizarse y ser su propio fin; ficciones donde la literatura comienza a mirarse a sí misma y a convertirse en su propio objeto de estudio.
Pero también otras que abandonan el ideal flaubertiano del narrador invisible y más o menos objetivo para poner el acento no solo en un punto de vista cada vez más marcado (en la dependencia del observador), sino también en una polifonía de múltiples focos, en un narrador ultravisible (la marginalizada tradición del exceso a lo Sterne) o principalmente en una acentuada autoconciencia: unas ficciones que todo el tiempo recuerdan y aceptan su condición de artefacto literario.
Bajo inspi-a481 ración científica, Roman Jakobson introduce en 1959 el concepto de metalenguaje, y Roland Barthes el de metaliteratura.
En 1970 el escritor William Gass utiliza por primera vez el término metaficción, basándose en la idea de que "Hay metateoremas en matemáticas y en lógica; la ética tiene su superespíritu lingüístico; en todas partes se idean jergas para departir sobre jergas, y no ocurre de otro modo en la novela" (Gass, 1970, p.
Conviene, no obstante, mencionar una sutil diferencia entre la tradicional metaliteratura y la denominada metaficción del siglo XX y XXI.
La primera, aun cuando acceda al primer plano en obras contemporáneas como Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, etc., ya existía en Cervantes o Jane Austen y en su "ironía romántica" -lo han apuntado André Brink o David Lodge-.
La segunda, la metaficción actual, además de aludir autorreferencialmente a sí misma a través de variadas estrategias, entre ellas la de narrar el propio proceso creativo o la de mostrar explícitamente los elementos que posibilitan el discurso ficcional, suele ir más allá, cuestionando los vínculos entre realidad y ficción y especulando sobre la imposibilidad de conocer objetivamente el mundo.
Por esos mismos años, a principios del siglo XX, la lógica matemática estaba igualmente examinando problemas relacionados con la autorreferencialidad, como si a lo largo de su propio desarrollo la lógica se encontrara finalmente consigo misma.
Pero ¿qué hay de novedoso en que un sistema hable de sí?, ¿qué sucede cuando el objeto de estudio coincide con el sujeto que lo estudia?, ¿qué pasa cuando la lógica o la literatura se auto-observan?
Existe en lógica una famosa paradoja, atribuida a Epiménides, que en su versión original reza: "Todos los cretenses son mentirosos", y que en su forma resumida puede leerse como "Esta afirmación es falsa".
Tal dicho contradice categóricamente la idea intuitiva de que toda predicación ha de ser o bien verdadera o bien falsa.
No hay manera de afirmar que la de Epiménides sea verdadera o falsa: es sencillamente indecidible.
Hasta aquí, no se trataría más que de una curiosidad lógica.
Sin embargo, es el tipo de paradoja que puede aparecer también cuando la matemática se mira a sí misma.
Kurt Gödel, uno de los lógicos más destacados de todos los tiempos, decidió utilizar el razonamiento matemático para estudiar el propio razonamiento matemático, y se encontró con que en determinados sistemas formales siempre es posible declarar a propósito de al menos un enunciado que "este enunciado no es demostrable".
Ello permitió a Gödel presentar el primero de sus famosos teoremas de incompletitud, "Toda formulación axiomática de teoría de los números incluye proposiciones indecidibles", cuyo significado es, ni más ni menos, que siempre existirán enunciados matemáticos, como los hay lingüísticos según la paradoja de Epiménides, de los cuales no podremos saber si son verdaderos o falsos.
La introspección matemática arrojando piedras sobre su propio tejado.
Durante todo el siglo XX se observó una curiosa convergencia de literatura, ciencia y autorreferencialidad en la crítica literaria.
La "nueva crítica", aparecida a principios de siglo, intentó asentar sus ideas en términos racionales y sistemáticos imitando el método científico.
Los así llamados formalistas rusos (desde Shklovski hasta Jakobson) promocionaron un abordaje científico, novedosamente riguroso, de las letras, siguiendo el cual un "narratólogo" como Propp analizó la estructura del cuento popular (los "puntos recurrentes" en los cuentos de hadas) y otros investigadores ahondaron en el análisis de la trama o en el efecto de extrañamiento ("desfamiliarización") que suscitan ciertas metáforas.
Unos años más tarde, Ferdinand de Saussure propondría lo que se considera el primer intento de sistematizar la lingüística.
Saussure desarrolló una "ciencia del lenguaje" a la que hoy se denomina semiótica.
Para Saussure, el lenguaje constituye un sistema de términos interdependientes donde el valor de cada término se establece solo en relación con la presencia simultánea de los otros (Saussure, 1945).
Es lo que se conoce como estructuralismo.
Sin embargo, hacia mediados de los años 60, el estructuralismo comenzó a acusar el peso de las objeciones y sus limitaciones se hicieron evidentes.
Jacques Derrida defendió entonces una aproximación original a la lectura de los textos literarios que difería de la "nueva crítica" y del estructuralismo pero que, a la vez, tomaba prestados algunos elementos de ellos (Culler, 1998, p.
La estrategia de deconstrucción diseñada por Derrida subrayó la dificultad de encontrar un significado absoluto en los textos literarios, lo cual otorgaba al lector un papel más activo y le advertía no solo de la existencia de múltiples interpretaciones, sino también de la arbitrariedad de fijar una que fuera la correcta.
En definitiva, la teoría literaria, buscando en el método científico bases sólidas sobre las que asentarse, descubrió que los textos literarios son indecidibles (Kau, 2001).
En algún sentido (y sin entrar en peligrosas comparaciones), Derrida fue para la literatura lo que Gödel para las matemáticas.
Probablemente Derrida no conocía las ideas de Gödel; y, de todas maneras, sus propuestas no se derivan de los trabajos de este.
Lo interesante del caso es la simultaneidad: el hecho de que, en tres o cuatro dé-a481 cadas (es decir, desde una perspectiva histórica, casi al mismo tiempo), la incertidumbre y la indecidibilidad aparecieran en tanto protagonistas inesperados en varios ámbitos del conocimiento.
Como nos recuerda Douglas R. Hofstadter en su libro Gödel, Escher y Bach, "Todo lenguaje, todo sistema formal [...] todo proceso de pensamiento desemboca, tarde o temprano, en la situación límite de la autorreferencia: de querer expresarse sobre sí mismo." (2001, p.
LA LITERATURA Y EL MÉTODO CIENTÍFICO
Otro buen ejemplo de las interacciones entre literatura y ciencia es la introducción del método científico en la literatura de ficción, y más precisamente en las novelas policíacas o detectivescas.
Desde sus orígenes, en las primeras décadas del siglo XIX, la novela policíaca ha estado siempre íntimamente ligada a "lo científico" y a su capacidad para explicar el mundo.
El detective debe afrontar la resolución del caso basándose en los hechos, analizando la información disponible, elaborando teorías y contrastando sus hipótesis con la realidad.
El detective se convierte entonces en una especie de alter ego del científico, que logra finalmente dilucidar cualquier problema por complejo que pueda parecer.
La literatura se apropia así de una visión lógico-positivista de la realidad que se reflejará en buena parte de su producción y que influirá fuertemente el modo en que los lectores (y por extensión, la sociedad) perciben el mundo.
Es lícito considerar a Edgar Allan Poe como el padre del género policíaco, o al menos como el aglutinador de ciertas ideas que "estaban en el aire" de la época.
En particular, su relato Los crímenes de la calle Morgue (1841) marca el comienzo de un nuevo tipo de literatura que se prolonga hasta nuestros días y que, casi al mismo tiempo, tanteaba también el inglés Wilkie Collins en La piedra lunar (1868).
Poe introduce en sus textos, para la resolución de diferentes crímenes, una clase de análisis que la policía de entonces difícilmente podría haber imaginado.
De hecho, los agentes de la ley aparecen retratados como sujetos mediocres, sin imaginación y hasta torpes.
Es solo mediante la observación y la deducción lógica como el detective (el investigador) llegará a esclarecer el caso y a establecer la verdad.
Al contrario que a los policías, al investigador se lo pinta generalmente perspicaz, culto y, en muchos casos, amante de la ciencia.
La identificación del lector con la figura del investigador de aquella época se consolida de inmediato, y el lector sabe también que es solo cuestión de tiempo que el detective acceda a la verdad.
Poe ha ejercido una inmensa influencia en los escritores que le sucedieron; por ejemplo, sobre Arthur Conan Doyle, con su inolvidable Sherlock Holmes.
Conan Doyle era médico y, de hecho, fue uno de sus profesores en la Universidad de Edimburgo, Joseph Bell, quien le inspiró la figura de Holmes.
El doctor Bell (como luego el asombroso Padre Brown, de Chesterton) era capaz de hacer diagnósticos con solo observar los modales del sujeto o las características de su vestimenta, llevando de este modo el método lógico-deductivo a la cima del género.
Desde los inicios del género policíaco, y durante más de cien años, dicho método ha acompañado la corriente positivista que surgió primero en Francia (Auguste Comte) y luego en Inglaterra (John Stuart Mill) y que se extendió a la postre por toda Europa.
El género se sustenta en un positivismo, y al mismo tiempo lo fomenta, que se auto-erige en la única vía para alcanzar un conocimiento verdadero del mundo a partir del análisis de hechos verificables.
Señalemos que en todo este período "positivista" del género policíaco se utilizó (casi) siempre un narrador omnisciente o bien un narrador testigo, pero fiable, certero.
La opción de dejar no resuelto un caso resultaba inconcebible para el imaginario colectivo de la época, y no hubiese sido admitida.
La infalibilidad del método era un axioma aceptado tácitamente tanto por los autores como por los lectores.
Como ya hemos evidenciado antes, lo que no participa del imaginario colectivo de un corte histórico no puede ser pensado y mucho menos representado.
Sea de ello lo que sea, las evoluciones en el imaginario colectivo están en gran medida promovidas, lo constataremos a continuación, por la literatura y la ciencia de cada época.
A diferencia de la literatura fundada en el principio de "suspense" (donde la intriga reside en lo que ocurrirá en el futuro), el género policíaco se basó especialmente en el principio del "enigma"; esto es, en explicar hechos ya ocurridos, por lo común un crimen o un asesinato que semejaban (a primera vista) imposibles de aclarar.
Más tarde se fueron incorporando variaciones de la trama y del argumento que respondían más a variaciones del canon estético o a la importación de elementos del campo científico que al reflejo de la realidad circundante.
Aparece, por ejemplo, el asesino en serie (con figuras míticas como Landru o Jack the Ripper).
En tales sucesos no se trata tanto de explicar lo ocurrido como de encontrar patrones de comportamiento que eviten el próximo asesinato.
Pasamos así de la mera explicación del caso preceden-a481 te a la predicción o anticipación del próximo; o mejor dicho, a una mezcla de enigma y suspense.
Un ejemplo extremo de anticipación criminal lo constituye el relato de Philip K. Dick El informe de la minoría (The Minority Report, 1956), en el que unos seres con el don de presagiar el futuro son utilizados por la policía para prever el crimen y para combatir los asesinatos antes de que ocurran.
En resumen, a lo largo de casi dos siglos, la novela policíaca ha ido asimilando elementos del mundo de la ciencia, y la figura del detective ha estado siempre vinculada a la imagen del científico y a su particular acercamiento a la realidad.
La novela policíaca y el método científico se vuelven así (en algún sentido) casi indistinguibles, y sostienen un imaginario colectivo por el que a su vez son sostenidos, el cual refuerza la idea de que la razón y una determinada metodología son competentes para solucionar cualquier tipo de problema.
Sin embargo, una vez que el método científico se introduce en la literatura, esta se independiza de la ciencia y se permite concebir nuevas hipótesis.
La apropiación literaria del método científico facilita que tanto escritores como lectores se planteen preguntas acerca de este último que no hubieran sido posibles en otros campos.
La ciencia utiliza el método científico sin cuestionarlo; la filosofía puede cuestionarlo sin necesidad de utilizarlo; la literatura, en cambio, se toma ciertas libertades frente a la ciencia o a la filosofía, como las de parodiar y hasta contestar el método científico.
Es cabalmente esta libertad de la ficción la que fabrica cristalizaciones del imaginario colectivo que favorecen una renovación de la visión del mundo.
La literatura se constituye así en un lugar privilegiado para la indagación profunda de nuevas ideas a partir de conceptos muy arraigados en el imaginario.
Sin el rigor científico o filosófico que exige la contrastación experimental o la coherencia interna, la verosimilitud literaria legitima un tipo de pesquisa más abierto y con menos ataduras respecto de lo "real".
La ficción literaria autoriza a arriesgar hipótesis (incluso inverosímiles) que en otros entornos de pensamiento serían literalmente impensables.
En los últimos años se han publicado una serie de relatos literarios que examinan con lupa temas tan relevantes como la construcción (o la existencia) de la verdad o la determinación unívoca de un culpable a partir de una serie de hechos.
Es lo que se conoce como "novela anti-policíaca", en la que los planteamientos narrativos del género policíaco convencional son subvertidos y el lector desempeña un papel más activo.
En la novela anti-policíaca, el detective no es infalible, y muchas veces la resolución del caso es solo una entre otras muchas posibles.
A diferencia del llamado "neopolicíaco" (que suele colocar el énfasis en el contexto social), la novela "antipolicíaca" pone en tela de juicio, no siempre por medio de la parodia, el principio del bien y del mal, la idea de "centro" o de orden establecido (impugnación bastante usual en la ficción "posmoderna") y hasta la propia naturaleza de la actividad policial y criminal.
Tales transgresiones fueron practicadas por escritores ajenos al género, desde Bioy Casares y Borges, con su antidetective Isidro Parodi, hasta Thomas Pynchon, Vladimir Nabokov o el Paul Auster de la Trilogía de Nueva York, por citar algunos ejemplos en su mayoría "deconstructivos", donde la solución al misterio es escamoteada al lector o dejada abierta mucho antes del final del libro; donde se escuchan, en definitiva, más preguntas que respuestas.
Crímenes imperceptibles (editado en España como
Los crímenes de Oxford, 2004) de Guillermo Martínez manifiesta expresamente dudas sobre la posibilidad de alcanzar la verdad.
Uno de los ejes argumentales de la novela pasa por el mencionado "teorema de incompletitud" de Gödel, en el que se declara que si un sistema es consistente, entonces es incompleto; es decir, que en él existirán siempre proposiciones de las que no podrá saberse si son verdaderas o falsas.
Otra novela reciente, que va incluso un paso más allá, es Tesis sobre un homicidio de Diego Paszkowski (1998).
En este caso se despliegan elementos inconcebibles hace cincuenta años, por ejemplo la idea de que arrancando de unos mismos hechos es factible encontrar dos (o más) explicaciones que conduzcan a distintos culpables.
En ella se sugiere no solo la imposibilidad de fijar la verdad, sino también la idea de que esta puede ser tan solo una proyección de nuestras obsesiones; y de que, presos de pareja obsesión, podemos confundir casualidades con causalidades.
Todos estos cuestionamientos sobre los caminos por los que es posible (o no) llegar a la verdad se van a incorporar al imaginario colectivo desde la literatura.
Es precisamente la libertad discursiva de la literatura la que le permite trabajar en la ficción con hipótesis en principio inimaginables desde el paradigma dominante.
Como comentamos más arriba, una vez que el método científico se integra en la literatura, la literatura puede potenciarlo, pero también ponerlo en la picota.
Y entonces se insinúa la pregunta inevitable: ¿están proponiendo las nuevas narrativas una revisión del método científico y de nuestra manera de comprender el mundo? a481
Hacia comienzos del siglo XX se produce en la cultura occidental un conjunto de metamorfosis en la visión del mundo que van a dejar una señal radical en la ciencia, la literatura y el arte de los siguientes cien años.
Se diluyen los sistemas de referencia absolutos en la física con la teoría de la relatividad (1905), la perspectiva en la pintura con la introducción del cubismo (1907), y la música tonal con el abandono del tono fundamental y la armonía.
En el terreno literario, el realismo "naturalista" de Émile Zola (circa 1880) semeja una cumbre o una suerte de cul-de-sac (callejón sin salida) para cierta metodología objetivo-científica.
A este tipo de realismo se le contraponen, a partir del final del siglo XIX, otros caminos: la "focalización" cada vez más limitada (Henry James), la dependencia de la memoria (Proust), la subjetividad extrañada de Kafka, y el monólogo interior de Joyce.
Tales cambios de paradigma vendrán a alterar drásticamente el imaginario colectivo.
La ficción del siglo XVIII y XIX fue escrita y leída en un mundo cuyos paradigmas eran los de Galileo, Newton y Laplace: es decir, en una sociedad determinista, con un sistema de referencia espacio-temporal absoluto y con la potencialidad imaginaria de conocerlo todo.
En la literatura esto se reflejaba, por un lado, en la figura del narrador omnisciente (el narrador que también lo sabe todo, como un dios); y por otro lado, en las posibilidades de la trama narrativa tradicional, la llamada "trama energética", donde los hechos se encadenan lógicamente y la voluntad o el deseo de un personaje central pone en marcha la acción y se topa con un conflicto que es, a menudo, una voluntad contraria, sea esta última colectiva o individual.
Desde finales del siglo XIX, el narrador omnisciente cede paulatinamente su lugar a otros tipos de narrador cuya perspectiva es más limitada (semi-omnisciencia) y más subjetiva, o cuya autoridad se antoja incluso poco (o nada) fiable, pues la propuesta de lectura alimenta la desconfianza ante los presupuestos más ortodoxos.
Estas alteraciones coinciden temporalmente con el aludido abandono, por parte de la física, de los sistemas de referencia absolutos (teoría de la relatividad), y con la introducción del principio de incertidumbre (mecánica cuántica).
El siglo XX privilegiará asimismo otros cambios de paradigma: lo no lineal frente a lo lineal, lo caótico frente a lo determinista, las estructuras en red (lo rizomático) frente a las estructuras jerárquicas.
Los nuevos paradigmas estimulan en la literatura la concepción de cadenas causales más aleatorias, de interconexiones menos inteligibles y más misteriosas, de formas más inciertas y fragmentadas, de tramas más inestables e indeterminadas.
La obra novelística de William Faulkner da buena prueba de ello: pluralidad de narradores, pluralidad de puntos de vista, pluralidad de tiempos, trama-puzzle (acciones independientes, renuentes a la cronología, aunque entrelazadas), una prosa enmarañada y hasta el ardid de presentar (en El sonido y la furia, 1929) dos personajes diferentes con un mismo nombre.
El nuevo marco teórico propicia la coexistencia de orden con desorden, así como un más amplio espectro de vínculos entre causas y efectos, sobre todo en términos cuantitativos: menor tendencia a que las causas y los efectos resulten sensatamente proporcionales, mayor inclinación a presentar causas pequeñas que suscitan grandes efectos (el llamado "efecto mariposa"), o lo contrario.
El azar y lo arbitrario ingresan, a lo largo del siglo XX, tanto en el mundo de la ciencia como en el del arte, que antes solían condenar su aparición como un mero Deus ex machina 3.
Difícil decir en qué mundo ocurrió la primera gran aceptación.
Como ya hemos dicho antes, las mutaciones profundas del imaginario colectivo suelen revelarse en paralelo en ámbitos plurales de la cultura y del conocimiento.
Otros de los grandes cambios de paradigma que se produjo a principios del siglo XX está relacionado con la posibilidad de operar con diferentes lógicas.
Durante más de veinte siglos fue la lógica aristotélica la que forjó un estilo particular de ver y pensar el mundo, y la que asentó ciertas verdades absolutas, ligadas a principios o axiomas indiscutibles.
En torno a 1900 aparecen lógicas renovadas como la lógica plurivalente, la intuicionista o la dinámica, entre otras.
Como contrapartida, en el campo literario, casi al mismo tiempo que estalla en Inglaterra la corriente del nonsense (Edward Lear y Lewis Carroll), el poeta francés Alfred Jarry inventa la patafísica, que consiste en una "ciencia" de las excepciones.
Pariente audaz de la "lógica del absurdo" (la reductio ad absurdum de los romanos, la apagogía de los griegos), será el punto de partida para el dadaísmo y el surrealismo tanto como para el teatro de Ionesco o de Samuel Beckett.
Por otra parte, André Gide, evadiéndose de las imposiciones de la lógica narrativa tradicional, siembra en su obra elementos arbitrarios, ya sea en la trama ya en las motivaciones de los personajes.
Lo hace especialmente en Los sótanos del Vaticano (1914), donde introduce lo que se denomina el "acto gratuito": una acción que rompe la lógica del relato, pero que es determinante en la novela.
Las transformaciones enumeradas se reflejan a481 en el nivel gramatical en que la construcción de las frases según la norma lingüística deja paso a técnicas donde el razonamiento es menos lógico y lineal.
Un corte radical puede advertirse en la explosión del llamado "monólogo interior" y de su versión más extrema, el "flujo de conciencia" (Edouard Dujardin en Han cortado los laureles, Virginia Woolf en Mrs. Dalloway), el cual intenta reproducir el pensamiento vivo dentro de la mente humana, con su cuota de inconsciente y de asociaciones libres.
La huella del psicoanálisis resulta muy evidente en tal sentido y no causa mucho asombro que se dijera de Arthur Schnitzler (maestro pionero de tales técnicas en su novela La señorita Elsa) que fue un alma gemela de su conciudadano Sigmund Freud.
Schnitzler y Freud exploraban un mismo problema: uno desde la literatura y el otro desde la medicina (ciencia).
¿Son las anteriores meras coincidencias entre el arte, la literatura y la ciencia de principios del siglo XX?
¿Estaban Picasso, Joyce y Einstein explorando en última instancia los mismos conceptos?
¿Hay alguna conexión entre el psicoanálisis, el narrador subjetivo y la relatividad?
Es difícil hablar aquí de una relación causal, de influencias recíprocas o incluso de apropiaciones.
Nos parece más adecuado hacerlo de la "emergencia" de una nueva forma de ver el mundo, de una confluencia de ideas y sucesos que ha dado lugar a un cambio de paradigma cultural (en su más vasta acepción), y que ha repercutido de manera diferente y concomitante en cada disciplina.
Los casos que acabamos de repasar nos enseñan que existen profundos vínculos intelectuales entre literatura y ciencia, vínculos a veces sutiles, a veces más explícitos, anudados como consecuencia de que ambas proceden de un imaginario colectivo compartido.
Gracias a ellos hemos podido comprobar que, a lo largo de los últimos dos siglos, una y otra han reflexionado acerca de unos mismos temas, y tratado alternativamente ciertos conceptos (por ejemplo, los propios de la visión lógico-positivista del mundo, etc.).
La cartografía (parcial) de dichas relaciones nos ha invitado a delimitar zonas de confluencia y a encontrar nociones e intuiciones que puedan ser examinadas con un enfoque transdisciplinar.
Hemos comenzado a vislumbrar apenas la inmensa frontera entre ellas.
La exploración de ese espacio fronterizo, de esa terra incognita del conocimiento no solo es necesaria, sino también deseable y sugerente.
Sin embargo, la tarea no es sencilla.
Una de las principales dificulta-des a la hora de abordar las relaciones entre literatura y ciencia reside en el establecimiento de un lenguaje común.
Parece probable que, al igual que ocurre con el conocimiento, la parcelación del lenguaje en discursos excluyentes (lenguaje poético/lenguaje científico, etc.) sea una división arbitraria y contingente.
Es indispensable por lo tanto indicar puntos de contacto buscando, también en el lenguaje, raíces profundas comunes que faciliten el entendimiento.
Otro problema de entidad es la delimitación del objeto de estudio.
El pensamiento analítico exige la división del objeto en componentes más elementales, mientras que el pensamiento holístico se opone a dicha fragmentación.
En nuestro caso, pensamos que habría que procurar no renunciar a la visión holística ni volver tampoco inútil el análisis.
El desafío no es trivial: los estudios fronterizos serán diferentes o no serán.
Como en toda nueva área del conocimiento, los métodos de estudio deberán redefinirse, de suerte que ofrezcan dispositivos discriminantes claros respecto de los ya existentes, y también que sus resultados se alejen de todo lo consabido, por ejemplo que no sean ni completamente predictivos ni totalmente descriptivos.
En cuanto a las estrategias generales adecuadas para cerner las interacciones entre literatura y ciencia, muchos de los estudios actuales en esta materia optan o bien por la conquista o bien por la división del territorio del conocimiento.
En el primer caso, una de las disciplinas intenta absorber a la otra: es lo que ocurre con el positivismo (que pretende reducir la literatura a la ciencia), o con el postmodernismo radical (que pretende reducir el discurso científico a un texto).
En el segundo caso, pareciera que se busca un mutuo "pacto de no agresión" entre disciplinas para repartirse el terreno, y para que cada una subsista tranquila y sin demasiada fricción con la otra.
Nosotros proponemos aquí una vía alternativa: trabajar en la frontera.
No en una frontera-muro que divida sectores irreconciliables, sino en un espacio abierto que represente una zona de transición; una región donde convivan conceptos propios de cada campo, pero en la que también quepa encontrar ideas nuevas que, concerniendo solo a la frontera, no pertenezcan a ninguno de los dos campos.
Es precisamente en esa región fronteriza donde los intercambios son más intensos, y por ello esta terra incognita está en condiciones de constituir una zona intelectualmente rica y estimulante 4.
La literatura y la ciencia ya no pueden darse la espalda.
Por un lado, la especialización de la ciencia ha profundizado el conocimiento sobre determinados a481 dominios, a la vez que su reduccionismo la ha alejado de las cuestiones realmente complejas.
Somos capaces de manipular el ADN, pero no sabemos aún cómo nuestro cuerpo condiciona nuestro pensamiento; somos capaces de activar neuronas individuales, pero no sabemos aún por qué soñamos.
No es posible tratar la complejidad solo desde una perspectiva reduccionista; se necesita una integración del conocer, una hibridación de las disciplinas.
Ahora bien, la hibridación no es una meta, sino un punto de partida, un lugar desde donde construir formas epistémicas inéditas, desde donde comenzar a contemplar y aprehender los problemas complejos.
Por otro lado, es evidente también que a la literatura no le está permitido ignorar las ideas científicas, y mucho menos en la medida en que la ciencia se aventure a explorar territorios tradicionalmente asignados al mundo de las humanidades.
Así, los últimos descubrimientos en torno al funcionamiento del cerebro, a las características de la conciencia o a las trampas de la memoria deberían servir para enriquecer las formas literarias más que para volverlas opacas; y el tratamiento literario de esos temas debería asegurar, por su parte, un contrapunto crítico y ético a la investigación científica.
Las disciplinas son necesarias y seguramente seguirán existiendo.
Se trata ahora, más que de destruir lo que ya existe, de deconstruirlo.
En tal sentido, creemos que es imprescindible e irrenunciable promover trabajos de investigación en la frontera entre disciplinas porque es allí donde con mayor probabilidad se producirán avances en nuestra manera de comprender el mundo.
La ciencia y la literatura, incluso cuando abordan los mismos temas, utilizan lenguajes distintos y métodos complementarios.
Y es finalmente esa diferencia metodológica la que enriquece la interacción entre ambas.
La solución a los problemas complejos no pasa ya por la vieja disputa entre holismo o reduccionismo, sino por una integración de ambos.
Necesitamos exploradores de la frontera, mercaderes de ideas, traficantes de conceptos, intelectuales que se aventuren en una tierra desconocida que no será firme pero sí fértil, y con un potencial humano e intelectual nunca visto hasta ahora.
Puesta en abismo: procedimiento narrativo que consiste en imbricar una narración dentro de otra; muchas veces esas narraciones son similares entre sí, pero a diferentes escalas.
Del griego dios de la máquina, expresión empleada para aludir a un elemento externo que resuelve una historia de manera algo sencilla o con un golpe de efecto, sin atender a la lógica de la trama narrativa.
Si bien escapa a los objetivos de nuestro estudio, nos parece preciso mencionar que no solo la ciencia y la literatura están en condiciones de interactuar para ampliar su campo del conocimiento, sino que también pueden hacerlo las disciplinas que estudian la ciencia y la literatura.
Así, la epistemología y la crítica literaria no deben desdeñarse mutuamente si pretenden avanzar en el estudio de temas complejos. |
A lo largo del siglo XIX el tema literario del doble experimenta un cambio notable, tanto por el ínsólito incremento del número de relatos dedicados a este personaje como por la naturaleza siniestra que adquiere entonces.
Entre los múltiples factores que favorecieron la aparición de este doppelgänger destacan los avances y descubrimientos que se produjeron en esos años en el campo de la medicina, especialmente en lo concerniente al dolor y a su posible supresión.
La manifestación del sufrimiento produce en el paciente una sensación de despersonalización y disociación que lo lleva a identificar su sufrimiento con un "ello", como si fuera un antagonista, como si del dolor emergiera un doble.
El descubrimiento de la anestesia hacia 1850 trajo consigo la reevaluación de la experiencia del dolor, que dejó de ser entonces considerado como inseparable de la vida.
La capacidad para eliminar el sufrimiento propició su objetivación, y numerosos poetas y novelistas convirtieron la antigua y legendaria figura del doble en el receptáculo donde hicieron cristalizar sus efectos disociativos.
El doble es una sombra descosida.
El doble acompaña al hombre desde la noche de los tiempos, custodia al individuo desde su nacimiento.
Aunque su presencia recorre toda la historia de la literatura hay que esperar sin embargo a la época moderna para que llegue a constituirse en un auténtico tema literario.
El siglo XIX supuso a este respecto un verdadero punto de inflexión, no solo por la inusitada proliferación de novelas, cuentos y relatos fantásticos protagonizados por un doble, sino sobre todo por la transformación que sufre entonces esta figura, que pasa de ser una sombra protectora o un personaje jocoso a convertirse en una aparición inquietante y a menudo siniestra.
Teorías clásicas del doble que descansan sobre el temor a la muerte o a lo reprimido como la de Otto Rank o la de Sigmund Freud aportaron sin duda valiosas explicaciones de carácter general, pero no ayudaron demasiado a entender la fascinación que este tema había ejercido sobre los escritores modernos.
El doble es sin duda una figura universal; no obstante, su enfermiza propagación en la literatura decimonónica parece haber respondido a una nueva visión de la realidad, a una nueva sensibilidad.
A partir de la revolución francesa se produjo una mutación radical en la naturaleza del individuo al dejar de ser el árbol genealógico el vector de la identidad (cf. Arnaud, 2006, p.
30), pero pronto se hizo evidente que este nuevo Yo desarraigado era tan escurridizo como la propia sombra.
Simultáneamente, la concepción romántica del hombre, constantemente dividido entre la finitud de su Yo y la atracción hacia lo absoluto, no hizo más que encerrar al individuo en un laberinto de aporías en cuyo centro aguardaba la figura siniestra del doppelgänger.
Ahora bien, ni la creciente autarquía del individuo moderno ni la extrema atención que prestaron al Yo los románticos permiten explicar por sí solos el éxito que alcanzaría el doble a lo largo del siglo XIX.
Para poder entender el surgimiento de este tema literario es preciso asimismo considerar los avances y descubrimientos que fructificaron por esos años en el campo de la medicina y que ejercieron sobre la nueva configuración de la identidad una poderosa influencia.
124), el Romanticismo y el resto de los movimientos decimonónicos encontraron una importante provisión de temas literarios emparentados con el Doppelgänger en el mesmerismo, en el magnetismo animal, en el sonambulismo provocado, en la hipnosis y en la histeria cuyo estudio precisamente planteaba a todas luces el problema de la unidad del ser.
El dolor, que se convierte entonces en el medio mediante el cual la medicina clínica investiga los senti-dos y la sensibilidad, será otro de los factores determinantes, como se verá, que explican el advenimiento, proliferación y mutación del doble en la imaginación literaria de esta época.
El doble siniestro emerge también de los sueños de la medicina, de sus intentos de suprimir el dolor y el sufrimiento.
Porque el doble se desprende del dolor, como si cobrara forma a través de su objetivación, como si fuera su propia imagen.
La manifestación del dolor comparte con el doble un rasgo esencial en el que no suele repararse a la hora de abordar este tema literario.
El sufrimiento es sin duda la experiencia humana más individual e incomunicable.
Salvo imperfectas e infructuosas metáforas (cuchillo, martillo, mordisco, garras, etc.), no hay palabras que puedan realmente transmitir lo que se siente al padecer un dolor físico.
Confrontado a un acontecimiento indecible y radicalmente personal, el individuo doliente no solo permanece aislado de los demás, sino también de sí mismo, pues el dolor confiere al propio cuerpo una extrañeza absoluta y se convierte en una temible amenaza para la identidad del sujeto.
David Le Breton recuerda a este respecto que al intentar expresar su dolor, numerosos pacientes acostumbran evocar la imagen de una entidad extraña que los desmantela desde dentro: "El dolor es un momento de la existencia en que se sella para el individuo la impresión de que su cuerpo es distinto de él.
Una dualidad insuperable e intolerable lo encierra en una carne rebelde que lo constriñe a un sufrimiento del que él mismo es el propio crisol" (Le Breton, 2006, p.
El dolor intenso provoca en quien lo sufre una sensación de despersonalización y de disociación: "El individuo se vive a sí mismo como una casa embrujada por la enfermedad o el dolor.
De pronto no puede reconocer que forman cuerpo con él, que son suyos, los quiere del Otro, externos, como si hacer entrar el mal en sí fuera el signo de una abdicación ante la alteridad.
Imagen ejemplar de la irrupción del ello, el dolor despersonaliza."
De ahí que la experiencia del dolor sea vivida desde tiempos inmemoriales como una posesión diabólica, y que todavía a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX caricaturistas como Gillray, Bunbury, Gruikshank, Grandville o Daumier expresaran la migraña, los dolores de gota o los provocados por cálculos renales representando en sus viñetas a diablillos y pequeños monstruos afanados en torturar al paciente.
Quien sufre tiende a percibir el dolor como si fuera un "ello".
Explica a este respecto David Bakan que, si bien en circunstancias ordinarias el límite del yo coincide aproximadamente con el del cuerpo, siendo a482 cuerpo y yo fenomenalmente una unidad en contraste con el medio ambiente, que es "otro", la presencia del dolor provoca un movimiento descentralizador que lo identifica con algo externo al cuerpo pero que a la vez sigue siendo interno al yo; en una palabra, un "ello".
El dolor "no es parte del yo consciente, sino su antagonista: como algo que le ocurriese" (Bakan, 1979, p.
En el caso de los pacientes crónicos se han estudiado en detalle las cualidades perceptivas y conceptuales del mundo en el que estos viven su dolor.
El universo del dolor crónico estaría caracterizado, según Michael Houseman (2005), por tres rasgos principales.
El primero es un desarreglo de la percepción del tiempo y del espacio: si por un lado el paciente ve que no logra aprehender el tiempo, por otro en su estado de hipersensibilidad las fronteras del individuo se vuelven borrosas, produciéndose una confusión entre la parte y el todo del cuerpo.
El segundo rasgo es la separación radical entre el que sufre y los demás, incrementada por la inadecuación del lenguaje frente al dolor.
Por último, el mundo del dolor crónico reclama una explicación urgente, exige identificar las causas y motivos del sufrimiento.
La confluencia de estos tres rasgos desembocaría para Houseman "en lo que representa tal vez la primera característica de la experiencia del dolor crónico, a saber una tendencia al desdoblamiento" (Houseman, 2005, p.
Una disociación que opera en varios registros: entre el yo y su existencia corporal, entre un yo dolorido y un yo sin dolor, entre un yo inconsciente y el yo consciente condenado a sufrir las penas.
Por este motivo las personas que padecen dolor crónico ponen todo su empeño en entender las causas de su mal, tratan por todos los medios "de precisar la naturaleza de esta relación maléfica que los agobia: la que existe entre yo y este 'X' que está en el origen del sufrimiento", de modo que a menudo "el dolor mismo se encuentra dotado de intencionalidad, convirtiéndose si no en un homúnculo sí al menos en un interlocutor eventual -un 'él' o un 'esto'-al que el individuo se somete o no, con el que lucha o negocia, etc." (2005, p.
El dolor crónico se caracteriza así por una configuración relacional que es a la vez más que una simple unidad y menos que una auténtica dualidad, está marcado "por un desdoblamiento inacabado e intrínsecamente inestable" (2005, p.
La persona que padece un dolor crónico se encuentra en una situación que recuerda singularmente al extraño caso que sufrió el Dr. Jekyll: no es ni uno, ni dual.
Así pues, el dolor sume al paciente en un estado de desdoblamiento del ser: es algo propio (me duele a mí y solo a mí) y a la vez es percibido como algo ajeno que se ha adherido a uno (eso no es mío).
Es uno y es otro a un tiempo, como un doble.
Al relatar recientemente sus Crónicas del dolor, Melanie Thernstrom no se sirve ya de la imagen decimonónica de unos diablillos para exponer sus síntomas sino de la de un acompañante que no se separa de uno mismo: "El dolor no era como un intruso violento que se abre paso a golpes, hace estragos y después se marcha.
Se parecía más a un compañero de piso desagradable: un amigo íntimo y feo; una presencia amenazadora, sucia, que te distrae de tus asuntos y que, además, se niega a marcharse."
El dolor es ahora un doppelgänger, ese otro que camina a nuestro lado y que no nos abandona.
De los minúsculos monstruos malvados revoloteando alrededor del paciente a este compañero indeseable que no quiere apartarse de uno, se evidencia un cambio significativo en la representación del dolor al que contribuyeron los avances médicos de la época moderna.
Es preciso señalar a este respecto que si la disociación ocasionada en el individuo por el dolor puede haber cristalizado en la mente de numerosos artistas llevándolos a imaginar la figura moderna del doble, algún hecho determinante vinculado al padecimiento tuvo que atraer la atención de los poetas y los narradores decimonónicos para que fueran precisamente ellos, y no sus antecesores, quienes convirtieran al doppelgänger en un mito.
Y ese acontecimiento decisivo no fue otro que la posibilidad de anular o suprimir temporalmente el dolor que la ciencia había brindado a la humanidad en esos mismos años.
En una época en la que abundaron los conflictos sangrientos, en que en medio de la contienda los propios cirujanos tuvieron que librar sus propias cruentas batallas, operando y amputando en vivo a incontables soldados malheridos con la mayor prontitud, el descubrimiento de un procedimiento químico que permitiera suprimir la sensación de dolor durante las intervenciones fue saludado como una auténtica victoria de la humanidad sobre la naturaleza.
La era de la cirugía moderna nació realmente cuando hacia 1850 la anestesia por éter o cloroformo fue reconocida como una forma efectiva de anular o bloquear el dolor del paciente.
Este descubrimiento supuso para los hombres un cambio de tal magnitud que en la actualidad los estudiosos de la cultura del dolor no dudan en dividir la historia de la humanidad en dos periodos radicalmente distintos a partir de este hito (Cf.
Por primera vez el paciente no estaba ya confrontado al dilema de aguantar un sufrimiento insoportable o someterse a una operación aún más dolorosa para intentar librarse de su mal.
Como toda revolución, el descubrimiento de la narcosis fue el resultado de una compleja y conflictiva gestación que duró más de cincuenta años.
La historia del nacimiento de la anestesia es bien conocida y puede leerse en detalle en el monumental estudio de Thomas Dormandy: El peor de los males (2010) o en la fascinante Historia cultural del dolor de Javier Moscoso (2011).
Aquí bastará recordar que a finales del siglo XVIII el interés por los gases atmosféricos condujo a los químicos a experimentar con éter, óxido nitroso y cloroformo, y aunque casualmente se observó que estos gases provocaban mareos, sobrexcitación y por último un profundo letargo, no se reparó en sus posibilidades para combatir el dolor.
Como apunta Olivier Faure (2005, pp. 29-30), las investigaciones sobre el uso del éter no se dieron en las esferas médicas sino químicas, y los primeros experimentos se hicieron en Estados Unidos en el marco de espectáculos circenses extendiéndose desde aquí a las profesiones paramédicas, en particular a los dentistas que fueron los primeros en emplearlo para suprimir el proverbial dolor de muelas.
Jackson, comparten la gloria de haber derrotado al dolor al demostrarse en 1846 la eficacia de los vapores del éter en una mesa operaciones.
En pocos meses, el método para dejar insensibles al dolor a los pacientes mediante un gas -bautizado por el cirujano Holmes con el nombre de anestesia (del prefijo privativo griego an y aiesthesis, sensación)-se extendió como la pólvora al continente europeo y fue recibido con entusiasmo por el cuerpo médico que al fin podía paliar el sufrimiento de los pacientes y dejar de oír sus gritos en la mesa de operaciones.
Pasada la exaltación inicial, advierte Javier Moscoso (2011, p.
166), la aparición de la anestesia tuvo no obstante que abrirse camino entre numerosas resistencias y críticas de orden corporativo, pero también religioso-moral.
Un médico como James Young Simpson, el famoso cirujano escocés que en 1847 había descubierto las propiedades anestésicas del cloroformo y las había aprovechado para evitar a las mujeres los dolores del parto, tuvo que justificar su actuación recurriendo a la interpretación del Génesis.
La aparición y aceptación de la anestesia solo fue posible cuando el espectáculo del sufrimiento se volvió intolerable y las masacres públicas fueron sustituidas por prácticas más "higiénicas" como la guillotina, cuando el individuo adquirió verdaderos derechos y empezó a disfrutar de una comodidad que le permitía prestar mayor atención a su cuerpo; cuando, en fin, dejó de contemplar la vida como un valle de lágrimas y fue reemplazando la idea cristiana del sacrificio por una felicidad de origen romántico que parecía estar cada vez más al alcance de la mano gracias a la prosperidad que acompañaba al progreso industrial (Cf.
Este cambio de mentalidad hizo que el individuo moderno comenzara a exigir que se aliviaran sus sufrimientos y contribuyó al éxito de los innovadores métodos para aliviar el dolor (Cf.
A su vez el triunfo de la anestesia trajo consigo una transformación total de la existencia.
Si el dolor físico siempre había parecido consubstancial a la vida, acompañando al ser humano de la cuna a la tumba, a mediados del siglo XIX dejó de ser una necesidad absoluta y pudo concebirse como algo evitable.
La irrupción de la anestesia en la práctica médica, señala en este sentido Le Breton (2006, p.
163), marca "las premisas de un cambio de mentalidades colectivas frente a un dolor menos asociado a lo ineluctable.
Sufrir será percibido cada vez menos como un destino por víctimas convencidas con razón o sin ella de que la medicina tiene una respuesta antálgica a sus males."
Ahora bien, si resulta posible eludir algo como el dolor ello significa en primer lugar que existe de forma objetiva.
En este sentido, Thomas Dormandy aseguraba que "el hecho de que el dolor se pudiera suprimir era una prueba que demostraba su existencia" (2010, p.
Liberado parcialmente de sus antiguas representaciones teológicas, el dolor se convirtió a lo largo del siglo XIX en una función biológica que existía por derecho propio y podía ser controlada por los hombres.
La capacidad para eliminar el dolor propició paradójicamente su objetivación.
Antes de la anestesia el sufrimiento se confundía con la vida, no se reparaba en él de forma específica, era como una intensificación de otras sensaciones, pero desde el momento en que se pudo bloquear o anular, el dolor adquirió otra entidad, otra densidad, cobró cuerpo, aunque fuera un cuerpo fantasmagórico.
Es entonces, una vez que la aparición de la anestesia completa el proceso de objetivación del dolor, ya iniciado con las intervenciones quirúrgicas bajo hipnosis o con el uso analgésico de opiáceos desde principios de siglo, cuando los artistas fijan una atención particular en el sufrimiento y desarrollan una sensibilidad manifiesta hacia él.
El escritor decimonónico asume plenamente y lleva hasta sus últimas consecuencias la ideología romántica del sufrimiento artístico, no solo profundizando en esta estética del dolor y convirtiendo el acto de escritura en un parto, en una tortura e incluso, en el caso de un Flaubert, en un martirio, sino también expresando en la figura del doble la peculiar disociación que crea el dolor en el individuo.
Al igual que a finales del siglo XX los avances en genética, popularizados con la clonación de la oveja Dolly, darían lugar a numerosas películas protagonizadas por dobles, el descubrimiento de la anestesia en el siglo anterior otorgó entidad y visibilidad a la singular naturaleza del dolor, propiciando de este modo que no pocos escritores convirtieran la antigua y legendaria figura del doble en el receptáculo donde hicieron cristalizar sus efectos disociativos.
Nada de esto debería resultar sorprendente, pues durante ese siglo el dolor cobró más protagonismo en el ámbito social, político, científico y cultural del que había tenido jamás.
La introducción de la técnica anestésica trajo consigo una reevaluación de la experiencia del dolor que pronto se propagó a los más diversos ámbitos de la sociedad.
Antes de que la terapia de electrochoque se convirtiera en metáfora y procedimiento de la doctrina neoliberal (cf. Naomi Klein, 2007), la anestesia ya era una imagen muy extendida, hoy banal, de una sociedad indolora cuya conciencia permanece adormecida ante la insufrible realidad.
Susan Buck-Morss, analizando la modernidad como experiencia neurológica, ha mostrado de forma convincente que el uso de los anestésicos, descubierto en fiestas donde se inhalaba "gas de la risa" que producía sensaciones y visiones fascinantes antes de provocar sopor, surge precisamente en el mismo periodo en que la tecnología transforma la realidad en un narcótico, en una fantasmagoría.
A la vez que la anestesia se generalizaba en los quirófanos, en las ciudades aparecían incesantemente nuevas formas fantasmagóricas como las galerías con sus novedosos escaparates, con sus panoramas y sus dioramas, se inauguraban exposiciones universales y se abrían grandes almacenes que tenían todos ellos "el efecto de anestesiar el organismo, no a través del adormecimiento, sino a través de una inundación de los sentidos" (Buck-Morss, 2005, p.
197); unos espectáculos de incipiente tecnología experimentados de forma colectiva, haciendo que todo el mundo percibiera el mismo mágico ambiente.
Para Susan Buck-Morss la práctica anestésica documenta "una transformación en la percepción cuyas consecuencias sobrepasaron largamente la experiencia quirúrgica" (2005, p.
204): así como durante la operación el cirujano ya no tenía necesidad de reprimir su identificación con los dolores de su paciente, convertido ahora este en una masa inerte perfectamente manejable, la tecnología, la especialización laboral y la moderna racionalización produjeron un tecnocuerpo de la sociedad que parecía "tan insensible al dolor como el cuerpo individual bajo los efectos de la anestesia general, de tal modo que podía ejecutarse cualquier número de operaciones sobre el cuerpo social sin necesidad de preocuparse de que el paciente -la sociedad misma-profiriera gritos lastimosos y lamentos" (2005, p.
En esta misma línea, Terry Eagleton, en un capítulo de La estética como ideología dedicado a la concepción estética de Marx, ha puesto de manifiesto que en los Manuscritos de economía y filosofía, redactados en 1844, es decir cuando el descubrimiento de la anestesia ya estaba en el aire, el joven filósofo alemán había tratado de reconsiderar y reconstruir la ética, la historia, la política y la racionalidad partiendo del cuerpo y haciendo que la sensibilidad fuera la base de toda ciencia.
Al quedar ceñido el trabajador a sus necesidades más estrictas e instintivas, al reemplazar el capitalista sus propios sentidos físicos e intelectuales por el sentido único de tener, uno y otro, si bien por motivos bien distintos, se vieron condenados según Marx a una vida sensible alienada.
Y es que bajo el capitalismo la plenitud corporal de los individuos se convierte en una simple parodia del cuerpo verdaderamente sensible.
Si despoja al trabajador de sus sentidos al condenarlo a la miseria, el capitalista vive a su vez una sensualidad extrañada al forzar que sea el dinero el que haga aquello que él es incapaz de realizar, apropiándose del arte, de las curiosidades históricas, del poder político, etc. Su cuerpo permanece como anestesiado, carente de auténtica sensibilidad, dejando que sea el capital el que haga todas las cosas en su lugar, como si las realizara un doble, a semejanza de lo que le sucedería a Goliadkin, el desdichado protagonista de El doble de Dostoyevski.
No es casual que sea precisamente esta la imagen que emplea Terry Eagleton para referir la forma vicaria de sensibilidad que proporciona el capital según el joven Marx:
El capital es un cuerpo fantasmal, un monstruoso Doppelgänger que acecha fuera mientras su señor duerme, y que consume mecánicamente los placeres a los que austeramente este último renuncia.
Cuanto más abjura el capitalista de su propio placer, y, en lugar de esto, dedica sus esfuerzos a modelar esta especie de zombi alter ego, más satisfacciones de segunda mano es capaz de cosechar.
Tanto el capitalista como el capital son imágenes de muertos vivientes, el uno animado aunque anestesiado, el otro inanimado aunque activo.
270) A este doble fantasmagórico que recorre el mundo mientras el cuerpo yace anestesiado, sin sentido(s), antepone Marx una concepción artística que pueda devolver a la vida su auténtica sensualidad.
El significado que otorga a lo estético (del latín aesthetica, a482 sensación) se aparta en este caso abiertamente del que poseía entre los filósofos desde Kant y que podría "describirse más exactamente como anestésico (anaesthetic)" (Eagleton, 2006, p.
Escindida entre un materialismo grosero y un idealismo caprichoso, la sociedad de clases parece haber anestesiado el cuerpo despojándolo de sus sentidos.
Antítesis del fetichismo de la mercancía, la obra de arte es para Marx un fin en sí misma y su realización posee la virtud de restablecer una verdadera relación humana entre la cosa y el hombre.
En este sentido solo se podrá vivir estéticamente cuando la necesidad material deje de constreñir los impulsos corporales, cuando desaparezca el monstruoso doppelgänger y recobre el cuerpo sus sensaciones.
Para ello sería preciso abolir la propiedad privada y esto significaría "la emancipación plena de todos los sentidos y cualidades humanos" (Marx, 2013, p.
Los artistas más visionarios no tardarán asimismo en denunciar en sus obras el malestar que despierta en ellos una literatura que hace abstracción del cuerpo.
Desde ópticas y poéticas muy distintas, autores como Lautréamont o Walt Whitman buscarán devolver al arte el nervio que había perdido, los sentidos y sensaciones que le habían sido arrebatados por una estética excesivamente racional.
Y, según sus propias palabras, sorprendentemente similares a las de Marx, Rimbaud trabajará por su parte para "alcanzar lo desconocido mediante el desarreglo de todos los sentidos" (Rimbaud, 1999, p.
Una empresa estrechamente vinculada a la objetivación del dolor.
El siglo XIX, que ya avanzaba peligrosamente hacia su fin, llevaba decenios enredado en la oscura selva romántica de la subjetividad cuando Rimbaud, arropado tal vez por la osadía que concede la adolescencia, desbrozó de un golpe este enmarañado y espinoso terreno con su acerado verbo.
Tantas excrecencias habían surgido en torno al Yo que ya no parecía posible determinar su verdadera naturaleza.
Y entonces, en 1871, el joven poeta acertó a expresar, con precisión de cirujano, el extrañamiento de este Yo moderno en una sentencia que con el tiempo se haría justamente célebre: "Yo es otro" (Je est un autre).
A pesar de tener cierta afinidad con ellas, esta novedosa fórmula difería sustancialmente de otras como aquella que Gérard de Nerval había escrito años antes al pie de uno de sus retratos, acaso para expresar la realidad oculta tras una litografía y descubrir a ese doble espectral que atormentaba sus noches y sus relatos: "Yo soy el otro" (Je suis l'autre).
En el caso de Rimbaud, la escisión del sujeto no se manifiesta ya en la discordancia entre una imagen y el texto escrito a mano que la acompaña, sino en el tejido mismo del lenguaje.
A simple vista su bisturí parece haber errado en su ejecución, cuando en realidad el Otro solo podía ser extraído del sujeto unitario operando un corte en la carnalidad del lenguaje, cometiendo una falta gramatical que hiciera visible en toda su crudeza la herida abierta que había que restañar.
Victor Hugo se vanagloriaba de haber "puesto un gorro rojo al viejo diccionario" (1858, p.
32), un gorro frigio, revolucionario, que liberara al vocabulario de sus grilletes académicos; más radical aún que el viejo maestro, Rimbaud, simpatizante de la Comuna, se disponía a abrir la gramática y la propia poesía en canal.
Un corte limpio y certero dejaba a la vista la falta de concordancia entre el sujeto y el verbo, entre el ser y el lenguaje, para que el sentido pudiera así derramarse en abundante hemorragia.
El dolor y sus efectos son el centro neurálgico de las dos famosas Cartas del Vidente donde en mayo de 1871 enunció Rimbaud su programa existencial y poético.
En la primera, verdadero embrión de las ideas que desarrollaría en la segunda, empezaba aclarándole a su antiguo profesor Georges Izambard que si en aquel momento llevaba una vida disoluta no era por placer sino para cumplir con el destino que le correspondía en la sociedad.
La nueva vida de Arthur Rimbaud, que entristecía tanto a su rigurosa madre, era un sacrificio que tenía que realizar para traer la buena nueva poética al mundo.
De ahí la alusión fragmentaria, paródica y blasfema que hacía en esta misma carta al Stabat Mater, al pasaje del himno de la liturgia católica donde se canta el sufrimiento de la Virgen María cuando contempla a su hijo clavado en la cruz.
"Stat mater dolorosa, dum pendet filius", escribía con ironía Rimbaud (1999, p.
Al igual que Cristo que, en palabras de Roberto Calasso, había representado el escándalo de "ser sacerdote y víctima al mismo tiempo" (1989, p.
149), haciendo visible de este modo el fundamento del sacrificio, a saber que "cada uno de nosotros es dos, y no uno" (1989, p.
137), Rimbaud, enganchado a sus actividades escandalosas, se sacrificaba a sí mismo en aras de la nueva poesía:
Por el momento, me encanallo lo más posible.
Quiero ser poeta, y me esfuerzo en hacerme vidente: no lo entenderá usted en absoluto, y casi no sabría explicarle.
Se trata de llegar a lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos.
Los sufrimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, haber nacido poeta, y me he reconocido poeta.
No es en absoluto culpa mía.
Es falso decir: Pienso [Je pense].
Habría que decir: Me piensan [On me pense].
Perdón por el juego de palabras.
¡Tanto peor para la madera que se descubre violín, y se burla de los inconscientes que ergotizan sobre aquello que ignoran por completo!
Al famoso Cogito ergo sum de Descartes parece Rimbaud anteponer una fórmula que disocia el supuesto origen de la identidad.
Para este poeta que aspira a ser vidente, solo puede alcanzarse ese Yo desconocido, disociado, a costa de provocarse a sí mismo enormes sufrimientos.
Aquí cuerpo y lenguaje se confunden, pues "el desarreglo de todos los sentidos" que debe sufrir el poeta ha de entenderse -valga la redundancia-en un doble sentido, como un trastorno voluntario de las más diversas sensaciones resultante de someter el cuerpo y la mente a variados experimentos, pero también, dada la acepción que tenía entonces la palabra dérèglement, como el conjunto de infracciones a las reglas de la poética que el escritor infligirá a su propia obra: por ejemplo, "Yo es otro" en lugar de "Yo soy otro".
Así sucede en el resto de la carta, plagada de dobles sentidos que el propio Rimbaud se encarga de subrayar pidiéndole maliciosamente disculpas a Izambard por el juego de palabras.
Pero ¿a qué juego de palabras se refiere el joven poeta?
Penser (pensar) y panser (curar, vendar) se pronuncian exactamente de la misma forma en francés.
De hecho, en El hombre que ríe, una novela de Victor Hugo publicada dos años antes y que, como se verá, Rimbaud tenía en mente, el locuaz saltimbanqui Ursus juega con estos términos al presentarse ante su público como filósofo y médico: "En cuanto a mí, raciocinio y medicamento.
Así pues, cuando Rimbaud afirma que se debería decir On me pense (me piensan) al mismo tiempo está diciendo On me panse (me curan, me vendan una herida).
Una auténtica alquimia del verbo.
Allí donde me piensan, donde piensan en mi lugar, se oye el sonido reconfortante del apósito que aplican cuidadosamente a mis heridas para curarlas.
Siguiendo a Ambroise Paré, Jean-Pierre Peter señalaba que "el uso de telas de dolor restaura, frente a la enfermedad y los sufrimientos, un orden del mundo en cuyo seno el hombre encuentra de nuevo la unidad de todas las cosas, y puede pues esperar el regreso de la suya y la promesa de eternidad" (1989, p.
En este sentido el pensamiento poético era asimismo para Rimbaud un vendaje capaz de reparar el daño, de reunir el Yo con el Ello, de aliviar y tal vez suprimir ese dolor que disocia al ser.
La palabra poética, ambivalente y precisa a un tiempo, vendría a ser como una segunda piel, un tejido provisional que cubre y contribuye a que se regeneren los nuevos tejidos: un verdadero texto.
Todas estas ideas sobre la naturaleza de la poesía serían precisadas en la segunda carta.
De nuevo afir-ma Rimbaud que "Yo es otro" y anuncia además que asiste a la eclosión de su propio pensamiento.
Pero su concepción del vidente (voyant) está ahora bajo los auspicios de Prometeo, el Previsor (Prévoyant, en francés), pues, como le dice a Paul Demeny, "el poeta es verdaderamente ladrón de fuego", "un multiplicador de progreso" (Rimbaud, 1999, pp. 91-92).
Maestro en el arte de la adivinación, Prometeo enseñó a los hombres a leer en las llamas los signos premonitorios hasta entonces insondables, robó el fuego sagrado a los dioses e inventó para ellos todos los saberes, las ciencias y las técnicas.
El dolor inhumano que le causaba el águila al devorarle cada día el hígado es el precio que tuvo que pagar por ofrecer el progreso y la ciencia a la humanidad.
Por ello, además de encarnar la rebeldía romántica, este promotor del progreso ha simbolizado tantas veces las penas y peligros que acarrea estar encadenado a la investigación.
Rimbaud hace del poeta un vidente que acepta paradójicamente los enormes sufrimientos que entraña la experimentación científica.
Es este un dolor que nada tiene de metafórico, pues el objeto sobre el que debe experimentar el poeta es su propia persona.
El desarreglo de todos los sentidos es ahora "inmenso y razonado", una empresa que consiste en administrarse a sí mismo todas las formas de amor, de sufrimiento y de locura, "todos los venenos, para conservar de ellos únicamente las quintaesencias.
Inefable tortura para la que necesita toda la fe, toda la fuerza sobrehumana, en la que entre todos se convierte en enfermo grave, gran criminal, gran maldito -¡y supremo científico!-, pues llega a lo desconocido" (1999, pp. 88-89).
Enfermo y médico a la vez, el poeta de Rimbaud debe en primer lugar estudiarse a sí mismo, buscar su espíritu, inspeccionarlo y cultivarlo, es decir tratar "de hacer que el alma sea monstruosa: ¡a la manera de los comprachicos, vaya!
Imagine un hombre implantándose verrugas en el rostro." (1999, p.
El pensamiento encuentra aquí su origen en el otro; no pienso, me piensan, porque el sentido de mis palabras emana del discurso ajeno.
En efecto, los comprachicos a los que alude Rimbaud son los delincuentes que robaban niños para mutilarlos y hacer de ellos monstruos de feria que Victor Hugo había recreado en El hombre que ríe.
El protagonista de esta novela, Gwinplaine, quien terminará convirtiéndose explícitamente en el Prometeo que se sacrifica por el pueblo, había sido sometido de niño a una operación quirúrgica que le había dejado en el rostro una risa permanente.
Victor Hugo dedica abundantes páginas a describir esta "ciencia ingeniosa, probablemente oculta, que era a la cirugía lo que la alquimia es a la química" (Hugo, a482 2002, p.
372), un arte siniestro que, con la ayuda de "los medios para dormir al paciente y suprimir el sufrimiento" a los que "hoy se les llama anestesia" (Hugo, 2002, 377), buscaba "esculpir en plena carne humana" (Hugo, 2002, p.
71) hasta lograr crear sobre el rostro original una máscara carnal.
Gwinplaine no podía saber cuál era su verdadero rostro: "Habían puesto sobre él un falso sí mismo.
Tenía por rostro una desaparición" (Hugo, 2002, p.
Nadie sabía mejor que él que "Yo es otro".
El poeta que imagina Rimbaud es asimismo un hombre que ríe pero que ha optado por esculpir él mismo su sonrisa.
Ya no es solo víctima, ejerce también de oficiante de un rito científico.
Es sujeto y objeto de su investigación, como un hombre de ciencia que experimenta con su propia persona, como un artista contemporáneo que utiliza su cuerpo a modo de lienzo o de materia moldeable.
El experimento, que es "un sacrificio del cual ha sido eliminada la culpa" (Calasso, 1989, p.
139), es el medio del que se vale para alcanzar la sabiduría y hacerse vidente.
Pero, como señala Amelia Gamoneda en un artículo esencial sobre Rimbaud, esta sabiduría "se cultiva en un laboratorio digno de Mister Hyde, donde se desvela la cara oculta y 'otra' del sujeto." (2008, p.
Rimbaud, al igual que unos años más tarde el doctor Jekyll, se sacrifica a sí mismo administrándose unos fármacos peligrosos que trastornan sus sentidos y le permiten observar la otra naturaleza de su alma.
La anestesia tardó mucho tiempo en librarse de su halo siniestro.
Una de las razones frecuentemente aducidas entonces para oponerse al uso del cloroformo era que resultaba repugnante e incluso indecente operar a alguien que estuviera inconsciente.
En efecto, a la vez que eliminaba el dolor, la anestesia anulaba los sentidos y suprimía la consciencia del paciente, y se temía, especialmente en el caso de las mujeres, que desapareciera asimismo su moralidad.
Por ello, James Young Simpson insistía en que jamás había presenciado ninguna palabra o acción indecentes en una paciente anestesiada con cloroformo (Cf.
Lo que motivaba unas reticencias que hoy parecerían absurdas era en realidad el miedo del individuo a perder la unidad de su ser, un temor que quedaba patente en tantas obras literarias de la época.
Ya en los poemas en los que se ensalzaban las bondades del progreso, como en Los cantos modernos de Maxime du Camp, podía observarse el poder de abducción que se atribuía a la anestesia: "¡Escuchad!
Es el cloroformo / Que dice: "¡He matado el dolor; / Mientras el instrumento deforme / Corta las carnes con lentitud, / yo tomo el espíritu y lo traslado / Lejos de todo contacto doloroso, / Y me lo llevo como un sueño / Al país de los azules ensueños!" (du Camp, 1855, p.
No siempre tal rapto del espíritu resultaba sin embargo tan encantador.
En efecto, poco tiempo después, el protagonista de Los cantos de Maldoror daría a este invento un uso mucho menos angelical al aprovechar la inconsciencia de una joven para cortarle un brazo "durante la noche, gracias al cloroformo" (Lautréamont, 2009, p.
Maldoror, ese monstruo que se encuentra bello al contemplar en un espejo la dualidad de la que está compuesto (2009, p.
238) y que maneja el escalpelo con la habilidad de un cirujano y el sadismo de un psicópata (Cf.
González, 2014), advierte con su acción que la anestesia puede suponer la amputación de una parte de sí mismo, del cuerpo o del alma.
Así lo entendía también Balzac, según el testimonio de Jules Claretie, cuando decía que "aunque me cortasen una pierna, jamás me dejaría cloroformar.
No quisiera nunca abdicar de mi yo."
Al suprimir la consciencia, el cloroformo parece atentar contra la unidad y la moralidad del invididuo.
Stevenson es el novelista que con más clarividencia acabaría de materializar en el doble estos efectos disociativos del cloroformo que tanto inquietaban al resto de escritores.
Bajo el influjo de los elixires del diablo el monstruo que habita nuestro inconsciente suplanta al hombre virtuoso que creíamos ser.
Ni siquiera un médico puede entonces evitar que emerja de las profundidades su otra naturaleza siniestra.
Robert Louis Stevenson expresó a la perfección en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde los temores que ocasionaba el uso de la anestesia (Cf.
Nadie estaba en realidad mejor situado que él para conocer sus efectos sobre las personas pues, como recuerda Nicholas Rankin, los Stevenson vivían en Edimburgo, en Queen Street Gardens, justo enfrente de la casa de James Young Simpson, "y había amistad entre ambas familias.
Robert Louis Stevenson había conocido a Sir James antes de que muriera en 1870, y hasta 1876, el hijo y heredero del médico, Sir Walter Simpson, Bart, fue su compañero de viaje" (Rankin, 2010, p.
El novelista conocía de primera mano el relato del descubrimiento del cloroformo, aquel famoso episodio de la historia de la ciencia en el que durante una velada Simpson y dos de sus colegas habían probado este nuevo producto, sufriendo en el acto una verdadera metamorfosis en su comportamiento habitual antes de caer en un profundo sopor (Cf.
Esta experiencia de Simpson fue de hecho "la fuente de inspiración del doctor Henry Jekyll, triste- |
Los límites entre las humanidades y las ciencias se han desplazado y traspasado en innumerables ocasiones en las últimas décadas.
El uso de la ciencia en los estudios humanísticos y de la metáfora cultural en los científicos está abundantemente documentado.
Fértiles en especial han sido, por ejemplo, las teorías de la termodinámica (entropía), de la topología, de las catástrofes y de los fractales.
El físico y matemático Alan Sokal, sin embargo, denunció la instrumentalización abusiva de la ciencia por ciertos teóricos de la literatura, filósofos y psicoanalistas, entre otros.
El escándalo provocado por Sokal en 1996 oculta, no obstante, empleos legítimos de las ciencias por las humanidades, como el que Gaston Bachelard ilustró, tras despejar los obstáculos epistemológicos previos, con su creación de una poética de la materia.
Después de Heisenberg y de su principio de indeterminación, sabemos que existen átomos encantados, donde el encanto es una propiedad de ciertos átomos.
No es posible encontrar una noción más estética que la reciente teoría de las catástrofes de René Thom, que se aplica tanto a la geometría del ombligo parabólico como a la deriva de los continentes.
La teoría de René Thom ha encantado todos mis átomos desde el día en que empecé a conocerla.
9) Comenzaré pidiendo disculpas al lector -a semejanza de lo que hace el físico Alan Sokal cuando solicita permiso para acercarse al campo a él ajeno, en principio, de las humanidades-por mi ignorancia supina en todo lo tocante a teoría de la ciencia y mucho más a la ciencia en sí misma.
Fui mal estudiante de matemáticas y física durante el bachillerato y, sin embargo, cuando hice el servicio militar a finales de los años 70, sea porque el ambiente que se respiraba en los cuarteles era letal, en vísperas de insinuados golpes de estado, sea porque allí no se podía leer abiertamente libros de política, el caso es que un buen amigo matemático, soldado como yo, se avino a prestarme obras sobre la historia de su disciplina que me fascinaron.
Algo parecido debió de pasarle al teórico marxista italiano Antonio Gramsci quien, falto de literatura política en prisión, escribió en ella unos cuadernos llenos de juiciosas observaciones culturales.
Los encierros obligados no siempre son fatales para la creación.
Muchas veces sucede lo contrario.
Ahí están, por ejemplo, los "años de plomo" en Marruecos; también los 70, que dieron paso a una población carcelaria convertida en generación literaria, con el escritor Abdelatih Laâbi a la cabeza.
Poco tiempo después, terminado aquel calvario, comencé a averiguar que figuras eminentes de la antropología, como B. Malinowski o J. Rouch, habían sido inicialmente científicos, y que incluso C. Lévi-Strauss, en el colmo de su optimismo ilustrado, quería hacer de la disciplina antropológica una "ciencia natural".
La fascinación por una ciencia que se me había resistido como bachiller la hice extensiva ulteriormente a Gaston Bachelard.
Tras haber descubierto su obra sobre la psicología de los elementos -tierra, aire, fuego y agua-, me di cuenta de que el autor francés era químico de formación, y de que a partir de ese punto había devenido poeta de la materia.
Fue tal la fascinación por la obra de Bachelard que organicé en los años noventa cuatro coloquios sobre los elementos, los cuales sumaron casi dos mil páginas (González Alcantud y Buxó, 1997; González Alcantud y González de Molina, 1992; González Alcantud y Lisón Tolosana, 1999; González Alcantud y Malpica Cuello, 1995).
Sin embargo, cuando regalé algunos ejemplares de la publicación a unos compañeros científicos y tecnólogos especializados en temas hídricos me espetaron un tanto arrogantemente que aquello no dejaba de ser "pura teoría".
Así abortaban cualquier atisbo de curiosidad que sobrepasase el estricto marco empírico.
Ya se ve que la relación entre ciencias y humanidades no siempre es fácil, como cualquier estudiante de bachillerato, obligado a optar entre una u otra rama del conocimiento en su adolescencia, sabe bien hoy día.
Habla a este respecto el sentido común.
La problematicidad de las relaciones entre ciencias y humanidades resurge periódicamente como el Guadiana.
Hace casi veinte años, en 1996, se produjo uno de esos resurgimientos, al que se conoce por el apellido del por entonces joven físico Alan Sokal (el affaire Sokal), quien logró escandalizar grandemente a los medios académicos estadounidenses y galos con una controvertida broma, consistente en enviar a la conocida revista Social Text, ideológicamente catalogada en la izquierda posmoderna -o sea inclinada hacia el feminismo, el antirracismo y el relativismo, amén de editada por la avanzada Duke University-, un sesudo artículo a caballo entre la física y las humanidades con apariencia de serio, que contenía innumerables disparates desde el punto de vista científico, e incluso del mentado sentido común.
La broma, que resultó ser una boutade destinada a ridiculizar los oscurantismos de la posmodernidad intelectual de los campus norteamericanos, se llamaba Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity.
El escándalo resultante dio pie a Sokal para que poco después, junto con el también físico Jean Bricmont, publicase el libro Impostures intellectuelles, en el que denunciaba los malos usos de la física por parte de un buen grupo de prestigiosos intelectuales, sobre todo del campo humanístico francés.
Desde entonces Sokal, quien tuvo el mérito de coger a todos desprevenidos, no ha hecho sino repetir que el blanco de sus críticas han sido tanto "los posmodernos de izquierda" como "los fundamentalistas de derecha", e incluso los que simplemente tienen una "empanada mental".
A ellos ha opuesto lo que él considera "el pensamiento claro, combinado con el respeto a la evidencia -especialmente aquella que resulta incómoda y no deseada, aquella que desafía nuestros prejuicios" (Sokal, 2010, p.
Resulta patente que si Sokal ha aprendido algo de la posmodernidad y qui-a483 zás de la modernidad, es el uso de la ironía, una de las claves de nuestro tiempo (González Alcantud, 2006).
Para adoptar esta posición Alan Sokal no oculta sus puntos de vista ideológicos, ya que en sus escritos reitera una y otra vez, no sabemos por qué razón, que él es un hombre de "izquierda": "Yo me identifico políticamente -afirma-[...] con la izquierda, entendida en sentido amplio como la corriente política que denuncia las injusticias y desigualdades de la sociedad capitalista y que busca formas de organización social y económica más igualitarias y democráticas" (Sokal, 2010, p.
De hecho, menciona con frecuencia en su propia bibliografía un plan de estudios universitarios que elaboró para el gobierno sandinista de Nicaragua.
A pesar de lo cual no se considera "marxista", en alusión a las críticas que han visto en su broma pesada una prolongación del viejo y esclerotizado marxismo, para más señas estalinista, y que han embestido contra cualquier renovación o reinvención del pensamiento de izquierda.
Lo que él ataca es la "apariencia de verdad", o el "discurso de verdad", que quieren sustituir a la "verdad objetiva".
Para ello proclama inmisericorde la pertinencia intemporal de la verdad a secas.
Lo que a mí me irrita, sin poder evitarlo, al igual que a Sokal le irritan las recopilaciones de artículos en forma de libro tan habituales en la vida académica, es la insistente apelación por su parte a la exactitud científica o a la pureza filosófica, como si eso fuese un programa factible, de cuyo curso rectilíneo nos hubiésemos alejado por puro capricho o por acomodación a las lógicas del poder.
Quizás detrás de su apuesta podríamos ver insinuarse el fantasma del autoritarismo teórico con implicaciones prácticas en el que, como sostenía Barrington Moore hace años para el campo político, suele invocarse por regla general la "pureza" (Moore, 2001).
No cabe la menor sombra de duda de que la defensa de la libertad de ideación frente a lo puro tiene sus costes, a veces cobrados a punta de pistola, como recuerda la triste historia del estalinismo norteamericano (Rorty, 1998).
No pretendo ni mucho menos sostener que Alan Sokal sea un estalinista más o menos encubierto, pero sí dejar constancia de los peligros que entraña la deriva de la "transparencia", de la "evidencia", por no decir de la susodicha "pureza".
Lo que ha resucitado Sokal es la illusio racionalista de que se pueden alcanzar la claridad y la limpidez interpretativas.
Empero, su broma intencionada recibió prontas y también soliviantadas respuestas.
La primera reacción de la propia revista a la ocurrencia de Alan Sokal fue contestar con unos comentarios en los que se su-brayaba el hecho de que el autor se definiese a sí mismo como leftist (izquierdista), y de que la mayor parte de la atención prestada a su affaire procediese de medios académicos y periodísticos que consideraban la polémica una prolongación de las Culture Wars, una suerte de sustituto de las confrontaciones ideológicas habidas durante la Cold War (Hirschkop, 1997, p.
Al poco de estallar esta polémica, lo que parecía una simple chanza entre izquierdistas de diversas tendencias generó un inesperado debate que ha afectado a todas las ciencias humanas y sociales a propósito de temas tales como el concepto de verdad, el elitismo de la ciencia y su democratización y un largo etcétera, temas que habían quedado aparcados sine die por mor de una autorreproducción retórica vacía de compromiso social, y ni siguiera congruente con los intereses propiamente científicos (Bourdieu, 2001).
Evidentemente, el asunto tenía también una profunda dimensión política en cuanto que se trataba de una oposición frontal no solo a lo posmoderno, sino asimismo a la High French Theory, entonces en pleno auge en los campus norteamericanos, sobre todo gracias a la influencia póstuma de la obra de Michel Foucault y de los seminarios impartidos aquí y allá por Jacques Derrida.
En su momento, cuando el libro Impostures intellectuelles apareció en francés, señalamos por nuestra parte, y sin que mediara el hecho defensivo del chauvinismo galo, que percibíamos a simple vista un sesgo intencional y sectario en las lecturas y autores seleccionados para su crítica por Sokal y Bricmont, entre los que se incluía a sujetos como Julia Kristeva, quien ya había desautorizado en una suerte de acto de contrición su propia producción semiótica de los 70, o a individuos claramente delirantes para la academia universitaria como Jacques Lacan (González Alcantud, 2008, pp. 232-237).
En otro orden de cosas, la pareja Sokal y Bricmont analizaba a Jean Baudrillard solo a través de sus obras más endebles y discutibles, dejando de lado Le système des objets o L'économie politique du signe, sus libros a mi juicio más sólidos y perdurables.
De Michel Foucault, el autor más prestigioso gracias a sus concepciones analíticas de la genealogía del poder, se decía poco a pesar de estar en el centro de la ola posmoderna.
Y a propósito del mayor de los científicos sociales del siglo, Claude Lévi-Strauss, que precisamente apostó por convertir la antropología en una ciencia "natural", no se pronunciaba ni una palabra.
Al menos podría haber aparecido este último al escribir Sokal sobre la teoría de la relatividad en su texto original para Social Text.
Pero nada, ni una alusión.
De todas formas, dicho sea en su favor, hay que entender a Sokal en su contexto.
Este lleva a cabo, al igual que antes lo había hecho el crítico literario Edward Said, un ataque certero contra las incertidumbres creadas por una crítica hiperrelativista, que da alegremente por agua pasada las lacras del capitalismo señaladas y denunciadas con acierto indudable por el marxismo clásico, provocando con ello, quizás sin pretenderlo en primera instancia, la consagración de los argumentos de la derecha ultraliberal neocapitalista.
Quizás la cosa sea sencilla de explicar a través del auge del carrerismo académico, punto en el que coincidimos con Sokal: "Algunos de los artilugios teóricos en boga -escribe-propios de los estudios de humanidades (pos)modernos derivan ciertamente de posiciones políticas de izquierda o feministas, pero muchos otros se han desarrollado como armas para su uso en batallitas académicas a la vieja usanza" (Sokal, 2010, p.
Pierre Bourdieu, sociólogo nada partidario del posmodernismo, ha resaltado que muchos debates intelectuales pueden llegar a ser en el mejor de los casos "estratagemas conscientes, por no llamarlas cínicas, orientadas hacia la gloria del investigador" (Bourdieu, 2001, p.
Un intelectual como Clifford Geertz, reflexivo autor del Antropólogo como autor, tan relevante para entender justamente el proceso de autoría científica, destacó también el efecto pernicioso del carrerismo académico sobre el debate intelectual (Geertz, 2002, pp. 50-51).
Salvado el escollo contextual, sobre cuya naturaleza hay bastante consenso, examinemos algunas críticas concretas formuladas en el libro.
La arremetida contra Jacques Lacan, el primero en la lista y el más fácil de ser acusado de impostura, transcurre por estos derroteros: "Según sus discípulos ha renovado la teoría y la práctica psicoanalíticas; según sus detractores es un charlatán y sus escritos son pura verborrea.
Nosotros no debatiremos la parte propiamente psicoanalítica de sus trabajos" (Sokal y Bricmont, 1997, p.
A pesar de no entrar en materia propiamente psicoanalítica, Lacan en particular es acusado de "misticismo laico" por pretender encubrir con ciencia lo que les parece es pura logorrea para uso de convencidos:
Frente a las críticas, los defensores de Lacan (...) tienen tendencia a refugiarse en una estrategia que nosotros definiremos de "ni/ni": estos escritos no deben ser evaluados ni como discurso científico ni como razonamiento filosófico, ni como obra poética, ni...
Nos encontramos entonces frente a lo que podríamos llamar un "misticismo laico": misticismo, porque el discurso busca producir unos efectos mentales que son puramente estéticos, no dirigiéndose nunca a la razón; laico, porque las referencias culturales (Kant, Hegel, Marx, Freud, matemáticas, literatura contem-poránea...) no tienen nada que ver con las religiones tradicionales y permiten atraer al lector moderno (Sokal y Bricmont, 1997, p.
Toda esta estrategia, denuncian los autores, iría dirigida a aumentar el carisma profético de Lacan: "Por otra parte [los escritos de Lacan] se vuelven, con el tiempo, cada vez más crípticos -característica común a muchos textos sagrados-, combinando juegos de palabras y una sintaxis fracturada; y sirven de base a la exégesis reverencial de sus discípulos" (Sokal y Bricmont, 1997, p.
Desde luego la crítica al psicoanálisis lacaniano, quizás el punto más débil de todo lo posmoderno, es antigua.
Por un lado, hay que tener presente la probable pertenencia de Lacan al círculo hermético Acéphale que, presidido por George Bataille, buscó establecer un nuevo culto místico en los años treinta.
Por otro, conviene tomar en consideración que el discurso lacaniano fue el refugio posterior al sesenta y ocho de los ultramaoístas de la Gauche prolétarienne, un grupo al cual perteneció el yerno del maestro, Jean-Claude Miller, verdadero heredero de la cause freudienne.
El carácter sectario y presuntuosamente opaco de la teoría de Lacan queda de manifiesto en el rechazo silencioso que Lévi-Strauss siente hacia ella, a pesar de la amistad personal y de la relación familiar anudada entre él y Lacan desde finales de los años 40 (González Alcantud, 2017; Zafiropoulos, 2006, p.
En definitiva, la posición de Alan Sokal, basada en una broma inicial y en la polémica ulterior sobre la "impostura intelectual", podría ser designada paradójicamente como una "filosofía espontánea" de científico, concepto con el cual años atrás había denunciado Althusser la intromisión de los portavoces de la ciencia, sin autoridad que los avale, en el minado terreno de las humanidades, y su injustificada reclamación de derechos de propiedad exclusivos sobre la objetividad y la positividad (Althusser, 1972; Guillory, 2002).
En esa línea, tendente a desvelar la relación entre ciencia y medio político-cultural, es ilustrativo un diálogo de 1932 entre Einstein y el hombre de letras James Gardner Murphy.
En él decía Einstein: "Los científicos están en el mundo lo mismo que cualquier otro individuo.
Algunos de ellos van a reuniones políticas y al teatro, y la mayoría de los que yo conozco, al menos aquí, en Alemania, son lectores habituales de literatura.
No pueden escapar a la influencia del ambiente en el que viven".
El ambiente de la época de Weimar es resumido por Forman de la siguiente manera: "Sus a483 anhelos de crisis [de los físicos europeos germanoparlantes], su predisposición a adaptar su ideología a los valores de su entorno socio-intelectual, demuestran una sustancial y en gran parte indiscriminada participación en las actitudes de su medio académico, una disposición a nadar en la dirección de las corrientes intelectuales del día" (Forman, 1984, pp. 148-149).
Incluso podríamos añadir algo que de nuevo parece de sentido común y que Abraham Moles recordaba hace años: que la técnica, y por ende la ciencia, no deja de ser "un ritual eficaz [...] que no se distingue del ritual religioso más que cuando ha sido capaz de medir su propia eficacia y de discernir esencialmente los problemas simples" (Moles, 1986, p.
No creo que Alan Sokal pudiese negar estos hechos verificados -la contextualidad y la ritualidad de la ciencia-, que marchan precisamente en dirección contraria a sus intereses, ya que él mismo, al describirse como "de izquierda", no deja de hacer una aseveración puramente ideológica, e incluso fideísta.
Esta no tiene más finalidad en el contexto de su polémica que evitar que lo confundan en los medios académicos con un neoconservador o con un marxista esclerotizado.
Como ya se dijo, la novedad de Sokal es el uso paradójicamente "posmoderno", y quizás desdramatizado, que hace de la ironía.
Mal que le pese algo ha absorbido de la atmósfera posmoderna, aunque sea para criticarla.
Poca sustancia, en definitiva, la aportada por Alan Sokal, pasada la ocurrencia periodística del momento.
En el orden epistemológico mucha más enjundia tuvo en su tiempo la obra de Gaston Bachelard (1884Bachelard ( -1962)), quien además presenta un perfil claramente seductor para quien quiera explorar la relación entre ciencia y literatura.
Inicialmente profesor de física y química en los Lycées franceses, comenzó publicando títulos tan inequívocamente científicos como Étude sur l 'évolution d' un problème de physique: la propagation thermique dans les solides (1928), La valeur inductive de la relativité (1929) o Le pluralisme cohérent de la chimie moderne (1932), para acabar inflexionando su pensamiento, gracias a la formación filosófica adquirida en paralelo, en el texto fundamental La formation de l'esprit scientifique: contribution à une psychanalyse de la connaissaince objetive (1938).
Desde el principio de su trabajo teórico, Bachelard desea revisar la química, disciplina en la que introduce la noción de "pluralidad", disminuyendo con ello el alcance de toda búsqueda de leyes generalizantes: "En su existencia misma, las sustancias químicas son enteramente relativas las unas a las otras, y no solamente por sus cualidades", afirmará en Le pluralisme cohérent...
Antes había sentenciado: "La experimentación química será fecunda cuando se investigue la diferenciación de las sustancias más que alguna vana generalización de los aspectos inmediatos" (Bachelard, 1973c, p.
Esta apuesta por la pluralidad está en consonancia con lo más avanzado del pensamiento político y cultural de nuestros días.
Así por ejemplo, un antropólogo como James Clifford ha llegado a la conclusión de que "los productos puros enloquecen" (Clifford, 1995, pp. 15-34).
Incluso cuando se acerca al tema literario a través de la figura de Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, intentando interpretar arduamente los Chants de Maldoror, Bachelard lo hace con ojo de científico.
Adopta, por ejemplo, una perspectiva evolucionista para abordar las implicaciones morales de aquellos cantos.
Frente a la sed gratuita de mal del protagonista Maldoror en los Chants ducassianos, el epistemólogo francés argumenta: "Sometido a sus funciones específicas de agresión, el animal no es más que un asesino especializado.
Le queda al hombre el triste privilegio de totalizar el mal, de inventar el mal.
Sus ganas-de-atacar son un factor de evolución ambiguo" (Bachelard, 1997, p.
En su búsqueda de una psicología y de una poética de la materia, Bachelard no deja de hostigar al psicoanálisis freudiano al que considera prisionero de la elementalidad.
Así entiende que el veneno de la serpiente, frecuente en el amplio animalario de los cantos de Isidore Ducasse, no posee el simbolismo sexual que le atribuye el psicoanálisis clásico, basándose en que no ejerce una acción inmediata, ni en lo físico ni en lo simbólico; al contrario, el veneno, en Ducasse, es ante todo "perfidia" moral que únicamente actúa en las venas humanas, una perfidia contra la cual "una sangre generosa se defendería por sí misma".
Y Bachelard concluye: "El hombre mordido por el reptil solo puede sucumbir por inadvertencia, durmiéndose.
El hombre fuerte y activo no le teme a la perfidia" (1997, p.
Por ver otra muestra, dentro de esa animalidad maldoriana, Bachelard procura estudiar el significado que la garra o la succión revisten más allá de su "simbolismo" primario, ya que este, como quedó establecido más arriba, solo propone una ecuación básica de sentido.
Si uno desea llegar al fondo, a la psicología de la materia, proclama Bachelard, "hay que desembarazarse de los libros y de los maestros para encontrar la primitividad poética" (1997, p.
Ahora bien, tampoco en este punto el autor abandona nunca la ciencia de la que parte, como queda patente en el tipo de a483 preguntas que se hace; por ejemplo: "¿Cuáles son los elementos de una forma geométrica que pueden ser impunemente deformados en una proyección dejando subsistir una coherencia geométrica?
¿Cuáles son los elementos de una forma poética que pueden ser impunemente deformados por una metáfora dejando subsistir una coherencia poética?
Dicho de otra manera, ¿cuáles son los límites de la causalidad formal?"
Bachelard aplica, pues, los mismos criterios a la geometría que a la metáfora, y a la par aspira a liberar a la ciencia de sus corsés: "Toda cultura científica debe comenzar [...] por una catarsis intelectual y afectiva.
Queda luego la tarea más difícil: poner la cultura científica en estado de movilización permanente, reemplazar el saber cerrado y estático por un conocimiento abierto y dinámico, dialectizar todas las variables experimentales, dar finalmente a la razón motivos para evolucionar" (Bachelard, 1988, p.
La apertura de la ciencia al conocimiento en cualquiera de sus manifestaciones es entonces un giro copernicano operado por Bachelard en evitación del "cientifismo" solipsista y arrogante; la apertura inversa del conocimiento a la ciencia pasa, por su parte, por esquivar el animismo constituido en obstáculo epistemológico para la razón razonante.
Las primeras manifestaciones del animismo que crítica Bachelard son las existentes en física y química.
En torno a 1938 encuentra en el fuego la materia elemental a la que someter a un "psicoanálisis" renovado, con el fin superar el denunciado sesgo animista: "En el caso del fuego, más que en cualquier otro fenómeno, las concepciones animistas y sustancialistas están mezcladas de un modo inextricable".
Y esto ocurre porque, al contrario de la electricidad, el fuego no ha encontrado su ciencia.
De ahí que "haya quedado en el espíritu de la presciencia, como un fenómeno complejo que depende a la vez de la química y la biología" (Bachelard, 1966, p.
Desde el fuego en sí mismo hasta los ardores de estómago, Bachelard recorre la fenomenología científica y cultural ígnea, aventurándose en un terreno que entonces llamaba pese a todo psicoanalítico, entendiendo por ello la búsqueda interpretativo-racional de lo "no visible", algo que lo ha de llevar directamente al campo literario antes que al filosófico; un campo este último, el filosófico, que procura incluso eludir voluntariamente.
Entre 1939 y 1941, mientras imparte cursos en la Sorbona, Gaston Bachelard da un "giro literario" a su anterior producción de carácter más marcadamente historiográfico sobre la emergencia científica.
La recepción humanística de lo que hace tendrá una gran importancia aquí: "Me parece -escribe Jean Lescure-que lo que le dimos a Bachelard a partir del 39, y sobre todo después del 41 [...] fue el estímulo de sentirse escuchado, solicitado, de experimentar su importancia.
Se escuchaba escuchado, se veía visto, se leía leído" (Lescure, 1973, p.
Desde luego la coetánea confluencia entre el corps y el esprit en la psicología, tal como fue enunciada por Henri Bergson, es manifiesta partiendo de que esta ciencia, a finales del siglo XIX, recorre una tercera vía entre el idealismo y el materialismo: "Contra las dos tendencias doctrinarias [materialista e idealista] invocamos un testimonio, el de la consciencia, el cual nos muestra en nuestro cuerpo una imagen como las otras, y en nuestro entendimiento una cierta facultad de disociar, de distinguir y de oponer lógicamente, si no de crear o de construir" (Bergson, 1896(Bergson, /1999, pp. 201-202), pp. 201-202).
Pero Bachelard quiere ir más lejos que el Bergson de Matière et mémoire al argüir que si bien "todo lo que se dice en los manuales sobre la imaginación reproductora debe atribuirse a la percepción y a la memoria [...] la imaginación creadora tiene funciones muy distintas a las de la imaginación reproductora", ya que "a ella pertenece esa función de lo irreal que psíquicamente es tan útil como la función de lo real evocada con tanta frecuencia por los psicólogos para caracterizar la adaptación de un espíritu a una realidad marcada por los valores sociales" (Bachelard, 1994, p.
La lucha a brazo partido con la fenomenología es un asunto siempre actual para Bachelard, en el cual suele aflorar la figura tutelar de Henri Bergson, pero retocada ahora por él con el recurso al psicoanálisis.
Como decíamos, Bachelard a través de su inicial ensayo interpretativo sobre Lautréamont transita hacia un ámbito literario pleno al estudiar los elementos de la naturaleza, una temática en sí misma catalogable de "prelógica".
Comienza con L'eau et les rêves: essai sur l'imagination de la matière (1942), para terminar, tras los varios volúmenes correspondientes a la tierra (dos) y al aire y al fuego (dos), con La poétique de l'espace (1957).
Se ha dicho a este respecto que "el corpus bachelardiano está marcado por el deseo de literatura, y este deseo no se puede decir más que de manera oblicua.
Hay un superyó del texto que hace que el filósofo se prohíba pasar abiertamente al acto -al acto de literatura y de poesía-" (Libis, 2007, p.
En dicho camino Bachelard, cuando se encuentra en plena actividad creativa en torno a los elementos, hacia 1943, esgrimirá que esta aparente regresión, más acá de la física y la química modernas, disciplinas que a483 él conoce bien, se debe a que "la psicología de la imaginación, más aún que a su anatomía, obedece a la ley de los cuatro elementos" (Bachelard, 1996, p.
Con todo, el investigador francés se propone entonces crear una unidad académica de análisis historicista de la ciencia, que luego G. Canguilhem convertirá en unidad de análisis epistemológico al sucederlo en la cátedra de la Sorbona (Lecourt, 1971, pp. VIII-XII).
En realidad, a lo que Bachelard se opone verdaderamente es a la filosofía de la ciencia por su dimensión simplificadora de toda pluralidad, opción epistemológica previa para él.
Su trabajo contiene una apuesta lógica no solo por el azar objetivante sino igualmente por la diversidad interpretativa.
"Una sola filosofía es, pues, insuficiente para dar cuenta de un conocimiento algo preciso" (Bachelard, 1973a, p.
Todo ello porque el racionalismo que preconiza Bachelard no pretende ser reduccionista sino todo lo contrario: "Es necesario no confundir la deducción que asegura y la inducción que inventa"; de ahí que "el racionalismo en su trabajo positivo sea eminentemente inductor" (Bachelard, 1962, p.
Tal apuesta metodológica pluralista tiene connotaciones políticas y culturales (González Alcantud, 2000, pp. 259-286): no quiere ser "causal", y por ende mecanicista.
Dado que la filosofía de la ciencia, en su conjunto, adolece de esas deficiencias según Bachelard, nuestro autor opta por acogerse al campo literario.
Es entonces cuando, al escribir su introducción a L'eau et les rêves (1942), cogitando sobre imaginación y materia, Bachelard abre su pensamiento al mundo del ensueño: Debemos ayudar a pasar de la psicología de la ensoñación común a la psicología de la ensoñación literaria, extraña ensoñación que se escribe, que se coordina al escribirse, que sobrepasa sistemáticamente su sueño inicial, pero que permanece por lo menos fiel a realidades oníricas elementales (Bachelard, 1978b, 35).
Bachelard, en ese ir más allá de las cosas evidentes, pone de relieve cómo el haber trazado los filósofos y los mitógrafos (Cassirer, 1976, pp. 226-240) un cuadro demasiado rápido de la noción de símbolo, en tanto parte del significado, ha impuesto el abandono de lo matérico y bloqueado el nacimiento de una psicología de la poesía.
Dixit: Llegamos a la convicción de que el simbolismo literario y el simbolismo freudiano, tal como se los ve concretizados en las producciones del simbolismo clásico y del onirismo normal, no son más que ejemplos mutilados de las potencialidades simbolizantes en acción dentro de la naturaleza.
Uno y otro son expresiones excesivamente establecidas.
Permanecen como sustitutos de una sustancia o de una persona que abandonan la evolución.
Son síntesis demasiado pronto nombradas, deseos demasiado pronto confesados.
Una poesía y una psicología nuevas, al describir un alma en formación, un lenguaje en flor, deben renegar de los símbolos definidos, de las imágenes aprendidas, para retornar a las impulsiones vitales y a las poéticas primitivas (Bachelard, 1997, p.
Según Gaston Bachelard, la combinatoria de "imagen" y "símbolo" es básica para entender el "sueño" y sobre todo el "ensueño".
A la luz de la candela, en la intimidad de su escritorio, piensa: "La imagen demuestra, el simbolismo afirma.
El fenómeno nuevamente contemplado no está, como el símbolo, cargado de historia.
El símbolo es una conjunción de tradiciones de múltiples orígenes.
Todos estos orígenes no son reanimados en la contemplación.
La ensoñación va más allá, es más "eficaz" en definitiva, que el símbolo en tanto reificación intelectual de la realidad.
Este aspecto es fundamental para distinguir a Bachelard de otras figuras de su tiempo, claramente pro-simbolistas y anticientíficas, como es el caso del historiador de las religiones y escritor Mircea Eliade, y más en general del círculo Eranos, nucleado en torno a este y al psicoanalista Carl Jung.
Veamos esa oposición fundacional a través de un ejemplo concreto.
Tanto Eliade como Bachelard abordaron el tema del simbolismo de la concha.
Para el historiador de las religiones la función simbólica de las conchas está claramente vinculada a su significación: "Todavía más que el origen acuático y el simbolismo lunar de las ostras y de las conchas marinas, su semejanza con la vulva contribuyó, muy probablemente, a extender la creencia en sus virtudes mágicas" (Eliade, 1983, p.
El simbolismo analógico es evidente para Eliade que, si acaso solo apunta hacia una psicología profunda alimentada de psicoanálisis, es igualmente deudor de la analogía.
En cambio, su hipótesis sobre la diversidad de la significación lleva a Bachelard a explorar formas y funciones más "poéticas" que desfocalizan, pluralizando los significados, el unitario simbolismo analógico.
"Se siente -escribeque hay allí un problema mixto de imaginación y de observación [...]
Queremos simplemente mostrar que en cuanto la vida se instala, se protege, se cubre, se oculta, la imaginación simpatiza con el ser que habita ese espacio protegido" (Bachelard, 1974, p.
La significación "profunda" obtenida de la observación a483 del mundo natural antropomorfizado nos permite interpretar la concha como una alusión al "hogar", a lo resguardado.
Es obvio que Bachelard quiere traspasar el hecho de la materia, pero que huye de las tentaciones interpretativas "espiritualistas" de Jung y Eliade.
Ello permite, como quedó señalado, introducir la noción de "ensueño" en la objetividad científica.
Bachelard lo expresa en los siguientes términos:
Todo trabajo paciente y rítmico, que exige una serie de operaciones monótonas, arrastra al homo faber al ensueño.
Entonces incorpora sus sueños y sus cantos a la materia elaborada; asigna un coeficiente a la sustancia largamente trabajada.
El esfuerzo parcial, el gesto elemental, ya no dibujan los límites geométricos del objeto; es el conjunto de gestos en el tiempo, es la cadencia, el conocimiento claro y alegre (Bachelard, 1988, p.
En teoría su análisis espectral había pretendido una objetivación plena, matemática, en torno al concepto de operadores poéticos que aplica sobre todo en el libro sobre Maldoror (Bontems, 2010, pp. 139-148).
Pero este proceso de objetivación tampoco excluye la duda racional sobre el proceso mismo; Bachelard afirmará que "toda objetivación es duda" (Bachelard, 2002, p.
Nuestro epistemólogo, además de incorporar el ensueño y la duda al curso de la objetivación, confiere también al azar cierta preeminencia en su pensamiento, por lo que rechaza la obra de Freud, para él encuadrada en la causalidad anti-azarosa (Noël, 1991, p.
La objetivación según Bachelard se vincula precisamente a lo aleatorio; en esto coincide con las vanguardias, grandes amantes de la obra maldoriana, que han buscado la emergencia de la objetividad mediante prácticas azarosas literarias y artísticas (Noël, 1991, p.
Ya afirmaba André Breton en la época de los manifiestos surrealistas que "la pintura y la construcción surrealista han organizado, a partir de la presente época, y alrededor de elementos subjetivos, las percepciones con tendencia objetiva" (Breton, 1969, p.
Con esos instrumentos Bachelard se dirige al encuentro del instante pleno del significado.
Al respecto sugiere en uno de sus libros más logrados, La poétique de l'espace: "El poeta no me confiere el pasado de su imagen y, sin embargo, su imagen arraiga en seguida en mí.
La comunicabilidad de una imagen singular es un hecho de gran significado ontológico" (Bachelard, 1974, p.
Ni la psicología ni el psicoanálisis pueden explicar plenamente todo esto.
La poesía para Bachelard está vinculada a su concepción de lo temporal.
De hecho, él puede decir, empleando sus conceptos temporales, que la poesía, al contrario de otras escrituras, encierra la verticalidad del "instante": La poesía deviene así un instante de la causa formal, un instante de la potencia personal.
Entonces se desinteresa de aquello que rompe y de aquello que disuelve, de una duración que dispersa ecos.
No necesita sino el instante.
Fuera del instante no hay más que prosa y canción.
La poesía encuentra su dinamismo específico en el tiempo vertical de un instante inmovilizado (Bachelard, 1985, p.
Si la condición plural del significado es uno de los más potentes leitmotiv de toda su obra, el instante poético es otro, analizado por él en 1939, el año de su giro hacia el campo literario, de esta forma:
La poesía es una metafísica instantánea.
Ella debe dar, en un breve poema, una visión del universo y el secreto de un alma, un ser y cosas, todo a la vez.
Si sigue el tiempo de la vida, es menos que la vida; solo puede ser más que la vida inmovilizándolo, viviendo donde se encuentra la dialéctica de las alegrías y las penas.
Ella es entonces el principio de una simultaneidad esencial en donde el ser más disperso, el más desunido, conquista su unidad (Bachelard, 1973b, p.
Tal condición la encuentra expresamente en poetas en los que abunda y profundiza, como el muy citado Isidore Ducasse, pero también en Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé o Paul Eluard.
Bachelard es un físico en cierta manera especializado en interpretaciones preferentemente relacionadas con la densidad temporal.
La duración es en esencia una "metáfora" para Bachelard, quien también introduce el sonido en la metáfora poética.
Sonido y frase poética quedarían enlazadas por el ritmo: "El ritmo es verdaderamente la única forma de disciplinar y de preservar las energías más diversas" (Bachelard, 1978a, p.
Bachelard ausculta fenoménicamente la pluralidad de la expresión poético-literaria basándose en una epistemología que pone en régimen de historicidad los fenómenos observados.
Ciertamente podemos insertarlo en la saga de los re-encantadores de la realidad, un re-encantador que conoce el mundo físico y quiere devolverle luces, sombras y sensaciones.
Para conseguirlo ha empleado una dialéctica que sobrepasó ampliamente con su propia creación (Wunenburger, 2003).
En definitiva, el intento por reducir las ciencias sociales a los mecanismos de la claridad y exactitud que reclama Alan Sokal choca con la propia naturaleza de la materia a tratar.
Ese anhelo de orden en Sokal resul-a483 ta un tanto tradicionalista, propio de quien fascinado por los logros de su ciencia parece cercano a confundir la parte con el todo.
Como advirtió en su momento el antropólogo Georges Balandier, "las sociedades de la tradición disponen de una cartografía del orden y del desorden", y ello "porque están abiertas a un movimiento portador de transformaciones continuas e incertidumbres", mientras que "las sociedades de la modernidad actual solo disponen de cartas cambiantes, se internan en la historia inmediata avanzando a tientas" (Balandier, 1994, p.
Así pues, el antiposmodernismo fundacional de Sokal no deja de ser un neo-tradicionalismo, uno que para las ciencias sociales humanas supondría renunciar a toda pretensión de diálogo con la ciencia.
Al abandono de la ilusión "científica" asistimos en el devenir de la obra de Claude Lévi-Strauss quien, en algún momento, en una época plena de optimismo histórico, los años 60, estuvo tentado sin embargo de fusionar el horizonte de las humanidades con el de las ciencias naturales, como ya dijimos.
Este programa tenía un sólido punto de partida en la afirmación lévi-straussiana no solo de la igualdad moral entre los seres humanos, ya reivindicada por Franz Boas en su The Mind of Primitive Man (1911), sino también de la igualdad estructural entre el pensamiento mítico, y por ende metafórico, y el pensamiento salvaje.
"En vez de oponer magia y ciencia, sería mejor colocarlas paralelamente, como dos modos de conocimiento, desiguales en cuanto a los resultados teóricos y prácticos [...] pero no en la clase de operaciones mentales que ambos suponen" (Lévi-Strauss, 1972, p.
Medio siglo después, finalizada la experiencia estructuralista, tras rechazar el propio término que la identifica por considerarlo una invención periodística, Lévi-Strauss solo parece hallar consuelo en el hallazgo de la fractalidad, que le permite elevarse por los caminos de la etnopoética sin prescindir de la ilusión naturalista.
Detengámonos un segundo en la teoría de los fractales, que tanto juego metafórico ha dado para el desarrollo de la teoría social en tiempos de confusión.
Señala Benoît Mandelbrot, su principal divulgador: "Los préstamos a derecha e izquierda, y todos los cruces entre disciplinas extrañas las unas a las otras, ¿qué hilo conductor los ha unificado en un método?
Este hilo conductor, que define los fractales, es la idea de que ciertos aspectos del mundo tienen la misma estructura de cerca y de lejos, a todas las escalas [...]
Así cada pequeña parte de un fractal contiene la clave de la construcción toda entera" (Mandelbrot, 1997, p.
A partir de esas ideas Lévi-Strauss razonará que si "Kant dio su forma definitiva a la noción de un entredós (entre-deux) donde se situaría el juicio estético, subjetivo como el juicio de gusto, pero que, como el juicio de conocimiento, pretende ser válido universalmente [...] el descubrimiento de los fractales revela, a mi entender, otro aspecto de ese 'entredós', que no solo concierne al juicio estético sino a los mismos objetos a los que este juicio reconoce la cualidad de obra de arte" (Lévi-Strauss, 1994, p.
La seducción explicativa del concepto de "fractal", en cuanto metáfora del conocimiento, operaba en plenitud en el antropólogo.
Precisamente de Claude Lévi-Strauss, el más sólido de los "estructuralistas", quizás por su concreción -suya es la afirmación "la antropología es la ciencia de lo concreto" al inicio de La pensée sauvagey por la plasticidad de su propia obra, podríamos decir que nunca se dejó encerrar en fórmulas físicomatemáticas incomprensibles.
Ni siquiera cae en ello en su obra más susceptible de verse así tentada, Les structures élémentaires de la parenté, sobre todo habida cuenta de su profundidad analítica y de que aventuraba unas futuras estructuras "complejas" del parentesco que nunca vieron la luz.
En correspondencia temporal con el pensamiento lévi-straussiano hace años que Jacques Monod rehabilitó el azar bajo el prisma de la biología molecular, enfrentándose al animismo que procedía del marxismo más esclerotizado, coincidente en el fondo con las fes religiosas: "Nosotros nos queremos hechos necesarios, inevitables, ordenados desde siempre.
Todas las religiones, casi todas las filosofías, una parte de la ciencia, atestiguan el incansable, heroico esfuerzo de la humanidad negando desesperadamente su propia contingencia" (Monod, 1977, p.
La ciencia ultrapositivista, como la que encarna Alan Sokal en su elemental "progresismo" juvenil, afirmado a cada paso, no sería desde esta perspectiva más que una mistificación de las funciones de la ciencia en su contexto y en su ritualidad.
Más recientemente ha sido Ian Hacking quien ha apostado por interpretar la genealogía histórica de la probabilidad y todas las consecuencias epistemológicas de religar a las ciencias humanas y a las ciencias físicas en torno a un método común como la estadística y la prueba empírica.
"La vieja probabilidad medieval era una cuestión de opinión.
Una opinión era probable si era aprobada por la antigua autoridad o, por lo menos, estaba bien testimoniada.
Este concepto medieval de la probabilidad se relaciona, ciertamente, con el nuestro, aunque de una manera sorprendente.
Una nueva clase de testimonio fue aceptada: el a483 testimonio de la naturaleza que, como en el caso de cualquier autoridad, debía ser leído" (Hacking, 1995, p.
Ahora la probabilidad está obligada a ser "científica", pero no puede por ello excluir el azar.
A este respecto, se ha destacado igualmente lo que de "obstáculo epistemológico" tiene la no percepción de la importancia del azar en el juego democrático.
El azar se respeta ya en los usos de la edad dorada de la democracia ateniense.
La elección aleatoria de cargos públicos y magistraturas fue introducida por Solón y por Clístenes entre inicios y mediados del siglo VI a.
C. De esa forma, Clístenes pretende combatir, por ejemplo, el clientelismo de las grandes familias.
En particular, "en la época de Pericles, su uso [el del sorteo] se ha extendido a la mayor parte de las magistraturas, en el momento mismo en el que se profundiza la dinámica democrática con la marginación del [aristocrático] areópago" (Sintomer, 2011, p.
La pluralidad y la aleatoriedad circulan así entre la ciencia, la literatura y la política.
Es obvio que existen causas contextuales para su avance casi simultáneo.
Terminaré esta reflexión sobre azar, probabilidad y conocimiento por donde empecé un libro mío: haciendo alusión a una jugosa frase que María Zambrano lanzó en medio de "la agonía de Europa" provocada por la II Guerra Mundial.
En esa frase Zambrano asevera, en resumen, que mientras se ha progresado hasta extremos inverosímiles en las ciencias físicas, sobre las humanas cada vez se ciernen más interrogantes.
Si Sokal hubiese tenido esa sensibilidad interpretativa, y si no hubiese estado alucinado por los "efectos de realidad" de su broma anti-posmoderna, se hubiese percatado de que mal que bien, y a pesar de los evidentes actos fallidos -algunos trufados de verdadera impostura oscurantista, como los de Lacan y Kristeva-, el resto de las experiencias en ciencias humanas responden al deseo de despejar, por medios más que científicos, metafóricos, los problemas pendientes del orden social.
Las posiciones respectivas de Gaston Bachelard y de Alan Sokal, habida cuenta de las distancias temporales y contextuales que también los separan, responden a dos formaciones muy diferentes.
La de Bachelard es muy completa por su inicial competencia científica, que desarrolla filosóficamente conduciéndola hacia conceptos largamente meditados como los de "obstáculo animista", pluralidad interpretativa y azar.
No nos puede entonces extrañar que sienta predilección por uno de los iconos del surrealismo, Lautréamont, sobre el cual efectúa una introspección "poético-primitiva" impecable.
Sokal, quien segura-mente posee cuando menos una formación científica canónica y de vanguardia, manifiesta por el contrario incredulidad ante todo análisis que se sitúe más allá del empirismo, calificando a algunas de las obras por él abordadas de trazos de una gran impostura.
El conocimiento objetivo de Bachelard procede de la pluralidad y del azar, el de Sokal de la causalidad.
El problema de fondo reside en que mientras Bachelard dispone, en paralelo a su educación científica, de unos solidísimos conocimientos literarios, Sokal no. Este último se parapeta en su condición de "hombre de izquierdas" para lanzar los dardos antiguos del elemental mecanicismo revivido en nombre de la transparencia.
La obra de Bachelard es trascendente, de ahí su momentáneo olvido actual; la de Sokal, evanescente, de aquí su relevancia periodística en los noventa.
Tal vez la ecuación mecánica funcione en este dominio, es decir en la superficie de las cosas y de los acontecimientos, pero un hecho positivo se impone: leyendo a Sokal he llegado a la conclusión de que hoy es más necesario que nunca redescubrir a Bachelard, uno de los antecedentes más fértiles de la hermeneusis antropológico-literaria.
Aunque la obra bachelardiana no haya sido tomada todavía como fuente de autoridad, desde el punto de vista académico, para el posmodernismo, podría decirse que refuerza el carácter multivocal y plural de una posible poética antropológica (Bruner, 1993, p.
En una suerte de paradoja, la metáfora acaba convertida en un punto central del análisis científico de la cultura.
De este modo, por ejemplo, la teoría de las catástrofes puede ser tomada como "metáfora" de uso frecuente y rentable en ciencias sociales.
Subraya sobre el particular P. T. Saunders que, si bien "a veces es difícil convencer a nadie del valor de una metáfora, al ser principalmente heurístico [...] el interés mostrado por algunos especialistas en ciencias sociales por la teoría de las catástrofes es un indicio del valor que posee para ellos un marco de trabajo que vaya más allá de la linealidad".
Teniendo presente su metaforicidad, "es importante sin embargo recordar que lo que proporciona la teoría de las catástrofes no son nunca simplemente metáforas" (Saunders, 1989, p.
Creo reconocer en tal razonamiento de un matemático la posibilidad legítima para los humanistas del empleo de la me- |
Este artículo intenta presentar las características mayores del análisis del discurso literario, que se ha desarrollado desde hace una veintena de años en el interior del campo del análisis del discurso.
Comienza situando el análisis del discurso literario en relación con la estilística tradicional, para subrayar que un análisis centrado sobre la noción de discurso subvierte la oposición entre texto y contexto, y por tanto entre aproximaciones internas y externas a los textos literarios.
En un segundo momento, muestra que la aparición del análisis del discurso literario modifica la configuración de los estudios literarios, los cuales mantienen por naturaleza una relación ambigua con las ciencias humanas y sociales.
Todo invita a distinguir dos paradigmas en el estudio de la literatura: un paradigma hermenéutico que se centra en la relación entre ciertas obras privilegiadas y sus intérpretes, y un paradigma discursivo que aprehende el discurso literario como una red de prácticas históricamente situadas.
DE LA ESTILÍSTICA AL ANÁLISIS DEL DISCURSO
El análisis del discurso literario puede ser comprendido como una tentativa para superar los límites de la estilística, que tomó la sucesión de la retórica en la segunda mitad del siglo XIX.
Hasta los años sesenta del siglo XX, las relaciones entre lingüística y literatura se orientaban principalmente en dos sentidos: filología y estilística.
Cuando había que "establecer" un texto literario desde una perspectiva filológica se recurría a los conocimientos acumulados por la gramática histórica, a la que la literatura proporcionaba además buena parte de los datos sobre los que trabajaban los lingüistas.
La estilística, por su parte, permitía articular el estudio de los hechos de lengua y la interpretación de las obras literarias.
Se pueden distinguir, con mayor rigor, dos grandes tipos de estilística:
1) Una estilística escolar que, prolongando la retórica clásica, se afanaba por escrutar los "procedimientos" mediante los cuales un autor llega a crear cierto "efecto" sobre su lector.
Era una estilística atomista, que consideraba el texto como el resultado de una buena utilización de la lengua por parte del autor.
En la caja de herramientas del profesional de la estilística se encontraban, en lo esencial, las categorías de la gramática descriptiva usual (epíteto, nombre, construcción pasiva, elipse, etc.), y de la retórica de las figuras (metonimia, antonomasia, apóstrofe, etc.).
2) Una estilística a la que caracterizaré como "orgánica", estrechamente ligada a la estética romántica.
Mucho menos practicada que la precedente pero más prestigiosa, solo ha alcanzado a la enseñanza universitaria.
En ella se concebía la obra literaria como la "expresión" de la conciencia de un sujeto, el creador, el cual manifestaba a través de su obra la "visión del mundo" que le es propia.
Con esta estilística puede asociarse el nombre de Leo Spitzer, quien prolonga la concepción del estilo defendida por Proust: "El estilo no es un asunto de técnica, sino de visión" (1989, p.
De hecho, la estilística orgánica no enlaza exclusivamente con la lingüística, pues para ella la noción de estilo tampoco se reduce a cierto manejo de la lengua.
Es así como, según el propio Spitzer, "la sangre de la creación poética es en todas partes la misma, ya la tomemos de la fuente lenguaje o ideas o intriga o composición [...]
Porque era lingüista, me situé en la perspectiva de la lingüística, para avanzar hacia la unidad de la obra" (1948, p.
Dicha estilística contempla en efecto la obra como una proyección de los esquemas que obsesionan a una conciencia creadora: cualquiera de los niveles del texto puede ser puesto directamente en relación con ella, con ese "sol" -la metáfora es del propio Spitzer-.
Las dos estilísticas anteriores no mantienen de ningún modo una misma relación con el valor.
Para la estilística que hemos llamado atomista un procedimiento resulta más o menos exitoso según su adecuación a la finalidad que se le atribuye.
En cambio, para la estilística orgánica cada obra define sus propias normas de manera soberana.
Buena parte de la "Nueva crítica" de los años sesenta rompió con esta configuración al conferir un papel de primer orden a la lingüística.
Prolongando los esfuerzos de los formalistas rusos de principios del siglo XX, la Nueva crítica intentaba apoyarse sobre los progresos de la lingüística estructural para proponer una verdadera ciencia del texto literario.
En realidad, tal programa de investigación no arrojó los resultados esperados: si se entiende por "lingüística" una disciplina que objetiva las propiedades de las lenguas naturales, se observa claramente que los trabajos literarios estructuralistas no tratan de grupos nominales, de determinación, de aspecto, de tematización, etc.; ni siquiera de dialecto, de variación, de entonación, etc. Lo que en ellos se manipula fundamentalmente son nociones como las de paradigma, sintagma, connotación, actante...
El "imperialismo lingüístico", tantas veces denunciado por los defensores de la tradición, era así sobre todo un imperialismo semiológico.
Por otra parte, los dominios que más se recorrieron entonces fueron la narratología y la poética (en el estricto sentido de una teoría de la poesía).
La narratología, a pesar de algunos préstamos lingüísticos más bien metafóricos (proposición narrativa, modo...), se gestó sin referencia precisa a las ciencias del lenguaje.
En cuanto a la poética, mucho tiempo dominada por el problema de la justamente llamada por R. Jakobson "función a484 poética", debe poco de su expansión a los progresos en el conocimiento de las lenguas naturales: en ella la poeticidad consiste ante todo en elaborar equivalencias entre unidades de un mismo texto.
El único ámbito de la lingüística que se frecuentó de verdad para la inspección de las obras literarias fue el de los estudios de vocabulario, ya sea desde el punto de vista de la estadística léxica o, de manera más general, de los análisis inspirados por la lexicología estructural: pesquisas distribucionales, campos semánticos, descomposiciones sémicas, etc. La lingüística estructural, que es una lingüística del signo, favorecía ese tipo de investigación.
Su alcance era, sin embargo, limitado: en la mayoría de las ocasiones, el vocabulario sujeto al examen no se hallaba integrado en la trama sintáctica o textual, sino inscrito en redes de unidades descontextualizadas, a las que se suponía "representativas" de la obra.
La predilección por los estudios de vocabulario se explica igualmente por la facilidad con la que se podían extraer de ellos interpretaciones de orden extratextual, psicológicas o socio-históricas.
Cuando a partir de los años setenta el estructuralismo retrocedió, muchos especialistas en literatura pensaron que la lingüística no estaba en condiciones de proporcionar resultados interesantes en materias literarias, y retomaron estrategias menos técnicas o totalmente ajenas a la tecnicidad.
Por su parte, los lingüistas han tendido a focalizarse sobre los hechos de lengua, en detrimento de las perspectivas semiológicas, y han evitado cuidadosamente los corpus literarios, a los que juzgan demasiado alejados del funcionamiento "real" de la lengua.
Con todo, la difusión a partir de los años ochenta de la lingüística textual, de las corrientes pragmáticas y de las teorías de la enunciación lingüística ha abierto la posibilidad de una nueva alianza entre lingüística y literatura.
En un primer nivel, esas nuevas problemáticas han facilitado desarrollar métodos de análisis del texto literario mucho más eficaces que los anteriores, algunos apoyados básicamente en las teorías de la enunciación, y otros que les añaden categorías más pragmáticas, en particular articuladas sobre las nociones de género de discurso y de interacción.
Las teorías de la enunciación lingüística, en especial, permiten acceder a hechos de lengua de una gran finura (modalidades, discurso relatado, polifonía, punto de vista, temporalidad, determinación nominal, reformulaciones, conectores argumentativos...), en los que se combinan estrechamente la referencia al mundo y la inscripción del enunciador en su propio discurso.
Y la literatura juega intensamente con tales fenómenos, que un comentario estilístico tradicional no posee medios para analizar.
Podría decirse que el "grano" del objeto texto ha cambiado, como si se hubiese utilizado para inspeccionarlo un nuevo microscopio, mucho más potente, capaz de modificar nuestra escala de observación.
En cuanto a la reflexión sobre la enunciación y los géneros de discurso, esta autoriza a pasar sin solución de continuidad de una lingüística de la frase a una lingüística centrada en los dispositivos de comunicación: el texto se aborda como producto de una práctica interactiva efectuada en el marco de instituciones de palabra que legitiman su enunciación pero que deben a su vez relegitimarse continuamente.
EL ANÁLISIS DEL DISCURSO LITERARIO
El desarrollo desde los años noventa de aproximaciones fundamentadas en un análisis del discurso literario va más lejos de las citadas aportaciones de las ciencias del lenguaje.
Hablar de discurso literario equivale efectivamente a poner en movimiento cierto número de ideas-fuerza (el discurso es una forma de acción, es interactivo, está radicalmente contextualizado, regido por normas, dominado por un interdiscurso, los textos son la huella de actividades de lenguaje, de géneros de discurso inseparables de actividades no verbales, etc.), ideas que transforman las condiciones mismas en las que es posible estudiar la literatura.
Hay obras literarias no porque estas trasciendan toda interacción comunicativa (como se presupone cuando se ve en ellas la expresión de una "visión del mundo"), sino porque gestionan de manera específica, y según modos muy diversos, la interactividad esencial del discurso a través de normas compartidas.
Por ejemplo, como cualquier otra actividad de lenguaje, la enunciación literaria no escapa a la órbita del derecho.
Palabra y derecho están unidos: de dónde puede venir legítimamente la palabra, a quién pretende dirigirse, bajo qué modalidad, en qué momento, en qué lugar.
Con mayor amplitud, considerar la literatura como discurso es contestar el carácter central de ese punto de origen fijo, sin "comunicación con el exterior", por retomar una célebre fórmula del Contra Sainte-Beuve de Proust, que sería el creador.
Uno se aleja así del universo estético abierto por el romanticismo, en el cual el centro de los estudios literarios se encontraba, directa o indirectamente, en la individualidad creado-a484 ra.
Directamente, cuando se rastreaba su vida; indirectamente, cuando se exploraba el "contexto" de su creación o cuando se leía el texto como expresión de su aludida "visión del mundo".
Desde la perspectiva del análisis del discurso, al contrario, para que haya enunciación literaria no basta con poner en contacto un alma con otra: la naturaleza misma de esas "almas" varía con las instituciones de palabra históricamente definidas que las hacen posibles.
Al hablar de "discurso literario" se intenta restituir las obras a los espacios donde son producidas, gestionadas, evaluadas.
En ellos las condiciones del decir atraviesan lo dicho, y lo dicho remite a sus propias condiciones de enunciación (el estatuto del escritor asociado a su modo de posicionamiento en el campo literario, los roles vinculados a los géneros, la relación con el destinatario construida a través de la obra, los soportes materiales y los modos de circulación de los enunciados, etc.).
La consideración de la comunicación literaria y de su dispositivo de enunciación, lejos de impedir el acceso a lo que sería esencial en la literatura, aparece así como el requisito, el motor y la apuesta de la obra literaria.
No cabe concebir la obra como una manipulación de "contenidos" que permitiría "expresar" de manera más o menos indirecta ideologías o mentalidades.
En efecto, la idea de que la palabra es una actividad puede parecer banal, y sin embargo modifica los presupuestos que desde hace siglos gobiernan nuestro acercamiento a los textos.
Actividades singulares, pero también actividades como otras, las prácticas que dependen del discurso literario no son un "reflejo" más o menos confuso de una realidad independiente: participan en ese mundo que supuestamente "reflejan", el "contenido" de una obra está en realidad atravesado por el reenvío a sus condiciones de enunciación, el texto es la gestión misma de su contexto.
Por ejemplo, los trabajos sobre la literatura "galante" del siglo XVII (Denis, 1987; Viala, 1999) traen a un primer plano los ritos de una comunidad de usuarios, a la vez productores, lectores y difusores: sus textos (novelas, madrigales, retratos...) son simultáneamente la condición y el producto de esos ritos, llevados a cabo en un espacio (el salón) que está a la par dentro y fuera de la sociedad, y que es el presupuesto no menos que el único tema de todo ello.
Resulta igualmente ilusorio pensar lo que dicen las obras del siglo XIX sin ver cómo inscriben en su enunciación la institución literaria en la que participan: en las novelas de Victor Hugo los marginales Quasimodo el jorobado y Esmeralda la bohemia (Notre-Dame de Paris), o Jean Valjean (Les misérables), son a un tiempo los personajes de una historia y las figuras en las que puede inscribirse el escritor que transmite tal historia; cada una de esas figuras, por su imposible pertenencia a la sociedad, refleja la "paratopía" del escritor romántico (Maingueneau, 1993).
Los escritores producen obras, pero escritores y obras son a su vez producidos por todo un complejo de prácticas.
Nos vemos así conducidos a razonar en términos de institución discursiva y a intentar articular:
-Las instituciones de diversos órdenes que confieren sentido a las enunciaciones literarias: la estructura del campo literario, el estatuto del escritor, los géneros de texto, etc.
-El movimiento por el cual se instituye el discurso, a la vez instaurando progresivamente en su enunciado cierto mundo y legitimando el dispositivo de enunciación y el posicionamiento estético en el campo literario que hace posible ese enunciado.
Se podría decir, con mayor precisión, que toda obra posee tres planos indisociables:
-El discurso literario se presenta como una red de aparatos en la que los individuos pueden constituirse en escritores y en públicos, se estabilizan y garantizan los contratos genéricos estimados como literarios (novela, poema, comedia...), intervienen mediadores (editores, libreros, periodistas...), intérpretes y evaluadores legítimos (críticos, profeso-res...), hay cánones (que pueden adoptar la forma de manuales, de antologías...), etc.
-Se trata también de un campo, de un lugar de confrontación entre posicionamientos estéticos que explotan según su modo propio géneros e idiomas.
Tal campo no es una estructura estática, sino un juego de equilibrio inestable en el que se confrontan posicionamientos dominantes y dominados, centrales y periféricos.
No se debe sin embargo perder de vista que la idea de un campo artístico verdaderamente autónomo es cosa reciente (siglo XIX), y que está sin duda perdiendo fuerza con el auge actual de las nuevas tecnologías de la comunicación.
-Es por último un archivo, una memora interna de la literatura que, más allá del intertexto en sentido estricto, de la memoria de los textos, incluye también "leyendas", en particular las ligadas a las vidas de los escritores célebres.
La actividad creadora hunde sus raíces en esa memoria que, presa en los conflictos del campo literario, se ve sin cesar modificada por cada posicionamiento.
Así, en Francia el movimiento de los poetas de la Pléiade del siglo XIX a484 rechazó los géneros medievales y, en cambio, promocionó ciertos géneros de la antigüedad griega; al revés, el romanticismo descartó la poesía neoclásica y devolvió su valor a los géneros medievales.
Cuando por ejemplo Rimbaud expone su estética en su famosa "Carta del vidente", su exposición se confunde con un recorrido por la historia de la poesía desde la antigüedad.
Para el siglo XIX Rimbaud brinda una evaluación de la poesía francesa que toma como criterio su propio posicionamiento, resumido en la necesidad de ser "vidente":
Los primeros románticos fueron videntes sin darse demasiada cuenta de ello; el cultivo de sus almas comenzó con una serie de accidentes: locomotoras abandonadas, pero ardientes, que recorren durante un tiempo los raíles.
Lamartine es a veces vidente, pero lo estrangula la forma antigua...
Hugo, demasiado testarudo, experimenta visiones en sus últimos volúmenes: Los miserables es un verdadero poema.
Tengo a mano Los castigos: Stella da la medida aproximada de la vista de Hugo.
Demasiado Belmontet y Lamennais, demasiado Jehová y demasiadas columnas, viejas enormidades acabadas.
Musset es catorce veces más execrable para nosotros, generaciones dolientes y presas de visiones, a las que su pereza de ángel ha insultado [...].
Los segundos románticos son muy videntes: Théophile Gautier, Leconte de Lisle, Théophile de Banville.
Pero al ser inspeccionar lo invisible y escuchar lo inaudito asuntos distintos de recuperar el espíritu de las cosas muertas, Baudelaire es el primer vidente, el rey de los poetas, un verdadero Dios.
Aun así vivió en un medio demasiado "artístico", y la forma que tantos elogios recibe en él es mezquina -la invención de lo desconocido reclama formas nuevas-(Carta a Paul Demeny, 15 de mayo de 1871).
Extender de esta suerte la noción de discurso literario más allá de las solas obras otorga una legibilidad a corpus ignorados o devaluados, que constituyen de hecho la mayor parte de la producción y que no dependen de la concepción romántica del estilo, aún dominante, como expresión singular de una conciencia creadora.
La literatura medieval o galante, la poesía petrarquista, el vaudeville, la comedia-ballet de finales del siglo XVII no son legibles salvo si se evita aprehenderlos a través de categorías anacrónicas, en virtud de las cuales puede decirse que en ellos hay "demasiados clichés", que "carecen de originalidad", etc.
Es la autonomía misma de las obras literarias la que plantea problemas.
El discurso literario no es un thesaurus compuesto por algunas obras maestras surgidas de un oscuro "contexto de creación", sino una tupida red de prácticas en espacios muy diversos que deben tomarse en cuenta.
La literatura clásica implica a la vez los colegios, los salones y las academias; la literatura del siglo XIX es inseparable de la existencia de periódicos de gran tirada, de revistas literarias, de manuales de literatura nacional, etc.
EL LUGAR DEL ANÁLISIS DEL DISCURSO EN LOS ESTUDIOS LITERARIOS
Al hablar de "análisis del discurso literario" se sitúa el estudio de la literatura en una esfera que engloba a esta, la del discurso y su análisis.
Desde ese momento, dicho estudio ya no se beneficia de un régimen de extraterritorialidad: no se trata de confundir lo "profano" de las ciencias humanas y sociales con lo "sagrado" del arte, como se hace comúnmente, proyectando un universo (las ciencias humanas y sociales) sobre otro (la literatura) que le resultaría extraño, sino de explorar la densa y diversa realidad del discurso.
Ello no deja de acarrear consecuencias en el plano institucional.
En tanto la literatura es pensada como un dominio autónomo, no suelen hacerse preguntas sobre el hecho de que su estudio esté reservado a las facultades de Letras tradicionales.
A partir del instante en que se la entiende como una manifestación del discurso, tal sentimiento de evidencia se debilita.
Cabe incluso preguntarse si el estudio literario puede tenerse por una disciplina, lo cual exigiría un acuerdo previo sobre el significado de este último término.
Aun cuando no siempre resulte fácil establecer la diferencia, hay que distinguir entre las disciplinas en el sentido institucional, aquellas que son reconocidas por las prácticas escolares, y las disciplinas que estructuran la investigación.
Cada una de ellas posee su propia legitimidad.
Por ejemplo, la geografía dispone desde hace mucho tiempo de un sólido anclaje institucional en la enseñanza secundaria y universitaria, pero desde un punto de vista epistemológico su estatuto no está claro.
El alumno que cursa geografía puede interesarse tanto por las nubes y los vientos como por las importaciones y exportaciones de ordenadores, por las rocas sedimentarias o por los volcanes, por las variaciones de la demografía, por la urbanización, etc. Para introducir una coherencia mínima de conjunto, los geógrafos afirman que su objetivo es insertar la actividad humana en un paisaje.
Ahora bien, esa solución tiene más fuerza retórica que evidencia epistemológica.
Cuando un geógrafo hace de verdad investigación, se encuentra espontáneamente sometido a las normas de la so-a484 ciología urbana, de la cartografía, de la demografía, de la economía, de la geología, de la meteorología, de la vulcanología, etc.
Hay, en cambio, otro modo de agrupamiento de los investigadores, fundado no sobre la pertenencia a una misma disciplina, de investigación o institucional, sino sobre el hecho de compartir un mismo dominio empírico, un mismo "territorio": la nutrición, el discurso administrativo, los accidentes de trabajo, Internet, etc. De naturaleza pluridisciplinar, tales agrupamientos están ligados de manera más o menos directa a una demanda social.
Por lo general asocian investigadores de distintas disciplinas, quienes por lo demás no necesariamente comparten los mismos presupuestos teóricos.
¿Qué sucede entonces con el estudio de la literatura?
Como se habrá advertido, nos hemos visto obligados a usar una expresión ("el estudio de la literatura") que no es una etiqueta reconocida.
La de "crítica literaria", en boga durante los años sesenta, ha sufrido una marginalización y se la ha reenviado hacia el periodismo; "teoría literaria" parece demasiado restrictiva; "ciencia de la literatura" irrita a muchos especialistas, incluso usada en plural ("ciencias de la literatura").
A nuestro juicio, esta dificultad de orden terminológico es sintomática.
No cabe duda de que la literatura es una disciplina institucional.
Pero ¿es una disciplina definida por un interés epistemológico específico, o únicamente una asociación de investigadores de diversas disciplinas que comparten un mismo "territorio", en este caso la producción que se reconoce como literaria?
Me parece que es la segunda opción la que se corresponde con la realidad.
Aun así, el objeto mismo de los estudios literarios resulta profundamente incierto.
La incertidumbre afecta, de entrada, al tipo de textos que deben tomarse en consideración: ¿obras verdaderas o subliteratura?, ¿antiguas o contemporáneas?, ¿nacionales o europeas?...
La incertidumbre alcanza también a la extensión de ese dominio: ¿hay que incluir en él solo los textos, o debe llegarse hasta la financiación de los teatros, las técnicas de fabricación de los libros, el estatuto jurídico de los escritores, las prácticas sociales ligadas a la literatura (desde las visitas a las casas de los escritores hasta los reportajes de revistas, pasando por la enseñanza primaria y secundaria, las críticas periodísticas, las imágenes que circulan en la cultura de masas, los premios, las bibliotecas, las actividades de ocio, las adaptaciones de obras en el cine o en la televisión, las traducciones, etc.)?
En otros términos, ¿se va a tomar en cuenta el hecho literario en toda su complejidad?
¿O solamente las obras?
¿En-tre ellas, únicamente un thesaurus de obras prestigiosas?
Semejante incertidumbre corre pareja con otra concerniente a la finalidad de esos estudios: ¿se trata de interpretar algunas grandes obras?, ¿de practicar la historia cultural?, ¿de analizar los procesos creativos?...
Si el verdadero objeto del estudio de la literatura, el que la justifica, es la interpretación de un thesaurus de grandes obras, el analista ha de alejarse de consideraciones socio-históricas o psicológicas que se juzgan ajenas a lo esencial: la relación hermenéutica.
Hay que comprender que el estudioso de literatura se encuentra atrapado en una situación muy delicada.
Para ser legítimo en la institución académica, debe reivindicar las normas dominantes en materia de investigación, las normas de las ciencias humanas y sociales; no obstante, para fundar su autonomía necesita rechazar que esas mismas ciencias humanas y sociales tengan derecho a ocuparse de su objeto.
Ciertamente la mayoría de los especialistas de literatura están oficialmente organizados en "equipos", incluso en ocasiones en "laboratorios", pero la causa en cuyo nombre se reúnen, la literatura, implica la afirmación de un irredentismo que funda la legitimidad de su disciplina.
El miedo a ser anexionados por una potencia exterior une con fuerza a los miembros de la comunidad.
Así se ha visto, en las últimas décadas, a los "literatos" rechazar con éxito diversos asaltos, algunos realmente amenazadores (como el de la semiótica en los años sesenta y setenta), otros claramente menos (como la sociología del campo literario de P. Bourdieu).
En esas condiciones, el estudioso de literatura tradicional se siente impelido a desplegar modalidades de enunciación ambiguas, de suerte que confiera a sus palabras algunos atributos de las ciencias humanas y sociales sin por ello dejar de repudiar los presupuestos de estas.
Su discurso se vuelve, según las modas, narratológico, lingüístico, sociológico, psicoanalítico, etc., si bien el estudioso de literatura no se somete realmente a las constricciones de dichas disciplinas.
El empleo de un término como lectura resulta a este respecto muy significativo: muchos prefieren decir que no practican la sociología de la literatura, sino que efectúan una "lectura sociológica" de las obras.
Formulación que presenta la ventaja de invocar las garantías de la sociología sin por ello dejar de preservar el exceso que legitima la relación hermenéutica: no se trata más que de una lectura entre otras de una obra que, de todas maneras, se antoja inagotable.
Es la anterior una posición muy delicada, que hace pensar en el estudio de la religión, dividido entre los departamentos de teología, por una parte, y los de his-a484 toria de las religiones o de antropología religiosa, por otra.
Los dos tipos de departamentos se distinguen en un punto clave: la teología es asunto de creyentes y se dirige a creyentes, lo cual no sucede con una historia de las religiones o con una antropología religiosa, que se inscriben en la órbita de las ciencias humanas y sociales.
Sin embargo, al igual que en los departamentos de literatura, la enseñanza dispensada en los de teología no puede reducirse a un comentario personal de los textos autorizados, pues pretende apoyarse sobre la arqueología, la codicología, la historia, etc., aunque asignándoles un papel subalterno: para la teología, la verdad propiamente religiosa es de otro orden y, como en literatura, no sería imaginable comentar un texto cualquiera, sino solamente las obras verdaderas, el Thesaurus que funda la comunidad de los hermeneutas, un patrimonio del que se es heredero y responsable.
Se da con todo una diferencia, y no desdeñable, entre los departamentos de teología y los de literatura.
La teología debe asumir su estatuto fundamentalmente hermenéutico y afirmar con fuerza la soberanía del "sentido espiritual".
En cuanto tal, el teólogo no puede llamarse a sí mismo verdadero "investigador" sin dejar de actuar como teólogo para pasar a hacerlo como filólogo, sociólogo, etc. Por el contrario, la posición institucional del especialista en literatura lo obliga a no permitir que se vea demasiado a las claras aquello que hace su proceder irreductible a los de las ciencias humanas y sociales.
Son entonces comprensibles las reticencias de numerosos especialistas literarios ante el análisis del discurso.
Este último se les presenta como una empresa nacida de las ciencias sociales cuyo efecto es devolver hacia la comunicación ordinaria aquello que, por derecho, supera toda ordinariez y toda comunicación:
No es posible tratar del discurso literario transponiendo sin más las nociones elaboradas para otros discursos sociales: hace falta una poética (Delas, 2003, p.
Puede oponerse el discurso a la obra.
La obra no es un discurso entre otros, es un acontecimiento de escritura y de lectura y una configuración estética [...]
Desde esta perspectiva, el análisis del discurso y el del estilo no tienen los mismos propósitos ni tratan de los mismos objetos (Herschberg Pierrot, 2003, p.
La división que así se defiende entre la "poética" y el análisis del discurso legitima un cierto reparto de las tareas en el universo académico: las facultades de Letras tendrían a su cargo las obras verdaderas, y las ciencias humanas y sociales, por propensión natural, los "discursos sociales".
Hasta los años sesenta del siglo XX perduró tal distribución tácita: las facultades de Letras analizaban los textos prestigiosos, prestando particular atención al "estilo"; los departamentos de ciencias humanas o sociales, por su parte, abordaban los textos de escasa reputación, los "documentos" indignos de un tratamiento estilístico, que solo eran examinados debido a que facilitaban acceder a las realidades extralingüísticas.
Paradójicamente, las citadas reticencias de los estudiosos de literatura han encontrado cierto refuerzo en los analistas del discurso, quienes evitaban cuidadosamente los textos prestigiosos porque integrar el estudio de la literatura en la disciplina les hubiera obligado a repensar cierto número de sus presupuestos y de sus métodos.
En cambio, la estilística sí incorporaba sin vacilaciones algunos instrumentos tomados en préstamo a las corrientes enunciativas y pragmáticas, pero como lo hacía sin poner en cuestión sus gestos esenciales y los distingos institucionales que implicaban, se veía reforzada la descrita repartición excluyente del trabajo.
Ahora bien, con el tiempo, ya entrados los noventa, el desarrollo del análisis del discurso ha tenido como efecto transformar la mirada sobre esos "documentos" secundarios, que han pasado a recibir una atención comparable a la de los textos estudiados en las facultades de Letras, aunque dentro de un marco teórico y metodológico muy diferente.
Tan diferente, de hecho, que para el analista del discurso la antítesis entre los textos literarios y los documentos, entre las obras y los discursos sociales, ha perdido toda su pertinencia: el problema ya no reside en oponer obras y discursos, como si las obras no fueran también a su manera discursos "sociales", sino en levantar acta de la diversidad de los discursos en una sociedad dada.
P. Bourdieu no cejó en denunciar la relación "ilusoria" e interesada que mantendrían los especialistas de literatura con las obras, contraponiéndole el "verdadero" saber del sociólogo, capaz de objetivar su propia práctica.
El problema es que, a fuerza de querer disipar esta relación relación ilusoria, se acaba recusando incluso el estatuto de la literatura en la sociedad.
Si cabe reprochar algo a los estudiosos tradicionales de literatura es el pretender acumular los privilegios del hombre de ciencia y los del hermeneuta, pero no el acogerse a un marco hermenéutico.
El universitario de letras debe legitimarse como investigador; ahora bien, ha recibido asimismo el mandato, por parte de la sociedad, de contribuir a la gestión de un patrimonio, de a484 garantizar la memoria y los valores colectivos.
Lo quiera o no, forma parte de la vida cultural y de la enseñanza.
De nada sirve entonces imaginar que, por medio de una conversión súbita, los estudiosos de literatura se pasan al campo de las ciencias humanas y sociales.
Si la literatura como disciplina universitaria ha rechazado constantemente hacerlo, y ya desde finales del siglo XIX (por ejemplo, inventando una "historia literaria" que no es ni historia, ni sociología, ni psicología...), es porque sus especialistas se juegan en ello su estatuto y su identidad, y los de la misma literatura en la sociedad.
El marco hermenéutico dentro del cual se inscribe el estudio de la literatura es una dimensión constitutiva del hecho literario, que debe ser pensada como tal.
Y esto exige intentar comprender a la vez la necesidad y los límites de ese extraño e imposible saber que es el estudio de la literatura, en cuyo ámbito los "investigadores" y las "disciplinas" han de llevar comillas.
El analista del discurso se ve así obligado a aceptar la escisión de los estudios literarios en dos paradigmas: uno que depende de las ciencias humanas y sociales, y otro de una hermenéutica de las obras.
Su divergencia puede ser puesta de relieve a través de algunos puntos significativos (Tabla 1).
La dedicación privilegiada de la gran mayoría de los especialistas de literatura a un autor o a un siglo, más que a una teoría o a un método como en las ciencias sociales, proviene del hecho de que la actividad del estudioso literario se alimenta de una forma de amor.
Cabe pensar aquí en el distingo entre gramático y lingüista.
Si el "gramático" es el que se entrega al estudio de una única lengua, la suya, objeto de toda su pasión, su empresa se confunde con el desvelamiento de las bellezas de esta.
Del mismo modo, el genuino estudioso de literatura establece un vínculo esencial con su parte del thesaurus, aquella que ama, mientras que el objeto del lingüista es el lenguaje, y no tal o cual lengua, siendo el objeto del análisis del discurso el discurso en toda su diversidad.
Los defensores de las aproximaciones discursivas a la literatura no pueden sin embargo ignorar que llevan a cabo una empresa de segundo nivel.
En efecto, las aproximaciones dependientes del paradigma hermenéutico se sitúan como una prolongación de la relación espontánea con las obras, la relación que prevalece en la "vida cultural"; en cambio, las discursivas son ascéticas, y van contra las representaciones y las prácticas ingenuas de los usuarios de literatura.
La irrupción de estas problemáticas de orden discursivo es el resultado de una reconfiguración general del saber, y no solamente de una rectificación local de la frontera en el seno de las facultades de Letras.
Todo el asunto se cifra en sopesar si el estudio de los fenómenos que hoy se agrupan comúnmente bajo la etiqueta de "literatura" ha de ser exclusivamente literario, condenando todas las demás posibilidades a verse tildadas Corpus definido en función del objetivo de la investigación: puede incluir paraliteratura, géneros conexos (comentarios, manuales, etc.) y textos que emanan de otros muchos tipos de discurso (político, jurídico, etc.).
Focalización sobre la unicidad de cada obra y de su comentarista.
Focalización sobre las invariantes del discurso literario, y estudio de las condiciones de posibilidad de la unicidad de las obras.
Producción de nuevas interpretaciones sobre un fondo de inagotabilidad del sentido de las obras.
Estudio de las condiciones de la interpretabilidad de los textos en un momento y en un lugar dados.
Especialistas distribuidos por lo general en comunidades definidas en función del interés por un autor o un período.
Comunidades de especialistas que comparten cierto número de conceptos y de métodos.
Para el análisis del discurso está claro que no, y que el estudioso tradicional de literatura debe renunciar a apropiarse el hecho literario, del mismo modo en que el teólogo se ha visto obligado a renunciar a apropiarse el hecho religioso.
Original en francés traducido por Manuel González de Ávila. |
El trabajo de la ciencia con las imágenes nos muestra procedimientos que se alejan, por un lado, de los rigores del estricto método científico, y que crean, por el otro, innumerables paradojas, cuya intensidad se acrecienta a medida que aumenta la complejidad del objeto estudiado.
A las operaciones simbólicas y retóricas configuradoras de las imágenes científicas, la mayoría de carácter tecnológico, se añaden los procesos de visualización que ponen en escena, en muy diversos niveles, las relaciones fundamentales de aquellas.
Los nuevos estudios sobre la representación científica hablan de imágenes cargadas de teoría que se acercan a la eventualidad de una ciencia poética, cuyo camino habría sido abandonado a partir del siglo XVII, cuando la ciencia moderna provoca la separación epistémica entre lo real y la realidad.
El caso de Foucault nos ayuda a situar, pues, la cuestión de la imagen científica en el lugar adecuado, ya que parece que con el proceso de desnarrativización del que habla Jay se desvanece también la imagen en sí misma, aquella que es capaz de organizar visualmente el "ver".
Y eso ocurre justo para dejar el camino libre a la ciencia moderna, la cual ha estado relacionada, sin embargo, con las imágenes desde un principio, si bien de manera bastante ambigua.
Se pregunta Deleuze si las ideas sobre el "ver" de Foucault implican "una concepción suya sobre la pintura, una concepción en la que la luz es condición de la pintura, condición del acto de pintar" (2013, p.
Y su respuesta es que habrá que preguntárselo al autor.
Pero el autor no responde en el sentido en que a nosotros nos interesa, que tiene que ver más con la fenomenología de la imagen que con las "condiciones de los comportamientos históricos y de las mentalidades históricas" (2013, p.
En todo caso, se trata de señalar el camino para poder detectar en las propias imágenes el rastro de esas condiciones.
O, para decirlo llanamente, se trata de poner a Foucault cabeza abajo.
¿Se pueden pensar las imágenes como una historia del ver?
Efectivamente, es posible hacerlo, pero solo si incluimos en esta historia las imágenes científicas, que apenas si están presentes en la historia del arte, a no ser de manera indirecta.
Hasta ahora, la imagen había configurado una historia de la representación, un régimen que en el siglo XVII vino a sustituir al de la semejanza, tal como lo expuso Foucault.
Pero la imagen científica nos sitúa ahora más allá de la representación, nos conduce al ámbito de la presentación.
Aun cuando las imágenes entendidas como representación nos informan principalmente de la mirada del autor, hay inscrita en ellas no solo esa mirada social de la que trata Foucault, sino también la mirada individual del espectador de las mismas, que mira a través de la configuración visual.
Ver es poner en contacto el mundo con la imaginación por medio de un proceso simbolizador.
Este proceso, que se proyecta tanto sobre el mundo como sobre la imaginación, se hace por medio de la imagen, de estructuras visuales, de lo que la imagen organiza, así como de la propia organización de la imagen.
En una posible historia del ver, establecida según estos parámetros generales, la imagen científica es crucial, porque se desarrolla en las trincheras de la epistemología, allí donde se libran crudamente aquellas batallas que luego el resto de las imágenes representan.
A la prototípica ambigüedad epistemológica de la imagen científica se le añade una ambigüedad genérica no menos importante.
¿Cuál es el campo que abarca la imagen científica?
¿Hablamos solo de las imágenes experimentales, que supuestamente reproducen la realidad, aunque sea a través de ins-a485 trumentos tecnológicos? ¿o incluimos asimismo las descripciones visuales, que tan gran importancia tuvieron en los inicios de la ciencia moderna?
¿Nos deben interesar también los modelos y los experimentos mentales, de los que tantos ejemplos hay en la historia de la ciencia, desde la manzana de Newton hasta los ascensores y los trenes de Einstein o el gato de Schrödinger?
¿Qué papel desempeñan los diagramas, como los que proponía Feynman, o la visualización de los datos que ahora se ha dado en llamar big data?
En resumidas cuentas, ¿dónde se encuentran exactamente los límites de la imagen científica?
Recordemos que escritores como Zola pretendían escribir novelas experimentales y que, para George Eliot, su obra era un conjunto de experimentos sobre la vida, en la estela ambos de las ideas del fisiólogo Claude Bernard en su Introducción al estudio de la medicina experimental.
Por otro lado, ¿dónde situar las imágenes que provienen de la divulgación científica? ¿y en qué punto empieza y termina exactamente esta?
¿No existe una correlación muy estricta entre las visualizaciones que se producen, por ejemplo, en el terreno de la ciencia-ficción, tanto literaria como cinematográfica, y las ideas científicas de una época?
Son demasiadas preguntas como para intentar responderlas en un artículo.
Trataré simplemente de exponer los distintos aspectos del problema de la relación entre la imagen, la realidad y el conocimiento a través de un paseo por el bosque que configuran las imágenes científicas, que son las mejor situadas para dilucidarlo.
Para hablar de un objeto tan misterioso, o quizá podríamos decir tan complejo, como la imagen científica, vale la pena empezar por una idea, no menos enigmática, que Barthes expresa en su conocido estudio sobre la fotografía.
Esta idea la desarrolla el autor por medio de tres movimientos conceptuales.
En el primero relaciona la foto con el referente, poniendo de relieve la condición táctil del fenómeno: "La foto es literalmente una emanación del referente.
De un cuerpo real, que se encontraba allí, han salido unas radiaciones que vienen a impresionarme a mí, que me encuentro aquí" (Barthes, 1997, p.
Esta sensorialidad se produce por medio de un recorrido espacial (allí, aquí) cuya textura es sin embargo temporal, puesto que la distancia que separa el allí del aquí implica sobre todo un desplazamiento en el tiempo al que Barthes no parece atender demasiado: "Importa poco -añade-el tiempo que dura la transmisión" (1997, p.
Lo cierto es que la relevancia de esta duración, cuya tesis supone el segundo movimiento conceptual de la idea de Barthes, es bastante mayor que la que le concede el filósofo.
Una fotografía conserva su vigencia porque proviene del pasado.
Tal temporalidad acarreada le otorga una eficacia perenne.
Se trata de un aliento que se resiste a desaparecer y que sirve de antídoto a una previsible desactivación de la foto, ocasionada precisamente por el paso del tiempo, cuyo transcurso debería convertirla en obsoleta como a cualquier otro objeto sujeto al régimen de la modernidad.
Sin embargo, las fotografías parecen escapar a dicho imperativo, y cada vez que contemplamos una de ellas, por antigua que sea, se activa el dispositivo espacio-temporal que une el allí de entonces con el aquí de ahora; se pone en marcha una especie de máquina del tiempo que permite que me llegue una emanación, que me alcancen unas radiaciones cuyo impulso se inició antaño.
Es el anterior un envite que quedó recogido en la imagen fotográfica de la misma forma en que el potencial de una planta hiberna en sus semillas.
Es ahora, al mirar la fotografía, cuando los elementos dormidos despiertan y me alcanzan.
Finalmente, he aquí el tercer movimiento, quizá el más trascendental puesto que amplía drásticamente el concepto de lo fotográfico: "La foto del ser desaparecido viene a impresionarme al igual que los rayos diferidos de una estrella.
Una especie de cordón umbilical une el cuerpo de la cosa fotografiada a mi mirada: la luz, aunque impalpable, es aquí un medio carnal, una piel que comparto con aquel o aquella que han sido fotografiados" (Barthes, 1997, p.
Barthes pone así los cimientos de una potente mitología que sin duda incomodaría a la ciencia, si esta accediera a pensar en la línea en que lo hace el filósofo.
Sin embargo, la apuesta ya está hecha y resulta difícil rechazarla.
Lo más relevante de la misma reside en la comparación que Barthes realiza entre una foto y "los rayos diferidos de una estrella".
Esta apelación a la astronomía sitúa el problema donde le corresponde a un medio técnico como el fotográfico y, a la vez, obliga a darle la vuelta a la metáfora de Barthes, de manera que en lugar de hacer como él y comparar la fotografía con una estrella hemos de pasar a comparar una estrella con la fotografía.
LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA
Contemplo la fotografía de la galaxia de Andrómeda, un cuerpo celeste situado a dos millones y medio de años luz de nuestro planeta, y me pregunto si estoy realmente viendo esa galaxia, aunque sea a a485 través de una imagen de la misma.
Se diría que sí, puesto que la técnica fotográfica posee la virtud de reproducir aquello que tiene ante el objetivo.
Pero me asalta la duda de pensar si realmente la galaxia ha estado alguna vez delante del objetivo de la cámara que captó esa fotografía que yo estoy viendo.
Lo cierto es que si dejo a un lado la foto y miro directamente al cielo estrellado, la citada galaxia apenas aparecerá como un punto de luz no muy distinto del de otras estrellas más o menos brillantes que hay a su alrededor.
Para obtener la fotografía de la galaxia que estoy contemplando, y en la que esta figura en todo su esplendor como si se hallara literalmente al alcance de la mano, el objetivo de la cámara, que siguiendo a McLuhan podría considerarse una extensión del ojo, ha tenido que ser acoplado a un telescopio, que es algo más que un remedo de la vista.
Lo que contemplo, pues, en la fotografía es aquello que Flusser denominaba una imagen técnica, que me ofrece una vista muy peculiar de la galaxia: este tipo de imágenes han sido confeccionadas por aparatos diseñados de acuerdo con determinadas teorías, y son por lo tanto, dice Flusser remedando a Platón, imágenes de tercer grado: "Provienen de textos que provienen de imágenes tradicionales que a su vez provienen del mundo concreto" (Flusser, 2006, p.
Puedo decir, consecuentemente, que al contemplar la imagen de la galaxia estoy viendo ese cuerpo celeste según determinada concepción del mundo o, como afirma el propio Flusser de manera más drástica, "en el caso de las imágenes técnicas, nos encontramos frente a productos indirectos de los textos científicos" (2006, p.
Esto que está expresado de forma tan sencilla por Flusser no solo determina la condición de las imágenes técnicas, sino también la de las imágenes científicas en general, incluso si ambas no son exactamente lo mismo.
No todas las imágenes técnicas son científicas, ni todas las científicas son estrictamente técnicas.
En el campo del arte, por ejemplo, se producen actualmente innumerables imágenes técnicas que, sin embargo, no pueden considerarse científicas, y la ciencia promueve muchas imágenes, como los diagramas o los dibujos, que no son técnicas en un sentido estricto, es decir, engendradas por un aparato, aunque expresen una teoría, y por lo tanto sean equiparables en ello a las imágenes técnicas.
En realidad, cualquier imagen tiene como fundamento una concepción del mundo y expresa, más concretamente, alguna teoría sobre la visión y la representación, como sucede, por ejemplo, con las relaciones entre la pintura y la técnica de la perspectiva.
Pero la diferencia con las imágenes científicas reside en que estas, además de esos otros sustratos, que en ellas se sitúan en un segundo término, visualizan, explícita y directamente, determinada teoría, algo que las imágenes técnicas hacen de manera automática.
Existe, pues, un subconsciente de las imágenes científicas que organiza las estructuras fundamentales desde las que se despliega el trabajo teórico formulado a su vez mediante la función expresa de la imagen.
En las imágenes técnicas tal subconsciente está materializado por la propia tecnología.
Podría decirse que, al manejar un aparato, llevamos el inconsciente social a cuestas, una parte del imaginario convertido en ingeniería.
En las imágenes científicas que no son técnicas, el peso de ese inconsciente puede ser igualmente importante, puesto que las mentalidades las forman también los aparatos no solo por su uso, sino por la estructura epistemológica que despliegan.
La imagen científica no se distingue demasiado de la imagen artística, excepto porque en aquella la voluntad de referirse al mundo real manifiesta un factor activo que contrasta con la actitud pasiva de esta última.
¿Cabría decir, en líneas generales, que la imagen artística representa, mientras que la científica, incluida la imagen técnica, visualiza?
La diferencia podría establecerse entre un procedimiento metafórico y otro alegórico.
La representación artística implica una transformación formal del referente, mientras que por medio de la visualización científica los referentes se muestran o bien de modo pretendidamente literal o por medio de relaciones, y en ninguno de los dos casos la transformación formal tiene en sí misma relevancia.
La transformación metafórica que una taza y un plato experimentan, por ejemplo, en un cuadro de Zurbarán reside estrictamente en la forma, mientras que en el modelo atómico de Niels Bohr, que muestra el átomo como un pequeño sistema planetario, las características formales a través de las que se representan los electrones o el sistema no son inmediatamente relevantes.
Poco importa si los electrones son de color amarillo o rojo, o si las órbitas tienen un mayor o menor grosor.
La trascendencia reside en la estructura del modelo, la cual resulta como si estuviera situada más allá del mundo físico.
En palabras de Heisenberg, acérrimo detractor de la visualización en la física, "el movimiento de los electrones no puede describirse en términos de los tradicionales conceptos de espacio y tiempo" (Miller, 1987, p.
142), una afirmación de mucho mayor calado de lo que en un principio parecería.
Podemos decir, pues, que tanto la imagen de los electrones a modo de pequeños planetas como su comportamiento circular son un vehículo visual para expresar lo que se antoja inexpresable en ese nivel.
Tal proceso de hacer inteligible algo que en principio se considera invisible se realiza de dos maneras posibles: recurriendo a la metáfora o a la alegoría.
Si damos forma, a través de parámetros físicos conocidos, a estructuras que consideramos inconcebibles de otra manera, estamos utilizando la metáfora.
Por el contrario, si recurrimos a las matemáticas sin más, tenderemos la alegoría, a pesar de que la tradición científica insista, desde Galileo, en que no se está expresando matemáticamente el mundo, sino exponiendo las matemáticas de las que está hecho el mundo.
Si esto fuera así, nos encontraríamos ante una genuina alegoría platónica por la que el mundo real visible representa las verdaderas ideas matemáticas, y no a la inversa. a485 modo de resumen descriptivo, supuestamente neutral, del trabajo científico, técnico o médico que es objeto del análisis, sino como conceptos inestables: ¿es con una representación con lo que estamos tratando?
¿Aquello con lo que estamos tratando nos lleva a extender, o expandir, o a repensar lo que queremos decir con este término?
¿Podríamos, por ejemplo, siguiendo la provocativa sugerencia de Rheinberger, concebir la "actividad de la representación científica [...] como un proceso sin referente y sin origen"?
Se diría que considerar la imagen científica como un proceso sin referente ni origen la situaría en el ámbito del simulacro, al modo de Baudrillard.
Si pensamos en el uso de los modelos en la ciencia y los relacionamos con los modelos mentales que subyacen en su dramaturgia, veremos que la falta de una referencialidad estricta no es demasiado extraña.
Sin embargo, Rheinberger parece concebir la actividad científica como un proceso, es decir no en cuanto producto terminado, imagen fija o modelo estático, sino en tanto que transcurso, cuya característica fundamental es el movimiento.
Aquí nos encontramos inmersos, de pronto, en otro paradigma que se superpone fácilmente al más tradicional.
A pesar de que llevamos más de un siglo con imágenes en movimiento, aún pensamos esencialmente a través de imágenes fijas.
Sucede así porque propendemos a valorar en mayor medida las esencias que los acontecimientos.
Es por ello también por lo que el científico tiende a desconfiar de los fenómenos.
Sin embargo el movimiento resulta esencial para el conocimiento, puesto que es la mejor manera no solo de expresar el pensamiento a través de las formas audiovisuales, sino también de reflexionar por medio de tales formas.
En ese sentido, el proceso científico sería equiparable a la forma ensayo, especialmente al ensayo audiovisual.
Pero si bien esto podría explicar muchas cosas, seguramente no sería del agrado no tanto de los propios científicos como de aquellos que defienden a ultranza un método científico del cual hay muchas razones para dudar que sea como su visión idealista lleva a creer.
Recordemos, de pasada, la conocida polémica de Alan Sokal que, en el ámbito de la denominada "guerra de las ciencias", iba encaminada a desprestigiar a autores posestructuralistas como Foucault o Lacan, entre muchos otros, por utilizar metafóricamente conceptos científicos de una manera no muy distinta a como vemos que los emplean los propios científicos cuando se apoyan en las imágenes.
Sokal y compañía personifican el repliegue de las ciencias sobre sí mismas, frente a la expansión de la cultura científica hacia una tercera cultura que combine las mentalidades científica y humanista, no como una suma ponderada de las dos, sino como una hibridación de ambas que dé paso a una nueva mentalidad.
Esa nueva razón se adecuará además a la necesaria mitología que ya desarrollan las actividades divulgadoras, pero ahora en cuanto a un proceder tan esencial para la futura ciencia humanista, la tercera cultura, como lo son las imágenes científicas para la tecnociencia actual.
Entre las diversas mediaciones que ha experimentado la imagen de la galaxia de Andrómeda antes de llegar a mis manos no es la menor el hecho de que ha sido convenientemente coloreada, a través de una serie de procesos que nos reafirman en la convicción de que el color aplicado no es en este caso metafórico, sino alegórico.
Precisamente fue Galileo uno de los primeros en manifestar su desconfianza ante ciertas propiedades de los objetos físicos que, como los colores, dependen del sujeto o, según especificaba el propio Galileo, del cuerpo.
En su famoso Il Saggiatore de 1623 "dejaba claro por qué las imágenes nunca iban a ser útiles, como tampoco lo sería ninguna descripción que dependiera de los sentidos, todos ellos excesivamente subjetivos.
Solo aquellas cualidades que se basan en las propiedades objetivas y matemáticamente caracterizables de masa, espacio, extensión y número pueden ayudar a definir lo que es esencial en las cosas de la naturaleza" (Freedberg, 2002, p.
Sin embargo, como nos informa Janet Vertesi, la coloración de las imágenes técnicas se ha convertido en una práctica habitual de lo que podríamos denominar post-observación.
Así, las imágenes digitales del planeta Marte suministradas por las sondas espaciales allí enviadas "se transforman en gráficos y luego en colores falsos (false colors) [...] con el fin de desvelar fenómenos que de otra forma serían invisibles, cambiando entonces una observación en visión colectiva que, finalmente, concluya en un descubrimiento adjudicable a la misión" (Vertesi, 2014, p.
Este tipo de prácticas de visualización científica se engloban bajo el concepto de "dibujar como": "La representación en la práctica científica es siempre una cuestión de dibujar un objeto natural como un objeto analítico" (Vertesi, 2014, p.
Es significativo que, al cabo del camino, la imagen científica recupere, en el marco de la imagen digital, prácticas como el dibujo, que co-a485 rresponden a las más antiguas formas de la imagen científica.
El concepto de dibujar vale aquí tanto para las primeras imágenes científicas que trataban de reproducir fidedignamente el mundo natural como para las imágenes digitales de la actualidad, en las que la manipulación de la imagen se realiza para "poder ver cosas nuevas" o para "hacer que un elemento escondido aparezca" (2014, p.
Existe una diferencia, sin embargo: los procesos de coloración empleados por los dibujantes y pintores de los orígenes de la observación científica eran claramente metafóricos, puesto que tenían un valor eminentemente estético a pesar de su voluntad descriptiva, convenientemente criticada en muchos casos desde la perspectiva de una estricta visión científica, mientras que ahora las coloraciones son alegóricas, ya que responden a lo que se denomina "observaciones cargadas de teoría" (Vertesi, 2014, p.
Son colores que expresan ideas sobre, por ejemplo, la composición del suelo.
Cuenta el periodista David Fauquemberg que, durante su recorrido por la llamada "Bible Belt" de los Estados Unidos, vio en una iglesia baptista de Tennessee el siguiente letrero: "Vision is the art of seeing invisible things" (la visión es el arte de ver cosas invisibles) (Sonda, 2010, p.
Atendiendo a Sonda, los científicos tienen ante la visualización la misma actitud que los religiosos: ambos consideran los dispositivos visuales como un medio de demostrar la verdad.
Sin embargo, la verdad no se demuestra solo señalándola, como parece querer hacer la imagen científica, sino a través de una determinada argumentación retórica.
Latour afirma que "las ciencias no hablan del mundo sino que más bien construyen representaciones que parecen alejarlo siempre, aunque también lo aproximan hasta un primer plano" (2010, p.
Estos procesos combinados de alejamiento y acercamiento ponen de manifiesto formas reflexivas que corroboran el carácter de simulacro de la imagen científica, es decir de construcción hermenéutica.
Las cosas invisibles se harían así visibles mediante una puesta en visión que implica un proceso reflexivo.
La pregunta que podríamos hacernos ahora, si siguiéramos una vieja costumbre que hoy ha quedado prácticamente obsoleta, sería cuál es la verdadera imagen de la galaxia de la que estamos hablando.
Es más, cabría cuestionar si existe una verdadera imagen de la misma.
Una cosa es lo que veo con el ojo desnudo y otra lo que aparece si miro a través de un instrumento óptico, y otra más lo que se muestra en la fotografía.
La imagen que hay en esta es algo que nun-ca podría ser visto directamente, aun cuando lográramos viajar lo suficientemente lejos para acercarnos a los alrededores de la galaxia, de manera que pareciera que esta se halla al alcance de la mano.
Si tal aproximación fuese posible, el objeto dejaría de asemejarse a un todo homogéneo de forma espiral, puesto que se disolvería en el conjunto de elementos que lo componen, igual que sucede con la vía láctea, nuestra galaxia particular.
Me estoy refiriendo obviamente a una región de la realidad que tiene que ver con la visión humana, pero hace tiempo que la ciencia ha descartado ese ámbito, ha dejado de considerarlo primordial.
Según Freedberg, fue en el siglo XVII cuando empezó el declive de las imágenes tradicionales en la ciencia y se inició la era de los diagramas: "La descripción gráfica de la superficie de las cosas no mostraba los principios del orden; estos solo podían ser alcanzados penetrando por debajo de la superficie, contando y reduciendo la globalidad de la descripción visual a sus esenciales abstracciones geométricas" (2002, p.
En el campo de los modelos científicos, la pregunta de cómo se relacionan estos con el mundo ha recibido numerosas y contradictorias respuestas.
Desde la denominada visión sintáctica, "según la cual los problemas de la representación científica son contemplados como un caso especial de un problema más general: la relación del lenguaje con la realidad" (Frigg y Hunter, 2010, p. xvii), hasta la visión semántica, que contempla las teorías científicas como "una colección de modelos más que de frases, en la que los modelos están construidos como entidades no lingüísticas", la representación científica deja de lado el mundo visible para concentrarse en la forma de los propios modelos: "Las estructuras así entendidas no son en sí mismas 'sobre' nada del mundo" (2010, p. xviii).
Es por ello por lo que Ronald Giere puede pretender que los modelos resultan como objetos idealizados.
Peter Galison analiza las teorías a propósito de la física de partículas desarrolladas en el siglo XX como una lucha entre dos tradiciones enfrentadas: "De un lado se encuentra la 'tradición de la imagen', o esas teorías e instrumentos experimentales diseñados para producir representaciones que son 'presentadas y defendidas' en tanto miméticas: pretenden preservar la forma de las cosas tal como ocurren en el mundo.
Mientras, la tradición opuesta,'lógica', se organiza alrededor de teorías e instrumentos ingeniados para producir datos estadísticos, constituyendo lo que Galison denomina 'representación homóloga'" (Frigg y Hunter, 2010, p. xxiv).
a485 Pero, como indican Frigg y Hunter, "ni la visión fuertemente mimética ni la rigurosa visión convencionalista pueden dar cuenta satisfactoriamente del complejo y variopinto campo de las representaciones científicas estudiadas actualmente por los filósofos de la ciencia" (2010, p. xx).
En ninguno de los casos citados se da importancia al mundo humano, aquel en el que vivimos, reemplazado por una estructura operativa del mismo, que en el caso de que sea convencional se aleja excesivamente del sentido común, y que si es mimética restringe en exceso los límites de este sentido.
De ahí precisamente que algunos científicos como Heisenberg rechazaran la tradición visualista, si bien lo hicieron para caer en la más pura abstracción, en un territorio controlable pero que es terreno de nadie.
LÍMITES DE LO VISIBLE
El fenómeno de la contemplación de la fotografía de la galaxia de Andrómeda aún presenta algunas asperezas que deben ser limadas antes de seguir adelante.
Se trata de lo referido al tiempo y la luz, aquello que constituye la base de la mitología de Barthes antes mencionada.
Siguiendo a Barthes la fotografía constata que lo que vemos "ha sido", ha estado allí alguna vez.
¿Podemos decir lo mismo de la galaxia, en el sentido histórico que el teórico le confiere a esa distancia que la fotografía mantiene con sus espectadores?
Para él, "la historia es histérica: solo se constituye si se la mira, y para mirarla es necesario estar excluido de ella" (1997, p.
Esta afirmación nos recuerda la idea de Latour respecto de las representaciones científicas, la cuales, según el autor, alejan a la vez que acercan.
¿Es la galaxia historia de hace dos millones y medio de años?
En todo caso, no lo es en el sentido que le atribuye Barthes a la historia transmitida por la fotografía, puesto que en ella la imagen deja constancia de algo que ha sido, pero que ya no es.
La imagen del pasado llega aquí a través de un proceso de hibernación para despertar ante nosotros, pero la idea que tenemos del universo nos indica que la galaxia está allí, sigue estando allí, ahora, cuando nos alcanza la luz que inició su camino hace dos millones y medio de años.
Hay una escena en la excelente película de Robert Zemeckis Contacto (1997) que visualiza una inusitada percepción del cosmos capaz de incidir directamente en esta paradójica composición que estamos planteando.
El personaje interpretado por Jodie Foster arriba al final de un incierto viaje cósmico para el que se ha estado preparando durante mucho tiempo, desciende del vehículo que lo ha transportado y se enfrenta a un paisaje desconocido en cuyo cielo apa-recen enormes objetos, entre ellos una galaxia espiral que da la impresión de estar tan cercana como la que nos puede mostrar una fotografía astronómica.
Foster levanta la mano para protegerse los ojos de la intensa luminosidad que arroja el conglomerado de estrellas y desapercibidamente roza lo que semeja una superficie líquida que se halla sobre su cabeza y sobre la que se proyecta la espectacular imagen de la galaxia entre otros resplandecientes astros.
Se dan a ver aquí, en este planteamiento ficticio, dos teorías aparentemente contrapuestas: la mitología fotográfica de Barthes, según la cual la imagen fotográfica establece la continuidad de una piel que conecta el presente con el pasado, y las últimas ideas sobre la posibilidad de que nuestro universo sea un holograma.
Siguiendo esta hipótesis, desplegada en el número de diciembre de 2013 de la revista Nature, "el universo podría consistir en una gran proyección, de modo que las tres dimensiones que percibimos estarían realmente 'pintadas' sobre el horizonte cosmológico, los límites del universo conocido".
Comentando las ideas del físico David Bohm, Michael Talbot indica que este "iba paulatinamente desarrollando una imagen de la realidad en la que las partículas subatómicas no estaban separadas unas de otras y se movían a través de un vacío espacial, sino que en su concepción todas las cosas formaban parte de una red global y se hallaban embebidas en un espacio que era tan real y se encontraba tan lleno de procesos como la materia que se movía en su seno" (Talbot, 1992, p.
Hemos llegado a un punto en el que la divulgación científica, que proyecta sobre el mundo visible la elaboración imaginaria extraída por el propio científico de sus teorías abstractas, confluye con la ficción, especialmente con la denominada ficción científica, y muy concretamente con la cinematográfica.
La divulgación, gracias a las ilustraciones y a otros medios didácticos, se encarga de extrapolar las ideas científicas al mundo visible, amoldándolo a las regulaciones de las mismas para que, a través de sus procesos de visualización, las teorías puedan ser culturalmente comprendidas.
Cuando se insta a que la ciencia forme parte de la cultura general se está abogando por este tipo de operaciones, cuyo valor, sin embargo, se halla siempre bajo sospecha desde la perspectiva de la propia cultura científica.
Afirma Moser, hablando de cómo las ideas son visualmente representadas en la arqueología, que "es en las ilustraciones donde se plantean los argumentos acerca de lo que constituye la humanidad [...]
La razón de mostrar ilustraciones es hacer que un argumento sea más visible y así más creíble" (Moser, 1996, pp. 185-187).
Por su parte, la ficción establece hipótesis, a veces fantasiosas, otras mejor fundamentadas, a partir del clima cultural creado por la ciencia.
Desde Julio Verne a Steven Spielberg, quien para realizar su película Minority Report (2002) convocó a numerosos científicos con el fin de que le informaran sobre las perspectivas del cambio social en un futuro próximo, la ficción especula sobre el desarrollo posible de lo científicamente conocido.
En ocasiones la figura del científico, la del divulgador y la del autor de ciencia-ficción coinciden, de manera que las tres funciones se entremezclan y dan como resultado operaciones híbridas en las que las fronteras entre los niveles epistemológicos no están muy claras.
Un caso notable es el del astrónomo Fred Hoyle aunque, desde una perspectiva menos clásica, destaca por sus heterodoxos planteamientos el matemático Vernor Vige, ganador del prestigioso premio Hugo de novela de ciencia-ficción, quien desarrolla la teoría de la singularidad tecnológica de acuerdo con la cual esta singularidad pone en entredicho la misma cuestión de ver "de la misma manera que lo hace un agujero negro, ya que ambos son puntos de ceguera donde el aparato conceptual humano -dependiendo, por lo menos metafóricamente, de la luz, la vista y la visión-no puede penetrar" (Milburn, 2008, p.
He aquí una muestra de lo efectiva que puede ser la novela a la hora de ampliar el argumento de los planteamientos científicos.
Todo ello conforma la mitología de la que hablaba antes y que es la que, en última instancia, construye la visión humana del mundo en que vivimos.
Los poderosos efectos especiales del cine actual coinciden, en su proceder y muchas veces en su iconografía, tanto con las manipulaciones científicas de las imágenes que nos llegan del sistema solar a través de las sondas espaciales -compárense las imágenes de los planetas de una gran superproducción fílmica de ciencia-ficción y las que suministra la NASA-como con las visualizaciones de objetos o procesos más imaginables que visibles, como ocurre, por ejemplo, con las procedentes de la nanotecnología.
Existe una red indetectada que conecta la investigación científica, la divulgación y la ficción, por la que circula y a través de la que se forma el verdadero conocimiento no especializado, aquel que da significado al mundo.
LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER
Sabemos que la concepción científica de la realidad cósmica se basa en un postulado muy simple, instaurado por Einstein hace ahora poco más de un siglo: el he-cho de que la luz viaja a trescientos mil kilómetros por segundo y de que esta velocidad es constante e insuperable.
Si algún día se demostrara que tal pretensión es incorrecta, al igual que tantas veces ha sucedido en el pasado con otras leyes consideradas absolutas, la arquitectura del cosmos tal como lo concebimos se desplomaría cual castillo de naipes.
Se pondría de manifiesto entonces la fábrica barroca del cosmos actual, que ya se revela en conceptos como las supercuerdas, las branas, los agujeros negros o los universos paralelos, pero cuya estructura sigue siendo visualmente concebida de acuerdo con el neoclásico universo newtoniano.
El cine de ciencia-ficción actual, denominado posmoderno, se ha encargado de manifestar parejo barroquismo por medio del planteamiento de realidades múltiples, de paradojas temporales o de paisajes que combinan lo objetivo y lo subjetivo.
Un ejemplo de especial relevancia es el filme de Christopher Nolan Interestelar (2014), donde se barajan ideas y consecuencias de la nueva cosmología y de la mecánica cuántica de manera emocionalmente asimilable.
La fotografía del cosmos presenta diferencias y similitudes con la fotografía cotidiana.
Esta, indica Barthes según hemos comprobado, establece un cordón umbilical con el pasado por medio de la luz, que actúa, dice el filósofo, como una piel compartida con el lejano referente.
El pasado no existe, es historia que se activa en el presente, precisamente porque alguien lo contempla.
La luz no nos llega como la de una estrella, a través de un espacio inimaginable pero supuestamente real, sino que ha sido almacenada en la fotografía que ahora se encarga de reactivarla para nosotros, después de una elipsis indeterminada.
La fotografía se halla, pues, entre el pasado y el presente, es una interfaz entre los dos mundos.
Ahora bien, si es capaz de comunicarlos uno con otro, ello de debe a que ha estado viajando hacia nosotros desde el momento en que fue hecha.
En este último sentido, la fotografía sí resulta, en efecto, como la luz de una estrella: es una estrella.
Con una salvedad, la de que la estrella sigue supuestamente emitiendo luz, y de que por lo tanto el cordón umbilical lumínico del que hablaba metafóricamente Barthes se hace realidad: hay un haz continuo de luz que conecta mi ojo con el lejano astro.
En la fotografía la historia viene hacia mí, mientras que en la visión astronómica yo voy hacia la historia, hacia el pasado, el cual de todas formas toca mi pupila con su haz de luz que ha viajado hasta aquí.
Y, en medio, una formación espacio-temporal difícilmente concebible, excepto que recurramos a la teoría del holograma.
La imagen astronómica detiene el proceso pero me muestra su ambigüedad, una de tantas: veo la galaxia de Andrómeda como era hace dos millones y medio de años, y a la vez reconozco que esa configuración que ha impresionado la placa fotográfica corresponde a un referente que se halla en el origen de ese rayo de luz, a miles de millones de kilómetros de distancia, ahora mismo.
En 1992 una imagen insólita apareció en todos los periódicos del mundo.
Era, según decía la noticia, una instantánea del universo en el momento en que empezó a existir el espacio.
Pero como siempre, la imagen científica encerraba una incongruencia.
Se trataba de una imagen compleja, mezcla de realidad e imaginación: nadie estaba preparado, entre el público en general, para "comprender la paradoja de una imagen que representa simultáneamente una visión desde la tierra hacia el exterior en todas las direcciones y una visión hacia nuestro planeta en todas las direcciones que confluyen en el big bang" (Osserman, 1997, p.
Ciertamente, el planteamiento no se antoja fácil de entender, aunque su paradoja es la misma que hemos descubierto al contemplar la imagen de la galaxia de Andrómeda.
Es más, la paradoja aparece siempre que observamos el cosmos.
Nuestra vista se lanza hacia el exterior en todas direcciones, pero a la vez la luz viene hacia ella de todas las direcciones: el presente de mi visión se ve penetrado por el pasado del cosmos y viceversa.
En la fotografía esta contradicción de la que está hecha la realidad cósmica, equivalente a la que aparece cuando se intuye la realidad atómica y subatómica, se complica en el momento en que se interpone la técnica fotográfica.
Una imagen de este tipo no puede ser tomada como una instantánea: el tiempo en ella se desarrolla también físicamente, puesto que es necesario un período de exposición para que la imagen quede registrada tal como la vemos, en todo su detalle.
La fotografía muestra el tiempo, a la par que lo acumula.
Latour ya indicaba que la imagen científica es un objeto dinámico cuyo significado se adquiere mediante su tránsito de una referencia a otra: "Una imagen científica aislada, estrictamente hablando, no tiene referente [...]
La referencia es un movimiento, una deambulación, una trayectoria, no una propiedad de una imagen 'realista'" (Latour, 2014, p.
El sociólogo se refiere al hecho de que una imagen científica debe ser interpretada a partir de determinados pará-metros que han sido delimitados en otro ámbito científico, y a que el resultado de una interpretación sirve de referencia para un planteamiento posterior.
En otro momento, Latour había examinado el fenómeno de lo que denominaba los "móviles inmutables", cuyo ejemplo más característico eran las imágenes realizadas por los dibujantes que acompañaban a los primeros exploradores del Nuevo Mundo: en sus dibujos fijaban una realidad que luego se movía, circulaba por las redes de conocimiento de la metrópoli.
La definición que Latour hace de la información se parece extrañamente a las consideraciones de Barthes sobre la fotografía: "La información no es un signo, sino una relación establecida entre dos lugares, el primero convertido en periferia y el segundo en centro, que se da con la condición de que entre los dos circule un vehículo, al que se suele llamar forma pero que, para insistir en su aspecto material, yo llamo inscripción" (Latour, 1999, p.
La imagen científica aparece como un ente misterioso en la historia de la representación.
Pretende ser una apuesta radical por la realidad que irrumpe en el siglo XVII en el ya antiguo territorio de la imagen, produciendo en el mismo un agujero que lo atraviesa de arriba a abajo y va a dar a otra parte que es en gran medida inusitada.
Todo ello sin abandonar totalmente las características propias de la visualización tradicional, lo que podríamos denominar su "vestimenta".
Se trata de otra imagen o, parafraseando con toda intención a Foucault, de una imagen otra, insertada dentro del campo de la visualización tradicional con la que a veces ingenuamente se confunde.
¿Por qué resulta pertinente considerar que la imagen científica es una "imagen otra", equiparable a un no-lugar?
Entre las cosas que determinan igualmente su otredad debemos considerar el hecho de que es una imagen de tránsito, donde el científico no habita y con la que no se compromete más que un instante.
Guarda con la metáfora, a la que la ciencia aborrece, esa característica que le adjudican las mentes literales y por la que debe autodestruirse en el mismo instante en que es creada.
Una paradoja más, pues: el científico está rodeado de imágenes, trabaja todo el tiempo con imágenes mentales, virtuales, reales o técnicas, pero en el fondo pretende ignorarlas.
Las deja para el profano.
Pero esto solo tiene sentido si consideramos la imagen científica como perteneciente al ámbito de la representación: en tal caso el compromiso del científico con la misma es muy liviano y el científico solo lo admite si desea cometer el pecado de divulgación.
Hei-a485 senberg y Schrödinger mantuvieron durante los años veinte del pasado siglo una famosa polémica sobre la visualización en la ciencia: Heisenberg se mostraba contrario a la misma porque consideraba, entre otras razones, que visualizar los procesos constreñía la posibilidad de descubrir nuevos fenómenos al circunscribir cualquier fenomenología al modelo visual vigente.
Repitiendo el postulado de Galileo, manifestaba que la nueva teoría cuántica "debía liberarse de las imágenes intuitivas y utilizar solo cantidades mesurables" (Miller, 1987, p.
Por el contrario, Schrödinger entendía que era "extremadamente difícil imaginar procesos tales como los fenómenos de colisión mediante una teoría del conocimiento en la que se suprime la intuición y se opera solo con conceptos abstractos tales como las posibilidades de transmisión, niveles de energía y cosas parecidas" (Miller, 1987, p.
Cuando se confronta a los escépticos de la visualización con las paradojas que produce la mecánica cuántica acostumbran a decir que solo se está hablando de operaciones matemáticas.
Pero esta afirmación conlleva una inevitable incoherencia, ya que una de dos: o esas operaciones se refieren a alguna propiedad de lo real por recóndita que pueda ser, o bien son pura metafísica.
En cualquier caso, las formulaciones producen al parecer resultados experimentales, indican obviamente alguna propiedad del mundo físico, el cual pasa entonces a comportarse de la manera incongruente revelada por los denostados divulgadores de la teoría.
La cuestión es de qué manera se ha de poder visualizar esta fenomenología.
No cabe duda de que las paradojas visuales que se desprenden de la misma, y que artistas como Escher han representado a su manera, tienen, de entrada, el valor alegórico del que hablaba antes.
Las imágenes del mundo cuántico, científicas o no, funcionan como alegorías.
Y no olvidemos que la alegoría es una forma de pensar.
Pero quienes pretenden que la visión humana es tan absoluta que puede relacionarse con la realidad a todos los niveles, de la misma manera que la concepción newtoniana de las leyes físicas consideraba que estas eran universales, pueden caer en un fácil error.
Un ejemplo lo tenemos en el célebre film didáctico Powers of Ten elaborado por la pareja de diseñadores norteamericanos Charles y Ray Eames en los años setenta del pasado siglo.
En él se narra visualmente un viaje por el cosmos, hacia lo más grande y hacia lo más pequeño, a partir de un punto central, una pareja que está haciendo picnic en un parque.
Arrancando de este encuadre, la cámara inicia un zoom que, ale-jándose a una velocidad basada en factores de diez que aumentan cada segundo (10 metros, 100 metros, 1000 metros), llega hasta los confines del universo, allí donde ya no hay materia.
Luego regresa y, al alcanzar de nuevo la escala humana, atraviesa la piel del cuerpo del hombre y, a la misma velocidad, penetra en su interior hasta llegar a contemplar las partículas elementales, tras las cuales se encuentra también la ausencia de materia, el vacío.
La hipótesis clásica del hombre en cuanto medida de todas las cosas, así como la del cuerpo en tanto interfaz entre el cosmos y el microcosmos, se hallan presentes en el proyecto.
Nos enfrentamos a dos ideas contradictorias.
Por un lado, la propuesta de un mundo, de una realidad humana, fuera de la cual nada es concebible: como decía Wittgenstein, de lo que no se puede hablar hay que callar.
Por otro, la pretensión de que el universo es homogéneo de uno a otro confín y de que, en consecuencia, como quería Schrödinger, todo es visualizable en la misma medida naturalista.
No se trata solo de que el planteamiento del vídeo contradiga el postulado de la velocidad insuperable de la luz, sino de que considera que traspasar esa barrera no implica ningún cambio en la visión de la realidad, lo cual es inconcebible, puesto que, presuntamente, la visión del universo ha de desaparecer en el momento en que los ojos corran más rápido que la luz que produce la visibilidad del mismo.
Es igualmente ingenuo pensar que si la visión, la cámara, alcanza magnitudes infinitesimales al introducirse en el cuerpo y luego llegar al átomo, conservará todas sus propiedades mecánicas.
Allí el ojo o la cámara que lo representa se habrán diluido también en las partículas atómicas que forman la materia de la que están compuestos.
El film de los Eames nos muestra literalmente un alejamiento del cuerpo a la par que un intento de acercamiento a lo real.
Zizek insiste en El acoso de las fantasías en que aproximarse extremadamente al objeto produce horror, el horror de lo real que solo puede paliarse con una dosis de fantasía: "Podemos ver claramente cómo la fantasía está del lado de la realidad, cómo soporta el 'sentido de realidad' del sujeto: cuando el marco fantasmático se desintegra el sujeto sufre una 'pérdida de realidad' y comienza a percibir la realidad como un universo 'irreal' pesadillesco, sin una base ontológica firme: este universo pesadillesco no es 'una mera fantasía' sino, por el contrario, lo que queda de la realidad cuando esta pierde su apoyo en la fantasía" (Zizek, 1999, p.
Lo que alegoriza la propuesta de los Eames es, pues, la contradicción entre el universo humanis-a485 ta y el universo científico.
Si el universo humanista resguarda los fenómenos e incluso permite que el mito, a diversos niveles de enunciación, dé sentido a la realidad, el universo científico pretende alcanzar el núcleo básico de lo real pero a costa del significado y de la visión.
Para ello se apoya en otra mitología, contraría a la anterior: si la una pretende preservar la escala humana a toda costa, la otra la descompone, también sin miramientos.
Hubo un tiempo en que esto no fue así, un tiempo en que la imagen era atesorada como testimonio de aquello que no se podía ver directamente, pero que era necesario tener ante la vista.
Se trata de la gran época de las ilustraciones de la zoología y la botánica.
Se producía en ese momento, en los siglos XVII y XVIII, un equilibrio entre las dos tensiones, la humanista y la científica, puesto que tales ilustraciones estaban hechas a escala humana pero al mismo tiempo pretendían ajustarse a una necesaria objetividad científica, la cual implicaba que vinieran desprovistas de cualquier referencia a un lugar y a un momento concretos.
Si bien se eliminaba de ellas científicamente la contingencia, aparecía por otro lado la estética para acompañarlas en su aliento humanista, a veces de manera tremendamente exuberante.
¿Qué tipo de imagen precisa la nueva ciencia, que sea capaz de integrar los distintos factores en litigio para que el objeto se vuelva asimilable a la escala humana sin perder las características que le son propias y para que, al mismo tiempo, las funciones del sujeto en la visión y comprensión de ese objeto sean convenientemente representadas?
No cabe duda de que necesitamos un nuevo tipo de planteamiento visual, una visualización correspondiente a la mencionada tercera cultura.
En los más de ochenta paneles que componen el Atlas Mnemosyne de Warburg, que en su conjunto recoge alrededor de un millar de imágenes, solo hay tres que puedan considerarse genuinas imágenes científicas.
Dos de ellas se refieren a Kepler y la otra representa "las órbitas planetarias según el concepto moderno".
De las dos de Kepler, una traza "la órbita de Marte según las observaciones (de este astrónomo)", y la otra, que es de las tres la más famosa, corresponde a la "identificación de las órbitas planetarias con los sólidos regulares" tal como aparece en Mysterium cosmopraphicum, una obra de 1621.
Todas estas imágenes se encuentran en un solo panel, el C, cuyo epígrafe introductorio indica que en él se resu-me la "evolución de las ideas sobre Marte", así como la "superación de la concepción antropomórfica de la imagen" (Warburg, 2010, p.
Sin embargo, en el mismo Atlas, Warburg incluye numerosas imágenes relacionadas con la astrología.
Parece como si con ella se agotara la concepción antropomórfica de la imagen a la que hace referencia el encabezamiento del panel, aquella de la que se dice que está siendo superada.
Cabría suponer que el trueque se realiza con la geometría, a juzgar por el tipo de imágenes que Warburg coloca en ese panel.
Pero la geometría, especialmente representada por el círculo o la esfera, también había estado presente en las imágenes anteriores, claramente antropomórficas.
El antropomorfismo al que alude Warburg no viene dado por el hecho de que la figura humana esté presente en las representaciones, sino porque estas se ajustan en principio a las coordenadas que trazan el cuerpo y la visión, son hechas por y para ellas.
Por el contrario, las nuevas imágenes científicas se instalan en un no-lugar que ya no dependen de esos parámetros: son un no-lugar situado en otro no-lugar.
O eso creen o pretenden los científicos que las utilizan, si bien están lejos de interpretarlas de esta manera e incluso de imaginar que puedan ser así interpretadas.
La frase que Marx atribuye a la economía política de la burguesía podría igualmente aplicarse a una ciencia no menos burguesa: no lo saben pero lo hacen.
El punto de inflexión entre la ciencia antigua y la ciencia moderna, entre la visión humanista del mundo y la científica, se sitúa en una célebre controversia que mantuvieron Kepler y Robert Fludd a principios del siglo XVII.
Se enfrentaban, en ese momento, dos mentalidades, y lo hacían a través de la ontología de las imágenes.
Kepler encarnaba la facción que saldría vencedora y para la que las imágenes en la ciencia solo podían representar el mundo físico.
Fludd, por el contrario, acarreaba consigo las formas del neoplatonismo y consideraba que este mundo físico no era más que la sombra de las ideas, unas ideas metafísicas que eran las que debían ser visualizadas.
Pero Kepler no estaba completamente exento de la influencia de cierta metafísica, ni su tendencia a reducir la visualización a las formas geométricas le apartaba de un uso heurístico de la geometría no tan alejado como él quería de los procedimientos de Fludd.
Kepler descubrió sus leyes sobre las órbitas planetarias a través de las imágenes.
Fue un proceso de pensamiento visual lo que lo llevó a las formulas matemáticas correspondientes: a485 Durante una de sus clases sobre geometría se puso a dibujar un triángulo equilátero.
En su interior dibujó un círculo de manera que tocara los tres lados del mismo, y alrededor del triángulo trazó otro círculo que tocaba sus vértices, tal como lo había descrito Pitágoras.
De pronto, todo cobró sentido.
Se trataba de un modelo del universo (Miller, 2009, s. p).
Tal procedimiento, de raíces claramente pitagóricas, lo condujo a dar el primer paso hacia el cálculo de la relación entre las órbitas de los seis planetas conocidos: "El resto de la inspiración llegó como un flash.
Saturno y Júpiter son los 'primeros' planetas (es decir, los más alejados) y el triángulo es la primera figura de la geometría.
Inmediatamente, inserté (es Kepler quien habla) en el siguiente intervalo entre Júpiter y Marte un cuadrado, entre Marte y la Tierra un pentágono, entre la Tierra y Venus un hexágono..."
Pero este primer intento no fue válido.
Solo cuando decidió cambiar las figuras bidimensionales por las tridimensionales equivalentes llegó a la conclusión adecuada.
La nueva intuición fue impulsada por el hecho de que a los poliedros regulares se los denomina "sólidos platónicos" o "pitagóricos" por su perfección.
No existen más que cinco de ellos que tengan todas las caras iguales: cinco, como los planetas conocidos en ese momento.
Recordemos que Kepler había aceptado la revolución copernicana que desplaza a la tierra como centro del universo para colocar en su lugar al sol porque, como afirmaba Pauli, "contemplaba el sol y el resto de planetas a partir de una idea arquetípica [...]
Eran sus creencias religiosas las que le impulsaban a buscar las verdaderas leyes del movimiento planetario" (Miller, 2009, s. p).
A pesar de su herencia pitagórica y de las operaciones alegóricas que organizaban su pensamiento, cuando Kepler se encontró con el libro ampliamente ilustrado de un personaje tan enigmático como Robert Fludd, que también pretendía comprender el universo mediante imágenes, no dudó en criticarlo abiertamente.
Los unía el uso del pensamiento visual, pero los separaba un mundo de conceptos.
La polémica que se desarrolló entre ellos pone de manifiesto dos maneras absolutamente distintas de entender las imágenes y su valor epistemológico.
Kepler consideraba que Fludd se dejaba llevar por imágenes hechas de aire, sin fundamento, y este argüía contra Kepler que "el alma no llega a conocer mediante 'numeraciones', dividiendo las cosas en partes, sino buscando unidades en la multiplicidad de las oscuras, ocultas experiencias, y lo hace creando imágenes de unidad" (Westman, 1986, pp. 199-200).
Kepler convierte las ideas religioso-científicas en figuras geométricas que son a la vez formas de la cantidad y formas de la racionalidad, además de arquetipos, como las consideraba Pauli.
Fludd, por el contrario, pretendía representar el funcionamiento del mundo sin mediaciones: sus imágenes eran como discursos explicativos de un trabajo oculto de carácter místico, pero sus raíces arquetípicas eran igualmente significativas.
Kepler estimaba que las imágenes de Fludd eran poéticas, ya que respondían a la definición que Aristóteles hace de la metáfora en su Poética.
Sin embargo, a la pregunta por cómo podemos estar seguros de que nuestras imaginaciones visuales no son sueños, poesía o retórica, la respuesta de Kepler era que "la capacidad imaginativa del alma es de un tipo particular denominado symbolisatio.
Symbolisatio es una actividad por medio de la cual el alma equipara lo sensible con lo inteligible coeterno, con Dios" (Westman, 1986, pp. 204-205).
Con todo, ¿qué es en realidad este proceso de simbolización sino una adecuación a los arquetipos, por ejemplo al de la esfera-dios?
Para Kepler, según Westman, "los poliedros son formas matemáticas que existen independientemente de la materia, pero que definen las relaciones de distancia entre los planetas.
Al mismo tiempo, los poliedros participan de la inteligibilidad divina y sus designios".
Fludd afirmaba, por el contrario, que "en lugar de palabras geométricas, usaba palabras físicas.
Atribuyo mi armonía del mundo natural a formas que corresponden a acciones que están escondidas en la materia" (Westman, 1986, p.
No sé hasta qué punto debemos considerar que estos dos mundos están tan alejados, si tenemos en cuenta lo que decía Richard Feynman acerca del electrón: "El electrón es una teoría que usamos, es tan útil para comprender cómo funciona la naturaleza que casi podemos calificarlo de real" (Feynman, 1985, p.
Es conocido el interés que Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física, demostró por la idea de Jung sobre los arquetipos.
Ello lo llevó a ocuparse también intensamente de la antigua controversia entre Fludd y Kepler.
En su escrito La interpretación de la naturaleza de la psique analiza las raíces metafísicas del pensamiento del astrónomo y las contrasta con la argumentación visual, aún más drásticamente metafísica, que efectúa Fludd a través de una serie de imágenes tan sorprendentes entonces como lo son ahora.
Su conclusión es que "los esquemas físicos y psíquicos muestran no tanto oposiciones como aspectos complementarios de una misma realidad" (Westman, 1986, p.
Si regresamos ahora imaginariamente al punto donde se escindieron esas dos visualidades, dependiente cada una de ellas de su correspondiente imaginario, podemos vislumbrar la posibilidad de suturar semejante partición que no es otra cosa que una herida abierta en la mente occidental.
Esta brecha, reeditada aún más drásticamente en el siglo pasado por las controversias de la física cuántica acerca de la visualización, nos muestra que en el seno de tal forma científica se produce un cisma entre lo que se dice y lo que se hace: la acción es puramente matemática, sin significado, y el significado, por su parte, está irremisiblemente abocado a la fantasía, fundamentada en los procesos de visualización.
Quizá debería haberse prestado mayor atención a la coincidencia en el tiempo entre la consolidación de las ideas de la mecánica cuántica y el surgimiento del surrealismo.
Una correspondencia que solo fue percibida, creo, por Dalí, aunque ello no ocurrió hasta los años cuarenta del pasado siglo, cuando la fuerza del surrealismo ya estaba en declive.
Sin embargo, al contemplar ahora las visualizaciones que se efectúan de los "grandes datos", nos vienen a la memoria no solo las formas surrealistas, sino también los antecedentes de las mismas que hay en las imágenes de Fludd.
La ciencia quiere referirse a lo real, sin tener en cuenta la realidad.
Pero las imágenes son siempre una respuesta a la realidad desde la imaginación.
Observamos ahora que los procedimientos científicos, que son diferentes del idealismo del método científico, se acercan en gran medida a los artísticos, gracias sobre todo a la intervención de la tecnología en los dos ámbitos.
Es por ahí por donde puede detectarse la posibilidad de una ciencia poética, capaz de ser científica sin olvidarse de ser humana. |
En La Variación de plantas y animales en domesticación (1868) Darwin escribió tres capítulos sobre la herencia; "el tema -comenta-es inmenso y ha sido tratado por diversos autores", citando en especial al Doctor Prosper Lucas, 1 médico francés cuyo trabajo sobre las enfermedades hereditarias (Tratado de la herencia natural,1847) influyó en Darwin 2 y en otros pensadores del siglo XIX.
El encuentro de Darwin con las ideas de Lucas y de otros autores marcó el camino para que sus reflexiones fueran de la interpretación del problema de la herencia como efecto del desarrollo embrionario hasta una idea que se fue convirtiendo en algo más que un simple efecto de esos procesos, primero como un "problema importante" asociado a los estudios de la generación y después como una causa del desarrollo.
En el contexto de sus explicaciones evolutivas exploró en las tradiciones familiarizadas con el problema de la herencia, 3 tratando de entender la naturaleza de categorías como genealogía, constitución, tendencia mórbida y reversión.
En esa búsqueda encontró la propuesta de Lucas sobre la herencia, una propuesta que tenía como objetivo mostrar cómo todo el conjunto de patrones de ocurrencia de rasgos, principalmente de enfermedades hereditarias a través de las generaciones podía ser explicado por la interacción coordinada de dos principios opuestos: la herencia y una fuente de variación.
Lucas procedió aceptando la realidad de ambas fuerzas y a partir de ahí organizó toda la información que se había colectado siglos atrás (López, 1992, 164).
El esquema teórico que Lucas presentó fue ignorado por los historiadores que han escrito sobre el problema de la herencia, 4 pero fue crucial, tanto en su empresa como en la fuerza de la evidencia que colectó.
El principio de la variación fue pensado como una forma de variación espontánea e impredecible, especialmente de variación congénita.
Para Lucas lo que ocurre en este primer momento es un compromiso multi-factorial entre muchas influencias.
Los parecidos son promovidos por la herencia.
Las disimilitudes por la variación.
Si la herencia prevalece, la opción de similitudes se abre.
Si la variación gana los caracteres adoptan un estado modificado (López, 1992, 166).
Lucas relacionó esta fuerza de cambio con la capacidad para la innovación que muestra la naturaleza, pero en relación con la variabilidad biológica no en el sentido adaptativo.
Negó la posibilidad de transformaciones continuas que podría conducir a la formación de nuevas especies, es decir no aceptó las ideas transformistas.
También hizo una distinción entre la transmisión directa de un carácter y la transmisión de las causas que producen el carácter.
Darwin incorporó parte de estas ideas a su teoría de la descendencia con modificación, teoría en la cual, la variación era la fuerza última de la transformación de las especies.
A diferencia de Lucas, Darwin piensa en la variación como una fuerza que puede mejorar la relación con el ambiente, es decir la consideraba como una fuerza adaptativa, y una vía eficaz de transformación.
A partir de la lectura de Lucas, Darwin reelaboró las categorías de la herencia ya mencionadas y logró establecer en ellas la coexistencia antagónica de la fuerza de la herencia con la fuerza de la variación.
La primera, le permitía entender la constancia de la variación y la segunda le permitía entender la base de la diversidad.
Algo central fue que con Lucas comprendió la diferencia entre heredar un carácter y heredar la o las causas que generan dicho carácter.
En su afán por entender esa interacción dinámica entre herencia y variación, terminó por atribuir al ambiente un papel fundamental en la producción de la variación.
Esta asociación fue extendida hasta los cimientos de su explicación fisiológica de la pangénesis.
Esta manera de asociar un marco conceptual como el que proponía Lucas con la participación fundamental del ambiente en los problemas hereditarios (problema conocido como herencia de caracteres adquiridos) marcó una ruta distinta a los planteamientos hereditaristas que trazaron la historia del problema de la herencia después de la segunda mitad el siglo XIX 5.
Consideramos que esta asociación particular ha sido una de las causas por las que ha estado ausente el análisis sistemático de las ideas sobre la herencia en el trabajo de Darwin y de que se concluya en general que sus ideas sobre la herencia fueron erróneas.
Para aportar elementos que contribuyan a ese análisis nuestro objetivo consiste en mostrar que las categorías de la herencia del siglo XIX: atavismo, constitución, genealogía, prepotencia y tendencia mórbida fueron interpretadas por Darwin en un sentido muy particular, distanciándolo de la senda en la que se forjó el endurecimiento del concepto de herencia, vía en la que se anulaba por completo el papel del ambiente en la explicación de la herencia.
En este ensayo se muestra como cada uno de esos términos fue utilizado para expresar en distintos ámbitos la simultaneidad y el antagonismo de la herencia y la variación con la intención de fortalecer los fundamentos de su teoría de la descendencia con modificación.
Primero se describe el sentido en el que Darwin utiliza cada uno de los conceptos mencionados y después se presentan algunos fragmentos donde Darwin reflexiona sobre la constancia, la variación y la expresión de los caracteres.
Con ello se muestra la cercanía con el problema de la herencia y al mismo tiempo la diferencia con la corriente hegemónica a partir de la cual se ha escrito la historia oficial de las investigaciones sobre la transmisión hereditaria.
Para Darwin atavismo (derivado de la palabra atavus: antepasado) significaba la reaparición súbita de un carácter que no había sido visible, que no se había expresado en varias generaciones, el término también era intercambiado por el de regresión, o retorno a características ancestrales.
El principio de atavismo era relacionado comúnmente por algunos grupos como los ganaderos con la expresión de los caracteres, con la transmisión hereditaria y con el principio de la herencia.
Darwin hizo uso de él para poder clasificar dos patrones más o menos regulares de la expresión de caracteres.
En un primer grupo colocó los casos en que los rasgos atávicos aparecen en una variedad que no ha sido objeto de cruza y en el segundo todos aquellos casos en que se cruza un individuo dotado de algún carácter diferenciado (Darwin, 1883, vol, 2, 28-29).
Darwin admitía que el principio de la herencia era un misterio, pero se mostraba satisfecho con la idea de la herencia como una constancia de parecidos entre los miembros de un linaje, es decir con el concepto genealógico de herencia, por ello no es sorprendente que en ocasiones se refiera a su teoría como si fuera una herencia con modificación.
Su idea de genealogía era una serie de progenitores ascendientes de cada individuo conectados a través de una filiación de origen evolutivo, y no en un sentido de un linaje como sistema cerrado que no permite la transformación de las especies, por el contrario los linajes en el esquema de Darwin eran los reflejos de las distintas líneas divergentes.
Darwin suponía que "Las afinidades reales de todos los seres orgánicos, en oposición con sus semejanzas de adaptación, eran debidas a la herencia o a la comunidad de origen" (Darwin, 1859, 478-479).
Para Darwin El sistema natural era un ordenamiento genealógico, en el que se expresaban los grados de diferencias adquiridas en los términos de variedades, géneros, familias, etc. Nuestra tarea, escribía: "...consiste en descubrir las líneas genealógicas a través de los caracteres con mayor capacidad de permanencia o continuidad, sean cuales fueren y por pequeña que sea su importancia para la vida" (Darwin, 1859, 479).
La constitución, fue entendida por Darwin en términos de las cualidades básicas o la esencia básica compartida por todos los miembros de una clase.
Pero no en el sentido de propiedades inmutables otorgadas por el creador como generalmente se entendía antes y durante el siglo XIX.
Darwin hacia uso del término para señalar diferencias entre los elementos de la forma externa y los elementos básicos o constitutivos a partir de los cuales se conformaban algunas de las diferencias externas (Darwin, 1883, vol. 1, 39).
Pensaba que algunas peculiaridades constitucionales 6 eran estrictamente heredadas (Darwin, 1883, vol. 1, 379).
Creía también que algunos cambios constitucionales, a diferencia de otros tipos de variación, aparecían en uno o en varios individuos sin que tuvieran relación con las condiciones de vida.
Aceptaba que la misma peculiaridad podría aparecer en individuos que vivía bajo condiciones diferentes.
Darwin concluye, que tales peculiaridades no son debidas a la acción directa de las condiciones circundantes, sino a leyes desconocidas que actúan sobre la organización o la constitución del individuo (Darwin, 1883, vol. 2, 448).
El tipo de variación que se generaba dependía en el mayor de los casos de la naturaleza o constitución de los organismos y no de las condiciones del ambiente (Darwin, 1883, vol. 2, 237).
Darwin pensaba que la prepotencia era la capacidad de transmitir con mayor fuerza las características a la descendencia.
Estaba convencido que el principio de prepotencia llegaba ser a ser más claro cuando se cruzaban razas distintas, "como lo sabían muy bien los ganaderos que poseían ganado Shorthorns" (Darwin,1883, vol. 2, 41).
Entre sus ejemplos cita el caso de "favorito", un toro famoso con una gran "prepotencia" en la raza shorthorn.
También recurre a observaciones similares obtenidas con razas pura sangre de caballos ingleses; en particular los casos en que ciertas yeguas transmitían generalmente sus propios caracteres, mientras otras igualmente pura sangre permitían que prevalecieran los caracteres del macho (Darwin, 1883, vol. 2, 399).
Señala que cuando dos razas bien diferenciadas o dos especies eran cruzadas, el resultado usual era que la descendencia de la primera generación fuera intermedia respecto a los caracteres de sus padres, o una parte parecida a uno de los padres y la otra al otro, pero esto no significaba una regla invariable, en muchos casos, sugería "...se ha encontrado que ciertos individuos, razas y especies son prepotentes en transmitir sus semejanzas" (Darwin, 1883, vol 2, 40).
Este tema comentaba ha sido ampliamente discutido por Prosper Lucas, pero faltaba mucho por entender, sobre todo por qué la prepotencia en ocasiones era exclusiva de alguno de los sexos.
Darwin señala que en algunas familias humanas había un gran poder para transmitir sus parecidos a través de la línea masculina, de lo contrario no podría comprenderse cómo la misma característica aparecía en la descendencia de un hombre después de que se había casado con distintas mujeres.
A partir de los hechos proporcionados en su obra sobre la variación, Darwin señala que la sola antigüedad de un carácter no significa necesariamente que esto lo hiciera prepotente.
En algunos casos la prepotencia aparentemente depende de que el mismo carácter este presente y sea visible en una de las dos razas y latente o invisible en la otra; y en este caso es natural que el carácter el cual está potencialmente presente en ambas razas pueda ser prepotente (Darwin, 1883, vol, 1, 45).
Para Darwin la tendencia mórbida estaba relacionada con las características perjudiciales, principalmente con la disminución del vigor constitucional o la falta de fertilidad (Darwin, 1883, vol. 2, 159).
En el siglo XIX se aceptaba que la tendencia mórbida era resultado de las relaciones reproductivas consanguíneas.
Darwin creía que dicha tendencia y sus resultados perjudiciales eran resultado de otras causas como el deterioro gradual cuando los organismos estaban sujetos a condiciones ambientales particulares.
Aunque reconocía que era difícil distinguir los daños directos ocasionados por el ambiente y el inevitable aumento de alguna tendencia mórbida, la cual podía estar latente o ser visible en los individuos que se reproducían (Darwin, 1883, vol. 2, 93).
Creía que cuando la condición mórbida se encontraba presente en dos organismos y estos eran apareados, los daños se incrementaban considerablemente (Darwin, 1883, vol. 1, 311).
Estaba seguro de que podía demostrar que la consanguinidad por si misma no tenía ningún efecto, que los daños se daban únicamente a partir de organismos que tenían generalmente daños constitucionales similares por que habían sido expuestos a condiciones similares.
A pesar de esa convicción señala que una inter-fecundación prolongada durante mucho tiempo llevaban generalmente a la pérdida de tamaño, del vigor constitucional y de la fertilidad, y en ocasiones acompañado por alguna tendencia a la malformación; pero esa inter-fecundación prolongada no llevaba necesariamente al deterioro general de la forma o de la estructura.
En términos generales reconocía que los efectos nocivos de las cruzas en linajes muy cercanos, eran resultado del aumento de la tendencia mórbida común en ambos progenitores y no como resultado de la reproducción consanguínea.
CONSTANCIA, VARIACIÓN Y EXPRESIÓN
Darwin fue un apasionado de la cría de palomas domésticas, pero más que una gran afición, fue una empresa sistemática que tenía como objetivo determinar la genealogía de las palomas.
Estaba seguro de que podía probar la procedencia genealógica de todas las razas domésticas a partir de una forma única, la Columba livia.
Para conseguir tal objetivo concentró su atención en características cuantitativas y cualitativas de individuos generados a través de diferentes cruzas de variedades domésticas.
Entre el primer conjunto de características estaba por ejemplo la longitud, que iba del extremo del pico al extremo de la cola, longitud de alas extendidas y plegadas, así como peso de los individuos y del cráneo.
Entre los segundos, estaba el color en el dorso, lomo y alas.
Su intención era observar la expresión de los caracteres de la paloma silvestre para entender el principio de la reversión.
Para ello hizo diferentes tipos de cruzas como por ejemplo, cruzó un híbrido hembra de polonesa y colipavo con otro híbrido macho de polonesa y heurté.
Esa primera generación no presentaba alguna tonalidad de color azul; pero la descendencia de ambos híbridos tuvo en el lomo y en las alas el mismo color azul que tienen las palomas silvestres (C. livia).
De esta manera a partir de dos palomas negras, una heurté roja y una colipavo blanca, que descendían de los cuatro abuelos puros, pudo obtener una paloma con los colores característicos de la Columba livia (Darwin, 1868, vol. 1, 200).
Darwin consideraba que era muy probable que él mismo hubiese podido a lo largo de un siglo crear palomas polonesas, heurtés, monjiles puras negras o colipavos y palomas blancas, etcétera, sin obtener ni una sola zurita o con bandas azuladas.
"Sin embargo al cruzar estas razas" -decía-"conseguí en la primera y segunda generación en el transcurso de sólo tres o cuatro años una considerable cantidad de pichones más o menos claramente azulados que eran portadores de la mayoría de las bandas características de la Columba livia" (Darwin, 1868, vol. 1, 201).
Darwin se dio cuenta de que había caracteres que podían transmitirse en estado de latencia, sin manifestarse, lo cual explicaba con el principio de regresión o atavismo.
Gracias a esto pudo reconstruir la genealogía de las palomas y concluir que los patrones de expresión eran un conjunto de fenómenos regulares para todos los descendientes de una cruza: "Por regla general, -escribía-los descendientes de la primera generación se sitúan en una posición casi intermedia entre sus progenitores".
Esta era una suposición que establecía con la regla conocida como ley de Yarrell (Barret, et al, 1986, 204); a partir de ella aceptaba que no había un híbrido que tuviera mitad y mitad de las características de los progenitores, pero las generaciones posteriores, escribe:
Retroceden constantemente en mayor o menor grado hasta uno o ambos antepasados.
Varios autores han afirmado que los híbridos y mestizos no poseen todos los caracteres de los padres fundidos, sino combinados en diferentes partes del cuerpo en proporciones diversas; o en expresión de Naudin: Un híbrido es un mosaico viviente (Darwin, 1868, vol. 2, 23).
Darwin terminó concibiendo a los organismos como un mosaico de rasgos característicos, combinables libres e independientes unos de otros.
7 A través de los problemas sobre la segregación de caracteres en plantas y animales trataba de entender la magnitud y la naturaleza de las modificaciones de plantas y animales domesticados con la finalidad de entender la persistencia o latencia de las modificaciones a lo largo de las generaciones.
Descendencia común: latencia y prepotencia
Siempre le resultó problemática la aparición de la prepotencia (el predominio de uno o varios caracteres) en el cruce de diferentes razas o especies en cuya descendencia predominaban las características de alguna de las dos.
Este predominio desempeñaba una función importante, visible en el hecho de que un mismo carácter podía estar presente y ser perceptible en un progenitor mientras que en los demás estaba latente o se mantenía en un estado potencial.
Esa idea de latencia de los caracteres lo llevó cada vez más a considerar que: "Ciertos caracteres, capacidades e instintos, pueden permanecer latentes en un individuo, e incluso en una sucesión de individuos, sin que muestren señales de su presencia" (Darwin, 1868, vol. 2, 54).
Esta noción de latencia relacionada con el fenómeno de la reversión hizo que Darwin concluyera: "...esta tendencia o forma peculiar de transmisión es una parte integral de las leyes generales de la herencia."
También observó en el caso de individuos de reproducción sexual, casos donde algunos caracteres se encuentran asociados específicamente a uno de los dos sexos, teniendo como intermedio un individuo del sexo opuesto.
Esto lo advierte en la transmisión de un rasgo cualquiera del padre a su nieto a través de la hija y a su vez de la madre a la nieta a través de su hijo.
Después de analizar algunas de estas cuestiones Darwin escribió:
Los antepasados de la mayoría de los vegetales y animales han dejado en el germen de sus descendientes una huella capaz de desarrollarse posteriormente aunque éstos hayan experimentado más tarde profundas modificaciones (Darwin, 1868, vol. 2, 61).
Esa huella transmitida en el germen hacía posible la generación y el desarrollo de un estado embrionario hasta un estado adulto, y al mismo tiempo era capaz de integrar las modificaciones, fenómenos que Darwin no entendía con precisión, pero creemos que se adentraba de manera particular al núcleo del problema de la herencia como causa de los caracteres y no como efecto del desarrollo, esta idea vaga quizás, se interpreta mejor en el siguiente comentario:
Un hecho sorprendente es que los elementos sexuales masculinos y femeninos, brotes e incluso animales adultos conserven escritos con una especie de tinta invisible una serie de caracteres dispuestos a desarrollarse en algún momento en determinadas circunstancias (Darwin, 1868, vol. 2, 83).
La "tinta invisible" darwiniana refleja una conexión clara entre los caracteres, y una entidad que los hace posibles, refleja que no se transmiten los caracteres, sino es "algo" que se trasmite de generación en generación.
Esta idea es similar a los planteamientos que Lucas hace en su Tratado de la herencia natural (1847) cuando habla sobre la enfermedad y la "prepotencia" a la enfermedad.
8 Darwin establece que existe una gran diferencia entre la mera herencia de algo y la "prepotencia" de este último poder: "oscuro para nosotros o inadvertido pero que en algunos casos actúa muy caprichosamente" (Darwin, 1868, vol. 2, 69).
La prepotencia, para Darwin, señalamos anteriormente, se volvía natural cuando el mismo carácter estaba presente y era visible en alguno de los dos linajes que son cruzados y latente o invisible en el otro, bajo esta condición, era inevitable que un carácter se convirtiera en "prepotente".
Similitudes entre reproducción sexual y asexual
En sus reflexiones Darwin refleja una inquietud por entender la diferencia entre la transmisión de los caracteres y la transmisión de las causas de los caracteres, pero además le surge la necesidad de entender cómo se relaciona la variación con el problema anterior.
En el fondo es la vaga percepción de dos fuerzas actuando simultáneamente por las mismas causas, en sus términos: "Las leyes de la herencia parecen ser muy cercanas a las mismas leyes de la variación seminal" (Darwin, 1868, vol. 1, 409).
La variación seminal, variación generada en la reproducción sexual es importante para Darwin, tanto como la variación en brotes, generada en la reproducción asexual.
Suponía, en un principio, que eran dos formas distintas de variación, después se convenció que ambas se generaban por las mismas causas:
Finalmente, los hechos presentados en este capítulo muestran cuán estrecha es la manera en la que el germen de una semilla fertilizada (reproducción sexual) y la pequeña masa celular que forma un brote (reproducción asexual) se parecen en todas sus funciones, en su poder de herencia con reversión ocasional, y en su capacidad de variación de la misma naturaleza, en obediencia a las mismas leyes (Darwin, 1868, vol. 1, 411).
De esta manera extiende el principio de la variación a todo el mundo natural, y considera que la interacción entre las fuerzas de la herencia y la variación es generada por las mismas causas y genera los mismo efectos (cuando el ambiente no interviene) tanto en los tipos de reproducción asexual como en de la reproducción sexual.
Expresión de caracteres y reproducción sexual
El trabajo de Darwin, Los efectos de la auto-fertilización y fertilización cruzada en el reino vegetal ( 1876), contiene resultados de investigaciones sobre la reproducción de las plantas (auto-fertilización y fertilización cruzada) y sus efectos en la descendencia.
La investigación también tenía como objetivo entender algunas cuestiones de la herencia.
Darwin estaba sorprendido por el llamativo contraste del vigor constitucional y la fertilidad entre los linajes obtenidos por auto-fertilización y los obtenidos por entrecruzamiento.
Gracias a su experiencia y conocimiento sobre la práctica y cría de animales domésticos, sabía que tanto en la cruza de progenitores "puros" como en la de progenitores híbridos rara vez se producían consecuencias dañinas en la descendencia por lo que esperaba que algo muy parecido ocurriera en el reino vegetal.
Una de sus creencias iniciales era que la reproducción cruzada en las plantas casi siempre produce "organismos superiores, a diferencia de los generados en la auto-fertilización".
Esa "superioridad" se manifestaba por ejemplo en el peso y talla.
Su creencia era compartida con observadores que insistían que la descendencia de una cruza de variedades era superior a los progenitores.
Darwin consideraba que estas conclusiones no eran muy precisas y que no se había hecho ningún estudio comparativo entre los efectos de las cruzas y la auto-fertilización de los individuos de la misma variedad.
Encontró en sus resultados varios casos en los cuales las plantas producidas por reproducción cruzada resultaban "inferiores", 9 comparadas con la descendencia de un auto-cruzamiento, esto, suponía, requería de una buena explicación.
La evidencia de la prepotencia de acuerdo a Darwin podía ser deducida a través de la evaluación comparativa de dos lotes de plantas, para conseguirlo realizó los experimentos y le pidió a Francis Galton que ordenara en tablas estadística el conjunto de los datos obtenidos del peso, talla, etc., y le proporcionara los resultados del análisis estadístico.
10 En las conclusiones de su trabajo sobre los experimentos de estos dos tipos de reproducción, señala una diferencia importante entre plantas y animales.
Con los animales, apunta, es difícil seguir la presencia de lo perjudicial en pocas generaciones a partir de la auto-fertilización.
Considera, que lo más cercano posible en la reproducción por auto fertilización con animales, es entre hermano y hermana y la unión no puede ser considerada tan estrecha como la unión que se da entre el polen y óvulo de la misma flor, por lo que lo perjudicial, en estos últimos casos podría incrementarse en menor número de generaciones sucesivas.
También señala que puede inferirse que después de que las plantas han sido propagadas por auto-fertilización por varias generaciones, en una sola cruza con un linaje distinto, puede restablecerse la pureza de su vigor:
Tenemos un resultado estrictamente análogo al de nuestros animales domésticos.
Los buenos efectos del entrecruzamiento serán posteriormente trasmitidos por las plantas a la próxima generación y a juzgar de las variedades del chícharo común, por muchas generaciones sucesivas, pero esto último sólo puede ocurrir cuando las plantas de la primera generación, resultado del entrecruzamiento, sean extremadamente vigorosas y puedan trasmitir su vigor o algún otro carácter a sus sucesores (Darwin, 1876, 444).
Entre las conclusiones de Darwin se encuentra el principio de predisposición o vigor constitucional y la presencia de la tendencia mórbida, así como el de la prepotencia, cuestiones relacionadas con la manifestación de un tipo u otro de caracteres, sean éstos vigorosos o débiles y estas propiedades, consideraba, son a veces más importantes que el simple hecho de un entrecruzamiento o una auto-fertilización.
Esto implicaba que el tipo de proceso reproductivo en sí mismo y el desarrollo embriológico posterior, reducen su influencia directa en la variación, así Darwin enfatiza como una causa mayor de la organización estructural y fisiológica de los organismos al vigor constitucional, a la tendencia mórbida y a la prepotencia.
Consideramos que Darwin abandona la idea de la herencia y variación como resultados de los procesos de la generación (reproducción y desarrollo), aunque mantiene la idea de herencia de caracteres adquiridos.
Abandona la idea de que alguna parte de la variación sea resultado del proceso de reproducción tal como lo creía en 1842: "cierta cantidad de variación parece ser un efecto inevitable del proceso de reproducción" (Darwin, F., 1909, 1).
En 1844 señalará con relación a las especies domésticas:
Podría parecer como si los poderes reproductivos fallarán en su función ordinaria de producir nuevos organismos cercanamente parecidos a sus padres; y como si la organización entera del embrión bajo domesticación llegará a ser en cierto grado plástica (Darwin, F., 1909, 6).
Incluso en su apreciación sobre los efectos de una cruza una vez que se han formado las razas o especies definidas, pero que conservan fertilidad entre sí, considera que los cruzamientos podían llegar a ser una fuente conspicua de razas nuevas (Darwin, F., 1909, 7).
Estos efectos de las cruzas que fueron sobrevalorados en esta época por Darwin, son considerados con menor fuerza en El origen de las especies, incluso en su discusión sobre las relaciones genealógicas de las palomas, el efecto de las cruzas es completamente contrario, dado que en los híbridos, se recuperan con frecuencia los caracteres de los antepasados (Darwin, 1872, 23-27).
Si comparamos las ideas de Darwin de 1844 y las de 1876 podemos ver como sus ideas sobre "lo hereditario" abandonan el marco referencial del desarrollo (reproducción) y se acerca hacia los bordes del problema de la herencia biológica, en la conclusión de su obra de 1876, señala que la fertilización cruzada es benéfica y la auto-fertilización es dañina, por lo menos con las plantas con las que él ha experimentado, basando la fuerza de su proposición en la evidencia de las diferencias en talla, peso, vigor constitucional y fertilidad de la descendencia en cuanto al número de semillas producidas por las plantas parentales.
También menciona ciertos beneficios de la fertilización cruzada, pero concluye: "...el mero acto del cruzamiento no es bueno en sí.
Lo bueno depende de que los individuos que son cruzados difieran ligeramente en su constitución"; esto se debe, pensaba, a que sus progenitores han estado sujetos durante varias generaciones a condiciones ligeramente diferentes, o se presentó en ellos "bajo nuestra ignorancia" una variación espontánea.
Incluso consideraba que un vigor asombroso podía adquirirse cuando las plantas migraban, debido a que sus elementos sexuales masculinos y femeninos podían llegar en tales casos a ser diferentes a través de la acción de las nuevas condiciones (Darwin, 1876, 441).
Respecto a esta conclusión, Darwin consideraba una relación estrechamente conectada con varios problemas fisiológicos importantes tales como el beneficio derivado de cambios ligeros en las condiciones de vida y en su significado en las conexiones más estrechas con la vida misma.
Esto, decía, podrá arrojar luz sobre el origen de los dos sexos y sobre su separación o unión en un solo individuo, y por último, sobre todo el tema del hibridismo, que consideraba como uno de los más grandes obstáculos para la aceptación general y progreso del gran principio de la evolución.
11 El esfuerzo de Darwin era mostrar que efectivamente los efectos sobre la fertilidad de las plantas parentales obtenidos a través de la fertilización entrecruzada o vías la autofertilización no siempre corresponden con lo que se obtiene en cuanto a talla, vigor o fertilidad en la descendencia (Darwin, 1876, 447).
De los resultados y análisis de sus experimentos llegó a establecer dos proposiciones importantes; primero que la ventaja de una cruza no es resultado de alguna virtud misteriosa en la unión de individuos distintos, sino de que tales individuos han estado sujetos durante varias generaciones a condiciones diferentes, o que han variado de una manera espontánea, y por ello, sus elementos sexuales son modificados y en algún grado diferenciados.
Segundo, que los daños o caracteres perjudiciales presentes en linajes obtenidos por autofertilización es consecuencia de la presencia de lo perjudicial (tendencia mórbida) en los elementos sexuales, y no como resultado de las relaciones reproductivas consanguíneas.
En el caso de cruzas con plantas enfermizas y sanas Darwin esperaba que se transmitiera a la descendencia la mitad de la tendencia mórbida.
Sin embargo la descendencia de este tipo de cruzas parecía perfectamente saludable.
En otros casos en plantas perfectamente saludables después de un entrecruzamiento surgía una descendencia con muchos individuos enfermizos o débiles que mostraban formas bastante peculiares: inferiores en talla, peso, vigor constitucional y fertilidad.
Darwin encuentra una coincidencia en la expresión de enfermedades en plantas, animales y humanos, esto lo hace pensar que la manifestación de algunas enfermedades estaba relacionada directamente con la naturaleza constitutiva de los seres.
Comprendía que a partir de sus datos no podía extender la aplicación de la naturaleza de la tendencia mórbida, pero por lo menos se permitía discordar con el uso que a dicha noción se le asignaba, ya que Darwin no atribuye el incremento de esa tendencia a las cercanías genealógicas, sino a las condiciones de vida en las que se encuentran los individuos; en ultima instancia era resultado de cambios generados por las circunstancias o por las modificaciones "espontáneas" de la constitución y no por las cercanías genealógicas.
Transmisión y expresión de caracteres en las cruzas
Darwin hizo un gran esfuerzo por comprender el comportamiento de la "prepotencia" en las distintas vías de reproducción, y principalmente en los híbridos de familias, razas o especies distintas.
Suponía que cuando los miembros de la misma familia, raza o especies distintas estaban sometidos al entrecruzamiento, el resultado común era que la descendencia en la primera generación fuera intermedia en algunos casos o mantuviera similitudes hacia alguno de los padres en ciertos caracteres y al otro progenitor en otros, pero parecía evidente que en ciertos individuos, razas o especies había una prepotencia para trasmitir sus semejanzas.
Como era el caso de algunas familias humanas que presentaban la peculiaridad de la prepotencia, como un ejemplo señala el caso de la realeza austriaca cuyos individuos tenían un gran poder en legar sus características a través de la línea paterna y no podía comprender cómo a menudo podía transmitirse también por línea materna.
Respecto al asunto de la prepotencia -dice Darwin-, ha sido hábilmente tratado por Prosper Lucas y por otros autores que aventuraron alguna ley de la prepotencia como Ch.
Naudin y Gärtner de quien cita lo siguiente:
Cuando Nicotiana paniculata y N. vicenflora son cruzadas, el carácter de N. paniculata desaparece por completo en el híbrido, pero si N. quadrivalvis se cruza con N. vicenflora, esta última especie, que antes era prepotente, ahora sus caracteres casi desaparecen bajo el poder de N. quadrivalvis, es notable como la transmisión de la prepotencia de una especie es independiente en la relación con otras especies (Darwin, 1868, vol. 2, 67).
A pesar de que Darwin piensa que se han dado numerosas reglas sobre la transmisión de la prepotencia da cuenta de que casi siempre ocurre un rompimiento a esas reglas:
El Doctor Prosper Lucas ha discutido ampliamente este punto mostrando que ninguna de las reglas (y yo podría adicionar otras a las citadas por él) se aplican a todos los animales.
Reglas similares han sido anunciadas para las plantas y probadas por Gärnert demostrando que todas son erróneas (Darwin, 1868, vol. 2, 68).
Las reglas de la transmisión de caracteres constante difícilmente podían ser aceptadas por Darwin quien continuamente asociaba ese proceso de transmisión "constante" con el principio de la variación, ya fuera que las variaciones se dieran como resultado de las condiciones de vida o surgieran como cambios espontáneos.
Esa fuerza de cambio estaba ligada a un concepto de herencia que le permitía la integración del cambio.
Así la herencia y la variación para Darwin estaban fundidas en distintas categorías: predisposición, constitución, genealogía y tendencia mórbida que definían la constancia y la plasticidad de la organización.
En Los efectos de la autofertilización y fertilización cruzada (1876) proporcionó observaciones y resultados experimentales con la intención de armonizar: la transmisión constante de caracteres a través de generaciones sucesivas y la aparición de desviaciones y su fijación hereditaria.
Darwin sugería que la constitución de un organismo se transmitía de generación en generación, que esa constitución era plástica y en algunos casos, era la causa directa de la naturaleza de algunos caracteres importantes:
En casi todos mis experimentos, usando el mismo número de semillas auto-fertilizadas y de fertilización cruzada, la altura, el peso y la fertilidad de las plantas resultado de las cruzas pueden ser atribuidos a la posesión de un gran vigor constitucional o innato (Darwin, 1876, 285).
Esta misma fuerza de la herencia podía claramente dar cuenta de la continuidad de los caracteres:
Hasta aquí puede observase una conexión de muchos puntos con la fuerza de la herencia, es tan fuerte en las plantas (de la cual hay evidencia que puede ser presentada) que es casi cierto que las plantas nacidas de semillas de la misma cápsula, de la misma planta, pueden tender a heredar casi la misma constitución (Darwin, 1876, 385).
Simultaneidad y antagonismo entre herencia y variación
Bajo el programa de la generación, tal y como se había desarrollado desde la antigüedad hasta el siglo XVIII el problema de la herencia y la variación quedaban subordinadas a la cuestión del desarrollo embrionario como lo señalan Rasmus Winther (2000) y Jonathan Hodge (1985) Winther llega a pensar que Darwin casi da un giro al dilema; sobre todo cuando Darwin escribe en El origen del hombre (1871): "Hay dos elementos distintos que están incluidos bajo el término de herencia: transmisión y desarrollo de caracteres, pero como éstos generalmente van juntos, la distinción frecuentemente no es considerada" (Darwin, 1871, vol. 1, 279).
Consideramos que Darwin separa la embriología o el desarrollo embrionario de la transmisión de caracteres, pero además pensaba que los dos primeros problemas podían subordinarse al problema de la herencia, ya que todos los hechos principales de la embriología, podían ser explicados por dos tipos fundamentales de herencia que se combinaban con las variaciones que surgían en edades tempranas del desarrollo y con las que surgían en estadios tardíos de la vida (Darwin, 1881, 257).
Esos dos tipos de herencia publicado en su último artículo Inheritance (1881), están asociados a las variaciones que surgen en las primeras etapas de la vida y que se convierten en peculiaridades de familia, así como con aquellas variaciones que se dan cuando los individuos son adultos, ambos tipos de herencia y en consecuencia, ambos tipos de variación están ligados a la idea de herencia de caracteres adquiridos.
En este último escrito publicado antes de su muerte, refleja que el problema de la herencia formaba parte de sus reflexiones científicas como un campo autónomo e independiente, ello está asociado a un cambio conceptual respecto al problema: la herencia como una causa involucrada en el desarrollo y no como un mero efecto del desarrollo embriológico.
También se refleja en este breve ensayo que el problema de la herencia está integrado a la idea de la herencia de caracteres adquiridos, Darwin conservó el papel de las circunstancias como un factor importante en el origen de la variación, aunque siempre reconoció que no era lo único, porque también era importante la naturaleza constitutiva de los organismos.
La sobre-valoración del ambiente lo distanció profundamente de las líneas de investigación que excluyeron al ambiente de las explicaciones de la herencia.
F. Churchill (1987), considera que Darwin se ocupa de la herencia -en un sentido moderno-sólo en el problema de la transmisión, y considera un ligero acercamiento por parte de Darwin hacia el pensamiento de Lucas.
Encuentra el asunto de la transmisión en tanto está pensado como un doble problema.
Pero Darwin, dice, sólo enfatiza una parte de él, la idea del vehículo y el parecido entre padres e hijos, pero respecto al vehículo y la transmisión de "rasgos menores", las enfermedades y malformaciones las considera irrelevantes.
Pero además escribe: "Darwin sólo escribe casos de no-herencia.
En éstos están incluidas restricciones y circunstancias hostiles a la herencia, la mezcla de caracteres durante la reproducción sexual, la reversión y rasgos limitados al sexo.
Churchill concluye que a diferencia de Lucas, Darwin se abstiene de formular una antítesis primordial entre cambio y herencia, pero que en sus escritos se puede percibir una somera versión de la misma tensión.
Por el uso de las categorías señaladas en la primera parte del escrito pensamos que la tensión señalada no era una versión somera, era una fuerte tensión que indica la aproximación de Darwin a las fronteras de un campo teórico distinto, pues su viejo programa de la generación, no tenía elementos suficientes para dar cuenta de los nuevos problemas que buscaba resolver: la constancia y la variación.
Lucas señaló como fuerzas antagónicas a la herencia y la variación pero que actuaban siempre en forma inseparable, Darwin percibía esta contradicción desde 1839 cuando formula su programa de investigación al preguntarse: "por qué si hay una tendencia a la variación, las especies parecen mantenerse constantes" (Barret, et al, 1986, 171-172).
La lectura que Darwin hizo de la obra de Lucas le marcó los lineamientos del nuevo problema de la herencia, esa vía puede encontrarse en los comentarios que Darwin hizo en los márgenes de la obra de Lucas.
Por ejemplo el siguiente, donde puntualiza la somera distinción entre la herencia de la predisposición y la enfermedad misma (Di Gregorio, 1990, 518); como creía, ocurría con la diabetes o la polidactilia.
12 Esta distinción también puede verse en la diferencia entre la trasmisión de un carácter y el desarrollo (development) de éste.
Esta distinción, era apreciada por Darwin en aquellos casos en los que un abuelo trasmite a su nieto a través de su hija, caracteres que la madre no manifestará; o también aquellos casos en que los caracteres no se manifiestan y permanecen en forma latente en cada generación, como ocurre con los caracteres secundarios, sobre esta cuestión escribe: muchos o quizá todos los caracteres secundarios que aparecen en un sexo, permanecen latentes en el otro.
Esto es, las gémulas capaces de desarrollarse en caracteres sexuales masculinos están incluidos en el sexo femenino, y a la inversa, caracteres femeninos, están en el sexo masculino.
Estas categorías en conjunto, prepotencia, constitución, genealogía, reversión y tendencia mórbida, fueron relacionadas por Darwin a los atributos especiales de la herencia bajo las cuales todos los caracteres, tanto las dotes [cualidades] mentales como poderes corporales eran heredados.
Incluso -dice Darwin-"cuando escuchamos decir que un hombre lleva en su constitución las semillas de una enfermedad heredada hay mucha verdad literal en la expresión.
Esta unificación de conceptos le aclaraba conceptualmente la continuidad de los linajes y al mismo tiempo la modificación continua.
En sus reflexiones Darwin concedió un espacio a las cuestiones de la herencia como tema clave de la teoría de la evolución y formuló un problema decisivo: la búsqueda de una respuesta fisiológica que explicara la transmisión de la causalidad de la continuidad y la variación, sin encontrar por sí mismo una respuesta válida.
Esa búsqueda se dio por que Darwin comprendió la propuesta del nuevo problema propuesto por Lucas: la herencia y la variación como dos fuerzas antagónicas y simultáneas.
Su interpretación de los efectos de la herencia (junto con otros problemas de la generación: regeneración hibridismo, reproducción, etc.), lo llevaron a la búsqueda de una explicación causal y eficiente, es decir el análisis y la reflexión lo hicieron convencerse de que había una explicación causal a esas manifestaciones externas, tanto de los caracteres constante como de los emergentes.
Relacionó el problema a su viejo programa de la generación y erró en su propuesta fisiológica, sin embargo fortaleció la visión mecanicista y fisiológica en la que se buscaron los supuestos sustratos materiales responsables de constancia, modificación y la expresión de los caracteres.
La historia hegemónica de las investigaciones de la herencia muestra las líneas fundamentales donde se fortaleció el concepto duro de la herencia biológica menospreciando las alternativas donde la idea de la herencia estaba relacionada con las circunstancias ambientales, ese hecho ha marcado la pauta para que las reflexiones de Darwin sobre la herencia sean interpretadas como ideas erróneas.
Mostramos cómo Darwin hizo uso de los conceptos fundamentales que sirvieron de base para fortalecer otras posturas, y cómo cada uno de eso conceptos los utilizó para armonizar "la fuerza de la herencia" compuesta por distintas categorías como constitución, vigor, predisposición, y las continuas fuentes de variación, impulsando y fortaleciendo las investigaciones fisiológicas de los pilares fundamentales del moderno problema de la herencia: la constancia y la variación.
8 De acuerdo a la lista de Lecturas que Darwin elaboró.
9 Los estudios estaban basados en el peso, talla, tasa de germinación de las semillas, periodo relativo de floración, y productividad: número de cápsulas con semillas, y número promedio de semillas de cada cápsula.
Los valores más altos eran interpretados como "superiores" y los más bajos como inferiores".
10 Contrario a la postura de su primo Darwin, F. Galton asumía que la herencia estaba por encima de las condiciones ambientales, una vía distinta que reflejaba el extremo del concepto de heredabilidad señalada en Galton, F., Hereditary Genius, 1914.
11 Contrario a lo que Mendel pensaba cuando escribía: «En realidad requiere cierto ánimo emprender un trabajo tan extenso; no obstante, hacerlo parece ser la única vía buena para alcanzar finalmente la solución de una cuestión de tanta importancia en relación con la historia de la evolución de los seres orgánicos» Mendel, 1866, 9.
12 La polidactilia también era explicada por Darwin en términos de una disminución del poder de la materia formativa.
En Noguera y Ruiz, 2005, se explica la forma en la que Darwin utiliza conceptos de la generación y del vitalismo científico para explicar su idea de "materia formativa". |
, FAPESP invirtió aproximadamente 33 millones de euros en el desarrollo del Proyecto Genoma Fapesp (PGF), provocando importantes cambios en la Biología Molecular brasileña: las instituciones de fomento a la investigación comenzaron a promoverla con grandes financiaciones; la bioinformática se tornó uno de los campos con mayor demanda de profesionales y, por fin, los resultados del Proyecto Genoma de la Xylella Fastidiosa, primer organismo vivo secuenciado en Brasil, se publicaron en revistas científicas internacionales, como Nature.
Con ello se convierte en el primer país fuera de la tríada EUA-Europa-Japón en desarrollar proyectos genoma.
Como consecuencia del proceso, las mujeres están perdiendo espacio como "portavoces de esta nueva ciencia", ocupando papeles secundarios en el proyecto. |
La creación de imágenes científicas es uno de los ámbitos más activos dentro de la cultura visual.
Este artículo describe, en su primera parte, las cuatro dimensiones principales de la imagen científica (las dimensiones cognitiva, constructiva, pragmática y estética), para poner el énfasis al final de su descripción en la presente convergencia de la ciencia y del arte.
En su segunda parte analiza un conocido caso de imagen paracientífica actual, donde a través de una específica combinación de dichas cuatro dimensiones comparecen ejemplarmente buen número de las obsesiones a la vez epistémicas y políticas de la contemporaneidad.
LA IMAGEN CIENTÍFICA: NECESIDAD Y ARBITRARIEDAD
El lector medio podría estar más interesado en la imagen y en sus seducciones estéticas que en la teoría de la ciencia, y este artículo empezará ofreciéndole algo de teoría de la ciencia antes que teoría de la imagen, y sobre todo que estética seductora.
Pero tal lector medio se equivocaría en prestarle por eso oídos sordos (ojos ciegos), pues las conclusiones que cabe extraer de la exposición de ciertos problemas epistemológicos, y de su tratamiento visual en múltiples ciencias (geometría, cartografía, biología, astrofísica, inteligencia artificial, etc.), revisten un particular interés justo para aquellos destinatarios prioritariamente atraídos por la producción y la recepción de imágenes estéticas, pongamos por caso los estudiosos del arte y de la literatura.
Se sabe que, si bien la imagen es un potente instrumento para generar y gestionar conocimiento científico, solo ha llegado a serlo tras recorrer el largo via crucis de su relativo descrédito en Occidente y de su parcial subordinación respecto de la palabra, es decir respecto del pensamiento proposicional inscrito y escrito en las lenguas naturales.
La ciencia moderna (siglos XVI y XVII), aun apelando a la representación figurativa en sus más conspicuos desarrollos (en geografía, botánica, astronomía, etc.), confió menos de lo que su historia convenida sostiene en la naturaleza mimética de las imágenes, en su adherencia a la realidad, en su capacidad veritativa, y fue al menos tan consciente como la cultura literaria y artística coetánea, la de un barroco descreído e histriónico, de las labilidades y debilidades de la imagen, de su condición de artificio, de engaño programado de los sentidos (Gómez, 2009).
Desde entonces la visión científica sobre la imagen -redundancia aquí muy oportuna-, tal y como se manifiesta por ejemplo en la semiótica, tiene que esforzarse por compensar su propio estrabismo: el ojo derecho de la ciencia le informa de que algunas imágenes son o pueden ser altamente realistas, y que su correcto uso referencial se aprende muy rápido gracias a la relación entre su "iconismo secundario" y el "iconismo primario" de la mente (Eco, 2013, p.
El ojo izquierdo le muestra, en cambio, que incluso esas imágenes solo operan en régimen veritativofuncional, al modo de los enunciados protocolarios, dentro de contextos históricos precisos y gracias a determinadas prácticas sociales, esto es, que también, y simultáneamente, son en cierta manera arbitrarias o convencionales.
De los dos ojos con los que la ciencia mira la imagen es el izquierdo, el convencionalista, el que hoy orienta en mayor medida su percepción: de ahí que buena parte de las investigaciones sobre la imagen científica desplieguen los vigentes puntos de vista del cognitivismo, del constructivismo y del pragmatismo sobre la representación visual (Casanueva y Bolaños, 2009; Image et science, 1993).
PENSAR, MEDIAR, ACTUAR CON IMÁGENES CIENTÍFICAS
Que las imágenes participen en el pensar, que sean ellas mismas pensamiento, cognición, y no solo auxiliares de la cognición, es la tesis central de muchas de dichas investigaciones.
Por ejemplo, al estudiar los complejos procesos de construcción visual de la geometría se descubre que están en el origen de algunas de las principales gnoseologías occidentales, las de Kant y Carnap (y antes la de Pascal); la función de la imagen en dichas gnoseologías, anudar los vínculos entre la forma y lo pensado, es tan relevante que bien cabría hablar de un modelo geométrico-matemático, apoyado en visualizaciones, para el conocimiento (Frías Villegas, 2009).
Y al explorar el fascinante mundo de los diagramas, el modelo mismo de las imágenes controladas, se aprende que ellos permiten la síntesis de lo heterogéneo, la integración de saberes, lo cual produce nuevos saberes de los que los diagramas, las imágenes, forman parte inalienable, y que pareja integración se efectúa en niveles de abstracción tan altos que no son alcanzables mediante el recurso exclusivo al razonamiento lingüístico (Brasseur, 2003, p.
Es quizá por eso por lo que otro género de imágenes emparentadas con los diagramas, los grafos, se utilizan justamente para abstraer la estructura conceptual de las propias teorías científicas, y para representar su potencial explicativo (Casanueva, 2009): si la herramienta gráfica es capaz de asumir, dotada de valores lógicos y matemáticos, tales funciones metacognitivas (de segundo grado), mal puede dudarse de su competencia cognitiva (de primer grado).
Las imágenes científicas, por otra parte, no son solo, ni siquiera fundamentalmente, un analogon de la realidad, su reproducción o su reflejo, sino el resultado de una complicada fabricación que selecciona los datos reales, los contrasta con los modelos interpretativos disponibles y los adapta a la o a las teorías que los modelos expresan.
De este modo, las imágenes actúan como mediadoras entre el objeto observado y el dispositivo teórico a través del cual se lo observa -no se olvide que "teorizar" significa, etimológicamente, "contemplar"- (Colas-Blaise, 2011; Latour y Weibel, 2002).
Ello sucede, por ejemplo, en a486 astrofísica: las informaciones empíricas recogidas por sondas y telescopios son exhaustivamente comparadas, sintetizadas y formateadas a través de instrumentos y procedimientos tecnológicos que las cargan de teoría, hasta que surgen esas bellas imágenes digitales de galaxias y nebulosas de las que rebosan los suplementos de los periódicos y las pantallas de la televisión documental, a guisa de output conclusivo de lo que es una genuina "práctica teórica" de representación visual (Allamel-Raffin, 2011a; Allamel-Raffin, 2011b; Ibarra y Zubía, 2009).
Por último, las imágenes que construimos con fines cognitivos no son elementos inertes de una simple combinatoria ilustrada, sino agentes de un proceso continuo de transformación de la realidad y de sí mismas.
Las imágenes de la ciencia constituyen una guía para la acción: en primer lugar sobre el universo material hacia el que tienden -así la cartografía, paradigma de imagen a la vez referencial y artificial, e involucrada en la conducta operativa-y, en segundo lugar, sobre ellas mismas, ya que las actividades en las que se aplican imágenes ocasionan modificaciones en su entorno de aplicación, y esos cambios obligan a su vez a modificar las propias imágenes, a corregirlas o ajustarlas de continuo.
La representación figurativa resulta, por tanto, dinámica y procesual: las imágenes científicas, lejos de ser constructos cognitivos establecidos de una vez por todas, se comportan como signos intencionales y pragmáticos.
Preguntarse qué significan supone descubrir qué quieren hacer, para qué y en qué circunstancias, resucitando las viejas preguntas de una teoría de la comunicación (Darras, 2007, Dondero y Miraglia, 2010).
Ahora bien, ni la cognición visual, ni la construcción referencial, ni la pragmática social de la imagen parecen capaces de funcionar al margen o con independencia de otra dimensión básica en los dispositivos de visualización científica: la de su belleza.
En las imágenes de la ciencia, desde las antiguas "ilustraciones de artista" hasta los sofisticados hiper-iconos o post-iconos digitales (Català, 2005) que ahora acompañan las investigaciones en casi todas las disciplinas, suele percibirse una apelación estésica (sensible) a partir de la cual se elabora un juicio estético inseparable de los juicios ontológico, epistémico y práctico que la imagen provoca en su receptor.
Por ejemplo, la simplicidad, la simetría o la cohesión de los elementos de la imagen favorecen actos cognitivos como la conceptualización, la comprensión o la me-morización de una hipótesis o de una teoría visualizada.
De ahí que se diga también que el juicio estético ayuda a establecer la racionalidad de una propuesta científica (Changeux, 2002).
Igualmente, la intuición sensible estimulada por la imagen permite desarrollar las competencias heurísticas de ciencias como la medicina o la geología, y estas contribuyen a forjar inéditos constructos referenciales, facilitándose así el acceso a nuevas formas de realidad en sus respectivos dominios de aplicación.
Tales nuevas formas de realidad recién descubiertas, en esas y en otras disciplinas, dirigen las decisiones subsiguientes de los investigadores, y se convierten entonces en vectores de su acción, y por ello mismo en condicionamientos pragmáticos del entero trabajo de la ciencia.
De suerte que la dimensión estésica, y después estética, de lo visual se estima inherente al conocimiento que las imágenes científicas generan, al mundo que nos revelan y a los actos que en él podremos y sabremos llevar a cabo a partir de nuestro conocimiento del mismo.
Todo lo cual no deja de tener algunos inconvenientes, puesto que un vínculo temido y consabido une, en nuestra cultura, la estética con la seducción, y la seducción con la retórica.
¿Será posible que las imágenes científicas, parte inalienable del aparato epistémico de la contemporaneidad (Klinkenberg, 2011), desempeñen no solo funciones cognitivas, referenciales y pragmáticas, sino también otras fundamentalmente persuasivas, y por tanto estratégicas, y que lo hagan justamente a través del encanto que desprenden sus cualidades sensibles?
La ciencia, como cualquier otro discurso social, necesita no solo demostrar, sino también convencer, y es obvio que cabe convencer de lo erróneo, y persuadir de lo equivocado.
Así ha ocurrido a lo largo de la historia con muchas de aquellas teorías que gozaron en su momento de popularidad y que hoy se dan por descartadas, por falsadas, teorías que vinieron escoltadas de sus propias enciclopedias icónicas, y de repertorios de imágenes en ocasiones sutiles y sofisticados (Ford, 1993).
E incluso es seguro que esta función retórica de la estética en la imagen científica ni siquiera tiene, para mostrarse perturbadora, que inducir obligatoriamente al desacierto: ya el detalle innecesario, las cualidades plásticas excesivas, los rasgos visuales no pertinentes, considerados en sí mismos, son capaces de sugestionar al productor o al receptor de la imagen y, en lugar de espolear su juicio epistémico, de imponerle una pura "experiencia de presencia" pasionalizada, una fusión básicamente imaginaria con el objeto de investigación, poco recomendable para el control de los logros de esta (Beyaert-Geslin, 2011).
En principio, en el marco de la actividad científica tal desconfianza hacia las seducciones sensibles de la imagen quizá se juzgue un poco excesiva, e incluso un tanto iconoclasta, en la más acendrada acepción de esa antigua y siempre vigente palabra.
Pues es cierto que, entre los criterios metateóricos según los cuales han sido evaluadas las teorías científicas desde la modernidad, como por ejemplo su coherencia y consistencia internas, o su economía intelectual, se cuenta también el de... la armonía y el equilibrio de su despliegue (McAllister, 1996).
Se diría que poco puede hacerse al respecto: por mucha desconfianza que provoque el esteticismo en la ciencia, en nuestros días se afirma corrientemente que la belleza de una teoría, concepto sin duda difícil de definir -si no indefinible-, es uno de los objetos intencionales del pensamiento, y uno de los catalizadores de la labor del investigador.
No parece haber edificio científico que no proceda también de la vivencia, por parte de su arquitecto, de una euforia creativa, y que no la suscite a su vez en su contemplador o utilizador.
Y huelga decir que, por muy intersemióticas que sean, no cabe justificar las imágenes que en el presente refuerzan, gracias a las nuevas tecnologías, los supuestos de la astronomía, las hipótesis de la física o los teoremas de las matemáticas únicamente en términos de lógica formal o de argumentación natural, ya que lógica y argumentación son lenguajes estrictos, dotados de una semántica y una sintaxis explícitas que el "lenguaje de las imágenes" no posee en grado equivalente.
Vale más confesar de entrada que en las imágenes científicas prospera el demonio de la seducción estética.
Y también, por qué no decirlo, el genio de la historia del arte: quienes las componen disponen de una formidable iconoteca universal al alcance de unos cuantos "clics" de ordenador, de modo que la filiación interartística de las imágenes científicas, tan llamativa al menos como su densidad intersemiótica, se percibe apenas se exploran sus más populares muestras del momento.
Alexander Tsiaras y su equipo recurren a una combinación de todas las técnicas de imaginería médica hoy disponibles (la ecografía, la resonancia magnética, el escáner o tomografía computerizada, la medicina nuclear, la nanofotografía, etc.) para montar modelos de simulación de las estructuras del cuerpo humano, y para presentarlos al espectador bajo una apariencia impactante.
Esos simulacros anatómicos y fisiológicos están destinados a un amplio abanico de usos sociales, y en primer lugar a la difusión del conocimiento médico o a la preparación de intervenciones quirúrgicas.
He aquí algunas muestras de su trabajo (véanse figuras 1 y 2). a486 La pretensión estética de estas imágenes resulta obvia.
Aunque estén dominadas por el afán de espectacularidad, y sometidas a los imperativos del circuito de la comunicación de masas (revistas de gran tirada, televisión, Internet), su genealogía artística se remonta al dibujo de observación corporal del Renacimiento, pasa por la proliferación de las ilustraciones anatómicas del siglo XVIII y llega hasta el presente apogeo de todo tipo de prácticas e intervenciones artísticas sobre el cuerpo como centro a la vez material y simbólico de la contemporaneidad (el bioarte, el arte transgénico, la plastinación de cadáveres, etc.).
Vale la pena rescatar, en cuanto testimonio de esta filiación, el considerado primer grabado en color, obra del francés Jean-François D'Agoty, titulado "El ángel anatómico" (véase figura 3) 1.
Como se percibe, la tentativa de mostrar en simultaneidad el exterior del cuerpo humano (los contornos de su figura) y su interior (su delicada arquitectura fisiológica) no es nueva en la cultura visual de Occidente:
El proyecto de Tsiaras prolonga tal línea artística, combinando estésicamente la precisión y profundidad de las obras maestras del Renacimiento con los contrastes de luz y color propios del Barroco.
Sin embargo, al inscribirse de esa suerte en la historia del arte, el objetivo de Anatomical Travelogue/The Visual MD no es únicamente reivindicar para sí un alto grado de legitimidad cultural.
Se trata, además, de preparar el terreno, gracias a la impresión estética causada por la imagen, para los juicios ontológico, cognitivo y pragmático que aspira a promover en el espectador el entero proceso de producción icónica puesto a punto por Tsiaras y su equipo.
Se diría que el alcance cognitivo de las imágenes de Anatomical Travelogue/The Visual MD está también fuera de duda.
Pocas veces la tecnología se habrá colocado con tanta eficacia al servicio de la fabricación de unos iconos epistémicos que, integrando los distintos saberes médicos sobre el cuerpo, nos dan a ver en un ejercicio de hipervisualidad lo que consideramos su ser más inmediato, de un modo que nuestro ojo jamás podría alcanzar por sí mismo, y que a la vez transforman posvisualmente ese ser inmediato en un continente desconocido cuyas maravillas se nos antojan inauditas o, dicho con mayor propiedad, in-vistas, nunca antes contempladas (véase figura 4). científicos, su realismo intrínseco -al que cede el juicio ontológico del espectador-, y termina por modificar mediante ellos no solo la manera de concebir el organismo, sino también algunas de nuestras prácticas relacionadas con él, nuestra pragmática social del cuerpo (la alimentación, la higiene, el ejercicio físico, los hábitos como fumar o beber, etc.).
Las imágenes de Tsiaras, por tanto, han sido ideadas para ilustrar, provocando intensos "efectos de realidad", los dos sueños tradicionales y complementarios de la historia del arte occidental, el de imitar la apariencia -en este caso, la del continente del cuerpo-y el de evocar lo invisible -su contenido- (Bordron, 2011, p.
Todo invita a pensar que, a fuerza de realismo, a Anatomical Travelogue/The Visual MD le gustaría convergir con el bioarte en su intento de trasplantar la obra desde el papel o la pantalla al espacio físico, es decir de abandonar el régimen de la representación por el de la presentación directa, el de la re-creación simbólica por el de la creación material de nuevas formas de vida (Kac, 2005).
Aun cuando Anatomical Travelogue/The Visual MD todavía no ha dado el salto, que se sepa, del taller informático al laboratorio biotecnológico, tal sería su destino previsible.
La construcción del icono y el lenguaje verbal
Como ya anticipamos, por mucho que se empeñen en pasar por un analogon perfecto de la realidad -en su caso, del cuerpo como referente último para el hombre contemporáneo-, las imágenes científicas son el resultado de modelar a través de nuestras teorías los datos que extraemos del mundo, y de interpretarlos según las reglas que impone la enciclopedia cultural.
Y ese proceso de construcción y de reconstrucción intelectiva de lo observable es lo que nos interesa especialmente en los hiperbólicos iconos de Tsiaras, forjados utilizando como materia prima no solo las imágenes de la tradición artística y del archivo científico, sino también un tupido entramado de discursos verbales traducidos a imagen, desde los discursos hoy casi hegemónicos de las ciencias formales y de las ciencias naturales hasta los de la filosofía o de la religión.
Este punto requiere quizá una mayor aclaración.
Las imágenes de Anatomical Travelogue/The Visual MD, a pesar de su exuberancia sensorial y perceptiva, son intersemióticas y no exclusivamente visuales -o visualmente autónomas-: no funcionan con plena independencia respecto de las palabras, de la lengua natural, ni, ante todo, de la discursividad social.
De entrada, porque al emplearse para la divulgación científica comparecen envueltas en una narración plurisemiótica que se sirve Al hacerlo así, Tsiaras parece llevar a la práctica una teoría de la iconicidad absoluta, la cual empieza por afirmar sin ambages el poder referencial de los iconos a un tiempo de lo verbal y de lo visual (y también de lo musical, etc.), generando una gran diversidad de textos en distintos formatos y de voces en off o autoriales, una especie de líquido amniótico -la metáfora biológica es aquí doblemente oportuna-donde flotan tan impactantes e impregnadoras imágenes de la vida.
Reconocido esto, tampoco es el acompañamiento verbal de su visualidad lo que desempeña el papel central en las estrategias comunicativas de Anatomical Travelogue/The Visual MD, sino el compacto interdiscurso social inscrito en la propia imagen bajo modalidades visibles y no directamente legibles, es decir el conjunto de saberes o supuestos saberes que, transpuestos en imágenes, nos dicen lo que dichas imágenes piensan de sí, y que manipulan -en sentido semiótico-al espectador para que las piense como ellas quieren pensarse a sí mismas.
De suerte que resulta un tanto forzado distinguir rigurosamente la plurisemioticidad externa de las imágenes (las palabras que se combinan con ellas) de su plurisemioticidad o, si se quiere, polifonía interna (las palabras que las animan desde dentro): los productos visuales de la factoría de Alexander Tsiaras hablan también por sí solos, con medios inmediatamente icónicos, y son de una gran elocuencia, de una retórica muy persuasiva.
La conciliación mítica de los opuestos: icono, materialismo y religión
La afinada competencia discursiva de Anatomical Travelogue/The Visual MD plantea al menos dos interrogantes.
Primero: ¿de dónde vienen las palabras que estas imágenes pronuncian visiblemente, traduciéndolas a iconos a la vez que son traducidas por ellas, en un circuito de realimentación continua entre lo verbal y lo visual?
O, dicho de otro modo, ¿cuáles son los discursos concretos que los iconos de Anatomical Travelogue/ The Visual MD transforman en su espectacular aleación de hiper y de posvisualidad?
Y segundo interrogante: si el álbum de imágenes compuesto por el equipo de Tsiaras sobre el cuerpo, sobre su constitución y sus avatares, posee de hecho la capacidad que le atribuimos para sintetizar la representación discursiva que nosotros, sus coetáneos, hemos de hacernos de él -o, como se diría con gran propiedad en el lenguaje ordinario, la "imagen" que de él debemos tener-, ¿no estará entonces su pragmática social incluida, en buena medida, dentro de la construcción de la imagen misma, como una programación de lo que el espectador hará con las imágenes y a partir de ellas, de los cambios que impondrá a sus creencias, valores, disposiciones y actitudes respecto de la corporalidad, y finalmente a sus actos con y sobre el cuerpo en el mundo de la experiencia compartida?
En lo que sigue confirmaremos justamen-te que la dimensión constructiva de la imagen científica es el requisito previo a su poder para guiar la conducta de los receptores, y que las virtualidades cognitivas y los valores estéticos de Anatomical Travelogue/The Visual MD actúan también como un refuerzo de esta acerada pragmática de la imagen científica.
Sin pretender ser exhaustivos, cabe mencionar aquí algunas evidencias -que sería tentador reescribir, dada la multiplicación en Internet de las obras de Tsiaras, como "e-videncias"-.
Situado en el cruce del discurso de la medicina con el del arte referido al cuerpo, Anatomical Travelogue/The Visual MD nos informa, por su sola existencia, de que la corporalidad es la realidad fundacional para el hombre contemporáneo, y el materialismo la única ontología a la que aún concedemos algún crédito.
Así, los cuerpos se representan en la obra de Tsiaras a la manera más tradicional en Occidente, esto es como la manifestación abrumadoramente hiperreal, con vocación tridimensional, de una "sustancia extensa" (Descartes) concreta y tangible.
Dicha sustancia divide primero sus partes, las articula luego entre sí con refinada precisión, y les imprime para terminar movimiento de modo que en el cuerpo-materia original venga a encarnarse por enésima vez el cuerpo-máquina, teorizado por el mismo Descartes pero ya visualizado con mayor o menor verosimilitud por numerosos artistas desde el Renacimiento en adelante, por Leonardo, Robert Fludd o el citado D'Agoty, etc., hasta llegar al mediático y célebre cyborg del presente.
Algo, o mucho, de ese materialismo mecanicista sostiene en profundidad las representaciones anatómicas de Tsiaras (véase figura 5).
Ahora bien, aunque la puesta en escena figurativa de la corporalidad en Anatomical Travelogue/The Visual MD es materialista y mecanicista, en su construcción interdiscursiva el materialismo y el mecanicismo intervienen como punto de partida para la búsqueda a cara descubierta de una teología del cuerpo-máquina.
En efecto, Tsiaras no pierde ocasión de aludir abiertamente a la "milagrosa" perfección de nuestro organismo, las palabras "divino" o "divinidad" tampoco lo intimidan, y además suele imbricar en sus animaciones y documentales bandas sonoras de música religiosa.
La sustancia extensa mecánicamente organizada del hombre se anima así con la insinuación mítica, si por mito entendemos el discurso que procura conciliar los opuestos y resolver la tensión entre las antinomias (Lévi-Strauss, 1964), del "soplo sobrenatural" o de lo "sagrado" que moraría misteriosamente en las profundidades de sus engranajes.
Como es lógico, la materia mecánica sobre la que Tsiaras nos invita paradójicamente a apoyar nuestras creencias espiritualistas ha desarrollado un grado de complejidad muy superior al que tuvo originalmente en el aparato epistémico de la modernidad filosófica.
Ello se explica porque el discurso médico del que se nutren principalmente las obras de Tsiaras está al servicio de otro muy cercano pero que no llega a con-fundirse con él, el discurso de la biotecnología que hoy impulsa a la vez la economía y los imaginarios sociales.
El marco teórico de Anatomical Travelogue/ The Visual MD, el que determina decisivamente sus producciones visuales trascendiendo sus connotaciones religiosas, es el de un cientificismo biotecnológico que, recurriendo a la química y a la física, redescubre y redescribe el cuerpo-máquina como un circuito cerrado de átomos, de flujos y de fuerzas (véanse figuras 6 y 7), y que abstrae de él un modelo de humanidad según el patrón fantaseado de una red autoorganizada y autosuficiente, uno de los ideologemas básicos de la modernidad técnica (la de los ferrocarriles, las carreteras, el urbanismo, etc.), devenida sobremodernidad tecnológica (la de las telecomunicaciones, la cibernética, la informática, etc.)
La visualización del cuerpo como red de redes trae aparejada la transferencia simbólica del derecho de enunciar lo que el hombre es, y sobre todo lo que pueda llegar a ser en el futuro, desde el filósofo, e incluso desde el médico, hasta el ingeniero.
La imagen de la retícula orgánica opera como mediación entre la tecnología y el cuerpo, y normaliza y hace aceptable percibir en nuestro ser material un soporte para todas las transubstanciaciones y transfiguraciones que la tecnociencia conciba.
En otras palabras, lo que apunta en las representaciones, y quizá pronto presentaciones del cuerpo humano 2 creadas por Alexander Tsia- ras y su equipo, más allá tanto del humanismo clásico como de la primitiva analogía racionalista del cuerpo con una máquina pensante, es un imaginario posible para una poshumanidad -aceptemos el término-en la que se encarne sin traumatismos psicológicos ni morales el descendiente biotecnológico del ser humano.
Porque el horizonte último del entero proyecto Anatomical Travelogue/The Visual MD viene dado, claro está, por la biopolítica contemporánea, que se sustenta en la tecnociencia al tiempo que es sustentada por esta: por la subsunción íntegra de la vida dentro del poder, la toma de decisiones sobre ella, sobre su desarrollo y mejora por parte de expertos socialmente reconocidos, unos expertos que la describirán, analizarán y manipularán gracias a instrumentos como las imágenes de Tsiaras, con la proverbial justificación de asegurar su cuidado y disfrute (Foucault, 2004; Foucault, 2012).
Los iconos de Anatomical Travelogue/ The Visual MD, saturados de discursos sociales, de conocimientos científicos y de seducciones estéticas, trabajan como argumento retórico en favor de una determinada concepción política de la existencia humana en cuanto vida -y devienen así paraciencia-.
O, con mayor precisión, en cuanto nuda vida (Agamben, 2003), vida desnuda, vida biológica sin más atributos ni cualidades que la maleabilidad de su materia y la intrincación de su ordenamiento reticular.
Una pragmática implícita en el icono
De ahí que resulten tan insuficientes, a la vez sinceras y desorientadoras, las declaraciones que el propio Tsiaras suele hacer sobre las finalidades manifiestas de sus imágenes.
Verbigracia, en una entrevista reciente afirmaba el autor su voluntad de querer cambiar el modo en que la gente piensa sobre la salud y sobre su cuerpo; el medio para conseguirlo sería contando historias, bellas y convincentes historias visuales que muestren qué cosa asombrosa es el cuerpo.
Esta primera función didáctica de las narrativas visuales de Anatomical Travelogue/The Visual MD estaría subordinada a una segunda función higienista: en Estados Unidos habría una gran necesidad de una educación pública sanitaria, y muchos americanos no tendrían ni idea de por qué sus cuerpos les fallan, o de qué podrían hacer para introducir un cambio positivo en su salud (véase figura 8).
Criticar racionalmente tan loables objetivos se antoja imposible, si no es desde la conciencia de que, en la biopolítica vigente, el control, ahora ya obsesivamente biométrico, sobre la desnuda vida biológica de cada sujeto -nada más oportuno que esta redundancia del prefijo "bio"-, la higiene y la prevención de las enfermedades tienden a reemplazar, en cuanto metas privadas, a la justicia social en tanto meta colectiva, así como la ética ocupa paulatinamente el lugar que hace algunas décadas correspondía a la política.
Una y otra sustituciones parecen consecuencia de la generalizada radicalización del modelo individualista de organización social dominante en la mayor parte del mundo.
De hecho, las imágenes de Tsiaras suelen mostrar cuerpos aislados de todo entorno, sobre fondos oscuros y vacíos.
La estética del retrato pictórico sirve entonces para singularizar y desocializar la representación del sujeto (véanse figuras 9 y 10).
Y también probablemente por eso, porque las imágenes de los autónomos cuerpos-redes de Anatomical Travelogue/The Visual MD han sido engendradas en una específica matriz biopolítica, el discurso religioso es convocado para efectuar una constante mediación mítica entre ellas y sus ansiosos espectadores ordinarios, presos en sistemas de creencias y de valores anacrónicos, muy desfasados respecto de los del tecnólogo y del organizador político de la vida biológica.
De no verse reducida la existencia humana, en los iconos paracientíficos de Tsiaras, a una mecánica inexorable, los textos del autor, sus conferencias y sus presentaciones públicas tampoco rebosarían, como hemos dicho, de compensatorias connotaciones espirituales e incluso místicas -lo que no sorprenderá si se tiene en cuenta que el sueño de hacer visible lo invisible (Martínez Ron, 2016), propio del arte al servicio de la religión, parece haber sido cumplido en lo que al cuerpo se refiere por los trabajos de divulgador norteamericano-.
Es así como el proyecto Anatomical Travelogue/The Visual MD, que entreteje los discursos de las ciencias naturales y de las formales anticipando el advenimiento de una poshumanidad o, se podría actualizar no sin ironía, de una humanidad "ampliada", materialista e individualista, necesita para asegurar su equilibrio legitimarse en los más poderosos "discursos autoconstituyentes" de la tradición (Maingueneau, 2004), el artístico y el religioso.
Primero, como vimos, en el artístico, estetizando las imágenes según un régimen pictoricista de representación -Tsiaras era originalmente pintor, y con frecuencia sus iconos son descritos como "pinturas del cuerpo"-.
Y segundo, en el discurso de la religión, con el fin de tranquilizar a los espectadores en lo que concierne a la subsistencia, en algún recoveco de sus organismos, de un alma inmortal que reclama una atenta cura sui, una minuciosa autovi-gilancia profiláctica y moral.
Las intervenciones de Tsiaras no dejan demasiado lugar a dudas: según el autor, la complejidad estructural y funcional del cuerpo-red, de la sustancia extensa, por muy manipulada genética y cibernéticamente que pueda llegar a estar, siempre acogerá otra sustancia sintiente y pensante de origen trascendente.
Aunque, a decir verdad, todo el interés de Anatomical Travelogue/The Visual MD reside en su intento de sustituir, tras haberlo hecho con la justicia por la higiene y con la política por la ética, la trascendencia por la inmanencia: la biopolítica de sus imágenes nos incita, en su último estadio, a reemplazar también el dios público de la sociedad 3 por un dios privado con sede en las entrañas reticulares de cada cuerpo poshumano, y garante del admirable orden íntimo de estas.
Hacia un nuevo régimen de verdad visual
Aun así, incluso jugando a confundirse con los discursos autoconstituyentes del arte y de la religión, las imágenes de Anatomical Travelogue/The Visual MD no cumplirían sus funciones pragmáticas, ni se cargarían de poder performativo, si no dispusieran en ellas mismas de su propia autoridad enunciativa.
Autoridad primero, porque los enunciados visuales de Tsiaras, en consonancia con su propósito de hacer visible lo invisible, parecen proceder de una enunciación veridictoria que arranca el conocimiento exacto del cuerpo (su representación hiperreal) del secreto donde se envuelve (de la opacidad de su interior, impenetrable para el ojo), provocando en el espectador la comprensible euforia de un desvelamiento en vivo de la verdad de la vida.
Y autoridad también después, ya que tales enunciados productores de efectos de verdad se transmiten con el respaldo de las instituciones del campo científico (universidades, centros de investigación, prensa y medios de comunicación especializados, incluso la NASA se cuenta entre los clientes de las visualizaciones de Tsiaras), dándoles entonces a los maravillados espectadores la satisfacción secundaria de sentirse suscriptores de un contrato de comunicación divulgativa que los ennoblece y dignifica como tales espectadores.
Blanco de un eficaz dispositivo de enunciación y de comunicación que elabora enunciados de impactante presencia sensible, veridictorios y hechos circular con permiso de las instituciones del conocimiento, quien contempla las imágenes de Anatomical Travelogue/ The Visual MD se adhiere fácilmente a ellas.
El espectador tiene, además, una buena razón para ceder ante esta manipulación que lo conmina a asumir un nuevo régimen de verdad "hiper" y "pos" visual -de nuevo la Figura 10.
A. Tsiaras, Anatomical Travelogue/The Visual MD©, Reposo a486 repetición de los prefijos no hace aquí sino enfatizar convenientemente la artificiosidad del entero proceso-.
Al espectador se lo convence de que, gracias a los constructos icónicos de Anatomical Travelogue/The Visual MD, su competencia cognitiva alcanza máximos, de que la nueva imaginería médica hace de él un observador todopoderoso, con acceso instantáneo a la bioquímica, a la fisiología y a la anatomía del cuerpo (Vesna, 2008a; Vesna, 2008b), y de que, más allá del incremento exponencial de su capacidad de conocimiento, la sociedad ha conseguido al fin realizar la utopía de la transparencia, de la disponibilidad y de la manejabilidad absolutas de lo que a él más le importa, su frágil organismo individual.
La combinación de cámaras, escáneres, resonadores y programas informáticos de Tsiaras se trueca así en la herramienta de una vigilancia que potencialmente no deja ningún resquicio por escudriñar, en un gigantesco instrumento panóptico4, aunque consagrado al escrutinio de lo minúsculo y de lo naturalmente invisible.
Un instrumento cuyo mayor logro, que ya se anuncia para un día no muy lejano, será la inspección material de lo más inmaterial de la existencia humana, los pensamientos y las emociones, en cuanto pueda perfeccionarse, en el dominio de la neurobiología y de las ciencias cognitivas, el incipiente régimen llamado "cerebroscópico" (Cassou-Noguès, 2012; Koch, 2004; Koch, 2012) (véanse figuras 11 y 12).
En los planos cognitivo y constructivo, las imágenes de Anatomical Travelogue/The Visual MD tienen que luchar contra el latente rechazo que las amenaza malgré tout, y que no convendría confundir con una iconoclasia generalizada y sin matices.
La razón de tal rechazo, siempre inminente, pudiera ser esta: pese a su precisión y a su exuberancia informativas, los iconos muestran justo lo que un cuerpo no es en términos de experiencia fenomenológica, de vivencia inmediata, de apercepción.
En ellos más bien se manifiesta el ya descrito constructo especulativo y paracientífico, una forma de realidad aumentada que no lo parece y de cuyas pretensiones de suplantar a la realidad propioceptiva del cuerpo el espectador acaba por desconfiar espontáneamente.
Quien vuelva además consciente la desconfianza, quien por ejemplo no acepte, o lo haga con reticencias, el contrato de comunicación divulgativa que Anatomical Travelogue/The Visual MD le propone, la enunciación pesadamente veridictoria de sus imágenes, y el interdiscurso a la par filocientífico y religioso que las sostiene, corre el riesgo de encontrar, desde el punto de vista estrictamente estético, muchas de ellas bastante kitsch.
Es decir, venturosamente desinhibidas en su seguridad de que seducirán con unas formas, colores y ritmos visuales que el espectador está de antemano condicionado para admirar, porque emanan de los principios de percepción y de evaluación de una estética socialmente media.
Aunque, por efecto de una inversión dialéctica fácil de prever, algunos de esos iconos parezcan desembocar de pronto en las categorías del horror y de lo siniestro, que Freud consideraba engendradas, como aquí, por una mezcla de lo familiar y de lo extraño, y que son categorías estéticas pero también, y ante todo, sociopolíticas (véanse figuras 13 y 14).
La inversión pasional de la imagen hacia la pura disforia (hacia el espanto) significativamente no se produce cuando una similar estrategia de desvelamiento del interior del cuerpo se practica en el campo artístico, donde tal operación suele cargarse de una ironía metaicónica de la que carecen por completo las imágenes paracientíficas de Anatomical Travelogue/ The Visual MD, y que mantiene a distancia el "horror de lo Real que solo puede paliarse con una dosis de fantasía" -según nos ha recordado en este mismo número J. M. Català citando a S. Zikek-.
Véanse si no un par de ejemplos de Fernando Vicente y de Ángeles Agrela, distintos entre sí pero ambos pertinentes para nuestro asunto (figuras 15 y 16).
Hemos calificado al horror y a lo siniestro de categorías sociopolíticas debido a que la razón profunda de la repulsión inspirada por los dos últimos iconos de Tsiaras no es únicamente perceptiva ni estética, sino pragmática.
En efecto, por obra de otro impensado desvío del proyecto Anatomical Travelogue/The Visual MD, y sin duda contra la voluntad de sus impulsores, muchas de sus imágenes de cuerpos-red abiertos en canal, y sobreexpuestos a la observación, resultan altamente generadoras de ansiedad, pues despiertan los más recónditos miedos de sus contempladores a la enfermedad, siempre a punto de declararse al escrutar el cuerpo.
Cuanto más aumenta la capacidad de vigilancia sobre nuestro organismo, más lo hace también la conciencia de su vulnerabilidad y de su fragilidad 5, y más crece proporcionalmente la demanda, irracional e insaciable, de que el cuerpo se halle libre de todo mal, de todo daño, de todo perjuicio; es decir la exigencia de que en él se haga carne, gracias a la biopolítica de la prevención y de la higiene, el mito de la salud perfecta (Illich, 1999; Mozorov, 2014).
El sujeto contemporáneo ya no se contenta con menos que eso: cuanto no sea dirigirse con paso firme hacia el bienestar absoluto, y más allá de él en dirección a una inmortalidad biotecnológicamente conquistada, le sabe a poco.
Y, según nuestra tesis, el exceso perceptivo y discursivo de imágenes como las de Anatomical Travelogue/The Visual MD tiene mucho que ver con semejante lógica proclive al delirio, que niega la finitud y la fragilidad allí mismo donde parece descubrirlas, revelarlas, señalarlas.
Pero esto tal vez merecería ser asunto de otro discurso.
Vale la pena volver a citar, esta vez in extenso, a Eduardo Kac, cuya obra está íntimamente emparentada con la de Alexander Tsiaras aunque, como buen artista visionario, el primero vaya un poco por delante del segundo, del divulgador y tecnólogo, en su pragmática social: "Pero a mí lo que me interesa es pasar de la representación a la presentación, que las creaciones se trasladen de la pantalla al espacio físico.
Por ejemplo en una obra anterior llamada "Génesis" creé con mi ordenador el modelo de una bacteria y se lo envié por correo electrónico a la compañía, que sintetizó la bacteria y me la devolvió de manera física.
Ese salto de la pantalla al espacio físico me parece lo más radical, cambiar el interés por reproducir la realidad por el de crear nuevas realidades.
Yo quería salir desde la pantalla al espacio físico.
Seguir utilizando los medios digitales, pero de una forma mas intensa, que estableciese una conexión entre lo físico y lo virtual, entre lo biológico y lo tecnológico.
Pretendo forjar un universo dinámico entre los dos para romper las fronteras y entrar en una nueva ecología" (Kac, 2005).
Recuérdese que E. Durkheim explicaba la idea de dios como resultado de una proyección de sí misma hacia la trascendencia hecha por la sociedad (1912/2014).
La referencia originaria a Jeremy Bentham es aquí inevitable (1791/2011), así como el recuerdo de su analista y crítico Michel Foucault (1975).
Ivan Illich analiza con lucidez el triple temor que suele engendrar la imaginería médica: temor al tumor siempre virtualmente presente; temor a un fallo de la tecnología que pudiera no detectarlo, ya que hay zonas opacas en cualquier imagen y puntos ciegos en cualquier observación; y temor a provocarlo con los propios instrumentos de la imaginería médica, muchos de ellos radioactivos, como se sabe (Illich, 1975; Illich, 1999). |
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Los cambios sociales acelerados propiciados por las TIC e internet están teniendo un creciente efecto en nuestras formas de hacer, de pensar y de ser.
Podríamos incluso decir que el homo conectatus forma parte actualmente del concepto filosófico de naturaleza humana, que tanto trataron de definir los filósofos a lo largo de la historia.
Lo digital se nos impone en nuestra vida cotidiana con la digitalización de documentos, de imágenes, con la escucha musical digital o con la televisión digital.
En la actualidad es evidente que nuestra realidad de hoy está mediatizada y construida por el código binario.
En el siglo XVII Galileo sentenciaba el paradigma de la física aristotélica cuando anunciaba que para comprender la naturaleza había que hacerlo en términos y conceptos matemáticos, pues así estaba escrita.
Con ello anunciaba la modernidad.
Actualmente, en la postmodernidad, asistimos a un cambio similar en la cultura porque esta última también ahora está escrita en dígitos.
Históricamente la naturaleza y la cultura se han presentado de forma divergente en el pensamiento y en las ciencias.
Sin embargo, paradójicamente, parecen tener algunas semejanzas en su definición.
Asimismo, la cuestión que debemos abordar ahora, una vez que el proceso de digitalización es irreversible, es intentar explicarlo desde la interdisciplinariedad de las ciencias sociales, a sabiendas de que es un objetivo de largo recorrido.
Por ello, este monográfico pretende contribuir de forma exploratoria al afán de analizar y comprender uno de los temas de nuestro tiempo: el proceso de digitalización de las formas de producción, difusión y recepción cultural.
Un proceso que va más allá del análisis de su dimensión técnica y tecnológica.
De este modo el presente monográfico La transición a lo digital de la cultura y el conocimiento: sus efectos en la creación, la intermediación y la participación cultural trata de aportar un conjunto de perspectivas y enfoques sobre algunos de los procesos y dinámicas de la digitalización que se están produciendo en torno al conocimiento y a la cultura a partir de las aportaciones de nueve autores en cuatro artículos que analizan diferentes aspectos de este complejo proceso.
Abrimos esta reflexión con el artículo de Raquel Caerols, en el que se analiza la epistemología de la tecnología, una idea que remite a una concepción de la tecnología y de la técnica como modelos de pensamiento, es decir como una interpretación del universo y no solamente como meros procesos que acompañan al desarrollo y al progreso de la humanidad.
De este modo en este artículo Caerols parte de la distinción entre la técnica como proceso y medio para la consecución de ciertos objetivos y, por otra parte, de la tecnología "como aquel conjunto de saberes que trae como resultado final un instrumento mediador en los procesos de creación, de práctica y desarrollo".
A partir de esta distinción, analiza diferentes casos de la compleja relación entre ciencia, pensamiento, arte y tecnología a partir de la modernidad.
Así, por ejemplo, la perspectiva lineal sería la técnica que permite a la tecnología la construcción de la cámara oscura y sus lentes.
La ciencia moderna y la noción del cambio de paradigma -el paradigma de la visión objetiva, en este caso-serían la clave que da sentido a esta forma de progreso técnico, tecnológico, filosófico y artístico.
Asimismo, la autora analiza el caso de la pintura como campo artístico y de sus relaciones con la técnica y la tecnología.
Es decir, cómo se recibió y evaluó por parte de los pintores la nueva creación tecnológica (la cámara fotográfica) y cuáles son las derivadas que se dan en el campo de la pintura como consecuencia de la epistemología tecnológica.
El análisis del surgimiento de lo digital lo sitúa en el centro de nuestro pensamiento como concepto macro que todo lo conforma y configura.
Según su tesis, no es solamente un elemento que condiciona desde fuera nuestro pensamiento sino que al mismo tiempo conforma nuestro modo de conocer, de ser, y en definitiva de hacer.
Por otra parte, en el monográfico tratamos de hilvanar una aproximación a la cuestión digital dirigida a aquellos elementos simbólicos como son la cultura y el conocimiento.
Por lo tanto, se presentan, como no podía ser de otra manera, los diferentes enfoques y perspectivas acerca de la cultura digital y sus diferentes alcances y dimensiones.
Así, en el artículo de Rius, Pecourt y Rubio se caracteriza la digitalización como un proceso inscrito en las propias dinámicas del campo cultural, si bien es evidente que la sociedad digital forma parte de la cadena de las revoluciones industriales de estos últimos tres siglos.
Sin embargo, no todos los cambios que se están produciendo tienen su germen en el espacio digital.
Del campo académico también provienen conceptos que tratan de dar cuenta del cambio social.
Uno de ellos es la aparición del concepto de la economía social y sostenible.
Autores como Laville (2006) analizan las nuevas iniciativas de la economía social y solidaria, fruto de la nueva consideración del ciudadano responsable frente al consumidor moderno, en la que los bienes y servicios están al servicio de los valores de una vida digna, ecológica y sostenible democráticamente.
Otra dimensión del cambio proveniente del mundo social hace referencia a la aparición de la lógica colaborativa (fab-lab, co-working, movimientos asamblearios, huertos comunes...), aunque esta lógica ha encontrado en el campo digital un entorno propicio para su desarrollo, pues la dinámica del peer to peer (P2P) propone tanto compartir como construir conocimientos y contenidos digitalizables -artísticos o no-entre individuos en un mismo plano de igualdad, sin una autoridad y sin jerarquías prevalentes.
De este modo, la lógica colaborativa del P2P está en el germen del open source, el creative commons, el crowdsourcing y el crowdfunding.
Tal como analiza Antonio Ariño, "el núcleo gravitacional del campo semántico [de la digitalización] es el término open".
El movimiento open definido así por el profesor de la Universidad de Valencia recogería la lógica colaborativa y "reclama la construcción de un dominio público nuevo para el desarrollo de una cultura libre mediante la accesibilidad abierta".
La cultura open también amalgama otros registros semánticos tales como free (libertad-gratuidad), commons (puesta en común) y public (carácter público de los bienes que se hallan en juego).
El artículo de Ariño aporta una visión sintética y sincrónica del movimiento open en el ámbito digital apuntando a los profundos y distintos alcances e impactos que está teniendo en la actualidad.
Ariño sitúa el inicio de este movimiento en los años ochenta en el campo de la programación informática.
Como fruto del dinamismo de este movimiento colaborativo se crean las aplicaciones libres Linux, Apache, Mozilla y Open Office.
Este movimiento se ha extendido a otras dimensiones del conocimiento tales como el acceso abierto a los resultados de la investigación científica (la propia ley de la ciencia española obliga a las universidades y a los grupos de investigación con proyectos I+D+i a disponer públicamente en la web los datos y las publicaciones surgidas de dichos proyectos a través de los repositorios de open data institucionales) y la extensión de la docencia a través de internet en diferentes formatos y enfoques entre los que cabe destacar los cursos educativos abiertos y en línea (Massive Online Open Courses, MOOCS).
En lo que se refiere a la producción y difusión del conocimiento se evidencia, por un lado, el incremento exponencial del acceso en abierto a las revistas científicas.
Una tendencia creciente a pesar del oligopolio que mantiene el sector lucrativo en la difusión y en la valoración de las revistas a partir de las mediciones de impacto y reputación de empresas como Elsevier (Scopus) o Thomson Reuters (Science Citation Index).
Dada la naturaleza multidimensional del movimiento open, el texto de Ariño se centra en dos aportaciones fundamentales del movimiento: a) la producción cooperativa de bienes simbólicos basada en la colaboración cooperativa y no lucrativa de personas en torno a la producción de un bien común, y b) la naturaleza del conocimiento, entendido como bien común, por a487 lo que no debe ser acotado por normas como la propiedad intelectual.
Unas normas que son vistas como factores de resistencia hacia la innovación y la democratización del conocimiento.
Ello nos permite dejar planteadas tres dimensiones de los efectos del movimiento open, sin ánimo de exhaustividad.
En primer lugar, cómo el movimiento open afecta al conjunto de la administración pública.
En segundo lugar, cómo los valores participativos, abiertos, colaborativos de lo open afectan a los contenidos simbólicos como puedan ser los de las industrias culturales.
Una parte de estos efectos consiste en el lucro cesante como consecuencia de la piratería digital, algo que no está resuelto en España -que según el observatorio de piratería y hábitos de consumo digitales en 2017 ascendía a 21.899 millones de euros.
Y finalmente cómo el movimiento open está afectando a los modos de aprendizaje, a la aparición de nuevas formas y conceptos de aprendizaje y conocimiento, que ponen en cuestión buena parte de las lógicas y de las dinámicas de la educación formal.
Uno de los efectos del movimiento open en el conjunto de las administraciones públicas es el open data.
Hace muy poco tiempo que las administraciones públicas han comenzado a diseñar e implementar acciones para la puesta a disposición de los ciudadanos de los datos que generan en sus distintos servicios públicos.
En algunos casos, como la Agencia Estatal de Meteorología a través de la página web, se pone a disposición de los ciudadanos desde hace unos años una actualización continua de los datos y de las previsiones del tiempo.
Otros servicios públicos se están incorporando a las demandas de información y a la posibilidad de reutilizar los datos desde la administración pública, como es el caso del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Este organismo ha empezado a publicar sus microdatos en formato ASCII.
Aquellos que hemos tenido que analizar algunos aspectos de las políticas públicas en nuestra tarea investigadora somos conocedores de la dificultad, en algunas ocasiones, para localizar y acceder a los datos de las administraciones públicas, si bien el grado que ofrece esta dificultad es variable en las distintas administraciones en función de la conciencia del valor de la transparencia y de la responsabilidad de cada una.
Además de su utilidad en el campo de la investigación fundamental, el open data de las administraciones públicas puede aportar también un valor añadido a las diferentes empresas en el sector lucrativo, especialmente a aquellas que se desarrollan en el sector tecnológico, dadas las oportunidades que ofrece el linked data (el cruce de datos) tal como refiere el último informe internacional del Open Data Index en la edición de 2014.
La aprobación de la ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno es otra evidencia de los efectos del movimiento open y de la necesidad de que los gobiernos provean los datos al conjunto de la sociedad y mejoren la transparencia de su gestión.
Esta ley viene a regular el acceso a la información y el acceso abierto a los datos de las administraciones públicas y permite cubrir el vacío legal que se regulaba de manera tangencial y parcial en la ley 30/1992 de 26 de noviembre, de procedimiento administrativo.
El segundo efecto que queremos estudiar concierne a cómo los valores participativos, abiertos, colaborativos chocan con la comercialización en el mercado digital de los contenidos de las industrias culturales.
Ariño diferencia dentro del movimiento open al menos dos posturas básicas con relación a la gratuidad de todos los bienes y servicios simbólicos.
Una de ellas, que tiene un fuerte arraigo social en el estado español, aboga por la gratuidad, sin distinción entre la información y los bienes artísticos y expresivos.
Otra posición más moderada distingue entre aquellas prácticas a las que afectan las leyes de propiedad intelectual, que defienden sobre todo las empresas provenientes del paradigma analógico como las industrias culturales.
Para esta segunda posición, lo digital no deja de ser "el problema" pues la crisis sistémica de la cultura en España (Rubio Arostegui, Rius Ulldemolins y Martínez Illa, 2014) está causada, entre otros motivos, por la obsolescencia de los canales de comercialización y distribución del paradigma anterior.
Además, según esta visión, la dificultad consiste en aunar el binomio ocio-negocio en el paradigma digital en un marco de prevalencia de los valores open, frente a los del mercado tradicional.
Así, el observatorio de piratería y hábitos de consumos digitales, en el informe de 2017 sigue evidenciando un porcentaje muy elevado de internautas que declaran acceder a productos digitales de forma ilegal.
Ello afecta en forma desigual según el sector cultural que analicemos.
La incidencia mayor se produce en el caso de las películas y la música (34% y 12%, respectivamente) y la menor en el caso de los videojuegos y el libro (un 10% y un 15%, respectivamente).
Por otra parte, las razones por las que se justifica el pirateo digital se refieren a la facilidad del acceso a coste cero (60%), es decir, de la cultura de la gratuidad, algo que forma parte del movimiento open.
Los motivos económicos son los más esgrimidos, seguidos por los motivos prácticos (facilidad y rapidez de acceso a los contenidos) pero los autores a487 del informe también se refieren a los derechos de los internautas y a la ignorancia de que su conducta perjudica a ciertos sectores de la industria cultural.
El tercer efecto hace referencia al conocimiento, su producción, su acceso y las dinámicas que se establecen en el aprendizaje.
El conocimiento pasa a vincularse no solo al texto, sino también al hiper-texto.
El conectivismo como una nueva teoría del aprendizaje (Siemens, 2004) forma parte de un conjunto de conceptos, de nuevas formas de entender los procesos de construcción del conocimiento en su dimensión colectiva y colaborativa desde el marco digital.
No obstante, su consistencia como teoría del aprendizaje está aún lejos de ser aceptada en el campo de las ciencias de la educación.
Anteriormente hemos hecho referencia al movimiento open y especialmente a alguno de sus logros más significativos en la construcción colaborativa de software libre aplicado al campo de la comunicación y la educación.
En estos casos de alguna manera se construye conocimiento al margen de las comunidades científicas o, mejor dicho, en los márgenes de sus instituciones de producción, reconocimiento y legitimación educativa.
Del mismo modo ocurre con la concepción del aprendizaje al margen del sistema escolar.
Tal como analizan Grané y Bartolomé ( 2013), las nuevas tecnologías conllevan nuevas concepciones del aprendizaje.
Así en pocos años se han acuñado nuevos conceptos que pretenden dar cuenta del ethos del aprendizaje.
Asimismo, el concepto de redes de aprendizaje ha llevado a la sustitución del long life learning (aprendizaje continuo a lo largo de la vida) -que surgió a finales del siglo XX para tratar de responder al cambio acelerado en nuestra sociedad-por el life wide learning (aprendizaje a lo ancho de la vida), un concepto que se refiere a una nueva dimensión del aprendizaje por el que el protagonismo en la dinámica de aprendizaje no lo tiene la institución educativa formal sino la educación informal en el entorno digital.
En este entorno, los dispositivos de acceso tecnológico se multiplican y dan pie al aprendizaje a distancia.
Ahora bien, estas nuevas formas de entender y de desarrollar los procesos de generación y transmisión del conocimiento y de la cultura no son neutras ni producen cambios necesariamente buenos para el conjunto de la sociedad.
Por un lado, se hace necesaria una mejor manera de integrar la dimensión conectivista del aprendizaje con el conocimiento más profundo que requiere cualquier disciplina.
Es muy difícil que las instituciones básicas de la socialización, como son la escuela y la familia, eduquen en una cultura digital, pues ambas instituciones viven un proceso de cambio más lento que la dimensión tecnológica.
Por lo tanto, uno de los retos en el seno de ambas instituciones es el de educar el sentido crítico del consumo de las TIC.
Ello se evidencia en el incremento significativo de la violencia doméstica de los adolescentes y jóvenes, en las adicciones a la red, en el acoso en la red -el sexting y el groomingy en el bajo rendimiento escolar, que en España se sitúa muy por debajo de la media europea.
Otro concepto relacionado con la dimensión colaborativa y digital del aprendizaje que se genera en grupo es el denominado computer suported collaborative learning (aprendizaje colaborativo a través del ordenador).
La dimensión grupal de este concepto hace que el foco no se ponga en el individuo sino en las dinámicas del grupo como unidad de análisis de los aprendizajes.
Así, Engel y Onrubia ( 2013) han analizado las prácticas colaborativas de aprendizaje en contextos universitarios haciendo hincapié en la dificultad que tienen los grupos de alumnos en llegar a las fases más avanzadas del proceso de construcción colaborativa: el trabajo de los grupos queda reducido a un mero reparto de tareas en donde no se da ni la revisión ni el contraste entre los participantes del grupo.
Se evidencia, por tanto, que la construcción colaborativa del conocimiento es algo más complejo que compartir y comparar información entre los integrantes de un grupo.
Es precisamente por esta razón por lo que hay que reparar de forma crítica en los efectos de conceptos tales como el de inteligencia colectiva (Levy 2004), un término que hace referencia al enriquecimiento mutuo de las personas y a una concepción democratizada de este capital simbólico.
Según Levy (2004), "se pasa del cogito cartesiano al cogitamus".
Parece, por tanto, que lo colectivo y lo social emergen como una nueva dimensión apoyada en la cultura digital.
Paralelamente, en otros campos como el educativo aparecen nuevas formas de definir la inteligencia colectiva en forma de diferentes tipos de inteligencias, tal como sostuvo hace unas décadas H. Gardner (2001) con la teoría de las inteligencias múltiples.
Uno de los efectos de esta teoría en el sistema educativo es la puesta en tela de juicio de la forma lógico-matemática y lingüística que ha prevalecido históricamente en los sistemas educativos formales como el único tipo de inteligencia y la eliminación de la distinción antigua pero aún presente a487 en la educación formal entre "listos y tontos" o la versión más moderna del "fracaso escolar".
Existe una diversidad de inteligencias repartidas en forma desigual entre el conjunto de la sociedad.
Asimismo, podemos caracterizar una diversidad de modos de ser inteligentes y ninguna persona está excluida de serlo si recibe una educación adecuada.
Otro concepto clave del paradigma digital es la lógica colaborativa en la que se desarrollan proyectos basados en el intercambio no monetario de bienes y servicios.
Se nos olvida sin embargo que hay muchos proyectos colaborativos del paradigma analógico donde se requiere la participación de todos y en los que no funciona dicha lógica colaborativa.
Por ejemplo, la participación de los ciudadanos en los centros culturales o algo que afecta aún más al conjunto de la población, como la participación de los padres en los centros educativos públicos en el nivel de la educación obligatoria.
Regulada por ley, la participación de los padres y madres a través de las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPAS) muestra una situación democrática deficitaria desde los primeros estudios en el campo de la sociología de la educación (Fernández Enguita, 1990).
La cuestión que queda por resolver es por qué este tipo de proyectos colaborativos que son tan trascendentes para las personas (como es la educación de nuestros hijos) tienen estos déficits históricos de legitimidad democrática y participativa y no son asumidos por parte del conjunto de la comunidad escolar desde esta lógica colaborativa.
Una de las posibles respuestas podría ser el difícil encaje de las lógicas colaborativas en proyectos de bien común fuertemente institucionalizados y burocratizados como es el caso del sistema escolar.
Otra de las posibles respuestas podría ser la naturaleza notecnológica del proyecto educativo y su carácter de ámbito en gran medida impermeable a unas lógicas que podrían funcionar mejor con lo tecnológico.
En cualquier caso, no tenemos una literatura científica suficiente hasta el momento para poder responder a esta pregunta.
Pero junto a las lógicas colaborativas, podemos identificar el lado oscuro de internet evidenciando el efecto negativo que está provocando la oligopolización de los gestores de redes y servicios en el mercado de la cultura y los bienes simbólicos.
Los proveedores de bienes y servicios -Amazon, Apple-, las plataformas de contenido -Facebook, Youtube-, los buscadores -Google-, los operadores de telecomunicaciones -Vodafone, Telefónica, etc.-han dado la vuelta a la distribución y comercialización de la cultura y del co-nocimiento en el marco de la cultura digital.
El papel principal que tenían las industrias culturales de los media y de la propiedad intelectual ha pasado en muy poco tiempo a ser secundario.
El negocio digital todavía no es una alternativa al de la cultura analógica y ello tiene una incidencia clara en la precarización de las profesiones artísticas que está aumentando en los últimos años en España (Informe de la Cultura 2014, Fundación Alternativas, Informe AISGE).
Parece que ello ha calado en el ámbito político con la creación de una subcomisión en el Congreso de los Diputados a finales de 2016 para la elaboración del estatuto del artista y de las profesiones artísticas.
Esta precarización de las profesiones de la cultura conforma también uno de los aspectos clave del artículo de Rius Ulldemolins, Pecourt y Rubio Arostegui.
Los autores son reacios a una interpretación acrítica de los valores colaborativos que supuestamente comporta lo digital.
Concretamente critican "las visiones de la cultura digital sobre el empoderamiento del consumidor y la pérdida de influencia de los productores culturales [que] se realiza sin tener en cuenta el entramado completo de agentes e intermediarios culturales que componen el campo cultural".
Tal como refiere Pérez Colman (2014), no es posible definir la creatividad del rock y del pop de los años sesenta sin hacer referencia a todo el conjunto de profesiones intermediarias que se dan entre los músicos y las audiencias, como los managers, los promotores, los ingenieros de sonido, los directivos de las discográficas, los publicistas, los editores, la prensa musical, las tiendas de discos, etc. Como afirma Pérez Colman, cuando escuchamos un disco no escuchamos solo la pieza musical interpretada por un grupo más o menos extenso de músicos:
En él oímos no solo a los músicos y sus instrumentos, cómo tocan y cantan [...] sino que oímos a los productores discográficos y los ingenieros de sonido, cómo graban y cómo mezclan, esa dispersión y proliferación de los sonidos, la manera en que se incorporan sensibilidades musicales y afectivas (Pérez Colman, 2014, pp. 51-52).
El artículo de Rius Ulldemolins, Pecourt y Rubio Arostegi pretende, en primer lugar, contrastar los discursos sobre la transición a lo digital con las teorías clásicas y contemporáneas de la sociología del arte y de la cultura.
A partir de los enfoques de Bourdieu, Collins y Menger, el trabajo propone el desarrollo de futuras líneas de investigación sociológica sobre las consecuencias en los agentes y en la industria cultural en su conjunto.
En segundo lugar, se abre el debate sobre si esta transición está fomentando o perjudicando la creatividad en el a487 campo cultural.
Con independencia de las adscripciones a las corrientes sociológicas y sus alcances, ambas teorías coinciden en que la creatividad en los diferentes campos artísticos se concentra entre un número limitado de agentes, en un espacio social que está jerarquizado.
En el caso de Bourdieu los agentes se encuentran en diferentes subcampos y poseen un capital cultural desigual.
En el caso de Collins su perspectiva se centra en la "ley de los pequeños números" y en la importancia de una focalización de la atención creativa.
Por otra parte, en el caso de Menger, los mecanismos institucionales de selección generan mecanismos de winners take all, que producen unas élites artísticas.
En estos pequeños espacios sociales reducidos y concentrados de talento y especialización se desarrolla la creatividad.
Y al mismo tiempo se produce toda una interacción con profesionales intermediarios que, a su vez, aportan valor y modifican las producciones culturales.
Pues tal y como hemos visto en el caso del pop y del rock, la creatividad de los años sesenta fue un fenómeno multi-factorial en el que la tecnología y las profesiones intermediarias no pueden ser ignoradas en los análisis.
Por poner un ejemplo, el fenómeno Beatles no hubiera tenido semejante dimensión sin la presencia de George Martin o Brian Epstein.
Aquí es precisamente donde los autores ponen el acento en un fenómeno que los entusiastas de la digitalización cultural ignoran al centrar su argumentación en la oposición productor-consumidor.
La perspectiva ciberutópica de lo digital tiende a pasar por alto estos mecanismos de valor, aparentemente ocultos, que se dan en las dinámicas de la creación artística.
Aunque no es posible responder todavía a la pregunta que plantean los autores acerca de cómo se ve afectada la creatividad en el seno del arte y la industria cultural, hay ciertos trabajos académicos que avanzan algunas ideas al respecto.
Por ejemplo, en el caso de la música actual, Fouce (2014) afirma que la digitalización en forma de streaming en el consumo musical, sobre todo en las nuevas generaciones, crea un sistema orientado a la explotación de grandes fondos de catálogo.
Este sistema, por lo tanto, no ayuda a fomentar los nuevos talentos.
Por una parte, los ingresos de los músicos siguen proviniendo de las giras, y las ventas de los soportes físicos tienen una gran dependencia con respecto al espacio que ocupan algunas figuras actuales en los programas de televisión de mayor audiencia.
Por otra parte, los festivales tienden a programar a artistas ya reconocidos, los ayuntamientos han dejado de jugar el papel dinamizador que tuvieron a partir de los años ochenta y las salas privadas no se desmarcan mucho de la estrategia de programación de los festivales.
Este análisis del sec-tor musical en España dibujado por Fouce (2014) demuestra cómo las intermediaciones del sector musical se están resquebrajando y la digitalización no está aportando negocio.
En este contexto la digitalización, a la vez que contribuye a la desaparición de una buena parte de la cadena de valor de los intermediarios en el campo de la música actual, no ofrece una cadena de intermediarios con suficiente entidad para apoyar a los nuevos valores musicales.
Un proceso que se produce también en otros sectores como en la industria de libro.
En el informe del observatorio de la piratería y los hábitos de consumos culturales digitales los datos siguen mostrando que el negocio menguante del libro sigue estando en el papel (la cuota de mercado del libro digital fue de un 31% en 2017 y su comercialización se realiza a través de empresas digitales transnacionales (Amazon, Apple y Google, Netflix o Spotify) que acaparan una cuota de mercado del 80%.
Y tanto en el caso de la música como en el del libro se plantea la necesidad de formular propuestas educativas que incentiven a las nuevas generaciones a abrir sus pautas culturales a la cultura pre-digital, por un lado, y de refundar las políticas culturales para hacer frente a su crisis sistémica, por otro (Rubio Arostegui et al. 2014).
En el paradigma digital también se constata la aparición de nuevas formas de financiar los proyectos artísticos y culturales tal como refieren en su artículo Barbieri, Fina, Partal y Subirats.
En este sentido, el crecimiento de plataformas y proyectos relacionados con el crowdfunding, tal como señalan los autores, no puede desligarse del contexto político, económico y cultural en el que se desarrollan.
Asimismo, se impone analizar sus efectos en el sistema cultural.
Lo digital está propiciando nuevas formas de entender el mecenazgo pues, a diferencia del concepto tradicional, el crowfunding necesariamente tiene una naturaleza tecnológica.
A través del análisis de los casos de Verkami y Goteo, los autores analizan y contextualizan el papel de dichas plataformas en la cultura en torno a ejes de análisis tales como su papel intermediador o desintermediador, el fomento de la participación creativa o los procesos de resocialización.
Si bien hay datos que atribuyen una cierta efectividad de estas plataformas con una elevada tasa de éxito de los proyectos (70% en el caso de Verkami), ello no necesariamente conduce a predicar efectos positivos en el campo cultural.
Pues aún queda por saber hasta qué punto este sistema de financiación digital constituye un factor central del sistema cultural o, por el contrario, puede reforzar aún más si cabe las actuales dinámicas de precarización y de auto-explotación en las profesiones culturales. |
La tecnología digital tiene hoy un papel central en todos los espacios de debate, de la investigación y del saber.
Los estudios realizados desde una perspectiva sociocultural ponen el peso sobre la tecnología digital como elemento transformador per se, determinante de los cambios producidos en lo social y en el conocer.
Un abordaje crítico-humanista de las tecnologías desde dentro de la episteme del pensamiento moderno occidental, un acercamiento epistemológico a la tecnología, podríamos decir, la situará en otro plano de nuestros modos de conocer.
La conformación de los procesos creativos en el arte de la modernidad es buena muestra de ello.
Un análisis de la generación de dichos procesos creativos en su vinculación con la tecnología posicionará en otra dimensión las configuraciones y transformaciones de nuestro conocimiento.
Además, el texto más importante en este campo de conocimiento lleva a poner en cuestión las posiciones tecno-deterministas en el análisis del conocimiento.
Estudio crítico de las posiciones tecno-deterministas en el pensamiento moderno occidental: arte, ciencia y tecnología 2 a488
La presencia de la tecnología en el mundo occidental contemporáneo en todos los estratos de nuestra sociedad y ámbitos del saber -esencialmente por el surgir de nuevas formas tecnológicas para la transcripción de la realidad, como es el lenguaje digitalha traído numerosos análisis desde muy diferentes ámbitos del conocimiento, generando o bien corrientes ciberutópicas o formulaciones sobre los peligros de lo digital en las transformaciones socioculturales y económicas (Rius, 2014).
Ambas propuestas colocan a las tecnologías digitales en un lugar preponderante y central a la hora de explicar y analizar dichas transformaciones, dando lugar a un posicionamiento tecnodeterminista que distorsiona, tergiversa y parcializa la verdadera naturaleza de nuestro saber y asimismo de las múltiples variables que lo han ido conformando hasta nuestra contemporaneidad digital, obviando y dejando de lado la naturaleza tecnocientífica y racional que ha marcado la configuración del pensamiento moderno occidental.
Las posiciones tecnodeterministas suponen personificar la tecnología o colocar atributos de personificación a la tecnología, como si tuviera la capacidad de transformar por sí misma, y no teniendo presente que esa capacidad solo está y es atribuible al hombre, pues él crea la tecnología y él la posiciona en el orden del conocimiento, del saber, en el plano sociocultural y económico que determina.
La tecnología es fruto de nuestro modelo de pensamiento, fruto y creación de nuestro modo y manera de conocer.
La episteme de la tecnología digital es buena muestra de nuestro ser contemporáneo.
Así pues, la propuesta de estudio o investigación que realizamos, parte de un análisis en el diálogo arteciencia y, por ende, con la tecnología, que conformó la construcción del pensamiento moderno occidental, lo que a su vez nos proporcionará la medida del papel que representa la tecnología digital en el mundo contemporáneo occidental.
Así, daremos a la tecnología una dimensión epistemológica, entendiendo que lo digital no es tan solo una cuestión de desarrollo aparatológico de la tecnología, sino que es y debe ser explicado lo digital como paradigma, como traducción de la cultura contemporánea, símbolo, pues, de nuestro modelo epistemológico.
Situándonos en la posición que entiende el arte como vía de conocimiento, nos centraremos en los hechos y cuestiones principales que trajeron las transformaciones que dieron lugar a los cambios en los procesos creativos en las artes en los diferentes giros que fueron y han ido configurando la conformación del pensamiento moderno occidental.
La clave de este contexto de análisis se sitúa en el hecho de que desde el momento en que empezaron a configurarse las formas de creación modernas occidentales, la tecnología entró en el taller de los artistas.
El papel que ha jugado esta en los diferentes giros hasta la llegada de lo digital nos dará la medida del peso de lo digital en la conformación del pensamiento y de los paradigmas contemporáneos.
DELIMITANDO LOS CONCEPTOS DE CIENCIA, TÉCNICA Y TECNOLOGÍA
Desde la creación científica de la perspectiva lineal por parte de Brunelleschi, pasando por la conformación de diferentes técnicas que fueron configurando los métodos del arte moderno, así como medios técnicos tales como las lentes, espejos, cámaras oscuras y demás tecnologías, hasta esta nuestra realidad que la traducimos en código binario, la ciencia, la técnica y la tecnología han tejido los modos del hacer y del conocer del arte moderno.
Por ello, antes de iniciar nuestro análisis pormenorizado, consideramos como cuestión fundamental asentar definiciones precisas sobre el trinomio ciencia, técnica y tecnología para entender su sentido y posición en los métodos de creación de las artes.
La cuestión es tremendamente complicada pues no hay consenso entre los historiadores e investigadores de la filosofía de la ciencia o incluso tocan el tema de lejos.
Así es que quizás esté por hacer una "filosofía de la tecnología" (Cardwell, 1996).
Pero, como es evidente, nosotros no vamos a profundizar en esta cuestión, pues conllevaría analizar otros hechos y saberes que implicaría otro espacio diferente de investigación.
Nosotros vamos a hacer las precisiones pertinentes que nos sirvan para centrar el objeto de estudio y, así mismo, anclar los puntos de referencia.
Para ello, tomamos como punto de partida la siguiente reflexión del texto de Cardwell Historia de la tecnología (1996):
La insistencia en un propósito caracteriza la distinción entre ciencia y tecnología.
Muchos progresos importantes -por ejemplo la teoría atómica de Dalton-fueron realizados por científicos cuyos objetivos originales eran muy distintos de los de sus logros últimos. [...]
Por otro lado, el tecnólogo, el inventor, trabaja casi siempre con la mirada puesta en un objetivo previsto.
Sería difícil imaginar que un ingeniero a488 que se dispone a diseñar un nuevo tipo de puente o construir un motor térmico nuevo y revolucionario pudiera acabar produciendo un nuevo tipo de barco o de frigorífico.
Y sin embargo, como ya se ha señalado, ciencia y tecnología están estrechamente relacionadas, de manera que algunas de las fronteras entre ellas son borrosas hasta el punto de no existir (Cardwell, 1996, pp. 470-471).
Así pues, una introspección en la creatividad artística y sus transformaciones, en relación a las interacciones con la ciencia, la técnica y la tecnología, se presenta como cuestión compleja en sí.
Por ello, en ocasiones las distinciones estarán claras y otras serán más difusas.
Como guía en este análisis que comenzamos, tendremos presentes las aclaraciones de Cardwell, por considerarlas lo suficientemente amplias en su concepción y ser, por tanto, aplicables tanto para un bosquejo desde la idea moderna de los términos como desde otras acepciones de lustros anteriores.
Desde este punto de vista, entendemos la ciencia como un conjunto de conocimientos teoréticos que, en parte, se componen de variables de un marcado carácter especulativo.
La técnica la entendemos como una serie de procesos y modos para la consecución de ciertos objetivos; y la tecnología como aquel conjunto de saberes que trae como resultado final un instrumento mediador en los procesos de creación, de práctica y desarrollo.
En nuestro campo específico, la perspectiva lineal la situamos en el ámbito de la técnica y la cámara oscura y sus lentes; asimismo, en el de la tecnología, siendo la ciencia elemento abarcador de ambos saberes.
Aunque respecto a esta última afirmación debemos hacer algunas otras precisiones.
Cardwell nos dice, por un lado, que hay preciados inventos que "derivaron de descubrimientos científicos" (Cardwell, 1996), y tras varios ejemplos, reflexiona:
Hertz no previó la utilización de las "ondas hertzianas" en comunicación.
El invento no pudo deducirse del descubrimiento en ninguno de estos casos.
En todos ellos fue necesario un acto de invención aparte y adicional, basado en la nueva experiencia que suponía el descubrimiento (Cardwell, 1996, p.
¿Qué fue sino la perspectiva lineal de Brunelleschi para con la pintura renacentista, en las adaptaciones que los artistas realizaron de ella?
Cardwell (1996) apunta a que "hay avances científicos que han derivado de la tecnología.
Pues bien, estos son los márgenes en los que nos vamos a mover pues, como decíamos, los aspectos que podrían determinar los contextos específicos de la ciencia, la técnica y la tecnología no son siempre claros ni precisos.
Asimismo, aunque el concepto de tecnología fue acuñado por primera vez en el siglo XVII, su vinculación con la idea de progreso lo hace pertinente en su utilización como término denominador de los aparatos de perspectiva y óptica que comenzaron a ser empleados en las construcciones pictóricas del Renacimiento:
No creo que sea casual el hecho de que este fuera también el período en el que la construcción de aparatos científicos y utilitarios ocupó un lugar importante en el esfuerzo del hombre europeo para conseguir el progreso individual y material.
De hecho, la noción global del progreso en esta fase del pensamiento occidental la comparten la ciencia, la tecnología y el arte naturalista (Kemp, 2000, p.
Gombrich en su Historia del arte (1997) describe esta circunstancia transcendental en la historia del pensamiento occidental.
Desde el momento en que los artesanos de la Edad Media levantaron sus ojos de los libros de muestras para ilustrar los libros de miniaturas, para poner dicha mirada en la naturaleza, los artistas se vieron en la necesidad de construir métodos, medios, técnicas y tecnologías con las que acercarse y conocer la realidad, de dialogar con la ciencia.
Dice Gombrich en su texto Arte e ilusión.
Estudio sobre la psicología de la representación pictórica:
Esta búsqueda constante, este bendito descontento, es lo que constituye la levadura de la mente occidental desde el Renacimiento, y penetra nuestro arte no menos que nuestra ciencia.
Porque no es solo el científico de la casta de Camper el que es capaz de examinar el esquema y verificar la validez.
Desde Leonardo, por lo menos todo gran artista ha hecho lo mismo, consciente o inconscientemente (Gombrich, 2002, p.
MODELOS DE CREACIÓN EN LAS ARTES: UN ENFOQUE HUMANISTA DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA VISIÓN EN LA CONFORMACIÓN DE LOS MODELOS DE CREACIÓN DEL PENSAMIENTO MODERNO
Un texto de referencia para nosotros, por ser el primero que pudo demostrar que las tecnologías de las lentes estaban en el taller de los artistas ya desde el siglo XV, y no desde Vermeer como se creía hasta la publicación de dicho libro, es el texto de David Hockney El conocimiento secreto.
Si indagamos en la organización gremial de las diferentes actividades comerciales de los Países Bajos del siglo XV (concretamente en Brujas), descubriremos, como señala Hockney, que el Gremio de San Lucas reunía tanto a los fabricantes de cristales como a los artistas (Hockney, 2002).
La historia del pensamiento y, como prolongación, los métodos y procesos de la creación en las artes estaban empezando a escribirse en la dialéctica arte, ciencia y sus tecnologías asociadas, tal fue así que se agruparon en un mismo gremio, como algo natural en su hacer, saber y conocer:
El siglo XV marcará el comienzo de la coproducción continuada entre creación, tecnología y espíritu científico con el fin de conseguir un progreso intelectual y técnico que no había tenido parangón en la historia del pensamiento occidental.
Mediante el uso continuado de aparatos de perspectiva, retículas en forma de ventana para calcar lo que el ojo ve o máquinas ópticas que utilizaban complejas ecuaciones y sofisticados juegos de lentes de aproximación, el hombre moderno estableció las bases para un nuevo modelo de explicación del universo.
De esta forma, el mundo de la representación se alejaba definitivamente de los estereotipos simbólicos y mágicos anclados en el arte gótico para acercarse cada vez más al modelo naturalista, basado en la observación directa de las cosas (Gómez Isla, 2002, p.
El hecho trascendental que constituyó el nacimiento del pensamiento moderno fue esencialmente la conformación del arte y de la ciencia como entidades independientes de conocimiento: la teoría de la estética y el nacimiento del método científico.
Desde entonces ambos saberes caminaron a la par, conformando la arquitectura epistemológica del pensamiento occidental.
Es pues que, a partir de ese momento, tanto el arte como la ciencia compartieron el anhelo de ser, de crear conocimiento.
Aunque el arte difiere mucho de la ciencia, lo que él y nosotros entendemos por arte todavía tiene en común con la búsqueda científica de la verdad el hecho de que se le considere como acumulativo.
Ningún problema se resuelve jamás sin que surjan otros nuevos.
Es verdad que en este proceso los valores pueden cambiar; la belleza puede ser considerada como menos importante que la tensión, o el sentimiento como menos artístico que la fría pureza (Gombrich, 2002, p.
EL RENACIMIENTO Y SU APARATOLOGÍA: LA TECNO-LOGÍA EN EL TALLER DE LOS ARTISTAS
La primera técnica que fue fruto de la simbiosis arte-ciencia, ilustrativa de la significación del pensamiento moderno, fue la perspectiva lineal.
Y desde este primer método que señalamos como muestra del diálogo entre arte, ciencia y la tecnología asociada que se fue creando, no solo vamos a apoyar esta vinculación sino que vamos a tratar de mostrar que es fruto y resultado de un naciente modelo nuevo, un nuevo modelo epistemológico definidor del pensamiento moderno occidental.
Es decir, no sería correcto afirmar que la perspectiva lineal vino a cambiar la representación y la lectura de la realidad, sino que fue fruto de esa nueva necesidad de acercarse y conocer la realidad, el mundo, un posicionamiento nuevo del hombre en el desarrollo del conocer.
Se necesitó crear un método, un medio para que el hombre, protagonista del conocer, pudiera acercarse a la realidad y estudiarla.
La perspectiva sería símbolo de una nueva manera de traducir la realidad, símbolo de un nuevo paradigma, el paradigma de la visión objetiva.
Solo bajo los auspicios del nacimiento de este nuevo modelo, pudo ser y puedo tener sentido la creación y la invención de la perspectiva lineal.
Si no se hubiera generado ese modelo, esa episteme, la perspectiva no se hubiera podido desarrollar, ni hubiera tenido una explicitación, una concreción y aplicación práctica en el desarrollo de la mirada y de la representación.
Tampoco se hubieran generado múltiples tratados y estudios sobre la misma, si pudo ser es porque tuvo un porqué.
Y una muestra de esta afirmación es que en la China del siglo XI no fue así; a pesar de que era una técnica conocida.
Un análisis mediante comparativas -que será metodología que se aplicará en el desarrollo de nuestra investigación-, la utilizamos ya como medio para dar solidez a nuestras afirmaciones.
Dice Hockney en las cartas y correspondencia que mantiene con otros investigadores y que recoge en el citado texto, respecto al sistema de representación con un único punto de fuga:
Los chinos no tenían un sistema así.
Se dice que rechazaron la idea de un punto de fuga en el siglo XI porque significaba que el espectador no estaba allí; en efecto, no tenía movimiento; por lo tanto no estaba vivo, aunque su propio sistema era sumamente sofisticado en el siglo XV.
Los rollos se hicieron viajando a través de un paisaje.
Si se producía un punto de fuga, esto habría significado que el espectador había dejado de moverse (Hockney, 2002, p.
La metodología aplicada por Gombrich para dichos análisis nos lleva al mismo planteamiento:
Las formas del arte, antiguo y moderno, no son duplicados de lo que el artista tiene en la mente, como no son duplicados de lo que ve en el mundo exterior.
En ambos casos son transposiciones a un medio adquirido, a un medio desarrollado por la tradición y la habilidad, la del artista y la del contemplador (Gombrich, 2002, p.
El arte holandés en el siglo XVII (1987) hace un pormenorizado estudio del porqué de las técnicas utilizadas de los artistas de los Países Bajos, denominándolo el arte de la descripción por la minuciosa descripción de los rostros, tejidos, texturas, joyas, por la riqueza de las pertenencias de los retratados:
En Holanda, la cultura visual era fundamental en la vida de la sociedad.
Podríamos decir que la vista fue un medio primordial de autoconsciencia. [...]
En Holanda, si miramos más allá de lo que normalmente se consideran obras artísticas, encontramos que las imágenes proliferan por doquier.
Están impresas en libros, tejidas en los tapices y los manteles, pintadas en azulejos y, naturalmente, enmarcadas en las paredes.
Estas distintas maneras de representación implican también distintos conceptos de la historia.
Uno va ligado al sentido heroico de la pintura italiana y da trato preferente a los acontecimientos excepcionales, mientras que el otro no (Alpers, 1987, p.
Es decir, el arte narrativo de los pintores del sur.
Kemp hace una reflexión especialmente interesante respecto a lo que estamos apuntando:
Podría suponer que pudo ser un capricho histórico el que las funciones del arte y la ciencia llegaran casi al mismo tiempo a trabajar bajo la premisa de que su misión era reconstruir de forma ordenada la verdad de la apariencia como la perciben determinados observadores.
Pero esa premisa, una vez establecida, abrió el camino para un diálogo asombrosamente rico de medios y fines en ciertos tipos de arte y ciencia.
Que los mundos imaginativos e intelectuales que habitaron muchos artistas y científicos hubieran de compartir tantos rasgos comunes en la era de la "ciencia del arte" merece, obviamente, atención histórica (Kemp, 2000, p.
Y así sucedió también entre modos y métodos de ver y conocer el mundo en latitudes más cercanas, significaciones diferentes de un mismo medio y método en relación con sus coordenadas concretas de su explicación del universo, con sus coordenadas socioculturales.
Así Svetlana Alpers en su texto El arte de a488 Buena muestra de ello fueron también los múltiples tratados de perspectiva que se escribieron desde la aparición de la misma, tantos como lecturas y significaciones diferentes de la misma en los siglos en los que este sistema de explicación del universo, como hemos señalado, estuvo vigente.
El texto de Javier Navarro de Zuvillaga Imágenes de la perspectiva es precisamente una minuciosa recopilación de los diferentes y diversos tratados de perspectiva que se escribieron durante varios siglos.
Hasta llegar al significativo texto de Pável Florenski La perspectiva invertida (2005).
LA CÁMARA FOTOGRÁFICA Y EL CINEMATÓGRAFO EN LOS PROCESOS DE CREACIÓN DE LAS ARTES DE VANGUARDIA: LA SIGNIFICACIÓN DE LA TECNOLO-GÍA EN EL TALLER DE LOS ARTISTAS
Si bien la cámara fotográfica puede entenderse y estudiarse como un medio analógico de representar la realidad, como la culminación de un modelo -el paradigma de la visión objetiva-que estuvo vigente durante siglos, curiosamente no fue ese su uso y significación cuando apareció.
El paradigma que había sido válido durante siglos deja de tener sentido en sí mismo desde el momento en que Goethe hace su experimento con la cámara oscura, cerrando el orificio por donde entraba la luz y referencia del exterior para centrar su atención y estudio en lo que sucedía y experimentaba el propio ojo más allá de la referencia externa.
Así, se puso el acento en las experiencias del sujeto como nuevo sinónimo de verdad.
A partir de ahí, a cualquier tecnología de la visión que apareciera no podría dársele sino esa nueva significación, esa nueva verdad.
Si bien es cierto que los estudios y experimentos de Goethe fueron fundamentales, el contexto en el que emergió dicho paradigma, tanto desde el campo de la filosofía, pasando por el cultural, el del arte o el de la ciencia, caminaban hacia la misma dirección, es decir, este giro en los modos de conocer atravesaba de forma transversal todos los ámbitos del conocimiento.
Las teorías de Schopenhauer en relación a su interpretación filosófica de ese nuevo ámbito de estudio que centraba su atención en conocer el ojo en sí, la experiencia del sujeto, o enmarcadas dentro del llamado idealismo subjetivo como marco genérico de dichas teorías -teniendo presente su texto de referencia, El mundo como voluntad y representación (2005)-, Kant y sus estudios sobre la experiencia estética en las Observaciones sobre el sentimiento de lo Sublime y lo Bello (1794) o en la Crítica del Juicio (1790), todo ello junto con los estudios de científicos de Fresnel, Müller, Helmholtz o Chevreul y sus investigaciones sobre el color -centrales para los experimentos de pintores como Signac y Seurat-rompen el tradicional discurso que describe un proceso en continuidad desde la cámara oscura a la cámara fotográfica.
El colapso de la cámara oscura en cuanto a modelo visual y su funcionalidad en el ámbito del arte se hacía evidente con estudios como los de Goethe y los de una serie de filósofos.
El binomio verdad y visión se apoyará en otra significación:
En los textos de Marx, Bergson, Freud y otros, el mismo aparato que un siglo antes había sido lugar de la verdad se convierte en un modelo de procedimientos y fuerzas que ocultan, invierten y mistifican esa verdad (Crary, 2008, p.
El mejor testimonio y estudio que fundamenta las afirmaciones de este epígrafe -de nuestras hipótesis planteadas-es una revisión del texto y catálogo de la exposición que comisarió Dorothy Kosinski En el año 2000, del 6 de junio al 10 de septiembre, se celebró en el Museo Guggenheim de Bilbao la exposición De Degas a Picasso: pintores, escultores y la cámara, comisariada por Dorothy Kosinski, conservadora de la colección de arte europeo Barbara Thomas Lemmon del Dallas Museum of Art.
El planteamiento de esta exposición no se circunscribe a un recorrido cronológico de un período de la historia del arte, a un estudio de estilos o pintores, sino que lo novedoso de esta fue agrupar un conjunto de artistas, objetos, do-cumentos... a partir de unos parámetros conceptuales basados en la construcción de un diálogo con la cámara fotográfica.
Y en este sentido también rompe con el relato tradicional de la fotografía en un continuum de perfeccionamiento tecnológico -en la línea de las argumentaciones de Crary, citado anteriormente, en su texto Las técnicas del observador.
Visión y modernidad en el siglo XIX (2008)-y la coloca como un elemento más, dentro de la dialéctica en torno a la estética que se está produciendo en ese momento.
La sitúa, pues, en otro nivel conceptual, y no como explicación en sí de dichas transformaciones.
El catálogo supone, pues, el apoyo gráfico a las hipótesis que estamos planteando.
La intermediación de la cámara fotográfica en los procesos creativos de los artistas de finales del siglo XIX y principios del XX estaba muy lejos de una intención que situará a la fotografía como un medio de representar la realidad desde el paradigma de la visión objetiva.
Es decir, la dirección de sus procesos creativos estaba muy lejos ya de una intención de representar la realidad de una forma "objetiva", de representar la realidad de forma "realista", al modo naturalista de antaño, para representarla tal como ellos la veían, como ellos la experimentaban.
La fotografía era un mero referente a partir del cual trastocar formas, colores y composición tal como ellos lo veían, a partir de sus propias experiencias, apego y afecto con el mundo que les rodeaba.
La experiencia con la realidad era su verdad.
202. a488 Desde este enfoque, Kosinski plantea cuestiones en la siguiente dirección: ¿la fotografía podría sustituir la labor de los artistas provocando con ello el cambio de mirada?
Aunque el papel que desempeñó la fotografía en sus procesos creativos varió considerablemente, muchos de estos artistas compartieron una visión de la estética que difirió de la de los movimientos artísticos precedentes y supuso un punto de inflexión radical en la percepción de la realidad de la época.
Entre los participantes del movimiento simbolista surgió un hilo conductor gracias a las filosofías de Henri Bergson y Sigmund Freud que acabó con la noción de una realidad universal perceptible en favor de una visión subjetiva y más personal (Kosinski, 2000, p.
La circunstancia que planteamos resulta compleja pues, como señala Dorothy Kosinski en el epígrafe del catálogo titulado Visión y visionarios: la cámara en el contexto de la estética simbolista, los propios pintores muestran multitud de ambigüedades, ya que si en su mayoría expresaban abiertamente un rechazo hacia la fotografía en la práctica la circunstancia no estaba tan clara; la postura de los pintores era realmente ambigua y los debates en torno al hecho tecnológico estaban caracterizados por su marcada ambivalencia (Kosinski, 2000).
No obstante, lo que nos interesa es precisamente el modo diferente de sujetar esa ambigüedad, pues "cada artista la emplea de modo exclusivo y sorprendente" (Kosinski, 2000, p.
En Edgar Degas, la fotografía es una confirmación deliberadamente intrincada de la sospecha de otras realidades visuales.
Alternativamente, puede proporcionar una intensa ilustración del terreno psíquico interior (Munch); un medio de ver y preservar o controlar las cualidades esenciales de la obra de arte (Constantin Brancusi, Auguste Rodin, Medardo Rosso); una colección o enciclopedia de imágenes de lugares remotos que emanan del pasado o de la memoria (Gaugin, Khnopff, Moreau, Pablo Picasso); o una concreción de la textura del entorno diario personal (Piere Bonnard, Félix Valloton, Edouard Vuillard) (Kosinski, 2000, p.
Como ha quedado argumentado con las ideas y el material visual a partir del estudio de Dorothy Kosinski, la relación de los pintores con la cámara fotográfica no era de competencia.
No podemos sino estremecernos ante el paralelismo entre el último fin de siècle y nuestro propio cambio de siglo, cien años después, cargado también de ambivalencia en torno a la avalancha de información visual, esta vez procedente de los medios electrónicos.
Deberíamos quizá sentirnos alentados por la capacidad de regeneración que demostraron los simbolistas para extraer lirismo e inspiración de la fotografía.
Pese a la nefasta lectura de Walter Benjamin de los efectos de la tecnología y la cultura de masas, nuestro proyecto deja claro que los artistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX lograron asimilar la fotografía en su obra y descubrir entre masas de ecléctico material visual un rico y vigorizante tesoro (Kosinski, 2000, p.
Las reflexiones de Virilio en su estudio La máquina de la visión apoyan estas tesis en relación a su lectura al pensamiento einstiniano, para respaldar la idea sobre el hecho de que la verdad acuñada de la cámara fotográfica no es una verdad única sino intercambiable, pero múltiple en posibilidades creativas y discursivas:
Einsten llevó ese razonamiento al límite, mostrando que espacio y tiempo son "formas intuitivas" que ya no se pueden separar de nuestra conciencia lo mismo que los conceptos de forma, color, dimensión, etc. La teoría einstiniana no contradecía la física clásica, mostraba solamente los límites, en los casos ligados a la experiencia sensible del hombre...
Efectivamente, sus teorías no contradecían los presupuestos de la física clásica, en la misma medida en que la propuesta definitiva de los artistas de vanguardia tampoco contradecía las formas clásicas, sino que precisamente mostraba los límites de la visión objetiva.
La respuesta que recogemos de Einstein sobre las "formas intuitivas" del conocer, sobre la conciencia ligada al conocer, es análoga a la de artistas, estetas y filósofos de las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX.
Virilio lo recoge así y sigue reflexionando: Einstein, recordándonos "que no hay verdad científica", volvía a poner de actualidad en pleno siglo de los ingenieros, lo que los poetas y místicos del siglo XV, como Cues, llamaban "docta ignoratia"...
Pero si la cámara fotográfica entró en el taller de los artistas sin ser medio transgresor de sus nuevas intenciones, sino un medio más con el que llevarlas a cabo, lo mismo sucedió cuando el cinematógrafo entró en el taller de los artistas.
Estos con su espíritu experimentador no pudieron dejar de lado el cinematógrafo con el que experimentar con el nuevo elemento que entraba en juego en el mundo de la creación, el movimiento, el tiempo.
Este pequeño episodio de las vanguardias, que tuvo más desarrollo del que queda registrado en las páginas de los libros de arte y de los estudios de las vanguardias, podríamos denominarlo "cine-arte" en un paralelismo con la denominación que se les dio a las nuevas formas del audiovisual aplicadas a la creación en las artes cuando apareció la videocámara a mediados de los años 60 del siglo XX en los Estados Unidos, el videoarte.
El estudio de Ortiz y Piqueras, La pintura en el cine.
Cuestiones de representación visual (1995), realiza una particular clasificación sobre estas formas de "cine-arte" en las que participaron artistas de importante relevancia en el desarrollo de las vanguardias y de cuyas obras cinematográficas, como hemos señalado, se hacen pocas referencias al respecto.
Se hace la siguiente clasificación (Ortiz y Piqueras, 1995, pp. 102-116): Y desde este espacio de experimentación de tecnología y procesos creativos, nos planteamos la misma pregunta que con respecto a la fotografía: ¿tenían interés de representar una realidad en movimiento tal cual respondían los límites del paradigma de la visión objetiva?, ¿tal como lo hicieron los hermanos Lumiére con la salida de los trabajadores de la fábrica?
Observemos las siguientes muestras de una serie de fotogramas de las obras cinematográficas más relevantes.
Tiempos, movimientos y ritmos fueron las materias de experimentación y creación de estos artistas que introdujeron el cinematógrafo en sus talleres, dándole una significación muy diferente de sus posibilidades de visión objetiva.
La crisis del paradigma de la realidad referencial había dado paso al desarrollo de la mirada del sujeto en sus experiencias con el mundo que le rodeaba, trastocando los modos referenciales que les proporcionaban las tecnologías que habían resultado de un largo desarrollo del anterior paradigma.
DIMENSIÓN EPISTEMOLÓGICA DE LO ANALÓGICO VERSUS DIGITAL: EL CÓDIGO BINARIO COMO SÍM-BOLO DE LA EPISTEME CONTEMPORÁNEA
Nuestro siguiente propósito vendrá enmarcado por la transición entre el período de la reproductibilidad técnica y el de la imagen videográfica al de lo digital y virtual.
Crary lo plantea así: "¿cuál es la relación entre Fuente: http://georgiamuseum.org/art/exhibitions/upcoming/ lobjet-en-mouvement Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=kuK4cs0z4TU a488 la desmaterializada imaginería digital actual y la llamada era de la reproductibilidad técnica?"
Para ello, remitámonos a la perspectiva de estudio que habíamos planteado desde el principio para abordar esta investigación, hagamos una epistemología de la tecnología, puesto que básicamente resulta reduccionista entender la tecnología analógica y la digital como tecnología per se, en sí mismas, y no como modelos de pensamiento, modelos para explicar el universo.
El carácter indexical con el que se identifica el soporte analógico marca habitualmente los discursos de estudios dialécticos entre dicho soporte y el digital, como aspecto diferencial entre ambos.
Esta circunstancia implica, a su vez, que en relación a los soportes señalados se dé por supuesto que de ambos resulten la conformación de dos realidades, a saber, la referencial y la simulada, respectivamente; la primera, vinculada a ese soporte de carácter indexical, y la segunda, como realidad consecuente de aquel que prescinde del index, de esa relación de semejanza.
Y efectivamente, si remitimos a la aparatología analógica por excelencia -por ser la primera que automatiza la representación de la realidad-, como es la fotografía, podemos decir de ella, en relación a las teorías de Barthes en su texto La cámara lúcida, que es analogon del mundo (Barthes, 1982, p.
137), como lo serán las tecnologías de imitación de la realidad que le sucederán, el cinematógrafo, los primeros soportes videográficos, hasta la llegada del soporte digital, cuando esta circunstancia se difuminará.
Y estos extremos nosotros no podemos negarlos, es decir, todo soporte analógico implica una relación de semejanza y, por lo tanto, un referente; así como toda mediación tecnológica digital no necesita de referente para ser.
Ahora bien, nuestra propuesta apunta a llamar la atención sobre el hecho de que todo soporte analógico -todo medio audiovisual de carácter indexical-no conlleva una realidad referencial, así como todo soporte digital no implica una realidad simulada.
Es decir, la base epistémica del hecho tecnológico en un contexto sociocultural e histórico concreto dan la significación específica a dichas conceptualizaciones analógicas y digitales.
Las reflexiones de Fontcuberta en su texto El beso de Judas.
Fotografía y verdad (1994) también nos sirven como referente si trasladamos su reflexión al código binario: Son huella en la medida en que han sido producidas a partir de la colisión de los rayos luminosos sobre la película fotográfica, pero entre el modelo y el soporte han intervenido una serie de dispositivos operativos y tecnológicos que obedecen dictados culturales e ideológicos (Fontcuberta, 1994, pp. 78-79).
Para decir un poco más adelante:
Toda imagen es físicamente una huella, el resultado de un trasvase o de un intercambio (un depósito de tinta, un efecto de carga eléctrica o magnética, una reacción química).
En síntesis, una diferente modulación de información almacenada, de "memoria".
Solo la consciencia histórica nos permitirá calibrar entre huellas directas y diferidas, matizar los diferentes grados intermedios (Fontcuberta, 1994, p.
Así, dicha propuesta no es más que nuestras hipótesis planteadas desde el principio pero aplicadas a la tecnología digital, es decir, cada novedad tecnológica es una nueva manera de leer, estudiar y escribir la realidad, como lo fue la técnica de la perspectiva lineal o la cámara oscura, modelos tecnológicos dando respuesta a nuevos modelos de pensamiento que, en el caso del arte contemporáneo, de los procesos creativos del arte contemporáneo mediados por la tecnología digital, muestran los mismos resultados que las comparativas expuestas anteriormente.
Y en este sentido las reflexiones del filósofo Baudrillard, refiriéndose al caso concreto de la fotografía y su referente, apuntan precisamente en esa dirección: La relación entre ellos ya no es de un original con su imitación, ni analogía ni reflejo, sino la equivalencia, la indiferencia.
En la serie, los objetos se convierten en simulacros indefinidos los unos y los otros...
Sabemos que hoy es en el nivel de la reproducción -moda, medios, publicidad, redes de información y comunicación-en el nivel de lo que Marx denominaba descuidadamente los faux frais [gastos imprevistos] del capital..., es decir, en la esfera del simulacro y el código, donde se une la unicidad del proceso conjunto del capitalismo (Baudrillard, 2002, p.
Código binario como metáfora, como símbolo de nuestro ser contemporáneo.
A lo que se refiere Baudrillard es precisamente a lo que en los medios publicitarios, y por extensión en las nuevas estrategias de comunicación de las empresas de nuestro mundo contemporáneo, denominan como intangibles.
¿Hay algo más intangible que el código binario?
Esa es nuestra realidad contemporánea.
Y trasladado a las artes, ¿hay algo más intangible que nuestra imaginación?
Imaginación y mundo virtual, simulado, realidad aumentada, expandida, arte sincrético... se dan la mano creando un mismo espacio a488 y lenguaje.
La libertad creativa y, por tanto, la responsabilidad creativa del artista alcanza así un nivel exponencial, siendo su capacidad creativa su máximo valor frente a los medios intangibles de lo digital.
Las experiencias en el arte de la realidad aumentada son buenas muestras de estas propuestas teoréticas.
Básicamente afianzamos estas afirmaciones en una síntesis de asertos generales a partir de la investigación realizada:
• La construcción del pensamiento moderno occidental se ha basado en el diálogo entre la ciencia, el arte y consecuentemente la tecnología, siendo la ciencia un cocimiento teorético que puede tener carácter especulativo a diferencia de la tecnología.
• La perspectiva lineal es el conocimiento científico aplicado a las técnicas de la visión fruto de esa fusión.
• Consecuentemente la tecnología fue resultado necesario como conocimiento aplicado a la creación de instrumentos mediadores del hacer.
• La técnica la entendemos como procesos y modos para la consecución de ciertos objetivos; y la tecnología, como aquel conjunto de saberes que trae como resultado final un instrumento mediador en los procesos de creación, de práctica y desarrollo.
• Lo analógico no responde en sí y esencialmente a una tecnología concreta, sino a un paradigma concreto que adquiere significación específica bajo los auspicios de unas bases epistemológicas precisas, así como de un contexto histórico y cultural que lo respalda.
• Lo digital responde a la misma hipótesis, en este caso el código binario como nuestro modo de ser y conocer.
• Encontramos tantos modelos de tecnología como modelos de pensamiento y tantas lecturas, significaciones y usos de las mismas como epistemes.
Así pues, la información gráfica aportada resulta una síntesis visual de las hipótesis defendidas.
Así pues, los abordajes de este campo investigador desde el enfoque crítico social, deben contemplar estas variables para poder asentar una educación humanista de las tecnologías que se insertan en nuestro tejido social, como ser de nuestro pensamiento moderno occidental.
Temor y temblor: el fin de lo digital en los museos.
Los desfases que se produzcan tanto en sus más perjudiciales consecuencias como en los excesos de ciberutopismo al respecto de la tecnología no serán más que fruto de los ajustes de los fenómenos emergentes y de los procesos transformadores en el nivel epistemológico y cambio de paradigmas.
No obstante, los análisis, estudios e investigaciones en uno u otro sentido se presentan como imprescindibles para educar y configurar de la manera más provechosa nuestros modelos epistemológicos, así como los planos de la esfera sociocultural y económica.
Asimismo, decimos que lo digital es concepto, es símbolo de la transformación de nuestro conocimiento, de las bases que conforman nuestro conocimiento, es decir, lo digital y su tecnología es consecuencia, no construcción externa que viene a transformar nuestro pensamiento. |
El movimiento open es el conjunto de luchas protagonizadas por individuos, foros, organizaciones e instituciones de muy diverso tipo que postulan una visión abierta, inclusiva y participativa de internet y de los bienes digitales.
Consta de seis ramas fundamentales en función del campo sobre el que operan: el software, la comunicación científica, los materiales educativos, la creación cultural, la producción maker y la neutralidad de la red.
Este artículo ofrece una visión sintética del movimiento, de sus características y aportaciones fundamentales.
"Nunca ha habido un momento como el actual, en el que una parte tan grande de nuestra cultura fuera posesión de alguien.
Y sin embargo jamás ha habido un momento en el que la concentración de poder para controlar los usos de la cultura se haya aceptado con menos preguntas" (Lessig, 2005, p.
"En el pasado reciente, la fracción, más que física esencialmente conceptual, del total de nuestra economía no ha dejado de crecer.
Esta tendencia necesariamente ha desplazado el énfasis en la valoración de los bienes desde la propiedad física a la propiedad intelectual.
Aunque el cambio puede parecer glacial, sus impactos sobre los riesgos legales y económicos comienzan a percibirse" (The Federal Reserve Board.
INTRODUCCIÓN: LA CULTURA PARTICIPATIVA
El 25 aniversario de la creación de la World Wide Web coincide con la primera reunión en Sao Paulo, en la primavera de 2014, de NETmundial, un foro global de "múltiples partes interesadas sobre el futuro de la gobernanza de internet", como ellos mismos se denominan (Global Multistakeholder Meeting on the Future of Internet Governance).
Las ideas centrales de los documentos preparados para este encuentro tienen que ver con la apertura, la inclusividad y la participación en la red.
Al mismo tiempo la Federal Communications Commission de Estados Unidos ha anunciado que va a revisar su política sobre la neutralidad de la red, generándose de inmediato un alud de protestas (Wheeler, 2014, 24 de abril).
Se ha llegado a este punto después de múltiples batallas en distintos frentes, que arrancan desde los años setenta y abarcan campos tan dispares como el acceso libre al software, al conocimiento científico, a las manifestaciones culturales, a los bienes comunes e incluso al hardware.
Entre los pioneros, como Robert Stallman, Vint Cerf o Tim Berners-Lee, se difundió la visión de una internet abierta y libre.
Desde entonces hasta las movilizaciones de 2012 contra los proyectos de ley SOPA (Stop Online Piracy Act) y PIPA (Protect Intellectual Property Act) en Estados Unidos y la Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) en Europa, se han producido muchas transformaciones, porque si algo caracteriza a la internet es su permanente evolución y sus cualitativos saltos adelante.
Para quienes todavía tuvieran una visión idílica o romántica de la red como el paraíso de la democratización cultural y política, los controles al acceso en Chi-na o en Arabia Saudí, las revelaciones de WikiLeaks y de Snowden sobre los procesos de vigilancia y control en Estados Unidos, han quebrado el espejo.
La inspiración original de una Web -o un ciberespacio, como se ha dicho durante tiempo-abierta, libre, comunal y pública, se mantiene, pero hoy por hoy no es un dato de la realidad, sino un ideal que se antoja lejano.
¿Por qué son ahora tan importantes estas cuestiones legales sobre la propiedad intelectual y los derechos sociales de acceso a internet?
En primer lugar, porque los recursos cognitivos constituyen el principal bien en disputa de la sociedad y economía actuales y porque el acceso libre a internet, en tanto que ecosistema global del conocimiento y de la información, forma parte de la visión de las libertades civiles en la era digital.
Como sostiene Moulier, la digitalización de la economía y la sociedad nos ha introducido en un nuevo tipo de capitalismo -el cognitivo-, "una modalidad de acumulación en la que el objeto de acumulación se halla principalmente constituido por el conocimiento, que se convierte en la fuente principal del valor, así como en el lugar principal de la valorización" (Moulier Boutang, 2007, p.
En segundo lugar, porque se produce una transformación del modo de producción, donde hacer es innovar y compartir y donde la creatividad desborda el marco estrecho de la empresa.
La producción de conocimientos nuevos no puede lograrse más que "a partir de la actividad cerebral colectiva movilizada en redes digitales interconectadas" (Moulier Boutang, 2007, p.
En tercer lugar, dado que la digitalización penetra todos los procesos sociales, el denominado tiempo libre también se convierte en un momento privilegiado para la innovación y la compartición.
Ahora "se puede extraer mayor valor de la participación voluntaria de lo que se ha imaginado nunca, gracias a las mejoras en nuestra capacidad para conectarnos unos con otros y a las mejoras en nuestra imaginación de lo que es posible a partir de ella...
La extraordinaria reducción del coste de la gobernanza pública, y el extraordinario crecimiento de la población conectada junta on line, significa que ahora podemos convertir agregaciones masivas de contribuciones pequeñas en cosas de valor perdurable" (Shirky, 2011, p.
Shirky denomina a este fenómeno "excedente cognitivo": consiste en tratar el tiempo libre de la gente como un agregado que permite producir nuevos conocimientos y sistemas de conocimiento; la creatividad en el tiempo libre se convierte en un activo que puede ser conectado a larga escala.
La digitalización ha cambiado, pues, tanto el sistema económico como el social y, sobre todo, se está trans-a489 formando a sí misma.
Nadie duda de que internet ha de ser regulado, la cuestión es por quién y cómo.
El campo de fuerzas en juego es complejo porque los intereses de los actores son muy distintos.
En este marco, el conjunto de luchas protagonizadas por individuos, foros, organizaciones e instituciones de muy diverso tipo que postulan una visión abierta, inclusiva, participativa, de internet y de los bienes digitales es lo que denominamos movimiento open (Ariño Villarroya, 2009).
La heterogeneidad de actores que lo componen, como veremos, es casi tan extensa como el espacio en el que actúan; en general se hallan especializados en distintos ámbitos, lo que puede contribuir a dar de ellos una imagen de fragmentación y de desarticulación en la medida en que pensamos con las claves de los movimientos en la calle; pero comparten una gramática discursiva que en cierto sentido se puede identificar con un cultura cívico-política.
El núcleo gravitacional del campo semántico es el término open.
La elección del calificativo no es arbitraria ni casual.
Se halla presente en innumerables documentos y manifiestos, en los nombres de distintas corrientes y entidades y puede decirse que opera como principio ontológico (define cómo es la realidad), metodológico (cómo hay que producir) y estratégico (cómo hay que organizarse y luchar) (COAPI Principles).
Open Source, Open Access y Open Science son denominaciones consagradas para referirse a las ramas que defienden el acceso libre al software y al conocimiento científico (Subirats i Coll.
El movimiento Open Access: Concepto e historia).
Pero esta concepción se ha extendido progresivamente a otros ámbitos: a la docencia (con los Open Course Ware, Open Educational Resources y recientemente con los Massive Open On-line Courses, MOOC); se ha desparramado por las prácticas culturales artísticas y las formas de sociabilidad de la Web 2.0 o de las culturas fan; y finalmente, en los últimos cinco años, con la invención de las impresoras digitales y otras formas de producción física a partir de la digitalización, ha recalado en el movimiento Do It Yourself (DIY) y los makers, que crean repositorios de Open Hardware.
Por tanto, el movimiento postula unas determinadas condiciones en la producción y transmisión simbólica de la sociedad red y desafía las vías de apropiación comercial privada; rechaza la reducción del conocimiento a mercancía o bien privado y reclama la construcción de un dominio público nuevo para el desarrollo de una cultura libre mediante la accesibilidad abierta (incluyente y no restringida por códigos propietarios).
Este artículo ofrece una visión sintética del movimiento y sus ramificaciones, de sus características y aportaciones fundamentales y esboza una aproximación a sus bases sociales y formas de organización.
Se enmarca en el proyecto NOMS que estudia los nuevos objetos mundo-sociales que surgen en la era digital, siendo uno de ellos no ya la aparición de movimientos que utilizan las herramientas digitales, sino que versan sobre la naturaleza de la sociedad digital y de internet como su ecosistema cultural, al tiempo que abordan la cuestión de las libertades civiles y la redefinición de la esfera pública.
LAS RAMAS DEL MOVIMIENTO OPEN
Los movimientos sociales no solo están utilizando las redes sociales como un medio para la transmisión de información y para la comunicación, sino también para coordinar su acción.
Además, la mayoría de estos movimientos y revueltas también se ocupan, aunque sea tangencialmente, de la naturaleza de la red y de los problemas crecientes que se plantean con ella y en ella: de acceso, propiedad, seguridad y privacidad.
Estos aspectos -los derechos de acceso a internet, la naturaleza abierta y libre de la red y su conversión en un medio de coordinación para la acción política participativa y crítica-constituyen el objeto de un movimiento socio-digital menos visible, menos cargado del dramatismo y fulgor (y del romanticismo) de las protestas y revueltas en la calle, sea en la plaza Tahrir, en la Puerta del Sol o en la plaza Maidán.
Y dado que en la economía digital aparecen nuevos bienes, como el software, el hardware, el wetware, el netware y el shareware, las movilizaciones se producen también en dichos frentes y dan lugar a distintas ramas.
En este artículo sostenemos que existen seis ramas fundamentales, que han ido surgiendo de la propia evolución de la internet, y que con frecuencia se califican a sí mismas cada una de ellas como movimientos.
En primer lugar, la movilización nació con la defensa del software libre; muy pronto se produjo la lucha a favor del acceso abierto a los resultados de la investigación científica; un poco más tarde aparecieron los grupos defensores de la creación de contenidos académicos abiertos para la docencia.
Durante todo este tiempo, en paralelo, se extendió la concepción de la cultura, el arte y los productos para el ocio como bienes comunes; con la invención de las impresoras digitales y la aparición de la producción personalizada, irrumpen las propuestas del hardware libre entre los autodenominados makers; y finalmente, se ha agudizado el problema sobre la gobernanza de internet y sus consecuencias para la democracia y la esfera pública global.
Todas estas ramas provienen y se alimentan, como hemos comentado, de un tronco cultural común, que se observa al registrar la gramática utilizada y que puede ser analizado distinguiendo cuatro marcos fundamentales de referencia: open (apertura), free (libertad-gratuidad), commons (comunalidad) y public (carácter público de los bienes que se hallan en juego) 1.
En los apartados siguientes presentaremos las características de las distintas ramas y su entronque con la defensa de una cultura libre y una reconstrucción de la esfera pública en condiciones de comunicación móvil.
La producción cooperativa de software
Los programadores informáticos fueron los primeros en introducir pautas de experimentación mediante la lógica y la cultura open.
Utilizaron la expresión Open Source para referirse a las condiciones abiertas en que debía facilitarse el acceso a las instrucciones o códigos de los equipos informáticos, pero también para designar la forma de trabajar de las comunidades desarrolladoras de programas y aplicaciones.
Cuando a finales de los años setenta y principios de los ochenta del pasado siglo las empresas se propusieron hacer negocio con la distribución de los códigos fuente, Richard Stallman, profesor del MIT, creó una fundación para la defensa del libre acceso (1983), pero esta visión solo alcanzaría éxito a partir de 1991, cuando Linus Torvalds convocó a voluntarios de todo el mundo a trabajar en el proyecto Linux.
La aparición de la World Wide Web y el incremento mundial del número de programadores crearon las condiciones para la existencia de una masa crítica de colaboradores, basada en la participación voluntaria, asentada en una motivación interna, para la producción de software abierto.
De esta forma surgieron "comunidades virtuales de desarrolladores y usuarios" entre las que cabe destacar Linux, Apache, Mozilla y Open Office.
Como han defendido diversos expertos (Raymond, 2001; Shirky, 2008), con Linux se produjo un cambio sustantivo en las reglas de juego de la organización del trabajo, convirtiéndose en el primer proyecto que hizo un esfuerzo consciente y exitoso para adoptar el mundo entero como su base de producción de talento.
Raymond ha señalado que, si bien crear código sigue siendo una actividad habitualmente solitaria, las contribuciones o hacks se logran mediante el ensamblaje de las capacidades mentales de numerosas personas.
De esta manera, dichas comunidades, ligadas por la conectividad de la red, aportan un nuevo método de producción que se asemeja más a la dinámica de un bazar que a la construcción orquestada de una catedral.
Estas redes de cooperación -difusas, contingentes y flexibles-incorporan las buenas ideas vengan de donde vengan, sin costes de transacción y de gerencia, porque no hay empleados sino contribuyentes; y se basan, no en una concepción de la propiedad corporativa, sino de la inteligencia cooperativa.
Se hallan abiertas al fracaso, porque su objetivo es conseguir aportaciones y elegir las que contribuyen a la mejora y la calidad del producto.
Además de un método de trabajo eficaz, basado en la reducción de costes de transacción y en la poten- ciación de las formas de coordinación, propiciados por la Web, una parte importante de este movimiento defiende también una filosofía moral: el software no puede ser tratado como una mercadería, sino como una utilidad o servicio público que capacita para el desarrollo de recursos en común.
El movimiento defiende el derecho a compartir información y el derecho a ser, no solo consumidores de conocimiento y cultura, sino también creadores (Moglen, 2003, 29 de junio).
Esta lógica, fundada en la agregación de pequeñas contribuciones individuales para un proyecto abierto, colectivo y público, se ha ido extendiendo con posterioridad a múltiples campos.
La producción abierta del saber (Open Access)
La visión de apertura y libertad se ha extendido al ámbito de la investigación y del conocimiento científico: se conoce como Open Access y se entiende por tal el acceso online libre, inmediato, permanente, completo, a material digital científico y académico, fundamentalmente a artículos de investigación publicados en revistas basadas en la revisión por pares.
Esta concepción se ha ido decantando en declaraciones como las de Budapest (2002), Bethesda (2003) y Berlín ( 2003), dejando claro que cualquier usuario individual, en cualquier lugar, debe poder enlazar, leer, bajar, almacenar, imprimir, utilizar y extractar el contenido digital del correspondiente documento (Suber, 2012).
Un concepto íntegro de Open Access no solo propone facilitar el acceso a la lectura de textos y a bases de datos, sino también al uso y a la transformación creativa y supone eliminar dos restricciones o barreras fundamentales: la de los precios (gratuidad de acceso) y la de las licencias (derechos de autor y de reproducción), que se refiere a la libertad de uso (Suber, Open Access Overview.
El Open Access no es incompatible con el copyright, con la revisión por pares y ni siquiera con la obtención de beneficios, puesto que su rasgo más definitorio se encuentra en la eliminación de las barreras de acceso al conocimiento.
Sin embargo, al menos quienes postulan un Libre Knowledge y los firmantes de la Declaración de Washington sobre la Propiedad Intelectual y el Interés Público (2011), consideran imprescindible la puesta en cuestión del actual modelo de copyright 2, para que el conocimiento pueda ser adquirido, interpretado y aplicado libremente, reformulado de acuerdo con las propias necesidades y compartido con otros.
Existe una contradicción inaceptable entre, de un lado, la creciente extensión de los derechos y de las patentes que restringen y retardan la difusión del conocimiento y, de otro, las oportunidades generadas por las nuevas tecnologías.
La comunidad científica siempre ha tratado de facilitar un acceso rápido a los resultados de investigación y hoy no solamente es posible reducir drásticamente el tiempo entre el hallazgo y su publicación sino también incrementar la escala de difusión.
Por otro lado, estas tecnologías potencian nuevas formas de interacción, coordinación y organización entre científicos y crean nuevos objetos de conocimiento, como sucede en el ámbito de las ciencias de la vida, en la física o en la química, con la utilización de la computación distribuida (GRID).
Como recomienda Science Commons (Barcelona, 2008), para apoyar este nuevo modelo de investigación y de innovación -interdependiente, internacional e intensivo en el uso de datos y series-es preciso actuar en varios frentes: acceso abierto a las publicaciones resultantes de la investigación financiada; incorporación al dominio público de los datos de investigación (incluidos metadatos y protocolos) y creación de una ciber-infraestructura abierta.
Entre los instrumentos más importantes, de carácter legal, económico, técnico, etc., que se han desarrollado destacan las licencias abiertas (GNU, Copyleft, Creative Commons), las publicaciones (Open Journals), los repositorios digitales 3 y los estándares y protocolos para las infraestructuras de datos primarios.
Pero no solamente hay razones de política científica para defender el Open Access, sino también de política social y económica: dado que la mayoría de la financiación de la investigación procede de fondos públicos y se realiza por profesionales que trabajan en organizaciones públicas, la sociedad que las financia tiene derecho a conocer con la mayor transparencia e inmediatez los descubrimientos que pueden afectar a sus condiciones de vida.
Esta es por ejemplo la posición de quienes firmaron en 2006 el HealthTrain.
The Open Care Manifesto o de quienes han creado Med-Line y, cada vez, de un mayor número de redes, instituciones y gobiernos.
Así, la Unión Europea analizó el impacto del acceso abierto en un documento dado a la luz en agosto de 2013 y ha publicado con posterioridad su política sobre el asunto en el Horizonte 2020 (Nicol, Caruso y Archambault, 2013).
En 1998, David Wiley introdujo el concepto open content para expresar, por analogía, la idea de que los principios del open software también se podían aplicar a los contenidos culturales y educativos y creó la primera licencia abierta para ellos.
Con el paso de los años, la expresión Open Educational Resources (OER) ha tenido un éxito mayor y sirve hoy para identificar la tercera rama del movimiento.
Mediante el apoyo de diversas fundaciones altruistas, instituciones y organizaciones internacionales (como UNESCO y OCDE) y la implicación de universidades y centros educativos de todo el mundo, se ha creado un movimiento global, basado en una pluralidad de iniciativas, que defiende la importancia de compartir el conocimiento de una manera abierta y libre para facilitar el aprendizaje de todas las personas en la era de las nuevas tecnologías.
Una de las iniciativas pioneras en este ámbito y de mayor irradiación ha sido el Open Course Ware del MIT (OCW), un proyecto editorial electrónico para poner en la red, en acceso abierto, los materiales docentes correspondientes a cursos completos de las universidades.
Este proyecto se ha visto desbordado recientemente por el nacimiento de los MOOC, cursos masivos online en abierto que se expanden por numerosas universidades.
Los OER son "recursos de docencia, investigación y aprendizaje alojados en el dominio público o que gozan de un tipo de licencia de propiedad intelectual que permite su uso libre y su reutilización para otros fines por otras personas... incluyen cursos completos, módulos, libros de texto, descargas de video, textos, software y cualesquiera otros materiales, herramientas o técnicas utilizadas como soporte para el acceso al conocimiento" (Atkins, Brown y Hammond, 2007).
El movimiento persigue la creación de una comunidad global online de aprendizaje, basada en la lógica de compartir contenidos y en la potenciación de las redes sociales.
Licencias abiertas para una cultura libre
El movimiento open desborda los ámbitos técnico, científico y académico, y se ocupa también de la creación, producción y distribución de cultura en general, de la posibilidad de mezclar y reutilizar y de la capacidad creativa de la gente corriente en la vida cotidiana (Jenkins, 2006); incluye tanto la producción en la esfera del arte (literario, musical, etc.) como en las expresiones rutinarias del tiempo de ocio; se plasma en la práctica de descargas musicales o cinematográficas, así como en la producción, derivación y recreación de todo tipo de productos; en las prácticas de transformación de obras consagradas típicas de las culturas fan y en las batallas libradas por hackers y anonymous.
La propia definición de conocimiento conlleva para el movimiento esta visión englobante: "cualquier tipo de contenido, información o datos, desde genes a geodatos, desde sonetos a estadísticas... que se puede usar, re-usar y redistribuir libremente por cualquier persona, sin restricciones legales, sociales o tecnológicas" (Hess y Ostrom, 2006).
La digitalización -se afirma-permite un mejor desarrollo de la propia naturaleza de la cultura y de las ideas puesto que, al subrayar su dimensión inmaterial, al desacoplar los significados de sus soportes materiales y presentarlos mediante series binarias, es posible realizar un número infinito de copias y distribuirlas a un coste mínimo.
De acuerdo con Moglen (2003, 29 de junio), en el siglo XXI se pueden distinguir dos clases de bienes que tienen un coste marginal cero.
La primera es la configurada por los bienes funcionales (orientados a la utilidad) como el software computacional, los mapas o la información del genoma; en este caso, la producción sin relaciones de propiedad, compartiendo toda la información, genera bienes mejores; la segunda corresponde a bienes no funcionales, como los artísticoculturales y en estos la distribución "anarquista", sin exclusión de nadie, produce una diseminación mejor, más eficaz, que la mercantil.
Hay dos conflictos fundamentales en juego: uno tiene que ver con la distribución de los bienes simbólicos; el otro, con la autoría y la propiedad intelectual.
El primero requiere un cambio de modelo de negocio; el segundo de regulación jurídica.
La distribución de los bienes simbólicos digitalizados (música, cine, noticias, ficción escrita, etc.) se ha planteado por parte de la industria editora mediante el modelo económico gutembergiano, al mismo tiempo que los consumidores descubrían que la difusión digital ilimitada permitía recoger los bienes culturales en los servidores de descargas como si fuesen bayas del bosque en una economía de recolección.
Ahora bien, el principal problema para una cultura libre no radica en la mal denominada "piratería", sino en la asfixia de la libertad por la omnipresencia de las patentes y de los restrictivos derechos empresariales.
La recreación de un dominio comunal o público es imprescindible para el desarrollo de la creatividad, la innovación y la cultura libre.
Esta posición parece re-a489 frendada por cierta investigación empírica.
Así, según (Camaerts y Meng, 2011), la compartición de música online y la infracción de los derechos de propiedad sostienen que el balance es ambivalente porque aparecen nuevas formas de economía y desde luego no se sostienen empíricamente las pretensiones de la gran industria musical.
Por otra parte, la defensa de una cultura libre, al menos por parte de Lawrence Lessig (autor de referencia e inventor de las licencias Creative Commons) no debe entenderse como una apología de la "barra libre" cultural o del acceso gratuito sino como una extensión de las libertades de la modernidad (libre albedrío e incluso mercado libre) y una limitación significativa de la santificación de la propiedad intelectual.
De este modo, una cultura libre apoya y protege a los creadores e innovadores y lo hace de dos maneras: a) directa: concediendo derechos de propiedad intelectual; b) indirecta: limitando el alcance de dichos derechos, para garantizar que los creadores e innovadores que vengan después no se encuentren apresados por las protecciones del pasado.
Aún así, en cuanto a la intelectual queda un aspecto importante que hay que considerar: tanto en las creaciones amateurs como en las profesionales, cada vez más, el producto final es resultado de una cooperación y conversación extensas.
Wikipedia invita a cada persona a participar como autor y editor y cada voz es obra de numerosas personas con contribuciones desiguales; en el universo del hipertexto los resultados que se obtienen ante una pantalla tras una búsqueda proceden de la cooperación de cientos y puede que de miles de colaboradores e incluso de algoritmos y robots; y las comunidades de digital folk o de práctica fan, estudiadas por Henry Jenkins, se basan en una visión de la propiedad intelectual como shareware (Jenkins, 2006).
El retorno a los átomos (Open Source Hardware)
Se conoce como movimiento Do It Yourself (DIY), a aquellas redes y personas que realizan trabajos domésticos o de aficionado por y para sí mismas.
Este movimiento -leído en clave política-puede oscilar desde quienes militan en el mismo por una oposición explícita a la sociedad de consumo, su falta de sostenibilidad e impersonalismo (lema punk: "no importa si eres bueno, hazlo") hasta quienes sencillamente encuentran en el bricolaje una forma creativa de entretenimiento y de ahorro doméstico.
Estos amateurs y hackers se diferencian de los profesionales, desde luego, por el modo de adquisición de las habilidades y seguramente también por su experticia o competencia, pero "siempre se distinguen por las motivaciones" (Shirky, 2011, p.
La esencia del amateurismo es una motivación intrínseca: hacer algo por el placer de hacerlo, por el amor que se le tiene.
Las nuevas tecnologías de la Web 2.0 suprimen otra diferencia entre ellos: los amateurs actuaban en espacios privados y domésticos, mientras que los profesionales lo hacían en el mercado o en el espacio público.
Sin embargo, internet ha potenciado extraordinariamente la capacidad de captación de información (y de aprendizaje), de comunicación e interacción y de organización de los amateurs; pueden producir (make), crear, organizarse, compartir y hacerlo a gran escala, con fines comunitarios, cívicos o políticos; pequeñas contribuciones se pueden agregar y conectar ahora de forma masiva creando un valor duradero (Shirky, 2011, p.
Al fenómeno de compartir a gran escala, se ha sumado otra innovación tecnológica, que Chris Anderson califica de giro copernicano en la revolución digital: los últimos diez años han gravitado en torno al descubrimiento de nuevas formas para crear, innovar y trabajar juntos en la Web; los próximos diez años se dedicarán "a aplicar todo ello al mundo real" generando la tercera revolución industrial (Anderson, 2012, p.
Esto es lo que ha comenzado a suceder con las máquinas que convierten los bits en átomos.
De momento, se trata de máquinas rudimentarias de escaneo en 3D, impresoras de escritorio 3D, fresadoras, máquinas de coser, productoras de circuitos, etc. que pueden utilizar un número limitado de materiales como plástico, cerámica o madera.
En esta tercera revolución industrial la cuestión central no es cómo se hacen las cosas, sino quién las hace.
Como señaló Neil Gershenfeld -director del Center for Bits and Atoms-las nuevas máquinas, al igual que sucedió en su momento con el ordenador personal, serán accesibles a toda la gente, a cualquiera.
"Lo que será personalizado -dice-será nuestro mundo físico de átomos más que el mundo digital de los bits" (Gershenfeld, 2012, p.
Ha llegado la hora de la fabricación digital, que consiste en la capacidad para convertir datos en cosas y cosas en datos y esta conlleva la propiedad personal de los medios de producción (Gershenfeld, 2012, p.
"Esta revolución viene marcada por la participación en el proceso de producción de los propios usuarios, a través de la customización en masa, la producción cooperativa y la fabricación personal, simplificando y abaratando los sistemas de diseño 3D" (Fernández, 2012).
La variación que ofrece la digitalización y la producción industrial personal mediante las máquinas digitales de producción doméstica, unida a la fuerza aportada por el amateurismo, se aúnan en el movimiento maker, que postula no solamente el free software, sino el Openhardware (como, por ejemplo, el proyecto Arduino).
Al "usar y tirar" de la producción en serie, oponen la producción personal cooperativa; a la unidimensionalidad del consumo, la diversidad de la creación compartida.
Los miembros de esta corriente se dispersan por una gran variedad de actividades que van desde el artesanado tradicional hasta la electrónica high-tech.
Todos ellos utilizan herramientas digitales, diseño onscreen y, de forma creciente, la computación para fabricación de máquinas de sobremesa; pero, sobre todo, comparten una norma cultural: la idea de formar parte de una comunidad online que busca mejorar su vida personal y la del entorno mediante la cooperación.
Un maker -suelen decir-es creativo, comunicativo (sin secretos), cooperativo y produce bienes sociales.
Quienes forman esta corriente cultural propugnan un aprendizaje abierto, sin jerarquías, y crean comunidades inclusivas a las que puede pertenecer cualquiera; cuentan con medios de difusión (Makezine e Instructables); se reúnen en Makerspaces (centros comunitarios con herramientas y donde se imparten talleres, como el Artisan's Asylum) y organizan eventos (Make Haven) para compartir productos, así como Fablabs para la experimentación.
Con ello, asistimos a una democratización de la tecnología y de los instrumentos de manufacturación.
Net neutrality, gobernanza de internet y nueva esfera pública
No hay duda de que internet ha supuesto una novedad cualitativa en numerosos aspectos de la vida: cualquiera puede editar; ha potenciado y facilitado extraordinariamente la experimentación y la invención colectivas; es multimedia, funciona con hipertexto y puede acumular todas las formas culturales; en cierto sentido, es un bien público puesto que nadie puede controlar su totalidad.
Pero ¿la circulación por la red es neutra?, ¿es abierta en sus contenidos e ideología inmanente?, ¿los derechos humanos que han funcionado en el mundo físico se garantizan también en ella?, ¿permite construir una esfera pública global?, ¿su carácter descentralizado hace que funcione como una República de Usuarios?
La construcción de una esfera pública en la modernidad estuvo sustentada sobre la conquista de las li-bertades de expresión, de reunión y de asociación.
Estas libertades se aprendieron y ensayaron, antes de convertirse en derechos legales, en múltiples espacios y formas de sociabilidad, que recibieron en muchos casos el nombre de "sociedad" porque en ellas justamente se experimentaba la construcción ciudadana de la sociedad y de la política.
Durante el siglo XIX se crearon los partidos políticos, pero a finales del XX y principios del XXI estas organizaciones de representación son fuertemente contestadas por su osificación y su sometimiento a los intereses de la banca y las grandes corporaciones.
En los comienzos de internet, los pioneros también ensayaron sin limitaciones políticas sus pautas de funcionamiento y libertades y ante la novedad de la red identificaron la tecnología (arquitectura abierta) con la ideología de la soberanía, la neutralidad y la libertad.
¿Se trataba de un rasgo perdurable, intrínseco, connatural a la propia red o por el contrario de una característica instituyente, asociada a la fase inicial de todo proceso revolucionario?, ¿era internet una realidad nueva imposible de controlar por los gobiernos?
Esta es la pregunta que ha venido haciendo Tim Wu, desde hace tiempo (2010).
De hecho, a medida que internet ha ido madurando y se ha convertido en la infraestructura y ecosistema de comunicación y cultura para cualquier aspecto de la vida, han entrado en escena otros actores como los gobiernos, los ejércitos y las grandes multinacionales que ejercen e imponen diversas formas de control sobre la red.
"Irónicamente, las que fueron asumidas en tiempos como leyes inmutables de un entorno tecnológico poderoso son ahora especies potencialmente frágiles en un ecosistema amenazado" (Deibert, Palfrey, Rohozinski y Zittrain.
La OpenNet Initiative lleva más de una década estudiando y analizando en profundidad la evolución de internet en función de la regulación del acceso.
Además de la etapa inicial del pionerismo (open commons), se habrían producido otras cuatro etapas que han ido alejando la red de las promesas iniciales.
El periodo que va de 2000 a 2005 se caracterizaría por la sistemática creación de filtros defensivos en China, Arabia Saudí, Paquistán y muchos otros países para evitar determinados contenidos (acceso denegado); la siguiente etapa, de 2005 a 2010 (acceso controlado), se define por una estrategia ofensiva de ataques, espionaje, malware, difusión de ideas favorables a los intereses estratégicos de los estados o de las empresas y por el surgimiento de grupos civiles de carácter ultranacionalista que hacen la guerra sucia por su a489 cuenta; finalmente, desde 2010 hasta la actualidad, se habría iniciado una nueva etapa (del acceso contestado) en la que se estarían produciendo simultáneamente reacciones de una sociedad civil más madura, de las grandes empresas que se alinean del lado de los derechos civiles (Google, etc.) y de otros gobiernos (Wu, 2010).
Un resultado de ello ha sido la creación de la Global Network Initiative, centrada en la defensa de la libertad de expresión y de la privacidad.
La visión de una red distribuida y descentralizada se halla enfrentada, pues, a la realidad de una red crecientemente jerarquizada y centralizada o "feudal" (Bruce Schneier On The Feudal Internet And How To Fight It).
En el campo aparecen con fuerza nuevos problemas como el acceso libre, la privacidad (en la medida en que se almacenan datos de nuestras vidas), la seguridad (frente a la omnipresente vigilancia y la ciberdelincuencia), el papel de los algoritmos automáticos, etc. La propia gobernanza de internet es el objeto de una amplia confrontación.
En los países democráticos, los activistas de la cultura libre se oponen a las leyes que promueven la creciente mercantilización y la utilización de la red como instrumento de vigilancia y control; en aquellos que tienen regímenes más o menos represivos, donde se censura y corta el acceso a las redes, donde se persigue y encarcela a los activistas, estos luchan por la pura y simple libertad de acceso.
Para todos ellos, la red es el espacio de una nueva ciudadanía -los netizens-, de nuevas formas de movilización y compromiso -el clictivismo-, y de nuevas identidades cívicas -los netactivistas-.
Todos ellos defienden que internet es un recurso global universal y debe mantener una arquitectura abierta y que los derechos que las personas tienen en la vida ordinaria también deben ser protegidos online.
La convergencia de muchas organizaciones en las movilizaciones desarrolladas en 2012 en Estados Unidos y en Europa para impedir la aprobación de las ya citadas leyes PIPA, SOPA y ACT, se ha tomado como un momento revelador del nacimiento de una esfera pública digital (networked).
El 18 de enero de 2012 Wikipedia, Wordpress y otros sitios apagaron sus páginas durante 24 horas en protesta por las tentativas de control a la libertad de expresión; Google y Fundación Mozilla colocaron bien visibles mensajes de protesta.
Con independencia de la importancia que para el futuro de la internet pueda tener esta batalla puntual, lo cierto es que las nuevas tecnologías permiten la creación de comunidades cívicas y su coordinación para movilizaciones de gran alcance con fines políticos: posibilitan el intercambio de información relevante, proporcionan conectividad social, construyen perspectivas críticas, aseguran la transparencia y rendimiento de cuentas y refuerzan la agencia cívica (Jenkins, 2006).
El poder en el mundo digital, al igual que en el mundo físico -sostiene MacKinnon (2012)-debe encontrar el contrapeso de la ciudadanía.
Los acuerdos de NETmundial en Brasil ofrecen cierta esperanza sobre el mantenimiento de los principios fundacionales, aunque se ha eludido el término "neutralidad" del documento final; los proyectos de la Federal Communications Commission (FCC) de revisar la neutralidad de la red, por el contrario, constituyen la expresión más patente de las amenazas (Wu, 2010).
LAS APORTACIONES DEL MOVIMIENTO
En esta síntesis nos centramos en dos de las aportaciones fundamentales del movimiento: una metodológica, que podemos denominar la producción cooperativa de bienes simbólicos; otra referida a la naturaleza del conocimiento, entendido como bien común.
La producción cooperativa de bienes simbólicos
El movimiento open ha desarrollado, desde sus orígenes, una metodología característica de trabajo.
Al tratar de ella, Shirky habla de "organización sin organización", O ́Reilly de "arquitectura de participación", Yochai Benkler de Commons-Based-Peer-Production o CBPP, Tapscott y Williams de peering, Reagle de "colaboración de buena fe" y Henry Jenkins de "inteligencia cooperativa".
Con estos y otros términos se designa la colaboración generosa de desarrolladores que no pertenecen a una organización empresarial ni institucional, sino que forman parte de redes cuyos límites son porosos y borrosos, cuyos nodos se hallan dispersos en ubicaciones distantes, pero que contribuyen voluntaria y gratuitamente a la producción de un bien común de acceso libre.
En este sentido, cada red o comunidad, a diferencia de una organización tradicional, no tiene trabajadores, sino cooperantes.
Estas "comunidades difusas" comparten un principio -apertura-y un modo de ver y de hacer, la conocida como cultura hacker, pero no reúnen las características de las organizaciones burocráticas de mercado, con la correspondiente asignación jerárquica de responsabilidades claras y relaciones definidas y con objetivos únicos.
De ahí que pueda dar la impresión de que carecen de estructura.
Sin embargo, se basan en una nueva ecología del conocimiento y su estructura se sustenta sobre la competencia o experticia, a489 sobre la performance, la experimentación y la revisión constante, y sobre la evaluación y el reconocimiento por pares.
Sus productos, como el software o como un puzzle (véase el logo de Wikipedia), son modulares o granulares (componencialidad y ensamblaje), ya que se pueden descomponer en pequeñas tareas que luego se articulan, agregan y rearticulan en proyectos más amplios.
La función de integración de las aportaciones particulares y la de desarrollo de las tareas nucleares fundamentales suele ser obra de un grupo reducido y estable de personas (board), pero la organización se basa en la pertenencia voluntaria, que es fluida y contingente en relación con las tareas ejecutadas, a una red mucho más extensa y de límites borrosos.
Estas comunidades virtuales defienden la apertura como una vía para fomentar la innovación e incentivar las aportaciones; según Auray desarrollan tres lógicas de gobernanza para evitar el vandalismo, los errores comunes y la manipulación estratégica: el control de calidad a posteriori de las versiones estables, que está parcialmente automatizado; la garantía de estatus como reconocimiento simbólico siempre que es posible identificar las aportaciones individuales; y la preferencia por la vigilancia participativa, basada en las aportaciones de base, y buscando el quórum o el consenso (Auray, 2009).
Lo que cuenta son las realizaciones, que han de ser visibles y transparentes para someterse al escrutinio y la evaluación de los pares.
Estas redes se basan en estructuras horizontales (de ahí la denominación de comunidades); en la motivación intrínseca y un ethos inclusivo y abierto (los free riders son bien acogidos y se desecha el miedo al fracaso); en un dinamismo de actualización constante del contenido (priman la innovación y la renovación incesantes); en la creación de materiales basados en la cooperación y en la contribución de muchos; en la reutilización de logros y procesos que se hallan siempre disponibles; en la constante adaptación de soluciones digitales para el funcionamiento de la comunidad.
Esto ha llevado a algunos autores a hablar de un tercer modo de producción que maximiza el valor de la creatividad humana sin utilizar indicadores como los precios o la gestión burocrática (Benkler 2006; Shirky, 2011).
Por su parte, Moulier prefiere integrarlo en la lógica "polinizadora" del capitalismo cognitivo (Moulier Boutang, 2007; Moulier Boutang, 2010).
Un ejemplo eminente de los resultados que pueden producir estos procesos de cooperación se halla en la exitosa enciclopedia Wikipedia.
La bibliografía que trata de evaluar su confiabilidad como fuente de información es muy extensa, tanto a favor como en contra (Auray, 2009), pero nadie pone en cuestión su relevancia sociocultural.
Parte de una visión: que cada ser humano puede contribuir libremente a la suma total del conocimiento ("cualquiera puede ser editor"); se funda en la tecnología wiki que permite compartir (editar) a gran escala, sin control previo; existen tipos muy distintos de contribuyentes o colaboradores tanto por el nivel de implicación en la edición e introducción de términos como por las funciones que se realizan, pero quienes comparten las normas se conciben a sí mismos como la comunidad de los wikipedianos.
¿Qué normas fundamentales se han dado?
Tres: neutralidad de puntos de vista, eludir la originalidad (para ello están las revistas científicas o artísticas) y verificabilidad.
Como sostiene Reagle, en cierto sentido "un artículo de Wikipedia no puede ser mejor que sus fuentes" (Reagle, 2010, p.
12); la ambición prometeica de una enciclopedia universal, en este caso, no parece obnubilar el juicio sobre los límites de su realización.
La naturaleza del conocimiento
"Cada día se nos muestra como mucho más razonable la consideración de que existen cosas, productos y estados de vida económica que comportan o exigen la comunidad" (Altamira, 1890, p.
En la cita introductoria de Alan Greenspan hemos mostrado la creciente importancia que las ideas tienen para la economía contemporánea.
En realidad, lo sorprendente, como sostiene Paul M. Romer es el carácter residual que estas han jugado en la teoría económica.
Sin embargo, ahora, cuando casi todo puede ser codificado en una serie binaria y el principal recurso es el conocimiento aplicado a la producción de más, nuevo y mejor conocimiento, la cuestión de la propiedad de las ideas se convierte en extraordinariamente relevante.
El conocimiento es tratado, de hecho, con frecuencia como un bien de mercado.
Pero, como han mostrado autores tan diversos como Paul Samuelson y Joseph Stiglitz, Paul M. Romer o Richard Florida, se diferencia sustancialmente de otros bienes y objetos.
Para ellos, las características diferenciales de las ideas respecto a cualquier otro bien (incluido el capital humano) se derivan de la intangibilidad y se resumen en la no rivalidad y en la imposibilidad de la exclusión.
La primera característica conlleva que el consumo por parte de un individuo no impide el de otras personas; la ausencia de exclusividad implica que resulta difícil a489 si no imposible apartar a un individuo cualquiera de disfrutar del bien en cuestión.
Las ideas pueden ser usadas o compartidas por mucha gente al mismo tiempo y al utilizarlas no se producen costes marginales, por lo que resulta más eficiente distribuirlas libremente a cualquiera que restringir su uso mediante la imposición de cargas.
Cuanto más y mejor es conocida una idea, mejor podrá ser evaluada, mejorada y transformada.
Por tanto, la accesibilidad al conocimiento es una garantía de su mejora y de la exploración de las potencialidades de innovación.
Por otra parte, la propiedad intelectual más fundamental es la creatividad humana (Florida, 2006).
El movimiento open sostiene que las nuevas tecnologías, al digitalizar objetos y fenómenos, por su instantaneidad y conectividad, explicitan de modo extraordinario ambas características.
Sin embargo, las reglas de uso y distribución, en definitiva, las normas sociopolíticas sobre la propiedad intelectual obstruyen el desarrollo de las potencialidades puestas en juego por la revolución digital.
La economía actual de la divulgación y de la comunicación científica, por ejemplo, dificulta el acceso y establece filtros selectivos con la consecuencia paradójica de que mayor saber objetivo conlleva menor acceso relativo de los investigadores concretos.
Esta paradoja es un resultado de la contradicción entre las potencialidades que generan las tecnologías para una distribución instantánea y el sistema de gestión de la comunicación científica y las reglas reguladoras de la distribución.
Viejas reglas y leyes, extendidas y readaptadas, constriñen el desarrollo de relaciones sociales nuevas.
Dos gramáticas operan en el movimiento al abordar estas cuestiones: la del dominio público y la de la comunalidad.
No son divergentes, pero es importante señalar algún matiz sobre ellas.
Los defensores del dominio público -y muy especialmente Boyle-plantean la necesidad de restringir los derechos de propiedad privada y de ampliar la entrada de las creaciones de la mente (libros, música, películas, etc.) en el dominio público para disfrute de todos; en cambio, entre los partidarios de los commons, se supone que los bienes simbólicos son algo así como los recursos de la naturaleza (dados) y que la comunalidad es la forma originaria de su producción y uso (Altamira, 1890).
De hecho, se habla de los comunales digitales por extensión metafórica y se plantea la existencia de un segundo cercamiento por analogía con el que experimentaron Solo si el conocimiento constituye un bien público y una utilidad social y se reconoce el carácter cooperativo de su producción, solo entonces los miembros de dicha sociedad gozarán de los derechos plenos de una ciudadanía que incorpora la condición de internauta.
ORGANIZACIÓN Y BASES SOCIALES DEL MOVIMIENTO
En un artículo sobre la historia del movimiento (The new politics of the internet.
Everything is connected), el articulista de The Economist sostiene que "en la actualidad cada rincón del universo digital tiene su propio grupo de interés".
Esto es ciertamente lo que hemos mostrado, pero también que existe una cultura subyacente, más o menos explícita en todas las corrientes y que en ellas opera el principio de apertura, para referirse al conocimiento como bien común, a las formas de producirlo y distribuirlo, y por supuesto a las modalidades de organización cívica y social.
Este principio se extiende desde los grupos y redes que, en un extremo, pueden definirse esencialmente como comunidades de práctica, dado que reúnen a quienes comparten afinidades electivas ("almas gemelas") y encuentran una oportunidad para ejercer sus aficiones, hasta, en el otro extremo, las redes cívicas y los hackers anónimos que defienden causas y proyectos de transformación social, cuyos beneficios se postulan para el conjunto de la sociedad (Ariño Villarroya, 2009).
A su vez, es posible diferenciar una corriente más o menos libertaria que postula la gratuidad total de todos los bienes simbólicos y que conecta con una creciente sensibilidad social reticente al pago, y una corriente más liberal, que distingue entre libertad y gratuidad.
Esta última no excluye la recompensa económica al autor, sino que plantea la instauración de límites o la reformulación del derecho de propiedad intelectual y una revisión drástica del papel lucrativo desempeñado por las entidades de gestión de derechos.
Esta complejidad interna, funcional e ideológica, refleja las condiciones de emergencia de internet.
Castells ha señalado la existencia de cuatro capas culturales: la universitaria tecnomeritocrática (la ciencia por amor a la ciencia), la de los hackers (es decir, la de quienes tienen la pasión de crear), la de las formas culturales alternativas (comunidades virtuales) capaces de inventar nuevas formas sociales y la empresarial orientada a hacer negocio mediante la innovación.
Estas cuatro capas, aunque son distintas, se a489 van reforzando y comparten la cultura de la libertad, para la cual internet debe ser una tecnología abierta, sin apropiación privada (Castells, 2008).
A ellas, como hemos visto, habría que añadir una quinta, la de los gobiernos, centrada por ahora más en la vigilancia y el control que en los principios de apertura y comunalidad, con los consiguientes conflictos.
En el seno de este conglomerado de organizaciones y de vínculos más o menos fuertes o débiles, se puede distinguir un centro y muchas periferias; cada rama, corriente o proyecto tiene límites porosos por razones estratégicas: incorporar la novedad.
De acuerdo con las teorías clásicas de las organizaciones, a medida que crecen en volumen y en complejidad, también se debería incrementar la jerarquía y la burocracia.
Sin embargo, esto ya no sucede con "las organizaciones sin organización" (Shirky, 2008) porque las nuevas aplicaciones permiten coordinar la acción de forma instantánea, a distancia, sin necesidad de estructuras burocráticas, tanto de personas intensamente participativas como de otras que realizan aportaciones casuales e incluso parásitas y oportunistas.
En el interior del movimiento hallamos individuos carismáticos, geniales y extraordinariamente creativos, con frecuencia extravagantes -véase la fiesta de Burning Man 5 -, que ejercen un liderazgo reconocido, como redes de trabajo y cooperación, de afinidad en gustos o prácticas, que utilizan el código abierto para comunicarse y operar; se da tanto la existencia de amplias bases de voluntariado, anónimas, dispuestas a efectuar pequeñas aportaciones y donaciones a un proyecto conjunto y grupos estables, con capacidad ejecutiva y centralizados; también hallamos fundaciones, universidades y organismos estatales.
Las bibliotecas universitarias asociadas en redes de diverso tipo juegan un papel importante en el ámbito de la apertura de la comunicación científica.
En este sentido, puede hablarse de un movimiento de estructura rizomática, que combina dimensión carismática e institucional; individual y organizacional; local y global.
Y todo ello lo hace merced a las potencialidades de las nuevas tecnologías, que son a un tiempo su condición de operación y su meta, su infraestructura técnica, su nicho ecológico y su contenido.
Sin embargo, en estas redes sí que siguen operando las leyes clásicas de distribución del poder (Pareto).
Estas leyes -sostiene Shirky-tienden a funcionar en todos los sistemas sociales donde muchas personas expresan sus preferencias entre muchas opciones; cuando el número de estas crece, la curva de distribución se hace más extrema.
Si aumenta el volumen del sistema también crece el gap entre el 1% y la media (Shirky, 2008).
Para explicar esta desigual participación, Fuster ha acuñado el concepto de ecosistema participativo en el sentido de subrayar la codependencia y la adaptación mutua de diferentes formas y grados de contribución, en orden a lograr un equilibrio entre ellas para alcanzar la sostenibilidad y la efectividad de la misión común.
En un cierto sentido, no es posible ignorar que muchos de los líderes del movimiento forman parte de organizaciones que les procuran libertad y autonomía (departamentos e institutos universitarios) y otros se han dotado de estructuras organizativas que les permiten operar fuera del campo estrictamente mercantil, como es el caso de las fundaciones.
Además de que la mayoría son varones, suelen compartir dos rasgos más: han nacido en la década de los cincuenta (y se han visto influidos por el ethos contracultural de los campus norteamericanos de finales de los sesenta y primeros setenta); y todos ellos tienen formación universitaria y en algún momento han desarrollado o desarrollan tareas de formación e investigación en centros universitarios.
Por ello mismo, el movimiento adopta formas de desarrollo que han probado su indudable éxito en el mundo profesional y académico: funciona mediante encuentros, foros, seminarios y congresos, donde los pares presentan los resultados de sus procesos de trabajo y debaten abiertamente sobre ellos; se crean asociaciones profesionales; se redactan declaraciones y manifiestos, a los que se adhieren quienes están acordes con su filosofía siguiendo pautas típicamente universitarias; se crean revistas y repositorios; etc. Pero también se utilizan las potencialidades de las nuevas tecnologías para la difusión cotidiana y para la comunicación ordinaria: blogs, weblogs, wikis, foros, listas, aplicaciones, comunidades virtuales, etc. Al mismo tiempo, se actúa dentro de las instituciones u organizaciones de las que se forma parte -universidades y otras organizaciones públicas-ejerciendo influencia y presión para que estas adopten políticas explícitas de apoyo al movimiento.
En cierto sentido, podría decirse que han llevado al extremo la lógica de la democratización en la evaluación académica por pares, puesto que no son ahora los expertos solamente quienes tienen la última palabra sino cada participante.
Esta práctica a ultranza de la apertura organizativa no deja de crear problemas, como muestra el caso de Wikipedia, generados por quienes utilizan las puertas abiertas para quebrar la cultura de la cooperación y la presunción de bondad en toda acción humana.
A a489 ello hacen frente con nuevas estrategias organizativas y nuevas aplicaciones técnicas, pero también surgen organizaciones donde existen filtros de control (Wiki-Leaks) o el anonimato.
Finalmente, algunos sectores están tratando de dar el salto a la esfera política creando partidos específicos.
Este es el caso de los partidos piratas en algunos países nórdicos y Alemania o Austria entre otros.
Nos hallamos, pues, ante un movimiento que no suele utilizar las formas típicas de acción colectiva no convencional -manifestaciones, ocupaciones, protestas, etc.-sino que se sirve con eficacia de los resortes que proporciona la red y de las estrategias profesionales de sus miembros, recurriendo en ocasiones a pautas típicas de grupos de presión.
Esto no es extraño en absoluto, y no solo por la pertenencia institucional de muchos de sus líderes, sino porque como sostiene Suber, el movimiento no es revolucionario en sus demandas, aunque posiblemente lo sea en sus consecuencias.
El movimiento open, en el conjunto de sus ramificaciones y corrientes, aborda el impacto de las tecnologías que crean una cultura global digital sobre las formas de producción y difusión del conocimiento y sobre las formas de organización social.
En el primer caso, se ocupa de cómo se transforman los procesos de distribución (copias sin coste marginal, cambios en los soportes, quiebra en la cadena de distribución, nuevos modelos de negocio) y los procesos de producción: cómo se genera el conocimiento (metodologías cooperativas, autoría colectiva, lógica del 20/80) y qué se produce (nuevos objetos de conocimiento como el genoma, la física subatómica, los exoplanetas, el medio ambiente, etc.) y, en consecuencia, qué es el conocimiento y cuál es su naturaleza, quién es el autor de los bienes simbólicos y cuáles son sus derechos, y quién produce conocimiento (modificación de la relación entre producción y consumo).
En el segundo, se plantean las cuestiones del acceso a la red, de la seguridad y la privacidad, pero sobre todo de la compatibilidad entre los principios de la democracia y de los derechos humanos y la creciente regulación centralizada y jerárquica de la internet.
Por ello se plantean cómo crear una esfera pública global, como incrementar el dominio público, cómo favorecer la autonomía personal y la ciudadanía.
El movimiento open, desde los pioneros del open commons hasta las movilizaciones en numerosos paí-ses en 2013-2014 contra el creciente control de la red, desde las comunidades de fans, pasando por las de software, y llegando a las distintas formas de protesta digital, reclama la importancia de una internet pública y libre, donde haya autores, creadores y artistas que ponen sus conocimientos y creaciones al servicio de la comunidad de internautas; donde la dinámica cooperativa, las comunidades virtuales, la producción CBPP, etc. adquieran un papel determinante; donde el conocimiento generado con fondos públicos sea accesible y gratuito; en definitiva, una internet donde el bien común del conocimiento y de la innovación derivada, desde la nueva esfera pública global, permita crear una sociedad mejor.
Existe, pues, un movimiento global centrado en el principio de apertura, que se ramifica abordando las distintas problemáticas que surgen en la red y sobre la red, pero el carácter excepcional de esta, concebida como la única estructura descentralizada, distribuida, que no puede ser sometida al control de las grandes multinacionales para discriminar la circulación de contenidos en función de los precios (no de los costes), que es soberana frente a los estados, cuando vemos cómo estos desarrollan distintas estrategias de vigilancia generalizada sin garantías jurídicas de ningún tipo, ya no puede ser asumido como un hecho, sino como un "ideal que debe ser defendido" (Wu, 2010, p.
No es objetivo de este artículo evaluar el alcance del movimiento open.
No obstante, no es posible concluir sin señalar que internet hoy en día está presente real o potencialmente en todo el mundo y es una infraestructura global de la cultura, pero todavía no es coextensiva con la sociedad mundial; y tampoco se puede ignorar que una parte importante de la información y la comunicación tiene objetivos socialmente perversos, manipulada por las profundas fuerzas y poderes que han dominado en la historia humana; o que la gran mayoría de ella, en clave de transformación social, es banal e irrelevante; que el malware y la desinformación estratégica también ocupan sus nodos.
Y, en fin, como sostienen Gasser, Faris y Heacock, que "en la mayoría de cuestiones y lugares, la esfera pública networked permanece dormida" (Gasser, Faris y Heacock, 2013, p.
Este artículo se enmarca en la investigación del proyecto NOMS (Nuevos Objetos Mundo-Sociales), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. |
Las experiencias vinculadas al crowdfunding, particularmente en la esfera cultural, se han expandido de manera inimaginable apenas hace unos años.
Este fenómeno no puede desvincularse de la gran transformación que representa internet en múltiples aspectos y campos de la actividad social, económica y política.
Junto a la producción privada y mercantil, se han generado nuevos espacios para la producción y el intercambio sociales.
El auge del crowdfunding en la esfera cultural ¿representa una nueva arquitectura de la producción compartida o más bien implica una simple reformulación de la fragilidad y precariedad del sector?
A través del análisis de la actividad de distintas plataformas de crowdfunding, este artículo responde a esta pregunta y propone cuatro dimensiones para el análisis del retorno social o valor público del crowdfunding.
Concluimos que el crowdfunding incorpora elementos de innovación en relación a las dinámicas de intermediación consolidadas en el sector cultural, pero puede conllevar también la reproducción de sus reglas institucionales y statu quo.
A estas alturas, son ya muy pocos los que no han oído hablar del crowdfunding en muchos campos de actividad, pero especialmente en lo que podríamos llamar "esfera cultural".
En muy pocos años las diversas vías de financiación colectiva y micromecenazgo a través de aplicaciones de internet han pasado de verse como curiosidades o experimentos que evaluar a considerarse como una fuente fiable y consistente de financiación de proyectos fuera del mercado convencional del crédito.
Entendemos que no podemos tratar de caracterizar y analizar este fenómeno de creciente impacto sin ponerlo en relación con la gran transformación que representa internet en múltiples aspectos y campos de la actividad social, económica y política.
Era quizás comprensible que nos refiriéramos a esos cambios con la denominación genérica de tecnologías de la información y de la comunicación, pero ello ahora resulta simplificador y claramente restrictivo.
No es casual que se hable cada vez más de la internet de las cosas o de la internet de las personas para tratar de captar la creciente invasión digital que afecta a cualquier aspecto vital.
Los cambios, como casi siempre, no se producen de repente.
Van sucediéndose alteraciones en distintos sectores, en las formas de operar.
Se modifican rutinas, aparecen nuevos actores y nuevas formas de operar.
Y súbitamente, la sensación de cambio global acontece.
Estamos en plena fase de sensación acelerada de que todo se altera.
Los elementos clave son: la clara hegemonía de la economía basada en la información, en el conocimiento, en la producción cultural global y en la explotación de intangibles como marca y diseño; todo ello basado en un acceso relativamente simple y barato a un entorno comunicativo que permite un protagonismo creciente de productores no mercantiles en el sector de la información y la cultura, con un formato mucho más descentralizado y desintermediado del que teníamos en el siglo XX (Benkler, 2015).
Es decir, junto a la producción privada y mercantil, hay mucho más espacio y más oportunidades para la producción y el intercambio sociales.
En este sentido, es importante destacar el auge de iniciativas que parten de la cooperación y la producción compartida basándose en códigos y software abiertos (Rifkin, 2014).
En efecto, la economía de la información en red, permite a la gente hacer más cosas por y para sí mismos, y lo hace facilitando que su acción y colaboración pueda circular o progresar con menos cortapisas adscriptivas (se trata muchas veces de comunidades difusas, con lazos débiles) y con menos restricciones derivadas de procedimientos organizativos jerárquicos o burocráticos.
Internet permite cortocircuitar o evitar aquellas mediaciones que no son estrictamente necesarias, y por tanto facilita sistemas más horizontales y democráticos de operar en red.
Los nodos o conglomerados en la red se crean tomando como base la afinidad y el interés mutuo de los que los forman, lo que hace que no sea la inversión o el dinero que cada uno tiene lo que sitúe a uno en los espacios más seguidos o con mayor influencia.
Las nuevas prácticas de acceso y distribución de recursos culturales, así como las de creación colaborativa de contenidos, han ido consiguiendo poner en crisis diversas industrias u organizaciones que actuaban en formatos restrictivos de propiedad y basándose en el control de posiciones de intermediación, y ello potencia por tanto la aparición de nuevos modelos de gestión y de producción de cultura y conocimiento (Fuster Morell, Subirats Humet, Berlinguer, Martínez y Salcedo, 2014).
En definitiva, cambios tecnológicos como los que incorpora internet permiten generar espacios de viabilidad para prácticas que de otra manera serían imposibles o muy complicadas.
Ahora es más posible construir significado y comunicarlo a escala global sin grandes costes y de manera directa y autónoma.
Hay muchos recursos distribuidos en la sociedad y solo es necesario encontrar las vías para conectar esos recursos y alinearlos en alguna dirección que permita generar procesos de creación y transformación.
Es precisamente ese el espacio en el que las experiencias de crowdfunding han florecido y se han expandido de manera inimaginable apenas hace unos años (Mollick, 2014; Belleflamme, Lambert y Schwienbacher, 2014).
Si partimos del coste cero que tiene la información existente y el coste cada vez menor que tiene la comunicación, lo que resulta escaso es la capacidad humana y las vías para agregar recursos dispersos y encontrar los formatos mejores de implicación y generación de una comunidad (de lazos débiles casi siempre) dispuesta a respaldar proyectos y experiencias.
El crowdfunding permite agrupar mecenas que buscan retorno a su inversión, protectores benéficos de lo cultural, amantes de las artes, o simplemente curiosos y exploradores de innovaciones; contribuir con escalas de inversión muy distintas y con retornos asimismo variados a un cierto proyecto (en este caso) artístico o cultural.
Y hacerlo sin los intermediarios financieros tradicionales.
Por su parte, el crecimiento de plataformas y proyectos relacionados con el crowdfunding no puede desligarse del contexto político, económico y cultural en el que se desarrollan.
Probablemente por eso el crowdfunding se ha ido asociando no solo a una fuente singular de financiación, sino también a una manera de producir, distribuir y consumir bienes y servicios.
A su vez, transparencia y participación son conceptos que se presentan como centrales en este fenómeno.
Transparencia en el origen y gestión de la financiación.
Participación y pertenencia a un proyecto (o incluso a una comunidad) por parte de aquellos que aportan su contribución.
Pero más que dar por sentado la relación entre el crowdfunding y estas dinámicas, cabe preguntarse por sus efectos en los sistemas culturales.
¿Podemos hablar de retorno social y de valor público del crowdfunding?
¿Qué significaría exactamente eso y cómo podría plantearse un debate al respecto?
¿La expansión del crowdfunding es una respuesta coyuntural a una situación de crisis económica o es indicativa de una transformación integral en la manera de entender la producción y el desarrollo cultural?
Nuestro artículo aborda estas preguntas y propone dos perspectivas clave para el análisis y el debate sobre el retorno social o el valor público del crowdfunding.
Por un lado, buscamos analizar los elementos de innovación y cambio que el crowdfunding implica con relación a las dinámicas de intermediación consolidadas en el sector cultural.
Pero de forma complementaria, nos preguntamos si este mismo fenómeno puede conllevar también la reproducción de las reglas institucionales (las normas, los patrones de relación) y así el statu quo del sector.
En cuanto a la metodología, este artículo se centra en el análisis de la actividad de dos plataformas de crowdfunding (Verkami y Goteo), casos significativos y de impacto reconocido en el conjunto del estado.
Ahora bien, no buscamos comparar estas plataformas sino generar conocimiento sobre el retorno social del crowdfunding a partir de dos casos que presentan similitudes y contrastes.
Así, la reflexión que presentamos está centrada en el impacto del crowdfunding en el ámbito cultural, pero entendiendo dicho espacio desde una perspectiva amplia, que incluye proyectos de base social y tecnológica.
La investigación que sustenta este artículo incluyó el análisis documental, tanto de informes como de estadísticas publicadas, además de entrevistas semiestructuradas a responsables de plataformas y proyectos financiados.
CONCEPTOS CLAVES PARA UNA REALIDAD DIVERSA
Financiación colectiva, micromecenazgo, crowdfun-ding... diferentes nombres para un fenómeno con implicaciones políticas y económicas que han dejado de pasar desapercibidas.
Incluso las instituciones públicas discuten posibles "beneficios y riesgos" del crowdfunding, así como de la necesidad de un marco normativo, como queda evidenciado en una consulta online que desarrolló la Comisión Europea.
Ahora bien, en términos de participación y contenido, el debate público sobre el crowdfunding todavía resulta incipiente.
The crowdfunding industry report; Mercado de Crowdfunding en España y Latinoamérica 2013) centrados en el impacto monetario, que presentan cifras altisonantes.
Según estas fuentes, el crowdfunding estaría generando un volumen de negocio que en el ámbito internacional habría superado en 2012 los 2.500 millones de dólares y duplicado esa cifra en 2013.
Sin embargo, menos atención recibe el análisis del impacto sociocultural de esta práctica.
Escasos son los estudios sobre los efectos que tiene el crowdfunding (y particularmente las plataformas que lo promueven) en los sistemas culturales establecidos.
Sabemos todavía poco sobre cómo estas nuevas dinámicas inciden en las reglas institucionales, en las maneras de hacer y de organizarse colectivamente en el ámbito cultural.
En este sentido, cabe destacar un reciente estudio realizado sobre la relación entre el impacto que ejercen las dinámicas de crowdfunding en la esfera social de los emprendedores tomando como base la teoría del capital social (Zheng, Li, Wu y Xu, 2014).
El estudio realiza una comparativa entre China y Estados Unidos y explica los efectos positivos que se crean entre los emprendedores y los sponsors gracias a las dinámicas de crowdfunding.
No obstante, como se puede entrever, no hace especial mención al impacto que crea en las instituciones o en los modelos de mercado hasta ahora establecidos.
Más allá de las diferentes versiones sobre el origen de las primeras experiencias de crowdfunding tal y como se conoce hoy, resulta evidente que tanto el sector cultural como el tecnológico son los dos ámbitos principales (aunque no los únicos) en los que este fenómeno ha tenido mayor impacto.
Una de las experiencias pioneras más referenciadas es la del grupo de rock Marillion, que en 1997 y utilizando internet para recibir donaciones, consiguió reunir 60.000 dólares para realizar una gira por Estados Unidos.
No es poco significativo que el contexto de una de las primeras a490 experiencias de crowdfunding haya sido el sector de la industria musical.
Como tampoco lo es que otras experiencias pioneras se desarrollaran en el ámbito de la tecnología y particularmente en el del software libre, como el caso de la Free Software Foundation.
La idea central que se repite cuando se habla de crowdfunding es que se trata de un sistema de financiación.
Ahora bien, según la perspectiva adoptada, la definición de este fenómeno puede acentuar aspectos diferentes.
Por un lado, existe coincidencia en apuntar el carácter online (y, por lo tanto, la presencia mediatizadora de la tecnología) como elemento clave de las plataformas de crowdfunding.
Por otro, la financiación canalizada está dirigida más a facilitar proyectos y menos el desarrollo general de una organización o colectivo.
Un tercer aspecto clave de la financiación a través del crowdfunding es el carácter de pequeñas contribuciones monetarias aportadas por un gran número de financiadores.
Si bien las suscripciones han sido una herramienta de financiación extendida en el sector cultural, el aspecto diferencial en el crowdfunding es que las contribuciones se hacen efectivas solo si el proyecto consigue (en un periodo de tiempo determinado) la cantidad de dinero prefijada en el presupuesto.
Como analizaremos, todos estos aspectos presentan matices según el tipo de plataforma al que nos refiramos, pero en cualquier caso se trata de elementos que condicionan el impacto que puede tener el crowdfunding.
Un último aspecto clave de este fenómeno es la diversidad en el carácter de la aportación monetaria que se realiza.
Así, se habla de cuatro tipos de crowdfunding: de donación (sin contraprestación prefijada), de recompensa (en forma de producto, servicio o experiencia), de inversión o equity crowdfunding (a cambio de participaciones o porcentaje de beneficios) y de préstamo (rentabilidad con intereses).
Teniendo en cuenta los objetivos de nuestro artículo, nos centraremos en los dos primeros tipos, que muchas de las plataformas que trabajan en el ámbito cultural utilizan de forma combinada.
UN CONTEXTO DETERMINADO: CRISIS Y CROWDFUNDING
• El gasto en el consumo cultural en los hogares y, por lo tanto, una fuente principal de ingresos del sector, ha disminuido un 27% desde el comienzo de la crisis en 2008.
Este aspecto se ha visto incrementado aún más a partir de la subida del IVA para una gran parte de bienes y servicios culturales.
Frente a este escenario, en el cual las vías tradicionales de financiación del sector cultural resultan insuficientes para asegurar su sostenibilidad, el mecenazgo aparece como alternativa.
Nos referimos en este caso a las promesas oficiales de desarrollo de una nueva ley estatal de mecenazgo y a los reclamos que en este sentido se formulan desde el propio sector cultural.
También en este contexto se desarrolla de manera extensiva e intensiva el fenómeno del crowdfunding.
Así, la crisis ha condicionado la consolidación del debate sobre las nuevas vías de financiación de la cultura como tema de la agenda pública.
La necesidad de adaptación debida a las dificultades económicas ha puesto de manifiesto la capacidad prescriptiva del sector cultural a la hora de buscar alternativas a los antiguos modelos de financiación.
Pero entonces, ¿son estas alternativas, y particularmente el crowdfunding, respuestas coyunturales a una situación de crisis en la financiación?
¿Estamos frente a un proceso de reproducción de las reglas institucionales y de las relaciones de poder en el sector cultural o más bien debemos hablar de una transformación integral, un cambio en el statu quo?
¿Tiene este cambio que ver con el retorno social, con el valor público que puede comportar el fenómeno del crowdfunding?
CUATRO DIMENSIONES PARA EL ANÁLISIS DEL RETORNO SOCIAL DEL CROWDFUNDING
Entendemos que determinadas dinámicas y procesos impulsados por las plataformas de crowdfunding tienen como efecto cambios significativos en el ámbito cultural.
Transformaciones que pueden ser analizadas desde cuatro dimensiones.
Las plataformas de crowdfunding pueden facilitar no solo un canal alternativo para acceder a financiación sino también contribuir al desarrollo sostenible de los proyectos y al crecimiento de las comunidades en las que se insertan.
Su valor público en este caso se puede analizar desde dos puntos de vista.
Por un lado, contribuyendo con el proceso creativo, las plataformas redefinen el papel de la intermediación.
Por otro, su acción puede ser entendida como parte de un proceso de desintermediación, al menos en lo que se refiere al efecto fagocitador (o de free rider) que pueden tener determinadas estructuras de intermediación tradicional.
Verkami es una plataforma de crowdfunding que ofrece una alternativa para financiar proyectos de forma directa a través de la suma de aportaciones individuales.
Se dirige sobre todo a creadores independientes que buscan financiación.
Su actividad se encuadra principalmente en el crowdfunding de recompensa, ya que las personas que realizan aportaciones reciben a cambio recompensas individuales (en forma de producto, servicio o experiencia) directamente relacionadas con el proyecto financiado.
Aunque en menor medida, parte de la actividad de Verkami también se entiende como crowdfunding de donación (sin contraprestación prefijada).
La actividad de Verkami (neologismo que en esperanto significa 'amante de la creación') ha tenido impacto significativo en la sostenibilidad de los proyectos culturales.
No solo por el evidente acceso a la financiación, sino en términos generales por el ase-soramiento que ofrecen a los proyectos en materia de difusión y producción.
Como complemento de la plataforma web multilingüe, el equipo de Verkami (integrado por profesionales del ámbito cultural y tecnológico) trabaja con los impulsores de los proyectos para desarrollar su participación en las campañas de financiación.
Se contribuye así al proceso creativo fomentando al mismo tiempo la autoedición y la autogestión de los proyectos y facilitando herramientas para su desarrollo.
Como en otras plataformas, Verkami no retiene derechos de autor de los creadores sobre sus obras, que a su vez en muchos casos optan por la utilización de licencias de tipo creative commons.
Por su parte, personas y colectivos que buscan financiación a través de Verkami conciben en buena medida el crowdfunding como espacio de prueba y de medida para sus proyectos.
Una aproximación al público y a sus intereses que no requiere inversión mayor que la preparación del proyecto y que se realiza con relativa rapidez.
En definitiva, la posibilidad de probar y dimensionar un proyecto antes de realizarlo.
Se trata entonces de una dinámica que contribuye a mejorar la sostenibilidad de muchas iniciativas.
La actividad de Verkami tiene impacto no solo en términos cualitativos y enfocados al proceso de creación y producción.
Sus efectos pueden ser medidos en términos cuantitativos y propios de la lógica de la industria.
En este sentido, Verkami es de las plataformas de mayor impacto en España y en el sur de Europa, con una de las tasas de financiación conseguida (70% de los proyectos publicados) de las más altas.
A su vez, muchos de los proyectos financiados han sido reconocidos en premios y circuitos comerciales.
De la actividad de la plataforma puede derivarse también un efecto multiplicador para las iniciativas que, habiendo conseguido impacto entre los microfinanciadores en Verkami, despiertan a su vez el interés de agentes intermediarios tradicionales como editoriales, productoras o discográficas.
Por su parte, la plataforma Goteo se define como red social de financiación colectiva.
Está basada en aportaciones de carácter monetario y a ello se suma lo que denominan colaboración distribuida, es decir, contribuciones que los proyectos reciben por parte de los usuarios de la red en forma de servicios, infraestructuras o microtareas.
Se impulsa así el desarrollo autónomo de iniciativas con objetivos de carácter social, cultural o tecnológico, entre otros.
Podemos entender el retorno social que genera la actividad de Goteo en dos sentidos.
Por un lado, la promoción de proyectos que combinan creatividad e innovación social y tecnológica.
Y por otro, el fomento del acceso a la información, el conocimiento y la cultura libres, así como el código abierto.
Goteo establece así un nexo entre el crowdfunding y una corriente compartida por diversos colectivos sociales que promocionan los commons o el procomún.
El desarrollo de los commons se entiende como la gestión compartida, pública y colectiva de recursos (tangibles e intangibles) por parte de comunidades que tienen normas o reglas identificables.
Esas normas o reglas, que son desarrolladas por las propias comunidades, permiten la sostenibilidad de los commons.
En su metodología, Goteo mantiene un equilibrio entre las recompensas individuales y las colectivas.
Si bien las personas que financian proyectos reciben productos o servicios como retorno, uno de los requisitos básicos para que los proyectos puedan ser publicados en la plataforma es que ofrezcan retornos colectivos: "conocimiento liberado que la organización comparte con la sociedad".
Los ejemplos de este tipo de retornos van desde el acceso libre al código fuente o a los materiales de los proyectos hasta talleres y formación.
El retorno social o valor público de Goteo se traduce así en la transferibilidad de los proyectos, pero también de lo generado directamente por la propia plataforma (su código, materiales, etc.)
Por último, cabe mencionar que Goteo ha superado el millón de euros de recaudación para los proyectos, así como los 35.000 usuarios, lo que permite medir el impacto de su tarea en términos cuantitativos.
En este sentido, un aspecto clave es que la plataforma está impulsada por la Fundación Fuentes Abiertas, y por lo tanto es una organización tipificada como sin ánimo de lucro.
Esto implica que tanto impulsores como donantes pueden obtener beneficios fiscales, con deducciones de hasta el 35% del importe de la contribución.
Además, Goteo ofrece la posibilidad de apoyar cualquier proyecto, no solamente desde lo estrictamente monetario.
Es decir, siempre y cuando el proyecto haya estado diseñado con tal objetivo, un cofinanciador puede encontrarse con la posibilidad de ofrecer aportaciones de diverso origen, ya sea con préstamo de recursos materiales, de infraestructura o incluso personales (como podría ser un traductor o un web manager).
Democratización del mecenazgo y fomento de la participación creativa.
Las plataformas de crowdfunding pueden tener un doble efecto en este sentido.
Por un lado, impulsando un proceso de cambio de reglas en el sector cultural, con la democratización de la figura del mecenas.
No solo hablamos de mayores ingresos para el sector sino de un peso y un rol diferente de las personas en la financiación de la cultura y la creatividad.
Por otro lado, las plataformas de crowdfunding facilitan, además de la participación en términos monetarios, la implicación de las personas, organizaciones y comunidades en el desarrollo de los proyectos.
La actividad de una plataforma como Verkami ha tenido impacto en el propio concepto de mecenazgo y en las reglas que marcaban la posibilidad de participar en dicho fenómeno.
Con el crowdfunding la figura del mecenas deja de estar estrictamente ligada a personas u organizaciones con alto poder de inversión económica; se diversifica la cantidad de dinero que permite acceder a la posibilidad de financiar (y por lo tanto ofrecer apoyo) a un proyecto en desarrollo incipiente; se minimiza el riesgo de la inversión ya que, si el proyecto no consigue el objetivo de financiación marcado por el presupuesto, la aportación no se hace efectiva.
Todo ello en el marco de unas reglas que permiten a la persona realizar el seguimiento del proyecto con trasparencia.
Verkami impulsa este cambio en la figura del mecenazgo a través de un modelo que busca establecer complicidad con el público y un efecto renovado del consumo cultural, que combina una experiencia novedosa con la implicación en el apoyo a proyectos.
A diferencia de una compra tradicional de bienes o productos culturales, Verkami fomenta la elección basada en la voluntad de hacer posible un proyecto, estableciendo una relación diferente entre consumidor y productor, más allá de la consecución de determinados recursos.
Se facilita también a los productores la posibilidad de contactar de forma directa con las personas financiadoras.
Por su parte, como hemos avanzado, Goteo es una red que fomenta las contribuciones monetarias y también la aportación a través de servicios, infraestructuras y otros recursos.
Este último tipo de participación se concreta en tareas como traducciones, préstamos de material, uso compartido de espacios o instalaciones, etc. Así, Goteo es un caso que ilustra la combinación del modelo monetario del crowdfunding y lo que se ha definido como crowdsourcing, es decir, un proceso de distribución de tareas entre un grupo indefinido de personas o comunidades a partir de una convocatoria abierta.
También en este sentido, Goteo fomenta la cocreación de proyectos, así como la participación activa y creativa de las personas usuarias de su plataforma; busca integrar el crowdfunding con las dinámicas de producción colectiva, como por ejemplo los denominados hackatones, encuentros de programadores que tienen la finalidad de desarrollar de manera colaborativa distinto software.
El objetivo de Goteo es trabajar con comunidades existentes (o impulsar otras nuevas) que al mismo tiempo permitan el desarrollo de commons.
Para ello, introducen cambios en la plataforma y en general en la metodología de trabajo, con la idea de conectar crowdfunding e impacto social.
Por ejemplo, actualmente buscan implicar a organizaciones no solo en el patrocinio de iniciativas sino para que facilitan apoyo diverso.
Otra iniciativa de Goteo es la incorporación del diseño web adaptable (o responsive) a su plataforma, lo que permite adecuar el sitio web al entorno del usuario.
En definitiva, el retorno social de este tipo de crowdfunding se evidencia en la dinámica de colaboración distribuida como proceso de contribución al desarrollo de commons, no solo a través de activos mercantiles sino contribuyendo al fortalecimiento de las normas compartidas y de las comunidades y, por lo tanto, de la sostenibilidad de los proyectos.
Desarrollo de capital social y procesos de resocialización.
Las plataformas de crowdfunding pueden reforzar la necesidad de actuar de forma colectiva e impulsar el reconocimiento de la interdependencia entre agentes en un contexto de trabajo en red.
Este efecto está relacionado con la dimensión presentada previamente, pero en este caso queremos hacer hincapié en el retorno generado incluso más allá del ámbito de la creación cultural.
El uso social de la tecnología tiene un impacto clave en este sentido.
La plataforma Verkami desarrolla su actividad bajo la consigna de que el crowdfunding representa un proceso con efectos más amplios que el de la consecución de un objetivo económico.
Atribuyen el desarrollo de este fenómeno a los intangibles generados en el proceso de participación de un proyecto, como la confianza establecida entre usuarios e impulsores, las experiencias colectivas o las comunidades que se establecen con relación a un proyecto publicado.
Para Goteo un elemento clave de la construcción de la comunidad o comunidades que participan de la plataforma es el desarrollo de talleres presenciales y también un curso masivo online (Massive Open Online Course, MOOC) sobre crowdfunding con ADN abierto.
Los talleres están dedicados a la formación y asesoramiento de personas y proyectos, pero al mismo tiempo buscan el incremento de la comunidad de usuarios de la plataforma.
En estas actividades los participantes destinan la cuota de inscripción en el taller a cofinanciar proyectos, reflexionando sobre los criterios en la toma de la decisión al respecto.
En términos generales, esta tercera dimensión de retorno social del crowdfunding está íntimamente vinculada con el uso social de la tecnología en un contexto determinado.
No hablamos de un impacto exclusivo en el sector cultural sino en el conjunto del sistema político y económico.
Por un lado, las TIC profundizan la crisis de legitimidad en el rol de intermediación que tienen las instituciones tradicionales (gubernamentales, de mercado, etc.), un aspecto clave si pensamos en el papel que ocupan las plataformas de crowdfunding.
Internet, como espacio de intercambio y comunicación que reduce costes de conexión e interacción, es una pieza clave en muchos de los procesos de innovación que configuran un escenario de cambio de época (Subirats, 2011).
Así, se puede hablar de la aparición de nuevas economías, nuevas maneras de organizar los mercados (subrayando el plural).
Las características del crowdfunding encajan en esta lógica.
Por un lado, en cuanto a los procesos de construcción de una economía colectiva.
Las TIC ofrecen oportunidades para la innovación social, iniciativas que van más allá de los modelos tradicionales de generar riqueza y conocimiento.
La innovación puede ser cooperativa, como por ejemplo en el proceso de financiación y co-creación que facilita el crowdfunding.
Una lógica alternativa a la que asocia innovación a competencia y que va más allá del carácter binario estado-mercado presente en el sistema político-económico.
Ahora bien, este proceso tiene, al menos en parte, un carácter conflictivo.
El desarrollo tecnológico (y de internet) es clave para comprender el conflicto en torno a la regulación del acceso y del uso de la información y el conocimiento (Fuster Morell y Subirats, 2012) y el crowdfunding no escapa a este escenario.
Así lo demuestra el caso de la plataforma de crowdfunding musical alemana Sell Your Rights, demandada por la organización de derechos de autor GEMA.
Esta organización reclamó que legalmente los artistas asociados no pudieran publicar su música en el dominio público a través de proyectos en la plataforma de crowdfunding.
Fomento de la corresponsabilidad ciudadana en la promoción y gestión de la cultura.
Por un lado, el crowdfunding puede impulsar el reconocimiento de las limitaciones de la financiación gubernamental, así como de las instituciones tradicionales de mercado, evidenciando la importancia de las alternativas de responsabilidad colectiva.
Por otro, las plataformas de crowdfunding promueven proyectos vinculados con un determinado entorno o comunidad y con sus problemáticas.
Así, el crowdfunding evidencia que la creatividad es un fenómeno que intrínsecamente está socialmente arraigado.
La plataforma Verkami desarrolla su actividad bajo el principio de que el crowdfunding es un modelo sostenible de promoción cultural.
De ahí la preocupación y el trabajo específico para sostener una elevada tasa de éxito de financiación de los proyectos (70%), indicador de beneficio mutuo entre creadores y usuarios.
En este sentido, Verkami también ilustra otro indicador de retorno social o valor público del crowdfunding: la consolidación y crecimiento de comunidades que apoyan a determinados creadores y proyectos, aspecto materializado en la financiación de más de una iniciativa.
En 2013, en torno a 100 creadores publicaron un segundo o tercer proyecto en Verkami y prácticamente el 100% reunió la financiación prevista.
La corresponsabilidad de quienes apoyan las iniciativas forma parte del proceso de crecimiento de las comunidades, lo que revierte en sostenibilidad no solo de proyectos aislados sino del crowdfunding como herramienta.
La actividad de Verkami incluye también el apoyo directo a organizaciones culturales, concebido como retorno a comunidades de artistas y creadores, así como a los entornos territoriales en los que trabajan.
Un ejemplo en este sentido es la colaboración establecida con el festival de teatro de calle Fira Tàrrega.
Verkami ha desarrollado una línea específica de impulso a los proyectos que se desarrollan en el laboratorio de creación de la Fira.
Esta colaboración permite dar apoyo a proyectos de nueva creación, que se presentan en la ciudad los meses previos a la Fira y expanden de esta manera su impacto.
Por su parte, la plataforma Goteo ha desarrollado fórmulas de financiación mixta, donde las aportaciones de instituciones gubernamentales, empresas y organizaciones privadas complementan las aportaciones individuales.
Se busca un efecto multiplicador sobre la base de la corresponsabilidad de las instituciones.
Se produce así un retorno en forma de interdependencia entre agentes.
Goteo ha creado lo que denomina bolsa de inversión social, específicamente capital riego, donde se reúnen aportaciones de diversas organizaciones.
Esas aportaciones se canalizan a través de diferentes convocatorias focalizadas en proyectos concretos, áreas temáticas, ámbitos geográficos o tipos de retornos y licencias.
Por ejemplo, en la convocatoria CoFinancia, de iniciativas abiertas de emprendimiento, el gobierno de Extremadura se compromete a aportar una suma equivalente a la que destinen las personas a título individual para los diferentes proyectos.
Es decir, por cada euro recaudado por la plataforma con las contribuciones individuales, el gobierno aporta otro euro más (hasta un límite acordado).
Si bien se trata de un ejemplo concreto que no permite extraer conclusiones definitivas, resulta indicador del establecimiento de vínculos en torno al crowdfunding más acordes con la transformación que puede implicar este fenómeno.
Este tipo de actividad de Goteo se basa en buena medida en la capacidad para promover iniciativas vinculadas con un determinado entorno o comunidad y con sus problemáticas.
Así, la plataforma ha desarrollado nodos locales o geográficos y nodos temáticos.
Se trata de plataformas autónomas que replican los servicios de Goteo en un determinado ámbito territorial o que lo hacen con el objetivo de apoyar y dinamizar proyectos de una temática determinada.
El primer nodo se creó en el País Vasco, con la colaboración del gobierno vasco y como parte del desarrollo de una política de open data y gobierno abierto.
Hasta aquí hemos presentado y analizado cuatro dimensiones de lo que consideramos como retorno social o valor público del crowdfunding.
En particular, dinámicas de transformación e innovación.
Sin embargo, entendemos que un análisis de este tipo necesita completarse con una reflexión sobre las limitaciones del crowdfunding.
En concreto, cabe preguntarse si este fenómeno no está resultando (al menos en parte) una respuesta coyuntural a una situación de crisis y si no está constituyendo un proceso de reproducción de las reglas institucionales y de las relaciones de poder en el ámbito cultural.
EL CROWDFUNDING COMO FENÓMENO QUE PUEDE REPRODUCIR LAS REGLAS INSTITUCIONALES
Presentamos a continuación cinco dimensiones que pueden resultar de utilidad para completar un análisis de los posibles efectos del crowdfunding.
Las concebimos de alguna manera como la contracara de las dimensiones que ilustran el valor público o retorno social de este fenómeno.
Efecto de re-intermediación o sobre-intermediación.
El crowdfunding puede suponer un cambio en el tipo de intermediación establecida en el proceso de desarrollo de iniciativas y proyectos, en particular en un aspecto sensible como el de la financiación.
Dicho cambio puede no suponer la simplificación de las reglas que condicionan el acceso a la financiación sino su multiplicación y reproducción.
Por un lado, el crowdfunding implica que se establezcan nuevos criterios para el acceso a la financiación, que puede que no sean siempre públicos y transparentes.
Como entidades privadas, las plataformas tienen legitimidad para determinar las reglas que marcan el proceso de selección de proyectos que se incorporan en sus webs.
Pero una reflexión sobre el valor público o el retorno que genera el crowdfunding va más allá de este aspecto.
El análisis que planteamos se pregunta por el tipo de criterios que se utilizan por parte de las plataformas y de qué manera se implementan en el proceso de selección de proyectos.
En este sentido consideramos que existen determinados aspectos sobre los que vale la pena preguntarnos.
Se trataría de debatir sobre lo que entendemos como indicadores de calidad de las plataformas de crowdfunding.
Por un lado, con relación a los criterios de selección de los proyectos: ¿es la idoneidad del proyecto un criterio significativo para decidir su publicación en una plataforma?, la idoneidad ¿está relacionada con la factibilidad del proyecto, como por ejemplo con la coherencia entre objetivos y presupuesto?, ¿cómo pueden los usuarios de las plataformas valorar si el presupuesto de un proyecto determinado es adecuado?
Por otro lado, un aspecto clave que puede condicionar el acceso a la financiación de un proyecto es el tiempo de permanencia en la plataforma, el período en el cual el proyecto permanece abierto a recibir aportaciones: ¿qué efectos tiene el hecho de que las plataformas establezcan un período igual para todos los proyectos?, ¿es la flexibilidad en este sentido un criterio de calidad?
Un tercer aspecto que consideramos relevante es la protección legal que tienen tanto los impulsores de proyectos como los usuarios: ¿son suficientes las medidas que actualmente toman las plataformas si pensamos en el crecimiento en la escala de los proyectos?, ¿deben regularse de manera pública y general estos aspectos?
Finalmente, más allá de la cuestión de los criterios de calidad de las plataformas, el crowdfunding podría estar generando un efecto de sobre-interme-diación en otro sentido.
Compaginar la financiación pública junto con una campaña de crowdfunding sería considerado por parte de determinadas administraciones públicas como un valor añadido para acceder a dicha subvención.
¿Qué efectos tendría una dinámica de este tipo sobre las iniciativas que buscan financiación pública?
Este tipo de financiación se denomina matching grants.
Se considera que la entidad emisora que proporciona la ayuda pública se compromete a entregar una cantidad de subvención concreta, siempre y cuando la organización receptora tenga la capacidad de recaudar una parte igual o inferior de dinero de otras fuentes.
Mercantilización de los vínculos sociales.
El crowdfunding se basa en buena medida en la capacidad de un proyecto para convocar a sus comunidades de referencia a realizar una aportación monetaria.
La promoción del capital social se entiende como instrumento de acceso a capital económico.
Incluso, las plataformas acostumbran a considerar como elemento clave para incorporar y promocionar un proyecto la existencia previa de una comunidad de referencia dispuesta a colaborar en términos monetarios.
Una colaboración que se materializa en aportaciones realizadas principalmente a través de tarjetas de crédito.
El crowdfunding supone en este sentido un nuevo modelo de negocio que formaliza la cooperación entre actores, es decir, estructura una nueva forma de colaboración sobre la base de antiguas reglas institucionales.
Así, las organizaciones privadas que tradicionalmente se dedican a la intermediación (por ejemplo, en el sector cultural) pueden interpretar el crowdfunding como una oportunidad para dar respuesta puntual a su situación de crisis.
Por ejemplo, utilizando el crowdfunding como espacio de prueba de productos o servicios.
Es decir, como una oportunidad para conectar con un segmento de mercado y poder estimar o comprobar hasta qué punto y de qué manera un proyecto atrae la atención.
Todo ello capitalizando el trabajo de las plataformas.
Por ejemplo, las redes sociales tienen un papel central en el desarrollo del crowdfunding y pueden ofrecer a aquellos intermediarios tradicionales el acceso directo a un sector de mercado inexplorado e inaccesible.
En cualquier caso, nuestra reflexión no apunta a deslegitimar esta dinámica, sino que se pregunta por los efectos reales del crowdfunding y, en particular, por el impacto en términos de transformación de reglas y relaciones colectivas.
Otro aspecto que ilustra cómo el crowdfunding puede tener un efecto de mercantilización de vínculos sociales es el de los posibles condicionamientos en las relaciones dentro de una comunidad.
En concreto, presiones más o menos formalizadas que pueden existir para que una persona financie un proyecto.
En algún caso, esto se explica por una dinámica llamada presión de la comunidad o peer pressure (véase Los problemas de Kickstarter, 2013).
Se trataría de un efecto contracara de la transparencia que ofrecen en general las plataformas de crowdfunding, que permiten a quien impulsa un proyecto conocer la identidad de los donantes, así como las cantidades aportadas.
En determinados casos esto puede revertir en un problema para aquellos que se ven condicionados a realizar una aportación y realizarla en una cantidad no menor a lo esperado.
El crowdfunding reproduciría así las reglas que condicionan los patrones de relación entre agentes de un sector o comunidad previamente establecida.
Este efecto tiene relación también con el desarrollo de un tipo de capital social específico, denominado bonding capital (Putnam, 2001), que implica la existencia de comunidades con fuertes lazos internos que refuerzan la identidad de sus individuos.
Reproducción de las lógicas de desigualdad y precarización en el sector cultural.
El crowdfunding puede tener como repercusión no buscada la continuidad de dos reglas institucionales que actualmente estructuran el sector cultural.
Por un lado, la desigualdad en la escala de financiación, producción y difusión de los proyectos.
Por otro, las condiciones de trabajo precarias y las limitadas posibilidades de profesionalización.
Si bien es cierto que el crowdfunding facilita la financiación de proyectos de duración temporal menor y de presupuesto reducido, esta dinámica puede limitar el efecto transformador del fenómeno.
Es decir, el crowdfunding no parece funcionar (salvo determinadas excepciones) como herramienta aplicable a diferentes escalas.
Al mismo tiempo, se puede reproducir así un cierto carácter homogeneizador que tienen los modelos tradicionales de financiación.
Puede ocurrir que los proyectos confluyan en contenido, forma y objetivos porque de esta manera tengan mayor probabilidad de éxito en la financiación.
El crowdfunding puede también tener efectos limitados a determinados subsectores culturales y formatos de proyectos.
Si el crowdfunding implica una alternativa a la dependencia de las instituciones tradicionales de intermediación, la condición de micro financiamiento puede comportar también la dependencia de muchos proyectos respecto de sus comunidades de referencia.
Esto no tiene por qué ser entendido estrictamente como una limitación de los efectos transformadores del crowdfunding, o como indicador de fenómeno coyuntural de la crisis, pero sí que podemos preguntarnos por la relación entre este carácter micro y la sostenibilidad de los proyectos, de las comunidades e incluso de las plataformas.
Un elemento clave será entonces la resiliencia de las comunidades; en buena medida de su sostenibilidad depende la continuidad de los proyectos y el valor público del crowdfunding como herramienta.
Cabe entonces preguntarse por la envergadura de estas comunidades, por su abasto, sobre todo en un sector como el cultural caracterizado por el carácter sectorial de muchas de estas comunidades.
Por su parte, ciertas dinámicas innovadoras como la combinación de aportaciones monetarias y no monetarias en el crowdfunding pueden tener como contracara la reproducción de determinadas reglas.
Es decir, estas innovaciones pueden ser entendidas como funcionales a la falta de financiación que experimentan muchos proyectos culturales y sociales.
El crowdfunding podría reforzar la combinación de emprendimiento individual y precarización laboral.
Todo ello podría reforzar dinámicas de autoexplotación existentes hoy en el sector cultural.
Finalmente, un factor que caracteriza las nuevas iniciativas de cooperación social es la potencialidad que ofrecen las TIC e internet para articular formas de cooperación económica entre individuos, pero que pueden limitarse a prácticas de implicación débil.
Si bien las expresiones de trabajo cooperativo en red, de proyectos peer to peer (P2P) y de consumo colaborativo están vinculadas con el fenómeno del crowdfunding, el sector cultural no ha construido un discurso que las vincule a la necesidad de transformar las bases tradicionales de la financiación de la cultura.
La combinación de precariedad financiera y organizativa de muchos de los proyectos podría estar favoreciendo la generación de nuevas respuestas singulares pero desarticuladas.
Nuevo proceso de distinción y singularización en el campo cultural.
La expansión y consolidación del crowdfunding puede entenderse como consecuencia del atractivo que genera el carácter único de los objetos culturales a los que los usuarios de las plataformas acceden.
Incluso más que por este aspecto, el fenómeno del crowdfunding se explica en parte porque, utilizando palabras de Bourdieu (1999), se basa en la promoción de la rareza del artista o productor.
Es más, en el crowdfunding dicha rareza y exclusividad también caracteriza al propio proceso de creación.
Así, más que un efecto transformador de las reglas de juego del campo cultural, el crowdfunding podría tener como consecuencia la reproducción de dichas normas.
En este sentido el crowdfunding no estaría pro-a490 moviendo ni la participación, ni la corresponsabilidad ni la coproducción, sino más bien funcionando como mecanismo de pre-compra, fidelización del cliente y promoción de la llamada economía de la experiencia.
Pierre Bourdieu (1999) demostró la importancia de una mirada que analice simultáneamente productores y consumidores de cultura, la relación entre el campo de producción cultural y el campo de los consumidores.
La obra artística no está generada solo por el artista, sino que debemos considerar el conjunto de agentes que lo rodean (críticos, directores de instituciones, mecenas).
Este conjunto de agentes tiende a hacer del artista un productor de objetos sagrados, de fetiches.
Y no siempre porque el objeto sea único, sino más bien por la rareza del productor.
Parece evidente que el fenómeno del crowdfunding puede o bien encajar en este sistema o bien implicar un cuestionamiento de estas reglas.
Eso depende de cómo se desarrollen las relaciones entre los agentes implicados en el proceso de financiación colectiva.
Uno de los aspectos claves del crowdfunding es la relación entre plataforma, creador y usuarios, que acostumbra a girar en torno al proceso de pre-compra.
Es decir, muchas de las plataformas de crowdfunding tienen como práctica esencial el hecho de que una aportación monetaria de un usuario a un proyecto determinado tenga como contraprestación una recompensa en forma de bien, de producto o de servicio cultural.
¿Puede considerarse esta dinámica como una pre-compra?, ¿condiciona la pre-compra las posibilidades de financiación de un proyecto a través del crowdfunding?, ¿se trata de una práctica propia de lo que se ha descrito como economía de la experiencia?
La idea de economía de la experiencia implica el paso de una sociedad basada en la industrialización a otra donde los servicios, el ocio y el tiempo libre son centrales para la economía.
Se trata de una economía basada en la demanda creciente de experiencias y que se construye sobre el valor añadido que la creatividad otorga a los productos y servicios tanto tradicionales como nuevos (Bille 2012).
En definitiva, la experiencia se considerada un valor extra de cualquier producto o servicio.
Así, la economía de la experiencia se presenta intrínsecamente vinculada a las actividades de carácter cultural, a la noción de industrias creativas y a la expectativa de desarrollo y retorno de carácter económico.
Por un lado, la economía de la experiencia se centra en una nueva manera de consumir.
Se habla de generaciones de consumo 2.0, donde el consumidor es a la vez co-creador de las experiencias que consume.
Por otro lado, la economía de la experiencia se basa en una renovada figura del productor y del concepto de creatividad.
Si el crowdfunding forma parte del desarrollo de nuevas economías como la economía colaborativa, también comparte contexto con la consolidación de la economía de la experiencia.
La conexión entre estos fenómenos dependerá de cómo se conciban y se desplieguen las nuevas figuras del consumidor/financiador y el productor/creador.
Cuando la producción cultural es el último y más valorado escalón en la cadena de generación de valor económico, ¿es posible hablar del carácter transformador del crowdfunding o de su valor público? 5.
Abandono de la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública de la cultura.
Como efecto no deseado, el fenómeno del crowdfunding puede estar dando lugar a la retirada de financiación pública y a la renuncia de las administraciones a algunas de sus responsabilidades asumidas.
A su vez, las propuestas de regulación que comienzan a conocerse no parecen estar encaminadas a la promoción del crowdfunding ni tampoco a la readaptación de los gobiernos a unas nuevas reglas institucionales.
Por un lado, determinadas instituciones públicas han interpretado el crowdfunding como respuesta puntual a sus propias dificultades económicas.
Museos y centros culturales se están posicionando como receptores de las contribuciones económicas de las personas, como beneficiarios del micromecenazgo.
Si bien hemos analizado previamente colaboraciones establecidas entre plataformas de crowdfunding y organismos gubernamentales, resulta sugerente observar cómo determinadas instituciones desarrollan campañas de crowdfunding como respuesta puntual a sus dificultades de financiación.
Un ejemplo es la campaña de financiación abierta a la ciudadanía que organizó recientemente el Museo de Bellas Artes de Lyon.
Con el objetivo de poder adquirir la pintura de Jean-Auguste-Dominique Ingres L 'Aretin et l' envoye de Charles Quint, el museo impulsó una campaña de crowdfunding en búsqueda de micromecenas.
A través de esta iniciativa el museo consiguió recaudar 80.000 euros, lo que supuso más del 10% del total del coste de la obra.
Sin que podamos extraer conclusiones definitivas con relación a este caso, cabe decir que no se trata de una iniciativa aislada, sino que acciones similares están siendo desarrolladas por otras instituciones gubernamentales.
En cualquier caso, el interés reside en analizar y debatir la posición de los gobiernos frente al fenómeno del crowdfunding.
Por su parte, tampoco están siendo desarrolladas acciones significativas que impulsen un régimen legal que favorezca la ampliación y consolidación del crowdfunding.
No obstante, cabe mencionar que en octubre de 2014 se aprobó en España la nueva ley de fomento de la financiación empresarial, que puede condicionar la situación del micromecenazgo.
La ley diferencia entre los inversores cualificados, aquellos que disponen de una renta de 50.000 euros al año y un patrimonio de inversión de 100.00 euros, que disponen de libertad total para financiar proyectos, y los inversores no cualificados, que tienen la posibilidad de invertir hasta un máximo de 10.000 euros al año con un límite de 3.000 euros por proyecto.
En definitiva, el aspecto más complejo con relación a la intervención pública gubernamental respecto al crowdfunding es el rol que asumirán los gobiernos.
Un rol que, entendemos, no debería implicar ni la restricción del fenómeno del crowdfunding ni tampoco la dejación de responsabilidad de los gobiernos en el desarrollo de políticas públicas en el ámbito de la cultura.
Desde un punto de vista conceptual, el crowdfunding es un fenómeno pendiente de catalogación.
Forma parte del cambio de época en el que estamos inmersos, pero está por definir hasta qué punto es una expresión de la internet-martillo o de la internet-Alemania (Fuster Morell y Subirats 2012), hasta qué punto forma parte del cambio estructural en los modos de producir, consumir y financiar en el sector cultural o hasta qué punto se trata de un fenómeno de carácter coyuntural consecuencia del descenso de las aportaciones públicas.
No obstante, su importancia es más consecuencia de la innovación que aporta a un sector más conservador de lo que se le supone que de su peso en términos económicos.
En este sentido, se impone un análisis realista que señale sus límites como solución a la crisis de financiación de la cultura.
No todos los proyectos son potencialmente beneficiarios del crowdfunding: por sus características, por su dimensión o incluso por el subsector cultural al que pertenecen.
El hecho de que no sean la solución económica a un ámbito tan maltratado como el cultural no les resta valor; en cierto sentido todo lo contrario: en la medida en que no sea visto como el mecanismo salvavidas ante la dimisión de los poderes públicos, puede desarrollar con mayor libertad su naturaleza innovadora y transformadora.
En el plano axiológico el crowdfunding es multidimensional.
Esta es la principal conclusión de las distintas aproximaciones que hemos presentado.
Es un espacio en el que superar intermediaciones que alejan a la ciudadanía de la creación cultural.
Pero también puede profundizar en el uso del consumo cultural como un signo de distinción.
En cierto modo, el crowdfunding es una metáfora dentro de la gran metáfora que es internet.
Como la red, es en principio una realidad neutra que contiene un potencial democratizador y transformador.
También como la red puede expresar -e incluso aumentar-desigualdades e injusticias existentes.
Es una oportunidad para proyectos insostenibles en el mercado tradicional y abandonados por los poderes públicos.
Pero no convierte de modo automático cualquier proyecto en viable: solo aquellos que tengan con anterioridad una comunidad.
En alguna plataforma de crowdfunding no tienen problema en explicar esa comunidad previa en términos tradicionales como mercado potencial o incluso fans.
Con ello no reducimos su importancia: solo señalamos sus riesgos y contrastes.
Es posible que pronto constatemos que no se trata tanto de una pluralidad de dimensiones o de distintas aproximaciones posibles a una única realidad, como de la existencia de una misma denominación -crowdfunding-para explicar realidades distintas.
Esto ya se puede intuir comparando -sin que sea el objetivo de nuestra investigación-las dos plataformas analizadas (Verkami y Goteo).
En la medida en que la realidad de lo que ahora denominamos crowdfunding crezca y se enriquezca, aparecerán nuevos conceptos para describir realidades distintas que ahora analizamos bajo un único concepto.
Porque -sin entrar en juicios de valor-tanto potencial tiene el crowdfunding más vinculado a la creación y a la producción colectiva y al desarrollo de capital social como el que se explica a partir de la economía de la experiencia.
En el primer caso, es un fenómeno innovador y transformador, enlaza con la lógica de lo común, forma parte de la difuminación -hasta llegar a la desaparición-de la cadena de valor tradicional.
En el segundo, no deja de ser una estrategia del denominado marketing 2.0., en el que el objetivo es que te sientas único.
En este sentido la limitación del número de recompensas a cambio de determinadas aportaciones económicas tiene que ver con el valor de la singularidad y de la distinción de quien compra una serie limitada o una obra única.
Desde la perspectiva de la innovación social, en definitiva, no se trata tanto de criticar una cierta deriva del crowdfunding cuanto de diferenciar prácticas y fenómenos de naturaleza distinta que en sus inicios se nos presentan bajo un mismo concepto. |
La llamada transición al paradigma digital está erosionando la autonomía del campo cultural que se había conseguido durante los siglos XIX y XX, subyugándolo a las dinámicas económicas y tecnológicas.
Sin embargo, el discurso hegemónico tiende a interpretar esta como un proceso netamente positivo para la creatividad, centrando la atención en el aumento de la disponibilidad de recursos informativos y de herramientas para la creación.
No obstante, un análisis desde las teorías y los conceptos de la sociología de la cultura nos revela un balance más ambivalente.
Si bien la noción de autoría y creación puede ser interpretada desde un punto de vista más cooperativo y relativista, es discutible que pueda ser eliminada.
Además, si bien el análisis de la intermediación cultural debe tener en cuenta el papel más complejo y activo de los intermediarios, difícilmente se puede concebir el sistema cultural sin su existencia.
En definitiva, el artículo se propone contrastar los discursos sobre la transición a lo digital con las teorías clásicas y contemporáneas de la sociología de la cultura para, de este modo, plantear futuras líneas de investigación sociológica sobre las consecuencias en los agentes y en la industria cultural en su conjunto.
Con ello se pretende generar una perspectiva neutral que tenga en consideración los efectos sociales y sistémicos de la tecnología en la creatividad de los sectores culturales.
INTRODUCCIÓN: CRISIS SISTÉMICA DE LA CULTURA Y TRANSICIÓN AL PARADIGMA DIGITAL
El sector cultural se enfrenta en este inicio de siglo XXI con una situación paradójica.
Por un lado, se confirma la centralidad social y económica de los elementos culturales y simbólicos, fenómeno que algunos autores diagnosticaron en los pasados años setenta y que calificaron como el advenimiento de la sociedad postindustrial (Bell, 1991).
Pero, por otro lado, la esfera cultural autónoma tal como la analizó Bourdieu (2002), con su polo de arte vanguardista, se ha sumido en una crisis sistémica en sus mecanismos de producción, distribución y valoración.
Un fenómeno que es observable en el ámbito internacional y muy especialmente en España, donde el sector cultural ha experimentado una crisis especialmente aguda con relación a otros países avanzados (Rubio Arostegui, Rius Ulldemolins y Martínez Illa, 2014).
En este contexto la irrupción de las nuevas tecnologías digitales de la información y la comunicación ha tenido un gran impacto.
Veinte años después de la popularización de internet y de su multiplicación de usos en la esfera económica y social la red ha tenido unos efectos decisivos a medio plazo y, a la vez, ambivalentes para la esfera cultural (Rius Ulldemolins, 2015).
Por un lado, internet ha facilitado la participación social en ámbitos técnicos y simbólicos especializados a partir de lo que Granovetter (1973) caracterizó como lazos sociales débiles, es decir a partir de una organización descentralizada y horizontal (Shirky, 2008).
Ello permite fundar comunidades sociales de producción o consumo cultural -las audiencias activas, como las analiza Jenkins (2008)-al margen de los intermediarios tradicionales del sector cultural como las editoriales, las discográficas o las galerías de arte.
Esta nueva organización social de la creación posibilita según determinados puntos de vista el surgimiento de una nueva creatividad abierta y no coartada por los derechos de autor (Lessig, Córdoba y Candeira, 2005) y potenciaría las posibilidades de acceso a la cultura, creada y accesible a todos a partir del paradigma open (Ariño Villarroya, 2009).
Sin embargo, por otro lado, desde hace unos años va creciendo una corriente más escéptica respecto a las transformaciones que impone el paradigma digital en el mundo cultural, señalando su falta de sostenibilidad, al destruir sus bases materiales y las cadenas de cooperación existentes y al no crear otras nuevas que consigan sustentar todo el sistema cultural (Levine, 2013).
Estas visiones, como la desarrollada por Eugeny Morozov, acusan a los partidarios de las transforma-ciones de internet de partir de un axioma ciberutópico (Morozov, 2012; Morozov, 2013), que considera todos los cambios producidos por las nuevas tecnologías digitales como positivos y no tiene en cuenta los efectos negativos.
Los críticos a esta visión ciberutópica señalan que interpreta la realidad solo desde el punto de vista de internet, desde el llamado internet-centrismo, y tiene una fe ilimitada en su capacidad para resolver problemas, ignorando sus efectos no deseados.
Así, uno de los puntos débiles de la perspectiva ciberutópica es que, como analiza César Rendueles (2013), se sobreestima la capacidad de transformación a partir de los vínculos débiles, se sobredimensiona la capacidad de organización de la producción y de regular el acceso a los bienes comunes culturales.
El problema de esta visión es que hace experimentar una excesiva confianza en la capacidad transformadora de las tecnologías y descuida los procesos de fragilización de las relaciones sociales experimentados a raíz de la irrupción de esta nueva fase del capitalismo iniciada en los años setenta (Donzelot et al., 2007; Putnam, 2000) y del creciente dominio de las multinacionales y de los tecnólogos sobre la producción y la intermediación de los bienes y servicios de todo tipo y especialmente de los culturales (Lanier, 2010).
Asimismo, esta visión ciberutópica ha sido crecientemente aplicada a la esfera de la cultura, centrando el futuro y la solución a los retos del sector cultural en internet sin atender a los efectos negativos que en sectores como la música o el cine está teniendo a corto y medio plazo (Levine, 2013).
En definitiva, a nuestro entender, el debate sobre el impacto de internet en la cultura se encuentra en una forma muy ideológica y polarizada y no se está respondiendo de forma ponderada y neutral a la pregunta sobre qué efectos tiene lo que venimos a definir como la digitalización del campo cultural.
Utilizamos este concepto y no otros términos que consideramos confusos, como cultura digital o más recientemente bienes comunes culturales.
En este artículo partimos de la idea de que, a diferencia de ciertos discursos que construyen la noción de cultura digital y que insisten en que las diferencias respecto a la cultura anterior se deben a la aparición de las llamadas nuevas tecnologías, no podemos hablar en propiedad de una cultura en términos restringidos (en la acepción humanística y sociológica, como la que señala Antonio Ariño (1997)), diferenciada de la que ha existido desde finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX.
No utilizaremos por lo tanto la expresión cultura digital, sino que consideraremos la digitalización como un proceso inscrito en el campo cultural.
1 Asimismo, por ello tam-a491 bién entendemos que, si bien hace falta actualizar las herramientas de análisis utilizados para el análisis cultural, la aportación de la sociología de la cultura aún está en gran medida vigente.
Por ello, en este artículo pretendemos recuperar las aportaciones principales de la sociología de la cultura, especialmente de la francesa y de la norteamericana desde los años setenta.
La primera, desarrollada bajo la influencia de la corriente del estructuralismo genético de Pierre Bourdieu y su escuela (Bourdieu, 1977; Bourdieu, 2002) y más tarde desde una perspectiva interaccionista y que fructificó en profundos estudios sociológicos de los mercados, las profesiones artísticas y la creatividad como trabajo (Menger, 2009; Moulin, 1983; Moulin, 1992; Moulin y Cardinal, 2012; Quemin 2013).
Asimismo, está surgiendo una nueva corriente de la sociología de la cultura centrada en la intermediación cultural 2.
Esta corriente parte de un consenso en concebir la creación como un acto colectivo más que individual, que es fruto de múltiples protagonistas y no solo el resultado de la inspiración o del trabajo de un artista individual y aislado.
Por ello esta corriente ha centrado su atención en el rol de los intermediarios culturales como organizadores del sector cultural y creadores de la reputación artística (Lapierre y Roueff, 2013).
Por otro lado, la sociología de la cultura introduce un giro institucionalista que inspira una larga tradición de trabajos (DiMaggio, 2000).
Desde este enfoque la creatividad cultural se relaciona con los marcos organizativos, profesionales y de mercado, pudiéndose analizar la influencia de los sistemas culturales sobre una mayor o menor diversidad y riqueza en la creación de los diversos sectores culturales (Peterson y Anand, 2004).
El objetivo del artículo es establecer la contribución de la sociología 3, centrándonos en estas dos corrientes mencionadas, al análisis de la relación entre la creatividad y la digitalización del campo cultural.
Por ello contrastaremos los conceptos sociológicos con las posiciones actualmente hegemónicas en muchos sectores que consideran las nuevas tecnologías y sus consecuencias como un vector positivo para la creatividad.
Así, el artículo pretende ser crítico con esta perspectiva e iniciar una línea de investigación más neutra y ponderada.
Para ello nos centraremos en al análisis de la dimensión colectiva de la creación cultural, considerando las teorías que establecen la existencia de estructuras y rituales de interacción.
En segundo lugar, estudiaremos el rol y la aportación de los intermediarios en los procesos creativos y en la creación del valor cultural en relación con los públicos, así como las diferentes dimensiones organizativas y profesionales.
En tercer lugar, introduciremos algunas proposiciones básicas del discurso ciberutópico (Morozov, 2012) que recompone el papel de los productores (y minusvalora el de los intermediarios) dentro del ámbito cultural.
Ello nos permitirá finalmente contrastar la concepción humanística clásica de la cultura con la nueva concepción ciberutópica y establecer las aportaciones más relevantes de la sociología de la cultura al examen de la transición al paradigma digital y la creatividad.
Por último, estableceremos a modo de cierre los retos que a nuestro entender deben abordarse para comprender la digitalización del campo cultural y qué aportaciones puede hacer la sociología en relación con la creatividad.
ANÁLISIS SOCIOLÓGICO DE LOS AUTORES: ESTRUCTURAS E INTERACCIONES Y LA CREATIVIDAD
El estudio sociológico de la creatividad y la producción de valor cultural se ha abordado desde diferentes corrientes: por una parte, la corriente durkheimiana, centrada en la configuración de ritos institucionalizados que contribuyen a focalizar el interés simbólico (Collins, 2009) y, por otra parte, la corriente weberiana que analiza la configuración social del genio.
En este trabajo tomaremos ideas de ambas corrientes, con especial atención a las aportaciones de Bourdieu y Collins, que siguen la estela de Durkheim, y de Menger, más cercano a las posiciones weberianas.
Los creadores, las estructuras del campo artístico: la aportación de Pierre Bourdieu
Bourdieu identifica una tensión fundamental entre el campo de producción masiva y el campo de producción especializada (Bourdieu, 2002).
El primero produce, difunde y legitima productos simbólicos que responden a intereses procedentes del mundo político y económico, de lo que Bourdieu llama el "campo de poder", y que por tanto son ajenos a la lógica específica del mundo cultural (la lógica del "interés por el desinterés").
En el segundo se encuentra la producción cultural guiada por criterios estrictamente culturales, es decir por esquemas mentales y códigos de comportamiento que establecen una clara demarcación frente a otros espacios sociales como la empresa o la administración.
El campo cultural especializado es el mundo del "arte por el arte", de las acciones que se mantienen alejadas de las necesidades prácticas de la sociedad (o, en otras palabras, de los intereses específicos), de las iniciativas y propuestas enmarcadas dentro de los principios estructurantes de los campos a491 especializados.
La existencia de dos lógicas culturales implica, por tanto, una confrontación directa entre dos formas de entender la producción cultural, la centrada en factores culturales (en intereses puramente culturales) y la que se somete a factores extra-culturales (dictados por el estado o el mercado).
En trabajos como Las reglas del arte, Bourdieu (2002) describe el proceso socio-histórico que conduce a la formación de campos culturales autónomos en la Francia de finales del siglo XIX (el campo artístico, el campo literario, etc.).
No se trata de un proceso mecánico y espontáneo o del resultado inevitable de determinadas transformaciones económicas, científicas o tecnológicas.
Es la consecuencia de un entramado de luchas sociales, de diversas iniciativas individuales y colectivas, que subvirtieron la floreciente cultura comercial burguesa del siglo XIX y promovieron espacios sociales de carácter autónomo guiados por la experimentación y la renovación, por la ruptura constante de los límites estéticos y cognitivos en contraposición a un arte burgués.
Un arte perfectamente amoldado a los gustos prefabricados del público mayoritario (significativamente uno de los apartados de Las reglas del arte se titula "la conquista de la autonomía").
Sin embargo, lo que se observa a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, según el autor francés, es el proceso contrario: los campos culturales autónomos construidos durante el siglo pasado están sufriendo un proceso de indiferenciación y, por tanto, de pérdida de autonomía.
Los principios específicos de los campos culturales especializados están en crisis, son cuestionados por nuevos agentes sociales que tienen un poder de decisión cada vez más importante en las esferas artísticas.
El resultado de este proceso es el desmantelamiento progresivo de los espacios especializados.
Los medios tecnológicos, que Bourdieu considera una forma de capital cultural objetivado (Bourdieu, 1997), no influyen de manera neutra y aséptica en la reconfiguración de los campos culturales, como parecen afirmar muchos de los teóricos de la cultura digital, sino que formarían parte de las estrategias políticas impuestas por determinados agentes culturales para orientar el sentido del cambio cultural en una dirección concordante con sus intereses específicos.
Como vemos, Bourdieu realiza una lectura bastante negativa de este proceso y, en consecuencia, reivindica una recuperación de las luchas sociales para mantener la autonomía conquistada en el siglo anterior.
Solo desde la autonomía podrán mantenerse los logros fundamentales alcanzados por los distintos ám-bitos de la creación; esta constituye el prerrequisito básico de la creatividad y la innovación cultural (Bourdieu, 2002).
Esto es así porque la creatividad está ligada a factores estructurales, a una determinada constitución de los campos culturales, tanto en el ámbito interno (donde se entabla una competencia que persigue acumular determinados capitales que se consideran legítimos) como en el externo (donde se asegura un cordón sanitario frente a la influencia de los grandes poderes sociales) (Pecourt, 2007).
El autor francés considera que solamente los campos culturales especializados aportan las condiciones necesarias para impulsar la innovación cultural.
Los campos culturales aportan los recursos (capitales) y las predisposiciones (habitus) específicas que fomentan la renovación interna, la aparición de nuevas cohortes de creadores, la sustitución de las propuestas y de los estilos artísticos.
Esta innovación se basa en la competencia entre agentes reconocidos dentro del campo, que aspiran a cambiar la normativa autóctona, el sistema jerárquico establecido, y por tanto los criterios de valoración y consagración cultural, pero manteniendo siempre la creencia en los fundamentos del campo, es decir, conservando los principios básicos que lo constituyen desde su fundación.
Según Bourdieu, las innovaciones que se producen en los campos culturales especializados suelen funcionar como revoluciones internas que promueven la vuelta a los orígenes, ante un estado de cosas que se considera desfasado o desviado de los principios fundacionales (Bourdieu, 2002).
Solo aquellos individuos socializados dentro de la lógica del campo sabrán detectar los verdaderos frentes de innovación, frente a los amateurs y los naifs, que, a pesar de su buena voluntad, tenderán a errar el tiro y a experimentar en los lugares equivocados, alejándose de cualquier posibilidad de innovación.
Bourdieu considera que en los campos culturales existen jerarquías fundamentales que condicionan sus mismas posibilidades de existencia.
En primer lugar, podemos distinguir entre los creadores (escritores, artistas, filósofos, académicos) y los intermediarios culturales (traductores, críticos, galeristas, representantes, editores, conservadores, etc.), situados de manera diferenciada en la cadena de producción cultural.
Aunque las sociologías postmodernas tienden a diluir las diferencias entre los productores especializados y los intermediarios culturales -a los que Featherstone (2000) denomina las "nuevas clases medias"-, Bourdieu (2002) tiende a mantener las diferencias estructurales entre ambos estratos.
Los intermediarios culturales están situados tanto en los campos especializados como en los masificados y condicionan a491 en gran medida los procesos de selección y evaluación cultural.
Bourdieu se muestra muy crítico con el papel de los intermediarios culturales procedentes de los campos culturales masificados, aquellos directamente asociados a los medios de comunicación de masas y a las industrias culturales, porque considera que siguen criterios economicistas y administrativos, y por tanto dinamitan la autonomía básica que debería caracterizar a los campos de producción cultural especializada.
En este contexto pueden situarse sus observaciones críticas sobre los intelectuales-periodistas y periodistas-intelectuales (Bourdieu, 1997).
En segundo lugar, también podemos distinguir entre los productores especializados y los intelectuales "proletaroides", es decir, aquellos productores culturales que aspiran a ser reconocidos por los agentes legítimos de los campos especializados, pero sin contar con los recursos necesarios ni las predisposiciones adecuadas para formar parte de dichos submundos.
Al no cumplir los requisitos para ser reconocidos en los campos especializados, los intelectuales "proletaroides" adoptan una posición revolucionaria que consiste en el derribo de las barreras tradicionales (por ejemplo, las distinciones entre cultura experta y cultura comercial) y en el cuestionamiento de la propia idea de la especialización.
Las actuaciones revolucionarias suponen una estrategia alternativa para lograr el reconocimiento que no puede lograrse por las vías tradicionales.
Desde la perspectiva de Bourdieu (1997) se trata de una aproximación subrepticia que no hace sino dinamitar las condiciones necesarias para la producción cultural especializada.
La creación como ritual social y la competencia entre pequeños números: la aportación de Randall Collins
Collins sitúa a las comunidades intelectuales al margen de los intereses del estado y del mercado y por tanto reacciona contra aquellas perspectivas (sobre todo el postmodernismo) que tratan de diluir las distinciones entre el mundo cultural, el político y el económico (Collins, 2005; Collins, 2009).
Las comunidades intelectuales son espacios de conversación que tienen una estructura precisa y que funcionan de acuerdo a una normativa independiente.
A diferencia de lo que afirmarían corrientes como el marxismo o el estructuralismo, Collins asegura que no es posible establecer conexiones directas entre los acontecimientos internos del mundo cultural y las decisiones tomadas en el mundo de la política y de la economía (o también de los avances procedentes de la esfera tecnológica).
De hecho, la estructura básica que cohesiona a las comunidades intelectuales no es la in-fraestructura económica, la normativa jurídica ni las plataformas tecnológicas sino las interacciones cotidianas que se producen entre sus miembros, sus intercambios ritualizados en el seno de un colectivo que se mantiene relativamente alejado de los vaivenes de la sociedad mayoritaria (Collins, 2009).
Desde una perspectiva micro-sociológica, Collins pretende establecer las leyes de las conversaciones y los intercambios simbólicos que se dan en los diferentes campos culturales.
Considera que estas actividades constituyen rituales de interacción específicos, sustentados en los encuentros presenciales y en la creación de lazos fuertes (Collins, 2009).
Los miembros de las comunidades intelectuales por tanto coinciden en espacios físicos, en reuniones, en seminarios y congresos, e intercambian ideas que impulsan colectivamente la creatividad y la innovación.
Estos rituales físicos no pueden sustituirse por rituales mediatizados porque el compromiso personal de los autores decae cuando las interacciones no se realizan cara a cara.
Mediante la mediatización de las relaciones sociales es más difícil establecer un foco de atención común, es decir conseguir que todos los miembros del grupo compartan problemáticas comunes, y también es más difícil mantener el interés y la energía colectiva necesaria para que la conversación siga su curso.
La importancia de la presencia física y de los lazos fuertes, reivindicada por Collins (1987), parece caracterizar a las comunidades intelectuales clásicas en las que se centra el autor norteamericano (filosófica, artística, literaria) y a las nuevas comunidades surgidas del mundo digital.
Así, por ejemplo, Gabriella Coleman (2013) incide en la importancia de los congresos de hackers para construir un sentido de comunidad basado en la presencia física y en el intercambio no mediatizado de puntos de vista.
Los hackers viven desperdigados en el ciberespacio, forman comunidades difusas caracterizadas por su amplia autonomía, por sus interacciones efímeras e intermitentes y por sus lazos sociales débiles (Coleman, 2013).
Por esta razón, eventos presenciales como los congresos de hackers, que se complementan con actividades sociales muy diversas, son fundamentales para mantener la cohesión y la identidad de la comunidad hacker.
La tecnología no suprime ni elimina la presencia física.
La presencia física y la creación de lazos fuertes que mantienen cohesionada la comunidad intelectual es además la condición básica de una innovación cultural que, según Collins (2009), difícilmente podría darse en contextos totalmente mediatizados.
Los rituales de interacción son efectivos en contextos presenciales a491 porque los encuentros cara a cara generan un contagio emocional entre los participantes que impulsa la creatividad.
De este modo, la posición en la comunidad intelectual y la capacidad que tiene el individuo para establecer lazos fuertes con otros miembros se convierten en un recurso fundamental que impulsará la productividad y la creatividad del individuo.
En términos generales, la comunidad intelectual está estratificada en un centro y una periferia.
El criterio de estratificación central es la posesión de capital cultural, en el sentido que Bourdieu (1991) aporta a este término, pero también la posesión de un recurso fundamental que Collins (2009) denomina energía emocional.
Según el sociólogo norteamericano, los rituales de interacción cara a cara suscitan un estado colectivo de "efervescencia emocional" que transmite a los participantes emociones positivas como la confianza, el entusiasmo o el placer, ingredientes básicos que permiten la elaboración de proyectos originales, creativos y rupturistas.
Por tanto, la acumulación de energía emocional se relaciona de manera directa con la creatividad individual.
Aun así, dentro de las comunidades intelectuales, no todo el mundo puede acumular la energía emocional necesaria para realizar un trabajo ambicioso y sostenido en el tiempo; más bien al contrario, las emociones positivas se distribuyen de forma muy desigual: una minoría creativa que tiende a monopolizarla y una mayoría acomodaticia y poco productiva que no tiene acceso a ella.
El núcleo de la comunidad intelectual mantendrá lazos fuertes y competirá por el reconocimiento colectivo mientras que la periferia se limitará a mantener relaciones débiles con el núcleo más productivo y sus producciones estarán destinadas al fracaso.
Frente a las teorías de la democratización cultural, Collins contrapone su ley de los pequeños números que sostiene la idea de la existencia de espacios de creación minoritarios.
Según este autor, el núcleo de la comunidad intelectual es muy reducido y las posibilidades de atención que pueden recibir las diversas propuestas culturales muy escasas (Collins, 1989).
El número de personas relevantes dentro de la comunidad intelectual oscila entre cuatro y seis, que son los individuos reconocidos por el conjunto de la comunidad (los ocupantes del centro del "espacio de atención intelectual") que compiten entre ellos y realizan las innovaciones más importantes.
Esta estructura básica, fuertemente jerarquizada y sustentada en la concentración de capitales culturales y emocionales, provoca las dinámicas sociales específicas que conducen a la innovación.
Un número menor de posiciones -el monopolio completo de los recursos culturales y emo-cionales por parte de un solo actor social-limitaría la innovación porque no se darían las condiciones básicas que producen el debate y el contraste de puntos de vista.
Al mismo tiempo, un número excesivo de posiciones -la proliferación descontrolada de propuestas dentro del espacio de atención intelectual-también mermaría la creatividad de la comunidad intelectual, porque el crecimiento exponencial de posiciones limita la posibilidad de generar focos de atención común, dificulta que los creadores se enfrenten a problemáticas comunes y compitan entre ellos y produce una fragmentación del espacio de atención, una atomización de la comunidad intelectual que conduce a la esterilidad creativa (se reducen los debates, las polémicas, las relaciones fuertes) y al desmantelamiento de la comunidad.
Según Collins, las condiciones actuales del trabajo creativo, caracterizadas por la saturación y la masificación de las comunidades culturales, están imponiendo un estado de agotamiento y de inhibición ante cualquier posibilidad de innovación cultural.
A diferencia del análisis presentado por Bourdieu, Collins asegura que el origen de la crisis contemporánea de los campos culturales no se encuentra en la colonización creciente de los campos económicos (a través de la mediación de los medios de comunicación de masas, a los que podríamos añadir las redes sociales) sino en la propia constitución interna de estos espacios y en la fragmentación descontrolada de las posiciones sociales (Collins, 2009).
Podríamos decir, en definitiva, que el papel dado por los autores reseñados a las nuevas tecnologías tiene elementos comunes que cuestionan algunos principios básicos de los gurús de la cultura digital, pero también elementos claramente diferenciales.
Ambos autores cuestionan dos ideas fundamentales de la vulgata digital: a) la neutralidad estructural de las nuevas tecnologías y su papel en el ámbito de la democratización cultural y b) la idea de que el desarrollo de las nuevas tecnologías favorezca la creatividad en el ámbito cultural.
Sin embargo, también aportan enfoques diferenciados: Bourdieu considera que la centralidad de las nuevas tecnologías está asociada a las estrategias políticas de determinados sectores del campo cultural para posicionarse de una manera más favorable en el campo (en general, se tratará de intermediarios culturales que aspiran a romper las barreras entre los intermediarios y los productores) mientras que para Collins la mediatización y la digitalización de las interacciones entre los miembros de la comunidad digital puede tener consecuencias perversas y producir el efecto opuesto al deseado, es decir, la pérdida de creatividad e innovación, debido al des-a491 censo de la energía emocional de los participantes y a la sustitución de los lazos fuertes por los lazos débiles en el ámbito de las interacciones individuales.
Actos de valoración y mecanismos de selección institucional: la aportación de Pierre-Michel Menger
Las contribuciones del sociólogo francés Pierre-Michel Menger las podemos situar en la corriente weberiana que analiza la configuración social del genio creador (Menger, 2009).
Ciertamente otros autores han trabajado en el análisis social del genio, como el caso de Mozart (Elías, 2002), de Beethoven (DeNora, 1995) o de Van Gogh (Heinich, 1992), realzando los condicionantes sociales a los que se ha enfrentado su creatividad y la construcción de su carrera artística y la pugna de estos creadores -en algunos casos exitosa y en otros frustrada-para conseguir una autonomía en su creación y una legitimidad artística y no influida por otros factores (religiosos, políticos o comerciales) de la recepción de su obra.
Por lo tanto, en estos estudios se insiste en la perspectiva del carisma como producto social, en el que la creación del valor cultural proviene del reconocimiento.
Sin embargo, más allá de estos análisis de carácter socio-histórico, desde una perspectiva más meso-sociológica Menger (2009) introduce en el análisis de los procesos cotidianos de reconocimiento que se desarrollan a partir de dos mecanismos.
Por una parte, por los continuos actos de valoración que el propio medio organiza, en el que diferencias pequeñas de talento son consideradas esenciales y generan grandes distancias de reputación.
Este apoyo deriva en mejores opciones de aprendizaje (acceso a becas, instituciones de formación o proyectos artísticos, que son el mecanismo fundamental de aprendizaje, el aprender con la práctica).
Asimismo, el mayor reconocimiento ofrece mayor seguridad y protección hacia el fracaso, lo que incentiva a su vez la capacidad innovadora, cerrando de este modo un círculo virtuoso.
Por otra parte, por los mecanismos de selección formales institucionales y del mercado que abren la posibilidad del reconocimiento, del aprendizaje entre la elite y que fomentan la reputación masiva, generando un mecanismo parecido al winners take all, en el que una pequeña élite concentra todos los indicadores de reputación (Menger, 1999).
Así, todos estos esquemas de análisis insisten en la importancia de las interacciones en la creación, el reconocimiento y la fijación del valor.
Por ello debemos plantearnos si existen sistemas culturales que favorecen más que otros la generación de valor cultural y si pueden existir evoluciones o disfunciones del sistema cultural que puedan disminuir la capacidad de generar creatividad en el sistema cultural, una pregunta que adquiere toda su relevancia al plantear la transición al paradigma digital de los sectores culturales.
LOS INTERMEDIARIOS CULTURALES Y LA CREACIÓN CULTURAL
La creación como proceso colectivo y la creación de valor cultural y económico: el rol de los intermediarios En primer lugar, debemos aclarar que la noción de intermediario es del todo inapropiada para el sector cultural, al no poderse separar claramente la fase de creación de la fase de producción o distribución, produciéndose valor o capital simbólico en todos los segmentos de la cadena de cooperación y de forma colectiva por parte de todo el campo cultural (Bourdieu, 2002).
En el mismo proceso de creación intervienen diversas profesiones consideradas técnicas o de gestión pero que tienen un rol muy relevante a partir de una interacción micro en el mismo proceso y en la configuración del mismo producto final (Becker, 1984; Peterson, 1997).
Diversos sociólogos han relativizado la noción de autor en los campos culturales, señalando que se trata de una construcción ideológica basada en la ideología romántica del genio artístico (Williams, 1994; Williams, 2001).
Algunos autores han señalado que la imagen por excelencia del artista, la de Van Gogh, y su trayectoria caracterizada por la vida turbulenta y el aislamiento social se asemeja a los relatos de la vida de los santos católicos y su martirologio.
Y que en realidad los relatos sobre Van Gogh que lo presentan como un artista desconectado del mercado artístico subestiman el rol de diversos intermediarios en la construcción de su valor y de su éxito póstumo (Heinich, 1992).
Asimismo, se puede señalar que el caso de este artista es, en realidad, más una excepción relacionada con los rasgos patológicos de su personalidad que una pauta de los artistas, como se puede observar en la vida de otros grandes artistas como Picasso (Franck, 2003).
Picasso mantuvo muchas e intensas relaciones con sus marchantes, Vollard y Khanweiler, en una relación de intercambio y negociación sobre la forma de presentar y por lo tanto de dar valor a su obra, así como en el control de la venta de sus cuadros y de las condiciones económicas en las que lo hacían (Assouline, 1989).
Una de las aportaciones más interesantes en este campo la realiza Howard Becker, que adopta una mirada interaccionista en el mundo del arte (y por tanto relativista en cuanto a la noción de autoría) y esto lo a491 lleva a revisar la figura del artista en función de su encaje en las cadenas de cooperación de trabajo artístico (Becker, 1984).
Según su perspectiva el arte es una actividad colectiva en la que participan multitud de intermediarios, además de los considerados creadores.
En cuanto los artistas no encuentran los intermediarios adecuados para su trabajo encuentran otras formas de desarrollarlo, pero esto a la vez también cambia el resultado final y abre nuevas posibilidades.
Además, hay unas reglas de funcionamiento en los mundos del arte y una división del trabajo que es arbitraria y que, aunque resulta difícil de modificar, evoluciona constantemente.
Por ejemplo, en el campo de la música ha habido una constante tensión en la noción de autoría con relación a los intérpretes: si bien desde la consolidación de la esfera cultural como esfera autónoma en el siglo XIX la tendencia ha sido considerar al compositor como autor y al músico-intérprete como intermediario, diversas tendencias musicales como el jazz o la música contemporánea ponen en duda esta convención.
Y tampoco queda claro una división entre autor e intermediario en campos como el del arte conceptual o el de las grandes esculturas en el que el artista no realiza la obra, o en el caso de la industria cinematográfica, en el que las obras son producidas colectivamente y existen diversas autorías e intervenciones técnicas muy relevantes (guionista, director de fotografía, compositor de la banda sonora, etc.).
Asimismo, los intermediarios juegan un papel muy relevante en la creación del valor cultural y su reputación, al tratarse de productos, como las obras de arte visuales, sin un valor a priori definido por el material del que están hechos o las horas de trabajo dedicadas a su elaboración, y que deben ser valorizadas simbólicamente (Becker, 1994; Moulin, 1992).
Por otra parte, en el caso de las obras orientadas al sector más vanguardista, estas carecen de un público y una demanda previamente constituida (Bourdieu, 2002).
Asimismo, en las siguientes etapas de la carrera creativa no se puede deslindar a medio plazo el valor en sí del valor económico de las obras construido por el mercado (Becker, 1994).
Argumentan los críticos de la intermediación cultural que su actuación se base en crear una escasez artificial y en contribuir a reproducir una escasez de demanda (Lessig, Córdoba y Candeira, 2005).
Sin embargo, los estudios de profesiones culturales en los que se ha creado una demanda artificial fomentada en base a recursos públicos muestran que las obras de artistas no evaluados por los intermediarios acaban teniendo el valor del material en el que están elaborados, es decir cercano a cero, y difícilmente consiguen profesionalizarse en el campo artístico (Menger, 2009).
Así pues, desde la invención del sistema críticomarchante a finales del siglo XIX, sustituyendo a los mecanismos académicos de entrada y desarrollo de la carrera artística, los intermediarios han ejercido dos roles fundamentales: por un lado ejercen de porteros o gatekeepers de los mundos artísticos, reduciendo el exceso de oferta, que es uno de las características de las profesiones creativas (Menger, 1999), y por otro lado pueden ejercer diversos tipos de roles dentro de los mercados artísticos: una primera promoción inicial, un desarrollo de la carrera en el ámbito regional o estatal, y finalmente la consagración institucional y la proyección en el mercado global.
A cada uno de estas fases de la carrera le corresponderá una tipología de intermediarios con unas competencias y una capacidad económica diferente (Moulin, 1983; Moulin y Cardinal, 2012).
Además, al situarse en un polo del mercado artístico o en un segmento del mercado, los intermediarios orientan al consumidor hacia un tipo de oferta.
Una orientación que puede ser interpretada como una homología estructural, como una reproducción de las jerarquías en el campo artístico hacia el campo social (Bourdieu, 1991) o bien, de una forma menos determinista, como una mediación entre los mundos artísticos y la formación de comunidades de aficionados capaces de desarrollar criterios y experiencias de creación de gusto y valor (Hennion, 2004).
Algunos autores extienden la noción de creatividad y llegan a afirmar que no solo son creativos los autores sino también los intermediarios, pudiendo hablar de gestión creativa (Bilton, 2007).
Sin llegar a este extremo, que nos parece inadecuado por su mezcla de nociones como creatividad cultural e innovación en gestión claramente diferenciables, entendemos que los intermediarios tienen una dimensión fundamental en el sistema cultural al permitir obtener a los creadores una visibilidad.
Por ejemplo, es conocido que los marchantes de arte organizan el sistema artístico -como es el caso de Daniel Henry Kahnweiler, marchante de arte que contribuyó decisivamente a crear la noción de estilo cubista (Assouline, 1989)-utilizando para ello sus redes sociales, las ferias artísticas y su conformación en distritos artísticos urbanos con los que atraen la atención de los coleccionistas y aficionados al arte (Rius Ulldemolins, 2012).
Un rol semejante podemos encontrar en el caso de los productores del sector audiovisual y discográfico que juegan un rol fundamental también en la generación de nuevos estilos y etiquetas musicales que permiten una mayor visibilidad y conexión con los consumidores musicales (Negus, 2002).
Creadores e intermediarios: un sistema interdependiente
En los apartados anteriores hemos fundamentado a partir de autores reconocidos y de investigaciones comparadas la importancia de las interacciones sociales en procesos de creación e intermediación cultural.
Sin embargo, ante de los procesos que auguran los efectos benéficos de la destrucción de las profesiones y las industrias culturales tal y como las conocemos actualmente, debemos plantear que la esfera cultural es un sistema interdependiente.
Diversos autores han planteado la conveniencia de analizar el campo cultural como un sistema de relaciones en el que intervienen diversos agentes que se condicionan mutuamente (Hirsch, 1972).
Finalmente, algunos autores han detectado una tendencia de los sectores culturales a las intersecciones y vínculos existentes entre el sector comercial, el sector del entertainment y el sector artístico informal (Cherbo y Wyszomirski, 2000).
Sería fácil encontrar ejemplos de actores que trabajan al mismo tiempo en series televisivas que les aportan recursos y en actividades de teatro comunitario o educación artística que les ofrecen una actividad e ingresos regulares, así como en proyectos más arriesgados de teatro experimental que les aportan aprendizaje y capital cultural dentro de la profesión (Menger, 1997).
Así pues, desde este punto de vista, la crisis o la desaparición de las empresas del sector audiovisual también afecta indirectamente a los proyectos comunitarios y educativos y al teatro experimental.
Por lo tanto, la transición al paradigma digital y la caída de ingresos de un segmento no solo afecta a este sino al conjunto del sistema cultural, pudiendo reducir la posibilidad futura de desarrollar proyectos innovadores.
Por otra parte, debemos recordar también que los intermediarios tienen la misión de apoyar el creador durante el proceso de creación del público para que comprenda y aprecie las nuevas creaciones y de generación de la demanda que permita generar recursos para que el artista pueda dedicarse profesionalmente a su trabajo (Becker, 1984).
En ausencia de intermediaciones, el proceso de profesionalización experimentado desde el siglo XIX puede revertirse y convertir las actividades culturales en actividades parasitarias de otras actividades profesionales, como podría ser la docencia.
Sin embargo, la dedicación a tiempo parcial reduce de forma decisiva la capacidad de emprender proyectos intensivos en interacciones a corto plazo y el desarrollo de proyectos a largo plazo, de generación de movimientos culturales que exijan una larga inversión de tiempo y de recursos, como el que pueden facilitar los intermediarios a través de salarios como anticipos a las obras y sus derechos de autor (Levine, 2013).
Además, los intermediarios juegan un rol decisivo como representantes del sector cultural en su conjunto.
Los intermediarios culturales tienen una larga tradición de organización profesional y sindical, especialmente en los sectores de las artes escénicas y audiovisuales (pero también, aunque en menor medida en las artes visuales), inclusive en países con una cultura política poco proclive a las reivindicaciones sindicales como es Estados Unidos (Martel, 2011) 4.
CREADORES, INTERMEDIARIOS Y CREACIÓN: UN SIS-TEMA INTERDEPENDIENTE
Hasta este momento hemos establecido que, lejos de ser una actividad individual realizada de forma aislada, la creación es una actividad en buena medida realizada en el marco de unas estructuras y de unos procesos de interacción, en el que la cooperación con los otros agentes que solemos llamar intermediarios es necesaria y va más allá de las relaciones de prestaciones de servicios: implica una colaboración sustantiva y valorizadora (y por lo tanto conformadora del contenido) de la creación.
Sin embargo, los condicionantes sociológicos de la creatividad no acaban aquí sino que, desde una perspectiva más meso y macro sociológica, debemos señalar también que la creación se desarrolla en organizaciones y en sistemas sociales que, como señalan Crozier y Friedberg (1982), condicionan, aunque no determinan, la actuación de los agentes que participan en ellos.
Sin embargo, los análisis sociológicos han mostrado cómo existe una relación entre los condicionantes del sistema cultural y la capacidad de creación e innovación de los agentes culturales.
Así pues, algunos autores han analizado los cambios en el sistema cultural como producto de diversos factores internos del campo cultural generadores de transformaciones fundamentales en la forma de crear.
Por ejemplo, este es el caso del paso del sistema artístico académico al sistema de mercado operado en el siglo XIX, formado no por una evolución estilística sino principalmente por la incapacidad del sistema académico de ofrecer una carrera artística a una población artística creciente y a la demanda cultural de la población urbana (White, 1993).
El sistema de mercado ha sido desde entonces un mecanismo en el que intervienen tres agentes independientes pero articulados (creador, intermediario-emprendedor y crítico) que ha acelerado fuertemente la creatividad artística, primero en el for-a491 mato de vanguardias organizadas en la primera parte del siglo XX (Moulin, 1983) hasta su debilitación en torno a los años ochenta (Crane, 1987).
Actualmente, a pesar de que algunos autores pronosticaron su disolución, asistimos a un proceso de globalización de los sectores artísticos, especialmente en el caso de las artes visuales, en el que otros agentes de alcance internacional (ferias internacionales, casas de subastas, museos transnacionales) potencian nuevas mediaciones y construcciones de las reputaciones artísticas (Quemin, 2013).
En la perspectiva de la producción de la cultura de Peterson (1982), que establece cinco factores que condicionan la creatividad (la legislación, la tecnología, el mercado, la estructura organizativa y las estructuras de carrera profesional), el sistema cultural puede encontrarse en dos situaciones extremas: a) desde los años treinta hasta los años sesenta se observa la existencia de un monopolio de la intermediación y la estabilidad o repetición (en el sector musical antes del 59) o b) desde los años sesenta el surgimiento de una competencia entre intermediarios (nuevas radios, discográficas y agentes musicales independientes) genera un contexto de alta innovación (con una explosión de creatividad y estilos en la música rock y pop).
Sin embargo, el mismo Peterson reconoce que desde los ochenta existe una articulación creciente entre grandes conglomerados y compañías independientes, en un proceso que configura un escenario de competición con una menor creatividad del sistema (Peterson y Anand, 2004).
Un escenario además alterado por el surgimiento de las grandes empresas tecnológicas y por la laxa regulación de internet respecto a los derechos de autor (Levine, 2013), que sin embargo no ha paralizado una expansión del cine blockbuster y a la vez las series televisivas de calidad en Estados Unidos (Martel, 2011).
Por otra parte, algunos autores han centrado la evolución del análisis de este sistema cultural en su dimensión urbana, en la concentración en las grandes ciudades (Rius Ulldemolins, 2014) y en configuraciones espaciales como la creación de clústeres culturales, englobando con ello la concentración de empresas culturales y creativas, consumo cultural, instituciones culturales y escenas creativas (Zarlenga, Rius Ulldemolins y Rodríguez Morató, 2016), un estudio que puede ser divido en dos grupos.
Por una parte, las investigaciones que se centran en las dinámicas de los clústeres creativos (Mommaas, 2004; Rius Ulldemolins, 2014).
Estos autores analizan las razones de la concentración de los creadores basándose en variables como el tipo de organización (la lógica del distrito industrial en el contexto de la economía post-fordista), las particularidades del sector cultural (la concentración de la demanda, de las instituciones de formación, el reconocimiento y la difusión) y las lógicas de la "clusterización" cultural (la valoración cultural de la innovación cultural y la polinización transdisciplinar).
Por otra parte, otros autores analizan los efectos en el crecimiento económico causado por la concentración de la clase creativa y en su eficiencia económica y social (Florida, 2005; Markusen y Schrock, 2006; Scott, 2007).
Sin embargo, la eficacia en términos de creatividad cultural de los clústeres culturales, más allá de los beneficios económicos y profesionales (Rius Ulldemolins, 2014) o bien de la atracción de la atención pública y mediática hacia fenómenos espectaculares y elitistas del consumo cultural (Currid y Williams, 2010; Molotch y Treskon, 2009), queda aún por demostrar de forma efectiva (Rius Ulldemolins y Zarlenga, 2014).
En todo caso, nociones cibertuópicas como la polinización cruzada (Moulier-Boutang, 2010), que auguran una cooperación interdisciplinar y una disolución de las fronteras entre cultura, economía y sociedad, y que algunos autores sitúan en este marco urbano (Currid, 2007), no están demostradas en el ámbito cultural a pesar de ser una bonita metáfora, siendo solamente aplicables a determinados movimientos culturales que, como analiza Collins, han sido impulsados por coaliciones y redes de actores compactas y reducidas y no por redes extensas y descentralizadas (Collins y Guillén, 2012).
NUEVAS TECNOLOGÍAS, CREACIÓN CULTURAL Y EL CAMBIO DE LOS SISTEMAS CULTURALES.
LA SUPERA-CIÓN DEL DETERMINISMO TECNOLÓGICO
Los entusiastas de la digitalización cultural, al centrar su argumentación en la oposición productor-consumidor, donde se relativiza el poder de los productores en favor de los consumidores, tienden a ignorar las configuraciones sociales que promueven la creatividad y favorecen el reconocimiento, difícilmente amoldables a la visión ideal de las comunidades virtuales.
Las características estructurales propias de la producción cultural especializada, exploradas en el ámbito de la sociología de la cultura por autores diversos como Bourdieu (2002), Collins (2009), Menger (2009), Becker (2008) o DiMaggio (1991), y el papel de los intermediarios culturales en el proceso de producción, distribución y valoración cultural, escapan a los esquemas interpretativos de los teóricos digitales, y dificultan desde nuestro punto de vista la comprensión adecuada de la lógica específica de los campos culturales.
La idea de la cultura de la convergencia, defendida por Henry Jenkins (2008), es un botón de muestra de esta visión centrada exclusivamente en una determinada relación entre productores y consumidores culturales, situada en el entorno de las tecnologías digitales.
La teoría de la convergencia asegura que se están produciendo procesos de confluencia en diversos niveles y que estas tendencias están transformando completamente la lógica de la producción y el consumo cultural.
En primer lugar, encontramos una convergencia tecnológica que es el resultado de la digitalización de los contenidos y de la posibilidad de transferirlos a un coste mínimo a distintos formatos y plataformas mediáticas y digitales.
En segundo lugar, junto a la convergencia tecnológica se ha producido una convergencia regulatoria, es decir una estrategia de falta de regulación de las redes de comunicación y de las industrias culturales desde mediados de los años noventa.
En tercer lugar, se observa una convergencia mediática en el ámbito de los medios de comunicación y de las industrias culturales, que ha supuesto la integración de las empresas y la creación de conglomerados empresariales globales que controlan todas las etapas de la producción cultural, además de estar presentes en ámbitos cada vez más diversificados.
Esta tendencia hacia la concentración y la convergencia en los ámbitos tecnológico y empresarial ha sido criticada desde la sociología por algunos autores (McChesney y Schiller, 2003) pero los entusiastas de la digitalización la entienden como parte de un proceso más amplio de democratización y apertura del consumo cultural.
Y es que estas formas de convergencia, según Jenkins (Jenkins, 2008), se han dado en el ámbito de la producción cultural y, a pesar de incitar prácticas monopolísticas en el ámbito de las industrias culturales, y por tanto de facilitar el control de la cultura por parte de un número muy reducido de empresas, sus efectos están directamente asociados a una democratización creciente del consumo cultural.
En este proceso doble y paradójico los productores han perdido poder a la hora de controlar los usos de la producción cultural, mientras que los consumidores han adquirido un protagonismo que jamás tuvieron en la época dominada por los medios de comunicación de masas.
A este respecto, según sus defensores como Deuze (2006), Jenkins (2008) o Bruns (2008), la cultura de la convergencia tiene dos consecuencias fundamentales: a) favorece una cultura participativa en la que los consumidores son incitados a buscar su propia información y a establecer sus propias conexiones entre contenidos diversos, y b) supone una nueva forma de producción cultural en la que los individuos de manera colectiva comparten intereses y experiencias para resolver problemas comunes, para crear recursos colectivos y para reunir información desperdigada en beneficio de la comunidad.
Esta nueva forma de producción social se ha denominado inteligencia colectiva (Lévy, 2007), multitudes inteligentes (Rheingold, 2002) o we-think (Leadbeater, 2008).
En todos los casos, se trata de formas de organización social espontáneas que reúnen y comparten recursos, informaciones y creaciones a través de las plataformas tecnológicas, logrando así resultados que no podrían alcanzarse mediante esfuerzos individuales.
Algunos autores llegan a sugerir incluso la ruptura definitiva de la distinción entre los productores de objetos culturales y los consumidores, o entre las audiencias y los públicos que consumen esos objetos.
Esta transformación lleva a lo que Bruns (2008) denomina produsage (producción-uso), es decir productos culturales que se producen/consumen -no existe ya distinción entre ambos procesos-en un entorno comunitario y en red, en la que la producción adquiere unas características distintivas, que matizan y actualizan la antigua idea del prosumidor de Alvin Toffler (1970).
Bruns (2008) asegura que la producción-uso, que sustituye a las antiguas formas de producción y consumo, tiene las siguientes características: a) participación abierta y evaluación comunal, que permite a individuos muy diversos participar en la producción cultural; b) jerarquías fluidas y meritocracia ad-hoc, en la que todos los participantes, independientemente de sus habilidades específicas, tienen la posibilidad de participar, c) producción cultural inacabada, que supone considerar los objetos culturales como objetos en constante construcción por parte de agentes muy diversos, d) propiedad común: los contenidos no pertenecen al autor o al productor sino que forman parte de los bienes comunales accesibles a cualquiera que los demanda (Miller, 2014).
Lo cierto es que las visiones de la cultura digital sobre el empoderamiento del consumidor y la pérdida de influencia de los productores culturales se desarrollan sin tener en cuenta el entramado completo de agentes e intermediarios culturales que componen el campo cultural.
Se considera que los procesos de convergencia tecnológica y mediática han dado lugar a una transformación completa de dos agentes básicos: el productor o creador y los consumidores o públicos.
Sin embargo, es sorprendente que estas teorías reproduzcan, mediante un determinismo tecnológico de nuevo cuño, las viejas posiciones del determinismo social y tecnológico que quedaron desfasadas y estaban en franca decadencia hasta hace poco tiempo (Menger, 1992).
Así pues, el determinismo tecnológico, a pesar de haber sido debatido desde los años sesenta por su pobreza y mecanicismo interpretativo del desarrollo de las industrias culturales en el que se obvian los usos y condicionantes a491 sociales (Eco, 1984), ha vuelto para instalarse en un discurso que no diferencia entre el desarrollo tecnológico y la diversidad de efectos sociales y económicos con relación a los intereses y objetivos diferentes a los que pueden servir (DiMaggio, 2014).
Los defensores más entusiastas de los beneficios de la digitalización cultural consideran que las plataformas tecnológicas determinan las dinámicas internas del campo cultural.
Esta afirmación se sustenta con dos líneas de argumentación diferentes: en algunos casos, se evita cualquier mención a las estructuras sociales que influyen en la formación y en el funcionamiento de las comunidades virtuales, al considerarse que estas se mantienen al margen de las formaciones tradicionales (este podría ser el caso de las visiones ciberutópicas de Shirky ( 2008)); en otros casos, se toman en consideración los procesos de monopolización empresarial (es decir, las transformaciones específicas de la estructura económica) pero sin tener el complejo sistema de relaciones sociales que vincula estas estructuras económicas con las dinámicas propias de los campos culturales -sería el caso de autores como Deuze (2006) o Jenkins (2008)-.
El objetivo de este tipo de estudios es incidir sobre todo en la libertad del individuo, integrado en el grupo de iguales de la comunidad virtual para producir cultura al margen de los grandes conglomerados empresariales o modificar y adaptar la cultura distribuida por estas organizaciones según la propia voluntad.
Ciertamente las nuevas tecnologías ofrecen -al menos en el plano teórico-nuevas formas de cooperación entre creadores, la utilización de nuevos materiales, tecnologías o temáticas de creación y nuevas formas de valoración y apropiación (nuevas mediaciones) entre la obra y el público (Ariño Villarroya, 2009; DiMaggio, 2014), así como de participación.
Sin embargo, si consideramos la esfera cultural como un sistema de interacciones, dependencias, conflictos y cooperaciones, resulta insuficiente basar el análisis de las transformaciones recientes en el colapso de las relaciones entre productores y consumidores, un análisis que además tiende a realzar solamente los efectos positivos del cambio.
Los ámbitos de producción cultural especializada responden a lógicas complejas que no dependen solamente de la reunión espontánea de talentos individuales.
Por un lado, los creadores producen en unas condiciones muy particulares que no son equiparables a las existentes en otros ámbitos de la sociedad.
Y por el otro, el trabajo de los creadores es secundado por todo un colectivo de intermediarios culturales, especializados en tareas muy diversas (vinculadas a la selección, a la promoción y a la valoración cultural) que no pueden obviarse o reducirse a alusiones genéricas al papel de las industrias culturales como conglomerados empresariales.
Por tanto, el análisis de la digitalización de la cultura tiene que ir más allá de las distinciones productor-consumidor para centrarse en el sistema de relaciones sociales, establecido en múltiples niveles, que caracteriza a los campos de la cultura (véase tabla 1).
El auge de las nuevas tecnologías facilita ineludiblemente el acceso a la creación cultural y la debilitación de los intermediarios.
Este proceso, según el discurso ciberutópico, conlleva la ausencia de barreras a la entrada en el sector cultural y por lo tanto un florecimiento de la creatividad en un mundo en el que los gastos asociados a la copia tienden marginalmente a cero.
Sin embargo, el discurso de la creatividad libre facilitada por la tecnología trae consigo un debilitamiento del papel de los intermediarios, propiciando una vuelta a la no diferenciación de los quehaceres profesionales vinculados a la creación, producción, distribución y difusión de los contenidos culturales.
La literatura científica muestra que ello provoca una profunda pérdida de valor añadido de los contenidos artísticos y una disfunción en el proceso de digitalización del sistema cultural.
Por otra parte, veinte años después de la difusión de internet, los escenarios utópicos de democracia cultural parecen no cumplirse y al contrario el análisis de las actuales tendencias en la esfera cultural nos revelan evoluciones inquietantes: mientras las grandes compañías tecnológicas están configurándose como oligopolios y grandes beneficiados de la transición al paradigma digital 6, los sectores culturales en Europa en general y en el estado español en concreto se hunden en todos los indicadores de creación y empleo 7.
Asimismo, la "salida digital" a la crisis de la cultura parece no confirmarse, al menos en algunos casos.
Uno de los ejemplos para augurar un cambio en el patrón de organización en el sistema cultural como la digitalización de la edición da síntomas de no ser lo suficientemente sólido como para ofrecer una alternativa al modelo tradicional: mientras en 2012 los libros auto-publicados en plataformas digitales se elevaban a 4.592, en 2014 esta cifra se redujo a 3.369.
La cooperación y la reciprocidad se plantean como forma dominante del tipo de interacción vertical, con la fórmula de peer to peer (P2P).
La difusión de la tecnología como medio material y como habilidad hace desaparecer las barreras a la interacción en las comunidades creativas.
Las plataformas digitales pueden facilitar las interacciones cooperativas, pero también se establece la competencia por captar recursos (por ejemplo, por medio de crowdfunding).
Las interacciones en el campo cultural se basan en convenciones disciplinares especializadas (Becker, 1994; Becker, 2008) y en pautas organizativas de las profesiones artísticas que implican un aprendizaje y una valoración continua.
Los lazos débiles no facilitan este aprendizaje.
Marco de la interacción creativa
Los mundos artísticos son conformados por grupos de profesionales, comunidades de amateurs e instituciones culturales.
Estas se caracterizan por lazos fuertes, aunque inestables y cambiantes en formato de vanguardia, grupo artístico o escuela disciplinar.
Se conforman comunidades predominantemente virtuales agrupando individuos en red.
En estas comunidades no hay barreras de entrada ni tampoco de salida, caracterizándose como un marco informal y generando un lazo débil entre sus miembros.
Los lazos débiles facilitan cooperaciones puntuales en objetivos concretos y delimitados (como un sistema operativo o una enciclopedia) pero no permiten desarrollar movimientos de cambio creativo disciplinar.
Se da la generación de fenómenos de mutual halo (Collins, 2009; Collins y Guillén, 2012), la generación de modas urbanas o bien fenómenos virales sin acumulación y organización disciplinar.
Creación por focalización en unos centros de atención cultural definidos con un criterio disciplinar (tipos de obras).
La creación es concebida como símbolo de excelencia y la innovación como renovación disciplinar.
La tecnología es concebida como herramienta básica.
Se concibe la creación de tipo transdisciplinar basada en la abundancia de contribuciones de la multitud.
La creación es concebida como contenido sin jerarquización valorativa y la innovación como desarrollo técnico, aumento de conocimiento o expresión del individuo.
La tecnología es concebida como impulso a la creación o como parte de la creación.
La digitalización de la cultura ha llevado al énfasis en la dimensión cooperativa y participativa de la cultura.
Sin embargo, la creación cultural sigue desarrollándose a partir de la noción de autoría y en el marco de organizaciones formales, siendo una excepción los fenómenos de creación transdisciplinar.
La tecnología puede facilitar la creación, pero no supone de por si una democratización de su uso.
La tecnología no puede sustituir a los rituales e interacciones del proceso creativo (Becker, 2008; Collins, 2009).
Incentivo a la creación
Reconocimiento público e institucional, premios, inclusión en el canon cultural (inclusión en la memoria cultural y en los panteones nacionales).
Asimismo, a partir del reconocimiento se produce a medio y largo plazo un éxito económico a partir de las ventas sostenidas.
No existe directamente un incentivo a la creación más que el reconocimiento de la comunidad o el éxito viral en las redes sociales.
El éxito económico se produce a partir de una demanda dispersa (long tail) y no tanto a partir de un éxito masivo.
El incentivo a la creación es la participación en el juego o la illusio del campo (Bourdieu, 2002), la generación de rituales o de constantes evaluaciones por parte de los pares o el mercado.
Los incentivos débiles del ciberutopismo generan también compromisos débiles e intermitentes poco adecuados para la creación de proyectos creativos y nuevos estilos.
Asimismo, la transición al paradigma digital incentiva el oportunismo creativo dirigido a la reproducción viral.
No existe barrera formal a la entrada en el mundo artístico.
Sin embargo, los individuos se seleccionan por los maestros y los compañeros en primer lugar según su talento, que puede ser concebido como innato o como fruto del aprendizaje y la práctica.
Existe una elite muy visible y valorada que conforma la imagen del artista-genio.
El mecanismo de selección se basa en la relevancia de la contribución según la comunidad participativa.
Se produce un rechazo del establecimiento de mecanismos formales de selección; sin embargo, existen reputaciones cualitativas y cuantitativas a partir de las evaluaciones de los pares y de los consumidores de forma habitualmente anónima o bajo seudónimos.
Existen de facto mecanismos sociales que explican una diferente participación de los individuos y la generación del carisma del artista (Menger, 2009).
No obstante, la ausencia de selección a la entrada (gatekeepers) y de filtros incentivos-o criterios de promoción en sucesivas etapas de la carrera creativa puede generar una falta de capacidad de profesionalización y una competencia creciente entre los creadores.
Finalmente la atomización de la creación es poco compatible con la creación de un foco creativo.
La función del intermediario es la de selección en la entrada en el sector cultural (gatekeeper), la de dar soporte material al creador y la de contribuir a reconocer el valor de la obra de arte.
La valoración de las creaciones por parte de los intermediarios se basa en su aportación al desarrollo disciplinar.
La desaparición de los intermediaros profesionales y especializados produce la ausencia de barreras para la creación y por lo tanto la abundancia de producción y consumo cultural.
Por otra parte, surgen intermediarios genéricos como descubridores de tendencias o modas.
La ausencia de intermediarios puede provocar un aumento de la producción cultural a corto plazo pero un estancamiento en la creatividad y en la capacidad de desarrollo de carreras artísticas.
Los intermediarios pierden capacidad para apostar por la innovación y apuestan por creadores consagrados.
En este proceso ganan los intermediarios híbridos que conectan las esferas culturales con la económica (branding empresarial, publicidad, marketing) o con la esfera académica o de consultoría (ensayistas, gurús).
Finalmente, esta debilitación somete a los creadores a una mayor presión frente a los consumidores y a un mayor control de la industria y los media (Bourdieu, 2002).
Valoración de las contribuciones
El reconocimiento se produce a largo y medio plazo a través del aumento del precio (cota o caché) y a partir de rituales o posiciones institucionales (premios o cargos prestigiosos).
La valoración de las contribuciones no la desarrollan los intermediarios, sino que se realiza por su dimensión cuantitativa (a través de mecanismos de inteligencia colectiva) o bien por evaluaciones de su impacto social desarrolladas por las plataformas tecnológicas.
La transición al paradigma digital facilita a los usuarios convertirse en intermediarios.
Sin embargo, la debilitación de los intermediarios profesionales y de su rol de selección y valoración de forma independiente y en concurrencia con otros agentes facilita que las evaluaciones sean desarrolladas o bien por grandes corporaciones o bien a partir de fenómenos virales.
Segmentación de la demanda
El sector cultural se divide en una demanda segmentada según el nivel cultural: una demanda de horizonte masivo y bajo nivel cultural y otra dirigida a la minoría entendida y de alto nivel cultural.
La oferta cultural se diversifica eliminando una segmentación clara por nivel y los consumidores desarrollan una diversidad de gustos independientemente de la oferta de la industria cultural.
Los mecanismos tecnológicos permiten hacer viables las audiencias muy segmentadas basadas en comunidades.
Existe una falta de sistematización de la oferta y una predisposición al consumo de bienes culturales cualesquiera en la demanda, lo que dibuja una oferta más segmentada.
Sin embargo, el debilitamiento de los intermediarios disminuye la capacidad del sector cultural de generar una demanda nueva para las innovaciones creativas y aunque permite el surgimiento de comunidades facilitadas por las nuevas tecnologías, estas se desarrollan en torno a productos y marcas generadas por las industrias culturales.
El objetivo del sector cultural es el desarrollo de las artes como expresión de la subjetividad del genio artístico y a la vez como fuente de progreso colectivo.
El objetivo del sistema cultural es el desarrollo de bienes comunes (ni privados ni públicos) a partir de la puesta en común de contenidos culturales.
Asimismo, la cultura tiene un impacto derivado de la participación en la producción cultural a partir de la participación en comunidades de creación.
Efectivamente la participación en las artes supone una modificación de los comportamientos y el surgimiento de nuevas identidades y comunidades.
Sin embargo, este proceso puede derivar también en la generación de identidades ancladas en lo estético y en la debilitación de lazos de solidaridad en el marco nacional o regional.
Concepción de la autoría y su protección
La noción de autoría se fundamente en la idea de la creatividad individual basada en el genio y esfuerzo del creador.
Los derechos de autor suponen su reconocimiento y su protección frente a los intermediarios y los consumidores.
La posición ciberutópica niega la noción de autoría y la concibe como producto de la copia y como producto de la creatividad de la multitud.
Propone el libre acceso a todos los contenidos con independencia de la voluntad del autor o bien a partir de la renuncia del autor a los derechos de autor o copyright (creative commons).
Los estudios indican una inadaptación de los derechos de autor en el marco de la digitalización de la cultura, especialmente por una excesiva extensión durante generaciones y por la regulación nacional de un fenómeno global.
Sin embargo, la violación o renuncia de los derechos de autor sitúa en una posición de debilidad socio-económica a autores y a intermediarios, frente a los agentes tecnológicos que se benefician de su difusión en sus canales (buscadores, plataformas, etc.). a491 Sistema de distribución y financiación del sistema La distribución y la financiación del sector cultural se obtienen mediante una combinación de donaciones individuales y empresariales, de subvenciones estatales, del mercado en el segmento vanguardista e institucional y mediante la venta al público en el segmento de las industrias culturales.
Las plataformas digitales constituyen una forma de distribución indistinta para las producciones profesionales vanguardistas, institucionales, mercantiles y para la cultura amateur.
La financiación del sistema cultural se debe basar en la financiación colectiva o micro-mecenazgo.
La conversión de los sistemas de distribución cultural por parte de las grandes empresas tecnológicas en oligopolios, junto con la debilidad de los autores e intermediarios por la digitalización, crea una situación de fragilidad del sistema creativo.
La disminución del mercado y las subvenciones, la drástica disminución de ingresos por derechos de autor o actuaciones en directo, junto con el escaso volumen de mecanismos emergentes (crowdfunding) sitúa el sector cultural en una crisis sistémica.
Conservación de las creaciones
Las instituciones culturales públicas o privadas sin ánimo de lucro tienen la misión de la de conservación y la valoración del patrimonio.
Su selección de obras y autores crea los cánones disciplinares.
La conservación de los contenidos culturales sin distinción de orígenes debe almacenarse en repositorios digitales de libre acceso.
Los repositorios de la cultura digital, si bien en algunos casos son de acceso libre actualmente y pueden aumentar el acceso a la cultura y el conocimiento, en gran parte son propiedad de grandes empresas privadas que se lucran con la publicidad, los datos acumulados y los servicios de acceso.
La falta de selección en la conservación de las creaciones desactiva la innovación basada en la innovación disciplinar e incrementa el peso de los fenómenos efímeros y virales, debilitando la autonomía de la esfera cultural.
Fuente: elaboración propia a partir de la bibliografía citada.
Ciertamente el desarrollo y la base empírica del presente artículo no nos permite de momento desarrollar unas conclusiones cerradas sobre la pregunta inicial planteada: si la transición al paradigma digital está fomentando o perjudicando la creatividad o más concretamente cómo está afectando a la generación, la valoración y la comprensión de la creatividad.
Sin embargo, entendemos que este artículo permite una primera fase de la reflexión sociológica: la ruptura epistemológica y la construcción del objeto de estudio.
A partir de esta base se podrá avanzar en un análisis más equilibrado y neutral sobre la digitalización del sector cultural, un fenómeno que avanza a gran velocidad y que obligará a las ciencias sociales a desarrollar nuevas teorías, conceptos, herramientas metodológicas e investigaciones para comprenderlo.
Así como la noción de cultura digital alude a una realidad sustantiva y constituida, la idea de la digitalización del campo cultural incide en que la digitalización es un proceso que se produce dentro del campo cultural y que actúa en consonancia con otros procesos paralelos que pueden ser incluso opuestos a la lógica digital.
Por otra parte, este proceso no afecta de igual manera a los distintos campos artísticos.
Algunos sectores como las artes escénicas, dada la naturaleza de la exhibición en vivo, son más o menos propicios a la digitalización que otros sectores como los industriales.
Entre estos últimos la tasa de digitalización (porcentaje sobre el total de la facturación de cada sector) de algunos en 2011 también presenta diferencias: en la música es del 55,8 %, en el cine y en el video es del 73,2 %, llegando al 90,5 % en el sector audiovisual (Informe Anual "La Sociedad en Red" 2011).
No obstante, esta tendencia al-cista se mantiene estable en las cifras de negocio de los contenidos culturales.
En este artículo tomaremos la noción de intermediario cultural en el sentido restringido, es decir, como 'agente del sector cultural', como hacen diversos estudios recientes (Lapierre y Roueff, 2013) y no en términos macro-sociológicos como 'transmisor o manipulador de elementos simbólicos culturales', como lo hacen otros autores (Featherstone 2000), una noción que, si bien introduce elementos de interés para comprender el sector cultural, desborda e introduce confusión en el objeto de este artículo.
En este artículo descartamos asimismo el enfoque también sociológico que se centra en los procesos sociales participativos.
Csikszentmihalyi (1998) distinguió entre big C, la creatividad objetivamente reconocida, en contraposición a la small c, una creatividad que pertenece a la vida cotidiana.
La sociología también estudia esta dimensión privada y ordinaria de la creatividad en los procesos sociales tales como las artes comunitarias (Webster y Buglass, 2005; Thornham, 2014) o incluso en los procesos de investigación-acción.
La defensa de la desaparición de los intermediarios culturales por parte de unas posturas que parten de posiciones políticas progresistas o de izquierdas es en gran medida paradójica al afectar también en este sentido la capacidad a491 de los asalariados y profesionales de formular colectivamente los intereses dentro del sector cultural frente a las grandes compañías de producción de contenidos o de las multinacionales tecnológicas.
De hecho, hay que entender que la defensa de la desaparición de los intermediaros culturales forma parte del carácter libertario y neoliberal de la ideología californiana (Barbrook y Cameron, 1996).
Para construir la tabla hemos partido de la bibliografía analizada y citada a lo largo del artículo.
En el caso de la concepción humanística hemos partido de la definición humanística de la cultura de Ariño (1997) y de los análisis de Bourdieu (2002) sobre el desarrollo del campo artístico en el siglo XIX y XX.
Finalmente, en la columna de contraste con las aportaciones de la sociología y su aplicación al análisis del proceso de la transición al paradigma digital debemos citar a diversos autores como Bourdieu (2002), Becker (2008), Collins (2009) y Collins y Guillén (2012).
Amazon, Google, Apple y Yahoo facturaron en 2012 unos 160.000 millones de euros, seis veces más que los grandes conglomerados editoriales. |
Las controversias socio-científicas sobre las vacunas que han surgido en los últimos años en Chile muestran nuevas tensiones entre expertos y ciudadanía.
Gran parte de los estudios que abordan estas problemáticas se centran en analizar a quienes rechazan la vacunación, pero no a otros actores relevantes de las controversias como son los expertos.
A partir de un enfoque cualitativo, en este artículo se analizan los discursos, estrategias y prácticas comunicativas de los expertos en salud, buscando comprender su punto de vista respecto a quienes rechazan la vacunación.
La investigación muestra que, si bien existe unanimidad sobre la relevancia de las vacunas como medida preventiva, hay diversidad entre las posiciones de los expertos frente a quienes son críticos con la vacunación.
Esto se refleja en distintos modelos de comunicación pública de la ciencia y la tecnología, con una clara vigencia del modelo del déficit cognitivo y su perspectiva alfabetizadora.
Las investigaciones sobre las controversias en el ámbito de la salud, la biotecnología o los conflictos medioambientales ponen de relieve los cambios que en las últimas décadas ha experimentado la relación entre los expertos y la ciudadanía (Cuevas, 2008; Leach, Scoones y Wynne, 2005).
En su gran mayoría, estas investigaciones han dado cuenta de las formas en que los ciudadanos critican, resisten o buscan nuevas formas de participar y generar conocimientos ante los desarrollos científicos y tecnológicos que los afectan, creando tensiones con otros actores relevantes como son los expertos técnicocientíficos.
En las últimas décadas ha crecido el interés que suscita este tipo de tensiones que se expresan más claramente en controversias socio-científicas, es decir, en aquellas que involucran a actores que van más allá de los círculos científicos y que son de interés público.
Sin embargo, el foco de atención ha estado puesto principalmente en quienes resisten y cuestionan los desarrollos científicos, pero no se ha desplegado el mismo interés investigativo por los expertos, entendiéndolos como sujetos sociales cuyo punto de vista merece ser investigado (Hilgartner, 2009).
Consideramos especialmente relevante analizar el punto de vista de los expertos, dada su posición de poder y su rol en las definiciones de las controversias.
Por lo tanto, esta investigación busca contribuir a subsanar este evidente vacío de investigaciones que problematicen a los expertos y su forma de entender al público (Young y Matthews, 2007), así como las implicaciones que esto tiene para el ámbito de las comunicaciones.
Las nuevas formas de relación entre expertos y ciudadanos también tienen su correlato en distintos modelos analíticos que han surgido en el marco de la Comunicación Pública de la Ciencia y de la Tecnología (CPCyT).
Si bien existe diversidad de propuestas en este ámbito, distintos autores (Alcíbar, 2015; Tinker, 2013; Trench, 2008) coinciden en identificar tres modelos como los principales: el modelo del déficit cognitivo, el del diálogo y el participativo.
El primero parte de una perspectiva alfabetizadora y de una relación verticalista en la que el experto informa y educa al lego, mientras que el segundo pone el acento en un intercambio más simétrico donde el experto también escucha.
En el último modelo, más que el flujo de la información y la función alfabetizadora, lo que estaría en juego sería la discusión sobre cómo y quiénes deben participar en decisiones relacionadas con ciencia y tecnología, y cuál es el rol de la comunicación en este proceso.
Y si bien en los últimos años las perspectivas alfabetizadoras del modelo del déficit han sido proclamadas como superadas, en la práctica es posible rastrear su vigencia (Cortassa, 2010), así como la tensión y la convivencia entre los tres modelos (Trench, 2008).
Este artículo se basa en una investigación realizada en Santiago de Chile, entre 2012 y 2017, sobre las controversias en vacunación, con el objetivo de analizar los modelos de comunicación que subyacen en los discursos, prácticas y estrategias de los expertos de la salud.
En Chile históricamente la vacunación ha sido considerada como una medida emblemática de la salud pública y el país ha contado con altas tasas de vacunación.
Sin embargo, en los últimos años han aumentado las controversias sobre esta medida, dando visibilidad a padres y madres que rechazan la vacunación para sus hijos.
Durante el período de la investigación se suscitaron dos controversias relevantes, la más destacada y mediática fue la que se generó a raíz del proyecto de ley que buscaba prohibir el timerosal 1 de las vacunas, que fue acompañado de un largo debate parlamentario desde que se presentó en 2010 hasta que se aprobó en 2014, aunque inmediatamente fue vetado por el presidente de la República.
La segunda controversia fue la generada a partir de la implementación de la vacuna contra el virus del Papiloma Humano (VPH) en 2014, cuya cobertura ha estado en continua disminución 2, mientras que el porcentaje de rechazos informados 3 ha aumentado de forma constante, cerrando el año 2017 en 13.790 casos.
Si bien todos los años hay un porcentaje de reversión de la decisión con niñas que se vacunan al año siguiente, según datos de 2018 entregados por la Subsecretaría de Salud Pública 4, la tendencia va claramente hacia un aumento en los rechazos, lo que muestra la incertidumbre de los padres y madres respecto a la decisión de vacunar a sus hijas.
Esto refuerza la importancia de investigar este tipo de controversias y los puntos de vista de los distintos actores.
En Chile, las vacunas del Programa Nacional de Vacunación son obligatorias y se colocan gratuitamente a través de vacunatorios tanto del sistema público, que atiende a más del 70% de la población, como del sistema privado, que concentra a los sectores de mayores ingresos.
Los padres y madres pueden vacunar a sus hijos de forma gratuita, previa orden médica, en ambos tipos de establecimientos, independientemente de su tipo de previsión.
LA COMUNICACIÓN PÚBLICA DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA
A partir del famoso informe de Vannevar Bush (1945) The Endless Frontier, que promovía la idea de un progreso científico sin límites y capaz de liderar el desarrollo de las democracias occidentales, nace la idea de una ciencia autónoma de la sociedad, salvaguardada de las posibles injerencias de la segunda (Alcíbar, 2015).
La validación de la sociedad se vuelve un elemento relevante para el funcionamiento y para la financiación de la ciencia, para lo cual crece la preocupación por la "aceptación pública de la ciencia".
Se establece una relación entre aceptación / conocimientos, así como su contracara entre ignorancia / rechazo, y por consiguiente se implementan los mecanismos para iluminar a las audiencias.
De esta forma, la apreciación por la ciencia aumentaría educando a las poblaciones, y en consecuencia habría menos reticencia en torno a la misma institución (Cortassa, 2016, p.
Se instala una gran narrativa de la CPCyT (Trench, 2008), cuyo punto de partida sería un modelo del déficit cognitivo que configuraría una comunicación vertical y unidireccional de la ciencia y que consideraría como punto de partida al público como ignorante.
El científico estaría dotado de una autoridad cognitiva, particularmente en relación al "no científico", y tendría como piedra angular una ideología cientificista y una concepción positivista de la alfabetización científica (Alcíbar, 2015).
En este marco, la divulgación científica estaría principalmente centrada en la promoción de la ciencia y sería generalmente un canal para el cientifismo.
Por su parte, Sarah Tinker (2013) habla de un constructo tradicional-ideal de la ciencia, en el que la búsqueda racional de la verdad objetiva se cristalizaría en la idea de impulsar la ciencia (science boosterism) entre quienes desconocen sus virtudes.
Esta construcción tendría dos características esenciales: se aproximaría a la ciencia desde el déficit y la consideraría como una caja negra.
En este sentido, el modelo del déficit es funcional para las políticas públicas relativas a la ciencia: los expertos educan e informan a los ciudadanos en contextos de incertidumbre.
Para Brian Trench (2008), esta gran narrativa de la CPCyT sería la base de un modelo que estaría obsoleto y que sería sobrepasado en la medida en que los científicos escuchen al público.
Avanzar hacia un modelo analítico del diálogo (Brossard y Lewenstein, 2010; Trench, 2008) permitiría entonces a la CPCyT centrarse en las interacciones entre ciencia y sociedad, entendiendo la primera como una institución social y no como una entidad aparte del entramado colectivo.
Sin embargo, tal como señalan otros autores (Alcíbar, 2015; Pestre, 2010), este modelo seguiría persistiendo en la separación de los dos ámbitos y en la supuesta imposibilidad del público para acceder a la construcción de los enunciados científicos.
Desde una perspectiva crítica, Sarah Tinker (2013) propone avanzar hacia la construcción de un tercer modelo analítico: la comprensión crítica de la ciencia en público.
En este modelo, de carácter constructivista y multidimensional, se asume que el público estaría alerta sobre el funcionamiento de la ciencia como institución social, consciente de la elaboración de argumentos y de la movilización de intereses que la práctica científica conlleva (Kreimer y Zabala, 2006).
Según este modelo, la ciencia es objeto de escrutinio por parte de la sociedad e incorpora una noción múltiple de la experticia, es decir, que puede emanar desde distintos espacios sociales.
Esto supone una tensión en la calidad científica de los conocimientos, por cuanto el control de la metodología -y por ende la validación-sigue siendo dominio de los expertos, aunque disputado y observado por otros actores sociales.
Este tercer modelo pone el acento en la necesidad de que los distintos actores involucrados participen activamente para alcanzar un consenso en las controversias socio-científicas (Alcíbar, 2015).
En este punto nuevamente resulta clave la discusión sobre la relación entre conocimiento y participación.
En esta dirección, Escobar (2017) distingue entre el déficit cognitivo y el déficit político para resaltar que la finalidad de informar o educar al público no necesariamente implica una mayor participación en la toma de decisiones, sino que puede ser entendida como parte de un proceso de legitimación y aceptación de la ciencia.
Sin embargo, si bien la descripción de estos modelos analíticos a través de la gran narrativa de la CPCyT puede evocar una cierta evolución en el tiempo que ha dejado atrás al modelo del déficit, cabe destacar que en la práctica estos modelos coexisten, ya sea complementándose o disputando espacios (Trench, 2008).
Así el modelo del déficit cognitivo permanece en la agenda de los estudios del campo, tanto por razones prácticas como epistémicas (Cortassa, 2016).
LAS FRONTERAS DE LA EXPERTICIA
El control de la producción de conocimientos está íntimamente relacionado con el rol de los expertos, ya que son quienes detentan formalmente la experticia, pero ante las críticas sobre los límites entre el conocimiento experto y el no experto surgen nuevos cues-a530 tionamientos.
Ya a principios de los 2000, ciertos estudios de la sociología del conocimiento debatían sobre la naturaleza de dicha experticia (Collins y Evans, 2002; Jasanoff, 2003; Wynne, 2003), planteando las bases de la discusión sobre la extensión y la legitimidad: en suma, hasta dónde llega la experticia y quiénes la detentan.
Pues no solo los ciudadanos disputan las fronteras de las experticias, sino que también los expertos contribuyen a definir cuáles son los espacios de participación de los públicos (Young y Matthews, 2007), cumpliendo un rol clave en las controversias (Limoges, 1993).
De esta forma, aun cuando exista abundante evidencia de disputas por la producción de conocimientos en los espacios propios de los científicos (Latour y Woolgar, 1979; Shapin y Schaffer, 1985), en la actualidad los expertos se han abierto a espacios que históricamente no lidiaban con otros actores "no expertos".
Esta nueva definición del campo en consecuencia también tiene que ver con la forma en que los expertos entienden los saberes profanos, con su propio rol dentro de las controversias y con cómo ambos elementos están sujetos a permanentes reasignaciones de significado por parte de los actores.
Lo anterior es particularmente nítido en contextos de controversias socio-científicas, en el marco de debates abiertos no resueltos y donde se contraponen distintas racionalidades (Badouard y Mabi, 2015).
La construcción de un público (Braun y Schultz, 2010) por los expertos puede ser también una estrategia de control de la producción de conocimientos (Broitman y Kreimer, 2018), al delimitar las fronteras entre lo legítimo y lo ilegítimo.
Por consiguiente, las controversias socio-científicas, entendidas como espacio agonístico, proveen de un enriquecedor marco interpretativo si se las considera como objetos comunicantes (Le Marec y Babou, 2015; Méadel, 2018).
Además, dado el rol que cumplen los expertos en las definiciones de las controversias, estas se vuelven un espacio privilegiado para conocer sus puntos de vista respecto a su rol y al de los otros actores.
Este artículo analiza las controversias sobre vacunas fuera del eje conocimiento / ignorancia que impone el modelo del déficit, indagando la forma en que los expertos entienden a quienes rechazan la vacunación mediante un enfoque metodológico de carácter cualitativo y empleando como técnica principal la entrevista informal no directiva con una perspectiva conversacional (Devillard, Franzé Mudanó y a530
El análisis de las entrevistas se realizó utilizando los modelos de CPCyT como herramientas analíticas y operativas.
Sin embargo, en ningún caso se trata de modelos que se den en estado puro y totalmente coherentes, sino que al ser usados como herramientas de análisis nos permitieron dar cuenta de las características que prevalecen en los discursos, prácticas y estrategias de los expertos analizados.
A continuación, presentamos los puntos más destacados de nuestro análisis.
La diversidad de los expertos
Uno de los aspectos más relevantes de esta investigación es que da cuenta de la diversidad entre los expertos de la salud, evidenciando que no se trata de un grupo homogéneo, que tenga un solo punto de vista respecto a quienes rechazan o critican la vacunación.
Si bien todos los entrevistados reconocen el valor de la vacunación como medida preventiva y promueven su uso, las diferencias a la hora de entender la medicina y su rol, así como aspectos relacionados con sus perspectivas médicas, sus especialidades o sus posiciones en el sistema de salud generan una diversidad de discursos, estrategias y prácticas respecto a las controversias y a la participación de otros actores.
Con el objeto de dar cuenta de las relaciones que se establecen, señalaremos algunas de las diferencias más relevantes que surgieron durante la investigación.
En primer lugar, cabe destacar la diferencia existente según la posición que se ocupa en el sistema de salud, especialmente entre quienes tienen cargos de responsabilidad, asociados a las políticas de inmunización y de salud pública (jefes del Ministerio de Salud o asesores del CAVEI), y los profesionales de la salud que tienen contacto directo con los pacientes.
En el primer grupo predomina un discurso enfocado en la salud y bienestar de la población, cobrando importancia los argumentos asociados a la inmunidad de rebaño 5, las tasas de vacunación y la evaluación de riesgos en términos de costo-beneficio.
En el caso de los profesionales que están en contacto directo con los pacientes, el acento está puesto en los beneficios de la vacuna para sus hijos e hijas de forma concreta, así como en los riesgos de contraer enfermedades y en la responsabilidad parental.
Otra diferenciación se da entre las distintas profesiones, como los médicos, quienes son los encargados de emitir la orden para la vacunación, y los enfermeros y técnicos enfermeros, quienes generalmente están encargados de los vacunatorios y de colocar direc-tamente las vacunas, cumpliendo un rol fundamental en la tarea de entregar información y resolver dudas a los pacientes.
Las distintas especialidades médicas también son fundamentales para entender desde qué perspectiva hablan los entrevistados.
En este punto, no se trata solo de las diferencias que pueda haber entre un infectólogo (quien puede tener más afinidad con la prevención de enfermedades infecciosas mediante vacunas) y, por ejemplo, un médico general, sino con el hecho de que algunas especialidades también implican una forma determinada de entender la medicina y el rol de los médicos.
Un ejemplo es el de la especialidad de la medicina familiar, que apuesta por atender a las personas de manera integral, con énfasis en la atención primaria y en sus contextos sociosanitarios.
Además, se pudo observar que algunos enfoques, como el de la medicina basada en evidencias 6, predominan entre los infectólogos entrevistados o entre quienes se dedican a la investigación en vacunas.
La importancia de abrir la categoría de "expertos", desplegando su diversidad, nos permite mostrar cómo sus diferentes formas de entender el papel de la medicina y su propio rol de expertos van conformando distintos puntos de vista y respuestas a las madres y padres críticos con la vacunación.
El paciente informado y la delimitación del campo
Si bien no se trata de hacer un análisis sociológico de los expertos vinculados a la vacunación, siguiendo a Bourdieu es pertinente mencionar que "la ciencia y el uso legítimo de la ciencia son objetos de lucha en el mismo seno del mundo de la ciencia" 7 (Bourdieu, 2001, p.
De esta forma, en este caso observamos cómo el campo de la disciplina y de los actores que toman la ciencia como objeto está atravesado de conflictos y controversias, caracterizando así un campo social en el sentido bourdieusiano del término.
Los expertos entrevistados vinculan las controversias sobre las vacunas con un escenario de cambio social y cultural, y con lo que identifican como una figura relativamente reciente en el caso chileno: el paciente empoderado.
Los entrevistados coinciden en que se trata de sujetos que, con fronteras borrosas, oscilan entre un paciente-ciudadano y un pacientecliente, quienes desde un discurso asociado a los derechos en el primer caso y al mercado en el segundo, "exigen más", "cuestionan", "se informan" y "no aceptan pasivamente lo que entrega la autoridad o lo que prescribe el médico".
En palabras de una jefa del Ministerio de Salud: a530 Entonces, la gente era mucho más pasiva, mucho más resignada.
Recibían lo que tú le dabas y eran como bastante...
Hoy día el ciudadano exige, hoy día el ciudadano cambió su óptica y siente que tiene derechos (Soledad N., jefa del MINSAL).
En este sentido, los entrevistados señalan un cambio en la relación médico-paciente que va desde una lógica vertical a otra horizontal, lo que lleva a los profesionales a repensar constantemente su rol.
Una de las formas en que se expresa este cambio es a partir del manejo y uso de la información sobre salud que tiene este paciente empoderado-informado.
El mayor acceso a Internet y especialmente la búsqueda activa de información que los pacientes entienden como su responsabilidad para tomar decisiones informadas puede llevar a tensiones con estos profesionales.
Sin embargo, no todos los expertos reaccionan de la misma forma ante este mayor acceso y manejo de información de los pacientes.
Así, por ejemplo, se observa que el uso de Internet por parte de los pacientes es valorado positiva o negativamente, dependiendo de la forma en que los profesionales de la salud entienden su rol.
De esta forma, los médicos de familia, que señalan que su papel es el de acompañar al paciente para que tome sus propias decisiones, ven este mayor acceso a la información como algo positivo, tal como puede observarse en la siguiente cita:
Llegó un chico, un recién nacido, y su familia me dijo: «nos dijeron que había nacido con un síndrome de Klippel-Feil».
Entonces, cuando me dicen eso, yo me quedé pálido porque no tenía idea en qué consistía Klippel-Feil.
Así que poniendo mi mejor cara les dije que no tenía idea, pero que podíamos averiguar.
Así que por mientras lo voy a controlar y la próxima consulta me podían traer más antecedentes.
Y efectivamente, la próxima consulta ellos llegaron con un montón de impresos bajados de Google... información sobre la enfermedad.
Yo la verdad es que aprendí de eso con ellos (...).
Esa cuestión te la menciono como una caricatura de lo que acontece en el ámbito médico-paciente.
El médico ya no es el Dios Thor que sabe absolutamente todo, sino que ante él tiene personas que tienen acceso a información que antes no tenían.
No obstante, ese es un dato técnico.
Lo fundamental es que las personas... yo creo que tienen noción y conciencia de que están empoderadas (Juan Luis V. Médico de familia).
Sin embargo, otros expertos de la salud no valoran tan positivamente el mayor acceso a información a través de Internet.
Los profesionales que trabajan con enfoques como, por ejemplo, el de la medicina basa-da en evidencias -también quienes tienen cargos de responsabilidad o quienes mantienen una lógica de relación médico-paciente de tipo vertical-ven en ese uso de Internet algo negativo, poniendo el foco en la falta de formación de los usuarios para diferenciar la información de calidad.
Esto puede verse, por ejemplo, en la siguiente cita:
Internet yo lo encuentro un excelente método de informarse, pero creo que en salud no es un buen método porque el paciente no es capaz... no tiene la capacidad de discernir si la información es de buena calidad o de mala calidad (...).
Por lo tanto, dada que la diversidad de temas que se puede colocar en Internet es tan amplia... e... en salud... dado que tiene que ver con mi salud, con decisiones que voy a tener que tomar para mí, para mis hijos, para mi familia, qué sé yo qué... resulta que la persona que no ha sido formada en temas de evaluar la calidad de lo que ahí está puesto, de dónde salió, cuál es el sustento, seguirle la hebra para llegar a entender la calidad de eso... no la tiene la población en general.
Entonces, por lo tanto, en salud yo no lo encuentro un buen instrumento (Loreto F., integrante del CAVEI).
Tal como puede apreciarse en la cita, esta discusión sobre el acceso a la información es directamente puesta en relación con "la capacidad para discernir" de los pacientes, remitiendo a la formación como un tema central.
Se delimita así quiénes han sido formados adecuadamente para interpretar la información correctamente y, por lo tanto, quiénes pueden participar en este tipo de debates.
En las controversias sobre vacunas en Chile, claramente aparecen estas formas de delimitación que realizan los expertos, sobre todo entre quienes tienen cargos de responsabilidad en el ámbito de las políticas públicas o mantienen lógicas de relación médico-paciente de tipo vertical.
En estos grupos se remite claramente a la necesidad de plantear las discusiones en el terreno de lo técnico, con lo cual no solo quedarían fuera de la discusión quienes no tienen la formación adecuada, sino que incluso se niega la posibilidad misma de controversia, dando por zanjada la discusión.
Eso puede apreciarse respecto al debate que se generó por el proyecto de ley que buscaba prohibir el uso del timerosal en las vacunas.
Tal como señala una jefa de un departamento a cargo del Programa Nacional de Inmunizaciones:
Entonces este es un tema técnico, pero la gente tampoco entiende bien técnicamente el tema del Timerosal y esta discusión está zanjada hace veinte años ya en Estados Unidos, o sea, la OMS ya lo zanjó.
Eso ya está zanjado, lo que pasa es a530 que aquí ha seguido dando vueltas y dando vueltas sin tener el conocimiento técnico de la evidencia científica.
No produce daño (Soledad N., jefa de departamento del Ministerio de Salud).
Con esta delimitación del campo a partir del conocimiento técnico y la formación adecuada, claramente estos expertos colocan la discusión sobre vacunas en el plano de la controversia científica, donde son los pares, con sus propios mecanismos de validación, quienes delimitan cuándo y cómo se da una controversia.
Desde allí, se coloca a los "otros", ya sea a los pacientes que rechazan la vacunación o en este caso a quienes piden la eliminación del Timerosal, como los parlamentarios o los integrantes de agrupaciones como Bioautismo, en el lugar del no-conocimiento, es decir, de las emociones, las motivaciones políticas, etc. Lo interesante de esta delimitación es que finalmente se trata de una disputa por el espacio de la toma de decisiones, el rol de los expertos y la discusión sobre la participación pública en las controversias socio-científicas.
Pervivencia del modelo del déficit
Tal como hemos señalado en la discusión sobre los modelos de CPCyT, en la actualidad se tiende a dar por superado el modelo del déficit, planteando el predominio de visiones más horizontales y participativas de comunicación.
Sin embargo, en las controversias sobre vacunas en Chile hemos podido constatar la pervivencia de este modelo, especialmente entre los expertos que están más vinculados a cargos de responsabilidad, en quienes se dedican a la investigación en vacunas y en quienes mantienen lógicas verticales de relación médico-paciente.
De esta forma, aunque estos expertos señalan la complejidad y la multicausalidad que puede haber en las críticas a las vacunas, finalmente identifican dos aspectos como los más relevantes: por una parte, la posibilidad que les brindan las nuevas tecnologías a los grupos antivacunas para hacer circular información errónea en Internet (circulación no controlada) y, por otra, la falta de capacidad de las personas para discernir la información de calidad.
De esta forma, el problema queda planteado en términos dicotómicos de conocimiento / ignorancia o derivados, como razón / emoción o como ciencia / creencia, tal como puede verse en estas citas:
[...] yo creo que... que la gente peca de ignorante, peca mucho de ignorante porque se quedan con el primer artículo que leen en un blog y no investigan más allá (Álvaro E., enfermero jefe, consultorio público).
Teniendo en cuenta el alto nivel de educación formal de muchos de los padres y madres que rechazan las vacunas, algunos expertos reenfocan el tema separando los estudios formales de la capacidad de comprensión, tal como puede verse en esta cita:
[...] la población muchas veces no tiene la capacidad de discriminar información porque eso ya requie-re... el 80% de los profesionales no sabe lo que lee, digamos (Víctor P., integrante del CAVEI).
Otra de las formas de reelaborar el modelo del déficit es a partir del eje razón / emoción.
A la ciencia y a los expertos les corresponderían el mundo de la razón y los conocimientos, mientras que a los "otros" les tocarían los aspectos no racionales.
[...] uno se mete en Google y al tiro, lo primero que aparecen son ellos.
Entonces quiere decir que están bastante organizados, e... tienen recursos, y uno quiere entrar a un diálogo técnico: «a ver, explícame cuál es tu duda y te voy a explicar por qué».
Pero hay un tema emocional entre medio que a veces es difícil entenderlo...
¿Y uno por qué se da cuenta?
Porque cuando uno lee el argumento técnico sobre el cual se sustenta el que esté en contra de lo que me está diciendo en ese minuto, uno se da cuenta que no está bien planteado técnicamente.
Hay errores técnicos, hay errores científicos de interpretación de un dato.
Ahí uno se da cuenta que son las emociones las que están jugando (Soledad N., jefa de departamento del Ministerio de Salud).
Tal como puede verse en estas citas, para afrontar los cuestionamientos a las vacunas estos expertos acentúan la distinción ciencia-no ciencia.
A partir de estos ejes dicotómicos, que colocan a los "otros" en el lugar de la ignorancia o de las emociones, los expertos delimitan el campo definiendo qué actores están legitimados para participar en el debate.
De esta forma, las decisiones sobre vacunación pertenecerían exclusivamente al ámbito técnico y estarían basadas en asesoría experta, dejando fuera toda dimensión social o política de la vacunación.
Por lo tanto, los argumentos que se utilizan son aquellos propios de validación del campo, como por ejemplo el reconocimiento de pares (otros científicos), el uso de estudios publicados en revistas científicas de prestigio o el aval de determinados organismos nacionales e internacionales.
Así puede verse en la cita de un experto que opina respecto al intento de prohibir el Timerosal por ley:
Entonces nosotros lo que hacemos en la Academia es ir mirando la evidencia, la evaluamos, y llegamos a nuestras convicciones basados en el peso de la eviden-a530 cia. La cosa más sistemática o lo más sólido es lo que se llama la revisión sistemática que hace Cochrane, por ejemplo... el grupo Cochrane, que no ha hecho una evaluación de este tema porque probablemente no lo ha considerado necesario, porque la verdad es que estas son disputas que a nivel internacional ya prácticamente no existen (Víctor P., integrante del CAVEI).
La vinculación entre el rechazo a la vacunación y la falta de conocimientos del público sobre los procesos de producción y validación de la evidencia científica nos lleva a la otra cara del modelo del déficit, a ese lado "tranquilizador" y "funcional" del que habla Cortassa (2012).
Tal como señala esta autora, si el diagnóstico tiene que ver con un déficit de conocimientos, entonces la solución estaría en educar e informar al público desarrollando políticas y estrategias de divulgación científica.
En el caso que estamos analizando, los expertos que siguen manteniendo este modelo del déficit también se inscriben en esta línea, otorgando un rol divulgador a los comunicadores y a la prensa, que debe facilitar sus mensajes pero sin distorsionarlos.
Tal como veremos a continuación, esta forma de entender la divulgación científica, manteniendo una lógica vertical también se refleja en determinadas estrategias de comunicación.
El rol del comunicador y las estrategias comunicativas de los expertos
Las visiones verticales que derivan del modelo de déficit, donde el conocimiento se concibe solo del lado de los expertos y los cuestionamientos a la ciencia y la tecnología serían producto del desconocimiento, de la ignorancia o de la falta de racionalidad, no permiten entender la complejidad de la relación expertos-ciudadanía.
Tal como señala Wynne (1995), la ignorancia puede ser no solo un "vacío cognitivo" o tratarse de una actitud pasiva y desinteresada, sino una construcción activa relacionada con las dimensiones sociales de la ciencia, como la división de labores, la confianza en los sistemas expertos o la dependencia propias de sociedades complejas y especializadas.
Este aspecto relacional del conocimiento donde está en juego no solo una discusión sobre "contenidos", sino sobre los mismos actores, se pierde en este modelo que continúa acentuando la visión vertical y poniendo el acento en el "mensaje-contenido" más que en la confianza en las fuentes.
En la controversia que estamos analizando, las estrategias que utilizan estos expertos para comunicar sus puntos de vista también responden a esta mirada vertical, que busca difundir un conocimiento de arriba a abajo o del experto al lego.
Por consiguiente, se le entrega gran valor a las campañas de comunicación institucionales que transmiten determinados mensajes y eslóganes, pero que no abren espacios para diálogos o debates más complejos.
En este esquema, el rol de los comunicadores y periodistas es el de divulgar el mensaje experto para que llegue de manera sencilla a la ciudadanía, haciendo accesible la información científica, pero sin distorsionarla.
De esta forma, el control sobre el contenido siempre está del lado experto, mientras que el comunicador sería quien sabe llegar al público de forma eficiente.
Entonces, yo necesito entender qué cobertura de vacunas tengo a nivel comunal, urbano-rural, si algunos lugares que hay algunas variables socio-geográficas que a mí me estén explicando por qué aquí tengo más vacunación y aquí tengo menos vacunación, dependiendo la edad, el tipo de vacuna y todo eso.
Ese estudio lo estamos haciendo ahora. [...]
Entonces, ahí vamos a poder entender eso, al tener eso ahí, necesito un comunicador que me diga: «a este tipo de población, con esta característica, el mensaje...»
Yo sé cuál es el mensaje... pero «hay que hacerlo de esta forma y con esta técnica».
Ahí es donde me interesa el comunicador a mí: ¿cómo lo hago... cómo lo hago llegar?
(Soledad N., jefa de departamento del Ministerio de Salud).
Desde esta perspectiva, cuando el rol de los comunicadores y periodistas no se cumple, el mensaje sería distorsionado y contribuye a generar conflictos o controversias.
En nuestro caso de análisis, frente a las controversias que se generaron en el caso de la ley que buscaba prohibir el timerosal, los medios dieron amplia cobertura no solo a los expertos que se oponían a la ley, sino también a los padres y parlamentarios que la promovieron.
Frente a esta situación, a530 los expertos desarrollaron sus propias estrategias de comunicación; por ejemplo, a través de la colocación de insertos en uno de los principales diarios del país (vénase «Declaración del Comité Asesor en Vacunas y Estrategias de Inmunización (CAVEI) sobre timerosal en las vacunas» y «Las vacunas salvan vidas y no causan autismo»).
La publicación fue firmada por representantes de sociedades científicas y miembros del CAVEI, reforzando su mensaje con el uso de colores oficiales y aludiendo a otros organismos internacionales para respaldar su posición.
Se trató de una comunicación directa, en la que ellos mismos escriben el mensaje, demostrando que cuentan con recursos como para omitir a los intermediarios y asegurar que no se distorsionen sus mensajes.
Tanto las campañas como estas estrategias de comunicación responden claramente al modelo del déficit que hemos analizado, lo que refuerza la reivindicación de la toma de decisiones sobre vacunación como un tema de carácter técnico y, por lo tanto, del dominio de los expertos.
En esta línea, cabe destacar algunas de las críticas que plantea Gumucio Dragon (2010) a las campañas como paradigmas comunicativos en el ámbito de la salud, como su verticalidad, centralismo y unidireccionalidad, quien además señala como punto central que las campañas no incentivan realmente la participación de la ciudadanía.
Así, este autor, que tiene una amplia experiencia en comunicación para el desarrollo y cambio social, destaca que la "inclusión de la población no debe entenderse solamente en términos de la cobertura de salud, sino como participación en el proceso de la toma de decisiones" (Gumucio Dragon, 2010, p.
En este sentido, vemos que en la delimitación del campo que hacen los expertos la idea de que la población adquiera un mayor conocimiento estaría más en la línea de "la aceptación" y "legitimación" de la ciencia que en la de "participación" en la toma de decisiones.
Entender el posicionamiento de los expertos desde los modelos analíticos de la CPCyT nos permite visualizar una pugna en desarrollo que tiende a ser invisibilizada desde la salud pública.
Los depositarios de la administración de la vacunación en Chile han visto cómo su campo de acción ha sido invadido por actores que históricamente nunca tuvieron acceso a dicho espacio.
La negación de los expertos de un debate instalado fuera de su campo devela las estrategias que han sido trabajadas en este artículo.
Restringir su acceso mediante argumentaciones técnicas, fortalecer las dicotomías que separan a los expertos de los legos y movilizar campañas comunicativas que refuerzan ambos elementos son ejemplos de cómo se materializa dicha negación.
Las estrategias señaladas se articulan con una forma de entender la ciencia con relación a la sociedad, planteando el modelo del déficit cognitivo como una solución altamente funcional a los intereses prácticos de las políticas públicas.
Así, Cortassa (2012) señala que esa cualidad es la que sustenta su persistencia frente a los cuestionamientos provenientes de otros espacios sociales.
Aun cuando la vacunación es obligatoria en Chile, vemos que se han abierto espacios de disenso, en algunos casos informales, que ponen en marcha padres y madres que no quieren vacunar a sus hijos, utilizando sus propias estrategias y prácticas para rechazar la vacuna (Rocamora, 2017).
Sin embargo, desde las mismas autoridades sanitarias han tenido que dar ciertas salidas, en parte contradictorias.
Por ejemplo, en el caso de la vacuna contra el VPH que se suministra en los colegios a niñas de 10 y 11 años, los padres pueden firmar un documento de rechazo informado, que es provisto por el equipo a cargo de la vacunación, aun cuando el Estado se reserva la posibilidad de iniciar acciones legales contra estos padres.
La existencia de este tipo de documentos, el aumento del rechazo o la disminución de las coberturas son elementos concretos que dan cuenta de la incertidumbre que se ha generado sobre una práctica médica que solía ser considerada como estable.
Lo que el mundo experto solía reivindicar como exclusivo es ahora contestado de múltiples formas.
Los debates clausurados desde lo técnico (Broitman y Jara, 2017) o incluso por vía política 8 permanecen ahora abiertos, en el contexto de controversias socio-científicas que nunca acaban (Chateauraynaud, 2011).
Así, la incertidumbre y la desconfianza en las instituciones interroga fuertemente la clausura artificial de los debates.
Por lo tanto, es de suma urgencia intensificar los estudios que permitan entender las lógicas de quienes defienden un campo como suyo, en la medida en que dichas reivindicaciones ya no parecen responder a las demandas de cierta parte de la ciudadanía.
Y desde este lugar también cabe preguntarse por el rol de las comunicaciones como parte de los procesos que fomenten nuevas formas participación.
Este trabajo fue desarrollado en el marco del proyecto MECESUP USA 1799.
Se llama inmunidad de rebaño a la estrategia de vacunar a un alto porcentaje de la población con la finalidad de evitar el contacto entre personas enfermas y sanas, disminuyendo así las probabilidades de contagio y de brotes epidémicos.
De esta forma, el porcentaje menor de personas no vacunadas queda indirectamente protegido por el "rebaño", es decir, por el grupo mayoritario de persona vacunadas.
Más información en: http://www.vacunas.org/ique-es-lainmunidad-de-grupo.
La medicina basada en evidencias pone énfasis en que las decisiones de los profesionales de la salud e incluso la atención clínica a los pacientes deben basarse en la mejor evidencia científica disponible en el momento.
El llamado es a que los profesionales busquen esa evidencia, generada principalmente mediante meta-análisis de ensayos clínicos y controlados, acudiendo a publicaciones en revistas especializadas (Letelier y Moore, 2003).
Sin embargo, este enfoque también es objeto de diversas críticas, especialmente por sustentarse excesivamente en la evidencia científica en detrimento de otros aspectos que han sido relevantes en la práctica clínica, como la experiencia profesional, o por no tener en cuenta tanto los contextos en los que se genera esa evidencia como aquellos en los que se aplica, tendiendo a tratar la práctica médica como algo universal.
Traducción de los autores.
En 2014 el presidente de Chile, Sebastián Piñera, vetó la ley aprobada en las dos cámaras del Congreso de Chile que prohibía el uso de timerosal en las vacunas. |
En el presente trabajo se analizan desde un punto de vista metateórico los modelos animales y su uso en la investigación en el ámbito de las ciencias de la vida.
A partir de la evaluación de una nutrida literatura científica que denuncia un sesgo sexual en las prácticas de investigación que utilizan dichos modelos, se buscan los supuestos teóricos implícitos que les dan fundamento y se argumenta que lejos de suponer una torpeza metodológica forman parte de una extensa tradición ubicua en la historia de la biología.
Por otra parte, se exponen los motivos teóricos para el reemplazo de los mencionados supuestos, a partir del análisis filosófico e histórico de la teoría estándar de la diferenciación sexual (la hipótesis activacional-organizacional).
It's a Male World: el sesgo sexual de los modelos animales en biología 2 a492
Los modelos animales utilizados en distintas áreas de las ciencias biológicas (como la fisiología, la farmacología y las neurociencias, entre otras) poseen por fundamento una analogía entre el sistema objetivo (en general alguna dimensión particular de la humanidad, ya sea física o conductual) y el modelo, el cual es, para estos casos un animal no-humano.
Intuitivamente puede entenderse que los animales utilizados como modelo poseen como ventaja el tener similitudes con los seres humanos en múltiples aspectos, dado que, como sugiere Evelyn Fox Keller "[...] a diferencia de los modelos mecánicos y matemáticos (y este puede ser el punto crucial), los organismos modelos son ejemplares o modelos naturales -no construidos artefactualmente sino seleccionados del taller propio de la naturaleza" (Keller, 2002, p.
Esto se refuerza si se toma en cuenta una concepción que suponga que la diferencia entre animales y humanos sea de grados y no cualitativa (Velayos Castelo, 2013).
Aquí cabe preguntarse qué elementos propios de los animales utilizados como modelos para la investigación biológica los hace representativos en forma relevante del sistema objetivo, es decir, de algún aspecto de la biología humana o de otra especie.
Una respuesta obvia pero trivial es sostener que los modelos animales poseen propiedades relevantes similares a las de los humanos dado que éstos poseen el mismo origen en "el taller propio de la naturaleza", pero esto no basta.
Las homologías entre especies, en sí mismas, no agotan el problema de la representación, es decir, los modelos animales posibles están subdeterminados por las semejanzas entre especies.
Ignorar dicha subdeterminación (y por ende a la plétora de opciones que existen y son teóricamente aceptables para formar modelos animales rescatando diferentes homologías) y justificar la modelización solamente en el origen común de los seres vivos es caer en un razonamiento circular que posee la forma siguiente "A representa B si y solo si es similar en aquellos casos en los que A representa B" (Suárez, 2003, p.
Para salir de este problema entonces autores como Giere (2010) introducen elementos pragmáticos en la representación.
Así, la relación aparece triádica: hay un sistema objetivo, un modelo, y un agente que intencionalmente direcciona los elementos del modelo hacia el objetivo.
Así, es el agente intencional quien especifica lo que el modelo pretende representar.
Lombardi, Acorinti y Martínez critican la postura pragmatista pues "[...] la defensa de tesis realistas que toda interpretación representacionalista pareciera conllevar se diluye en la voluntad del agente que proyecta y explica, pero no representa" (Lombardi et al., 2016, p.
Sin embargo, no parece posible prescindir legítimamente del elemento pragmático pues, como veremos en este trabajo, es este el que permite entender cómo ciertos marcos conceptuales son preferidos frente a otros, incluso cuando existe una pérdida epistémica.
Lo que discutiremos en el presente trabajo es un caso de este tipo: existe en la investigación biológica con modelos animales una tendencia profundamente marcada a utilizar animales machos en detrimento de las hembras (Wald y Wu, 2010).
El segundo apartado de este trabajo será dedicado a la descripción de múltiples casos documentados de esta práctica y sus consecuencias concretas en los ámbitos científico y social.
El tercer apartado explorará los motivos en los que se sostiene esta práctica, los cuales incluyen cuestiones de orden metodológico, aunque se afirmará que también incluyen supuestos teóricos implícitos pero ubicuos.
El cuarto apartado partirá de un análisis filosófico de la teoría estándar de la diferenciación sexual denominada hipótesis organizacional-activacional (Phoenix, Goy, Gerall y Young, 1959) para sostener que los mencionados supuestos teóricos implícitos son cuestionables, y en el último apartado se plantearán las conclusiones finales.
DESCRIPCIÓN DE LA EXCLUSIÓN DE HEMBRAS
Aun en el sentido representacional pragmático apenas presentado, "modelos animales" se dice de muchas formas.
Entre los modelos animales, Rose y Abi-Rached (2013) sostienen que es plausible distinguir: modelos de estructura, función y enfermedad, modelos conductuales y modelos de enfermedades neuropsiquiátricas.
Esta distinción es importante para situar los distintos desafíos a los que se enfrentan los modelos animales.
En el caso de los modelos animales de enfermedades neuropsiquiátricas, los mismos han sido objeto de fuertes críticas referidas a la traducción de la conducta deambulatoria del modelo a la sintomatología psiquiátrica de la esquizofrenia (Cynowiec, 2017) por ejemplo.
Sobre los modelos animales conductuales, fundamentales en la práctica neurocientífica, Sullivan (2009) ha presentado objeciones de orden general al defender que las dos condiciones de la experimentación (fiabilidad-generalidad o replicabilidad-validez) se encuentran en contradicción en el caso de esta modelización.
Dichas discusiones son centrales en el abordaje filosófico (y teórico) del uso de modelos animales.
Asumiremos que, pese a la caracterización de Sullivan sobre la experimentación a492 con animales en general, la modelización con animales es una práctica científica válida, en la línea de Atanasova (2015).
Sea como fuere, incluso si la modelización animal no puede validarse de forma global desde la perspectiva epistemológica, no deja de ser una de las prácticas características de las ciencias de la vida contemporáneas y es por ello justamente objeto de interés de la filosofía de la ciencia.
Ahora bien, aun cuando nos refiramos con exclusividad al sesgo en el marco de los modelos animales, no puede dejarse de lado que estas denuncias fueron largamente precedidas por el trabajo de la crítica feminista de la ciencia y de la epistemología con perspectiva de género, que denunció el androcentrismo en las ciencias biomédicas y biológicas.
Nuestro propio trabajo es resultado de la apertura conceptual que las académicas feministas operaron desde los años 80 y que supuso una revisión profunda de los consensos construidos en el marco teórico y metateórico.
No obstante, hay que tener en cuenta que el androcentrismo (o sesgo masculino) se dice al menos de dos maneras.
En los trabajos ya clásicos de Longino (1997), luego retomados en el monumental trabajo de Harding (1986), el sesgo masculino tiene que ver con el modo en el que ciertos prejuicios acerca de los roles de género permean la actividad científica y ponen en jaque el ethos de la objetividad y neutralidad valorativa.
En este sentido, las explicaciones evolucionistas, por ejemplo, interpretan la evidencia arqueológica como confirmando la división sexual del trabajo típica de las sociedades contemporáneas (o en el caso de Darwin, de la Inglaterra victoriana) aun cuando la misma evidencia es compatible (e incluso más compatible) con explicaciones que violentan tal división.
Este sesgo masculino está ampliamente extendido en la literatura feminista y en muchos casos se ha constituido en el florete conceptual con el cual se han presentado fuertes casos contra las explicaciones de la conducta humana basadas en la constitución biológi-ca de los seres humanos, siendo el ejemplar clásico la neuroendocrinología del comportamiento (véanse por ejemplo Fine 2010; van den Wijngaard, 1997).
Aun cuando el sentido apenas presentado ha supuesto una sacudida importante en el mundo de la ciencia y de la filosofía de la ciencia (ya sea de forma directa o indirecta, véase Keller, 2004), de cara a los objetivos del presente trabajo tiene una relevancia mayor el segundo sentido de androcentrismo que, aun vinculado con el primero, puede ser distinguido.
En el contexto de la revisión crítica de las prácticas biomédicas, se ha denunciado repetidamente que las mujeres son excluidas del objeto de la medicina que se centra en el hombre.
Desde 1980, con Alice Through the Microscope del Brighton Women an Science Group, se ha consolidado una medicina con perspectiva de género (Gender Medicine) que ha puesto el foco en el profundo desconocimiento sobre la biología específica de las mujeres, así como en el fuerte sesgo hacia lo masculino que se ha manifestado en este terreno.
En palabras de Ineke Klinge:
"Desde los ochenta, los amplios esfuerzos por parte de los investigadores de género y de salud femenina en varios lugares han trabajado para "corregir" las brechas y sesgos observados.
Estos esfuerzos juntos comparten el objetivo de lo que hoy ha sido reunido bajo el nombre de medicina con perspectiva de género.
La medicina con perspectiva de género como una innovación de la investigación biomédica se enfoca en el sexo, el género y la salud, y aborda las problemáticas de salud de mujeres y hombres en la investigación y la práctica clínica.
El objetivo de este nuevo campo de investigación es desarrollar una práctica de investigación sensible al sexo y el género, que conducirá a un conocimiento de base adecuado para el tratamiento clínico y para políticas de salud informadas.
Se ha desarrollado como una vasta área de investigación, un campo de interés reconocido y de relevancia para un número de investigadores, clínicos y hacedores de políticas cada vez mayor" (Klinge y Wiesemann, 2010, p.
Parece bastante obvio en qué sentido este segundo sentido de androcentrismo es más relevante para nuestro trabajo.
No se trata de una mera crítica al biologicismo de ciertos enfoques, sino del reconocimiento del hecho diferencial de la mujer en el plano biológico y la necesidad urgente de otorgarle su propio lugar en tanto 50% de la especie.
Nuestro trabajo puede leerse como una extensión de esta perspectiva crítica hacia el modelado con animales no humanos en el marco de las ciencias biológicas y biomédicas 1. a492 Volviendo a los animales no humanos, en términos cuantitativos, el sesgo es sólido y se manifiesta en las diversas subdisciplinas de la biología, con menores pero significativas excepciones.
Aquí nos basaremos principalmente en los resultados del meta-análisis llevado adelante en 2009 (Beery y Zucker, 2011), el cual supone una corroboración de la investigación llevada a cabo por el grupo de trabajo de Wizemann en el 2001.
Los campos disciplinares abordados fueron biología general, inmunología, neurociencia, fisiología, farmacología, reproducción, endocrinología, fisiología del comportamiento, conducta y zoología.
En ocho de los diez campos analizados por Beery y Zucker se presenta con claridad el sesgo en cuestión.
En neurociencias por cada artículo que utiliza exclusivamente hembras, hay 5.5 que se refieren exclusivamente a machos.
Dicha proporción es también significativa en farmacología y en fisiología (5:1 y 3,7:1 respectivamente).
El sesgo menos pronunciado se da en modelos conductuales (1,4:1).
Por otro lado, entre el 22% y el 42% de los artículos en neurociencia, fisiología y biología general ni siquiera indican el sexo de los animales utilizados como modelo, mientras que esa cifra se eleva al 60% en el caso de la inmunología.
Lo primero que llama la atención es que el sesgo se presenta de dos modos, que si bien se encuentran íntimamente relacionados no son idénticos: por un lado, en vastas áreas de la práctica modelística, se utilizan casi en su totalidad animales macho y, por el otro, en igualmente vastas áreas no se informa sobre el sexo de los animales utilizados.
Podría parecer forzado sostener, como lo hacen quienes han discutido el sesgo desde la perspectiva científica (cf. McCarthy, Arnold, Ball, Blaustein y de Vries, 2012), que ambos fenómenos (exclusión y omisión) son parte del mismo problema.
Y esto porque, al no indicar el sexo de los animales utilizados para el modelo, no es posible prima facie determinar si se incluyeron hembras o no, por lo cual no es claro que dicha práctica sea un caso del sesgo que nos ocupa.
Independientemente de si ulteriores investigaciones puedan determinar la exclusión o no de hembras, consideramos que es válido presentarlo como un caso de la exclusión en tanto la idea que subyace a dicha omisión es que, para los fines de la modelización animal, el sexo es irrelevante (o como mínimo, lo suficientemente irrelevante como para excluirlo de la sección Materials y Methods).
La idea de que el sexo no es una variable relevante en el diseño de modelos animales subyace además a la exclusión de las hembras cuando esta es mencionada, en tanto se extrapolan los resultados no solo de machos a machos de distintas especies, sino al conjunto de la especie target independientemente del sexo.
En segundo lugar, es preciso notar como, entre las disciplinas estudiadas por Beery y Zucker (2011), dos de ellas presentan un sesgo inverso al hasta ahora comentado: inmunología y reproducción.
En el caso de la inmunología el poco significativo sesgo inverso parece condecirse con la ya mencionada inmensa tasa de no mención.
En el caso de la reproducción, sin embargo, la omisión del sexo es prácticamente inexistente.
Consideramos que este resultado refuerza una de las ideas defendidas en nuestro trabajo (como se verá más adelante en detalle): que el sexo solo es considerado una variable cuando lo estudiado afecta a las estructuras y a las funciones reproductivas, mientras que en el resto de la biología es (con altibajos pero de modo constante) considerada irrelevante.
NO ES SOLO METODOLOGÍA: INTRODUCCIÓN AL SUPUESTO ONE-SEX
La pregunta que surge a partir de lo anterior es: ¿por qué se asume que el sexo es irrelevante para la mayoría de los aspectos de la modelización?
Basándonos en la literatura científica citada anteriormente, encontramos que hay respuestas de tres tipos, presentadas a continuación por orden ascendente de interés epistemológico:
Económicas, presupuestarias (externas): ciertas especies, como las wistar (macho) se han convertido en canónicas para la modelización, particularmente en neurobiología y en endocrinología del comportamiento.
Una de las razones de esta elección es externa: son baratas, tienen numerosas camadas y su longevidad (lifespan) es apta para la experimentación animal.
Notablemente el costo económico de las wistar macho es sensiblemente inferior al de las hembras.
En términos presupuestarios, entonces, se pretende justificar el sesgo atendiendo a la optimización de recursos.
Metodológicas: siguiendo con el ejemplo de las wistar, una de las razones aducidas para la exclusión de hembras es el ciclo hormonal, considerado generalmente como un factor perturbador.
Obviamente, no es que no puedan controlarse y aislarse los efectos del mismo sino que para ello es necesario elevar el número muestral de las wistar.
La versión estándar de este argumento se presenta con las razones económicas, dado que aumentar el n muestral implica aumentar los costos, máxime cuando las hembras son más caras que los machos.
Las ratas y ratones macho se han transformado en el modelo animal por defecto para muchas enfermedades porque son más baratos y sencillos para tra-a492 bajar que las hembras.
Los roedores hembra tienen un ciclo ovárico de cuatro días, por lo que los investigadores que los utilizan deben tomar diariamente hisopados vaginales en los experimentos donde las hormonas pueden jugar un rol.
"De otro modo, los datos no son interpretables", dice el investigador sobre obesidad Andrew Greenberg del Human Nutrition Research Center on Aging de la Tufts University en Boston.
Los científicos pueden necesitar también mantener tanto como cuatro veces el número de animales hembra sobre animales macho para asegurarse de que sus sujetos estén ciclando en sincronía.
E incluso con esas precauciones, el ciclo puede todavía llevar a resultados menos claros que son más difíciles de publicar (Wald y Wu, 2010, p.
Conceptuales: autores como McCarthy et al. (2012)
y Zuk (2002) han apuntado hacia razones de tipo conceptual para la exclusión de hembras.
La difusa idea que subyace a la exclusión de las hembras es, según dichos autores, que los machos son representativos de la especie, la forma estándar o propia de la especie: "el paradigma en ciencia ha sido ver al macho de una especie, incluyendo a los humanos, como la norma, y a las hembras o mujeres como variaciones, casos especiales, excepciones a la regla" (Zuk, 2002, p.
Nuestro argumento central es que, si bien las razones externas y metodológicas juegan un rol importante en la explicación del sesgo, no son condiciones suficientes (individual o conjuntamente consideradas) de la exclusión del sexo como variable relevante.
Para que la práctica modelística sesgada tenga sentido, en tanto los resultados obtenidos a partir de los machos se extrapolan al conjunto de la especie independientemente de su sexo, es necesario que una razón conceptual acompañe dicha decisión.
Es necesario, argumentamos, que algún presupuesto de orden teórico legitime la consideración del macho como representativo de la especie.
Y nuestra aportación va en la dirección de identificar y elucidar ese presupuesto.
Ahora bien, ¿por qué asumir que algún tipo de teoría implícita, folk theory o presupuesto teórico está en la base de la decisión metodológica de utilizar modelos animales sesgados?
Tanto McCarthy et al. y Zuk, que sostienen que hay una razón conceptual, como nosotros, que sostenemos que dicha razón conceptual descansa sobre algún presupuesto general, estamos descartando de entrada la posibilidad de que el sesgo sea nada más que un mero error, una omisión alevosa de una variable importante 2.
Esgrimimos dos argumentos para sostener que la exclusión de hembras no es un mero error recurrente: En primer lugar, la modelización animal, en tanto práctica fundamental de ciertas áreas de la biología, descansa sobre la aceptación de ciertas teorías que legitiman la idea de producir conocimiento sobre rasgos de algunas especies X estudiando rasgos equivalentes (en algún sentido relevante) de otras especies Y. Así mismo, la relación entre teorías y práctica modelística es bidireccional, como señala Hedges: la elección de ciertos organismos como modelos de otros presupone ciertas teorías (genética, biología evolutiva) pero además:
"Los organismos modelo representan solo una pequeña fracción de la biodiversidad que existe en la tierra, aunque la investigación que ha resultado de su estudio forma el núcleo del conocimiento biológico.
Históricamente, las comunidades de investigación [...] se han enfocado en estos organismos modelo para obtener una visión dentro de los principios generales que subyacen a varias disciplinas, como la genética, el desarrollo y la evolución" (Hedges, 2002, p.
Puede parecer trivial sostener que metodología y teoría tienen algún grado de imbricación.
La modelización animal tiene sentido si y solo si la especie target y el modelo son similares en algún aspecto relevante y esa similitud descansa sobre las bases epistémicas de la genética, de la evolución y del desarrollo (entre otras).
Son las propiedades únicas del genoma del pez globo y las macroneuronas en el caso de las medusas las que hacen a dichas especies organismos interesantes para su utilización modelística, y no su disponibilidad masiva o su precio de mercado.
Ahora bien, si aceptamos que son las teorías generalmente aceptadas las que dan razón a las prácticas modelísticas, es decir, que son dichas teorías la que legitiman la homología entre especies, entonces debemos aceptar mutatis mutandis que algún presupuesto de orden teórico legitima el uso de animales macho como modelo de una especie.
En otras palabras, si es cierto que es el conocimiento previo acerca de las similitudes las que nos permite decir que X especie puede modelar a otra especie Y, entonces también es cierto que algún conocimiento generalmente aceptado nos permite decir que uno de los sexos (macho) es representativo del conjunto de una especie sexualmente dividida (machos y hembras).
En segundo lugar, sin tener en cuenta la perspectiva de las teorías que legitiman las prácticas experimentales y modelísticas, es decir, limitándonos al análisis del procedimiento modelístico como tal, podríamos pensar que la premisa "no hay diferencias relevantes entre machos y hembras (en las variables nómi-a492 camente importantes para tal o cual modelo)" es un proviso (Hempel, 1988), es decir, una presuposición o inferencia teórica no explícita pero esencial en explicaciones o predicciones dentro de esquemas nomológico-inferenciales (véase Díez, 2002).
Estas premisas que lidian con potenciales perturbaciones al sistema bajo estudio poseen un peso lógico importante dentro del razonamiento con leyes científicas y suelen no ser explicitadas debido a que el científico puede considerarlas obvias o directamente no tenerlas en cuenta.
En nuestro caso, podemos plantear que, una vez explicitado, el proviso para uno de los ejemplos del sesgo se formularía como "los testeos en animales demuestran que la droga X es segura para seres humanos siempre y cuando los animales macho sean suficientemente representativos tanto de humanos macho como hembra".
Estructuralmente la premisa "los animales macho son suficientemente representativos tanto de humanos macho como de hembra" funciona, en efecto, como un proviso (en cuanto a su función dentro de las explicaciones o predicciones).
No obstante, parece que la salvedad introducida por dicha premisa excede lo aceptable puesto que el sexo acarrea una serie de propiedades del modelo y de su target que son esenciales en la relación de representación, a diferencia de la temperatura alta en la teoría magnética, la cual funciona simplemente como factor perturbador.
Así pues, el sexo en el marco modelístico es más bien una variable relevante que sospechosamente no es explicitada.
Los trabajos científicos a los que hacen alusión Beery y Zucker (2011) no explicitan que el sexo del modelo animal sea irrelevante, simplemente operan como si así fuese.
Ahora bien, si la exclusión de las hembras no puede explicarse sin recurso a factores teóricos, pues ni es un error contingente ni es un proviso, queda identificar adecuadamente de qué tipo de presupuesto se trata.
Retomando el estudio de Beery y Zucker (2011), es notable que aquellos campos donde el sesgo es menor o inexistente son los relacionados con la reproducción.
Las diferencias entre machos y hembras parecen limitarse entonces a la función reproductiva.
Es igualmente notorio que entre los argumentos delineados para sostener que la exclusión es fundamentalmente correcta, se insista en las dificultades derivadas del ciclo hormonal femenino, es decir, de su función reproductiva.
Al menos desde Aristóteles, y bajo distintas formas a lo largo de más de 2.000 años de historia de la biología y de la filosofía de la naturaleza, se ha asumido que las diferencias entre machos y hembras tienen su sustrato en la dicotomía gonadal establecida por la función reproductiva (cf. Laqueur, 1994).
Tras el desarrollo de la genética, se introduce un eje más a la diferenciación sexual, constituyéndose así la visión estándar sobre la división sexual como una cadena causal de tres elementos: cromosomas (que determinan) gónadas (que determinan) rasgos sexuales secundarios.
Las diferencias sexuales se explican, entonces, con recurso al proceso de diferenciación lineal, siendo las diferencias vinculadas con la reproducción (eje gonadal) las fundamentales.
A esta concepción que coloca en el centro de las diferencias y de la diferenciación sexual a las estructuras y a la función reproductiva la llamamos gonadocéntrica.
Dicha concepción, además, considera que, siendo las diferencias exclusivamente reproductivas, es el macho quien representa a la especie en su conjunto y la hembra es una desviación respecto a la media.
Por tanto, la elección terminológica debida a Zuk ( 2002), male-model, capta adecuadamente el resultado modelístico y práctico de esta asunción gonadocéntrica.
Un ejemplo que refuerza esta idea es el hecho de que esta indistinción aparente permite modelar machos y hembras (humanos o de otra especie) con ejemplares macho, pero curiosamente, no permite modelar machos y hembras con ejemplares hembra.
El paso del gonadocentrismo a los modelos animales sesgados es ahora fácil de ver.
Si es cierto que las diferencias entre machos y hembras están restringidas a la función y a las estructuras reproductivas entonces, a menos que el modelo pertenezca a la biología reproductiva, los machos son representativos de la especie.
Los resultados obtenidos en modelos animales exclusivamente masculinos se extrapolan a hombres y mujeres por igual, teniendo en el peor de los casos que introducir factores de seguridad (Calabrese, 1985) vinculados a la carga hormonal diferencial y al dimorfismo de altura y peso promedio.
¿Acaso es correcto desde un punto de vista teórico aceptar el presupuesto gonadocéntrico?
LA TEORÍA OA: EL MOSAIQUISMO CONTRA EL SUPUESTO ONE-SEX
El supuesto teórico gonadocéntrico, hemos defendido, subyace a la asunción de que los machos son representativos de una especie, y que las diferencias entre machos y hembras quedan circunscritas a las funciones y a las estructuras reproductivas.
Este supuesto teórico explicaría los resultados arrojados por los ya mencionados estudios de Beery y Zucker (2011), Wizemann y Pardue (2001) y Wizemann (2012).
Ahora bien, podría sostenerse que el supuesto aquí señala-a492 do, independientemente de su grado de explicitación, no es un problema ni epistémico ni de otro tipo.
En el presente apartado intentaremos mostrar que el supuesto que legitima la exclusión de las hembras en la modelización animal es al menos sospechoso respecto de las teorías vigentes sobre las diferencias y la diferenciación sexual.
El célebre paper de 1959, Organizing Action of Prenatally Administered Testosterone Propionate on the Tissues Mediating Mating Behavior in the Female Guinea Pig de Charles Phoenix, Robert Goy, Arnold Gerall y William Young es usualmente considerado el hito fundacional de la hipótesis organizacional-activacional (OA) (véase Arnold, 2009; McCarthy y Arnold, 2011).
Si bien esto es discutible (como los propios autores reconocen al citar los trabajos previos de Vera Dantchakoff de 1938), lo que queda fuera de toda duda es que Organizing Action... es la primera confirmación experimental de la OA y la primera presentación relativamente sistemática y programática de la teoría, constituyendo la primera aplicación exitosa de dos ideas fundamentalmente rupturistas y programáticas respecto a las posiciones generalmente aceptadas en torno a la naturaleza de las diferencias y de la diferenciación sexual.
En primer lugar, el rol de las hormonas en la regulación (activación/inhibición) de conductas sexualmente dimórficas era algo bien conocido en el año 59.
De hecho, uno de los firmantes del artículo era Young, considerado generalmente el fundador, junto (pero independientemente) con Frank Beach (Beach y Holz, 1946; Beach, Noble y Orndoff, 1969; Young, Dempsey y Myers, 1935), de la endocrinología del comportamiento.
En efecto, desde los años 30, Young había mostrado el rol crucial que el estradiol y la progesterona juegan en la activación de las conductas reproductivas en las hembras.
Los resultados de 1959, no obstante, dieron apoyo a la idea que otorgaba a la acción hormonal un rol mucho más fundamental en la explicación de las conductas sexualmente dimórficas: cuando ocurren en períodos sensibles del desarrollo embrionario, las hormonas producen efectos organizacionales, es decir, permanentes cambios en las estructuras y funciones neurales responsables de las conductas sexuales.
El ejemplar paradigmático de este proceso es la reversión completa o parcial de las conductas reproductivas en roedores (monta en machos y lordosis en hembras) (Houtsmuller et al., 1994).
Ahora bien, los resultados del trabajo de Phoenix et al. (1959) sugieren no solo este rol dual de la acción hormonal en la diferenciación sexual sino que también indican que el soma o substrato sobre el que las hormonas actúan es el sistema nervioso central.
Al menos desde Aristóteles y su Reproducción de los animales (Sánchez, 1994), el eje sobre el que se asientan las diferencias sexuales era el gonadal.
Dado que machos y hembras existen como resultado de la necesidad de perpetuar la especie, y ser macho o hembra significa ser capaz de cumplir cierta función en el marco reproductivo, entonces las diferencias entre machos y hembras están determinadas por las estructuras que permiten la ejecución de dicha función.
Obviamente el desarrollo de la biología moderna, con particular énfasis en la endocrinología, permite una sofisticación del principio gonadal de la diferenciación: efectivamente las gónadas tienen un rol fundamental en las diferencias entre machos y hembras porque son las productoras de hormonas, fundamentales a su vez en el proceso de diferenciación, particularmente en la madurez sexual.
Posiciones explícitamente partidarias del gonadocentrismo pueden encontrarse hasta la década de los setenta del siglo pasado.
Frank Beach, en franca polémica con los proponentes de la OA, sostuvo durante toda su carrera que la acción organizacional y activacional de las hormonas en la diferenciación sexual tiene como sustrato el aparato reproductor y no el sistema nervioso central y no aceptó hasta 1975 que, al menos en determinados casos, las hormonas pueden producir cambios permanentes en las estructuras neurofisiológicas.
Informalmente la ley fundamental de la OA puede presentarse como sigue: Para toda conducta dimórfica en la especie, existen hormonas que durante el período organizacional determinan estructuras neurofisiológicas dimórficas y durante el periodo activacional determinan dichas conductas.
Ahora bien, como acabamos de mostrar, la OA es la teoría estándar para la diferenciación conductual en mamíferos.
De hecho, es notable que una de las subdisciplinas donde el sesgo es menor de acuerdo con Beery y Zucker (2011) es la de la biología del comportamiento.
Podría por tanto decirse en una primera instancia que el sesgo no contraviene ninguna de las teorías generalmente aceptadas, pues donde se ha mostrado suficientemente la relevancia de dichas diferencias es en el apartado conductual, permaneciendo lo demás inalterado respecto de la asunción gonadocéntrica.
Independientemente de si el explanandum de la OA se circunscribe al campo de las conductas dimór-a492 ficas, una de las consecuencias más interesantes de su aplicación en tanto programa científico es la búsqueda sistemática de estructuras neurofisiológicas que se corresponden con las conductas objeto de estudio (una buena síntesis de los resultados de dicha búsqueda puede encontrarse en Simerly, 2002).
Así mismo, y como se indica en la mayoría de los manuales de neurociencia (Fink, Pfaf y Levine, 2011), las diferencias halladas en el camino desde la OA exceden el plano fisiológico, pudiéndose encontrar diferencias notables en la neuroquímica, en la sensibilidad a ciertas enfermedades, etc. La OA, por tanto, constituye el primer capítulo de una ciencia de las diferencias sexuales y del proceso de diferenciación sexual, que cruza transdisciplinariamente la genética, la endocrinología, la neurociencia y la endocrinología.
Blanchard, Griebel y Blanchard (1995) muestran cómo los estudios preclínicos con modelos animales en el campo de la ansiedad y el pánico (enfermedades que afectan notablemente más a mujeres que a hombres) únicamente utilizan machos, dando lugar a un conocimiento superficial sobre los mecanismos neurocomportamentales de esta enfermedad.
Pero lo más peligroso es la incidencia del sesgo en las pruebas de fármacos: "[...] las curvas dosis-respuesta para mujeres pueden ser diferentes de aquellas para hombres, o incluso puede ser que algunas drogas sean más útiles o apropiadas para sujetos de un género que para el otro.
Si el efecto de un compuesto es afectado por (por ejemplo) las características hormonales del sujeto, esta información podría ser utilizada para mejorar el tratamiento tanto en hombres como mujeres, pero es más probable que tenga un impacto mayor en el segundo caso" (Blanchard et al., 1995, p.
Por otro lado, de las diez drogas retiradas del mercado por parte de la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos en el año 2001, siete de ellas presentaron evidencia de poseer un riesgo mayor para mujeres que para hombres (Drug Safety: Most Drugs Withdrawn in Recent Years Had Greater Health Risks for Women), entre las que se encontraban los supresores de apetito Pondimin y Redux, los antihistamínicos Seldane e Hismanal, la droga cardiovascular Posicor, el medicamento para la diabetes Rezulin y los fármacos para el tracto gastrointestinal Propulsid y Lotronex.
La neurocientífica de la Columbia University Rae Silver ha planteado que el motivo de la introducción de estos fármacos peligrosos en el mercado se debió al sesgo en los estudios preclínicos a partir de modelos animales (Wald y Wu, 2010).
En definitiva, parece que existe, por un lado, una teoría generalmente aceptada (mainstream) que invalida la modelización sexualmente sesgada y, por el otro, un presupuesto teórico que establece la representatividad de los machos sobre el total de la especie (modelo y modelada).
El hecho de que esta teoría aceptada no sea considerada en la práctica modelística parece sostenerse únicamente en decisiones de corte pragmático como las que según Giere (2010) sostienen a la tríada que da fundamento a la modelización (sistema objetivo, modelo, agente) al direccionar, como mencionamos en la primera sección, los elementos del modelo hacia el sistema objetivo.
Si bien no es materia de este trabajo profundizar en ello, dichos elementos pragmáticos parecen vincularse con las razones externas y metodológicas que señalábamos en ese apartado, y presumiblemente con otros componentes volicionales de corte ideológico.
Todo lo argumentado hasta aquí hace razonable y precautorio la defensa de un cambio en el supuesto teórico que subyace al sesgo.
Dicho cambio implica, por supuesto, la aceptación de una perspectiva donde el sexo es mucho más relevante de lo que se sostiene hasta ahora.
Las hembras deben tener su lugar como objeto de la investigación científica, no solo por razones epistémicas, sino también para evitar los mencionados resultados dañinos en el ámbito social que se han dado como producto de dicha exclusión.
El presente trabajo constituye la primera aproximación filosófica a la problemática del sesgo sexual en modelos animales.
Hemos mostrado suficientemente que el sesgo tiene una dimensión teórica que no puede ser escamoteada con recurso a cuestiones enteramente metodológicas y económicas.
Hemos defendido además que el presupuesto general que subyace a la exclusión de las hembras en el diseño de modelos animales es gonadocéntrico y sesgado, y que contraviene a la visión mosaico y compleja que la contemporánea biología sostiene respecto de la diferenciación sexual.
En este sentido, hemos presentado sucintamente la OA y el programa científico resultante como contraejemplo flagrante del principio gonadocéntrico y del sesgo.
Creemos que la labor filosófica sobre la ciencia no solo responde a intereses intrínsecos a la disciplina sino que puede realizar aportaciones relevantes a la actividad científica y sus resultados, no siempre estrictamente epistémicos.
En este sentido, el sesgo aquí analizado se ha mostrado no solo sospechoso en términos cognoscitivos, sino también en términos a492 sociales: algunas de las drogas retiradas del mercado estadounidense por su riesgo incrementado en mujeres, como por ejemplo el antihistamínico Seldane, han sido causa de muertes (al menos ocho, según el New York Times, 1997, 17 de enero).
Obviamente hemos dejado para más adelante sustantivos problemas metateóricos que la cuestión suscita.
Principalmente nuestra caracterización del gonadocentrismo demanda una revisión de las historias de la diferenciación sexual hoy en día canónicas, primordialmente debidas a Thomas Laqueur (1994).
De acuerdo con Laqueur, la aparición de un marco conceptual que concibe a machos y hembras como constitutivamente diferentes nace al final de la ilustración, reemplazando al one-sex-model, que establece que las hembras son versiones imperfectas de los machos, y que habría caracterizado al pensamiento clásico sobre lo vivo, con particular importancia en Aristóteles y Galeno (Connel, 2000).
Lo que aquí estamos afirmando se contrapone con lo anterior en que las investigaciones en ciencias de la vida a partir de modelos animales parecen perpetuar el one-sexmodel pre-ilustración, en contraposición al two-sexmodel moderno sugerido por Laqueur, cuya postura en consecuencia debiera ser matizada.
Finalmente, una perspectiva analítica que se abre es la de entender en qué sentido preciso se vinculan el androcentrismo tal y como es denunciado en la tradición epistemológica feminista con el sesgo en los modelos animales. |
En este trabajo se analiza la relación histórica que existe entre los derechos humanos y el desarrollo del trabajo social, abordando las implicaciones que tiene el enfoque de los derechos en la profesión y su papel en la defensa y promoción de los derechos humanos.
Para ello, se utiliza como método la revisión y discusión de la bibliografía científica -en los ámbitos de la teoría de los derechos humanos y de la historia del trabajo social-y de las recientes investigaciones que evidencian la aplicación de este enfoque en la intervención social contemporánea en el ámbito internacional.
Este análisis permite ofrecer una serie de motivos para incorporar un enfoque crítico de los derechos en la intervención social, así como reafirmar la alianza que existe entre el trabajo social y los derechos humanos en torno a un objetivo común: la promoción del bienestar social.
El trabajo social es una profesión que ha construido su identidad y se ha desarrollado sobre la base de una serie de principios éticos que integran las diversas definiciones de la profesión, su misión y sus códigos deontológicos en todo el mundo y se han venido erigiendo a la luz de los cambios sociales, así como de los principales conflictos y dilemas que los profesionales deben afrontar y resolver en el curso de su intervención (Ballestero, Úriz y Viscarret, 2012).
La ética es una dimensión inherente a la teoría y a la práctica del trabajo social; dentro de ella los derechos humanos ocupan un lugar esencial, uniendo a esta dimensión ética lo político, dado que estos se orientan al bien común de la sociedad, erigiéndose como una garantía y marco necesario de convivencia social, al controlar el abuso de poder en las sociedades altamente organizadas (Bobbio, 1991; Maritain, 2002; Russell, 1984).
Hay bastante consenso en que los principios del trabajo social en la actualidad se pueden sintetizar en el respeto y promoción de los derechos de individuos, grupos y comunidades -lo cual incluye la autonomía-, la igualdad (Salcedo Megales, 2010), así como el respeto a la dignidad de las personas, la promoción del bienestar (Banks, 2012) y la justicia social (Banks, 2012; Salcedo Megales, 2010), todos ellos indiscutiblemente ligados a los derechos que proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) (Trenkwalder-Egger, 2011).
El concepto de bienestar nos interesa especialmente, pues requiere la realización de todos los demás derechos e implica garantizar la calidad de vida de las personas (Salcedo Megales, 1998) y el beneficio de la sociedad.
Para ello son necesarios no solo derechos relacionados con la libertad, la igualdad o la vida, sino también un sólido marco de derechos sociales -o provisiones mínimas (Griffin, 2009)-que lo hagan efectivo.
La noción de bienestar, así, se despliega en dos sentidos: el social y el individual.
El primero supone la participación en la provisión de los recursos de los individuos y grupos que integran una sociedad (Bermejo Escobar, 2002); el segundo (individual) dependerá de los objetivos de la persona para realizar una vida buena y se concretará cuando estos puedan ser elegidos sin coerción y conseguidos sin obstáculos.
Ello exige la realización efectiva de la autonomía de la persona, esto es, de condiciones de libertad positiva y negativa, e igualdad material y formal.
Como señala Webb (2010) el concepto de bienestar es una construcción central que está detrás de muchos de los supuestos que sustentan la exclusión social y la injusticia.
La concreción del bienestar requiere no solo del disfrute de derechos civiles y políticos sino también de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, evidenciándose con ello la pertinencia y la necesidad de los principios de indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos.
LA PROBLEMATIZACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Y SU INCIDENCIA EN EL TRABAJO SOCIAL
Al hablar de derechos humanos debemos emprender la compleja tarea de abordar su conceptualización, cuyos debates aún están lejos de ser zanjados.
Aunque ninguna definición puede considerarse absolutamente exhaustiva ni resolver el debate de los derechos humanos, es necesario disponer de unas nociones mínimas para poder saber de qué hablamos cuando exigimos que estos se respeten o se quieran emprender nuevas demandas (Angulo López, 2015).
Existen dos grandes perspectivas interconectadas, la jurídica y la moral, aunque lo cierto es que también existe una división entre quienes defienden -con múltiples argumentos-que el derecho y la moral están relacionados y quienes creen que no; entre los primeros los argumentos que se esgrimen son que ambas se condicionan mutuamente o que, a fin de cuentas, ambas son sistemas de control social (Nino, 2013); para quienes afirman que no hay relación alguna, sus justificaciones se basan en el carácter científico del derecho (perspectiva positivista), según el cual las normas constituyen hechos que no requieren de ninguna justificación moral para su aplicación (Nino, 2013).
En el ámbito de los derechos humanos, estas normas se materializarán en los diversos instrumentos surgidos tras la Declaración Universal de Derechos Humanos.
A partir de esta "la protección de los derechos naturales tiende a tener en sí misma eficacia jurídica y valor universal" (Bobbio, 1991, p.
39), por lo cual ha surgido la necesidad de analizar los derechos humanos en su vertiente moral, desde los ámbitos filosófico, político y social, analizando sus fundamentos, su legitimidad y su incidencia en la sociedad.
Cualquiera que sea la disciplina desde la que se aborden estas cuestiones, encontraremos posturas bastantes divergentes.
De acuerdo con Nino (1989) en un primer momento se suele identificar a los derechos humanos, desde una concepción positivista, con las situaciones normativas pactadas en el derecho positivo internacional, regional y local; así los derechos humanos serían un tipo de derechos jurídicos, un conjunto de normas y acuerdos que pactan los estados y que se comprometen a respetar y promover en el ámbito de su sobe-a493 ranía, bajo el amparo y supervisión de ciertas organizaciones internacionales, como por ejemplo Naciones Unidas (NU).
Sin embargo, en los contextos en que la noción de los derechos humanos es fundamental para cuestionar la legislación, las instituciones o ciertas acciones por parte de quienes detentan el poder, los derechos humanos se suelen identificar con una cuestión que supera las normas jurídicas, llevando a muchos teóricos a sostener que no tienen su origen en un sistema jurídico sino en un derecho natural, situándose en la posición iusnaturalista.
A partir de dicha concepción, la primera cuestión que surge es la de concretar qué es un derecho humano, qué bien protege y en qué se fundamenta dicha protección, pues no todos los derechos son humanos, aunque en la realidad solo los humanos podamos ejercer derechos.
La concepción iusnaturalista ha inspirado los principales documentos liberales que han cimentado las bases de la declaración del 48, y que podemos apreciar claramente en su definición de derechos humanos como derechos que las personas tienen solo por el hecho de ser personas, convirtiéndose en la definición más extendida -aunque tautológica- (Beydili y Yildirim, 2013; Levin, 1998; Healy, 2008; Murdach, 2011; Sánchez Rubio, 2015; Teng, 2013).
Aquí, el fundamento se encuentra en la noción de dignidad humana, que es inherente a todos los seres humanos.
Las dificultades surgen al intentar ofrecer una caracterización definitiva de lo que se entiende por ser humano o persona (Griffin, 2009; Nino, 1989) ¿Se hará sobre la base de cualidades moralmente relevantes, como la racionalidad o la autodeterminación en sentido kantiano, que a fin de cuentas son variables entre los individuos?
¿Se hará sobre rasgos biológicos básicos, con el consecuente riesgo de caer en un determinismo biológico/genético?
No obstante, la dignidad humana es en la actualidad el elemento más importante del discurso de los derechos humanos y de la toma de decisiones judiciales, y "constituye la «fuente» moral de la que todos los derechos fundamentales derivan su sustento" (Habermas, 2010, p.
Los derechos se conciben como una protección a esa dignidad, lo cual garantiza una potencial conexión con algunos principios como el respeto a las personas, su inviolabilidad, y los límites en la consecución del bien común.
La dignidad, como principal fundamento de los derechos humanos, es un concepto muy potente al reconocer el valor de las personas y, aunque con diversas denominaciones, se puede hallar prácticamente en todas las culturas y civilizaciones, religiones y tradiciones filosóficas (Levin, 1998; Lora, 2006); hunde sus raíces en las primeras formas de socialización humana y ha venido evolucionando a lo largo de la historia, tomando diferentes matices.
Otros desarrollos teóricos (en contraposición al positivismo) como las teorías utilitaristas, constructivistas y las críticas, amplían los derechos humanos al plano moral o político; estos se conciben como un referente ético orientado al bien común, como un marco que orienta nuestra conducta y una herramienta imprescindible para proteger a la humanidad.
Si bien excede el objetivo de este trabajo y no disponemos del espacio para desarrollarlas en profundidad todas sus derivaciones, procuraremos presentar sus rasgos esenciales.
Para los enfoques utilitaristas, que son teleológicos, los derechos humanos tienen que ver con alcanzar el bienestar general, pues todos los individuos (o al menos el máximo posible) estaríamos mejor si se protegen ciertos derechos, para lo cual este enfoque requeriría, eso sí, de la mayor armonía posible entre los intereses individuales y los del resto de la sociedad (Álvarez, 2009).
En contraste, en las teorías deontológicas / anti utilitaristas, de inspiración kantiana y tradición iusnaturalista, los individuos son fines en sí mismos y no pueden constituir medios o ser sacrificados para alcanzar otros fines -como los sociales-; el problema surge cuando sobre la base de estos imperativos algunos autores liberales radicales justifican la idoneidad del estado mínimo y por ende la negación de derechos sociales o colectivos porque perjudican los derechos de las personas individuales (Álvarez, 2009; Segovia, 2015): si una persona tiene un derecho, el estado no se lo puede negar, aunque ello fuese para favorecer el interés general (Álvarez, 2009).
Así, entre una posición deontológica radical (liberalismo conservador) y un utilitarismo como el de S. Mill (liberalismo igualitario) en base a este último, al menos, se pueden justificar los derechos sociales e intervenciones políticas como la distribución de la renta.
En un punto intermedio, las teorías constructivistas intentan articular argumentos de peso para fundamentar la adopción de algunos principios morales que legitimen los derechos humanos.
Si bien se reconoce que estos derechos son instrumentos creados por las personas, Nino (1989) subraya que esto no excluye su trascendencia para la vida social, pues protegen bienes de importancia fundamental para sus titulares; son a la vez norma jurídica y norma moral porque tienen la función de reducir conflictos y favorecer la cooperación social, para lo cual dependerán de las convicciones morales de las personas, pues sin ellas el derecho solo proporcionaría razones pruden-a493 ciales para actuar o no; con ello se busca una convergencia entre acciones y actitudes mediante la libre aceptación de sus principios.
En el seno de las teorías críticas, por su objetivo emancipatorio, y en concreto entre las teorías consensualistas, se esgrime que lo primordial es el consenso social en la aceptación de los principios de los derechos humanos; la diferencia entre estas posiciones y las constructivistas radica en los argumentos que en ambas se esgrimen como justificación de dicha fundamentación; en las primeras se sitúan más en lo ético, mientras que en las segundas se ubican en lo político.
Entre estas últimas, Habermas, en su ética discursiva, analiza la fundamentación de la moral desvinculándola de sus elementos religiosos ( 2004); aplica la teoría de la acción comunicativa al derecho, planteando que la validez de todas las normas depende de la formación discursiva de la voluntad colectiva, en una situación bien concreta: una situación ideal de habla, donde serán admitidas solo aquellas regulaciones que sirvan al interés de todos los sujetos por igual (Habermas, 2000); en dicho proceso, el derecho ha de constituir el medio para construir órdenes políticos justos, asentados en la noción de la dignidad humana (Habermas, 2010).
Por último, dentro de las corrientes críticas es ineludible mencionar a Sousa quien, atribuye el fracaso de la promesa emancipadora de los derechos humanos del pensamiento crítico eurocéntrico a haber ignorado o no sabido valorar las demandas de otros grupos y movimientos no occidentales; dichas demandas excedieron los límites del pensamiento hegemónico occidental, excluyendo las experiencias y saberes de grupos históricamente marginados en la lógica capitalista y colonial (Sousa, 2010).
Para superar este conflicto, el autor propone una epistemología basada en la "ecología de saberes" (p.
49) y la traducción intercultural, presentando una alternativa poscolonial a la concepción de los derechos humanos; una alternativa que cree posibilidades reales de resistencia, pues el concepto de universalidad de los derechos humanos ha venido siendo interpretado y aplicado de manera estrecha y sesgada, dejando fuera de la posibilidad de disfrutar de los supuestos derechos universales a millones de personas alrededor del mundo (Sánchez Rubio, 2015).
Otros reparos, también manifestados desde enfoques críticos, apuntan a las políticas sobre derechos establecidas por algunos Organismos de NU, como por ejemplo el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, sustentadas en la retórica de los derechos humanos pero que contradictoriamente la manipulan para legitimar políticas abusivas, o el Conse-jo de Seguridad que representa los intereses de los países más poderosos del mundo, cuyas decisiones e intervenciones militares han ocasionado graves catástrofes humanitarias en conflictos y guerras como en Darfur, Kosovo, Ruanda, Somalia o Timor (Habermas, 2010; Rubio Carracedo, 2000).
Así mismo, cabe mencionar otras políticas públicas igualmente nocivas, en nombre del desarrollo, que bajo los lineamientos de NU, subvencionan la empresa de la cooperación al desarrollo que promueve un modelo que, lejos de favorecer transformaciones sociales orientadas a la emancipación de las personas y a la justicia social, reafirma la lógica colonial y neoliberal.
Todas estas contradicciones se consideran gravísimas, en tanto contribuyen a deslegitimar los estándares morales de los derechos humanos y a "confirmar la sospecha de que el programa de los derechos humanos consiste justamente en su abuso imperialista" (Habermas, 2010, p.
A este respecto, los trabajadores sociales debemos ser cuidadosos con el enfoque de los derechos humanos (EnDH) que adoptemos; no cualquier lineamiento político basado en la retórica de los derechos humanos nos vale, solo un enfoque crítico, aquel que apunte a un cambio estructural de las relaciones de poder y distribución de los recursos.
El enfoque de los derechos humanos en su concepción crítica es un enfoque ético, político y práctico cuyo objetivo es remover los obstáculos en el disfrute de los derechos de las personas y colectivos, con la finalidad de promover su emancipación; a largo plazo, se pretende el cambio estructural de las relaciones hegemónicas de poder, incrementadas por la lógica neoliberal.
Este enfoque requiere el compromiso con prácticas que promuevan la dignidad de las personas y la justicia social, considerando los mecanismos de opresión, violencia y discriminación que operan en la realidad.
Pese a que todas las denuncias elevadas desde las teorías críticas son muy ciertas, tampoco debemos permitir que sean instrumentalizadas para opacar la trascendencia social de los derechos humanos, negando las conquistas históricas y su posibilidad de realización progresiva, desfavoreciendo en última instancia a los sujetos y grupos más oprimidos, pues quienes detentan el poder político y económico ya los tienen de sobra garantizados.
Los documentos e instrumentos que han ido desarrollando otros organismos de NU en el marco de los pactos de los 60 y sus protocolos facultativos, han ampliado el catálogo de derechos de la DUDH a sujetos y colectivos que antes estaban marginados por la lógica androcéntrica hegemónica, porque su pensamiento no era universal, abstracto ni objetivo (como lo requería la tradicional a493 concepción del derecho), como es el caso de niños, mujeres, indígenas, afrodescendientes... la diversidad que se apartaba del hombre blanco, heterosexual y rico, que requirieron declaraciones particulares para poder demostrar que ellos también eran seres humanos y sujetos de dichos derechos.
Aunque igualmente es cierto que, aun cuando hoy tienen derechos especialmente reconocidos, siguen siendo los más afectados por sus violaciones y falta de garantías.
Estos son los sujetos y grupos con los que el trabajo social ha venido interviniendo históricamente a diario, de ahí que la aportación de las teorías críticas sea indispensable en nuestra profesión.
Los avances normativos y políticos no son perfectos ni definitivos, pues han nacido en un momento histórico concreto, por lo cual son susceptibles de correcciones; en este sentido los avances en la esfera jurídica, el derecho internacional de los derechos humanos, sí ofrecen un panorama más aceptable (Rubio Carracedo, 2000), sobre todo apreciable en la jurisprudencia, en el ámbito regional (el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos o la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos) y local, que ha venido cumpliendo con una importante función de adaptación de estos derechos a la pluralidad cultural, e incorporando nuevas soluciones a nuevas demandas que surgen con el avance de las sociedades.
Como señala Habermas (2010) debido a su carácter abstracto, los derechos humanos necesitan ser especificados en términos concretos en cada caso particular, en contextos culturales diferentes, donde legisladores y jueces suelen llegar a resultados diferentes, como por ejemplo al regular asuntos controvertidos que van surgiendo con el avance de las tecnologías y de la propia sociedad (como el suicidio asistido, el aborto o las técnicas de reproducción asistida); sin unos conceptos legales universales, sería imposible la negociación de acuerdos.
En ese sentido, Fuentes, Provost y Walker (2014) reconocen que la ambigüedad de la DUDH ha sido útil para el desarrollo de la pluralidad en la legislación nacional y regional.
De acuerdo con estos autores, el pluralismo legal ofrece un enfoque que se centra en el proceso en el que las comunidades hacen suyas las normas de derechos humanos y las transforman para reflejar sus identidades y aspiraciones específicas; así, los derechos humanos se pluralizan y se cargan de nuevo significado fuera del aparato formal, en las relaciones, deberes y obligaciones de la comunidad.
Sin negar los avances ni renunciar a los derechos conquistados, pero reconociendo sus deficiencias, se requiere una universalidad que reconozca la diversidad y pluralidad de los seres humanos, respetando las particularidades culturales -y no solo sus expresiones dominantes- (Exebarria, 1998; Exebarria, 2002) y las diversas concepciones que tienen las personas sobre su dignidad y bienestar.
Los derechos humanos, cada vez más, se están considerando un constructo moral transcultural, que puede coexistir en diferentes culturas al concernir al valor de las personas (Figueiredo, 2013) y que debe existir independientemente de la forma que adopten en una determinada jurisdicción.
Esta idea, que en términos generales contrastaría con el tradicional universalismo a priori (iusnaturalismo), apela a un universalismo construido, consensuado interculturalmente, basado en la búsqueda del bienestar de la humanidad; idea presente en el pensamiento de diversos autores quienes le asignan diferentes denominaciones: hermenéutica diatópica (Sousa, 2003), universalismo justificatorio (Benhabib, 2008), universalismo de la confluencia (Figueiredo, 2013) o consenso cosmopolita (Al-Daraweesh y Snauwaert, 2013).
Como advierte Perez Luño "el derecho a la diferencia no puede servir de cómoda coartada" para negar los derechos humanos, transformándose en un "derecho a la indiferencia" (1998, p.
104); el universalismo no tiene por qué estar reñido con el pluralismo (Rubio Carracedo, 2000); así entendido, el universalismo defiende un mínimo ético irreductible (Exebarria, 1998; Exebarria, 2002), incluso si se discute el alcance de dicho mínimo y los derechos que contendría.
LA RELACIÓN ENTRE EL TRABAJO SOCIAL Y LOS DERECHOS HUMANOS
Además de la conocida dimensión discursiva sobre el cometido del trabajo social con los derechos humanos, promovida desde marcos institucionales profesionales a nivel internacional y sus lineamientos, como la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS), la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social (AIETS), o el Consejo Internacional de Bienestar Social (CIBS), podemos identificar otra dimensión fáctica, habitualmente poco reseñada.
El trabajo social como disciplina y profesión ocupa un lugar privilegiado para actuar a favor de los derechos humanos, puesto que no solo cuenta con la capacidad de teorizar, sino también de llevar dichas teorías a la práctica, tendiendo puentes entre ambas dimensiones, pues como señala Salcedo Megales (2010), está legitimada como profesión para intervenir con la comunidad en la consecución de su bienestar, pudiendo además difundir y promover directamente ciertos valores en la sociedad.
Aun cuando hay un amplio consenso en reconocer la estrecha relación entre el trabajo social y los derechos humanos (Chen, Tung y Tang, 2014; Cordero Ramos, Palacios Esteban y Fernández Martín, 2006; Duarte, 2014; Flagler y Mita, 2003; Hawkins, 2009; Healy, 2008; Ife, 2001), considerándola incluso una profesión de derechos humanos, algunos autores se muestran reticentes a esta idea.
A partir de los 60, se comienza a criticar la función de control social ejercida por los trabajadores sociales en el marco de las instituciones donde trabajaban (Murdach, 2011).
En esta línea, es bien conocida la crítica foucaultiana que señala que el trabajo social siempre ha cumplido una función de vigilancia/corrección bajo la cual una de sus actuaciones es la de inculcar una serie de valores burgueses que terminaban beneficiando a la burguesía (Foucault, 2000).
Otras críticas, si bien reconocen que en un principio su cometido era promover y defender los derechos humanos, apuntan a que ahora se ha alejado de esa misión original, la cual se ha desvanecido en la búsqueda de la seguridad de su práctica profesional y financiera (Murdach, 2011), así como en la consolidación de su estatus académico (Zamanillo, 2011).
Así mismo, las críticas feministas aluden a que las fundadoras de la profesión crearon políticas que negaban los derechos humanos de las mujeres y reforzaban la ideología patriarcal, definiendo estrechamente una moral familiar que excluía los derechos de las parejas y agrupaciones no tradicionales (Murdach, 2011).
Por su parte, Dominelli (2010) señala que el trabajo social forjado en el estado-nación, especialmente en Europa, empezó a cultivar proyectos que parecían difundir mensajes sobre la superioridad de la cultura occidental: en el tiempo de la colonización contribuyó a prácticas opresivas, inhumanas, injustas y a procesos coercitivos, por ejemplo en Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica, donde se buscaba asimilar a los nativos con la cultura occidental.
Lamentablemente este tipo de prácticas han seguido ejerciéndose hasta hace poco en contextos migratorios, multirraciales o multiculturales, como en el caso de Estados Unidos o Francia.
Si bien el trabajo social colonizador y el moralizador, heredados de las prácticas caritativas y filantrópicas, son ejemplos de actuaciones contrarias a los derechos humanos, tras la II Guerra Mundial las trabajadoras sociales (así como otras activistas de los nuevos movimientos sociales) empiezan cada vez más a adoptar el discurso de los derechos humanos y a concebir a las personas como sujetos de derechos de bienestar y al estado como un garante de dichos derechos (Dominelli, 2010).
Una relación histórica y vigente
Pese a las críticas que cuestionan el compromiso del trabajo social con los derechos humanos, los preceptos y valores de estos son en la actualidad un componente fundamental de la identidad profesional, la cual se ha ido forjando a lo largo de la historia no sin errores ni tropiezos.
Como señala Witkin (1998), los problemas que afronta no se pueden separar de la preocupación por los derechos humanos, pues dichos problemas son síntomas de un orden social que está fallando.
Como atención profesionalizada, aparece junto con el fenómeno de la industrialización en el marco de la sociedad capitalista, desarrollándose a finales del siglo XIX, con el objeto de lidiar con los problemas sociales que emergieron con la cuestión social.
En un comienzo se consolidó con las iniciativas filantrópicas pero pronto se convirtió en un impulso para las mujeres de clase media que tuvieron un rol decisivo en el desarrollo de la profesionalización, generando instrumentos para la intervención social y proveyendo de personal al emergente estado de bienestar (Dominelli, 2010).
En dicho marco, existen bastantes evidencias de su ánimo de colaboración con los derechos humanos para dar respuesta a los problemas sociales (Healy, 2008; Human rights and social work; Lundy y van Wormer, 2007).
A inicios del siglo XX, en el contexto de la Liga de Naciones y de la Organización Internacional del Trabajo, nacieron las primeras organizaciones de bienestar tales como la Conferencia Internacional de Bienestar Social, el Comité Internacional de Escuelas de Trabajo Social y el Secretariado Internacional Permanente de Trabajadores Sociales, organización que más tarde se convertiría en la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS), que centraron su atención en establecer una serie de principios que sustentaran la práctica profesional, estrechamente vinculados con los principios de los derechos humanos, desarrollándolos gradualmente en los códigos de ética profesionales (Human rights and social work).
Tras la II Guerra Mundial, cuyas consecuencias motivaron la proclamación de la DUDH, se generó un nuevo marco de cooperación internacional que también impactó al trabajo social, promoviendo el surgimiento de una visión global de la solidaridad en el ámbito de la profesión pero, en todo caso, la FITS no declarará hasta 1988 (40 años después) que el trabajo social ha sido desde siempre una profesión de derechos huma-a493 nos (Androff, 2016; Chen, Tung y Tang, 2014; Healy, 2008; Human rights and social work; Ife, 2012).
Mucho antes de la DUDH, en los años 20, algunas pioneras del trabajo social ya estaban involucradas en movimientos de defensa de los derechos humanos y por la paz, entre ellas, por ejemplo, Sophonisba Breckinridge (Estados Unidos, 1866-1948) participó en la Delegación de Mujeres para la Paz en La Haya y en el Movimiento Internacional de Bienestar de la Infancia en los años 20, promoviendo también derechos y un trato humanitario para las personas en prisión.
Julia Lathrop (Estados Unidos, 1858-1932) y Grace Abbott (Estados Unidos, 1878-1939) participaron en Comités de la Liga de Naciones; Abbott, además, fue la primera delegada de Estados Unidos en la Organización Internacional del Trabajo.
Eglantyne Jebb (Reino Unido, 1876-1928) redactó la primera Declaración de los derechos del niño en 1923, adoptada por la Liga de Naciones como la Declaración de Génova.
Alice Salomon (Alemania, 1872(Alemania, -1948)), madre del trabajo social en Alemania, fue la primera presidenta de la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social y una defensora de los derechos de las mujeres; escribió su tesis doctoral sobre inequidad de salarios entre hombres y mujeres y a principios del siglo XX trabajó en movimientos para la paz y el desarme.
Bertha Reynolds (Estados Unidos, 1887-1978) abogó, en los años 40, por la preservación los derechos civiles en Estados Unidos, en la Conferencia Nacional de Trabajo Social de dicho país, haciendo una llamada a los trabajadores sociales a unir esfuerzos en la defensa de los derechos humanos y de la paz (Healy, 2008).
Pero sin duda una de las figuras más relevante e influyente en dicho campo por su compromiso social y político, fue Jane Adams (Estados Unidos, 1860-1935).
Pionera del trabajo social y de la escuela sociológica de Chicago, reformista social, educadora, feminista y reconocida por su activismo por la paz, por lo que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1931.
Autodefinida como una ciudadana del mundo, se opuso firmemente a la I Guerra Mundial liderando el movimiento de mujeres por la paz; abogó por la defensa de los derechos de sujetos históricamente marginados, ayudando a organizar una serie de organizaciones de derechos humanos en el ámbito nacional e internacional, tales como la Unión Americana de Libertades Civiles, la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color y la Liga Internacional de Mujeres para la Paz y la Libertad (Androff, 2016; Healy, 2008; Lundy y van Wormer 2007; Miranda, 2014).
No obstante, el legado que más impacto tuvo para el trabajo social, en con-creto para el trabajo social con grupos y comunitario, más cercanos a los desarrollos del trabajo social crítico, fue su labor en los Settlements houses; importó, secularizándolo, dicho modelo de intervención social comunitaria desde el Reino Unido a Estados Unidos, fundando en 1889 la Hull-House de Chicago (Miranda, 2014); allí se defendía la reforma social a la vez que, desde una perspectiva integral, se ofrecían una serie de servicios a la comunidad, dirigidos a diferentes grupos de personas, manteniendo una gran sensibilidad hacia los factores culturales y de clase (Miranda Aranda, 2003).
Por ejemplo, entre sus actividades se ofrecían clases de ciudadanía, lo cual contribuía a asentar valores democráticos y de emancipación obrera ante la opresión de las industrias a inicios del siglo XX (Adams, 1916(Adams, /2014)).
En la actualidad cada vez son más abundantes en la bibliografía internacional las experiencias sobre la aplicación de los derechos humanos en las interven-a493 ciones sociales con diversos colectivos, en ámbitos variados (Cubillos-Vega, 2017), algunos de los cuales resaltan la importancia de la traducción cultural o indigenización de sus principios para la práctica profesional en entornos no occidentales (Allegritti y Gray, 2005; Calma y Priday, 2011).
Así, estas experiencias ilustran el impacto de dichas intervenciones en el bienestar social y en la realización de los objetivos de los derechos humanos, contribuyendo a su promoción, en cuyo marco el trabajo social ha constituido un puente para realizarlos y defenderlos.
En dicho contexto, los estudios abordan intervenciones con colectivos históricamente marginados: personas refugiadas, adultas mayores con enfermedad mental o diversidad funcional, afroamericanas, migrantes, niños y jóvenes, minorías étnicas y víctimas de violaciones de derechos humanos, en ámbitos donde el respeto a los derechos humanos es esencial: salud, violencia de género, políticas públicas, penitenciarías y sistema de justicia, residencias, ámbito religioso y espiritual, trabajo con comunidades, y comisiones de reconciliación y verdad (Androff, 2010; Calma y Priday, 2011; Cemlyn, 2006; Critelli, 2010; Fenton, 2013; Hunt, 2004; Jewell, Collins, Gargotto y Dishon, 2009; Mooradian, 2012; Lombard, 2005; Lundy y van Wormer, 2007; Maschi et al., 2014; Nadkarni, 2008; Nelson, Price y Zubrzycki, 2014; Noyoo, 2004; Prasad, 2015).
Un estudio que ilustra vías para conciliar el universalismo con el respeto de la cultura local es la investigación de Chan Ko Ling en 1997, trabajador social de la Universidad de Hong Kong (Engle, 2014).
Su investigación se sitúa en el campo de la vernacularización de los principios de los derechos humanos en el área de violencia de género.
El objetivo fue desarrollar un programa de tratamiento de agresores, diseñado en Estados Unidos, adaptándolo a los valores de la masculinidad china con el fin de ayudar a los trabajadores sociales a entender la dificultad de los hombres para hablar de sus problemas con la violencia; sugiriendo así una estrategia culturalmente más apropiada para intervenir con estos.
Cuando los hombres se negaban a hablar de su violencia en los programas norteamericanos, ello se interpretaba como una justificación, negación y minimización de la violencia, pero al reconocer las historias de estos sujetos en sus propios términos, incluyendo conceptos tradicionales de su cultura sin juzgarles, ello les motivaba a hablar.
Como señala Engle (2014) Chan explora las tradiciones confucianas, taoístas y budistas de la vida familiar, realzando la importancia del concepto de yi o la rectitud para iniciar la intervención.
Este es un ejemplo de implementación trasnacional de un programa adaptándolo al contenido cultural local, manteniendo la estructura, los objetivos y los métodos, pero indigenizando el contenido sustantivo (los valores e ideas sobre masculinidad y normas de relaciones maritales).
En este trabajo se han presentado argumentos para afirmar que los derechos humanos constituyen la base ética y política del trabajo social, así como evidencias de su incorporación en la práctica, desde sus orígenes hasta el presente.
Aunque ello no ha estado exento de conflictos que nos desafían a conocer mejor el significado de los derechos humanos, para debatir sobre su alcance y límites.
Algunos trabajadores sociales suelen sospechar de los derechos humanos aludiendo a su componente utópico al ser insustanciales e imposibles de cumplir, y que no poseen la capacidad para impedir que quienes ostentan el poder los violen o manipulen.
Esta crítica parece fundarse en la frustración, producto del desconocimiento de los derechos humanos y de una escasa reflexión sobre las potentes razones que tiene el trabajo social para incorporarlos en su actuación profesional; Freire (2012) señala que "los oprimidos difícilmente luchan y ni siquiera confían en sí mismos.
Tienen una creencia difusa, mágica, en la invulnerabilidad del opresor.
44), así, cuando la injusticia social y la violencia estructural se conciben como cuestiones invencibles, se acaba paralizando cualquier intento por resistirlas y superarlas.
No podemos olvidar que los derechos humanos son conquistas sociales situadas en procesos de lucha por la emancipación, demandada por personas y grupos en diversos entornos y momentos históricos; hoy el trabajo social puede continuar desempeñando un rol preponderante en la construcción de la historia, contribuyendo a su protección y difusión, resistiéndose a las prácticas opresivas y apoyando a los movimientos y luchas sociales de la sociedad civil, que son el motor principal para el surgimiento y reivindicación de tales derechos (Habermas, 2010; Sánchez Rubio, 2015).
Hay fuertes motivos para incorporar el enfoque crítico de los derechos humanos en la práctica y en la formación académica.
Los derechos humanos forman parte de la identidad profesional y de su historia; el trabajo social, como disciplina, no puede permanecer indiferente a las injusticias y desigualdades sociales reconocidas como violaciones de derechos humanos; como profesión orientada al bienestar social, sus intervenciones tendrán un alto impacto en la mejora de la calidad de vida tanto en el ámbito individual a493 como en el colectivo, y por ende en la realización de los objetivos de los derechos humanos.
Además, sus profesionales ocupan un lugar privilegiado dentro de las instituciones de bienestar -los servicios sociales-y cuentan con la legitimidad social para vigilar el respeto de los derechos humanos allí donde trabajen y para planificar acciones que hagan efectiva su aplicación, promoviendo la autonomía y emancipación de las personas a quienes sirven.
El trabajo social constituye una profesión "puente" entre la promoción y defensa de los derechos de las personas y grupos y el estado, entre las políticas sociales y las instituciones u organizaciones para las cuales trabajan.
Los derechos humanos son inseparables de la teoría del trabajo social, de su ética, de su compromiso político y de su práctica profesional.
Este trabajo ha sido financiado por el Programa Formación de Capital Humano Avanzado CONICYT, Becas Chile Doctorado. |
RESUMEN: Desde la antigüedad han destacado las aportaciones españolas al ámbito de la caracterización de las variedades de vid, sobresaliendo entre todas ellas, las realizadas por Simón de Rojas Clemente y Rubio en los inicios del siglo XIX, quien llegó al ámbito de la vid de una manera casual y gracias a una historia rocambolesca, digna de una novela de aventuras.
Este autor está considerado como el creador de una disciplina científica, la ampelografía, que se ocupa de la caracterización de la vid (Vitis vinifera L.).
Desarrolló el primer método científico de descripción de las vides, determinando los órganos de la planta que debían ser medidos y analizados, el momento del ciclo vegetativo en que debía tomarse cada dato en cada órgano, el modo de hacerlo o los detalles que debían ser estudiados en cada uno.
Propuso incluso una terminología, hasta entonces inexistente, para referirse a cada una de las partes de las hojas de vid, las flores, los racimos, las bayas, las semillas o los sarmientos.
Describió con precisión las variantes morfológicas, de tamaño, de color, de presencia o ausencia y tipo de pelos, etc., que pueden encontrarse en cada uno de los órganos de esta planta.
El desarrollo de este método científico está basado en las variedades de vid recogidas y estudiadas por Clemente en Andalucía entre 1803 y 1804, cuyos resultados se publicaron en 1807 en su obra Ensayo sobre las variedades de vid que vegetan en Andalucía.
En el Real Jardín Botánico de Madrid se conserva el material vegetal herborizado (hojas y pámpanos) de cada una de estas variedades estudiadas y cuyos resultados se incluyen en el citado libro.
Este herbario, con 186 pliegos, puede ser considerado el más antiguo del mundo de variedades de vid cultivadas, con 214 años de antigüedad.
Además de ser la base para la creación de la citada disciplina científica es reflejo de la diversidad existente a principios del siglo XIX en Andalucía en este cultivo.
Es por todo ello un material de alto valor científico, museístico y sociocultural.
El primero del que tenemos referencia fue Columela, nacido en Gades, en la Bética de la Hispania Romana, que en su obra Los doce libros de agricultura, escrita en torno al año 42 d.
C., realiza una primera descripción de 58 variedades de vid, apuntado que "cada región y casi cada parte de región tiene sus especies particulares de vid a las cuales se les dan nombres consagrados por el hábito, que algunas variedades han cambiado de nombre al cambiar de lugar, y que, otras, al cambiar de lugar, han cambiado de calidad hasta el punto de no poder ser reconocidas" (Viala y Vermorel, 1910).
Le sigue Abu Zacaria, andalusí, que vivió en Sevilla en el siglo XII y pertenecía a la escuela agronómica andalusí.
En su Libro de agricultura, trata diversos aspectos relacionados con la viticultura, citando además los nombres de algunas variedades, de las que señala lo siguiente: "existían uvas de muchas especies: negras, redondas, largas y de una figura media, entre bermejas y amarillas, tempranas, tardías y ni tardías ni tempranas".
Este libro fue traducido del árabe por Banqueri en 1802 y posteriormente publicado un "arreglo" realizado por Claudio Boutelou, a partir de la traducción de Banqueri (Abu Zacaria, 1878).
Abu Zacaria aportó datos muy precisos sobre el cultivo de la vid en la Península Ibérica y sobre la importancia que había adquirido concretamente en el sur (Föex, 1891), citando nombres de variedades al azar, según su aspecto (Roy-Cheveir, 1900).
Es a principios del siglo XIX cuando, debido a una historia digna de una novela de aventuras, entra en el campo de la viticultura Simón de Rojas Clemente y Rubio, nacido en Titaguas (Valencia) en 1777.
De origen humilde, ingresó con diez años en el seminario y adquirió una amplia formación en distintas disciplinas relacionadas con las humanidades (filosofía, filología, griego, latín, hebreo...), aunque sentía una gran atracción por las ciencias naturales.
Con veintitrés años, en 1800, se marchó a Madrid, donde estudió árabe, botánica, mineralogía, química y otras disciplinas.
Allí sus gustos se decantaron por lo que entonces era la ciencia de moda, la botánica.
Educado bajo la protección de un científico respetado en toda Europa, Antonio José Cavanilles, Simón de Rojas Clemente formaría, junto a los otros discípulos predilectos de Cavanilles (Mariano Lagasca y José Demetrio Rodríguez), la punta de lanza de la disciplina en España, la llamada Escuela de Cavanilles.
Antonio José Cavanilles se había formado a su vez bajo la tutela de grandes botánicos franceses (André Thouin y Antoine Laurent de Jussieu), manteniendo a lo largo de su vida estrecha relación con los mejores científicos y botánicos internacionales de la época (Alexander von Humboldt, Aimé Bonpland, y Carl Ludwig Willdenow) (Martín Polo, 2016).
A su llegada en 1801 al Real Jardín Botánico de Madrid (en lo sucesivo RJB), fue quien introdujo en España los procedimientos taxonómicos de Linneo, que estaban revolucionando los estudios de la botánica en el mundo.
Mostraba a la vez Cavanilles un gran interés y preocupación por el aprovechamiento de los recursos naturales y su uso en la agricultura, en la agronomía y en otros campos, visión que sin duda transmitió a Clemente.
En 1802, Simón de Rojas Clemente fue nombrado profesor de la cátedra de árabe de la Universidad de Madrid.
Allí llegó como alumno Domingo Badía, que compartía con su profesor un gran interés por las ciencias naturales.
Badía ya conocía el árabe por haber sido criado en Cuevas de Almanzora (Almería), donde había convivido con el ambiente morisco de la zona, y por haberlo perfeccionado en Córdoba.
Según cuenta el propio Clemente (Martín Polo, 2016), Badía hizo grandes progresos rápidamente en el aprendizaje de dicha lengua, y al poco tiempo propuso a Clemente acompañarle en un viaje científico al interior de África, que Godoy, hombre fuerte del gobierno en aquella época, le había encargado realizar.
Dicha misión, que en realidad había sido una propuesta de Badía, parece que fue aprobada por los dirigentes de la época, con la condición de que llevase un acompañante, pareciéndoles Clemente el más idóneo por sus conocimientos de árabe.
La idea de este viaje bien remunerado atrajo enormemente a Clemente, que vería en ello una oportunidad única de ampliar sus conocimientos científicos y de conocer una parte del mundo prácticamente inexplorada para los occidentales.
Aunque su maestro Cavanilles, sus amigos, e incluso su familia, insistían en que no participase en tal aventura, Badía acabó finalmente convenciéndole.
El plan de Badía incluía disfrazarse de árabes durante un tiempo, utilizar documentación y nombres falsos (Ali-Bey Abdalak, Domingo Badía y Mohamad Ben-Alí, Simón de Rojas Clemente), y hasta someterse a una circuncisión, para hacerse pasar por auténticos musulmanes.
Según Badía, esta era la única manera de llevar a buen término su expedición, debido a la poca o nula presencia de occidentales en África y al peligro que suponía para personas de otras religiones y culturas adentrarse en tierras musulmanas.
Los preparativos previos incluyeron viajes a Francia e Inglaterra, con el fin de intercambiar opiniones con determinadas personas y reunir el instrumental y material científico necesario, además de disfraces, regalos para el sultán y otros materiales.
Según cuenta Clemente en sus cartas, durante su estancia en Londres Badía se sometió a la "inexcusable operación" (circuncisión), aprovechando un día que Clemente había salido a herborizar muestras en los bosques próximos a Londres.
La operación le resultó a Badía tan cruel y penosa que le desaconsejó a Clemente someterse a ella (Martín Polo, 2016).
Regresaron después a España disfrazados ya de árabes, permaneciendo por un tiempo en Andalucía y haciendo creer a todo el mundo que lo eran.
Aunque el plan inicial era que Clemente le acompañase, la realidad es que, aduciendo cuestiones de seguridad, Badía partió solo hacia África el 29 de junio de 1803, con la promesa de que llamaría a Clemente para que se incorporase más tarde.
Poco tiempo después, Badía le mandaba una carta en la que, sin darle muchas explicaciones, le indicaba que no iba a ser posible su paso a África, cosa que efectivamente nunca hizo.
Aunque se apunta que una de las razones para dejarlo en España fue la no circuncisión de Clemente, la conclusión a la que llega Martín Polo (2016) es que Clemente se quedó por decisión de los gobernantes del momento, que estimaron que ya no era necesaria su participación.
La misión encomendada era en realidad de espionaje y tenía entre otros objetivos la preparación del terreno para la conquista de Marruecos y otras zonas de África, quedando muy poco espacio, o quizá ninguno, para cuestiones científicas.
Entre 1803 y 1807 Badía en solitario, bajo la identidad de Ali-Bey, lleva a cabo la misión, haciendo también grandes aportaciones, entre otras, a la cartografía de África.
Tras la guerra de la independencia, y después de ser acusado de afrancesado, acaba en Francia, donde publica en 1814, como Ali-Bey, un libro de memorias contando sus aventuras africanas entre 1803 y 1807 (Escribano Martín, 2005).
Es en esta edición española cuando se descubre al mundo que Ali-Bey era en realidad el español Badía (Escribano Martín, 2005), identidad que hasta entonces había permanecido oculta y que solo Simón de Rojas Clemente y pocos más conocían.
Todas estas circunstancias y algunas que relatamos a continuación explican, como veremos más adelante, muchas cuestiones relacionadas con los estudios de Clemente sobre la vid, con el herbario e incluso con la publicación de su obra.
La partida de Badía en solitario produjo una gran decepción en Clemente.
Fue entonces cuando Godoy, para mantener su silencio con relación a la misión de Badía y su identidad en África (Ali-Bey), le encargó un estudio muy bien remunerado (1.500 reales mensuales) sobre la historia natural del Reino de Granada (Martín Polo, 2016), garantizándole que trabajaría con total independencia de cualquier autoridad.
Hasta marzo de 1804 y con el objeto de proteger la identidad de Badía en África, Simón de Rojas Clemente siguió disfrazado de árabe, siendo conocido con el apodo del "moro sabio".
Esta rocambolesca historia fue la razón por la cual Clemente llegó el 26 de mayo de 1803 a Andalucía y acabó en el verano de ese mismo año en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), alojado en casa de Francisco Terán, a494 bodeguero, propietario de viñas, y destacado miembro de la Sociedad de Amigos del País.
Se produjo a partir de este momento un giro decisivo en la trayectoria vital y científica de Simón de Rojas Clemente, quién sumó el estudio de la vid a sus otros trabajos (criptogamia, algas (Dosil Mancilla, 2007) y trigos españoles y europeos (Fernández Pérez y Gomis Blanco, 1990).
Para el estudio de la vid contaba con el apoyo de una red de colaboradores constituida por la élite ilustrada de hacendados locales, abiertos todos ellos al progreso y deseosos de modernizar los modos de cultivo tradicionales.
El fallecimiento de Cavanilles en 1804 y su sustitución como director del RJB, primero por Francisco Zea y posteriormente por Claudio Boutelou, partidarios ambos de dar a la botánica un enfoque mucho más práctico (Martín Polo, 2016), produjo paralelamente un cambio importante en los estudios realizados a partir de entonces en esta institución.
Con el nombramiento de Zea se emprendió un plan (en el que participó de forma muy activa Francisco Terán) de creación de 24 establecimientos en distintos puntos de España, cuyo objetivo era hacer llegar la botánica a la agricultura, contribuyendo así al desarrollo rural español.
Aunque la mayoría de estos establecimientos no llegaron a ser realidad, sí se inició la creación del Jardín de Aclimatación de Sanlúcar de Barrameda (Andalucía), también llamado Jardín de la Paz en honor a Godoy.
Con relación a las láminas con las que quería ilustrar la primera edición de su obra, parece que algunas de ellas llegaron a realizarse, aunque se cree que estas primeras desaparecieron (Martín Polo, 2016).
En la edición ilustrada de 1879, mucho después del fallecimiento de Clemente (1827), se incluyeron las láminas de las variedades que él había indicado en su primer listado e incluso alguna más.
Según parece, estas láminas se realizaron de nuevo para esta edición.
Esto nos lleva a pensar que Clemente pudo haber llevado consigo estaquillas procedentes de las plantas del Jardín de Aclimatación de Sanlúcar para plantar una réplica de todas ellas en el RJB, y que fueron estas últimas cepas las que se utilizaron posteriormente como modelo al natural para realizar las láminas de la edición ilustrada de 1879.
Se recuerda que, por un lado, según las indicaciones que daba Clemente para realizar las láminas en la primera edición, en el RJB solo había una variedad de la lista que él había elaborado para que fuesen dibujadas y que en su traslado desde Sanlúcar a Madrid llevaba más de 80 arrobas de muestras y material vegetal.
Por otro lado, como se verá más adelante, el 27 de marzo de 1808 las masas enfurecidas contra los afrancesados, entraron en el Jardín de Aclimatación de Sanlúcar destrozándolo por completo, con lo cual es imposible que los ilustradores de la edición de 1879 utilizasen como modelo las que crecían en Sanlúcar.
Una segunda hipótesis es que, tal y como aconsejaba Clemente, las láminas hubiesen sido realizadas todas en la época de la primera edición, aunque no incluidas en ella por falta de fondos, y que quedasen inéditas hasta la segunda edición, descartándose así la teoría de que se han perdido o han desaparecido.
EL VALOR DEL HERBARIO DE VIDES DE CLEMENTE CONSERVADO EN EL REAL JARDÍN BOTÁNICO DE MADRID.
INTERÉS CIENTÍFICO, MUSEÍSTICO Y ENO-TURÍSTICO
El herbario del RJB, propiedad del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y patrimonio del estado español, es una colección pública de uso restringido y compuesta por más de un millón de ejemplares organizados de acuerdo a sistemas estandarizados de clasificación.
En él se encuentran representados todos los grupos de plantas, con una gran presencia de ejemplares de la Península Ibérica, así como de plantas de Iberoamérica.
Entre estas últimas destacan algunas colecciones únicas, fruto de las primeras expediciones científicas al nuevo mundo [URL], de incalculable valor histórico y científico.
No menos importante que todas ellas es la colección herborizada de variedades de vid realizada por Simón de Rojas Clemente y Rubio entre 1803 y 1804 en Andalucía, que nunca hasta ahora había sido objeto de estudio.
El herbario de vides de Clemente era bien conocido por taxónomos y botánicos en general pero nunca había sido estudiado por científicos especializados en la vid, combinando en un mismo trabajo los conocimientos sobre ampelografía y sobre la obra de Clemente.
En su correspondencia personal, conservada en el RJB, queda constancia de los recorridos que hacía y de lo mucho que gozaba con el trabajo que estaba llevando a cabo.
El 5 de julio de 1803 Clemente escribió a su padre desde Cádiz haciéndole saber que había estado doce días de viaje por El Puerto de Santa María, Rota, Jerez y Sanlúcar, y que en esa última población había pasado ocho días en "casa de un labrador riquísimo que habita en un palacio y tiene las mejores bodegas del mundo", la "mansión querida" a la que hace referencia, y que es, como ya se mencionó anteriormente, la casa del bodeguero y propietario de viñas Francisco Terán.
El 24 de septiembre de 1803 escribió nuevamente para contar que había abandonado Cádiz y que se encontraba felizmente instalado en Sanlúcar, "corriendo pueblos y viñas y recibiendo mil atenciones [...]".
Aunque el centro de operaciones de Clemente estaba en Sanlúcar, pronto el trabajo de recolección se extendió a Arcos, Trebujena, Espera, Rota, Chipiona, Chiclana, Conil, Tarifa, Algeciras y otros lugares.
Esta recolección se llevó a cabo con la ayuda de una importante red de informantes en Sanlúcar y en la provincia gaditana, a los que llama "los Plinios y los Columelas del campo", que le "comunicaron muy generosamente sus preciosos conocimientos prácticos".
Lo que iba a ser una investigación limitada a la zona de Sanlúcar acabó por extenderse a gran parte de Andalucía (véase figura 1), gracias al encargo de Godoy de realizar una historia natural del Reino de Granada para "entretener" a Clemente hasta que Badía finalizase su labor de espionaje en África y consiguiese salir sin ser descubierto.
El viaje científico que emprendió por tierras de Granada durante el año 1804 le permitió ampliar su herbario y el número de variedades que finalmente incluiría en el ensayo, a cuya publicación Godoy dio luz verde en 1806 pero que, como hemos indicado en el apartado anterior, no se publicó hasta finales de 1807.
Según los datos que se han podido recabar y la observación directa de los pliegos, el herbario de vides En la tabla 1 figuran los nombres de los ejemplares conservados en los pliegos del herbario, que ascienden a un total de 186, cuyos lugares de procedencia son los siguientes: Sanlúcar (128 pliegos), Paxarete (13), Jerez (7), Pajarete (5), Xerez (5), Bornos (4) y Trebujena (1).
Para los 23 pliegos restantes no hay información sobre el lugar de procedencia.
En el libro de Clemente se incluye la descripción de 119 variedades; de ellas hay 24 variedades descritas que no tienen su pliego correspondiente en el herbario del RJB (véase tabla 2) y 15 de las que existe pliego, ya incluidas en la tabla 1, pero que no aparecen descritas en el texto del libro de Clemente.
Después de la observación de diferentes aspectos del material herborizado en los 186 pliegos (el aspecto de las hojas, grosor de los tallos de los pámpanos y algunos otros detalles), se concluye que gran parte de los pliegos, si no todos, contienen material procedente de plantas jóvenes.
Si las hojas y los brotes procedieran de cepas/plantas adultas (se supone que las cepas originales lo serían), los tallos de los pámpanos deberían ser más gruesos y las hojas más grandes.
Además, si se tratase de cepas adultas, los lugares de recogida de las muestras deberían ser los distintos puntos recorridos por Clemente o bien los lugares desde los que los viticultores le traían las muestras, y no Sanlúcar, tal y como se indica para la gran mayoría de los pliegos (128).
La hipótesis que se plantea para explicar las características del material herborizado es que este material hubiera sido recogido a partir de plantas jóvenes.
Así, después de realizar una primera localización, recolección y descripción del material en el verano de 1803, Clemente posiblemente recogió estaquillas de las plantas originales durante el invierno de 1803-1804, enraizándolas y plantándolas a continuación (en esa época no se injertaban) en una de las parcelas de lo que luego sería el Jardín de Aclimatación de Sanlúcar, para ir conservando en colección réplicas de todo lo que iba encontrando.
En la primavera-verano de 1804 estas plantas darían sus primeros brotes y hojas, que aprovecharía Clemente para recoger y herborizar.
No olvidemos que el objetivo de este jardín no era otro que el de reunir la mayor cantidad posible de plantas de interés agrario, con el fin de poder realizar diferentes actividades didácticas dirigidas a los agricultores, contribuyendo así al desarrollo de una agricultura moderna y al aprovechamiento de los recursos disponibles.
Si como se plantea, Clemente hubiese enraizado y plantado réplicas de todas ellas en el invierno de 1803-1804, tres años más tarde, en septiembre de 1806, estas plantas podían estar ya dando racimos.
Tal y como cuenta Martín Polo (2016) y se ha referido en el apartado anterior, con motivo de la primera edición de su libro, Clemente señala que los ilustradores de la Sociedad Económica de Sanlúcar podrían realizar dibujos al natural de una treintena de variedades de vid que se cultivaban en aquellas instalaciones.
Para que estas plantas se encontrasen en esa época fructificando, tendrían que haber sido plantadas varios años antes, ya que la vid tarda en dar frutos un mínimo de tres años.
Aunque oficialmente el Jardín de Aclimatación de Sanlúcar se creó el 3 de mayo de 1806 y se nombró a Clemente director científico del mismo el 10 de julio de 1807, incorporándose a su nuevo puesto en octubre de ese mismo año, la colección de variedades tenía que llevar ya años plantada y estar en plena fructificación.
Esta es la única manera de que él pudiese utilizarla con fines didácticos y divulgativos, tal y como relataba que hacía en las cartas dirigidas a sus amigos y familia (Martín Polo, 2016).
En ellas les contaba también que estaba ampliando las colecciones con la introducción de nuevas plantas, entre ellas la vid, pero esto no es en absoluto incompatible con la existencia anterior en la colección de muchas de ellas.
Variedades incluidas en el ensayo de Clemente que no tienen pliego en el herbario.
Se supone que fue en el período comprendido entre 1807 y el episodio de destrucción del Jardín de Aclimatación de Sanlúcar, en marzo de 1808, cuando Clemente habría recogido estaquillas de las diferentes variedades de vid por él estudiadas, al menos de las que él consideraba más importantes y de las que aconsejaba realizar láminas de dibujos, para plantar una réplica de cada una de ellas en el RJB.
Recordemos una vez más que a finales de 1806, según señala Clemente, en el RJB solo había una variedad de vid de las que él tenía en su lista para ser dibujadas.
Si tal y como indica Martín Polo (2016), las láminas para la edición ilustrada de 1879 (véase tabla 3), muchos años más tarde de la muerte de Clemente se realizaron de nuevo, en algún lugar tenían que estar las cepas dando frutos para que los ilustradores pudiesen utilizarlas como modelos y realizar los dibujos de los racimos que todos podemos contemplar en su obra (Rojas Clemente y Rubio, 1879).
Otra opción, como ya se citó anteriormente, es que los dibujos que aparecen en esta edición ilustrada se hubiesen realizado para la primera edición, tal y como aconsejaba Clemente que se hiciese, aunque no pudieran ser incluidos en ella por falta de presupuesto, y que permaneciesen inéditos hasta entonces.
Otra tercera posibilidad es que los dibujos de la edición ilustrada fuesen una copia de aquellos primeros.
El valor del herbario de Clemente no solo radica en su antigüedad y en su buen estado de conservación (véase figura 2), sino también en que su estudio nos permite conocer las variedades de vid existentes hace 214 años en Andalucía.
Al tratarse de las muestras más antiguas de las que se dispone, se podrían sacar conclusiones sobre el origen de algunas de ellas, la antigüedad de su cultivo en España, su posible evolución, su relación con las variedades de vid cultivadas actualmente, e incluso con los ejemplares de vid silvestre que todavía hoy se encuentran en algunos bosques de Andalucía y que están siendo estudiados por algunos grupos de investigación (Ocete Rubio et al., 2007; Andrés et al., 2012).
La comparación entre las variedades existentes en aquella época y las actuales permite además analizar en profundidad y con datos concretos la influencia que tuvo la llegada a Andalucía, y por extensión a Europa, cien años más tarde, de plagas y enfermedades de la vid que en aquella época ni se conocían y que cambiaron por completo la viticultura a nivel mundial, como el oídio, la filoxera, el mildiu, o el black-rot.
La comparación de las variedades recogidas por Clemente 75 años antes de la llegada de las citadas enfermedades a España (Johnson, 1990) con las que existen actualmente permitirá comprobar hasta qué punto se perdió diversidad vitícola.
Lista de láminas incluidas en la edición ilustrada del ensayo de Clemente (1879).
En la actualidad las colecciones herborizadas conservadas en museos y jardines botánicos están siendo redescubiertas y tratadas como verdaderos "cofres del tesoro" no solo por los botánicos, sino también por especialistas de otras áreas científicas como la biología molecular.
Ejemplo de este creciente interés por los ejemplares herborizados es la aparición reciente de una nueva disciplina, la museómica (Zedane et al., 2016), término que no está exento de controversia, y que define la ciencia que estudia el ADN conservado en las numerosas colecciones guardadas en los museos.
En las últimas décadas se ha avanzado enormemente en el desarrollo de técnicas que permiten hacer uso del ADN histórico (ancient DNA) y que han convertido las colecciones museísticas y los herbarios en fuentes de material para estudios genéticos y genómicos (Yeates, Zwick y Mikheyvev, 2016).
El herbario de Clemente posee un material vegetal con un gran potencial para este tipo de estudios, ya que además de ser la colección de vid herborizada más antigua de la que se tiene conocimiento, posee la particularidad de que sus pliegos fueron la base para su ensayo sobre descripción de variedades, en el que se incluye gran cantidad de información adicional de todo tipo (agronómica, histórica, social...), que fue recopilada de manos del propio autor en el momento y en los lugares de la prospección.
Cada pliego del herbario de Clemente es el producto de la exploración y de la interacción activa del naturalista/ botánico/científico con el medio vitícola existente en un lugar y en un momento concretos.
El material del herbario refleja también su experiencia y sirve para estudiar los métodos científicos utilizados en aquella época (Monfils et al., 2017).
A tenor de lo expuesto anteriormente, queda patente el indudable interés museístico de este material, tanto para museos relacionados con la ciencia, como para museos relacionados con el ámbito del enoturismo o la vitivinicultura.
Los 186 pliegos del herbario pueden ser fácilmente reproducidos a través de fotografías de alta resolución, para exhibir en diferentes formatos en cualquier tipo de museo.
Como se ha citado ya anteriormente, según los datos de los que se dispone, este herbario puede ser considerado el más antiguo del mundo de variedades de vid cultivadas.
En él se incluyen variedades actualmente emblemáticas de algunas denominaciones de origen y zonas vitícolas no solo de España, sino también de otras partes del mundo.
Además de las numerosas variedades de uvas para vinificación en el herbario hay un número importante de variedades de uvas de mesa e incluso se sospecha que alguna Vitis sylvestris, cuestión esta última que está siendo estudiada desde hace ya varios años por los autores de este trabajo y cuyos resultados serán publicados próximamente.
El herbario de Clemente y la información que el propio autor recopiló durante su estudio de las variedades de vid en Andalucía constituyen una fuente muy interesante de información para entender y poner en valor la herencia vitivinícola de esa zona concreta del sur de España, y por consiguiente de la viticultura europea.
Las referencias históricas y la herencia cultural existente en torno a sus variedades pueden suponer un buen reclamo turístico y una gran ventaja a la hora de diferenciarse y de crear estrategias de comercialización en un mundo tan competitivo como el del vino.
Los recorridos realizados por Clemente en la búsqueda de las distintas variedades conservadas en el herbario podrían incluso formar parte hoy en día de las numerosas rutas enoturísticas que han proliferado en los últimos años por la Península Ibérica.
Sin embargo, esta ruta tendría la peculiaridad de su valor Figura 2.
Ejemplo de buen estado de conservación de uno de los pliegos del herbario de vid de Simón de Rojas Clemente.
Fuente: Real Jardín Botánico (Madrid). histórico y científico que no tendría ninguna otra ruta del vino en el mundo, ya que ningún experto en ampelografía dejó por escrito los lugares recorridos para la recogida del material vegetal que se conserva en el herbario y al que a la vez hace referencia en un libro.
La promoción de estudios relacionados con el herbario de Clemente tendrá resultados no solo en el plano científico, sino también en el plano turístico y de promoción del patrimonio agrario, así como en el ámbito cultural.
En el plano científico se está realizando una colaboración con el grupo del doctor Boursiquot (Instituto Nacional de la Investigación Agronómica de Francia, INRA) para el estudio ampelográfico y molecular del herbario de Clemente, comparándolo con la información y el material vegetal presente en las bases de datos de la Colección de Vid Mundial de Vassal, perteneciente a esta institución.
Por otro lado, el trabajo de Clemente y su herbario formó parte importante de la exposición La vid, el vino y el CSIC que se inauguró en el Real Jardín Botánico de Madrid en octubre de 2015, con gran éxito de público y repercusión mediática (Martínez Rodríguez, Carrascosa Santiago y Santiago Blanco, 2016).
El herbario y su historia atrajeron la atención de numerosas bodegas de Andalucía (una de ellas incluso patrocinó parte de la exposición) como un modo de diferenciarse y de destacar el valor histórico de sus viñedos que invita al público a conocerlos.
El herbario de Clemente ha llegado a nosotros en perfectas condiciones y constituye una ventana abierta al pasado de la viticultura española e incluso mundial, gracias al momento en el que los ejemplares fueron recogidos, antes de que el viñedo europeo sufriera la mayor crisis de su historia.
El herbario de Clemente nos permite realizar comparaciones entre distintos tiempos y estudiar cuestiones como la biodiversidad vitícola existente en la época prefiloxérica o incluso temas relacionados con el tan traído y tan llevado cambio climático.
EL HERBARIO Y LAS VARIEDADES DE VID ESTUDIADAS POR CLEMENTE, MATERIAL VEGETAL BASE PARA LA CREACIÓN DE UNA DISCIPLINA CIENTÍFICA, LA AM-PELOGRAFÍA
Las variedades incluidas en este herbario fueron las utilizadas por Clemente para desarrollar en 1803 una nueva disciplina científica, la ampelografía, y para poner a punto el método científico de descripción de las variedades de vid que todavía hoy sigue vigente y es utilizado por expertos de todo el mundo.
El término ampelografía, que procede del griego ἄμπελος (ampelos),'vid' y γράφος (grafos),'descrip-ción', fue utilizado por primera vez por Sachs (1661).
Sin embargo, se reconoce al español Simón de Rojas Clemente y Rubio como el padre de esta disciplina científica y quien estableció el término ampelografía para referirse a las descripciones botánicas y agronómicas de las variedades de vid, llegando a afirmar incluso algunos de los más reconocidos autores (Viala y Vermorel, 1910), que lo propuso ignorando que Sachs lo había empleado con anterioridad.
En la forma de clasificar las distintas variedades de vid, la manera de describir sus distintos órganos, las recomendaciones de uso de cada una de ellas e incluso los nombres que les asigna (en latín en algunos casos y nombres vulgares en otros), se refleja perfectamente su pensamiento, la época en que vivió, su formación como botánico, así como la influencia de su maestro Cavanilles y, a través de este, de Linneo.
Comparando las descripciones de Clemente con las realizadas con anterioridad por otros autores, tanto españoles (Abu Zaccaria, siglo XII trad.
Banqueri, 1878; Alonso de Herrera, 1513/1818) como de otros países de Europa (Rozier, 1772), se puede decir que se trata de la primera descripción de variedades de vid en la que se utiliza la metodología y la terminología propias de la botánica científica, de la botánica académica.
Las descripciones que realiza de los brotes, las flores, hojas y frutos de la vid en general y de cada variedad en particular son exhaustivas y absolutamente precisas.
Da información sobre las características y detalles que deben ser observados en cada una de las partes que conforman una planta de vid (sarmientos, pámpanos, brotes, hojas, racimos, bayas, semillas...), así como de las morfologías, colores y distintas variantes que podemos encontrar en cada uno de estos órganos y que nos permiten diferenciar unas variedades de otras.
Establece toda una serie de términos para describir y nombrar cada parte de la planta y lo hace de una manera que nunca hasta entonces lo había hecho nadie, describiendo aspectos sobre la planta de vid totalmente inéditos hasta entonces.
Sirva como ejemplo de precisión un pequeño párrafo de la descripción que hace de una flor de vinífera, para lo cual emplea cinco páginas del libro: "En la flor de vid deben distinguirse quatro partes principales: el Cáliz (Calix), la Corola (Corolla), los Estambres (Stamina) y el Pistilo (Pistillum); y otras dos menos importantes: el Disco (Discus) y las Glándulas (Glandulae).
De estas dos últimas la primera no se había determinado bien hasta ahora; de la segunda no ha hablado nadie que yo sepa...".
Sorprende la exactitud y certera descripción que hace de la flor, teniendo en cuenta además que en las viníferas es de un tamaño a494 minúsculo y que actualmente las observamos a través de potentes lupas binoculares, inexistentes en aquella época.
Algo similar ocurre con los racimos (Uvae, Racemi, Botry, Botriyones), a cuya descripción general dedica otras cinco páginas, o con las uvas o granos de uva (Acini) a los que dedica doce páginas y así sucesivamente.
No existe ninguna característica macroscópica de las viníferas o que pueda observarse a través de una lupa de mano sencilla que no aparezca descrita en el libro de Rojas Clemente (1807) con todo lujo de detalles.
Hasta tal punto fue válido y científicamente correcto el trabajo de Clemente que todavía hoy el Código de los caracteres descriptivos de las variedades y especies de Vitis de la Organización Internacional de la Vid y el Vino (2009) incluye numerosos parámetros e incluso terminologías propuestas por Clemente que utilizan hoy los ampelógrafos de todo el mundo.
Llega incluso Clemente a sugerir el estudio de parámetros para los que en aquella época no existía la tecnología de análisis adecuada pero que actualmente se podrían abordar, tales como las distintas tonalidades de los verdes en las hojas, que podrían ser estudiadas ahora a través de análisis de imágenes: "yo no he visto dos vidueños en que las hojas fuesen exactamente del mismo color y con el mismo grado de intensidad.
Si pudiera mi imaginación retener exactamente las impresiones que me hicieron los colores de cada vidueño, y tuviésemos voces con que expresar sus diferencias tan distintamente como yo las sentí, bastaría este carácter solo para distinguir todas las variedades que he descrito, y tal vez todas las existentes".
En el tratado de Rojas Clemente (1807) se encuentran incluso algunos caracteres ampelográficos raros de algunas variedades concretas a los que solo él hace referencia y describe con todo detalle.
Pero el ensayo de Clemente además no se reduce a la descripción de las numerosísimas variedades de vid existentes y a la puesta a punto de un método científico para ello, sino que pone sobre la mesa temas tan importantes, tan de actualidad y sobre los que quedan muchas cuestiones por estudiar, como es la variación no solo dentro de una especie (variedades), sino también dentro de una variedad (clones), dando algunas claves de las reglas que la rigen.
LOS NOMBRES ASIGNADOS POR CLEMENTE A LAS VARIEDADES DE VID ESTUDIADAS Y SU CORRESPON-DENCIA CON LOS NOMBRES ACTUALES
Al analizar la obra de Clemente Ensayo sobre las variedades de vid común que vegetan en Andalucía (Rojas Clemente y Rubio, 1807), tanto en su primera edición como en la posterior edición ilustrada (1879), se puede pensar que no es necesario hacer un estudio del herbario para conocer la correspondencia con las variedades actuales y que simplemente con ver los nombres de las que aparecen en el libro y las ilustraciones que acompañan en la edición de 1879 a algunas de ellas ya sería posible identificarlas.
Sin embargo, esto no es así y no es ni mucho menos fácil conocer la correspondencia de muchas de las variedades descritas por Clemente con las actuales.
Desde tiempos inmemoriales las variedades de vid tienen nombres vulgares, que se han ido transmitiendo de padres a hijos, generación tras generación, y que han permitido a viticultores de todas las épocas reconocerlas.
En unos casos esos nombres son conocidos en el ámbito local, nacional o internacional porque la variedad, se haya extendido poco o mucho, ha mantenido siempre su nombre (Cabernet Sauvignon, Tempra-nillo...).
En otros casos, a medida que se iban extendiendo por diversas zonas, iban adquiriendo nombres locales diferentes en cada uno de los lugares a los que llegaban.
Un ejemplo de esto sería la variedad andaluza Palomino Fino, que en su "recorrido" por diferentes regiones de España acabó adquiriendo nombres locales como Jerez, Blanca Extra, o Listán Blanco, entre otros (Cabello et al., 2011; Martínez et al., 2018).
En el caso de las variedades descritas por Clemente la cuestión se complica aún más, ya que él, salvo para un pequeño número de ellas que se encuentran identificadas, tanto en el libro como en el herbario, con los nombres tradicionales que han perdurado hasta la actualidad (Tempranillo, Tintilla,...), al resto les fue asignando nombres en honor a diferentes sabios de la antigüedad (Pliniana en honor a Plinio; Virgiliana en honor a Virgilio; Catonis en honor a Catón, etc.), o recordando a sus maestros, mentores y botánicos admirados por él (de Boutelou, en honor a Boutelou, Rozierii en honor a Rozier; Langleya, en honor a Langley, etc.) o a alguna característica diferenciadora de la variedad (Albicans por el color blanquecino; Acidula por su elevada acidez, Fertilis por su elevada fertilidad).
Todo ello hace imposible relacionar estas descripciones con las variedades actualmente conocidas, sin un minucioso estudio ampelográfico del herbario complementado con un análisis empleando marcadores moleculares.
Aunque esta manera de nombrar las variedades pueda parecer extraña, no lo es tanto si tenemos en cuenta la formación de Clemente como botánico y la época en que vivió, en la que la botánica era una de las ciencias más importantes, respetadas y admiradas, y los botánicos eran considerados la élite científica.
Quizás le parecía poco científico asignarles los nombres vulgares con los que eran conocidas, a494 puesto que la lengua de la ciencia en aquella época era el latín, y pretendía con la atribución de nombres en latín, o dedicados a grandes sabios, introducir la vid cultivada en la élite científica de la época, o al revés, acercar la ciencia a una especie tan importante para la agricultura, la economía y la cultura.
Por otro lado, los siglos XVIII y XIX estuvieron marcados por las grandes expediciones botánicas al nuevo mundo, por el nacimiento de la taxonomía botánica de la mano de Linneo con su obra Species plantarum, ciencia que llegó a España a través de Cavanilles (maestro de Clemente) y por la realización de numerosos estudios en toda Europa sobre sistemática y sobre la flora existente en cada país.
En esta época se describieron por primera vez, siguiendo las pautas de la taxonomía y la sistemática, numerosas especies vegetales desconoci-das hasta entonces, a las que los botánicos asignaban nombres en latín relacionados unas veces con alguna característica típica de la planta en cuestión o con su lugar de procedencia o con el botánico que la describía.
Analizado desde este punto de vista, el hecho de que Clemente asignase nombres cultos elegidos por él a las distintas variedades que describía era lo normal en la época y lo que todos esperaban que hiciese.
Parte del estudio del herbario de vides de Clemente ha sido financiado por Bodegas Grupo Estévez.
Los autores agradecen también la colaboración del personal del Real Jardín Botánico (CSIC), en especial de Esther García Guillén.
El resumen en inglés ha sido realizado por Adrian Burton [URL].
a494 No herbario No libro Clemente Nombre común Nombre culto No herbario No libro Clemente Nombre común Nombre culto |
En los últimos años, distintos estudios han puesto de manifiesto que el número de alumnas que se matricula en las universidades del Estado español es superior al de alumnos, aunque no se distribuyen de manera uniforme en todas las áreas de conocimiento (MEC, 2005; Pérez Fuentes et al., 2003; Pérez Sedeño et al., 2003; UPV/EHU, 2005); concretamente, el área técnica es la única donde el porcentaje de mujeres es inferior al de hombres.
UNA APROXIMACIÓN A LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LOS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS DE INFORMÁTICA
Datos similares se dan en la UPV/EHU, donde el porcentaje de mujeres en el curso 2004/05 fue del 56 %, pero en el área técnica ese porcentaje era del 30,1 %.
Aunque el porcentaje de mujeres en el área técnica va creciendo, la tendencia en los estudios informáticos es inversa: en las últimas décadas ha ido decreciendo el número de mujeres que se matricula (Pérez Fuentes et al., 2003; Sanz, 2005), al menos en algunas universidades.
Los estudios de informática en San Sebastián comenzaron en 1971 en el Instituto de Informática.
En 1976 se decretó la creación de las Facultades de Informática en las Universidades Politécnicas de Barcelona y Madrid y en la Universidad de Valladolid.
Esta última facultad tenía su sede en San Sebastián (Facultad de Informática de San Sebastián, FISS) y pasó a formar parte, en 1977, de la Universidad de Bilbao, que luego se convertiría en la actual Universidad del País Vasco.
En la FISS, hasta el curso 1992/93 los estudios se denominaban Licenciatura en Informática y desde el curso siguiente pasaron a denominarse Ingeniería Informática.
A partir del curso 2000/01 en la UPV/EHU se han implantado, además, los estudios de Ingeniería Técnica en Informática de Sistemas en el Campus de Gipuzkoa y desde el curso 2001/02 la Ingeniería Técnica en Informática de Gestión en los Campus de Araba y Bizkaia.
La motivación para realizar este estudio surge de nuestra experiencia como docentes en la FISS, donde hemos ido observando el descenso de mujeres en las aulas, desde el 50 % del curso 1985/86, hasta el 23 % en el curso 2004/05.
Así, hemos asistido en nuestro centro a una clara masculinización de los estudios, pasando de ser un centro con porcentajes más equilibrados entre hombres y mujeres, a ser un centro donde los estudios siguen los mismos patrones que las ingenierías más clásicas, evolución que se produce al mismo tiempo que la informática se define claramente como una profesión y adquiere reconocimiento social.
En un principio, pensamos que el cambio en la denominación de los estudios del curso 1993/94 había influido en la evolución de la matricula, pero una observación más atenta de los datos muestra que el descenso comenzó antes de dicho curso y, por tanto, se han de encontrar nuevas claves que puedan explicarlo.
El fenómeno de la baja participación de la mujer en ciencia e ingeniería y la cuestión del descenso del porcentaje de mujeres en informática son fenómenos estudiados a nivel internacional por diferentes investigadoras/es en los últimos años en estudios cuantitativos (Black et al., 2005; Camp, 1997; Camp et al., 2000; Davies et al., 2004; Galpin, 2002; Gürer et al., 1997;O Shea et al., 2005).
Además de producirse un descenso en el porcentaje de mujeres que ingresa en Ingeniería Informática, éste se acentúa en los estudios de máster, tesis doctorales y profesoras de distintos niveles académicos (Camp, 1997; Pearl et al., 1990).
Esta aparente falta de motivación de la mujer ha sido analizada por algunas/os autoras/es en estudios cualitativos basados en cuestionarios y entrevistas dirigidos a descubrir las posibles causas de esta brecha de género en el campo de la informática y a proponer posibles soluciones (Bjorkman et al., 1998; Durndell et al., 1997; Fisher et al., 1997; Haliburton et al., 1998; Margolis et al., 1997Margolis et al.,, 1998;;O Shea et al., 2005; Pearl et al., 1990) que sirvan tanto para aumentar el número de mujeres como para hacer que el campo sea más atractivo para ellas.
Entre las causas apuntadas hay que destacar el efecto de los estereotipos en la cultura de la informática que hacen que el campo sea visto como más apropiado para los hombres, una experiencia más tardía con el uso del ordenador, ausencia de modelos, baja autoestima que lleva a la mujer a infravalorar sus capacidades y habilidades, etc. Para corregir esta tendencia han surgido distintas asociaciones que han desarrollado programas destinados a corregir las diferencias (Black et al., 2005; Blum, 2001; Frieze, 2005; Haller et al., 1998) con resultados favorables en algunos casos.
En el Estado español hay algunas aportaciones a estos estudios.
En primer lugar, Gómez Ferri (2004), el autor apunta algunas claves para entender la mencionada evolución, con una breve historia de la informática, algunas razones para explicar una más alta matriculación de mujeres en informática en la década de los ochenta del siglo XX y otras para explicar el descenso en la década siguiente.
Ese artículo nos ha servido para entender el progresivo proceso de disminución del porcentaje de mujeres que se matricula en la FISS.
Los datos que el autor presenta ponen de manifiesto que en otras universidades se ha dado un proceso similar al de la FISS.
En Sanz (2005), la autora presenta porcentajes de alumnas matriculadas en la facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid entre los cursos 1994/95-1997/98, donde se observa la tendencia al descenso, y porcentajes de profesoras, donde se puede ver que, además de ser porcentajes bajos, aparece el cuello de botella en la medida que se asciende en la escala.
En la FISS, de un 36,5 % de alumnas en el curso 1989/90 se llegó al 26,1 % en el curso 2000/01; sin embargo, los porcentajes de profesoras en esta facultad son más favorables, aunque también descienden para titulares de universidad y catedráticas.
En González et al. (2002), las autoras analizan los mecanismos y barreras que mantienen a las mujeres lejos de la tecnología.
Qué enseñar y cómo enseñar son dos aspectos a tener en cuenta para la integración de las mujeres en la tecnología en condiciones de igualdad.
En la Universidad Politécnica de Cataluña funciona, desde el año 1997, el Programa Dona, dirigido a impulsar la participación de la mujer en ingeniería Dona (2004).
EVOLUCIÓN DE LOS PORCENTAJES DE MUJERES EN LOS ESTUDIOS INFORMÁTICOS DE LA UPV/EHU
La evolución de los estudios informáticos en la UPV/EHU son un claro ejemplo de la tendencia al descenso en el porcentaje de mujeres.
Los datos de la Figura 1(a), junto con los de Pérez Fuentes et al. (2003), muestran claramente el proceso de masculinización de la II en nuestra facultad.
Además, podemos ver que, partiendo de porcentajes muy similares de inscripción en el área técnica superior y en II en el curso 1998/99, se ha llegado a una diferencia de más del 20 % en el curso 2003/04.
En cuanto a las ingenierías técnicas en informática se observan dos tendencias claramente diferenciadas.
Por una parte, la ITIS -Figura 1(b)-, que en el curso 2001/02 comenzó con un porcentaje de inscritas superior al de las carreras técnicas de grado medio, en sólo tres cursos, siguiendo la misma tendencia de la II, se ha reducido al 16 %.
Por otra parte, la ITIG -Figura 1(c)-, que es una carrera más feminizada, el porcentaje de mujeres en el curso 2004/05 fue del 35 %, aunque también ha experimentado un descenso importante en el último curso.
Porcentajes de mujeres en estudios informáticos en algunas universidades del Estado
De las universidades públicas del Estado en las que se imparten estudios de informática, presentamos datos de nueve de las más significativas desde el punto de vista del número de alumnas/os.
En la Figura 4 comparamos los porcentajes de alumnas nuevas inscritas en el área técnica superior con los de la II en cada una de las universidades y con los porcentajes en II del conjunto del estado.
En primer lugar, no podemos decir que las gráficas muestren una clara tendencia al decrecimiento del porcentaje de mujeres como ocurre en la UPV/EHU para el mismo período (Figura 1).
Sin embar- Por otra parte, en la Figura 5 aparece una comparativa de los porcentajes de alumnas nuevas inscritas en ITIS, ITIG y en las ingenierías técnicas en cada una de las universidades.
También en estas universidades se observan las mismas tendencias que en la UPV/EHU: la ITIS es una carrera más masculinizada, con bajos porcentajes de inscripción de mujeres, comparables a los bajos porcentajes que se dan en II; por otra parte, la ITIG tiene mayores porcentajes de mujeres, en algunos casos superiores a los porcentajes en los estudios técnicos de grado medio.
Pero si consideramos la categoría académica en los datos del curso 2005/06 (Figura 7), vemos que aparece el cuello de botella en la medida que se asciende en la escala, bajando en el caso de Catedráticas de Universidad hasta el 20 %.
Los datos presentados revelan los bajos porcentajes de mujeres en Ingeniería Informática e Ingenierías Técnicas en Informática en algunas universidades del estado.
En el caso de la UPV/EHU, se confirma la tendencia al descenso de estos porcentajes, tendencia que no se da en general en el resto de universidades analizadas, que ya tienen de por sí porcentajes bajos.
Esperamos que la divulgación de estas estadísticas sirva para conocer, a nivel cuantitativo, la situación de la mujer en los estudios universitarios de informática.
Los estudios cualitativos nos dan a conocer las barreras y dificultades que experimentan las mujeres para acercarse a las nuevas tecnologías.
Todo ello nos sirve para concluir que es necesario promover programas de intervención dirigidos a cambiar esta tendencia.
En nuestro estudio hemos observado que los datos pueden variar dependiendo de la fuente consultada, pero, en cual-quier caso, los aquí presentados muestran la tendencia que hemos pretendido analizar.
A Luisa Solé de la secretaría de la FISS, a Clara Subijana, secretaria del Decano, a Elena Bidondo, secretaria de CCIA, y a Isabel Fernandino, secretaria de LSI, les agradecemos su colaboración desinteresada en la recopilación de algunos de los datos presentados.
Todas las categorías (todas); Contratadas (Contrat.); Titulares de Escuela Universitaria (TEU); Titulares de Universidad (TU); Catedráticas de Universidad (CU)
de los ítems de la gráfica "Calidad del empleo": muestra: hombres (N=108, n=95); mujeres (N=38, n=32) 1: ocupados/as; 2: empleos encajados; 3: requiere estudios universitarios; 4: funciones nivel universitario. |
RESUMEN: La Autorización de Residencia para Inversores (ARI) o visado dorado en su denominación coloquial es una iniciativa que posibilita la adquisición del estatuto de residente a cambio de una inversión en el país de acogida.
Portugal, desde 2012, y España, desde 2013, ofrecen este programa a quien lo desee y reúna las condiciones exigidas.
El objetivo de este artículo es desarrollar un análisis comparado de los visados dorados en los dos países concretado en cuatro momentos diferentes.
Inicialmente se ofrece una caracterización de la medida y sus requisitos y se describe su evolución.
A continuación, se aborda su conceptualización sociológica a través de la noción de migraciones de capital y más concretamente como un fenómeno a medio camino entre la migración de negocios y la inversión externa extranjera.
Después analizamos la racionalidad política que estructura este tipo de inversiones a partir del enfoque neofoucaltiano de la gubernamentalidad.
Por último, abordamos las implicaciones cívicas y científicas de los visados dorados.
El 11 de junio de 2013 el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, presentaba el anteproyecto de la ley de emprendedores y su internacionalización.
Lo hacía en un acto organizado en el palacio de la Moncloa, junto a varios ministros y medio centenar de empresarios.
Una de las medidas incluía la autorización de residencia a extranjeros que realizasen inversiones en el país comprando deuda, creando empleo o adquiriendo inmuebles.
Por primera vez aparecían ante la opinión pública los popularmente conocidos como visados dorados, esto es, la posibilidad de residir en España a cambio de al menos una de aquellas inversiones.
Unos meses antes, el 29 de enero, el ministro de Asuntos Exteriores portugués, Paulo Portas, entregaba la primera autorización de residencia del país vecino.
Portugal había aprobado la medida en octubre de 2012 y el visto gold se concedía durante una ceremonia privada en el Palácio das Necessidades.
Allí, el empresario indio Nesamanimaran Muthu recibía su autorización para residir en Portugal, tras haber formalizado la compra de tres hoteles en la región del Algarve.
Con poco tiempo de diferencia los gobiernos de ambos países ponían en marcha la Autorización de Residencia para Inversores (ARI) o visado dorado en su denominación coloquial, una iniciativa novedosa en el espacio ibérico 1.
Los visados dorados aúnan diversos componentes que los convierten en un objeto de interés para la sociología.
Por un lado, el factor de la inversión externa y su relevancia para España y Portugal como vía de recuperación y salida de la crisis económico-financiera.
Por otro, la posibilidad de desencadenar movimientos migratorios relacionados con el incentivo de la residencia.
Un objeto, pues, del que poco se sabe, relativamente esquivo y con un período de vida aun hoy bastante limitado.
El objetivo de este artículo es realizar una aproximación general al fenómeno de los visados dorados en España y Portugal, considerando tanto sus implicaciones científicas como sociopolíticas.
Esta aproximación no constituye una evaluación a partir de la cual justificar unívocamente la pertinencia o la eficacia de la medida.
Antes bien, nuestra propuesta pasa por un análisis en profundidad de la naturaleza conceptual del fenómeno y de su legitimación económico-política, además de apuntar sus posibles repercusiones no solo en clave de conocimiento sociológico sino también en un sentido cívico.
De acuerdo con tal objetivo nuestro trabajo se abre (sección 2) con una caracterización de la Autorización de Residencia para Inversores, identifi-cando sus requisitos de forma comparada en el ámbito internacional para, desde ahí, ofrecer una descripción de su evolución en España y Portugal.
A continuación (sección 3), consideramos la dimensión conceptual de la ARI a través de la noción de migraciones de capital (capital linked migration) (Tseng, 2000), lo que nos permite pensarla en una suerte de interregno entre los programas de migración de negocios (business migration programmes) y la inversión extranjera directa (foreign direct investment).
Después (sección 4) analizamos la racionalidad política que la estructura a partir del enfoque neofoucaltiano de la gubernamentalidad.
De este modo, accedemos a los principios que justifican la medida, su alineamiento con los objetivos generales de gobierno y la noción de sujeto que demanda y simultáneamente desea moldear.
Por último (sección 5), abordamos las implicaciones cívico-políticas y sociológicas de los visados dorados.
Las primeras derivan bien de la mayor o menor disociación entre la residencia y la noción de ciudadanía, bien de la posibilidad de entender esta última desde una perspectiva exclusivamente económica.
Las segundas se centran en las opciones que pueden o no abrirse, a partir de este tipo de permiso de residencia, para el estudio sociológico de las migraciones.
Finalizamos con un apartado dedicado a las conclusiones, necesariamente abierto a futuras investigaciones.
CARACTERIZACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LOS VISADOS DORADOS
Los visados dorados en la ley portuguesa y española no presentan diferencias substanciales.
Existen algunas especificidades que los distinguen, aunque lo más reseñable sea constatar que Portugal avanzó un año antes con la medida.
En Portugal la ARI puede ser obtenida de acuerdo con los siguientes tipos de inversión: Por su parte, en España habría que esperar hasta la ley 14/2013, de 27 de septiembre, la denominada ley de apoyo a los emprendedores y su internacionalización, para recoger la normativa relacionada con el visado de residencia para inversores, emprendedores, profesionales altamente cualificados, traslado intraempresarial e investigadores.
Entre estas categorías solo la de inversor es equiparable a los supuestos que permiten acceder a la ARI en Portugal.
Por ese motivo, será la única que consideremos de ahora en adelante.
En el caso de los inversores las vías de acceso a la ARI española son las siguientes: e) Solicitar la Autorización de Residencia Permanente de acuerdo con la preceptiva legal.
f) Adquirir la nacionalidad española tras diez años de residencia.
Conviene señalar que en los dos casos la ARI ha sufrido alteraciones con relación a la versión inicial.
Esas alteraciones tienen como objetivo limar aspectos que puedan desincentivar a los potenciales solicitantes.
Pese a que los requisitos principales se mantienen, es cierto que se han ampliado los supuestos de inversión a495 (es el caso de las actividades artísticas o la rehabilitación urbana en Portugal), se han rebajado los plazos de permanencia, se han ampliado los beneficiarios (parejas de hecho en el caso español) o se han simplificado los trámites administrativos.
En este sentido la ARI está sujeta a un cierto dinamismo dependiente a su vez de aquellas mejoras que puedan suscitar el interés del solicitante 3.
A continuación analizaremos con mayor detalle la evolución de ambos programas en lo que se refiere a solicitudes y volumen de inversión captado.
En este sentido, es importante destacar que los datos existentes no permiten todavía un nivel de desagregación profundo.
Es posible ofrecer una panorámica general, en el caso portugués, a partir de los datos del Serviço de Estrangeiros e Fronteiras y en el caso de España, empleando los datos procedentes del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. reanudarse, se produce un aumento en 2016 y una ligera bajada en 2017 (las cifras de 2018 todavía son provisionales).
En lo que toca al total de inversión captada, los datos oficiales se sitúan en torno a los 4.155.454.320,27 millones de euros, la mayor parte procedentes de la opción inmobiliaria.
Si nos detenemos en las cinco nacionalidades que copan el mayor número de solicitudes, constatamos que el programa está dominado principalmente por ciudadanos chinos (4.031) y brasileños (625).
En la tabla 2 observamos que el 94,5% de los ingresos deriva de la compra de casas y tan solo un 5,2% de transferencias directas de capital.
Por su parte, la creación de puestos de trabajo registra un valor residual, suponiendo el 0,17% de la inversión.
En el caso de España las series estadísticas sobre "extranjeros con certificado de residencia o tarjeta de residencia en vigor" procedentes del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, arrojan semestralmente registros sobre inversores al abrigo de la ley 14/2013.
Asimismo, verificamos que el número de autorizaciones en España (9.674) es superior al de Portugal (6.813) Más allá de esta panorámica general, el único informe que recoge información desagregada sobre los visados dorados en España es de abril de 2015.
En este documento (Informe sobre la aplicación de la Sección de Movilidad Internacional de la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización), los datos se refieren exclusivamente al periodo comprendido entre el inicio del programa (30 de octubre de 2013) y el 31 de diciembre de 2014 (tabla 4).
En consecuencia, solo es posible comparar parcialmente algunas categorías entre ambos países.
Para este montante la tendencia que se detecta es similar a la portuguesa: la opción inmobiliaria logra captar aproximadamente el 93% del total, siendo residuales la transferencia de capital (5,46%) y la creación de empleo (2,26%).
En la tabla 3, comprobamos que las nacionalidades que predominan son ligeramente diferentes a las existentes en Portugal, si bien los ciudadanos chinos son igualmente quienes más invierten, con un total de 3.089 visados, seguidos de los ciudadanos de origen Merece la pena detenernos un momento en la presencia de ciudadanos chinos en España y Portugal.
En ambos países, los inmigrantes chinos son fundamentalmente inmigrantes laborales, aunque su procedencia social se haya ido diversificando en los últimos años con la llegada de profesionales cualificados y de estudiantes universitarios (Gaspar, 2017).
Es necesario tener en cuenta que el paulatino aumento de ciudadanos chinos al abrigo de los visados dorados corre en paralelo al incremento de la inversión externa china en las economías ibéricas, especialmente, en Portugal.
LOS VISADOS DORADOS ENTRE LA MIGRACIÓN DE CAPITAL Y LA INVERSIÓN EXTRANJERA
El fenómeno de los visados dorados puede ser entendido conceptualmente a partir de una doble lógica: a) La lógica de los patrones migratorios no convencionales.
Identificamos como convencionales aquellos tipos de movilidad asociados a mano de obra que se desplaza hacia zonas excedentarias en capital, pero deficitarias en fuerza de trabajo (inmigración laboral).
La movilidad vinculada a la ARI no responde a este modelo.
Antes bien, se trata de desplazamientos de individuos provistos de capital hacia zonas deficitarias precisamente en capital.
b) La lógica de la internacionalización de los flujos de capital.
Estos circulan en el marco de una economía globalizada y sometida a condiciones de competencia donde los estados pugnan por captar inversión.
Esta doble lógica aparece incorporada en la idea de migración de capital (capital linked migration) que, de acuerdo con Tseng (2000), puede desdoblarse en dos componentes principales: vestment).
Supone la colocación de un determinado volumen de capital en una economía receptora creando nuevas estructuras empresariales o participando en las ya existentes.
La llegada de este capital puede venir o no acompañada de inversores que decidan fijar la residencia en ese nuevo espacio.
Esto es, se trata de un tipo de inversión que hipotéticamente podría desencadenar procesos migratorios, si bien no los determina obligatoriamente.
Entendemos que la ARI española y la portuguesa se identifican con ambos componentes: en los dos casos comporta una inversión que podría venir acompañada de movilidad y sedentarización.
Aquí el factor residencia es a priori un factor no garantizado; es decir, no tiene por qué producirse.
Más adelante veremos que esa falta de garantías es contrarrestada por indicios que permiten pensar en la inversión y en la migración como factores estrechamente relacionados.
Sin embargo, antes de llegar a ese punto, resulta lógico pensar que dicha falta de garantías deriva en gran medida de uno de los rasgos más paradójicos de los golden visa: se autoriza la residencia al inversor sin que se le exija residir o este tenga intención real de hacerlo.
A lo sumo, en Portugal, pasar 35 días en cinco años, bastando en España una simple visita al país.
Los visados dorados operan bajo las dinámicas que se establecen para atraer propietarios de capital.
Si España y Portugal compiten contra otros muchos países por hacerse con volúmenes significativos de inversión, no es menos cierto que esa competencia también se instituye internamente en el marco peninsular.
En términos genéricos, la atracción de inversores-migrantes se articula en torno a una serie de valores y promesas fundamentales: Junto a esta dinámica competitiva de carácter global existen factores coyunturales relacionados con situaciones históricas concretas.
España y Portugal, a raíz de la crisis financiera iniciada en los Estados Unidos en 2008 y transmutada en Europa como crisis de las deudas soberanas a partir de 2010-2011, han vivido y continúan viviendo graves problemas económicos y financieros.
Tales problemas han merecido como respuesta las denominadas políticas de austeridad (Blyth, 2013) que, en lo que toca al asunto que abordamos, colocan el acento en la reducción del gasto público y en la liberalización y privatización de bienes y servicios como medios de recuperación y aumento de la competitividad.
Así pues, en una coyuntura de recortes presupuestarios la atracción de inversión extranjera ha adquirido una notable transcendencia como medio de obtención de recursos.
Esto es, la emergencia de la ARI española y de la portuguesa difícilmente podrá comprenderse si no se inscribe en este contexto de crisis.
En este mismo contexto, es necesario reflexionar brevemente sobre el papel de la Unión Europea en relación con las políticas de los golden visa.
En este dominio no existe una política concertada por parte de la Unión Europea, una vez que en general se entiende que estos programas forman parte de las iniciativas particulares de los estados miembros para captar inversión extranjera.
En ese sentido los países se desenvuelven en un mercado competitivo intraeuropeo, en el que ofrecen condiciones más o menos ventajosas en relación con sus competidores.
Hasta el momento la Unión Europea solo se pronuncia o ha pronunciado en dos situaciones específicas: a) cuando los países ofrecen directamente la nacionalidad a los inversores extranjeros a cambio de montantes considerados improcedentes 4, o b) cuando reclama precaución y fiscalización de los flujos de dinero entrantes a través de los programas ARI, para evitar que se convierta en un sistema de blanqueo de capitales (Carrera, 2014).
LOS VISADOS DORADOS COMO MATERIALIZACIÓN DE UNA RACIONALIDAD POLÍTICA NEOLIBERAL
Una vez caracterizados legal, conceptual y evolutivamente los visados dorados, es el momento de analizar el tipo de racionalidad política presente en esta medida.
Para ello, adoptamos una perspectiva propia de los estudios sobre gubernamentalidad, de inspiración neofoucaltiana (Ampudia de Haro, 2006; Ampudia de Haro, 2013; Ampudia de Haro, 2014; Burchell, Gordon y Miller, 1991; Marinis, 1999).
El concepto de "racionalidad política" alude al conjunto de objetivos que se pretende alcanzar en el ejercicio del poder, así como a los principios que se esgrimen para legitimar dichos objetivos.
Estos pueden ser de naturaleza diversa (política, económica, social, cultural, educativa, militar), sucediendo exactamente lo mismo con dichos principios (libertad, equidad, justicia, prosperidad).
Cada variante de racionalidad política maneja una noción concreta de los individuos que son objeto de gobierno y expresa sus objetivos en articulación con los medios para alcanzarlos de acuerdo con un discurso particular.
Por lo tanto, esta conjunción entre objetivos, principios, visión de los individuos y discurso, en lo que toca a los visados dorados, constituye el eje de nuestro análisis.
De hecho, los golden visa son la expresión manifiesta de un tipo de racionalidad política neoliberal.
Cuando se usa el término neoliberal, lo más frecuente es referirse a un conjunto de políticas públicas expresamente orientadas al mercado (Larner, 2000).
No es este el sentido que empleamos aquí.
Desde la óptica de los estudios sobre gubernamentalidad, el neoliberalismo como racionalidad política es un modo de gobierno que apuesta por economizar el ejercicio del poder.
Esto implica que sean los propios individuos los que inviertan en su autogobierno con la máxima competencia e intensidad posibles.
El ejercicio de este autogobierno supone concebir a los sujetos gobernados como sujetos dotados de autonomía, que deberá ser alineada con los objetivos globales que se persiguen para el gobierno de la sociedad.
Como hemos dicho anteriormente, en España y Portugal el contexto inmediato en el que emergen los visados dorados es definido por las políticas de austeridad.
De acuerdo con Blyth (2013), estas políticas a) promueven intencionalmente procesos de deflación a través de los cuales b) la economía sufre un ajuste por medio de la reducción de salarios, precios y gasto público c) con el propósito de restablecer la competitividad económica d) la cual, gracias a la disminución del déficit y del endeudamiento público e) provocará un aumento de la confianza de los inversores, pues la contención impide que el estado acapare todas las posibilidades de financiación, f) lo que producirá una expansión de la actividad económica.
Se busca provocar un efecto expansionista y reactivador mediante la contracción de elementos centrales de la actividad económica, como el gasto público.
En este cuadro de reducción del gasto público asociado a las políticas de bienestar y protección social los visados dorados se relacionan con una concepción económica de la ciudadanía (Dzankic, 2012).
De acuerdo con esta concepción se considera aceptable la inclusión de individuos en una determinada comunidad si el coste de tal inclusión no resulta superior a los hipotéticos beneficios que dichos individuos generarán.
Visto así, quien desea integrarse en la comunidad pero aumenta los costes derivados de esa integración, supongamos, en concepto de apoyos, subsidios, atención técnica e infraestructuras, supone un lastre para la propia comunidad, que ve crecer el coste de mantener su nivel de bienestar.
Lo contrario, desde esta óptica, sería lo deseable: que la llegada de nuevos individuos reduzca el coste de mantenimiento del bienestar, es decir, que su aportación a la sociedad de acogida supere los costes de su presencia.
Se trataría de individuos que no producen gastos para la comunidad, porque vienen acompañados de una determinada inversión: portan los medios para hacerse cargo de sí mismos, y en consecuencia no sobrecargan el sistema de bienestar en tiempos de reducción del gasto público.
Como señalá-a495 bamos, se optimiza el ejercicio del poder a través del autogobierno de los ciudadanos.
Al mismo tiempo los visados dorados revelan cómo el estado articula su política económico-migratoria con arreglo a la circulación mundial de capitales.
Al contrario de lo que se suele pensar, el neoliberalismo no equivale simplemente a la sustitución del estado por el mercado.
Entendido como racionalidad política, no preconiza estrictamente esa sustitución y sí la utilización del aparato estatal para la creación de mecanismos mercantiles que regulen la inversión asociada a la potencial llegada y permanencia de inversores.
En este sentido, los golden visa se integran en un mercado de captación de inversores que institucional y legalmente es moldeado por los estados en condiciones de competencia.
El concurso y la intervención estatal es, pues, imprescindible en la configuración del mecanismo mercantil que preside la oferta de autorizaciones de residencia.
La lógica mercantil, por extensión, justifica el carácter de excepcionalidad de los visados dorados.
No olvidemos que otorga de forma rápida y accesible la posibilidad de residencia, con reducciones significativas de trámites administrativos y plazos, amén de opciones suplementarias como el reagrupamiento familiar o una ulterior naturalización.
Dicho de otro modo, quienes no poseen capital para invertir están privados de esta vía preferente.
Existe una categorización de los sujetos como especiales, excepcionales o prioritarios que convive con el principio convencional de la igual aplicación de la ley para todos los ciudadanos (Ong, 2006).
Tal excepcionalidad se justifica en virtud del interés que despiertan los inversores y de la oferta de incentivos para retener las inversiones.
Cuenta además con su correspondiente legitimación técnico-científica.
Un ejemplo de esta es el trabajo de Xu, El-Ashram y Gold (2015), auspiciado por el Fondo Monetario Internacional.
Encontramos en este documento todo un inventario de argumentos orientados a un adecuado diseño de la estructura de mercado de los visados dorados.
Tras identificar aquellos aspectos calificados como positivos -es decir, como inversiones dinamizadoras de la economía nacional, generadoras de empleo y potenciadoras de la recaudación fiscal-, los autores se detienen en aquellas dimensiones potencialmente negativas: concentración excesiva de la actividad económica en áreas relacionadas con la inversión, y por extensión falta de diversificación, alteraciones legales casuísticas que no favorecen la estabilidad de las inversiones, y por último el lavado o el ocultamiento de dinero de procedencia irregular o ilegal.
La solución a estos problemas pasa, como recomiendan los autores, por la gestión prudente de este instrumento de inversión, pero fundamentalmente por un diseño institucional del mercado de los visados dorados que garantice la eficiencia mediante la eliminación de asimetrías informativas.
Es decir, el objetivo es que dicho mercado funcione adecuadamente según a) la dinámica de la oferta y la demanda, b) el precio como síntesis total de toda la información disponible para los competidores y c) el juego de incentivos ofrecidos.
En consecuencia, reglas claras y transparencia informativa; esto es, la eliminación de distorsiones que puedan afectar a la competencia.
La transparencia se convierte en una garantía de que el mercado funcionará eficientemente según su propia dinámica competitiva.
Por ese motivo, se conceptualiza como una suerte de criterio técnico que permite el desarrollo de la lógica mercantil.
No obstante, también admite una conceptualización ética.
Desde esta perspectiva, una gestión transparente del programa favorecería su aceptación por parte de la ciudadanía.
Que los golden visa sean vistos como iniciativas legítimas dependerá de que no dañen la reputación del país (Xu, El-Ashram y Gold, 2015).
Esa reputación podría resultar afectada por sospechas de que los visados dorados son un mecanismo que permite blanquear u ocultar dinero o que vulnera el principio de igualdad entre los ciudadanos.
Frente al primer recelo, se recomienda la verificación de la identidad y el pasado de cualquier inversor, así como el establecimiento de procedimientos administrativos rigurosos.
Frente al segundo, se recomienda informar a la opinión pública sobre el número de visados dorados concedidos y sobre el volumen de inversión captada.
Así pues, la idea de transparencia funciona simultáneamente como criterio de eficiencia del mercado y como criterio de legitimación política.
El análisis teórico que hasta aquí se ha desarrollado encuentra su materialización empírica en el discurso de los responsables políticos de esta medida.
Este discurso no difiere substancialmente entre los dos países, y globalmente reproduce la lógica anteriormente descrita.
Comenzando con Portugal, es imprescindible recuperar la figura de Paulo Portas, Ministro de Estado y de Asuntos Exteriores (Negócios Estrangeiros) del XIX Gobierno Constitucional (2011-2015), en calidad de defensor y promotor público del programa.
Sus intervenciones permiten ilustrar el tipo de justificación empleada mediante argumentos alusivos al sistema de competición global para atraer inversores.
Tras un año de funcionamiento, Portas anunciaba que el pro-a495 grama había logrado captar 306,7 millones de euros gracias a 471 visados, lo que excedía en 100 millones de euros las previsiones iniciales.
Esto demostraba que el país, en su opinión, había ganado relevancia en el panorama internacional: "[...] es una señal muy práctica de que Portugal está de vuelta al GPS de los países en los que es interesante invertir" (véase "Paulo Portas diz que o programa que concede vistos 'gold' excedeu largamente o objetivo").
Sin embargo, este posicionamiento prometedor se resiente cuando en noviembre de 2014 se desencadena la operación laberinto y se detiene a once personas, incluyendo a altos funcionarios del estado, por sospechas de corrupción, tráfico de influencias y blanqueamiento de capitales en el proceso de adjudicación de los visados dorados.
Esto motivó la dimisión del ministro de Administración Interna, Miguel Macedo, y la suspensión temporal del programa.
El debate público y los medios de comunicación abordaron la cuestión de la reputación del país temiendo que el caso minase el valor de Portugal como espacio de inversión.
El programa fue reactivado poco tiempo después y, gracias a la presencia de Paulo Portas en la comisión de investigación parlamentaria al hilo de aquella operación, en marzo de 2015, contamos con algunas declaraciones justificativas de la medida: a) La competencia global por la atracción de inversores "[...] va a permanecer; es una realidad indiscutible" (véase en Público: «Paulo Portas: "Estamos disponíveis para melhorar sistema" dos vistos gold»).
b) Renunciar a esta posibilidad de inversión es un gesto "insano" toda vez contribuye a la generación de riqueza.
En el caso del sector inmobiliario, "las casas no caen del cielo, alguien tiene que construirlas [...] esto deja impuestos en los ayuntamientos y en el estado portugués" (véase «Vistos Gold.
c) Cualquier fragilidad o titubeo redunda en un avance de los competidores: "cuando el programa portugués tuvo un periodo de alguna incertidumbre, el mercado que creció fue el español" (véase «Paulo Portas: "Estamos disponíveis para melhorar sistema" dos vistos gold»).
El cambio de gobierno no supuso ninguna alteración en el programa.
El XXI Gobierno Constitucional, encabezado por el Partido Socialista y con apoyo parlamentario del Bloco de Esquerda y del Partido Comunista, ha dado continuidad a la iniciativa haciendo un balance positivo de su ejecución (véase "António Cos-ta destaca política de alargamento dos "vistos gold" em visita à China"; "Vistos gold: Quatro anos são positivos mas programa está longe de ser principal arma para captar investimento").
Como señalamos anteriormente, en España el tipo de discurso de los responsables políticos es similar.
Soraya Sáenz de Santamaria, vicepresidenta del gobierno, desgranaba algunos argumentos en abril de 2013 tras la aprobación del anteproyecto de la ley de emprendedores, donde se enmarcan los visados dorados:
-Necesidad de posicionar el país en el mercado global de captación de inversión: "Lo que hacemos es, ni más ni menos, lo que están haciendo otros estados de nuestro entorno para atraer inversores" (véase "Los extranjeros obtendrán la residencia al comprar un inmueble de más de 500.000 €").
-Los inversores tienen un efecto positivo en la economía nacional: "están contribuyendo a la riqueza del país y se ha considerado oportuno que obtengan la residencia de manera ordenada y disciplinada" (véase "Los extranjeros obtendrán la residencia al comprar un inmueble de más de 500.000 €").
Sin embargo, antes de la aprobación definitiva del programa fue posible asistir al debate sobre el montante mínimo de la inversión requerida para obtener la ARI.
Si bien se trató de una controversia con escasa repercusión en los medios de comunicación, permite contemplar una parte del proceso que instituye el mercado de los visados dorados gracias al concurso fundamental del estado.
Un año antes el Secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, situaba en 160.000 euros ese montante mínimo; un montante de equilibrio entre el incentivo a una llegada excesiva de solicitantes y las necesidades de financiación del país: "No se puede poner un límite de precio más bajo porque generaría una demanda masiva de permisos de residencia.
Un precio inferior podría servir de excusa para obtener la residencia" (véase "El Gobierno concederá la residencia a los extranjeros que compren una casa por más de 160.000 euros").
Lo que está en juego es el coste reputacional: si el requisito de inversión es excesivamente bajo, la información que se transmite al mercado es la de un país que vende abiertamente y sin tapujos la residencia.
Así lo interpretaba una consultora especializada en el mercado chino tiempo después de haber sido establecido el montante mínimo en 500.000 euros: "El precio anterior [160.000 euros] no daba una buena imagen a495 y creaba un clima de desconfianza y confusión" (Cabrerizo, 2013, 29 abril) 5.
La razón de ser de aquella cantidad, según la prensa económica especializada, guardaría relación con el "[...] prototipo de inmueble predominante, en torno a los 160.000 euros de valor" (Soler-Matutes y Lijing, 2012, 23 noviembre).
Es decir, la variable inmobiliaria adquiere una trascendencia definitiva, como apunta el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al hablar de la necesidad de vender las casas derivadas de la burbuja vivida por el sector (véase "Rajoy sobre la residencia para compradores:'Tenemos que vender stock'").
Ni Portugal ni España divergen, por lo tanto, en el modo de pensar, justificar y legitimar los visados dorados: la racionalidad política neoliberal define en los dos casos la substancia de la medida.
LAS IMPLICACIONES CÍVICO-POLÍTICAS Y SOCIO-LÓGICAS DE LOS VISADOS DORADOS
Los programas ARI originan diversas reflexiones relacionadas con el concepto de 'ciudadanía' (Dzankic, 2012; Peláez-Paz y Sanz Abad, 2014).
No pretendemos ser exhaustivos en este punto, por lo que nos limitamos a apuntar las líneas maestras de los problemas que los golden visa plantean en el ámbito cívicopolítico y sociológico.
El concepto de ciudadanía alude al tipo de relación que se establece entre el individuo y el estado, mediada por una serie de derechos y deberes recíprocos.
De modo sintético, las principales dimensiones de la ciudadanía son las siguientes: a) Voluntad y posibilidad de participación en las decisiones relativas a los asuntos de la comunidad.
b) Protección del ciudadano a través de la ley con obligación de su cumplimiento.
c) Igualdad de todos los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos y deberes legales.
d) Legitimidad de las instituciones que garantizan los derechos y deberes de los ciudadanos.
e) Sentido de pertenencia a una comunidad asociado al vínculo de la residencia.
f) Lealtad a las instituciones estatales-nacionales por parte de los ciudadanos.
Convencionalmente el concepto de ciudadanía y el hecho de ser considerado un ciudadano son dos elementos relativamente independientes de las condiciones materiales poseídas por cada individuo, una vez que la ciudadanía se construye al margen del estatuto económico de la persona.
Sin embargo, los visados dorados revelan cómo algunas de las dimensiones de la ciudadanía -en este caso la residencia-se articulan alrededor del mercado, disociándose del territorio y de la permanencia física y estructurándose en función de la circulación global de flujos de capital (Ong, 2005; Ong, 2006).
Como apuntan Walsh (2011) y Peláez-Paz y Sanz Abad (2014), con los golden visa asistimos a modulaciones de la ciudadanía en función de las dinámicas de dichos flujos.
Paralelamente la cuestión que emerge es la posibilidad de instrumentalizar dimensiones de la ciudadanía ofrecidas ahora como ventaja competitiva en línea con una concepción económica del ciudadano (Shachar y Bauböck, 2014).
El acceso diferencial y preferente a la residencia, que a su vez podría abrir el camino a la naturalización y por ende a la ciudadanía plena, contradice una noción de 'ciudadano no sujeto a evaluaciones económicas como fundamento de su condición'.
Esa instrumentalización obviamente coloca bajo sospecha al beneficiario de los golden visa.
Su vinculación a la comunidad puede leerse en clave exclusivamente utilitaria con el consiguiente riesgo para la cohesión de la sociedad: la falta de compromiso o identificación atribuida a sus beneficiarios resulta especialmente relevante en momentos de crisis colectiva, cuando difícilmente podrá apelarse a ellos para que, junto al resto de la ciudadanía, realicen los esfuerzos o incluso los sacrificios necesarios para superar esas dificultades (Shachar, 2014).
Este punto resulta esencial en España y Portugal, donde la virulencia de la crisis económico-financiera iniciada en 2008 se ha traducido en pérdidas significativas de poder adquisitivo, pauperización, desempleo y desprotección social entre amplias capas de la población.
Al tiempo, las políticas de austeridad han venido acompañadas de un discurso legitimador que enfatiza, precisamente, la idea de sacrificio, de frugalidad y de esfuerzo colectivo para salir de una coyuntura social exigente y dura (Alonso, Fernández Rodríguez e Ibáñez Rojo, 2016).
Existe, por lo tanto, ese riesgo de desmoralización de la ciudadanía ante medidas percibidas como no igualitarias, no equitativas y cívicamente poco ejemplares.
Por otra parte, que estos programas puedan ser objeto legítimo de estudio dentro del campo de la sociología de las migraciones es una cuestión discutible.
En última instancia, los visados dorados pueden concederse a quien ni siquiera reside, vaya a residir, o tenga intención de residir en el país en el que realiza la inversión.
Esto es, puede no estar aso-a495 ciada a ningún tipo de movilidad o permanencia.
En este sentido no dejaría de ser una variante más de inversión extranjera directa que intenta ser atraída con ayuda de incentivos y ventajas para el inversor.
Paradójicamente, como ya apuntamos anteriormente, se otorga la posibilidad de residencia sin que residir o permanecer sean requisitos determinantes.
Sin movilidad ni permanencia, restarían apenas desplazamientos puntuales del titular del golden visa para observar y controlar el estado de sus inversiones.
Desde esta óptica, estos programas difícilmente podrían relacionarse con el fenómeno migratorio.
Sin embargo, existen indicios que nos permiten afirmar precisamente lo contrario.
Son pistas que nos hablan de movilidad y permanencia y, en efecto, de la posibilidad de encuadrar los programas en la sociología de las migraciones.
El primer grupo de indicios tiene que ver con las solicitudes de reagrupamiento familiar cursadas al amparo de estos visados.
Estas solicitudes pueden ser prudentemente interpretadas como un indicador de permanencia por parte del inversor, lo cual aproximaría los visados dorados, por sus efectos, al fenómeno migratorio.
Con todo, desconocemos el número total de personas que se han establecido de forma efectiva en el país.
En el caso español, tan solo disponemos de datos agregados para el conjunto de los extranjeros que solicitan la residencia en España al amparo de la ley de los emprendedores (i.e., inversores, emprendedores, investigadores, profesionales altamente cualificados y trasladados intraempresariales).
Así pues, es necesaria alguna precaución en su lectura, sobre todo si tenemos en cuenta que el número de reagrupaciones familiares de los ciudadanos inversores se encuentra integrado en los datos generales.
En 2018 se registra un total acumulado de 12.568 permisos de residencia por reagrupación familiar, aunque esta cifra no permite distinguir la categoría con base en la cual se produce la reagrupación (véase Extranjeros residentes en España.
Esto es, no sabemos si son familiares de inversores, emprendedores, investigadores, profesionales altamente cualificados o trasladados empresariales.
Un segundo grupo de indicios alude a la pluralidad de motivaciones que mueve a los solicitantes de los visados dorados.
Contra cierto reduccionismo que ve en estas solicitudes motivos exclusivamente económicos, esto es, la maximización del retorno generado por la inversión, existen investigaciones que identifican motivaciones de naturaleza diversa que coexisten con las de cariz económico (Gaspar, 2017).
Estos motivos pueden englobarse, genéricamente, bajo la etiqueta de migraciones por estilo de vida y se refieren a la movilidad vinculada a la búsqueda de una mayor calidad en el modo de vivir (Benson y O'Reilly, 2009) caracterizada por: c) Estar relacionada con valores post-materialistas (reflexividad, realización personal, renegociación del binomio tiempo laboral-tiempo individual, libertad, autonomía) integrados en un marco simbólico en el que la migración no es un acto y sí un proceso ligado a un nuevo comienzo.
d) Presentar niveles de autoempleo significativos, relacionados con la pretensión de gozar de autonomía propia y de independencia respecto a cualquier jerarquía laboral.
Estas características pueden ser encontradas en ciertos sectores de la sociedad china, origen del mayor número de golden visa en Portugal y España.
Wong (2003) destaca este perfil de migración en el que, junto a las oportunidades de negocio, una creciente clase media se dirige a Australia, Canadá o Estados Unidos atraída por las posibilidades educativas para sus hijos, por unas condiciones de vida con mayor calidad y por la estabilidad legal y política de la que carecen en su país.
Xu y Wu (2016) corroboran la pujanza de este perfil dentro de la propia China, materializado en jubilados, emprendedores y turistastrabajadores que se encaminan hacia las ciudades del sur huyendo de las grandes urbes y poseedores de algún volumen de capital con el que financiar su retiro o sus proyectos profesionales.
En Portugal este fenómeno también es constatable y se encuentra vinculado en parte al desarrollo del programa.
En el estudio de Bongardt y Santos Neves (2014) sobre la comunidad china de negocios en territorio portugués los entrevistados mencionan otros motivos que justificarían su permanencia en el país: a495 las oportunidades educativas y formativas para los más jóvenes, la estabilidad y la seguridad frente a los riesgos que comporta el sistema legal chino, las opciones de reagrupamiento familiar, la libertad de movimientos en el espacio Schengen, el capital simbólico acumulado en términos de prestigio basado en el contacto con la cultura occidental y europea, y un medio ambiente no sometido a los índices de contaminación y degradación de las ciudades chinas.
Por lo tanto, es en este nicho donde con más claridad se observan los nexos entre visados dorados, migración y permanencia, y el que en consecuencia más potencialidades ofrece a la indagación sociológica.
En síntesis, los golden visa pueden constituir un objeto legítimo para la sociología si estos visados traen aparejadas ventajas de movilidad y permanencia (posibilidad verosímil si se atiende al reagrupamiento familiar o a la movilidad por estilo de vida que parecen practicar algunos de los más frecuentes beneficiarios).
Los visados dorados son todavía una novedad en España y Portugal.
Medidas tan recientes solo admiten una aproximación cautelosa a la espera de que su consolidación y evolución venga acompañada de más datos e información con los que ofrecer un análisis más completo.
Lo que sabemos hasta aquí determina que estas conclusiones sean provisionales: a) Conceptualmente entendemos que en España y Portugal los golden visa se encuadran en las migraciones de capital, con sus dos dimensiones asociadas: los programas de migración de negocios y la inversión directa extranjera.
Esta última, como hemos señalado, no tiene por qué determinar necesariamente la movilidad geográfica y la permanencia del titular del visado.
b) En ambos países, los visados dorados se integran en la circulación mundial de flujos de capital y en las dinámicas competitivas que se establecen en pos de su atracción.
Coyunturalmente estos programas nacen a raíz de la crisis de las deudas soberanas en Europa desde 2011, tras un periodo dominado por políticas de austeridad -con la reducción del gasto público y la contracción de la economía con vistas a su posterior expansión-en el que es estimulada la búsqueda de inversores que no generen una sobrecarga en el sistema de protección social.
c) Los visados dorados son el exponente de un tipo de racionalidad política neoliberal que propugna una noción de ciudadanía económica que justificaría el trato preferente a ciertos individuos como detentores de capital.
Institucionalmente este tipo de ciudadanía es favorecida y modelada por el estado como pieza básica en la dinamización de un mercado de inversores extranjeros.
d) Los efectos cívico-políticos pasan por el riesgo de mercantilización de aspectos clave dentro del campo de la ciudadanía.
Uno de estos aspectos es la residencia, que guarda relación con las ideas de comunidad, cohesión y participación.
A su vez, esta ciudadanía modulada y articulada de acuerdo con las dinámicas del mercado introduce desigualdades en el trato del estado a los ciudadanos, basadas en el valor económico que porta cada individuo y que afectan negativamente al grado de legitimidad que los ciudadanos atribuyen a las instituciones.
e) En clave científica, estos programas pueden formar parte del campo de estudio de la sociología de las migraciones siempre que la inversión no venga acompañada de movilidad y permanencia.
No obstante, existen indicios de que tales inversiones pueden vincularse a un tipo de migración por estilo de vida en la que, genéricamente, se pretende una mejoría cualitativa del modo de vivir.
Más allá de estas conclusiones existen cuestiones a la espera de investigación.
En lo que toca a la descripción y al análisis de la evolución del fenómeno, los datos relativos a los visados dorados deben permitir un mayor nivel de desagregación (nacionalidades completas, zonas en las que se concentra la inversión, reproducción de la inversión, renovaciones, naturalización por vía de la ARI), amén de añadir información pertinente relacionada.
Con relación a los beneficiarios de los visados dorados, desconocemos quiénes son y cómo se articulan los motivos que condujeron a realizar su solicitud.
Se hacen necesarias investigaciones cualitativas que den cuenta de las razones de aquellos beneficiarios y que permitan determinar hasta qué punto el marco de la migración por estilo de vida se ajusta a este tipo de movilidad y a sus protagonistas, así como los patrones de sedentarización y las estrategias de integración en el país de acogida.
En el futuro también será necesario determinar si el origen de los beneficiarios de los visados dorados se halla en colectivos con los que existe una relación importante en los ámbitos del turismo y de los negocios.
Este análisis permitiría comprender mejor el alcance del programa y su contextualización en el marco de las relaciones internacionales de capital y del flujo de migraciones que mantienen España y Portugal con otros países.
Finalmente, dentro del contexto de recepción (países de acogida) necesitamos conocer las percepciones que los ciudadanos nacionales y la población inmigrante tienen del programa, lo que a su vez permitiría calibrar las consecuencias cívico-políticas del fenómeno.
[1] En este artículo emplearemos las dos expresiones indistintamente.
[2] En Portugal, la ARI estuvo precedida años antes por otra medida de carácter fiscal para facilitar la entrada de capital de ciudadanos extranjeros de cualquier nacionalidad: los Residentes No Habituales (RNH).
Esta medida favorece la exención fiscal a jubilados y ciudadanos extranjeros altamente cualificados que no hayan residido en el país durante los cinco años previos a la solicitud.
Esta exoneración fiscal se aplica a todos los beneficiarios extranjeros que se instalen oficialmente en Portugal y que posean fuentes de rendimiento con origen extranjero -depósitos bancarios de interés variable, plusvalías y alquileres de inmuebles, pensiones o empleo por cuenta propia.
En el caso de rendimien-tos de trabajo dependiente y por cuenta propia altamente cualificados ejercidos en Portugal, la tasa fiscal única aplicable es del 20%, independientemente del volumen de ingresos (Decreto-Lei no 249/2009, de 23 de septiembre) (Mendes, 2015; Mesquita, 2014).
[3] Ni España ni Portugal constituyen una excepción.
En Europa países como Bulgaria, Chipre, Francia, Grecia, Irlanda, Hungría, Malta, Letonia y el Reino Unido aplican programas de residencia por inversión similares (Carrera, 2014; Mesquita, 2014; Mendes, 2015).
Fuera de Europa existen también programas análogos con variaciones en los requisitos y el periodo de vigencia de los derechos de ciudadanía y residencia.
Es el caso de Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Singapur y los Estados Unidos (Xu, El-Ashram y Gold, 2015, p.
[4] Es el caso de Malta.
El programa de inversión individual de Malta, desarrollado a finales de 2013, ha suscitado un amplio debate además de reproches por parte de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo.
En ese programa se concedía la nacionalidad maltesa a cualquier ciudadano de un país tercero que donara dinero al estado o invirtiera en la economía nacional (Carrera, 2014).
[5] Como sabemos, la propuesta de los 160.000 euros no prosperó y España fijó un montante similar al de sus competidores.
Número de autorizaciones de residencia para inversores TOTAL 9674 |
En el artículo, utilizando elementos conceptuales de derecho comparado (originalidad) y de economía de la cultura (valor cultural), se expone que la contribución realizada por el intérprete a la obra flamenca no cuenta con una protección acorde con su importancia.
La metodología utilizada incluye entrevistas a personalidades del flamenco, que permitieron determinar la estructura de la obra musical flamenca y el diseño de su proceso de creación.
Posteriormente, a partir de encuestas, se obtiene una aproximación a la valoración cultural de los agentes que dan lugar a la obra: palo (acervo cultural), autor e intérprete.
Conmemorando el 25 aniversario de su muerte, se presenta un caso representativo de la problemática tratada, protagonizado por Camarón de la Isla.
En este sentido el trabajo contribuye al estudio de la valoración del intérprete como parte fundamental de la obra musical flamenca y, por tanto, sustenta la demanda de una protección por derechos de autor.
El maestro salió del camerino, podía escuchar la agitación y la excitación que provenía del auditorio.
Cuando se abrió la cortina y apareció en el escenario, el público guardó silencio, Camarón se sentó en su silla de anea y de repente surgió de su ser la soleá llamada salud es lo que yo quiero.
El público estaba paralizado; cuando terminó el cantaor, se levantó para aplaudir en medio del éxtasis.
No sabían que esta sería su última actuación, apenas seis meses después la vida del artista se extinguiría por causa del cáncer.
Es en este momento cuando surge el dilema, tan pronto como él murió, su riqueza y ganancias murieron con él, dejando a su familia y sus futuras generaciones sin su sustento económico (Marcos, 2010, 24 de noviembre).
El artículo se centra en la figura de Camarón de la Isla, conmemorando el 25 aniversario de su desaparición.
Camarón es considerado uno de los mejores cantaores de la historia del flamenco (Gamboa y Núñez, 2003, p.
Pocas semanas antes de su muerte, en su última entrevista televisada, hacía referencia a su situación acerca de los derechos de autor que no poseía sobre las obras en las que participó (Sáenz de Tejada, 1992, 2 de agosto).
Con ello se plantea un problema de repercusiones legales -se cuestiona la validez de firmas reconocidas como autoras de canciones-, morales (Román Pérez, 2003, p.
233) -se reivindica una mayor protección del trabajo del intérprete creativo 1 y culturales -se descubre el escaso interés oficial e industrial, que no popular, por el reparto de derechos de la obra de un artista reconocido como único (Connolly y Krueger, 2006, p.
Para entender el caso de Camarón hay que contextualizarlo dentro del flamenco, género de música popular tradicional (Bermúdez y Pérez, 2009, p.
Cuenta con un componente regional importante unido a dicha comunidad autónoma (Aoyama 2007, p.
16), donde existen estilos por zonas, ciudades e incluso barrios (Manuel, 2010, p.
Además, se caracteriza por una tradición oral que se refleja en elementos como la improvisación o como la intuición, y en su repertorio, a menudo nutrido por obras populares (Galacho Abolafio, 2014, p.
Los cantes o palos 2 se conocen por las personas que los interpretan y le dan su estilo propio, desco-nociéndose en muchos casos su origen, de ahí que sea considerado como un género musical vivo (Bermúdez y Pérez, 2009, p.
Ejemplos significativos son: las seguiriyas de Antonio Mairena o las soleares de Tomás Pavón.
Su importancia y reconocimiento se reflejan en su inscripción en la Lista Representativa Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010 (Palma, Palma, Rodríguez, Martín y Cascajo, 2017, p.
El argumento principal del estudio es considerar que el intérprete desarrolla un trabajo creativo que representa un valor cultural (Icazuriaga, Cuadrado y Miquel, 2016, p.
No obstante, este valor añadido no tiene una traducción jurídica en derechos equivalente a su importancia (Osborne, 2017, p.
En la práctica se les da un tratamiento de elemento rutinario (Caves, 2003, p.
73), como se podrá observar en el caso de Camarón de la Isla.
Para ello, en primer lugar, se analiza el texto refundido de la ley de propiedad intelectual (en adelante TRLPI), norma fundamental en este ámbito en el ordenamiento jurídico español, para luego comprobar los estándares de originalidad que utilizan otros estados europeos y los Estados Unidos para proteger el trabajo creativo.
En segundo lugar, se presenta el proceso de creación de la obra musical flamenca, cuyos principales argumentos son: palo, autor e intérprete creativo.
Conceptualmente se sustenta con la bibliografía existente (Felton, 1978, p.
746) y con entrevistas realizadas a personalidades del mundo del flamenco 3.
En tercer lugar, se valora la figura del intérprete mediante encuestas realizadas a tres agentes del mercado del flamenco: aficionados, críticos y gestores de espacios culturales.
A efectos del estudio, la muestra se divide en: aficionados 4 y expertos 5 (Lundy y Smith, 2016, p.
Por último, se presenta el caso de Camarón de la Isla, para lo cual, siguiendo el hilo argumental trazado en el artículo, se usa información de las entrevistas realizadas y se realiza un estudio del número de visitas de sus interpretaciones en la plataforma digital Youtube.
La contribución de la investigación es, por un lado, conceptual, con el análisis de los requisitos necesarios para proteger los trabajos creativos que forman la obra musical flamenca según diferentes ordenamientos jurídicos en materia de propiedad intelectual; por otro lado, es empírica, reflejando el desequilibrio entre el valor cultural aportado por el intérprete y la protección que recibe (Osborne, 2017, p.
573), ejemplificado con el caso concreto de Camarón de la Isla.
Derechos de autor vs. derechos vecinos en la legislación española
Para estudiar el caso de Camarón de la Isla, es necesario analizar el TRLPI, donde se observa que la ubicación de los derechos de autor y de los intérpretes es diferente (Román Pérez, 2010).
Por un lado, los primeros se recogen en el libro I (de los Derechos de autor), mientras que los de los intérpretes aparecen en el libro II (de los otros derechos de propiedad intelectual y de protección "sui generis" de las bases de datos, junto con otros titulares de derechos de propiedad intelectual, como los productores de fonogramas, audiovisuales o las entidades de radiodifusión).
155), recogidos en el libro I se centran en los derechos patrimoniales (Giblin, 2017, p.
184) -reproducción, distribución, comunicación pública y transformación-y los morales (Baldwin, 2014, p.
24) -paternidad, integridad, divulgación, modificación, retirada del comercio por cambio de convicciones intelectuales o morales y acceso a ejemplar único o raro-.
Los derechos vecinos, centrados en los sujetos que aparecen en el libro II, no incluyen el derecho patrimonial de transformación, ni los morales de divulgación, modificación, retirada del comercio por cambio de convicciones intelectuales o morales y acceso a ejemplar único o raro (Towse, 2007, p.
Un tema controvertido es la duración de los derechos patrimoniales, ya que los derechos de los autores duran toda su vida y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento, y sin embargo los de los artistas duran setenta años desde la interpretación (véase Directive 2011/77/EU of the European Parliament and of the Council of 27 September 2011, amending Directive 2006/116EC on the term of protection of copyright and certain related rights) o desde la divulgación lícita de la grabación de su ejecución.
La diferencia es sustancial en la duración (longitud) 6 de los derechos de uno y otro (Towse, 2007, p.
751) además de su amplitud 7 (cobertura), siendo en ambos casos minusvalorada la contribución del intérprete en términos de protección.
La posible explicación es que los sujetos que aparecen en el libro II no aportan naturaleza creativa a la obra y lo que se pretende proteger es la inversión económica o de trabajo que realizan, dándoles tratamiento de hummdrum input a sus aportaciones (Caves, 2003, p.
En este sentido, se deberían diferenciar en el TRLPI dos bloques: el de los que aportan altura creativa a la obra (autores e intérpretes) y el de los que participan con recursos no creativos, como los financieros o los que realizan la grabación de la obra (Hadida, 2010, p.
En el próximo apartado se tratarán los estándares de originalidad necesarios para que alguien pueda ser considerado autor de cualquier tipo de obra y, así, pueda acogerse a los derechos que aparecen en el libro I del TRLPI.
La originalidad como requisito de protección por derechos de autor
Para entender la protección de la creatividad o valor cultural es necesario definir el concepto de originalidad en sus vertientes subjetiva y objetiva (Galacho Abolafio, 2017, p.
Para ello, además del TRLPI y sentencias emitidas por el Tribunal Supremo español, se estudian regulaciones legales y jurisprudencia de diferentes países.
Por un lado, la vertiente subjetiva de la originalidad según Galacho Abolafio (2017, p.
1298) se basa en la impronta personal de los creadores.
Esto se desprende de lo dictado por la Cour de Cassation 8 francesa (caso Furtwängler), donde se observa la primacía de la impronta personal como criterio de originalidad por encima del de novedad (caso Manitas de Plata) 9 (Heredia-Carroza et al., 2017, p.
El artículo 2.2 de la ley de creaciones intelectuales personales individuales alemana (Persönliche Geistige Shöpfungen) equipara el concepto de originalidad subjetiva al de altura creativa (Gestaltungshöhe).
A diferencia del tribunal francés, la regulación alemana demanda un nivel mínimo de novedad en la obra, siendo su estándar de originalidad el más exigente de Europa.
Sin embargo, el reputado jurista alemán Loewenheim (Román Pérez, 2003, p.
20) trata conceptos como espíritu humano (der menschliche Geist), individualidad y expresión personal del creador, todos ellos muy ligados al de impronta personal definido anteriormente.
Por otro lado, la vertiente objetiva de la originalidad se basa, según lo dictado por el Tribunal Supremo 10 español, en tres requisitos: singularidad, individualidad y distinguibilidad.
Todos ellos fundamentados en el presupuesto primordial de que para que la creación a496 humana sea protegida, esta debe ser original y haber creado algo que no existía anteriormente.
Dichos requisitos están en consonancia con el concepto de variación distinguible (distinguishable variation) utilizado por los tribunales de Estados Unidos, según el cual una obra es original cuando las aportaciones realizadas por los creadores proporcionan una variación suficiente con respecto a la obra preexistente (Code of Federal Regulations, Title 37 -Patents, Trademarks, and Copyrights).
Por último, las Directivas Comunitarias 11 concernientes a propiedad intelectual están alineadas con el criterio de originalidad objetiva, donde la novedad determina el reconocimiento como obra y la protección por derechos de autor que se atribuye a su creador, por encima del criterio de impronta personal sustentando por la originalidad subjetiva.
Una vez definido el concepto de originalidad desde el punto de vista jurídico, ahora se va a identificar con elementos que conforman el valor cultural aportado por los agentes que intervienen en la creación de la obra.
Para ello se presenta el proceso de creación de la obra musical flamenca, donde se podrán observar los agentes intervinientes que agregan valor cultural y, por tanto, merecen una protección jurídica.
PROCESO DE CREACIÓN DE LA OBRA MUSICAL FLAMENCA
Gracias a la bibliografía existente (Romero, 1996, p.
29) y a las quince entrevistas realizadas a personalidades del flamenco (véase anexo 1) se ha podido diseñar el proceso de creación de la obra flamenca (véase anexo 2).
Para ello, se han tenido en cuenta los agentes que intervienen en el mismo 12 -palo, autor e intérprete creativo-y los elementos aportados por cada uno de ellos.
Dichos elementos se denominan elementos estructurales y de ellos se desprende la originalidad de la obra, que potencialmente podrá ser protegida por los derechos de propiedad intelectual.
En la figura 1 se muestra dicho proceso y las aportaciones realizadas por los agentes intervinientes (Heredia-Carroza, Palma Martos y Aguado, 2019, p.
En él se distinguen los agentes que intervienen en la creación de la obra:
Palo: aporta dos elementos estructurales que tienen origen en el acervo cultural flamenco: ritmo y armonía (Manuel, 2010, p.
Desde la perspectiva de la bibliografía sobre la propiedad intelectual está expuesto al dominio público 13 (Galacho Abolafio, 2014, p.
Proceso de creación de la obra musical flamenca Fuente: Elaboración propia.
Autor: mediante la composición 14 aporta dos elementos estructurales más a la obra: melodía y letra (Rosón, 2010, p.
El instrumento de protección de este tipo de trabajo creativo son los derechos de autor (Manuel, 2006, p.
Intérprete: mediante la exteriorización de la obra, aporta variables identificadas en las entrevistas como son: elemento distintivo, improvisación, técnica, capacidad de emocionar, generar reflexión en los espectadores, que el receptor sienta y haga sentir el flamenco, entre otras (Hadida, 2010, p.
El instrumento de protección de este tipo de trabajo creativo son los derechos vecinos.
Este trabajo se alinea con la postura de considerar la interpretación creativa como un quinto elemento estructural (Heredia-Carroza et al., 2017, p.
Al ser la música un producto intangible, necesita en su proceso de creación la exteriorización para ser un producto completo, ya que pocas personas pueden traducir lo escrito en partituras en sonidos (Felton, 1978, p.
Además, en el caso que nos ocupa del flamenco, durante la exteriorización el intérprete recrea lo preestablecido por el autor en la composición, lo que puede considerarse como un trabajo creativo con entidad propia.
De esta forma se podría llegar a hacer equivalentes la creatividad del autor y el talento del intérprete (Bryant y Throsby, 2006, p.
Gráficamente la importancia de la exteriorización se recoge en la Figura 2.
Otra idea relacionada con el proceso de creación son los denominados por Landes y Posner (1989, p.
Mientras que el trabajo creativo del autor queda cerrado cuando termina de componer la melodía y de escribir la letra, la aportación creativa del intérprete no finaliza con su primera interpretación.
Debido a las particularidades interpretativas del flamenco, es fundamental la constante recreación de la obra por parte de los intérpretes (Ordóñez Flores, 2011, p.
Dicho esfuerzo intelectual no es tenido en cuenta por los derechos de propiedad intelectual.
El proceso de creación presentado puede aplicarse a otros tipos de música popular donde durante la exteriorización se recree lo preestablecido por la composición, como son la salsa, el jazz o el blues (Negus, Street y Behr, 2017, p.
Además de las personas entrevistadas, Galacho Abolafio (2014, p.
353) habla del carácter improvisatorio, esencial para dichos estilos, lo que está unido a la importancia de las contribuciones realizadas por el intérprete, que hacen que la percepción del valor cultural de la obra varíe y la obra sea única (Hernández Belver y Ullán de la Fuente, 1996, p.
EL INTÉRPRETE FLAMENCO DESDE LA PERSPECTIVA DE AFICIONADOS Y EXPERTOS
En este apartado se pretenden contrastar las ideas explicadas anteriormente sobre la importancia del intérprete con el sentir de los agentes del mercado del flamenco.
Para ello se han realizado encuestas a través de un instrumento en línea dispuesto en Flama.
La Guía del Flamenco, que además contó con la divulgación del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco y la web Promocionmusical.es.
Bajo la categoría de expertos se enmarcan los críticos encargados de valorar el flamenco en prensa o en concursos y los gestores culturales que evalúan las obras para su programación en espectáculos.
Ambas figuras poseen un alto nivel de capital cultural que les permite realizar juicios por medio de la crítica y la contratación de un espectáculo (Bourdieu, 1984, p.
Se diseñaron dos instrumentos de encuesta, cada uno dirigido a una categoría de valoración (Lundy y Smith, 2016, p.
El instrumento se dividió en cua-Fuente: Elaboración propia.
Secuencias del proceso de creación a496 tro apartados, siendo los apartados 2, 3 y 4 comunes para ambos.
En el primer apartado, para los expertos, se indagó en el perfil profesional (años en el ejercicio de crítica y en el medio de publicación de las críticas; número de años en la gestión y la importancia relativa del flamenco en la programación general del espacio cultural).
Para los aficionados, en este apartado se investigaron sus características y patrones de consumo (grado de conocimiento del flamenco, si asiste a eventos, con qué frecuencia..., entre otros).
En el segundo, se realizaron 41 preguntas de valoración de la obra musical flamenca.
En el tercer apartado, se exploró sobre política cultural, con cuatro preguntas acerca de si el flamenco se debe apoyar con fondos públicos para su promoción.
En el cuarto apartado se pregunta por los aspectos socio-demográficos básicos (por ejemplo, edad, sexo, nivel educativo...).
Para los efectos de este artículo, se han tomado las respuestas acerca de la figura del intérprete.
La primera de ellas está relacionada con el nivel de aportación que realiza el intérprete a la obra musical flamenca [desde 1 hasta 7, siendo 1 muy bajo y 7 muy alto].
Para interpretar el resultado también se ha agrupado la valoración en los siguientes tres niveles: bajo [1 y 2]; medio [3, 4 y 5]; alto [6 y 7] y no sabe/no contesta.
Como se puede observar en la figura 3, tanto expertos como aficionados se decantan en una amplia mayoría por darle un valor alto al papel desarrollado por el intérprete dentro de la obra musical flamenca.
Esto se debe a ideas que se han expuesto anteriormente como son: la oralidad del género, la importancia de la exteriorización de la obra y el repertorio nutrido de obras populares.
En última instancia es el intérprete el que materializa la obra, dotándola de sus características propias como son la técnica, la improvisación o la manera de sentir.
La importancia del intérprete también se puede observar en la valoración de las siguientes afirmaciones 16, recogidas en la figura 4, donde tanto aficionados como expertos han valorado su grado de acuerdo:
De dichas afirmaciones y su valoración se desprende que:
Aficionados y expertos consideran que el éxito o fracaso de la obra depende en gran medida del intérprete.
La elección de asistencia a un concierto también depende en gran medida del intérprete.
Consideran esencial la aportación del intérprete a la obra musical flamenca.
Las tres cuestiones tienen relación directa con los gustos y preferencias de aficionados y expertos (Miquel-Romero y Montoro-Pons 2017, p.
Con las dos primeras afirmaciones se pone de manifiesto que el elemento diferencial (Bourdieu, 1984, p.
66) que los hace decantarse a asistir o no a un espectáculo es el intérprete, y con la última se enfatiza que su aportación es esencial para la obra musical.
No obstante, los diferentes ordenamientos jurídicos en materia de propiedad intelectual no dan al intérprete una protección acorde con la importancia que tiene para el mercado.
Como se ha podido comprobar, para ambas categorías definidas las aportaciones realizadas por el intérprete son fundamentales para la obra musical flamenca (Negus et al., 2017, p.
El caso de Camarón de la Isla es un ejemplo notable de cómo el reconocimiento dado por el mercado no se traduce en una mayor protección jurídica.
Una vez se han explicado tanto la parte jurídica como la identificación y valoración de las aportaciones realizadas por el intérprete creativo, se procede a presentar el caso de Camarón de la Isla, dando de esta forma un ejemplo visible que sustenta la argumentación presentada durante el desarrollo del trabajo.
Camarón de la Isla es considerado uno de los mejores cantaores de la historia, fue un transgresor, que abrió nuevas vías de interpretación (Gamboa y Núñez, 2003, p.
93), reconocimiento que se puede observar en los diferentes actos que han conmemorado en el presente año el 25 aniversario de su muerte 17.
Quizás sea el caso más sonado y polémico que existe sobre derechos de autor en el flamenco.
Esto es debido a las figuras que reúne; por un lado, la familia de Lucía 18 y, por otro, la de Camarón de la Isla (Manuel, 2010, p.
Las afirmaciones emitidas por las personalidades del flamenco acerca de Camarón son una de las aportaciones más interesantes de este artículo:
"El más grande de todos los tiempos" (Marina Heredia).
"El mejor de los completos" (Barullo), haciendo referencia a que normalmente un cantaor suele tener determinados palos en los que destaca, cuando para él Camarón destacaba en todos.
"Camarón era capaz de coger letras o recursos de otros cantaores, y engrandecerlos cuando los ponía en su voz" (Paco Cepero) 19.
"Camarón veía más allá, lo demostró con la leyenda del tiempo, muchos de los que estábamos allí no lo veíamos claro, sin embargo, él siempre creyó en que lo que se estaba haciendo era de calidad, como luego el tiempo demostró" (Tomatito) 20.
"Sus recursos técnicos además de un gran estudio y conocimiento necesitaban de unos atributos físicos que solo él tenía" (Rocío Márquez).
"Fue el único flamenco de su época que fue capaz de mover a las masas y que cuando sacaba un disco fuera número uno en ventas" (José Mercé).
Estas afirmaciones, junto con la valoración emitida por los encuestados (110 expertos y 580 aficionados) sustentan la tesis de que sin la figura de Camarón la obra musical flamenca no tendría el mismo valor cultural y reconocimiento (Hutter y Frey, 2010, p.
De la entrevista al guitarrista Tomatito se pudo extraer información sobre cómo trabajaron para la confección del álbum conceptual 21 la leyenda del tiempo, obra de culto para el flamenco, que marcó un antes y un después para dicho género.
El guitarrista contaba cómo dicho álbum salió al mercado gracias a la creencia de Camarón de poder convertir el flamenco en un género que llegara a las masas.
Además, describió el proceso de creación de dicho trabajo, cómo las obras creadas por Kiko Veneno y Ricardo Pachón, entre otros, llegaban a manos de los intérpretes y luego estos añadían sus elementos propios.
De esta forma, el valor cultural de la obra aumentaba, lo que confirma el esquema del proceso de creación explicado anteriormente.
El caso de Camarón es un ejemplo claro de intérprete creativo considerado una superestrella (Meiseberg, 2014, p.
Debido a la imposibilidad de sustituir sus aportaciones por otras provenientes de otros artistas (Benhamou, 2016, p.
306), las obras que interpretó se consideran únicas, siendo Camarón el elemento que las hace reconocibles ante el público.
Esto se puede demostrar, ya que las mismas obras interpretadas por otros artistas nunca han llegado a generar el mismo nivel de impacto (Cox, Felton y Chung, 1995, p.
Impacto de Camarón en Youtube
Relacionada con la última idea expuesta, se presenta otra de las contribuciones del estudio: la utilización de Youtube (Bürkner y Lange, 2017, p.
34) para comprobar el nivel de impacto de determinadas obras cuando cambia el intérprete.
Según las encuestas realizadas es el medio más común para escuchar flamenco por los aficionados 22.
El atractivo de comprobar el número de visitas obtenidas en dicha plataforma digital es demostrar la estabilidad temporal de las interpretaciones hechas por Camarón.
En la época en la que Camarón actuaba no existía dicha plataforma y, sin embargo, sus interpretaciones reciben visitas después de 25 años de su muerte.
Siguiendo la línea marcada por Simonton (2014, p.
20) se demuestra que dichas obras interpretadas por Camarón "sobreviven en el tiempo".
Al cambiar el cantaor, el valor percibido de la obra varía, quedando patente que una misma obra interpretada por Camarón frente a otro intérprete tiene un mayor valor para el público, lo que se materializa en el mayor número de visitas y en la citada "supervivencia temporal".
En la tabla 1 se presentan algunos casos significativos.
Con los datos obtenidos por las encuestas y por el número de visitas en Youtube se puede fundamentar que la interpretación es la que hace decantarse al espectador por la escucha de una obra u otra.
En este caso se puede observar cómo Camarón actúa como un elemento diferencial (Caves, 2003, p.
73) que mueve a los oyentes a escuchar su versión y no otra de las muchas ofrecidas por el mercado.
En casos como este, la aportación de originalidad por parte del intérprete sirve para justificar la consideración de la interpretación como un trabajo creativo fundamental para la obra en música popular tradicional.
En el artículo se presenta una metodología para el flamenco, que puede ser aplicable a otros tipos de música popular tradicional que esté caracterizada por su oralidad y la importancia del intérprete en su proceso creativo.
Esto permite la identificación de los agentes intervinientes y la posterior medición del valor cultural aportado por cada uno.
El intérprete con sus aportaciones imprime características distintivas a la obra musical flamenca que, una vez exteriorizada, es considerada como única.
Dicha interpretación podría ser imitable, pero nunca podrá ser reproducible debido a las características únicas del intérprete que la realizó.
Dichas características (improvisación, técnica o capacidad de emocionar) se pueden sintetizar en el concepto de originalidad.
Como se puede observar, la aplicación de los instrumentos actuales de protección del trabajo creativo en música popular tradicional (derechos de autor y derechos vecinos), crea distintos niveles de protección (Flegel y Roth, 2014, p.
Dicho desequilibrio afecta negativamente al intérprete, ya que los elementos aportados por él son protegidos por los derechos vecinos, que tienen una menor cobertura.
El resultado de las encuestas a aficionados y a expertos ratifica que el mercado identifica el valor cultural aportado por el intérprete.
Como se ha comprobado con el caso de Camarón de la Isla, el interés hacia las obras por parte del mercado crece cuando un sujeto con alta creatividad individual o mucho talento las interpreta.
Por todo ello, se necesita una solución para el desequilibrio existente entre la importancia que tienen las contribuciones del intérprete a la obra y la protección que reciben por parte de los derechos de propiedad intelectual.
En el presente estudio se proponen tres:
Por un lado, gracias al estudio de derecho comparado, se podría aplicar la línea marcada por las joint works de la legislación norteamericana (véase Code of Federal Regulations, Title 37-Patents, Trademarks, and Copyrights) y las obras en colaboración defendidas en el TRLPI en su artículo 7.1.
Siguiendo la argumentación del proceso de creación expuesto, los agentes intervinientes -palo, autor e intérprete-dan lugar a un trabajo con un resultado unitario que sería protegido por derechos de autor.
En este caso los derechos de los intérpretes aumentarían debido a que serían considerados como autores en colaboración.
Debido a la oralidad que caracteriza al flamenco, donde elementos como la improvisación y la intuición del intérprete son fundamentales, la obra es continuamente recreada.
Esto abriría la posibilidad de considerarla como una obra compuesta, idea expuesta en el artículo 9 del TRLPI (Galacho Abolafio, 2014, p.
Dicha obra se caracteriza por ser una obra nueva, que incorpora una composición preexistente sin la colaboración de su autor.
Otra posible solución, para el caso de España, sería la aplicación del artículo 132 del TRLPI (Román Pérez, 2010, p.
Según lo recogido en el mismo, subsidiariamente se pueden aplicar disposiciones propias del libro I (donde aparecen los autores) a los sujetos que aparecen en el libro II (como son los intérpretes).
En este caso se homologarían los derechos entre autor e intérprete, pero con la diferencia de que no se consideraría al intérprete como autor de la obra final.
Los autores agradecen a la abogada Ana Isabel Cejuela Solís y a la doctora Cristina Cruces Roldán los útiles comentarios y discusiones realizadas, así como a los expertos entrevistados, a las organizaciones que dieron a conocer la encuesta (Flama.
La guía del flamenco, el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco y el sitio web Promocionmusical.com) y a las personas que respondieron la encuesta.
El presente trabajo ha sido financiado por el Programa de Movilidad Académica entre Instituciones Asociadas de la Asociación Universitaria Iberoamericana de Posgrado (AUIP).
El intérprete creativo es aquel que además de ejecutar la obra compuesta por el autor, es capaz de añadir elementos propios que actúen como elementos definitorios de la obra final que llega al mercado.
El palo es cada una de las variedades tradicionales del cante flamenco, como son: la seguiriya, la soleá, las bulerías o el fandango, entre otras.
Estas variedades se distinguen por tener una métrica propia, denominada compás y una armonía delimitada para el acompañamiento (Manuel, 2010, p.
Se realizaron entrevistas en profundidad a personalidades del flamenco y de la cultura en general.
Se incluye a intérpretes, autores, gestores de espacios culturales o representantes de las sociedades de gestión de derechos.
El criterio de selección de los entrevistados fue su relevancia en el mundo del flamenco y de la cultura (por ejemplo, artistas flamencos que hayan obtenido reputados premios nacionales e internacionales, gestores que dirijan importantes festivales y espacios culturales (como la Bienal de Flamenco de Sevilla).
En el Anexo 1 se presenta el listado respectivo y la característica distintiva de cada entrevistado.
Por aficionado de flamenco se entiende aquella persona que guiada por sus preferencias está dispuesta a invertir recursos (tiempo, dinero) a través de su participación en espectáculos en vivo y grabaciones (Miquel-Romero y Montoro-Pons, 2017, p.
7; Montoro-Pons, Cuadrado García y Casaús-Estellés, 2013).
Por experto se entiende aquella persona que a través de un entrenamiento especializado y su experiencia acumulada (Holbrook, 1999, p.
144), ya sea mediante el estudio o el ejercicio de su profesión, cuenta con un alto grado de conocimiento artístico (Bourdieu, 1984, p.
126), el término longitud se refiere a la dimensión de la propiedad intelectual que marca el final de los derechos.
125) define amplitud como el nivel de cobertura que ofrecen los derechos.
Sentencia de 4 de enero de 1964, donde se estipula que se produce un "atentado al derecho del artista sobre la obra que constituye su interpretación" (Román Pérez, 2003, p.
Para la creación de la obra hacen falta, por un lado, los recursos inmateriales (acervo cultural y las contribuciones artísticas del autor y del intérprete) y, por otro, los recursos financieros y materiales (equipos de grabación, instrumentos musicales, recursos económicos, etc.).
El presente trabajo se ha centrado en las contribuciones inmateriales dependientes de la creatividad de las personas implicadas en la composición y exteriorización de la obra (Throsby, 2006, p.
La expresión dominio público hace referencia a aquel patrimonio intelectual que está libre de toda exclusividad en su acceso y utilización (Landes y Posner, 1989, p.
Es de especial relevancia que el art. 10.1 TRLPI en su punto b), destinado a fijar el objeto de propiedad intelectual, trate el concepto de "composiciones musicales", no de "obras musicales", obviándose la etapa de exteriorización de la obra que, como se verá más adelante, es protegida mediante derechos vecinos.
Los cuestionarios y la base de datos están disponibles solicitándolos a los autores.
En el anexo 3 se adjuntan las preguntas completas.
Todos ellos son tanto intérpretes como compositores de buen número de obras.
Título honorífico creado por la Junta de Andalucía en 1985, que tiene por objeto reconocer "las acciones, servicios y méritos excepcionales o extraordinarios realizados en tiempos de paz por ciudadanos, grupos o entidades andaluces, españoles o extranjeros" que representen "el ejercicio de virtudes individuales o colectivas que tengan como referencia la solidaridad y el trabajo en beneficio de los demás ciudadanos" (decreto 117/85, de 5 de junio).
Medalla que concede el Ministerio de Cultura de España a aquellas personas o instituciones que destaquen en los campos literario, dramático, musical, coreográfico, de interpretación, etc.
Reconocimiento que otorga la Bienal de Sevilla.
Reconocimiento que otorga el Festival Internacional del Cante de las Minas, celebrado cada año en el municipio de La Unión (en la Región de Murcia).
Reconocimiento otorgado por el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, certamen de carácter trianual que se celebra en la ciudad de Córdoba (España) desde 1956.
En su opinión ¿cuáles son los principales elementos que forman la obra flamenca?
De los elementos mencionados ¿cuáles provienen del intérprete?
En su concepto ¿qué elementos reflejan la originalidad/creatividad de la contribución del intérprete a la obra flamenca?
¿Cómo se puede medir dicha contribución?
Preguntas realizadas a los expertos entrevistados 4.
Por favor, explique con el mayor grado de detalle la metodología que utiliza para el desarrollo de su trabajo.
Específicamente ¿cómo participa en el proceso de creación artística?
Describa el momento de la puesta en escena.
El elemento que va a decidir en última instancia que la obra sea un éxito o un fracaso será el intérprete.
Cuando asiste a un concierto de flamenco basa su elección en el intérprete que va a actuar.
Considero esencial en el flamenco la aportación del intérprete puesto que le impone su estilo y distinción especial.
Medios utilizados para escuchar flamenco
La pregunta que se realizó en la encuesta fue: El medio que utiliza normalmente para escuchar flamenco es...
Los resultados porcentuales de utilización de los distintos medios se recogen en la figura 5.
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A finales del siglo XIX, la economía capitalista y las nuevas formas de consumo que trae implícitas tratando de seducir al individuo urbano con multitud de estímulos suponen un cambio en el modo en que este experimenta la ciudad.
Esto conlleva la aparición de nuevas patologías, como la neurastenia, producto de un supuesto exceso de demanda del cerebro.
Estos efectos fueron abordados en la época por Georg Simmel, quien se interesó por la reacción que sobre el individuo produce la urbe capitalista ligada a la "intensificación de la vida nerviosa".
En el presente artículo se indaga en la lectura que Simmel plantea de los efectos que la ciudad moderna ejerce en el ciudadano.
Me centro particularmente en la cuestión de la saturación de estímulos para tratar de entender no solo cómo creía que la ciudad afectaba al ciudadano en la época sino también el novedoso papel que otorga a la sensibilidad como intermediaria del vínculo entre individuo y ciudad.
A finales del siglo XIX se produce una transformación en las ciudades europeas.
Al tiempo que aumentan en densidad de población y dimensiones, su morfología experimenta importantes cambios.
Es el caso de París y Londres que rivalizan por convertirse en capitales de la modernidad.
En París, durante el Segundo Imperio, la reforma haussmanniana (1853-1868) se impone sobre la villa medieval, proceso de planificación y renovación urbana que será replicado en otras ciudades occidentales 1.
Callejones lóbregos quedan atravesados por grandes bulevares jalonados de verde y fachadas que dan un nuevo aspecto a la ciudad a la vez que responden a las medidas higienistas imperantes en la época, con nuevos alcantarillados y un mobiliario urbano específico.
La aparición de la luz de gas también contribuye a esta renovación, que en el final de siglo se tornará luz eléctrica, impulsada sobre todo a partir de la exposición de la electricidad de 1881 (Bertrand, 1996, pp. 39-40).
Estas transformaciones en la ciudad inciden no solo en su imagen física sino también en el paisaje sonoro ya que prácticas como la venta ambulante -con sus consignas específicas (cris)-tienden a ser reprimidas, tanto por la legislación como por la propia dinámica de las nuevas infraestructuras comerciales (Boutin, 2015) 2.
Sin duda, la creciente economía capitalista tiene mucho que ver en este proceso, al hacer de las ciudades espacios de espectacularización a los que contribuyen las exposiciones universales y los grandes almacenes (Hahn, 2009) 3.
Estos espacios surgen de la evolución de los pasajes, de los que mantienen aspectos formales, como la iluminación cenital a través de vidrieras, y cuyo desarrollo aparece en paralelo a la arquitectura del hierro.
Su desarrollo coincide con el auge de la economía capitalista a partir de 1848 y ejemplifican el intento de poner a disposición de la mayor cantidad de público, particularmente de la burguesía emergente, el máximo de productos (Marrey, 1979).
Para que este consumo sea lo más efectivo posible se desarrollan estrategias que tratan de seducir a ese potencial consumidor burgués, captar su atención, en un contexto de competitividad que busca posicionar de manera privilegiada el producto de la marca propia frente al resto, lo cual se enmarca en una incipiente industria del marketing.
Las nuevas formas de consumo y la intensificación de estímulos que traen implícitas suponen un cambio en el modo en que se vive la ciudad.
La experiencia citadina pasa a estar marcada por la novedad, por el sobrevenir constante de estímulos y acontecimientos, una fugacidad de impresiones que había apuntado Charles Baudelaire en su texto El pintor de la vida moderna (Le peintre de la vie moderne, 1863) como característica fundacional de la modernidad (Baudelaire, 1863(Baudelaire, /2000)).
Georg Simmel (1858Simmel ( -1918) ) constituye una figura clave a la hora de entender las transformaciones que se estaban gestando en la ciudad capitalista, que concibe como el espacio representativo de la vida moderna.
En este artículo veremos, por este orden, cómo Simmel aborda las nuevas condiciones que impone la urbe moderna, cómo considera que estas influyen en los comportamientos cotidianos de sus habitantes y cómo afectan a la psicología del individuo de este momento de entresiglos.
Cruzaré para ello sus textos sobre la ciudad "Roma, Florencia, Venecia" (1898) y "Las grandes ciudades y la vida intelectual" (1903) con la lectura sociológica de la percepción sensorial que presenta en su "Digresión sobre la sociología de los sentidos" (1907) 4.
Me interesa la mirada "de cerca" de Simmel, propia de un perspicaz flâneur del Berlín de la época (Faria Peres, Flores Durán, Pacini de Medeiros y Alburquerque, 2011, pp. 95-97), capaz de poner sobre la mesa algunas de las transformaciones que se estaban produciendo en la ciudad y que a su vez apuntan a preocupaciones del momento, lo que ha conducido a su consideración como Herr Zeitgeist o encarnación del espíritu de su época (Cuesta, 2016, p.
DE LA VIDA PREMODERNA A LA VIDA EN LA GRAN URBE
La ciudad constituye el entorno natural de los objetos de reflexión de Simmel: el dinero, las exposiciones universales, la moda, el coqueteo; objetos todos ellos integrados en el hilo conductor de la experiencia cotidiana moderna.
La elección de estas temáticas se encuentra en consonancia con su particular sociología: una sociología fragmentaria, enfocada desde una óptica microscópica.
Cada una de estas temáticas se encuadra en una constelación de elementos donde todos ellos se presentan relacionados respondiendo a una concepción de la sociedad no como algo acabado, fijo y estable sino como un flujo en constante cambio en el que la alteración de uno de los parámetros afecta necesariamente a los otros (Faria Peres et al., 2011, pp. 97-100).
Su aproximación a la ciudad debe enmarcarse así en su Sociología (1908) como parte de un estudio de la interacción social; tengamos en cuenta que, como Frisby apunta, Simmel otorga particular importancia a la experiencia cotidiana y al conocimiento de los individuos como fundamentación de su sociología, aspectos ambos en los que me basaré para a497 estudiar su lectura de la experiencia urbana moderna (Frisby, 2008, p.
Para entender la interpretación que Simmel hace de la gran ciudad hay que referirse, en primer lugar, a la diferencia que establece entre la vida premoderna y la vida moderna.
La vida premoderna se corresponde con la vida en el rural o en la pequeña ciudad, cuyas dinámicas se contraponen a las de la gran urbe, anclada en el nacimiento de la modernidad.
Al contrastar ambas, Simmel aplica un paradigma evolucionista, influenciado por las teorías del darwinismo.
En los semestres de invierno de 1886-1887 y 1888-1889 Simmel imparte dos seminarios en torno a las "consecuencias filosóficas del darwinismo" y en 1895 publica su ensayo Sobre la relación entre la doctrina de la selección y la epistemología.
Hay que tener en cuenta además que su pensamiento está influenciado por el evolucionismo de Herbert Spencer, en particular el de sus First Principles, traducidos al alemán en 1875, donde junto con su ley de la evolución expone el tránsito de la homogeneidad a la heterogeneidad.
En la reflexión de Spencer en torno a la evolución de los organismos este proceso va asociado a un aumento de la complejidad y de la diferenciación (Frisby, 2008, p.
Ejemplo de homogeneidad sería la experiencia que ofrece una urbe histórica como Roma.
En su lectura de Roma -una interpretación, como ha señalado Micaela Cuesta, más estética que sociológica (Cuesta, 2016, p.
25)-Simmel pone el acento sobre la unidad, la homogeneidad de estímulos que reúne:
"Del mismo modo que el misterioso encanto de las telas antiguas reside en que sus distintos olores, al compartir durante años un mismo destino, de sol y sombras, de humedad y sequedad, acaban conciliándose en una unidad que solo el tiempo da, así cabría decir que las cosas más alejadas y extrañas entre sí, por compartir la experiencia de estar en Roma y participar de su destino, experimentan una adaptación, un influjo recíproco, una integración por la que la significación individual de cada cosa alcanza su plenitud tanto como la alcanza la unidad en la que encajan como partes integrantes.
Esa unidad produce un efecto psicológico, un entusiasmo, muy propio de Roma y que, de modo similar, solo se manifiesta ante los individuos más grandes."
16) 7 Simmel aplica a Roma un análisis de ciudad intemporal -de ciudad eterna-que no se ve afectada por las transformaciones propias de la gran urbe y en la que los elementos que la integran están llamados a formar parte de ese todo unitario que resulta en la experiencia de la capital romana.
De este modo, en Simmel parece confluir el análisis estético con la homogeneidad premoderna, frente a una lectura sociológica, la propia de la urbe moderna que, como veremos más adelante, es en esencia fragmentaria y cambiante: "El que en Roma uno no se sienta apabullado sino, por el contrario, en plenitud de sí mismo es sin duda reflejo de que la autonomía de nuestro espíritu ha alcanzado su máxima expresión [...]
Allí donde las impresiones y los entusiasmos surgen espontáneamente y no reclaman de nosotros un ejercicio que ponga en juego nuestras fuerzas para forjarnos una imagen de las cosas, el recuerdo será borroso y pasajero.
Porque por profunda y conmovedora que haya sido la impresión, esta seguirá siendo en lo más íntimo de nuestra alma un elemento extraño destinado a desvanecerse sin dejar rastro.
Solo cuando el alma pone en juego su propia interioridad y recubre con la trama de su propia actividad las impresiones recibidas desde fuera logra que estas sean suyas, logra apropiárselas.
La conciencia superior, el reflejo de su libertad y de su dominio, es su capacidad para establecer vínculos entre cosas dispares apreciando al mismo tiempo la diversidad de las mismas, por cuanto unidad y diversidad se presuponen recíprocamente.
En ningún otro lugar [como en Roma] un alma recibe tanto y debe acometer tanto para dar forma a la imagen. [...]
Sin duda, la multiplicidad de efectos e interpretaciones que produce Roma se corresponde con el principio mismo de la vida, sobre el que se asienta, a mi entender, el carácter único de su estética."
Simmel deja entrever aquí cómo se produce la recepción de impresiones por parte del individuo en el caso de la ciudad de Roma, donde todas ellas presentan cierto carácter de unidad.
El espíritu del urbanita ha de hacer un esfuerzo por aproximarse a la ciudad, lo cual permite interiorizarla, apropiársela.
Frente al "apabullamiento" que el individuo sufre en la urbe moderna, Roma daría, para Simmel, la medida exacta del juego de intercambio entre los estímulos que la ciudad genera y la capacidad de recepción subjetiva de los mismos por parte del individuo.
La ciudad de Roma parece ubicarse en un punto intermedio entre la ciudad premoderna y la ciudad moderna.
Así, la homogeneidad de estímulos sería característica de la vida urbana en la Antigüedad -en la antigua Grecia-y en la Edad Media, donde se "impuso al individuo una limitación tal de sus movimientos y de sus relaciones externas, de su autonomía y su diferenciación social, que harían la existencia asfixiante a497 al hombre moderno.
Aún hoy el habitante de la gran ciudad siente, trasplantado a la pequeña ciudad, una sensación de asfixia" (Simmel, 2016, p.
Esta opresión vendría de la imposibilidad de movimiento y del estatismo dominante que caracteriza la vida premoderna: la de los tiempos pasados y la de las comunidades de pequeñas dimensiones.
Roma mantendría la homogeneidad de la ciudad premoderna pero con características de la gran urbe, lo cual favorecería una cierta libertad individual y flexibilizaría las relaciones.
Así, Simmel contrapone la falta de libertad individual a la heterogeneidad de la vida en la gran urbe propia de una economía capitalista donde se bombardea a sus habitantes con nuevos productos destinados "a consumidores que son completos desconocidos y que nunca han entrado en la esfera visual del productor propiamente dicho" (Simmel, 2016, p.
En este último caso, los estímulos urbanos -lo que Simmel enmarca dentro de la cultura objetiva-acaban imponiéndose sobre la cultura subjetiva del individuo, sobre su vida mental.
La asimilación de este ritmo intenso de la vida moderna a través de los sentidos es objeto de reflexión para Simmel, es más, nuestro autor inserta la sensorialidad dentro de su paradigma evolucionista.
Veamos de qué manera.
LA PERCEPCIÓN SENSORIAL EN LA COTIDIANEIDAD URBANA
Para Simmel las nuevas condiciones que impone la urbe moderna suponen un cambio en el comportamiento de los sentidos.
La socióloga Olga Sabido Ramos apunta a la categoría de "proximidad sensible" como central en la sociología simmeliana, referida a la dimensión interactiva de las disposiciones de los sentidos (Sabido Ramos, 2014, p.
El sentido de la vista sería el que mejor encarna esta reconfiguración: "Antes de que en el siglo XIX surgiesen los omnibús, ferrocarriles y tranvías, los hombres no se hallaban nunca en la situación de estar mirándose mutuamente, minutos y horas sin hablar" (Simmel, 1977, p.
El auge de los medios de transporte colectivos transforma las relaciones humanas situando frente a frente a individuos desconocidos.
El sentido de la vista establece una interacción poderosa e inmediata entre individuos a través de lo que Simmel denomina "el milagro de la mirada" (Simmel, 1977, p.
684), caracterizada por su reciprocidad y bidireccionalidad (Sabido Ramos, 2017, p.
Esta comunión entre personas que se genera instantáneamente proporcionaría conocimiento entre ellas simplemente a través de la contemplación del rostro, puesto que este es revelador de facetas de la persona intransmisibles de otro modo, de ahí su naturaleza enigmática, "por eso el que ve, sin oír, vive más confuso, desconcertado e intranquilo, que el que oye sin ver" (Simmel, 1977, p.
Simmel apunta que puesto que la vista constituye un medio de conocimiento por naturaleza más enigmático que el oído -en tanto el oído se asimila a la recepción a través del lenguaje hablado-, el ocularcentrismo que rige la vida en la metrópolis contribuye al desconcierto del ciudadano, de ahí el "carácter problemático que aqueja al sentimiento moderno de la vida" (Simmel, 1977, p.
Esto contrastaría con el predominio del lenguaje, y su recepción a través del oído, como medio fundamental de conocimiento del otro según había imperado hasta entonces, tanto a través del contenido del discurso a497 como de las modulaciones a que está sujeto.
Dentro de las especificidades que Simmel atribuye a cada uno de los sentidos en la sociedad contemporánea apunta que en un grado inferior respecto a la comunicación entre personas estaría el sentido del olfato, que para Simmel detenta una significación sociológica menor que la vista y el oído (Simmel, 1977, p.
Por otra parte, para Simmel "solo cabe 'poseer' lo visible", mientras que 'lo puramente audible', desparece" (Simmel, 1977, p.
Como consecuencia de ello, el sentido de la vista quedaría asimilado a la dinámica propia del capitalismo en tanto materialidad visible que se puede poseer.
En cambio, el oído no podría apropiarse del emisor sonoro: "lo que uno dice a otro, lo oirían incontables personas si estuviesen presentes", "el oír es, en su esencia, algo supraindividual; todo lo que suena en un espacio han de oírlo cuantos se hallan en él, y el hecho de que uno lo perciba, no priva de percibirlo a los demás" (Simmel, 1977, p.
Estas premisas que Simmel asume como universales son, en realidad, culturales y, de hecho, en la propia época en que las expone, las condiciones de escucha estaban experimentando un cambio sustancial.
Así, en 1907, cuando publica su texto sobre los sentidos, ya se había dado a conocer un dispositivo que permitía la comunicación a distancia: el teléfono, patentado en 1876 y que permite hacer de lo audible una realidad individual (y no colectiva).
Es también el caso del théâtrophone, un servicio de emisión telefónico que posibilitaba, mediante subscripción, seguir en directo en diversos puntos de la ciudad de París diferentes performances teatrales y que estuvo vigente desde 1889 hasta mediados de la década de 1930 10.
Asimismo, lo audible podía llegar a constituirse en una realidad susceptible de ser poseída, tanto a través del elemento físico del disco como del propio aparato emisor del sonido.
Es el caso del fonógrafo, comercializado a partir de su invención en 1877.
Los cambios tecnológicos que lleva implícita la aparición de nuevos dispositivos vinculados a los sentidos ponen en cuestión algunos de los postulados que Simmel plantea en el artículo objeto de estudio quien, si bien se hace eco de ciertos cambios sociológicos que se estaban operando en el momento coetáneo, deja al margen de su reflexión toda una serie de avances tecnológicos encargados de conformar al espectador moderno que discuten sus reflexiones esencialistas en torno a los sentidos.
Si bien en su reflexión incorpora el papel de otros ámbitos sensoriales, Simmel entiende la sociabiliza-ción mediante el sentido de la vista como propia de la experiencia moderna: En efecto, la asimilación entre visualidad y cultura moderna centró los estudios de la modernidad, dando como resultado un ocularcentrismo que desde finales del siglo XX viene siendo revisado.
La modernidad se reivindica actualmente como un cambio de paradigma que afectó no únicamente a la visualidad sino al conjunto de ámbitos sensoriales, con particular énfasis en lo aural y lo háptico, lo cual cuestiona una concepción del mundo moderno asociada exclusiva o preeminentemente a lo visual.
Este nuevo paradigma se ha desarrollado en buena medida gracias a los estudios de "sensory history" (Boutin, 2015, p.
Incluso ciertos parámetros históricos confirman que ya en el fin de siglo la visión se entendía asociada a la corporalidad (Hernández Barbosa, 2017a, pp. 359-370).
La mirada ha de ser estudiada en su integración con la corporeidad implícita en el acto de observar, hablaríamos en este caso de una "embodied vision".
De este modo, la novedad que supone la mirada a los ojos entre dos ciudadanos en el autobús no puede aislarse del ambiente sonoro que en el interior del vehículo se genera -y que dificultaría la conversación-así como del roce de los cuerpos, inevitable en un espacio tan estrecho.
Si la nueva urbe impone nuevas condiciones para la experiencia sensorial, la naturaleza de esta no puede abordar aisladamente cada uno de los sentidos 12.
La psicología del individuo ante la ciudad moderna: individualización intelectual y hastío
Simmel planteaba cómo la ciudad moderna implica nuevas configuraciones espaciales que juegan con nociones de distancia y cercanía, estatismo y movilidad (Frisby, 2008, p.
Jonathan Crary ha puesto sobre la mesa cómo precisamente en este contexto al que Simmel se refiere -Crary concreta los años que median entre 1880-1905-se gestaron las nuevas condiciones de percepción propias de la modernidad.
Entre ellas se encuentra esa "recepción en estado de distracción" a la que Simmel alude, recepción marcada por experiencias de fragmentación, shock y dispersión (Crary, 1999(Crary, /2008, p.
Estas experiencias se manifestarían tanto en las relaciones interpersonales como en las que la urbe genera a497 en el individuo.
En el caso de las primeras, el aumento de contactos inesperados, así como la fugacidad de los mismos, implicaría para Simmel la ruptura del equilibrio cotidiano tal y como imperaba hasta entonces.
A su vez la urbe conlleva, según Simmel, una "sucesión rápida e ininterrumpida" de estímulos -de imágenes, de informaciones-que el individuo recibe como impresiones.
La lógica capitalista impone esta saturación de estímulos, aquella "en la que el que oferta ha de crear necesidades nuevas y cada vez más originales en el consumidor, al que no deja de cortejar.
La necesidad de especializar los servicios que se prestan para encontrar una fuente de ingresos aún no agotada, una función que no sea fácilmente sustituida incita a la diferenciación, al refinamiento, al enriquecimiento de las necesidades del público" (Simmel, 2016, p.
Dentro de esta lógica capitalista no hay que olvidar el impacto de la industria publicitaria, presente tanto físicamente en la ciudad, por ejemplo, a través del cartelismo, como en los medios de comunicación.
Una muestra de la saturación de estímulos propia de este momento se produce en las exposiciones universales, que reúnen toda la producción cultural de una época en unos metros cuadrados de ciudad.
Ya la prensa coetánea aludía a la concentración de estímulos que en ellas tenía lugar, por ejemplo a propósito de las atracciones que se presentan en la Exposición Universal de 1900: "Desde el punto de vista de la instrucción que nos hemos prometido, [...] estos inmensos panoramas se han vuelto demasiado vastos, contienen demasiadas cosas y, a menos que uno disponga de todo el tiempo del mundo, de piernas y ojos infatigables, conocimientos enciclopédicos, una memoria sin fallas, o que nos limitemos estrictamente a uno o dos aspectos concretos, se ha vuelto casi imposible recorrerlos de manera satisfactoria" 13.
El individuo, en su intento por aprehender estas impresiones, por aislar unas de otras, consume según Simmel gran cantidad de energía mental.
La urbe implica una cierta deficiencia de puntos de referencia en relación con la pequeña ciudad o con la vida rural; por ello el urbanita gasta más energía ya que el ritmo dominante en estas últimas es "más lento, habitual y regular", la vida es más predecible.
Esto supone la "intensificación de la vida nerviosa", que a su vez exige una mayor intelectualización.
La actividad mental es demandada como producto de la capacidad del ser humano para adaptarse, para reaccionar ante nuevos estímulos, lo que nos habla de la aplicación por parte de Simmel, una vez más, de las teorías darwinistas al medio urbano 14.
Esta exigencia adaptiva explicaría el "carácter intelectual de la vida anímica de la gran ciudad", frente a la vida en la pequeña ciudad, que "descansa en los lazos afectivos y en las relaciones emocionales" (Simmel, 2016, p.
Simmel privilegia el carácter intelectual de la vida en la gran ciudad, donde no sería posible esa reacción interna y emocional constante hacia cada persona: "Si el contacto externo incesante con innumerables personas tuviese que encontrar respuesta en una cantidad igual de reacciones internas, como ocurre en la pequeña ciudad, en la cual casi todos se conocen y mantienen una relación positiva, uno terminaría por atomizarse interiormente del todo y caería en un estado psicológico inimaginable" (Simmel, 2016, p.
Por otra parte, dentro de su paradigma evolutivo, Simmel entiende que "el sentir, en comparación con el pensar, es sin duda, filogenéticamente, el estado inferior" (Frisby, 2008, p.
Esta "cualidad racional" actúa como "protectora de la vida subjetiva contra la violencia ejercida por la gran ciudad" (Simmel, 2016, p.
Se produce así la paradoja de situar la cercanía física ante la lejanía intelectual, lo que explicaría que "el hecho de que en ninguna otra parte uno se sienta más solo y abandonado que entre el gentío de la gran ciudad no sea [es] más que el reverso de esta libertad" (Simmel, 2016, p.
El vínculo entre los sentidos y la ciudad debe entenderse en Simmel como parte de su conceptualización de la dialéctica entre cultura subjetiva y cultura objetiva, según la cual la cultura objetiva se interpone a la existencia humana y se acaba incorporando a la cultura subjetiva (Frisby, 2008, pp. 35-43).
De este modo, en la gran urbe se crean las condiciones para la individualización, del "ser para sí mismo" (Zabludovsky y Sabido, 2014, p.
20), del que se exige una reacción ante las formas de interacción y los estímulos impuestos.
Así, nos dice que "los problemas más profundos de la vida moderna se derivan de la aspiración del individuo a preservar la autonomía e individualidad de su existencia frente a fuerzas sociales abrumadoras" (Frisby, 2008, p.
248), lo cual supone un caldo de cultivo para que la "personalidad se encargue crecientemente de sí misma", el surgimiento del sentimiento del yo por oposición al grupo, que evitaría pasar desapercibido en la multitud (Zabludovsky y Sabido, 2014, p.
Su materialización a través de la vestimenta o del comportamiento en sociedad resultaría en las figuras del dandi y el esteta, representativas de una sensibilidad ubicada en los límites del sistema 15.
De hecho, en el Berlín de Simmel surgió un grupo contracultural denominado "Bohemios Berlineses" cuya vestimenta y estilo de vida se aproximaron a las del dandi (Sabido Ramos, 2017, p.
Una de las consecuencias del crecimiento de la intelectualización es el exceso de demanda del cerebro, con la aparición de nuevas patologías.
Es el caso de la fatiga mental y, como derivación de esta, la neurastenia, que permitió otorgar entidad clínica a la fatiga patológica.
La fatiga mental y su extensión en la neurastenia -literalmente "debilidad nerviosa"-eran consideradas signo de una sensibilidad excesiva producto de un agotamiento nervioso.
El diagnóstico de esta afección experimenta gran auge en el mundo occidental a partir de 1880, en particular gracias a los trabajos del neurólogo norteamericano George Miller Beard (1838Beard ( -1883)).
La neurastenia se convirtió así en una de las neurosis asociadas a la nueva vida moderna, que podía vincularse tanto al exceso de estímulos sensibles como a la sobrecarga de trabajo mental (Hernández Barbosa, 2017b, p.
La acepción de Simmel encajaría en una concepción de la enfermedad que fusiona ambas causas.
Junto con la reacción mediante el intelecto, Simmel identifica otro tipo de respuesta ante el embotamiento de los estímulos: el hastío, la indiferencia, la desidia, que experimentan aquellos individuos que tienen dificultades a la hora de reaccionar ante la multitud de estímulos recibidos:
"Tal vez no haya un fenómeno anímico tan exclusivo de la gran ciudad como el hastío.
Es en principio la consecuencia de aquellos estímulos nerviosos de rápida alternancia y acusada contradicción, de los que nos parecía surgir también la creciente intensidad intelectual de la gran ciudad; esto explica que personas de mente débil no suelen mostrarse hastiadas.
Así como una vida de placeres inmoderados termina por causar hastío, ya que estimula tanto tiempo el sistema nervioso hasta alcanzar sus reacciones máximas que termina por no producir reacción alguna; del mismo modo, estímulos más inofensivos, por la rapidez y naturaleza contradictoria de sus variaciones, fuerzan respuestas tan violentas, sacuden el sistema nervioso con tal brutalidad que este agota sus últimas reservas energéticas y, al permanecer en el mismo medio social, no tiene tiempo de regenerarse.
Esta incapacidad así originada de reaccionar a nuevos estímulos con la energía adecuada a ellos constituye ese hastío" (Simmel, 2016, p.
El tedio -l'ennui-constituye otra de las grandes cuestiones del XIX, que empezó a considerarse mal epidérmico a partir de los años cuarenta.
En el cambio de siglo, en 1903, el teórico francés Émile Tardieu le otorga entidad psicológica con tintes existencialistas (Tardieu, 1903(Tardieu, /1913)).
Simmel, en esta misma línea, identifica el tedio como una afección específicamente urbana causada por una reacción de desidia mental ante la sobrestimulación.
Una de las grandes cuestiones que preocuparon a médicos e intelectuales del fin de siglo ante el efecto de la sobrestimulación es la atención, o más bien su ausencia.
La inatención ante el exceso de estímulos empezó a verse como un problema en el marco de los métodos modernos de trabajo mecanizado, los cuales, a su vez, se encontraban en su origen.
En el ámbito de la psicología experimental, figuras como Wilhelm Wundt o Alfred Binet, en dos contextos diferentes, se preocuparon por esta cuestión.
Desde una lectura sociológica, Simmel se encuentra en un paradigma de análisis en el que la atención aparece como una actividad neutral, atemporal, que en el siglo XIX se ve distorsionada; es entonces cuando aparece el "problema de la atención".
La lectura de Simmel, que entiende la percepción distraída como una característica fundamental para entender la subjetividad moderna, ha sido revisada por Crary, quien ha puesto sobre la mesa cómo la cuestión de la atención nos habla de un modelo específico de conducta dentro de una estructura histórica marcada por las condiciones propias de la modernidad mecanizada.
La lógica capitalista exige desplazar la atención de una cosa a otra rápidamente, haciendo de la movilidad, la novedad y la distracción elementos fundamentales en la experiencia perceptiva.
El que la distracción aparezca como problema a finales del siglo XIX no puede desligarse de la construcción paralela de un observador atento a múltiples campos (Crary, 2008, p.
Las novedades tecnológicas requieren del espectador un esfuerzo que, como hemos visto en el caso del público asistente a exposiciones universales, este logra identificar en ocasiones como exigencia difícilmente asumible.
Los textos abordados permiten poner en relación la reflexión de Simmel con diferentes dimensiones de la cultura contemporánea: la evolución de la ciudad y su espectacularización, el auge del capitalismo, la aparición de nuevas enfermedades y de una nueva cultura material tecnológica.
La visión de Simmel nos interesa por su identificación en el contexto de la metrópolis coetánea de nuevas condiciones sociales que afectan a la psicología del individuo.
Estas circunstancias tienen que ver con el auge de los medios de transporte colectivos, el bombardeo de estímulos, los nuevos modos de relaciones personales, la libertad individual como reverso al incremento de la ansiedad o las nuevas problemáticas ligadas a la atención, todas ellas a497 constitutivas del individuo moderno.
Simmel posiciona de forma pionera la sensibilidad en el centro de la vida urbana, abordando los elementos definitorios de las nuevas relaciones que en su seno se generan ligadas, en gran medida, a la interacción entre individuos desconocidos.
Esto supone una reconfiguración de la sensibilidad que otorga al sentido de la vista un lugar prioritario en el contacto entre extraños.
En su aplicación del darwinismo al medio urbano, la adaptación que exigirían las nuevas condiciones de la ciudad moderna supone la aparición de afecciones específicas: el tedio y la neurastenia, dos reacciones opuestas ante los excesos de la sobrestimulación.
Deja, en cambio, al margen uno de los componentes rectores de la vida moderna: las nuevas tecnologías, cuyo abordaje hubiera conducido a Simmel por caminos, sin duda, diferentes.
Habrá que esperar a la historia cultural y a los estudios visuales, casi un siglo después, para que este cruce protagonice la comprensión de la cultura moderna y permita entender como sociales-culturales presupuestos que Simmel aborda aquí como universales.
Como es lógico, la lectura de Simmel está marcada por marcos de pensamiento propios de su época, es el caso de su interpretación de ciertas propiedades específicas que de manera esencialista aplica a los sentidos o el paradigma evolucionista en que inserta la psicología humana.
Resulta, sin embargo, difícil abstraerse de una lectura actualizada de los planteamientos de Simmel, en particular como definitorios de nuestra sociedad del capitalismo avanzado en que las grandes urbes rigen el mundo; en una configuración cada vez más protagonizada por el empeño en posicionarse ante la uniformidad propia de la globalización; en un mundo dominado por las comunicaciones -el marketing a distancia-más que nunca dirigido "a consumidores que son completos desconocidos y que nunca han entrado en la esfera visual del productor propiamente dicho", como señalaba Simmel para su propia época (Simmel, 2016, p.
En la misma línea de Simmel, un célebre pensador del fin de siglo, Max Nordau, autor del bestseller más controvertido de la década de 1890 (Maik, 1989, p.
607), predecía que "el final del siglo XX albergará a una generación a la que no le molestará leer una docena de metros cuadrados de periódicos al día, que le llamen por teléfono constantemente, pensar en los cinco continentes del planeta de forma simultánea, pasar la mitad de sus vidas en vagones de trenes o máquinas de volar [...] y que sabrá cómo encontrar la tranquilidad en medio de una ciudad poblada por millones de personas" (Crary, 1999(Crary, /2008, p.
Al margen de los augurios apocalípticos de Nordau, cómo no reconocer nuestro mundo contemporáneo en su descripción.
Este texto se enmarca dentro de los proyectos de investigación del Ministerio de Economía y Competitividad de España: Entre ciudades: paisajes culturales, escenas e identidades (1888-1929) (HAR2016-78745-P), Universitat de Barcelona, y Nuevos modelos de gobierno de las ciudades, e intervención en los espacios urbanos en el período postcrisis (CSO2016-75236-C2-1-R), Universidade de Santiago de Compostela.
João Silva apunta por ejemplo al caso de Lisboa y cita el de Río de Janeiro durante la primera década del siglo XX (Silva, 2017).
Asimismo, las transformaciones en cuanto al paisaje sonoro tienen que ver con el aumento de la velocidad de los vehículos y el intento de evitar los accidentes derivados de ello a través de los cláxones (Corbin, 2016, p.
Olga Sabido apunta como aportaciones destacadas de Simmel precisamente su importante papel en la definición de la modernidad y el "refinamiento de la mirada sociológica" (Sabido Ramos, 2014, p.
En esta misma línea formula sus teorías el naturalista británico Ray Lankester, para quien la evolución de los organismos marcha en paralelo a la especialización y diferenciación de sus elementos.
Como parte de esta teoría, el fenómeno de la sinestesia, que despertó el interés de la medicina en el fin de siglo, sería síntoma de evolución anómala, pues en vez de tender a la especialización lo haría hacia la reagrupación de las capacidades sensoriales (Hernández Barbosa, 2013, p.
Esta división de los sentidos entre superiores e inferiores estaba presente en la época desde el punto de vista ya no sociológico sino fisiológico.
Es el caso de su consideración por parte de dos psicólogos españoles insertos en la tradición del krausismo.
Por un lado, Giner de los Ríos denominaba a los sentidos de la vista y el oído los "sentidos zoológicos y teóricos por excelencia" ya que son los órganos receptivos más importantes en el acto del pensamiento.
González Serrano, por su parte, se refiere a los sentidos de la vista y el oído como aquellos "principalmente instructivos"; en cambio el gusto y el olfato, "adheridos a la función nutritiva", serían sobre todo afectivos, teniendo en cuenta que "cuanto más nos afecta y emociona un sentido menos nos instruye" (Hernández Barbosa, 2014, pp. 294-295).
Los planteamientos de la "sensory history" suponen una revisión in nuce de los postulados que privilegian la visuali-dad.
Entre sus representantes citaré los siguientes nombres, sin pretensiones de exhaustividad: Constance Classen, Mark M. Smith, David Howes y Robert Jütte, así como la labor pionera de Alain Corbain, como parte de una historia de las mentalidades.
Olga Sabido Ramos matiza algunos de los postulados presentados en la "Digresión sobre la sociología de los sentidos" a partir de otros escritos de Simmel.
Por ejemplo, apunta a la lectura multisensorial que hace Simmel de la música en: Simmel, G. (1882Simmel, G. ( /2003)).
Estudios psicológicos y etnológicos sobre música.
Traducción de la autora.
Una de las aplicaciones más célebres de las teorías darwinistas al ámbito social había sido la planteada por Hippolyte Taine en 1881, al integrar los conceptos de selección natural y adaptación al medio en su explicación de la producción artística de una época (Taine, 1881(Taine, /1968).
La figura del dandi se ha interpretado históricamente como opuesta a la sociedad burguesa emergente.
Un ejemplo sería el protagonista de À Rebours (1884), la novela de Huysmans, que rechaza toda forma de materialismo.
Desde los cultural studies, sin embargo, se han planteado lecturas que permitirían integrarlo en la cultura de masas (Gluck, 2008).
Por otra parte, a partir de una lectura del actor social simmeliano, Daniel Hurtado Cano establece tres tipologías de habitantes de la urbe moderna: el actor (de teatro), el aventurero y quien está siempre sujeto a la moda (Hurtado, 2013). |
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Director 2019 es un año multidisciplinar en lo que a efemérides se refiere.
Sí, porque Naciones Unidas nos invita a conmemorar los 150 años invención de la Tabla Periódica de los Elementos al tiempo que lo declara como Año Internacional de las Lenguas Indígenas.
Sin proponérselo ha homenajeado de este modo a Arbor al cumplir sus 75 años, dado que esta revista científica es multidisciplinar y la más longeva de España en edición ininterrumpida.
Sin duda que el homenaje puede hacerse extensivo también a la institución que la publica, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que en este 2019 cumple sus 80 años de también multidisciplinar existencia.
Pero probablemente lo más importante que Naciones Unidas nos invita a celebrar este 2019 es la moderación, porque estamos también en el Año Internacional de la Moderación.
Fomentar iniciativas encaminadas a promover la inclusión, el respeto de la diversidad, la comprensión, la tolerancia y la cooperación entre los pueblos de distintas culturas, religiones y creencias es siempre una asignatura pendiente.
Y para símbolo de victoria de la moderación, la Caída del Muro de Berlín, que sucedió el 9 de noviembre de 1989.
En este 2019 se cumplen 30 años de este acontecimiento, tan histórico como inesperado, que fue una lección de tolerancia en cuanto a su realización, protagonizada por un amplio conjunto de personas que hubieron de soportar demasiado tiempo una situación en la que revistas científicas plurales como Arbor no habrían tenido cabida.
La multidisciplinariedad y la pluralidad son también a mi juicio señas de identidad de Arbor, que deberían ser mantenidas para asegurar así su originalidad y no solapamiento con otras publicaciones periódicas.
Esperemos que pronto pueda asumir la próxima dirección sus funciones, en este año de renovación de los órganos de las revistas científicas del CSIC, para continuar reforzando la presencia de Arbor en ese peculiar nicho editorial. |
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Como es sabido, la bioética se ha desarrollado a partir de la antiquísima tradición de la deontología médica y, por otro lado, de la ética ambiental.
Se consolidó y creció como disciplina autónoma desde los años setenta del siglo pasado.
Son referencias señeras al respecto el artículo de Fritz Jahr (1927) titulado Bio-Ética.
Un análisis de la relación ética de los seres humanos con los animales y las plantas, el Código de Nüremberg (1948), el libro sobre ética ecológica de Aldo Leopold (1949), la Declaración de Helsinki (1964), el libro de Van Rensselaer Potter titulado Bioética: puente hacia el futuro (1971), la fundación del Hasting Center (1969) y del Kennedy Institute of Ethics (1971), así como el Informe Belmont (1978) del cual derivó el clásico de Tom Beauchamp y James Childress (1979) titulado Principios de ética biomédica.
En nuestro ámbito se ha ido consolidando la bioética, desde los ochenta, gracias a la labor de pioneros como Javier Gafo, Francesc Abel, Diego Gracia o Gonzalo Herranz y sus respectivas instituciones.
A partir de ahí, durante las últimas décadas del siglo pasado, la bioética se extendió de modo espectacular, impulsada por algunos debates ya clásicos, como los que tienen que ver con el principio y el final de la vida humana, con la enfermedad y las relaciones médicopaciente, con la investigación biomédica y con las cuestiones ecológicas.
Actualmente se publican miles de títulos sobre bioética cada año.
Algunos debates clásicos parecen estancados en una formulación dilemática y, al mismo tiempo, han ido apareciendo otros debates motivados por el desarrollo tecnocientífico en áreas como las biotecnologías y las neurociencias.
En este número especial de la revista Arbor, dedicado a la bioética, hemos pretendido acercar al lector al estatuto epistémico de la bioética y a sus debates actuales pero, sobre todo, hemos querido poner sobre la mesa algunas ideas para la construcción del futuro de la bioética.
Respecto de los debates clásicos, se trata principalmente de romper el planteamiento dilemático con propuestas constructivas.
En el caso de los nuevos debates, hay un trabajo de intelección y planteamiento de los mismos, seguido de propuestas creativas.
Mediante las mismas, se busca que los nuevos debates eviten la fase de estancamiento por la que han pasado los más clásicos.
En suma, los problemas bioéticos se presentan aquí más como retos a la creatividad humana que como simples ejercicios de elección entre alternativas cerradas.
El primer artículo se debe a Evandro Agazzi.
Estudia en estas páginas El estatuto epistemológico de la bioética.
Su tesis es que "la bioética no se presenta como una ciencia bien delimitada, sino más bien como un EL FUTURO DE LA BIOéTICA / ThE fUTURE of BIoEThICs a499 ámbito de cuestiones y problemas que se ha ido ampliando a partir de los años 70".
La bioética incorpora, según el autor, un estatuto epistemológico propio, "que consiste en la adopción del método interdisciplinar desde un enfoque sistémico y con capacidad de tomar en cuenta los fenómenos de la complejidad".
A continuación Roberto Andorno explora el concepto de dignidad, que es pieza clave en la construcción de la bioética y del bioderecho.
Distingue en su texto los dos papeles que la noción de dignidad humana desempeña en bioética: "uno, como principio de orden jurídico-político, y otro, como estándar moral del trato debido al paciente".
En este segundo sentido, el concepto de dignidad capta la exigencia moral de tratar siempre al paciente como persona, "es decir, con el mayor cuidado y respeto".
A partir de aquí, el resto de los artículos entran ya en los debates concretos que ocupan actualmente a la bioética.
Francisco J. Ayala aborda, desde el punto de vista científico y ético, la cuestión de la clonación humana, así como las nuevas formas de eugenesia que se plantean en el presente y que se apoyan en las biotecnologías.
Según Ayala, "los avances en genética, biología molecular y biomedicina han hecho posible manipular, rápida y efectivamente, la constitución genética de la humanidad".
Ante estas nuevas posibilidades, se ha sugerido incluso la conveniencia de clonar individuos especialmente capaces.
Pero, en opinión del autor, "tales propuestas utópicas son sumamente desafortunadas".
Las neurociencias también han contribuido en los últimos años a abrir nuevos debates bioéticos.
Este campo de cuestiones ha sido explorado por Adela Cortina y Jesús Conill.
Sobre la base del desarrollo explosivo que han conocido las neurociencias en las dos últimas décadas, ha llegado a generarse incluso una nueva disciplina conocida como neuroética.
La neuroética, "como ética aplicada -exponen los autores-, aborda cuestiones cercanas a la bioética.
Como neuroética autónoma, se enfrenta a problemas clásicos de la filosofía desde una perspectiva neurocientífica".
Aunque la mayor parte de los neuroéticos dice inscribirse en posiciones naturalistas, realmente proceden, según Cortina y Conill, de forma no-naturalista.
Si la irrupción de las neurociencias en el campo de la ética es un fenómeno que ha cobrado fuerza recientemente, la reflexión ética sobre la enfermedad terminal y la muerte es uno de los temas bioéticos más clásicos y estudiados.
Con frecuencia se nos pone ante la necesidad de elegir entre el sufrimiento del paciente terminal o la aceptación de la eutanasia.
El desarrollo de los cuidados paliativos, como una estrategia de cuidado integral a la persona enferma, parece la más prometedora de las propuestas para superar tan ingrato dilema.
Victoria Espinar Cid transmite en su artículo la experiencia reflexiva obtenida tras años a pie de obra en la labor de atención a los enfermos terminales.
Recuerda que "el alivio del sufrimiento en el periodo final de la vida, reconocido en los últimos años como un derecho universal del ser humano, es una de las misiones de la medicina".
En los cuidados paliativos la "filosofía humanista debe ir complementada con los avances científicos que la medicina ha experimentado en las últimas décadas".
Entre los avances científicos que más literatura bioética han generado se encuentran, sin duda, los que ha producido la investigación con células troncales.
Con ella, la medicina regenerativa ha visto abrirse todo un mundo de promesas.
Sin embargo, desde el punto de vista ético y técnico resulta crucial el origen de estas células troncales.
Pueden ser obtenidas mediante la destrucción de embriones humanos o bien a partir de algunos tejidos del organismo adulto.
Los últimos avances en este terreno señalan que las células diferenciadas de origen somático no embrionario pueden ser reprogramadas in vitro, e incluso in vivo, para que recobren su pluripotencialidad, lo cual representa un evidente progreso biomédico y ético.
Natalia López Moratalla presenta en su artículo el estado de la investigación, así como las implicaciones bioéticas de la misma, con especial atención a los hallazgos del premio Nobel japonés Shinya Yamanaka y su equipo.
Todo ello revela, según la autora, "la importancia de la motivación ética para encontrar un punto de partida no destructivo que marca la racionalidad del camino".
El texto de Alfredo Marcos reflexiona sobre el título y el planteamiento general del presente volumen, en el cual se conectan de un modo especial las nociones de bioética y de futuro.
"Para pensar el futuro de la bioética lo primero que tenemos que pensar es la propia noción de futuro".
El artículo somete a crítica "la idea de un futuro que esté ya de algún modo presente y a la vista".
A cambio propone "pensar el futuro como tarea, como agenda".
Así las cosas, "resulta inútil tratar de vislumbrar o adivinar el futuro de la bioética y, en cambio, es preciso proponernos como tarea la creación de la bioética futura.
La función principal de la bioética no será ya la de deliberar y elegir entre las opciones que se nos presentan, sino la de crear nuevos cursos de acción que protejan y favorezcan mejor la vida en general y la vida humana en particular".
El artículo de Elena Postigo aborda la muy actual cuestión del transhumanismo y lo hace desde la perspectiva del concepto de naturaleza humana.
Para ello analiza los cambios producidos en el concepto de naturaleza humana a lo largo de la historia y pasa, a continuación, a reflexionar sobre las intervenciones técnicas propuestas por el transhumanismo.
Concluye que la naturaleza humana, entendida como una "naturaleza líquida", permanentemente en cambio, "plantea numerosos problemas, no solo de índole ética o biomédica sino sobre todo de carácter antropológico y metafísico, en el modo de entender al hombre, y condiciona toda valoración bioética acerca de las intervenciones que supuestamente mejoran la humanidad".
Uno de los problemas más clásicos de la bioética, en cuanto a la protección de la vida humana, se sitúa precisamente en los albores de la misma, en los momentos primeros del desarrollo de todo ser humano.
Ignacio Sánchez Cámara analiza, desde una perspectiva biojurídica, la cuestión de la (des)protección de la vida prenatal.
"La solución de los problemas biojurídicos -afirma-depende fundamentalmente de la concepción del derecho y de la valoración de la vida humana de la que se disponga".
El autor entiende que "para alcanzar la defensa jurídica de la vida es preciso antes lograr que constituya una exigencia de la opinión pública.
Se trata, por lo tanto, de una cuestión educativa".
Por último, el artículo de Luca Valera se adentra en el tema de la ecología humana.
Si hasta hace pocos años la bioética se centraba preferentemente en su cara biomédica, actualmente concede cada vez más atención al conjunto de las cuestiones ambientales.
"Ya no es posible interpretar la naturaleza humana a partir de una reflexión sobre el hombre como un ser aislado de su ambiente", señala el autor, quien aborda la cuestión ecológica como un tema eminentemente antropológico.
"Se hace así posible replantear el tema ecológico actual como una crisis predominantemente antropológica". |
RESUMEN: La bioética no se presenta como una ciencia bien delimitada, sino más bien como un ámbito de cuestiones y problemas que se ha ido ampliando a partir de los años 70.
En los inicios, la bioética abarcaba esencialmente la medicina y las biotecnologías, hoy incluye otros aspectos como el cuidado de los animales y la protección del medio ambiente, y muchos de sus temas conciernen a las políticas de salud y a la propuesta de normas legales.
La novedad de la bioética, con respecto a la ética médica tradicional, se basa en el hecho de que el enorme progreso de las tecnologías en la práctica médica ha producido una gran cantidad de situaciones inéditas, en las que es posible y hasta necesario tomar decisiones para las cuales no existían normas en la ética tradicional.
Esto depende también de la notable complejidad de las situaciones típicas de los debates bioéticos.
Por estas razones, la bioética se presenta como un paradigma de lo que tiene que ser la ética en el contexto de una civilización tecnológica, es decir como la búsqueda de un punto de encuentro entre la tecnología y la conciencia moral.
Si nos damos cuenta de esta característica fundamental, es posible reconocer en la bioética la presencia de un estatuto epistemológico propio, que consiste en la adopción del método interdisciplinar desde un enfoque sistémico y con capacidad de tomar en cuenta los fenómenos de la complejidad.
De esta manera, la bioética conseguirá constituirse desde un punto de vista holístico que le permitirá relacionar los niveles más simples con los más complejos, así como aprovechar constructivamente las diferencias doctrinales y culturales que conlleva la globalización en nuestro tiempo.
PALABRAS CLAVE: Determinismo; complejidad; enfoque sistémico; holismo; ética de la tecnología; interdisciplinariedad.
EL ÁMBITO DE LA BIOÉTICA
Cuando se habla de estatuto "epistemológico" de algo se da por sentado que este algo es una ciencia o una disciplina científica y, por consiguiente, se admite implícitamente que de esta disciplina existe un concepto suficientemente claro y, en cuanto tal, expresable en una buena definición.
De forma casi inmediata podemos encontrar el significado del término bio-ética considerando su etimología griega, en donde bíos significa vida, y la bio-ética, en consecuencia, resulta ser la ética de la vida.
Sin embargo, este análisis nos llevaría probablemente a malinterpretar el significado que se le da realmente a la bioética hoy día, ya que en griego hay dos términos que nosotros traducimos por vida: uno es bíos y el otro es zoé.
Bíos denota la vida entendida como 'forma de existencia' y en este sentido, por ejemplo, Aristóteles habla de "bíos theoretikós" para designar lo que más tarde se calificó como "vida contemplativa", mientras en otra ocasión habla del hombre como "zôon politikón", es decir como "animal político", para aludir a aquella especificidad de su naturaleza animal que consiste en el vivir en sociedad.
Así las cosas, la bio-ética se caracterizaría como una disciplina que se interesa en determinar las condiciones para una "vida buena", y sería casi imposible distinguirla de la ética, entendida esta en su sentido más clásico y tradicional.
Pero el sentido de bíos en el griego antiguo no se corresponde con el sentido puramente científico-natural que la raíz bíos adquirió durante la modernidad, con el desarrollo de las ciencias de la vida.
La raíz bíos apareció con su nuevo sentido esporádicamente en el transcurso del siglo XVIII, pero fueron Treviranus y Lamarck, en 1802, quienes usaron ya de manera explícita e independiente esta raíz en su nuevo sentido al acuñar el término biología.
1 Ahora bien, tampoco esta precisión es de gran ayuda, ya que no se ve en qué sentido la ética podría relacionarse con la biología, siendo esta última una ciencia que se propone el estudio objetivo y riguroso de las características, propiedades y procesos que caracterizan a los seres vivos; estudio en el cual no caben juicios de valor ni, en particular, los juicios morales que nos autoricen a decir lo que en estos fenómenos naturales hay de bueno o de malo.
No es difícil reconocer aquí varios elementos de aquel debate acerca de la neutralidad de la ciencia que agitó la cultura occidental durante los años 1950-1960, y que acabó sin producir conclusiones por el hecho de no haber distinguido dos aspectos fundamentales de la ciencia, es decir, el hecho de que cons-tituye un sistema de saber y el hecho de que constituye también un sistema de actividades humanas.
Mientras que la neutralidad con respecto a los juicios de valor es correcta considerando el saber científico, dicha neutralidad no existe si se considera el quehacer científico, que en cuanto tal se puede juzgar desde el punto de vista de diferentes valores y, en particular, desde el punto de vista de los valores éticos.
Que esto realmente es así ya venía implícitamente reconocido en el mismo título de la obra de Treviranus, Biología, o sea filosofía de la naturaleza viva para los naturalistas y los médicos, título en el cual se mencionan, por un lado, los aspectos específicamente cognitivos de la biología (cultivados por los naturalistas) y, por otro lado, los aspectos pragmáticos representados por la utilización de estos conocimientos en la medicina.
En aquel momento histórico a nadie le pasaba por la cabeza que se pudiese cuestionar éticamente el quehacer de los biólogos, simplemente porque se consideraba absolutamente bueno, tanto en su aspecto cognitivo (siendo un campo particular de la búsqueda de la verdad), como en su aspecto pragmático (siendo la medicina un ejemplo espléndido de uso de la ciencia para el bien del hombre).
Esto explica por qué, mientras el término biología se estableció desde el inicio del siglo XIX, el de bioética tardó en aparecer más de un siglo.
Sin embargo, ya al final del siglo XIX empezaron a aparecer algunos problemas de tipo ético en el campo de la medicina, como consecuencia de su reiterado intento de convertirse en ciencia.
Este esfuerzo exigía aprovechar los conocimientos proporcionados por la biología, así como los de la química y la física, para el diagnóstico y las terapias de las enfermedades, pero en un sentido más radical, con el propósito de darle a la medicina el corte específico de las ciencias naturales, es decir el uso del método experimental.
El programa de una medicina experimental fue lanzado por Claude Bernard e ilustrado en su libro Introducción al estudio de la medicina experimental (Bernard, 1865).
En esta obra, admirable por la claridad y elegancia de su estilo, encontramos una presentación muy detallada y rigurosa del método experimental en sus rasgos generales y en su aplicación al estudio de los diferentes tipos de "cuerpos", es decir de los "cuerpos brutos" y de los "cuerpos vivos".
En ambos campos defiende un determinismo absoluto como fundamento del método experimental, cuya peculiaridad consiste en construir artificialmente una cierta situación de la cual debería deducirse necesariamente (según la hipótesis que se intenta averiguar) una situación causalmente bien determinada.
Los cuerpos vivos de los que trata a500 este libro son prácticamente los animales, y la ciencia fundamental que sirve para su estudio es la fisiología, en la cual el mismo Bernard había introducido el concepto innovador de ambiente interior, que se caracteriza por una serie de parámetros físico-químicos con valores bien determinados.
La aplicación del método experimental en medicina consiste en considerar la situación de los cuerpos vivos, tanto en su estado normal como en su estado de enfermedad, mediante procedimientos comparativos como la "sección cadavérica" (es decir la autopsia), en la cual se basa la anatomía patológica, y la vivisección, cuyas características son detalladamente discutidas.
Lo que sorprende en este tratado de medicina es que no aparece una referencia al hombre y, por tanto, tampoco aparece el término paciente.
Esto significa que, si la medicina quiere convertirse verdaderamente en una ciencia experimental, el paciente tiene que ser considerado como cualquier animal y, más radicalmente, como una "máquina viva" (machine vivante).
Se podría pensar que esta es simplemente la consecuencia del hecho de que Bernard era un materialista duro, pero no es así.
Su afán fundamental es que el científico experimental tiene que apegarse únicamente a los fenómenos que observa, formulando solo hipótesis directamente verificables, sin dejarse afectar por "doctrinas" generales, ya sean de tipo biológico, médico o filosófico.
En cuanto tal, el experimentador no es ni materialista ni espiritualista, ni vitalista ni mecanicista, ni idealista ni positivista.
No nos interesa analizar ahora si en realidad el mismo Bernard revela, en el trasfondo de su discurso, una filosofía y una metafísica implícita, es suficiente constatar que, en la conclusión de su obra, él declara explícitamente su fuerte aprecio por la filosofía entendida de modo particular.
El capítulo IV de la tercera parte de esta obra se titula: "Los obstáculos filosóficos que se oponen a la medicina experimental", pero en el contenido de este capítulo, Bernard se declara contrario a los "sistemas filosóficos" y, al mismo tiempo, muy favorable al "espíritu filosófico".
"La filosofía representa la aspiración eterna de la razón humana hacia el conocimiento de lo desconocido" (Bernard, 1865, p.
387) y, como tal, constituye la actitud fundamental de la misma ciencia y el resorte del progreso.
Sin embargo, cuando un filósofo o una escuela pretende haber realizado un "sistema" completo que abarca o incluye todo lo conocible, se convierte en un obstáculo para el progreso (y esto vale también dentro de las diferentes ciencias).
Por esta razón hay que promover un intercambio continuo entre ciencia y filosofía y ver en esta última la legítima aspiración a investigar cuestiones que van más allá de lo que las ciencias se plantean.
Gracias a estas precisiones de naturaleza metodológica, el propio Bernard dejaba abierto el camino para que el enfoque ético se asomara a la medicina científica.
Es justo recordar que ya en el juramento hipocrático la medicina se enmarca dentro de un claro enfoque ético, pero en este libro Bernard considera la medicina hipocrática como prototipo de una medicina simplemente "descriptiva", capaz en el mejor de los casos de permitir previsiones acerca del decurso natural de una enfermedad, bien diferente de una medicina "experimental" que, mediante manipulaciones oportunas de las condiciones naturales, puede modificar el curso de la enfermedad.
Por tanto, se puede entender en qué sentido el fisiólogo francés, al alejarse del modelo hipocrático, acabó ignorando también el marco ético de aquel modelo.
Sin embargo, la generalización del método experimental en medicina -y más precisamente en la práctica clínica-fue lo que muy pronto despertó la problemática ética.
Fue así porque en dicha práctica se trata de experimentar sobre el ser humano, lo que impone espontáneamente a nuestra conciencia moral problemas que no percibimos de la misma forma cuando experimentamos sobre animales.
De aquí nacen las reglamentaciones de la experimentación clínica contenidas en los códigos deontológicos de las organizaciones profesionales (no solo médicas).
Dichos códigos se fueron estableciendo en muchos países hacia finales del siglo XIX y principios del XX.
Representaron los primeros pasos de la ética médica moderna, al tiempo que fueron un preludio de la bioética.
Su principal característica es que constituyen formas de auto-regulación cuyo objetivo general es asegurar el prestigio, la respetabilidad y el florecimiento de la profesión.
Dictan, en particular, varias normas que conciernen al comportamiento del profesional con su cliente (en nuestro caso, del médico con el paciente).
Sus normas vinculan solo a los miembros de la profesión, no tienen valor legal y no se fundamentan ni se inspiran en doctrinas o principios explícitamente reconocidos como éticos, sino en un marco de costumbres y principios comúnmente admitidos dentro de una determinada sociedad y en una determinada época histórica.
Se pueden considerar, de esta manera, como preludio de la bioética y del bioderecho, en la medida en que han estimulado la investigación de los fundamentos éticos de sus normas y la traducción a prescripciones legales con valor general de algunas de ellas.
Llegamos así al momento histórico en que nació explícitamente la bioética, es decir en que este término fue acuñado.
Es conveniente traer aquí una historia ya bien conocida, pero también otra casi desconocida.
La conocida, que se encuentra en la gran mayoría de las introducciones históricas de textos y artículos, dice que el término bioética fue creado por el bioquímico y oncólogo norteamericano Van Rensselaer Potter, quien lo usó en 1970 en un artículo y en 1971 en el propio título de un libro: Bioética.
A partir de ese momento, se difundió primero en los Estados Unidos y luego en Europa y en otras partes del mundo.
Pero la verdad histórica es diferente: este término hizo su primera aparición en un artículo del teólogo y pastor protestante alemán Fritz Jahr en 1927, con un sentido muy amplio.
El artículo, con el título Bio-Etica.
Un análisis de la relación ética de los seres humanos con los animales y las plantas (Jahr, 1927) fue publicado por la prestigiosa revista científica Kosmos, precedido por otro artículo del mismo autor del año anterior con el título Las ciencias de la vida y la moral.
Otros trabajos del mismo autor desarrollaron posteriormente sus ideas, que a día de hoy pueden considerarse realmente pioneras.
El concepto introducido por Jahr presenta una visión muy amplia de la relación moral entre el ser humano y el resto de los seres vivos, humanos y no humanos.
Este autor desarrolló su "imperativo bioético" según un planteamiento de inspiración kantiana.
Jahr apuntó a una ética respecto a los animales de experimentación, a la necesaria evaluación de las intenciones de la investigación científica y a un análisis de la difusión de la ciencia con el fin de hacer partícipe de la misma a la población general.
Aunque no tuvieron repercusión debido a las circunstancias políticas y morales de su época, dominada por el nacionalsocialismo, los argumentos de Fritz Jahr fundamentalmente referidos a que una nueva ciencia y tecnología requieren nuevas reflexiones éticas y filosóficas, pueden considerarse como intuiciones pioneras de lo que debe ser no solo la bioética, sino también una ética a la altura de nuestro tiempo.
Hay que decir, por otro lado, que el mismo Potter (quien muy probablemente ignoraba la existencia de los escritos de Jahr) también concibió la bioética en este sentido amplio, como una relación entre la acción del hombre y la preservación de un ambiente biológico adecuado para la supervivencia de la humanidad en las generaciones futuras.
Después de haber presentado la sucesión histórica correcta de los hechos, debemos sin embargo reconocer que la consideración de la bioética como una disciplina es reciente, existe desde hace menos de 50 años, y su identidad no está todavía bien asentada.
Durante las primeras décadas de su historia ha sido considerada como un desarrollo de la ética médica (que cuenta con una larga historia); junto con los temas médicos, se admitían dentro de su ámbito también los problemas éticos suscitados por las biotecnologías.
Por consiguiente, era normal definir la bioética como el estudio de los problemas éticos suscitados por las ciencias biomédicas y sus aplicaciones.
Ámbitos como los de la ética animalista o los de la eco-ética (es decir la ética del medioambiente) eran considerados por muchos como digresiones casi arbitrarias, o en el mejor de los casos como campos de discusiones, a veces interesantes, que apasionaban a un grupo muy limitado de adeptos y aficionados.
Se trataba de una situación de hecho, ligada a la circunstancia de que las primeras instituciones que surgieron con el propósito explícito de promover la bioética, de organizar las investigaciones en este campo, de darle una estructura de tipo académico, de promover publicaciones y hasta tratados y enciclopedias de bioética, ponían el acento sobre las ciencias biomédicas, y el público al cual se dirigían preferentemente era el de las profesiones médicas e instituciones relacionadas con el cuidado de la salud.
Nos referimos al Hastings Center y al Kennedy Institute, apoyado este último por la Universidad de Georgetown.
Ambos fueron formalmente fundados, como transformación de instituciones pre-existentes, en 1971.
Esta delimitación temática se conservó de manera esencial en los centros de bioética que pocos años después surgieron en Europa y en otras partes del mundo; no es por mera casualidad que la mayoría de ellos se encontraban, y todavía se encuentran, orgánicamente relacionados con hospitales, clínicas, facultades y escuelas de medicina.
Cuando hablamos de una cuestión de hecho no queremos banalizar el asunto, ya que ha sido una práctica tradicional la de definir una cierta ciencia tomando en cuenta lo que hacen concretamente los que se dedican a ella.
2 Sin embargo, es legítimo preguntarse también si hay razones de principio que justifiquen esta caracterización.
Sin que llegue a ser una verdadera razón de principio, podemos decir que esta referencia privilegiada de la bioética a las ciencias biomédicas se explica también por el intento de la bioética de presentarse ella misma como una ciencia, como un campo de investigación riguroso, en el cual se comparan argumentos y que, por tanto, busca sus credenciales de cientificidad concentrando sus objetos de reflexión en lo que se dice y hace en ámbitos científicos serios a500 y reconocidos.
Y como bío refiere a vida, inmediatamente se sigue que de lo que la bioética se ocupa es de las cuestiones éticas que surgen dentro de las ciencias y tecnologías de la vida, es decir en las ciencias biológicas y médicas.
¿POR QUÉ SE REQUIERE LA INTRODUCCIÓN DE UN TÉRMINO NUEVO?
Las razones que acabamos de exponer aclaran tal vez cómo fue produciéndose la situación histórica que determinó la delimitación del campo de estudio (del ámbito) de la bioética.
Sin embargo, mientras las circunstancias ofrecen una respuesta a esta pregunta, abren una segunda cuestión: si es verdad que la bioética es fundamentalmente un desarrollo, una expansión natural de la ética médica tradicional, ¿qué necesidad teníamos de inventar un nuevo término para designarla?
Si la bioética no quiere ser una simple expresión de moda para denotar algo ya existente, sino el nombre de una disciplina auténticamente nueva, hasta de una nueva ciencia, es indispensable indicar claramente en qué consiste su novedad, y esto resultaría más patente si fuera posible indicar alguna diferencia con respecto a la ética médica tradicional.
Algunos autores, como por ejemplo Maurizio Mori (2002), han intentado este tipo de discriminación, afirmando que existe una verdadera diferencia "de principio": mientras la ética médica tradicional aceptaba como principio ético fundamental el de la sacralidad de la vida, la bioética, por el contrario, se funda en el principio de la cualidad de la vida.
Esta distinción no parece muy sólida: podría servir para caracterizar diferentes teorías éticas (actuales y también tradicionales), pero no como criterio para discriminar entre la ética médica tradicional y la bioética actual, ya que, en primer lugar, ambas perspectivas están presentes en los debates bioéticos actuales y, en segundo lugar, porque en la misma ética médica tradicional (que sin duda reconocía la superioridad del principio de la sacralidad de la vida), no se desconocía tampoco la validez del principio de la cualidad de la vida.
Tan es verdad, que se admitía que los dolores intolerables de un enfermo terminal se deben aliviar con tratamientos adecuados, aunque estos tengan como consecuencia no querida una abreviación de la vida del paciente (lo cual es moralmente distinto de provocarle deliberadamente la muerte para que "deje de sufrir").
Como los debates bioéticos actuales atestiguan ampliamente que estos dos principios, lejos de estar en conflicto, son complementarios, uno de los desafíos principales del pensamiento bioético es el de proponer soluciones que los hagan compatibles, algo que los avances de la medicina y de las técnicas médicas hacen hoy más factible.
Como última observación anotemos que los conflictos entre estos dos principios que marcan el debate bioético actual inciden en la casi totalidad de las prácticas médicas, es decir que caben dentro del horizonte de la ética médica.
Por lo tanto, no se ve cómo el tomarlos en consideración nos permitiría superar el horizonte de la ética médica para entrar en el "nuevo" dominio de la bioética.
Entonces ¿no hay novedad?
Sí la hay, y es posible caracterizarla de manera más concreta y sin afectar a los grandes principios éticos.
La novedad consiste en el hecho de que la tarea esencial de la ética -es decir, la de indicar cuál es la elección correcta ante diferentes conductas posibles en una determinada situación-se ha convertido en una empresa muy difícil en muchas situaciones totalmente inéditas que se presentan como consecuencia del progreso científico y tecnológico.
Hay que entender bien en qué consiste el aspecto "inédito": no se trata simplemente de la complejidad a veces asombrosa de muchos aparatos y procedimientos que se utilizan, por ejemplo, en el campo de la medicina y de la cirugía, y que permiten alcanzar resultados antes impensables.
Se trata, más bien, del hecho de que, como consecuencia de estos resultados, se presentan situaciones en las cuales el hombre puede elegir, optar, decidir y que, por lo tanto, caen automáticamente bajo el juicio moral, mientras que antes no se daban tales situaciones y, por esta simple razón, no podían ser contempladas por la ética.
Por ejemplo, algunas décadas atrás la esterilidad de una pareja (entendida como imposibilidad de engendrar hijos dentro de la misma) se intentaba curar tratando ciertas disfunciones tanto del varón como de la mujer.
Si tales disfunciones no se podían curar, o si la pareja resultaba estéril a pesar de todo, la medicina resultaba inoperante y la única solución posible consistía en recurrir al instrumento legal de la adopción.
Hoy sabemos que una pareja puede conseguir un hijo a pesar de ser médicamente estéril, sometiéndose a alguna de las técnicas biomédicas disponibles y, por lo tanto, puede decidir si utilizarlas o no. Incluso, en caso de querer utilizarlas, puede decidir cuál prefiere.
Todo el mundo sabe que este es uno de los capítulos fundamentales de la bioética, el de la reproducción medicamente asistida, y parece evidente que no se puedan proponer normas morales a este propósito sin un conocimiento detallado de las situaciones reales, que son totalmente inéditas con respecto a la reproducción natural anteriormente conocida y regulada por la ética.
Aparentemente se podría decir que, sin embargo, estas nuevas situaciones se pueden y hasta se deben tratar aplicándoles los principios fundamentales y las normas de la ética tradicional, y que no se necesita una nueva ética para abordarlas.
En cierto sentido es así, pero a condición de reparar en que la propia ética no se reduce a un conjunto estático e inmutable de principios, métodos y preceptos formulados en una determinada doctrina, sino que ella misma tiene que ser dinámica y articularse, profundizarse, explicitarse, según los distintos contextos culturales en los que se sitúa.
Y, aun así, habría que considerar otro aspecto que justifica la novedad de la bioética: se trata de la naturaleza compleja de las situaciones inéditas de las que estamos hablando.
Con ello nos referimos en particular al hecho de que la acción de cada individuo involucrado está profundamente relacionada y condicionada por la presencia de otros individuos.
Esto conlleva un enfoque relativamente ajeno a la perspectiva de la ética tradicional, que era sobre todo una ética de la acción individual.
Para profundizar en este punto es oportuno discutir primero cómo este tipo de complejidad influye sobre la naturaleza misma de la bioética en cuanto ciencia.
La noción de complejidad posee diferentes matices de significado, tanto en el discurso ordinario como en el científico.
En el ámbito pre-científico, el significado de complejo tiende a ser visto como sinónimo de difícil o complicado, mientras que en el discurso científico no existe una única caracterización de la complejidad.
Cada definición depende del contexto en el que nace, incluso cuando es adoptada con propósitos de generalidad (como ocurre, por ejemplo, en el famoso Santa Fe Institute for Complexity Research, activo en New Mexico, Estados Unidos).
Entre los principales significados, se pueden destacar dos que se refieren esencialmente a la noción de problema o de objeto complejo.
La complejidad computacional se refiere a la búsqueda de la solución de un problema que se pueda conseguir mediante un programa de cálculo automático.
Se han propuesto diferentes medidas de la complejidad computacional.
La más conocida mide la complejidad como la dimensión de la formulación del problema computacional en cuestión, y se expresa como la longitud del programa más pequeño que, aplicado en un ordenador universal (máquina de Turing), ofrece la solución del problema.
Según esta definición, llamada de Kolmogoroff y Turing, son simples los problemas o los objetos muy regulares, o bien los que son totalmente casuales, ya que en ambos casos hay poco o nada que describir, mientras que son complejos los problemas y objetos cuya descripción es larga.
En la noción más completa de complejidad computacional se añade a las condiciones de Kolmogoroff también la consideración del tiempo de cómputo y del espacio de memoria que es necesario utilizar.
Un concepto muy diferente de complejidad ha surgido del estudio de los sistemas dinámicos alejados del estado de equilibrio, del caos determinístico y de la emergencia de comportamientos nuevos debidos a la interacción entre las partes de un sistema.
Este concepto ha sido llamado complejidad de las redes de interacción, en las cuales ocupa un lugar central la nolinearidad.
Omitiendo su presentación técnicamente matemática, podemos sintetizar su consecuencia intuitiva más significativa diciendo que expresa la imposibilidad de descomponer un problema en sub-problemas para luego recomponer las soluciones parciales consiguiendo así la solución del problema inicial.
Este último procedimiento había sido enunciado por Descartes como la segunda regla en la segunda parte del Discurso del método, y su aplicación ha constituido el modelo de la investigación científica moderna, basada en lo que se define como método analítico.
Se suele indicar que el preludio de la nueva perspectiva está en un famoso artículo de Poincaré sobre el problema de los tres cuerpos (Poincaré, 1890).
Es interesante porque muestra que la idea de una previsibilidad exacta de los fenómenos naturales, fundada en el determinismo universal, en el que Claude Bernard creía firmemente, no es científicamente defendible.
Diremos, por simplicidad, que un sistema S evoluciona según un proceso lineal si, dado el valor del estado inicial del sistema con una aproximación ε, se puede calcular su estado final después de cualquier tiempo con la misma aproximación.
Si esto no ocurre, es decir, si el estado final puede tener un valor muy diferente de lo que se podía esperar, el proceso se llama no-lineal, terminología que depende del tipo de ecuaciones diferenciales que se aplican.
Ahora bien, se puede probar matemáticamente que los resultados imprevisibles y nuevos se dan, no solo cuando hay interacciones no-lineales entre sistemas no-lineales, sino también cuando hay relaciones no-lineales entre sistemas lineales.
Dicho más resumidamente: el resultado de interrelaciones entre procesos determinísticos es determinístico solo en casos muy excepcionales.
Traduciendo este discurso abstracto a términos más concretos, podemos decir que si varios sistemas, caracterizados cada uno de ellos por sus propiedades típicas, se encuentran en correlación, el resultado glo-a500 bal será un sistema con propiedades nuevas, no presentes en ninguna de sus partes.
Este breve análisis de la complejidad de las redes de interacciones nos ha permitido detectar un nivel intermedio entre el orden completo y el completo desorden, es decir entre el determinismo rígido, que era el ideal de la ciencia clásica claramente presente en el libro de Bernard, y el caos total.
No es algo secundario que, para esta caracterización más adecuada de la complejidad, hayamos tenido que usar algunas veces el término sistema: se trata de que el punto de vista sistémico, es decir, la teoría general de sistemas, se ofrece como un instrumento esencial para alcanzar el resultado que buscamos.
EL PUNTO DE VISTA SISTÉMICO
El tratamiento matemático de la complejidad que hemos considerado hasta ahora, y que alcanza su punto de mayor interés en la teoría de la no-linealidad, ya ha contribuido a deshacer el mito del determinismo universal, sobre todo si nos apoyamos en la expresión de la no-linealidad que, siguiendo el planteamiento geométrico de Poincaré, representa el decurso de un cierto proceso mediante una trayectoria.
De esta manera, se ve intuitivamente cómo diferencias muy pequeñas en los valores de las condiciones iniciales originan trayectorias que pueden alejarse muchísimo entre sí tras un tiempo relativamente corto.
Así que las previsiones, además de ser solo probables, son fiables solo a corto plazo.
Este modelo parece adecuado para tratar fenómenos como las previsiones meteorológicas y algunos otros, en los cuales la complejidad se reduce a la interferencia casual de una multiplicidad de factores que no se pueden prácticamente controlar y, en este sentido, nos muestra los límites de la metodología analítica que se basa en el programa de construir el resultado final mediante el conocimiento de los resultados parciales.
La teoría de sistemas, sin embargo, corresponde a otra perspectiva que se funda en una experiencia cognitiva muy común: las cosas que conocemos siempre nos aparecen como dotadas de ciertas propiedades y de una estructura propia que consiste en una red de relaciones bien precisas entre partes que están a su vez dotadas de propiedades y estructura.
Si llamamos sistema a cualquier entidad caracterizada al mismo tiempo por ciertas propiedades y por una cierta estructura, podemos decir que la teoría de sistemas se basa en solo dos conceptos fundamentales, el de sistema y el de relación entre sistemas.
Además, estos conceptos son fuertemente interdependientes en el siguiente sentido: las partes están ligadas entre sí por medio de relaciones mutuas y forman una unidad compleja, ordenada y dotada de individualidad propia, ya que se caracteriza por propiedades que son diferentes de las de las partes constituyentes (aunque dependen de ellas, en una cierta medida), tanto en sus propias características, como en su manera de funcionar.
Podríamos tal vez decir, más simplemente, que por sistema entendemos una totalidad ordenada de partes interrelacionadas cuyas características dependen tanto de las características de las partes como de la conexión específica entre ellas.
Estas pocas palabras pueden expresar con más precisión el significado de la afirmación bastante común, pero vaga, de que "el todo es más que la suma de las partes".
La perspectiva analítica intenta mostrar que, a final de cuentas, el todo se construye (o reconstruye) sumando los resultados del estudio de sus partes y, por consiguiente, tiene la misma naturaleza que sus partes (reduccionismo).
La perspectiva sistémica, al contrario, reconoce las diferencias de propiedades y funciones de las diversas partes y, al mismo tiempo, afirma y subraya que el todo tiene propiedades suyas que dependen de las propiedades de las partes, pero que, gracias a ciertas relaciones entre las mismas, no pueden considerarse como un mero resultado de ellas.
Se acostumbra a llamar holística -de hólos, en griego 'totalidad' a esta perspectiva que fue defendida especialmente por los teóricos del vitalismo, en el campo biológico y en oposición al mecanicismo, a finales del siglo XIX.
Dicha perspectiva holística fue retomada de manera más rigurosa, evitando los aspectos más débiles del vitalismo, precisamente por un biólogo, Ludwig von Bertalanffy, fundador de la teoría de sistemas.
3 Es natural que esta teoría se haya originado en el campo de la biología, ya que el organismo vivo es el ejemplo más claro y familiar de una entidad sistémica.
Sin embargo, existe un número muy grande de entidades complejas en el mundo natural, social, histórico y cultural.
Por ello, el enfoque sistémico se ha revelado muy fructífero en muchos ámbitos, como el mismo Bertalanffy ya había previsto en su época.
De manera especial, es un enfoque que ayuda a entender bien la enorme importancia que tiene la presencia de la tecnología en nuestro mundo actual.
Es muy común entender que la creciente presencia de la tecnología en nuestras vidas consiste sobre todo en una difusión masiva de las máquinas, de artefactos materiales con los cuales es difícil convivir, aunque nos sirvan y creamos que estamos simplemente utilizándolos.
En realidad, la tecnología es mucho más, es a500 un verdadero sistema tecnológico, que tiene sus características, sus dinámicas, su autonomía, su tendencia a crecer sin límites.
Así pues, nuestra civilización tecnológica es mucho más que una simple civilización de las máquinas.
4 La bioética surge como respuesta a las situaciones inéditas a que nos han llevado los avances de las tecnologías biomédicas.
Y, en función de lo dicho, tiene que ayudarnos a entender correctamente cuál es la relación de la ética con la tecnología, entendida esta como sistema.
LA ÉTICA EN UN MUNDO TECNOLÓGICO
Como acabamos de decir, los problemas bioéticos surgen de la aplicación de procedimientos tecnológicos particularmente avanzados en el campo de la vida y, en este sentido, ponen en tela de juicio la visión muy común según la cual el progreso tecnológico es de por sí positivo.
Si fuese así, se podría aceptar la máxima de que "lo que se puede hacer tecnológicamente se debe hacer".
En bioética, por el contrario, se debaten muchas situaciones en las cuales ciertas cosas se pueden técnicamente hacer, pero no se deben hacer por razones morales.
Como estos no son casos aislados, sino que constituyen prácticamente la totalidad de las cuestiones específicamente bioéticas, podemos decir que la misma bioética aparece como caso emblemático de una reflexión epistemológica que intenta identificar un posible punto de contacto entre el progreso tecnocientífico y la evolución de la conciencia moral.
Hablamos de evolución para indicar que no se trata de una revolución en la ética, sino de una necesaria madurez, exigida por la transición desde el ambiente natural, en el que se daba antaño la conducta humana, hasta el ambiente tecnológico en el que se da hoy día.
Por consiguiente, podemos articular mejor la caracterización de la bioética que hemos mencionado al inicio y decir que la bioética es un diálogo crítico entre disciplinas con patrones epistemológicos diferentes, que trata de indicar normas para dirigir la acción individual y colectiva hacia la solución de conflictos que surgen de la aplicación de la tecnología a la vida.
Se trata, como hemos dicho, de una precisión que alcanzamos considerando un poco menos superficialmente en qué consisten los debates bioéticos concretos.
Pero también llegamos a ella observando cuáles eran las inquietudes que se encontraban en el origen histórico de la bioética.
Recordemos que dicho origen no coincide con el inicio de su desarrollo institucional en los años setenta del siglo pasado, cuando se fundaron el Hastings Center y el Kennedy Institute.
Si adoptamos un punto de vista conceptual, como es obvio que debe hacerse, la creación del término bioética hace referencia a los escritos de Jahr, que no se ocupan en particular de ética médica, sino de un horizonte que concierne a la interrelación entre la acción humana y el conjunto de la naturaleza.
Este encuentro entre progreso tecnológico y ética es la raíz profunda de la bioética, y nos invita a considerar como textos fundamentales en este sentido dos artículos raramente mencionados del teólogo católico Karl Rahner.
5 Estos textos tratan con profundidad filosófica el tema de las manipulaciones genéticas, es decir de los primeros logros de la ingeniería genética, y plantean claramente el problema del control ético por parte del ser humano sobre los productos de la tecnología creada por el mismo hombre, con potenciales repercusiones sobre su propia identidad y naturaleza.
Rahner no usa el término bioética, pero es significativo que en la misma época en la cual la bioética estaba a punto de imponerse culturalmente en los Estados Unidos, su horizonte ya abarcaba el ámbito de las biotecnologías y apuntaba, por tanto, muy claramente a la totalidad de los problemas que salían a la luz como exigencias de una ética a la altura de un mundo impregnado de tecnología.
La aceptación de lo artificial
Así concebida, la bioética se presenta como una respuesta al miedo hacia el progreso tecnológico que empezaba a manifestarse en los años'60 del siglo pasado, y que había producido en muchos autores y en muchos movimientos políticos un verdadero rechazo de la tecnociencia, sustituyendo al optimismo cientificista de la primera mitad del siglo.
El programa bioético puede verse como la toma de conciencia del hecho de que este mundo tecnológico no es solamente el mundo en qué vivimos, sino el mundo del qué vivimos y que, por consiguiente, el verdadero problema consiste en aceptarlo y encontrar en él un lugar para la realización del ser humano.
En este sentido, el hombre se siente solidario con el resto de la naturaleza, que se encuentra amenazada también por el desarrollo incontrolado de la tecnología.
Medicina y biotecnología son los primeros ámbitos en los cuales este problema se manifiesta con claridad, pero abren un horizonte nuevo.
Un horizonte, en particular, en el cual pierde relevancia ética la oposición entre natural y artificial, según la cual la conformidad con la naturaleza representaba el criterio fundamental para juzgar moralmente las acciones humanas.
Se trata de un antiguo principio enunciado por los filósofos estoicos y aceptado después por la ética cristiana.
Según este principio, a500 la naturaleza es obra de Dios y expresa su profunda sabiduría; por lo tanto, la acción del hombre es buena solo si se conforma a la naturaleza.
Esta idea se puede aceptar sin condenar lo artificial en cuanto tal, sino advirtiendo que la capacidad de producir el mundo artificial de los artefactos y de las instituciones sociales es precisamente la expresión de la naturaleza humana en cuanto específicamente distinta de la pura y simple naturaleza animal.
Por consiguiente, la desconfianza ante lo artificial no está vinculada necesariamente con el respeto hacia la naturaleza.
Dicho respeto tiene que resultar compatible con un análisis lo suficientemente profundo y crítico de lo que es en realidad la naturaleza del hombre.
Este problema, evidentemente, no puede resolverse considerando solo los aspectos biológicos de la vida, sino que requiere la consideración de muchas otras competencias de tipo humanístico en sentido amplio, así como, sobre todo, de la reflexión filosófica.
Estas últimas consideraciones sirven para evitar que nuestra "defensa" de lo artificial y de la tecnología pueda ser tomada como una justificación total de esta última.
El ideal de la bioética como búsqueda de un punto de encuentro entre la tecnología y la conciencia moral se convertiría, así, en una visión de la bioética como instrumento para facilitar la aceptación social de la tecnología, para diluir los escrúpulos morales frente a tantas novedades tecnológicas que modifican profundamente las costumbres y los modelos de vida.
Una perspectiva de este tipo no es ajena a los proyectos de las empresas industriales que impulsan las tecnologías más sofisticadas y las venden muy caras en el mercado, pero claramente no corresponde a la naturaleza propia de la bioética.
Esta, en cuanto ética aplicada, tiene su razón de ser en la conciencia moral del hombre que, como ya hemos anotado, reconoce que entre las cosas que técnicamente se pueden hacer, hay algunas que moralmente no se deben hacer.
El nuevo modelo epistemológico de la bioética
Varios autores prefieren no considerar la bioética como una ciencia o como una disciplina científica en sentido propio, y prefieren designarla como un "campo de investigación", un "ámbito de problemas", un "conjunto de cuestiones" o algo de este tipo.
La razón es que una ciencia, así como una disciplina particular dentro de una cierta ciencia, tiene que caracterizarse indicando cuál es el ámbito específico de sus objetos y cuáles son los criterios metodológicos para la realización correcta de su investigación y para la construcción de su conjunto específico de conocimientos.
Es lo que a menudo se denomina "modelo epistemológico" de una determinada ciencia o disciplina.
Si, como hemos visto, la tarea específica de la bioética es la de proponer normas o criterios de evaluación para la toma de una decisión éticamente correcta en situaciones complejas concretas, está bastante claro que estos juicios tendrán que tomar en cuenta los diferentes aspectos o factores que entran en la constitución de la situación misma, cada un uno de los cuáles lleva a considerar la situación desde un cierto punto de vista y, por consiguiente, a indicar una determinada solución para la toma de la decisión final.
Por otro lado, cada punto de vista no se limita a ser la expresión de una cierta inclinación subjetiva, sino que suele acompañarse por la presentación de ciertos argumentos y criterios de comprobación que corresponden, en un sentido amplio, a otros tantos modelos epistemológicos de diferentes disciplinas.
Así las cosas, la tarea de la bioética parecería consistir en un análisis riguroso de los diferentes aspectos y factores de la situación, en una especie de mirada metateórica.
No se ve, sin embargo, cómo de este análisis se puede pasar a una síntesis, en la cual consistiría lo específico de la bioética.
La solución a esta dificultad se encuentra reconociendo que el modelo epistemológico de la bioética es el método interdisciplinar, un método que no es exclusivo de la bioética, sino que ha ido imponiéndose en varias disciplinas contemporáneas que tienen que ver con la complejidad.
De hecho, la creciente demanda de bioética que constatamos en las sociedades actuales ha acabado con la desconfianza tradicional entre saberes diferentes en cuanto a sus patrones epistemológicos.
Es más, con ello parece haberse inaugurado una nueva época de cooperación interdisciplinar, no solo entre las ciencias naturales y las ciencias humanas, sino también entre formas científicas y formas especulativas del conocimiento, como la filosofía y, en particular, la ética.
Este efecto ha sido provocado por la complejidad de los objetos estudiados -ya lo hemos mencionado-, pero al mismo tiempo ha implicado un cambio de actitud intelectual, indispensable para alcanzar el nivel de intersubjetividad sin el cual no se da ningún conocimiento que pueda llamarse científico en sentido amplio.
Este cambio de actitud, que podríamos calificar como la adopción de una categoría dialógica por parte del intelecto, es lo que constituye la raíz profunda del método interdisciplinar.
Dicho cambio de actitud justifica también la búsqueda de una síntesis, que se realiza tras haber analizado debidamente la perspectiva y aportes objetivos de cada ciencia particular.
No cabe dentro de los propósitos de este trabajo detenernos en la presentación, ni siquiera sumaria, de las características fundamentales del método interdisciplinar (que habría que distinguir de la simple multidisciplinariedad y de la transdisciplinariedad).
Sin embargo, no podemos omitir otro aspecto de la bioética que tiene una cierta semejanza con la interdisciplinariedad, sin que llegue a confundirse con ella.
Se trata del hecho de que en bioética es normal considerar no solo lo que nos dicen sobre un determinado problema diferentes perspectivas disciplinares (por ejemplo, médica, económica, psicológica, social, política, religiosa...), sino también las distintas soluciones propuestas por diferentes teorías éticas.
En este caso, la actitud dialógica es mucho más difícil de adoptar, ya que los sujetos que participan concretamente en el debate están existencialmente comprometidos con una determinada doctrina ética, que es normalmente parte de su propia concepción de la vida, de la cual no es posible despojarse totalmente.
Así, el análisis conceptual preciso, el examen riguroso de las argumentaciones, la indicación de consecuencias intuitivamente inaceptables o de incongruencias siguen siendo posibles pero no poseen la misma fuerza discriminatoria que pueden tener en las ciencias propiamente dichas.
No obstante, la complejidad con la cual tiene que confrontarse la bioética tiene mucho que ver con esta pluralidad de las convicciones éticas presentes en nuestras sociedades, pluralidad destinada a aumentar con el imparable proceso de globalización y con las características cada vez más multiculturales que van asumiendo nuestras sociedades.
Esta también es una situación inédita con respecto no tanto a la ética médica como a la ética tradicional.
Hasta el siglo XIX, podemos decir que dentro de cada gran área cultural existía una amplia base de normas morales comunes y aceptadas, y que las diversas éticas consistían en proponer los fundamentos o las justificaciones racionales de dichas normas a partir de diferentes principios generales.
Hoy no es así: dentro de una misma sociedad existen conductas que muchos consideran moralmente lícitas y que otros consideran moralmente ilícitas.
Como es evidente, solo teorías éticas diferentes pueden justificar estos puntos de vista opuestos.
Lo que tenemos que reconocer respecto a la sociedad en general, vale, como bien se sabe, también en el campo de la bioética, en donde hay varias cuestiones de este tipo abiertas y debatidas.
Hasta tal punto es así, que no es exagerado afirmar que precisamente la vivacidad y la actualidad de estos debates bioéticos ha despertado en las últimas décadas un verdadero renacimiento de la ética en cuanto tal.
Este hecho no debe sorprendernos, ya que el fin propio de las investigaciones y debates bioéticos consiste en indicar cuál sería la decisión correcta a propósito de un determinado curso de acción, lo cual significa reconocer explícitamente que el planteamiento metodológico y epistemológico de la bioética tiene que incluir claramente los elementos de una ciencia práctica en el sentido clásico, es decir de un saber orientado a dirigir la acción (cfr.
La dimensión holística de la ética
Si la aceptación de lo artificial es una característica decisiva que distingue la bioética de la ética tradicional, cabe mencionar otra no menos profunda pero menos fácil de aclarar.
Se trata del hecho de que, mientras la ética tradicional investiga las acciones del individuo, la bioética concierne especialmente a las acciones colectivas.
Se trata de una transición que se ha producido paulatinamente, y de la que vamos a indicar algunos elementos esenciales.
En las sociedades pre-modernas, los efectos de las acciones del individuo caían en un entorno espaciotemporal limitado y podían considerarse como directamente producidos por él.
Es decir, estos efectos eran previstos e intencionalmente perseguidos, de manera tal que no había discrepancia entre intención y efecto previsto de la acción.
Entonces, el juicio moral podía basarse en la evaluación de la cualidad moral del efecto (bueno o malo).
Solo si el efecto concretamente ocurrido resultara ser diferente de la intención o de la previsión podía cambiar el juicio moral sobre la acción misma.
Con el inicio de la modernidad, la estructura de la vida social se hace mucho más compleja y la mayoría de las acciones de los individuos constituyen solo un segmento limitado de una red cuyo resultado final no depende de la intención del individuo, que ha realizado un pequeño segmento cuyos efectos a veces ni siquiera pueden ser previstos.
De todas maneras, el individuo no puede controlar el resultado de su acción.
Como consecuencia, el significado específicamente moral de las acciones termina por reducirse a la intención, que es necesariamente individual y subjetiva.
Hay también otras razones más profundas que podemos resumir en la centralidad que el pensamiento moderno ha reconocido al sujeto, pero nos llevaría demasiado lejos analizarlas.
Será suficiente con apuntar que, en la ética más típica de la modernidad, la de Kant, el peso de la moralidad se concentra en la intención de la libre voluntad.
"No hay a500 nada absolutamente bueno en el mundo -afirma Kant-fuera de una voluntad buena".
Se desprendía de esto que la responsabilidad moral es únicamente individual y se reduce al hecho de que el individuo tenga o no la intención de cumplir la acción de la cual se considera responsable (el discurso acerca de la responsabilidad económica o legal es totalmente diferente).
De forma resumida, esta concepción se puede expresar en la máxima: "cumple con tu deber, pase lo que pase", es decir sin tomar en cuenta las consecuencias.
Esta oposición entre una "ética de la conciencia" y una "ética de las consecuencias" se puede leer en Max Weber, para quien el concepto de responsabilidad (sobre todo en la vida política) se reduce a esto: alguien se declara responsable de sus acciones en el sentido de que está dispuesto a pagar él mismo el precio de sus consecuencias, es decir, que "se pone en juego a sí mismo", y nada más.
No existe el sentido de una responsabilidad hacia alguien o hacia algo.
6 Una ética inspirada en esta óptica no está a la altura de un mundo en el cual se reconoce fácilmente la presencia de acciones colectivas muy complejas que producen efectos concretos en general de gran tamaño y alcance, efectos que, en muchos casos, aparecen evidentemente como malos.
Todas las realizaciones significativas de la tecnología son de este tipo y, vista la omnipresencia de este mundo tecnológico, es inevitable reconocer que la mayoría de las acciones que conciernen y afectan al mundo actual son precisamente acciones colectivas de este tipo.
Por otro lado, no se ve cómo se podría atribuir una intención a un grupo de individuos e incluso a una red compleja de individuos que cooperan de hecho en las grandes producciones tecnológicas.
¿Diremos entonces que, faltando la intención, falta la base del juicio ético, o que nadie es responsable porque nadie en particular quiso realizar el efecto malo?
Evidentemente no estamos dispuestos a aceptar estas conclusiones.
Para salir de la dificultad, tenemos que elaborar una ética en la cual la intención individual, aun sin ser descartada, desempeñe un papel reducido.
Buscamos, pues, una ética que tenga en cuenta a varios actores, no en cuanto decisores libres, sino en cuanto portadores de ciertos valores, de ciertas competencias, de ciertas instancias, y todos ellos partícipes dentro de un determinado contexto y mutuamente relacionados según una red de interacciones más o menos eficaces.
Esto significa que tenemos que considerar, como hace la perspectiva holística, unidades complejas que operan como un todo.
El todo resulta de la cooperación eficaz de varias partes que son, por un lado, autónomas, y, por otro lado, no-independientes.
La moderna teoría de sistemas nos ofrece el marco conceptual y también ciertos instrumentos técnicos para desarrollar esta perspectiva holística, dentro de la cual, en particular, se puede elaborar el concepto de responsabilidad compartida.
Aquí la responsabilidad individual no desaparece, pero recibe un peso proporcionado a la importancia que el individuo tiene en el funcionamiento del sistema y en la toma de decisiones.
Se trata de un discurso que todavía está en ciernes.
Cuanto acabamos de presentar podría, en un cierto sentido, enmarcarse dentro del modelo interdisciplinar del que ya hemos hablado.
En el mundo actual, como hemos ya anotado a propósito de la bioética, conviven multitud de posiciones éticas diferentes representadas por los distintos actores de las actividades complejas de la vida social.
Sería un grave error tomar este hecho como pretexto para la aceptación de un relativismo ético.
Dicho relativismo implicaría aceptar que en el campo ético "todo vale".
Eliminaríamos así cualquier posible regulación ética del desarrollo de la sociedad tecnológica.
Al contrario, la presencia de éticas diferentes indica que la ética no es prescindible.
Y la ética se manifiesta a través de las diferentes posiciones morales, cada una de las cuales subraya y absolutiza un valor o principio ético importante.
El problema, por lo tanto, consiste en hacer dialogar a estas diferentes teorías éticas, porque cada una ofrece un aporte valioso al madurar de una conciencia ética global más comprensiva.
Nos damos cuenta, así, de cómo muchas teorías éticas expresan su pertenencia a tradiciones culturales que hoy confluyen gracias a la globalización.
Por consiguiente, la actitud dialógica tiene que tratar de buscar una ética compartida para la sociedad del presente y del futuro, la cual de todas maneras tendrá que confrontarse globalmente con los tremendos retos que nos impone a todos el desarrollo de la tecnociencia.
Este artículo fue redactado gracias al apoyo del Proyecto de Investigación EF-2012-33998 del Ministerio español de Economía y Competitividad. a500 NOTAS 1.
No es difícil mencionar ejemplos.
Según su etimología, geo-metría significa medición de la tierra y se relaciona con los conocimientos y las prácticas que los agrimensores del antiguo Egipto utilizaban para reconstruir los perímetros de los campos borrados por las inundaciones anuales del Nilo; pero ya con los griegos la geometría tenía el estatuto de una ciencia teórica pura, en la cual encontraba su aplicación más perfecta el método axiomático.
Posteriormente se entendió como estudio de las diferentes figuras del espacio accesibles mediante una particular intuición; pero con el surgimiento de las geometrías no-euclidianas se afirmó la legitimidad de diferentes geometrías cada vez más abstractas, de modo que hoy se consideran como ramas de la geometría disciplinas matemáticas que apenas tienen dominios comunes.
Pasando a la física, y limitando la atención a la época moderna, en la que se presentó como disciplina distinta de la filosofía natural, podemos decir que en una primera fase se identificó con la mecánica y la óptica, luego incluyó el estudio del calor y de los fenómenos electromagnéticos, para después abarcar el mundo subatómico, utilizando conceptos y teorías muy diferentes entre sí e incluso a veces casi incompatibles.
Lo que, a pesar de todo, permite considerar estas ciencias como suficientemente definidas es su estructura epistemológica; por ello podemos considerar como legítimo el propósito de hacer algo parecido también en el caso de la bioética.
Bertalanffy empezó a desarrollar sus ideas en la dirección de la teoría de sistemas en los años treinta del siglo pasado, pero publicó su obra más completa sobre este tema muchos años más tarde (Bertalannfy, 1968).
Este enfoque está bien presentado en el libro de Jacques Ellul (1977), mientras que la famosa obra de Lewis Mumford (1967) seguía aceptando el patrón de la civilización de las máquinas. |
El artículo destaca la importancia de distinguir entre dos roles diversos que la noción de dignidad humana juega en bioética: uno, como principio de orden jurídico-político, y otro, como estándar moral del trato debido al paciente.
Cuando la dignidad es entendida en el primer sentido, nos encontramos con un concepto muy general, que cumple un rol fundacional y de orientación de las normas relacionadas con las prácticas biomédicas.
En cambio, cuando es utilizada en el segundo sentido, intenta captar la exigencia moral de tratar siempre al paciente como "persona", es decir, con el mayor cuidado y respeto.
Para clarificar el significado de la dignidad como principio, se apela a la distinción entre principios y normas elaborada en el campo de la filosofía jurídica.
La dignidad como estándar moral de la relación médico-paciente se ilustra en base a una serie de estudios empíricos.
La noción de dignidad humana es objeto de una seria controversia en el campo de la bioética, y en particular en relación con los instrumentos internacionales sobre cuestiones biomédicas.
Por un lado, la idea según la cual los seres humanos poseen una dignidad inherente es presentada por el derecho internacional como el fundamento último del sistema global de derechos humanos que surgió como respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
Esta noción juega un rol aún más visible en los instrumentos internacionales sobre bioética adoptados desde fines de los años 90 por organismos intergubernamentales tales como la UNESCO y el Consejo de Europa.
Por otro lado, el recurso a la dignidad humana en el discurso bioético ha generado fuertes críticas por parte de algunos filósofos, sobre todo en el mundo angloamericano, donde la ven como una noción puramente retórica y sin contenido.
En este sentido, la bioeticista norteamericana Ruth Macklin, en un editorial del British Medical Journal, calificó a la dignidad humana de "concepto inútil", ya que, en su opinión, no significa más que el respeto debido a la autonomía de las personas.
Por tal razón, podría ser simplemente eliminado del vocabulario bioético "sin que ello acarree ninguna pérdida de contenido" (Macklin, 2003).
La posición de Macklin generó vehementes réplicas, sobre todo por parte de profesionales de la salud dedicados a la atención de pacientes terminales o en otras situaciones de extremada vulnerabilidad.
La idea dominante en tales réplicas es que, si abandonásemos el concepto de dignidad humana, eliminaríamos la razón última por la que consideramos que cada paciente, cualesquiera que sean sus aptitudes físicas o mentales o sus expectativas de vida, merece ser tratado como un ser único e irreemplazable.
Es decir, si desaparece la dignidad, también el respeto de la autonomía pierde su justificación.
Sin duda, el respeto de la autodeterminación de las personas constituye uno de los elementos clave en todo esfuerzo por asegurar el respeto de su dignidad intrínseca.
Sin embargo, la dignidad tiene un contenido mucho más amplio que el de la mera autonomía.
Como se afirma en una de las réplicas a Macklin, la dignidad no puede ser simplemente reducida a la autonomía, ya que "uno puede respetar la autonomía de un paciente en el modo en el que la autora lo describe, y sin embargo no tratarlos con la dignidad que se merecen.
He visto muchos formularios de consentimiento informado firmados por pacientes que fueron tratados con poca dignidad" (Taylor, 2003).
También se sostiene en tales réplicas que la dignidad no puede ser sinónimo de "autonomía" por la sencilla razón de que también quienes poseen una autonomía muy limitada o nula (por ejemplo, los que sufren enfermedades mentales o los recién nacidos) son también reconocidos como poseedores de una dignidad intrínseca (Allison, 2003; Ford, 2003).
También cabe recordar que hay innumerables decisiones "autónomas" que, por ir en contra de la dignidad del propio individuo, no se consideran legítimas ni por la ética ni por el derecho.
Por ejemplo, está claro que, por más "autónomo" que sea el deseo de una persona de trabajar en condiciones próximas a la esclavitud, tal deseo no es reconocido como válido por el sistema jurídico.
El derecho abunda en normas de este tipo, llamadas de orden público, que no pueden ser dejadas de lado por la voluntad de los particulares, precisamente en cuanto tienden a prevenir prácticas contrarias a la dignidad humana.
En el campo médico también existen numerosos ejemplos en tal sentido: ni el consentimiento a una experimentación científica que implica un riesgo desproporcionado para la propia vida ni la voluntad de vender un riñón se consideran normalmente como compatibles con la dignidad humana y, en consecuencia, no son reconocidos como válidos.
En síntesis, puede decirse que es la dignidad humana la que fija el marco en el que las decisiones autónomas gozan de legitimidad.
Comentando esta controversia, el jurista y bioeticista norteamericano Alexander Capron ha señalado que se trata de un falso debate, ya que Macklin y sus críticos se refieren a cosas diferentes: mientras Macklin critica sobre todo el uso genérico y abstracto del término dignidad, tal como se lo encuentra en los instrumentos internacionales sobre bioética, sus críticos están preocupados por el modo en el que los pacientes deben ser tratados por los profesionales de la salud (Capron, 2003).
En mi opinión, si bien la explicación de Capron es en parte acertada, simplifica excesivamente la discusión.
Además, sería erróneo deducir de su argumentación que hay un uso "correcto" de la dignidad (como un estándar de la atención debida al paciente) y uno "erróneo" (como principio general del derecho biomédico).
Este artículo tiene precisamente por objeto subrayar que no hay conflicto entre estos dos enfoques de la dignidad humana, ya que se trata de dos facetas complementarias de la misma idea según la cual todos los seres humanos poseen un valor inherente e incondicional.
LA DIGNIDAD HUMANA COMO PRINCIPIO BIOJURÍDICO
La dignidad humana en el derecho internacional biomédico
La idea según la cual los seres humanos poseen una dignidad intrínseca y, como consecuencia, son titulares de ciertos derechos fundamentales es el pilar en el que se apoya todo el sistema internacional de derechos humanos que surgió después de 1945, así como la inmensa mayoría de los sistemas jurídicos nacionales.
En el pensamiento político moderno, la razón de ser del estado consiste precisamente en la tutela de la dignidad y derechos de las personas.
Es en tal sentido como se habla de estado de derecho, es decir, de un estado que no actúa de modo arbitrario, sino que está sujeto al respeto de normas constitucionales y legales, entre las cuales se destacan las referidas a los derechos y libertades de las personas.
Dicho de otro modo, las normas jurídicas no crean los derechos humanos de la nada; los derechos no son una invención caprichosa del legislador, quien podría legítimamente revocarlos en un cambio de humor.
Por el contrario, tanto los estados como la comunidad internacional en su conjunto están moralmente obligados a reconocer que todas las personas poseen derechos fundamentales (es decir, que todas las personas están igualmente habilitadas a acceder a ciertos bienes básicos), porque tales prerrogativas se derivan de la dignidad inherente a la persona humana.
Es decir, la dignidad no es un término genérico para referirse a la suma de derechos humanos, sino que es la fuente de tales derechos.
Sin la dignidad, los derechos humanos se quedarían sin sustento.
Solo teniendo la noción de dignidad humana como trasfondo se entiende la afirmación de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) según la cual "todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica" (art. 6).
En efecto, en última instancia, el recurso a la dignidad expresa la idea según la cual todos los seres humanos son personas, es decir, que todos tienen "el derecho a tener derechos" (Arendt, 1995, p.
a501 Otra objeción común al recurso a la dignidad humana es que las normas legales, tanto nacionales como internacionales, no definen este concepto.
Tal silencio sería la prueba de que estamos ante una noción hueca.
La mera falta de definición no prueba por sí sola que la noción de dignidad sea vacía o puramente retórica.
Cabe recordar que ninguno de los grandes valores en los que se sustenta la vida en sociedad (justicia, libertad, solidaridad, etc.) es claramente definido por las leyes, y de ello no se deduce que se trate de nociones puramente retóricas y sin contenido.
Si la dignidad humana no es definida, no es porque sea vacía o demasiado pobre, sino al contrario, porque es demasiado rica como para ser encapsulada en una definición precisa.
En realidad, el significado básico de la idea de dignidad es muy sencillo y encarna una exigencia básica de justicia hacia todas y cada una de las personas.
Esta exigencia presupone, en palabras de Rawls (1973), que "cada persona posee una inviolabilidad basada en un principio de justicia, sobre el cual ni siquiera tiene prioridad el bienestar de la sociedad como un todo" (p.
Incluso en ausencia de una definición precisa, el derecho internacional brinda algunas pistas que ayudan a comprender el concepto de dignidad cuando afirma: primero, que la dignidad es "inherente... a todos los miembros de la familia humana" (DUDH, preámbulo); segundo, que todos los seres humanos son "libres e iguales en dignidad y derechos" (DUDH, artículo 1); tercero, que "estos derechos derivan de la dignidad inherente a la persona humana" (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, preámbulos).
Esta última afirmación es especialmente valiosa: si los derechos básicos de las personas se basan en el valor inherente de cada ser humano, y no en una decisión meramente contingente de legisladores o de la comunidad internacional, entonces tales derechos no pueden ser simplemente "revocados" por el estado.
Para el tema que nos ocupa, es importante señalar que, si bien el sistema internacional de derechos humanos se basa en la idea de dignidad humana, los instrumentos internacionales sobre bioética hacen un uso aún más explícito y recurrente de esta noción.
La dignidad humana es como el leitmotiv del bioderecho o, en otras palabras, su "principio eminente" (Andorno, 2012, p.
En el mismo sentido, Lenoir y Mathieu (2004) califican la dignidad de "principio matriz" (principe matriciel) de las normas internacionales sobre bioética (p.
11) han sostenido que las normas internacionales sobre bioética emplean dos nociones opuestas de dignidad: la "dignidad como facultad" (dignity as empowerment), que es la incluida en los clásicos instrumentos internacionales de derechos humanos, y la "dignidad como restricción" (dignity as constraint), que sería una creación reciente de los instrumentos relativos a la bioética.
Según esta interpretación, la primera noción de dignidad se identificaría con la capacidad para actuar de modo autónomo y con el derecho del individuo a aquellas condiciones que favorecen el pleno desarrollo de su personalidad.
En cambio, la segunda noción de dignidad reflejaría una visión paternalista, en cuanto operaría más allá de las opciones individuales y se relacionaría con la idea de que existen límites a la libertad individual que son fijados por razones de interés general.
En mi opinión, esta distinción es criticable, ya que no estamos en verdad ante dos nociones en conflicto, sino ante dos facetas de una misma realidad.
Precisamente porque los seres humanos poseen un valor inherente y, por ello, son titulares de derechos, merecen ser protegidos contra aquellos actos que sean contrarios a tal valor inherente.
Es decir, no hay ninguna dialéctica entra la dignidad como fuente de las prerrogativas individuales y la dignidad como exigencia de protección contra prácticas inhumanas o degradantes.
Hay que reconocer, sin embargo, que la noción de dignidad, por ser muy general y abstracta, no solo no es fácilmente definible, sino que tampoco suele proporcionar por sí sola una respuesta a la mayoría de los dilemas bioéticos.
Pero, como se ha dicho antes, lo mismo sucede con todos los valores estructurantes de la vida social.
Por ello, con el fin de tornar operativa la exigencia de respeto de la dignidad humana, los instrumentos internacionales combinan la invocación de la dignidad humana con el recurso a una amplia gama de derechos concretos que son relevantes para los problemas de salud (Andorno, 2009).
Este recurso combinado a la dignidad humana y a los derechos humanos es visible, por ejemplo, en las tres declaraciones sobre bioética adoptadas en el marco de la UNESCO: la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos (1997), la Declaración Internacional sobre los Datos Genéticos Humanos (2003), y la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (2005).
Este último instrumento tiene el mérito de mostrar que el principio de dignidad humana juega simultáneamente varios roles, que no se excluyen entre sí: a) encarna el objetivo principal de la declaración (art 2.c); b) es el a501 principio primero y fundamental de la bioética (art.
3); c) es el principal argumento contra toda forma de discriminación, incluyendo por ejemplo, la discriminación genética (art. 11); d) es el marco en el que la diversidad cultural debe ser respetada (art 12); e) es la clave de interpretación de todas las disposiciones de la declaración (art. 28).
Al igual que los instrumentos de la UNESCO, también el Convenio Europeo sobre Derechos Humanos y Biomedicina de 1997 (Convenio de Oviedo) asigna un rol central a la dignidad humana.
De acuerdo con su artículo 1.°, el objetivo general del instrumento es "proteger al ser humano en su dignidad e identidad y garantizar a toda persona, sin discriminación alguna, el respeto a su integridad y a sus demás derechos y libertades fundamentales con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina".
Por lo tanto, el objetivo del convenio parece estructurase en dos niveles diversos: primero, y ante todo, la protección de la dignidad e identidad de los seres humanos; segundo, la salvaguarda de la integridad y de otros derechos fundamentales de las personas.
En otras palabras, se hace una distinción entre dignidad y derechos.
También vale la pena llamar la atención acerca del artículo 2 del convenio, ya que ofrece un corolario directo de la idea de la dignidad humana -el principio de primacía del ser humano-cuando afirma que "el interés y el bienestar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia".
Este principio se origina en la primera versión de la famosa Declaración de Helsinki de 1964 (principio I.5) y es como un eco de los juicios de Nüremberg de 1947 que condenaron a los médicos nazis por realizar experimentos con los prisioneros de los campos de concentración.
Lejos de ser una "expresión vacía", como algunos autores han sostenido (Helgesson y Eriksson, 2008), el principio de primacía del ser humano expresa una idea que es fundamental para la bioética (Parker, 2010).
Cabe mencionar que, dada la dificultad para definir la dignidad humana en forma positiva, existe una tendencia a caracterizar a esta noción en términos negativos.
Así, por ejemplo, Dworkin (1994) afirma que la dignidad encarna la idea según la cual las personas "no deben ser nunca tratadas de un modo tal que implique desconocer la importancia única de sus vidas" (p.
En el mismo sentido, dice Mary Midgley (1999) que "hay cosas que no se pueden hacer a ninguna persona, en ningún lugar" (p.
Por la misma razón, no es casual que, mientras la mayoría de los derechos humanos se formulan en términos positivos ("toda persona tiene derecho a..."), aquellos que tienen por objeto proteger a las personas de las violaciones más graves de su dignidad se formulan en términos negativos, es decir, como prohibiciones: "nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre"; "nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes" (artículos 4 y 5 de la DUDH, respectivamente).
Precisamente por la circunstancia de que estos derechos se desprenden más directamente de la dignidad humana que otros, son considerados como absolutos, en el sentido de que no están sujetos a ninguna excepción.
Lo anterior se explica porque es más fácil entender el significado de la dignidad considerando lo que es contrario a ella que lo que está en conformidad con ella.
Es más fácil aprehender el mal que el bien.
Es cuando nos enfrentamos con las peores cosas que se pueden hacer a un ser humano cuando entendemos mejor, por contraste, lo que significa la dignidad humana.
Incluso el imperativo categórico kantiano, según el cual nadie debe ser tratado como un simple medio sino siempre como un fin en sí, es un ejemplo de esta "vía negativa".
En esta línea de pensamiento, se puede afirmar que la primera y principal función del principio de dignidad humana es fijar el umbral mínimo del respeto debido a todo ser humano, y de este modo, indicar qué prácticas son absolutamente inaceptables en una sociedad civilizada.
Solo después de haber afirmado con claridad ese nivel mínimo, la idea de dignidad humana aspira a promover todas aquellas medidas que contribuyan positivamente a mejorar la calidad de vida de las personas (por ejemplo, mejores escuelas, mejores hospitales, sistemas de transporte más eficientes, etc.).
Mientras la dignidad como nivel mínimo no puede ser sopesada con otros principios y es por tanto absoluta, la dignidad como requisito positivo tiene un valor más relativo, en el sentido de que puede ser sopesada con otros intereses sociales (por ejemplo, con los recursos financieros disponibles en una sociedad determinada).
Otra observación que conviene hacer es que el principio de dignidad humana se utiliza en los últimos años no solo para promover el respeto del valor intrínseco de cada individuo, sino también del valor de la humanidad en su conjunto, incluyendo a las generaciones futuras (Andorno, 2009).
El recurso a esta noción derivada (o secundaria) de dignidad tiene lugar en los debates acerca de tecnologías que pueden poner en peligro la identidad y la integridad de la especie humana, tales como las intervenciones en la línea germinal y la clonación reproductiva.
Es cierto que el uso a501 de la noción de dignidad humana con este significado amplio es más problemático, ya que se trata de una noción mucho más abstracta e inasible que la tradicional, y por ello se puede abusar de ella, especialmente cuando se la emplea como un discussion-stopper y sin brindar ninguna explicación adicional.
Sin embargo, también hay que reconocer que no disponemos de otra expresión para referirnos al valor de la humanidad como tal.
Cabe señalar que el recurso a los derechos humanos es insuficiente para hacer frente a los nuevos retos biotecnológicos porque los derechos humanos solo pertenecen a los individuos actualmente existentes y no a la humanidad en su conjunto.
La distinción entre principios y reglas
¿Es el recurso a la dignidad humana en bioética una estrategia puramente retórica?
En otras palabras, ¿qué añade esta noción abstracta a las normas, mucho más concretas, de derechos humanos?, ¿qué se quiere decir cuando se sostiene que la dignidad es un principio?
Estas son preguntas cruciales, que nos obligan a acudir a la filosofía jurídica para precisar la noción de principio.
Existe una larguísima tradición jurídica, comenzando con el derecho romano, de acudir a principios que guían la tarea interpretativa de las leyes y la toma de decisiones en casos concretos.
Sin embargo, es con la filosofía jurídica contemporánea cuando se ha desarrollado con precisión el concepto de principios, distinguiéndolo del de reglas.
Ronald Dworkin (1977) fue el primer filósofo del derecho que propuso esta distinción (pp. 22-28).
Según este autor, ambas categorías de normas son de carácter jurídico, pero se diferencian en el modo de operar.
Las reglas son aplicables según una lógica de "todo o nada".
Solo se pueden cumplir o no cumplir, sin que exista ninguna posibilidad intermedia.
Si los hechos estipulados en la regla se presentan, entonces ella debe ser aplicada, siempre y cuando sea válida.
En el caso de que no sea válida, no contribuirá en nada a la solución del caso.
Por ejemplo, si una regla prohíbe conducir a más de 50 kilómetros por hora en la zona urbana, hay solo dos alternativas: o es aplicable al caso o no lo es.
Es decir, o se ha excedido la velocidad autorizada o no; no hay gradualidad posible.
Pero puede haber excepciones, autorizadas por la ley, que hagan que la regla no resulte aplicable a un caso particular.
En el ejemplo citado, se presentaría una excepción si el coche que excede la velocidad permitida es de la policía y está persiguiendo a delincuentes o es una ambulancia que lleva al hospital a un paciente en estado muy grave.
En cambio, los principios funcionan de un modo totalmente diverso.
Los principios tienen una dimensión de peso o importancia, no de validez.
Cuando dos principios entran en conflicto, debe valorarse cuál de ellos tiene más peso en el caso concreto.
Pero el dar prioridad a uno de ellos no significa que el otro deje de ser válido.
El tema crucial aquí es que los principios no determinan por sí solos el contenido de una decisión particular, sino que simplemente establecen que algo debe ser realizado en la mayor medida posible, teniendo en cuenta las posibilidades fácticas y jurídicas del caso.
En este sentido, Alexy ha caracterizado los principios como "mandatos de optimización" (Optimierungsgebote) (1994, pp. 71-77).
En otras palabras, los principios encarnan valores cuya realización debe perseguirse, pero que pueden ser implementados en diferente grado según las circunstancias del caso.
Es interesante señalar que buena parte, si no la mayoría, de las normas legales contienen principios, no reglas.
Es decir, sus disposiciones no se aplican según una lógica de "todo o nada", sino que pueden implementarse en diferentes grados.
Los principios solo se convertirán en reglas una vez que hayan sido sopesados con otros principios relevantes en la materia.
Cabe destacar que incluso los derechos humanos son principios, no reglas, dado que cada uno de ellos no brinda por sí solo una solución clara a los casos concretos que se presentan, sino que tiene que ser sopesado con los demás derechos humanos o con otros intereses sociales con los que pueda entrar en conflicto.
Alexy (1994) deja bien en claro que incluso el respeto de la dignidad humana es un principio que se convierte en una regla una vez que ha sido sopesado con otros principios, teniendo en cuenta las circunstancias particulares del caso (pp. 94-99).
Es decir, como ocurre con todos los demás principios, tampoco la dignidad humana es generalmente capaz, por sí sola, de dar una solución clara y definitiva a un dilema concreto.
Pero esto no significa que sea una noción inútil o puramente retórica.
No debemos esperar de la idea de idea de dignidad más de lo que ella puede ofrecer.
De todos modos, como señala Alexy, aun teniendo que ser sopesada con otros principios, la dignidad tendrá normalmente prioridad sobre los demás principios.
En tal sentido, puede decirse que la dignidad opera como una suerte de súper-principio, que no solo proporciona el fundamento de todas las instituciones jurídicas y sociales, sino que también señala el objetivo general hacia el cual debe tender la sociedad.
Sin embargo, como ya se ha señalado antes, la ponderación entre la dignidad humana y los demás prin-a501 cipios solo puede tener lugar cuando la dignidad despliega un papel positivo, en el sentido de señalar el camino hacia una serie de mejoras en la calidad de vida de las personas.
En cambio, cuando juega su rol de requisito negativo, como umbral mínimo que prohíbe de modo absoluto ciertas prácticas (torturas, tratos o castigos inhumanos y degradantes, etc.), ninguna ponderación con otros principios resulta aceptable.
LA DIGNIDAD COMO ESTÁNDAR MORAL DE LA ATENCIÓN DEBIDA AL PACIENTE
Mientras que la dignidad como principio jurídicopolítico tiene carácter abstracto y general, la dignidad como estándar moral de la atención debida al paciente encarna una visión concreta y específica del paciente como persona.
Ambos enfoques, lejos de estar en conflicto, son complementarios.
No se trata más que de dos caras de la misma moneda.
La dignidad como principio jurídico-político es el componente objetivo de la dignidad: se refiere al valor inherente que la sociedad reconoce en cada ser humano.
En cambio, la dignidad como estándar moral del trato debido a los pacientes se vincula más con el componente subjetivo de la dignidad.
Aquí tiene un peso particular el valor inherente que cada uno de nosotros reconoce en sí mismo.
Esta faceta de la dignidad se vincula más directamente con la conciencia que cada uno tiene de ser un sujeto y no un mero objeto.
Es esta percepción de sí mismo como persona y no como cosa la que lleva a cada paciente a esperar razonablemente ciertas actitudes y comportamientos por parte de los profesionales de la salud.
Por ello, esta perspectiva de la dignidad es mucho más articulada, detallada y concreta que la idea de dignidad como principio jurídico-político.
¿Por qué es crucial prestar atención a la dignidad de cada paciente?, ¿por qué es la percepción que tienen los pacientes acerca de cómo son vistos por los profesionales de la salud crucial para una buena práctica médica?
La razón es que los pacientes, en particular los que están hospitalizados y con dolencias graves, se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad que los expone más fuertemente a ver su autoestima afectada.
No hay que olvidar que tales pacientes dependen enormemente de la ayuda de los demás, no solo en el plano terapéutico sino también para satisfacer sus necesidades más básicas.
Esto los hace más sensibles a cualquier conducta o actitud de los profesionales de la salud que pudiera ser percibida como un desprecio.
La etimología misma de la palabra paciente evidencia tal vulnerabili-dad.
Este término proviene del latín patior, que significa 'sufrir' o 'soportar', y nos remite a la vulnerabilidad común a todos los pacientes (Chochinov, 2002).
Esta estrecha relación entre dignidad y vulnerabilidad es de algún modo paradójica.
El concepto de dignidad humana ha sido tradicionalmente asociado a las más elevadas capacidades racionales y de decisión autónoma de los seres humanos.
Pero el hecho es que, en el ámbito médico, la dignidad resulta, por contraste, más visible en la vulnerabilidad que en la autosuficiencia.
Probablemente esto se explica porque en las personas más vulnerables (como los recién nacidos, los ancianos, los enfermos terminales, etc.) la dignidad humana no se oculta detrás del ropaje de las capacidades intelectuales o físicas, o de la buena salud o belleza del individuo en cuestión.
La dignidad del enfermo más vulnerable se presenta en forma pura.
Por ello cabe decir que, si un profesional de la salud no es capaz de reconocer en cada uno de sus pacientes más vulnerables una dignidad inherente, no será nunca capaz de entender lo que realmente significa la dignidad.
El hecho es que médicos y enfermeras están constantemente enfrentados con el ser humano en su simple existencia y fragilidad.
Más aún, la propia naturaleza de su profesión les exige descubrir y redescubrir permanentemente el valor único de cada paciente.
Intuitivamente advierten que, si no quieren perder de vista el sentido más profundo de su profesión, deben siempre tener en cuenta que un paciente, más allá de la gravedad de su diagnóstico, no es un caso, una enfermedad, o un número de habitación, sino que es una persona, y que como tal, merece el trato más respetuoso y atento posible.
La relación médico-paciente es sin duda una ocasión paradigmática para una atención cuidadosa y activa de la dignidad del paciente.
Ciertamente, esta responsabilidad no recae solo en los hombros de médicos y enfermeras, sino también en los propios familiares y amigos de los pacientes.
Edmund Pellegrino ha ilustrado brillantemente la especial sensibilidad de los pacientes a la forma en que son tratados: "Las miradas consternadas de las visitas al entrar en la habitación, los rostros que denotan una mal disimulada lástima hacia el paciente, el temor a mirarlo a los ojos, las visitas que se hacen cada vez más breves, los esfuerzos por decir algo con sentido, [...] el evitar todo contacto corporal con el paciente, son todas reacciones que crean en éste la convicción de que ya ha dejado de merecer respeto y de que ya no es querido como miembro de la sociedad" (Pellegrino, 2008, p.
Si la promoción de la dignidad de los pacientes ha sido siempre crucial para la profesión médica, se ha vuelto especialmente urgente en el contexto sanitario actual.
Con hospitales que tienden a ser más burocráticos, despersonalizados y guiados por criterios predominantemente comerciales, existe el riesgo de olvidar que el trato humano y el respeto por cada paciente siguen siendo -y siempre seguirán siendo-valores fundamentales de la práctica médica.
Esta es la razón por la que hoy más que nunca resulta necesario insistir en la idea de que cada paciente es valioso y debe ser tratado con el mayor respeto y atención.
Los elementos de la dignidad del paciente
En las últimas décadas se han llevado a cabo estudios empíricos orientados a entender mejor lo que significa la dignidad desde la perspectiva del paciente, ya sea en términos negativos o positivos.
En este sentido, Jonathan Mann (1998) ha identificado cuatro modos en los que la dignidad del paciente puede verse afectada: a) No ser visto.
A veces, los pacientes pueden sentirse ignorados o insuficientemente reconocidos por los profesionales de la salud.
Esta situación se presenta, por ejemplo, cuando un médico no parece ser consciente de la presencia del paciente y evita mirarle a los ojos o darle la mano.
En tales casos, los pacientes pueden sentir que su dignidad está amenazada.
b) Ser visto, pero solo como miembro de un grupo.
También puede ocurrir que los pacientes sean principalmente percibidos como miembros de una categoría (por ejemplo, "ancianos", "enfermos terminales", "mujeres", "minusválidos", etc.) y no como individuos.
Esta inclusión en un grupo puede sin duda tener relevancia para un diagnóstico y un tratamiento más eficaces pero, si no se maneja adecuadamente, puede afectar la dignidad del paciente, al crear en este la impresión de que se olvida su condición de individuo con un valor intrínseco.
c) Violaciones del espacio corporal.
La atención sanitaria exige a veces que los pacientes se desnuden y expongan sus cuerpos a los profesionales de la salud para un examen o tratamiento.
En este sentido debe destacarse que, a menos que resulte imposible (por ejemplo, por encontrarse el paciente en estado de inconsciencia), los exámenes físicos siempre deben hacerse con el permiso del paciente y explicándole claramente qué se está haciendo con él.
Por la misma razón, los médicos docentes siempre deben contar con el consenti-miento del paciente antes de invitar a estudiantes a observar los exámenes clínicos.
Este factor atentatorio de la dignidad, que está presente en las tres categorías precedentes, puede darse también, por ejemplo, cuando los pacientes se sienten degradados por la forma desatenta con que son tratados por el personal sanitario debido a su pobre condición social o económica, o interrogados acerca de su seguro de salud.
Pero no solo se trata de no afectar la dignidad de los pacientes, sino de promoverla activamente.
En un estudio empírico, Nora Jacobson (2009) ha identificado con gran precisión varias formas en las que los pacientes sienten que su dignidad se ve reforzada gracias al comportamiento de los profesionales de la salud.
Como elementos de tales comportamientos menciona, entre otros: la presencia (hacer compañía), la discreción (disimular los indicadores más embarazosos de la enfermedad), la independencia (facilitar, en la medida de lo posible, la autosuficiencia del paciente), la nivelación (minimizar la asimetría entre pacientes y personal sanitario), la creatividad (permitir a los pacientes realizar o compartir actividades artísticas), la cortesía (demostrar respeto común) y la autenticidad (respetar la individualidad y personalidad de cada paciente).
Según el psiquiatra canadiense Harvey Chochinov (2002), el concepto de dignidad ofrece un marco general que puede guiar al médico, al paciente y a los familiares de este en la determinación de los objetivos y modalidades de intervención médica.
Chochinov ha llevado a cabo uno de los pocos estudios empíricos orientados a determinar cómo los pacientes en estado avanzado de cáncer perciben su propia dignidad.
Sobre esta base, el autor propone un nuevo modelo de atención a aquellos pacientes que se encuentran en una fase terminal: el modelo sanitario de conservación de la dignidad (dignity-conserving care model).
Este modelo incluye tres grandes áreas de influencia en las percepciones individuales de la dignidad: a) las preocupaciones relacionadas con la enfermedad, es decir, aquellas que resultan directamente de la enfermedad; b) el repertorio de medidas para la conservación de la dignidad, es decir, aquellos factores psicológicos y espirituales que influyen en el sentido de dignidad de los pacientes; y c) el inventario de dignidad social, es decir, los temas sociales o relacionales que mejoran o, al contrario, vulneran el sentido de dignidad del paciente.
Otros estudios llegan a conclusiones similares y afirman que la consideración de la dignidad de los pacientes es fundamental para una adecuada atención sanitaria.
Se sostiene, entre otras cosas, que el confort emocional del paciente puede incluso contribuir a su recuperación (Baillie, 2009; Matiti y Trorey, 2008).
Una serie de temas clave que también ayudan a reforzar la dignidad de los pacientes son el respeto de la vida privada y de la confidencialidad, la comunicación y la necesidad de información, la participación del paciente en las decisiones sanitarias, el respeto y decencia con que son tratados los pacientes (Matiti y Trorey, 2008).
También se destaca la naturaleza multifactorial de la dignidad del paciente en el sentido de que incluye elementos muy heterogéneos tales como sentimientos (confort, sentirse valorado), su aspecto físico y el comportamiento del personal sanitario.
La noción de dignidad humana juega dos roles diversos y complementarios en bioética: uno, como principio general de carácter jurídico-político, que sirve de fundamento último y de guía de las normas jurídicas relativas a la biomedicina; otro, como estándar moral del trato debido al paciente y que está llamado a operar de modo muy concreto en la relación paciente-profesional de la salud.
La dignidad como principio general ocupa un lugar central en los instrumentos legales sobre cuestiones de bioética.
Básicamente reitera la noción, ya presente en las normas internacionales de los derechos humanos, según la cual cada ser humano posee un valor inherente.
Este recurso a la dignidad humana no tiene por objeto dar por sí solo una respuesta a los complejos dilemas bioéticos.
Mucho más modestamente, aspira a dejar en claro cuál es el fundamento último de las normas legales en la materia y, al mismo tiempo, a indicar la dirección hacia la que se debe avanzar.
Por ello, la referencia a la dignidad humana se combina con el recurso a una amplia gama de derechos humanos relacionados con la materia, que brindan una manera más efectiva y práctica de abordar las cuestiones de bioética.
La dignidad como estándar moral de la atención sanitaria refleja una visión concreta del paciente como persona y del trato que, como tal, se merece.
Opera primordialmente en el ámbito de la interacción entre pacientes y profesionales de la salud.
La importancia de la dignidad en este contexto resulta de la especial vulnerabilidad que suele afectar a los pacientes.
Este estándar exige de médicos, enfermeras y personal hospitalario la realización de todos los esfuerzos conducentes a promover activamente la dignidad de los pacientes y a evitar todas las conductas que puedan afectar su autoestima. |
La humanidad no solo ha evolucionado, sino que continúa evolucionando.
¿Hacia dónde va la evolución humana?
La evolución biológica está dirigida por la selección natural, que no es un proceso benevolente que guíe a las especies hacia un éxito seguro.
Los avances en genética, biología molecular y biomedicina han hecho posible manipular, rápida y efectivamente, la constitución genética de la humanidad.
La terapia genética puede ser somática (corregir un defecto genético en los órganos o tejidos afectados), o germinal (evitando su transmisión a los descendientes).
No hay intervenciones de terapia germinal que estén siendo consideradas actualmente por científicos, médicos o compañías farmacéuticas.
La clonación de humanos puede también referirse a clonación terapéutica o de individuos.
Se han avanzado propuestas sugiriendo clonar individuos de gran capacidad intelectual o artística, o de virtud eminente.
Tales propuestas utópicas son sumamente desafortunadas.
No es posible clonar un individuo humano, aun si se clona su genoma.
De genomas idénticos, desarrollados en contextos diferentes, familiares, sociales y culturales, pueden resultar individuos totalmente diferentes.
Además, entran en juego consideraciones éticas, sociales y religiosas cuando se examina si una persona puede o debe ser clonada.
INTRODUCCIÓN: EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD
La humanidad es una especie biológica, Homo sapiens, que ha evolucionado a partir de especies que no eran humanas.
Nuestros parientes próximos más cercanos son los grandes simios, sobre todo los chimpancés, que se hallan más estrechamente emparentados con nosotros que con los gorilas, y mucho más que con los orangutanes.
Las especies de nuestro linaje, una vez que se separó del linaje que va a los chimpancés, se llaman homininos.
El linaje de los homininos divergió del linaje del chimpancé hace 6-7 millones de años (Ma) y evolucionó exclusivamente en el continente africano hasta la aparición de Homo erectus en algún momento anterior a hace 1,8 Ma.
Los fósiles de homininos más antiguos que se conocen tienen entre 6 y 7 millones de años de antigüedad, proceden de África, y son conocidos como Sahelanthropus y Orrorin (o Preanthropus).
Estos antepasados eran predominantemente bípedos cuando estaban en tierra pero tenían cerebros muy pequeños.
El Ardipithecus vivió hace unos 4,4 millones de años, también en África.
Numerosos restos fósiles de diversos orígenes africanos se conocen del Australopithecus, un hominino que apareció entre hace 3 millones y 4 millones de años.
El Australopithecus tenía una postura erguida humana pero una capacidad craneal de menos de 500 cc (centímetros cúbicos), comparable a la del gorila o el chimpancé y de más o menos un tercio de la de los humanos modernos (500 cc son equivalentes a 500 gramos).
La cabeza del Australopithecus exhibía una mezcla de características simias y humanas: una frente baja y un largo rostro simiesco pero con dientes proporcionados como los de los humanos.
Otros primeros homininos parcialmente contemporáneos del Australopithecus incluyen al Kenyanthropus y el Paranthropus; ambos poseían cerebros comparativamente pequeños, aunque algunas especies de Paranthropus poseían cuerpos más grandes.
El Paranthropus representa una rama lateral del linaje hominino que se extinguió.
Junto con una capacidad craneal mayor, se han encontrado otras características humanas en el Homo habilis, que vivió entre hace unos 2,5 millones y 2 millones de años en África y tenía una capacidad craneal de algo más de 600 cc (o 600 gramos), y en el Homo erectus, que evolucionó en África hace algo más de 1,8 millones de años y poseía una capacidad craneal de 800 a 1.100 cc (desde casi 800 gramos a casi un kilo y cien gramos).
El Homo erectus es el primer migrante intercontinental que hubo entre nuestros antepasados homininos.
Poco después de su aparición en África, el Homo erectus se esparció por Europa y Asia, hasta llegar incluso al archipiélago indonesio y China septentrional.
Se han hallado restos fósiles del Homo erectus en África, Indonesia (Java), China, Oriente Medio y Europa.
Los fósiles del Homo erectus procedentes de Java se han fechado en 1,81 y 1,66 millones de años de antigüedad, y los de Georgia (en Europa, cerca de la frontera asiática) entre 1,6 y 1,8 millones de años.
Varias especies de homininos vivieron en África, Europa y Asia hace entre 1,8 millones y 500.000 años, conocidos como Homo ergaster, Homo antecessor, y Homo heidelbergensis, con tamaños cerebrales aproximadamente idénticos a los del Homo erectus.
Algunas de estas especies fueron en parte contemporáneas, aunque vivieron en diferentes regiones del Viejo Mundo.
Estas especies se incluyen a veces bajo el nombre de Homo erectus (en sentido lato).
La transición de Homo erectus a Homo sapiens podría haber empezado en África tropical o subtropical hace unos 400.000 años.
Algunos fósiles de esa época parecen formas "arcaicas" del Homo sapiens.
Se ha creído que los neandertales eran antepasados de humanos anatómicamente modernos, pero ahora sabemos que los humanos modernos aparecieron en África hace más de 100.000 años y colonizaron Europa hace más de 60.000 años, mucho antes de la desaparición de los fósiles neandertales.
Las comparaciones del ADN de los fósiles neandertales con humanos actuales indican que algunos cruces se produjeron entre los neandertales y sus contemporáneos de Homo sapiens.
Aproximadamente el 2% del genoma de los humanos actuales proviene de antepasados neandertales.
EVOLUCIÓN BIOLÓGICA: PASADO Y FUTURO
El descubrimiento de la evolución del ser humano a partir de antepasados no humanos es quizá la contribución más importante de las ciencias naturales al conocimiento de la naturaleza humana.
El ser humano sabe ahora que no siempre fue como es hoy, que su naturaleza biológica ha cambiado radicalmente desde que el primer individuo de nuestra especie inició su existencia hace unos cuantos miles de años.
La naturaleza biológica de la humanidad no solo ha evolucionado, sino que continúa evolucionando todavía.
La afirmación que se hace a veces de que la evolución de la humanidad se ha detenido carece de fundamento.
Existe asimismo la posibilidad de que la humanidad dirija su propia evolución, de que dentro del proceso de cambio de la naturaleza humana se introduzcan proyectos y objetivos humanos.
Los descubrimientos de las ciencias biomédicas, y en particular de la genética y la biología molecular, han facilitado la comprensión de las vías y medios para manipular de un modo rápido y eficiente la constitución genética de la humanidad, y han abierto la posibilidad de llevar a cabo tales manipulaciones.
La selección natural es el proceso de reproducción diferencial de variantes genéticas alternativas que da cuenta de la evolución de los organismos.
Algunos biólogos, sociólogos y otros -notablemente entre ellos el genético premio Nobel H. J. Muller-han afirmado que la selección natural ya no ocurre en nuestra especie.
Se afirma que los avances de la medicina, la higiene y la nutrición han eliminado en gran parte la muerte antes de la edad madura; es decir, la mayoría de personas viven más allá de la edad reproductiva, después de la cual la muerte ya no tiene consecuencias para la selección natural.
Que la humanidad continúa evolucionando biológicamente puede demostrarse porque persisten las condiciones necesarias y suficientes para la evolución biológica.
Dichas condiciones son: variabilidad genética y reproducción diferencial.
Hay muchísima variación genética en la especie humana.
Con la excepción de los gemelos idénticos, que se desarrollan a partir de un único óvulo fecundado, no es probable que haya dos personas que vivan en la actualidad, que hayan vivido en el pasado o que vayan a vivir en el futuro que sean idénticas desde el punto de vista genético.
Gran parte de esta variación es relevante para la selección natural.
Selección natural: mortalidad y fecundidad
¿Se da selección natural en la humanidad moderna?
La selección natural, como se ha indicado, es simplemente reproducción diferencial de variantes genéticas alternativas.
Por lo tanto, se producirá en la especie humana si los portadores de algunos genotipos tienen probabilidades de dejar más descendientes que los portadores de otros genotipos.
La selección natural consiste en dos componentes principales: mortalidad diferencial y fecundidad diferencial.
Ambos persisten en la humanidad moderna, aunque la intensidad de la selección debida a la mortalidad postnatal se haya atenuado algo.
La muerte puede tener lugar entre la concepción y el nacimiento (prenatal) o después del parto (postna-tal).
La muerte durante las primeras semanas del desarrollo embrionario puede pasar totalmente inadvertida.
Pero se sabe que por lo menos el 20% de todas las concepciones humanas terminan en aborto espontáneo durante los dos primeros meses de embarazo.
Estas muertes suelen deberse a constituciones genéticas deletéreas, y por lo tanto tienen un efecto selectivo favorable en la población.
La intensidad de esta forma de selección no ha cambiado sustancialmente en la humanidad moderna, aunque se ha reducido algo con respecto a unos pocos genes, como los implicados en la incompatibilidad del grupo sanguíneo Rh.
En los países técnicamente avanzados, la mortalidad postnatal se ha reducido considerablemente en épocas recientes.
Por ejemplo, en los Estados Unidos, de las personas nacidas en 1840 algo menos del 50 por ciento sobrevivían hasta la edad de 45 años, mientras que la esperanza media de vida para las personas nacidas en 1960 es de 78 años.
En otras regiones del mundo, la mortalidad postnatal sigue siendo muy alta, aunque en general se ha reducido en las últimas décadas.
La mortalidad antes del final de la edad reproductora, en particular allí donde se ha reducido considerablemente, se halla asociada en gran parte a defectos genéticos, y así tiene un efecto selectivo favorable en las poblaciones humanas.
Se conocen más de 4.000 variantes genéticas que causan enfermedades y malformaciones en los humanos.
Tales variantes se mantienen en frecuencias bajas debido a la selección natural.
En principio, podría parecer que la selección natural debida a la fecundidad diferencial se ha reducido considerablemente en los países industriales como consecuencia de la disminución del número medio de hijos por familia que se ha dado en tiempos recientes, particularmente en países económicamente desarrollados.
Sin embargo, ello no es así.
La intensidad de la selección de fecundidad no depende del número medio de hijos por familia, sino de la varianza (en el sentido técnico usado en estadística, que es una manera de estimar la variación) en el número de hijos por familia.
Es evidente por qué debe ser así.
Supóngase que todas las personas en edad reproductiva se casan y que todas tienen exactamente el mismo número de hijos.
En este caso, no habría selección natural debida a la fecundidad, tanto si todas las parejas tuvieran muy pocos, como si tuvieran muchos hijos.
Supóngase, en cambio, que el número medio de hijos por familia es bajo, pero que algunas familias no tienen ningún hijo, mientras que otras tienen muchos.
En este caso, habrá una oportunidad considerable de selección: los genotipos de los padres que producen muchos hijos aumentarían en frecuencia a502 a expensas de los que producen pocos o ninguno.
Los estudios de poblaciones humanas han demostrado que la oportunidad de la selección natural suele aumentar a medida que se reduce el número medio de hijos.
Un extenso estudio publicado en 1958 (véase tabla 1) demostraba que el índice de oportunidad para la selección debida a fecundidad era cuatro veces mayor entre las mujeres de los Estados Unidos nacidas en el siglo XX, con una media de menos de tres hijos por mujer, que entre las mujeres de Ghana o del Quebec rural, que por término medio tenían más de seis hijos.
No hay pruebas de que la selección natural debida a la fecundidad haya disminuido en las poblaciones humanas modernas.
I f se calcula como la varianza dividida por el cuadrado del número medio de hijos.
La oportunidad para la selección aumenta en general a medida que disminuye el número medio de hijos (Crow, 1958).
La selección natural puede reducirse en intensidad en el futuro, pero no desaparecerá completamente.
Mientras haya variación genética y los portadores de determinados genotipos tengan más probabilidad de reproducirse que otros, la selección natural continuará.
Los cambios culturales, como el desarrollo de la agricultura, la migración desde el campo a las ciudades, la contaminación ambiental y muchos otros, crean nuevas presiones de selección.
Las tensiones de la vida en la ciudad son en parte responsables de la elevada incidencia de trastornos mentales en determinadas sociedades humanas.
Lo que hay que tener presente es que los ambientes humanos están cambiando más rápidamente que nunca, debido precisamente a la tasa acelerada del cambio cultural; y los cambios ambientales crean nuevas presiones se selección, que fomentan la evolución biológica.
La selección natural actúa favoreciendo ciertas variantes genéticas a costa de otras.
Es decir, para que haya selección natural tiene que haber variación entre los genotipos de diversos individuos.
Considerando un gen por separado, se da variación genética cuando en la población se presentan dos o más alelos en ese gen (los alelos son las formas variantes de un gen determinado).
¿Cuánta variación genética existe en la población humana actual?
La respuesta es: muchísima; pero la selección natural solo tendrá lugar si los alelos de un gen dado tienen efectos diferentes sobre la eficacia reproductiva, es decir, si los alelos alternativos afectan de manera diferencial a la probabilidad de supervivencia y reproducción.
Se estima que los dos genomas que heredamos de cada progenitor difieren en aproximadamente 1 o 2 nucleótidos de cada mil (nucleótidos son los componentes unitarios, asociados en pares, que constituyen el DNA hereditario).
El genoma humano, es decir, el ADN de un individuo, consta de algo más de 3.000 millones de nucleótidos.
Así, del orden de 3 a 6 millones de nucleótidos son diferentes entre los dos genomas de cada individuo humano (uno heredado del padre y otro de la madre), que es una gran cantidad de polimorfismo genético.
Además, el proceso de mutación introduce nueva variación en cualquier población en cada generación.
Se estima que la tasa de mutación en el genoma humano es de alrededor de 10 -8, una mutación en un nucleótido por cada 100 millones de nucleótidos, o cerca de 30 mutaciones nuevas por genoma y por generación.
Así, cada humano tiene unas 60 mutaciones nuevas (30 en cada genoma, heredados uno del padre, y otro de la madre) que no estaban presentes en sus padres.
Número medio de hijos I f
Número medio de hijos por familia y oportunidad para la selección por fertilidad, I f, en diversas poblaciones humanas a502 mos la población humana total, eso sube a 60 mutaciones por persona multiplicadas por más de 7.000 millones de personas, o más de 420.000 millones de nuevas mutaciones por generación, que se añaden a los millones de nucleótidos polimórficos (diferentes entre el genoma heredado del padre y el de la madre) preexistentes.
Son muchísimas mutaciones, pero hemos de recordar que los polimorfismos que cuentan para la selección natural son los que afectan a la probabilidad de supervivencia y reproducción de sus portadores.
El resto de los nucleótidos variantes pueden aumentar o disminuir en frecuencia por azar, un proceso que los evolucionistas llaman deriva genética, pero que no tiene consecuencia con respecto a la selección natural.
Se dan muchos genes en nuestra especie, cuyas formas alternativas (alelos) pueden ser uno más beneficioso que el otro, al menos en ciertos ambientes, sin que se pueda decir que el alelo menos beneficioso cause enfermedad o defecto.
Dos ejemplos fáciles de identificar son el gen que codifica la lactosa y el gen o genes que codifican la melanina.
La lactosa permite digerir la leche y, por ello, el gen que codifica la lactosa es beneficioso en países que cultivan ganado de leche.
La melanina protege del sol que en países tropicales aumenta la incidencia del melanoma, cáncer de la piel.
Pero el enfoque en el presente trabajo es la ingeniería, es decir, los métodos para remediar los genes que causan enfermedades y otros defectos.
Así pues, es de estos genes de los que debemos ocuparnos.
En las poblaciones humanas se han identificado más de 4.000 enfermedades, malformaciones y otros defectos, cuya causa es genética.
Los trastornos genéticos pueden ser, de acuerdo con la terminología de la genética, dominantes, recesivos, multifactoriales o cromosómicos.
Los trastornos dominantes son causados por la presencia de una única copia del gen defectivo, heredado de solo uno de los padres, de manera que el trastorno se expresa en los individuos heterocigotos, los que poseen un gen (alelo) normal y uno defectivo.
En los trastornos recesivos, el alelo defectuoso ha de estar presente en ambos genomas; es decir, se hereda de cada progenitor.
(En el caso de genes en el cromosoma X, dado que los varones tenemos solo un cromosoma X, se expresan en ellos tanto las mutaciones recesivas como las dominantes).
Los trastornos multifactoriales son causados por interacciones entre varios genes, a veces localizados en diferentes cromosomas.
Y los trastornos cromosómicos se deben a la presencia o ausencia de un cromosoma entero o de un fragmento de cromosoma.
Ejemplos de trastornos dominantes son algunas formas de retinoblastoma y otros tipos de ceguera, el enanismo acondroplástico 1 y el síndrome de Marfan (que se cree que afectó al presidente Lincoln de los Estados Unidos).
Ejemplos de trastornos recesivos son la fibrosis quística, la enfermedad de Tay-Sachs y la anemia falciforme (causada por un alelo que en condiciones heterocigóticas protege contra la malaria).
Son ejemplos de enfermedades multifactoriales la espina bífida y el paladar hendido.
Entre los trastornos cromosómicos más comunes está el síndrome de Down, causado por la presencia de un cromosoma 21 extra, y varios tipos de trastornos debidos a la ausencia de un cromosoma sexual o a la presencia de uno adicional, más allá de la condición normal de XX para las mujeres y de XY para los hombres.
Son ejemplos el síndrome de Turner (XO) y el síndrome de Klinefelter (XXY).
Se estima que la incidencia de trastornos genéticos en la población humana actual es de no menos del 2,56 por ciento y afecta a unos 180 millones de personas.
La selección natural reduce la incidencia de los genes que causan enfermedad, de manera más efectiva en el caso de los trastornos dominantes, en los que todos los portadores del gen expresaran la enfermedad, que en los trastornos recesivos, que solo se expresan en los individuos homocigotos (es decir, con dos copias del gen defectivo, heredadas una del padre y la otra de la madre, como se dijo anteriormente).
Considérese, por ejemplo, la fenilcetonuria, conocida como PKU, una enfermedad hereditaria, debida a la incapacidad de metabolizar el aminoácido fenilalanina, que se manifiesta por una deficiencia intelectual grave y trastornos neurológicos.
La fenilcetonuria es letal si no se trata.
La frecuencia del alelo es de un 1 por ciento, de modo que en condición heterocigótica se halla presente en más de 70 millones de personas, pero solo el 0,01 por ciento, es decir unas 700 mil personas, son homocigotos y, por tanto, expresan la enfermedad y se hallan sujetas a la selección natural.
La reducción de los trastornos genéticos debido a la selección natural está compensada por su aumento debido a la incidencia de nuevas mutaciones.
La evolución biológica es dirigida por la selección natural, que no es un proceso benevolente que guíe a las especies hacia un éxito seguro.
Más del 99,9 por ciento de todas las especies que existieron desde el origen de la vida sobre la tierra se han extinguido.
La selección a502 natural no tiene ningún propósito; solo los humanos tienen propósitos y solo los humanos pueden introducir propósitos en la evolución.
No ha habido ninguna especie antes de la humanidad que pudiera seleccionar su propio destino evolutivo; la especie humana puede hacerlo, y ya se dispone de técnicas potentes para el cambio genético directo.
Puesto que tenemos consciencia de nosotros mismos, los humanos no podemos dejar de preguntarnos qué nos deparará el futuro, y puesto que somos seres éticos, debemos elegir entre vías de acción alternativas, algunas de las cuales pueden parecer buenas, y otras malas.
Los avances en conocimientos de genética, biología molecular, medicina y técnicas asociadas se usarán seguramente en el futuro de manera mucho más extensa y agresiva que ahora.
Se ha sugerido que tales progresos podrían utilizarse para "mejorar" nuestra constitución genética, con el fin de producir seres humanos muy superiores a nosotros.
Sin embargo, existen buenas razones por las que cualquier intento de mejorar la constitución genética de la humanidad, excepto en el sentido de curar enfermedades y defectos, puede no ser prudente.
Hay quienes anticipan que el uso de la eugenesia, aun cuando lo sea para corregir enfermedades y defectos, puede tener consecuencias perjudiciales para la humanidad a largo plazo.
En condiciones naturales, es decir, sin la intervención de la medicina y de la cirugía genética, las mutaciones dañinas son eliminadas de la población con mayor o menor rapidez dependiendo de la gravedad del daño que causen.
En general, una mutación es eliminada más rápidamente cuanto más perjudicial sea su efecto en las personas que la poseen.
Pero a causa de la intervención médica y de las terapias genéticas, ciertas mutaciones dañinas han dejado de ser eliminadas o, al menos, no son eliminadas con tanta rapidez y eficacia como en el pasado.
Consideremos ahora otra dolencia genética cuya herencia es de tipo diferente a la anterior.
El retinoblastoma es una enfermedad cancerosa causada por una mutación genética.
Pero se trata de un gen dominante, es decir, que todos los portadores del gen sufren de la enfermedad, en vez de ser un gen recesivo como el PKU que hay que heredarlo de ambos padres para sufrir la enfermedad.
El gen responsable del retinoblastoma se conoce como RB1 y reside en el cromosoma 13.
(Los humanos tenemos 23 pares de cromosomas).
El retinoblastoma es una enfermedad cancerosa de la retina, que tiene manifestaciones un tanto variables.
Típicamente, durante le infancia se produce un crecimiento tumoral que empieza primero en uno de los ojos, se extiende rápidamente al otro y, por fin, al cerebro, causando la muerte del individuo, por lo común antes de la pubertad.
Si el retinoblastoma se diagnostica a tiempo es posible salvar la vida del niño por medio de una operación quirúrgica, aunque la pérdida de uno o incluso de los dos ojos es en general inevitable.
La cura es eficaz en el 95-98 por ciento de los casos.
La persona curada puede llevar una vida más o menos normal, casarse y tener hijos, pero la mitad de estos nacerán con retinoblastoma y necesitarán del tratamiento quirúrgico a su vez.
Antes de que el progreso médico hiciera posible la cura, las mutaciones del retinoblastoma que aparecían en las poblaciones humanas eran eliminadas con la muerte de sus portadores.
En el momento presente, las nuevas mutaciones que surgen en cada generación van sumándose a las que tuvieron lugar en generaciones anteriores y han sido transmitidas a los descendientes gracias a la cirugía que detuvo la enfermedad en los retinoblastómicos.
Se estima que se dan aproximadamente dos casos por cada cien mil recién nacidos, que es el doble de la frecuencia de nacimientos con PKU.
La a502 diferencia importante desde el punto de vista presente con respecto a PKU, es que si los pacientes curados de retinoblastoma se casan y tienen hijos, el número de casos se doblará más o menos en cada generación.
Se conocen unas 4.000 dolencias cuya causa es, al menos en parte, genética.
Hay bastantes dolencias hereditarias cuya manifestación puede curarse hoy en día de manera parcial o total y el número de las que cuentan con tratamiento clínico aumenta con rapidez.
En la mayoría de los casos, las personas curadas pueden casarse y tener descendientes; pero, como se ha anotado, cuantas más dolencias con causa genética se curen hoy, tanto mayor será el número de ellas que tendrán que ser objeto de tratamiento médico en sucesivas generaciones.
Si es posible curar, las consideraciones morales implican la obligación de hacerlo.
Como escribió el gran genético evolucionista Theodosius Dobzhansky:
"Si permitimos que los débiles y deformes vivan y propaguen sus caracteres, nos enfrentamos con la perspectiva de un ocaso genético.
Pero si los dejamos morir o sufrir cuando podemos salvarlos o ayudarlos, nos hallamos frente a la certidumbre de un ocaso moral" (Dobzhansky, 1973).
El problema resulta aún más acuciante cuando se consideran los trastornos mentales.
Se ha estimado que cerca del 1 por ciento de la población sufre de esquizofrenia o de lo que se llama enfermedad esquizoide; unas enfermedades que pueden estar determinadas por una sola o varias mutaciones genéticas (aunque no se hayan identificado tales genes).
Hacia el 3 por ciento de la población humana sufre de retraso mental (IQ menor de 70), condición determinada poligénicamente, es decir, mediante la interacción de múltiples genes (y, por tanto, mucho más difícil de corregir con métodos de ingeniería genética; de hecho, imposible en el estado actual de las técnicas).
En conjunto, cerca de 300 millones de personas en el mundo sufren de defectos o enfermedades mentales causadas por su herencia biológica.
Muchas de tales personas no podrían sobrevivir en las condiciones de una civilización primitiva, mientras que hoy en día lo hacen y se reproducen.
Un aumento, por pequeño que sea, de individuos con dolencias y defectos genéticos es intrínsecamente indeseable tanto por el sufrimiento de sus portadores y parientes como por la carga social que supone.
Pero la alternativa es peor: consiste en negar la cura a los ya nacidos y dejarles que sufran o mueran.
Algo por completo inaceptable en términos éticos, siempre que existan y sean accesibles los medios para combatir la enfermedad.
Las propuestas de mejora de la condición humana por medio de la llamada eugenesia o ingeniería genética, es decir, usando los conocimientos de la genética molecular y las técnicas y prácticas asociadas con ella, pueden agruparse en dos categorías generales con respecto a sus objetivos.
Por un lado, están las propuestas terapéuticas, que se plantean corregir enfermedades o defectos y aliviar el dolor y el sufrimiento tanto individual como social.
Por otro, están las visiones utópicas que persiguen un "mundo feliz", por medio de la mejora de genes o la clonación de individuos con genotipos idóneos, para alcanzar una humanidad ideal y perfecta o, al menos, lo más perfecta posible.
Entre las consideraciones terapéuticas están la diagnosis y el consejo genético, la farmacopea genética y la cirugía genética.
Entre las propuestas utópicas se encuentran la selección germinal y la clonación de individuos.
Existen ahora en muchos países -y su número crece-clínicas genéticas y consultorios médicos cuyo propósito es el de descubrir la presencia de defectos genéticos crípticos en quienes van a ser padres para aconsejarles respecto de la probabilidad de que esos defectos genéticos se manifiesten en sus hijos.
Como defectos genéticos crípticos se incluye la presencia de un gen defectivo asociado con uno normal en el caso de los genes recesivos, es decir, cuando el carácter solo se manifiesta si el gen defectivo se ha heredado tanto del padre como de la madre.
Por ejemplo, un individuo portador de un alelo de fenilketonuria cuyo par es normal no padece la PKU, pero transmitirá ese alelo a la mitad de sus descendientes.
Si su pareja es también portadora de un gen PKU, existe una probabilidad del 25 por ciento de que cada hijo que tengan sufra la PKU (la probabilidad de que el hijo haya heredado el alelo PKU de la madre es 0,50; que la herede del padre es también 0,50; que la herede de los dos es 0,50 x 0,50 = 0,25).
Las personas que acuden a tales clínicas y consultorios son aquellas que tienen razones para sospechar que son portadores de algún defecto genético críptico.
Tal es el caso de personas con familiares en los que el defecto es manifiesto.
Por ejemplo, es probable que un hermano o un tío de una persona con PKU sea portador del gen defectivo.
Pero hay otras razones para ir a un consultorio genético, como es el caso de las madres de 35 años de edad o más, cuyas probabilidades de concebir hijos con defectos cromosómicos son altas.
Por ejemplo, la probabilidad de que una mujer de menos de 30 años tenga un hijo con síndrome de Down es de menos de uno por mil.
A partir de esa a502 edad, la probabilidad aumenta rápidamente, llegando a un uno por cien a los cuarenta años y a uno por cincuenta a los 45.
El síndrome de Down se debe a la presencia de tres copias del cromosoma 21 en vez de las dos copias normales.
El síndrome de Turner y el síndrome de Klinefelter son otros ejemplos de anormalidades cromosómicas serias cuya incidencia aumenta muy deprisa con la edad de la madre.
En las clínicas con tecnología apropiada se puede analizar la constitución genética de los padres para comprobar si son o no portadores de genes o de cromosomas defectivos.
Es posible calcular así la probabilidad de que un hijo vaya a sufrir la enfermedad, como en el ejemplo de PKU citado antes.
Los futuros padres pueden decidir no tener hijos o arriesgarse a tener uno anormal.
Pero es posible ir incluso más allá.
Las técnicas como la amniocentesis (del griego amnion, membrana y kentesis, perforación) permiten descubrir si el feto posee o no características genéticas indeseables.
La amniocentesis se lleva a cabo insertando una aguja larga a través del abdomen de la madre encinta para obtener una muestra pequeña de fluido amniótico, que es el líquido en el que flota el feto.
Por medio del análisis microscópico y químico de las células epiteliales del feto obtenidas del fluido es posible identificar en muchos casos los defectos genéticos.
Si se determina que el feto posee una constitución genética indeseable, los padres pueden optar por el aborto.
Es esta una decisión con implicaciones morales y religiosas y, en algunos países, incluso con repercusiones legales.
Y por supuesto no todos los padres estarán de acuerdo en proceder al aborto.
Un caso bien conocido es el de Sarah Palin, que fue candidata para la vice-presidencia de los Estados Unidos en el año 2008.
Frecuentemente, aparecía en público con el menor de sus hijos en los brazos.
Cuando todavía estaba encinta había sabido que el niño nacería con el síndrome de Down, pero por razones religiosas decidió no abortar.
Investigar si los padres son portadores de un defecto genético o si el feto expresará tal defecto son prácticas apropiadas solo cuando hay razones para sospechar la presencia de un defecto genético en particular, como en los casos ya citados.
Varios centenares de anomalías genéticas podrían ser descubiertas analizando las células de los padres o por medio de la amniocentesis, pero los costes y el uso apropiado de recursos técnicos solo justifican el análisis cuando hay alguna razón seria para ello.
Los diabéticos necesitan inyectarse la hormona insulina para poder digerir la azúcar que, sin ella, se acumula en el organismo con efectos debilitantes y hasta fatales.
La insulina es una proteína sintetizada en el páncreas.
Durante muchos años, la compañía farmacéutica Eli Lilly extrajo y purificó la insulina del páncreas de los cerdos y del ganado vacuno.
Aunque no idéntica del todo a la humana, esta insulina sirve como tratamiento satisfactorio para la mayoría de los diabéticos.
Pero en 1982, Lilly introdujo en el mercado Humulin, una insulina idéntica a la humana porque está sintetizada precisamente bajo el control del gen humano de la hormona.
La producción de insulina humana fue el primer éxito farmacéutico en gran escala de la ingeniería genética, una tecnología emergente que llegó de la mano de los avances de la genética molecular: la venta anual de Humulin alcanza más de tres mil millones de euros.
Los elementos esenciales del proceso de ingeniería genética llamado ADN recombinante pueden explicarse sin muchas complicaciones.
El gen de la insulina extraído de un páncreas humano es introducido en un plásmido, que es una cadena circular de ADN.
El plásmido que contiene el gen es introducido a su vez en bacterias inofensivas y fáciles de multiplicar en un laboratorio apropiado.
Cuando las bacterias se multiplican, sintetizan las proteínas codificadas por sus propios genes, como es lógico, pero también la insulina codificada por el gen introducido que las bacterias tratan como si fuera uno de los suyos.
La insulina extraída de grandes masas de estas bacterias es idéntica a la insulina humana y funciona de manera tan eficaz como la original, sin las dificultades creadas en ciertos pacientes por la insulina extraída del cerdo o de ganado.
A partir de 1982, los éxitos de la ingeniería genética en la producción de hormonas, proteínas y otros productos biológicos de beneficio farmacéutico aumentaron a gran velocidad.
Uno de los éxitos más inmediatos fue la producción de somatotropina, la hormona humana del crecimiento (hGH, human Growth Hormone).
La hGH se produce en la glándula pituitaria del cerebro, de donde pasa a la circulación sanguínea con influencia en los tejidos y órganos del individuo.
La deficiencia de hGH en los niños detiene su crecimiento y da como resultado el enanismo, pero además causa en los adultos una fatiga extrema, ansiedad, depresión y malestar general.
Aproximadamente tres de cada diez mil adultos sufren deficiencias de hGH.
La hGH extraída del ganado vacuno o de otros animales no es efectiva en los humanos.
Hacia mediados del siglo XX, se obtenía en cantidades minúsculas de la pituitaria de individuos jóvenes y sanos a502 fallecidos en accidente.
Pero dada la escasez de hGH, solo unos pocos niños podían ser tratados para corregir algo su enanismo.
El gen de la somatotropina fue integrado por primera vez en las bacterias en 1979 usando las técnicas de ADN recombinante, que obtuvieron la hormona llamada por esa razón rhGH.
En 1985, la rhGH fue introducida en el mercado, pero en esa ocasión sin límites cuantitativos.
Había rhGH suficiente para curar a los niños que habrían terminado siendo enanos sin la hormona original y también para curar adultos con deficiencias en la hGH causadas por ciertos tumores y otras enfermedades de la glándula pituitaria.
Pero también apareció un uso no medicinal de la rhGH: igual que en el caso de otros esteroides, la hormona aumenta la masa muscular.
Su administración a los atletas ha llevado a tropezar con los comités olímpicos y deportivos y, en general, al rechazo público.
La ingeniería genética ha producido durante las dos últimas décadas un gran número de hormonas, enzimas, factores antihemofílicos, anticuerpos monoclonales que evitan el rechazo de los trasplantes, interferones para controlar la leucemia, la hepatitis y la esclerosis múltiple, activadores plasminógenos para tratar los infartos y muchos otros fármacos de grandes beneficios para la humanidad.
Cirugía genética o eugenesia
La medicina utiliza medicamentos diversos para curar enfermedades: muchos de ellos derivados de las plantas y de los animales; otros, sintetizados en el laboratorio mediante procesos químicos.
Algunos de estos medicamentos son proteínas, como la insulina administrada a los diabéticos y los factores de coagulación administrados a los hemofílicos.
La diferencia entre tales medicamentos y la cirugía genética consiste en que esta última administra al enfermo no la sustancia necesaria sino el ADN que permite al individuo sintetizar de manera continua en sus propias células las proteínas, enzimas y otros componentes necesarios en vez de tener que ingerirlos o recibirlos mediante una inyección repetidamente.
Caben pocas dudas acerca de que los tratamientos de la terapia genética, los que ya se usan con éxito y los muchos más que con seguridad serán aprobados en el futuro, son beneficiosos para la humanidad.
Cambiarán a ciencia cierta las prácticas médicas del futuro.
La denominación cirugía genética se refiere, pues, a las técnicas usadas para corregir defectos en el ADN de los humanos.
La cirugía genética podría llamarse también terapia genética, pero esta categoría es más amplia: se incluyen en ella tanto la diagnosis y consejo genéticos como la producción de fármacos discutidos en las páginas anteriores.
La cirugía genética consiste, de manera precisa, en la manipulación directa del material hereditario (ADN) humano usando las técnicas de ADN recombinante.
El descubrimiento de las técnicas de ADN recombinante y sus primeras aplicaciones a bacterias datan de principios de la década de 1970.
Su aplicación experimental a los seres humanos comenzó hacia fines de los años ochenta del siglo pasado.
Consideremos, por ejemplo, la mutación responsable de la anemia falciforme.
La hemoglobina de las personas que sufren anemia falciforme es incapaz de transportar con eficacia el oxígeno desde los pulmones hasta el resto del cuerpo, donde sirve de comburente en las reacciones químicas que constituyen las funciones vitales.
Las personas que sufren de anemia falciforme mueren, por lo general, antes de alcanzar la madurez.
La enfermedad se debe a un defecto en la cadena β, una de las dos proteínas (α y β) que constituyen el 98 por ciento de la hemoglobina de los humanos adultos.
Las cadenas α y β están determinadas cada una por un gen diferente.
La cadena beta (β) consta de 146 aminoácidos consecutivos; el sexto aminoácido es el ácido glutámico en la hemoglobina normal y la valina en la hemoglobina falciforme.
Si por mutación en el gen de la cadena β se cambia una letra de ese triplete en particular (un nucleótido de los 438 que codifican sus 146 aminoácidos), la hemoglobina final tendrá en ese lugar preciso el aminoácido valina en vez del ácido glutámico.
Tal cambio de una sola letra en el ADN tiene consecuencias fatales.
Pero si fuera posible sustituir el nucleótido mutante por el normal, la hemoglobina y el individuo funcionarían de manera adecuada.
La cirugía genética tiene precisamente este objetivo: rectificar la información genética del individuo reemplazando el ADN defectuoso por ADN normal.
La operación se puede llevar a cabo sustituyendo un nucleótido por otro, o el gen anormal completo por el normal.
El procedimiento hoy en uso consiste en insertar un gen adicional no mutante con el que la persona puede producir hemoglobina normal (aunque si el gen anormal no ha sido neutralizado, seguirá produciendo también la hemoglobina anémica).
El primer paso consiste en incorporar el gen deseable en un plásmido, la cadena circular corta de ADN ya mencionada antes, que tiene la propiedad de introducirse en el ADN de otros organismos.
El segundo paso consiste en la introducción en sí misma, tras la cual el nuevo gen se expresa en el organismo (es decir, funciona como si fuera un gen preexistente).
La cirugía genética se aplica a las células y tejidos en los que se expresa el gen deficiente, con lo que el organismo puede llevar a cabo las funciones normales.
Pero si (como hasta ahora es siempre el caso) no se corrige el gen en las células germinales -óvulos o espermatozoides-, el individuo transmitirá el gen anormal a sus descendientes.
Es esa la situación que, como hemos visto, más preocupa a quienes, como Muller, se oponen a la ingeniería genética paliativa.
La incidencia del gen anormal y el número de individuos que habrá que curar aumentarán de generación en generación.
En principio, la cirugía genética podría usarse para rectificar las células germinales, con lo que el individuo transmitiría a sus descendientes unos genes con funciones normales.
Eso no es posible en el estado actual de la tecnología, pero es del todo imaginable en un futuro próximo.
Las consecuencias para las generaciones futuras son muy diferentes en los dos casos.
Si se cura solo al individuo, la incidencia de los defectos genéticos aumentará: las mutaciones de los individuos curados se suman a las nuevas mutaciones.
Manipular la línea germinal humana plantea cuestiones legales y morales difíciles de resolver con las que habrá que enfrentarse cuando la cirugía genética germinal sea posible en la práctica.
Por el contrario, la cirugía genética somática no conlleva implicaciones legales o morales en principio diferentes de las que plantea la práctica de la medicina común.
Se trata de curar por los distintos medios disponibles a quienes sufren enfermedades o defectos.
El avance de terapia genética más reciente, con consecuencias potencialmente revolucionarias, es la técnica llamada Cas (abreviación en ingles de CRISPR associated; donde CRISPR son las iniciales de Clustered Regularly Interspaced Short Palindrome Repeats).
CRISPR se refiere a segmentos de ADN de bacterias que incluyen repeticiones de secuencias de pocos nucleótidos (entre 24 y 48 pares).
Cada una de las repeticiones está seguida por segmentos cortos de spacer ADN.
Spacer es un segmento de ADN que no codifica aminoácidos.
Particularmente útil es al sistema CRIS-PR-Cas9, en el que Cas9 es una enzima especializada en cortar ADN, que permite cortar el ADN de animales y otros organismos, incluyendo a humanos, en lugares específicos, haciendo posible "editar" genes particulares, activándolos o neutralizándolos, según se desee.
En el momento actual, los expertos científicos y moralistas consideran CRISPR-Cas9 y otros sistemas semejantes como métodos todavía experimentales, pero con enormes posibilidades futuras (Baltimore, Berg y Botchan, 2015; Doudna y Charpentier, 2014; Ledford, 2015; Morange, 2015; Slaymaker, Gao y Zetsche, 2016; Zimmerman, 2015, 15 octubre).
Las posibilidades anticipadas incluyen cortar con precisión segmentos defectuosos de genes o insertar segmentos beneficiosos.
Algunos tratamientos experimentales ya se han llevado a cabo con éxito en genes causantes de enfermedades importantes como el síndrome de Parkinson, la leucemia linfática crónica, el mieloma múltiple y la hemofilia.
Las terapéuticas genéticas, además de la gran inversión económica que requerieren, frecuentemente llevan a consecuencias indeseadas.
Los efectos negativos incluyen respuestas inmunes contra la inclusión de una entidad extraña, leucemia, tumores y otros problemas típicamente provocados por virus vectores.
Además, frecuentemente las correcciones de terapéutica genética son de poca duración y requieren tratamientos repetidos, lo cual aumenta los costes y otros inconvenientes.
Una consideración adicional es que las enfermedades genéticas más comunes son multifactoriales, causadas por interacción entre varios o muchos genes y, por lo tanto, más allá de las posibilidades terapéuticas actuales de la eugenesia.
Ejemplos de ello son la diabetes, alta presión sanguínea, artritis, Alzhéimer y enfermedades cardiacas.
CLONACIÓN DE GENES Y CÉLULAS.
Los biólogos emplean el término clonación con significados variables, aunque todos los usos implican la obtención de copias más o menos exactas de una entidad biológica.
Tres usos comunes se refieren a la clonación de genes, la clonación de células y la clonación de individuos.
Clonar genes (o, de manera más general, clonar segmentos de ADN) es algo que se hace de manera rutinaria en muchos laboratorios de genética de todo el mundo.
Una tecnología preferida y empleada extensamente es la PCR (reacción en cadena de la polimerasa; en inglés, polymerase chain reaction), inventada en la década de 1990 por Kary Mullis, quien recibió el premio Nobel en reconocimiento.
Con la técnica de la PCR es posible obtener miles de millones de copias prácticamente idénticas de un gen o segmento de ADN en solo unas pocas horas.
Esta enorme multiplicación de un segmento de ADN proporciona a a502 los genetistas el material suficiente para investigar su secuencia de nucleótidos y otras propiedades.
Las técnicas de clonación de genes y aun de genomas completos han avanzado enormemente desde principios del siglo XXI.
El tiempo necesario y los costes se han reducido enormemente.
Las tecnologías para clonar células en el laboratorio son incluso más antiguas, siendo practicadas desde mediados del siglo XX.
Se utilizan para reproducir un tipo particular de célula, por ejemplo una célula dérmica o hepática, con el fin de investigar sus características.
La clonación celular es un proceso natural de dos maneras evidentes.
Primero, en el caso de las bacterias y de otros microorganismos que se reproducen mediante clonación; es decir, la escisión de una célula individual en dos células que son más o menos idénticas entre sí y a la célula madre.
La clonación celular, o duplicación celular, tiene lugar asimismo en organismos pluricelulares como las plantas o los animales, cuando las células se multiplican mientras forman un tejido concreto, piel, músculo o glóbulos rojos de la sangre.
Los organismos multicelulares empiezan como una célula que se duplica una y otra vez, aunque el proceso incluye diferenciación de los tipos celulares que constituyen los diferentes tejidos.
En el desarrollo, algunas células se duplican exactamente, o casi exactamente, como es el caso, por ejemplo, de las células dérmicas o de los glóbulos rojos de la sangre, mientras que otras se diferencian durante su replicación.
Así, las células madre embrionarias humanas se desarrollan en células epiteliales, células musculares y en los más de 200 tipos de células que existen en los humanos.
La clonación de humanos puede referirse a clonación terapéutica, particularmente la clonación de células embrionarias con el propósito de obtener órganos para su trasplante, o el de obtener células neurales u otras con propósitos medicinales.
Mas típicamente la clonación de humanos se refiere a clonación reproductiva, consistente en la transferencia a un óvulo del núcleo de una célula somática para obtener óvulos que pudieran desarrollare en individuos adultos.
(En inglés se conoce esta técnica como SCNT: Somatic Cell Nuclear Transfer).
Una técnica de clonación desarrollada recientemente es la MRT (Mitocondrial Replacement Technique o Técnica de Reemplazamiento Mitocondrial), con la que se produce un embrión con genes de tres individuos.
Se utiliza cuando la mujer que quiere ser madre lleva en el genoma de sus mitocondrias genes causantes de enfermedades serias.
Las mitocondrias del embrión vienen todas de la madre.
La técnica consiste en obtener un óvulo de una donante, cuyo núcleo se destruye y se reemplaza con el genoma del núcleo de la mujer que quiere ser madre y con el del padre.
El embrión tiene los genes nucleares del padre y de la madre, pero también los genes mitocondriales de la mujer donante.
Un resultado previsto de la investigación sobre clonación de células embrionarias es la clonación de órganos.
El "donante" óptimo para una persona que necesita un trasplante de riñón sería un riñón clonado a partir del genoma del paciente.
Si las células de una persona se clonan de manera que se diferencien en un riñón, un hígado o algún otro órgano destinado a sustituir un órgano enfermo del donante, el proceso parecería aceptable social y moralmente.
Un individuo humano está constituido por alrededor de un billón de células, y un fragmento de piel puede tener millones de células.
Teóricamente, se podría extraer material genético de cientos o miles de células de un pequeño fragmento de piel e implantarlo en cada uno de cientos o miles de óvulos genéticamente neutralizados, con lo que se obtendría una multitud de individuos tan parecidos entre sí y con el donante desde el punto de vista genético como lo son dos gemelos idénticos.
Ninguna persona en su sano juicio propondría proceder de la manera descrita con un humano, pero el procedimiento podría llevarse a cabo, pongamos por caso, con una vaca productora de grandes cantidades de leche, con lo que se obtendría un rebaño económicamente valioso.
De hecho, la clonación de algunos animales domésticos, como vacas y cerdos, se ha llevado a cabo repetidamente por razones comerciales.
En ocasiones se ha sugerido la clonación humana como una manera de mejorar la dotación genética de la especie humana, clonando individuos de grandes logros (por ejemplo, en el deporte, la música, las artes, las ciencias, la literatura o la política) o de virtud reconocida.
Aparentemente, dichas sugerencias no se han tomado nunca en serio.
Pero algunos individuos han expresado su deseo, por poco realista que sea, de ser clonados, y algunos médicos han difundido alguna vez que estaban dispuestos a realizar la clonación.
Los obstáculos e inconvenientes son muchos e insuperables, al menos en el estado actual de conocimientos y de tecnología relevante.
Pero hay una razón fundamental que hace imposible la clonación de un ser humano en sentido estricto.
Se trata de la distinción del genotipo o genoma, la constitución genética del individuo, en contraste con su fenotipo, lo que el individuo es.
El fenotipo de una persona incluye su morfología, fisiología, comportamiento, a502 preferencias, valores morales, preferencias estéticas, creencias religiosas y, en general, todos los rasgos de su cultura adquiridos por imitación, aprendizaje o de cualquier otra manera, y que son parte de la evolución cultural.
Está claro que el genotipo influye en lo que el individuo es, pero es algo igualmente claro que no lo determina en un sentido estricto.
Las experiencias de un individuo humano a través de toda su vida, conscientes o no, influyen en lo que el individuo resulta ser.
Las influencias del entorno comienzan de manera importante en el seno de la madre y siguen durante la infancia, la adolescencia y la vida entera.
Provienen de la familia, los amigos, la escuela, la vida social y política, las lecturas, los estudios, las vivencias estéticas y religiosas, y todo el resto de la experiencia personal.
Los biólogos utilizan una abstracción para referirse a aquello que es potencialmente determinado por el genoma de un individuo llamándolo la norma de reacción de ese genoma particular.
La denominación norma de reacción se refiere a las posibilidades En la segunda mitad del siglo XX, a medida que se producían progresos espectaculares en genética, así como en la ingeniería genética, se plantearon algunas propuestas utópicas, al menos como ideas que había que explorar y considerar como posibilidades una vez que las tecnologías hubieran avanzado lo suficiente.
Como acabamos de ver, dichas propuestas sugerían que se clonaran personas de grandes logros intelectuales o artísticos, o de gran virtud.
Si esto se conse-guía en gran número, se aducía, la constitución genética de la humanidad mejoraría considerablemente.
Si esto se hiciera, que no se hará, los utópicos dispuestos a clonar individuos excelsos por su carácter, inteligencia y otras cualidades deseables, se llevarían una sorpresa.
No hay razón alguna para esperar que los genomas de individuos con atributos excelentes vayan a producir a su vez individuos con unos atributos semejantes.
Como se ha afirmado, el genoma determina solo la norma de reacción del individuo.
Pero, en ambientes distintos, un mismo genoma da lugar a individuos muy dispares.
Es imposible proveer al genotipo de una persona eminente con el mismo ambiente, en todos sus detalles, en el que vivió la persona eminente de la que proviene el genotipo: los mismos estímulos y experiencias que la persona tuvo, incluyendo de manera importante sus padres y otros individuos con los que interaccionó a través de toda su vida.
Tal cosa es, evidentemente, imposible.
Pero incluso si fuese viable, los resultados variarían sin duda a causa de la presencia de fenómenos no lineales en la cadena compleja que lleva desde los genes a la persona.
George W. Beadle, eminente genetista y premio Nobel, escribió hace varias décadas: "Pocos de entre nosotros hubiéramos defendido la multiplicación diferencial de los genes de Hitler.
Pero ¿quién puede decir que en un contexto cultural distinto Hitler no hubiera podido ser uno de los grandes líderes de la humanidad, o Einstein no hubiera podido ser un político malvado?"
Pretendiendo clonar un Einstein, un Lincoln y al Papa Francisco, podríamos obtener en cambio un Stalin, un Hitler y un Bin Laden.
Clonar los genes que una persona recibió en el momento de la concepción de su padre y su madre podría producir una persona que podría parecerse a la primera en el aspecto físico, pero que con toda seguridad sería muy diferente con respecto a lo que más cuenta, lo que se incluye en términos tales como "personalidad", "carácter" o afines.
De nuevo, la constitución genética de una persona puede clonarse; el individuo, no. Un individuo es el resultado de las interacciones entre el genotipo de dicho individuo y el ambiente.
La constitución genética de una persona está fijada en la concepción, formada por los dos conjuntos de genes recibidos, uno del padre y el otro de la madre.
El ambiente incluye todas las experiencias a las que dicho genotipo ha estado expuesto desde la concepción hasta la muerte, desde el seno de la madre y a través de la infancia, la escolarización, la familia y la sociedad. a502 ¿Es posible que se den circunstancias capaces de justificar el que un individuo se reproduzca por clonación (una vez que la tecnología apropiada haya avanzado lo suficiente)?
Se han citado, por ejemplo, el deseo de un matrimonio estéril, o de un hombre o una mujer que no quieren casarse, entre otras circunstancias más especiales.
No es mi propósito realizar un juicio detallado sobre este asunto, aunque mi opinión es definitivamente negativa al respecto.
En cualquier caso, hay cada vez más países que han declarado ilegal la clonación reproductiva humana, es decir, el proyecto de obtener un humano clonado a partir del genoma de otro ser humano.
El progreso de las ciencias biológicas ha dotado a la humanidad actual de la cirugía genética entre otras herramientas capaces de modificar el genoma.
Otras técnicas aún más eficaces aparecerán con toda probabilidad en un futuro próximo.
Es preciso tomar decisiones, y para tomarlas correctamente necesitamos toda la prudencia y todos los conocimientos que puedan ser reunidos: el bienestar futuro e incluso la supervivencia de la humanidad están en juego.
Los biólogos, médicos, psicólogos, sociólogos, abogados, filósofos, teólogos, líderes políticos y religiosos deben prestar atención a las posibilidades que la biología moderna ha abierto para modificar y controlar el genoma humano.
Los beneficios posibles son muchos; las catástrofes imaginables, también.
Por decirlo de forma figurativa, el reino de la luz y el reino de las tinieblas están en el horizonte de la humanidad; es preciso asegurarse de que, tratando de llegar a la ciudad de Utopía, no tomamos el camino hacia la autodestrucción y el infierno.
La acondroplasia es un tipo de enanismo causado por un gen dominante que causa que sus portadores tengan torso normal, pero brazos y piernas cortos y frente protuberante.
Velázquez perpetuó en sus cuadros a varios acondroplásticos, como el bufón Sebastián de Morra y Mari Bárbola que aparece en Las Meninas en la esquina inferior derecha, detrás del perro y junto a quien parece un niño, aunque se trata también de un enano, si bien de tipo diferente.
Pero los experimentos deben terminar después de siete días con la destrucción de los embriones (Callaway, 2016).
En los Estados Unidos no hay actualmente leyes federales que prohíban absolutamente la clonación.
Pero en trece estados (Arkansas, California, Connecticut, Iowa, Indiana, Maryland, Massachusetts, Michigan, New Jersey, North Dakota, Rhode Island, South Dakota y Virginia) está prohibida la clonación reproductora, y en tres estados (Arizona, Maryland y Missouri) está prohibido usar fondos del gobierno estatal para la investigación sobre clonación reproductora (Ayala, 2015). |
La neuroética nace oficialmente a comienzos del siglo XXI, gracias al avance de las neurociencias, como ética aplicada vinculada a la bioética, pero también como neuroética autónoma.
Como ética aplicada, aborda cuestiones cercanas a la bioética.
Como neuroética autónoma, se enfrenta a problemas clásicos de la filosofía desde una perspectiva neurocientífica en sentido amplio.
Dos cuestiones serán centrales en ella: diseñar un marco para seleccionar, interpretar e integrar los datos de las neurociencias acerca de la moralidad, y trazar el método -o métodos-adecuados para el nuevo saber.
Curiosamente, en ambos casos la mayor parte de los neuroéticos dice inscribirse en posiciones naturalistas, pero realmente procede de forma no-naturalista.
El artículo se propone analizar los distintos lados de la neuroética y sacar a la luz el método que realmente siguen los neuroéticos, que desmiente al naturalismo.
LA REVOLUCIÓN DE LAS ÉTICAS APLICADAS
En los años sesenta y setenta del siglo XX se produce la "revolución de las éticas aplicadas" en el ámbito de la filosofía moral.
Con precedentes, como cualquier otro saber, las tres pioneras son la ética del desarrollo humano, la ética económica y empresarial y la bioética.
A ellas se fueron sumando la ética de los medios de comunicación, la infoética, la ética de la educación y un gran número de éticas aplicadas, que arrojan hoy en día un derroche de bibliografía en cantidad y calidad, y que han dado lugar a cátedras, institutos y asociaciones incontables.
Lo interesante de las éticas aplicadas es que constituyen una nueva forma de saber, diferente de la moral de la vida cotidiana y de las teorías éticas filosóficas, por las siguientes razones al menos (Bayertz, 2003; Cortina, 2003): 1) No las elaboran solo los filósofos, sino que trabajan conjuntamente los filósofos con los expertos de cada campo.
2) No constituyen la parte aplicada de cada teoría ética, sino que abordan los problemas de cada ámbito social contando con las teorías éticas que puedan ayudar a resolverlos en cada caso.
3) Los principios éticos no se aplican deductivamente, sino que es preciso descubrirlos en la ética cívica presente en cada uno de los ámbitos.
4) El trabajo interdisciplinar no se lleva a cabo solo en los despachos académicos, sino también en los comités y comisiones, creados por instituciones políticas o de la sociedad civil.
5) Los resultados de la reflexión y la deliberación no se dan a conocer solo a través de libros y artículos académicos, sino también mediante documentos oficiales y códigos orientadores de la acción.
Una de estas éticas aplicadas es, como se ha dicho, la bioética.
Aunque tenga una larga historia, que hunde sus raíces en la tradición hipocrática, el término Bio-Ethik, como disciplina académica y como rasgo de virtud y carácter, es utilizado por primera vez por Fritz Jahr, un teólogo protestante de Halle an der Saale, en un editorial de la revista Kosmos.
Jahr traduce el imperativo categórico kantiano en un imperativo bioético, que dice así: "Respeta por principio a cada ser viviente como un fin en sí mismo y trátalo, de ser posible, como a un igual" (Sass, 2011, p.
Con ello amplía el ámbito de la obligación ética al de todos los seres vivos, aunque el mandato en realidad no sea categórico, sino que esté condicionado a que sea posible tratar con respeto a todos los seres vivos (Gracia, 2011; Mainetti, 2011).
Sin embargo, como una nueva forma de saber, oficialmente reconocida, la bioética nace en los años setenta del siglo XX.
De hecho, la Encyclopedia of Bioethics, que es la obra de referencia fundacional de la disciplina, se publica en 1978.
Y la bioética nace con una cierta "bilocación", porque desde el comienzo se marcan dos tendencias: la bioética médica, representada por André Hellegers y Daniel Callahan, y la bioética ecológica, abanderada por Van Rensselaer Potter, que acuñó el nombre bioética en el artículo "Bioethics: the science of survival" (1970) y en el libro Bioethics: bridge to the future (1971) (Abel i Fabre, 2001, pp. XIII-XVII; Ferrer y Santory, 2004, p.
Resultó ser que la tendencia que asumió el rótulo bioética e hizo fortuna con él fue la médica, la que cobró un fuerte impulso con los principios del Informe Belmont, que no solo se convirtieron en "los principios de la bioética", sino que en ocasiones se tomaron como principios de todas las éticas profesionales (Gracia, 1989(Gracia, /2007)).
Sin embargo, desde los años noventa, gracias al fenómeno de la globalización, los avances científicos y sus consecuencias se extienden mundialmente, y cada vez resulta más insuficiente una bioética que solo atienda a las relaciones interpersonales y a las organizaciones sanitarias.
Las exigencias de un "desarrollo sostenible", que hoy se plasman en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, parecen reclamar ese êthos ecológico, capaz de respetar la naturaleza y asegurar el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
No es extraño que en 1988 publique Potter su libro Global Bioethics.
Y parece que es este ámbito global el que hay que tener en cuenta, además del local.
De ahí que quienes consideran que el nuevo siglo exige una bioética global incluyan en ella la bioética médica, la ética de las organizaciones sanitarias, la economía de la salud, la ética ecológica, la GenÉtica y las cuestiones de justicia global (Alarcos, 2005; Cortina, 2011b; Ferrer y Santory, 2004).
¿Podemos decir que la neuroética es una de las ramas de la bioética?
LA NEUROÉTICA, ¿UNA RAMA DE LA BIOÉTICA?
La neuroética nace oficialmente el año 2002, en un Congreso celebrado en San Francisco los días 13 y 14 de mayo y auspiciado por la DANA Foundation.
Al parecer, es Pontius quien utiliza por vez primera el término neuroética en 1973, y más tarde Cranford (1989) y Churchland (1991) (Amor Pan, 2015, pp. 96-98; Bonete, 2010, pp. 50-52) El nacimiento de la neuroética tiene en su base el extraordinario auge que experimentaron las neurociencias, sobre todo a partir de los noventa del siglo XX, una década que el Congreso de los Estados Unidos declaró como "Década del Cerebro".
Más tarde, en 2013, Barack Obama presenta el proyecto Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies (BRAIN), y la Unión Europea, The Human Brain Project (BP), coordinado por el neurocientífico Henry Makram, también en 2013.
Naturalmente, hay muchas formas de caracterizar a las neurociencias, pero una sencilla es que son ciencias experimentales que, con todas las herramientas técnicas disponibles y utilizando el método científico de observación, experimentación e hipótesis, tienden a explicar cómo funciona el cerebro.
Sin duda las neurociencias tienen una larga historia, que arranca de Hipócrates y tiene por hitos ineludibles los representados por el tratado de Thomas Willis Cerebri Anatome (1664), el artículo de John Harlow, narrando el célebre accidente sufrido por Phineas Gage, que más tarde recoge Antonio Damasio en El error de Descartes, y por supuesto las investigaciones de Ramón y Cajal (Amor Pan, 2015, pp. 23-27; Blanco, 2014).
Pero desde finales del siglo XX un conjunto de avances sitúa a las neurociencias en el primer plano de la atención, sobre todo el progreso en las técnicas de neuroimagen.
Con ayuda de las técnicas de neuroimagen es posible establecer ciertas correlaciones, por ejemplo, entre la formulación de juicios morales y determinadas áreas del cerebro, sacando a la luz, aunque con grandes cautelas, las bases neuronales de las actividades humanas, entre ellas, la moral.
"Con grandes cautelas" porque la lectura de imágenes cerebrales, que en algún momento pareció asegurar un enorme avance para conocer qué zonas del cerebro se activan al ponerse en marcha determinadas conductas, está mostrando enormes limitaciones.
No sabemos bien qué significa correlatos y además se necesita una gran dosis de interpretación para extraer conclusiones a partir de las imágenes cerebrales (Cortina, 2011a; Cortina, 2012; Francesco, 2007; Lavazza y de Caro, 2010).
En cualquier caso, en los últimos tiempos el prefijo neuro precede al nombre de una gran cantidad de saberes, como neuroeconomía, neuropolítica, neurorreligión y un largo etcétera.
Lo neuro se ha convertido en transversal, porque conocer las bases cerebrales de cualquiera de esas actividades humanas, aun con todas las dificultades, ayuda a entenderlas mejor, lo cual es un gran avance (Cortina, 2012).
Sin embargo, el hecho de que las investigaciones neurocientíficas supongan una gran cantidad de dinero ha llevado a sospechar que sea sobre todo un negocio rentable, que promete más de lo que puede ofrecer, y que se aplicará al marketing empresarial o político con fines de manipulación, además de utilizarse para la terapia, y que las neurociencias se pueden convertir incluso en una nueva ideología.
Una neurociencia crítica se abre paso (Choudhury, Nagel y Slaby, 2009; Choudhury y Slaby, 2011).
Es en este contexto de fervor neurocientífico, pero a la vez de cautelas, sospechas y críticas, en el que nace la neuroética.
Según algunas de las ponencias del Congreso de San Francisco, la neuroética es "el estudio de las cuestiones éticas que se plantean a raíz de las investigaciones en el cerebro y de la aplicación de los descubrimientos a la práctica médica, a las interpretaciones legales y las políticas sanitarias y sociales" (Marcus, 2002, p.
III), o bien "el examen de lo correcto e incorrecto, bueno y malo, en el tratamiento del cerebro humano, en su perfeccionamiento, o en la indeseable invasión en el cerebro o en su preocupante manipulación" (Marcus, 2002, p.
Ciertamente, si la neuroética no fuera nada más que esto, sería una ética aplicada y se atendría a los principios nacidos del Informe Belmont, o bien entendería que no-maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia constituyen la lengua común con la que se deben tratar estas cuestiones (Kucewski, 1998, pp. 423-425).
De hecho, recientemente se ha convertido en un éxito de ventas el libro del neurocirujano Henry Marsh Do No Harm.
La traducción castellana Ante todo, no hagas daño tal vez no haga justicia a la fuerza del juramento hipocrático y sobre todo al mandato negativo "no dañarás" que, como deber de obligación perfecta, se expresa en el principio de no-maleficencia.
En cualquier caso, el libro pretende exponer las dificultades de cumplir ese deber tomando decisiones sobre actuaciones en un órgano tan complejo como el cerebro.
Y, ciertamente, la neuroética, así entendida, es una boyante ética aplicada.
Pero existe otra acepción de la neuroética que hace de ella una disciplina preocupada por las bases y fundamento de la moral.
Aceptando una célebre sugerencia de Roskies, es posible distinguir dos ramas de la neuroética: 1) La ética de la neurociencia, que intenta desarrollar un marco ético para regular la conducta en la investigación neurocientífica y en la aplicación del conocimiento neurocientífico a los seres humanos.
Es de esta de la que nos hemos ocupado.
2) La neurociencia de la ética, que se refiere al impacto del conocimiento neu-a503 rocientífico en nuestra comprensión de la ética misma y se ocupa de las bases neuronales de la agencia moral (Levy, 2007, pp. 1-2; Roskies, 2007).
Esta segunda rama consistiría en un saber interdisciplinar que pretende ser ética fundamental y que puede llegar a poner en cuestión las teorías éticas que no se compaginan con las bases neuronales descubiertas (Cortina, 2011c; Levy, 2007, p.
ÉTICA DE LAS NEUROCIENCIAS: RETOS INELUDIBLES
La ética de las neurociencias analiza la corrección o incorrección ética de las investigaciones neurocientíficas y de su aplicación utilizando el lenguaje de la no-maleficencia, la beneficencia, la autonomía y la justicia.
Sin ánimo de exhaustividad, se enfrenta a problemas específicos como los de discernir si las lecturas cerebrales pueden atentar contra el derecho a la intimidad; si en los tribunales pueden admitirse pruebas tomadas de imágenes cerebrales para exculpar a los acusados, si es legítimo utilizar las nuevas técnicas en el campo de la seguridad nacional, en relación con la "guerra contra el terror" y otras semejantes, abriendo el camino a la neuroseguridad (Moreno, 2006).
En todos estos casos importa tratar con cuidado los datos obtenidos a través de las presuntas lecturas cerebrales para no estigmatizar a determinadas personas, para no violar el deber de confidencialidad utilizando los conocimientos con fines policiales, en la lucha antiterrorista, con fines laborales o eugenésicos, y para no eximir de responsabilidades a quienes sí podían obrar de otro modo.
Y en todos estos casos resulta indispensable no generar expectativas que no se puedan colmar, no generar esperanzas que no se basen en estudios rigurosos (Cortina, 2011a; Cortina, 2012).
También la ética de las neurociencias se encuentra con las posibilidades de precisar más adecuadamente problemas como los del estado vegetativo y la consciencia o la muerte cerebral, como puede verse en el texto de Enrique Bonete Neuroética práctica, que dedica a ello la segunda parte del libro y recoge una muy nutrida bibliografía al respecto (Bonete, 2010).
Obviamente, tanto las investigaciones como las posibles aplicaciones que hemos mencionado plantean interrogantes éticos, pero uno de ellos se ha convertido en una auténtica estrella: la legitimidad ética del neuroenhancement, es decir, de las intervenciones de mejoramiento, y no solo de terapia.
Se enfrentan en este punto autores "anti-mejora" como Michael Sandel, Leon Kass o Francis Fukuyama, autores "anti-anti-mejora", entre los que se situarían Julian Savulescu, Nicholas Agar, Dan Brock, Nick Bostrom, David DeGrazia, Anders Sandberg o Thomas Murria, y una posición intermedia, representada muy acertadamente por Buchanan (Buchanan 2011, pp. 1-33).
Evidentemente, los debates sobre la legitimidad del mejoramiento tienen consecuencias en políticas públicas (Schlag y Gutenberg, 2013), pero también nos llevan más allá de la neuroética entendida como ética de las neurociencias hacia la neurociencia de la ética, porque hablar de "mejorar" capacidades normales obliga a plantear la cuestión de qué es lo "normal" y lo "anormal", pero también si, en el caso de que pudiera determinarse qué es lo normal, habría que considerarlo como sagrado.
¿Hay una "naturaleza humana" que marca la normalidad y resulta intocable?
¿El método para acceder a ella es el de las ciencias experimentales o es preciso contar con métodos filosóficos?
¿Se trata de una naturaleza "naturalizada" o el naturalismo resulta insuficiente para dar cuenta de ella?
Sin duda estas cuestiones nos llevan más allá de una ética de la investigación y la aplicación de los avances realizados, que asume el marco de las teorías éticas ya existentes, hacia una neuroética fundamental, que trata de averiguar cuáles son las bases cerebrales de la conducta moral.
La neuroética, como neurociencia de la ética, necesita una caracterización diferente porque es ética fundamental, no ética aplicada.
NEUROÉTICA FUNDAMENTAL, UN SABER AUTÓNOMO
Los problemas a los que se enfrenta la neuroética fundamental guardan una mayor semejanza con los que ha planteado tradicionalmente la filosofía, aunque ahora desde una perspectiva neurocientífica, en el amplio sentido de la palabra.
Para elaborar este saber es menester contar con la filosofía, pero también con datos de las neurociencias, la genética, la economía experimental, la psicología, la antropología y la biología evolutivas (Churchland, 2011, p.
Desde este nuevo enfoque la neuroética se ha ido enfrentando a cuestiones como las siguientes, que exponemos sin ánimo de exhaustividad (Cortina, 2012).
El camino más frecuentado para descubrir que la neuroética es un saber peculiar fue el de la dificultad que mostraban un buen número de sujetos para avalar con argumentos sus juicios morales.
El sujeto formulaba un juicio inmediato, intuitivo, y cuando se le pedían a503 razones se mostraba incapaz de darlas.
Ante este desconcierto moral (moral dumbfounding), autores como Haidt y Hersch señalaron que nuestros juicios morales son intuitivos, ligados a la emoción, y solo más tarde tratamos de apuntalarlos con razones (Haidt, Björklund y Murphy, 2000; Haidt y Hersch, 2001).
Tomando este hilo conductor Greene y sus colaboradores se preguntan si la razón de todo ello no es que en nuestro cerebro existen unos códigos morales, acuñados a través de la evolución y ligados a las emociones en el proceso de formación del cerebro, lo cual explicaría su carácter intuitivo y emocional.
Las lecturas cerebrales practicadas a sujetos a quienes se preguntaba su posición ante dilemas morales parecían avalar esta hipótesis, porque los encuestados contestaban con mayor rapidez cuando los dilemas eran personales que cuando eran impersonales, y esta comprobación parecía refrendar la fuerza de la emoción en el primero de los casos y la mayor necesidad de reflexión racional en el segundo.
La hipótesis evolutiva de que durante el proceso de formación del cerebro unos códigos morales quedaron acuñados en él, cercanos a la emoción, cobró fuerza (Greene, 2012).
El papel de las emociones en la formulación de los juicios morales se había venido convirtiendo en un tópos de la neuroética, en un lugar común (Damasio, 1994; Damasio, 2000), que no hizo sino reforzarse (Haidt et al., 2000; Haidt, 2012).
Trabajos como los de Jorge Moll y sus colaboradores son una fuente de progreso en este sentido (Moll, Zahn, Oliveira-Souza, Krueger y Grafman, 2005).
Pero además algunos autores creyeron posible fundamentar una ética que, por tener una base cerebral, sería universal y podría arrumbar las teorías tradicionales (Gazzaniga, 2006; Mora, 2007).
La neuroética se convertía, velis nolis, en una ética fundamental.
Otros autores entendieron más prudentemente que, más que una ética universal, las neurociencias en sentido amplio permiten descubrir una estructura moral innata desde la que los seres humanos pueden hablar distintos "lenguajes morales" desde las diversas culturas (Hauser, 2006; Levy, 2007).
Como es obvio, las críticas a esta posición no se hicieron esperar (Blackburn, 2008; Rorty, 2006, 27 agosto) pero, en cualquier caso, la articulación entre moral como estructura y moral como contenido volvía por sus fueros (Aranguren, 1994; Zubiri, 1986).
Ciertamente, el hilo conductor que hemos mencionado nos lleva a otro tema clásico de la ética.
Algunos autores la abordan desde una concepción mecanicista del cerebro que les lleva a decretar que la libertad no es más que una ilusión (Wegner, Roth, Wolf Singer, Rubia); otros la enfrentan desde una concepción del cerebro tomado como un órgano con capacidad de tomar la iniciativa (Changeux, LeDoux, Evers).
Deterministas duros o incompatibilistas y también blandos o compatibilistas se enfrentan a libertaristas, también compatibilistas o incompatibilistas (Cortina, 2011a).
Y se abre también camino la convicción de que contamos con dos tipos de lenguaje, que han surgido en el proceso de la evolución, el lenguaje de primera persona y el de tercera persona, y que ambos son indispensables para la vida humana.
"El dualismo epistémico tiene que haber surgido de un proceso de aprendizaje y haberse acreditado en la confrontación cognitiva del homo sapiens con un mundo lleno de riesgos" (Cortina, 2011a, p.
Y también desde las bases cerebrales se intenta responder a problemas como el de averiguar cuál es la naturaleza de la conciencia (Arana, 2015; Morgado, 2012), en qué medida puede hablarse de la identidad del yo, si se reduce la mente al cerebro, porque "somos nuestro cerebro", o bien, en el caso de que se tratara de dos entidades, qué relación existiría entre ellas.
No es de extrañar en este contexto que la ética de las virtudes de corte aristotélico vuelva por sus fueros (Casebeer, 2003).
Pero más interesante es todavía que la secular contraposición entre deontologistas y teleologistas entre de nuevo en liza y, sobre todo, que desde los descubrimientos neurocientíficos se pretenda que los primeros son emotivistas y los segundos, racionalistas, cuando la acusación de racionalismo impenitente ha sido la crítica que los deontologistas han sufrido secularmente, mientras que los teleologistas eran alabados por su capacidad para atender a las emociones (Dean, 2010, p.
Es esta una cuestión que tiene importantes repercusiones para la forma de entender la función del derecho (Capó, Nadal, Ramos, Fernández y Cela Conde, 2006).
Y por ir dando fin a este elenco de cuestiones, importa averiguar cuál es el modo de organización política que mejor cuadraría con las bases cerebrales de la conducta (Cortina, 2011a, pp. 99-148; García-Marzá, 2012).
Como también la forma en que deberíamos educar moralmente teniendo en cuenta cómo está constituido y cómo madura el cerebro, una tarea que ocupa a la neuroeducación moral y política (Codina, a503 2015), y las cuestiones de justicia social que plantea la desigualdad en el desarrollo del cerebro a causa de la pobreza material y cultural (Lipina, 2014).
Se trata de problemas clásicos, pero contemplados ahora a una nueva luz, lo cual siempre es una ganancia.
Por poco que sepamos de un órgano tan misterioso como el cerebro, traspasar sus umbrales e intentar conocerlo para saber más acerca de nosotros mismos es siempre un beneficio.
A fin de cuentas es lo que ha hecho la filosofía en los momentos de mayor esplendor.
Pero en el fondo de todas estas cuestiones hay dos asuntos transversales que afectan muy profundamente al modo de elaborar la neuroética:
1) Qué se entiende por "moral" cuando se intenta detectar las bases cerebrales de este tipo de actividad humana y cuál es su especificidad frente a otras formas de resolver problemas.
Porque se insiste en afirmar que no existe un abismo entre el hombre y otros mamíferos, que también los chimpancés o los bonobos, entre otros, tienen instintos sociales y son capaces de una cierta vida moral, pero el desafío consiste en averiguar qué estamos entendiendo por "moral".
2) A qué métodos recurre la neuroética, si son solo científicos, en cuyo caso el naturalismo está servido, o si son también filosóficos.
En el segundo caso importa saber qué métodos filosóficos y cómo se articulan con los experimentales.
La discusión entre naturalismo y no naturalismo sigue en pie.
DE NUEVO EL DISCURSO DEL MÉTODO.
EL NATU-RALISMO A DEBATE
Algunos neuroéticos se proponen diseñar a largo plazo una propuesta de neuroética desde el diseño de una ética filosófica integradora que unifique los avances obtenidos por las neurociencias y las restantes ciencias cognitivas (Churchland, Levy).
Esta ética sería la más adecuada para comprender los distintos lados de la moralidad humana, teniendo en cuenta lo que venimos aprendiendo acerca del cerebro.
En este sentido, es paradigmático el modo de proceder de Churchland.
Desde el comienzo anuncia su intención de no recurrir a ninguna instancia sobrenatural ni tampoco a ningún concepto de razón "unrealistic and rarified", en clara alusión a la propuesta kantiana.
Siguiendo a Hume, se trata de descubrir las raíces de la moralidad en nuestra naturaleza, empíricamente observable: en cómo somos, de qué nos cui-damos y qué nos importa.
Desde esa descripción empírica de cómo nos comportamos no derivaremos un "debe" de un "es", sino que inferiremos lo que se debe hacer, teniendo en cuenta que "inferir" es mucho más amplio que "derivar" (Churchland, 2011, p.
Este temor a caer en propuestas sobrenaturales o metafísicas es un denominador común de la mayor parte de los trabajos en neuroética, que lleva a optar por el naturalismo.
Ya la teoría evolucionista de Darwin ofreció una explicación naturalista del origen de la moralidad en El origen del hombre (1871), que parece refrendar la descripción de Hume; la GenÉtica, por su parte, extrajo de las predisposiciones innatas a actuar en un sentido u otro consecuencias para la calificación moral; y el avance de las neurociencias ha puesto de nuevo sobre el tapete la pretensión de explicar la moralidad sin necesidad de recurrir a ninguna otra cosa que no sea la naturaleza empíricamente descrita.
Triunfan las explicaciones naturalistas, en la línea de Hume y Darwin, hasta el punto de que el naturalismo se convierte en la posición ortodoxa.
El mismo Habermas, sin duda más próximo a Kant que a Hume, se reclama de un "naturalismo blando" de difícil comprensión (Habermas, 2006, p.
En una línea naturalista se pronuncian, entre muchos otros, autores como Haidt, Greene, Gazzaniga, Mora, Joyce, Kitcher, y de forma muy pormenorizada, Patricia S. Churchland.
Sin embargo, una cosa es lo que se dice que se pretende hacer y otra distinta lo que realmente se hace.
Porque realmente resulta imposible preguntarse por el origen de la moralidad sin contar con una noción de moralidad que permita iniciar la búsqueda.
Noción que no se ha extraído de los datos empíricamente observables, sino de un concepto labrado a la vez cultural y experiencialmente.
Dado el escaso espacio con el que contamos, tomaremos como ejemplo de este modo de proceder el de Churchland cuando se propone averiguar cuál es el origen de los valores morales, porque resulta paradigmático.
A juicio de Churchland, los datos empíricos avalan el hecho de que las valoraciones básicas de los seres humanos son el placer y el dolor, como decía Hume, y que están ligados con el propio cuidado y bienestar, pero también con el de otros, porque el cerebro humano es social, como el de otros mamíferos.
Los cerebros de los animales sociales están organizados de tal modo que sienten placer en el ejercicio de disposiciones sociales como el cuidado de los hijos, compañeros y allegados, es decir, con aquellos con los que existe un vínculo.
Sustancias neuroquímicas como la a503 vasopresina y la oxitocina median en el vínculo de la pareja, los padres y los hijos, y probablemente de los parientes y allegados.
Otros neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, juegan también un papel en la vida social, y también hormonas como la testosterona (Champagne y Curley, 2005; Churchland, 2008, p.
De hecho, Churchland sugiere que tal vez la oxitocina sea la base de lo que Hume llamó "sentimiento moral".
La probabilidad de que la oxitocina, la vasopresina y un espectro de receptores sean importantes en los estilos humanos de socialidad, y su comprensión neurológica, tendrían entonces amplias implicaciones para el origen y base de la moralidad humana.
Nuestros cerebros estarían estructurados para defender nuestros intereses y los de parientes y amigos.
Cómo a partir de aquí surge la moralidad requiere una respuesta evolutiva.
Los seres humanos tienen instintos sociales, posibilitados por los genes, y los ajustan a las prácticas de su entorno social por el sistema de recompensa.
Precisamente esos instintos son la plataforma de la cooperación y el mantenimiento del orden social y proporcionan el fundamento biológico de la ética en su más amplio sentido.
Proporcionan la base para el apego a los compañeros, las crías y los parientes y amigos.
La moralidad sería entonces una dimensión de la conducta social, estrechamente ligada a nuestra disposición natural a cuidar de los demás.
Sería un esquema de conducta social con cuatro dimensiones, conformado por procesos neuronales entrelazados: 1) Cuidado, enraizado en el vínculo con los parientes y amigos y en el cuidado por su bienestar; 2) reconocimiento de los estados psicológicos de los otros, enraizado en los beneficios de predecir la conducta ajena 2; 3) resolución de problemas en un contexto social, por ejemplo, cómo deberíamos castigar a los infractores; y 4) aprendizaje de prácticas sociales, por refuerzo positivo y negativo, por ensayo-error, por condicionamiento y por analogía (Churchland, 2011, p.
En este punto la historia confluye con propuestas que tratan de explicar el "misterio del altruismo biológico" a partir de la conformación evolutiva del homo reciprocans, de ese ser que es capaz de dar siempre que de alguna manera pueda recibir (Hauser y Levy, entre otros).
Y también aquí Churchland lanzará una hipótesis que es común a otros autores: "una hipótesis plausible es que el deseo de extender el respeto y la dignidad a todos los seres humanos, más o menos limitado en un tiempo a los grupos pequeños, proba-blemente se origine aquí" (Churchland, 2008, p.
También Levy considera que, como la evolución refuerza las disposiciones que favorecen la adaptación, cabría pensar que nos ha dotado de un sentimiento de benevolencia que en las primeras etapas de formación del cerebro se limitaba a los cercanos pero, al cambiar el contexto, se habría ido convirtiendo en benevolencia universal; aunque añade que esto es algo especulativo (Kitcher, 2014; Levy, 2007, p.
Sin embargo, en este modo de proceder hay al menos tres presupuestos que no salen a la luz.
En primer lugar, que la benevolencia local vaya a convertirse en universal no es en modo alguno un dato empírico.
Esta afirmación está por el momento tan refutada por los hechos que han surgido las propuestas de mejorar a las personas con fármacos e intervenciones cerebrales, como dijimos, por entender que la educación no está teniendo éxito.
En segundo lugar, los naturalistas tratan de descubrir el origen empírico de la moralidad y de los valores morales contando ya con una concepción de moralidad, la propia de su sociedad, la de una moral postconvencional de principios.
Desde ella seleccionan los datos que caminan en esa dirección.
Entienden entonces que la moralidad será cosa de cuidado, cooperación, ayuda mutua.
Y si los hechos muestran que la benevolencia tiene su límite en un ser humano reciprocador, dispuesto a dar siempre que pueda esperar algún retorno, desde lo que se ha llamado "la reciprocidad indirecta", sugieren -aunque especulativamente-que el paso a la solidaridad universal se dará en el futuro.
Este modo de proceder sería legítimo si se anunciara sin ambages que no se ha echado mano de ningún concepto sobrenatural, pero sí de conceptos que han ido surgiendo culturalmente en una humanidad que ha aprendido también moralmente.
Conceptos como dignidad o valor incondicionado, que exigen una actitud de respeto a aquellos a los que se atribuyen, forman parte de un mundo de predicados no-naturales, sino culturales; predicados que no describen fácticamente a un ser, pero que nos son necesarios para entendernos a nosotros mismos.
Es el caso de algún trabajo en el que Churchland aborda el concepto de dignidad y asegura que es un concepto construido, como todos los conceptos, pero que no se refiere a hechos, como otros conceptos (Churchland, 2008).
Pero lo que resulta incoherente entonces es afirmar que hay épocas en las que se respeta más la dignidad que en otras y que a503 hay que aprender de ellas, sin aclarar qué se quiere decir con dignidad, o con libertad e igualdad, y por qué "bioculturalmente" hemos apostado por esos valores como superiores a otros.
No se trata de términos sobrenaturales, pero tampoco naturales: son términos morales, pertenecen al mundo de los valores morales, que hemos ido configurando bioculturalmente, y es preciso ir concretándolos en prácticas determinadas para entender a fondo su significado, pero necesitamos contar con ellos como orientación.
En tercer lugar, la liberación de oxitocina por conductas prosociales puede producir placer, pero también lo producen otras conductas, como la venganza o la victoria.
Como apunta Evers, entre otros, nuestra identidad innata, basada neuralmente de forma especie-específica, nos dispone a desarrollar tendencias evaluativas universales como el autointerés, la disociación, la simpatía selectiva, la empatía y la xenofobia.
Con lo cual, nuestra identidad neuronal como personas nos hace sociales, pero también individualistas y autoproyectivos (Evers, 2015, p.
A pesar de que tenemos una capacidad natural de empatía (capacidad de aprehender los estados mentales de otros), simpatía (capacidad de cuidar de otros) y asistencia mutua, el ser humano puede ser descrito también como autointeresado, y xenófobo (Evers, 2015, p.
No es extraño teniendo en cuenta la necesidad de cohesión con los cercanos y de protección frente a los extraños que influyó poderosamente en la conformación del cerebro.
Experimentamos placer al atender a nuestros sentimientos sociales, pero también a los que favorecen nuestro interés.
¿Cómo dar cuenta a partir de hechos de la emergencia de una ética universalista, como la que impregna la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que descansa en la noción de dignidad humana?
¿No será que el aprendizaje moral es biocultural y, por lo tanto, recurre a fuentes diversas, sean filosóficas, religiosas o políticas, para ir generando la propuesta de lo que querríamos y deberíamos ser?
UN MARCO DE NEUROÉTICA FUNDAMENTAL
Por todo ello tal vez convendría cambiar de estrategia en la investigación neuroética y en vez de tomar en un comienzo métodos empíricos e intentar más tarde recurrir a alguno filosófico, aprender algo de lo que propone el Kant crítico: en vez de esperar que la experiencia empirista nos enseñe sobre moral, construir nuestros conceptos y obligar a la naturaleza a responder a las preguntas que hemos planteado desde ellos para tratar de comprender los fenómenos de la experiencia.
En realidad, eso es lo que han hecho la mayor parte de los autores que trabajan en neuroética al intentar descubrir las bases neuronales de la moralidad: contar ya con un concepto de "moral" cuando van a seleccionar en la experiencia qué fenómenos coinciden con él.
Pero también es preciso marcar una diferencia clara en relación con Kant: para diseñar ese concepto contamos con la experiencia adquirida a lo largo de nuestra historia biosocial y cultural.
No hay concepto alguno que los seres humanos hayamos podido construir si no es contando con ella, pero para construirlo no nos limitamos a lo aprendido de una evolución estrictamente biológica, que no existe.
El marco interpretativo al que recurrimos no surge de las constataciones empíricas, sino de esa historia natural y social a lo largo de la cual hemos ido forjando nuestros conceptos: no de una razón empírica, pero tampoco de una razón pura, sino de una razón impura (Conill Sancho, 2006).
Como bien dice Habermas, a lo largo de la historia no solo hemos ido aprendiendo técnicamente, sino también moralmente.
Aunque ontogenéticamente cada individuo debe hacer su aprendizaje.
Por lo tanto, la neuroética, como neurociencia de la ética, debería ser una tarea conjunta de éticos y neurocientíficos, en la que se implicarían también psicólogos, economistas experimentales, antropólogos y biólogos evolucionistas, prolongando con ello esa historia de interdisciplinariedad que es la de la sabiduría humana (Suhler y Churchland, 2011, p.
Su tarea consistirá entonces en:
1) Preguntarse por las bases cerebrales de la conducta moral, aclarando en qué consiste la moralidad y el mundo de categorías que sirven para comprenderla.
2) Intentar descubrir el fundamento de la obligación moral.
Para atribuir una conducta moral a un ser este debe contar con unas bases corporales, entre las que se encuentra la posesión de un cerebro y un sistema nervioso, articulados con el resto del cuerpo.
Pero no es lo mismo "base" que "fundamento", no es lo mismo "condición necesaria" que "condición suficiente".
Sin embargo, la pregunta es si contando solo con estas bases es posible responder a la pregunta por las razones de la obligación moral, responder a la pregunta "¿por qué debo?" ante determinadas exigencias morales.
La pregunta por el fundamento de la obligación no es la misma que la pregunta por las bases con las que tiene que contar un ser para ser capaz de vida moral (Cortina, 2010; Cortina, 2011a).
3) Recurrir a teorías éticas que permitan interpretar el significado de los datos neurocientíficos para la vida moral.
El saber no es un conjunto de aportaciones fragmentarias, sino que precisa un marco desde el que interpretar los datos.
Sin back stories resulta imposible interpretar los datos científicos (Slaby, 2011, p.
378; Young, 2011): hay una interacción entre el marco hermenéutico y lo que puede calificarse como "descubrimientos relevantes".
4) Tratar de diseñar un marco ético, coherente con los datos más relevantes de las neurociencias, preguntarse en qué aspectos estos datos obligan a replantear elementos importantes de la teoría ética, y averiguar también en qué medida la teoría ética obliga a orientar la conducta en determinados sentidos, marcando el camino a la evolución.
El cerebro humano es afortunadamente plástico.
Evidentemente, estas tareas son propias de una forma de saber que se constituye como neuroética fundamental, más que como bioética aplicada.
Este estudio se inserta en el Proyecto de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico FFI2016-76753-C2-1, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (ahora Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) y en las actividades del grupo de investigación de excelencia PROMETEO 2018/121 de la Generalidad Valenciana. |
El alivio del sufrimiento en el periodo final de la vida, reconocido en los últimos años como un derecho universal del ser humano, es una de las misiones de la medicina.
La reflexión ética en la toma de decisiones en este periodo final de la vida constituye uno de los fundamentos de la identidad de los cuidados paliativos.
Para dar respuesta a las múltiples necesidades de pacientes y familias es imprescindible una actitud empática, solidaria y respetuosa.
Esta filosofía humanista debe ir complementada con los avances científicos que la medicina ha experimentado en las últimas décadas.
Nacer y morir es parte de la historia natural de la especie humana y de cada persona concreta.
Cuidar, acompañar esos dos momentos de nuestra vida es igual de importante hoy, y así lo ha sido desde tiempos remotos.
El siglo XX ha conocido el auge de las ciencias de la salud en investigación, tecnología diagnóstica y tratamientos.
Todo ello ha permitido un mayor control de las enfermedades y, por ende, ha prolongando la esperanza de vida.
Es saber común en medicina que más vale prevenir que curar y que si no podemos curar quedan todavía muchos cuidados que ofrecer a la persona enferma.
No obstante, los cuidados de las personas en el final de su vida han estado relegados a un segundo plano.
En muchos ámbitos, incluido el de las profesiones sanitarias, y en la sociedad en general, se les ha restado importancia.
Pero en las últimas décadas del siglo XX dos mujeres, la enfermera Cicely Saunders y la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross (1926-2004) lanzaron un mensaje contundente de trabajo y de actitud personal en los cuidados de las personas al final de la vida.
Con su ejemplo, todos los que trabajamos en cuidados paliativos (CP) hemos ido avanzando, formándonos, investigando en todas las facetas de las personas enfermas para restaurar el lugar que deben ocupar estos cuidados en la sociedad en general y en las profesiones sanitarias.
Así nacieron y se desarrollaron los cuidados paliativos, que han formado parte de nuestro trabajo día a día...
Y seguimos luchando por mejorarlos y transmitir su filosofía, su buen hacer y su abordaje multidisciplinar a las nuevas generaciones.
El desarrollo y difusión de los CP es, como decimos, reciente, e incluso en los últimos años se ha apoyado decididamente en el uso de las redes sociales de Internet.
No obstante, en realidad, la medicina paliativa parte de una concepción muy antigua de la medicina, que toma como su objeto de estudio a la persona enferma en su conjunto.
La actitud paliativa no es antagónica de la actitud curativa, sino complementaria de esta.
A medida que la enfermedad va prolongándose en el tiempo cambian los objetivos médicos y van cobrando más relieve el alivio de los síntomas y de las secuelas, así como el cuidado del enfermo para hacerle más llevadero el curso final de la enfermedad.
La medicina paliativa parte, pues, de la premisa de que "siempre hay algo que hacer", ya que es posible aliviar el sufrimiento del paciente aun en la fase terminal.
Por diferentes motivos, los CP se han desarrollado sobre todo en la atención a pacientes oncológicos, pero el aumento de la frecuencia de patologías crónicas, que también pueden evolucionar hacia una situación de enfermedad avanzada o terminal, está generando necesidades múltiples y una demanda asistencial elevada a la que es necesario dar respuesta científica de calidad, abordando, de forma multidisciplinar, los aspectos físicos, emocionales, psicológicos, sociales, espirituales y éticos.
Al hablar de aspectos sociales, nos referimos a que la vida familiar se modifica de manera sustancial ante una enfermedad grave o avanzada, lo cual exige el desarrollo de mecanismos que permitan la adaptación de cada uno de sus miembros a la nueva situación.
La enfermedad, los tratamientos, y sobre todo la posibilidad de una muerte cercana transformarán el ambiente familiar generando un clima de fuerte tensión emocional.
Por ello, los CP han de incluir la intervención emocional al final de la vida, que tiene como objetivo disminuir la sensación de amenaza, potenciar los recursos y compensar o modificar el estado de ánimo cuando sea necesario.
En este terreno, la sociedad ha ido madurando en los últimos años a través de diversos debates éticos.
Pero la facilidad y rapidez con la que la información se difunde en la actualidad hace que tengamos poco tiempo para la reflexión profunda sobre algunos temas que atañen a nuestra vida.
Este es el caso de las decisiones en el final de la misma.
¿En que momento y circunstancia nos detenemos a pensar en la muerte?
Formar un juicio reflexivo sobre el final de nuestra propia vida constituye, en realidad, una expresión de autonomía y de libertad, del deseo de cada persona de tener una buena muerte y de que los demás reconozcan y acepten esta autonomía.
A veces se considera que las peticiones de eutanasia o de suicidio asistido constituyen también una expresión de autonomía.
Para aclarar este punto, hay que recordar que el concepto de eutanasia debe incluir exclusivamente la acción u omisión, directa e intencionada, encaminada a provocar la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa y reiterada de esta.
Por su parte, el suicidio asistido consiste en la ayuda intencionada a la realización de un suicidio, ante la demanda de un enfermo competente que no pueda realizarlo por sí mismo debido a limitaciones de carácter físico.
Sabemos que estas situaciones pueden plantearse en algún momento de nuestra trayectoria personal o profesional.
Es necesario, pues, tenerlo bien trabaja-a504 do en todos los aspectos, desde la experiencia clínica, la evidencia científica, la reflexión ética y la normativa legal para dar una respuesta adecuada.
La experiencia nos dice que la expresión del deseo de morir suele ser una petición de auxilio de un ser humano que sufre física, psíquica, emocional, social y espiritualmente.
Precisamente una asistencia paliativa integral puede aliviar este "dolor total", dar respuesta adecuada a esa petición de auxilio y reconducir el deseo de morir hacia una muerte tranquila y serena.
Lo que nunca debería de pasar es que un paciente solicite la eutanasia porque no se sabe o no se pueden utilizar los multiples recursos disponibles para aliviar su sufrimiento.
La implementación de un modelo que dé respuesta a los problemas de todos los enfermos en el final de sus días, la creación y organización de recursos asistenciales adecuados y la formación específica de los profesionales implicados son fundamentales para conseguir el objetivo principal de los CP, a saber, el de mejorar la calidad de vida de los enfermos al final de sus vidas por medio de una mejora en la calidad de la atención.
ASPECTOS GENERALES DE LA ATENCIÓN AL FINAL DE LA VIDA
Las razones para el desarrollo de los CP
Existen poderosas razones demográficas, epidemiológicas y sociales que hacen necesario el desarrollo de los CP y que podemos resumir en:
• Aumento de la esperanza de vida en las últimas décadas.
Esta situación conlleva un progresivo envejecimiento de la población, de forma que actualmente en España el número de personas mayores de 65 años supone el 16% de la población y se estima que alcanzará el 20% en los próximos veinte años.
Este patrón demográfico condiciona el aumento de la prevalencia de patologías crónicas, degenerativas y tumorales que pueden evolucionar hacia una situación clínica de enfermedad terminal, incrementando de manera muy importante la demanda de atención sociosanitaria generada por los principales problemas de salud de este grupo poblacional.
Distintos estudios estiman que la prevalencia de las enfermedades crónicas avanzadas oscila entre 350 y 1.400 pacientes por millón de habitantes.
En referencia directa al cáncer, está suficientemente establecido que la edad avanzada es un factor vinculado a una mayor prevalencia y mortalidad de las enfermedades neoplásicas.
En España el 65% de las personas que fallecen por cáncer son mayores de 70 años.
Es sobradamente conocida la magnitud del cáncer como problema de salud.
De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el cáncer es la segunda causa de muerte en España, por detrás de las enfermedades cardiovasculares.
El alivio del sufrimiento en un paciente con una enfermedad en fase terminal requiere una estructura de recursos adecuada, un enfoque asistencial integral con personal formado y competente, que tenga además gran sensibilidad para acercarse a los problemas de enfermos y familiares.
El estudio SUPPORT puso de manifiesto, por una parte, las múltiples situaciones de obstinación terapéutica que sufren los enfermos y, por otra, el abandono terapéutico al que muchos pacientes se ven sometidos en relación con determinados problemas.
Aún hoy, los recursos sociosanitarios que provee el actual sistema de salud son insuficientes e inadecuados para dar respuesta a los problemas que, tanto cuantitativa como cualitativamente, plantean los pacientes y sus familias en situación de terminalidad.
La falta de formación y las dificultades de integración entre los diferentes recursos implicados en cuidados paliativos justifican la necesidad de seguir abogando por la implantación de unos cuidados paliativos de calidad (Connors et al., 1995).
Existe un interés creciente en nuestra sociedad por aspectos relacionados con la autonomía de la persona y con las decisiones en el final de la vida.
En el debate público y profesional, y desde múltiples puntos de vista, cada vez es mayor el reconocimiento del derecho a una muerte con dignidad y al alivio del sufrimiento de todo enfermo en situación terminal.
Esto ha llevado a que los diferentes gobiernos incluyan en sus programas acciones específicas en materia de planificación y legislación, que contemplen aspectos clínicos y éticos en el cuidado del paciente al final de la vida (planes de humanización de la asistencia, testamento vital, documento de voluntades anticipadas, comités de bioética).
La definición de los CP
El Subcomité Europeo de Cuidados Paliativos de la Comunidad Económica Europea definió en mayo de 1991 los CP como la asistencia total, activa y continuada a los pacientes y a sus familias por parte de un equipo multiprofesional cuando la expectativa médica no es la curación.
La meta fundamental es dar calidad de vida al paciente y a504 a su familia sin intentar alargar ni acortar la supervivencia, debiendo cubrir las necesidades físicas, psicológicas, espirituales y sociales del paciente y de sus familiares; incluso, si es necesario, el apoyo debe incluir el proceso de duelo.
Esta definición es compartida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que además añade que se trata de una ciencia médica y humana que reafirma la vida y ve la muerte como un proceso normal.
En referencia a los enfermos de cáncer, la OMS destaca que, sean cuales fueren las posibilidades de curación del paciente, el alivio del dolor y los cuidados paliativos se deben considerar como elementos integrales y esenciales de todo programa nacional de lucha contra el cáncer (véase Organización Mundial de la Salud.
Control del cáncer: Cuidados paliativos.
Guía de la OMS para desarrollar programas eficaces).
El marco de actuación de los CP, tal y como se describe en la Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud, es la atención al paciente con enfermedad avanzada, incurable, progresiva y sin posibilidades razonables de respuesta al tratamiento específico, que provoca problemas como la presencia de síntomas multifactoriales, intensos y cambiantes, con la existencia de una gran impacto emocional en enfermos, familiares y equipos de cuidado y con un pronóstico de vida limitado en el tiempo, generalmente inferior a los seis meses.
El principal objetivo de dicha atención es la mejora de la calidad de vida y el confort, definidos estos en acuerdo con el propio enfermo y su familia, con respecto a su sistema de creencias, preferencias y valores.
Siguiendo las recomendaciones de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) las bases de la terapéutica en pacientes terminales serán:
• El enfermo y la familia son la unidad a tratar.
La familia es el nucleo fundamental del apoyo al enfermo, adquiriendo una relevancia especial en la atención domiciliaria.
• La promoción de la autonomía y dignidad del paciente tienen que regir en las decisiones terapéuticas.
Esto solo será posible si se comparten con el enfermo los objetivos que se pretende conseguir.
• Concepción terapéutica activa, incorporando una actitud rehabilitadora y activa en la realización de los cuidados, superando el "no hay nada más que hacer".
• Importancia del ambiente.
Una atmosfera de respeto, confort, soporte y comunicación influye de manera decisiva en el control de síntomas.
• Atención integral que tenga en cuenta los aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales.
Forzosamente se trata de una atención individualizada y continuada.
La calidad de vida y el bienestar de nuestros pacientes antes de su muerte pueden ser mejorados considerablemente mediante la aplicación de los conocimientos actuales de los CP, cuyos instrumentos básicos son:
• Control de síntomas: saber reconocer, evaluar y tratar adecuadamentse los numerosos síntomas que aparecen y que inciden directamente sobre el bienestar de los pacientes.
• Apoyo emocional y comunicación con el paciente, familia y equipo terapéutico, estableciendo una relación franca y honesta.
• Cambios en la organización, que permitan el trabajo interdisciplinar y una adpatación flexible a los objetivos cambiantes de los enfermos.
• El equipo interdiciplinar, sin el cual sería difícil ofrecer unos cuidados de calidad.
Es importante disponer de conocimientos y habilidades en cada uno de estos apartados, que constituyen verdaderas disciplinas científicas (Centeno Cortés, Gómez Sancho, Nabal Vicuña y Pascual López, 2009).
Un modelo asistencial para los CP
El modelo asistencial que se propone para desarrollar una atención de calidad al paciente susceptible de recibir cuidados paliativos, se caracteriza por ser:
• Integral, continuo e individualizado: con una visión holística del paciente (biopsicosocial y espiritual), que facilite el soporte necesario durante todo el proceso de la enfermedad y que dé respuesta individualizada a los problemas, considerando los principios, valores y preferencias de los propios pacientes y de sus familias.
• Integrado en la red asistencial del sistema sanitario: se trata de optimizar al máximo los recursos ya existentes y de integrar dentro de la red asistencial recursos específicos que atiendan preferentemente a pacientes con enfermedad avanzada y terminal, sobre todo cuando los niveles de complejidad lo requieran.
Estos recursos estarán compuestos por equipos interdisciplinares con formación específica, protocolos y documentos de trabajo específicos, así como actividades de investigación y docencia a504 apropiadas.
Dichos equipos deberán ser reconocidos e identificados como referentes por los usuarios y las organizaciones.
• Coordinado en los niveles y servicios de atención especializada (hospitales de agudos y hospitales de media y larga estancia) y de atención primaria (equipos y modelo tradicional y unidades de apoyo domiciliario), y entre estos dos niveles.
Dadas las múltiples y cambiantes necesidades de los enfermos es fundamental coordinar los diferentes recursos en cada área de atención, creando un circuito asistencial flexible, de atención compartida y corresponsabilidad entre los diferentes niveles y especialidades implicadas.
• Abierto a la coordinación con los recursos sociales (servicios sociales, voluntariado y ONGs)
• Formado por equipos interdisciplinares y multiprofesionales: la atención al paciente con enfermedad en fase terminal no podrá ser prestada por una sola disciplina profesional, sino que requerirá la participación de diferentes profesionales, sanitarios y no sanitarios, y de un trabajo en equipo en el que, aun desarrollando cada uno tareas específicas de su especialidad, se vean en la necesidad de solapar sus áreas de intervención y de adquirir unos conocimientos y habilidades interdisciplinares que permitan un adecuado cuidado (Sociedad Española de Cuidados Paliativos SECPAL, 2016).
Estrategia terapéutica del control de síntomas
Las palabras tantas veces repetidas "no hay nada que hacer", indican un desconocimiento importante de la enfermedad en situación terminal.
Las consecuencias para el enfermo son tremendamente negativas, ya que implican o bien el abandono sanitario o bien la obstinación terapéutica.
Este fatalismo aumenta el sufrimiento del paciente, quien tiene la sensación de que nada puede aliviarlo.
El control de los síntomas físicos es uno de los pilares más importantes de los CP.
Estos síntomas son múltiples, cambiantes e intensos y tienden a aislar al paciente del mundo exterior.
Pero no se debe olvidar que existen factores que los aumentan o disminuyen.
Así, es bien conocido que el umbral del dolor disminuye con el insomnio, ansiedad, miedo o abandono social.
Frecuentemente se equipara sufrimiento con dolor físico, cuando el sufrimiento no es un síntoma sino una experiencia emocional.
No se puede aliviar el sufrimiento con medicamentos.
La búsqueda del control En este sentido, las recomendaciones de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos para el alivio de síntomas físicos son las siguientes:
• Hacer un diagnostico fisiopatológico del síntoma.
Los tratamientos deben basarse en el mecanismo de producción de los síntomas.
En el caso del cáncer hay que evitar atribuir todos los síntomas al mismo, e investigar si se deben a los tratamientos administrados, a la debilidad o a procesos concomitantes.
Se debe evaluar también su intensidad, el impacto físico y emocional que ocasionan y los factores que los aumentan o disminuyen.
Suele ser inapropiado utilizar métodos diagnósticos muy agresivos para determinar los mecanismos de los síntomas.
Debe combinarse adecuadamente la técnica con la sensibilidad para determinar las exploraciones indicadas.
• Explicar las causas de los síntomas al paciente y a su familia.
Por supuesto, esto debe hacerse utilizando un lenguaje comprensible para ellos.
Se les explicará la estrategia que se va a utilizar para el alivio de los síntomas.
La explicación de estas medidas hace que aumente la confianza del enfermo y ejerce ya una a504 acción terapéutica.
En el esfuerzo terapéutico hay que valorar el interés, la voluntad y la energía del paciente y de la familia.
• Aplicar un plan terapéutico integral.
Este plan incluye las actuaciones para cada síntoma y las orientadas al manejo de la situación terminal.
Se deben fijar plazos para conseguir los objetivos, sin olvidar la prevención de síntomas nuevos que puedan aparecer.
Es importante comentar las opciones terapéuticas con el enfermo y aceptar su decisión, potenciando así su autonomía.
La autonomía del paciente en la sociedad actual tiene cada vez mayor importancia y, por tanto, debe ser respetada y potenciada como un derecho del enfermo.
• Monitorización de los síntomas.
Se recomienda el uso de instrumentos de medida estandarizados (escalas de puntuación y escalas analógico-visuales) y esquemas de registro adecuados (esquema corporal del dolor, tabla de síntomas...).
Esto ayudará a clarificar objetivos, sistematizar el seguimiento y mejorar la calidad del trabajo mediante comparación de resultados.
• Atención a los detalles.
La actitud del equipo, mediante la creación de un ambiente terapéutico cálido, alivia muchos síntomas físicos, aumentando su umbral de percepción del sufrimiento.
• Instrucciones correctas y completas.
Explicar para qué sirve cada medicamento, los efectos secundarios que probablemente pueden aparecer y la manera adecuada de tomar cada uno de ellos contribuye a aumentar el cumplimiento terapéutico y la eficacia del tratamiento.
No es conveniente dar medicamentos a demanda, sino administrados a intervalos regulares según la duración de la acción de cada fármaco.
Con esto se evita la reaparición del síntoma (dolor, vómitos) y se logra, por tanto, la mejora del bienestar del paciente.
• Revisión continúa del tratamiento.
Deben tenerse en cuenta los efectos secundarios, las interacciones de fármacos y la sintomatología cambiante de los pacientes.
Hay que utilizar siempre medicamentos de eficacia contrastada y que se conozcan bien.
En pacientes de riesgo, como ancianos debilitados, enfermos con malnutrición y pacientes con fallos multiorgánicos, pueden aparecer efectos secundarios no previstos, entre los que se incluye la sobredosis.
• Promoción del confort.
No hay por qué limitarse al uso de fármacos, ya que otras medidas terapéuticas como el frío, calor, masajes, relajación pueden mejorar también la calidad de vida del enfermo.
La promoción del confort debe estar siempre presente en las decisiones, teniendo en cuenta que algunos esfuerzos "paliativos" bienintencionados, como la aspiración repetida de secreciones o la quimioterapia de dudosa eficacia, pueden provocar a veces más sufrimiento que confort.
Por otro lado, medidas orientadas a la prolongación de la vida, como respiradores o fármacos vasoactivos, pueden ocasionar gran disconfort y deshumanizar la muerte.
La rigurosidad en el seguimiento de estos principios conseguirá mejorar el nivel de confort de los enfermos y, por tanto, mejorar su calidad de vida en su fase final (Gómez- Batiste et al., 2002).
CP Y DECISIONES EN EL FINAL DE LA VIDA
Durante toda nuestra vida, como personas, como integrantes de una sociedad, como profesionales, nos vemos obligados a tomar decisiones de muy diversa índole.
Pero cuando llega el final ¿estamos preparados para tomar decisiones que afectan muy directamente a ese periodo de la vida?
Cabe la posibilidad de que ese final se presente de forma brusca, inesperada (por una enfermedad aguda, por un accidente...), pero cuando la vida se extingue gradualmente como consecuencia de una enfermedad evolucionada, irreversible, sin respuesta a tratamiento (cáncer, enfermedad crónica de un órgano, demencia...), podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿querría prolongar mi vida conectado a una máquina cuando ya no sea consciente de estar en este mundo?, ¿querría que me alimentasen de forma artificial si ello implica prolongar la agonía?, ¿querría que me aliviasen el sufrimiento físico y psicológico, aunque ello llevara a acortar los últimos días?, ¿sería conveniente que tomase determinadas decisiones por adelantado?, ¿tengo derecho a tomar libremente las decisiones que van a afectarme más tarde mientras todavía soy competente?, ¿tengo derecho también a estar bien informado?
En determinados momentos puede resultar complicado dar respuestas a estas y a otras preguntas que nos pueden surgir.
Son muchos los condicionantes culturales, educacionales, personales, religiosos y de otros tipos que nos van a influir y que deberían llevarnos a una profunda reflexión como personas y como profesionles; reflexión que debería, a su vez, conducirnos a buscar formación, información, ex-a504 periencia y, en definitiva, a prepararnos para tomar las deciciones más razonables en este periodo final (Núñez Olarte, 2004).
La autobiografía de cada una de las personas es única e intransferible: está entretejida y condicionada por los acontecimientos vitales, por la posición social y económica, por las actitudes personales, por nuestro origen, por la genética, por los estilos de vida, por el lugar geográfico donde hemos nacido y vivido, por nuestras creencias y valores.
Todo esto configura un modo de pensar, hacer y decidir que nos convierte en auténticos protagonistas no solamente de cómo vivimos, sino también de cómo deseamos morir.
Existen, además, circunstancias especiales en las que la muerte puede ocupar parte de nuestros pensamientos: el fallecimiento de algún ser querido, una enfermedad grave, accidentes, catástrofes, etc. A través de todo ello se va configurando nuestro concepto individual sobre la vida y la muerte, que contribuye al pensamiento común sobre la muerte cuando tratamos de definir, aclarar y expresar cómo queremos que sea nuestro ir-muriéndonos.
Es bien seguro que nos gustaría tener la ayuda competente de los profesionales de la salud para el control de los síntomas físicos y emocionales, una comunicación afectiva adecuada con nuestros seres queridos y una solidaridad natural y espontánea por parte de todos.
Pero el requisito previo e indispensable para adoptar disposiciones e incluso dejar constancia escrita de las decisiones finales es tener asumida la muerte de una forma natural, como una parte del proceso de la vida a la cual hay que mirar de cara.
Con esto, solo nos quedaría por resolver el "dolor de tener que morir".
Decir adiós y desaparecer nos va a causar tristeza e inquietud.
Llegado el momento, seguro que a todos nos quedan muchas cosas por hacer.
Por tanto, ante lo inevitable, será mejor poner nuestro empeño en vivir bellamente para que podamos poder morir de una manera hermosa, serena y sin miedo: aceptando la propia muerte (Sanz Ortiz, 2001).
Una parte importante en este proceso de aceptación tiene que ver con la búsqueda de la autorrealización y con la dimensión espiritual propia del ser humano.
Y una característica esencial de la espiritualidad es su componente experiencial y subjetivo (Fombuena Moreno, 2014).
A la espiritualidad se llega desde la vivencia y, por tanto, la experiencia espiritual se enriquece con múltiples matices individuales que se explican desde la historia personal de cada sujeto.
Tomar conciencia de esta historia personal, contemplarla y aceptarla, facilitará el reconocimiento del ser espiritual y de su desarrollo, alimentándolo de nuevas experiencias y formas distintas a las vividas con anterioridad.
La atención adecuada a la espiritualidad de la persona en el final de su vida precisa de cierta sensibilidad para detectar las necesidades del paciente en este terreno, lo cual presupone, como ejes principales de la relación entre el personal sanitario y el paciente, disposición a la escucha y respeto a las creencias y valores.
Una vision desde la lex artis
Reconocer si el enfermo se encuentra en la fase final de su vida no es una cuestión baladí.
La medicina no es una ciencia exacta, nos movemos entre ciertos márgenes de incertidumbre; para disminuir esta, los profesionales sanitarios deben basar sus actuaciones y decisiones en la evidencia disponible, estableciendo criterios que nos ayuden a determinar el final de la vida a consecuencia del avance inexorable de la enfermedad (Sanz Rubiales et al., 2006).
Por enfermedad en fase avanzada entendemos aquellas entidades nosológicas con estadios clínicos de la enfermedad establecidos y no reversibles tras un periodo de tratamiento estandarizado.
Esta situación de enfermedad avanzada llegará a la fase terminal.
Es decir, estamos ante una enfermedad avanzada, progresiva e incurable, con falta de posibilidades razonables de respuesta al tratamiento específico, con numerosos problemas o síntomas intensos, múltiples, multifactoriales y cambiantes, gran impacto emocional en el paciente, familia y equipo, con pronóstico de vida limitado.
Las posibilidades de diagnóstico y terapéuticas que el desarrollo científico-tecnológico pone a nuestra disposición pueden salvar vidas, pero también, en determinadas circunstancias, pueden llevar a una obstinación continuada que impida morir en paz.
En consecuencia, forma parte de la lex artis el limitar las actuaciones diagnóstico-terapéuticas, lo cual obliga a reconocer cuándo el enfermo se halla en el final de la vida como consecuencia de su enfermedad, a predecir las consecuencias que se derivan de la continuación o no de las actitudes terapéuticas y a conocer los deseos del paciente.
En esta línea nos ayudará a establecer unos criterios de actuación el determinar si una medida diagnóstico-terapéutica es o no adecuada teniendo en cuenta la situación clínica del paciente y las consecuencias que se prevén ante su utilización.
Para ello nos apoyaremos en los principios de: proporcionalidad (evaluar los efectos positivos y los negativos), futilidad (utilidad de los tratamientos, beneficio esperado < 5%) y calidad de vida (sentida y esperada por el paciente). a504 Algunos síntomas, como el dolor, la disnea y otros, constituyen una experiencia desagradable que lleva a buscar su alivio con todas las armas médicas a nuestro alcance, aunque ello suponga aceptar efectos secundarios no deseados ni buscados.
Es lo que se conoce como el "principio del doble efecto", que está considerado como buena praxis médica y ética.
Incluso la sedación en el final de la vida puede estar perfectamente indicada como actitud terapéutica para el alivio de síntomas y de situaciones refractarias a otros tratamientos debidamente administrados.
En esta tesitura, surgen inevitablemente preguntas cuya respuesta nos indicará si la medida es correcta desde el punto de vista de la lex artis y de la ética: ¿se han utilizado todos los tratamientos disponibles alternativos a la sedación?, ¿de quién es el sufrimiento que se pretende aliviar, del enfermo, de la familia o del equipo profesional?, ¿quién toma la decisión?, ¿al sedar de manera irreversible a un paciente se la ha arrebatado su condición de persona?
Los complejos problemas que se derivan de la puesta en práctica de la sedación al final de la vida obligan al profesional a utilizar protocolos que aseguren la buena práctica clínica y el respecto a los derechos y a la dignidad de la persona (Gómez-Batiste, Borell Busquets y Roca Casals, 2003).
Pero, en todo caso, hemos de recordar que la sedación paliativa al final de la vida busca la paliación de los síntomas refractarios que están generando un enorme sufrimiento a la persona; no pretende directamente el acortamiento de la vida, aunque este pueda producirse en algunos casos como efecto indirecto no buscado, por ello es una práctica legítima desde el punto de vista ético y de la lex artis.
Otro problema de complicado manejo es el que se refiere a la alimentación e hidratación procuradas de forma no natural cuando el enfermo pierde la facultad de deglutir y se prevé un pronóstico vital incierto.
Esta práctica sigue generando debate y preguntas éticas a la comunidad científica y a la sociedad: ¿se han tenido en cuenta los deseos del paciente?, ¿son la alimentación e hidratación cuidados básicos que no pueden ser omitidos?
O bien ¿son procedimientos que forman parte de los tratamientos médicos y sujetos, por tanto, a una indicación con unos beneficios esperados que no se llegan a obtener?
De la respuesta a estas cuestiones dependerá que consideremos las medidas de alimentación e hidratación, o su retirada, como acciones concordantes o no con la lex artis.
En general, si el enfermo está en situación de agonía irreversible, en estado de semi o total inconsciencia, no estaría indicada una alimentación artificial, liquida, por sonda nasogástrica, ya que no le aportaría ningún tipo de beneficio y sí podría causarle mayor disconfort ya que en ese estado el organismo no asimila.
La situación es diferente cuando el paciente tiene un pronóstico de vida previsible de semanas o meses, y se encuentra en mejor estado; en esa situación hay que valorar los pros y los contras antes de tomar una decisión al respecto y siempre teniendo en cuenta los deseos del paciente.
Por último, la adecuación a la lex artis de otras medidas terapéuticas, como pueden ser la administración de antibióticos, las transfusiones o la ventilación mecánica no invasiva (VMNI), dependerá del juicio de proporcionalidad sobre las mismas, establecido tras valorar los beneficios que se desean obtener y los posibles riesgos en un enfermo particular y concreto (Sanz Ortiz, 1997).
En las últimas décadas del siglo XX la ciencia médica ha experimentado un avance espectacular en el campo de la terapéutica, la revolución tecnológica y el descubrimiento del código genético.
Esta evolución de la medicina ha cambiado, en gran medida, la vida de los seres humanos.
Las medidas preventivas son más efectivas y la batalla contra la enfermedad más eficaz; todo ello ha contribuido a alargar la expectativa de vida, a pesar de lo cual siempre llegará el momento en que nos enfrentemos al proceso de morir.
Es preciso, por tanto, reflexionar sobre las demandas que plantea una sociedad llena de nuevos retos tecnológicos, humanos y éticos, integrada por personas con diferentes visiones de su proyecto vital y distinta filosofía sobre la vida y la muerte.
Por estas razones, la asistencia sanitaria, cuyos protagonistas son los pacientes y sus familias, los profesionales y la sociedad en general, plantea en la actualidad cada vez más problemas que no solo están relacionados con la práctica médica, sino también con el mundo jurídico y el complejo mundo de los valores éticos.
La práctica de la medicina está constituida por una continua toma de decisiones de orden científico-técnico y de orden moral o ético, siendo su objetivo prevenir y curar las enfermedades, cuidar de la salud y aliviar el sufrimiento.
El progreso biológico, farmacológico y tecnológico aplicado a la práctica clínica diaria ha planteado nuevos problemas asistenciales antes inexistentes.
Ha sido por ello necesario desarrollar un nuevo marco en la relación del profesional sanitario con el paciente, salvaguardando siempre los intereses del enfermo, y respetando también los conocimientos técnicos y los valores del profesional.
Pues bien, la disciplina que analiza la conducta humana, examinada a la luz de los valores y principios morales, en el campo de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, es la ética médica o bioética.
Y en particular, la ética aplicada a un campo concreto de la actividad humana -en nuestro caso, el sanitario-tiene que ser capaz de aplicar las normas y valores a ese ámbito de la vida y de la profesión.
Los valores son aquí tan importantes como los hechos.
El establecimiento científico de los hechos, como condición previa, da corrección a las decisiones médicas, mientras que los valores les dan calidad.
Pero cabe recordar que, con ser importantes las normas y los valores en abstracto, a tomar decisiones prácticas no se aprende solo con el saber general, ya que en cada uno de los pacientes hay que integrar dicho saber en lo concreto y particular.
Se trata de tener capacidad de juicio para tomar decisiones con los pacientes sobre el final de su vida.
Es sabido que en 1979 Tom L. Beauchamp y James Childress formularon la teoría de los cuatro principios, que sigue siendo hoy día el paradigma bioético dominante en el mundo sanitario.
Como modelo principalista, se centra en la acción o praxis, y otorga gran relevancia al proceso de toma de decisiones efectuado mediante la racionalidad argumentativa.
El profesional sanitario tiene la obligación de no hacer daño, según el principio ético de no maleficiencia, que delimita su campo de actuación.
Este principio hace referencia a la vida biológica que el personal sanitario tiene entre sus manos y al respeto que esta merece.
También está obligado a procurar los medios diagnósticos y terapéuticos mas adecuados a cada situación para conseguir el mayor beneficio del paciente, según el principio de beneficencia.
El otro sujeto de esta relación, el enfermo, aporta un nuevo principio, el de autonomía.
Por autonomía se entiende la capacidad de realizar actos con conocimiento de causa, con información suficiente y en ausencia de coacción interna o externa.
Desde su autonomía, la persona enferma debe intervenir en el proceso para ir decidiendo, conjuntamente con el profesional, qué es beneficioso para él.
Esta es la razón por la que ambos principios, el de autonomía y el de beneficencia, resultan inseparables: no es posible hacer el bien a los otros en contra de su voluntad.
En toda relación sanitaria existe un sujeto que, si bien no está presente físicamente, interviene de una forma u otra: la sociedad.
Los recursos humanos, profesionales y técnicos son generados por la sociedad, y los profesionales tienen la obligación de distribuirlos equitativamente y de evitar cualquier tipo de discriminación en el acceso a los mismos.
Todo ello viene exigido por el principio de justicia.
Este marco normativo parece claro, hasta que nos enfrentamos con la realidad clínica.
Los principios éticos son criterios o normas de conducta que introducen la garantía de una racionalidad argumentativa en la toma de decisiones pero por sí solos no son suficientes.
Su aplicación a la realidad no es automática, sino que exigen un proceso de deliberación posterior que permita discernir cuál es la mejor manera de respetarlos en cada uno de los posibles casos clínicos (Cruceiro, 2004).
En un paciente en el final de su vida, que recibe cuidados paliativos, son múltiples los factores que hay que tener en cuenta en la toma de decisiones, por ejemplo, aquellos relacionados con la evolución de la enfermedad (estado general, complicaciones, pronóstico...), o los que atañen a la proporcionalidad de la intervención clínica (cálculo ponderado de riesgos y beneficio esperado) o aquellos relativos a los fines y objetivos que se persiguen.
Además, hemos de tener en cuenta que afloran sentimientos y actitudes emocionales ante los procesos de muerte de los pacientes que no deben influir en nuestras decisiones.
Es muy importante que los juicios morales no se reduzcan a un mero sentimiento emocional, por ello es necesaria una reflexión racional que oriente ese sentimiento a una deliberación razonada.
En el proceso de toma de decisiones al final de la vida los profesionales sanitarios serán más efectivos y acertados en sus respuestas a retos éticos si aprenden a abordarlos de forma sistemática para llegar a decisiones prudentes o razonables.
El primer paso es el análisis de los hechos, lo cual nos obliga a una revisión detallada de la historia clínica del paciente, a evaluar la situación actual y los objetivos que hay que plantearse para así establecer, en base a ellos, unos posibles cursos de acción, como pueden ser la indicación o no de determinadas medidas terapéuticas (imprescindible revisar la evidencia disponible sobre el tema) y siempre tras conocer los puntos de vista del paciente y de sus familiares.
Si en las decisiones que se deben tomar surge conflicto de valores, habrá que identificarlos y analizarlos para establecer posibles cursos de acción.
Una visión legal y jurídica
Solo al paciente le corresponde tomar decisiones que afectan a su propia vida.
La participación y la decisión del enfermo son una ayuda inestimable en las situaciones de incertidumbre.
Hay que determinar, a tal efecto, la a504 competencia o capacidad del paciente, es decir, hemos de averiguar si este puede tomar una decisión o no, si comprende la información recibida y si puede tomar decisiones sobre la base de esa información suministrada.
Cuando el enfermo no es competente, se deberá identificar a un sustituto en la toma de decisiones.
En la práctica suele ser un miembro de la familia.
El representante o tutor sustituye al enfermo en la toma de decisiones pero siempre basándose en el mejor conocimiento de los valores del enfermo y de lo que se ajuste mejor a los intereses de este.
Estas decisiones se denominan decisiones de sustitución o decisiones subrogadas.
En cualquier caso, ya sea directamente o a través de representante o tutor, la voluntad del paciente y sus intereses han de hacerse presentes a través del consentimiento informado.
El consentimiento informado es un proceso de información y de comunicación entre el profesional sanitario y el enfermo, que puede culminar con la autorización del paciente (o de su representante) a las actuaciones diagnóstico-terapéuticas de las cuales el médico ha ponderado riesgos, beneficios y alternativas.
Para la bioética principialista el consentimiento informado se fundamenta en dos principios: la obligación del profesional de respetar las decisiones autónomas de los pacientes, así como de procurar el mayor bien a dichos pacientes y de ayudarles a realizar en lo posible su propio proyecto vital.
Se establece, pues, la obligación de realizar un proceso adecuado de consentimiento informado, solidamente fundamentado, tanto ética como jurídica y deontológicamente.
Es necesario, pues, que los profesionales dediquen tiempo suficiente a la información y comunicación, lo cual les dará la oportunidad de conocer los valores del paciente, así como su concepto de calidad de vida.
En el proceso final de la vida la información debe responder a las necesidades del paciente, a la que él mismo solicite o sea capaz de soportar.
Para llegar a conocer dichas necesidades de información es imprescindible saber escuchar.
Hay que identificar, así, las diferentes necesidades de información propias de cada enfermo.
Conviene entonces valorar la conveniencia o no de la abstención justificada (privilegio terapéutico).
Y a partir de ahí, es preciso proporcionar la información teniendo en cuenta ya las necesidades y características del paciente, su biografía y las aportaciones que pueda hacer la familia.
El objetivo de todo el proceso informativo es el de potenciar la autonomía del enfermo (véase Sociedad Española de Cuidados Paliativos SECPAL, 2016).
En este sentido, la ley general de sanidad en su artículo 10 destaca de manera clara la importancia del respeto a la autonomía de las personas enfermas.
Tal respeto ha esta-do tradicionalmente muy lejos de los valores de nuestro entorno sociocultural y profesional, en el que ha destacado el paternalismo en la relación profesional sanitario-paciente.
Pero ha pasado el tiempo suficiente para permitir el desarrollo de nuevas leyes, tanto en el ámbito estatal como autonómico, que reafirman el hecho de que el titular del derecho a la información es el paciente.
El médico es el responsable de garantizar ese derecho.
Las personas vinculadas al paciente, por razones familiares o de hecho, solo serán informadas en la medida en que el paciente lo permita de manera expresa o tácita.
Las leyes referidas contemplan dos instrumentos principales como garantes de la autonomía: el proceso de consentimiento informado, en el caso del paciente capaz, y el documento de voluntades anticipadas, cuando el paciente se encuentre en situación de incapacidad.
Los profesionales sanitarios y las organizaciones a las que pertenecen deben velar activamente para que este derecho fundamental de los pacientes sea respetado, procurando así una atención con un nivel adecuado de excelencia moral.
Para que se cumplan las exigencias éticas y jurídicas del consentimiento informado han de respetarse unos elementos normativos:
• Que sea un proceso continuo, dialógico (hablado), comunicativo, deliberativo y prudencial.
En ocasiones requiere apoyo escrito y siempre debe ser registrado de forma adecuada.
No se trata, pues, de un hecho aislado centrado en un formulario que el enfermo tiene que firmar.
• Voluntariedad, es decir, se trata de un acto libre, no coaccionado ni manipulado.
• Información suficiente, que incluya no solo la naturaleza, objetivos y posibles efectos secundarios de la acción o decisión que hay que llevar a cabo, sino también las diferentes opciones alternativas existentes, con sus respectivos beneficios y riesgos.
• Información comprensible, adaptada a las peculiaridades socioculturales del paciente, haciendo uso correcto del lenguaje verbal, no verbal y escrito.
• Capacidad por parte del paciente para comprender la información, evaluarla y comunicar su decisión.
Finalmente, tras el proceso de deliberación, el paciente toma una decisión que es de aceptación o de rechazo de las medidas diagnóstico-terapéuticas propuestas por el profesional.
Dicha decisión marca, con frecuencia, el punto de partida de un nuevo proceso de deliberación y toma de decisiones.
Las herramientas de aplicación práctica que permiten realizar un proceso correcto de consentimiento informado son: a504
• Técnicas de entrevista clínica, soporte emocional y relación de ayuda.
• Protocolos de evaluación de la capacidad de la persona, que nos permitan establecer cuándo un paciente está en condiciones de tomar decisiones.
• Formularios escritos de consentimiento informado que sirvan para apoyar el proceso oral, para ser registrados y, en su caso, para probar legalmente que se dio información y se obtuvo el consentimiento.
En cuidados paliativos la finalidad y los objetivos del consentimiento informado permanecen inalterados pero la metodología, estructura y proceso pueden presentar ciertas dificultades derivadas de la especial vulnerabilidad de la persona en fase avanzada de su enfermedad con una expectativa de vida corta.
Son muchos los pacientes que, llegados a esta fase al final de la enfermedad, atendidos por equipos de cuidados paliatios, presentan un grado tal de deterioro físico, cogntivo o emocional que se hace muy difícil establecer una adecuada comunicación para dar información y plantear las decisiones que hay que tomar.
Cuando esto ocurre hay que recurrir a la familia para informar y averiguar los valores, deseos y condicionamientos expresados por el paciente durante la trayectoria de su vida y enfermedad, a fin de tomar las decisiones en base a ellas.
Consideremos ahora la cuestión de las voluntades anticipadas.
El documento de voluntades anticipadas (Broggi, 2001) permite a una persona mayor de edad y con capacidad suficiente, de manera libre, participar en sus cuidados y planificar su futuro mediante la expresión de sus deseos, para cuando no sea capaz de tomar decisiones por sí mismo y otros deban hacerlo en su lugar.
Puede incluso designar en él a un representante como interlocutor válido.
Dicho documento nos permitirá conocer el concepto de calidad de vida del paciente, y contribuirá a disminuir la tensión que supone el tomar decisiones en condiciones de incertidumbre.
A falta de un documento de voluntades anticipadas, la tensión se produce especialmente cuando el enfermo no está capacitado para tomar decisiones y no existe un acuerdo entre sus representantes, o entre estos y los profesionales sanitarios, a la hora de tomar una decision.
Todas las personas que participan en la relación clínica deberían esforzarse entonces por conocer qué hubiera deseado el enfermo en esas circunstancias concretas.
Pero a menudo no resulta fácil, dada la complejidad de las decisiones que hay que tomar.
Sustituir las decisiones de otra persona, sobre todo en el final de su vida, entraña una enorme responsabilidad.
Si las opiniones discrepan abiertamente y no se puede alcanzar un consenso, existe la opción de consultar al Comité de Ética Asistencial (CEA).
Se trata de una comisión consultiva e interdisciplinar al servicio de los profesionales y usuarios de una institución sanitaria, creada para analizar los posibles conflictos éticos que se producen a consecuencia de la labor asistencial y asesorar en su resolución.
El objetivo principal del CEA es el de mejorar la calidad ética de la asistencia sanitaria.
El CEA trata de facilitar el proceso de decisión en los casos más conflictivos, asesorando a los profesionales para que puedan tomar la decisión más prudente posible teniendo en cuenta todos los valores implicados.
La ética enfocada hacia un campo concreto de la actividad humana, el de la atención en el final de la vida, tiene que ser capaz de aplicar las normas y valores a ese ámbito de la vida y de la profesión.
Vemos, así, que la responsabilidad por el ser humano y el vínculo que se establece con la persona que muere crea obligaciones para con esa persona: cuidarla es tanto como reconocer en ella su dignidad y diferencia.
Pero a tomar decisiones no se aprende solo con el saber general, ya que a cada uno de los pacientes hay que integrarlo en lo concreto y particular.
Se trata de desarrollar, también desde la experiencia de la práctica diaria, la capacidad de juicio para tomar decisiones con los pacientes sobre el final de su vida.
En este sentido, y como conclusión, podríamos afirmar que los CP representan la respuesta de las ciencias de la salud al imperativo ético de ayudar al enfermo y a su familia a afrontar la experiencia del sufrimiento antes la muerte desde una perspectiva holística donde se integran la dimensión física, psíquica, social y espiritual del ser humano.
Conseguir que el paciente, a pesar de su enorme fragilidad, pueda vivir plenamente los últimos momentos de su vida en función de sus valores, es el gran reto de la medicina paliativa de este siglo. |
entre estudiantes de los cursos de ingeniería ha mostrado que las mujeres no ocupan más que 12 % (en general) de las plazas de la Institución.
El curso con más estudiantes es el de Ingeniería Civil, mientras el curso con el más pequeño número de mujeres es el de Mecánica.
La metodología de la investigación ha sido cualitativa.
Las entrevistas con chicas-chicos de los cursos investigados revelaron que hay discriminación entre los estudiantes que no consideran a sus compañeras de curso competentes para los estudios de ciencias exactas.
Para que sean respetadas ellas tienen que estudiar mucho más que ellos, pero, aunque logren muy buenas evaluaciones, reconocen que en el mercado laboral tendrán menos oportunidades de trabajo que sus colegas.
Entretanto, los cambios de género entre los y las estudiantes evidencian que las mujeres están conquistando espacios importantes. |
La descripción del itinerario investigador de la biología de las células troncales permite una reflexión sobre la racionalidad de la creatividad científica.
En 1998 aparecieron las células troncales procedentes de embriones humanos.
Inmediatamente llegaron, motivadas por razones ideológicas, políticas y económicas, las especulaciones sobre sus posibilidades terapéuticas.
Pero las dificultades para su uso médico resultaron insuperables.
En 2007 aparecieron las células troncales humanas de pluripotencialidad inducida (iPS).
Esta trayectoria investigadora revela aspectos claves del pensamiento creativo en ciencia: a) La importancia de la motivación ética para encontrar un punto de partida no destructivo que marca la racionalidad del camino: los procesos fisiológicos ocurren en la unidad de un organismo vivo. b) La necesidad de un conocimiento profundo de la experiencia científica acumulada para escoger la vía más natural. c) La visión de futuro que agota las posibilidades que ofrecen las pruebas en animales, y que encuentra aplicaciones útiles a los conocimientos que se van obteniendo. d) La imprescindible responsabilidad sobre las consecuencias.
En el año 1998 se aislaron las primeras células troncales embrionarias, con lo que se cerraba el siglo XX y comenzaba el "siglo de la biotecnología" con grandes proyectos en marcha.
El Proyecto Genoma, posiblemente el más famoso y esperado de todos, parecía estar culminando con éxito su recorrido.
En el 2003, para conmemorar los cincuenta años de los trabajos de Watson y Crick, que llevaron al conocimiento de la estructura del ADN, se publicó la versión definitiva del mapa genético humano.
El Proyecto Genoma no era por entonces el único gran proyecto.
En el área de la biología del desarrollo se había especulado sobre las posibilidades que ofrecerían las técnicas de transferencia nuclear tras la clonación de la oveja Dolly en el año 1997.
Especular y proyectar lo que se podría lograr en poco tiempo, si se aplicaban estas técnicas a los seres humanos, resultaba inevitable.
Los que soñaban con la clonación reproductiva comenzaron a manifestar sus deseos de hacerla realidad con la intención, en principio, de salvar especies animales en vías de extinción.
Las técnicas de fecundación artificial se habían extendido por el mundo, y la sociedad se había ido acostumbrando a la producción de cientos de miles de embriones humanos "sobrantes", conservados en frío.
La alianza de esta tecnología con los conocimientos genéticos derivados del Proyecto Genoma hizo aparecer el diagnóstico genético de los embriones, efectuado antes de su transferencia al útero e implantación.
Dicho diagnóstico posibilita la selección de aquellos embriones que poseen las características deseadas.
En este ambiente se aislaron las primeras células troncales embrionarias.
El trabajo del equipo de James A. Thomson fue el comienzo de toda una historia en la que la ciencia y la tecnología, por un lado, y las presiones sociales, económicas y políticas, por otro, marcaron una trayectoria cuyo desenlace final en poco se parece a las promesas iniciales.
La existencia de una "célula madre", troncal de todas las troncales, aislable a partir del embrión in vitro, hizo especular a muchos sobre lo que se podría alcanzar en el tratamiento de las secuelas de accidentes y en el de las enfermedades crónicas, degenerativas e incurables.
Los aspectos tecnológicos eran simples y no fue necesaria ninguna proeza biotecnológica.
La biología del desarrollo había avanzado bastante desde que se describieran los primeros pasos del desarrollo em-brionario a comienzos del siglo XX.
Un hito para el conocimiento de este proceso fue, sin duda, el hallazgo de las técnicas de transferencia nuclear en anfibios, debido a John Gurdon, en 1962.
Otro hito crucial, también sin duda, fue el aislamiento de las células embrionarias de ratón logrado por el equipo de M. J. Evans en el año 1981.
La ingeniería genética comenzaba a mostrarnos, a mediados de los años 80 del siglo pasado, las posibilidades que ofrecía el desarrollo de animales transgénicos.
LOS INICIOS DE LA INVESTIGACIÓN CON CÉLULAS TRONCALES
Múltiples líneas de investigación, así como nuevos conocimientos, se desarrollan simultáneamente durante estos años.
Algunas de ellas se concretaron en hallazgos específicos que probablemente tendrán una validez permanente; el tiempo decantará su impacto sobre el progreso de la biomedicina.
Obviamente, abrir la puerta a la medicina regenerativa es tanto como adentrarse en una gran aventura.
Desde los trabajos de Lazzaro Spallanzani, realizados en torno a 1770, se habían ido acumulando conocimientos sobre la producción natural de procesos regenerativos.
Por otra parte, la magnífica trayectoria de investigación sobre el cáncer había puesto de manifiesto que la búsqueda decidida de soluciones a un grave problema de salud conduce a descubrimientos básicos de gran valor.
Con esta investigación, en la que lo aplicado y lo teórico se fundieron desde el inicio, se hizo evidente que el proceso de desarrollo retrocedía en las células cancerosas al alterarse los procesos de control que van cerrando puertas a la reversibilidad de la diferenciación.
Pero la historia de la investigación con células troncales humanas comienza propiamente con los primeros años del siglo XXI.
Se considera el año 1998 como el momento de este arranque, con el aislamiento y cultivo de las células troncales embrionarias procedentes de la destrucción de embriones humanos almacenados en los centros de reproducción humana asistida.
Algunas investigaciones con células troncales procedentes de organismos a término o de adultos ya se venían realizando desde la década de los noventa.
En estos años comienza a entreverse la posibilidad de que dichas células puedan ser utilizadas para tratar enfermedades.
A partir de ese momento se dilucidan y conocen con profundidad conceptos tan fundamentales como la pluripotencialidad, la plasticidad celular, la reprogramación celular y los factores de transcripción y traducción relacionados con los estados de indiferenciación y diferenciación.
El año 2008 es reconocido como el final de la era de las células troncales procedentes de embriones.
Había pasado una década desde que comenzó la investigación sobre las mismas.
Solapándose con los últimos años de esa década se inició, en el año 2007, la era de las células con pluripotencialidad inducida (iPS).
Cinco años después, en 2012, el pionero de esta línea de investigación, Shinya Yamanaka, recibiría, junto a John Gurdon, el Nobel de Medicina y Fisiología.
La aportación esencial de ambos fue el descubrimiento de que el proceso de desarrollo biológico no es estrictamente one way street.
El proceso de desarrollo de un organismo desde el estado pluripotencial embrionario hasta la diferenciación y maduración podría lograrse in vitro.
Pero también en sentido inverso, e igualmente in vitro, una célula somática diferenciada puede ser reconducida hacia atrás, hacia el estado pluripotencial.
El continuo debate que ha rodeado este campo científico hace pertinente una reflexión sobre la lógica y la ética de la investigación biomédica, máxime cuando estamos ante temas de actualidad, con un futuro prometedor para la biomedicina, pero lastrados desde el inicio por una fuerte carga ideológica y economicista.
Ante la concesión de este premio Nobel en 2012, las reacciones de la comunidad científica y de los medios de comunicación no han sido precisamente de indiferencia.
Junto a un reconocimiento unánime del valor de los estudios pioneros sobre los mecanismos y regulación del carácter pluripotencial, muchos han destacado el enfoque ético de la investigación liderada por Yamanaka, mientras que unos pocos han tratado de minimizar su valor.
Hay al menos dos aspectos que merecen una reflexión.
Uno está expresado ya en el resumen inicial del trabajo seminal de Yamanaka (Takahashi y Yamanaka, 2006), en el cual se afirma que el debate sobre el parecido entre las iPS y las células pluripotenciales sacadas de embriones ha de ser conducido desde la ciencia y no desde la política o la economía.
Un segundo punto se refiere a la creatividad de la investigación científica.
En momentos como estos, de una confrontación de tal magnitud y con intereses de todo tipo, la ciencia sale a flote cuando aparece un científico que ofrece un cambio de paradigma.
Esta creatividad exige del investigador un profundo sentido de la libertad frente a intereses extracientíficos.
La racionalidad de la investigación científico-técnica exige una acertada elección de los materiales de partida, especialmente cuando dicha investigación se halla ante el inicio de un nuevo abordaje a un problema.
En nuestro caso, aparecieron dos estrategias generales, cada una de ellas basada en un tipo de material de partida.
La primera optó por emplear células troncales provenientes de embriones, para tratar de diferenciarlas controlando su proliferación; la segunda utilizó células troncales provenientes de tejidos adultos -células somáticas-para tratar de desdiferenciarlas, de rejuvenecerlas, a fin de que se multipliquen, y de diferenciarlas de nuevo hasta a un estadio adecuado para la acción terapéutica buscada y que de suyo poseen.
De la naturaleza de los materiales de partida dependerá, a su vez, la tecnología que se deberá aplicar para alcanzar el objetivo terapéutico que se persigue.
No será lo mismo basar la terapia en una célula embrionaria, que no es compatible inmunológicamente con el paciente, que rejuvenecer células somáticas procedentes del propio paciente.
Como muestra la experiencia, existen dificultades comunes pero del punto de partida depende que se encuentren soluciones terapéuticas sólidas y reales.
En ambos casos, ha de estar presente un control adecuado, de forma que no se transformen en células tumorales.
En ambos casos, es preciso trabajar para la obtención de conocimientos básicos de biología molecular, genética y biología del desarrollo que están aún fase incipiente: como por ejemplo los conocimientos sobre los procesos que median la plasticidad celular, sobre la reprogramación celular por transferencia nuclear, sobre los factores de transcripción y su función reguladora, o sobre los factores de reprogramación.
Hasta aquí las dificultades comunes.
Las diferencias, en cambio, afectan a la propia racionalidad de la investigación.
Y la investigación científica posee una racionalidad tan fuerte que, cuando se respeta, arrastra consigo la racionalidad ética, sin necesidad de añadidos, al margen de que la sociología de la ciencia pueda detectar otros criterios de influencia en el avance científico.
Es evidente que elegir como material de partida para la investigación embriones humanos, obtenidos por las técnicas de fecundación in vitro, para derivar de ellos células troncales, obligaba a atravesar desde el principio un límite que muchos científicos -y una buena parte de la sociedad-no estaban dispuestos a sobrepasar.
He analizado el debate durante el tiempo en que se produ-a505 jo, poniendo de manifiesto las presiones ideológicas y economicistas, así como los intereses políticos que han acompañado este capítulo de la ciencia (López Moratalla, 2004; López Moratalla, 2005; López Moratalla, 2007; López Moratalla, 2009).
Se ha dicho, y con acierto (Pera, 2011), que la cuestión de las células madre derivadas de los embriones humanos no ocupará más que a lo sumo una nota a pie de página en la historia de la ciencia.
Antes de recurrir a los embriones humanos se hubieran usado los de ratón, como prevén los protocolos científicos, ese capítulo podría haber ocupado otro lugar.
Posiblemente, en ese caso, tampoco se hubiera producido un fraude como el de la supuesta clonación terapéutica, protagonizado por el surcoreano Woo-Suk Hwang durante los años 2004 a 2006, y cuyos colaboradores norteamericanos lograron eludir.
No es un tema aislado este de la clonación: la línea de investigación con células embrionarias requirió desde el principio el uso de la técnica de transferencia nuclear para obtener embriones "a la carta", de los cuales extraer células pluripotenciales.
Quizá lo más grotesco del fraude no fue la ignorancia del protagonista sino la pretensión de los interesados en la clonación de que solo a ellos se les permitiera intervenir para desenmascarar los resultados publicados.
Aun en la década siguiente, se han dado intentos de justificar la aplicación de una tecnología (Tachibana et al., 2013) que, como evidencian los conocimientos disponibles y los límites de la biología del desarrollo, no permite llevar a término la supuesta clonación terapéutica.
Estos desajustes se deben posiblemente a que la biotecnología se ha vuelto muy sofisticada, y depende económicamente de intereses empresariales e industriales, lo cual hace a veces que la investigación quede sesgada por la lógica del mercado y por los conflictos de intereses que limitan con demasiada frecuencia la libertad del científico (Petryna, 2011).
De hecho, en 2006, las políticas científicas de algunos países, así como las líneas editoriales de algunas revistas especializadas, estaban marcadas por la promesa de bancos mundiales de células troncales para la investigación y terapia de cualquier tipo de enfermedad y adaptadas a cada paciente.
LAS RAZONES DEL FRACASO DE LAS CÉLULAS PROCEDENTES DE EMBRIONES
Cuando muchos países se preparaban para legislar sobre las técnicas de reproducción asistida, sobre la experimentación con embriones y sobre las células troncales procedentes de embriones, se generó una serie de argumentos con el objetivo de debilitar el estatuto ético del embrión humano.
Argumentos que no prueban lo que afirman (Herranz, 2013).
Y lo que afirman es, en resumen, esto: a) la irrelevancia de la fecundación; b) la inexistencia del embrión en las primeras fases del desarrollo; c) la gemelación monocigótica como fisión del embrión; d) la formación de quimeras tetragaméticas; e) la totipotencialidad de los blastómeros.
Dichos argumentos constituyen un ejemplo paradigmático de cómo una biología débil lleva necesariamente a una bioética engañosa.
Aunque esta concepción ficticia del embrión estaba siendo negada ya entonces por la biología del desarrollo, por la genética y por la biología molecular, la presión ideológica y económica había logrado que en colectivos de investigación y atención médica se estableciesen estas nociones como la medida de muchas decisiones, y en concreto como el criterio para la destrucción de embriones orientada a la obtención de células troncales.
Efectivamente, la idea ficticia de lo que es un embrión falsea la naturaleza de una célula embrionaria.
La célula embrionaria no es totipotencial, y su pluripotencialidad -o capacidad de diferenciarse en células de cualquiera de las tres capas germinales embrionariasno es controlable in vitro.
Las células procedentes de embriones carecen, in vitro, de estabilidad epigenética (Rugg-Gunn, Ferguson-Smith y Pedersen, 2007): los mecanismos que controlan la diferenciación in vivo por cambio en la estructura de la cromatina no son los mismos in vitro (Sims y Reinberg, 2009).
La clonación terapéutica buscaba la obtención de blastocistos genéticamente idénticos a partir de una célula somática de una persona con enfermedad degenerativa o crónica, y ello mediante el uso de las técnicas de transferencia nuclear (Gurdon, 1962).
La hipótesis planteada era que el citoplasma de los óvulos sería capaz de reprogramar los núcleos de las células somáticas, con lo que se lograrían células pluripotenciales a partir de los blastocistos obtenidos por transferencia nuclear.
La mayoría de los investigadores reconocen que en el año 2003 no se tenía conocimiento real de las causas del fallo en los resultados de la transferencia nuclear (Gurdon, Byrne y Simonsson, 2003).
Como habitualmente ocurre, estos trabajos permitieron descubrir nuevos factores de transcripción cuyo conocimiento ha resultado de gran valor.
No obstante, el fracaso del uso terapéutico de células procedentes de embriones, así como de la clonación terapéutica, es un fracaso ético, provocado por la aceptación de las falacias, convertidas en dogmas científicos, sobre la carencia de carácter individual del a505 embrión.
En efecto, las células embrionarias aisladas de la unidad del individuo carecen de control y, por tanto, de utilidad terapéutica.
Por añadidura, toda terapia invasiva que supone la destrucción de un ser vivo requiere una fuerte justificación, aunque el fin sea en última instancia terapéutico.
Se suman además las consecuencias negativas para la salud de las mujeres donantes, así como su exposición al mercado de comercialización de material humano que facilita los ovocitos destinados a la clonación terapéutica.
La Food and Drug Administration (FDA) aprobó en los Estados Unidos en 2009 el primer ensayo clínico con derivados de células troncales embrionarias humanas.
Este estudio debía demostrar la seguridad y la eficacia de la inyección en pacientes con lesión aguda de la médula espinal de células progenitoras de oligodendrocitos.
Estas células se obtenían a partir de la diferenciación en el laboratorio de células troncales embrionarias humanas (Philonenko, Shutova, Chestkov, Lagarkova y Kiselev, 2011).
La compañía biotecnológica Geron anunció algún tiempo después que abandonaba por motivos financieros el único ensayo clínico con células embrionarias, para poder centrarse en medicamentos el cáncer.
Una querella interpuesta ante el Tribunal Supremo Europeo por Greenpeace de Alemania, en contra de la posibilidad de patentar líneas celulares de origen embrionario, desembocó en la prohibición de dichas patentes, en conformidad con la dignidad del embrión humano.
Pero, aun en 2014, y a pesar de los escasos resultados obtenidos, la revista The Lancet publicó un artículo (Schwartz et al., 2014) sobre el uso de células embrionarias para tratar pacientes con degeneración o con distrofia macular.
LA ERA DE LAS CÉLULAS CON PLURIPOTENCIALIDAD INDUCIDA (IPS)
A finales de 2007 el investigador japonés Shinya Yamanaka publicó un trabajo donde presentaba los resultados de la inducción al estado de pluripotencialidad, mediante la reprogramación genética, de fibroblastos de la piel de la cara de una mujer de 36 años (Takahasi et al., 2007).
Este trabajo, que fue recibido con asombro y admiración por gran parte de la comunidad científica, significó una aportación definitiva a la investigación con células troncales (Zacharias, Nelson, Mueller y Hook, 2011).
Además, a partir de ahí, se haría muy difícil justificar la investigación con células procedentes de embriones.
De hecho, no fue casual que la revista Science hiciera coincidir la publicación del trabajo de Yamanaka con la publicación de un trabajo, en la misma línea y con resultados similares, de James Thomsom (Junying et al., 2007), con la pretensión de presentarle como uno de los precursores de las iPS.
Sin embargo, ya en el año 2006 Yamanaka había publicado un trabajo en el que mostraba los mismos resultados con células de ratón, dejando claro ante la ciencia los fundamentos de sus resultados y la prioridad en el descubrimiento (Takahashi y Yamanaka, 2006).
Durante años la estrategia para el descredito de las iPS ha consistido en confrontarlas con las células obtenidas por las técnicas de transferencia nuclear, exagerar sus defectos y exigir que los trabajos con células iPS tuvieran obligatoriamente que usar como control último y estándar dorado (gold standard) las células procedentes de embriones.
Desde el inicio, Yamanaka dividió las posibilidades de aplicación clínica de las iPS en aplicaciones para la medicina regenerativa y aplicaciones in vitro.
Hasta el momento se han conocido tres áreas de aplicación clínica de las iPS: terapias de sustitución celular, modelaje de enfermedades para el descubrimiento de drogas específicas y toxicología y farmacología predictiva (Yamanaka, 2010).
Es posible lograr iPS a partir de diversos tejidos, incluso de donantes enfermos -por ejemplo, de pacientes con atrofia muscular (Ebert et al., 2009)-, lo que aporta un material de enorme valor para conocer los mecanismos moleculares de diversas enfermedades y para diseñar y probar terapias y fármacos con modelos celulares humanos (Yamanaka y Blau, 2010).
La necesidad de modelos humanos es evidente, y los primeros modelos conseguidos han sido adipocitos (Taura et al., 2009) y cardiomiocitos (Zhang et al., 2009).
Por otra parte, la investigación en células iPS ha inspirado nuevos abordajes y se han creado nuevos paradigmas para la terapia regenerativa.
Nada más conocerse la reprogramación de células de adulto, Rudolf Janisch, con su profundo conocimiento de la clonación en ratón, pudo comprobar que, al menos en ratón, las iPS propias podían ser utilizadas para curar una anemia (Hanna et al., 2007).
Posteriormente, se han hecho otros progresos hacia el uso de iPS en medicina regenerativa humana.
A su vez, Douglas Melton, de la Universidad de Harvard, ha avanzado hacia una terapia regenerativa espectacular: la reprogramación in vivo.
Creó un sistema de trazado de las células que le ha permitido generar in vivo por trans-diferenciación, células capaces de convertirse en productoras de insulina en los ratones a505 (Zhou, Brown, Kanarek, Rajagopal y Melton, 2008).
A comienzos de 2016, ya se ha hecho evidente tanto que el descubrimiento de las células iPS cambió el campo de la medicina regenerativa como que inspiró el desarrollo tecnológico de reprogramación celular directa.
De hecho, la reprogramación directa ha demostrado ser eficaz para una amplia gama de tipos celulares.
Las células somáticas son más plásticas de lo previsto, y los factores de transcripción, los micro-RNAs, factores epigenéticos, así como el microambiente celular, son importantes para especificar el destino celular.
En marcha está (Sadahiro, Yamanaka y Ieda, 2015) la reprogramación in situ de fibroblastos cardíacos como un nuevo método para regenerar el miocardio dañado.
Los conocimientos del proceso de desdiferenciación-rediferenciación a través de la reprogramación al estado pluripotencial ayudarán, sin duda, a la reprogramación directa in situ, probablemente el mejor sistema para la medicina regenerativa.
LA CREATIVIDAD EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
El pensamiento creativo es fundamental, no solo para las artes, sino también para las ciencias.
Yamanaka no se quedó en una crítica al abordaje que estaba planteado, y que había sido patrocinado por intereses ideológicos y economicistas, sino que tomó una decisión: no usar ni embriones, ni óvulos humanos como materiales de experimentación (Yamanaka, 2009a).
Los embriones son seres humanos, y los óvulos, un peculiar tipo celular que transporta la herencia genética cuya obtención requiere manipulación de la endocrinología femenina.
Esta decisión le impulsó a crear y configurar un sistema alternativo que pudiera conducir, andando el tiempo, a una terapia real.
Hay etapas en las diversas áreas científicas en las que la investigación es repetitiva, confirmadora de resultados, una mera aplicación de las mismas técnicas a otras materias similares...
La comunidad científica parece descansar entonces en una especie de burocracia, como si dispusiera de una especie de cerebro colectivo.
Afortunadamente, la mente es atributo de la persona y la persona puede liberarse de la subordinación a las opiniones y deseos de los otros.
Para ello es imprescindible atreverse a pensar.
Las neurociencias actuales (Beaty, Benedek, Silvia y Schacter, 2016) han encontrado el quid que subyace al pensamiento creativo.
Dos redes cerebrales cooperan dinámicamente y de forma antagónica.
La red por defecto, o en estado de reposo, mantiene la actividad mental centrada hacia dentro cuando no hacemos nada, no pensamos en nada.
En ese estado, la mente errante autogenera pensamientos, hace simulaciones mentales y maquina con el futuro.
Echar las redes lejos para recoger nuevos datos e imaginar modelos es esencial para el avance de la ciencia, así como la visión de futuro, ya que la ciencia es progresiva y la vista ha de proyectarse a horizontes a largo plazo.
Las funciones estratégicas de la otra red, la red de control ejecutivo, se integran para apoyar procesos cognitivos complejos, en particular los dirigidos a un objetivo, como el de generar un nuevo paradigma.
La cognición creativa se entiende, así, como un conjunto de procesos cognitivos que apoyan la generación de ideas nuevas y útiles.
En Yamanaka se da una motivación fuerte para inventar un punto de partida que marca la racionalidad del camino en el que dejar a la mente vagar.
Es importante para él no olvidar que los procesos fisiológicos ocurren en la unidad de un organismo.
Dará la vuelta al planteamiento en boga al observar cómo se pierde in vitro algo que de forma natural se ha adquirido con el desarrollo vital.
Tratar de que unas células adquieran in vitro funciones o propiedades para cuyo desarrollo se necesita el nicho natural en que están situadas en el organismo completo es un sistema que ya nace deficiente.
Una clave imprescindible es siempre conocer, para imitar, lo que ocurre de forma natural.
La lógica de la vida indica que el organismo está muy bien hecho y que, por tanto, la curación debería conllevar el mínimo posible de destrucción o invasión.
La lógica de la investigación científica, y la experiencia acumulada a lo largo de generaciones de brillantes investigadores, aportan siempre las vías para escoger la alternativa no destructiva, la que menos invada el organismo, la más parecida a la vía natural.
Se requieren controles interiores que encaucen estratégicamente la mente, para lo cual resulta imprescindible el conocimiento profundo de las investigaciones realizadas previamente por otros sobre los procesos reversibles y los irreversibles en el desarrollo orgánico.
Es preciso también, antes de emprender investigaciones en humanos, agotar las posibilidades que ofrecen las pruebas en animales, tanto para los ensayos de nuevas terapias como para conocer el funcionamiento natural.
Una gran cantidad de conocimientos, extrapolables en su mayoría a las células humanas, se puede alcanzar mediante experimentos con ratones y permite comparar así las células embrionarias con las iPS.
Lo a505 que se aprenda así acerca de los marcadores y de los mecanismos de diferenciación en el desarrollo embrionario guiará la investigación sobre las iPS humanas y su diferenciación.
Para estas comprobaciones no se requiere la obtención de células pluripotenciales de embriones humanos, ni siquiera su uso directo como controles.
La creatividad científica de Yamanaka es la que ha hecho posible, junto con el trabajo de su equipo, una proeza obtenida en 2009 gracias a una original estrategia (Aiba et al., 2009): encontraron los marcadores biologicos de las etapas de diferenciación durante el desarrollo embrionario del ratón.
Ello permite averiguar en qué estado de diferenciación se halla cada celula.
El objetivo de toda esta línea de investigación consiste en lograr para las células de adulto un alto nivel de pluripotencialidad, pues la función natural de las células pluripotenciales es la de regenerar lo alterado, y deben ser en consecuencia la base fundamental de las terapias.
Sin embargo, generalmente estas células son escasas en el organismo y crecen poco in vitro (Yamanaka, 2009b).
Se trata, por tanto, de rejuvenecer células diferenciadas.
Pero no es necesario llevarlas al estado embrionario.
Por tanto, no se necesita que se parezcan tanto a las derivadas de embriones como muchos quieren exigir.
En el momento en que comenzó su estudio, se conocían unos 24 factores de la pluripotencialidad.
Pero hacía falta describir los procesos de transcripción de los genes de la pluripotencialidad, así como diseñar un procesamiento que permitiera seleccionar los factores indispensables para lograr la pluripotencialidad.
Ciertamente, el trabajo de aislar y de caracterizar las iPS de fibroblastos de ratón no nos asegura el conocimiento de los mecanismos para derivar iPS a partir de células somáticas humanas.
No obstante, una vez que se definieron los cuatro factores inductores (Oct 4, Klf4, Sox2, c-Myc) de la pluripotencialidad, la posibilidad de probarlos en células humanas era solo cuestión de tiempo.
De hecho, en poco más de un año, varios grupos de investigadores redefinieron la metodología en ratones y extendieron la reprogramación a las células humanas (Daley, 2010).
La técnica es sencilla y multitud de laboratorios se han lanzado a aplicarla.
Yamanaka no rehúye el esfuerzo de promover el análisis comparativo entre las iPS obtenidas por diversos métodos y en diversos laboratorios.
De esta forma, se puede establecer cuáles son las líneas que aseguran la diferenciación total, así como avanzar en su uso en medicina regenerativa.
Se trata de evaluar la efectividad y seguridad de los miles de clones y subclones de iPS, generados por los diferentes sistemas técnicos que se vienen utilizando.
Desde el inicio aparecieron dudas razonables sobre las posibles aplicaciones de las iPS a la medicina.
En primer lugar, no es muy eficaz el proceso de obtención.
Yamanaka ha estudiado los porqués, y ha entrado en el complejísimo análisis necesario para diferenciarlas una vez que han sido rejuvenecidas hasta el estadio de pluripotencialidad.
Y desde ahí ha procedido hacia el objetivo final: hacerlas crecer y diferenciarlas in vivo.
Sin embargo, y aunque no se logre completar todo el proceso, ya hay una primera aplicación a corto plazo.
Para la biomedicina ha sido de especial interés el hecho de que se haya logrado inducir pluripotencialidad en células somáticas procedentes de pacientes (Park et al., 2008) afectados por dolencias de origen genético y por enfermedades degenerativas.
Esta posibilidad aporta un material insustituible para investigar los mecanismos moleculares, así como para diseñar y probar terapias y fármacos.
En 2012 se logró, además, una nueva estrategia de gran interés para reprogramar fibroblastos cardiacos in vivo mediante terapia genética (Yoshida y Yamanaka, 2012).
Como es conocido, la enfermedad cardíaca es la principal causa de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, y los enfoques terapéuticos actuales para la insuficiencia cardiaca son limitados debido a que los cardiomiocitos postnatales tienen poca capacidad regenerativa.
Se había tratado de incorporar por ingeniería genética el factor de crecimiento endotelial vascular (Losordo et al. 1998), que induce angiogénesis (Isner et al. 1996), pero sin éxito.
También se había intentado incorporar la ATPasa dependiente de calcio del retículo sarcoplásmico, que mejora el manejo del calcio en los cardiomiocitos (Jessup et al. 2011).
Una nueva estrategia consiste en restaurar el número de las células diana por conversión directa de otros tipos de células.
Dos grupos informaron a principios del 2012 de la conversión in vivo de los fibroblastos cardíacos en miocitos (Qian et al., 2012).
Lo hicieron por introducción de un combinado de genes de los factores adecuados.
Y posteriormente se publicó otro conjunto de genes que permiten a los fibroblastos convertirse in vivo en cardiomiocitos más maduros (Inagawa et al. 2012).
Queda mucho por mejorar en esta técnica pero el panorama de la reprogramación in vivo empieza a dilatarse.
Y otro aspecto que no podemos obviar es el de los bancos de células pluripotenciales.
Preparar para cada paciente unas células concretas a partir del rejuvenecimiento de las suyas es largo, laborioso y costoso.
Es necesario lograr un mejor sistema de suministro de células pluripotenciales, capaces de diferenciarse en cualquiera de los tipos que forman el cuerpo humano y que no sean rechazadas inmunológicamente por el paciente.
El gobierno japonés aprobó a Yamanaka un sueño largamente acariciado por él: la creación de líneas celulares, para su uso en medicina, a partir de miles de muestras de sangre de cordón umbilical (Cyranoski, 2012).
Se trata de crear, para el 2020, un conjunto estándar de 75 líneas de células iPS, que son suficientes como para poder ser toleradas sin rechazo por el 80% de la población japonesa.
Necesitará muestras de unas 64.000 personas para encontrar los perfiles inmunológicos que cubran a la mayoría de la población.
Utilizando muestras de sangre de los ocho bancos de sangre de cordón de Japón, inútiles para otros procedimientos médicos, tendría ya unas 29.000 muestras procesadas.
La diversidad genética en Japón es relativamente baja y se necesitan menos muestras que en otros países para abarcar los perfiles inmunológicos de la mayor parte de la población.
La estrategia propuesta por Yamanaka sería, por lo tanto, más difícil de implementar en otros países.
De hecho, la mayoría de los bancos iPS de otros países se especializan en células de enfermos destinadas a la investigación.
Las líneas abiertas por el premio Nobel japonés han atraído a otros muchos investigadores pero, precisamente porque la frontera entre investigación pura y aplicada es con frecuencia poco nítida, Yamanaka no ha querido rehuir su propia responsabilidad sobre las aplicaciones que pudiesen derivarse de sus descubrimientos.
No se ha conformado con contemplar simplemente cómo las aplicaciones son llevadas a cabo por otros colegas, pues la tecnología derivada del conocimiento es siempre ambivalente: puede emplearse en más de una dirección.
No es muy frecuente que un investigador alerte de los riesgos y exija una moratoria para el uso de sus propios descubrimientos.
Yamanaka lo ha hecho, sobre todo por lo que se refiere a la tentación de usar las iPS humanas para la creación in vitro de células germinales susceptibles de ser destinadas a la procreación.
De estas células se podrían derivar gametos utilizables para tratamientos de infertilidad o incluso para hacer quimeras humanas mediante la incorporación de iPS de un adulto a un blastocisto obtenido in vitro.
Desde el primer momento previno a las autoridades de su país para que estas células no pudieran ser usadas con fines reproductivos.
Él mismo asumió la dirección ética del grupo regulador del gobierno de su país.
El ministro de Ciencia japonés envió, en 2007, a todas las universidades y centros de investigación una notificación que específicamente prohíbe «la implantación de embriones producidos a partir de las iPS en úteros humanos o de animales, la producción de un individuo a partir de iPS, la introducción de células iPS en un embrión o un feto y la producción de células germinales desde iPS» (Kawakami, Sipp y Kato, 2010).
Posteriormente, en 2010, se revisó la prohibición y se establecieron directrices adicionales.
Se permite la investigación relacionada con la diferenciación de las células germinales, los mecanismos del desarrollo y la regeneración y los procedimientos de diagnóstico y de prevención.
Sin embargo, la fertilización a través de los gametos derivados de las células troncales pluripotentes sigue prohibida.
La infertilidad o la esterilidad causada por la alteración o la ausencia de células germinales siguen siendo, en gran medida, incurables.
Para el estudio de los mecanismos moleculares que la originan, así como para el desarrollo de fármacos destinados a su tratamiento, se requieren células germinales humanas.
Consciente de ello, en 2012 un equipo liderado por Yamanaka consiguió presentar un modelo de enfermedad consistente en la producción de células germinales por inducción de pluripotencialidad a partir de células somáticas del paciente (Hayashi, Saitou y Yamanaka, 2012).
Por último, permítaseme un breve comentario sobre un aspecto de especial responsabilidad en la investigación biomédica: la divulgación de los resultados.
Cualquier noticia sobre un avance terapéutico tiene gran impacto social en un doble sentido.
Por una parte, con la publicación de los resultados se busca obtener financiación.
Por otra, una difusión sin el rigor que supone el paso por la comunidad científica crea necesariamente expectativas falsas en el paciente y en las familias.
En este sentido, Yamanaka y su equipo se han preocupado siempre de custodiar la difusión de los resultados de sus investigaciones hasta el momento apropiado, señalando que los resultados médicos obtenidos hasta el momento siguen siendo muy discretos y que cualquier aplicación terapéutica no se prevé al menos en un lustro.
Podemos decir, en suma, que este grupo de investigadores constituye hoy día un referente ético.
No es ajeno a ello el empleo habitual que hacen del lema podemos estar equivocados. |
Para entrever el futuro de la bioética lo primero que tenemos que pensar es la propia noción de futuro y nuestra relación práctica con el mismo.
Expongo aquí a la crítica la idea de un futuro que esté ya de algún modo presente y a la vista.
Es esta una idea que desposee al futuro de toda futureidad, una idea, por lo tanto, incoherente.
Propongo, a cambio, pensar el futuro como tarea, como agenda, como aquello que no está y ha de ser libremente hecho.
En este sentido, resulta inútil tratar de vislumbrar o adivinar el futuro de la bioética, y en cambio es preciso proponernos como tarea la creación de la bioética futura.
Vistas así las cosas, la función principal de la bioética no será ya la de deliberar y elegir entre las opciones que se nos presentan, sino la de crear nuevos cursos de acción que protejan y favorezcan mejor la vida en general y la vida humana en particular.
Abogo, pues, en este texto, por
La bioética nació como una disciplina orientada hacia el futuro.
La primera vez que aparece la palabra bioética en el título de un libro -Bioethics: Bridge to the Futurelo hace junto a la palabra futuro.
Además, la idea de 'puente' sugiere aquí la de 'construcción'.
Así se expresa Van Rensselaer Potter en el mencionado libro: "Si hay dos culturas que parecen incapaces de hablar la una con la otra -la ciencia con las humanidades-y si ello es parte de la razón por la que el futuro parece dudoso, entonces posiblemente nosotros podríamos construir un puente hacia el futuro" (Potter, 1971, p.
De algún modo está implícita la idea de que el futuro no está ya presente, sino que hay que construirlo.
Este planteamiento conecta inmediatamente con una cierta concepción antropológica, cuya expresión hallamos en los textos del filósofo español Julián Marías.
"La ilusión -nos dice el discípulo de Ortega-radica en esa dimensión de la vida humana que he explorado a fondo en la antropología metafísica: su condición futuriza, es decir, el hecho de que, siendo real y por tanto presente, actual, está proyectada hacia el futuro, intrínsecamente referida a él en la forma de la anticipación y la proyección.
Esto, claro es, introduce una 'irrealidad' en la realidad humana, como parte integrante de ella, y hace que la imaginación sea el ámbito dentro del cual la vida humana es posible.
Si el hombre fuese solamente un ser perceptivo, atenido a realidades presentes, no podría tener más que una vida reactiva, en modo alguno proyectiva [...]
Pero el futuro no es real; no es, sino que será; y habría que agregar: acaso" (Marías, 1984, p.
Pero la orientación constructiva o proyectiva de la bioética, arraigada en la propia naturaleza futuriza del ser humano, puede verse frustrada.
Sucede cada vez que la bioética opta por metáforas visuales en lugar de manuales; cuando se obsesiona por convertirse en un método de elección entre opciones presentes a la vista, en lugar de preocuparse de crear, de construir nuevos puentes y caminos.
Quizá nos preguntemos qué pueden tener que ver las imágenes del tiempo con las ideas bioéticas.
Pero lo cierto es que dichas imágenes condicionan drásticamente la bioética.
La imagen más socorrida del tiempo es aquella que lo asimila a una dimensión espacial.
Pensamos, así, el tiempo como una línea que recorremos.
En esta imagen, la posición del sujeto sobre la línea marca el momento presente, el futuro está al frente y a la vista, mientras que el pasado que-da a nuestra espalda -"la negra espalda del tiempo", escribió Shakespeare 2 -.
Miramos hacia el futuro y lo vemos allá al frente.
Psicológicamente la imagen es tan elemental como potente.
Nadie quiere quedarse parado o retroceder cuando ha emprendido camino hacia una meta.
La visión del futuro se nos impone, pues, como misión.
Debemos avanzar hacia ese futuro que vemos, que algunos con especial claridad y seguridad parecen tener a la vista.
Es decir, será bueno todo aquello que tienda hacia ese futuro que vemos, y malo lo que nos paralice o haga retroceder.
Quien controle la imagen del futuro controlará también lo que se entiende por bueno y malo.
Quien sea capaz de afirmar con mayor convicción hacia dónde vamos, será también quien nos diga hacia dónde debemos ir.
Esta es la clásica posición progresista, propia de muchas filosofías modernas.
Por otro lado, quien vea con disgusto la imagen del futuro que se le ofrece, estará tentado de abogar por la paralización o el regreso al pasado, a una supuesta aetas aurea.
Será tachado, por supuesto, de retrógrado.
Esta fue la posición, por ejemplo, de Platón y es también la de algunos contemporáneos nuestros.
Una posición errónea, porque propone algo imposible, como la parálisis o el regreso al pasado, porque supone que "cualquiera tiempo pasado fue mejor" 3, lo cual dista mucho de ser obvio, y sobre todo, porque, al igual que el progresismo, da por buena una imagen incorrecta del tiempo.
Con todo, lo más común ha sido pintar el supuesto futuro con los colores de una avanzada y prometeica tecnociencia.
El desarrollo y aplicación de la misma se convierte entonces en una especie de obligación de progreso.
El problema es que la bioética no puede trabajar con una imagen tan pobre y errónea del tiempo.
Para empezar, un futuro que esté ahí delante, a la vista, es un futuro que está ya de algún modo presente, al menos ante una vanguardia de visionarios.
Y un futuro presente es una extraña contradicción, como ya demostró Karl Popper al hilo de su crítica al historicismo (Popper, 1957).
Es un futuro desposeído de toda su futureidad.
Pensemos, pues, en otra imagen más adecuada para el tiempo, en otra constelación léxica, en otro juego de metáforas.
Podríamos, por ejemplo, pensar el tiempo como una serie de círculos concéntricos, el mayor de los cuales es el presente, que en su interior contiene los círculos del pasado, a modo de huella y memoria.
En esta imagen, el futuro ni está en parte alguna ni se ve, sino que se hace.
Y puede ser hecho con un cierto margen de libertad.
La a506 naturaleza y el ser humano están constantemente haciendo el futuro, que no está simplemente a la vista.
Hay que crearlo, producirlo, generarlo, actualizarlo.
Algo así le sucede al compositor musical, que retiene en el presente la suma integrada de los compases ya escritos, pero aun tiene que crear el próximo, que no está todavía en lugar alguno, ni viene predeterminado, aunque sí condicionado, por los anteriores.
El mundo está abierto a innumerables futuros posibles, que vendrán o no en función de nuestras acciones.
Es esta una imagen que armoniza mucho mejor con la cosmología actual.
Nuestro horizonte presente contiene, por ejemplo, la huella térmica de una explosión inicial, así como la luz emitida por las estrellas en el pasado.
Lo que no contiene es el futuro del cosmos, que está aún por hacer.
En esta clave, tiende hacia el futuro, hace futuro, quien más proteja y promueva la vida, quien proteja y promueva en especial la posibilidad y florecimiento de la vida humana (cf. Jonas, 1995), que es tanto como decir quien más trabaje para que el futuro siga estando abierto.
En esta nueva imagen del tiempo, nuestra posición cambia.
Lo que tenemos a la vista es el pasado, de él aprendemos para decidir y construir un futuro que está abierto, que está aun por hacer y que ha de ser libremente hecho, porque la simple permanencia en el presente o el regreso al pasado son estrictamente imposibles.
Por decirlo de otro modo, vemos el pasado, pero no podemos regresar a él.
No vemos el futuro, pero tenemos que hacerlo para poder habitarlo algún día como presente.
El pescador en su barca toma los remos con las manos y boga mirando a popa.
Más que un carril a seguir, tiene a proa una estela que inventar.
Los ojos son nuestro nexo con el pasado, las manos con el futuro, valga la metáfora.
En suma, nos proyectamos siempre hacia el futuro, pero a la vista tenemos solo el pasado.
Con la información que este nos da tenemos que apañarnos para ir construyendo un camino, de entre los muchos posibles, al mismo tiempo que caminamos por él.
En palabras del poeta español Antonio Machado: "Se hace camino al andar" (Machado, 2001, p.
Esta quizá sea la mejor imagen de la posición del ser humano en el tiempo.
La línea biográfica e histórica a través de los círculos concéntricos del tiempo la vamos trazando nosotros, no está predeterminada, como sucedía en la vieja imagen del tiempo.
Podemos salir del círculo del presente por cualquiera de los infinitos radios del mismo hacia un futuro aún por hacer.
Y esta nueva metáfora invalida la vieja retórica del tiempo, que dividía las ideas bioéticas en progresistas y retrógradas, que nos obligaba a decidir dilemáticamente entre ambos polos.
Invalida incluso esta jerga inoperante.
Ninguna bioética puede ya ser medida por su proximidad a un futuro tecnológico o cultural supuestamente visto por algunos, sino por su capacidad para crear futuro, para abrir futuro.
Las propuestas bioéticas han de ser medidas por su capacidad para proteger y promover la vida natural y humana, por su capacidad para proteger y promover la posibilidad y el florecimiento de la misma en un universo abierto.
LA BIOÉTICA DE LOS DILEMAS
De una errónea imagen del tiempo deriva una concepción dilemática de la bioética.
Según esta concepción, la bioética tendría por misión principal la de ayudarnos a deliberar y a elegir entre alternativas dadas como ya presentes.
Muchas veces estas alternativas se formulan como dilemas.
Pero los dilemas son siempre y en realidad el mismo.
O aceleramos o retardamos la marcha hacia el presunto futuro.
Como toda línea, la del tiempo tendría una sola dirección y dos sentidos.
Cada uno puede elegir en qué sentido empuja el carro de la historia.
Aunque la marcha hacia el frente se da por garantizada, en función de la correlación de fuerzas podrá ser más o menos veloz.
Es lógico que quienes conciben así el tiempo, como un único carril, piensen la bioética en términos de dilema: o aceleramos la marcha hacia el futuro o la retardamos.
Pondremos un ejemplo clásico, y después irán apareciendo más.
El debate sobre la eutanasia a menudo se configura como un dilema: o bien aceptamos la eutanasia, es decir el hecho de que una persona dé muerte a otra en ciertas condiciones especiales y controladas, o bien aceptamos que el enfermo siga sufriendo a causa de su mal o incluso a causa de los tratamientos que recibe.
Una élite de iluminados avizora la primera opción allá al frente, en el futuro, mientras que sitúa la segunda a su espalda, en el pasado.
La forma lógica es disyuntiva: A o B. La disyunción suele entenderse en términos excluyentes y exhaustivos.
Es decir, A y B no pueden darse juntos y, por otro lado, entre ambos cubren todo el espectro de los posibles cursos de acción.
Puestas así las cosas, es común adoptar una estrategia argumentativa negativa; es decir, para defender la opción A se ataca o niega la opción B. Por ejemplo, si demostramos que el sufrimiento del enfermo no es deseable, incluso que es moralmente inaceptable, entonces, dado que no hay más opciones que A y B, no tendremos más remedio que aceptar (tolerar, pro-a506 mover, legalizar...) la eutanasia.
El esquema lógico y retórico se repite una y otra vez en numerosos debates bioéticos.
El paisaje que comienza a aparecer ante nosotros es el de un campo de batalla, en el cual contienden los que empujan la historia hacia un futuro visible contra los que intentan retrasar ese avance.
Al parecer, la misión principal de cada agente consiste en atacar con argumentos la posición contraria.
En principio, dichos argumentos son de carácter racional.
Las armas con las que se contiende en este campo de batalla son habitualmente los llamados principios de la bioética.
Se dice que tal o cual posición viola el principio de autonomía, el de no maleficencia, el de beneficencia o el de justicia, y que es, por lo tanto, inaceptable; lo cual, supuestamente, nos obliga a echarnos en los brazos de la posición opuesta.
Por ejemplo, se puede decir que la posición pro-eutanasia viola el principio de no maleficencia, o bien que la posición contraria viola el de autonomía.
Por supuesto, las cosas nunca son tan sencillas y la resolución de conflictos éticos mediante la aplicación mecánica de principios es simplemente una quimera.
Constituye un logro innegable de la bioética el consenso que existe en torno a los mencionados principios pero, a la hora de fundamentarlos, de dar razón de los mismos, de precisar su contenido y finalmente de aplicarlos, la batalla se recrudece.
Si A viola un principio, es posible que B viole otro.
Y como el problema se nos ha convertido en un dilema, nos hemos quedado sin salida razonable, salvo la pura apelación a la presunta visión del futuro.
O bien habrá que empezar a discutir, ya en otro plano, cómo han de entenderse los principios en cuestión y cuál de los principios, ahora en conflicto, debe prevalecer.
Si los defensores de la eutanasia pueden pensar que los principios de no maleficencia y de beneficencia han de ser aplicados en función de las preferencias del sujeto (reduciéndolos, así, en cierto modo, al de autonomía), por su lado, los que son contrarios a la eutanasia pueden argüir que la beneficencia y la no maleficencia tienen un contenido objetivo que no depende totalmente de las preferencias subjetivas.
Por supuesto, estas ideas remiten a convicciones muy de fondo y a visiones del mundo.
Ahora, los proponentes de cada una de las posiciones parecen verse obligados a atacar no solo la posición contraria en este tema particular, sino toda una cosmovisión. a506 La opción está en manos de alguno de los ocupantes del tranvía, que puede, simplemente pulsando un botón, desviar o no el tranvía.
En otra versión alguien podría parar el tranvía que se dirige hacia los cinco operarios lanzando a la vía, desde un puente, a una persona que se encuentra sentada en el pretil del mismo.
De nuevo, ¿qué debe hacer este sujeto que podría evitar cinco muertes produciendo una?
Los investigadores expusieron estas y otras variantes del dilema en cuestión a numerosos sujetos de experimentación.
A través de los test han llegado a identificar algunas normas morales que parecen ser universales, como por ejemplo que estimamos como moralmente más grave el mal producido por acción que el consentido por omisión, o que valoramos como más grave el mal que se comete mediante contacto directo con la persona dañada.
Ahora bien, el objetivo aquí no tiene que ver con estos resultados, sino con la primera reacción de incomodidad con el dilema que muestra la mayor parte de los sujetos experimentales.
De hecho es la misma reacción que probablemente habrán tenido muchos lectores al captar los dilemas que hemos introducido como ejemplos.
Se trata de lo que podríamos llamar una resistencia al dilema.
Muchos sujetos comienzan a especular con soluciones alternativas que rompan el dilema, hasta que el experimentador les recuerda cuáles son las condiciones estrictas del test: solo hay dos opciones.
En la situación experimental esta restricción es necesaria, pero hay que recordar que no rige en la vida ordinaria.
Es más, la resistencia al dilema incentiva la creatividad y laboriosidad de los seres humanos.
Gracias a dicha resistencia -a veces intensificada incluso hasta la indignación-y a la actividad creativa que desencadena, cada uno de nosotros crece como persona, y la humanidad en su conjunto progresa moralmente.
Por ejemplo, la resistencia moral al dilema sufrimiento/eutanasia ha desencadenado todo el trabajo creativo que requiere la línea de los cuidados paliativos.
Algunos problemas clásicos de bioética
En pocos debates como en el de la eutanasia se aprecia tan bien la esterilidad de un enfoque dilemático.
No entraremos aquí a debatir todas las distinciones técnicas, por otra parte sobradamente conocidas, entre las diversas modalidades de la eutanasia y de la asistencia al suicidio.
Vamos al núcleo de la cuestión.
Cuando lo planteamos como un dilema nos vemos obligados a elegir entre dos cauces de acción igualmente decepcionantes: o bien consentimos el sufrimiento del enfermo terminal, o bien regulamos la posibilidad de que una persona dé muerte a otra.
Muchos pensamos que el sufrimiento del enfermo es un mal.
Y tal sufrimiento puede proceder de las enfermedades que padece o incluso de un sobretratamiento de las mismas.
Pero también pensamos muchos que el principio general de que una persona no debe dar muerte a otra debería estar sometido a las mínimas excepciones posibles.
Así, la eliminación de excepciones tradicionales, como la de la pena de muerte, nos parece a muchos un genuino progreso de la humanidad.
Mientras que la incorporación de nuevas excepciones supondría, en todo caso, el reconocimiento de un fracaso 5.
Por suerte, no hay por qué transitar obligatoriamente por uno de los dos sentidos señalados, o resignación ante el sufrimiento o resignación ante la eutanasia.
En este tema, la vía creativa que nos saca de un mal dilema se viene desarrollando ya desde hace años gracias al trabajo de muchos profesionales.
Vamos a denominarla, de un modo genérico, vía de los cuidados paliativos 6.
En ella se incluyen también ideas y prácticas como las del testamento vital, limitación del esfuerzo terapéutico, órdenes de no reanimación, prevención del suicidio, sedación paliativa y terminal...
Esta nueva línea de acción ante el sufrimiento ha de ser entendida en un sentido integral, que incorpora todas las medidas de cuidado, confort y acompañamiento de la persona en todas sus dimensiones.
Es cierto que el desarrollo de los cuidados paliativos supone un reto para nuestra creatividad y laboriosidad, y requiere además ciertas inversiones, mientras que la resignación al sufrimiento o a la eutanasia resultan ambas opciones más baratas y acomodaticias.
Desde hace más de una década, en España, el número de abortos intencionados, o dicho en lenguaje oficial, de embarazos interrumpidos voluntariamente, se mantiene en torno a los cien mil anuales.
En números redondos se han producido un millón de abortos en los últimos diez años.
La reducción de dicho número constituye un reto ético importante no solo para los profesionales de la sanidad, sino también para la sociedad en general.
Es más, en mi opinión, la disminución del número de abortos en los países en los que dicha práctica está legalizada, debería contar como un dato positivo a la hora de calcular el correspondiente Índice de Desarrollo Humano (IDH).
Y algo análogo se podría decir respecto de las comunidades autónomas españolas.
Sería deseable respaldar el esfuerzo que algunas están haciendo en la reducción del número de abortos 7.
Para ser claro diré que, en mi opinión, lo idóneo sería el respeto hacia toda vida humana en cualquiera de sus fases.
Pero el argumento que quiero exponer aquí entiendo que podrá ser compartido también por otras muchas personas que están lejos de considerar la vida humana como igualmente valiosa en todas sus fases.
Se trata de un argumento que busca la practicidad y el acuerdo amplio, pues creo que la mayor parte de nuestros conciudadanos estará de acuerdo en que en principio es bueno reducir el número de abortos, dado que detrás de cada uno de ellos hay siempre sufrimiento para la embarazada y para el no nacido.
No obstante, hace ya más de medio siglo que la cuestión del aborto está socialmente bloqueada por un planteamiento dilemático del problema.
De hecho, una de las posiciones clásicas se suele denominar pro-choice.
Al hablar aquí de choice (elección) parece que ya estamos construyendo el problema como un dilema, en lugar de pensarlo como un reto.
Esta terminología parece suponer que la mujer embarazada tiene ante sí dos opciones entre las que ha de elegir.
Por decirlo de modo muy simple, habría de elegir entre sus legítimos intereses y la vida que lleva en su seno.
Pero ¿es que una salida creativa, que respete ambos valores, no es, en muchos casos, ni siquiera pensable?
Creo que sí, y por eso preferiría hablar de una posición pro-libertad, más que pro-elección.
Ahora bien, desde mi punto de vista, si aumentase realmente la libertad de las mujeres, el número de abortos descendería considerablemente.
El altísimo número en que se vienen produciendo indica, en mi modesta opinión, que muchos de ellos no son realmente voluntarios, por más que el lenguaje oficial se empeñe en llamarlos así.
Dicho de otro modo, creo que quien elige con libertad habitualmente elige a favor de la vida y no en contra.
Es decir, la posición pro-libertad y la posición pro-vida en realidad no se oponen, sino que se complementan, o bien podrían llegar a complementarse si tomásemos este problema como un reto a la creatividad y a la laboriosidad, y no como un mero dilema de elección.
Veamos con más detalle los números que nos sirve el Ministerio de Sanidad.
Podemos dejar a un lado los abortos producidos por riesgos para la vida o salud de la embarazada y los que se producen por riesgo de anomalías fetales, que en su conjunto no llegan al 10%.
Vamos, pues, al centro de la cuestión, donde están más del 90% de los casos, donde de hecho se podría reducir drásticamente el número de abortos 8.
Estos son los que se producen a petición de la embarazada, y tras los que podemos suponer que a506 hay en el fondo motivos de tipo socioeconómico.
No es difícil conjeturar que un número significativo de estos abortos podría evitarse si la mujer dispusiese de información clara y de apoyos eficaces.
A falta de tales apoyos e información, se puede entender que la decisión no se produce realmente en condiciones de plena libertad.
Al señalar la falta de libertad que puede estar afectando a muchas mujeres que abortan, no hablamos ya del aborto coercitivo practicado en algunos países, ni del aborto selectivo, inducido por ejemplo por las políticas chinas de hijo único 9.
Hablamos de la falta de apoyo económico en nuestra propia sociedad, de las dificultades laborales (desempleo, inestabilidad, discriminación, salarios bajos...); hablamos de las dificultades para la conciliación de la vida familiar y laboral, de las dificultades con la vivienda, la sanidad o la escolarización, de la presión social o familiar o de pareja ejercida sobre la mujer, de la desinformación (por ejemplo debida a la dificultad para acceder a ecografías realistas); hablamos de las deficientes políticas de apoyo a la familia 10, así como de las leyes obsoletas de adopción y acogimiento...
Revirtiendo estas tendencias, el número de abortos provocados podría disminuir.
Dichas tendencias se pueden revertir mediante campañas de comunicación y de rechazo del estigma social que se cierne, por ejemplo, sobre quien deja sus hijos en adopción, mediante apoyos efectivos a la maternidad en el plano económico, laboral, sanitario y escolar, mediante la protección de la mujer frente a toda presión y violencia del entorno, mediante la información adecuada, mediante nuevas leyes de adopción y acogimiento más ágiles y flexibles, con fórmulas más abiertas...
Parece, en efecto, que planteadas así las cosas tenemos ante nosotros auténticos retos a nuestra creatividad y laboriosidad 11.
Otro reto bioético que nadie puede obviar es el que plantea la llamada relación médico-paciente, entendida esta en un sentido muy genérico, que incluye al resto de las profesiones sanitarias y al sistema de salud en su conjunto.
En este terreno, las sociedades occidentales contemporáneas han ido evolucionando desde una medicina paternalista, en la que primaba el principio de beneficencia, hacia una atención sanitaria en la que cobra protagonismo el principio de autonomía.
Esto, obviamente, no supone un problema, sino un progreso, siempre que los principios se equilibren y no pasemos del paternalismo extremo a la medicina defensiva o a la medicina a la carta; siempre que el paciente no pase a ser simplemente un cliente o usuario y el médico o el sistema de salud su proveedor.
Desde el punto de vista filosófico, lo que parece preocupante es que los principios de autonomía y beneficencia acaben por confundirse completamente, de modo que se entienda el segundo en términos por entero subjetivos.
Así, el bien del paciente quedaría reducido simplemente a la preferencia del cliente o usuario.
Incluso la interpretación subjetivista podría llegar a afectar al principio de no maleficencia, de modo que no sería malo algo para un paciente a menos que él lo considerase como tal, hasta el punto de que el proveedor de servicios sanitarios se vería compelido a actuar contra las buenas prácticas médicas si así lo pidiese un usuario.
Parece claro que no deberíamos vernos obligados a elegir entre un paternalismo extremo y una forma de medicina defensiva, a la carta o totalmente subjetivista.
Lo inadecuado de uno de estos dos polos no hace mejor al otro.
Ahora bien, para salir del dilema, una vez más, se requiere poner en marcha nuestra creatividad y laboriosidad.
Gran parte del esfuerzo creativo en este punto ha ido dirigido al establecimiento y regulación del consentimiento informado.
Creo que la dirección es acertada, pero con ciertos matices.
El consentimiento informado y la tutela adecuada son, en efecto, las líneas más prometedoras para la reconversión de este dilema en reto pero, en mi opinión, no se puede fiar todo a la regulación exhaustiva.
En las relaciones médico-paciente siempre quedarán aspectos que hemos de confiar a la prudencia de las partes.
La tendencia actual parece apuntar a una proliferación, quizá excesiva, de los documentos de consentimiento informado, aplicables cada vez a más prácticas médicas.
Los comités éticos tienen sobre su mesa cada día más documentos de este tipo para examinar e informar.
Además, muchos de estos se están volviendo prolijos y minuciosos, como si se pretendiese lograr a través de los mismos la regulación completa de la relación médico-paciente y la seguridad jurídica plena.
Aquí resulta muy oportuno recordar la advertencia que nos hace Hans Jonas: el requisito del consentimiento informado puede quedar en un simple trámite administrativo si la investigación y la asistencia no se producen en términos generales en un contexto ético adecuado.
Según afirma Jonas, "el consentimiento [...] aún no significa la total solución del problema [...] los controles pueden atenuar el problema, pero no superarlo" (Jonas, 1997, p.
Jonas se refiere a que hace falta algo más que controles formales.
Hace falta el a506 reconocimiento de la dignidad de las personas 12, así como la presencia de virtudes en los miembros de la sociedad, en los médicos e investigadores, en el resto del personal sanitario, en los gestores, en los pacientes...
"La sociedad -afirma Jonas-no puede permitirse la falta de virtud en mitad de sí misma" (Jonas 1997, p.
85, cursiva en el original).
Así pues, según Jonas, existen condiciones para el correcto funcionamiento de un sistema sanitario que son imprescindibles pero que no son formalmente exigibles y tal vez ni siquiera susceptibles de regulación.
Se trata de las virtudes y del carácter propio de los agentes.
El ambiente en el que se desenvuelven los pacientes y los profesionales de la salud ha de ser un ambiente informado por determinadas virtudes, que van desde la sinceridad y lealtad hasta la amabilidad, dedicación, respeto a la dignidad de las personas, y que culminan en la prudencia.
Cada uno de los que actúan en el sistema, desde la dirección política y técnica, hasta los profesionales y los pacientes, ha de desarrollar las virtudes propias de su función o posición, de lo contrario el sistema funcionará mal, por más regulación y normativa que se ponga en circulación.
Sin embargo, dichas virtudes, que han de informar el carácter de los agentes, no son exigibles formalmente.
Dicho de otro modo, siempre se pueden salvar las exigencias formales como trámites carentes de contenido real.
Siempre, claro está, que los agentes implicados estén dispuestos a ello.
Por ejemplo, el consentimiento informado con demasiada frecuencia se toma como un simple papel que ha de aparecer firmado para la seguridad jurídica de las partes.
Visto así, el documento puede resultar un trámite vacío de contenido real.
Todo ello nos habla de la importancia de la práctica del consentimiento informado, más que del papel en el cual queda finalmente plasmado.
La práctica solo será correcta, solo servirá para salir de un mal dilema, el que se da entre paternalismo extremo y medicina defensiva, si los sujetos han desarrollado las virtudes necesarias.
La creatividad y laboriosidad en este caso han de ir orientadas al reconocimiento de la dignidad, al fomento y desarrollo de esas virtudes y, con ello, a la excelencia de las prácticas.
Una de las bases históricas de la bioética es la ética médica, la otra es la ética ambiental o ecológica, lo que a veces se denomina macrobioética.
Existen numerosos problemas ambientales con implicaciones éticas.
Algunos autores han hablado incluso de la letanía de los problemas ambientales: contaminación, agotamiento de los recursos, riesgos para la biodi-versidad, cambios climáticos, etc. Con frecuencia se plantean estos problemas en términos dilemáticos que podríamos recoger bajo esta formulación general: o sostenibilidad ambiental o crecimiento económico.
En algún momento se pensó que el problema ético consistía precisamente en la elección entre estos dos polos.
Y los defensores de cada uno de ellos se reclamaban como los auténticos arúspices del futuro.
Así, durante los años setenta y ochenta del siglo pasado se puso de moda la idea del crecimiento cero.
Ya en los noventa parecía claro que la paralización del crecimiento económico no contribuiría positivamente a la sustentabilidad ambiental, sino más bien al contrario.
Además de generar miseria entre los humanos, provocaba graves daños ambientales y nos privaba, de paso, de los recursos económicos imprescindibles para hacer frente a dichos daños.
Se puso entonces en circulación la idea de desarrollo sostenible, que rompe el dilema y propone una dirección de búsqueda creativa 13.
El desarrollo sostenible trata de producir soluciones nuevas, más que de elegir entre desarrollo o sostenibilidad.
En nuestros días, estamos dando pasos incluso hacia la superación de la idea de desarrollo sostenible.
Se trabaja ya en la integración de la idea de desarrollo sostenible con la idea de desarrollo humano.
Esta última procede de la teoría económica del premio Nobel Amartya Sen, inspirador del Índice de Desarrollo Humano que publica Naciones Unidas.
Tenemos aquí un ejemplo claro del cambio de planteamiento que venimos propugnando para la bioética.
Se ha dado en las cuatro últimas décadas un evidente progreso en la configuración de los problemas ambientales.
Ya no los vemos como simples dilemas en los que se nos obliga a escoger entre la salud del medio ambiente y la prosperidad de las personas, entre sustentabilidad y desarrollo.
Ahora vemos los problemas ambientales como retos para la creatividad humana.
No se trata simplemente de elegir entre A y B, sino de construir caminos que antes no existían, de crear una auténtica ecología humana que favorezca el desarrollo humano sostenible 14.
Por supuesto, es más laborioso crear algo nuevo que elegir entre lo ya dado, por ello la creatividad ha de ir unida también en este caso a la laboriosidad.
Algunos problemas bioéticos de reciente aparición
A caballo entre la ética ecológica y la ética médica se halla la cuestión animalista, que recientemente ha cobrado una gran presencia académica y mediática.
Respecto a la experimentación con animales hemos tendido a formular los problemas también en términos de dilemas.
En general pensamos que o bien aceptamos el sufrimiento animal o bien renunciamos a las utilidades que los animales nos aportan en muy diversos terrenos, desde el productivo al médico.
¿Se pueden construir salidas creativas al problema?
De hecho, se están dando los pasos hacia ellas desde varios frentes.
Desde la filosofía, desde el derecho y desde la metodología de la experimentación están apareciendo líneas de pensamiento y de acción creativas que pueden cambiar la formulación del problema, de modo que pase de dilema a reto.
En el terreno filosófico estamos trabajando en el reconocimiento de valor inherente a los seres vivos y, en especial, a los animales.
Los animales carecen de la dignidad que sí tenemos las personas, pero no son meras herramientas o instrumentos a nuestro servicio y albur.
Cada ser vivo, y en especial cada animal, posee un valor propio, independientemente del valor utilitario que pueda tener para nosotros, y en función del mismo hemos de regular el trato que merece (cf. Cortina, 2009; Marcos, 2013; Marcos, 2014).
Desde el campo del derecho se vienen promoviendo desde hace años normativas que mejoran la protección y el bienestar de los animales, reduciendo considerablemente el sufrimiento de los mismos en la cría, transporte y sacrificio, así como en el caso de los animales de compañía y en los de uso experimental.
En este último campo, el de la experimentación con animales, se está desarrollando la llamada estrategia de las tres erres (reemplazar, reducir, refinar), que concilia los legítimos intereses de la investigación biomédica con el reconocimiento del valor inherente de los vivientes (cf. Garcés y Giraldo, 2012) 15.
Desde mi punto de vista, la legislación animal se fundamenta mejor en las ideas de protección y bienestar que en la idea de derechos de los animales.
Por supuesto, los problemas están lejos aún de una perfecta resolución y, sobre todo, de una solución que contente a todos los agentes implicados pero es un hecho que se está trabajando, más allá de los dilemas, en diversas líneas creativas.
Experimentación con células troncales y clonación humana
Volviendo al puro terreno de la biomedicina, podemos considerar ahora los problemas éticos que suscita la investigación y uso médico de las células troncales (también llamadas células madre o stem cells).
Hemos tendido en primera instancia a formular estos problemas en términos de dilemas.
Más tarde, este tipo de formulación dilemática ha ido cediendo el paso a un planteamiento en términos de retos creativos.
Como es sabido, las células troncales pueden ser obtenidas a partir de diversos tejidos del organismo humano.
Algunas tienen más potencial que otras para la división indefinida y para la diferenciación.
Una fuente posible de células troncales son los embriones humanos.
Las células troncales embrionarias provienen del blastocisto preimplantatorio, tienen la capacidad de dividirse en cultivo indefinidamente, sin diferenciarse, y también la de diferenciarse hacia cualquiera de las tres capas germinales aun después de un prolongado periodo de cultivo.
A partir de estas propiedades, se pensó que podrían ofrecer posibilidades terapéuticas prácticamente ilimitadas para la regeneración tisular.
Sin embargo, el uso de embriones humanos como simple material experimental de laboratorio, con la consiguiente manipulación y destrucción de muchos de ellos, suscita problemas de carácter ético al menos a una buena parte de la población y de la comunidad científica.
Es muy fácil plantear esta situación como un dilema, y, de hecho, así ha sido presentada en innumerables ocasiones por parte algunos científicos, políticos y medios de comunicación: o bien experimentamos con embriones humanos o bien consentimos el sufrimiento de tantos y tantos pacientes cuyas enfermedades no encontrarán cura.
Por suerte, otros científicos se han resistido al dilema y han trabajado en vías de investigación realmente creativas.
Lo han hecho por diversos motivos, que van desde lo ético a lo puramente técnico.
El uso de embriones humanos como material de laboratorio despierta, claro está, ciertas reservas éticas en mucha gente pero, además, es que las células troncales de origen embrionario presentan dificultades de carácter técnico, por su tumorogenicidad, riesgo de contaminación con productos de origen animal y difícil compatibilidad genética con el receptor.
Por supuesto, se puede emprender una especie de huida hacia adelante y tratar de solventar este último problema mediante técnicas de clonación humana 16.
Pero en esta línea, las dificultades éticas y técnicas no se reducen, sino que aumentan, como parece obvio (incluso sin necesidad de recordar el famoso escándalo de Woo-Suk Hwang).
En vista de todo ello, algunos científicos decidieron plantear la cuestión como un reto a la creatividad: se negaron a emplear embriones humanos en sus experimentos pero al mismo tiempo buscaron vías alterna-a506 tivas para la obtención de células troncales con suficiente potencial terapéutico.
Quizá el más destacado de estos científicos sea el japonés Shinya Yamanaka (cf. Yamanaka, 2012; Gámez 2013), que recibió en 2012 el premio Nobel en Fisiología y Medicina "por el descubrimiento de que células adultas pueden reprogramarse para ser convertidas en pluripotentes" 17.
Las investigaciones de Yamanaka han permitido la producción de células troncales pluripotentes inducidas (iPS) a partir de las cuales se han podido poner en marcha ya algunos ensayos clínicos.
Con este tipo de células troncales se pueden superar las dificultades de compatibilidad genética.
Además, con ellas se disipan las reservas éticas, pues evitan la instrumentalización de los embriones humanos 18.
Aunque se ha visto que la investigación con embriones humanos carece de interés terapéutico, recientemente se ha autorizado en el Reino Unido el uso de estos embriones como material de laboratorio sobre el cual probar la nueva técnica de edición genética denominada CRISPR-Cas9.
Aquí los problemas bioéticos se multiplican.
Para empezar, se autoriza la aplicación de la técnica sobre los embriones sobrantes (human surplus embryos).
Es chocante la propia idea de que algunos embriones humanos -en función de no se sabe qué criterio-están de más o son sobrantes.
Pero hay que calificarlos como "sobrantes" para poder establecer, como se hace en la citada autorización, la obligación de que sean destruidos en fases tempranas de su desarrollo.
Y la obligación de que los embriones editados sean destruidos pronto se establece, precisamente, para dificultar que estos seres humanos experimentales lleguen a desarrollarse hasta fases más avanzadas, lo cual generaría una comprensible alarma social.
Obsérvese, además, que la manipulación genética de estos embriones no tiene ninguna finalidad terapéutica ni mejorativa para los mismos, sino simplemente experimental; se trata de usarlos -y después desecharlos-para acumular conocimiento científico sobre el desarrollo embrionario temprano y sobre el proceso de implantación.
¿Qué sucederá cuando se quiera investigar el desarrollo humano en fases más avanzadas?, ¿habrá que autorizar entonces la implantación de embriones editados y su gestación hasta fases avanzadas?, ¿habrá que obligar entonces a su eliminación?, ¿y así, hasta dónde?
Obviamente, esta alarmante espiral indica que es mucho mejor buscar una vía de investigación más creativa, que no nos obligue a optar entre la parálisis científica o la burda manipulación y destrucción de seres humanos en distintas fases de su desarrollo embrionario o fetal.
Terapia y mejora humana
Retomemos ahora lo que se ha sugerido unas líneas más arriba.
Quizá la biotecnología pueda servir no solo para curar, sino también para mejorar a los seres humanos.
Esta es una de las cuestiones que más literatura bioética está generando en los últimos años.
De hecho, la biomedicina actual está en disposición de traspasar el umbral de la terapia para entrar en el terreno de la supuesta mejora humana (human enhancement); en cierta medida, ya hay zonas de la medicina que están cerca del campo de la mejora, como, por ejemplo, la medicina estética o la deportiva, al menos en algunos de sus usos.
Por otra parte, el propio concepto de terapia, que depende obviamente de los conceptos de salud y de enfermedad, tiene bordes difusos y posee cierta variabilidad histórica y cultural.
Hechas estas salvedades, la cuestión ahora no está precisamente en los bordes difusos de la terapia ni en su posible deslizamiento, sino en el proyecto consciente y ambicioso de cambiar drásticamente la propia naturaleza humana por medios biotecnológicos para llevar al ser humano más allá de lo humano.
El problema bioético al que me refiero es el que han puesto sobre la mesa los pensadores transhumanistas y posthumanistas.
Se entiende hoy día por human enhancement, o mejora humana, el intento de sobrepasar los límites naturales del ser humano mediante una serie de antropotecnias 19.
Las referidas antropotecnias, en conjunto, abarcan cuatro grandes ámbitos: nano, bio, info y cogni.
Con frecuencia este conglomerado se conoce mediante las correspondientes siglas NBIC, o bien como CT (Converging Technologies), o incluso como HET (Human Enhancement Technologies).
Los aspectos en los que se busca la supuesta mejora del ser humano abarcan desde las capacidades físicas e intelectuales hasta las emociones, la longevidad y prolongación de la juventud o la mejora moral.
Los procedimientos pueden ir desde la modificación de la dieta hasta la modificación de estructuras moleculares u orgánicas, modificaciones permanentes de bases genéticas, empleo de diversas sustancias químicas, desarrollo de prótesis motoras o sensoriales, externas o internas, en forma de hardware o de software, potenciación del crecimiento de la corteza cerebral...
Se piensa, más allá de las posibilidades terapéuticas, en las aplicaciones militares, laborales, deportivas, estéticas, o en la potenciación de las capacidades intelectuales, como por ejemplo la memoria, en la gestión de los estados afectivos y de nuestra interacción con las máquinas. a506 Uno de los problemas básicos que se ha presentado en este tipo de proyectos de investigación consiste precisamente en definir qué es un ser humano y qué podría contar como una mejora del mismo.
Ambas cuestiones están muy relacionadas, y en la medida en que modifiquemos drásticamente la naturaleza humana mediante la intervención técnica, difícilmente podremos saber ya qué es mejor y qué es peor.
En las prácticas de terapia no se prescinde del concepto de naturaleza humana.
De hecho, se apoyan en él.
El médico no quiere "mejorar" la temperatura de los seres humanos, sino devolver la de su paciente a los 36 o 37 grados que son normales para un ser humano sano.
Una práctica tecnológica que pretende ir más allá de la naturaleza humana destruye de paso los criterios de valoración.
En consecuencia, difícilmente se puede llamar mejora.
Se trataría más bien de un cambio sin componente axiológico.
Y en realidad, de un cambio a peor, pues la pérdida del componente axiológico, de la posibilidad misma de valorar, supone ya una pérdida de valor pues, en palabras de Hans Jonas, la mera posibilidad de valor es ya un valor (Jonas, 1995, pp. 95-96).
Parafraseando a Jonas podríamos decir ahora que el tránsito hacia la imposibilidad de valor es ya un disvalor.
El caso del deporte nos sirve aquí de excelente ejemplo ilustrativo.
Hasta el momento, los valores del deporte residían en la naturaleza de los atletas y en su capacidad de entrenamiento, de colaboración en equipo y de esfuerzo.
Si las condiciones se modifican mediante cualquier forma de doping, transfusiones de sangre, y no digamos intervenciones genéticas, selección eugenésica o implantes mecánicos o informáticos, entonces toda la actividad deportiva se desvirtúa, carece de mérito y queda vacía de valores.
Dicho de otra forma, se habría hecho imposible el deporte como tal.
Por eso las federaciones sancionan determinadas prácticas como fraudulentas.
No solo para custodiar la igualdad de condiciones en una competición leal, sino para preservar el mismo sentido y existencia de la actividad.
Por eso en el deporte paralímpico sí se aceptan ciertos tipos de prótesis, como las sillas de ruedas en baloncesto, porque permiten recuperar algo parecido a la movilidad natural.
Pero sin este criterio de naturaleza humana, el human enhancement aplicado al deporte sencillamente acaba con el sentido y los valores de esta actividad, y en última instancia con la actividad misma.
La crítica a los proyectos de supuesta mejora humana ha venido desde varios frentes (Habermas, 2002; Fukuyama, 2002; Marcos, 2010), pero la de-fensa ante las críticas se ha presentado casi siempre de modo dilemático, como un juego de todo o nada: o bien aceptamos cualquier antropotecnia o bien renunciamos a la mejora humana (cf. Savulescu y Bostrom, 2009).
Hasta tal punto este dilema ha cobrado importancia que la última sociología sostiene que la política en un futuro próximo se estructurará en función de la actitud de cada cual hacia la biotecnología y el transhumanismo.
Los ejes tradicionales, izquierda-derecha, o conservadores-liberales, quedarán obsoletos y serán sustituidos por el eje precaucionistas-proaccionistas (precautionaries-proactionaries), valgan los neologismos (Fuller y Lipinska, 2014).
Los unos defenderán un uso restringido o nulo de las antropotecnias, mientras que los otros abogarán por la implantación irrestricta de las mismas.
Frente a esta nueva dicotomía, es posible pensar en innumerables vías para mejorar la vida humana sin necesidad de perder la naturaleza humana que nos orienta y sirve de guía normativa.
La línea de resistencia al dilema se sitúa aquí en el umbral de la naturaleza humana.
Ahora bien, las reservas frente a una operación de cambio profundo de la naturaleza humana no son en absoluto reservas frente a todas las aplicaciones biotecnologías.
Hemos de descartar como excesivamente simplistas dos actitudes ante las mismas, la actitud tecnologista y la actitud neoludita.
El tecnologismo resulta acrítico y es una amenaza para la naturaleza humana.
Mientras que el rechazo de la técnica es antropológicamente insostenible.
Así pues, las antropotecnias han de ser juzgadas no en bloque, sino una a una.
Y este juicio, que nos permite, por ejemplo, valorar como positivo el implante de una prótesis biónica en una persona mutilada y como negativo el intento de producir humanos por clonación, requiere como criterio orientador el de la naturaleza propia del ser humano.
Aquí la clave consiste en obviar la supuesta mejora del ser humano y adoptar en cambio como labor y reto la mejora de la vida de los seres humanos.
Ahora bien, proponer aplicaciones antropotécnicas, discernir entre las mismas y desarrollar solo las que de veras mejoren la vida de las personas, requiere más creatividad y trabajo que la simple aceptación o negación en bloque de todas las nuevas antropotecnias.
El espectacular desarrollo de las neurociencias desde la década de los noventa del siglo pasado ha influido sobre todos los campos del saber.
Hasta tal punto es así, que podemos afirmar que nos hallamos en medio a506 de una auténtica moda neuro.
No hay disciplina que se precie que no haya intentado ganar prestigio anteponiendo a su nombre este prefijo.
La ética no podía ser una excepción.
Así, desde principios del presente siglo se ha empezado a hablar de neuroética.
Ante la irrupción de esta nueva rama del saber, algunos han querido ponernos de nuevo ante una estructura de dilema, con uno de los polos del mismo situado presuntamente en el futuro y el otro en el pasado.
Recordemos: conforme a la vulgata positivista, la religión ha sido superada por la filosofía y esta por la ciencia.
De modo análogo, la neuroética habría llegado para sustituir a la ética filosófica, que a su vez habría superado ya la moral religiosa y sapiencial.
Por fin, asuntos tales como el bien y el mal, la libertad humana, la responsabilidad, la justicia, la felicidad, el sentido de nuestras vidas y otros del mismo tenor, tradicionalmente acaparados por la filosofía, la literatura, el arte y la religión, podrán recibir un tratamiento científico riguroso, se dice.
Según esto, conforme avance la neuroética, iremos prescindiendo de la filosofía, así como de las tradiciones religiosas, sapienciales y literarias que torpemente venían guiando a la humanidad hasta la arribada de la ola neuro.
Si se acepta este planteamiento, surge la obligación de optar: o bien nos ponemos del lado del futuro, en el cual la ética filosófica será sustituida y superada por las neurociencias, o bien intentamos a la desesperada retardar este movimiento.
Parece que la ética solo puede elegir entre la sumisión a las neuriociencias o el simple desprecio de las mismas.
Pero claro está que hay otra forma de entender la neuroética, como un lugar acogedor para el diálogo y la mutua escucha, para la colaboración entre las neurociencias y la ética.
Si vemos así las cosas, más que elegir, tendremos que ponernos a construir ese lugar, ese difícil y prometedor territorio interdisciplinario.
No aspiramos aquí a la sustitución, que suele implicar empobrecimiento de perspectivas, sino a la cooperación, y a lo que la tradición hermenéutica llama fusión de horizontes.
Las neurociencias seguirán, así, siendo lo que son, una parte dinámica y apasionante de las ciencias naturales, mientras que la ética ha de conservar su carácter filosófico y sapiencial.
En estas condiciones de mutuo respeto, la comunicación entre ambas será, sin duda, tan laboriosa como beneficiosa para las dos y sobre todo para la familia humana Podemos concretar esa colaboración en un doble sentido.
Se puede trazar una ética de la neurociencia.
Será de gran ayuda para investigar y aplicar médicamente la neurociencia con el máximo respeto a la dignidad de todos los seres humanos y al valor del resto de los vivientes.
También tenemos una neurociencia de la ética, que nos muestra las bases biológicas que posibilitan y condicionan, sin llegar a determinar, nuestra acción moral 20.
Hemos hecho una somera revisión de algunos de los problemas éticos con los que actualmente nos enfrentamos.
Algunos de ellos son ya tradicionales pero al parecer no hemos conseguido encauzarlos a satisfacción de todos.
También nos hemos referido a los de más reciente aparición en el panorama de la bioética.
No es, por supuesto, un relato exhaustivo de las cuestiones bioéticas, ni mucho menos, pero sí resulta significativo en un cierto sentido.
Hemos aprendido que todos estos problemas pueden ser planteados como dilemas de elección entre dos posiciones dadas, una que supuestamente se sitúa en un futuro que algunos dicen ver y otra que intenta frenar la marcha inevitable hacia esa visión (o espejismo).
En ese caso, la bioética se convierte en una especie de campo de batalla en el que la mejor táctica consiste en buscar los flancos débiles del adversario.
Sabemos, gracias a la experiencia cotidiana y a las pruebas empíricas llevadas a cabo por la psicología moral, que es muy frecuente entre nosotros una cierta resistencia al dilema cuando ambos lados del mismo nos resultan ingratos.
Esta resistencia a veces se prolonga en una actitud de trabajo creativo encaminada a producir una posición nueva y mejor que las dos previamente dadas.
Podríamos llamar héroes de esta actitud, por ejemplo, al premio Nobel Shinya Yamanaka y a los profesionales de los cuidados paliativos.
Cuando la bioética asume este tipo de trabajo, se transforma de campo de batalla en obrador, pasa de elegir a crear, se libera de una errónea imagen del tiempo y de un planteamiento dilemático.
Bajo la inspiración de esta imagen hemos reconstruido los problemas, no ya como dilemas, sino como retos para la creatividad y laboriosidad humanas, retos para una bioética empeñada en hacer futuro. a506 NOTAS 1.
Véase en este mismo número el artículo de Evandro Agazzi, El estatuto epistemológico de la bioética, en el que se hace una original revisión de los orígenes y epistemología de la bioética.
Un extenso y riguroso informe sobre estos experimentos puede verse en Asla, 2016, cap. 3 y cap. 4.
Existe también trabajo empírico reciente sobre las implicaciones neurológicas de estos dilemas.
"En resumen, se ha constatado que en situaciones abstractas en que predomina el componente consecuencialista se activa preferentemente la zona cortical, mientras que en situaciones con más implicaciones directas, personales y emocionales lo hace el cerebro profundo, amígdala y sistema límbico; además se constata que dilemas que hacen entrar en conflicto estos dos sistemas, activan también la circunvolución cingulada anterior" (Marcos, 2015, p.
Así lo ha entendido el Parlamento Británico en su rechazo del suicidio asistido.
Muchos parlamentarios entendieron que la aceptación del suicidio asistido podría funcionar como sutil mecanismo de presión precisamente sobre las personas más vulnerables.
Véase a este respecto y en este mismo número el texto de Victoria Espinar, Los cuidados paliativos en el final de la vida, aspectos clínicos y éticos.
Por poner un ejemplo, la tasa de abortos provocados por cada mil mujeres en edad fértil es prácticamente el doble en Asturias que en La Rioja, con datos de 2013.
Ello parece indicar que en la primera de estas comunidades hay todavía mucho margen de mejora en este terreno.
Pueden consultarse los datos actualizados en la página web del Ministerio de Sanidad: https://www.mscbs.gob. es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/embarazo/tablas_figuras.htm 8.
Añadamos a esto el dato de que el 80% de los abortos provocados se dan en mujeres de edades comprendidas entre los 20 y los 40 años.
Es decir, en la gran mayoría de los casos no se trata de adolescentes ni de mujeres en edades extremas de su fertilidad.
Frente a estos tipos de aborto, la comunidad internacional ha permanecido en general bastante inactiva.
Solo hace unos años, en 2007, se produjo en el Senado norteamericano un voto contrario al aborto coercitivo.
Sobre aborto selectivo por razón de sexo puede verse: https://es.wikipedia.org/wiki/Abor-to_selectivo_por_sexo 10.
Según el último Informe sobre la protección social de la familia en España, publicado en 2015 por el Instituto de Política Familiar, nuestro país es gravemente deficitario en este terreno en relación con los demás países de su entorno; de hecho, nuestro país tiene una de las prestaciones por hijo a cargo más bajas de Europa, 24 euros, frente a una media europea de 91 (informe disponible en: http://www.ipfe.org/Espa%C3%B1a/Documentos/Protecci%C3%B3n_Social).
La reflexión de Ignacio Sánchez Cámara, en este mismo número, trata precisamente sobre El bioderecho y la protección jurídica de la vida: el caso del aborto.
Sobre la dignidad de las personas y su función crucial en la relación médicopaciente escribe en este número Roberto Andorno: La dignidad humana como principio biojurídico y como estándar moral de la relación médico-paciente. |
Este artículo se propone, en primer lugar, analizar algunos de los cambios producidos en el concepto de naturaleza humana a lo largo de la historia y, en segundo lugar, realizar una reflexión bioética acerca de las intervenciones planteadas por el transhumanismo y el enhancement o mejoramiento humano.
Después de repasar la génesis y principales cambios transcendentales del concepto de physis aplicado al hombre, concluiremos que hoy en día el concepto de naturaleza humana, tal y como lo entiende el transhumanismo, podría alinearse por analogía con la modernidad líquida.
Entenderíamos, así, la naturaleza humana como una "naturaleza líquida", permanentemente en cambio.
Esto plantea numerosos problemas, no solo de índole ética o biomédica, sino sobre todo de carácter antropológico y metafísico, en el modo de entender al hombre, y condiciona toda valoración bioética acerca de las intervenciones que supuestamente mejoran la humanidad.
LA DEROGACIÓN DE LO "SÓLIDO" COMO CATEGORÍA
El concepto de modernidad líquida del sociólogo polaco Zygmunt Bauman (2002) constituye una excelente "caja de herramientas" conceptuales con las que abordar los cambios que se plantean sobre el hombre y la naturaleza humana a partir de los más recientes avances en biotecnología y del reto planteado por el transhumanismo (Postigo Solana, 2009; Postigo Solana, 2016).
Entendemos por transhumanismo lo que indica la definición que ha dado de él Nick Bostrom, presidente del Future of Humanity Institute de la Universidad de Oxford y presidente de la Asociación Transhumanista Mundial: "el transhumanismo es un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas tecnologías para eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana, como son: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento e incluso la condición mortal" (Bostrom, 2003).
Entraría por tanto dentro de sus fines la alteración, el mejoramiento y el alargamiento de la naturaleza humana: alterar, mejorar, alargar, e incluso, no morir.
Para Bostrom, la condición humana es cambiante, no permanente; está en manos de la ciencia y del científico y a estos corresponde conducirla hacia un mayor bienestar, personal y global.
En su obra La modernidad líquida, Bauman desecha el concepto de posmodernidad por parecerle que esta expresión remite a algo distinto de la modernidad, como si esta estuviese ya superada.
Al contrario, Bauman piensa que la modernidad se identifica con el prurito de cambio de todo tipo de estructuras sociológicas, políticas, económicas, de valores, etc. y, en ese sentido, el autor plantea que no solo no ha quedado derogada ni superada la modernidad en nuestros días, sino que nos hallamos en un período de profundización de la misma, una fase en que lo característico no es la remisión de los cambios sino más bien su intensificación.
Se intensifica la rapidez con que se producen y, al mismo tiempo, el deseo de superación de una barrera que incluye los límites naturales o biológicos del ser humano.
La barrera a la que Bauman se refiere es la del objetivo al que se orientan los cambios.
Mientras que en sus inicios la modernidad propiciaba cambios en aras de una mayor estabilidad, en nuestra época los cambios se realizan para que en el nuevo escenario la innovación sea más fácil.
Es decir, se cambia en aras a la inestabilidad.
La modernidad en estas condiciones es, según Bauman, estructuralmente cambiante; no es mera búsqueda de cambio sino que es constitutivamente cambio.
Por tal motivo, la solidez ya no forma parte del horizonte epocal de Occidente en ningún sentido que no sea el de su superación.
Consecuentemente, el fundamento ya no es de ningún modo sólido sino líquido; estamos instalados en una fase del devenir de Occidente que no puede sino denominarse modernidad líquida.
A partir de aquí, y desde su perspectiva sociológica, Bauman relata en qué consisten estos cambios, cómo afectan a nuestras vidas y qué podemos esperar en el campo económico, institucional y geopolítico.
Nos habla por lo tanto de categorías tales como la globalización de la economía, la disfunción entre poder y política, el devenir de las democracias, el colonialismo cultural, etc. Perspectivas todas ellas de gran interés pero que no corresponden al ámbito del presente estudio cuyo entorno disciplinar se circunscribe al de la bioética, entendida como el "estudio sistemático e interdisciplinar de las acciones del hombre sobre la vida humana, vegetal y animal, considerando sus implicaciones antropológicas y éticas, con la finalidad de ver racionalmente aquello que es bueno para el hombre, las futuras generaciones y el ecosistema, para encontrar una posible solución ética, clínica, o elaborar una normativa jurídica adecuada" (Postigo Solana, 2003).
Por lo tanto nuestra línea de investigación escoge desplazarse al polo opuesto del que ocupa Bauman; explora no el aspecto "macroscópico" -sociológico, político, económico-de las consecuencias de la modernidad líquida sino que se orienta hacia el de sus implicaciones "microscópicas", es decir, hacia las transformaciones que están teniendo lugar sobre la idea misma de hombre.
Trataremos sobre la nueva antropología incoada por los últimos avances en biotecnología y sobre cómo podría afectar al concepto recibido de naturaleza humana.
LA PHYSIS COMO SUPERACIÓN DE LA MOIRA
Para llevar a cabo esta investigación, es necesario comprender dos procesos: primero cuál es el periplo de cambio antropológico por el que el hemos llegado a tener un concepto de naturaleza humana.
Segundo, cuál es la transformación que experimentó el propio concepto de naturaleza humana hasta nuestros días.
El primero de estos procesos va unido indisolublemente con el alumbramiento de la idea de physis, de naturaleza.
Podríamos confundir naturaleza con lo que hay cuando uno sale a espacios abiertos y sin urbanizar.
Pero eso sería en todo caso el mundo ani-a507 mal, vegetal y geológico-mineral sin calificación categorial alguna.
La idea de naturaleza no solo se refiere a lo que existe independientemente de la acción humana, sino que implica dos presupuestos sobre este conjunto de seres: que esté ordenado y que se pueda conocer.
El primero es el presupuesto cósmico; es el cosmos, la presunción de que "lo que hay" está ordenado.
El segundo es la idea misma de physis, de naturaleza, y consiste en pensar que eso que está ordenado, ese cosmos, presenta rasgos isomórficos con una cualidad del ser humano llamada nous, en virtud de la cual eso "que hay" puede aflorar en el nous, es decir puede llegar a conocerse.
Este es un descubrimiento que convencionalmente se concede a Tales de Mileto y se data en torno al 650 a C.
No se olvide por tanto que naturaleza es el orden de las cosas asequible a la penetración del entendimiento.
Esta idea endosa el cosmos, es decir, se suma a la idea de cosmos que es mucho más antigua (su origen se pierde en la noche de los tiempos pero aparece ya claramente articulado en las primeras civilizaciones).
Naturaleza es, pues, una apostilla sobre el cosmos; no es solo orden, es orden cognoscible por el hombre.
Es muy importante darse cuenta de que la idea originaria de cosmos no implica conocimiento sino intermediación: antes del alumbramiento de la physis lo que hay es un orden cósmico al que el hombre puede acceder por intermediación de los dioses a través del oráculo.
En estas condiciones "lo que hay" no es naturaleza entendida como physis, sino moira -el oscuro fondo del que se extraen los tenues reflejos del orden cósmico gracias a la intervención de los dioses por el oráculo-.
Según esto la naturaleza es una idea profundamente emancipadora pues concede al hombre la capacidad de llegar al fondo mismo de las cosas por sí mismo, sin necesidad de consulta a los dioses.
El hombre ya no depende del signo oracular y de su incierta interpretación.
A partir del alumbramiento de la idea de naturaleza, el hombre contará con su "propia tecnología" de acceso al fondo de las cosas e irá abandonando poco a poco el oráculo en favor de su propio método, cuyo supuesto es el nous y que, en un proceso progresivo de independización del capricho de los dioses, le hará desechar las religiones cósmicas hasta llegar al monoteísmo y a la ciencia: a la idea de que la certeza sobre las cosas es posible porque Dios las ha creado con la misma herramienta que ha puesto a disposición del hombre: la razón.
Naturaleza humana de Homero a Píndaro
Ahora bien, una vez alcanzado el descubrimiento de la physis por superación de la moira, cabe pregun-tarse: ¿en qué posición queda el hombre como tal respecto de la naturaleza?, ¿es el hombre un objeto natural más -y por lo tanto completamente asequible al conocimiento-o cabe concederle un estatuto ontológico diferente?
O dicho de otra forma: ¿existe algo que se pueda predicar del hombre con la misma certeza con que lo hacemos de una piedra o de un perro?, ¿existe algo que podamos llamar naturaleza humana y es esta naturaleza humana susceptible de ser conocida por el propio hombre?
La respuesta de la filosofía griega a este interrogante será en último término positiva y dará como saldo tres notables resultados: por un lado, la confirmación de la vieja antropología homérica en el sentido de que el hombre alcanza la excelencia y la perfección mediante el cultivo de la virtud o areté; por otro, que este rasgo que le eleva de lo material no es solo atributo del héroe guerrero sino de todo hombre sabio; y por último, que esta naturaleza dual pertenece intrínsecamente al hombre como tal, independientemente del favor o del concurso de los dioses.
Convencionalmente podemos cifrar el arco de esta transformación entre Homero y Píndaro ya que a este último se le atribuyen los clásicos dichos sapienciales que remiten al autoconocimiento; mientras que los textos homéricos, y en particular la Ilíada, han sido justamente considerados desde siempre como el humus nutricio de la visión antropológica del hombre griego arcaico.
Las herramientas que hacen posible este proceso son dos: un supuesto inamovible y un vector transformador.
O, si se quiere, un suelo (de creencias) y un horizonte (de ideas) que hay que conquistar.
El primero, el suelo, será la certeza homérica en la posibilidad de una antropología dual (material/inmaterial); el segundo, el horizonte, consistirá en concretar los detalles del tránsito entre ambas.
Dicho tránsito, naturalmente, estará presidido por la evolución de la idea de virtud.
Veamos en detalle cómo sucede esta transformación.
En Homero el hombre puede trascender los atributos de la variedad racial a la que pertenece -mirmidón, troyano, aqueo, etc.-mediante el ejercicio de la excelencia aristocrática, de la areté, cuyo rasgo principal es el arrojo en la batalla.
En efecto, el hombre antiguo sentía como una evidencia indiscutible que algunos hombres son capaces de alcanzar grandeza, por lo que la naturaleza humana no puede ser un asunto cerrado.
Esa apertura a lo trans-natural es la virtud: la potencialidad del hombre para realizar acciones en el a507 límite de su naturaleza física y equipararse a los dioses.
Los animales, al no tener posibilidad de virtud, son incapaces de grandeza.
Por ejemplo, un perro siempre será un perro, no podrá salir de lo que le marca su naturaleza perruna, mientras que el hombre (llamado a ser grande) podrá realizar acciones heroicas.
Ahora bien, mientras que en Homero esta grandeza implica de una forma u otra el concurso de los dioses, con el advenimiento de la physis se abre la posibilidad sapiencial, es decir, se abre la posibilidad de que el hombre llegue por sí mismo a determinar su propio destino a través del descubrimiento de su virtud, de aquello para lo que sirve óptimamente, una idea a la que llega por trasposición del concepto de utilidad material de las cosas funcionales.
Naturaleza humana: principio constructivo de la identidad personal
Nada más expresivo de esta nueva etapa que los consabidos dichos pindáricos "conócete a ti mismo" y "aprende a ser el que eres".
El hombre sabio ha de buscar su virtud por analogía con la de las cosas materiales: si la virtud del cuchillo es cortar, ¿cuál es la mía?
¿Cuál es mi propia virtud?
O, dicho de otra forma, ¿a qué estoy llamado?
¿Qué tipo de virtud estoy llamado a ejercer?
Por lo tanto, quedará establecido ya desde un estadio muy primitivo una secuencia "natural" en el orden de lo que le es dado saber al hombre sobre sí mismo.
Esta secuencia se fundamenta sobre el suelo de la naturaleza animal, es fácilmente apreciable mediante sus funciones y se eleva por encima de esta mediante las facultades propiamente humanas y la virtud, hasta alcanzar una plenitud humana que linda con la de los dioses.
De Homero a Píndaro, esta virtud -llave de paso de una parte a otra de la naturaleza humana-sufre una doble transformación: se "democratiza" y se difumina.
Se democratiza porque deja de ser un atributo aristocrático para convertirse en un rasgo antropológico.
Se difumina, porque deja de estar unívocamente identificada con la proeza bélica y pasa a ser objeto de investigación al que el hombre sabio puede acceder mediante la introspección y la puesta en práctica de la filosofía sapiencial.
El hombre no es aún dueño de sí mismo, pues permanece ligado a la maquinaria cósmica que rige su destino, pero sí ha conseguido emanciparse del capricho de los dioses con sus ambiguos oráculos.
Ahora las estrellas no le determinan, solo le condicionan, pues el hombre sabio/ sensato sabe cómo regir sus astros.
Su poder es, pues, cada vez más equiparable al de los dioses sobre la vieja moira: no puede determinarla pero sí llegar a conocerla.
He aquí que la pregunta por el hombre suscitada como consecuencia del advenimiento de la idea de physis da como resultado una brecha antropológica, un abanico de posibilidades por el que cada hombre tiene su propio destino, aún pegado a la antigua moira y por lo tanto misterioso, apenas cognoscible.
Solo los grandes hombres tendrán un destino claro; para el resto, la vida apenas será distinguible de la de los animales.
Con el paso del tiempo la máxima virtud de cada hombre, esa virtud-mistérica de la que Píndaro es portavoz, quedará poco a poco explayada en una serie de virtudes menores que convienen a todo hombre que merece el nombre de tal, al hombre libre habitante de la polis susceptible de desarrollar una vida propia netamente distinta de la que desarrollan los animales 1.
Naturaleza humana de Píndaro a Aristóteles
El horizonte de autocontrol y conocimiento incoado en el ideal pindárico perderá toda carga mistérica en Aristóteles, quien deslinda ya claramente la índole dual, hilemórfica, de la naturaleza humana entendida como principio de operaciones, describe sus partes constitutivas y propone un catálogo de virtudes para lograr su armonización.
Partiendo del viejo ideal sapiencial, Aristóteles reconocerá que la plenitud de todo hombre consiste en la actualización de lo que le es propio, lo que es propio de su naturaleza humana, también a través de la virtud.
Define esta como el ejercicio práctico de la razón -la cualidad específicamente humana de la que carecen el resto de los seres de la naturaleza-en la búsqueda y actualización del bien propio de su naturaleza, y precisa que solo mediante su aplicación en el mundo el hombre puede llegar a dominar su oficio de hombre y a ser feliz.
De esta forma al final de la antigüedad el hombre quedará definitivamente emancipado de la moira y sus agentes mistéricos -el oráculo o signo de los dioses-y se definirá como un ser de naturaleza dual (el animal racional aristotélico) donde la fisura entre ambas partes queda suturada por la virtud, prerrogativa que el hombre sabio es capaz de ejercer por sí solo, sin intervención divina, pero eso sí: en compañía de otros hombres -en el seno de la ciudad-.
La polis es el contexto necesario para que el hombre pueda llegar a conquistar lo específicamente humano de su naturaleza y, elevándose desde su naturaleza puramente animal, pueda llegar a ser verdaderamente hombre.
Se enlaza así con la idea de zoon politikon, la pieza que viene a completar el arco antropológico que se inicia con el descubrimiento de la physis.
En efecto, el duplo aristotélico animal racional/ zoon politikon supone la cúspide de la evolución antro-a507 pológica que libera al hombre de la subyugación a un orden cósmico ignoto e incognoscible, accesible solo mediante la triangulación oracular que graciosamente otorgan los dioses.
Esta nueva antropología de la independencia cósmica que se abre con la physis llega, pues, a su apogeo en Aristóteles.
La antropología aristotélica del animal racional/zoon politikon sintetiza perfectamente la idea de que el hombre es, ciertamente y en primera instancia, un animal como los demás pero que en él existe la posibilidad de elevarse desde su naturaleza hasta un estadio superior que le confiere un mayor rango ontológico.
Esto es posible gracias a uno de sus elementos constitutivos, la inteligencia, que el hombre sabio es capaz de desplegar en un abanico de virtudes cuya única condición de posibilidad es la vida en la comunidad perfecta de la polis.
Solo así el hombre puede alcanzar la vida que le es propia, la dignidad de la vida propiamente humana, muy distinta de la vida animal.
Sensu contrario, el hombre desgajado de la vida cívica -ya sea por herencia o accidente (designio de la Fortuna)-está abocado a una regresión de su humanidad.
Es el caso del bárbaro, del esclavo o de aquel que ha caído en desgracia.
El suicidio es, en estas condiciones, la única salida lógica; el último acto de dignidad humana antes de ser subsumido completamente en la categoría animal.
Naturaleza humana en el cristianismo
Es muy importante reconocer con toda nitidez que el cristianismo se integra sin fisuras en este arco evolutivo de la antropología occidental que se da desde el alumbramiento de la idea de physis y que viene a completar el proceso de independencia cósmica del hombre 2.
Igualmente importante es darse cuenta de que dicha independencia solo pudo completarse plenamente mediante el recurso a un elemento paradójico que solo el cristianismo supo aportar.
Este elemento no es otro sino la externalización completa del elemento ultramundano de la naturaleza humana hacia una región exterior propiamente ultramundana, la Ciudad de Dios, en cuya construcción desde el mundo todos los hombres participan con igual dignidad inalienable.
El cosmopolitismo de finales de la antigüedad encuentra así justamente la salida a sus aporías mediante la metáfora urbanística de San Agustín.
Una nueva mirada a la gran síntesis aristotélica del animal racional/político revela la profundidad de la solución agustiniana: en tanto que racional, el animal-hombre puede alcanzar una dignidad superior específicamente humana mediante el ejercicio de la virtud que posibilita la polis y que le equipara a los dioses.
Pero si el ámbito de esa polis es exclusivamente intramundano los inevitables enfrentamientos y diferencias entre los hombres hacen imposible que todo hombre alcance la dignidad de la virtud.
La humanidad ha de dividirse necesariamente entre los que sí y los que no; dignos e indignos; salvos y réprobos.
Por este motivo solo el recurso a una Ciudad de Dios es capaz de salvar las diferencias de dignidad entre hombres, pues solo fuera de este mundo es posible hallar la perfección.
El cristianismo señala esta ciudad ultramundana como el verdadero destino del hombre, allá donde la verdadera Vida -trasunto de la vieja bios aristotélica-es posible en todo su esplendor y a cuya construcción debe orientarse hic et nunc la vida humana en esa otra ciudad, intramundana, donde los fallos están descontados desde el principio pues no son sino mero reflejo de las necesarias inconsistencias individuales de todos sus miembros.
En estos tiempos de pertinaz materialismo filosófico 3 se dirá que el recurso a la ultramundanidad es irrelevante.
Nada más lejos de la realidad.
El concurso del duplo categorial mundano/ultramundano es tan inevitable en antropología metafísica como es la mención idealista/realista en las discusiones de filosofía primera.
No es posible erradicarlos del debate; afloran velis nolis tan pronto el punto de vista alcanza un grado de abstracción suficientemente alto.
La prueba de ello es que en el intento contemporáneo por inmanentizar completamente la vida pública, la idea de utopía aflora sin remisión en todas las ideologías.
Como el profesor Dalmacio Negro ha recordado en numerosas ocasiones, "lo Político salió del seno de lo Sagrado, de lo religioso, para velar por el orden social" (Negro 2010, p.
33), y en la tensión que genera la irreductibilidad de estos dos polos esenciales se engendra el resto de las categorías de la vida pública: el derecho, la justicia, lo social, etc. No es el momento para profundizar sobre las luengas consecuencias de esta inoportuna inmanentización de la vida pública en nuestros días, cuyo desarrollo discurriría sin duda a lo largo de algo tan familiar para todos nosotros como es el engaño político, es decir, la mentira erigida como polo categorial complementario al de la utopía.
Sin embargo, sí creo relevante destacar que el cristianismo, al llevar a cabo la mencionada "externalización" de los elementos ultramundanos que conforman la naturaleza humana, extrae la dignidad humana de los condicionamientos y ambigüedades del ámbito de la praxis para entronizarla definitivamente y sin ambages en el campo ontológico.
Esta es, a todas luces, la aportación específicamente cristiana al desarrollo de la antropología occidental 4.
En efecto, al cifrar la per-a507 fección humana como un límite que apunta hacia lo ultramundano y se alcanza colectivamente por suma de empeños perfectibles, el ejercicio de la razón y de la virtud no preceden a la dignidad humana, sino que esta se revela como estrictamente constitutiva de la condición humana y, en consecuencia, es anterior a la acción y condición de posibilidad de esta 5.
DE LA NATURALEZA HUMANA COMO ORDEN CONSTRUCTIVO A LA "NATURALEZA LÍQUIDA"
La breve investigación anterior sobre el devenir histórico de la idea de naturaleza humana no está ni mucho menos conclusa.
La Reforma y la modernidad incluirán cambios considerables cuyo tratamiento desborda el ámbito del presente artículo.
Lo que sí es importante destacar llegado este punto con vistas a la investigación que nos interesa es que desde el principio el concepto de naturaleza humana supone un orden constructivo según el cual al hombre le es dado atisbar el aspecto personal y dinámico de cada cual sustentándose en los aspectos trivialmente asequibles al entendimiento -aspectos físicos y funcionales que el hombre comparte con los animales y que Bauman calificaría de "sólidos"-.
A lo largo de toda la evolución del concepto de naturaleza humana -que, como hemos visto, corre en paralelo con los avatares históricos de la civilización occidental desde Tales de Mileto hasta el advenimiento del cristianismo-este orden constructivo permanece inalterado pues nunca dejó de considerarse que al conocimiento de la dimensión personal variable y dinámica del ser humano se llega sobre la firme base natural común a todos los individuos de la especie.
Siglos después, a día de hoy, según J. M. Burgos (2007), desde el punto de vista filosófico, las posiciones acerca del concepto de naturaleza humana podrían resumirse en tres grandes acepciones: la naturalista en sus distintas formas: materialista, empirista, mecanicista (desde el hombre-máquina moderno hasta el cyborg), neoempirismo, positivismo, neurobiologicismo o reduccionismo genético.
Todas ellas, a la postre, idénticas en lo esencial, a saber, la reducción del hombre a mera materia, a factum físico, genético o neuronal.
La mayor parte de los autores transhumansistas y quienes promueven el mejoramiento liberal radical, tienen este concepto de naturaleza humana.
En segundo lugar, la naturaleza entendida en sentido sociocultural, donde esta no es un factum dado sino que se construye mediante la cultura y la libertad.
De esta segunda perspectiva brotan dos vertientes, la sociocultural (el hombre se construye culturalmente y en sociedad), o bien donde la conciencia y la libertad son quienes constituyen el ser y la existencia (Sartre).
En esta perspectiva se produce lo que he denominado deriva de la persona del ser al obrar, del ser al pensar o elegir, produciéndose un olvido o desconocimiento total de lo que es el hombre ontológicamente.
El olvido de una metafísica del ser y la reducción de este a sus actos (pensar o elegir libremente) ha llevado a algunos autores a afirmar que la persona es tal solo cuando piensa y elige autónomamente, así por ejemplo P. Singer o H. T. Engelhardt.
En bioética las consecuencias son patentes: una persona en coma o un grave discapacitado mental no serían personas de pleno derecho.
Contrariamente a estos autores, sostenemos la validez del aserto clásico agere sequitur esse, el obrar sigue al ser, para obrar y actuar (pensar y elegir), hay que ser o existir previamente.
Por último, entre esas tres versiones del concepto de naturaleza, tendríamos la versión clásica, teniendo esta a su vez dos formas diferenciadas.
Una, la versión aristotélico-tomista, en sus formas clásicas o en sus formas contemporáneas (A. MacIntyre, R. Spaemann, M. Ronheimer o A. M. González); y otra, que sería la personalista con elementos de ontología clásica y fenomenología contemporánea; en esta última acepción tendríamos a J. Seifert, K. Woityla y J. M. Burgos, entre otros.
Según esta última concepción de la naturaleza humana sería necesaria una reformulación del concepto de naturaleza clásica.
Esta no debiera ser reducida bien a factum, o bien a conciencia, sino a una síntesis entre estas dos dimensiones.
La naturaleza posee un dinamismo (apertura, no fisicismo), no está terminada, tiene una serie de virtualidades por explicitar.
Posee inclinaciones naturales que orientan su obrar y una "autoteleología" (no solo teleología).
La razón práctica, libre, abierta e histórico-cultural, iría reformulando lo bueno y conveniente para el hombre, mediante una interioridad e intencionalidad (resonancia clásica, F. Brentano, E. Husserl y P. Ricoeur) que juega un papel importante a la hora de valorar bioéticamente las intervenciones sobre esta naturaleza humana, tanto para el hombre que vive hoy como para las generaciones futuras.
Desde esta perspectiva, en mi opinión, la más adecuada porque no reduce a la persona ni a materia ni a conciencia, porque capta aspectos del ser constante del hombre, de su naturaleza, y otros cambiantes, indeterminados, el hombre encontraría en sí mismo un ser dado, una serie de inclinaciones que dan orientaciones fundamentales para a507 guiar la existencia humana (vivir, comer, pensar y buscar la verdad, etc.).
Así, mediante su razón práctica, decide en cada situación qué es lo bueno para orientar su existencia hacia el bien en sentido global, de toda la persona, y en sentido social, hacia el bien común de las personas.
Con el abandono del concepto clásico de naturaleza en su formulación contemporánea, y con la aceptación mayoritaria del concepto empirista y su reducción a lo biológico, se ha producido la incapacidad para entender completamente la naturaleza humana como "principio de operaciones", como physis, como un factum dado que a su vez incluye y es guiado por la recta razón, no completamente autónoma sino en el reconocimiento de lo que esta es previamente a su conciencia (inclinaciones naturales que el hombre no puede obviar).
En esa unidad-dual de la naturaleza humana, con una vertiente corporal y otra no reductible a lo corporal, íntima y primigeniamente unidas, en unión constitutiva originaria, dinámica, cambiante y autoteleodirigida por el mismo hombre, este puede elegir o rechazar esos procesos (realizar aquello que los clásicos llamarían actos contra natura: no beber, no comer, etc.), incluso puede intentar ir contra procesos biológicos naturales como el envejecer, en tra de su devenir.
Nos encontramos en una situación en que el concepto de naturaleza humana clásico y moderno ha sido abandonado o reducido a materia y conciencia, a la postre a actividad neuronal.
Una situación en que la biotecnología moldea la naturaleza a voluntad del hombre individual y de la ciencia; es en este sentido en el que creo que el concepto actual que definiría mejor la situación sería el de "naturaleza líquida", permanentemente cambiante.
No se reconocen los límites biológicos de la naturaleza humana y se quieren alterar (vivir indefinidamente, cambiar sus bases biológicas, corregir defectos genéticos, cambiar de sexo o incluso afirmar que no estamos definidos sexualmente, cromosómica ni genéticamente).
Es en este escenario donde se encuentra la bioética contemporánea: para muchos autores, incluidos los transhumanistas, todo es posible, no hay nada dado, y si lo hay es accidental.
No comparto esta visión, tanto en sus premisas teóricas como en las implicaciones bioéticas que conlleva.
Si bien considero que existen aspectos cambiantes, corresponde a la bioética, una ética aplicada, discernir y valorar qué cambios son buenos para el hombre y las generaciones futuras y cuáles no porque ponen en juego su vida, su libertad, la justicia y la equidad, fundamentalmente.
El advenimiento de la biotecnología de las últimas décadas y la posibilidad de cambiar las bases biológicas de la vida humana y del resto de los seres vivos ha inducido a pensar que, debido a que la manipulación de aspectos genéticos y fisiológicos hasta ahora tenidos por inalterables es posible, los cambios sobre el orden constructivo de la naturaleza humana son por tanto deseables y buenos.
Se ha producido un salto injustificado desde una posibilidad tecnológica al plano de las valoraciones éticas.
No tiene por qué ser bueno para el hombre y para el ecosistema todo aquello que podamos realizar.
No es ético todo aquello que es posible científicamente.
El tiempo y la experiencia han demostrado la verdad de estas dos aserciones.
Corresponde a la persona racional valorar, juzgar con su propia razón de qué manera estos cambios afectan al ser humano y a las generaciones futuras; y decidir, con prudencia, responsabilidad y justicia qué es bueno hacer o no.
El crecimiento en conocimiento científico no ha ido acompañado en paralelo por una reflexión acerca de las implicaciones éticas que estos cambios producirían en las personas actuales y en las generaciones futuras.
Al menos no ha sido pensado con el debido rigor y suficiente profundidad.
Algunas propuestas radicales de aplicación de estas nuevas técnicas, como son por ejemplo las del transhumanismo, enhancement o mejoramiento radical, suponen de hecho la inversión del orden constructivo propio de la naturaleza humana tal y como ha venido considerándose hasta ahora.
Se pretende alterar la naturaleza humana para que mejoremos físicamente y alarguemos nuestra existencia eliminando de ella todos aquellos aspectos indeseables como son el sufrimiento, el dolor e incluso la muerte.
Lo biofísico dejaría de ser suelo constructivo para convertirse en algo voladizo ornamental.
Muchas de las intervenciones planteadas por el transhumanismo y el mejoramiento genético, cognitivo, físico, afectivo o moral van en esta línea (Savulescu 2012; Savulescu y Bostrom, 2012).
Una vez desaparecida la idea de una naturaleza determinada, o reducida esta a sus aspectos meramente cuantificables, y ante las posibilidades que nos abre la biotecnología, incluida la posibilidad de alargar la existencia humana o una hipotética criogenización de partes del organismo humano, el problema no es tanto de índole científico-tecnológica cuanto de índole ética y, en última instancia, de antropología metafísica: quiénes somos en cuanto hombres y cuál es el mejoramiento y el perfeccionamiento que nos corresponde en cuanto tales.
¿Hacia dónde a507 queremos llevar a nuestra especie?, ¿hacia dónde dirige sus pasos la ciencia y la filosofía?
El transhumanismo y el llamado mejoramiento humano radical reducen la naturaleza humana a una de sus dos dimensiones, la material; por lo general son fisicalistas.
Al mismo tiempo, se produce una desteleologización de la naturaleza (negación de que existan inclinaciones naturales) y una incapacidad para entender qué le pasa al hombre y qué es lo deseable para él.
J. Savulescu, T. Douglas, A. Buchanan, N. Agar y todos los enhancers interpretan la naturaleza humana desde una perspectiva mecanicista y reduccionista; para ellos la naturaleza no plantea problemas ni acotaciones, ni virtualidades preexistentes a una libertad.
La libertad hace al hombre.
Desde su perspectiva utilitarista, legitiman cualquier acción siempre que no haga daño a otros y produzca cierta utilidad y beneficios.
Estamos ante un enhancement utilitarista y libertario.
Critican abiertamente a Leon Kass, M. Sandel y a todos los "bioconservadores" diciendo que realizan una apología de la "mediocridad humana", no permitiendo que el hombre evolucione hacia especies superiores (que sufran menos, que vivan más e incluso que no mueran).
La tesis de la naturaleza reducida a materia, a mi modo de ver, presenta numerosos problemas y ha habido numerosos autores que la han criticado.
No solo por el daño a la naturaleza humana hoy, sino por las alteraciones globales que se pueden introducir en la especie y en el ecosistema.
Ahora bien, en un modelo en el que el hombre no es más que una pieza independiente, sin valor especial respecto al resto de los entes naturales, no pasa nada si este desaparece y aparece una especie nueva.
En su perspectiva desaparecen o se diluyen los conceptos de dignidad humana y de persona.
Estos autores aceptan y asumen la filosofía moderna, especialmente la que se inspira en Hume, el empirismo y el neo-empirismo, y caen en una asunción de la misma totalmente acrítica, porque carece de la confrontación con otras teorías.
Afirman que ens est percipi, es decir, que el hombre es una realidad material, un cuerpo, una estructura, excluyendo sus inclinaciones naturales, su finalidad intrínseca o la existencia en él de algo inmaterial.
Para ellos el hombre es materia, genes, células y neuronas.
De este modo se opera un reduccionismo biologicista que, unido a la "falacia naturalista", establece que no es posible fijar una ética que surja de la naturaleza humana (finalizada y racional).
Los fines, según esta teoría, son elegidos o de modo autónomo por la racionalidad de la persona o bien por criterios extrínsecos de una uti-lidad pragmática.
El hombre, por lo tanto, es considerado como un mecanismo material complejo, que funciona como una máquina.
A este reduccionismo materialista se une además un segundo nivel de reduccionismo, el reduccionismo neuronal.
Somos sobre todo conexiones neuronales.
Para estos autores, el día en que el hombre pueda descifrar con claridad cómo funciona el cerebro, habremos descubierto cómo funciona el hombre entero.
El concepto de naturaleza humana se remonta al origen de la filosofía y a la idea de physis.
Desde el principio supone un esfuerzo por precisar la articulación entre dos tipos de elementos de antaño percibidos en el hombre e irreductibles entre sí: los asimilables a aspectos biológico-funcionales compartidos con el resto del reino animal, y otros, de más difícil concreción, que apuntan hacia la apertura de posibilidades asociada a la creatividad y las funciones intelectuales superiores específicas del hombre.
Desde el principio estas dos series de elementos se estructuran como un orden constructivo donde lo biológico-funcional sirve de basamento a lo psicológico-creativo-intelectual.
En un primer momento este orden superior se adscribirá a la influencia mágica de un orden ultramundano concomitante sobre algunos individuos concretos.
La evolución posterior del pensamiento occidental llegará, en época helenística, a la admisión de que todos los hombres se hallan en el mismo plano de perfectibilidad pero que este supone un camino incierto al estar condicionado a su inserción en el seno de un ámbito político especial, la polis, y ser muñeco, además, del vaivén de las circunstancias de cada biografía particular cuyo saldo en fracaso prescribe el suicidio antes que la indignidad.
La naturaleza humana no alcanzará su independencia completa -tanto del cosmos como de la fortuna-sino con el advenimiento del cristianismo.
La modernidad introduce nuevos elementos a la hora de conocer y apreciar la naturaleza humana y a la postre esta queda reducida para muchos a algo meramente cuantificable, con piezas intercambiables según la voluntad humana guiada por los criterios de la ciencia.
El advenimiento de la biotecnología contemporánea está propiciando la creencia falaz en una "naturaleza líquida o invertida" según la cual, mediante la aplicación de ciertas nuevas técnicas (de manipulación genética y celular, de intervención físicobioquímica y de combinación de elementos biológicos y nanoelectrónicos), sería posible redefinir la a507 identidad del ser humano tanto a nivel individual como al nivel de especie.
Si no hay una naturaleza humana dada, está en nuestras manos y en nuestra conciencia decidir qué es lo bueno y deseable.
Estas intervenciones plantean numerosos problemas bioéticos, entre los cuales deseo destacar la eugenesia mejorativa radical y las intervenciones sobre el patrimonio genético en su línea germinal, no somática.
Apuestan por la eliminación de embriones o fetos humanos con patologías no solo graves o severas.
Esto supone obviamente contravenir algunas de las reglas fundamentales que las sociedades modernas se han dado y conculcan derechos fundamentales entre los que están el derecho a la vida, a la libertad y a la justicia.
Otras intervenciones supuestamente mejorativas todavía no están avaladas por suficientes estudios a largo plazo y además no respetan el principio de precaución y de responsabilidad en ética de la investigación.
Todo esto no quiere decir que no sea ético cierto mejoramiento biotecnológico.
Hemos de ver qué significan cada una de esas intervenciones, qué conllevan, qué intención y finalidad tienen y qué medios utilizan.
Una por una, estudiándolas con detalle.
En las próximas décadas las tecnologías irán cambiando, igual que ayer se descubrió la nueva técnica CRISPR/Cas9 de gene editing, mañana será otra técnica y dentro de 50 años otras.
Hay que estar abiertos a estas posibilidades siempre que no dañen al ser humano (primum non nuocere), estén al servicio del progreso humano y del bien común y siempre que no conculquen derechos fundamentales o violen normas fundamentales de la ética y de la convivencia humana.
Las posibilidades terapéuticas de la biotecnología son magníficas e irán en aumento, la me-dicina regenerativa de tejidos humanos ofrece unos horizontes realmente positivos para la curación de ciertas enfermedades.
Probablemente llegaremos a vivir muchos más años y tendremos implantes nanotecnológicos en nuestro cuerpo.
Tendremos que valorar, paso a paso qué significan estas intervenciones.
En las décadas futuras nos esperan problemas nuevos, técnicas nuevas que plantearán interrogantes éticos acerca de la conveniencia y de la bondad de dichas intervenciones, tanto para la persona concreta en la que estas se producen como para las generaciones futuras y para el ecosistema.
Estamos cambiando las bases biológicas de la especie humana y de otros seres vivientes; todo ello, a menudo, sin la debida virtud de la prudencia y de la precaución que valoren a medio y largo plazo cuáles serán las consecuencias de dichas intervenciones.
A mi modo de ver, es necesario que la bioética se interrogue sobre cada una de ellas, no basta que el fin de la intervención biotecnológica sea bueno para el ser humano en quien se realiza.
Es necesaria una valoración pormenorizada que tenga en cuenta muchas variables, entre ellas el respeto debido a toda vida humana, la libertad, la justicia y la equidad a la hora de realizar ciertas intervenciones, así como el impacto de estos cambios en la ecología y el ecosistema global.
Es un desafío suficientemente amplio e importante para que los estudiosos de bioética estén ocupados en este siglo y milenio apenas comenzado.
Tenemos algo grande en nuestras manos y hemos de proceder con la responsabilidad que le corresponde al hombre sabio consciente de ello.
En suma, acompañar el desarrollo biotecnológico de una reflexión sapiencial paralela que valore el alcance de estas intervenciones y todo lo que está en juego.
Es interesante destacar que la raíz del prefijo bio, que hoy se usa para designar la mayoría de las disciplinas que tienen que ver con la vida, en griego antiguo se refería solo a la vida del hombre reservando la raíz zoos para la vida de los animales.
Con este uso es como si los animales quedaran "antropometamorfoseados".
Es de rigor mencionar el carácter desmitificador del cristianismo y llamar la atención sobre el error común entre un cierto pensamiento cientificista, que no solo ignora este hecho sino que atribuye al cristianismo la orientación oscurantista-mistérica de las antiguas religiones cósmicas que, precisamente, el cristianismo dejó obsoletas.
Medios proclives al cientifismo -generalmente de corte biotecnológico-gustan de proyectar la imagen de que las cuestiones relativas al debate filosófico entre realismo e idealismo han quedado obsoletas en favor de un amplio abanico de inconsistencias que se vienen etiquetando como materialismo científico.
La realidad es que los intentos serios -profesionalmente competentes desde un punto de vista filosófico-por suturar esta secular división de escuelas filosóficas son escasos, marginales y no han conseguido concitar grandes consensos.
Este ámbito dialéctico de mundaneidad/ ultramundaneidad no es solo el lugar donde históricamente se descubre la dignidad humana sino que es su hábitat natural, fuera del cual sus cimientos se muestran tambaleantes e inseguros.
Así es como hay que ver el intento de inmanentización de la dignidad humana que supone la emisión de "derechos humanos" por parte de algunas instituciones supranacionales.
En estas condiciones, estos supuestos derechos no son más que concesiones subjetivas que lo mismo |
humana como mera propiedad inmanente de un ser vivo que, en el caso del hombre, permitirá la libre disposición de ella, conducirá necesariamente a una degradación de la protección jurídica de la vida.
Por el contrario, la vinculación del derecho con la moral, a través de la justicia, propia de la concepción óntico-valorativa o, al menos, de una concepción del derecho que aúne las tres dimensiones, conducirá a una más firme defensa jurídica de la vida.
Desde esta perspectiva se analiza la desprotección jurídica, y por tanto moral, de la vida en la regulación del aborto en la legislación española.
Quizá corresponda a la filosofía del derecho responder a dos preguntas fundamentales: ¿qué es el derecho? y ¿cómo debe ser el derecho? 1 Entonces cabría afirmar que dos son las preguntas que debe responder una posible filosofía del bioderecho: ¿qué es el bioderecho? y ¿cómo deber ser el bioderecho?
La expresión bioderecho significa la parte del derecho que se refiere primariamente a la protección jurídica de la vida humana.
El bioderecho es al derecho lo que la bioética es a la ética: una parte del derecho y una parte de la ética.
Si hablamos de bioética, hablamos de ética; y si hablamos de bioderecho, hablamos de derecho.
Marta Albert afirma: "La bioética podría definirse como el conjunto de acciones debidas o exigibles en relación a la vida humana.
Dentro de este conjunto de acciones exigibles, algunas de ellas serían debidas "jurídicamente" y otras, "moralmente" (Albert, 2015, p.
También cabe hablar de biomoral. ética y moral pueden ser términos intercambiables, con independencia de las diferencias derivadas de sus respectivas etimologías griega y latina.
Si se hace distinción, se trataría de reservar el término ética para la disciplina o parte de la filosofía que se refiere a la moral, y el de moral para un determinado código de principios, valores o normas.
Bioética sería entonces la disciplina o parte de la ética y biomoral la parte de la moral referida a la vida.
En cualquier caso "en el debate biojurídico está en juego el futuro del derecho mismo" (Albert, 2015(Albert,, p.
También se habla de biopolítica como un ámbito distinto de la bioética y de la biomoral.
Andrés Ollero titula "Bioética, Bioderecho, Biopolítica" el prólogo a su libro Bioderecho. entre la vida y la muerte (Ollero, 2006).
Y francesco D ́Agostino es autor de una buena introducción a la biopolítica (D'Agostino, 2009).
Estas recientes disciplinas se ocupan moral, jurídica o políticamente de los problemas relacionados con la vida.
Entre ellos, el aborto (al que me voy a referir especialmente en este trabajo), la eutanasia, la pena de muerte, la experimentación con embriones humanos, la reproducción asistida, la fecundación artificial y otros, a los que se podrían añadir el hambre y la pobreza, el terrorismo y algunos más.
La concepción acerca del bioderecho dependerá entonces de la concepción que se tenga del derecho.
Existen tres principales concepciones acerca del derecho.
Según José María Rodríguez Paniagua son la estatal-formalista, la sociológico-realista y la ónticovalorativa (Rodríguez Paniagua, 1985, pp. 11-23).
Las tres vienen a coincidir con el positivismo jurídico, el realismo sociológico y el iusnaturalismo (García Maynez, 1977).
Para la primera, el derecho es, ante todo, ley estatal y todo aquello que ella integra.
Para la segunda, el derecho es, ante todo, hecho social y, más específicamente, resolución de conflictos, sentencia judicial.
Para la tercera, el derecho es, ante todo, la justicia.
Cada una de estas tres concepciones defiende un determinado ideal que el derecho realiza o debe realizar.
El ideal de la primera concepción es la certeza o seguridad jurídica.
El de la segunda, la satisfacción de las necesidades o bienestar social.
Y el de la tercera, la justicia (Rodríguez Paniagua, 1985).
En realidad las tres dimensiones o aspectos han de ser tenidos en cuenta, pues el derecho es tanto ley como sentencia, como realización o, al menos, aspiración a la justicia.
Además, las tres resultan compatibles entre sí.
En este sentido, "pueden ser armonizadas en una síntesis, que podríamos expresar diciendo que el Derecho es un orden de la conducta humana, generalmente acatado en una determinada sociedad, porque, junto a la certeza y seguridad, trata de realizar otras aspiraciones, y dentro de éstas, de manera destacada, la justicia" (Rodríguez Paniagua, 1985, p.
La disputa entre el iusnaturalismo y el positivismo se encuentra en la base de la definición o concepto del derecho.
La expresión derecho natural resulta confusa pues "está montada sobre un doble equívoco, ya que en ella no tiene un sentido preciso ni la palabra derecho ni la palabra natural" (Rodríguez Paniagua, 1985, p.
La expresión derecho natural deriva de una mala o defectuosa traducción del griego por parte de los juristas romanos, al menos de los redactores del corpus iuris o de sus interpoladores.
Los filósofos griegos, por ejemplo Aristóteles, hablaban de dykaion, que significa 'lo justo' (iustum) y no 'derecho' (ius).
Así, lo justo por naturaleza no es equivalente a derecho natural.
Pero si hay ambigüedades en el término derecho, aún hay más en el término natural (Wolf, 1950).
El concepto de naturaleza no tiene hoy, a diferencia del de los griegos, un sentido ideal o valorativo (Rodríguez Paniagua, 1985, pp. 80 ss.).
Pero nada de esto entraña ninguna argumentación en favor del positivismo jurídico, que es radicalmente erróneo.
En realidad, el positivismo jurídico (y no, ciertamente, la democracia) se fundamenta necesariamente en el relativismo ético.
Hans Kelsen acierta en lo primero, en fundamentar el positivismo jurídico en el relativismo ético, pero no en lo segundo, en fundamentar la democracia en el relativismo (cf. Kelsen 2006, pp. 222 y ss.).
Ningún defensor de la verdad moral (y, por lo tanto, de la verdad de la justicia) puede ser positivista.
No obstante, también cabría hacer matizaciones a la tesis de la identificación entre derecho y justicia.
En favor de la primera de las tres concepciones acerca del derecho mencionadas antes, hay que reconocer que no hay derecho sin ley.
Pero, en contra de ella, que el derecho no es solo ley.
En favor de la segunda de las concepciones, hay que admitir que no hay derecho sin resolución de conflictos o sentencia judicial, pero en contra, que el derecho no es solo sentencia judicial.
Ambas, ley y sentencia, son condiciones necesarias, pero no suficientes de la existencia del derecho.
La pretendida pureza del derecho, la búsqueda de una única esencia del derecho, parece fracasar.
La realidad del derecho parece ser plural o poliédrica: es norma, pero necesitada de interpretación; es también principio y aplicación; es ponderación, jurisprudencia; es arte y prudencia; y es, sobre todo, justicia, búsqueda de la justicia.
Si hubiera que buscar un elemento dominante o predominante, ese sería la justicia.
La finalidad del derecho, su sentido y razón de ser es la búsqueda incesante, y siempre provisional, de la justicia.
¿Es El ABORtO un dEREChO?
Aunque la maldad moral del aborto parece evidente, existen, no obstante, notables dificultades argumentativas para criticarlo en el ámbito jurídico y político.
En el ámbito moral, se pretende que todo es discutible.
En el jurídico y político, la libertad obligaría a su permisión, puesto que nadie resultaría obligado y permitiría que todos ejercitaran su libertad.
No obstante, cabría hacer una reflexión previa sobre la cuestión moral, pues no es evidente, ni cierto, que aquí todo sea opinable y discutible.
No es razonable asumir como propia una posición que no se comparte, y que ni siquiera es evidente que sea la dominante, la mayoritaria.
Me refiero a esa amalgama de relativismo, convencionalismo, utilitarismo, emotivismo y hedonismo.
Con frecuencia, se impone como neutral regla de juego lo que entraña la asunción de la verdad de una de las posiciones enfrentadas.
Y la cuestión moral, aunque no predetermine la solución jurídica, sí puede condicionar su solución.
Si, por ejemplo, el aborto se equipara al homicidio en lugar de asimilarse a un deber estrictamente religioso como, por ejemplo, la obligación de asistir a la misa dominical para los católicos, la cosa no dejará de tener consecuencias para su regulación jurídica. a508 ámbito de la filosofía jurídica y política de orientación liberal.
¿Es el aborto un derecho?
¿Puede ser considerado legítimamente como un derecho?
Vivimos un tiempo de apoteosis de los derechos y de declive de los deberes.
Pero sin deberes no son posibles los derechos.
Primero, porque para tener derechos es preciso cumplir los propios deberes.
Segundo, porque tener un derecho incluye el deber de los demás de garantizarlo y respetarlo.
Es frecuente confundir la idea de lo jurídicamente lícito o permitido con la existencia de un derecho.
No existe un derecho a todo lo que no está prohibido.
Lo no prohibido está permitido, pero no existe un derecho a realizar todo lo jurídicamente permitido.
Tener un derecho es tener la capacidad de obligar a todos los demás, de comprometer a toda la sociedad en el ejercicio y garantía del mismo.
Decía Kant que tener un derecho (subjetivo) es tener la capacidad de constreñir.
Es decir, que aun en el supuesto de que el aborto no fuera castigado en ningún caso como delito, es decir, que estuviera totalmente despenalizado, eso no significaría necesariamente que hubiera un derecho al aborto.
De hecho, en la legislación española anterior, el aborto era, en general, un delito, pero no se aplicaba la pena en tres supuestos.
Pero en esos tres casos, no se configuraba como derecho, sino solamente como una conducta no penada.
Un derecho es una conducta respaldada por la fuerza legítima del estado y, por lo tanto, algo cuya realización se puede reclamar e imponer.
Por eso tampoco es correcto identificar el derecho con la existencia de una necesidad o de un deseo de una persona o de un grupo.
Esta hipertrofia de los derechos conduce, de hecho, a su devaluación, pues tener derecho a (casi) todo es lo mismo que no tener derecho a (casi) nada.
Una de las interpretaciones del liberalismo lo vincula con la neutralidad del estado.
Dado que existen diferentes concepciones sobre la realidad y sobre la vida, y especialmente diferentes concepciones religiosas y morales, la exigencia liberal sería que los poderes públicos mantuvieran la más estricta neutralidad hacia ellas, impidiéndose cualquier preferencia hacia ninguna de ellas.
Pero esta neutralidad probablemente no sea posible ni deseable.
Lo primero, porque no es posible gobernar con una absoluta neutralidad.
Gobernar es optar y decidir a favor de unas políticas en detrimento de otras.
No cabe un gobierno ideológica o moralmente neutral.
Lo mismo que no es posible una educación neutral y libre de valores.
Pero, aunque fuera posible, no sería tampoco deseable, pues no es correcto mantenerse neutral ante fines, objetivos y valores de diferente rango, y menos aún entre los valores y los contravalores.
No es lícita una neutrali-dad entre el bien y el mal, entre lo noble y lo abyecto. frente a la neutralidad liberal, existe otra concepción del liberalismo que ha sido calificada como perfeccionista.
El liberalismo no tiene por qué asumir el relativismo ético y cultural y la consiguiente indiferencia hacia las diferentes concepciones morales de la vida.
Muy influyente en la tradición liberal, aunque algo en declive en nuestro tiempo, es el criterio que John Stuart Mill estableció en su ensayo sobre la libertad, para establecer cuándo la intervención de la sociedad mediante la fuerza sobre la conducta de una persona es o no legítima.
Ese criterio es el principio del daño.
Ni la sociedad, ni otro hombre o grupo, ni el estado pueden obligar a alguien a hacer o no hacer algo a menos que, de no hacerlo, se produzca un daño para alguien.
En todo lo demás, el individuo es, de hecho y de derecho, soberano 3.
Al margen de los problemas que este criterio pueda plantear al ser interpretado y aplicado, lo cierto es que no se trata de un criterio moral sino social, jurídico y político.
No es que sea correcto moralmente todo lo que no dañe o perjudique a los demás.
Mill no defiende una neutralidad valorativa acerca de las diferentes formas de vida.
Se trata solo de evitar la imposición de los demás y preservar así la libertad que era, para él, la condición del progreso social.
Otro de los rasgos de la filosofía política dominante es la hipertrofia del principio de autonomía de la voluntad, principio que, de suyo y en sus justos límites, es bueno y correcto.
Vinculada a él se encuentra también la consideración de la autenticidad como el supremo, o único, criterio o principio moral.
Estos excesos de la autonomía y de la autenticidad pueden comprobarse, entre otros, en el caso de la eutanasia.
No existe libertad ni autonomía para quitarse la propia vida, ni menos aún para configurar esa acción como un derecho.
No hay libertad para matar.
La libertad no es absoluta, ni siquiera para el liberalismo más radical.
No lo es tampoco en otros ámbitos ajenos a la vida.
En realidad, en ningún ámbito lo es.
Y ya que tanto se habla de derechos convendría no olvidar los derechos de los más débiles, entre los que se encuentra, sin duda, el embrión.
En este sentido, cabe recordar un memorable artículo publicado en 1986 en ABC por Miguel Delibes, con el título "Aborto libre y progresismo".
Se discute si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción.
"Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código a508 genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad.
De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea.
Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio".
Por eso le parecía al gran escritor paradójico que fueran precisamente los progresistas, que alardean de defender la causa de los más débiles, quienes en este caso olviden a la parte más débil e indefensa: al embrión.
lA PROtECCión juRídiCA dE lA vidA
La vida humana no es un valor absoluto (Sánchez Cámara, 2012).
Si lo fuera, carecería de sentido moral la entrega de la propia vida a favor de un valor o de un ideal.
Así lo expresó el cardenal Belarmino en su crítica a la filosofía política de Hobbes.
Según él, las ideas del filósofo inglés serían válidas si la conservación de la vida fuera un valor absoluto, pero no lo es.
No es lícito conservar la vida a toda costa.
En ocasiones, puede y debe ser entregada para el cumplimiento de un fin superior.
Esto no impide que la vida humana constituya un bien fundamental que debe ser protegido por la moral y el derecho.
Pero, aunque no sea un valor absoluto, sí es un derecho fundamental e, incluso, fundamento de todos los demás derechos, pues todos ellos dependen y se fundamentan en el derecho a la vida.
Así, entre los derechos fundamentales siempre se menciona, muchas veces como el primero de todos ellos, el derecho a la vida.
Pero la situación de los derechos humanos en nuestro tiempo es sumamente paradójica.
Por un lado, parece recaer sobre ellos una especie de acuerdo general, como si, por fin, hubiéramos alcanzado el viejo sueño del consenso moral y jurídico universal.
Pero, por otro, el acuerdo deviene puramente aparente.
Como expresó uno de los redactores de la Declaración Universal de Naciones Unidas, logramos el acuerdo con la condición de prescindir de la cuestión del fundamento.
Pero esta cuestión, aparte de su intrínseca relevancia, afecta al problema del contenido.
Así, no entienden del mismo modo el derecho a la vida quienes, por ejemplo, la entienden como un don de Dios, indisponible, por tanto, para su titular, que quienes lo consideran como una mera propiedad intrínseca a ciertos seres, que llamamos vivos, acaso disponible entonces por su titular.
Mientras unos incluyen dentro del derecho a la vida la prohibición del aborto, la eutanasia o la pena de muerte, otros consideran su permisión como compatible con él.
El acuerdo versa entonces solo sobre una expresión.
No existe verdadero acuerdo.
Así, los derechos humanos se convierten en una especie de retórica o ideología, válida para los debates y luchas políticos.
Sin la cuestión del fundamento, los derechos quedan, como no podía ser de otro modo, sin fundamento, es decir, sin verdaderas razones para su defensa.
Y además queda afectado su contenido, abierto a las discrepancias (Sánchez Cámara, 1999).
No cabe duda de que la protección jurídica (prescindiré, al menos de momento, de la protección moral) de la vida es un asunto decisivo.
Quisiera sugerir aquí que la protección jurídica de la vida está sufriendo un grave declive en el derecho español.
Uno de sus aspectos decisivos es la actual regulación del aborto.
La regulación anterior tipificaba en el código penal el aborto voluntario como delito, y en tres supuestos excluía la aplicación de la pena: en caso de embarazo producido como consecuencia de una violación; cuando existían graves malformaciones en el feto; y en caso de grave peligro para la salud física o psíquica de la mujer.
Se trataba, quizá, de una solución de compromiso entre las posiciones de quienes eran partidarios de la penalización en todos los casos y los defensores de la exclusión de la protección penal.
No era una solución perfecta pero sí razonable.
Lo cierto es que años de experiencia condujeron a la despenalización de facto, sobre todo por la vía del fraude de ley en el supuesto de la salud psíquica de la madre.
De hecho, se trataba, en contra de la ley, del aborto libre.
Al menos, quedaba en pie el principio de que el aborto era un delito.
En cualquier caso, no existía en nuestro ordenamiento un derecho al aborto, sino solo la exceptuación de la aplicación de la sanción penal en tres supuestos concretos.
La actual regulación supone un cambio radical en el derecho español sobre esta materia (Albert, 2013).
Para empezar, entraña la asunción del eufemismo, lo que, de por sí, supone el reconocimiento de la mala conciencia.
No se habla de aborto ni de eliminación de la vida embrionaria, sino de "interrupción voluntaria del embarazo".
Extraña formulación que podría sugerir la continuación del proceso gestatorio después de la interrupción, pues lo que se interrumpe puede ser, al menos en ocasiones, continuado 4.
Se trata de hacer invisible lo visible, pero pequeño.
No es extraño a508 que sus partidarios se indignen cuando sus adversarios pretenden la visibilidad del embrión y la patencia de lo que es una eliminación de vidas humanas.
Verlo es, entonces, algo truculento y de mal gusto, cuando se trata de la realidad misma.
Tampoco deja de ser un reconocimiento, acaso involuntario, de culpa la inclusión de la reforma en una ley sobre "la salud sexual y reproductiva de la mujer".
Se trata de convencer a convencidos o a incautos de que la ley no persigue la legalización de la eliminación el embrión, sino solo proteger la salud de la mujer.
Aunque para ello haya que sostener lo insostenible: que la muerte del embrión entrañe la protección de la salud sexual y reproductiva de la mujer.
Y, por si esto fuera poco, se sostiene que la reforma no entraña un cambio radical, sino solo la obtención de los beneficios de la seguridad jurídica.
Seguridad, sí, pero a qué precio.
Lo que era un delito pasa a convertirse en un derecho (Albert, 2013).
La reforma va mucho más allá de la mera despenalización (González Marsal, 2009).
No cabe mayor ni más radical cambio.
Y aun esto se hace de manera vergonzante.
Ya se sabe que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud.
Incluso se niega que se configure como derecho.
El texto desenmascara, incluso explícitamente, la impostura.
El artículo 18, bajo el título "Garantía del acceso a la prestación" (el aborto es una prestación sanitaria, como el tratamiento de una caries) establece:
"Los servicios públicos de salud, en el ámbito de sus respectivas competencias, aplicarán las medidas precisas para garantizar el derecho a la prestación sanitaria de la interrupción voluntaria del embarazo en los supuestos y con los requisitos establecidos en esta Ley.
Esta prestación estará incluida en la cartera de servicios comunes del Sistema nacional de Salud".
El aborto es una prestación sanitaria y una exigencia de la salud.
Pero además es un derecho: "para garantizar el derecho a la prestación sanitaria de la interrupción voluntaria del embarazo".
Quienes niegan que se configure como derecho o ignoran (culpablemente, pues el texto está ahí, claro y rotundo) o mienten.
Que cada cual se acoja a la alternativa que proceda.
Algún cauteloso aún pretenderá que solo es un derecho "en los supuestos y con los requisitos establecidos en esta Ley".
Ya es terrible que el aborto pueda ser un derecho en algún supuesto, pero los términos de la ley son ilimitadamente amplios, pues la mujer embarazada puede decidir la interrupción del embarazo, es decir, la muerte de su hijo embrionario, en las primeras catorce semanas, sin invocar ningún motivo.
En ese plazo, el aborto libre es un derecho de la mujer.
Como afirma Kant, tener un derecho subjetivo es tener la capacidad de constreñir u obligar a otros.
Y, en palabras de Ihering, estar en posesión de un interés jurídicamente protegido (Ihering, 1998(Ihering,, p.
Todo derecho genera el deber de satisfacerlo.
Hay que distinguir entre la existencia de un derecho y la de lo meramente lícito o permitido, es decir, aquello que el derecho no prohibe pero tampoco impone como algo exigible.
En suma, no tenemos derecho a todo lo no prohibido.
"El aborto puede estar prohibido, ser un acto lícito o convertirse en un derecho.
Sólo en este último caso, la mujer tendrá la capacidad de exigir del Estado la realización de la "prestación sanitaria", y el Estado tendrá el correlativo deber de garantizar esa prestación" (Albert, 2013).
La despenalización no se identifica en teoría con la legalización.
Cabe un delito sin sanción, pero esto no deja de ser una institución jurídica bastante anómala.
En la práctica la legalización y la despenalización suelen entenderse como expresiones sinónimas (Serrano Ruiz-Calderón, 2005, p.
Y que se configure o no como un derecho es fundamental en sí y también para determinar su constitucionalidad, pues si se configura como derecho parece evidente que habría que concluir afirmando la inconstitucionalidad de la norma que así lo configure.
Esto queda patente en los informes que fueron emitidos durante el proceso de elaboración de la norma (Albert, 2013, pp. 94 ss.).
En cualquier caso, resulta claro que en nuestro ordenamiento jurídico no es posible reconocer la existencia de un derecho al aborto (Ollero, 2010, 31 de enero).
Resulta claro que la actual legislación sobre el aborto es inconstitucional en la medida en que establece la existencia de un derecho al aborto.
Quienes defienden su constitucionalidad niegan que consagre un derecho al aborto; y quienes defienden su inconstitucionalidad consideran que sí lo consagra.
Al menos en este sentido, todos coinciden: si se constituye como derecho sería inconstitucional.
Por lo tanto, la consideración del aborto como derecho sería, en cualquier caso, inconstitucional (Albert, 2013, p.
Así lo expresa fernando Abellán:
"En cualquier caso, más allá de los aspectos formales de técnica legislativa, no cabe duda de que el régimen que consolida la ley de la que estamos hablando, previendo un plazo de total libertad de la mujer para abortar, y una obligación de la Administración pública de garantizar y costear la práctica del aborto, equivale a508 en la práctica a un auténtico derecho al aborto.
No puede decirse que en este caso estemos en presencia de una mera manifestación de libertad (esto es, del agere licere o libertad de hacer generada al amparo de la necesidad de respetar la voluntad ajena), sino que en la medida en que la decisión de la mujer de abortar genera inmediatamente y de forma paralela una obligación del poder público de materializar dicha voluntad y de poner los medios para la realización del aborto deseado, estamos en el terreno propio de los derechos subjetivos" (Abellán, 2010, p.
Cabe esgrimir un argumento más, relativo a la objeción de conciencia introducida por la ley:
"Cabría añadir, más allá de lo señalado, que la misma regulación de la objeción de conciencia del personal sanitario que introduce la ley es una prueba de la existencia de un derecho al aborto.
Si la mujer no tuviera derecho a abortar, no surgiría en ningún profesional de la salud el deber de practicar el aborto, luego no podríamos hablar de objeción de conciencia, puesto que los profesionales no tendrían, en sentido estricto, ningún deber que objetar" (Albert, 2013, p.
El ABORtO En lA ACtuAl lEGislACión EsPAÑOlA
El artículo 14, bajo la rúbrica "Interrupción del embarazo a petición de la mujer", no ofrece espacio para la duda:
"Podrá interrumpirse el embarazo dentro de las primeras catorce semanas de gestación a petición de la embarazada, siempre que concurran los requisitos siguientes: a) Que se haya informado a la mujer embarazada sobre los derechos, prestaciones y ayudas públicas de apoyo a la maternidad, en los términos que se establecen en los apartados 2 y 4 del artículo 17 de esta Ley. b) Que haya transcurrido un plazo de al menos tres días, desde la información mencionada en el párrafo anterior y la realización de la intervención".
Además el artículo 12, bajo el ignominioso título de "garantía de acceso a la interrupción voluntaria del embarazo", establece:
"Se garantiza el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en las condiciones que se determinan en esta ley.
Estas condiciones se interpretarán en el modo más favorable para la protección y eficacia de los derechos fundamentales de la mujer que solicita la intervención, en particular, su derecho al libre de-sarrollo de la personalidad, a la vida, a la integridad física y moral, a la intimidad, a la libertad ideológica y a la no discriminación".
No se trata, pues, de algo meramente lícito o permitido, que puede hacerse o no sin ser molestado, sino de algo que ha de ser garantizado.
Y si ha de ser garantizado, entonces es un derecho.
Por lo demás, es llamativo (por no decir, indigno) que la muerte voluntaria del hijo embrionario pueda perpetrarse en beneficio del libre desarrollo de la personalidad de la madre o del derecho a su intimidad o a su libertad ideológica.
Además, el estado se ve obligado a asumir el comprometido papel de garantizar el ejercicio del derecho a la práctica del aborto hasta la decimocuarta semana de la gestación y perseguir esta acción como delictiva un día después de superado este plazo.
El trascurso de un día convierte un derecho en un delito (Requero Ibáñez, 2009, p.
Dejando de lado las cuestiones morales, podemos seguir centrándonos en las jurídicas.
El código civil establece que al concebido y no nacido se le tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables.
Así, podrá tener expectativas para heredar o recibir donaciones, pero no para vivir.
Vivir ha dejado de ser un efecto favorable para el derecho español.
Parece que queda configurado en nuestro derecho algo así como un derecho a matar, pues que la madre decida sobre su maternidad una vez que el proceso gestatorio está en curso, es tanto como conferirle un derecho a eliminar la vida humana que crece en su seno.
Y aquí entran otras disquisiciones eufemísticas.
¿Es el embrión humano de pocas semanas un ser humano?
Y se arguyen consideraciones científicas.
La ciencia no resuelve cuestiones morales, pero suministra el conocimiento de los hechos.
Privilegiar un determinado momento de la evolución embrionaria no deja de ser un expediente interesado.
La ciencia no puede sino confirmar un hecho incontrovertible: la vida humana es un proceso continuo desde la fecundación hasta la muerte.
Lo demás son palabras interesadas.
Como aquellas pronunciadas por la entonces ministra de Igualdad, según las cuales, es indiscutible que el embrión es un ser vivo, pero es una cuestión disputada que sea un ser humano.
Pero si es un ser vivo pertenecerá a una especie y, si como parece evidente, pertenece a la especie humana, un ser vivo que pertenece a la especie humana es un ser humano.
A menos que haya seres vivos que no pertenezcan a ninguna especie, lo que no parece fácil de asumir por la ciencia (Aznar, 2013).
Algunos invocan la existencia de un conflicto de derechos que debe ser resuelto "ponderadamente".
Está el derecho del embrión a la vida y el derecho de la mujer a decidir.
Naturalmente, el derecho a decidir sobre su salud o sobre su maternidad.
Dejando de lado el eufemismo, el conflicto puede plantearse así: existe un conflicto entre el derecho a la vida del embrión y el derecho de la mujer a eliminarlo.
Incluso planteado en tan cínicos términos, la solución legal no ofrece dudas.
Prevalece, de manera absoluta, el derecho de la mujer a eliminarlo.
La solución del "conflicto de derechos" resulta evidente.
Sigamos con el derecho.
El artículo 15 de la Constitución establece que "todos tienen derecho a la vida".
Cabe preguntar acerca de quiénes son esos "todos".
Está claro que la norma fundamental evita la mención de la persona.
Parece evidente que, dada la concepción civilista de la persona, que solo atribuye personalidad jurídica (la filosófica o moral es otra cosa) al nacido, la intención no puede ser otra que proteger al embrión.
Desde luego, hubiera sido preferible otra formulación.
Como el reconocimiento del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte.
Acaso fue una fórmula de transacción.
Pero, en cualquier caso, el "todos" no se refiere solo al ya nacido, pues entonces habría que haber optado por "toda persona".
En cualquier caso, la Constitución consagra la protección de la vida, de toda vida.
Así, el Tribunal Constitucional, aunque de manera insuficiente, ya que no le ha reconocido la condición de persona, ha establecido que el embrión es un bien digno de protección jurídica.
Esta jurisprudencia ha sido vulnerada por la nueva legislación, a pesar de que sus promotores y defensores sostengan que, en ella, la vida del no nacido se encuentra suficientemente protegida.
La pretensión de que la protección de la vida del no nacido quede garantizada por el consentimiento informado de la mujer es insostenible.
La vida del embrión queda a merced de la arbitrariedad de la embarazada.
Eso de ninguna manera se puede calificar como protección.
Por lo demás, la regulación del consentimiento informado, que no constituye, de suyo, una garantía suficiente, está lejos de ser satisfactoria.
Se encuentra regulado en el artículo 17.
El punto 1 establece lo siguiente: "Todas las mujeres que manifiesten su intención de someterse a una interrupción voluntaria del embarazo recibirán información sobre los distintos métodos de interrupción del embarazo, las condiciones para la interrupción previstas en esta Ley, los centros públicos y acreditados a los que se pueda dirigir y los trámites para acceder a la prestación, así como las condiciones para su cobertura por el servicio público de salud correspondiente".
Así, lo primero que la mujer recibe es información sobre cómo satisfacer su voluntad de acabar con la vida de embrión.
Esto no tiene nada que ver con el consentimiento informado, sino más bien con la ayuda para la consolidación de la decisión letal.
El punto 2 aporta poco en la dirección de la reflexión: Esta información deberá ser entregada en cualquier centro sanitario público o bien en los centros acreditados para la interrupción voluntaria del embarazo.
Junto con la información en sobre cerrado se entregará a la mujer un documento acreditativo de la fecha de la entrega, a los efectos de lo establecido en el artículo 14 de esta Ley.
La elaboración, contenidos y formato de esta información será determinada reglamentariamente por el gobierno".
Esta información, a diferencia de la anterior, se dará en sobre cerrado.
Toda la información pro aborto se da abiertamente, y la que pudiera disuadir de la decisión se dará en sobre cerrado.
Por lo tanto, sin ninguna garantía de que pueda ser leída.
La comparación con, por ejemplo, la legislación alemana en la materia, que también entraña una ley de plazos, es patente.
Mientras la ley alemana promueve la reflexión de la mujer para evitar el aborto, la ley española favorece la decisión de abortar.
El consentimiento informado en nuestra legislación apoya la decisión de la mujer a favor del aborto.
Los puntos 3, 4 y 5 del artículo 17 no hacen sino confirmar esta tesis.
En cualquier caso, no se puede sostener que el consentimiento informado de la mujer entrañe una protección suficiente de la vida del no nacido.
Si a esto se añade su configuración legal como un derecho, que vincula a los poderes públicos y al Servicio nacional de Sanidad, es claro que la protección queda reducida a nada.
Cabe extraer entonces la conclusión de que la nueva regulación vulnera el contenido del artículo 15 de la Constitución y resulta incompatible con la jurisprudencia constitucional sobre la materia.
Es una cuestión de pura lógica jurídica: si existe un derecho a la vida, no puede haber un derecho a acabar con ella.
Estamos, pues, ante el aborto libre en el plazo de las primeras catorce semanas de la gestación.
También se puede practicar el aborto más tarde, "por causas médicas", en tres circunstancias (artículo 15): "a) Que no se superen las veintidós semanas de gestación y siempre que exista grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por un médico o médica especialista distinto del que la practique o dirija.
En caso de urgencia por riesgo vital para la gestante podrá prescindirse del dictamen. b) Que no se superen las veintidós semanas de gestación y siempre que exista riesgo de graves anomalías en el feto y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por dos médicos especialistas distintos del que la practique o dirija. c) Cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida y así conste en un dictamen emitido con anterioridad por un médico o médica especialista, distinto del que practique la intervención, o cuando se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico y así lo confirme un comité clínico".
Por cierto, la ley no especifica la especialidad del médico.
En esos supuestos tasados, el plazo se amplía a las veintidós semanas.
La existencia de graves anomalías en el feto como supuesto del aborto permite introducir de hecho una especie de aborto eugenésico.
Incluso en algunos casos no hay limitación de plazo; entre ellos, la detección de una enfermedad extremadamente grave e incurable en el feto.
Como no podía ser de otro modo, la consecuencia de esta regulación es la reforma necesaria de la formación de los profesionales de la salud y la introducción de modificaciones en el ámbito educativo.
Así, el artículo 8 establece: "La formación de profesionales de la salud se abordará con perspectiva de género e incluirá: a) La incorporación de la salud sexual y reproductiva en los programas curriculares de las carreras relacionadas con la medicina y las ciencias de la salud, incluyendo la investigación y formación en la práctica clínica de la interrupción voluntaria del embarazo. b) La formación de profesionales en salud sexual y salud reproductiva, incluida la práctica de la interrupción del embarazo. c) La salud sexual y reproductiva en los programas de formación continuada a lo largo del desempeño de la carrera profesional. d) En los aspectos formativos de profesionales de la salud se tendrán en cuenta la realidad y las necesidades de los grupos o sectores sociales más vulnerables, como el de las personas con discapacidad".
La reforma no podía dejar de tener consecuencias en la formación de los profesionales de la sanidad.
Así, opta explícitamente por la perspectiva de género, que obedece a una determinada opción ideológica, la ideología de género, que está lejos de ser aceptada por la mayoría de la sociedad (Sánchez Cámara, 2011, pp. 240-243).
Por lo demás, una ley democrática no debería imponer nunca una opción ideológica en el ámbito educativo.
Eso es más bien propio de los sistemas totalitarios.
Además, como no podía ser de otro modo, la ley obliga a incluir en los programas de las carreras sanitarias la práctica del aborto.
Esta exigencia contraviene la deontología profesional de los médicos, que les obliga a proteger la vida y la salud de los pacientes, y no a acabar con ellas.
La eliminación de la vida embrionaria viene así, por imperativo legal, a convertirse en parte necesaria del arte de la medicina.
Eliminar embriones deviene parte de la finalidad de las profesiones sanitarias.
El apartado b del artículo 8 incluye la práctica abortiva en la formación de los profesionales médicos.
Viene a ser algo así como una especialidad médica más.
El artículo siguiente, el 9, establece una serie de medidas en el ámbito educativo: "El sistema educativo contemplará la formación en salud sexual y reproductiva, como parte del desarrollo integral de la personalidad y de la formación en valores, incluyendo un enfoque integral que contribuya a: a) La promoción de una visión de la sexualidad en términos de igualdad y corresponsabilidad entre hombres y mujeres con especial atención a la prevención de la violencia de género, agresiones y abusos sexuales. e) La prevención de embarazos no deseados, en el marco de una sexualidad responsable. f) En la incorporación de la formación en salud y salud sexual y reproductiva al sistema educativo, se tendrán en cuenta la realidad y las necesidades de los grupos o sectores sociales más vulnerables, como el de las personas con discapacidad proporcionando, en todo caso, a este alumnado información y materiales accesibles, adecuados a su edad".
En definitiva, se trata de incorporar el aborto (ya que se considera como parte esencial de la salud sexual y reproductiva) al ámbito educativo.
Una vez que se despenaliza el aborto, una vez que se transforma lo que es un delito en un derecho, no queda otro camino que llevar el despropósito al ámbito educativo.
El apartado a del artículo 9 obliga a promover una visión de la sexualidad en términos de igualdad (cabe suponer que se trata de excluir la supremacía de un sexo sobre otro; tal vez bastaría entonces con una referencia a la libertad, más que a la igualdad) y de corresponsabilidad.
Esto último lo dificulta en extremo la propia legislación.
La mujer embarazada decide por sí sola, sin necesidad de contar en absoluto con la opinión del padre.
¿Cómo puede hablarse entonces de corresponsabilidad en el caso de que solo uno de los tres afectados decida?
Por otra parte, si en el plazo legal de catorce semanas, la mujer puede decidir, sin invocar ningún motivo, la "interrupción del embarazo", el varón tendrá siempre a mano la liberación de responsabilidad por la paternidad, ya que la mujer siempre habría podido deshacerse de la carga indeseada.
Lo que favorece la ley, aparte de la eliminación libre de la vida humana, es la irresponsabilidad del varón.
A menos que lo que se pretenda sea que el convidado de piedra a la decisión, se convierta después en corresponsable de una procreación que no ha decidido.
Solo hay corresponsabilidad si hay codecisión.
Si el varón no decide, no puede ser luego responsable.
La nueva regulación es un monumento a la irresponsabilidad sexual del varón.
La mención a la prevención de la violencia de género, agresiones y abusos sexuales está muy bien, pero ya están prevenidos en el código penal.
Por lo demás, el aborto no es pequeña agresión.
Desde luego, al embrión, pero también a la mujer.
El apartado b impone en la educación "el reconocimiento y aceptación de la diversidad sexual".
Si se refiere, lo que no parece, a la diferenciación sexual entre varón y mujer, se trata de una obviedad.
Si la referencia a la diversidad sexual se refiere al reconocimiento y aceptación de todas las formas de sexualidad, se trata de algo inaceptable.
No se puede imponer por ley una convicción, en este caso la de que todas las formas de sexualidad han de ser aceptadas y reconocidas por igual en el ámbito educativo.
Por poner un ejemplo, no es lícito imponer la equiparación valorativa de la heterosexualidad y de la homosexualidad.
Lo que sí se puede exigir es respeto para todas las personas con independencia de su orientación sexual, pero eso no entraña la equiparación jurídica y moral.
Otro de los aspectos de la reforma que ha suscitado viva controversia es el relativo al aborto realizado sobre menores, concretamente sobre mujeres de 16 y 17 años.
El punto 4 del artículo 13, que es el que regula los requisitos del ejercicio del derecho al aborto, establece: "En el caso de las mujeres de 16 y 17 años, el consentimiento para la interrupción voluntaria del embarazo les corresponde exclusivamente a ellas de acuerdo con el régimen general aplicable a las mujeres mayores de edad.
Al menos uno de los representantes legales, padre o madre, personas con patria potestad o tutores de las mujeres comprendidas en esas edades deberá ser informado de la decisión de la mujer.
Se prescindirá de esta información cuando la mujer alegue fundadamente que esto le provocará un conflicto grave, manifestado en el peligro cierto de violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones, malos tratos, o se produzca una situación de desarraigo o desamparo".
Las mujeres de 16 y 17 años se tienen por mayores de edad a los efectos del aborto.
No pueden votar o comprar tabaco o tomar un vino, pero sí pueden decidir abortar.
No se requiere el permiso del padre, madre o tutor.
Es una especie de privilegio abortivo.
La ley establece la necesidad de informar (lo que ciertamente no es lo mismo que consentir o aceptar) a uno de los representantes legales.
Incluso de esta información se puede prescindir si la menor alega el riesgo de un conflicto grave.
La ley se refiere a que al menos uno de sus representantes legales "deberá ser informado de la decisión de la mujer", pero no dice a508 nada acerca de las consecuencias del incumplimiento de ese deber.
Se trata de un deber imperfectísimo, sobre cuyo incumplimiento no pesa la menor consecuencia jurídica.
En definitiva, las mujeres de 16 y 17 años tienen también, de hecho, derecho al aborto.
Ser informado no significa, evidentemente, tomar parte en la decisión.
La mujer decide sola: sin sus padres y sin el padre 5.
El artículo 19 establece las "medidas para garantizar la prestación por los servicios de salud".
En su punto 2 se regula la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios, después de asegurar el acceso a la prestación y de garantizar la igualdad y calidad asistencial de la prestación.
"La prestación sanitaria de la interrupción voluntaria del embarazo se realizará en centros de la red sanitaria pública o vinculados a la misma.
Los profesionales sanitarios directamente implicados en la interrupción voluntaria del embarazo tendrán el derecho de ejercer la objeción de conciencia sin que el acceso y la calidad asistencial de la prestación puedan resultar menoscabadas [debería decir "menoscabados"] por el ejercicio de la objeción de conciencia.
El rechazo o la negativa a realizar la intervención de interrupción del embarazo por razones de conciencia es una decisión siempre individual del personal sanitario directamente implicado en la realización de la interrupción voluntaria del embarazo, que debe manifestarse anticipadamente y por escrito.
En todo caso los profesionales sanitarios dispensarán tratamiento y atención médica adecuados a las mujeres que lo precisen antes y después de haberse sometido a una intervención de interrupción del embarazo".
El estatuto jurídico del derecho a la objeción de conciencia en nuestro ordenamiento es discutido.
Para unos, creo que con mayor razón, se encuentra incluido en el derecho a la libertad ideológica y de conciencia y no necesita de su reconocimiento por cada ley particular sino que debe ser directamente reconocido por los tribunales.
Otros piensan que compete a cada ley, en su caso, reconocerlo y regularlo, y no sería de aplicación automática por los tribunales.
Existen sentencias en ambos sentidos.
Es, pues, una cuestión disputada, aunque creo preferible la primera opción.
En cualquier caso, esta ley recoge la objeción de conciencia de los profesionales de la sanidad, pero en términos muy restrictivos.
Para empezar el ejercicio del derecho está supeditado a la condición de que "el acceso y la calidad de la prestación" no sufran menoscabo.
Una vez más queda patente la configuración del aborto como derecho por la ley.
No tendría senti-do que el derecho a la objeción de conciencia quedara limitado por algo que no fuera también un derecho.
El aborto se configura como un derecho y además como uno que prevalece sobre el derecho a la objeción de conciencia.
En definitiva, el "derecho" de la mujer a eliminar al embrión es preferido al derecho a la libertad de conciencia de los profesionales sanitarios.
Además, la ley establece que la opción por la objeción de conciencia "debe manifestarse anticipadamente y por escrito".
Esta obligación limita aún más el ejercicio del derecho, ya que excluye la objeción sobrevenida y obliga además a una declaración anticipada y por escrito que, con toda verosimilitud, vulnera el derecho a no hacer públicas las propias convicciones morales, ideológicas y religiosas.
En conclusión, un médico será obligado a practicarlo en contra de su conciencia y de los principios deontológicos de su profesión, si, en caso de no hacerlo, la mujer no pueda satisfacer con garantías el acceso a la prestación del aborto.
La conciencia personal y la deontología profesional valen mucho menos para nuestro derecho que la arbitraria decisión de la gestante de eliminar al embrión.
La aparente y falsa "invisibilidad" del embrión también facilita las cosas a los defensores del aborto.
Por eso se irritan tanto cuando se exhiben imágenes que muestran la realidad del aborto.
Acaso aquí resida también la mayor facilidad con la que se acepta la licitud del aborto frente a la mayor resistencia a la de la eutanasia.
En conclusión, la nueva regulación del aborto como derecho entraña un paso decisivo más en el declive de la protección jurídica de la vida en el derecho español (Sánchez Cámara, 2011, pp. 83-131).
El "derecho a abortar" no puede ser, como hemos visto, una exigencia liberal.
Defender la vida del no nacido no es una actitud retrógrada ni fundamentalista, sino, por el contrario, lo más progresista en el sentido genuino del término.
Tampoco se trata de una cuestión religiosa o de mera fe que divida a creyentes y no creyentes.
Es cuestión de razón.
La razón y la libertad bien entendida se expresan contra el aborto.
Si existe un derecho a la vida, no puede haber un derecho a quitar la vida.
El dictamen jurídico y el moral no tienen por qué coincidir.
No todo lo inmoral merece la represión jurídica.
El derecho se encuentra vinculado más bien a la moral social 6.
Es posible que una conducta inmoral deba ser permitida por el derecho.
Pero no es este el caso del aborto porque no se trata de una decisión que pueda dejarse al arbitrio de la conciencia personal sino que afecta al derecho porque a a508 este compete la protección de la vida.
La protección jurídica no tiene por qué ser necesariamente penal.
Pero no parece posible que pueda protegerse jurídicamente la vida sin ningún instrumento penal.
Por mi parte, creo que el proyecto elaborado por el ministro Ruiz-Gallardón, que no llegó a prosperar, era una buena regulación del aborto.
Julián Marías afirmó, con razón, que los mayores errores morales del siglo XX habían sido la aceptación social del aborto y la generalización del consumo de drogas.
A veces, no se ha entendido correctamente esta afirmación.
No se trata de que no haya que incluir otras conductas igual de graves o incluso más, pero se trata, como sucede, por ejemplo, con los campos de exterminios nazis o soviéticos, de crímenes que, en general, se consideran como crímenes.
En estos dos casos, se trata de conductas ampliamente aceptadas y que, por ello, constituyen errores morales.
Un crimen no es un error moral: es una transgresión de la moral.
Un error moral consiste en estimar como bueno lo que, de suyo, es malo.
El derecho descansa en la opinión pública.
La formación de la opinión pública debe ser obra de una minoría ejemplar, pero la creación del derecho no. El derecho no puede estar al servicio de una minoría ejemplar, ni ser obra de ella.
Para alcanzar la defensa jurídica de la vida, es preciso antes lograr que constituya una exigencia de la opinión pública.
Se trata, por lo tanto, de una cuestión educativa.
Antes de cambiar el derecho, hay que cambiar las conciencias.
Para adentrarse en el estudio de una bioética personalista constituye una excelente guía el manual de Elio Sgreccia (2007).
El propio Mill lo expone así: "El objeto de este ensayo es afirmar un sencillo principio destinado a regir absolutamente las relaciones de la sociedad con el individuo en lo que tengan de compulsión o control, ya sean los medios empleados la fuerza física en forma de penalidades legales o la coacción moral de la opinión pública.
Este principio consiste en afirmar que el único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros, es la propia protección.
Que la única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de la comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás.
Su propio bien, físico o moral, no es justificación suficiente.
Nadie puede ser obligado justificadamente a realizar o no realizar determinados actos, porque eso fuera mejor para él, porque le haría feliz, porque, en opinión de los demás, hacerlo sería más acertado o más justo.
Estas son buenas razones para discutir, razonar y persuadirle, pero no para obligarle o causarle algún perjuicio si obra de manera diferente.
Para justificar esto sería preciso pensar que la conducta de la que se trata de disuadirle producía un perjuicio a algún otro.
La única parte de la conducta de cada uno por la que él es responsable ante la sociedad es la que se refiere a los demás.
En la parte que le concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta" (Mill, 1974, p.
"Como es de sobra conocido, a pesar de los asombrosos avances de la ciencia médica, aún no es posible interrumpir un embarazo: o se le deja llegar a término o se acaba con él, pero no se interrumpe.
Convertir el eufemismo en derecho subjetivo puede tener sus riesgos.
Cualquier día una madre gestante exigirá interrumpir su embarazo en junio para retomarlo, pongamos por caso, en octubre, evitando de esta forma las molestias propias del calor veraniego durante la gestación" (Albert, 2013, p.
La posibilidad de que las menores puedan abortar sin el consentimiento de los padres ha sido suprimida por una reforma del Gobierno del Partido Popular.
De la moral se puede hablar en tres sentidos fundamentales: la moral social, es decir, la vigente mayoritariamente en un grupo o en una sociedad; la moral de los sistemas filosóficos o religiosos; y la moral de la convicción personal. |
El desarrollo actual de la ecología ha abierto nuevos desafíos para la reflexión filosófica contemporánea.
En este sentido, ya no es posible interpretar la naturaleza humana a partir de una reflexión sobre el hombre como un ser aislado de su ambiente.
El paradigma de ecología humana que se presenta aquí quiere heredar la reflexión sobre la filosofía de la naturaleza (y también sobre la filosofía de la naturaleza humana), proponiendo la cuestión ecológica actual como un tema eminentemente antropológico: el lugar del hombre en el cosmos indica asimismo su esencia.
Esta tarea nos obliga a replantear la especificidad del ser humano en relación con el mundo a través del tema del habitar, que nos invita a reflexionar sobre las actividades del custodiar y del construir la casa.
Se hace así posible replantear el tema ecológico actual como una crisis predominantemente antropológica: para sanar la herida del ecosistema, primero hay que curar la fractura dentro del hombre.
UNA INTRODUCCIÓN HISTÓRICA NECESARIA
La cuestión ecológica se encuentra en el centro de muchos debates contemporáneos.
Desde que Ernst Heinrich Haeckel introdujo en el panorama científico el concepto de Ökologie (Haeckel, 1866), sin duda el tema ha suscitado el interés de académicos de diferentes disciplinas, desde la biología a la botánica, desde la zoología a la cibernética, desde la etología a la filosofía.
El vínculo entre ecología y filosofía es muy sólido, no solo por los estudios de Haeckel -que era un famoso biólogo, zoólogo y filósofo-sino también porque la ecología con frecuencia ha demostrado invadir el ámbito de la reflexión cosmológica y antropológica.
El tema ecológico se ha convertido así en una cuestión filosófica.
En los años setenta del siglo pasado, en los países anglosajones, se desarrolló la filosofía del medio ambiente y, con esta, la ética ambiental.
Alrededor del final de los años cuarenta, sin embargo, con la publicación del famoso libro de Aldo Leopold A Sand Country Almanac (Leopold, 1949), ya se había visto la necesidad de una ética de la tierra (Land Ethic), capaz de actualizar las especulaciones anteriores de la filosofía de la naturaleza.
Unos años más tarde, con la difusión de la obra de Rachel Carson, Silent Spring (Carson, 1962), la ética ambiental comenzó a ganar popularidad y la atención del público en general, y a utilizarse como un instrumento de denuncia de la conducta humana irresponsable hacia el ambiente.
En los años setenta, finalmente, el tema ambiental se hizo de conocimiento público con la divulgación del informe del Club de Roma Limits to Growth (Meadows, Meadows, Randers y Beherns, 1972), donde se discutía el tema de la sustentabilidad, de importancia central en la filosofía ambiental.
En esos mismos años (1972)(1973) nació, gracias al filósofo noruego Arne Naess, el famoso movimiento de la Deep Ecology (Naess, 1973): este evento sin duda ha podido finalmente contextualizar la cuestión ecológica dentro de la especulación filosófica, liberándola en parte por la exasperada necesidad de datos científicos.
Hay que recordar también que el desarrollo de la ciencia ecológica ha fomentado en gran medida el nacimiento de otra disciplina muy actual: la bioética.
Potter, considerado el padre de la misma 1, de hecho destaca:
"Lo que ahora debemos enfrentar es que la ética humana no puede ser separada de un entendimiento realista de la ecología en el sentido más amplio de la palabra.
Los valores éticos no pueden separarse de los hechos biológicos.
Tenemos una gran necesidad de una ética de la Tierra, de una ética de la vida salvaje, de una ética de la población, de una ética del consumo, de una ética urbana, de una ética internacional, de una ética geriátrica, etc. Todos estos problemas requieren acciones que estén basadas sobre valores y hechos biológicos" (Potter, 2002, p.
Es imprescindible, por lo tanto, tener en cuenta que gran parte de la especulación filosófica ambiental se configura como respuesta a la tendencia -propia del método científico-a reducir la naturaleza a un conjunto de símbolos y fórmulas matemáticas.
Tal insatisfacción se dirige a la ciencia moderna, que parece constantemente buscar estructuras abstractas y universales en la naturaleza, sin comprender plenamente nuestra experiencia concreta de ser-en-el-mundo (Naess, 1989, p.
En este sentido, la ecología comparte la misma preocupación de la bioética: curar la herida creada por la ciencia moderna entre las dos culturas (Snow, 2009), creando un "puente" que pudiera poner en dialogo dos áreas cerradas en sí mismas.
"Al sugerir una nueva disciplina llamada Bioética y al especificar que buscamos fundamentarla por fuera de las ciencias tradicionales, no estoy sugiriendo que abandonemos el tratamiento tradicional por una idea nueva, sino que atravesemos las fronteras disciplinarias más libremente y busquemos ideas que sean susceptibles de una verificación objetiva en términos de la futura supervivencia del hombre y el mejoramiento de la calidad de vida para futuras generaciones" (Potter, 2002, p.
"Necesitamos", pues, "combinar la biología con el conocimiento humanista de distintas fuentes y forjar una ciencia de la supervivencia que sea capaz de implantar un sistema de prioridades" (Potter, 2002, p.
Entre las razones para la afirmación conjunta de la bioética y de la ecología, además, hay que recordar la necesidad de replantear el papel -cada vez más invasivo-de la tecnología en nuestras vidas.
El poder tecnológico ganado por el hombre en los últimos años, de hecho, parece haber traído consigo un cambio radical, no solo en la acción sino también en la misma concepción antropológica.
Como ha destacado en varias ocasiones Hans Jonas, precursor de los debates ambientales contemporáneos, la tecnología ha cambiado al ser humano, transformándolo radicalmente; el hombre no es ya el sujeto creador, sino el objeto de la tecnología (Jonas, 1973, pp. 38-40) que él mismo un día había creado: a509 "La técnica, esa obra fríamente pragmática de la astucia humana, sitúa al hombre en un papel que solo la religión le había atribuido a veces: el administrador o guardián de la Creación.
En tanto la técnica engrandece su poder hasta el punto en que se vuelve sensiblemente peligrosa para el conjunto de las cosas, extiende la responsabilidad del hombre al futuro de la vida en la tierra, que ahora está expuesta indefensa al abuso de ese poder" (Jonas, 1997, p.
Ese mismo poder genera, por lo tanto, una nueva conciencia:
"Como especialista en cáncer, me impresionó naturalmente la afirmación de N. J. Berrill [...].
El observaba que: "en lo que concierne a la naturaleza, nosotros somos como un cáncer cuyas células extrañas se multiplican sin control, descaradamente, exigiendo el alimento que todo el cuerpo necesita [...]".
En otras palabras, podemos hacernos la pregunta, ¿es el destino del hombre ser para la tierra viviente lo que el cáncer es para el hombre?"
El movimiento de la ecología profunda ha contribuido en gran medida a la difusión de esta imagen negativa del hombre y de sus acciones 2, definiendo "la crisis ecológica como el resultado del humanismo antropocéntrico que es fundamental para las principales ideologías modernas" (Zimmerman, 1994, pp. 1-2).
Así, "el hombre podría ser descrito como un parasito altamente destructivo que amenaza destruir a su anfitrión -el mundo natural-y, finalmente, a sí mismo" (Bookchin, 2004, p.
Estos textos confirman las raíces comunes de la bioética y la ética ambiental, con referencia a la idea del hombre como el "cáncer del planeta" (Valera, 2014b), debido a su poder altamente destructivo:
"Nuestros problemas ambientales se originan en la arrogancia de imaginarnos como el sistema nervioso central o el cerebro de la naturaleza.
No somos el cerebro, somos un cáncer de la naturaleza" (Foreman, 1990, abril, p.
Estas son, pues, las principales razones de la necesidad de un enfoque filosófico sobre la cuestión ecológica, para entender la popularidad y difusión casi sincrónica de la bioética y de la ética ambiental.
Simultáneamente al desarrollo de la ciencia ecológica, por lo tanto, la filosofía de la ecología ha intentado elaborar modelos interpretativos para explicar el significativo cambio de pensamiento inducido por el nacimiento de esta ciencia.
Pero esta tarea se demostró muy difícil a causa del extraordinario crecimiento y propagación de una ciencia tan joven como la ecología: en los primeros años del siglo XX comenzaron a nacer distintas "ecologías", cada una con un objeto de investigación distinto; a la luz de este hecho, hoy podemos hablar de "ecologías" en plural (Valera, 2011(Valera,, pp. 1026(Valera, -1031)).
Entre estas, la ecología humana es particularmente interesante, ya que parece tener una inspiración filosófica más significativa, puesto que centra su reflexión en el papel principal que el ser humano interpreta en los cambios ambientales y climáticos.
Si, de hecho, la ecología es la ciencia que estudia las relaciones existentes entre los organismos vivientes y el ambiente, la ecología humana -al menos en el proyecto embrionario de Gerald Marten, uno de los iniciadores de la disciplina-trata de las relaciones entre los seres humanos y sus ambientes (Marten, 2003, p.
La ecología humana analiza, así, las consecuencias de las actividades humanas como una cadena de efectos entre el ecosistema y el sistema social humano.
Por lo tanto, la centralidad de la ecología humana entre las distintas ecologías deriva del hecho de que todas las especies se adaptan al ambiente, excepto la especie humana, que adapta el medio ambiente a sus exigencias y deseos.
ECOLOGÍA HUMANA: BUSCANDO UNA DEFINICIÓN
Antes de presentar nuestra propuesta relativa a un nuevo paradigma de ecología humana, hay que examinar los supuestos de los principales pensadores que contribuyeron al debate sobre esta "disciplina", destacando los aspectos positivos y los puntos débiles.
1) escribe: "La ecología es la ciencia de las relaciones entre los organismos vivientes y el medio ambiente", y, más específicamente, "La ecología humana es el estudio de las interacciones humanas con el ambiente".
Debido a las formas singulares en las que las personas modifican el medio ambiente, la ecología humana es, entonces, central entre las distintas ecologías.
La ecología humana ha alcanzado una considerable relevancia práctica en nuestro tiempo; por ejemplo, ha contribuido en gran medida a la definición de los criterios para los proyectos urbanos y la planificación económica (Lima, 2000).
La ecología humana ha hecho uso de los cambios históricos, geográficos, médicos, económicos y sociales que han ayudado a lograr un marco completo y articulado para las diversas necesidades humanas, que antes considerábamos solo a nivel parcial; ha partido de una variedad de disciplinas como la geografía económica, la higiene y la epidemiología. a509 Gerald Marten, uno de los investigadores más importantes en ecología humana, escribe: "El medio ambiente, en la ecología humana, se percibe como un ecosistema.
Un ecosistema es todo lo que existe en un área determinada -el aire, el suelo, el agua, los organismos vivos y las estructuras físicas, incluyendo todo lo construido por el ser humano-. [...]
Aunque los seres humanos son parte del ecosistema, es útil pensar en la interacción de los seres humanos y el ecosistema como la interacción del sistema social humano y el resto del ecosistema. [...]
El sistema social es un concepto central en la ecología humana, porque las actividades humanas que ejercen algún impacto sobre los ecosistemas están fuertemente influenciadas por la sociedad en que viven las personas.
Los valores y conocimientos [...] determinan la manera en que procesamos e interpretamos la información y cómo la traducirnos en acción.
La tecnología define nuestro repertorio de acciones posibles" (Marten, 2003, pp. 1-2).
Por un lado, Marten tiende a alejarse de una visión reduccionista de la relación del ser humano con el medio.
Por otro lado, sin embargo, él parece conservar una perspectiva sociobiologista, que interpreta la humanidad como fuente de valores y experiencias sociales y, en este sentido, que no puede exceder la dimensión cuantitativa universal, hacia la afirmación de la singularidad cualitativa de cada persona humana.
La necesidad de afirmar la singularidad cualitativa humana -dada por la libertad-queda, por lo tanto, abierta y sin solución (Bruckmeier, 2013, pp. 229-234).
Así pues, también la ecología humana, si es caracterizada de manera simplista como "el esfuerzo de comprender las relaciones entre las personas y su medio ambiente" (Bates y Tucker, 2010, p.
4), puede caer en dos tentaciones distintas: la tentación reduccionista de interpretar al ser humano como agente únicamente bío-social; y en segundo lugar, la tentación sociologista, que no explica cómo el hombre debe actuar en el ambiente -y por lo tanto cómo el hombre debería ser-sino que más bien describe la forma en que de hecho lo hace.
Tales tentaciones pueden verse ya en las primeras investigaciones en este ámbito: "La ecología humana es, fundamentalmente, el esfuerzo por investigar: 1.
Los procesos mediante los cuales se mantiene el equilibrio biótico y social [...]; 2.
Los procesos mediante los cuales, si el equilibrio biótico y social se interrumpe, puede tener lugar una transición de un orden relativamente estable a otro" (Park, 1936, p.
La posibilidad para la ecología humana de evitar el reduccionismo darwiniano y sociobiologista solo viene garantizada por un replanteamiento de la complejidad humana a través de instrumentos antropológicos y filosóficos (Beltrão, 1985).
Una ecología humana sin reduccionismo requerirá una reflexión más profunda sobre la relación entre el ser humano y su ambiente y, por otra parte, sobre la relación que el ser humano tiene consigo mismo.
Sin un cambio tal de actitud tendremos que conformarnos con una nueva disciplina que no logra captar la especificidad humana, por más que haga de la interdisciplinariedad su distintivo: Sin embargo, la ecología humana nació precisamente en oposición a las tendencias anti-antropocéntricas y utilitaristas que caracterizan la ecología profunda y superficial (Valera, 2014b).
De hecho, la ecología humana nació como un conocimiento cuyo objetivo es el de devolver la especie humana al centro del universo moral, con la esperanza de reconstruir la relación correcta de los seres humanos consigo mismos y con otras especies.
Los seres humanos pueden ser considerados no solo como un cáncer del planeta, sino también como la posible cura: en este sentido, la ecología humana cree en los seres humanos y en sus capacidades de construir y de desarrollar nuevas soluciones.
Las soluciones propuestas por la ecología humana, de hecho, ponen énfasis en la libertad del individuo como base para crear un mundo más sostenible, y tratan de evitar la limitación de la libertad de los individuos en nombre de la reducción de su impacto ambiental:
"En nuestro interés de preservar la libertad, ignoramos la larga y dolorosa lucha por la que esta se logró [...].
En nuestro deseo de dar a cada individuo las mismas oportunidades, nos hemos olvidado de a509 aprovechar las diferencias entre los individuos que deben enriquecer nuestra sociedad. [...]
Nos aseguramos los mejores entrenadores para los caballos y perros prometedores, pero permitimos que nuestros estudiantes más capaces se paren a causa de nuestro sistema escolar. [...]
Deploramos el aumento de la delincuencia juvenil, pero hacemos poco para combatir la indolencia y la falta de motivación" (Sears, 1954, p.
Si la especie humana es, de hecho, la especie que, más que cualquier otra, puede cambiar el entorno que la rodea, hay que comenzar precisamente a partir de ella para encontrar soluciones prácticas y sostenibles (Valera y Marcos, 2014), de modo que su relación con las otras especies puede llegar a ser virtuosa y no perjudicial.
Por lo tanto, los "objetos" de la ecología humana son principalmente los individuos y las relaciones entre los seres humanos y, después, la relación de la humanidad con el medio.
Solamente a la luz de esto, el conocimiento propuesto por la ecología humana podrá ser auténticamente interdisciplinario y tendrá como objetivo integrar los conocimientos de las disciplinas científicas con los de las humanidades, para tener una mejor comprensión general de las dinámicas que afectan a los seres humanos y que los motivan a actuar de ciertas maneras.
Por esta razón, la "ecología humana se ocupa no solo del presente, sino también del pasado. [...]
Y, puesto que el presente y el futuro de cualquier comunidad son expresiones de su pasado, podemos esperar que el estudio de la arqueología y de la historia tengan un efecto práctico en la cuestión fundamental del futuro del hombre" (Sears, 1954, p.
La combinación de dos tipos diferentes de conocimiento -ciencia ecológica y humanidades-permitirá el descubrimiento de la dimensión humana, que es esencial para la preservación sostenible de nuestro planeta:
Por el contrario, no es acertada la idea de que la reflexión sobre el ser humano puede (o debe) ser separada de la reflexión sobre el medio ambiente (y viceversa) y, en consecuencia, de que la ecología como ciencia tiene por objeto exclusivo el "entorno" del hombre, y no el hombre mismo.
Hoy en día esa parece ser la posición predominante en la ecología: se tiende a hipostasiar el medio ambiente, dándole vida, "conciencia" y dignidad autónoma, independiente del ser humano, como si una seria reflexión sobre el ambiente debiera necesariamente poner entre paréntesis al hombre.
La epoché de la ecología, herramienta que se utiliza para "limpiar" el medio ambiente de las escorias "artificiales" humanas, es sin embargo artificiosa.
Artificiosa, ya que es reduccionista (se reduce al hombre a un cuerpo que interactúa con otros cuerpos); artificiosa, ya que es ahistórica (¿existe un entorno sin el hombre, sin su intervención?); y artificiosa, ya que es antiecológica (¿la libertad humana no es una dimensión ecológica?).
Hoy también la ética ambiental, habiendo perdido a su actor principal, el ser humano -de hecho, el único actor capaz de juicio ético-, se consuela con muchos "actores" secundarios, como los animales no humanos, las plantas, Gaia, etc. Pero, aunque un ambiente sin hombre podría quizás ser posible, una ética ambiental, no. Y lo mismo pasa con la ecología: a509 el único ser capaz de llevar a cabo un discurso sobre el medio ambiente y actuar con intencionalidad es, de hecho, el ser humano.
La ecología gana cuando considera al ser humano como fundamental y único posible promotor de un discurso sobre la casa (oikos-logos), pasa así de ser una ciencia meramente descriptiva del medio ambiente a convertirse en una reflexión -con implicaciones normativas-sobre el ambiente, sobre los seres humanos y sobre las relaciones de estos con su entorno y consigo mismos.
El paso decisivo para ganar esa perspectiva es abrazar simultáneamente la idea de la "ecología" y la idea de lo "ecológico".
Las dos dimensiones parecen, en principio, incomunicables: si la primera trata de las relaciones dentro del ecosistema, la segunda refiere a un predicado atribuible a los comportamientos humanos.
La discusión aquí requiere algunas aclaraciones, en particular en lo que se refiere al término ecológico: ¿cuál es su significado?
Y, de nuevo, ¿a quién se refiere?
A menudo tendemos a sostener que un tren es ecológico, que un determinado modo de producción puede ser ecológico, que un gesto tiene que ser ecológico, etc. Tres referentes diferentes, que al parecer no presentan ningún elemento de similitud: un producto técnico, una actividad y un comportamiento; una mejor observación nos muestra, de hecho, que el elemento común entre las tres es el mismo ser humano: es el hombre quien construye el producto técnico, es el hombre quien actúa, y es el hombre quien se comporta.
El adjetivo ecológico connota siempre -incluso en el caso del tren, que está construido y puesto en acción por un ser humano-una acción humana: por esta razón el estilo de la ecología humana es muy similar al estilo de la ética.
Por lo tanto, el árbol no puede ser ecológico, ya que no puede comportarse de una manera respetuosa para con el medio ambiente: el árbol es, no hace.
Y lo mismo cabe decir respecto de los animales no humanos.
En este sentido, creemos que Heidegger describe adecuadamente la diferencia entre los seres humanos y los otros seres cuando afirma que "la piedra es sin mundo, el animal es pobre en mundo, el hombre es configurador de mundo" (Heidegger, 2000, p.
También es cierto que existe una gradación en el "ser ecológicos", así como en el bien: como una acción es más o menos buena, de la misma manera puede ser más o menos ecológica.
Por estas razones, la propuesta que planteamos, para superar las dificultades previas de definición, es la de referirse a la ecología humana como a un estudio crítico, que tiene sus raíces en el terreno de la ética, de la antropología filosófica y de la cosmología.
No sabemos si sería apropiado conferir a la ecología humana el papel de ciencia: por ahora preferimos definirla cautelosamente como reflexión crítica sobre la relación del hombre con el medio ambiente y con el hombre mismo.
En este sentido, la ecología humana lleva a consideraciones éticas, antropológicas y cosmológicas, y tiene como objetivo definir cómo esta relación debe ser, no solo como es.
UNA ANTROPOLOGÍA RELACIONAL PARA LA ECO-LOGÍA HUMANA: HABITAR LA CASA
La dicotomía contemporánea entre antropocentrismo y biocentrismo, de hecho, ha permitido la emergencia de un problema desde hace siglos olvidado por la antropología filosófica, la cual se había ocupado, sobre todo, de resolver la controvertida cuestión de la relación entre alma y cuerpo: el problema del puesto del hombre en el cosmos.
Escribe Max Scheler en el prólogo a la primera edición del famoso libro: "Las cuestiones:'¿Qué es el hombre? y ¿cuál es su puesto en el ser?', me han ocupado de un modo más directo y esencial que todas las demás cuestiones de la filosofía, desde el primer despertar de mi conciencia filosófica" (Scheler, 1964, p.
Las respuestas dadas por el paradigma biocéntrico y por el antropocéntrico a estas cuestiones no parecen exhaustivas: el primero, sin embargo, ha puesto de nuevo al hombre en el ambiente, haciéndolo así permeable y vulnerable a las dinámicas sistémicas del ecosistema (Marcos, 2012a, p.
109); el segundo, por el contrario, ha distanciado al hombre de la naturaleza y lo ha puesto en una dimensión totalmente diferente, por lo que el hombre ha olvidado su naturaleza, incluso su naturaleza animal.
Más allá de estas dos respuestas, que no compartimos en cuanto demasiado extremas, parece interesante volver a la pregunta inicial: ¿dónde estamos?
Y aún más: ¿dónde debemos estar?
Si la primera pregunta revela una cuestión que tiene sus raíces en la ecología, la segunda, al parecer, no. Hay, por lo tanto, que poner temporalmente entre paréntesis la cuestión esencial acerca de qué es el hombre, para dar paso a la pregunta aparentemente más neutral sobre el espacio que el ser humano concreto puede y debe ocupar.
La concepción del espacio aquí evocada es mucho más amplia que la mera noción física, ya que incluye también la dimensión temporal: la antropología filosófica contemporánea, de matriz esencialmente histórica, tiene el gran mérito a509 de haber colocado de nuevo el ser humano en un espacio físico y temporal determinado (Valera, 2014a), el mérito de referirse siempre al hombre "hic et nunc".
Con una mirada superficial se podría quizá concluir precipitadamente que las preguntas sobre el lugar propio del hombre (Wo ist der Mensch?) son capaces de ocultar la pregunta sobre la esencia del mismo (Was ist der Mensch?), pero no es así.
El testimonio de la coexistencia de las dos preguntas se manifiesta en la obra de Scheler:
"Los problemas fundamentales de la filosofía pueden reducirse a la pregunta ¿qué es el hombre?
¿Cuál es el lugar y posición dentro del ser, del mundo, y de Dios?"
Hay que tener en cuenta también que la pregunta sobre el lugar del hombre en el mundo siempre ha tenido que ver con su esencia.
Ya al comienzo de la historia humana, a la pregunta de Dios acerca del lugar que el hombre ocupa en el mundo ("¿dónde estás?"), Adán responde con un estado de ánimo ("estoy en el miedo"), como para subrayar esta conexión original entre el espacio y la esencia: "Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó:'¿Dónde estás?'.
El hombre contestó:'Escuché que andabas por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí'".
La reflexión ecológica contemporánea es, pues, hija de la modernidad: la separación de las dos preguntas acerca del hombre ha llevado a la elaboración de paradigmas incomunicables y, por lo tanto, mutuamente incomprensibles.
La pregunta "¿quién es el hombre?" -que a causa del pensamiento darwinista se ha convertido en la pregunta "¿qué es el hombre?"-no tiene nada que ver con la pregunta acerca del lugar del hombre, porque no se considera jamás al hombre como sujeto.
Si, en última instancia, el mérito del pensamiento ecológico contemporáneo es el de abordar la cuestión del puesto del hombre en el cosmos, su mayor defecto es el de ocultar la cuestión sobre la esencia, separando así las dos preguntas.
Las dos preguntas, sin embargo, no están realmente separadas, ya que al final apuntan a dos aspectos diferentes -pero no mutuamente excluyentes-de la misma realidad del ser-hombre: el hombre que vive más allá del tiempo y del espacio y el hombre que vive en ellos.
De otra manera: se podría afirmar que la historicidad del hombre es una parte constitutiva de su esencia.
Sin el "¿quién?" no hay "¿dónde?", y viceversa.
Fuera de la historia no existe el hombre.
De una manera más radical que la nuestra, Ortega y Gasset sugiere que el hombre no tiene naturaleza, sino historia (Ortega y Gasset, 1983, p.
Sin embargo, hay que tener cuidado con el uso de los términos y con el significado de las palabras: el hombre, al igual que el animal no humano, tiene historia; pero el hombre, a diferencia del animal no humano, es historia.
Ya en el hecho de tener historia hay diferencias entre el ser humano y el animal no humano.
El hombre tiene historia como "auto-reflexión, autoconocimiento y auto-comprensión, el animal no humano, no. El hombre se entiende como ser histórico, el animal no humano es entendido como ser en la historia.
Además, el ser humano es su propia historia, ya que la historia depende de sus elecciones y de su libertad.
Se podría decir que el ser humano es la historia de su propia iniciativa libre en el medio ambiente y en sí mismo, es decir, es la historia de su progresiva liberación de la esclavitud del instinto y de la reacción al ambiente.
En pocas palabras, podríamos concluir que el hombre tiene la historia que es, mientras el animal es la historia que tiene.
La historia de la libertad es, pues, radicalmente diferente de la historia del ambiente, ya que coincide con la historia de la conquista del mundo, es decir, con su habitación.
HABITAR LA CASA: LA ECOLOGÍA HUMANA COMO ETHOS
La construcción de la propia humanidad, que procede de la objetivación del entorno de la cual solo un ser racional como el ser humano es capaz, es propiamente el habitar:
"Ahora, el mejor término que hereda la reflexión [...] acerca del 'lugar' -cuando eso se refiere al hombre-es 'habitar'.
El hombre no vive en un mero ambiente, no ocupa un puro espacio y no se instala simplemente en un sitio, sino que siempre habita: el hombre existe como hombre en cuanto habita un lugar" (Petrosino, 2007, p.
El hombre vive en el mundo, ya que está en el mundo y al mismo tiempo no es del mundo: el hombre habita.
De esta manera, el ser humano es parte de la naturaleza, pero no está determinado por la naturaleza: "Los mortales son; esto quiere decir: habitando aguantan espacios sobre el fundamento de su residencia cabe cosas y lugares.
Y solo porque los mortales, conforme a su esencia, aguantan espacios, pueden atravesar espacios.
Sin embargo, al andar no abandonamos aquel estar [...].
Yo nunca estoy sola-a509 mente aquí como este cuerpo encapsulado, sino que estoy ahí, es decir, aguantando ya el espacio, y sólo así puedo atravesarlo" (Heidegger, 1994, pp. 137-138).
Por lo tanto, el habitar es un gesto exclusivo del hombre, y "pertenece a cada hombre, en la medida en que, simplemente no se somete a la vida, vuelve con insistencia sobre ella, se flexiona sobre ella (reflexiona) con el fin de re-tomarla, entenderla, dominarla, y, en última instancia, nombrarla" (Petrosino, 2007, p.
El habitar es el signo del dominio del hombre sobre la naturaleza, que transforma las cosas naturales en objetos, en entidades nombrables y entonces comprensibles.
"El espaciar aporta lo libre, lo abierto para un asentamiento y un habitar del hombre.
Pensando en su propiedad, espaciar es libre donación de lugares, donde los destinos del hombre habitante tornan forma en la dicha de poseer una tierra natal o de la desgracia de carecer de una tierra natal, o incluso en la indiferencia respecto a ambas [...].
Por un lado, el emplazar admite algo.
Deja que se despliegue lo abierto que, entre otras cosas, permite la aparición de las cosas presentes a las cuales se ve remitido el habitar humano.
Por otro lado, el emplazar proporciona a las cosas la posibilidad de pertenecerse mutuamente, estando cada una en su respectivo sitio y desde donde se abre a las otras cosas" (Heidegger, 2009, pp. 21-23).
En este sentido, entonces, el hombre es también el constructor del mundo: "En la construcción, cuando él construye como hombre, el hombre nunca erige constructos simples, pero [...] él también define un lugar y establece un mundo, es decir circunscribe un espacio" (Petrosino, 2003, p.
La capacidad de objetivar, dominar y nombrar las cosas indica la capacidad del hombre de distanciarse de ellas, ganando una posición que no está necesariamente enredada en ellas.
El hombre, por lo tanto, habita el mundo a medida que descubre en la naturaleza un significado, que siempre la trasciende.
"Cuando el hombre se ha colocado fuera de la naturaleza y ha hecho de ella su 'objeto' -y ello pertenece a la esencia del hombre y es el acto mismo de la humanificación-se vuelve en torno suyo, estremeciéndose, por decirlo así, y pregunta:'¿Dónde estoy yo mismo?
El hombre ya no puede decir con propiedad:'Soy una parte del mundo; estoy cercado por el mundo'; pues el ser actual de su espíritu y de su persona es superior incluso a las formas del ser propias de este 'mundo' en el espacio y en el tiempo.
En esta vuelta en torno suyo, el hombre hunde su vista en la nada, por decirlo así.
Descubre en esta mirada la posibilidad de la 'nada absoluta'; y esto le impulsa a seguir preguntando:'¿Por qué hay un mundo?
¿Por qué y cómo existo 'yo'?"
Queda difuminado así el forzado y artificioso conflicto entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el espacio:
"Cuando se habla de hombre y espacio, oímos esto como si el hombre estuviera en un lado y el espacio en otro.
Pero el espacio no es un enfrente del hombre, no es ni un objeto exterior ni una vivencia interior.
No hay los hombres y además espacio; porque cuando digo "un hombre" y pienso con esta palabra en aquel que es modo humano, es decir, que habita, entonces con la palabra "un hombre" estoy nombrando ya la residencia en la Cuaternidad, cabe las cosas" (Heidegger, 1994, p.
Esto lleva también al fracaso de las posiciones biocéntricas y antropocéntricas, que aparecen ahora como inadecuadas y reduccionistas, ya que no son capaces de entender al humano como ser del mundo y no solo como ser en el mundo.
Si, entonces, habitar es la condición para que el hombre esté en el mundo -Heidegger diría: un hombre que no habita es una contradicción viviente, ya que "habitar no es una de las prácticas del hombre, sino el carácter fundamental de la misma naturaleza humana" (Pesare, 2006, p.
7)-, ¿qué significa, en última instancia, habitar?: "El rasgo fundamental del habitar es este cuidar (mirar por) [...].
Los mortales habitan en la medida en que salvan la tierra [...].
La salvación no sólo arranca algo de un peligro; salvar significa propiamente: franquearle a algo la entrada a su propia esencia.
Salvar la tierra es más que explotarla o incluso estragarla.
Salvar la tierra no es adueñarse de la tierra, no es hacerla nuestro súbdito, de donde sólo un paso lleva a la explotación sin límites" (Heidegger, 1994, pp. 131-132).
Si "el habitar es más bien siempre un residir cabe las cosas" (Heidegger, 1994, p.
133), esta actitud transforma el mundo en una morada (ethos), a través de la acción del cuidar: emerge así la dimensión ética del demorar.
La relación -que parecería ser puramente nominal-dada por la etimología de ethos (al mismo tiempo:'comportamiento','conducta' y 'morada'), se convierte, por lo tanto, en relación "sustancial" a partir del cuidado: el cuidar como dimensión funda-a509 mental del habitar el mundo y el cuidado como una dimensión esencial de la apertura a la alteridad.
En este sentido, la ética en su sentido propio y original corresponde a la "forma de estar en el mundo" y, por tanto, alude a un enraizamiento, a una pertenencia a algo que de alguna manera nos precede siempre.
Desde este punto de vista, la ética, antes de tener que ver con el deber, identifica las formas de vida que también son visiones del mundo, convicciones, creencias (Natoli, 1999).
Si la característica fundamental del habitar es el cuidar y la forma de estar en el mundo es la ética, entonces cuidar es el primer modo de enfoque ético sobre mundo, su dimensión más íntima y distintiva.
El hombre puede realizar la ecología humana ya que es capaz de cuidar el mundo, ya que puede "salvarlo", es decir, liberarlo de la brutalidad del instinto.
El mundo, sugiere Heidegger, es dado al hombre en cuanto él es el único ser capaz de "liberar su esencia", que solo él puede entender: por primera vez reaparece en la contemporaneidad la posibilidad de que el ser humano, de un simple destructor (la "explotación ilimitada" es siempre posible), pueda llegar a ser el liberador, el salvador.
La pregunta que puede surgir de forma espontánea, a la vista de estas reflexiones, es: ¿por qué, entonces, vemos una crisis, desde hace más de un siglo, en la relación entre los seres humanos y la naturaleza?, ¿por qué nuestra vida en el mundo (la casa, oikos) ya no es, en última instancia, determinada por el cuidado, sino, más bien, por el abandono?
"La auténtica penuria del habitar no consiste en primer lugar en la falta de viviendas [...].
La auténtica penuria del habitar descansa en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar, de que tienen que aprender primero a habitar.
¿Qué pasaría si la falta de suelo natal del hombre consistiera en que el hombre no considera aún la propia penuria del morar como la penuria?
Sin embargo, así que el hombre considera la falta de suelo natal, ya no hay, entonces, más miseria.
Aquélla es, pensándolo bien y teniéndolo bien en cuenta, la única exhortación que llama a los mortales al habitar" (Heidegger, 1994, p.
La crisis ecológica es, en primer lugar, una crisis del habitar y, por eso, una crisis del modo de relación entre yo/tú.
La crisis del habitar es también una crisis del pensamiento sobre la naturaleza humana (sobre su esencial enraizamiento) y sobre las relaciones humanas.
La liberación ecológica, la liberación de la crisis ecológica -traducción y actualización de las palabras de Heidegger-tiene que ser, entonces, una liberación únicamente humana, que surge de la conciencia de la naturaleza humana y del mundo.
OIKOS-LOGOS: LA ECOLOGÍA HUMANA COMO CONSTRUIR Y CUSTODIAR LA CASA
Por otro lado, la crisis ecológica es, al mismo tiempo, el reflejo de la crisis de la casa en cuanto morada.
El concepto de 'casa' -más que un concepto es propiamente una experiencia-es extremadamente denso y difícil de entender: habla de lo incalculable, de lo inconmensurable.
Habla de una intimidad que se configura como inaccesible a cualquier instrumento de precisión, ya que, en última instancia, se basa en principios que no son reducibles a los meros hechos y que tampoco son observables: "En pocas palabras, intimidad significa la oportunidad de ser recibido [...] sin miedo, sin vergüenza, sin censuras o autocensuras, de estar 'desnudo'. [...]
La manifestación plena de la humanidad demanda, o tal vez mejor espera, un lugar íntimo donde se puede estar 'desnudo'" (Garlaschelli y Petrosino, 2012, pp. 26-27).
La intimidad, en cuanto lugar de la desnudez, se caracteriza como un delicado espacio límite entre la observabilidad del cuerpo vivo y la invisibilidad de la persona y, al mismo tiempo, como la condición de posibilidad de la apertura al otro.
Si la casa -hogar de la intimidad-es el lugar de acogida, siempre se espera al otro, y nunca hay solo un "yo", sino un "yo-con-otros".
Es interesante recordar aquí el concepto de lugar de Marc Augé, que evoca el tema de la casa:
"El lugar antropológico se define en primer lugar como el lugar de chez soi, en casa, el lugar de la identidad común" (Augé, 2007, p.
Por lo tanto, es esta apertura la que define correctamente la casa como un lugar humano, como una dimensión personal y nunca animal.
De esta manera, la casa no puede ser una guarida: "En la 'casa' hay umbrales, siendo justo lo que se recoge y se cierra alrededor de una abertura irreductible. [...]
Ahora, la guarida es el fruto de esa ilusión y perversión que quiere poner en seguridad absoluta todos los umbrales de un hogar" (Garlaschelli y Petrosino, 2012, p.
Ese sentido de 'casa' es mucho más amplio y al mismo tiempo no se puede reducir a una arquitectura o topología: la casa no se identifica con las cuatro paredes, sino que más bien describe los espacios del habi-a509 tar, es decir, de la manera esencial de ser "hombres en el mundo".
En este sentido, la tierra puede convertirse en un hogar para los seres humanos, es decir en un lugar donde las relaciones se desarrollan y se convierten en una oportunidad de enriquecimiento para el hombre.
Por otro lado, existe también la posibilidad de que el hombre, con su propio habitar, cree el desierto, o deje sin sentido un lugar (el campo de exterminio es un buen ejemplo de esta actitud).
Incluso en este último caso, sin embargo, emerge con fuerza la posibilidad del impacto singular que el hombre tiene sobre el mundo: todas las posibles "desrealizaciones" o "desertificaciones" siguen siendo la expresión de una cierta manera de habitar y, en consecuencia, se acompañan inevitablemente con una producción de sentido y con la configuración de un lugar.
Jean-Luc Nancy escribe: "El crecimiento mismo del desierto podría desvelamos un espacio desconocido, una aridez desconocida, excesiva, de las fuentes del sentido" (Nancy, 1993, p.
La desertificación de la realidad -"el desierto que crece"-es, pues, una consecuencia de una manera de habitar, de un vivir que ha olvidado el significado del habitar, en cuanto el habitar implica tanto un custodiar como un construir.
Estas dos dimensiones (custodiar y construir) son los elementos esenciales del habitar.
Destacar el papel de constructor del hombre significa, en primer lugar, valorar las propiedades creativas e inventivas que lo distinguen, su deseo de cambiar su entorno, para adaptarlo a sí mismo en lugar de adaptarse, para encontrar nuevas soluciones.
El hombre es constructor en cuanto que es señor (dominus) y puede ser dueño de las cosas, puede hacer uso de su ingenio, usar las cosas para sus propios fines y, por lo tanto, puede convertirlas en medios.
El ingenio humano establece la superioridad del hombre sobre las demás criaturas vivientes.
Por otro lado, entonces, el hombre que habita en la naturaleza debe ser muy consciente de su profunda dependencia del mundo, aunque el mundo contemporáneo diga lo contrario: dependencia de un mundo sin el cual él no podría existir y, al mismo tiempo, dependencia de las relaciones con otras personas, a partir de su corporalidad, con demasiada frecuencia límite infranqueable.
1457) ) donde surge la necesidad de custodia, como una forma responsable de vivir la relación con todo lo que es diferente del ser humano.
El custodiar y el construir no parecen, entonces, dos actitudes opuestas, sino dos aspectos de la misma actividad del habitar, dirigida al desarrollo y a la mejora del mundo.
La unidad de las dos dimensiones también se propone como un antídoto eficaz para liberar de las tendencias radicales del conservadurismo y del progresismo, volviendo a poner en el centro del esfuerzo humano el objetivo de un desarrollo verdaderamente sostenible.
La dimensión humana del habitar se refiere en última instancia a la alteridad como criterio: "El hombre, habitando, ¿qué o quién es llamado a custodiar?
En primera instancia, y, en un cierto sentido correctamente, se puede contestar que el custodiar afecta a la existencia y a la vida en general: el hombre, a diferencia de cualquier otro ser viviente, no sólo hace uso de los otros seres vivientes con el fin de vivir, sino que también está llamado a hacerse cargo de todos los demás seres vivientes y por lo tanto de la vida misma. [...]
Sólo el hombre puede hacerse cargo de la alteridad.
Y donde existe la cura, siempre hay alteridad.
En este sentido, el concepto de cuidar no se entiende fuera de un horizonte de alteridad: el cuidar es siempre relativo a la alteridad del otro. [...]
De hecho, todo lo que existe está relacionado con el otro (el ser es ser-con); todo lo que vive, simplemente para mantener su vida entra en una relación con los demás, es decir se abre al otro (el ser es inter-és); pero sólo el hombre hace la experiencia del otro como otro, es decir, como un ser irreductible a sí mismo (el otro es des-interés)" (Garlaschelli y Petrosino, 2012, p.
Existe, por lo tanto, una primera dimensión de relacionalidad inscrita en el ser mismo: la vida es siempre constitutivamente relacionada y un ser vivo para mantenerse vivo debe aceptar a los demás; sin embargo, el hombre acepta (o rechaza) la alteridad de una manera totalmente diferente de los demás seres vivientes: crea las condiciones de posibilidad para que el otro pueda revelarse como realmente "otro", es decir, como un "tú".
La personalidad es diferencia y la alteridad es el signo de esta.
La casa se convierte así en un producto finito de relaciones infinitas: dentro de espacios y recursos limitados, nacen una infinidad de relaciones que requieren nuevos espacios que no son medibles.
En este sentido, la ecología humana puede considerarse como la promotora de las relaciones (de la casa): la condición necesaria de la vida es la apertura, es su custodia, y es el reconocimiento de una alteridad que nos pide construir.
Solo a partir de este reconocimiento se puede concebir cualquier relación (la relación a509 con el árbol o con el animal no humano) y cualificarla como verdaderamente ecológica, sin el temor de ser injustos o políticamente incorrectos.
En última instancia, la importancia de la ecología humana reside en la posibilidad de rescatar al mismo tiempo la reflexión ecológica y la filosófica, retomando de nuevo la cuestión de la esencia del ser humano, sin olvidar el hecho de que el hombre es un ser constitutivamente relacional.
La ecología humana hereda, así, la reflexión filosófica milenaria sobre la naturaleza humana, en constante diálogo con los nuevos descubrimientos en el ámbito de la ecología, desafiando al hombre contemporáneo a reconsiderar su esencia y a buscar nuevos paradigmas que expliquen de una manera más adecuada su puesto en el cosmos.
El presente artículo forma parte del proyecto "CO-NICYT -Iniciación en Investigación Fondecyt 2016 -n.
Aunque se sabe que la bioética, como disciplina, nació por la intuición de Van Rensselaer Potter, la primera aparición del término se encuentra en un texto del pastor protestante Fritz Jahr.
En este texto se ve la profunda conexión entre la ecología y la bioética, ya que pone fuerte énfasis en la necesidad de ampliar el límite de nuestras consideraciones morales a todos los seres vivientes: "Hay solo un pequeño paso de aquí a la Bio-ética [Bio-Ethik], es decir la asunción de deberes morales no solo hacia los seres humanos, sino también hacia todos los seres vivientes.
De hecho, la Bio-ética no es solo un descubrimiento del presente.
Como ejemplo particularmente impresionante del pasado podemos recordar la figura de San Francisco de Asís y su gran amor a los animales" (Jahr, 1927, p. |
El objetivo de este artículo es mostrar cómo la imagen que dio Manuel Chaves Nogales de la revolución rusa a través de sus artículos en los años treinta, siendo vanguardia del periodismo de entonces, tuvo un sentido histórico.
La hipótesis es que el periodismo, informando sobre el presente, puede aportar a los historiadores alguna lección.
Para mostrar la conciencia histórica del periodismo de Chaves Nogales se contextualiza al autor entre otros viajeros de la época a la Unión Soviética, se analiza la manera en la que Chaves interpreta las huellas de la revolución en las personas y en su entorno y se relaciona con la microhistoria.
LOS VIAJES A RUSIA Y LO QUE SE ESPERABA VER
Cuando Lippmann y Merz (1920) analizan la cobertura por parte del New York Times de la revolución rusa en los años 20 afirman: "news about Russia is a case of seeing not what was, but what men wanted to see" (p.
Cuando el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales visitó ese país, buscaba observar en qué se había convertido la revolución en 1928 y contarlo mediante el periodismo.
Un siglo después de la revolución, cuando la tecnología ha cambiado el periodismo y la labor de informarse es entendida en muchos casos como ratificación de ideas previas, la manera en que se desarrolla el periodismo de Chaves ofrece algunas lecciones sobre cómo informar y entender un acontecimiento histórico como la revolución rusa y este artículo propone precisamente mostrar esas enseñanzas a través del análisis de sus textos periodísticos sobre Rusia.
En los años 20 y 30 del siglo pasado la revolución rusa fue un tema tratado por viajeros, intelectuales y periodistas entre la idealización y el rechazo.
Cruz y Pérez Ledesma (1997) describen "la lucha sin cuartel que se produce en los medios de comunicación en España por imponer una imagen de la Unión Soviética" (p.
Era difícil no caer en la seducción del sueño de un nuevo orden o bien en la condena de la revolución de octubre como un fracaso, asociándola con el apocalipsis.
García-Alix (2003) describe la admiración que nace en esos años:
"Surge entonces una profunda corriente de admiración y simpatía por la revolución soviética, que penetrará sobre todo en los medios obreros e intelectuales.
Asistimos a una explosión de nuevas editoriales como Cenit, Ulises, Oriente y Fénix, que difunden en ediciones asequibles las grandes obras de la literatura soviética, así como sus más recientes creaciones.
El clima de entusiasmo e interés propiciará una avalancha de viajes.
Todos quieren ver la nueva Rusia, adonde viajan Margarita Nelken, Álvarez del Vayo, Ramón J. Sender, Manuel Chaves Nogales, Josep Pla, Félix Ros" (p.
Estos viajes, a partir de la mitad de los años 20, son denominados romerías por Giménez Caballero (1928).
Sinclair (2009) analiza a los viajeros españoles de los años 20 señalando que todos cuentan aquello de lo que han sido testigos y, en el caso de Chaves e Hidalgo, insisten en que son visitantes de clase media (p.
Cortés (2006) explica que la Unión Soviética se puso de moda en los años posteriores a 1928 y a esta moda se sumaron algunos periodistas, entre los que menciona a Chaves (p.
Desde España viajaron sobre todo políticos -los socialistas, por ejemplo, viajaban auspiciados por la Internacional Socialista-y periodistas.
Así, entre los políticos, Fernando de los Ríos publicó en 1921 Mi viaje a la Rusia sovietista; el comunista asturiano Isidro Acevedo Impresiones de un viaje a Rusia, y el anarquista y delegado de la CNT Ángel Pestaña lanzó en 1924 otros dos libros.
Con él viajó otro corresponsal de El Sol, Ricardo Baeza, que publicó Bajo el signo de Clío.
Josep Plá publicó en 1925 Notícies de la URSS (Una encuesta periodística); Sofía Casanova De Rusia.
Amores y confidencias (1927) -entre otros muchos textos (Ochoa Crespo, 2016)-; el socialista Rodolfo Llopis iba a publicar la crónica de su viaje en El Sol pero la censura lo impidió y publicó el libro Cómo se forja un pueblo.
El viaje de Villanúa comienza con un encuentro con una bolchevique en el Prado con quien habla precisamente sobre las visitas de extranjeros a Rusia: "Pero han ido gentes llenas de prejuicios, profesores de universidad o jefes de partidos comunistas extranjeros, periodistas que iban a decir que todo estaba muy bien o muy mal, según les habían pagado; españoles no ha ido nadie.
Y periodistas han ido pocos.
-Yo no conozco a ninguno, fuera de Álvarez del Vayo, Chaves y Llopis" (Villanúa, 1931, pp. 16-17).
Navarra (2015) califica al grupo de viajeros anteriores a la guerra civil no militantes o críticos con el sistema soviético como "socialistas y republicanos: la respuesta humanística" (pp. 132-145).
En el grupo incluye a periodistas y políticos.
Además de los ya mencionados señala el relato de Llopis, de Zugazagoitia, Anguiano y Amado Blanco.
De entre esas visiones españolas el relato de Chaves Nogales le resulta el más acabado.
Para él, Chaves es "un olfateador, no un impresionista ni un político profesional.
De entre todos los relatos de viajeros aquí se toma como objeto de estudio el de Chaves por dos motivos.
En primer lugar, por lo que señala Navarra: este relato del viaje a la URSS tiene un fin primero que es periodístico.
Chaves Nogales no pertenecía a la Internacional Socialista y viajó a la Unión Soviética en 1928 como corresponsal del Heraldo de Madrid.
Y en segundo lugar, porque todos estos viajeros com-a510 partían la conciencia histórica que suponía hablar de la Unión Soviética como testigos en Occidente.
El nacionalsocialismo en Europa y la situación en España dependían en parte de lo que sucediera en la URSS y de los debates de la Comintern.
El caso de Chaves resulta interesante para lo que aquí se propone porque continuó escribiendo sobre la revolución durante la década siguiente y desde fuera de la URSS.
Chaves intentó contar lo que fueron aquellos meses recomponiendo el relato a partir de la memoria de sus protagonistas, perdedores o testigos exiliados en París y a quienes les tocó la revolución en Petrogrado y la posterior guerra civil.
En concreto publicó tres libros periodísticos sobre este tema.
En el primero recoge para los lectores de Heraldo de Madrid su visión de la Rusia soviética durante su viaje a la URSS en 1928 -agonizando la dictadura de Primo de Rivera-a partir de testimonios de los ciudadanos soviéticos y de su propia observación.
Estas crónicas y reportajes formarían luego La vuelta a Europa en avión.
Un pequeño burgués en la Rusia roja (1929); en segundo lugar, habló de Rusia en las crónicas para el diario Ahora desde París donde recogió la vida de los exiliados zaristas en Lo que ha quedado del imperio de los zares (2011); y por último, contó la revolución rusa a través del testimonio del bailaor flamenco Juan Martínez en El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934/2007).
Si bien escribió también una novela sobre las relaciones afectivas en el comunismo -La bolchevique enamorada.
El amor en la Rusia roja (1930)-, nos interesa aquí detenernos en el Chaves periodista y en su crónica de la revolución.
Las tres obras analizadas fueron recopiladas por vez primera en 1993.
Ese año la Diputación de Sevilla publicó la Obra narrativa completa de Manuel Chaves Nogales, gracias a una edición realizada por María Isabel Cintas.
A partir de ese trabajo se realizaron todas las ediciones posteriores de las distintas editoriales.
Cintas es también la responsable de editar por primera vez toda la obra conocida de Chaves no solo en los dos tomos de la Obra narrativa completa (1993 y 2009b), sino también con los tres tomos de la Obra periodística (2001 y 2013).
LA FUNCIÓN DEL PERIODISTA
La vuelta a Europa en avión.
Un pequeño burgués en la Rusia roja recoge las crónicas aparecidas de manera original en Heraldo de Madrid sobre el viaje de Chaves desde Madrid a Bakú.
Las veintiséis crónicas comenzaron a publicarse el 6 de agosto de 1928 y finalizaron el 24 de octubre.
A partir de entonces hasta febrero de 1929 aparecieron también en La Nación (Buenos Aires).
La obra se publicó posteriormente, el 15 de abril de 1929, en la editorial Mundo Latino que fue la que añadió el subtítulo Un pequeño burgués en la Rusia roja a los textos periodísticos originales.
Para Chaves el periodismo supone un punto de vista desde el que cuenta la realidad.
En el proemio al libro deja claro cuál es su función: "Interpreto, según mi temperamento, el panorama espiritual de las tierras que he cruzado" (Chaves Nogales, 2001, p.
El subtítulo del libro, Un pequeño burgués en la Rusia roja, aclara la posición desde donde observa, algo a lo que vuelve:
"Uno mira estas cosas fatalmente desde un punto de vista burgués" (Chaves Nogales, 2001, p.
Chaves dedicó a Rusia dieciséis de las veintiséis entregas originales y once de los diecinueve capítulos del libro.
Cuando este salió publicado, varió la distribución original, renombró los títulos, amplió ciertas ideas, reorganizó algunos pasajes y mostró otros que, a causa de la censura, no pudo publicar en la prensa.
Así, incluyó una entrevista a Ramón Casanellas -uno de los participantes en el asesinato del presidente del consejo de ministros, Eduardo Dato, en 1921-y un nuevo capítulo dedicado a la vida soviética (Cintas Guillén, 2001b, pp. 48-56).
Las crónicas de Chaves se abren con una cita de Tiutchev: "Rusia: Nunca sabrá ver el ojo soberbio del extranjero el tesoro que hay escondido en tu humilde pobreza" (Chaves Nogales, 2001, p.
107), otra declaración que deja claros desde el comienzo los límites del periodismo que él practica: "Contar y andar es la función del periodista.
Araquistáin, en su viaje a las escuelas de España, Álvarez del Vayo, en sus frecuentes excursiones por el panorama espiritual de Centroeuropa, y alguno otro son claros ejemplos de este periodismo nuevo, discreto, civilizado, que no reclama la atención del lector sino es con un motivo: contarle algo, informarle de algo" (Chaves Nogales, 2001, p.
Chaves entiende que el periodista -citando a Keyserling-, tiene como función ser intermediario espiritual, por eso él intenta ver "el alma rusa" a través de sus ojos de extranjero, en la imagen de los mujik, las isbas o las iglesias: "Las iglesias van jalonando todo el campo.
¿Se comprende ahora la fuerza indestructible que tiene a510 la religión entre esta gente, fuerza que ni siquiera la gran conmoción del comunismo ha podido neutralizar?"
Lo que ve se convierte en indicio de lo que espera ver.
Así, en "Paseos por Moscú" comienza diciendo:
"Apenas se pone el pie en Moscú, se tiene súbitamente [...] la sensación de que aquello ha sido arrasado por la revolución (...).
El bolchevique ha querido hacer tabla rasa de todo lo anterior.
Esto donde se ve bien es en Moscú" (Chaves Nogales, 2001, p.
Después, cuenta la historia de la ciudad y sus monumentos, pero de entrada deja claro cuál es el prisma a través del cual contempla la capital.
En Leningrado, al burlar a un guardia del GPU para visitar a un partidario de Trotsky, escribe:
"Leningrado conserva todavía la emoción de la clandestinidad revolucionaria" (Chaves Nogales, 2001, p.
Es una impresión, pero contiene el principio de su interpretación de la realidad que va buscando: qué queda de la revolución.
Igual sucede con aquellos a quienes entrevista o con las fuentes a las que da voz en el reportaje.
Busca indicios que muestren cómo la revolución ha cambiado la vida.
Por ejemplo, "un intelectual, moscovita de adopción, de origen indio que lleva muchos años en Rusia" expresa la misma idea que ronda a Chaves, la de que el espíritu de las gentes ha cambiado:
"La revolución ha sacado de sus goznes las hojas de las contraventanas [...], ha metiendo tres familias -tres extrañas familias-en lo que antes era cochera de los señores.
Pero todo sigue exteriormente igual.
Dentro, en las estrechas habitaciones, hay hacinada una humanidad conmovida por la revolución que intenta vanamente acomodarse a las exigencias de los tiempos nuevos.
En cada habitación, una familia; en cada familia, una guerra viva.
El padre es nepman, el hijo comunista; la madre va todos los días a pedir al pope consuelo para sus tristezas.
Todo esto por dentro.
Afuera siguen brillando las cúpulas doradas de las iglesias. [...].
El espíritu de las gentes ha cambiado, pero el espíritu de la vieja ciudad subsiste después de haber sido arrasada" (Chaves Nogales, 2001, pp. 124-125).
Con el nervio y la urgencia del periodismo, este pasaje muestra una de las genialidades de Chaves: intuir en algunos indicios la vida que llevan los moscovitas y el cambio social provocado por la revolución.
La paradoja dentro/fuera, viejo/nuevo, a partir de la impre-sión visual de las fachadas, da lugar a una imagen de lo que va queriendo ver, el cambio o no que la revolución ha producido.
Así también lo hará hablando de los carteles de los líderes:
"Todo Moscú está lleno de la iconografía de la revolución [...].
No hay modo, sin embargo, de encontrar un retrato de Trotsky en toda Rusia" (Chaves Nogales, 2001, p.
Esa impresión primera en casi todo lo que mira busca la huella de la revolución y su envés o contrapartida y ese es uno de los temas que se mantendrá en las crónicas.
Como todos los viajeros a Rusia, también Chaves buscaba ver en qué se había convertido la revolución.
El relato de Chaves da una imagen de una revolución disecada en la que los revolucionarios habían servido para elaborar el mito, pero ya no contaban, y así lo muestra en el retrato de Kalinin o en la búsqueda de Trotsky.
Conocer la personalidad de Trotsky era una de las cuestiones que más interesaban a Chaves (2001, p.
No consiguió entrevistarse con Trotsky pero elabora un perfil de su ausencia en Alma-Ata, habla con colaboradores, y escribe, adelantándose al asesinato y a los pensamientos de Stalin:
"Trotsky es de esa clase de hombres que sólo pueden inutilizarse con la muerte" (Chaves Nogales, 2001, p.
Sobre el debate de la II Internacional Socialista, de la doctrina de Stalin del comunismo en un solo país que había dado al destierro de Trotsky, diagnostica:
"Para mantener en toda su pureza el ideal comunista, sería preciso hacer una revolución cada cinco años.
Esta es la gran tragedia del bolchevismo, insoluble mientras no se realice el sueño de la revolución mundial" (Chaves Nogales, 2001, p.
Chaves tiene experiencia con la GPU y con la censura pero escribe:
"Deliberadamente me he limitado, en la reseña de mi viaje por el territorio ruso, a exponer, desnudos de artificio, los pequeños hechos de la vida cotidiana que caían bajo mi zona de observación, y he guardado cuidadosamente tanto la documentación oficial, que a manos llenas se me ha ofrecido en Rusia, como cualquier deseo de interpretación personal que pudiera haberme asaltado" (Chaves Nogales, 2001, p.
De nuevo una declaración de intenciones sobre cómo entiende el periodismo y una interpretación de lo que ha supuesto la revolución.
Chaves informa de a510 aquello que interesa a sus lectores.
Para ese público la revolución rusa llevaba a la pregunta sobre si se extendería el sistema soviético por Europa.
Las imágenes de la revolución rusa en los primeros años treinta conectaban con las movilizaciones en España y esa conexión aumentaría, a juicio de Cruz y Pérez Ledesma (1997), a partir de 1936 (p.
Chaves escribe para esa población, por eso resume así: "Después de haber recorrido Rusia y de haber buscado afanosamente cuanto en pro o en contra de la revolución se ha escrito, yo me atrevo a creer que la postura del hombre auténticamente civilizado no es la de ser comunista o anticomunista, sino la de estar atento al desenvolvimiento de los hechos [...], sin desechar la posibilidad del alumbramiento de una nueva humanidad, pero sin perder de vista al mismo tiempo que puede haberse errado la senda" (Chaves Nogales, 2001, p.
Para Chaves los errores de interpretación sobre la revolución vienen de la propaganda interesada de uno y otro lado.
Él, tras un mes como viajero curioso y liberal, se pregunta si se debe aceptar como peaje para una nueva sociedad la dictadura del proletariado:
"¿El amor hacia el pueblo debe llevar hasta el extremo de sacrificarlo?"
Y se muestra consciente de que esa imagen de país "todavía desconcertado y ruinoso" (Chaves Nogales, 2001, p.
245) tras once años de la revolución sobre la que elabora su interpretación, puede no ser absolutamente cierta:
"De la obra revolucionaria el viajero no ve más que las resquebrajaduras.
La reconstrucción de la sociedad deshecha por la revolución sobre la base de la dictadura del proletariado escapa a su comprensión.
Y esta reconstrucción, no terminada aún, es, a pesar de todas las fallas, una obra formidable" (Chaves Nogales, 2001, p.
Y cuando ya ha salido de la Unión Soviética, escribe:
"No quiero tampoco dejarme arrastrar por esta impresión puramente subjetiva de pequeño burgués o intelectual que se siente excluido o, mejor dicho, perseguido por la clase social dominante hoy en Rusia" (Chaves Nogales, 2001, p.
Para Peloille (1999) con esta afirmación Chaves hace una distinción implícita entre los regímenes dictatoriales (Rusia y Polonia) y los democráticos (República de Weimar) y entre dos formas de organización social, la del proletariado y la de la burguesía (pp. 122-123).
Sánchez Zapatero compara la visión de la Unión Soviética que hay en Chaves con el relato del viaje de Stefan Zweig que recoge en El mundo de ayer.
Memorias de un europeo.
Los dos viajaron en la segunda mitad de 1928, en estos dos relatos no encuentra juicios interpretativos (Sánchez Zapatero, 2013, p.
113) y estamos de acuerdo en que en el testimonio de los dos escapa a la adhesión o a la crítica de lo que ven.
A juicio de Cintas, La vuelta a Europa en avión conecta con la "novela social", así como con el crecimiento en ese ámbito de los libros de viajes.
Muchos de ellos fueron realizados por escritores que habían sido también periodistas y por esta razón se relataban con un tono reportajeado.
Más allá del tono en el libro de Chaves se encuentra un juicio premonitorio sobre la revolución y pasarían unas décadas hasta que se escribiera algo al respecto con tanta lucidez.
Avilés compara la visión de Chaves con la de Álvarez del Vayo y destaca que:
"Varios españoles tuvieron ocasión de hablar a fondo con algunos comunistas disidentes.
Especialmente lo hizo Chaves, que se mostró interesado por las tesis de la oposición trotskista, quedó convencido de que Trotski encabezaba a aquellos verdaderos comunistas que se oponían a la conservadora burocracia del partido" (Avilés Farré, 1999, pp. 296-297).
Navarra (2015) En estos reportajes, como en lo publicado en el Heraldo, Chaves parte de la memoria de alguien que ha vivido la revolución y luego vuelve al presente, para saber qué ha quedado.
Si bien encontramos una constante de trata de responder a la cuestión sobre el futuro que puede tener la dictadura del proletariado dentro y fuera de Rusia; también realiza una reconstrucción histórica de la revolución.
En este punto Chaves lleva a cabo, de acuerdo con Prökker (2012), un "periodismo histórico" (p.
Este distingue el periodismo sobre sucesos históricos como el estalinismo con el ejercicio de la historia porque el interés en el periodismo no es el pasado en sí mismo sino en su conexión con el presente.
La memoria que recupera Chaves es la del testigo: él no fabula, escribe a partir de la memoria de quien le cuenta y de otras fuentes con las que se entrevista.
Y el retrato que el periodista hace de ellos amplia el testimonio; como en los espacios, también en las personas se aventura a ver las huellas de la revolución.
Chaves muestra la sensación que le producen todos estos hombres con descripciones completas, tanto físicas como psicológicas, en las que los rasgos externos que observa en ellos anteceden sus rasgos de carácter.
Chaves sigue estando ahí, como narrador dentro de la historia que se hace presente para poner de relieve su papel de periodista directa o indirectamente.
Quizá el momento en el que Chaves juega de manera más evidente el papel de narrador testigo con autoridad para la interpretación está en Lo que ha quedado del imperio de los zares, la serie de 24 reportajes sobre los exiliados blancos en París publicada desde el 27 de enero hasta el 22 de febrero de 1931.
Allí, por ejemplo, realiza una descripción completa y significativa de Kerenski en la que mezcla prosopografía y etopeya.
Chaves explica que el político ruso era un hombre: "De ojos claros, alto, desgarbado y de aspecto cansino, que redacta todas las semanas un periodiquito pobre, en un barrio apartado de París.
Kerenski da la impresión del que está ausente; tiene algo de sonámbulo, de hombre atento a un rumor distante.
Sus ojos, con ese guiño característico del miope sin lentes, miran siempre a un punto lejano.
Sus oídos conservan, acaso, el eco de las fusiladas en las calles de Petrogrado, del clamor de las masas revolucionarias o del galope de los jinetes rojos lanzados en su persecución.
No sé; pero salta a la vista que es un hombre absorbido por algo que, desde luego, no es el momento de ahora" (Chaves Nogales, 2011, p.
Chaves está dentro del relato en primera persona, como personaje-periodista que observa y apuesta por unos rasgos sobre otros.
El porte de Kerenski, su figura, su mirada, reflejan su espíritu, sus preocupaciones y su estado de ánimo.
Su forma de actuar en el presente, además, permite a Chaves imaginar cómo pudo vivir los días de la revolución y cómo su forma de ser explica su pasado y su presente con relación al momento histórico:
En esta obra, por tanto, el foco se centraba más en las personas que en los pueblos, más allá de que el drama de los exiliados sirviese también a Chaves para referirse a la revolución, a la monarquía zarista y a los nacionalismos periféricos.
El diario Ahora necesitaba lectores y el tema de los exiliados rusos era materia ideal para el folletín.
Haciendo semblanzas de estos personajes, Chaves cuenta las causas de la revolución según la Rusia blanca.
El retrato de Miliukov y de Kerenski cuenta bien el desarrollo de los días de la revolución.
Por ejemplo: a510 "Apenas entré en el salón de la biblioteca de la Duma me vi envuelto en un torbellino de gente que discutía y gritaba [...].
Cuatro días sin dormir ni comer; cuatro días en los que permanecimos ajenos a todo lo que fuese el peligro que corría nuestra patria, debatiéndose en el caos y la sangre" (Chaves Nogales, 2011, p.
"Se le ve con una gran transparencia en aquel caos de la revolución rusa aferrado a sus convicciones intelectuales, sensato, realista, valiente, procurando en vano mantenerse en el fiel de la balanza, queriendo ser ecuánime cuando se habían desatado todas las fuerzas del mal y la ecuanimidad era un delito..."
Es esta manera de enfrentarse a los personajes -conociéndolos cara a cara, dejándoles hablar-la que caracterizará su periodismo y sobre estos testimonios de la revolución construye su impresión de ese momento.
Esta reconstrucción encuentra un paradigma en el relato que Chaves hace del bailaor burgalés Juan Martínez, el protagonista de El maestro Juan Martínez que estaba allí.
Chaves lo había conocido en un cabaret de Montmartre y lo incluyó como protagonista en el reportaje "Los flamencos de París", publicado el 18 de marzo de 1930 en Estampa.
Este reportaje, que se centraba más en el flamenco que en la vida de los bailaores, da una pista clave para entender al personaje Martínez creado por el periodista.
Chaves advertía de que su texto "traducía" el modo de hablar de Martínez, sin renunciar, eso sí, al sentido que le dio el bailaor: "Él habla a su modo, con sus imágenes castizas plagadas de galicismos; pero a lo largo de su charla internacional, que pondría los nervios de punta a un académico, yo sé que quiere decir eso; y lo traduzco así" (Chaves Nogales, 2001, p.
Chaves pasa las ideas de Martínez a través del matiz de su mirada, de su interpretación, y es de suponer que esta idea se mantuviese también El maestro Juan Martínez que estaba allí, la obra sobre la trayectoria del bailaor durante la revolución de octubre de 1917, en la que no trata de reproducir la fonética del bailaor, tan solo mantiene algún galicismo.
De ahí la importancia de este texto: en él se muestra que para Chaves mostrar quién es un hombre en ocasiones puede significar también interpretar sus palabras sin hacerles perder su significado.
Esta labor de traducción, unida al reporterismo, no dista de la visión do-minante en la actualidad a la hora de utilizar la cita directa.
Por eso es de agradecer la franqueza de Chaves al admitir que se vio obligado a no mantener la literalidad de las palabras de Martínez pero sin tratar de desdibujar su sentido.
El maestro Juan Martínez que estaba allí se publicó por entregas en la revista Estampa del 17 de marzo al 15 de septiembre de 1934, con ilustraciones de Francisco Rivero Gil (1899-1972), dibujante y caricaturista que se había formado en Sevilla y que desde 1944 vivió en México, donde falleció.
Juan Martínez fue testigo directo de los excesos de la guerra y de la revolución.
Había viajado a Rusia huyendo de otra guerra, la primera guerra mundial, que estalló cuando se encontraba trabajando en Turquía.
En el relato de los hechos Chaves centra el foco en un periodo determinado de la historia, abandona su punto de vista y opta por la historia personal de un testigo para describir el momento histórico de la revolución.
Las versiones anteriores de Kerenski o la publicada antes en Estampa se ven superadas.
Los hechos históricos quedan como un eco en el relato de Martínez y son rebasados por lo insólito del testigo de la revolución (un bailaor flamenco de Burgos), y por el talento narrativo que la escritura de Chaves le otorga.
De acuerdo con Vázquez Liñán ( 2011), el libro realiza un retrato aterrador de la revolución y de la guerra civil: "se trata de un intento de ver este proceso histórico a través de los ojos de un extranjero [...] y que por lo tanto no tiene a priori preferencias por ninguno de los bandos en conflicto. [...] el reportaje tiene la clara intención de mostrar el horror generado por la revolución, en un momento en el que la salida revolucionaria era una opción propagada por las diferentes fuerzas políticas en España" (p.
Como recoge Cintas (2001b), el 16 de febrero de 1934 el diario Ahora, del que era redactor jefe Chaves, se preguntaba qué iba a pasar en España, ante la amenaza de una guerra civil y de una revolución (p.
Por eso para Cintas la visión de Chaves "de la tan admirada Revolución rusa debió de ser sorprendente para muchos e inadecuada por inoportuna para los más extremistas de la izquierda" (2001b, p.
La distancia del bailaor con los hechos revolucionarios rusos, por no tratarse de su país y porque reconoce abiertamente que no le interesa la política -"yo nunca me he querido meter en política" (Chaves Nogales, 1934/2007, p.
7)-, permitió a Chaves hacer un relato de la violencia que producen los excesos de toda revolución, un reportaje de aquello de lo que quería advertir a los españoles de 1934.
La primera imagen que tiene Martínez al llegar a Petrogrado en marzo de 1917 es la de un andén vacío y "a la salida de la estación, en una puerta, estaba clavado a bayonetazos el cadáver de un guardia" (Chaves Nogales, 1934/2007, p.
La memoria de Juan Martínez recuerda estos hechos violentos, el odio que mueve a las gentes y cómo va salvando la vida en cada una de las encrucijadas que se encuentra:
"¡Qué odio negro les tenían!
Cuarenta mil policías del zar había en Petrogrado el día que estalló la revolución.
En ocho días no quedó ni uno.
El pueblo tenía tanto rencor contra ellos que cuando yo llegué salían a cazarlos como si fueran conejos.
A muchos los clavaron a bayonetazos en las puertas de las casas [...].
En los primeros momentos habían hecho ellos una buena carnicería con los revolucionarios" (Chaves Nogales, 1934/2007, p.
El bailaor sobrevivirá a la revolución de marzo y en la primavera y el verano de 1917 volverá a Moscú por su esposa y juntos regresarán a Petrogrado y después de nuevo a Moscú para ir a Kiev: "A mí la toma del poder por los bolcheviques, los famosos diez días que conmovieron al mundo, me cogieron en Moscú vestido de corto, bailando en el tablado de un cabaret y bebiendo champaña a todo pasto.
Después de la tournée por Ucrania, y cuando vimos la mala jeta que tenían los campesinos en los últimos tiempos de Kerenski, decidimos refugiarnos en Moscú.
Chaves ofrece en cada entrega un relato trabado que sale de la memoria de Martínez y que él parece solo transcribir.
El "folletín de la vida de Martínez" -como lo llama-tiene en apariencia una única trama, comprobar cómo se las arregló su protagonista para sobrevivir.
Si bien como señala Hermida ( 2002) "existe una coincidencia general entre los historiadores en el sentido de que los bolcheviques tomaron el poder en la capital con escasísimo derramamiento de sangre" (p.
115), Martínez encontró varios obstáculos para moverse con libertad.
Son muchas las escenas en las que su salida de allí se ve frustrada o los momentos en los que parece que su final está cerca.
A lo largo del relato vemos por los ojos de Juan Martínez cómo las gastan los bolcheviques, los blancos y los cosacos.
El testimonio de Martínez tiene la virtud de los testigos, creemos en su memoria prodigiosa y en cómo se las ingenia para sobrevivir.
Solo parecen importar los hechos: las filas de cadáveres en las calles de San Petersburgo o el vecino ajusticiado porque ante el frío se puso el sobretodo del bando equivocado.
La crueldad y la rapiña del hambre no puede contarse y Martínez no lo hace, solo muestra cómo se salvó de ese mundo cuando parecía imposible.
El genio narrativo de Martínez -o de Chaves Nogales-tiene su piedra de toque en los relatos que hace de las veces que salva la vida.
Es entonces cuando como mucho se permite la viveza del genio hispano, la misma que le salva la vida.
La primera de ellas, en Turquía, cuando los alemanes quieren matarlo porque lo toman por espía.
Allí será un cuchillo, que siempre lleva consigo, lo que le salva.
Casi en cada una de las entregas/capítulos Martínez relata cómo salva la vida, porque deja caer su navaja en un cacheo, porque un coche pasa cuando le van a disparar o porque muestra cómo es un auténtico revolucionario porque tiene las manos callosas por tocar las castañuelas.
En la última de ellas, en el barco Anastasia, mientras dispara la policía soviética, logra salir de Odessa con pasaporte italiano.
Chaves no quiere escribir la historia pero la reconstruye a partir de estos testimonios de los testigos, sean los seguidores de Trotski, Kerenski, Miliukov o Martínez, y los intenta ver en el curso de la historia.
Las crónicas de la revolución en Chaves están construidas sobre la memoria de testigos.
En esta manera de proceder Chaves se adelanta a la microhistoria empleada en la historia y en la etnografía algunas décadas después.
La microhistoria, tal como la entiende Ginzburg (1994), quien la resumía a partir de la comparación que hace Kracauer entre la microhistoria/el primer plano en el cine (closeup) y la macrohistoria/tomas largas (long shots).
Los primeros planos sobre un hecho histórico permiten contar la historia de una realidad que es discontinua y heterogénea (p.
En El maestro Juan Martínez que estaba allí la vida del protagonista y la historia se entremezclan en el relato.
Como explica Cintas (2001b), la obra "es un reportaje novelado de la realidad histórica en el que la vida es capaz de superar a la ficción más disparatada" (p.
Se trata de un relato desde el presente sobre el pasado de Martínez, con digresiones e historias dentro de la historia.
Desde este punto de vista la estructura se asemeja a la de un perfil periodístico moderno: una escena principal donde se desarrolla la entrevista con escenas que nos llevan a momentos del pasado revolucionario.
En conjunto las técnicas utilizadas por a510 Chaves se asemejan, como sostiene Pérez Álvarez (2013), a las del nuevo periodismo estadounidense (pp. 81-90).
El primer rasgo que define la caracterización de Juan Martínez es que el personaje toma la voz y muestra en primera persona sus vivencias.
La narración delegada en el protagonista no impide que el resultado sea una historia en la que el relato marco, las palabras de Chaves, dan coherencia a la estructura narrativa.
Así, tras una breve introducción sobre el lugar en el que vive Martínez, le describe en tres rasgos:
"Martínez es flamenco, de Burgos, bailarín.
Tiene 43 años, una nariz desvergonzadamente judía, unos ojos grandes y negros de jaca jerezana, una frente atormentada de flamenco, un pelo requetepeinado de madera charolada, unos huesos que encajan mal porque, indudablemente, son de muy distintas procedencias -arios, semitas, mongoles-, y un pellejo duro y curtido como el cordobán" (Chaves Nogales, 1934/2007, p.
A partir de entonces, Chaves cede la palabra y el peso del relato a su protagonista con un explícito: "Y dice Martínez, ya por su cuenta" (Chaves Nogales, 1934/2007, p.
Desde ese momento, Martínez relata sus sentimientos con detalle, para que el lector pudiese empatizar con él: "Empecé a sentir náuseas.
La cabeza me daba vueltas y salí tambaleándome.
En el umbral piso algo blanco y escurridizo: eran dos dedos humanos que estaban pegados a las losas por un cuajarón de sangre negra.
La sensación que aquello me produjo casi me hizo desvanecerme.
Martínez era un hombre errante, sentencioso, único.
Al dejar hablar a Martínez, al mostrar sus prioridades y sus sentimientos, el lector conoce mejor al personaje.
Se observa el fraseo propio, sentencioso, con retranca, propio de un flamenco.
Chaves traduce la entonación y edita las declaraciones pero deja el tono, el color del habla del protagonista.
El hecho de que aparezca una voz única también es significativo.
Chaves podría haber entrevistado en profundidad a la mujer de Juan Martínez, podría haber hablado con sus compañeros, amigos... pero prefiere quedarse en el texto solo con su impresión sobre el personaje, lo que pueda vivir con él y lo que este le cuente de sí mismo y de su vida.
Quizá las declaraciones y testimonios de los familiares y amigos estén de forma indirecta, ya que le han podido contar episodios de la vida de Martínez que luego Chaves pregunta al in-teresado o que simplemente señala pero sin indicar quién se lo ha contado.
Es destacable la gran autoridad que se arroga Chaves en estos retratos; no hay puntos de apoyo, otras voces que corroboren su interpretación y caracterización del personaje.
La impresión que producen las palabras de Martínez y que Chaves potencia al desaparecer del relato es que el bailaor es un pícaro, un hombre que quiere sobrevivir a toda costa, que de todo lo vivido sacaba una enseñanza y que por ese motivo es un buen observador neutral de la revolución.
En el fondo, tal y como señala Trapiello, la filosofía de Martínez se resume en un lugar común:
Y eso es lo que Chaves persigue: una vida gris llena de avatares, de aventuras, de las vueltas que da la vida" (Suberviola y Torrente, 2013, p.
Martínez es, para Cintas (2001b), "el pícaro tradicional de la novela española, un español peculiar, simbólico, que se las ingenia para vivir o sobrevivir en medio de la revolución rusa" (p.
La visión que Chaves da de la revolución rusa -o su tono-fue cambiando.
Sinclair (2009) dice que la llegada a España de la Segunda República no cambió estas visiones de Rusia; sin embargo, en el caso de Chaves, sí.
Sinclair (2009) sostiene que Lo que ha quedado del imperio de los zares está escrito en "light and lowbrow style" (p.
Cambia su visión porque la situación europea y española había empeorado desde el año 28, en que escribe Chaves los primeros artículos, hasta el año 34, cuando termina el libro sobre Juan Martínez.
La visita a la Unión Soviética le ayudaría a entender Europa y España.
Chaves en España advierte de las consecuencias de los alzamientos revolucionarios pero no sería escuchado.
Walter Benjamin, que está en Moscú el mismo año que Chaves, anota en su Diario de Moscú esta misma idea al final de su viaje:
"Por muy poco que se llegue a conocer este país, uno aprende a observar y a enjuiciar Europa con el conocimiento consciente de lo que acontece en Rusia.
Eso es lo primero que le llega de Rusia a cualquier europeo inteligente.
Por eso también la estancia en Rusia es, por otro lado, una piedra de toque tan precisa para el visitante extranjero.
Obligará a cualquiera a elegir y precisar con exactitud su punto de vista [...].
Aquel que penetre en mayor profundidad dentro de la situación rusa se sentirá mucho menos impulsado a realizar las abstracciones a las que tan fácilmente llega un europeo" (Benjamin, 1988, pp. 142-143).
EL PERIODISMO CUANDO NO SE PUEDE ESPERAR A LA HISTORIA (CONCLUSIONES)
Chaves no pretende escribir la historia pero la urgencia de los sucesos políticos en los años 30 obligó a muchos periodistas a hacer una información que debía responder al presente y al futuro que se avecinaba en Europa.
En sus reportajes y crónicas logra mostrar mediante escenas significativas, mediante unas pocas pinceladas, el carácter de los personajes e indirectamente sus preocupaciones.
Cuenta las historias como si se tratase del montaje de las escenas de una película: usando diálogo, descripción, introspección y viendo esas vidas en primer plano.
Su relato está construido sobre la memoria de testigos y en esta manera de proceder el periodismo se adelanta a la microhistoria.
Los reportajes muestran las huellas de un hecho pasado, pero permiten contar la historia de una realidad convertida en mito como la revolución rusa de octubre de 1917.
Xavier Pericay (2003), refiriéndose al periodismo en la Segunda República, señala a Chaves Nogales junto con Pla, Graziel y Camba como personas que, haciendo periodismo, daban una visión de la historia porque el momento -la Segunda República-lo exigía y no se podía esperar a los historiadores (p.
Lo mismo puede decirse en el caso de la revolución rusa.
No es solo que Chaves atienda a la huella que dejan los hechos históricos sino que es de ahí de donde viene en parte su intuición para interpretar lo que ve en el presente.
Se reconstruye la historia (pasado) en el relato de uno de sus actores o de sus testigos y esto puede cambiar la visión de conjunto, la visión que tenemos de esa historia, de la revolución.
Chaves recompone el relato de Kerenski y Miliukov de esos meses, de marzo a octubre de 1917, en Lo que ha quedado del imperio de los zares.
Titula un apartado, por ejemplo, "Kerenski cuenta cómo tomaron el poder los bolcheviques" (Chaves Nogales, 2011, p.
En El maestro Juan Martínez que estaba allí titula las crónicas sobre los hechos de marzo en San Petersburgo "Así fue la revolución de marzo", y luego "Lo que hice en Moscú durante los diez días que conmovieron al mundo".
Chaves apostó por el periodismo, entendido como el afán de contar de la manera más veraz aquello de lo que es testigo, frente al partidismo que el momento histórico parecía exigir.
Por eso, como escribió en 1937 en el prólogo de A Sangre y fuego, "cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan la dictadura del proletariado que hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda" (Chaves Nogales, 2009, p.
24) y, al mismo tiempo, "cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista" (Chaves Nogales, 2009, p.
Chaves escribió sobre la revolución rusa por su interés informativo para la España de su época y lo hizo a través de un periodismo honrado, sin prejuicio ideológico, y alejado de la propaganda totalitaria del momento.
¿Es la revolución que a Chaves le cuentan y sobre la que escribe una revolución imaginada o real?
Las crónicas y los reportajes de Chaves dieron lugar a la Rusia imaginada en España.
Él elaboró esta imagen siguiendo un criterio periodístico: a través de la selección de ejemplos y de su manera de construir el relato, intentó entender el curso de la historia que habían tenido los acontecimientos y el derrotero que podía vislumbrarse en Europa con la expansión del fascismo y el nacimiento de lo que luego se llamaría estalinismo.
Chaves Nogales no busca el término medio, sino la verdad.
La ecuanimidad es un resultado, no una intención.
La noción de su oficio y lo vivido en el periodo de entreguerras en Europa hacen que hoy estos relatos sean vistos como imparciales.
No se trata, por tanto, de una equidistancia sino de sus convicciones liberales y de su honestidad en la concepción del oficio.
Advierte de lo que ocurre en Rusia cuando el sistema soviético estaba aún idealizado y lo hace sin estridencias ni dramatismos, contando lo que vivió en su viaje y lo que Martínez o los exiliados rusos blancos le contaron en París.
Chaves afirma que el horror de la guerra y de la revolución fue tan inhumano que no resulta verosímil para las gentes.
Su diagnóstico en la Europa de entreguerras, sin pretender hacer historia, resultó premonitorio y lúcido porque tuvo la capacidad de entender y nombrar el origen de la barbarie o del terror en uno y otro bando.
Chaves se acerca a las raíces que sustentan el horror y la inhumanidad desde el periodismo, y por este motivo el análisis que realiza y su manera de entender la profesión tienen vigencia en el siglo XXI. |
RESUMEN: ETA y el IRA, las dos organizaciones terroristas más antiguas de Europa, llegaron a las cotas más elevadas de su actividad armada durante los «años de plomo», entre 1968 y 1981.
El presente artículo pretende, por un lado, aportar una radiografía de las víctimas y de los responsables de los crímenes de este período, analizando estudios previos y revisando documentación que arroja luz sobre las dinámicas de selección de las víctimas practicadas por ambos grupos, siguiendo el modelo teórico de de la Calle y Sánchez-Cuenca.
Por otro lado, ahonda en la deficiente atención institucional a los damnificados y analiza las políticas de reparación, que en ambos casos llegaron con más de tres décadas de retraso.
Por último, se abordan las principales reivindicaciones pendientes, entre las que destaca el elevado nivel de impunidad de los crímenes cometidos, lo que condena a las víctimas a una victimización secundaria.
El «terrorismo en países pequeños», como denomina Burleigh (2008) a los fenómenos terroristas de Irlanda del Norte y de ETA (p.
374), ha dejado consecuencias capilares en las regiones que lo han sufrido de forma continuada.
Sir Kenneth Bloomfield afirmaba en el primer estudio sobre las víctimas de los conocidos metafóricamente como the troubles que la cifra de 3.600 víctimas del conflicto norirlandés podría parecer no demasiado calamitosa comparada con otros desastres del siglo XX, pero invitaba a poner lo sucedido en la escala adecuada: «El trauma de los asesinatos ha sido prolongado y ciertas comunidades lo han sufrido desproporcionadamente» (Bloomfield, 1998).
El desamparo institucional de las víctimas durante los «años de plomo», en los que se concentran los picos más elevados de asesinados, agravó los efectos de la violencia en miles de personas que aún hoy mantienen reclamaciones relacionadas con la justicia, la memoria pública o las prestaciones estatales.
Este artículo pretende contribuir al conocimiento sobre la selección de las víctimas mediante la revisión de documentos y bibliografía sobre las víctimas del terrorismo en Irlanda del Norte y en España durante el mencionado periodo con el objetivo de calibrar el alcance de la violencia y de establecer las dinámicas de selección de víctimas ejercidas por los principales grupos terroristas.
Para ello se utilizarán modelos de análisis teórico y documentos internos de las respectivas organizaciones.
Además, el trabajo pretende analizar las políticas de reparación y ahondar en los principales asuntos pendientes.
LAS VÍCTIMAS: CIFRAS GLOBALES Y DINÁMICAS DE SELECCIÓN
ETA y el IRA tienen en común la condición de ser las dos organizaciones terroristas más antiguas de Europa, con trayectorias solo comparables en extensión a las de grupos terroristas como las FARC y el ELN colombianos o los Tigres de Liberación del Eelam Tamil en Sri Lanka 1.
Los primeros integrantes de ambos grupos pertenecían a una generación de jóvenes activistas que perseguían proyectos nacionalistas de carácter revolucionario y socialista y que encontraron referencias en el ámbito internacional, en concreto en los procesos de descolonización y en la lucha «antiimperialista» que estaban protagonizando algunas regiones del Tercer Mundo (Fernández Soldevilla, 2016, pp. 236-237).
No obstante, existen circunstancias, como el factor étnico-religioso, la involucración del Ejército, la presencia de una amalgama de organizaciones te-rroristas de signo republicano y lealista en Irlanda del Norte o el alto nivel de vida del País Vasco, uno de los más elevados de España y de Europa, que distancian sus contextos y trayectorias.
Otro factor diferencial ha sido el número de víctimas.
Aunque sin una cifra oficialmente admitida, los asesinatos cometidos por ETA alcanzan los 853 y los otros damnificados -incluidos los lesionados, amenazados, secuestrados y quienes han sufrido daños materiales en sus propiedades-se cifran en 6.389 2.
Del total de asesinatos, 574 se cometieron en el País Vasco.
Pese a que existe cierta controversia con las cifras, el terrorismo de extrema derecha y parapolicial -este último conformado por una amalgama de siglas que estaban integradas o relacionadas con miembros de las Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado-asesinó a 62 personas 3, lo que pone de manifiesto que ETA ha sido el principal actor responsable de la violencia terrorista en España.
En el caso de Irlanda del Norte, las víctimas del IRA y de otras organizaciones republicanas rozan las 2.000, al tiempo que se acepta el dato de que más de 3.600 personas fueron asesinadas y 30.000 resultaron heridas durante los troubles 4.
En la mayoría de los casos las historias y las circunstancias de la muerte de las víctimas pueden ser reconstruidas.
Esto no ocurre en los contextos de guerra civil, en los que se carece de información acerca de los muertos y de las motivaciones de los atacantes, debido a la magnitud del conflicto y a los intentos de los perpetradores de ocultar información que pueda incriminarlos y sirva para reparar a las víctimas.
Sin embargo, la violencia terrorista permite estudiar a las víctimas de forma sistemática y a niveles micro por dos razones: las cifras de afectados, aunque elevadas, no son inabarcables a la hora de plantear un estudio detallado, y las organizaciones terroristas tienden a actuar en países desarrollados con burocracias y medios de comunicación que han dejado constancia de los actos violentos y de las personas afectadas, por lo que acceder a información relativa a los atentados, al estatus de la víctima y a las razones que la convirtieron en objetivo de los terroristas resulta plausible (Calle y Sánchez Cuenca, 2006).
También en los casos de ETA y del IRA existen sendos estudios considerados como los más exhaustivos y completos de los dedicados a las víctimas: Lost lives (McKittrtick, Kelters, Feeney y Thornton, 1999) y su homólogo en castellano, Vidas rotas (Alonso Pascual, Domínguez Iribarren y García Rey, 2010).
Los dos tienen un afán enciclopédico y comparten un enfoque que combina el periodismo y la investigación histórica a512 para recorrer uno a uno el devenir de todas las personas asesinadas por el terrorismo, permitiendo obtener conclusiones sobre las víctimas en el período más cruento de la actividad terrorista: los «años de plomo».
Entre 1968 y 1981 ETA -incluidas sus escisiones: ETA político-militar, berezis o comandos especiales y Comandos Autónomos Anticapitalistas-asesinó a 352 personas.
La mayoría -306, el 86,9%-murieron a manos de ETA militar, la rama de la organización que ha sobrevivido hasta su anuncio de disolución en 2018.
Más que una organización estructurada funcionó una red en la que se relacionaban miembros del Ejército, de la Policía, de la Guardia Civil y de los servicios de inteligencia, mercenarios conectados con sectores ultraderechistas, neofascistas italianos y exmilitantes de la organización terrorista francesa OAS (Organización del Ejército Secreto) (Casals, 2016, p.
Las acciones violentas fueron reivindicadas por varios grupos, principalmente la Triple A y el Batallón Vasco Español y las víctimas mortales ascendieron a 33.
El segundo período, desde 1983 hasta finales de la década, estaría dominado por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL).
En total se atribuyen al terrorismo vinculado a la extrema derecha y parapolicial al menos 62 asesinatos -27 a los GAL y el resto a diferentes siglas-, lo que supondría el 7% de las víctimas relacionadas con el caso vasco (López Romo, 2015, p.
La organización terrorista más letal fue el IRA provisional, a quien se atribuyen 1.160 asesinatos.
Al resto de grupos republicanos -OIRA, INLA/ IPLO y otros grupos-se les responsabiliza de 214, lo que suma 1.374.
Es decir, las organizaciones republicanas encabezadas por el IRA son responsables del 57% de los asesinatos cometidos en los troubles durante los «años de plomo».
Al IRA provisional le siguen dos organizaciones paramilitares de ideología lealista: el UVF (Ulster Volunteer Force) y el UDA o UFF (Ulster Defence Association o Ulster Freedom Fighters), responsables de 381 y 269 asesinatos respectivamente.
Sumados a los de otros grupos lealistas, las víctimas ascienden a 703, el 29,3% del total a lo largo del período en cuestión.
En la cuantificación de las víctimas también están incluidas las causadas por el Ejército británico, que en este período suman 236, el 9,8% (véase la tabla 2).
Número de asesinados por ETA y sus escisiones, así como por el terrorismo de extrema derecha y parapolicial entre 1968 y 1981 Para analizar el desarrollo de la violencia terrorista de organizaciones nacionalistas, de la Calle y Sánchez Cuenca proponen un modelo teórico con dos variables: el nivel de selección de las víctimas y la estrategia de los grupos terroristas 5.
Para la selección de las víctimas, Calle y Sánchez Cuenca distinguen cinco tipos de asesinatos: los selectivos -basados en el comportamiento de la víctima, teniendo en cuenta, por ejemplo, su supuesta colaboración con las fuerzas de seguridad o su implicación en organizaciones consideradas enemigas-; los genéricos -justificados por la profesión de la víctima, como en el caso de los miembros de las fuerzas de seguridad; los indiscriminados; los colaterales -no intencionados o perpetrados habitualmente durante un atentado planificado-; y los erróneos -con frecuencia relacionados con información equivocada sobre el objetivo-.
En cuanto a la estrategia, Calle y Sánchez Cuesta definen los asesinatos de desgaste y los llevados a cabo para mantener el control.
Los primeros van dirigidos contra el Estado y se materializan atacando a las fuerzas de seguridad, consideradas habitualmente «de ocupación», y a funcionarios o a personas civiles -jueces, funcionarios de prisiones, políticos, etc.-, percibidos como representantes del Estado y responsables del mantenimiento del statu quo.
Los segundos se dirigen a frenar comportamientos que pueden dañar la seguridad de la organización terrorista -desertores, arrepentidos o empresarios que se niegan a caer en la extorsión-y a ganar adeptos interviniendo en problemas sociales relacionados con el tráfico de drogas a pequeña escala o con causas medioambientales.
En Irlanda del Norte existirían también los crímenes sectarios debidos a motivos político-religiosos.
Todos ellos estarían condicionados por los recursos disponibles y por los índices de apoyo de sus seguidores (Calle y Sánchez Cuenca, 2006).
En lo que respecta a ETA, plasmó su estrategia en documentos internos como el Manual de formación / Formazio Eskuliburua, redactado por ETA militar en 1976 y dirigido a ETA político-militar, que había solicitado a la primera instrucciones sobre su forma de actuación.
El texto resumía la dinámica de selección de víctimas practicada desde 1968 y que se mantendría durante los «años de plomo» 6.
ETAm argumentaba que ambas organizaciones debían cumplir una función estratégica, basada en la consecución de los objetivos políticos establecidos en la Alternativa Kas 7, y otra táctica, basada en una acción militar orientada en este sentido.
Para ello planteaba «una acción armada de carácter ofensivo» dirigida contra «las fuerzas e instituciones represivas».
Entre ellas se incluían los «cuerpos represivos» -Guardia Civil, Policía y sus «colaboradores»-y los «poderes reales» o «poderes fácticos» -las fuerzas armadas-8.
En definitiva, proponía llevar a cabo asesinatos encuadrados en la categoría de genéricos y dirigidos a amedrentar al Estado, provocando una espiral de acción-reacción-acción.
Esta dinámica parece cumplirse con el primer asesinato premeditado de ETA, el del jefe de la Brigada de Investigación Social de San Sebastián, Melitón Manzanas, el 2 de agosto de 1968.
Julen Madariaga, uno de los fundadores de la organización, había amenazado a Manzanas y a otros policías en 1962 -«Pagarán caro sus crímenes.
No son bravatas»-y Biltzar Ttipia (pequeña asamblea) de ETA había decidido su asesinato en una sesión el 2 de junio de 1968.
Los planes de la organización se trastocaron por el asesinato no planificado del guardia civil José Antonio Pardines Arcay, quien se convertiría en su primera víctima mortal el 7 de junio de 1968 9.
Poco después la cúpula de ETA determinó que era el momento de atentar «contra aquel que mejor encarnaba a la represión en la mente del pueblo», en una estrategia calculada para recabar el apoyo de quienes personificaban la represión policial en la figura de Manzanas (Fernández Soldevilla, 2016, p.
Tras ambos asesinatos, la fuerte represión del régimen de Franco medró sus estructuras, siguiendo el patrón de acción-reacción-acción que preveía la organización.
En el transcurso de una operación policial se produjo el tercer crimen.
La víctima fue el taxista Fermín Monasterio, que se negó a trasladar en su vehículo al etarra Miguel Echeverría al levantar sus sospechas por encontrarse herido.
De acuerdo con la clasificación utilizada, se trató de un asesinato selectivo motivado por el hecho de que la víctima no siguió las órdenes de los terroristas.
A medida que avanzan los años setenta, ETA adopta una estrategia de desgaste que eleva significativamente sus picos de violencia, siendo 1980 el año con mayor número de víctimas mortales, con un total de 98 (Alonso Pascual et al., 2010, p.
Al igual que la de ETA, la estrategia del IRA respondía al patrón de guerra de desgaste contra el Estado, lo cual mantenía la lógica que movía la actividad de la organización: utilizar la violencia para forzar la expulsión de los británicos de Irlanda del Norte.
En sus esquemas no entraba la destrucción del enemigo, sino causarle el mayor daño posible.
El Green Book, un documento interno de obligada lectura para los potenciales militantes, afirmaba que atentar causando el mayor número de muertes y daños posibles, llevar a cabo una campaña de atentados con bomba contra intereses económicos, poner en marcha una campaña de propaganda a nivel nacional e internacional y presentar el territorio como ingobernable formaba parte de la estrategia dirigida a hacer insostenible la presencia británica en Irlanda del Norte.
Esta estrategia se desarrolla bajo condicionantes como la disponibilidad de recursos y especialmente el apoyo de la población.
El modelo de de la Calle y Sánchez Cuenca plantea que la proporción de ataques indiscriminados depende del nivel de apoyo popular que reciba la organización y que cuanto mayor es dicho apoyo, más indiscriminados son los ataques.
En otras palabras, la crudeza de los atentados se ajusta a los niveles de radicalización de los simpatizantes de la organización.
No obstante, existe el riesgo de que los adeptos menos radicales se alejen de la línea de acción por su repulsa a ese tipo de ataques (Calle y Sánchez Cuenca, 2006).
John Stephenson, líder del IRA en 1969, explicó en sus memorias que ningún movimiento de resistencia en la historia había tenido éxito luchando por la «libertad nacional» sin algún daño colateral, pero admitía que el interés republicano por mantener el apoyo popular pasaba por causar el menor daño posible (Gambetta, 2005, pp. 219-220).
Sin embargo, esto se contradice con los primeros atentados con bomba perpetrados en Belfast -dos muertos y cien heridos en un restaurante en 1972-o con el conocido como claudy bombing -nueve muertos tras la explosión de tres coches bomba-.
A partir de 1974, cuando el IRA extendió sus ataques al Reino Unido en su particular venganza contra los británicos por negarse a negociar, varias bombas estallaron en dos a512 pubs en Birmingham, matando a diecinueve personas.
«En una zona de guerra es necesario forzar al movimiento republicano a una completa y total confianza en el apoyo de la gente», afirmó en un discurso Gerry Adams en 1977.
En Irlanda del Norte la importante presencia de grupos parapoliciales unida a los excesos cometidos por los miembros del Ejército, la existencia de un conflicto sectario que hacía patente una sed de venganza, y el contexto sociopolítico en el que los católicos han sido una minoría en un sistema dominado por los protestantes con ciertas dinámicas discriminatorias facilitaba la asimilación de atentados indiscriminados.
Esta situación difiere en el caso de ETA.
Su primer atentado indiscriminado fue la bomba colocada en la cafetería Rolando, en la madrileña calle del Correo, el 13 de septiembre de 1974.
El objetivo eran los policías de la cercana Dirección General de Seguridad que acudían habitualmente al establecimiento.
Sin embargo, solo una de las trece víctimas mortales del ataque resultó ser policía.
ETA no reconoció la autoría del atentado y más tarde admitiría en documentos internos que este tipo de ataques, unidos a la posterior llegada de la transición democrática, habían «situado al pueblo en una posición más crítica contra nuestra acción».
La desafección «obligaba a un tipo de acción extremadamente selectiva» que se completaba con otras «más ejemplares, ya que de lo contrario estaría en cuestión incluso la capacidad militar de ETA» (Gambetta, 2005, pp. 219-220).
Por tanto, las críticas populares por los atentados indiscriminados en los que se contaban víctimas civiles habían llegado hasta la cúpula de la organización y frenado este tipo de acciones.
Pese a ello, en términos de discurso público, ETA evitó cualquier referencia a la existencia de un conflicto ético surgido del uso de la violencia y construyó para sus simpatizantes un argumentario destinado a evitar críticas externas y a trasladar la responsabilidad de sus actos al enemigo (Varela Rey, Rodríguez Caballeira y Martín Peña, 2013, p.
LAS POLÍTICAS DE REPARACIÓN
En inglés reparation tiene una doble acepción: por un lado,'reparación' o 'desagravio'; por otro,'indemnización'.
Las políticas de reparación de las víctimas del terrorismo mantienen el significado dual del término anglosajón: tratan de reparar el daño infligido e incluyen la cuestión económica como parte necesaria en el proceso de compensación de los agravios causados por el terrorismo.
Desde la perspectiva del derecho la tutela o protección de las víctimas de delitos constituye uno de los fines específicos del proceso penal (Fernández de Casadevante Romaní, 2009).
Sanz Hermida apunta a que el reconocimiento legal de la víctima debe asegurar la efectividad del derecho a la reparación, contribuir a la recuperación, aumentar la eficacia del proceso penal, y con ello el sentido individual y colectivo de la «justicia», y evitar la «victimización secundaria», definida como el «aumento innecesario del daño producido a la víctima como consecuencia del transcurso del tiempo y del propio desenvolvimiento penal», además de otras causas como la a512 justificación social del acto violento o de los daños padecidos o la ausencia de respuesta institucional frente al crimen cometido (Sanz Hermida, 2009, p.
Desde el enfoque victimológico la «victimización secundaria» deriva de una «actitud negligente o una falta de humanidad» que provoca que la víctima se sienta «cuestionada, confundida o agobiada por los trámites, o que reviva de forma innecesaria el suceso traumático» (véase Guía general de buenas prácticas en el trato con víctimas del terrorismo que evite la victimización secundaria, 2015, p.
Desde el prisma psicológico otra fuente de «victimización secundaria» se encuentra en el discurso público legitimador de la violencia de los perpetradores, que con frecuencia deshumaniza al adversario y valora de forma asimétrica el sufrimiento.
Estos mecanismos pueden conllevar que se presente a las víctimas como merecedoras de su padecimiento debido a sus características o a sus acciones pasadas (Martín Peña, Opotow y Rodríguez Carballeira, 2011, p.
Las disciplinas mencionadas coinciden en que la «victimización secundaria» agrava el daño psicológico de los damnificados y prolonga sus efectos.
Tanto en el caso de ETA como en el de las víctimas de los troubles se da esta circunstancia.
Pese a que las primeras víctimas mortales aparecieron a finales de los sesenta, no fue hasta los noventa cuando los ordenamientos jurídicos de España y del Reino Unido comenzaron a tenerlas en consideración.
No se trata de un fenómeno aislado.
Reyes Mate habla de un «cambio epocal en la significación de las víctimas» para referirse al paso de la invisibilidad a la centralidad.
Explica que el período de invisibilidad se debe a una cuestión práctica basada en que son los vivos los que tienen la posibilidad de hacer política y al convencimiento de que el progreso de la historia lleva consigo un costo humano y social.
El autor considera una gran novedad histórica el movimiento que lleva a las víctimas a una posición central y asegura que el cambio se produce porque el sufrimiento deja de ser insignificante y pasa a significar injusticia (Reyes Mate, 2006).
Castells menciona como clave el hecho de que ciertas sociedades europeas que habían cerrado falsamente su pasado violento comenzaran, entre las décadas de los sesenta y ochenta, a sacar a relucir las atrocidades perpetradas en torno a la II Guerra Mundial (Castells Arteche, 2017).
La atención a las víctimas de ETA
En España la emergencia de las víctimas se retrasó con respecto al resto de Europa hasta los años noventa, cuando el activismo de las propias víctimas y ciertos acontecimientos como el asesinato de Miguel Ángel Blanco manifestaron el ostracismo al que las instituciones públicas y la sociedad las habían relegado.
Rodríguez Uribes define varias etapas en lo que a la atención institucional a las víctimas se refiere: la negación, la compasión, la solidaridad y «el tiempo de los derechos» (Rodríguez Uribes, 2013, pp. 117-190).
La negación se prolonga desde el inicio de la actividad de ETA hasta mediados de los ochenta, cuando surgen las primeras manifestaciones públicas a favor de las víctimas del terrorismo.
Mientras los damnificados viven un período de irrelevancia política, moral, social y jurídica (Rodríguez Uribes, 2013, pp. 117-190), ETA y su entorno ponen todos sus esfuerzos en instalar en la sociedad un discurso legitimador del terrorismo.
Como contrapunto en 1981 tres mujeres fundaron la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), primera entidad que representaba los derechos de los damnificados por la violencia terrorista, con Ana María Vidal Abarca al frente 10. a512 ley 32/1999 de solidaridad con las víctimas del terrorismo, la primera que se promulgó con una mención expresa, 31 años después del primer crimen de ETA, que recogía el régimen extraordinario y de reconocimiento y aseguraba una segunda ayuda vinculada a la responsabilidad civil por el delito, estableciendo el cobro de indemnizaciones independientemente de que el condenado se declarase insolvente (Rodríguez Uribes, 2013, p.
No obstante, la norma más relevante es la ley 29/2011, de 22 de septiembre, de reconocimiento y protección integral a las víctimas del terrorismo, aplicable de forma retroactiva a todos los actos terroristas perpetrados desde el 1 de enero de 1960.
La ley aspira a «un apoyo integral» que se dice «inspirado por los principios de memoria, dignidad, justicia y verdad» y confiere a la víctima un estatus normativo que comporta obligaciones vinculantes para el Estado (Muñoz Escandell, 2017, pp. 25-32).
Además define de forma clara quiénes son considerados víctimas del terrorismo a efectos de derechos y prestaciones -personas fallecidas o que han sufrido daños físicos o psíquicos como consecuencia de la actividad terrorista-y reconoce el derecho a la justicia gratuita, así como medidas para consagrar el «principio de mínima lesividad en el desarrollo del proceso penal».
En esta ley se establece la creación de dos órganos dedicados a la atención a las víctimas -la Oficina de Información y Asistencia a las Víctimas del Terrorismo de la Audiencia Nacional y la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo del Ministerio del Interior-y por primera vez se hace referencia a la memoria, estableciendo en el artículo 57 la creación de un Centro Nacional para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo [URL] memorial-presentacion/), que finalmente se articuló en 2015 con la constitución de la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo 14.
Pese a que el sistema español de atención a las víctimas del terrorismo es reconocido a nivel europeo, los damnificados mantienen reclamaciones que en buena medida recoge un informe de la defensora del pueblo de 2016 [URL]. pdf) 15.
Entre ellas destacan el elevado grado de impunidad -entre en el 30% y el 40% de los crímenes de ETA-, la ausencia de derecho al voto para los desterrados del País Vasco y Navarra por causa de ETA, la diferencia indemnizatoria entre las víctimas con sentencia judicial y las que carecen de ella o la dispersión de archivos en los que se encuentra documentación relevante sobre los crímenes de ETA.
Estas reclamaciones se unen a otras insatisfechas como la prohibición de los homenajes públicos a condenados por terrorismo en el País Vasco y Navarra, en los que se ha documentado la presencia frecuente de menores, con los consiguientes riesgos de «radicalización violenta» 16.
La atención a las víctimas de los troubles
Las víctimas de los troubles no recibieron atención política e institucional hasta que comenzaron las conversaciones que dieron lugar al Acuerdo del Viernes Santo de 1998.
Hasta entonces y desde 1964 el Reino Unido había establecido un sistema estatal de indemnización de los daños de origen delictivo -Criminal Injuries Compensation Scheme (CICS)-dedicado a compensar a víctimas de actos violentos que tuvieran lugar dentro de las fronteras del país, incluidos los actos terroristas.
Su regulación legal tardó en llegar más de treinta años, cuando en 1995 se aprobó la ley de indemnización de daños penales -Criminal Injuries Compensation Act (CICA) (Muñoz Escandell, 2017, p.
Con los Acuerdos del Viernes Santo, los negociadores comenzaron a hacer concesiones en torno a los presos, convertidos en un factor crucial.
El gobierno de Tony Blair, previendo las críticas de las víctimas, se anticipó disculpándose y presentando el ansiado objetivo de la paz como una justificación para realizar determinadas cesiones.
La liberación de los reclusos, un proceso que había comenzado en 1995, continuó y las víctimas -que, a diferencia de lo que sucedió en España, hasta entonces no se habían organizado-comenzaron a demandar servicios relacionados con la atención psicológica.
Los servicios sociales elaboraron entonces el primer estudio sobre las consecuencias de los troubles en las víctimas (Department of Health and Social Services, 1998) cuyo estatus no estaba regulado.
Todo ello supuso una presión creciente sobre el gobierno británico, que se vio obligado a afrontar la cuestión de los supervivientes (Smyth, 2000, p.
Se realizaron entonces dos estudios convertidos en referencia: We will remember them, dirigido por Sir Kenneth Bloomfield en 1998 por encargo de la Comisión de Víctimas de Irlanda del Norte, y The cost of the Troubles Study en 1999, un trabajo encargado a un grupo multidisciplinar que realizó una amplia labor de investigación cualitativa y cuantitativa.
El estudio arrojó conclusiones relevantes acerca del alcance de lo sucedido: alrededor de 3.600 personas habían sido asesinadas, lo que implicaba que al menos 6.800 ciudadanos habían experimentado la pérdida de un familiar directo, y alrededor de 40.000 habían resultado heridas; el 91% de los muertos eran hombres y el 53% tenía menos de 29 años.
El estudio adelantaba una reflexión que explicaría discrepancias posteriores en el ámbito de las víctimas: existía una «superposición» entre las categorías de «víctima» y «perpetrador», de manera que algunas víctimas se unieron a organizaciones paramilitares al menos parcialmente debido a su experiencia como damnificados (véase The costs of the Troubles Study.
Este extremo supone, con las distancias de los contextos, una diferencia clave respecto a España, donde las víctimas nunca formaron parte de grupos parapoliciales ni utilizaron la violencia contra quienes la habían ejercido en su contra 17.
Por ello, en el ámbito de la legislación estatal en torno a las víctimas nunca se abrió el debate sobre la definición de 'víctima', una cuestión que en Irlanda del Norte era y sigue siendo central y motivo de agrias discrepancias: fijar esta definición implica, por un lado, establecer un determinado relato del pasado y, por otro, determinar quiénes son las personas que tienen derecho a compensaciones económicas.
La primera definición de 'víctima' la dio Bloomfield, que optó por el enfoque resumido en la frase «we are all victims», basado en que nadie que viviera en Irlanda de Norte durante los troubles pudo «escapar a algún nivel de daño».
Smyth cuestiona que Bloomfield adoptara una postura en su opinión neutral que no tiene en cuenta razones empíricas, morales, políticas o prácticas que demostrarían que no todos pueden ser considerados víctimas.
Afirma que las culturas contemporáneas de lealistas y republicanos están basadas en el victimismo, lo que les reporta ventajas porque la víctima per se merece simpatía, apoyo e intervención de otros para vencer al responsable de su situación.
En esta lógica, cualquier ataque perpetrado por una víctima puede ser presentado como un acto de autodefensa y, por tanto, ser justificado (Smyth, 1999, pp. 27-40).
A ello se une el concepto de 'sufrimiento', también presente en la definición de Bloomfield.
Smyth asegura que el sufrimiento no es una condición suficiente para otorgar la condición de víctima y pone el ejemplo de la esposa de un prisionero que sufre por la situación de su marido, pero ello no la convierte en un referente moral.
La autora advierte que en sociedades profundamente divididas resulta difícil que una parte reconozca el sufrimiento de la otra y que las posturas entre los colectivos de víctimas pueden divergir.
En el caso de España el sufrimiento no entra a formar parte del debate hasta que se produce un cambio de paradigma y las víctimas pasan de ser vistas como las consecuencias del conflicto a ser vistas como un colectivo que ha padecido un daño injusto.
Esta nueva situación conlleva dos consecuencias: por un lado, las víctimas se convierten en figuras incómodas en tanto que sus demandas de reparación no encajan con la tendencia generalizada hacia el olvido; por otro, surge la figura del perpetrador, a quien una parte de la sociedad sigue considerando un héroe (Castells Arteche, 2017).
Discusiones aparte, la definición de 'víctima' que opera hoy en Irlanda del Norte es la que contiene la Orden de Víctimas y Supervivientes de Irlanda del Norte (Victims and Survivors Northern Ireland Order) de 2006, que establece que deben ser considerados como tales los heridos física o psicológicamente, aquellos que proporcionan cuidados a los anteriores debido a un acto violento y aquellos que han perdido a un familiar directo a consecuencia de algún acto violento.
Esta definición ha permanecido inamovible desde 2006, pese a las voces críticas que argumentan que, dada la amplitud de la redacción, en la práctica supone una igualación entre víctimas y verdugos.
En la actualidad, la estructura de apoyo a las víctimas se sustenta en un sistema tripartito formado por el Servicio de Víctimas y Supervivientes (Victims and Survivors Service), la Comisión para las Víctimas y Supervivientes de Irlanda del Norte (Commission for Victims and Survivors Northern Ireland, CVSNI) y el Forum de Víctimas y Supervivientes (Victims and Survivors Forum).
El trabajo de los dos primeros está supervisado por la Unidad de Víctimas y Supervivientes (Victims and Survivors Unit), perteneciente al gobierno de Irlanda del Norte.
El Victims and Survivors Service se encarga de la asistencia a las víctimas y de dar financiación a otros grupos que atienden necesidades específicas.
El movimiento asociativo creció tarde y rápido, de manera que el 75% de las asociaciones se fundaron después del alto el fuego de 1994.
Su división en a512 asociaciones nacionalistas, unionistas o transversales es un reflejo de la dinámica vigente durante los troubles (Argomaniz, 2017).
Otras de las reclamaciones de las víctimas, al igual que en el caso vasco, tienen que ver con la impunidad.
El Acuerdo del Viernes Santo establecía que si alguien era hallado culpable de un asesinato cometido antes de 1998, podía ser condenado y enviado a prisión por un período máximo de dos años.
Durante el segundo de esos dos años podía ser liberado para reintegrarse en la sociedad.
Además Funston denuncia que el Estado se niega a reabrir investigaciones sobre crímenes y que los responsables, ya sean republicanos o lealistas, se niegan a colaborar con las víctimas para que puedan saber la verdad, negándoles el derecho a la justicia y a la verdad 18.
Se trata de un nuevo ejemplo de victimización secundaria.
Pese al elevado nivel de incidencia que el terrorismo ha tenido en regiones pequeñas como el País Vasco e Irlanda del Norte, los niveles de violencia alcanzados en ambas no son comparables.
Mientras que entre 1968 y 1981 ETA asesinó a 352 personas -la mayoría en el País Vasco-, los asesinatos perpetrados en el contexto de los troubles son 2.358, teniendo además en cuenta que el Ulster tiene una población que equivale aproximadamente a dos tercios de la del País Vasco.
La presencia de grupos parapoliciales que actuaron contra ETA es reducida en términos generales, al contrario de lo ocurrido en Irlanda del Norte, donde hubo una fuerte presencia de estos grupos y donde además entraba en juego un factor diferencial ausente en el País Vasco: el conflicto étnico-religioso.
El modelo teórico de dinámicas de selección de víctimas establecido por Calle y Sánchez Cuenca, apoyado por la consulta de manuales internos de ETA y del IRA, explica que en ambos casos las organizaciones desarrollaran una estrategia de desgaste contra el Estado, provocando una espiral acción-reacciónacción que aumentó sus niveles de apoyo popular.
El cambio de estrategia solo se produciría a mediados de los años noventa, cuando ambas organizaciones optarían por la idea del frente nacionalista, aunando la presión política de todas las fuerzas nacionalistas con la ampliación de sus objetivos a civiles.
Hasta entonces, mientras los documentos internos de ETA llamaban a perpetrar atentados selectivos principal-mente contra miembros de las fuerzas de seguridad ante el temor de que el asesinato de civiles redujera su apoyo ciudadano, los líderes del IRA invitaban a hacer el mayor daño posible, lo que en la práctica se traducía en niveles más elevados de atentados indiscriminados.
El factor que explica esta diferencia es la etnicidad presente en una población dividida por la religión, lo que contribuye a la radicalización de los simpatizantes.
De acuerdo con la ecuación de Calle y Sánchez Cuenca, cuanto más elevado es el nivel de radicalización, mayor es la tolerancia con las acciones indiscriminadas, incluso si hay población civil entre las víctimas, aunque este tipo de ataques puede conllevar un coste en términos de apoyo de los sectores menos radicales.
La atención a las víctimas tanto en España como en Irlanda del Norte fue deficiente durante los años de mayor actividad terrorista.
No existían normas específicas y las compensaciones que recibieron se basaron en normas establecidas para otras circunstancias.
Las medidas diferenciadas llegaron con treinta años de retraso.
Mientras que el sistema de atención en España es uno de los más desarrollados de Europa, en Irlanda del Norte existe una cuestión fundamental que todavía hoy es objeto de polémica: la definición de 'víctima', cuyo establecimiento implica la fijación de una narrativa de los troubles.
Un asunto pendiente en ambos contextos es la impunidad que, además de un déficit en el sistema judicial, constituye un factor para la victimización secundaria.
En España se calcula que alrededor del 40% de los asesinatos de ETA están sin resolver (Fernández Calderín, 2015).
En Irlanda del Norte, con índices de impunidad mucho más elevados, la gravedad de este extremo se acentúa debido a la importante rebaja de penas acordada en los Acuerdos del Viernes Santo y al escaso interés del Estado por aclarar los crímenes 19, lo que ha infundido entre las víctimas la sensación de una impunidad irrevocable.
En 2015 el secretario para Irlanda del Norte, Peter Hain, declaró que los crímenes sin resolver debían «mantenerse irresueltos» y que una amnistía de facto era necesaria para dejar atrás el pasado (Rawlinson, 2014, 7 de abril).
Número de víctimas mortales durante los troubles entre 1966 y 1981 Año IRA OIRA INLA/ IPLO Otros rep.
UDA/ UFF UVF Otros lealistas Ejército RUC/ RUCR UDR/ RIR Otros Total |
Este artículo plantea una relectura de John Dewey con la intención de analizar y dar algunas respuestas a la actual crisis de la democracia representativa o liberal.
Esta crisis guarda relación con procesos globalizadores contradictorios que, de un lado, alimentan una utopía futurista confiada en el progreso tecnológico, y de otro, el regreso "retrotópico", nostálgico y emocional, a lo tribal.
Esta relectura se centra en obras fundamentales de Dewey, pero especialmente Democracia y Educación y otros textos de carácter pedagógico.
El artículo desarrolla una serie de argumentos que concluyen en torno a la idea de "democracia creativa", que Dewey planteó en su madurez, como referencia para una deseable reactivación de la democracia entendida como ideal ético.
LEER A JOHN DEWEY HOY
La democracia liberal parece haber entrado en una preocupante decadencia en este siglo XXI.
A esta sombría conclusión han llegado numerosos observadores de diversos campos de conocimiento y gran relieve intelectual, como Zigmunt Bauman, George Steiner, Martha Nussbaum, Byung-Chul Han y Francis Fukuyama, entre otros.
No se trata, desde luego, de una opinión unánime, pero sí muy extendida, expresada con gradaciones y matices múltiples.
Sin embargo, es innegable que hay señales suficientemente significativas de que la globalización económica no le está siendo particularmente favorable a la democracia, ni tampoco, especialmente, el veloz y apabullante avance de la sociedad digital.
En realidad, la nueva utopía futurista, animada y regida por la razón tecnológica, con su saga de big data, redes sociales, vigilancia y control, consumo hipertrofiado, vida líquida, individualismo y hegemonía de la apariencia, ha debilitado los cimientos éticos y dislocado las referencias fundamentales de la democracia hasta ahora conocida (Bauman y Lyon, 2013; Han, 2012; Han, 2013; Han, 2014; Nussbaum, 2010).
Por si eso fuera poco, como una reacción supuestamente contraria y acaso previsible, esta utopía se está viendo acompañada aquí y allá por movimientos "retrotópicos" (Bauman, 2017) que se alimentan de la nostalgia de paraísos perdidos, de incertidumbre y temor, y que por ello se obcecan en "la expulsión de lo distinto", como diría Han (2017).
Estos movimientos, que en Europa no dejan de proliferar e inquietarnos (Han, 2017, pp. 25-26; Steiner, 2012), alientan el sentido tribal y están haciendo florecer otra vez los nacionalismos, con su retórica identitaria y emocional, en la que no faltan -aunque se disimulen-el resentimiento (Fukuyama, 2019), el etnicismo, la xenofobia y el dogma político, y que ha encontrado en la hipercomunicación un aliado eficacísimo para su autoproducción y reproducción a gran escala (Bauman, 2017).
En este estado de cosas, de cierta desafección por la democracia y preocupante decaimiento de sus valores radicales, en favor de formas de psicopolítica que crean ilusión de libertad (Han, 2015a), ¿tiene algún sentido recurrir a un intelectual como John Dewey y, entre otras, a una obra como Democracia y educación, publicada hace más de cien años (1916)?
¿Qué podemos aprender de Dewey para comprender mejor nuestro tiempo y tratar de reanimar la democracia y revitalizar el sentido profundo de la ciudadanía?
¿Qué papel le tocaría desempeñar a la educación en este proyecto de regeneración social y política?
A estas preguntas va a intentar responder, o al menos ensayar algunas respuestas o sugerencias, este artículo.
La relación, íntima y solidariamente provechosa, entre la democracia y la educación es capital en la obra de John Dewey.
Ambas se potencian entre sí y adquieren juntas un significado que trasciende la dialéctica individuo-sociedad.
Ya en Mi credo pedagógico (1897), uno de sus primeros textos, Dewey consideraba que la institución escolar constituye una forma de vida en comunidad, un microcosmos cultural y político, y que el proceso educativo, que es parte sustantiva de la vida y no una simple transición hacia el futuro, se expresa precisamente en una doble dimensión individual y social.
Una buena educación democrática no debe tener como exclusiva referencia una determinada organización institucional de la gestión política, sino más bien un modelo de vida inspirado en un ideal, que se realiza a través de la experiencia humana en sociedad mediante el intercambio y el enriquecimiento mutuo constante.
"Una democracia -escribía en 1916-es más que una forma de gobierno, es primariamente un modo de vivir asociado, de experiencia comunicada juntamente" (Dewey, 1916(Dewey, /1995, p.
Para John Dewey no hay democracia sin ciudadanos bien educados pero la democracia también es (o debiera ser) educadora en sí misma, una idea en la que se percibe la influencia de Hegel y, en concreto, su concepción del Estado y su noción del patriotismo como convicción política en la recíproca necesidad entre lo general, el Estado, y lo particular, el ciudadano singular, quien adopta esa convicción en uso de su conciencia libre (Filosofía del derecho, 1821, sección III, §267, §268 y §269).
Por desgracia, la democracia se vuelve con cierta asiduidad una fórmula retórica, vacía de contenido.
Dewey, a quien muchos consideran el filósofo de la democracia estadounidense (Hook, 2000), le confiere, en cambio, un hondo significado, con sólido fundamento hermenéutico, que representa toda una filosofía social, según la cual el individuo contribuye activamente, mediante su experiencia, a la construcción del ideal democrático.
Estamos, pues, ante una concepción del sujeto que se asienta en la relación de reciprocidad entre individuo y sociedad.
De esta relación, es decir, de la experiencia democrática como forma de vida, nacen la esperanza y la fe en la capacidad del ser humano para crear una comunidad moral y política.
En toda la obra de John Dewey destaca la idea de una democracia participativa, entendida como pro-a512 ceso de intervención activa compartida por todos los agentes que conforman la comunidad a cualquier escala.
Dewey y su obra representan, de ahí su apremiante actualidad, una clara apuesta por la democracia, no únicamente como sistema o mecanismo político, sino como dilema moral que realza el valor de lo público y de la justicia social.
Para Thomas Popkewitz (2003), por ejemplo, sus aportaciones teóricas son tan relevantes antes como ahora, pues ayudan a repensar la epistemología educativa y, por ende, el papel de la educación en lo que se refiere a los cambios históricos que se han producido en los modernos procesos de administración social del individuo, es decir, en las trayectorias y estrategias colectivamente seguidas para fabricar a lo largo del tiempo identidades y sistemas de exclusión e inclusión social. un determinado orden social que la comunidad legitima.
Domingo Barnés 5, en el prólogo de La escuela y la sociedad (1899/1929), subrayaba el significado social de la educación en la obra de John Dewey: "Lo que llaman 'la nueva educación' no es sino un intenso florecimiento de tendencias y trabajos para purificar toda la vida social".
Aunque el pensamiento pedagógico de Dewey se encontraba aún en sus albores, ya Barnés percibía en él este prioritario carácter social de la educación, que nunca debería llegar a reducirla a un simple bien instrumental con un objetivo económico.
En esta obra, La escuela y la sociedad (publicada originalmente en 1899), Dewey deja algunas muestras de su pensamiento antiutilitarista y hace una sutil crítica a la política educativa dominante, mostrándose a favor de una educación basada en la experiencia (learning by doing), lo que además potencia su proyección social:
[...] mientras nuestros directores de la política pedagógica hablen de la cultura, del desenvolvimiento de la personalidad, etc., como los fines y aspiraciones de la educación, la gran mayoría de los que pasan bajo la tutela de la escuela la consideran como un estrecho instrumento práctico para satisfacer sus exigencias de una vida restringida.
Si introducimos en el proceso educativo las actividades que interesan a aquellos cuyo interés predominante es hacer y obrar, veremos que el arraigo de la escuela entre sus miembros es más vital y en el fondo más cultural (Dewey, 1899(Dewey, /1929, pp. 46-47), pp. 46-47).
Sin embargo, es en Democracia y educación, aunque no solo, donde Dewey (1916Dewey ( /1995) ) enfatiza la función social de la educación y su sentido vital, definiéndola como "necesidad de vida", encrucijada donde se dan la mano filosofía y educación.
Esta es acción, vida misma; comporta un modelo antropológico y, en consecuencia, es objeto de la filosofía: a512 jetos y otras personas" (p.
Interacción y continuidad son, en su pensamiento, principios inseparables.
La experiencia educativa no se limita exclusivamente al desarrollo cognitivo.
Permite la adaptación a nuevas experiencias de diverso género y en diversas direcciones.
Es ante todo una experimentación activa con el mundo, por lo que el aprendizaje y la integración social no se oponen ni obstaculizan el aprendizaje y el desarrollo individual.
Todo lo contrario: la sociedad forma individualidades que a su vez mejoran la vida colectiva.
Es la comunidad, cada comunidad, la que, de hecho, hace posible la emergencia de proyectos e identidades individuales.
En ese contexto, la educación sería un modo de reconstruir la experiencia favoreciendo el engarce entre la experiencia individual y colectiva, social y política (Chanial, 2006).
O, dicho de otro modo, haciendo posible la narratividad de las experiencias, cuestión esta crítica si tenemos en cuenta el narcisismo de muchas conductas, además de la aceleración y atomización del tiempo, en la sociedad líquida actual (Han, 2013; Han, 2014; Han, 2015b; Tolentino Mendonça, 2017).
LA DEMOCRACIA, SISTEMA POLÍTICO, COMUNIDAD MORAL Y AGENTE EDUCATIVO
Que la educación forma parte del proyecto político no es una novedad.
Ya en la democracia ateniense se tenía a la polis por una verdadera instancia educadora y a la paideia como uno de sus baluartes.
Para Dewey la educación adquiere significado en y para una sociedad democrática, una forma de asociación específicamente humana regida por un "ideal ético" y por ello alejada de un sentido organicista que solo la ve como amalgama de individuos que se conducen aisladamente.
Más que una forma particular de gobierno, la democracia es un modo de vida, una práctica que confronta el conocimiento y las actitudes de hombres y mujeres en su convivencia diaria.
Como testigo de tantos y tan importantes procesos históricos y como intelectual socialmente comprometido, Dewey tuvo innumerables ocasiones para observar la "tragedia" en la que se debate el hombre contemporáneo en la consecución de sus fines o en la búsqueda de su propia seguridad.
Desde su punto de vista, el ideal democrático anhela parigualmente el perfeccionamiento del individuo y de la sociedad, pues procura la mejora de las capacidades de cada uno de sus miembros.
Para ello adopta una perspectiva integradora que se encarna, se realiza en la experiencia (democrática) cotidiana.
Sin ella, no hay democracia, solo un sistema frío sin cometido moral y un proyecto colectivo ilusorio...
En su ideal democrático John Dewey destaca la lucha contra las desigualdades, sociales o escolares, asociadas a la división de clases, raza, género o a otros sistemas de jerarquía social (Vaamonde Gamo y Nubiola, 2016).
También es contumaz en su defensa de la libertad intelectual, que posibilita la realización personal junto al otro, y que proviene de su universo ilustrado y liberal.
El pragmatismo, en efecto, constituye un proyecto de diseño de un individuo que abraza libremente las normas y los principios de la administración de la educación, de la ciencia y del progreso (Popkewitz, 2008).
En su sistema de razón, a la educación le correspondería estimular y promover la libertad individual mediante la acción reflexiva, en consonancia con las voluntades colectivas (Guichot, 2003; Rubio Carracedo, 2009).
Ciertamente, "democracia" y "liberalismo" son conceptos emparentados, si bien con ostensibles diferencias entre sí.
Acaso la más palmaria sea el dispar acento que suelen poner en la igualdad y la libertad individual, respectivamente.
Al liberalismo, en su sentido histórico, se le ha solido identificar con un espíritu abierto y tolerante, valores que se ven reflejados en la democracia representativa, por ser el sistema de gobierno que mejor protege la libertad individual, política y económica.
A Dewey, sin embargo, esta concepción de la democracia siempre le pareció demasiado utilitarista.
A su juicio, la asociación natural de los seres humanos tiende a ser caótica, por lo que suele derivar en una masa fragmentada y desorganizada que no atiende a ningún fin social, sino tan solo al interés individual (Geneyro, 1991).
Entendida así, en sentido liberal estricto, la democracia quedaría circunscrita, según Dewey, a una modalidad de sistema político sujeto a reglas y normas cuyo objeto, aportar soluciones individuales, presupone, al modo hobbesiano, considerar al individuo como principal valor y como un fin en sí mismo (Rader, 1975).
El espíritu democrático de John Dewey responde, en cambio, a un ideal ético de vida en común.
Y en él se dejan notar la influencia de Rousseau y del idealismo hegeliano, para los que la verdad debe buscarse en el conjunto, en un todo organizado y armónico en el que las partes encuentren sentido (Klenner, 2002).
Ahora bien, Dewey (1927Dewey ( /2004)), que no era, en absoluto, un colectivista, insiste continuamente en el juego dialéctico individuo-sociedad y valora el componente individual de toda acción colectiva.
"Las personas individuales -escribía-son el centro de la acción, de la mental, de la externa y manifiesta.
Las personas están sometidas a todo tipo de influencias sociales que de-a512 terminan qué pueden pensar, planear y decidir" (p.
Sin embargo, esta frase final, relativamente contradictoria con la anterior, recuerda en cierto modo las tesis del configuracionismo, pujante en la antropología cultural de esa época, y el determinismo social de ciertas escuelas herederas del positivismo cientificista del siglo XIX.
A Dewey se le ha vinculado habitualmente con el movimiento progresista norteamericano, aunque haya quienes discutan esta adscripción y lo tachen injustamente de conservador (Waddington, 2008).
John Dewey fue un liberal de izquierdas (Waddington, 2008, p.
51), un socialdemócrata diríamos hoy, enemigo de todo dualismo simplificador (Sarofian-Butin, 2017) y sumamente crítico con el estalinismo y con el New Deal conservador de su país (Rorty, 2000, p.
Pero fue además un reformador social (Bernstein, 2010) que quiso, durante toda su vida, con coherencia y perseverancia encomiables, ofrecer una respuesta democrática a los problemas de la sociedad americana, a través de la reforma de las costumbres y de los valores morales de los ciudadanos y de las instituciones (Castillo, 2003).
De él son palabras cuya clarividencia y vigor se mantienen intactos hasta el día de hoy:
La grave amenaza a nuestra democracia no está en la existencia de estados totalitarios extranjeros, sino en la existencia dentro de nuestras propias actitudes personales y dentro de nuestras propias instituciones de condiciones semejantes a las que en otros países extranjeros han dado la victoria a la autoridad externa, a la disciplina, a la uniformidad y a la sujeción al líder.
De ahí que, a su parecer, una buena sociedad solo pueda ser fruto de una buena educación.
En el prefacio de Democracia y educación, Dewey ya apuntaba claramente esta idea, sobre la que girará toda la obra: "Las siguientes páginas representan un esfuerzo para descubrir y expresar las ideas contenidas en una sociedad democrática y aplicar estas ideas a los problemas de la obra educativa" (p.
En cierto modo, la democracia se aprende en un proceso continuo de experiencia de vida en común.
Educar es, en este sentido, mucho más que enseñar, rebasa la mera escolaridad y trasciende la razón pedagógica.
Para Dewey (1935Dewey ( /1996) la democracia está regida por un "principio educativo" que se alimenta de la participación y de la experiencia compartida, por lo que "la tarea educativa no puede quedar reducida a la esfera puramente mental; no puede prescindir de una acción que produzca cambios reales en las instituciones" (p.
Difícilmente puede entenderse el discurso intelectual de Dewey sin reconocer en él esa vieja creencia ilustrada, cada vez más retórica y difusa entre nosotros, en el poder transformador de la educación para lograr una organización más racional de la sociedad 6.
LA ESCUELA, LABORATORIO DE CIUDADANÍA
En una de sus mejores obras, El sentido humanista del socialismo, Fernando de los Ríos (1926Ríos ( /1976) insistía en que el bienestar individual depende del de la comunidad, y en el papel que en ello juega la educación, cuyo valor encarecía con palabras como estas: "Sensibilizar es crear interés, ensanchar el ámbito de la curiosidad, sumirnos en el universo y dotarnos de una fina antena con que recoger las ondas del espíritu" (p.
Lorenzo Luzuriaga (1968), otro institucionista, traductor y gran admirador de Dewey, iba incluso algo más allá: "La democracia será una farsa si los individuos no están preparados para pensar por ellos mismos, a juzgar independientemente, a ser críticos, a ser capaces de discernir las propagandas sutiles y los motivos que las inspiran" (p.
En la misma sintonía, el preámbulo del decreto que estableció el nuevo plan de formación de maestros en 1931 7 proclamaba lo siguiente: "El primer deber de toda democracia es éste: resolver plenamente el problema de la instrucción pública".
Y continuaba después: Urgía crear escuelas, pero urgía más crear maestros; urgía dotar a la escuela de medios para que cumpliera la función social que le está encomendada; pero urgía más capacitar al maestro para convertirlo en sacerdote de esta función; urgía elevar la jerarquía de la escuela, pero urgía igualmente dar al maestro de la nueva sociedad democrática la jerarquía que merece [...].
Dewey hubiera suscrito, sin dudarlo, una por una todas estas palabras, que vienen a avisarnos de que no puede haber democracia sin maestros bien formados y bien pagados, sin escuelas públicas de calidad, ni sin ciudadanos bien educados, cuyo talento y sensibilidad se proyecten benéficamente en la comunidad.
Como asegura Geneyro (1991), lo que distingue a una comunidad de un aglomerado social, es precisamente compartir creencias y valores, que una verdadera educación para una ciudadanía democrática contribuirá a transferir y a afianzar de generación en generación.
En tal empresa la escuela ocupa un locus social preferente.
Ahora bien, a512 entre la experiencia escolar y la cultura de su entorno pueden abrirse fisuras.
Por ello, debería procurarse una fluida y equilibrada integración entre ambas para que el ideal democrático prospere como experiencia vivida y se convierta en un bien social.
La escuela, como apuntaba Dewey en Democracia y educación, debería "buscar el equilibrio entre los diversos elementos del entorno social, y velar por que cada individuo tenga una oportunidad de escapar de las limitaciones del grupo social en el que ha nacido, y así entrar en contacto vivo con un entorno más amplio" (Atkinson, 2017, p.
Fiel a su máxima del aprender haciendo y en total sintonía con su filosofía pragmática reformadora, Dewey entiende que las relaciones en el seno de la escuela, como comunidad social que es, deben estar regidas por principios democráticos, para cuya puesta en práctica la lógica escolar se vale, según Popkewitz (2003), de ciertas tecnologías del yo, bien conocidas y probadas, en lo que él denomina "gobernación del individuo" o "gobierno del alma".
Según Popkewitz, el ciudadano moderno, en el pensamiento de Dewey, personifica una idea de individuo comprometido con la resolución de problemas comunes, próxima a la imagen actual del ciudadano que participa "voluntaristamente" en los asuntos sociales.
En un trabajo posterior, ya citado, Inventing the Modern Self and John Dewey, Popkewitz (2008) describe la evolución del pragmatismo de Dewey, resaltando su gran influencia renovadora en diferentes culturas educativas, hacia lo que podría incluso definirse como un verdadero proyecto global, para el que la escuela pública, aunque no el único, es un espacio capital.
Para Dewey la escuela pública debe ser ante todo un laboratorio de ciudadanía (Bellatalla, 2016), una sociedad democrática a pequeña escala, porque enseñar la democracia sin practicarla sería, como él mismo sugería, algo así como aprender a nadar fuera del agua.
Puede que valga la pena remontar el río y recuperar estas y otras ideas educativas de John Dewey.
Tal vez nos ayuden a descifrar, interpretar correctamente y enfrentar la volatilidad de una cultura como la actual en la que, como asegura Bauman (2007), el conocimiento se ha vuelto "ese desconocido" y la educación es más "un producto" (en cierto modo, una cosa, una mercancía) que un proceso vital.
Acaso convenga, como reivindica Amy Guttman (2001), pensar en la necesidad de una nueva teoría democrática de la educación en los aledaños de una educación política, compatible con el desarrollo de los valores democráticos, que afronte la banalización, el adormecimiento y la desafección que amenazan la salud de la democracia en nuestro tiempo.
Algunos observadores actuales de la vida política, acaso más optimistas que otros a los que hemos hecho repetida alusión, como por ejemplo Victoria Camps (1990), están convencidos de que la voluntad y el compromiso ético de los ciudadanos pueden corregir el incierto rumbo de la "democracia imperfecta" que hoy vivimos con "la rectificación constante del error" (p.
Por su parte, Boaventura de Sousa Santos, en un lúcido trabajo titulado Globalización y democracia (2006), cree que la única alternativa para recobrar la dignidad en una sociedad indigna, que ha acabado con las expectativas y la esperanza de muchas personas, es la defensa a ultranza de los derechos humanos, lo que conllevaría la reinvención de la democracia.
En 1938, en una conferencia titulada Creative Democracy.
The Task before Us 8, pronunciada durante un homenaje por su 80 cumpleaños, John Dewey ya advertía sobre la necesidad de crear un espacio público que hiciera posible el flujo y debate de ideas y proyectos, y la permanente adaptación a las nuevas circunstancias.
Dewey confiaba en los frutos de una práctica real y efectiva de la ciudadanía o de lo que él llamó democracia creativa, aludiendo a un proceso de reflexión y deliberación.
En aquellos años convulsos, desde la atalaya de una larga vida, Dewey veía los desmanes que asolaban la política internacional y, aun consciente de los graves peligros que acechaban a la democracia, creía con optimismo en su capacidad de recuperar el aliento, de regenerarse, siempre y cuando no se olvidara que "el territorio a conquistar no es físico sino moral".
Dewey no fía el porvenir de la democracia solo a la acción política y mucho menos a la retórica que suele acompañarla, sino al cambio de valores y actitudes, y por ello a la educación.
Su optimismo está trufado de realismo.
Nunca perdió la fe en la democracia durante la dura travesía de la política norteamericana en el periodo de entreguerras, pero era consciente de las grandes exigencias de orden moral que la democracia plantea a diario.
"La democracia -escribió-se expresa en las actitudes que adoptan los hombres y se mide por sus consecuencias" (Dewey, 1938(Dewey, /2006, p.
Además de un ethos revitalizado, John Dewey propone también una nueva estética que sustituya la coerción por la persuasión, la intolerancia por el diálogo, la incertidumbre por la convicción, el pesimismo por la esperanza.
Todo ello prefigura un ideal de vida y una cosmovisión en los que la experiencia es decisiva ante las nuevas expectativas sociales.
En plena concordancia con su filosofía entiende que la democracia se sostiene en la a512 capacidad de convencimiento del ser humano, en sus actitudes y en su modo de vida, un todo que debe aunar la coherencia ética entre el pensamiento y la acción.
Dewey rehúye una fundamentación trascendente o exterior.
Como si hubiera leído la máxima machadiana de "se hace camino al andar", piensa en la democracia como en un proceso de experiencia humana que analiza ideas y expresa las diferencias mediante el diálogo, poniendo en juego la inteligencia ciudadana convenientemente formada.
Sin embargo, el ejercicio de las virtudes democráticas, como argumentaba Rawls (1996), no siempre conduce a un estado más perfecto ni puede arraigar ni fructificar en determinadas opciones políticas, como en los nacionalismos más extremos, de los que hubo muestras obscenas en el siglo XX y se aprecian signos alarmantes en el XXI (Álvarez Junco, 2016; Bauman, 2017; Fukuyama, 2019; Han, 2017; Steiner, 2012).
Ciertamente la democracia nunca es un hecho consumado, una estación término, una lección aprendida.
Como un cuerpo vivo, ha de estar en permanente vigilia, hacer un alto y recuperar el aliento, avivarse a diario.
Para su noción de "democracia creativa" Dewey apela al principio de responsabilidad individual, pero no tanto como un derecho o un deber ciudadano cuanto como un medio para mejorar la experiencia propia de vida y el desarrollo moral (Dewey, 1938(Dewey, /2006, pp. 252-253), pp. 252-253).
No olvidemos que, si la experiencia es conocimiento, la experiencia democrática nos ayudará a crecer como ciudadanos que participan de su comunidad.
A juicio de Honneth (1998), el concepto de democracia creativa, propuesto por Dewey ya en su madurez, representa una alternativa plausible ante el desfallecimiento de la democracia y su necesaria reactivación.
De hecho, se deja notar su impronta en modelos teóricos actualmente celebrados, como el de la cooperación reflexiva y otros.
La acción reflexiva, según Guichot (2003) comentando la obra de Dewey, capaci-ta para la planificación consciente, lo que supone una liberación de la rutina, facilita el desarrollo de la técnica a través del pensamiento y sus efectos en la acción, y dota a las cosas de significado, convirtiéndolas en objetos.
Dewey (1910Dewey ( /1989)), no obstante, apostilla que la reflexión, como la información y la técnica, no son en sí mismas suficientes si no se da una disposición o una actitud personal del sujeto, algo que conocen perfectamente los educadores y saben todos aquellos que han estudiado y constatado, a veces en carne propia como Walter Benjamin, los límites de la "buena educación".
Este protagonismo de las convicciones individuales proporciona una potente dimensión educativa a la democracia.
Nada hay más opuesto a este planteamiento que el juicio apriorístico que esconde la expresión "hacer pedagogía" como sinónimo de comunicar con claridad una idea o una medida política, tan recurrente en los análisis coloquiales sobre el distanciamiento entre gobernantes y ciudadanos.
Este didactismo, que remeda en el ámbito político y social la relación jerárquica y unívoca maestro-alumno, induce a pensar en la democracia como un aparato legal e institucional en manos de una oligarquía de expertos y no, como propone Dewey, una experiencia de vida compartida, que se nutre de inteligencia social y principios éticos encarnados en cada individuo, gracias a un proceso formativo hecho de vivencia democrática cotidiana.
En la obra de John Dewey, como afirma Quay (2016), "democracia y educación van juntas en un sentido más que fundamental como expresiones de vida" (p.
Por eso, la democracia creativa no es tanto una teoría normativa, propia de la ciencia política, como un ideal social (y, por ello, también educativo), tan vivo y deseable en su tiempo como en el nuestro.
Agradecemos a Miguel A. Pereyra sus comentarios, que han enriquecido notablemente este artículo.
A este respecto puede consultarse el capítulo "Cuestiones educativas" de la obra Los libros que nunca he escrito de George Steiner (2008, pp. 145-183).
Es recomendable asimismo la lectura de su obra Elogio de la transmisión.
Maestros y alumnos (2005), en diálogo compartido con Cécile Ladjali, una profesora de literatura en un instituto francés de educación secundaria.
En ella ambos subrayan la importancia de una pedagogía exigente y esforzada, la satisfacción de enseñar y de aprender, y la defensa de la cultura humanista, a la que todos pueden y deben acceder. |
Desde el estallido en 2008 de la burbuja inmobiliaria y financiera, el sobreendeudamiento hipotecario representa una preocupación para muchas familias españolas y catalanas, en un contexto de «nueva pobreza» caracterizada por el desempleo masivo y por unas políticas de austeridad que han conducido a muchas personas a la exclusión social.
La pérdida de la vivienda tiene impacto sobre las relaciones sociales y condiciona tanto las estrategias socioeconómicas como las interpretaciones culturales del endeudamiento, en términos de estigma y de negación de una segunda oportunidad vital.
Las realidades analizadas en el contexto de esta emergencia habitacional están marcadas por la amenaza del sinhogarismo, pero también por la oportunidad de la participación en un movimiento colectivo.
Desde una aproximación etnográfica, los textos exploran, por una parte, la condición del endeudamiento y su impacto en las personas, y, por otra, las funciones ideológicas, políticas y socio-afectivas de un movimiento social en desarrollo.
En julio de 2015, el Primer Congreso Internacional de la Asociación de Antropólogos Iberoamericanos en Red (AIBR) acogió en Madrid un doble panel dedicado a la crisis hipotecaria en el Estado español, dando pie a lo que constituyó un primer foro de debate científico sobre los impactos de la crisis hipotecaria y las respuestas sociales ante ella.
En el marco del panel se hicieron aportaciones que abordaron el objeto de estudio desde distintos enfoques conceptuales y teóricos pero con el denominador común de una aproximación empírica basada fundamentalmente en el método etnográfico.
El tema de los desahucios y el impacto sobre la población afectada se ha abarcado hasta el momento desde dos perspectivas de análisis en España.
Por un lado se ha tratado como parte de los estudios más genéricos sobre pobreza, sinhogarismo y exclusión social y como el análisis de las políticas públicas y de las estructuras que se proponen responder a las dificultades que se derivan de esa situación.
Por otra parte se ha desarrollado una línea de investigación sobre los movimientos sociales que defienden el derecho constitucional a la vivienda digna y asequible y su vulneración por parte de las instituciones financieras.
Como complemento a estas dos perspectivas, este monográfico de Arbor pretende abrir un debate sobre el fenómeno complejo y multifacético de los movimientos anti-desahucios desde las ciencias sociales de corte cualitativo.
El objetivo perseguido es dar visibilidad a las experiencias e interpretaciones de los propios individuos que han participado en los movimientos, así como a los rituales y símbolos manejados desde la movilización colectiva.
A continuación pasamos a describir el contexto socioeconómico en el que se ubica el fenómeno de las ejecuciones hipotecarias y las aproximaciones que se han propuesto para analizarlo desde las ciencias sociales.
Finalmente detallaremos en qué consiste la aportación específica de este monográfico.
CONTEXTO: CRISIS, EXCLUSIÓN SOCIAL, SINHOGA-RISMO Y POLÍTICAS PÚBLICAS
El largo periodo de desarrollo socioeconómico neoliberal que precede a la actual crisis se caracterizó por el aumento del consumo, así como por la reducción general de los salarios reales bajos y medios y por el endeudamiento masivo en amplias capas de la población (Lorenzo Gilsanz, 2014).
Sin embargo, las crisis previas ya habían revelado la debilidad de este modelo, en el que la precariedad de la actividad productiva se relaciona con la pérdida de una inserción relacional sólida (Castel, 1997).
Si bien el boom económico abrió oportunidades sin precedentes y la posibilidad percibida de una movilidad social ascendente, la debilidad del sistema de protección social ya en esas épocas se mostró insuficiente para combatir sus imperfecciones que se manifestaron en diversas formas de exclusión social.
Los datos del VI Informe de la Fundación Foessa (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2008) afirman que las prestaciones sociales durante los años de la bonanza económica fueron eficaces en la reducción de la pobreza severa (87%), pero en cambio solo redujeron un 47% la pobreza moderada.
Entre 1997 y 2006, a pesar del crecimiento sin precedentes del PIB (> 3%), el poder adquisitivo medio prácticamente no creció y se generó más desigualdad entre los segmentos más ricos y más pobres de la población española (Lorenzo Gilsanz, 2014, p.
El desempleo no ha afectado a todos los sectores sociales de la misma manera (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012, p.
En la construcción y los servicios relacionados el impacto ha sido extremadamente grande, afectando principalmente a los hombres, a los más jóvenes y a aquellos que menos estudios tenían.
En el sector servicios el desempleo de las mujeres ha llegado a niveles superiores a los de los hombres (Maier, 2011, citado en Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012).
El paro entre los jóvenes menores de 25 años alcanzó niveles nunca vistos antes (en 2013, primer trimestre (T1), superó el 56% según la Encuesta de Población Activa [URL].
Por otra parte, las familias inmigrantes y miembros de minorías, principalmente la etnia gitana (Laparra Navarro, 2008), que en años anteriores se incorporaban al mercado laboral en una proporción creciente, se vieron como los principales perdedores de la crisis debido a sus peores condiciones contractuales y a los sectores donde encontraron empleo (véase Pajares, Inmigración y mercado de trabajo.
El "tardío" estado del bienestar español (Moreno, 2007), o "régimen mediterráneo de protección social" (Moreno y Serrano, 2009), fundamenta el acceso a la protección de rentas principalmente en la participación o no en el mercado laboral (actual y pasada).
Consecuentemente, la pérdida del empleo o la inclusión en la economía informal puede conducir a la gradual exclusión de la "última red de protección social" (Arriba González de Durana y Pérez Eransus, 2007).
Este régimen considera a la familia como un factor esencial de "microsolidaridad", y en este sentido su presencia complementa algunas funciones de provisión del Estado.
Sin embargo, en un número creciente de hogares el desempleo de varios o de todos los miembros activos ha im-a513 pedido a la familia cumplir esa función protectora.
Al mantenerse con los años los altos niveles de desempleo, las prestaciones asistenciales han ido sustituyendo a las prestaciones de carácter contributivo.
Puesto que el crecimiento económico de la etapa anterior no se había aprovechado para consolidar un modelo más coherente de protección social, la precariedad se ha consolidado como un "rasgo de la estructura social" a raíz la crisis (Lorenzo Gilsanz, 2014, p.
PERSPECTIVAS PARA EL ANÁLISIS DE LA CRISIS HI-POTECARIA Y LA EMERGENCIA HABITACIONAL EN EL ESTADO ESPAÑOL
Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera el sobreendeudamiento hipotecario representa una preocupación para muchos grupos domésticos en tiempos de desempleo masivo y de austeridad presupuestaria (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012).
Las condiciones de habitabilidad han sufrido un empeoramiento para amplias capas de la población, especialmente para las familias más vulnerables (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012), para las cuales los años anteriores de bonanza económica ofrecían la posibilidad de obtener un inmueble de propiedad asumiendo la carga de una hipoteca.
Sastre y Fernández-Sánchez (2011) ofrecen datos sobre la reducción significativa del gasto en los hogares en estos años de crisis, lo que en muchos casos dificulta cubrir las necesidades básicas de la familia, e implica a menudo el deterioro de la calidad de la vivienda como una forma de privación relevante.
La reducción de gastos ha obligado a muchas familias a acumular impagos de facturas, sumiéndoles en una espiral que para muchos ha desembocado en la pérdida de la vivienda.
El mayor aumento de la morosidad entre 2007 y 2010 se observó en relación con la hipoteca y el alquiler, afectando a un 4,5% de los hogares en el Estado español (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012, p.
Asimismo, en el periodo 2007-2013 se multiplicó el número de hogares que, una vez sufragados los gastos de vivienda, se situaban en condiciones de pobreza severa (Laparra Navarro, 2014, p.
Desde una perspectiva estructural, la pérdida masiva del hogar familiar no es más que un indicador de la "nueva pobreza" emergente (Paugam y Hernández Díaz, 2007) en un contexto de inestabilidad laboral, recesión económica y desempleo estructural que conduce a formas diversas de exclusión social.
De hecho, perder la propiedad del hogar familiar o estar en riesgo de hacerlo representa una de las muy diversas situaciones de exclusión residencial (Cabrera Cabrera, 2009, p.
La tercera categoría de la tipología ETHOS (European Typology on Homelessness) se refiere a la "vivienda insegura" como una de las formas de sinhogarismo, consistente en "vivir en una vivienda sin título legal (vivir temporalmente con familiares o amigos de forma involuntaria, vivir en una vivienda sin contrato de arrendamiento)" y haber recibido "notificación legal de abandono de la vivienda".
También se mencionan en esta categoría las "personas viviendo bajo amenaza de desahucio" (Cabrera y Cabrera, 2009; Cabrera, Rubio y Blasco, 2008, p.
Desde la perspectiva de los propietarios la amenaza de la pérdida de la vivienda habitual, con la consiguiente negación de la satisfacción de una necesidad básica como es el cobijo, se suma a la experiencia de los deudores de ser culpados de su propia situación y estigmatizados por su fracaso vital, tanto por su entorno próximo como en las narrativas públicas establecidas.
Un fracaso que supone el abandono de unos proyectos vitales y de unas expectativas de movilidad social ascendente que hoy se revelan inviables (Bereményi y Carrasco, 2018).
La realidad de la "generación de las ejecuciones hipotecarias" (Bowdler, Quercia y Smith, 2010), ampliamente discutida en los Estados Unidos, se enmarca de unas condiciones estructurales peculiares en el Estado español y concretamente en Cataluña, debido al alto nivel de movilidad social ascendente anterior a la crisis y a la subsecuente movilidad descendente, sobre todo económica, de una parte significativa de las clases medias y bajas (Peláez-Paz, 2014; Requena y Stanek, 2015).
La pérdida de la tenencia de la vivienda es una prueba fehaciente de esa movilidad descendente.
Las consecuencias del fracaso personal y colectivo de amplias capas sociales se agrava todavía más por las peculiaridades de la legislación hipotecaria española, que niega a los deudores una segunda oportunidad vital al relegarles a la condición de morosos de forma indefinida (Colau y Alemany, 2012), y por la ineficacia de las políticas de protección social, que han tardado en responder a la emergencia habitacional y al desencadenamiento de procesos de exclusión social (Arriba González de Durana y Pérez Eransus, 2007).
Junto a los avatares del procedimiento de ejecución del inmueble que es garantía del préstamo hipotecario, el proceso de pérdida de la vivienda provoca cambios fundamentales tanto en las estrategias socioeconómi-a513 cas de las personas y de los grupos domésticos como en sus relaciones sociales y en sus oportunidades de reproducción social, sobre las que se produce una presión que amenaza con dislocarlas.
En tal contexto se crean y recrean interpretaciones y significados culturales en el intento de dar sentido a una cotidianeidad marcada por el estrés y la incertidumbre (Castel, 1997).
En muchos casos la pérdida de la vivienda, o la amenaza de esta, repercute negativamente en la salud mental y física de los afectados, así como en sus oportunidades presentes y futuras de bienestar e inserción social (Laparra Navarro, 2014).
Basta mencionar tan solo un dato del Informe del observatorio DESC publicado en 2015 (Emergència habitacional a Catalunya.
El Informe sobre España 2016 de la Comisión Europea menciona las consecuencias sociales de las ejecuciones hipotecarias como uno de los efectos más importantes de la crisis (Baptista, 2016) y expresa su crítica a la ejecución de la Estrategia Nacional Integral para Personas sin Hogar 2015-2020 y su evaluación.
Por otra parte, la emergencia de movimientos sociales en respuesta a la proliferación de las ejecuciones hipotecarias, entre los que destaca el caso de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), vehicula la búsqueda de salidas para el sobreendeudamiento hipotecario.
Los movimientos exigen soluciones a la clase política y a las élites bancarias, que son identificadas como responsables de la crisis por parte de amplios sectores de la sociedad española.
Diversos investigadores se plantean en qué sentido la PAH y otros movimientos sociales en el ámbito de la vivienda han cambiado la experiencia de ciudadanía de las personas.
La concepción de 'ciudadanía' acuñada por Lefèbvre (1968) y desarrollada por diferentes autores se formula en tres niveles.
Primero, la ciudadanía como modelo social ideal; segundo, como una reclamación al sistema del ejercicio de derechos ciudadanos; y por último, como la participación activa de una masa crítica para cambiar el sistema.
5), el verdadero derecho a la ciudad (Lefèbvre, 1968) corresponde a esta tercera forma de ciudadanía activa y performativa.
Rogers y Bai- (Rancière y Panagia, 2000) no ubican la ciudadanía en los espacios de la política institucional democrática sino que destacan cómo la ciudadanía, lejos de ser normativa, incluye derechos, responsabilidades y acciones cívicas de escalas variadas.
Esta definición contrasta con la idea neoliberal del ciudadano como consumidor responsable.
Los "consumidores deficitarios" (flawed citizens), como los presenta Bauman (1998), son aquellos, típicamente la población de rentas bajas, que no son capaces de cumplir con sus responsabilidades económicas, y como tales ven cuestionada su responsabilidad.
En el contexto de la crisis financiera es justamente este último modelo de ciudadanía, la del derecho a elegir mediante el consumo (Jubas, 2009), la que se niega a aquellas familias que primero pierden su trabajo y luego su capacidad de cumplir con sus deberes como ciudadanos.
Su culpabilización, humillación y expulsión se hace palpable en el proceso de ejecución hipotecaria, en que los servicios públicos no protegen, o no suficientemente, la integridad de este "ciudadano".
La PAH, en este sentido, ha revelado su capacidad para ofrecer, aparte de soluciones prácticas vitales, un modelo alternativo de ciudadanía a través de la participación activa de una masa crítica con el objetivo común de repensar y reivindicar los fundamentos mismos de una nueva ciudadanía.
La crisis hipotecaria y sus consecuencias, por su visibilidad y mediatización, han generado mucho interés entre los científicos sociales.
En los últimos años se han multiplicado los trabajos académicos, las comunicaciones en reuniones científicas y los proyectos de investigación que abordan este objeto de estudio, ya sea de forma monográfica o situándolo en el contexto más general de la exclusión y la fractura social (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012; Lorenzo Gilsanz, 2014) y de su expresión más extrema, el sinhogarismo (Cabrera Cabrera, 2009; Carbonero Muñoz y Ruiz Vega, 2016; Sales i Campos, Diagnosis 2013.
Las personas sin hogar en la ciudad de Barcelona y la evolución de los recursos de la Red de Atención a Personas sin Hogar), en el marco de la también creciente bibliografía sobre la crisis económica y las políticas de austeridad en el sur de Europa, sobre sus repercusiones sociales y sobre las reacciones ante ella (Albertos y Sánchez Hernández, 2014; Knight y Stewart, 2016; Narotzky, 2016).
La bibliografía específicamente generada en torno a este movimiento ha contribuido en buena medida a desafiar los relatos promovidos por el discurso público dominante y al mismo tiempo ha conseguido sentar un canon para las aproximaciones alternativas a la problemática hipotecaria (Colau y Alemany, 2012; Macías, 2013; véanse también los informes Emergència habitacional a Catalunya.
La crisis de las ejecuciones hipotecarias y los desalojos desde una perspectiva de derechos humanos de 2013 y Colau y Alemany (2013), Retrospectiva sobre desahucios y ejecuciones hipotecarias en España, estadísticas oficiales e indicadores).
Sin embargo, todavía no podemos hablar de un cuerpo coherente de aportaciones analíticas sobre la morosidad, las ejecuciones hipotecarias y sus efectos socioculturales en el Estado español.
Por ello, el objetivo de este monográfico es abrir un debate en torno a los marcos interpretativos y de referencia que permitan entender mejor las experiencias y respuestas de la población afectada y del resto de actores sociales implicados.
En última instancia, se trata tanto de visibilizar y analizar los conflictos y complejidades del fenómeno social como de identificar perfiles y tendencias que permitan abordar la problemática a través de cambios legislativos y mediante el diseño de políticas.
CONTRIBUCIONES DE ESTE NÚMERO MONOGRÁFICO
Los textos publicados en este monográfico proponen una aproximación etnográfica a la realidad social observada.
Los autores, todos ellos con formación antropológica o en disciplinas afines, pretenden profundizar en el conocimiento sobre las personas integrantes de la PAH y sobre la dimensión colectiva de este movimiento centrándose en las interpretaciones emic de sus protagonistas.
En consonancia con esto, los textos se basan principalmente en datos recogidos durante un dilatado trabajo de campo etnográfico (Hammersley y Atkinson, 1994), asistiendo a asambleas y acciones colectivas de diferente carácter, en algunos casos asumiendo activamente responsabilidades en el grupo observado.
Las técnicas de recogida de datos más generalmente aplicadas por los autores han sido la observación participante (Bernard, 2011, p.
Los autores toman partido por una aproximación empírica a la realidad social que privilegia las experiencias directas y las trayectorias de los actores sociales.
Para ello aplican técnicas interpretativas de análisis, adoptando una perspectiva crítica.
Asimismo, conviene explicitar la pertinencia de la ubicación en Cataluña de los estudios etnográficos aquí reunidos.
El caso catalán nos permite percibir de manera particularmente nítida el trauma social provocado por el contraste entre un período anterior de bonanza económica -caracterizado entre otras cosas por el auge de la construcción, la burbuja de precios inmobiliarios y el acceso a la propiedad por una amplia mayoría social, incluidas las capas de población en situaciones más precarias-y la actual crisis, durante la que el desempleo y la falta de protección social han enviado a muchas familias, a menudo deudoras de una hipoteca, a la exclusión social y residencial.
Es en Cataluña, además, donde tuvo su origen la primera asamblea de la PAH, creada en Barcelona en 2009, en continuidad con movimientos anteriores que ya venían reivindicando el derecho a la vivienda en la coyuntura económica anterior (Colau y Alemany, 2012).
La experiencia de Barcelona y de otras poblaciones del área metropolitana resulta así especialmente significativa a la hora de palpar la inspiración, objetivos y logros de este movimiento social.
Como es sabido, el modelo de la PAH de Barcelona ha sido replicado, con las pertinentes adaptaciones, en el resto de la geografía española, hasta alcanzar las casi dos centenares de asambleas en todo el Estado.
En lo referente al marco conceptual, la colección de textos aquí presentados se inspira en referentes y debates procedentes de la sociología, la antropología, la geografía, la politología y otras disciplinas afines.
El fenómeno de las ejecuciones hipotecarias se estudia, así, a la luz de distintos conceptos y teorías.
Entre ellos encontramos las nociones de capital social y movilidad social, el empoderamiento, los movimientos sociales, los regímenes de movilidad y los procesos migratorios, así como las discusiones acerca de las tecnologías del poder y la financiarización de la vida cotidiana y de las economías domésticas bajo el capitalismo contemporáneo.
En relación con esto último, diversos autores (Aalbers, 2008) han señalado el acceso a la vivienda de propiedad y su consiguiente participación en los mercados inmobiliarios e hipotecarios como uno de los principales vectores de la financiarización, entendida como la creciente penetración, a lo largo de las últimas décadas, de las dinámicas financieras en ámbitos como el de las economías domésticas y en sectores sociales como las clases populares, que hasta hace poco se sustraían a esta influencia.
El texto de Melissa García Lamarca argumenta, en este sentido, que la financiarización de la vivienda no puede entenderse sin analizar también la financiarización de la vida misma, es decir, de las subjetividades y los cuerpos de quienes se ven implicados en el proceso.
El fenómeno de la financiarización debe entenderse según esto como una tecnología del poder (Foucault, 2008) que tiene la capacidad de "hipotecar las vidas", es decir, de disciplinar y proletarizar a los sujetos que aspiran a convertirse en propietarios de una vivienda, convirtiéndose en víctimas de una forma secundaria de explotación (Harvey, 1982).
Ese proceso de disciplina y proletarización es el que explica las circunstancias de las que, tras el fin del boom económico, parten los deudores que se ven incapaces de cumplir con las cuotas hipotecarias.
El texto de Georgios Azis examina cómo, a partir del impago, o ante su perspectiva cercana, se hace evidente de pronto una circunstancia que tendía a pasar desapercibida durante los tiempos de bonanza: lo que el autor propone denominar la subordinación financiera, entendida como la exposición directa de la cotidianeidad, es decir, de las necesidades y aspiraciones reproductivas de las personas y los grupos domésticos, a los mecanismos de la expropiación y de la acumulación financiera (Lapavitsas, 2009).
La violencia estructural implicada en esta relación asimétrica de deuda y crédito (Graeber, 2011) deviene súbitamente visible al desencadenarse el proceso de ejecución hipotecaria, un proceso que puede completarse con la violencia abierta del desahucio.
Los deudores, en algunos casos, buscan la intervención en su relación con la entidad bancaria de un movimiento social como la PAH, que cumple una función de defensa y reclamación de derechos mediante la interposición entre las partes implicadas en la relación crediticia.
Esta interposición, no obstante, no estará libre de tensiones y conflictos, en buena medida por implicar una reestructuración de la cotidianeidad de los deudores que no en todos los casos será posible.
El texto de Irene Sabaté retoma las nociones antropológicas de la deuda y el crédito (Graeber, 2011; Gregory, 2012; Guyer, 2012; Mauss, 1923Mauss, /1979) para analizar en qué medida el aumento de la morosidad hipotecaria y la proliferación de las ejecuciones puede interpretarse como una transgresión de la obligación de devolver a escala masiva.
La autora analiza las implicaciones de tal transgresión, por un lado, como el resultado de unos constreñimientos estructurales que incluyen la disminución drástica de los ingresos y la falta de una legisla-a513 ción y unas políticas que amparen a los deudores en las nuevas circunstancias.
Por otro lado, la transgresión de la obligación de devolver va acompañada de una resignificación de la deuda como ilegítima, ya sea debido a las condiciones en que se contrajo, ya sea por la asfixia que el sobreendeudamiento está produciendo en la actualidad, en el sentido de impedir la satisfacción de otras necesidades urgentes.
La articulación entre legalidad y legitimidad se analiza también en el texto de Marina Pera, quien, sobre la base de una investigación empírica entre los participantes en ocupaciones colectivas de edificios propiedad de las entidades financieras por parte de personas ya desahuciadas, reflexiona sobre la valoración que los protagonistas hacen de su propio acto de apropiación ilegal de un inmueble.
En su mayoría personas sin experiencia activista previa, no identificadas con los idearios y reivindicaciones políticas del movimiento okupa, los entrevistados justifican su comportamiento, entendido como un acto de desobediencia civil (Rawls, 1971), sobre la base de la necesidad perentoria de obtener un cobijo y confían en la posibilidad de poder regularizar su situación mediante el pago de un alquiler que resulte proporcional a su situación económica.
La participación de ocupaciones colectivas, y el consiguiente acceso a una vivienda alternativa tras la ejecución de la propia, es tan solo uno de los recursos puestos al alcance de los participantes en la PAH.
En su artículo, Bálint Ábel Bereményi y Elena Montero se interrogan de manera más general acerca de la naturaleza del capital social y de las oportunidades de movilidad social proporcionadas por la participación en el movimiento.
El encuentro con otras personas en la misma situación permite el acceso a nuevas redes de apoyo y solidaridad que permiten hacer frente a una situación de emergencia socioeconómica y afectiva.
Sin embargo, según los autores, la función de "ventaja" del capital social (de Souza Briggs, 1998) solo se activará en los casos en que se produzca un auténtico empoderamiento, en el sentido de una toma de conciencia del carácter sistémico de la problemática y de fortalecimiento de la identidad colectiva de los "afectados" como sujeto político.
Finalmente, Maka Suárez se interesa por la metodología de la PAH a la hora de comunicar su discurso a la opinión pública, a los medios de comunicación y a las élites políticas y bancarias.
Concretamente la autora se centra en el uso de lo que denomina objetos desobedientes (Flood y Grindon, 2014), en referencia a los elementos materiales utilizados durante movilizaciones y acciones públicas de carácter performativo.
El uso de tales objetos, entre los que destacan los grandes círculos de cartón rojos y verdes utilizados durante la campaña de presión a los parlamentarios para que apoyaran la Iniciativa Legislativa Popular impulsada por la PAH entre otras entidades en 2013, es un aspecto clave de la puesta en escena de un descontento popular que se concreta en la reivindicación del derecho a la vivienda y en un cuestionamiento de las bases sociales de la moralidad de la deuda (Graeber, 2011).
La diversidad de las inquietudes y aproximaciones aquí reunidas es reflejo de una efervescencia investigadora suscitada por una problemática especialmente grave y urgente que, si bien ha emergido también en otros puntos del globo, como los Estados Unidos (Agnew, 2010; Bowdler et al., 2010; Crowley, 2003; Martin y Niedt, 2015; Schuetz, Been y Ellen, 2008; Stout, 2015, 30 de marzo) u otros estados europeos como Irlanda (Waldron y Redmon, 2014), presenta en el caso español suficientes peculiaridades como para ser considerada de forma específica.
Gran parte de estas particularidades derivan, por un lado, de los modelos político, urbanístico y productivo aplicados en España desde la transición a la democracia o incluso desde antes (Coq-Huelva, 2013; López y Rodríguez, 2010; Naredo, 2009).
Por otro lado, la centralidad que la vivienda de propiedad ha adquirido para las economías domésticas y los proyectos vitales de los ciudadanos en la historia reciente (Allen, Barlow, Leal, Maloutas y Padovani, 2004; Palomera, 2013) explican también la enorme repercusión social de las ejecuciones hipotecarias.
A ello se añade, sin duda, la enorme expectación generada en el ámbito internacional en torno a un movimiento social, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que, desde su creación en Barcelona en el año 2009, no ha dejado de exigir y proponer soluciones para el sobreendeudamiento y la crisis hipotecaria, entendidos como una grave amenaza para la reproducción social de un amplio sector social cuyas oportunidades de futuro se encuentran en grave peligro.
La recopilación de este monográfico se ha realizado en el marco del proyecto I+D+i MOVIBAR (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, CSO 2012-34285), cuya investigadora Principal es la doctora Sílvia Carrasco de la Universitat Autònoma de Barcelona; con una beca Post-PhD Grant 2014 de la Wenner-Gren Foundation y con financiación de la Generalitat de Catalunya (ayudas para Grupos de Investigación Consolidados -GRC 2014) concedida al Grup d'Estudis sobre Reciprocitat de la Universitat de Barcelona, así como al Centre d'Estudis i Recerca en Migracions de la Universitat Autònoma de Barcelona). |
RESUMEN: En este artículo exploraremos la desigual situación respecto al género en la carrera universitaria de Ingeniería Informática, presentando los datos de la investigación cuantitativa en la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid de 1989 a 1999.
En la segunda parte llevamos a cabo un estudio cualitativo basado en entrevistas en profundidad a mujeres de la Facultad de Informática en diferentes puestos del escalafón académico.
El análisis se centrará en su percepción de la situación de mujeres en su propia universidad y departamento, en los problemas respecto a la promoción y progresión de la carrera universitaria y en sus propias experiencias a la hora de compatibilizar su vida profesional con la personal y familiar.
Los resultados de esta investigación muestran algunas interesantes diferencias en el caso español respecto de estudios llevados a cabo en otros países, lo que supone un interesante factor a analizar.
Género e Ingeniería Informática en España, promoción y progresión femenina en la carrera académica, compatibilidad de la vida familiar y profesional.
CONTEXTUALIZACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN
La idea de esta investigación surgió durante un proyecto anterior en que participé en el año 2003, bajo la dirección de la profesora Eulalia Pérez-Sedeño 1, en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del CSIC.
En este proyecto se elaboró un análisis de la situación de mujeres en cada fase del sistema educativo universitario en España desde los estudiantes al profesorado, y también en los órganos de gobierno en las distintas universidades públicas del país.
Este proyecto constó de un análisis cuantitativo de los datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC), lo que se completó con un análisis cualitativo que consistió en 25 entrevistas a profesoras de diferentes universidades y distintos puestos académicos 2.
Durante esos años, otras iniciativas como la creación de la Comisión "Mujeres y Ciencia" del Consejo Nacional de Investigación Científica (CSIC) en 2002 también llevaron a cabo estudios cuantitativos sobre la situación de las mujeres en otros sectores del sistema de ciencia y tecnología 3.
Durante mi participación en el proyecto mencionado comencé a preguntarme por la situación de las mujeres en el caso particular de la Ingeniería Informática, ya que mis intereses personales se enfocaban hacia la relación entre el género y las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs).
En general, la universidad es un campo muy importante a la hora de explorar la situación de las mujeres en una disciplina ya que es el lugar donde los futuros profesionales se forman, pero también debido al poder e influencia que los altos puestos académicos tienen en la futura dirección de la investigación científica, en este caso en las tecnologías de la información y las comunicaciones.
Encontré bastantes estudios de este tipo en otros países especialmente en el ámbito anglosajón (EE.UU., Canadá y Reino Unido 4 ), y también algunos estudios desde una perspectiva internacional que incluían países mediterráneos (como Italia) y asiáticos (como China) 5.
Sin embargo no encontré ninguno similar sobre la situación de las mujeres y la Ingeniería Informática en España, excepto un pequeño artículo publicado en 1985 por tres profesoras de la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) 6 que mostraba un resumen muy general de la situación de mujeres en las ingenierías.
Debido a esta falta de datos, decidí comenzar una pequeña investigación con la intención de verificar si los resultados encontrados en otros países eran aplicables a la situación de las mujeres en informática en España.
Para ello escogí la Universidad Politécnica de Madrid ya que es una de las universidades técnicas más grandes del país (con respecto al número de estudiantes y de titulaciones que ofrece) 7, esperando que los resultados pudieran ser suficientemente representativos de la situación general de las mujeres en los estudios de informática en España.
LA FACULTAD DE INFORMÁTICA EN LA UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID
La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) se creó en 1971 como resultado de la unión de diferentes escuelas técnicas que existían separadamente antes de esa fecha.
Actualmente la UPM es la universidad técnica más grande del país y está compuesta por doce Escuelas Técnicas Superiores de Ingenieros (ETSI) 8 que ofrecen los títulos de "Ingeniero" y "Doctor" en Aeronáutica, Ingeniería Industrial, Telecomunicaciones, Arquitectura, Minas, Caminos, Montes, Informática, y algunos más.
La obtención del título de Ingeniero supone cursar al menos cinco años (aunque la media de años que tardan los estudiantes en obtenerlo es ligeramente superior).
Además existen ocho Escuelas Universitarias de Ingenieros Técnicos (EUIT) aproximadamente sobre los mismos campos, que ofrecen el título de "Ingeniero Técnico", con una duración estipulada de tres años de cursos.
La Facultad de Informática es de las más recientes dentro de las que Escuelas Superiores de la UPM.
La facultad se creó en 1976 a partir de una institución previa nacida en 1969 por iniciativa de IBM y el Ministerio de Educación llamada Instituto de Informática, que ofrecía enseñanzas en el incipiente campo de la informática (tanto en hardware como en software) aunque sin convalidación con titulaciones dentro del sistema académico.
En ese mismo año de 1976 se crearon también las otras dos facultades de informática actualmente más grandes del Estado español, la de la Universidad Politécnica de Cataluña, y la de la Universidad del País Vasco.
Todos ellas comenzaron a impartir clases por primera vez en el curso académico 1977-78.
La creación de la Facultad de Informática fue un caso especial dentro de la UPM, ya que es el único centro cuyo nombre no es "Escuela Superior de Ingenieros" sino " Facultad", lo que la asemeja en nomenclatura a los centros de Ciencias Naturales, Sociales o Humanidades.
Esta diferencia en nomenclatura muestra la situación ambigua de los estudios de informática al principio de su creación, un lugar a medio camino entre la ciencia y la ingeniería 9.
Sin embargo no pasó mucho tiempo hasta que el enorme desarrollo de la informática en la década de los ochenta y el aumento de su importancia y prestigio en la vida económica de los países desarrollados hizo que la Facultad de Informática dentro de la UPM fuera creciendo considerablemente (en términos de número de estudiantes, proyectos de investigación y recursos obtenidos).
Desde su creación hasta 1993 el título concedido por la Facultad de Informática fue "Licenciado en Informática" (igual que en el resto de las facultades españolas).
Sin embargo, en 1993 la titulación de los graduados/as pasó a ser "Ingeniero en Informática" (aunque el centro mantuvo su nombre inicial de "Facultad").
Como veremos más adelante, éste va a ser un factor importante en las conclusiones de nuestra investigación.
Desde el principio de la década de 1990, algunas autoras con una perspectiva feminista que se habían dedicado a los estudios de ciencia, tecnología y género (particu-ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 905-915 ISSN: 0210-1963 larmente en los países anglosajones) comenzaron dirigir su mirada hacia las ciencias de la computación y a la situación desigual de mujeres y hombres en los campos relacionados (tanto en el ámbito laboral como en el educativo).
Una de las razones de esta preocupación fue la constatación de que el número de mujeres que se matriculaban y acababan sus estudios en ciencias e ingenierías de la computación en las universidades estaba decreciendo considerablemente respecto de la década de los ochenta.
Tracy Camp en su famoso artículo para la Nacional Science Foundation 10 señala cómo el porcentaje de mujeres en las carreras de informática en Estados Unidos había ido creciendo de 1975 a 1985 (alcanzando su máximo en ese año con un 35 % de mujeres), mientras que en la segunda mitad de los ochenta empezó a descender hasta el 32 % en 1988.
Las cosas han empeorado desde entonces, y en 1999 encontramos no más de un 28 % de mujeres que acaban su licenciatura en informática en Estados Unidos (ni que decir tiene que el porcentaje de mujeres que acababan un doctorado en informática era aún menor: sólo un 12 %).
Más o menos la situación en los países europeos es muy similar, y algunas veces incluso peor.
Por ejemplo en Alemania a principio de los años ochenta el porcentaje de mujeres estudiantes de primer año de Informática era de casi un 20 %, lo que fue disminuyendo en los diez años siguientes hasta que a principios de los noventa el porcentaje era del 12 %.
Nos preguntábamos entonces si la evolución de las mujeres en los estudios de informática en España habría sido parecida o no, teniendo en cuenta las particularidades sociopolíticas de nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX.
ESTUDIANTES EN LA FACULTAD DE INFORMÁTICA DE LA UPM
La primera parte de nuestra investigación se centró en la búsqueda de datos acerca del número de estudiantes mujeres y su evolución en la Facultad de Informática de la UPM.
Debido a que la investigación de campo la llevamos a cabo en el año 2002, la idea fue explorar que había ocurrido a lo largo de la década de los noventa (por otro lado la década más "problemática" según habían mostrado los estudios de otros países).
El problema al que pronto nos enfrentamos fue, como en el proyecto anterior que elaboramos en el CSIC, que los datos del Ministerio de Educación no estaban desagregados por sexo hasta 1994.
Fuentes informales que pudimos entrevistar recordaban que antes de la creación de la facultad (en la época del anterior Instituto de Informática), había bastantes mujeres en los cursos.
Cuando la facultad comenzó su andadura, el número de mujeres (según estas fuentes informales) estaba alrededor de 20 %, porcentaje que aumentó durante los años ochenta y primera mitad de los noventa.
1994 fue el primer año que encontramos datos segregados por sexo en las estadísticas del INE, y allí encontramos que el porcentaje de mujeres estudiantes de primer curso en la Facultad de Informática de la UPM era del 26 %.
En el siguiente cuadro, podemos ver el número y porcentaje de estudiantes mujeres de 1994 a 1998: A primera vista, lo que llama nuestra atención es la disminución evidente del número de mujeres a lo largo de los años, como hemos visto que ocurrió en otros países.
Una de las razones que algunos estudios de otros países sugieren para explicar este fenómeno es la importancia y prestigio que la informática adquirió durante esos años debido a su papel estratégico para el desarrollo económico 11.
No es nuevo para las investigadoras feministas de la ciencia que cuando un campo es incipiente muchas mujeres se animan a adentrarse en él (ya que aún carece de estereotipos de género), pero a medida que el área se va volviendo más prestigiosa comienzan a entrar más hombres y las mujeres comienzan a abandonarlo, con lo que va convirtiéndose en un nuevo coto masculino (un old boys club).
Las mismas autoras señalan que precisa- mente durante esos años la informática se fue volviendo una ciencia cada vez más matematizada y cercana a las ingenierías "duras" lo que significa, en términos de género, más masculinizada.
Pero en el caso de España encontramos un hecho curioso que ocurre precisamente en 1993 y que no ocurre en los demás países: en ese año tres de las universidades técnicas más importantes del país (la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Politécnica de Cataluña y la Universidad Politécnica de Valencia) cambian el nombre del título que conceden de "Licenciado en Informática" a "Ingeniero en Informática".
Algunas de las profesoras entrevistadas para la segunda parte de este artículo señalaron este hecho como algo que podría haber influido en la disminución de matrículas femeninas (a la hora de elegir esta carrera como primera opción tras los estudios de bachillerato), debido al efecto psicológico relativo a los estereotipos de masculinidad y feminidad (mostrado por diversos estudios sobre diferencias de género en educación) que hace que las mujeres tiendan a no escoger los estudios y profesiones más técnicas.
Sin embargo, el porcentaje de mujeres que acaban la carrera de Informática con respecto al porcentaje de matriculadas (y con respecto al porcentaje de varones) muestra que las mujeres obtienen, comparativamente, mejores resultados académicos que los hombres, como podemos ver en esta tabla: dos, y muy parecido ocurre en los dos años posteriores 12.
Este dato contradice la idea popular de que las mujeres tienen peores resultados en informática que los varones, como suele pensarse en general de todas las disciplinas técnicas y también de las matemáticas.
La mayoría de las profesoras entrevistadas señalan que las estudiantes en las aulas son más trabajadoras que los varones, y suelen obtener (de media) mejores resultados en cuanto a calificaciones.
Pero debido a que hay más hombres que mujeres en las clases, y que gran parte de ellos también obtienen buenas calificaciones, la buena actuación relativa de las estudiantes mujeres no suele resaltar a no ser que se analicen las calificaciones teniendo en cuenta el género (lo que, normalmente, no suele hacerse).
Con respecto al porcentaje de mujeres que obtienen el título de Doctor en Informática, la situación tampoco es mejor que en otros países.
María Klawe y Nancy Leveson basándose en el Informe Taulbee de la National Science Foundation (EE.UU.) 13 señalaron que el porcentaje de mujeres que obtenían el Ph.D en ciencias de la computación en las universidades norteamericanas no superaba 13 % desde 1980, a diferencia de lo ocurrido en otras disciplinas científicas e ingenierías donde había aumentado considerablemente (nunca superando el 25 %, no obstante).
De hecho durante la década de 1990 la proporción de mujeres que entraban en los programas de doctorado en los departamentos de ciencias de la computación había disminuido significativamente.
En el caso de la Facultad de Informática de la UPM revisamos también el número de mujeres que tenían becas de investigación para realizar el doctorado, tanto de organismos públicos como privados (ya que la mayoría de los estudiantes de doctorado en informática obtienen algún tipo de financiación para ello).
Normalmente los/las estudiantes de doctorado trabajan como ayudantes de investigación dentro de un laboratorio, mientras que muy pocos de ellos participan en tareas docentes como profesores ayudantes.
La situación de las mujeres en los programas de doctorado de la facultad empeoró durante los diez años estudiados: de ser alrededor de un 20 % en 1989, una década después son un 17 % del total.
1993 fue el año en que se produjo mayor descenso de matriculadas (el número de mujeres cayó hasta un 8 %) lo que coincide, como ya hemos señalado anteriormente, con el curso en que el título ofrecido por la facultad cambió de nombre. partamento donde más mujeres encontramos es el de Arquitectura de los Computadores (33 %), más que en el departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos (29 %).
Ello podría parecer extraño debido a que las mujeres se las relaciona más con el software que con el hardware 16.
El departamento con menor número de mujeres es el de Inteligencia Artificial (19 %), siendo este departamento el más prestigioso desde el punto de vista de la investigación puntera con una vertiente más ingenieril, lo cual coincide con los estudios feministas de otros países.
Estos datos coinciden con la situación general de las mujeres en el resto de las escuelas y universidades técnicas a lo largo y ancho del país, en clara contradicción con el aumento en el número de estudiantes mujeres, que, en 1991, ya componían la mayoría del alumnado en las universidades españolas (51 %) 17.
Esta mayoría es patente en casi todas las carreras excepto en las ingenierías donde de media no superan el 21 % del total de estudiantes.
Sin embargo, el porcentaje de mujeres dentro del profesorado universitario no ha aumentado en la misma medida que las estudiantes, y menos aún cuando examinamos los rangos más altos del escalafón académico.
Aunque la cantidad total de profesoras en la universidad española ha estado aumentando durante las dos décadas pasadas (hoy día son 34 % del total de profesores), su situación cualitativa apenas ha mejorado en cuanto a los puestos más altos (sólo son el 13 % del total de catedráticos).
Eso significa que el llamado "techo de cristal" sigue siendo patente en la universidad española.
Con esta tendencia la deseada equidad a todos los niveles está muy lejos de conseguirse.
Comparándolo con los datos de otros países, la situación de las mujeres en el profesorado de la facultad de informática en España es ligeramente mejor que los estudios anteriormente citados, aunque, lamentablemente, sigue siendo bajo en general.
Como hemos aprendido de los estudios de otros países, el análisis estadístico por sí solo es insuficiente para explicar los problemas y las microdesigualdades que experimentan las mujeres a lo largo de sus carreras profesio-nales, como muestran los resultados de las estadísticas.
A ese respecto las técnicas cualitativas han demostrado para ser muy útiles desde un punto de vista sociológico y psicológico al centrarse en el análisis del discurso social, las representaciones simbólicas, los valores y las expectativas de las mujeres (así como de la sociedad en su conjunto) que explicarían por qué se produce esa situación de desigualdad 18.
Por ello decidimos abordar la situación de las mujeres en la facultad de informática de la UPM a través de un estudio cualitativo que nos mostrara la perspectiva subjetiva de las propias mujeres y los problemas que ellas perciben con respecto a su género y su situación como académicas.
Nuestro análisis cualitativo consistió en diez entrevistas en profundidad a profesoras de la facultad de diferentes rangos y departamentos.
De las diez entrevistadas una de ellas era catedrática, seis eran profesoras titulares y las otras tres profesoras asociadas.
Las entrevistas se estructuraron a partir de un cuestionario previo de cuarenta preguntas con una serie de respuestas preestablecidas que cumplimentaron antes de la entrevista.
Esto hizo más fácil entrar en la conversación y nos permitió centrar los temas.
A continuación expondremos los principales resultados de estas entrevistas clasificando las respuestas en seis áreas temáticas:
BIOGRAFÍA DE LA CARRERA PROFESIONAL
Seis de las entrevistadas habían desarrollado toda su carrera en esta misma facultad desde la licenciatura y el doctorado a sus primeros trabajos como profesoras ayudantes.
Tres de las otras cuatro habían cursado una Licenciatura en Matemáticas en otras universidades, y la última era doctora en Ciencias Químicas.
En general todas ellas comenzaron como profesoras ayudantes o ayudantes de investigación mientras aún estaban realizando su doctorado, y posteriormente consiguieron puestos como asociadas (e incluso directamente como titulares) dentro del mismo departamento.
Hemos de señalar que el hecho de desarrollar toda la carrera profesional en el mismo departamento donde se han realizado los estudios es un fenómeno bastante común en las universidades españolas en los años setenta y ochenta que no se da en otros países, donde lo común es comenzar a trabajar en una universidad diferente.
Asimismo, sólo una de las diez entrevistadas había realizado un período largo de investigación posdoctoral en un centro o universidad extranjera, lo que casi es necesario en otros países (y actualmente ya en España) para conseguir un puesto en la universidad.
Esto se debió a la necesidad de profesorado en la multitud de nuevas facultades creadas en España en los años setenta y ochenta, y es un factor que afectó favorablemente tanto a hombres como a mujeres.
Todas las mujeres entrevistadas mostraban una media considerable de actividad investigadora en sus currículum en lo relativo a proyectos de investigación y publicaciones, al menos en comparación con sus colegas masculinos en una situación similar.
La mayoría de ellas pertenece a asociaciones científicas nacionales e internacionales de su campo de estudio, aunque sólo dos de ellas (las de mayor edad) son integrantes de comités científicos y consejos de redacción de revistas.
Lo que más resaltaban las entrevistadas a este respecto era la dificultad de realizar una actividad de investigación adecuada debido a la gran cantidad de clases que tienen que impartir más los enormes requisitos burocráticos que tienen que realizar para la obtención de proyectos.
En cuanto a si encuentran diferencias entre ellas y sus colegas varones, la mitad de los entrevistados reconocían haber sentido algún tipo de discriminación debido a su condición como mujeres en algún momento de sus carreras (sobre todo a la hora de competir por un puesto de titular o una cátedra) aunque no mientras eran estudiantes.
Algunas incluso refirieron algunos casos concretos de discriminación que otras colegas mujeres habían sufrido de modo muy claro.
Con respecto a las posiciones de gobierno dentro de la facultad o la universidad, sólo dos de ellas habían sido directoras de departamento (siendo ambas las primeras mujeres en serlo), y ninguna de ellas en el momento de realizar la investigación había pertenecido a órganos de gobierno superiores como miembros del equipo del decanato de la facultad o de la rectoría de la UPM 19.
Esto es un ejemplo concreto de una situación general en todas las universidades españolas con respecto a puestos de responsabilidad y decisión, como reconocen todas las entrevistadas.
El poder en el mundo académico (como en la empresa privada) reside en las redes informales de influencia que son las que deciden a quién proponer como miembros de comités y tribunales o consejos de redacción, como investigadores principales de proyectos o como ponentes invitados en conferencias y congresos.
Estas redes informales son mayoritariamente masculinas y las mujeres, quizá por tradición, no participan al mismo nivel en estas ellas lo que afecta negativamente a sus oportunidades futuras de promoción.
Esta situación se vuelve a menudo un círculo vicioso de invisibilidad y exclusión que es muy difícil de romper.
MOTIVACIONES PARA ESCOGER LA CARRERA ACADÉMICA
Ocho de las diez mujeres entrevistadas describieron su elección por la carrera académica en Informática como resultado de un interés personal por la tecnología y los ordenadores, y así encontraron la manera de desarrollar sus intereses a la vez personales y profesionales.
Otro factor que aparece en todas ellas es la autonomía que el trabajo académico permite, a la vez que proporciona un puesto estable y seguro con un sueldo regular.
Con respecto al sueldo y otras retribuciones económicas, la mayoría considera que el sueldo del profesorado universitario en España no es demasiado bueno comparado con otros países (aunque ésta es una situación común para hombres y mujeres).
Al preguntarles por las diferencias entre hombres y mujeres con respecto a las retribuciones económicas, todas ellas señalaron que en su ámbito no hay diferencias porque en la universidad pública los sueldos para cada nivel están fijados por normativa.
Sin embargo, la mayoría de ellas apuntó que creían que en el caso de la empresa privada las mujeres sí sufren este tipo de discriminación.
Sólo cuatro de las entrevistadas estaban casadas, y sólo tres de ellas tenían hijos (aunque ninguna más de dos).
Una de ellas describió como "muy difícil" la tarea de compatibilizar su vida familiar con las exigencias actuales de la carrera académica, y otras dos lo definieron como "difícil".
Tuvieran hijos o no, aquellas que viven con un compañero admitieron estar al cargo de más de la mitad de las tareas domésticas en sus casas, y dos de ellas dijeron que se encargan "de todo".
La única catedrática de entre las entrevistadas recalcó que ella esperó a tener un niño hasta haber conseguido la cátedra, y que probablemente no hubiera podido hacerlo de tener las responsabilidades familiares que tiene ahora, debido al tiempo y esfuerzo que requirió conseguir ese puesto.
Ocho de ellas valoran la actividad académica (entre otras cosas) por ser un trabajo que permite una buena compatibilidad de la vida familiar y laboral comparado con la empresa privada.
Aun así, todas admitían que esa compatibilidad requiere cierto sacrificio, lo que se traduce principalmente en la falta de tiempo libre para ellas mismas, sus aficiones y sus relaciones sociales.
La mitad de ellas (las más jóvenes) apuntaron que esta situación les ha obligado a posponer la maternidad y la creación de una familia.
De hecho la mayoría de ellas tiene más de 35 años y no tienen ningún niño, y las que los tienen lo tuvieron después de los 35.
Es importante señalar que las profesoras más jóvenes perciben la carrera académica como más difícil que lo que solía ser en décadas anteriores (tanto para los hombres como para las mujeres) debido a que la suma de requisitos docentes, administrativos y de investigación para promocionarse en la universidad ha aumentado considerablemente en los últimos años (por ejemplo ahora se requiere mucho más asistir a congresos internacionales y períodos de investigación en el extranjero).
Debido a esto, las mujeres más jóvenes sienten que hoy día es más difícil formar una familia antes de obtener un puesto como titular o una cátedra.
PERCEPCIÓN DE LA SITUACIÓN DE MUJERES EN LA ACADEMIA Y EN LA SOCIEDAD EN GENERAL
Al preguntarles su opinión con respecto a la situación de las mujeres dentro del área de Ingeniería Informática, ocho de ellas consideraron que las mujeres son bien aceptadas como profesoras y otras posiciones académicas, pero, curiosamente, seis de ellas mantienen al mismo tiempo que las mujeres deben hacer más de los hombres para obtener el mismo reconocimiento.
Alguna de ellas explicó esta situación apelando al hecho de que todavía existen algunos casos de discriminación, como vimos anteriormente.
En cuanto a la situación de las mujeres en la sociedad en general, la mayoría de las entrevistadas reconoce que todavía no existe una situación de igualdad, debido, según la mayoría de ellas, al sistema cultural y social tradicional de nuestra sociedad que ha mantenido a lo largo del tiempo la inferioridad de las mujeres en muchos campos, pero no porque existan diferencias innatas entre hombres y mujeres.
Hablando sobre posibles soluciones, ninguna de las entrevistadas sabe si en su facultad existen programas de promoción de la equidad o medidas de acción positiva, pero seis de las diez declararon estar a favor de este tipo de programas.
Durante los últimos diez años (y siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea) se han realizado diferentes esfuerzos desde las instituciones públicas españolas con la intención de mejorar la situación de mujeres en el sistema nacional de Ciencia y Tecnología.
No obstante algún progreso se ha hecho en la última década, y actualmente podemos encontrar varios análisis estadísticos muy buenos sobre la situación de las mujeres en la universidad española.
Los esfuerzos están dirigiéndose ahora hacia estudios cualitativos que analicen la importancia de valores sociales, estereotipos de género y creencias populares, que puedan explicar las causas de la situación para así poder formular propuestas realmente efectivas que trasladar a las instituciones.
Con respecto a esta investigación particular sobre mujeres en Ingeniería Informática, en el momento de realizar la búsqueda no encontramos estudios de este tipo en España.
No obstante en los años posteriores hemos ido encontrando algunos.
En la Universidad del País Vasco un grupo de profesoras de Informática preocupadas por el descenso del número de alumnas (mucho más acusado que en otras ingenierías) han comenzado a elaborar estudios cuantitativos sobre esta situación en la UPV, cuales presentaron en el VI Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género en 2006 20.
Asimismo, la Universidad Politécnica de Cataluña lleva varios años realizando programas dirigidos a la captación de estudiantes de bachillerato hacia las carreras técnicas ("Programa Dona") y elaborando seguimientos de la trayectoria de las graduadas en esa facultad una vez que acceden al mercado laboral 21.
No tenemos constancia hasta la fecha de la creación de programas de este tipo en la Universidad Politécnica de Madrid, a pesar de que, como hemos apuntado anteriormente, es la universidad técnica más grande del Estado.
Sin embargo, las iniciativas de la UPV y la UPC muestran una tendencia positiva en España hacia la intervención concreta en el problema que hemos presentado en este artículo, aunque la ausencia de estudios cualitativos sigue siendo patente.
En este sentido debemos aprender de la experiencia de otros países para promover las iniciativas que hayan resultado más exitosas.
Un buen ejemplo a seguir es el del grupo BSCWomen dentro de la British Computer Society, en el Reino Unido.
El éxito de este proyecto se debe en gran medida a que ha logrado involucrar a las propias mujeres de los diferentes campos profesionales relacionados con la informática, las cuales participan en el grupo BSCWomen actuando como mentoras de las jóvenes que entran en el campo.
El portal web (www. bcs.org/bcswomen/) contiene información sobre becas, formación, consejos para obtener trabajo, contactos con posibles mentoras, etc.
Sin embargo, nuestras conversaciones con las profesoras de la Facultad de Informática de la UPM revelan que el nivel de compromiso político con los problemas de las mujeres en la informática en España es muy bajo.
Ninguna de las entrevistadas formaba parte de ninguna asociación ni se sentía en la necesidad de unir sus esfuerzos o participar activamente en acciones concretas para cambiar la situación.
Por ello creemos que la divulgación de estadísticas sobre esta preocupante situación y el aumento de la sensibilidad social a este respecto (especialmente entre las mismas afectadas) es el primer paso que debemos dar para que se invierta la tendencia entre las jóvenes españolas, lo que hemos intentado hacer modestamente con esta pequeña investigación.
FACULTAD DE INFORMÁTICA (UPM)
FACULTAD DE INFORMÁTICA (UPM) Licenciados/as Facultad de Informática (UPM)
EN LA FACULTAD DE INFORMÁTICA DE LA UPM La |
La financiarización de la vida tiene lugar cuando esta se incorpora a los mecanismos de extracción de rentas a través de los circuitos de acumulación de capital (urbano), es decir, a través de un proceso de proletarización.
Este artículo muestra cómo, ante la imposibilidad de pagar, esta vida proletarizada en la relación hipotecaria se convierte en una vida fallida.
Desarrollo estos argumentos de forma teórica en relación a la economía política y desde la experiencia de personas afectadas por la hipoteca.
HIPOTECANDO VIVIENDAS, HIPOTECANDO VIDAS
Este artículo indaga en los procesos y en los impactos vividos en la producción de "vidas hipotecadas" (Colau y Alemany, 2012) planteando cómo la financiarización de la vivienda se relaciona con la experiencia vivida por personas hipotecadas que ya no pueden pagar su deuda hipotecaria.
Entre 1997 y 2007 España lideró la construcción de viviendas y el consumo de cemento en Europa, donde un millón de los 6,5 millones de viviendas construidas fueron ubicadas en Cataluña (Carpintero, Sastre y Lomas, 2015).
Las dinámicas financieras fueron cruciales para posibilitar esta expansión por todo el Estado, impulsada desde una coyuntura particular de desregulación de los ámbitos del alquiler, la financiación de la vivienda, las cajas de ahorro y el suelo, entre otros.
Con la adopción del euro y con el euribor en mínimos históricos, las cajas dieron préstamos a diestro y siniestro al sector inmobiliario y a las familias.
En el caso de las familias estos préstamos se otorgaron a pesar de que una proporción importante de la población tenía un trabajo precario y unos sueldos estancados, una realidad que se manifestaba desde décadas antes con el cambio del modelo del mercado laboral (Castel, 1997).
Durante el boom, el 30% de los contratos nuevos de empleo eran a corto plazo o temporales mientras que en 2007 un 40% de los asalariados rozaba el umbral del mileurismo y un 7% de los trabajadores percibían más del 25% de la masa salarial (López y Rodríguez, 2010).
Poder acceder a una vivienda en propiedad a través del endeudamiento escondía la realidad de la exclusión o invalidación social y de una sociedad dividida entre dominadores y subordinados (Castel, 1997; Tezanos, 2002), al parecer que la riqueza -medida por el patrimonio, es decir, la vivienda-incrementaba al ser propietario (Naredo, Carpintero y Marcos, 2008).
Pero cuando la burbuja estalló, la vivienda estaba en la raíz de una crisis profunda para una parte importante de la población -reflejada en una tasa de desempleo que llegó a superar el 25% y en su extremo en 578.546 ejecuciones hipotecarias y 378.693 órdenes de desahucio entre 2008 y 2014 por todo el Estado (véase el informe Efecto de la crisis en los órganos judiciales)y unos beneficios generosos para la élite económica y política.
En la actualidad este ciclo puede volver a empezar a través de nuevos instrumentos financieros para atraer el capital financiero al mercado de la vivienda, especialmente de la de alquiler.
La vivienda de alquiler -junto con la ocupación-es, de hecho, la principal opción para acceder a una vivienda digna hoy en día, dada la intensificación del empobrecimiento de la población y de los trabajadores pobres (Aragón, Cruces, de la Fuente, Martínez y Otaegui, 2012).
En este contexto el presente artículo desarrolla una visión crítica de la producción del entorno construido, de las finanzas, de las hipotecas y de la vida de las personas hipotecadas desde una perspectiva marxista heterodoxa.
Se conectan las dinámicas capitalistas relacionadas con la vivienda en su forma más amplia con un trabajo de investigación etnográfica comprometida (Casas-Cortés, Osterweil y Powell, 2013; Scheper-Hughes, 1995) que se centra en tratar de entender la vida diaria de las personas afectadas por la hipoteca.
Al preguntar cómo la financiarización de la vivienda durante el boom inmobiliario se relaciona con la experiencia vivida por personas hipotecadas que ya no pueden pagar su deuda, el artículo trata de manifestar cómo el proceso de hipotecar la vivienda puede ser equivalente a hipotecar la vida misma.
Es decir, analiza la vivienda como una forma secundaria de explotación (Harvey, 1982, p.
Se exploran estos temas desde interpretaciones de economía política y de economía cultural de la financiarización para conceptualizar cómo la subjetividad, la vida y el cuerpo están imbricados en la vivienda.
Este enfoque es relevante ya que, por un lado, en la bibliografía sobre la financiarización de la vivienda falta un análisis en profundidad sobre el rol de la vida y el cuerpo, mientras que, por otro lado, la literatura científica sobre la financiarización de la vida diaria no abarca la economía política de la vivienda.
Integrar ambas perspectivas es crítico porque, además de ser una necesidad básica, la vivienda es fundamental para la reproducción social y las relaciones sociales del capital (Aalbers y Christophers, 2014).
En el presente trabajo se entiende la financiarización de la vivienda como un proceso donde el mercado de financiación hipotecaria llega a ser tan o más importante que la producción de la vivienda misma (Aalbers, 2008), incrementando el alcance y el predominio del capital ficticio en la acumulación de capital (Fine, 2013).
En este contexto propongo que la financiarización de la vida se puede conceptualizar como el cultivo de subjetividades financieras, donde la necesidad de "mejorarse a uno mismo", fomentada por el neoliberalismo como una forma de autodisciplina, está enraizada en la realidad del endeudamiento, donde la vida y el cuerpo están proletarizadas a través de la relación hipotecaria, se puede caracterizar como un tipo de biopolítica de la financiarización (García-Lamarca y Kaika, 2016).
Es decir, el proceso de construir a los sujetos inversores está enlazado con las vidas y los cuerpos, convirtiéndolos en objetos de la acumu-a514 lación de capital urbano y de los flujos globales de capital para mantener y hacer crecer el sistema actual.
El argumento central del texto es que la vida no es solamente proletarizada a través de la relación capitaltrabajo en la esfera de la producción sino también en la relación hipotecaria en la esfera de la circulación, una relación similar a la renta porque no se basa en la producción de valor sino en una relación de redistribución hacia arriba.
La creación del proletario se entiende aquí como un proceso dinámico que no solo ocurre con la acumulación primitiva y en las fábricas.
La proletarización es "un proceso a través del cual el capitalismo produce, gasta y se deshace de los trabajadores que necesita" (Dean, 2012, p.
75), donde en relación con la vivienda y la vida actúa la fracción de la clase capitalista que controla el capital financiero.
Es otro ejemplo de cómo el capitalismo no solamente requiere "la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción", sino también "un ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos" (Foucault, 1976(Foucault, /1998, p.
Son dinámicas que demuestran cómo los procesos contemporáneos de financiarización se entrelazan con la política de la vida y producen relaciones de capital-vida-sujeto distintivas, lo que French y Kneale (2012) llaman biofinanciarización.
Estas vías financiarizadas buscan superar la inevitable crisis, pero suelen crear otra aún más profunda.
Para contextualizar la exploración teórica sobre la financiarización de la vida, se usa una base extensiva de material empírico recogido durante once meses de investigación etnográfica comprometida (Casas-Cortés et al., 2013; Scheper-Hughes, 1995) con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en Barcelona y Sabadell, en 2013 y en 2014.
Como enfoque metodológico se utiliza una estrategia de estudio de caso, un marco que triangula varios métodos de investigación para poder llegar a una comprensión profunda de fenómenos particulares, reflejando así la complejidad y aportando una explicación detallada de relaciones, procesos o eventos (Denscombe, 2007; Snow y Trom, 2002).
El caso de la región metropolitana de Barcelona (Barcelona y Sabadell) fue seleccionado debido a la cantidad de vivienda producida durante el boom, al auge en el precio de la vivienda y por ser una de las regiones con más ejecuciones hipotecarias y desahucios en el Estado español desde la crisis (Carpintero et al., 2015; véase el informe Efecto de la crisis en los órganos judiciales).
Se utilizaron varias estrategias de recolección de datos dentro de un marco cualitativo, como la observación participativa en más de 80 asambleas de asesoramiento colectivo y de coordinación de la PAH, 35 entrevistas semi-estructuradas y un análisis extensivo de fuentes secundarias.
Este material empírico da una representación subjetiva de un fenómeno a menudo analizado obviando la experiencia propia de los sujetos y hace posible entender lo que han vivido.
Las entrevistas se realizaron a un abanico diverso de personas afectadas por la hipoteca, que permanecen anónimas, y también a funcionarios o ex funcionarios del gobierno de Cataluña en temas de vivienda y a empleados bancarios (los datos se recogen en la tabla 1).
Las entrevistas y notas de campo fueron codificadas usando el programa de análisis de datos cualitativos Atlas TI, que permitió elaborar códigos descriptivos y analíticos de forma iterativa a partir de las temáticas que aparecieron tanto empíricamente como desde el marco teórico.
Para identificar los patrones que emergían de los datos se usó una combinación de análisis narrativo y de análisis de aproximación consecutiva que permitió un análisis temático de las narrativas de los informantes afectados por la hipoteca, derivado de los conceptos que conducían mi investigación, a la vez que de forma inductiva hice agrupaciones conceptuales desde los mismos datos (Neumann, 2007; Reissman, 2005).
El tercer apartado de este artículo usa este material empírico para demostrar cómo se manifestó la financiarización de la vida según las experiencias de los informantes.
LA FINANCIARIZACIÓN: LA VIVIENDA, LA VIDA Y EL CUERPO
Financiarización es un término que se ha popularizado en los últimos años, aunque su uso suele ser heterogéneo y su definición a menudo se da por sentada.
Hay distintas escuelas que caracterizan los diferentes usos del concepto, que no se definen tan nítidamente pero que marcan importantes diferencias (Christophers, 2015).
Este artículo parte de la perspectiva de la economía política, que re-teoriza el rol de la financiarización en el capitalismo contemporáneo (Bryan, Martin y Rafferty, 2009; Fine, 2010; Fine, 2013; Lapavitsas, 2009) y desde la que se ha explicado la financiarización de la vivienda en España (López y Rodríguez 2010; véase también el informe Auge y crisis de la vivienda en España) y más allá (Aalbers, 2008; Dymski, 2009).
Así se desarrolla una lectura de la financiarización de la vida diaria en relación con la vivienda, combinando la perspectiva estructural y la perspectiva de economía cultural para explorar cómo el mundo financiero se incrusta en las subjetividades e identidades de las personas (Aitken, 2007; Hall, 2011; Martin, 2002). ---Fuente: Elaboración propia.
Datos de los informantes y situación de la deuda hipotecaria a514
La certeza del sector financiero sobre la generación presente y futura de fuerza de trabajo juega un rol fundamental en la financiarización de la vivienda.
Inscribir una cantidad creciente de la población -las personas, sus vidas y sus cuerpos-en las hipotecas es un elemento fundamental para conectar la economía política de la vivienda de un país con los flujos financieros globales, que alimentan la producción del entorno construido.
A su vez, la necesidad de las familias de gestionar el riesgo y los mercados financieros en su día a día se puede entender como una forma de "keynesianismo privatizado" (Crouch, 2009), donde la estimulación estatal de la economía se reemplaza por la deuda privada de las familias.
Estos procesos están íntimamente relacionados con la implementación de las políticas de austeridad, con la retirada del estado de bienestar, con el auge de las relaciones sociales basadas en la deuda, todo ello conectado con procesos de neoliberalización de una forma más amplia.
Esta realidad tiene efectos particulares en la formación del sujeto, en la vida y en el cuerpo.
La necesidad de entender cómo la creación de sujetos se entrelaza con la financiarización ha estimulado una creciente bibliografía que estudia la aparición del sujeto inversor (Aitken, 2007; Langley, 2006; Langley, 2007; Martin, 2002) o del sujeto financiero (Allon y Redden, 2012; Kear, 2013).
Partiendo de una lectura foucaultiana, estos trabajos analizan cómo las subjetividades están enmarañadas en dinámicas más amplias de financiarización y gubernamentalidad neoliberal que, cada vez más, forman parte de la vida diaria.
Es decir, estamos siendo íntimamente enredados en una gama de productos financieros para satisfacer nuestras necesidades básicas -las pensiones, la salud y la vivienda-y para asegurar nuestro propio futuro financiero.
De esta forma la inversión se convierte en una manera importante de "mejorarse a uno mismo" en la sociedad neoliberal, lo que se llama el "empresario de sí mismo" (Foucault, 2008, p.
226), donde los compromisos estatales declinan y la responsabilidad futura y el riesgo se colocan en el individuo y en el mercado.
La racionalidad neoliberal, de esta forma, busca fusionar la individualidad responsable y moral con el ser humano como un actor económico racional (Lemke, 2001).
La lógica impuesta es entonces que los propietarios de vivienda apuesten por este sistema como forma de salir adelante, convirtiéndose en inversores para que consideren su propiedad como un activo que crecerá y les reportará ganancias (Langley, 2006; Langley, 2007).
¿Qué puede significar el sujeto inversor o financiero para la vida de las personas hipotecadas en el contexto de la vivienda financiarizada?
Más allá de trabajar para pagar la hipoteca, Lapavitsas (2009) argumenta que, cuando los trabajadores se enredan más a fondo en las finanzas mediante hipotecas u otros productos de crédito o seguros, tiene lugar un proceso de expropiación financiera definido como la extracción de las ganancias de los ingresos personales en la esfera de la circulación (ver también Dymski, 2009; dos Santos, 2009).
A su vez, Fine (2010) ha criticado este concepto y su uso, argumentando que no se puede interpretar la expropiación financiera como una característica sistémica y ubicua del capitalismo contemporáneo sino más bien que la reproducción social y económica de la fuerza laboral se está atrincherando profundamente en el sistema financiero.
Se puede iluminar este debate sobre la expropiación financiera a través de la forma de entender la relación acreedor-deudor de Lazzarato ( 2012), la cual crea una economía de tiempo y subjetivación específica.
Por un lado, el control sobre el futuro, la clave para el neoliberalismo y las finanzas, se ejerce mediante la construcción de un sujeto que puede comprometerse a cumplir con su deuda.
Por otro lado, el poder que tiene la deuda sobre la subjetividad, que se ve claramente en la culpa y en la responsabilidad, permite cerrar el intervalo entre el presente y el futuro, a través de la creación de "la persona endeudada".
En otras palabras, la deuda trae una nueva relación con la temporalidad, donde las esperanzas y ansiedades convierten el riesgo en la condición normal de la vida cotidiana (Balibar, 2013).
Esta interpretación de la deuda permite reconocer las implicaciones de las relaciones a través de esta y resalta la precariedad económica y existencial que instaura la economía de la deuda; como dice Lazzarato, es "simplemente un nuevo nombre para una vieja realidad, la proletarización" (Lazzarato 2012, p.
Muchos países occidentales, después de la Segunda Guerra Mundial, trataron de "desproletarizar" a la población a través del estado de bienestar, de las ayudas al propietario o de otras herramientas para asegurar que el proletariado no se organizara en una fuerza política.
Mientras en el neoliberalismo contemporáneo el discurso de la "desproletarización" toma forma en conceptos como 'propietario' (todo el mundo puede ser un propietario de vivienda) o 'emprendedor', la realidad es el estancamiento o descenso de los sueldos para la mayoría de las personas con ingresos bajos o medios, sumado a la reducción del gasto estatal.
Entonces, aunque las subjetividades puedan formarse para crear "el empresario de sí mismo" y la responsabilidad individual para la vida y el bienestar, la realidad es que hipotecas y otras formas de endeudamiento manifiestan un incremento de la precariedad y los procesos de proletarización en la esfera de circulación y capital financiero.
El cuerpo es también un elemento central de la vida y de la subjetividad y de los procesos de proletarización.
Como observa Foucault, el cuerpo está involucrado en el campo político y está atado a su uso económico, donde "el cuerpo solo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido" (1975/2002, pp. 32-33).
El pago de la deuda se puede conceptualizar como otra manera de someter y disciplinar el cuerpo, constituyendo otra vía para la redistribución de renta.
De este modo el sometimiento del cuerpo y la vida a la acumulación de capital tiene lugar por el proceso de trabajo en la esfera de producción (la reproducción expandida) y también por la relación de deuda (hipotecaria) en la esfera de circulación como una forma de extracción de renta.
Están íntimamente conectadas: la forma por la que la deuda hipotecaria somete el cuerpo está imbricada con un cuerpo "productivo" que parece resultar en cantidades crecientes de "riqueza" familiar.
En momentos de booms inmobiliarios, esta riqueza se basa cada vez más en el valor ficticio.
Mientras sube el precio de la vivienda y continúa el crecimiento económico -y las familias hipotecadas pueden pagar-parece tratarse de una situación en la que todos ganan.
Pero, como demuestra la historia, ninguno de los dos sigue en auge para siempre.
A continuación se expondrá cómo estas dinámicas se han desarrollado en el contexto catalán y en las vidas de las personas que no pueden hacer frente al pago de la hipoteca.
LA FINANCIARIZACIÓN DE LA VIVIENDA Y DE LA VIDA EN CATALUÑA
Históricamente el sector inmobiliario ha estado en el centro de los procesos de acumulación de capital en España (Charnock, Purcell y Ribera-Fumaz, 2014).
Se potenció particularmente bajo la dictadura franquista cuando, terminada la guerra civil, existía una severa falta de vivienda y la mitad de la población vivía de alquiler.
La dictadura juzgaba que estas condiciones generaban una "masa de españoles de segunda categoría" (Maestrojuan, 1997, p.
Una forma ideal de sofocar ese "peligro social" y de establecer el orden era a través de la creación de una nación de propietarios por medio de mecanismos directos e indirectos (Betrán Abadía, 2002; Leal Maldonado, 2005; Naredo, 2010, marzo).
El régimen franquista tuvo entonces éxito en profesionalizar la actividad promotora y constructora, algo fundamental para asegurar la gestión del capital inmobiliario y para convertir la vivienda en una mercancía (Llordén Miñambres, 2003).
Ese fue un aspecto clave para atraer el capital privado y lanzar la construcción residencial como un motor económico en los años 60, estableciendo el circuito secundario y desencadenando una construcción de vivienda sin precedentes.
El otro éxito del régimen fue instigar un cambio profundo hacia una sociedad de propietarios mediante mecanismos materiales y discursivos para incentivar la producción de vivienda y la vivienda en propiedad.
El esfuerzo para llenar el país de propietarios y espolear al sector inmobiliario continuó después de la muerte de Franco pero con otra lógica y marco institucional.
De la dictadura paternalista y represiva se abrió paso al reino del mercado.
La liberalización progresiva de la regulación de la banca, del alquiler y del suelo, dentro del contexto de la reconfiguración estructural necesaria para la integración en la Unión Europea a finales de los años 80, está bien documentada (García, 2010; López y Rodríguez, 2010; López y Rodríguez, 2011; Puig Gómez, 2011).
Fue en este periodo cuando el Estado, a través de gobiernos conservadores y socialistas, estableció la infraestructura financiera para titulizar las hipotecas (empaquetar y vender hipotecas en un mercado secundario como un producto financiero) y otros tipos de deuda, como las cédulas hipotecarias (ley del Mercado Hipotecario, 1981), los bonos de titulización hipotecaria (ley 19/1992) y los fondos de titulización de activos (ley 44/2002).
La creación de estos marcos legales, la integración en la Unión Europea -donde las tasas de interés bajaron a mínimos históricos-y la adopción del euro en 1999 atrajeron el capital ficticio necesario para financiar la producción y el consumo de vivienda y ambos se juntaron para desatar un auténtico "tsunami urbanizador" (Fernández Durán, 2008).
Todo lo que tenía que ver con el sector de la construcción y su financiación, tanto para la producción como para el consumo de vivienda e infraestructuras, llegó a ser uno de los negocios e inversiones más rentables en España.
INEbase / Economía / Estadísticas financieras y monetarias / Estadística de Hipotecas; Murray Mas, 2015).
La titulización tuvo un rol fundamental en esta expansión porque permitió al sector financiero ir más allá de los depósitos bancarios y de los ahorros.
El capital ficticio que se escapaba de la explosión de la burbuja tecnológica en 2000 y el capital alemán alimentaban la expansión de la financiación inmobiliaria (Charnock et al., 2014; Fernández Durán, 2008).
Más de un tercio de la deuda hipotecaria española fue titulizada en 2007 y el mercado español de cédulas hipotecarias llegó a ocupar el tercer lugar en el mundo, después de Estados Unidos y del Reino Unido (Naredo et al., 2008).
La titulización fue uno de los mecanismos clave para impulsar la financiarización de la vivienda en España, donde el mercado de financiación hipotecaria llegó a ser igual o más importante que la producción real de vivienda, incrementando el alcance y el predominio del capital ficticio dentro de la acumulación de capital (Aalbers, 2008; Fine, 2013).
Las "vidas hipotecadas" (Colau y Alemany, 2012) fueron esenciales para incrementar la cantidad de préstamos hipotecarios, e indispensables para asegurar el éxito de la titulización.
A pesar de que el sueldo real promedio estaba en declive durante el boom, las entidades financieras concedieron 9,4 millones de hipotecas entre 1997 y 2007 mientras el precio de la vivienda se disparó hasta un 200%.
Como decía una de las informantes:
"Todo el sistema financiero se arroja sobre las familias para que pidan crédito", tal y como subrayó un ex secretario de vivienda de Cataluña en una entrevista" (Raquel).
Josep explicó que en "la fachada de la Catedral de Barcelona, que se estaba rehabilitando, había unos anuncios promoviendo que los inmigrantes pudieran tener hipotecas con mejores condiciones".
El Estado, las promotoras, el banco y las inmobiliarias se beneficiaban con el boom: "...se promocionaba a todos los niveles, claro que sí, ¡hipotéquense!"
(Vicky) (véase también García Montalvo, 2008).
El supuesto aumento de la riqueza familiar al firmar una hipoteca en realidad correspondía a una subida real de deuda que se podía profundizar rápidamente, en un abrir y cerrar de ojos, con tasas de interés en ascenso o con el fin de un contrato laboral precario.
A pesar de esta situación de endeudamiento severo, todos los informantes afectados por la hipoteca se encontraron en un momento donde la elección más lógica fue comprar una vivienda en propiedad.
Las hipotecas estaban disponibles sin reparos y estimuladas en diferentes aspectos, el alquiler subía de precio y era más inestable y la vivienda de protección oficial -en una cantidad insignificante y encima solo de propiedad-no era una opción real para acceder a una vivienda.
Más de dos tercios de los informantes recibieron financiación al 100%, y cinco sacaron un préstamo hipotecario por el 110-130% del precio de mercado de la vivienda, donde el precio medio era de 221.500 €.
Los informantes explicaron que compraron para ahorrar dinero o dar estabilidad a su familia -para no tener que vivir en habitaciones subalquiladas, para atender bien a sus hijos o para lograr la reagrupación familiar-.
Además, la mayoría de los informantes indican cómo también las inmobiliarias aconsejaron comprar en vez de alquilar, "porque si tú alquilas el piso es como estar tirando el dinero en un saco roto" (María).
Más de la mitad de los informantes hicieron notar lo "normal" que parecía convertirse en un propietario de vivienda y cómo confiaban en los consejos de los "profesionales" del sector inmobiliario y financiero.
Como explicó uno: "Pues convencido... totalmente convencido de todo lo que me decían porque uno veía a la gente que era aparentemente honesta y un banco, ¡uf!, con un hombre que deja entrar a sus oficinas, firmar documentos, y de todo... pues lo veía como normal, y como la mayoría de gente estaba haciendo lo mismo -«oye, yo ya me compré uno», «yo también ya me compré uno»-entonces era normal, como entrar a comprar pan" (Carlos).
En esa situación la realidad material de la elección más estable y segura era hipotecarse, una elección que aparentemente tenía un fuerte sentido económico.
Según las inmobiliarias y las cajas explicaban a muchos de los informantes, la vivienda era una inversión segura porque, si llegaba un momento en el que no la podían pagar, siempre estaban a tiempo de venderla por más dinero, o al menos por el mismo precio de compra.
Nunca menos: "la vivienda nunca pierde valor".
También los directores y empleados de oficina en todas las entidades financieras vivían una fuerte presión para conceder hipotecas.
Así lo comunicó uno de ellos:
"No salían objetivos que tenías que hacer muchos créditos, pero sí salían objetivos que tenías que tener a514 un margen de beneficios, y la forma más rápida de obtener margen de beneficios era este, entonces te casabas con cualquiera" (Jesús).
Para explicar esta facilidad con que se otorgaban las hipotecas, otro informante del sector financiero lo expresó como: "las entidades se emborracharon".
Y explicó cómo hubo "una política estricta del «pan para hoy, hambre para mañana»" en que se fijaban objetivos a futuro asumiendo que el precio de la vivienda siempre se mantendrá al alza (Javier).
Dejar de pagar: cuando la proletarización se hace visible
Mientras se podía pagar la cuota hipotecaria, no hubo mucho reparo en la situación actual.
Pero las repercusiones de estar enredado en la relación hipotecaria se manifestaron cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 2008.
El desempleo creció rápidamente, hasta situarse en el 26% en 2013, y casi el doble para la población extranjera de países no pertenecientes a la Unión Europea.
Cuando las condiciones que facilitaron el "círculo virtuoso" de precios de vivienda en alza y la creación de capital ficticio se detuvieron, el supuesto "efecto riqueza" de ser un propietario de vivienda pasó rápidamente al "efecto pobreza" (Murray Mas, 2015, p.
Entre 2010 y 2013 mientras el estado se embarcaba en un profundo rescate y reestructuración del sistema financiero pagado con dinero público, casi todos los informantes se quedaron sin trabajo o con un sueldo bastante reducido, y empezaron a tener problemas para pagar la hipoteca.
Aquí es cuando la proletarización en la esfera de la circulación de capital empieza a ser visible.
Pero cuando el periodo de la refinanciación o carencia se terminó, la cuota hipotecaria mensual subió en varios casos hasta 1.350 €, 1.400 € o 1.643 €, y la deuda total acumulada hasta decenas de miles de euros.
La historia de un informante ecuatoriano (Luis) refleja esta experiencia:
"Me hice una reestructuración de la hipoteca, pensando en que esta crisis iba a ser de dos o tres años.
Iba así, jugando con el banco.
Pero nunca me imaginé que el banco iba a estar jugando conmigo".
Iba de un trabajo de seis meses a otro y, al quedar en paro, se acercó al banco.
El director de oficina sugirió que pagase 190 € al mes durante cinco años, mientras que la deuda pendiente -ahora de 300.000 €, de un préstamo hipotecario pagado durante 5 o 6 años, con una vivienda tasada por 90.000 € en 2013-sería congelada.
"¿Y después de estos cinco años?" -preguntó el informante al director-.
"Pues mire, puede ser que usted se saque la lotería, puede ser que las políticas cambien, puede ser que pronto la caja decida regalarle la vivienda...".
Cuando el informante se negó a firmar y pidió la dación en pago, el banco le dijo que "había demasiado dinero en juego y que no lo pensaba perder".
De manera similar, la mayoría de los informantes trataron de negociar una solución con su banco cuando les resultó imposible pagar la hipoteca.
Las respuestas más comunes por parte del banco, repetidas en decenas de asambleas de asesoramiento colectivo de la PAH, fueron que "pagaran lo que pudieran" o presionarles -y en algunos casos amenazarles-para pagar en persona, por teléfono o por correo.
Un informante explica que recibía llamadas del banco diciéndole:
"«Paga, que paga y que paga», que llaman a tu padre, que llaman a tu madre, que llaman a todo el mundo, que es lo que hacen, lo que hace la mayoría, porque realmente la mayoría lo que hace es acoso telefónico" (David).
Esta presión o amenaza tenía por objetivo inculcar la culpabilidad o el miedo para que la gente pagase como fuera.
Se demuestra esta realidad en el relato de otro informante:
"Cuando dejé de pagar, fui a informar el banco, el banco uf: «no, que lo que deberías hacer es pagar, tú tienes que pagar porque es tu derecho, porque no haberte metido en una cosa, no deberías de haberte metido, entonces que te vamos a quitar el piso, y encima te vamos a quitar el piso y tú vas a tener que pagar más, y...».
«Oye, que no, que vengo a buscar soluciones, yo problemas ya los tengo, quiero soluciones».
«Pues ahora, tú pagar y pagar y pagar» (Pepe).
Al dejar de pagar, el piso del informante fue ejecutado y subastado.
Como en el caso de otros informantes, este se fue del piso antes del desahucio a casa de un familiar, debido al miedo y a la incertidumbre.
El banco le dijo que no había manera de recuperar el piso y que debía 100.000 €.
La "solución" era "un crédito personal, pero ya con avales, porque no te vamos a dejar salir de aquí así como así.
Sería un crédito con un 11% de interés, que puede ser un 12%."
El banco le daba doce años para pagar el préstamo.
El informante exclamó que tal "solución" era "1.400 € cada mes, cuando yo dejé de pagar el piso por 1.200 €" (Pepe).
Cuando rechazó rotundamente la oferta, el banco le dijo que o pagaba, o le iban a embargar la nómina de por vida.
Además media docena de informantes comentaron que el banco les dijo que su deuda hipotecaria estaba titulizada o vendida y que no se podía hacer nada.
Mientras que en principio la deuda titulizada podía ser reemplazada en un paquete de activos por otro préstamo que estuviera al corriente de pago (Javier), en las historias de los informantes y en las asambleas de asesoramiento colectivo de la PAH se hace evidente que los bancos usaron el hecho de que la deuda estaba titulizada para negar la dación en pago o un alquiler social.
Por otro lado, varios bancos empezaron a vender la deuda hipotecaria cuando calcularon que el esfuerzo para recuperar dicha deuda costaría más de lo que debía el deudor.
Ya que la deuda no es rentable para la banca, esta la vende a inversores que la compran por un 20% de su coste original (Javier).
A partir de 2012 la Unión Europea empezó a presionar al gobierno y a la banca a vender dicha deuda, con la finalidad de bajar la exposición de los bancos al sector inmobiliario.
Así aparecieron en el mercado decenas de millones de euros de deuda hipotecaria "subestándar" (ver Banco de España, Financial Stability Report, p.
27), atrayendo los denominados fondos buitres, que compran la deuda por una fracción de su valor original.
Porquería, escoria": la vida devaluada al estatus de un bono basura En relación con las vidas y los cuerpos como objetos para avivar el proceso de acumulación de capital, la proletarización también se manifiesta cuando los bancos o los fondos de inversión tratan de recuperar las vías "dudosas" o "fallidas" de extracción de rentas.
Esta experiencia fue subrayada por más de la mitad de los informantes y en un sinfín de asambleas de asesoramiento colectivo de la PAH en que se indicó cómo el banco trata a las personas como si fueran un número.
Las siguientes frases ejemplifican el proceso de ser proletarizado por la deuda hipotecaria, de ser reducido a un número en el sistema para promover o reiniciar la especulación financiera:
"El banco es una máquina de hacer dinero -dijo una afectada por la hipoteca en una asamblea de asesoramiento colectivo-, somos números" (notas de campo 29.11.2013).
O, como comentó en otra asamblea una pareja joven que no ha podido pagar y cuyos padres avalaron su préstamo hipotecario refinanciado por 220.000 €: "Eres un número, un producto, les da totalmente igual" (notas de campo 27.8.2014).
Martin subrayó que cuando se titulariza el préstamo hipotecario de la gente, su vida se convierte en un número vendido a entidades financieras con fines especulativos.
Cuando una familia no puede pagar, la entidad "gestiona una cartera de porquería.
En otras palabras, la vida es devaluada al estatus de un bono basura.
Considerar las condiciones y la realidad que hay detrás de estas deudas hipotecarias "subestándar" o "fallidas" ayuda a conceptualizar cómo son las propias personas vistas como "subestándares" o "fallidas".
En otras palabras, un préstamo hipotecario fallido está en manos de una persona fallida, representada como alguien que no ha podido "ajustarse el cinturón", como dijo en 2013 la secretaria general del Partido Popular (Izquierdo y del Riego, 2013, 17 de abril).
La percepción o la sensación de ser una persona "fallida" se manifiesta en la culpabilidad, el miedo y la vergüenza, en los impactos graves en la salud mental y física, en los problemas con la familia, a514 en los pensamientos de suicidio.
Todos los informantes hablaron de estar sofocados por una o más de estas sensaciones cuando no se podían enfrentar al pago de la cuota hipotecaria, sensaciones también articuladas y compartidas en decenas de asambleas de la PAH.
Por ejemplo, una informante marroquí vivió "un infierno" con el banco al dejar de pagar.
Contó cómo a pesar de haber vivido en España durante 31 años le decían "mora", que le iban a echar del país, que iban a quitarle a sus hijos.
"A raíz de esto" -explicó-"me han dado los nervios y estuve ingresada diez días... la hipoteca ha hecho mi salud como una bola que... me está explotando poco a poco, de momento me está durmiendo los pies, me está durmiendo las manos y es una angustia que no puedes imaginar" (Salima).
Estos impactos graves en la salud y en el bienestar de las personas, también vistos en Inglaterra por estudios sobre la ejecución hipotecaria (Nettleton y Burrows, 2000), demuestran el poder de la deuda sobre la subjetividad y cómo subjetividad y cuerpo asimilan la expectativa neoliberal de ser "empresarios de nosotros mismos" y de poder (y deber) solucionar los problemas financieros y los impactos que conlleva esta presión individualmente.
Propongo que son las experiencias vividas y las repercusiones corporales de la gente que ha sido proletarizada por el sistema financiero como una forma de extracción de renta financiera.
En otras palabras, el miedo, la culpabilidad, la vergüenza y las manifestaciones graves en la salud mental y física son algunos de los impactos en el cuerpo cuando la vida no funciona como una estrategia de acumulación (Harvey, 1998) o, mejor dicho, de extracción de rentas.
Finalmente mientras el proceso de proletarización avanza, es decir, mientras las personas hipotecadas son "gastadas" (Dean, 2012) como objetos o números de especulación financiera, el sistema financiero no "se deshace" de muchas de ellas porque, como estipula la ley española, deben el dinero de por vida.
Los avales de los préstamos hipotecarios también fueron objetos que tenían que ser proletarizados si los principales firmantes de la hipoteca "fallaban".
Así explicaba de manera reveladora este hecho una informante ecuatoriana: "Cuando yo he pedido la condonación, me han dicho que no me la van a dar porque, aunque yo fuera insolvente y no tenga nada, la deuda era durante toda la vida, y que había seis personas para cobrar porque había cuatro avales y los dos propietarios... entonces éramos seis" (Teresa).
De esta forma, los bienes presentes y futuros de los prestatarios y también de los avales podrán seguir siendo "gastados", garantizando la continuidad del sistema financiarizado de la vivienda y la vida.
Este artículo conecta las dinámicas capitalistas agregadas relacionadas con la vivienda con las experiencias vividas por las personas afectadas por la hipoteca a través de una investigación etnográfica que estudia el caso de la región metropolitana de Barcelona, elaborando el concepto la financiarización de la vida en el contexto de la vivienda financiarizada.
El artículo muestra cómo no se puede hablar de la financiarización de la vivienda sin contemplar la financiarización de la vida misma, particularmente cuando en tiempos inevitables de crisis se hace visible y se siente la realidad de tener la "vida hipotecada" (Colau y Alemany, 2012).
Las experiencias de personas que no pueden pagar la hipoteca muestran la forma en que se fomentó el sujeto propietario desde el gobierno y la banca, en que hipotecarse se convirtió en la opción más estable y segura para acceder a la vivienda, aunque la "riqueza" asociada a dicha propiedad escondía una realidad de endeudamiento profundo.
Las refinanciaciones y carencias que elevaban la deuda hipotecaria mientras el precio de la vivienda se desplomaba o la venta de la deuda ejemplifican cómo el sistema financiero se mantiene en base a la proletarización, mientras que el sujeto endeudado -impactado de manera grave en su salud y bienestar-se convierte en una persona "fallida".
Esta calidad de "persona fallida" se extiende a otras personas (avales) y se dilata en el tiempo, ya que la deuda es para toda la vida.
Esta investigación muestra que la vida es proletarizada y los cuerpos sometidos no solamente por el proceso laboral (la reproducción expandida) sino también a través de la circulación de capital en la relación de deuda (hipotecaria).
Como "la vivienda misma pasa de ser un contenedor para el consumo a una escena más de acumulación" (Bryan et al., 2009, p.
471), la vida humana y el cuerpo pueden ser concebidos no solo como contenedores para el consumo, sino también como objetos en el proceso de acumulación a514 de capital.
Se trata de una relación de redistribución hacia arriba y no en la producción de valor.
Así mismo, la investigación muestra cómo la subjetividad de la persona endeudada es clave, ya que los mandatos en relación al deber de pagar y los sentimientos de culpabilidad, miedo y vergüenza ayudan a mantener el sometimiento a las relaciones financieras.
Este tipo de análisis crítico de la deuda hipotecaria tiene una gran importancia política.
La vivienda y el acceso a la misma no es vista de manera inocua sino que se visibiliza su manera de funcionar como una forma secundaria de explotación (Harvey, 1982) que somete la vida de los firmantes y de los avalistas como garantía de la circulación de capital.
La titulización, en concreto, entrelaza la vida de las personas con flujos globales de capital, creando otra escala de redistribución de renta basada en la mercantilización del riesgo.
Es decir, el banco apuesta por el pago de la deuda hipotecaria en su totalidad durante décadas y los inversores financieros apuestan en el mercado secundario de deuda que estas personas pagarán.
En el mercado secundario de deuda este riesgo se convierte en una mercancía para la especulación.
La vida es reducida a un número y cuando las personas no pueden pagar la hipoteca debido a un estallido del sistema por la especulación financiera extensa sobre la vivienda, sus hipotecas se califican como "subestándares" o "fallidas" y ellas mismas son "porquería, escoria".
Esta lectura política también es fundamental porque, a pesar de haber sido las élites financieras y po-líticas quienes han potenciado y profundizado este ciclo de especulación financiera con la vivienda, los beneficios de esas mismas élites han sido asegurados por el estado con el rescate y reestructuración del sistema financiero, mientras que la mayoría de la población se ve forzada a seguir pagando su hipoteca.
Cientos de miles de vidas siguen sometidas a las hipotecas y muchas han sido desahuciadas con una deuda de por vida.
Aquí es donde emerge el poder de la PAH, que rompe esta subjetividad de la persona endeudada, creando otros conocimientos y formas de ser y hacer, y pone de relieve la importancia de asegurar el derecho a la vivienda, a través de alquileres asequibles, co-housing u otras formas de tenencia que no requieren un endeudamiento profundo para cubrir una necesidad básica, que es la vivienda.
Quiero dar las gracias a Diego Andreucci, Santi Gorostiza, Marien González Hidalgo, Irene Sabaté Muriel y Bálint Ábel Bereményi cuyos comentarios y mirada crítica me ayudaron a mejorar este artículo, y a todas las personas afectadas por la hipoteca que compartieron sus historias conmigo.
Gracias también a todas las comPAHs por una lucha que nos inspirará siempre.
Agradezco el apoyo del Economic and Social Research Council [ES/J500094/1] y el Sustainable Consumption Institute (SCI) de la Universidad de Manchester por la financiación que hizo posible esta investigación.
a514 Informante Pseudónimo Género Edad País de origen Ocupación Situación de la hipoteca |
La gran recesión del 2008 fue un evento singular en la historia reciente del Estado español.
El "pinchazo" de la burbuja inmobiliaria y la destrucción masiva de empleo que trajo consigo pusieron de manifiesto la crisis profunda del capitalismo hispano.
En Bonavista el paro y la consiguiente incapacidad de la gente trabajadora para pagar su deuda hipotecaria dieron lugar al ejercicio de una presión asfixiante por parte del sector financiero y a una reconfiguración de la cotidianeidad de las personas afectadas, que tuvieron que subordinar las relaciones sociales y la dedicación que hace falta para mantenerlas y para aumentar-
Entre el banco, la casa y la PAH: una visión de la cotidianeidad en crisis a través de la lucha de las personas afectadas en Bonavista (Barcelona) 2 a515
INTRODUCCIÓN Abordando la cotidianeidad
La erupción de la crisis financiera en 2008 fue un evento singular en la historia de la economía global.
Grandes corporaciones financieras cuyos negocios se extendían a escala internacional quebraron; el crédito en el mercado interbancario de préstamos se congeló; el paro se disparó en los Estados Unidos y en los países más afectados de Europa hasta alcanzar los dos dígitos; y millones de personas perdieron sus casas por su incapacidad de continuar pagando sus hipotecas (Harvey, 2010, pp. 17-18).
En España, en particular, la caída del mercado inmobiliario y la destrucción masiva de empleo que ella conllevó puso de manifiesto la crisis del "capitalismo hispano" o el modelo basado en la construcción y el turismo como los principales promotores de la economía financiados -en gran parte-por un extenso endeudamiento privado (López y Rodríguez, 2010; Palomera 2013; Palomera, 2014).
La exclusión residencial se acentuó, dejando sin hogar a jóvenes, familias desahuciadas y de inmigrantes, y ancianos (Sánchez Morales, 2012, pp. 314-316).
La ciudadanía salió en masa a la calle para protestar contra la socialización de las pérdidas a través de la imposición de políticas de austeridad por los gobiernos del PSOE (2008PSOE ( -2011) ) y del PP (2011PP ( -2015)).
En este contexto de agitación política, Keith Hart y Horacio Ortiz hicieron una llamada a los antropólogos, argumentando sobre la necesidad de concretar las consecuencias de carácter distributivo provocadas por la crisis financiera (Hart y Ortiz, 2008, p.
Una manera clara de llevar a cabo esta meta antropológica es a través del análisis de sus efectos en la vida cotidiana de la población y utilizando la etnografía como el principal modo de investigación.
De hecho, la observación participante permite abordar cómo la disponibilidad de crédito puede potenciar o perturbar la realización de los proyectos de vida personales y familiares centrándose en la perspectiva de la gente afectada, cuya presencia en la bibliografía sobre la financiarización de la economía es más que limitada (Palomera, 2015, 24 agosto).
Sin embargo, es preciso el desarrollo de un marco teórico que permita entender la crisis como un evento histórico en el que la industria financiera no aparezca como una institución estática y distanciada, sino como un actor social cuyas acciones implican unos cambios concretos para la cotidianeidad de la población trabajadora.
Por lo tanto, opté por abordar la cotidianeidad de las personas afectadas basándome en los términos de trabajo y de la producción social.
En los últimos 40 años, la organización de la producción de mercancías en Europa y los Estados Unidos ha pasado por unos cambios estructurales significativos.
El aumento del peso de los servicios en la economía, la deslocalización de la industria pesada hacia países como China y la desvinculación entre la productividad y el salario real significaron el deterioro de las condiciones de vida para la clase trabajadora.
Más importante aún, el desmantelamiento del estado de bienestar creó un vacío que la industria financiera aprovechó para posicionarse, de modo que la satisfacción de las necesidades básicas de la población pasó a depender cada vez más del acceso al crédito (Lapavitsas, 2012, p.
Todos estos cambios históricos hacen que los términos de la producción y el trabajo sean imprescindibles para la comprensión de la cotidianeidad.
No obstante, siguen siendo bastante limitados en su contenido, refiriéndose casi exclusivamente a la dimensión material del proceso productivo y, por lo tanto, tienen un escaso valor descriptivo como para que sean aplicables en el análisis antropológico de la rutina diaria.
El trabajo de Donald L. Donham sobre el materialismo histórico puede servir como punto de inicio para la antedicha necesidad de reconsideración terminológica.
A partir de su lectura crítica de la idea de la naturaleza humana desarrollada por Karl Marx, Donham argumentó que el proceso de trabajo no debe ser visto solamente como la producción de mercancías, sino también como un proceso de "autoformación" (self-creation) humana (Donham, 2012, p.
Los seres humanos se crean a ellos mismos por medio de una "acción simbólicamente formada en el mundo"; la creatividad, la autoexpresión y la estética impregnan la actividad humana y son transformadas por ella (Donham, 2012, pp. 398-399).
De una manera similar, David Graeber desarrolló un enfoque más amplio de la producción que, aparte de la creación de objetos materiales, incluye la formación de los productores y sus relaciones sociales (Graeber, 2001, pp. 58-59).
Las sociedades, por consiguiente, se pueden distinguir según los fines y principios que rigen su sistema productivo: las sociedades no capitalistas o "economías humanas" se caracterizan por la subordinación de su producción material a la creación de las personas, mientras que las "economías comerciales" o economías de mercado priorizan la producción y la distribución de bienes materiales (Graeber, 2012, p.
En ambos tipos de configuraciones socioeconómicas el proceso de la formación humana contiene todo lo que tiene que ver con el criar y cuidar a las personas: a515 "[...] las familias se crean, crecen y se rompen; la gente nace, madura, se reproduce, se hace mayor y se muere.
[La gente] se socializa constantemente, se entrena, se educa, es guiada (mentored) hacia nuevos roles -un proceso que no se limita a la infancia, sino que dura hasta la muerte-; es cuidada constantemente.
En esto consiste principalmente la vida humana; de lo que mucha gente dedica la mayor parte de su tiempo a preocuparse; en lo que nuestras pasiones, obsesiones, amores e intrigas tienden a centrarse; por la descripción de lo cual grandes novelistas y dramaturgos se hacen famosos; con lo que la poesía y el mito luchan por familiarizarse [...]"
Recientemente, y en la misma línea que Donham y Graeber, Susana Narotzky y Niko Besnier han propuesto que la economía sea vista como el ámbito donde la gente se forma "en sus dimensiones físicas, sociales, espirituales, afectivas e intelectuales" (Narotzky y Besnier, 2014, p.
Así, desde estas perspectivas en su conjunto, la producción puede expandirse para acoger la dimensión simbólica hasta convertirse en el propio proceso de la vida (life process), dándonos la primera premisa en la que se basa la argumentación de este artículo: la cotidianeidad puede ser entendida como la diaria coordinación de los diferentes trabajos orientados hacia la producción de las personas.
La subordinación de la cotidianeidad a la industria financiera
La experiencia humana se forma por la reacción y por la respuesta social a la creciente presión ejercida por las fuerzas de (re)estructuración de la cotidianeidad; en nuestro caso, la presión monetaria y psicológica ejercida por la industria financiera y basada en el nexo gubernamental-financiero español.
El hablar de la existencia de un nexo entre el gobierno y las finanzas significa abordar la regulación financiera como un resultado histórico de la "acomodación entre las élites del Estado y el sector bancario privado" (Pérez, 1997, p.
Además, si aplicamos la lógica promovida por David Graeber en su trabajo sobre la burocracia, según la cual la "alianza entre el gobierno y las finanzas" (Graeber, 2015, p.
21) se contrapone a la sociabilidad humana, podemos observar un hecho interesante: en las últimas tres décadas, la distribución desigual de la protección estatal suscribe la relación de subordinación entre la banca y la gente afectada.
Por una parte, la liberalización del mercado hipotecario español y su apertura a los flujos del capital internacional, en combinación con la introducción de innovaciones financieras como la titulización, permitió la expansión de la actividad crediticia bancaria (López y Rodríguez, 2010, pp. 188-189).
Por otra parte, ese mismo proceso agudizó la exposición social de la población a través de su endeudamiento masivo, transfiriendo los costes de una potencial quiebra a los deudores.
Por ejemplo, hasta 2013, "las entidades financieras podían iniciar el vencimiento anticipado de la hipoteca y reclamar la totalidad de la deuda pendiente con tan sólo un mes de impago".
El banco podía luego poner la propiedad a subasta y adjudicarla por un valor que no excedería el monto total de la deuda (véase Emergencia habitacional en el Estado español, pp. 57-58) 1.
De este modo, cuando estalló la burbuja inmobiliaria, muchas trabajadoras y sus familias quedaron desprotegidas y vieron su vida cotidiana subordinada a la demanda absoluta del pago de la deuda; una situación que se pone de relieve por la consiguiente ola de desahucios: desde 2007 más de medio millón de ejecuciones hipotecarias iban a presentarse en los juzgados de toda España 2.
El nexo gubernamental-financiero es el locus donde se determinan las condiciones de pago de la deuda; o en términos más antropológicos, el horizonte de las posibilidades para acabar con la relación de subordinación a la que está sujeto el deudor.
Esto se refleja en la serie de leyes adoptadas por los sucesivos gobiernos españoles durante los años de la crisis, con el declarado fin de proteger a los deudores hipotecarios.
Según el artículo 3 del Real-Decreto Ley 6/2012, de medidas urgentes de protección de deudores hipotecarios sin recursos, por ejemplo, el deudor que quiere reestructurar su deuda tiene que demostrar con siete distintos tipos de documentación que se encuentra por debajo del "umbral de exclusión"; es decir, demostrar que no puede sustentarse por sí mismo.
Del mismo modo, el Real-Decreto Ley 27/2012, de medidas urgentes para reforzar la protección a los deudores hipotecarios, establece en sus dos primeros artículos una moratoria de los desahucios para todas aquellas personas que pertenezcan a una de las siete categorías de "especial vulnerabilidad" y que cumplan cuatro criterios económicos según nueve tipos de certificados, declaraciones y contratos.
Mientras, según el artículo 4 del más reciente Real-Decreto Ley 1/2015, de mecanismo de segunda oportunidad, reducción de carga financiera y otras medidas de orden social, el deudor con problemas de pago podrá solicitar la "exoneración del pasivo insatisfecho" si es capaz de demostrar su "buena fe" acorde con cuatro requisitos diferentes.
Así, todas estas leyes imponen una nueva capa burocrática que la gente afectada está obligada a penetrar para acceder a un régimen de protección estatal.
Por el contrario, a515 las autoridades estatales no imponen obligaciones sobre las instituciones financieras y las últimas pueden adherirse a las medidas de manera voluntaria.
El Código de Buenas Prácticas, puesto en vigor con el Real-Decreto Ley 6/2012 y modificado en el Real-Decreto Ley 1/2015, se puede aplicar solo con la voluntad de la industria financiera y bajo la supervisión del Ministerio de Finanzas, el Banco de España, la Asociación Hipotecaria Española (AEB) y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), o sea, el nexo gubernamental-financiero español.
La dinámica transformativa de la cotidianeidad proviene y se nutre de las desigualdades sociales sancionadas por ley y mantenidas últimamente por la amenaza de la fuerza (Graeber, 2015, p.
En este sentido, la particularidad de la crisis hipotecaria es la creciente importancia, si no predominio, de la forma de subordinación basada en la deuda frente a formas más tradicionales como la explotación laboral por parte del capital productivo.
Esta afirmación nos guía hacia la segunda premisa del artículo, es decir: que las complejas cadenas financieras que conectan a miles de familias con sus balances de activos, apoyadas por el aparato legal y represivo del Estado, permiten a los bancos mantener su preponderancia en temas financieros y expandirla a otros aspectos de la cotidianeidad de los deudores.
Localizando la cotidianeidad y su subordinación en el mapa: Bonavista
Bonavista es el nombre ficticio de un municipio en el que a lo largo de su historia reciente se han observado muchas transformaciones debidas a su condición periférica respecto a Barcelona.
En particular la creciente importancia de la capital catalana como centro industrial, tanto en la época de la preguerra como durante los años del franquismo, tuvo como consecuencia que cientos de miles de inmigrantes llegaran desde el interior de España en busca de mejores condiciones de trabajo y remuneración (Riquer, 2010, p.
Muchos de ellos no pudieron encontrar un alojamiento asequible en Barcelona y se trasladaron a los municipios como Bonavista que más tarde constituirían la periferia obrera de la Ciudad Condal.
La crisis económica de los 70 abrió el camino para un cambio estructural en la naturaleza del modelo socioeconómico que tuvo lugar durante las siguientes tres décadas: la industria tradicional fue desplazada por las industrias farmacéutica, alimentaria, química y de la construcción, cuya operación se basó en "pirámides de subcontratación", extendiéndose en la to- Tabla 1.
Datos de los informantes y relación con la hipoteca.
El nuevo régimen laboral se caracterizó por una precariedad permanente, cuyo impacto en la cotidianeidad de la gente trabajadora se agravó después del desplome de la burbuja inmobiliaria.
Según la gran mayoría de mis interlocutores en Bonavista, no había trabajo o estaban trabajando con contratos temporales y, si encontraban algo nuevo, nadie pensaba que iba a durar más de unos meses.
La sensación de inestabilidad e incertidumbre y la expectativa de una rotación continua entre trabajos parece ser la regla en una ciudad donde el movimiento incesante de la gente en la calle, intentando materializar sus proyectos de vida personales o familiares, choca con la creciente necesidad de las grandes corporaciones de generar ganancias imponiendo un régimen de flexibilidad laboral.
LA DEUDA: DESDE LA FACILITACIÓN A LA (RE)ESTRUC-TURACIÓN DE LA COTIDIANEIDAD DE LAS PERSONAS AFECTADAS
Aina nació y creció en Cataluña.
A principios de los 2000 trabajaba en una tienda de comida rápida y su novio como obrero en la construcción.
Sus salarios les permitían cubrir sus gastos mensuales.
Como explica en su entrevista:
"No vivíamos aquello... muy, muy, muy bien pero podíamos pagar las cosas y todo.
Íbamos un poco desahogados por decirlo así".
Sin embargo, la enorme brecha entre "poder pagar" y comprar un piso solo podía cubrirse con la contratación de una hipoteca.
El banco les ofreció el crédito para la compra del piso que hasta entonces estaban alquilando.
Luego decidieron casarse y tuvieron que solicitar un préstamo personal para realizar todo aquello que es socialmente necesario para la ocasión.
Además, y como si las anteriores deudas no fuesen bastantes, tuvieron que cambiar su coche averiado.
De manera que al final los gastos combinados de los préstamos hipotecario y personal llegaron a un nivel que sería imposible seguir pagando sin poner en riesgo la viabilidad de su proyecto de vida común, más aún si se toma en cuenta que Aina estaba embarazada de su primer hijo.
Así, Aina y su marido tuvieron que endeudarse porque las condiciones estructurales existentes no les concedían los recursos materiales e inmateriales necesarios para la producción social -la de ellos mismos, la de su hijo y de la gente en su entorno-.
Este punto pone de manifiesto la diferencia fundamental entre mis interlocutores y otros deudores más pudientes.
Los primeros utilizaron el dinero prestado con el fin de adquirir un lugar donde habitar y participar en el trabajo de formación mutua, mientras que los últimos suelen tratar la propiedad como un activo financiero para la acumulación de riqueza mediante la especulación de precios.
Claro está que los ricos deudores pueden tener familias cuyo bienestar puede ser tan importante para ellos como el progreso de sus negocios, mientras que las personas pertenecientes a la clase trabajadora pueden embarcarse en la compraventa de viviendas para mejorar su posición socioeconómica y estatus -como es el caso del "piso-puente" o el uso de la vivienda como activo financiero en Ciutat Meridiana, Barcelona (Palomera, 2011, p.
No obstante, cuando se trata del mercado hipotecario es posible distinguir entre la compra de una vivienda para la producción de seres humanos y la compra para la generación y acumulación de ganancias, ya que, cuantas más propiedades se poseen, más superfluas tienden a ser en el proceso de formación de la familia.
No es casualidad que en España los únicos que verdaderamente pudieron beneficiarse de la inflación de los precios inmobiliarios durante la burbuja fueron los que ya tenían una fortuna acumulada (López y Rodríguez, 2010, pp. 417-418).
El desplome de la burbuja inmobiliaria y el fin del crecimiento vertiginoso de la economía española impactó desmesuradamente en la cotidianeidad de las personas afectadas por la exposición de sus vidas a la fuerza homogeneizadora de la extracción del beneficio financiero.
En particular, y en contraste con el beneficio generado en la esfera de la producción, el beneficio financiero tiene sus orígenes en la esfera de la circulación y se refiere a los flujos de capitales disponibles para préstamos (loanable money capital) (Lapavitsas, 2013, pp. 138-168) 4.
En el sentido más amplio de la producción social, esto significa que las actividades especulativas de la haute finance no figuran como factores esenciales para la formación de personas.
La deuda, al equiparar la vida humana a una simple cuantía de dinero (Graeber, 2011, pp. 13-14), colapsa la antedicha distinción permitiendo a las instituciones financieras invadir todos los ámbitos de la actividad humana y forzar la sustitución de los proyectos de vida personales y familiares por la transferencia expropiatoria de valor monetario a las cajas.
Esto se ve, sobre todo, cuando el pago de las cuotas llega a competir con la necesidad de adquirir los medios de subsistencia.
Como nos cuenta Aina: a515 "[...] la lucha no es de meses.
Años intentando porque cada vez se encarecía más la cosa, cobrabas lo mismo, y piensas «es que va a llegar un punto que no vamos a poder pagar», como se van subiendo las cosas y con el crío y todo es que no puedes pagar.
Entonces vas pensando: «como no puedo pagar el piso, ¿qué hago?».
Ya empiezas con el rollo mental, ¿vale?: «¿y qué hago?», «¿y qué hago?»... años de lucha constante contigo mismo, con tus creencias, con lo que te han inculcado desde pequeño... cada vez que tu hijo te pide no sé que [...] porque a lo mejor necesita [...] un niño tiene que comer fruta y comer verdura y tú no lo estás pudiendo ya comprar.
Ya ni para él, ¿vale?, [a mí me] da igual lo de comer o no comer [...] y piensas «¿qué hago? porque tengo que pagar la hipoteca»..."
Marcela, de origen ecuatoriano, llegó a España en el 2000.
Una de sus hijas padecía problemas respiratorios y, por recomendación médica, decidió buscar un tratamiento en Barcelona, seguida por el resto de su familia.
La familia habitó la "ilegalidad" o "la estructura de desprotección jurídica y simbólica" (Palomera, 2013, p.
308) hasta que fueron "legalizados" en una de las grandes operaciones de regularización realizadas por el Estado español.
En aquel tiempo Marcela trabajaba en servicios de limpieza y hostelería, y su marido como obrero especializado en la construcción.
Como en numerosos otros casos, tuvieron que endeudarse para acceder a una vivienda barata y en mejores condiciones de habitabilidad que la vivienda de alquiler.
Sin embargo, la crisis financiera y las crecientes dificultades para pagar las cuotas mensuales transformaron su cotidianeidad en un círculo vicioso: "[...] yo trabajaba todo el día, mi marido trabajaba día y noche y fines de semana.
Y nuestras hijas solamente las pasábamos, era... en casa de uno, en casa de otro, las tenían cuidando, pagando porque... para coger y para... para salir adelante... a veces no nos alcanzaba, hacíamos otros préstamos para seguir pagando los préstamos que teníamos... decíamos «no, no, la hipoteca, la hipoteca, la hipoteca»" (Marcela).
La presión para que la sociabilidad humana funcionara como fuente de capital económico acumulado en forma de beneficio financiero se hizo más directa por el cambio radical del comportamiento de los empleados bancarios.
Al principio, la disponibilidad de crédito barato y la necesidad de adquirir nuevos clientes hicieron que trataran a las personas afectadas de una manera amigable.
Como nos cuenta Selma, una persona afectada que vino a Bonavista desde Marruecos: "El trato del banco era bien, de maravilla.
Hasta si yo quiero dinero más para reformar, para cualquier cosa, pues me pueden dar dinero más; digo: «anda ya, pues si el banco [me] está dando dinero eso es un lujo», es un lujo para mí en aquel momento.
El banco te trata bien y... y no pasa nada y todo va bien y ya está" (Selma).
Sin embargo, el colapso de los precios inmobiliarios y la recesión económica forzaron la modificación de la estrategia de los bancos frente a la perspectiva de impago y el consiguiente daño en el balance de activos (Lapavitsas, 2007, p.
Las demandas para el cumplimiento de las obligaciones sustituyeron el tratamiento amigable a las personas afectadas y se hizo uso de la agresividad verbal.
Este cambio fue acompañado de una intensificación general del acoso bancario: llamadas telefónicas al trabajo o a casa demandando el pago inmediato de la deuda, sea por la institución financiera que ofreció el crédito o por una agencia de recuperación de impagos a la cual el cobro de la deuda fue externalizado; avisos por correo y en términos como estos: Ir al banco a negociar una solución con el argumento de sus nuevas circunstancias socioeconómicas llegó a ser una tarea emocionalmente agotadora para muchas personas afectadas.
Cuando Carla, una compatriota de Marcela, compró su piso, la fase de extrema precariedad y explotación que vivió como una inmigrante recién llegada a España parecía haber terminado.
Después de trabajar por un tiempo como trabajadora doméstica, consiguió sus papeles y trajo a sus hijas a Barcelona.
Mientras pagaba su hipoteca y el flujo monetario seguía ininterrumpido hacia su cuenta bancaria, no había problemas con la institución financiera.
Sin embargo, el descenso de sus ingresos y el retraso en los pagos llevaron a que el director encargado de su caso empezara a verla "como el patito feo".
Como sigue contando: "yo iba... mm... sí, iba bastante... pero temblando, con un miedo que no veas que... tenía hasta a515 tanta vergüenza [por el] miedo de ir.
Yo cuando ya me llamaban decía: «ahora ¿qué me van a decir?, ¿qué me van a obligar?» y esto.
O sea, era... ¿sabes?
Te pones nerviosa, te pones... tensa y sí que me iba... me iba cada... cuando me llamaban, pero no el día que ellos me llamaban sino me iba a los dos días, pero ya te digo: con un miedo terrible, terrible."
La experiencia de Selma no fue diferente.
Ella llegó a Cataluña en los años 90 aunque al principio no quería quedarse en España.
Su gran ilusión era obtener los papeles del gobierno español para poder viajar hasta Francia y empezar una nueva vida allí.
Después de trabajar unos años en talleres de confección de la "economía informal" obtuvo sus papeles pero decidió quedarse; algo que, en combinación con el fracaso de su matrimonio concertado, la convenció sobre las ventajas de adquirir una vivienda mediante una hipoteca.
Posteriormente el aumento de las cuotas mensuales y la evolución negativa de sus finanzas fueron el principio de una tensa relación entre ella y el banco, relación que terminó con la desposesión de su dignidad como persona:
"la última vez cuando ya fui, pues... casi me hablaron mal... mal.
Y digo: «pues, aquí ya no... nunca voy a volver, pase lo que pase» porque ya te sientes allí como si fuera... digo: «¡yo no estoy pidiendo nada, yo estoy pidiendo un arreglo que pueda pagar, lo que puedo pagar, yo estoy trabajando!»
Frente a un montón de recibos de pago y otros documentos relevantes acumulados a lo largo de sus años como persona endeudada, Selma ironiza sobre su situación: "este es mi legado, ¡estoy casada con una hipoteca!".
Esta frase demuestra de una manera muy gráfica la subordinación de los proyectos de vida personales y, por consiguiente, de la cotidianeidad al imperativo de la acumulación financiera basada en la expropiación de valor monetario.
La hipoteca llega a dominar su vida hasta el punto de que parece tomar el lugar de un participante activo en sus relaciones sociales más íntimas.
Además no se debe olvidar que la deuda funciona como vehículo de (re)estructuración de la cotidianeidad en el contexto de un mercado laboral azotado por la depresión económica.
En particular, hay una conexión causal entre las fluctuaciones del (des) empleo y la exclusión residencial (Cabrera y Rubio, 2008, pp. 53-57; Sánchez Morales, 2012, pp. 317-318), algo que el desenvolvimiento de la crisis puso de manifiesto: desde la primavera de 2007 hasta fi-nales de 2012, casi 3.000.000 de puestos de trabajo fueron destruidos y la falta de trabajo llegó a ser una de las principales razones por la que mucha gente quedó "sin hogar" (Davia Rodríguez y Álvarez Aledo, 2013, p.
En términos antropológicos, el paro tuvo un efecto multiplicador en el proceso de reestructuración de la cotidianeidad a través de la deuda; ejerció una presión hacia abajo en el espacio socioeconómico, intensificando el desequilibrio de poder entre los deudores y el banco y aumentando la dependencia de los primeros de aquella gente que ocupa posiciones clave en la distribución de recursos.
Marcela fue varias veces a la asistenta social pero no recibió la ayuda que esperaba: "... entonces oían, te miraban, ni te atendían ni se iban.
Te dejaban aquí esperando: «ah, sí, sí, sí» te dejaban esperando desde las 9 de la mañana hasta las 12 del [medio]día.
Tú veías que pasaba la gente, tú seguías ahí esperando y no te atendían.
Ya entonces aparte de vivir la crisis de no pagar, tú vives la crisis emocional que te humilla, que tú tienes que agachar la cabeza, y tienes que verte hacer un frente para saber qué vas a hacer" (Marcela).
Esto es especialmente relevante si se toma en consideración que los informes de las asistentas sociales son imprescindibles para acceder a los recursos proporcionados por el Estado u otros proveedores como la Iglesia.
Como nos cuenta Julio, el esposo de Aina: "[...] en esto de la alimentación fuimos a la iglesia, y allí nos cogieron y nos estuvieron dando alimentos durante... seis meses.
Después, claro, llegó un momento que al ser tanta gente, la Cruz Roja y el Caritas estaban saturados, saturados.
Entonces el chico este [el asistente de los servicios sociales] nos hizo un informe, salimos ahí al párroco y con ese informe nos estuvieron dando alimentos durante un año...
El informe era de asuntos sociales... nos hizo el informe para llevárselo a la iglesia, que ellos reciben los alimentos a través de Caritas" (Julio).
Así, el abastecimiento de la unidad doméstica, antes una relación entre los trabajadores y el supermercado o la tienda de comestibles del barrio, se hace más compleja desde el punto de vista de la coordinación de los trabajos por el aumento de intermediarios y la burocratización.
LA PAH COMO INTERPOSICIÓN ENTRE LAS PERSO-NAS AFECTADAS Y LA BANCA
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca es un movimiento social que apareció como una respuesta social al estallido de la crisis hipotecaria en el mapa político de Cataluña y de España en febrero de 2009.
Fue fundada por activistas que hasta entonces estaban luchando por el derecho a una vivienda asequible bajo el nombre de V de Vivienda (Colau y Alemany, 2013, p.
Aunque pequeña al principio, su popularidad creció después de que el movimiento 15M o ¡Democracia real ya! ocupara las calles y las plazas del país en la primavera de 2011.
De hecho, muchos de los eslóganes de aquella época fueron adoptados por la Plataforma y utilizados en sus actividades de protesta.
Un momento crítico para el movimiento llegó a principios de 2013 cuando, en colaboración con organizaciones de la sociedad civil y sindicatos, presentó la Iniciativa Legislativa Popular (ILP); es decir, una propuesta de ley cuyo objetivo era la introducción de una serie de medidas para la protección de la población endeudada contra las prácticas depredadoras de la industria financiera.
Al final la ILP no fue aprobada por el Congreso de los Diputados.
En julio de 2015, el Parlament de Cataluña aprobó por unanimidad otra ILP contra la emergencia habitacional, la cual contempla una serie de medidas legislativas contra los desahucios y mecanismos para la protección de familias en situación de extrema vulnerabilidad [URL].
De este modo, así como con acciones reivindicativas en la calle (ocupaciones de bancos y pisos vacíos etc.), la Plataforma ha logrado dar visibilidad a la problemática de los desahucios y establecerse como un interlocutor importante en el ámbito de la provisión de vivienda.
La PAH-Bonavista fue fundada en 2011 por unos activistas con una larga trayectoria en movimientos sociales.
En el local donde realiza sus asambleas de bienvenida y asesoramiento colectivo la gente que no puede pagar sus préstamos hipotecarios sin perjudicar gravemente el sustento de sus familias pide ayuda a las personas afectadas con más experiencia para encontrar una solución a su difícil situación.
Individuos de diferentes orígenes, profesiones y niveles educativos se encuentran y, a través de su experiencia del proceso hipotecario, intentan responder a las preguntas de los asistentes.
Como en todas las Plataformas del país, dependiendo del caso particular, el apoyo ofrecido puede limitarse a la simple transferencia de información sobre los puntos relevantes del contrato hipotecario o puede ampliarse para incluir acompañamientos y acciones en las sucursales de las instituciones financieras.
Las personas afectadas son la razón de ser de la Plataforma y su compromiso es crucial para que las actividades reivindicativas se lleven a cabo con éxito.
Como se describe en un documento presentado en una de las reuniones de coordinación en agosto de 2014: "... la Asamblea de la PAH-Bonavista [representa] el tiempo semanal más importante, para acoger a l nuev con toda su carga de angustia y preocupación, para asesorarnos para saber qué tenemos que hacer en cada momento del proceso judicial, acompañarnos cuando sea necesario, y para preparar las acciones de presión, aquí en Bonavista o en solidaridad con otras PAHs que lo solicitan, o incluso a nivel de toda Cataluña o de todo el Estado español, cuando se crea necesario".
El papel importante que la Plataforma ha adquirido en la cotidianeidad de las personas afectadas se me hizo patente en el ensayo de un sketch durante el Carnaval de 2014.
Aquella tarde, la PAH-Bonavista iba a participar en las celebraciones de su ciudad y decidí visitar el local para ver los últimos preparativos.
Cuando llegué, encontré una camioneta aparcada fuera con tres grandes pizarras blancas puestas alrededor del área de carga.
En ellas, uno podía leer eslóganes como ¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, que no tenemos casa y La PAH se va de Carnaval.
Mientras intentaba imaginar lo que los activistas de la PAH iban a presentar ante miles de bonavistenses, entré en el local y encontré una multitud de gente disfrazada.
En su mayoría llevaban las conocidas camisetas verdes de la PAH, con sombreros y capas verdes: eran los ImPAHrables, los superhéroes nacidos en los agitados años de la crisis financiera.
La presencia dominante del color verde en el espacio del local se interrumpía por los uniformes negros de tres personas disfrazadas de agentes de la policía antidisturbios y por el uniforme caqui de otra persona disfrazada de guardia civil con su tricornio.
Un poco más allá se encontraba en escena un ama de casa conversando con sus amigas sobre su plumero y su bata, y un banquero en toda su grandeza estereotipada: con traje, con su sombrero de copa alta dorado y cubierto de euros, fumando un puro y llevando una bolsa en la que se leía Hipoteca.
El último ensayo estaba a punto de empezar y todos los participantes fueron al fondo del local.
Utilizado tanto para las asambleas de la PAH-Bonavista como para las reuniones, presentaciones y charlas de otras asociaciones y movimientos sociales, el espacio se convirtió en un gran escenario.
En una de sus esqui-a515 nas había una casa de cartón y enfrente tomaron sus posiciones el ama de casa, los policías, el guardia civil y el banquero.
Los ImPAHrables ocuparon el resto del espacio.
El guion era bastante simple: las fuerzas de seguridad intentarían desalojar al ama de casa y a su familia de su piso, todo bajo la mirada atenta del banquero mientras los ImPAHrables se moverían de aquí para allá cantando una adaptación de la famosa balada mexicana "la cucaracha" 5.
En algún momento, entre su canto y los gritos rítmicos de su nombre, los ImPAHrables liberarían a la familia de las manos de la policía.
Hacia la mitad del ensayo, uno de los policías me miró, movió su porra en el aire y gritó "¡Moroso, moroso!
¡Deben echar[te] de tu casa!"
Me quedé con esta frase al salir del Ateneu para caminar hasta el punto de inicio de la Rua de Carnaval.
Según el artículo 2 de la ley 3/2004, por la que se establecen medidas de lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales, y su posterior modificación contenida en la ley 15/2010, la morosidad es un concepto legal que se refiere al "incumplimiento de los plazos contractuales o legales de pago".
La reacción espontánea del activista disfrazado como policía antidisturbios, en el contexto de la actuación de un sketch carnavalesco, impregnó el término de un sentido muy distinto a su dimensión legal: la morosidad llega a ser la situación inmoral según la cual el ser humano se reduce a una existencia social sin ninguna capacidad de defenderse.
Se trata de la exposición de los procesos de vida de las personas afectadas a una variedad de agentes que tienen el derecho legal de ejercer sobre ellos violencia psicológica (banquero) y física (policía antidisturbios, guardia civil).
El proceso hipotecario es un artificio social, del cual uno puede escaparse solo con la ayuda de la PAH.
La actuación carnavalesca de la PAH-Bonavista apunta a lo siguiente: con la crisis financiera, la deuda y el paro pusieron de manifiesto la falta de espacios que pudieran interponerse entre las personas afectadas y la banca o, dicho de otra manera, entre seres humanos con nada más que su capacidad de trabajar y una industria altamente burocratizada.
Espacios donde la gente pueda defender y reivindicar la materialización de sus proyectos de vida particulares contra las demandas de las instituciones financieras.
La Plataforma llegó a cubrir este vacío político.
Sus fundadoras ofrecieron una visión alternativa al discurso dominante, según la cual ser moroso no era un problema personal y judicial, sino una emergencia colectiva y, por ende, claramente política: "no es una crisis sino una estafa".
En sus procesos de ayuda y apoyo mutuos, las personas afectadas reclaman la primacía de la producción de personas en su cotidianeidad.
El despliegue frecuente de los dilemas "pagar o comer" y "pan para hoy, hambre para mañana" realizado por los miembros veteranos de la PAH en las reuniones de bienvenida condensa en toda su dimensión material y simbólica la lucha contra la acumulación de riqueza como el régimen de valor dominante.
No obstante, este proceso político contiene al mismo tiempo el gran reto para toda aquella gente que acude con regularidad a las asambleas, las ocupaciones y las campañas públicas: cómo mantener la participación y el compromiso de las personas afectadas una vez resueltos sus casos.
El esfuerzo que se requiere para llevar a cabo las diferentes actividades de la Plataforma no es exiguo: asesoramiento colectivo, acompañamientos, pasacalles de protesta, empapelar las sucursales por la noche, preparaciones de campañas, participación en el carnaval local, etc. Como nos cuenta Marcela: "[...] cada día en la lucha... íbamos a cada rato a los servicios sociales, a los bancos, al ayuntamiento, a hacer recorridos por todos los bancos, a hacerles pegatinas, todo eso... a llamar a gente, a hacer que la gente se sensibilice, que digan que los casos existen..."
Cuanto mayor es la participación, más grande es el esfuerzo necesario para mantenerla.
La disponibilidad de tiempo es un factor crucial para llevar a cabo con éxito las actividades diarias de la Plataforma.
Además, en las conversaciones que tuve con Carlos, un obrero de la construcción de origen boliviano, se evidenció el esfuerzo mental y psíquico que implica conversar y debatir con otros compañeros: "La Plataforma está ahí.
Nosotros vamos como el muro de los lamentos.
Vamos y nos lamentamos, nos quejamos, contribuimos, hacemos lo que podemos" (Carlos).
Dicho de otra manera, la formación y el mantenimiento de nuevas subjetividades políticas requiere un trabajo militante intensivo.
Desde el punto de vista de la cotidianeidad, las exigencias de este tipo de trabajo en la rutina diaria de las personas afectadas pueden ser tales que su futuro se pone en peligro, al competir con otras aplicaciones de la creatividad e imaginación humanas como la de "ganarse la vida".
Un día de septiembre estuve en una reunión previa a una asamblea de la PAH-Bonavista, sitio donde se prepara el contenido informativo, la estructura y los asuntos urgentes de la asamblea.
Sus asistentes suelen ser a515 de los más comprometidos, es decir, se encargan del abastecimiento de la PAH con material reivindicativo, siguen los casos y los acontecimientos diarios, y se dirigen a las personas afectadas y las asesoran durante la asamblea.
Entre ellas estaba Carla, quien vino para enterarse de lo que estaba pasando, y sobre todo para informar de su situación actual.
Por motivos de horario laboral, sus horas de trabajo se solapaban con la agenda semanal de la Plataforma y no podía seguir participando al cien por cien.
"Siempre dedicaré el tiempo del que yo disponga", afirmó.
La constante de la precariedad, la brecha entre los recursos que cada afectado tiene o puede movilizar y los que se necesitan para la materialización de su proyecto de vida individual o compartido impregna la cotidianeidad y fuerza a elegir entre la necesidad de encontrar trabajo asalariado y la voluntad de seguir con el trabajo militante.
Desde el colapso de la burbuja inmobiliaria y la subsiguiente recesión en países como los Estados Unidos o España, el término crisis se ha utilizado de manera desproporcionada por parte de medios de comunicación, políticos y tecnócratas.
Pronto personas de toda índole empezaron a emplearla en su vida cotidiana, en su intento de racionalizar cómo, de un día para otro, millones de personas perdieron su trabajo.
Este uso tan difuso, sin embargo, implica que su sentido está abierto a diferentes interpretaciones, según el prisma de la realidad social que cada uno vive.
Como afirma Reinhart Koselleck, el concepto de crisis "continúa siendo tan multicapa y ambiguo como las emociones atadas a este" (Koselleck y Richter, 2006, p.
Mi trabajo de campo con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en Bonavista ha demostrado la veracidad de lo antedicho: para la gente endeudada, la crisis no representa meramente la caída de los salarios o la inmoralidad de los hombres de finanzas sino sobre todo la subordinación de su cotidianeidad a las exigencias financieras.
Una forma de subordinación que está históricamente determinada y que es impuesta de manera particularmente cruda a la gran mayoría de la población trabajadora.
En particular, la institución financiera llega a reclamar su primacía en la cotidianeidad de los seres humanos, transformándola en fuente de acumulación de riqueza en forma de beneficio financiero.
Por su naturaleza expropiatoria, este beneficio supone la invasión de todos los ámbitos que tienen que ver con la formación humana -con el piso o casa como el ejemplo principal-por parte de las demandas del banco.
Además, la imposición de la subordinación viene acompañada de la burocratización de la provisión de recursos o de la exposición social a una variedad de agentes en posiciones estratégicas que llegan a determinar la viabilidad de los proyectos de vida de las personas afectadas.
En este contexto, la cotidianeidad se transforma en un campo de batalla y la PAH-Bonavista surge como un refugio donde la gente afectada puede desafiar a la pretendida hegemonía de la banca, reclamando su protagonismo en su vida cotidiana.
El paso a una vida libre de cadenas financieras depende de la manera particular con la que se transforme la cotidianeidad.
Se trata de una transformación abierta, expuesta a la contestación continua por los actores sociales, cuyo camino se hace cada vez más difícil de determinar por la fragmentación del escenario político.
La derrota del bipartidismo en las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, el surgimiento de nuevas fuerzas políticas con representación institucional como Podemos y Ciudadanos, y la irrupción reciente del independentismo catalán suponen nuevos retos para el desarrollo de las diferentes subjetividades políticas, especialmente aquellas que fueron creadas y promovidas por la Plataforma en su lucha contra la subordinación de la vida humana a las finanzas.
Este trabajo no habría sido posible sin la ayuda y cooperación de las activistas de la PAH-Bonavista, sin los comentarios y contribuciones críticos de Irene Sabaté Muriel y de Bálint Ábel Bereményi durante el proceso de la redacción del texto y sin el espacio público ofrecido por el simposio La crisis hipotecaria en el Estado español: impactos y respuestas sociales en el I Congreso AIBR, Antropólogos Iberoamericanos en Red (2015), convocado para una discusión profunda y crítica de la crisis hipotecaria española.
[1] En particular, y suponiendo que la subasta quedaba desierta, la propiedad podía adjudicarse por el 70% de su valor de tasación.
Si este porcentaje cubría más del total de la deuda pen-diente, la institución financiera podía adjudicarla por un 10% menos.
[4] Para Costas Lapavitsas el beneficio financiero es una forma distinta de beneficio que no proviene de la explotación del trabajador sino de la expropiación, es decir la apropiación directa de valor de flujos monetarios ya existentes.
[5] La adaptación fue inspirada por las acciones de un representante del Partido Popular quien, en diciembre de 2013, denunció a un miembro de la PAH por llamarle cucaracha.
Aparte de defender a su comPAH, los activistas de la Plataforma tenían como objetivo el uso de la canción para la denuncia pública de la Ley de Seguridad Ciudadana, popularmente conocida como la ley mordaza. |
Como consecuencia de la crisis económica, inmobiliaria y financiera experimentada en España en los últimos años, muchos deudores hipotecarios no pueden hacer frente a sus cuotas y corren el riesgo de perder sus viviendas, en ocasiones conservando una deuda imposible de afrontar.
El sobrendeudamiento y la morosidad hipotecaria abocan así a ciertas economías domésticas a situaciones insostenibles que pueden llevar a una reordenación de los gastos y necesidades, entre los que las cuotas hipotecarias dejan de tener prioridad.
La legitimación de la condición de moroso que puede observarse en esos casos es un fenómeno con importantes implicaciones antropológicas, en la medida en que constituye un cuestionamiento de la obligación de devolver el préstamo.
Desde el punto de vista de los deudores y de quienes les brindan apoyo, caer en el impago, lejos de constituir una transgresión moralmente reprobable, puede entenderse como un acto de responsabilidad que tiende al sostenimiento de la vida.
En 1996, cuando Esmeralda (véase tabla 1) y su marido ingresaban entre 3.000 y 4.000 euros mensuales por sus respectivos trabajos en la construcción y en una peluquería propia, una cuota hipotecaria de algo menos de 1.000 euros resultaba perfectamente asumible.
Fue así como se decidieron a comprar su vivienda actual en l'Hospitalet de Llobregat y luego, hacia 2004, ampliaron la hipoteca para adquirir también un apartamento en la costa de Castellón.
Esta segunda compra, más que a una decisión aventurada, obedecía a una previsión de futuro por parte de la pareja: autónomos ambos, pensaron que la inversión en una segunda residencia serviría para complementar sus futuras pensiones, previsiblemente bajas.
No obstante, en 2014, tras dieciocho años cumpliendo con sus obligaciones financieras, los problemas de salud, sumados al desempleo de larga duración, obligaron a Esmeralda y a su marido a dejar de pagar las cuotas.
Hoy subsisten con una pensión de 408 euros, con la que mantienen también a su hijo menor, y se encuentran en riesgo de perder los dos inmuebles ante Bankia, con quien tratan de negociar una salida que les permita conservar un lugar donde habitar de manera asequible y estable.
El caso de Esmeralda ilustra las circunstancias en que se encuentran los deudores españoles que, años después de contraer la deuda hipotecaria, se ven incapaces de satisfacer las cuotas.
En la mayor parte de los casos, son víctimas de circunstancias estructurales (véase Sales i Campos, 2014, p.
11) incontrolables o difícilmente pronosticables, como la pérdida del trabajo o el deterioro de las condiciones laborales, la desvalorización de los inmuebles, el aumento de los tipos de interés, los problemas de salud, las rupturas de pareja, etc. Así, mientras que el nivel de ingresos y la capacidad de movilizar recursos por otras vías -como las redes de apoyo informales o la asistencia social-disminuyen en los largos años de la crisis económica (Lorenzo Gilsanz, 2014, p.
212), las obligaciones financieras se mantienen o se endurecen.
A lo largo de este tiempo muchas familias han visto empeorar drásticamente la relación entre sus ingresos y sus gastos 1, hasta el punto de verse ante la amenaza de perder la vivienda (Carbonero Muñoz y Ruiz Vega, 2016, p.
Como factores de ese empeoramiento se encuentra el aumento de los índices que regulan el pago de intereses, el efecto de las cláusulas suelo, así como las refinanciaciones que, si bien suponen un alivio momentáneo, provo-can a la postre un aumento de las cuotas y de la deuda total por la que se ha de responder, tal y como nos explicaban un abogado del departamento de contenciosos de uno de los principales bancos: "Muchas de las refinanciaciones que se han hecho a lo largo de estos tres últimos años [2009][2010][2011][2012] están entrando otra vez en mora y se están ejecutando.
Porcentajes no sé... pero más del cincuenta... seguro.
Se ha estado postergando el problema [...].
O se ha agravado, porque lo que se hace es que con la carencia estás generando más intereses, y el día de mañana te das cuenta de que tienes más deuda que al principio.
Quizá la intención inicial de hacer la refinanciación era cuando no se creía que esta situación iba a durar tanto.
Que la economía se reactivaría en dos... tres años y por tanto podrían hacer frente a la nueva cuota cuando venciera la carencia.
Entonces provocas que entren otra vez...".
Asimismo, las situaciones de morosidad suponen una amenaza tanto para los propios deudores como, de haberlos, para sus avaladores, dado que todos ellos responden ante el acreedor con su patrimonio e ingresos.
Esta suma de circunstancias aboca a las economías domésticas a situaciones insostenibles, en un proceso multifactorial que resulta pertinente analizar en términos antropológicos.
Así pues, ¿qué implicaciones tiene la situación de morosidad hipotecaria para sus protagonistas, en términos de atribución y asunción de responsabilidades, tanto en términos retrospectivos y morales -cuando se identifican los factores y las prácticas que han llevado a la actual situación-como en sus proyecciones de futuro -al intentar trazar estrategias que permitan salir adelante?
¿Cómo evolucionan estas atribuciones y asunciones de responsabilidad, y en qué medida lo hacen en relación con cambios en las prioridades de la economía doméstica a lo largo del proceso de ejecución hipotecaria?
Trataremos de dar respuesta a estas preguntas de investigación mediante una aproximación cualitativa a los casos concretos de deudores que describen -en primera persona y desde la óptica de la economía doméstica-sus experiencias y percepciones ante la amenaza de la ejecución hipotecaria.
Lo veremos sobre la base de una serie de datos etnográficos recogidos en el área metropolitana de Barcelona entre los años 2012 y 2015, a través de entrevistas semidirigidas y de sesiones de observación durante asambleas y movilizaciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) (los datos de los informantes se recogen en la tabla 1).
En situaciones de distrés financiero (Sabaté, 2018) como las que acabamos de describir, se producen profundos cambios en el plano de los significados.
Así, por ejemplo, la representación del crédito como algo positivo, como una oportunidad o una suerte para el deudor, es sustituida por una nueva imagen, la de la deuda como algo negativo, una carga o una condena que obstaculiza la obtención del sustento y niega oportunidades de futuro (Gregory, 2012).
En línea con esto, Nelson, un deudor de origen ecuatoriano que compró una vivienda en 2004, describe cómo, en el momento de firmar la hipoteca con un mediador inmobiliario y mediante una estrategia de avales cruzados con un compatriota, su percepción era que todos los actores, incluido el banco, le estaban haciendo un favor.
Hoy, tras una dura lucha que le ha permitido obtener la dación en pago, su percepción ha cambiado radicalmente: siente que fue víctima de un engaño.
Por su parte, Vanessa, una barcelonesa que ha perdido su piso y ve peligrar el de sus padres por haberla avalado, describe un proceso muy similar: "Pensé: «estoy pagando 800 de alquiler...
Por un poquito más -ganaba más de 2.000 euros-pues me meto en un piso.
Al fin y al cabo, será para mí y en un futuro para mis hijas».
Y ahí fue donde digo que firmé mi sentencia de muerte, entre comillas" (Vanessa).
Un razonamiento similar lleva a Esmeralda a afirmar: "Tengo dos pisos...
Bueno, dos pisos no, dos problemas.
Los pisos son más del banco que míos" (Esmeralda).
En este proceso puede identificarse también una transformación drástica de las subjetividades y representaciones sociales de los distintos actores implicados en el endeudamiento hipotecario.
Las entidades bancarias, que en tiempos de bonanza eran vistas como benefactoras de la sociedad y propiciadoras de la actividad económica, pasan a ser objeto de crítica y son representadas como usureras y depredadoras por quienes sufren los rigores de las ejecuciones hipotecarias, así como por quienes empatizan con ellas.
Por su parte, los empleados de banca, en otro tiempo comúnmente vistos como proveedores casi desinteresa-Tabla 1.
Datos de los informantes y situación de la deuda hipotecaria Fuente: Elaboración propia.
a516 dos de asesoramiento a unos clientes que tenían depositada su confianza en ellos, son hoy identificados con los objetivos del negocio bancario, y acusados de ser beneficiarios y cómplices de lo que amplios sectores sociales consideran una estafa a gran escala.
Así, cuando Junior, hijo de Nelson, acudió por primera vez a una asamblea de la PAH en busca de orientación para enfrentarse con el problema hipotecario, sus palabras expresaban cierta comprensión con la actuación de los empleados de banca que habían dado pie a la firma de su hipoteca.
Sin embargo, a medida que pasaban las semanas, el discurso de Junior al respecto mutó radicalmente, dando paso a una crítica feroz de la mala fe con que aquellos profesionales se habían lucrado a costa de su familia.
La erosión y la ruptura de las relaciones entre empleados y clientes han facilitado este juicio moral negativo acerca del papel de la banca en general y de los empleados bancarios en particular.
Factores como las fusiones entre entidades bancarias, la reducción de sus plantillas, la supresión o el traslado de oficinas, la elevación de los casos de morosidad a departamentos internos de recuperaciones o impagos, así como estrategias deliberadas de subcontratación de los servicios de recobro que utilizan mayoritariamente la vía telefónica y evitan todo contacto personal con los deudores han contribuido a una despersonalización de la relación entre acreedores y deudores.
Por último, también la representación social de los deudores ha sufrido un proceso de cambio: de ser percibidos -y auto percibirse-como inversores o emprendedores que buscaban su bienestar material haciendo un uso audaz de los resortes del mercado inmobiliario, pasan hoy a ser tachados -y a tacharse a sí mismos en muchos casos-de irresponsables o ambiciosos en exceso, y en consecuencia son culpabilizados de su situación (Cabrera, 2004, p.
De llegar a la ejecución, aparecen como protagonistas de un proyecto fracasado.
Así lo expresa Salvador, que se expone a la ejecución de su piso y el de sus suegros:
Para mí eso ya representa algo bastante duro de asumir" (Salvador).
Junto con estas transformaciones en el ámbito de los significados, resulta también relevante analizar el contraste entre la rigidez de la relación hipotecaria y la fluidez del contexto social y económico en el que esta aparece enmarcada.
El carácter contractual de este vínculo hace de él algo inflexible y deja en prin-Esto no impide, no obstante, que en los últimos años se hayan producido algunos esfuerzos para forzar sentencias favorables a los deudores.
Ejemplo de ello ha sido el uso hábil de la jurisprudencia por parte de algunos jueces que, pese a estar comprometidos con el principio de la legalidad, han visto cierto margen de movimiento para tratar de humanizar la aplicación estricta de la legislación y de las cláusulas contractuales.
Como elemento común a estas prácticas identificamos la toma en consideración del caso particular, de las circunstancias que han llevado a un determinado grupo doméstico a la morosidad y la insolvencia.
Con ello se consigue matizar el concepto de deuda imperante bajo el capitalismo financiero, que implica una estipulación rígida de los plazos y condiciones de la devolución (Guyer, 2012), para adaptarlo a una situación de excepcionalidad causada por la crisis económica y sus previsibles consecuencias en términos de fragilización social (Moreno Márquez y Aierdi Urraza, 2015, p.
Una posibilidad en este sentido pasaría por la neutralización de la fuerza del contrato con el argumento de que las circunstancias en que este fue suscrito se han visto radicalmente a516 transformadas 2.
Junto a esta vía, que es objeto de controversia entre los juristas, aparece otra basada en el reajuste de las obligaciones del deudor con arreglo a sus posibilidades actuales, de forma que la sostenibilidad de la deuda sea preservada.
Esto se ha visto finalmente contemplado en la legislación de segunda oportunidad promulgada en 2015 3.
Ciertas modificaciones de las condiciones de pago de las hipotecas se vienen produciendo a iniciativa de los propios acreedores (Stout, 2015, 30 de marzo), dado que tal "flexibilización" puede constituir en sí misma una oportunidad de beneficio.
Así ha ocurrido, por ejemplo, cuando los empleados bancarios animan a los deudores a ingresar las cuotas incompletas cuando eran incapaces de pagarlas íntegramente.
Tales pagos incompletos no contribuyen a saldar la deuda ni evitan que se desencadene la ejecución si así lo decide el banco pero, en el plano de las normas sociales y de los juicios morales, pueden ser vistas, tanto por los deudores como por los representantes de la entidad acreedora, como muestras de buena fe y de la voluntad de reanudar los pagos completos cuando la economía familiar se recupere.
Junto a esto podemos situar también las ya mencionadas refinanciaciones que, desde el punto de vista de los bancos, han constituido la principal estrategia para invisibilizar la morosidad o posponer su manifestación, al tiempo que funcionan como una fuente de lucro al permitir que se disparen los intereses de demora, como parece estar ocurriendo en el caso de Salvador:
"No tengo una demanda judicial todavía por eso.
Quieren que alcance ese nivel donde yo ya no pueda responder [con el valor del piso hipotecado y el del aval]" (Salvador).
A esta lógica obedecen también las fuertes presiones recibidas por muchos deudores con dificultades para pagar, o que se encuentran ya en mora, para que acepten distintos tipos de refinanciaciones.
Maite identifica en estos términos los beneficios que el banco esperaba extraer si ella y su marido aceptaban una segunda carencia: Deudores como la propia Maite interpretan a posteriori como una equivocación, fruto de su desorientación y desconocimiento iniciales, haber aceptado una refinanciación al surgir los primeros problemas económicos.
Para los deudores en mora, la posibilidad aparece como una tabla de salvación provisional que al mismo tiempo sirve a los intereses del banco.
Así lo explica Esmeralda:
"Cuando ves que no puedes, te proponen las refinanciaciones y eso es lo peor.
Claro, te lo presentan como solución: «en vez de pagar 1.200 voy a pagar 500... qué bien, durante dos años».
Piensas que en dos años la cosa va a ir mejor.
Pero el problema es que durante ese tiempo no estás pagando hipoteca, solo pagas intereses.
Y al hacerte la refinanciación también tiene unos gastos.
Y has estado dos años tirando el dinero.
Todo se hace una bola.
Y la deuda triplica el valor del piso, esa es otra" (Esmeralda).
En estos relatos emerge con fuerza la importancia del factor temporal: las refinanciaciones se ven como alivios momentáneos en unas circunstancias en que resulta imposible planificar la economía doméstica a medio plazo.
En efecto, una refinanciación hipotecaria que permita una disminución temporal de las cuotas podría constituir una solución a situaciones pasajeras, pero ¿resultan eficaces en el contexto de una crisis tan prolongada, que implica una total falta de esperanzas para grandes sectores sociales?
En este sentido, otras propuestas de solución, como la dación en pago o los procedimientos de insolvencia, representan una ruptura, en la medida en que requieren una nueva conceptualización de la normalidad y la anormalidad, en un momento en que la inestabilidad y la precariedad económicas resultan cotidianas para muchos grupos domésticos.
La exigencia de cumplir con las obligaciones impuestas por los contratos de préstamo hipotecario entra en colisión con la reivindicación de tener garantizados unos mínimos estándares de vida, como concordaría con los ideales de estabilidad, seguridad o tranquilidad que, como principios de una economía moral (Sabaté, 2016a; Scott, 1976), aparecen ampliamente compartidos por las mayorías sociales 4.
Esto no entraría en contradicción con la asunción de unas respon-a516 sabilidades y obligaciones derivadas de la condición de deudores ni tampoco llegaría a cuestionar la obligación de devolver (Graeber, 2011).
Lejos de ello, se estaría meramente matizando tal obligación, al ajustarla o condicionarla a las posibilidades materiales y particulares de hacerlo en los términos estipulados.
Así se trasluce en las palabras de Salvador:
"Dame facilidades para que yo pueda pagar y yo me comprometo.
No me intentes echar a la calle ni abusar de mí" (Salvador).
En las narraciones de los deudores, la insostenibilidad en el tiempo de la deuda hipotecaria aparece, junto con la irregularidad y precariedad del ingreso, como la principal amenaza para el sustento.
Esmeralda lo expresa en términos de su incapacidad para tomar decisiones económicas que impliquen cierta perspectiva temporal:
"Entonces no puedes hacer cuentas... decir: «tiro por aquí o por allí».
No puedes tirar por ningún sitio.
Le das mil vueltas y siempre falta lo principal, que es el dinero.
Y las perspectivas de que la cosa vaya un poquito a mejor" (Esmeralda).
La dificultad de escapar a la espiral del sobrendeudamiento se debe a que este no solo tiene una dimensión económica sino también unas implicaciones morales que reducen aún más las posibles salidas.
En tales circunstancias ¿es la decisión de dejar de pagar las cuotas hipotecarias una salida justificable en términos tanto económicos como morales?
Antes de tratar de abordar esta cuestión, veamos cuáles son las implicaciones de alcanzar la condición de moroso hipotecario.
LAS IMPLICACIONES DEL IMPAGO
Cuando los deudores hipotecarios entran en mora con solo tres recibos impagados, el banco tiene derecho a reclamar de golpe la deuda total, que en origen iba a pagarse en los próximos veinte o treinta años.
Si, como es común, el deudor no está en situación de responder ante ello, se abre la posibilidad de la ejecución hipotecaria.
La legitimidad de esta estipulación legal está siendo cuestionada incluso por representantes de la judicatura que abogan por un cambio en el marco legal.
En todo caso, el hecho es que los deudores que ven inminente el momento de dejar de pagar las cuotas se ven en la situación de tener que renunciar a sus proyectos vitales, fuerte-mente centrados en la vivienda de propiedad.
Esta tendía a entenderse como la concreción material del hogar, como el elemento principal del arraigo, y su consecución era un hito en el ciclo del grupo doméstico.
La vivienda constituía así una fuente de bienestar material en el presente al tiempo que aportaba una garantía de seguridad de cara al futuro.
Todas estas connotaciones aparecen contenidas en las palabras de Sonia, a quien, como a otras víctimas de exclusión residencial (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012, p.
8; Sales i Campos, Diagnosis 2013), la amenaza de la ejecución y las dificultades económicas han deparado una ruptura de pareja y el regreso a casa de sus padres mientras batalla por la dación en pago:
"Estoy luchando para perder, eso es lo malo.
Claro que quiero deshacerme del piso ya, pero no olvidemos que no solo se quedan el piso, se quedan el piso y las ilusiones de una vida, y eso no tiene precio.
Y además quieren ponerle un precio para seguir ganando, eso es lo que llevas mal.
No porque te deshaces del muerto, porque realmente es un muerto, es por el hecho de que no solo se quedan con cuatro paredes, se quedan con mucho más, se quedan con todas las ilusiones, las esperanzas de una vida... se quedan con muchísimas cosas, y hasta que no lo digieres, pues..."
(Sonia) La destrucción de los proyectos y expectativas aparece también en el discurso de Esmeralda: "Se están destruyendo familias por esto.
Porque no solamente es que te quiten el piso, es que te quitan las ilusiones.
No puedes pensar ni tener esperanza" (Esmeralda).
Y a las ilusiones frustradas se suma la subversión de la secuencia de acontecimientos comúnmente esperada en el ciclo doméstico o vital, las trayectorias de ascenso social o los proyectos migratorios, poniendo a los deudores ante el riesgo de ver cronificada su situación de falta de oportunidades (Moreno Márquez y Aierdi Urraza, 2015, p.
Nelson expresaba esa triple anomalía cuando narraba cómo, al obtener la dación en pago y tener que alojarse su familia en habitaciones realquiladas, había vuelto a sentirse "como un tierno", como cuando, más de una década atrás, empezó a abrirse camino en Barcelona buscando trabajo y alojamiento, antes de la reagrupación familiar.
Son muchos los deudores que, al referirse a la pérdida de la vivienda, la valoran como un fracaso y reconocen en ella un error de cálculo cometido en el a516 pasado, fruto de una percepción excesivamente optimista de la realidad.
El empleo, a menudo en sectores hiperflexibles como la construcción o los servicios (Cabrera Cabrera, 2009, p.
5), era menos estable de lo que imaginaban, el nivel de ingresos más contingente, y no han sido capaces de mantener el nivel de vida durante las dos o tres décadas abarcadas por el plazo de devolución.
Esteban, a quien un problema de salud ha abocado al desempleo y se encuentra hoy con una deuda equivalente a la contraída hace nueve años, habla de cómo toda la familia, incluidas sus hijas ya adultas, ha aprendido la lección:
"Hay que aprender de la situación.
Que no hay que meterse en cosas.
Hay que calcular mucho.
Que las ilusiones son una cosa... y luego vienen las obligaciones" (Esteban).
Esto no impide, no obstante, que los mismos deudores atribuyan responsabilidad también a otros actores, en especial a los bancos y a las autoridades públicas.
Así lo denuncia el mismo Esteban:
"Todos sabemos que nosotros somos una pequeña parte de lo que ha pasado.
Los creadores de todo han sido ellos [la banca] y el Gobierno" (Esteban).
O en palabras de Esmeralda: "Si hicimos mal las cuentas o lo que sea, también ellos las hicieron mal" (Esmeralda).
Y de esta constatación surgen denuncias acerca de la indefensión de los deudores con dificultades y la reclamación del derecho a recibir asistencia estatal.
Así lo afirma la propia Esmeralda:
"¿A ellos no los han rescatado?
Pues que nos rescaten a nosotros.
Porque Bankia ha sido rescatada con muchísimo dinero.
Nosotros también tenemos derecho a que nos rescaten" (Esmeralda).
Por su parte, Hernán, que perdió su vivienda tras la quiebra de su empresa, critica la connivencia entre los políticos y la banca, así como la existencia de viviendas vacías en manos de esta última:
"Lo que no puede ser es que haya tanta gente durmiendo en la calle y siendo desahuciada y tantos pisos vacíos de los bancos y tantos políticos enriqueciéndose" (Hernán).
En ocasiones, los propios deudores formulan propuestas concretas acerca de cómo el Estado debería abordar la cuestión.
Salvador proponía lo siguiente: "Tú coges, creas un fondo ICO, haces un estudio de las morosidades, y la gente se puede acoger a ello, liquidas la deuda con el banco, y la gente tiene la deuda con el Estado" (Salvador).
Pero más allá de la atribución de responsabilidades y de las propuestas de solución, en las experiencias de los deudores se revela cómo la fuerza de la norma que obliga a devolver las deudas (Graeber, 2011) dificulta enormemente el paso de dejar de pagar.
Esto se debe a que el moroso es visto, en mayor o menor medida y por unos u otros actores -desde él mismo hasta la opinión pública en general-, como alguien que incumple un compromiso, un contrato al que accedió de manera supuestamente libre.
A raíz de ese incumplimiento es culpado de manera individual y post facto.
Es alguien que falla al banco como cliente y falla también a quienes dependen de él para obtener el sustento y acceder a la vivienda.
Esto se ve en las palabras de Salvador:
Para mí eso ya representa algo bastante duro de asumir.
Pero si soy capaz de hacerle frente no intentes castigarme más.
Asumo mi parte de culpa" (Salvador).
La acción de "fallar", de decepcionar y de fracasar en el cumplimiento de un deber, afecta además a quienes aceptaron responder por el deudor en el plano burocrático, aportando avales o garantías, sin pensar que ese acto fuera a tener consecuencias reales.
En los años de prosperidad, se avalaba en respuesta a la obligación moral implicada en los lazos sociales, pero raramente se contemplaba la eventualidad del impago.
El gesto de avalar parecía quedar en el plano estrictamente burocrático.
Pero hoy ese gesto constituye una amenaza real para el patrimonio de los fiadores, como hemos visto en los casos de Salvador o de Vanessa.
Ante la morosidad, los empleados de banca desempeñan un papel crucial, por ejemplo enfatizando las responsabilidades financieras de los morosos.
El pago de las cuotas hipotecarias se presenta como una obligación absoluta que debe ser atendida por encima de cualquier otra consideración.
En ocasiones, se recurre a argumentos basados en el estigma que cae sobre los morosos, como le ocurrió a Juan cuando comunicó al banco su incapacidad para seguir pagando: "Me decía: «tu familia ¿sabe qué tipo de persona eres?, ¿eh?
Tu obligación es pagarme»" (Juan).
Estas advertencias, amenazadoras en distintos grados, sacan partido de los miedos e incertidumbres asociados con la morosidad.
Así ocurre, por ejemplo, cuando se insinúa a los deudores el peligro de perder a516 la custodia de los hijos, como le ocurrió a Salvador, según sabemos por Esmeralda: "Le dijeron lo de la niña, que los niños no pueden vivir en la calle.
Imagínate cómo salió de allí" (Esmeralda).
Todas estas circunstancias contribuyen aún más a que la decisión de dejar de pagar, de producirse, constituya un punto de inflexión para los deudores, dado que implica una renuncia en un doble sentido.
Por un lado, una renuncia material, puesto que se pierde tanto la vivienda como el dinero invertido en pagarla hasta el momento.
Por otro lado, la renuncia simbólica a la que nos referíamos más arriba: se desvanece un proyecto de movilidad social, así como la expectativa de proporcionar algo a los hijos, tanto en términos de transmitirles los significados que acompañan al patrimonio familiar como en el sentido de poder demostrarles que la previsión y los sacrificios son justamente recompensados.
Por todo ello, dejar de pagar la hipoteca, lejos de ser una decisión fácil que pueda tomarse a la ligera como algunas voces parecen apuntar, representa un paso extraordinariamente difícil, que se cobra muchas angustias y conflictos y que, en consecuencia, tiende a retrasarse todo lo posible, pese a que no habría justificación racional para tal retraso, como describe Esmeralda: "Hay un período en que pones la hipoteca por delante de todo y es un fallo total y absoluto porque de todas maneras vas a dejar de pagar pero piensas: «esto no va a durar, va a pasar».
Yo se lo digo a mucha gente.
El otro día un chico que vino llorando: «¿tú vas a poder pagar?»
«Pues entonces deja de pagar.
No le des ni un duro más al banco, no vale la pena.
Al banco le da igual que le debas 110.285, que que le debas 110.000; le da lo mismo, y tú vas a tener para comer ese mes o para comprarles unas bambas a tus niños»" (Esmeralda).
Con la decisión tomada, la incertidumbre aumenta.
¿Cómo será la vida más allá del impago?
Los deudores se enfrentan entonces a las incertidumbres derivadas de la inseguridad en la tenencia, de los ritmos a menudo arbitrarios del proceso de ejecución, así como de otras variables desconocidas o incontrolables, incluida la situación financiera del propio banco, los avatares laborales de los empleados con quienes se está negociando, los posibles cambios legislativos, la concesión o denegación de la justicia gratuita, así como determinadas dinámicas financieras que escapan al escrutinio público, como es el caso de la titulización hipotecaria (Sabaté, 2016b).
Los deudores deberán ahora simultá-neamente llevar la negociación con el banco, enfrentarse a la burocracia estatal, y eventualmente deberán estar prevenidos ante los abusos de quienes pretendan extraer algún lucro de su circunstancia 5.
Así, para desenvolverse en la nueva situación con todos sus peligros, resultará clave disponer de asesoramiento experto y poder acceder a información, así como obtener el apoyo de su entorno o de otros agentes con quienes compartan sensibilidad o intereses.
LA LEGITIMACIÓN DE LA MOROSIDAD
Ante la total incapacidad para pagar o la perspectiva de alcanzar próximamente esa incapacidad, se desencadenan procesos que contribuyen a legitimar la morosidad en esas circunstancias específicas.
Esta construcción de la morosidad legítima se opone a otro tipo de morosidad, en este caso ilegítima, que se atribuye a quienes presuntamente no sienten incomodidad en esa condición o incluso la abrazan como una estrategia que les permitiría "vivir gratis" durante algún tiempo.
Los deudores entrevistados, todos ellos inmersos en algún grado en negociaciones con el banco con el objetivo de resolver su situación, ponen énfasis en diferenciarse claramente de quienes, al menos presuntamente, estarían aprovechándose de la coyuntura para salir indemnes tras un comportamiento irresponsable.
La identidad de moroso, en este sentido, se adopta con muchas barreras y matices, como vemos en las palabras de Ramón, a quien el aislamiento social y la falta de salidas han llevado a la depresión y a un intento de suicidio: "Yo no soy moroso de profesión, yo me he vuelto insolvente por las circunstancias de la vida, ¿no?
Yo simplemente si hubiera cerrado mi empresa en otra época y la hubiera podido suplir con un trabajo, pues habría podido seguir pagando, pero es que no tengo posibilidad" (Ramón).
Para Salvador, actitudes como la de Ramón o la suya propia son en realidad prevalentes entre quienes se encuentran en situación de morosidad hipotecaria:
"Nadie quiere que le regalen su casa, la gente quiere pagar" (Ramón).
También Esteban enfatiza este aspecto cuando argumenta por qué él y su esposa siguen cumpliendo con otras obligaciones financieras tras dejar de pagar la hipoteca: "A nosotros lo que no nos gusta es dejar de pagar las cosas.
La hipoteca porque es mucha cantidad, sino Y no falta quien, para poder seguir pagando las cuotas hipotecarias y no por ello dejar de atender otros gastos, llega a pedir otros préstamos, como ya relatábamos en el caso de Esmeralda, y como ocurre también con Vanessa: "Tengo dos préstamos, por culpa de querer pagar la hipoteca, o por lo menos pagar los colegios, saqué un préstamo personal en el Santander" (Vanessa).
Estas actitudes y comportamientos están arraigados en una concepción de la buena voluntad del deudor, que hará hasta el último esfuerzo por cumplir con la obligación contraída, aun cuando eso repercuta negativamente en su bienestar o en sus posibilidades de salir adelante.
La noción de moroso "de buena fe", que tiene entidad jurídica al aparecer en textos legales 6 caracterizando a los deudores que pueden beneficiarse de alguna medida paliativa de su situación, aparece también con frecuencia en los discursos de los propios afectados, quienes, como ya hemos señalado y al menos durante los prolegómenos del proceso de ejecución, ponen empeño en identificarse así ante el banco.
Para más tarde topar, en la mayoría de los casos, con una total indiferencia ante sus desvelos.
Así lo afirma Salvador al referir cómo, antes de desencadenarse la ejecución, y por tanto antes de que el juez pueda establecer un sueldo mínimo inembargable, la entidad acreedora no tendría inconveniente en embargarle la nómina íntegramente, aun cuando eso hiciera peligrar la subsistencia de la familia:
"Ellos se cobrarían por encima de cualquier cosa la hipoteca, y si yo no tengo para comer, pues nada.
Pero a ellos eso no les importa" (Salvador).
Para profundizar en estos procesos de legitimación del impago ante la amenaza de la ejecución, resulta también revelador analizar las variadas posturas adoptadas por distintos tipos de "terceros" que intervienen en las relaciones acreedor-deudor.
Topamos así con distintas aproximaciones a la problemá-tica hipotecaria, tanto en lo que se refiere a las formas de intervenir en los casos como en el tipo de objetivos finales que se persiguen.
Por un lado vemos a los abogados y a otros expertos que ofrecen servicios de asesoría y mediación, ya sea desde las instituciones públicas, ya sea desde entidades del tercer sector, como Cáritas 7.
Tales actores abogan por la negociación individual, envuelta en discreción, con las entidades bancarias.
Se inclinan por recomendar a los deudores que acepten propuestas de refinanciación que permitan a las familias permanecer en la vivienda por el momento, con la esperanza de que su situación mejore cuando tengan que afrontar el aumento de las cuotas.
Para ellos, la dación en pago, al implicar la pérdida de la vivienda, no es una solución deseable, como no lo es tampoco la estrategia de la confrontación pública con el banco con el objetivo de perjudicar su imagen.
En contraste con esto encontramos la postura de los activistas y co-participantes en movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
Estos optan por la táctica de presionar a los bancos mediante movilizaciones, convocadas tanto en las agencias como en las oficinas centrales, exigiendo la dación en pago, la condonación de la deuda para los deudores ya desahuciados y la concesión de contratos de alquiler a precios asequibles.
Resulta evidente cómo estas dos aproximaciones difieren en términos políticos: las acciones colectivas tratan de fomentar -lográndolo en buena medidauna nueva conciencia del endeudamiento hipotecario como un problema estructural, revirtiendo la dinámica de culpabilización de los deudores que venimos describiendo, al tiempo que promueven procesos de "empoderamiento" (Colau y Alemany, 2012; Mangot, 2013; Mir García, França, Macías y Veciana, 2013; Sabaté, 2014).
En contraste con esto, la mediación, individual y despolitizada, se orienta a la búsqueda de soluciones caso a caso.
En relación más estrecha con nuestra argumentación, la promoción activa de la decisión de dejar de pagar en las asambleas de la PAH puede interpretarse como un cuestionamiento de la norma social que impele a los deudores a devolver lo prestado (Graeber, 2011) y a cumplir con los contratos (Mauss, 1923(Mauss, /1979)).
En consecuencia, es esta postura más beligerante la que ha propiciado la legitimación de la propia condición de moroso hipotecario, su visibilización, así como la conversión de este colectivo en un actor social relevante en estos últimos años.
Algo que se produce en el plano político, público, pero también https://doi.org/10.3989/arbor.2019.793n3004 Sobrendeudamiento, ejecuciones hipotecarias y cuestionamiento de la legitimidad de las deudas 10 a516 a escala más micro y en el ámbito de la vida privada: en ambos sentidos la toma de conciencia acerca del carácter colectivo y estructural de la problemática ha frenado o revertido la auto-inculpación por parte de los deudores.
La etnografía revela también cómo, una vez tomada la decisión de dejar de pagar las cuotas hipotecarias, puede experimentarse una cierta liberación derivada del nuevo orden de prioridades de la economía doméstica.
Juan narraba en estos términos una de sus conversaciones con el director de la oficina bancaria: "Mira, te digo el orden: mis hijos, mi perro, mi gato...
El último de la fila serás tú.
Cuando ellos ya estén bien, tú estarás bien" (Juan).
El sobrendeudamiento hipotecario se re-evalúa, así, como un factor que no solo amenazaba la permanencia en la vivienda, sino que también desestabilizaba el sustento cotidiano en un doble sentido.
Por un lado, ponía en peligro la satisfacción de otras necesidades, incluidas las más básicas (Lorenzo Gilsanz, 2014, p.
219), que pueden percibirse como más acuciantes teniendo en cuenta el marco temporal -de meses o años-en que se desarrollan los procesos de ejecución hipotecaria antes del desahucio.
Lo vemos, por ejemplo, en la nueva preocupación de Esmeralda una vez asumida su incapacidad para cumplir con las cuotas: "Cambió nuestra visión.
Para mí ahora, aunque te parezca muy raro lo que te voy a decir, el problema no son los pisos, sino que el problema es comer cada día.
A mí ahora ya me da igual que se los lleven [los dos pisos hipotecados] o no" (Emeralda).
Por otra parte, el sobreendeudamiento resultaba también una rémora que ejercía gran presión sobre los lazos de solidaridad entre parientes y amigos.
Una presión que quizá pudo soportarse durante algún tiempo pero que finalmente se reveló como insostenible.
En el caso de Maite, la imposibilidad de recabar apoyo para afrontar las cuotas fue pronto evidente: "Hubo un mes que nos ayudaron mis padres.
Otro mes los de mi marido.
Pero piensa que eran cuotas de 1.000 euros y aquello iba para largo, mis padres no podían aguantar tantos meses.
Dos meses te ayudan, pero iba para largo, no podrían aguantar" (Maite).
Un proceso muy similar es el que relata Esmeralda:
"Piensas: «al año que viene todo tiene que ir mejor» pero va a peor, todo lo contrario.
Dices: «bueno, a ver si le pido este mes a mi padre que me ayude, el mes que viene a mis suegros, el siguiente a mi hermano»...
Y se te hace una bola" (Esmeralda).
Es, pues, en estas circunstancias cuando la decisión de dejar de pagar la hipoteca deviene planteable y adquiere legitimidad en tanto que facilita el acceso a recursos básicos como, por ejemplo, la alimentación, y alivia las obligaciones acuciantes a las que en muchos casos estaba respondiendo el entorno social.
Más en general, el abandono del empeño de pagar las cuotas zanja una situación insostenible que no llevaba a ninguna parte, unos esfuerzos que caían en saco roto y que solo posponían lo inevitable.
En ese sentido es usual escuchar en las asambleas de la PAH la expresión "pan para hoy, hambre para mañana", cada vez que los participantes animan a un deudor a dar el paso en lugar de seguir con sus esfuerzos o aceptar una refinanciación.
En palabras de Esmeralda: a516 describe Vanessa al desacuerdo que mantiene con sus padres, quienes, por otra parte, han respondido al deber moral de dar cobijo a la familia: "Es muy complicado.
Ellos no lo asumen, no lo entienden.
Eso lleva a un conflicto continuo en casa.
Es su casa... su mentalidad es la herencia: «te dejo esto».
Ellos cobran sus pensiones y con eso nos dan de comer" (Vanessa).
En el mismo sentido describe la inclinación de sus padres a priorizar sus obligaciones financieras por encima de cualquier otra consideración:
Mi padre es sagrado para eso.
Estamos al día de todo.
Por eso le cuesta entender lo de dejar de pagar hipoteca" (Vanessa).
Este desacuerdo básico en torno a la obligación de pagar la deuda desemboca en la proliferación de reproches y rencores, con el resultado de una erosión de las relaciones familiares (Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012, p.
23) que paradójicamente, en casos como el de Vanessa y su familia, ha de sobrellevarse en una situación de convivencia y hacinamiento.
Puede ocurrir también que los deudores sean de entrada reticentes a reconocer su situación de impago ante su entorno social.
Así lo vivió Esmeralda durante los primeros tiempos: "Al principio te da mucha vergüenza, sobre todo porque piensas que la gente te va a decir: «pues no haberte metido».
Es una frase que mucha gente emplea.
Y luego ya después... pues la vergüenza se pasa y lo dices abiertamente.
Pero al principio cuesta muchísimo porque, claro, te culpabilizas tú, y luego dices: «a ver, tampoco nadie pensaba que las cosas iban a ir así»" (Esmeralda).
El temor a la estigmatización o al conflicto puede llevar incluso a ocultar la situación durante un primer período, como es el caso de Vanessa de cara a su hermana: "Ahora viene otra lucha bastante gorda, que es decírselo a mi hermana.
Ya estuvo un tiempo sin hablar a mi padre porque me había avalado.
Ahora cuando se entere de que he perdido su parte de herencia, que es lo único que le importa...
Es otra guerra que viene ahora, que acabará con cualquier relación, creo.
No lo entiende porque ella es otra de las que dicen que todo me ha pasado por mi culpa" (Vanessa).
Más allá de la reacción del entorno social más próximo, los deudores pueden verse también en la situación de tener recurrir a instituciones asistenciales, tanto estatales como del tercer sector.
La decisión de acudir a estas entidades parece depender fuertemente del grado en que los afectados se auto-perciban como "necesitados" y estén dispuestos a asumir la posible estigmatización que el uso de estos recursos puede comportar, situándose públicamente en una condición de inferioridad de estatus, tal y como muestra la bibliografía antropológica sobre la reciprocidad y el don.
En ocasiones, vemos cómo la existencia de apoyo familiar, por limitado que este sea, puede frenar la demanda de apoyo al Estado o a las entidades asistenciales.
Así lo argumenta Maite:
"No nos ha hecho falta ir a los servicios sociales.
Con la ayuda de la familia...
Si fuéramos diciendo que él [el marido] solo cobra la ayuda y tal, probablemente sí que nos lo darían.
Pero como tenemos a mi suegra que nos cocina cada día..."
Frente a su situación, por la que se muestra agradecida hacia unos padres y suegros que ella misma caracteriza como "gente humilde", Maite describe cómo otra afectada por una ejecución hipotecaria, de origen migrante, tiene en la beneficencia su único recurso:
"Ella tiene tres [hijos] pequeñitos... así, escalonaditos.
A ella todavía le hace más falta.
Va a Cáritas a buscar comida y ropa.
Nosotros no hemos tenido que ir a Cáritas" (Maite) En el relato de Jenny aparece además la cuestión de la indignidad de esa vía de aprovisionamiento: "Es que allí [en al banco de alimentos] la gente hasta se peleaba por la comida.
Y mi hermana ya me dijo que no fuese, que ella me ayudaría, y más gente que me ha ayudado, mis jefes con la carne y demás... nos han ayudado mucho, en ese aspecto no nos podemos quejar" (Jenny).
Finalmente nos referiremos a la experiencia de la temporalidad que refieren los deudores en situación de impago.
Común a todos sus relatos es la sensación de vivir al día, sin posibilidad de planificar siquiera a corto plazo, debido a la incertidumbre respecto a la estabilidad residencial y económica.
A esa sensación alude Esteban cuando narra su día a día: "Así como antes veías el futuro la mar de bien, de feliz... que ibas a lograr cosas... ahora no. Porque hay una barrera ahí.
Lo único que puedes tener son ilusiones pero el futuro no lo controlas para nada.
Vas viviendo el día a día y esperando.
Estás viviendo solo a516 el día a día, a ver qué pasa.
Cuando te vas a dormir: «bueno, no ha pasado nada, nadie ha dicho nada, a ver mañana...»"
En tales circunstancias la planificación a más años vista queda completamente descartada, tal y como expresa Esmeralda: "Con lo de comprar en Castellón, la idea era irnos allí [al jubilarnos] y vender el de aquí, quitarnos la hipoteca y tener un dinerito... o alquilar este y tener una renta para juntarla con la pensión, que entonces era una porquería...
Y ahora ya ni te cuento, ya ni nos lo planteamos lo de la pensión.
Es lo bueno, aprendes a no planificar porque ¿para qué?"
Esto no significa, no obstante, que los deudores no se esfuercen por tratar de mantener puertas abiertas hacia el futuro, muy especialmente el de la siguiente generación.
En ese sentido descarta Esteban la posibilidad de que sus hijas abandonen los estudios para contribuir a la economía doméstica con un empleo a tiempo total: "Los colegios hay que pagarlos.
Lo que no vamos a hacer es decirles a nuestras hijas que dejen de estudiar.
Si el futuro ya está negro, intentan buscarse la vida, una carrera...
No puedes decirles que no. Ellas ya lo hubiesen hecho, pero les hemos dicho que no".
CONCLUSIÓN: MOROSIDAD Y RESPONSABILIDAD MORAL
Testimonios como el de Esteban, junto con los de otras muchas personas que han contribuido a este estudio etnográfíco, nos permiten primeramente sostener que, si bien, en efecto, la decisión de dejar de pagar la hipoteca implica la transgresión de una norma social profundamente arraigada, tal decisión deviene en realidad la única opción posible cuando la deuda resulta insostenible e impide la satisfacción de necesidades básicas, la continuidad de la vida en condiciones dignas.
Pero aún podemos llevar el argumento un poco más allá.
Sostenemos que la morosidad hipotecaria no debe ser interpretada, en la línea de ciertos discursos desacreditadores de los deudores y sus movilizaciones, como una falta de compromiso con la propia situación y con la de aquellos con quienes se han contraído obligaciones -ya sea mediante un contrato, como ocurre con los distintos proveedores y acreedores no hipotecarios, ya sea en términos morales, como ocurre con los hijos u otras personas dependientes.
Por el contrario, cruzar la frontera del impago, con todas las dificultades, incertidumbres y sufrimientos implicados en ese paso, constituye una respuesta, a menudo la única posible, al deterioro de la economía doméstica causada por situaciones adversas como el desempleo, la disminución de los ingresos, los problemas de salud o las rupturas de pareja.
Todo ello sitúa a los hogares en una situación de inseguridad en la tenencia de la vivienda que autores como Sales i Campos (Diagnosis 2013; Sales i Campos, 2014) identifican plenamente como una forma de exclusión residencial 8.
Particularmente en el caso de los deudores hipotecarios, las graves dificultades experimentadas en el intento de adaptar las economías domésticas al entorno cambiante de la crisis financiera evidencian la rigidez de la estipulación de los términos de devolución (Guyer, 2012) y la violencia implicada en la obligación de pagar las deudas (Graeber, 2011).
Los términos de devolución establecidos en los contratos de préstamo hipotecario, que de entrada legitiman la actitud implacable de los acreedores y el hecho de que estos puedan prescindir de toda consideración moral, se ven cuestionados por la realidad de los deudores.
Estos, obligados a escoger entre "comer o pagar", reclaman la remoralización de la relación crediticia a la luz de su situación actual.
Y en ocasiones denuncian además el carácter abusivo y fraudulento de unos préstamos que, ya de entrada, al dirigirse a sectores de población económicamente vulnerables y contemplar en consecuencia una alta probabilidad de impago, constituían desde un principio una perversión de las relaciones crediticias, dado que el acreedor no necesariamente aspiraba a que el crédito le fuera reembolsado (Gregory, 2012).
De hecho, los datos presentados ilustran cómo dejar de pagar las cuotas hipotecarias puede ser la única manera de seguir cumpliendo con el resto de responsabilidades que, aun en circunstancias económicas muy adversas, se consideran asumibles -por guardar proporción con los propios medios-o bien moralmente superiores -por responder a la inserción de los deudores en relaciones de reciprocidad.
El deudor "de buena fe" se resignifica, así, como alguien que, pese a haber cejado en el empeño de seguir pagando las cuotas hipotecarias a toda costa, incumpliendo así con lo que de entrada se considera la principal obligación financiera de los grupos domésticos, mantiene una actitud comprometida con el mantenimiento de la vida y de la dignidad.
152), el número de hogares sin ningún tipo de ingreso experimentó un aumento considerable durante los años de la crisis, entre 2007 y 2014.
[2] Esto se refiere a la doctrina rebus sic stantibus, según la cual un contrato puede llegar a declararse nulo ante una alteración sobrevenida de las circunstancias en las que fue firmado.
Existe desacuerdo entre los jueces que hemos entrevistado acerca de su aplicabilidad en el caso hipotecario.
[3] Real Decreto-ley 1/2015, de 27 de febrero, de mecanismo de segunda opor-tunidad, reducción de carga financiera y otras medidas de orden social.
[4] Nótese el contraste entre esos ideales y los de los modelos de éxito social y económico que pretenden imponerse como hegemónicos, como los que provienen del mundo de las finanzas o de la cultura de Wall Street (Ho, 2009).
Esa fue la experiencia de Jenny cuando volvió a instalarse en casa tras el lanzamiento.
[7] Cáritas ofrece un Servicio de Mediación en Vivienda, mientras que la Agència de l'Habitatge de la Generalitat de Catalunya ofrece un servicio de asesoramiento llamado Ofideute, y la Diputació de Barcelona ha creado una red de puntos de información llamada Servei d 'Intermediació en Deutes de l' Habitatge, normalmente ubicados en las Oficinas de Vivienda de los ayuntamientos.
13) identifica los retrasos en el pago de la hipoteca como factores estructurales -relacionados con procesos económicos o dinámicas del mercado inmobiliario-que pueden llevar al sinhogarismo en la medida en que la tenencia de la vivienda se torna insegura ante el riesgo de desahucio y en que los afectados por las ejecuciones pasan a vivir bajo un techo sin permiso legal, en situación de ocupación, o bien a hacerlo con amigos o familiares o en régimen de realquiler.
Esta investigación ha sido financiada parcialmente por la Wenner Gren Foundation for Anthropological Research (Post-PhD Grant 2014) y por la Generalitat de Catalunya (SGR 2014).
La autora agradece a Balint-Ábel Bereményi y a los participantes en el panel "la crisis hipotecaria en el Estado español: impactos y respuestas sociales", celebrado en el marco del I Congreso de la Asociación de Antropólogos Iberoamericanos en Red, las sugerencias para la mejora de las versiones anteriores del texto.
También expresa su agradecimiento a todas las personas que se han prestado a colaborar con la investigación aportando sus experiencias. |
A través del análisis de entrevistas semi-estructuradas, los resultados muestran cómo los interlocutores construyen un relato legitimador de la desobediencia civil como última opción en una serie de protestas por el derecho a la vivienda.
Haber sido desahuciado, no tener dónde vivir y la incapacidad del Estado para ofrecer vivienda social son algunas de las razones justificativas expuestas por los entrevistados.
Al final suelen mostrar su voluntad de cumplir con las obligaciones ciudadanas y pagar un alquiler social según sus ingresos.
INTRODUCCIÓN AL MERCADO DE LA VIVIENDA EN EL ESTADO ESPAÑOL Y EN CATALUÑA
El mercado de alquiler de viviendas en el Estado español está por debajo de la media europea.
Las causas de esta inferioridad de arrendamientos se remontan medio siglo atrás (Alguacil Denche et al., 2013).
Durante las décadas de 1950 y 1960, la creciente inmigración desde las áreas rurales a las ciudades llevó a la construcción de nuevas viviendas mayoritariamente en régimen de propiedad.
Después, en 1970 y 1980, se promovió entre las nuevas construcciones la propiedad por encima del alquiler a través de descuentos fiscales a los propietarios y a los titulares de hipotecas.
Siguiendo esta senda, en 1996, los incentivos fiscales se extendieron a segundas y a terceras viviendas (Cabré Pla y Módenes Cabrerizo, 2004).
En 1998 hubo un punto de inflexión en la historia de la vivienda en el Estado español, con la aprobación de la ley del suelo.
Esta ley llevó a la liberalización de las recalificaciones del suelo y se transfirieron las competencias de urbanización de este a las comunidades autónomas y a los gobiernos locales, sin mecanismos de control.
Con relación al derecho a la vivienda y a las políticas para desarrollarlo, en 1978 la nueva constitución española incluía el derecho a la vivienda en el artículo 47 1.
Aunque se edificó vivienda social, mayoritariamente de protección oficial, la cantidad no fue suficiente para cubrir la demanda; además era fundamentalmente de propiedad y la categoría de protección oficial tenía habitualmente una temporalidad finita, hecho que propició las reventas de inmuebles a precios de mercado (Pareja Eastaway y Sánchez Martínez, 2012).
Otro factor importante en esta investigación es la ley hipotecaria vigente, escrita y aprobada en 1946 durante la dictadura franquista.
Entonces las hipotecas no estaban tan extendidas y eran pactadas por períodos cortos.
En el año 2000 se produjo otro hecho relevante: el gobierno español alteró la ley estableciendo que los titulares de las hipotecas pasarían a ser plenamente responsables de la totalidad de la deuda aunque no pudieran pagarla y el banco hubiese embargado dicha propiedad, con la agravante de que la modificación también establecía intereses de demora y costas judiciales.
En los casos en que los titulares contrataran una hipoteca por primera vez, o las hipotecas supusieran más del 80% del valor económico de la vivienda, era necesario tener avalistas.
Estos avalistas podían pasar a ser responsables de la deuda en el caso de que los titulares no pudiesen pagar, como sucedió en muchos casos (Palomera, 2014).
La entrada del Estado español en la Unión Europea permitió a los bancos ofrecer créditos a un interés más bajo, al mismo tiempo que les llevó a vender más crédito para incrementar los beneficios (Naredo, 2009).
En 2008, cuando el mercado hipotecario de Estados Unidos entró en crisis, la economía española cayó en recesión.
El incremento de precios en los inmuebles se detuvo y su venta empezó a disminuir.
Dentro de este contexto, también la denominada economía real se resintió y la tasa de desempleo empezó a subir, llegando al 27,16% en el primer trimestre de 2013 (véase Instituto Nacional de Estadística.
Encuesta de población activa) y dificultando por ende el pago de hipotecas y alquileres.
La exclusión social debida a factores residenciales se incrementa (Alguacil Denche et al., 2013) y el fenomeno del sinhogarismo dificulta la participación de las personas en su entorno immediato, el acceso a ciertos derechos a través del padrón y el desarrollo de la socialización y la intimidad de la persona en el hogar (Sabaté, 2014).
El sinhogarismo incluye, de acuerdo con la European Federation of National Organisations Working with the Homeless (FEANTSA), tanto la falta de un hogar y la pernoctación en el espació público como la precariedad habitacional; incluye también la falta de suministros básicos, subarriendo de habitaciones, ocupación de viviendas o vivir acogido en casa de familiares o amigos (Alguacil Denche et al., 2013).
Así, la residencia se confirma como uno de los factores potenciadores de pertenencia al entorno inmediato (barrio, ciudad) que, en casos de pérdida o deterioro de la vivienda, deriva habitualmente en exclusión social, obstaculizando la participación y la integración en la sociedad (Sabaté, 2014).
La finalidad de la PAH es la de trabajar por el derecho a una vivienda digna, denunciando la especulación y acumulación de inmuebles vacíos que ha caracterizado la expansión del urbanismo, sobre todo en la primera década del siglo XXI.
Así, las acciones de la PAH apelan al derecho a la vivienda contemplado en el artículo 47 en la constitución española, y también en tratados internacionales como la carta de los derechos humanos.
La PAH ha desarrollado diferentes campañas.
Cabe destacar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para regular la dación en pago retroactiva y otros aspectos 2, y también la campaña de escraches para presionar a los políticos del parlamento español contrarios a la dación en pago mediante la visualización pública de su posicionamiento.
Otras campañas consisten en frenar los desahucios, invitando a la concentración de gente delante de la casa de la persona afectada en el momento en que el desahucio se lleva a cabo; así como la campaña de la vivienda social conocida como la obra social de la PAH.
A su vez, se llevan a cabo acciones en marcos supralocales y supraestatales, como la denuncia de la ley hipotecaria española ante las Cortes europeas y el informe a la relatora especial de la ONU sobre el derecho a una vivienda digna, entre otras.
En este entorno, la PAH ha conseguido parte de sus objetivos a corto y a medio plazo, como por ejemplo la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y del Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo dictaminado que la ley hipotecaria española es incompatible con la directiva de protección de los consumidores de 1993 y con el artículo 47 de la carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea (Colau y Alemany, Enero 2013.
2007-2012: Retrospectiva sobre desahucios y ejecuciones hipotecarias en España, estadísticas oficiales e indicadores).
La campaña la obra social de la PAH 3, en la que esta centrado este análisis, se inició en 2011, cuando muchas de las personas desahuciadas no tenían dónde vivir.
Es en este contexto en el que el discurso de la campaña florece, argumentando en primer lugar que la ley hipotecaria española establece o posibilita que, después de la pérdida del inmueble residencial, la deuda aún no quede cancelada, lo cual crea una situación de profunda vulnerabilidad.
Además, el Estado o en el caso de Cataluña la Generalitat 4 no dispone de suficientes viviendas sociales o centros de acogida para hospedar a todos los afectados, y se observa que en la mayoría de los casos las familias ni siquiera pueden asumir el coste de las viviendas sociales de protección oficial.
Los bancos acumulan viviendas vacías que no se venden a causa de la crisis económica y las políticas públicas que obligan a las entidades financieras a alquilar esos inmuebles son escasas y de aplicación lenta.
El código civil español establece que la vivienda tiene una función social y que los edificios vacíos no están realizando dicha función.
En este marco la campaña la obra social de la PAH consiste en la ocupación de edificios vacíos que pertenecen a la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB) 5 para dar una función social a las viviendas vacías y recuperar así el derecho a la vivienda.
La campaña de la PAH ofrece los edificios vacíos a personas y familias vulnerables que no tienen alternativa habitacional, exigiendo a los gobiernos (el español, los regionales y los locales) y a los bancos una negociación para obtener un alquiler asequible para esas familias.
La selección de los individuos se hace según criterios económicos y en función de sus posibilidades de encontrar alternativas habitacionales.
Hay otros criterios, como la existencia de menores, que se acuerdan en cada núcleo de la PAH.
Las personas que entran a vivir en un edificio de la PAH necesitan acreditar sus ingresos y la ausencia de alternativas habitacionales a través de un informe de servicios sociales.
De 2011 a 2014 hubo 40 bloques de pisos ocupados y aproximadamente 3.000 personas realojadas en el Estado español; algunos bloques lograron el alquiler social 6 mediante negociaciones con los bancos (véase Cómo contactar con la PAH).
En Cataluña se ocuparon hasta 25 bloques en diferentes ciudades como Sabadell, Barcelona, Salt, Manresa y Terrassa.
Finalmente cabe mencionar y contextualizar la existencia del fenómeno okupa en Cataluña, anterior a la a517 campaña de la PAH.
Las referencias a este movimiento se registran en la década de 1980 y desde entonces arraiga, caracterizado por un alto grado de diversidad.
Durante estas décadas los activistas del movimiento okupa son los principales actores que reclaman el derecho a la vivienda a partir de acciones visibles, tales como ocupaciones de inmuebles, de naves industriales, etc. Este movimiento tiene mayoritariamente un fuerte componente identitario y cerrado en sí mismo, con sus demandas políticas contra la propiedad privada y el sistema capitalista (Mir García, França, Macías y Veciana, 2013).
A mediados de la década de los 90, en toda Europa hay cambios significativos en el movimiento okupa, que se observan también en Cataluña.
Este movimiento entra en contacto con otras reivindicaciones contemporáneas en auge, como el movimiento altermundista.
El resultado de estos procesos influye en la apertura del movimiento okupa, que se va relacionando con las comunidades donde están albergados los inmuebles.
Sin embargo, aún pesa el factor identitario en el movimiento y la diversidad dentro del tipo de okupaciones (Mir García et al., 2013).
Dada la naturaleza de la pregunta de investigación, ¿cuáles son las razones que llevan a personas sin activismo político previo a participar en la campaña de ocupaciones colectivas la obra social de la PAH?, la metodología escogida fue la cualitativa, ya que permitía entender el fenómeno en su complejidad a través del análisis del discurso.
Específicamente la técnica usada para la recogida de datos fue la entrevista semiestructurada, con preguntas abiertas.
La muestra consiste en dieciocho entrevistas a diecinueve personas mayores de edad, que participaban en el momento, que habían participado, o que habían ayudado a participar (en el caso del portavoz) en la campaña la obra social de la PAH.
Se entrevisó a trece mujeres y a seis hombres de cinco ciudades de Cataluña: Salt, Blanes, Manresa, Sabadell y Barcelona.
La selección de los informantes se realizó de manera que fuesen entrevistadas personas de género femenino y masculino, de los diferentes núcleos donde se habían dado las ocupaciones de la PAH y que no habían tenido experiencia en ningún tipo de movimiento social o entidad previamente, excepto el portavoz (véase la tabla 1).
En los casos de Salt y de Barcelona las personas ya no vivían en pisos ocupados, sino que habían conse-guido un alquiler social u ocupaban por su cuenta 7.
Por lo que refiere a Manresa y a Sabadell las personas entrevistadas vivían en bloques ocupados íntegramente como parte de la campaña.
Y en el caso de Blanes no eran bloques, sino pisos individuales repartidos por la ciudad.
Como se recoge en la tabla, de las personas entrevistadas catorce no estaban trabajando en la economía formal debido a diferents motivos y responsabilidades, desde el cuidado de los familiares dependientes hasta realizar un trabajo en el sector informal de la limpieza.
Además, dos no trabajaban por motivos de enfermedad y cuatro tenían contrato pero este no era de jornada completa sino de media jornada o inferior.
Algunas personas declararon trabajar ocasionalmente en la economía informal, pero eso no les suponía un ingreso estable ni suficiente para alquilar un piso a precio de mercado.
De las personas en situación de paro algunas cobraban subsidios del Servicio Público de Empleo Estatal, otras estaban pendientes de la renta mínima de inserción de la Generalitat de Cataluña (PIRMI), y otras estaban sin ingresos de ningún tipo por el momento.
La mayoría recibían alimentos por parte de alguna entidad social o a partir de la autoorganización en la PAH.
Su nivel educativo era mayoritariamente primario o secundario y solo el portavoz tenía estudios universitarios.
La mayoría de las personas entrevistadas, concretamente catorce de diecinueve, tenían hijos conviviendo con ellas en los pisos ocupados.
De las personas entrevistadas seis eran mujeres solas con sus hijos, que en la mayoría de casos no recibían la pensión correspondiente por parte de sus exparejas.
Finalmente, en términos de inmigración, ocho de las personas entrevistadas eran nacidas fuera del Estado español, concretamente en países de Sudamérica y de África.
Ninguna de las personas entrevistadas había estado previamente implicada en luchas sociales o en entidades reivindicativas (excepto el portavoz).
El objetivo de las entrevistas era analizar las experiencias de los interlocutores en la PAH y su discurso en torno a la legitimidad de las prácticas de desobediencia civil en las que estaban o habían estado implicados.
Se ofreció anonimato a los interlocutores para protegerlos de represalias a causa de su implicación con las prácticas de desobediencia civil.
En cuanto al lugar de la entrevista, fue generalmente en casa del entrevistado.
En este estudio se han usado diferentes teorías para aproximarnos al fenómeno estudiado en su complejidad.
Ciertos elementos coyunturales como la crisis financiera global, la función social de la vivienda, el análisis del movimiento okupa en Europa y las teorías sobre los movimientos sociales son considerados explicativos para un posterior análisis del trabajo de campo desarrollado.
Harvey (2012) analiza la expansión de los mercados financieros y el proceso de urbanización global desde la perspectiva de denominación de clase.
El geógrafo entiende el proceso de urbanización como una expansión de la plusvalía 8, que la clase capitalista utiliza para invertir y maximizarla.
De esta manera se cumple con la esencia del capitalismo: expansión constante para sobrevivir.
En este sentido, el urbanismo ha servido desde el siglo XIX como sector estratégico para canalizar la inversión, para seguir con la expansión necesaria y para aumentar las ganancias (Lefèbvre, 2013).
Saskia Sassen (2012), también desde una perspectiva marxista, analiza el sistema de deuda Tabla 1.
Datos de los informantes y situación de la deuda hipotecaria a517 internacional y la expansión del mercado financiero a nivel global.
Según Sassen (2012), el poder financiero explota a las personas, incluyendo la burguesía nacional de cada país.
Desde la primera década del siglo XXI, el capitalismo financiero se ha ido expandiendo y ha ido ganando espacio al capitalismo productivo.
La privatización del suelo, de la vivienda social, y la liberalización del mercado del suelo y de la vivienda forman parte de la acumulación primitiva necesaria en esta transición, forzando a las personas a adquirir créditos para poder acceder a un hogar.
Irene Sabaté (2014) analizó las diversas funciones sociales y los significados simbólicos de la vivienda.
El lugar donde habitan los seres humanos es, en general, donde se desarrolla la intimidad, las actividades relacionadas con la higiene, el ocio, la socialización, el trabajo reproductivo y en algunos casos productivo y el almacenamiento de pertenencias.
Los modelos de cohabitación son variados: viviendas con un solo núcleo familiar o con una sola persona, o con varios núcleos familiares o con varias personas sin vinculo familiar.
La vivienda aporta también una relación con el exterior, tal como la interacción con los vecinos o la participación y el uso de los recursos de los barrios.
Las características del hogar, las condiciones del inmueble, los recursos del barrio influyen en las posibilidades de acceder al mundo laboral y en el proceso de creación de identidades.
Finalmente es necesario destacar la relación que existe entre el acceso a un hogar y los derechos de ciudadanía.
El empadronamiento es habitualmente necesario para proceder a la solicitud de subsidios, al acceso a la educación o a la salud.
En la ausencia de un inmueble donde vivir, como serían los casos de desahucio o sinhogarismo, la pérdida afecta a los espacios donde se lleva a cabo parte de la vida diaria como ya se ha mencionado anteriormente, propiciando la exclusión social.
Además, Sabaté (2014) ahonda en el análisis apuntando que, en los casos de desahucio debido al incumplimiento de los pagos de la hipoteca, se observa un sentimiento de culpa, de decepción por no haber sido capaz de pagar la deuda contraída, entendiendo la situación como un fracaso individual más que como un problema de correlación de factores de naturaleza estructural.
Con relación a las ocupaciones de viviendas en Europa, Hans Pruijt (2004) las analizó y categorizó.
En esta investigación se utilizarán dos de sus categorías analíticas: la ocupación debida a la pobreza y la ocupación política.
Pruijt (2004) incica que la primera categoría es la más antigua en Europa y consiste en el uso de edificios vacíos sin el consentimiento del propietario por parte de individuos que por cuestiones económicas no podrán acceder a una vivienda.
Señala que el perfil de personas susceptibles de participar en este tipo de ocupaciones ha ido variando con el tiempo pero tienen como patrón común el no tener otra alternativa para acceder a un hogar que ocupar, y el no tener otras problemáticas sociales, como podría ser una drogadicción, el uso habitual de la violencia física, etc. Algunos de los perfiles que han participado en estas ocupaciones son: personas inmigramtes sin papeles, familias sin techo, etc. En la mayoría de los casos, los ocupantes cuentan con la ayuda de activistas sociales en los momentos de apropiación del edificio y para el asesoramiento legal.
Los inmuebles escogidos para ocupar suelen ser de titularidad pública o de un actor del que se espera cierta responsabilidad social.
Las demandas políticas suelen centrarse en la obtención de una vivienda formalizada, en la denuncia de la ineficiencia política y en la infrautilización de edificios, pero no suelen orientarse hacia un cambio estructural del sistema político y económico.
La otra categoría de ocupación significativa para la investigación es la ocupación política, comúnmente conocida como okupación.
Pruijt (2004) apunta que el objetivo de estas ocupaciones es construir un contra-poder al Estado para poder cuestionar el papel de este, pero también para cuestionar el marco ideológico del sistema político-económico.
El autor también menciona que en este caso las acciones de ocupación no contemplan en general dentro de su repertorio la negociación con las autoridades políticas.
La desobediencia civil y su uso también es uno de los elementos esenciales que se estudian en esta investigación.
John Rawls (1971) la definió como un acto no violento, realizado pública y conscientemente, donde se infringe una o varias leyes, con el objetivo de denunciar una normativa legal considerada injusta y promover un cambio de esta.
Entonces los individuos implicados en un acto de desobediencia civil están dispuestos a aceptar las consecuencias legales que se deriven de la infracción.
En esta senda la justificación y la comunicación de las acciones de desobediencia civil tienen un rol crucial.
Habitualmente la comunicación de las razones y de los derechos que se pretende defender con la acción transgresora busca llamar la atención, para posteriormente crear debate en torno a las demandas y así aumentar la presión hacia un cam-a517 bio de políticas o de leyes.
En ocasiones supone la interpelación a personas con capacidad ejecutiva y legislativa para que ofrezcan argumentos para mantener la ley cuestionada.
Partiendo de la base de que la ciudadanía tiende a obedecer la ley, la desobediencia civil se ejerce después de haber recorrido los mecanismos legales a disposición.
De acuerdo con Rawls (1971) esta estrategia de desacato parece más justificada cuando se han demandado cambios en el gobierno, estos no han prosperado y la situación se plantea como desesperante.
47) aporta una definición de movimiento social como grupo de individuos con propósitos comunes y solidaridad entre ellos que adoptan retos colectivos con una sostenida interacción con las élites y autoridades.
Se parte de la idea de que, para conseguir sus objetivos, los movimientos sociales desarrollan un repertorio de acciones colectivas (Tilly, 1986).
Esta variedad de actividades disponibles para perseguir sus fines queda condicionada por el contexto político y social y por las características del grupo que desarrolla la acción.
Gamson (1992) ya apuntó que el discurso de un movimiento social está influido por las acciones colectivas del movimiento, que dan sentido a sus objetivos y capacidades.
Además, la acción colectiva da nueva información para evaluar y promover el debate sobre el marco ideológico y sobre el repertorio de acciones disponibles.
Así, Marina Sitrin (2012) reconoce en su análisis los factores emocionales que influyen en la implicación y en el funcionamiento de los movimientos sociales.
El aprecio y la confianza de los participantes entre sí son valores cruciales en las interacciones de los colectivos.
Estos dos factores influyen en el fortalecimiento de los lazos en el movimiento social, en la identificación de las personas con los compañeros y en el marco ideológico del movimiento en cuestión.
En el análisis de las entrevistas se identificó el proceso de construcción de un relato justificativo del uso de la desobediencia civil y de la legitimidad de la citada campaña.
En este apartado se irán detallando algunos de los aspectos más relevantes del análisis del discurso.
En primer lugar, las personas entrevistadas se presentaban como ciudadanos comunes que se habían visto afectados por el contexto de crisis y que en su imaginario no esperaban vivir jamás esta situación.
De este modo apelaban frecuentemente a la empa-tía con el resto de los ciudadanos de clase media o baja, cuyo estatus socioeconómico hasta hace poco compartieron.
En su discurso explicitan una autopercepción notoriamente dispar con respecto a los movimientos okupa.
Los entrevistados citaban un sueldo digno, la ausencia de deudas y el hecho de regentar un pequeño negocio como características acreditativas de personas cumplidoras con el deber de ciudadanía y poseedoras de una autonomía económica.
No obstante, la aparición de dificultades económicas en su vida, como la pérdida del trabajo, la separación del cónyuge o la aparición de una enfermedad que les impedía trabajar (por citar tres de las más frecuentes) había hecho que perdieran la estabilidad y empezaran a tener incumplimientos con los pagos de la hipoteca y con otros gastos básicos.
Reiteraban que no se habían podido imaginar que les cambiaría la vida de esta manera, e incluso que se arrepentían de haber acometido ciertos gastos cuando las cosas les iban bien:
"No me había imaginado nunca que tendría que ocupar porque mi padre trabajaba en una empresa en Sallent, era un encargado, cobraba 3.000 euros... por eso es mucho más difícil que bajes.
Ahora no trabaja ninguno de los cinco" (Abdelhali).
La responsabilidad de tener hijos conviviendo con los entrevistados era una de las razones que identificaban como determinantes para participar en la campaña de la PAH, ya que sentían el deber moral y legal de evitar que durmieran en la calle: "Si fuera yo sola en la calle, no pasaría nada.
Si fuera con mis hijos es otra cosa.
Mis hijos son pequeños aún, la mayor tiene trece años, la segunda nueve años, después uno de ocho años.
Y Hannan tres años" (Abbie).
"Si no tengo sitio donde ir, tengo que ocupar, no puedo dormir en la calle con mis hijos y la mañana siguiente los servicios sociales me quitan a mis hijos" (Fatou).
Aparte de tener un techo, aspectos relacionados con los beneficios individuales son citados también por los informantes en términos de políticas afectivas (Sitrin, 2012), como la sensación de seguridad y de una red de contactos, o elementos de carácter más logístico como el soporte legal y la facilidad en la negociación de un alquiler.
Sanae explicó que ella, junto con sus hijos y su marido, había pagado a unas personas para que les abrieran un piso que era supuestamente del banco.
Pero al a517 cabo de pocos días, les llamaron informándoles que el piso tenía una orden de desahucio y que se tenían que ir.
Ella mencionaba que "el hecho de ocupar con la PAH hace que tengas menos miedo.
Sientes que estás protegida y no estás sola".
Gladys había ocupado por su cuenta antes de conocer la PAH y narraba así su experiencia: "Aquí en esta ocupación [refiriéndose a la de la PAH] no estás solo, es una acción colectiva, somos mucha gente.
Además, tú aprendes que, si cuelgas un cartel anunciando que estás dentro, la policía no puede entrar.
También te puedes empadronar con esta dirección en el ayuntamiento.
Antes de vivir aquí, ocupé por mi cuenta y estaba muy muy asustada.
Entré en la casa a las 3 de la noche, y no salí en dos días porque pensaba: «¿y si me vienen los vecinos o la policía?»"
Haber sido engañados a la hora de adquirir una hipoteca por personas en las que tenían confianza también es citado reiteradamente entre las personas entrevistadas, confirmando la hipótesis de Contreras Jiménez de que se contrae la hipoteca sin tener un conocimiento técnico adecuado.
"Mi director de banca me dijo que yo aseguraba el futuro de mis hijos porque me quedaba con el otro piso, me subrogaron una hipoteca que era de mi ex marido, que solo se debía en ese momento 28.000 euros.
Pero claro... dónde llegó mi ignorancia cuando me incluyeron los adeudos de él: hacienda, embargos de hacienda, de tráfico, de las comunidades, retrasos que tenía de la empresa que él tenía..."
"Yo en ese momento confiaba mucho en mi expareja y en mi director de caja.
Mi director de caja era una persona de buen trato, que yo siempre había confiado.
Él me decía que yo era una persona que sabía pensar, que como los niños iban creciendo... pues esto era para su futuro.
Yo no sabía en lo que me metía" (Carmen).
En este sentido, los interlocutores destacaron que la PAH les sirvió como empoderamiento individual y como adquisición de consciencia de sus derechos y obligaciones como ciudadanos y especialmente en materia financiera (McAdam y Snow, 1997).
"La experiencia de la PAH me gusta, estoy estudiando muchas cosas, llevo aquí [en Cataluña] muchos años y nunca sabía tanto sobre derechos.
Ahora sé cuales son mis derechos, antes no lo sabía, estaba como si viviera en otro mundo.
Ahora gracias a Dios he aprendido muchas cosas.
Antes, cuando yo iba por los sitios me ponían muchas tonterías en la cabeza, lo aceptaba y me iba a mi casa.
Pero yo ahora sé que hay algunas cosas que tengo que enfrentar" (Fatou).
Uno de los aspectos cruciales en la construcción del relato en torno a la obra social de la PAH es la reiteración por parte de las personas afectadas de la voluntad de regularizar su situación de ocupación hacia el pago de un alquiler, pero un alquiler asequible según sus ingresos.
Las razones más mencionadas para explicar la necesidad y la voluntad de pagar un alquiler eran, por un lado, la seguridad de tener un contrato legal y así dejar de cometer una ilegalidad y, por otro lado, cumplir con el deber moral de pagar por el uso de una vivienda.
Lo que me preocupa es el trabajo.
Si uno de los dos encuentra trabajo, buscamos directamente un piso de alquiler y dejamos este piso.
Así tendría mi contrato, una cosa mía.
Ahora me siento que tengo piso y no tengo piso" (Hafida).
En el caso de los informantes de Blanes la existencia de un contador social impulsado por el área de servicios sociales del ayuntamiento y la empresa de agua era mencionada como prueba de que tenían voluntad de pagar un precio adaptado a su nivel adquisitivo.
"Nosotros no queremos ocupar y no pagar, no. Queremos un alquiler social, que a lo que ganamos nosotros podamos pagar.
Y nosotros no queremos ser okupas, y hemos puesto un contador social de agua" (Juan).
También se encontraron dos casos ligeramente diferentes, ya que estos expresaron la voluntad de tener un alquiler social, pero mencionaron que no tenían interés por regular su situación en aquel momento ya que, debido a su inestabilidad económica, temían no poder pagar el alquiler social y ser desahuciados nuevamente.
"Yo no estoy negociando con el banco ni los voy a ir a buscar.
Si firmas un alquiler solidario y te estás tres meses sin pagar te pueden echar.
Que vengan ellos y negociemos una cantidad.
Yo ahora en verano voy a estar cobrando 800...
900 euros y con eso me tengo que organizar todo el año.
No voy a pagar 700 euros entre alquiler, agua y luz... y quedarme con 200 euros para comer.
Mi intención es que ellos vengan, no vamos a ir nosotros a buscarlos" (Raúl).
Aquellos interlocutores que ya estaban pagando un alquiler expresaban su conformidad, pero albergando cierta desconfianza respecto al cumplimento del período de cinco años que se les había concedido.
Otro aspecto que muestra su inexperiencia en ocupaciones y su voluntad de ser "buenos ciudadanos" es a517 el caso de dos mujeres que destacaron haber tenido sentimientos de vergüenza y culpabilidad durante las ocupaciones.
En un caso, la persona pensaba que el resto de vecinos del edificio que no estaban ocupando la miraban mal, porque ella no estaba pagando los suministros ni el alquiler.
En el otro caso, Carmen se sentía avergonzada porque creía que estaba utilizando un piso que no era suyo: "A mí la desobediencia civil me costó, los primeros días que vivía en el bloque ocupado, yo me moría de la vergüenza, entraba corriendo.
Pero un día el niño me dijo «mamá, esta es nuestra casa».
Yo me les quedé mirando y vi que tenía que aprender mucho de mis hijos, ellos lo vivían como felicidad, ellos ya no vivían en el salón o en el sofá de nadie.
Después dije: «¡a la porra los complejos!»
Y además mi objetivo era el alquiler social, lo que teníamos que hacer era presión al banco" (Carmen).
Paralelamente a la voluntad de ser inquilinos formales que, como hemos visto, se desarrolla conjuntamente con la reivindicación de unos precios accesibles, también se subrayaba la necesidad y la voluntad de encontrar un trabajo como medida de sustento.
No obstante, los entrevistados de alrededor de 50 años mostraban ciertas dudas sobre la posibilidad de encontrar trabajo, comparándose con personas jóvenes supuestamente más preparadas.
En concordancia con la categoría de Pruijt (2004) de ocupación debida a la pobreza, la mayoría de los informantes constatan la diferencia entre el tipo de ocupaciones en las que participan y el movimiento okupa en Cataluña, que afirman haber visto por la televisión o en su propia ciudad, en el caso de Man-resa.
Los informantes que se expresaron en este sentido (doce de diecinueve) se distanciaron alegando principalmente cuatro argumentos: que las ocupaciones de la PAH eran pacíficas, que predominaban las familias, que no habían tenido otra opción que ocupar y que era una situación temporal.
El movimiento okupa era categorizado mayoritariamente como "jóvenes radicales", que en ocasiones pueden consumir drogas y que en algunos casos utilizan la violencia física.
Estas dos citas seleccionadas ilustran la distancia percibida:
"A mí nunca me gustó la idea de ocupar pisos porque para mí es como robar.
Cuando estaba viviendo en la calle San Ramón había jóvenes de veinte años ocupando pisos.
Entran cuando quieren y salen cuando quieren, fuman, gritan...
Pero cuando una familia tiene que salir a la calle con tres niños o con un niño... es muy duro.
Por eso yo... si encontramos trabajo alquilamos un pisito y así podremos seguir adelante.
Hay que luchar" (Hafida).
"El problema es que aquí en Cataluña el movimiento okupa está muy mal visto, porque la gente los ve como los típicos porretas que pasan de todo, que entran en un piso y viven la vida.
Y no es así ahora, en estos momentos no, hay familias... parejas que no pueden pagar ni hipoteca ni piso... y tienen que ocupar" (Rosa).
Una persona afirmó desconocer el movimiento okupa de Cataluña, pero mencionó haber escuchado el caso de Can Vies 9 en Barcelona y su resistencia, y añadió que las personas que ocupan lo hacen por necesidad y que suponía que este colectivo también tenía sus necesidades.
Por otro lado, el portavoz entrevistado de la campaña la obra social de la PAH en Cataluña mostró una opinión diferente al resto de los entrevistados.
Su opinión se podría enmarcar en el marco teórico de Tilly (1986), dado que apuntaba similitudes y diferencias entre los dos tipos de ocupaciones, debido al contexto histórico y político.
A su parecer, sí había diferencias entre los dos tipos de ocupación, pero también puntos en común, dado que las ocupaciones de la PAH habían heredado ideas y conocimiento del movimiento okupa de Cataluña, como sustentan Mir García et al., (2013):
"En el caso de Sabadell, no es un colectivo de afectadas quien empezó, sino que es gente politizada, que viene del movimiento okupa y la lucha por una vivienda digna, quien ve la necesidad y apuesta por formar un poco a ciegas un núcleo de la PAH, y desgraciadamente, debido a la dramática situación social, tiene éxito y viene mucha gente" (Martí).
No obstante, Martí también hizo constar diferencias tanto en el tipo de acción como en la comunicación, ambas facilitadas por el contexto de crisis hipotecaria.
En la obra social se había puesto mucho énfasis en la justificación y comunicación del uso de la desobediencia civil (Rawls, 1971) para ganar legitimidad ante el vecindario, ante la opinión pública y también frente al sistema judicial en caso de juicio.
Otra diferencia identificada por el portavoz es el contacto y predisposición para negociar con la administración pública y con los bancos para conseguir la regularización del alquiler.
"A diferencia de hace cinco años, cuando alguien ocupaba, la BRIMO 10 te metía tortas y te reventaba, y la gente te miraba como si fueses un cerdo y un perroflauta.
Y ahora la gente ha cambiado la percepción, la PAH ha conseguido cambiar la valoración, ha ido acumulando legitimidad sin prisa" (Martí).
La consecución de acciones de protesta previas al uso de la desobediencia civil (Rawls, 1971) está presente en el discurso de los entrevistados.
La presentación de la campaña de la obra social de la PAH se explicaba en relación con las otras campañas precedentes, como son Stop desahucios, ILP por el derecho a una vivienda digna, con las presiones a los bancos para negociar daciones en pago y alquileres sociales: "Primero aquí en la PAH trabajamos por conseguir firmas para la ILP, para conseguir, entre muchas otras cosas, la regulación de la dación en pago.
Pero no nos escucharon.
También hemos estado activas con parar desahucios, concentrándonos delante de las casas, hemos hecho manifestaciones dentro de bancos.
Pero, aun así, no hemos solucionado el problema, la gente sigue sin tener dónde ir cuando la desahucian, entonces solo nos queda ocupar.
Y así lo explicamos, hemos luchado en todos los otros aspectos y ahora tenemos que dar solucionar a las personas que no tienen donde dormir" (Teresa).
Asimismo, de acuerdo con Pruijt (2004), la titularidad de los edificios es significativa en la ocupación debida a la pobreza, ya que, si la entidad propietaria del edificio es un actor con responsabilidad social, se incrementa la legitimidad que puede generar la ocupación y la empatía en la población.
En el caso estudiado, los inmuebles pertenecen a algún banco o a la SAREB, los ocupantes lo comprueban previamente en el registro de la propiedad.
De esta manera se denuncia la existencia de pisos que no cumplen con su función social (Sabaté, 2014).
En esta cita Eugenio refleja su percepción sobre la titularidad de los edificios ocupados: En la construcción del relato también tiene un papel crucial el Estado que, en el caso de los entrevistados, es representado a través de las oficinas de servicios sociales municipales.
Todos los informantes, excepto el portavoz, estaban en contacto con el área de servicios sociales y algunos con otras áreas, como alcaldía o vivienda.
Las personas entrevistadas habían intentado encontrar soluciones a través de servicios sociales en forma de ayuda económica o vivienda social.
En general, la opinión con respecto a la administración pública local era negativa, de ineficiencia, de excesiva burocratización e incapacidad resolutiva.
Los ejemplos más comunes destacan la incapacidad de ayudarlos cuando tenían problemas con la hipoteca, incluso se constata que algunas trabajadoras sociales enviaban a los afectados a la PAH para que les ayudaran con la negociación de la deuda o la dación en pago.
La otra principal demanda de los entrevistados a los servicios sociales era la vivienda social, dado que, en todos los casos excepto en uno, nunca se les había ofrecido una vivienda, alegando sus bajos ingresos (incapacidad de asumir los costes) o debido a la lista de espera para entrar en esta (exceso de demanda):
"Cuando estaba pendiente del desahucio fui a la trabajadora social y me dijeron que con mis ingresos del paro no tenía acceso a un piso de protección oficial.
Me tramitaron para que recibiera comida de una ONG local y ya está.
No te dan soluciones allí" (Gladys).
"Cuando vas a servicios sociales te contestan: «ven mañana, a lo mejor te ayudamos»... y otro y otro día.
No te dan soluciones" (Juan).
El portavoz entrevistado añadía a las críticas a la administración pública la ausencia de liderazgo y las carencias en la garantía de derechos básicos, como es el derecho a la vivienda.
Apuntaba que la PAH realizaba negociaciones con los bancos para conseguir alquiler social, daciones en pago etc. de los afectados, y que en estas negociaciones raramente acudían representantes de la administración pública a dar soporte o para liderarlas.
Como se ha apuntado, entre los entrevistados había una excepción en materia de vivienda social.
A Luís y a su familia (ocho personas en total) les ofrecieron dos pisos de protección oficial que rechazaron a517 por no tener suficiente tamaño, en un caso, y en el otro porque estaba demasiado lejos de donde habían construido sus redes sociales.
Un aspecto que se reconocía como positivo de la relación de los entrevistados y los servicios sociales era la redacción de informes alegando que su situación era de emergencia social, que en caso de juicio adquirían valor, puesto que podían presentarse para justificar la ocupación:
"La juez fue valiente y les denegó la solicitud de desalojo cautelar que presentó SAREB.
Hubo una interlocutoría que venía a decir que SAREB no tenía ninguna urgencia en recuperar la propiedad, que la urgencia la tenían las familias que habían demostrado a los juzgados con informes de servicios sociales que no tenían dónde ir ni suficientes ingresos para alquilar" (Martí).
También en las entrevistas mencionaron como positivo el ambiente y las relaciones que se establecen en los edificios ocupados colectivamente, percibidos como un espacio de ayuda mutua y sentido de comunidad (Sitrin, 2012).
Entre las interlocutoras que habían vivido en el bloque de Salt, el sentimiento de comunidad se extendía y era recordado como algo diferencial de la experiencia.
Una de las mujeres destacó que el bloque de Salt era una experiencia que sobrepasaba la lucha por el derecho a la vivienda, creando vínculos comunitarios y de empoderamiento entre mujeres: "Cuando finalmente nos comunicaron que se realojaría a las personas que vivían al bloque que cumpliesen los criterios, nos negamos porque lo que nosotras queríamos era seguir viviendo juntas.
Aquí las mujeres nos organizábamos para cocinar, para cuidar de los niños, para limpiar, pero también para luchar, para luchar contra el capitalismo que permite que se salven los bancos y no las personas.
Y eso no queríamos perderlo.
Fuimos felices aquí" (Dinora).
En el caso de las informantes del bloque de Barcelona, comentaron que al principio la convivencia fue un poco difícil, por la organización de la limpieza y porque no tenían la misma situación personal y familiar, pero a lo largo del año que estuvieron en el bloque mejoraron la coordinación: "Al principio era duro, tuvimos problemas, no es fácil tratar de convivir.
Compartimos una zona comunitaria por la cual hacíamos una reunión quincenal.
Hubo rifirrafes porque uno decía «que tú limpias menos, que tú limpias más».
Lo típico de una comunidad.
Después de todo fue una experiencia muy bonita, que son gente muy buena" (Carmen).
Cuando se establecieron los cimientos de esta investigación en 2014 ya se intuía el liderazgo de la PAH en la reivindicación del derecho a la vivienda, en el uso de la desobediencia civil y en la movilización de las personas afectadas, aunque difícilmente podía anticiparse su impacto.
El presente artículo se ha centrado en los discursos legitimadores de la desobediencia civil y los resultados aportan información para la comprensión de las estrategias de protesta desarrolladas desde 2008 en la sociedad catalana y española.
En los análisis de las entrevistas se observó la construcción del discurso justificativo de la desobediencia civil, con los diferentes aspectos característicos apuntados por Rawls (1971): acciones previas de protesta, comunicación de la campaña, acatamiento de las consecuencias de la desobediencia.
El contexto histórico y político es también un elemento que hay que tener en consideración, condicionador del tipo de acción que hay que seleccionar en toda protesta y de su configuración (Tilly, 1986).
Con esta base, se constata que la categorización del fenómeno de las ocupaciones de inmuebles de Pruijt (2004) permite comprender la diversidad del movimiento, y asimismo entender que la ocupación debida a la pobreza es reproducible y, de hecho, se ha producido en otros países europeos en diferentes épocas.
No obstante, este artículo permite apuntar las relevantes especificidades de las ocupaciones en la campaña la obra social de la PAH y entender más profundamente este fenómeno a partir del análisis de la vivencia de los participantes y de la correspondiente interpretación de la desobediencia civil.
El análisis desarrollado confirma que las personas que se han visto forzadas a ocupar por carencia de una alternativa habitacional y que no habían participado antes en reivindicaciones se esfuerzan en legitimar la desobediencia civil, su condición de buenos ciudadanos y la temporalidad de la acción.
Paralelamente el discurso del portavoz, con una trayectoría de activismo previa, se centra más en resaltar las aspiraciones políticas de la campaña, apuntando la influencia de las ocupaciones políticas en la campaña la obra social de la PAH.
Los resultados de este estudio cualitativo ponen de relieve que la clasificación de Pruijt (2004) de ocupación debida a la pobreza confirma su validez y vigencia, aunque estas categorías no son herméticas y se pueden trazar similitudes y influencias entre ellas.
De esta manera, la crisis hipotecaria, la acción del estado y de los bancos, y la acumulación de legitimidad
[1] El texto del artículo 47 dice: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.
Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.
La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos".
[2] La ILP también proponía aumentar los alquileres sociales de los pisos vacíos propiedad de los bancos y demorar los desahucios por cuestiones económicas.
[3] El nombre de esta campaña hace referencia a la obra social de la Caixa, entidad con fines sociales que pertenece a CaixaBank, banco que ha protagonizado ejecuciones hipotecarias terminadas en desahucio.
[4] La Generalitat tiene competencia en materia de vivienda.
[5] La SAREB es una entidad financiera creada en 2012 con capital público y privado para gestionar los "activos tóxicos" de los bancos españoles.
[6] Por alquiler social se entiende una cantidad que hay que pagar por un inmueble que se sitúa por debajo de los precios del mercado y se establece teniendo en cuenta la situación económica de la familia.
[7] Es decir, de forma no vinculada a la campaña de la PAH y sin el objetivo de reivindicar un alquiler social.
[8] Desde un análisis marxista, la plusvalía es el beneficio obtenido de la diferencia entre el valor económico de aquello producido y el salario percibido por los trabajadores.
[9] Can Vies, en el barrio de Sants de Barcelona, es un Centro social okupado (CSO) desde 1997, que en 2014 fue desalojado por parte del Ayuntamiento de dicha ciudad, provocando un episodio de protestas extendidadas a toda la ciudad que terminó con el paro del desalojo y la posterior reocupación del edificio.
[10] Brigada móvil de los Mossos d'Esquadra.
Se trata de un cuerpo de la policía especializado en mantener el orden en las vías públicas donde se concentran masas de personas.
por parte de la PAH en la sucesión de anteriores campañas crean un contexto para que la campaña la obra social de la PAH pueda ser desarrollada, a pesar de que la mayoría de los participantes sean personas que no se habían involucrado previamente en reivindicaciones políticas.
El discurso legitimador, las pequeñas victorias tangibles (por ejemplo, conseguir alquileres asequibles para los ocupantes) y los aspectos internos de los grupos de ocupantes relacionados con la seguridad, el soporte y la ayuda mutua (Sitrin, 2012) forman parte del éxito y de la continuidad de la campaña.
Finalmente, el presente artículo apunta a nuevas direcciones de investigación, como la continuidad de la implicación de las personas con la PAH después de haber conseguido el alquiler social, la influencia que los cambios en el contexto económico y político en el nivel estatal, autonómico o local puedan tener en las estrategias de la PAH, y la evolución futura de la situación económica y social de las personas que han participado en la PAH.
Mi sincero agradecimiento a Pau, Irene y Ábel por sus sugerencias, y a las personas entrevistadas por su predisposición.
Informante Pseudónimo Género Edad País de origen Ocupación Situación de la hipoteca
Este artículo analiza los factores que llevaron a personas sin activismo político previo a participar en la campaña del |
Desde el estallido de la crisis económica la vulnerabilidad socioeconómica se ha ido agravando, tanto en cantidad de familias cuyas fuentes de ingresos han disminuido como en la gravedad de la situación, llegando a cronificar la pobreza en determinados sectores sociales.
Las ejecuciones hipotecarias han provocado serias dificultades para cubrir necesidades básicas como la alimentación, la higiene o los suministros de la vivienda.
En España, debido a las reformas neoliberales de los últimos años, la cobertura pública se ha reducido drásticamente.
Esto se ha traducido en un aumento de la sobrecarga de las redes familiares y comunitarias de apoyo.
En este artículo exploramos el tipo del capital social que la participación en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) otorga a las familias vinculadas.
A partir del análisis de los datos empíricos -recogidos a través de observación no participante y de entrevistas semi-dirigidas a 30 familias que han sufrido ejecución hipotecaria en el área metropolitana de Barcelona-discutimos hasta qué punto los lazos débiles entablados en la PAH pueden o no cumplir funciones de ventaja y de apoyo a las familias.
Por otra parte, nos preguntamos en qué procesos las familias pueden ejercer su acción en la PAH, y si esta forma de empoderamiento les aporta o no capital social y movilidad social.
Con el final del boom económico de España, el modelo inmobiliario español también entró en crisis, dejando tasas récord de endeudamiento de los hogares (Lorenzo Gilsanz, 2014; Naredo, 2010).
Las consecuencias negativas de la crisis empezaron a notarse ya desde 2007 en el cierre del mercado laboral.
Sus efectos negativos se ilustran claramente con las primeras ejecuciones hipotecarias y los subsecuentes desalojos a partir de 2009.
En un contexto donde el principal gasto de muchos hogares es la vivienda (Colau y Alemany, 2012; Laparra Navarro y Pérez Eransus, 2012; Sastre de Miguel y Fernández-Sánchez, 2011), con la reducción de los ingresos se acumulan las dificultades de hacer frente a las cuotas de la hipoteca.
158) en la segunda fase de la crisis económica, a partir de 2010, la principal lógica del Estado se centra en la reducción del sistema público de protección social.
En el modelo mediterráneo de bienestar (Moreno y Serrano, 2009) la familia, basada en una fuerte microsolidaridad (Moreno, 2006), juega un rol principal como red de protección y como distribuidor de bienes entre sus miembros.
Las limitaciones de la familia en este rol son evidentes si tenemos en cuenta las transformaciones que esta institución ha sufrido en las últimas décadas.
Cuando las familias pierden o no disponen de recursos propios para cubrir sus necesidades básicas, cuando sus redes de apoyo se rompen, cuando no pueden acceder a ciertas prestaciones sociales, el Estado falla en cubrir la insuficiencia de ingresos y la necesidad de cuidados, puesto que no están contemplados dentro de los objetivos de la protección social o lo están de forma tan limitada y escasa que no son efectivos.
En este contexto aparecen nuevos lazos de solidaridad que "se hibridan a medio camino entre las redes primarias y las redes formales" (Jaraíz y Vidal, 2014, p.
Un buen ejemplo de estos nuevos lazos de solidaridad es el surgimiento de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (la PAH), a raíz de la emergencia habitacional cada vez más visible que surgió a partir de la crisis inmobiliaria.
Las primeras movilizaciones sociales en contra del modelo inmobiliario español surgen ya durante el boom, denunciando la imposibilidad de los jóvenes de acceder a una vivienda asequible fuera de la lógica de los préstamos bancarios, pero a partir de 2009 la creación de la PAH marca un punto de inflexión como fuerza que aglutina a personas que han quedado fuera de los círculos de protección social y que sustituye cada vez más funciones públicas de apoyo y asesoramiento.
Desde su surgimiento las asambleas de la PAH se han extendido por todo el Estado.
Más allá de su principal aspiración de modificar la legislación hipotecaria (véase Emergencia habitacional en el Estado español.
La crisis de las ejecuciones hipotecarias y los desalojos desde una perspectiva de derechos humanos, p.
13), su función social ha ido cobrando relevancia.
Desde nuestra perspectiva es imprescindible comprender los colectivos locales de la PAH como entidades que representan los intereses de los afectados, a la vez que atienden con sensibilidad las necesidades básicas (alimento, luz, agua, gas, etc.), sociales y psicoafectivas de los individuos vinculados.
Las diversas funciones sociales de la PAH han surgido respondiendo a las necesidades emergentes de las personas, creando así unas relaciones y prácticas de solidaridad y reciprocidad, tanto para resolver casos como para recrear valores comunitarios ausentes de otros espacios en la vida cotidiana.
Sabaté (2014) resalta la función de apoyo mutuo de las reuniones periódicas, "brindando a los afectados una oportunidad para expresar sus preocupaciones y superar su aislamiento, al tiempo que toman conciencia de la dimensión colectiva de su problema" (p.
En los colectivos locales aparecieron grupos de ayuda mutua, asesoramiento psicológico o incluso comisión de género y vivienda o comisión de teatro, llamando la atención sobre tensiones y problemáticas familiares graves, así como sobre la necesidad de profundizar los vínculos sociales entre las personas, a menudo desvinculadas de sus anteriores redes familiares y de amistad (Newman, 1989, p.
Además, las asambleas, talleres, comisiones y acciones comunes no solo cumplen sus objetivos prácticos, socializadores y psicológicos, sino que explícitamente pretenden empoderar a través de la participación social, reforzar la actuación de las personas para poder enfrentarse de forma autónoma a los bancos, a las administraciones e instituciones públicas y privadas, así como a las consecuencias sociales del proceso.
A partir de esta realidad, contrastada en las entrevistas y en las observaciones realizadas, hemos planteado una serie de preguntas que guiarán este artículo: ¿qué tipo de relaciones sociales se entablan en la PAH y qué funciones sociales y psicoafectivas cumplen?, ¿hasta qué punto estas relaciones pueden significar una modificación en el capital social de los individuos?, las relaciones de la PAH ¿pueden producir movilidad social ascendente o movilidad social horizontal para los afectados?, ¿en qué sentido empodera la participación en la PAH?
A continuación revisamos algunas aportaciones teóricas y conceptuales en el estudio de las funciones del capital social y damos a conocer los aspectos metodológicos de la investigación, seguidos de los resultados empíricos y de la discusión.
CAPITAL SOCIAL Y LAZOS
Para comprender las complejas relaciones sociales y sus funciones en contextos de emergencia habitacional resulta necesario revisar algunas actualizaciones de las teorías de los capitales.
Bourdieu (1986) define el capital social como el conjunto de recursos potenciales relacionado con redes duraderas de reconocimiento mutuo que sirve para la reproducción social de las desigualdades.
De la misma manera, para Coleman (1988) el capital social es un recurso colectivo utilizable, incrustado en la estructura social, que tiene el rol de fortalecer los lazos internos entre los miembros de un grupo.
Souza Briggs (1998), en una aportación más reciente sobre capital social en condiciones de alta movilidad residencial, distingue entre relaciones sociales que funcionan como ventaja (leverage) frente a otras que sirven de apoyo (coping).
La función de ventaja del capital social ayuda a avanzar modificando las oportunidades de un individuo mediante información privilegiada o mediante contactos relacionados con fuentes económicas (trabajo, becas de estudios, etc.).
La función de apoyo del capital social sirve para lidiar con situaciones de emergencia (techo, alimentación, transporte, pequeños préstamos, etc.) y resulta especialmente útil en entornos de pobreza.
Souza Briggs (1998) agrupa en esta categoría también el apoyo emocional que no se limita a ciertas condiciones socioeconómicas (p.
Las redes sociales que se basan en lazos débiles (weak ties) (Granovetter, 1973; Henly, Danziger y Offer, 2005) con personas de un estatus superior suelen tener más funcionalidad de ventaja, ya que dan acceso a información, influencia y recursos que pueden mejorar la situación laboral y económica, así como facilitar la movilidad vertical.
La diversidad de contactos diferentes que tengan poco que ver entre sí conlleva variación en las experiencias vitales y conexiones sociales de sus miembros, de manera que es más fácil exponerse a nuevas oportunidades.
Esto implica que la red social que impulsa la movilidad económica de los individuos no está compuesta por personas de su mismo rango social, comunidad étnica o clase, sino por personas que están situadas en puntos mejor considerados de la estructura socioeconómica.
En cambio, la función de apoyo del capital social provee una amplia variedad de recursos, desde económicos hasta de cuidado, información y apoyo emocional, que reducen las dificultades de las familias y actúan como malla de protección frente a situaciones de desamparo.
Este tipo de relación permite lidiar con las adversidades y previene el descenso socioeconómico, por lo que es especialmente importante en familias con pocos recursos.
En este caso los lazos son densos y la relación mucho más próxima, a menudo motivada emocionalmente por ser miembros de la familia, parientes o amigos muy cercanos, porque los individuos suelen ser dependientes unos de otros (Henly et al., 2005; Lin, 1999).
Estos lazos fuertes (strong ties), por otro lado, dificultan las propias oportunidades de ascenso al quedar limitado el flujo de información y de oportunidades.
Además, dificultan aprovechar al máximo los propios recursos por la obligación de ayudar a los demás, en forma de devolución de la reciprocidad de esos lazos (Henly et al., 2005).
Algunos autores han acertado al valorar la importancia relativa de cada tipo de capital social en función de las necesidades de los diferentes grupos.
Cuando los miembros de un grupo pretenden mantener los recursos es necesario cerrarse, mientras que en procesos de búsqueda y obtención de nuevos recursos los puentes con otros miembros de la red resultan más valorados (Lin, 1999).
Otros defienden que, a pesar de que toda persona necesita relaciones de apoyo mutuo, los contactos de ventaja son especialmente importantes para las familias en situaciones socio-económicas precarias (Cassiers y Kesteloot, 2012).
La función de la red social de apoyo a una familia no implica un aumento del capital económico ni ofrece movilidad ascendente.
El planteamiento de Souza Briggs (1998) se centra en el componente económico a través de la situación laboral.
Nosotros, en cambio, en este artículo pretendemos aportar elementos que cuestionan la dicotomía establecida por Souza Briggs entre capital social de tipo apoyo social y de ventaja.
Desde otra perspectiva, analizamos el fenómeno social de la PAH como algo potencialmente empoderador en el ámbito socio-político y en el de la participación ciudadana, entendida esta ciudadanía como "acto cívico" para el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1968).
Perkins y Zimmermann (1995) definen empoderamiento como un proceso mediante el cual la gente obtiene una comprensión crítica de su entorno.
Desde una perspectiva social hay que interpretar la agencia (agency) como una fuente poderosa de capital, aunque no tenga una traducción directa en la perspectiva económica.
Alsop y Heinsohn (2005) en su definición de empoderamiento subrayan la capacidad individual o colectiva de tomar decisiones y de transformarlas en las acciones y en los resultados deseados.
Más allá de la agencia también se destaca la estructura de oportunidades como elemento clave.
El empoderamiento, pues, no es un acto sino un proceso que a menudo necesita estructuras sostenidas.
En este sentido intenta-a518 remos comprender hasta qué punto es empoderador participar en las redes de la PAH.
Es objetivo de este artículo proponer una forma más compleja de entender el binomio función ventaja y función apoyo a través de la inclusión de una perspectiva social.
Para ello ofrecemos los resultados sobre qué función cumple la PAH como red rica en capital social en el ámbito individual, familiar y comunitario.
El análisis presentado en este artículo se apoya en datos recogidos en el marco de una investigación más amplia a través de entrevistas, grupos de debate y observación participante.
Hemos visitado las asambleas de la PAH en diversos municipios del Vallès Occidental (Cataluña) y de Barcelona ciudad, como también hemos participado activamente en diversos actos o actividades realizados por los colectivos de la PAH.
En total hemos asistido a 29 reuniones formales e informales con integrantes de la PAH.
Sin este trabajo etnográfico prolongado no habríamos podido captar la calidad e intensidad de relaciones que se entablan entre los miembros de la plataforma y sus familias.
Las 30 entrevistas analizadas se han realizado a familias afectadas por la hipoteca con menores a su cargo.
Los contactos se entablaron de forma directa en las asambleas, después de presentar públicamente nuestro proyecto pidiendo la colaboración de algunas familias para el estudio.
En este sentido la participación de los informantes ha sido no solo voluntaria sino también proactiva.
No buscamos representatividad en la población, más bien se aplicó un muestreo discrecional (Bernard, 2011) 1 para explorar aspectos poco estudiados de un movimiento ciudadano emergente tales como las funciones de capital social derivadas de las relaciones sociales que se dan en él.
Hay que destacar un sesgo de género muy significativo en la muestra: la sobrerrepresentación de mujeres que, sin embargo, refleja el hecho de que "en la PAH hay un claro protagonismo de las mujeres" (Atencio, 2013, 22 noviembre) y que ellas suelen ser más proactivas y más dispuestas a participar en iniciativas como la colaboración en investigaciones.
Por otro lado, tomamos como unidad de análisis tanto el individuo como su unidad familiar, independientemente de si sus miembros seguían o no físicamente juntos en el momento de la entrevista.
Los casos recogidos representan diversas situaciones y fases del proceso de ejecución hipotecaria.
En cuanto a su nacionalidad, el perfil de las familias y de cada uno de sus miembros también es muy variado.
Además contábamos con familias nucleares, monoparentales, así como con hogares que acogían a más de una generación de la misma familia (véase tabla 1).
Género Edad País de origen Hijos Ocupación Situación familiar Situación de la hipoteca Fuente: Elaboración propia.
Datos de los informantes y situación de la deuda hipotecaria.
TRAYECTORIAS, RECURSOS Y SUS FUNCIONES
Los problemas con la vivienda, a pesar de que se traten de manera aislada en ocasiones, no se producen de forma ajena al resto de circunstancias de la vida de las familias, como puede ser la situación laboral y de salud, la relación de pareja, la diversidad de fuentes de ingresos y las cargas familiares más allá del núcleo más inmediato, entre otras.
A partir de la información extraída de las entrevistas y de las observaciones sobre la relación de las familias con y en la PAH, hemos agrupado las funciones de la plataforma por temas.
Describimos los recursos que se ponen en circulación a través de un abanico de servicios, tanto estructuras formales -agenda, reuniones, talleres, etc.-como informales.
"Empecé a trabajar ahí.
Estuve 36 meses, y luego me hicieron un contrato.
Me pasaron a la cocina que tienen de sus restaurantes.
Desde ahí empecé mi vida: trabajando, trabajando, trabajando...
A raíz de eso... que compré un piso...
Cuando vi que me hicieron un contrato de un año, me animé a coger un piso, porque vivíamos con mi padre.
El primero que hice es dar la entrada, e intenté... como solo podemos hacer y dejar a nuestros hijos es una vivienda.
Para que el futuro de mañana, para que estudien, que no sufran el alquiler, esto... que al menos tengan... hereden algo de nosotros.
Una herencia que puede ayudarles al día de mañana para que no sufran como hemos sufrido nosotros.
En 2008 me quedé sin trabajo, me echaron del trabajo por tener... por quedarme embarazada.
Entonces me empezó a dar ataques de nervios, ansiedad y todo esto.
[Mi marido] se dedicaba, hacía... anteriormente chófer... de repartidor de pan.
A raíz de esto, en 2008 empezó a trabajar como autónomo... no daba para pagar 1.250 de hipoteca y cinco personas para comer.
Me fui a hablar con el banco: «por favor que... interesaría que... no puedo afrontar la hipoteca.
Empecé a tomar pastillas, a tomar... los nervios, ansiedades... a caerme por la calle.
Con tres hijos, a caerme por la calle... y todo esto...
Hace dos semanas, la semana antes de Sant Joan, se me durmieron las manos y la cara.
Me durmió toda la cara aquí, la mano y el pie por la ansiedad de la chica: «que no, que no vengas al banco, que cuando tenga algo ya te llamaré» Es como... la deuda...
Es comerte el coco y resulta que... te estás comiendo el coco sentada y no paras.
A raíz de esto, también en el 2010 sufrí una... una... que me quedó esta parte del ojo... me quedé sin ver esta parte del ojo durante tres horas" (Boucras).
Como Boucras y su marido, muchas otras parejas entrevistadas se han visto en la situación de estar ambos trabajando hasta que la crisis precarizó su puesto o redujo drásticamente sus ingresos.
La situación de dificultad laboral y económica que acompaña a esta circunstancia perjudicó la salud de los afectados, entrando en un círculo vicioso de deterioro de la salud, reducción de empleabilidad y aumento de dificultades económicas y de vivienda.
El perfil de familia monoparental cuya sustentadora es la madre también es recurrente en las entrevistas.
Varias entrevistadas afirman que las dificultades económicas empezaron a raíz de la separación de la pareja, mientras que otras tuvieron problemas de pareja a causa de la situación económica e hipotecaria.
El consiguiente riesgo de ruptura y de situaciones de desamparo aumenta considerablemente la vulnerabilidad en el caso de las mujeres, ya que se les añade una mayor dificultad para acceder a un puesto de trabajo digno.
Recursos y sus funciones
Las circunstancias en las que cada familia llegó a la PAH fueron diversas, pero todas ellas necesitaban ayuda para resolver una situación de vulnerabilidad habitacional.
Bien por la amenaza de un desahucio, bien por encontrarse al borde del impago, o incluso porque ya les habían echado de sus casas y vivían con familiares, amigos, o realquilando habitaciones o, en un caso extremo, directamente en la calle.
Olga, una mujer de 38 años y de nacionalidad española vive con su marido y dos hijos en una gran ciudad catalana, donde consiguieron comprar y mejorar un piso grande en un barrio de clase obrera.
La tienda del marido cae con la crisis y se les amontonan deudas a los proveedores.
Olga está de baja maternal, pero bajo las presiones se ve obligada a reincorporarse como maestra.
Hasta que consiguen la dación en pago pasan muchas dificultades y ningún profesional u organización les puede asesorar.
Aunque tengan ingresos, las deudas les destinan a vivir en una situación económica de empobrecimiento: "El día que fui al OFIMEH 2 no pude hacer nada... y tal.
La abogada miró de encaminar cosas y no hizo nada... no hizo nada.
Es verdad... cuando fui [a la PAH]... y cuando volví, volví con una sonrisa y con las pilas totalmente... o sea, vas... estás hecha caldo y vienes diciendo...
Me abrió la puerta, me mira, le río y ¿sabes?... de esas situaciones que dices... cosas que recordarás por todo el resto de tu vida, ¿no?
O sea, abro la puerta y el sofá está delante, ¿no?
Me mira, a518 me lo miro yo, río, cierro la puerta, voy hacia él, le doy un beso y le digo: «saldremos de esto» Y me pongo a llorar...
Y a partir de entonces fue diferente" (Olga).
El asesoramiento de la PAH a veces se provee por profesionales -abogados y juristas-pero también en otras ocasiones por los propios asamblearios, que informan a los afectados sobre los pasos que tienen que seguir para la negociación con el banco, la documentación que tienen que rellenar y con quién se tienen que poner en contacto.
Los asesores afectados provienen de entornos socioeconómicos y culturales diversos.
La información que circula es abundante, variopinta, y se dirige a usuarios diversos.
Lo que diferencia a la PAH, en este sentido, de un servicio público o privado es el contravalor: el acceso al servicio únicamente depende de la necesidad.
El recurso en circulación más valorado es la experiencia propia a través de la implicación voluntaria en casos previos con las entidades bancarias, así como con las administraciones públicas:
"Los nuevos que llegan el primer día... porque nos dan mucha información para que ya empecemos a aplicarla, porque a partir del día siguiente hay que empezar ya a aplicar cosas, como por ejemplo quitar todo lo domiciliable a esta cuenta, quitar lo poco que tengas de esa cuenta, para que no te puedan pillar nada más y empezar a buscar ya documentación... y lo que más te recomiendan es que no dejes de ir.
Lo primero que te dicen: «es tu problema, aquí te ayudamos, te aconsejamos, te asesoramos, pero eres tú la que tiene que defender tu caso».
El hecho de que la PAH casi nunca actúe como representante de los afectados les proporciona agencia.
En el Libro Verde de la plataforma declaran: "ningún técnico o profesional jurídico puede garantizarte nada: tú eres quien mejor puede defenderse.
Pero, además, en la PAH encontrarás 1) formación y herramientas para defenderte, elaboradas, entre otras personas, con el apoyo de juristas solidarios, y 2) apoyo mutuo: nunca más estarás solo/a" (Libro verde de la PAH, p.
Al respecto Laia, una mujer de 53 años, madre de dos hijas, que se separó de su marido comenta:
"He luchado yo sola pero con el respaldo de la PAH [...] aquí te enseñan a leerte una escritura" (Laia).
En todos los testimonios se ve cómo los responsables de la lucha son los propios afectados, quienes ven aumentada su agencia de forma considerable gracias al asesoramiento recibido.
A pesar de no funcionar como interlocutores, el rol de la PAH en la negociación de cada caso es vital para la resolución de este, especialmente mediante las negociaciones colectivas:
"Cambia mucho de ser un caso individual a ser colectivo, tienes más fuerza" (Magda).
Vestirse con los colores de la PAH en las reuniones, la identificación con un colectivo supone una presión, una amenaza para el banco, genera un trato favorable para los afectados, y por lo tanto proporciona una sensación de poder, prestigio e incluso justicia:
"Cuando vuelves [al banco] con la PAH, vuelven a tratarte bien... porque a mí literalmente me llamaron de usted el día que fui acompañada" (Carla).
La PAH proporciona algo que los servicios públicos no pueden ofrecer: la introducción en el imaginario de nuevos paradigmas sobre la forma de organizarse y vivir en sociedad, cambiando parámetros para favorecer una repartición más equitativa de recursos desde una perspectiva no solo asistencial sino de cambio social a través de la participación ciudadana.
A diferencia de los Servicios Sociales, la PAH proporciona agencia a las personas, además de cobertura de emergencia.
Más allá de las acciones de detención de desahucios y manifestaciones delante de los juzgados, en el plano ideológico la plataforma legitima social y moralmente el derecho a ocupar por necesidad vital:
"En la PAH me cogen y me dicen: «¿y tu vivienda?».
Y digo: «allí está, muerta de asco».
Dicen: «pues ¿quieres volver a ella?».
Me dicen: «hombre, antes de quedarte en la calle...».
Es que lo tengo muy claro: no me voy debajo de un puente a vivir con los niños... es que no lo haré nunca. [...]
Yo el día que abrimos esta puerta [para ocupar el piso que antes era su propiedad] yo ya tenía dónde ir" (Arantxa).
La experiencia compartida y su interpretación crítica proporcionan un relato alternativo sobre la desigualdad social.
Los afectados a través de la participación se tornan capaces de afrontar las críticas de su entorno más próximo, de la familia y de los amigos.
"No es una cosa que vayas diciendo: «ey, que están a punto de desahuciarme, que no puedo pagar» y tal...
Y entonces empiezas a hacer una educación de tu entorno: «no somos perroflautas, no somos no sé qué...».
Y a518 tienes que hacer una reeducación de todo en tu entorno para que conozcan este movimiento" (Olga).
Con su obra social la PAH ha ocupado trece edificios solo en la ciudad de Barcelona, donde reubican a familias desahuciadas que no tienen dónde vivir.
Varios de los entrevistados viven en alguno de estos bloques "rescatados": "Estaba alquilando...
Como ya está la situación tan mala que ya no podía pagar el alquiler...
E iba a un sitio y a otro para ver si me podían ayudar porque ya me veía en la calle. [...]
Fui un día a la plataforma y me apoyaron, y ellos me metieron en el bloque donde estoy ahora" (Jacobo).
Otro ejemplo de recursos que ponen en circulación en la PAH está relacionado con la solidaridad entre afectados.
A menudo las familias acogen temporalmente en sus casas a otros afectados que están en una situación de emergencia, típicamente allá donde su propia familia no puede cumplir con su rol, a menudo idealizado, de solidaridad.
En cuanto a los suministros, la plataforma ofrece los llamados talleres energéticos, un recurso en red para todas aquellas personas en situación de pobreza energética.
En ellos se enseña a "pinchar" la luz, sortear contadores y otras técnicas que permitan acceder a los suministros de agua, electricidad y gas cuando han sido cortados por impago o cuando se está ocupando una vivienda abandonada.
Por otro lado, se ofrecen espacios y formas de conexión a internet y redes sociales, importantes no solo para mantenerse informado sino también para poder acceder a formación y ofertas de trabajo, así como para mantener el contacto con los familiares en el extranjero.
Entre los afectados circula una corriente de asistencia en forma de trabajos de arreglo o de tipo bricolaje -tuberías, muebles, cerrajería-o incluso asistencia en mudanzas y transporte de personas y objetos.
Este transporte se extiende a ámbitos no relacionados directamente con la vivienda, como puede ser el traslado para reuniones o el acompañamiento a personas a instituciones fuera de la ciudad donde viven, evitando así los costes del transporte público.
Las necesidades básicas son otra de las prioridades que cubren las personas que participan en la PAH.
Aunque no sea el principal eje de acción, están incluidas en su filosofía como movimiento y como ideología en el proyecto social: "primero cubrid las necesidades básicas de la familia (comida, servicios básicos, niños/as...): vuestras vidas valen más que ningún piso" (Libro verde de la PAH).
Si bien no forma parte de la agenda principal del movimiento en sí, son las mismas familias y las personas afectadas las que de forma espontánea fueron creando sus propios mecanismos de asistencia para cubrir necesidades de alimentación, ropa e higiene.
En la práctica esto se traduce en la creación de mercados solidarios, reparto de comida entre las familias de los bloques e intercambio de ropa, zapatos y otros objetos de primera necesidad.
De forma paralela, la PAH facilita contactos con servicios privados de asistencia como Cruz Roja, Cáritas y Banco de Alimentos, entre otros.
La mayoría de las PAH cuentan con servicios de asistencia y cuidado en las tareas reproductivas, tales como el cuidado de la infancia.
Ejemplos de ello son las actividades orientadas a propiciar espacios lúdicos y educativos para las niñas y niños afectados, o los espacios de intercambio de ropa, sobre todo infantil, juguetes, complementos y libros:
"Se procura que si hay niños que tengan deberes por hacer y si la persona voluntaria que está en la ludoteca no puede... se busca entre la asamblea alguien que tenga un poco más de capacidad de ayudarles, para que esas cuatro o cinco horas que está allí el niño pueda terminar los deberes, pueda practicar un poco..."
En cuanto a la implicación de los menores en la PAH, muchas de las familias llevan a sus hijos a las reuniones y asambleas, e incluso a las acciones de resistencia o reivindicación que no sean la propia.
Para muchos padres es importante que los hijos se impliquen en la lucha porque consideran que les están enseñando a defender sus derechos y a actuar de manera crítica con valores solidarios (Bereményi y Carrasco, 2017):
"Sí que saben [mis hijas] que vamos a la plataforma.
Incluso ya, cuando viene el buen tiempo, incluso iban... porque aquí tenemos la comisión de ludoteca, y entonces ellas jugaban y tal.
Están muy implicadas, les gusta esto de luchar, es como si lo hubiesen asimilado como parte suya, ¿no?
Es decir, «antes un niño me pegaba y yo me metía a llorar»...
Ahora la pequeña dice: «oye, ¿por qué me pegas?
Que no, ¡que no está bien!».
Y «¿a dónde se va mi mamá?
Se sabe todas las canciones, les hemos llevado a acciones...
Vean en la televisión un reportaje o vean en la calle: «mama, ¿por qué no les decimos que vayan a la plataforma?, ¡allí les ayudan a conseguir una casa!».
Sabe que la plataforma es buena y sabe lo que se está haciendo [...].
Y ya les gusta esta maratón de lucha que hacemos" (Mariana).
Las hijas de Olga también se implican en la PAH de forma activa:
"Cuando había alguna fiesta... sobre todo este verano, cuando terminaron la escuela, empezaron a venir a participar en los talleres para niños también algunos días, y eso.
Pues vinieron la grande y la pequeña.
Incluso la pequeña decía: «vamos a la PAH» e invitaba a todos sus amigos: «¿queréis venir a la PAH?»"
Cuando la activista y portavoz Ada Colau explica el perfil de la gente que acude a la PAH buscando ayuda, dibuja una imagen de una sociedad atomizada con individuos avergonzados.
"El colectivo no era un sujeto a punto de movilizarse; todo lo contrario: era gente sola, que llegaba a las reuniones y no sabía ni explicar lo que le pasaba.
Venía gente que solo pensaba en esconderse.
En esconderse, en suicidarse, en encerrarse en casa. [...]
Nos equivocamos porque no nos encontramos a ninguna persona enfadada, estaba todo el mundo deprimido, devastado, culpabilizado, avergonzado" (Atencio, 2013, 22 noviembre).
El discurso de los voluntarios entrevistados va justamente en la línea opuesta, sobre la agencia, la responsabilidad, el empoderamiento que otorga el proceso de participación y toma de conciencia.
Un porcentaje muy alto de los entrevistados comenta que una de las mayores ventajas que obtuvieron de la plataforma fue el beneficio psicológico.
La influencia positiva en la salud mental de las personas afectadas y de sus hijos se da de manera formal, por ejemplo, en talleres dirigidos por psicólogos profesionales que trabajan allí como voluntarios, pero también de manera informal en el apoyo que las familias se dan unas a otras.
Entre otras cosas, nuestros informantes hablan de la oportunidad de compartir experiencias con gente que vive situaciones parecidas, de la voluntad de trabajo y el "optimismo contagioso", de la coordinación y fuerza grupal, de pérdida de miedo y de un fuerte sentimiento de estar acompañado.
Olga y Ana son contundentes en este sentido: "Porque allí [en la PAH] hay una gente con unas ganas de trabajar y una fuerza... y que no estamos solos.
Y es la sensación que me dio, y me sentí, de verdad, así... y mi marido.
Y a partir de entonces fue diferente.
Fue: «ya no tengo miedo».
Fue: «ya no estoy sola»" (Olga).
"Desde que estoy allí, ya no voy al psicólogo ni me tomo las pastillas...
Yo estoy muy bien ahora" (Ana).
Los espacios de solidaridad y apoyo van más allá del contexto explícito de lucha, de las reuniones y asambleas.
La interrelación entre los miembros se da también en espacios de ocio y celebración, de lo que son ejemplo la organización de comidas por Navidad que, por otro lado, también cubren una necesidad básica de alimentación, ya que muchas familias no tienen acceso habitual a carne ni pescado (véase Emergencia habitacional en el Estado español.
La crisis de las ejecuciones hipotecarias y los desalojos desde una perspectiva de derechos humanos).
Otro fenómeno que indica cambios significativos a través del proceso de lucha por la vivienda es la reestructuración de los roles familiares.
La ideología del modelo normativo de familia, en la que el hombre es representado con el rol de sustentador principal, se confirma en los discursos de los entrevistados; sin embargo, los hechos detallados cuestionan ese rol.
Muchas personas explican que, a raíz de la situación de desempleo, especialmente a largo plazo, los hombres entraron en depresión, algunos cayeron en el alcoholismo, o incluso abandonaron su familia, reduciendo radicalmente su participación no solo en la economía familiar sino también en la defensa de los intereses y vinculación social de sus menores.
La activista Ada Colau afirma acerca de este fenómeno: "las mujeres [...] asumen todo tipo de roles, tareas y compromisos que tradicionalmente asumían los hombres: portavocía, interlocución con la administración, coordinación directa de acciones de desobediencia civil..."
Estas nuevas situaciones no solo visibilizan un rol más activo de las mujeres dentro y fuera de la familia, sino que también dan lugar a la proliferación de múltiples modelos de familia: ya sea la convivencia de diversas familias bajo un solo techo o la incorporación de otros parientes más lejanos, optimizando y repartiendo roles productivos y reproductivos de forma creativa.
Esta diversidad de modelos, como adaptación a los contextos socioeconómicos, no tiene cabida en los servicios sociales, puesto que la ideología de la familia como institución asistencial primaria está muy arraigada tanto en la forma de pensar como en la de actuar.
En cambio, la PAH fomenta estas soluciones subordinando el modelo normativo-ideal de relaciones familiares al bienestar de sus miembros.
Se pone énfasis en la necesidad de plantear nuevas formas de vida, de una repartición más equitativa de los bienes en la sociedad.
El reconocimiento de estas "nuevas" ideologías se hace patente en los discursos de algunos entrevistados:
"Desde que he conocido la plataforma, he encontrado muchos valores. [...]
Yo antes era: «mi techo, mi casa, ¡una casa de propiedad!».
Y hoy en día... he a518 cambiado el concepto totalmente.
Me da igual tener una propiedad a mi nombre o no tener una propiedad a mi nombre.
Lo importante es la familia, lo que te rodea... y un techo... bueno" (Ariadna).
Se plantea un nuevo modelo de participación en la sociedad con responsabilidad y con la posibilidad de conseguir cambios.
Al fomentar la agencia de los afectados, la PAH proporciona recursos que servirán a esas familias no solo para resolver el caso por el que han llegado a la plataforma, sino también para saber cómo defenderse de ahora en adelante.
Estas personas se encuentran más conscientes de su estado de vulnerabilidad ante el sistema y han aprendido de sus errores.
Están más alerta, atienden más, preguntan "cómo" y "por qué" y han aprendido a ejercer sus derechos.
Han recuperado la autoestima que habían perdido y esto se refleja en una mayor participación en movimientos sociales por parte de algunas de estas personas que, una vez han resuelto su situación, se quedan en la plataforma y siguen luchando por los casos de los demás afectados, dando su apoyo y aportando su experiencia: "Si tienes alguien por quien luchar se te quitan las enfermedades, se te quitan los males, tienes más fuerza. [...]
«Ah no, hay la acción de no sé quién».
Yo voy porque a esta persona hay que ayudarla.
«Hay no sé qué... hay que dar una patada a una puerta».
A esta persona hay que ir porque hay que ayudarle.
O sea, voy a la asamblea y colaboro, intento ser activa, porque hay que ayudar a los demás" (Mariana).
En este sentido, no se espera una reciprocidad en el sentido tradicional, entre personas con una vinculación personal mutua y fuerte, como podría ser en el seno de la familia nuclear, sino que las personas pasan a vincularse en redes de solidaridad que se extienden a otros afectados que pueden ser desconocidos.
Además, la ayuda se ofrece desde el contexto más inmediato y alargándose en el tiempo, ya que una ideología de responsabilidad social se materializa en nuevas formas de relacionarse con el prójimo.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES: LAZOS DÉBILES, CAPI-TAL SOCIAL Y EMPODERAMIENTO
Participar en la PAH da acceso a una red que compensa la precariedad social y las consecuencias de la falta de empleo e ingresos y, en muchos casos, de diversas formas de exclusión social, pero desde una perspectiva que va mucho más allá de la meramente económica.
Por un lado, la participación crea lazos débiles (en términos de Granovetter y de Souza Briggs) de relación centrados en un proyecto compartido de crisis habitacional.
Estos vínculos -motivados por una multiplicidad de necesidades y circunstancias-implican una reciprocidad basada en la solidaridad frente a lo que podríamos llamar un "enemigo común" (Desmond, 2012).
Sin embargo, como hemos visto, la capacidad y la sensibilidad de esta organización para responder a las necesidades emergentes crea oportunidades de obtener capital social para los individuos, así como para los colectivos.
Las expectativas en el momento del acceso difieren en cada caso, puesto que las situaciones que han llevado a cada familia a contactar con la PAH son muy diversas.
El denominador común es que acudir a la plataforma suele ser el último recurso después de varios intentos en solitario o con el apoyo de las redes familiares o de profesionales contratados.
La diversidad de orígenes (de situación económica, laboral y familiar, de nacionalidad, de clase social o de etnia) y de experiencias individuales coincide físicamente en el entorno de la PAH por tener en común una situación de vulnerabilidad residencial.
Una afectación económica que ha puesto en contacto a personas que provienen de contextos muy diferentes que no necesariamente habrían coincidido de otra forma y que ponen en común diferentes ideologías, cosmovisiones y dinámicas de funcionamiento y organización social.
Nuestros datos empíricos sugieren que la PAH, a través de estructuras formalizadas (asambleas, talleres, comisiones, acciones) e informales de participación de las personas, representa una fuente de capital social tanto con función de tipo apoyo (coping), como de tipo ventaja (leverage).
Si la observamos desde una perspectiva económica, la participación en la red social de la PAH aporta sobre todo elementos de tipo apoyo imprescindibles para familias que se encuentran en diversos grados de pobreza y exclusión social previamente no vivida por la mayoría de los informantes: prestaciones de servicios de asesoramiento (legal, permisos, certificados) o bien información sobre cómo acceder a servicios de necesidad básica como alimentos, suministros, vestimenta, cuidado de personas, ayuda en transporte o mudanza... o cómo aprovechar formas alternativas de consumo reduciendo gastos monetarios, entre otros.
Es decir, las relaciones ayudan a superar, a enfrentarse a las necesidades inmediatas emergentes del proceso hipotecario y de sus impactos.
Desde esta visión limitada a lo económico, los lazos débiles de la PAH a518 no son capaces de activar capital social útil para la movilidad vertical ascendente (o mantenimiento de estatus social anterior a la crisis) de los individuos o grupos, como por ejemplo sería facilitar el acceso al mercado laboral o a títulos formativos reglados.
Estos lazos débiles tan necesarios para paliar los desafíos del día a día han ido cubriendo funciones que tradicionalmente se solían asociar a los lazos fuertes de la familia y de amistades íntimas.
Como hemos visto más arriba, el modelo mediterráneo del estado de bienestar se basa en un modelo normativoideal de la familia y se apoya en unas relaciones y funciones de solidaridad y reciprocidad que poco corresponden con la realidad dinámica y flexible de las estructuras de parentesco contemporáneas, especialmente en un contexto de crisis económica y social.
Se da por hecho que, en el caso más extremo, la familia va a cubrir las necesidades básicas, como dormir bajo techo o alimentarse, pero así se obvia la realidad de muchas personas.
Ese modelo de familia es una idealización y, cuando se topa con la realidad de que esos recursos no existen, se culpa a las propias personas y a las familias de estar desestructuradas o de no ser funcionales (Rivas, 2007; Sanz Abad et al., 2013).
Los datos empíricos confirman que la crisis hipotecaria flexibiliza las relaciones familiares, causa rupturas u obliga a mantener convivencias en conflicto, crea y recrea estructuras familiares que no se pueden describir como lazos fuertes.
Cuando las familias y la red de amistades, como hemos visto, no dan respuesta a las dificultades emergentes -o las que dan son insuficientes-y cuando el sistema público de protección social en deterioro tampoco puede cumplir su función de amortiguar las fuertes consecuencias de la emergencia habitacional, la PAH ofrece espacio para el tratamiento no solo de la ejecución hipotecaria sino también de su impacto en las relaciones sociales, familiares e individuales en los niveles afectivo, psicológico y social.
En este sentido, pues, los lazos débiles de la PAH aportan un tipo de capital con función apoyo, mientras que los supuestamente lazos fuertes de la familia a menudo se reducen o pierden completamente su función de fuente de capital social.
Sin embargo, si observamos qué aporta la participación en las redes de apoyo de la PAH desde una perspectiva más amplia, descubrimos importantes funciones que no caben en la categoría de función apoyo, en tanto se centran en el empoderamiento de las personas y de las familias.
La PAH de forma explícita cuenta con la agencia de los participantes.
Recordemos que el proceso de la comprensión critica del entorno (Perkins y Zimmermann, 1995) y la capacidad individual y colectiva de tomar decisiones y de dirigir acciones hacia los resultados deseados (Alsop y Heinsohn, 2005) son elementos fundamentales para definir el empoderamiento.
Proyectada a nuestro caso, la participación puntual en las asambleas y la gestión de la propia hipoteca no necesariamente implican una comprensión crítica de su realidad.
En cambio, la sostenida participación en comisiones y acciones diversas vinculadas a la lucha colectiva puede elevar significativamente la agencia y el locus de control en la persona.
Desde una perspectiva social hay que interpretar la agencia activa como una fuente poderosa de capital, aunque no tenga una traducción directa en la perspectiva económica.
El empoderamiento no es un acto, sino un proceso que necesita estructuras sostenidas.
Es decir, una persona empoderada a través de la acción colectiva por la vivienda digna puede estar profundamente desempoderada en otras relaciones sociales, como por ejemplo en las del mercado laboral, o desde la perspectiva de género.
De manera que debe evitarse hablar sobre el empoderamiento en términos absolutos, unidireccionales y atemporales.
Es más bien un proceso que puede intensificarse en determinados periodos y en determinados aspectos de la vida productiva y reproductiva.
Uno de los elementos que hemos detectado en las entrevistas es precisamente la capacidad de reflexión de nuestros interlocutores sobre la sociedad, y la percepción de que existen alternativas disponibles para tomar decisiones responsables de cara al futuro, o reajustar planes, expectativas y principios.
Hemos visto tres formas de ejercer la agencia, y de experimentar procesos de empoderamiento en relación con la PAH: a) en la participación activa en su propio caso con el apoyo del colectivo pero con un amplio protagonismo y margen de decisión; b) en la participación activa en acciones colectivas como acto de reciprocidad y síntoma de asimilación de valores y objetivos comunes; c) en espacios formales e informales de reflexión crítica, apoyo psicológico, formación, cursos y desarrollo de habilidades y capacidades.
Un aspecto fundamental del proceso de empoderamiento y del correspondiente cambio de perspectiva de lo individual a lo colectivo es que esto representa una transición de la función apoyo a la función ventaja del capital social disponible en las relaciones de la PAH.
Mientras la participación tiene como objetivo principal dar respuesta inmediata a la emergencia habitacional, la función dominante de la red de relaciones será el apoyo.
En cambio, cuando a518 la perspectiva de la participación pasa a sumarse a un proyecto social y político, se activará la función ventaja en una estructura de oportunidades más amplia: un cambio claramente empoderador.
En base a los anteriores argumentos sostenemos que el estudio de la PAH desestabiliza el planteamiento dicotómico de función apoyo frente a función ventaja del capital social, que asocia de manera directa un tipo de función con un determinado lazo social (débil frente a fuerte).
Souza Briggs (1998) se centra únicamente en el aspecto económico de la movilidad social y solo desde una perspectiva individual.
Aun así, los datos analizados sugieren que la participación en la PAH, a pesar de que exista una relación sistemática entre personas de posiciones sociales diversas, no conduce hacia una movilidad social ascendente en términos económicos (acceso al trabajo, oportunidades lucrativas...) ni en términos sociológicos (acceso a la formación, acumulación de capital cultural, etc.).
En cambio, hemos podido observar cómo esta participación ofrece vías alternativas para crear capital social a través de la participación ciudadana y política, a través de la reestructuración del consumo y de las relaciones con el mercado de productos y servicios, aspectos todos estos sujetos a un proceso de empoderamiento.
Concluimos nuestros argumentos señalando un descubrimiento que sale a la luz en los casos presentados y en el que nos proponemos profundizar en otro momento.
Souza Briggs y otros autores, centrándose en la movilidad social vertical, no contemplan los beneficios del incremento de una movilidad horizontal, es decir, de una transición del individuo u objeto social de un grupo social a otro situado en el mismo nivel vertical de la sociedad estratificada (Sorokin, 1927).
Como ejemplo se suele mencionar el cambio de nacionalidad, de estatus familiar, de trabajo o de religión, sin que esto modifique la posición social del individuo.
Si bien la participación en la PAH y los correspondientes lazos que se generan no aportan verdaderas oportunidades laborales o de ingresos, hay importantes ingredientes del proceso de empoderamiento que también son indicadores o precursores de una movilidad social horizontal: el aumento de las oportunidades de cambiar el estilo de vida (Leadbeater y Miller, 2004, p.
41), los valores fundamentales o las preferencias en las relaciones sociales y en el consumo.
De manera que la participación activa en la PAH resulta en el incremento de la movilidad horizontal de sus miembros mediante el proceso de aprendizaje cultural-ideológico, social y político.
La investigación se desarrolló en el seno del proyecto I+D+i La movilidad del alumnado y su impacto en la escolarización en la región metropolitana de Barcelona: tipos, procesos y tendencias, que tiene como Investigadora Principal a Sílvia Carrasco.
Los autores agradecen a Irene Sabaté y a Sílvia Carrasco las sugerencias de mejora de versiones anteriores del texto. |
Este artículo describe la cultura material de la campaña de escraches, un tipo específico de activismo performativo implementado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) con el fin de presionar a la clase política para cambiar la ley hipotecaria española.
A partir del análisis de los círculos gigantes de cartón utilizados por la PAH en los escraches, se estudia cómo estos objetos tienen la capacidad de replantear el espacio y el tiempo de la política.
A partir del material etnográfico que se presenta, el artículo indica cómo se elaboran y cómo se usan estos círculos para teorizar sobre la noción de objeto desobediente.
De este modo, el trabajo se centra en tres aspectos: cómo los círculos convocan diferentes actores y audiencias, su papel en tanto herramientas políticas que subvierten la narrativa oficial de la crisis financiera, y su rol como elementos clave para cuestionar la moralidad de la deuda hipotecaria y del endeudamiento.
"Los objetos desobedientes tienen una historia tan larga como la lucha social misma.
Las personas de a pie siempre los han utilizado para ejercer 'contrapoder'" (Flood y Grindon, 2014, p.
Estas fueron las palabras de Catherine Flood y Gavin Grindon, comisarios de la exposición Objetos Desobedientes en el museo de Victoria y Alberto en Londres en 2015.
La muestra presentó al público noventa y nueve objetos utilizados alrededor del mundo en protestas políticas desde los años 70.
Decenas de objetos, en su mayoría creados colectivamente y con escasos recursos, completaban una muestra museográfica que presentaba los objetos y sus múltiples expresiones artísticas como protagonistas de la lucha social.
Arte, música, performance y audiovisuales constituyen elementos indispensables de las movilizaciones sociales en los últimos años, desde Tahrir al toma la plaza del 15M en España, así como las múltiples protestas de Occupy en los Estados Unidos.
Para los comisarios de la muestra la noción objeto desobediente es una invitación a pensar la política callejera y activista desde la materialidad de la protesta 2.
El fin de exponer la cultura material de los movimientos sociales en el museo fue provocar reflexiones más amplias alrededor de la capacidad transformadora de la estética activista en la esfera política (Flood y Grindon, 2014, p.
Este artículo es una respuesta al llamado de los comisarios en tanto busca teorizar el concepto objeto desobediente en diálogo con la bibliografía antropológica interesada en la agencia (agency) política del arteprotesta, en particular la materialidad de lo que Paula Serafini (2014) denomina el activismo performativo, refiriéndose a "tipos de estrategias activistas que incorporan elementos del arte performativo al mundo de la acción política.
Una acción performativa es entonces creativa y simbólica; es interactiva y está definida por la doble función de los participantes como activistas y como artistas.
Es una forma de protesta, así como también una obra sobre la idea de la acción directa" (p.
Este tipo de arte-protesta se caracteriza por el espíritu carnavalesco de la acción directa como forma de subvertir el poder y la jerarquía (Tancons, 2011), así como por el uso de los cuerpos para ocupar el espacio y subvertir temporalidades cotidianas.
Como señalan varios autores, el arte-protesta amplifica sentimientos de solidaridad entre los miembros de los movimientos sociales, generando empoderamiento individual y alianzas colectivas a través de la creatividad y del humor utilizados para hacer política (Alexandrakis 2016; Juris, 2008; Werbner, Webb y Spellman-Poots, 2014).
Chantal Mouffe (2007) denominó "arte crítico" a las "diferentes maneras en las que las prácticas artísticas pueden contribuir a poner en duda la hegemonía dominante".
Desde esta perspectiva, la fusión del arte y la política en la protesta callejera cumple una doble función.
Por un lado, opera como elemento de cohesión interna de los movimientos sociales.
Por otro, constituye un discurso crítico de la institucionalidad política dirigido hacia la ciudadanía en general.
En otras palabras, el arte-protesta es un mecanismo dual de identificación e interpelación.
Alfred Gell (1998) sugiere que el arte es "un sistema de acción apto para cambiar el mundo en lugar de codificar proposiciones simbólicas sobre él" (p.
Esta capacidad transformadora del arte adquiere nuevas dimensiones cuando se lleva a la calle con fines políticos.
En este artículo intento mostrar la manera en que dicha potencia, la del arte, se manifiesta en la parafernalia activista utilizada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en su campaña por la Iniciativa Legislativa Popular (ILP).
Desde el punto de vista etnográfico me interesa describir la agencia (agency) de los círculos gigantes de cartón utilizados por el movimiento en los llamados escraches.
En el plano teórico intento conceptualizar la materialidad de los círculos gigantes a partir de su elaboración y su uso como objetos desobedientes en el marco de acciones directas denominadas escraches, los cuales propongo entender como una forma de performance activista, que en el caso español permitió la transformación de la vida cotidiana en un carnaval callejero, en un momento de subversión de los roles de autoridad y en un catalizador de nuevas formas de protesta.
Los círculos de cartón gigantes pertenecen al repertorio estético de la política activista, son una herramienta creativa que emerge de la necesidad de imaginar nuevas formas de acción directa después de la burbuja inmobiliaria en el Estado español.
Mi argumento sostiene que los círculos gigantes y los escraches son esenciales para comprender las acciones de la PAH contra el sistema bancario y el Estado español porque el arte-protesta fue el punto de inflexión que evidenció el trasfondo del discurso domi-a519 nante sobre la deuda hipotecaria.
Así, por ejemplo, en una declaración frente al Congreso de los Diputados el representante de la Asociación Española Bancaria exaltaba la ley hipotecaria española al mismo tiempo que una activista de la PAH le llamaba "criminal" (Díez 2013, 5 febrero).
En este sentido, la campaña por la ILP permitió crear un espacio donde se encontraron audiencias que no habrían coincidido en otras condiciones, permitiendo que un moroso se convirtiera en un artista callejero y fuera capaz de interactuar con políticos en el marco del espacio redefinido por el objeto desobediente.
El artículo tiene cuatro secciones.
La primera es un breve recuento histórico y metodológico que sitúa los escraches, así como mi propia investigación, en el contexto español.
En diálogo con la bibliografía de materialidad dentro de la antropología, la segunda sección explora cómo los objetos tienen capacidades específicas que permiten redefinir el terreno de la política.
La tercera sección explica cómo fue posible crear una narrativa distinta respecto a la crisis, y por último la cuarta sección se centra en la transformación de los deudores hipotecarios en actores políticos a través de la ocupación del espacio público, convirtiéndolo en un carnaval bakhtiniano que logra poner en cuestión la moralidad de la deuda.
En este sentido, el artículo busca entender qué capacidad tienen los objetos materiales para alterar los términos bajo los cuales comprendemos lo político.
Es decir, responder a la cuestión: ¿pueden los objetos materiales convertirse en agentes de cambio del repertorio de la acción colectiva y política sobre vivienda en España?
INVESTIGACIÓN ETNOGRÁFICA DESPUÉS DEL COLAP-SO INMOBILIARIO
Este artículo se basa en tres años de trabajo de campo y activismo en la PAH de Barcelona entre septiembre de 2012 y junio de 2015.
Parte de esta exploración etnográfica se realizó en el marco de mi investigación doctoral con migrantes ecuatorianos que estaban atravesando procesos de ejecución hipotecaria en Barcelona después de la crisis inmobiliaria.
Durante este tiempo documenté historias de la vida (Sayigh, 1998; Zeitlyn, 2008) de aproximadamente cuarenta personas (diez familias) y llevé a cabo entrevistas en profundidad en Barcelona, así como en Ecuador.
Este material cubre tres generaciones de mujeres y de hombres migrantes.
Mis interlocutores recurrieron a la PAH al enfrentarse a un proceso legal en su contra que no com-prendían, a una deuda impagable y a sentimientos de fracaso y culpa a los cuales difícilmente podían dar sentido.
Las familias ecuatorianas fueron en gran medida las primeras afectadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria (Masterson-Algar, 2016).
La PAH nace en 2009 como respuesta a esta crisis habitacional y a la ley hipotecaria española, la cual no contempla la condonación total de la deuda hipotecaria una vez subastada la propiedad.
Debido a estas particularidades de la ley española los efectos del colapso inmobiliario se amplificaron significativamente creando una situación de sobrendeudamiento única en el contexto europeo.
En España, a diferencia de la mayoría de los países de su entorno, las deudas hipotecarias funcionan como deudas personales, con colaterales y garantes, y en caso de mora los individuos no pueden declarase insolventes (algo que sí pueden hacer las empresas).
Esto tiene como resultado que la deuda hipotecaria no se exonera sino en las más extremas circunstancias 4 y las familias, además de perder la vivienda, tienen que enfrentarse al pago del remanente de la deuda después de la subasta.
Es importante tener en cuenta que los garantes hipotecarios son también responsables de la totalidad de la deuda pendiente después del desahucio con todos sus bienes "presentes y futuros", como determina la ley (art. 1911 del Código Civil).
A medida que avanzó mi trabajo de campo, mi involucramiento en la PAH se convirtió también en un proceso de participación más amplio.
Mis responsabilidades se incrementaron y hoy en día continúo mi colaboración con el colectivo, incluso después de haber terminado mi investigación doctoral.
Esto me ha permitido no solamente estar presente en los distintos procesos de mis interlocutores, sino también conocer desde dentro el movimiento por el derecho a la vivienda de mayor envergadura de España.
Entre 2012 y 2015 participé en centenares de asambleas de la PAH de Barcelona, incluidas asambleas de bienvenida, de coordinación y acciones de ayuda mutua y de negociaciones colectivas.
Asistí y participé también en múltiples espacios de coordinación y organización de acciones tanto en el ámbito catalán a519 como nacional.
De esta manera pude ver de cerca la formulación, preparación y desarrollo de acciones que se llevarían a cabo en el Estado, como es la campaña en la que se centra este artículo, los escraches.
Metodológicamente mi análisis etnográfico buscó entender la vida "como esta es vivida y hablada" (Desjarlais, 2003, p.
6) desde la perspectiva de mis interlocutores.
Este enfoque intentó ser personal y políticamente comprometido con las luchas de las personas afectadas directamente por procesos de exclusión social como el desahucio masivo de deudores hipotecarios impagos; enfoques metodológicos comunes en la antropología (Scheper-Hughes, 1995, pp. 419-420; Shah, 2010, pp. 27-28).
En marzo de 2011 la PAH, junto con varias organizaciones sociales, propuso una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) 5 para cambiar la ley hipotecaria española.
Después de superar varias adversidades burocráticas y con casi un millón y medio de firmas de apoyo (tres veces el número necesario para avalar una ILP), la PAH logró en febrero de 2013 que la iniciativa fuera tomada en consideración en el Congreso de los Diputados.
Se pretendía cambiar la ley hipotecaria para que quienes no podían hacer frente al pago de su hipoteca no quedaran endeudados de por vida.
La fórmula legal era la dación en pago, es decir, saldar la deuda hipotecaria con la entrega de la vivienda.
El cambio de ley también contemplaba un alto a los desahucios de primera y única vivienda y una reconversión de pisos que estaban en manos de entidades bancarias rescatadas con fondos públicos en viviendas sociales por un período mínimo de cinco años.
A pesar de que la ILP fue admitida a trámite, el voto sobre el texto final que se convertiría en ley no se llevaría a cabo hasta tres meses más tarde.
El Partido Popular (PP), con mayoría en el Congreso, anticipó su intención de votar negativamente.
En respuesta, la PAH inició campañas informativas a la ciudadanía y organizó una serie de acciones directas dirigidas a representantes del PP para que reconsideraran su voto (entre otras, una marcha por el derecho a la vivienda de ámbito estatal en febrero de 2013), creó varios vídeos apelando primero a los votantes y luego a los diputados del PP, y también inició por primera vez una campaña de escraches.
De etimología incierta, la palabra escrache se ha asociado con frecuencia a la voz italiana scracchiare, a la francesa cracher o al verbo inglés to scratch.
Su significado se refiere principalmente a la acción de 'señalizar'.
La campaña de escraches de la PAH se inspiró en los realizados en Argentina en 1995, señalizando mediante una serie de objetos las viviendas de los altos cargos de la dictadura de Jorge Videla, como una forma de protesta al indulto político que recibieron él y los miembros de su gobierno.
La PAH, a su vez, utilizó círculos de cartón para señalar a quienes se negaban a aprobar una nueva ley ampliamente avalada por la ciudadanía.
Dos círculos gigantes, uno rojo y otro verde, los dos de un metro de diámetro y fabricados con cartón fueron los objetos centrales de la campaña de escraches de la PAH.
Ligeros y fáciles de reproducir, estos botones rojos y verdes gigantes fueron una creación del colectivo artístico Enmedio, que trabajó en colaboración con la PAH para esta campaña.
La PAH ya contaba con más de 200 nodos en todo el territorio español; por lo tanto, había que facilitar un material accesible, descargable de internet, siempre de bajo coste, y sobre todo fácil de reproducir.
Así mismo estos círculos gigantes debían ser transportables y extremadamente fáciles de llevar.
Esto no siempre resultó así.
Era el segundo día de fabricación de círculos.
Cerca de cuarenta personas trabajábamos sobre mesas colocadas una a continuación de otra en el centro del local de la PAH en Barcelona, y entre montañas de cartulinas verdes y rojas.
Tijeras, pegamento y gente forrando círculos gigantes o recortando confeti con el papel que sobraba.
Los primeros se utilizarían en los escraches y los recortes se guardaban para futuras ocupaciones de bancos donde regar confeti era una de las grandes alegrías.
"-Bueno, ahora hay que escribir los mensajes en los que ya estén listos", dijo Lupe (véase la tabla 1) señalando una esquina donde se apilaban círculos unos sobre otros.
Empezamos a distribuirlos sobre el piso: verdes a la izquierda, rojos a la derecha.
Mientras tanto Xavier jugaba con uno de los círculos a un lado.
Le daba vueltas y lo doblaba suavemente para medir su resistencia.
El círculo era la mitad del cuerpo de Xavier, un ecuatoriano de pequeña estatura y largo bigote negro.
Rodrigo, que era un poco más alto que Xavier, le dijo riéndose que a él ese círculo le tapaba completamente.
Después de un rato Xavier preguntó un tanto preocupado: "-Y en serio, esto ¿cómo lo vamos a llevar?"
Mover los círculos era uno de los principales retos.
Mientras unos escribían mensajes en los círculos, otros empezaron a cortar agujeros pequeñitos para a519 atar cuerdas en los dos extremos y así poder colgar los círculos en los hombros.
En uno se rompió el cartón y en otro la cuerda cedió.
Después de varios intentos y enmendaduras, finalmente los círculos tenían agarraderas y eran incluso aptos para utilizarlos como una capa o como un escudo de cartón que se podría llevar sobre la espalda o los brazos. diferentes gobiernos: "400.000 ejecuciones hipotecarias" o "7 de cada 10 desahucios tienen menores" o "gente sin casa y casas sin gente", para recordar que en el Estado español se acumulan más de tres millones y medio de viviendas vacías a pesar del altísimo número de desahucios y de familias sin una vivienda adecuada, y finalmente: "CiU y PP no apoyan la ILP".
Eran más de las nueve de la noche y todos estábamos cansados.
Los círculos gigantes se quedaban descansando en el local hasta el día siguiente, día de escrache.
Más allá de la estética hecho en casa de los círculos gigantes de cartón, forrados de cartulina de colores y con múltiples modelos de letras, estos objetos tienen un rol en el devenir político y en la producción de nuevas relaciones sociales.
Los debates sobre materialidad, ampliamente estudiados en la antropología, sirven para entender la manera en que los objetos permiten repensar la política en la actualidad.
Interesa, en particular, la explicación de Bruno Latour (2005) a propósito de la muestra, en la que fue comisario junto con Peter Weibel 6, sobre el papel de los objetos en democracia, donde indica: "Está claro que cada objeto -cada temática-genera diferentes patrones de emotividad y disrupción, de acuerdos y desacuerdos.
Puede no haber continuidad, no haber coherencia en nuestras opiniones, pero hay una continuidad y una coherencia ocultas con aquello a lo que nos aferramos.
Cada objeto reúne alrededor de sí mismo una asamblea de partes interesadas.
Cada objeto gatilla nuevas ocasiones para discutir y diferir apasionadamente.
En otras palabras, Los mensajes sobre los círculos también estaban listos, los verdes describían los logros de la PAH: "+ de 1.000 desahucios parados," indicaba un círculo, "miles de daciones arrancadas a los bancos" ponía en otro, "240 PAHs en todo el Estado" proclamaba un tercero, "1.180 personas realojadas con la Obra Social" recordaba otro círculo más, y otros llevaban un "Sí se puede", el eslogan popularizado por la PAH.
A su vez, los círculos rojos recordaban a la ciudadanía los efectos de la ley hipotecaria española y de las medidas políticas tomadas hasta el momento por los los objetos -tomados como cualquier otra temáticanos atan unos a otros en mapas del espacio público profundamente diferentes al que usualmente reconocemos como 'lo político'" (Latour, 2005, p.
Los círculos gigantes de la PAH resuenan con el planteamiento latouriano porque transforman el espacio público convocando audiencias que no se encontrarían de otra manera.
Así, en el acontecer del escrache los círculos rojos y verdes crean un nuevo territorio político donde activistas, diputados y sus seguidores, partidarios de activistas, periodistas y gente de a pie se encuentran y discuten.
Este espacio poco convencional cuestiona la compresión común de la democracia y permite interacciones que resultarían imposibles en otras condiciones.
Los círculos gigantes se tornan en elemento indispensable para que exista un escrache como protesta política.
Estos objetos no se utilizan en otras acciones directas ni en las asambleas de la PAH.
Los círculos se convierten en el objeto que define un escrache y a un activista realizando un escrache.
Alguien que no tiene un círculo gigante es un activista que protesta, pero no un activista en un escrache.
Es decir, el objeto se convierte en parte esencial del devenir activista en este tipo de protesta y tan necesarios son los círculos gigantes como las personas para que el escrache se lleve a cabo.
En este sentido los círculos tienen la capacidad de convertir el día a día y la rutina en espacio político, transformando la plaza, la calle o la rueda de prensa en escenario para nuevos encuentros y desencuentros, donde las jerarquías y las reglas se alteran.
Los círculos gigantes no simbolizan los escraches, los crean desde dentro, convierten al activista en actor callejero y la calle en asamblea.
Los círculos desobedecen la división y organización tradicional del espacio público, irrumpen en la cotidianidad con cartón y colores para romper la indiferencia parlamentaria y el silencio mediático.
Daniel Miller en su texto sobre materialidad nos recuerda que "el estudio de la cultura material por lo común se convierte en un modo efectivo de entender el poder no como cierta abstracción, sino como el modo mediante el cual ciertas formas o gente se realizan, comúnmente a expensas de otras" (Miller, 2005, p.
Al considerar la propuesta de Miller, observamos que los círculos gigantes utilizados en los escraches abren un espacio donde se subvierte el poder, donde existe la capacidad de producir -mediante los objetos-tipos específicos de sujetos, al menos momentáneamente, en un determinado tiempo y espacio.
Los círculos gigantes permitieron poner un nuevo mensaje en la calle, trasladarlo literalmente ahí donde la gente de a pie podría participar, y así lograron transmitir qué perseguía la ILP.
Se convirtieron en verdaderos medios alternativos de comunicación.
En las siguientes dos secciones analizo más detalladamente estos argumentos.
Por ahora es suficiente anotar que pensar la política desde la materialidad implica imaginar la política desde agencias que desbordan concepciones humanistas de la acción colectiva.
En este punto el trabajo de Bruno Latour es pertinente porque nos propone repensar la democracia más allá de los congresos, de los parlamentos y de los espacios institucionales de la política, alejándonos de las viejas técnicas de representación -como él las llama-y proponiendo abrir nuevas vías para imaginar la política.
UNA NUEVA NARRATIVA PARA LA CRISIS Y EL ENDEU-DAMIENTO
A partir del estallido de la burbuja inmobiliaria el desempleo se disparó y la morosidad hipotecaria aumentó rápidamente.
Con el parón del crédito muchos de los proyectos especulativos que estaban en marcha, en su mayoría proyectos inmobiliarios y relacionados con la construcción, el turismo y los servicios, se detuvieron.
La tasa de desempleo, que no llegaba al 9% en 2007, cuatro años más tarde rozaba el 26% (véase Instituto Nacional de Estadística.
Encuesta de población activa).
Esto reveló la inestabilidad del modelo económico implementado en las últimas décadas en España (Ayala Cañón, 2008).
Como consecuencia del alto nivel de desempleo y de unas cuotas hipotecarias que fluctuaban rápidamente 7, las ejecuciones hipotecarias y los lanzamientos de la vivienda aumentaron exponencialmente (Cabrera-Cabrera, 2009; García, 2010).
Al mismo tiempo el gobierno respondió a la recesión económica con un paquete de medidas de austeridad que incluía un rescate financiero destinado a salvar el sector bancario de la bancarrota.
El resultado fue un rápido crecimiento de la desigualdad y de la exclusión social (Castel, 2014; Sánchez-Morales, 2015a; Sánchez-Morales, 2015b) que reveló además que las familias más afectadas no eran solo aquellas de bajos recursos, sino también muchas situadas en zonas fronterizas, como explican Tezanos, Sotomayor, Sánchez-Morales y Díaz (2013).
Sin embargo, el discurso dominante que acompañó a estas medidas hablaba de excesos públicos e irresponsabilidad individual en los tiempos de bonanza y de la necesidad de la austeridad, de los recortes a519 y de la autodisciplina financiera.
Este discurso tomó forma en dos expresiones populares que se escuchaban sin cesar en la televisión hasta convertirse en la explicación de la crisis: "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" y "es tiempo de apretarse el cinturón".
Esta narrativa la repetían políticos, tertulianos, periodistas, banqueros e incluso vecinos.
Ejemplo de ello fue una ocasión en la que acompañé a Rodrigo y a su pareja, Marta, a negociar su dación en pago.
Su directora de banco, una mujer de cuarenta y pocos años, nos recibió en su oficina.
Al constatar que Rodrigo y Marta habían incumplido el pago de una cuota más de la hipoteca, les dijo después de una acalorada conversación que ellos no pagaban porque "no querían" y que eran unos "irresponsables."
Rodrigo y Marta le explicaron que él llevaba siete meses en el paro y que a Marta le habían avisado de que su despido era inminente.
Entre el subsidio de desempleo y los 700 euros que aún recibía Marta disponían de 1.600 euros y su cuota de hipoteca era de 960 euros.
Pagar la hipoteca suponía destinar más del 60% de sus ingresos a una vivienda que sabían que perderían, pues Marta y Rodrigo eran conscientes de que pronto esos ingresos se reducirían aún más y les sería imposible realizar cualquier pago.
A pesar de la situación, la directora del banco consideraba que las matemáticas cuadraban perfectamente y que ellos tenían capacidad de pagar.
Y lo que es peor aún, la misma narrativa del banco sobre el pago la usaron sus familiares, el hermano de Marta y su cuñada, quienes también compraron un piso en Ciudad Meridiana, el mismo barrio marginal de Barcelona donde vivían Marta y Rodrigo.
De hecho, las dos parejas se avalaron mutuamente para sacar adelante sus hipotecas, una práctica común entre la clase trabajadora, sobre todo migrante.
En una gran medida estas eran hipotecas utilizadas para buscar formas de inclusión social, para luchar contra racismos y exclusiones laborales característicos en los relatos migratorios de mis interlocutores (ver también García-Roca y Lacomba Vázquez, 2008; Suárez, 2017).
A diferencia de Rodrigo, el hermano de Marta no trabajaba en la construcción sino conduciendo un taxi, por lo que todavía podía pagar su mensualidad.
Sin embargo, al ser garantes cruzados, el impago de una pareja significaba que la otra se convertiría en co-deudora.
De hecho, a partir del impago de Marta y Rodrigo la relación entre parientes se rompió.
La narrativa centrada en la austeridad y el pago convirtió al moroso hipotecario en el responsable principal de la crisis financiera.
Tanto la banca como la gente común percibían al "deudor subprime" como el causante de sus problemas.
Marta y Rodrigo son un claro ejemplo de este tipo de deudor: personas de clase trabajadora, con frecuencia migrantes, empleados en trabajos considerados de "baja cualificación" que, si bien en el marco de la economía especulativa accedieron a salarios que alcanzaron niveles relativamente altos, no realizaban actividades con estabilidad laboral, sino que conllevaban pagas en negro 8, aportes bajos a la seguridad social o contratos con cláusulas de despido inmediato.
Las hipotecas que pudieron contratar se caracterizaban por ser costosas, con intereses altamente volátiles, con cláusulas abusivas y con pagos adicionales por un sinnúmero de servicios que no necesariamente habían aceptado.
Que sean personas como Marta y Rodrigo a quienes la narrativa oficial describía como culpables de la crisis por comprar casas sobrevaloradas en barrios de clase trabajadora de Barcelona ilustra lo que David Graeber explica sobre el rol más amplio de la deuda.
Para Graeber (2012) "si algo enseña la historia, es que no hay mejor manera de justificar relaciones basadas en la violencia, para hacerlas parecer éticas, que darles un nuevo marco en el lenguaje de la deuda, sobre todo porque inmediatamente hace parecer que es la víctima la que ha hecho algo mal" (p.
La narrativa dominante sobre el endeudamiento después de la crisis tenía justamente este objetivo: esconder los excesos de la banca y legitimar los recortes sociales, el rescate bancario y la flexibilización laboral, al mismo tiempo que poner el peso de la debacle financiera sobre las personas más vulnerables del sistema económico, quienes estaban pagando el precio con su desempleo y con la pérdida de servicios sociales, además de enfrentarse a la posibilidad de una deuda de por vida después de perder su casa.
La lógica política suponía que, si la sociedad había "vivido por encima de sus posibilidades", entonces estaban moralmente justificados los cambios necesarios para revertir esa perversión económica.
Rafael Tranche propuso la expresión socialización de la deuda para explicar cómo la narrativa oficial legitimó cambiar la constitución española para privilegiar el pago de la deuda externa a cambio de un sinnúmero de recortes sociales.
Lo que se pretendió es corresponsabilizar a la ciudadanía por el fracaso de un modelo económico.
Tranche (2013, 16 mayo) lo explica como "una coartada realmente eficaz, pues exime a los verdaderos causantes [de la crisis] al diluir sus responsabilidades en el conjunto de la ciudadanía".
Los escraches de la PAH proponen una narrativa alternativa.
El movimiento había entendido tempranamente la lógica política del gobierno y de la banca.
La pregunta era entonces cómo subvertir esa narrativa que presentaba a los deudores hipotecarios como culpables de la debacle financiera y mostrar que el discurso oficial evitaba toda discusión sobre la naturaleza especulativa de los mercados financieros y sobre las irregularidades bancarias.
Para la PAH el trasfondo del discurso era el interés común de la clase política tradicional y de la banca por ocultar la corrupción de la burbuja y el rápido enriquecimiento de las élites financieras en el país (Núñez, 2017).
Como explica Eduardo Romanos ( 2014), la movilización social buscaba identificar y señalar a quienes eran vistos como causantes de la crisis: políticos responsables de negociar recortes sociales por rescates bancarios, y de incrementar amnistías fiscales y amnistías a banqueros imputados que se beneficiaron de nombramientos en consejos de administración de empresas millonarias a las que favorecieron durante sus mandatos.
Sin embargo, el mensaje de los movimientos sociales no era la narrativa que ofrecían los medios de comunicación masivos, por lo que muchas de las personas hipotecadas y a punto de perder su casa que llegaban por primera vez a la PAH habían interiorizado los sentimientos de culpa y fracaso, de equivocación y desesperación frente a lo que veían como un error individual.
En la PAH hay una diversidad de espacios en los que se cuestiona y desafía la narrativa oficial.
Desde asambleas semanales hasta ocupaciones de bancos y propiedades vacías.
Sin embargo, en este artículo me interesa cómo esa nueva narrativa se originó también a través de los escraches y se materializó en objetos como los círculos gigantes que llevaban mensajes políticos a la calle.
Fue en la acción directa donde los círculos gigantes verdes y rojos se convirtieron en objetos desobedientes en los que se encarnó la nueva narrativa popular de la crisis.
Como se explicó anteriormente, estos objetos tenían la capacidad de convocar diversas audiencias, pero también se convertían en un medio capaz de transmitir un mensaje, de dar voz, de interpelar a través de los mensajes que llevaba escritos cada círculo en su centro.
Ese texto, esas palabras, tenían también un rol político.
Mensajes que se repetían en decenas de círculos, con cientos de personas acompañándolos en la calle y llevándolos en alto.
Estos mensajes no necesitaban ser verbalizados, por lo que varios escraches se realizaron en silencio, mostrando los círculos y sus mensajes.
La idea era que los círculos rojos y verdes En los escraches los cuerpos se convierten en signos gracias a los círculos gigantes y los signos se hacen cuerpos a través de la ocupación del espacio público, convirtiendo los círculos en "una extensión del cuerpo humano" como decía Michael Taussig (2012) a propósito de las pancartas utilizadas en las protestas de Occupy Wall Street.
Los círculos y su materialidad eran esenciales para comunicar un mensaje, eran necesarios para que tuviera lugar el escrache.
Finalmente, el escrache permite algo más: formular una nueva narrativa tomando el espacio público y convirtiéndolo en escenario, aunque sea de manera momentánea.
El escrache expresa un nuevo mensaje concreto donde el actor principal ya no es un moroso, deudor o culpable, sino que habla como activista y artista, denunciando un sistema de endeudamiento calificado de injusto incluso por el Tribunal de Justicia Europeo, y proponiendo una alternativa.
En la siguiente sección explico cómo los roles y las jerarquías podían ser subvertidos mediante el carnaval callejero que acontecía a partir del escrache.
REPENSAR EL ENDEUDAMIENTO DESDE EL CARNAVAL CALLEJERO: DE MOROSO A ACTIVISTA
Durante las campañas de escrache, los miembros de la PAH podían ser observados con frecuencia moviéndose aparatosamente con sus círculos gigantes a lo largo de Barcelona.
El tamaño sobredimensionado de los círculos tenía un efecto visual "hablaran" por sí mismos, por el movimiento, que los círculos se convirtieran en una herramienta comunicativa más con un mensaje concreto. a519 clave, pero al mismo tiempo hacía que quienes los llevaban encima se vieran un tanto cómicos, si bien con un humor necesario, reminiscente de tantos momentos carnavalescos de la protesta social.
Aquello que podía ser pensando como un revoltijo bufonesco y humorístico de trajes desproporcionados era la transformación de la esfera pública en un espacio de actuación, en un momento de algarabía y subversión.
Para Bakhtin (1984), "el carnaval celebra una liberación temporal de la verdad, del orden establecido imperante; señala la suspensión de todo rango jerárquico, de los privilegios, las normas y las prohibiciones [...].
Esta suspensión temporal de la jerarquía, tanto ideal como real, crea durante el carnaval una forma de comunicación particular, imposible en el día a día" (citado en Stallybrass y White, 2009, p.
Los escraches tenían la capacidad de transformar por un momento el espacio público en un carnaval, irrumpiendo temporalmente en la vida cotidiana, transformando los roles permitidos y cuestionando "la verdad imperante", poniendo en duda la narrativa oficial de la crisis y el endeudamiento, y proponiendo otra, la de la PAH y su ILP.
Gracias a los círculos gigantes de colores el escrache era un escenario desde el cual hablar, subvirtiendo la etiqueta de moroso, deudor, culpable por una de artista, activista, liberado.
En este momento carnavalesco ya no eran los medios de comunicación los que controlaban el discurso, ni los políticos, ni los banqueros.
Por un momento eran los círculos gigantes de la PAH los que establecían la nueva narrativa.
Hay otra jerarquía importante que logra alterar las protestas carnavalescas como los escraches: la autoridad policial.
De modo semejante a las marionetas gigantes de las que habla David Graeber (2014) y su interacción con la policía (p.
75), los círculos gigantes de la PAH son también objetos difíciles de silenciar a menos que sean destruidos, y con frecuencia son difíciles de destruir porque la mera imagen de la policía abalanzándose sobre un montón de pedazos de cartón forrado se vuelve cómica y absurda.
Como Graeber recuerda, la policía tiene en ese contexto mayores posibilidades de ser ridiculizada que los activistas de ser silenciados o castigados.
Así, la resistencia es también contra lo que la policía representa y defiende, la encarnación de la violencia estructural, que para los miembros de la PAH con frecuencia era escenificada en los desalojos cotidianos en los que participaba bajo pretexto de salvaguardar la ley, incluso frente a la pérdida de vivienda de una familia en época de crisis habitacional.
La policía llevaba a cabo los desahucios retirando forzosamente a miem-bros de la PAH que trataban de cerrar el paso a la comitiva judicial para impedir el desalojo, utilizando sus cuerpos como escudo humano.
Con los círculos gigantes los miembros de la PAH habían encontrado otro escudo, uno que a pesar de ser de cartón y fácilmente destruible, lograba incomodar con su presencia, al mismo tiempo que desafiar de manera pacífica los roles de autoridad.
Es importante señalar que estos llamativos objetos que permitían a la PAH recrear un escenario desde el cual hablar no son una novedad en la acción directa y en las luchas sociales.
Algunos de los mejores ejemplos son las marionetas gigantes o los objetos gigantes inflables.
Hechos de papel maché, de alambre, de tela, de cordones o de plástico inflable, todos estos objetos tienen la capacidad y la intención de ocupar el espacio público, de crear "espectáculos mediáticos", como los llama el artista Artúr van Balen en una entrevista con Steffi Duarte sobre la muestra de objetos desobedientes de Londres (Duarte, 2014, 3 julio), refiriéndose a los objetos gigantes inflables en los que él colabora.
Van Balen se refiere a la velocidad con que se inflan y se desinflan estos objetos en una protesta como metáfora de la temporalidad del espectáculo mediático en sí mismo.
Es decir, lo más relevante no es la permanencia en el tiempo de estos objetos, sino su capacidad de poner la protesta, y con ello las demandas de diferentes colectivos, en el primer plano comunicativo.
Si concebimos los escraches como un carnaval callejero, esta acción directa constituye la posibilidad concreta de subvertir el orden cotidiano y establecido sobre la deuda hipotecaria.
El carnaval callejero se inicia en el momento en que el representante político se da cuenta de que está siendo objeto de un escrache.
En ese instante la autoridad política y los ciudadanos reconocen que las reglas del juego se suspenden y temporalmente la asimetría de poder entre políticos y ciudadanos se invierte.
Ahora es el pueblo quien ocupa el lugar del legislador, del juez, del reformador moral.
El político es sujeto de fiscalización popular, es obligado a responder por sus decisiones, a responsabilizarse de sus actos.
La tensión del escrache es difícil de mantener sin el uso de una parafernalia activista.
Los objetos desobedientes, como los círculos gigantes, marcan el inicio de un tiempo anómalo, trazan la geografía de un espacio radicalmente democrático.
Tras el bastidor de los escraches mis interlocutores esperaban con emoción el encuentro con políticos en la calle, donde poder hablarles directamente y explicar cuál era su situahttps://doi.org/10.3989/arbor.2019.793n3007
Objetos desobedientes: escraches y la lucha por la vivienda en la PAH 10 a519 ción real.
Se apresuraban a ponerse los círculos como capas, a llevar sus camisetas verdes bien visibles y a pararse en primera línea, donde salir captados por los medios de televisión y por los diarios presentes.
En las conversaciones que tenían lugar después de un escrache hablábamos de cómo salió la acción, de la actuación de la policía, del logro de entregar un documento específico a los políticos, y también nos reíamos de lo nerviosos que se ponían los políticos cuando les rodeaban los miembros de la PAH y de cómo trataban de abrirse camino o de evadirles.
No era extraño que mis interlocutores se compararan con los políticos acorralados explicando lo que sentían cuando les llamaban sin cesar las agencias de cobro o cuando los directores de oficinas bancarias trataban de evitarles.
Por un momento lograban que los máximos representantes del poder legislativo escucharan realmente sus propuestas y su realidad y volvían a sentirse persona, como ellos lo describían, ya no solamente un deudor o un culpable.
Irónicamente, las campañas carnavalescas de los escraches fueron altamente exitosas, logrando primeras páginas de los diarios más leídos, irrumpiendo en la narrativa de los grandes medios que habían ignorado mayoritariamente el verdadero mensaje de la ILP de la PAH hasta entonces, a no ser para crear una información sensacionalista o para buscar en los más afectados culpables de la crisis.
Incluso cuando el PP intentó criminalizar este tipo de protestas llegando a llamarlas "nazismo puro" o vinculando a los activistas de la PAH con organizaciones como ETA 9, la popularidad de las mismas solo fue en aumento y se convirtieron cada vez más en un animado carnaval callejero.
En los escraches que se llevaron a cabo después de esas declaraciones, los miembros de la PAH llegaban a las protestas con pelucas verdes, globos, silbatos y sus sobredimensionados círculos gigantes.
La imagen de esta alegre rebeldía desvanecía los intentos de acusación del PP, al mismo tiempo que informaba y construía narrativas distintas al discurso dominante sobre el impago de deudas y sobre la crisis (Suárez, 2017).
David Graeber (2012) avanzaba una crítica sobre la moralidad del repago de la deuda después de la crisis financiera cuando decía que esta moralidad de repago solo se suele aplicar a quienes no tienen poder.
Los miembros de la PAH conocían muy bien esa perspectiva, les habían tildado de culpables por no pagar sus deudas después de perder sus empleos, cuando al mismo tiempo se realizaban rescates bancarios con dinero público a bancos en quiebra sin ninguna contraprestación para la ciudadanía.
Los escraches de la PAH se convirtieron en el espacio donde repensar la moralidad de la deuda más allá de la narrativa oficial, ofreciendo una manera distinta de interpretar no solo la deuda sino también las formas de hacer política.
Mi objetivo en este artículo ha sido teorizar sobre la noción de objeto desobediente a través del uso de círculos gigantes en la PAH de Barcelona en un tipo específico de performance activista llamada escrache.
Mi análisis argumenta que estos círculos tienen capacidades específicas: constituyen la materialidad del escrache, crean un punto de inflexión entre dos narrativas desde las que cuestionar la moralidad de la deuda, y permiten la suspensión temporal de las jerarquías del poder.
Y en un sentido más amplio, los escraches se convierten en una oportunidad para repensar las formas de toma de decisión y de representación de la política institucional.
Para esto me he centrado, en primer lugar, en la capacidad de los círculos de convocar audiencias muy diversas al mismo tiempo que recrean el espacio desde el cual podemos pensar la política.
En segundo lugar, a través de los mensajes que llevan escritos los círculos y del espacio público que ocupan en los escraches, junto con los activistas de la PAH, se convierten en el arma comunicativa de una nueva agenda política.
Y por último, su intervención sobre el espacio público en este tipo de performance activista y su naturaleza carnavalesca subvierten los roles de autoridad y la comprensión moral de la deuda.
El elemento corporal y la materialidad de los círculos gigantes de la PAH son esenciales para la subversión política que logran.
Sin ellos no existiría el escrache como forma de protesta, resultan indispensables en la creación de este tipo de intervención política.
En los escraches los miembros de la PAH, por medio de estos círculos gigantes, de estos objetos desobedientes, logran irrumpir imaginativamente en la agenda política nacional.
Utilizo el término imaginativo a la manera en que lo hace David Graeber (2014) indicando que "no se trata tanto de dar 'poder a la imaginación' sino más bien de reconocer que es la imaginación la fuente de poder en primer lugar" (p.
Los círculos gigantes verdes y rojos permiten a los miembros de la PAH llevar a cabo una intervención política y visualizar la necesidad de cambiar la legislación.
Por esto se convierten efectivamente en el mejor aliado comunicativo de la ILP de la PAH.
Los círculos verdes y rojos en un escrache también evidencian que instituciones financieras y gobierno actuaron en tándem en la producción de la burbuja inmobiliaria.
Los escraches, junto con muchas de las a519 protestas que lleva a cabo la PAH, recuerdan que la debacle económica y el impago son el resultado de un sistema en el que grupos específicos se beneficiaron cuantiosamente de vender hipotecas sobrevaloradas, de especular con la vivienda y de titularizar préstamos hipotecarios de alto riesgo, a la vez que desdeñaban a aquellos a quienes entregaban estos créditos.
De aquí la necesidad de introducir una narrativa distinta sobre la crisis.
En este contexto los círculos gigantes se convierten en una llamada pacífica y festiva a la desobediencia, a dejar de ser meros observadores, se convierten en una oportunidad para ocupar la esfera pública a través de los escraches, enfrentándose a la narrativa actual con una agenda política alterna y realizable, con nuevas posibilidades de cambio.
En ese momento, estos objetos desobedientes ponen en cuestión la moralidad misma de la deuda.
Hablando de la ocupación de la plaza Tahrir, Judith Butler (2011) recordaba que, al ocupar el espacio público, los cuerpos recrean la polis, en el sentido en que utiliza la expresión Hannah Arendt, a quien cita diciendo que la polis "no es la ciudad-estado en su situación física; es la organización de la gente como surge de actuar y hablar juntos" 10.
Butler lleva más allá el argumento y explica que las alianzas entre cuerpos y acción directa en la esfera pública tienen la capacidad de subvertir otras formas de opresión con las que nos encontramos de manera cotidiana, las jerárquicas, las inequidades de género o las desigualdades étnicas, entre otras.
Los escraches permiten esa rebelión frente a los roles y a las jerarquías de la deuda mediante su ocupación del espacio público y su protesta carnavalesca.
Los comisarios de la exposición que mencioné al comienzo de este artículo decían que los objetos desobedientes sirven para ilustrar "momentos inesperados en los que, aunque sea solo por un instante, encontramos la posibilidad de que las cosas puedan ser de otra manera: que, de hecho, el mundo mismo puede también construirse desde abajo, mediante la desobediencia colectiva, organizada contra el mun-do tal y como nos lo presentan" (Flood y Grindon, 2014, p.
Es justamente lo que este artículo ha tratado de demostrar: cómo, a través de círculos gigantes de cartón, los activistas de la PAH logran alterar la comprensión hegemónica de la crisis interviniendo directamente en el espacio público, permitiendo a través de la protesta y del arte crear un espacio donde la política puede ser tratada de una manera diferente, donde la ley no está en entredicho y donde la reproducción de la violencia estructural puede ser contenida, al menos momentáneamente.
Los activistas de la PAH nos recuerdan con sus círculos gigantes que es utilizando tantas prótesis artísticas como haga falta y organizados desde abajo como se puede realmente cuestionar y repensar la realidad política, y con ello la democracia misma.
Agradezco a los activistas de la PAH de Barcelona, en particular a mis interlocutores ecuatorianos, su confianza y generosidad para compartir conmigo las vicisitudes del proceso de ejecución hipotecaria, y a todas las personas que participaron en la PAH durante esos años por compartir conmigo el día a día del movimiento.
A petición de las personas con las que trabajé en Barcelona, he anonimizado la información.
Quisiera también agradecer a Isaac Marrero-Guillamón y a Jorge Núñez por su lectura cuidadosa del manuscrito y por sus valiosas sugerencias en versiones anteriores.
Gracias también a los revisores anónimos de la revista Arbor.
Un especial agradecimiento a Irene Sabaté Muriel y a Bálint Ábel Bereményi por la invitación a participar en este monográfico, así como por sus generosos comentarios sobre el texto.
Agradezco a los ponentes y participantes en el panel La crisis hipotecaria en el Estado español: impactos y respuestas sociales, en el I Congreso Internacional de Antropología AIBR, por sus reflexiones sobre un texto que inspiró este manuscrito.
Agradezco el apoyo económico de una beca de la SENESCYT-Ecuador, la cual hizo posible parte de la investigación aquí presentada.
[1] Todas las citas en castellano correspondientes a asientos bibliográficos en inglés están traducidas por la autora.
[2] Entiendo la noción política callejera en el sentido otorgado por Charles Tilly (2011), quien sugiere que la política callejera es "una expresión de la conciencia popular que de vez en cuando origina acciones disruptivas" (p.
[3] La serie de ejecuciones hipotecarias empieza en 2007, mientras que los datos de lanzamientos practicados empiezan en 2008.
Estos datos pueden encontrarse en el informe Efecto de la crisis en los órganos judiciales.
[4] Hasta julio de 2015 las deudas hipotecarias no se exoneraban en ningún caso.
La ley 25/2015 provee la exoneración en casos de extrema vulnerabilidad, como haber aceptado refinanciaciones o reestructuraciones de la deuda anteriores y no haber podido hacer frente a ellas, estar sin empleo por cuatro años o aceptar constar en el registro de morosos con las especificaciones del caso por cinco años.
[5] La ILP tuvo el apoyo de la PAH, del Observatori DESC, de los sindicatos UGT
moralidad de la deuda; burbuja inmobiliaria española; materialidad; acción directa; contra-política; nueva narrativa. |
Televisión Española (TVE) ha hecho posible la divulgación de temas médicos en la temporada de 2016 a través de los cuatro programas especializados en salud: Saber vivir, Centro médico, Esto es vida y El ojo clínico.
Con el objetivo de conocer mejor su recepción por parte de los telespectadores, este estudio analiza, por un lado, los datos oficiales de audimetría y, por otro, los de una encuesta lanzada a través de las redes sociales.
Con el cuestionario, al que han respondido 158 seguidores de los programas, se ha medido la valoración y la confianza que los espectadores otorgan al tratamiento informativo y audiovisual de estos programas.
Esta investigación se corresponde con la segunda fase de un proyecto más amplio en el que previamente se han estudiado los contenidos de los programas televisivos y su comunicación digital a través de Twitter.
Según los datos ofrecidos por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la sanidad es un asunto importante para los ciudadanos españoles.
En el último barómetro sanitario realizado hasta la fecha (Barómetro sanitario 2015 (tercera oleada)) la sanidad se posiciona como el segundo ítem de mayor interés, por detrás del trabajo, para la ciudadanía española.
Avance de resultados), entre los temas presentados en noticias, la materia relativa a los avances médicos es la que más interés suscita.
No obstante, "la relevancia noticiosa de la sanidad [en los telediarios] es secundaria tanto en la cadena estatal como en las privadas" (Francescutti, 2012, p.
La televisión sigue siendo el medio al que más expuestos están los ciudadanos para informarse sobre ciencia y tecnología (Torres Albero, 2015), sobre todo en edades superiores a los 45 años (Lobera, 2017), aunque no sean abundantes estos contenidos (Moreno Castro, 2009) y suelan estar programados en horarios que dificultan conseguir máxima audiencia (Lehmkuhl, 2014; León, 2002; Moreno Castro, 2004).
En concreto, en cuanto a contenidos sobre medicina y salud, la oferta televisiva no se corresponde con la demanda potencial del público (Semir y Revuelta, 2006).
En esta línea es la televisión pública la que por ley está obligada a "promover el conocimiento de las artes, la ciencia, la historia y la cultura" (ley 17/2006, art. 3) y a servir de ventana al conocimiento.
TVE programa contenidos de divulgación de la ciencia en diversas franjas horarias que ayudan a alcanzar tal objetivo, pero ¿cómo recibe la audiencia estos contenidos?
Este trabajo realiza un análisis exploratorio que permite, por un lado, conocer esencialmente las características de la recepción de los programas de salud de TVE emitidos en 2016.
Por otro, conocer el tipo de audiencia que consume este tipo de contenidos, a partir de los datos oficiales de audiencia y de las respuestas de los 158 cuestionarios de espectadores de estos programas.
Las preguntas que guían este estudio son: a) ¿qué rasgos sociodemográficos tiene la audiencia?, para conocer quiénes son los espectadores asiduos y comprender así la concordancia o no con el estilo audiovisual del programa, y b) ¿cómo percibe y valora la audiencia el tratamiento informativo y audiovisual que caracteriza a estos programas?
(Cano-Orón, Portalés Oliva y Llorca-Abad, 2017).
Programas de salud en TVE
Los inicios del periodismo especializado en salud en TVE se sitúan en la década de los 70.
En concreto, comienza con Escuela de salud 1, el primer programa de salud de la historia de la televisión española (Terrón Blanco, 2007), dirigido por Manuel Torreiglesias, definido por los boletines de TVE como "programa motivador de comportamiento sanitario" (véase Finaliza el programa de TVE "Escuela de salud") y seguido por otro gran referente en la historia de TVE, Más vale prevenir (http://www. rtve.es/alacarta/videos/mas-vale-prevenir/), que estuvo en antena desde 1979 a 1987, con Ramón Sánchez Ocaña como presentador, quien se posiciona como especialista en esta área temática (Terrón Blanco, 2007).
En 1988 volvería con Diccionario de la salud (TVE), un programa que seguía la trayectoria de Más vale prevenir (TVE), y en 1991 con Los hijos del frío (TVE), un programa especializado en la investigación médica.
Formatos como el de Más vale prevenir marcaron la forma de abordar la salud en televisión en España, pues es una fórmula que se repite constantemente: "espacios que tratan de manera coloquial y genérica la prevención y promoción de la salud, con la inclusión de explicaciones y posibles tratamientos de patologías comunes [...] con objeto de resolver dudas y ofrecer información a los espectadores" (López Villafranca, 2015, p.
En la década de los 90 destaca el programa de salud Saber vivir, presentado en su primera temporada por Manuel Torreiglesias y Teresa Viejo 2.
El programa, que reproduce la esencia de Más vale prevenir (Moreno Castro, 2004, p.
130), estuvo en antena desde 1997 a 2009, a partir de entonces pasaría a integrarse como una sección dentro del magacín matinal La mañana.
En 2017 el programa volvería a independizarse siguiendo el formato matinal tradicional, pero solo duraría un año.
En febrero de 2019, volvería a estar en antena, de forma independiente, ocupando un espacio semanal en la segunda cadena.
Para cumplir con la misión de servicio público, Saber vivir afirma basarse en cuatro recursos: 1) enseñar las pautas elementales de vida, 2) dar a conocer a los especialistas más expertos, con mayor autoridad científica y técnica en las distintas ramas de las ciencias de la salud, 3) facilitar la participación directa de la audiencia, y 4) promocionar el servicio social prestado por los distintos colectivos sociales (véase Saber vivir.
No obstante, en la práctica y a lo largo del tiempo, han sido varias las quejas recibidas por diversos contenidos del programa.
En primer lugar, destaca la publicidad hacia derivados del programa y otros servicios y productos.
TVE despidió a su presentador original, Manuel Torreiglesias, por irregularidades en la publicidad (Gallo, 2009, 8 mayo) y a Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) condenó a la cadena a pagar una multa por las prácticas de publicidad encubierta detectadas en la sección de La mañana (Pérez Mendoza, 2016, 11 octubre).
En segundo lugar, otro elemento que se ha criticado de forma insistente en los últimos años es la falta de rigor científico y la promoción de terapias y soluciones no convencionales, como el fomento de la homeopatía (Gámez, 2015, 3 enero; Martínez, 2015, 3 enero).
En esta línea, y debido a la afirmación de la presentadora, Mariló Montero, sobre las propiedades curativas del cáncer que tiene el aroma de limón, TVE se vio obligada a emitir un comunicado como reacción a las múltiples quejas recibidas, entre ellas de la Organización Médica Colegial (véase Carta al Defensor del Espectador de TVE: La OMC envía una queja por las declaraciones de Mariló Montero).
El comunicado afirmaba: "Saber vivir no puede ni debe aconsejar la práctica de la aromaterapia como vía para la prevención del cáncer, ni de cualquier otra técnica o terapia que no esté avalada por las organizaciones médicas del ámbito de la oncología en nuestro país" (véase Comunicado del espacio de TVE 'Saber vivir').
Tal ha sido la repercusión de este discurso que a raíz de los comentarios de Mariló Montero se presentó una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados para que RTVE cumpliese con la normativa vigente en las informaciones referidas a salud (Sevillano, 2015, 23 abril).
En el periodo estudiado, la temporada de 2016, los programas específicos que tratan la salud en TVE son los siguientes (Cano-Orón et al., 2017):
La sección Saber vivir dentro del matinal La mañana [URL] la sección del matinal previamente comentada.
Centro médico [URL] centro-medico/): una docuficción, de periodicidad diaria, en la que se presentan casos clínicos reales presentados como casos de ficción, basada en un formato de éxito internacional.
Presenta pequeñas explicaciones al espectador, rompiendo la cuarta pared -es decir, dirigiéndose directamente al especta-dor-, para aclarar terminología, síntomas y procesos que aparecen durante el programa.
Esto es vida [URL] infotainment diario presentado por Cristina Lasvignes y tres médicos, Fernando Uribarri (pediatra), Luis Benito (digestivo) y Paloma Borregón (dermatóloga).
Con público y testimonios en directo, se desarrollan secciones lúdicas, animadas y divulgativas.
El ojo clínico [URL] el-ojo-clinico/): programa semanal de divulgación médica de carácter más formal que los anteriores, sin público en directo.
Está presentado por Ana Gugel, periodista, y Cristina Torres, neurocirujana.
Cada programa es monográfico y se aborda desde diversas perspectivas que corresponden con sus distintas secciones, como son la historia, los datos actuales sobre el tema, los testimonios de afectados y expertos.
El programa cierra con un debate final con expertos.
En concreto han coincido en parrilla solo tres de ellos, pues Esto es vida acabó su emisión antes de que comenzase El ojo clínico.
Mientras se emitía Esto es vida en La 1, la cadena emitía tres programas diarios sobre salud (la sección de Saber vivir, Centro médico y Esto es vida).
Este dato fue destacado por la prensa por el cambio de programación que suponía respecto a la tradición vespertina de La 1, que daba protagonismo a la salud (Álvarez, 2015, 26 octubre; La nueva apuesta de salud para las tardes de TVE provoca un intenso debate entre los directivos; Salud y bienestar en las tardes de TVE).
Alfabetización en salud como efecto del consumo televisivo
Sharf y Freimuth (1993) entienden que la televisión, y en concreto los programas de entretenimiento y ficción, crean para la ciudadanía una construcción ideológica concreta de la enfermedad.
Son una fuente de información que la alerta ante posibles síntomas y posibles consecuencias, que construye el imaginario sobre qué esperar cuando alguien es diagnosticado con una enfermedad concreta.
Este tipo de contenidos orientan a la población para tomar decisiones y prepararse.
Por ejemplo, una anécdota que destaca Sánchez Martos (2010) para demostrar el efecto que los medios de comunicación tienen en los hábitos de la población es que España aumentó el número de mujeres interesadas en hacerse mamografías justo cuando una a520 de las protagonistas de la telenovela Cristal, cuya emisión en 1990 en España supuso un fenómeno social, sufría un cáncer de mama.
Los programas especializados en salud cuya narrativa presenta la experiencia de la enfermedad y desarrolla las implicaciones que conlleva vivir con ella ofrecen lo que se define como patografía (Sharf y Freimuth, 1993).
Estos programas se sustentan a partir de información obtenida en primera persona por pacientes que han sufrido tales dolencias o familiares cercanos que pueden aportar información precisa sobre el estado y el desarrollo de la enfermedad.
Los estudios de alfabetización en salud se dividen actualmente en dos paradigmas (Aldoory, 2017).
Por un lado, la visión centrada en las cualidades de los sujetos y en el nivel de educación en salud que poseen, y por tanto en la adaptación de las intervenciones de alfabetización a sus perfiles y necesidades.
Y, por otro lado, el enfoque universal de precauciones (universal precautions approach), que unifica al público asumiendo una baja alfabetización, y como consecuencia emite mensajes claros, adecuados a ese nivel y sensibles culturalmente.
En este segundo paradigma sería en el que se moverían los programas de televisión de TVE, creados para una amplia horquilla de audiencia con una educación básica.
Los objetivos principales de los programas de educación y entretenimiento especializados en salud son: a) aumentar el conocimiento de la audiencia, y b) ser capaces de transmitir contenidos que fomenten actitudes favorables hacia temas de salud y comportamientos que permitan crear hábitos saludables.
No obstante, como apuntan Moyer-Gusé y Nabi (2011), la persuasión potencial que pueden producir los mensajes emitidos en estos programas depende de las características particulares de cada espectador.
Su estudio deja la puerta abierta a la posibilidad de que los mensajes puedan ser tan efectivos como dañinos en función de cómo sean interpretados por la audiencia.
A pesar de que la audiencia tenga capacidades para mantenerse informada sobre temas de salud, cabe también detectar en qué medida es capaz de discernir entre información verdadera o falsa, así como descodificar la narrativa audiovisual, específicamente en los tipos de programas que son objeto de estudio de esta investigación.
En esta línea es preciso comentar el trabajo realizado por Lazo y Grandío (2013) desde la perspectiva de los estudios de recepción, que trata específicamente sobre las competencias críticas e informativas de la población española, pues la alfabetización mediática en estos casos es clave para poder distinguir la calidad de la información y las habilidades de descodificación de mensajes.
Estas autoras concluyen que "el perfil del ciudadano en la dimensión de recepción y audiencias es el de alguien que desconoce cualquier mecanismo de defensa ante los mensajes impropios que se emiten en los medios audiovisuales, al tiempo que ignora el marco jurídico que le protege y ampara como receptor" (Lazo y Grandío, 2013, p.
Destacan la "incapacidad de descodificación emocional por parte de la audiencia española" y la "falta de empoderamiento en la audiencia española".
El estudio de Lazo y Grandío (2013) destaca porque desmarca a la población española respecto a otros resultados internacionales (Asbeek Brusse, Fransen y Smit (2015), pues concluye que los espectadores españoles entienden que es inmoral el uso de estrategias persuasivas en este tipo de programas para patrocinar ciertas marcas, como se ha visto anteriormente en la denuncia de la CNMC.
En esta línea, Yoo y Tian (2011) advierten de la posible desconfianza en la medicina y en el trabajo de los profesionales sanitarios que se puede generar en la audiencia cuando se difunden mitos en este tipo de programas.
No obstante, también señalan que son aquellas personas sin experiencias o conocimientos previos sobre el tema las que son más susceptibles de ser influidas por este tipo de discursos.
Como señalan Peñafiel, Ronco y Echegaray (2016) y Echegaray Eizaguirre, Peñafiel Saiz y Aiestaran Yarza (2014), estamos ante una época en la que la información sanitaria ha aumentado y se ha facilitado el acceso a ella.
Y cada vez más los ciudadanos tienden a buscar respuesta a sus inquietudes a través de los medios y de internet: "El aumento de información sobre salud en los medios de comunicación ha tenido una influencia definitiva en lo que podríamos llamar la creación de un nuevo paciente.
Un efecto que incide en el comportamiento del denominado 'paciente activo'" (Echegaray Eizaguirre et al., 2014, p.
Estamos ante un paciente informado, que ha estado expuesto tanto a noticias como a información y testimonios de pacientes.
"Como resultado del incremento y proliferación de noticias de salud los profesionales observan la apa-a520 rición de un nuevo tipo de paciente, más leído, más informado, más conocedor.
Es lo que se ha denominado el 'paciente informado'" (Echegaray Eizaguirre et al., 2014, p.
Según Domínguez Lázaro (2015), los elementos clave para una buena comunicación de la salud en formato audiovisual son: razón, emoción y conducta del público.
El autor afirma que para que un programa de televisión cause un efecto en el público, "debe tener ciertas dosis de elementos cognitivos que apelen a la razón de los telespectadores, así como elementos emotivos que vayan directos a las emociones y los sentimientos del receptor, sin olvidar la necesidad de incluir mensajes directamente conductuales que indiquen claramente cuál es el objetivo perseguido y como se espera que quien recibe el mensaje reaccione" (Domínguez Lázaro, 2015, p.
Es necesario apuntar que, como sugieren Quintero Johnson, Harrison y Quick ( 2013), la información sobre salud insertada en una narrativa ayuda a recordarla, pero también se ha comprobado que las historias que atraen en gran medida al espectador distraen la atención de la información que están difundiendo.
Es necesario crear un producto que esté en equilibrio entre una buena narrativa y un énfasis en la información que se quiere transmitir.
Esta investigación exploratoria forma parte de un estudio empírico más amplio desarrollado en dos fases en el que se analizan los programas de televisión especializados en salud emitidos por TVE durante 2016.
La primera fase de la investigación se centró en el análisis de contenido de los programas, identificando el tratamiento informativo y audiovisual, y su comunicación digital en Twitter (Cano-Orón et al., 2017).
En la segunda fase, que aquí se presenta, el objeto de estudio es la audiencia; concretamente, su interpretación y recepción de estos contenidos.
Para realizar este estudio de recepción se realiza, por un lado, un análisis de los datos oficiales de audiencia de los programas de salud emitidos en 2016 en TVE -Saber vivir, Centro Médico, Esto es vida y El ojo clínicoy por otro lado, un cuestionario que recoja la valoración de la audiencia de estos programas.
En cuanto a los datos oficiales, se accedió a los registrados en la temporada de 2016 a través de la consultora audiovisual Género, Estética y Cultura Audiovisual (GECA) (http:// www.geca.es/), para poder tener más información cuantitativa sobre la audiencia aproximada de cada programa, accediendo a datos sobre el share pero también sobre la edad y el sexo de la audiencia media de la cadena y del programa.
De este modo comparamos el tipo de público que tiene el programa respecto a la cadena y complementamos la información de las encuestas.
El diseño del cuestionario se realizó teniendo en cuenta las variables analizadas en el análisis de contenido de los programas de TVE en la fase anterior (Cano-Orón et al., 2017).
Cuenta con once preguntas: tres sociodemográficas, una de selección del programa más visto y siete específicas para medir la recepción de los programas (véase la tabla 1).
El cuestionario se realizó con typeform.com y se difundió en línea durante el mes de diciembre de 2016.
La invitación a participar se extendió a espectadores de estos programas y a usuarios que habían interactuado en las cuentas oficiales de los programas en Twitter y Facebook.
El corpus del que parte esta investigación está compuesto por los datos recogidos en un cuestionario cumplimentado por 158 personas, realizado al público de los programas de televisión en salud de TVE emitidos en 2016: Saber vivir (106 respuestas), Centro médico (35 respuestas), Esto es vida (5 respuestas) y El ojo clínico (12 respuestas), que interactúa y deja comentarios en las redes sociales.
El porcentaje de respuestas obtenidas por programa coincide parcialmente con los datos de share de los programas (véase la tabla 2).
Un 67% son espectadores de Saber vivir, seguramente el más conocido por llevar en antena desde 1997, seguido por el popular Centro médico, con un 22% de las respuestas y de Esto es vida, con tan solo un 3%.
Este hecho puede ser debido a que el programa se emitió únicamente durante cuatro meses.
El porcentaje de respuesta sobre El ojo clínico también es pequeño, un 8%, posiblemente debido a su periodicidad semanal y al poco tiempo que llevaba en antena, pues sus emisiones se iniciaron en febrero 2016.
Con objeto de que la investigación sea lo más rigurosa posible, no se han modificado los textos de las respuestas a las preguntas abiertas que escribieron los espectadores en el formulario.
Es decir, se dejaron los errores gramaticales, de sintaxis y de cualquier orden.
Se ha utilizado para la investigación una serie de textos seleccionados para ejemplificar que no han sido sometidos a ningún rigor académico, tal y como veremos en los resultados.
Diseño del cuestionario utilizado a520
Para analizar los niveles de audiencia, conseguidos a partir de los datos de GECA (véase tabla 2), es importante destacar las cifras de share o 'cuota de pantalla', pues esta medida tiene como referencia los televisores encendidos en el territorio español y los programas analizados no se superponen en franja horaria.
Para poder comparar la audiencia de los programas atenderemos a las cifras de rating o 'índice de audiencia', un dato que hace referencia al universo total de televisores, encendidos y apagados, en la muestra analizada (véase Rating es 'índice de audiencia' y share,'cuota de pantalla').
En esta línea, Centro médico destaca por el rating más alto (1,4), es decir, es el que más espectadores tiene respecto al número de audiencia total muestreada, por lo que podríamos afirmar que es el que más audiencia tiene de media de los cuatro programas.
No obstante, es necesario destacar que Saber vivir se sitúa como el programa que más audiencia tiene en cuanto a share (7,9).
Es decir, este programa es el programa de TVE de salud más visto, atendiendo a la referencia de los televisores encendidos en el momento de emisión.
La audiencia media de los programas tiende a un perfil mayoritariamente femenino, aunque la diferencia entre sexos no es muy pronunciada.
Como se puede observar en la tabla 3, los programas suelen exceder la cuota media de audiencia femenina de la cadena.
En este aspecto destaca El ojo clínico por tener una cuota mucho más repartida, con un 46% de hombres y un 54% de mujeres, y Centro médico por ser el que más público femenino atrae, según los datos de GECA.
La muestra del cuestionario está compuesta principalmente por mujeres: 59% frente a un 41% de hombres, y sigue la tendencia de la audiencia presentada por GECA (véase la tabla 3).
La media de edad de los encuestados de Saber vivir es de 43 años, la de Esto es vida de 40 años, la de El ojo clínico de 38 años y la de Centro médico de 36 años.
Las edades difieren con los datos de GECA (véase la tabla 4), pues estos señalan que el mayor porcentaje de la audiencia de estos programas tiene más de 45 años, siendo el segmento con más audiencia los mayores de 64 (dato sombreado en verde en la tabla 4).
De este modo, aunque sin un gran margen de diferencia, Saber vivir se posiciona como el programa con más audiencia de mayores de 64 años de los cuatro.
Este dato también se justifica por la franja horaria en la que se emite: horario matinal coincidente con el horario laboral.
La diferencia de media de edad que presentan los datos de GECA respecto a los obtenidos a través del cuestionario puede deberse al tipo de vía elegida para la participación en el estudio: las redes sociales, que cuentan con una media de edad más joven que la de la audiencia de los programas analizados.
Audiencia de los programas de salud
Audiencia de la temporada
Perfil de la audiencia en función del sexo Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de GECA.
En cuanto a las valoraciones de los espectadores de los aspectos de los programas analizados, destaca en primer lugar el nivel de confianza en la información que ofrecen los contenidos televisivos.
Los espectadores encuestados confían en la información del programa con una media de 2.92 sobre 5 (donde 1 es "no confío nada en la información" y 5 "confío mucho en la información").
Este dato coincide cuando los encuestados evalúan la calidad de la información del programa, que también se sitúa en 2,84 sobre 5 (donde 1 es "la calidad de la información proporcionada es muy mala" y 5 "la calidad de la información proporcionada es muy buena").
Sin embargo, la evaluación por parte de los encuestados de la calidad de la información proporcionada por los médicos y expertos científicos invitados al programa se sitúa por encima de esta media del programa con un 3,31 sobre 5.
En cambio, según los encuestados, la calidad de la información proporcionada por los testimonios del público se halla más de un punto por debajo de la media general del programa: en 2,61 sobre 5.
Si comparamos estos datos desglosados en función del programa televisivo, destaca la confianza depositada en los contenidos de El ojo clínico.
Los valores sobre la calidad de la información -tanto la aportada por los expertos como la procedente de los testimonios-y sobre la confianza que esta suscita en la audiencia se sitúan un punto por encima de los respectivos valores de Saber vivir.
En el gráfico 1 se puede observar la diferencia.
En los siguientes gráficos podemos observar estos mismos datos a partir de los segmentos de edad que proporcionan los datos de GECA.
Sin embargo, este gráfico nos muestra que las generaciones entre los 25-44 años, entre las que destacan los millenials, son las que menos confían en la información, mientras que los inmigrantes digitales, así denominados por Prensky, son menos críticos y confían más en la información.
Estos gráficos deben leerse entendiendo la distribución de la edad y el coeficiente de Pearson.
Los encuestados están principalmente concentrados en su mayoría entre las edades comprendidas entre los 32 y los 52 años, y la muestra tiene principalmente una media de edad de 42,5 años (véase gráfico 4).
Las variables son dependientes, tienen una relación pequeña, el coeficiente de Pearson (r) es de 0,15 y la determinación es del 2% para la correlación entre la edad y la confianza en la información aportada por los expertos, y en el caso de la correlación entre edad y confianza en la información de los testimonios, la correlación es dos puntos mayor, con una determinación del 4% y un coeficiente de Pearson (r) de 0,2.
Por lo tanto, en ambos casos la correlación lineal es muy débil pero indica una tendencia.
En cuanto a las explicaciones de los conceptos científicos que se dan en los programas (véase gráfico 5), un 55% de los espectadores encuestados las valora positivamente.
Sin embargo, un 6% afirman no entender los términos, pero confiar plenamente en la información recibida sin cuestionarla.
Por lo tanto, existe un porcentaje pequeño, pero significativo, de espectadores no críticos con la información que reciben.
Cabe destacar que un 39% no se posiciona en ninguna de estas dos posturas y, por lo tanto, no se siente identificado con el extremo de confiar totalmente en la información ni tampoco considera que el programa le aporte conocimientos científicos.
Segmentación de la audiencia en porcentaje en función de la edad a520 Gráfico 1.
Niveles de calidad de la información y confianza en el programa (n=158)
Diagrama de dispersión: correlación entre la edad y el nivel de valoración de la calidad informativa Gráfico 3.
Correlación entre el segmento de edad y el nivel de valoración de la calidad informativa de los expertos y de los testimonios Fuente: elaboración propia.
Respecto a los elementos audiovisuales que facilitan la comprensión de las explicaciones científicas, los más valorados por los espectadores son los vídeos externos (29%) (aquellos grabados fuera del plató), los testimonios, los reportajes en hospitales, etc. Asimismo, también se agradece la adaptación del ritmo del programa a las explicaciones (28%) y las animaciones creadas para simular lo que se está explicando (22%).
Como se puede ver en el gráfico 6, lo que menos se valora son las anotaciones en pizarra o en pantalla que simulan una explicación escolar.
Ante la pregunta abierta "¿qué consideras que te ayuda a entender mejor la ciencia del programa?", los espectadores encuestados destacan otros elementos complementarios: estudiar o leer bibliografía especí-fica (18,1%) y consultar a especialistas (18,1%).
Como se puede observar en el gráfico 7, que analiza cuantitativamente los recursos para entender los conceptos científicos a los que se hace referencia, un 11,4% de los encuestados recurren a las búsquedas en portales de internet.
El análisis de las respuestas a las preguntas abiertas "¿por qué ves el programa televisivo?" (respuesta obligatoria) y "¿quieres comentarnos algo más?" (respuesta opcional) se presenta a continuación estructurado por programa y se sistematiza de forma temática, respondiendo al interés y motivación de su visionado, al consumo y a la evaluación de la calidad informativa.
Los resultados cuantitativos se indican al final en el gráfico 8.
El interés que motiva principalmente a los espectadores de Saber vivir es la posibilidad de mejorar su salud a través del aprendizaje sobre síntomas, remedios y tratamiento de diversas enfermedades:
"Aunque la información no es muy extensa y clara en muchas ocasiones, para los que no sabemos de medicina... algo se aprende" (mujer, 25 años).
En general desean "conocer un poco más acerca de hábitos saludables" (mujer, 46 años) y ven el programa por la presentación de "remedios caseros, y diversos tratamientos médicos para determinadas enfermedades" (mujer, 25 años), aunque alguno se interesa por los "conceptos científicos y técnicos que podría usar en el futuro" (hombre, 27 años), que aporta Saber vivir.
También se hace referencia a la tercera edad, segmento de edad principal consumidor del programa: "Da consejos útiles, sobre todo para la gente mayor" (mujer, 20 años).
Entre la audiencia también existe la figura del médico o experto que consume el programa con objetivos analíticos o profesionales: "Por saber qué explican a la gente, soy enfermera" (mujer, 27 años).
Sin embargo, estos casos son excepcionales: en general existe un interés por la mejora de la salud propia.
En las preguntas abiertas este interés queda remarcado a través de los pronombres posesivos:
"Me preocupo por mi bienestar y me gusta aprender cosas nuevas sobre mi salud" (hombre, 40 años).
"[Aprendo] conocimiento sobre aspectos de la salud que me ayudan a mejorar mi salud" (hombre, 52 años).
"Por entretenimiento sano y conocimiento de tu cuerpo" (hombre, 49 años).
"No lo veo a menudo, pero cuando lo veo sus informaciones y consejos me ayudan a cuidar mi salud un poco más" (mujer, 57 años).
Sin embargo, también existe una visión negativa del supuesto aprendizaje:
"No [me aporta nada Saber vivir], porque me gustan los diagnósticos personalizados del médico y no las generalidades" (mujer, 56 años).
No creo que sea un programa adecuado para aprender ciencia" (mujer, 32 años).
Entre los que afirman estar enfermos, también parece que Saber vivir les ayuda a conocer mejor su enfermedad y los tipos de tratamientos y a reconocer síntomas:
"Te informan de algunas enfermedades y aprendo cómo combatirlas.
Por ejemplo, la hipertensión, soy hipertensa" (mujer, 46 años).
"Puedes reconocer un síntoma y saber cómo cuidarte" (mujer, 51 años).
"Hablan de alguna de mis enfermedades" (mujer, 45 años).
En este último caso, es posible que algunos de los espectadores reconozcan ciertos de los síntomas y declaren que ellos los padecen, tal y como lo indican Echegaray Eizaguirre et al. (2014).
Como afirma una de las encuestadas:
"Aprendes de la información general, pero a veces con la información continuada parece que tengas todas las enfermedades que plantean en el plató" (mujer, 62 años).
Muchos de los encuestados afirman que no son fieles a la programación diaria, lo ven de forma esporádica, porque "coincidía con [el] rato de descanso [...]" (mujer, 46 años) o con la hora de la comida y siesta.
Es un visionado accidental, cuando hacen zapping:
"Solo lo veo un rato cuando hago zapping, tampoco es que aguante demasiado sus tonterías" (mujer, 44 años).
Lo ven "de pasada" (hombre, 29 años) y porque "no hacen nada mejor" (hombre, 38 años).
Consideran que "es preferible este tipo de programas a los de cotilleos" (mujer, 41 años) y que "a veces está puesto por tener algo de fondo y te das cuenta las absurdeces que cuentan" (mujer, 25 años).
También es importante la influencia de la familia en lo que respecta al consumo del programa y la jerarquía entre los miembros a la hora de seleccionar el canal que predomina en el televisor del hogar.
Algunos afirman que lo ven porque "lo ve mi abuela" (hombre, 21 años) o "lo ve mi suegra" (mujer, 51 años).
En definitiva, consumen a menudo el programa porque "lo ven mis familiares, y es lo que está puesto en la TV" (mujer, 33 años), y no precisamente porque sea de su agrado:
"Lo tiene puesto mi abuela, no lo considero un programa que tenga mucho rigor científico" (mujer, 33 años).
O simplemente: "me hace gracia" (mujer, 33 años).
En cuanto a las menciones directas sobre la calidad informativa de Saber vivir, existen más comentarios negativos que positivos.
Como comentario positivo, un informante destaca que Saber vivir ayuda a esclarecer información transmitida de forma popular:
"Aprendo, y confirma o desmiente viejos tópicos" (hombre, 53 años).
Los informantes destacan un uso de un lenguaje próximo a la audiencia: "Las explicaciones son claras" (hombre, 53 años).
Se valora positivamente el uso de términos familiares:
"Adecuan los temas a las personas sencillas, pero sin ser criptófricos, o sea lenguaje sencillo: rotura en lugar de trauma..." (hombre, 47 años).
"Son programas útiles para aprender cómo son las enfermedades al margen de los tecnicismos" (hombre, 55 años).
En definitiva, califican Saber vivir como "[...] un programa fácil y ágil" (mujer, 49 años).
Sin embargo, entre los aspectos negativos cabe remarcar dos temas importantes: por una parte, las numerosas menciones sobre desinformación y, por otra parte, la relación de Saber vivir con la pseudociencia.
Con relación a la pseudociencia, los informantes piden que la información presentada esté contrastada científicamente:
"Lo veo muy poco, con la esperanza de que algún día abandonen la pseudociencia y el intrusismo profesional" (mujer, 33 años).
Esta misma participante destaca que para entender mejor la ciencia es necesario "que la información aportada esté basada en la evidencia, y no sesgada".
Los encuestados denuncian la falta de rigor científico, que se ve pronunciado a partir de la promoción de pseudociencias:
"Echo en falta mucho más rigor científico, y sobra muchas veces la propaganda a la pseudociencia, como la homeopatía" (hombre, 23 años).
Algunos informantes piden que se actúe ante este tipo de contenidos:
"Me gustaría que se actuara más cuando salen pseudociencias y maguferias en los medios" (hombre, 35 años).
Sobre la desinformación, los encuestados también se manifiestan en tres ejes principales: la descalificación de los trabajadores e invitados al programa, la falta de expertos y rigor científico y finalmente la labor del ente público de TVE.
La audiencia encuestada solicita que Saber vivir cuente con más intervenciones de expertos, a pesar de que el programa cuenta con una cuota media en pantalla de expertos del 41%, siendo el que menos tiene de los tres aquí estudiados (Cano-Orón et al., 2017), tal y como demuestra el análisis de contenido.
Esto es vida y Centro médico, con un 67% en ambos casos, y El ojo clínico, con una cuota media del 66%.
En las preguntas abiertas se pueden ver la exigencia por parte de la audiencia de una información sobre salud impartida principalmente por expertos en el tema:
"[Me ayuda a entender la ciencia] que lo explique un experto, no periodistas o presentadores sin cualificación" (mujer, 29 años).
"Debería ser más real y en cada caso hablar gente experta que le dejen decir la verdad: con la salud no se juega" (hombre, 50 años).
En cuanto a la figura del presentador, los encuestados expresan también comentarios negativos: "El presentador un poco pesado y un sabelotodo" (hombre, 59 años).
Una participante comenta como positivo el cambio de presentadora, con relación al cese de Mariló Montero y la sucesión de María Casado:
"Me gusta mucho más este último formato con presentadora nueva y médico" (mujer, 54 años).
Los encuestados cuestionan en general la profesionalidad de los trabajadores e invitados en plató: "Porque algunas veces empiezan a hablar y me divierte oír tantas chorradas juntas, la cuna de las pseu-a520 dociencias está en los medios" (mujer, 35 años).
Esta misma participante añade como comentario general: "Estaría bien que les dieran un toque para que se dejen de hablar de cosas con ninguna base científica que hacen que gente que no sabe del tema ignore a los que están para ayudarles y acaben en manos de homeópatas y sanadores de energías".
No es el único que alude a este asunto: incluso la CNMC ha intervenido recientemente, como se ha presentado anteriormente.
Entre las personas que han contestado el cuestionario, esta influencia comercial del programa Saber vivir se ve latente en una de las respuestas:
"Sí, he probado algunos medicamentos que promocionan y me han ayudado a mejorar" (mujer, 66 años).
Esta evidencia prueba que un segmento de la población se ve afectado por la publicidad encubierta de la que ha sido acusado el programa y quedan latentes sus efectos.
Por lo tanto, algunos contenidos de Saber vivir irían en contra de los principios sobre los que se debería construir la radiotelevisión pública.
El programa tiene una "tendencia a planteamientos sensacionalistas con la información.
Es más de presentación de enfermedades o problemas de salud que de potenciar una vida saludable" (mujer, 62 años).
En este sentido, tal y como destacan Casas Moreno, Maraver López y Aguaded (2016), uno de los espectadores hace referencia a la necesidad de formación para detectar el rigor científico, y de esta forma hace referencia implícitamente al desarrollo del pensamiento crítico a la hora de consumir productos mediáticos.
Como afirma el encuestado: "En Primaria tendría que haber una clase de rigor científico, que los niños aprendan que bajo el título de científico no todo es cierto" (mujer, 46 años).
Entre los espectadores existen solo dos consumidores de Saber vivir que ven el programa para analizarlo, un escritor y una educadora de salud, y critican férreamente la calidad informativa del mismo:
Como en el caso de Saber vivir, los espectadores destacan el factor del aprendizaje a través de la serie, que en general se hace de forma natural:
"Sin quererlo, aprendes términos y enfermedades que existen y a veces somos ajenas a ellas" (mujer, 51 años).
Tiene un buen equilibrio educación, información, entretenimiento" (hombre, 41 años).
"[Lo veo] porque es educativo y se aprende mucho con los casos clínicos, te hace más listo, te relaja y te ayuda a ser mejor persona, me aporta saber un poco más" (mujer, 17 años).
Estas respuestas subrayan la hipótesis sobre el uso de la ficción audiovisual (cine o televisión) como herramienta educativa, sobre la que se ha reflexionado mucho.
Destacan también, entre los valores educativos, que se aprenden consejos preventivos, síntomas de enfermedades y tratamientos: "Trata temas de salud y te explican el porqué de muchos casos.
Además te dan consejos sobre cómo prevenir algunas enfermedades" (mujer, 19 años).
"[Me aporta] saber un poco cómo va el funcionamiento de los hospitales y muchas veces dicen los síntomas de alguna enfermedad y es bueno saberlo" (hombre, 14 años).
Algunos de los espectadores, que afirman estar personalmente enfermos, encuentran en el programa una ayuda, pero también algunos de ellos solicitan la ampliación de información.
Dos de los encuestados afirman que les ayuda con su enfermedad: a520 "Como paciente crónico de algunas enfermedades me ayuda a poder entender mejor las cosas" (mujer, 51 años).
"[Veo Centro médico] porque aprendo mucho y siempre me ha gustado, y más cuando se da algún caso como el mío, de traumatología (mujer, 30 años).
Otros usuarios participantes muestran su interés en que el programa amplíe la información sobre determinadas enfermedades que padecen.
Es decir, estamos ante un público con ganas de consumir más contenidos de salud pero sobre temas personalizados:
"[Como comentario adicional, que se] enfoque más en el tema de pacientes celíacos, ya que tenemos muchas carencias en medicamentos y tratamientos médicos" (mujer, 29 años). "[...]
Me gustaría que hicieran más temas sobre espalda y nervios" (mujer, 30 años).
Igual que en el caso de Saber vivir, el consumo del programa en ocasiones es casual:
"Por el horario... me pilla en casa, y por los actores, que lo hacen casos reales" (mujer, 49 años).
Y también a veces familiar: "porque lo ponen mis padres" (mujer, 19 años).
En cuanto al tratamiento informativo, destaca la percepción de realidad que la serie transmite a los espectadores.
En la afirmación anterior, una maestra la recomienda a sus alumnas auxiliares de enfermería, precisamente porque se aproxima a los casos reales del día a día.
Por lo tanto, la ficción se acerca a la realidad a la hora de exponer las enfermedades, diagnósticos y tratamientos de las mismas:
"Explican fenomenal todos los casos clínicos, es una serie muy real" (mujer, 48 años).
"Me da confianza, es muy real, y dan las soluciones con cariño y delicadeza" (mujer, 52 años).
Otro de los componentes que los encuestados destacan es la dramatización de esta docuficción: "lo veo de forma puntual, por las tramas" (mujer, 34 años).
Entre las afirmaciones citadas anteriormente, dos de ellas subrayan que la serie "les ha enganchado", posiblemente debido a la continuidad de historias paralelas y personajes, así como a la dramatización del contenido:
Igual que en el caso de los otros programas estudiados, la audiencia destaca en unos casos de forma positiva y en otros negativa la adquisición de conocimiento y el aprendizaje a través del programa: "Me encantó que el primer programa abordara el tema de la depresión.
Me pareció audaz, y un programa excelente.
Me encanta saber sobre temas médicos" (mujer, 39 años).
"Aprendo y ayuda a la gente" (mujer, 37 años).
En contraposición, otros aluden a la parte negativa: "Porque me gusta atender a profesionales y no a charlatanes" (hombre, 25 años).
Otro de los espectadores tiene el interés de contrastar la información de la divulgación con su propio conocimiento:
"[Lo veo para] contrastar mis conocimientos con la divulgación científica" (hombre, 39 años).
Un número de encuestados consumen el programa por pertenecer al cuerpo médico o ser profesionales del campo de la sanidad: "[Lo veo porque] soy estudiante de tercero de enfermería" (mujer, 24 años).
"Soy médico ¡pero también telespectadora!" (mujer, 57 años).
Y añade: a520 "Me gusta el primer nivel de atención sanitaria y me identifico perfectamente [con El ojo clínico] porque es el medio en el que trabajo".
"Soy psicóloga y tratan temas que me interesan.
Lo hacen sencillo y fácil para no expertos también" (mujer, 30 años).
En cuanto a la percepción de la calidad informativa a través de las preguntas abiertas, la mayoría critica el tratamiento informativo: "A veces el presentador hace preguntas absurdas a los doctores.
El actor hipocondríaco del final para mí sobra.
En general me encanta el programa [...]" (mujer, 39 años).
"Sería interesante que los medios de comunicación ofrecieran una visión más holística de la ciencia y no tan fragmentaria y reduccionista" (hombre, 39 años).
Este mismo espectador también considera que "la ciencia se entiende y tiene sentido cuando se contrasta con las humanidades y con las terapias naturales".
Sobre Esto es vida tan solo tenemos una aportación que se puede destacar:
"[Lo veo], porque es un programa entretenido que cuenta de forma agradable los temas de salud que preocupan a las personas" (hombre, 25 años).
En 2016 TVE apostó fuertemente por los programas de salud, cumpliendo con su labor de servicio público, ofreciendo productos de entretenimiento, divulgación y educación.
Los programas especializados en salud de TVE emitidos en 2016 son cuatro: Saber vivir, Centro médico, Esto es vida y El ojo clínico, de los cuales solo han coincidido en parrilla tres, pues Esto es vida cesó sus emisiones unos días antes de que comenzase El ojo clínico.
De estos cuatro, el programa que reúne una mayor audiencia es Centro médico (cifras de rating), la docuficción que está incorporando de forma paulatina más parte de ficción que de divulgación en sus guiones.
No obstante, atendiendo a las cifras de share, es decir, en función de la audiencia que hay por franja horaria, es Saber vivir el que más público atrae.
En general estos programas mantienen el mismo tipo de audiencia: mayores de 45 años, sin una gran distinción entre sexos, pues aunque sí existe una ligera mayoría de público femenino, que excede incluso la cuota media de mujeres de la cadena, no es lo suficientemente significativa como para perfilar un sesgo Gráfico 8.
Frecuencia relativa de las respuestas a la pregunta abierta "¿por qué ves el programa?" (n=158) Fuente: elaboración propia. a520 de sexo en los programas: un tipo de público bastante esperable tanto por las franjas horarias en las que se emiten como por el tipo de formato televisivo.
Los espectadores encuestados presentan una confianza neutral en los contenidos, una media de 2.92 sobre 5.
No presentan una polarización a favor o en contra de la información que ofrecen los programas.
No obstante, sí que se aprecia una confianza positiva hacia los expertos (3,31 sobre 5) y, por el contrario, una desconfianza en la información presentada mediante testimonios (2,61 sobre 5).
Es decir, los informantes valoran positivamente la intervención de médicos y de expertos científicos, por encima de los testimonios en primera persona del público participante.
De hecho, más de la mitad de los encuestados valora positivamente las explicaciones de los conceptos científicos que se desarrollan en los programas.
De entre los cuatro programas estudiados, El ojo clínico es el mejor valorado por la calidad de sus contenidos, mientras que Saber vivir es el que peores valoraciones recibe.
Existe una débil correlación entre la confianza en la información y la edad.
La población joven (25-44 años) es el segmento que más desconfía en la información que exponen estos programas.
Sin embargo, para una futura investigación sería interesante tener en cuenta el nivel de estudios y poder analizar una muestra más representativa de espectadores.
En cuanto a las respuestas a preguntas abiertas, en general existe una opinión positiva respecto a la programación, y los informantes destacan el aprendizaje y la divulgación de información.
La motivación de los espectadores es mejorar su propia salud.
Sin embargo, surgen reproches en cuanto al tratamiento informativo en algunos de los programas, como en el caso de Saber vivir, con fuertes acusaciones de desinformación, de promoción de las pseudociencias y de participación sesgada de profesionales.
El ojo clínico también es criticado por algunas de las figuras profesio-nales que participan en plató.
En contraposición, no existen comentarios negativos de Centro médico, cuya particularidad es la percepción de realidad por parte de la audiencia, que incluso algunos de los encuestados confiesan recomendar en clase para aproximarse a los casos reales, aun tratándose de una docuficción.
Los espectadores piden, en general, más rigor, ampliación de la información y más programación sobre sanidad en la televisión pública.
La audiencia se perfila de algún modo como el nuevo tipo de paciente presentado por Echegaray Eizaguirre et al. (2014), que busca estar informado y tomar un papel activo en su salud.
Sin embargo, esto no equivale a que la ciudadanía no sea crítica con la información que consume (véase el gráfico 2), o que sepa discernir información veraz de noticias falsas, así como descodificar la información audiovisual que recibe.
Por lo tanto, es fundamental fomentar la alfabetización mediática en los espectadores, así como el interés ante la ciencia y la tecnología.
En futuras investigaciones se intentará eliminar una de las principales limitaciones de este estudio, que ha sido llegar solo a la audiencia que está activa en redes sociales.
Ampliar la horquilla de participantes haciendo encuestas físicas y acudiendo a una determinada franja de edad que cumple con el perfil de la cadena sería lo aconsejable para profundizar en el estudio.
El presente trabajo ha sido desarrollado en el marco del proyecto de investigación Estudio y clasificación de las terapias naturales, complementarias y alternativas a través de los medios de comunicación y de las redes sociales.
Ideas y valores de transferencia al imaginario social (CSO2014-57778-R), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y por fondos FEDER de la Unión Europea.
Las autoras desean agradecer a la profesora Carolina Moreno Castro sus comentarios, que ayudaron a mejorar el manuscrito.
Era presentado y dirigido por Manuel Torreiglesias y consiguió posicionarse como uno de los programas con mayor audiencia (Pérez Ornia, 1978, 19 septiembre).
[2] Manuel Torreiglesias continuó en las siguientes temporadas presentándolo en solitario hasta mayo de 2009, cuando fue despedido por incumplir las normas de publicidad y fue sustituido por el doctor Luis Gutiérrez, que se mantuvo como presentador del programa y de la sección La mañana hasta 2013.
El doctor Julio Zarco presentó esa sección en esa temporada, momento en el que comenzaría a tomar protagonismo Ana Bellón, actual directora de la sección. |
Las reflexiones en torno a la escritura de acontecimientos traumáticos como fueron las dictaduras chilenas y argentinas genera una serie de aporías que podrían resumirse en las siguientes cuestiones: ¿cómo comprender aquello que sobrepasa toda comprensión?, ¿cómo narrar lo inenarrable?, ¿cómo recomponer los testimonios de acontecimientos desprovistos de testigos?
En este ensayo me propongo explorar estos asuntos en relación con cuatro novelas que parten de la ausencia, en tanto el pasado de la dictadura -identificado no solo como irrepresentable, también como incomprensible-origina una falta o carencia de la que emerge la escritura.
Concretamente se analizarán las novelas de los hijos, quienes eran aún niños durante la dictadura y por ello la vivieron de manera indirecta a través de sus padres: Formas de volver a casa (2011) de Alejandro Zambra, Una misma noche (2012) de Leopoldo Brizuela, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011) de Patricio Pron y Fuenzalida (2010) de Nona Fernández.
LA MEMORIA DE LAS SEGUNDAS GENERACIONES
Las reflexiones en torno a la escritura de acontecimientos traumáticos como fueron las dictaduras chilena y argentina generan una serie de aporías que podrían resumirse en las siguientes cuestiones: ¿cómo comprender aquello que sobrepasa toda comprensión?, ¿cómo narrar lo inenarrable?, ¿cómo recomponer los testimonios de acontecimientos desprovistos de testigos?
Según Luis Mateo Díez, "los novelistas se alimentan de la memoria, de la experiencia y de la imaginación, y por ahí fluimos hacia la palabra" (2001, p.
Pero ¿qué ocurre cuando la memoria se ve usurpada por la ausencia?
En este ensayo propongo explorar estos asuntos en relación con dos novelas chilenas y argentinas que parten de la ausencia, en tanto el pasado de la dictadura -identificado no solo como irrepresentable, también como incomprensible-origina una falta o carencia de la que emerge la escritura.
Concretamente se analizarán las novelas de los hijos, quienes eran aún niños durante la dictadura y por ello la vivieron de manera indirecta a través de sus padres: Formas de volver a casa (2011) del chileno Alejandro Zambra, Una misma noche (2012) del escritor argentino Leopoldo Brizuela, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011) del también argentino Patricio Pron y Fuenzalida (2010) de la autora chilena Nona Fernández.
La problematización de la inscripción del pasado en estas obras comparte ciertos presupuestos con lo que Friederike Eigler ha denominado memory text.
De acuerdo con la siguiente definición, esta clase de literatura "often comment on the processes of memory and the ways memory is rooted in the power of imagination and interpretation.
Los textos analizados, sin embargo, giran en torno a la brecha que se abre ante un pasado que parece haber sido amputado, dejando un vacío cuyos contornos se van iluminando a través de la escritura.
La cuestión central que planteo es: ¿qué puede aportar esta ficción que, tal como se mostrará a continuación, se erige sobre la ausencia?
Con el propósito de dar respuesta a esto comenzaré con un repaso de las distintas circunstancias que motivan la ausencia en cada una de las novelas, para proceder a continuación con un análisis sobre cómo se articulan estas narrativas.
De este modo pretendo demostrar que la elaboración de la ausencia constituye un acto, en ocasiones incluso una necesidad ética.
Para los autores estudiados, la escritura no se limita a denunicar, a informar ni a desempeñar una función política en el sentido estricto de la palabra, sino que se convierte en un medio para preservar la memoria de un vacío o pérdida de la cual se sienten herederos.
El papel de los narradores se corresponde con el deber moral que Ricoeur atribuye al novelista cuando se pregunta: "Deuda por deuda, ¿quién es más insolvente, el historiador o el novelista?" (1995, p.
A pesar de sus diferencias, todas estas obras se enfrentan a una disyuntiva entre la necesidad ética de rememorar y la problemática de la representación.
De ahí que la metaficción, la auto-reflexividad y los límites entre realidad y ficción en la narración de historias atravesadas por el trauma constituyan componentes centrales que deberán analizarse con el fin de determinar la manera en que cada una propone lidiar con la herencia que representa un pasado que solo se conoce de manera indirecta.
ELABORACIONES DE LA AUSENCIA
La ausencia es un componente central en "las novelas de los hijos", las segundas generaciones que, a pesar de arrastrar unas secuelas, no vivieron la traumática experiencia de sus padres, o si lo hicieron fue de manera indirecta, sin llegar a entender el alcance de lo ocurrido.
Su experiencia puede entenderse en relación con el concepto de la posmemoria que Marianne Hirsch (2008) formula en respuesta a los síntomas postraumáticos padecidos por las segundas generaciones de supervivientes del Holocausto.
La posmemoria rompe con el principio según el cual la memoria ha de ir necesariamente precedida por la experiencia.
Esta falta de correlación o ausencia ha puesto de manifiesto la necesidad de instaurar una nueva categoría de análisis.
Hirsch se centra en el análisis de las segundas generaciones que manifiestan síntomas propios del trastorno postraumático, con la diferencia fundamental de que el trauma no forma parte de sus vivencias personales, sino que se ha transmitido por vías indirectas de una generación a la otra.
En las novelas de los hijos se produce un desdoble entre dos tiempos, el pasado recreado de la dictadura y el presente del narrador desde el que se trata de recuperar el pasado, ya sea por medio de la imaginación, de huellas de la memoria o, en la mayor parte de los casos, mediante recuerdos diluidos y atravesados por la imaginación.
Formas de volver a casa se abre y cierra con dos terremotos distintos, comienza con el de 1985 en plena dictadura chilena, y finalmente acaba con el de 2010, proporcionando así a la novela una estructura circular en la que dos temporalidades, el pasado de la dictadura y el presente de la posdictadura, se intercalan constantemente.
Las secciones Personajes secundarios y La literatura de los hijos trazan la historia de un niño de nueve años que se dedica a espiar a su vecino por orden de una compañera algo mayor, Claudia, a quien conoce el día del primer terremoto.
Años después descubre que el hombre al que vigilaba era el padre de Claudia, oculto por su vinculación con el comunismo.
Paralelamente los capítulos La literatura de los padres y Estamos bien se centran en las reflexiones del adulto, cuyos esfuerzos por escribir su novela se ven frustrados ante una serie de lagunas e interrogan-a521 tes sin aparente respuesta.
La vuelta al hogar implica revisitar un pasado que plantea diversas incógnitas, y que al escaparse del conocimiento y experiencias personales del narrador no se elabora a través de la memoria, sino de la ficción.
Asimismo, se trata de un retorno motivado por el deseo de interrogar a los padres, de exigirles responsabilidades que finalmente se tornarán sobre él mismo.
La manera en la que el narrador vuelve compulsivamente sobre el pasado para intentar redimirlo por medio de la narración parece ratificar las palabras de Ricoeur: "hay crímenes que no deben olvidarse, víctimas cuyo sufrimiento pide menos venganza que narración.
Solo la voluntad de no olvidar puede hacer que estos crímenes no vuelvan nunca más" (1995, p.
A través de los reproches a estos padres caracterizados como apolíticos se señala la imposibilidad de hallar inocentes, pues todos de una manera u otra han estado involucrados en lo sucedido.
Dentro de este marco, la literatura sirve para denunciar lo que desde la política de estado se trató durante años de silenciar.
Con respecto a esto, Nelly Richard indica que "de todo el repertorio simbólico de la historia chilena reciente, la figura de la memoria ha sido la más fuertemente dramatizada por la tensión irresuelta entre recuerdo y olvido, y también, entre latencia y muerte, revelación y ocultamiento, prueba y denegación, sustracción y restitución" (1994, p.
Si bien esto no se da exclusivamente en el contexto chileno, sí es cierto que en este país adquiere unas connotaciones específicas debido al hecho de que en Chile la transición democrática fue el producto de un pacto entre las élites políticas y los altos cargos militares que habían actuado como "the very architects of the repression" (Ros, 2012, p.
La literatura, por tanto, asume en muchos casos un papel central a la hora de poner el foco sobre ciertos silencios impuestos desde el ámbito político y jurídico.
De ahí el papel de la ficción de reelaborar el pasado desde un presente que le otorgue una función política.
Esto es, en última instancia, lo que se encarga de hacer el narrador al rescatar un recuerdo que solo visto a la luz del presente obtiene una lectura política.
En la siguiente cita se incide en cómo esta reelaboración del pasado con los ojos del presente proporciona al relato ciertos efectos redentores: "Pinochet, para mí era un personaje de la televisión que conducía un programa sin horario fijo, y lo odiaba por eso, por las aburridas cadenas nacionales que interrumpían la programación en las mejores partes.
Tiempo después lo odié por hijo de puta, por asesino, pero entonces lo odiaba solamente por esos intempestivos shows que mi papá miraba sin decir palabra" (Zambra, 2011, p.
Aunque el padre sea el espectador silencioso, este se describe a través de la mirada del hijo que observa el pasado desde el prisma otorgado por el presente; es decir, lo reevalúa mediante la incorporación del conocimiento contextual del que carecía en aquella época.
Una misma noche comienza con el asalto a unos vecinos en el año 2010 que aflora en el narrador el recuerdo reprimido de su padre veinticuatro años atrás derribando la misma puerta para dejar pasar a la policía en la casa de los Kuperman, la familia que por aquel entonces vivía allí.
A través de las cuatro secciones Novela, Memoria, Historia y Sueño, se busca rescatar el pasado traumático asociado con la dictadura argentina desde la mirada del adulto que asume el papel del testigo.
La narración es el canal mediante el que se trata de superar la barrera entre el yo y el otro, el presente y el pasado o, en palabras del propio autor, "la escritura es una manera única de iluminar la conexión entre el pasado y el presente.
Y eso me alienta a empezar: no como quien informa, sino como quien descubre" (Brizuela, 2012, p.
En este caso el pasado traumático que se recrea obsesivamente en el presente remite, por una parte, a la detención de Diana Kuperman y, por otra, a la imagen de su padre tirando abajo la puerta.
Se establece así una identificación patológica entre el testigo y la víctima que le lleva a desarrollar una serie de síntomas postraumáticos.
La problemática que implica la representación del trauma se refleja en esta obra mediante técnicas estilísticas como la fragmentación, la ruptura de la linearidad, la falta de teleologismo o la dilación.
De este modo la trama se intercala con una serie de reflexiones metaficcionales en torno al papel de la escritura: Tal como se encarga de advertir el narrador: "Quizá mis rejas sean la escritura.
Pero quizá las cosas se repiten para que uno comprenda, me digo, y mi modo de entender es escribir" (Brizuela, 2012, p.
En El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, el narrador, residente en Alemania, regresa a Argentina tras habérsele notificado la enfermedad terminal de su padre.
Este retorno le lleva a indagar en el pasado paterno, tratando de reconstruir su experiencia de la dictadura a través de los recortes de prensa que su padre guardaba.
Las noticias giran en torno al asesinato de un hombre para robarle la indemnización que había adquirido unos años antes por la desaparición de su hermana durante la dictadura.
Este descubrimiento abre un doble enigma: el del asesinato y el del por qué esta historia llamó la atención de su padre.
a521 den en su historia, restituir el sentido que los acontecimientos más o menos pueriles de la vida y su acumulación parecen haberle arrebatado, y luego proteger esa historia y perpetuarla en la memoria (Pron, 2011, pp. 12-13).
La búsqueda se retoma en Fuenzalida, cuando la protagonista encuentra una fotografía de un hombre que cree que podría ser su padre.
La fotografía conecta a través de la imaginación las dos temporalidades sobre las que se construye una trama que cuenta, por una parte, la historia de una narradora que no sabe cómo responderle a su hijo la pregunta de quién fue su abuelo y, por otro lado, la historia imaginaria de su padre, Ernesto Fuenzalida, transcurrida durante la dictadura.
Esta narración en torno a lo posible surge para hacer frente al vacío que rodea la figura paterna: "Mi memoria estaba en blanco, como un rollo fotográfico vedado, no arrojaba ninguna imagen.
La verdad es que no arrojaba nada de nada, así que nada respondí.
El deseo del hijo de conocer la identidad de su abuelo remite a la famosa constatación de Ricoeur de que a la pregunta del quién siempre ha de responderse mediante una narrativa.
En Sí mismo como otro, Ricoeur observa que de la pregunta quién se derivan "todas las aserciones relativas a la problematica del sí [...].
Cuatro subconjuntos corresponden así a cuatro maneras de interrogar: ¿quién habla?, ¿quién actúa?, ¿quién se narra?, ¿quién es el sujeto moral de imputación?" (2006, p. xix).
Sin embargo, Ernesto Fuenzalida es un significante vacío de significado, ya que la narradora solo cuenta con piezas sueltas de un pasado del que apenas sabe nada.
No obstante, el reconocimiento de la historia de su padre como una hoja en blanco le permite disponer libremente de pedazos de su infancia para unirlos a episodios imaginados de un karateca que accidentalmente se ve presionado a cooperar con los agentes de la dictadura.
La negativa de Fuenzalidad a colaborar con el régimen lleva a uno de los líderes del grupo represor, el sanguinario Raúl Fuentes Castro, a secuestrar a su hijo.
Para poder recuperar a su hijo, Fuenzalida debe enfrentarse a Raúl en un combate de artes marciales cuyo desenlace se desconoce.
De este primer acercamiento a las obras se desprende una visión de la ausencia como el punto de partida sobre el que se van construyendo y estructurando las novelas.
Dicha ausencia o vacío tiene su origen en el pasado de una dictadura que se manifiesta como huella remanente de un trauma que no ha sido aprehendido ni comprendido.
Esto se asemeja a la manera en que, según Cathy Caruth, el trauma no se comprende en el momento, sino posteriormente por medio de una serie de síntomas: "the event is not assimilated or experienced fully at the time, but only belatedly, in its repeated possession of the one who experiences it.
Las novelas analizadas evidencian cómo la violencia inherente al trauma de la dictadura promueve una disociación inicial que suele ir acompañada de la oscilación entre la represión inicial y una repetición que ilustra la observación de Assman de que "[t]hose who cannot remember their past are condemned to relive it" (2008, p.
Basándose en el ensayo Duelo y melancolía (1917) de Freud, el historiador Dominick LaCapra identifica dos posibles respuestas al trauma, acting-out y working-through, traducidas respectivamente como pasaje al acto y elaboración del duelo.
En The Archetypes and the Collective Unconscious (1959), Carl Jung formula la tesis, convertida en uno de los pilares del psicoanálisis, de que la recuperación psicológica tras el trauma es posible por medio de la expresión verbal del sufrimiento.
LaCapra se hace eco de la necesidad de dar salida al trauma a través del lenguaje, de ahí que la elaboración del duelo reclame una narrativa como la que ofrecen las novelas aquí incluidas.
En todas ellas aparece la repetición como elemento constitutivo que funciona como respuesta a un pasado traumático desconocido que se trata de elaborar por medio de la narración.
Puesto que el reconocimiento del acontecimiento traumático es una condición necesaria para la elaboración del pasado, la pregunta que emerge es: ¿cómo narrar aquellos recuerdos que al no estar precedidos por la experiencia parecen encontrarse absorbidos por la ausencia?
LA NARRACIÓN DEL PASADO
La narración de un pasado que no se ha vivido y del que solo se tiene conocimiento por medio de los testimonios de otros atraviesa las novelas de las segundas generaciones.
Cada una de las cuatro obras seleccionadas ofrece un acercamiento distinto al tema de la memoria de segunda mano.
En la introducción se adelantó el término de Marianne Hirsch de la posmemoria para referirse a la experiencia narrada por estos autores: "a response of the second generation to the trauma of the first" (2001, p.
Según explica Hirsch (2008), el "pos" señala un desplazamiento con respecto al espacio y tiempo del recuerdo original, pero lejos de representar un corte, la partícula denota continuidad, indicando un encadenamiento entre la memoria y la posmemoria.
El trabajo pionero de Maurice Halbwachs también tiene en cuenta esta a521 dimensión de la memoria, pues si bien Halbwachs rechaza que el conocimiento de acontecimientos ajenos a la experiencia del sujeto pueda llamarse memoria, cuando no existe una experiencia previa a lo evocado introduce el concepto de borrowed memory para aludir a los recuerdos de otros: "I can imagine them, but I cannot remember them" (1980, p.
En El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia se observa cómo el vínculo emocional del sujeto con los eventos en cuestión opone la posmemoria a la concepción desapasionada y pretendidamente imparcial de la historia: "mi padre siempre había tenido una mala memoria.
Él decía que la tenía como un colador, y me auguraba que yo también la tendría así porque, decía, la memoria se lleva en la sangre" (Pron, 2011, p.
A través del narrador se plantea la posibilidad de padecer las secuelas de un pasado que nunca se experimentó, lo que traza interesantes lazos entre el presente del sujeto y el pasado paterno.
Los obstáculos a la hora de reconducir la melancolía hacia el trabajo del duelo se multiplican al tratarse de un trauma heredado, pues el legado de la posmemoria consiste en una "memoria vicaria".
En su ensayo Tiempo pasado: cultura de la memoria y giro subjetivo (2005), Beatriz Sarlo considera que la naturaleza vicaria y fragmentaria de la posmemoria es extrapolable a la memoria.
No obstante, lo que según la autora diferencia a la posmemoria es el grado de implicación que supone para el hijo: "Sólo la memoria del padre; si el discurso que provoca en el hijo quiere ser llamado posmemoria, lo será por la trama biográfica y moral de la transmisión, por la dimensión subjetiva y moral.
No es en principio necesariamente ni más o menos fragmentaria, ni más ni menos vicaria, ni más ni menos mediada que la reconstrucción realizada por un tercero; pero se diferencia de ella porque está atravesada por el interés subjetivo vivido en términos personales (2005, p.
131) En Una misma noche, el narrador parece heredar el trauma de Diana Kuperman, en cuyo arresto colaboró muy colateralmente su padre.
El narrador rememora obsesivamente la escena de esa noche hasta llegar a establecer una identificación con la víctima que le lleva a imaginar cuatro variaciones en torno a su arresto.
Tanto el pasado del padre de Pron como el de Diana están inmersos en un "agujero negro", o lo que Raczymow y Astro definen como la mémoire trouée (1994).
Ambas historias no solo sobrepasan la experiencia de los narradores, sino también su conocimiento.
Como consecuencia de ello, sus vidas están marcadas por un pasado que, además de no pertenecerles, se compone del silencio patológico que constituye el principal legado de sus padres.
La transmisión de esta herida sin memoria crea una ausencia avivada por el silencio que envuelve el pasado paterno y el de Diana.
El sentimiento comparable a la amputación de un órgano que nunca fue suyo ocasiona "a phantom pain in which amnesia takes the place of memory [...]
En la novela de los hijos, el vacío o falta de recuerdos impulsa a volver compulsivamente sobre el pasado con el fin de reconstruirlo.
Sin embargo, los intentos están abocados al fracaso debido a las lagunas inherentes a una memoria prestada.
Puesto que no existe un órgano previo a la amputación, la ausencia se erige como componente consustancial de la identidad.
La mémoire trouée se encuentra estrechamente vinculada a la fragmentación del yo, cuya sensación de desintegración se debe a que el sujeto se ve despojado de un pasado que paradójicamente no pertenece a su experiencia vital.
La identificación patológica del narrador se entremezcla con un sentimiento de culpabilidad agravado por el desconocimiento de la historia del padre y de Diana.
A través de ambas novelas se trata de redimir las lagunas del pasado ajeno por medio de la imaginación y la escritura de ficción.
De este modo, la narración se proyecta como una búsqueda que desempeña una función ética, tal como señala el siguiente fragmento de El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia:
Al procurar dejar atrás las fotografías que acababa de ver comprendí por primera vez que todos los hijos de los jóvenes de la década de 1970 íbamos a tener que dilucidar el pasado de nuestros padres como si fuéramos detectives y que lo que averiguaríamos se iba a parecer demasiado a una novela policial que no quisiéramos haber comprado nunca, pero también me di cuenta de que no había forma de contar su historia [...] o, mejor aún, que hacerlo de esa forma sería traicionar sus intenciones y sus luchas (Pron, 2011, p.
Formas de volver a casa presenta una situación muy distinta, pues los padres no son ni víctimas ni victimarios, sino personas que aparentemente se mantuvieron al margen de la política.
A través de la novela se problematiza tanto la actitud y responsabilidad de estos testigos "neutrales" como la de sus hijos.
La historia comienza con un niño desorientado que se afana en encontrar el camino de vuelta a casa solo para descubrir que son sus padres quienes a521 se han perdido.
Este retorno, por lo tanto, cuestiona la actitud paterna hacia el pasado y su incapacidad presente de enfrentarse al mismo: "Voy a escribir un libro sobre ustedes, les digo, con una sonrisa extraña dibujada en la boca.
No puedo creer lo que acaba de ocurrir.
Me molesta ser el hijo que vuelve a recriminar, una y otra vez, a sus padres.
No obstante, tanto la narración de la novela de los padres como la historia de Claudia funcionan como una especie de espejo que refleja al narrador en su presente.
"Entonces recordé intensamente a Claudia, pero no quería o no me atrevía a contar su historia.
Sabía poco, pero al menos sabía eso: que nadie habla por los demás.
Que aunque queramos contar historias ajenas terminamos siempre contando la historia propia" (Zambra, 2011, p.
El presente sirve al narrador para saldar una deuda con el pasado.
Aunque el niño desconociera en esos momentos lo que estaba ocurriendo, el adulto tiene la responsabilidad de volver sobre ese pasado y reelaborarlo con el fin de otorgarle una visión política que en aquel momento estaba ausente.
El peso de la memoria genera un sentimiento de responsabilidad que, en vez de tratar de mitigarse con el olvido, debe canalizarse hacia la búsqueda de una forma legítima de representar y rememorar las pérdidas.
La ficción analizada avala la convicción de que el olvido, además de inviable, supondría una especie de traición.
La supervivencia confiere a los narradores el papel de guardianes del recuerdo, cuyo deber hacia el pasado se materializa a través de la escritura.
La novela es la novela de los padres, pensé entonces, pienso ahora.
Crecimos creyendo eso, que la novela era de los padres.
Maldiciéndolos y también refugiándonos, aliviados, en esa penumbra.
Mientras los adultos mataban o eran muertos, nosotros hacíamos dibujos en un rincón.
Mientras el país se caía a pedazos nosotros aprendíamos a hablar, a caminar, a doblar las servilletas en forma de barcos, de aviones.
Mientras la novela sucedía, nosotros jugábamos a escondernos, a desaparecer (Zambra, 2011, p.
La búsqueda recogida en Fuenzalida abarca la representación de los recuerdos de la narradora y la ficción que crea como respuesta al vacío que envuelve la historia del padre.
Puesto que el pasado paterno se reduce a un agujero negro, la narración no se apoya en la memoria, sino fundamentalmente en la imaginación: "Mis escasos momentos con él tienen la forma de una fotografía cortada con una tijera.
No hay mucho de qué hablar.
Una historia sin desarrollo, sin final.
Sólo el punto de partida, los primeros diez capítulos del culebrón.
El padre representa el silencio, es el hueco que ha sido arrancado en las fotos familiares: "hoyos negros tijereteados.
Tal como se explica con mayor detalle en el artículo "Inventa un cuento que te sirva de memoria: Narración del Vacío de Fuenzalida de Nona Fernández" (2016), las fotografías pueden analizarse como archivos cuya función es la de dejar al descubierto la violencia, la supresión y la represión, motivando la creación de la narrativa que lleva a cabo la protagonista.
El hecho de que el espacio ocupado por el padre haya sido eliminado de forma tan brutal hace imposible obviar los silencios que rodean la narrativa de la infancia.
Las fotos exhiben el recorte, lo que hasta entonces se ha reprimido invade la imagen, empañando el espacio mediante un ineludible agujero negro.
Los interrogantes a los que la narradora alude marcan una incertidumbre que se proyecta hacia la búsqueda de posibles respuestas (García-Avello, 2016, p.
Las fotografías ocupan un lugar central en las narrativas que giran sobre el pasado de la dictadura; según Ornella Lepri Mazzuca, "visual images acquire a privileged role between the political and historical circles.
Si bien la fotografía aparece como uno de los temas recurrentes en las novelas de los hijos, su función en estos casos no es la de verificar, pues los narradores se encuentran ante imágenes que, al carecer de contexto, carecen también de significado.
Paradójicamente, el hecho de liberar estas fotografías de un referente en el pasado permite a los narradores dar rienda suelta a su imaginación.
Las fotografías se utilizan como punto de partida sobre el que recrear e imaginar episodios y situaciones en torno a imágenes sin contento: "What makes photography a strange invention -with unforseeable consequences-is that its primary raw materials are light and time" (Berger, 1995, p.
Las narraciones de las segundas generaciones explotan la potencialidad de la fotografía mediante el sometimiento de las imágenes a una multiplicidad de interpretaciones, lo que a su vez demuestra una dualidad entre su naturaleza referencial y su carácter construido.
Aunque la fotografía se considere un hecho objetivo, las obras analizadas evidencian cómo la interpretación o lectura es necesariamente subjetiva.
Carente de contexto, los hijos se encargan de inventárselo, de modo que las fotografías dejan de identificarse como una vía de acceso transparente o directa al pasado para mostrarse como representaciones construidas y mediadas por el lenguaje.
Esto pone de manifiesto cómo el pasado que los narradores tratan de rescatar narrativamente es una construcción.
La indeterminación que atraviesa los textos impide que se caiga en la falsa impresión de que el pasado es susceptible de ser recuperado.
La única certeza que parece firme es la existencia de una proliferación de significantes orientados a deconstruir significados trascendentales y narrativas totalizadoras.
El resultado es un vacío o silencio, cuya negatividad se afirma mediante una renarración, no de lo factual, sino en torno a lo posible.
Una imagen muy sugerente que señala el potencial de elaborar pasados alternativos a través de la imaginación se muestra en el siguiente fragmento en el que Fuenzalida lucha contra su propio reflejo en una sala llena de espejos: "Ernesto Fuenzalida entra a un salón de combate hecho de espejos.
Un lugar donde cada una de las paredes de vidrio le devuelve su imagen reflejada al infinito.
Muchos Ernestos Fuenzalida, muchas posibilidades, muchas versiones de sí mismo" (2010, p.
El reconocimiento de la ausencia permite dar rienda suelta a la imaginación, empleada a lo largo de las novelas como instrumento con el que especular sobre las alternativas irrealizadas que esconde el pasado.
De acuerdo con Ricoeur, "una de las funciones de la ficción, unida a la historia, es la de liberar retrospectivamente ciertas posibilidades no efectuadas del pasado histórico [...]
El cuasi pasado de la ficción se convierte así en el revelador de los posibles escondidos en el pasado efectivo" (1995, p.
La narración está motivada por imperativos éticos que en las cuatro novelas analizadas van ligados al reconocimiento de la problemática que suscita toda representación del pasado.
Las obras estudiadas ofrecen una alternativa ante los silencios que inundan un pasado que, a pesar de parecer en primera instancia impenetrable, es susceptible de ser reelaborado mediante la imaginación.
Los silencios y "agujeros negros" articulan una ausencia que reclama ser escuchada y que en efecto adquiere materialidad por medio de la escritura.
La visión del pasado subyacente a las novelas de los hijos es comparable a la caracterización del escritor francés Henri Raczymow de su propia ficción como la huella de la pérdida: "It is the proof or the mark of the loss -its trace.
Según esta visión, la narrativa funciona como el testimonio de una ausencia que remite a un pasado irrecuperable, pero no inimaginable.
De esto se desprende una revalorización de la fantasía que si bien en ningún caso se equipara con la memoria, sí contribuye a llenar de posibilidades el silencio. |
Esta investigación reflexiona en torno a la eticidad de la expresión de juicios morales en sociedades democráticas.
Distingue esta de la moralidad de las conductas y juicios éticos para centrarse en las manifestaciones de tales juicios.
Revisa diversos elementos: la relación de las aseveraciones morales con los sujetos, su atenerse o no a determinadas formalidades, los efectos o consecuencias de las mismas, etc. Remarca la hoy olvidada importancia de considerar los contenidos específicos de los juicios morales expresados y su relación con los valores éticos.
Se concluye que ninguno de los elementos considerados puede decidir por sí solo la conveniencia de la expresión de un juicio moral.
Recomienda la integración armónica de estos aspectos, al evaluar la pertinencia de la manifestación externa de nuestros juicios de moralidad.
Reivindica hondamente el decir moral, pues este revela al sujeto en su unicidad y diferencia ante los otros, conectando con la raíz misma de la ética.
NECESIDAD DE DELIMITAR EL TEMA DE NUESTRA REFLEXIÓN: DISTINCIONES INICIALES
En esta meditación no se pretende reflexionar en torno a la moralidad de las conductas de los sujetos ni acerca del hecho de valorar los actos humanos desde la perspectiva ética.
Debe esto quedar claro en el inicio.
No se persigue analizar ninguna otra acción más allá de aquella que consiste únicamente en "manifestar" los propios juicios morales.
Esto es, se va a indagar a propósito de la moralidad de nuestro expresar valoraciones morales.
Advertimos la conveniencia de discernir entre los campos jurídico, ético y moral, a este propósito.
En este sentido, aunque por razones de espacio no podamos ahora detenernos en estas distinciones, remitimos a otras investigaciones que se ocupan en cambio de dicho asunto (Barraca Mairal, 2005).
Simplemente apuntamos que, en un primer momento, partiremos de la esfera moral, entendida como sistema de referencia axiológico concreto para la orientación de la conducta, aunque sin excluir su glosa desde la reflexión filosófica, propiciada por la ética, ni la relevancia ulterior jurídica que todo ello puede revestir en orden a una convivencia equitativa, clave para el bien común, según reclama el Derecho 1.
Más adelante, volveremos a estas matizaciones, ya al hilo y con ocasión de alguna de las cuestiones abordadas.
Si realizamos una lectura diacrónica e histórica, narrativa, de nuestra identidad, como cierta hermenéutica de la subjetividad ha sugerido (Maceiras Fafián, 1994), esto afectará, sin duda, al análisis de nuestro propio juzgar moral.
Según esto, puede detectarse cierta responsabilidad en la configuración del propio juicio moral, y no ya solo del propio actuar.
Pero ello cuando estos se sitúen en el marco de la influencia de la libertad personal.
Esto cabe afirmarlo también de nuestra predicación externa del juicio, que puede valorarse éticamente en la medida en que responda no a una pura reacción mecánica involuntaria del todo ajena a nuestra libertad y decisión.
Así, seguramente captaremos cómo del manejo de los intereses, valores, prejuicios y actuares puestos en juego por nuestra comprensión se derivan ciertas responsabilidades (Gadamer, 1977).
Qué papel tuvo cada cual al consentir o modular la fragua o desarrollo de un cierto estilo de juzgar moral y en el despliegue de unos u otros juicios morales concretos representa, sin duda, un interrogante éticamente relevante.
Ello, pues ya la unidad de nuestro êthos o carácter moral supone una cierta labor creativa de forja de nosotros mismos, aunque siempre en relación con los otros y de acuerdo a unas orientaciones determinadas (López Quintás, 2003).
Sin embargo, siendo este un asunto necesitado de investigación filosófica, no constituye el objeto de las presentes consideraciones.
Tampoco lo es la interacción en espiral continua de nuestros juicios con las conductas propias y ajenas, ni nuestros diálogos o encuentros a este tenor, ni su mutua interacción e influencia recíproca en el desenvolvimiento progresivo de nuestro desarrollo de un carácter moral determinado, etc.
Se trata aquí, en cambio, de plantearnos el tema de la responsabilidad no de nuestro juzgar y actuar sino de la simple expresión externa de nuestros juicios morales, así como el de la delimitación intersubjetiva de tales expresiones.
Por lo tanto, se va de alguna manera a conectar con parte de la filosofía del lenguaje contemporánea, en cuanto esta ha explorado los lazos detectables entre nuestras dimensiones lingüística y ética, como por ejemplo ha hecho J. Searle, quien vincula entre sí íntimamente el lenguaje y la acción humanos (Searle, 2017).
Si bien esta referencia no va a poder acompañarnos más allá de este punto y de su presente mención como lugar posible que hay que explorar para el abordaje futuro de tales vínculos.
Todo esto además situándolo en el contexto de una sociedad democrática, abierta al menos a la posibilidad de albergar lo plural, en cuanto a la coexistencia de criterios, modelos, pautas de interpretación o incluso sistemas morales diversos 2.
Aunque el término diversos no comporta el que resulten al cabo necesariamente divergentes por completo, en cuanto contrapuestos en su integridad, pues sus propios cultivadores acaso procuren buscar algún postulado ético compartido, ya que toda sociedad precisa ciertos denominadores comunes morales para asentar sobre esta base su desarrollo (Andrés Gallego, 2006).
Mas tampoco se trata ahora de examinar esta cuestión, ni la concerniente a cierto confundir el tenor de lo plural ni lo democrático con el de lo fragmentario ni con lo absolutamente relativo.
Dado que lo último puede suponer un oxímoron auto-contradictorio, y además derivar en la práctica en un camino hacia la supuesta justificación incluso de extremos aberrantes o simplemente destructivos, como la misma intolerancia y el desprecio del otro (Gómez Pérez, 2016).
Nuestro tema se halla en calibrar la mera expresión -oral, escrita, gestual, etc.-de los juicios morales en a522 el marco democrático.
En este ocurre que ha de ser factible la expresión de juicios distintos, en el sentido de que no solo pueden darse aquellos que respondan a una alineación fijada de antemano, ni a lo marcado por la mayoría, ni a una vocación uniforme en su orientación.
Esto no quiere decir que no quepa incluso poner en democracia algún límite a la expresión del juicio moral, o al menos, nos parece aquí, pensar acerca de ello.
De hecho, esta es en parte la pregunta acerca de la que buscamos investigar.
Así, nos planteamos el que, aunque no es idéntico censurar éticamente, en cuanto someter a limitación fundada en los principios y valores éticos, un juicio o un acto humanos que una mera manifestación moral, acaso también la manifestación de determinados juicios pueda ser moralmente reprochada.
Por ejemplo, esto parece que sucedería si el juicio moral al ser expresado comporta una vulneración de los legítimos derechos de otros, o si causa un severo perjuicio del bien común, etc.
Pero ¿es que, acaso, no puede alguien expresar lo que moralmente tiene para sí como bueno o malo, sin que los demás se lo reprochen, censuren o impidan?
¿Es que juzgar como se prefiera algo, desde el punto de vista moral, ha de verse constreñido por otros que no compartan este mismo tipo de juicio?
Nótese que expresar nuestro juicio moral particular sobre algo no significa obligar a otros a compartirlo.
No: juzgar algo como objetivamente bueno o malo -asumible por otros, universalizable, en cierto sentido-o expresarnos a este respecto, postulando el contenido de nuestro aserto como objetivamente válido o verdadero, no es equivalente a imponer este modo de juzgar ni su contenido a los demás.
De esta forma, tampoco la democracia, la libertad o la tolerancia deben interpretarse al cabo como puro relativismo, a la manera de una vaga dictadura de lo inconsistente que pretenda imponer una postmodernidad líquida de la post-verdad.
Ello, por cuanto despojarlas de sus fundamentos axiológicos supone privarlas de asiento frente a sus oponentes (Poole, 2010).
Por el contrario, proscribir que el sujeto tenga y presente como verdadero o bueno algo comporta promover la tiranía de un subjetivismo dogmático hasta el absolutismo, como denunció ya Antígona frente a Creonte (Sófocles, 2004).
Por tanto, cabe cuestionar la legitimidad del hecho o de las formas en que algunos hoy restringen o quieren limitar las manifestaciones morales de otros.
Ellos mismos, al obrar así, manifiestan, por otro lado, las suyas, y pretenden imponer sus valoraciones incurriendo en un círculo vicioso.
Pues ¿acaso no comporta el juzgar la expresión de los juicios morales ajenos ya un cierto inmiscuirse en lo del otro?
Y ¿qué hay más del otro, personal y particular, que el propio juicio moral y su manifestación?
¿Debemos entrometernos en el hecho de que alguien exprese su juicio moral, mientras no pretenda obligarnos con ello a una conducta?
¿Coartar o constreñir de alguna manera la expresión del juicio moral de los sujetos supone o no una cierta extralimitación de la propia libertad en relación con la ajena?
He aquí, en fin, algunos de los interrogantes que se van a estudiar.
UN ASPECTO BÁSICO: EL BENEFICIO O DAÑO A OTROS CAUSADO POR LA EXPRESIÓN MORAL
Enseguida ha de notarse que existen ocasiones en que nuestros juicios morales, al ser expresados, pueden molestar, dañar o violentar a otros.
También pueden resultar indiferentes, e incluso agradar o ser estimados como justos y convenientes.
Entonces cabe, dado el propósito de estas reflexiones, que comencemos por preguntarnos qué hacer cuando se los considera lesivos o dañosos.
Uno de los más conocidos principios de lo moral reside en el célebre axioma inicial de lo justo: «neminem laedere» (no dañar a nadie), junto con el vivir honestamente y el dar a cada uno lo suyo («Juris praecepta sunt haec: neminen laedere, honeste vivere, suum ius quique tribuere») 3.
Mas ¿debe prohibirse moral o jurídicamente todo lo que perjudica o daña a otro?, ¿incluye esto a nuestras aseveraciones morales?
Adviértase que no parece generalizable ni asumible este extremo, pues siempre se puede calificar algo como dañoso, en determinado sentido, cuando no es exactamente querido o compartido por otro, ya que este prefiere su omisión.
Lo que omito, de lo que prefiere otro, le menoscaba al menos potencialmente, y esto alcanza no solo a nuestro escoger una acción positiva y directa, sino a nuestra emisión de juicios morales divergentes.
Hasta puede alguien hipotéticamente juzgar dañoso el que pronunciemos un juicio moral idéntico al suyo, si estima que no somos quiénes, en virtud de innumerables factores, para exponerlo.
Así, señalamos que la máxima moral clásica no se predica en su genuino y original sentido acerca de todo lo dañoso, sino que lo que advierte es que no se debe dañar o perjudicar de manera injusta.
Menoscabar lo que otro posee abusivamente, movidos nosotros por justa causa, como al recobrar lo que era nuestro de manera legítima y adecuada, no debe estimarse violación del principio expuesto.
No todo lo que daña es indebido; de hecho, realizar actos que dañan puede incluso resultar conveniente, a522 como al sancionar una conducta antisocial que a su vez daña injustificadamente a otros o al conjunto de la comunidad.
¿Podemos o no, en fin, expresar externamente juicios relativos a la moralidad que duelan o dañen supuestamente a terceros?
Desde luego, lo primero que hemos de anotar consiste en que el criticar conductas, actitudes, caracteres, etc., no es idéntico a enjuiciar sujetos, aunque estos extremos estén relacionados.
Además todos, de una forma implícita e inevitablemente, al convivir y comunicarnos, manifestamos unos u otros criterios morales, lo que comporta al cabo juicios sin que alcancemos a evitarlo nunca del todo.
Por tanto, advirtamos que hasta cierto punto resulta inevitable comunicar nuestros juicios morales.
Incluso el aprobar o no, el defender o rechazar una actuación u otra desde la perspectiva moral hasta preferirla, realizarla u omitirla uno mismo ya conlleva exteriorizar en cierto grado nuestros propios criterios y juicios morales.
¿Tenemos derecho, en sentido jurídico y en sentido moral, a transmitir nuestra moralidad de este modo?
En cualquier caso, parece inevitable el que lo hagamos.
Pero es que además es humana la aspiración a la comunicación y relación con los otros, dado nuestro tenor relacional pues, como ha mostrado E. Lévinas, ya nuestra misma subjetividad se ve engendrada en el encuentro con el otro, en vínculo con la alteridad (Lévinas, 1993).
Por tanto, no es ya solo que juzguemos internamente en su moralidad cuanto captamos y vivimos de manera espontánea, sino que precisamos el poder formular con libertad nuestros propios juicios y criterios morales, necesitamos compartirlos.
SOBRE LAS FORMAS DE MANIFESTAR NUESTROS JUI-CIOS MORALES Y SU VALOR ÉTICO
Mas el que cada cual tienda a formular sus juicios morales sin poder evitarlo y el que anhele legítimamente compartir sus razonamientos éticos no significa que esto pueda tener lugar siempre de cualquier manera.
Las condiciones y formas de nuestras manifestaciones morales han de ponderarse, aquilatarse, a la hora de valorar su conveniencia o pertinencia ética.
Si expreso que determinada conducta es moralmente aborrecible, mas esto lo hago en el marco de un encuentro incluso amistoso, argumentando y escuchando tu réplica, en diálogo respetuoso contigo, ¿puedes, a pesar de todo ello, movido por tu desacuerdo, impedirme o sancionarme solo y exclusivamente por esto?
Desde luego, la forma del juicio moral se ha considerado clave por parte de la reflexión filosófica moderna.
Pero el significado más fecundo de lo formal en ética no se constriñe a la mera apariencia externa del juicio, sino que involucra la estructura interna del mismo, su carácter y alcance, así como otros relevantes aspectos e implicaciones en los que ya indagara E. Kant, pero que no constituyen aquí el tema de nuestra reflexión (Kant, 2002).
No parece, en fin, que esta clase de prohibiciones deba ser admitida o en cualquier caso generalizada tal cual y sin más, al menos en un contexto social democrático, donde probablemente no hay una lectura moral unívoca sino el entrelazamiento y encuentro básico de diversas propuestas axiológicas en libertad.
Una sociedad o comunidad participativa e integradora, en el sentido ético, cuya propia entraña y dinamismos poseen un íntimo carácter "intercultural", según ha reivindicado G. González Rodríguez Arnáiz, no solo no excluye al diferente -junto con la expresión libre de su juicio moral-sino que sabe enriquecerse precisamente gracias a su diversidad (González Rodríguez Arnáiz, 2008).
Así, aunque acaso ofenda la sensibilidad de otro, ¿se debe impedir que alguien exprese que moralmente juzga mal el hecho de abortar fetos de congéneres humanos?, ¿tenemos que censurar o prohibir el hecho mismo de que alguien discrepe con nosotros u otros, en su juicio moral expresado?
Quizás se trate más bien de otras demandas éticas.
Pero ¿de cuáles exactamente?
Pues, para continuar nuestras reflexiones, tal vez lo que convenga, antes que evaluar lo sostenido por el otro, consista en empezar por reclamarle cierta forma respetuosa a la hora de manifestar su criterio.
Guardini reivindicó un decir lo verdadero siempre con tacto y bondad (Guardini, 2006).
Pretender impedir tal cual la simple comunicación del propio juicio moral ajeno, cuando la forma de transmisión revela respeto e incluso apertura, diálogo, en determinado sentido, puede incurrir en una restricción excesiva de la crucial "libertad de expresión", en la medida en que exhibe el anhelo de ejercer un monopolio en la expresión moral.
Recordemos la contundencia y claridad de la regulación fundamental actual del derecho a esta libertad, registrada en un texto de la importancia de la Declaración Universal de Derechos Humanos: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por a522 cualquier medio de expresión» (art. 19).
La presente Constitución española, de igual forma, protege con pujanza este derecho como "fundamental": «Se reconocen y protegen los derechos: a) a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción [...]» (art. 20).
A este respecto, no parece cuestionable el que esta libertad de expresión ampare la manifestación de los propios juicios morales, y además, por si fuera poco, esto se ve reforzado por cuanto la misma Declaración Universal protege, justamente en el artículo precedente al citado, derechos relativos a la libertad de pensamiento, convicción y creencia, entre los que cabe situar el aserto moral.
Así: «Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia» (art. 18).
La consideración de lo profundo del vínculo que se da entre el derecho a la libertad de expresión y el respeto la dignidad personal motiva el que esta libertad goce de una prevalencia y protección especial en los ordenamientos jurídicos democráticos y por parte de las instituciones que custodian los Derechos Humanos.
De este modo, la delimitación de tal derecho solo contempla su restricción en situaciones muy determinadas.
Esto aparece claro, por ejemplo, en la legislación española: «2.
El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.
Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.
Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial» (art. 20).
Ahora bien, ¿equivale todo esto sin más a legitimar la expresión de cualquier clase de juicio moral, sea el que sea, con tal que dicha expresión se lleve a cabo de una forma cuidadosa?
¿Cabe admitir, imaginemos, la comunicación social de mensajes en los media como los de una publicidad o campaña a favor de la tortura, la pederastia, el maltrato, la violencia sexual o el acoso laboral, con tal que su estilo de transmisión exhiba maneras supuestamente abiertas, como las simplemente interrogativas, reivindicadoras del diálogo o incluso delicadas?
No lo parece pues, según revelan estos ejemplos, en determinados casos tan "suaves" modos más bien operan como caracterizaciones falsas de los auténticos contenidos e ideas portados por semejantes expresiones, actúan cual simples disfraces y máscaras no de la tolerancia, la libertad y el diálogo sino de sus opuestos.
Las apariencias externas de nuestras expresiones morales no desactivan nunca del todo su carga ética.
Ello incluye lo que, bajo la supuesta cobertura de lo artístico o cultural, fomente un discurso del odio o un ataque a la dignidad humana moralmente reprochable.
Esto, pues, al igual que se puede manifestar inadecuadamente un juicio justo, ocurre que muchas aseveraciones injustas se nos presentan bajo la piel de cordero de un tacto esmerado, incluso del afecto personal o de la ternura.
Acaso, en fin, no debamos dejarnos engañar entonces por las meras formas y apariencias que adoptan nuestras expresiones morales al ser exteriorizadas.
Una expresión moral que suponga la defensa a ultranza del racismo o la xenofobia más brutales, aunque adopte externamente formas delicadas y hasta benevolentes, no deja de implicar un desvalor expreso, al tiempo que una llamada y un alegato intrínsecos en pro de actitudes precisamente contrarias a las que su aspecto parece transmitir.
No incurramos desde el formalismo moral o jurídico en la ingenuidad o la inadvertencia en el seno de las sociedades democráticas, en la anomia y el relativismo ético absolutos, pues vaciaríamos de valores, libertad y tolerancia reales nuestra democracia de una manera auto-destructiva, simplemente por no admitir que precisamos marcar y respetar ciertos límites en nuestra convivencia.
Ya H. Arendt previno contra algunos de estos riesgos y recomendó estar alerta, precavidos contra las asechanzas a veces ocultas o sutiles de los gérmenes del totalitarismo latentes en nuestra sociedad (Arendt, 2006).
Sin duda, si alguien afirma que en general la exterminación o eliminación injustificada en masa, indiscriminada, el genocidio constituye algo moralmente bueno o al menos indiferente, de acuerdo con los casos, cabe esperar que se gane enseguida el reproche, censura y rechazo también morales de otros (siquiera sea por parte de aquellos que se consideren potencialmente incluidos en su homicida categorización).
Pero ¿debe llevar esto a que se le prohíba jurídica o moralmente manifestar tal cosa en tales términos?
¿La libertad de expresión, democráticamente esencial, acaso no protege también el derecho a realizar manifestaciones morales de uno u otro signo, asertos que se hacen acerca de lo que se estima como bueno a522 o malo éticamente, cuando adoptan este tenor vago, indefinido e impreciso hasta cierto punto, a pesar de que puedan resultarnos ruines?
Y si se le impide expresarse en estos términos u otros, ¿qué alcance concreto ha de tener tal restricción?
Una aseveración de este deleznable tipo permanece, empero, todavía en el ámbito de la referencia genérica y abstracta en cierta forma, a pesar de su drástico objeto.
Seguramente es censurable moralmente, pero quizás no jurídicamente, por cuanto para revelar toda su carga de odio y destrucción ha de verse dirigida a algún grupo o persona definidos y comprometer de modo significativo el bien común o una convivencia equitativa 4.
De hecho, si se enfoca expresamente hacia una cierta colectividad, real o existente, entonces de inmediato parece que lo dañino de su carga o peso cobran una densidad de mal intolerable.
Por eso, incluso en una sociedad democrática debe ser reprochada moralmente, y esto hasta el punto de verse prohibida, en determinado alcance.
Tal vez, el reproche moral haya de seguirla hasta el ámbito más cercano, como el familiar, el del grupo de amigos, compañeros o colegas más íntimos, etc. Pero no así hasta el jurídico, pues este se orienta al orden de lo social externo resueltamente, el del tercero.
Acaso convenga entonces restringir en derecho esta clase de enunciados judicativos, pero cuando se dan en el escenario de lo intersubjetivo ya de nivel social, estrictamente comunitario, como suponen el grupo amplio, el terreno de lo público, los medios de comunicación de masas, los entornos telemáticos abiertos, los foros, la calle, etc. La razón de esta restricción estriba en el contenido de odio y en el grado de menosprecio de la dignidad humana que profesa y expele hacia sujetos o grupos específicos, determinados.
En un ámbito de libre expresión formativo, como el de un entorno educativo, con libertad de cátedra, donde se aprende y enseña a argumentar moralmente, una limitación abusiva en esto poseería un efecto lesivo para la formación moral y democrática, pues cercenaría la capacidad de contrastar y dialogar.
Hoy en día, por ejemplo, algunos expresan su rechazo a la práctica de la denominada antropología del género, al juzgarla ideológica y dañosa para los sujetos, mientras que a otros les parece legítima.
¿Hay ahora que censurar o prohibir el que alguien manifieste que lo humano se da originaria y nuclearmente en la forma de mujer o bien en la de varón, y que la moral ha de respetar esta recíproca complementariedad sexual?
¿Pueden unos u otros cercenar la expresión de sus convicciones morales a aquellos que no com-parten su punto de vista?
En todo caso, aunque no podamos ahondar en ello, hemos de advertir que, a nuestro entender, preservar la libertad en esto, frente a la imposición de cuanto de ideológico se contenga en el discurso del género, resulta crucial de acuerdo con lo que aquí se investiga para el porvenir de las sociedades actuales.
Remitimos a las investigaciones desarrolladas ya a este tenor, alguna incluso de nuestra autoría (Barraca Mairal, 2011), así como a la línea crítica de trabajo de la profesora Lacalle (Lacalle Noriega y Martínez Peroni, 2016).
No parece que la simple imposición de lo políticamente correcto en esto resulte lo más concorde con una cultura y sociedad orientadas por la libertad y la democracia.
Tampoco parece adecuado llevar en ello la prohibición o censura morales hasta el terreno jurídico, persiguiendo en derecho la manifestación de unos u otros postulados.
Menos aún hacerlo hasta determinados entornos especialmente cercanos a los sujetos, como al familiar, la conversación entre amigos, o incluso al diálogo íntimo de dos personas, tal como enunciamos antes.
Por otro lado, en cuanto al campo educativo, mientras los sujetos se encuentran en minoría de edad o bajo la patria potestad, parece que quienes accedan a sus hijos y tutelados han de tratar estos asuntos con una gran delicadeza y respeto hacia las propias convicciones de padres y tutores, pues a estos corresponde preferentemente el deber y el derecho de su educación.
Así lo prescribe la Declaración Universal de los Derechos Humanos actualmente en vigor: «los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos» (art. 26.3).
Tampoco otros criterios formales ya aludidos pueden resolver por sí mismos del todo esta clase de cuestiones.
Así ocurre con las complejas formalidades externas que nuestra expresión moral puede adoptar.
Puede que resulte delicada y legalmente tolerable una manifestación moral, pero esto no la convierte de suyo en buena en todo su alcance ético.
Será educada, respetuosa con la convención, legal, etc., mas solo esto, no necesariamente más que eso.
Si afirmamos que hay que odiar y destruir a los otros con todas nuestras fuerzas, en un tono suave y con una inflexión musical, ello no hace más moral en sí nuestro juicio ni adecuada moralmente su expresión, tal como ya antes hemos advertido.
Cabe atenerse a muy variables formalismos jurídicos, sociales, políticos o culturales, y al tiempo, obrar de tal manera que se haga mal o daño injustamente a otros de mil diferentes maneras.
Ni el derecho positivo ni las restantes convenciones o a522 formalismos humanos resultan nunca absolutamente buenos, justos o moralmente perfectos.
Pero entonces, ¿en qué otros elementos basarnos a este respecto, sobre qué pilares fundar nuestra decisión?
En definitiva: ¿cuáles son los elementos que hacen que la manifestación externa del juicio moral resulte debida o indebida, adecuada o no finalmente, en su más hondo sentido?
OTROS ELEMENTOS QUE HAY QUE CONSIDERAR PARA LA PERTINENCIA DE LA EXPRESIÓN DEL JUICIO MORAL
Tal vez un elemento relevante, a la hora de calibrar estas situaciones, radique en la concreción o determinación de nuestras expresiones morales judicativas en relación con los sujetos a los que se las imputamos.
No se trata ahora pues, de los sujetos en torno a los que estas versan sino de aquellos a los que atribuimos responsabilidad por medio de nuestros juicios.
De esta forma, a menudo oímos que se puede juzgar el hecho pero no al sujeto, u otras frases semejantes, pues el interior, la intención, las circunstancias, etc. de los agentes morales escapan en gran medida a nuestro conocer e incluso al suyo, dado que en la moralidad de la acción humana concurren un sin número de factores.
En cualquier caso, tal cual han explicitado pensadores éticos contemporáneos como J. Seifert, examinar esto requiere adentrarse en la realización de complejas, aunque no imposibles, distinciones que conectan con los hondos aspectos que la reflexión filosófica ha asociado al fenómeno de la moralidad (Seifert, 1995).
Mas concretar en el sujeto no necesariamente implica acusarlo o alabarlo moralmente en su responsabilidad o mérito éticos.
Por otra parte, ¿qué grado de concreción ha de estimarse como reprochable?
Dada nuestra falta de espacio, vayamos a la máxima concreción: reflexionemos sobre la expresión de un juicio moral relativo directamente a una persona determinada.
Pues aún en este caso no parece estar claro que se deba prohibir el que expresemos nuestro juicio moral, por otro lado también personal, dado que se concreta a su vez en que somos nosotros quienes lo realizamos.
Así, cuando digo que tú has hecho moralmente algo malo, puede que no necesariamente esté afirmando que eres responsable objetivamente por ello, ni malo tú mismo, aunque sin duda estoy concretando mi juicio moral en alguien definido.
Ahora bien, ¿está moralmente siempre mal expresar juicios sobre personas, además de sobre actos, condenar sus acciones y estimarlas responsables?, ¿el simple concretar el sujeto de mi juicio moral ha de estar siempre éticamente desaconsejado o incluso prohibido, cuando esto suponga un reproche?
Si fuera de este último modo, también alabar como buena cualquier conducta que alguien juzga reprobable supondría un hecho censurable y habría de verse prohibido o censurado.
Entonces nadie podría expresar su juicio moral, favorable o desfavorable, sobre nada ni sobre nadie.
Parece, en fin, que el simple hecho de concretar el juicio moral en sujetos definidos no constituye razón suficiente para reclamar la exclusión de su expresión o manifestación social.
Otro elemento que suele invocarse como decisivo para evaluar la pertinencia o no pertinencia de la expresión de nuestro juicio moral reside en el efecto que este provoca sobre los demás.
Así, se acostumbra a repetir que nadie tiene derecho a humillar o hacerse sentir mal a otros a través de la manifestación de sus juicios morales.
Todo el que enjuicia algo moralmente, sin embargo, es susceptible de verse descalificado según lo anterior, pues puede existir alguien que se sienta herido o vulnerado por su manifestación moral.
¿Ha de prohibirse entonces cualquier expresión de juicio moral, dado que puede dañar o violentar a otro?
Si alguien tiene derecho a obligarme a callar, tan solo a causa de que mi juicio no únicamente no es el suyo, sino que lo rechaza, volvemos al extremo en que nadie puede expresar juicio moral alguno.
Pues siempre cabe la posibilidad de que mis expresiones judicativas morales sean opuestas o divergentes de las de otros, y que estos las consideren intolerables o simplemente hirientes según su propia sensibilidad.
La sensibilidad afectada por nuestros juicios morales resulta difícilmente objetivable por propia naturaleza.
Así, si al oírme afirmar que el acto de abortar fetos humanos está moralmente mal, otro, discrepante y molesto por tal enunciado, se cree con el derecho a prohibirme esta o cualquier manifestación moral similar a ella, ¿no está imponiendo al obrar así su moralidad a otro materialmente, en virtud de su subjetividad y sensibilidad propias?
Parece, en efecto, que existiría en su prohibición una imposición al otro, imposición impulsada desde su propia forma de receptividad del juicio moral ajeno.
Además, si esto se generalizara, de nuevo nos encontraríamos con la insoportable e inhumana en el fondo situación de que nadie en absoluto podría expresarse moralmente.
Así, a otro podría resultarle moralmente intolerable e incluso insufrible la afirmación de que prohibir la expresión moral discrepante es adecuado.
Y así en un círculo infinito a otro le podría resultar insoportable el criterio opuesto, etc. a522 Un elemento más que hay que considerar se halla en analizar si el juicio moral versa sobre quien lo emite o sobre otros.
Así, algunos reprochan el juicio moral que se realiza respecto de alguien distinto de sí o de la conducta ajena, pues estiman tal juicio como un acto de soberbia u orgullo.
¿Quién es nadie para juzgar a nadie?, se repite con frecuencia.
Ante esto, chocamos de inmediato con graves inconvenientes, si pretendemos recurrir a este extremo para dilucidar qué juicios son o no tolerables o convenientes.
«Quien bien te quiere te hará llorar», reza el refranero.
Mas precisamente si alguien quiere el bien de alguien, como formarle moralmente, no lo logrará si se le censura o impide expresar su juicio moral sobre lo del otro.
Si alguien ama sinceramente a su hijo, por ejemplo, ¿está moralmente mal que le transmita su juicio sobre lo que hace u omite este u otro?
Por otro lado, juzgar moralmente a otros, o el expresarlo, resulta no ya solo inevitable, sino que la sociedad misma reclama en cierta forma el poder hacerlo.
Hasta cabría señalar que en aras del bien común cualquier comunidad debe realizar y expresar juicios morales acerca de otros, si se ha de dar una convivencia auténtica, libre y justa en su seno.
Los tribunales, árbitros y hasta mediadores lo hacen por necesidad explícita o implícitamente al decidir entre diferentes argumentaciones de valores en torno a lo que es más justo en concreto.
En infinidad de controversias -y estas en cuanto humanas resultan en cierto grado inevitables-se presenta esta dimensión en juego, de modo que valoramos moralmente y lo expresamos así, por cuanto convivimos con otros y resultamos afectados por terceros.
A esto se añade el que también cabría, si se prohíbe la expresión de todo juicio moral, el pretender prohibir hasta incluso el juicio de uno mismo sobre sí o sobre lo que le afecta.
Para empezar, notamos la inescindible interdependencia del juicio sobre sí y el juicio sobre otro, debido a que nadie existe realmente solo, en perfecta soledad.
Todo humano está relacionado con otros, lo quiera o no, y su vida afectada o en inter-acción continua con la ajena.
Ello, tal como ha mostrado P. Ricoeur, hasta el extremo de que incluso nuestra propia conciencia -esencial para la formación y expresión del juicio personal y para su formulación en el lenguaje-, la captación de nuestro yo, núcleo de posibilidad de cualquier juzgar, aun del que opera sobre sí, se encuentran ya en su génesis con la intersubjetividad, presente germinalmente en su raíz (Ricoeur, 1996).
Así, al rechazar cualquier juicio moral que repercuta sobre otro, ni tan siquiera se toleraría entonces el juicio moral sobre sí, en la medida en que esta realidad y su manifestación nacen afectadas por otros y los implican, al tiempo que reobran sobre ellos y no pueden circunscribirse únicamente a su aparente emisor.
Además, otros pueden sentirse identificados o acaso alcanzados por ese expresar o actuar subjetivamente.
En definitiva, tampoco el elemento de la orientación del juicio moral, ya sobre los otros o ya en exclusiva sobre sí, determina el que quepa valorarlo como adecuado moralmente o no en cuanto a su expresión.
MORALIDAD DEL CONTENIDO Y EXPRESIÓN JUDI-CATIVA
Cuanto se ha considerado mueve a meditar en torno a un último elemento.
De alguna manera parece inevitable adentrarse en el mismo tras lo expuesto.
Se trata de los contenidos de los enunciados morales, de su fondo.
El recorrido realizado sugiere que no son criterios o elementos más o menos formales los que al cabo deciden, por sí solos, si cabe o no expresar externamente un juicio moral.
Entonces ¿a qué más atender?
Parece que es hora de hacer intervenir aquí la cuestión de los contenidos de los juicios morales.
Debemos adentrarnos en aquello que nuestros juicios morales afirman o niegan, en lo que expresan, y no solo en cómo lo hacen, a quién van dirigidos, a quiénes y cómo les afectan.
¿Acaso resulta indiferente en la oportunidad, adecuación o bondad de la expresión de un juicio moral aquello que refiere, lo que enuncia, su significado?
Todo juicio moral niega o afirma algo acerca de alguien o de cierta realidad.
Ese primer algo constituye su significado; este posee connotaciones y denotaciones muy variadas.
Sin duda, no cabe expresar juicio moral alguno concreto sin que este se halle provisto de algún contenido.
El juicio moral no es una simple formalidad, en la medida en que versa acerca de un asunto preciso y transmite una valoración de su eticidad específica, cifrándola en uno u otro signo, estimándola en uno u otro sentido.
Ahora bien, más allá de la compleja cuestión de la relación entre lo formal y lo material en el juicio moral, el dato de que los contenidos o el fondo de nuestros juicios morales constituyen una realidad intrínseca e inevitable de los mismos parece evidente.
Ello por cuanto el juicio no es el método ni es la ley ni la forma moral sino la aseveración valorativa concreta del caso o situación.
No es al mero juzgar al que nos referimos, sino al juicio en cuanto hecho determinado y en tanto dotado de un contenido, además de manifestado externamente por parte del sujeto.
Si alguien expresa que el que mata y aterroriza inocentes por puro placer realiza algo moralmente bueno, incluso más allá de evaluar su mérito o demérito subjetivos al obrar de esta forma, claramente el contenido de su juicio resulta reprochable, al menos en cuanto vinculamos moral y convivencia respetuosa con los otros.
Pero este contenido ¿deslegitima del todo su misma expresión?
A este propósito cabe estimar que no se trata de dilucidar la relevancia moral del marco de nuestras manifestaciones ni su impacto intersubjetivo, ni de delimitar la libertad de expresión en uno u otro contexto en función de ello.
No tratamos aquí de calibrar si todo debe o no poder ser expresado socialmente dentro de un convivir democrático en cualquier contexto o tiempo, con independencia de la forma específica de su comunicación.
Obviamente, se entiende que, según se ha advertido, existen ciertos límites, y que no resulta semejante un entorno mediático que otro particular o incluso íntimo respecto a la expresión moral, pues se da el efecto multiplicador y el principio de ejemplaridad-responsabilidad.
Esto, dado lo mostrado por A. Bandura, en cuanto que los humanos somos influenciables comunicativa y mediáticamente en nuestro juicio y conducta morales (Bandura, 1987).
Mas no es esto lo que evaluamos ahora.
Es evidente que los efectos o consecuencias de nuestro actuar moral han de ser moralmente atendidos.
Ahora bien, expresar juicios morales supone siempre causar ciertos efectos, por cuanto estos alteran los estados de las cosas en la medida en que humanamente afectan a los sujetos y situaciones.
Conviene a este propósito no desdeñar nunca el poder creativo del lenguaje humano, su capacidad para incidir en la configuración activa de la realidad, tal como ya advirtiera Platón.
5 Juicios morales expresos pueden transformar el mundo al influir sobre los sujetos.
Nuestras aseveraciones morales pueden fomentar el odio o el amor, destruir o construir nuestra convivencia, promover la muerte o la vida, incluso desatar reacciones en cadena al modo de otros juicios, manifestaciones y conductas en una espiral muy compleja pero real.
Debido a ello, no convienen moralmente expresiones de juicios que públicamente, por ejemplo, estén promoviendo la violencia sin causa, el terror, la crueldad, el odio, etc. Por ende, si quien emite tales expresiones, en razón de su influencia, poder, situación, autoridad o impacto, causa un influjo mayor, como sucede en el ámbito político o en el de los media, esto incrementa su responsabilidad de modo proporcional.
Pero lo que se desea abordar, en este punto, se halla en otra cuestión.
Lo que examinamos en este momento versa acerca de otro asunto; en concreto, en si los contenidos de nuestros juicios morales deben ser valorados en sí mismos, al estimar su emisión, más allá de las consecuencias o repercusiones de tal emisión externa.
Sobre esto parece que debe afirmarse la relevancia de los contenidos de semejantes expresiones.
No puede resultar indiferente el que lo que expresamos sea moralmente adecuado o no a la hora de calibrar el sentido de nuestra manifestación.
Esto, por cuanto todo juicio moral comporta una expresión valorativa, de valor 6.
Ahora bien, si esta comunicación manifiesta valor, ella misma se reviste de valor a su vez, por cuanto cobra la substancia adecuada a su propio ser.
El juicio de valor se hace valioso en la medida en que su contenido es valioso en sí, al ser certero axiológicamente, y por ende transmite valor (ya sea tal valor concreto la justicia, el respeto, la tolerancia, la generosidad, la autenticidad, la solidaridad, etc.).
Así, si manifiesto que Sócrates o Teresa de Calcuta actuaron moralmente de forma excelente por el valor de la coherencia o la solidaridad que testimoniaron, esta aseveración se encuentra cargada ella misma de valor.
Ello, por cuanto participa de la justicia y de la veracidad, además de representar un enunciado valorativo positivo implícito respecto a valores reales y estimables moralmente.
Tales valores constituyen cualidades a las que tributamos un reconocimiento, pues son propiedades que merecen verse reconocidas y que suscitan nuestra admiración moral.
Algo en parte semejante expuso D. von Hildebrand al ahondar en la diferencia específica de lo moral y del juicio ético al inicio de su célebre Ética (Hildebrand, 1983).
Además, nótese que, al juzgar moralmente, no oólo calculamos, calibramos valor moral, estimamos axiológicamente una situación, caso, acto, carácter, etc. Al tiempo, podemos llenar, como se ha subrayado, con un valor u otro nuestra estimación y su subsiguiente manifestación.
Mas a la par, al transmitir nuestro juicio, trazamos un puente que comunica valores -que nuestro juicio contiene y que ha expresado-en dirección hacia otros.
Juzgamos y comunicamos valor moral.
Pues bien, en cuanto expresamos y trasladamos auténticamente valor moral a otros, nuestro acto de comunicación se reviste él mismo de nuevo valor, se convierte en una realidad éticamente enriquecedora.
Aquel juicio moral cuyo contenido está provisto de valor supone una realidad valiosa ella misma.
Implica riqueza moral, más allá de sus ulteriores efectos tanto en nosotros mismos como en los demás.
En algún sentido, colabora de inicio y por sí a hacernos mejores.
Perfecciona al mundo, a los sujetos y a sus vínculos originariamente, pues responde a valores que fecundan las relaciones.
Coadyuva con su solo darse al bien común y luego lo hace además al verse compartido.
Ello, en tanto su contenido valioso comporta justo reconocimiento del valor, y así después coopera al progreso moral de los sujetos y de la sociedad, al colaborar a hacer participar nuestros vínculos en los valores éticos.
En definitiva, nuestro juzgar moral también está llamado a responder y a ofrecer claves éticas, pautas de orientación certeras, a ser cauce fecundo para el encuentro interpersonal y la relación creativa con los otros (López Quintás, 1993).
Por esto, los contenidos de nuestros juicios morales han de ser un elemento fundamental -aunque no el único-a la hora de estimar la pertinencia de su expresión.
Tema diverso es ya, por supuesto, cómo deba discernirse cuándo el contenido de un juicio moral expreso resulta valioso y en qué grado.
Mas no se trata en este lugar de examinar tan necesaria cuestión.
Tampoco nos corresponde ahora ocuparnos despacio de un contenido de valor muy singular y profundo, que de alguna forma se halla siempre implícito en la manifestación de nuestro juicio y aun de toda palabra humana significativa.
Solo lo mencionaremos para concluir estas reflexiones.
Se trata del valor de la propia "unicidad personal", reflejo de la de una alteridad u otredad siempre irreductibles.
Así, en nuestro decir -más allá de en lo dicho concreto-se transparenta también nuestro ser diferentes de otros, nuestra irrepetibilidad.
Ello más, si cabe, en nuestro decir moral, pues este obedece a la honda apelación que el prójimo hace a nuestra subjetividad en la forma precisa de la responsabilidad.
En síntesis, al expresarnos moralmente, nos decimos a nosotros mismos en relación a los otros, develamos nuestro rostro desnudo frente al suyo.
¿No constituye esto, más allá del rechazo al que podamos exponernos al manifestar nuestra diferencia, un éxodo, una salida en busca del otro, al que a nuestra vez llamamos a encontrarse con nuestra unicidad?
Si es así, no cabe en una sociedad libre sino combatir la frecuente descalificación manipuladora de la expresión ajena, que acude a argumentaciones ad hominem, a generalizaciones o etiquetados del otro a menudo manifiestamente inapropiados 7.
Si es así, censurar la exteriorización moral demasiado prematuramente, demasiado auto-protectoramente, puede suponer el nocivo principio de una negación del otro, del prójimo, de aquel que es siempre diferente.
Esta negación comporta la negación de la fuente misma de la ética.
Estas páginas han perseguido prevenir de alguna manera contra esta permanente amenaza que los convencionalismos y las susceptibilidades excesivamente suspicaces pueden en ocasiones propiciar.
Justo es el que las cierre cierta sugerente reflexión del primer autor que citamos en su inicio, y que constituye la inspiración de nuestras últimas consideraciones: «En el Decir el sujeto se aproxima al prójimo ex-presándose en el sentido literal del término; esto es, expulsándose de todo lugar, no morando ya más, sin pisar ningún suelo [...]
Se ha investigado qué aconseja o desaconseja la manifestación externa de un juicio moral.
A este fin se han revisado una serie de criterios.
Todos los mencionados merecen ser integrados en esta clase de decisión.
Sin embargo, ninguno de ellos parece poder decidir la cuestión del todo por separado en uno u otro sentido.
También hay que valorar los efectos de nuestro expresar ciertos juicios morales, los modos o maneras, los contextos de manifestación, etc. Ello se ha predicado en su incidencia para un convivir democrático.
Finalmente se ha advertido la importancia de los contenidos morales concretos expresados a la hora de valorar este asunto.
Según esto, ha resultado que valorar si es mejor o peor moralmente manifestar un juicio determinado implica también inseparablemente de él, pronunciarnos acerca de si sus contenidos conectan o no con los valores éticos.
Asimismo, se ha sugerido que hay que considerar si tal juicio colabora o no al bien común, si contribuye o no al enriquecimiento moral de los sujetos.
Junto a lo precedente hay que advertir que no a todo lo verdadero o lo justo le corresponde ser comunicado siempre.
Como si, al expresar nuestro justo reproche, provocamos a ciencia cierta la reacción iracunda de quien aterrorizará a inocentes.
Si es así, aunque nuestro juicio moral resulte adecuado en su discernir y contener lo valioso, cabe considerar que el acto de su transmisión acaso no constituya algo oportuno o bueno, a pesar del valor de su contenido intrínseco.
De esta manera, aunque los contenidos axiológicos o de valor judicativos resulten decisivos, no por ello son el único criterio atendible.
No cabe decidir la conveniencia de nuestras manifestaciones morales tan solo sobre su exclusiva base, si bien esta ha de ocupar un relevante papel.
Junto a los conteni-a522 dos, de una especial significación, ha de integrarse el complejo conjunto de los aspectos aquí conjugados.
Esto, en la medida de lo posible, siempre de un modo integrador, pues las interacciones mutuas de estos elementos conforman una intrincada urdimbre, clave a la hora del discernimiento.
En todo caso, censurar demasiado prematuramente la expresión del juicio moral por uno u otro motivo constituye un riesgo.
Presenta el peligro de negar a los sujetos la manifestación de lo más hondo de su propio ser.
Esto, en cuanto la expresión moral perso-nal refleja nuestra humana unicidad y alteridad, por lo que reprimirla abusivamente implica una negación del otro y de su diferencia, lo que nos aboca al cabo a la negación de la moral y del origen mismo de lo ético.
Terminamos añadiendo a lo precedente la propuesta de que estas indagaciones se vean prolongadas en otras direcciones, como la de la fundamentación de lo planteado sobre su fondo antropológico, el proyectarlas también hacia la dimensión socio-política o el anticipar su plausible evolución en el seno de las sociedades emergentes de la interconexión continua y global.
A propósito de la diversidad de líneas de interpretación ética y sus interrelaciones cf. la obra ya clásica de MacIntyre (1992).
En torno a la recepción de las máximas clásicas sobre lo justo, cf. Santo Tomás de Aquino (1990).
De nuevo subrayamos la importancia de las conexiones y especificidades de lo moral, lo ético y lo jurídico y de deslindar estos ámbitos en nuestro asunto.
A este fin, junto a la referencia inicial, reenviamos a otros textos que lo abordan.
Estos advierten la centralidad en lo jurídico de lo equitativo, en cuanto justo reparto de lo externo fundamental para el bien común: cf. Martínez Sicluna (2017) y también el clásico texto de Cotta (1993).
Cf. las fecundas meditaciones del filósofo griego a este respecto, por ejemplo, en su diálogo Crátilo (Platón, 2003).
Sobre los valores éticos, su jerarquía y alcance cf. Méndez (2015).
A menudo se lanzan sobre el otro para desprestigiarlo dialécticamente en la forma de un cierto uso estratégico del lenguaje las hoy infamantes máculas de la xenofobia, la homofobia, el machismo, el racismo, la intolerancia, lo radical o fanático.
Este texto supone la continuación que completa la cita con la que se inauguró, a modo de pórtico, nuestra investigación. |
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El libro de Julian Baggini logra algo muy difícil de alcanzar, a saber, el constituirse como un texto lo suficientemente denso desde el punto de vista filosófico como para llamar la atención del mundo académico, pero al mismo tiempo capaz de hacer surgir el interés de aquellos no versados en las humanidades.
En efecto, la sencillez del lenguaje utilizado, junto a la vinculación de teorías filosóficas con momentos concretos de la historia contemporánea (el mejor ejemplo, creo, es la conjugación que hace entre el pensamiento de David Hume y lo ocurrido en Iraq durante la administración del expresidente de Estados Unidos George Bush), hace que el texto sea llamativo para todo tipo de público.
El autor comienza su obra con un capítulo dedicado a las verdades eternas, esto es, aquellas de origen trascendente que defienden las distintas religiones.
El análisis que Baggini hace en este capítulo se encuentra centrado en la idea de que las verdades que encuentran su origen en las ciencias exactas y aquellas de carácter teológico (si es que existen, enfatiza el autor), pueden coexistir si se tiene en consideración que las primeras se encuentran en el plano de lo ordinario, de aquello que los seres humanos somos capaces de conocer, mientras que las segundas se encuentran en una dimensión extraordinaria, fuera de nuestras capacidades de comprensión como seres mundanos y limitados.
En palabras del autor:
Nadie debiese confundir la teología con la ciencia, el mito con la historia.
Si las verdades eternas existen, lo que las haría especiales es justamente que estas no son parte de lo ordinario, de lo empíricamente comprobable.
Irónicamente, aquellos que las tratan como tales disminuyen el valor de las mismas, en vez de, por ese medio, defender su fe (p.
Es decir, Baggini, sin aseverar la existencia de las mismas, critica al pensamiento cientificista que trata las verdades de origen trascendente como parte del mundo fenoménico, pero al mismo tiempo ataca a quienes, creyendo que así le dan mayor fuerza a la fe, interpretan los textos sagrados de manera literal y desechan los avances logrados por las ciencias exactas.
En palabras sencillas, en este capítulo el autor busca el justo medio entre la ciencia y la fe.
El segundo capítulo está dedicado a las verdades que encuentran su origen en las autoridades (authoritative truths).
Aquí el autor arguye que, si bien el apoyarse en personas expertas en temas en los que uno es ignorante está bien, no hay que caer en el absurdo de dejar que los otros piensen por uno.
Es decir, apoyándose en la famosa frase de Kant en su Crítica de la razón pura, defiende la idea de que hay que atreverse a pensar por uno mismo (cf. p.
31), pero al mismo tiempo reconociendo la incapacidad de los seres humanos para saberlo todo sobre todo (y, por lo tanto, la necesidad de recurrir a otros en ciertos asuntos).
La frase que mejor resume lo vertido por Baggini en este capítulo es de hecho la que lo clausura: "no pienses solo, pero piensa por ti mismo, no porque eres más sabio o inteligente que los demás, sino porque eso es lo que has de hacer en última instancia" (p.
En los capítulos 3, 4 y 5, Baggini analiza las verdades esotéricas, racionales y empíricas, respectivamente.
Sobre las primeras dice que no hay que desecharlas inmediatamente, toda vez que el pensamiento crítico exige que sean los antecedentes los que desacrediten las verdades y no el mero capricho.
Así, señala el autor, si es que se quiere aseverar que una teoría conspirativa es absurda (como, por ejemplo, que el ataque del 11 de septiembre de 2001 a Estados Unidos fue orquestado por la administración de Bush), es necesario justificar las razones que llevan a dicha conclusión (cf. pp. 37-39).
Respecto a las verdades racionales, Baggini dice que, si bien es necesaria y ha traído incontables beneficios para la humanidad, la racionalidad por sí misma no basta para explicar la totalidad de la existencia humana.
Es decir, argumenta que quienes tienen fe ciega en la razón pecan de egocentrismo, toda vez que toman como premisa la idea de que ella puede penetrar en todos los recovecos de la existencia mediante explicaciones lógicamente articuladas, aun cuando la experiencia nos enseña que la vida concreta muchas veces no responde a la lógica.
Es por eso por lo que el autor defiende la idea de que "al igual que el alcohol, cuando es excesivamente pura, la razón se transforma en indigerible y potencialmente tóxica.
La razón funciona mejor cuando se mezcla no sólo con lógica, sino que también con experiencia, evidencias, juicio, sutilidad del pensamiento y sensibilidad frente a la ambigüedad" (p.
Acerca de las verdades empíricas Baggini dice algo similar.
Arguye que, si bien es innegable que el método científico ha logrado un cierto nivel de certeza en las ciencias, no hay que olvidar que hay otros factores respecto a los cuales la propia ciencia reconoce muchas veces que ha cometido un error (y así se produce el avance en la misma), y que no todos los aspectos de la existencia son explicables empíricamente.
Los capítulos 6, 7 y 8 los dedica el autor a las verdades creativas, relativas y poderosas (powerful).
Es aquí donde encontramos la idea central del libro, a saber, que si bien la lógica de las ciencias exactas no basta para explicar la totalidad de la realidad, tampoco se ha de caer en el otro extremo: el nominalismo.
Baggini describe esta línea de pensamiento señalando que responde a la idea de que algo se puede hacer realidad por medio de la sola palabra (p.
Llevándolo a un ejemplo concreto, el nominalismo (según la descripción de Baggini) señala que basta con decir que una manzana es azul para que esta lo sea, toda vez que el lenguaje es una construcción arbitraria del ser humano para explicar el mundo.
Ahora bien, el autor, aun cuando entiende que este pensamiento haya nacido como respuesta a aquellos filósofos que aseveraban que eran poseedores de una única y absoluta verdad, critica el hecho de que el mismo clausura la alteridad.
Es decir, deja de reconocer lo otro, el mundo circundante y cotidiano, y se centra solo en el ser humano y en su pensamiento.
Hace violencia a la alteridad mediante categorías fabricadas por el ser humano y no escucha que esta también nos dice algo.
Se olvida de que los seres humanos no somos dueños del mundo, sino que formamos parte de él.
Además, es esta última idea, agrega Baggini, lo que ha llevado a las sociedades contemporáneas al mundo de la postverdad, aquel donde mi verdad es tan válida como la de otros sin importar si alguna de ellas tiene o no alguna correlación con el mundo.
El camino de salida (the way out) que propone Baggini es el siguiente:
Hay más de una manera de describir el mundo, más de una manera de asignar valor e importancia a las cosas.
Eso contradice la perspectiva simplista según la cual hay solo una verdad y, por lo tanto, una manera de describir el mundo.
Pero, ¿quién cree tal cosa?
Quizás no hay una verdad, pero hay verdades objetivas, realidad respecto a verdades relativas (p.
Dicho de otro modo, si bien hay que reconocer que la realidad es de carácter hermenéutico, y que, por lo tanto, un mismo fenómeno es susceptible de diversas interpretaciones, hay que tomar en consideración al mismo tiempo que, para que estas interpretaciones sean "verdaderas", es necesario que se compadezcan con el mundo, con la alteridad que buscan describir.
Es decir, si bien es factible y legítimo el considerar una manzana como un ente útil para alimentarme o como un ente útil para una obra de arte, resultaría ilegítimo el concebirla como un ente útil para transportar a un ser humano a cien kilómetros por hora.
La manzana no presenta la posibilidad de ser comprendida de esa manera, por lo que dicha interpretación haría violencia a la alteridad.
En definitiva, el libro de Baggini, de manera bastante sencilla, elocuente y accesible para todo tipo de público, toma la idea heideggeriana (aun cuando no lo cite) de que la verdad no es la adecuación de nuestra mente con la realidad, sino un desocultamiento de la misma por parte de los seres humanos, y la utiliza como medio para destruir los cimientos sobre los que se construye el mundo de la post-verdad.
Es decir, busca reconciliar la relatividad de la verdad con el realismo, dando como resultado una posición herme-a523 néutica bastante cercana a la de autores como Hans-Georg Gadamer (aun cuando este último, por razones obvias, desarrolla este pensamiento de manera mucho más extensa).
Si bien el académico extrañará un cierto nivel de profundidad en el texto, la falta de la misma se ve enriquecida por la capacidad del autor para explicar temas sumamente complejos de manera tal que pueden ser comprendidos por toda persona.
Diego Pérez Lasserre Universidad de San Sebastián |
Desde los inicios de la difusión masiva de las así llamadas "nuevas" tecnologías de la información y comunicación (década de los ochenta) se ha ido configurando una estrecha asociación entre estas herramientas y la juventud y, en un sentido más abarcador, con "lo juvenil".
Así casi se ha vuelto un lugar común afirmar que la juventud encarna la revolución digital; y que ésta representa lo "nuevo", el futuro, la innovación y, en gran medida, el progreso; todas ellas características atribuidas históricamente a las generaciones jóvenes y por extensión a todo aquello que se vincula con "lo joven".
Nativos digitales 1 para algunas/os, e-generación 2 para otras/os, estas denominaciones construyen a la juventud como un grupo relativamente homogéneo, o mejor dicho, homogeneizado por las TIC, provistos de destrezas inalcanzables por la mayoría de las/os adultas/os y diferenciado de éstos, a quienes, en el mejor de los casos, se los concibe como "inmigrantes digitales" 3, cuando no como un sector desactualizado de los saberes y capacidades que esta nueva realidad demanda.
La fuerza de este imaginario se constata en una variedad de discursos, desde los ficcionales y de corte "futurista", a los mediáticos, académicos y el lenguaje cotidiano.
Si las TIC son jóvenes, los jóvenes (y en algunos casos también se incluye a las jóvenes) son o debieran ser sus protagonistas principales.
Esta concepción prácticamente indiscutida, salvo por algunas voces de alarma moral, se va volcando progresivamente, aunque más lentamente de
lo que muchas/os desearían, en programas, y en menor medida, en políticas que se proponen como soluciones para lograr superar las brechas existentes respecto del acceso universal de la juventud a estas herramientas.
Las brechas entre jóvenes provenientes de distintos medios socioeconómicos, geográficos y, en mucha menor medida, las relativas a las diferencias de género, impulsan y justifican el desarrollo de un conjunto de iniciativas en América Latina, predominantemente de corte educativo, tanto a nivel formal como no formal, cuya meta primordial, en la mayoría de los casos, se concentra en proveer acceso a las/os jóvenes "desenchufadas/os" 4 a los equipos y aplicaciones tecnológicas y en fomentar las capacidades básicas para su uso.
Importantes inversiones económicas y de recursos humanos y sociales se vuelcan para estos fines, aunque sin contar con evaluaciones suficientes y fiables sobre sus resultados, ni sobre lo que en nuestra opinión es especialmente interesante para desentrañar las lógicas sociales que les dan sentido y orientación.
Nos referimos a las representaciones y significaciones que fundamentan estas iniciativas y los procesos de subjetivación, generación de lazos sociales, producciones culturales, y redes comunicativas que a partir de éstas se despliegan.
¿Qué significados, valores e incidencia transformadora en la vida de la juventud le adjudican a las TIC educadores y líderes sociales?
¿Cómo representan a las y los jóvenes quienes diseñan estas propuestas de integración en los nuevos escenarios tecnoculturales?
¿Cómo se imaginan sus vidas, saberes previos, intereses, deseos y placeres en el uso de la tecnología?
¿Qué tipo de sujetos esperan que "salgan o egresen" de estos programas formativos?
Y finalmente, ¿cómo se expresan, en estas prácticas, las diferencias y desigualdades de género?
Estos interrogantes dieron impulso a la investigación 5 que presentaremos en este trabajo.
En este artículo hemos optado por un recorrido que replica, obviamente de manera más abreviada, el trayecto conceptual y metodológico que siguió este estudio: una revisión de las interpretaciones y representaciones imaginarias que dan sentido y significación social a las TIC, a la juventud y la vinculación entre ambas, poniendo foco posteriormente en algunas problemáticas centrales de las mujeres jóvenes en América Latina, para luego comentar las características de la investigación y sus principales hallazgos y aplicaciones prácticas.
Las TIC: mucho más que herramientas
Como todo proceso de profunda transformación social, la expansión global de las TIC es un fenómeno complejo y polifacético en el que coexiste la posibilidad de reproducción de un orden económico, político, cultural y de género marcado por la desigualdad como también por la manifestación de procesos de resistencia, de resignificación y de apropiación de estos bienes por parte de sujetos y grupos sociales que pugnan por democratizar y asegurar la inclusión y la diversidad de este nuevo entorno sociocomunicativo.
La columna vertebral de estas nuevas tecnologías es Internet 6.
Su impresionante diseminación global lleva consigo la puesta en juego de diversos intereses, preocupaciones y demandas de intervenciones de muchos sectores de las sociedades.
De ahí que la democratización de la Red, su regulación, cuestiones relativas a la propiedad intelectual, su rol económico, político, ideológico, educativo y socializador y los problemas vinculados a la privacidad y los impactos que tienen en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, se han ido convirtiendo en issues apremiantes de políticas y acción pública que interpelan a los gobiernos, los organismos de cooperación, el sector privado, el académico y las organizaciones de la sociedad civil 7.
Por ello es previsible que estas tecnologías despierten debates intensos, y polarizados en muchos casos, movilizados más por la pasión que por las evidencias.
En general, se contraponen posiciones esquemáticas o unidimensionales, que usando una lógica binaria y dicotómica estructuran a las TIC alrededor de un universo de características polares.
Entonces ¿Qué significaciones se le atribuyen a las TIC?
Desde las visiones más optimistas...
Constituyen un nuevo dínamo que permitirá concretar un salto civilizatorio definitivo del atraso a la modernidad, de la pobreza hacia el desarrollo global y el desempeño de trabajos inteligentes por el acceso a información estratégica y la generación de nuevas destrezas simbólicas.
Esta perspectiva relaciona estas tecnologías con nuevas y mejores oportunidades de participación política y gobernabilidad y las presenta como una autopista en la que todos/as debemos ingresar a la mayor velocidad posible para no quedar, en poco tiempo más, excluidos y prácticamente desaparecidos del planeta.
Desde ópticas pesimistas y apocalípticas...... auguran un inevitable futuro de deshumanización, de pérdida de valores fundamentales, de nuevas formas de dominación, de hegemonía cultural, vigilancia y reproducción de los sectores tradicionales de poder económico y político.
Lo común en ambos argumentos...... es el reconocimiento de que las tecnologías de información no son meros recursos o instrumentos que se insertan en un orden socioeconómico y cultural preexistente sino que lo subvierten, aunque de maneras altamente complejas y todavía poco exploradas.
En definitiva, no son neutras -ni en el plano de las significaciones y valores culturales, ni en el del poder 11 -.
Ello nos coloca ante el desafío que nos propone Armand Mattelart 12, "el enfrentamiento no es (o, en nuestros términos, no debería ser) entre tecnófilos y tecnófobos, sino entre mesianismo tecnoglobal y la apropiación de las técnicas en cada sociedad".
Los conceptos de red (red electrónica, red interactiva, red digital, etc.), de globalización, planetarización y sociedad en red, entre otros, intentan dar sentido a un cambio de época cargado de incertidumbres, expectativas, promesas y amenazas.
Diversos pensadores contemporáneos (entre ellos
Subyace en estas posturas la idea de que los avances tecnológicos son impulsores de una transformación radical de todas las dimensiones de la vida social -se habla incluso de una "revolución digital"-y consecuentemente, aquellos aspectos o realidades que aparentemente no estarían sumándose a ese cambio, se explican o juzgan en términos de resistencia o minusvalía que debiera ser subsanada.
Pero también es frecuente que en muchas de las concepciones en vigor se omita o no se profundice lo suficiente en las multifacéticas interrelaciones entre tecnología, economía, sociedad y cultura.
Sólo en los últimos tiempos comienzan a identificarse estudios que toman en cuenta los impactos sociales, económicos e incluso culturales y subjetivos de las tecnologías.
No obstante, es notable que el foco esté puesto en los impactos como si fueran consecuencias en el plano social o cultural, "posteriores" a desarrollos científicos y tecnológicos "neutros o neutrales" y resultados del despliegue inagotable del espíritu científico humano.
De este modo, se invisibiliza que la misma creación tecnológica está íntimamente vinculada a relaciones de poder y decisiones políticas relativas a los intercambios económicos globales de cada fase histórica, las formas de producción y de trabajo, los modos de creación y transmisión de la información y el conocimiento y su aplicación a cuestiones diversas, que van desde la producción y distribución de bienes y servicios, al control, la vigilancia y la guerra; todo ello en el marco de pugnas por la hegemonía entre distintos sectores sociales.
Otra noción que abona este imaginario tecnológico es la de "progreso tecnológico", según la cual a lo largo de la historia se suceden invenciones de artefactos cada vez más perfectos que pueden ser beneficiosos o peligrosos pero imposibles de obviar y, para muchos, de desaprovechar.
Estas concepciones van fundamentando un "imperativo tecnológico", es decir un "estado en el cual la sociedad se somete humildemente a cada nueva exigencia de la tecnología y utiliza sin cuestionar todo nuevo producto, sea portador o no de una mejora real" 16-17 Aunque esta idea está muy extendida y tiene gran influencia en la formación de la opinión pública actual, hay corrientes críticas que alientan un cuestionamiento de su sesgo reduccionista, positivista y ahistórico para abrir un camino de comprensión de las tramas complejas que se entrecruzan entre la tecnología con la economía, la cultura y la política.
Entre las voces más críticas encontramos la de Apple (1996) 18, para quien "la nueva tecnología no es únicamente un montaje de máquinas y su software.
Lleva consigo una forma de pensar técnica que orienta a la persona [específicamente al usuario] a enfocar el mundo de una manera particular y que sustituye la comprensión política, ética y crítica" 19.
También Castells y Hall (2001) 20 afirman enfáticamente que los procesos tecnológicos deberían pensarse a partir de marcos interpretativos que tomen en cuenta la aplicación de la innovación tecnológica en las prácticas sociales y en la nueva división social del trabajo 21.
Su concepto de "tecnópolis" remite a la conformación de una economía global y, especialmente, a la aparición de una nueva forma de producción y gestión económica en la cual las TIC constituyen la base material para la integración de los procesos económicos en el ámbito mundial, al tiempo que proporcionan la necesaria flexibilidad para el desarrollo eficaz de tales procesos 22.
En suma, es indudable es que la expansión global de las TIC imprime una nueva dinámica y sustancia a las construcciones socioculturales y topográficas, transforma radicalmente las nociones de tiempo y espacio y asigna un valor superlativo a la información y el conocimiento, o al menos, a ciertas formas de conocimiento que se legitiman por estos mismos soportes tecnológicos.
La red digital permite la integración de otros modos de tratamiento de la información y de comunicación: la formación de un supertexto y un metalenguaje que, por primera vez en la historia, integran en el mismo sistema las modalidades escrita, oral y audiovisual de la comunicación humana.
Las concepciones acerca del tiempo como "tiempo-reloj" son interpeladas por la noción de red digital.
"El tiempo lineal, irreversible, medible y predecible se está haciendo pedazos en la sociedad red" 23.
La vivencia de habitar un presente simultáneo y atemporal y el vértigo de los flujos comunicacionales y financieros generan efectos todavía no explorados aunque sí celebrados y últimamente también padecidos por muchas/os de sus usuarias/os.
¿Cómo dimensionar la magnitud de este cambio en nuestra forma vivir, conectarnos, sentir y hacer?
Al respecto Jesús Martín-Barbero afirma que la "tecnología remite hoy no a unos aparatos sino a nuevos modos de percepción" 24 y, agregaríamos, de validación de lo que consideramos real, normal, útil, atractivo, deseable, seguro, peligroso, entre otros muchos aspectos de nuestra experiencia de vida.
Todo lo antedicho deja en evidencia que "estamos ante un nuevo espacio social, y no simplemente ante un medio de información y comunicación" 25.
O, en otra clave, ante un "espacio de conversación y acuerdo intersubjetivo" 26 que está creando nuevos entornos sociales y prácticas culturales y políticas.
Se piensa también que el sentimiento de identidad como una entidad estable y diferenciada se transforma de manera sustancial; como señala Sherly Turkle (1997) "Internet se ha convertido en un significativo laboratorio social para la experimentación con las construcciones y reconstrucciones del Yo que caracterizan la vida posmoderna.
En su realidad virtual nos autocreamos" 27.
Si bien esta afirmación es muy provocativa y sugerente habría que agregar que estas tecnologías se inscriben dentro de las biografías sociohistóricas de las personas y grupos e interactúan de maneras complejas con sus estilos de vida y el capital social cultural y simbólico del que dispone cada colectivo social.
En otros términos, estamos recordando que el uso de las TIC no se inserta en sujetos que funcionan como receptáculos vacíos, sin historias ni contextos, sino que se entrelazan con ellas y las modifican, al tiempo que son o pueden ser resignificadas en virtud de las necesidades, posibilidades y creatividad de las personas.
A esta altura diremos con Cabrera que si bien "las técnicas pueden nacer de la invención solitaria o grupal -en una gran empresa o en el mítico garage solitario-no pueden ser producidas, apropiadas, usadas ni circular sino es por su invención social (...)" 28.
ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 917-934 ISSN: De ahí la importancia de develar las significaciones imaginarias que las instituyen como una o la realidad del presente, significaciones que operan tanto en el plano simbólico como de la acción práctica.
Este camino de exploración está en la base del estudio que iremos presentando.
subjetividades y modos de vivir en la nueva realidad virtual "la juventud se revela claramente como una construcción histórico social: en el doble sentido de realidad y de concepto".
La historia de los estudios de juventud ofrece un campo de análisis sumamente interesante para detectar qué facetas de la vida de las mujeres y los varones jóvenes se iluminan y cuáles son invisibles o inexistentes en el plano académico, pero también por extensión en la percepción social.
En igual sentido nos permiten reconocer cuáles son los supuestos no cuestionados sobre el lugar social "normal" asignado a cada género y a cada subgrupo de género de acuerdo a su clase, etnia, orientación sexual, etc.
En suma, participa de la construcción de un imaginario desde el cual se registran e interpretan sus conductas y se evalúa su ajuste o desajuste respecto de los parámetros de normalidad; se identifica a ciertos grupos de jóvenes como necesitadas/os de "vigilancia" y a otras/os como de "protección" y/o cuidado; y, en consecuencia, se las/os disciplina diferencialmente a través de un conjunto de dispositivos sociales (el judicial mucho más centrado en varones y el de salud en las mujeres).
De hecho la investigación social sobre juventud, frecuentemente realizada desde una mirada adulta "voyeurista e investida de autoridad magisterial", tiene algo en común con los acercamientos a grupos marginados del poder: tienden a construirlos como un "otro", a veces radicalmente diferente e incomprensible; otras, peligroso y/o vulnerable y, por ello, necesitado de control 30.
Si bien la edad y el sexo han sido utilizados históricamente como base de las clasificaciones sociales, la noción de juventud en la sociedad contemporánea se resiste a ser comprendida partiendo únicamente de una categoría etérea.
Se trata de una condición de referencia identitaria, históricamente construida, cuyas particularidades dependen de diversos condicionantes; la proveniencia socioeconómica, el género, la etnia, la orientación sexual, la historia familiar, barrial, escolar, laboral, etc.
En todas las clases sociales hay jóvenes y, aunque parezca obvio decirlo, en los sectores populares y marginalizados también.
Lo que sucede es que sus códigos culturales, apariencias y comportamientos suelen ignorarse o devaluarse porque no coinciden con los modelos de juventud "normal" y menos aún con la "dorada", tal como aparece en las publicidades: los poseedores de cuerpos delgados, blancos, rubios, siempre exitosos en la vida, seguros de sí mismos y a quienes espera un futuro promisorio.
Como dice el sociólogo argentino Mario Margulis 31, no existe una única juventud 32.
Al interior de este colectivo existe una diversidad de culturas o tribus que son móviles, se congregan a partir de estilos de vida, prácticas, sensibilidades, éticas y estéticas.
Para ir completando este panorama veamos ahora algunos datos sociales que nos hablan de las condiciones de vida de la juventud en América Latina para luego pasar a ver con más detalle la situación de las mujeres jóvenes.
Ser joven en América Latina
Desde mediados de la década de los ochenta y durante los noventa, crece la producción de conocimientos sobre juventud en esta región.
En la mayoría de los casos los trabajos se ocuparon de la exclusión social que enfrentaban numerosos contingentes de jóvenes latinoamericanos y por tanto de la urgente necesidad de realizar políticas que redujeran el riesgo de esta condición 33.
Aunque obviamente existen importantísimas diferencias internas, si enfocamos en conjunto a la juventud latinoamericana vemos que sus condiciones de vida se asientan en una combinación explosiva: "triplican y hasta quintuplican el desempleo promedio de sus padres, pero a la vez tienen, en promedio, tres o cuatro años más de educación formal que ellos" 34.
Uno de los fenómenos más inquietantes es la desarticulación entre educación formal y trayectorias laborales posteriores.
Ello afecta de manera significativa sus vidas presentes y su posibilidad de construir un proyecto a futuro.
Con pocas perspectivas de empleo estable y/o utopías creíbles en el plano político, tienden a vivir en un presente continuo y, al mismo tiempo, reciben mensajes de las/os adultas/os y de las instituciones que, como la escuela o incluso los medios de comunicación, las/os convocan a "prepararse para competir", "tener éxito" o "crear un futuro mejor" 35.
La voluntad de experimentación y de gozar el momento, de jugar por un tiempo al ensayo y error y de vivir radicalmente la experiencia presente es característica de la experiencia juvenil desde hace décadas.
Pero en las actuales condiciones estas experiencias se potencian y se tensan en el marco de una sociedad que, desde la publicidad y el crédito de consumo, alientan a comprar hoy y pagar después (invirtiendo la clásica secuencia de ahorro-disfrute), fomentando una ética hedonista y de satisfacción inmediata, mientras que en paralelo demuestra una competitividad cada vez más cruda en la economía y el trabajo que impone más contención, más capacitación y más disciplina.
Conectemos ahora estas caracterizaciones con algunos datos que surgen de un estudio realizado por la OIT 36:
-La tasa de desempleo juvenil en América Latina alcanza al 17 % de la fuerza laboral, casi el triple que en los adultos. -22 millones de jóvenes no estudian ni trabajan y más de 30 millones lo hacen en la informalidad o bajo condiciones precarias. -El 81 % de estos 22 millones de jóvenes viven en las ciudades, 72 % son mujeres. -Los varones son mayoría en el grupo de quienes sólo trabajan y entre los que estudian y trabajan.
Las mujeres, por su parte, tienen más presencia en el grupo de quienes sólo estudian y entre quienes no estudian ni trabajan. -Dentro de las mujeres que trabajan, la mayoría se desempeña como trabajadoras domésticas, la ocupación más común entre las mujeres jóvenes latinoamericanas.
¿Qué aspectos de las condiciones de vida y oportunidades de las y los jóvenes se han modificado en la última década?
El diagrama que figura a continuación presenta, a través de una serie de tensiones, los cambios positivos y negativos y remarca cuales de ellos afectan más a las mujeres jóvenes:
Invisibles, desvalidas o ciudadanas: las mujeres en el colectivo juventud
El reconocimiento académico de las mujeres como grupo particular dentro del conjunto social llamado juventud, es un fenómeno relativamente nuevo.
Invisibles durante siglos detrás de un discurso universalizante de las problemáticas de ciertos varones jóvenes (blancos, de clase media, heterosexuales) -o recortadas como grupo vulnerable o en riesgo debido a las consecuencias consideradas "indeseables" del inicio de la actividad sexual en esta etapa de la vida-, han comenzado a perfilarse recién en los ochenta como un colectivo social sujeto a complejos e inéditos procesos de construcción de identidad -tanto juvenil como de género-dentro de un contexto de bruscas e inciertas transformaciones en el orden económico, social y cultural que ponen en riesgo derechos y condiciones de vida que parecían aseguradas para las nuevas generaciones de mujeres.
En cierto modo, las jóvenes de hoy parecen constituir la primera generación, dentro de un largo camino de progresiva emancipación de las mujeres, que, junto con disfrutar de las conquistas obtenidas -en el plano legal, educativo y, especialmente, cultural-, deben enfrentar grandes tensiones y restricciones debido a las secuelas de pobreza, desempleo e incertidumbre sobre el futuro y la persistencia de viejas y nuevas formas de sexismo y violencia tanto física como simbólica 37.
Por supuesto, esta pintura no abarca todo el conjunto de mujeres, pero resalta problemáticas que las ponen en riesgo de vivir situaciones de vulnerabilidad, doble exclusión (etárea y de género) y/o de reclusión en el hogar o en la comunidad local, y resignación a ocupar posiciones y aceptar puestos laborales subordinados y discriminatorios para lograr subsistir.
Ciudadanos/as de la tecnocultura: ¿Una realidad o una aspiración a lograr?
¿Cómo acceden, usan y se apropian las y los jóvenes de las TIC?
¿De qué modos viven y experimentan un entorno en el que la permanente espectacularización combina -como nunca antes en la historia-mediatización con interconectividad, información con entretenimiento, ubicuidad de datos con fragmentación cultural?
Estos interrogantes configuran un desafío y una interpelación, especialmente para quienes trabajan en el campo de la educación y el trabajo social con grupos juveniles.
Según Sergio Balardini ( 2004), las nuevas generaciones representan el nuevo homo videns, cuyas nociones de tiempo y espacio difieren radicalmente de la cultura de los viejos sapiens, de la palabra y el texto escrito.
Flamantes videoformados/as establecen una vinculación con las TIC que va mucho más allá de manipular determinados instrumentos tecnológicos, "hay un poder subjetivador profundo en esta relación y sus nuevos lenguajes que arroja como resultado la producción de nuevos sujetos y subjetividades, en la que no se trata de la dimensión del poseer, sino del ser" 38.
Ahora bien, aunque el consumo de tecnología digital sea un hecho cotidiano para los y las jóvenes, es obvio que sus posibilidades de acceso y sobre todo sus oportunidades y capacidades de apropiación son muy disímiles según el sector social, capital cultural y el género.
Respecto de este último condicionante hay que decir que el interés por la relación entre género y las TIC (o Sociedad de la Información) no existió desde el comienzo de la investigación en este campo.
Según Susan Herring 39 este "olvido" se debe a un clima generalizado de optimismo que inicialmente se atribuía a las TIC.
Predominaba una visión utópica sobre el surgimiento de un espacio experimental y liberador de las desigualdades de género, debido a la "desaparición" del cuerpo físico en la red y la imposibilidad de clasificar y valorar a las personas por su apariencia.
Por ello, algunos grupos feministas veían en Internet la posibilidad de una comunicación más igualitaria entre varones y mujeres que superara los estereotipos tradicionales.
Trabajos empíricos realizados posteriormente demostraron que las jerarquías de género siguen reproduciéndose en el ciberespacio e incluso pueden extremarse como lo demuestra, entre otros aspectos, la existencia de mensajes sexistas, violentos y violatorios de derechos elementales o la baja participación de las mujeres en las carreras de informática y en los puestos calificados de esa rama productiva.
Por cierto, la dinámica vertiginosa de este campo también nos muestra incursiones creativas por parte de las jóvenes, quienes desde sitios, blogs, wikis, fotoblogs, Web2.0 y otros espacios creados a través de software, libre expresan, en diversos formatos, una gama amplísima de intereses, propuestas, y sobre todo recrean las potencialidades comunicativas y de organización que tiene la red.
Aunque los datos más recientes demuestran que la brecha en el acceso a las TIC se está nivelando, incluso en países en desarrollo como Cuba y Panamá las mujeres superan a los varones 40, sigue preocupando que algunas permanezcan marginadas y que la mayoría quede segregada en determinados roles y usos o que se relacionen con éstas desde posiciones subalternas (especialmente como consumidoras).
También preocupa que no se cuestionen las representaciones dominantes de género en los contenidos y usos de las TIC y que no se logre integrar sus necesidades, sensibilidades, perspectivas y prioridades específicas en estos ámbitos.
En definitiva, que no cuenten con las condiciones institucionales, culturales, sociales y económicas que les permitan beneficiarse de las ventajas y potencialidades de las TIC para su desarrollo personal y comunitario, así como para formular sus propios aportes innovadores 41.
Lo dicho nos plantea la necesidad de superar el dilema incluidas/os o excluidas/os en el cual todavía se sustentan la mayoría de las iniciativas dirigidas a jóvenes, para abordar responsablemente las diferentes oportunidades y recursos con los que cuentan los distintos grupos sociales, en este caso juveniles, para apropiarse creativamente de las mismas y usarlas estratégicamente en beneficio de su desarrollo personal, y de esfuerzos colectivos que den cauce a sus propuestas sociales y culturales.
Sin negar que la pobreza es un factor condicionante para el acceso a estas tecnologías los datos demuestran que, por caminos novedosos a veces inesperados las y los jóvenes latinoamericanas/os están entrando a ritmo rápido en estos entornos 42.
Allí se encuentran con un volumen inmenso de información de todo tipo, una amplia gama de representaciones y valores culturales y estilos de vida; y, fundamentalmente, con estímulos para el consumo de bienes, la creación de emblemas de identidad y el acceso a nuevos espacios de sociabilidad que traspasan las fronteras locales y nacionales.
Todas estas posibilidades, contienen aspectos muy promisorios, pero es cierto que se despliegan dentro de un contexto socioeconómico marcado por una impactante desigualdad tanto en recursos materiales como también simbólico culturales, y un muy débil ejercicio de la ciudadanía.
Ello plantea numerosos interrogantes y retos sobre como generar las condiciones que favorezcan su acceso a estas tecnologías, estimule a la juventud a interpelarlas en tanto dispositivos sociales fundantes de este nuevo orden global, y los anime a aprovechar esta oportunidad para imaginar que parafraseando el famoso lema del Foro Social Mundial 43: "otra sociedad de la información es posible".
La investigación a la que hacemos referencia se focalizó en el análisis de programas de alfabetización digital con jóvenes, en su mayoría provenientes de sectores sociales con bajos recursos, que se realizan en cuatro países de América Latina.
Nuestra intención fundamental fue detectar y analizar las representaciones y significaciones sociales sobre las TIC, la juventud y la equidad de género que portaban los y las responsables de la ejecución de dichos programas, compararlos con los de los y las jóvenes participantes y visualizar cómo estas representaciones operaban en la planificación, realización y evaluación de estas propuestas educativas.
Por último, nuestro interés fue utilizar los resultados del estudio para diseñar un programa virtual y multimedia de formación de formadores que trabajan con jóvenes y /en TIC en el que se articulen conocimientos sobre los tres campos analizados y se estimule la creación y puesta en práctica de nuevos diseños y objetivos pedagógicos enhebrados en torno al reconocimiento y valorización de la equidad de género, el ejercicio de la ciudadanía digital o cultural y la vinculación de las tecnologías con el desarrollo humano y la innovación.
El estudio abarco distintas etapas interrelacionadas entre sí.
Se inició con la elaboración de una base de datos on line 45 sobre proyectos y programas sobre jóvenes y TIC en América Latina.
Luego se realizó un estudio en profundidad (a través de entrevistas a líderes de proyectos y grupos focales con las y los jóvenes participantes de 12 programas).
Por último se diseñó e implementó un programa de formación de formadores 46 compuesto por:
• El CD ROM Multimedia "Creador de la Sociedad del Conocimiento".
• El Curso Virtual "Género en Acción.
Proyectos con jóvenes y TIC.
Fundamentos y Estrategias para la Sociedad del Conocimiento".
¿Cómo caracterizan las y los líderes de los proyectos 47 a las TIC y a los grupos juveniles con quienes trabajan?
¿Qué papel le atribuyen en el desarrollo o participación social de la juventud?
La información relevada se sistematiza en la siguiente tipología de programas: En las tres categorías se verifica un sobredimensionamiento de los beneficios que aportan las TIC a las/os jóvenes; aunque en su mayoría éstos tienen notables carencias educativas y de capital cultural.
Indudablemente existen importantes diferencias entre los tres grupos respecto de las concepciones que sostienen los programas y por tanto sus fines y prácticas concretas.
Como se desprende de lo antedicho el imaginario acerca de la juventud que participa en estas iniciativas y que, como dijimos, en muchos casos provienen de sectores desfavorecidos, oscila entre concebirlas/os como sujetos de derecho, capaces de gestar activamente proyectos futuros (esto sucede en una minoría de proyectos) y, en el otro extremo, como sujetos de necesidad, es decir personas vulnerables y por tanto, pasivas/os receptores de información seleccionada e impartida por sus educadores.
Es muy interesante contraponer esta tipología construida desde la perspectiva de las/os coordinadoras/es con la mirada de las y los jóvenes.
Ampliar sus redes de interacción y comunicación.
Pertenecer a un grupo juvenil.
Aumentar sus oportunidades laborales, económicas y de autonomía.
Las tecnologías no son una ventana de
oportunidades; son una puerta, la gente está dispuesta a sacrificarse y dar lo que tiene que dar para tener una puerta abierta que le cambiará la vida.
Certificación a bajo costo
Adquirir conocimientos y desarrollar capacidades básicas a través de una capacitación de corta duración y que insume pocos recursos.
Ser parte de un proceso social global que augura un futuro posible y deseable.
Percepciones y actitudes de las y los jóvenes sobre la desigualdad y discriminación de género tanto en general como en el uso de las TIC Se distribuyen entre quienes no reconocen su existencia y consecuencias (la mayoría) y quienes sí lo advierten.
En este último grupo encontramos dos posturas: los que estiman que responde a una suerte de "orden natural" (ya sea por razones biológicas o sociales de carácter funcional) y quienes cuestionan esta situación; pero hay que decir que sólo una minoría expresa un posición claramente crítica.
En general, la desigualdad de género no es una cuestión que preocupa a esas/os jóvenes y menos aún que las/os motiva a involucrarse en su transformación.
Las representaciones de género en relación al uso de las TIC son más complejas de lo previsible.
Tanto varones como mujeres aceptan que ambos géneros disponen de capacidades para un manejo básico de estas herramientas.
En otras palabras, no encontramos ninguna afirmación explícita que justifique estereotipos discriminatorios hacia las mujeres de este campo.
Sin embargo, las habilidades de los varones se valoran de manera especial; se las consideran prácticamente innatas y/o atributos prototípicos de su género que les permitirían un manejo sin dificultades de la tecnología.
Al respecto algunos opinan que ellos son "más vagos y exhibicionistas que las mujeres", pero "superinteligentes y habilidosos".
Por el contrario, si bien se valoriza a las chicas que se destacan en este terreno, no dejan de considerarse casos excepcionales o son objeto de desvalorización paradójica.
En general, y especialmente los varones, afirman que las chicas hábiles en este terreno cumplen con el modelo de la "buena alumna": son responsables y pacientes pero inseguras y desbordadas, histéricas cuando aparecen problemas informáticos de mayor complejidad y, en particular, poco hábiles para el manejo del hardware.
Una característica significativa que apareció en algunos grupos, es la forma en que construyen la imagen valorada de las mujeres con capacidades tecnológicas.
Estas jóvenes se apartan del estereotipo femenino tradicional en dos sentidos convergentes: por un lado porque se destacan en un campo masculino y por otro porque no se corresponden con la imagen femenina interesada en su apariencia física y en la conquista sexual.
No es que definan a las jóvenes destacadas en el uso de TIC como feas o "masculinas", pero sí poco o nada interesadas por el cuidado de su aspecto físico o del coqueteo, la seducción.
Visto desde el ángulo opuesto: de las chicas que muestran actitudes y conductas tradicionalmente "femeninas" no se espera que tengan interés o capacidad para dedicarse con éxito a la tecnología, en opinión de algunos varones.
Sólo un grupo pequeño expresó una imagen que podríamos llamar positiva de las chicas dedicadas a la informática: las describen como inteligentes, seguras, ordenadas, dedicadas y satisfechas con sus logros.
En cuanto a los varones habilidosos algunas/os lo asocian con el estereotipo del "nerd".
Ello si bien, a primera vista, puede parecer negativo, incluye un componente de creatividad y transgresión y de cierta diversión en el manejo de estas herramientas que no se atribuye a las mujeres.
¿Qué piensan las y los jóvenes sobre los intereses y modalidades de uso de las TICS por parte de ambos géneros?
• Les atrae el uso de las TIC para las relaciones interpersonales y sociales.
También les importa informarse y tratar cuestiones políticas y artísticas y la realización de actividades que puedan proveerles beneficios personales y a sus familias.
• Son más equilibradas en el manejo del tiempo dedicado al uso de las TIC, pero curiosamente ello no se valora claramente, sino que se atribuye a una limitación, el que tengan que ocuparse de las tareas domésticas, como una responsabilidad natural de su género. ("tienen que hacer más cosas que el hombre y no pueden dedicarse todo el tiempo a eso")
• Pueden ser más lentas o tener más dificultades al principio, pero cuando adquieren experiencia en el uso de las tecnologías suelen ser más rigurosas y capaces que los varones, en opinión de algunos.
• Mayoritariamente se interesan por los videojuegos en los que "ponen más la pasión, la adrenalina, la cosa de ser rápidos".
Volvemos a remarcar acá que las representaciones y relaciones de género que se juegan explícita e implícitamente en estos programas no son tomadas en cuenta como objeto de análisis, de exploración y de crítica durante su desarrollo.
Es cierto que en algunos programas se incorporan actividades que aluden a cuestiones de derechos de la mujer o de género inclusive sobre masculinidad, embarazo adolescente, etc., pero lo interesante es que no se las vincula con las formas concretas en que las desigualdades de género se ponen en acto en los cursos; por ejemplo en la interacción grupal o en las opiniones de chicas y chicos sobre los sesgos de género de las tecnologías y los contenidos.
Se organizan como actividades o talleres paralelos o complementarios a la alfabetización digital.
En nombre del género...
Como vimos en nuestro estudio (y en mucha de la literatura consultada) en los últimos años muchos proyectos dirigidos a la juventud tanto en un sentido general como aquellos relativos a su relación con las TIC afirman que "utilizan el enfoque o la perspectiva de género".
¿Qué significa esta aseveración?
En verdad esta frase incluye muy diversas acepciones y por cierto una amplísima gama de objetivos o intenciones tanto explícitas como supuestas.
Sin embargo, en la mayoría de los casos y los programas que hemos analizado, no son una excepción, no se define qué se quiere decir con esta afirmación.
Pareciera que se la usa a la manera de un cliché que da a entender que el proyecto se ocupará de las mujeres (y casi nunca de los varones en su condición genérica) sin especificar por qué y menos aún para qué y cómo 48.
En los programas analizados en este estudio que afirman utilizar el "famoso enfoque" o "perspectiva de género" las metas e indicadores concretos que destacan son:
• Presencia de mujeres entre los/as destinatarios/as del proyecto. • Igual número de varones y mujeres entre los/as participantes (en general entre el grupo meta y, con menos frecuencia, también en el equipo a cargo). • Presencia de un/a especialista en género en el staff.
• Tratamiento de las relaciones de equidad entre varones y mujeres como problema de derechos humanos y de ciudadanía (este enfoque se registró concretamente sólo en dos programas).
Como vemos, en nombre del género y/o de la integración del enfoque de género se planifican y en algunos casos se realizan acciones elementales, con un muy bajo poder transformador de las desigualdades existentes.
¿Actuaciones que pretenden ser políticamente correctas?
¿Opciones que responden a las demandas explícitas o supuestas de los organismos de financiamiento?
Cualquiera sea el caso, se desprende a modo de conclusión la necesidad de elaborar planteamientos y procesos formativos novedosos, problematizadores, que echen luz sobre los conflictos y las resistencias que necesariamente se activan al integrar una concepción que subvierte supuestos y prácticas patriarcales de viejo y nuevo cuño, y que abra canales cognitivos y afectivos para una apropiación sentida de lo que este enfoque implica en el plano subjetivo, de la vida cotidiana y de las experiencias profesionales.
Esta intención animó la realización del programa de formación virtual 49 que forma parte de la fase de aplicación del estudio que venimos presentando.
¿Para qué les sirve a los jóvenes el acceso y uso de las TIC?: Visiones contrapuestas El cuadro que figura a continuación muestra como significan y valoran el acceso y uso de las TIC las/os adultas/os integrantes de los equipos de programas y los grupos juveniles que participan en ellos.
• Están más absorbidos por la máquina, llegan a comportarse "como un vegetal", concurren con mayor frecuencia a los cyber y son habilidosos en el manejo del hardware.
• "A los chicos les gusta descomponer cosas.
Mirar adentro, a ellas no les gusta ensuciarse las manos."
"Ellas les temen a las descargas eléctricas".
Alta valoración de la alfabetización informática y en especial del uso de los programas del entorno Microsoft Office.
Predomina el interés por Internet.
Creencia en que el uso de TIC contribuye de manera importante a evitar la exclusión social y económica.
Uso de las TIC incrementa sus posibilidades de interacción y comunicación -tanto presencial como virtual-con sus pares.
Importancia de las certificaciones que ofrecen los programas para mejorar sus oportunidades sociales y económicas.
Favorecen la construcción y pertenencia a culturas juveniles.
Son espacios de contención, pertenencia y socialización que no ofrecen otras instituciones como la escuela y la comunidad.
Se las emplea fundamentalmente para: entretenimiento, mejorar la presentación de tareas escolares, búsqueda de información y ampliación de las posibilidades laborales.
Disminuyen el riesgo social ("los sacan de la calle").
No adjudican a las TIC un valor decisivo para incrementar su capital social y cultural y en su mayoría no creen que sean indispensables para obtener puestos de trabajo más calificados, sobre todo en contextos de alto desempleo y en grupos con limitados recursos educativos y sociales.
Amplían las redes de contactos y comunicación.
Promueven habilidades de planificación y gestión motivándolos a incursionar en actividades emprendedoras.
Evitan o mitigan la migración de sus comunidades de origen.
¿Son las y los jóvenes con los que hemos dialogado más realistas que las/os adultas/os, o son más conformistas y más presionados por la cultura del consumo y la inmediatez?
¿Buscan y encuentran en este nuevo escenario social sostenido en las tecnologías de información y comunicación las afiliaciones y emblemas de identidad que las instituciones tradicionales han dejado de proveerles?
¿Son el nuevo contingente de consumidores de un mercado que de alguna forma se ofrece como más democrático?
¿Llegan a percibir las diferencias y desigualdades sociales, de género y étnicas dentro de un entorno virtual donde se desvanecen los signos corpóreos y se cree posible transmutar las identidades?
¿Son estas/os adultas/as herederas/os apasionadas/os y/o acríticos de la tradición civilizatoria y normalizadora de las incontables generaciones de educadores de la modernidad?
¿Reconocen las profundas transformaciones que estas tecnologías imprimen a las relaciones de saber poder entre el mundo adulto y juvenil?
¿En su opción por estos programas, están tratando de permanecer ellas/os mismas/ os incluidas/os (y de alguna manera valorizados) en los nuevos nichos educativos que la expansión de las TIC les está facilitando?
¿Apuestan a un camino intermedio entre el idealismo y el pragmatismo en el que, por lo menos, algunas/os hagan algo y quizás lleguen a algo más?
¿Cómo configuran y ejercen autoridad frente a las/os nativas/os digitales a los que nos referíamos al inicio?
¿Qué mensajes sobre sus culturas, su papel en la sociedad actual y en el cambio social se les trasmite durante la alfabetización digital?
Aun con buenas intenciones ¿contribuyen a ampliar el mercado de consumidores acríticos? ¿construyen los canales y estímulos para que el acceso a las TIC por parte de los y las jóvenes se convierta en una apropiación investida de sentido subjetivo y social?
Seguramente ninguna de estas alternativas pueda responderse de manera simple ni eligiendo una única opción, y tampoco ha sido esta nuestra pretensión al dejarlas planteadas.
Conforman un conjunto de problemáticas que fueron iluminándose a través de la investigación que hemos presentado e incitan a la realización de nuevos estudios e invención de otras prácticas formativas y sociales en las que se entrelacen, en el mismo acto educativo, los usos de estas tecnologías con los procesos de ciudadanización de los y las jóvenes, modos de subjetivación articulados en y por el reconocimiento de la diversidad y el ejercicio de la reciprocidad y la responsabilidad y formas de participación que den voz a sus intereses y visiones.
Pero para que ello no quede en pura expresión de deseos, es necesario, en nuestra opinión, reconocer y trabajar con y dentro de un plano de significaciones imaginarias que parecen recorrer las iniciativas que vinculan a jóvenes con las TIC, en especial aquellas que convocan a sectores pobres.
Nos referimos a las significaciones que al decir de Bourdieu 50 establecen distinciones entre jóvenes en riesgo de una exclusión sin retorno del "nuevo mundo feliz" y aquellos propietarios de un capital digital de alto rendimiento económico y social 51.
La tensión entre propiciar la integración de las y los jóvenes a un mundo que globaliza ciertos modelos de vida o aun de sobrevivencia y las luchas de éstas/os por la individuación y por dejar sus huellas particulares, son otra de las tensiones que coexisten en estas iniciativas.
Todo ello nos compromete a mantener una alerta cautelosa, aunque no escéptica y menos aun negativa, frente a la seducción histérica de ciertos discursos que prometen que este mundo tecnológico naciente y sus bienes están al alcance del mouse.
Indudablemente, democratizar el acceso a estos "bienes públicos" es una cuestión de derechos y justicia, pero ello no es suficiente, parece indispensable inventar con las y los jóvenes modos de habitar la sociedad de la información o del conocimiento que refunden y revigoricen asignaturas sociales que, como la democracia, la justicia, la diversidad siguen vigentes. digitales de género, en plural, para no limitarla a la accesibilidad.
Las trabas más complejas no parecen estar en la disponibilidad de herramientas tecnológicas, ya que éstas se van expandiendo a gran velocidad en casi todos los ámbitos, sino en otros factores de orden sociocultural y político como:
• El analfabetismo (incluido el funcional). • La ausencia o falta de adiestramiento necesario para un manejo básico en los códigos requeridos para operar con la tecnología y comprender mínimamente su lógica.
En este punto, podemos incluir los videojuegos que operan como un poderoso recurso de aprestamiento y que, en su mayoría, se basan en situaciones de violencia y alta competencia. • La llamada "tecnofobia", que se deriva de los obstáculos anteriores.
Alude a la relación de temor de algunas mujeres con el uso de la tecnología debido a que no han sido ni son motivadas a trabajar o estudiar con ellas y ganar confianza en su utilización. • L as responsabilidades domésticas, que dejan poco margen de tiempo y energía, sobre todo a las jóvenes pobres. • El predominio de contenidos poco relevantes y atractivos para las mujeres: escasa información y propuestas que den respuestas sensibles a sus necesidades, deseos, demandas, estilos de comunicación e interacción.
A la masculinización de los contenidos, símbolos y formatos y a la violencia que muchos de ellos contienen, hay que sumarle la traba lingüística que impone la hegemonía del inglés para muchas internautas potenciales. • Peores condiciones laborales y salariales que los varones.
Las significaciones imaginarias que asocian la tecnología con habilidades tradicionalmente atribuidas a los varones como el interés por los artefactos, su funcionamiento y reparación, una suerte de familiaridad innata con la manipulación de objetos e instrumentos.
Muchas de las metáforas que significan a la red y a los/as internautas tienen un sesgo masculino como aquellas que aluden a imágenes de aventura, conquista, velocidad, dominio del ciberespacio.
[Curso Virtual: "Género en Acción en proyectos con jóvenes & TIC.
Fundamentos y estrategias para la Sociedad del Conocimiento" (2006) Se conformó, también, la comunidad virtual de práctica "Juventud, Género & TIC" para facilitar la producción colaborativa de conocimientos que articule los tres "campos" temáticos" (Juventud, Género & TIC).
47 El conjunto de los proyectos abarca los siguientes propósitos formales: capacitar para el acceso y uso de la informática, fortalecimiento personal, conformación de grupos juveniles y formación ciudadana, desarrollo de emprendimientos productivos, participación comunitaria, formación de redes, creación de mensajes y formatos mediáticos.
48 Hemos visto un notable desconocimiento de la diversidad de concepciones sobre género desarrolladas en más de cuatro décadas de investigación y producción conceptual y metodológica y una escasísima información sobre las diferentes modalidades y estrategias con las cuales se ha aplicado a programas sociales y educativos.
Las nociones de "igualdad de oportunidades", "empoderamiento", "mainstreaming", "paridad de género", "desarrollo de las mujeres" se usan indistintamente, sin advertir que cada una se inscribe en una tradición teórica, política y me-todológica diferente y por ende tiene implicancias en la acción y consecuencias que pueden ser muy divergentes cuando no contradictorias.
49 Programa de Formación Virtual "Creador en la Sociedad del Conocimiento: Estrategias para incorporar el enfoque de género en proyectos con jóvenes & TIC".
Criterio y bases sociales del gusto, Editorial Taurus, Madrid.
51 Según este autor a lo largo del siglo XX se ha ido estructurando un sistema cultural y educativo en el que los mecanismos de diferenciación de las clases y subclases sociales son tan sutiles e imperceptibles que se convierten en sólidos procesos de dominación.
Su investigación sobre los criterios y bases sociales del gusto -la distinciónpasa a ser una de las prácticas selectivas que diferencia a los grupos e individuos de las sociedades posindustriales.
En su concepción la dimensión simbólica desempeña un papel central en la dinámica social, destacando el papel del capital cultural y educativo en la reproducción del sistema de estratificación en clases sociales.
DICHO AL HECHO: EQUIDAD DE GÉNERO EN EL ACCESO Y USOS DE INTERNET POR PARTE DE LA JUVENTUD LATINOAMERICANA" 44 UNA INVESTIGACIÓN MULTIFOCAL APLICADA
TIC: IMAGINARIOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN EN AMÉRICA LATINA |
La formulación de las políticas de investigación y desarrollo está siendo transformada de manera novedosa en los documentos más recientes que se elaboran en Europa.
Una de las peculiaridades es que los patrones de investigación transitan hacia prácticas científico-tecnológicas más interactivas entre los distintos actores de la sociedad.
Así, como respuesta a la naturaleza compleja de la investigación las primeras medidas se revelan en aquellas estrategias para la promoción de actitudes emprendedoras y colaborativas entre los actores académico-empresariales de la investigación y el desarrollo.
A estas iniciativas se superponen otros planteamientos que trascienden el objetivo primariamente economicista de la colaboración e integran los aspectos sociales y éticos en la investigación y el desarrollo.
Sin embargo, estas transformaciones también están sujetas a diversas tensiones de base y a objetivos concurrentes.
El artículo dilucida estas dinámicas de apertura-y-cierre y manifiesta que algunas de las relaciones y demandas se muestran más resistentes al cambio.
En el campo de las políticas de investigación y desarrollo (I+D) el periodo que discurre entre la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y la década de 1980 se consolidó sobre unas peculiares relaciones de la ciencia con la sociedad y desplegó una meta-narrativa fuertemente vinculada a la tradición ilustrada sobre la investigación y la libertad académica (Flink y Kaldewey, 2018).
Este legado simbólico comprende la ciencia como un acervo de conocimiento acumulado regido por valores cognitivos y un conjunto de métodos mediante los cuales se certifica el conocimiento genuino (Polanyi, 1951).
A ello se suma un principio normativo según el cual la garantía de la buena ciencia, o de la ciencia responsable, es la propia acción del investigador basada en el respeto de las normas científicas (Merton, 1942).
De esta manera la responsabilidad de los científicos tutelada por la búsqueda de la verdad y alentada por sus colegas profesionales se erigía como una superación de las responsabilidades más generales hacia la sociedad (Douglas, 2003).
Esa idea de que el producto y la finalidad de la investigación son el conocimiento por sí mismo avaló una política de I+D basada en el modelo lineal -i.e,, centrada en la investigación básica, si bien con una finalidad claramente orientada-, que a partir del conocimiento científico interpreta el desarrollo tecnológico y el bienestar social de un modo secuencial y ordenado, y una visión científica del progreso (Steelman, 1948).
Esa serie de arreglos simbólicos e institucionales, que sostuvo la confianza en la autoridad epistémica y social de la ciencia, favoreció -como veremos en el segundo apartado-un planteamiento demarcacionista sobre las relaciones ciencia-sociedad (Sarewitz, 2016).
No obstante, en el tercer y cuarto apartado, a través del análisis de los documentos canónicos sobre I+D europeos, sostenemos que, a lo largo de las últimas décadas, de una manera progresiva y acelerada por un conjunto heterogéneo y concurrente de intereses y demandas, mengua la idea de que el propio conocimiento es un fin en sí mismo que encuentra en sí su razón de ser.
Por el contrario, los patrones de investigación transitan hacia prácticas científico-tecnológicas más interactivas entre los distintos actores de la sociedad y vienen revisándose los roles preestablecidos.
Así, como respuesta a la naturaleza compleja de la investigación y el desarrollo científico-tecnológico, las primeras medidas se revelan en aquellas estrategias para la promoción de actitudes emprendedoras y colaborativas entre los actores académico-empresariales.
No obstante, a estas iniciativas se superponen otros planteamientos que trascienden el objetivo primariamente economicista de la colaboración.
Por ejemplo, en los Programas Marco para la Investigación en la Unión Europea hay una continua ampliación de áreas de conocimiento -más allá de la genética y la genómica-que integran perspectivas sociales y éticas; se dilata el acervo de asuntos que se estiman pertinentes -más allá de la regulación basada en la evaluación del riesgo-en la gobernanza de la ciencia y la tecnología; se agudiza la relevancia que adquieren esos nuevos actores, perspectivas y asuntos sobre los propios procesos de investigación y constitución del conocimiento.
Este artículo, a través de un análisis histórico y sociológico de la ciencia y de su relación con la sociedad, tiene como propósito comprender esa mayor apertura e integración socio-técnica en las políticas europeas de investigación, lo que también nos servirá para abordar como pregunta de investigación por qué algunas de las relaciones y demandas se muestran más resistentes al cambio.
La elucidación de estas tensiones y limitaciones es relevante para entrever las trayectorias que pueden transitar las nuevas políticas europeas de I+D.
CIENCIA Y SOCIEDAD: DIFERENCIACIÓN Y DEMAR-CACIÓN DE ROLES
Una de las singularidades de las políticas de I+D en el periodo que transcurre entre la posguerra y la década de 1980 es la continuidad del criterio demarcacionista, que asigna y demarca un conjunto de roles a los distintos actores que participan en el proceso social de la actividad científico-tecnológica, pese a las distintas transformaciones en las políticas de estímulo y regulación de la ciencia que se exponen en los siguientes dos subapartados respectivamente.
Modalidades de actividad científico-tecnológica más permeables
Una primera controversia del modelo lineal de I+D centrado en la investigación básica se originó en los Estados Unidos por los resultados desiguales de las misiones orientadas a la investigación contra el cáncer y el programa estratégico del espacio, que en cierta forma generó suspicacias hacia el modelo de la financiación sin límites y a largo plazo de la investigación básica y precomercial.
De este modo, en los años 60 se alzaron las primeras voces críticas que cuestionaban la política de patronazgo y reclamaban una actividad científico-tecnológica más proclive a las demandas de mercado y a la transferibilidad del conocimiento generado, es decir, una financiación en aras de los resul-a528 tados esperados -más allá de una investigación básica orientada-con un mayor énfasis en la industria y con una preferencia por la ciencia aplicada y la tecnología (Kaldewey y Schauz, 2018).
El periodo de confrontación y coexistencia pacífica característico de la Guerra Fría se distinguió por aunar la escalada de la inversión pública en investigación y proyectos a gran escala y un fuerte vínculo entre la gran ciencia y la defensa nacional.
Dicho de otra manera, uno de los principales arreglos económicos de aquel periodo -que explica el financiamiento de proyectos militares con perfil científico-está relacionado con la capacidad simultánea de articular dos categorías políticas, como son por una parte la investigación básica o la fase precompetitiva de la producción del conocimiento científico, y por otra la ciencia orientada y el desarrollo tecnológico, que tienen un carácter determinado por una misión y deben ceñirse a las prioridades fijadas.
Aquel arreglo permitió también que en un periodo de fuertes tensiones generadas por la Guerra Fría las políticas de I+D elaboraran un modelo de financiación de la ciencia básica sobre la retórica normativa de la libertad y el bienestar, que legitimó precisamente la investigación en física cuántica, en nuevos materiales y en geociencias en favor de la misión militar (Elzinga, 2012, p.
La reforma del modelo lineal de investigación y una mayor orientación práctica de la investigación y la emergencia conceptual de la transferencia tecnológica resultaron funcionales para proteger la ciencia de cualquier injerencia externa, si bien se acentuó la pérdida relativa de su peso en las políticas de I+D. En este sentido, la división funcional y moral de la actividad científico-tecnológica -en expresión de Rip (2016)-no fue alterada, pese a las carencias analíticas y a los frecuentes reajustes del modelo lineal de investigación, al menos hasta la década de 1980 (Sarewitz, 1996).
A partir de los años 80 los ingredientes básicos que componen las políticas de I+D -i.e. la formulación y articulación de prioridades, las estructuras institucionales, la selección de agentes, el sistema de evaluación y control y los modelos de investigación-se expusieron a una gradual y sucesiva transmutación.
Uno de los motivos sustanciales que originaron aquella evolución, que sobresale por una orientación estratégica de la investigación y un énfasis cuasi exclusivo en la innovación tecnológica, fue la baja productividad de las economías occidentales, a la que se adicionaron una mejor comprensión de la naturaleza compleja de la I+D y una globalización multipolar que presionó con unas dinámicas, expec-tativas y alianzas manifiestamente diferentes a las de la Guerra Fría (Jamison, 2012).
Algunos de los rasgos de esa nueva modalidad de actividad científico-tecnológica más permeable por la sociedad y que envuelve un grado mayor de internacionalización son el predominio de criterios economicistas en la justificación, validación, financiación y valoración de los resultados esperados, una tendencia mayor a la medición de la calidad y de la eficacia de la inversión en I+D, y una nueva estructura del sistema de I+D que abarca funciones científicas, tecnológicas, productivas y financieras.
El rol de la administración pública se vuelve más activo y sistémico para involucrar las distintas áreas del gobierno y políticas públicas, a la vez que tratará de vincular en calidad, densidad e intensidad a los distintos actores públicos y privados del sistema de I+D (Nelson y Wright, 1992).
No obstante, esta creciente apertura del sistema de I+D a los estímulos económicos -y que moldean precisamente los cinco primeros Programas Marco de Investigación de la Unión Europea entre 1984 y 2002encuentra limitaciones sustanciales para incorporar aquellas demandas de carácter social y ambiental en el modelo de I+D europeo (véase Commission of the European Communities, 2001), hasta el punto de que la respuesta comunitaria a las controversias socio-técnicas y la crisis de confianza de los años 1990 y 2000 vuelve a acentuar la diferenciación entre ciencia y sociedad a través de iniciativas como el fomento de la cultura científica y la integridad de los científicos y la experticia (véase European Commission, 2002).
Este tipo de acciones, que parten del modelo de déficit cognitivo (según el cual las controversias sociales ante la tecnología se deben al escaso nivel de conocimiento científico-tecnológico), relegan la sociedad civil al eslabón último de la comercialización y vienen a indicar que las estrategias socio-técnicas integradoras son de tipo fundamentalmente economicista e impermeabilizan las dinámicas expertas de I+D (véase European Commission, 2007).
La responsabilidad ampliada de los científicos
Una dinámica similar de apertura y cierre se condensa en relación con la responsabilidad autorreguladora del científico y su gradual transformación ante la magnitud de las consecuencias adversas ocasionadas por el avance científico-tecnológico (Kleinman, 1995).
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX las cuestiones metacientíficas sobre la responsabilidad social fueron escrutadas en el seno de la comunidad científica.
a528 El uso de la bomba atómica implicó un shock y una pérdida de la inocencia que puso de relieve un severo desafecto en una parte de la comunidad científica hacia la moral e integridad de los científicos (Shapin, 2008).
La diferenciación establecida entre la generación de conocimiento verdadero y su utilización tecnológica y social se manifestó abiertamente controvertible, de manera que una parte de la comunidad científica reivindicó ampliar la autorregulación responsable también a las cuestiones relativas al uso y aplicación del conocimiento (Rhodes, 2012).
Aquella demanda, que tiene sus raíces en el periodo de entreguerras ante la preocupación generada por la alianza entre la ciencia y la industria militar y en la campaña frente a las armas antinucleares liderada por los científicos, ha tenido reflejo y seguimiento en la revista Bulletin of Atomic Scientists y en el movimiento pugwash auspiciado por Bertrand Russell y Albert Einstein.
Ese interés por ampliar la responsabilidad social de los científicos tuvo continuidad en las siguientes generaciones de biólogos moleculares -y científicos ambientalistas y una nueva experticia que opera en las políticas públicas-, tal y como se cristalizó en la conferencia de Asilomar -caso paradigmático de la autogobernanza de la comunidad científica para cuidar las cuestiones emergentes-en respuesta a los riesgos de la investigación en la técnica del ADN recombinante (Barinaga, 2000; Krimsky, 2005).
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX la responsabilidad científico-tecnológica se interesó de forma gradual por los problemas ligados a sus propios avances y dinámicas.
No obstante, una paradoja que encubren aquellas dinámicas responsables es que la ciencia se concibe como una fuente de riesgos ambientales, sanitarios y éticos al tiempo que se valora su rol en la regulación de esos mismos riesgos.
En este sentido, se pretende que la verdad y los códigos de la ciencia se trasladen de manera automática y lineal a la esfera política y legal.
Es decir, ese hacerse cargo de los científicos de alguna manera vino a reproducir la imagen de speaking truth to power, como una variante nueva y ampliada del modelo demarcacionista entre ciencia y sociedad (Hoppe, 1999).
A aquella responsabilidad ampliada se unirán progresivamente otras medidas reguladoras de la ciencia con el propósito de modular las innovaciones científico-tecnológicas a través de un sistema de alerta temprana y de una serie de normas restrictivas orientadas principalmente a la protección de la naturaleza y de los valores y principios humanos.
En los años 1970, inicialmente en los Estados Unidos se institucionalizan las oficinas asesoras de evaluación tecnológica y las agencias reguladoras que condujeron a las primeras disposiciones legales provistas de información científica sobre los efectos adversos de las tecnologías.
Estas políticas reguladoras de la ciencia, reactivas en su origen y que contraponían la ciencia a la sociedad y a la naturaleza, tomaron una orientación probabilística y economicista a través del análisis del riesgo que, adoptando la forma del análisis de riesgo-coste-beneficio, se convirtió en la modalidad de evaluación de tecnologías predominante (López Cerezo y Luján, 2000).
Así, los códigos morales internos de la ciencia amplían su responsabilidad a cuestiones que envuelven el riesgo, la seguridad y la protección.
De esta manera, la regulación de la actividad científico-tecnológica se centró en la gestión de la I+D per se, que incluía sin contradicción posible la valoración de los riesgos objetivamente delimitados, y una serie de supuestos de competitividad, bienestar y progreso mantenidos al margen de lo cuestionable (Irwin y Wynne, 1995).
En otras palabras, lo relativo al uso y regulación de las consecuencias sociales, ambientales y sanitarias también se circunscribe a cuestiones meramente cognitivas y técnicas propiamente adscritas a la comunidad científica, que de manera progresiva va alcanzando la arena política en su labor de asesoría (Wynne, 1982).
Otro fenómeno un tanto paradójico es que la modulación social de las innovaciones científico-tecnológicas mantiene impermeables al debate los objetivos que hay que perseguir, a la vez que una asunción subyacente presupone y legitima la compatibilidad de base entre el crecimiento económico de naturaleza tecnológica e industrial y la sostenibilidad humana y ambiental (Lash, Szerszynski y Wynne, 1996).
Los problemas de tipo epistemológico, normativo y social referidos al análisis del riesgo generaron una respuesta en algunos países europeos que trataban de hacer converger ciencia, tecnología y sociedad, a la vez que a los criterios de factibilidad, eficiencia y fiabilidad del desarrollo científico-tecnológico se les superponían valores como la deseabilidad y el control social.
Este modelo constructivo de evaluación de tecnologías que ampliaba el concepto de experticia al ámbito de lo social y reconocía su rol como mediador entre dos mundos tradicionalmente separados sirvió para entrever y anticipar los problemas de fondo acerca de la formulación original de las políticas de I+D, que corresponden a la imagen demarcacionista de la ciencia.
CIENCIA EN SOCIEDAD: INTEGRACIÓN DE ASPEC-TOS SOCIALES
A lo largo de las dos últimas décadas la mayor permeabilidad de la ciencia ha venido acompañada de nuevas tensiones entre las dinámicas de apertura y cierre que empañan las fronteras tradicionales entre ciencia y sociedad.
Este apartado distingue los diferentes patrones de investigación concurrentes que se despliegan a partir de los años 90 en la formulación de prioridades en las políticas de I+D europeas.
La instrumentalización económica de la ciencia
A lo largo de la última década del siglo XX y de la primera del siglo XXI, las políticas de I+D estuvieron focalizadas en la dimensión vertical, es decir, los programas estratégicos se diseñaban en orden a la mejora y eficiencia de la organización y funcionamiento del sistema de I+D. No obstante, este propósito generalizado por la mejora e integración funcional de los distintos actores del sistema de I+D (apertura), y la omisión de la dimensión horizontal -la discusión sobre los objetivos que hay que perseguir-, si bien relegaron el debate sobre los motivos y la orientación de la investigación científico-tecnológica (cierre), no indican ausencia de valores y propósitos.
La mejora continua en los mecanismos de gobernanza de los sistemas de I+D estuvo principalmente orientada a modernizar y potenciar la capacidad innovadora y competitiva de las empresas -a través de los modelos de la triple hélice y de la cuádruple hélice-, a las cuales parecían estar subordinadas las administraciones públicas y los distintos organismos de I+D (Marklund, Vonortas y Wessner, 2009).
Aspectos tan dispares como los planes estratégicos, la movilización de los recursos y los indicadores de evaluación en el conjunto de los agentes involucrados en el conocimiento, la transferencia y la aplicación tecnológica se vieron afectados por el interés cuasiexclusivo del impacto económico de las actividades de I+D (Berman, 2012).
Una de las muchas ironías de este periodo puede resumirse en esta idea: a la vez que se reconocen la naturaleza compleja de la actividad científico-tecnológica y una división del trabajo más interactiva entre los distintos actores del sistema de I+D (se asume la inoperancia del modelo demarcacionista), la diversidad de trayectorias por las que la I+D puede desplegarse y progresar queda seriamente deslucida (la apertura de la actividad científico-tecnológica a la economía achica el espacio de lo posible).
A ello se debe que las propiedades normativas de la trayectoria socio-tecnológica en áreas como la energía, el transporte, la agricultura, la salud y la alimentación se hayan decidido sobre un conjunto limitado de intereses y preferencias sociales (Leach, Scoones y Wynne, 2005).
Esta fuerte subordinación de la I+D a las demandas de la macroeconomía y una asunción de facto del carácter inherentemente positivo del progreso se cristalizó en la Estrategia de Lisboa (véase Lisbon European Council 23 and 24 march 2000.
En los años 2000, si bien con muchas dificultades (véase Creating an Innovative Europe), las políticas comunitarias formulan directrices para intensificar la competencia en todos los sectores y adaptar las estructuras y ámbitos sociales -se crean infraestructuras de conocimiento, hay una amplia reforma económica y de modernización del bienestar social y de los sistemas educativos-en respuesta a los retos de la competitividad y la sociedad del conocimiento (véase Commission of the European Communities, 2003).
Los aspectos éticos, legales y sociales de la actividad científico-tecnológica
Las altas expectativas con las que se dotan la ciencia y la tecnología, empero, también han lidiado con las controversias que genera ese mismo poder en la naturaleza y en la sociedad (Jasanoff, 2012).
Las distintas controversias originadas durante los años 1990 sobre todo por una serie de crisis alimentarias provocaron una revisión institucional de la manera de considerar y gestionar las implicaciones sociales de la ciencia y la tecnología.
En parte por ello, la gobernanza del sistema de I+D se ha robustecido por una incorporación explícita de actividades y fondos de financiación para considerar los aspectos éticos, legales y sociales (Ethical, Legal and Social Aspects Research, ELSA) de la actividad científico-tecnológica.
En este sentido, los Programas Marco de la Unión Europea introducen la etiqueta ELSA, que a medio plazo abrió -como sugieren Zwart, Landeweerd y van Rooij (2014)-una senda alternativa a la bioética y se distinguió del programa ELSI (Ethical, Legal and Social Implications Research Program), e impulsan una mayor colaboración e interacción entre expertos de áreas diversas como la de humanidades y ciencias sociales y la de ciencias de la vida (Braun, Herrmann, Konninger y Moore, 2010).
1 Así, en un periodo corto de tiempo, el enfoque ELSA ha agudizado la necesidad de ampliar los ámbitos de aplicación y de abrir el enmarque de las cuestiones abordables.
De esta manera, una primera escalada afecta a la ampliación de ELSA a los programas y áreas de las ciencias de la vida (tercer y cuarto Programa Por otra parte, la comprensión de la investigación socio-ética varía de manera singular, transita desde su concepción como mero ejercicio externo sobre cuestiones previamente formateadas por los programas científico-ingenieriles a los que acompañaba, cuyo propósito sería la legitimación de las prácticas y agendas de investigación (se esperaba de los investigadores, sobre una clara división del trabajo, una respuesta a las cuestiones que la bioética delimitaba sobre la autonomía personal, el daño o el riesgo), hasta una conceptualización más interactiva -incluyendo actores extraacadémicos-, e integra las cuestiones sociales y económicas abiertas a debate en las propias dinámicas de la I+D (un reflejo parcial de esta transformación epistemológica y metodológica se observa en el séptimo Programa Marco, 2007Marco, -2011)).
Así, la articulación socio-técnica de las actividades de I+D, de acuerdo con las narrativas que movilizan los Programa Marco y la financiación de los recursos, se inclinan paulatinamente hacia nuevos patrones de investigación caracterizados por la anticipación -se pone el foco en la definición de la agenda y en la fase de diseño de la trayectoria de la investigación-, la apertura -una interacción mayor con un conjunto más amplio de organizaciones y entidades-y la interdisciplinariedad -se integran cuestiones filosóficas, sociales, económicas y demás en el núcleo de la propia investigación científico-tecnológica (Hilgartner, Prainsack y Hurlbut, 2016).
Dicho de otra manera, la integración socio-técnica, originalmente formulada para las ciencias de la vida, se ha ampliado y mejorado progresivamente, tal y como se advierte en la evolución en relación con el ámbito de áreas de conocimiento afectadas, con el conjunto de problemas considerados relevantes, con el tipo de actores involucrados, o con el peso y el grado de influencia sobre los propios procesos de constitución del conocimiento científicotecnológico (von Schomberg, 2007).
Esta progresiva articulación proactiva de áreas, problemas o consideraciones y actores como parte constitutiva de la investigación científico-tecnológica adquiere mayor interés y visibilidad a raíz de la resistencia pública a la comercialización de la biotecnología agroalimentaria y a la inoperancia de los supuestos y mecanismos de regulación a la hora de resolver y responder satisfactoriamente a las controversias sociales en torno a las innovaciones científico-tecnológicas (Levidow, 2009).
Aquellas controversias generaron un amplio conjunto de aprendizajes, y las más recientes tecnologías emergentes y facilitadoras -el caso más vistoso es el de las nanotecnologías-han tratado de anticipar una mayor inclusión, reflexividad y deliberación desde las fases iniciales de la investigación (Jasanoff, 2016).
La ciencia como elemento capaz de solventar los grandes desafíos
En los años 2000, a esas dificultades por innovar la gobernanza de la I+D y ampliar actores y demandas en las propias dinámicas de la actividad científicotecnológica, que debe lidiar con una vieja cultura de la gobernanza como mera satisfacción reactiva de una serie de normas limitantes, se une una nueva narrativa instrumentalizadora del conocimiento científicotecnológico.
Más concretamente, las distintas iniciativas e instituciones de I+D empiezan a reconocer ampliamente que la disposición exclusiva a detectar y mejorar las deficiencias de los sistemas de I+D resulta insuficiente e inoperante.
Por una parte, adquiere mayor énfasis la idea de que las políticas de I+D, más allá de meras estrategias facilitadoras, exigen una mejor alineación entre políticas de oferta en investigación y tecnología y políticas de demanda, y se plantea maximizar el impacto social y económico de la investigación en diversas áreas, como son las políticas sociales, ambientales, industriales y agrícolas, tal y como se desprende por ejemplo de la estrategia Europa 2020 (véase European Commission, 2010).
En este mismo sentido, un destacado informe de expertos sobre la razón de ser del Espacio Europeo de Investigación indica:
Nuestro argumento central es que, para avanzar, ERA [European Research Area] necesita equilibrar su enfoque actual en la estructura y el proceso con un mayor énfasis en el contenido y los productos.
La motivación para las reformas e inversiones demandadas por un ambiente amigable solo vendrá cuando tal asociación se haga" (European Commission, 2008, p.
Por otra parte, empieza a alcanzar solidez narrativa la idea de que las políticas de I+D deben formularse como "capaces de solventar problemas" o de ser partícipes en la respuesta a una serie de retos que afectan a nuestras sociedades.
Este mayor énfasis en los resultados de la actividad científico-tecnológica a528 pronto se traduce en una serie de grandes desafíos que definen las prioridades de investigación europeas (salud, sociedad inclusiva y segura, industria, clima, energía y movilidad, y alimentos y recursos naturales) y, como se declara oficialmente en la Declaración de Lund ( 2009), para ello deben subvertirse las fronteras disciplinares de investigación y desplazar los patrones de investigación colaborativos a los retos sociales.
3 Esto viene a sugerir que la naturaleza y la responsabilidad de las actividades de I+D, que amplían su radio de acción desde las dimensiones estrictamente procedimentales hasta otras más sustantivas que afectan a los objetivos y a los resultados perseguidos, se determinan progresivamente en función de su disponibilidad y efectividad para mejorar realidades "ajenas" a sí mismas.
Más concretamente, se establecen una serie de retos o desafíos que inclinan y dirigen el conjunto de trayectorias por las que la investigación científicotecnológica puede desarrollarse y progresar.
LA INVESTIGACIÓN E INNOVACIÓN RESPONSABLES
El más reciente Programa Marco de Investigación de la Unión Europea, Horizon 2020 (2014-2020) (véase European Commission, 2011), tiene una serie de particularidades, entre las cuales puede destacarse el hecho de que la investigación e innovación responsables (Responsible Research and Innovation, RRI por sus siglas en inglés) se convierte en una parte integral de la financiación de la investigación europea.
Más concretamente, Horizon 2020 tiene como objetivo general "contribuir a la construcción de una sociedad y una economía basadas en el conocimiento y la innovación".
Para ello fija tres prioridades: "generar una ciencia excelente", "fomentar el liderazgo industrial para apoyar a las empresas" y "afrontar los retos de la sociedad para aportar una respuesta directa a los retos enumerados en la estrategia Europa 2020", y establece dos objetivos específicos: "difundir la participación y ampliar la excelencia" y "ciencia con y para la sociedad".
Una de sus particularidades es que señala quince temas transversales, uno de los cuales es la RRI.
La emergencia de la RRI, que sigue la senda progresiva de transformar los patrones de investigación y moviliza a distintos actores, intereses y necesidades, adquiere sentido a la luz de la innovación gradual de los roles y de las responsabilidades en la investigación científico-tecnológica que estamos viendo a lo largo de este artículo.
Uno de los primeros informes sobre la RRI, redactado por Sutcliffe con los materiales de debate recopilados en el workshop del departamento de Investigación e Innovación de la Comi-sión Europea sobre RRI en Europa (véase A Report on Responsible Research & Innovation), registraba cinco principales debates: "un enfoque deliberado sobre la investigación y la innovación para alcanzar beneficio social y ambiental", "una participación social amplia e inclusiva a lo largo de todo el proceso de innovación", "una evaluación de los riesgos y las oportunidades sociales, éticas y ambientales futuros, simultáneos a los técnicos y comerciales", "mecanismos de anticipación para gobernar los retos y beneficios y que posibiliten la adaptabilidad y repuesta a los cambios en el conocimiento y las circunstancias" y "la apertura y la transparencia como ingredientes constitutivos de los procesos de investigación e innovación".
5) precisaba: RRI trata de mejorar para anticiparse a los problemas, teniendo en cuenta cuestiones sociales, éticas y ambientales más amplias y poder crear sistemas flexibles y adaptables para hacer frente a estas consecuencias no deseadas.
Esto a veces se llama "gobernanza anticipatoria".
La gobernanza anticipatoria indica la importancia de sobreponerse al lenguaje determinista de las políticas de desarrollo científico-tecnológico y se singulariza por la capacidad de "gobernar la emergencia de tecnologías basadas en el conocimiento mientras su gestión todavía es aún posible" (Guston, 2014, p.
Así, la anticipación también difiere de la predicción e incorpora en su seno la inclusión de conocimientos, valores y demandas cuya deliberación escruta los objetivos sociales a los que la investigación y la innovación científico-tecnológica deben ofrecer respuesta.
Como aclaran Stilgoe y Guston (2017), "la cuestión no es preguntar qué pueden hacer las tecnologías emergentes para ayudarnos, sino más bien formular la pregunta previa sobre qué podemos hacer para ayudar, o no, a las tecnologías emergentes" (p.
Por su parte, von Schomberg propone impulsar la investigación y la innovación científico-tecnológica hacia los "impactos adecuados", anclados en los valores articulados en el Tratado de la Unión Europea, y define la RRI como "un proceso transparente e interactivo mediante el cual los actores sociales y los innovadores se vuelven mutuamente receptivos, con vistas a la aceptabilidad (ética), la sostenibilidad y la deseabilidad social del proceso de innovación y de sus productos comercializables para permitir una adecuada integración de los avances científicos y tecnológicos en nuestra sociedad" (von Schomberg, 2013, p.
9). a528 Esta definición sintetiza los principales rasgos emergentes de la RRI (Owen, Macnaghten y Stilgoe, 2012): abre a discusión los propósitos más amplios de la actividad científico-tecnológica, institucionaliza los mecanismos de corresponsabilidad entre los distintos actores, y reenmarca la responsabilidad en respuesta a un contexto en el que la naturaleza distribuida del conocimiento y la creciente incertidumbre e imprevisibilidad menguan principios meramente formalistas y consecuencialistas (Adam y Groves, 2011).
En este sentido, la RRI es un concepto muy vago que tiene como propósitos sincrónicos una adhesión amplia -de ahí en parte su ideario generalista-y la suficiente concreción para su operacionalización razonable (Rip, 2016).
5 A su vez, el sentido y la finalidad de la RRI manifiestan una gobernanza proactiva que -más allá de la mitigación de las consecuencias adversas de la I+D y de su valor de mercado-despliega la diversidad de expectativas y capacidades para generar futuros plausibles y deseados (Ribeiro, Smith y Millar, 2017); la RRI apela a desplazar el foco a las preferencias y a los valores que sustentan la I+D. Unido a ello, la RRI se ensambla con la significación de los "grandes desafíos", desplaza el producto y la finalidad de la investigación desde el conocimiento y la curiosidad a los retos sociales, por lo que excede la utilidad puramente económica, y reitera los límites de incrementar los impactos a través de políticas que acentúan exclusivamente el lado de la oferta de la I+D (ver apartado 3.3).
Otra peculiaridad de la RRI es que transciende los roles establecidos en la investigación científica y su relación con la sociedad en aras de una comprensión epistémica y social más abierta y relacional de la investigación y de la innovación científico-tecnológicas.
De alguna manera, la RRI insta simultáneamente a resultados e impactos responsables y a procesos responsables.
No obstante, estas consideraciones están sujetas a riesgo si no incorporan la autocrítica sobre los límites, las tensiones y las posibilidades de la propia RRI.
No menos importante es recordar que la institucionalización de la RRI encuentra dificultades, resistencias y limitaciones por las trayectorias dependientes que condicionan fuertemente las potencialidades de la propia RRI a las decisiones tomadas en el pasado y a una visión primariamente económica de la I+D (apartados 3.1. y 3.3.).
Una gobernanza democrática de la I+D encuentra una serie de limitaciones que constituyen el contenido, la evolución y el alcance de las políticas responsables de ciencia y tecnología en Europa:
• Los actores involucrados en la deliberación tienen intereses y demandas heterogéneos, es decir, una amplia variedad de posibles escenarios ligados a la I+D, que en buena medida dilucidan los contornos de la negociación (Saille, 2015; van Oudheusden, 2014).
En este sentido, resulta ingenuo pensar que un procedimiento responsable (abierto, participativo, inclusivo) va a contribuir automáticamente al logro de unos objetivos previamente establecidos (i.e., los impactos justos de von Schomberg).
Por el contrario, un procedimiento abierto que implica distintas perspectivas e intereses puede robustecer las decisiones y mejorar su calidad epistémica.
• Las normas que rigen la deliberación y los objetivos que hay que perseguir están sujetas a discusión, por lo que la apelación ética puede condicionar la naturaleza política de las controversias.
De igual modo, la reducción de los impactos justos a una serie de valores previamente determinados y la apelación al compromiso ético sobre la base de unos procedimientos deliberativos desplazan la función esencial del desacuerdo y la contestación en la generación de vínculos de corresponsabilidad entre actores implicados.
• La ética de la investigación tiene otras limitaciones (Rip, 2014), como un alcance práctico limitado (códigos de conducta y procedimientos de consentimiento informado) y una interpretación utilitaria y consecuencialista de la responsabilidad (maximizar las contribuciones positivas de la tecnología y minimizar los posibles resultados negativos).
En este artículo hemos visto que las políticas de I+D tienen un carácter histórico y la imagen que relaciona automáticamente ciencia, progreso y responsabilidad ha dependido de un conjunto singular de factores analíticos y contextuales.
Esto hace que el modelo lineal de I+D y la capacidad autorreguladora de los científicos hayan sido revisados y mejorados con arreglo a una serie de evidencias y demandas históricas.
En este sentido, la demarcación ciencia-sociedad que ha regido las políticas de I+D se ha sostenido por una tensión irresoluble entre la autonomía de la ciencia y una demanda creciente de responsabilidad social y rendición de cuentas.
Ello no obstante, las asunciones que subyacen al criterio demarcacionista nos alertan de su valor simbólico y retórico en las políticas de I+D. A ello se unen otros hechos históricos: una clara división de roles entre los actores; la supeditación de la actividad científico-tecnológica a las demandas macro-económicas; una identificación por defecto de la investigación con el progreso y el bienestar.
Sin embargo, este artículo ha sostenido la emergencia de nuevas formas de producción de conocimiento que lidian con aquellos patrones de investigación basados en disciplinas y áreas de conocimiento.
A su vez, hay una mayor sensibilidad hacia el entorno y una creciente orientación social y económica de la I+D que acentúa el carácter distribuido y colectivo del conocimiento.
Este artículo ha arrojado luz sobre esas dinámicas de apertura y cierre: se observa una clara evolución hacia una comprensión interactiva de la ciencia y de sus relaciones con la sociedad, pero no carente de resistencias y tensiones, en parte por el impulso prescriptivo de la I+D y su comprensión como un ingrediente primariamente económico, que merma las posibilidades de discusión, lo que explica por qué algunas de las relaciones y demandas indicadas en este artículo se muestran más resistentes al cambio.
Ese acomodo conflictivo entre objetivos es lo que viene dando forma a las políticas europeas de investigación científico-tecnológica.
El programa ELSI se establece con el Programa Genoma Humano a inicios de 1990 en los Estados Unidos y tenía como misión anticipar las implicaciones éticas, legales y sociales de la genética y la genómica, mientras que el enfoque ELSA reconoce desde sus orígenes la necesidad de ampliar su ámbito de investigación y desbordar la naturaleza lineal que representa el estudio de las implicaciones (Zwart y Nelis, 2009; Zwart, Landeweerd y van Rooij (2014).
No obstante, hay una diversidad y heterogeneidad de perspectivas y métodos sobre la práctica de la ética en las actividades científico-tecnológicas (véase Reijers et al., 2017).
micas tipo top-down que se diseñan y ejecutan en planes comunitarios-como una serie de iniciativas que se generan en la sociedad civil y se robustecen con los programas institucionales.
Véase a este propósito la iniciativa Nanojury (Singh, 2008).
Para una visión panorámica sobre el recorrido que viene realizando la RRI (organizaciones más relevantes, proyectos, áreas de aplicación, etc.) véase Timmermans (2017).
Una valoración sobre el alcance y la relevancia de la RRI puede verse en European Commission (2018).
Dicho de otra manera, una interpretación reduccionista puede llegar a ser uno de los principales obstáculos para desempeñar las potencialidades de una perspectiva de RRI (Eizagirre, Rodríguez e Ibarra, 2017; Levidow y Neubauer, 2014). |
Cuento actual y cultura popular.
La ficción breve española y la cultura popular, de la oralidad a la web 2.0.
El volumen Cuento actual y cultura popular.
La ficción breve española y la cultura popular, de la oralidad a la web 2.0, editado por Eva Álvarez Ramos y Carmen Morán Rodríguez, busca ahondar en la pervivencia de los orígenes del cuento -como el germen mítico o la oralidad-en la actualidad, para tratar de determinar de alguna manera qué queda del cuento popular en lo que se está escribiendo hoy.
Los cuentos tradicionales forman parte del acervo colectivo con tanta fuerza que en el siglo xx las versiones canónicas se han comenzado a reescribir, creándose nuevas versiones, tan extendidas como las primigenias, la mayoría consolidadas y canonizadas en el siglo xix, mostrando una gran capacidad de adaptación a los tiempos y a los medios.
Carmen Morán hace un repaso por la reescritura de cuentos tradicionales como Caperucita roja o La Cenicienta en lengua española, tanto desde el punto de vista teórico como desde el creativo, deteniéndose también en el papel de los nuevos canales de comunicación digital.
Elisa Martín Ortega se centra en el cuento de La Bella Durmiente y en sus diferentes versiones, desde Basile a Gattari pasando por Walt Disney, analizando la evolución del simbolismo del sueño y evidenciando las increíbles posibilidades simbólicas que se mantienen vigentes en el tiempo.
El cuento de La Bella Durmiente ha sido uno de los más cuestionados por el feminismo, ya que los cuentos siempre han poseído una gran capacidad a la hora de transmitir valores sociales y morales.
Así, María Mar Soliño Pazó, desde la perspectiva de género, desentraña las posibilidades que la literatura infantil tiene al respecto en la actualidad a partir del proyecto editorial Good Night Stories for Rebel Girls.
Hugo Heredia Ponce, Manuel Francisco Romero y Eva Álvarez Ramos se centran precisamente en las posibilidades digitales de la web 2.0 y su relación con el auge del álbum ilustrado y la literatura infantil, con la imagen y la oralidad como bases de su gran aceptación y de su éxito.
En esta línea Rocío Arana Caballero destaca la figura de Gianni Rodari tanto por sus ideas teóricas como por su producción en literatura infantil.
Desde las premisas que dicta la ley educativa, el maestro de Educación Primaria debe ser un mediador entre el alumno y la literatura con el fin de despertar la imaginación y la creatividad, para lo que el cuento y las famosas funciones de Propp pueden constituir una maravillosa herramienta.
Los nuevos cauces y formatos, como las series de televisión, son igualmente efectivos para transmitir reflexiones a través de su narra tiva en torno a temas literarios como la identi-a524 dad, algo en lo que ahonda Guadalupe Arbona Abascal a través del motivo del tatuaje en un relato, una novela y una serie de televisión.
Creadores como Óscar Esquivias y Gonzalo Calcedo se centran en diversos aspectos del cuento desde la perspectiva de la composición.
El primero, en la noción del arte por encargo aplicada a su propia trayectoria, tan desdeñada popularmente y que a la vez ha sido el origen de la creación de grandes obras maestras.
Gonzalo Calcedo, en una especie de autorreflexión retrospectiva, ahonda en las motivaciones e influencias en su trayectoria literaria, trazando una especie de retrato literario generacional de los autores analógicos y nueva realidad digital.
Así como los blogs y redes sociales pueden ser una herramienta en el aula, desde otra perspectiva están condicionando todas las fases del proceso creativo y la relación editorial, especialmente en los géneros más breves.
Ana Abello Verano y José Enrique Martínez Fernández se centran en la obra de David Roas y Juan Pedro Aparicio, respectivamente.
El caso del autor barcelo-nés sirve de paradigma para entender cómo lo fantástico y lo insólito suponen un importante cauce dentro del cuento en español actual, representando la inestabilidad y lo absurdo del individuo posmoderno y sus circunstancias.
Desde un enfoque mucho más mimético, Juan Pedro Aparicio plasma las preocupaciones vivenciales y estéticas a través de sus libros de cuentos, haciendo especial hincapié en el paso de la memoria.
En definitiva, los artículos que integran este volumen recuerdan al lector y al público especializado la fuerza transmisora de la oralidad y la capacidad simbólica de los cuentos, que parece no haber desaparecido, perviviendo como un género que, tras haberse consolidado como un género literario diferente a como era en sus orígenes en cauce y contenido, mantiene ciertos elementos capaces de reescribirse y readaptarse a los tiempos y a la geografía.
Raquel de la Varga Llamazares |
Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).
Ediciones Akal publicó en 2018 Pérdidas y ganancias.
Exiliados y expatriados en la historia del conocimiento de Europa y las Américas, 1500-2000, del acreditado historiador británico Peter Burke.
Sus 256 páginas son el interesante relato de las diásporas de intelectuales desde el siglo XV hasta finales del siglo XX.
El autor presenta numerosos estudios de caso sobre este tema, muy vigente dentro del ámbito de la historia del conocimiento, y que soslaya campos como la sociología o la antropología histórica.
Como declara en los prolegómenos, Burke comenzó a redactar el libro en la primavera de 2015, animado por algunos colegas a dar a conocer sus pesquisas sobre la participación de los exiliados y expatriados en la historia de Inglaterra.
En efecto, las razones de la migración son variadas, siendo a veces una cuestión voluntaria y otras forzosa.
A algunos se les puede aplicar la idea de destierro, entendido como desarraigo y pérdida, y a otros la idea de transculturación.
Los exiliados han sido muchas veces refugiados, un término que la filósofa alemana Hannah Arendt rechazaba porque prefería la denominación de recién llegados o inmigrantes.
1 En efecto, el desplazamiento a otro país en ocasiones conllevó traumas psicológicos, sentimientos de soledad, nostalgia e inseguridad.
Hubo suicidios, como el del filósofo Walter Benjamin o el del historiador Ramón Iglesias, y se convivió con la idea de acabar con una carrera truncada.
Theodor Adorno enunciaba lúgubremente: "Todo intelectual emigrado resulta dañado sin excepción".
2 No obstante, en esta historia también hay ganadores.
Sucedió oportunamente que muchos lograron éxito al reinventarse, al tener la mente abierta para estudiar en nuevos terrenos del conocimiento y aprender.
Burke nos habla de actitudes de resistencia y de asimilación, concluyendo que, a su parecer, aquellos que lograron ubicarse en un punto intermedio entre estos conceptos serían quienes más aportaciones brindarían al desarrollo de la ciencia.
El libro acentúa la importancia de las contribuciones hechas por los exiliados, que además de enriquecer-a525 se de la nueva cultura que les acogió, favorecieron el cosmopolitismo de sus anfitriones, revelando conocimientos y maneras de pensar nuevas y alternativas.
Desde este punto de vista, las migraciones son procesos educativos que favorecen, al menos en el ámbito de la intelectualidad, a ambas partes.
Es más, Burke llega a sugerir que el exilio es una forma de educación, aunque muy dura.
Al menos es obvio que aquellos que regresaron a sus países natales ya no fueron los mismos, pudiendo examinar su entorno con la suficiente distancia para emitir valoraciones objetivas.
El primer conglomerado de exiliados que se estudia aparece en el Renacimiento, concretamente en 1453.
La caída de Constantinopla bajo el asedio del sultán otomano Mehmet II hizo que muchos griegos huyeran a Italia con sus libros y erudición, al punto que ha llegado a afirmarse que el humanismo renacentista es la inmediata consecuencia de dicha emigración.
Los exiliados de esta época son en general refugiados por motivos religiosos.
Los judíos y los musulmanes fueron expulsados de España y Portugal, teniendo que escoger entre la conversión o el desarraigo.
Con la Reforma, en toda Europa disidentes por motivos religiosos evadieron juicios y persecuciones, y adonde fueron trataron de contribuir ofreciendo su cultura y saberes a sus anfitriones.
Comenius, que pertenecía a un grupo protestante que defendía un culto llamado Pansophia (un discernimiento que favorecía alcanzar el saber universal), estuvo refugiado en Polonia, Suecia, Prusia e Inglaterra, y allí donde se asentó difundió sus ideas educativas.
Los protestantes ingleses llegaron al Nuevo Mundo con los padres peregrinos, y no todos eran puritanos.
Se cuenta que, desde su llegada a América en 1631, Roger Williams estudió la cultura de los indios por complacencia y admiración a su armonía espiritual, sin intentar convertirlos.
Mención aparte merecen los protestantes franceses hugonotes que se vieron obligados a huir en masa tras los castigos y expropiaciones del Edicto de Nantes.
Burke les dedica un apartado especial, pues muchos emigrados hugonotes eran cultos.
El concepto del título del libro, pérdidas y ganancias, se toca aquí por vez primera, ya que la emigración de hugonotes conllevó para Francia una gran pérdida de capital intelectual.
Por el contrario, los países de acogida, Holanda, Inglaterra y Prusia principalmente, se vieron beneficiados de las habilidades de estos refugiados.
Los hugonotes contribuyeron a la difusión de tecnología especializada, tanto artesana como científica.
Fueron médicos y libreros, periodistas e historiadores, docentes y traductores.
El que menos enseñaba francés (que en la Europa del siglo XVII era la lingua franca), y otros emprendieron nuevas carreras.
El prestigio de la cultura francesa favoreció a que les dieran la bienvenida como emisarios de la sabiduría del país galo.
Burke utiliza el término expatriado para referirse a aquellos que dejan su hogar porque aspiran a mejores condiciones de trabajo en el extranjero.
Cuando hablamos de intelectuales expatriados, hablamos entonces de fuga de cerebros.
El autor identifica tres clases de contribuciones de este tipo de expatriados: mediación, distanciamiento e hibridación.
Quienes se dedicaron a componer diccionarios y gramáticas de las lenguas de su nuevo lugar de residencia son ejemplos claros de mediación intercultural.
Paradigmático sería Domingo de Santo Tomás, un misionero dominico que dio a la imprenta en 1560 la primera gramática del quechua.
Un caso de distanciamiento sería el de Abraham Rogier, clérigo protestante al servicio de la Compañía de las Indias Orientales.
Escribió un libro titulado La puerta abierta al paganismo oculto (1651), donde describe la religión hindú de modo objetivo, respetuoso y desapasionado.
La hibridación sucede cuando se produce una colaboración en la investigación con los nativos, tal sería el caso del especialista en estudios orientales Colin Mackenzie que colaboró codo con codo con el epigrafista indio Kavali Venkata Borayya en los orígenes de la historiografía moderna de la India.
En relación a los expatriados modernos, Burke menciona los casos de algunos países, como Rusia, Japón o Turquía, que invitaron a extranjeros para mejorar la calidad de su educación, conscientes de que necesitaban modernizarse y ponerse al día.
A Turquía acudió Erich Auerbach, que se quejaba de su aislamiento y de falta de libros.
A menudo Burke se pregunta si los intelectuales que describe hubieran escrito los mismos libros de no haber sido exiliados.
En el caso de Auerbach posiblemente no, ya que su estancia en Estambul, separado de las bibliotecas apropiadas para sus estudios filológicos, le obligó a dejar de persistir en ellos.
Sin embargo, allí escribió su obra más famosa, Mimesis, una profunda investigación sobre la representación de la realidad en la tradición literaria occidental.
Los grandes exiliados del mundo contemporáneo han sido políticos y personas perseguidas por razones de limpieza étnica.
En el siglo XIX Londres acogió a muchos asilados políticos, convirtiéndose en la capital europea de los refugiados.
Karl Marx fue quizá el exiliado londinense más famoso.
En cambio, en el siglo XX el gran éxodo lo protagonizaron aquellos a525 hostigados por el régimen de Hitler, en su mayoría judíos centroeuropeos.
De acuerdo con Burke, el objetivo de Pérdidas y ganancias: Exiliados y expatriados en la historia del conocimiento de Europa y las Américas, 1500-2000 es ayudar a los estudiantes a elucidar lo bueno de la globalización y los movimientos migratorios.
Como desenlace, el autor pregunta al lector si podría imaginarse en qué estado estarían las humanidades y las ciencias sociales en el Reino Unido o en otro país occidental, si no hubiera habido traslados de exiliados.
En su opinión, muchas generaciones europeas y americanas padecerían de un gran provincianismo intelectual si no hubieran recibido el influjo de estudiosos migrantes.
Este mensaje no es casual, ahora que vivimos tiempos de necios nacionalismos y de xenofobia.
De ahí que Burke escriba un epílogo titulado "Un comentario sobre el Brexit", donde vaticina que la salida del Reino Unido de la Unión Europea será un verdadero desastre económico y cultural.
Los exiliados son un elemento invaluable de enseñanza e ilustración y el Brexit sacrifica esa fuente de diversidad cognitiva, con lo que posiblemente las próximas generaciones serán más provincianas y menos creativas.
Los ejemplos extraídos de las páginas del libro así lo prueban.
Universidad de Cuenca (Ecuador) |
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Adolfo Torrecilla (Madrid, 1960) es profesor, crítico literario y colabora en diferentes revistas y medios de comunicación.
Dirige la sección de literatura de la agencia Aceprensa y, entre otras publicaciones, es autor de Dos gardenias para ti y otros relatos.
Cien años de literatura a la sombra del Gulag 1917-2017 es un valioso ensayo que analiza de manera rigurosa y didáctica más de un centenar de obras de diversos géneros que versan sobre la experiencia que tuvieron sus autores en los gulag, los asesinatos cometidos en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) o en países del Telón de Acero y lo acontecido en otras geografías de la barbarie como China, Camboya o Corea del Norte.
El ensayo que nos ocupa comienza con una pregunta directa del autor a los lectores: ¿cuándo asumiremos que Kolimá y Auswitch son las dos caras de una misma moneda?
De este modo, a lo largo de las tres partes en que estructura su obra, trata de justificar dicha "afirmación".
Comienza mostrando una visión global de la maquinaria represiva en la URSS, cuyas víctimas, para sorpresa del autor, no parecen formar parte del imaginario colectivo.
En el segundo y tercer capítulo ilustra purgas, torturas, exterminios, matanzas en masa, persecuciones, fusilamientos, trabajos forzados, exilios, apaleamientos hasta la muerte, esclavitud, hambrunas... con la "experiencia" de autores que vivieron y sufrieron en carne propia el terror rojo, autores que mantuvieron la dignidad de la palabra y enfrentaron el daño para ajusticiar la sinrazón de aquellos años.
Uno de los grandes aciertos del ensayo de Adolfo Torrecilla es que se aleja de ser un mero registro bibliográfico, recorre las geografías de la barbarie mediante un exhaustivo estudio sobre los literatos y el contexto histórico en que se hallan, apostillando aspectos éticos y estéticos de sus obras que nos ayudan a vislumbrar el valor de sus legados literarios.
Una breve, pero útil, cronología histórica y literaria que va desde 1894 hasta 2017, tras la que se advierte a los lectores de que se trata solo de una selección de obras publicadas en castellano en las que se han occidentalizado en la medida de lo posible algunas de las grafías de sus nombres, nos adentra en la primera parte subtitulada "Itinerario de una memoria olvidada".
El autor sitúa al lector en la revolución rusa de 1917, movimiento que transformó la historia de muchos países y de millones de personas, a la vez que determinó las manifestaciones artísticas y culturales de su tiempo.
El régimen busca saboteadores por todos lados y la URSS se convierte en un centro de espionaje donde la racionalidad revolucionaria sustituye a la justicia.
El Partido debilitó la agricultura creando las condiciones propicias para las terribles y devastadoras hambrunas que acabaron con la vida de siete millones de personas; decidió eliminar la intelligentsia estandarizando a los escritores a los que consideraba "los ingenieros del alma".
La literatura solo tiene un camino: el realismo socialista.
1937 marca un punto y aparte en la historia de los gulag pues dejan de ser prisiones para convertirse en verdaderos campos de exterminio.
Algunas voces como la de Victor Serge o Arthur Koestler comienzan a oírse pero, y esta es una de las cuestiones que asombra sobremanera al autor, la inteligencia occidental se muestra más indulgente con el comunismo que con el nazismo o fascismo.
Solzhenitsyn, aprovechando una delgada política aperturista, publica Un día en la vida de Iván Denísovich.
Fue rápidamente retirada de circulación, pero a partir de dicha obra, nada fue lo mismo.
En la segunda parte, nos sumergimos de lleno con Adolfo Torrecilla en los "Testimonios literarios de la represión en la URSS y otros países comunistas" Así, José M. Faraldo con Historia y memoria de la Revolución da cuenta de cómo las autoridades bolcheviques construyeron desde el principio su propia memoria.
Surge lo que Anne Applebaum en Gulag denomina el homo sovieticus: la sumisa aceptación del comunismo como único sistema de vida que incluso hace peligrar la cultura al desaparecer la libertad de ejercer la crítica.
Algunos escritores como César Vallejo o R. J. Sénder se mostrarán en sus obras encandilados con los ideales utópicos, otros como Stefan Zweig serán conscientes de que en su viaje a Rusia, a pesar de enseñarles muchas cosas, dejan de enseñarles otras muchas.
Los primeros en criticar los métodos de la URSS fueron Victor Serge con Ciudad conquistada, Arthur Koestler con El cero y el infinito o Jan Vatlin con La noche quedó atrás, pero el verdadero juicio de Nürenberg del comunismo, co-menta Torrecilla, fue la obra Archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn.
Tras él llegaron Relatos de Kolimá de Varlam Shalamov o Vida y destino de Vasili Grossman, entre otros que demostrarán que, como dice Enrique Fernández Vernet, "el Gulag no solo estaba en los campos penitenciarios, sino que habitaba en el alma de las personas".
El fin del «Homo Sovieticus» de Svetlana Alexiévich, Premio Nobel 2015, da cuenta de la desintegración de la URSS y junto con otras obras, como Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin o El compromiso, imprimirá una cierta distancia al acontecimiento introduciendo el humor y la sátira para combatir la censura bolchevique.
Llegados a este punto el repaso literario al que nos ha enfrentado el autor nos deja una visión holística de la represión en la URSS.
En la tercera parte o "Geografías de la barbarie", Torrecilla transita con los autores seleccionados y las obras más representativas de estos los países azotados por el comunismo.
Inicia la memoria de la sin memoria en un viaje tanto físico como psicológico, como denota la frase de Fatos Kongoli: "Me fugué a mi interior, a los territorios de la soledad.
No existe fuga más amarga, pero tampoco más segura".
Las obras que Torrecilla nos propone tratan de hacer frente a los interrogantes que planteó dicho momento histórico.
Así, el checo Arthur London plantea en La confesión su incomprensión ante la indiferencia con que el resto de países asistía al horror bolchevique.
El rumano Dan Lungu en ¡Soy un vejestorio comunista! refleja lo paradójico que resulta que una parte de la población, habiendo vivido un régimen totalitario e inhumano, fuera capaz de sentir nostalgia de él.
El búlgaro Angel Wagenstein en El Pentateuco de Isaac, donde su protagonista Itzik recorre todas las estaciones más oscuras de la historia europea del siglo XX, desenmascara con una sola frase el terror de Stalin, como lo denomina Applebaum: "... me fui a la guerra como austrohúngaro y regresé como polaco."
Habrá autores como Gÿorgy Dragomán que decidan narrar, por ejemplo, el infierno vivido por Yata y su madre a la que apodaban "la zorra judía", sin ningún tipo de bálsamo.
O autoras como Monika Zgustova que aportará un rayo de esperanza ante tanto dolor y sufrimiento: "Me doy cuenta de que sin mi experiencia en el Gulag no sería como soy... si uno pasa por el campo y no se convierte en un ogro... está acorazado.
Ha pasado la prueba".
De uno u otro modo, Adolfo Torrecilla -como afirma Varujan Vosganian en El libro de los suspiros: "Yo soy, sobre todo, lo que no he podido realizar"-piensa que la huella en el alma humana permanecerá indeleble hasta que se haga justicia.
Cuando Adolfo Torrecilla hace alusión a Corea del Norte, llama la atención la actualidad del problema al que nuestra sociedad, en palabras del autor, sigue sin querer volver los ojos.
En Los acuarios de Pyongyang, Kan Chol Hwan relata su experiencia en un campo de concentración coreano en la década de los 90, donde se calcula siguen hoy día prisioneros más de 200.000 coreanos.
Es por testimonios como este por lo que Camboya, China o incluso Cuba ocupan también un lugar en dichas geografías de la barbarie declaradas por el autor, porque siguen revelando lo poco que vale una vida cuando la ideología se vuelve demente.
Concluye Torrecilla alegando que el terror soviético o chino con Mao o de Pol Pot en Camboya..., descrito ampliamente en todas estas obras, ha contado con aliados como la falta de imágenes, la ausencia de asociaciones que den visibilidad a los hechos, como sucede con la Shoah, que a menudo los crímenes nazis acaparan toda la atención encubriendo los soviéticos que continuaron al menos hasta 1953, o el hecho de que muchos intelectuales confiaran en el comunismo como la llegada de un tiempo nuevo...
Todo esto, si recurrimos a la consigna de Agamben, amenaza con volver a repetirse, aunque en el "Epílogo" de Cien años de literatura a la sombra del Gulag 1917-2017, Torrecilla hace hincapié en que, en una sociedad analgésica, portadora de un individualismo gregario y anarquizante a partes iguales, que diluye la memoria a largo plazo trivializando los horrores del pasado, se auguran males mucho más graves en el futuro.
En este ameno e interesante repaso por el gran osario de la memoria histórica, como afirma Shentalinski en 1988 cuando se le permite acceder a la Lubianka para indagar el paradero de miles de escritores represaliados y asesinados, encontraremos autores tan conocidos como Czeslaw Milosz o Borís Pasternak, entre otros que no lo son tanto como Esther Hautzig o Denise Affonço, pero que según Torrecilla merecen serlo.
La más que recomendable obra que tenemos ante nosotros supone un homenaje literario a la propia literatura que resultó, y siempre ha resultado, indispensable como reducto humano en épocas donde el hombre se olvida de ser hombre.
Magnífica obra que nos emplaza a descubrir futuras lecturas que merecen un lugar privilegiado en la memoria colectiva de la humanidad pues, como afirma Adolfo Torrecilla, no debemos dejar de leer y escribir sobre aquello.
Rebeca Gómez Cifuentes Universidad del País Vasco |
Se analizan en este artículo una serie de revistas y libros, así como otro tipo de manifestaciones producidas en España en el período 1968-1976, que se refirieron a la denominada crítica de la ciencia.
Este movimiento tuvo su mayor vigencia en los países occidentales en la década de los setenta del pasado siglo.
El análisis muestra la presencia de esta crítica en diferentes medios, aun cuando se puede considerar que su relevancia fue relativamente minoritaria en el conjunto de la sociedad española.
Al cumplirse cincuenta años desde los acontecimientos de mayo del 68 se prodigaron los análisis sobre su significado y transcendencia.
En general, se destacaba que su importancia se derivaba sobre todo del hecho de que diversos movimientos contestatarios que venían emergiendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial tuvieron en ese momento, por diversas circunstancias que no son fáciles de concretar y de describir, su coincidencia y unas condiciones sociopolíticas que facilitaron su repentina y dramática manifestación pública.
Hay un acuerdo bastante amplio en afirmar que el 68 tuvo culturalmente poco de original, aunque como síntoma de los cambios que estaban ocurriendo en la sociedad occidental fuera un momento fundamental y singular de la historia reciente.
Dentro de los movimientos de protesta que tuvieron una mayor vigencia se recuerda en este aniversario la crítica al déficit democrático y al autoritarismo en la universidad, en las instituciones públicas y en las empresas, el pacifismo con la guerra del Vietnam como referencia obligada, el feminismo y el ecologismo y, en general, el rechazo de las normas tradicionales que estaban vigentes en la familia y en las principales organizaciones.
Sin embargo, la crítica a la ciencia, que tuvo también su importancia y transcendencia en estos acontecimientos, apenas es recordada.
Existen libros y trabajos sobre esta cuestión, aunque tampoco son muy numerosos, como el fundamental de Renaul Debailly (2015), profesor de sociología en la Sorbona, titulado La critique de la science depuis 1968 en el que ya con una cierta perspectiva temporal se analizan las causas y las características de este movimiento.
Y por supuesto, existen los que se escribieron en los años de mayor efervescencia de la crítica a la ciencia en la década de los setenta y que se pueden considerar ya como manifestaciones sintomáticas de estos acontecimientos.
Sería el caso de los del físico Levy-Leblond y Jaubert (1975), una de las figuras más emblemáticas de esta época, con su (Auto)critique de la science o el de la socióloga americana Nelkin (1978), algo más tardío, titulado Scientists in an Adversary Culture: The 1970s.
En España son también muy escasas las referencias sobre la crítica de la ciencia posterior al 68 en los países occidentales, pudiendo citarse el capítulo sobre «Mayo de 1968 contra el cientifismo» del libro de Echevarría (2003) Introducción a la metodología de la ciencia y el de Fernández Buey «Entre mayo del 68 y la guerra del Vietnam».
Por otra parte, con este enunciado de crítica de la ciencia deben reconocerse varios planteamientos que tuvieron un desarrollo temporal diferente pero que acabaron confluyendo en una amalgama un tanto anárquica de consideraciones críticas sobre esta actividad en la década de los setenta.
Posteriormente, sobre todo en los ochenta, dieron lugar ya a formulaciones mucho más elaboradas que acabaron por influir decisivamente en la historia, en la sociología, en la axiología y en la filosofía de la ciencia actuales.
El primero de estos planteamientos, que tiene raíces muy antiguas, que incluso podríamos llevar hasta Galileo y sobre todo hasta consideraciones y mitos románticos como el de Frankestein, es el del mal uso de la ciencia.
Sus dos expresiones más evidentes en las críticas posteriores al 68 se centraron en la utilización de los avances científico-técnicos en la carrera de armamentos y en la contaminación provocada por los nuevos productos químicos.
El siguiente sería el relativo a la objetividad y racionalidad en la ciencia que fue puesto en entredicho por pensadores como Feyerabend, Roszak, Marcuse o Debord, seguido y defendido con entusiasmo por los movimientos contraculturales.
La democratización de las instituciones en el caso de la ciencia se orientó hacia la crítica del poder, casi absoluto, que tenían en los laboratorios y en la universidad sus mandarines.
También, aunque con menos insistencia, se destacó el escaso relieve de los subalternos y la mínima presencia de las mujeres en cargos de responsabilidad.
Finalmente, fue puesta en duda la pretendida autonomía de la ciencia ya que una sociología y una historia social de la ciencia emergentes estaban evidenciando de una forma convincente que la actividad científica, aun respetando la existencia de métodos y principios propios e independientes, estaba determinada también por los valores que emanaban de la sociedad; de ahí que se propuso que más que hablar de ciencia y sociedad habría que hacerlo sobre la ciencia en sociedad.
Resulta evidente de las consideraciones anteriores, que movimientos sociales de tanta trascendencia posterior como el pacifismo, el ecologismo o el feminismo estuvieron presentes en la crítica de la ciencia de esta época.
De todas formas, parece excesivo, como algunas veces se ha señalado, que sean aspectos constituyentes de la misma.
A lo sumo, se puede considerar que fueron actividades paralelas con un devenir bastante independiente que, en algunos momentos y bajo determinadas circunstancias, confluyeron e incluso llegaron a interactuar efectivamente (Debailly, 2015).
ANTECEDENTES DESPUÉS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
El ataque con bombas atómicas a Hiroshima y Nagasaki en 1945 supuso un fuerte revulsivo en el mundo científico que cambió radicalmente muchas voluntades que inicialmente, frente al peligro nazi, estaban a favor de una colaboración estrecha entre los científicos y los militares.
Es bien conocido el caso Oppenheimer sobre este científico alemán, líder del proyecto Manhattan, que creó la bomba atómica, pero que después se negó a seguir con las investigaciones que darían lugar a la bomba H. En 1954, en pleno delirio macartista, fue sometido a un proceso penal que influyó decisivamente sobre la opinión de muchos científicos que comenzaron a dudar seriamente sobre su participación en la creación de nuevos armamentos.
Colaboración, que todo hay que señalarlo, era la fuente fundamental de financiación de muchas universidades y centros de investigación en Estados Unidos.
Las fuertes protestas a que dio origen la guerra del Vietnam (1955Vietnam ( -1975) ) en la sociedad americana, sobre todo a partir de los sesenta, y que llenaron de contenido muchos de los movimientos contraculturales que aparecieron en esta época, pronto se extendieron al resto del mundo occidental.
Los movimientos pacifistas las hicieron suyas y también los científicos más comprometidos, como Bertrand Russell y Laurent Schwartz, alertaron sobre los riesgos y las consecuencias de las nuevas armas que se empezaban a desarrollar, así como de los serios peligros que suponía la nueva aplicación masiva de biocidas en las selvas de Indochina.
Estas protestas, como es bien conocido, ocuparon una buena parte del imaginario del 68, quedando reflejadas en las más variadas iniciativas, tanto políticas como estéticas.
Esta protesta contra el uso de los plaguicidas en Vietnam no hacía más que seguir la senda que había abierto la bióloga americana Rachel Carson en 1962 con la publicación de Primavera silenciosa, en la que con un calculado dramatismo evidenciaba los peligros de los nuevos productos químicos que la ciencia había descubierto para el control de las plagas.
Estos riesgos, sumados a otros procesos de degradación del medio ambiente que la actividad industrial había desencadenado, dieron origen a un amplio movimiento de protesta que en 1970, en el denominado Día de la Tierra, consiguió reunir en Washington a millones de personas.
Había nacido el movimiento ecologista, que poco a poco se extendió al resto del mundo civilizado y que en la década de los setenta se articuló en una serie de grupos e instituciones, muchos de ellos todavía hoy en plena actividad, que tenían como objetivo prioritario la defensa de una naturaleza íntegra y descontaminada (Diaz-Fierros Viqueira, 2006).
Muchos de esos grupos les dieron voz y acción a los científicos, cada vez más numerosos, que proponían unos objetivos alternativos a una ciencia y una técnica en la que predominaban las aplicaciones orientadas exclusivamente a los incrementos de productividad.
Esta lucha por estos nuevos usos de la ciencia vino a substituir, en cierta manera, a la tradicional contra sus aplicaciones bélicas que, por otra parte, atenuadas las principales tensiones de la Guerra Fría, había dejado de tener en ella uno de sus principales alicientes.
Finalmente, hay que tener en cuenta que, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, surgió un fuerte motivo de preocupación y crítica en relación con el déficit científico que padecían los países del tercer mundo, en el que se veía una de las causas de las dramáticas de las condiciones en que vivían, y que libros como la Geopolítica da Fome de Josué de Castro (1953) mostraban en toda su crudeza.
Por otra parte, instituciones como la UNESCO, fundada ese mismo año, tomaban como uno de sus ejes de actuación el Periphery Principle, que promovía la cooperación científica entre los países menos desarrollados, creando oficinas y laboratorios en América Latina, India, Egipto o China (Petitjean, 2008) y defendiendo, en colaboración con otras instituciones como la FAO o el Banco Mundial, la transferencia de capital humano y equipos para que las aplicaciones científicas se hicieran realidad en estas regiones.
La ciencia en sociedad presupone la existencia de dos interacciones diferentes: por una parte, la relativa a sus aplicaciones en la sociedad, que se acaba de comentar, con sus implicaciones en el pacifismo, en el ecologismo y en la ayuda al tercer mundo.
Por otra parte, en una acción complementaria, pero de sentido opuesto, también se evidencia en esta época la influencia que tienen sobre la ciencia las ideologías, los sistemas políticos o simplemente la cultura que emanan de una determinada sociedad.
La pretendida autonomía y racionalidad de la ciencia que tradicionalmente se había defendido pronto fue puesta en cuestión por la obra de algunos filósofos como los de la Escuela de Frankfurt, pero sobre todo por la historia y la sociología de la ciencia que en estos años se constituyeron en unas disciplinas autónomas con metodologías propias y bien asentadas.
Un historiador como el británico Bernal con The a531 Social Function of Science (1939) y Science in History (1954) fue el precursor de estos planteamientos, pero será sobre todo la publicación en 1962 de La estructura de las revoluciones científicas de Khun la que alcance gran popularidad y asiente como doctrina establecida la falta de independencia de la ciencia frente a la sociedad.
El americano Merton y su escuela, considerados los fundadores de la sociología de la ciencia, abrieron por su parte un fructífero campo de investigación que dio sus mejores resultados a partir de los ochenta.
La protesta contra el autoritarismo en la sociedad, que comenzaba a manifestarse públicamente con los movimientos contraculturales americanos de los años sesenta, llegó al mundo de la ciencia como un reflejo de la agitación que convulsionó a las universidades a partir de 1967 en los países más avanzados del mundo occidental (Estados Unidos, Alemania, Japón, Italia, etc.).
Si se toma como ejemplo el caso francés, sus manifestaciones más explícitas después de la eclosión de mayo y junio del 68, con su cadena de huelgas y manifiestos en los laboratorios y centros de investigación, fueron la aparición de una serie de publicaciones de vida bastante efímera donde se recogían estas inquietudes, como Survivre (1970inquietudes, como Survivre ( -1975)), Labo- Contestation (1970-1973) o Impasciencia (1975-1977), así como una serie de boletines de los diferentes colectivos de personal.
El feminismo, que era ya un movimiento que se estaba manifestando con fuerza en diversos países, en el mundo de la ciencia de estos años dejó, de todas formas, muy escasas muestras de activismo, que a lo sumo se concretaban en algunos manifiestos y reflexiones dentro de contextos revisionistas más amplios.
De hecho, el feminismo en la ciencia no llegó a la opinión pública y a los medios de una forma clara hasta la década de los ochenta (Harding, 1986).
Como un resumen de lo que fue la crítica de la ciencia del 68 y sobre todo en la década siguiente, en la que alcanzó su manifestación más explícita, quedaron una serie de libros, donde de una forma más meditada y elaborada, aparecían los principales argumentos de este movimiento.
De ellos se podrían destacar como los más representativos, aparte de los ya citados de Levy-Leblond y Jaubert (1975) y Merton (1971), los siguientes: Science et Politique (Salomon, 1970), Science and Society (Rose y Rose, 1970), Scientific Knowledge and its Social Problems (Ravetz, 1971), Sociology of Science (Barnes, 1972), Politica e scienza (Jorio y Pacilio, 1972) o La Science et la Technique comme «Ideologie» (Habermas, 1974).
Para la realización de este trabajo se tuvieron en cuenta una serie de revistas que se podían considerar como buenos testimonios de estos planteamientos en España: Triunfo, Cuadernos para el diálogo y Arbor, que fueron revisadas en su totalidad para el período 1968-1976.
También fueron tenidos en cuenta los libros editados en un período más amplio y otros materiales bibliográficos complementarios.
El trabajo se dividió en tres períodos: los años anteriores al 68, el propio 68 y la primera mitad de la década de los setenta, en la que se manifiesta de forma más explícita la denominada crítica de la ciencia.
CIENCIA, PACIFISMO Y ECOLOGISMO EN LA ESPAÑA ANTERIOR AL 68
Sin que existan referencias muy explícitas sobre la idea que se tenía de la ciencia en las primeras décadas posteriores a la Guerra Civil, diferentes autores consideran que hasta los años cincuenta hubo un predominio casi total del neoescolasticismo en sus diferentes variantes (Bueno, 1970; Díaz, 1974).
De todas formas, aunque se trataba de defender la base ideológica del franquismo frente al racionalismo, al materialismo y al positivismo cientificista, no se pretendió frenar la actividad científica pues el tomismo, frente al agustinismo, consideraba a la ciencia compatible, por lo menos dentro de ciertos límites, con las creencias y la fe (Ronzon, 1982).
Un ejemplo de estos planteamientos lo tenemos en el libro publicado por Albareda, fundador y Secretario General del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Consideraciones sobre la investigación científica (1951), en el que se defiende a la ciencia como fuente del conocimiento y origen, a través de la técnica, del bienestar de la humanidad, pero que resulta insuficiente para dar respuestas a las grandes preguntas del hombre:
Pero la humanidad no se siente feliz; no solo eso; se siente defraudada.
Desde una y otra cima del mundo del saber, brotan voces que contrastan, junto al desarrollo científico, la ausencia del progreso moral (Albareda, 1951).
Y Calvo Serer (1950, 5 diciembre), en el mismo sentido, comentaba en ABC que todo lo que las ciencias tienen de positivo "solo puede ser asimilado por un esfuerzo creativo paralelo, proporcionado y efectivo, de las ciencias del Espíritu, entendida esta palabra según lo que significa en la tradición humanística clásico-cristiana".
Este contexto transcendente para la ciencia de los neotomistas fue dejando paso a partir de los años del desarrollismo español a una preocupación por las conexiones entre la ciencia y el progreso económico que se centró fundamentalmente en sus relaciones con la técnica, delimitando de una forma particular los campos y modalidades de actuación de la ciencia básica y de la orientada hacia la resolución de problemas.
Es la época también de la recepción en España del Manual de Frascati (1963), donde se establecen las diferencias entre la investigación básica, aplicada y de desarrollo y, sobre todo, del importante informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre La investigación científica y sus necesidades en relación con el desarrollo económico de España (1966).
Un ejemplo singular de estos nuevos planteamientos en relación con la ciencia en España se encuentra en el coloquio celebrado en el Centro de Estudios Sociales de la Santa Cruz del Valle de los Caídos en 1964 sobre La ciencia, la investigación y la técnica ante el desarrollo económico y el progreso social, considerado por su organizador, Sánchez Agesta, como "uno de los temas más importantes de nuestro tiempo".
En él participaron los más influyentes gestores de la ciencia española del momento (Albareda, Gutiérrez Ríos, Otero Navascués, Salustiano del Campo, etc.), y de sus ponencias se deduce la trascendencia política que estaba teniendo ya la ciencia en los planes de desarrollo español, en los que se intentaban arbitrar las medidas necesarias para salir del vergonzoso 0.2% del PIB que hasta entonces se le estaba dedicando.
Hubo, como no podía ser menos, abundantes referencias a la necesaria conexión entre las diferentes modalidades de investigación y el progreso económico, pero que en este caso estaban en general bastante bien apoyadas en abundantes datos y estadísticas.
Concluía el coloquio con una ponencia sobre la doctrina pontificia sobre la ciencia, la investigación y la técnica que ciertamente contrastaba un poco con el tono general de la reunión, bastante más "mundano".
Al margen de los planteamientos oficialistas y de los intereses y preocupaciones que realmente se vivían en los laboratorios, comienzan a desarrollarse en España los primeros focos que entrarían en conexión con las corrientes más actuales del pensamiento científico mundial, que en ese momento se centraban en las discusiones sobre el empirismo lógico (Russell, Carnap, Whitehead, Wittgenstein, etc.).
Al final de los años sesenta, se acusa en España la llegada de otra de las grandes teorías sobre la ciencia: el falsacionismo de Popper, que tendría su más significativo exponente en el I Simposio de Filosofía de la Ciencia (Burgos, 1968), celebrado en su honor y al que asistió como conferenciante (Ostalé, 2017).
También habría que señalar la recepción de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt que a partir de publicaciones como Dialéctica de la Ilustración de Horkheimer y Adorno (1969) 1 realizaba, entre otras cuestiones, una revisión radical de la neutralidad valorativa de la ciencia que defendían los neopositivistas (Sevilla, 2010).
Todas estas novedades sobre el pensamiento científico dieron lugar a numerosas publicaciones, aparecidas sobre todo en las editoriales Espasa, Tecnos y Ariel, por lo que se podría decir que, aunque fuese en un ámbito bastante minoritario, en España se estaba participando ya de los grandes debates ideológicos que surgían en el mundo en torno a las ideas sobre la ciencia.
De los dirigentes científicos españoles de esta época, que se ocuparon con bastante frecuencia en sus manifestaciones sobre los usos de la ciencia, no faltaron las críticas a sus aplicaciones bélicas, incluso con ciertas referencias explícitas a la bomba atómica: "el mundo ve que falta el trigo básico del sustento personal y sobra la energía pavorosa de los átomos destrozados" (Albareda, 1951); "la desintegración del átomo no la investigó Hahn para que unos hombres la emplearan contra otros" (Lora Tamayo, 1968).
Sin embargo, el tratamiento era bastante genérico y prácticamente sin referencias concretas a las naciones que estaban inmersas en la Guerra Fría del momento, que era realmente el núcleo del pacifismo militante que después se integró en la crítica de la ciencia de los años setenta.
Los planteamientos más comprometidos, posiblemente comenzaron a manifestarse en España a partir de la revista Theoria con la publicación en 1955 de las conferencias Reith de la BBC que Oppenheimer había impartido dos años antes.
En la última de ellas, con pocos meses de antelación al comienzo de su famoso proceso en Estados Unidos, realizaba una crítica directa de la aplicación de la energía atómica en la guerra.
Pero será sobre todo la revista Triunfo, en el mismo año del incidente de las bombas caídas en Palomares, la que publique con gran alarde editorial el mensaje de año nuevo del nobel Linus a531 Pauling (1966, 31 diciembre).
En él se realizaba una crítica incisiva y combativa de las aplicaciones de la energía atómica en la guerra, de las posibilidades de su fabricación en países pequeños y del contrabando nuclear.
Pero tampoco dejaba de condenar las nuevas armas químicas y biológicas que se estaban empleando ya en el Vietnam, con un llamamiento a la responsabilidad de los científicos y a la adopción de posturas críticas que no pongan "en causa a la propia ciencia".
En esta misma revista y por esta época, comienzan también a aparecer con una cierta asiduidad, como ejemplo implícito de buenas prácticas científicas, artículos o noticias sobre las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear y, sobre todo, de la carrera espacial.
Otro ejemplo de esta visión crítica de la ciencia contemporánea lo ofrece Lara Guitard (1968) en la revista Arbor con un comentario a las declaraciones de Max Born sobre su visión pesimista acerca del futuro de la humanidad, a pesar de unos avances científicos que no es capaz de asimilar y de orientar hacia su bienestar.
Expresivamente titula el comentario «Max Born: voces de Casandra sobre la ciencia y el porvenir de la humanidad».
Una modalidad muy utilizada en la época para conocer las corrientes de actualidad e incluso para sortear la censura fue la publicación de textos de teatro que se utilizaban como tales o bien en funciones de teatro leído, muy de moda en los medios universitarios.
Obras importantes por el mensaje pacifista radical que aportaban en relación con la ciencia fueron Los físicos de Dürrenmatt (1962), El caso Oppenheimer de Kipphart (1964) o el Galileo Galilei de Brecht (1964).
Dentro de este mismo apartado se podría incluir la película de Kubrick El Dr. Strangelove, estrenada en España en 1964 con el curioso título de ¿Teléfono rojo?
La guerra del Vietnam, que comenzaba ya a ser motivo de atención de los medios, dio origen también en esta época a libros en los que la ciencia era criticada por su colaboración en la contienda, como Crímenes de guerra en el Vietnam de Russell (1967).
En general, el ecologismo naciente de estos años se nutría de noticias extraídas de las revistas más comprometidas (como por ejemplo Triunfo) 2, así como de movimientos de protesta contra determinadas actividades que afectaban a la calidad o a la integridad del medio ambiente.
Grupos conservacionistas tradicionales como la Sociedad Española de Ornitología o la Sociedad Aranzadi de Ciencias Naturales, fundados en los años cincuenta y con una actividad relacionada con la valoración y protección de la naturaleza, fueron también acogiendo en su ideario las actividades reivindicativas propias de los nuevos grupos ecologistas que en general iban surgiendo al hilo de protestas muy concretas.
En esta década decisiva de los sesenta se pusieron también de manifiesto otros cambios que afectarían posteriormente a la crítica de la ciencia.
El modelo europeo de sociedad, que nos llegaba por la mayor permeabilidad de nuestras fronteras a las nuevas ideas y costumbres, así como por un incremento de los viajes al extranjero, comenzó a ser substituido en determinados círculos y en los últimos años de la década por propuestas tercermundistas; y así, modelos de países como Cuba o China se defendieron como alternativas reales al capitalismo liberal de Occidente (Díaz, 1974).
Finalmente, habría que considerar el conflicto generacional que se manifestaba cada vez con más evidencia en el cambio de unas costumbres que se enfrentaban claramente a las de las generaciones precedentes y del que se derivó una crítica a la autoridad establecida, que se expresó sobre todo en las aulas y en los espacios públicos, con una estética importada que rompía abiertamente con los gustos tradicionales.
LAS REVUELTAS DEL 68 Y LA CIENCIA
De los acontecimientos de mayo y junio del 68 en Francia recibió el lector español puntual noticia en los medios de difusión, acompañada en muchos casos de comentarios que, según la adscripción ideológica del medio, eran de total rechazo o daban una información más o menos neutral de los hechos.
En los principales diarios, de todas formas, las referencias a la participación de científicos en los conflictos, de forma individual o colectiva, estaba ausente y, aunque es bien cierto que esta había sido minoritaria en el conjunto de las revueltas, no dejaba de ser significativa y relevante.
En las revistas semanales y mensuales consultadas, que pudieron ofrecer ya una información más elaborada y contrastada, las referencias a la ciencia y a sus implicaciones también fueron mínimas.
Se resume a continuación el tipo de información que dieron alguna de ellas a los acontecimientos del 68 y, si las había, las referencias a la ciencia o a los científicos.
Fue posiblemente la revista que le dedicó un tratamiento más amplio a los sucesos del 68, ya que entre el 18 de mayo y el 8 de junio fueron apareciendo noticias, comentarios y amplios reportajes gráficos de estos acontecimientos, con un artículo (en el número 314) donde se analizaban sus principales claves explicativas.
En él es donde aparecen las únicas referencias a la ciencia a través de la implicación de Kastler, premio nobel de física, y de Monod, premio nobel de medicina, como defensores de las protestas estudiantiles, con participación incluso en sus marchas y asambleas.
Si, como ya se ha comentado, el pacifismo y más concretamente la guerra del Vietnam y el ecologismo se consideran movimientos paralelos y en cierta manera relacionados con el 68, también habría que señalar diferentes reportajes contrarios a la guerra del Vietnam, como el titulado «Gases en Vietnam» (Lebel-Radial, 1968, 6 julio) o el relativo al informe del físico ruso Sajarov (Aldebarán, 1968, 10 agosto), con una propuesta mundial de desarme dirigida a los científicos de todo el mundo.
También aparece un amplio reportaje de agencia, «Estáis pudriendo el planeta» (Davy, 1968, 7 diciembre), sobre los problemas de la sobreexplotación de recursos y de la contaminación de la tierra, con una referencia explícita, en una época ciertamente temprana, al cambio climático.
Cuadernos para el diálogo.
Le dedicó un número extraordinario al mayo francés en junio-julio del 68 (el número 57-58) donde fueron analizadas con detalle sus causas y significado, con una especial preocupación por las repercusiones que podrían tener en España.
Aranguren muestra su preocupación en que el trasfondo anti tecnológico que se aprecia en muchas protestas pudiera ser interpretado por los españoles como "un apartamiento del desarrollo tecnológico -que no hay que confundir con la tecnocracia-, del estudio de las ciencias más modernas".
Otros autores como Marzal (1968) insisten en su carácter de denuncia de "este mundo nuestro satisfecho y tecnificado del consumo".
Carrillo (1968), en la misma línea argumental, señala que "la prosperidad, la productividad y la tecnología al servicio de la política monopolista se han tocado directamente y la sociedad avanzada se ha manifestado sumamente vulnerable".
Pero será en el número doble siguiente, el de agosto-septiembre (59-60), donde aparezcan la ciencia y la técnica de una manera más explícita como protagonistas, sobre todo en el artículo de Boix (1968), donde se dice:
Hoy la ciencia y la técnica han dejado de ser un instrumento en manos de la burguesía para convertirse en elementos cada vez más integrados en el concepto de fuerzas productivas y en este sentido las exigencias del desarrollo técnico y científico se oponen cada vez más a los intereses de la burguesía.
Los técnicos, científicos, profesionales en general, son cada vez más intelectuales asalariados cuya fuerza de trabajo -su formación, preparación, experiencia-está sometida en la sociedad capitalista a las leyes del mercado, habiendo dejado ya de disfrutar los privilegios de una casta al servicio de la burguesía.
Y se concluye con un argumento típico de la crítica de la ciencia que se prodigará en los años setenta: "el proceso de socialización de la producción se ha intensificado, alcanzando a los propios medios de investigación y creación científica".
Finalmente, Aguilar Navarro (1868b) vuelve a insistir sobre "el reto que la tecnología lanza al hombre contemporáneo", construyendo una civilización técnica (que) nos ha impuesto una forma de sociedad, un sistema de valores y comportamientos humanos que no pueden conciliarse con la tradición cultural humanista que la Europa liberal, burguesa y parcialmente democrática impuso a todo el mundo.
Aguilar Navarro indica claramente las profundas diferencias que existen entre los movimientos estudiantiles franceses y los españoles, concluyendo que se trata de una nueva visión de la sociedad, que prescinde de las tradiciones y que se encara "con el resto de la autonomía de la ciencia y del mundo".
En el número 271-272 en la sección de Comentarios de actualidad de Gómez Galán se presentan una recensión de diversos libros sobre los movimientos estudiantiles europeos y la universidad española, con una reflexión final sobre el mayo francés que, frente a las descalificaciones de los autores comentados, propone que, pese a todo, debe aprenderse algo importante de esas manifestaciones, ya que ellas "forman parte de la realidad social, de manera seria, aunque no encaje del todo en algún esquema apriorístico de la realidad".
De esta muestra sobre la respuesta de algunas de las revistas españolas más significativas, se deduce, por una parte, el interés que las convulsiones de mayo del 68 tuvieron en España ("A lo largo de un mes no hemos hecho otra cosa que reflexionar sobre los acontecimientos franceses", comenzaba su artículo Aguilar Navarro (1968a) en el número monográfico de Cuadernos para el diálogo de junio-julio) pero, por otra, puede apreciarse cómo los argumentos sobre la crítica de la ciencia y la técnica son prácticamente marginales.
Algo que de todas formas no debería extrañar, pues estos no comenzaron a tener una presencia notable, incluso en los países donde aparecieron de forma más acusada, hasta los primeros años de la década de los setenta.
LA CRÍTICA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA EN LOS SETENTA
El período de este análisis se limitará hasta el año 1976.
En primer lugar, por una cuestión de espacio, pero también porque en la vida española, con la llegada de Adolfo Suárez al gobierno en ese año, comienza un cambio político fundamental que de una forma progresiva se fue extendiendo también a los ámbitos sociales y culturales del país.
Durante el mismo, se producirán de todas formas los hechos fundamentales que pueden considerarse como pioneros en la crítica de la ciencia en España que, aunque tengan en general un carácter minoritario, son síntomas indudables de un cambio de mentalidad frente al significado tradicional de la ciencia.
Aparecerán sobre todo en los comentarios o reportajes de determinadas revistas o en las traducciones de libros significativos, pero también a lo largo de ese periodo irá surgiendo algún tipo de manifestación colectiva y académica que nos indicará que lo que comenzó naciendo como un interés minoritario acabó accediendo a capas más amplias de la sociedad.
Probablemente la primera referencia significativa fue la recensión que se realizó en Triunfo en 1970 de un discurso de Levy-Leblond cuando le concedieron el premio Thibaud de la Academia de Ciencias de Lyon, aparecido en Les Temps Modernes, y que se titulaba «La ciencia ¿para quién?».
En él el conocido representante del movimiento crítico francés expone sus tesis sobre la ciencia como soporte ideológico de una determinada sociedad: Después de la religión y las humanidades clásicas, es hoy en día la ciencia la que sostiene y estructura las formas de la ideología impuesta por la clase social en el poder, la burguesía [...]
La ciencia sirve para justificar todo el aparato de la jerarquía social, procurándose criterios «objetivos».
Tres años más tarde el matemático e historiador de la ciencia, discípulo de Rey Pastor, Ernesto García Camarero publica en la misma revista un amplio artículo sobre «La responsabilidad social del científico» en el que comienza con los testimonios históricos de científicos como Einstein, Born o Pauling en contra de las aplicaciones bélicas recientes de la ciencia, pero considerando que el problema es mucho más amplio, ya que, de siempre La actividad de creación científica ha estado mediatizada por el mecenazgo de los grandes señores, o por su institucionalización en Academias.
Esta mediatización hace que los temas de estudio para los científicos provengan en general de los problemas económicos o militares que esos señores tenían.
Considera que el mayo del 68 sirvió para relanzar estos problemas, y de nuevo vuelve a citar el conocido discurso de Levy-Leblod sobre la ciencia en la sociedad actual.
Plantea el problema de sus aplicaciones actuales ya que, aunque el de la fabricación de armas tecnológicas no desapareció, sí fue ampliado hacia la responsabilidad del científico "en campos sociales más bastos, como son el equilibrio ecológico, la polución radiactiva de las aplicaciones llamadas «para la paz» [...] el derroche energético y de materias primas".
Concluye con una referencia a la "desorientación" de la ciencia respecto a los verdaderos problemas de la humanidad como son el hambre y la subalimentación, haciendo un llamamiento a la responsabilidad y culpabilidad del científico "al no denunciar al menos esta anómala situación".
En este mismo sentido, tenemos la serie de Ciencias de los Cuadernos Anagrama, dirigida por el biólogo catalán Joan Senent-Josa, que en 1975 inicia la publicación de una serie de pequeños volúmenes conteniendo textos de autores que se significaron en la crítica de la ciencia tradicional como Joliot-Curie, Lan-a531 gevin, Althusser, Monod o el propio Levy-Leblond.
El coordinador de esta colección señalaba en su presentación la necesidad de conocer los debates "sobre la pretendida neutralidad de la ciencia, su función social y la responsabilidad del científico ante la utilización de los resultados de sus investigaciones con fines contrarios a los intereses de los pueblos".
Es decir, todo un programa de lo que se entendía por aquellos años como "crítica de la ciencia".
Pero serán sobre todo las aplicaciones indebidas de la ciencia las que aparezcan en la mayor parte de los comentarios españoles, que ya habrían olvidado en buena medida las orientadas a la guerra, como estaba sucediendo en el resto del mundo, y ahora se centrarían en los problemas generados por la técnica como producto derivado de la ciencia.
Un ejemplo temprano de estas consideraciones aparece en 1969, una vez más en Triunfo, en un artículo de Haro Teglen titulado «Año Cero III: La técnica, el último mito», así como en otro posterior del americano Leach sobre «Los hombres y las máquinas» (1970).
Pero también en revistas más "institucionales" como Arbor, y en gestores relevantes de la ciencia española aparece esta preocupación, como ocurre con el trabajo de Gutiérrez Ríos sobre «Proyección social de la ciencia».
En él se considera que la "crisis de nuestro tiempo" depende en buena medida de la incapacidad de la sociedad para asimilar todos los adelantos técnicos: "la vida social está montada sobre una estructura científico-social cada vez más compleja dotada de sus propias leyes internas, que es factor estabilizador de la vida política", pero que de todas formas "estamos asistiendo a la quiebra de los supuestos de la política hasta hace poco tiempo vigentes".
Como no podía ser menos, por la época en que se vivía, el desarrollo económico era otro de los puntos fuertes de las implicaciones de la técnica pero que, de todas formas, si no se realizaba dentro de ciertos límites podía dar origen a "la agresión al ambiente, la destrucción de la naturaleza, el despilfarro de los recursos naturales [...] una civilización que está convirtiendo el mundo en una bola de cemento y asfalto y de aguas negras".
Concluía con una reflexión sobre la sociedad de la opulencia "oprimida por temores y por sentimientos de culpabilidad, (que) está perdiendo la arrogancia y el optimismo de antes [...] y empieza a valorar, cada vez más, cosas olvidadas: el silencio, la paz interior, la soledad, las aguas limpias...".
Como se está viendo, el tema de las agresiones "técnico-científicas" a la naturaleza es algo recurrente en los anteriores planteamientos, que irá aumen-tando progresivamente de año en año a lo largo de la década, en la medida en que esta preocupación mundial se vaya imponiendo.
Un hecho poco destacado hasta ahora en las historias del movimiento ambiental español (Fernández, 1999; Varillas y Cruz, 1981) fue la celebración en el CSIC en el año 1970 del Coloquio sobre protección a la naturaleza, coordinado por el arquitecto Gabriel Alomar, que fue posiblemente la primera reunión científica de esta naturaleza celebrada en España.
En ella se trataron los temas clásicos de la contaminación por plaguicidas y otros productos, así como la degradación de los espacios naturales.
Pero también apareció como tema destacado del momento el del agotamiento de los recursos del planeta que intervenciones como la del Club de Roma o publicaciones como Los límites del crecimiento, de Meadows, Meadows, Randers y Behrens (1972), hacían inevitables.
Tema que, por otra parte, surgía ligado también a la problemática del subdesarrollo y que comenzaba a tener un fuerte protagonismo en España con traducciones de textos fundamentales o con aportaciones propias muy significativas como el libro de Sampedro Conciencia del subdesarrollo (1972).
Durante esta década todas las revistas donde la ciencia tuviera ya un cierto protagonismo comenzaron a tratar el tema ambiental e incluso la prensa diaria se ocupó de los principales acontecimientos internacionales, como ocurrió con la Cumbre del Planeta de Estocolmo del año 1972.
Una de las características de la crítica a la ciencia en la España de los setenta fue el acento que se puso -y con el que conectaron amplios grupos de investigadores-en los gastos en I+D y en la estructura de los órganos de gestión de la investigación científica.
En el primer caso, la cuestión estaba relacionada evidentemente con el clamoroso desfase que existía entre España y el resto de los países del entorno europeo (en 1974, el porcentaje de fondos destinados a I+D con relación al PIB estaba todavía en el 0.34).
En el segundo caso, la estructura de los órganos de gestión de la investigación científica tenía muchos aspectos que estaban vinculados al proceso de democratización creciente que estaba viviendo la sociedad española y que exigía también su aplicación en la escala jerárquica de la investigación y sobre todo en los procedimientos de gestión académica, demasiado afectados todavía por formulas autoritarias.
En el inevitable Triunfo aparece en el año 1974 un muy amplio artículo sobre «Investigación y Democracia», firmado por un Grupo Murciano de Investigación, colectivo que, ya por su propia existencia y denominación, es todo un síntoma de los nuevos aires que corrían en a531 el -hasta entonces-tradicional mundo del CSIC (de donde provenían los firmantes del artículo).
Después de un análisis histórico de los presupuestos y organización del CSIC, en el que se destaca la poca relevancia que tuvieron en su primera época los estudios de ciencias, se detienen en describir las disfunciones que este organismo presentaba con relación a su contexto internacional.
Se insiste en la importancia de la investigación científica en relación con la dependencia tecnológica de España, donde los pagos por royalties triplican los gatos en I+D, y se concluye con una referencia a la necesidad de democratizar unas estructuras donde "los responsables de cada escalón estructural del Consejo no sean el fruto directo organizativo de las escalas inferiores", así como que los "nombramientos (director, directores de patronatos, de institutos, etc.) sean efectuados desde áreas de decisión ajenas al trabajo concreto que se hace entre los investigadores".
Se propone que las reformas se decidan por medio de asambleas y debates, en grupos de discusión de todas las escalas, afirmando que "una reforma que no tenga en cuenta el papel de la ciencia en la sociedad y que no suponga un funcionamiento democrático está abocada al fracaso".
En esta época existe también un importante movimiento corporativo que reclama, como en el caso anterior, mayores recursos para la investigación, pero también mejoras salariales, estabilidad y sobre todo organización y gestión democrática de los centros, que podría identificarse en las asambleas y reuniones que comenzaban a proliferar y sobre todo en los boletines y revistas profesionales (en general de muy difícil localización).
Un ejemplo de estas manifestaciones la tendríamos en el artículo firmado por Senent-Josa sobre «La lucha de los trabajadores científicos» en el Butlletí del Col•legi Oficial de Doctors i Llicenciats en Filosofia i Lletres i Ciències del D.U. de Catalunya i Balears, en el que se da cuenta de las conclusiones de una reunión reivindicativa de investigadores ligados a los centros del CSIC de Cataluña en la que se reclamaba entre otras cuestiones "pleno ejercicio de las libertades democráticas de expresión, reunión, asociación, manifestación y derecho de huelga dentro de los centros de investigación" y "creación en cada centro, con carácter inmediato, de comisiones formadas por representantes de todas las categorías [...]".
La viñeta que ilustra el trabajo se identificaría sin ningún problema con las expresiones gráficas más características del movimiento crítico francés: en ella se ve a un investigador con bata llevando sobre sus hombros a un caballero con chistera que le muestra un cartel donde se puede leer "La ciència es neutra i està al servei de tota la societat".
Esta problemática de la neutralidad y autonomía de la ciencia frente a la sociedad no se planteó en España de una forma organizada y continua hasta la segunda mitad de la década de los ochenta.
La fundación del Instituto de Investigaciones sobre la Ciencia y Tecnología en 1985 por varios académicos (Sanmartin, Medina, López Cerezo, etc.) podría significar este comienzo.
Por eso lo que pudo suceder una década antes serían solo aproximaciones que podrían llegar de campos como la sociología del conocimiento o la filosofía de la ciencia.
De todas formas, hubo un hecho que tuvo una transcendencia indudable sobre estas consideraciones externalistas de la ciencia, y que incluso llegó a influir sobre los propios investigadores científicos, que comenzaron a abandonar sus anacrónicas formulaciones sobre metodologías científicas de corte baconiano e incluso, en los más avanzados intelectualmente, neopositivistas.
Fue la recepción de la obra de Khun (1962) sobre La estructura de las revoluciones científicas que en su interpretación más extrema "presenta una imagen del conocimiento científico radicalmente distinta de -e incompatible con-la visión racionalista tradicional" (González García, López Cerezo y Luján, 1997).
Con ella, la ciencia dejaba de ser un conocimiento neutro y autónomo para pasar a ser una actividad, como otras muchas, mediatizada por los intereses y valores de una determinada sociedad.
El impulso de su conocimiento y difusión en España se le atribuye al filósofo de la universidad madrileña Muguerza (1971), pudiendo considerarse que ya a partir de la siguiente década sus teorías estaban plenamente consolidadas en nuestro país (Zamora Baño, 1997).
La historia de la ciencia española, que estaba resurgiendo a partir de los trabajos de López Piñero y García Ballester en Valencia, de Vernet en Barcelona, o de los discípulos de Rey Pastor y Laín Entralgo en Madrid, comenzó a reformularse con nuevos planteamientos a partir de los enfoques de la sociometría y sobre todo de su historia social.
Esta última, dada a conocer en España a partir de la traducción en 1967 de la Historia Social de la Ciencia de Bernal (1967), comenzó a mostrarnos, con sus planteamientos marxistas, cómo la ciencia era un factor decisivo en la historia de los pueblos y de las culturas, pero también una actividad que estaba muy mediatizada por las ideas de una determinada clase o sociedad.
En España se considera que fue Peset, del CSIC, a partir de los trabajos publicados en la primera mitad de la década de los setenta, el que inició la historia social de la ciencia en este país (Mateos Montero, 2009).
Finalmente, existe un hecho en el año 1975 que posiblemente sea la primera manifestación pública en España, con la ciencia como motivo, que tiene unas características similares a los diferentes movimientos de contestación social que caracterizaron al mayo francés.
Ocurrió en Barcelona en el homenaje nacional celebrado en el mes de septiembre dedicado al profesor Severo Ochoa, con la organización de un congreso, con gran alarde de actos y autoridades, y al que asistieron diez premios nobel.
Los becarios de investigación protestaron abiertamente contra el despilfarro económico que suponía dicha celebración mientras los recursos españoles en investigación seguían estancados, y los dedicados a Cataluña en franca disminución.
Se entregó una carta de protesta y, como se recogió en La Vanguardia, hubo diversas manifestaciones públicas contra dicha celebración.
Dentro de las características particulares que los acontecimientos de mayo del 68 tuvieron para España, la denominada critica de la ciencia, que se manifestó en la década siguiente en diferentes países, tuvo también aquí su presencia.
Se pudo comprobar que cuestiones relacionadas con el mal uso de la ciencia, su objetividad y racionalidad, su autonomía o el déficit democrático de sus instituciones fueron discutidas en diferentes medios.
De todas formas, se pudo reconocer también como una singularidad española una insistencia crítica permanente hacia la escasez de los recursos dedicados a la investigación.
En cualquier caso, fue un movimiento minoritario que solo en determinadas épocas y circunstancias llegó a tener una presencia relevante en los ambientes científicos españoles.
La primera edición en castellano fue publicada en 1969 por Editorial Sur de Buenos Aires con el título Dialéctica del Iluminismo.
Al contrario de lo que ocurrió con las traducciones al castellano de libros sobre pacifismo y teoría de la ciencia, las referidas al ecologismo prácticamente no existen en este período ya que la mayoría de ellas van a publicarse en las dos décadas siguientes. |
Mucho se ha escrito para analizar y dar sentido a dos términos que vienen intrínsecamente unidos, el nacionalismo y la nación.
La principal consecuencia positiva de esto ha sido un vasto debate teórico sobre el nacionalismo y la nación que indudablemente los enriquece.
La principal consecuencia negativa, por su parte, es que el desarrollo del propio debate, y cómo se ha ido formando, ha recibido poca atención.
El objetivo de este artículo es exponer cómo este debate se ha sido desarrollado alrededor de los cuatros paradigmas clásicos del nacionalismo.
Para ello, se aplica el esquema kuhniano para saber cuándo, cómo, y por qué se articularon estos paradigmas clásicos en torno a estos dos términos.
Con esto se pretende profundizar en la explicación histórica de Moreno Almendral (2015), pero desde la filosofía de la ciencia, desarrollando una visión mucho más detallada del debate en torno al nacionalismo y la nación.
La doctrina dedica mucho espacio al debate en torno al nacionalismo y la nación.
Por ejemplo, autores como Anthony Smith (2001), Philip Spencer y Howard Wollman (2005), Antonie Roger (2001) o Ronald Beiner (1999) han intentado compilar los aspectos más importantes de lo que la doctrina entiende como una de las principales controversias de la era contemporánea.
Desde los diferentes paradigmas se intenta dar sentido a una de las fuerzas que legitiman el poder político desde las revoluciones liberales hasta la actualidad.
Una de las principales consecuencias es que el desarrollo del propio debate se ha dejado de lado, prácticamente como una nota histórica a pie de página, a pesar de que hay importantes autores que se han dedicado a su estudio, como Lawrence (2005) o Özkirimli (2010).
El objetivo principal de este artículo es completar la explicación histórica del desarrollado del debate en torno al nacionalismo y la nación desarrollada por Moreno Almendral (2015), pero poniendo énfasis en entender qué fundamenta a estos diferentes paradigmas que han surgido a largo de dicho debate desde el punto de vista de la filosofía de las ciencias, acudiendo para ello a un clásico como es Tomas Kuhn (1970).
Si el fenómeno que hay que estudiar es el nacionalismo y la nación, aquí se pone el foco en cuándo, cómo y por qué surgen determinados conjuntos de ideas o de saberes científicos en torno a este dilema, que son calificados como paradigmas clásicos del nacionalismo (Conversi, 2007): primordialismo, modernismo, perennialismo y etnosimbolismo.
El propósito es arrojar luz sobre un aspecto del debate que normalmente atrae poca atención y que complementaría la doctrina en orden a una explicación más desarrollada sobre este dilema fundamental en las ciencias políticas.
Este artículo contiene tres epígrafes principales.
El primero se refiere al marco teórico del esquema kuhniano, que explica el desarrollo científico articulado en torno a paradigmas.
El segundo versa sobre el surgimiento y desarrollo del debate en torno al nacionalismo y la nación, poniendo el foco en un período histórico concreto.
El tercero y último hace referencia a la aplicación del esquema kuhniano al debate en torno al nacionalismo y la nación para explicar cuándo, cómo y por qué surgen los diferentes paradigmas clásicos sobre dicho fenómeno.
MARCO TEÓRICO DEL ESQUEMA KUHNIANO
Tomando el rol de filosofo de las ciencias, el eje principal de la teoría kuhniana radica en la idea de que la ciencia, y el desarrollo de la misma, surge por contraposición y sustitución de un cuerpo doctrinal que explica un determinado fenómeno por otros cuerpos doctrinales que son capaces de dar solución a los problemas a los que los anteriores no han podido darla.
Dicho cuerpo teórico es denominado por Kuhn (1970) como paradigma (p.
13), aunque es cierto que, en un principio, este término fue usado de forma ambivalente y poco consistente (Hoyningen-Huene,1993, pp. 131-132), con hasta veintiún posibles usos (Margret Masterman, 1970).
Estos paradigmas pueden ser definidos como un cuerpo de conocimiento científico aceptado por la mayoría de la comunidad científica y que da una explicación a los diferentes problemas que surgen del estudio de un determinado fenómeno (Wray, 2011, p.
Dos son los componentes principales.
Por un lado, está el componente o matriz disciplinaria (Kuhn, 1970, pp. 10-13), que hace referencia a una narrativa científica que proporciona un modelo a seguir en la explicación de un determinado asunto científico y sus posibles problemas.
Esta narrativa tiene que ser aceptada de forma genérica por la comunidad científica.
Por otro lado, está el componente sociológico (Kuhn, 1970, p.
271), que hace referencia a que todos los miembros de dicha comunidad científica comparten esta narrativa como denominador común en el estudio del fenómeno.
Así, un paradigma se caracteriza por un proceso de actividad científica basado en una fuerte red de compromisos conceptuales, teóricos, instrumentales y metodológicos por parte de una comunidad científica determinada y bien definida (Kuhn, 1970, p.
El esquema kuhniano parte de lo que se denomina como ciencia normal, teniendo como característica principal el estudio de un fenómeno concreto a través de distintos procedimientos científicos donde las soluciones a los problemas que dicho fenómeno genera son convergentes (Firinci Orman, 2016, pp. 48-49), integrantes (Nagel, 1961, pp. 311-322) y acumulativas pero no lineales (Moulines, 2015, p.
Dichos procedimientos científicos, o investigaciones normales, tienden a ser expansivos en el sentido de que van llenando los espacios vacíos que el estudio del fenómeno va creando a lo largo de su explicación.
La ciencia normal se ayuda de estos procedimientos científicos a532 para consolidar la vigencia del paradigma científico y refinar los distintos conceptos y modelos que explican el fenómeno (Buchwald y Smith, 1997, pp. 68-72).
Un paradigma cumple tres funciones: la primara, sugiere nuevos posibles problemas que hay que solucionar dentro del paradigma; la segunda, proporciona posibles soluciones para resolverlos; y la tercera, es el estándar que se usa para medir la calidad de las posibles soluciones a los posibles problemas que han surgido o se han identificado (Kuhn, 1970, pp. 38-39).
A la ciencia normal puede que le siga un periodo al que se denomina como crisis de la ciencia normal (Kuhn, 1970, pp. 66-76).
Tiene su origen en la imposibilidad de solucionar los posibles problemas que la ciencia normal identifica y que el paradigma vigente no puede resolver.
La identificación y acumulación de problemas sin solución quebranta la validez de la explicación del fenómeno que el paradigma hasta ahora vigente proporciona (Bird, 2012, pp. 860-862).
Así, la ciencia normal es sustituida por una revolución cien-tífica que es capaz de proporcionar nuevos conceptos y modelos que sí dan respuestas y soluciones, lo que tiene como principal consecuencia la aparición de un nuevo paradigma (Kuhn, 1970, pp. 77-110) que sustituye al viejo (Swerdlow, 2004, pp. 76-77).
El último punto que hay que discutir es la relación entre el paradigma descartado y el paradigma que va a ocupar el espacio del primero.
Los paradigmas son inconmensurables cuando no comparten una explicación común al fenómeno que estudian (Malone, 1993, pp. 73-75).
Si los paradigmas son los cuerpos de conocimientos científicos que dan soluciones a los problemas que surgen del estudio de un determinado fenómeno, estas mismas soluciones se juzgan siempre comparativamente (Hoyningen-Huene, 1990, pp. 490-492).
El término inconmensurable deriva del hecho de que no hay una unidad de medida o narrativa común que pueda usarse para explicar un mismo fenómeno.
Se puede resumir el esquema kuhniano en dos fases principales.
La primera fase toma en consideración la creación y consolidación de un paradigma que da una respuesta al estudio de un fenómeno.
La comunidad científica, a través de la ciencia y la investigación normal, satisface la necesidad de abarcar todo aquello que el propio fenómeno genera.
La segunda fase desarrolla la situación donde el paradigma vigente no da las necesarias respuestas a los problemas que surgen del estudio del fenómeno, y que la expansión del propio paradigma va identificando.
El paradigma hasta ahora vigente pasa a ser ineficiente a la hora de dar respuestas.
A través de una revolución científica, el paradigma ineficiente es sustituido por un paradigma nuevo y capaz de satisfacer las necesidades científicas en el estudio del fenómeno.
Entonces ¿qué puede identificar y diferenciar a un paradigma de otro?
Un paradigma responde a los siguientes principios: ontológico, epistemológico y metodológico.
El principio ontológico se ocupa de la naturaleza del fenómeno que se investiga (Poli, 2010, pp. 1-7), el principio epistemológico trata de la relación entre el fenómeno y el científico (Williams, 2001, pp. 1-12), ya sea esta relación objetiva, constructiva o subjetiva, por ejemplo (Biesta, 2010, pp. 110-115), y finalmente el principio metodológico alude a los procedimientos que el científico usa para analizar el fenómeno que estudia (Sarantakos, 2005, pp. 7).
Estos principios deben ser entendidos y tomados en cuenta como entrelazados e inseparables puesto que la combinación de los tres da a los diferentes paradigmas su naturaleza particular y que, por tanto, los diferencia entre sí (Popkewitz, Tabacnick y Zeichner, 1979, p.
El paradigma es el cuerpo de conocimiento científico que contiene unas determinadas premisas epistemológicas, ontológicas y metodológicas (Denzin y Lincoln, 2000, p.
La combinación de estos principios es como la marca genética de cada paradigma, no hay dos iguales.
Por tanto ¿los paradigmas se diferencian entre sí porque todos enfocan cada uno de los tres principios de forma diferente, o pueden algunos paradigmas compartir el enfoque de alguno de los tres principios?
Lo que la doctrina tiene claro es que cada paradigma tiene una combinación especifica de los tres principios que lo diferencian del resto, no que dos o más paradigmas no puedan compartir el mismo enfoque en alguno de los tres principios.
El científico tiene libertad para estudiar el fenómeno de la forma que considere más adecuada (Cohen, Manion y Morrison, 2000, pp. 17-21), siendo esto clave para poder encontrar respuesta a dicho fenómeno, sin la cual esto último no sería posible.
El científico puede articular un paradigma usando la combinación de estos tres principios que considere más adecuada.
Lo importante es que esta combinación se convierta en piedra angular de la definición del paradigma, sea cual sea la combinación.
SURGIMIENTO Y DESARROLLO DEL DEBATE EN TORNO AL NACIONALISMO Y LA NACIÓN
Cuatro son los periodos principales en los que se puede dividir este debate.
El primero comprende los siglos XVIII, XIX y principios del XX, donde se sientan las bases del cuerpo doctrinal del nacionalismo como ideología o movimiento político.
El segundo corresponde al periodo comprendido entre el final de la Gran Guerra y el final de la Segunda Guerra Mundial, donde se inician los debates puramente académicos sobre el fenómeno.
El tercero va desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1990, y alumbra una revolución en la doctrina que se inicia con el cuestionamiento de las ideas preconcebidas sobre el nacionalismo y la nación.
El cuarto y último periodo va desde finales del siglo XX hasta la actualidad, y tiene como principal hilo conductor el surgimiento de varias líneas de investigación que rompen con la anterior forma de estudiar dicha problemática.
Siguiendo a Moreno Almendral (2015), hay que resaltar que el periodo más importante es, sin duda, el tercero.
Este periodo se puede explicar por las siguientes características: primero, el impacto que tuvo la Segunda Guerra Mundial en los escritos académicos de este periodo fue el mismo que el de la Gran Guerra; segundo, la creación de una comunidad académica alrededor del nacionalismo y la nación proporcionó el sustento definitivo para la interconectividad de varios campos del conocimiento; y tercero, en este periodo surgen los grandes paradigmas clásicos del nacionalismo que marcarán los debates hasta nuestros días.
Como primera característica, y al igual que tras la Primera Guerra Mundial, se puede decir que los escritos del periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial sufrieron del mismo rechazo hacia el nacionalismo integral (Lawrence, 2005, p.
A esto contribuyó el hecho de que la mayoría de los escritos no fueron realizados por académicos sino por activistas, intelectuales o políticos que necesitaban de una nueva legitimidad tras los desastres de la contienda.
La principal consecuencia positiva fue que tanto el nacionalismo como la nación fueron objeto de renovado interés por parte del mundo académico.
La segunda de las características es que este renovado interés proporcionó las bases necesarias para la creación de una comunidad científica integrada y articulada alrededor del nacionalismo y la nación, siendo esto ya una realidad objetiva en los años 50 y 60 (Smith, 2000a, p.
Esta tiene sus orígenes en los debates historiográficos y psicológicos del periodo de entreguerras (Finlayson, 1998, pp. 147-150), a los que se unieron otras ramas del conocimiento como la antropología y la sociología.
Esto produjo la interconectividad de varios campos del conocimiento, reforzando el carácter académico y científico del estudio y de la propia comunidad científica (Synder, 1954, p.
En cuanto al desarrollo de los paradigmas clásicos del nacionalismo, esta comunidad científica e interdisciplinar tuvo dos consecuencias principales.
La primera es que este periodo consolida el enfoque académico y científico a través de los diferentes paradigmas que surgieron (Lawrence, 2005, p.
132), y la segunda, que la interdisciplinariedad fomentó el debate entre los mismos (Özkirimli, 2010, p.
Pasando a la última y más importante característica, en este periodo surgen los que se conocen como paradigmas clásicos del estudio del nacionalismo.
Durante la década de 1950 y 1960, varios autores publicaron obras que fueron el germen de lo que sería conocido como el modernismo clásico, y que fue producto de la interdisciplinariedad del debate (Özkirimli, 2010, p.
Aunque las obras de estos autores significaron el comienzo del debate académico entre los diferentes paradigmas clásicos, no lo hicieron de forma inmediata (Day y Thompson, 2004, p.
La década de 1980 vio un resurgir del paradigma clásico del modernismo para darle un nuevo impulso frente a las críticas de las décadas anteriores.
Autores como Hechter (1975), Nairn (1977), Hobsbawm y Ranger (1983) o Anderson (1991) fueron los que más contribuyeron a que el modernismo clásico se consolidase como la ortodoxia dominante dentro de la comunidad científica (Lawrence, 2005, p.
En la década de 1970, Smith (1971) cuestionó las principales características modernistas y fue uno de los arietes más experimentados contra el dogma del modernismo clásico (Day y Thompson, 2004, p.
De estas críticas surgió lo que más adelante se denominó como el paradigma del perennialismo que, gracias a autores como Fishman (1972), Gillingham (1992) o Hastings (1997), desarrolló la crítica más destacada hacia la modernidad del nacionalismo y la nación.
El etnosimbolismo fue el último de los paradigmas clásicos del nacionalismo que desarrollaron autores que habían sido anteriormente perennialistas convencidos, como Smith (1999), Armstrong (1982) o Hutchinson (1987), criticando tanto el modernismo del nacionalismo y la nación como la permanencia histórica de las naciones (Lawrence, 2005, p.
Este debate entre los cuatro principales paradigmas clásicos del nacionalismo dejó obsoletas gran parte de las teorías anteriores, convirtiendo este debate en uno de las más prolíferos de las ciencias sociales (Anderson, 1991, p. xii).
APLICACIÓN DEL ESQUEMA KUHNIANO AL DEBATE EN TORNO AL NACIONALISMO Y LA NACIÓN
En este epígrafe se pretende aplicar el esquema kuhniano al anterior relato histórico para comprender el cuándo, el cómo y el por qué surgieron los que Smith (2000a) considera como paradigmas clásicos del nacionalismo (pp. 2-4).
Para Kuhn (1970), los paradigmas son, o proporcionan, un marco general dentro del cual se analizan los problemas, y se intentan resolver, de un determinado fenómeno y se intentan resolver (p.
Bajo un paradigma se desarrolla(n) una(s) teoría(s) que explica(n) las características de un determinado objeto de estudio.
Al establecimiento de un determinado paradigma le sigue una fase que Kuhn denominó como ciencia normal, donde se lleva a cabo la aplicación del propio paradigma para resolver los posibles problemas o anomalías que pudieran surgir del estudio de un determinado fenómeno.
El paradigma es válido siempre y cuando las anomalías que surjan se puedan resolver al aplicarlo pero ¿qué pasa cuando la aplicación del paradigma no resuelve las anomalías que surgen?
Una vez que un paradigma falle a la hora de explicar las posibles anomalías que puedan surgir, entonces Kuhn establece el proceso de revolución científica o ciencia revolucionaria, donde surge un nuevo paradigma que sí es capaz de resolverlas.
La ciencia avanza contraponiendo los diferentes paradigmas que van surgiendo.
En Smith (2000a) se pueden encontrar los cuatro paradigmas clásicos del nacionalismo (modernismo, perennialismo, primordialismo, y etnosimbolismo) que han surgido para explicar el nacionalismo y la nación (pp. 27-51).
La última observación que se debe tener en cuenta en la aplicación del esquema kuhniano al debate en torno al nacionalismo y la nación es cómo se despliega el mismo.
Esto quiere decir que hay diferentes etapas dentro de un campo de estudio que determina el surgimiento y consolidación de los diferentes paradigmas (Firinci Orman, 2016, p.
La ciencia se desarrolla en seis grandes etapas: la primera etapa puede ser denominada como etapa pre-paradigmática; la segunda etapa puede ser considerada como la etapa del paradigma originario; la tercera etapa puede ser la etapa de la ciencia normal; la cuarta etapa se desarrolla como la etapa de crisis de la ciencia normal; la quinta puede calificarse como la etapa de la revolución científica; y la sexta y última etapa puede ser etiquetada como la etapa de la inconmensurabilidad.
En cuanto al despliegue de estas etapas, la conclusión es la siguiente.
Las primeras dos etapas se van a desplegar de forma lineal temporalmente hablando, las siguientes tres etapas se van a desplegar de forma coincidente y simultánea, y la última de forma lineal otra vez.
Si las etapas tercera, cuarta y quinta son coincidentes y simultáneas en su despliegue temporal, ¿por qué se consideran como etapas diferenciadas?
La respuesta es que las etapas no se diferencian y definen por su aspecto temporal, sino por su objetivo y función.
Cada etapa tiene un objetivo y función determinados.
El aspecto temporal es importante, pero no determina el objetivo y la función, sino al revés.
Así, por ejemplo, la tercera etapa, donde se desarrolla la ciencia normal, tiene como objetivo resolver las a532 posibles anomalías que surgen al aplicar el paradigma vigente y, por tanto, su función es constructiva.
En cambio, la quinta etapa, la revolución científica, tiene como objetivo el desarrollo de un paradigma nuevo, y por tanto su función es la de presentar un nuevo paradigma que sea novedoso.
Al término de la sexta etapa, las etapas tercera, cuarta y quinta se reinician.
Las características de la primera etapa, la pre-paradigmática, pueden ser las siguientes (Chalmers, 1982, pp. 90-92): primero, no hay un claro paradigma que explique el fenómeno que se trata de estudiar, y segundo, ni siquiera se puede decir que haya un campo de estudio diferenciado y reglado por el método científico que dé respuesta a las incógnitas que el fenómeno provoca.
Todo lo que hay es una mezcla de teorías muy poco desarrolladas sobre el tema y que carecen de un marco teórico claro que determine el devenir del estudio sobre el fenómeno concreto (Kuhn, 1970, p.
Se podría decir que esta primera etapa del esquema kuhniano puede corresponder a los dos primeros periodos históricos del debate.
Es decir, la etapa preparadigmática correspondería a los periodos que van desde el siglo XVIII hasta principios del silgo XX, y desde aquí hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Durante estos dos primeros periodos, la conclusión es que el debate carecía de una explicación puramente académica respecto al fenómeno por el muy escaso desarrollo de las propias ciencias sociales (Ross, 1993, pp. 81-83) y que, aunque solo al final del segundo periodo se puede observar el inicio de una aproximación científica reglada por el método científico al debate (Smith, 1992, p.
62), sí que se puede atisbar un cierto interés académico respecto del tema por parte de los primeros científicos sociales como Durkheim o Weber (Smith, 1983, pp. 19-25).
No se podría hablar todavía de paradigmas, de comunidad científica, de ciencia normal o de revolución científica.
Es en los dos últimos periodos, los que van desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1990 y desde la década de los años 90 hasta la actualidad, cuando se desarrollan las etapas segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta del esquema kuhniano.
Ya se puede hablar de paradigmas, de comunidad científica, de ciencia normal y de revolución científica.
Es en estos dos periodos en los que se alcanza la madurez científica del debate.
A partir del final de la Segunda Guerra Mundial, las etapas del esquema kuhniano se van a desarrollar de forma más acelerada.
En las décadas de los años 50 y 60 es cuando se puede decir que es gracias a la convergencia de varios campos de estudio, como la psicología, la historiografía o la antropología (Özkirimli, 2010, p.
42), como el primer paradigma surge, apoyándose en teorías mucho más amplias que procedían de periodos históricos anteriores, como la teoría funcionalista (Fulcher y Scott, 1999, pp. 31-40).
Con ello se cumple la segunda etapa en el desarrollo científico y se deja definido el paradigma originario.
Tan pronto como este paradigma originario pasa a ocupar el primer plano del debate, las discusiones vagas y sin un objetivo claro y bien definido de la primera etapa pre-paradigmática cesan de existir (Kuhn, 1970, p.
17 Dicho paradigma originario es el que se denomina como modernismo clásico (Smith, 2009, pp. 6-8) y el que define la segunda etapa del esquema kuhniano.
Las características de este paradigma originario son las siguientes (Smith, 2000a, p.
21): el nacionalismo es producto de la modernidad y, por tanto, surge solo a partir de sus condiciones de ideología moderna; el nacionalismo y las naciones son construcciones sociales; las naciones son modernas, así como sus componentes básicos; las naciones son producto de la modernidad; y las naciones no tienen sus raíces enterradas en la historia, sino que son producto de la propia modernidad.
Todos provenían de campos académicos bien diferenciados (Smith, 2000a, p.
24), lo que supuso la simiente para la creación de una comunidad científica propia sobre el nacionalismo y la nación en la tercera etapa del esquema kuhniano.
Carr introdujo dos novedades que los dos anteriores no consiguieron esclarecer.
En primer lugar, estudió el nacionalismo y la nación de forma completamente objetiva, cosa que los dos anteriores historiadores no consiguieron del todo, posicionándose cerca del nacionalismo liberal anglosajón (Wolf, 1976, pp. 651-652) y, en segundo lugar, puso el foco en la novedad del nacionalismo y de la nación, cosa que Hayes o Kohn no hicieron (Breuilly, 2010, p.
Esto podría venir a confirmar que, por un lado, la primera etapa pre-paradigmática se caracterizó por la ausencia de un paradigma definido, pero no por la ausencia de posibles debates teóricos respecto al fenómeno y, por otro lado, que el surgimiento de un paradigma originario se sustentó sobre debates teóricos anteriores y no sobre la nada.
Lo anterior dio paso a la tercera etapa del esquema kuhniano, que se define por el desarrollo de la ciencia normal.
Dos son las características claves.
En primer lugar, el paradigma originario dio paso a una comunidad científica bien definida con derecho propio (Hoyningen-Huene, 1993, pp. 8-11).
Esto es importante porque es esta misma comunidad la que va a desarrollar la ciencia normal en esta tercera etapa, y la que en la cuarta y quinta etapa intenta solventar la crisis de la ciencia normal y la posterior revolución científica (Marcum, 2005, pp. 60-61).
Esto es un ejemplo claro de la madurez científica del debate.
En segundo lugar, el paradigma originario también dio paso al desarrollo de la ciencia normal a través de la aplicación del paradigma del modernismo clásico, que explicaba el fenómeno y que contó con cierto consenso dentro de esta nueva comunidad científica (Kuhn, 1970, pp. 10-13 y p.
La relación entre un paradigma y una teoría es un tanto difusa si uno acude a Kuhn, sobre todo en sus primeras reflexiones al respecto (Wray, 2011, pp. 387-388), por lo que hay que ir con sumo cuidado para explicar cómo se refinó el modernismo clásico para convertirse, a través de la ciencia normal, en uno de los paradigmas clásicos del nacionalismo.
Para Vásquez (1998), la diferencia entre un paradigma y una teoría es la siguiente: en primer lugar, pueden existir varias teorías, y la sustitución de unas por otras dentro del mismo campo del conocimiento, sin que por ello haya un cambio de paradigma; y en segundo lugar, hay una relación recíproca entre el paradigma y las teorías, en el sentido de que el paradigma es previo a la existencia de estas teorías y, a su vez, estas últimas sustentan al primero (p.
Se podría decir que el paradigma es el marco dentro del cual se pueden encontrar varias teorías que son las que fundamentan al propio paradigma.
Cuando la aplicación del paradigma vigente -en este caso, el paradigma originario del modernismo clásico-choca con posibles anomalías en la explicación del fenómeno, las investigaciones normales dan como resultado diferentes teorías que dan solución a estas anomalías (Samian, 1994, p.
127), reforzando el propio paradigma (Kuhn, 1970, pp. 33-34), y es lo que se denomina como ciencia normal, siendo aceptada por la comunidad científica que lo aplica (Kuhn, 1970, p.
Acudiendo a Smith (2000a), se pueden encontrar cinco grandes teorías que pulieron el paradigma originario del modernismo clásico para definirlo como el actual paradigma clásico del modernismo (pp. 25-142).
Autores como Gellner (1983) en el marco de la teoría del industrialismo, Kohn (1967), Hechter (1975) o Nairn (1977), dentro de las teorías del capitalismo, Tilly (1975) o Giddens (1985), dentro de las teorías del estado y su influencia, Kedourie (1971), en las teorías del mesianismo político, y Hobsbawm y a532 Ranger (1983) o Anderson (1991), en las teorías de la invención del imaginario nacional, son los que, a través de sus específicas respuestas a las anomalías que el paradigma del modernismo clásico identificó, dieron forma al -ahora sí-paradigma clásico del modernismo.
Ambos paradigmas no son el mismo per se, ya que el segundo es la evolución del primero.
La consecuencia más destacable del desarrollo de la ciencia normal es precisamente la aparición de diferentes teorías dentro del propio paradigma originario del modernismo clásico, que lo refinó para convertirlo en uno de los cuatro: el paradigma clásico del nacionalismo, el paradigma clásico del modernismo, desarrollado en los años 60, 70, 80 y 90, y motor a su vez de la ciencia normal (Bird, 2012, p.
Este paradigma defiende que el nacionalismo es moderno cualitativa y cuantitativamente y que, cronológica y sociológicamente hablando, los nacionalismos y las naciones son fenómenos modernos, productos de las estructuras creadas por la era moderna.
A estas alturas es cuando la cuarta etapa, la crisis de la ciencia normal, entra en plena acción.
La conclusión más importante al respecto es la siguiente: ciertas anomalías se utilizaron para desarrollar una serie de teorías gracias a su planteamiento novedoso, sirvieron para fundamentar, en la quinta etapa del esquema kuhniano, los restantes paradigmas clásicos del nacionalismo (Firinci Orman, 2016, p.
Tres son las anomalías que centran la discusión entre las teorías noveles de esta etapa (Smith, 2000b, p.
La aplicación de esta cuarta etapa dio como resultado las siguientes teorías que cuestionaron de frente el paradigma vigente en aquellos momentos, agrupadas en tres grandes grupos: el primer grupo está formado por las teorías que se encuentran bajo la lupa del nacionalismo académico, y que dan un lugar en la comunidad científica a los argumentos nacionalistas más básicos; el segundo grupo está formado por las teorías que, aunque tienen su punto de partida en el anterior grupo, se alejan de forma considerable de sus postulados más ideologizados; el tercer y último grupo está formado por las teorías que cuestionan a los grupos anteriores para distanciarse de los mismos y a su vez del paradigma clásico del modernismo.
En el primer grupo se pueden encontrar dos teorías destacables.
La primera teoría se podría deno-minar como teoría culturalista.
Las naciones y las comunidades étnicas se fundamentan sobre la lealtad y el afecto de los miembros a los elementos culturales de la propia comunidad (Smith, 2000a, p.
Los defensores de esta teoría, como Shils (1957) o Geertz (1963), sostienen que existen vínculos y lazos primarios originales que conviven con los vínculos y lazos civiles y seculares que existen en las sociedades modernas.
Los vínculos y lazos que conviven con los lazos racionales de las naciones en la modernidad tienen las características esenciales de toda nación, como pueden ser la raza, la lengua, la religión, la tradición, el territorio, o el parentesco.
Se pueden encontrar estos vínculos y lazos primarios en todas las naciones.
La segunda teoría se puede denominar como teoría socio-biológica.
Las comunidades que comparten una descendencia y un ancestro común lo hacen por lazos genéticos.
El comportamiento social de la comunidad gira en torno a una mejora genética de las próximas generaciones (Berghe, 1978, p.
Las comunidades tienen como objetivo la extensión de su patrimonio genético más allá de sus propios lazos de parentesco.
Una comunidad no es más que la red de parentesco por afinidad genética que comparte mitos y símbolos como marcas biogenéticas (Smith, 2000a, p.
Hay una relación intrínseca entre los mitos sobre los orígenes étnicos y los orígenes biológicos (Berghe, 1988, p.
En el segundo grupo se pueden diferenciar dos grandes teorías (Smith, 2000a, p.
La primera teoría, defendida por autores como Greenfeld (1992) o Hastings (1997), se podría denominar como perennialismo continuo (Smith, 1999, pp. 5-27) y hace referencia a que las naciones anteceden a la modernidad.
El rastro de la historia de esas naciones se puede encontrar en cualquier etapa histórica, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, siendo esta continua y larga, aunque tenga un comienzo y un final.
La identidad cultural de las naciones desarrolla su evolución a lo largo de un periodo continuo (Smith, 2000a, p.
La segunda teoría, defendida por autores como Fishman (1972) o Roschwald (2006), se podría denominar como perennialismo recurrente (Smith, 2000a, pp. 34-41), denominación que se refiere a que lo que es continuo es la idea de nación y no su forma concreta.
Puede que se desarrolle dentro de un imperio o un virreinato y, aunque estas mismas formas cambien, lo que no cambia es la idea de nación.
Dicha idea, de una forma u otra, siempre permanece (Smith, 2000a, p.
La recurrencia de la nación subyace en el ideal de nación.
Puede que las formas de estado o de organización política cambien, pero no el ideal de nación.
En el tercer y último grupo se pueden distinguir tres teorías principales (Maleševic, S. y Pavasovic Trošt, 2018).
La primera de las teorías se podría denominar como teoría historicista.
Esta teoría defiende los orígenes étnicos de las naciones, y está representada por autores como Smith (1986) o Hutchinson (1987).
Se destaca la antigüedad de la nación sustentada sobre un parentesco común, así como una afinidad cultural con un pasado remoto en el que la propia comunidad cree, principal fuente de su propia legitimidad.
Las instituciones creadas por la comunidad tienen como objetivo el de preservar sus propios repertorios culturales pre-modernos, que están formados por símbolos, mitos, y recuerdos de la misma.
La segunda teoría se puede definir como teoría fenomenológica, que sostiene que las identidades étnicas deberían ser investigadas a lo largo de un amplio plazo o longue durée (Smith, 2000a, p.
Aquí se pueden encontrar autores como Armstrong (1982).
La tercera y última teoría se podría denominar teoría psicológica de la comunidad (Yack, 2012), que defiende que las naciones solo pueden explicarse por las relaciones de mutuo interés y lealtad entre los diferentes grupos que las integran.
Los grupos son capaces de imaginarse estas relaciones basadas en una cultura compartida.
La quinta etapa de la revolución científica se explica muy gráficamente con el surgimiento de los demás paradigmas clásicos del nacionalismo (Smith, 2009, pp. 3-22) a través de los tres grupos de teorías desarrolladas en la cuarta etapa.
Las teorías desarrolladas por la aplicación de la ciencia normal de la tercera etapa, que dio como consecuencia el refinamiento del paradigma originario del modernismo clásico hacia el paradigma clásico del modernismo, no pueden considerarse incluidas en esta etapa porque no son producto de la crisis del paradigma originario, sino precisamente de su aplicación y posterior desarrollo.
El primer grupo de teorías de la cuarta etapa, desarrolladas en los años 50, 60 y 70, sirvió para desarrollar el paradigma clásico del primordialismo (Smitn, 2000a, p.
Este paradigma se puede resumir en que las naciones son entidades orgánicas atemporales con características esenciales propias, y que el nacionalismo no es más que la expresión de pertenencia a una nación, fundamentado en las características esenciales y en los elementos diferenciadores.
El segundo grupo de teorías de la cuarta etapa, desarrolladas en los años 70, 80, y 90, sirvió para que el paradigma clásico del perennialismo tomara forma.
Este paradigma defiende que hay naciones antiguas, que preexisten a la modernidad, y naciones modernas, y que el nacionalismo no es el único culpable de la creación de las naciones, sobre todo de las naciones antiguas.
Por último, el tercer grupo de teorías de la cuarta etapa, desarrolladas en los años 80 y 90, fundamentó el último y más reciente de los paradigmas clásicos del nacionalismo, el etnosimbolismo, que defiende que se puede hacer una división entre naciones antiguas y modernas, y que en las últimas este sentimiento de pertenencia hacia las mismas no se construyó hasta la propia modernidad.
Cronológicamente hablando, y tomando la explicación de las etapas tercera, cuarta y quinta del esquema kuhniano, los diferentes paradigmas clásicos del nacionalismo surgieron de la siguiente manera.
El primer paradigma clásico que surgió fue el primordialismo, que se enfrentó al paradigma originario del modernismo clásico.
El modernismo clásico, a su vez, se refinó entonces para desarrollar el segundo de los paradigmas clásicos, el modernismo, para responder a las críticas del anterior (Smith, 2000a, p.
Luego sobrevino el tercer paradigma clásico, el perennialismo, que criticaba abiertamente a los dos anteriores, seguido por el paradigma clásico del etnosimbolismo (Smith, 2009, pp. 13-14), que es actualmente el último y más novedoso de ellos, siendo el que más desarrollo teórico está propiciando dentro de la doctrina.
La sexta y última etapa, la de la inconmensurabilidad, se va a desarrollar de forma lineal con respecto a las tres etapas anteriores.
Esta etapa es incompatible con el desarrollo de cualquiera de las anteriores en el sentido de que la sustitución de un paradigma por otro anula el desarrollo de cualquier ciencia normal, crisis o revolución científica hasta que esta etapa de inconmensurabilidad haya finalizado.
En un principio, en esta etapa es cuando uno de los paradigmas nuevos surgidos de la quinta etapa, la revolución científica, tiene la intención de sustituir al paradigma vigente y ser aceptado ampliamente por la mayoría de la comunidad científica creada durante la segunda etapa del paradigma originario.
Así, el paradigma clásico del nacionalismo que está vigente desde la segunda etapa kuhniana, y que nunca ha dejado de estarlo desde que en los años 60 se refinó el paradigma originario del modernismo clásico (Smith, 2000a, p.
24), durante la tercera etapa es el paradigma clásico del modernismo (Conversi, 2007, p.
Su éxito radica en que ha sido aceptado de forma generalizada por la comunidad científica que estudia el nacionalismo y la nación (Smith, 2000a, p.
Por tanto, si solo ha sido aceptado un paradigma desde la segunda etapa kuhniana, ¿eso significa que la sexta etapa de la inconmensurabilidad no se ha dado todavía?
La respuesta seria que esta sexta etapa sí que se ha dado porque se tendría que entender la inconmensurabilidad de forma más amplia.
La propia existencia y aceptación de diferentes paradigmas clásicos del nacionalismo por parte de la doctrina es la prueba más sólida de que la inconmensurabilidad no solo tiene que ver con la sustitución de un paradigma viejo e ineficaz por uno nuevo y más desarrollado, sino también por la vigencia y validez de uno ya existente frente a los demás paradigmas que pretenden ocupar su espacio.
A su vez, esto también demostraría que las etapas tercera, cuarta y quinta pueden desarrollarse de forma simultánea y coincidente en su aspecto temporal, sin que por ello se anulen unas a otras.
La última etapa, la de la inconmensurabilidad, es la que otra vez se relaciona de forma lineal con las tres anteriores.
A partir de la vigencia de un paradigma (nuevo o no) las etapas tercera, cuarta y quinta vuelven a iniciarse al finalizar esta sexta etapa.
En este artículo se ha intentado completar la explicación histórica del desarrollo del debate en torno al nacionalismo y la nación (Moreno Almendral, 2015) desde el punto de vista de la filosofía de las ciencias.
El esquema kuhniano ha servido para ver cuándo, cómo y por qué han surgido lo que la doctrina entiende como paradigmas clásicos del nacionalismo.
Aplicando las seis etapas en las que se puede dividir este esquema, las principales conclusiones son las siguientes.
En cuanto al cuándo se desarrollaron los cuatro paradigmas clásicos del nacionalismo, se tiene que concluir que es en el periodo que va desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 90 cuando se desarrollaron de forma clara el primordialismo, el modernismo, el perennialismo, y el etnosimbolismo.
Antes de la Segunda Guerra Mundial se desarrolló lo que podría definirse como la etapa pre-paradigmática, donde no se puede hablar todavía de la existencia de posibles paradigmas, de comunidad científica, de ciencia normal, de revolución científica o de inconmensurabilidad de los paradigmas.
Poniendo el foco en el cómo se desarrollaron, la deducción más importante es que es en las etapas tercera, cuarta, quinta y sexta del esquema kuhniano cuando se ve cómo, a través de la aplicación de la ciencia normal, la existencia de una crisis de la anterior, la revolución científica, y finalmente la inconmensurabilidad de un determinado paradigma, el modernismo (el clásico y su posterior evolución), el primordialismo, el perennialismo y el etnosimbolismo se cimentaron como los cuatro paradigmas clásicos del nacionalismo.
Aunque hay una dialéctica académica muy productiva entre estos cuatro paradigmas, solo el modernismo ha tenido un éxito incuestionable en cuanto a su capacidad de explicar el nacionalismo y la nación.
Finalmente, con respecto al por qué, son las incógnitas de la naturaleza del nacionalismo y la nación, de la antigüedad del nacionalismo y la nación y de la función social del nacionalismo y la nación las que sirven de sustento a estos cuatro paradigmas clásicos del nacionalismo, cada uno con una explicación propia. |
El presente artículo tiene como objetivo reflexionar acerca de las herramientas teóricas y metodológicas que ofrece el análisis crítico del discurso para la comprensión del fenómeno del suicidio.
En este sentido se proponen dos discusiones que son centrales para comprender esta relación.
En primer lugar, se plantea una crítica sobre las formas de comprender la relación entre suicidio y los medios de comunicación desde la idea de la imitación.
Posteriormente se discute la importancia de concebir el suicidio como una práctica atravesada por construcciones sociales, políticas y culturales que no se limita de manera exclusiva la psicopatología.
Finalmente se expone cómo el análisis crítico del discurso puede generar modos de comprender el suicidio que relativicen los discursos hegemónicos a que dan lugar ciertas exigencias de carácter epistemológico y tecno-científico.
El suicidio es un problema que afecta de manera significativa grupos sociales cada vez más amplios.
Es un fenómeno que produce profundas inquietudes debido a su impacto en la vida social, cultural, política y afectiva.
Así, el hecho de que una persona decida finalizar contra su propia vida genera marcados cuestionamientos en su contexto social.
Diariamente se observa un aumento de los suicidios en el mundo, produciendo efectos importantes sobre las instituciones políticas educativas y sociales, pero también en los grupos familiares de los suicidas.
Según datos de la Organización Mundial de Salud (2014) en el mundo ocurren alrededor 800.000 suicidios cada año, mostrando la dimensión que tiene la problemática; sin embargo, existe una dificultad en la cuantificación debido a la falta de registro de algunos casos (Cendales, Vanegas, Fierro, Córdoba y Olarte, 2007; Mondragón, Borges y Gutiérrez, 2001).
Habría que considerar que los suicidios no son eventos aislados de los contextos en que se presentan.
Son situaciones que se configuran debido a las prácticas culturales, económicas y políticas de un territorio específico.
Así, el suicidio no se limita exclusivamente a una dimensión individual, sino que también se vincula notablemente con la vida social (Velasco y Pujal i Llombart, 2005).
Ahora bien, si se considera lo anterior, el suicidio no solo se compone de unos elementos de orden psicopatológico centrados en la individualidad, sino que se estructura bajo marcos sociales, políticos y antropológicos más complejos.
Por esta razón, es posible pensar en lecturas alternativas a las visiones psiquiátricas o psicológicas convencionales centradas en las dinámicas de la enfermedad y el individuo (Fitzpatrick, Hooker y Kerridge, 2015).
Estas lecturas permiten la emergencia de categorías que ayudan a comprender un fenómeno que, en sí mismo, ya resulta complejo e incierto.
Por lo tanto, una reflexión que tenga como punto de partida la interrogación crítica de las relaciones de poder, las valoraciones culturales acerca de la salud y la producción de discursos es central para pensar en otras vías de comprensión de la muerte por mano propia.
En síntesis, estas lecturas servirían para comprender que el suicidio es una práctica cultural (Marsh, 2015b).
Situando lo anterior, se puede señalar que el suicidio es producido discursivamente desde múltiples ámbitos.
Por ejemplo, es posible afirmar que los medios de comunicación producen el suicidio.
En este sentido, cuando se habla de producción no se debe confundir con causalidad, incitación o provocación.
Pensar en producción consiste en considerar que los medios sirven como referentes para el desarrollo de materiales culturales y narrativos que son importantes para entender y significar el suicidio (Araújo, Pinto-Coelho y Lopes, 2016).
En muchos casos, los medios de comunicación se encargan de la producción de regímenes de representación sobre lo "mental" en grupos que no tienen acceso a otras narrativas (Mena, Bono del Trigo, López y Díaz del Peral, 2010).
Por lo tanto, las aseveraciones de los medios, más allá de basarse en criterios técnicos, tienen veracidad y legitimidad en grupos amplios de la sociedad, incidiendo incluso en sus decisiones.
Sin embargo, el "saber experto" también tiene maneras discursivas de producir el suicidio (Pinho, Kantorski y Bañon, 2009).
Las organizaciones encargadas de la prevención y la intervención en el tema proponen usos del lenguaje para construir una significación sobre la muerte por mano propia.
Estas lógicas de saber tratan de tomar distancia del sentido común; no obstante, es evidente que muchas de sus lógicas conceptuales obedecen a intereses políticos y económicos que no resultan claros a primera vista.
Por esta razón, cuando se piensa en temas asociados a la salud mental, no solo se conceptualizan atributos de los comportamientos de los sujetos, también se reproducen relaciones complejas entre política y economía en planos cognitivos más complejos (Rose y Abi-Rached, 2014).
Considerando lo anterior, el análisis del discurso en la producción cultural sobre el suicidio y el suicida puede ser abordado desde dos perspectivas.
La primera propone que se piense el suicidio como fenómeno social y cultural producido discursivamente.
Así, cuando se opta por un abordaje de los componentes semióticos en los medios de comunicación, se debe considerar que el discurso no se limita únicamente a construcciones lingüísticas (Ramonet, 2004).
El discurso produce realidades y visiones sobre lo que ocurre en las sociedades.
Tiene efectos sobre los posicionamientos frente a las instituciones, las personas o, en este caso, sobre los comportamientos (Fairclough, 2013).
Por esta razón, los medios no solo informan sobre un suicidio, también producen los significados y las representaciones sobre aquello de lo que informan (Guinsberg, 1995).
La segunda perspectiva involucra las maneras en que es concebido el suicidio en los contextos académicos y expertos.
Este punto es problemático debido a533 a que involucra una crítica a la propuesta de neutralidad valorativa que se evidencia en los saberes médicos, psiquiátricos y psicológicos (Marsh, 2015b).
Al mismo tiempo, también se evidencia el cruce de construcciones tecno-políticas en estos campos del conocimiento.
Este último punto indica cómo los temas de la salud en la época contemporánea están vinculados con lógicas de la administración económica y productiva de los cuerpos (Rose, 2007).
Por esta razón, las interpretaciones sobre el suicidio están sujetas a valoraciones que no dependen en su totalidad de criterios teóricos.
Considerando lo previamente planteado, estas dos perspectivas resultan útiles para comprender que el suicidio es un tema que involucra múltiples modos de análisis y diversos marcos teóricos para su comprensión.
Por esta razón, en el presente texto se desarrollará una reflexión sobre la producción del suicidio y del suicida desde dos ámbitos específicos: los medios de comunicación y las instituciones expertas.
Esto con la finalidad de evidenciar la relevancia del análisis crítico del discurso para comprender el suicidio desde lugares teóricos que reconozcan su carácter cultural y que asuman la politización del fenómeno.
Cuestión que, hasta hace muy poco, ha sido discutida con amplitud en el marco de las ciencias psi (Fitzpatrick et al., 2015; Rose, 1985; Rose y Abi-Rached, 2014).
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA PRODUCCIÓN DEL SUICIDIO: INTERPELANDO AL "EFECTO WERTHER"
Los puentes no solo sirven para comunicar, también sirven para finalizar con las vidas de las personas.
En las ciudades donde existen puentes de grandes dimensiones es habitual observar escenas de personas que deciden saltar al vacío.
Algunos de ellos se convierten en el centro de las tramas culturales de las ciudades o en iconos de los lugares de la muerte (Stevenson, 2016).
Alrededor de estos lugares se construyen historias de los colectivos sociales y de las experiencias particulares.
Por ejemplo, en Pereira -ciudad de Colombia-existe un puente que comunica dos zonas del área metropolitana.
Esta estructura fue construida desde una idea de progreso y modernización de la ciudad; sin embargo, todo comenzó a cambiar de matiz cuando aparecen los suicidas.
Una noticia registrada en uno de los periódicos del país lo evidencia:
El caso se presentó hacia la 8:30 de la noche del martes, cuando Bertha Alicia Vargas Taborda, de 26 años, desesperada por un asunto sentimental y luego de discutir con su esposo, salió de su casa, ubicada en el barrio Kennedy (oriente de la ciudad), hacia el Viaducto.
Al llegar, no lo pensó y arrojó al vacío a la menor de sus hijas, Angi Daiana, de 6 meses, y luego a Luisa Fernanda, de 3 años.
Finalmente, la mujer se lanzó al vacío.
(Editorial: Los suicidas del viaducto) Esta noticia cobra relevancia no solo por la narración del suicidio; también son ilustrativas las declaraciones de una de las autoridades locales que señalaba que: "debemos quitarles ese atractivo a los suicidas.
Si les gusta tirarse del Viaducto, entonces hay que ponerles una malla" (Editorial: Los suicidas del viaducto).
Efectivamente, unos años después se instaló la malla de protección, pero fue un esfuerzo infructuoso debido a que los suicidios continuaron.
Desde entonces el puente es parte habitual de los titulares de prensa en los medios de la ciudad que siguen informando sobre intentos de suicidio o suicidios consumados.
Así, parecería que el puente continúa siendo "atractivo" para los suicidas y que les "gusta tirarse" desde allí.
En algunos casos se ha planteado que los despliegues noticiosos sobre los suicidios pueden incidir en el incremento de estos comportamientos (Stack, 2003).
Los medios de comunicación sirven, en apariencia, para movilizar estos actos.
Uno de los debates que se desprende de estas situaciones está asociado con el lugar de los medios de comunicación en la información sobre el suicidio.
Habitualmente se expresa que los medios de comunicación pueden servir para desencadenar comportamientos suicidas.
Así, la Organización Mundial de la Salud plantea la importancia de entrenar a los comunicadores para que informen de manera correcta sobre este tipo de casos (World Health Organization, 2017).
La formación de los periodistas resulta clave debido a que ayudaría a prevenir el comportamiento suicida.
Si bien este planteamiento puede tener legitimidad, la lectura parte de una noción que ha sido relevante en el estudio del suicidio en los últimos años y es el denominado efecto Werther.
En este sentido, se ha planteado que en el siglo XIX después de la publicación de "Las penas del joven Werther" de Goethe ocurrió una oleada de suicidios en varios lugares de Europa (Gutiérrez Rodilla, 1998).
Este comportamiento ha sido estudiado desde la sociología y desde la psicología también como el efecto de imitación o copycat (Mesoudi, 2009).
Se ha señalado que después del suicidio de alguna figura pública, existe un aumento el número de estos comportamientos.
No obstante, pareciera que no solo ocurre con personas reconocidas.
Así, la publicación constante de noticias sobre suicidios y las descripciones detalladas de estos comportamientos, pueden incidir sobre a533 el incremento de estas formas de muerte.
En algunas partes se habla de la activación de ideas previas, o incluso de incitación al suicidio debido a las maneras en que se presentan las noticias (Herrera Ramírez, Ures Villar y Martínez Jambrina, 2015; Müller, 2011).
Podríamos pensar que el tema del efecto de imitación ha tenido un valor analítico importante, pero se basa en dos postulados problemáticos.
El primero es una interpretación reduccionista del comportamiento suicida; el segundo son las explicaciones limitadas sobre los efectos de la comunicación en los comportamientos de las personas.
En este orden de cosas, habría que considerar que el suicidio es un comportamiento que no se limita exclusivamente a cuestiones psicopatológicas o comportamientos de imitación (Marsh, 2015b; Pompili, Girardi, Ruberto, Kotzalidis y Tatarelli, 2005; White, 2015).
El suicidio es una práctica cultural compleja y se articula a través de sentidos históricos y sociales muy particulares.
Así, es difícil equiparar los suicidios rituales de los japoneses con las oleadas de suicidios de los indígenas en Latinoamérica; son comportamientos con "finales similares", pero con construcciones discursivas y trayectorias políticas y subjetivas diferentes.
En estos casos, pensar desde la imitación supondría la omisión de singularidades culturales y un gesto de colonización intelectual de la diferencia (Pinguet, 2016).
Muchas de las investigaciones sobre el tema han cuestionado la asociación causal entre noticias e incremento del suicidio.
Por ejemplo, para Stack (2003) resulta difícil establecer con claridad que el aumento de la cobertura periodística de los casos de suicidios puede incidir en el número de suicidios.
Para el autor, esta interpretación es más una generalización empírica que una explicación causal.
No obstante, expresa que, en el análisis teórico de la asociación entre medios de comunicación y suicidio, se debe considerar la cuestión de la imitación como un aspecto significativo.
Así, más allá de proponer lecturas causales entre la información de los medios de comunicación y el comportamiento suicida, señala la importancia de reconstruir y abordar críticamente la cuestión.
En este orden de cosas, el segundo postulado sería que la idea del efecto de imitación se basa en visiones sobre la comunicación que son reduccionistas y proponen circuitos comunicativos que limitan interpretaciones complejas y críticas (Hittner, 2005).
Pareciera que los medios de comunicación se convierten en simples estímulos que desencadenan unas respuestas que son contrarias a la moralidad pública.
Esta explicación omite que las personas descodifican la infor-mación desde estructuras significativas y no se comportan de manera pasiva frente a los datos que conocen (Hall, 1996).
Así, se niega todo tipo de actuación de las personas y las inferencias que hacen sobre la información a la cual acceden (Ríos Hernández, 2009).
El hecho de pensar en la inferencia sirve para considerar que las personas que deciden terminar con sus vidas no son actores pasivos frente a la información a la cual acceden y, mucho menos, respecto a sus situaciones vitales.
Los medios de comunicación pueden influir en el comportamiento suicida, pero no de la manera en que ha sido conceptualizado desde la sociología, la psicología o la psiquiatría.
La incidencia de los medios de comunicación no se reduce a un simple gatillo que desata los malestares internos en las personas.
Se podría decir que los medios de comunicación producen y reproducen marcos de representación e interpretación sobre ciertos valores culturales (Guinsberg, 1995).
Si consideramos lo anterior, el análisis crítico del discurso puede servir para pensar la relación de los medios de comunicación y el suicidio más allá del efecto de imitación.
Incluso se comprendería que aquello que se denomina como imitación sería también parte de una práctica discursiva que se ha producido respecto al suicidio.
En este sentido, Fairclough (2008) plantea que el análisis crítico del discurso intenta evidenciar relaciones opacas entre prácticas discursivas y estructuras sociales o culturales más amplias; evidenciamos que el comportamiento suicida no se agota en la muerte de algún individuo y nos señala directamente una experiencia social y cultural más extensa.
Cuando se piensa en el suicidio desde este punto de vista, es posible interrogar por las dinámicas de las sociedades frente a la muerte y cómo las relaciones de poder inciden sobre la vida de las personas.
Habitualmente pensamos que el suicidio es un tema asociado a la muerte; sin embargo, de manera paradójica, es un tema que interpela y construye su sentido en el mundo de la vida (Cohen, 2007).
Cuando se reconozca que los medios de comunicación cumplen una función mucho más compleja que ser simples desencadenantes, podremos entender otras dimensiones del tema del suicidio y el papel del análisis crítico del discurso.
Podríamos pensar en dos problemas específicamente.
El primero consistiría en cuestionar la asociación naturalizada y constante que existe entre suicidio y problemas sociales en los medios de comunicación; mientras el segundo sería analizar con rigor la construcción que se hace sobre lo mental en los medios de comunicación y su asociación a533 con valores morales propios de la apertura económica y del neoliberalismo que provocan la despolitización del comportamiento suicida (Rose, 1998).
En primer lugar, en varios trabajos se ha mostrado cómo en los medios de comunicación el suicidio se asocia como una salida a situaciones que son excesivas para las personas.
Es habitual encontrar noticias que se centran en presentar ciertas situaciones sociales o económicas como las causas de este comportamiento.
Podríamos decir que se construye una representación del suicidio que está vinculada con una exigencia de capacidad productiva de las personas en contextos neoliberales.
De esta manera, el suicidio en nuestra época es narrado bajo la legitimidad de la muerte que deviene de una mente que enferma por "no ser económicamente productivo".
Así, en el exceso de positividad de la sociedad del cansancio, el suicidio se convierte en la consecuencia, muchas veces esperable, de las vidas que no se inscriben en el régimen productivo (Han, 2012).
De acuerdo con estas perspectivas, se produce una noción de lo mental que se ajusta a las dinámicas de producción económica y social.
Cada vez más los medios de comunicación en Latinoamérica promueven la idea de estilos de vida saludables, mostrando una atención particular por el estado psicológico de las personas.
Así, la salud física deja de ser el centro y aparece la salud mental como parte fundamental de la vida de los grupos humanos.
En este sentido, cuando lo mental se vincula con la capacidad de ser productivo e insertarse con facilidad en las exigencias técnicas de la vida laboral, el suicidio aparece como parte de un proceso antagónico a los valores de la época.
Es por este tipo de lecturas por lo que otras manifestaciones del suicidio quedan inscritas en la vida mental y pierden cualquier carácter político o cultural.
Por esta razón, no resulta extraño que frente al suicidio de algunos pueblos ancestrales en Latinoamérica la respuesta de los estados se encamine a resolver los problemas de salud mental de las comunidades, sin preguntarse por los valores culturales sobre la tierra y los efectos simbólicos y económicos del despojo.
El discurso centrado en la patología provoca la despolitización de ciertas formas de morir por mano propia que corresponden a lógicas más complejas.
EL SABER EXPERTO Y LA PRODUCCIÓN DEL SUICIDIO: LA PREVENCIÓN COMO "IMPERATIVO"
Una de las características centrales del análisis crítico del discurso consiste en comprender que las prácticas discursivas parten de interpretaciones sociales y políticas que tienen efectos sobre las construcciones morales de las personas y de las sociedades (Van Dijk, 2002).
En este sentido, cuando se problematizan las posturas del discurso experto sobre el suicidio nos encontramos con una serie de dificultades importantes para proponer un análisis crítico.
Quizás la mayor dificultad consista en pensar que interpelar el discurso experto sobre el suicidio tiene como efecto la legitimación o la aprobación del comportamiento suicida.
Sin embargo, el cuestionamiento de estos discursos se concentra en pensar cómo el suicidio se establece como una práctica discursiva y no reducir la complejidad del fenómeno a una toma de posición entre "el bien y el mal".
Proponer un abordaje de este orden permite reconocer que las valoraciones personales sobre el suicidio se instalan, siguiendo lo planteado por Szasz (2002), en el marco de la experiencia subjetiva y de una libertad fatal.
Pensar el suicidio como una práctica discursiva permite que el tema no quede restringido al monopolio de los especialistas de la salud y también permite entender cómo las prácticas de significación del suicidio forman parte de las relaciones de poder que configuran los cuerpos y las vidas de las personas (Guinsberg, 2001).
En esta última cuestión, encontramos las posibilidades de investigación del análisis crítico del discurso como herramienta interpretativa acerca de los discursos sobre el suicidio.
Así, se reconoce que la psiquiatría y que la psicología académica han estado vinculadas con lógicas de poder político y económico que tienden a ser veladas bajo criterios de objetividad (Parker, 2010).
La consecuencia de esta posición ha consistido en pensar el suicidio como parte de una enfermedad que puede ser localizable y clasificable en el organismo, pero que provoca la marginación de sus sentidos históricos y culturales (Velasco y Pujal i Llombart, 2005; White, 2015).
En este orden de cosas, el discurso experto está influenciado por requerimientos del orden económico internacional que subsumen parte de la experiencia humana en los tecnicismos de las retóricas neoliberales sobre la productividad y el trabajo (Foucault, 2007).
Otro punto que habría que considerar tiene que ver con la conceptualización del tema del suicidio en la actualidad, la cual se desplaza entre lógicas de poder, usos de lenguaje técnico y cierta retórica de la salvación propia de la modernidad (Restrepo, 2012).
La Organización Mundial de la Salud expresa que la prevención del suicidio es, por ejemplo, "un imperativo global" (2014).
Un imperativo que se sostiene debido a que miles de personas se suicidan cada año.
Sin embargo, cuando las cifras de suicidio son comparadas con las muertes por cardiopatías isquémicas o por accidente cerebrovascular, el número es relativamente inferior.
No obstante, en estos últimos casos el lenguaje de la prevención no está marcado por palabras como "imperativo", "estigma", "discriminación" o "creencias del público" como ocurre habitualmente en los informes acerca de la prevención del suicidio o de las enfermedades mentales.
Inclusive, si hiciéramos una comparación entre los prólogos de los informes de la OMS, encontraríamos que la vehemencia del mensaje con respecto al suicidio resulta inusitada:
Una sola vida perdida por suicidio ya es demasiado.
El camino a seguir consiste en actuar juntos, y el momento de actuar es ahora.
Exhorto a todos los interesados directos a que hagan de la prevención del suicidio un imperativo.
2) Pensando en estos términos, no deberíamos descuidar que el concepto de suicidio y sus modos de prevención son producidos, en la actualidad, principalmente en el campo de las ciencias de la salud.
Para corroborar este argumento solo es necesario acudir a las referencias bibliográficas de los documentos técnicos, para observar la carencia de referentes teóricos que no pertenecen a ese campo.
Así, la línea discursiva de estos documentos se fundamenta en visiones sobre la salud y la enfermedad que provienen, la mayoría de las veces, de lógicas políticas y económicas transnacionales que relegan o desconocen abordajes alternativos o locales (Fitzpatrick et al., 2015).
En consecuencia, no resultaría extraño que se produzcan discursos acerca del suicida que están ajustados a los intereses y exigencias de instituciones altamente globalizadas.
En el nivel retórico se expresa una preocupación por la pérdida de una vida, pero en el reverso encontramos discursos políticos y económicos preocupados, como lo recuerda Zelizer (1978), por la pérdida de cuerpos potencialmente útiles y productivos.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el suicidio es inscrito bajo las construcciones discursivas de la salud y específicamente de la salud mental?
Inicialmente habría que señalar dos cuestiones respecto al interrogante.
La primera consiste en que se producen jerarquías entre los grupos de expertos que deben y pueden asumir una participación directa en la explicación y en la intervención de la problemática, un asunto que no era puesto en entredicho hasta hace un tiempo.
En segunda instancia, con la influencia cada vez más determinante de instituciones políticas y económicas en el tema, derivan conceptos y narrativas ajustadas a valores morales propios de las agendas de estas instituciones (Marsh, 2015a).
Los expertos del campo de la salud se convierten en los portavoces autorizados para orientar los significados del comportamiento suicida sin polemizar demasiado o activando "la alarma social" que causa inquietud y obnubila otras cuestiones.
Si bien las jerarquías disciplinarias en salud son cuestionadas por experiencias de participación comunitaria o no tradicional, aún resulta difícilmente controvertible que los encargados de la investigación y del diseño de procesos de intervención a gran escala, no sean individuos formados en las ciencias de la salud.
Esto provoca que las prácticas, el discurso y las observaciones se adecuen a una epistemología que pretende objetivar la conducta suicida.
Así, para plantear cualquier tipo de intervención se deben asumir, casi sin cuestionar, la veracidad de los factores de riesgo de la población con riesgo suicida -previamente investigados desde la epidemiología-y posteriormente proponer diseños de intervención que concuerden con los modos de habla y con los criterios de cientificidad esperados por las instituciones autorizadas (Fitzpatrick et al., 2015).
De lo contrario, pueden estar en riesgo los recursos económicos de los programas de intervención y el prestigio de los profesionales que participan en estos procesos.
En segundo lugar, se señala que el suicidio se convierte en un monopolio de los profesionales del campo de la salud y de su epistemología.
En consecuencia, no resulta extraño que el suicidio sea leído en clave patológica.
Así, tanto la teoría como la intervención producen significaciones y valores morales, los cuales restringen la posibilidad de pensar más allá de la dicotomía entre normalidad y anormalidad o entre salud y enfermedad.
La naturalización del discurso psicopatológico provoca que se despoje el acto suicida de toda historicidad y sentido cultural, desdibujando cualquier posibilidad de interrogación política y produciendo un régimen de verdad pocas veces irrebatible (Marsh, 2013).
Pensar el suicidio exclusivamente como psicopatología provoca múltiples limitaciones conceptuales y prácticas (Cohen, 2007; Szasz, 2002).
No importará mucho si pensamos en enfoques diferenciales o en la apertura a otros marcos teóricos, si seguimos aceptando que el suicidio es exclusivamente un problema de salud mental o, en otros términos, si pensamos en la existencia de una única expresión sobre el suicidio.
Todo esto se traduce en un confinamiento del tema a un espacio bastante reducido, en el cual operan lógicas de producción de conocimiento organizadas por ciertas instituciones que imitan las dinámicas burocrá-a533 ticas del estado (Marsh, 2015b), pero que también se posicionan frente a la vida y la muerte humana desde esquemas basados en el cálculo económico.
Más allá de las teorías y de las investigaciones -muchas de ellas inocuas en sus alcances sociales- (Marsh, 2015a), aquello que llama la atención son los efectos del discurso experto en las narrativas populares, las cuales configuran una imagen del suicida como alguien enfermo que evita adaptarse a una realidad que siempre "le ofrece otra oportunidad"; en consecuencia, el suicida con su acto desprecia los ideales de productividad de la vida contemporánea.
CONSIDERACIONES FINALES: ANÁLISIS CRÍTICO DEL DISCURSO Y LA COMPRENSIÓN DEL SUICIDIO MÁS ALLÁ DEL ESPECTRO DE LA ENFERMEDAD
Después de observar estos dos puntos de producción de discurso sobre el suicidio, es posible plantear dos aportes del análisis crítico del discurso a la discusión.
En primer lugar, encontramos una transformación en la epistemología del abordaje de la temática, lo cual implica el reconocimiento de campos de conocimiento excluidos.
Además, también resulta útil para evidenciar cómo las estrategias de producción discursiva del suicidio resultan afines a una producción de saber tecno-científico que está estrechamente ligado con necesidades de ciertas políticas neoliberales.
En este orden de cosas, cuando se reconoce que existe una multiplicidad de estrategias de análisis del discurso encontramos una posición que es conceptual y también política (Van Dijk, 2003).
En este caso, asumir que el discurso no se reduce sencillamente a expresiones lingüísticas o cognitivas permite pensar en marcos conceptuales que cuestionan las hegemonías teóricas tradicionales.
Así, la diversidad de estrategias de análisis del discurso señala que existen alternativas de comprensión sobre las realidades de un fenómeno social (en este caso lo sería el suicidio).
Esto convoca una reflexión rigurosa acerca de epistemologías ampliadas que posibiliten otras comprensiones de la actividad intelectual y política que subyace a los problemas investigados (Diaz, 2007).
Que señalen que la naturalización de los significados acerca de ciertas prácticas sociales y culturales también es una estrategia discursiva y que es útil a ciertos intereses de dominación.
El análisis del discurso sirve para deslocalizar visiones epistemológicas tradicionales sobre la comunicación y los estudios sobre la cultura, pero también hace lo propio con algunos fenómenos sociales que han sido naturalizados (Fairclough, 2013).
El análisis del discurso in-terpela posicionamientos epistemológicos e históricos de la psicología como un saber que produce regímenes de conocimiento sobre la vida de los trabajadores y que es útil a intereses económicos que son opacos (Stecher, 2010).
En este orden de cosas, analizar el tema del suicidio más allá de las visiones epidemiológicas o empírico-analíticas, permite la emergencia de nuevas posturas interpretativas y de intervención.
La transformación epistemológica de la investigación permite problematizar los marcos teóricos sobre el suicidio y asumir que la complejidad del fenómeno requiere, igualmente, conceptualizaciones que diversifiquen los abordajes investigativos y las explicaciones teóricas.
Sostener que el suicidio es una cuestión que no es exclusiva de la salud mental propone un reto para las maneras de pensar e intervenir en el fenómeno, pero también provoca una ruptura epistemológica; hace que comprendamos que existen otras fuerzas productivas que configuran el devenir de la muerte por mano propia y que existen marcos teóricos que son útiles para examinar un fenómeno difícil de caracterizar.
Por esta razón, el afirmar que el suicidio es una práctica cultural es un acto de restitución de la discursividad que ha sido negada por la naturalización de la patología.
En otros términos, consiste en pensar que el suicidio, entendido como un comportamiento humano y discursivo, posee una multiplicidad de sentidos y significaciones que van más allá de la cuestión de la enfermedad.
La desnaturalización de la patología nos ayuda a entender que el suicidio ha sido producido por la psiquiatría y la psicología desde referentes culturales que son propios del liberalismo.
Así, el tránsito de la teoría de las monomanías de Esquirol, pasando por las interpretaciones sociológicas Durkheim hasta llegar a la suicidología contemporánea plantean el suicidio desde el lugar de cierta desviación de valores económicos y sociales.
El análisis crítico del discurso sirve para abrir otras perspectivas intelectuales y políticas para la comprensión del suicidio.
Uno de sus aportes centrales es evidenciar que las interpretaciones contemporáneas sobre la temática resultan útiles a los entramados discursivos del neoliberalismo (Castro Gómez, 2015; Parker, 2010).
En este sentido, no hay que perder de vista, como lo ha propuesto Maniglio (2016), la estrecha vinculación que existe entre los discursos de las organizaciones gubernamentales a escala global y los grupos económicos.
De esta manera, la articulación entre economía y saber se produce a través de los desarrollos de una tecno-ciencia que configura y ordena los modos de vida de los sujetos, a533 las poblaciones y los ecosistemas con la finalidad de mantener la pervivencia, pero también manteniendo un control sobre sus devenires.
Esto se evidencia cuando emerge un sentido común que legitima las explicaciones de los expertos sobre el suicidio y estas visiones llegan a las personas a través de los medios de comunicación.
En actualidad las representaciones sobre el suicidio en Latinoamérica se adecuan a ciertas reglas de argumentación.
Así, los topoi (Wodak, 2003) de las notas periodísticas y del material experto configuran esquemas de causalidad del suicidio.
Este aspecto permite señalar la importancia del análisis crítico del discurso para pensar otras formas de analizar el comportamiento suicida.
Algunas formas de argumentación representan el suicidio como un fenómeno que se produce debido a amplios factores sociales y también a interpretaciones sobre la salud mental de las personas.
Estas argumentaciones sirven para cristalizar representaciones y reafirmar lógicas de naturalización.
Los topoi de la carencia, la enfermedad, la precariedad laboral, la falta de supervisión, las relaciones afectivas y el agotamiento son reiterativos en documentos técnicos y en la información suministrada por los medios.
En estos casos, es importante reconocer que el análisis crítico de las reglas de argumentación serviría para comprender las relaciones intertextuales e interdiscursivas que existen entre el suicidio y las configuraciones del capitalismo en el sur global.
En otras palabras, este tipo de análisis permiten examinar cómo las interpretaciones sobre el suicidio dependen de producciones semióticas de orden político, económico y cultural que son invisibilizados en las definiciones convencionales y aceptadas socialmente sobre el fenómeno.
Este aspecto podría pensarse como la estandarización de las reglas de argumentación que sirven para negar algunas tensiones que no resultan relevantes en los discursos de los expertos, pero tienen una repercusión importante en el análisis del fenómeno.
En este sentido, recuperar el carácter discursivo del suicidio nos permitiría hablar, como lo propuso Moron (1992), de los suicidios.
Para evidenciar la hipótesis, podemos plantear un ejemplo sobre la manera en que un grupo de indígenas Emberá y Wounaan en Colombia construyen la idea del suicidio desde una perspectiva que no apela necesariamente a los discursos acerca de lo mental:
Ciertamente, enmarcados en un sincretismo compuesto por su cosmovisión y el modelo judeo-cristiano, se establecieron las causas de los suicidios como un castigo divino, el cual se relaciona con la forma de definir a los jais actualmente: algunos jais son concebidos como espíritus provenientes de los muertos de la violencia causada por el conflicto armado; espíritus que no están en paz y acechan apocalípticamente las comunidades.
El acecho de estos jais, entre otras cosas, es provocado por el comportamiento de los jóvenes relacionados con el conflicto armado y la transgresión a las tradiciones culturales de las etnias (Sepúlveda López de Mesa, 2008, p.
Este ejemplo muestra algunos aspectos que son claves en la discusión transcultural del suicidio y la importancia de prestar atención a las significaciones y contextos donde ocurre la práctica.
No obstante, en las lecturas oficiales de organizaciones trasnacionales asociadas a la salud, los datos culturales se asumen como un rasgo idiosincrático, pero no son relevantes para la reflexión del tema.
En este sentido, el fracaso de los enfoques transculturales ha sido entender la cultura como un factor que puede ser factorizado y negar que su potencia se encuentra en la performatividad que tiene como discurso.
Finalmente, cuando se intenta plantear una reflexión sobre el suicidio es posible evocar una de las reflexiones del filósofo colombiano Estanislao Zuleta que señalaba que: "por ejemplo, si alguien se suicida arrojándose de un octavo piso y surge la pregunta de cuál fue la causa de su muerte, uno no responde que la ley de la gravedad" (Ospina, 2006, p.
Este comentario que resulta irónico deja entrever algo que resumiría este texto.
Significa reconocer que el suicida no muere por la ley de la gravedad, por los medicamentos que ingirió o por los factores epidemiológicos determinados por los expertos.
Morir por mano propia significa, ante todo, un comportamiento que se produce debido a prácticas discursivas que configuran y dotan de sentido la elección del morir.
Quizás la idea de lo mental ha servido para solventar y mantener una lógica de comprensión que nos ha resultado útil.
No obstante, el análisis crítico del discurso puede ser la apertura a nuevos interrogantes: consiste en pensar y en proponer nuevas comunidades de interpretación sobre el suicidio.
A la Universidad Cooperativa de Colombia por el financiamiento del proyecto de investigación en que se enmarcó la producción de este artículo.
Igualmente, agradezco a las investigadoras e investigadores del grupo de investigación "Nodo de Innovación Social" por su acompañamiento constante. |
RESUMEN: Desde el descubrimiento en 1935 del fenómeno del entrelazamiento cuántico, se han generado interrogantes y postulados que están sin resolver, pero que han desmantelado las bases de la física clásica.
Tomando como base el comportamiento recíproco de determinadas partículas, independientemente de su distancia, se asume la existencia de un estado con una competencia de onda única para todo el sistema, lo que obliga a aceptar nuevos conceptos como la no localidad y la no separabilidad.
En la actualidad son cada vez más los creadores que desde diferentes soportes y medios se han acercado al análisis del entrelazamiento como una nueva fuente de inspiración e investigación artística.
De hecho, se plantea la plataforma artística como un recurso para divulgar este fenómeno, junto con sus teorías y misterios, familiarizando al espectador con una de las manifestaciones más definitorias para el progreso de la humanidad.
BREVE INTRODUCCIÓN EN RELACIÓN CON EL ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO
La denominación entrelazamiento cuántico sería introducida en 1935 por Erwin Schrödinger, con objeto de describir un fenómeno de la mecánica cuántica que había sido observado, pero que creaba gran asombro entre los científicos y no se llegaba a entender bien.
De hecho, se pudo comprobar cómo una serie de partículas no podían ser determinadas como entes individuales con estados definidos, sino más bien como un sistema con una función de onda única 1 para todo el conjunto.
De ahí que esta correlación fuera asumida como un fenómeno cuántico, ya que no había tenido ninguna equivalencia clásica.
La cuestión incidía en la existencia de reciprocidades en los estados cuánticos de dos o más partículas, lo que obligaba a que fueran descritas mediante un estado único que las entrelazaba en el sistema, independientemente de su distancia, fuera corta o con separaciones macroscópicas.
Esta nueva realidad rompía definitivamente con la propiedad de la localidad, siendo entendida sobre la base de que cualquier suceso que se produzca en un lugar no debería influir o afectar a cualquier cosa que suceda en una ubicación distante, siempre y cuando no se haya emitido una señal de un lugar a otro y además bajo la barrera máxima de la velocidad de la luz.
A partir del descubrimiento de este nuevo fenómeno, los científicos tuvieron que asumir el hecho de la no localidad 2, a la vez que comenzaron a admitir que la información entrelazada de dos partículas se debía transmitir a una velocidad mayor que la de la luz.
Las causas que producían este fenómeno se convirtieron en motivo de debate y estudio, lo que daría como primer referente científico el trabajo de 1935 por parte de Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen, al publicar su famosa paradoja EPR, según las iniciales de sus apellidos (Laloë, 2012, pp. 38-55).
Estos tres científicos pusieron en marcha un experimento de carácter mental con el objetivo de demostrar lo incompleta que se encontraba la mecánica cuántica, asumiendo según este trío la condición de completitud: "sea cual sea el significado asignado al término completo, el siguiente requerimiento para una teoría completa parece ser necesario: cada elemento de la realidad física debe tener una contraparte en la teoría física" (Einstein, Podolsky y Rosen, 1935, p.
Sobre la base de la teoría del entrelazamiento cuántico, se podían observar evidentes correlaciones entre las partículas, lo que vaticinó nuevos experimentos, caso del estado del espín nulo, ya que cuando una partícula gira hacia arriba, la otra de manera automá-tica comienza a girar hacia abajo, aspecto que no podría ser predicho ni explicado por la mecánica clásica.
En definitiva, los científicos se encontraron con la existencia de unas demostrables correlaciones no solo en estados cuánticos, sino incluso en sistemas que podían quedar mutua e instantáneamente entrelazados en base a las diferentes interferencias o variaciones que se vayan produciendo en sus estados.
Uno de los grandes interrogantes giró en torno al modo de transmisión de dicha información, teniendo en cuenta que la medición que se empleaba se unía con la velocidad de la luz y no podía ser superior a esta, de ahí que empezaran a asumir que la única posibilidad para la transmisión de información era emplear un conjunto de estados entrelazados en combinación con un canal de información clásico, definido como teleportación cuántica (Furusawa y van Loock, 2011, pp. 179-216).
Durante los años 60, el físico John S. Bell aportó numerosos avances en este nuevo campo; entre estos, las matemáticas definitorias de este fenómeno, que serían conocidas como de no separabilidad.
Sobre esta última cuestión se puede anotar lo siguiente:
Los estados no locales violan la separabilidad: por lo tanto, el estado cuántico no local representa una no separabilidad [...]
A veces se ha afirmado que una explicación de las correlaciones EPR/B que hace uso de tal no separabilidad significaría prescindir de una explicación causal.
Sin embargo, nuestras consideraciones muestran que este no es el caso: la variable no separable está incorporada dentro de una estructura causal de una manera clara, como cualquier otra variable [...]
A este respecto, la no separabilidad no representa una ruptura con los principios causales, sino una ruptura con los supuestos espacio-temporales, es decir, que las variables o estados siempre deben estar localizados (Näger y Stöckler, 2018, p.
Por otro lado, dicho estado se producía en sistemas microscópicos, tanto en los descubiertos en la época, como en los nuevos que han ido apareciendo, pero que en cualquier caso la posibilidad de entrelazamiento perdía capacidad comunicativa según se trasladaba a contextos de mayor dimensión, debido al fenómeno definido como decoherencia cuántica 3, teoría que ha podido ser rebatida gracias a distintos experimentos realizados en niveles macroscópicos 4.
Aunque los científicos encuentran numerosas dificultades de interpretación y comprobación, simultáneamente se ha ofertado para la ciencia un nuevo horizonte al observar las múltiples posibilidades que a534 implica dicha teoría en otros ámbitos científicos y tecnológicos en fase de desarrollo, caso de la computación, de la criptografía y de la teleportación cuántica, así como en los nuevos ámbitos de la medicina.
Esta nueva coyuntura aplicativa no ha sido ajena para el sector artístico y estético, que se ha involucrado en nuevas propuestas e investigaciones con el objetivo de ampliar nuevas posibilidades conceptuales y prácticas.
PROPUESTAS ARTÍSTICAS VERSADAS EN EL ENTRE-LAZAMIENTO CUÁNTICO
Muchas de las sugerencias de la artista y física cuántica Libby Heaney toman esta última área científica como punto de partida, procediendo con el análisis de sistemas a través de una lente computacional cuántica en instalaciones interactivas y eventos participativos.
En base a la contextualidad, el entrelazamiento y la superposición como conceptos de articulación, Heaney indaga en la búsqueda de resonancias con otros campos y de este modo incentiva nuevos lenguajes en torno a la ciencia cuántica.
De hecho, como comenta la propia investigadora:
Hago dos acercamientos a mi práctica artística.
En primer lugar, me interesa cómo los conceptos de la física cuántica se pueden utilizar como inspiración para la nueva estética.
No se trata de representar literalmente la ciencia, sino de pensar de manera diferente sobre la forma, los materiales y la interacción.
A menudo, los científicos creen que combinar arte y ciencia es crear una buena visualización de sus datos, pero eso es solo una ilustración.
Es importante ir más allá de la ilustración, para especular y plantear preguntas.
También me interesa reexaminar los sistemas a través de una lente computacional cuántica, tanto teóricamente como a través de la fabricación.
Esto significa que tomo algunos aspectos de la física cuántica, como la superposición o el entrelazamiento, y exploro resonancias y disparidades metafóricas con otros sistemas (véase Once a physicist: Libby Heaney).
En este sentido, para la artista el entrelazamiento cuántico es una correlación mayor que cualquier fenómeno que sea posible en el mundo macro, sustentándose en la teoría de la realidad agencial de Karen Barad, que a su vez se sostiene sobre la física cuántica de la filosofía de Niels Bohr.
En dicha instalación, se podía observar un entrelazamiento de imágenes y videos entre los cuatro soportes, junto con dos revistas que asumían la intencionalidad de explorar la relación entre la computación cuántica y el concepto de significado.
La obra de arte se producía mediante la eliminación de información, lo que permitía que las partículas de luz se volvieran indistinguibles.
Mediante la falta de información en imágenes y con videos indistinguibles, junto a un desenfoque del significado se intenta crear una simulación de entrelazamiento.
Para ello, se produce un trabajo visual en movimiento de cuatro pantallas con una narrativa hablada, que documenta poéticamente las obras de arte cuánticas.
La realización de estas obras de arte con un ordenador cuántico de cuatro cúbits daba lugar a que fueran inobservables, porque de acuerdo con las peculiares leyes de la física cuántica, dichas propuestas se destruyen cuando algo las mira (Heaney, 2017).
Las imágenes se componían de cuatro partículas de luz infrarroja, existiendo durante una pequeña fracción de segundo, pero con un resultado en los gráficos de los cuadernos de los científicos que recordaba a los cubos abiertos de Sol LeWitt y a las obras de arte de Manfred Mohr.
La artista Heaney planteaba una aproximación libre sobre una realidad subyacente.
Por este motivo, no era posible mostrarlas ni en el video ni en las revistas, por lo que se decidió documentar algunos rastros del proceso, caso del nibble o cuado, es decir, la mitad de un byte, único vestigio de las obras de arte entrelazadas no observables.
Para el desarrollo de esta instalación se procedió a elaborar una exhaustiva documentación sobre dichos procesos creativos, lo que se acercaba a postulados del arte conceptual.
Parte de esta documentación intenta simular la experiencia del entrelazamiento cuántico aplicando un método similar a las puertas lógicas utilizadas para entrelazar partículas en imágenes.
Tanto las imágenes en los videos, como las palabras en el proceso narrativo, se sustentan en datos que marcan los bordes de la representación o el vacío cuántico: datos del láser, imágenes infrarrojas del espacio, videos del chip, mediciones obtenidas, distancias y tiempos; datos sobre materiales y sonidos grabados de equipos que utilizan micrófonos de contacto y tomas eléctricas.
Esta cacofonía de representaciones inadecuadas se encuentra justo fuera del mundo cuántico, pero estas y otras instancias indistinguibles se colocaron juntas en el video siguiendo un sistema en el tiempo y el espacio con reglas similares al algoritmo informático cuántico que generó las obras de arte cuánticas genuinas.
De igual manera se propone establecer un paralelismo entre la física cuántica y la teoría de la deconstrucción, ya que en base a esta última metodología se obtiene una documentación en torno a la noción de lo que sería una obra de arte cuántica "genuina".
El 4 de diciembre de 1926, Albert Einstein afirmó lo siguiente en una carta enviada a Max Born:
La mecánica cuántica es ciertamente imponente.
Pero una voz interior me dice que todavía no es lo real.
La teoría dice mucho, pero en realidad no nos acerca al secreto de lo antiguo.
Yo, en cualquier caso, estoy convencido de que Él no tira los dados" (Walker, 1971, p.
A partir de estas y otras aportaciones, se presenta la instalación y escultura digital interactiva God's Dice (2014), donde se muestra un dado octaédrico de madera, que está conectado de forma remota a una copia de sí mismo en una pantalla.
Nuevamente, en base al concepto del entrelazamiento cuántico, cuando el objeto físico se gira, la versión digital repite el movimiento.
De acuerdo con la propia artista:
God's Dice es una instalación física con un componente digital, donde la rotación (por parte de un participante) del dado octaédrico físico altera la rotación de su copia digital en la pantalla.
Trata sobre el entrelazamiento entre lo digital y lo físico, entre el objeto y el sujeto, y entre la naturaleza y la cultura; siendo estas mismas metáforas para cuestiones de la mecánica cuántica, que incluye el entrelazamiento.
Los participantes a menudo experimentan la sorpresa de que una escultura de madera puede mover la copia en la pantalla de forma remota, lo que captura parte del misterio del cuanto.
Es importante enfatizar que el entrelazamiento cuántico tal como se define en mi ciencia no se puede representar ni simular en el mundo macroscópico, de ahí esta obra de arte (véase Libby Heaney.
Igualmente, dentro de esta propuesta, Libby Heaney puso otras cuestiones encima de la mesa, como la probabilidad y la indiferencia.
La concepción clásica de la probabilidad, que es anterior a la axiomatización de Kolmogorov, surgió de la abstracción de situaciones prácticas en las que todos los resultados son, en cierto sentido, igualmente posibles, resultando la probabilidad de cualquier evento la fracción del número total de eventos que representa, al igual que en la aparición de una cantidad como la suma obtenida en la tirada de un par de dados justo sumando el valor de las dos caras ascendentes.
La introducción del principio de indiferencia, es decir, que siempre que no exista evidencia que favorezca una posibilidad sobre otra posibilidad tienen probabilidades iguales, ayuda a evitar una circularidad en la concepción clásica de probabilidad.
Sin embargo, puede ser problemático explicar la idea de evidencia igualmente buena para dos eventos inciertos sin hacer uso de la probabilidad.
Este mismo autor anota la siguiente reflexión:
Bell comentó Me gustaría aclarar esto de que 'Dios no juega a los dados'.
Esto es algo que a menudo se cita, y que Einstein lo dijo bastante temprano en su carrera, pero luego se preocupó más por otros aspectos de la mecánica cuántica que por la cuestión del indeterminismo.
Y, de hecho, el experimento particular de Aspect [que confirma la violación de la desigualdad de Bell] pone a prueba esos otros aspectos, específicamente la cuestión de no actuar a distancia (Jaeger, 2009, p.
Heaney también ha tomado parte en proyectos divulgativos, donde el arte y la computación cuántica se fusionan; por ejemplo, en la investigación impulsada por el Institute of Physics -IOP de Londres, que tuvo su proyección pública en un evento en el Victoria and Albert Museum de la misma ciudad, el 11 de mayo de 2017, donde artistas y científicos describieron las obras de arte del proyecto y cómo habían trabajado juntos para producirlas.
Se trataba de un propósito piloto basado en la colaboración entre científicos del Centro de Fotónica Cuántica de la Universidad de Bristol y estudiantes de arte de la Royal College of Art (RCA), dirigido por Libby Heaney, tutora de investigación en este último centro, bajo el objetivo de emplear tecnologías cuánticas en etapas iniciales para ayudar a generar obras de arte.
De hecho, la propuesta Measure and Matter (2017) de Louis Schreyer, Thibaut Evrard, Taeyoung Choi y Marcela Uribe exploraba En el caso de otros creadores, desvinculados de los centros anteriores pero que siguen abordando esta misma línea de investigación, encontramos a Dmitry Kawarga con Object-antiobject.
Superposition (2014), donde se presenta un engañoso sistema cerrado compuesto de dos objetos robóticos que interactúan entre sí de manera sincronizada, aunque la comunicación cinética entre los objetos no consigue respetar las leyes de la sincronización.
Cada robot dispone de numerosos sensores, que recopilan constantemente datos sobre vibración, humedad, presión, distancia, movimiento, sonido, luz y temperatura.
De este modo, los datos recopilados por uno de los objetos son transformados en el movimiento del otro, que a su vez impresiona al primer objeto, creando un bucle que se manifiesta en un estado de flujo constan-a534 te.
Uno de ellos se articula mediante cubos regulares lisos, mientras que el otro se muestra como un bulto amorfo de poliuretano, quedando entrelazados por una red de medición en lo que podría ser un sistema cerrado.
No obstante, el artista ha ido más allá generando un entrelazamiento en base no solo a la interacción de los dos objetos, sino también teniendo en cuenta el comportamiento del espectador. metafásica) y Quantum Metaphone (metáfono cuántico o sintetizador de voz), en un intento de llevar a la práctica el fenómeno del entrelazamiento cuántico a la vez que se convertía en uno de los primeros ensayos en la creación de un ordenador cuántico.
Metaphase Sound Machine (2014) de Dimitry Morozov es en sí mismo un acto de admiración a Nick Herbert, ya que este último intentó acercar la metafísica a la propia física cuántica, lo que le produjo una pérdida de prestigio profesional, especialmente cuando relanza en uno de sus experimentos la idea de una comunicación cuántica para establecer un contacto con el espíritu del ilusionista Harry Houdini el día del centenario de su nacimiento.
Debemos recordar que, en el dispositivo de Herbert, para obtener un entrelazamiento cuántico, se utilizó como fuente el talio radiactivo, siendo controlado por un contador de radiación Geiger.
En sus criticados experimentos participaron varios psíquicos, intentando influir en la interminable secuencia de anagramas aleatorios que se originaban desde una máquina de escribir, a la vez que se intentó que "una voz fantasma" se escuchara desde el metáfono.
Manteniendo el desconocimiento y el misterio que acontecen en numerosos apartados de la física cuántica, Dmitry Kawarga inocula dicha sensación enigmática ya que, aunque estos robots interactúan entre sí y se asume una conexión entrelazada, esta no se produce de una manera real, lo que genera en el espectador una sensación de descontrol sobre el proceso, rompiéndose cualquier atisbo de lógica racional en dicha dinámica (véase Object-antiobject.
Por otro lado, el artista e investigador transdisciplinar Dmitry Morozov, conocido por el alias vtol, trabaja en el sector del sonido, la robótica y la instalación, dando un decidido impulso a la relación entre los sistemas emergentes y los nuevos tipos de síntesis tecnológica.
Se alienta un homenaje al físico norteamericano Nick Herbert, quien en los años setenta había creado los dispositivos experimentales conocidos como Metaphase Typewriter (máquina de escribir Este descrédito acarreado por parte de Herbert se intenta mitigar en Metaphase Sound Machine, un objeto de sonido cinético/cibernético, donde la resonancia se genera en base a la retroalimentación del contador Geiger, que registra la radiación de partículas en el entorno.
Esta propuesta fue encargada por la plataforma Future Everything (Manchester Technology Centre) y el Laboratoria Art & Science Space (Moscú), basándose principalmente en una máquina de sonido y movimiento impulsada por la descompo-a534 sición nuclear aleatoria cuántica.
Estaba construida sobre la base de seis discos giratorios, cada uno de ellos con una fuente de sonido acústico (un altavoz) y un micrófono, que a su vez se conexionaban a través del ordenador y el eje giratorio con los altavoces en los discos.
Como ya hemos comentado, el artista sitúa un contador Geiger-Mueller, que permite detectar la radiación ionizante en el área circundante.
De esta manera, los intervalos entre estas partículas pueden alterar la velocidad de rotación de cada uno de los discos.
Tal y como se explica:
El objeto es una instalación de audio y cinética en la que se sintetiza un sonido basado en las reacciones, producidas por micrófonos y altavoces en discos giratorios.
Los silbatos de realimentación se utilizan como activadores para una síntesis de sonido más compleja.
El procesamiento adicional de la señal armónica, así como la volatilidad del sistema dinámico, conducen a las infinitas variaciones de sonido.
La forma del objeto se refiere a la notación simbólica generalmente aceptada del entrelazamiento cuántico como un bifotón, que cruza los discos de las órbitas (véase Metaphase sound machine).
Una artista que ya anteriormente había recogido como referencia el dispositivo de Nick Herbert, es Lynden Elizabeth Stone 6 con su proyecto Metaphase Typewriter Revival Project (2012), en el que propuso un generador de texto cuántico utilizando un hardware físico moderno e interfaces de ordenador.
En los trabajos de Naomie Kremer se combinan desde esculturas y pinturas híbridas hasta formatos videográficos.
Se le crean al espectador una serie de dudas a la hora de deducir dónde empieza un medio y dónde otro, ya que se trata de romper dichas limitaciones y sumergir al visitante en entramados que van más allá de la mera configuración de la realidad.
Esta sería su principal línea de actuación a partir de 2008, sobre todo a raíz de su trabajo en la Berkeley Opera de California, cuando tuvo que crear un conjunto de diseños por vídeo para la pieza Bluebeard's Castle (2008) de Béla Bartók.
En su búsqueda y acercamiento hacia los entrelazamientos cuánticos, desarrolla Chance Operations (2011), un proyecto compuesto por capas abstractas de pintura, en donde la artista inscribe un poema en prosa.
De manera paralela se procede a grabarse a sí misma en el momento de realizar la pintura, que posteriormente será proyectada de nuevo sobre la superficie de la pieza terminada.
El resultado será el siguiente:
El efecto hace que la superficie de la pintura, brillando y avanzando o retrocediendo, no determine cuál es el pigmento y cuál la proyección.
Se observa un perfecto entrelazamiento.
La estratificación del proceso sobre el producto terminado recuerda a los espectadores que el objeto que tienen delante está conectado al acto creativo, aunque separado por el tiempo (Ferguson, 2015, 8 noviembre).
Gran parte de los proyectos de Kremer se abocan a una constante manipulación de la realidad, introduciendo al espectador en mundos virtuales, a partir de la alteración pictórica o de la simbiosis entre distintos medios, formatos y técnicas, práctica continuista y habitual en su metodología artística.
De hecho, en palabras de la propia pintora:
En sus propuestas produce una animación tanto en textos escritos como en soportes pictóricos, lo que aporta el componente tiempo a sus lienzos.
De hecho, "el video estructura el tiempo del espectador de una manera que la pintura no puede.
Casarse con los dos medios crea un híbrido: un objeto misterioso en el que el contenido se mueve y brilla [...]"
Se trataría de parodiar la generación de entramados híbridos y extraños que se pueden dar dentro de las distintas experimentaciones de la física cuántica, tal y como anota Robert Fickler (2016, p.
Fuente: https://www.sjica.org/archive/naomie-kremer-age-of-entanglement/ a534 vectorial de la luz y al combinarla de una manera no trivial con modos espaciales transversales, es decir, superposiciones de diferentes modos de luz ortogonalmente polarizados, lo que conduce a la polarización variable a través de la extensión del haz.
También debemos resaltar su instalación Age of Entanglement (2015), en el San Jose Institute of Contemporary Art en San Francisco, donde además de incluir propuestas realizadas en años anteriores, seguirá incidiendo en alusión al propio entrelazamiento cuántico, con la correlación de elementos dispares, pero que son percibidos simultáneamente, caso de las piezas compuestas de texto que mezclan video y música, o las propuestas videográficas que asumen múltiples perspectivas, con distintos elementos actuando de manera combinada.
En palabras de la misma creadora:
Llamé a mi exposición Age of Entanglement como un principio unificador para las diferentes formas en que enfoco mi trabajo.
Los temas aparentemente no relacionados que se mencionan en la exposición (psicología, historia personal, el conflicto árabe-israelí, la historia de mi padre, etc.) y los diferentes medios que uso (pintura abstracta, texto y video) se sintieron conectados de manera misteriosa.
Para ello indagué en la acción fantasmagórica a distancia de Albert Einstein (comunicación personal de la artista.
En definitiva, la creadora pretende trasladar el espíritu de actuación del ámbito de la física cuántica a un entramado artístico, asumiendo constantes como la que plantea Mark P. Silverman (2008, prefacio): Destacamos en esta misma línea, la propuesta del francés Florian Sumi dentro de la colectiva Membrains (2018), en el Centre d'art contemporain Brétigny en Brétigny (Francia), donde presenta esculturas y películas que proyectan dispositivos versados en la teoría del entrelazamiento cuántico, lo que permite facilitar toda una serie de "rutas tomadas por las comunicaciones digitales, orgánicas, sensuales, celulares o psíquicas que empleamos diariamente" (véase Membrains.
Para ello, se hace valer de los dispositivos y aparatos de la línea experimental Spooky2 7.
Dicha compañía internacional ha centrado sus investigaciones en el campo de las longitudes de ondas del científico Royal Raymond Rife, como medio para inducir frecuencias, según la vibración de resonancia de un patógeno, y a su vez seguir las teorías del entrelazamiento y el efecto fantasma de Albert Einstein.
Membrains (2018) Fuente: http://artviewer.org/florian-sumi-at-cac-bretigny/ El artista galo muestra en las vídeo-instalaciones la manera en que podemos creer en ciertas teorías que, a pesar de no ser corrientes y habituales para el espectador, se hacen más plausibles desde el ámbito cuántico.
De este modo, demuestra cómo la manera de entender el cuerpo y sus consiguientes a534 actuaciones sobre este irá cambiando, en base a los distintos descubrimientos que se vayan generando en torno al entrelazamiento cuántico.
Fundamentándose en las teorías abordadas por Spooky2, se nos muestra cómo el tratamiento de determinadas afecciones puede ser abordado a distancia, simplemente empleando una muestra biológica del paciente, que será tratado a distancia, a partir de la emisión de una serie de ondas portadoras que llevarán la información hasta el mismo cuerpo del paciente.
Florian Sumi nos adentra en un nuevo entramado de tratamientos a distancia, pero esta vez centrados en las investigaciones realizadas en el ámbito del entrelazamiento cuántico.
En sus propuestas se puede escuchar tanto la voz de los protagonistas como los procesos de aplicación y ejecución de estos dispositivos creados por dicha empresa.
De igual manera, el artista va a buscar una intercomunicación con aquellas personas que conoce o con las que colabora, al pertenecer todos los elementos a un todo donde están entrelazados.
En estos experimentos virtuales, millones de partículas virtuales interactúan para crear estructuras y patrones estocásticos que aluden a propiedades cuánticas como la dualidad onda-partícula, superposición, entrelazamiento e indeterminación (véase Quantum Superpositions).
Esta simulación acercaría a este artista a determinados métodos del arte abstracto, como por ejemplo el dripping del expresionismo abstracto; por ello se aboga por trabajar al azar, dando prioridad a la constante del process art. Aunque se ha buscado un cierto control en los pasos iniciales en lo que se refiere al establecimiento de las fuerzas físicas, de las propiedades y entidades de un entorno virtual, los siguientes pasos procesuales asumen una independencia progresiva.
La propuesta se origina como si fueran fluctuaciones cuánticas subyacentes e interacciones que impulsan una colisión, siendo presentada la condición intrincada de haces de protones que chocan para procesar un flujo de lluvia de partículas compuestas que ocasionalmente se van deshaciendo.
Como bien anota el propio artista: En una perfecta cooperación con los científicos del Gran Colisionador de Hadrones en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), el artista digital Markos Kay ha presentado la propuesta videográfica Quantum Fluctuations (2016), donde se introduce la complejidad de lo que supone la naturaleza cuántica, que resulta prácticamente inobservable de manera directa.
En este caso, las recurridas simulaciones con partículas que se emplean en los laboratorios van a funcionar a modo de pincel y pintura con el objetivo de ejecutar pinturas abstractas digitales como narrativas en movimiento que visualizan lo que ocurre durante una colisión de protones, lo que se explica de la siguiente manera: En el año 2013, comencé a soñar imágenes, que en estado de vigilia pude traducir como la comunicación que existe entre las neuronas -entre las partículas cuánticas-y en los fenómenos que se pueden observar en las sinopsis microscópicas.
Fenómenos que de la misma manera como en la experiencia cotidiana, parecen reflejar la separación en el tiempo y en el espacio, pero en una realidad más profunda, nos demuestran que estamos todos unidos universalmente.
Así comencé a traducir a tinta mis visiones nocturnas, ambientes monocromáticos o policromáticos siempre entrelazados mediante líneas, gotas controladas y marcas autónomas que se relacionan a través de un sistema en el que la abstracción puede asumir una personalidad con características antropomórficas.
Desarrollando narrativas no lineales, donde las formas abstractas responden unas a las otras, como un espejo de tinta, tal como la antigua gnosis adivinatoria lo planteaba, las imágenes y formas reveladas eran una lectura de los destinos reflejados.
Fickler, Marissa Giustina y Mateusz Kotyrba, entre otros, dirigidos por el profesor Anton Zeilinger dentro del grupo de investigación Quantum Optics, Quantum Nanophysics, Quantum Information, mostraron a los espectadores la propuesta interactiva Symmetries, donde se plantearon cuestiones relacionadas con la física cuántica, y entre estas con el ámbito del entrelazamiento.
Más adelante, en 2014, dentro de la sección Ars Electronica Futurelab, y en colaboración con varias instituciones internacionales y con varias ciudades, se presentó la iniciativa denominada Connecting Cities, en cuyo marco se abordaba la manera en que el arte funciona en los espacios urbanos y públicos.
Bajo el título Entangled Sparks, los espectadores podían llevarse a cualquier parte de la ciudad el píxel de la fachada de una casa bajo la forma de un LinzerSchnitte, una tarjeta receptora de FM programable de bajo coste.
El objetivo era recrear el fenómeno del entrelazamiento cuántico, asumiendo que una partícula mantiene propiedades con otra contraparte, tal y como es explicado:
Una parte de la fachada se asigna a un solo píxel móvil y viceversa; el edificio es extruido en la ciudad y la ciudad implosionada en el edificio.
Los propietarios de un píxel pueden coordinarse con sus amigos para programar sus dispositivos Lin-zerSchnitte y que se activen de forma síncrona.
La fachada se disuelve por medio de la participación: se convierte en una membrana transparente y ya no es el exterior de una cubatura (véase LinzerSchnitte.
Cuando el espectador hacía funcionar su píxel al ser activado, se accionaba un dispositivo que también permitía iluminar su píxel entrelazado de la fachada del edificio.
Los senderos para investigar y profundizar en el campo del entrelazamiento cuántico desde la aportación artística pueden ser tan variados como distantes, tanto en procedimientos como en soportes.
Una de las principales referencias la encontramos en la artista británica Libby Heaney, que en colaboración con doctorandos en dicha área científica ha podido elaborar obras de arte genuinamente cuánticas, que al ser observadas desaparecen misteriosamente, ante lo que los científicos no son capaces de generar teorías sólidas, de ahí que en su propuesta Nibbles haya procedido principalmente a la recogida de una documentación que alude a tales procesos disgre- Por último, cabe resaltar otras perspectivas creativas, como la formalizada dentro del Programa de Doctorado Complex Quantum Systems (CoQuS) de a la Universidad de Viena, y a su vez socio cooperativo del certamen Ars Electronica del año 2011 (con el título Origin -How it all begins).
Los doctorandos Robert a534 gadores y de correlación.
Desde los ámbitos de las instalaciones y de la recreación de mecanismos más plásticos, los rusos Dmitry Kawarga y Dmitry Morozov muestran soportes que analizan las características del entrelazamiento y sus misterios derivativos, a la vez que se homenajea a Nick Herbert por parte del segundo, por su valentía por acercar la física cuántica a los entresijos de la metafísica.
La creación de nuevos dispositivos terapéuticos y la apertura de recientes horizontes aplicativos para el ámbito curativo gracias a las teorías del entrelazamiento cuántico, ha impulsado la producción de nuevos medios para la transmisión de información entre una muestra biológica y el cuerpo del paciente, siendo este el condicionante del trabajo del francés Florian Sumi, lo que le ha llevado a conexionar dichas teorías con su interés por el cuerpo humano y los flujos comunicativos.
Otra línea de aportación sería la combinación y generación de condiciones de hibridez entre soportes y medios, en un nuevo alegato por acercarnos a dichas teorías cuánticas, tal y como lo desarrolla Naomie Kremer, mientras que otros creadores, en similares líneas deductivas, abogan por soportes más unívocos, como son la proyección videográfica de Markos Kay y los trabajos pictóricos de Alessandra Sequeira. |
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Únicamente a partir de la marea de determinismo tecnológico que inunda nuestro presente es posible comprender la importancia que tienen libros como Jóvenes en la encrucijada digital.
Itinerarios de socialización y desigualdad en entornos digitales, a caballo entre la reflexión crítica y la presentación de los resultados de una investigación desarrollada en el ámbito del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (CRS).
En su posición intersticial entre la monolítica pesadez que impone el rigor académico y la descuidada frescura de la escritura divulgativa reside su mayor interés, ya que Ángel Gordo, Albert García, Javier de Rivera y Celia Díaz-Catalán despliegan un interesante abanico de propuestas teóricas y metodológicas para dar respuesta a la tradicionalmente invisibilizada problemática de la desigualdad digital entre la población joven, así como su retroalimentación con los procesos más globales de estratificación social en el mundo contemporáneo.
La postulación de la afinidad particular que existe entre las generaciones más jóvenes y las innovaciones tecnológicas ha sido, al menos desde mediados del siglo pasado, un lugar común dentro de la teoría social, especialmente a partir de la llegada de la llamada sociedad digital, fundamentada en la producción, gestión y distribución de la información.
En este contexto, los discursos sociales sobre la juventud juegan un papel preponderante, ya sea para entronizar la inherente capacidad de los jóvenes para desenvolverse intuitivamente en el mundo digital -como las metáforas de los nativos y las generaciones digitales propugnan-o para sentenciar la deshumanización inevitable de la sociabilidad humana, diluida en un entramado reticular de flujos, inmediatez y vínculos desechables.
En esta encrucijada digital de costes de oportunidad y beneficios potenciales, de riesgos y oportunidades, la juventud aparece como una categoría en disputa, atravesada por los diversos discursos ciberutópicos y tecnófobos que intentan esbozar -pero también prescribir-los contornos de la sociedad del futuro.
Particularmente en España, la mayor parte de los estudios sobre la juventud y las nuevas tecnologías caen en la asunción acrítica de la distinción entre nativos e inmigrantes digitales, ya sea para idealizar a las nuevas generaciones como la vanguardia privilegiada y emprendedora de la revolución digital o para convertir a los jóvenes en las víctimas predilectas de los riesgos asociados al uso de Internet: adicciones, ciberseguridad, desinformación, etc. Así, la disponibilidad de estudios sobre brecha digital en la población joven en España es simplemente inexistente, mientras que las metáforas sustancialistas -nativo digital, generación digital, etc.-aparecen reiteradamente, especialmente en los informes realizados por el Injuve.
De hecho, es muy ilustrativo que la distinción entre nativos e inmigrantes digitales siga siendo tan persistente a pesar de que su propio creador, Marc Prensky, se deshizo de ella hace casi una década.
Este tipo de idealizaciones de la juventud, basadas en su supuesta destreza digital intuitiva, son enormemente perniciosas a535 a la hora de comprender las prácticas sociales digitalmente mediadas de los jóvenes "reales", al invisibilizar la diversidad de motivaciones, espacios sociales de uso y experiencias cotidianas que se entrelazan en sus procesos de apropiación tecnológica, además de menospreciar la existencia de importantes desigualdades digitales -más allá del acceso-, en retroalimentación recíproca con las desigualdades sociales, dentro del colectivo juvenil.
Así, tanto la idealización de la juventud ciber-experta como su reducción a la condición de víctima erosionan la capacidad de actuación de los jóvenes, al ocultar el proceso necesario de aprendizaje de competencias digitales -las alfabetizaciones digitales-o al concebir cualquier práctica digital como potencialmente peligrosa.
Solo desde el rechazo de las conceptualizaciones innatistas y reduccionistas sobre el desenvolvimiento intuitivo de las generaciones jóvenes en el mundo digital es posible comprender la propia experiencia subjetiva de uso de la tecnología y el proceso biográfico de alfabetización(es) digital(es).
Al mostrar la variedad de itinerarios de socialización tecnológica que experimentan los jóvenes, así como la importancia de sus condiciones sociales (clase social, género, origen étnico, nivel educativo, etc.), en la delimitación de los mismos, este libro no solo supone un aporte importante en la deconstrucción empírica y teórica del concepto de nativo digital, sino que nos proporciona un sugerente repertorio de herramientas conceptuales y de procedimientos metodológicos aplicables al estudio de la desigualdad digital, de las prácticas digitales y de los procesos de socialización en el uso de la tecnología.
Comenzando por las aportaciones teóricas, el ensamblaje conceptual del libro puede articularse en torno a tres grandes ejes: (1) la propia dimensión fenomenológica del uso de un dispositivo tecnológico, (2) la dimensión biográfica adscrita a los itinerarios de socialización digital, y (3) la articulación entre desigualdad digital y estratificación social.
En primer lugar, se presenta una conceptualización fenomenológica del propio proceso de incorporación de la tecnología a la vida cotidiana basada en la distinción establecida por Schäffer entre diseño, affordance y apropiación (p.
74): los dispositivos tecnológicos llevan inscritas determinadas habilitaciones -affordances-que facilitan ciertos usos e inhiben otros, pero también deben someterse a un proceso de apropiación específico por parte del sujeto.
En segundo término, la dimensión biográfica lleva a estudiar los procesos de socialización y sociabilidad mediados por el uso de la tecnología -itinerarios de socialización digital-.
Al rechazarse la afinidad innata de la juventud y las TIC, puede indagarse en la variedad de aprendi-zajes existentes (p.
52): de abajo hacia arriba, a partir del aprendizaje informal, y de arriba hacia abajo, a partir de la adquisición de competencias formalizadas.
En tercer lugar, el estudio de la génesis diferencial de las competencias digitales nos lleva al tema de la articulación entre desigualdad digital y estratificación social: el primer nivel de la brecha digital, vinculado con el acceso, cede paso al segundo nivel, relativo a las desigualdades derivadas del uso diferencial de los dispositivos (p.
Finalmente, también puede teorizarse una tercera brecha digital, que los autores relacionan con el desfase tecnológico al que se enfrenta el sistema educativo.
Con respecto a las aportaciones metodológicas, nos encontramos con una investigación basada en la triangulación y en la complementariedad concurrente de técnicas de producción de información, que abarcan el análisis de materiales audiovisuales, el análisis de redes sociales, la explotación de datos secundarios y la producción de un cuestionario ad hoc sobre patrones de uso de redes sociales.
En cuanto a los resultados de la investigación, se presenta una interesante tipología de itinerarios de socialización digital de la población joven, posicionados en el entrelazamiento de cinco grandes problemas asociados al uso de Internet (p.
128): (1) sobreexposición, (2) autocuantificación, (3) sobreidentificación, (4) usos evasivos y (5) aislamiento.
A partir de estos ejes, es posible identificar itinerarios o trayectorias prototípicas: (a) los tecnoresilientes, que mantienen una relación equilibrada entre los distintos factores potencialmente problemáticos; (b) los sobre-identificados, que se identifican con alguno de los ejes de manera particular, emergiendo culturas juveniles características (swaggers, esnobs digitales, indolentes, geeks y e-mprendedores); y finalmente (c) los desconectados, estableciéndose la tradicional distinción entre la exclusión digital auto-motivada y la exclusión vinculada con la primera brecha digital.
La reconstrucción de estos itinerarios parte de la intuición de los investigadores para articular reflexiones teóricas precisas con fuentes empíricas variadas, tal y como ellos mismos destacan: "hemos pretendido crear una caracterización compleja y plural de los distintos itinerarios posibles, sin adentrarnos en ponderar su distribución cuantitativa, ni entrar en el grado de detalle que nos hubiera permitido el despliegue de una investigación cualitativa" (pp. 141-142).
En conclusión, la relevancia de esta obra se deriva más de las puertas que abre que de las que cierra.
Así, la introducción de una perspectiva crítica sobre la desigualdad digital y el papel de las TIC en la vida |
En este artículo se presentan los resultados de un estudio sobre la existencia de sesgos de género en la educación científicotecnológica.
En él se pretende demostrar con datos la existencia de creencias estereotipadas acerca de los géneros en el profesorado de ciencia y tecnología de la universidad y de la enseñanza secundaria.
De esta manera se quiere establecer si lo que afirman ciertas disciplinas científicas acerca de las capacidades cognitivas, destrezas actitudes y comportamientos de las mujeres se transmite en la enseñanza de la ciencia y la tecnología, y si se perpetúan así los sesgos de género presentes en estas disciplinas a través de la formación de las nuevas generaciones de científicos/as y tecnólogos/as.
Este estudio se ha realizado en la Universidad de La Laguna y los institutos de enseñanza secundaria de Tenerife, pero creemos que los resultados obtenidos podrían ser generalizados a las universidades e institutos del resto de España.
PALABRAS CLAVE: Sesgos de género, inferioridad, capacidades cognitivas, destrezas, actitudes, interacciones, educación científica y tecnológica.
Con el título Valores y sesgos en el conocimiento científico y su trasmisión hemos desarrollado durante tres años una investigación financiada por el Instituto de la Mujer del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
Esta investigación se ha ocupado, por un lado, del análisis de los sesgos de género de la ciencia y, por otro, del examen de la transmisión de tales sesgos en la educación científicotecnológica.
El análisis de los sesgos de género presentes en las ciencias ha tenido como objetivo establecer en qué medida las teorías e investigaciones, cuyo objetivo ha sido demostrar la inferioridad natural de las mujeres, están sesgadas por estereotipos y prejuicios de género.
Las disciplinas analizadas han sido, en el siglo XIX la frenología, la antropología física, el evolucionismo, la psicología diferencial y los estudios fisiológicos, anatómicos y cerebrales; en el siglo XX; la neuroendocrinología, la teoría de la lateralización cerebral, los estudios psicométricos de la inteligencia, la primatología y la evolución humana en el siglo XX.
Estas disciplinas cumplen con uno de los objetivos del programa reduccionista biológico que se instauró en el siglo XIX: derivar de las diferencias biológicas entre los sexos la esencia de lo masculino y lo femenino, sexualizando funciones y órganos corporales que antes no lo estaban.
Se conceptualizan los cuerpos como opuestos e irreconciliables en razón del sexo; las semejanzas desapa-GENDER BIASES IN SCIENTIFIC-TECHNOLOGICAL EDUCATION.
AN APPROACH TO THE UNIVERSITY OF LA LAGUNA recen y las diferencias pasan a primer plano: dos cuerpos, dos biologías, con manifestaciones vitales, intelectuales, sociales, culturales radicalmente diferenciadas.
Ellas han sido las encargadas de demostrar, entre otras cosas, que las capacidades cognitivas, las destrezas, las actitudes y rasgos psicológicos y comportamentales de hombres y mujeres son diferentes.
Diferente, en este contexto, no significa sólo "diverso", sino también, inferior, ya que las características adscritas a las mujeres han sido sistemáticamente consideradas menos valiosas que las otorgadas a los hombres y han apuntado siempre a relegar a aquellas a un segundo lugar en el podio de la excelencia natural.
Un ejemplo de lo que decimos, y que queremos resaltar dada su importancia en el seno de nuestro estudio, lo encontramos en la neuroendocrinología, la teoría de la lateralización cerebral o la psicometría.
Estas disciplinas postulan que las mujeres, debido a sus bajos niveles de testosterona, a su menor lateralización cerebral, al dominio del hemisferio izquierdo en su cerebro y a otras características fisiológicas y funcionales evolutivamente constituidas son: menos agresivas, más pasivas, no participan en igualdad con los hombres en posiciones de líder, autoridad o poder, tienen una tendencia más nutricia y son las directoras de los recursos emocionales de la sociedad [...]
Tienen mayor fluidez verbal y mejor coordinación motora fina que los hombres, un pensamiento menos dicotómico, menos abstracto, menos racional, más integral y una mayor emotividad.
Los hombres presentan un mayor capacidad matemática y de razonamiento lógico, una mejor comprensión de relaciones espaciales y de navegación a través de una ruta (Camacho, 2003) 1.
Ellos son, por tanto, más racionales y cognitivos, por tanto, menos emotivos que las mujeres 2.
El análisis que hemos llevado a cabo muestra que esta caracterización de capacidades, destrezas y cualidades no se sostiene científicamente, y que en ella juegan un importante papel las asunciones y valores androcéntricos.
Concepciones dominantes de lo masculino y lo femenino preñadas de prejuicios y estereotipos se han filtrado en el seno de las investigaciones y las conceptualizaciones y han terminado siendo aceptadas como conocimiento científico.
La crítica no sólo ha consistido en demostrar las insuficiencias de la investigación (sobre evolución, agresividad, lateralización, diferencias cognitivas, etc.), los problemas y limitaciones de las técnicas utilizadas (en la medición de la lateralización cerebral, los estudios psicométricos, o de agresividad), la sobreinterpretación de los datos o la extrapolación de los resultados obtenidos (de la investigación con animales a los seres humanos), sino que insiste en destacar el trasfondo de asunciones, presupuestos y valores de género desde el que se desarrollan las investigaciones y teorías sesgadas ideológicamente.
Lo que queda claro es que las ciencias bio-psico-médicas continúan cumpliendo una de las funciones que la modernidad les otorgó: sustituir a la tradición y la religión en la fundamentación de la inferior naturaleza de las mujeres.
La dimensión ideológica de esta tarea está ya presente en la pregunta por las diferencias naturales entre los géneros, básica en el programa de investigación reduccionista biológico.
En él, la biología se erige en el fundamento de las afirmaciones normativas sobre la mujer y su lugar en el orden social.
El cuerpo sexuado se convierte en campo de batalla de la redefinición de la antigua relación social básica entre hombres y mujeres.
Reducido a sus órganos y funciones, el cuerpo pasa a constituir el núcleo fundamentador de las diferencias de género.
Lo que muestra el análisis realizado es que no existe fundamento científico para la naturalización de unas diferencias que son esencialmente sociales y culturales, históricamente constituidas dados los distintos roles que han tenido que cumplir mujeres y hombres, y la división sexual del trabajo.
Estas diferencias se van disolviendo cuando se dan los correspondientes cambios sociales y culturales y, por tanto, de las mentalidades, las prácticas y las formas de vida de hombres y mujeres.
En la medida en que esto ocurra las disciplinas científicas, las investigaciones y sus objetivos cambiarán profundamente: a) dejarán de estar centradas en la búsqueda de diferencias como la panacea explicativa, b) las diferencias biológicas obvias entre hombres y mujeres dejarán de tener la interpretación y el significado que ahora tienen.
Estas diferencias dejarán de ser armas arrojadizas para justificar la desigualdad existente entre los géneros.
Por otro lado, el estudio de los sesgos de género en la educación científica y tecnológica ha tenido como objetivo básico establecer en qué medida la concepción que sobre las mujeres sostienen las disciplinas científicas analizadas se ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 935-947 ISSN: 0210-1963 trasmite en la enseñanza de la ciencia y de las tecnologías.
Es decir, en qué medida los sesgos de género presentes en las ciencias se siguen reproduciendo al ser trasmitidos en la formación de las nuevas generaciones de científicos/as e ingenieros/as.
Se investiga, por tanto, la existencia de sesgos de género en la educación científica y tecnológica, tanto en la enseñanza superior como en la enseñanza secundaria.
Hay que tener en cuenta que si bien los contextos de investigación y de justificación científica han sido estudiados en la reflexión general sobre la ciencia, el contexto de educación ha comenzado a ser considerado de interés sólo muy recientemente al profundizarse en lo que en su día señaló Kuhn en este terreno.
Del contexto de educación se ha resaltado su importante papel en la perpetuación del paradigma científico dominante y de los valores, asunciones y visiones del mundo que mantienen las comunidades científicas 3.
Si el estudio del contexto de educación científica es reciente, el estudio de este contexto desde el punto de vista de género es muy novedoso.
El binomio educación-género se ha abordado desde hace algunos años en la educación general, pero casi nada en el caso de la científico-tecnológica (más allá de la recogida de datos desagregados acerca de matrículas en carreras científico-técnicas o de egresadas que nos informan de la proporción de mujeres que estudian las distintas titulaciones o que se licencian y doctoran) 4.
De hecho, el estudio de la educación desde el punto de vista de género delimita un campo de investigación que está todavía en sus comienzos y poco articulado 5.
Los trabajos son parciales y arrojan resultados provisionales.
Además, el objeto de estudio es complejo y plantea bastantes problemas a los/las investigadoras: centros que no permiten la investigación, profesorado que no participa en ella, estudios realizados sobre poblaciones localizadas (algunas comunidades), investigación de un aspecto de la cuestión, etc. Sin embargo, en la medida en que los resultados de los estudios están confluyendo (y no sólo en nuestro país) es posible comenzar a generalizar algunas hipótesis de interés respecto a cómo opera la desigualdad de género en el sistema educativo.
Las líneas de investigación seguidas por estos estudios son: 1) los trabajos sobre ideología que tratan de determinar de forma teórica el impacto de la ideología patriarcal sobre el sistema educativo; 2) los trabajos sobre inculcación de género en las escuelas que siguen tres líneas: el análisis de las creencias, expectativas y actitudes del profesorado respecto a niños y niñas, el análisis de la práctica en las aulas y el de los ritos escolares (nuestro estudio tiene que ver con este apartado); 3) los estudios sobre diferenciación del currículum entre niños y niñas.
Por otro lado, los estudios (nacionales o internacionales) sobre educación y género se han centrado en la escuela primaria y han prestado atención a la enseñanza secundaria, pero casi no se han ocupado de los estudios superiores 6.
Por tanto, nuestra investigación presenta dos novedades: a) se centra en la educación científico-técnica, b) se ocupa de la enseñanza superior, no sólo de la secundaria.
Ambos puntos han de ser resaltados ya que supone adentrarnos en un campo respecto al cual está casi todo por hacer.
En lo que sigue exponemos el estudio de los sesgos de género en la educación científico-tecnológica dejando de lado, por razones obvias de espacio, otros aspectos de la investigación.
ESTUDIO DE LOS SESGOS DE GÉNERO EN LA EDUCACIÓN
Las hipótesis que guían el estudio de los sesgos de género en la educación científico-tecnológica han sido formuladas teniendo en cuenta lo que la neuroendocrinología, teoría de la lateralización y la psicometría afirman, ya que lo que se pretende es establecer si el profesorado cree que las estudiantes son inferiores a los estudiantes en capacidades cognitivas, destrezas, actitudes y características psicológicas y comportamentales fundamentales para el aprendizaje de la ciencia y la tecnología.
El objetivo concreto de este estudio es, por tanto, detectar la existencia de estas creencias en el profesorado.
Esto supondría avanzar en la explicación de por qué siguen encontrándose diferencias, más o menos sutiles, en las actitudes del profesorado, en el estímulo, el apoyo o la orientación que reciben las y los estudiantes en su formación 7.
Lo que muestran los estudios que han abordado los mecanismos a través de los que opera la trasmisión de estereotipos en la educación es que el docente etiqueta a sus alumnos y una primera etiquetación es la de género de la que derivan actitudes y expectativas diferenciadas para chicos y chicas.
Lo que queremos averiguar es si esta etiquetación opera en la enseñanza de las ciencias y las tecnologías.
Las hipótesis de las que parte el estudio, y que se pretenden probar, se formulan para la Universidad de La Laguna (ULL) y los institutos de enseñanza secundaria de Tenerife (E.M) ya que los datos se recogen en estos ámbitos.
Obviamente son hipótesis generales que se concretan en estos contextos específicos pero que podrían ser comprobadas en otros.
-El profesorado de ciencias y tecnologías de la ULL y de E.
M. mantiene sesgos de género respecto a las estudiantes en la enseñanza de la ciencia y las tecnologías.
Es decir, sus creencias acerca de las capacidades cognitivas, las destrezas, las actitudes y las interacciones de las estudiantes y los estudiantes determinan que los consideren a ellos superiores y, por tanto, a ellas inferiores en el aprendizaje de la ciencia y las tecnologías.
Se entiende que esta es una tendencia dominante y que es superior a la tendencia a creer que los estudiantes y las estudiantes son iguales o que ellas son superiores.
-El profesorado de ciencias y tecnologías de la ULL y E. M. mantiene sesgos de género en la enseñanza de la ciencia y las tecnologías.
Es decir, la tendencia a creer que hay diferencias entre las estudiantes y los estudiantes respecto a las capacidades cognitivas, las destrezas, las actitudes y las interacciones es dominante a la tendencia a creer que no hay diferencias.
Estas hipótesis se concretan en una serie de subhipótesis (por variable) que no exponemos por razones de espacio.
Por otro lado, en esta investigación nos interesó examinar si las variables sexo del profesorado y años de docencia son relevantes para los sesgos de género.
Es decir, los sesgos de género aumentan o disminuyen según el sexo del profesorado y sus años de docencia.
Respecto a la variable sexo del profesorado lo que se pretende establecer es si las profesoras mantienen sesgos favorables a las estudiantes y los profesores a los estudiantes, y si las profesoras son más igualitarias que los profesores.
En cuanto a la variable años de docencia del profesorado pretendemos demostrar que:
cuanto menos años de docencia lleve el profesorado tiende a ser más igualitario, es decir tienden a creer que no existen diferencias en capacidad cognitiva, destrezas, actitudes o interacciones entre los/las estudiantes, y cuantos más años menos igualitarios, es decir, más diferencias encuentra y estas son siempre a favor de la superioridad de los estudiantes.
Las variables dependientes e independientes de este estudio son las siguientes.
Variable dependiente: sesgos de género del profesorado.
En el contexto de nuestra investigación hemos adoptado la siguiente definición de esta variable.
Entendemos por sesgos de género del profesorado:
la consideración por parte del profesorado de que los estudiantes y las estudiantes son diferentes y de que ellos son superiores y, por tanto, ellas inferiores en su aprendizaje de la ciencia.
Los factores que pueden estar influyendo en esta consideración pueden ser muchos.
En este trabajo se tienen en cuenta cuatro posibles factores que son las variables independientes: Éstas son las variables independientes que consideramos correlacionadas con la variable dependiente sesgos de género del profesorado.
No podemos afirmar que sean las causas ya que esto es imposible de establecer, pero sí que las variables independientes señaladas están incidiendo de forma relevante en la variable dependiente sesgos de género del profesorado.
Es decir, que la consideración de las estudiantes como inferiores y los estudiantes como superiores en el aprendizaje de la ciencia depende de que se sostenga el tipo de creencias señaladas, y esto supone sesgos de género.
Obviamente, que no existan sesgos de género depende de que el profesorado sostenga creencias igualitarias respecto a las capacidades, cognitivas, las destrezas, las actitudes y las destrezas de chicos y chicas.
Las variables independientes quedan caracterizadas por el tipo de cuestiones planteadas en los cuestionarios.
Éstas, a su vez, son deudoras de lo que las disciplinas analizadas en la primera parte de la investigación afirman respecto a las capacidades cognitivas, las destrezas, actitudes y comportamientos de cada género.
La variable capacidad cognitiva refiere a capacidades como: comprensión de conceptos abstractos, comprensión de las explicaciones teóricas, resolución de problemas matemáticos, comprensión de las matemáticas, memoria, originalidad en el planteamiento y resolución de problemas o capacidad de síntesis.
La variable destrezas refiere a las habilidades desplegadas en el aprendizaje (implica a su vez capacidades cognitivas) y tiene que ver con, entre otras cosas: el rigor en las ideas y en su exposición, la capacidad de razonamiento lógico, capacidad de trabajo, ser buen/a estudiante o ser buen/a investigador/a en el laboratorio.
La variable actitudes refiere a características psicológicas personales que redundan en beneficio de las capacidades y habilidades cognitivas.
Está relacionada con la autoestima intelectual, la seguridad respecto a la propia valía en ciencia y tecnologías, la autoestima personal, la independencia intelectual, las expectativas acerca del futuro profesional; pero también está relacionada con la motivación por el estudio, la exigencia en el trabajo que se realiza, el cumplimiento de las obligaciones o el interés por las materias que se estudian.
La variable interacciones tiene que ver con habilidades relacionales y comportamentales en relación a los otros estudiantes y al profesorado, como: la capacidad de diálogo, el número de respuestas agresivas, el número de respuestas dialogantes, la asistencia a clase o a las tutorías, la ayuda a los demás, la capacidad de liderazgo o la frecuencia de problemas emocionales y personales que se plantean al profesor o la profesora.
Según los estereotipos de género fundamentados en lo que postulan la teoría de la lateralización cerebral, la neuroendocrinología y los estudios psicométricos de la inteligencia, los chicos serían superiores en capacidades cognitivas, destrezas y actitudes y las chicas en interacciones 8.
La superioridad en interacciones no se traduce en superioridad en el aprendizaje de la ciencia y la tecnología, mientras que la superioridad en capacidades cognitivas, destrezas y actitudes, sí.
Lo que se trata de establecer en este estudio es si las creencias del profesorado coinciden con el estereotipo.
Se han definido tres índices que detectan la existencia de sesgos de género a través de las afirmaciones contenidas en el cuestionario.
Cada uno de los índices hace referencia a las cuatro variables tratadas: capacidades cognitivas, destrezas, actitudes e interacción.
La construcción de los índices permite clasificar a todo el profesorado en una de las posibles posturas ante los sesgos de género:
-considerar que "no existen diferencias" entre géneros -considerar que "las chicas son superiores a los chicos" -considerar que "los chicos son superiores a las chicas"
Para lograr la clasificación señalada se han analizado todas las afirmaciones o sentencias que forman el cuestionario, determinando qué se está afirmando cuando el profesor o la profesora se muestra de acuerdo o muy de acuerdo con ellas, es decir, si está afirmando que no existen diferencias entre géneros, que los chicos son superiores o que lo son las chicas.
A partir de este análisis se construye un índice con un valor inicial igual a cero y en el que cada afirmación sobre la superioridad de los chicos, suma uno, y cada afirmación sobre la superioridad de las chicas, resta uno.
De esta manera el índice nos dirá si el/la profesor/a no muestra sesgos de género en sus opiniones (si es igual a cero) o si los muestra (si es distinto de cero) y su sentido (si es positivo es porque considera que los chicos son superiores a las chicas, y si es negativo es porque considera a las chicas superiores a los chicos).
El objetivo de estos índices es detectar sesgos de género en el profesorado de ciencias y por eso no se tiene en cuenta la "intensidad" de la respuesta o a cuántas sentencias concierne sino que se dé (al menos en una de ellas) y su sentido.
Este método de construcción del índice implica que no sólo valdrá cero cuando los/las profesores/as no presentan ningún tipo de sesgos de género, sino que también lo hará cuando esté de acuerdo con la superioridad de los chicos el mismo número de veces que con la superioridad de las chicas.
Pero estos casos son muy escasos.
Índice de la variable "Capacidades cognitivas": 3 casos Índice de la variable "Destrezas": 2 casos Índice de la variable "Actitudes": 2 casos Índice de la variable "Interacción": 0 casos De este hecho se deduce que las tendencias en el sesgo del profesorado son claras.
Es decir, cuando presentan un sesgo lo hacen en un único sentido: a favor de los chicos o de las chicas 7.
En todas las tablas: superioridad de los chicos = a inferioridad de las chicas. superioridad de las chicas = a inferioridad de los chicos.
Dadas las características generales del estudio se optó por un "muestreo por conveniencia" para la selección de la muestra de profesorado, tanto de enseñanza secundaria como superior.
En particular, se optó por una muestra basada en la colaboración voluntaria de la población objetivo.
El "muestreo por conveniencia" no permite obtener resultados definitivos sino orientativos.
Dado el tamaño de la muestra con la que hemos podido contar no hay relevancia estadística en los resultados obtenidos, pero estos resultados sí permiten probar las hipótesis iniciales y la descripción de un perfil del profesorado que podrá utilizarse para elaborar nuevas hipótesis que deberían ser analizadas en otros estudios.
Para obtener la muestra de profesorado de enseñanza superior se contactó (vía correo electrónico) con todos los/as profesores/as de los departamentos de ciencias e ingenierías de la Universidad de La Laguna.
En dicho correo se les explicaba las características generales del estudio y se solicitaba su colaboración en el mismo, a través de la cumplimentación del cuestionario.
Para obtener la muestra de profesorado de enseñanza secundaria, se contactó por teléfono o por fax con todos los centros públicos y privados que disponen de enseñanza secundaria en la isla de Tenerife, poniéndolos al corriente de las características del estudio y solicitando la colaboración de los/as profesores/as de los departamentos de ciencias.
La composición de las muestras fue 45 profesores/as de universidad de ciencias experimentales e ingenierías y 42 profesores/as de enseñanza secundaria de ciencia y tecnología.
Las cuestiones están planteadas como sentencias respecto a las cuales los/as profesores/as han de manifestar su grado de acuerdo o desacuerdo.
Las sentencias se sitúan en cuatro ámbitos: capacidades cognitivas, destrezas, actitudes e interacción.
También se plantean en otros dos ámbitos: creencias acerca de la ciencia; valoración de su propia práctica docente.
En cada caso los datos aparecen segregados por sexo del profesorado y por años de docencia.
Finalmente se establecen los datos acerca de las diferencias estadísticamente relevantes en las respuestas dadas en secundaria y en la universidad.
Hay que tener en cuenta que el cuestionario realizado muestra de forma explícita que lo que está en juego son diferencias de género.
Ante un cuestionario de estas características se da una alta proporción de respuestas políticamente correctas.
Esto hace que las respuestas no igualitarias tengan una alta significatividad que va más allá del mero peso estadístico, aunque el análisis que presentamos es cuantitativo.
Por otro lado, la experiencia de esta investigación nos lleva a creer que las entrevistas en profundidad, que también realizamos, son un instrumento que da mucho juego a la hora de detectar las creencias del profesorado y la existencia de sesgos de género.
SESGOS DE GÉNERO EN EL PROFESORADO DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA
Los resultados hallados respecto al profesorado de la Universidad de La Laguna se expresan en la siguiente tabla. res a las chicas en destrezas es muy alta superando a los resultados de la superioridad cognitiva de los chicos.
Que se les considere superiores es comprensible ya que las destrezas tienen que ver con habilidades relacionadas con capacidades cognitivas, como hemos señalado, pero lo que no se esperaba es que se les considerase tan superiores.
En cuanto a la variable interacciones, como se esperaba, la tendencia dominante es a considerar a las chicas superiores.
En todos los casos encontramos una tendencia dominante que cumple el estereotipo para las capacidades cognitivas, las destrezas y las actitudes.
La variable actitudes ofrece un resultado que no esperábamos ya que los resultados muestran una mayor proporción de respuestas favorables a la superioridad de las chicas en autoestima intelectual, seguridad en la propia valía, independencia intelectual, en expectativas acerca de su futuro profesional, aspectos en los que según el estereotipo tendrían que sobresalir los chicos 9.
Pero esta variable también la hemos asociado con la motivación por el estudio, el interés por la materia o la exigencia en el trabajo, aspectos en los que habitualmente se considera que sobresalen las chicas.
Por tanto, se ha mostrado difícil de medir.
Analizándola más de cerca encontramos que los profesores encuestados creen de forma mayoritaria que chicas y chicos tienen el mismo interés en las asignaturas de ciencias y matemáticas, que no se diferencian en cuanto a la autoestima intelectual, tampoco respecto a la seguridad en su valía y sus capacidades en ciencias e ingenierías y que, tanto chicos como chicas, tienen iguales expectativas respecto a su futuro profesional.
Sin embargo, encontramos resultados favorables a las chicas respecto a la motivación e interés en el estudio de las materias y a su nivel de exigencia en el trabajo que realizan.
Esto puede explicar, en parte, el resultado favorable a las estudiantes en esta variable.
En cualquier caso, parte de la información que arroja la variable actitudes rompe con los estereotipos en aspectos importantes, aunque parte de la información es acorde con los estereotipos.
Todo ello nos indica que esta variable debería perfilarse mejor en próximas investigaciones deslindando el tipo de cuestiones que se han asociado a ella.
Concluimos que el profesorado de ciencias e ingenierías de la ULL mantiene sesgos de género y esta es una tendencia dominante, ya que se confirma la hipótesis (2) para las variables capacidades cognitivas, destrezas y actitudes (dan más respuestas diferenciales que igualitarias).
La excepción la encontramos en el caso de la variable interacciones para la que dominan las respuestas igualitarias frente a las diferenciales.
También se confirma la hipótesis (1) ya que las creencias acerca de las capacidades cognitivas, las destrezas, y las interacciones de las estudiantes y los estudiantes determinan que se considere a los estudiantes superiores y, por tanto, a las estudiantes inferiores en el aprendizaje de la ciencia e ingenierías (esta es la tendencia dominante).
La excepción la encontramos en el caso de las actitudes como hemos visto Estas tablas muestran que en el caso de los profesores se confirma la tendencia a mantener que los chicos son superiores en capacidades cognitivas y destrezas, mientras las chicas lo son en actitudes e interacción.
En el caso de las profesoras también se confirma esta tendencia, pero no para la variable capacidades cognitivas.
La diferencia más importante entre los dos grupos de profesores está en esta variable ya que, aquellas profesoras que creen que hay diferencias en capacidades cognitivas otorgan la superioridad cognitiva a las estudiantes.
Por tanto, las profesoras presentan menos sesgos de género respecto a las chicas al considerarlas cognitivamente superiores y muy superiores en actitudes.
Otra diferencia relevante es que las profesoras tienden a dar una respuesta más radical a favor de la superioridad de las chicas (sus valores son más altos que los que dan de los profesores).
Por otro lado, las profesoras dan más respuestas igualitarias (no hay diferencias) que los profesores.
En tres de las variables domina la respuesta igualitaria mientras que en los profesores sólo en uno de los casos.
Por tanto, podemos afirmar que se confirman las hipótesis propuestas para este apartado ya que existe: a) una tendencia de las profesoras a ser más igualitarias que los profesores, b) una tendencia a considerar a las chicas superiores a los chicos, aunque en menor grado del que esperábamos.
Por consiguiente, podemos decir que la variable sexo del profesorado tiene algunos efectos sobre los sesgos de género. años de docencia más alta es la proporción de respuestas diferenciales, es decir, a favor de la superioridad de uno u otro sexo.
ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS SEGÚN LOS AÑOS DE DOCENCIA DEL PROFESORADO
Las chicas son superiores
Los chicos son superiores
Por tanto, podemos afirmar que hemos encontrado una correlación positiva entre años de docencia y sesgos de género pero diferente a la que esperábamos ya que cuantos más años de docencia lleva el profesorado más igualitario es y esta tendencia domina sobre cualquier otra.
En cuanto a las variables encontramos que la tendencia señalada en la hipótesis se confirma en cierta medida para la variable capacidades cognitivas.
En el grupo de menos de 15 años de docencia, aquellos que creen que hay diferencias cognitivas entre chicos y chicas dan el mismo número de respuestas a favor de la superioridad de los unos y las otras.
El grupo de entre 15 y 21 años considera que las chicas son superiores cognitivamente (aunque siguen dominando las respuestas igualitarias), mientras que en el grupo de entre 22 y 25 años creen que los chicos son absolutamente superiores a las chicas (a las que dan valor cero), pero las respuestas que dominan son las igualitarias (con un porcentaje muy alto).
Por tanto, en el grupo con más de años de docencia domina la tendencia a considerar a las chicas cognitivamente inferiores.
Para las otras variables no se confirma la hipótesis ya que cuantos menos años de docencia no es cierto que las diferencias sean favorables a las chicas sino al contrario, se mantiene la tendencia que venimos observando en otros apartados.
Hay que destacar que los valores en cada una de las variables tienden a ser más altos cuanto menos años de docencia lleve el profesorado, lo que encaja con el hecho de que cuantos más años de docencia más respuestas igualitarias dan.
¿Qué podemos concluir de todo esto?
En primer lugar, que la experiencia de la docencia hace más igualitario al profesorado, los estereotipos de género pierden fuerza.
Mientras que cuanto menos años de docencia los estereotipos son más fuertes ya que aún no han sido matizados por la experiencia de la enseñanza.
Esto significa también que la tendencia es que el profesorado mantenga estereotipos de género que se modifican (cuando lo hacen) a través de la experiencia que supone la práctica docente.
En el caso de las capacidades cognitivas la tendencia es la contraria, el profesorado más joven no tiene un estereotipo tan marcado al respecto, mientras que el profesorado de más edad sí.
Finalmente, la visión de la ciencia que tiene el profesorado en general es muy interesante ya que encontramos que la mitad es muy objetivista y la otra mitad admite la existencia de sesgos personales en la ciencia y su trasmisión, aunque se rechaza que esto pase con el género.
En cuanto a la percepción que tiene el profesorado de su propia práctica educativa es que ésta se caracteriza por ser igualitaria en todos los aspectos, incluido el de género.
Las entrevistas en profundidad que se llevaron a cabo se basaron en un guión preestablecido y se realizaron a profesorado de la ULL de ciencias e ingenierías.
Respondieron a nuestra solicitud diez profesores y ninguna profesora (tampoco respondió el profesorado de secundaria).
Las entrevistas en profundidad revelaron una coincidencia básica con los resultados del cuestionario para la variable interacciones.
Hay consenso en que las estudiantes son más trabajadoras, responsables, minuciosas, cuidadosas y colaboradoras que los estudiantes; trabajan bien en grupo y mantienen buenas relaciones con los demás.
Esto las convierte en buenas investigadoras.
Es interesante destacar que se percibe en algunos casos (aunque no es explícito excepto en uno), una cierta minusvaloración de estas capacidades asociadas a las chicas; se declara que son esenciales para la investigación, pero se intuye que se consideran menos valiosas que la creatividad y la originalidad que tienden a ser percibidas como más propiamente masculinas que femeninas.
Por otro lado, también hay coincidencia con el cuestionario en la variable actitudes ya que se está de acuerdo en que las estudiantes tienen la misma estima intelectual y seguridad en su valía que los estudiantes, además presentan un alto nivel de exigencia en las asignaturas y están más motivadas que los estudiantes.
Esto hace que ellas obtengan las mejores notas ya que son más trabajadoras, pacientes y centradas.
Es necesario destacar que en las entrevistas hay un total consenso respecto a las dificultades que supone el rol social de las mujeres para la promoción académica y profesional de las estudiantes.
Las estudiantes siguen manteniendo pautas y expectativas ligadas a su rol social, siguen interesadas por la familia y subordinan su promoción profesional a la cuestión afectiva y familiar.
Para ellas, cuando llega el momento, la vida afectiva y personal juega un papel fundamental en detrimento de su promoción, lo que no ocurre en el caso de los chicos.
La experiencia demuestra a los entrevistados que esta valoración de la vida personal les lleva, en general, a conformarse con trabajos inferiores a su potencial académico una vez que ejercen como profesionales.
Por tanto, este aspecto asociado a la variable actitudes difiere radicalmente de lo que el profesorado manifiesta en el cuestionario.
Por otro lado, es necesario plantear en qué medida esta constatación del peso del rol social está actuando sobre las expectativas del profesorado a la hora de apoyar y estimular la promoción académica de las estudiantes.
La expectativa del abandono por razones personales debe de condicionar notablemente la inversión que cada profesor hace en la promoción de sus estudiantes más destacados/as.
Este es un tema fundamental pues supone un círculo vicioso, un mecanismo que se retroalimenta: no se ofrecen las mejores oportunidades a las chicas porque no las van a aprovechar hasta las últimas consecuencias, luego ellas tienen mayores alicientes para abandonar porque se les ofrecen oportunidades de menor rango y de mayor incerteza.
En cuanto a las variables capacidades cognitivas y destrezas, los entrevistados no coinciden con la tendencia encontrada en los cuestionarios ya que se muestran ampliamente igualitarios.
Ahora bien, hay una excepción radical a esta tendencia, uno de los entrevistados manifiesta con claridad su creencia en la inferioridad cognitiva e intelectual de las estudiantes, y de las mujeres en general, y en su incapacidad para alcanzar la excelencia, por más que sean buenas estudiantes e investigadoras.
LOS PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA
No hemos dicho hasta ahora nada del estudio llevado a cabo con el profesorado de enseñanza secundaria.
Éste fue rea-lizado en los centros de Tenerife y, como hemos señalado, respondieron un total de 42 profesores/ras.
El cuestionario fue similar al del profesorado de la universidad, aunque incluyendo cuestiones específicas para este tipo de enseñanza.
En el caso del profesorado de enseñanza secundaria el resultado es interesante ya que encontramos una tendencia dominante a las respuestas igualitarias (no hay diferencias entre chicos y chicas) y a considerar a las chicas superiores a los chicos también en destrezas y capacidades cognitivas.
Los sesgos de género que encontramos están relacionados con las interacciones en las que las chicas son consideradas superiores.
A pesar de las limitaciones que presenta el estudio realizado creemos haber elaborado un esquema de análisis que nos informa del estado de la cuestión respecto a los sesgos de género del profesorado en la enseñanza secundaria y superior.
El trabajo aporta nuevos datos sobre los sesgos de género y su relación con las creencias del profesorado acerca de las capacidades cognitivas, las destrezas, actitudes e interacciones de las estudiantes y los estudiantes.
Además de proporcionar un perfil del profesorado encuestado y entrevistado.
El esquema de análisis queda suficientemente confirmado por los datos obtenidos respecto a los profesores de la universidad de La Laguna, como hemos visto.
La convergencia de las respuestas en el sentido de las hipótesis planteadas es una confirmación de las tendencias del estudio.
En el caso de los profesores de enseñanza secundaria el esquema de análisis tiene que revisarse, ya que los resultados divergen de las hipótesis planteadas: los sesgos de género aparecen en bastante menor medida que en el profesorado de universidad.
Por otra parte, los datos obtenidos no pueden generalizarse estadísticamente dado el tamaño de la muestra que hemos dispuesto.
Pero creemos que dadas las comunes condiciones sociales, culturales y estructurales compartidas por el profesorado de ciencias y tecnologías en todo el Estado, podemos arriesgar la hipótesis de que los resultados hallados son bastante generalizables.
Esta hipótesis tendría que ser investigada para establecer su conformación; pero una consecuencia del estudio es que nos permite formularla.
Los resultados encontrados nos indican en qué direcciones habría que seguir investigando: a) confirmar en sucesivos estudios los datos encontrados en este trabajo, b) investigar por qué la variable actitudes da los resultados vistos, c) estudiar qué percepción tienen las estudiantes y los estudiantes acerca de sus capacidades cognitivas, sus destrezas, sus actitudes e interacciones, d) desarrollar un estudio comparativo para explicar las diferencias entre el profesorado de enseñanza secundaria y de universidad, e) ampliar esta investigación a otras comunidades para establecer si hay convergencia en los resultados.
Todas estas cuestiones sólo podrán ser resueltas a través de nuevas investigaciones que a su vez demostrarán si el esquema de análisis propuesto es realmente útil para la comprensión del fenómeno de los sesgos de género en la enseñanza de la ciencia y la tecnología.
Recibido: 14 de septiembre de 2007 Aceptado: 19 de noviembre de 2007 NOTAS 1 El doctor Ignacio Camacho Arroyo es investigador de la Facultad de Química de la UNAM en áreas de neurobiología, biología de la reproducción y hormonas esteroides.
En esta misma dirección Tresguerres del departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, afirma: "incluyendo también algunos esbozos de lo que es la diferenciación sexual cerebral como justificativa de los papeles distintos que asumen ambos sexos no solamente en lo que respecta a los papeles sexuales sino también en lo que respecta a las capacidades intelectuales distintas que presenta cada caso".
4 Uno de los pocos trabajos que incluyen la enseñanza de la ciencia es el de Meece y Jones (1996) y el de Rosser (1995).
TABLA 1: SESGOS DE GÉNERO EN EL PROFESORADO DE LA ULL Las chicas son superiores No existen diferencias Los chicos son superiores TOTAL
ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS SEGÚN EL SEXO DEL PROFESORADO TABLA 2: SESGOS POR SEXO DEL PROFESORADO HOMBRES Las chicas son superiores No existen diferencias Los chicos son superiores TOTAL
EN LA EDUCACIÓN CIENTÍFICO-TECNOLÓGICA: EL CASO DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA |
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alimentos de mayor riesgo, además de las técnicas moleculares para su detección, infectividad y persistencia, así como algunos tratamientos para la conservación de los alimentos.
En el capítulo 4, "Las micotoxinas: el enemigo silencioso", Vicente Sanchís y sus colaboradores revisan los principales elementos que configuran la problemática de las micotoxinas para el hombre y para los animales, y abordan los retos para el estudio de las micotoxinas, como el efecto que el cambio climático puede tener sobre el patrón de contaminación por micotoxinas en los alimentos, el descubrimiento de nuevas micotoxinas, la coexistencia de estas toxinas y otros contaminantes, y las formas para detectar e intentar eliminarlas.
En el capítulo 5, sobre "La implicación de las frutas y hortalizas en las toxiinfecciones alimentarias y la relevancia del estado fisiológico de las bacterias", Pilar Truchado y Ana Allende describen la relevancia que el estado fisiológico de las bacterias puede tener en el desarrollo de toxiinfecciones alimentarias causadas por frutas y hortalizas, ya que cuando son sometidas a un estrés, entran en un estado de latencia donde pueden persistir sin división celular en estado viable no cultivable (VBNC).
Este tema es de gran repercusión, puesto que la optimización de los tratamientos de inactivación como los desinfectantes se hacen por métodos convencionales de recuento en placa.
En el capítulo 6, "Aproximaciones inmunoanalíticas para el control de xenobióticos Este monográfico sobre seguridad alimentaria incluye distintas temáticas multidisciplinares sobre riesgos biológicos y químicos en alimentos.
Comprende once capítulos elaborados por expertos de reconocido prestigio identificando las problemáticas relacionadas con la seguridad alimentaria e incluyendo técnicas novedosas y estrategias de intervención para reducir el impacto de estos riesgos en la salud pública.
En el capítulo 1, titulado "Los criterios microbiológicos: Principios para su establecimiento y aplicación en la seguridad alimentaria", Antonio Valero aborda los principales fundamentos, metodologías y aplicaciones de los criterios microbiológicos en alimentos para su implementación en los sistemas de calidad de las industrias agroalimentarias, así como las posibles limitaciones y repercusiones sobre la seguridad alimentaria.
En el capítulo 2, "Biopelículas y persistencia microbiana en la industria alimentaria", Avelino Álvarez-Ordóñez y sus colaboradores describen las comunidades microbianas que colonizan los ambientes y equipos de procesado de alimentos formando biopelículas, en especial los microorganismos alterantes y patógenos, y su repercusión en la seguridad y en la calidad de los alimentos, así como las estrategias para el control o la eliminación de las mismas.
En el capítulo 3, "El papel de los virus en las toxiinfecciones alimentarias", Gloria Sánchez y sus colaboradores describen los principales patógenos víricos de transmisión alimentaria y los
Consejo Superior de Investigaciones Científicas ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-4340-7727 [EMAIL] y biotoxinas en alimentos", elaborado por Antonio Abad y colaboradores, se describen los principios bioquímicos de los métodos inmunoquímicos para la determinación de contaminantes químicos, residuos y aditivos en matrices alimentarias, sus ventajas y limitaciones, además de los desarrollos comerciales de kits rápidos.
En el capítulo 7, "Bioconservación de patógenos de transmisión alimentaria en frutas y hortalizas mínimamente procesadas", Inmaculada Viñas y colaboradores describen la bioconservación como estrategia alternativa para reducir los microorganismos patógenos y alterantes en frutas y hortalizas.
En él presentan los resultados más relevantes sobre la bioconservación de frutas y hortalizas mínimamente procesadas.
En el capítulo 8, "Bacteriófagos y endolisinas en la industria alimentaria", Pilar García y colaboradores describen el uso de bacteriófagos (fagos) y de proteínas fágicas con actividad lítica (endolisinas) como tratamientos de bioconservación por su inocuidad, especificidad y versatilidad.
En este capítulo se incluyen los últimos resultados de antimicrobianos para la industria agro-alimentaria, y se resumen los puntos clave para entender las posibilidades reales de su aplicación.
En el capítulo 9, titulado "Métodos moleculares para la detección e identificación de bacterias productoras de aminas biógenas en alimentos", Victor Ladero y sus colaboradores presentan las aminas biógenas y los microrganismos productores, así como los métodos disponibles para la detección de microorganismos productores de estas aminas biógenas y las posibles aplicaciones.
En el capítulo 10, sobre "Proteómica y biología de sistemas para el estudio de la alergia alimentaria", Mónica Carrera resume con detalle la proteómica dirigida y no dirigida, así como la biología de sistemas para el estudio de los mecanismos de las alergias alimentarias, las nuevas perspectivas y futuros desarrollos.
Por último en el capítulo 11, sobre "La importancia del agua en la industria de alimentos vegetales frescos", Francisco López-Gálvez y María Isabel Gil muestran la necesidad de la optimización del uso de agentes antimicrobianos, evitando que el agua comprometa la seguridad microbiológica y la acumulación de subproductos de desinfección en el lavado.
Consideran que, para cada tipo de producto lavado, el desinfectante usado y el diseño y manejo de la línea de lavado debe ser optimizado.
En resumen, este monográfico es un trabajo de referencia útil e interesante para todas aquellas personas relacionadas con la investigación, la docencia y la formación -incluidos estudiantes y personal técnico-relacionados con la alimentación y la salud pública. |
La legislación en materia de seguridad alimentaria ha ido encaminada hacia una mayor estandarización de las producciones que, junto con las certificaciones de calidad existentes, tienen como objetivo un incremento del nivel de protección de la salud pública.
Está constatada la necesidad de que la industria agroalimentaria disponga de herramientas con las que poder armonizar sus producciones y gestionar adecuadamente sus sistemas de calidad para ofrezcer una mayor confianza a los consumidores finales.
La implementación de los criterios microbiológicos está enfocada a facilitar dicha armonización posibilitando la discriminación de lotes defectuosos y actuando como herramientas de control en las industrias.
Por tanto, el conocimiento de los principios, componentes y factores que influyen sobre la eficiencia de los criterios microbiológicos ayuda a un mejor entendimiento de las consecuencias de su aplicación.
En el presente artículo se abordan los principales fundamentos, metodologías y aplicaciones de los criterios microbiológicos en alimentos de cara a su implementación en los sistemas de calidad de las industrias agroalimentarias.
Asimismo, se discuten algunos aspectos sobre las posibles limitaciones y repercusiones sobre la seguridad alimentaria.
PALABRAS CLAVE: contaminación microbiana; métricas del riesgo; planes de muestreo; gestión del riesgo; límite microbiológico; probabilidad de aceptación.
Los criterios microbiológicos: principios para su establecimiento y aplicación en la seguridad alimentaria 2 a537
PERSPECTIVAS E IMPLICACIONES DEL CONTROL DE LA CALIDAD EN INDUSTRIAS AGRO-ALIMENTARIAS
La industria agroalimentaria ha sufrido en los últimos años sucesivas modificaciones en los procesos de producción con objeto de satisfacer las demandas de los consumidores hacia alimentos más saludables, nutritivos, inocuos y apetecibles.
El incremento de la producción de alimentos está gobernado por un notable avance científico y tecnológico, mejora genética, desarrollo de compuestos fertilizantes y pesticidas o uso de antibióticos y sustancias promotoras del crecimiento en alimentos de origen animal.
Esta sucesiva introducción de elementos de origen humano ha coexistido en los últimos tiempos con métodos de producción más sostenibles conducentes a garantizar la eficiencia energética, la mejora de las condiciones medioambientales o la reducción de la generación de residuos, entre otros fines.
La utilización de enfoques de tipo preventivo facilita la implementación de las medidas de control a lo largo de la cadena de producción y el desarrollo de sistemas de respuesta rápida, que permitan prever una correcta toma de decisiones.
El análisis de riesgos va en consonancia con los enfoques preventivos, siendo el procedimiento científico que sirve para priorizar las políticas de gestión de la calidad e inocuidad alimentaria y establecimiento de los objetivos de salud pública (Commission Regulation (EC) No 178/2002).
La evaluación de riesgos es el componente científico que se deriva del análisis de riesgos y consiste en un procedimiento sistematizado que se lleva a cabo con el fin de conocer la naturaleza, magnitud y probabilidad que presenta un peligro potencialmente presente en un alimento.
Los resultados derivados de una evaluación de riesgos constituyen una herramienta valiosa para la toma de decisiones, la detección de puntos críticos en la cadena agroalimentaria, la evaluación de estrategias de mitigación y la elaboración de normativas o estándares que faciliten el comercio de alimentos (Word Health Organization / Food and Agriculture Organization of the Unites Nations, 2006).
Una de las herramientas más valiosas que tienen las industrias agroalimentarias son los sistemas de gestión de la calidad e inocuidad alimentaria (GCIA), los cuales tienen su principal fundamento en la norma internacional ISO 22000, que constituye una herramienta eficaz para lograr alimentos inocuos y se antoja fundamental para la gestión empresarial.
La norma ISO 22000 reúne los requisitos específicos para alcanzar la inocuidad de los alimentos a partir de los principios del Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos (APPCC), y propone aplicar este proceso a través de los conceptos de gestión de la calidad, basados en la norma internacional ISO 9001.
Ambas normas pueden ser certificadas en forma individual; no obstante, pueden implementarse en forma integrada a través de la aplicación de ISO 22000.
La industria agroalimentaria posee herramientas basadas en la utilización de principios como las Buenas Prácticas de Higiene y Fabricación (BPH, BPF), los principios del APPCC y los sistemas de autocontrol (APPCC + Planes Generales de Higiene o Programas de Prerrequisitos).
Estas herramientas ayudan a documentar el proceso y normalmente vienen acompañadas por sistemas de gestión de la trazabilidad, que permiten identificar puntos críticos a lo largo de la cadena de producción-consumo y establecer medidas correctivas (Commission Regulation (EC) No 852/2004).
La armonización de estos sistemas se basa en la implementación de los criterios microbiológicos, que tienen como principal objetivo validar y verificar las medidas de control llevadas a cabo dentro de los sistemas GCIA para garantizar el suministro de alimentos seguros para el consumidor.
Sin embargo, su aplicación no siempre es sencilla ni factible, por lo que es necesario un conocimiento profundo de los factores que influyen sobre su eficiencia, así como los posibles efectos beneficiosos y las limitaciones resultantes de su aplicación.
LOS PLANES DE MUESTREO COMO HERRAMIENTA DE GESTIÓN DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
Los alimentos generalmente constituyen matrices complejas donde interaccionan múltiples factores de forma simultánea o diferida produciendo constantes modificaciones sobre el producto que muchas veces son difíciles de predecir.
La integración de los enfoques preventivos destinados a abarcar la cadena "del campo a la mesa" deben inevitablemente contemplar distintos agentes, fases y operaciones, algunos de ellos no cuantificables ni predecibles, que complican en cierto modo la armonización de los procedimientos que componen un sistema GCIA.
A la hora de diseñar un sistema GCIA es necesario conocer las causas por las cuales un lote de producción puede estar contaminado, así como el tipo de peligro a tratar y el origen de dicha contaminación.
Para ello, los llamados procedimientos de muestreo están orientados hacia la medición de una serie de parámetros de calidad y a la toma de porciones representativas de un lote determinado con objeto de detectar la presencia de contaminantes.
La mayoría de los procedimientos de muestreo comprenden la selección de una o varias muestras de un lote, la inspección o el análisis de las muestras y la clasificación del lote (como aceptable o no aceptable) a partir del resultado de la inspección o el análisis de la muestra (Codex Alimentarius Commission, a537 CAC/GL 50-2004).
Para ello, un plan de muestreo constituye un procedimiento normalizado mediante el cual se inspecciona y clasifica un lote.
Básicamente el plan de muestreo contemplará el número de unidades seleccionadas, así como el número máximo de unidades del lote que no puede exceder un cierto nivel o límite (n y c, respectivamente).
Según las definiciones otorgadas por el Codex Alimentarius, los planes de muestreo que involucren cambios se denominan esquemas de muestreo, mientras que el conjunto de planes y esquemas de muestreo se definen como sistemas de muestreo.
A su vez, los planes de muestreo se clasifican en planes de aceptación o atributos, que miden una cualidad determinada de un alimento con objeto de aceptar o rechazar un lote (por ej., presencia de Salmonella spp. en ovoproductos), mientras que los planes por variables miden un valor o concentración determinada en un alimento con objeto de comprobar si se ajusta o no a unas especificaciones determinadas (por ej., nivel de Sn en envases alimentarios).
En la práctica, los planes de muestreo por aceptación son los que generalmente se llevan a cabo en microbiología con objeto de detectar lotes contaminados con un suficiente nivel de confianza.
En este sentido, es necesario saber que debe establecerse un margen de seguridad de forma que el plan de muestreo que se vaya a aplicar sea lo suficientemente efectivo como para poder ser utilizado como medida de control.
El muestreo del producto final puede constituir una herramienta eficaz de control, o bien un procedimiento sujeto a total aleatoriedad donde los resultados positivos generalmente presentan una gran relevancia, mientras que los negativos no permiten tener una total garantía de ausencia de contaminación.
A modo de ejemplo, un 1% de unidades contaminadas en un lote puede representar un porcentaje aparentemente pequeño en términos relativos, pero cuando lo relacionamos con un tamaño de lote suficientemente grande (por ej. 100.000 uds.) supondría un total de 1.000 uds. contaminadas, lo que supondría un grave problema de seguridad alimentaria en caso de que se pusieran a la venta.
Los microorganismos se definen como entidades discretas, es decir, como entes divisibles un número finito de veces.
Esto hace que la contaminación microbiológica presente en los alimentos sea diferente en función del tipo de alimento y del peligro biológico de que se trate.
En la mayoría de las ocasiones, los microorganismos están distribuidos de forma heterogénea y esto hace que el plan de muestreo sea un proceso cuyo comportamiento intrinsicamente no es determinista, sino que está motivado tanto por las acciones predecibles del proceso como por elementos aleatorios.
En otras palabras, los planes de muestreo se definen como procesos estocásticos, altamente influenciados por la aleatoriedad de la contaminación presente en el alimento, como del sistema de muestreo adoptado para detectar dicha contaminación.
En la figura 1 se muestran dos lotes con un nivel de contaminación real similar.
Sin embargo, la propia aleatoriedad del muestreo hace que en algunos casos no se detecte contaminación, mientras que en otros sí, lo que supone que la contaminación asumida en los lotes pueda ser totalmente diferente a la real.
A todo ello, hay que añadir que los métodos de análisis no siempre son capaces de detectar en un 100% la contaminación real presente en el lote, especialmente cuando alcanza niveles bajos, con lo que nos tenemos que preguntar irremediablemente si el muestreo es realmente útil para garantizar la seguridad alimentaria.
La respuesta a esta pregunta no es absoluta, sino que tiene distintas vertientes en función de la situación o escenario que nos encontremos, con lo que no hay ni que desechar siempre ni que ceñirse solamente al muestreo como garantía del control de las producciones.
En este sentido una gestión efectiva consistirá en utilizar las herramientas que tenemos a nuestro alcance para maximizar el control de la seguridad alimentaria de las producciones, y los planes de muestreo, así como los criterios microbiológicos, son solo algunas de ellas.
Definición del proceso estocástico de los planes de muestreo y su influencia sobre la detección de lotes contaminados Fuente: elaboración propia.
DEFINICIÓN, COMPONENTES Y PRINCIPIOS PARA LA APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS MICROBIOLÓGICOS EN ALIMENTOS
Como se ha descrito anteriormente, la finalidad de la aplicación de los sistemas GCIA en microbiología es la de evitar que los productos alimenticios contengan microorganismos, toxinas o metabolitos en cantidades que supongan un riesgo inaceptable para la salud humana.
Con objeto de armonizar las medidas de protección de la salud pública, se necesita establecer criterios de seguridad alimentaria que indiquen la aceptabilidad de un lote con relación a la presencia de microorganismos patógenos.
A este respecto, el informe relativo a los criterios microbiológicos aplicables a los productos alimenticios (Commission Regulation (EC) No 1441/2007) define criterio microbiológico como un criterio que determina la aceptabilidad de un producto, de un lote de productos alimenticios o de un proceso, basándose en la ausencia, presencia o número de microorganismos, y en la cantidad de sus toxinas/metabolitos por unidad de masa, de volumen, de superficie o lote.
A su vez, los criterios microbiológicos se dividen en: Criterio de seguridad alimentaria: criterio que define la aceptabilidad de un producto o un lote de productos alimenticios y es aplicable a los productos comercializados (ej. Listeria monocytogenes en alimentos listos para el consumo o Ready-To-Eat); Criterio de higiene de proceso: criterio que indica el funcionamiento aceptable del proceso de producción; este criterio, que no es aplicable a los productos comercializados, establece un valor de contaminación indicativo por encima del cual se requieren medidas correctoras para mantener la higiene del proceso conforme a la legislación alimentaria (por ej. enterobacterias en canales de porcino).
Los criterios microbiológicos se derivan de los planes de muestreo, aunque incluyen más información, tal como:
• Una descripción de los peligros biológicos y de las causas que suscitan la aparición de dichos peligros;
• Los métodos de análisis para su detección y cuantificación;
• Un plan de muestreo donde se definan el número de unidades y la magnitud de la unidad analítica;
• Los límites microbiológicos que se consideran apropiados para el alimento en el punto o puntos especificados de la cadena agroalimentaria;
• El número de unidades analíticas que deben ajustarse a esos límites.
• El alimento al que se aplica el criterio y el punto o los puntos de la cadena agroalimentaria en que se aplica el criterio;
• Las medidas a adoptar en caso de resultados insatisfactorios.
Recientemente, EFSA publicó una opinión acerca de la forma de interpretación de los criterios microbiológicos, así como de las herramientas y metodologías disponibles para llevarlos a cabo (EFSA Panel on Biological Hazards et al., 2017).
Entre otros aspectos, se destacó el hecho diferenciador del papel que juegan los asesores del riesgo (encargados de evaluar el impacto de los criterios con respecto a la seguridad alimentaria), con relación a los gestores del riesgo (los cuales son los responsables de la toma de decisiones sobre la aplicación de los criterios).
Es importante tener en cuenta que los criterios microbiológicos no deben aplicarse siempre de forma sistemática y por defecto, sino que es imprescindible la evaluación del coste/beneficio a la hora de aplicarlos, en relación con la posibilidad de proporcionar al consumidor un alimento inocuo y apto para el consumo.
METODOLOGÍAS PARA LA DERIVACIÓN DE CRITERIOS MICROBIOLÓGICOS EN ALIMENTOS
De acuerdo con la legislación europea alimentaria vigente (Commission Regulation (EC) No 178/2002; Commission Regulation (EC) 852/2004; Commission Regulation (EC) No 1441/2007), la aplicación de los criterios microbiológicos está orientada hacia una armonización de los sistemas GCIA.
Sin embargo, para una correcta interpretación de estos es preciso conocer cómo se pueden derivar mediante la recopilación de información sobre aspectos tales como:
• La distribución de la contaminación microbiana en un lote;
• La definición de los límites microbiológicos por encima de los cuales se considera el rechazo de lotes.
En los planes de muestreo por atributos de dos y tres clases, dichos valores se corresponden con los límites m (inferior) y M (superior);
• Una descripción del método de análisis que permita conocer la probabilidad de detectar la presencia de contaminación, así como los límites de detección y cuantificación.
En este sentido conviene saber que la eficiencia de los planes de muestreo y, por tanto, de los criterios microbiológicos viene marcada por los valores de sensibilidad (o proporción de muestras positivas que son realmente detectadas por el método analítico) y especificidad (o proporción de muestras negativas que son realmente detectadas por el método analítico); a537
• El nivel de confianza que se desea implementar para determinar la no conformidad de un lote (por ej. probabilidad de rechazo (Pr) = 95%; o probabilidad de aceptación (Pa) = 5%).
Muchos de estos puntos se pueden obtener a partir de información previa o datos históricos de los que se disponga, o bien realizando una serie de asunciones que permitan derivar un criterio microbiológico.
En concreto, el conocimiento de la distribución de la contaminación microbiana en un lote es muchas veces difícil de predecir.
No obstante, esta información es de alta relevancia a la hora de diseñar un adecuado sistema de muestreo de forma que se optimice la probabilidad de detección de muestras positivas o lotes defectuosos.
En una situación ideal, si partiendo de una matriz concreta pudiésemos visualizar espacialmente cómo están distribuidos los microorganismos, tendríamos un conocimiento completo acerca de la distribución de la contaminación en un lote.
Sin embargo, esta información no está disponible en la mayoría de las ocasiones (a no ser que llevemos a cabo exhaustivos estudios en el nivel microscópico, lo cual lógicamente no es viable).
En una situación intermedia, podríamos conocer el número de células que ocupan un espacio concreto del alimento, pero desafortunadamente tampoco existe mucha información al respecto, y además el tiempo requerido para obtenerla sería inasumible, sobre todo cuando es preciso tomar decisiones en un tiempo corto.
Por tanto, para poder definir matemáticamente la disposición de la contaminación microbiana en un lote o alimento, tenemos que recurrir a distribuciones estadísticas (véase figura 2).
Los parámetros que definen cada una de estas distribuciones podrán utilizarse para reflejar el grado de contaminación de un lote, así como la variabilidad asociada a la contaminación en ese lote.
En este último caso, las distribuciones no son más que "modelos" que intentan reflejar la disposición de los microorganismos en un alimento, es decir, su nivel de concentración y la variabilidad de la misma en un lote o en distintos lotes.
Algunas de las distribuciones estadísticas más utilizadas para la derivación de criterios microbiológicos son la binomial, la normal, la Poisson o la binomial negativa.
Los parámetros que se pueden utilizar para definir el nivel medio de contaminación de un lote y su variabilidad asociada son μ y σ, respectivamente.
En la figura 3 se representan tres escenarios donde se muestra la contaminación microbiana en un alimento concreto y la distribución estadística que puede estar asociada a dicha contaminación.
Existen algunos estudios publicados sobre la importancia de las distribuciones estadísticas a la hora de derivar criterios microbiológicos (Schothorst, Zwietering, Ross, Buchanan y Cole, 2009).
En muchos de ellos, la eficiencia de la implementación de los criterios microbiológicos se cuantifica gracias al conocimiento de las propiedades de la distribución normal.
Siguiendo los principios establecidos por el teorema central del límite, cualquier distribución estadística se puede aproximar a una distribución normal a medida que se incrementa el tamaño de muestra, asumiendo que la media y varianza (μ y σ) son independientes entre sí.
Con ello, las distribuciones binomial y Poisson se aproximan a una normal a medida que el número de muestras tiende a infinito.
Gracias al conocimiento de estas propiedades se puede calcular de forma relativamente sencilla la eficiencia de los planes de muestreo y criterios microbiológicos en alimentos mediante las llamadas curvas características de operación (figura 4).
Representación de la distribución de la contaminación microbiana presente en un lote o alimento en función del nivel de información disponible Fuente: adaptado de Bassett, Jackson, Jewell, Jongenburger y Zwietering (2010) a537 En la figura 4a, se pueden estimar los valores de concentración microbiana máximos admisibles en el lote de forma que la Pr = 95%.
Por tanto, conforme se va incrementando el número de muestras existe una mayor probabilidad de detectar niveles más bajos de concentración, con lo que el criterio microbiológico será más estricto.
Por otra parte, en la figura 4b se representa la influencia de los valores de desviación estándar (SD) sobre la eficiencia de la implementación de los criterios microbiológicos.
La desviación estándar es una medida que refleja el grado de variabilidad de la contaminación microbiana presente en el lote.
A medida que aumenta el valor de SD, el criterio microbio-Figura 3.
Representación de la distribución de la contaminación microbiana presente en un lote o alimento y la distribución estadística asociada Figura 4.
Curvas características de operación que evalúan la eficiencia de la implementación de planes de muestreo y criterios microbiológicos en alimentos.
Efecto del número de muestras (n) sobre la probabilidad de aceptación del lote (m = 1 log ufc/g).de muestreo y criterios microbiológicos en alimentos Figura 4b.
Efecto de la variabilidad de la contaminación del lote (SD) sobre la probabilidad de aceptación (m = 1 log ufc/g) Fuente: elaboración propia.
De esta forma, gracias a las distribuciones estadísticas y al conocimiento de los parámetros principales asociados se puede evaluar la influencia de la implementación de criterios microbiológicos en alimentos.
Obviamente, en muchos casos esta situación no es tan trivial, sino que deben tenerse en cuenta las variables asociadas que influyen en el proceso de elaboración, el tipo de peligro biológico y la matriz al cual está asociado y, como se ha comentado antes, la ratio coste/beneficio resultante de la aplicación del criterio microbiológico.
ESTABLECIMIENTO DE CRITERIOS MICROBIOLÓGICOS BASADOS EN MÉTRICAS DEL RIESGO
La gestión de la seguridad microbiológica mediante enfoques basados en el riesgo ha provocado un cambio sustancial en la adopción de metodologías y controles por parte de las industrias alimentarias a lo largo de la cadena de producción (Codex Alimentarius Commission CAC/GL 62-2007).
Dichos enfoques han promovido un cambio de estrategias de control basadas en la aparición de peligros en el producto final hacia el establecimiento de medidas de gestión del riesgo siguiendo las recomendaciones planteadas por organizaciones internacionales como EFSA, FAO/OMS o el Codex Alimentarius.
Esto requiere disponer de herramientas estadísticas e informáticas que intenten predecir el comportamiento de los microorganismos durante la cadena de producción-consumo, así como la necesidad de armonizar criterios microbiológicos basados en medidas de gestión del riesgo.
La gestión del riesgo es un proceso dentro del análisis de riesgos que trata de establecer medidas de control adecuadas para la mejora de la calidad y de la seguridad alimentaria, en base a los resultados de una evaluación del riesgo.
Así pues, el gestor del riesgo es una organización gubernamental nacional o internacional encargada de la gestión del riesgo microbiológico.
Una forma de relacionar los requerimientos de los programas de seguridad alimentaria y su impacto sobre la salud pública es mediante el desarrollo de herramientas tales como objetivos de seguridad alimentaria (FSO) y objetivos de rendimiento (PO).
Estos objetivos, conocidos como métricas del riesgo, están relacionados con el nivel de riesgo que una sociedad está inclinándose a aceptar (nivel adecuado de protección o ALOP).
Un FSO es "la frecuencia máxima y la concentración máxima de un peligro en un alimento al momento del consumo, que provee o contribuye al nivel adecuado de protección (ALOP)" (ICMSF, 2002).
Un PO es en cambio la "frecuencia máxima y concentración de un peligro microbiológico en un alimento en una determinada etapa de la cadena alimentaria antes del consumo que contribuye a alcanzar el objetivo de seguridad alimentaria (FSO)".
Las métricas del riesgo están definidas por la International Commission on Microbiological Specifications for Foods (ICMSF) (2002) y han sido posteriormente aplicadas en varios estudios (Stringer, 2005; Valero, 2015; Zwietering, Gorris y Farber, 2015) como criterios de seguridad alimentaria para distintos patógenos.
Las métricas del riesgo, al contrario que los criterios microbiológicos, no incluyen información acerca del alimento, plan de muestreo, límite microbiológico o método de análisis.
Son, por tanto, niveles que se establecen en base a unos requisitos de seguridad alimentaria a partir de los cuales se pueden derivar los criterios microbiológicos.
A modo de ejemplo, un PO podría establecerse en una proporción del 99.75% de las unidades de un lote no debe presentar una concentración superior a 4 log ufc/g.
Si asumimos que la contaminación del lote sigue una distribución log normal con un valor medio de contaminación (μ) de 1.75 log ufc/g y una desviación estándar (SD) de 0.8 log ufc/g, se puede derivar un criterio microbiológico igual a n=7; c=0; m= 2 log ufc/g, de forma que haya una probabilidad de rechazo del lote del 95%.
Sin embargo, en algunas ocasiones dichos criterios microbiológicos no son factibles a la hora de ponerse en práctica por lo que se utilizan fundamentalmente como herramientas para verificar que se han llevado a cabo las medidas de control necesarias para garantizar la seguridad alimentaria.
APLICACIONES INFORMÁTICAS EXISTENTES PARA LA APLICACIÓN DE CRITERIOS MICROBIOLÓGICOS EN ALIMENTOS
En los últimos años ha surgido el desarrollo de distintas herramientas informáticas de toma de decisiones mediante las cuales se puede evaluar la eficiencia de la implementación de planes de muestreo y criterios microbiológicos.
En la opinión publicada por EFSA se resumen los fundamentos y los requisitos principales para el desarrollo de criterios microbiológicos en alimentos (EFSA Panel on Biological Hazards et al., 2017).
Las principales aplicaciones informáticas se resumen en la tabla 1.
La herramienta elaborada por la ICMSF consiste en una hoja de Excel que permite evaluar planes de muestreo de dos y tres clases, así como criterios microbiológicos.
La versión más reciente (v8) fue publicada en noviembre de 2016 e incluye distintas opciones como la posibilidad de modificar los valores de sensibilidad y especificidad de los métodos de análisis.
La aplicación web elaborada por FAO/OMS (2016) es una de las más completas actualmente y permite la evaluación de la eficiencia de los criterios microbiológicos utilizando diferentes distribuciones estadísticas.
Una de las opciones más destacadas es la posibilidad de realizar un análisis de sensibilidad que permite la optimización de los planes de muestreo y criterios microbiológicos a través de una interfaz sencilla.
Asimismo, existen aplicaciones específicas orientadas hacia herramientas de gestión del riesgo y planes de muestreo de Campylobacter spp. y Salmonella spp. en carne de ave, Cronobacter spp. en formulaciones infantiles, histamina y micotoxinas.
La herramienta Baselineapp (v1.0), desarrollada por la Universidad de Córdoba en 2013, constituye un repositorio de modelos predictivos y planes de mues-treo en distintas categorías de alimentos para peligros biológicos específicos.
La aplicación web permite calcular y derivar criterios microbiológicos basados en el establecimiento de un FSO o un PO.
Por último, la herramienta TRiMiCri permite desarrollar criterios microbiológicos para Campylobacter spp. en muestras de piel de pollo después del sacrificio.
Los criterios microbiológicos están fundamentados en medidas de gestión del riesgo, tales como la reducción del riesgo o (risk reduction) obtenida como consecuencia de la aplicación del criterio, o el cálculo de la proporción del número de lotes no conformes con dicho criterio.
La versión actual (1.3), disponible como aplicación de escritorio, está desarrollada por el centro Technical University of Denmark (DTU).
Resumen de las principales herramientas informáticas existentes para la evaluación de los criterios microbiológicos en alimentos |
Este artículo de revisión examina la importancia que tienen las comunidades microbianas que colonizan los ambientes y equipos de procesado de alimentos formando biopelículas o biofilms en la persistencia microbiana en la industria alimentaria y consecuentemente, en la seguridad y la calidad de los alimentos.
La atención se centra especialmente en biopelículas formadas por microorganismos no deseados, es decir, microorganismos alterantes y patógenos.
Se presenta información sobre la variabilidad intraespecífica en la formación, la ecología y la arquitectura de las biopelículas, y los factores que influyen en su formación.
Asimismo, se resume la información disponible sobre nuevos agentes o estrategias para el control de la formación o eliminación de biopelículas.
Un biofilm o biopelícula puede definirse como una comunidad microbiana caracterizada por su adhesión a una superficie sólida y por la producción de una matriz polimérica extracelular en la que están embebidos los microorganismos asociados.
Esta matriz proporciona protección a las células microbianas y contribuye a la captación de nutrientes, así como a la adhesión a la superficie en cuestión.
La formación de biopelículas es un comportamiento social generalmente coordinado a través de sistemas de comunicación célula -célula, o sistemas de "quorum sensing".
Dichos sistemas de "quorum sensing" detectan fluctuaciones en la densidad celular a través del reconocimiento de pequeñas moléculas de señalización secretadas, llamadas autoinductores, y responden regulando la expresión de funciones celulares especializadas entre las que se encuentran las responsables de la adhesión inicial a superficies y el subsiguiente crecimiento y maduración de la biopelícula.
De particular relevancia resulta el hecho de que las células microbianas dentro de una biopelícula son significativamente más resistentes a diferentes tipos de intervenciones antimicrobianas, dirigidas a controlar su aparición, y que las biopelículas pueden actuar como un reservorio de microorganismos persistentes.
Se puede encontrar información más detallada sobre las propiedades ecológicas de las biopelículas y el comportamiento microbiano dentro de las mismas en Flemming et al. (2016) y Nadell, Drescher y Foster (2016).
En la industria alimentaria, las superficies y los equipos se encuentran frecuentemente colonizados por microorganismos en forma de biopelículas.
En la mayoría de las ocasiones, esto representa un desafío y una preocupación, ya que las biopelículas formadas por microorganismos alterantes y patógenos pueden servir como fuente de contaminación cruzada de los alimentos, reduciendo así la efectividad de las estrategias de conservación de alimentos y comprometiendo la calidad y seguridad de los mismos (Coughlan, Cotter, Hill y Álvarez-Ordóñez, 2016).
Por otro lado, las biopelículas formadas de manera controlada por microorganismos beneficiosos pueden representar una oportunidad, ya que pueden ser explotadas para aumentar el rendimiento y la calidad de las fermentaciones de alimentos o para desarrollar aplicaciones biotecnológicas centradas en mejorar la calidad y seguridad de los alimentos (Berlanga y Guerrero, 2016).
LAS BIOPELÍCULAS COMO RESPONSABLES DE LA PERSIS-TENCIA MICROBIANA EN LA INDUSTRIA ALIMENTARIA
Existe controversia acerca de si la persistencia microbiana en la industria alimentaria se debe a la presencia de nichos ambientales difíciles de limpiar y desinfectar, o a la colonización de los ambientes de procesado de alimentos por microorganismos que muestran capacidades especiales que les permiten sobrevivir en las condiciones adversas que imperan en las industrias alimentarias (Larsen et al., 2014).
Entre otros factores, la capacidad de formar biopelículas se ha citado como un atributo que puede contribuir a la colonización de manera persistente de los ambientes de procesado de alimentos (Bridier et al., 2015).
En este sentido, varios autores han tratado de evaluar si determinadas especies microbianas o genotipos recuperados de nichos industriales, o aislados persistentes comúnmente encontrados en industrias alimentarias, están mejor equipados para formar biopelículas en materiales de contacto con alimentos.
Así, por ejemplo, un estudio de este tipo observó una mejor adhesión, tras 24 horas, entre 23 cepas persistentes de Listeria monocytogenes en relación con 73 cepas no persistentes (Wang, Ray, Hammons y Oliver, 2015), y Nowak y coautores llegaron a conclusiones similares, observando una formación de biopelículas significativamente mayor después de 48 horas a 30°C para aislamientos persistentes de L. monocytogenes (n=8) recuperados de plantas de procesado de mejillones en relación con aislados no persistentes (n=8) (Nowak et al., 2017).
En algunas ocasiones se han descrito diferencias estadísticamente significativas en la capacidad de formación de biopelículas entre cepas pertenecientes a diferentes serotipos o genotipos.
Por ejemplo, se ha demostrado que cepas de L. monocytogenes pertenecientes a los serotipos 1/2b y 1/2a, es decir, aquellos que se aíslan con mayor frecuencia en ambientes de procesado de alimentos, forman biopelículas de manera más eficaz en medios altamente nutritivos a 20°C, 30°C y 37°C que cepas del serotipo 4b, es decir, aquel más frecuentemente vinculado a casos de infección humana (Kadam et al., 2013).
Para Escherichia coli, se ha publicado que los aislados del seropatotipo A (O157: H7 y O157: NM), más frecuentemente asociado a infecciones en humanos, poseen una mayor capacidad para formar biopelículas que los aislados de los seropatotipos B o C (Vogeleer, Tremblay, Jubelin, Jacques y Harel, 2016).
FACTORES QUE DETERMINAN LA FORMACIÓN DE BIOPELÍCULAS EN LA INDUSTRIA ALIMENTARIA
En varias ocasiones se ha formulado la hipótesis de que los microorganismos que pueden activar funciones específicas, en particular la formación de biopelículas, en respuesta a algunos componentes de los alimentos o a señales ambientales presentes en el procesado de alimentos a nivel industrial, son también los más capaces de persistir en ambientes de procesado de alimentos, mediante la colonización de superficies y equipos.
Teniendo esto en cuenta, varios autores han evaluado la formación de biopelículas por microorganismos de interés alimentario en medios suplementados con determinados componentes de los alimentos, o en diferentes condiciones ambientales que comúnmente prevalecen durante el procesado de los alimentos.
A partir de tales estudios, es evidente que varios carbohidratos simples pueden modular la formación de biopelículas en bacterias.
Los ejemplos incluyen la glucosa en Aeromonas hydrophila (Jahid, Lee, Kim y Ha, 2013), y la lactosa, que mejora la formación de biopelículas en S. aureus (Xue, Chen y Shang, 2014) y en Bacillus subtilis (Duanis-Assaf, Steinberg, Chai y Shemesh, 2016).
Otros constituyentes de los alimentos que se ha demostrado que aumentan la formación de biopelículas son la L-leucina en L. monocytogenes (Skovager et al., 2013) y el ácido butírico, liberado durante la lipólisis de la leche, en Bacillus spp.
Además, también se ha observado que la formación de biopelículas de Streptococcus thermophilus en acero inoxidable depende de la presencia de proteínas de la leche (Bassi, Cappa, Gazzola, Orrù y Cocconcelli, 2017).
La disponibilidad de determinados minerales es otro factor que puede influir en la formación de biopelículas bacterianas.
En Bacillus cereus se ha demostrado que el acero inoxidable representa un material de contacto más favorable para la formación y maduración de biopelículas que el poliestireno, y este efecto se relacionó con una mayor disponibilidad de hierro (Hayrapetyan, Muller, Tempelaars, Abee y Nierop Groot, 2015).
Varios autores han evaluado la capacidad de diferentes microorganismos para formar biopelículas en presencia de extractos de alimentos.
En el caso de Campylobacter jejuni y Campylobacter coli, la formación de biopelículas sobre vidrio, poliestireno y acero inoxidable fue mayor cuando el medio de crecimiento se suplementaba con un extracto de carne de pollo, que era una fuente adicional de nutrientes y cubría y acondicionaba las superficies abióticas (Brown et al., 2014).
También se obtuvieron resultados similares para Salmonella spp. y Campylobacter spp. en poliestireno y superficies de vidrio utilizando extractos de carne de cerdo y de pollo (Li et al., 2017), y para Salmonella spp. en distintos materiales de contacto con los alimentos utilizando extracto de pescado (Dhowlaghar et al., 2018).
Varios grupos de investigación han estudiado y modelizado cómo distintas condiciones medioambientales que prevalecen durante el procesado de alimentos influyen en la formación de biopelículas, en aras de obtener información útil para la prevención o control de los mismos (Dimakopoulou-Papazoglou, Lianou y Koutsoumanis, 2016; Iliadis, Daskalopoulou, Simões y Giaouris, 2018).
Numerosos autores han reconocido el papel que juegan las biopelículas como reservorio de microorganismos resistentes a distintos agentes antimicrobianos y condiciones de estrés.
Además, las biopelículas también pueden servir como fuente de formas celulares de resistencia.
De hecho, se ha demostrado que las bacterias formadoras de esporas, como Bacillus spp., son capaces de esporular dentro de las biopelículas liberando estas esporas altamente resistentes al entorno circundante, lo que aumenta el riesgo de contaminación cruzada de los alimentos (Faille et al., 2014).
Además, también se han detectado células en un estado viable pero no cultivable en biopelículas formadas por L. monocytogenes, especialmente después de la aplicación de tratamientos de limpieza y desinfección (Gião y Keevil, 2014; Overney et al., 2017).
Finalmente, también se ha identificado una interconexión entre las respuestas de adaptación al estrés y la formación de biopelículas, que podría ser la responsable de la mayor robustez de las células que conforman las biopelículas.
Así, por ejemplo, el regulador de la respuesta general al estrés en bacterias Gram negativas, el factor alternativo RpoS, ha sido identificado como un factor clave para el establecimiento de biopelículas maduras en E. coli (Álvarez-Ordóñez et al., 2013; Chen et al., 2013) y también se ha observado un vínculo entre el potencial de formación de biopelículas de E. coli y su termorresistencia (Marti et al., 2017).
ECOLOGÍA Y ARQUITECTURA DE LAS BIOPELÍCULAS MICROBIANAS
En general, se sabe que dentro de una biopelícula coexisten bacterias de múltiples especies formando consorcios complejos, donde las relaciones de cooperativismo y competencia son comunes y contri-a538 buyen a dar forma a la estructura de la población, condicionando su funcionalidad (Giaouris et al., 2015).
Las interacciones de las principales bacterias patógenas transmitidas por los alimentos con otras bacterias relacionadas con los alimentos o con los miembros de la microbiota residente que colonizan los ambientes de procesado de alimentos se han estudiado detalladamente en los últimos años en ensayos in vitro.
En algunos casos, se han observado interacciones sinérgicas, en las cuales determinadas cepas de patógenos bacterianos transmitidos por los alimentos que son malos formadores de biopelículas aprovechan su interacción con otras cepas productoras de biopelículas fuertes para colonizar los materiales en contacto con los alimentos.
Así, por ejemplo, se ha demostrado que L. monocytogenes interactúa de forma sinérgica con algunas cepas de Enterococcus faecalis y Enterococcus faecium (da Silva Fernandes, Kabuki y Kuaye, 2015).
Además, alrededor del 20% de una amplia gama de cócteles multiespecíficos, preparados con cepas originalmente aisladas de dos sitios de muestreo en una planta de procesado de productos cárnicos, mostraron una mayor formación de biopelículas en comparación con las biopelículas monoespecíficas formadas individualmente por las distintas cepas estudiadas (Røder et al., 2015).
Aunque en la mayoría de los casos todavía no se conoce la causa de estos comportamientos sinérgicos, se ha propuesto que la coagregación, el reconocimiento específico y co-adherencia y la alimentación cruzada entre cepas pueden ser mecanismos involucrados en estas interacciones cooperativas (Stevens et al., 2015; Herschend et al., 2017).
Por otro lado, varios autores han descrito la existencia de interacciones competitivas, donde un miembro del consorcio supera o elimina a otros miembros de la comunidad y se convierte en dominante.
Esto se ha demostrado para distintas especies de bacterias Gram negativas, que han mostrado capacidad para competir frente a L. monocytogenes, dominando las biopelículas multi-especie formadas (Daneshvar Alavi y Truelstrup Hansen, 2013; Rodríguez-López, Saá-Ibusquiza, Mosquera-Fernández y López-Cabo, 2015; Heir, Møretrø, Simensen y Langsrud, 2018; Papaioannou, Giaouris, Berillis y Boziaris, 2018).
Otros comportamientos competitivos similares, que dan como resultado el desplazamiento de cepas de otras bacterias patógenas transmitidas por los alimentos, como E. coli, Bacillus spp. y S. aureus, también se han descrito en la literatura (Wang et al., 2015; Rosenberg et al., 2016; Makovcova et al., 2017, Visvalingam, Ells y Yang, 2017).
La mayoría de los datos publicados en la literatura sobre la formación de biopelículas in vitro por bacterias asociadas a los alimentos se basan en simples ensayos cuantitativos de tinción, que no proporcionan información sobre la estructura microscópica y arquitectura de la biopelícula.
Sin embargo, cada vez es más evidente que existe una micro-heterogeneidad dentro de las biopelículas (Liu et al., 2015; Gingichashvili et al., 2017; Tack, Nimmegeers, Akkermans, Hashem y van Impe, 2017), con la existencia de fenómenos de diferenciación metabólica entre las distintas células que las constituyen.
También se sabe que varios factores relacionados con los alimentos, como la concentración de nutrientes, la disponibilidad de oxígeno, la composición de la matriz alimentaria, la concentración de azúcar y las condiciones hidrodinámicas, pueden influir en la arquitectura de la biopelícula (Cherifi, Jacques, Quessy y Fravalo, 2017; Tarifa, Genovese, Lozano y Brugnoni, 2018; Turonova et al., 2015).
CONTROL DE BIOPELÍCULAS MICROBIANAS EN LA IN-DUSTRIA ALIMENTARIA
Teniendo en cuenta el papel de las biopelículas como un reservorio de microorganismos potencialmente problemáticos, que luego pueden contaminar los alimentos y causar su deterioro o su implicación en casos de toxi-infección alimentaria, se ha dedicado gran esfuerzo investigador a mejorar los métodos y estrategias disponibles para eliminarlos de ambientes industriales o desarrollar nuevas herramientas de inhibición o de eliminación que sean más efectivas, económicas y sostenibles.
Las industrias alimentarias basan sus protocolos de limpieza y desinfección en el uso de desinfectantes y biocidas que permitan establecer barreras a la entrada de microorganismos no deseados controlando la colonización de superficies y equipos en contacto con alimentos.
Los biocidas se emplean generalmente en concentraciones muy por encima de sus concentraciones mínimas inhibitorias para todos los microorganismos diana principales y, por lo tanto, deberían poder garantizar la inactivación microbiana, evitando así la supervivencia de microorganismos peligrosos.
Sin embargo, es bien sabido que los biocidas y otros antimicrobianos son menos efectivos en la inactivación de células en estado sésil (formando biopelículas) que en estado planctónico.
De hecho, varias publicaciones, que evalúan la tolerancia de las principales bacterias patógenas transmitidas por los alimentos a una amplia gama de desinfectantes de uso industrial o sus compuestos activos a sus concentraciones de uso a538 industrial, han demostrado que estos no son capaces de inactivar completamente los microorganismos diana formando biopelículas (Chaitiemwong, Hazeleger y Beumer, 2014; Chylkova, Cadena, Ferreiro y Pitesky, 2017; Fagerlund, Langsrud, Heir, Mikkelsen y Møretrø, 2016; Martin et al., 2016).
Además, varios estudios han descrito que la tolerancia a diferentes biocidas es mayor en las biopelículas mixtas o multi-especie que en las biopelículas formadas por una única especie (Bridier et al., 2015; Giaouris, Chorianopoulos, Doulgeraki y Nychas, 2013; Wang, Kalchayanand, Schmidt y Harhay, 2013), y que la composición de la matriz de la biopelícula y las características de la superficie influyen en gran medida en la efectividad del biocida (Bas, Kramer y Stopar, 2017; Fagerlund et al., 2016).
También es importante tener en cuenta que los microorganismos que colonizan las plantas de procesado de alimentos se ven frecuentemente expuestos a concentraciones subinhibitorias de biocidas, en nichos particulares (por ejemplo, en grietas y otros sitios de difícil acceso) o como consecuencia de su uso inadecuado, como, por ejemplo, debido a una formulación errónea, almacenamiento inadecuado o aplicación en superficies húmedas, con la consiguiente dilución del compuesto a concentraciones que pueden ser subletales.
Es importante destacar que varios autores han descrito que la adaptación previa a algunos biocidas y compuestos activos, como el nitrito de sodio y el hipoclorito de sodio en E. coli, el cloruro de benzalconio en L. monocytogenes, el hipoclorito de sodio en S. aureus y S. Typhimurium, el etanol y la cloramina T en S. aureus, y el fosfato trisódico, ácido acético, hipoclorito de sodio y dos desinfectantes comerciales en C. jejuni, puede favorecer la formación de biopelículas (Buzón-Durán, Alonso-Calleja, Riesco-Peláez y Capita, 2017; Capita, Buzón-Durán, Riesco-Peláez y Alonso-Calleja, 2017; Ortiz, López y Martínez Suárez, 2014; Slany, Oppelt y Cincarova, 2017; Techaruvichit et al., 2016).
La modificación de los materiales utilizados en la industria alimentaria se ha revelado como un medio prometedor para prevenir la formación de biopelículas.
Dado que la formación de una biopelícula implica como primer paso la unión o adhesión de células planctónicas a una superficie sólida, si dicha superficie se modifica en cierta medida, por ejemplo, alterando su morfología o propiedades físico-químicas (hidrofobicidad, hidrofilicidad, carga eléctrica, etc.), la adhesión microbiana y, en consecuencia, el crecimiento y la maduración de la biopelícula pueden ser controlados.
La adherencia bacteriana a las superficies industriales se puede minimizar utilizando topografías controladas, como demostraron Hsu et al. (2013) empleando superficies de sílice y alúmina.
Los resultados obtenidos por estos autores evidenciaron que las células de E. coli, Listeria innocua y P. fluorescens cambiaban su morfología, incluyendo el número y tamaño de los apéndices celulares, dependiendo de la topografía a nanoescala del material de superficie.
De hecho, también se ha demostrado que las topografías a nanoescala de poros pequeños inhiben la unión dependiente de flagelos de E. coli a las superficies de alúmina (Feng et al., 2014).
Dado el importante efecto que la topografía y las propiedades físico-químicas de la superficie tienen en las etapas iniciales de la formación de biopelículas, varias iniciativas se han centrado recientemente en desarrollar recubrimientos que modifiquen dichas propiedades de superficie, reduciendo así la adhesión bacteriana y mejorando la efectividad de los métodos de limpieza y desinfección.
De este modo, se han desarrollado recubrimientos antiincrustantes efectivos en acero inoxidable usando distintos precursores u órgano-polímeros (Gkana, Doulgeraki, Chorianopoulos y Nychas, 2017; Gomes, Deschamps, Briandet y Mergulhão, 2018; Huang, Chen, Nugen y Goddard, 2016).
Incluso se ha demostrado la efectividad de estos recubrimientos en entornos reales utilizando intercambiadores de calor de placas con superficie modificada durante una sesión de pasteurización de leche de 17 horas (Jindal, Anand, Metzger y Amamcharla, 2018).
Aunque la mayoría de los estudios que prueban el potencial de los recubrimientos antiincrustantes se han centrado en las superficies de acero inoxidable, se han evaluado otros materiales, como el polietileno de baja densidad (Hüwe et al., 2018).
Además, en otras ocasiones, se han desarrollado recubrimientos superficiales que incorporan compuestos antimicrobianos que también han demostrado capacidad para prevenir la formación de biopelículas por varios patógenos transmitidos por los alimentos (Cossu, Si, Sun y Nitin, 2017; Fialho et al., 2018; Kim et al., 2017).
El desarrollo de nuevos agentes desinfectantes más efectivos, capaces de eliminar las biopelículas bacterianas de las superficies y equipos industriales, es un área de investigación prioritaria.
Debido a su capacidad para degradar las sustancias poliméricas que conforman la matriz extracelular de las biopelículas, los detergentes enzimáticos se consideran agentes innovadores respetuosos con el medio ambiente y útiles para facilitar la eliminación de biopelículas.
Como el ADN extracelular a538 es un componente habitual de la matriz de biopelículas microbianas, las enzimas con acción DNasa, solas o combinadas con otras estrategias de saneamiento, pueden facilitar la eliminación de las biopelículas, como se ha demostrado recientemente para C. jejuni (Brown, Hanman, Reuter, Betts y van Vliet, 2015) o L. monocytogenes (Nguyen y Burrows, 2014).
Además, las proteasas, como la proteinasa K (Nguyen y Burrows, 2014), las lipasas (Kiran, Lipton, Kennedy, Dobson y Selvin, 2014) o las enzimas que degradan carbohidratos, como la β-glucanasa y la α-amilasa (Araújo et al., 2017), por su actividad lítica sobre otros componentes de la matriz extracelular de las biopelículas, también se han propuesto como posibles candidatos para ser utilizados como herramientas de control.
El potencial del agua electrolizada, producida a través de la electrólisis de una solución acuosa de cloruro de sodio, como agente de limpieza y desinfección ha sido demostrado en varias ocasiones.
De hecho, se ha descrito que el agua electrolizada acidificada o ligeramente acidificada elimina eficazmente biopelículas de L. innocua, L. monocytogenes, Vibrio parahaemolyticus, E. coli y B. cereus (Han et al., 2017; Hussain, Kwon, Tango y Oh, 2018; Jeon, Kwon y Yoon, 2018).
Curiosamente, el agua neutra electrolizada también posee actividad anti-biopelícula (Moradi y Tajik, 2017) y se ha demostrado recientemente que el agua electrolizada básica tiene una mayor capacidad de dispersión de biopelículas de B. cereus que el agua electrolizada acidificada o ligeramente acidificada, aunque mostró una menor actividad bactericida contra células planctónicas (Hussain et al., 2018).
Las actividades de investigación también se están centrando en la identificación de nuevos compuestos antimicrobianos que puedan ser incluidos en nuevas formulaciones para su uso como desinfectantes sostenibles.
En particular, en los últimos años, una amplia gama de estudios han evaluado la efectividad de distintos compuestos de origen natural, incluidos varios aceites esenciales o extractos obtenidos de plantas, alimentos u otros productos derivados, para la inhibición de la formación de biopelículas o la eliminación de biopelículas ya existentes.
Algunos de estos nuevos compuestos y extractos ejercen un efecto bactericida directo sobre los microorganismos, mientras que otros muestran actividades indirectas de inhibición de biopelículas, relacionadas principalmente con la inhibición de sistemas de "quorum sensing" (Coughlan et al., 2016).
El lector puede encontrar más información relacionada con este campo de investigación en Ashraf et al. (2014).
También se han propuesto algunas nuevas tecnologías de inactivación microbiana como herramientas alternativas para el control de biopelículas en la industria alimentaria.
Entre ellas, los plasmas atmosféricos no térmicos han recibido una gran atención, ya que han demostrado una alta capacidad desinfectante contra biopelículas de un amplio espectro de microorganismos (Puligundla y Mok, 2017).
De hecho, los plasmas no térmicos han sido capaces de eliminar con éxito biopelículas formadas por Salmonella en vidrio (Niemira, Boyd y Sites, 2014), E. coli, L. monocytogenes y S. aureus en tereftalato de polietileno (Ziuzina, Boehm, Patil, Cullen y Bourke, 2015) y P. aeruginosa, Pseudomonas libanensis, Enterobacter cloacae, Kocuria carniphila, Staphylococcus epidermidis y B. subtilis en acero inoxidable (Mai-Prochnow, Clauson, Hong y Murphy, 2016).
Sin embargo, se debe prestar atención a los subproductos potencialmente tóxicos que pueden generar esas tecnologías en soluciones acuosas ricas en materia orgánica.
Además, otras tecnologías de descontaminación física de superficies, que se han desarrollado o investigado en los últimos años para la inactivación de microorganismos en biopelículas son los tratamientos fotodinámicos con luz a 405 nm (Mc-Kenzie et al., 2013) o luz ultravioleta pulsada (Montgomery y Banerjee, 2015), la ozonización de superficies (Nicholas, Dunton, Tatham y Fielding, 2013), o el tratamiento de superficies con ultrasonidos (Axelson et al., 2013) o dióxido de cloro gaseoso (Nam et al., 2014).
El uso de microorganismos vivos o sus metabolitos para la exclusión competitiva o la inactivación de microorganismos alterantes o patógenos en biopelículas es un campo que está recibiendo creciente atención.
Dentro de este campo, se está investigando la actividad anti-biopelícula de varias bacterias ácido-lácticas, principalmente productoras de bacteriocinas, y de diversos bacteriófagos.
Varios estudios han demostrado la capacidad de las bacteriocinas nisina, subtilomicina, lichenicidina, enterocina B3A-B3B, enterocina AS-48 y sonorensina, para inhibir la formación de biopelículas o eliminar biopelículas formadas por diferentes bacterias patógenas (Al-Seraih et al., 2017; Bolocan et al., 2017; Caballero Gómez, Abriouel, Grande, Pérez Pulido y Gálvez, 2013; Chopra, Singh, Kumar Jena y Sahoo, 2015; Field, O'Connor, Cotter, Ross y Hill, 2016).
Además, otros metabolitos bacterianos, como algunos surfactantes (Coronel-León, Marqués, Bastida y Manresa, 2016), endoglicosidasas (Yu et al., 2015) y ácidos grasos insaturados (Sepehr, Rahmani-Badi, Babaie-Naiej y Soudi, 2014) se han aplicado con éxito para evitar la formación de biopelículas, y algunos microorganismos incluso han demostrado capacidad para inhibir los sis-a538 temas de "quorum sensing" de otros microorganismos competidores (Coughlan et al., 2016).
No obstante, en lugar de purificar y usar estos metabolitos secundarios como moléculas inhibidoras de biopelículas, varios autores han evaluado la utilización directa de aquellos microorganismos inocuos que los producen como una estrategia de control de biopelículas en la industria alimentaria (Kim, Bang, Kim, Beuchat y Ryu, 2013; Son, Park, Beuchat, Kim y Ryu, 2016).
En este sentido, un ensayo de exclusión competitiva demostró que la colonización de los desagües de una planta de procesado de carne de pollo por cepas de L. lactis y Enterococcus durans reducía la persistencia de L. monocytogenes en los mismos (Zhao et al., 2013).
Asimismo, se ha demostrado que las biopelículas naturales presentes en los estantes de madera utilizados en la maduración del queso francés "Reblochon de Savoie" previenen el crecimiento de L. monocytogenes (Mariani et al., 2011), y que el desarrollo de biopelículas de L. lactis subsp. cremoris en las cubas de madera utilizadas para la producción del queso DOP Vastedda della valle del Belice permite la reducción de la diversidad microbiana y estabiliza los atributos sensoriales de los quesos producidos (Gaglio et al., 2016).
Debido a su elevada especificidad, los bacteriófagos han sido reconocidos como herramientas adecuadas para eliminar biopelículas formadas por un determinado microorganismo alterante o patógeno (Gutiérrez, Rodríguez-Rubio, Martínez, Rodríguez y García, 2016).
Así, varios estudios han pretendido en la última década identificar nuevos bacteriófagos efectivos en la eliminación de biopelículas de los principales patógenos transmitidos por los alimentos, y, de hecho, algunos fagos han sido postulados como agentes de control biológico contra las biopelículas de Cronobacter sakazakii, E. coli, S. aureus, Salmonella spp. y L. monocytogenes (Chaitiemwong et al., 2014; Endersen et al., 2017; González et al., 2017; Sadekuzzaman, Yang, Mizan y Ha, 2017; Shafique, Alvi, Abbas y ur Rehman, 2017).
Además, algunas enzimas líticas derivadas de fagos, como las endolisinas, también han demostrado actividad contra las biopelículas bacterianas (Gutiérrez, Ruas-Madiedo, Martínez, Rodríguez y García, 2014).
Las biopelículas representan una fuente de contaminación cruzada de alimentos por microorganismos alterantes y patógenos, y por ello han recibido una gran atención, con actividades de investigación centradas principalmente en la comprensión de los factores bióticos y abióticos que influyen en la formación y maduración de las biopelículas, y en la identificación, desarrollo y validación de estrategias novedosas para su control.
Sin embargo, la mayoría de estas actividades de investigación se basan en modelos de biopelículas in vitro, normalmente en monoespecie o en modelos duales, que utilizan cepas domesticadas de dos especies diferentes, habitualmente pertenecientes a los grupos patógenos de transmisión alimentaria más relevantes.
Sin embargo, poco se sabe acerca de la ecología y estructura de biopelículas formadas en entornos reales, en superficies y equipos de trabajo en plantas de procesado de alimentos.
El desarrollo de herramientas novedosas para la evaluación de comunidades microbianas complejas, basadas principalmente en el análisis por secuenciación masiva de muestras de ADN obtenidas de nichos ambientales concretos, puede revolucionar el estudio de los biofilms en la industria alimentaria, ya que permitirá la caracterización in situ de biopelículas silvestres en las propias instalaciones de procesado de alimentos.
En este sentido, la introducción temprana de medidas de control se verá facilitada por la disponibilidad de prototipos de secuenciadores miniaturizados, con potencial para ser utilizados in situ, generando resultados en tiempo real (Benítez-Páez y Sanz, 2017) que, en combinación con las mejoras en las metodologías disponibles para la recuperación completa de las células asociadas a biopelículas en planes de muestreo de superficies y equipos, y con el desarrollo de nuevas bases de datos de genes relacionados con la formación de biopelículas y la persistencia microbiana, permitirán el diagnóstico y la caracterización en tiempo real de comunidades microbianas asociadas a biopelículas silvestres.
Uno de los principales desafíos existentes que la comunidad científica necesita abordar es el desarrollo de nuevas herramientas capaces de prevenir la formación de biopelículas o eliminar las existentes de una manera efectiva, evitando la aparición de resistencias.
Las actividades en este sentido se centran actualmente en múltiples frentes, desde la identificación o el descubrimiento de nuevos antimicrobianos para ser incluidos en las nuevas formulaciones de biocidas, hasta el diseño de estrategias de descontaminación física efectivas en la inactivación de células asociadas con biopelículas en materiales en contacto con alimentos o el desarrollo de nuevos agentes de biocontrol que explotan las interacciones microbianas para atacar específicamente las biopelículas formadas por microorganismos peligrosos, sin presentar efectos antimicrobianos sobre las biopelículas formadas por microorganismos potencialmente beneficiosos.
No obstante, es de prever que no será posible encontrar una "bala de plata" y que se necesitarán enfoques combinados, donde los agentes de control recientemente desarrollados se utilicen de manera inteligente en sinergia con metodologías de desinfección convencionales, para garantizar la eliminación de aquellos microorganismos peligrosos que colonizan de manera persistente los ambientes de procesado de alimentos. |
RESUMEN: Los principales patógenos víricos que podemos adquirir ingiriendo alimentos contaminados son los norovirus, el virus de la hepatitis A y el virus de la hepatitis E que se propagan principalmente a través de la vía fecal oral.
En los últimos años, la incidencia de brotes de transmisión alimentaria causados por estos patógenos ha experimentado un aumento considerable, en parte debido al comercio globalizado y a los cambios en los hábitos de consumo.
Las matrices alimentarias que mayor riesgo representan para el consumidor son los moluscos bivalvos, vegetales de IV gama, frutas tipo baya y platos listos para comer.
Actualmente las técnicas moleculares son las más habituales para la detección de estos patógenos en alimentos, aunque todavía existen dudas acerca del significado de la presencia de estos genomas víricos en términos de seguridad alimentaria.
La infectividad de estos patógenos en alimentos viene también determinada por su elevada persistencia ambiental y por su resistencia a los tratamientos aplicados para la conservación de los alimentos.
Los virus de transmisión alimentaria, o virus entéricos, se encuentran entre los principales riesgos sanitarios asociados al consumo de alimentos, y por ende repercuten en la seguridad alimentaria.
Recientemente la organización mundial de la salud ha elaborado un informe según el cual anualmente se producen 120 millones de casos de gastroenteritis causada por norovirus humanos (NoV) (véase World Health Organization).
Los virus entéricos son responsables de diversas patologías: desde gastroenteritis, normalmente leves, hasta patologías más graves como hepatitis agudas, miocarditis o incluso meningitis o encefalitis aséptica.
En los últimos años, se ha producido un aumento en el número de brotes de transmisión alimentaria causados por estos patógenos.
Esto supone un importante problema de salud pública, ocasionando graves complicaciones sanitarias en algunos grupos de población, como personas inmunodeprimidas o ancianos, además de tener importantes repercusiones económicas.
Los virus que más preocupan hoy en día en el ámbito de la seguridad alimentaria son los NoV, el virus de la hepatitis A (VHA), y más recientemente el virus de la hepatitis E (VHE) que causan cuadros de hepatitis agudas, y este último en algunos casos puede llegar a evolucionar hasta hepatitis crónica.
Además, las embarazadas con hepatitis E, presentan mayor riesgo de insuficiencia hepática aguda y de muerte propia y del feto.
En el tercer trimestre del embarazo se han registrado tasas de letalidad de hasta un 20-25%.
Otros virus causantes de gastroenteritis como los sapovirus, rotavirus, adenovirus, astrovirus, Aichi virus, parvovirus y picobirnavirus han sido esporádicamente asociados al consumo de alimentos contaminados.
Según los últimos datos publicados en Estados Unidos y en Europa, los NoV son los responsables etiológicos del 36 % y 7,8 % de los brotes de transmisión alimentaria, y se sitúan entre los cinco patógenos responsables de las enfermedades de transmisión alimentaria que suponen un mayor coste económico (EFSA and ECDC, 2018).
En Europa, en el periodo 2017-2018 el sistema de alerta rápida para alimentos y piensos ha informado de 86 alertas de contaminación por virus entéricos [URL]. eu/rasff-window/portal/?event=SearchForm&cleanS earch=1), 81 (94%) de ellas causadas por NoV y 5 (6%) por VHA.
Los alimentos involucrados han sido mayoritariamente los moluscos bivalvos (73%), junto con los frutos rojos (23%) y las hortalizas (4%).
Los virus entéricos son transmitidos principalmente por la vía fecal-oral y, por tanto, pueden estar potencialmente presentes en alimentos que hayan sufrido contaminación directa con materia fecal, o a través de aguas contaminadas.
Los principales alimentos involucrados en infecciones víricas transmitidas por alimentos son los moluscos bivalvos, las verduras y ensaladas, las frutas tipo baya, así como también los alimentos preparados y listos para su consumo que hayan sido contaminados por manipulación incorrecta después de su preparación o cocinado.
Por otra parte, recientemente se ha demostrado un aumento de la incidencia de casos de hepatitis E asociados al consumo de carne cruda o poco cocinada de cerdo y jabalí procedente de animales infectados (Kupferschmidt, 2016).
La importancia de los virus entéricos en el campo de la seguridad alimentaria se pone de manifiesto por el interés mostrado por distintos organismos internacionales.
Entre ellos destaca la comisión del Codex Alimentarius, que publicó un documento sobre la importancia de los virus de transmisión alimentaria.
En dicho documento se pone de manifiesto la importancia de desarrollar ciertos aspectos científicos y técnicos con la finalidad de reducir las infecciones víricas transmitidas por los alimentos.
En el plan estratégico a seguir se menciona la necesidad de desarrollar métodos rápidos de diagnóstico, estudios para establecer la correlación entre infectividad y detección molecular, y finalmente estudios sobre la efectividad de los procesados alimentarios para la inactivación de virus entéricos (CX/FH 08/40/9).
En este sentido, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) también ha publicado diversas directrices sobre la relevancia y el control de virus en alimentos; en línea con las directrices sobre principios generales de higiene para el control de virus en alimentos (CX/FH 10/42/5) elaboradas por la comisión Codex.
En estos documentos se subraya que el control de los riesgos en alimentos debe empezar durante la producción agrícola o animal y continuar durante toda la cadena alimentaria ("de la granja a la mesa").
En este aspecto, los virus de transmisión alimentaria requieren especial atención debido a que se comportan de manera diferente a los patógenos bacterianos, y a que las medidas de control implementadas actualmente en la industria alimentaria no han sido evaluadas o no son efectivas para la inactivación de virus entéricos.
En el campo de la seguridad microbiológica de los alimentos es necesario, por tanto, conocer el riesgo real que supone la presencia de los virus entéricos en los alimentos, así como aquellas condiciones que garanticen la seguridad microbiológica del alimento.
INACTIVACIÓN DE VIRUS EN ALIMENTOS
Para poder controlar la contaminación vírica de alimentos, es necesario el desarrollo de metodologías que permitan determinar la reducción de virus infecciosos presentes en alimentos después de aplicar tratamientos de conservación.
Este hecho pasa por el uso de cultivos celulares o modelos animales, lo cual restringe mucho el rango de virus a estudiar.
Esto es especialmente importante para los NoV y las cepas silvestres del VHA y del VHE, que no replican fácilmente en cultivos celulares y por ende dificultan los estudios de inactivación.
Por ello, el uso de cepas adaptadas a cultivo celular o virus sustitutos, como el calicivirus felino (FCV), el norovirus murino (MNV) y el virus Tulane, se han utilizado de forma extensiva para este tipo de estudios.
Para realizar este tipo de trabajos, de manera general, se llevan a cabo ensayos donde se inoculan concentraciones conocidas de virus en la muestra, observando la reducción de dicha concentración después del tratamiento.
Eficacia de los tratamientos de conservación utilizados por la industria alimentaria
Los virus entéricos son generalmente muy resistentes a las condiciones ambientales y a los tratamientos de conservación, y pueden persistir durante largos periodos de tiempo como partículas infecciosas en alimentos más allá de la vida útil del alimento.
Los tratamientos de conservación utilizados por la industria alimentaria pueden inactivar a los virus entéricos, pero existen diferencias entre un virus y otro en cuanto a su resistencia a estos procesos.
Además, las características intrínsecas de la matriz alimentaria, así como la presencia de materia orgánica, también influyen en el grado de resistencia a los tratamientos (Randazzo, D'Souza y Sanchez, 2018; Sánchez, 2015).
La eficacia de los tratamientos de inactivación tanto químicos como térmicos, como la esterilización, el escaldado o la pasteurización, sobre la infectividad de los virus entéricos varía dependiendo de la matriz alimentaria y del (sub)tipo del virus.
Evidencias de la respuesta virus -y genogrupo-dependiente a inactivaciones mediante alcoholes y cloro han sido confirmadas utilizando un novedoso sistema de replicación en cultivo de NoV (Costantini et al., 2018).
Este estudio demuestra que tratamientos con 70% de etanol e isopropanol durante cinco minutos no son suficientes para inactivar NoV genogrupo II (GII), mientras que tratamientos con concentraciones por encima de 50 ppm de cloro consiguen inactivar por completo NoV GII.
Diferentes estudios en moluscos bivalvos indican que son necesarias grados de cocción en que se garantice una temperatura interna de 90 oC durante un minuto y medio para inactivar completamente los virus entéricos.
Sin embargo, los tratamientos térmicos más suaves, como pueden ser la cocción al vapor o a la parrilla de moluscos bivalvos y verduras, no son adecuados para inactivar completamente a estos patógenos (Randazzo, D'Souza y Sanchez, 2018).
En productos cárnicos, diversos estudios han demostrado que el VHE se mantiene infeccioso después de un tratamiento de una hora a 56o C, y que hay que aplicar temperaturas de cocción de 71o C durante veinte minutos para inactivarlo.
Desde un punto de vista práctico, se ha establecido que la carne hervida a 191o C durante cinco minutos (asegurando una temperatura interna de 71o C) inactiva completamente al VHE (Ricci et al., 2017)).
Por otro lado, diversos estudios demuestran que tratamientos a menor temperatura pero más prolongados en el tiempo son más eficaces que tratamientos a altas temperaturas pero con tiempos cortos de exposición, por lo que los procesos convencionales de pasteurización parecerían ser más efectivos que los de pasteurización relámpago.
Mucho menos efectivos resultan los tratamientos convencionales no térmicos, como la depuración de moluscos bivalvos o el lavado de vegetales y bayas.
Por ejemplo, la depuración de mejillones durante siete días solo reduce la infectividad de HAV en 1,5 órdenes logarítmicos, mientras que después de veinte días de depuración se seguían detectando NoV infecciosos (Randazzo, D'Souza y Sanchez, 2018; Sánchez, 2015).
Por otra parte, el lavado de alimentos resulta bastante ineficaz ya que el tratamiento es dependiente tanto de la superficie del alimento como de la localización de la contaminación en el mismo, siendo demostrada la internalización de virus entéricos en distintas hortalizas (DiCaprio, Ma, Purgianto, Hughes y Li, 2012).
La aplicación de nuevas tecnologías alternativas como las altas presiones han demostrado ser eficaces para la inactivación de virus entéricos a presiones por encima de los 400 MPa, que por otro lado afectan significativamente a la calidad organoléptica de los productos procesados (Randazzo, D'Souza y Sanchez, 2018; Sánchez, 2015).
Para garantizar la calidad de los alimentos, alargar su vida útil y dar respuesta a una demanda cada vez mayor de productos más naturales, la industria alimentaria busca alternativas al uso de aditivos químicos.
Los compuestos naturales han ganado un gran interés no solo por parte de los consumidores, sino también a539 de investigadores y de la industria alimentaria debido a que son compuestos GRAS (generally recognized as safe), y a que el crecimiento del denominado "consumo verde" estimula su uso representando una alternativa natural y barata frente a los aditivos químicos.
Numerosos compuestos bioactivos naturales, aceites esenciales, extractos de plantas y algas, han sido evaluados frente a distintos virus entéricos, mostrando un gran potencial virucida (Randazzo, D'Souza y Sanchez 2018; Sánchez, 2015).
Debido al gran potencial de estos compuestos naturales, se están llevando a cabo investigaciones sobre su potencial uso en la industria alimentaria (véase tabla 1).
Así pues, el lavado de diferentes vegetales con extractos de aloe vera, semillas de uva, té verde, carvacrol u otros aceites esenciales han sido capaces de reducir la presencia de virus entéricos en la superficie de algunos vegetales.
La desinfección de superficies de contacto alimentario es importante ya que es una de las vías más frecuentes de contaminación cruzada; por eso el extracto de té verde o de semilla de uva han sido aplicados como desinfectantes naturales en superficies de acero, cristal o plástico mostrando una eficacia de hasta el 99% en la reducción de la infectividad del MNV y VHA (Li et al., 2012; Randazzo, Falcó, Aznar y Sánchez, 2017).
Una de las aplicaciones más novedosas de estos compuestos es su incorporación en polímeros para su uso como envases y recubrimientos antimicrobia-nos (Randazzo, Fabra, Falcó, López-Rubio y Sánchez, 2018).
Este tipo de aplicaciones se ha evaluado principalmente frente a bacterias y hongos, pero muy pocos estudios han evaluado su eficacia frente a virus entéricos.
El cinamaldehído, el extracto de té verde y el de semilla de uva son algunos de los compuestos naturales incorporados en biopolímeros y que han resultado ser muy efectivos para la inactivación de virus entéricos (Amankwaah, 2013; Fabra et al., 2016; Falcó et al., 2018; Falcó, Randazzo, Rodríguez-Díaz et al., 2019; Randazzo, Fabra, Falcó, López-Rubio. y Sánchez, 2018).
El extracto de té verde también ha sido incorporado a matrices de alginato y carragenatos para ser aplicado como recubrimiento comestible en frutas susceptibles de sufrir contaminación vírica como son fresas, frambuesas o arándanos (Falcó, Randazzo, Sánchez et al., 2019; Falcó, Randazzo, Sánchez, López-Rubio y Fabra, 2019).
Asimismo, el potencial virucida del extracto de té verde o de semillas de uva ha sido evaluado in vitro en modelos alimentarios y bajo condiciones gástricas (Joshi, Su y D'Souza, 2015).
Aunque se trata de estudios preliminares, estos prometedores resultados podrían ser el inicio de la formulación de nutracéuticos o alimentos funcionales con propiedades antivirales que incorporen estos compuestos en su formulación, asegurando entre otras cosas la salud de los consumidores.
Uso de compuestos naturales en diferentes aplicaciones industriales para el control de virus entéricos a539
MÉTODOS PARA LA DETECCIÓN DE VIRUS EN ALIMENTOS
La detección de virus entéricos es especialmente compleja ya que la mayoría de estos patógenos no replican fácilmente en cultivos celulares, en general se encuentran en concentraciones muy bajas, la contaminación vírica no es uniforme y los virus entéricos pueden encontrarse internalizados en verduras de hoja.
La detección de virus en alimentos se ha visto incrementada exponencialmente en los últimos años, estableciéndose métodos de detección basados en técnicas moleculares, principalmente RT-qPCR cuya normalización (ISO 15216-1:2017 e ISO/TS 15216-2:2013) y validación (Lowther et al., 2019) en determinadas matrices (agua embotellada, superficie de alimentos, moluscos bivalvos, frutos rojos y verduras de hoja verde) han sido recientemente publicadas para NoV GI y GII, y VHA.
Desafortunadamente, hasta la fecha no existen métodos estandarizados para la detección y cuantificación del VHE en muestras de alimentos, a pesar de ser una de las prioridades establecidas recientemente por la agencia europea de seguridad alimentaria (Ricci et al., 2017).
El análisis de virus en alimentos consiste en una etapa inicial de separación de los virus de la matriz alimentaria, seguida de la concentración de virus y purificación, diseñada para reducir el volumen de muestra y eliminar algunos de los compuestos de la matriz mientras que simultáneamente se recupera la mayor parte de los virus contaminantes (Bosch et al., 2011).
Posteriormente se realiza la extracción de ácidos nucleicos, y detección y cuantificación mediante RT-qPCR.
Alternativamente la PCR digital, que no depende de materiales de referencia o estándares para la cuantificación de la muestra, se ha empezado a utilizar en el campo de la virología de alimentos (Fraisse et al., 2017; Persson, Eriksson, Lowther, Ellström y Simonsson, 2018; Varela, Monteiro, Rivadulla, Santos y Romalde, 2018).
La metodología descrita en las ISO 15216-1:2017 e ISO/TS 15216-2:2013 incluye diversos controles para evaluar la presencia de inhibidores y determinar la eficacia del proceso de extracción mediante el uso de un control de proceso, generalmente el mengovirus.
Todo ello hace que el análisis de virus en alimentos tenga un coste económico elevado.
A pesar de esto, el método ISO se está utilizando en laboratorios de control de aguas y alimentos; y actualmente diversos laboratorios nacionales han acreditado estos procedimientos por la entidad nacional de acreditación (ENAC).
Además, en los últimos años estos procedimientos están siendo utilizados a nivel fronterizo para la inspección de alimentos de riesgo por contaminación vírica aunque a día de hoy no hay legislación que regule los niveles permitidos de virus en alimentos.
En esta línea la EFSA ha organizado un estudio para determinar los niveles de NoV en moluscos bivalvos con el fin de poder establecer los límites permitidos para norovirus (EFSA, 2019).
Por otro lado, estos métodos son rápidos, sensibles y altamente específicos, pero al detectar genomas no son capaces de diferenciar entre virus infecciosos y no infecciosos, y ello dificulta enormemente la interpretación de un resultado positivo en términos de análisis de riesgo.
Con el fin de obtener una mejor correlación entre la detección por RT-qPCR y la infectividad de la muestra se han investigado distintas aproximaciones: i) recuperación de NoV potencialmente infecciosos unidos selectivamente a mucina gástrica porcina; ii) tratamientos con nucleasas y enzimas proteolíticas antes de la extracción para eliminar cualquier señal de cápsides dañadas; iii) PCR de fragmentos largos; iv) tratamientos con reactivos de viabilidad, ya sea con un paso de fotoactivación (por ejemplo, propidio y etidio de monoazida, PMA o EMA) o sin fotoactivación (por ejemplo, compuestos de platino y paladio).
Esta última aproximación, la PCR de viabilidad, se ha descrito para distintos virus entéricos inactivados por calor, tratamiento con cloro, luz ultravioleta o altas presiones (véase tabla 2), y en los últimos años se han utilizado para la detección de estos patógenos en muestras de contaminación natural, principalmente en muestras de agua residual, superficial o embotellada y en ostras (Fuster et al., 2016; López-Gálvez et al., 2018; Prevost et al., 2016; Randazzo, Khezri et al., 2018; Randazzo, Vasquez-García, Aznar y Sánchez, 2018).
Aunque los pretratamientos con reactivos de viabilidad reflejan mejor los patrones de inactivación vírica, la correlación con la infectividad sigue sin ser absoluta, dependiendo del virus o del tratamiento de inactivación aplicado.
A pesar de ello, incorporar estas metodologías en los análisis de rutina permitirá una cuantificación más precisa de los virus infecciosos presentes en los alimentos, constituyendo una herramienta muy útil para la evaluación de riesgos.
NUEVAS HERRAMIENTAS MOLECULARES PARA EL ESTUDIO DE VIRUS EN ALIMENTOS
En la última década se ha extendido el uso de tecnologías de secuenciación masiva para el estudio de la diversidad vírica, o estudio de viromas.
Los estudios metagenómicos pueden utilizarse para el control tanto de los ambientes relacionados con la producción de alimentos (industria alimentaria, acuicultura...), como para el control de los propios alimentos y de los posibles brotes producidos por su consumo que nos per-a539 mitirían conocer tanto las posibles cepas responsables de brotes como las tendencias en la aparición de determinados virus y la detección de nuevos virus emergentes (Nieuwenhuijse y Koopmans, 2017).
El uso de la secuenciación masiva en el estudio de brotes víricos relacionados con el consumo de agua y alimentos permite, además, la detección de todos los virus mediante un único protocolo y proporciona información adicional para el trazado epidemiológico.
Su uso en la cadena de producción alimentaria también presenta un gran potencial, debido a la elevada sensibilidad y rango de detección (Aarestrup et al., 2012).
En la tabla 3 se resumen los diferentes estudios de metagenómi-ca vírica en alimentos que se han realizado hasta la fecha.
Algunos de ellos se han dirigido únicamente a la secuenciación de virus de ADN (Park et al., 2011) o ARN (Yang et al., 2017), mientras que otros han analizado la presencia de virus con ambos tipos de material genético (Aw, Wengert y Rose, 2016; Bartsch, Höper, Mäde y Johne, 2018; Fernandez-Cassi et al., 2017).
Sin embargo, las técnicas de secuenciación masiva todavía presentan ciertas dificultades relacionadas con la preparación y secuenciación de las muestras, el análisis de los datos y la interpretación de los mismos (Nieuwenhuijse y Koopmans, 2017).
El principal Tabla 2.
PCR de viabilidad para la detección de virus potencialmente infecciosos a539 problema a la hora de preparar una muestra para el análisis del viroma reside en la necesidad de reducir el material genético de la porción no vírica de la muestra.
En la actualidad, diferentes aproximaciones están siendo evaluadas para obtener una mayor purificación del material genético vírico, tales como el uso de diferentes protocolos de extracción (Conceição-Neto et al., 2015; Cotten et al., 2014) o el uso de sondas para capturar virus (Briese et al., 2015).
La elección de la plataforma de secuenciación también supone un problema en la estandarización de los estudios de metagenómica de virus.
La elección de dicha plataforma debe realizarse teniendo en cuenta tanto el coste por nucleótido como el número de secuencias y el tamaño de estas.
Una vez obtenidas las secuencias, el siguiente aspecto que hay que tener en cuenta es el análisis de los resultados.
En este aspecto, tanto la infraestructura necesaria como el uso de un determinado programa de ensamblaje y la asignación de las secuencias suponen un problema en estos estudios.
Por un lado, el análisis del elevado número de secuencias que proporcionan las técnicas de secuenciación masiva supone una fuerte inversión económica.
Además, este análisis requiere personal especializado que sepa manejar diferentes programas y plataformas informáticas.
Por último, la asignación de estos metagenomas a un determinado grupo vírico depende de las bases de datos utilizadas.
En este aspecto, el mayor problema reside en la presencia de secuencias mal anotadas en algunas bases de datos o en que estas bases de datos están incompletas.
Es por ello que la anotación de los metagenomas quedará supeditada al uso de la base de datos, teniendo que elegir entre bases de datos pequeñas y de alta calidad que proporcionen un menor número de resultados, o grandes bases de datos pero de menor calidad que proporcionarán un mayor número de resultados.
Por ello, el uso de estos resultados debe realizarse con discreción cuando sean utilizados para aplicaciones de vigilancia y diagnóstico (Nieuwenhuijse y Koopmans, 2017).
Además, los resultados obtenidos deben interpretarse teniendo en cuenta tanto el contenido vírico típico de la muestra de estudio como la capacidad infectiva del mismo, ya que la presencia de un fragmento de determinado genoma vírico no siempre implica la capacidad de infección del mismo.
Todos estos aspectos técnicos evidencian la necesidad de mejorar y estandarizar los métodos utilizados en los estudios víricos mediante secuenciación masiva. |
Las micotoxinas son metabolitos fúngicos secundarios que pueden ejercer un efecto tóxico tanto en el hombre como en los animales debido, principalmente, a su exposición a través de los alimentos.
La presencia de estos compuestos ha sido demostrada en una amplia variedad de materias primas, alimentos y piensos, en los que lo habitual es encontrar de forma frecuente una contaminación múltiple por diferentes micotoxinas, en pequeñas cantidades, lo que puede generar efectos tóxicos subcrónicos, así como bioacumulación.
Este artículo revisa los principales elementos que configuran la problemática de las micotoxinas para el hombre y los animales, y aborda los retos de futuro que se plantean en el estudio de las micotoxinas, entre los que destacan el efecto que el cambio climático puede tener sobre el patrón de contaminación por micotoxinas en los alimentos, el descubrimiento creciente de nuevas micotoxinas en formas modificadas, la evaluación de la coexistencia de estas toxinas y otros contaminantes, y las formas para detectar e intentar eliminar estos compuestos tóxicos de los alimentos.
La industria alimentaria emplea frecuentemente mohos filamentosos en la fabricación de diferentes tipos de alimentos, como es el caso del queso roquefort o el de los embutidos crudos curados, pero, por otra parte, este mismo tipo de microorganismos son contaminantes habituales de ciertos tipos de alimentos, en los que, si las condiciones son las adecuadas, pueden llegar a producir toxinas, a las que denominamos micotoxinas.
Este artículo explica cuáles son las características principales de estos metabolitos tóxicos y expone cuáles son los retos a los que habrá de enfrentarse en este ámbito la industria alimentaria en un futuro cercano.
PERO ¿QUÉ SON LAS MICOTOXINAS?
Las micotoxinas son toxinas producidas principalmente por algunas especies de mohos pertenecientes a los géneros Aspergillus, Penicillium, Fusarium, Claviceps y Alternaria que contaminan alimentos como cereales, frutas y frutos secos, semillas oleaginosas, especias y piensos.
Estos compuestos son metabolitos fúngicos secundarios que están clasificados como peligros químicos de origen biológico, y se ha demostrado que pueden causar daños a la salud de las personas y de los animales.
El término empleado para definir la intoxicación por estas toxinas es el de micotoxicosis, y sus efectos nocivos pueden ser originados tanto si se inhalan como si entran en contacto directo con el organismo o son ingeridos con los alimentos contaminados.
No se trata de un riesgo nuevo.
Los primeros datos documentados de estas intoxicaciones datan de finales del primer milenio, y corresponden a la enfermedad conocida como Fuego de San Antonio, también conocido como ergotismo, enfermedad que afectó a un gran número de personas en Europa en la Edad Media.
Esta intoxicación es causada por el consumo de centeno contaminado con alcaloides producidos por Claviceps purpurea.
En épocas más recientes destaca la muerte de más de 100.000 pavos ocurrida en el Reino Unido en 1960 cuando estos fueron alimentados con un pienso a base de harina de cacahuete procedente de Brasil que contenía metabolitos secundarios producidos por Aspergillus flavus, y que, posteriormente, fueron denominados aflatoxinas por estar producidos por esta especie fúngica.
Estas micotoxinas fueron los primeros compuestos identificados como tales.
Posteriormente, se han ido identificando otras toxinas producidas por diferentes especies fúngicas, y en la actualidad se conocen más de 300 micotoxinas, entre las que destacamos las aflatoxinas (AFs), la ocratoxina A (OTA), la patulina (PAT), la citrinina (CIT), los tricotecenos (TCTs) del tipo A como la toxina T-2 (T2) y la toxina HT-2 (HT2), los tricotecenos del tipo B como el deoxinivalenol (DON), el 3-acetildeoxinivalenol (3Ac-DON) y el 15-acetildeoxinivalenol (15Ac-DON), las fumonisinas (FBs), la zearalenona (ZEN), y los alcaloides ergóticos del cornezuelo de centeno (Marin, Ramos, Cano-Sancho y Sanchís, 2013).
La clasificación de las diferentes micotoxinas ha sido realizada de acuerdo a múltiples criterios, entre los que destacamos, entre otros, el género fúngico que la produce (micotoxinas de Aspergillus, de Penicillium, de Fusarium, de Alternaria...), la fase de formación en el alimento (micotoxinas de campo o precosecha, y de almacén o poscosecha), sus estructuras químicas (lactonas, cumarinas, sesquiterpenos...), el principal órgano o sistema al que afectan (hepatotoxinas, neurotoxinas, nefrotoxinas, inmunotoxinas..), los efectos que provocan (teratogénicas, mutagénicas, cancerígenas, alergénicas...) o sus orígenes biosintéticos (policétidos, derivados de aminoácidos...).
¿DÓNDE SE ENCUENTRAN LAS MICTOXINAS?
Las micotoxinas pueden aparecer a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde los cultivos en el campo hasta los alimentos procesados, pasando por piensos y alimentos crudos o sin procesar.
Su amplia presencia en alimentos y piensos produce importantes pérdidas económicas.
No obstante, los cereales, frutos secos, semillas oleaginosas, frutas deshidratadas, café, cacao, especias, y sus respectivos derivados, son los alimentos en los que con mayor frecuencia se han detectado concentraciones importantes de micotoxinas, lo que los hace no ser aptos para su consumo.
La tabla 1 muestra las micotoxinas más importantes desde el punto de vista económico y de seguridad alimentaria, con las principales especies fúngicas productoras y los alimentos afectados.
Una prueba de la importancia de esta contaminación es que la Food and Agriculture Organization (FAO) estimó que el 25% de las cosechas mundiales pueden verse afectadas por las micotoxinas, con pérdidas anuales de alrededor de un billón de toneladas de alimentos (véase Manual on the application of the HACCP system in mycotoxin prevention and control).
De hecho, hoy en día es el peligro con mayor número de notificaciones de rechazo en frontera y uno de los peligros con mayor número total de notificaciones declaradas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (véase The Rapid Alert System for Food and Feed).
La contaminación de los alimentos procesados por estas micotoxinas suele proceder mayoritariamente de la contaminación natural de sus materias primas o ingredientes, debido a que no suelen destruirse durante las diferentes etapas de elaboración.
Sin embargo, la contaminación de los alimentos de origen animal procede del consumo de piensos contaminados por parte de los animales de granja.
En este último caso se trata de una contaminación indirecta.
Esto explicaría que alimentos como pan, pasta, aperitivos, cereales de desayuno, café, vino, cerveza, zumos de manzana, compotas, leche, carne o huevos puedan ser una fuente de exposición a este peligro.
Hay que constatar que la coexistencia de varias micotoxinas en un mismo alimento es un hallazgo habitual.
Este hecho se fundamenta en que una misma especie fúngica puede producir varias micotoxinas, y que un mismo alimento puede estar contaminado por más de una especie fúngica.
Todo esto conlleva que, a pesar de que existan pocos trabajos que estudian esta copresencia en un mismo alimento, cuando se investiga es frecuente encontrar esta multicontaminación.
Smith, Madec, Coton y Hymery (2016) realizaron una revisión bibliográfica sobre trabajos publicados en revistas científicas en los que se describe esta copresencia y constataron que, en cereales y productos derivados, de las 127 combinaciones de micotoxinas descritas en la literatura científica, las más observadas fueron AFs+FBs, DON+ZEN, AFs+OTA y FBs+ZEN.
¿SON REALMENTE PELIGROSAS PARA EL HOMBRE?
No todas las micotoxinas son igualmente peligrosas.
La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado las micotoxinas en función de su relación con la producción de cáncer.
Por ejemplo, las cuatro aflatoxinas (AFs) principales (AFB1, AFB2, AFG1 y AFG2) pertenecen al grupo 1, esto es, micotoxinas de las que se han encontrado suficientes evidencias para asegurar su carcinogeneidad en humanos, especialmente debido a su relación con el carcinoma hepatocelular.
De hecho, la AFB1 es el agente cancerígeno de origen natural más potente conocido hasta la fecha.
Por su parte, la aflatoxina M 1 (AFM1), las FBs y la OTA se encuentran en el grupo 2B, lo que supone que existe una evidencia limitada de una asociación de estos compuestos con el cáncer en seres humanos (calificándose por ello como posiblemente carcinogénicos para humanos), mientras que la ZEN, el DON, las toxinas T2/HT2, la PAT y la CIT se clasifican en el grupo 3, con limitadas o insuficientes evidencias en animales (siendo por ello no clasificables como carcinogénicas para humanos) (Marin et al., 2013).
Los órganos afectados por los efectos tóxicos de las micotoxinas son muy variados, y es habitual que el efecto sea multiorgánico.
Por otra parte, desde hace tiempo se sabe que estos compuestos generan deficiencias en el funcionamiento del sistema inmune (Pestka y Bondy, 1990), provocando daños insidiosos más difíciles de evaluar, lo que hace que los individuos afectados se vean más expuestos a infecciones secundarias.
Los síntomas que una intoxicación por micotoxinas pueden comportar son extremadamente variados, lo que suele conllevar una dificultad añadida al diagnóstico de una micotoxicosis.
Así, dependen de factores como la especie afectada, la edad, el sexo, su estatus nutricional, etc. Generalizando, se podría decir que en el hombre o en los animales las AFs causan carcinogénesis, daño hepático agudo, cirrosis y teratogénesis, la OTA nefropatía, vómitos, teratogénesis, mutagénesis y embriotoxicidad, las FBs neurotoxicidad, nefrotoxicidad, edema pulmonar y cerebral, hepatotoxicidad y lesión cardiaca, la ZEN síndrome estrogénico y problemas reproductivos, la PAT trastornos gastrointestinales y neurológicos, temblores corporales y mutagenicidad, y el gran grupo de los TCTs toda una serie de síntomas complejos que incluyen rechazo del alimento, vómitos, diarrea, pérdida de atención, hemorragias, edemas, taquicardia, desórdenes sanguíneos, alteración del sistema nervioso, lesiones necróticas cutáneas o bucales, etc., aunque la aparición de cada uno de los síntomas anteriormente enumerados depende en gran medida de la especie animal afectada (Marin et al., 2013).
Hay que destacar que los casos de toxicidad aguda suelen estar más presentes en animales que en seres humanos, estando en este último caso ligados principalmente a condiciones socioeconómicas débiles, por deficiencias en el abastecimiento de alimentos o en el control de la seguridad alimentaria.
Se han descrito casos de brotes agudos de aflatoxicosis en humanos, como el que aconteció en Kenia en 2004 que originó 317 afectados, con un total de 125 fallecimientos (39,4% de mortalidad) (Lewis et al., 2005).
No obstante, tanto en animales como en seres humanos lo normal es la toxicidad crónica múltiple, es decir, la ingesta prolongada en el tiempo de dosis pequeñas de muchas micotoxinas de forma simultánea, aportadas por los diferentes componentes de la dieta.
Los efectos sinérgicos que las combinaciones de dichas toxinas pueden tener sobre la toxicidad final de estos compuestos es algo que aún está lejos de estar completamente comprendido y que puede condicionar en el futuro una revisión del marco legislativo.
¿QUÉ EFECTO EJERCEN EN LOS ANIMALES?
En el caso de los animales, e igual que ocurre con otros compuestos fisiológicamente activos, las micotoxinas son capaces de inducir efectos agudos y crónicos.
Generalizando, en las micotoxicosis agudas en animales se dan episodios de hepatitis, hemorragias, nefritis, necrosis del epitelio oral y entérico y muerte.
Las micotoxicosis crónicas acarrean una disminución de la productividad en forma de una tasa de crecimiento más lenta, una producción láctea reducida, una tasa de supervivencia inferior y una calidad inferior del animal en el mercado.
El consumo de niveles bajos de micotoxinas a través de los piensos, debido a la supresión en la respuesta inmune humoral, predispone al animal a padecer infecciones bacterianas, parasitarias y víricas (Koynarski et al., 2007; Stoev, Goundasheva, Mirtcheva y Mantle, 2000).
En términos generales, las micotoxinas, o sus metabolitos tóxicos, pueden ocasionar en los animales inmunosupresión, carcinogénesis, teratogénesis, y cuadros clínicos de hepatotoxicidad, nefrotoxicidad, mielotoxicidad, neurotoxicidad, toxicidad pulmonar y endocrina, siendo los mecanismos más importantes para la aparición de tales manifestaciones el estrés oxidativo, la genotoxicidad y ciertas enfermedades crónicas (Hope, 2013; Kolpin et al., 2014).
En los animales de granja se han descrito varios síndromes específicos relacionados con la exposición a algunos tricotecenos, ZEN o FBs.
Estos síndromes cursan con inapetencia, vómitos, anorexia, lesiones orales y gastrointestinales en el primer caso, con problemas reproductivos en el segundo y con leucoencefalomalacia equina y edema pulmonar porcino en el último.
Peces, conejos, pollos y cerdos son más sensibles a las micotoxicosis que los rumiantes (siendo el ganado bovino más sensible que el ovino o caprino), debido probablemente a la capacidad degradativa de las micotoxinas por parte de la microbiota ruminal.
La inmensa mayoría de los estudios en los que se ha visto cuáles son los efectos de las micotoxinas en la salud y en la productividad de los animales se centran en el efecto aislado de una única micotoxina, pero es interesante plantear que, si en alimentos para animales se ha dado una alta coincidencia de varias micotoxinas y sus metabolitos, no es descabellado suponer que los cuadros de micotoxicosis aparecerán por efecto de varias micotoxinas a la vez.
Cuando las micotoxinas afectan al crecimiento y a los niveles de producción, la rentabilidad también se ve alterada.
Sobre la base de un meta-análisis de la literatura científica realizado por Alltech Mycotoxin Management, se ha estimado el vínculo entre el riesgo de micotoxinas y la rentabilidad animal.
Poniendo como ejemplo el nivel promedio de riesgo de micotoxinas determinado en el informe de Alltech North America Harvest Analysis en 2015 y las ecuaciones de predicción derivadas de un resumen de varias publicaciones de investigación, los cerdos pueden tener una pérdida potencial de ganancia diaria de 6,8 gramos por día.
Esta pérdida de ganancia equivale a una disminución total de 3,4 kilogramos por cerdo durante un período de 140 días.
La rentabilidad de las aves de corral también puede verse afectada por las micotoxinas.
El aumento de peso se puede reducir en tres gramos por ave, mientras que en el caso de las gallinas de puesta se ha observado una reducción en cuatro huevos por ciclo productivo, y además el peso de los mismos también se ve reducido en término medio en 0,2 gramos por huevo.
Para las vacas lecheras, se ha estimado que tienen una pérdida en la producción de leche de 0,6 litros por vaca y día (véase "The costs of mycotoxins in animal production").
¿SON UN PROBLEMA EN ESPAÑA?
Durante los últimos veinte años se ha publicado un gran número de trabajos acerca de la presencia de micotoxinas en alimentos procedentes del mercado español.
Las muestras analizadas van desde alimentos de gran consumo, como cereales y derivados, leche y derivados y vino a alimentos de menor consumo, como especias, frutas secas, chufas y productos a base de manzana.
Las micotoxinas investigadas han sido también muy numerosas, analizando no solo las controladas por la legislación europea (AFs, PAT, OTA, FBs, DON, ZEN) sino también otras, como T2, HT2, nivalenol (NIV), diacetoxiscirpenol (DAS), alternariol (AOH), alternariol monometil éter (AME) y las denominadas micotoxinas emergentes (eniatinas y beauvericina).
En líneas generales, el porcentaje de muestras contaminadas por micotoxinas es elevado pero la contaminación encontrada no supera los límites establecidos por la legislación europea (si la hay).
La mayoría de estos estudios realizan un cálculo de la ingesta de estas micotoxinas por parte de la población de nuestro país, no superando la Ingesta Diaria Tolerable (IDT o TDI) propuesta por la UE.
Por el contrario, la contaminación por micotoxinas, principalmente, DON, ZEN y FBs en materias primas destinadas para alimentación animal, así como en el propio pienso, es impor-a540 tante (Castella, Bragulat y Cabañes, 1999; Griessler, Rodrigues, Handl y Hofstetter, 2010), pero en la UE no existen niveles máximos permitidos de micotoxinas para este material, excepto en el caso de la AFB1.
En relación con la exposición humana a las micotoxinas, es de destacar el estudio de dieta total realizado por nuestro grupo para la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (ACSA) durante el periodo 2008-2009(Cano-Sancho, Marín, Ramos y Sanchís, 2014).
El diseño del estudio se basó en la combinación de los datos de consumo de alimentos con los datos de contaminación de los mismos por las micotoxinas objeto del estudio (AFs, OTA, PAT, FBs, ZEN, DON, T2 y HT2).
Los primeros datos se obtuvieron de un estudio diseñado y desarrollado específicamente para evaluar la ingesta de los principales alimentos relacionados con las micotoxinas por parte de 1.387 individuos residentes en Cataluña pertenecientes a todos los grupos de edad.
Los datos de contaminación se obtuvieron de un amplio estudio en el cual se determinaron los niveles de las micotoxinas en los principales alimentos que podían estar contaminados de acuerdo a la bibliografía.
El número total de muestras fue de 3.447, adquiridas en establecimientos comerciales de las doce ciudades con mayor población de la comunidad, lo que representa el 72% de la población total de la misma.
En estas poblaciones se seleccionaron seis establecimientos y en cada uno de ellos se adquirieron tres productos de cada una de las categorías seleccionadas.
Paralelamente, se realizó un estudio de biomarcadores de OTA, DON y FBs en muestras de sangre y orina de voluntarios sanos.
Las conclusiones más importantes de este estudio fueron: a) la presencia de micotoxinas en los alimentos procedentes del mercado es, en general, baja.
Las micotoxinas encontradas con mayor frecuencia son el DON, las FBs y la OTA; b) los niveles de concentración encontrados en los alimentos se están por debajo del límite establecido por la Comisión Europea; c) los grupos de población más expuestos son los bebés, los niños y el colectivo de inmigrantes, y d) en todos los casos, los niveles de exposición a estas micotoxinas se encuentran dentro de los límites de seguridad.
Como hemos explicado, la contaminación por micotoxinas en los alimentos, aunque en niveles bajos, es elevada, contaminación que ha de sumarse a la presencia de otros compuestos químicos que pueden estar igualmente presentes, como pesticidas, metales pesados, etc. En estos momentos hay muy poco descrito sobre las posibles interacciones sinérgicas que pueda haber entre todos estos tipos de contaminantes, estudios que se enmarcarían dentro de un concepto más amplio denominado exposoma (Marín, Cano-Sancho, Sanchís y Ramos, 2018).
¿CUÁLES SON LOS RETOS DE FUTURO EN ESTE CAMPO?
Aunque muchos pueden ser los temas que van a mover la investigación en un futuro cercano en el campo de las micotoxinas, hay tres aspectos que consideramos clave para el desarrollo de este campo: la relación entre las micotoxinas y el cambio climático, la determinación de la contaminación de los alimentos por micotoxinas modificadas, y el estudio de las interacciones entre las micotoxinas y otros contaminantes concurrentes en un mismo alimento (exposoma).
En adelante trataremos estos tres aspectos con más detalle.
El clima afecta profundamente al crecimiento, distribución, y producción de micotoxinas por parte de los mohos.
Por ello, el cambio climático puede potencialmente hacer variar el riesgo que los mohos micotoxigénicos suponen para la seguridad alimentaria (Medina, González-Jartin y Sainz, 2017).
La aparición de nuevas combinaciones micotoxina-cultivo es preocupante y señala la posibilidad de aparición de nuevos genotipos fúngicos, más agresivos y con diferente potencial micotoxigénico.
Hasta 2004 la perspectiva europea sobre la contaminación por AFs se limitaba solo a los alimentos importados.
Varias encuestas realizadas antes de esa fecha para detectar AFs en muestras de alimentos en Europa solo mostraban un pequeño porcentaje de alimentos contaminados con concentraciones de AFB1 por encima del límite reglamentario.
Sin embargo, más tarde, un amplio estudio realizado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estableció el problema emergente de la posible contaminación por AFs de maíz, almendras y pistachos cultivados en áreas del sur de Europa, debido al clima subtropical de los últimos años (véase Opinion of the Scientific Panel on Contaminants in the Food Chain on a request from the Commission related to the potential increase of consumer health risk by a possible increase of the existing maximum levels for aflatoxins in almonds, hazelnuts and pistachios and a540 derived products).
De hecho, podría esperarse un cambio en las áreas de presencia tradicional de las AFs debido al aumento de las temperaturas promedio.
En este sentido, las zonas mediterráneas se han identificado como un punto donde se prevén cambios extremos en la temperatura, los niveles de CO 2 y los patrones de lluvias.
Con respecto a las AFs, aparecen más frecuentemente en épocas calurosas y de sequía, lo que puede estresar a la planta huésped y, por lo tanto, facilitar la infección por A. flavus.
Así, en los últimos 15 años, varias temporadas cálidas y secas han dado lugar a graves infecciones por A. flavus en el maíz en varios países de Europa (como Italia, Rumanía, Serbia y España).
En el escenario de cambio climático de +2 °C, se predice un claro aumento del riesgo de AFs en áreas tales como el centro y el sur de España, el sur de Italia, Grecia, el norte y el sureste de Portugal, Bulgaria, Albania, Chipre y la Turquía europea, en comparación con lo que ocurriría si se mantuviera la temperatura actual.
Además del alto riesgo de AFs en estos países del sur de Europa, se predice un riesgo bajo y medio de AFs en la cosecha en los cuatro principales países productores de maíz (Rumanía, Francia, Hungría y el noreste de Italia) (Battilani et al., 2016).
Con respecto a las toxinas de Fusarium, Europa, que se caracteriza por una amplia gama de condiciones climáticas desde el sur (países mediterráneos) hasta las regiones central y norte, muestra diferencias importantes en la composición de especies asociadas con la fusariosis en cereales (Fusarium Head Blight, FHB).
Si bien F. graminearum es el principal productor de DON en Europa central y meridional, F. culmorum es dominante en las raíces de los cereales, la base del tallo y las espigas en todos los países escandinavos, incluida Finlandia (Logrieco y Moretti, 2008).
Sin embargo, en la última década se ha observado una disminución en la presencia de F. culmorum y un aumento en F. graminearum en algunas áreas del centro y norte de Europa (Nielsen et al., 2011).
En general, en las regiones más al sur de Italia y de España, la incidencia de FHB es baja o está ausente; sin embargo, en las regiones más septentrionales de Italia, España y Portugal, el sur de Francia y toda la península balcánica, se observa que F. graminearum ocurre con frecuencia en los cereales en la madurez, junto con el DON (Logrieco y Moretti, 2008).
Por otro lado, Madgwick et al. (2011) estudiaron el impacto del cambio climático en la fecha de antesis del trigo y concluyeron que las epidemias de FHB serán más graves, especialmente en el sur de Inglate-
Cereales y derivados (principalmente maíz), frutos secos y derivados, frutas deshidratadas, especias
Cereales y derivados (principalmente maíz)
Principales micotoxinas desde el punto de vista económico y de seguridad alimentaria, con sus principales especies fúngicas productoras y alimentos afectados Fuente: adaptado de Marin et al., 2013. a540 rra, debido al aumento de F. graminearum y el DON asociado.
Otro estudio realizado en los Países Bajos evaluó los efectos del cambio climático proyectados para 2040.
El estudio reveló que la mejora de la floración del trigo y la maduración total en una a dos semanas en la mayor parte del noroeste de Europa podría resultar en un aumento de la contaminación por DON, en hasta un factor de tres, con una estimación de una concentración media de DON en el escenario futuro que excede el límite máximo permitido en la UE (van der Fels-Klerx, van Asselt, Madsen y Olesen, 2013).
Se denominan micotoxinas modificadas a los derivados de las micotoxinas principales cuya estructura ha cambiado debido a su unión a otras matrices, o a la modificación de su estructura básica ocasionada por modificaciones químicas o biológicas, de forma que suelen ser indetectables por las técnicas analíticas rutinarias.
Entre ellas cabe distinguir las denominadas micotoxinas biológica o químicamente modificadas (entre las que se encuentran los conjugados producidos por las plantas, anteriormente denominados masked mycotoxins), que son conjugados solubles, extraíbles y fácilmente detectables cuando se conocen y se tienen patrones, y las micotoxinas asociadas a matriz (también llamadas bound mycotoxins), que son conjugados insolubles, no extraíbles, y más difíciles de analizar, ya que previamente hay que liberarlos de la matriz por métodos químicos o enzimáticos (Rychlik et al., 2014).
Hasta la fecha estas micotoxinas no se han venido analizando en las materias primas o alimentos porque se desconocía su existencia o porque no eran detectadas por los métodos de análisis convencionales, debido principalmente a que el cambio de su estructura molecular altera sus características cromatográficas, modifica el epitopo reconocido por los anticuerpos para su detección por técnicas inmunológicas, o incluso porque la eficacia del disolvente de extracción se ve reducida al haber sufrido la molécula un cambio en su polaridad debido a la modificación, todo lo cual puede conducir a una subestimación del contenido total real de micotoxinas en un alimento.
El hecho de que las plantas produzcan la metabolización de las micotoxinas a sus formas modificadas responde a un mecanismo de detoxificación por el que las plantas convierten micotoxinas relativamente apolares en derivados más polares, que son entonces más fácilmente almacenados en vacuolas, o son conjugados a biopolímeros, como los componentes de la pared celular.
Por otra parte, el procesado de los alimentos puede causar la generación de nuevas micotoxinas modificadas, debido, por ejemplo, a los procesos que implican la aplicación de calor, como ocurre en el caso de la FB1 y la aparición de la N-carboximetil FB1 cuando la FB1 se calienta en presencia de azúcares reductores (Howard, Churchwell, Couch, Marques. y Doerge, 1998).
Además, se ha descrito la liberación enzimática de las micotoxinas unidas a la matriz alimentaria, por ejemplo debido a la acción de enzimas usualmente utilizados en la industria alimentaria, como las amilasas empleadas en la industria de la panificación, provocando un incremento en el nivel total de micotoxinas existentes en el producto final con respecto a la contaminación encontrada en la materia prima (Vidal, Morales, Sanchís, Ramos y Marín, 2014), lo que suele ser un resultado bastante inesperado.
En cuanto a las consideraciones toxicológicas de este tipo de micotoxinas, todavía hay mucho por determinar, pero no se puede descartar que en algunos casos puedan ser incluso más tóxicas que las moléculas parentales, sobre todo si presentan una mayor bioaccesibilidad y biodisponibilidad (Freire y Sant'Ana, 2018).
En algunos casos se ha comprobado que la molécula modificada puede regenerar la toxina original en el sistema digestivo por acción de enzimas metabólicos (en el propio sistema digestivo o en otros órganos) o de los microorganismos de la microbiota intestinal (Gratz et al., 2017).
Esto puede conllevar la aparición de sintomatologías más graves que las que cabría esperar a la vista de la contaminación de los alimentos que se ingieren, debido a que realmente en el tracto gastrointestinal hay presentes más toxinas de las esperadas.
Por ello, hay que considerar la modificación de la legislación para incluir la suma del total de micotoxinas (parental+modificadas) a la hora de establecer los límites legales y realizar la evaluación del riesgo por micotoxinas.
Coexposición a peligros químicos
Los métodos de detección multimicotoxina han permitido evaluar los niveles de coexposición a diferentes micotoxinas de un mismo individuo a través de un simple análisis de orina.
De este modo se ha confirmado que la coexistencia de dos toxinas en una muestra de orina suele ser lo más común, mucho más que la contaminación por una única micotoxina.
Sin embargo, los resultados dependen en gran medida de las toxinas analizadas.
Así, si solo se analizan las micotoxinas parentales, generalmente se detectan una o dos toxinas en cada muestra de orina, mientras que a540 si se analizan las micotoxinas parentales y las modificadas, generalmente se encuentran de dos a cuatro toxinas en una muestra.
Por otra parte, un menor límite de detección de los métodos lleva a detectar una mayor coexistencia.
Por ejemplo, Gerding et al. (2015) informaron de que entre el 16-54% de las muestras de orina contenían dos toxinas detectables, entre el 6-20% de las muestras contenían tres toxinas y entre el 1-2% contenían cuatro toxinas.
Dihidrocitrinona (DH-CIT) y OTA son dos toxinas que usualmente coexisten, al igual que DON y deoxinivalenol glucurónido (DON-GlcA), así como también tres de ellas.
También se ha demostrado coexistencia de las toxinas de Fusarium y OTA (Wallin et al., 2015), por ejemplo, las combinaciones DON-ZEN-OTA y DON-ZEN-FB1-OTA, se presentaron en el 38 y 52% de las muestras de orina analizadas (Solfrizzo, Gambacorta y Visconti, 2014).
Una línea de investigación futura importante sería la posible exposición concurrente de micotoxinas con otras sustancias químicas ambientales que pueden mostrar alguna actividad interactiva y ejercer alguna función biológica que converja en las mismas vías moleculares.
Por lo que sabemos, no hay estudios que monitoricen la presencia simultánea de un panel de sustancias químicas ambientales, incluido algún tipo de micotoxina.
Sin embargo, las estimaciones basadas en modelos de exposición dietética sugieren que es probable que haya múltiples patrones de exposición simultánea dentro de la población general.
La investigación sobre la identificación de mezclas del Segundo Estudio de Dieta Total en Francia reveló la exposición prolongada a las micotoxinas en mezclas complejas con otros químicos ambientales en la mayoría de los grupos de dietas francesas.
Por ejemplo, se estimó que existía un primer grupo, que comprendía el 18% de la población total, con una exposición significativamente mayor a las micotoxinas (toxina HT2, DON, ZEN y NIV), hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) (pireno y fenantreno) y bisfenol A que el resto de la población.
La ZEN, micotoxina estrogénica, también se identificó en otro grupo con muchos HAP, acrilamida, oligoelementos, pesticidas y la suma de ocho éteres de difenilo polibromados, en un grupo que representaba al 21% de la población con hábitos alimenticios relacionados con la denominada "comida basura" (Traore, Bechaux, Sirot y Crepet, 2016).
Esta contaminación múltiple puede modificar fuertemente los efectos tóxicos de algunos de los contaminantes, lo que resulta en una variedad de efectos interactivos, como lo demuestra la exposición simul-tánea de células Caco-2 y células de riñón HEK-293 a cadmio y DON (Le, Alassane-Kpembi, Oswald y Pinton, 2017).
La evaluación toxicológica de combinaciones de micotoxinas para la caracterización de interacciones potenciales es un campo de investigación emergente y muy activo.
¿SE PUEDE HACER ALGO PARA CONTROLAR LAS MICOTOXINAS?
A pesar del tiempo que se llevan estudiando las micotoxinas y buscando una solución a la contaminación por micotoxinas en las materias primas, alimentos y piensos, todavía no existe ningún proceso de detoxificación que haya demostrado ser lo suficientemente seguro y eficiente.
De hecho, en la Unión Europea (UE) está prohibido aplicar tratamientos químicos diseñados para la eliminación de este tipo de compuestos.
No obstante, las técnicas aplicadas durante la elaboración de los alimentos pueden tener cierta influencia en la degradación de las micotoxinas.
Por otra parte, y exclusivamente en el campo de la alimentación animal, el uso de compuestos adsorbentes o biodegradadores es una estrategia que sí ha sido reconocida como efectiva por la UE, de modo que su empleo está autorizado como aditivos para piensos para el control de la AFB1, tal y como veremos más adelante.
El primer objetivo para establecer un control de las micotoxinas es la prevención de su acumulación en el campo y en la poscosecha.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos realizados en investigación en este ámbito, a día de hoy las micotoxinas suelen estar presentes en las materias primas utilizadas para la producción de alimentos, y en particular en los productos a base de cereales.
Así pues, existe un interés evidente por cuantificar los efectos que ejercen las diferentes operaciones unitarias empleadas habitualmente durante el procesamiento de los alimentos sobre las micotoxinas.
Este conocimiento es clave para los estudios de exposición y evaluación de riesgos, los cuales pueden usarse para el desarrollo de estrategias de prevención con base científica con el objetivo de salvaguardar la salud pública.
A pesar de la importancia de comprender los efectos de las operaciones unitarias del procesamiento de alimentos sobre el destino de las micotoxinas, se sabe que la mayoría de estos compuestos son estables en cierto grado a operaciones tales como el calentamiento, extrusión, cocción, horneado, fritura, asado, cocinado, laminado, enlatado y nixtamalización, proceso este último consistente en la cocción del maíz con agua y cal viva muy empleado en México y otras zonas de Centro y Sudamérica.
Las operaciones unitarias más efectivas para reducir los niveles de micotoxinas, sin embargo, parecen ser las que involucran la eliminación física de las partes enmohecidas de los granos, como la clasificación o limpieza de los mismos (Bullerman y Bianchini, 2007).
La molienda puede reducir la concentración de micotoxinas de diferentes maneras.
Se ha comprobado que la molienda da como resultado una distribución desigual de las micotoxinas en las diferentes fracciones obtenidas, como en el caso del salvado, que tiende a acumular micotoxinas, y que en su mayoría se consume como alimento para animales.
Simultáneamente, la concentración de micotoxinas en la otra fracción (harina) disminuirá.
Además, en la molienda húmeda, la micotoxina se puede disolver en el agua usada y tiende a acumularse en el germen y la fibra de gluten.
Por lo tanto, el almidón obtenido tiende a estar relativamente libre de micotoxinas (Bullerman y Bianchini, 2007).
El efecto de la fermentación como un proceso biológico en la reducción de micotoxinas ha sido ampliamente estudiado en los últimos años.
La fermentación de la harina y masa puede causar un aumento en la concentración de DON.
Sin embargo, se han observado disminuciones en ZEN, OTA y AFs.
Por lo que respecta a DON, se han publicado resultados contradictorios.
Bergamini et al. (2010) observaron un aumento significativo en la concentración de DON después de la etapa de fermentación.
En contraste, la concentración de DON se redujo en aproximadamente un 41% y un 56% en procesos de panificación estudiados en Francia y Austria, respectivamente.
Se ha confirmado la reducción efectiva del DON no solo por el tratamiento térmico sino también por el proceso de fermentación (Samar, Neira, Resnik y Pacin, 2001).
Los agentes mejorantes y los microorganismos (masa madre), podrían causar diferentes efectos sobre la concentración de micotoxinas.
El uso de enzimas parece llevar al aumento de la concentración de DON durante la fermentación.
Además, mediante la incorporación de mezclas de enzimas (xilanasa y α-amilasa) como ingredientes de la masa, se ha observado un aumento de DON-3-glucósido (DON-3-Glc) en la masa fermentada (Vidal, Ambrosio, Sanchís, Ramos y Marín, 2016).
El aumento de las concentraciones de DON y DON-3-Glc durante la panificación puede deberse a la actividad enzimática, ya que la hidrólisis de los carbohidratos u otros componentes podría liberar micotoxinas conjugadas (Vidal et al., 2016).
Las diferencias entre los estudios podrían estar relacionadas con las condiciones de fermentación empleadas (los microorga-nismos involucrados, como Lactobacillus plantarum, Lactobacillus acidophilus y Saccharomyces cerevisiae, ingredientes y prácticas.
Se necesitan más estudios para aclarar los factores que conducen al aumento o a la reducción de los niveles de micotoxinas durante la fermentación de los alimentos, ya que estos incluyen datos clave para la corrección de los modelos de evaluación de riesgos.
En general, el tratamiento térmico se emplea comúnmente para la descontaminación microbiológica, ejerciendo a la vez una actividad sensorial y nutricional.
Teniendo en cuenta la estabilidad térmica y química relativamente alta de las micotoxinas, con la aplicación de calor se logran diferentes resultados en términos de su reducción.
Las AFs son muy estables a temperaturas superiores a 100° C, por lo que se puede lograr poca o casi ninguna descomposición de las mismas mientras se someten a pasteurización, tostado y horneado (Campagnollo et al., 2016).
Sin embargo, pueden reducirse (78-88%) mediante tratamiento térmico a presión (Milani y Maleki, 2014).
El DON es una micotoxina estable durante el tratamiento térmico hasta 120-180° C y parcialmente estable a 210° C (Jard, Liboz, Mathieu, Guyonvarc'h y Lebrihi, 2011).
Con respecto a la cocción, algunas investigaciones han demostrado que el DON podría reducirse durante el horneado del pan, y que dicha reducción se ve afectada por los aumentos en la temperatura y el tiempo de horneado.
Sin embargo, según otras investigaciones, se ha visto una reducción más baja de DON durante la cocción, que puede estar asociada con el tamaño del pan o con un tratamiento térmico suave.
Además, como resultado del procesamiento de alimentos, las micotoxinas pueden presentar algunas reacciones con los ingredientes incorporados, como los azúcares reductores, o incluso unirse a varios componentes dentro de la matriz alimentaria.
Por lo tanto, la transformación a una forma modificada es otra posible razón para la reducción o el aumento aparente de algunas de las micotoxinas investigadas, cuyos efectos toxicológicos no son bien conocidos.
Cabe destacar que la desaparición de las micotoxinas en los resultados analíticos no significa necesariamente su ausencia real o, de hecho, una disminución de la toxicidad debida a este tipo de compuestos, ya que en ocasiones los productos de descomposición producidos pueden ser tan peligrosos como las micotoxinas parentales.
Si bien la prevención de la contaminación por micotoxinas en el campo y durante el almacenamiento es el objetivo principal de la producción primaria y de piensos, la ausencia de micotoxinas en la ración de los a540 animales de granja todavía no puede asegurarse por completo (Wielogórska, MacDonald y Elliot, 2016).
Además de las buenas prácticas agrícolas para prevenir la contaminación de los piensos con micotoxinas, se han desarrollado otras estrategias con la finalidad de reducir la absorción de micotoxinas en el tracto digestivo mediante el uso de agentes secuestrantes o detoxificantes.
Los agentes detoxificantes se definen como «sustancias que pueden suprimir o reducir la absorción, promover la excreción de micotoxinas o modificar su modo de acción» (véase Commission regulation (EC) No. 386/2009 of 12 May 2009).
Esta nueva categoría de aditivos, que reducen la absorción de micotoxinas en el tracto gastrointestinal del animal o que modifican su estructura se conocen como agentes adsorbentes o biotransformadores (Jard et al., 2011).
El uso de los primeros (distintos tipos de arcillas y silicatos) está más extendido que el de los segundos (enzimas o microorganismos capaces de detoxificar algunas micotoxinas).
Estos aditivos se adicionan a la dieta de los animales (principalmente de cerdos, aves y ganado vacuno) para reducir la absorción de las micotoxinas en el tracto digestivo y su distribución a la sangre y los órganos diana.
Los adsorbentes se unen a las micotoxinas presentes en los piensos contaminados sin disociarse en el tracto digestivo del animal, lo que limita su biodisponibilidad después de la ingestión, disminuyendo la exposición de los animales a las micotoxinas.
De esta manera, el complejo micotoxina-adsorbente pasa a través del animal y es eliminado a través de las heces.
Estos agentes se dividen a su vez en dos subgrupos: compuestos inorgánicos y orgánicos (Jard et al., 2011).
Los adsorbentes inorgánicos, como los aluminosilicatos (bentonitas, y algunas zeolitas), han demostrado una gran eficacia adsorbiendo AFs (Kong, Shin y Kim, 2014).
Sin embargo, no han demostrado ser tan eficaces frente a otro tipo de micotoxinas, como aquellas producidas por el género Fusarium (Harper, Estienne, Meldrum, Harrell y Diaz, 2010; Ramos y Hernández, 1997).
De hecho, una bentonita dioctaédrica (Mycofix ®, Biomin, Austria) es, de momento, el único producto autorizado por la Unión Europea como adsorbente de AFB1 (EC 1060/2013).
Por otro lado, los adsorbentes orgánicos (paredes celulares de levaduras, fibras micronizadas o bio-sorbentes, como el orujo de uva) están demostrando tener mayor efectividad contra un amplio espectro de micotoxinas (FBs, OTA y ZEN) (Avantaggiato, Greco, Damascelli, Solfrizzo y Visconti, 2014).
Solo algunos β-glucanos y mananos, junto con ciertos polímeros sintéticos (colestiramina) se han identificado como posibles adsorbentes de DON (Faucet-Marquis, Joannis-Cassan, Hadjeba-Medjdoub, Ballet y Pfohl-Leszkowicz, 2014).
La combinación de las propiedades de diferentes adsorbentes (minerales, minerales modificados, orgánicos y sintéticos) podría adaptarse mejor a los casos de piensos multi-contaminados, cada vez más frecuentes, siendo actualmente uno de los retos que hay que abordar (Vila-Donat, Marín, Sanchís y Ramos, 2018).
Otra estrategia para el control de las micotoxinas es su degradación a metabolitos menos tóxicos mediante el uso de agentes biotransformadores.
La biotransformación se puede lograr con enzimas que degraden las micotoxinas o mediante el empleo de microorganismos que produzcan dichas enzimas.
Varias especies microbianas, incluidas bacterias, levaduras y mohos, han sido reconocidas por su capacidad de transformar las micotoxinas en metabolitos menos tóxicos a través de rutas tales como acetilación, oxigenación, isomerización o glucosilación.
La cepa BBSH 797 de Eubacterium, aislada de los fluidos del rumen bovino, ha sido muy estudiada por su capacidad de degradar DON y otros tricotecenos, habiéndose introducido en el mercado con el nombre comercial de Mycofix ® BBSH (Biomin, Getzersdorf, Austria).
Además, algunos de los enzimas responsables de las biotransformaciones descritas en estas especies microbianas se han aislado y aplicado directamente como agentes detoxificantes (Boudergue et al., 2009).
No obstante, la falta de información sobre los mecanismos de transformación, la toxicidad de los productos derivados de la biotransformación, el efecto de las reacciones de transformación en los valores nutricionales de los alimentos y la seguridad para los animales hace que su uso no esté todavía demasiado extendido (Wielogórska et al., 2016).
¿LA LEGISLACIÓN NOS PROTEGE?
Con el descubrimiento de las AFs en la década de los años sesenta del pasado siglo y la constatación de su elevado poder cancerígeno, muy pronto se desarrolló una legislación específica para este tipo de micotoxinas en casi todos los países del mundo desarrollado, legislándose bien los niveles máximos admisibles de la AFB1 en solitario o bien del conjunto de las cuatro AFs principales (AFB1+AFB2+AFG1+AFG2).
Igualmente, la presencia de la AFM1 en la leche y derivados lácteos fue sometida pronto a legislación.
En la Unión Europea los límites máximos para alimentación humana, varían entre cuatro-quince μg/kg para las AFs totales y de 0,1-12 μg/kg para la AFB1, de acuerdo con el tipo de alimento y su destino.
En el caso de la leche y sus derivados, los niveles máximos son de 0,025-0,050 μg de AFM1/kg y de 0,1 μg de AFB1/kg. También existe legislación para otras micotoxinas en alimentos para consumo humano, como es el caso de OTA, PAT, DON, ZEN, toxinas T2 y HT2, FBs y CIT (Ramos, Rocha Rosa, Cavaglieri y Guedes, 2011).
En cuanto a la alimentación animal, en la UE solo existe legislación para AFB1, con límites máximos entre cinco a veinte μg/kg, según el tipo y destino del pienso.
No obstante, la Unión Europea ya ha dictaminado una serie de recomendaciones sobre la presencia de DON, ZEN, OTA, FBs, toxinas T2 y HT2 en productos destinados a alimentación animal (Ramos et al., 2011).
De momento el panorama legislativo en lo referente a las micotoxinas se encuentra estancado.
No obstante, es muy posible que, en un medio plazo, la Unión Europea pase a legislar los niveles máximos admisibles del resto de micotoxinas diferentes a la AFB1 en alimentación animal.
En un futuro más lejano, sería deseable que la Unión Europea acometiera la legislación referente a los niveles máximos admisibles de las combinaciones de diferentes micotoxinas, habida cuenta de su demostrado efecto sinérgico, así como la presencia en los alimentos y piensos las micotoxinas modificadas.
A pesar de llevar descubiertas más de medio siglo, las micotoxinas siguen siendo una fuente inagotable de sorpresas en el campo de la toxicología humana y animal.
La evidencia creciente de que existen muchas más micotoxinas de las que actualmente se conocen, especialmente debido a la existencia de múltiples formas modificadas de difícil detección y de toxicidad todavía poco conocida, así como la conciencia de que su interacción con otros contaminantes habitualmente presentes en los alimentos puede desembocar en efectos sinérgicos negativos, nos aboca a un panorama más complejo que el que se vislumbra en la actualidad.
Por otra parte, el efecto que el cambio climático puede tener en un incremento en la contaminación por micotoxinas en Europa es un hecho frente al cual tenemos que prepararnos, especialmente habida cuenta de lo difícil que es eliminarlas de los alimentos una vez se encuentran presentes.
Por último, en un futuro próximo, y a la vista de todas estas consideraciones, se debería revisar profundamente la legislación que atañe a la alimentación humana y aumentar el número de micotoxinas que se controlan en alimentación animal, sobre todo teniendo en cuenta el efecto que tienen no solo en la salud y productividad de los animales sino en su posible transferencia a la alimentación humana a través de los alimentos que obtenemos de ellos. |
Las frutas y hortalizas han sido siempre noticia debido principalmente a sus propiedades beneficiosas para la salud.
Sin embargo, cada vez más ocupan titulares debido a su implicación en toxiinfecciones alimentarias.
Por este motivo, desde 2008, las frutas y hortalizas frescas son consideradas por muchos organismos internacionales como un alimento de riesgo.
Uno de los principales problemas microbiológicos de las hortalizas de hojas son las bacterias entéricas que pueden adherirse rápidamente al tejido durante el cultivo, coexistir con las bacterias epífitas y persistir por largos periodos de tiempo.
La prevalencia de microorganismos patógenos en las frutas y hortalizas es baja (<1%) y la cuantificación de las bacterias patógenas o de microorganismos indicadores generalmente muestra niveles muy bajos, lo que no justificaría el elevado número de alertas microbiológicas asociadas a este tipo de productos.
Sin embargo, existen dudas sobre si los recuentos obtenidos utilizando las técnicas convencionales son capaces de reflejar realmente todos los microorganismos presentes en el producto vegetal, así como en el agua de riego y en el suelo.
Varios estudios han demostrado que cuando las bacterias son sometidas a distintos factores de estrés entran en un estado temporal de baja actividad metabólica en el cual las células pueden persistir durante largos periodos de tiempo sin división celular, llamado estado de latencia o viable pero no cultivable (VBNC).
La relevancia que el estado fisiológico de las bacterias puede tener en el desarrollo de toxiinfecciones alimentarias causadas por las frutas y hortalizas es un tema de gran interés que está atrayendo más y más la atención de los investigadores.
La seguridad alimentaria sigue representando una de las principales preocupaciones en el campo de la salud pública debido principalmente al considerable número de toxiinfecciones transmitidas por los alimentos.
En general, se estima que en el mundo se producen cerca de 9.4 millones de toxiinfecciones alimentarias (TIAs), las cuales causan 55.961 hospitalizaciones y 1.351 muertes al año.
Estas TIAs son provocadas por muchos tipos de microorganismos pero fundamentalmente por bacterias como son Campylobacter, Salmonella, Escherichia coli patogénica y Listeria monocytogenes entre otras (Ding et al., 2017).
Los productos vegetales frescos suponen un importante vehículo de transmisión de estas bacterias y su incidencia en humanos ha aumentado en los últimos años.
Muchos son los factores que se han identificado como responsables de ese incremento en el número de TIA asociadas a los alimentos frescos, entre las que se pueden mencionar los cambios en la alimentación y en el estilo de vida, que ha provocado un aumento en el consumo de vegetales frescos, así como la mejora de los programas de vigilancia y las técnicas de detección de los microorganismos patógenos (EFSA, 2013; véase también European Commission Notice No. 2017/C 163/01).
Las autoridades competentes, tales como la Comisión Europea (CE) en Europa y la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos, han elaborado guías de recomendaciones y legislación en las que se incluye la monitorización de las aguas de riego, con el fin de evitar riesgos microbiológicos que puedan provocar TIA asociadas a productos vegetales.
Asimismo, la legislación europea incluye límites microbiológicos para las frutas y hortalizas listas para su consumo, lo que hace necesario detectar y cuantificar los microorganismos patógenos e indicadores que pueden estar presentes en los productos vegetales ( Tradicionalmente, para detectar y cuantificar la presencia de bacterias patógenas o, en su lugar, microorganismos indicadores de contaminación fecal, se utilizan técnicas dependientes de cultivo.
Sin embargo, numerosos estudios han evidenciado que los recuentos basados en métodos de cultivo en placa no dan una buena estimación del número real de microorganismos presentes en los alimentos.
Durante la producción y procesado, los alimentos se someten a numerosas etapas que pueden constituir un estrés para las bacterias.
Las bacterias pasan entonces de un estado totalmente activo y cultivable a un estado de latencia, denominado viable pero no cultivable (VBNC).
Los cambios de temperatura, el uso de desinfectantes y los tratamientos con luz-UV son algunos de factores causantes de estrés a las bacterias y que los estudios científicos han asociado con una inducción al estado VBNC de los microorganismos presentes en los alimentos (Ding et al., 2017; Dinu y Bach, 2011; Zhang, Ye, Lin, Lv y Yu, 2015).
El estado VBNC fue descubierto en el año 1982 por Xu et al. (1982), y define a aquellas bacterias que no pueden desarrolladas en un medio de cultivo pero que siguen metabólicamente activas.
A pesar de que estas bacterias no son cultivables, pueden representar un peligro para los consumidores, ya que hay evidencias científicas de que estas bacterias pueden revertir este estado a un estado metabólicamente activo cuando se encuentran en condiciones favorables de crecimiento, pudiendo desarrollar su patogenicidad (Highmore, Warner, Rothwell, Wilks. y Keevil, 2018).
Hasta el momento, no existes evidencias científicas que confirmen que los brotes de TIA descritos en los últimos años hayan sido provocados por bacterias patógenas en estado de VBNC.
Sin embargo, algunos estudios han intentado demostrar que la presencia de bacterias patógenas en estado VBNC han podido ser la causa de algunas de las TIA.
Por ejemplo, Makino et al. (2000) establece una relación entre un brote de TIA ocurrido en Japón asociado al consumo de salmón y la presencia de la bacteria Escherichia coli O157: H7 en estado VBNC debido al proceso de salado al que se somete el salmón.
Con respecto a las TIA ocurridas por el consumo de vegetales, Zhao, Zhong, Wei, Lin y Ding (2017), sugieren que Escherichia coli O104: H4, responsable de la toxinfección en Alemania en el año 2011, no pudo ser detectada ni aislada de la fuente de contaminación porque se encontraba en un estado VBNC.
Esta teoría está apoyada por las investigaciones realizadas por Aurass, Prager y Flieger (2011) que confirmaron que la cepa de Escherichia coli O104: H4 que generó la TIA en Alemania entró en un estado de VBNC por los iones de cobre que posee el agua potable de esa zona, y que cuando el estrés remitió, la bacteria resucitó manteniendo su patogenicidad.
Además, también se ha demostrado que la bacteria Escherichia coli O157: H7 en estado VBNC, continúa expresando sus factores de virulencia una vez es inoculada sobre lechuga (Dinu y Bach, 2011).
Por lo tanto, existe una necesidad de investigar la relevancia en la seguridad alimentaria del estado fisiológico de las bacterias, y más concretamente qué capacidad de patogenicidad tienen las a541 bacterias que se encuentran en el estado VBNC en los alimentos.
Asimismo, se necesita más investigación centrada en el desarrollo y optimización de métodos rápidos de detección que nos permitan determinar el estado fisiológico de las bacterias para poder mejorar la seguridad alimentaria.
CARACTERÍSTICAS DE LAS BACTERIAS EN ESTADO CULTIVABLE Y VIABLE NO CULTIVABLE (VBNC)
Varios estudios han demostrado que cuando las bacterias, incluidas las bacterias patógenas de alimentos, son sometidas a un estrés entran en un estado temporal de baja actividad metabólica en el cual las células pueden persistir durante largos periodos de tiempo sin división celular, llamado latencia (Oliver, 2010).
En las bacterias no esporuladas existen dos estados de latencia: las células viables no cultivables (VBNC) y las células llamadas persistentes (persister cells) (Ayrapetyan, Williams, Baxter y Oliver, 2015).
Aunque comparten algunas similitudes, las células VBNC no se dividen, sino que mantienen sus membranas celulares intactas, continúan con la expresión génica y tienen la capacidad de convertirse en cultivables una vez resucitadas.
Sin embargo, las condiciones y los medios de cultivo utilizados en la microbiología clásica no cumplen con los requisitos de estos organismos para reanudar su crecimiento inmediatamente (Zhao et al., 2017).
La mayoría de las especies bacterianas son capaces de entrar en un estado VBNC cuando se encuentran en condiciones ambientales adversas, lo que incluye la exposición a biocidas que son utilizados frecuentemente en la industria alimentaria, lo que indica que el estado VBNC puede ser una fase habitual en el ciclo de vida de la bacteria (Oliver, 2005).
Por otro lado, las células persistentes son células de crecimiento lento o subpoblaciones que no crecen dentro de un cultivo y que poseen tolerancia a distintos compuestos antimicrobianos, por lo que pueden sobrevivir a los mismos, mientras que el resto de la población sigue siendo sensible.
Estas bacterias resistentes son capaces de reanudar el crecimiento cuando se encuentran en un medio que dispone de los nutrientes necesarios y las condiciones adecuadas para el mismo (Nyström, 2003).
Por lo tanto, las bacterias en estado VBNC se caracterizan principalmente por: (i) mantener la integridad celular; (ii) poseer alguna forma de actividad celular medible (Lai, Chen, Lin, Chang y Wong, 2009); (iii) tener la capacidad de recuperarse (Anuchin et al., 2009); (iv) responder a estímulos externos que se demuestran mediante la expresión génica (Kell,, Kaprelyants, Weichart, Harwood y Barer, 1998); (v) tener baja actividad metabólica (Oliver, 2005); (vi) presentar enanismo (Costa et al., 1999); (vii) tener reducido el transporte de nutrientes; (viii) tener un alto nivel de ATP y mostrar un alto nivel de potencial de membrana (Signoretto, Lleo y Canepari, 2002); (ix) presentar modificaciones en la composición de ácidos grasos de las membranas citoplasmáticas (Day y Oliver, 2004); así como (x) tener una mayor resistencia a los antibióticos debido a una actividad metabólica más baja (Oliver, 2010).
Como hemos indicado anteriormente, el estado VBNC puede ser desencadenado por circunstancias de estrés como duras condiciones ambientales (Oliver, 2010), escasez de nutrientes (Cook y Bolster, 2007) temperaturas extremas (Besnard, Federighi, Declerq, Jugiau y Cappelier, 2002), fuertes cambios de pH o salinidad (Cunningham, O'Byrne y Oliver, 2009); estrés osmótico (Asakura et al., 2008), disponibilidad de oxígeno (Kana et al., 2008; Mascher, Hase, Moenne-Loccoz y Défago, 2000), y daño o perdida de componentes esenciales de la célula incluido el ADN por la exposición a metales pesados, conservantes o luz UV (Fakruddin, Bin Mannan y Andrews, 2013).
Además, durante el procesado de alimentos, existen numerosos factores que pueden inducir a las células al estado VBNC tales como los tratamientos térmicos, el uso de antibacterianos como fagos lisogénicos, autolisinas y los procesos de desinfección (Nicolò y Guglielmino, 2012; Oliver, 2010).
Pese a todos los estudios que se han llevado a cabo con el objetivo de esclarecer la relevancia de este estado en la seguridad alimentaria, el estado VBNC continúa estando en entredicho debido a las dificultades que existen para diferenciar las células VBNC y las células latentes a través de reanimación y estudios fenotípicos.
Sin embargo, recientemente, avances en las técnicas moleculares que se pueden utilizar con este fin están generando información muy valiosa que va a poder ser utilizada para clarificar la relevancia del estado VBNC.
MÉTODOS DE ANÁLISIS CAPACES DE DIFERENCIAR EL ESTADO FISIOLÓGICO DE LAS BACTERIAS: ESTADO CULTIVABLE Y ESTADO VIABLE PERO NO CULTIVABLE (VBNC)
Los métodos convencionales de cultivo en placa son utilizados de forma rutinaria y permiten determinar la cultivabilidad de las células.
Aquellas bacterias que son capaces de formar una colonia en un medio de cultivo sólido se denominan cultivables.
Estudios previos han estimado que, por lo general, solo el 10% de a541 las bacterias que se encuentran en los productos vegetales frescos son cultivables (Rastogi et al., 2012).
Por ese motivo, los estudios centrados en determinar el impacto que los distintos procesos tienen en la carga microbiana de productos vegetales y que solo utilizan los métodos de cultivo en placa, no pueden considerarse representativos de la población microbiana presente en este tipo de productos.
Existen múltiples medios de cultivo que permiten cuantificar grupos genéricos de bacterias, como es el caso de los medios nutritivos de cultivo para bacterias aerobias totales, pero también existen medios de cultivo selectivos que permiten cuantificar grupos bacterianos específicos.
Bacterias viables no cultivables (VBNC)
Los métodos utilizados para detectar VBNC se basan principalmente en dos de las características claves de las mismas: la viabilidad y su cultivabilidad.
Por lo tanto, para poder detectar VBNC en una muestra, el primer paso es el uso de la técnica de recuento en placa para confirmar que cantidad de células se encuentran en un estado cultivable, seguido de la estimación de células viables.
Para determinar la viabilidad celular es necesario el empleo de metodología más avanzada de biología molecular, citometría de flujo o microscopia electrónica.
Una de las técnicas más comunes para visualizar la fisiología de la bacteria y su viabilidad es el uso de la tinción de células usando diferentes colorantes funcionales.
Estos colorantes poseen ciertas propiedades que les permiten entrar en la célula, unirse a ciertas regiones de la célula e incluso ser metabolizados.
En general suelen emitir fluorescencia que da información sobre la fisiología de la célula.
La metodología más utilizada para determinar la viabilidad celular es la media de la integridad de la membrana utilizando el kit conocido como LIVE/DEAD BacLight Bacterial viability.
Este método se basa en que las células muertas tienen la pared celular rota o comprometida y en las células viables se mantiene intacta (Oliver, 2005).
Este sistema es un método rápido de tinción que utiliza dos marcadores fluorescentes, el SYTO9 y el yoduro de propidio, que se diferencian por sus características espectrales y su capacidad de penetrar en las células bacterianas viables.
El fluorocromo SYTO9 tiñe todas las células, independientemente del estado de su membrana citoplasmática.
Por el contrario, el yoduro de propidio penetra solo en las células que tienen la membrana dañada, causando una reducción en la intensidad fluorescente del SYTO9 cuando ambos marcadores están presentes.
Por tanto, las células que tienen la membrana citoplasmática intacta se tiñen de verde y se considerarán viables mientras que las bacterias que tienen dañada la membrana se tiñen de rojo y se considerarán no viables.
La diferenciación por color para determinar la viabilidad celular se realizará con la ayuda de un microscopio de fluorescencia o un citómetro de flujo (Aurass et al., 2011; Berney et al., 2007).
Sin embargo, la detección por citometría de flujo se considera una técnica más precisa que el uso del microscopio de epifluorescencia (Sieracki, Cucci y Nicinnski, 1999).
Otros tintes dobles que también permiten diferenciar bacterias viables de bacterias muertas son el naranja de acridina y el CTC con 4,6-diamino-2 fenil indol (DAPI).
El naranja de acridina se une al ARN, tiñendo de rojo las bacterias viables y de verde las muertas (Anvarian, Smith y Overton, 2016).
En el método CTC combinado con DAPI, la viabilidad celular se distingue por el color rojo de las células (Besnard, Federighi y Cappelier, 2000; Winkelströter y De Martinis, 2015).
En los últimos años la citometría de flujo está siendo muy empleada en la microbiología de alimentos para realizar estudios sobre la funcionalidad bacteriana, detectar poblaciones bacterianas o para detectar la presencia de patógenos en el alimento (Bridier, Hammes, Canette, Bouchez y Briandet, 2015).
Concretamente en alimentos vegetales algunos estudios ya han demostrado el efecto que algunas etapas del procesado tienen sobre el estado fisiológico de las bacterias utilizando la citometría de flujo en combinación con el uso de marcadores fluorescentes.
Anvarian et al. (2016) estudió el efecto que la etapa de clarificación del zumo de naranja tiene sobre la inducción al estado de VBNC de Escherichia coli K-12.
Tamburini, Foladori, Ferrentino, Spilimbergo y Jousson (2014) evaluaron la capacidad de inactivación bacteriana de la tecnología de conservación de dióxido de carbono a alta presión inoculando zanahoria cortada con Escherichia coli.
Estos autores observaron que los tratamientos aplicados no eran capaces de inhibir completamente a la población bacteriana sino que, por el contrario, en una parte de la población se inducía un estado transitorio de VBNC.
Muchas han sido las estrategias moleculares que se han descrito para diferenciar células VBNC de células muertas.
Entre ellas, se encuentra la cuantificación del ARNm, como un indicador de la viabilidad celular, mediante la reacción en cadena de la polimerasa a541 a tiempo real (Real time polymerase chain reaction), qPCR para su amplificación (Fischer-Le Saux, Hervio-Heath, Loaec, Colwel y Pommepuy, 2002).
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el ARNm tiene una vida muy corta y es muy lábil, lo que hace que incremente el riesgo de degradación de la molécula durante la extracción.
Por ello, el uso de métodos basados en la detección del ADN mediante qPCR está mucho más extendido en la literatura científica.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta metodología adolece de la capacidad para diferenciar células vivas y muertas.
Para poder subsanar este inconveniente se han desarrollado métodos alternativos que incorporan pretratamientos a la muestra con agentes colorantes tales como bromuro de etidio monoazide (EMA) o bromuro de propidio monoazide (PMA), que en combinación con la técnica qPCR permiten la identificación y cuantificación de las células viables (Nocker y Camper, 2009).
Los colorantes utilizados son capaces de penetrar de manera selectiva en las membranas de las células que tienen la pared celular comprometida y se unen covalentemente al ADN mediante fotolisis, utilizando una fuente de luz visible, lo que evita la amplificación del ADN de las bacterias muertas en la posterior amplificación durante la qPCR (véase figura 1).
Hay que destacar que algunos estudios han publicado que el tratamiento del ADN utilizando EMA no es del todo efectivo ya que no consigue una buena diferenciación entre las bacterias viables y las muertas.
Por ese motivo, la mayoría de los estudios recomienda el uso del colorante PMA (Fittipaldi, Nocker y Codony, 2012).
Por otro lado, la utilización del colorante PMA para la detección de células viables de bacterias patógenas presentes en el tejido vegetal ha sido ampliamente demostrada en estudios a escala de laboratorio (Dinu y Bach, 2011; Elizaquível, Sánchez y Aznar, 2012).
Sin embargo, pocos estudios se han centrado en validar o demostrar el uso del PMA-qPCR para detectar la presencia de VBNC en productos vegetales en condiciones reales (Moyle, Harris y Marco, 2013; Truchado, Gil, Kostic y Allende, 2016).
El estudio realizado por Truchado et al. (2016) validó el empleo de la técnica PMA-qPCR para detectar la presencia de Escherichia coli genérica en ensayos realizados en campos comerciales de lechuga en diferentes matrices, como es el agua de riego y el material vegetal.
Recientemente Tombini Decol et al. (2019) han confirmado que la aplicación de la metodología descrita resulta adecuada para la detección y cuantificación de células de Escherichia coli en estado VBNC presentes en lechugas pigmentadas.
Es importante tener en cuenta que el combinado del PMA y la qPCR es exclusivo para células muertas que tienen la pared celular comprometida, por lo que la presencia de células muertas con la pared celular intacta podría ser causa de una sobreestimación del número de células viables (Nkuipou-Kenfack, Engel, Fakih y Nocker, 2013; Nocker y Camper, 2009).
Para mejorar la detección de células viables no cultivables por qPCR, algunos autores han propuesto el uso de la amplificación isotérmica mediada por bucle (LAMP) o el tratamiento con ácido desoxicólico (DC) antes de la aplicación del PMA.
El uso de PMA-LAMP se describe como un método rápido, sencillo y preciso con una alta sensibilidad y especificidad para detectar y cuantificar células viables de bacterias patógenas alterantes presentes en los alimentos, tales como Listeria, Escherichia coli patogénica y Salmonella (Fang et al., 2018; Wan et al., 2012; Zhao et al., 2013).
Respecto al tratamiento con DC antes del PMA, los resultados muestran que el tratamiento previo con DC facilitado la penetración del PMA en las células muertas o en las células dañadas, reduciendo los resultados falsos positivos (Wang et al., 2014; Zhou et al., 2017).
Aunque estas técnicas aún no han sido validadas para la Figura 1.
Esquema de amplificación de bacterias viables no cultivables utilizando tintes que se adhieren al DNA Fuente: elaboración propia a541 detección de VBNC en vegetales, parecen ser técnicas prometedoras que hay que tener en cuenta para mejorar la detección de las VBNC en el tejido vegetal.
LA IMPORTANCIA DEL ESTADO VBNC EN LA SEGU-RIDAD ALIMENTARIA DE LOS PRODUCTOS VEGETALES
La no culturabilidad de las bacterias en el estado VBNC constituye un problema para la seguridad alimentaria y para la salud pública, ya que alimentos que a priori pueden parecer libres de bacterias patógenas pueden contener células en estado VBNC, capaces de resucitar y de causar la enfermedad.
Esto es debido a que las células VBNC no son detectadas mediante las técnicas convencionales de cultivo en placa.
En la literatura científica existen opiniones controvertidas con respecto a si las bacterias que se encuentran en estado VBNC todavía retienen su patogenicidad.
Por un lado, existen evidencias científicas que indican que algunas bacterias patógenas en estado VBNC pueden expresar sus factores de virulencia, por lo que su capacidad de infección puede recuperarse si el estado VBNC es revertido (Anderson et al., 2004; Highmore et al., 2018; Pommepuy et al., 1996).
Sin embargo, otros estudios apuestan por que los microorganismos en el estado VBNC no son capaces de comenzar una infección (Cappelier, Besnard, Roche, Velge y Federighi, 2007; Habimana et al., 2014).
Dinu y Bach (2011) observaron que en la superficie de los vegetales, las células de Escherichia coli O157: H7 eran inducidas al estado VBNC debido a las bajas temperaturas.
Sin embargo, estas bacterias ubicadas en la filósfera de la lechuga, seguían siendo metabólicamente activas, ya que fueron capaces de producir pequeñas cantidades de verotoxinas.
Posteriormente Van der Linden et al. (2014) demostraron que las células de Escherichia coli O157: H7 sometidas a determinadas circunstancias de estrés eran capaces de recuperarse y atacar la superficie de la lechuga sobre la que se inocularon.
Recientemente Highmore et al. (2018) han puesto de manifiesto que las células de Listeria monocytogenes en el estado VBNC inducido por los tratamientos de cloro que se usan para la desinfección del agua durante el lavado de los vegetales eran capaces de mantener su patogenicidad cuando fueron ingeridas por el nematodo Caenorhabditis elegans.
Los investigadores observaron la presencia del patógeno en el lumen intestinal de Caenorhabditis elegans, lo que indica su capacidad de resucitación e invasión celular tras su ingestión.
Todos estos es-tudios subrayan el riesgo que pueden representar para la salud pública los patógenos en estado VBNC transmitidos por los alimentos.
¿QUÉ SE SABE DEL ESTADO FISIOLÓGICO DE LAS BACTERIAS EN LOS PRODUCTOS VEGETALES FRESCOS?
La presencia de bacterias en estado VBNC en muestras ambientales, principalmente en agua, está ampliamente demostrada en la literatura científica (Gensberger et al., 2014; Li et al., 2014; Van Frankenhuyzen, Trevors, Flemming, Lee y Habash, 2013).
Sin embargo, pocos estudios se han centrado en evaluar la presencia de células en estado VBNC en el tejido vegetal durante la producción o el procesado.
En general, se ha descrito que la presencia de bacterias viables en el tejido vegetal suele estar comprendida entre 1 -4 unidades logarítmicas superior al número de células cultivables (véase figura 2).
Recuentos de Escherichia coli cultivable (recuento en placa) y de Escherichia coli VBNC (VBNC= células viables-células cultivables) en lechuga baby pigmentada regada con agua de superficie Fuente: elaboración propia En un estudio en cámaras de cultivo controlado, Moyle et al. (2013) inocularon plantas de lechuga romana con 10 6 CFU/por hoja de Escherichia coli O157: H7 y estudiaron su viabilidad durante siete días.
La cuantificación de Escherichia coli O157: H7 con PMA-qPCR y con la técnica de recuento en placa mostró que la mayoría de las células del patógeno presentes en el tejido vegetal se encontraban es estado VBNC.
Utilizando la técnica del PMA-qPCR para la cuantificación de células VBNC, Truchado et al. (2016) determinaron que en le-a541 chuga iceberg, la concentración de Escherichia coli en estado VBNC era dos unidades logarítmicas superior a la cantidad de Escherichia coli cultivable.
La lechuga había sido regada con agua superficial de baja calidad en la que se habían cuantificado 6 log ufc/100 mL de Escherichia coli en estado VBNC y 4 log ufc/100 mL de cultivables.
Resultados similares han sido recientemente publicados por Tombini-Decol et al. (2019) en lechuga baby pigmentada regada durante todo su ciclo de cultivo con agua regenerada del tratamiento secundario de la depuradora.
Los resultados muestran una diferencia de aproximadamente dos unidades logarítmicas entre los recuentos de Escherichia coli viable y los de Escherichia coli cultivable en el tejido vegetal.
La presencia de VBNC presentes en el tejido vegetal fueron atribuidas al estrés medioambiental y al tratamiento de desinfección aplicado al agua de riego.
Estos estudios científicos ponen de manifiesto la relevancia del estado fisiológico de las bacterias en el tejido vegetal, ya que las células en estado VBNC podrían revertir este estado al de cultivable y desarrollar su patogenicidad con el consiguiente riesgo para la salud pública, tal y como se ha indicado anteriormente.
Por estas razones, es importante seguir profundizando en el estado fisiológico de las bacterias presentes en los productos vegetales frescos y en cómo las distintas prácticas agrícolas, las condiciones climatológicas y el procesado pueden afectar al estado de las mismas. |
El control efectivo de la calidad y seguridad de los alimentos requiere de métodos analíticos que garanticen la determinación fiable de cualquier sustancia potencialmente perjudicial para el consumidor que pueda estar presente en el alimento antes de su distribución y comercialización.
Una de las aproximaciones analíticas que contribuye a garantizar este objetivo engloba una serie de técnicas que tienen en común la utilización de anticuerpos como elementos esenciales para la detección del analito diana, y que en conjunto reciben el nombre de métodos inmunoquímicos.
Este artículo pretender aportar una visión básica de los principios bioquímicos subyacentes a estas tecnologías y cuáles son sus ventajas y limitaciones en la determinación de contaminantes químicos, residuos y aditivos en matrices alimentarias.
En la última parte se comentan algunas de nuestras iniciativas en este ámbito que han dado lugar a kits rápidos disponibles comercialmente tras haber transferido la tecnología correspondiente al sector industrial.
Los métodos inmunoquímicos engloban un conjunto de técnicas analíticas en las que la sustancia a detectar (analito) es identificada y cuantificada mediante su reconocimiento molecular por un anticuerpo capaz de unirse a ella con una elevada afinidad y especificidad.
Debido a una serie de características, entre las que destacan su simplicidad, rapidez, sensibilidad y portabilidad, los métodos basados en la utilización de anticuerpos como receptores biomoleculares constituyen un conjunto de técnicas bien establecidas con aplicaciones en diversos campos, incluyendo la detección y cuantificación de diferentes tipos de contaminantes en alimentos.
Los anticuerpos se pueden utilizar para detectar proteínas y microorganismos patógenos o alterantes, así como para analizar sustancias de bajo peso molecular, como es el caso de antibióticos, hormonas, micotoxinas y plaguicidas, analitos en los que nuestro grupo de investigación ha centrado su actividad científica en los últimos quince años.
La gran versatilidad de las técnicas inmunoanalíticas para la detección de xenobióticos y biotoxinas se pone de manifiesto en la variedad de formatos de ensayo que pueden adoptar para cubrir diferentes necesidades analíticas, como (i) la cromatografía de inmunoafinidad, para la purificación y concentración de un analito en la muestra antes de su determinación mediante métodos instrumentales, fundamentalmente cromatográficos; (ii) los inmunoensayos de flujo lateral o tiras inmunorreactivas, cuando lo que se necesita es un análisis sencillo y semicuantitativo que pueda realizarse en cualquier entorno; (iii) los biosensores, cuando la automatización es una prioridad; (iv) los microarrays y los sistemas basados en detección mediante citometría de flujo, como el Luminex, en aquellos casos en los que existe la necesidad de determinar varios analitos simultáneamente; y (v) los inmunoensayos enzimáticos en placa o ELISA (Enzyme-Linked ImmunoSorbent Assay), sin duda el sistema más extendido por su capacidad para analizar de forma cuantitativa y asequible un elevado número de muestras en poco tiempo.
En comparación con los métodos cromatográficos, los cuales están justamente considerados como la metodología de referencia para el análisis de moléculas orgánicas en el ámbito de la seguridad alimentaria, las técnicas inmunoanalíticas presentan algunas ventajas, aunque también ciertos inconvenientes (véase figura 1).
Si bien una discusión en profundidad de los pros y los contras de ambas metodologías puede dar mucho de sí, no cabe duda de que las discrepancias más significativas se centran en la capacidad multi-rresiduo y en la portabilidad.
Las técnicas instrumentales separativas son capaces de determinar simultáneamente la presencia de varios compuestos en una muestra, y esta es una de sus grandes virtudes.
Por el contrario, los métodos inmunoquímicos presentan una importante limitación en este aspecto, dada la extraordinaria especificidad inherente a la interacción antígeno-anticuerpo, por lo que comúnmente solo pueden determinar un analito, o unos pocos si están estructuralmente relacionados.
Se podría afirmar que, mientras los métodos cromatográficos están especialmente dotados para analizar un elevado número de compuestos en un limitado número de muestras, las técnicas basadas en la utilización de anticuerpos son especialmente adecuadas para analizar un limitado número de sustancias en un elevado número de muestras.
En cuanto a la portabilidad, los métodos cromatográficos emplean equipos sofisticados que deben ser operados por personal altamente cualificado y en entornos bien dotados técnicamente.
Por el contrario, las técnicas inmunoanalíticas, y muy especialmente los ensayos tipo ELISA y las tiras inmunocromatográficas, requieren de un mínimo equipamiento para su realización, lo que las convierte en procedimientos idóneos para llevar a cabo análisis in situ y obtener así resultados prácticamente inmediatos allí donde se requieran.
Comparación cualitativa de las prestaciones analíticas de los métodos cromatográficos y de las técnicas inmunoanalíticas Fuente: elaboración propia Como consecuencia de sus características y condicionantes, los métodos inmunoquímicos están especialmente indicados para una serie de aplicaciones, entre las que figuran: a542 i) Crisis y alarmas alimentarias.
La presencia en un alimento de un contaminante o residuo no permitido, o por encima de los niveles establecidos en la legislación, suele desencadenar un fortalecimiento temporal de los controles dirigidos hacia aquella combinación alimento-residuo responsable de la alarma.
Ante situaciones de esta naturaleza, las técnicas inmunoanalíticas permiten realizar un cribado rápido de una gran cantidad de muestras en poco tiempo.
ii) Departamentos de control de calidad.
Las empresas agroalimentarias, tanto de productos frescos como procesados, tienen frecuentemente la necesidad de realizar analíticas focalizadas en ciertas sustancias para garantizar que un determinado proceso se ha realizado correctamente y para evitar las cuantiosas pérdidas económicas y de imagen corporativa que la presencia de un contaminante particular podría acarrear, una situación en la que los métodos rápidos de cribado pueden resultar ventajosos en términos económicos y logísticos.
iii) Estudios de transferencia durante el procesado.
Mientras que algunos compuestos químicos, debido a su estructura y propiedades, apenas son transferidos desde la materia prima al producto final (zumos, vinos, mermeladas, etc.), otros por el contrario no sufren merma alguna o incluso su concentración es superior en el producto procesado.
Los métodos inmunoquímicos pueden con-tribuir a conocer mejor estos procesos y cómo afectan a la calidad sanitaria del alimento.
LOS ANTICUERPOS COMO BIORRECEPTORES EN IN-MUNODETECCIÓN
El componente fundamental de todo método inmunoanalítico es el anticuerpo, ya que sus propiedades de reconocimiento (afinidad y especificidad) condicionarán en gran medida las prestaciones analíticas del método desarrollado.
Los anticuerpos son glicoproteínas producidas por el sistema inmunológico como respuesta a la exposición frente a un elemento extraño, como bacterias o virus.
La estructura básica de los anticuerpos, también denominados inmunoglobulinas, está formada por dos cadenas polipeptídicas ligeras (L) idénticas de 25 kDa y por 2 cadenas polipeptídicas pesadas (H) también idénticas de 50 kDa (Figura 2).
Las cadenas pesadas se encuentran unidas entre sí por puentes disulfuro, y cada una de ellas está a su vez unida a una cadena ligera, también por puentes disulfuro.
Tanto la cadena pesada como la ligera están organizadas en regiones variables y en regiones constantes.
Cada molécula de anticuerpo tiene dos sitios de unión de antígeno, y cada sitio de unión está formado por la asociación de las regiones variables de una cadena pesada y una cadena ligera, localizadas en el extremo amino terminal.
En función del tipo de cadena pesada, las inmunoglobulinas se clasifican en diferentes clases y subclases, siendo las del tipo IgG las más abundantes.
Estructura de una inmunoglobulina tipo IgG y de dos de los fragmentos más habituales: el fragmento Fab, obtenido por digestión enzimática del anticuerpo, y el fragmento scFv, obtenido mediante ingeniería genética Fuente: elaboración propia a542 En el contexto de la generación de anticuerpos con fines analíticos, biomédicos o biotecnológicos, estos pueden clasificarse en tres tipos según su origen: policlonales, monoclonales o recombinantes.
Los anticuerpos policlonales se obtienen a partir del suero sanguíneo del animal inmunizado, y constituyen una mezcla compleja y heterogénea de todos los tipos de anticuerpos generados frente a un mismo inmunógeno, cada uno de ellos procedente de un clon de linfocitos B distinto y por tanto con una afinidad y especificidad diferente.
Por ello, sus características representan un promedio de la respuesta inmunitaria del animal, lo que puede ser útil para evaluar la idoneidad del inmunógeno empleado para la generación de los anticuerpos.
Su obtención es relativamente sencilla, económica y rápida, pero presentan como principal inconveniente su carácter limitado y su escasa reproducibilidad debido a la variabilidad inherente al proceso de inmunización.
Los anticuerpos monoclonales son inmunoglobulinas obtenidas in vitro mediante la generación y cultivo de células especiales denominadas hibridomas, las cuales derivan de la fusión de un linfocito B con una célula de mieloma.
Dado que todo linfocito individual produce únicamente un tipo de inmunoglobulina, todas las moléculas de anticuerpo obtenidas a partir de una línea de hibridoma serán idénticas y tendrán las mismas propiedades de unión.
En consecuencia, la tecnología de hibridomas garantiza una fuente ilimitada y reproducible de anticuerpos con unas características constantes.
Su generación es más compleja y costosa, pero resultan más valiosos desde un punto de vista biotecnológico.
Finalmente, los anticuerpos recombinantes se obtienen mediante técnicas de biología molecular, ya sea partiendo de librerías génicas sintéticas o semisintéticas, o bien a partir de los genes codificantes de anticuerpos procedentes de líneas de hibridomas preestablecidas.
La posterior clonación y expresión de estos genes en otros organismos da lugar a anticuerpos con propiedades bien definidas cuyo sitio de unión es susceptible de ser modificado por mutagénesis.
Sin embargo, la utilización de anticuerpos recombinantes para la inmunodetección de sustancias de interés en alimentos es todavía testimonial desde un punto de vista comercial.
El sistema inmunitario está especialmente adaptado para generar anticuerpos frente a antígenos de elevado tamaño potencialmente patogénicos, tales como virus y bacterias, o proteínas exógenas.
Sin embargo, los compuestos orgánicos de bajo peso molecular, como los fármacos, los plaguicidas o las micotoxinas, no son capaces de inducir por sí mismos la generación de anticuerpos, aunque sí pueden ser reconocidos por ellos; en otras palabras, no son sustancias inmunogénicas pero sí antigénicas.
Karl Landsteiner, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1930 y considerado uno de los padres de la inmunoquímica moderna, bautizó a este tipo de sustancias con el nombre de haptenos (Landsteiner y Simms, 1923).
Así pues, una de las dificultades para desarrollar métodos inmunoanalíticos para contaminantes y residuos químicos potencialmente presentes en alimentos radica en que su pequeño tamaño y su escasa complejidad estructural dificultan enormemente la generación de anticuerpos, biomolécula imprescindible para la detección.
La clave para solventar esta aparente paradoja se encuentra en que los haptenos pueden convertirse en inmunogénicos si se enlazan covalentemente a una proteína para dar lugar a lo que se denomina conjugado proteínahapteno.
De esta forma, el hapteno pasa a formar parte de los epítopos de dicha proteína, la cual sí es capaz de inducir la generación de anticuerpos tras un proceso de vacunación o inmunización.
No obstante, cabe señalar que en la mayoría de los casos en los que se desea generar anticuerpos frente a una molécula pequeña, no es posible su unión covalente directa a una proteína por carecer de algún grupo reactivo que pueda utilizarse para este fin.
Resulta por tanto necesario sintetizar previamente un análogo del compuesto diana que lo mimetice con la mayor exactitud y que incorpore un grupo funcional que posibilite la conjugación.
Desde el punto de vista inmunológico, dichos derivados sintéticos también son haptenos.
A grandes rasgos, un hapteno funcionalizado está constituido por tres elementos básicos: una estructura principal semejante al analito de interés, un grupo funcional para la posterior unión covalente a la proteína, y un tercer elemento entre ambos denominado brazo espaciador.
Cabe señalar que el derivado sintético debe poseer una estructura lo más parecida posible al analito, preservando sus principales elementos estructurales, su conformación y su distribución electrónica (Mercader, Agulló, Abad-Somovilla y Abad-Fuentes, 2011).
De esta manera, los anticuerpos generados hacia el hapteno sintético reconocerán también al analito con una elevada afinidad y especificidad.
El propósito del brazo espaciador es mejorar la exposición de la molécula al sistema inmunitario al separarla de la proteína transportadora, facilitando su interacción con los anticuerpos y otros receptores celulares y evitando el enmascaramiento parcial o total del hapteno por una proximidad excesiva a la proteína.
Habitualmente, el espaciador consiste en una cadena a542 lineal hidrocarbonada totalmente saturada con el grupo funcional en su extremo, como por ejemplo un grupo carboxilo, el cual posibilita el acoplamiento a la proteína a través de su reacción con los grupos amino libres de los aminoácidos básicos, principalmente lisinas, mediante la formación de un enlace amida.
Es importante que el brazo espaciador no contenga elementos fuertemente inmunogénicos, como son anillos aromáticos, dobles enlaces conjugados o heteroátomos, ni que sea excesivamente polar, lo que podría cambiar la distribución electrónica de la molécula y desviar la respuesta inmunitaria hacia elementos no deseados que no están presentes en la estructura del analito (Vallejo, Bogus y Mumma, 1982).
En cuanto a su longitud, se ha demostrado experimentalmente que una cadena de 4-6 átomos de carbono resulta generalmente adecuada para favorecer la exposición del hapteno al sistema inmunitario, lo que desemboca en la producción de anticuerpos con la deseada afinidad y especificidad hacia el compuesto diana.
Las proteínas que con mayor frecuencia se utilizan para la conjugación covalente de haptenos son las albúminas y las hemocianinas, siendo la seroalbúmina bovina (BSA) una de las más empleadas en la preparación de conjugados de inmunización por su elevada tolerancia a cargas hapténicas altas sin pérdida de solu-Figura 3.
Estructura del fungicida pyrimethanil y de diferentes haptenos sintetizados con vistas a la generación de anticuerpos.
El brazo espaciador y el grupo funcional, situados en posiciones alternativas de la molécula, se muestran en rojo Fuente: elaboración propia a542 bilidad, así como por su inmunogenicidad, estabilidad física y química, disponibilidad y bajo coste.
Además, esta proteína es especialmente adecuada para cuantificar el número de moléculas de hapteno acopladas (densidad hapténica), y presenta una razonable tolerancia a disolventes orgánicos como el DMSO y la DMF, en los cuales normalmente son solubles los haptenos.
La naturaleza del grupo funcional del hapteno condiciona la química específica para realizar la conjugación.
En el caso de haptenos con un grupo carboxilo terminal, probablemente el grupo funcional más utilizado, para que la reacción con los grupos amino libres de la proteína pueda realizarse en condiciones suaves que no afecten a su integridad estructural se precisa de una etapa previa de activación.
Los procedimientos más empleados con esta finalidad son el método del éster activo y el del anhídrido mixto (Montalbetti y Falque, 2005).
Una vez activado el grupo carboxilo, se hace reaccionar el hapteno con la proteína en medio ligeramente básico, de modo que los grupos amino de la proteína se encuentren parcialmente desprotonados y se facilite el acoplamiento con el grupo carbonilo de la especie química activada.
Una característica muy reseñable del método del éster activo es la posibilidad de purificar el derivado de N-hidroxisuccinimidilo resultante de la activación, una aproximación en la que nuestro grupo ha sido pionero (Esteve-Turrillas et al., 2010).
Si bien se trata de derivados bastante inestables, su manipulación en condiciones anhidras es perfectamente factible, y sin duda la utilización de derivados purificados y perfectamente caracterizados evita posibles reacciones secundarias indeseadas y facilita un control preciso de la proporción de moléculas de hapteno conjugadas por molécula de proteína, parámetro conocido como relación molar hapteno/proteína (RM).
Los avances en técnicas de espectrometría de masas, como MALDI-TOF, permiten determinar con excelente exactitud pequeñas diferencias de masa en las proteínas, lo que posibilita calcular la densidad de haptenos por unidad proteica en los conjugados (véase figura 4) (Esteve-Turrillas, Mercader et al., 2015; Ramón-Azcón, Sánchez-Baeza, Sanvicens y Marco, 2009).
Un conjugado inmunizante óptimo debe tener una carga hapténica moderadamente elevada.
En el caso de la BSA, valores entre 10 y 20 moléculas de hapteno por molécula de proteína se consideran adecuados para la generación de una buena respuesta inmunitaria y por tanto para la producción de anticuerpos.
MÉTODOS INMUNOQUÍMICOS HABITUALES EN EL ANÁLISIS DE CONTAMINANTES DE ALIMENTOS
El tamaño de los haptenos no solo condiciona el procedimiento a seguir para obtener anticuerpos para este tipo de moléculas, también tiene una influencia capital en la configuración del inmunoensayo.
El inmunoanálisis de proteínas y microorganismos se realiza habitualmente mediante lo que se conoce como inmunoensayo tipo sándwich, ya que debido a su gran tamaño estos antígenos poseen varios epítopos que les permiten unirse a varias moléculas de anticuerpo simultáneamente.
Sin embargo, los compuestos de bajo peso molecular poseen un único epítopo, por lo que solo pueden interaccionar con una molécula de anticuerpo.
Esta circunstancia determina que los inmunoensayos para haptenos sean de tipo competitivo (González-Techera, Varell, Last, Hammock y González-Sapienza, 2007).
En este tipo de inmunoensayo, el analito y una forma marcada del mismo compiten por los sitios de unión de una cantidad limitante de anticuerpo, de forma que cuanto más analito libre se encuentre en la muestra, más anticuerpo se unirá al mismo y menos al derivado marcado, por lo que se generará menos señal; por el contrario, en ausencia de analito se generará la máxima señal posible del ensayo.
Por tanto, en un inmunoensayo de tipo competitivo, la señal obtenida será inversamente proporcional a la concentración de analito.
Existen dos formatos básicos de ELISA competitivo, el formato de anticuerpo inmovilizado, también conocido como directo, y el formato de conjugado in-movilizado, conocido como indirecto.
En el formato directo (figura 5), los pocillos de una microplaca de poliestireno se recubren con el anticuerpo específico.
A continuación, se añade la muestra que contiene el analito y una concentración predeterminada del hapteno acoplado covalentemente a una enzima, al que se denomina trazador enzimático.
En este momento tiene lugar una competición, ya que el anticuerpo puede unirse al analito o puede hacerlo al trazador.
En función de la concentración de analito en la muestra y de la afinidad del anticuerpo, la fracción de anticuerpo unida a cada una de las dos especies será distinta.
Después de una etapa de lavado se añade un sustrato, el cual será transformado por la enzima en un producto que generará una señal.
Como se puede ver en la figura 6, al representar la señal frente a la concentración de analito en escala logarítmica, se obtiene una curva sigmoide decreciente.
Los parámetros más importantes de una curva de inhibición son los valores de señal máxima y mínima, la pendiente, y muy especialmente la concentración de analito en el punto de inflexión de la curva, denominada IC 50, y que constituye una buena estimación de la constante de afinidad del anticuerpo.
Obviamente, un inmunoensayo de este tipo será tanto más sensible cuanto menor sea el valor de IC 50.
Otros parámetros reseñables son la concentración de analito que origina una señal igual al 90% de la señal máxima (IC 10 ), y que se suele adoptar como límite de detección del ensayo (LOD, de su acrónimo en inglés), y la que genera una señal igual al 80% de la señal máxima (IC 20 ), que se considera el límite de cuantificación (LOQ).
Esquema de un ELISA competitivo en formato directo Fuente: elaboración propia a542 Probablemente, la enzima más empleada para la preparación del trazador sea la peroxidasa de rábano picante (HRP, horseradish peroxidase).
En presencia de H 2 O 2, la HRP promueve la oxidación de ciertos sustratos para dar lugar a productos con propiedades ópticas fácilmente detectables, siendo los más habituales el TMB (3,3',5,5'-tetrametilbencidina) y la OPD (o-fenilenodiamina) entre los cromogénicos, y el luminol (5-amino-2,3-dihidroftalazina-1,4-diona) entre los quimioluminiscentes.
En cuanto al formato indirecto (figura 7), es un conjugado no enzimático proteína-hapteno el que se inmoviliza en la microplaca.
Al adicionar la muestra y una disolución con una concentración predeterminada del anticuerpo específico, se establece también una competición, ya que ahora el anticuerpo en disolución puede unirse al conjugado inmovilizado o puede hacerlo al analito si está presente en la muestra.
Después de una etapa de lavado para eliminar el exceso de reactivos, se añade un anticuerpo marcado enzimáticamente que es capaz de reconocer al anticuerpo primario.
La placa se lava de nuevo y se añade el sustrato, generándose la señal, que como corresponde a todo ELISA competitivo será también inversamente proporcional a la concentración de analito.
El conjugado de ensayo que se emplea en este formato es esencialmente idéntico al que sirvió para generar el anticuerpo, si bien la proteína empleada suele ser diferente (habitualmente ovoalbúmina en lugar de BSA) y el grado de marcaje suele ser inferior para favorecer la competición y la sensibilidad del ensayo.
Inmunocromatografía de flujo lateral
Otro método inmunoanalítico ampliamente empleado para la detección de xenobióticos y biotoxinas en alimentos es el inmunoensayo de flujo lateral o tiras inmunorreactivas, cuyo ejemplo más conocido proviene del campo de la química clínica, el test de embarazo.
En este sistema (véase figura 8) se sustituye la microplaca de poliestireno típica de un ELISA por una membrana de nitrocelulosa la que se ha depositado una fina línea de conjugado proteína-hapteno (línea test).
Cuando la tira se pone en contacto con la muestra y con una cantidad previamente establecida de anticuerpo específico marcado, la disolución comienza a migrar por capilaridad hacia la zona donde se encuentra el conjugado.
Existen muchas formas alternativas de marcar el anticuerpo, pero sin duda las nanopartículas de oro coloidal constituyen la solución más utilizada.
Al llegar a la línea test, las moléculas de anticuerpo que no hayan interaccionado con el analito se unirán al conjugado inmovilizado en la membrana, generando una señal claramente visible en forma de banda roja.
Por contra, las moléculas de anticuerpo que sí se hayan unido con el analito pasarán de largo.
Unos milímetros más arriba de la línea test se encuentra otra línea formada por inmunoglobulinas capaces de reconocer al anticuerpo marcado con independencia de que se encuentre libre o unido al analito (línea control), de forma que el anticuerpo específico que no haya quedado retenido en la línea test lo hará en dicha zona.
Lógicamente, la cantidad de anticuerpo marcado que quede unido a cada línea, y por tanto la intensidad de señal de cada una de estas dos bandas, dependerá de la concentración de analito existente en la muestra que se está analizando, la cual se podrá estimar a partir de la relación de señales en las líneas test y control.
La gran ventaja de este sistema inmunoanalítico es que no requiere de ningún equipamiento especial para el análisis de muestras, por lo que el ensayo se puede realizar en cualquier entorno, con la ventaja analítica que esto supone.
En el caso de que se requieran medidas cuantitativas, existen pequeños dispositivos realmente portátiles para leer las tiras, o incluso aplicaciones para teléfono móvil basadas en el tratamiento de la imagen capturada.
Además, las tiras se pueden almacenar después del ensayo, garantizando la trazabilidad de los resultados.
A partir de los datos de caracterización se seleccionan las parejas anticuerpo-conjugado que proporcionan una señal adecuada en ausencia de analito y una mayor sensibilidad.
El desarrollo de los inmunoensayos comienza con la optimización de la concentración de cada inmunorreactivo y de las condiciones de ensayo (tiempo, temperatura, volumen, etc.), y sigue con la determinación de los parámetros analíticos (A max, IC 50, LOD, precisión, exactitud, etc.).
A continuación, es necesario estudiar la selectividad del ensayo frente a moléculas que potencialmente pueden estar presentes en la muestra y que pueden ser reconocidas por el anticuerpo o interferir en el reconocimiento.
Además, se debe determinar la influencia del pH y de la fuerza iónica del tampón de ensayo sobre los parámetros analíticos.
Finalmente, también conviene evaluar la tolerancia a diferentes disolventes orgánicos, principalmente acetonitrilo, metanol y etanol, ya que son los que con mayor frecuencia se pueden encontrar en muestras de alimentos, bien porque se emplean para la extracción del analito, bien porque forman parte de ellas (Abad-Fuentes, Esteve-Turrillas, Agulló, Abad-Somovilla y Mercader, 2012; Esteve-Turrillas, Mercader, Agulló, Abad-Somovilla y Abad-Fuentes, 2015).
La etapa final en el desarrollo de todo método inmunoanalítico es la caracterización de sus prestaciones mediante el análisis de muestras reales.
El procedimiento a seguir no difiere esencialmente del que se emplea con cualquier otro método de análisis, y consiste básicamente en establecer el protocolo más adecuado de extracción y limpieza de la muestra (en el caso de matrices sólidas); determinar las interferencias de la matriz alimentaria, si las hubiera; realizar estudios de recuperación con muestras fortificadas a diferentes niveles; y finalmente aplicar el ensayo a la determinación de alimentos contaminados de forma natural y validar los resultados obtenidos mediante comparación con otro método analítico (Mercader, López-Moreno, Esteve-Turrillas, Abad-Somovilla y Abad-Fuentes, 2014).
A lo largo de los últimos años, nuestro grupo de investigación ha producido anticuerpos, policlonales y monoclonales, y desarrollado inmunoensayos para un amplio abanico de compuestos relevantes en calidad y seguridad alimentaria, entre los que se incluyen:
• Cinco fungicidas de la familia de las estrobilurinas:
• Tres fungicidas de la familia de las anilinopirimidinas: pyrimethanil, cyprodinil y mepanipyrim.
• Cuatro inhibidores de la succinato deshidrogenasa fúngica: fluopyram, penthiopyrad, fluxapyroxad y boscalid.
• Siete fungicidas de diversas familias: ortofenilfenol, imazalil, fenhexamid, proquinazid, fludioxonil, quinoxyfen y fluopicolide.
• Un herbicida: dicamba.
• Dos hormonas: forchlorfenuron y melatonina.
• Seis micotoxinas: aflatoxina M1, aflatoxina B1, zearalenona, alternariol, ocratoxina A y patulina.
• Una cianotoxina: anatoxina-a.
En las tablas 1, 2, 3 y 4 se recoge la información más relevante acerca de los inmunoensayos desarrollados por nuestro grupo que se han aplicado en diferentes matrices alimentarias, y se comparan sus LOQ con los límites máximos de residuos (MRL, de sus siglas en inglés) autorizados en la Unión Europea.
APLICACIONES EN LA INDUSTRIA AGROALIMENTARIA
Un gran número de empresas en todo el mundo centran su actividad en el inmunodiagnóstico de sustancias de interés para la industria agroalimentaria (Abraxis, Neogen, Envirologix, Zeulab, Tecna, Romer Labs, Unisensor, Prognosis Biotech, Randox, r-Biopharm, Vicam, Europroxima, Charm Sciences, Bioo Scientific, etc.), lo que da idea de la importancia económica de este sector.
En este sentido, nuestro grupo ha participado en algunas iniciativas que han desembocado finalmente en métodos inmunoanalíticos disponibles comercialmente a través de diferentes empresas.
Determinación de fungicidas en postcosecha de frutas
Dada su propensión a resultar infectadas por patógenos fúngicos, las frutas son enviadas inmediatamente después de su recolección a centrales hortofrutícolas, donde son tratadas con fungicidas para evitar su deterioro.
Dichos tratamientos deben realizarse de acuerdo con la legislación vigente para no exceder los límites máximos de residuos, al tiempo que deben resultar eficaces.
Así, si se aplican concen-traciones inferiores a las recomendadas, se producirá un aumento del podrido en destino que puede llevar a importantes pérdidas económicas.
Si por el contrario se trata la fruta con un exceso de fungicida, el residuo en el fruto se incrementará, pudiéndose superar los límites legales.
La forma habitual por la que un almacén controla que las concentraciones en los caldos de tratamiento y en la fruta final son las adecuadas es el envío de Tabla 3.
Ejemplos de inmunoensayos validados para el análisis de fungicidas de diferentes familias en alimentos Tabla 4.
Ejemplos de inmunoensayos validados para el análisis de diversas biotoxinas en alimentos muestras a laboratorios acreditados.
Estos análisis se llevan a cabo mediante técnicas cromatográficas, y pueden tardar días o incluso semanas en el caso de países con escasas infraestructuras analíticas.
En definitiva, las centrales hortofrutícolas carecen de herramientas rápidas que les permitan realizar un control efectivo sobre un proceso crítico, como es el de los tratamientos que realizan.
Ante esta situación, y en colaboración con la empresa Productos Citrosol, decidimos desarrollar un sistema inmunoanalítico que permitiera determinar en las propias centrales hortofrutícolas los tres fungicidas más utilizados en postcosecha de cítricos, es decir, imazalil, ortofenilfenol y pyrimethanil.
Las características clave del sistema son su rapidez (los resultados se obtienen en treinta minutos), su sencillez (no se requiere una formación especializada), su coste (menos de 10€ por muestra) y sobre todo su portabilidad (los análisis se realizan en el propio almacén, dado que no se requiere un equipamiento sofisticado).
El sistema, basado en kits ELISA, proporciona resultados comparables a los obtenidos en laboratorios acreditados, permitiendo mejorar de forma considerable los sistemas de calidad en los almacenes de tratamiento.
El sistema supone una importante innovación para el sector de la postcosecha, en tanto que permite adoptar medidas correctoras en tiempo real, evitando así situaciones inesperadas e indeseables.
Desde principios de 2018, Productos Citrosol comercializa estos ensayos en exclusiva a nivel mundial bajo la denominación Easy Kit, con un nivel de aceptación por parte del sector que está superando las previsiones iniciales de la empresa.
Análisis de cloranfenicol y aflatoxina M1 en leche
Uno de los campos donde los métodos inmunoanalíticos gozan de un mayor grado de implantación es en la determinación de antibióticos y micotoxinas en alimentos.
Los antibióticos son sustancias ampliamente utilizadas en la práctica veterinaria para el tratamiento de enfermedades y de infecciones microbianas.
El uso excesivo de antibióticos puede acarrear la presencia de sus residuos en leche, lo que supone no solo un problema de salud pública por la aparición de reacciones alérgicas y de bacterias resistentes, sino también industrial por los problemas que genera a la industria de derivados lácteos.
El cloranfenicol es un antibiótico de amplio espectro prohibido en la Unión Europea, Estados Unidos y otros países para usos veterinarios en animales destinados al consumo humano.
Sin embargo, debido a su elevada eficacia y bajo coste, este fármaco se sigue utilizando de for-ma fraudulenta, especialmente en países con legislaciones más laxas y con sistemas de seguridad alimentaria menos rigurosos, y con frecuencia muchos productos alimenticios con residuos de cloranfenicol tienen a Europa como destino final.
En colaboración con la empresa de inmunodiagnóstico Zeulab, hemos generado anticuerpos monoclonales con una extraordinaria afinidad hacia cloranfenicol.
Estos anticuerpos, y los conjugados preparados para su obtención, han permitido el desarrollo de un test rápido inmunocromatográfico que posibilita la detección de la presencia de cloranfenicol en leches y derivados en menos de diez minutos y a niveles por debajo de 0.3 μg/L, el nivel permitido más exigente de las legislaciones en vigor, y que corresponde a la Unión Europea.
Este test se encuentra en este momento en fase de producción a gran escala con vistas a su inmediata comercialización.
En esta misma línea de colaboración, cabe señalar que actualmente se encuentra en fase de desarrollo un sistema, también de tipo inmunocromatográfico, que permita la detección de aflatoxina M1 en leche a un nivel tan analíticamente exigente como 0.05 μg/L, acorde con la reglamentación promulgada por la Unión Europea para esta micotoxina en productos lácteos.
Detección de anatoxina-a en aguas
Las cianobacterias son organismos fotosintéticos procariotas que bajo condiciones favorables son capaces de proliferar muy rápidamente.
Se considera que estas proliferaciones masivas son más frecuentes e intensas que antaño debido a la actividad humana y al calentamiento global.
Algunas de estas cianobacterias son capaces de producir metabolitos tóxicos conocidos como cianotoxinas, los cuales suponen una seria amenaza para los ecosistemas y la salud humana, así como para el bienestar de la fauna, el ganado y los animales domésticos.
Las principales vías de exposición a cianotoxinas son la ingesta de agua contaminada, el consumo de pescado y moluscos, y la presencia de especies cianobacterianas indeseadas en suplementos dietéticos.
La anatoxina-a es una cianotoxina identificada en los años'60 como el agente causante de la muerte de ganado vacuno en Canadá.
Se trata de una neurotoxina muy potente que se une de manera irreversible al receptor de acetilcolina, provocando la muerte por parálisis debido a la sobreexcitación del impulso nervioso.
En algunas regiones el problema es recurrente y se registran incidentes cada año, como la clausura del suministro de agua potable a542 para consumo humano, o la muerte de fauna salvaje y animales domésticos por el consumo accidental de aguas contaminadas.
La anatoxina-a es una molécula muy pequeña y poco compleja estructuralmente, por lo que a pesar de los esfuerzos realizados durante los últimos treinta años, no había sido posible producir anticuerpos frente a ella y en consecuencia desarrollar métodos inmunoanalíticos que permitieran su detección de forma rápida y sencilla.
En 2015, nuestro grupo fue capaz de lograr la generación de anticuerpos monoclonales capaces de reconocer anatoxina-a con una elevada afinidad y enantioselectividad.
Este desarrollo dio lugar a la presentación de una patente internacional que se licenció en exclusiva a la empresa estadounidense Abraxis Inc [URL] ES2612751R1.pdf), quien actualmente comercializa los únicos inmunoensayos tipo ELISA y tiras inmunocromatográficas disponibles a nivel mundial para la detección de esta cianotoxina.
Además, esta empresa comercializa kits tipo ELISA para el insecticida imidacloprid y para los fungicidas azoxystrobin y pyraclostrobin, basados en inmunorreactivos desarrollados por nuestro grupo.
Determinación de ocratoxina A en vinos
La ocratoxina A es un metabolito secundario tóxico producido principalmente por hongos del género Aspergillus que pueden contaminar productos agrícolas y alimentos procesados a lo largo de toda la cadena alimentaria.
La International Agency for Research on Cancer clasifica la ocratoxina A dentro del grupo 2B de sustancias potencialmente carcinogénicas en humanos.
Esta micotoxina se encuentra en diferentes alimentos contaminados por hongos toxigénicos, principalmente cereales, pero también en bebidas como el café, la cerveza y el vino.
De hecho, la ocratoxina A es la única micotoxina para la cual la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha establecido niveles máximos permitidos en vinos y mostos, en concreto 2 μg/L. Los datos disponibles sugieren la necesidad de vigilar la presencia de ocratoxina A en vino, y no solo por una cuestión evidente de seguridad alimentaria, sino también de calidad, ya que su presencia en esta matriz constituye un indicador de una deficiente selección de la materia prima.
Recientemente nuestro grupo ha generado los que probablemente sean los anticuerpos monoclonales de mayor afinidad hacia esta micotoxina producidos hasta la fecha.
Esto ha sido posible gracias a la utilización de estrategias sintéticas innovadoras no exploradas con anterioridad que han permitido preparar derivados funcionalizados de la micotoxina, dejando libre, y por tanto accesible, el grupo carboxilo que la ocratoxina A posee en su estructura.
Con estos inmunorreactivos hemos desarrollado un inmunoensayo capaz de determinar con fiabilidad la presencia de ocratoxina A en vinos a una concentración de 0.5 μg/L, un nivel cuatro veces inferior al establecido en la legislación europea.
A modo de ejemplo, el análisis de un material certificado (ERM-BD476) proporcionado por el Federal Institute for Materials Research and Testing de Alemania, y consistente en un vino tinto contaminado de forma natural con 0.5 μg/L de ochatoxina A, proporcionó un valor mediante ELISA de 0.45 ± 0.07 μg/L (n=7).
Estos desarrollos han sido debidamente patentados, y en la actualidad estamos negociando con empresas de inmunodiagnóstico alimentario interesadas en su licencia y comercialización.
Consideramos que, al igual que ha ocurrido con el sector de la postcosecha mencionado anteriormente, el acceso a una herramienta analítica de este tipo por parte de las bodegas les permitiría controlar in situ y de una forma sencilla, rápida y económica, la calidad de sus vinos y de las materias primas, uvas y mostos con los que se elaboran.
Nos gustaría expresar nuestro reconocimiento a todos los estudiantes y técnicos que han formado parte de nuestro grupo por su decisiva contribución en la generación de la colección de inmunorreactivos que se describe en este artículo. |
El aumento en la producción y consumo de frutas y hortalizas mínimamente procesadas de los últimos años ha contribuido a incrementar las toxiinfecciones alimentarias asociadas al consumo de productos vegetales frescos.
Esto es debido a que los tratamientos desinfectantes llevados a cabo actualmente por industria de IV gama son insuficientes para garantizar la seguridad microbiológica de los productos finales, y además estos no reciben ningún tratamiento capaz de eliminar todos los patógenos antes de su consumo.
Por lo tanto, es necesario utilizar estrategias alternativas para reducir los microorganismos patógenos y alterantes en frutas y hortalizas.
La bioconservación, mediante el uso de microorganismos o sus metabolitos, es una alternativa que, en combinación con las prácticas habituales, puede reducir o prevenir el crecimiento de patógenos en productos mínimamente procesados, mejorando su calidad microbiológica.
En este artículo se presentan los resultados más relevantes sobre la bioconservación de frutas y hortalizas mínimamente procesadas.
El consumo de frutas y hortalizas es beneficioso para la salud por su contenido en vitaminas, minerales, fibras y sustancias fitoquímicas, que contribuyen a la salud.
Asimismo, su consumo puede llegar a reducir el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y cáncer (Wang et al., 2014).
Las frutas y hortalizas mínimamente procesadas surgen como respuesta a la demanda del consumidor de productos frescos, sanos, de elevada calidad y que requieran escaso tiempo de preparación conservando sus propiedades originales desde el punto de vista organoléptico y nutritivo.
Según valoraciones del año 2017 (véase "La IV gama de frutas y hortalizas espera crecer un 10 % hasta 2020"), en España, el consumo de este tipo de productos ronda los 3 kg per cápita/ año.
Aunque la demanda no es muy alta, en nuestro país más del 70 % de los hogares ha incorporado en alguna ocasión estos productos a la cesta de la compra.
De hecho, la industria de IV gama ha crecido continuamente desde su introducción en el mercado español en 1989 y se estima que, para el año 2020, la venta al por menor de productos mínimamente procesados crecerá entre un 8 y un 10 %, alcanzando los 320.000 millones de euros en ventas (véase "La IV gama de frutas y hortalizas espera crecer un 10 % hasta 2020").
Las frutas y hortalizas mínimamente procesadas son frutas y hortalizas frescas, limpias, troceadas y envasadas, listas para su consumo, con una fecha de caducidad en torno a los 5-7 días conservadas entre 1-4 °C, que garantizan su seguridad y calidad nutricional y sensorial.
El procesado de elaboración de productos de IV gama incluye operaciones como el pelado y el corte, que producen estrés físico en el vegetal y darán lugar a la liberación de fluidos celulares, causando alteraciones fisiológicas y microbiológicas que pueden repercutir en la calidad y vida útil del producto obtenido.
En este sentido, uno de los principales retos para la industria de IV gama es la búsqueda de estrategias que permitan conservar la calidad de las frutas y hortalizas cortadas, alargar su vida útil y, sobre todo, garantizar su seguridad.
La microbiota natural de frutas y hortalizas frescas no suele ser patógena para los humanos.
Sin embargo, durante el cultivo, la cosecha, el transporte y el posterior procesado y manejo, el producto puede contaminarse con patógenos de transmisión alimentaria, ya sean de origen humano, animal o ambiental (Sánchez, Elizaquível y Aznar, 2012).
Esta contaminación con patógenos de transmisión alimentaria plan-tea un posible problema de seguridad alimentaria, ya que los productos mínimamente procesados se consumen crudos, sin ningún tipo de tratamiento microbiológicamente letal.
Por todo ello, para evitar y minimizar los riesgos de contaminación de las frutas y hortalizas, es necesario llevar a cabo unas Buenas Prácticas de Producción y de Fabricación y aplicar un sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC).
En el año 2017 se detectaron 39 brotes de toxiinfección alimentaria asociados al consumo de alimentos de origen no animal en la Unión Europea, lo que representa el 6,1 % de los brotes, siendo Salmonella spp. y los Calicivirus, incluyendo los norovirus los principales agentes causales, seguidos de las toxinas bacterianas y de Escherichia coli, productor de Shigatoxina (EFSA and ECDC, 2018).
Asimismo, el número de brotes de toxiinfecciones alimentarias causadas por la ingesta de productos mínimamente procesados se sitúa en una tasa bastante alta tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea.
Por lo tanto, los métodos de producción seguros y los procedimientos adecuados de descontaminación son pasos críticos para garantizar la seguridad de las frutas y hortalizas frescas listas para el consumo (Artés, Gómez, Aguayo, Escalona y Artés-Hernández, 2009).
El lavado de los productos vegetales con agua elimina suciedad, exudados y células muertas que contribuyen al deterioro de la fruta.
Sin embargo, para eliminar o reducir la microbiota presente se suelen emplear desinfectantes químicos, con los que además se evita la contaminación cruzada entre productos limpios y contaminados.
De hecho, su efecto principal es mantener la calidad microbiana del agua (Gil, Selma, López-Gálvez y Allende, 2009).
Aunque el uso de desinfectantes químicos es habitual en la industria de IV gama, los consumidores tienen una percepción negativa de los mismos, ya que algunos de ellos están relacionados con la producción de compuestos tóxicos, y además precisan períodos de tiempo bastante largos para degradarse, creando problemas de contaminación ambiental (Faleiro, 2010).
Por ese motivo se buscan alternativas para el control de microorganismos e incrementar la seguridad alimentaria.
En las alternativas para mejorar la seguridad de estos productos, encontramos una gran variedad de métodos físicos, como por ejemplo la luz ultravioleta (UV-C), la alta presión hidrostática, los ultrasonidos y la irradiación, entre otros (Ramos, Miller, Brandao, Teixeria y Silva, 2013).
Sin embargo, la mayoría de estas técnicas todavía no están implantadas en la in-a543 dustria, siendo el envasado en atmósfera modificada y la refrigeración los métodos físicos más ampliamente aplicados, ya que su combinación evita el desarrollo de microorganismos y retarda la senescencia del producto, alargando la vida útil de las frutas y hortalizas de IV gama.
Otra de las alternativas es la bioconservación, ya sea mediante el uso de microorganismos o sus metabolitos.
Estos cultivos protectores ejercen su función ocupando el mismo nicho que los patógenos (compitiendo por espacio y nutrientes), produciendo sustancias antimicrobianas, y en caso de algunas bacterias, como las probióticas, actuando a nivel del intestino impidiendo que los patógenos se adhieran e invadan los enterocitos y activando una respuesta inmunitaria como barrera defensiva contra los patógenos (Fliss, Hammami y Le Lay, 2011).
Sin embargo, la bioconservación no sustituye el uso de buenas prácticas de higiene, de forma que siempre se debe considerar como un parámetro adicional para mejorar la seguridad y la calidad del producto (Holzapfel, Geisen y Schillinger,1995).
CULTIVOS PROTECTORES O AGENTES DE BIOCONTROL
Los cultivos protectores pueden evitar el crecimiento de patógenos de transmisión alimentaria en frutas y hortalizas mínimamente procesadas o pueden incluso ser una alternativa a los tratamientos químicos habituales en la industria de IV gama.
Pueden realizarse mediante la utilización de microorganismos previamente existentes en el alimento o mediante la introducción artificial de microorganismos con capacidad de controlar a los patógenos (Leverentz et al., 2003).
La microbiota natural de frutas y hortalizas juega un papel importante en la seguridad microbiológica de los productos mínimamente procesados, ya que puede competir con los patógenos por espacio físico y nutrientes o produciendo compuestos antimicrobianos (Liao y Fett, 2001).
La desinfección que tiene lugar durante el procesado de estos productos reduce esta microbiota protectora, por lo que, si ocurriera una contaminación posterior con patógenos, estos se encontrarían en una situación ventajosa.
Por ejemplo Francis y O'Beirne (1997) observaron que la desinfección de lechuga mínimamente procesada favoreció el crecimiento de Listeria monocytogenes a lo largo de la conservación.
Una manera de reducir esta ventaja competitiva es la aplicación de cepas seleccionadas de microorganismos presentes de forma natural en los productos.
Siguiendo esta estrategia, Weiss, Hertel, Grothe, Ha y Hammes (2007) observaron que Pseudomonas putida LTH 5878 redujo la viabilidad de Salmonella Typhimurium, Listeria innocua y Staphylococcus aureus en lechuga tras ocho días de conservación a 4 °C. Sin embargo, la presencia de Pseudomonas fluorescens, Lactobacillus plantarum y Pantoea agglomerans en hojas de col no afectó a la población de Listeria monocytogenes durante la conservación a En frutas mínimamente procesadas, Leverentz et al. (2006), observaron que cuatro cepas aisladas de la superficie de la fruta redujeron la población de Listeria monocytogenes en cilindros de manzana conservados a 10 y 25 °C, de las cuales tres también redujeron la de Salmonella Poona a 25 °C y ninguna a 10 °C. Posteriormente, Abadias, Usall, Alegre, Torres y Viñas ( 2009) observaron que Candida sake CPA-1 no redujo la población de Escherichia coli en cilindros de manzana.
Sin embargo, la cepa CPA-6, nueva especie dentro del género Enterobacteriaceae, y la cepa CPA-7, identificada como Pseudomonas graminis, mostraron actividad antagonista frente a Escherichia coli O157: H7, Salmonella Michigan y Listeria innocua en cilindros de manzana y melocotón conservados a 20 °C y frente a Escherichia coli O157: H7 a 5 °C (Alegre, Viñas, Usall, Anguera, Figge y Abadias, 2012; Alegre, Viñas, Usall, Teixidó, et al. 2013).
Asimismo, el trabajo realizado con CPA-7 sugirió que su modo de acción es competición, un modo de acción al que difícilmente los patógenos pueden desarrollar resistencia.
Posteriormente, Alegre, Viñas, Usall, Anguera et al. (2013) comprobaron que Pseudomonas graminis CPA-7 era efectivo frente a Salmonella y Listeria monocytogenes en manzana mínimamente procesada en condiciones semi-comerciales conservada a 5 y 10 °C, es decir en presencia de un antioxidante comercial, Natu-reSeal® AS1, y envasado en atmósfera modificada pasiva.
Además, la aplicación del agente de biocontrol no afectó a la calidad del producto.
Sin embargo, el efecto observado no fue instantáneo y, por a543 lo tanto, debería usarse en combinación con otras técnicas de conservación, como parte de la tecnología de barreras.
En melón piel de sapo conservado en condiciones semi-comerciales, la actividad antagonista de Pseudomonas graminis CPA-7 disminuyó con el envasado en atmósfera modificada pasiva (Abadias et al., 2014), ya que es aerobio estricto y su efectividad se reduce en ausencia de oxígeno.
En melón galia almacenado durante cinco días a 5 °C en condiciones aerobias, CPA-7 redujo hasta 1,9 unidades logarítmicas la población de Listeria monocytogenes, mientras que no se observó efecto en melón cantaloupe en las mismas condiciones.
Las diferencias en la efectividad se atribuyeron al efecto que la distinta composición de las frutas puede tener en la competencia por nutrientes (Collazo, Abadias, Aguiló-Aguayo et al., 2017).
El estudio de la capacidad de CPA-7, Escherichia coli y Salmonella spp. de emplear fuentes comunes de carbono presentes en las frutas, sugirió que una mayor eficacia metabólica del antagonista en función de la disponibilidad de nutrientes pudiera brindarle una ventaja adaptativa frente a los patógenos.
Iglesias, López, Echeverría, Viñas, Zudaire y Abadias, (2018) demostraron que Pseudomonas graminis CPA-7 fue efectivo frente Salmonella y Listeria monocytogenes en pera conservada a 5, 10 y 20 °C, mientras que no fue efectivo en condiciones semi-comerciales.
Tras optimizar el tratamiento antioxidante y el film de envasado para simular las condiciones semi-comerciales (Iglesias, Abadias, Anguera y Viñas, 2018), Pseudomonas graminis CPA-7 redujo la población de Listeria monocytogenes pero no la de Salmonella, ya que la población de este patógeno se redujo a lo largo de la conservación por la baja temperatura.
Los estudios in vitro sobre modo de acción de CPA-7 mostraron que no produjo alginato ni formó biopelículas sobre superficies inertes en las condiciones estudiadas.
Tampoco se observó actividad antimicrobiana del crecimiento de CPA-7 o de los metabolitos producidos por este en medio sólido, contra Escherichia coli, Salmonella spp. o Listeria monocytogenes (Collazo, Abadias, Aguiló-Aguayo et al., 2017).
Por otro lado, CPA-7 demostró tener un efecto sobre la virulencia de Salmonella Enteritidis y Listeria monocytogenes tras la co-incubación en pera mínimamente procesada durante siete días a 5 °C, ya que redujo la adherencia de Salmonella a células Caco-2 (modelo celular del epitelio intestinal humano), mientras que no mostró efecto en la de Listeria monocytogenes.
Sin embargo, la interacción con el antagonista en la matriz alimentaria durante el almacenamiento redujo significativamente la invasividad de ambos patógenos: en 1,3 unidades logarítmicas en el caso de Listeria monocytogenes y a niveles indetectables (< 5 ufc g -1 fruto) en el caso de Salmonella Enteritidis, sugiriendo la interferencia con la expresión de genes involucrados en los mecanismos de virulencia de estos patógenos como posible mecanismo de acción de CPA-7 (Collazo, Abadias, Colás-Medà et al., 2017).
Otro posible modo de acción de CPA-7 puede ser la activación de la respuesta defensiva de la planta y la tolerancia al estrés oxidativo, ya que esta bacteria indujo la actividad de enzimas antioxidantes y retardó la reducción del contenido en compuestos antioxidantes en manzana mínimamente procesada a lo largo de seis días de almacenamiento a 5 °C, sin afectar negativamente a la calidad del fruto (Collazo et al., 2018).
Las bacterias ácido-lácticas pueden utilizarse como cultivos protectores en alimentos como las frutas y hortalizas mínimamente procesadas.
Por ejemplo, Vescovo, Torriani, Orsi, Macchiarolo y Scolari (1996)demostraron el potencial de una bacteria láctica, una cepa de Lactobacillus casei, para inhibir el crecimiento de bacterias en vegetales mínimamente procesados.
Posteriormente, Torriani, Scolari, Dellaglio y Vescovo (1999) observaron que la cepa IMPC LP4 de Lactobacillus plantarum aumentó la vida útil de las zanahorias ralladas, controlando el crecimiento de Leuconostoc spp.
Scolari y Vescovo (2004) observaron un efecto inhibitorio importante de Lactobacillus casei LC34GF frente a Staphylococcus aureus, Aeromonas hydrophila, Escherichia coli y Listeria monocytogenes en hojas de endivia conservadas durante seis días a 8 °C. Trias, Bañeras, Badosa y Montesinos (2008) seleccionaron cinco bacterias ácido-lácticas con actividad bacteriostática frente a Salmonella y bacteriocida frente a Listeria monocytogenes en lechuga, mientras que solo una de ellas fue bacteriostática frente a Escherichia coli.
Los autores atribuyeron la especificidad de las bacterias lácticas por la bacteria Gram positiva ensayada a la producción de bacteriocinas.
Siroli et al. (2015) observaron que Lactobacillus plantarum V7B3 aumentó la vida útil y seguridad en manzana y lechuga, incrementando la cinética de destrucción de Escherichia coli y reduciendo la viabilidad de Listeria monocytogenes.
Una opción interesante respecto a la aplicación de bacterias ácido-lácticas es la utilización de bac-a543 terias probióticas, ya que además de conseguir un efecto protector en los alimentos podrían mejorar la salud del consumidor.
Además, el desarrollo de alimentos probióticos no lácteos podría ampliar el rango de población que se beneficiaria de su consumo.
En esta línea, el probiótico Lactobacillus rhamnosus GG mantuvo la concentración necesaria para ejercer efectos beneficiosos en trozos de manzana mínimamente procesados en condiciones semi-comerciales a 5 y 10 °C, y además redujo la población de Listeria monocytogenes en una unidad logarítmica sin afectar a la calidad final del producto ( Por lo tanto, el uso de cultivos protectores puede representar un obstáculo adicional al crecimiento de patógenos de transmisión alimentaria en frutas y hortalizas mínimamente procesadas.
Asimismo, los trabajos realizados con algunos cultivos protectores han demostrado una reducción en la patogenicidad de los patógenos ensayados.
Como ya se ha comentado, uno de los mecanismos de acción por los cuales los cultivos bioconservantes pueden controlar microorganismos alterantes o patógenos en los alimentos es la producción de metabolitos como las bacteriocinas.
Las bacteriocinas son péptidos con actividad antimicrobiana producidos por un gran número de bacterias (Cotter, Hill y Ross, 2005).
Principalmente actúan sobre la membrana de las cé-lulas sensibles, desestabilizando y permeabilizando mediante la formación de canales.
Se clasifican según sus características bioquímicas y genéticas, diferenciando bacteriocinas de tipo I, II, III y IV (Mondragón Preciado et al., 2013).
Es importante destacar que las bacteriocinas son compuestos seguros para los humanos debido a que las proteasas presentes en el tracto gastrointestinal humano las descomponen en sustancias no tóxicas (Chen y Hoover, 2003).
La aplicación de las bacteriocinas como método de bioconservación se ha estudiado ampliamente en productos de origen animal; sin embargo, su aplicabilidad en productos vegetales todavía está en estudio.
La termorresistencia de estos compuestos los convierte en un bioconservante ideal para la industria productora de vegetales enlatados o zumos tratados térmicamente (Komitopoulou, Boziaris, Davies, Delves-Broughton y Adams, 1999), siendo su capacidad de permanecer activas en ambientes ácidos (McAuliffe, Ross y Hill, 2001) lo que las hace interesantes como bioconservante en el sector de frutas y hortalizas mínimamente procesadas.
Existen distintos métodos que pueden emplearse para que las bacteriocinas lleguen a los alimentos y actúen como bioconservantes.
Uno de ellos es la adición del cultivo microbiano productor de bacteriocina a la matriz alimentaria, produciéndose de este modo las bacteriocinas in situ (Gragg y Brashears, 2010; Siroli et al., 2016) mientras que, por otro lado, puede cultivarse el microorganismo productor de bacteriocina en condiciones controladas para conseguir un purificado que contenga parcial o exclusivamente este compuesto que se podrá aplicar directamente en el alimento.
Debido a que se ha descrito que la producción de bacteriocinas puede ser dependiente de la temperatura (Bennik, van Overbeek, Smid y Gorris, 1999), la aplicación directa del compuesto en el alimento permite tener un mayor control sobre la concentración de bacteriocina presente en el alimento y una distribución más homogénea del compuesto en el producto.
La nisina, bacteriocina producida por Lactococcus lactis subsp. lactis, es una de las bacteriocinas más estudiadas como bioconservante en frutas y hortalizas.
Esta bacteriocina está aprobada como aditivo alimentario (E-314) y se comercializa a día de hoy bajo distintos nombres comerciales.
En distintos estudios se ha mostrado su efectividad para controlar la población de Listeria monocytogenes en lechuga cortada (Oliveira et al., 2015; McManamon, Kaupper, Scollard y Schmalenberger, 2019; Allende et al., 2007).
Del a543 mismo modo, se ha determinado su capacidad para controlar la población de Salmonella spp. en el melón cortado (Ukuku y Fett, 2004), la microbiota natural del melón (Ukuku y Fett, 2002) y la población de Listeria monocytogenes y Escherichia coli O157: H7 en el melón entero (Ukuku, Bari, Kawamoto y Isshiki, 2005).
En vegetales como el calabacín o el brócoli se han observado reducciones de la población de Listeria monocytogenes superiores a 2,5 unidades logarítmicas con la aplicación de esta bacteriocina (Bari et al., 2005).
Cabe destacar que existen otras bacteriocinas como la coagulina (sobrenadante producido por Lactobacillus paraplantarum IPLA C23), pediocina (producida por Pediococcus acidilactici), bacteriocina RUC9 (producida por una cepa de Lactococcus lactis aislada de ensalada mínimamente procesada) o enterocina AS-48 (producida por Enterococcus faecalis A-48-32) que han mostrado ser efectivas para el control de Listeria monocytogenes en frutas y vegetales (Randazzo, Pitino, Scifò y Caggia, 2009; Cobo-Molinos et al., 2005; Allende et al. 2007).
Sin embargo, estas bacteriocinas no se encuentran todavía autorizadas para su uso alimentario.
Con el objetivo de incrementar la efectividad, tanto de nisina como de las otras bacteriocinas, en frutas y vegetales, algunos autores han evaluado su combinación con ácidos orgánicos o sustancias quelantes con capacidad antimicrobiana, viéndose incrementada su efectividad significativamente (Bari et al., 2005; Bennik et al., 1999; Cobo-Molinos et al., 2005; Ukuku et al., 2005).
Para incrementar la vida útil de frutas mínimamente procesadas algunos autores han aplicado películas comestibles como soporte de las bacteriocinas.
Narsaiah et al. (2015) aplicaron un recubrimiento de alginato que incorporaba pediocina en papaya cortada, observando al finalizar los 21 días de conservación a 4° C una reducción cercana a 4,0 unidades logarítmicas de la población microbiana total.
Barbosa, Araújo, Matos, Carneloss y Castro, (2013) aplicaron un recubrimiento de celulosa que incorporaba nisina en mango mínimamente procesado.
El tratamiento redujo la población de Listeria. monocytogenes por debajo de los límites de detección después de cuatro días, mientras que en las muestras de control la población alcanzó 10 6 ufc g -1.
Resultados similares se observaron en la población de Staphylococcus aureus en mango a los seis días de conservación, con una reducción de 6 unidades logarítmicas.
Sobre cubos de manzana inoculados con distintas cepas de Listeria monocytogenes, se evaluó la efectividad de distintos recubrimientos solos o combinados con enterocina AS-48 (López Aguayo, Grande Burgos, Pérez Pulido, Gálvez y Lucas López, 2016).
Con el tra-tamiento combinado de carboximetil celulosa y enterocina (40 μg ml -1 ) se observó una reducción de 2,7 unidades logarítmicas a los siete días.
Con la adición de lactato de sodio o EDTA a todas las combinaciones de recubrimientos y enterocina se consiguió una reducción de la población de Listeria monocytogenes por debajo de los límites de detección en todos los recubrimientos estudiados al cabo de un día con EDTA y a los siete días con el lactato de sodio.
Los bacteriófagos o fagos son virus que infectan y se multiplican en bacterias específicas y son habitualmente inocuos para humanos, animales y plantas.
Son los microorganismos más abundantes en el planeta y están ampliamente difundidos en aguas y alimentos de distintos orígenes (Brüssow y Kutter, 2005).
Se clasifican en virulentos (líticos) que siguen generalmente un ciclo lítico y atemperados (lisogénicos) que entran e insertan su DNA en el interior del cromosoma bacteriano y son menos efectivos.
El control biológico mediante fagos líticos está empezando a ser aceptado como una tecnología limpia para garantizar la seguridad alimentaria, ya que estos abordan muchas de las preocupaciones actuales de los consumidores.
Por una parte, su especificidad hace que únicamente afecten a los microorganismos patógenos y no a la microbiota propia de los alimentos ni a la microbiota del tracto intestinal.
Además, son respetuosos con el medioambiente, los fagos se han aislado de él.
Los productos comerciales están formulados, en general, con soluciones acuosas, no contienen ni aditivos ni conservantes y su coste es relativamente bajo (Moye, Woolston y Sulakvelidze, 2018).
No afectan a la calidad organoléptica del producto.
Como inconvenientes, el hecho de que sean muy específicos es, por una parte, ventajoso, pero también puede ser una desventaja; para hacer frente a varios patógenos se necesitará utilizar varios fagos.
Además, han de conservarse en refrigeración y su fecha de caducidad es más limitada que la de otros productos.
Existen numerosos estudios que han demostrado la efectividad de determinados bacteriófagos en frutas y hortalizas procesadas.
El cóctel de bacteriófagos ECP-100 (actualmente EcoShield TM ) ha demostrado ser efectivo frente a Escherichia coli O157: H7 en tomates, brócoli o espinacas (Abdulaze et al., 2008), lechuga y melón cortado (Sharma, Patel, Conway, Ferguson y Sulakvelidze, 2009).
El uso de atmósferas modificadas mejoró la efectividad de este fago (Boyacioglu, Sharma, Sulakvelidze y Goktepe, 2013) en lechuga y a543 espinacas.
De forma similar, el bacteriófago LMP-102 (actualmente ListShield TM ), efectivo frente a Listeria monocytogenes, se ha ensayado en melón y manzana cortada conservados a 10 °C, mostrando reducciones entre 2 y 0,4 unidades logarítmicas (Leverentz et al., 2003), respectivamente.
La efectividad de este producto también se ha probado frente a biofilms sobre lechuga, y superficies de acero inoxidable y caucho, reduciéndolo significativamente en todos los casos.
Cabe destacar este efecto en biofilms, ya que estos son difícilmente eliminables mediante otros desinfectantes.
Nuestro grupo de investigación evaluó la efectividad del fago Listex P100 frente a manzana, pera y melón cortados y en sus zumos (Oliveira et al., 2014).
Los resultados demostraron que, tras ocho días de conservación a 10 °C, el fago no fue efectivo en manzana cortada ni en su zumo, seguramente debido al bajo pH de la manzana que hizo decrecer rápidamente el número de fagos presentes.
En pera y melón cortado se obtuvieron reducciones de 1,5 y 1,0 unidades logarítmicas, respectivamente y entre 8,0 y 2,1 unidades en sus zumos.
Estas diferencias pueden atribuirse a que, en matrices sólidas, el fago quede inmovilizado y no pueda entrar en contacto con el patógeno debido a su limitada difusión.
En lo que se refiere a Salmonella spp.
(Leverentz et al., 2001), el fago SCPLX-1 fue efectivo en melón, pero no en manzana.
En brotes de soja verde y de semillas de alfalfa, un cóctel de fagos aislados de efluentes de granjas de cerdo y ganado redujeron 3 unidades logarítmicas la población de Salmonella spp., incrementándose esta reducción cuan-do el fago se combinó con bacterias antagonistas (Ye, Kostrzynska, Dunfield y Warriner, 2010).
En este sentido, Leverentz et al. (2003) demostraron también que la combinación del fago LMP-102 con nisina mejoró su efectividad frente a Listeria monocytogenes en melón.
La combinación de los fagos con un lavado también puede incrementar su efectividad.
Así, Magnone, Marek, Sulakvelidze y Senecal (2013) demostraron que el lavado con ácido levulínico y un cóctel de bacteriófagos (EcoShield TM, SalmoFresh TM y ShigaActive TM ), incrementaron la efectividad del tratamiento exclusivo con los fagos en fresa, brócoli y melón cantaloupe.
En lechuga cortada Oliveira et al. (2015) compararon la efectividad de distintos bioconservantes frente a Salmonella y Listeria monocytogenes.
Ni el fago Salmonellex ni los cultivos bioconservantes ensayados redujeron la población de Salmonella, que no creció durante seis días a 10 °C. Los fagos también pueden incorporarse en recubrimientos alimentarios (Vonasek, Choi, Sanchez y Nitin 2018) con el fin de albergar más fagos y mejorar su estabilidad durante la conservación.
Actualmente, algunos bacteriófagos ya están aprobados para su uso en frutas y hortalizas (véase la tabla 1).
En los Estados Unidos, Canadá e Israel prácticamente están todos aprobados, mientras que en la Unión Europea están permitidos como coadyuvantes tecnológicos.
El panel de riesgos biológicos de la EFSA (BIOHAZ) emitió una opinión científica sobre el uso de Listex P100 en alimentos listos para el consumo (EFSA, Panel on Biological Hazards (BIOHAZ), 2016).
Productos a base de bacteriófagos aprobados para su aplicación en frutas y hortalizas
Con los métodos utilizados actualmente en la industria de IV gama es difícil obtener frutas y hortalizas mínimamente procesadas totalmente seguras, lo que queda demostrado por el aumento de las toxiinfecciones asociadas al consumo de este tipo de productos.
Además, los consumidores demandan productos libres de conservantes químicos.
Por ello, la industria necesita implementar nuevas estrategias introduciendo o combinando técnicas sostenibles con las prácticas habituales llevadas a cabo, como la desinfección con hipoclorito sódico, el envasado en atmósferas modificadas y la conservación a temperaturas de refrigeración.
La bioconservación, ya sea mediante el uso de cultivos microbianos o sus metabolitos, encaja perfectamente en esta necesidad de la industria.
El uso de cultivos protectores puede reducir el riesgo microbiológico asociado al consumo de frutas y hortalizas mínimamente procesadas y podría, además, alargar su vida útil.
Sin embargo, la aplicación de estos cultivos no tiene un efecto inmediato sobre la población de patógenos de transmisión alimentaria, sino que ejerce un efecto protector frente al crecimiento de los mismos durante la conservación del producto.
Por lo tanto, su uso debería realizarse en combinación con las actuales técnicas de producción utilizadas habitualmente en productos de IV gama.
Además, diversos estudios han demostrado que la presencia de estos cultivos protectores disminuye la capacidad de los patógenos para adherirse e invadir el epitelio intestinal.
Con todo, existen una serie de obstáculos para la aplicación práctica de los agentes de biocontrol, entre los que podemos destacar la aceptación por parte del consumidor y los aspectos legislativos.
La presencia de microorganismos vivos en los alimentos no es una idea nueva, ya que desde tiempos muy antiguos se han utilizado para conservar alimentos mediante las fermentaciones, por lo que podría ser viable la aceptación de su uso por parte de los consumidores.
No obstante, su aceptación legislativa y que obtenga el estatus QPS (Qualified Presumption of Safety), requerido para su autorización en el mercado europeo, pueden ser más complicados, necesitándose estudios sobre su toxicidad y patogenicidad.
Empresa Producto Organismo diana Países autorizados Certificaciones |
Bacteriófagos y endolisinas en la industria alimentaria 2 a544
Instituto de Productos Lácteos de Asturias Consejo Superior de Investigaciones Científicas ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-1213-8165 [EMAIL] RESUMEN: La obtención de alimentos sanos y seguros requiere de técnicas de conservación inocuas para el consumidor y para el medio ambiente, entre las que se destaca la bioconservación.
A su catálogo de compuestos naturales o microorganismos, utilizados de forma habitual, la bioconservación ha incorporado recientemente los bacteriófagos (fagos) y las proteínas fágicas con actividad lítica (endolisinas).
La utilización de fagos y endolisinas en el biocontrol ofrece importantes ventajas frente a otros sistemas de conservación tradicionales.
Entre dichas ventajas destacan su inocuidad, especificidad y versatilidad.
Por otra parte, la acuciante necesidad de reducir el uso de antibióticos en la cadena alimentaria ha impulsado la investigación basada en estos antimicrobianos con el fin de aplicarlos en producción primaria (terapia fágica).
Sin embargo, y a pesar de la gran eficacia ya demostrada en múltiples sectores, la falta de legislación de la Unión Europea sobre el uso de bacteriófagos junto con la necesidad de ser aceptados por los consumidores, son factores que están afectando negativamente a su implantación como bioconservantes.
En este contexto, este artículo recoge los últimos resultados relacionados con este tipo de antimicrobianos en la industria agro-alimentaria, y resume los puntos clave para entender las posibilidades reales de su aplicación ante los nuevos requisitos asociados con una producción sostenible tanto desde una perspectiva económica como ambiental.
PALABRAS CLAVE: bacteriófago; endolisina; antimicrobiano; resistencia antimicrobiana; bacteria patógena; sostenibilidad.
La sociedad actual se enfrenta a uno de los retos más importantes de su historia, el cual es proporcionar alimentos a una población que se prevé que alcance los 9.700 millones de personas en 2050.
La disponibilidad de una gran cantidad de alimentos que satisfaga esta gran demanda se ve amenazada, entre otros factores, por el impacto que su producción puede tener en el suelo, en el suministro de agua y en la emisión de gases que, sin duda, acelerarían el cambio climático.
Estas circunstancias han contribuido enormemente a que la economía circular y sostenible se encuentre actualmente entre los principales temas de trabajo en la agenda de la Comisión Europea (Food 2030, http://ec.europa.eu/research/bioeconomy/index.cfm? pg=policy&lib=food2030).
En este contexto, la optimización de recursos es esencial, así como la reducción del impacto medioambiental que supone la obtención y el procesamiento de los alimentos.
A la propia dificultad de conseguir una producción de alimentos sostenible, se suman los efectos negativos que la producción intensiva de algunos productos está teniendo en el ambiente y en la salud humana.
Así, por ejemplo, el uso indiscriminado de antibióticos como promotores del crecimiento en animales de granja ha desencadenado un incremento alarmante de bacterias patógenas resistentes a antibióticos, las cuales representan un alto riesgo para la salud humana por lo que tienen una gran importancia clínica.
Consecuentemente, en el futuro próximo es imprescindible reemplazar el uso de antibióticos en ganadería por otro tipo de antimicrobianos que eviten el incremento de bacterias resistentes, siendo este uno de los principales objetivos del Plan de Acción Global de Resistencia a Antibióticos impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) [URL] global-action-plan/en/).
De modo similar, es probable que los desinfectantes utilizados por la industria alimentaria que son vertidos al medioambiente hayan contribuido también a la selección de bacterias resistentes a los antibióticos (Bore et al., 2007).
Este cambio progresivo en las políticas de control de patógenos que, a priori, conlleva una serie de ventajas, debe garantizar también la calidad higiénicosanitaria de los alimentos de una manera igual de estricta.
A pesar de estos cambios, las enfermedades transmitidas por los alimentos siguen siendo un grave problema a nivel mundial, con altas tasas de morbilidad y mortalidad, y con un notable impacto en el desarrollo socioeconómico de muchos países.
Las causas más frecuentes fueron norovirus y Campylobacter spp., seguidas por Salmonella enterica no tifoidea, Salmonella Typhi, Taenia solium, el virus de la hepatitis A y las aflatoxinas (http:// www.who.int/foodsafety/areas_work/foodbornediseases/ferg/en/).
En lo que respecta a Europa, en el año 2016 el último informe de la EFSA recoge 4.786 brotes de intoxicaciones alimentarias, siendo los agentes causantes más frecuentes Campylobacter spp. y Salmonella (EFSA and ECDC, 2017).
En países no comunitarios la situación es semejante, detectándose solo en Estados Unidos 20.098 casos confirmados, con 4.598 hospitalizaciones y 77 fallecidos en 2015 (véase Foodborne Diseases Active Surveillance Network).
Por otra parte, las demandas de los consumidores en los países desarrollados han cambiado radicalmente en los últimos años.
La tendencia hacia una alimentación más sana va acompañada de una preferencia por productos que contengan cada vez menos conservantes de síntesis química.
Los nuevos modelos de sociedad demandan, cada vez más, productos recién cosechados y listos para el consumo.
Finalmente, la globalización de los mercados permite a los consumidores obtener una mayor variedad de productos, que son exportados desde grandes distancias, lo que necesariamente implica un nuevo enfoque en el procesado y conservación de los alimentos.
Como contrapartida a los desafíos que supone mantener y mejorar la seguridad alimentaria, se ha realizado un gran esfuerzo durante los últimos años consistente en la introducción de nuevas medidas de control de los alimentos, pero también en un mejor conocimiento de la microbiología de los microorganismos presentes en los mismos, y en el desarrollo de técnicas cada vez más sofisticadas de identificación de patógenos.
Por todo ello, las tecnologías tradicionales de conservación de alimentos están evolucionando hacia otras nuevas que complementen a las actuales, sobre todo en aquellos aspectos que las tecnologías clásicas no pueden abordar, y ofreciendo al consumidor un producto acorde a su demanda.
En este artículo presentamos el uso de productos fágicos como una alternativa de conservación factible y complementaria a los sistemas actuales, que aprovecha las propiedades antimicrobianas que presentan los bacteriófagos y las endolisinas, para aplicarlas en alimentos y extender su vida útil, y que tiene en cuenta también su versatilidad para reducir la llegada de bacterias patógenas a los mismos desde otros puntos de la cadena alimentaria.
Los bacteriófagos son virus que infectan específicamente a bacterias.
Se trata de los microorganismos más abundantes del planeta (Brüssow y Kutter, 2005), por lo que se encuentran ampliamente distribuidos en todos los ambientes, incluidos los alimentos.
Forman parte de todos los ecosistemas naturales, donde ejercen un papel modulador de las poblaciones bacterianas, y también se encuentran presentes como parte de nuestra microbiota (Manrique, Dills y Young, 2017).
Por lo tanto, los bacteriófagos son inocuos para los humanos, los animales y las plantas.
Existe una gran diversidad de fagos que ya han sido identificados hasta el momento y que se han clasificado en trece familias en función de la morfología de la partícula viral y de la composición de su material genético.
La mayoría de los fagos pertenecen al orden Caudovirales, y constan de cabeza icosaédrica y cola, ambas formadas por proteínas.
Su material genético es una molécula de ADN de cadena doble.
Dentro de este orden se distinguen tres familias en función de la morfología de la cola: Myoviridae, con cola contráctil, Siphoviridae, con cola larga no contráctil y Podoviridae, con cola corta.
Otros fagos presentan morfología cúbica, filamentosa o pleomórfica y su material genético puede ser ADN o ARN de cadena sencilla o doble (Ackermann, 2007).
La capacidad lítica de los bacteriófagos está ligada a la naturaleza de su ciclo de vida.
En términos generales, los bacteriófagos pueden clasificarse en función de su ciclo de vida en fagos virulentos y atemperados.
Los primeros pueden realizar únicamente un ciclo de vida lítico (véase figura 1), es decir, una vez que infectan a la bacteria huésped, se multiplican dentro de ella para dar lugar a una progenie viral que será liberada al exterior de la bacteria, en la mayoría de los casos, tras la lisis de la misma.
Los principales estadios dentro del ciclo lítico de un fago son: a) adsorción del fago a la superficie de la bacteria mediante el reconocimiento de receptores específicos; b) inyección del material genético al interior del citoplasma de la bacteria; c) replicación del genoma fágico dando lugar a múltiples copias; d) síntesis de las proteínas estructurales y ensamblaje de las partículas virales; f) liberación de la progenie viral tras la lisis de la bacteria.
Representación gráfica de los ciclos de vida de un bacteriófago de la familia Myoviridae en una bacteria Gram positiva El ciclo de vida lítico llevado a cabo por los fagos virulentos tiene cinco etapas: 1) Adsorción del fago a la bacteria.
2) Inyección del material genético del fago en la bacteria.
3) Replicación del material genético del fago en el interior de la bacteria.
4) Síntesis y ensamblaje de las nuevas partículas fágicas.
5) Lisis bacteriana y liberación de la progenie viral.
Por otro lado, el ciclo de vida lisogénico llevado a cabo por los fagos atemperados tiene dos pasos extra: 2') tras la inyección del material genético del fago en el interior de la bacteria, este se integra en el cromosoma bacteriano en forma de profago.
3') La bacteria se divide dando lugar a dos bacterias con el profago insertado en su genoma.
Un estrés ambiental puede inducir la respuesta SOS activando la liberación del profago y desencadenando el ciclo lítico.
Los fagos atemperados, por otro lado, tras infectar a la bacteria huésped tienen la capacidad de realizar o bien el ciclo de vida lítico o el lisogénico (véase figura 1).
En este último, el ADN del fago, una vez en el interior de la bacteria, se integra en el genoma bacteriano mediante una recombinación sitio-específica.
Este estado de latencia se conoce como lisogenia y el fago en este estado se denomina profago, pudiendo de este modo replicarse al mismo tiempo que el genoma de la bacteria y permanecer latente durante un tiempo indeterminado.
Además, las bacterias en estado lisogénico (lisógenos) son inmunes a la infección por fagos de la misma familia.
Esto significa que una parte de la población bacteriana no solamente no muere por la acción de estos fagos, sino que se hace resistente a ellos.
No obstante, este estado de lisogenia puede revertir ante ciertas señales externas, como por ejemplo aquellas que inducen la respuesta SOS.
En ese momento, el fago puede iniciar un ciclo de vida lítico, para lo cual escindirá su genoma del de la bacteria e iniciará la replicación del mismo, continuando con el resto de fases del ciclo lítico anteriormente descrito.
Dado que estos fagos pueden o no lisar a la bacteria cuando la infectan, no son la mejor elección cuando se quieren aplicar como antimicrobianos.
Son las proteínas fágicas encargadas de llevar a cabo el último paso del ciclo lítico de los fagos no filamentosos, en el que tiene lugar la liberación de la progenie viral.
En fagos con ADN de doble cadena se sintetizan dos proteínas: holina y endolisina.
La primera tiene afinidad por la membrana bacteriana, en la que se inserta haciendo poros, a través de los cuales pasará la endolisina al espacio periplásmico, desde donde degrada el peptidoglicano de la pared celular.
Esto ocasiona que aumente la presión osmótica en el interior de la bacteria, lo que finalmente provoca la lisis de la misma (véase figura 2).
En algunos fagos las holinas forman poros de pequeño tamaño que no permiten el paso de las endolisinas, pero sí de iones que cambian el potencial de membrana y activan de este modo la acción de las mismas.
En este caso, las endolisinas contienen un péptido señal que les permite salir al exterior de la bacteria mediante los sistemas generales de secreción (Catalao, Gil, Moniz-Pereira, Sao-Jose y Pimentel, 2013; Sao-Jose, Parreira, Vieira y Santos, 2000).
La actividad enzimática de las endolisinas consiste en la hidrólisis del peptidoglicano que rodea a las La holina y la endolisina se sintetizan durante la última etapa del ciclo de vida lítico.
La holina se integra en la membrana bacteriana formando un poro a través del cual pasará la endolisina y actuará degradando el peptidoglicano.
Esto desencadena el aumento de la presión osmótica en el interior del citoplasma y la bacteria explota.
Representación esquemática del sistema holina/endolisina encargado de la lisis desde dentro de una bacteria Gram positiva a544 bacterias, lo que provoca la aparición de zonas de desestabilización de la envuelta celular incapaces de contener la presión osmótica interna de la célula, que finalmente se lisa.
Dependiendo del tipo de enlace químico que hidrolicen, las endolisinas se dividen en cinco tipos: N-acetilmuramoil-L-alanina amidasa, endopeptidasa, N-acetil-ß-D-glucosaminidasa, N-acetilß-D-muramidasa y transglicosilasa.
La estructura de las endolisinas varía entre aquellas codificadas por fagos que infectan a bacterias Gram positivas y las codificadas por fagos que infectan a Gram negativas.
Estas últimas son casi siempre proteínas globulares con un solo dominio catalítico.
Por el contrario, las endolisinas codificadas por fagos que infectan bacterias Gram positivas tienen una estructura modular compuesta de, al menos, dos dominios funcionales (Fischetti, 2008; Schmelcher, Donovan y Loessner, 2012).
Generalmente la actividad catalítica se sitúa en el extremo amino-terminal, mientras que el extremo carboxi-terminal alberga un dominio de unión a la pared celular (cell wall binding domain o CBD) que confiere especificidad al enzima y lo mantiene unido a la pared, evitando la lisis de otras bacterias.
La mayoría de las endolisinas tienen un espectro de acción limitado a la especie infectada por el fago que las sintetiza, aunque algunas son específicas de género.
Las endolisinas codificadas por fagos que infectan a bacterias Gram positivas tienen la capacidad de degradar el peptidoglicano cuando se añaden desde el exterior de la bacteria (lisis desde fuera), actuando como agentes antibacterianos (Loessner, 2005).
VENTAJAS DE LA UTILIZACIÓN DE BACTERIÓFAGOS Y ENDOLISINAS COMO ANTIMICROBIANOS
La necesidad de encontrar alternativas a los sistemas habituales de eliminación de patógenos está impulsada por el alarmante aumento de las bacterias resistentes a los antibióticos en ambientes clínicos.
Si a esto sumamos el bajo número de nuevos antibióticos descubiertos en los últimos años, no es de extrañar que los fagos y las endolisinas estén siendo objeto de estudio de múltiples laboratorios y empresas (Kutter, Kuhl y Abedon, 2015).
En realidad, la utilización de bacteriófagos como antimicrobianos (también llamada terapia fágica) es una práctica que se inició poco después de su descubrimiento.
A principios del siglo XX, Frederick Twort observó una sustancia con capacidad bacteriolítica, siendo Félix d'Herelle quien poco más tarde identificó que se trataba de un virus al que denominó bacteriófago.
Ya en aquella época se usaron los fagos en el tratamiento de enfermedades infecciosas, y desde entonces los fagos han sido utilizados en los países de Europa del Este como terapia alternativa a los antibióticos (Sulakvelidze y Kutter, 2005).
El hecho de que los bacteriófagos sean capaces de infectar y lisar bacterias resistentes a los antibióticos con la misma eficiencia que lisan bacterias sensibles a los mismos ha propiciado un resurgir de la terapia fágica (Kutter et al., 2010).
Aparte de su aplicación en el tratamiento de enfermedades infecciosas en humanos, los bacteriófagos también se están ensayando en multitud de aplicaciones porque, dadas sus características, se postula que son menos perjudiciales que otro tipo de sustancias biocidas.
En el caso de las endolisinas, el descubrimiento de su enorme potencial vino asociado al estudio de sus propiedades enzimáticas (Fischetti, 2008).
Así, por ejemplo, la exposición repetida de bacterias a endolisinas no da lugar a la aparición de bacterias resistentes a las mismas (Rodríguez-Rubio, Martínez, Rodríguez et al., 2013; Schuch, Nelson y Fischetti, 2002).
Por otra parte, la estructura modular permite el diseño de nuevas proteínas con actividades mejoradas (López, García, García y García, 1997).
No obstante, el principal inconveniente de las endolisinas es su falta de actividad frente a bacterias Gram negativas, ya que la membrana externa de las mismas impide el contacto entre la proteína y su sustrato (el peptidoglicano).
Este problema ya se ha solventado con el diseño de proteínas quimera que contienen un dominio de naturaleza catiónica, capaz de transportar la proteína a través de la membrana externa hasta el peptidoglicano.
A estas proteínas se las ha denominado Artilisinas (Briers y Lavigne, 2015).
Con vistas a la aplicación de bacteriófagos y endolisinas como antimicrobianos, es preciso analizar sus ventajas e inconvenientes, comparándolos con otro tipo de biocidas o antibióticos.
Entre las ventajas cabe señalar: i) La especificidad de los fagos permite una eliminación selectiva de las bacterias patógenas mientras que el resto de la microbiota permanece intacta.
En el caso de las endolisinas, la especificidad suele estar restringida al género, es decir, son activas frente a todas las especies del género bacteriano al cual infecta el fago que la codifica.
Sin embargo, la efectividad suele ser mucho mayor frente a la especie a la que infecta el fago, y notablemente menor frente al resto de las especies.
ii) La capacidad de auto-replicación de los fagos implica un aumento exponencial en su número tras a544 un proceso de infección, multiplicándose así también su eficacia.
iii) Tanto bacteriófagos como endolisinas son igualmente efectivos frente a bacterias sensibles y resistentes a los antibióticos.
Por ello, constituyen un prometedor sistema de eliminación de bacterias resistentes a antibióticos que puedan estar presentes en el entorno alimentario.
iv) La actividad antibiofilm de los bacteriófagos y las endolisinas constituye una ventaja a la hora de erradicar estas complejas estructuras microbianas.
v) El uso de bacteriófagos es seguro, ya que hay estudios realizados en personas voluntarias que ingirieron fagos, sin que fuesen detectados efectos adversos (Bruttin y Brussow, 2005).
vi) No alteran las características organolépticas de los alimentos, un requisito muy importante a la hora de ser utilizados como bioconservantes.
Entre las desventajas cabe señalar: i) Los bacteriófagos pueden ser portadores o transferir genes de virulencia a las bacterias a las cuales infectan.
Se precisa, por lo tanto, una caracterización completa previa a su aplicación (secuenciación del genoma completo, identificación de los genes, estudio de la capacidad de transducción).
Además, se desaconseja el uso de fagos atemperados, ya que pueden integrarse en el cromosoma bacteriano sin llegar a matar a la bacteria huésped.
ii) Los bacteriófagos tienen un rango de huésped limitado, lo que implica que, en ocasiones, sea necesario utilizar mezclas de fagos para poder eliminar el mayor número posible de cepas distintas de un determinado patógeno.
iii) Las bacterias tienen la capacidad de hacerse resistentes a los bacteriófagos de manera espontánea.
Por ello, se requiere siempre el uso de mezclas de fagos de distintas familias, lo que hace virtualmente imposible que una única bacteria adquiera resistencia a todos ellos.
iv) Las condiciones físico-químicas del alimento o del ambiente en el que se procesa, pueden inactivar a bacteriófagos y endolisinas, o bien reducir su actividad, siendo pues necesario determinar las condiciones idóneas para cada aplicación con objeto de garantizar los mejores resultados (Bigwood, Hudson, Billington, Carey-Smith y Heinemann, 2008).
APLICACIONES DE LOS BACTERIÓFAGOS Y ENDOLISI-NAS EN LA CADENA ALIMENTARIA
La cadena alimentaria ("de la granja a la mesa") debe ser considerada desde una perspectiva global, ya que los microorganismos patógenos (u otro tipo de sustancias perjudiciales para el consumidor) que entran en cualquiera de los eslabones de la cadena pueden llegar al producto final si no se dispone de los sistemas de detección y eliminación adecuados.
Por otra parte, la aplicación de medidas de eliminación de patógenos debe realizarse de acuerdo con los requerimientos necesarios en cada uno de los eslabones de la cadena, teniendo en cuenta las limitaciones legales que existen actualmente respecto al uso de antimicrobianos.
En este contexto, existe abundante bibliografía sobre el estudio de bacteriófagos y endolisinas como agentes de control de bacterias patógenas que ponen en riesgo la seguridad alimentaria tales como Salmonella, Escherichia coli, Staphylococcus aureus, y Campylobacter.
Cabe señalar, no obstante, que este campo de estudio es relativamente reciente, por lo que existen multitud de evidencias de su efectividad a escala de laboratorio, pero solo algunos productos fágicos están disponibles comercialmente (Hagens y Loessner, 2010; Moye, Woolston y Sulakvelidze, 2018).
Los estudios realizados hasta ahora abarcan todos los eslabones de la cadena de producción del alimento, desde la producción primaria hasta el producto final (véase la figura 3).
Además, abordan no solo la utilización de bacteriófagos como antimicrobianos, sino también la detección de bacterias patógenas en los alimentos. a) Reducción de la carga microbiana en animales de granja.
El objetivo es disminuir el número de bacterias zoonóticas en el animal inmediatamente antes de su sacrificio.
Generalmente se eliminan bacterias del tracto gastrointestinal, para evitar su transferencia a la carne y a los productos derivados, pero también a los huevos, la leche, etc. La mayoría de los trabajos se han realizado con bacteriófagos frente a patógenos tales como Salmonella, Campylobacter y Escherichia coli O157: H7 en animales de granja (pollos, cerdos, terneros y corderos) (véase la figura 3).
En la mayoría de los casos se obtuvieron resultados satisfactorios después de la administración oral de mezclas de fagos, con una disminución importante de la carga bacteriana, lo que reduce la probabilidad de futura contaminación (revisado recientemente por Carvalho, Costa, Silva y Oliveira, 2017).
Para evitar la proliferación de bacterias patógenas en pollos existen dos pro-a544 ductos comerciales en Estados Unidos, uno para eliminar Salmonella (PLSV-1TM) y otro para eliminar Clostridium perfringens (INT-401TM) (http://www. intralytix.com/index.php? page=vet).
Recientemente otros dos productos (Coli-Pro y Salmo-Pro) han sido aprobados por la Food and Drug Administration (FDA) para administrar a ganado porcino y a aves, respectivamente, evitando así infecciones por estas bacterias, lo que al mismo tiempo permitirá reducir el uso de antibióticos en este sector.
Además, al igual que los fagos, las endolisinas tienen aplicación como antimicrobianos en producción primaria, tanto en profilaxis como para el tratamiento de enfermedades infecciosas.
Así, por ejemplo, se han obtenido vacas transgénicas que expresan una endolisina activa frente a Staphylococcus aureus, lo que reduce el riesgo de mastitis y previene la contaminación de la leche por este microorganismo (Donovan, Lardeo y Foster-Frey, 2006).
Más recientemente se han obtenido resultados prometedores, aunque preliminares, con la endolisina Trx-SA1.
La administración de la proteína (20 mg. por día) en vacas con mastitis subclínica causada por Staphylococcus aureus es efectiva en la curación de la enfermedad (Fan et al., 2016).
Además, otra endolisina, activa frente a Streptococcus uberis, no provoca respuesta citotóxica cuando se administra en dosis de hasta 50 μg.
(Scholte et al., 2018). b) Descontaminación de alimentos.
Algunos de los sistemas actuales de higienización de los alimentos están basados en altas temperaturas, lo que impide su aplicación en ciertos alimentos Fuente: elaboración propia.
Principales aplicaciones y ejemplos de bacteriófagos comerciales y endolisinas que se pueden aplicar frente a bacterias patógenas a lo largo de la cadena alimentaria a544 no procesados (carcasas de animales y productos crudos como frutas y verduras).
Por ello, se requieren sistemas de desinfección específicos que no alteren sus propiedades organolépticas y que a la vez sean eficaces, ya que algunos de estos productos van a ser consumidos directamente.
Los principales patógenos para los que se han utilizado bacteriófagos como descontaminantes son los siguientes: Listeria monocytogenes, Salmonella, Campylobacter, Shigella y Escherichia coli O157: H7.
Las mezclas de fagos se aplicaron sobre alimentos contaminados (tomate, brócoli, espinaca, lechuga, etc.) donde redujeron la carga de bacterias patógenas.
Los productos comerciales EcoShieldTM (anteriormente ECP-100), ListShieldTM (anteriormente LMP-102), SalmoFreshTM, ShigActiveTM diseñados frente a Escherichia coli, Listeria monocytogenes, Salmonella y Shigella, respectivamente, han confirmado su eficacia en este tipo de aplicaciones (revisado por Moye et al., 2018).
c) Desinfección de superficies industriales.
Las superficies en contacto con los alimentos durante su procesamiento pueden ser una fuente de contaminación por bacterias patógenas.
Esto puede deberse a la presencia de estructuras bacterianas (biofilms o biopelículas) sobre dichas superficies, que dificultan la limpieza y desinfección de las mismas.
Estas agrupaciones de bacterias, unidas por una matriz extracelular que ellas mismas producen, son extraordinariamente resistentes a los agentes antimicrobianos utilizados convencionalmente para su eliminación.
Estudios recientes muestran la eficacia de fagos y endolisinas para eliminar biofilms formados sobre diversos materiales por distintas bacterias como Listeria monocytogenes, Escherichia coli O157: H7 y Staphylococcus aureus (Gutiérrez, Rodríguez-Rubio, Martínez, Rodríguez y García, 2016).
Con este fin, están disponibles varios productos fágicos comerciales.
Cabe señalar, por ejemplo, el producto Finalyse TM, compuesto por una mezcla de fagos frente a Escherichia coli O157: H7 y otras Escherichia coli (STEC) productoras de la toxina Shiga, que se comercializa como desinfectante para instalaciones de ganado vacuno (http:// www.passportfoodsafety.com/finalyse).
Las endolisinas también pueden tener aplicación como desinfectantes en el entorno de la industria alimentaria, ya que han demostrado su eficacia en la eliminación de biofilms de diversos pató-genos en ensayos de laboratorio.
Los fagos y las endolisinas comparten, además, la ventaja frente a los desinfectantes clásicos de evitar los efectos tóxicos que el vertido de este tipo de sustancias químicas ocasiona en el ambiente.
d) Aumento de la vida útil de los alimentos.
Con objeto de inhibir el desarrollo de bacterias patógenas en el alimento procesado, los fagos y sus enzimas líticos serían utilizados como bioconservantes.
Se ha comprobado que los bacteriófagos son capaces de impedir el desarrollo de patógenos tales como Staphylococcus aureus, Listeria monocytogenes, Campylobacter, Salmonella, Escherichia coli o Enterobacter sakazakii en leche, queso, carnes y varios alimentos listos para comer (revisado por Endersen et al., 2014).
Tal es su eficacia, que ya han sido aprobados (por la FDA) varios productos para su uso como conservantes de alimentos, entre los que cabe citar PhageGuard STM, Phage-Guard ListexTM [URL], EcoShieldTM, ListShieldTM.
En lo que respecta a la aplicación de endolisinas como conservantes, se han llevado a cabo varios trabajos con resultados interesantes.
Por ejemplo, la endolisina LysH5 muestra una gran actividad frente a Staphylococcus aureus en productos lácteos (Obeso, Martínez, Rodríguez y García, 2008), así como la proteína lítica recombinante derivada del mismo fago (CHAP-SH3b), (Rodríguez-Rubio, Martínez, Donovan et al., 2013).
Además, la sinergia de la endolisina PlyP100 con otros bioconservantes, como la nisina (E-234) permite la eliminación de Listeria. monocytogenes en queso fresco (Ibarra-Sanchez, Van Tassell y Miller, 2018).
Este tipo de proteínas se pueden combinar incluso con altas presiones (Misiou, van Nassau, Lenz y Vogel, 2018).
Debido a su alta especificidad, las endolisinas se han utilizado también en alimentos fermentados, sin que la presencia de estos antimicrobianos interfiera en los cultivos iniciadores.
Un ejemplo es el uso de cultivos iniciadores protectores, en el que las endolisinas son secretadas por Lactococcus lactis para evitar la contaminación por Staphylococcus aureus y por Listeria monocytogenes (Gaeng, Scherer, Neve y Loessner, 2000; Rodríguez-Rubio, Gutiérrez, Martínez, Rodríguez y García, 2012).
e) Detección de bacterias patógenas.
La especificidad de los fagos por la bacteria huésped ha per-a544 mitido desarrollar sistemas de detección de patógenos muy eficaces desde hace tiempo.
No obstante, estos sistemas han sufrido recientemente un enorme impulso mediante su utilización como biosensores, capaces de detectar a la bacteria cuando se encuentra incluso en una concentración muy baja y en un período de tiempo corto (revisado por Richter, Janczuk-Richter, Niedziolka-Jonsson, Paczesny y Holyst, 2018).
Estos biosensores utilizan también endolisinas, en concreto el motivo de unión a sustrato CBD que, además de especificidad, muestra una alta afinidad por el peptidoglicano de la bacteria huésped del fago del cual deriva la endolisina.
Así, por ejemplo, es posible detectar un número bajo de células de Listeria monocytogenes (100 CFU) a partir de un alimento y en poco tiempo (Kretzer, Schmelcher y Loessner, 2018).
Otro ejemplo destacable es la detección de las cepas de Clostridium asociadas a la hinchazón tardía del queso (Gomez-Torres et al., 2018), que incluso permite seguir la evolución de Clostridium tyrobutyricum durante la maduración del queso (Gómez-Torres, Ávila, Narbad, Mayer y Garde, 2019).
Los estudios realizados hasta el momento con bacteriófagos y endolisinas claramente demuestran su potencial para mejorar la seguridad de los alimentos.
Al mismo tiempo, su contribución a la disminución del uso de antibióticos y desinfectantes, que ponen en peligro la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos, es también una importante ventaja que hay que tener en cuenta.
Sin embargo, la implantación final de estos nuevos sistemas de conservación y de desinfección va a estar condicionada por aspectos relacionados no solo con su eficiencia en las diferentes aplicaciones, sino también con la aprobación por parte de las autoridades correspondientes, lo que en la Unión Europea no resulta fácil, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, por poner un ejemplo concreto.
Por ello, y de cara al futuro inmediato, es preciso reforzar ciertos aspectos como el mejor conocimiento de los efectos que un uso intensivo de estos antimicrobianos podría llegar a tener, en el caso de la ganadería, si llegan a utilizarse como productos sanitarios.
En lo que se refiere a la investigación, es imprescindible realizar un estudio exhaustivo de la biología de los bacteriófagos que vayan a ser utilizados en este sector.
Esto incluye la secuenciación de los genomas, a fin de descartar la presencia de genes de virulencia que pudieran ser transferidos a la población bacteriana.
Otro dato que se debe tener en cuenta es la naturaleza de los fagos, ya que es preferible utilizar fagos virulentos que fagos atemperados.
Asimismo, han de evitarse fagos capaces de llevar a cabo procesos de transducción generalizada que pudieran dispersar genes de virulencia o de resistencia a antibióticos.
Además, es necesario optimizar adecuadamente los procesos de propagación y purificación a gran escala de los bacteriófagos, a fin de rentabilizar su uso.
En situación similar se encuentran las endolisinas, ya que el escalado de la producción y purificación de las mismas es uno de los principales inconvenientes de cara a su utilización futura.
La aprobación del uso de bacteriófagos y endolisinas por parte de las autoridades de la Unión Europea va a depender en gran medida de la existencia de estudios que avalen no solo su eficacia, sino también su inocuidad.
En este sentido, es necesario realizar estudios sobre los efectos del consumo de estos productos en la microbiota intestinal, así como análisis de citotoxicidad e inmunogenicidad.
Hasta ahora no se han descrito efectos adversos tras la administración oral de fagos (Bruttin y Brussow, 2005; Sarker et al., 2012).
Sin embargo, no existen datos respecto a la administración de endolisinas.
El hecho de que existan varios productos comerciales junto con el gran número de empresas biotecnológicas dedicadas al desarrollo de productos fágicos con aplicaciones diversas en distintos países permite ser optimistas respecto a la aprobación por la Unión Europea de este tipo de antimicrobianos en un futuro próximo.
Finalmente, la aceptación por parte de las empresas del sector agroalimentario depende de una serie factores técnicos entre los que cabe señalar la identificación de los métodos de aplicación óptimos, la incorporación de estos nuevos tratamientos a los puntos críticos de control (APPCC), la obtención de preparaciones de bacteriófagos altamente concentradas para mejorar su eficacia.
También depende en gran medida de otros problemas no técnicos, como por ejemplo la evaluación de la eficacia del tratamiento con fagos en relación al coste de fabricación del alimento y a la aceptación por parte del consumidor (Sulakvelidze, 2013).
Con respecto a la aceptación del consumidor, es posible que el uso de endolisinas pueda ser más fácilmente aceptado, particularmente en bioconservación.
A pesar de ello, la aceptación pasa por garantizar |
Las aminas biógenas son compuestos nitrogenados de pequeño tamaño con actividad biológica que se forman por la descarboxilación enzimática de ciertos aminoácidos.
Las aminas biógenas se encuentran presentes en todos los seres vivos, en los que participan en procesos biológicas de gran importancia.
Sin embargo, debido al metabolismo de algunos microorganismos, estos compuestos se pueden acumular en alimentos en concentraciones elevadas, constituyendo un riesgo para la salud de los consumidores.
Para que las aminas biógenas alcancen estas concentraciones elevadas en los alimentos se requiere, como condición indispensable, la presencia de microrganismos productores, por lo que se han desarrollado diferentes métodos para detectar la presencia de los mismos.
Entre estos métodos, aquellos basados en técnicas independientes de cultivo, como la PCR, presentan ventajas como su gran especificidad, el hecho de ser rápidos y de fácil realización, y que en muchos casos ni siquiera es necesario un tratamiento previo de la muestra, lo que facilita su incorporación a las plantas de elaboración.
En este trabajo se describen algunos de los métodos disponibles en la actualidad para la detección de microorganismos productores de aminas biógenas, así como sus posibles aplicaciones.
Las aminas biógenas (AB) son pequeños compuestos nitrogenados (< 200 Dalton), no proteicos, que contienen uno o más grupos amino y que se forman por descarboxilación enzimática de determinados aminoácidos.
Las AB están presentes en todos los seres vivos, donde participan en procesos biológicos tan importantes como la replicación del ADN, la regulación del metabolismo, la respuesta inmune o la trasmisión del impulso nervioso (Ladero, Calles-Enríquez, Fernández y Álvarez, 2010).
Sin embargo, debido al metabolismo de algunos microorganismos, en algunos alimentos se pueden acumular AB en concentraciones tan elevadas que su ingesta puede provocar intoxicaciones (Ladero, Calles-Enríquez et al., 2010).
Las AB más frecuentes en alimentos son la tiramina (monoamina), la histamina, la putrescina y la cadaverina (diaminas) (Silla Santos, 1996).
Estas AB se acumulan en los alimentos debido a la actividad de ciertas enzimas de origen microbiano que descarboxilan el correspondiente aminoácido precursor; así, la tirosina es el precursor de la tiramina, la histidina de la histamina y la lisina de la cadaverina.
La putrescina se puede sintetizar por dos rutas alternativas: bien mediante descarboxilación de ornitina, o bien a partir de arginina en dos reacciones sucesivas de descarboxilación y desaminación (véase figura 1).
Tradicionalmente se han incluido las poliaminas espermina y espermidina en el grupo de las AB, pero en su biosíntesis no participan descarboxilasas, sino que se realiza mediante reacciones sucesivas de condensación de la putrescina.
Teniendo también en cuenta que sus funciones biológicas son diferentes, considerarlas AB es discutible (Bardocz, 1999).
En la fruta, verdura, carne o pescado frescos, la concentración de AB suele ser baja y se atribuye al metabolismo normal de las células de sus tejidos (véase tabla 1).
Sin embargo, su concentración puede aumentar considerablemente si las condiciones higiénicas durante la manipulación o almacenamiento de estos alimentos favorecen el crecimiento de microorganismos productores de AB.
Por lo tanto, la presencia de AB es un indicador de la frescura y calidad higiénica de estos alimentos (Ladero, Calles-Enríquez et al., 2010).
Sin embargo, en bebidas y alimentos fermentados la biosíntesis de AB se debe mayoritariamente a la acción de microorganismos Gram positivos, pertenecientes al grupo de las bacterias del ácido láctico (BAL), que pueden estar pre-sentes en la materia prima e incluso ser incluidos como iniciadores de la fermentación, sin descartar que también puedan ser microorganismos contaminantes (Álvarez y Moreno-Arribas, 2014; Linares, Cruz Martín, Ladero, Álvarez y Fernández, 2011; Novella-Rodríguez, Veciana-Nogués, Roig-Sagués, Trujillo-Mesa y Vidal-Carou, 2004).
En estos alimentos, las AB suelen encontrarse más frecuentemente y en concentraciones más altas como consecuencia de las actividades descarboxilasa de estos microorganismos, pudiendo alcanzar valores que constituyen un riesgo para los consumidores (Fernández, Linares, Río, Ladero y Álvarez, 2007; EFSA, 2011).
Sin embargo, debido a que los principales productores son BAL, la presencia de AB en productos fermentados no puede considerarse como un indicador de su calidad higiénica y microbiológica.
Estructura química y biosíntesis de las principales aminas biógenas que se pueden acumular en alimentos.
Los grupos amino se representan mediante círculos coloreados.
TDC, tirosina descarboxilasa; HDC, histidina descarboxilasa; AGDI, Agmatina deiminasa; ODC, ornitina descarboxilasa; LDC, lisina descarboxilasa Fuente: elaboración propia.
Contenido en aminas biógenas en diversos tipos de alimentos.
Los valores se indican en mg/kg para alimentos sólidos o en mg/L para alimentos líquidos a545
Las AB ingeridas en la dieta son eficientemente metabolizadas en la mucosa intestinal mediante reacciones catalizadas por amino oxidasas específicas.
Sin embargo, la ingesta de alimentos con elevadas concentraciones de AB puede saturar este sistema de detoxificación, no siendo suficiente para eliminar las AB presentes en el intestino, las cuales pueden pasar al torrente sanguíneo provocando diversos efectos tóxicos.
Además, el sistema de detoxificación puede tener reducida su eficacia debido a particularidades individuales de origen genético o derivadas del consumo de sustancias inhibidoras de las amino oxidasas como el alcohol, el tabaco o determinados fármacos antidepresivos.
En estos casos la cantidad de AB ingerida capaz de provocar reacciones adversas es menor (Blackwell, 1963; Ladero, Calles-Enríquez et al., 2010).
Las AB no eliminadas pueden provocar alteraciones gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea, dolores abdominales), hemodinámicas (hipotensión, hipertensión) y cutáneas (comezón, urticaria, edema, inflamaciones).
Debido a estos efectos tóxicos, sería necesario establecer unos límites máximos de la concentración de AB en los alimentos.
Sin embargo, la European Food Safety Authority (EFSA) ha reconocido que uno de los problemas a los que se enfrenta a la hora de hacer recomendaciones para regular la presencia de AB en alimentos es la falta de suficientes estudios científicos sobre su toxicidad (EFSA, 2011).
Además, la absorción y la toxicidad de una AB puede verse alterada por la presencia de otra amina, produciéndose sinergias que dificultan aún más establecer un límite (Silla Santos, 1996).
Encaminados hacia ese objetivo, nuestro grupo de investigación ha desarrollado un sistema in vitro de evaluación de la citotoxicidad de las AB, enfrentándolas a cultivos celulares intestinales de origen humano (Linares et al., 2016).
Con este sistema hemos determinado la citotoxicidad y el modo de acción de la tiramina, la histamina, la putrescina y la cadaverina a concentraciones en las que se pueden encontrar en los alimentos (Linares et al., 2016; Río et al., 2019).
La tiramina resultó ser la AB más citotóxica seguida de la histamina, y además hemos demostrado que la tiramina y la histamina tienen un efecto citotóxico sinérgico (Río et al., 2017).
A pesar de sus efectos tóxicos y de las altas concentraciones que pueden alcanzar las AB en algunos alimentos fermentados, solo se ha regulado legalmente el contenido máximo de histamina y únicamente para pescados y productos derivados del pescado; así, la legislación europea (Directiva 91/439/CEE) ha esta-blecido un límite máximo de 100 mg/kg para pescado crudo y 200 mg/kg para pescado salado, mientras que la legislación estadounidense lo ha establecido en 50 mg/kg (véase Scombro toxin (histamine) formation).
Para otros alimentos aún no se han establecido límites máximos de histamina, solo existen recomendaciones.
Por ejemplo, en el caso de la histamina las concentraciones superiores a 400 mg/kg se consideran peligrosas para la salud (Taylor y World Health Organization, 1985).
Respecto al resto de AB, no existe un consenso claro, y diversos autores recomiendan no exceder 200-500 mg/kg en el caso de la tiramina o entre 800-1000 mg/kg para la presencia total de aminas (Silla Santos, 1996; ten Brink, Damink, Joosten y Tveld, 1990).
MICROORGANISMOS PRODUCTORES DE AMINAS BIÓGENAS
La acumulación de AB en los alimentos requiere como condición indispensable la presencia de los microorganismos productores.
Se han descrito una gran variedad de bacterias presentes en alimentos con la capacidad de producir AB, incluyendo tanto bacterias Gram positivas como Gram negativas (Gardini, Ozogul, Suzzi, Tabanelli y Ozogul, 2016).
Dentro de las Gram negativas, el mayor número de bacterias productoras de AB pertenecen a la familia Enterobacteriaceae, las cuales han sido asociadas con la producción de histamina, principalmente en pescados, y putrescina y cadaverina en carnes, derivados cárnicos y productos lácteos.
Las bacterias productoras de esta familia pertenecen a los géneros Morganella, Hafnia, Klebsiella, Raoutella, Escherichia, Enterobacter y Serratia (Geornaras, Dykes y von Holy, 1995; Kim et al., 2001).
En la familia Pseudomonales se han identificado cepas de diferentes especies de Pseudomonas productoras de histamina y putrescina (Fernández-No, Bohme, Calo-Mata y Barros-Velázquez, 2011).
Así mismo, en la familia Vibronoceae se ha identificado Photobacterium phosphoreum como productor de histamina (Jorgensen, Huss y Dalgaard, 2000).
La lista de bacterias Gram positivas identificadas como productoras de AB en alimentos incluye BAL de los géneros Lactococcus, productores de putrescina; Enterococcus, productores de putrescina y tiramina; Lactobacillus, productores de histamina, putrescina y tiramina, Oenococcus y Pediococcus, productores de histamina, y Streptococcus, productores de tiramina e histamina.
Dentro del género Staphylococcus se han identificado bacterias productoras de histamina, putrescina, cadaverina y tiramina (Cachaldora, Fonseca, Franco y Carballo, 2013), siendo las especies a545 Staphylococcus saprophyticus, Staphylococcus simulans y Staphylococcus xylosus las que presentan un mayor porcentaje de cepas productoras (Martín et al., 2006).
En el caso del género Bacillus existe muy poca información sobre la actividad aminogénica de sus miembros, aunque Bermúdez, Lorenzo, Fonseca, Franco y Carballo (2012) identificaron algunas cepas de Bacillus subtilis y Bacillus amyloliquefacis aisladas de carne que presentaban actividad, lisina, tirosina y ornitina descarboxilasa.
Durante muchos años se propuso que la capacidad para producir aminas biógenas debía ser considerada como una característica de cepa y no de especie.
De hecho, en especies como Oenococcus oeni, Streptococcus thermophilus, Lactobacillus parabuchneri o Lactobacillus brevis se ha demostrado que la producción de aminas biógenas es una característica de cepa, ya que no está presente en todas las cepas de la especie, y además los genes implicados en su síntesis están asociados a elementos genéticos móviles, por lo que se piensa que esta capacidad ha sido adquirida mediante transferencia genética horizontal (Calles-Enríquez et al., 2010; Marcobal, Rivas, Moreno-Arribas, y Muñoz, 2006; Romano, Ladero, Álvarez y Lucas, 2014; Wuthrich et al., 2017).
Sin embargo, al aumentar el número de trabajos encaminados a identificar cepas productoras de AB, hoy en día es posible afirmar que en algunas especies, como es el caso de Enterococcus faecalis, Enterococcus faecium, o Enterococcus durans, la capacidad para sintetizar AB puede ser considerada una característica de la especie (Ladero, Fernández et al. 2012).
Un caso particular es el de la especie Lactococcus lactis, la más utilizada como cultivo iniciador en quesos, en la que la capacidad de producir putrescina es considerada una característica de especie (Ladero, Rattray et al., 2011).
Sin embargo, se ha visto que en el proceso de domesticación y adaptación al entorno lácteo se han seleccionado cepas que han perdido esta capacidad (Ladero, Rattray et al., 2011), por lo que aun siendo una característica de especie, no todas las cepas de Lactococcus lactis presentan la capacidad de producir putrescina.
El hecho de que algunas cepas de especies utilizadas como cultivos iniciadores, como Lactococcus lactis, Oenococcus oeni o Streptococcus thermophilus, presenten la capacidad de producir AB hace que disponer de métodos adecuados para detectar estas cepas, y por lo tanto no incluirlas como cultivos iniciadores, sea de vital importancia para prevenir la acumulación de AB en alimentos fermentados.
GENÉTICA DE LA PRODUCCIÓN DE AMINAS BIÓGENAS
Las AB se forman en el interior celular por la descarboxilación enzimática de un aminoácido y posteriormente son secretadas al exterior mediante un transportador de tipo antiporter, el cual incorpora una molécula del aminoácido sustrato por cada molécula de AB generada que expulsa.
Por lo tanto, se necesitan al menos dos proteínas, la aminoacil-descarboxilasa y el transportador, que son codificadas por dos genes distintos (véase figura 2).
En bacterias Gram negativas, esta organización es la más extendida.
Sin embargo, en bacterias Gram positivas estos dos genes suelen estar acompañados de otros genes (figura 2) que codifican diversas funciones accesorias relacionadas con la maduración o estabilidad del enzima, como es el caso de hdcB en el cluster de producción de histamina en Streptococcus thermophilus (Trip, Mulder, Rattray y Lolkema, 2011), intercambiadores de iones como nhaC en el cluster de producción de tiramina en Enterococcus faecalis (Pérez et al., 2015), o enzimas con similitud a aminoacil-tRNA sintetasas en Lactobacillus parabuchneri (hisS) o Enterococcus durans (tyrS) con función desconocida (Linares et al., 2012; Martín, Fernández, Linares y Álvarez, 2005).
Un caso más complejo es la producción de putrescina a partir de la arginina.
La putrescina se forma tras dos reacciones consecutivas de descarboxilación y desaminación de la arginina y dependiendo del orden de estas dos reacciones se han descrito dos posibles rutas.
La ruta ODC, en la que la arginina es desaminada dando ornitina y posteriormente descarboxilada dando putrescina, y la ruta AGDI, en la que la arginina se descarboxila dando agmatina que posteriormente es desaminada mediante varias reacciones enzimáticas para formar putrescina (véase figura 2).
En los últimos años se han identificado y secuenciado una gran variedad de genes implicados en la producción de AB de un gran número de especies tanto Gram positivas como Gram negativas.
El análisis de la secuencia de nucleótidos de estos genes ha permitido ver que tienen una serie de regiones conservadas que flanquean regiones variables, y este hecho permite que se puedan diseñar sistemas de detección independientes de cultivo para la detección e identificación de bacterias productoras de AB, como veremos en detalle más adelante.
MÉTODOS DE DETECCIÓN DE MICROORGANISMOS PRODUCTORES DE AMINAS BIÓGENAS
Hasta la fecha se han diseñado distintos métodos que permiten la detección de bacterias lácticas productoras de AB tanto en cultivos iniciadores como en diferentes matrices alimentarias.
Estos métodos se a545 clasifican en a) métodos dependientes de cultivo, que se basan en el crecimiento del microorganismo en medios de cultivo diferenciales que ponen de manifiesto la actividad aminoácido descarboxilasa correspondiente, y b) métodos independientes de cultivo, que no requieren el crecimiento del microorganismo, y que se basan en técnicas moleculares, alguna de las cuales permiten además de detectar, cuantificar e incluso identificar las especies bacterianas potencialmente productoras de AB.
Métodos dependientes de cultivo
Los métodos utilizados inicialmente para detectar BAL productoras de AB se basan en el aislamiento de los microorganismos del alimento o del cultivo iniciador y en su posterior crecimiento en un medio de cultivo sólido diferencial suplementado con el aminoácido sustrato y un indicador de pH (por ejemplo, el púrpura de bromocresol) que vira de color cuando el pH del medio se alcaliniza (Bover-Cid y Holzapfel, 1999; Joosten y Northolt, 1989; Maijala, 1993).
Si la bacteria tiene actividad aminoácido descarboxilasa y sintetiza la AB correspondiente, el pH del medio aumentaría debido a que la AB producida es más básica que el aminoácido sustrato y se produciría un halo de diferente color alrededor de la colonia productora.
Utilizando este tipo de medios diferenciales se han podido detectar cepas de BAL aisladas de cultivos iniciadores o de distintos alimentos capaces de producir diferentes AB (Enterococcus faecalis, Enterococcus faecium, Enterococcus durans, Carnobacterium divergens, Carnobacterium piscicola, Lactobacillus curvatus, o Lactobacillus brevis entre otras especies (Bover-Cid, Hugas, Izquierdo-Pulido y Vidal-Carou, 2001; Joosten y Northolt, 1989).
Estos medios han sido especialmente eficaces para detectar BAL productoras de tiramina (Ladero, Martínez, Martín, Fernández y Álvarez, 2010), ya que este aminoácido es muy insoluble y forma un precipitado opaco en el medio de descarboxilación sólido; el medio se torna transparente Figura 2.
Representación esquemática de los genes implicados en la síntesis de las principales AB.
Se indican los nombres más comunes de los genes de cada una de las aminoácil descarboxilasas y sus transportadores.
Asimismo, se indican los nombres de otros genes accesorios que acompañan a éstos.
En el caso de la ruta de la agmatina deiminasa, se muestran en la figura el resto de genes catalíticos implicados en la reacción de desaminación de la agmatina (ver más detalles en el texto) a545 alrededor de aquellas cepas productoras de tiramina, haciéndolas fácilmente identificables.
Sin embargo, los medios de descarboxilación sólidos no han demostrado ser especialmente eficaces para detectar BAL productoras de histamina, a pesar de que se ha descrito el aislamiento de algunas de estas cepas de alimentos, como Lactobacillus buchneri (Joosten y Northolt, 1989) actualmente identificado como Lactobacillus parabuchneri (Díaz, Río et al., 2016; Díaz, Ladero, Río et al., 2016).
Esto se debe a que el ácido láctico producido por estas bacterias contrarresta la alcalinidad de la histamina acumulada y no se produce el viraje de color del indicador de pH.
Sin embargo, el uso de medios de descarboxilación líquidos con baja concentración de glucosa ha permitido detectar más cepas productoras de histamina aisladas de alimentos como el queso (Lactobacillus vaginalis (Díaz et al., 2015), Lactobacillus parabuchneri (Díaz, Ladero, Río et al., 2016)).
Estos métodos se suelen combinar con métodos analíticos (tales como electroforesis en capa fina (Thin Layer Chromatography, TLC (Latorre-Moratalla, Bover-Cid, Veciana-Nogués y Vidal-Carou, 2009), cromatografía líquida de alta resolución (High Performance Liquid Chromatography, HPLC (Fernández et al., 2007) o cromatografía líquida de ultra alta resolución (Ultra High Performance Liquid Chromatography, UHPLC (Redruello et al., 2013; Redruello et al., 2016)) diseñados para detectar y cuantificar la presencia de la AB en matrices alimentarias, ya que permiten confirmar la presencia de la AB en el medio de cultivo suplementado con el aminoácido correspondiente en el que se ha crecido la bacteria aislada.
Sin embargo, los métodos dependientes de cultivo tienen una serie de desventajas.
En primer lugar, requieren el aislamiento de la bacteria del alimento, para lo que muy frecuentemente es necesario hacer cultivos de enriquecimiento que permitan aumentar su proporción en el cultivo, y su posterior crecimiento.
Este proceso largo y tedioso no siempre resulta eficaz, ya que puede haber bacterias productoras que no sean capaces de crecer en estos medios de cultivo.
Además, como estos medios no son selectivos, el aislamiento puede resultar muy difícil e incluso imposible en el caso de que la bacteria productora se encuentre en una proporción muy baja con respecto al número total de bacterias presentes en el alimento, el cual suele ser muy elevado en el caso concreto de los alimentos fermentados.
También hay que tener en cuenta que pueden dar lugar a falsos positivos, si la bacteria produce algún compuesto básico distinto a las AB que sea capaz de alcalinizar el medio.
Estos métodos, además, tienen baja sensibilidad y en función de la capacidad de producción y el estado fisiológico de las células ensayadas se pueden producir falsos negativos si la alcalinización debida a la producción de la AB se contrarresta con la acidez producida por el metabolismo fermentativo de las BAL.
Además, aquellos que implican la detección de la producción mediante métodos cromatográficos requieren disponer de equipamiento sofisticado (Landete, Rivas, Marcobal y Muñoz, 2007).
Por último, aunque no menos importante, estos métodos no son cuantitativos.
Una vez que se ha aislado el microorganismo productor de AB es necesario proceder a su identificación.
Frecuentemente, las especies se han identificado de forma errónea, como es el caso de algunas cepas de Lactobacillus parabuchneri aisladas de queso y productoras de histamina que habían sido clasificadas como Lactobacillus buchneri, comentado anteriormente.
Algunas de estas especies permanecen mal clasificadas tanto en publicaciones como en las bases de datos, lo que puede dar lugar a identificaciones incorrectas de otros aislados bacterianos y causar problemas en estudios futuros.
Esto es debido a que en muchos casos la identificación se realizaba mediante métodos microbiológicos clásicos que se basan en criterios fenotípicos (microscópicos y macroscópicos) y en pruebas bioquímicas (determinación de actividad enzimática, metabolitos producidos, resistencia a antibióticos, etc.), en lugar de utilizar métodos genotípicos mucho más sólidos y precisos como los métodos moleculares basados en la secuenciación de genes con utilidad taxonómica (como gen del ARN ribosomal 16S (rna16S), Super óxido dismutasa (sod), subunidad β de la ARN polimerasa (rpoB), etc.).
Métodos independientes de cultivo
Frente a los métodos dependientes de cultivo, los métodos independientes de cultivo, especialmente los métodos moleculares basados en la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), presentan varias ventajas destacables, como su gran especificidad y que son métodos rápidos y de fácil realización; de hecho, no es necesario disponer de una gran cantidad de ADN de alta pureza y en muchos casos ni siquiera es necesario un tratamiento previo de la muestra (Río et al., 2007; Martínez et al., 2011).
Por lo tanto, estos métodos pueden incorporarse a un laboratorio de alimentos e incluso a plantas de elaboración para el control de la calidad y seguridad microbiológica de los mismos.
Además, dependiendo de la técnica utilizada y del diseño específico de la misma, las técnicas basadas en PCR permiten no solo determinar la capacidad de a545 producción de aminas biógenas de una cepa, sino que pueden ser utilizadas para la cuantificación de bacterias productoras en los alimentos e incluso identificar las poblaciones presentes en los mismos (véase figura 3), lo que puede ayudar a tomar las medidas adecuadas para evitar la acumulación de aminas biógenas en cada tipo de alimento y estadio de elaboración (Ladero, Fernández y Álvarez, 2009; Landete, Rivas, Marcobal y Muñoz, 2011; Martínez et al., 2011).
Para el diseño de un método de detección bacteriana basado en PCR se necesita disponer de primers adecuados.
Para poder diseñar los primers que nos permitan detectar específicamente los genes diana se hace necesario un conocimiento previo de estos genes y su comparación entre las bacterias portadoras.
En el caso de los genes implicados en la producción de aminas biógenas, como hemos visto anteriormente, en los últimos años se ha realizado una descripción exhaustiva de estos genes en una gran variedad de géneros y especies, por lo que se dispone de suficiente información genética para su diseño.
En algunos casos, si las secuencias de nucleótidos son muy divergentes, puede ser necesario el uso de más de una pareja de primers.
Este es el caso de las bacterias con capacidad de producir histamina en alimentos, ya que pertenecen a grupos muy dispares, Gram negativas en pescados y derivados de los mismos y Gram positivas del grupo de las BAL en alimentos fermentados.
En estos casos, se puede utilizar el método de PCR más adecuado según el grupo bacteriano que se intenta detectar o bien se realizan dos PCR, o se puede diseñar una PCR múltiple (Coton et al., 2010; Rivas, Marcobal y Muñoz, 2005).
Reacción en cadena de la polimerasa (PCR)
La PCR fue el primer desarrollo de técnicas independientes de cultivo para la detección de productores de AB.
A partir de los genes implicados en la producción de AB cuyas secuencias estaban disponibles, se diseñaron primers específicos para la detección de productores de histamina (Le Jeune, Lonvaud-Funel, ten Brink, Hofstra y van der Vossen, 1995) y tiramina (Lucas y Lonvaud-Funel, 2002).
En algunos casos, se llegó a relacionar la presencia de una AB, como por ejemplo la tiramina en quesos, con amplificaciones específicas de los genes Figura 3.
Esquema de las diferentes aplicaciones de las técnicas moleculares de detección de genes implicados en la producción de AB tanto aplicadas a cultivos puros como a alimentos Fuente: elaboración propia. a545 (Fernández, Flórez, Linares, Mayo y Álvarez, 2006).
Sin embargo, debido al hecho de que además de la presencia de los productores, hay más factores implicados en la acumulación de AB, pronto comenzaron a desarrollarse otras técnicas que además de la detección permiten la cuantificación e incluso la identificación de los productores.
Sin embargo, la técnica de la PCR sigue teniendo mucha utilidad en la selección de cepas que puedan ser utilizadas como cultivos iniciadores en la elaboración de alimentos fermentados (Ladero et al., 2015).
Una simple PCR nos dirá si las cepas candidatas poseen genes de producción de AB y por lo tanto deban ser descartadas como cultivo iniciador, evitando el riesgo de acumulación de AB en grandes cantidades.
Existen diversas PCR orientadas a la detección de los genes de producción de histamina, tiramina y putrescina (Costantini, Cersosimo, Prete y García-Moruno, 2006; Fernández, Linares y Álvarez, 2004; Ladero, Rattray et al., 2011; Marcobal, Rivas, Moreno-Arribas y Muñoz, 2005), que se han aplicado en la selección de cepas iniciadoras en vino, carne o productos lácteos.
En productos lácteos hay que destacar el caso de Lactococcus lactis, principal especie utilizada como cultivo iniciador en la elaboración de quesos.
Como se ha comentado anteriormente, aunque la capacidad de producción de putrescina se considera una característica de especie, no todas las cepas la presentan debido a su pérdida durante el proceso de domesticación al entorno lácteo.
En algunas cepas, la incapacidad de producir putrescina se debe a una secuencia de inserción que interrumpe la transcripción del operón que constituyen los genes responsables de la producción de putrescina, incluido el gen agdi, que es el gen diana de la PCR.
Por lo tanto, la presencia del gen agdi en una cepa de Lactococcus lactis es necesaria pero no suficiente para asegurar que produce putrescina (Ladero, Rattray et al., 2011).
Para evitar este problema se ha diseñado una PCR alternativa a las de detección de agdi utilizada para la selección de iniciadores en otros productos como el vino o la sidra (Coton et al., 2010), en la que los primers, además de detectar la presencia del cluster AGDI permiten comprobar si este está inactivado o no, facilitando el proceso de selección (Ladero, Rattray et al., 2011).
El hecho de que existan varias AB con relevancia en la calidad y seguridad alimentaria y de que una misma cepa pueda producir más de una AB implica que hay que realizar varias PCR para confirmar la seguridad de estas cepas.
Por ello, diversos autores han diseñado nuevos primers que no solo detectan la presencia de los genes, sino que con el diseño adecuado los tamaños que genera la amplificación de cada uno de los genes se diferencian unos de otros (Marcobal, Rivas, Moreno-Arribas y Muñoz, 2005; Rivas, Marcobal, Carrascosa y Muñoz, 2006), incluyendo en algún caso un control positivo de amplificación que le da mayor robustez al método (Coton y Coton, 2005; Coton et al., 2010).
De esta forma, en una única reacción se puede comprobar la capacidad de una cepa para producir cualquier AB y consecuentemente descartarla para su uso como cultivo iniciador, aumentando la seguridad de los alimentos fermentados.
Una evolución de estos métodos de detección de la capacidad de producir AB basados en PCR fue su adaptación al uso de la PCR cuantitativa (qPCR).
La qPCR añade a las ventajas de la PCR convencional una mayor rapidez -el resultado se puede obtener en menos de dos horas-y la capacidad de cuantificar el número de copias del gen diana (Martínez et al., 2011).
Esto nos permite ver la cantidad de productores de AB presentes en un alimento y seguir su evolución a lo largo del proceso de elaboración y conservación hasta su llegada al consumidor, constituyendo una herramienta de prevención, ya que si en las condiciones de conservación o maduración empleadas se observa un aumento de la población de productores de AB se pueden tratar de aplicar las medidas correctoras adecuadas, como reducir la temperatura de almacenamiento, acortar la vida útil, etc...
Además, con un adecuado diseño de los primers la qPCR también permite la realización de estudios poblacionales, pudiendo cuantificar la presencia de diferentes especies productoras (Ladero, Calles-Enríquez, Fernández y Álvarez, 2010; Ladero, Cañedo et al., 2012).
Existen diferentes métodos de qPCR para la detección de bacterias productoras de AB (Bjornsdottir-Butler, Jones, Benner y Burkhardt, 2011a; Fernández, Río, Linares, Martín y Álvarez, 2006; Ladero, Calles-Enríquez, Fernández y Álvarez, 2010; Ladero, Cañedo et al., 2012; Lucas, Claisse y Lonvaud-Funel, 2008; Podeur et al., 2015) que se han aplicado al estudio de la presencia de productores en pescados, quesos, vinos, sidras o carnes, pudiendo determinarse límites de la presencia de estos productores que supongan un riesgo para la acumulación de concentraciones de AB por encima de los límites recomendados (Bjornsdottir-Butler et al., 2011b; Ladero, Linares, Fernández y Álvarez, 2008; Ladero, Martínez, Martín, Fernández y Álvarez, 2010, Ladero, Coton et al., 2011; Nannelli et al., 2008; Torriani et al., 2008).
Incluso se ha utilizado para determinar la fuente de contaminación de bacterias productoras durante el procesamiento post-maduración de quesos (Ladero et al. 2009).
Electroforesis en geles con gradiente de desnaturalización (DGGE)
La DGGE es una técnica que, gracias a la electroforesis en gradiente de desnaturalización, generalmente originado por un gradiente de urea u otro agente desnaturalizante como pueda ser la temperatura, permite una separación efectiva de fragmentos de ADN de igual tamaño, pero que difieren en su secuencia nucleotídica, permitiendo por tanto diferenciar variantes de un mismo gen.
Esta técnica se ha usado ampliamente para ver diferencias y evolución de poblaciones microbianas en distintos ecosistemas, incluyendo alimentos (Cocolin et al., 2007; Smidt, 2016; Flórez y Mayo, 2006), mediante la separación de fragmentos de PCR correspondientes a genes de valor taxonómico, como puede ser el gen 16S ribosomal.
Esta herramienta se puede adaptar a otros genes, como puedan ser los responsables de la producción de AB, lo que permite el estudio de las poblaciones de productores de AB y tener una visión global de las especies implicadas.
Aunque no es una técnica cuantitativa, sí permite ver la evolución de los diferentes grupos de productores de AB de forma cualitativa.
Tras la electroforesis, se obtienen patrones de bandas que en muchos casos se pueden asignar directamente a especies concretas.
Esta técnica se ha empleado en el estudio de la presencia de productores de histamina en queso (Díaz, Ladero, Redruello et al., 2016), lo que por un lado permitió identificar especies que no se pensaba que pudiesen estar presentes en los quesos, como Tetragenococcus halophilus, y por otro determinar que el principal responsable de la acumulación de histamina en altas concentraciones en queso es Lactobacillus parabuchneri, lo que abrió la puerta al inicio de estudios focalizados en una mejor comprensión de su fisiología y genética para poder diseñar medidas preventivas específicas que impidan el crecimiento y desarrollo de esta especie productora de histamina (Díaz, Ladero, Río et al. 2016; Díaz et al., 2018; Wuthrich et al., 2017).
Secuenciación masiva o de nueva generación (NGS)
El desarrollo de las nuevas técnicas ómicas, y más concretamente las técnicas de secuenciación masiva, así como el abaratamiento de las mismas, ha tenido y seguirá teniendo un gran impacto en la microbiología de alimentos y particularmente en calidad y seguridad alimentaria (Mayo et al., 2014; Walsh, Crispie, Claesson y Cotter, 2017).
En el caso concreto del estudio de métodos para la detección de cepas productoras de AB, tiene un gran potencial.
Actualmente la secuenciación completa del genoma de las cepas se considera la for-ma más completa de caracterizar las cepas bacterianas con potencial para ser incluidas en cultivos iniciadores en las fermentaciones alimentarias, ya que por un lado se pueden ver las características tecnológicas relacionadas con el proceso de fermentación y además verificar la seguridad e inocuidad de dichas cepas, incluyendo la capacidad de producir AB.
En los últimos años se han secuenciado una gran variedad de cepas productoras de AB de diferentes géneros y especies (Bjornsdottir-Butler, Leon y Benner, 2016; Ladero et al., 2013; Ladero et al., 2014; Romano, Trip, Lolkema y Lucas, 2013; Wuthrich et al., 2017).
Estos estudios se han utilizado para determinar el origen de los genes implicados en la producción de AB (Wuthrich et al., 2017), para identificar nuevas rutas de producción (Romano et al. 2013), o realizar estudios fisiológicos para profundizar en las condiciones que afectan a su acumulación en alimentos (Río et al., 2016; Pérez et al., 2017).
Otra técnica con gran impacto en microbiología de alimentos ha sido la metataxonómica, que mediante la secuenciación masiva de amplicones de regiones variables de genes de interés taxonómico, principalmente el gen de la subunidad 16S ribosomal permite conocer la distribución de especies bacterianas presentes en una muestra (Alegría, Szczesny, Mayo, Bardowski y Kowalczyk, 2012).
Recientemente, se ha adaptado esta técnica a la amplificación de fragmentos internos de los genes que codifican la tirosina y la histidina descarboxilasas (O'Sullivan et al., 2015).
Estos estudios han permitido identificar a Enterococcus faecalis como el principal responsable de la producción de tiramina en quesos o corroborar a Lactobacillus parabuchneri como el responsable de la producción de histamina en productos lácteos (O'Sullivan et al., 2015), si bien, debido a la necesidad de conocimientos de bioinformática que adapten los métodos y las bases de datos de referencia existentes al caso concreto de la producción de AB, este tipo de estudios son muy escasos.
El hecho de que las AB puedan acumularse en alimentos en altas concentraciones y que la ingesta de estos alimentos contaminados pueda provocar efectos adversos en el consumidor ha hecho que exista un consenso generalizado sobre la necesidad de reducir la presencia de AB en alimentos.
La acumulación de estos compuestos tóxicos en alimentos es un problema multifactorial, donde convergen distintas causas, algunas evitables, como la presencia de bacterias Gram negativas en pescados y otras muy difíciles de modificar, ya que son intrínsecas al proceso a545 de elaboración, como es el caso de los alimentos fermentados.
Los avances en el conocimiento de la genética de la producción de AB permiten el diseño de nuevas herramientas, más rápidas y específicas, para realizar una correcta detección e identificación de las bacterias responsables de la producción de AB y de esta manera evitar su presencia durante el proceso de fermentación de los alimentos (véase figura 3).
En los próximos años, el desarrollo de las técnicas de secuenciación masiva y la adaptación al estudio de las AB de los métodos de análisis disponibles supondrán nuevos avances que contribuirán a la mejora de la calidad y la seguridad de los alimentos que consumimos. |
La ciencia y la tecnología han sido durante mucho tiempo espacios que se pensaban cerrados al influjo de aspectos sociales.
La razón universal y única, en posesión del experto, no admitía juicios de valor sino únicamente cuestiones de hecho.
Por otra parte, el optimismo reinante tras la Segunda Guerra Mundial en el mundo occidental legitimó una política de "cheque en blanco" para los científicos.
En los años sesenta y setenta, sin embargo, este optimismo comienza a resquebrajarse.
Fallos tecnológicos y usos indebidos del conocimiento científico impulsan la presión de colectivos de ciudadanos (y también de científicos) a favor de un control social de las actividades científicas y tecnológicas.
La oposición pública aparece como un importante obstáculo para la innovación, y el interés por la medida de la percepción pública se incrementa.
Desde hace varias décadas se vienen realizando encuestas periódicas sobre interés, percepción y opiniones públicas acerca de la ciencia y la tecnología en general, o aspectos particulares de las mismas.
Por ejemplo, la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos lleva realizando encuestas sobre actitudes públicas hacia la ciencia y la tecnología desde los años setenta; y también los Eurobarómetros han medido en los últimos tiempos cuestiones de percepción de la ciencia en el ámbito europeo.
La elección específica de la percepción pública de la ciencia como objeto de estudio de opinión y actitudes mediante el Eurobarómetro desde 1992 se debe fundamentalmente
a tres razones: en primer lugar, porque la ciencia y la tecnología influyen en las decisiones que cada vez forman parte más directa de nuestros actos cotidianos, aunque no lo percibamos de manera consciente; en segundo, porque para que una sociedad avanzada pueda desarrollarse y participe en las decisiones que le afectan de manera eficaz, es imprescindible que posea una mínima cultura científica que se extienda horizontalmente por toda ella; finalmente porque, en la actual sociedad del conocimiento, la formación científica de la ciudadanía es cada vez más una exigencia de la democracia.
En España, el CIS ha promovido algunas encuestas sobre tecnologías específicas, como el caso de las biotecnologías.
También la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) ha realizado hasta ahora tres encuestas generales en la población española (FECYT, 2002(FECYT,, 2004(FECYT, y 2006) ) 3.
Estas encuestas miden habitualmente tres planos distintos de la relación del público con la ciencia: grado de interés e información en cuestiones de ciencia y tecnología, nivel de conocimientos científicos y actitudes hacia la ciencia y la tecnología.
Aunque este tipo de encuestas tradicionales proporciona información muy valiosa acerca de las tendencias generales referidas a cómo la ciudadanía no experta percibe la ciencia y la tecnología, es claramente insuficiente para aprehender la complejidad de las relaciones entre la ciencia y el público.
Las encuestas de percepción social de la ciencia y la tecnología realizadas por la FECYT, ya mencionadas, muestran que los/las jóvenes menores de 18 años manifiestan un escaso interés por los temas de ciencia y tecnología.
Por otro lado, el último Informe PISA (Programme for International Student Assessment) encargado por la OCDE señala que el nivel científico del alumnado español es inferior a la media del alumnado de la Unión Europea.
El Informe PISA ha provocado una viva controversia en los medios de comunicación y entre los docentes y responsables políticos sobre el estado del sistema educativo del país.
Este programa tenía como objetivo medir el rendimiento escolar en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias naturales.
Los resultados se estructuraban en tres bloques temáticos: comprensión de la escritura, cultura científica y cultura matemática.
Pues bien, según dicho informe, España ocupaba el decimoctavo En este estudio, las alumnas españolas obtuvieron en Matemáticas una puntuación media (481 puntos) menor que la de los alumnos (490).
El sentido de las diferencias entre las alumnas y los alumnos españoles es el mismo que en el promedio de países de la OCDE y que en el de la mayoría de los países, con la excepción de Islandia y Tailandia.
Esta diferencia a favor de las alumnas es general en todos los países, sin excepción.
Por lo que se refiere a la competencia científica, es decir, la capacidad de emplear el conocimiento científico para identificar preguntas y extraer conclusiones basadas en hechos, con el fin de comprender y de poder tomar decisiones sobre el mundo natural y sobre los cambios que ha producido en él la actividad humana, la diferencia no es significativa (4 puntos más los chicos).
Finalmente, el Informe también se ocupa de la capacidad de solucionar problemas, es decir, "la capacidad que tiene una persona de emplear los procesos cognitivos para enfrentarse a, y resolver, situaciones interdisciplinares reales en las que la vía de solución no resulta obvia de modo inmediato y en las que las áreas de conocimiento o curriculares aplicables no se enmarcan dentro de una única área ARBOR CLXXXIV 733 septiembre-octubre [2008] 949-966 ISSN: 0210-1963 de matemáticas, ciencias o lectura" (p.
En esta área, tampoco hay diferencias notables entre chicos y chicas.
PISA-2003 también plantea preguntas para medir la actitud de chicos y chicas hacia los ítems estudiados y ahí sí que aparecen diferencias de género.
Por ejemplo, mientras que en el conjunto de países de la OCDE el 36 % de los chicos están de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación de que no se les dan bien las matemáticas, entre las chicas esta media es del 47 %.
Los alumnos que creen en sus capacidades y eficiencia y que no sienten ansiedad en relación con las matemáticas suelen ser los que tienen un rendimiento mejor.
Aunque es probable que el éxito en matemáticas alimente la confianza, y a la inversa, los indicios sugieren que se trata de un proceso de refuerzo y reafirmación mutuo.
Además, el dato de que las diferencias por género en el rendimiento sean relativamente pequeñas, pero que las chicas tengan mucha menos confianza que los chicos, subraya el hecho de que, en ocasiones, los sentimientos negativos sobre uno mismo y la ansiedad no equivalen a un rendimiento escaso.
PISA-2003 muestra que, aunque por lo general las chicas no obtienen rendimientos mucho más bajos que los chicos en matemáticas, presentan sistemáticamente un menor interés y disfrute en relación con la asignatura, unos sentimientos inferiores sobre sí mismas y unos mayores niveles de impotencia y estrés en las clases de matemáticas.
Este hallazgo tiene una gran importancia para los encargados de crear la política educativa, puesto que revela desigualdades entre los géneros en relación con la eficacia con que los centros de aprendizaje y las sociedades fomentan la motivación y el interés y, en un mayor grado, ayudan al alumnado a superar la ansiedad frente a las diferentes áreas de conocimiento.
Estas pautas podrían predecir las diferencias entre chicos y chicas susceptibles de aparecer posteriormente en contextos educativos y laborales, lo que plantea más preguntas sobre cómo se puede reducir esa distancia entre los dos géneros.
Los datos presentados muestran, por ejemplo, que, a pesar de la mejora del rendimiento en matemáticas de las chicas, es más probable que sean los chicos los que prevean cursar estudios superiores de matemáticas o disciplinas afines.
Por otro lado, los resultados del estudio encargado por la FECYT (Zamora Bonilla, 2004) sobre la "crisis de vocaciones científico-técnicas" muestran un descenso en las opciones científico-tecnológicas, aumentado en el caso de las jóvenes, incluso en las opciones biosanitarias, área muy feminizada en nuestro país, tal vez debido a la discriminación del sexo femenino en el sistema de ciencia y tecnología español (Pérez Sedeño, 2003).
Todo ello hace urgente reflexionar sobre las causas subyacentes, de modo que se puedan tomar medidas al respecto en la enseñanza secundaria.
Dados todos estos antecedentes, el principal objetivo de nuestra investigación era comprobar la percepción que el alumnado tiene de la ciencia y la tecnología en el período en que tienen una educación científica y tecnológica integrada (ESO) y si hay diferencias de género.
Intentamos, además, averiguar en qué medida influyen diversos medios (enseñanza reglada, hogar, medios de comunicación, etc.) en el cambio de imagen -si lo hay-a lo largo de ese período.
A la vez, pretendíamos averiguar y analizar la imagen que los/las alumnos/as tienen de la ciencia y la tecnología al inicio del Bachillerato, cuando tienen que elegir modalidad, y analizar las expectativas del alumnado de esa etapa con respecto a sus futuras profesiones, así como la relación existente entre percepción de la ciencia y la tecnología y expectativas profesionales.
Para lograrlo, partimos de las siguientes cuatro hipótesis.
En primer lugar, que existen imágenes estereotipadas de la ciencia y la tecnología como ámbitos de carácter minoritario y exclusivo alejados de la sociedad.
En segundo, que el alumnado percibe que las opciones de ciencia y tecnología suponen un esfuerzo intelectual muy elevado en comparación con las expectativas previstas de inserción laboral y su remuneración.
También partimos del supuesto de que existe un sesgo de género en relación con las expectativas de éxito académico y profesional y que no hay relación entre los resultados académicos obtenidos y las expectativas de ambos sexos.
CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS DEL ESTUDIO
El universo de nuestro estudio estuvo constituido por el alumnado de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Bachiller y Ciclos Formativos de Centros Públicos de la Comunidad Autónoma de Madrid.
No se tomaron en consideración niveles educativos residuales en período de extinción (BUP y FP) cuyos porcentajes no resultaban significativos.
Asimismo, se optó por atender sólo a los centros públicos, dado que estudios anteriores no revelaban diferencias importantes entre el alumnado de ambos tipos de centros (Pérez Manzano, 2005; Zamora Bonilla, 2004).
Los datos relativos a la población escolarizada en función del nivel de estudios y de las distintas zonas estadísticas en las que cabe dividir la comunidad autónoma fueron obtenidos por medio del Instituto de Estadística de la Comunidad Autónoma de Madrid (en particular a través de las bases de datos disponibles en Internet: ALMUDENA, DESVAN, e Indicadores Estadísticos de las Enseñanzas no Universitarias).
Esta información se completó con aquella otra obtenida a través del Ministerio de Educación y Ciencia (INE Difusión, Copyright INE 2004) en relación a datos más generales a nivel de toda la comunidad (pj.: número de alumnos por cursos, especialidades, sexo, etc.).
El tamaño de la muestra se fijó en 90 unidades (clases).
Las 90 unidades respondían aproximadamente a unos 1.350 alumnos (una vez equilibrada la media de asistencia a clase y de cuestionarios invalidados), si bien el tamaño real de la muestra finalmente obtenida fue de 1.328 cuestionarios.
La afijación fue proporcional.
El procedimiento de muestreo fue polietápico, estratificado por conglomerados, con selección de las unidades primarias de muestreo (institutos) y de las unidades secundarias (aulas) de forma aleatoria simple.
Los estratos se formaron por el cruce de siete zonas de la comunidad de Madrid 4 con el nivel de estudios dividido en tres categorías: ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos.
Del cruce de estas dos variables se obtuvieron 21 estratos (tres de ellos sin representación por carecer de peso suficiente).
Las 90 aulas se distribuyeron de forma proporcional al peso de cada estrato (ver Tabla I del ANEXO).
A un nivel más específico, se repartieron las aulas en los diferentes cursos y especialidades según los porcentajes de los que se disponía a escala global de toda la comunidad (ver Tabla II del ANEXO), teniendo en cuenta que los cursos a los que se decidió pasar el cuestionario fueron 1.o y 4.o de ESO, 2.o de Bachillerato, 2.o de Ciclo Formativo-Grado Medio y 1.o de Ciclo Formativo-Grado Superior.
(Las Tablas III y IV, del ANEXO ilustran el reparto por estratos del tamaño real de la muestra, así como las edades de los estudiantes encuestados en relación a los cursos a los que pertenecían).
Finalmente se hizo una selección aleatoria de institutos por zonas y dentro de cada instituto, y una segunda selección de las aulas siguiendo de nuevo criterios aleatorios.
Se procuró no exceder de 6 aulas por instituto, si bien se hizo alguna excepción con institutos grandes que ofrecen gran cantidad de especialidades en ciclos formativos, dada la dificultad de obtener aulas de dichas especialidades en la mayor parte de los institutos de menor tamaño.
En el supuesto de muestreo aleatorio simple, con un nivel de confianza del 95,5 % (dos sigmas) y P=Q, el error real de nuestro muestreo fue de ± 2,7 %.
CUESTIONARIO Y RECOGIDA DE INFORMACIÓN
El cuestionario se aplicó de forma colectiva dentro de las aulas seleccionadas.
El tiempo requerido para cumplimentarlo fue aproximadamente de 25 a 30 minutos.
Siempre había en el aula una o dos personas responsables a las que previamente se les había dado todas las indicaciones necesarias acerca de cómo debía ser cumplimentado el cuestionario.
Dichas personas además de ir dando indicaciones (si era necesario) pregunta a pregunta, también resolvían todas las dudas que pudieran surgir dentro del aula.
El trabajo de campo se llevó a cabo durante los meses de mayo, junio, septiembre y octubre de 2005.
El almacenamiento y la explotación estadística de los datos se realizaron mediante el paquete estadístico SPSS (versión 12.0).
Siguiendo las normas básicas sobre el diseño de cuestionarios existentes en la literatura al uso, se diseñó un cuestionario adaptado a nuestros propósitos, tanto en lo relativo a las hipótesis de nuestra propia investigación como en lo referente a la población objeto de estudio (alumnado de Secundaria, Bachiller y Ciclos Formativos).
La comparación de las opiniones de los/as alumnos/as con edades diferentes exigía no sólo que se utilizara el mismo cuestionario para los diferentes niveles educativos, sino también que la población no quedara filtrada con preguntas específicas para cada uno de los niveles.
Además, se puso mucho cuidado en redactar las preguntas de forma concisa y directa, con un lenguaje especialmente coloquial debido a la población a la que iba destinado.
También se evitaron preguntas cuya respuesta exigiera un esfuerzo de memoria.
Las preguntas abiertas se usaron sólo excepcionalmente (en particular cuando se les preguntaba sobre qué les gustaría o en qué creían que iban a trabajar en el futuro) debido a la poca precisión de las respuestas en estos casos y las dificultades de codificación.
La alternativa de respuesta "otros" que convierte las preguntas cerradas en semicerradas fue utilizada sólo en aquellas ocasiones en las que se creyó pertinente, a saber, cuando se les preguntaba por temas de interés en general y por tipos de programas de televisión que más veían.
En un tercio de las preguntas aproximadamente se podía elegir entre varias alternativas de respuesta (se trataba por tanto de "variables categóricas nominales de respuesta múltiple"), aunque normalmente estableciendo un máximo de 3 ó 4 respuestas.
En otros casos, sólo había una alternativa de respuesta.
Finalmente, otro tercio del cuestionario estaba constituido por una batería de preguntas sobre el grado de satisfacción, valoración o acuerdo con determinadas cuestiones ("variables categóricas ordinales").
Se optó por escalas tipo Likert con un número par de opciones de respuesta (en particular cuatro, p. ej.: Mucho/Bastante/Poco/Nada o Muy de acuerdo/Bastante de acuerdo/Bastante en desacuerdo/Muy en desacuerdo), con el fin de evitar la respuesta central de indecisión (regular, indiferente, etc.) y eliminar así la posibilidad de que el sujeto se evadiera escogiendo dicha respuesta.
Éste fue el caso de todas aquellas preguntas que versaban acerca de las asignaturas cursadas por los/las alumnos/as, en las que tenían que valorar todas y cada una de las asignaturas en función del grado de gusto, dificultad, etc.
También se procuró que el cuestionario no fuera muy extenso con el fin de evitar la pérdida de interés y de atención.
Así, el cuestionario confeccionado constó de 31 ítems o preguntas 5 acerca de la percepción de la ciencia y la tecnología y otras 6 preguntas más de datos de clasificación, esto es, preguntas socio-demográficas.
Las diferentes preguntas que formaban el cuestionario recababan información en relación con las hipótesis de nuestra investigación con el fin de que éstas pudieran ser contrastadas.
En cuanto a la estructuración, se procedió como se hace habitualmente, a saber: inicialmente se introdujeron unas variables de identificación de la muestra a rellenar por parte del personal encuestador; en lo que son propiamente las preguntas del cuestionario, éstas se agruparon comenzando con una serie de preguntas fáciles de carácter general; a mitad del cuestionario se situó el grupo de preguntas más importantes y relevantes de cara a contrastar las hipótesis de nuestra investigación; y por último, cerraban el cuestionario las preguntas sociodemográficas (sexo, edad, etc.).
Para verificar el funcionamiento del cuestionario antes de su aplicación definitiva se llevó a cabo un estudio piloto, el cual consistió en que unos 25 alumnos con características similares a la muestra cumplimentaron el cuestionario diseñado.
Aunque éste no se modificó sustancialmente, el estudio piloto sí sirvió para matizar algunas cuestiones y eliminar o añadir alguna pregunta.
Como señalamos anteriormente, nuestro propósito a la hora de llevar a cabo este estudio era múltiple: por un lado, queríamos averiguar qué percepción tiene el alumnado de la ciencia y la tecnología en el período en que reciben una educación científica y tecnológica integrada y reglada, a saber en ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos.
Por otro lado, también nos interesaba averiguar en qué medida influyen los diversos medios (enseñanza reglada, hogar, medios de comunicación, etc.) en la imagen que tienen de la ciencia y la tecnología y si cambia a lo largo de ese período.
Suponiendo que esa percepción influye en sus expectativas profesionales, también analizamos la relación existente entre percepción de la ciencia y la tecnología y expectativas profesionales.
En primer lugar, hay que señalar diferencias de género en el grado de colaboración en la aplicación del cuestionario y en el modo de hacerlo: se han invalidado más cuestionarios de chicos que de chicas y es de resaltar que las chicas valoran con "mucho" y "bastante" en más ocasiones que los chicos.
Interés y medios de información en ciencia y tecnología
Las preguntas referentes a los temas de interés y programas de televisión más vistos indican ciertas diferencias entre chicos y chicas acerca de qué les atrae y nos dan una idea de la percepción que tienen de la ciencia y la tecnología, que no es muy diferente a la del resto de la población (FECYT, 2005(FECYT,, 2007)).
Así se puede ver que los principales temas informativos por los que tienen interés chicos y chicas varían.
La mayor diferencia a favor de las mujeres adolescentes se aprecia en Medicina, Medio ambiente y Educación, mientras que el número de varones adolescentes a los que les interesa la Tecnología es muy superior.
Esto apoya el estereotipo de la tecnología como actividad "masculina", mientras que la medicina, el medio ambiente y la ecología, que son también disciplinas tecnológicas, pero que están relacionadas con el cuidado, y al igual que la educación, responden al estereotipo de actividades "femeninas".
En el ítem Ciencia, en cambio, hay poca diferencia, quizá debido a la indefinición del término.
Por lo que se refiere a lo que sucede a lo largo de la etapa educativa desde primero de ESO a los Ciclos Formativos, la pregunta que surge es: ¿por qué se desinteresan las mujeres por la ciencia y la tecnología a medida que avanzamos en la edad?
A diferencia de lo que ocurre con los chicos, hay un ligero descenso del interés por estas áreas en las chicas que se acentúa en los Ciclos Formativos.
No obstante, hay que ser muy cautos con la interpretación que se haga de los Ciclos Formativos debido al pequeño número de casos que estos ciclos representan en comparación con el total de la muestra.
Sería conveniente hacer un estudio específico de esta etapa formativa, que proporcionara más información.
El porcentaje de chicos y chicas que ven programas de TV de ciencia y tecnología es muy similar y bajo, lo cual no debe resultar extraño, dado el escaso número de programas de este tipo que se ofrecen en las cadenas.
Sorprende el poco porcentaje de adolescentes, especialmente varones, que afirman ver programas de tele-realidad, de famosos o similares.
Sospechamos que pudiera haber cierta tendenciosidad o deseabilidad social en las respuestas, debido a la desvalorización general de este tipo de programas al considerarse "femeninos".
En el caso de los adolescentes, la masculinidad podría verse amenazada por adoptar o reconocer prácticas que se vinculan tradicionalmente con lo femenino, lo cual se manifiesta de forma más potente en estas edades donde la identidad de género se está formando.
Por otro lado, los dos principales medios a través de los cuales los adolescentes de ambos sexos obtienen información sobre ciencia y tecnología son la Televisión e Internet (con porcentajes de 56,6 % y 52,3 % respectivamente), este último recurso utilizado en menor medida por las chicas (un 47,6 % frente a un 57,3 % de los chicos).
Es destacable que el porcentaje de adolescentes que señalan el centro escolar como fuente de información sobre ciencia y tecnología es mucho menor (20,3 %).
Actitudes y valores hacia la ciencia y la tecnología
También se preguntó por las opiniones que tienen de la ciencia y la tecnología.
También señalar la diferencia entre adolescentes varones y mujeres en el campo de las ciencias humanas y sociales, consideradas con más proyección de futuro por las mujeres (un 20,9 %, el quinto campo más señalado, por encima de nuevas tecnologías de la comunicación, investigación espacial, agricultura y desarrollo industrial) que por los varones (el 15,9 %, que ocupa un séptimo puesto en porcentajes por debajo de tecnologías de la comunicación e investigación espacial).
Es destacable que el último campo de investigación que se considera importante de cara al futuro sea el de armamento, defensa y seguridad (sólo el 6,6 %).
Esto, unido a que sólo el 12,3 % lo considera como un área donde se han producido innovaciones que mejoren la calidad de vida de las personas y que más de la mitad considera que es un campo a controlar o limitar, contrasta con los porcentajes en inversiones estatales en estos campos en el ámbito de la investigación y desarrollo.
Percepción social del profesional de la ciencia
Con respecto a la hipótesis de la existencia de imágenes estereotipadas de la Ciencia y la Tecnología como ámbitos de carácter minoritario y exclusivo alejados de la sociedad, las respuestas son las siguientes.
Los profesionales más valorados por ambos sexos son los médicos, seguidos de científicos, ingenieros e informáticos por ese orden, coincidiendo con la población general (FECYT, 2003(FECYT,, 2005(FECYT,, 2007)).
Es interesante señalar que la valoración de los científicos aumenta con la edad.
La percepción de diferentes atributos que caracterizan a las personas que trabajan en la ciencia, en general, es muy similar entre varones y mujeres.
Es significativo que el 75,4 % está en muy o bastante de acuerdo en que las personas de ciencia ganan mucho dinero.
Percepción que refuerza el estereotipo de exclusividad de la comunidad científico-tecnológica y contrasta con la imagen difundida en los medios del "becario precario" o la huida de genios a países del extranjero.
El 84,2 % piensa que las personas que trabajan en ciencia son muy inteligentes y no obstante el 76,8 % está muy o bastante en desacuerdo en que tienen fama.
Varias respuestas indican la imagen vocacional y altruista de la persona que trabaja en ciencia: el 81 % está muy o bastante de acuerdo en que a las personas que trabajan en ciencia les gusta mucho su trabajo.
El 41,6 % está muy o bastante de acuerdo en que las personas que trabajan en ciencia sólo les interesa la ciencia, una percepción relacionada con el 42 % que piensa que trabajan todo el día y un 45 % que piensa que hacen poca vida de familia.
Respecto a esto último, el porcentaje disminuye en la percepción de las mujeres, un 40,2 % frente a un 50,2 % de los varones.
Por tanto, son altos los porcentajes (en torno al 40 %) de chicos y chicas que piensan que las personas que trabajan en ciencia sólo están interesadas y sólo se dedican a la ciencia, incluso renunciando a la vida familiar.
Por otro lado, el 70,4 % están muy o bastante de acuerdo en que las personas que trabajan en ciencia trabajan para los demás.
En resumen, más del 70 % de los chicos y chicas encuestados están de acuerdo en las afirmaciones de que la persona que trabaja en ciencia es inteligente, gana mucho dinero, pero no tiene fama; trabaja en lo que le gusta y es altruista; y casi la mitad está de acuerdo en que la persona que trabaja en ciencia sólo se dedica a la ciencia, sin que le interesen otras cosas como la familia.
Para chicas y chicos las dos características que mejor definen a las personas que se dedican a la ciencia es que son inteligentes (un 84,8 % lo señalaron) y trabajadoras (un 79,1 %), atributo este último que fue más señalado por las mujeres que por los varones (un 81,4 % y un 76,7 % respectivamente).
Las siguientes características más señaladas fueron la curiosidad (un 56,9 %) y el ser cuidadosas (un 44,8 %), ambas características señaladas más por mujeres que por varones.
Es destacable que mientras para los chicos el ser imaginativas ocupa un quinto puesto en las características que más definen a las personas que hacen ciencia, para las chicas ocupa un séptimo puesto después de racionales y ordenadas.
Curiosamente, la imparcialidad es percibida por muy pocas personas como característica de quienes hacen ciencia, algo que contrasta con los ideales de objetividad que prescribe el pensamiento científico.
Valoración de la asignatura de Tecnología: gusto, capacidad y dificultad
Comenzando con la valoración que se hace de diferentes disciplinas, los gustos de los y las adolescentes de asignaturas como la lengua y las matemáticas se ajusta bastante a los estereotipos, pero con el siguiente matiz: mientras las diferencias entre chicos y chicas de 1.o de ESO son enormes en el caso de las matemáticas (al 27,9 % de las chicas les gustan mucho, mientras que el porcentaje de los chicos se eleva al 41,4 %), en 2.o de Bachillerato se han ido aproximando: al 14, 4 % de chicas y al 21,8 % de chicos de 2.o de Bachillerato les gustan mucho las matemáticas.
En general, el porcentaje de los adolescentes varones a los que les gusta la tecnología es superior al de las mujeres (al 65 % de varones les gusta mucho o bastante y sólo al 38 % de mujeres) y a la inversa, mientras el 61 % de las mujeres dice que les gusta poco o nada, sólo el 34 % de los varones tiene una valoración negativa de la tecnología.
Tanto en varones como en mujeres se repite el mismo patrón: el gusto por la tecnología ("mucho" o "bastante") disminuye de 1.o de la ESO a 4.o de la ESO (de 57 % a 28,3 % en el caso de las mujeres y de 76,8 % a 52,2 % en el caso de los varones), notándose esta disminución más en el caso de las mujeres; y aumenta un poco en 2.o de Bachillerato (32,4 % en el caso de las mujeres y 59,8 % en el caso de los varones), pero sin llegar a los niveles de gusto por la tecnología que existían en 1.o de la ESO.
Por cursos, destacan las puntuaciones en "mucho" y "nada" de las mujeres (comparando 1.o de la ESO con 4.o y 2.o de Bachillerato).
Un patrón que es paralelo en el caso de los varones (disminución progresiva de "me gusta mucho la tecnología" y aumentos de "no me gusta nada" de 1.o de ESO a 4.o de ESO y Bachillerato).
No obstante, las diferencias entre mujeres y varones aumentan conforme aumenta la edad y el curso (de 20 a 24 a 27 puntos de diferencia).
La diferencia mayor entre ambos sexos se da en 4.o de la ESO.
El 70 % de las mujeres dice que le gusta poco o nada (frente a un 46 % de los varones).
¿Qué pasa en 4.o de la ESO que el gusto por la tecnología disminuye tanto en varones como en mujeres, pero además esta disminución repercute mucho más en las mujeres?
En general, la percepción de la capacidad para la tecnología "¿cómo se te da?") es más positiva en el caso de los varones que en el caso de las mujeres (el 69,9 % de los varones dice que se le da bien o muy bien y el 55,4 % de las mujeres perciben lo mismo).
La percepción sobre la capacidad disminuye de 1.o hasta 4.o de ESO y 2.o de Bachillerato en los dos sexos, aunque la disminución en porcentajes es mayor en el caso de las mujeres.
La distan-cia entre ambos sexos aumenta desde 1.o hasta 4.o de ESO y 2.o de Bachillerato, lo cual se ve más acentuado en el caso de diferencias entre varones y mujeres en "se me da muy bien": van en aumento desde 1.o de la ESO hasta 2.o de Bachillerato, de 2 a 8 a 9 puntos de diferencia.
Resulta interesante comparar la percepción de la capacidad en función de la otra pregunta relacionada: "¿Te resulta difícil la tecnología?".
Les resulta más difícil la tecnología a las mujeres que a los varones (al 34 % de las mujeres y al 24 % de los varones les resulta muy o bastante difícil), pero las diferencias entre sexos se agudizan de 1.o a 4.o de ESO y más en 2.o de Bachillerato.
Curiosamente los porcentajes que responden "me resulta poco o nada difícil" son más altos en relación a "se me da bien o muy bien" la tecnología, tanto en varones como en mujeres, aunque la diferencia es mayor en el caso de las mujeres y más acentuada en 2.o de Bachillerato (11 puntos de diferencia).
¿Qué pasa en 2.o de bachillerato que no sólo disminuye el gusto y la capacidad de las mujeres por la tecnología (más que en el caso de los varones), sino que además la distancia entre su percepción sobre "cómo se te da" y "te resulta difícil" aumenta?
Es decir, un considerable porcentaje de mujeres que afirma que no les resulta difícil no afirman también que se les da bien.
En ese sentido, el rol que juega la carga de masculinidad en la tecnología interfiere claramente en la percepción que muestran las mujeres sobre su propia actividad tecnológica y las expectativas que proyectan sobre ella.
Respecto a la percepción de si es importante la tecnología para la comprensión del mundo, el porcentaje de varones que perciben que la tecnología es importante es mayor que el de mujeres (el 65,8 % de los varones y el 59,7 % de las mujeres creen que es muy o bastante importante para la comprensión del mundo).
La percepción de la importancia de la tecnología en ambos sexos es mayor en 1.o de ESO y disminuye en posteriores cursos (disminuye en 4.o de ESO y vuelve a aumentar en 2.o Bachillerato, pero sin llegar a los niveles de 1.o de ESO).
Preferencias y expectativas profesionales
La tercera y cuarta hipótesis de nuestro estudio, a saber, si existe un sesgo de género en relación con las expectativas de éxito académico y profesional y no existe relación entre los resultados académicos obtenidos y las expectativas de ambos sexos, las evaluamos mediante la relación de tres tipos de preguntas: por un lado, analizando de forma comparativa las respuestas a "cómo se te da" y "te resulta difícil" en relación con diferentes ciencias; por otro lado, preguntando por las profesiones en las que les gustaría trabajar en el futuro y por las que creen que van a trabajar; por último, y más concretamente, con tres preguntas sobre la imagen descriptiva y prescriptiva de la profesión científica en función de las diferencias entre varones y mujeres.
Existe una relativa y compensada igualdad entre chicos y chicas en las percepciones de capacidad sobre cómo se les dan las asignaturas de Física y Química (a un 40,8 % de chicos se les da bien o muy bien frente a un 36,4 % de chicas) y cómo se les dan las asignaturas de Ciencias Naturales (aquí se invierten los datos, a un 67 % de chicas se les da bien o muy bien frente a un 58 % de chicos).
También en sus percepciones sobre el grado de dificultad de la Física y la Química (a un 36,8 % de chicos les resulta poco o nada difícil, frente a un 27,4 % de chicas, curiosamente una diferencia en porcentajes que es 5 puntos mayor que la diferencia respecto a capacidad) y el grado de dificultad de la Ciencias Naturales (a un 68,2 % de las chicas les parece poco o nada difícil frente a un 57,5 % de los chicos).
Esta relativa igualdad en percepción de capacidad y dificultad contrasta con las diferencias notables encontradas cuando se les pregunta por las profesiones en las que les gustaría trabajar en el futuro y por las que creen que van a trabajar en el futuro (preguntas que como dijimos no tenían alternativas de respuesta prefijadas).
En el caso de las chicas, las siete principales profesiones en las que les gustaría trabajar son, por este orden: profesional de la salud, profesor, artista, profesional de la comunicación, enfermería y fisioterapia, veterinaria e imagen personal (peluquería, etc.).
En el caso de los chicos, y por este orden: deportista, informático, ingeniero/arquitecto, mecánico, fuerzas y cuerpos de seguridad, artista y profesor.
Es de destacar que la profesión de científico ocupa un octavo lugar en ambos sexos hasta 2.o de Bachillerato y en los Ciclos Formativos prácticamente desaparece.
Sorprende el alto porcentaje de chicos a los que les gustaría ser deportista en un futuro y el casi nulo porcentaje de chicas.
Estas diferencias también se ven respecto a las profesiones de la informática y las ingenierías.
Es preocupante el dato de que el porcentaje de chicas a las que les gustaría dedicarse a la informática es prácticamente nulo, y eso en todas las etapas formativas.
En relación con la ingeniería/arquitectura, el porcentaje de chicas a las que les gustaría ejercer esta profesión va aumentando hasta 2.o de Bachillerato, pero para luego desaparecer en los Ciclos Formativos.
En el caso de las profesiones de la salud y de la comunicación, durante la ESO, el porcentaje de chicas a las que les gustaría ejercer estos trabajos es claramente mayor respecto a los chicos, pero en el Bachillerato el porcentaje de chicos a los que les gustaría trabajar en estas profesiones aumenta, llegando en el caso de las profesiones de la comunicación a superar el porcentaje de las chicas.
Destacan también las diferentes preferencias en profesiones como la mecánica o las fuerzas de seguridad (a favor de los chicos) o profesiones como la de profesor, enfermería o imagen personal (a favor de las chicas).
Curiosamente, en la profesión "profesor", el mayor porcentaje de chicas a las que les gustaría ejercer este trabajo, que se mantiene durante la ESO, Bachillerato y el Ciclo Formativo de Grado Medio, se invierte a favor de los chicos en el Ciclo Formativo de Grado Superior.
Cuando se les pregunta por las profesiones en las que creen que van a trabajar en un futuro, por este orden, las señaladas por las chicas son: profesor, profesional de la salud, administrativo, imagen personal, profesional de la comunicación y enfermería.
En el caso de los chicos: informático, mecánico, ingeniero/arquitecto, trabajador manual y fuerzas de seguridad.
En el caso de las chicas, destaca la profesión de administrativa que, aunque no deseada, es percibida "realistamente" como una posibilidad laboral.
Su correlato en los chicos sería el de trabajador manual (albañil, fontanero, etc.).
El porcentaje de adolescentes que creen que trabajarán en un futuro como científicos es igual en chicos y chicas (2,7 %) y ocupa la decimoquinta posición de profesiones.
Por último, se preguntó por la imagen descriptiva y prescriptiva que se tiene de la profesión científica en relación con las diferencias entre los sexos.
El 76,8 % de los encuestados, sin apenas diferencias entre chicos y chicas, afirmaron que
Los análisis estadísticos y las encuestas ayudan a poner de manifiesto problemas, dificultades, estereotipos o desigualdades.
Pero, por muy amplias y bien diseñadas que estén, siempre pueden dejar a un lado discriminaciones, microdesigualdades o representaciones simbólicas verbales de gran ayuda para el conocimiento de la realidad estudiada.
Hay una serie de técnicas cualitativas que tienen una larga trayectoria fructífera dentro de la investigación social en general y de los estudios de género, en particular.
En concreto, los grupos de discusión y las entrevistas indi- viduales, semiestructuradas o abiertas, permiten acceder a las representaciones sociales y a los universos simbólicos del grupo social investigado mediante la interacción comunicativa y comportamental.
La bondad de las técnicas cualitativas reside en que gracias a ellas se accede al conocimiento de la realidad mediante el análisis del discurso social y de las representaciones simbólicas verbales, donde los sujetos de la investigación expresan deseos, necesidades, carencias, valores e intereses, que se dan en una situación concreta experimentada, y en un entorno específico.
Por eso sería deseable una aproximación de este tipo al universo adolescente.
Estudios complementarios de tipo cualitativo ofrecen una imagen más rica de las relaciones entre la ciencia y los no expertos, y por tanto, también pueden sugerir cómo reforzar las relaciones entre ambos mundos.
La confianza del público en actores e instituciones y la relevancia de las investigaciones e innovaciones para los intereses sociales son algunas de ellas.
Estos trabajos sobre "comprensión pública de la ciencia" apuntan hacia la necesidad de crear líneas de acercamiento bidireccionales.
Parte de su enseñanza es que el esfuerzo por acercar la ciencia al público no puede ser únicamente un esfuerzo de "alfabetización" o divulgación, desde los expertos hacia el público general.
Pero también es necesario hacer llegar al público la importancia de la ciencia y la tecnología para el desarrollo económico y el bienestar social, y la necesidad de disponer de recursos humanos suficientes para ello.
Expertos y políticos han de dialogar con la sociedad, atendiendo a sus demandas, respetando sus opiniones y escuchando sus aportaciones.
Sólo de esta manera podrán desarrollarse intervenciones tecnocientíficas socialmente sensibles y eficaces.
En ese sentido, la percepción de la adolescencia madrileña sobre ciencia y tecnología constituye un fractal significativo de análisis en los procesos de comunicación científica, tanto en sus vertientes de percepción, como de divulgación, producción y apropiación del conocimiento científico.
En este trabajo se comprueba hasta qué punto se configuran imágenes estereotipadas de la ciencia y la tecnología en cuanto praxis sociales minoritarias y excluidas.
Es significativo comprobar cómo pese a que aproximadamente un 70 % del alumnado está muy o bastante de acuerdo en que la comunidad científica "trabaja para los demás", algo que conlleva un reconocimiento social de la actividad científico-tecnológica, sin embargo, aparece reforzado el estereotipo de exclusividad y alejamiento del profesional científico al ser percibido como una persona inteligente, que aunque gane dinero no tiene fama, y que trabaja mucho y casi de forma exclusiva, hasta el punto de renunciar a otros aspectos de la vida.
La cristalización de este estereotipo podría explicar en parte la pérdida gradual de interés que experimenta el alumnado por las opciones científicas y tecnológicas.
Por otro lado, y aun a riesgo de reificar las diferencias sexuales y reforzar la dicotomía de género, creemos que sigue siendo necesario realizar estudios cuantitativos y cualitativos que alerten de desigualdades entre varones y mujeres, en este caso durante los procesos de socialización, y que planteen diferentes necesidades y políticas de mejora.
En concreto, en este trabajo se constata cómo el grado de afinidad con las praxis científico-tecnológicas que muestra el alumnado a lo largo de su período formativo aparece claramente articulado con los procesos de formación de su propia identidad de género.
El estereotipo de la tecnología como actividad "masculina", pero también los discursos del cuidado usualmente asociados a disciplinas también tecnológicas como la medicina, el medioambiente y la ecología, influyen en el tipo de percepción y muestra de interés que se tiene por las mismas.
Las diferentes cargas de masculinidad y feminidad en estas tecnologías interfieren claramente en la percepción que muestran las y los adolescentes sobre su propia actividad tecnológica y las expectativas que proyectan sobre ella.
mayor conocimiento científico tecnológico puede mejorar la TABLA 2 P.2 Tipos de programas de TV que más se ven* (%) SEXO Total Mujeres Varones
de las personas para decidir cosas importan- tes en sus vidas algunas
de innovación tecnológica que han contribuido más a mejorar la calidad de vida de las per- sonas, las
científico-tecnológicos que habría que controlar o limitar su desarrollo: el
los campos de investigación más importantes de cara al futuro, destaca
PERCEPCIÓN DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN LA ADOLESCENCIA MADRILEÑA
TABLA III: DISTRIBUCIÓN POR ESTRATOS DEL NÚMERO DE CASOS TOTAL DE LA MUESTRA En cada casilla: porcentaje/n.o alumnos
NÚMERO DE CASOS TOTAL DE LA MUESTRA POR EDADES Y CURSOS EDAD 12 años 13 años 14 años 15 años 16 años 17 años 18 años 19 años 20 y + Total Recuento Recuento Recuento Recuento Recuento Recuento Recuento Recuento Recuento Recuento |
Afecta a un total de 6-8% de niños y a 2-4% de adultos.
Debido a la actual gran prevalencia de la alergia alimentaria, se hace necesario el desarrollo de nuevos métodos de control, tratamiento y estudio.
En esta revisión se presentan los enfoques proteómicos y de biología de sistemas más recientes para el estudio de la alergia alimentaria.
En este sentido, se resumen con detalle las dos principales estrategias proteómicas (proteómica de descubrimiento y proteómica dirigida).
También se describen los innovadores enfoques de biología de sistemas basados en datos proteómicos para el estudio de los mecanismos de la alergia alimentaria.
Finalmente se presentan nuevas perspectivas y futuras direcciones.
Las alergias alimentarias son uno de los principales problemas sanitarios que actualmente afectan a la mayor parte de los países industrializados.
La Organización Mundial de la Alergia (WAO) destaca en su último informe la gran prevalencia que han experimentado estas enfermedades en los últimos veinte años, una tendencia que no muestra signos de moderación.
Este considerable incremento está en estrecha correlación con la globalización de los mercados, con la mejora en la calidad de vida y con el control de las enfermedades infecciosas durante la infancia.
Así, en la Unión Europea (UE), la alergia alimentaria es la enfermedad crónica más común en la edad infantil, llegando a tasas mayores del 6% en algunos países.
En España, la prevalencia de este tipo de enfermedades en la población general es de un 3-4% (Sicherer y y Sampson, 2014).
Un total de catorce alimentos (pescado, crustáceos, moluscos, gluten, huevos, lácteos, cacahuetes, soja, apio, frutos de cáscara, mostaza, granos de sésamo y dióxido de azufre-sulfitos y altramuces) están declarados como alérgenos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (European Food Safety Authority, EFSA).
En pacientes sensibilizados, los síntomas clínicos de la alergia alimentaria normalmente se manifiestan por medio de urticarias, conjuntivitis, rinitis, problemas gastrointestinales y dificultad respiratoria, dando lugar en el peor de los casos a un shock anafiláctico minutos después de la ingesta (Sampson, 2003).
Para garantizar la seguridad de los consumidores, la Comisión Europea en su Directiva 2007/68/EC obliga a los distintos países a declarar y asegurar la presencia de cualquier alérgeno o derivado del mismo en el etiquetado de todos los productos alimenticios.
Asimismo, la autoridad de la EFSA reconoció la alta prevalencia y alto riesgo en todo el mundo y reclamó a la comunidad científica la necesidad de desarrollar nuevos métodos de control y detección de dichos alérgenos en los productos alimentarios.
La alergia alimentaria presenta un origen multifactorial en donde se incluyen factores genéticos, inmunológicos y ambientales (Lorente, Laffond, Dávila y Moreno, 2001).
Es una hipersensibilidad alergénica tipo I mediada por la producción amplificada de inmunoglobulina E (IgE).
Establecido el diagnóstico de alergia alimentaria, la exclusión del alimento alergénico, manteniendo los requerimientos nutricionales, es en la actualidad el único tratamiento apropiado para prevenir reacciones futuras.
Hallar nuevas terapias para las alergias alimentarias, más allá de la simple supresión de la ingesta del alimento alergénico, forma parte de los objetivos actuales de la ciencia.
En este sentido, las poderosas metodologías -ómicas (Genómica, Proteómica, Metabolómica, etc) y de biología de sistemas están logrando un gran impacto en toda la comunidad científica.
De hecho, a instancias de la comunidad científica dedicada al estudio de los alimentos, se ha establecido una nueva disciplina denominada Foodomics (Cifuentes, 2009; Herrero, Simó, García-Cañas, Ibánez y Cifuentes, 2012).
Fuente: elaboración propia Figura 1.
Principales áreas proteómicas y de biología de sistemas para el estudio de la alergia alimentaria a546 En esta revisión se describen los avances más recientes en las técnicas de proteómica de descubrimiento y dirigida (Discovery Proteomics y Targeted Proteomics), así como de las herramientas de biología de sistemas para el control y detección de alérgenos en los alimentos y para alcanzar una mayor comprensión de las bases moleculares de la alergia alimentaria (véase la figura 1).
Resultados de gran transcendencia que están siendo útiles no solo para toda la comunidad científica sino también para las autoridades sanitarias e industrias alimentarias y farmacéuticas con el fin de garantizar la seguridad y proteger la salud de los consumidores.
PROTEÓMICA DE DESCUBRIMIENTO EN LA ALERGIA ALIMENTARIA
La proteómica de descubrimiento tiene como finalidad el estudio y caracterización a gran escala de los componentes de un determinado proteoma.
Se basa en la identificación y cuantificación de las proteínas, la caracterización de sus modificaciones posttraduccionales (PTMs) y la identificación de péptidos y proteínas biomarcadoras.
Así, las aproximaciones clásicas de la proteómica Bottom-up son prometedoras tecnologías para la caracterización e identificación de alérgenos alimentarios.
Siguiendo esta metodología, la(s) proteína(s) de interés son sometidas a separación mediante electroforesis bidimensional (2-DE), electroforesis capilar (CE) o cromatografía líquida (LC), para a continuación ser digeridas utilizando enzimas (por ejemplo, tripsina) y los péptidos resultantes son entonces analizados por espectrometría de masas en tándem (MS/MS).
Utilizando herramientas de búsqueda en las bases de datos, como SEQUEST, los espectros de fragmentación son asignados a posibles secuencias peptídicas y las asignaciones son seguidamente validadas utilizando programas como Percolator.
Hasta la fecha, utilizando aproximaciones similares varias proteínas alergénicas han sido identificadas y caracterizadas (véase la tabla 1).
Así, utilizando 2-DE, inmunobloting con sueros de pacientes alérgicos y análisis por espectrometría de masas con un analizador de tiempo de vuelo y desorción mediante láser asistida por matriz (MALDI-TOF) o por cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem (LC-MS/MS) fueron identificados nuevos alérgenos de crustáceos, sésamo, avellana, pistacho, fruta y gluten (Marzban, Herndl, Maghuly, Katinger y Laimer, 2008; Ortea, Cañas y Gallardo, 2009; Carrera, Cañas, Vázquez y Gallardo, 2010; Martínez-Esteso et al., 2016; Grishina, Bardina y Grishin, 2017).
Una novedosa estrategia desarrollada por nuestro grupo de investigación permitió la secuenciación de novo completa de nuevos alérgenos alimentarios (Carrera et al., 2010).
Esta estrategia fue aplicada para la caracterización de todas las parvalbúminas beta (β-PRVBs) de todas las especies comerciales de la familia Merlucciidae.
Las β-PRVBs están consideradas como el principal alérgeno de los pescados (Elsayed y Bennich, 1975).
Esta metodología se basa en la combinación de la estrategia clásica de la proteómica Bottom-up mediante geles 2-DE, la determinación de la masa molecular exacta de las proteínas intactas mediante espectrometría de masas de resonancia ciclotrónica de iones por transformada de Fourier (FTICR-MS) y la monitorización de los péptidos teóricos necesarios para completar las secuencias faltantes mediante monitorización de la fragmentación de un ion seleccionado (SMIM) en un espectrómetro de masas con un analizador de trampa iónica lineal (LTQ).
Así, con esta estrategia se logró la secuenciación de novo completa de veinticinco nuevas isoformas de β-PRVBs (Carrera et al., 2010).
PROTEÓMICA DIRIGIDA EN LA ALERGIA ALIMENTARIA
La proteómica dirigida es una estrategia que permite el análisis selectivo de un determinado número de proteínas o péptidos seleccionados que normalmente son considerados como biomarcadores.
Para ello el analizador del espectrómetro de masas es programado para que se centre en el análisis de determinados compuestos de interés mediante monitorización de la reacción de un ion/múltiples seleccionado(s) (SRM/MRM) en analizadores tipo triple cuadrupolo (QqQ) o híbridos cuadrupolotrampa iónica (Q-Trap) o mediante SMIM (Jorge et al., 2007).
Además, en equipos de espectrometría de masas de alta resolución (HRMS), como los espectrómetros de masas tipo Q-Orbitrap, se logra una mejora en la velocidad, sensibilidad y rango dinámico de la monitorización, denominándose en este caso monitorización de la reacción en paralelo de un ion/ múltiples seleccionado(s) (PRM).
Estos últimos modos de trabajo (SMIM/PRM) son los más avanzados y presentan dos importantes ventajas frente a los otros modos de barrido: por un lado, consiguen un considerable incremento en la sensibilidad debido al promedio de varios espectros de fragmentación (MS/MS), de principal importancia para confirmar la naturaleza o secuencia de la especie identificada, y por el otro, es un modo de trabajo que permite obtener cromatogramas virtuales para los diferentes iones fragmento.
En el caso de la alergia alimentaria, la proteómica dirigida se ha aplicado para la detección y cuantificación en los productos alimenticios de la presencia o no de determinados alérgenos alimentarios (véase la tabla 1).
Así, la monitorización mediante LC-SRM/MRM en instrumentos tipo QqQ o Q-Trap ha permitido la detección y cuantificación específica de la presencia de gluten, huevos, lácteos, soja, avellanas, nueces, almendras o cacahuetes en productos alimenticios Por otra parte, hay que destacar que nuestro grupo de investigación desarrolló una novedosa metodología para la detección de todas las β-PRVBs de pescado en cualquier producto alimenticio (Carrera, Cañas y Gallardo, 2012).
El método se basa en los siguientes pasos: (i) purificación rápida de las β-PRVBs (proteínas termoestables) por tratamiento con calor (tiempo: 45 min.), (ii) digestión ultrarrápida con tripsina empleando ultrasonidos de alta intensidad focalizados (HIFU) (tiempo: 2 min.), y (iii) monitorización mediante SMIM de los péptidos biomarcadores para la detección de las β-PRVBs en un LTQ (tiempo: 60 min.).
Esta estrategia permite la detección directa del principal alérgeno de los pescados (β-PRVBs) en cualquier producto alimenticio en menos de dos horas.
Es el método más rápido descrito hasta el momento.
Esta estrategia también se ha aplicado para la detección de la proteína alergénica y termoestable Ani s 9, específica de los Anisákidos, en cualquier producto alimenticio (Carrera, Gallardo, Pascual, González y Medina, 2016).
Por otra parte, los espectrómetros de masas en modo de adquisición independiente de datos (DIA) en equipos de HRMS o en equipos de movilidad iónica (DIA-IM-MS) han permitido la detección de trazas de huevo, leche o cacahuetes en varios alimentos (Johnson et al., 2016; Monaci et al., 2013).
Finalmente, los métodos de proteómica Top-Down permiten la detección y cuantificación de los alérgenos alimentarios a nivel de proteína intacta sin necesidad de digestión previa con enzimas.
Para ello, se necesitan de equipos HRMS como el FTICR-MS o el Orbitrap Fusion implementada con fotodisociación inducida por ultravioleta UVPD.
Estos métodos se han aplicado para la detección de leche en muestras de zumos de frutas (Monaci y van Hengel, 2008) y para la detección de β-PRVBs en pescado (Carrera et al., 2015).
BIOLOGÍA DE SISTEMAS EN LA ALERGIA ALIMENTARIA
La biología de sistemas es una ciencia integradora que utiliza la información obtenida de las ciencias -ómicas, como la proteómica, junto con las herramientas bioinformáticas y la modelización computacional para entender y predecir las propiedades de los sistemas biológicos desde un punto de vista holístico.
Aunque la respuesta de los linfocitos T y B a un alérgeno presenta un proceso similar a la respuesta frente a un antígeno convencional, es decir, el linfocito T (del tipo Th2) reconoce un péptido del alérgeno procesado y presentado por una célula presentadora de antígeno en la molécula del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) de clase II, lo que desemboca en la cooperación y diferenciación de los linfocitos B para dar lugar a células plasmáticas secretoras de IgE, parece ser que su inapropiado mecanismo de activación presenta un papel fundamental en la etapa de sensibilización de los pacientes atópicos (Maggi, 1998).
Por esta razón, la investigación de los mecanismos moleculares de esta inapropiada activación de las células T y B es de gran interés científico, no solamente para comprender mejor los procesos alergénicos sino también para entender todos aquellos procesos de respuesta inapropiada de los linfocitos, en donde se interrumpe la tolerancia inmunológica.
Así las novedosas técnicas de biología de sistemas permitirán desarrollar modelos computacionales de los mecanismos de transducción de señales y de activación de los linfocitos T y B en los casos de alergia alimentaria.
Dichos modelos podrían identificar potenciales dianas diagnósticas y terapéuticas.
En vista de esto, nuestro grupo está trabajando en herramientas de biología de sistemas utilizando datos proteómicos para alcanzar una mayor comprensión de las bases moleculares de la alergia al pescado.
Para ello, se están desarrollando estudios de activación de las células T en casos de alergia al pescado, involucrando principalmente cambios en la abundancia proteica, interacciones proteína-proteína y modificaciones post-traduccionales (PTMs), principalmente fosforilaciones (Carrera, Cañas. y López-Ferrer, 2017).
Así la aplicación de estas herramientas de biología de sistemas y simulación matemática culmina-a546 rán con la generación de un modelo in-silico que prediga el comportamiento de las células T en el caso de la alergia al pescado.
Este modelo tendrá un impacto directo en la identificación de potenciales dianas para el desarrollo de nuevos fármacos que logren el tratamiento y control de estas enfermedades alérgicas.
CONCLUSIONES Y NUEVAS PERSPECTIVAS
En esta revisión se resumen las capacidades de la proteómica y de la biología de sistemas para el estudio de la alergia alimentaria.
La combinación de las dos principales estrategias proteómicas (Descubrimiento y Dirigida) han permitido la secuenciación de novo completa de nuevos alérgenos alimentarios.
Asimismo, la monitorización de varios péptidos biomarcadores de alérgenos mediante SMIM o PRM permite la detección rápida de los alérgenos en cualquier producto alimenticio en menos de 2 horas.
Por otra parte, la aplicación de la cuantificación absoluta mediante AQUA-LC-MRM (Ahsan, Rao, Gruppuso, Ramratnam y Salomon, 2016), el uso de la electroforesis capilar (CE) acoplada a aproximaciones de proteómica Top-Down en instrumentos de HRMS (Álvarez, Montero, Llorens, Castro-Puyana y Cifuentes, 2018), la proteómica Cross-Talk y el empleo de los nuevos modos de fragmentación como HCD (high-collision dissociation), ETDhcD (electron-transfer-high-collision dissociation) y UVPD (ultraviolet photo-dissociation) para lograr la secuenciación de novo completa de proteínas intactas, son las nuevas perspectivas que se están empezando a utilizar en el campo de la alergia alimentaria.
Además, la incorporación de estos resultados en sistemas portátiles, nano-biosensores tipo lab-on-a-chip, arrays de proteínas o sistemas de microfluídica (Neethirajan, Weng, Tah, Cordero y Ragavan, 2018), ofrecen nuevas ventajas para la industria alimentaria y las autoridades de control alimentario para poder realizar los análisis de control de los alérgenos alimentarios en sus propias compañías sin necesidad de personal especializado e instrumentación costosa con el fin de garantizar al consumidor una seguridad alimentaria.
La revisión presentada tiene su origen en la actividad científica de la autora y de los coautores que figuran en sus publicaciones, gracias a la financiación de los proyectos de investigación de la Fundación Ramón Areces (XVII Concurso Nacional) y de la Agencia Gallega de Innovación GAIN, Xunta de Galicia, Proyectos de Excelencia 2018 (IN607D 2017/01).
2-DE, electroforesis bidimensional; MALDI-TOF MS, espectrometría de masas con analizador de tiempo de vuelo y desorción mediante láser asistida por matriz; FTICR-MS, espectrometría de masas de resonancia ciclotrónica de iones por transformada de Fourier; LC-MS/MS, cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem; HR-MS/MS, espectrometría de masas en tándem de alta resolución; SIM, monitorización de un ion seleccionado; SMIM, monitorización de la fragmentación de un ion seleccionado; SRM, monitorización de la reacción de un ion seleccionado; MRM, monitorización de la reacción de múltiples iones seleccionados; MRM 3, monitorización de la reacción de múltiples iones seleccionados al cubo; PRM, monitorización de la reacción en paralelo de un ion seleccionado; DDA, adquisición dependiente de datos; DIA, adquisición independiente de datos; XIC, cromatograma de un ion extraído; HIFU, ultrasonidos de alta intensidad focalizados; ICP-MS, espectrometría de masas por plasma acoplado inductivamente; IM-MS, espectrometría de masas de movilidad iónica; HRMS, espectrometría de masas de alta resolución; UVPD, fotodisociación por ultravioleta.
Proteómica Alérgeno alimentario Herramientas Proteómicas Referencias |
La industria de alimentos vegetales consume grandes volúmenes de agua de buena calidad y genera grandes cantidades de agua residual.
Uno de los sistemas que se pueden aplicar para reducir el consumo y el vertido de agua es la reutilización del agua de lavado.
Para llevar a cabo la reutilización del agua sin comprometer la seguridad microbiológica y química de los alimentos es necesario optimizar el uso de agentes antimicrobianos.
El cloro ha sido tradicionalmente el tratamiento de desinfección usado por la industria hortofrutícola para el agua de lavado.
Sin embargo, su uso tiene la desventaja de la acumulación de subproductos de desinfección, lo que ha impulsado el estudio y el uso de desinfectantes alternativos como el ácido peroxiacético.
En cualquier caso, el mantenimiento de la seguridad microbiológica y química de los alimentos vegetales frescos, en lo que respecta a la etapa de lavado, pasa por la selección de los límites operacionales que deben mantenerse en cuanto a la concentración de desinfectante, así como la monitorización y control de los parámetros críticos relacionados con la desinfección, como es el contenido en materia orgánica.
La optimización de la desinfección tiene que tener en cuenta las peculiaridades de cada caso, incluyendo el tipo de producto lavado, el desinfectante usado, y el diseño y manejo de la línea de lavado.
El agua tiene diferentes usos en las plantas de acondicionamiento y procesado mínimo de la industria de alimentos vegetales frescos, ya que se utiliza para transportar el producto entre zonas en la planta, para enfriar el producto a través del contacto directo con agua fría, y para eliminar la suciedad de campo en la superficie del mismo (véase figura 1) (véase Whitaker, Key Learnings from CPS Wash Water Symposium).
Esta industria tiene una alta demanda de agua y genera grandes cantidades de aguas residuales o de vertido (Manzocco et al., 2015, p.
Para poder reducir esta gran demanda de agua, se necesitan estrategias que, al mantener su calidad química y microbiológica, permitan su reutilización (Casani, Rouhany y Knøchel, 2005, p.
La información existente sobre el papel del agua de lavado con respecto a las enfermedades transmitidas por los alimentos es escasa, y el impacto del agua como ingrediente en el producto alimenticio fabricado ha sido ignorado (Mena, 2006, p.
Recientemente la calidad del agua se está reconociendo como un aspecto importante que afecta directamente a la inocuidad de los alimentos durante la producción y el procesado, particularmente para productos vegetales que se consumen sin tratamiento térmico previo (Gil et al., 2009, p.
La calidad del agua es aún más crítica en la industria de IV Gama, en la que todos los productos se lavan después del corte para eliminar los exudados del producto cortado (USFDA, 2001).
El proceso de corte expone tejido que normalmente está protegido por barreras de defensa naturales como la cutícula y la epidermis, por ejemplo, y el agua que entra en contacto directo con el tejido interno de los alimentos vegetales.
En cuanto al marco legislativo, en la Unión Europea debe usarse agua potable para el lavado final de los alimentos vegetales frescos listos para el consumo, mientras que puede usarse agua limpia para las etapas iniciales de lavado (véase Reglamento (CE) n° 852/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2004, relativo a la higiene de los productos alimenticios, p.
1; Nota de la Comisión sobre la Guía para combatir los riesgos microbiológicos en frutas y hortalizas frescas en la producción primaria mediante una buena higiene, p.
El agua potable sería Fuente: elaboración propia.
Línea de lavado industrial de pimiento entero a547 el agua que cumple los requisitos mínimos establecidos en la Directiva 98/83/CE del Consejo de 3 de noviembre de 1998 relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano (véase Directiva 98/83/ CE del Consejo de 3 de noviembre de 1998 relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano, p.
Por otro lado, el agua limpia sería agua natural, artificial o purificada que no contenga microorganismos ni sustancias nocivas en cantidades que puedan afectar directa o indirectamente a la calidad sanitaria de los productos alimenticios (véase Reglamento (CE) n° 852/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2004, relativo a la higiene de los productos alimenticios, p.
Con el fin de reducir la demanda de agua, en Bélgica la Agencia Federal para la Seguridad de la Cadena Alimentaria permite el uso de agua limpia o reciclada durante las etapas iniciales de lavado de frutas y hortalizas (Holvoet, Jacxsens, Sampers y Uyttendaele, 2012, p.
Existen numerosos estudios que han puesto de manifiesto la importancia del uso de agentes antimicrobianos en el agua de lavado para prevenir la contaminación cruzada (Gombas et al., 2017, p.
La Comisión Europea contempla la utilización de agentes antimicrobianos en el agua de proceso como una de las estrategias que se pueden usar para mantener la calidad del agua y evitar la contaminación cruzada (véase Nota de la Comisión sobre la Guía para combatir los riesgos microbiológicos en frutas y hortalizas frescas en la producción primaria mediante una buena higiene, p.
Sin embargo, la eficacia de estos tratamientos antimicrobianos puede verse afectada por varios factores, principalmente la suciedad proveniente del campo de cultivo (polvo, tierra, etc.) y el contenido en materia orgánica (restos vegetales y exudados del corte o de zonas dañadas del producto) (López-Gálvez et al., 2009, p.
Hasta ahora, el cloro ha sido el desinfectante de elección en la industria hortofrutícola.
Sin embargo, su asociación a subproductos de desinfección tales como trihalometanos y clorato han impulsado la búsqueda de alternativas a su uso.
EL AGUA EN LA INDUSTRIA DE ALIMENTOS VEGETALES Y SUS IMPLICACIONES EN LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
Las investigaciones llevadas a cabo en productos vegetales frescos han demostrado que el uso de agua de lavado contaminada con microorganismos patógenos ha contribuido a la aparición de brotes de toxiinfecciones alimentarias (Gombas et al., 2017, p.
Por lo tanto, un agua de lavado de mala calidad es uno de los factores de riesgo que afecta directamente a la se-guridad de las frutas y hortalizas, incluyendo los productos de IV Gama.
La principal función de los agentes antimicrobianos usados durante el lavado es evitar la transferencia de microorganismos patógenos entre producto contaminado y producto no contaminado a través del agua de lavado (Gil et al., 2009, p.
El agua de lavado de frutas y hortalizas presenta altas concentraciones de materia orgánica, incluidos exudados del producto vegetal y microorganismos.
Las características del agua cambian constantemente durante el lavado de frutas y hortalizas (López-Gálvez, Tudela, Allende y Gil, 2019, p.
286) debido a una serie de causas entre las que se incluyen:
• Cambios en el tipo de producto lavado o de las características del mismo producto entre lotes.
• Cambios en la velocidad del flujo de producto en su paso por la etapa de lavado.
• Cambios en los caudales de entrada y salida de agua de los tanques de lavado.
• Aplicación puntual de productos químicos para desinfección y para regulación del pH.
Durante el lavado el tanque se rellena constantemente con agua para incorporar la que se pierde en la superficie del producto.
Sin embargo, esta renovación parcial del agua de lavado no es suficiente para evitar la acumulación de materia orgánica, incluyendo la flora microbiana de la superficie del vegetal.
Las características físico-químicas del agua de lavado juegan un papel muy importante en la eficacia del tratamiento antimicrobiano aplicado.
Diferentes estudios han demostrado que la presencia de una elevada concentración de materia orgánica en el agua de lavado dificulta la inactivación de los microorganismos (véase figura 2) (López-Gálvez et al., 2012, p.
Asociada al uso de agentes antimicrobianos se encuentra la acumulación de subproductos de desinfección en el agua de lavado y en el tejido vegetal, que constituyen un riesgo para la salud del consumidor (Gil, Marín, Andujar y Allende, 2016, p.
Los subproductos de desinfección mejor conocidos son aquellos derivados del uso de agentes antimicrobianos basados en el cloro, como los trihalometanos (THMs) y los ácidos haloacéticos (HAAs), como compuestos orgánicos, y el clorato como subproducto inorgánico.
En concreto, la presencia de altas concentraciones de clorato en los alimentos vegetales está causando grandes pérdidas a las empresas productoras, ya que existen lí-a547 mites máximos autorizados por la Unión Europea, por encima de los cuales estos productos son rechazados (Gil et al., 2016, p.
En un estudio llevado a cabo en Alemania, se detectó clorato en diferentes tipos de frutas y hortalizas en concentraciones muy superiores al límite máximo residual (LMR) establecido por la Legislación Europea en 0,01 mg/kg (Kaufmann-Horlacher, Scherbaum, Stroher-Kolberg y Wildgrube, 2014).
De las 1.087 muestras de alimentos vegetales frescos analizadas, un 24,5% (266) presentaban residuos de clorato en una concentración superior a la permitida.
En dicho estudio, el uso de agentes antimicrobianos basados en el cloro en el lavado de frutas y hortalizas, fue señalado como una de las posibles causas de los niveles de clorato detectados.
El panel de expertos en contaminantes de la European Food Safety Authority (EFSA) analizó los resultados de 6.359 análisis de clorato en muestras de frutas y hortalizas realizados en toda la Unión Europea (EFSA, 2015, p.
En un 22% de dichas muestras se detectaron niveles de cloratos por encima del límite de detección.
En base a dichos resultados se pudo concluir que utilizando las prácticas agronómicas y de procesado habituales, se alcanzan concentraciones de clorato por encima de los niveles autorizados en muchos productos vegetales.
Por ello, la EFSA a través de cada estado miembro está recopilando datos sobre los niveles encontrados antes de regular el LMR especifico de cada producto.
Para reducir el riesgo de contaminación cruzada por microorganismos patógenos y la presencia de subproductos de desinfección se deben fijar los límites operacionales respecto a la concentración de desinfectante y seleccionar aquellos parámetros críticos de la etapa de lavado que deben medirse para llevar a cabo una monitorización y control adecuada de la desinfección.
Diversos estudios han evaluado diferentes tecnologías alternativas al uso de agentes antimicrobianos químicos para el tratamiento del agua de lavado de frutas y hortalizas, como por ejemplo el Figura 2.
Inactivación de Escherichia coli O157: H7 mediante la desinfección electroquímica de agua de proceso con diferentes niveles de demanda química de oxígeno (DQO) de lechuga IV Gama Fuente: López-Gálvez et al., 2012, p.
Sin embargo, el tratamiento con agentes químicos sigue siendo el tipo de tratamiento más utilizado.
El sistema de control debe permitir mantener una concentración de agente antimicrobiano lo suficientemente baja para evitar la contaminación cruzada, y lo suficientemente alta para evitar la acumulación de subproductos de desinfección.
EL AGUA EN LA INDUSTRIA DE ALIMENTOS VEGETALES FRESCOS Y SUS IMPLICACIONES MEDIOAMBIENTALES
Las plantas en las que se realiza el lavado de frutas y hortalizas generan grandes volúmenes de aguas residuales que contienen elevados niveles de materia orgánica, así como microorganismos y contaminantes químicos (Manzocco et al., 2015, p.
Se han realizado grandes esfuerzos en el desarrollo de estrategias para reducir el volumen de agua residual con la recuperación de gran parte de su volumen para volver a utilizarlo en el proceso de lavado.
Las tecnologías para el tratamiento del agua que se pueden aplicar directamente en el tanque de lavado y las que se pueden aplicar fuera de la línea son diferentes.
Esto se debe a que en el tanque de lavado existe un contacto directo con el producto.
Si se lleva a cabo un tratamiento adecuado fuera de la línea, el agua se puede introducir de nuevo en el sistema para ser reutilizada otra vez en el lavado de producto (Gómez-López, Gil, Allende, Vanhee y Selma, 2015, p.
Sin embargo, el tratamiento del agua de proceso fuera de la línea para su reutilización no es frecuente, ya que estas tecnologías son muy costosas y de difícil mantenimiento, por lo que se debe justificar su empleo para poder implementarlas.
Entre las razones que justificarían su uso estarían, por ejemplo, un alto coste de los vertidos, una escasez de agua, o el que los vertidos sean muy contaminantes como por ejemplo aquellos con un gran contenido de materia orgánica que deben ser tratados antes de ser vertidos.
En el caso del tratamiento de agua fuera de la línea para poder ser reutilizada, la velocidad de inactivación de los microorganismos no es un parámetro tan crucial, ya que los tiempos de contacto pueden ser más largos.
En este caso, a la hora de calcular la dosis de los desinfectantes químicos, no hay que tener en cuenta el daño en el producto, pero se deben usar concentraciones mínimas efectivas para evitar la generación excesiva de subproductos de desinfección.
Las tecnologías de filtrado que permiten reducir la materia orgánica y los restos vegetales pueden ayudar a que los desinfectantes sean más eficaces.
Asimismo, mediante floculación, coagulación y eliminación por centrifugación para posteriormente pasar a través de sistemas de filtración por ósmosis inversa y tratamiento UV, se puede obtener un agua con una calidad microbiológica de agua limpia para poder ser de nuevo empleada en la planta de procesado.
[URL] ha creado soluciones de este tipo para las aguas de proceso de vegetales frescos.
La tecnología de Simply Clean Technologies permite el lavado de los productos vegetales usando duchas con agua tratada recirculada (Bornhorst et al., 2018, p.
Este sistema tiene una serie de ventajas sobre el sistema más común de inmersión en tanques de lavado.
Al no haber inmersión de producto en la misma agua, es difícil la contaminación cruzada a través del agua.
Además, el agua usada para rociar el producto se recoge y se trata fuera de la línea antes de volver a utilizarse con el fin de evitar riesgos microbiológicos y químicos (véase figura 3).
Con ello, a diferencia de lo que ocurre en la reutilización directa en el tanque de lavado, se evita el deterioro de la calidad del agua de lavado que entra en contacto con el producto (p. ej., la cantidad de materia orgánica en el agua de lavado se mantiene estable).
Agua de lavado de vegetales antes del tratamiento (izquierda), y agua de lavado de vegetales tratada con el sistema de Simply Clean Technologies (derecha) Fuente: https://simplycleantechnologies.com/technology/
VISIÓN GENERAL DE LA EVOLUCIÓN DE LOS TRATA-MIENTOS DE DESINFECCIÓN A LO LARGO DEL TIEM-PO Y PERSPECTIVAS DE FUTURO
La desinfección es la eliminación o inactivación de microorganismos patógenos mediante métodos físicos (por ejemplo, luz UV, ultrasonidos, filtración) o químicos (por ejemplo, cloro, ozono).
Existe informa-a547 ción sobre multitud de tecnologías de desinfección aplicadas en vegetales frescos a escala de laboratorio.
Sin embargo, en muchos casos, la eficacia durante el lavado industrial de vegetales no ha sido verificada.
Para evitar la contaminación cruzada, la velocidad de inactivación de los microorganismos (por ejemplo, ufc/mL•min) por parte del sistema de desinfección usado es el parámetro que hay que tener en cuenta.
Cuanto mayor sea esta velocidad, más seguro es que se inactivarán los microorganismos patógenos antes de poder transferirse al producto no contaminado.
Para un desinfectante químico, habría que calcular la concentración necesaria que debe mantenerse en el agua para que la inactivación se produzca de forma casi instantánea.
La distribución homogénea del desinfectante en el tanque de lavado también es importante, para evitar que haya zonas donde la concentración del desinfectante sea inferior a la necesaria.
Además, el desinfectante no debe causar deterioro de la calidad del producto.
Los desinfectantes con potencial aplicación para el agua de lavado de frutas y hortalizas a escala industrial han ido poco a poco evolucionando fundamentalmente en lo que respecta a las concentraciones efectivas y a los parámetros de medida y control.
El cloro, principalmente en forma de hipoclorito de sodio (NaClO), es el desinfectante más común en el lavado de frutas y hortalizas (Fu, Li, Awad, Zhou y Liu, 2018, p.
Este agente es utilizado en el agua de los tanques de lavado, en los canales de descarga y transporte del producto y en las duchas en las plantas hortofrutícolas.
Tanto si se utiliza el hipoclorito de sodio como si se usa otra fuente de cloro (por ejemplo, hipoclorito de calcio o cloro gas), al añadirlo al agua se forma ácido hipocloroso (HClO) más el ion hipoclorito (ClO -) y cloro molecular (Cl 2 ), la suma de todos ellos es el cloro libre.
Independientemente de la concentración de cloro inicial y de la carga orgánica presentes en el agua de lavado, el parámetro clave que determina la capacidad de inactivación de microorganismos es la concentración de cloro libre residual.
El agente más activo desde el punto de vista antimicrobiano es el ácido hipocloroso.
La relación entre la concentración de HClO y de ClO -va a depender en gran parte del pH, alcanzándose la máxima concentración de ácido hipocloroso en el intervalo de pH entre 5,0 y 6,5.
El cloro reacciona con compuestos nitrogenados orgánicos presentes en las aguas de lavado (por ejemplo, aminoácidos y proteínas).
Estos compuestos reducen la cantidad de cloro libre y forman cloraminas orgánicas, que tienen poco o ningún efecto antimicrobiano.
En muchas ocasiones, las empresas usan dosis de cloro innecesariamente altas (hipercloración), manteniendo concentraciones residuales de cloro libre superiores a 100 mg/L. Para evitar la hipercloración, sería necesario que, para cada aplicación (definida por factores como el tipo de producto, el flujo de producto o el diseño de la etapa de lavado), se llevara a cabo la optimización de forma que se empleen concentraciones mínimas.
El principal factor que puede hacer bajar la concentración de cloro libre por debajo de los niveles deseados es la acumulación de materia orgánica disuelta en el agua de lavado.
En el caso del lavado de hortalizas de hoja se ha propuesto una concentración residual de cloro libre de 2-10 mg/L a un pH adecuado (5,0-6,5) como la mínima necesaria para mantener bajos niveles de microorganismos en el agua de lavado (Gómez-López, Lannoo, Gil y Allende, 2014, p.
Para evitar que debido a picos en la demanda de cloro haya momentos en que no quede suficiente cloro libre en el agua, se deberían utilizar concentraciones en la zona alta de dicho intervalo (10 mg/L).
Se debe medir el nivel de desinfectante de forma rigurosa y con regularidad.
En la actualidad, la industria hortofrutícola todavía tiene un amplio margen de mejora en cuanto a la monitorización de la concentración de desinfectantes para asegurar una acción antimicrobiana eficaz y minimizar la presencia de subproductos de desinfección (López-Gálvez et al., 2019, p.
Empresas punteras como Smartwash Solutions TM han desarrollado un sistema que permite controlar de manera precisa la concentración de cloro libre residual y el pH del agua de lavado, lo que permite ajustar la concentración de cloro al mínimo necesario para evitar la contaminación cruzada.
Otras empresas como Palintest comercializan los equipos para la monitorización de la concentración de cloro libre y de cloro total por medio de sensores electroquímicos (véase figura 4), lo que ayuda a calibrar y confirmar el correcto funcionamiento de los sensores on line para asegurar la calidad del agua y evitar la contaminación cruzada.
El agua electrolizada es una tecnología de desinfección basada en el cloro con una serie de ventajas sobre otros derivados clorados.
Para su producción solo se necesita NaCl y agua por lo que, tras la inversión inicial, el gasto que conlleva es en electricidad (Hricova, Stephan y Zweifel, 2008, p.
Su eficacia es mayor que la del hipoclorito de sodio a igual concentración de cloro libre (Abadias, Usall, Oliveira, Alegre, Viñas, 2008, p.
Además, al producirse in situ, la solución desinfectante no se almacena por largos periodos de tiempo, lo que reduce la formación de clorato.
Por desgracia, los resultados que respalden su a547 eficacia para el agua de lavado durante el procesado a escala industrial de vegetales son escasos.
Hay que tener en cuenta que, al ser una tecnología de desinfección basada en el cloro, la presencia de materia orgánica afecta a la eficacia de la desinfección, y durante su uso también se forman y acumulan subproductos de desinfección clorados.
El dióxido de cloro (ClO 2 ) es otro desinfectante con alta capacidad de inactivación de microorganismos, aunque los mecanismos de desinfección y de formación de subproductos son distintos a los del ácido hipocloroso.
Entre sus ventajas está el hecho de que no da lugar a la formación de trihalometanos en sus reacciones con la materia orgánica (López-Gálvez et al., 2010, p.
Otra ventaja es su efectividad en un amplio rango de pH (entre 5 y 9).
Sin embargo, el uso del dióxido de cloro como desinfectante da lugar a la acumulación de subproductos de desinfección inorgánicos como clorito, clorato, y perclorato (véase Chlorine and its oxides: Chlorate and perchlorate review).
El ácido peroxiacético (PAA) también es un desinfectante efectivo para el tratamiento del agua de lavado.
Entre sus ventajas respecto al cloro están el menor impacto que tiene la presencia de materia orgánica en su eficacia.
Además, la mayoría de los subproductos derivados de su uso son inofensivos ya que deja como principales residuos ácido acético, agua y oxígeno (Kitis, 2004, p.
Sin embargo, su velocidad de inactivación de microorganismos es inferior a la del cloro (Van Haute et al., 2015, p.
El PAA comercial es una mezcla de PAA, ácido acético y peróxido de hidrógeno, aunque la actividad antimicrobiana se debe principalmente al PAA.
El control del pH no es tan crucial como en el caso del cloro, aunque su eficacia aumenta a pH más ácidos (Van Haute et al., 2015, p.
Entre sus desventajas estaría su elevado coste en comparación con otros desinfectantes como los hipocloritos de sodio y de calcio.
La radiación ultravioleta (UV) también se puede usar para el tratamiento del agua de lavado de alimentos vegetales (Selma, Allende, López-Gálvez, Conesa y Gil, 2008b, p.
Sin embargo, su acción antimicrobiana se ve afectada por la turbidez del agua, el color y la presencia de partículas.
Además, su acción no tiene efecto residual en el agua.
Para asegurar su eficacia, son importantes las pautas para la instalación y el uso de los equipos de radiación UV.
Su uso combinado con sistemas de filtración puede evitar el efecto de la turbidez y mejorar el proceso de desinfección del agua de proceso.
El lavado de las frutas y hortalizas frescas y mínimamente procesadas que realiza la industria hortofrutícola genera un gran volumen de aguas de proceso las cuales presentan un alto contenido en materia orgánica, y en las que hay una acumulación de microorganismos y de subproductos de desinfección.
Con el objetivo de sostenibilidad para reducir la demanda de agua y la generación de un gran volumen de agua residual, una de las estrategias que se pueden aplicar es la reutilización del agua de lavado.
Sin embargo, cuando se lleva a cabo la reutilización del agua, la entrada de producto contaminado con microorganismos patógenos en el agua de lavado supone un riesgo de amplificación de la contaminación por transferencia de microorganismos a otros lotes.
Si no se lleva a cabo un tratamiento antimicrobiano eficaz, se puede producir contaminación cruzada entre lotes de producto contaminados y lotes no contaminados.
Por otro lado, si se utilizan los desinfectantes en dosis excesivas, se puede generar un riesgo químico por la formación y acumulación de subproductos.
Uno de los parámetros que más afectan a la calidad del agua de lavado de alimentos vegetales es la concentración de materia orgánica.
Este parámetro afecta a la eficacia de los desinfectantes y a la formación y acumulación de subproductos de desinfección.
Se deben establecer los límites operaciones entre los cuales debe regularse la concentración del desinfectante, así como seleccionar Figura 4.
Equipo Chlorosense HR de Palintest para la medida de cloro libre (hasta 25 mg/L) y cloro total (hasta 500 mg/L).
Fuente: elaboración propia. a547 aquellos parámetros críticos que permitan el seguimiento y control del proceso de desinfección del agua de lavado de vegetales frescos.
Se ha de realizar una monitorización y un control del proceso integral para que la concentración del desinfectante y las características fisicoquímicas del agua se encuentren siempre dentro de los límites operacionales que permitan evi-tar los riesgos microbiológicos y químicos asociados a la calidad del agua de lavado de vegetales frescos. |
Este texto introduce un dosier dedicado a reflexionar sobre las relaciones entre el compromiso y la transgresión en la España contemporánea y actual, desde un enfoque de género.
Con aportaciones provenientes de la Historia, la Literatura, la Comunicación, la Sociología y la Filosofía, pretende problematizar las jerarquías que suelen establecerse sobre ideales y experiencias desarrollados por mujeres y hombres en ámbitos progresistas o contraculturales.
Además, muestra que la trasgresión surge en contextos de activismo intelectual, político, social o feminista al subvertir el orden de género y promover avances en la igualdad, pero no está libre de tensiones y paradojas.
La participación de mujeres y hombres en las dinámicas de cambio social, político y cultural ha estado atravesada por los discursos de género.
Desde un enfoque interdisciplinar, este monográfico se centra en el análisis de género de varias experiencias y propuestas de compromiso y transgresión en la España de los siglos XIX a XXI.
Aborda un proceso complejo, protagonizado por diversas voces y diferentes activistas que aspiraron y aspiran una sociedad igualitaria, y examina la evolución de las relaciones de género en ámbitos de movilización y rebeldía.
Para ello, estudia elementos simbólicos y discursivos, acciones colectivas o individuales y prácticas cotidianas llevadas a cabo por mujeres y hombres en el seno de culturas políticas progresistas y medios alternativos.
El activismo arroja manifestaciones muy diversas en la España contemporánea y actual, desde la escritura y la reflexión intelectual a la tarea política o sindical, pasando por el ejercicio de la violencia o la contracultura.
La presencia de mujeres en estos medios, tradicionalmente ocupados por hombres, hizo aflorar paradojas y tensiones.
El enfoque de género ha permitido detectar disfunciones en proyectos comprometidos con la igualdad de los individuos, entre los discursos universalistas y la exclusión de las mujeres (Aguado, 2005; Amorós, 1997).
Pero también ha hecho emerger las diferentes estrategias de las mujeres para tomar parte de movilizaciones y propuestas de cambio (Bergès, Burgos-Vigna, Yusta y Ludec, 2015).
En los relatos políticos, sociológicos e historiográficos más convencionales sobre el compromiso no se solía dedicar atención a estas experiencias y planteamientos, al reproducir una imagen masculina del activista intelectual, político o sindical.
Sin embargo, en los últimos años se ofrece una visión más plural que cuestiona las jerarquías presentes en los objetivos, discursos y actividades en los espacios de militancia (Gautier, 2008).
En ese sentido, también conviene señalar que el conocimiento sobre el compromiso desde una perspectiva de género gana en riqueza y rigor académico cuando se cruza con otras categorías identitarias, como la clase social, la edad, la nación o la religión (Moreno Seco y Ortuño Martínez, 2015).
La noción de compromiso se abre a nuevas interpretaciones si se relaciona con la idea de transgresión, una combinación novedosa mediante la cual se propone colmar un vacío en los estudios sobre la acción de las mujeres (y de muchos hombres) en España.
En este sentido, el compromiso conduce en ocasiones a la transgresión y en otras es puesto en cuestión por ideas, prácticas y actitudes disruptivas.
Entendemos la transgresión como discurso o práctica que critica y plantea alternativas al orden social.
Nos interesan aquellas iniciativas que muestran una voluntad de subvertir los códigos de género, lo cual influye en la transformación de las identidades (Mamzer, 2006): voces y prácticas que incumplen las normas, desobedecen, atentan contra las tradiciones, rompen los límites.
La transgresión puede manifestarse en diversos ámbitos.
En primer lugar, en la radicalidad de las ideas, que cuestionan principios asentados y discursos de género, e incluso ponen en duda la existencia del sujeto comprometido, individual o colectivo.
En segundo término, en las formas elegidas para manifestar inconformismo, es decir, en repertorios de actuación novedosos y críticos, que remiten a la importancia que la cultura y la estética adquieren a lo largo del siglo XX y el actual XXI (Fahlenbrach, Klimke y Scharlot, 2016).
También se da transgresión cuando se resignifican usos y prácticas; en el caso de las mujeres, por ejemplo, su mera presencia en espacios públicos masculinizados conduce a hablar de una transgresión de la ciudadanía "en femenino" (Nash, 2007).
Por último, se puede subvertir la norma en las prácticas cotidianas, de manera que elementos como el ocio, los afectos y la sexualidad son susceptibles de adquirir rasgos críticos e incluso políticos (Papadogiannis, 2015; Yusta, 2015).
Aplicar el enfoque de género a la transgresión permite mostrar la porosidad de lo público y lo privado, y las contradicciones entre los ideales y los comportamientos de mujeres y hombres.
Además, las transgresiones al orden de género presentan diversas facetas: desde aquellas activas que reflejan una voluntad de romper las normas, a transgresiones pasivas, que dejan pasar o niegan: "en este difícil juego de aceptaciones y rupturas, ni lo positivo o lo negativo, ni lo activo o lo pasivo constituyen por lo general categorías extremas, sino matices, sujetos a gradaciones, preñados de sutilezas" (Bifani-Richard, 2004, p.
Matices y sutilezas que requieren un pormenorizado y cuidadoso análisis.
Por otro lado, como conceptos históricos, el significado tanto del compromiso como de la transgresión cambia con el tiempo, pues no puede olvidarse que algunas propuestas vinculadas al activismo o ciertas experiencias disruptivas en determinados momentos históricos forman parte de la norma en otros, en un juego de cambios y permanencia, de avances y retrocesos que escapa a planteamientos lineales.
Un elemento común que articula los trabajos de este monográfico, consecuencia de la aplicación de la perspectiva de género al estudio del compromiso y la vida alternativa, reside en calibrar las consecuencias que se derivan de la presencia activa de mujeres en ellos, con reivindicaciones específicas y con experiencias diferenciadas a las de los hombres (Oberti, 2015).
La coherencia o las contradicciones entre discursos igualitarios y formas de militancia y de vida se manifiestan en estas investigaciones.
Además, el compromiso ofrece lugares de encuentro a mujeres (y en ocasiones a hombres) que cuestionan el orden de género de la sociedad en la que viven, contribuyendo al avance de la igualdad.
No obstante, no siempre la transgresión se orienta en un sentido emancipador, sino que puede tener muy diferentes alcances, e incluso perpetuar situaciones de desequilibrio y subordinación.
La mayoría de las iniciativas y proyectos de las activistas y rebeldes que analizamos no solo perseguían mejorar la situación de las mujeres, sino también cambiar toda la sociedad en un sentido más justo, ya fuera en contra de dogmas y estereotipos o en defensa de relaciones sociales y personales sustentadas en valores de equidad y respeto, interpelando e intentado incorporar a sus compañeros de militancia.
Otras veces, sin embargo, recurrieron a discursos que legitimaban la violencia, en clave revolucionaria o patriótica, y en ocasiones la ejercieron, traspasando uno de los principales límites de la sociedad contemporánea, que representa a las mujeres como seres no violentos (Sjoberg y Gentry, 2007).
Y hubo quien ofreció referentes transgresores desde acciones individuales o mediante una actitud meramente estética, que invitan a reconsiderar las fronteras de la subversión.
Por otro lado, el compromiso se desarrolló con frecuencia en ambientes mixtos.
Si bien a veces estas rebeldes estaban acompañadas de hombres que compartían sus demandas de igualdad y justicia, en los trabajos que presentamos suele aflorar su frustración ante diversas experiencias de discriminación o ante la falta de atención hacia las reivindicaciones de las mujeres, todo lo cual condujo en muchas ocasiones a una creciente conciencia feminista e incluso a la militancia en organizaciones separadas o en esferas de solidaridad femeninas.
Se plantea, por tanto, el dilema que confronta igualdad y diferencia, que supone un déficit de reconocimiento de las asociaciones e iniciativas protagonizadas por mujeres, o la subordinación de las activistas en espacios compartidos con hombres, un debate abierto que sigue suscitándose en formaciones políticas actuales y que confrontó y confronta al feminismo a desarrollar diferentes estrategias (Orsi y Branciforte, 2015; Scott, 1997).
Otra cuestión que aparece de manera recurrente en los textos que se presentan a continuación es la importancia de elementos vinculados al mundo personal, como las relaciones familiares, los afectos y la maternidad, para valorar las manifestaciones del compromiso, cuestionando la separación entre lo público y lo privado.
Además, dichas materias permiten apreciar las tensiones y paradojas entre discursos y prácticas que afectaron tanto a mujeres como a hombres rebeldes y activistas.
En suma, este monográfico invita a discutir visiones estereotipadas sobre las relaciones entre mujeres y ámbitos de movilización y rebeldía, y pretende articular ejes de reflexión para profundizar en una cuestión fundamental en la evolución de la España contemporánea y actual.
Para ello, focalizará la atención en tres épocas en que estos debates y prácticas tuvieron y tienen un impacto destacado en la sociedad española: el final del siglo XIX y el primer tercio del XX, el tardofranquismo y la transición a la democracia, y el periodo comprendido entre los años ochenta y la actualidad.
En primer lugar, entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX tuvo lugar un proceso de modernización social y de conflictividad política, que abrió espacios para el activismo y la tragresión de las mujeres.
Ana María Díaz y Helena Establier estudian las ideas de dos destacadas librepensadoras, Rosario de Acuña y Ángeles López de Ayala, que firmaron un pacto por el cual se comprometieron a actuar contra los dogmatismos y por la igualdad social.
Ambas escritoras representan una doble transgresión de mujeres que leen y escriben, y por tanto desarrollan actividades reservadas con frecuencia a los hombres e incluso ejercen un liderazgo intelectual, y mujeres que subvierten el canon de la identidad femenina española, al criticar con dureza el poder de la Iglesia en la sociedad del momento.
Este texto plantea además la existencia de iniciativas conjuntas de mujeres hermanadas por sus convicciones ideológicas en un ejercicio de sororidad, y la evolución de su pensamiento ante la decepción por la falta de colaboración o de implicación de sus compañeros varones de militancia republicana y librepensadora, hacia tesis más abiertamente feministas, dos cuestiones que aparecen de forma reiterada en otras épocas y culturas políticas.
En su artículo, Marta del Moral propone un concepto novedoso, el de militancia familiar, que objeta la distinción entre la esfera pública y la privada, y que recuerda que los aspectos relacionados con la familia afectan tanto a mujeres como a hombres.
A partir del estudio del activismo sindical y político socialista de las hermanas Claudina y Luz García Pérez en las primeras décadas del siglo XX, la autora indaga en la implicación política de toda la familia, que remite a un proyecto de vida compartido y atravesado por la política, y al intento de vivir en coherencia con los ideales socialistas, un debate que afectó a muchas culturas políticas progresistas.
Por otro lado, el liderazgo ejercido por mujeres de clase obrera, tanto en organizaciones femeninas como en espacios mixtos, pone en cuestión y subvierte la imagen convencional del sujeto militante que se describe en términos masculinos, tanto en la cultura obrera como en otros contextos.
La militancia familiar, además, puede ayudar a comprender que, a pesar de las reticencias de muchos socialistas a conceder importancia a las demandas suscitadas por sus compañeras, otros defendieran valores igualitarios.
Las relaciones fluidas entre mujeres vinculadas al librepensamiento, el republicanismo y el socialismo se observan con claridad en la figura de Regina Lamo, que analiza Raquel Osborne.
Vinculada familiarmente a Rosario de Acuña, Lamo forma parte de una genealogía de mujeres que desarrollaron un notable activismo político y feminista en diferentes etapas del siglo XX.
Este artículo destaca la importancia de las redes de amistad y familiares en el ejercicio del compromiso de las mujeres.
Regina Lamo participó en el debate social sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora desde su interés por el cooperativismo, que plasmó en escritos y actos públicos donde expresó sus ideales, desplegando un liderazgo social que obtuvo cierto reconocimiento en una cultura tan masculinizada como la obrera.
Una manifestación diferente de transgresión es recogida por Adriana Cases y Jordi Luengo.
Estos autores abordan la violencia ejercida por mujeres, otro eje que articula algunos textos del monográfico.
Frente a los discursos normativos que atribuyen la acción violenta a los hombres y el carácter pacífico a las mujeres, estas desafían el orden de género cuando se convierten en agentes de violencia.
En concreto, en este texto se estudian actos violentos que tienen lugar en el terreno privado, pero invaden la esfera pública al convertirse en objeto de atención de la justicia, la medicina, la prensa o la literatura popular, en el momento de apa-rición de la "nueva mujer moderna", arquetipo femenino que encarnó una mayor autonomía personal.
La sanción social que se suele ejercer contra las mujeres transgresoras alcanzó una cuota muy alta en estos casos, pues las criminales fueron representadas como seres masculinizados y desprovistos de sentimientos.
Una segunda época se abre en los últimos años del franquismo y se prolonga durante el proceso de transición a la democracia, etapa de movilizaciones sociales y políticas en que el compromiso se extendió de forma notable, en unos años además de acceso de las mujeres al mundo educativo y laboral, y de trasformaciones aceleradas en las formas de vida y en las costumbres.
Bárbara Ortuño y Mónica Moreno introducen una mirada transnacional y comparada, que permite ubicar la experiencia española en la ola de protesta y rebeldía juvenil que recorrió el mundo en los años 68.
Este texto entronca con algunos anteriores por la relevancia concedida a las relaciones personales y familiares, subrayando cómo la politización de lo privado atravesó la experiencia militante de jóvenes de la izquierda revolucionaria en Argentina y en España, que pretendían vivir de forma consecuente con sus ideales políticos, al poner en práctica nuevas maneras de entender la familia, la maternidad y la sexualidad.
En el artículo se indaga tanto en la experiencia de las mujeres como en las vivencias de los hombres, que reaccionaron de muy diversa manera ante la apelación a cambiar el mundo a la vez que cambiaban los individuos, en un proceso que cuestionó el sujeto militante y reformuló, con distintos alcances, las identidades femeninas y masculinas.
En un contexto de clara subversión política y de comportamientos privados que impugnaban el orden de género, surgieron numerosas tensiones que apuntaban a una experiencia liberadora, pero en ocasiones también a la existencia de nuevas y viejas sanciones morales.
María Jesús Pando y María Pilar Rodríguez trazan la existencia de una doble transgresión de género en las mujeres de ETA: como activistas que tomaron partido por un proyecto político nacionalista y alcanzaron posiciones de liderazgo en un ámbito masculinizado, y como mujeres que defendieron la violencia e incluso empuñaron las armas.
De esta forma desafíaron el estereotipo de mujer apolítica y pacífica, que circulaba tanto dentro como fuera de ETA.
Enlazando con algunas ideas plasmadas en otros artículos del monográfico, se apunta que la decisión de entrar en la organización terrorista, de alcanzar puestos de responsabilidad y de cometer atentados fue interpretada como una desviación de las normas de género, por lo que estas mujeres fueron a548 representadas por los medios de comunicación como degeneradas y frías, que no encajaban en el modelo de sujeto politizado y comprometido convencional, ni en el ideal de feminidad tradicional.
Además, en el caso de Yoyes, las críticas arreciaron desde las propias filas del nacionalismo abertzale cuando decidió abandonar la militancia y optar por su maternidad.
En el de Idoa López Riaño, la hipersexualización de su imagen revela con claridad el distinto tratamiento que recibió respecto a sus compañeros varones y remite a las ansiedades que despierta el mito de la mujer fatal, que identifica seducción y violencia.
En tercer lugar, abordamos una última etapa que se abre en la década de los ochenta y llega hasta nuestros días, caracterizada por la desmovilización social y política y el cuestionamiento de los patrones clásicos de compromiso, con la excepción del 15M y la irrupción de nuevos partidos como Podemos.
Alicia Mira y Elena Díaz proponen en su texto una reflexión acerca de los límites del concepto de transgresión, a partir del tratamiento de distintas manifestaciones de lo que denominan transgresión banal.
El análisis de prensa y cómic de la contracultura de los años ochenta revela una voluntad de provocación y ruptura estética frente a arquetipos tradicionales, que en ocasiones ofrecía planteamientos feministas, pero que con frecuencia reproducía en realidad mecanismos de preservación de jerarquías de género.
La voluntad de experimentar una sexualidad libre o formas de vida colectiva reflejaba un deseo de subvertir la norma, aunque no sin contradicciones o con distintas repercusiones.
La maternidad, un nuevo eje trasversal en algunos textos del monográfico, es tratada por estas autoras como elemento de debate sobre el desafío (o no) de la identidad femenina tradicional, desde postulados feministas y desde otros que ensalzaban el ideal de la superwoman o de la crianza a tiempo completo como aparentes opciones rebeldes.
Karine Bergès y Eva Espinar-Ruiz retoman el compromiso político con el estudio de los debates en torno al feminismo en el seno de Podemos.
La escasa atención que suscitó esta cuestión en un primer momento dio paso a un creciente interés por la misma, a pesar de la imagen masculinizada del liderazgo del partido y las dificultades de las mujeres para alcanzar espacios de poder, situaciones que reprodujeron los desequilibrios y desajustes que también habían vertebrado otras culturas políticas en épocas anteriores.
Las controversias que han mantenido las feministas de Podemos, doblemente disruptivas, por su opción política y por su reafirmación feminista, se insertan en las distintas opciones estratégicas de las dos corrientes mayoritarias de la formación.
Este artículo recuerda, en definitiva, que la teoría feminista ofrece numerosas vertientes, aunque las podemitas coincidan en la importancia y el sentido transgresor del feminismo.
Por último, el monográfico se cierra con la aportación de Elena Nájera, que trata sobre la recepción en España de las ideas de la filósofa Judith Butler.
Se abordan en el texto las interpretaciones de dos etapas diferenciadas en el pensamiento de esta conocida intelectual: en un primer lugar, la teoría de la performatividad y queer, muy bien acogida por quienes deseaban trasngredir los límites del compromiso feminista moderno al cuestionar la existencia de un sujeto colectivo, y criticada a su vez desde el feminismo filosófico ilustrado, que priorizaba la acción feminista de las mujeres.
Más adelante, el concepto de resistencia de Butler, que debe obedecer a una permanente contestación de la norma pero sin universalización de los sujetos políticos, en un proceso constantemente abierto y contingente, se ha convertido en una propuesta de nuevo objetada por aquellos sectores del pensamiento feminista español que prefieren pensar en las mujeres como agentes del feminismo, que pueden alcanzar alianzas y estrategias comunes.
Debates abiertos, en suma, sobre el alcance del compromiso y la transgresión, y sus repercusiones sobre la vida de mujeres y hombres. |
Este trabajo aborda el pacto librepensador suscrito por las autoras Rosario de Acuña y Ángeles López de Ayala.
Se examinan sus contribuciones en la prensa librepensadora y su activismo feminista a través de un análisis de sus colaboraciones en Las dominicales del librepensamiento, El gladiador: órgano de la "Sociedad progresiva femenina" y El gladiador del librepensamiento.
La ideología de estas publicaciones les permitió vincular la lucha feminista con la agenda política de ideología progresista.
Se parte de dos ejes complementarios cuya intersección permite abordar su pacto de compromiso y transgresión: la lucha por la igualdad social y por la igualdad de género.
Se estudian sus reflexiones sobre la explotación del pueblo por las castas, el empoderamiento de la mujer como agente constructor del progreso y la denuncia vehemente de su sometimiento.
Se concluye que los escritos de Acuña y Ayala evidencian con el paso de los años una radicalización que propicia una postura cada vez más trasgresora y un feminismo más combativo, reflejando así su descontento con la actitud paternalista u hostil del librepensamiento y el republicanismo masculino en lo que respecta a los derechos de la mujer.
UN PACTO DE COMPROMISO Y TRANSGRESIÓN ENTRE MUJERES: VIVIR Y MORIR POR LA LIBERTAD DE CONCIENCIA
En torno a los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, las librepensadoras españolas desarrollaron su labor intelectual y cívica en el marco de una activa "cultura del compromiso" (Ramos Palomo, 1999; Ramos Palomo, 2002; Ramos Palomo, 2005) que reúne los nombres de Rosario de Acuña y de Ángeles López de Ayala con los de Belén Sárraga, Amalia Domingo, Ana y Amalia Carvia, María Marín, Soledad Areales, Consuelo Álvarez Pool (Violeta) e incluso, algo más tarde, también el de Carmen de Burgos (Colombine).
Aun cuando sus perfiles ideológicos lucieran matices variados (masonas, espiritistas, racionalistas, agnósticas, simpatizantes republicanas, republicanas radicales, filoanarquistas, etc.), el sustrato del proyecto colectivo en el que se imbricaron -una sociedad más libre y más igualitaria, impregnada de conciencia cívica y sustentada por una ética secular-fue un poderoso aglutinador para estas feministas de entre siglos, que se arroparon entre sí en el terreno vital y en el intelectual como estrategia de resistencia y avance, como blindaje ante la arriesgada transgresión que su progresismo feminista representaba en el contexto histórico-social de la España de la Restauración.
Así, su compromiso con un proyecto republicano laico y librepensador encontró su mejor expresión en las redes, las acciones y los espacios de sociabilidad exclusiva o mayoritariamente femeninos, como la prensa, las agrupaciones o las logias dirigidas e impulsadas por mujeres.
En esos entornos se implementaron los valores que ayudaban a sustentar y promover su proyecto emancipador: se privilegiaban las voces de mujeres, se reconocía y se elogiaba su autoridad, se incentivaban los lazos y el apoyo mutuo; en definitiva, se impulsaba la solidaridad femenina y se facilitaban las vías para apuntalar un empoderamiento que se les negaba en cualquier otro sector de la vida pública.
La colaboración y la sororidad entre mujeres constituyeron así elementos imprescindibles en la dinámica simultánea de compromiso con los ideales librepensadores, por un lado, y de transgresión de los códigos patriarcales, por el otro.
Es precisamente este marco general de alianzas femeninas -en lo privado y en lo público-para la lucha común el que nos permite comprender el estrecho vínculo que une desde la distancia 1 a Rosario de Acuña (1851Acuña ( -1923) ) y a Ángeles López de Ayala (1856Ayala ( -1926) ) durante más de tres décadas.
Ambas trabaron amis-tad a finales de los años ochenta en Madrid, ciudad a la que se habían trasladado a principios de la década y donde, tal como atestigua la prensa de la época, tuvieron una intensa -aunque breve-actividad masónica conjunta (Ortiz Albear, 2005, p.
También en esos años colaboraron en periódicos comunes, como Las regiones, La luz del porvenir, Las Dominicales del Libre Pensamiento o La Publicidad, y la firma de la escritora madrileña era asidua en la publicación que dirigió López de Ayala entre 1914 y 1920, El Gladiador del Librepensamiento 2.
No resulta sorprendente que entre ambas se trabaran lazos fecundos y duraderos en la etapa madrileña; pertenecían a la misma generación, eran republicanas, masonas, defensoras a ultranza de la libertad de conciencia y de la igualdad entre los sexos.
De hecho, fue probablemente entonces cuando las dos librepensadoras sellaron el pacto recíproco de compromiso y transgresión que rememoraba de este modo Acuña treinta años más tarde:
[...] llegó a mis manos otra [carta] de una mujer que, allá en mi juventud, conocí breves días pero cuya amistad quedó sellada con un pacto recíproco: vivir y morir fuera de todo dogmatismo religioso gastando nuestras energías en despertar alrededor nuestro en cuantos seres pusiera a nuestro lado el destino las ideas racionales de justicia, bondad y belleza, desligadas de todas las religiones dogmáticas.
Como este pacto fue hecho por mujeres conscientes, no puede romperse más que con la muerte, pues las almas enteras traen a la vida el caudal que en ella han de verter, sin que manantiales ajenos a la esencia del suyo las enturbien, ni logren desviarlas del cauce que les trazó el destino (Bolado, 2007-2009, vol. III, pp. 876-877).
Estas frases de Rosario de Acuña pertenecen al discurso que envió a petición de López de Ayala, quien entonces presidía la Sociedad Progresiva Femenina, para que ella misma lo leyera durante la celebración del mitin femenino en la Unión Republicana Radical Graciense el 6 de mayo de 1917 (López de Ayala, 1917, 19 de mayo).
Tres años más tarde, Acuña aprovechaba las páginas de El Motín para reivindicar la infatigable lucha de su amiga contra la "fanática religiosidad española" (Acuña, 1920, 17 de abril).
En 1923, tras la muerte de Rosario de Acuña, López de Ayala incidía en el mismo periódico en su bondad y su sentido de la justicia, alababa la integridad de su pluma y destacaba su actitud transgresora en materia religiosa (López de Ayala, 1923, 19 de mayo).
Este pacto personal, de amistad, colaboración y apoyo que Acuña y López de Ayala mantuvieron a lo largo de sus vidas, se tradujo también en un acuerdo ideológico que determinó respuestas desde el compromiso y la transgresión.
Como intelectuales y activistas se volcaron en una lucha contra el dogmatismo religioso que requería la propaganda activa de ideales librepensadores -asociados a los conceptos de justicia, bondad y belleza-y aspiraron a la destrucción radical del orden coetáneo para construir un mundo nuevo cuyos pilares se apoyaban en ideales fraternales, racionalistas e igualitarios.
El trabajo intelectual de Ángeles López de Ayala y de Rosario de Acuña suponía una contribución a la acción política y social, firmes en su convencimiento de que la humanidad debía esforzarse en la tarea de derribar el edificio del sistema para "levantar sobre las pestíferas ruinas del pasado el templo de lo venidero" (Bolado, 2007-2009, vol. II, p.
El pensamiento y la militancia de ambas estuvieron siempre marcados por el convencimiento de que ese cambio radical nunca podría lograrse sin la acción y el compromiso entusiasta de las mujeres, de forma que su pensamiento feminista constituye el cimiento esencial de su ideario y su proyecto político y social.
En este sentido es posible establecer dos ejes complementarios cuya intersección nos permitirá abordar el estudio del citado pacto de compromiso y de transgresión en ambas autoras.
El primer eje gira en torno al concepto de igualdad social, que documenta la presión de las clases sociales y castas dominantes que buscan perpetuar las relaciones de poder atentando contra el derecho natural del individuo a su autodeterminación (Bifani-Richard, 2004, p.
El segundo eje tiene que ver con el compromiso y la transgresión feministas y con la lucha por una verdadera igualdad de género, incluso frente a las incoherencias o el paternalismo del propio librepensamiento, del republicanismo o de la izquierda masculina.
En este nivel, las relaciones de poder promueven el sometimiento de las mujeres en la cultura patriarcal dominante incluso en entornos supuestamente progresistas.
La perspectiva interseccional resulta útil en tanto que permite dar cuenta de la percepción cruzada de esas relaciones de poder (Viveros Vigoya, 2016, p.
2) para rastrear el modo en que el compromiso de estas autoras les permitió denunciar diferentes modos de dominación superponiendo o anteponiendo su propuesta feminista a su proyecto político y social.
Las fuentes elegidas para el seguimiento de la evolución en los fundamentos del compromiso de ambas autoras son tres publicaciones periódicas en las que colaboraron asiduamente.
La primera es el semanario racionalista, heterodoxo y anticlerical Las dominicales del librepensamiento, publicado entre 1883 y 1909.
Ángeles López de Ayala fundó y dirigió las otras dos publicaciones, portavoces de la ideología librepensadora: El gladiador.
El librepensamiento proporcionaba una plataforma legítima desde la que articular el reclamo emancipista y las exigencias igualitarias, y estos periódicos permitían, en principio, vincular la lucha feminista con la agenda política de la ideología progresista (Arkinstall, 2014b, p.
Se comprueba, sin embargo, que los escritos de Acuña y de López de Ayala evidencian con el paso de los años una radicalización que da paso a una postura cada vez más transgresora, que les llevó a ejercer un feminismo más combativo en sus escritos, desafiando el statu quo para dar cauce a una visión sumamente crítica de la actitud tibia -cuando no hostil-de muchos hombres, entre los que se incluían los librepensadores o de izquierdas.
ROSARIO DE ACUÑA, APÓSTOL FEMENINO DEL LI-BREPENSAMIENTO
La extensa producción literaria de Rosario de Acuña abarca casi todos los géneros (teatro, cuentos, ensayos, poemas y lecturas pedagógicas), pero las páginas de los periódicos y seminarios constituyeron el foro predilecto para articular sus ideas más combativas.
Su trabajo cultural muestra la vocación de abrir un debate público y promover la construcción de un mundo nuevo utilizando la plana periodística como revulsivo ideológico.
Sus artículos y colaboraciones dieron pie a agrias controversias 3, pero también contó con gran número de lectores y seguidores cautivados por el vigor de su escritura y su compromiso con la causa librepensadora, anticlerical, emancipadora y con los ideales de fraternidad universal propios de la masonería (Lacalzada de Mateo, 2006, p.
En 1884 Acuña envía una carta abierta de apasionada adhesión al semanario Las Dominicales del Libre Pensamiento y esta acción supondrá un punto de inflexión en su trayectoria.
A partir de entonces la sociedad conservadora y biempensante empezó a considerarla persona non grata, mientras que en las filas progresistas se subrayaba su prestigio intelectual; como evidencia el elogio otorgado por la revista El progreso desde Nueva York 4 al definirla como "apóstol femenino del librepensamiento".
Hay que subrayar que Acuña provenía de un entorno acomodado, tenía linaje aristocrático y gozaba de cierto prestigio como poetisa y dramaturga dentro de a549 los cauces considerados aceptables para una práctica intelectual femenina que se amoldaba a los ideales del decoro, la domesticidad y el neocatolicismo propios de la sociedad isabelina (Sánchez-Llama, 2001, p.
La adscripción al librepensamiento marca un hito 5 en su carrera al iniciarse en ese momento su ardua batalla contra la tiranía, los poderes hegemónicos y la Iglesia católica, que inspiró numerosos textos marcados por una postura desobediente y un anticlericalismo incendiario.
Con esta ruptura Acuña se adentraba en terreno pantanoso y su voz iconoclasta levantó ampollas no solo por la beligerancia de su palabra sino porque esta provenía de una mujer a la que no le tembló la mano a la hora de elegir "el camino del polemista que ocupa las columnas tradicionalmente reservadas a los hombres de acción" (Bolado, 2007(Bolado, -2009, vol. I, p.
Ese espíritu combativo se interpretó con frecuencia como una transgresión a su género sexual, una "usurpación de los destinos del hombre" (Bolado, 2007-2009, vol. II, p.
1007), por la extendida creencia de que toda empresa crítica que requiriera arrojo era forzosamente viril.
La tibia semblanza de la autora que ofrece Cejador y Frauca al narrar la historia literaria de ese período hace referencia a esa militancia que implicaba un doble desacato, de clase y género, al abandonar un espacio intelectual burgués acomodaticio y alejarse de la práctica literaria femenina considerada decorosa para explorar el ámbito menos trillado del activismo político e intelectual: "dio buenas esperanzas con el estreno de su primer drama, mudó de rumbo y se dio a filosofar con escasa suerte [...] sus ideas librepensadoras la hicieron malquista para con casi todos" (Cejador y Frauca, 1918, p.
Acuña entendió su tarea intelectual como una labor de activista comprometida y proletaria de la pluma que trabajaba al lado de sus conciudadanos "como simples obreros en el gran trabajo de los siglos" (Bolado, 2007-2009, vol. IV, p.
175) para trastornar el orden prevalente y construir otro futuro, con la conciencia compartida de hallarse en una encrucijada, ante el "amanecer de una edad nueva que aventará los restos de esta edad presente" (Bolado, 2007-2009, vol. III, p.
Para colocar los cimientos de ese proyecto era preciso derribar ancestrales estructuras de poder y soltar lastres religiosos e ideológicos con el fin de establecer un solar limpio sobre el que planificar y construir ese mundo nuevo, llevando a cabo una compleja cartografía de la liberación (Zavala, 2000, p.
Esta misión racionalista y anti-hegemónica aspiró a derribar las estructuras arcaicas para edificar nuevos espacios civiles, estableciendo las bases de un futuro utópico más justo, igualitario y fraternal.
La pluma fue su herramienta de trabajo, utilizada simultáneamente como piqueta que desmorona y como cincel que labra (París y Zejín, 1889, p.
75), su empeño se apoyaba en la fuerte convicción de que la ideología librepensadora actuaba como una "poderosa palanca que está conmoviendo los cimientos del mundo antiguo" (Domingo Soler, 1976, p.
236) y era, a su vez, inseparable de la lucha por la emancipación de la mujer que constituía la médula del siglo (Bolado, 2007-2009, vol. III, p.
El compromiso feminista se superponía así al librepensador con la certeza de que la pretendida transformación social nunca podría lograrse sin la entusiasta contribución de la mujer.
Sus textos exigían que la ciudadana tuviera un papel activo en la regeneración nacional, abogaban por el empoderamiento del sexo y subrayaban la necesidad de una agencia femenina para que la humanidad avanzara hacia ese porvenir habitado por hombres y mujeres conviviendo como compañeros.
Acuña desechó la visión dominante de la mujer como sujeto antirrevolucionario y como miembro del sexo retrógrado, otorgando a su modelo de mujer agraria e ilustrada y a la obrera el potencial absoluto para regenerar e impulsar a la humanidad: "sólo en vosotras consiste esa regeneración, ese acomodamiento hacia el progreso en que habrán de crecer los hombres de lo futuro" (Bolado, 2007(Bolado, -2009, vol. I, p.
De forma similar denunció las dificultades de la mujer para acceder al conocimiento y los prejuicios con que se juzgaba la actividad femenina en el campo intelectual: "las mujeres que queremos ser personas, solo esto, tenemos que pasar, como cochinillas de circo, por bachilleras, petulantes, histéricas, etcétera" (Bolado, 2007(Bolado, -2009, vol. 4, p.
Desde esta postura militante se dirige explícitamente a sus conciudadanas en multitud de textos que destacan la sororidad y el activismo femenino en círculos afines a la masonería, el republicanismo y el librepensamiento: ¡Defender la libertad de pensamiento sin contar con la mujer!, ¡regenerar la sociedad y afirmar las conquistas de los siglos sin contar con la mujer!
¿No hay mujeres en mi patria?
¿No hay mujeres que piensen lo que pienso y que sienten lo que siento?
¿No hay una pléyade femenina que trabaja heroicamente para el bien de sus hermanas, para la redención de las víctimas?
(Bolado, 2007-2009, vol. IV, pp. 152-153) La protesta contra ese mundo desigual y arcaico se articula sobre dos ejes verticales: por un lado, una red de relaciones de clase desiguales, una visión de castas definida como la "irritante línea que da a unos aquello mismo de que despoja a los otros" (Bolado, 2007-a549 2009, vol. II, p.
926) y, por otro, un eje de género que perpetúa la dominación masculina e impide el avance social.
El rechazo de ese sistema abusivo y despótico dio pie a una combativa denuncia de las castas que reproducen y refuerzan las injusticias:
[...] fuerzas atávicas en las que renace el espíritu inquisitorial, cruel, sanguinario, de tiempos pasados, fuerzas que son cama caliente de las castas, es decir, de hombres que por la violencia y el castigo se erigen a sí mismos en superiores a los demás hombres y, cuando en una raza, nación, tribu o familia se clava la garra de la casta, sea sacerdotal, científica, capitalista o militar, aquella agrupación de seres humanos que se dejan clavar la garra, está irremisiblemente condenada a desaparecer de entre los seres racionales y quedan todos sus valores deshechos entre las tiranías y las brutalidades (Bolado, 2007-2009, vol. IV, p.
Acuña hace referencia repetidas veces a ese vasallaje en el contexto de una visión anti-hegemónica que explora las raíces de la revolución social y clama por los derechos de esa clase oprimida, subrayando la deshumanización de los trabajadores y las violaciones de los derechos humanos motivadas por el afán de lucro y de perpetuación en el poder: "En todas las partes se los aprovecha, se los esquilma, y cuando ya no dan más de sí, se los empuja, y vuelven a los mercados de la miseria a exponer siempre las mismas condiciones" (Bolado, 2007-2009, vol. II, p.
La construcción del porvenir tenía que partir forzosamente de la supresión de esas castas explotadoras que detentaban el poder y sometían al ser humano, siendo la monarquía y el clero los capataces de una maquinaria que aspiraba a reforzar las jerarquías anulando al individuo: "Los reyes y sus similares son la cristalización de la ley de castas, el símbolo del prehistórico pastoreo; los hombres no son ya las piaras, son individualidades aptas para pensar y conocer" (Bolado, 2007-2009, vol. II, p.
Al subrayar la idea de adocenamiento, Acuña destaca que estas relaciones de poder no se remiten a la explotación económica y moral del individuo sino que la subordinación también lo deshumaniza y aliena.
Los ideales del librepensamiento buscaban devolver a la persona su derecho a buscar la verdad por sí misma, a razonar en libertad sin imposición de dogmas ni miedo a la culpa y, por esa razón, una parte crucial de su ata-que a las castas apuntó específicamente a la Iglesia y el clero.
Acuña diseccionó los engranajes del poder que operaban dentro de la Iglesia católica retratada como una institución vigilante y opresiva, una fábrica de fieles que imponía el control de la casta sacerdotal sobre el individuo basándose en la supuesta autoridad que le otorgaba su papel de intermediaria entre Dios y el hombre, convirtiendo a los fieles en "rebaño" mediante técnicas que fomentaban la anulación de la voluntad y exigían obediencia (Bolado, 2007-2009, vol. II, p.
Las mujeres, consideradas históricamente ciudadanas de segunda fila y eternas menores de edad, tenían una experiencia particularmente singular de este modus operandi (Ramos Palomo, 2011, p.
La librepensadora fustigó a la casta sacerdotal "opresora, vengativa y cruel" (Bolado, 2007(Bolado, -2009, vol, vol. II, p.
927) que utilizaba el confesionario como trinchera del fanatismo y hacía de la confesión una estrategia para promover la sumisión, apartando al individuo de los afanes terrenales a cambio de promesas de salvación, actuando como fuerza divisoria entre los sexos al interponer al confesor entre los esposos y promover la frialdad en el trato conyugal (Bolado, 2007-2009, vol. II, pp. 937-938).
En estas coordenadas se entrecruzaban de nuevo el proyecto librepensador y emancipador, pues Acuña consideraba que el dominio de la Iglesia católica derivaba de su control sobre la vida espiritual de las mujeres, circunstancia que no solo les afectaba a ellas sino que influía en la división de la familia e impedía el progreso de la nación en su conjunto (Bolado, 2007-2009, vol. II, p.
Es preciso recalcar que el discurso anticlerical de ámbitos progresistas y afines a la cultura política republicana fue muchas veces antifeminista, exhibiendo una actitud de desconfianza y hostigamiento hacia la mujer por su devoción y por su supuesta relación con el clero (Salomón Chéliz, 2011, p.
72), con argumentos que insistían en la necesidad de controlarla restringiendo el tiempo que pasaba en la iglesia o evitando que se confesara.
Es notable que numerosos textos presentes en publicaciones que se autodefinían como "revolucionarias" mostrasen mayor preocupación por devolver a la mujer al espacio doméstico que por liberarla de la esclavitud eclesiástica.
Se insistía en apartar al sexo devoto del confesionario y de la iglesia, pero muchas republicanas y librepensadoras tuvieron que ser conscientes de la falta de propuestas alternativas a la devoción y las prácticas religiosas que eran también rasgos idiosincrásicos de toda una subcultura femenina, como también sin duda se sintieron desencantadas por el escaso apoyo a las reivindicaciones de las mujeres desde la propia izquierda o el republicanismo "masculino", que las consideró muchas veces la otra mitad reaccionaria: a549 La mujer es el espía que el jesuitismo tiene en la familia.
A la mujer fanática no hay que fiarle secreto.
Más valiera, para la salud moral y espiritual del hombre, que rechazara por sofisticada la mujer más amiga del confesionario que de los deberes maternales.
La iglesia ha seducido a la mujer.
Ha ocupado la mejor trinchera para combatir al hombre.
Y por medio de la mujer consigue que el hombre ceda, que deje de ser revolucionario [...]
Deber de todos los que se precien de anticlericales, es, ante todo, librar, apartar, alejar a la mujer de la iglesia, para ligarla a las obligaciones del hogar (Mosén Pedro, 1917, 3 de febrero) 6.
Acuña consideraba que para construir una España laica y progresista había que liberar a la mujer del yugo de la religión, pero también ofrecerle un papel activo en el proyecto social, dado que el porvenir dependía del ejercicio de la conciencia libre de estas mujeres.
Sus textos reflejan una progresiva radicalización en sus planteamientos feministas que responde sin duda a la frustración ante las vacilaciones de muchos correligionarios a la hora de considerar a la mujer como ser pensante, compañera e igual.
Convencida de que la tarea de los hombres en esa dirección era ineficaz o tibia, Acuña veía en el activismo femenino el agente supremo para lograr la emancipación de las mujeres: "todo engrandecimiento que le llegue a la mujer en el orden social por determinación del hombre, solo servirá para especificar más claramente su inferioridad [...]
En sus textos de la última década abundan las referencias a una casta de izquierdas patriarcal, a ese "feminismo de hombres" (Sánchez i Ferré, 2006, p.
28) que mantenía el doble estándar (librepensadores en el foro pero conservadores y católicos en sus casas) y humillaba a las mujeres que militaban en sus filas.
Una carta firmada en 1915 pone de manifiesto su desencanto con los hombres de izquierdas y los demócratas que, a pesar de su supuesto "progresismo", seguían avasallando a la mujer: ¡Ah!
Nunca me hirieron ni los reaccionarios ni los clericales ni lo conservadores [...] lo que los llamados demócratas [...] en los campos de ustedes, en las izquierdas del gorro frigio con la crucecita encima y del chin chin de la libertad con la Inquisición debajo, no han comprendido que las mujeres son personas, siguen todavía dudando si tendrán alma, y se las toma como cosas, como incubadoras, como monigotes de resorte para el placer de la sexualidad [...]
"¡Dios nos libre de las mujeres letradas!", como dijo un pobrecito demócrata en la inauguración de una escuela neutra donde yo acababa de leer un discurso letrado [...]
Comprometida con los oprimidos, crítica con las castas y siempre contestataria, Rosario de Acuña evitó asociarse con ideologías y espacios afines al poder o a la élite política y cultural.
Estableció para sí un marco flexible de militancia que le permitió una independencia intelectual inédita, fuera de las clasificaciones al uso, actitud que define la postura desobediente e iconoclasta de quien se ubica en el margen del discurso para llevar a cabo su tarea de agitación.
Fue una verdadera "terrorista de las ideas" (Zavala, 2004, p.
78) que no aceptó diques a su derecho al pensamiento libre y rehusó siempre adaptarse a los moldes establecidos.
Esa heterodoxia le permitió articular un paradigma transgresor que proponía una transformación radical del orden preexistente que pudiera erradicar la desigualdad, y no vaciló a la hora de denunciar las fisuras y contradicciones del librepensamiento y el republicanismo en lo concerniente a la lucha por la emancipación de las mujeres.
ÁNGELES LÓPEZ DE AYALA: DEL COMPROMISO LIBREPENSADOR A LA TRANSGRESIÓN FEMINISTA
La prensa fue, para Ángeles López de Ayala, el medio predilecto a la hora de canalizar el incesante activismo político-social en el que fraguó su sólida vocación librepensadora y republicana.
De hecho, durante más de cuatro décadas en las que mantuvo prudente distancia de las rencillas partidistas, las páginas periodísticas le sirvieron para defender, explicar e impulsar los ideales de base del republicanismo español sin ceder ni un ápice en sus arraigadas convicciones ideológicas.
Recién estrenado el siglo XX, en 1901, reconocía haber ya realizado campaña republicana en más de cuarenta publicaciones diferentes (López de Ayala, 1901, 24 de mayo) -en algunas, como Las Dominicales del Libre Pensamiento, con asiduidad asombrosa 7 -, labor a la que se ha de añadir su empeño en la promoción y dirección de cuatro periódicos entre 1896 y 1920: El Progreso, El Gladiador, El Libertador y El Gladiador del Librepensamiento (Arkinstall, 2014a, p.
Desde luego, sus colaboraciones en Las Dominicales del Libre Pensamiento y en la serie de los Gladiadores -bien estudiada por M.a Dolores Ramos Palomo (2010)-son las más numerosas y permiten trazar un retrato bastante ajustado de los asuntos de interés prioritario para ella en ese período: la propaganda republicana, la reivindicación social, la batalla por el laicismo, la a549 emancipación de las mujeres y, en el sustrato común de todos ellos, la exaltación de la libertad, la justicia, la razón y la igualdad.
Uno de los ejes transversales de ese compromiso por la justicia y por la igualdad en el que Ángeles López de Ayala se empeñó de forma constante en su actividad periodística lo conforman las nociones de casta y de clase.
Son muchos los artículos en los que la autora nos ofrece su particular visión de la sociedad española, escindida en dos castas antitéticas e irreconciliables, la de los explotadores y la de los explotados, que a su vez encarnan dos imágenes del poder contrapuestas y habituales en los discursos de la izquierda republicana de entre siglos: un poder restringido, espurio y sectario, que trata de imponerse por la fuerza de los hechos -que no de las razones ni del derecho natural-a otro popular y legítimo.
Las críticas al envilecimiento de las clases superiores de la sociedad monárquica, formuladas en tono ético y cargadas de connotaciones sentimentales, constituían un signo característico, como bien estudió Álvarez Junco (1994, pp. 274-275), de la cultura republicana española del cambio de siglo.
Siguiendo este camino, en los textos de López de Ayala pululan los "tiranos", "caciques" y "déspotas", en representación de ese poder impuesto que se perpetúa como tal a costa del sufrimiento y de la opresión políticoeconómica sobre las clases populares, y que únicamente se justifica mediante la existencia de las jerarquías sociales: en su cumbre, el "árbol podrido del caduco régimen monárquico" (López de Ayala, 1895, 22 de febrero), es decir, la corona borbónica, y en los aledaños de aquel, al servicio de los intereses de "la fiera de la reacción triunfante" (López de Ayala, 1908, 1 de febrero), las "huestes negras" (López de Ayala, 1916, 3 de junio), es decir, los gobernantes, los burgueses, los patronos, los fabricantes, las fuerzas del orden, y fundamentalmente los "explotadores del altar" (López de Ayala, 1895, 22 de febrero).
Especialmente cáusticos son los numerosos artículos dedicados durante casi cuatro décadas a arremeter contra los ministros de la Iglesia y demás integrantes de la clerecía nacional, un elemento también clásico en el argumentario de la ideología democrático-republicana de la época (Álvarez Junco, 1990;Álvarez Junco, 1993; Suárez Cortina, 2000).
De hecho, en sus escritos de tono anticlerical, la autora no escatima en invectivas, improperios, sátiras y mofas de todo calado: "seres repulsivos", "corazones congelados por el frío soplo de un egoísmo repugnante", "inteligencias atrofiadas a causa de los devo-rantes [sic] efluvios del estómago" (López de Ayala, 1907, 12 de octubre), degenerados, aprovechados, "pandilla de zánganos con extraña indumentaria" (López de Ayala, 1915, 4 de diciembre), feminicidas e infanticidas (López de Ayala, 1915, 17 de abril), etc. Evidentemente, el anticlericalismo, uno de los pilares fundamentales del afán secularizador del librepensamiento español (Gómez Molleda, 1996, pp. 297-320), no sorprende en una ferviente republicana, de convicciones íntimas tan sobrias como las que la autora revela en sus escritos, donde acostumbra a criticar el efecto de las religiones positivas sobre los individuos, mostrándose profundamente refractaria a cualquier género de manifestación u ostentación externa en materia espiritual.
Uno de los aspectos que incomoda especialmente a López de Ayala en la labor espiritual del clero es su capacidad de injerencia en las actitudes y en las conciencias populares.
Esta "influencia omnímoda [...] sobre todas las clases de esta mal pergeñada sociedad" le confiere una "soberanía ilimitada" (López de Ayala, 1915, 4 de diciembre) que supone una forma más de opresión ideológica sobre los parias sociales.
En este sentido, la autora convierte en foco principal de sus escritos antieclesiásticos la revelación de las alianzas entre las castas dominantes, los poderes fácticos, para asfixiar y explotar permanentemente a quienes ocupan las escalas más bajas de la jerarquía social.
El clericalismo es, para López de Ayala, una de las causas de la asimetría social, un problema que requiere ser resuelto para eliminar "el yugo clerical" (López de Ayala, 1894, 7 de diciembre) y "arrancar de nuestro suelo las raíces de la explotación que tras el altar se parapeta" (López de Ayala, 1914, 21 de junio).
Frente a esos perversos pactos tiránicos entre poderes civiles y religiosos, emerge insistentemente en los artículos de López de Ayala la noción de "pueblo" oprimido, custodiado por las castas dominantes en una minoría de edad permanente, ingenuamente encandilado con las promesas de una falsa libertad y de unos derechos fingidos que en realidad tratan de encubrir la esclavitud de la ignorancia.
La denuncia de la precaria situación económico-social de las clases trabajadoras (López de Ayala, 1903, 13 de marzo; López de Ayala, 1916, 16 de julio), es una de las constantes de sus artículos, que apuntan a la religión católica como una de los principales responsables en la institución de este injusto sistema de clases sociales consistente en "la humillación de los unos y el triunfo y el despotismo de los otros" (López de Ayala, 1916, 16 de julio).
La imagen idealizada del pueblo sojuzgado, caracterizado por su virtud y por su sufrimiento, es de hecho una de las constantes del "populismo" discursivo de los republicanos en torno al fin de siglo (Torres Ballesteros, 1987, p.
En línea con la "demolatría" progresista (Castro Alfín, 1987, p.
201), Ángeles López de Ayala presenta al pueblo como una víctima de martirios y persecuciones, de la explotación de los "zánganos derrochadores de fortunas amasadas con el sudor y las lágrimas del paria" (López de Ayala, 1917, 15 de diciembre), al mismo tiempo que insiste en la bondad, la bizarría y la heroicidad de esa masa popular liberal y librepensadora, "de soldados y apóstoles" ( López de Ayala, 1898, 11 de mayo), ansiosa de redimirse, convencida de sus ideales y dispuesta a emprender el camino de la revolución social.
Al traspasar el nuevo siglo, el compromiso inicial de la autora seguía intacto, tal como revelan los artículos de tinte personal y también los de contenido social publicados en El Gladiador.
Y es que en ese abrupto camino hacia la justicia y la igualdad que comporta la subversión de los poderes establecidos y la emancipación popular, López de Ayala avistaba en aquellos años una intermediación de singular valor: la de la intelectualidad republicana y librepensadora.
Tal como señala en 1907 en "Menos política y más emancipación" (López de Ayala, 1907, 29 de junio), los librepensadores son depositarios de una gran responsabilidad, la de unir sus esfuerzos para canalizar las aspiraciones del pueblo, luchar por las reformas políticas y "dar sabia [sic] abundante y robustecedora" al "cuerpo social"; para ello, deben sacrificar sus intereses políticos inmediatos en la defensa de un ideal más noble: la emancipación de las conciencias.
Un mes más tarde, y en las mismas páginas de El Gladiador, la autora muestra su impaciencia ante la inacción de republicanos y librepensadores, incapaces en más de tres décadas -desde la Primera República-de poner fin a las injusticias sociales y las "maldades restauradoras".
Propone en consecuencia la articulación conjunta de esas dos "falanges", proletariado y cuerpo político demócrata, las cuales, aun habiendo estado históricamente separadas por las artimañas de los poderes establecidos, deben superar sus respectivos temores y aprender a marchar unidas en el camino hacia un porvenir más igualitario (López de Ayala, 1907, 13 de julio).
Sin embargo, conforme los años avanzan y los desequilibrios sociales no se resuelven, la mirada crítica de la autora va ampliando su foco de interés.
En la segunda década del siglo, la denuncia a las fuerzas restauradoras y a los colaboradores de la reacción va acompañada de las agrias censuras a la perversión o a la relajación de los ideales librepensadores en el bando demócrata, al que acusa de sostener un discurso hueco, sin aspiraciones de cambio real ni repercusiones en la acción directa (López de Ayala, 1914, 7 de noviembre).
En esos años, la brecha que la separa de los canales oficiales del librepensamiento se va haciendo especialmente notoria en uno de los campos de batalla más espinosos del asunto de la "redención" social: la igualdad de los sexos.
La lucha por la redención de las clases explotadas era, en el ideario de López de Ayala, indesligable de la contienda feminista, al estar relegadas las mujeres, por el mero hecho de serlo, al escalón más bajo de la jerarquía social.
En ellas, sometidas por los hombres de todas las clases sociales y de todos los ámbitos, hallaba López de Ayala a las víctimas más propiciatorias del injusto sistema de castas, uniendo la esclavitud socio-familiar a la jurídica, la política, la económica y la científica.
Cierto es que el compromiso de López de Ayala con la equidad entre los sexos, "germen sagrado que radica en la humana inteligencia" (López de Ayala, 1898, 30 de junio), vino siempre indisolublemente ligado al impulso del asociacionismo femenino, a sabiendas de que la unión de las mujeres era requisito imprescindible para impulsar su emancipación.
Pero también es verdad que el sustento de los intelectuales librepensadores se trasluce en sus artículos como un requisito imprescindible para el cumplimiento de las aspiraciones femeninas.
Desde sus primeros años en Barcelona venía López de Ayala colaborando estrechamente con aquellos librepensadores masones que, auxiliados por el laicismo, la ciencia positiva y la sociología, habían consolidado el ya citado "feminismo de hombres" (Sánchez i Ferré, 2006, p.
119), paralelo al de las mujeres y centrado tanto en combatir a la Iglesia -que consideraban la más terrible enemiga de la emancipación de la conciencia femeninacomo en convencer a sus colegas de la conveniencia de aliarse con ellas en la lucha por el progreso "sin alterar ni un ápice la estructura familiar" (Sánchez i Ferré, 2006, p.
Por esta razón, además de invitar a las mujeres a abrazar el proyecto de la razón y del librepensamiento, López de Ayala propone en repetidas ocasiones que tal profesión de sororidad quede reforzada por la colaboración de los hombres "dignos y cultos" (López de Ayala, 1915, 18 de septiembre), a quienes anima a favorecer la autonomía femenina en favor del perfeccionamiento humano (López de Ayala, 1907, 16 de noviembre).
En este sentido, las pretensiones emancipatorias de López de Ayala, en consonancia con las líneas de los feminismos vigentes, asumen las bases del reparto institucional de funciones sexuales en el seno de la intimidad del hogar, como soporte y pretexto de la evidente transgresión que implica la exigencia de la igualdad intelectual y jurídica de las mujeres, así como la de su imprescindible proyección pública.
Pero al igual que le ocurre con el asunto de la reivindicación social, la impaciencia primero y la indignación más tarde inundan, a la vista de los escasos progresos de la causa y de la tibia implicación de sus colegas librepensadores, las reflexiones más tardías de López de Ayala sobre el particular.
La existencia de castas intelectuales por razón de sexo es uno de los asuntos que aborda con mayor enconamiento, denunciando los prejuicios masculinos contra las mujeres que destacan en el uso de la razón y, muy especialmente, contra las que se atreven a tomar la pluma.
Esta prevención hacia las mujeres ilustradas la experimentan, según señala la autora, hasta los hombres más justos y probos por inercia de la intelectualidad española (López de Ayala, 1916, 2 de diciembre) 8.
Por ello, en los artículos publicados en El Gladiador del Librepensamiento, ya durante la segunda década del siglo, se muestra especialmente exigente con los que postulan un feminismo de imposturas y frases hechas, y los exhorta a renunciar a unas superioridades intelectuales "harto discutibles" para auspiciar la emancipación de las mujeres (Arkinstall, 2014b, p.
67) y "romper las cadenas que las aprisionan al negro muro de su nulidad presente" (López de Ayala, 1915, 18 de septiembre).
La modificación en sus expectativas sobre el apoyo incondicional de los círculos librepensadores se traduce en un tono cada vez más reivindicativo y desafiante hacia aquellos: "¿Dejaréis que la semilla de la redención femenina se pierda a penas [sic] germinada?
¡Sobre vosotros caerá el baldón y la ignominia a que os habréis hecho acreedores por vuestra insignificancia!"
Se intensifican también las reclamaciones en la equiparación de "derechos y deberes" políticos, que van tomando, en el camino común hacia la configuración de una ciudadanía femenina en clave democrática (Sanfeliu, 2008, p.
En definitiva, la lectura cronológica de sus artículos nos permite percibir con claridad cómo la ilusión inicial con la que auspiciaba la positiva incidencia de la actuación de la progresía intelectual en "el problema femenino", va cediendo paso a los reproches y a las fisuras con la posición de la ortodoxia republicana y librepensadora en esta cuestión.
Si en sus inicios el compromiso de la escritora con la emancipación femenina y con los valores librepensadores se articulaba conjuntamente, entendiendo ambos como vías complementarias de un mismo proyecto social, con el paso del tiempo la urgencia de la primera y la ausencia de soluciones de los segundos la van conduciendo hacia un discurso cada vez más transgresor.
A partir de aquel famoso pacto suscrito antes del cambio de siglo, López de Ayala y Acuña transitaron líneas ideológicas paralelas en su actividad periodística, tanto en su compromiso con la defensa de los ideales esbozados entonces como en la transgresión que supuso el mantener e implementar ese acuerdo de juventud a lo largo de las décadas; líneas paralelas, coincidentes en sus metas y en sus ejes fundamentales, pero con matices diferentes en su desarrollo concreto.
344) habría de cimentarse sobre los desheredados y oprimidos, pero sus textos trasmiten también la aguda conciencia de que ese visionario esfuerzo constructor era tan necesario como limitado, pues tendrían que sucederse muchas generaciones hasta que fuera posible recoger los frutos de la lucha presente: "Así es como tenemos que empuñar nuestra bandera; sin la esperanza limitada a nuestro corto existir terrenal [...] no venceremos, pero habremos servido a la razón" (Bolado, 2007-2009, vol. IV, pp. 157-158).
Si la transgresión constituye una ruptura con las reglas y una acción de traspasar límites, es llamativo el vigor con que el discurso contestatario de Acuña evitó alinearse con partidos políticos o ideologías de vocación hegemónica para preservar un marco flexible que asegurase su absoluta independencia intelectual.
Esta actitud, que ha contribuido a su catalogación como escritora iconoclasta e inclasificable y como librepensadora en el sentido más literal del término, la llevó a buscar el aislamiento, evitar la vida pública y rechazar el repertorio político al uso: "ni soy socialista, ni anarquista, ni republicana, en el sentido redilesco de estas adjetivaciones; nada que huela a dogma, imposición y enchiqueramiento" (Bolado, 2007-2009, vol. IV, p.
Su posición heterodoxa da cuenta de la singularidad de esta intelectual que eligió establecerse en los márgenes para articular su desacato con un discurso alternativo que proponía una transformación radical del orden y plantaba semillas para un futuro que sabía que no habría de ver.
Ángeles López de Ayala, sin embargo, se sitúa dentro de un marco ideológico muy preciso, el del republicanismo, y aunque no se alinea con ningún partido político concreto ("somos partidarios de la idea [...] somos republicanos de la república", López de Ayala, 1906, 15 de agosto), simpatiza con la revolución y lo hace desde la implicación absoluta en la vida pública, desde la dirección de los periódicos, los mítines, las conferencias, las escuelas laicas, etc. Su actividad es, de hecho, tan plural como inagotable.
Ese compromiso que mantiene desde el principio se va radicalizando y adquiriendo progresivamente cotas de transgresión más amplias: la argumentación va cediendo paso a la exigencia, las razones derivan en una reclamación sin tregua de la justicia natural.
El compromiso inicial, que para realizarse requiere no solo de la auctoritas sino de una igualdad efectiva y de una potestas que las barreras infranqueables de género no permiten asumir, se le revela insuficiente y requiere de una transgresión doble: la consustancial al desarrollo de un discurso igualitario, laicista y emancipista en la escritura femenina, y la que emana del desafío a las propias bases librepensadoras.
Pero más allá de esa mirada personal con la que cada una de estas dos escritoras y amigas librepensadoras materializa, desde un marco ideológico general común, ese pacto juvenil de compromiso y transgresión, el activismo y los textos de Ángeles López de Ayala y de Rosario de Acuña documentan también la existencia de redes de cooperación, de sororidad y solidaridad entre mujeres, de acción colectiva e intelectual (Moral Vargas, 2007, pp. 543-545) al amparo de ideales republicanos, librepensadores, feministas y masónicos.
Ambas compartieron una voluntad siempre crítica hacia las jerarquías o castas de toda índole (sacerdotales, políticas, monárquicas, clasistas y patriarcales), considerándolas instrumentos de opresión y tiranía contra el pueblo, así como los principales obstáculos para la instauración de una sociedad igualitaria.
En sintonía con esa conciencia de pueblo oprimido, ambas perseveraron en la defensa de la emancipación y la consecución de derechos para las mujeres, denunciando la desigualdad promovida desde instancias del poder que impedían un avance real y reforzaban la posición de aquellas como ciudadanas de segunda categoría.
El trabajo intelectual de estas escritoras ilustra así el modo en que cumplieron fielmente su pacto, barajando estrategias de compromiso y transgresión para persistir en un esfuerzo intelectual, político y feminista que llevaron a cabo durante décadas "por la pluma, por el mitin y por la conferencia" (López de Ayala, 1920, 1 de mayo).
[1] Pese a que, como se explica a continuación, ambas coincidieran y se conocieran en Madrid en fechas tempranas (década de 1880), la sevillana Ángeles López de Ayala se trasladó a Barcelona en 1888, ciudad en la que murió en el año veintiséis.
Por su parte, Rosario de Acuña, oriunda de la capital, se mudó a finales de 1909 o principios de 1910 a Gijón, donde estableció su residencia hasta su fallecimiento en 1923.
[2] Mejías-Alonso y Arias Coello han destacado que el siglo XIX es "por excelencia, el siglo de la prensa escrita" (1998, p.
En ese momento la actividad de la mujer escritora se profesionaliza y muchas autoras colaboran en la prensa periódica.
Los periódicos progresistas del último tercio del XIX, favorecidos por sucesivos decretos avalando la libertad de prensa, contribuyeron enormemente al debate público (Díaz-Marcos, 2014) y el perio-dismo se convirtió en una industria que mantuvo su espíritu de combate como "arma de pelea" (Roch, 1923, p.
La antología de Íñigo Sánchez Llama constituye uno de los textos de referencia para abordar la inestimable aportación de las autoras a la prensa isabelina.
La revista Arbor ha editado un magnífico volumen monográfico sobre Mujer y periodismo en el siglo XIX (Palomo, 2014).
[3] Su autoexilio de cuatro años en Portugal para evitar la cárcel -se la procesó en rebeldía-respondió a la polémica provocada por la publicación en 1911 de su artículo "La jarca de la universidad", que muchos consideraron una afrenta a la nación y a la masculinidad.
Elena Hernández Sandoica ofrece un magnífico estudio de esta desafortunada anécdota periodística y una interpretación del escándalo que provocó su texto (2012, pp. 95-169).
[4] Esta publicación en español estaba editada y dirigida por el librepensador gallego Ramón Verea García.
[5] Varios hechos destacables tuvieron lugar el año anterior.
En enero de 1883 fallece su padre y a partir de abril Acuña vive sola en Pinto separada de hecho de su marido, que era militar y fue trasladado entonces a Badajoz.
Ese mismo año descubre Las Dominicales del Libre Pensamiento y se hace ávida lectora del semanario.
Su nueva condición de mujer "libre" pudo haber sido determinante en su trayectoria intelectual y en la orientación de sus reflexiones en materia de religión, feminismo y asuntos sociales a partir de ese momento.
[6] Este artículo compartía página con otro titulado "El pueblo debe imponerse" que establecía que "el republicanismo vital, ha de ser rebelde, de ruda y acentuada oposición al Gobierno [...].
Nada de combinaciones ni pactos; guerra sin cuartel [...].
Tu reivindicación es tu fuerza, es tu labor, es tu instrucción".
Estas ideas permiten establecer una noción del "pueblo" como entidad masculina de forma que la "mujer del pueblo" resulta víctima de una tiranía encadenada: explotada como miembro del "pueblo" y oprimida como mujer, incluso por el sector revolucionario que ignora las reclamaciones y derechos de sus conciudadanas.
El catálogo de sus artículos se encuentra en la tesis doctoral de María Victoria Clemente Palacios sobre Ángeles López de Ayala (2015, pp. 307-309).
[8] Aunque en líneas generales los librepensadores coincidían en prescribir el laicismo y la educación de las mujeres para un mejor cumplimiento de sus funciones en el ámbito del "cuidado" familiar, entre ellos florecieron escasas iniciativas efectivas para mejorar la situación de aquellas, e incluso persistieron las actitudes antifeministas y misóginas, apoyadas en el reconocimiento de ciertas características psico-biológicas del género femenino (Salomón Chéliz, 2005, pp. 105 y 112).
M.a Dolores Ramos (2005) señala cómo, pese a que muchos librepensadores soñaban con una nueva "Eva" secularizada que impulsara la libertad de conciencia y el progreso, e incluso tendían a contraer matrimonio con mujeres de ideas avanzadas, la realidad social e intrafamiliar era bien diferente.
Esta lucha, más civil y social que estrictamente política, llevó a algunas republicanas, como es el caso de López de Ayala, a reprochar y denunciar la inacción -o la hipocresía-de los hombres progresistas en el asunto de la emancipación femenina. |
Sus biografías sirven para cuestionar el estereotipo del varón activista sindical y político, al evidenciar la importancia de la militancia familiar en la adopción y mantenimiento de un compromiso de por vida con el socialismo.
Además, su trasgresión a los roles hegemónicos de género pone de manifiesto el papel desempeñado por los espacios de sociabilidad política exclusivamente femeninos en la formación de mujeres líderes en regímenes que no reconocían derechos de ciudadanía a las mujeres.
"¡Sólo tres mujeres!", exclamó Claudina García Pérez en su primera contribución a El Socialista con motivo de la celebración del XI Congreso del Partido Socialista (PSOE), y unos cinco meses después de haber ingresado en su agrupación femenina de Madrid, en julio de 1918.
En su artículo, publicado en la primera plana del diario, se preguntaba: "¿es que no hay mujeres que sientan deseos de rebelarse en contra de los opresores, cuando con nosotras son precisamente más injustos y somos las más oprimidas en todos los órdenes sociales y económicos?".
Sus propias compañeras le respondían con rotundidad que "hay pocas entre nosotras que sepan ocuparse de estos asuntos y, claro, solo se nombra como delegados a los hombres porque saben más".
En este texto Claudina formuló su compromiso político con el partido al que acababa de afiliarse al manifestar que la redención de las mujeres debía corresponderles a ellas mismas y añadía:
Es preciso irnos acostumbrando a saber pedir las cosas, a defender los derechos que en justicia debemos tener; es necesario ser fuertes para imponernos y, en una palabra, para ayudar a los hombres en esta lucha titánica del ideal que nace, y de las viejas costumbres que mueren porque ya no tienen razón de ser (García Pérez, 1918, 28 de noviembre).
Desde su ingreso en la Agrupación Femenina Socialista de Madrid (AFSM) en 1918, Claudina y Luz García Pérez asumieron un compromiso con el socialismo que mantuvieron durante toda su vida.
Se formaron como líderes políticas en la AFSM, donde ocuparon varios cargos de responsabilidad y coincidieron con otras grandes figuras del partido como Virginia González Polo.
Desde 1927, al disolverse la AFSM, se dedicaron a promover el sindicalismo femenino.
A partir de los años treinta, alcanzaron puestos destacados en la Unión General de Trabajadores (UGT) y fueron propuestas como candidatas en las listas del PSOE en los comicios generales de noviembre de 1933.
Las dos se vieron obligadas a exiliarse en México debido a la guerra civil, y allí continuaron manteniendo vivo su compromiso a través de la fundación de la Agrupación de Socialistas Españoles (Sección México) en 1952 (Martín-Nájera, 2010).
Sin embargo, su trayectoria pública, política y sindical, como la de sus compañeros varones, no puede entenderse sin considerar la dimensión privada, familiar, de ambas líderes.
Como sucedía en otras culturas políticas como los republicanismos, la militancia de la unidad familiar era clave en el mantenimiento del compromiso adquirido (Sanfeliu Gimeno, 2005a; Sanfeliu Gimeno, 2014).
El matrimonio de Claudina García Pérez con Modesto Pereira Sanz, miembro de la Sociedad de Ebanistas de Madrid, afiliado a la Agrupación Socialista Madrileña (ASM) y tesorero de la Mutualidad Obrera de la Casa del Pueblo, alumbró un hogar de socialistas comprometidos con el proyecto político del PSOE.
Esta unidad familiar, representativa de muchas otras vinculadas a la Casa del Pueblo, cuestiona la imagen estereotipada del varón activista sindical y político que presupone la desvinculación de las mujeres de una práctica de militancia proactiva.
Sostengo que en la España del primer tercio del siglo XX adquirir y mantener un compromiso con un proyecto político transgresor con el orden hegemónico dio como resultado, en muchos casos, una militancia de carácter familiar.
La apuesta por construir una nueva sociedad basada en el ideal socialista, planteaba un desafío al sistema del turnismo corrupto de la Restauración.
El respaldo familiar en esta lucha política se convertía en la pieza necesaria frente a los altos costes emocionales del activismo cotidiano (Hernando Gonzalo, 2012).
En muchos casos, más que empatía con las tribulaciones del titular del único carné de afiliado, implicaba la adopción de un compromiso igual de varios miembros de la familia, hombres y mujeres.
Además, la trasgresión representada por quienes defendían estos planteamientos se duplicaba en el caso de las mujeres, al invadir un espacio público asignado a los varones.
En este sentido, cobra relieve la AFSM, como espacio de sociabilidad política exclusivamente femenino, donde las trabajadoras podían definir su propio proyecto reivindicativo lejos de la censura masculina general y de la expresada por algunos de los varones vinculados a la Casa del Pueblo (Moral Vargas, 2012, pp. 145-166).
Tanto Luz como Claudina García se erigieron como líderes capaces de desafiar ese entorno profundamente machista, con el que convivieron tanto dentro como fuera de la sede socialista de la calle Piamonte.
LA MILITANCIA FAMILIAR EN EL SOCIALISMO MADRILEÑO
Claudina y Luz García Pérez formaron parte de la incesante corriente migratoria que venía impulsando el crecimiento de Madrid, casi sin interrupción, desde que se convirtió en capital.
Claudina llegó a Madrid hacia 1909, con unos veinte años, y su hermana Luz la seguiría unos meses después, a la edad de quince años.
1 Ambas trabajaban como obreras de la aguja a destajo y a domicilio, uno de los sectores profesionales en el que se a550 empleaba un porcentaje significativo de la población activa femenina de Madrid a principios de siglo y también uno de los peor remunerados.
Este era el caso de las hermanas García Pérez durante sus primeros años de residencia en la capital.
Las condiciones de trabajo más duras del sector eran precisamente las vividas por quienes se empleaban a domicilio y a destajo.
Al no estar concentradas en un taller, no eran candidatas a la visita de la inspección, aun con su alcance limitado en la práctica (Rey Reguillo, 1992, pp. 349-350), ni a las mejoras higiénicas y sanitarias introducidas progresivamente en los talleres.
Desarrollaban su labor en la propia vivienda o en la del oficial u oficiala, generalmente cuartos sin ventilación ni luz natural, hasta completar el encargo por el que recibían un pago acordado previamente, independientemente de las horas que tuvieran que invertir para ello.
Además, sus jornales, ya de por sí reducidos, eran inferiores a los percibidos por los trabajadores varones.
En el padrón de 1925, tanto Claudina como Luz se inscribieron como bordadoras oficialas, después de años declarando dedicarse a sus labores o manifestando no ejercer profesión alguna.
Esta situación de desprotección laboral, sin embargo, no animó a las hermanas García a afiliarse a ninguna sociedad de resistencia ni agrupación política durante sus primeros nueve años en Madrid, a pesar de contar con varias opciones.
De hecho, la década de los años diez destaca por el dinamismo asociativo de distinto signo ideológico protagonizado por las trabajadoras de la capital.
Sus primeros meses de residencia en la ciudad coincidieron con la fundación del Sindicato Obrero Femenino de la Inmaculada.
Esta asociación católica patrocinada por María de Echarri y el párroco Juan José Santander fue fundada el 14 de noviembre de 1909.
Su vocación era servir de antídoto frente al auge del asociacionismo de clase entre las obreras.
Se dirigía, además, de forma específica a las trabajadoras de la aguja por constituir uno de los sectores profesionales femeninos más numerosos (Arce Pinedo, 2008, pp. 31-95; Capel Martínez, 1980; García Basauri, 1979; García Basauri, 1982, p.
Tras los sucesos de la Semana Trágica de 1909, donde las mujeres habían participado activamente en la protesta, los representantes del catolicismo social en Madrid reaccionaron contra la creciente presencia pública de agrupaciones políticas como la AFSM, fundada el 25 de marzo de 1906, y varios sindicatos de clase.
Entre estos últimos destacan la Sociedad de Profesiones y Oficios Varios, fundada el 1 de junio de 1894 y vinculada a la UGT desde 1908.
De ellas, al menos 42 declaraban ejercer un oficio de la aguja.
Finalmente, hay que mencionar la Sociedad de Modistas de Madrid, con sede en la calle Mayor 1, fundada el 19 de junio de 1904, con 352 afiliadas.
Esta asociación mantuvo un estrecho vínculo con la AFSM a través de su secretaria, Otilia Solera García.
La AFSM, gracias a la mediación de Solera, entre otras, trató sin éxito de refundar la Sociedad de Modistas como una Varia femenina, en 1913 (Moral Vargas, 2013, pp. 6-18).
Sin embargo, hubieron de transcurrir nueve años, los mismos que tardaron en trasladarse al piso principal de la calle Santa Bárbara 6, para que Claudina, Luz y la hermana pequeña de estas, recién llegada a Madrid, M.a Concepción García Pérez, se dieran de alta en la AFSM con fecha de 1 de junio de 1918 (M.a Concepción y Luz) y de 1 de julio del mismo año (Claudina).
Pero algo más había cambiado en la vida de las hermanas García Pérez: el contrato de inquilinato de este nuevo piso data precisamente del 10 de junio de 1918 y fue firmado por Modesto Pereira Sanz, que en el padrón de 1920 ya figura como cabeza de familia y esposo de Claudina García Pérez.
Modesto y Claudina debieron de contraer matrimonio en torno a la primera mitad de 1918 y se establecieron en el piso principal del inmueble donde habían residido Claudina y Luz hasta entonces.
Además, ahora la familia crecía con la llegada de M.a Concepción y de su madre, Leocadia Pérez Román.
El matrimonio de Claudina con Modesto Pereira Sanz inició no solo un compromiso de por vida entre los cónyuges, sino también un compromiso de por vida para las hermanas García Pérez con el socialismo.
Modesto Pereira era de profesión ebanista y pertenecía a la Sociedad de Ebanistas de Madrid (UGT), con el carnet no 8, así como a la ASM, con el carnet no 144.
Desde 1916, trabajaba como cajero-tesorero de la Mutualidad Obrera de la Casa del Pueblo, como declaraba en el padrón municipal de 1920.
Se trataba, por lo tanto, de un militante abiertamente comprometido con el proyecto socialista.
Podríamos afirmar que el matrimonio de Claudina y Modesto dio como resultado la extensión del compromiso político con la causa socialista a la nueva familia extensa resultante de esta unión.
Las tres hermanas se dieron de alta como afiliadas en la AFSM y dos de ellas se convertirán en importantes líderes sindicales y políticas en las décadas siguientes.
Leocadia Pérez se incorporó a la directiva de la AFSM como contadora en 1923.
Número de afiliadas a la AFSM con relación de parentesco con militantes socialistas Fuente: elaboración propia a partir de AFSM, Registro de asociadas, 1906/1927.
Fundación Pablo Iglesias (FPI), Archivo y Biblioteca, y AVM.
Las Damas Rojas de Barcelona, por ejemplo, eran descritas en absoluta comunidad de pensamiento con sus maridos o padres, comentando entre todos las novedades políticas recogidas por la prensa (Ullman, 1972, pp. 159-161).
En Valencia, se organizaban diversos actos públicos para toda la familia, con el fin de transformar los lazos de parentesco en ideológicos, además de emocionales (Sanfeliu Gimeno, 2005a, pp. 135-178; Sanfeliu Gimeno, 2005b).
Entre los librepensadores y masones también se han trazado vínculos ideológicos compartidos entre generaciones o entre cónyuges.
Por ejemplo, el matrimonio librepensador integrado por Belén Sárraga y Emilio Ferrero o el masón, formado por Natividad López, simbólico Juana de Arco, y Miguel Polo (Ortiz Albear, 2005, p.
La proximidad de muchos de los planteamientos de estas culturas políticas también dio lugar a familias cuyo compromiso hizo convivir varias de ellas o incluso experimentó una evolución.
En Madrid, un ejemplo elocuente lo constituye la familia de la ya citada líder sindicalista y (sucesivamente) republicana, socialista y comunista, Otilia Solera, iniciada en la logia Ibérica, en 1907.
El compromiso de los Solera quedó labrado para la posteridad en la lápida de la sepultura familiar del Cementerio Civil de Madrid, por encargo de la propia Otilia (véase figura 2) (Moral Vargas, 2012, p.
Además, esa militancia familiar no era exclusiva de las culturas políticas progresistas.
El carlismo, por ejemplo, también se nutría del respaldo familiar y la trasmisión del ideal entre generaciones.
Las mujeres, sin embargo, quedaron relegadas al espacio privado hasta que el efecto combinado de la apertura del marco de oportunidades políticas que trajeron consigo las primeras décadas del siglo y la modernización en relación con la construcción de una sociedad de masas dieron lugar a la conformación de su propia agrupación segregada, las Margaritas (Canal, 1997; Miralles Climent, 2005, pp. 170-175).
En definitiva, durante estos años el compromiso político se formulaba y reforzaba en muchas ocasiones a través del vínculo emocional constituido por la familia, especialmente en el seno de aquellas culturas políticas situadas en los márgenes del sistema de la Restauración.
Ese vínculo emocional se completaba a través de la integración de cada uno de los miembros del núcleo familiar en sus respectivos grupos de pares en función de su sexo, edad y actividad profesional (grupos de jóvenes, de mujeres, sociedades de oficio, etc.).
Los altos costes emocionales experimentados por quienes desa-fiaban el orden social y político hegemónico se sobrellevaban mejor con el apoyo tanto del núcleo familiar como de los grupos de pares que alimentaban un sentimiento de comunidad, de pertenencia a un colectivo que luchaba por una meta común, una identidad de la que hombres, mujeres, niños y niñas eran partícipes (Hernando Gonzalo, 2012).
En ese marco ha de entenderse el conjunto de las iniciativas políticas, sociales y culturales de estas culturas políticas.
Es decir, en el caso por ejemplo del socialismo madrileño, no tiene sentido otorgar importancia preeminente al partido y a algunas de sus sociedades obreras para tratar de sumergirnos en el día a día de la militancia.
Entender el compromiso político socialista pasa por concebirlo como una forma de vida en su conjunto, sin definir compartimentos estancos.
El mantenimiento de dicho compromiso cobra sentido completo al valorar su dimensión cotidiana, la que implicaba a toda la familia en las agrupaciones políticas (AFSM, ASM y Juventud Socialista, Sección de Propaganda) y en las sociedades de oficio, pero también en la Mutualidad Obrera, en las Escuelas Laicas, en la Cooperativa de la Casa del Pueblo, en las meriendas en la Casa de Campo del 1o de mayo, en el Orfeón Socialista, en los proyectos de Casas Baratas, en los entierros en el Cementerio Civil...
Es decir que, frente a las manifestaciones discursivas sobre el carácter, las capacidades y la posición especial y separada que las mujeres debían ocupar en las sociedades de la modernidad que inundaban libros, periódicos, conferencias y tertulias en esta época, las prácticas cotidianas de estos grupos evidencian que los límites para el ejercicio del compromiso político entre hombres y mujeres eran en realidad difusos y, en la mayoría de los casos, remaban en la misma dirección de forma intencionada.
Sin embargo, centrándonos exclusivamente en las culturas políticas progresistas, a pesar de compartir esa vocación por incorporar a la familia a la lucha por los ideales políticos, no todas fueron igual de receptivas a la militancia pública de las mujeres en sus organizaciones.
Las actitudes machistas caracterizaron probablemente a todos los grupos que defendían un modelo político progresista para el Estado, y otro tradicional y basado en la ideología de la domesticidad para la familia.
Valga como ejemplo de los muchos existentes, la negativa de Melquiades Álvarez a compartir tribuna con Belén Sárraga, en 1899, aduciendo que "las mujeres no deben tomar parte en esas actividades" (Radcliff, 1994, p.
Sin lugar a dudas el panorama del socialismo madrileño contaba con muchas actitudes semejantes.
Pero la diferencia entre los socialistas y otros grupos estriba, por un lado, en el marco de oportunidades que se abrió mediante la creación, y sobre todo la relativa continuidad temporal, de foros exclusivamente femeninos que incluyeron la AFSM, desde 1906, y las sociedades de oficio para las trabajadoras.
Esos espacios reforzaron el ejercicio de una militancia donde las mujeres ya no eran simples acompañantes en las actividades organizadas ad hoc por los varones, sino que tomaban la iniciativa en consonancia con las identidades colectivas específicas que ahora podían construir como mujeres trabajadoras libres de la injerencia masculina.
Era posible, de este modo, incorporarse desde una identidad propia como mujeres socialistas -autónoma y con sus demandas propias-al compromiso político formulado en el núcleo familiar.
Además, el mantenimiento de esos espacios de militancia segregada para las mujeres en una época -las primeras décadas del siglo XX-en la que las actitudes favorables a su actividad política pública no eran mayoritarias garantizó la formación de futuras líderes femeninas que eclosionaron en las décadas los años veinte y treinta y que, de otro modo, posiblemente habrían sido menos numerosas.
Es decir, transformó la cultura política socialista, dando cabida al liderazgo femenino activo que, aunque contaba con antecedentes previos a la fundación de la primera agrupación política femenina en Bilbao en 1904 no disponía de un espacio exclusivo para ellas (Almond y Verba, 1970, p.
Esos espacios exclusivamente femeninos en el marco de los centros obreros constituyeron el entorno de socialización necesario para que muchas mujeres adquirieran las habilidades personales, es decir, la compe-tencia política, que les convirtió en líderes dentro del PSOE y la UGT (Natera Peral, 2001, p.
Entre estas líderes destacan Virginia González, las hermanas Claudina y Luz García, Juana Taboada, Carmen González, etc. Un papel similar jugaron otras asociaciones de mujeres como las Damas Rojas del Partido Republicano Radical, de donde procedieron figuras destacadas del sufragismo como Carmen de Burgos, Consuelo Álvarez, etc. Sin embargo, la pervivencia más limitada en el tiempo de este colectivo y un respaldo numérico probablemente más débil hizo que muchas de sus líderes terminaran completando su trayectoria de liderazgo en otros como la propia AFSM, Fraternidad Cívica, la Unión de Mujeres de España, la Cruzada de Mujeres Españolas, etc. (Fagoaga, 1985).
El otro factor que diferencia el microcosmos socialista de otras culturas políticas de la época tiene que ver con la extracción social de las mujeres que salieron de su cantera de liderazgo femenino, en relación con dos aspectos: su adscripción profesional (o la de sus familiares) y la militancia de uno o varios de sus familiares directos.
Si bien resulta un hecho probado que en la AFSM, como en otras organizaciones socialistas europeas, militaron mujeres de variado estatus social -maestras, telegrafistas, profesoras en partos, tenedoras de libros...-y no solo trabajadoras manuales -obreras de la aguja, lavanderas, planchadoras, cigarreras, etc.- (Boxer, 2008; Moral Vargas, 2012), fueron las trabajadoras manuales (o esposas de trabajadores manuales) de destacada militancia familiar -varios de cuyos miembros estaban implicados activamente en los sindicatos y en las organizaciones del partido-las que sobresalieron como líderes.
Por citar algunos ejemplos, es el caso de Virginia González Polo (guarnecedora de calzado, caracterizada más arriba); de Juana Taboada, que declaraba como profesión sus labores y estaba casada con Jacobo Castro, de oficio solador, tesorero de la ASM durante casi treinta años; Carmen Bernal, también dedicada a sus labores, casada con Manuel Guijarro, empleado municipal fundador de la Sociedad de Gas y Electricidad, afiliado a la Agrupación de Obreros y Empleados Municipales y a la ASM; Josefa Bernal, guarnecedora de calzado, casada con Bernardo Lumbreras, albañil fundador y afiliado a la Sociedad de albañiles El Trabajo, afiliado a la ASM, de la que era cobrador, y repartidor de El Socialista; Otilia Solera, modista de sombreros, hermana de un cerrajero, un guarnicionero y un platinista... y por supuesto de las hermanas García Pérez.
LAS HERMANAS GARCÍA PÉREZ: DE LA AGRUPA-CIÓN FEMENINA AL LIDERAZGO SINDICAL
Claudina y Luz García Pérez encarnan de forma paradigmática la formación en el liderazgo socialista a partir de la militancia familiar.
Ambas dirigentes encontraron en la AFSM su primer espacio de adscripción política y allí se entrenaron en el aprendizaje de estrategias organizativas, en la oratoria, y sobre todo en la autoafirmación como promotoras activas de la propaganda socialista entre las trabajadoras en un contexto que desincentivaba el liderazgo de las mujeres.
En 1927, ya disuelta la AFSM, lejos de desvincularse de la militancia concentraron todos sus esfuerzos en la propaganda sindical y nunca abandonaron las filas del PSOE, aun viéndose obligadas a exiliarse en México, como consecuencia del desenlace de la guerra civil.
La importancia del reclutamiento familiar combinado con el fomento del liderazgo femenino fue destacada por ellas mismas en algunos de los artículos que publicaron en El Socialista.
Así, en 1928, señalaban el papel que tocaba desempeñar a los varones del partido con el fin de incorporar entre sus novias, compañeras y esposas a militantes verdaderamente comprometidas para engrosar las filas del PSOE.
Para las hermanas García Pérez resultaba crucial que este compromiso adquirido fuese firme y sostenido en el tiempo, y que implicara a la nueva familia:
Mucho nos satisface que haya compañeros que piensen en atraer a sus novias a las filas socialistas porque así nos aseguran que procurarán buscar compañera entre aquellas mujeres de más fácil comprensión hacia el ideal; pero tenemos que decirles que hubo compañeras de socialistas que en la época del noviazgo transigían y hasta se interesaban por las cosas de la organización; pero que una vez casadas han continuado tan reaccionarias o, por lo menos, tan indiferentes como antes, y hay que suponer la lucha que entabla un hombre convencido que, además de tener que ocuparse de la organización, según le aconseja el ideal que sustenta, tropieza con la incomprensión de su compañera, que le entorpece cuanto puede, aunque sea inconscientemente, su labor de proselitismo (García Pérez y García Pérez, 1928, 11 de noviembre).
Esa labor individual de cada compañero debía completarse con el apoyo por parte de las asociaciones.
Por ese motivo, defendían su formación como propagandistas en noviembre de 1928, un año después de haberse disuelto la AFSM, el único espacio para la militancia segregada de las mujeres socialistas, en Madrid: político entre 1918 y 1927.
Por ejemplo, en febrero de 1919 pronunció una conferencia titulada "Bolchevismo o socialismo de acción", en el momento álgido de apoyo del socialismo español a la revolución rusa, que comenzaría a declinar unos meses después (Meaker, 1978, pp. 151-469).
Claudina García y María Hernández, en nombre de la AFSM, como delegadas al Congreso extraordinario del PSOE de 1921, publicaron un llamamiento a todas las agrupacio- Por otro lado, Claudina y Luz García participaron en la campaña socialista para atraer el voto de las mujeres, organizada tras conocerse la aprobación del Estatuto municipal del 8 de marzo de 1924, que otorgaba este derecho a las mujeres cabeza de familia, mayores de 23 años, no sujetas a la autoridad de ningún varón (Franco Rubio, 1981; Gómez-Ferrer y Moral Vargas, 2015, p.
Luz, como secretaria de la AFSM, lanzó un llamamiento a todas las AFS para organizar la movilización: "ante la extraordinaria importancia que están llamadas a tener las organizaciones femeninas en nuestro país, una vez que desde las próximas elecciones tendremos derecho a intervenir en la designación de concejales".
Claudina, por su parte, impartió conferencias como la titulada "El voto femenino", en la Casa del Pueblo de Tetuán de las Victorias y rindió cuentas ante la AFSM de las actividades llevadas a cabo (véase Agrupación Femenina Socialista de Madrid, 1924, 26 de julio; La Agrupación Socialista Madrileña y el voto femenino, 1924, 24 de septiembre; Movimiento obrero.
La aproximación creciente de las socialistas a iniciativas que tenían que ver con los derechos sociales y políticos de las mujeres en los años veinte, al margen del proyecto socialista, se plasmó en la colaboración en otros actos como el mitin por la investigación de la paternidad, impulsado por la AFSM y en el que participaron su entonces presidenta, Carmen González, la propia Claudina García y otra dirigente, Julia Vega, junto a Isabel Oyarzábal, Clara Campoamor y Concepción Aleixandre (véase La investigación de la paternidad, 1926, 1 de mayo).
Ya en 1919, Claudina daba cuenta de sus convicciones feministas en la prensa del PSOE: "nos damos perfecta cuenta de que en el engranaje de nuestra máquina productiva, oficial o particular, económica o política, falta un elemento considerable, que es la mujer".
En este artículo denunciaba que la causa era la desigualdad de trato y educación padecida por las mujeres desde su infancia y denunciaba la necesidad de permitirles el acceso a una formación en igualdad de condiciones con la recibida por los varones, para permitir su contribución activa al progreso social.
La propuesta de un "programa de reivindicaciones feministas" fue liderada por Claudina en la asamblea de la AFSM del 17 de enero de 1926.
Dicho programa incluía, entre otras medidas, la eliminación del artículo 438 del Código Penal, que establecía una pena más dura para las mujeres en caso de cometer adulterio; la libre disposición de sus bienes por parte de la mujer casada; la igualdad de derechos de ambos progenitores sobre los hijos; el reconocimiento legal de los hijos habidos fuera del matrimonio, o el establecimiento de un cuerpo de funcionarias para el cuidado de los menores cuyas madres trabajaran fuera del hogar.
El 18 de noviembre de 1932, Clara Campoamor en nombre de la Unión Republicana Femenina, hizo acto de entrega oficial al Congreso de los Diputados de un libro para conmemorar el reconocimiento en la Constitución de 1931 de "todos los derechos civiles y políticos a la mujer".
En él, junto a las firmas de Clara Campoamor, María Martínez Sierra, Elisa Soriano, Julia Peguero de Trallero, constan las de Claudina y Luz García y otras socialistas como Hildegart Rodríguez y Elena Viñuelas, poniendo de manifiesto la incorporación de la causa feminista al compromiso socialista por parte de estas líderes.
Como ya vimos en el caso de Manuel Cordero, la adquisición de tal compromiso no fue privativa de las mujeres del PSOE, sino que incluyó también a sus compañeros o esposos pasando a ser un rasgo más de su identidad política familiar (García Pérez, 1919, 20 de febrero) 4.
Tras la disolución de la AFSM, en mayo de 1927, Claudina y Luz García promovieron la organización de las obreras de la aguja, sector que conocían por su propia experiencia profesional, a través de la Asociación de obreras modistas y de sombreros de señora de Madrid y sus limítrofes y la Sociedad de obreras en ropa blanca, desde 1928.
Luz García integró, además, la directiva de la Federación Nacional del Vestido y el Tocado en 1929.
En 1931, las hermanas García extendieron su labor a otro de los sectores con mayor presencia de población activa femenina en la capital (Nielfa Cristóbal, 1999), mediante la fundación de la Sociedad de obreros y obreras del hogar.
Además, Luz García fue elegida vocal de la ASM, en 1928.
Como se ha señalado más arriba, el compromiso de ambas líderes se mantuvo activo durante toda su vida.
La militancia familiar constituye una forma de compromiso político esencial para entender las formas de vida y activismo de ciertos sectores de las culturas políticas progresistas de la Restauración.
Implicó la incorporación de todos los miembros de la unidad familiar a a550 una causa política a través de lazos afectivos e ideológicos.
Esos ingredientes garantizaron la firmeza de dicho compromiso y su durabilidad en el tiempo, siendo mantenido de por vida en muchos casos, como el representado por las hermanas Claudina y Luz García Pérez.
Una de las culturas políticas en que se adoptó de forma consciente fue la socialista durante el primer tercio del siglo XX.
El análisis de su relevancia desafía la visión predominante en la historiografía del varón militante sindical y político.
En un contexto como el del Madrid de las primeras décadas del siglo XX, la vivencia del compromiso con la causa política del socialismo implicaba en decenas de casos a los varones, a las mujeres, a los niños y a las niñas ligados a la Casa del Pueblo.
Concebir la historia del socialismo en esos años teniendo en cuenta la realidad de la militancia familiar nos permite entender la emergencia de líderes femeninas destacadas en un contexto de exclusión de las mujeres de los derechos de ciudadanía.
Estas líderes protagonizaron una doble transgresión a través de su actuación política.
Por un lado, en relación con el modelo de género hegemónico, basado en la ideología de la domesticidad.
Por otro, con el propio orden político de la Restauración cimentado en la marginación de los partidos que no integraban el siste-ma del turno.
Es el caso paradigmático de Claudina y Luz García Pérez, pero también el de otras dirigentes como Virginia González Polo, Otilia Solera, Juana Taboada, etc. También resulta clave para comprender la incorporación decidida de las reivindicaciones feministas al programa socialista y su defensa frente a la campaña del miedo acerca del signo conservador que se suponía iba a caracterizar al voto femenino a partir de 1931.
La defensa en las Cortes del reconocimiento de este derecho para las mujeres por parte de Manuel Cordero, casado con una afiliada a la AFSM, aporta los elementos necesarios para contextualizar adecuadamente el debate liderado por Clara Campoamor en las Constituyentes de 1931. |
Este trabajo pretende articular la construcción del personaje de Regina Lamo, hasta ahora presentado como subalterno a otras vidas que han alcanzado más relevancia histórica que ella.
Entre otros activismos, Lamo se convirtió en líder de opinión y en creadora de escuela en el terreno del cooperativismo como forma más eficaz de lucha contra la explotación del movimiento obrero en las primeras décadas del siglo XX en España.
La grave situación de conflicto social vivido en esas primeras décadas del siglo en el contexto de la modernización de España, y en particular en Cataluña, junto con el auge del movimiento obrero, provocó una fuerte represión de la principal fuerza, el anarcosindicalismo.
Se abrió así un espacio para los mutualistas que buscaban un desgaste gradual y pacífico del capitalismo y que estaban a favor de la economía social, frente a los bakuninistas, proclives a la lucha militante, la huelga general y la insurrección.
En este marco, Regina Lamo perfila su compromiso con una original propuesta de creación de Bancos Populares de Crédito que singularizó su figura y la convirtió en un personaje relevante, transgresora de los límites de género, que hoy tratamos de reivindicar.
Este artículo aspira a armar parcialmente la construcción del personaje de Regina Lamo.
Se trata de una figura que hemos conocido hasta ahora casi exclusivamente asociada a la vida de otras personas que han alcanzado más relevancia histórica que ella 1: Rosario de Acuña, su cuñada de hecho, maestra y amiga (Fernández Riera, 2009); su hija mayor, Carlota O ́Neill, autora del excelente relato Una mujer en la guerra de España (2006) sobre su paso por las cárceles franquistas, donde aparece Regina madre; su nieta Lidia Falcón, hija de la segunda hija de Regina, Enriqueta, para quien Regina aparece en sus memorias como su abuelísima en los primeros once años de su vida (Falcón, 1979(Falcón, /1989) ) o Lluis Companys, con quien compartió militancias sindicalistas cuando este creó la Unió de Rabassaires de Cataluña (Pomés i Vives, 2000).
Macrino Fernández Riera, que es junto con José Bolado uno de los grandes recuperadores de Rosario de Acuña, y que por la amistad de esta con Regina Lamo se ha aproximado -de manera muy fidedigna-a la figura de esta última, se hacía eco en 2010 de un comentario de Lidia Falcón sobre el silenciamiento histórico de Regina Lamo:
¿Cómo puede ser posible que una mujer que «se dedicó, apasionadamente, al activismo sindical y cooperativista», a la lucha feminista -muy a pie de calle, al lado de las mujeres del pueblo, al estilo de Rosario de Acuña-, a la defensa de los más desfavorecidos y a la difusión de una nueva cultura que regenerara la vieja patria sea hoy tan desconocida para la inmensa mayoría de los españoles?
Aparte de los autores citados que, aunque sea colateralmente, son los que mejor se han ocupado de Regina Lamo, por internet circulan unas glosas mínimas sobre su figura, que se van trasmitiendo de blog en blog, de un autor a otro, que aproximadamente señalan lo siguiente: "Fue periodista, propagandista, feminista, anarquista, cooperativista, rapsoda.
Escribió artículos de prensa y ensayo, así como poesía y obras de teatro.
Además, difundió con pasión el control de natalidad y el derecho al aborto, la eugenesia, la eutanasia y el amor libre.
En su faceta feminista, fue activista de los derechos de la mujer" [URL].
Este relato, más o menos literal, acabó recientemente incorporado a wikipedia [URL]. org/wiki/Regina_de_Lamo), si bien estas afirmaciones no suelen ir acompañadas de datos concretos o de fuentes fidedignas.
Pero ¿cómo empezar a trabajar de forma sustantiva sobre una cuasi desconocida, aunque la sabíamos en boca de bastantes personas?
¿Por dónde empezar y sobre qué aspecto de su vida y obra?
Decidí abordar la vertiente de su fuerte compromiso con el cooperativismo obrero, que destacaba como especialmente fructífera en el conjunto de su trayectoria.
La década de 1920 aparecía como catalizadora de su activismo en este terreno.
En la primera parte del presente artículo presentaré algunos rasgos de los orígenes y el contexto temporal y doctrinario del cooperativismo en Cataluña en las primeras décadas del siglo XX.
En el siguiente apartado me centraré en el compromiso de Regina Lamo con el cooperativismo obrero, presentando los datos más significativos sobre su activismo en relación con su proyecto de los Bancos Populares de Crédito.
Finalmente, analizaré el significado de la aportación de Lamo en el contexto de la posición de las mujeres y del cooperativismo catalán en la Cataluña de los años veinte del siglo pasado, quedando abiertas futuras investigaciones.
Las fuentes empleadas han sido una combinación de fuentes primarias, secundarias y comunicaciones con sus descendientes.
EL COOPERATIVISMO EN LA CATALUÑA DEL PRI-MER CUARTO DEL SIGLO XX
Los cooperativistas catalanes de los años 20 reconocían la influencia de diversas corrientes del socialismo utópico del siglo anterior, así como de las de orientación anarquista en el pensamiento económico cooperativista.
La aproximación a Fourier se hizo mediante el influyente análisis de Charles Gide en su acercamiento al socialismo utópico, y en concreto a Fourier como un visionario.
Su falansterio podía ser reconocido como un antecedente de cooperativa de consumo y de producción a la vez, solidarias entre sí y formando parte de una Asociación Cooperativa Integral, a pesar de que las masas obreras optaron por el socialismo marxista (Coll Creixel, 1928, 6 de julio, p.
A su vez, el pensamiento de Proudhon contenía aspectos de mutualismo que en una sociedad sin estado irían en el sentido de satisfacer las necesidades de los trabajadores por medio de la cooperación voluntaria.
Por otra parte, a pesar de las diferencias estratégicas entre el cooperativismo y el anarquismo, también se nutrieron de las tesis colectivistas de Bakunin en tanto que formas de asociación útiles para el proceso de emancipación del proletariado (Dalmau Torvà y Miró i Acedo, 2010, pp. 90-91).
Por su parte el anarcocomunista Kropotkin manifestaba sus simpatías hacia el cooperativismo porque vincu-a551 laba al productor con el consumidor, eliminando al intermediario en el comercio y la industria gracias a la organización de los consumidores, y al capitalista con la producción, gracias a la organización del crédito mutuo, posiciones en las que reconocía la influencia de Fourier y de Owen (Kropotkin, 1917, 15 junio).
Otra aportación relevante para el cooperativismo catalán fue la del ya citado Charles Gide (El Homenaje de la Cooperación Internacional a Charles Gide, 1847Gide, -1927Gide, (1927, 3 de junio), 3 de junio)), profesor de economía francés que orientó buena parte de su magisterio al estudio de estructuras económicas de carácter colectivista, en concreto hacia el cooperativismo, contribuyendo a desarrollar los principales axiomas del cooperativismo internacional.
Defendía una economía social, para lo que consideraba preciso "unos servicios organizados de forma asociativa, una organización de previsión en forma de mutua y una economía autogestionada de tipo cooperativo" (véase Lucena Giraldo.
Algunas de estas enseñanzas calaron en el seno del movimiento obrero catalán como para poder hablar de una corriente cooperativista, truncada tras el Primer Congreso Obrero de 1870 en Barcelona.
En él se enfrentaron los defensores del cooperativismo, de tendencia reformista y a favor de la economía social, y los bakuninistas, proclives a la creación de sociedades de resistencia y a favor de la confrontación directa (Pérez Baró, 1974).
Con la Ley de Asociaciones de 1887 y el Código Civil de 1889 se organizaron en España las primeras cooperativas agrarias, entre ellas las cajas rurales o cooperativas de crédito basadas en los supuestos de Raiffeisen, específicas para la agricultura.
Esta corriente de pensamiento fue difundida en España por Joaquín Díaz de Rábago, vinculado a la Sociedad Económica de Santiago de Compostela y cuya gran aportación fue la difusión en España de los modelos alemanes de cooperativismo de crédito, a cuyas publicaciones acudirían numerosos cooperativistas españoles del primer tercio del siglo XX para fundamentar sus propuestas.
El otro modelo alemán, creado por Schulze e introducido en Italia por Luzzatti, se basaba en bancos de anticipos parecidos a una sociedad de crédito convencional pero que resultaron poco exitosos en el ámbito agrario.
Al gallego Díaz de Rábago, y también al terrateniente murciano Nicolás Fontes, que finalmente se decantaron por el método Raiffeisen, les motivaba la necesidad de atajar la usura en el campo y de propiciar el acceso a la pequeña propiedad, que tanto abundaba en Murcia como en Galicia y cuyos arrendamientos eran a muy largo plazo.
Ambos defendían un siste-ma de responsabilidad solidaria ilimitada de los asociados, lo que les diferenciaba del método Schulze, donde la responsabilidad era limitada.
No obstante, defendieron con reparos la acción directa de los agricultores en la gestión del capital, previendo la participación de agentes sociales, véase el clero, como una forma de control de los agricultores, frenando así las luchas de clase con el objetivo de limitar la expansión de ideologías como el republicanismo, el socialismo o el anarquismo en el mundo rural, otro de los objetivos de su forma de entender el cooperativismo (Martínez Rodríguez y Martínez Soto, 2008, pp. 92-101; Pérez Baró, 1974, p.
Las primeras leyes de sindicatos agrícolas se promulgan en 1906 y 1908 con la exención de ciertos impuestos, lo que favoreció la creación de numerosas cooperativas bajo el nombre de sindicatos agrícolas, siguiendo el modelo francés, y de cajas rurales autónomas, que llegaron a tener más de 50.000 socios en 1918, aunque habrá que esperar a 1931 para tener la primera ley específica de cooperativas, conocida como ley Largo Caballero (Martínez Rodríguez y Martínez Soto, 2008, pp. 92-101).
Con el fin de siglo, la pérdida de las colonias, además de la guerra de Marruecos, con la continua llamada de los varones de las clases populares a filas, se creó un clima de inestabilidad en el contexto de los gobiernos alternativos conservadores y liberales propiciados por la Restauración de 1878.
En Barcelona se entró en un periodo de huelgas, bombas y represión que culminó con la huelga general de 1909, a la que siguió la Semana Trágica y una fuerte represión, en la que casi mil presos fueron condenados a muerte, entre ellos Ferrer i Guàrdia, impulsor de La Escuela Moderna.
En la siguiente década se reorganizó el movimiento obrero, comenzando por la creación de la CNT en 1910.
Sucesivas huelgas jalonaron la vida cotidiana de Barcelona: entre las más importantes destacan la huelga del textil de 1913, la de 1916 contra la carestía de la vida y la huelga general revolucionaria de 1917 por el conflicto de los tranvías.
La neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial la favoreció económicamente y favoreció, desde luego, a Cataluña.
La burguesía se fortaleció y aumentó la inmigración desde regiones más pobres (Dalmau Torvà y Miró i Acedo, 2010, pp. 56-57).
Pero el periodo que va de finales de la I Guerra Mundial al golpe de Primo de Rivera en 1923 se caracterizó en Barcelona por la crisis económica y por la violenta lucha político-sindical: en los años 20, las huelgas pasaron a ser más frecuentes y violentas.
Pero la patronal incumplió los acuerdos, respondió con un lockout y fomentó junto a las autoridades -el gobernador de Barcelona, Martínez Anidola represión de los sindicatos, apoyando métodos particularmente violentos, entre ellos el pistolerismo -caso de los Sindicatos Libres-para romper las huelgas y desorganizar a los trabajadores, incluido el asesinato selectivo de dirigentes sindicales, el más conocido el del anarcosindicalista Salvador Seguí, el Noi del Sucre, en 1923(Pradas Baena, 2003).
Uno de los resultados de este clima de agitación fue la aparición de toda una generación de luchadores que fueron la base de la enorme fuerza del sindicalismo revolucionario.
Fue creciendo en paralelo una nutrida red de locales de reunión, con fines de organización, educativos, formativos y culturales, incluidos los Ateneos Libertarios.
En suma, un tejido comunitario muy amplio y consistente, cuyas huellas perviven hoy en día en la sociedad catalana (Arnabat-Mata y Ferré-Trill, 2017, p.
La dificultad de plantear la lucha de clases exclusivamente en forma de confrontación violenta que transformara el orden establecido revitalizó el papel del cooperativismo con el fin de evitar la violencia y el derramamiento de sangre.
En este contexto de radicalización se apostó por "el arma de combate de la economía".
Se trataba de conseguir un sistema de producción, distribución e intercambio de la riqueza justos frente a la desigualdad radical planteada por el capitalismo (Dalmau Torvà y Miró i Acedo, 2010, p.
Aunque las cooperativas obreras comulgaban con los fines de las organizaciones proletarias, como acabar con la explotación del hombre por el hombre, pretendieron convertirse en una alternativa al radical enfrentamiento de clases.
Desde su óptica solo la confrontación y las huelgas, estrategia del anarcosindicalismo, no eran suficientes para acabar con el capitalismo.
En este sentido señala Bookchin: "como ́cooperativistas`, los mutualistas pretendían un desgaste gradual y pacífico del capitalismo.
Los anarquistas, por su parte, resaltaban la necesidad de la lucha militante, la huelga general y la insurrección", así que "el movimiento cooperativista, quizá más auténticamente proudhiano que anarquista, puso muchos obstáculos al desarrollo revolucionario del movimiento anarquista español" (Bookchin, 2001, pp. 44-45).
EL COOPERATIVISMO DE REGINA LAMO
En este contexto se mueve Regina Lamo, que se traslada a Barcelona junto con su marido, Enrique O ́Neill, y las hijas, Carlota y Enriqueta, en la segunda década del siglo XX tras el fallecimiento de la tercera hija del matrimonio el 28 de julio de 1914 en Madrid 2.
En relación con el deceso relata Juan Antonio Hormigón que "al morir la pequeña Regina, la familia se trasladó a Barcelona, cosa que debió suceder a mediados de la segunda década del siglo" (Hormigón, 1997, p.
Empadronados en Madrid en 1905 y 1910, no los encontramos en los padrones de Madrid y Barcelona en 1915, desconociendo las razones de esta omisión.
Reaparecen los cuatro miembros de la familia en el padrón municipal de Barcelona en 1920 3.
De todos modos, una vez que conocemos la fecha del fallecimiento de Regina O ́Neill sabemos que su traslado tuvo lugar, como pronto, después de 1914.
Pero no tenemos que esperar a que el padrón municipal nos confirme su residencia en 1920 para conocer que se hallaban en Barcelona desde hacía tiempo: a comienzos de 1917 vemos emerger públicamente a Regina Lamo ofreciendo una lectura de poesía en el Ateneu Barcelonès 4.
Con todo, no será hasta abril de 1918 cuando los diarios La Vanguardia y El Diluvio anuncien una conferencia suya sobre cooperativismo en el Fomento del Trabajo Nacional 5.
Es el comienzo de su andadura pública en torno al cooperativismo, que florece en los años 20 en Barcelona en la que podríamos denominar su década prodigiosa.
Regina se sumerge, se integra, se mimetiza con el tejido cultural y asociativo de Barcelona, como comprobaremos a continuación.
De hecho, nuestra protagonista alude a esta conferencia en un documento excepcional sobre su destacada trayectoria en el activismo cooperativista 6.
El 16 de abril de 1920 Regina Lamo de O ́Neill presentaba desde Barcelona una solicitud a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) en la que pedía una pensión para estudiar durante un año "las entidades bancarias de Crédito obrero" en otros países europeos más avanzados en este tema, a saber, Suiza, Italia, Alemania y Escocia [URL].
Regina defendía la virtualidad de los Bancos obreros "como primera fórmula de concordia entre los elementos patronales y asalariados" (cursiva nuestra).
No consiguió la beca, como tampoco la obtuvieron otras destacadas contemporáneas suyas como Magda Donato y su hermana Margarita Nelken, Concha Méndez o María Teresa León (Mangini, 2001, pp. 87-88).
En su expediente no se encuentra documento alguno que explique por qué se la denegaron, pero sí vemos reflejada su inquie-a551 tud por la falta de respuesta varios meses después, hasta el punto de que el 18 de agosto escribe desde Gijón, donde pasa el verano junto a Rosario de Acuña, interesándose por la suerte de su solicitud.
De entre los méritos que incluye en su solicitud a la JAE menciona su pertenencia "como miembro único femenino a la entidad barcelonesa Sociedad de Estudios Económicos (SEE), previa presentación de la memoria reglamentaria, como demostración de suficiencia y capacidad en materias económico-sociales" (véase Solicitud Beca a la Junta de Ampliación de Estudios).
La SEE fue fundada en 1907 en el período noucentista de la historia de Cataluña por un grupo de intelectuales decididos a intervenir activamente en la vida pública de Cataluña para lograr la modernización de la sociedad catalana y su homologación con Europa.
Su primer presidente, el economista Guillem Graell, dejó el cargo de secretario general de la organización patronal Fomento del Trabajo Nacional para presidir la nueva Sociedad [URL].
En la presentación de su currículum la misma Regina apunta a la conferencia antes aludida de abril de 1918 como el comienzo a partir del cual desarrolla una "propaganda infatigable" a través de conferencias en entidades de orientación plural, en congresos sobre cooperativismo y con escritos en diversos medios de comunicación.
Es de suponer que en fechas recientes a la impartición de la conferencia en Fomento tuviera lugar la presentación de la memoria reglamentaria que la convirtió en miembro de la SEE, memoria que no hemos podido consultar por no hallarse en los fondos de la Sede de dicha institución, pero que en cualquier caso nos la sitúa en la segunda mitad de la primera década del siglo XX en Barcelona, primero estudiando para presentar la citada memoria y, tras dicha acreditación, conferenciando en instituciones de carácter económico claves en Cataluña como Fomento del Trabajo Nacional y la propia SEE.
La formación de Regina, nacida en el año 1870, se hallaba muy alejada de un perfil económico.
Según el principal testimonio con que contamos, el de la biznieta Lidia Falcón sobre la memoria familiar (Falcón, 1979(Falcón, /1989), los padres de Regina, residentes en Úbeda, eran librepensadores y ateos, siendo Anselmo Lamo sastre de profesión y masón por devoción -las mujeres a priori no tenían acceso a esta institución (Ortiz Albear, 2005)-.
Pertenecientes a la mediana burguesía liberal y acomodada, el matrimonio decide emigrar en los años 80 a Madrid 7, donde pensaban que tendrían más oportunidades para su negocio y esperaban encontrar un entorno más propicio a sus inquietudes culturales y políticas y una mejor educación para sus hijos.
Para Carlos, el mayor, la carrera de derecho.
Regina continuaría con la carrera de piano y solfeo, comenzada en Úbeda.
En un contexto en que solo se concebían profesiones femeninas asociadas al rol doméstico -maestras, institutrices o matronas- (Flecha, 1996, p.
24), y en el que el piano era una enseñanza deseable para una señorita burguesa, el convertirlo en carrera más allá del divertimento parecía una buena elección, influida seguramente por las dotes y aplicación de Regina, que obtuvo un Segundo Premio en 1888 y un Primer Premio en 1889 en la Escuela Nacional de Música y Declamación (Fernández Riera, 2009, p.
Pero Regina poseía un amplio bagaje cultural adquirido, junto a los estudios de piano, en el culto hogar familiar, lo que le facilitaría su destacada inserción en el mundo del cooperativismo (Falcón, 1979(Falcón, /1989)).
Su interés por la economía debió llegar después, en la década de 1910 en Barcelona, fecha en que en España las mujeres solo podían cursar estudios universitarios en las carreras de Farmacia, Medicina, Filosofía y Letras y excepcionalmente en Ciencias (Flecha, 1996, p.
En ningún caso, pues, hubiera podido Regina tener algún título universitario de Economía a causa de la imposibilidad de obtención del mismo, dada la situación universitaria para las mujeres en los comienzos del siglo XX.
De hecho, "En España hubo que esperar a 1943 para que la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Central incluyera por primera vez a una mujer en su orla" (véase Mardones, I. G. Economía en femenino).
El autodidactismo se imponía, pues, y no debía ser un mérito menor una acreditación conseguida a través de la prestigiosa SEE que, junto a la Cátedra de Economía, financiada por Fomento del Trabajo Nacional, formaba parte del proyecto de instauración de una Universidad Catalana.
Ello ayudaría a explicar la impartición de la conferencia inicial sobre "su proyecto de Banco de Crédito para obreras" en la que hemos señalado como muy reputada sede del Fomento del Trabajo Nacional.
"La patronal más antigua de Europa", como se autopresenta actualmente dicha entidad, se había constituido en una referencia de la sociedad catalana y de su vida económica.
En 1899 abandera la petición de un modelo de gestión administrativa descentralizada y un concierto económico para Cataluña (https://www. foment.com/es/sobre-nosotros/historia/).
Por suerte para nosotros la noticia de prensa referida en la nota 5 informa del guión de la conferencia, que resume buena parte de los intereses y los contenidos del cooperativismo de Regina:
Exordio.-Feminismo relacionado con las instituciones de previsión y ahorro.-Bancos populares de Crédito en Inglaterra, Francia y Alemania.-Necesidad de los Bancos de Crédito para el elemento trabajador.-Conveniencia de ellos para los patronos.-Única solución por tales medios para conseguir la total regeneración de España.-Conclusión.
Dos años después, el 30 de marzo de 1920, la vemos presentando el tema precisamente en la Sociedad de Estudios Económicos con una conferencia que lleva por título "Necesidad social de los Bancos Populares de Crédito".
El comentario resalta que fue "calurosamente ovacionada, tanto por la brillantez y documentación de su trabajo, como por ser la primera mujer que se consagra a los de esta índole" (cursiva nuestra) 9.
Tras su presentación en sociedad ante las élites económicas de Cataluña, Lamo vuelve su mirada a los principales destinatarios de sus mensajes propagandistas "encaminados a llevar al elemento obrero a la creación de los Bancos Populares".
Se dirige a "los Ateneos Obreros catalanes", instituciones autogestionadas con fines de elevar el nivel educativo, de formación profesional y cultural de jornaleros y artesanos, ateneos cifrados en unos 150 en Cataluña entre 1900 y 1930 por Pérez Solá (Monés i Pujol-Busquets, 2010, p.
Asociados a las culturas políticas hegemónicas -"el catalanismo republicano autodeterminista, el anarquismo y el emergente populismo"-, logran su mayoría de edad en el periodo 1901-1920, mientras que entre 1921 y 1936 consiguen lo que Arnabat-Mata y Ferré-Trill (2017) llaman "una expansión politizada" (p.
El sindicalismo obrero gozó asimismo de la atención de nuestra protagonista, como lo representa su mención de "la Sociedad de cilindradores y estampadores" ́La Constancia`, núcleo de los sindicatos catalanes" (cursiva nuestra) (véase Solicitud Beca a la Junta de Ampliación de Estudios) 10.
Los antecedentes de esta Sociedad residen, en un contexto de movilización anarquista, en una nueva forma de organización obrera que se crea en la Cataluña de comienzos del siglo XX con una orientación más sindicalista, lo que les permitía desmarcarse del viejo societarismo de oficio, y con unas posiciones más incluyentes de las mujeres (Enrech Molina, 2007).
Dicha Sociedad permitirá en 1912 organizar el primer sindicato femenino del Arte Fabril y Textil de Barcelona, ́La Constancia`, tras ha-ber facilitado el ingreso de mujeres y niños durante los años anteriores y haberse adherido a la CNT.
Esta combinación permitió al año siguiente convocar una exitosa huelga del textil algodonero, en la que pararon más de 50.000 huelguistas.
Apenas un mes después de presentar la solicitud a la JAE, en que todo el trabajo propagandístico mencionado tiene lugar en Cataluña, Regina Lamo obtiene en Valencia su mayor éxito en el terreno del cooperativismo, la creación del primer Banco de Crédito Obrero en España.
Previamente había hecho labor propagandística en Valencia, pues una iniciativa de esta envergadura no se improvisa, como nos revela La Vanguardia cuando en septiembre de 1919 refiere:
Todos estos esfuerzos primero de estudio, luego de propaganda, y finalmente organizativos culminan el 13 de mayo de 1920.
Ese día, en los viveros municipales y presidida por el alcalde Ricardo Samper, por entonces militante en el blasquista Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA), tuvo lugar la inauguración en Valencia del primer Banco Obrero de España, el Banco de Crédito Popular y Cooperativo de Valencia "Institución Regina Lamo", constituido bajo los auspicios de la Federación Cooperativa de dicha región.
En la portada de la edición de los estatutos del Banco aparece una foto de "Doña Regina Lamo, cultísima líder feminista, iniciadora del Banco y Presidenta perpetua del Consejo de Honor" (Villa Benayas, 2007), redactora de los Estatutos aprobados recientemente en Barcelona, entre cuyos fines, que se definen en el artículo 1.o, encontramos los siguientes: a) Recoger el ahorro de los asociados y hacerlo reproductivo en beneficio común.
b) Realizar operaciones de crédito mutuo entre los mismos asociados.
Apenas un año después la memoria presentada en la Asamblea General el Banco de Crédito cuenta ya 4.000 afiliados entre socios individuales y pertenecientes a las cooperativas, empezando por la Federación Cooperativa Valenciana, y las ocho cooperativas locales, tanto de carácter urbano como rural (Villa Benayas, 2007).
Regina Lamo pasa ese verano de 1920 en Gijón con sus hijas Carlota y Enriqueta compartiendo casa con la escritora Rosario de Acuña, quien convivía desde hacía muchos años con Carlos Lamo, el hermano de Regina.
Desde que se conocieron en Madrid a finales de los años 80 del siglo XIX, Regina, a la sazón de 18 años, establece una profunda amistad con quien considera una maestra, que además se convierte en su cuñada de hecho.
El 13 de julio El Noroeste, periódico "democrático independiente de la villa de Gijón", se hace eco de la llegada de "doña Regina Lamo", a la que presenta como "la distinguida escritora y socióloga, fundadora del Banco de Crédito Popular de Valencia" que por su intensa labor intelectual y social había recibido "juicios muy laudatorios» en los diarios valencianos y barceloneses" 13.
Pocos días después, el 25 de julio aparece en dicho medio el primer artículo firmado por Regina Lamo de O'Neill (1920, 25 de julio) titulado "Finalidad social de los bancos populares de crédito" sobre las ventajas de los bancos populares de crédito.
Ese mismo día se están concretando en Barcelona los acuerdos del ya mencionado Congreso Regional de Cooperativas de Cataluña, con la constitución de la Federación Regional de Cooperativas de Cataluña, de la cual forma parte nuestra protagonista (Pomés i Vives, 2000, p.
Asimismo, en septiembre se cambiará el nombre del órgano de prensa de dicha Federación, El Cooperatista, por el de Acción Cooperatista, que recuperará el formato de 4 páginas bajo la dirección de Joan Coloma Chalmeta, manteniendo la periodicidad quincenal hasta 1925, en que pasaría a ser semanal (Dalmau Torvá y Miró Acedo, 2010, pp. 133-134).
Al año siguiente, en mayo de 1921, tiene lugar en Madrid el I Congreso Nacional de Cooperativas Obreras, en el que Regina ejerce nada menos que la Vicepresidencia.
Allí estuvo comisionada por la Federación Valenciana de Cooperativas para presentar una ponencia sobre los "Bancos de crédito populares y cooperativas.
Sus relaciones con los almacenes generales" (Pomés i Vives, 2000, p.579), aprobada por unanimidad.
En ella se habla del Banco, tipo Regina Lamo, haciendo una diferenciación clara con otras experiencias, tipo Raiffeisen, Schulze o Luzzatti (Villa Benayas, 2007, p.
Ello nos indica el conocimiento que de estos modelos tenía Regina, su intención de diferenciarse de los mismos y su ambiciosa meta de acuñar un modelo o una variación de los modelos cooperativistas dominantes hasta el punto de crear una "marca propia".
Con todo este bagaje Lamo publica el Breviario de Autoeducación Cooperatista 14 (Lamo, 1923), que se convierte en un hito en su activismo propagandista, publicitado a través de la Biblioteca de "Acción Cooperatista".
Dicha Biblioteca se constituyó con los textos considerados básicos por la Federación Cooperatista de Cataluña para la difusión del cooperativismo y para lograr convertirlo en una alternativa social.
Entre los textos de nueve autores vendidos por Acción Cooperatista en 1927, cuatro años después de su publicación inicial, se encuentra el Breviario de Lamo, única autora 15.
No solo esta revista orgánica del cooperativismo de izquierdas catalán se hizo eco a lo largo de los años del Breviario en repetidas ocasiones, sino también el popular diario barcelonés El Diluvio 16, del que fue colaboradora durante los años veinte Regina Lamo (Toll, 2016).
No nos extraña, pues, que esta obra se convirtiera en "uno de los textos de cabecera del movimiento cooperatista de los años 20" (Dalmau Torvà y Miró i Acedo, 2009, p.
En ella se utiliza un estilo didáctico de preguntas y respuestas, de apelaciones directas al lector y de reiteración sucesiva de los argumentos para así reforzarlos.
Lamo expone en el Breviario las virtudes del cooperativismo, que expresa la solidaridad obrera de forma complementaria a la acción de las grandes entidades que "se disputan la supremacía como conductoras de las muchedumbres proletarias [...]: el republicanismo, el socialismo, el sindicalismo y el anarquismo [...].
En esas cuatro disciplinas, cabe holgadamente [...] la doctrina cooperatista integral: es la esencia material y moral de todas ellas" (Lamo, 1923, pp. 5-6).
La aceptación del cooperativismo por los asociados a estas organizaciones propiciará el paso del individualismo egoísta al colectivismo organizado para el consumo y la producción, única vía para la satisfacción de las necesidades, no solo materiales, sino morales y espirituales de la humanidad.
Se aspira a lograr la justicia y la libertad para todos los trabajadores.
En esta obra Lamo se dirige sobre todo al anarquismo, principal fuerza sindical en Cataluña a través de la CNT, que vimos había alcanzado en 1919 la cifra de 427.000 afiliados.
"esculpe en el tiempo y en el espacio los prolegómenos de una humanidad nueva, perfecta -inteligente, bella y buena-y rechaza por sistema absurdo -absurdas son todas las negociaciones-el único procedimiento viable para conseguir esa perfectibilidad que sueña con ver entronizada" (Lamo, 1923, p.
10). a551 intelectuales para difundir "la doctrina cooperatista integral", en particular bajo la forma de los Bancos de Crédito Popular.
Esta forma de solidaridad es presentada como la auto-organización económica obrera que complementaría la lucha protagonizada a través de los sindicatos de clase, significaría la "primera fórmula de concordia entre los elementos patronales y asalariados", y en definitiva constituiría la única solución "para conseguir la total regeneración de España", en consonancia con los males del fin de siglo y las soluciones intentadas desde múltiples ámbitos de la política y la cultura.
Su planteamiento quedará institucionalizado en Valencia, donde efectivamente se crea el primer Banco Obrero de Crédito, sin duda la iniciativa más destacada de su intensa actividad en el terreno del cooperativismo.
Al igual que sus contemporáneos correligionarios en el cooperativismo, Regina, estudiosa del tema, se vería inspirada por las corrientes ideológicas que les precedieron en el siglo XIX.
Fourier, Kropotkin y sobre todo Proudhon, al que algunos investigadores asocian al movimiento cooperativista en su enfrentamiento con los anarquistas (Bookchin, 2001), influyeron en su enfoque de un mutualismo que fomentara la propiedad colectiva -la posesión-de los medios de producción como forma de salir del estricto marco de la propiedad privada, propiciándose así, como se ha dicho, el paso del individualismo egoísta al colectivismo organizado para el consumo y la producción (Lamo, 1923).
Inexcusable fue que conociera el trabajo de Charles Gide, el internacionalizador del cooperativismo de izquierdas en la segunda mitad del siglo XIX, y cuyos textos fueron también publicados por la biblioteca de Acción Cooperatista, la misma que publicó su Breviario.
Gide sentó los principios de la economía social, base del planteamiento de Lamo.
El cooperativismo conservador, regido sobre todo por los supuestos del modelo alemán más exitoso en España, el Raiffeisen, difundidos en nuestro país en el siglo XIX y consultados por los cooperativistas del primer tercio del siglo XX, no podía escapar al conocimiento de nuestra protagonista.
Inspirado por los loables motivos de atajar la usura en el campo y propiciar el acceso a la pequeña propiedad, representaba un intento patronal de tutelaje de la clase obrera a través del clero para contentar sus ansias de mejora a la vez que controlar su autonomía material e ideológica (Martínez Rodríguez y Martínez Soto, 2008).
El objetivo de Lamo era exactamente el contrario: la emancipación de la clase trabajadora por medio del mutualismo y el crédito obrero que propiciaría el cooperativismo, herramienta transversal de todos los ismos conocidos del obrerismo de izquierdas.
De ahí que se hablara del Banco tipo Regina Lamo, para diferenciarlo del cooperativismo conservador tutelado por la patronal y la Iglesia Católica.
Por eso podemos afirmar que el éxito de la propuesta protagonizada por Regina Lamo tuvo que ver con "el desarrollo de un modelo cooperativista alternativo al que por entonces estaban impulsando algunos miembros destacados del catolicismo español" (Fernández Riera, 2009, p.
Hemos dado muestra de la infatigable tarea de Regina Lamo repartida en diversos lugares de la geografía española, sobre todo en Cataluña y Valencia, con algún apunte en Madrid y Gijón, cuando viajar no era lo que es ahora.
Con todo, mientras hemos ido avanzando en este trabajo sobre el activismo cooperativista de Regina Lamo, hemos vislumbrado diversos campos de estudio imposibles de acometer en el presente artículo, tanto por la acotación temática y espacial del mismo, como por las diversas fuentes pendientes de investigación.
En el estricto campo del cooperativismo, quedan extensas áreas por explorar, a saber: en Cataluña hemos nombrado pero no agotado la amplitud de su militancia, y en particular hemos omitido por completo su participación desde los comienzos en la creación y desarrollo del sindicato La Unió de Rabbassaires, liderado por Lluis Companys, tanto en los mítines como impartiendo conferencias, así como en las asambleas y congresos de dicha organización (Falcón, 1979(Falcón, /1989;;O ́Neill, 1971; Pomés i Vives, 2000).
Y más allá de Cataluña, la diversidad e intensidad de su activismo en Valencia, Madrid y Gijón apenas han sido mencionadas.
Hemos observado que su cooperativismo se halla atravesado por otros dos ejes centrales de su polimilitancia: la socialista y la feminista.
Como socialista la hemos encontrado a lo largo de toda la década asociada orgánicamente de diversas maneras a la UGT y al PSOE (Dalmau Torvà y Miró i Acedo, 2010; Ezama Gil, 2013; Pomés i Vives, 2000).
Y en cuanto a su feminismo aparece de forma continuada como representante de mujeres socialistas, cooperativistas y obreras -condiciones compatibles entre sí-.
Por otra parte, desde los comienzos de su activismo manifiesta la imbricación del cooperativismo con los principios del feminismo, pues sin la inclusión de las mujeres en esta perspectiva no obtendría el sistema cooperativo la eficacia deseada.
En suma, hemos comprobado su fervor y capacidad activista, atravesados por su firme compromiso con el proyecto de regeneración de España por medio de la mejora de las clases populares, que pasaba por el cooperativismo, además de por su socialismo y feminismo todavía por estudiar.
Medios para difundir sus mensajes fueron las conferencias y el trabajo periodístico, que constituían asimismo una labor alimenticia en la medida de lo posible, con lo que podemos augurar que en los diversos terrenos de sus militancias quede mucho por descubrir de su periplo viajero, profesional y activista.
Mi agradecimiento a Mar Masip, de la Fundació Roca Galès, por su eficaz ayuda en relación con las fuentes de esta investigación, así como a Carlota Leret O ́Neill, Lidia Falcón O ́Neill y Laura Salas Leret, nietas y biznieta de Regina Lamo (de O ́Neill), por su amable disposición a facilitar información y documentos sobre Regina Lamo.
[4] Lectura de poesías de Doña Regina Lamo, 1 de febrero.
[6] En ese documento Lamo sitúa esta conferencia en el mes de marzo, mientras que las referencias encontradas sobre la misma corresponden al mes de abril, como hemos visto, así que pensamos que debió ser un error de su memoria.
Sin embargo, según Fernández Riera, la llegada debió tener lugar a mediados de los años 80, pues en julio de 1885 Carlos figura como matriculado en el Instituto San Isidro para continuar el bachillerato que había comenzado en 1878 en el provincial de Jaén (Fernández Riera, 2009, p.
Lo manifestado por Fernández Riera se corresponde con la edad cronológica de Carlos al empezar el Bachillerato, en coincidencia con su fecha de nacimiento en 1868, solo dos años mayor que Regina y no cuatro, como indica Lidia Falcón.
[8] Algunos autores mencionan que el premio fue obtenido en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, siendo que esta institución, creada en 1830, cambió su denominación en 1868 por la de Escuela Nacional de Música y Declamación, para volver a la original en 1900.
[10] A pesar de que Regina habla de cilindradores y estampadores, comprobamos por las investigaciones de Enrech Molina que la denominación exacta es la que menciona este autor, a saber, la Sociedad de Cilindradores y Aprestadores (Enrech Molina, 2007, p.152).
De nuevo, Lamo parece escribir de memoria.
[14] Utilizamos los términos cooperatismo o cooperatista cuando aparecen así escritos en la fuente original, pues era la denominación empleada en la época.
En el resto de las ocasiones se utilizan los términos cooperativismo o cooperativista, más acordes con el lenguaje actual.
Entre esos textos se encuentra Las primeras nociones de Economía Política, de Charles Gide. |
De igual modo, se profundizará en la dicotomía espacial y discursiva que suponen estas acciones al ser cometidas en el ámbito de lo privado, pero pronto extrapoladas a lo público con fines sensacionalistas.
Recortes de prensa, fragmentos literarios y puntualmente sentencias judiciales serán las fuentes de las que nos valdremos para desarrollar esta investigación con el objeto de profundizar en esta difusa línea divisoria de actuación dialéctica.
Contra los preceptos definidos por el discurso dominante en torno al «sexo femenino» que encasillaba a las mujeres en una concepción de perpetua debilidad, belleza y letargo, la transgresión nacida en el seno de lo privado se hará pública demostrando que las idealizaciones creadas sobre ellas poco tenían que ver con la realidad.
La identidad de las mujeres como víctimas se ha forjado históricamente gracias a la vinculación entre violencia y masculinidad.
La violencia directa, que constituye delitos contra las personas comprendiendo lesiones, homicidios, violaciones, etc. no es idéntica ni en todos los países ni en todas las épocas.
Hay que acudir al contexto sociocultural y penal de cada país y de cada etapa histórica para definir qué delitos eran considerados violentos y en qué medida se castigaban según su importancia.
Sin embargo, se puede decir que a lo largo de la Historia el perfil de los culpables se ha modificado muy poco: las mujeres son muy minoritarias; los más numerosos son hombres de entre 20 y 29 años (Muchembled, 2010, p.
Este dato nos puede inducir a utilizar la biología como medio para explicar esta recurrencia del sexo masculino en la resolución de los conflictos por la vía violenta.
Sin embargo, tomar la biología como determinante de nuestro potencial para ejercer la violencia eliminaría la posibilidad de un estudio de la misma desde la historiografía, ya que conllevaría naturalizar los comportamientos violentos y negaría la capacidad para el cambio.
Es necesario, por lo tanto, resaltar la importancia que tienen la construcción de los estereotipos de género y la asignación a cada sexo de unos caracteres esencializados, con el objeto de comprender por qué se asocia lo masculino a lo violento y lo femenino a lo pacífico, y también reconocer esta construcción como clave para escribir la historia de la violencia.
La violencia ha estado ligada tradicionalmente a la acción masculina y se relacionaba en el plano simbólico con características que se presuponían propias del sexo masculino y que conformaban el arquetipo de masculinidad, como la fuerza, la rudeza, el autocontrol y el pensamiento racional.
Características opuestas, por consiguiente, a las consideradas femeninas y que formaban parte del arquetipo de feminidad normativo, como son la sensibilidad, la pasión, la irreflexión, la pasividad y una conducta pacífica (Aresti, 2001; Mosse, 2000; Nash, 2014).
El discurso de la complementariedad de los sexos otorgaba a cada uno de ellos una forma de ser específica y esencializaba los modos de ser hombre y mujer.
Con esta asignación dualista, se naturalizaba su proceder conductual, y se les negaba la posibilidad de evolucionar en función de un criterio de historicidad más justo e igualitario.
Resulta difícil realizar un estudio de la relación entre mujeres y violencias sustrayéndonos a los arquetipos de género, ya que estos se encuentran muy enraizados en nuestra cultura.
He ahí por lo que la acción de las mujeres como agentes de violencias se ha presentado de una forma estereotipada y extrema, que las muestra como víctimas indefensas o como ejecutoras implacables.
Estas dos visiones son lugares comunes que vacían de contenido las experiencias de las mujeres y les privan de capacidad de agencia como sujetos históricos (Cases Sola, 2015, p.
De esta construcción binaria se deriva la formación de un tabú en torno a la violencia femenina del que se desprende una serie de estereotipos en torno a las mujeres violentas, que les priva de su identidad de «mujer» al mostrarlas contrarias a la naturaleza pasiva y pacífica atribuida por el discurso dominante (Cases Sola, 2016, p.
Son varias las representaciones que explican la violencia femenina, todas ellas manifiestas al margen de su voluntad, siendo los motivos que las justifican el ser poseedoras de una sexualidad desmedida, sufrir un trastorno mental o bien por razones relacionadas con la maternidad o el alterocentrismo familiar (González Gabaldón, 1999, p.
La visibilización de la violencia de las mujeres, al margen de dichas representaciones, supone un contrapunto a aquella que tradicionalmente se ha perpetrado contra su persona, convirtiéndolas así en eternas víctimas.
A través de este estudio, abordaremos la violencia cometida por mujeres en los últimos años de la Restauración y la Dictadura de Primo de Rivera.
Un período en el que los crímenes de estas mujeres desafiaban el discurso normativo de la feminidad en un momento en el que estaban surgiendo nuevas formas de «ser mujer» que chocaban con el arquetipo establecido y ponían en entredicho la supuesta naturaleza femenina sumisa y pasiva.
Así, se pone de manifiesto la transgresión que suponía ejercer una acción al margen del comportamiento aceptado.
MODELOS, PAUTAS Y ESTEREOTIPOS DE LA MU-JER HOMICIDA
La herencia costumbrista de la mujer española: un «puñal en la liga» para vengar el desamor
Desde que el escritor francés Prosper Mérimée confeccionara la estampa de la atractiva gitana que protagonizaba la novela que llevaría por título su mismo nombre, Carmen (1845), y que serviría a Georges Bizet para componer su célebre ópera, la imagen costumbrista de la guapa morena española con la navaja -o el puñal-en la liga se arraigó con fuerza en el imaginario colectivo extranjero 1.
Un arma blanca que para esta foránea conciencia colectiva permanecería quieta y tibia sobre el muslo de esta mujer a lo largo a552 del devenir del tiempo, sin plantearse jamás que si allí se llevaba era para ser utilizada.
Un hecho que podía suponerse, pero del que nadie se percataba, porque este peligroso instrumento de filo cortante se había convertido en un complemento más del exotismo de la mujer española.
La posesión de esta arma, además, llevaba implícita una estrecha relación con el sentimiento extremo, una clara inclinación hacia el amor tremendista y una lascivia latente hacia el aniquilamiento y la muerte.
Sin embargo, todas estas emociones eran precisamente el elemento que con mayor brío enaltecía a las mujeres españolas y probaba, una vez más, su superioridad en materia de amor ante el resto de sus congéneres europeas.
Una supremacía de voluptuosidad de cuerpo y sensualidad de espíritu que, por ejemplo, se consideraba que nunca tendría la mujer francesa, referente vecino de exquisitez de formas, belleza y elegancia.
Si la mujer española se decidía a soltar la navaja de esa erótica cinta que llevaba atada alrededor de su muslo, no era sino debido al deseo de querer preservar su amor por encima de todo, aunque eso supusiera matar o dejarse la vida en el empeño.
Así, en 1918, el escritor granadino Francisco de Paula Valladar, en la revista La Alhambra, aludía a esta lógica realidad al comentar que, en verdad, esta particularidad imputada de forma exclusiva a las cigarreras, también se daba entre las damas burguesas de alta alcurnia e incluso entre las aristócratas.
Para ello, citaba la obra del escritor ocultista y quiromántico francés Adolphe Desbarolles que, a su entender, era de lo más serio e imparcial que, en Francia, se había escrito sobre España a lo largo de todo el siglo xix.
Nada que ver, por lo tanto, con otros poco fundamentados estudios que por entonces se habían publicado, entre los que mencionaba el realizado por un desconocido Gaston Bellière, en 1850, titulado Voyage en Espagne, del que le había hablado Juan Buscón, seudónimo del escritor y periodista catalán Ezequiel Boixet Castells.
De Paula reproducía algunas de las reflexiones de Desbarolles, cuya traducción al español él mismo había hecho, sobre el tópico de la navaja en la liga en la mujer española, donde se confirmaban las apreciaciones antes esgrimidas:
A pesar de cuanto me habían afirmado varios viajeros y de lo que leyera en distintos libros sobre España, resistíame a creer que fuese exacto lo del puñal en la liga.
Y aunque tan repugnante costumbre parece ser más propia de la hembra nacida en las bajas clases sociales, que de la perteneciente a más elevadas esfereras [sic], se encontrará de una señora de la clase media, rica y hasta de la alta aristocracia, que no han querido renunciar a tan antipática costumbre nacional. [...]
La española no se anda en sentimentalismos, cuando ve su ternura en peligro o su corazón en juego; los celos, las más leves sospechas, son motivo sobrado para que aquellas pequeñas manos que parecen hechas para la caricia, empuñen el acerado puñal y confíen a la lid sangrienta la solución del conflicto.
«Qué contraste entre esa ferocidad de la hembra española y la plácida ternura de la mujer francesa! [sic]»...
Aunque Desbarolles terminaba por ensalzar las virtudes de sus compatriotas, reconocía, entre líneas y con ciertos circunloquios, que la pasión que emanaba de las mujeres españolas, aquella que las llevaba a sacar la navaja de la liga para hundirla en el pecho de todo aquel individuo -sin importar su sexo-que se atreviera a turbar la estabilidad de su relación amorosa y la paz de su espíritu, las emplazaba en una categoría superior a las francesas.
El escritor ocultista, empero, como apuntaba de Paula, no dudaba en asociar a las mujeres españolas con una imaginada «brutalidad» de formas, con un exceso de sentimientos y pasiones, que fácilmente las conducía al crimen.
Sin embargo, dentro del panorama nacional, y pese al hecho de que el imaginario colectivo español siempre fue contrario a identificarse con esa entelequia literaria, en parte, también terminaron asimilándola.
Así, esa sugerente estampa de la lozana andaluza, con el muslo al descubierto y el puñal a la vista, ideada en el país vecino, estuvo siempre presente, pero nunca se aceptó que se pusiera en entredicho la feminidad de la mujer española y, menos aún, su lealtad para con los dictámenes marcados por el discurso dominante.
Más bien ocurrió lo contrario, en las revistas especializadas en informar sobre los crímenes cometidos en la España de la Restauración, como fue el caso de Museo criminal, la mayoría de los asesinatos reseñados eran ejecutados por mujeres francesas.
De este modo, en las crónicas de los crímenes cometidos por las mujeres oriundas de más allá del Pirineo, recogidos todos ellos de la prensa publicada en aquellos lares, podían encontrarse asesinatos perpetrados por mujeres de baja estofa, generalmente prostitutas 2, pero también por elegantes damas del mundo del espectáculo 3 -artistas y habituales-y del cosmopolitismo nocturno.
En la revista recién referida, al narrarse estos homicidios, se ponía en entredicho la noción de «sexo débil» en reiteradas ocasiones, tanto en las trifulcas acaecidas entre mujeres del universo del hampa como en la violenta ac-a552 titud que algunas francesas manifestaban en el seno del hogar doméstico.
Uno de estos últimos casos es el acontecido en la ciudad portuaria de Dunkerque, en 1908, donde una mujer llamada Marie Leblanc asentó cinco puñaladas a su marido, Arthur Moreel, tras una disputa conyugal (Sexo débil, 1908, 1 de abril).
El anónimo redactor de Museo criminal titulaba su artículo "Sexo débil", cuestionándose la validez de dicha acepción, dado que la esposa ya había sufrido condena por malos tratos a otro hombre y era de marcado carácter violento.
Vale la pena reflexionar, sin duda, sobre este último detalle, puesto que se menciona que Mme Leblanc había sido condenada por agresiones físicas contra su marido.
Sin embargo, desde principios del siglo xix, el sistema legislativo francés no contemplaba la violencia en el seno conyugal, y los crímenes que se perpetraban, o aquellos intentos deliberados de llevarlos a buen término, eran juzgados como simples homicidios (Gagnon, 2002, pp. 139-147).
En la noticia aparecida en la revista madrileña no se especifica el verdadero motivo del encarcelamiento de Marie Leblanc, pero es muy probable que fuera debido a la agresión que infirió a su anterior pareja.
Con todo, y pese a los múltiples sucesos relatados en sus números anteriores, Museo criminal, al hacer alusión a otra noticia, comentaba que no todos los hechos criminales se desarrollaban en París o en Francia en general, sino que también se producían en otros lugares, aunque dicha aseveración la realizaba aludiendo a un homicidio ocurrido en Londres 4.
Inconscientemente o de forma deliberada, el caso es que en la que por entonces era la publicación referente del mundo criminal no se daban a conocer, ni se profundizaba en su resolución, todos aquellos crímenes que ejecutaban las mujeres españolas, sino que la práctica totalidad de los reseñados eran realizados por extranjeras y muy particularmente por las francesas.
Con esta estrategia periodística, se preservaba la supuesta superioridad moral y femenina que las españolas tenían sobre las demás, puesto que se daba a entender que sus crímenes no eran tan graves, ni relevantes, como para aparecer en la prensa.
De igual modo, y una vez más, el crimen perpetrado por el colectivo femenino español, con o sin navaja en la liga, quedaba justificado por el fuerte -aunque noblecarácter sentimental de sus integrantes, que, si bien mal encauzado podía degenerar en homicidio, por regla general se traducía en lealtad, fidelidad y pasión por el ser amado, la familia y sus deberes para con la dogmática cristiana.
Interpretaciones «científicas» de la criminalidad de las mujeres
En 1903, el médico y criminólogo italiano Cesare Lombroso publicaba su obra La donna delinquente, donde aseguraba que las mujeres criminales poseían ciertos caracteres fisionómicos -y fisiológicos-distintos a aquellas que no delinquían.
Sus razonamientos, en este caso en concreto, sin desmerecer otras valiosas aportaciones en el campo de la psicología criminal 5, se basaban en los estudios que había realizado a partir de los rostros de prostitutas y de otras delincuentes.
En este texto sostenía, no obstante, que sus rasgos no eran tan evidentes como se advertían en los congéneres masculinos porque las mujeres presentaban pocos signos de degeneración al haber evolucionado cerebralmente mucho menos que los hombres 6.
Las mujeres que se identificaban por completo con el ser criminal, no solo perdían todo atisbo de humanidad, sino que, además, se veían privadas de todos aquellos valores que, según el discurso dominante, se vinculaban a su «condición de mujer», siendo el de la maternidad el más sobresaliente de entre todos ellos (Alvarado Sánchez, 2012, p.
Estas teorías misóginas, empero, ya habían sido abordadas por el científico italiano en su tratado La donna delinquente, la prostituta e la donna normale, publicado en 1893, y posteriormente, en 1896, en colaboración con su yerno Guglielmo Ferrero, La femme criminelle et la prostituée, cuyas ideas llegaron también con fuerza a España.
En 1899, Lombroso también publicaría sus teorías en la revista Criminología Moderna, destacando, sobre todo, la ausencia del natural instinto maternal en el «tipo» de mujer criminal, así como un desarrollo anormal de las características masculinas y el desarrollo de una sexualidad impropia para las mujeres (Lombroso, 1899).
Años más tarde, en 1909, Fructuoso Carpena Pellicer, publicaba Antropología criminal, donde, a través del estudio del cráneo de las mujeres, reafirmaba las teorías de Lombroso (Serrano Gómez y Serrano Maíllo 2007, p.
Incluso una década más tarde, en 1918, las ideas lombrosianas seguirían todavía vigentes en la comunidad médica, como lo demuestra el periódico España médica, al informar el Dr. Cauterio (1918) de una serie de conferencias sobre la mujer criminal impartidas por quien fuera catedrático de Medicina Legal en la Universidad de Granada y en la de Sevilla, el doctor Antonio Lecha-Marzo.
En ellas, el médico aseguraba que el diferente organismo de las mujeres, su educación imperfecta, las funciones fisiológicas que dentro de la anormalidad influían de una a552 manera manifiesta en su carácter, la evolución de su estado moral, sus afectos y concepciones psíquicas, todo este conglomerado de elementos actuaban más intensamente cuando, pervertidas por el medio ambiente, corrompidas por los vicios, de entre los que la prostitución era el más significativo, sus capacidades cerebrales degeneraban.
Desde El Álbum Ibero-Americano, revista dirigida por la escritora feminista Concepción Gimeno de Flaquer, se difundió la insubsistencia de las teorías lombrosianas recordando una anécdota sobre el médico italiano.
Gimeno de Flaquer (1909, 14 de noviembre) contaba que, mientras que Lombroso estaba escribiendo su estudio sobre la mujer criminal, buscaba en todas partes documentos que le sirvieran para validar sus teorías.
He ahí por lo que se dirigió a M. Goron, jefe de la Policía francesa, pidiéndole fotografías de mujeres delincuentes, quien, a su vez, cumpliendo con la demanda del científico, sacó de un cajón de su mesa de despacho un paquete de retratos y se los envió al criminalista.
Cuando se publicó el libro con los análisis de las imágenes, M. Goron recibió un ejemplar con dedicatoria.
Las fotografías tenían comentarios por parte de Lombroso donde se apuntaba que una de las mujeres tenía marcados estigmas de alcoholismo; otra poseía una frente baja, ojos sin mirada y una mandíbula feroz, siendo una muestra evidente de que se trataba de una asesina en toda regla; otras emanaban crimen por todos sus poros; y así procedió con todos y cada uno de los rostros de las fotografías que le había facilitado M. Goron.
No obstante, examinando las caras con mayor detenimiento, el jefe de Policía quedó aterrado al comprobar que el dosier que había entregado a Lombroso se correspondía con otro de fotografías de verduleras, buenas mujeres y honradas madres de familia, que habían obtenido de la Prefectura de Policía el derecho de vender sin estar sujetas a disposición criminal alguna.
Con esta anécdota, Concepción Gimeno de Flaquer demostraba que las teorías científicas elaboradas sobre la criminalidad de las mujeres, no se debían más que al empeño de querer devaluar al colectivo femenino insistiendo en una inferioridad física e intelectual con respecto al masculino que, en realidad, no tenía ninguna base lógica, ni mucho menos científica.
El descrédito al que Gimeno de Flaquer sometió a Lombroso, dando a conocer esta anécdota, no significó, sin embargo, el olvido o la desaprobación de sus teorías.
Julio César Cerdeiras cita la obra de Lombroso y Ferrero, entre otras, para apoyar la tesis de que el delito de envenenamiento es genuinamente femeni-a552 de la madrileña calle de Fuencarral, perpetrado por una inocente Higinia Balaguer en la madrugada del 2 de julio de 1888, con el que se pudo constatar una evidente permeabilización de cierto sensacionalismo folletinesco en el discurso periodístico.
Pronto, los crímenes ancilarios se pusieron de moda, relatándose con todo detalle, no solo en lo tocante al homicidio en cuestión y consecuente desenlace del mismo ante los tribunales, sino todos los pormenores del previo al acto criminal, el seguimiento de los días transcurridos por la supuesta asesina en prisión y las reflexiones que a todos los niveles pudieran darse en torno a la conducta criminal de la mujer acusada.
A estos se les sumaron otros distintos también ejecutados por mujeres que, al igual que los crímenes protagonizados por las criadas, resultaban ser mucho más interesantes que los cometidos por sus congéneres masculinos.
La principal causa de esta atracción se debía al hecho de que cuando una mujer mataba, o recurría a la violencia bajo cualquiera de sus formas, traía consigo un sentimiento de alarma, sorpresa e incomprensión por parte de aquellos que defendían la entelequia burguesa de la idealidad femenina.
Un desconcierto que, por otra parte, se advertía al constatarse cómo en algunos de estos individuos se despertaba, además, cierto placer al leer las crónicas de dichos crímenes.
Una macabra lascivia contenida que se dio en llamar «neronismo literario» 8, la cual, aunque hiciera más bien alusión a las agresiones que se cometían sobre las mujeres, y si bien la mención al fenómeno no fue demasiado conocida ni popular, no por ello dejó de ser significativa y claramente extrapolable a la violencia perpetrada por las mujeres, cuyos crímenes provocaban incluso mayor expectación en el público lector.
Las mujeres que mataban eran conscientes de ser entes transgresores tanto de las reglas establecidas por el sistema legal constituido como de las normas pautadas por el entramado patrimonial.
Así, en 1902, el periódico El Día comentaba que estas mujeres se habían convertido en héroes que surgían espontáneamente y que se apoderaban de la imaginación popular para la que la lógica y las leyes eran cuestiones que no tenían prestigio alguno.
La publicación madrileña apuntaba que otros tiempos requerían de otras costumbres, recalcando cómo los aparatos fotográficos se habían infiltrado en la escena del crimen, siendo algunos de ellos manejados por meros amateurs; cómo los carceleros habían perdido toda discreción al hablar más de la cuenta e interactuar más con los presos; y hasta cómo la imagen de la Guardia Civil ya no infundía tanto temor.
Todos estos cambios habían hecho del «criminal femenino a la moderna» un ser digno de envidia, siendo por lo tanto comprensible su celebridad (Miss-Teriosa, 1902, 15 de julio).
La prensa daba un tratamiento especial a las mujeres que mataban, no solo porque de ellas, precisamente por ser mujeres, no se esperaba este tipo de conducta propia de los varones, sino porque también iban contra las normas pautadas por el discurso dominante.
Virtudes maleables de la identidad femenina
Imbuido por la tradición consuetudinaria y la influencia de la dogmática cristiana, el discurso dominante había otorgado a las mujeres una serie de cualidades que las acercaban más a lo divino que a lo humano.
Una idealidad preconcebida a su feminidad que se reafirmaba en una entelequia conductual que se popularizó bajo la imagen de un ángel terrenal que velaba por la integridad moral del hogar doméstico.
Ingeniada inicialmente por el entramado patrimonial para las mujeres burguesas, dicha teológica atribución terminó extrapolándose al resto del colectivo femenino.
Una «mujer de verdad» debía de ser alterocentrista, bondadosa, caritativa, cariñosa, inocente y otras tantas análogas virtudes que no desentonaran con el estereotipo de perfección humana que se había ideado para ella (Dalmasso y Boria, 2003, p.
He ahí por lo que cuando la prensa publicaba una noticia en la que una mujer había matado a otra persona, fuera esta hombre o mujer, no se entendía cómo podía darse un acto tan alejado de esa idealidad establecida para su sexo.
Esta perplejidad era frecuentemente recogida por los periódicos de la época, en los que, si bien se evidenciaba que las mujeres también podían y sabían matar, sus cronistas nunca dejaban de sorprenderse de que esto fuera una realidad manifiesta.
Así, en 1908, en un escalofriante artículo de la revista ilustrada Museo Criminal, un redactor anónimo se asombraba de que las mujeres fueran capaces de cometer los crímenes más espantosos jamás imaginados, al contar el ejecutado por una vieja campesina del pueblo ruso de Suboswk que mató a un niño para luego guisarlo y dárselo de comer a sus padres (Canibalismo civilizado, 1908, 1 de marzo).
A la narración de este crimen, le seguía una reflexión por parte del colaborador de Museo Criminal que señalaba que, en España, no obstante, todavía no se había llegado a tales atrocidades, defendiéndose de este modo la integridad de la feminidad de las mujeres españolas.
La única forma que había de justificar estos crímenes era precisamente la de recurrir a esas particularidades de carácter imputadas a las mujeres para incidir en las deficiencias que también estas podían traer consigo.
De este modo, si la naturaleza femenina a552 era sensible, mutable y nerviosa, quedaban justificados los denominados crímenes pasionales, aquellos donde las desavenencias conyugales o relacionales de índole amorosa terminaban en muerte y tras los que se ocultaron muchos crímenes de los hoy catalogados como «violencia de género».
Rafael Mesa de la Peña, periodista y político liberal, en 1902, en La Correspondencia Militar, ya había corroborado esta hipótesis sobre la sensibilidad nerviosa de las mujeres como principal causa de sus incontrolables arrebatos de violencia criminal 9, los cuales explicaba estableciendo una analógica comparativa con el mundo animal: «La mujer, lo mismo besa como una hiena que araña como una gata, por la mayor sensibilidad de sus nervios y por la menor reflexión de sus juicios» (Mesa de la Peña, 1902, 14 de julio).
Esta asociación conductual no solo servía como argumento para explicar el violento proceder de las mujeres, sino que, con el tiempo y de forma reiterada, también se emplearía al servicio de su descalificación como sujetos no aptos para la vida pública ni para la política (Postigo Asenjo, 2007, p.
Ser angelical o animal eran los únicos estados a los que a las mujeres se les dejaba optar, apartándolas así de lo humano y dejándolas privadas de razón, o substituyendo su capacidad de raciocinio por un dogmatismo de idealidad celeste que nada tenía que ver con su condición de individuo.
Aparte de esta correspondencia entre las mujeres y los animales, Mesa de la Peña indicaba que cuando una mujer recurría a la violencia, voluntaria o inconscientemente, se desprendía de su identidad femenina para volverse más viril y terminar por comportarse como un hombre.
Sin embargo, en ese trasvase de género nunca se la asociaba a esa razón inherente a los varones, sino que se la privaba de las cualidades asignadas a las mujeres sin darle los derechos que disfrutaban sus congéneres masculinos.
Más allá de las implicaciones que pudieran existir con el movimiento político feminista, donde se consideraba que la violencia era otro elemento más, sobre todo dadas las continuas alusiones a las suffragettes británicas aparecidas en la prensa periódica de principios del pasado siglo, los crímenes cometidos por mujeres se veían, en palabras del redactor Juan Vargas de Heraldo de Madrid, como una «nueva forma de derrisión del sexo, una invasión de las atribuciones masculinas» (1906, 8 de diciembre).
Aunque el artículo hacía referencia a las mujeres que practicaban la lucha clásica, el autor aprovechaba el texto para, de forma velada, arremeter contra el feminismo.
En él señalaba que una lucha femenina calculada, sujeta a preceptos y con un nuevo fin industrial, no era propia de la «esencia de la feminidad».
En teoría, el autor estaba hablando de la muestra explícita de fuerza bruta por parte del colectivo femenino, pero los términos utilizados para ello dejaban entrever claramente que se refería al movimiento político e ideológico.
Ambos autores terminaban asegurando que dichos fenómenos no se daban en España, porque las autoras referenciadas eran todas extranjeras, una tónica que seguirían muchos otros colegas de profesión para preservar la «esencia» antes aludida de las mujeres españolas.
Desde los albores de la pasada centuria, la prensa periódica, al tener que explicar la violencia cometida por las mujeres, supo hacer maleables aquellas virtudes que el discurso dominante les había otorgado.
Si bien las excelsas cualidades inherentes a su feminidad las apartaban del acto criminal, paradójicamente esas mismas también podían llevarlas a su ejecución.
La entelequia creada en torno a la feminidad caía por sí sola al constatarse que su base conceptual no era tan sólida como se creía.
De igual modo, esa condición celestial en la que se emplazaba a la mujer burguesa, carecía de fundamento porque el mantener ese estado permanente de pureza, donde no se malversara ninguno de sus atributos, se convertía en una empresa casi quimérica.
Al igual que sus congéneres masculinos, las mujeres eran capaces tanto de hacer el bien como de dejarse llevar por el mal.
Nada había de extraordinario en su proceder, pero para que los engranajes del orden establecido por el sistema patriarcal pudieran seguir funcionando, en esa entropía de caos interpretativo y orden ideológico, era preciso que las mujeres criminales quedaran como meros «accidentes de la naturaleza» que se apartaban de la norma.
Este discurso que dejaba a las mujeres criminales al margen de la normalidad se reproduce en la prensa de los años veinte al hacer el seguimiento de los procesos judiciales de tales crímenes.
En ellos se seguía la misma dinámica argumentativa de descrédito de la condición femenina en toda aquella mujer que recurría a la violencia.
Uno de estos casos fue el crimen de Montejo de la Sierra, en el que Dorotea Hernández mató a su marido con la ayuda de su amante, Francisco Gete (En Montejo de la Sierra, 1924, 3 de agosto).
La prensa resaltó el carácter instigador de Dorotea y el componente sexual que construía el motivo del crimen, dado que la asesina, valiéndose de su relación amorosa, ponía en entredicho la «masculinidad» de su amante al tacharlo de «cobarde» si no accedía a matar a su marido.
El colaborador de La Libertad, Antonio Dubois, realizó la crónica de la vista en la Audiencia de Madrid resaltando la a552 diferencia de edad de los amantes y que la causa del crimen fue el deseo sexual desmedido que de ella emanaba, ya que Francisco estaba más interesado en aprovecharse de la fortuna de la víctima.
Además, el redactor resaltaba la frialdad de Dorotea y su falta de sentimientos con respecto a su maternidad: «Ella, fría, indiferente, no ha tenido un momento de emoción, ni siquiera cuando en [los] estrados se evocaba el recuerdo de sus tiernos hijos; no han corrido por sus mejillas las lágrimas ni ha temblado su voz» (Dubois, 1925, 14 de mayo).
Se resaltan, así, cualidades de la procesada que se consideran contrarias a la «debida» feminidad, como eran el deseo sexual desmedido y el alejamiento de todo sentimiento maternal.
De este modo, se conseguía convertir a Dorotea en una «no-mujer», puesto que la idea de que una «verdadera mujer» realizara semejante acto era impensable e inaceptable.
MUJERES ASESINAS EN LOS TRIBUNALES
Mujeres criminales ante la Audiencia: protagonismo folletinesco, desigualdad procesal y respuesta a la violencia conyugal
Desde que se produjo el crimen de Fuencarral, en julio de 1888, los procesos judiciales por los que pasaban las mujeres homicidas se convirtieron en parte constituyente de la literatura folletinesca que, en prensa y novelas cortas, se estaba generando.
En estas mujeres empezó a percibirse un cierto sentimiento de saberse transgresoras de la norma, ser protagonistas de las páginas de los periódicos y consecuentemente centro de expectación de la opinión pública.
De hecho, la propia Higinia Balaguer se autoinculpó ante el tribunal que la juzgó, aun cuando todos los indicios apuntaban que no había sido ella la asesina, sino el hijo de la víctima, siendo por lo tanto ejecutada a garrote vil dos años después del suceso.
Ese sentimiento de protagonismo también se reflejaría en otros casos, como el aparecido en El Imparcial en 1905, donde Concha La Somera, una mujer oriunda de la localidad extremeña de Alcuéscar, mató a Manuel Castilla Tena, el propietario de la fábrica donde trabajaba su hijo, debido a un supuesto engaño amoroso por parte de este hacia la homicida, aunque inicialmente solo se trataba de un robo que había tramado con su hijo.
Al entrar en prisión, La Somera manifestó que no tenía miedo de la suerte que le depararía el proceso de su causa, sino que aseguraba que en él iba a burlarse de tanto «tonto» que tenía la justicia, pidiendo a su vez una onza de chocolate como obsequio a su recién conseguida celebridad (Blé, 1905, 2 de marzo).
Aunque no existiera la intención de matar para hacerse popular, surge la duda de hasta qué punto la repercusión que tendría su acto serviría de acicate para cometer el crimen.
La asesina en cuestión no solo conseguía vengarse de quien la traicionó, sino que además lograba hacerse famosa al quedar inmortalizado su nombre en la prensa del momento.
Una actitud a la que se sumaba el condicionante de que, por ser mujer, en muchas ocasiones no se recibía el mismo trato en los tribunales que el que se les daba a los hombres procesados.
Bien por ser contrarias a los dictámenes estipulados por el discurso dominante, con el resultante repudio por parte del imaginario colectivo hacia su persona, o por el simple hecho de ser mujer, un «ser inferior» a su homólogo masculino, el tratamiento que recibían las mujeres por parte de las autoridades legales dejaba mucho que desear.
Uno de estos casos fue el denunciado por la política feminista Margarita Nelken quien, en 1917, en el periódico El Día condenaba el hecho de que a una mujer, María de los Ángeles Mancisidor, supuestamente responsable junto a su marido de una serie de asesinatos por envenenamiento perpetrados en Madrid, se la fuera a juzgar sin abogado defensor alguno.
Por veleidades del destino, la vista se suspendió al caer enfermo el abogado del cónyuge, quien al final iba a ocuparse también del caso de su esposa, lo cual era contraproducente para ella, ya que el verdadero inductor de los crímenes era el hombre, quien, para salvarse de la condena, había imputado la culpa de todo a su compañera (Nelken, 1917, 11 de octubre).
Aquí, según apuntaba la que fuera diputada socialista, María de los Ángeles había decidido asumir toda la culpa para librar a su marido de la cárcel.
Un fenómeno que por desgracia se repetía con suma frecuencia en los tribunales, y que provocaba que muchas mujeres quedaran como las únicas responsables del crimen por el que se las juzgaba, cuando el delito cometido era obra en exclusividad del hombre, cuya maldad también se manifestaba en el ámbito de lo doméstico a través de malos tratos y violencia gratuita hacia ella.
Ante los abusos que muchos hombres cometían sobre las mujeres, estas respondieron también con la misma violencia, resultando en muchas ocasiones ser más que contundente al causar la muerte del hombre.
En la prensa de las primeras décadas del pasado siglo pueden encontrarse varios casos donde se reproduce este suceso.
Así, ABC informaba de que en Zaragoza la joven Flora García arremetió tres puñaladas a un hombre llamado Joaquín Pueyo, a552 tras haberle arrebatado el cuchillo con el que este la amenazaba para que tuviera relaciones sexuales con él, sin ser esta absuelta por la acción cometida en defensa de su integridad física y psíquica (Desgracias y crímenes, 1908, 11 de octubre, p.
7); El Imparcial contaba cómo una mujer llamada Luisa degolló con una navaja barbera a su marido, al ver cómo este abusaba de su hija, costumbre que el padrastro tenía arraigada, siendo condenada de por vida al considerar el juez que mentía y que el crimen lo perpetró mientras su esposo dormía plácidamente (Juan, 1904, 1 de octubre); El Liberal, en su crónica de sucesos, anunciaba que en Murcia una mujer de nombre María Pérez Guillén, había matado a su marido a martillazos en la cabeza como réplica a los golpes que en ese preciso instante le estaba propinando, siendo condenada por ello a doce años de reclusión (Muerto por su mujer, 1902, 2 de junio, p.
2); entre otros de análoga índole que dan fe de esa desigualdad que existía en España.
Amantes y cómplices: parejas criminales y pasión ilícita en los años veinte
Esta dinámica de violencia cometida por y sobre las mujeres seguirá estando presente en los tribunales durante los años veinte.
En ellos continuará prevaleciendo la idealidad preconcebida por el discurso dominante en torno al colectivo femenino para justificar su «anecdótico» proceder de violencia manifiesta.
Un acto que se dará tanto de forma individual como conjuntamente en complicidad con el compañero sentimental de turno.
Uno de los casos más evidentes fue el crimen perpetrado por Agustina Fernández y Sabiniano González contra el marido de esta, que, según la Audiencia de León, «concibieron el firme y decidido propósito de matar al burlado marido para luego disfrutar libremente y sin estorbos de las expansiones carnales que tanto les unían» 10.
Sin embargo, el defensor de Agustina utilizó el discurso normativo de género como estrategia para atenuar la pena impuesta, presentándola como «modelo de esposa y de madre, víctima de la pasión de quien la perseguía».
Por el contrario, el abogado de Sabiniano expuso que su defendido «había obrado en todo momento bajo el dominio absoluto que sobre él ejercía Agustina» (Dos penas de muerte, 1925, 30 de octubre).
Este mismo argumento se siguió para condenar a Francisca André que, aun sin ser autora material del asesinato de su marido, fue condenada a muerte, al igual que su amante, ejecutor del crimen, ya que sus relaciones íntimas daban «el convencimiento de que ese ascendiente ejercido sobre Gumersindo por una acción constante y decisiva a favor de la idea de deshacerse del marido privándole de la vida, fue el elemento determinante de la ejecución del delito» 11.
Así, en este caso, la creencia de que las mujeres no se encuentran en su plenitud de facultades mentales durante el periodo de embarazo, sirvió para que no se ejecutara la pena de muerte impuesta a Manuela Arias, aun sin probarse que sufriera algún trastorno real.
La maternidad, la locura y el amor se unían para atenuar la voluntad de la procesada y, según el tribunal, inducirla a cometer el crimen.
En una época en la que se asumían los roles de género como algo naturalizado, la victimización de las mujeres, y la negación de la violencia cometida por ellas hacía que las que contradecían este modelo y ejercían algún tipo de violencia fueran vistas como seres que encarnaban una marcada «desviación de la naturaleza».
Los argumentos basados en la disfunción del mandato biológico asignado a las mujeres, como la maternidad y la sexualidad, por lo tanto, se utilizaron para justificar el hecho de que el colectivo femenino pudiera ejercer algún tipo de violencia.
De ahí que las mujeres criminales fueran definidas como trastornadas o «no-mujeres», explicándose su criminalidad en función de un alejamiento del instinto maternal o por estar consumidas por una sexualidad impropia.
De este modo, y aún resultando paradójico, el sexo y la maternidad fueron utilizados frecuentemente como estrategia para atenuar la pena impuesta sobre algunas mujeres criminales.
Las sentencias judiciales que ratifican lo recién apuntado, y que se aportan en la presente contribución, son prueba fehaciente de esta contradicción, que no por ello ha de darse por definitiva al existir otros espectros de actuación de índole social, cultural y psicológica en los que basarse.
Las mujeres que se alejaron de la norma del ideal femenino, creado por la dogmática burgués-cristiana, transgredieron el arquetipo tradicional al apartarse de los parámetros de actuación y conducta establecidos para ellas, los cuales negaban sistemáticamente su capacidad para la violencia.
A través de los casos criminales abordados en este estudio vemos cómo estas mu-jeres, lejos de negar su responsabilidad en los mismos, no mostraron arrepentimiento o declararon estar bajo los efectos de un trastorno o haber sido manipuladas por terceros; incluso algunas exigieron su lugar en el espacio público como celebridades.
Fue desde instancias legales y médicas desde donde se difuminó la voluntad transgresora de estas mujeres, puesto que su proceder contravenía el discurso normativo de género, mantenedor del orden social vigente.
La prensa se hizo eco de este fenómeno con meros fines sensacionalistas, buscando en sus crónicas no solo un medio para captar la atención del público lector sino también para reafirmarse en el discurso dominante y crear cierta emoción «neronista» al presentar la violencia cometida por las mujeres españolas como un sensual reclamo y reafirmación de la identidad nacional.
En este sentido, se establece cierta asociación con otras dimensiones de la conducta social y psicológica del individuo, quien no solo se presenta como víctima o criminal, sino también como referente identitario susceptible de ser ubicado dentro de un modelo concreto por parte del imaginario social.
Este artículo se ha realizado dentro del marco del Proyecto I+D del Ministerio de Economía y Competitividad titulado Género, compromiso y transgresión en España, 1860-2016 (Código: FEM2016-76675-P).
El nivel de responsabilidad de la autoría del presente artículo es compartida a partes iguales.
[1] Apuntaba el hispanista francés Alfred Morel-Fatio, en un estudio que hizo sobre el tema, y al que dio el explícito título de El puñal en la liga, publicado en la Revue de littérature comparée en 1921, que dicha creencia estaba fundamentada en un hecho histórico basado en la experiencia que tuvo un soldado de Napoleón con una brava y hermosa mujer española (Gabaudan, 1979, p.
Con todo, al margen de que este puntual encuentro se presentara con las más irrefutables muestras de veracidad, la estampa de la española con la navaja sujeta en la liga no dejaba de ser una buscada hipostatización de ciertas ensoñaciones que los literatos franceses decidieron crear para dotar de exotismo e interés a sus viajes.
[2] Entre los crímenes perpetrados por prostitutas francesas publicados en Museo criminal, encontramos el cometido por María Comtat, alias La Reclamo, quien en la calle Charonne de París, al ver cómo uno de los dos rufianes que se disputaban sus favores a navaja, Carlos Faret, caía al suelo con un cuchillo clavado en el pecho, arremetió contra el otro, Luis Bulot, disparándole tres tiros en la misma zona (Una amazona de los bulevares, 1907, 15 de diciem-bre).
[Nótese que Museo criminal tenía la frecuente costumbre de traducir los nombres propios, apodos y seudónimos de los personajes extranjeros].
[3] Este fue el caso de lo acaecido en un restaurante del bulevar de Clichy, en el parisino barrio de Montmartre, donde una mujer de vida alegre denominada Renée, cenando con su eventual pareja y, otra dama llamada Léone y su acompañante, en un momento de acalorada discusión, generado por los celos de una hacia otra, la primera sacó un largo alfiler de su sombrero y lo clavó en el pecho de la segunda, atravesándole el corazón y causándole la muerte de forma instantánea (Los pícaros celos, 1907, 15 de septiembre).
[4] Con todo, en el título, al referirse a la víctima, empleaba el término francés demimondaine para hacer alusión a Lily Max, una conocida mujer de vida alegre de Londres que pereció a manos de un «señorito bien» que salió impune, mencionándose, además, otros casos con el mismo modus operandi (Muerte de una'demi-mondaine', 1908, 15 de noviembre).
[5] A destacar el uso que en sus estudios hizo del método científico como paradigma de conocimiento para el desarrollo de los análisis clínicos realizados sobre los delincuentes.
[6] Esta hipótesis, no obstante, se contradecía con el estudio del médico belga Raymond de Rickère, quien, en 1890, escribió La servante criminelle: étude de criminologie professionnelle, donde aseguraba que la mujer criminal era más sofista, estratégica y razonadora que el hombre, por lo que su hipocresía era más profunda y repugnante (Camarón, 1892, 29 de marzo).
[7] Nanette Schonleben, antes Anne Schonleben, también conocida como Anna Maria Zwanziger, por el apellido de su marido, fue ejecutada por haber asesinado a varias personas en las casas en las que trabajó en Alemania entre 1800 y 1811.
[8] Término acuñado en 1911 por el escritor y jurista madrileño Eduardo Gómez de Baquero, más conocido por su seudónimo periodístico-literario de Andrenio, para referirse al placer que se sentía al leer los insólitos, extraños y extravagantes detalles de un crimen, su desarrollo y su consecuente trágico desenlace (Luengo López, 2017, p.
[9] Una violencia que también se daba hacia otras mujeres, siendo los celos, la venganza y las ofensas la razón por la que se desencadenaba.
Con todo, aún así, al ser todos estos sentimientos de índole amorosa, y al estar estos, según los dictámenes del discurso dominante, estrechamente vinculados a la «condición femenina», servían para explicar la conducta criminal de las mujeres.
Este hecho puede evidenciarse en una crónica que El País publicaba en 1900, donde se justificaba este proceder arguyendo que este se debía a la naturaleza sentimental del colectivo femenino (Mujeres que matan, 1900, 5 de mayo).
Lejos del componente «emocional» atribuido a las mujeres, no podía por lo tanto entenderse su acción criminal.
[10] Recurso de casación admitido de derecho en beneficio de Agustina Fernández Álvarez contra la sentencia pronunciada por la Audiencia provincial de León en causa seguida a aquella y otro por parricidio, AHN, Fondos Contemporáneos, Recursos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Leg.
[11] Recurso de casación admitido de derecho e interpuesto por impositivo de la ley en beneficio de Gumersindo Losada Fidalgo y Francisca André Cuquejo contra la sentencia pronunciada por la Audiencia provincial de Orense en causa seguida a los mismos por asesinato y parricidio, AHN, Fondos Contemporáneos, Recursos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Leg.
[12] Recurso de casación admitido de derecho en beneficio de José Izaguirre Orue y María Elorza Apraiz é interpuesto por quebrantamiento de forma y por infracción de ley á nombre de ésta contra sentencia de la Audiencia provincial de Bilbao pronunciada en causa seguida a los mismos por asesinato y parricidio, AHN, Fondos Contemporáneos, Recursos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Leg.
[13] Recurso de casación admitido de derecho en beneficio de José Izaguirre Orue y María Elorza Apraiz é interpuesto por quebrantamiento de forma y por infracción de ley á nombre de ésta contra sentencia de la Audiencia provincial de Bilbao pronunciada en causa seguida a los mismos por asesinato y parricidio, AHN, Fondos Contemporáneos, Recursos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Leg.
[14] Recurso de casación por infracción de ley a nombre de Manuela Arias Álvarez y admitido de derecho en beneficio de la misma contra la sentencia pronunciada por la Audiencia provincial de Lugo en causa seguida a aquella y otros por parricidio, AHN, Fondos Contemporáneos, Recursos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Leg.
[15] Recurso de casación por infracción de ley a nombre de Manuela Arias Álvarez y admitido de derecho en beneficio de la misma contra la sentencia pronunciada por la Audiencia provincial de Lugo en causa seguida a aquella y otros por parricidio, AHN, Fondos Contemporáneos, Recursos de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Leg. |
RESUMEN: Desde una perspectiva transnacional y comparada, que incorpora la experiencia del exilio, este trabajo analiza las tensiones identitarias que afectaron a la juventud militante de la izquierda revolucionaria española y argentina durante los años setenta.
A través de las relaciones familiares y de género, estudia las formas públicas y privadas del compromiso y la transgresión.
Aborda cómo la politización de lo privado marcó a hombres y mujeres dentro de un proceso global contestatario, heredero del 68, para destacar las contradicciones que afloraron entre la teoría y la práctica, el deseo y la realidad, que llevaron a los jóvenes militantes a asumir un régimen emocional en constante debate entre el ser y el deber ser.
El estudio de los años 68 conjuga el interés por los acontecimientos con el análisis de las culturas políticas y las formas de vida (Frank, 2000, pp. 13-15).
En una era de contestación, el compromiso era político y también personal, al tiempo que la transgresión tuvo dimensiones públicas y privadas, plasmadas en ideas, acciones y comportamientos cotidianos.
Pero las experiencias, proyectos y emociones de estos años de profundos cambios no siempre afectaron por igual a mujeres y hombres (Evans, 2009).
En este trabajo focalizamos la atención en la juventud militante de la izquierda revolucionaria en España y en Argentina, dos países sometidos a dictaduras y donde surgieron dinámicos partidos en que ingresaron numerosas jóvenes, que compartieron activismo con sus compañeros varones.
Nos interesa también la vía del exilio argentino porque a pesar de los avances experimentados en este campo de estudios durante los últimos años (Coraza de los Santos y Gatica, 2018; Lastra, 2018), el caso español todavía no se ha abordado desde una perspectiva de género que tenga en cuenta la militancia.
Asimismo, consideramos que la vivencia de la expatriación, además de reforzar ese espacio transnacional conformado por la península ibérica y la república austral, sumó nuevas tensiones a una subjetividad militante que transitó por múltiples derroteros.
Nuestros objetivos, por tanto, se concretan, en primer lugar, en analizar las contradicciones y reconfiguraciones identitarias que surgieron cuando el compromiso y la transgresión cuestionaron las relaciones familiares y de género de la época.
Como señala Mamzer (2006), las transgresiones al orden de género provocan modificaciones en las identidades subjetivas y colectivas.
En segundo término, proponemos calibrar el impacto diferenciado en mujeres y hombres de estas experiencias que difuminaron las fronteras entre lo público y lo privado.
Por último, desde una perspectiva transnacional y comparada, en la línea de otros estudios centrados en Europa o Estados Unidos (Horn, 2007; Klimke y Scharloth, 2008), pretendemos señalar los elementos comunes y las especificidades presentes en el caso español, en la experiencia argentina y en la comunidad exiliada, en el contexto de la cultura juvenil global de la época.
Como veremos a continuación, el deseo de que la revolución política se convirtiera en revolución de los cuerpos no estuvo exento de paradojas y se convirtió en uno de los principales legados del 68 (Clifford, Gildea y Warring, 2013).
Los años setenta fueron una etapa histórica de profundas transformaciones en el espacio social y políti-co, pero también en la vida privada.
En Estados Unidos, en Europa y en los países del Tercer Mundo existió la convicción de que "otro mundo era posible".
La juventud pasó a ser un actor autónomo en la escena política y social.
Manifestó su malestar con el sistema establecido y lo expresó de diferentes modos, desde actitudes contestatarias más privadas hasta propuestas de acción revolucionaria.
En una época de protesta en todo el planeta, irrumpió una cultura rebelde y transgresora de carácter transnacional, que permitía sentir como propio lo que sucedía en Saigón, París, Praga o Chicago, pues "el mundo había encogido" (Eley, 2003, p.
438), "la revolución se vivía como una luna de miel colectiva".
Sin embargo, cada vez contamos con más indicios sobre la coexistencia de diversas subculturas juveniles (Carassai, 2013; Cattaruzza, 2008), pues hubo diferentes formas de ser y sentirse joven, así como distintas maneras de ser y sentirse hombre o mujer.
Como ha señalado Andrea Andújar, Guerrilleras, feministas, sindicalistas, rockeras; microscópicas minifaldas o largas túnicas multicolores, armas en la cartera o micrófono en mano [...] daban cuenta de mujeres con horizontes diversos y experiencias que, no sin contradicciones, iban construyendo otras formas de ser y de relacionarse (Andújar, 2009, p.
Se plantearon diferentes respuestas a la insatisfacción con los valores tradicionales y la "vieja política", entre las que pueden señalarse el hedonismo, diferentes movimientos sociales, la nueva izquierda e incluso el recurso a la violencia.
La militancia en formaciones políticas de la extrema izquierda se presentó como una opción atractiva para parte de esta juventud rebelde, pues se ajustaba a la urgencia por el cambio y la entrega al activismo, y se distanciaba de partidos o sectores políticos ortodoxos y controlados por una generación adulta.
A la clásica crítica marxista de que el izquierdismo era la enfermedad infantil del comunismo, esta juventud militante respondía que el izquierdismo era el remedio a la enfermedad senil del comunismo (Cohn-Bendith, 1969).
En este contexto de protesta juvenil, España y Argentina experimentaron evoluciones políticas contrarias.
En el primer caso, a pesar de la larga trayectoria de la dictadura implantada tras la Guerra Civil, la llegada a la arena política de una generación joven, en un momento de profundas transformaciones socio-económicas en el país, hizo posible que la ola de a553 contestación transnacional alcanzara a España, donde adquirió un fuerte contenido antifranquista.
El declive del franquismo se aceleró con una intensa movilización social, y con el fortalecimiento del partido comunista (PCE) y la aparición de otros de extrema izquierda, a pesar de la represión.
A partir de 1975 se abrió el complejo proceso de transición a la democracia, durante el cual la izquierda revolucionaria entró en crisis (Molinero e Ysàs, 2016).
En Argentina, la inestabilidad política había sido una constante desde 1955; la proscripción del peronismo y la represión de la disidencia fueron sus rasgos más visibles.
Desde finales de los años sesenta comenzaron a proliferar las organizaciones de extrema izquierda, nutridas por esta nueva generación, que en buena parte apostó por el empleo de las armas (Calveiro, 2005).
Tras el regreso de Perón desde el exilio en 1973 y su muerte un año más tarde, su esposa María Estela Martínez asumió el poder en un país con una creciente conflictividad política y social, hasta que en 1976 un nuevo golpe militar instauró un régimen dictatorial que se prolongaría durante siete años (Franco, 2012).
La juventud, sospechosa de estar embebida del "veneno subversivo", fue sin duda su principal enemigo (Vannucchi, 2007, p.
En suma, cuando una dictadura declinaba, la otra recién comenzaba, hecho que explica los flujos migratorios y la disparidad en la evolución de las tensiones entre vida y militancia en el universo de la izquierda revolucionaria.
En la cultura rebelde juvenil de la época, la articulación entre lo individual y lo colectivo fue constante, con la afirmación de las subjetividades, la importancia concedida al sexo y el auge del movimiento feminista (Zanzarini-Fournel, 2000, p.
A uno y otro lado del Atlántico, la difusión del movimiento feminista de segunda ola tuvo diferentes alcances: en España surgieron asociaciones de mujeres que a partir de 1975 irrumpieron en el debate público y dejaron su impronta en los partidos de izquierda y en general en la agenda política, en torno al lema de "lo personal es político" y la demanda de derechos reproductivos (Nash y Torres, 2009).
Con paradojas y límites, tras un intenso trabajo de reflexión y discusión, hubo una confluencia entre feminismo y militancia en la extrema izquierda, que hizo aflorar las contradicciones en las prácticas políticas y en la vida cotidiana (Moreno Seco, 2013).
Por el contrario, en Argentina la segunda ola feminista, que también reclamaba una libertad de decisión sobre el propio cuerpo y planteaba nuevas concepciones acerca del amor y las relaciones familiares, se desarrolló al margen de los partidos de la nueva izquierda (Trebisacce, 2013).
Las militantes de estas formaciones en su mayoría sintieron como ajenas las causas defendidas por el feminismo, que fue percibido como "cosa de extranjeras" o fue tildado de "desviación" pequeñoburguesa frente al objetivo prioritario de hacer la revolución (Rodríguez, 2016).
Si bien no siempre cuestionaron las relaciones de subordinación presentes en los espacios de militancia, la práctica cotidiana generó numerosas tensiones y paradojas en las estructuras políticas en que estaban insertas (Andújar et al., 2005).
Para analizar cuestiones como la construcción de las subjetividades, el desarrollo de los afectos y los cambios en las relaciones familiares en un contexto de militancia política, esta investigación ha recurrido a una metodología cualitativa sustentada en fuentes orales y correspondencia privada.
Como apunta Miren Llona (2012), la memoria y los testimonios se erigen en un medio excepcional para el estudio de las identidades y de los procesos de creación del sujeto.
Por otro lado, aunque en ocasiones se ha señalado que mujeres y hombres recuerdan de manera diferente, ellas insertas en un discurso colectivo y ellos con un mayor hincapié en la experiencia individual, con tintes heroicos, esta autora subraya la necesidad de evitar aplicar de manera mecánica tales estereotipos.
Nos hemos servido de entrevistas de producción propia, publicadas en libros de testimonios o depositadas en la Fundación 1o de Mayo de Madrid y en el centro Memoria Abierta-Archivo Oral de Buenos Aires.
Por su parte, los epistolarios del fondo Cartas de la dictadura, albergados en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, nos permiten acceder a una escritura cotidiana, exenta del tamiz de la memoria, que otorga voz a quienes compusieron el exilio anónimo y el denominado de "segunda fila".
Las cartas son el soporte idóneo para mostrar la comunión que se produjo -en buena parte de los casos de manera inconsciente-entre lo privado y lo público, lo personal y lo político.
A pesar de la censura, las cartas privadas se convirtieron en el sostén de una comunidad emocional atravesada por la violencia y al mismo tiempo en la expresión manifiesta de un compromiso transgresor, que se negó a acatar el silencio que debía imponer el destierro.
CONVERTIRSE EN MILITANTES: FAMILIA, CONVIC-CIONES Y EMOCIONES
La izquierda revolucionaria que irrumpió en los años setenta presentó una composición novedosa respecto a los partidos tradicionales, ya que incorporó a un gran número de mujeres en un mundo tradicionalmente masculino.
En España, las principales a553 formaciones de la extrema izquierda fueron las maoístas Partido del Trabajo de España (PTE), Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y Movimiento Comunista (MC), y la trotskista Liga Comunista Revolucionaria (LCR), que presentaban en torno a un 30% de mujeres en su militancia, con una media de edad de 25 a 30 años (Equipo Seis, 1977; Wilhelmi, 2016).
Estas militantes, primero con el objetivo de extender su influencia entre las mujeres y después por el impacto del feminismo, crearon estructuras organizativas propias en el seno de sus partidos o asociaciones feministas vinculadas a los mismos, y lograron que numerosas demandas feministas fueran incorporadas en sus formaciones, en especial en el MC y la LCR, y en menor medida en el PTE y la ORT.
Aunque el acceso a puestos de poder interno no era equilibrado, alcanzaba proporciones mayores que en el resto de los partidos políticos (Moreno Seco, 2015).
En Argentina las dos organizaciones político-militares que tuvieron mayor desarrollo y atrajeron a un alto número de jóvenes fueron Montoneros, cuyas banderas más visibles eran la defensa de la justicia social y una patria socialista, y el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), guevarista, de tendencia marxistaleninista.
Ambas fundaron sus propias "secciones femeninas", que tuvieron una breve duración pues no fueron el resultado de una reflexión interna ni mucho menos producto de la influencia feminista (Grammático, 2005).
Un número significativo que en ninguno de los dos casos se vio reflejado en las direcciones de las organizaciones políticas, ya que pese a las críticas a los partidos tradicionales de la izquierda fueron movimientos con una rígida estructura autoritaria y vertical (Carnovale, 2008), de corte patriarcal.
Como subraya della Porta (1998), la experiencia de la violencia y también los afectos y las redes personales fueron cruciales en la incorporación a grupos clandestinos de la nueva izquierda.
Diversas autoras han señalado que las militantes ingresaron en las agrupaciones político-militares al entrar en la universidad o a través de un hombre -novio, amigo, hermano- (Pascuali, 2005).
Sin embargo, sus testimonios dan cuenta de una casuística más variada.
Como afirma Mercedes Yusta (2015), el acceso a la militancia a través de amistades y familiares es un patrón que se repite tanto en hombres como en mujeres, revelando una aproximación emocional al compromiso político.
También se suele indicar que la militancia surgió dentro de hogares despolitizados o conservadores, que precipitaron el activismo en organizaciones de signo opuesto.
No obstante, junto a la ruptura y el conflicto generacional, también fue frecuente la continuidad con las familias de origen (Oseka, Voglis y von der Goltz, 2013).
Según los estudios de Ollier (1998), una parte del discurso revolucionario fue cultivado durante la niñez y la adolescencia, de forma que en numerosos casos ya se había producido un proceso de radicalización ideológica previo al ingreso en la extrema izquierda.
La visión de la política como confrontación revolucionaria fundada en el paradigma amigo/enemigo encontró antecedentes en las disyuntivas entre franquismo/ antifranquismo o peronismo/antiperonismo.
En definitiva, muchas y muchos jóvenes encontraron en sus propias casas el mejor caldo de cultivo para desarrollar un compromiso político.
En el caso de las familias exiliadas en Argentina tras la Guerra Civil española y durante la posguerra, sus jóvenes se habían socializado en el recuerdo idealizado de la Segunda República y en la narración heroica de la contienda y la lucha antifascista (Ortuño Martínez, 2015).
En España, la represión impuso silencios y miedo, pero también relatos entrecortados o expresados en voz baja de experiencias de la guerra y del maltrato en las cárceles franquistas, que provocaron sentimientos de orgullo o de indignación a los que se intentó dar salida con el ingreso en la militancia clandestina.
Al ser interrogada sobre su acercamiento a la política, Beatriz Ruiz, perteneciente a Unión de Estudiantes Secundarios -frente estudiantil de Montoneros-, indica:
Tal vez, pienso, fue por el hecho de que mis padres fueron laburantes [trabajadores] o que mi papá vivió la Guerra Civil siendo chico (Guelar, Jarach y Ruiz, 2003, p.
Sin embargo, su ingreso definitivo en la militancia se produjo tras un hito histórico: el asesinato de Salvador Allende en 1973.
Según Silvia Ramírez, integrante del MC, su familia se lo puso fácil a ella y a su hermana, porque sus padres militaban en el PCE y aunque ellas escogieron otro partido "porque somos de otra generación", sus progenitores entendían su opción por el compromiso político.
Entre sus recuerdos de infancia, rememora a su madre destruyendo material de propaganda cuando se declaraba el estado de excepción, y las canciones de la Guerra Civil o la Internacional, que solo se podían entonar en casa (entrevista, 9 de octubre de 2011).
Pero en una militancia en que no había solución de continuidad entre lo público y lo privado las relaciones con la familia de origen presentaron abiertas fracturas, provocadas por motivos ideológicos, por determinados orígenes sociales -en particular por el rechazo a la burguesía-, por formas de vida tradicionales o por la incomprensión ante el miedo y el silencio de sus mayores.
Militante del MC, Manuel se distanció de sus padres, a los que consideraba muy buenas personas, porque "yo en esa época pensaba que eran gente burguesa, que lo que tenía que hacer era desclasarme...
Buena parte de las y los jóvenes de las clases medias argentinas provocaron serias desavenencias en las familias de origen por contravenir su identidad antiperonista (Spinelli, 2013).
Marcia Schvartz, por ejemplo, cuyo padre militó durante su juventud en el Partido Comunista de Argentina y cuya madre lo hizo en la Unión Cívica Radical, afirma que ella siempre se "sintió" peronista, y por eso se unió a Montoneros 1.
Dichos conflictos adquirieron un peso significativo entre quienes se adscribían a las clases altas argentinas, como queda reflejado en la trayectoria y en el testimonio de la escritora Clara Obligado (entrevista, 29 de septiembre de 2019).
Pero hay que tener en cuenta que, además de los choques identitarios por cuestiones políticas y de clase, el género, en este caso el hecho de ser mujeres, profundizó las marcas de las rupturas familiares por haberse apartado del camino previsto para ellas.
Este aspecto estuvo presente en España y en muchas de las familias republicanas emigradas a Argentina, de quienes a priori se suponía un progresismo que se diluía en la intimidad (Paula Garganta de Urrutia, entrevista, 23 de septiembre de 2019).
Junto con el aprendizaje político y de valores en el seno familiar, la decisión de adoptar una militancia política alternativa también estuvo marcada en ocasiones por elementos más personales.
Las jóvenes comprometidas de los setenta se identificaban con modelos de mujeres independientes, que se reafirmaban en oposición a la generación anterior de mujeres adultas -y anticuadas-, por lo general sus propias madres, amas de casa cuyo proyecto de vida despreciaban (Cosse, 2010).
En el caso de los varones, el rechazo hacia sus padres podía estar motivado porque representaban a profesionales acomodados que actuaban de forma autoritaria en sus familias.
En opinión de Evans (2009, pp. 338-339), mientras los hombres criticaron el poder de sus padres, las mujeres cuestionaron además la jerarquía de género de sus familias.
En definitiva, hubo una oposición generalizada a los principios, creencias y comportamientos asociados a la generación preceden-te, pero como hemos visto no siempre se produjo un "quiebre generacional" ni un distanciamiento absoluto de las familias de origen.
Por otro lado, no se encuentran diferencias entre mujeres y hombres en la importancia concedida a las convicciones ideológicas en la decisión de comenzar a formar parte de una organización política, estuvieran más o menos definidas, en una época de proliferación, escisiones y refundaciones de partidos de la nueva izquierda.
Se creía que la utopía de una sociedad mejor, justa y libre podía llegar a convertirse en realidad si se pasaba a la acción, de ahí el auge de opciones políticas diferentes a los tradicionales partidos de izquierda (Tortti, 2014; Wilhelmi, 2016).
Las fuentes ideológicas que sustentaron la militancia fueron diversas: el marxismo-leninismo, que interpretaba el compromiso como entrega total; el guevarismo, con su hincapié en la ética personal; el maoísmo, que concedía gran importancia a la coherencia entre ideología y prácticas de vida; el trotskismo, que insistía en el debate dentro del partido y estaba abierto a comportamientos alternativos; el tercermundismo, con la mitificación de procesos antiimperialistas; y el peronismo de izquierda, que mostraba "lealtad" a sus líderes -Perón y Eva-y aspiraba a un "socialismo nacional".
Estos principios ideológicos sustentaron un universo simbólico que ofrecía explicaciones a todo, desde los intereses del capitalismo internacional a la elección de pareja.
El ingreso en un partido se fundaba también en la identificación con grandes principios dotados de un fuerte componente emocional como la justicia, la libertad o la solidaridad con los pueblos explotados.
En ese sentido, puede hablarse de algunos "hitos emocionales revolucionarios".
En primer lugar, se compartieron mitos como el de una idealizada clase obrera, en especial entre quienes provenían de estratos medios; o el de líderes como el Ché Guevara, un modelo de compromiso por su entrega e idealismo, que ofrecía un ideal de masculinidad revolucionaria.
En segundo lugar, algunas fechas adquirieron un alto contenido emocional, como la Guerra Civil española, el mayo francés del 68, el fin del gobierno de Allende, la muerte de Franco o el golpe militar en Argentina.
En tercer y último término, ciertos enclaves se convirtieron en una suerte de "paraísos revolucionarios".
La seducción que ejercía la violencia en algunos sectores de esta juventud militante condujo a la admiración hacia China, Vietnam, Cuba o París, por la capacidad de resistencia y contestación de sus pueblos, que contrastaba con la grisura de la España franquista y de la Argentina de buena parte de los setenta.
En suma, más allá de los riesgos que pudiera entrañar, se percibió la militancia como un medio para alcanzar la utopía, que combinaba la solidaridad y la entrega generosa con posturas mesiánicas, actitudes heroicas y una disciplina férrea (Cucó i Giner, 2008).
Unos valores que definían un sujeto militante en masculino, un molde en que no siempre encajaron las mujeres y algunos hombres que no se ajustaban a los patrones de masculinidad hegemónica en estas culturas políticas (Clifford, 2012).
NUEVAS FAMILIAS, AFECTOS Y MILITANCIA
Dentro del ideario revolucionario, el compromiso político fue concebido como una forma de entender el mundo y de afrontar la vida desde una actitud contestataria (Oberti, 2013).
Se trató de una militancia total que abarcaba la vida cotidiana y la intimidad, donde lo colectivo estaba por encima de lo individual y del grupo familiar.
Para algunas mujeres la militancia llegó a ser considerada como "una especie de útero que te contenía en todos los terrenos: político, cultural, afectivo" (Testimonio de Graciela Daleo, en Diana, 1996, p.
La politización de lo privado marcó a esta juventud revolucionaria.
En las condiciones especiales de la clandestinidad, afloraron numerosas tensiones entre la teoría y la práctica, el deseo y la realidad, que llevaron a los y las jóvenes militantes a asumir un régimen emocional donde reinó la constante pugna entre el ser y el deber ser.
En los partidos maoístas, por ejemplo, donde la autocrítica era un ejercicio básico dentro de las células, se discutían de forma colectiva aspectos de la organización y de la vida cotidiana, para decidir sobre prioridades políticas, pero también criticar actitudes consideradas pequeñoburguesas e insistir en la conveniencia de abandonar los estudios por el trabajo manual o incluso de cambiar amistades o relaciones sentimentales.
Las jóvenes, además, en consonancia con el precepto revolucionario de subvertir el orden social, político y cultural, tendieron a cruzar los límites marcados por los discursos normativos de género.
Con acciones que a simple vista pudieran parecer superficiales, propusieron transformaciones profundas en las relaciones entre mujeres y hombres, así como entre distintas generaciones: Como ha señalado Oberti (2015), quienes formaban parte de una agrupación política desarrollaron rituales específicos y símbolos propios.
Su identidad militante supuso un estilo informal de vestir y de comportarse, en muchos casos un estado civil y hasta un nombre diferente -menos clásico y con impronta revolucionaria-.
En palabras de Kornetis (2015), la estética progre se convirtió en una codificación de la rebeldía política.
Contribuyó a extender la identificación emocional con las opciones políticas y a consolidar su identidad militante.
La militancia en la extrema izquierda constituyó una entrega total de los cuerpos a la revolución.
El compromiso político imantó la vida social, amorosa, sexual.
Entablar una relación afectiva, comenzar a vivir en pareja y tener o no descendencia fueron decisiones con efectos políticos (Cosse, 2017).
Para esta juventud militante, la pareja, y en ciertos contextos la familia que se formaba, también tenían que ser revolucionarias.
No bastaba con militar a tiempo completo o proletarizarse, había que confiar el cuerpo y los afectos a la causa revolucionaria.
La elección de la pareja tenía un componente político, pues se consideraba que debía existir una relación entre las sintonías políticas y las afectivas (Andújar, 2009).
Como recuerda un militante del MC, se enamoró de una joven porque se sintió atraído por su origen obrero, su integridad moral y su activismo sindical (Cucó i Giner, 2016, pp. 142-143).
El modelo de pareja cuyos dos miembros tenían un compromiso activo con la política fue promovido e idealizado: Eso era entre nosotros el amor, la pareja.
La entrega a la militancia hacía que la entrega del uno al otro fuera sublime, que la identificación fuera máxima.
Esa especie de sacrificio permanente al que estábamos entregados, se intensificó en las épocas de mayor represión, en las que el hoy era lo único que existía. [...]
Recuerdo los únicos quince días que vivimos juntos.
Los sobresaltos a la noche [...].
La forma desesperada de hacer el amor como medio de pelear contra la muerte (Testimonio de Mariana, en Diana, 1996, p.
Si bien estas uniones adquirían unas características especiales por la inminencia de posibles pérdidas en tiempos marcados por la violencia y la represión, y si a553 bien el peligro podía darle a cada encuentro una especial intensidad erótica (Cosse, 2010), también es cierto que el espacio de la pareja quedó ocluido por la dinámica de la militancia y por la disciplina que cada organización se empeñó en aplicar a los cuerpos y a la sexualidad.
Los testimonios revelan que el silencio impuesto por la clandestinidad y la intensidad del activismo dificultaban las relaciones de pareja, como recuerda Inmaculada Fernández, perteneciente al PTE (entrevista, 27 de junio de 2017).
Además, la pareja militante solía mostrar la imagen de una relación discreta (Testimonio de Peti, en Diana, 1996, p.
Una seriedad que reflejaba la importancia concedida a lo colectivo frente al individuo, a supeditar las emociones a la razón revolucionaria, actitud que en ocasiones entraba en abierta contradicción con la realidad (del Río, 2012, p.
En el mismo sentido, los -y especialmente las-militantes se autoexigían acentuar rasgos atribuidos a la masculinidad, como la dureza, la rigidez o la valentía, incluso para ser aceptadas por los propios compañeros de su célula o de organización.
La moral revolucionaria repudió la revolución sexual en tanto expresión de la moral burguesa.
Por este motivo, sobre todo en el caso español, y para integrarse en la sociedad y no llamar la atención en un contexto de clandestinidad, se impulsó el matrimonio de las parejas.
Como señala un militante del MC: "Yo no tenía ganas de casarme, al contrario, yo no pensaba casarme en mi vida [...], pero como en ese momento tocaba, pues me caso" (Cucó i Giner, 2016, p.
Las infidelidades eran percibidas como un elemento negativo tanto en el plano personal como en el político, pero mientras en España nunca se llegó a sancionar a ningún militante por ello, en Argentina el régimen emocional impuesto en las organizaciones clandestinas supuso el castigo incluso de dirigentes (Cosse, 2017).
Del mismo modo, se rechazó la homosexualidad, porque se consideraba que no era entendida por las masas populares o constituía una "desviación" pequeñoburguesa.
Mención aparte merecería la experiencia de las organizaciones de liberación homosexual, que surgieron entonces en ambos países, y su relación con los partidos de la nueva izquierda revolucionaria (Insausti, 2019; Vespucci, 2017).
Sin embargo, en algunas organizaciones la situación fue evolucionando hacia una abierta aceptación de la libertad sexual, no sin contradicciones.
Según Cristina Piris, la influencia del feminismo ayudó a atemperar la estricta moral revolucionaria, al conceder importancia a los afectos y al derecho al placer (Cucó i Giner, 2016, p.
A medida que avanzaron los años setenta, se extendieron las relaciones no sancionadas por el matrimonio; de acuerdo con el testimonio de Montserrat Cervera, de la LCR, ligar con unos y con otros era una moda 2.
Algunas militantes proyectaban una imagen de mujeres atractivas y liberadas, incluso entre los hombres de izquierda, juicio que no tenía lugar de manera recíproca (Silvia Ramírez, entrevista, 9 de octubre de 2011).
Con el tiempo, dirigentes de la LCR y el MC aceptaron abiertamente la homosexualidad, aunque seguía siendo condenada por representantes de la ORT o el PTE (Ruiz y Romero, 1977, p.
La moral revolucionaria, además, estableció como principio la igualdad entre los sexos.
26), "de la teoría a la práctica la brecha era importante".
El propio Luis Mattini, último Secretario General del PRT-ERP, reconoce que el machismo impregnaba su organización, incluso a él mismo (2007, p.
Según una exiliada argentina en España, fue muy evidente la contradicción entre los valores de la izquierda revolucionara y las actitudes de la vida privada: de izquierda y de peronistas: ¡Ah! ¡hermano!, ¡el pueblo!, ¡el pueblo!
Y con tu compañera eres un hijoputa, y como padre eres un cerdo [...].
Bueno, y entonces, ¿dónde está la historia? (del Olmo, 2003, p.
Francisca Sauquillo considera que la ORT, pues era de machista igual que era toda la sociedad y no por ser de izquierdas, como decíamos nosotras entonces, se era menos machista, era... eran igual de machistas.
Otra cosa es que estaba más... un poquitín más, más... peor visto ¿no? (entrevista, 20 de diciembre de 2012).
Algunos de tantos ejemplos que inciden en la porosidad que existió entre el mundo militante y el sexismo de la sociedad de la época (Cataruzza, 2008).
En el MC, una encuesta realizada por la estructura de mujeres dedicó una especial atención al reparto de tareas domésticas y de cuidado en las parejas militantes, que se entendía como un elemento inseparable de la opción política 3.
En reuniones de mujeres del partido debatían sobre las relaciones con sus compañeros:
Qué te pasa en el trabajo doméstico, y qué te pasa con el cuidado de los niños, y qué te pasa en las reuniones políticas cuando no tienes lugar para opinar o no te atreves a hablar, y luego qué te pasa con tu pro-a553 pio cuerpo, incluso empezamos a hablar de sexualidad (Luz Quiñonero, entrevista, 23 de marzo de 2012).
Varios testimonios insisten en que las integrantes de la organización de mujeres del partido expresaban con rotundidad sus reivindicaciones y apelaban a la coherencia de sus camaradas, que con frecuencia se sentían interpelados por ellas.
Por otro lado, en diferentes formaciones, ellas hacían compatible trabajo y actividad política, por lo que se convirtieron en proveedoras del sustento familiar, mientras ellos se dedicaban en exclusiva a la militancia, hecho que pudo contribuir a una reformulación de la masculinidad de estos jóvenes, educados en otros valores 4.
Una inversión de roles similar se dio en las parejas argentinas en el exilio.
El abandono de la militancia total y la mayor dificultad, en líneas generales, para conseguir un trabajo remunerado llevó a los hombres a recluirse en el espacio privado, lugar para el que no estaban preparados ni cultural ni emocionalmente.
Las mujeres por su parte, como se ha comprobado para otros destinos y períodos históricos (Franco, 2009; Moreno Seco y Ortuño Martínez, 2013), se convirtieron en el soporte material y espiritual del exilio, por su capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias.
Esta situación aceleró la ruptura de muchas parejas.
Además, las crisis sentimentales estuvieron provocadas en ocasiones por crisis ideológicas a ambos lados del Atlántico.
En España, se vieron acentuadas tras el final de la dictadura.
En Argentina, a las muertes y desapariciones, que dieron lugar a inevitables fracturas, se sumó el declive de las convicciones que sustentaban a estas parejas, como sucedió también en el exilio (Vasquez y Araujo, 1990; Paula Garganta de Urrutia, entrevista, 29 de septiembre de 2019) 5.
No obstante, entre todas las contradicciones que acarreó la militancia, uno de los puntos más conflictivos fue la maternidad y la paternidad.
En ocasiones el discurso oficial de los partidos incitaba a las militantes a ser madres para la patria o la futura sociedad revolucionaria.
En esta línea se insertaron las consignas de las dos principales organizaciones armadas argentinas.
El documento Moral y Proletarización dictaba unas normas específicas para que las y los militantes del PRT-ERP afrontasen de manera revolucionaria "la natural e instintiva tendencia del ser humano a prolongar la existencia de su especie".
Tenían que desprenderse de actitudes individualistas hacia sus hijas e hijos, quienes debían compartir con sus progenitores la vida de militancia.
Dentro de esta agrupación se mitificó el modelo de la madre vietnamita, que amamantaba a su hijo con el fusil al lado (Martínez, 2015).
Sin embargo, el embarazo y la lactancia establecían limitaciones en las actividades políticas de las mujeres y contradecían el objetivo de la crianza colectiva.
Por el lado de Montoneros no hubo un programa específico sobre la maternidad y la paternidad, pero también existía ese ideal de una crianza socializada, que consideraba a la descendencia de cada militante como hijos e hijas del conjunto de la agrupación.
No obstante, ambas formaciones se distinguían por el maternalismo propio del peronismo histórico, que aludía a las labores de cuidados de las mujeres (Grammático, 2012).
Por el contrario, en los partidos de extrema izquierda españoles, la maternidad y la paternidad fue un aspecto ausente del proyecto político, que no concedía importancia ideológica a la familia, entendida de manera creciente como un residuo de la sociedad burguesa que había que superar, y en consonancia además con la distinción que el feminismo del momento hacía entre sexualidad y maternidad (Moreno Seco, 2017).
Aunque en reuniones de células del PTE se llegó a proponer que algunas parejas militantes tuviesen descendencia, en términos generales el recurso a métodos anticonceptivos estaba extendido entre la juventud de la extrema izquierda (Inmaculada Fernández Arrillaga, entrevista, 27 de junio de 2017).
En España, por tanto, no fue frecuente que las militantes quedaran embarazadas 6.
Según Montserrat Cervera, "si escogías la militancia, escogías no tener hijos" 7.
De hecho, según alguna dirigente, ciertas mujeres lucharon por su derecho a ser madres en organizaciones donde se creía que "la causa estaba por encima de todo" (Luz Quiñonero, entrevista, 23 de marzo de 2012).
Una vez más, al analizar los testimonios de las mujeres que pertenecieron a estas agrupaciones afloran las contradicciones surgidas entre la teoría y la práctica, entre el ser y el deber ser.
Con o sin proyecto de crianza colectiva, en su inmensa mayoría fueron ellas quienes asumieron la tarea en solitario.
Son numerosas las mujeres que afirman haberse sentido sobrepasadas por sus extenuantes jornadas de militantes, estudiantes, trabajadoras y madres, algunas de ellas siendo muy jóvenes (Diana, 1996).
Al menos entre los argentinos, se tomó como un precepto revolucionario asumir la paternidad de aquellos niños y niñas cuyos padres habían muerto o estaban presos.
Las cartas escritas durante el exilio trasmiten el afecto y la ternura que algunos hombres sintieron por los hijos e hijas de sus parejas, fruto de relaciones anteriores 8.
Si bien a través de ellas intuimos que los cuidados recayeron sobre las madres, dan cuenta de un régimen emocional referente a la paternidad que difería del de sus predecesores y entraba en contradicción con la máxima revolucionaria de supeditar las emociones a la razón.
También proliferaron aquellas militantes para quienes la experiencia de la maternidad fue un estímulo para continuar en la lucha por una sociedad más justa y libre de la doble moral burguesa.
Así, Marta Libenson, a punto de volver a Argentina para seguir combatiendo contra la dictadura, reforzaba su postura política, a pesar del miedo y de las contradicciones, por medio de la figura de su hija.
En estos términos se lo transmitía a su pareja:
Cómo sabés mi limitación principal entre una serie de cosas es Ana Victoria pero lo que me he dado cuenta es que justamente por ella, por cómo se gestó y para qué futuro la criamos, no puede ser una limitación para ninguno de nosotros.
Tiene que ser una guía ante cualquier decisión 9.
En tercer lugar, además de como un lastre o un acicate, hubo quien vivió su maternidad con naturalidad.
Cuando contaron con sólidas redes familiares o de amistad pudieron compaginar crianza y compromiso.
Cristina Piris compartió un piso con unas amigas, una de las cuales tenía una niña que atendieron entre todas (Cucó i Giner, 2016, p.
En definitiva, hubo tantos modelos de madres como de mujeres que experimentaron la maternidad, algunos de ellos contra-hegemónicos (Ricard, 2017).
Fueron muchas las que transgredieron, también a través de sus maternidades, los tradicionales papeles femeninos que les habían sido asignados, en ocasiones abandonando incluso sus hogares y dedicándose en exclusiva a la militancia.
Así lo hizo Liliana Belloni, quien dejó a su hijo con el padre y se fue a vivir con unos compañeros de agrupación.
Antes, su madre, Lili Massaferro, ya se había unido con plena dedicación a la causa de Montoneros tras el asesinato de su hijo 10.
Se dieron otros casos de militancia de madres e hijas, como Carmina Pacheco, quien ingresó en el MC después de sus hijas Silvia y Sonia Ramírez, por convicción política y por un deseo de protegerlas (entrevista, 6 de junio de 2012).
De manera que en ocasiones se produ-jo el transvase de causas y de un lenguaje político de la generación más joven a sus mayores, como sucedió, por ejemplo, en Madres de Plaza de Mayo, donde además se hizo de la maternidad una construcción política y colectiva de mujeres para luchar contra la violación de los derechos humanos (D'Antonio, 2007).
Por otro lado, de alguna manera la célula o el partido se convirtieron en una nueva familia.
El desarraigo que pudo provocar la ruptura con la familia de origen o con las amistades de la infancia fue compensado con la creación de nuevas redes entre militantes.
De hecho, fue frecuente que varias parejas vivieran en el mismo piso, compartiendo gastos y creando espacios donde se discutía de política, se acogía a compañeros y compañeras que perseguía la policía, y se forjaban amistades reforzadas por la coincidencia en los planteamientos políticos.
Desde finales de los años setenta, la experiencia de la militancia total cambió.
El ciclo contestatario de los "largos sesenta" empezó a declinar, hecho que marcó a la izquierda revolucionaria.
En España, la transición y el fin de la clandestinidad se saldó con la desaparición de algunos partidos y la evolución de otros hacia nuevos intereses.
En el país austral, los ochenta supusieron el regreso de la democracia, con políticas de condena de la violencia tanto de los militares como de los grupos armados de izquierda, hecho que se unió al dolor de las ausencias, al silencio y al ostracismo.
Pero en este diálogo constante entre lo público y lo privado, no puede olvidarse que también fue importante la entrada en la edad adulta de esa juventud rebelde, que ya empezaba a plantearse un futuro personalfamiliar, profesional-a medio plazo.
Las reacciones a este nuevo escenario fueron diversas: hubo quien se dejó llevar por el desencanto político (Beorlegui Zarranz, 2017), pero en otras ocasiones se optó por nuevas o anteriores militancias, sobre todo en el sindicalismo, el ecologismo, el pacifismo y en especial el feminismo.
Después de años de vida sentimental vertiginosa, llegaría la estabilidad de pareja, desde una relación igualitaria y abierta, cuando no la ruptura, o la dedicación a la maternidad o la paternidad.
Fue además una nueva etapa de retomar afectos, por ejemplo con la familia de origen.
En definitiva, a lo largo de este trabajo hemos corroborado cómo las complejas relaciones entre activismo político y vida cotidiana arrojan nuevos significados desde un enfoque de género, que hace patentes las contradicciones entre el compromiso y la transgresión.
La politización de lo privado supuso que la contestación política en la izquierda revolucionaria condujera a un crecimiento personal, a experimentar nuevas maneras de comportarse y a explorar unas relaciones igualitarias, pero también al sectarismo, al puritanismo y a importantes costes emocionales y fracturas familiares.
Entre quienes dedicaron su vida al compromiso total, la transgresión, tanto política como personal, presenta diferentes consecuencias en función del género: ellas rompieron con el ideal de feminidad en que habían sido educadas y, en mayor o menor grado, con el ideal militante definido en masculino; ellos no tuvieron que hacerlo, pero en cierta manera se vieron obligados a replantear su forma de actuar tanto en el partido como en sus relaciones personales.
A partir del estudio en torno a la sexualidad, las parejas o las familias, la comparación de las experiencias española, argentina y del exilio muestra que las relaciones entre género, compromiso y transgresión en la militancia revolucionaria de los años setenta presenta líneas comunes, pero también matices que enriquecen nuestro conocimiento sobre la cultura juvenil transnacional de la época y la forma de entender y practicar la militancia integral, asumida como compromiso vital.
Un compromiso que a ambos lados del Atlántico, a pesar de la cronología disímil de sus dictaduras, estuvo signado por los aires revolucionarios de "los mayos del 68", por la segunda ola feminista, por las culturas políticas familiares y por la clandestinidad, la cual impuso un régimen emocional extremadamente intenso que se fundamentó en el peligro de represión y muerte, así como en la juventud.
De ahí que la intersección entre género y edad nos haya permitido analizar con mayor riqueza la experiencia de la militancia en la izquierda radical de los años setenta, pues arroja luz sobre las tensiones, continuidades y fracturas entre distintas generaciones, que en ocasiones fueron vividas de manera diferente por hombres y por mujeres.
Queda abierto a futuros trabajos el análisis de las percepciones de las hijas e hijos sobre sus mayores.
Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigación Género, compromiso y transgresión en España, 1890-2016 (FEM2016-76675-P), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad.
Agradecemos la amabilidad de aquellas personas que han sido entrevistadas y cuyo testimonio se ha utilizado en este artículo. |
La transgresión que supone la asociación de la violencia con las mujeres se revela en el tratamiento político y mediático que han recibido las mujeres de ETA, frecuentemente asociadas con una feminidad pervertida.
Este artículo analiza la identificación del cuerpo de la mujer de ETA con la sexualidad desviada de los modelos normativos nacionalistas, explora las conflictivas relaciones de las mujeres con la violencia y se detiene en las figuras políticas y el liderazgo de Yoyes y de Idoia López Riaño.
En el primer caso se analiza la transgresión representada por la presencia inasimilable de una líder de ETA tras su abandono de la actividad terrorista y tras su maternidad.
En el segundo se explora su representación y la negociación política y mediática de su identidad.
Si Yoyes ocupa un espacio simbólico en el imaginario político vasco, López Riaño constituye un testimonio vivo en el proceso de esta militancia femenina en ETA.
Las mujeres de ETA: activismo y transgresión 2 a554
PARTICIPACIÓN Y PERCEPCIÓN DE LAS MUJERES EN ORGANIZACIONES TERRORISTAS
El terrorismo es uno de los fenómenos más complejos y más difíciles de definir por la imprecisión de sus límites en terrenos tales como el político, el social y el religioso, y especialmente por la posición ideológica de quien lo define.
Sea cual sea su concreción particular, la figura del terrorista se articula como el epítome de la transgresión absoluta por la amenaza física, económica, política y moral que impone a las sociedades en las que actúa (Malvern y Koureas, 2014, p.
La percepción social y moral de la transgresión y de la amenaza que el terrorismo representa se acentúa cuando la figura destacada en un grupo violento es una mujer.
Como explica Susan N. Herman, hay una tendencia constante a asociar inmediatamente el terrible impacto que causa el terrorismo en las mujeres en lugar de admitir su participación activa como agentes (Herman, 2009, p.
En los últimos años se advierten esfuerzos significativos por parte de la crítica para estudiar el papel de las mujeres como responsables de la violencia (Eager, 2008; Poloni-Standinger y Ortbals, 2013; Sjoberg y Gentry, 2007, entre otros).
A pesar de que siempre ha existido una participación activa de las mujeres en diversas organizaciones terroristas, y de la atención que está recibiendo en los últimos años, por ejemplo, su actividad en movimientos yihadistas, las mujeres son frecuentemente percibidas en el imaginario social como incapaces de participar activa y voluntariamente en ataques terroristas (Agra Romero, 2012; Cruise, 2016; Nacos, 2005).
Cindy Ness (2005) incide en esta misma idea y apunta a la transgresión que supone la participación de las mujeres en actos violentos terroristas, ya que supone una violación de las nociones convencionales de la normatividad de relaciones de género y de poder (p.
Por su parte, cabe destacar la aportación de Eulalia Pérez Sedeño (2012), quien incide en que la idea de que las mujeres solo desempeñan, en todo caso, labores de apoyo corresponde a unos estereotipos de género que asocian a las mujeres con la ternura, la compasión, la sensibilidad, el cariño, el cuidado, el afecto y la sumisión.
Dichos estereotipos extienden la creencia de que las mujeres son apolíticas, que la división del trabajo entre mujeres y hombres se basa en diferencias físicas y en la distinta capacidad de unas y otros para llevar a cabo ciertos actos y en que el propósito y función primaria de una mujer es ser madre y esposa, lo que refuerza estereotipos tradicionales y no permite una visión realista de situaciones en las que las mujeres actúan violentamente, como es el caso de las terroristas islámicas, por ejemplo.
La transgresión que representa la participación de las mujeres en el terrorismo se deriva de una distinción estereotipada de lo masculino y lo femenino, y de la asociación casi exclusiva de la violencia con los hombres.
Herman señala tres estereotipos sexistas que han llevado a la perpetuación de tal creencia:
Este monográfico se articula en torno a manifestaciones y prácticas no organizadas de crítica a las normas políticas, sociales y de género.
El proyecto recoge en su totalidad planteamientos y experiencias que han quedado borrados u olvidados en los tradicionales relatos políticos, sociológicos e historiográficos sobre diversas actividades, al reproducir una imagen exclusivamente masculina del activista político.
Este artículo, en particular, muestra las formas en las que la transgresión de la militancia y el activismo de mujeres en la organización terrorista ETA fue interiorizada y expuesta por parte del estamento político y de los medios de comunicación.
Y lo hace centrándose en dos figuras paradigmáticas: Dolores González Catarain, Yoyes, e Idoia López Riaño, la Tigresa.
El pensamiento binario de género y la reproducción dicotómica de los estereotipos son visibles en las maneras en que se imaginan las mujeres terroristas; son percibidas como criaturas crueles y frías sin sentimientos humanos o como simples acompañantes de sus amantes masculinos, lo que supone una diferencia cualitativa en la apreciación social y política cuando es una mujer la que comete un acto violento.
Laura Sjoberg y Caron Gentry describen en la siguiente cita las narrativas más comunes para caracterizar las mujeres en actividades violentas:
La excepcionalidad que su mera presencia supone en actividades violentas convierte a las mujeres terroristas en figuras paradójicas que resultan difíciles de incorporar a los discursos sobre el terrorismo.
La a554 doble transgresión que representan surge de su implicación en acciones terroristas y de su condición de mujeres, que se alejan de las prácticas violentas en el imaginario social construido en torno a diferencias esencialistas.
Testimonios recogidos por militantes de ETA (varones y mujeres) insisten en la dificultad asociada a la militancia femenina, que contraviene estereotipos contra los cuales las propias mujeres militantes tenían que luchar (Reinares, 1998).
La tendencia a relegarlas a tareas de "mantenimiento y recogida de información" (Reinares, 1998, p.
31) ponía de manifiesto la marcada jerarquía de la banda, algo a lo que se rebelan las propias militantes; ellas eran percibidas por sus propios compañeros de banda como elementos disruptores y provocadores hasta el punto de darse casos de acoso sexual bajo amenaza por los mismos compañeros de comando (Reinares, 1998, p.
Por tanto, los patrones de conducta, lejos de ser revolucionarios e igualitarios no hacían sino perpetuar el machismo subyacente en la propia sociedad vasca y el orden social tradicional, algo que la disciplina militar de la banda armada refuerza (Hamilton, 2007, p.
En este sentido Schraut (2014) señala que, a pesar de que en general la violencia política se enmarca en el deseo de transgredir normas políticas y de género, incluso aquellos que están a favor del terrorismo tienden a reproducir los estereotipos de género.
En la misma dirección ahonda Hamilton (2007) cuando afirma que las políticas de género de ETA son inextricables de su ideología nacionalista y sus raíces en la comunidad nacionalista de Euskadi (p.
Siguiendo esta ideología, a pesar de la creciente presencia de mujeres en ETA a finales de los años setenta y en los años ochenta, su participación continuó siendo interpretada como una extensión de sus vidas privadas y relaciones personales (Hamilton, 2007, p.
Los siguientes apartados de este artículo exploran cómo los discursos mediáticos construyen la anomalía de estas mujeres y los procesos de demonización y sexualización que se desarrollan como respuesta a lo que se percibe como una transgresión en diversos niveles del imaginario social y político.
YOYES E IDOIA LÓPEZ RIAÑO: ANOMALÍA Y DEMONIZACIÓN
Sue Malvern expone la doble transgresión que supone el hecho de ser una mujer terrorista y afirma que la violencia de las mujeres, porque contradice las normas de la conducta de género, es percibida como más excesiva que la de los hombres, amenaza a la masculinidad y frecuentemente se sexualiza (Malvern, 2014; Nacos, 2005, p.
Tal sexualización responde a la amenaza que la sociedad percibe ante un cuerpo femenino que es capaz de dar vida pero en este caso también de arrebatarla.
Es en el foco del cuerpo femenino como dador y usurpador de vida donde convergen los casos de Yoyes e Idoia López Riaño, pero además ambas ilustran los estereotipos femeninos en su versión más polarizada y arquetípica: la madre frente a la mujer fatal.
Importa señalar que Yoyes e Idoia López Riaño representan un modelo femenino inasimilable y transgresor, pero mantienen diferencias significativas en sus trayectorias vitales, y ello modifica sustancialmente el modo en que son percibidas por la opinión pública.
En realidad, sus experiencias no son comparables si no es porque ambas representan un momento y una identidad asociada a la lucha armada en el País Vasco.
Mientras Yoyes representa un activismo centrado en los movimientos revolucionarios de los años 70, muy marcado por ideologías de izquierdas y con un compromiso político inequívoco, López Riaño representa lo más duro e incomprensible de la acción terrorista, los asesinatos colectivos de los años 80 y 90, la violencia despiadada e injustificada, la actitud cínica y despectiva frente a la justicia, el impacto mediático y la construcción de una identidad basada en este impacto.
Como resultado y como proyección política, mediática y social, de Yoyes sobrevive una identidad construida como víctima y no como verdugo, marcada por su asesinato y por el hecho de no haber tenido delitos de sangre.
El suyo es el mito de la maternidad condenada: violencia y maternidad son en el imaginario colectivo conceptos antagónicos; la madre no puede ser asesina.
López Riaño, por su parte, se aleja del mito de la maternidad y encarna el de la femme fatale, contraria a la maternidad en su esencia como sexualidad exacerbada y estéril, y que en su radicalización encaja perfectamente con los modelos normativos asociados a la violencia terrorista.
En este sentido, la representación de López Riaño es coherente en tanto en cuanto se construye una imagen de mujer anómala y agresiva, cuya hiper sexualización se ajusta también a su identidad violenta.
Como se verá, la proyección de su violencia se ve asociada a lo que se percibe y documenta como una sexualidad insaciable, que la convierte en devora hombres y ejecutora, todo a la vez.
A diferencia de Yoyes, López Riaño representa la no-maternidad, la feminidad sexualizada y la materialización de la violencia terrorista en el cuerpo femenino.
LA VIDA Y LA MUERTE DE YOYES: ANOMALÍA Y TRANSGRESIÓN
Este apartado analiza la excepcionalidad de la figura de Yoyes, que encarnó la inasumible figura de una militante ETA que decidió abandonar la organización y convertirse en madre en el exilio.
La figura de Yoyes transgrede la estereotipada imagen de las mujeres que han participado en organizaciones terroristas como simples acompañantes en muchos aspectos, y el más destacado es que su liderazgo político y su militancia han sido ampliamente reconocidos.
Ha recibido gran atención crítica, aunque los estudios más significativos se refieren a la representación cinematográfica de la figura histórica en la película Yoyes, de Helena Taberna (2000).
Elisa Costa-Villaverde ( 2007), Ann Davies (2009), Santiago de Pablo ( 2012), María Pilar Rodríguez ( 2002), Carlos Roldán (2011) y Rob Stone y María Pilar Rodríguez (2015), entre otros, subrayan el tono feminista empleado por Taberna al abordar el retrato fílmico de su protagonista, y el afán por reconciliar los aspectos aparentemente insolubles de la actividad política de la protagonista y su vida privada.
Yoyes nació en Ordizia (Gipuzkoa) en 1954, y desde la adolescencia mostró simpatía por la ideología de la izquierda abertzale.
Compaginó sus estudios de Magisterio en San Sebastián con actividades de apoyo a ETA como militante legal, hasta que en 1973 tuvo que trasladarse a Francia.
La anomalía que constituye la vida de Yoyes viene marcada, en primer lugar, por su ascenso en la cúpula de ETA hasta llegar a ser una de sus dirigentes más destacadas.
En 1978 formaba parte del Comité Ejecutivo de la rama militar de ETA.
Cuando en diciembre de 1978 su compañero y mentor José Miguel Beñaran, Argala, fue asesinado a manos del Batallón Vasco Español, Yoyes pasó a ocupar su puesto al frente de la dirección política de ETA-militar.
Tras un distanciamiento progresivo de la llamada línea dura de ETA, decidió abandonar la organización y exiliarse en México.
En agosto de 1985, al no haber ninguna causa judicial abierta contra ella y de acuerdo con la Ley de Amnistía de 1977 decidió regresar a Euskadi, con su marido y su hijo pequeño (Rodríguez, 2016).
Yoyes fue asesinada por ETA el 10 de septiembre de 1986 en su localidad natal en presencia de su hijo de tres años.
Es precisamente el estatus excepcional de Yoyes como miembro del comité ejecutivo de ETA y sus decisiones a nivel político las razones motivaron la amplificación y la resonancia de sus movimientos, que eventualmente fueron instrumentales en el proceso que desencadenó su muerte.
Contrariamente a la percepción tradicional de la participación de las muje-res en organizaciones violentas, las acciones de Yoyes nunca fueron vistas como tangenciales al centro de la política.
Su conciencia política y su excepcionalidad como figura femenina estaban presentes desde el principio; Koldo Iztueta relata la integración de Yoyes en uno de los taldes (grupos o comandos) durante el curso académico 1971-1972, cuando tenía 17 años.
El talde estaba formado por solo mujeres e Iztueta destacaba el papel prominente de Yoyes y su convicción ideológica, que era muy fuerte (Garmendia Lasa, González Katarain, González Katarain, Garmendia Lasa y Dorronsoro, 2009, p.
La vida y la muerte de Yoyes reflejan la imposibilidad de responder a la pregunta que Rob Stone y Helen Jones plantean: "Where to place the female gudari?' (2004, p.
En efecto, si el lugar de la gudari o luchadora en la terminología de la izquierda abertzale supone un no-lugar precisamente por la trasgresión que representan las mujeres cuando están a cargo de la acción, en el caso de Yoyes su existencia se vio marcada por la imposición de un constante desplazamiento y de un proceso de desterritorialización permanente.
A sus exilios en México y en Francia hay que añadir la imposibilidad del regreso a su tierra natal, que se vio marcada por la amenaza desde el comienzo.
El asesinato de Yoyes se debió a dos razones principales y ambas dan fe de la imposibilidad que para el mundo de la izquierda radical supuso la anomalía que representaba.
La primera fue su maternidad, que suponía una ruptura con las políticas de género normativas del nacionalismo vasco, y la segunda fue la dimensión pública que adquirió su regreso, a pesar de sus denodados esfuerzos por ocultarse en el anonimato y por fomentar su propia invisibilidad.
Begoña Aretxaga afirma que la decisión de Yoyes de dejar el activismo terrorista para ocultarse en el anonimato de una vida civil, y especialmente su decisión de ser madre constituyó para los líderes de ETA un choque amenazante de identidades de género:
Los diarios escritos por Yoyes y editados y publicados por sus familiares bajo el título Yoyes desde su ventana reflejan la conciencia clara que la joven sentía de la escisión entre su actividad terrorista y su condición de madre.
Desde muy temprano registra en sus a554 diarios la convicción de que solo podría convertirse en madre en una segunda etapa después de su abandono de la organización: "Cuando sentí que no me involucrarían de nuevo tuve a Akaitz, un niño maravilloso que me absorbió un montón" (Garmendia Lasa et al, 2009, p.
Yoyes percibió el embarazo y el nacimiento de su hijo Akaitz como el punto final para marcar su disociación con toda participación política y, como escribe en sus diarios, como una nueva vida que cerró la puerta a la muerte (Garmendia Lasa et al, 2009, p.
Sin embargo, lo que para Yoyes era una división clara entre el antes y el después de su pertenencia a ETA no era más que una línea muy difusa e imperceptible para sus antiguos compañeros.
La relevancia que Yoyes había alcanzado dentro y fuera de ETA la hizo muy consciente de la necesidad de permanecer en silencio, de desaparecer física y políticamente para comenzar una nueva vida.
ETA también estaba muy interesada en mantener el silencio acerca de su abandono; como explica Aretxaga: "From ETA' s point of view, since Yoyes was a well-known, almost mythical figure, her desertion, if publicly broadcast, would be demoralizing for ETA(m)' sympathizers" (Aretxaga y Zulaika, 2005, p.
Los medios de comunicación desempeñaron un papel destacado tras su regreso a Euskadi.
En enero de 1986, uno de los principales periódicos españoles, Cambio 16, publicó un número con este titular en la portada: El regreso de la etarra.
Fue precisamente la insistencia en su liderazgo y en su estatura política lo que inmediatamente provocó la percepción de ella como una traidora por parte de los nacionalistas radicales.
Como explica Fernando Reinares, este modus operandi es favorecido por las organizaciones terroristas para salvaguardar su propia supervivencia:
Con frecuencia, las organizaciones clandestinas hacen esfuerzos para establecer mecanismos de sanción social e incluso de coerción física para prevenir signos de desacuerdo de quienes los apoyan (Reinares, 1998, p.
Seis años después del abandono de toda actividad política, la sombra de su envergadura como líder de ETA era todavía considerable dentro y fuera de la organización.
La respuesta dada por un representante de Herri Batasuna en abril de 1987 es ilustrativa de tal percepción de Yoyes como líder política y de la necesidad de la organización de mantener un sentido de obediencia disciplinaria: "Un ejército no puede permitirse el lujo de la traición de sus militantes y mucho menos de uno de sus generales" (citado en Letamendía Belzunce, 1994, p.
Si la presencia de Yoyes resultó imposible de asumir, su muerte está marcada en muchos aspectos por signos de la excepcionalidad que su vida representó.
La mayoría de los militantes de ETA muertos en circunstancias relacionadas con su pertenencia a la organización y la mayoría de las víctimas de ETA han sido hombres.
En este contexto, hay una preeminencia de madres y viudas que ahora son instrumentales en varias asociaciones de víctimas.
Sin embargo, Yoyes no era la madre presente para llorar la pérdida de su hijo; fue su propio funeral el que tuvo lugar en Oridizia.
Aretxaga analiza cuidadosamente el homenaje funerario de Yoyes, que tuvo lugar un mes después de su asesinato, en el que las paradojas que marcaron su vida continuaron presentes después de su muerte.
Si, como explica Joseba Zulaika, en los homenajes funerarios que se realizan ritualmente para los miembros de ETA tras el regreso del cuerpo a sus pueblos nativos, las madres tienen un papel central a menudo sosteniendo las cenizas del hijo muerto (Zulaika, 2010, p.
111), aquí se mostraba una inversión radical, ya que Yoyes era el único miembro femenino de la organización que había sido asesinado por sus antiguos compañeros.
Sin embargo, como informa Aretxaga, el homenaje funerario de Yoyes se realizó de manera similar a los organizados para miembros de ETA asesinados por las fuerzas del Estado español, e incluyó la presencia de bertsolariak (improvisadores de versos) y el homenaje en la plaza principal del pueblo (Aretxaga y Zulaika, 2005, p.
Por todo ello, Yoyes se resiste a la categorización en términos de pertenencia a las dos partes claras y diferenciadas en el conflicto de la violencia vasca entre terroristas y víctimas.
Ella fue miembro de una organización terrorista y ella fue una víctima de ETA, y ambas declaraciones son susceptibles de ser rechazadas por sectores de la población vasca.
Yoyes niega la primera caracterización en un pasaje de sus diarios en el que rechaza el modo de pensar binario y dicotómico que la define como terrorista y como traidora:
No me consideré héroe, no puedo considerarme antihéroe, tampoco fui terrorista sino militante política, el hecho de no serlo no me convierte automáticamente en parte potenciante del sistema (Garmendia Lasa et al, 2009, p.
Similarmente, es fácil entender que haya víctimas de ETA que no consideren que el estatus de Yoyes deba ser el mismo que el de las viudas, hijas e hijos de la violencia terrorista por su pertenencia anterior a la organización.
IDOIA LÓPEZ RIAÑO: HIPER SEXUALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA
No hay ninguna otra figura femenina en ETA que haya recibido más atención mediática que Idoia López Riaño.
En una noticia en Deia con motivo de su excarcelación se la califica como "el icono femenino de la banda" (Deia, 11 de junio de 2017).
Ha sido, sin duda, quien más ríos de tinta ha generado, no solo en la prensa diaria sino también en reportajes y en publicaciones que, como la de Antolín (2002), contribuyeron a fijar esa imagen de mujer fatal.
Su representación mediática se caracteriza por los grandes titulares e incide de forma recurrente en aspectos que van más allá del hecho informativo.
A diferencia del tratamiento que reciben otros miembros de ETA, varones y mujeres, a quienes se les apela con nombre completo y alias, tal y como se les identifica dentro de la banda, en el caso de López Riaño no se utiliza el alias en la banda, Margarita, sino el supuestamente dado por la policía, la Tigresa, que ha calado profundo en los medios que lo han popularizado.
Es este un hecho diferenciador de no menor importancia, ya que las connotaciones del apodo incorporan un juicio, unos rasgos de carácter, un comportamiento, que estarían ausentes en, por ejemplo, el alias de Carmen Guisasola, Lourdes, o de Belén González Peñalba, Carmen, por poner solo dos ejemplos de mujeres militantes en ETA.
López Riaño genera fascinación en los medios y se ha creado una leyenda en torno a ella que más se asemeja a un guion de thriller que a una crónica política.
Los hechos noticiables en torno a su persona (detención y extradición, arrepentimiento y acogida a la vía Nanclares y, finalmente, excarcelación) están relatados de manera que difícilmente se mantienen en el nivel de lo meramente informativo: "La Tigresa vuelve a casa: los miedos de una asesina múltiple al salir de la cárcel" (El Español, 13-06-2017), "Idoia, de Tigresa a gatita" (El Mundo, 30-07-2010), "No tiene valor para mirarme a los ojos" (ABC, 31-07-2010), "El sangriento historial de López Riaño" (El Correo, 13-06-2017), "Viaje al interior de la Tigresa" (El Correo, 24-07-2014) son algunos de los titulares recogidos en los últimos años.
Lejos de los estereotipos de la figura andrógina de militancia armada, sin concesiones a la frivolidad ni a la feminidad explícita y que responde a un modelo de conducta asimilado al de "la compañera de...", López Riaño es representada como una mujer coqueta y de sexualidad exacerbada, ajena a los modelos de feminidad del espacio simbólico vasco, donde la madre sigue gozando de un importante peso simbólico; madre que, junto a la compañera, apuntalan este universo abertzale (Hamilton, 2000).
El caso de López Riaño se hace patente en este contexto, en el que se presenta como un elemento disruptivo y transgresor, no solo para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado sino para la propia banda, cuyos miembros están acostumbrados a la militante subalterna, con tareas de supervisión de infraestructuras y no a la militante de primera fila dispuesta a apretar el gatillo.
Su actitud representa una amenaza porque desestabiliza el orden social impuesto en la banda, el cual refuerza el rol de mujeres compañeras y obedientes, sin ambición de usurpar las responsabilidades y obligaciones que por derecho natural los varones tienen asignadas (Hamilton, 2007, pp. 133-139).
El discurso con frecuencia asocia su historial delictivo a su condición de mujer, a su atractivo físico y a su sangre fría para matar.
Es así como se ha ido construyendo este mito de femme fatal: amenazadora, terrible y fascinante a la vez para quienes construyen estas crónicas.
Pocos periodistas pueden presumir más que Matías Antolín de hacer el relato más sensacionalista y machista de la militante de ETA.
En él confluyen todos los tópicos asociados a la mujer fatal, en una suerte de tono efectista que lo aleja del periodismo riguroso y lo hermana con el amarillismo más populachero.
A López Riaño Antolín la presenta bajo el subtítulo de "la cama y la pistola", como una mujer que:
[...] siempre me produjo miedo y fascinación.
Es indomable como una orquídea de acero inoxidable [...] se infiltraba como una carcoma entre los "maderos".
Se movía entre los hombres como una pantera, se escurría sigilosa entre los policías como una serpiente venenosa, se enredaba como una araña de ojos azules (Antolín, 2002, p.
En su acercamiento no académico a las mujeres en ETA, el libro de Antolín exhibe un amplio catálogo de comentarios sexistas en su caracterización de las mujeres miembros de ETA.
Colectivamente, las mujeres del Comando Madrid (el grupo más activo y letal en ETA durante la década de 1980) son así retratadas:
No tenían mucha capacidad de decisión y casi todas fueron un nudo conflictivo en la convivencia.
La mayoría (Belén, Idoia, Ainhoa, Soledad...) eran arrogantes, dominantes, manipuladoras, egoístas, mentirosas, superficiales, carentes de remordimientos, sin escrúpulos y, sobre todo, asesinas (Antolín, 2002, p.
Para proporcionar una ilustración individual dentro de ese conjunto cuya descripción incluye los estereotipos peyorativos asociados tradicionalmente a las mujeres, Idoia López Riaño es descrita por Antolín a554 como una mujer sensual, una "esclava de su cuerpo y su cabello" (Antolín, 2002, p.
20) y, al explicar más la actividad de López Riaño, explícitamente rechaza su compromiso político o inclinación ideológica, y declara abiertamente:
No tenía ni idea de política, se hizo de ETA como pudo acabar de asaltadora de bancos.
Es altiva, desafiante y coqueta.
Pertenece a la estirpe de ese tipo de mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados.
Las mujeres terroristas a menudo son vistas como apolíticas y carentes de ideología; curiosamente las mujeres que MacDonald entrevistó en el País Vasco a fines de la década de 1980, cuyos testimonios están incluidos en el primer capítulo del libro titulado Entre las mujeres de ETA, rechazan firmemente la idea de que se involucraron en la organización a través de novios y amantes (MacDonald, 1991, p.
Uno de los episodios que más ha calado en el imaginario colectivo y que ha contribuido a crear la leyenda y la imagen perversa de López Riaño es aquel que relata la obsesión que la etarra tenía por seducir a los policías: "Se dice -prosigue Antolín-de la Tigresa que cuando les tenía debajo su mayor deseo era «pegar un tiro en la boca a esos cabrones»" (Antolín, 2002, p.
Es cierto que esta fantasía, cuyo relato aparece en varias publicaciones, se presenta más como una expresión de la masculinidad amenazada que como una realidad.
¿Acaso Idoia López Riaño asesinó realmente a alguna de sus conquistas mientras las tenía entre sus piernas?
Curiosamente esta ensoñación ha iconizado a la Tigresa.
Curiosamente también nadie ha podido confirmar la autenticidad de la cita.
La expresión "se dice" o "la leyenda..."
20) pone de manifiesto que la anécdota se ha ido construyendo sobre la verosimilitud de un estereotipo: "Su exultante belleza y su sangre fría convirtieron a la Tigresa en uno de los personajes más temidos de ETA" (Antolín, 2002, p.
Interesa resaltar el término personaje puesto que realmente el discurso periodístico no hace sino construir una identidad, un personaje de ficción donde confluyen miedos y ansiedades en torno a esta feminidad desviada que transgrede espacios de domesticidad y normas de conducta; difícilmente se puede abordar la figura de López Riaño en la prensa sin asumir este punto de partida de personaje construido a priori por una mirada masculina y sobre el que se van añadiendo descripciones, escenas y crónicas que refuerzan el mito, la construcción de una identidad mediática.
Como figura transgresora López Riaño opera a varios niveles: por una parte, la feminidad marcada, atractiva y autónoma, frente al modelo de madre y compañera, más mujer que las demás mujeres en su atractivo sexual y no asimilable al tipo común de compañera de.
Por otra parte, la maketa: de origen español, padres salmantinos y extremeños, primera generación, más vasca que los vascos, extrema identidad nacionalista.
Muestra una identidad individual marcada y transgresora en estos tres extremos: étnico (no pertenece a la raza), sexual (contraviene los estereotipos de mujer nacionalista neutra sexualmente hablando y de aspecto físico común) y de género (se muestra supuestamente más violenta que sus compañeros varones) utilizando, de acuerdo al relato mediático, sus armas de mujer como armas letales.
Es sobre estas desviaciones que confluyen en lo que Rodríguez Lara denomina "hibridación de género-conflicto" (2013, p.
152) sobre las que se construye su identidad transgresora.
Sobre este entramado los medios han logrado elaborar una imagen impactante, difícilmente cuestionable por debajo de todos los clichés que han ido andamiando a la figura asesina y letal, anómala y perturbadora que es la Tigresa.
En este relato exacerbado confluyen los miedos y las ansiedades no solo de cuerpos policiales sino también de los varones de sus propias filas.
Se sabe que Soares Gamboa, antiguo compañero de comando, contribuyó notablemente a hiperbolizar la imagen rebelde, indisciplinada y letal de López Riaño en el libro Soares Gamboa.
El adiós a las armas de un militante histórico (1997), publicado también por Matías Antolín.
Aquí se recogen numerosos testimonios de la convivencia en el comando Madrid con López Riaño que han nutrido varias de las crónicas más impactantes de los últimos años.
El periódico El Confidencial, en su edición del 13 de junio de 2017, con motivo de la inminente excarcelación de López Riaño tras haber cumplido condena, publica un artículo bajo el titular "Era esclava de su cuerpo y de su cabello": el etarra Soares Gamboa habla de la Tigresa.
En el artículo se la retrata como indisciplinada, histérica, informal, inconstante, coqueta, impetuosa, manipuladora y ambiciosa: "no he salido de Euskadi para matar guardias civiles, estoy en Madrid para matar generales" dice Antolín que dijo Gamboa que había dicho López Riaño (Alonso, 2017, 13 de junio).
Si bien el hecho de que el artículo reproduzca todos y cada uno de los estereotipos más trillados de la misoginia clásica ya sería objeto de análisis en sí mismo, lo que llama la atención aún más es que la etarra debería ser noticia por su excarcelación inminente por cumplimiento de condena y no a554 por lo que un ex compañero opine de su indumentaria, aspecto físico o carácter.
La desviación de atención del hecho judicial a la crónica amarilla, con especial énfasis en la anomalía del personaje, pone de manifiesto la distorsión y manipulación que los medios hacen de la información e ilustra la construcción sesgada de identidades de género, en torno a rasgos estereotipados que nunca hubieran tenido relevancia si el excarcelado hubiera sido un varón.
Crónicas semejantes se publicaron en varios medios esos días previos y, dos días más tarde, López Riaño abandonaba la cárcel frente a una opinión pública hostil y una expectación mediática sin precedentes en los casos de sus compañeros varones.
Todo ello no tanto por la dimensión tremenda de sus asesinatos y las incertidumbres en torno a su reinserción, cuanto por el personaje que de la Tigresa se había construido durante años.
En el artículo ya mencionado anteriormente, "Idoia, de Tigresa a gatita", se cuestiona el arrepentimiento de la terrorista: Sanguinaria, fría, calculadora, una 'tigresa' [...] devoradora de hombres en sus buenos tiempos, dicen [...] sus ojos verdes y su pelo ensortijado, armas de mujer con las que salía a quemar la noche aquí y allí (El Mundo, 29-07-2010).
En esta misma línea Txetxu Aguado (2017) va un paso más allá al afirmar que "la lucha antiterrorista identificó el cuerpo de la mujer de ETA con la sexualidad desviada de la norma para las mujeres" (p.
Aguado identifica la masculinidad con el aparato del Estado, de forma que la mujer etarra ponía de manifiesto una masculinidad amenazada por una feminidad desviada.
Si bien el cuerpo de la mujer etarra supone un espacio de conflicto en la lucha antiterrorista, no es menos cierto que este uso del cuerpo femenino es común a todo conflicto.
Hubo otros y otras tanto o más sanguinarios, cínicos o fanáticos, pero a nadie como a ella se le enjuicia y castiga por mostrar unos patrones de conducta contrarios a los estereotipos de género en la militancia armada.
Este relato prácticamente homogéneo de los medios contrasta frontalmente con el escasísimo material testimonial de la propia López Riaño.
Apenas saltó a la prensa la carta que escribió al juez Grande Marlaska en 2015 y solo se hizo público algún fragmento en el que la etarra hacía valer su buena conducta, mostraba su arrepentimiento y ponía en valor las numerosas actividades carcelarias en las que se había implicado desde entonces.
El Diario Vasco en su edición del 15 de noviembre de 2015 recoge parte de este texto, en el que hace un recorrido exculpatorio por su trayectoria: Los extractos que recoge el Diario Vasco muestran a un sujeto que parece aceptar responsabilidades y reivindica un trato igualitario respecto a otros presos de ETA arrepentidos.
Ante la repetida negativa de concederle beneficios penitenciarios por la gravedad de los hechos delictivos y su aparente falta de arrepentimiento, López Riaño denuncia los "informes falseados por el subdirector de tratamiento" y se lamenta de que su caso tenga un trato diferente precisamente como consecuencia del impacto mediático que genera, pidiéndoles a los jueces que aparquen "prejuicios hacia mi persona" y "busquen la equidad y verdad" para concluir con una cita: "Maquiavelo declaraba con razón que todos ven lo que aparento, pocos ven lo que soy".
¿Y quién es Idoia López Riaño, Tigresa, Margarita o últimamente solo Idoia?
Independientemente del discurso mediático que ha construido al personaje de la Tigresa, poco se sabe del sujeto que hay detrás de este.
En un artículo publicado en La Razón el día anterior a su puesta de libertad en 2017, el titular informa con un tono muy crítico de que "La Tigresa teoriza sobre la violencia de género tras matar a 23 personas", para añadir en el subtítulo y con una foto de media página: "Mañana la etarra abandona la cárcel tras cumplir 23 años de condena, uno por cada víctima.
Ha estudiado valenciano, Tai Chi, y escrito un prólogo sobre casos de maltrato" (Zuloaga, 2017, 12 de junio).
El prólogo al que se refiere la noticia es el de una colección de relatos, En el umbral del dolor, en el que López Riaño traza un semblante de sí misma como persona con inquietudes y una sensibilidad muy desarrollada hacia el dolor ajeno, encarnado en todas aquellas mujeres de las que habla, compañeras carcelarias y que han sufrido en sus vidas la violencia, el dolor y el abandono.
Sin duda este semblante de Idoia López Riaño produce cierta perplejidad y choca frontalmente con el de la Tigresa, dando una vuelta de tuerca más al carácter transgresor del que se habla al comienzo de a554 este artículo y a la construcción polarizada de identidades en conflicto.
De asesina inmisericorde y fanática a defensora de los derechos de las mujeres a través de una serie de relatos biográficos que ilustran su capacidad para la narrativa y para penetrar en el sufrimiento ajeno, erigiéndose en voz de las sin voz.
Reivindica, en un tono autobiográfico, hablar de "las debilidades humanas, de los sentimientos, de lo que puede llegar a suponer para una mujer vivir encasillada, impotente, tolerando todo lo que una vida estereotipada nos marca a cada una" (López Riaño, 2012).
El abandono de la disciplina de la banda y su posterior expulsión de ETA pudieron facilitarle no solo la relación más estrecha con otras reclusas comunes y un espacio de comunión en el que sus "propias experiencias se unen a las de las demás para crear un todo en el que nos confundimos, ya sin identidades, sólo con un factor común: el dolor", sino todo un proceso de reconstrucción identitaria.
Las experiencias pasadas adquieren una nueva dimensión en esos nuevos espacios de encuentro y negociación, en los que se reclama
[...] una perspectiva interior de las propias mujeres, algo que nos toca tener en cuenta a nosotras mismas, cuando seamos capaces de hacerlo.
Aún debemos quitamos muchas máscaras, asumir demasiadas actitudes erróneas y enfrentarnos a ellas, cambiarlas porque se han convertido en hábitos y costumbres que nos llevan a callejones sin salida en nuestras relaciones con los hombres, con todo el mundo en general.
Y también con nosotras mismas.
Necesitamos una toma de conciencia.
Y será doloroso, pero saludable y liberador.
Algunas de nosotras ya estamos pasando por ello (Prólogo de El umbral del dolor, 2012).
El texto habla de procesos de reconstrucción emocional a través de la narrativa y del carácter liberador y purificador de la palabra.
Las mujeres cuyos testimonios constituyen los relatos del libro son a la vez víctimas y perpetradoras de violencia, asesinas muchas de ellas que han experimentado los límites del desamor, la crueldad y el abandono, cómo la violencia engendra violencia y cómo solo desde la construcción de su propio discurso, desde su autonomía y no la he-teronomía a la que han estado sometidas, se puede llegar a un proceso transformador y reparador.
La transgresión que representan estas dos mujeres se ve claramente articulada en la proyección política, mediática y social que han recibido.
Dentro del País Vasco ninguna de las dos se adecúa al prototipo de género propio de la ideología tradicional nacionalista, y ni siquiera a los modelos y prototipos que perpetuó la llamada izquierda abertzale y que no distaban considerablemente de esa imagen arquetípica de las mujeres como madres o como apoyo del gudari, pero alejadas por lo común de la acción y del liderazgo.
Fuera del País Vasco, la prensa y las publicaciones acentúan el sensacionalismo ligado a su regreso (Yoyes) y la hiper sexualización y la condena (López Riaño).
Al alejarse de los modelos normativos de la feminidad establecida y al confundir los compartimentos estancos en los que -consciente o inconscientemente-se alojan las únicas identidades posibles para las mujeres, ambas se muestran como sujetos que acusan las tensiones propias de la transgresión.
Las dos vulneran las normas de la sexualidad y la feminidad normativa al abrazar un espacio de violencia y de actividad política radical; se convierten en identidades complejas donde confluyen los miedos y las ansiedades tanto de un universo abertzale atrapado en sus propios prejuicios y recelos, como de una sociedad civil indignada y perpleja.
Durante décadas, el terrorismo en el País Vasco se identificó con unas prácticas y unos modelos de comportamiento exclusivamente masculinos, e incluso el relato literario y fílmico raramente representó a las mujeres y ello acentuó el carácter transgresor que figuras como las estudiadas en este artículo representaron. |
El objetivo de este trabajo es analizar las diversas manifestaciones de transgresión que tienen su origen en los últimos años de la década de los 70 y en los 80 en España, y su reflejo en los estereotipos de género.
Desde las actitudes libertarias, pasando por la superwoman como modelo de mujer emancipada, hasta los nuevos modelos de maternidad intensiva que comienzan a introducirse a finales de los ochenta, la transgresión se ha manifestado de diversas formas durante este periodo en el que las españolas a duras penas lograron superar el modelo tradicional impuesto por el franquismo.
En este contexto, la transgresión se manifestó como un fenómeno superficial, inherente al momento sociopolítico y vaciada de un contenido reivindicativo.
En este trabajo nos aproximamos al final de los años 70 y a la década de los 80 a partir de las diversas manifestaciones de la transgresión como "registros de comunicación efímera" (Gómez Alonso, 2013, pp. 199-214), ajenos a una categorización política o cultural, cuyo único punto común fue mostrar la ruptura con un tiempo pasado.
No entramos por tanto en el campo de la militancia, sino en un abanico referencial mucho más amplio que incide en la construcción de unos estereotipos de género sujetos a un ideal transformador.
Nos interesan desde las actitudes libertarias de finales de los 70, pasando por la construcción de la superwoman de los años 80, emancipada y libre para tomar sus propias decisiones, hasta el relato de una maternidad presentada como una nueva tierra prometida en la que poder aterrizar desde el empoderamiento femenino en los 90.
Ya al final de la dictadura aparecen las primeras señales de renovación respecto al rol tradicional de madre y esposa.
El movimiento feminista, que comenzaba su reorganización por entonces, cuestionó directamente ese ideal de feminidad, y especialmente la maternidad, como destino principal o esencia femenina.
La anticoncepción y el aborto, la recuperación del control sobre el cuerpo y la sexualidad o el cuestionamiento de la familia tradicional se convirtieron en objeto de reivindicación permanente (Mira Abad y Moreno Seco, 2004, p.
Tras la muerte de Franco, los últimos coletazos del feminismo de segunda ola llegaban a España sin que sus aguas reivindicativas impregnaran el horizonte vital de muchas mujeres.
La puerta del cambio les ofreció una imagen de la transgresión muy superficial, construida desde el cine, la música, la publicidad, las revistas femeninas y la llamada contracultura, considerada ya en esos momentos como el "colorín del underground", manifiesto en "el comix, las flores en el pelo, el neonaturismo y la mitología del puerro"; un "invento de los snobs americanizantes", tan "irrelevante, ficticio y nimio que ni resiste ni merece discusión ninguna" (véase Savater, "Sobre la contracultura, la incultura y todo lo que lleva a la sepultura").
La mayor parte de las referencias aportadas representan una transgresión percibida como inherente al momento sociopolítico, de manera que podía ser vaciada de contenidos reivindicativos.
Resulta paradójico que un proceso impulsado por la destrucción de los viejos estereotipos y convenciones se redujera en muchos casos a una mera simulación de rebeldía o irreverencia sin rumbo.
Los "modernos, progres, feministas, pacifistas y grupos periféricos" (Lladó, 2001, p.
27) protagonizaron una "rebelión" que sobrepasaría los límites de un cambio generacional marcado por una estética o unos hábitos radicalmente distintos a los de sus progenitores y por un discurso transgresor muy heterogéneo.
Su argamasa referencial era la contestación al poder establecido y la superación de un pasado forjado bajo la oscuridad franquista.
El hecho de que las mujeres adquirieran protagonismo público en este contexto ya se consideraba un signo de transgresión.
Analizamos las diversas narrativas de la transgresión desde sus manifestaciones más explícitas, encarnadas por el discurso libertario o el autodenominado underground y su ofensiva contracultural, hasta su percepción como proceso natural o derivado del cambio sociopolítico en España.
La idea subyacente en el discurso transgresor no siempre era alterar o desestabilizar el mainstream volviendo del revés los estereotipos vigentes.
Además, tras el franquismo, emerge una transgresión "constatativa" (Austin, 1991), que no apelaba a la subversión porque se asumió como un proceso natural, inherente al propio relevo vital que encarnan las mujeres jóvenes, situadas en las antípodas de los patrones convencionales que representaron sus madres y abuelas.
De ahí, la necesidad de prestar atención a las expresiones consideradas contraculturales, evidentes en el mundo del cómic o en la música.
Pero también, a otras manifestaciones perfectamente identificables en las llamadas publicaciones femeninas que, como señala Anne-Marie Dardigna (1978), lejos de dar la palabra a las mujeres o traducir sus preocupaciones, las suprimen al eliminar cualquier elemento dialéctico, introduciéndolas en una especie de afasia bajo la apariencia de una transgresión controlada, canalizada, realizada en el día a día a través de imágenes de una feminidad triunfadora, encastrada en un esquema teleológico (p.
El concepto de transgresión y sus diversas interpretaciones ha sido analizado a partir de dos ejes bien definidos: En el primero, abordamos lo que nosotras consideramos como transgresión banal, un concepto que, como veremos posteriormente, está relacionado con la construcción de los nuevos estereotipos transgresores cuyo impacto nos interesa especialmente desde la perspectiva del universo libertario o del cómic adulto.
En el segundo, nos aproximamos a la maternidad, como proceso sobre el que se ha construido la idea de feminidad desde el siglo XIX, y los estereotipos derivados de su exposición a la transgresión de los años 70 y 80, a partir de algunas de las figuras más relevantes del cómic feminista y de las publicaciones familiares.
Un enfoque que pone de manifiesto las contradicciones de unos años que ya por sí mismos se han convertido en un estereotipo del cambio y la libertad.
LA TRANSGRESIÓN BANAL Y SU REFLEJO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO EN LA ESPAÑA DE LOS AÑOS 70 Y 80
Estudiamos un periodo en el que la idea de cambio impregna la política, la sociedad y la cultura a través de manifestaciones vacuas que podían adquirir inmediata legitimidad por el mero hecho de que contrastaban "con el gris oscuro y raído de la dictadura".
El resultado no fue una transformación "revolucionaria" sino "de superficie" (Pardo, 2006, p.
1), visible en un relato del "deber ser abstracto" cuya materialidad derivaba de las palabras, los gestos y las imágenes.
La revista libertaria y contracultural Ajoblanco recoge a la perfección ese espíritu.
Sus redactores se declaraban herederos del 68 y representantes de quienes no habían "vivido más experiencia que la transición".
La cultura como "plataforma creativa" que facilita "la apertura al diálogo sin cortapisas" no renunciaba al "ocio y diversión", el "cachondeo y compromiso", la "imaginación y fantasía, pero jamás corrupción".
Ambigüedad e idealismo en una visión de "lo social" que integra el "talento, la ética, la sensibilidad, el agua, el inconformismo, la política otra, la civilidad, las asociaciones de las ciudades, las artes, la educación, el mestizaje, el politeísmo, la cultura, los equipos, las redes, la poligamia, la trans-gresión..."
No estamos ante un fenómeno exclusivamente español.
La rotura de los viejos esquemas teleológicos de la modernidad, la subversión de la universalidad y de cualquier signo de historicidad se hace visible en un mundo globalizado.
La estética de la resistencia se generaliza a partir de una "microrrevolución de la banalidad o transpolítica del deseo" (Wolen, 2006).
La pura apariencia es la transgresión; no es un engaño: es el verdadero objetivo.
Detrás de la deslegitimación del poder establecido o de cualquier principio de dominación no existe ninguna aspiración hegemónica.
Se trataría de la "liquidación de todos los referentes" y la "generación simulada de diferencias" (Baudrillard, 1984), a partir de múltiples propuestas que van desde las reivindicaciones libertarias a las estéticas más perturbadoras y a la torsión de códigos e identidades más llamativos (Nelly, 1989, p.
En España estos procesos se ven condicionados por un pasado que lastraba inevitablemente la apertura hacia nuevas expectativas.
Las jóvenes de la época miraban por primera vez más allá de la maternidad y el matrimonio.
El salto es enorme, especialmente para las mujeres jóvenes con estudios medios y superiores.
Son mujeres que, a diferencia de sus madres, conservan la actividad laboral en periodos sucesivos.
Sus progenitoras abandonaban la actividad profesional tras contraer matrimonio.
En cambio, sus hijas podían compatibilizar matrimonio, hogar, trabajo extradoméstico y maternidad.
Es una transformación generacional profunda, acompañada por la "negación" de los modelos de feminidad y masculinidad vinculados a la losa de la dictadura.
Pero desde una perspectiva cultural, la forma de canalizar este cambio de paradigma no fue homogénea.
Muchas de estas jóvenes no estaban "entrenadas" en la lucha política, de manera que su interpretación de la transgresión se manifestaba en elementos tan efímeros como la apariencia y la ambigüedad (Baudrillard, 1984, p.
La "absolutización de la diferencia" constituía una fórmula de derribo de "convenciones y conveniencias" (Bourdieu, 1988, pp. 44-45) que no derivaba de la militancia sino de una especie de actitud vital de rechazo hacia lo establecido.
El propio cuerpo adquiría protagonismo en la expresión de actitudes de resistencia (Benavides, 2016) que podríamos calificar de somáticas porque las formas de oposición al llamado mainstream no estaban construidas desde parámetros racionales o funcionales.
El testimonio de la cantante Ana Curra, que se autocalifica como una transgresora frente a los "perdedores", resulta sumamente esclarecedor en este sentido: Íbamos a los pueblos de España y nos llamaban brujas, putas y zorras.
En algún sitio concreto tuvo que venir la Guardia Civil porque estuvieron a punto de tirar los camerinos porque nos querían violar [...].
No obstante, yo, como mujer, me divertía mucho.
Era muy joven, estaba descubriendo el mundo y me provocaba mucha diversión ir por la calle viendo cómo te miraban, no sabías si como una zorra puta o escandalizados.
Había ese morbo de epatar por parte nuestra, al menos por parte mía, a toda esa gente mayor que pretende que porque eres mujer le debes algo.
La verdad es que este tipo de cosas las he intuido cuando las he tenido enfrente, pero no me han causado ningún shock en mi vida, siempre me he sentido por encima de estas historias.
No he tenido que luchar en el mundo de las feministas porque consideraba que lo tenía ya superado (véase Ana Curra: "Hubo dos Movidas: la light que se ha vendido, y la de los perdedores y transgresores") 1. a555 Pero no todas las manifestaciones tenían por objeto escandalizar.
Las revistas femeninas de la época también proponían su propio modelo transgresor de mujer (Muñoz Ruiz, 2002), aunque solo fuera un mero revoco del eterno femenino y sus atributos tradicionales (Domínguez Juan, 1988).
Estas publicaciones fagocitan la idea de transgresión.
La domestican a través de la imagen de una mujer triunfadora, confeccionada a partir de la superposición de nuevos roles sobre los viejos.
Aunque aparentemente se supera el modelo de la mujer complementaria, muestran una feminidad sexuada, centrada en la seducción y en una disponibilidad sexual que es interpretada como un signo de libertad (Jareño, 2016, pp. 179-198).
En estas revistas el nosotras no tiene por objeto crear una identidad; justamente es lo contrario: se individualiza con fines publicitarios.
Los antiguos roles son fácilmente identificables en este texto de la revista Cómplice publicado en septiembre de 1985:
A ti, mujer activa, que sabes administrar tu dinero; a ti que te interesas por los temas actuales y haces que avancen las ideas nuevas; a ti que tomas decisiones autónomas y eres capaz de lograr que funcionen las cosas [...]; triunfar en el trabajo y pintar algo en el mundo; ser feliz con un hombre y tener hijos magníficos; vivir en una casa acogedora que los amigos frecuentan [...] tener una imagen súper y un tipo extra.
Ser ni más ni menos que una mujer de ahora, es decir ¡un superhombre!
DOS MIRADAS DISTINTAS: DE LA TRANSGRESIÓN LIBERTARIA DE AJOBLANCO EN LOS ÚLTIMOS 70 A LA TRANSGRESIÓN DE LOS MODELOS DE FEMINIDAD EN EL CÓMIC DE LOS 80
Como hemos señalado anteriormente, el concepto de transgresión y su impacto en los modelos de género tradicionales nos permite abarcar visiones muy distintas en torno al imaginario del cambio y la transformación social.
La revista libertaria Ajoblanco es una de las manifestaciones más claras de ese impacto.
A finales de esa década muestra la efervescencia de una juventud que quería romper con todos los símbolos tradicionales de género, como el matrimonio, la maternidad o la educación, pero que en ocasiones adolecía de escasa profundidad "revolucionaria".
La información que nos ofrece la revista sobre las Primeras Jornadas Libertarias Internacionales organizadas en Barcelona por la CNT en julio de 1977, nos aproxima a las contradicciones en torno a la transformación de esos modelos y la búsqueda de referentes sobre los que anclar el ideario revolucionario.
Una muestra es la entrevista a Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes de mayo del 68 en Nanterre, conocido en esa época como Dany el rojo y autodenominado en 1999 como "libertario liberal" (Hernández Velasco, 2017, 7 de mayo) 2.
Con motivo de su participación en las Jornadas, él mismo definía la experiencia revolucionaria del 68 como "inigualable, pero con los pies de barro", con unos ideales de "transformación profunda y radical de la sociedad", aunque distanciándose de la militancia izquierdista tradicional concebida como "una carrera por ver quién llegaba antes o a quién le ponían el título de revolucionario".
Cuando se le pregunta en qué puesto dejaba a las mujeres, la respuesta resulta concluyente:
Desde luego somos culpables de que se nos acusara de machistas, queríamos cambiar las cosas, pero a nuestras compañeras sólo les dejábamos servir el café y ayudarnos a pasar los textos "revolucionarios" a máquina.
Yo apoyo la causa feminista de la mujer, en esto he cambiado mucho, como también apoyo las luchas de los marginados y los homosexuales, pero creo que las mujeres deben luchar ellas solas, todas juntas 3.
Karmele Marchante, una de las redactoras en esos años, utiliza la expresión machismo ácrata para describir la actitud de unos anarquistas que en esas mismas Jornadas celebradas en el parque Güell hicieron gala de su "protagonismo verbal" y su "insistente y famosa capacidad para la especulación abstracta" para acaparar toda la atención.
Las feministas allí presentes decidieron reunirse en otra parte para hablar de "esas cosas estúpidas que nos preocupan: familia, reproducción, derecho a nuestro cuerpo, defensa frente a la violación y otras violencias...".
La reacción de los varones "cargados de símbolos anarquistas" no se hizo esperar.
Acompañados por Mujeres Libres, las "compañeras de anarquistas", que corrían en "ayuda de sus hombres", las insultaron llamándolas "reaccionarias, fascistas, lesbianas, stalinistas y machistas" 4.
El rechazo a las formaciones políticas tradicionales se puso de relieve en otro artículo titulado "Sostenes y violetas a Teresa Pàmies, de las radicales con amor" (marzo 1977), en el que la periodista arremete contra la histórica dirigente comunista con estas palabras: "aquello no es una mujer.
Es "algo", me repugnaría tener que llamarla hombre".
Marchante critica su identificación total con la "cultura dominante" y declara un "RIP para Teresa Pàmies y su pretendido feminismo.
Las feministas no queremos ser engañadas".
Una de las fórmulas que cuestionaba directamente, al menos en teoría, los estereotipos tradicionales era el ideal comunal, que materializaba la liberación sexual y la definitiva disolución de roles.
Sin embargo, a555 los testimonios apuntan en otra dirección y vinculan a la comuna con su propio estereotipo.
Como señala Melville (1980), cada comuna "es como un test de Rorschach [...].
Los visitantes esperan encontrarse con el amor libre, cuerpos desnudos, hippies ociosos y un poco sucios [...], pero los curiosos no captan nada de lo que en realidad está sucediendo" (p.
Pepe Ribas, fundador de Ajoblanco, e impulsor él mismo de una comuna, señala que en realidad "tampoco fuimos tan libres".
La moral franquista y el catolicismo conservador habían establecido un divorcio total entre cuerpo y alma difícil de corregir en un santiamén" (Ribas, 2011, p.
Por un lado, estaban las agrupaciones vinculadas a la gauche divine, en las que podías encontrar "mujeres burguesas y extravagantes, bastantes modernas, que iban de poupées y mantenían vínculos editoriales con Lumen".
Pero las comunas también fueron fórmulas de convivencia alternativas para muchos jóvenes que buscaban escapar de la opresión familiar.
Ribas señala que la "superación de la pareja" constituía un elemento clave porque es "siempre un centro de poder".
Además, se mezclaba todo: "la alternativa con la mera huida, la reacción salvaje de romper con el pasado, familia incluida, autoestimulación sexual y pecados, con la bonita idea del campito, la comuna o el piso que todo nos lo va a solucionar, porque entre sus paredes nos haremos todos muy lilis» (Ribas, 1980).
Los anuncios en el Ajoblanco de aquellos años muestran esta diversidad: "gente cachonda dispuesta a formar una comuna rural en Galicia", una "comuna en formación" para dos chicas, o un piso para seis personas que permita la "revoluçao", momento en que "seréis ampliamente recompensados a polvos".
También se comenta la evolución de algunas de estas experiencias y su fracaso, que en el caso de una comuna madrileña estuvo motivado por problemas relacionados con las parejas porque en realidad "las comunas no son ningún cuento de hadas, son lugares donde todas las contradicciones estallan muy intensamente" (véase Cuadernos comuneros.
Pero es en la sección Cloaca donde la banalización del horizonte transgresor y su impacto en los estereotipos de género se hace más evidente.
En algunos momentos se convierte en un tablón de anuncios de contactos envueltos en el halo de la liberación sexual: una "tía liberada de 25 años", "disminuida", reivindica su derecho a "vivir, amar y gozar".
Un chico anuncia sus próximas vacaciones que quiere aprovechar para "recapacitar y pensar la manera de sacudirme el yugo que me aprieta.
A ver si hay un par de tías o una sola que quiera venir a gastos pagados al piso que pienso arrendar.
Prometo cerveza, sardinas, boquerones, pimientos fritos [...] y amor sin límites".
O también el anuncio de un "viejo militante de 56 años, obrero manual", que regresa a España "desmoralizado, carcomido por sus propias contradicciones internas, pero libre de todo prejuicio burgués" que desearía relacionarse "con revolucionarias".
En otro ejemplo se argumenta el atractivo de una fiesta con "chorvas" y "algún tío de lo más excitante" que se celebra en la noche de Santo Tomás, en la que se prometen "rebeliones estudiantiles semejantes a las de mayo de 1968" con el acicate de un jeep permanente "de grises en la puerta" (véase Cuadernos comuneros.
Si de los personajes de carne y hueso saltamos al universo del cómic, encontramos que esa misma idea de liberación sexual se asume como la transformación definitiva de los modelos de género.
Ya en los 60 aparecen figuras de heroínas como Mary Noticias.
Amor, misterio, aventura, con un guion muy lineal y una trama inocente, que no pretendía enfrentarse a la censura, pero con una protagonista independiente y aventurera alejada de los cánones vigentes (Acedo y Barbará, 2010).
Pero es sobre todo en los 80 cuando las mujeres se convierten en protagonistas, no por intereses comerciales, como hizo Marvel al considerarlas como potenciales lectoras, sino como un signo de subversión.
Encontramos los tópicos del underground: sexo, violencia y drogas, que paradójicamente rechazaban esa misma realidad.
Al mismo tiempo se va diluyendo la aureola contracultural y subversiva al desaparecer la censura y confluir con la cultura oficial (Lladó, 2001, p.41).
Historias como María Lanuit, de Alfredo Pons, nos ofrecen la imagen de una "bailarina de un mediocre cabaret de las Ramblas" en la noche barcelonesa, y la vida en los bajos fondos, cuyo signo transgresor es una sexualidad sin límites ni tapujos (Pons, 1984), que en realidad se reduce a un modelo de mujer cuyo poder reside exclusivamente en la desinhibición sexual.
El mismo autor publica un año más tarde y en la misma línea Internas, la historia de "un respetable internado femenino" en el que sus "jovencísimas alumnas" se masturban, se drogan, seducen a sus profesores, se prostituyen "por diversión o mantienen entre ellas relaciones lésbicas", en "una obra, que de existir aún en nuestros días la Santa Inquisición, sería condenada, sin duda alguna, a las purificadoras llamas de sus hogueras" (Pons, Guerrero y Galiano, 1985).
Cleopatra es una heroína distinta.
Su autor, Mique Beltrán, buscaba una protagonista que no tuviera "un papel meramente ornamental: o eran las a555 novias del héroe a quien había que rescatar o tenían un componente puramente erótico, así que pensé en una protagonista guapa y simpática, que no renunciara a su feminidad, pero que asumiera los roles que hasta entonces estaban dirigidos a los hombres, como el liderazgo, la acción, las peleas, y las persecuciones" (véase "Entrevista a Mique Beltrán", 12 de noviembre 2015).
Se muestra como una mujer libre en su trabajo y en las relaciones con los hombres (Beltrán, 1987).
La protagonista de Zora y los Hibernautas es pacifista, está embarazada e interviene en una trama en la que se invierten los esquemas tradicionales de los protagonistas.
También en Ghita de Alizarr, publicada en la revista 1984, la protagonista es una antigua prostituta, alta y rubia, que enfundada en un provocador bikini se convierte en la heroína de la historia (Lladó, 2001, p.75).
MATERNIDAD Y TRANSGRESIÓN: DE LA SUPERWO-MAN A LA CRIANZA CON APEGO
La incorporación de las mujeres al mercado laboral a partir de los 70 no fue acompañada de un cambio de mentalidad en los varones, que generalmente continuaron sin asumir las tareas derivadas de la paternidad o las labores domésticas.
Estos "temas" seguían siendo considerados inherentes a la esencia femenina.
Surge así el mito de la superwoman, construido como una transgresión "constatada" frente a los valores de referencia y pautas de conducta de sus progenitoras, representada como una mujer independiente, pero que carga con todas las responsabilidades familiares.
El origen del estereotipo, vinculado al cómic y al antagonismo que se establece con el héroe masculino (superman), resulta un modelo irrealizable por la imposibilidad de conjugar la nueva cultura de masas y el mantenimiento de los valores de la familia tradicional (Romero, 2017, p.
Es una imagen que busca el empoderamiento femenino a través de una retórica feminista bajo la que subyace una desigualdad encubierta que utiliza la coartada de la libre elección (de Miguel, 2015) y que muy pronto muestra señales de agotamiento tal y como lo expuso en su obra una periodista francesa, célebre por su trabajo como columnista en la revista Elle (Fitoussi, 1989).
La aparición de este modelo coincide con un cambio en las pautas de maternidad.
Desde 1970 las tasas de fecundidad sufren un claro descenso en toda Europa, y desde 1980 en España.
Además, se observa un descenso de la nupcialidad y un ascenso en la edad del matrimonio (Alberdi, 1996, pp. 51-57).
El trabajo y la difícil compatibilidad entre vida familiar y laboral explican, en parte, el constante descenso de la natalidad.
La imposición de la doble jornada laboral condiciona la vida de estas mujeres nacidas en el franquismo (Romo Parra, 2001, pp. 55-81) y formadas en la democracia, inmersas en una dinámica económica globalizada que prima la competitividad del mercado y la desigualdad social (Shipman y Kay, 2009) y que determina su evolución vital, tanto en su faceta profesional como familiar.
El cómic, la viñeta y el humor gráfico actuaron en esos años como plataforma crítica ante los modelos tradicionales de feminidad y maternidad.
A diferencia del cómix, las ilustradoras e historietistas del cómic feminista cuestionan esos estereotipos desde un horizonte ciertamente transgresor y reivindicativo.
Su objetivo era impulsar una toma de conciencia en torno a la desigualdad y la opresión de que eran objeto las mujeres por parte del mainstream.
Este tipo de activismo exigió un gran esfuerzo para hacerse un hueco en un mercado que rápidamente comenzaría a saturarse, tras la irrupción del nuevo cómic adulto caracterizado, como hemos visto en el epígrafe anterior, bien por su carácter satírico y reivindicativo, bien por un contenido erótico, en ocasiones exacerbado y mezclado con elementos fantásticos.
En ambos casos, la presencia de mujeres en el boom del cómic para adultos deja de estar definida por la representación de lo personal o cotidiano.
Nuria Pompeia es uno de los principales referentes del cómic feminista en España.
Desde una posición crítica y en clave de humor, utiliza "la ironía desesperada" y el sarcasmo para retratar la condición femenina.
Pompeia colaboró con algunas de las revistas más importantes del momento, como Cuadernos para el Diálogo, Por Favor o Vindicación Feminista, entre otras muchas.
Desde 1970 Triunfo publicó semanalmente La educación de Palmira, una de sus tiras más conocidas.
En ella criticaba la educación como mecanismo de socialización y de transmisión de unos valores que dirigían a las mujeres directamente hacia el matrimonio y la "infelicidad".
La protagonista, al igual que la propia autora, optaban en ese contexto por la rebelión frente a la sumisión y la resignación, en un discurso subversivo dirigido contra el modelo femenino tradicional que constreñía el desarrollo de las mujeres jóvenes.
En Mujercitas (1975) Pompeia criticó la institución familiar, al presentar el hogar y la maternidad como elementos de alienación para las mujeres.
Apelaba especialmente a toda una generación de progresistas que se manifestaban por la libertad de expresión y de reunión sin cuestionar la situación de discriminación femenina, cuyo verdadero origen resi-a555 día en el hogar y en el desigual reparto de tareas que limitaba su militancia política.
Paradójicamente, las mujeres eran objeto de una mayor exposición pública, aunque desprovista de cualquier noción reivindicativa al ser consideradas por los medios como objeto de consumo y potenciales consumidoras desde el hogar.
El activismo de Pompeia como precursora del cómic feminista resulta imprescindible para entender el contexto en el que comienzan a cuestionarse las tradicionales representaciones culturales de la maternidad.
En uno de sus primeros trabajos, Maternasis (1967), la aborda desde un enfoque ciertamente transgresor al exponer una visión desmitificada del embarazo y del parto que contrastaba con la imagen difundida y aceptada socialmente.
En un tono pesimista, acentuado por un trazo esquemático sobre un fondo plano, representa las repercusiones vitales de la maternidad: desde los cambios físicos que experimentan las mujeres con un embarazo que limita y condiciona su actividad, hasta las implicaciones emocionales que derivan en una sensación de inseguridad en torno a sus capacidades como individuo.
Maternasis no solo cuestiona la imagen idealizada del embarazo como "dulce espera", sino también la propia naturaleza de las relaciones materno-filiales.
En sus viñetas representa la sensación de extrañeza frente a la vida que se está gestando y la posible hostilidad o rechazo que puede experimentar la madre.
La imagen de un bebé con una cabeza desproporcionada que yace junto a su progenitora convaleciente tras el parto, que se agita amenazante por su llanto incesante, resulta contundente.
La cuestión de la maternidad y su desmitificación también fue tratada por Montse Clavé (Cádiz, 1946).
Ella comenzó dibujando para la revista femenina Sissi (de editorial Bruguera), dirigida a adolescentes, con historietas románticas y sentimentales.
Durante la transición su trabajo experimentó un viraje radical al incorporarse al equipo de la revista satírica Butifarra!
(Barcelona, 1975) y a la editorial LaSal, voz del feminismo catalán.
De este periodo destaca su historieta La mar, publicada en el especial mujeres del cómic adulto Tótem (1979).
En esa historieta, Clavé y Mari Chordà nos presentan, a través de la estética underground, una imagen absolutamente desmitificada de la maternidad, ligada a la opresión en el interior del hogar, origen de la soledad y el aislamiento del ama de casa.
La principal novedad es la inclusión de elementos eróticos que en cierta forma dificultan la interpretación del discurso.
La protagonista de la historieta, que acaba de conocer su embarazo, se masturba frente al mar mientras es acunada por las olas.
Para representar el momento del parto, las autoras recurren a elementos fantásticos: "cuando el sexo se abrió, entre borbotones de agua y algas, salió la barquilla violeta.
La mujer se embarcó y adentro, adentro se fue haciendo grande mientras se iba perdiendo" (Chordà, 1977).
Una metáfora sobre la pérdida de la identidad y del yo, que se inicia tras el parto.
En los años 80, la maternidad continúa siendo objeto de atención y debate, a pesar de los avances en materia de derechos (despenalización de los anticonceptivos en 1978, apertura de los primeros centros de planificación y orientación familiar, legalización del divorcio en 1981 y despenalización del aborto en 1985, entre otros).
La escritora Victoria Sau (Barcelona, 1930) cuestiona el mito de la maternidad desde una perspectiva feminista.
Al igual que Clavé, Victoria Sau comenzó escribiendo guiones para cómic femenino, cuentos, libros de cocina y novela rosa, bajo el seudónimo de Vicky Lorca.
En este sentido, ambos casos resultan paradigmáticos por su propia evolución derivada de la interiorización y posterior toma de conciencia respecto a unos estereotipos y a un discurso de la desigualdad inherente a las propias estructuras de poder (Jiménez Morales, 2011).
En su obra Diccionario ideológico feminista (1981) Sau abordaba la cuestión de la maternidad desde una perspectiva transgresora, poniendo el acento en la familia, "creación masculina y patriarcal" y unidad económica donde tenía lugar la explotación del ama de casa.
También trata la naturaleza de la relación materno-filial, en concreto el análisis del vínculo madre-hija, que califica como "la más dramática de todas las relaciones humanas", que pone de relieve la condición servil de la mujer-madre "por toda la herencia relacional, la opresión, discriminación y explotación que ella misma sufre" (Sau, 1981, p.
Aunque la socialización y la crianza del hijo varón también se inscribe en el orden patriarcal, a medida que la socialización avanza los lazos madre-hijo se debilitaban en un proceso de progresiva desvalorización de la madre como mujer, de la que además se espera "amor incondicional, abnegación y sacrificio" (Sau, 1981, p.
Para Sau, la maternidad, lejos de dotar de un estatus superior a las mujeres como en las sociedades primitivas, era un medio de perpetuar su opresión y un proceso "desvalorizado y jerarquizado" por el patriarcado que lo ha convertido en servidumbre-esclavitud.
La madre se convierte en una especie de "porteadora" de los valores del padre, que son al fin y al cabo los valores de la sociedad patriarcal; en realidad actúa como "un padre femenino" (Sau, 1991, p.
El patriarcado la ha fagocitado en una especie de matricidio primitivo: a555 El poder de vida y muerte, ostentado simbólicamente por la Madre, pasó a manos del Padre, el cual lo ejerció sin reparos y arbitrariamente desde entonces.
Desde el control de nacimientos hasta el infanticidio programado, la pena de muerte y la guerra, nadie ha vuelto a escapar del absolutismo paterno (Sau, 1995, p.
Al carecer de trascendencia económica, política o social, la maternidad ha desaparecido como tal, no es más que un "vacío de poder".
En su lugar se ha impuesto "una paternidad absolutista, teocrática, monárquica, caudillista, androcéntrica" (Sau, 1995, p.
En la misma línea que Badinter (1981), Sau considera que el amor maternal se había desvalorizado al considerarse como instintivo (Sau, 1994).
Las revistas familiares son el contrapunto del cómic y en este sentido constituyen un perfecto ejemplo de transgresión banal.
En su momento supusieron toda una novedad en una España supuestamente reconstruida desde fundamentos democráticos e igualitarios, que abogaba por el cambio de los roles tradicionales de género.
Sin embargo, al igual que las revistas femeninas de la época, las familiares ensalzaban un falso ideal femenino de modernidad, liberación, autonomía y capacidad para compatibilizar trabajo y vida familiar.
La superwoman desplaza al ama de casa, considerada un referente superado.
Desde sus redacciones se proyecta un modelo de maternidad y paternidad consciente, basado en el derecho al control de los nacimientos y en nuevos modelos de crianza y educación compartida.
Sin embargo, lo hacen utilizando la ambigüedad y la "contención", especialmente evidentes en temas específicamente sexuales, envueltos en un ropaje científico, con una ausencia total de cualquier referencia política o reivindicativa, como veremos en la revista Ser Padres.
La versión española de Eltern (G+J) comenzó su andadura en 1975.
Existe pues un desfase con respecto a su homónima alemana, que había comenzado a publicarse en 1966.
Los primeros reportajes publicados en Ser Padres eran traducciones casi literales de los contenidos de Eltern.
Durante esos años, tanto el comité de redacción como los asesores médicos (pediatras, ginecólogos y demás especialistas) eran varones de origen alemán, a excepción de la dirección a cargo en la edición española del doctor Manuel Rosado.
Sus contenidos continúan en cierta forma la tradición decimonónica al legitimar de manera absoluta los discursos científicos de expertos que se pronuncian en torno a la crianza (Jiménez Zunino y Roquero García, 2016, p.
En España, como había ocurrido antes en Alemania, Ser Padres introdujo ideas renovadoras en temas como la crianza, la sexualidad y el tradicional rol paterno.
El análisis de la revista nos permite establecer dos fases diferenciadas respecto a contenidos y destinatarios: entre 1975 y 1985, y desde 1986 hasta la actualidad.
Mientras que la primera etapa podría calificarse como transgresora en muchos aspectos, en la segunda observamos un proceso de estancamiento, cuando no de regresión, acentuado en la década de los 90.
En el primer periodo destacan, por ejemplo, los reportajes relativos a la sexualidad dentro del matrimonio, publicados en forma de coleccionables, que incluían todo tipo de diagnósticos y consejos destinados a mejorar la vida sexual de la pareja.
De igual forma, se hacían alusiones a la conveniencia del uso de métodos anticonceptivos -incluso a la polémica esterilización masculina o vasectomía-en la línea de lo dispuesto por la Organización Mundial de la Salud.
El discurso científico permitía exponer cuestiones relativas al sexo que suscitaron controversia en una sociedad para la que estos temas continuaban siendo tabú.
Así, la portada del primer número, en la que aparecían dos niños desnudos para reivindicar la educación sexual dirigida a la infancia y adolescencia fue tildada de pornográfica.
Manuel Rosado argumentaba en su defensa que los responsables eran "profesores de Universidad y prestigiosos doctores de la Medicina mundial" (Ser Padres, 5, mayo 1975).
Sin embargo, bajo esa apariencia transgresora en torno a una liberación sexual contenida o más bien constreñida, subyacía la defensa del matrimonio y la familia como institución en riesgo, amenazada por una creciente opinión favorable a la aprobación del divorcio.
Pese a todo, Ser Padres llegó a publicar informes como el del doctor Masters o consejos para reavivar la pasión en la pareja, a través de juegos amorosos, aunque en escasas ocasiones se aludía a la impotencia masculina como principal causa de los problemas matrimoniales.
Es más, el diagnóstico de los médicos y asesores de la revista señalaba en gran medida a las mujeres como responsables, bien por haber perdido su atractivo físico, bien por mantener una actitud pasiva, cuando no de abierta frialdad hacia las relaciones sexuales.
Esa conducta -aseguraban-provenía tanto de la educación recibida, que impedía a la mujer disfrutar del sexo por mojigatería o por pudor, como de las consecuencias de la vida moderna y del cansancio derivado de la (doble) jornada laboral.
Aun así, la sexualidad -incluso la reivindicación del orgasmo femenino-no estuvo ni de lejos planteada como vehículo para la liberación o emancipación femenina, sino que se consideraba una solución a las crisis ma-a555 trimoniales.
En definitiva, representaba una forma de entender la sexualidad muy tradicional al consolidar el papel de sumisión y sacrificio de las mujeres que debían "aprender a conocer los deseos y reacciones de su marido" (véase "El día más feliz y luego la noche, la verdad sobre la noche de bodas".
59) e incluso, convertirse en sus amantes por el bien de la familia y su estabilidad.
Este tipo de contenidos, por otro lado, refleja el interés que surge en la sociedad española en lo que respecta al sexo y la sexología matrimonial (García-Fernández, 2017), lo cual se inscribe en un contexto de acelerado cambio social y aperturismo limitado, no obstante, si se analiza desde una perspectiva de género.
Otra de las aportaciones de Ser Padres fue la introducción de un nuevo modelo de paternidad en las antípodas del tradicional autoritarismo con el que se pretendía romper: "¿se siente quizá oprimido en su trabajo y lo compensa jugando al 'hombre fuerte' en su casa?
O tal vez tiene algunos temores ocultos que trata de acallar con sus gritos de sargento" (véase "Cuando los padres no están de acuerdo en la educación de sus hijos" Ser Padres, 11, octubre 1975, pp. 57-62).
Desde sus inicios, la revista lo cuestiona y propone la imagen del "padre moderno", consciente y presente, incluso en el parto, implicado en la crianza, educación y socialización de sus hijos.
En varios artículos se insistía en los riesgos de una educación severa y en la importancia de trasmitir un rol positivo a la infancia.
Por otro lado, una actitud autoritaria, agresiva o despreciativa del padre hacia la madre podría desencadenar "tendencias homosexuales" en el hijo varón.
El abandono del rol paterno tradicional también tenía por objeto la normalización sexual, en un contexto en el que la homosexualidad continuaba considerándose una desviación.
Los psicólogos de la revista la vinculaban a una ausencia de referentes paternos o a una figura paterna distante, circunstancia que provocaba en el niño la necesidad de buscar refugio en el modelo femenino.
En la etapa correspondiente a los años ochenta, los temas relativos a la sexualidad en el matrimonio desaparecen paulatinamente.
No obstante, continúa representándose un modelo de crianza compartida donde el papel del padre resulta fundamental, junto a los familiares que forman parte de la red de ayuda y apoyo en un tipo de crianza socializada.
Se trata de una "revolución silenciosa", relacionada con la implicación de los padres ya que "lo que antaño fuese motivo de debilidad o vergüenza, se muestra ahora con orgullo.
El estrechar contactos con el hijo es otra de-mostración de capacidad y eficacia viril" ("Revolución silenciosa: los nuevos padres".
No obstante, a partir de 1986, se aprecia un cambio de rumbo con la progresiva introducción de contenidos dirigidos exclusivamente a las madres, como principales cuidadoras.
Se abordan temas de alimentación, y en concreto la conveniencia de la lactancia materna a la que comienza a dedicarse un importante espacio frente a la lactancia artificial, tan arraigada en España como en otros países de Europa.
La introducción del debate sobre la conveniencia de renunciar al trabajo extradoméstico para centrarse en la crianza coincide con un estancamiento del feminismo y de sus principales objetivos, algunos de los cuales, como la despenalización de los anticonceptivos, el aborto y el divorcio, ya se habían institucionalizado.
La aparición de esta controversia en una revista dirigida a mujeres jóvenes con hijos y un perfil profesional por encima de la media, nos advierte de los primeros signos de agotamiento del modelo de superwoman, que comienza a ser cuestionado (véanse "Mujeres que hacen un alto en el camino para ser madres".
¿Cuál es la mejor, la que trabaja o la que se queda en casa?"
Trabajar y tener hijos, ¿una ecuación imposible?"
Cuando quedarse en casa es una decisión (Testimonios de madres)".
Ser Padres renunciaba así al destinatario masculino, definiéndose como una revista femenina dirigida a la mujer con hijos.
Por aquel entonces, el 40% de los contenidos respondía a temas especializados relacionados con la maternidad, el embarazo, el parto, la crianza y la educación de los hijos, mientras que el 60% restante se dedicaba a temas de "interés femenino": belleza y moda, hogar, cocina y labores, reportajes, cultura, sexualidad etc. (véase "Ser Padres y sus lectoras".
La distribución de estos contenidos obedece a la necesidad de posicionarse en un mercado editorial sujeto a importantes cambios tras la llegada de grupos de prensa extranjeros (Gallego Ayala, 1990, pp. 71-83).
La competencia es feroz tras la eclosión de revistas femeninas como Vogue, Elle o Marie Claire, dirigidas a mujeres con intereses aparentemente más superficiales como la moda o la belleza.
Además, a partir de 1988 apareció una competidora directa con el título Crecer Feliz (Hachette).
En esta y otras revistas femeninas dirigidas a mujeres con hijos, el a555 interlocutor masculino desparece por completo ante la figura de la madre como principal proveedora de cuidados.
Mi bebé y yo, publicada en 1992, certifica el cambio de tendencia al recuperar la maternidad como elemento central de la identidad femenina.
Los discursos de expertos presentan la crianza intensiva o con apego como modelo de referencia (Hays, 1998).
Actualmente las revistas de este campo asumen plenamente la sumisión de los progenitores a las demandas del bebé.
Lo hacen ensalzando la figura de la mujer-madre como valedora de unos cuidados que requieren dedicación absoluta, incluso desde el ámbito emocional y cognitivo.
Al mismo tiempo invisibilizan progresivamente la figura paterna, representada por sujetos no competentes necesitados de tutela, consejo y asesoramiento en estos temas (Medina Bravo, Figueras Maz y Gómez Puertas, 2014).
Aunque la crianza con apego aparece como un nuevo modelo, sus orígenes se remontan a los 90, en un contexto de crisis económica que favoreció la emergencia de narrativas sobre la maternidad envueltas en un discurso aparentemente transgresor, fundamentado en una supuesta vuelta a "lo natural", que en realidad revitalizaba los viejos discursos de la diferencia.
Este "nuevo" referente, constata el fracaso, la superación o el agotamiento de la figura de la superwoman, incapaz de resolver las contradicciones inherentes a su propia construcción.
Se trata de un proceso que evidencia cómo en las coyunturas de crisis económica e identitaria las mujeres son "devueltas" al hogar, con la ayuda de los discursos de expertos que llegan a utilizar la retórica feminista para avalar unos objetivos involucionistas.
La ofensiva naturalista, lejos de ser transgresora o innovadora, no es más que una regresión que trata de devolver la maternidad al centro del destino femenino (Badinter, 2011).
Con unas fuentes tan diversas nuestro objeto de estudio no podría constituir más que una mera aproximación a la construcción de los ideales transgresores, en unos años cruciales que nos permiten explicar tanto la evolución de los modelos de género, como algunas de sus reminiscencias visibles en la actualidad.
La transgresión, que hemos denominado banal, no fue en absoluto trivial o de escasa transcendencia.
El franquismo condicionó a una generación que, fuera del compromiso político, no disponía de una reserva teórica o de unas herramientas ideológicas sólidas que permitieran canalizar las actitudes transgresoras más allá de la transformación aparente.
Así que la disparidad de objetivos y de manifestaciones actuaba como rasgo definidor de una nueva identidad suspendida, inestable, efímera, pero consciente, que además enlazaba con la dinámica reivindicativa, transgresora, y en ocasiones, con las tendencias anómicas que empezaban a materializarse en la sociedad occidental de los 80.
El valor del cambio es en este sentido performativo porque las imágenes o las palabras no tenían por objeto describir una realidad sino construirla.
El discurso transgresor de esos años, en sus múltiples manifestaciones muestra una transformación total de los roles de género.
Se utiliza un lenguaje que en apariencia ya no subordina ni excluye a las mujeres, sino que incluso se muestra integrador apelando a una libertad sexual absoluta.
Pero en realidad se trata de una transgresión que no reformula las categorías de género (Butler, 2007, pp. 84-87).
Aunque sus efectos sociales o ideológicos puedan parecer irrelevantes, abrió un orificio de respiración a un proceso de cambio que en principio no buscaba perpetuarse sino sorprender al sistema y desproveerlo de catalogaciones.
Evidentemente no existía un imaginario transgresor unívoco o una única identidad subversiva, de modo que el análisis de su impacto sobre los estereotipos de género se convierte en un objeto de estudio complejo.
Desde la transgresión que representan los discursos libertarios hasta aquella que proyectan las revistas familiares, con la evolución-involución del modelo de mujer, observamos una progresiva toma de conciencia en torno a la necesidad de cambiar los roles tradicionales, fundamentados en actitudes esencialistas.
Pero de forma paralela, las narrativas de género desarrolladas desde el poder se reinventan y utilizan estrategias discursivas sumamente efectivas, apropiándose de una retórica feminista o construyendo "nuevas" versiones del feminismo para encubrir una mirada conservadora e incluso reaccionaria en torno al papel que deberían representar las mujeres en la sociedad.
Brigandage "de 55 años, quien dirige la marca de ropa sexy hooligans y canta en la banda brigandaje: no puedo explicar lo poderoso que era caminar por la calle donde los hombres te juzgaban diariamente por tu apariencia y verlos estremecerse ¡y retroceder con horror!" (véase Cole, 2015, 3 de junio).
[2] En un artículo publicado en El País titulado "Mayo del 68 mata a su padre", se informa sobre El gran bazar, una obra de 1975 en la que el "político verde" narra su experiencia como monitor en una escuela infantil de Fráncfort, escrita "con la meta poco disimulada de provo-car a la conservadora sociedad germana en una época donde florecían las proclamas antisistema y los jóvenes exigían poner fin a todos los tabúes sexuales" (Müller, 2013, 10 de mayo).
[3] La periodista, Karmele Marchante, no disimula su animadversión ante el entrevistado de quien dice que cuando sonríe "muestra unos dientes de una antiestética que solo tiene parangón con la prominente barriga que luce y muestra con orgullo".
[4] Marchante formaba parte de LAMAR (Liga Antipatriarcal de Mujeres Antiau-toritarias y Revolucionarias), surgida en 1975 de la escisión del Colectivo Feminista de Barcelona, que se convertirá en el Partido Feminista (Gil, 2010, p.
En una entrevista concedida a la revista Smoda, señala que en aquella época se dedicaban a "a quemar Interviús en la plaza Cataluña vestidas de negro y gritando contra Jomeini lemas como Jomeini, cabrito, ponte tú el benito".
Eso, cuando no estaba viajando a congresos internacionales, defendiendo la libertad homosexual de las mujeres u organizando jornadas de autogestión "para conocer nuestro propio cuerpo con espéculos" (Ramírez, 2014, 28 de mayo). |
creó e implementó el Entorno Virtual de Formación Continua "FOCO" que ofrece seminarios y talleres virtuales en temas de género, ciencia y tecnología, comunicación y juventud, mentorías on line, recursos multimedia y facilita la creación de comunidades de práctica en estos temas.
Maestría en Psicología Educativa por la Universidad de Pittsburgh, en Pensylvannia, EUA.
Concluidos los estudios de Doctorado en Psicología Social, por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Profesora Titular de tiempo completo de la Facultad de Psicología, UNAM.
Fue fundadora y Coordinadora del Centro de Estudios de la Mujer, en la Facultad de Psicología, UNAM.
Fundadora y Presidenta del Colegio de Académicas Universitarias (CAU) de la UNAM.
Sus líneas de investigación son: Género, socialización, educación y medios de comunicación; género y educación superior; género, democracia y ciudadanía; Imagen corporal, medios de comunicación y género: Audiencias críticas y Prevención de trastornos alimentarios.
Entre sus publicaciones recientes están: Recomposición de la matrícula universitaria en México a favor de las mujeres.
Repercusiones educativas, económicas y sociales.
En Feminización de la matrícula de educación superior en América Latina y el Caribe.
México: UDUAL/IESALC-UNESCO, 2005; Cómo Incorporar la Perspectiva de Género en la Comunicación, México: Instituto Jalisciense de la Mujeres, 2005; Construyendo la Equidad de Género en la Escuela Primaria, México: SEP, 2004; Políticas Públicas, medios de comunicación y la formación de audiencias críticas con enfoque de género.
En M.a Ángeles Rebollo e Inmaculada Mercado (Coords.), Mujer y Desarrollo en el Siglo XXI: Voces para la Igualdad, Madrid: Mc Graw Hill, 2004; Las Académicas de la UNAM en puestos Directivos y cómo seguir Rompiendo el Techo de Cristal.
En O. Bustos y N. Blázquez (Coords.), Qué Dicen las Académicas acerca de la UNAM, México: CAU-UNAM, 2003; "Imagen Corporal, Mujeres y Medios de Comunicación", revista
Es Doctor en Historia por la Universitat Autònoma de Barcelona y profesor contratado doctor del Dpto. de Historia y Filosofía de la Ciencia, la Educación y el Lenguaje de la Universidad de La Laguna.
Ha publicado diferentes trabajos sobre el franquismo como el libro Las otras derechas (Madrid, Marcial Pons, 2006).
Entre su publicaciones sobre educación de las mujeres en España cabe destacar el artículo "Las mujeres y la enseñanza científica en la España del siglo XX" (Clepsidra, 5, 2006) y el capítulo de libro "El acceso de las mujeres a la educación poselemental.
Una visión desde España" (en Lara, C. (ed.)
Desequilibrios de género en ciencia y tecnología, Sevilla, Arcibel, 2006).
Socióloga de la Universidad Central de Venezuela.
Tiene una Maestría en Estudios de la Ciencia y es candidata a doctora en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).
Docente en la UCV de Metodología de la Investigación y en el postgrado del IVIC.
Sus áreas de interés están relacionadas con sociología de la ciencia y la tecnología en Venezuela, reconstrucción sociotécnica de innovaciones tecnológicas en el área petrolera; ciencia, tecnología y género, formación de capacidades en países en desarrollo.
Experiencia en la dirección de tesis de pregrado y postgrado.
Es Doctora en Ciencias Psicológicas en 1994 por la Universidad de La Habana y Master en Estudios Sociales Aplicados, Universidad de Zaragoza, España (2000).
Profesora Titular de la Facultad de Psicología, Universidad de La Habana, desde 2002 es Vicedecana Facultad de Psicología-UH.
Docente e investigadora en los temas: "Psicología de la Personalidad", "Psicología del joven y del adolescente", "Subjetividad, Género y Relaciones de pareja", "Género y vínculo amoroso", "Género y mujeres académicas".
Ha impartido cursos y conferencias en CIDEP, Veracruz, Universidad Veracruzana, Universidad Autónoma de Yucatán, México.
En "Jhon Jay College" y "Hunter College", CUNY, New York, E.U. Universidad Nacional de Heredia y en la UCR., Costa Rica.
En la Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa, Perú.
Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, Colombia.
Universidad de Carleton, Ottawa, Canadá.
Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad de Barcelona, Universidad de Salamanca, U Complutense de Madrid, U de Zaragoza, España.
En la Universidad Nacional de Panamá, UNAM México y UNAM Iztacala.
Es profesora invitada del Master de Estudios Sociales Aplicados en la RED ALFA que coordina la Universidad de Zaragoza en España y en el Diplomado de Agentes de Igualdad de Oportunidades adscrito a dicho Master.
Pertenece a la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana y a la Cátedra de Sexología y Educación Sexual, a la Sociedad Cubana de Educación Sexual y a la Sociedad Cubana de Psicología de Cuba.
Ha publicado "Amor y amistad: un problema para investigar "(coautora), "Personalidad y relaciones de pareja", "Etica, Profesión y Humanismo."
(Coautora), "Género, Salud, Cotidianidad" (coautora), "¿Feminidad versus masculinidad?", "Roles de género y Relaciones de pareja", "Personalidad y Relaciones de Pareja", "Género, Valores y Sociedad" (compiladora y autora), "Pensando en la Personalidad" (Compiladora y autora), entre otros.
Ha sido ponente y conferencista en numerosos eventos científicos nacionales e internacionales como "Mujeres en el umbral del siglo XXI", Encuentro de Mujeres intelectuales y artistas de Cuba, III, IV, V, y VI Congresos de Género, Ciencia y Tecnología en Panamá, Madrid, México y Zaragoza respectivamente.
Es Licenciada en psicología y doctora en psicología social por la UCM.
En la actualidad es profesora titular interina de Psicología Social en la Universidad Rey Juan Carlos y profesora del máster de la UCM "Estudios de las Mujeres".
Ha participado en diversos proyectos de investigación sobre Ciencia, Tecnología y Género, en concreto sobre la regulación biomédica de los cuerpos sexuados.
Ha publicado varios artículos sobre las relaciones entre la Psicología y el Feminismo y sobre las pioneras psicólogas y es autora del libro Psicología y Feminismo.
Historia olvidada de mujeres pioneras en Psicología (2005, ed. Narcea).
Licenciada en Ciencias y Técnicas Estadísticas por la Universidad de La Laguna.
Diploma de Estudios Especializados en Estadística e Investigación Operativa por la Universidad Libre de Bruselas.
Colaboración como técnica en estadística con el Instituto Canario de Estadística en las siguientes encuestas: (2003).
Ha sido Directora del Centro de Estudios de la Mujer de la ULL y es directora en funciones del Instituto de Investigación de Estudios de las Mujer de la ULL y es directora de la revista: Clepsydra: Revista de estudios del género y teoría feminista, Editada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de la Laguna.
En la actualidad trabaja en filosofía de la ciencia y de las ciencias sociales, en política de la ciencia y en ciencia, tecnología y género.
[EMAIL] ma "Redes, Control e Inteligencia Artificial" en la Facultad de Informática de la Universidad de País Vasco (2001) y "Master On Line en Tecnologías de la Información y la Comunicación aplicadas a la Formación" por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de Eskoriatza, Mondragon Unibertsitatea (2003).
Fue profesora en el departamento de Matemática e Informática de la Universidad Pública de Navarra durante los cursos 1999/2000 y 2000/2001, y desde 2000 es profesora de la Facultad de Informática de San Sebastián, campus de Guipúzcoa, de la Universidad de País Vasco UPV/EHU, dentro del departamento de Arquitectura y Tecnología de Computadores.
Su área de interés, en la que está trabajando para la obtención del grado de doctora, es la docencia de la asignatura "Arquitectura de Computadores".
Docente investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde es profesora adjunta regular de "Gnoseología" y de "Problemas Especiales en Gnoseología".
Profesora titular en la Maestría de Administración Pública, UBA y en la Maestría sobre "La sociedad, el poder y la problemática de Género", UNR.
Profesora asociada de "Género y Criminología" en la Maestría en Criminología, UNLZ.
Miembro del Comité Editorial de la revista "Feminaria".
Miembro plenario de la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico (SADAF) y de la Asociación Filosófica de la República Argentina (AFRA).
Coordinadora Académica del Instituto Hannah Arendt.
Es Licenciada en Informática (1989) y Doctora en Informática (1999) por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).
Desde 1989 es profesora de la Facultad de Informática de San Sebastián, campus de Guipúzcoa, de la UPV/EHU, dentro del departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos.
El Aprendizaje de Idiomas Asistido por ordenador, así como el Procesamiento del Lenguaje Natural son los principales campos de investigación en los que realiza sus publicaciones y dirige proyectos y tesis doctorales.
Es Doctora en Biología y profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de La Laguna.
Ha publicado diversos trabajos de investigación en la especialidad de Biotecnología Forestal.
Ha sido investigadora o docente en la Universidad de Calgary (Canadá), en el Centro de Investigaciones Agro-biológicas de Galicia (CSIC, Santiago de Compostela) y en la Universidad Nacional de Tucumán (Argentina).
También investiga en Historia de la Biología y, particularmente, el papel de la mujer en cuanto a su protagonismo y aportaciones científicas.
Como resultado de su trabajo, ha publicado los libros: También en la cocina de la ciencia, premio Canarias de investigación 2000 del Instituto Canario de la Mujer, editado por el Servicio de Publicaciones de la ULL (2001); El papel de la mujer en la evolución humana (Madrid, Biblioteca Nueva, 2003), Gestando vidas, alumbrando ideas (Madrid, Minerva Ediciones, 2004) y La presencia femenina en el pensamiento biológico (Madrid, Minerva Ediciones, 2006).
Es Licenciada en Filosofía por la Universidad de Oviedo.
Actualmente realiza su doctorado en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del Centro de Humanidades y Ciencias Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), bajo la dirección de la Profesora de Investigación Eulalia Pérez Sedeño.
Ha publicado varios artículos y ha participado en varios congresos internacionales.
Ha investigado en la red de excelencia europea PRIME a través de su estancia de investigación en el Science, Technology, Health and Policy Studies (STeHPS) de la Universidad de Twente (Holanda).
Su investigación aborda los contextos de comunicación científica y las redes de actores que intervienen en la construcción del concepto de "embrión", a lo largo del desarrollo de la interfaz FIV-células troncales en España, desde una perspectiva de género.
Es Licenciada en Ciencias Sociales por la Universidad de São Paulo (1997), master en Política Científica y Tecnológica por la Universidad Estadual de Campinas ( 2006), y doctoranda en la Universidad Estadual de Campinas.
Tiene experiencia en el área de sociología, con énfasis en Sociología del Conocimiento, principalmente en temas de "Ciencia, Tecnología y Sociedad" y "Género, Ciencia y Tecnología".
Ha sido investigadora de la Ciudad del Conocimiento de la Universidad de São Paulo y del proyecto Cátedra Regional UNESCO, Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina en su sede de Brasil.
Es actualmente investigadora del Proyecto Experiencias de inclusión digital y gobierno electrónico: un estudio comparado Brasil-España de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI).
Y ha participado en diversos congresos internacionales que han dado origen a publicaciones.
Dirección profesional: Universidade Estadual de Campinas-Unicamp, Instituto de Geociências, Departamento de Política Científica e Tecnológica.
Doctora en Filosofía de la Ciencia, Profesora titular del área de Lógica y Filosofía de la Ciencia, realiza su labor docente e investigadora en la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Laguna.
Ha publicado varios libros, y diversos capítulos de libro y artículos sobre Historia y Filosofía de la Ciencia y Ciencia y Género, ámbitos en los que desarrolla su docencia e investigación.
Entre ellos hay que destacar Hacia un nuevo empirismo (Madrid, Biblioteca Nueva, 2003) y "The Characterisation of Epistemology" en Philip Kitcher.
Forma parte del grupo de investigación sobre Ciencia y Valores que ha desarrollado varios proyectos del Plan Nacional I+D. Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales, presentando comunicaciones y ponencias y ha participado como conferenciante invitada en congresos y seminarios del área de Lógica y Filosofía de la Ciencia.
Es miembro de varias sociedades como Philosophy of Science Association y History of Science Society y es Vocal de la Junta Directiva de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España desde 2003.
[EMAIL] Ha investigado sobre todo en historia de la ciencia antigua y de las instituciones científicas, así como en filosofía de la ciencia, Ciencia, Tecnología y Sociedad, Percepción y comunicación de la ciencia y Ciencia, Tecnología y Género.
Ha participado en varios proyectos nacionales e internacionales y ha dirigido diversos proyectos de investigación financiados entre los que destacan Ciencia y valores: el genero en las teorías e instituciones científicas (1996)(1997)(1998)(1999), De las teorías científicas a la cultura y práctica científicotecnológicas (1999-2002), GENTEC: Género, tecnología y ciencia en Iberoamérica (2002Iberoamérica ( -2004)), La situación de las mujeres en el sistema educativo español y en su contexto internacional (2003), Percepción social de la ciencia y la tecnología: Estereotipos y perspectivas en el alumnado de secundaria (2005), Los programas de formación y movilidad del personal investigador de flujo directo e inverso: problemas, retos y soluciones (2005), Interacciones CTS en Ciencias Biosociales y Tecnologías Médicas (CICYT 2004(CICYT -2006)), Ciencias y tecnologías del cuerpo desde una perspectiva CTS (MEC 2007(MEC -2009)).
Desde octubre de 2006 dirige la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT, www.fecyt.es).
Es Ingeniera Industrial, especialidad eléctrica (1982) y Doctora Ingeniera Industrial (1988) por la Universidad de Navarra, Escuela Superior de Ingeniería Industrial de San Sebastián.
Desde 1986 es profesora de la Facultad de Informática de la Universidad del País Vasco (UPV/EMV), Campus de Guipúzcoa, dentro del Departamento de Arquitectura y Tecnología de Computadores.
Doctora en Filosofía de la Ciencia y profesora en la facultad de Filosofía de la ULL.
Es miembro del Institutote Estudios de la Mujer de la Universidad de La Laguna y pertenece al consejo editorial de la revista Clepsydra.
En los últimos años su actividad investigadora ha estado centrada en el análisis de la presencia de valores y sesgos de género en la ciencia, y sobre todo en la investigación de la actividad científica desde la retórica de la ciencia como perspectiva desde la cual abordar dicha investigación.
Es Licenciada en Filosofía por la Universidad de Valladolid, y actualmente está cursando sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense y el Instituto de Filosofía del CSIC, donde es ayudante de investigación en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad.
Sus líneas de investigación se centran en el estudio de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, y entre ciencia, tecnología y género, particularmente las tecnologías informáticas y de las comunicaciones.
En los últimos años ha participado en varios proyectos de investigación del Plan Nacional I+D+i en el Instituto de Filosofía, como "Tecnociencia y transformación socioeconómica: criterios y valores" (2002)(2003)(2004)(2005), "La situación de las mujeres en el sistema educativo de ciencia y tecnología en España y su contexto internacional" (2003) y "Percepción social de las tecnologías del cuerpo" (2006)(2007)(2008)).
Ha realizado estancias de investigación en la Universidad de California, Berkeley, y ha publicado más de 10 artículos en revistas especializadas y ediciones conjuntas, así como participado en más de 12 congresos nacionales e internacionales.
Es antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia.
Tiene una Maestría en Antropología Urbana Aplicada, y un doctorado en Antropología Cultural en The Graduate Center of The City University of New York (CUNY).
Es profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, donde coordina el grupo de investigación "Política, género y democracia".
Estuvo vinculada al Instituto Colombiano de Antropología e Historia, como investigadora y coordinadora del Área de Antropología Social.
Ha realizado investigaciones en Estados Unidos, Portugal y Colombia.
Sus más recientes libros son "Las viudas del Conflicto Armado en Colombia" (Icanh 2006) y "Familia, Género y Antropología," (Icanh 2003).
Tiene numerosas publicaciones sobre temas de género, familia, ciencia y conflicto armado.
Algunos de sus artículos son: "Mujeres que han brillado en el firmamento de la astronomía" y "Mujeres de ciencia: algunos momentos en la historia."
mx Victoria FERNÁNDEZ GONZÁLEZ.
Licenciada en Cien- cias Matemáticas por la Universidad de Valladolid (1983) y Doctora en Informática (2004) por la Universidad del País Vasco.
Desde 1985 es profesora de la Facultad de Informática de San Sebastián, campus de Guipúzcoa de |
El resurgir en los últimos años de los movimientos feministas en todo el mundo ha llevado a numerosas autoras a hablar de una cuarta ola del feminismo.
Este es también el caso de España, donde ha tomado fuerza no solo el movimiento feminista autónomo sino también la participación de grupos y activistas feministas en diferentes protestas, movimientos sociales e incluso partidos políticos.
Ejemplo de ello fue la alta implicación de activistas feministas en el movimiento 15-M, muchas de las cuales dieron posteriormente el paso a la representación política, entrando a formar parte de partidos de nueva creación como Podemos.
Esta participación constituye una muestra de su compromiso por el cambio social y del reconocimiento de la interseccionalidad de opresiones, pero también exige un complejo ejercicio de reconstrucción y defensa del espacio feminista.
Precisamente, en este artículo proponemos el análisis de los debates en torno a propuestas y estrategias que han mantenido las feministas de Podemos que, después de haber militado en movimientos sociales, han decidido colaborar con esta plataforma política.
Podemos nace el 17 de enero de 2014 con la presentación en Madrid del manifiesto Mover ficha [URL] y con el objetivo de configurar una candidatura para las elecciones al Parlamento Europeo que tendrían lugar pocos meses después.
A través del subtítulo del manifiesto, Convertir la indignación en cambio político, Podemos se presenta como un instrumento para canalizar las demandas del movimiento de los indignados o 15-M (Valdivieso, 2017, p.
Ante el contexto de crisis económica y de legitimidad institucional, Podemos se ofrece como una alternativa para "hacer llegar a las instituciones la voz y las demandas de esa mayoría social que ya no se reconoce en esta UE ni en un régimen corrupto sin regeneración posible".
Así, "aparece como una fuerza outsider" [URL] uploads/2016/03/Documento_politico_Podemoscast.pdf), especialmente en comparación con los dos partidos previamente hegemónicos en el tablero político español (con una crítica explícita al bipartidismo del PP-PSOE) (Sola y Rendueles, 2017).
"No podemos parecernos a los partidos viejos", se afirma en el Documento Político aprobado en la asamblea estatal de Vistalegre 2 (febrero de 2017).
Desde el propio partido se señala, como característica distintiva, la intención de recuperar la soberanía popular, favorecer la participación ciudadana y los procesos participativos [URL] y, en definitiva, situar a la ciudadanía como eje central en la toma de decisiones.
Por otra parte Podemos, tanto en su documento fundacional como en numerosos textos, propuestas, declaraciones de sus líderes etc., ha venido incluyendo explícitamente la temática de género, apostando por la igualdad entre hombres y mujeres.
Muestra de ello es el Documento Organizativo [URL] aprobado en la Asamblea estatal de Vistalegre 2, donde se opta por un "Podemos feminista", en el que no haya ni un solo espacio "en el que no se tenga en cuenta la perspectiva de los feminismos".
De hecho, el feminismo fue uno de los protagonistas de la citada Asamblea, en cuya primera jornada las diferentes listas presentaron sus propuestas en materia de igualdad de género.
En íntima relación con la existencia de estos debates, propuestas y documentos, también destaca la elevada presencia en Podemos de mujeres con una amplia experiencia de militancia previa en diferentes organizaciones dentro del movimiento feminista.
Ahora bien, ¿en qué se traducen las declaraciones y la alta presencia de mujeres procedentes del activismo feminista?
¿Hasta qué punto es igualitaria la forma en que Podemos se estructura y organiza?
¿Qué rasgos caracterizan el debate que las mujeres feministas de Podemos mantienen dentro del partido?
¿Cómo se relaciona este debate con el existente en el más amplio movimiento feminista en España?
Estas preguntas, cuya respuesta constituye el principal objetivo del presente artículo, no han sido abordadas por los ya abundantes estudios sobre Podemos, usualmente centrados en otros aspectos relativos a su estrategia electoral o a sus formas organizativas (Ferrada, 2017; Gerbaudo y Screti, 2017; Gómez y Ramiro, 2019; Kioupkiolis, 2016; MacMillan, 2017; Ramiro y Gómez, 2017; Rodríguez, 2016; Rodríguez-Teruel, Barri y Barberà, 2016; Valdivieso, 2017).
A partir fundamentalmente del análisis de documentos generados por los órganos y las mujeres activistas feministas de Podemos (textos redactados para su discusión en Vistalegre 2, materiales de los Encuentros Estatales de Podemos Feminismos, conferencias, artículos de prensa, debates, entrevistas, etc.), se propone dar respuesta a las preguntas planteadas de acuerdo a cuatro ejes de reflexión.
En los dos primeros, analizaremos tanto la presencia de mujeres feministas y del propio discurso feminista en Podemos como algunas características del funcionamiento del partido desde una perspectiva de género.
Finalmente, en los dos siguientes apartados analizaremos las propuestas en materia de feminismos de las tres corrientes presentes en la Asamblea estatal de Vistalegre 2 1.
Así, se analizarán los principales puntos de discrepancia en los debates establecidos: en relación, por un lado, a las preferencias terminológicas (despatriarcalizar versus feminizar el partido) y, por otro, a las distintas estrategias propuestas para revertir las dinámicas internas de su organización.
PRESENCIA FEMINISTA EN PODEMOS
Afirma Beatriz Gimeno (2014, 17 de noviembre), diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, que "Podemos está lleno de feministas".
Estas feministas presentan trayectorias muy variadas, desde aquellas que llevan décadas militando en el feminismo autónomo, en la universidad, en partidos políticos o en sindicatos a feministas jóvenes que, a pesar de tener experiencias previas relativamente cortas, se han implicado activamente en los espacios feministas del partido.
Algunas de estas mujeres han pasado a ocupar cargos de responsabilidad dentro de los órganos de Podemos o puestos de representación política a nivel nacional o autonómico.
Puede incluso afirmarse, 3 a556 siguiendo a Beatriz Gimeno (2014, 17 de noviembre), que el "activismo feminista" de muchas de estas mujeres no "les ha restado posibilidades" a la hora de ser elegidas para los diferentes órganos de dirección y puestos de responsabilidad, "sino al contrario".
La presencia y el trabajo de estas mujeres parece haber sido clave en los cambios producidos en el interior del partido en sus pocos años de existencia.
En los inicios de Podemos, según Sofía Castañón [URL], hablar de feminismo en algunos círculos 2 "era algo que desde luego no comprendían la mayor parte de los [...] compañeros".
De hecho, la adopción de un discurso feminista como elemento esencial del partido no fue algo que inicialmente contara con una aceptación unánime.
Desde el Documento de Igualdad que presentó la corriente "Recuperar la ilusión" en Vistalegre 2 (Serra, Rodríguez, Moruno, Errejón y Maestre, 2017), se afirma "que en parte nacimos con el lastre de una cierta desconfianza en que algunas temáticas feministas fueran cultural, política y electoralmente ganadoras".
Es decir, existía cierto recelo respecto a que el feminismo fuera una estrategia útil para conseguir el objetivo de seducir a la "mayoría social" y crear el partido "transversal" que movilizara al "pueblo" frente a las "élites" (Errejón, 2016, 17 de julio).
Sin embargo, los cambios, ya en los primeros años, han sido muy relevantes, tal y como resume Beatriz Gimeno (2016, 20 de diciembre):
A mí, aquel día del Palafox [...], me sorprendió el olvido del feminismo.
Tres años después, en Podemos, esa situación que se dio entonces sería imposible.
Ahora todos los sectores del partido hablan de feminismo, todos lo incorporan en sus planteamientos políticos y los tres proyectos principales de entre los que se presentan [en Vistalegre 2] se nombran como feministas en sus reclamos electorales.
En concreto, en el Documento de Igualdad defendido por la lista "Recuperar la Ilusión" en Vistalegre 2 (Serra et al., 2017, pp. 41-42) se destacan algunas de las principales victorias cosechadas por las feministas: 1) la obligatoriedad de incluir áreas de igualdad en todos los consejos ciudadanos; y en el ético, de principios feministas como parte de la identidad de Podemos; 2) la introducción de la economía feminista y de los cuidados; 3) la aprobación de las listas cremallera y de órganos paritarios; 4) haber conseguido, con la entrada de Podemos, el Congreso más paritario de la historia de España; y 5) haber instalado el feminismo como eje clave y transversal en Podemos.
Ahora bien, estos cambios parecen responder, en gran medida, al trabajo militante de las mujeres feministas, ya sea desde los círculos o desde el área de igualdad.
"Esto es una victoria de las feministas de Podemos.
Una victoria duramente trabajada", reclama Beatriz Gimeno (2016, 20 de diciembre).
En esta misma línea, Clara Serra denuncia que "el partido ha dejado [...] en los hombros de las mujeres feministas una tarea que tenía que haber sido más compartida por todos" [URL] 3.
Así, fueron las feministas las que tuvieron que "afrontar la [tarea] de convencer acerca de la necesidad, no solamente ética sino también estratégica, de que Podemos apostara por el feminismo como seña de identidad fundamental" (Serra et al., 2017, p.
Por otra parte, a pesar de los logros conseguidos, las feministas de Podemos siguen siendo críticas con su organización.
Por ejemplo, Carolina Vaello afirma que Podemos "es un partido que exteriormente no se identifica como partido feminista" y "que interiormente no se está viviendo como tal" [URL]. com/watch?v=SHM9E-xcKHc).
Clara Serra destaca "la falta de transversalidad del feminismo en Podemos"; un feminismo "no siempre apoyado y asumido por toda la organización" (Serra et al. 2017, p.
Mientras que Arantxa Rodríguez [URL] watch?v=SHM9E-xcKHc) plantea que "el feminismo es una asignatura pendiente" para Podemos.
En concreto, se observa un cierto acuerdo a la hora de destacar la distancia existente entre el "impulso feminista" interno, y la imagen que Podemos proyecta hacia el exterior.
Beatriz Gimeno (2017, 26 de enero), por su parte, expresa de la siguiente forma esta contradicción:
Es obvio que Podemos tiene un problema con el feminismo.
Y es curioso que lo tenga cuando no paramos de hablar de feminismo [...] y cuando, además, en este partido hay más feminismo organizado internamente que en ningún otro.
Y, sin embargo, seguimos teniendo un problema con el feminismo.
Desde fuera no se ve ese feminismo.
No hemos atraído a las académicas, ni las mujeres del movimiento [feminista] cuentan con Podemos, ni Podemos es conocido por la pujanza de su feminismo.
Podemos estaría proyectando así una imagen de partido masculinizado (aspecto que seguiremos analizando en el siguiente apartado), con una escasa visibilidad de sus figuras y discursos feministas y poco representativo de las realidades de algunas categorías de mujeres.
Estas conclusiones parecen coherentes con la mayor brecha de género en términos de voto que presenta Podemos respecto a otros partidos.
Así, por ejemplo, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de enero de 2018 la previsión de voto de Unidos Podemos (sin contar con las confluencias que, por otra parte, no muestran tal brecha de género) para unas supuestas elecciones generales era de un 9% entre los hombres y de un 6,8% entre las mujeres.
Estos resultados son especialmente llamativos si los comparamos con el PSOE, cuyos porcentajes, en ese mismo barómetro, se situaban en el 18,2% entre los hombres y el 20,1% entre las mujeres.
Este tipo de datos lleva a la lista "Recuperar la ilusión" (Serra et al., 2017, p.
6) a afirmar que Podemos no ha conseguido convencer "a las mujeres de nuestro país de que [...] es una herramienta útil para ellas".
CRÍTICAS Y ACTIVISMO FRENTE A LAS FORMAS OR-GANIZATIVAS DEL PARTIDO
En consecuencia, la participación en Podemos se estaría desarrollando en el marco de unos modos de funcionamiento que privilegian "los valores, competencias y prácticas asociados con las formas de masculinidad dominantes" (Shea Baird, 2018, 18 de noviembre).
Así, a la presencia de dinámicas "agresivas" (Serra et al., 2017, p.
42), se suma la alta disponibilidad, los amplios horarios, la omnipresencia de las nuevas tecnologías, las reuniones tardías o informales, etc., incompatibles con la conciliación de la participación política y la vida personal.
Estas normas implícitas tienen como consecuencia directa la exclusión de las mujeres de los espacios, formales e informales, de toma de decisiones, y el mantenimiento de "redes masculinas de solidaridad, de participación" [URL]. com/watch?v=SHM9E-xcKHc).
"No queremos que se decidan las cosas en las cañas", denuncia Clara Serra [URL].
En resumen, estas apreciaciones desvelan una estructura androcéntrica, que perjudica a las mujeres y les impide ocupar espacios efectivos de poder.
Frente a esta estructura, las militantes feministas constitu-a556 yen una voz crítica dentro de su propia formación política.
De hecho, la constante presión que ejercen nos lleva a hablar de ellas como un contrapoder dentro de su propia organización, tal y como reconoce Llum Quiñonero (2017, 12 de febrero): "No hemos llegado hasta aquí para ser complacientes; somos feministas, osadas feministas".
Las mujeres feministas asumen sin ambages este rol y son conscientes de que los cambios implican inevitables resistencias.
De esta forma, reivindican el carácter subversivo del feminismo como movimiento social y político.
En palabras de Arantxa Rodríguez: "El feminismo es impugnatorio, es contestatario, es un espacio de conflicto y de resistencia, y nadie abandona privilegios sin batalla" (https://www. youtube.com/watch?v=SHM9E-xcKHc).
EL DEBATE SOBRE LA "FEMINIZACIÓN DE LA POLÍTI-CA": DESPATRIARCALIZAR VERSUS FEMINIZAR
El 29 de noviembre de 2016, durante un debate organizado por eldiario.es, Pablo Iglesias, a raíz de una pregunta sobre la feminización de la política, contestó lo siguiente:
La feminización no tiene nada que ver con que los partidos políticos tengan más mujeres en cargos de representación, que eso es importante y es necesario [...]
La feminización tiene que ver con la forma de construcción de lo político [...] feminizar la política exige construir comunidad en los barrios, en los centros de estudio, sanitarios y de trabajo [...] y cuidar al que tienes al lado [URL].
Estas declaraciones, contra las cuales arremetieron miembros del PSOE, como la diputada y militante feminista Ángeles Álvarez o la secretaria general Susana Díaz 4, y de las que también se hicieron eco otras representantes del movimiento feminista (Requena Aguilar y Borraz, 2016, 29 de noviembre), reabrieron el viejo debate sobre la feminización de la política.
Sin embargo, Iglesias en su intervención no hizo sino reproducir parte de las reflexiones que las feministas de Podemos estaban esbozando en los meses previos a la Asamblea de Vistalegre 2.
De hecho, en torno a esta asamblea, se generó entre las feministas del partido un intenso debate sobre el feminismo y su relación con el conjunto de la organización.
Así, con el objetivo común de construir "un Podemos feminista que haga política feminista hacia dentro y hacia fuera" (Arantxa Rodríguez, https://www. youtube.com/watch?v=SHM9E-xcKHc), se plantearon una serie de discrepancias, no solo en la preferencia por unas determinadas narrativas, como veremos en este apartado, sino también en las estrategias a adoptar.
Para poder situar el debate que se desarrolló en torno a Vistalegre 2, es necesario recordar las tres listas que concurrieron a la Asamblea, ya que son representativas de los diferentes sectores ideológicos dentro del partido: "Podemos para todas", con feministas como Sofía Castañón e Irene Montero, lista liderada por Pablo Iglesias.
"Recuperar la Ilusión", con la presencia de Clara Serra y Ángela Rodríguez-Pam, lista liderada por Íñigo Errejón.
"Podemos en Movimiento", compuesta por la corriente anticapitalista y con especial protagonismo de Beatriz Gimeno e Isabel Serra.
Finalmente, las listas "Podemos para todas" y "Podemos en Movimiento" adoptaron el documento elaborado por el Círculo de Podemos Feminismos, dando lugar a "Feminismo en movimiento para todas".
Este documento fue el que finalmente aprobó el conjunto de la Asamblea (véase Podemos.
Por su parte, "Recuperar la Ilusión" defendió, durante todo el proceso asambleario, su propio Documento de Igualdad.
Entre los desacuerdos en los planteamientos de ambos bloques destacó la opción por diferentes términos al definir la estrategia a seguir.
La lista común "Feminismo en Movimiento para todas" optó por el concepto de despatriarcalizar el partido, mientras la lista "Recuperar la Ilusión" optó por el de feminizar.
Bajo estos dos términos que, a primera vista, no parecen tan alejados, se esconden diferentes postulados epistemológicos sobre el sujeto del feminismo, la ética feminista y, de forma más amplia, los objetivos de la lucha feminista.
Estas controversias obviamente no son exclusivas de las feministas de Podemos, sino que reflejan diferentes posiciones dentro de ámbitos de larga tradición en el activismo feminista.
De hecho, como planteábamos al principio de este apartado, los debates en el interior de Podemos tuvieron su eco en el exterior del partido, como muestran diversas contribuciones de destacadas activistas y teóricas feministas publicadas por el mismo período en la prensa (Montero, 2016, 3 de diciembre; Posada Kubissa, 2016, 9 de diciembre; Rodríguez Palop, 2016, 30 de noviembre).
Se generó así una discusión pública de la que puede destacarse, como primera conclusión, la complejidad del propio concepto de feminización de la política.
El significado primario del término, relacionado con promover una mayor presencia de mujeres en las instituciones de representación política y una mayor visibilidad de estas en los puestos de poder, está mayoritariamente asumido como objetivo fundamental (Montero, 2016, 3 de diciembre).
Ahora bien, tanto desde las feministas de Podemos como desde fuera de la organi-a556 zación, se plantea que esta práctica corre el riesgo de quedarse en lo estético, en las cuotas de paridad, y eso, como apunta Silvia Gil, "no puede constituir el epicentro de nuestra imaginación política" (Serra, Montero, Ferreiro, Rodríguez-Pam y Gil, 2016, 6 de junio).
Feminizar la política se convierte, así, en un objetivo más complejo, que implica diferentes dimensiones, y en definitiva "un cambio de paradigma en las formas, contenidos, voces y horizontes" (Ángela Rodríguez-Pam en Serra et al., 2016, 6 de junio).
En concreto, en términos de praxis política, implica una voluntad de cambiar las formas de practicarla, incorporando las herramientas del feminismo (Silvia L. Gil en Serra et al., 2016, 6 de junio; Rodríguez Palop, 2019).
Así, por ejemplo, Justa Montero (2016, 3 de diciembre) destaca la necesidad de adoptar "formas de hacer política [...] más participativas, más horizontales, más relacionales, frente a las agresivas y competitivas que marca la práctica masculina hegemónica".
Sin embargo, algunas de las participantes en estos debates, pese a defender estas nuevas formas de proceder, alertan sobre la necesidad de "desencializar la feminización de la política" (Silvia L. Gil en Serra et al., 2016, 6 de junio).
Es decir, plantean la importancia de no considerar determinados valores o formas de hacer política como "propios, naturales de las mujeres", incluyendo, en todo momento "una crítica al carácter construido de su significado social y político" (Montero, 2016, 3 de diciembre).
En el marco de la Asamblea de Vistalegre 2 este debate se cristaliza en torno a la diferenciación de los términos despatriarcalizar versus feminizar.
Así, feminizar la política, para las integrantes de la lista "Recuperar la ilusión", tiene como uno de sus ejes fundamentales (obviamente no el único) incrementar la presencia de mujeres en los espacios públicos y en los puestos de liderazgo de la organización.
Inciden, así, en la necesidad de copar los espacios de poder dentro del partido: "Cuando decimos feminizar Podemos, implica, desde luego, que haya más mujeres en espacios claves.
Creo que hay una falta evidente de mujeres en Podemos, hay que reducir o corregir la hegemonía masculina de Podemos" (Clara Serra en Mingorance, 2016, 5 de octubre).
Esta postura es directamente heredera del feminismo de la igualdad, que pone el énfasis en la presencia paritaria de mujeres en la esfera pública.
Sin embargo, Beatriz Gimeno, representante de "Feminismo en movimiento para todas", califica esta estrategia de femocracia, al considerar que consiste fundamentalmente en promover la presencia de mujeres en los cargos y en las primeras filas de las instituciones, sin necesariamente apoyarse en las bases militantes.
Gimeno lamenta, de esta forma, lo que ella considera una "institucionalización" del feminismo en Podemos:
Recuperar la Ilusión propone seguir por la senda ya probada en estos tres años.
Un feminismo "institucional" [...], vertical, atrincherado en lo orgánico y que no ha tenido capacidad en todo este tiempo de traspasar los muros de Podemos.
Un feminismo que es femocracia, cargos feministas, gente trabajando en feminismo pero incapaz de construir desde abajo, de relacionarse con el feminismo organizado, dentro y fuera del partido (Beatriz Gimeno en Borraz, 2017, 26 de enero).
Estas divergencias deben interpretarse a la luz del ADN de Podemos, que es fruto de la unión de tres corrientes: pablista, errejonista y anticapitalista.
Las feministas de Podemos ofrecen un buen ejemplo de esta pluralidad ideológica.
Clara Serra, por ejemplo, procede del mundo académico y en sus propuestas integra las tendencias más populistas del sector errejonista, mientras que Beatriz Gimeno, con una larga trayectoria en el feminismo autónomo y LGTBQI, defiende los procesos más participativos de los anticapitalistas.
De ahí surgen dos concepciones diferentes de la lucha feminista que, en todo caso, comparten gran parte de los objetivos y que en la práctica coinciden al hablar de la necesidad de promover políticas feministas, transversalizar el feminismo en el partido o combatir las lógicas machistas de la organización.
En última instancia, desde "Recuperar la ilusión" se defiende el uso de la palabra feminizar por su valor estratégico, ya que se considera más entendible y con mayor capacidad "de interperlar a todo el mundo", "de llegar a las mayorías" (véase Clara Serra -El feminismo en Podemos).
Por su parte, el sector anticapitalista prefiere optar por un lenguaje más subversivo, como lo es el término despatriarcalizar, con "una carga de significado mucho más profunda" (Beatriz Gimeno en Feminismo en movimiento y para todas), con "unas connotaciones mucho más políticas" y que evita el riesgo de esencializar determinadas cualidades como supuestamente inherentes a las mujeres (Borraz, 2017, 26 de enero).
LAS CONTROVERSIAS INTERNAS: LA "ÉTICA DE LOS CUIDADOS" Y LA CONCEPCIÓN DEL FEMINISMO
Independientemente del término que se utilice, la feminización de la política implica colocar en el centro de la agenda cuestiones que eran previamente marginales o consideradas privadas, entre las cuales se sitúa el tema de los cuidados.
90), en tanto que "actividades residuales a las de mercado", se trata de "aquellas actividades, necesarias para sostener la vida, que se considera más adecuado que se produzcan en círculos de intimidad".
Los "círculos de intimidad" a los que se refiere la autora remiten, así, a la invisibilidad de las tareas de cuidado, realizadas principalmente dentro del espacio privado.
Estas actividades de cuidado han sido tradicionalmente llevadas a cabo por mujeres que, en su realización, han desarrollado una serie de habilidades y aprendizajes "situados en sus cuerpos, en sus vivencias y en sus experiencias psicosociales" (Rodríguez Palop, 2019, p.
Para algunas teóricas y activistas, este savoir faire adquirido constituye un valor fundamental que las mujeres pueden aportar a la "nueva política", tal y como sostiene María Eugenia Rodríguez Palop:
Debemos plantearnos una ética del cuidado en el ámbito de lo público, y me parece que resulta muy liberador en términos sociales y personales pensar en la feminización de la política, desde esta perspectiva, que consiste básicamente en trasladar el aprendizaje de las mujeres y del movimiento feminista afuera.
Por esta razón, entre otras, resulta imprescindible tener una experiencia del cuidado (Rodríguez Palop, 2019, p.
Estas teorizaciones son las que Pablo Iglesias intenta recoger en la intervención que referíamos en el apartado anterior, y son retomadas con especial fuerza por parte de las feministas que se integraron en la lista "Recuperar la ilusión".
Así, Clara Serra defiende una ética de los cuidados basada en la experiencia femenina, que capacita a las mujeres para transformar las formas y contenidos de la práctica política clásica: Somos las mujeres las que estamos sobrerrepresentadas en el espacio privado de los cuidados, las que somos más capaces de provocar, con nuestra llegada al espacio público, una transformación de las prioridades políticas.
Feminizar la política es traer al debate público y arrojar luz sobre aquellas cuestiones que han permanecido ocultas justamente por haber estado feminizadas, es decir, por haber sido llevadas a cabo por mujeres en la invisibilidad.
Feminizar la política es restituir una ausencia que hacía a la política sorda a problemas comunes de todos y de todas (Serra et al., 2016, 6 de junio) Ahora bien, esta concepción de la feminización de la política enfocada en la ética de los cuidados como ética femenina genera ciertas controversias.
En concreto, el principal riesgo que plantea es el de caer en el esencialismo (Montero, 2016, 3 de diciembre).
Es decir, en otorgar un supuesto carácter natural a los rasgos, comportamientos y valores tradicionalmente asociados a las mujeres.
Tal naturalización ya fue deconstruida por autoras como Simone de Beauvoir, al afirmar que las diferencias entre hombres y mujeres no son biológicas, sino que son el resultado de una construcción social, y caracterizó el debate, desde los años 70, entre el feminismo de la igualdad (que se oponía al mito de una esencia femenina) y el de la diferencia (que buscaba la valoración de una identidad femenina diferenciada de la masculina).
En el marco de Podemos, las diferentes corrientes coinciden en destacar el carácter socialmente construido de la ética de los cuidados (Serra et al., 2016, 6 de junio).
Sin embargo, son las feministas que conforman la lista "Feminismo en movimiento para todas" las que inciden en la necesidad de evitar cualquier tipo de esencialismo, negando la existencia de "cualidades inherentes a las mujeres" (Beatriz Gimeno en Borraz, 2017, 26 de enero).
Isabel Serra, hermana de Clara Serra y figura destacada del sector anticapitalista de Podemos, argumenta en esta línea que:
El término feminizar la política es insuficiente o por lo menos es equívoco, porque parece que decimos que por el hecho de poner mujeres en determinados puestos de dirección o en determinados espacios políticos [...] y poner con ellas [...] esas características, valores femeninos, eso hace que acabemos con las prácticas y con las lógicas machistas y patriarcales (véase Feminismo en movimiento y para todas).
Finalmente, las diversas posturas epistemológicas dentro de Podemos se reflejan en las diferentes concepciones de la lucha feminista.
Así, mientras desde "Feminismo en movimiento para todas" se opta por la defensa de un feminismo "colaborativo" (https://www. youtube.com/watch?v=wBchgcpeJZk), que parta de la experiencia participativa del 15M y de la colaboración con las bases feministas, desde la lista "Recuperar la ilusión" se incide en la necesidad de un "feminismo ganador", que "no se mantenga siempre en la crítica" ni separado del proyecto global del partido (Serra et al, 2016, 6 de junio) 5.
Se observa, así, una discrepancia de fondo entre las dos listas con respecto a la función del feminismo en las organizaciones políticas.
Desde "Feminismo en movimiento para todas", se considera que el feminismo ha de ir necesariamente ligado al trabajo entre mujeres, a la construcción de "un sujeto político feminista", y a la organización de las mujeres "como mujeres y en tanto que mujeres" (véase Feminismo en movimiento y para todas).
Por el contrario, a556 para las militantes del sector errejonista, el feminismo es, ante todo, transversal, y no se debe construir al margen del proyecto político del partido, tal como lo expresa Clara Serra:
Necesitamos un feminismo comprometido e implicado en el proyecto de cambio general al que pertenecemos si queremos que sea transversal a dicho proyecto, necesitamos feministas implicadas en el proceso y no aisladas en espacios feministas o corremos el riesgo de ser una pieza marginal de este proceso de cambio.
Necesitamos un feminismo imbricado y entrelazado con el discurso, la estrategia política, las apuestas y los retos de Podemos (Serra et al., 2016, 6 de junio).
Por su parte, desde "Feminismo en movimiento para todas", se defienden las alianzas entre mujeres, siguiendo las estrategias del movimiento feminista, y consolidando los procesos participativos iniciados con la creación de los Círculos.
Según Beatriz Gimeno: Apuestan, como plantea Sofía Castañón (https:// www.youtube.com/watch?v=wBchgcpeJZk), por un feminismo construido de abajo a arriba, que tenga una mirada interseccional, y que respalde a las feministas "de arriba", a las que están pugnando en Podemos y en las instituciones.
El reto de construir un Podemos feminista pasa, así, por trabajar con las bases y por tejer alianzas con los diferentes colectivos feministas y LGTBQI.
El movimiento feminista está logrando aumentar su presencia pública en todos los rincones del planeta, tal y como ha demostrado la iniciativa global, que ha liberado la palabra de las mujeres víctimas de acoso sexual en el ámbito laboral.
En España, entre 2013 y 2019 se han producido las mayores movilizaciones de la historia del feminismo español, destacando la marea violeta, la movilización contra el proyecto de la reforma del aborto, la Marcha 7N del año 2015 contra las violencias machistas o las huelgas feministas del 8 de marzo (8M) de 2018 y 2019.
El éxito que han tenido la huelga y las multitudinarias movilizaciones del 8M confirman el resurgir del activismo feminista y la necesaria atención a sus propuestas en todos los ámbitos de la sociedad.
Los partidos políticos no se han mantenido ajenos a este empuje masivo del feminismo.
En concreto Podemos, nacido a raíz de las movilizaciones ciudadanas del 15-M, cuenta en sus filas con numerosas mujeres procedentes del movimiento feminista.
Estas militantes han visto en el nuevo partido una oportunidad para llevar al centro del tablero político las cuestiones tradicionalmente debatidas por las organizaciones feministas desde la periferia (Serra et al., 2016, 6 de junio).
Así, a lo largo de nuestro estudio, hemos observado que, si bien en los inicios de Podemos el feminismo era marginal en la organización, el trabajo constante de las figuras feministas ha cosechado frutos.
La incorporación a la agenda del partido de una serie de temáticas que atraviesan el debate feminista actual es hoy en día una realidad, como lo es la presencia significativa de mujeres feministas en los espacios de decisión.
Estas mujeres ejercen de contrapoder en una organización que, si bien respalda en teoría el feminismo, en su funcionamiento sigue mostrando dinámicas patriarcales y belicistas.
La excesiva masculinización de las caras visibles y la "máquina electoral" en que se convirtió han dificultado la adopción de otras formas organizativas.
Ante ello, las feministas podemistas coinciden en apostar por una transformación de su partido, convirtiéndolo en un modelo de referencia de cara al exterior y en un espacio capaz de acoger la diversidad de todas las mujeres.
Sin embargo, las estrategias planteadas para conseguir este objetivo varían en función de las diferentes corrientes ideológicas (pablista, errejonista, anticapitalista) que constituyen el partido: por un lado se postula una mayor conexión con las bases feministas, recuperando la tradición de un feminismo subversivo y disidente; por otro lado se apuesta por una mayor promoción y visibilización de las mujeres feministas dentro de las esferas de poder, siguiendo la línea de un feminismo más institucional.
Ahora bien, la construcción de un feminismo popular que logre articular un discurso para todas y todos, y combatir el machismo, constituye el eje central del trabajo político que vienen realizando todas las feministas de Podemos.
En este sentido, y retomando las teorizaciones del psicólogo francés Serge Moscovici (1979), podemos afirmar que estas mujeres constituyen una "minoría activa" dentro de su propia cultura política, que tiene la intención de convertirse en una fuente potencial de influencia en las mayorías.
[3] En este sentido, Clara Serra (2018), en su obra Leonas y zorras.
Estrategias políticas feministas insiste en la responsabilidad de los "aliados masculinos" en la transmisión de las reivindicaciones feministas y relaciona "la exclusión del feminismo de los grandes asuntos" y su "olvido en los grandes debates políticos" (p.
124) con la marginalidad de los hombres dentro del debate feminista. |
El artículo aborda los conceptos de compromiso y transgresión en el marco de la lectura que el pensamiento feminista español de las últimas tres décadas hace de Judith Butler.
Se parte de su teoría de la performatividad de género con el fin de valorar una primera serie de réplicas que acusan al programa de transgresión queer de sancionar una subjetividad acrítica que converge con el neoliberalismo.
En un segundo paso, se precisa que el interés de esta autora en sus últimas obras se centra en las condiciones de la articulación de los sujetos colectivos, ofreciendo una concepción de la política como resistencia.
En este punto se abre otra línea de discusión en las coordenadas del legado del feminismo de la igualdad sobre la capacidad del planteamiento de Butler de hacerse cargo de la agenda emancipatoria feminista y de su constitutivo compromiso ético-político.
Las siguientes páginas se proponen una aproximación a los conceptos de compromiso y transgresión desde la discusión contemporánea en torno a la subjetividad, la identidad y el género.
Se trata de un tema amplio que aquí se va a acotar a propósito de Judith Butler y de la lectura que se hace de su obra en el marco del pensamiento feminista español de las últimas tres décadas.
Esta recepción se organiza sobre la herencia del debate entre el feminismo de la igualdad y el de la diferencia que ocupó intensamente los años ochenta de la pasada centuria 1.
Sin embargo, se ha de puntualizar desde el principio que, a pesar de que estas corrientes confrontaban dos concepciones distintas de las mujeres y sendas estrategias contra el sistema de dominación patriarcal, compartían la apelación a un sujeto colectivo declinado en femenino.
Se interpelaba en ambos casos a un nosotras capaz de representar y asumir el objetivo común que fuere: extender derechos universales o crear otros nuevos a la medida de ese pronombre.
El horizonte de los nuevos feminismos que recorren el siglo XXI presenta el contraste de una subjetividad irreductible a descriptores cerrados y renuente a las aspiraciones de unidad, incluida la que concierne al género (Gil, 2011, pp. 31 y ss.).
En esta línea, priorizando el objetivo del reconocimiento de las diferencias sobre el de la distribución igualitaria, Butler representa ciertamente un giro en el imaginario feminista (Fraser, 2013(Fraser, /2015, pp. 19 y ss.), pp. 19 y ss.).
Su programa parte de una comprensión performativa de la identidad en la que la transgresión queer constituye un elemento vertebral que ha tenido un gran impacto en el análisis de los procesos de subjetivización.
Se comenzará precisamente por aquí, situando la posición butleriana, que se autoinscribe en la estela del feminismo socialista y se correlaciona con el proyecto de una democracia radical.
Seguidamente, y en primer lugar, se atenderá a su repercusión más inmediata en el panorama español que alumbra un variado registro de propuestas que se apropian del rótulo queer.
En torno a él y contra la subjetividad transgresora que nombra, se concentra asimismo una réplica que discute su capacidad para ofrecer un criterio consistente de la agencia política y contribuir a una teoría de la sociedad resolutiva contra el neoliberalismo.
En segundo lugar, se puntualizará, no obstante, que esta autora, más allá de la teoría de la performatividad de género y su desarrollo queer, ha dedicado buena parte de sus últimos trabajos a establecer las condiciones constitutivas de los sujetos colectivos, perfilando la comprensión de la política en términos de "resisten-cia".
Este concepto aspira a introducir un punto de vista normativo y a modular críticamente, en consecuencia, el ámbito de la transgresión.
Sin embargo, aquí surge la cuestión de si esta aspiración, que pasa por la construcción de alianzas renunciando a convocar a las mujeres como un agente diferenciado y a dotar a su emancipación de una agenda específica, puede hacerse cargo de una noción de compromiso ético-político útil para el feminismo.
Esta consideración llevará a cuestionar la propuesta de Butler y traerá a colación su controversia con Nancy Fraser, quien defiende de otra manera esa adscripción, que también hace suya, al patrimonio del feminismo socialista.
En el contexto español, quienes asumen el legado del feminismo de la igualdad dan acuse de recibo de esta discusión subrayando la necesidad de afirmar estratégicamente una subjetividad compartida que no debe perder el hilo de su trayectoria reflexiva.
Por ello mismo, frente a la deconstrucción que hace Butler de la historia del pensamiento feminista -acusado de haber ensombrecido las diferencias-, se reivindicará la productividad de su memoria crítica.
La referencia obligada en este punto es el planteamiento de Celia Amorós.
La posición de Butler se sitúa en línea con el postestructuralismo y consiguientemente contra la concepción moderna de la subjetividad de factura cartesiana que hace de la autonomía un gesto soberano e incondicionado.
Siguiendo a Michel Foucault -y sin perder la inspiración nietzscheana, a la que se aludirá al final-, para esta autora el sujeto no puede comprenderse, sin embargo, al margen de las prácticas de poder, que no son solo ineludibles sino, en un sentido primario, generadoras de identidad.
La fórmula althusseriana de interpelación ideológica le sirve igualmente para subrayar que el yo se construye de una manera heterónoma interiorizando las normas expresivas de un statu quo (Butler, 1997(Butler, /2016, p.
Estas notas pasivas quedan recogidas en el término vínculo (attachment), que en The psychic life of power: theories in subjection (Mecanismos psíquicos del poder.
Teorías sobre la sujeción) se califica como apasionado u obstinado (stubborn) para acentuar el apego del individuo a aquello que lo somete, pero a partir de lo que puede, en última instancia, articular una voz propia.
La cuestión es que ningún vínculo puede dar íntegramente cuenta de uno o una misma, pues no hay una única posibilidad de identificación o una identificación privilegiada que cubra o sature el contorno de la subjetividad.
Esta se construye en contexto y a557 por ello como una práctica repetitiva y reproductiva, pero también -puntualiza-"incompleta", puesto que admite una variación en el momento de la iteración y, por tanto, una oportunidad de reinterpretación (Butler, 1997(Butler, /2016, p.
Butler contempla así el fracaso de la interpelación ideológica y la imposibilidad de absolutizar la sujeción, acentuando la capacidad de intervenir en la propia existencia -aunque esto no puede hacerse de una manera absoluta ni, como se precisará en el próximo epígrafe, estrictamente individual-.
Se podría hablar así de un sujeto postsoberano, para el que no procede ya en ningún caso formular la autonomía a modo de una abstracta desvinculación, pero sí de un ejercicio de transgresión dentro de un marco de dominación compartido.
Conviene subrayar que el interés en pensar la agencia política es el que apremia a Butler a problematizar la noción de género de una manera ininterrumpida desde Gender trouble: feminism and the subversion of identity (El género en disputa.
El feminismo y la subversión de la identidad) (1990) hasta Notes toward a performative theory of assembly (Cuerpos aliados y lucha política.
Hacia una teoría performativa de la asamblea) (2015).
Su preocupación no se centra tanto en la asimetría entre lo masculino y lo femenino derivada de la elaboración patriarcal de la diferencia sexual como en la generización en sí misma en tanto y cuanto sanciona, sea cual sea la pauta, determinadas categorías identitarias y distribuye en función de las mismas el reconocimiento y la falta del mismo, lo que induce a una precariedad diferenciada.
Ciertos géneros se consideran inteligibles y sancionan la normalidad, ocasionando a su vez por ello marginación y exclusión, "fantasmas de discontinuidad e incoherencia" (Butler, 1990(Butler, /2007, p.
Su contrapropuesta consiste en afirmar la performatividad del género: comprendiéndolo como una práctica indeterminada y plural que no está abocada a la mera reproducción de los patrones dominantes, pues la repetición de estos -su cita, en términos derridianos-, como ya se ha dicho, deja también un espacio para la resignificación y el desplazamiento (Butler, 2004(Butler, /2006, p.
Este margen permite la introducción de una diferencia subversiva que pone en valor el alcance de la imaginación y de la fantasía que posee el sujeto, pues son estas facultades las que activan el deseo -otro deseo-y orientan una identificación alternativa.
Como estrategia paradigmática de transgresión del modelo heteronormativo, Butler distingue la vía de la parodia presentándola como una imitación burlesca, hiperbólica y disonante que quedaría ejemplificada en el travestismo y en las acciones transgenéricas y transexuales (Butler, 1990(Butler, /2007, p.
El resultado de esta táctica deconstructiva con respecto a las normas de género preponderantes sería la disolución de cualquier identidad presuntamente natural, previa o estable; una confusión identitaria creadora, no obstante, de libertad en la medida en que permitiría la ampliación del mapa discursivo de la generización y, en definitiva, de las figuras posibles de la subjetividad (Butler, 1990(Butler, /2007, pp. 96 y ss.;, pp. 96 y ss.;Butler, 2015Butler, /2017, p.
Este es el marco de la teoría queer que Butler contribuye decisivamente a definir -aunque su elaboración habría de remitirse también a otros nombres como el de Teresa de Lauretis-.
Desde ella se hace eco de la acusación lanzada contra el feminismo hegemónico de raigambre ilustrada de enunciar un sujeto colectivo que no incluye las circunstancias raciales, de clase o de orientación sexual de muchas mujeres -además de responder a la crisis general de representación política que atraviesa las democracias contemporáneas-.
Su impacto es notable en el panorama feminista español de la década de los noventa del siglo pasado.
En este contexto no puede hablarse de un movimiento queer unificado, sino más bien del surgimiento de grupos que activan este rótulo de manera variable, confiriéndole distintas versiones y un perímetro permeable que propicia el cruce entre activismos de contenido afectivo-sexual que también aúnan con frecuencia los intereses de grupos marginales de mujeres y hombres que se emplazan como ocupas, migrantes, explotados o insumisos (Gil, 2011, pp. 179 y ss.;López Penedo, 2008, pp. 115 y ss.).
El registro de esta pluralidad de movimientos no es el objetivo de este trabajo, pero su alusión ilustra una condición importante para avanzar hacia las conclusiones: la dificultad que entraña la unificación de las experiencias de transgresión y la posible disolución entre ellas de las que deberían ser -si es que esta exigencia sigue vigente, como se discutirá más adelante-características del feminismo.
En paralelo, y a un nivel teórico, la rúbrica queer no garantiza un pensamiento unísono o sistemático -lo que, por otra parte, contradiría su propio talante-.
Sin embargo, sí es posible reconocer un hilo discursivo que incide en la erosión del carácter normativo de la identidad y abre la subjetividad a un repertorio -inagotable e imprevisible-de posiciones.
Las argumentaciones igualitaristas del feminismo clásico se vuelven en estas coordenadas improductivas y desechada resulta también la estrategia reivindicativa del feminismo de la diferencia que persiste en el binarismo de género.
Desviándose, por lo tanto, de la impugnación del patriarcado que se llevaba a cabo en un itinerario o en otro, este a557 programa se traza emblemáticamente en textos como los que firma Beatriz Preciado y que son citados con frecuencia en las revisiones más críticas (Posada Kubissa, 2015; Miguel, 2015).
En su "Multitudes queer.
Nota para una política de los «anormales»" 2 esta autora reconstruye la genealogía filosófica del término -desde Foucault hasta Monique Wittig, Donna Haraway y Gloria Anzaldúa, pasando por supuesto por Butler-y lo utiliza, en efecto, para recusar tanto las políticas que se derivan de la diferencia sexual, entre las que cuenta las esencialistas y las paritarias, como las de inspiración republicana universalista.
En la línea butleriana, Preciado presenta su propuesta como el resultado de una "confrontación reflexiva del feminismo con las diferencias que éste borraba" para poder homogeneizar y sujetar la conciencia colectiva (Preciado, 2003(Preciado, /2005, p.
Y acaba explicitando, por ello, su renuncia al objetivo de la emancipación de las mujeres en nombre de "una multitud de diferencias, una transversalidad de las relaciones de poder, una diversidad de las potencias de vida" que no son "representables" en la medida en que son "monstruosas" y ponen en cuestión por eso mismo "no sólo los regímenes de representación política sino también los sistemas de producción de saber científico de los «normales»" (Preciado, 2003(Preciado, /2005, p.
La reivindicación queer se concentra así en el cargo de exclusión y opresión que se imputa a los criterios identitarios tal y como han sido gestionados por la concepción del género hegemónica.
Los límites de la transgresión
Recorrido este tramo, cabe detenerse en su crítica, que constituye un capítulo central del pensamiento feminista español de las últimas décadas, desplegándose en diferentes direcciones.
Una de ellas, que es la que aquí interesa ahora explorar, acusa -contra la pretensión butleriana de encarnar la izquierda-la coordinación de los planteamientos queer y de las políticas centradas en la inconmensurabilidad de las diferencias con el neoliberalismo, lo que desplaza el foco de la sospecha hacia la noción de transgresión.
Ciertamente, procede hablar de una configuración neoliberal de la subjetividad que implica una reconfiguración de las normas de género (Fraser, 2013(Fraser, /2015, p.
Esta inflexión viene marcada por la creciente atomización del individuo de acuerdo con un modelo de autosuficiencia que reconduce y reduce la intersubjetividad al ejercicio de una libre competencia que se idealiza como expresión de igualdad.
A su servicio, los entornos telemáticos y virtuales permiten multiplicar, al compás de la oferta y la demanda, los círculos de pertenencia y las posibilidades identitarias.
La sensibilidad ética del mundo contemporáneo se mantiene de esta forma fiel a un ideario de la creación de sí que se presume al alcance de todos, cediendo al perspectivismo y tolerando una mirada relativista -y con frecuencia nihilista-.
La vigencia de este escenario, que no está diseñado, por lo tanto, para facilitar el enlace político entre los sujetos, proporcionaría una explicación de las dificultades por las que atraviesa la construcción de imaginarios comunes, como el feminismo.
Y también permitiría reconsiderar la transgresión queer como una producción indiscriminada, y sin contención normativa, de prácticas individualistas que no sirven para articular de una manera coherente ni eficaz una gramática colectiva antagonista.
Subrayándose de este modo su rendimiento fundamentalmente estético y su colaboración en la fragmentación y desactivación del espacio público, cabría advertir la "deriva neoliberal" de la teoría queer (López Penedo, 2008, p.
En un plano más concreto, y en el marco de la mercantilización y explotación de todas las dimensiones de la existencia, esta teoría se reprueba entonces como una manifestación del neoliberalismo sexual que se sustenta en una concepción acrítica de la autonomía.
De acuerdo con esta, cualquier iniciativa que exprese una conformidad se considera válida e indicativa del valor del individuo.
El programa queer confía en este sentido la transgresión a actuaciones presuntamente soberanas -olvidándose de los matices moderadores del prefijo postque pueden poner, efectivamente, en cuestión la rigidez de las identidades, pero que no se detienen a considerar su capacidadni calidad-subversiva ni su compatibilidad con según qué proyecto político (Miguel, 2015, pp. 137 y ss.).
En definitiva, este activismo centrado de una manera reduccionista en la diversidad afectivo-sexual diluiría la causa feminista dejando intactos los esquemas de poder.
Se sanciona así lo que Ana de Miguel ha denominado "patriarcados del consentimiento" en los que "el mito de la libre elección" bloquea la revisión del contexto de dominación que produce y reproduce los déficits de igualdad (Miguel, 2015, p.
La ideología neoliberal celebra, por tanto, la iniciativa individual "al tiempo que cierra los ojos ante las desigualdades estructurales laboriosamente descubiertas y cuestionadas durante décadas por los grupos subalternos, incluidos los feministas" (Fraser, 2013(Fraser, /2015, p.
Bajo esta mirada, la transgresión colaboraría en última instancia con la construcción de una subjetividad atomizada, estetizada y relativista que no interrumpe la lógica del mercado, que es la que consolida una distribución de recursos y derechos que no deja de poner en evidencia la feminización de sus asimetrías.
La consecuencia es que se banaliza y opaca la comprensión de la igualdad.
Pero esta es la clave normativa de la noción de compromiso congénita al feminismo.
Como señala Fraser, las mujeres del siglo XXI se sitúan en una zona difícil e incómoda: en "el nexo entre patriarcado y neoliberalismo, atrapadas en dos formas de entender la igualdad, una liberal y otra democrática radical" (Fraser, 2013(Fraser, /2015, p.
A la luz de la primera acepción, se ha producido sin duda una depreciación de dicha clave frente a otras emparentadas con el ideario de la creación de sí, como podría ser la autenticidad asociada a la dinámica de la transgresión.
Sin embargo, sorteando el falso dilema igualdaddiferencias -pues el antónimo del primer término es la desigualdad-, el debate es cómo ha de reorientarse el feminismo hacia la segunda acepción y si ha de perseverar como teoría crítica de la sociedad.
Como se señalaba en la introducción, el horizonte político que quiere transitar Butler es también el de la democracia radical, reconociendo expresamente que uno de sus descriptores debe ser la igualdad.
Esta, a su entender, tiene que reformularse, no obstante, como el resultado de una ampliación performativa de las categorías ético-políticas que no recaiga en la afirmación de una subjetividad estandarizada que frustre, volviéndolas impensables, otras vidas.
El principio igualitarista resulta para esta autora insuficiente si no tiene en cuenta la precariedad que asignan las clasificaciones normativas (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Para Fraser, en cambio, radicalizar la democracia exige compaginar -en una perspectiva bifocal-el reconocimiento de las identidades con la redistribución de recursos, derechos y representación con el fin de garantizar su simetría en lo que respecta a las mujeres.
Pensar en cualquier caso la versión de compromiso que conviene al feminismo implica abordar la cuestión de los sujetos colectivos.
Butler introduce para ello la noción de "resistencia", cuyas posibilidades y límites han de medirse teniendo en cuenta la ontología de la contingencia a la que se adhiere.
En el panorama español esta problemática se discute en las coordenadas del legado del feminismo de la igualdad.
En este punto, de cara a completar el análisis de la recepción del pensamiento de Butler, es preciso recordar que no se deja en ningún caso reducir a la teoría queer.
Ella misma recalca que la teoría performativa de género es "sólo una parte" de su feminismo, matizando igualmente -lo que también conviene subrayar-que este es "sólo una parte" de su política.
"Creo" -se lamenta en la entrevista donde hace estas puntualizaciones-"que a veces se asocia el nombre de «Butler» con la afirmación de que el feminismo es o solo puede ser la teoría performativa de género, pero esta nunca ha sido mi posición" (Soley-Beltrán y Sabsay, 2012, p.
Como se indicaba al principio, esta autora ha empleado buena parte de sus últimos trabajos en reflexionar sobre las condiciones de la articulación de los sujetos colectivos.
Este desarrollo es coherente con el programa de la transgresión, pero habilita -e incluso prioriza-un espacio reflexivo en torno a la normatividad que permite (re)plantear la noción de compromiso.
Butler insiste en este sentido en que el horizonte ineludible de toda resignificación ha de ser el incremento de las vidas vivibles, lo que exige que la vulnerabilidad que nos define a todos y todas por igual -en tanto que seres corporales e interdependientes-no se resuelva en una precariedad diferenciada como la que inducen los esquemas socioeconómicos actuales.
Este ha de ser el objetivo último de la política entendida como resistencia y orientar, como parte de la misma, las intervenciones que puedan hacerse desde el feminismo.
Contra la erosión neoliberal de la subjetividad, se trata, por lo tanto, de activar un "nosotros/as" antagonista que haga su aparición en la esfera pública y reivindique nuevos modos de existencia.
Al igual que en el caso individual, para Butler no tiene sentido perfilar este pronombre antes de la misma acción performativa (Butler, 2015(Butler, /2017, pp. 157 y ss.), pp. 157 y ss.).
Ello solo recogería la continuidad con un marco de dominación.
De cara al desplazamiento, decir un "nosotros/ as" diferente puede crear a priori cierta concentración, pero a su entender solo cuando se produce un encuentro efectivo en una configuración particular de espacio y tiempo este sujeto en plural logra existir, aunque no esté explícitamente expresado.
Su contorno lo traza de manera inmediata la manifestación de vulnerabilidad que implica una reunión de cuerpos.
Pensar la política en el ámbito de lo precario, señala en este sentido, pasa por "movilizar la vulnerabilidad como una forma deliberada y activa de resistencia", por "una exposición del cuerpo al ámbito del poder en la acción colectiva" (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Las prácticas de resistencia deben hacerse cargo de las dimensiones desamparadas de la vida en una determinada circunstancia y no pueden, por lo tanto, derivarse de la comprensión previa de una unidad ajustada a un agente abstracto que se presume general.
Se organizan, por el contrario, a partir del ejercicio discursivo diferenciado que resulta de una acción siempre situada y que no consigue sino resolverse como un a557 proceso contingente y por ello múltiple e inestable.
El sujeto político, en resumidas cuentas, se construye de una manera asamblearia y, por lo tanto, mantiene un perímetro permanentemente abierto e inacabado que renuncia a representar una totalidad (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Habida cuenta de lo dicho, la posible ampliación, en principio irrestricta, del mapa de desplazamientos performativos, que podría hacer igualmente infinita la cartografía de la resistencia, obliga a marcar un criterio consistente con el horizonte normativo de la vida vivible.
Esta es una cuestión -no siempre bien atendida por sus detractores-que la propia Butler tematiza recurrentemente, pero en los términos mínimos que permite su adhesión a una ontología de la contingencia que podría adjetivarse como insuficientemente modulada.
Ella misma reconocía ya en Gender trouble -adelantándose en parte a la réplica que arriba se ha recogido-que la parodia por sí sola no es subversiva, pues en algunos casos resulta transformadora mientras que en otros se domestica y se vuelve a poner en circulación como instrumento de hegemonía cultural (Butler, 1990(Butler, /2007, p.
Apremiando ahora la cuestión ética -sobre la estética-, advierte que los cuerpos activos congregados en la calle no suponen automáticamente una resistencia crítica.
Hace falta determinar quién se levanta y dónde, pues insiste en observar que hay masas que no pueden merecer consideración, como las que toleren el racismo o el fascismo o la misoginia.
Butler subraya que lo que le interesa "no es tanto la vitalidad de que gozan esas multitudes activas o cualquier fuerza naciente y prometedora de vida que parece pertenecer a la acción colectiva" como la lucha frente a la creciente y sistemática precariedad (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Así pues, los criterios que deben permitir diferenciar unas resignificaciones de otras -como éticamente aceptables o no-no pueden derivarse de la práctica misma de la resignificación, sino de alguna teoría ya validada que ha de ser la de una democracia radical.
La pregunta se traslada entonces al contenido de esta teoría que, sin embargo, Butler no acaba nunca de concretar, haciéndolo girar en torno a la exigencia de transvalorar las categorías ético-políticas -como la de género-para hacerlas más inclusivas y, por tanto, más sensibles a lo que podría denominarse la fenomenología de la precariedad.
Esta tendría que ocuparse de visibilizar, a su entender, "a mujeres, queers y personas transgénero, a los pobres, a los discapacitados y los apátridas, pero también a las minorías religiosas y raciales" (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Su concepción de la política aspira a reconocer todas estas formas de opresión vigentes en las globalizadas sociedades tardocapitalistas y a facilitarles una vía subversiva.
Pero en su esquema prima la insistencia en la imposibilidad de cerrar un criterio que permita discriminar de manera terminante entre las exclusiones y también entre las formas sociales alternativas.
Puede que lo "correcto" -como ya se había apuntado en Undoing gendersea "mantener abiertas las tensiones que asedian las categorías más fundamentales que necesitamos..."
Butler, en definitiva, no está dispuesta a cancelar la sospecha de sujeción, de reproducción de los mecanismos del poder, que le suscita cualquier punto de vista normativo que no sea la exigencia mínima de la vida vivible.
Pero aquí se abre un espacio extenso de indefinición, puesto que esta prescripción renuncia a plegarse a un ideal uniforme.
Pasa por cubrir las necesidades que permiten a un cuerpo subsistir, pero esto, dada la condición relacional y de interdependencia de la vulnerabilidad, implica un complejo sistema comunitario de apoyo, una forma social que no tiene una hechura única (Butler, 2015(Butler, /2017, pp. 211 y ss.), pp. 211 y ss.).
Por ello, en esta filosofía de la resistencia el momento del antagonismo -que recusa un modo de vida mercantilizado que induce a una precariedad diferenciadaqueda más perfilado que el consiguiente momento afirmativo, que debería alumbrar un nuevo orden ligado a la aparición y el empoderamiento en el espacio público de otras subjetividades.
Butler sí que precisa que este último paso involucra la consolidación de vínculos en torno al denominador común de la precariedad.
Esta, a su entender, funciona como "una condición social y económica" que trasciende los mapas culturales y atraviesa las distinciones identitarias, proporcionando un hilo ético-político para pensar "alianzas potenciales entre los que no se reconocen como miembros de una misma categoría" (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Sin embargo, la ontología de la contingencia persistentemente accionada dificulta la concepción de estas alianzas y, por tanto, el diseño del compromiso feminista.
En el marco de su controversia con Fraser, Butler desacredita terminantemente la retórica de la unidad que acusa en el planteamiento de su colega tachándola como propia de una izquierda conservadora que desatiende las diferencias -sexuales y sociales-y la lógica de la exclusión a la que responde la emergencia de las causas particulares.
A su entender, la pretensión de aglutinar los movimientos sociales supondría su neutralización, su domesticación -llega a decir-.
Butler rechaza, en-a557 tonces, cualquier síntesis que implique la universalización o sistematización de los sujetos políticos desde la convicción de que "la resistencia a la unidad encierra la promesa democrática para la izquierda" (Butler, 1997(Butler, /2001, p.
Su renuncia a hacer de la reconciliación un objetivo, incluso de manera provisional o estratégica, aspira a mantener la práctica contestataria permanentemente abierta, pero la expone a una improductividad nihilista en la que de nuevo solo queda implícitamente consensuada la oposición al marco hegemónico (Perona, 2017, p.
En lo que respecta al feminismo del siglo XXI, su intervención de acuerdo con este punto de vista debería servir para entrelazar marcos de subyugación y resistencia antes que para mantener la prioridad y especificidad de la opresión femenina (Soley-Beltrán y Sabsay, 2012, p.
Esta causa por sí sola pierde entidad, quedando su eficacia asimismo remitida al espacio cruzado del antagonismo.
Tampoco podría generar un relato convergente.
La precariedad, como se ha puntualizado, afecta a las mujeres, pero esto no sería suficiente para justificar la afirmación de un sujeto colectivo estable, la construcción de un "sujeto global" declinado en femenino (Butler, 1990(Butler, /2007, p.
La teoría de la performatividad de género ha impugnado definitivamente la categoría "mujer" pudiendo rearticularse, como se ha visto, en diferentes direcciones, pero no sujetarse en torno a una clave diferenciada.
¿El sujeto del feminismo?
Ante el riesgo de fuga del sujeto del feminismo, Fraser sí defiende que la generalización a propósito de las mujeres es necesaria.
Desaprueba que Butler reemplace el lenguaje de la justicia social que ampara este gesto por un registro que elude el problema normativo al no poder ofrecer un criterio solvente para discriminar entre las posibles producciones y figuras de la subjetividad (Fraser, 1997(Fraser, /2016, p.
La "diferencia", como señala Celia Amorós coincidiendo con este planteamiento, "es un hecho que tiene lugar en las sociedades humanas y sólo si sufre las pertinentes contrastaciones puede ser promovida a valor" (Amorós, 2000, p.
En este sentido, ninguna pretensión de identidad ni propuesta de resistencia puede sortear la pregunta clave por su correlación con la desigualdad o su oposición a esta.
Y ello es lo que mantiene vigente el compromiso específico del feminismo en la medida en que sigue siendo constatable una feminización de la desigualdad, de una de las formas características de la desigualdad que afecta a las mujeres frente a los hombres.
Dicha generalización es, por tanto, ineludible para proseguir con una agenda política resolutiva, aunque habría de someterse a una revisión frecuente para no recaer en exclusiones.
Tendría que ajustarse a "conceptos de identidad social que sean plurales y de construcción compleja, y en los cuales el género fuera un hilo relevante entre otros, conceptos que prestaran atención a la clase, la raza, la etnicidad, la edad y la orientación sexual", variables que permiten visibilizar el cuadro de dificultades reales que atraviesan las diferentes mujeres (Fraser y Nicholson, 1992, p.
El discurso feminista ha de situarse y contemplar estas intersecciones con el fin de incorporar las voces de quienes no se sienten representadas en el discurso dominante, pero sin renunciar a la oportunidad política de ser un agente común.
Se podría hablar así de una teoría feminista postmoderna que, superando el equívoco de la homogeneización, se despliega como "un tapiz compuesto con hilos de muchos colores" (Fraser y Nicholson, 1992, p.
Y en este complejo tejido el vocabulario normativo propio del feminismo ha de seguir sirviendo para explorar y denunciar ciertos marcos específicos de dominación.
No podría en ningún caso cancelarse a favor de un lenguaje postfeminista -como el que gasta Butler, aunque con cierta vacilación como ahora se puntualizará-puesto que no se ha avanzado hacia una situación de post-patriarcado.
El programa de Fraser en este punto -aunque, si dispusiera en este trabajo de más espacio, mostraría mayores matices y contrastes-converge en nuestro contexto con el del feminismo de la igualdad enunciado emblemáticamente por Celia Amorós, quien insiste en la necesidad de seguir contando con ese nosotras como un sujeto político identificable.
La pensadora española se sitúa en la tradición de las teorías críticas interesadas en hacer ver la subordinación específica que sufren las mujeres por el hecho de serlo para proceder a su irracionalización: "porque la propia tematización del sistema sexo-género como matriz que configura la identidad así como la inserción en lo real de hombres y mujeres es inseparable de su puesta en cuestión como sistema normativo" (Amorós, 2000, p.
Y ello le da entidad a la conciencia feminista, cuya experiencia reflexiva acusa la heterodesignación y se ejercita ciertamente en la resignificación y en la transgresión, pero desde la posición de ese pronombre en plural declinado en femenino cuyo criterio constitutivo es la vindicación de la igualdad.
La aspiración a la emancipación no puede, por lo tanto, prescindir de una agencia común reformulada estratégicamente como "rúbrica articuladora de las diferentes modali-a557 dades del sexismo que sufren las mujeres -violencia sexual, segregación en el mercado de trabajo, doble jornada laboral, infrarrepresentación en los puestos de responsabilidad, incongruencias en la adjudicación de estatus..."
Así pues, asumiendo en este punto la reflexión de Seyla Benhabib, para Amorós solo sería pertinente considerar la muerte del sujeto en un sentido débil, como antídoto contra el fundamentalismo, pero nunca en un sentido fuerte que bloqueara la posibilidad de pensar conjuntamente la situación de dominación compartida y establecer vías emancipatorias colectivas (Amorós, 1997, p.
La propuesta de Butler reuniría, a su entender, la virtud del antiesencialismo y la de la superación de un modelo de sujeto abstracto y desvinculado.
Sin embargo, no permitiría recuperar, como se ha indicado, el momento normativo de clave igualitarista que es el que consigue evidenciar el persistente marco de dominación patriarcal, por lo que acaba situándola fuera del paradigma del pensamiento crítico (Amorós, 2000, pp. 72 y ss.).
Con todo, en la recta final de estas páginas, convendría puntualizar que cuando se explora hasta el final el planteamiento de Butler se aprecia no solo la imposibilidad de reducirlo a la teoría queer, como se ha advertido, sino también su acercamiento -no exento de vacilación-al registro feminista clásico, que es el registro propio del feminismo de la igualdad.
Sus objetivos se han ido reformulando en torno a un combate contra las diferentes formas de precariedad que debe aspirar a un cambio democrático alineado con la "posibilidad de una vida vivible para todos" (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
Así, conforme su reflexión se ha ido centrando en la vulnerabilidad, el léxico de la transgresión se ha acompasado al de la justicia.
Como suscribe en Frames of war: when is life grievable?
Las vidas lloradas) el reconocimiento de la precariedad compartida "introduce unos fuertes compromisos normativos de igualdad e invita a una universalización más enérgica de los derechos" (Butler, 2009(Butler, /2010, p.
En estas coordenadas, su valoración del feminismo acusa cierta ambivalencia.
En una entrevista antes citada se reivindica "muy feminista" y con la voluntad de seguir siéndolo "hasta que las mujeres no dejen de ser desproporcionadamente pobres y analfabetas y hasta que la violencia contra las mujeres cese y se llegue a la igualdad social" (Soley-Beltrán y Sabsay, 2012, p.
Sin embargo, a renglón seguido, concreta que no puede surgir una política suficiente a partir de la frase "soy una feminista" como tampoco de la frase "soy una feminista queer", puesto que las alianzas en las que ella deposita su confianza convierten esta causa en transversal.
En cualquier caso, la resistencia, asumida como concepción política general, parece ser en este sentido compatible con el feminismo si este se entiende como un proyecto vigente, pero parcial e incompleto, cuya preeminencia como teoría crítica de la sociedad se disipa y cuyo alcance queda decisivamente limitado.
Aun así, se podría seguir intentando acortar algunas distancias dentro del espacio reflexivo de la historia del pensamiento feminista.
LA CULTURA CRÍTICA DEL PENSAMIENTO FEMINISTA
Neus Campillo considera que el nominalismo moderado que acoge el feminismo de Celia Amorós puede aproximarse coherentemente a la corriente feminista postmoderna en la medida en que uno y otra comparten en un sentido básico la desontologización de los términos abstractos, universales o genéricos (Campillo, 2010, p.
Desde otro lado, la afirmación de la contingencia a la que Butler se atiene podría encontrar cierto eco en el existencialismo de ascendencia sartreana de la pensadora española.
Sin embargo, no es posible salvar una discontinuidad.
La afirmación nominalista de la individualidad en Amorós se compagina con el reconocimiento de los efectos de poder que tiene en la esfera intersubjetiva la identidad de género, "la más cardinal y constrictiva de nuestras identidades" (Amorós, 1997, p.
Por ello, la autorrealización apremia a rearticular esa identidad contra la heterodesignación patriarcal.
A su entender, la "concepción del sujeto idónea para el proyecto feminista" ha de apoyarse en la capacidad de trascendencia que es la que "posibilita que nunca nos identifiquemos por completo con nuestra identidad, que estemos permanentemente reinterpretándola y redefiniéndola" (Amorós, 1997, p.
La autonomía se desenvuelve, por lo tanto, en la contingencia, pero se decide normativamente en un sentido emancipatorio.
Butler insiste con un cierto aire de familia en que la reconstrucción de los posibles nosotros/as y también de sus vínculos ha de servir para forjar "un nuevo modo de vida más radicalmente democrático y más interdependiente" (Butler, 2015(Butler, /2017, p.
218), pero su teoría de la performatividad no proporciona recursos para estabilizar y hacer operativo el compromiso que tales declaraciones implican y que ha de contar con la mediación específica del feminismo.
Su ontología de la contingencia funciona, desde luego, como una garantía de pluralidad, aunque su vigencia ininterrumpida e insuficientemente modulada imposibilita a557 el dibujo de los sujetos colectivos y un cierre resolutivo de las reivindicaciones.
Aun así, no es fácil despachar el potencial crítico de la filosofía butleriana, que quizás pueda encajar después de todo en el largo y ancho proyecto feminista como una de sus piezas.
Esta última digresión permitirá poner un punto y final.
En su Crítica de la razón patriarcal, Celia Amorós expuso de manera magistral cómo la filosofía se ha elaborado desde la complicidad con la ideología sexista, reproduciendo una determinada representación de la mujer y excluyéndola a su vez sistemáticamente de su discurso (Amorós, 1991, pp. 24-25).
Sin embargo, también hizo ver que la propia tradición conceptual ha proporcionado una serie de instrumentos que no solo han servido a una comprensión conservadora de lo dado, sino también antagonista y subversiva.
La ilustración está atravesada paradigmáticamente por esta dialéctica que es la que permite reciclar en un sentido feminista los presupuestos universalistas e igualitaristas que habían excluido originariamente a las mujeres del espacio de acción del sujeto moderno.
Valorando los recursos contemporáneos, en su libro Salomón no era sabio la pensadora española dedica un capítulo a Nietzsche, quien, como se señalaba al principio, inspira la línea de pensamiento foucaultiana-butleriana.
Su lectura permite concluir que la hermenéutica de la sospecha que pone en juego el método genealógico puede activarse -a pesar de las inflexiones misóginas del autor-contra cualquier modelo de legitimación, incluido el patriarcal (Amorós, 2014, pp. 142 y ss.).
Se trata de una herramienta disponible entonces también, pese a no tener esa vocación, para los estudios de género.
En un sentido análogo, la propuesta butleriana también podría integrarse en la memoria crítica del pensamiento feminista.
Y ello contra la propia Butler, quien se ha afanado en deconstruirla sin detenerse a medir sus aportaciones ni a apreciar la reinterpretación de los marcos de dominación a la que estas urgen.
Sin embargo, teniéndolas en cuenta sí es posible reconstruir un relato de la modernidad alternativo al del falogocentrismo (Nájera, 2017).
Como también ha de serlo completar una reseña de la postmodernidad que no reduzca todas sus voces a una suerte de idiocentrismo volcado en la exaltación compulsiva de las diferencias.
En el caso que ha ocupado a este trabajo, esto último exigiría recorrer también la vía autocrítica que en el contexto español se abre dentro del propio ámbito del pensamiento queer (Burgos, 2014, pp. 71 y ss.).
En ella la celebración del juego paródico cede paso al análisis de las condiciones de la resignificación: como son el poder y sus contextos -que delimitan de hecho el margen subversivo-, así como, en un sentido contrafáctico, ciertos principios éticos.
De acuerdo con lo expuesto en estas páginas, Butler no asume de manera suficiente la modulación normativa de la contingencia, lo que deja desatendidas esas condiciones y, por lo tanto, resta operatividad a su propuesta.
Su planteamiento puede integrarse, no obstante, como un elemento de ilustración -en su acepción de sospecha-en la amplia cultura del pensamiento feminista que no debe renunciar a articularse desde diferentes enfoques.
Este trabajo ha sido realizado en el marco de los Proyectos I+D+i Género, compromiso y transgresión en España, 1890-2016 (FEM2016-76675-P) y Gobierno de sí y políticas de la subjetividad en el contexto de la crisis de la racionalidad neoliberal (FFI2016-76856-R), financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España. |
Este artículo aborda las experiencias vitales y educativas de una generación de mujeres educada en el Real Colegio de Doncellas Nobles de Toledo; una institución de carácter privado y religioso fundada en el año 1551 y pionera en la formación exclusiva de las mujeres.
A partir de los testimonios orales de antiguas alumnas se reconstruyen sus vivencias, a través de recuerdos silenciados durante décadas, para explorar la naturaleza, origen y evolución del proyecto educativo del centro desarrollado desde la década de los cuarenta a los sesenta del siglo XX.
A pesar de las limitaciones propias de un estudio de esta naturaleza, la investigación añade a la bibliografía previa una nueva y privilegiada aproximación a la historia del centro, evidenciando tanto las singularidades como las continuidades y rupturas del modelo formativo de las mujeres durante ese convulso período.
La historia de las mujeres ha sido sistemáticamente olvidada y silenciada.
Las deficiencias del saber histórico tradicional y el interés por conocer sus propias experiencias conllevan la necesidad de reconstruir el pasado de las mujeres como sujetos y agentes históricos (Lerner, 1990; Lerner, 1991).
Desde esta perspectiva, las mujeres deben cobrar protagonismo a través de sus propios relatos de forma que, además de ofrecer una mirada femenina, contribuyamos a enriquecer la historia con mayúsculas (Nash, 2002; Thébaud, 2007).
Esta es una tarea especialmente relevante en el período franquista, en el que además de perder derechos y libertades, las niñas debían acudir a una escuela que suprimió el modelo coeducativo y vio cómo las tarimas eran sustituidas por púlpitos.
Este artículo trata de recuperar una parte de la memoria silenciada de las mujeres que vivieron en esa época, reconstruyendo sus historias y de alguna forma deconstruyendo una parte de esa historia con mayúsculas.
Nos aproximamos para ello al Real Colegio de Doncellas Nobles Nuestra Señora de los Remedios de Toledo, fundado por el Cardenal Juan Martínez Silíceo en el año 1551.
Como se explica más adelante, además del principal impulsor de los estatutos de limpieza de sangre, la relevancia del fundador fue indiscutible ya que logró no sólo involucrar al Arzobispo de Toledo en su proyecto, sino que el mismo rey Felipe II aceptase el copatronazgo del centro en 1560 (véase "El Colegio de Doncellas Nobles: una institución en inminente peligro").
Este centro, a pesar de su nombre, estaba destinado a la educación de las niñas, tanto de alta cuna como a aquellas pertenecientes a familias más humildes (Santos Vaquero, 2017a), siendo esta una de sus principales singularidades.
Además de acercarnos a la intrahistoria y al día a día de las jóvenes doncellas, nobles y no tan nobles, exploramos el origen y evolución del proyecto educativo para tratar de determinar su naturaleza más o menos rupturista respecto al modelo predominante de la época.
Tras unas notas metodológicas, presentamos una breve descripción del contexto histórico centrado en el período comprendido entre finales de la década de los cuarenta y mediados de los sesenta, una etapa en la que el franquismo no estaba ya tan próximo a los modelos fascistas europeos.
Posteriormente, a partir de la literatura previa y de manera específica de los testimonios (que designamos en adelante con la letra T seguida de un ordinal) obtenidos mediante entrevistas semiestructuradas en profundidad (véase 2.
Aspectos metodológicos), hacemos una parti-cular reconstrucción de la vida de las doncellas en el centro, prestando especial atención a las cuestiones relacionadas con el proyecto educativo.
A pesar de las limitaciones, el análisis ha permitido arrojar luz sobre una parte de la historia del centro y su funcionamiento interno, y recuperar las experiencias vitales y educativas de una generación de mujeres que aquí se erigen como sujetos activos y diferenciados.
La aproximación metodológica tiene carácter cualitativo y orientación feminista.
La limitada bibliografía sobre el Real Colegio de Doncellas Nobles ha condicionado el proceso de investigación, dando lugar a que fuese necesario buscar fuentes alternativas de información (Sonlleva Velasco, Sanz Simón y Rabazas Romero, 2018).
Para ello se ha acudido a la realización de entrevistas semiestructuradas que han permitido describir y profundizar en los fenómenos estudiados, ofreciendo además flexibilidad para modificar y reformular preguntas en función de la naturaleza y particularidad de cada informante (Vallés, 2009).
A través de los testimonios de antiguas alumnas y personas conocedoras de los entresijos de la institución se ilustran anécdotas y vivencias que de otra manera sería imposible conocer.
Esta aproximación metodológica nos ha permitido por tanto trabajar con datos únicos, y en este caso irrepetibles, a partir de los recuerdos de las experiencias y emociones de estas mujeres octogenarias.
Junto a las dos antiguas alumnas que permanecieron en el centro desde los seis años hasta los veinte, se entrevistó a la hija del que fuera conserje durante el periodo en el que las primeras residieron en el colegio, así como al historiador actualmente responsable del museo del centro.
Las entrevistas se realizaron entre mayo y septiembre de 2018.
Todas salvo una, que se realizó por vía telefónica, se llevaron a cabo en presencia de la persona entrevistada, bien en su propia casa o en las instalaciones del centro.
La duración media de las entrevistas fue de sesenta minutos y se estructuraron a partir de guiones organizados en torno a las experiencias vitales en el centro y a la naturaleza del proyecto educativo.
El trabajo de campo se completó con dos entrevistas realizadas en el marco de un estudio anterior, una de ellas a una de las antiguas alumnas, ahora de nuevo entrevistada, y otra a su hermana que, si bien no estudió en el centro, era conocedora de los entresijos de este y su testimonio aporta detalles interesantes para esta investigación.
Reutilizar y compartir los datos obtenidos a558 en investigaciones previas enriquece y complementa la información, aportando incluso mayor objetividad a los mismos (Bishop y Kuula-Luumi, 2017; Moore, 2007).
Partiendo de esta premisa, se han revisado los testimonios de las entrevistas previas atendiendo a los objetivos de este nuevo estudio.
Un tipo de aproximación que, como sugiere Hallet (2010), permite de alguna forma presentar la historia como un diálogo inacabado entre pasado y presente.
Respecto al perfil sociológico de las mujeres entrevistadas, todas ellas nacieron en la década de los treinta o a principios de los cuarenta, y por tanto tenían entre 75 y 81 años en el momento de las entrevistas.
Crecieron en el ámbito urbano, en Badajoz o Toledo, y todas, salvo una, pertenecían a familias de clase trabajadora descendientes de los antepasados del Cardenal.
Mientras que sus madres se dedicaban a las tareas del hogar y al cuidado de los hijos, sus padres ejercían como camareros o carboneros.
La única entrevistada que no accedió al centro ni por ser noble ni por su apellido fue la hija de conserje, cuya madre trabajaba como ama de casa.
Todas, salvo esta última, se casaron y fueron madres de familia, con dos o tres hijos, y además de dedicarse a las tareas del hogar ejercieron como enfermeras, costureras y tenderas.
En última instancia, con el análisis de estos cinco testimonios hemos tratado de reconstruir tanto la historia de las antiguas alumnas como del Real Colegio de Doncellas Nobles desde la década de los cuarenta a los sesenta, con la finalidad de evidenciar las singularidades y la evolución del proyecto educativo del centro.
La orientación feminista de la investigación ha facilitado además una comunicación personal con las mujeres entrevistadas alejada de la tradicional jerarquía entre la persona que investiga y la que es investigada, presentando a estas últimas como sujetos y no como meros objetos de investigación.
Es más, en el marco del debate sobre la objetividad y la neutralidad, que se remonta a la década de los setenta y a partir del cual cobra relevancia un tipo de orientación que subraya las relaciones de poder asociadas a la producción de conocimiento científico (Oakley, 1981; Oakley, 2016), reconocemos la intersubjetividad y la necesidad de situarse frente a la investigación (Ackerly y True, 2008).
Como investigadoras estamos limitadas por lo que somos y conocemos, pero también comprometidas con ciertos colectivos y problemas.
Esta última es una cuestión especialmente relevante en este estudio, teniendo en cuenta que tanto las dos antiguas alum-nas entrevistadas como una de las autoras de este artículo eran familiares directos del Cardenal Silíceo.
Esta circunstancia, que sin duda ha facilitado la realización y desarrollo de las propias entrevistas, impregna también la investigación de sentimientos y emociones encontradas al reconstruir una parte de la historia intrafamiliar.
CONTEXTO HISTÓRICO: LOS MODELOS FORMATIVOS
Las dictaduras europeas que emergieron en el periodo de entreguerras, caracterizadas por imponer una economía dirigista y una ideología totalitaria de carácter anticomunista, pusieron fin al proceso iniciado tras las Primera Guerra mundial que suponía la incorporación de las mujeres al ámbito público.
Frente a la etapa republicana, marcada por unos principios laicos y liberales, la religión católica y el ideario político conservador pasaron a ser el motor del ideal de la sociedad franquista (Fusi, 2012; Ortiz Heras, 2006; Viñao Frago, 2014).
La ideología oficial trajo consigo menos derechos civiles y laborales, siendo la educación una de las herramientas políticas clave para confinar a las mujeres en la esfera familiar.
Paradójicamente, durante el primer franquismo y hasta el inicio de la década de los sesenta, como señala Canales (2012), la educación segregada en primaria y el carácter marcadamente elitista y diferenciado de la educación secundaria -primero con los institutos femeninos de bachillerato y después con las Escuelas Hogar de la Sección Femenina (Flecha García, 2000; Revuelta Guerrero y Cano González, 1999)-supusieron un incremento constante de mujeres en los estudios universitarios.
A lo largo del largo período franquista se han identificado diversos modelos formativos para las mujeres (Rabazas Romero, 2001).
Hasta mediados de la década de los cuarenta se va conformando un modelo orientado a convertirlas en referentes del cuidado y la educación en el ámbito del hogar para que puedan desempeñar las tareas "naturalmente" encomendadas y reservadas a ellas (Nash, 2009).
En este sentido jugó un papel clave la Sección Femenina, creada en 1936 con la finalidad de instruir a las mujeres conforme a los principios cristianos.
Así, además de promover su desarrollo pleno a través de la educación física, las mujeres aprendían a comportarse de manera adecuada, gobernar un hogar y educar a sus hijos (Navarro Sandalinas, 1990).
La mujer como educadora de la familia, como sugiere Rabazas Romero (2001), es instruida en valores tradicionales y conservadores para ser una esposa dependiente y una buena madre.
Un proyecto educativo entre la continuidad y la ruptura durante el período franquista 4 a558 educativas de los militares fue la separación de sexos y la formación específica para niños y niñas en educación primaria, no solo por razones de eficacia pedagógica sino también de orden moral (Agulló Díaz, 1999; Flecha García, 1989).
Desde mediados de la década de los cuarenta a principios de los sesenta, el período en el que se centran los testimonios, se mantiene la creencia de que el hombre y la mujer son diferentes en cuanto a su psicología y su destino en la vida y, en consecuencia, como sugiere Jiménez Morales ( 2011), también debían serlo sus roles de género en la etapa adulta.
Se justifica así la necesidad de proporcionar una educación diferente, con disciplinas específicas destinadas a facilitar la vida de las mujeres en el hogar (Rabazas Romero, 2001).
En 1945 entra en vigor la ley de enseñanza primaria, vigente hasta 1970 e inspirada en los principios de la pedagogía católica, persistiendo la separación de escuelas por género y el modelo de educación segregada (Ballarín Domingo, 2001, pp. 33-57; Guerrero, 1945, p.
En las escuelas para niñas se configura un ideal educativo muy alejado del defendido en la II República, impartiendo una enseñanza primaria con fuerte contenido hogareño.
A esta se une una enseñanza secundaria prácticamente dominada por las órdenes religiosas femeninas y que, si bien ofrece el mismo currículo sin distinción de sexos, incluye estudios complementarios para las mujeres.
De hecho, si bien el bachillerato no se considera adecuado para las mujeres y, al igual que en Alemania e Italia, se intenta restringir su acceso a los estudios universitarios, los intentos de reforma fracasan debido a la actitud de la Iglesia Católica y la incongruencia entre los modelos propuestos y los intereses y expectativas de los actores intervinientes en el debate político (Canales, 2012).
Además de la separación de niños y niñas en las aulas, el reglamento del magisterio de 1950 trajo consigo que se introdujesen enseñanzas femeninas con un carácter más profesional en la etapa de educación primaria, como economía doméstica, enseñanzas del hogar y labores (Rabazas Romero, 2001).
Todo ello fortalecido a través de un proceso paralelo de depuración del profesorado, tanto en centros de carácter privado como público, y por ende a través de sanciones en caso de discrepancias con los postulados de la dictadura (Ramos Zamora, 2009).
La educación diferenciada se empleó como un instrumento de control moral y represión social (Cruz Sayavera, 2016).
Pero desde finales de los cincuenta, principalmente como reflejo de los cambios sociales emergentes, el adoctrinamiento ideológico pierde fuerza y se reajustan los contenidos curriculares (Díez Fuentes, 1995).
El objetivo era promover un modelo nuevo de mujer que, si bien continúa circunscrita al ideal de "ángel del hogar'' (Nash, 2009), y por tanto carente de derechos, capacidades y libertades (Peinado Rodríguez, 2012), cobra un protagonismo creciente en oficios "aptos", es decir poco cualificados, como secretarias o empleadas en fábricas (Rabazas Romero, 2001).
De hecho, a pesar del escaso protagonismo de las mujeres en el sistema educativo, la regulación de un bachillerato laboral femenino en 1957 facilitará su progresiva incorporación (especialmente la de las chicas solteras y sin responsabilidades familiares) a la educación superior y a determinados trabajos remunerados (Ballarín Domingo, 2001, pp. 33-57).
El fin de la dictadura supone la desaparición de la Sección Femenina, el comienzo de un proceso de transición democrática y el avance progresivo hacia la igualdad de género.
Además, traerá consigo el cambio de estatus del Real Colegio de Doncellas que, como veremos más adelante, cerrará finalmente sus puertas en 1988.
LA SINGULARIDAD DEL CENTRO Y SU PROYECTO EDUCATIVO.
Según los archivos de Patrimonio Nacional, el Real Colegio de Doncellas Nobles fue la primera institución de carácter privado y religioso dedicada exclusivamente a la formación de la mujer.
El acceso de las doncellas al centro estaba regulado por los Estatutos de Limpieza de Sangre, impulsados por el Cardenal Silíceo, y que restringían el acceso el acceso a doncellas nobles; pero no en sentido aristocrático sino referido a que su origen fuese de familias cristianas cuya sangre no se hubiese mezclado con la mora o la judía (Santos Vaquero, 2017b).
A las cien plazas para doncellas con las que contaba el centro, como señala Pedraza, se podía acceder por dos vías.
Aceptamos el poder y facultad de nombrar las dichas doncellas, juntamente con los dichos arzobispos [...] y el nombramiento se ha de hacer en esta forma: que de las cien doncellas [...] hayamos de nombrar y presentar sesenta y el arzobispo o arzobispos que fueren, cuarenta [...].
A las colegialas todavía hoy se les oye decir: "Yo soy del Rey.
Yo del Arzobispo" (véase "El Colegio de Doncellas Nobles: una institución en inminente peligro", p.
De esta forma, el acceso se producía bien a propuesta del rey Felipe II, fundamentalmente en el caso de doncellas procedentes de familias acomo-a558 dadas y nobles, o por solicitud del arzobispo en el caso de doncellas pertenecientes a su familia extensa, dado que el patronato era doble.
Respecto a este punto, uno de los testimonios añade que seis de las cien plazas eran además reservadas a doncellas descendientes de los antepasados del Cardenal Silíceo.
Durante los más de cuatrocientos años de actividad pasaron por el centro novecientas nueve colegialas, de las cuales sesenta y seis accedieron por su apellido (García Esteban, 2018).
Esta última fue la vía de acceso de las dos antiguas alumnas entrevistadas para esta investigación.
La hermana mayor de una de ellas no pudo sin embargo acceder ya que, a pesar de que ser familiar del Cardenal, no había vacantes en el momento en que, por motivos de edad, la niña debía ser escolarizada.
El edificio principal que albergaba originariamente el centro constaba de varias plantas donde se encontraban las antiguas aulas y las habitaciones, así como las cocinas y almacenes, los patios y una capilla.
El creciente número de doncellas que asistían al centro hizo que las instalaciones se quedaran pequeñas y que fuese necesario adquirir nuevos inmuebles (Santos Vaquero, 2017b).
Los testimonios de las antiguas alumnas y la hija del que fuera encargado de mantenimiento del centro en esa época señalan que el colegio pasó a contar con una pequeña zona para los animales, con la que se contribuía al autoabastecimiento, e incluso con un cementerio propio.
El colegio se sostenía gracias a las rentas que les habían sido legadas desde tiempos del cardenal Silíceo.
Además tenían un corral anexo al antiguo edificio donde se encontraban los comedores y aulas.
Allí también tenían animales domésticos en un corral, como, por ejemplo, gallinas (T5).
Había cementerio en el colegio.
Si se moría alguna colegiala se la enterraba allí, aunque años más tarde se compró un panteón para poder seguir dando sepultura a las doncellas que fallecían (T1).
A pesar de que se puedan observar ciertas similitudes respecto al tipo de vida que las doncellas llevaban en el centro y el característico de los conventos, hospicios u hospitales para mujeres de la época, las rutinas eran diferentes.
La manutención y los estudios se financiaban desde el propio centro, y el tipo de educación recibida, la disciplina y los valores inculcados eran iguales para todas las doncellas, independientemente de su vía de acceso.
Las rutinas, sintetizadas en el siguiente extracto de una entrevista, eran por tanto comunes para todas las alumnas.
Te levantabas a las siete y media, y a las ocho había que estar en la iglesia para la misa.
La mayor del cuarto te despertaba y era quien se preocupaba de eso [...].
Se rezaba y después se subía a hacer la cama, que era de las pocas cosas que no hacían las sirvientas.
Bajabas y desayunabas; y se hacía el desayuno en los cuartos, o bien te subían el desayuno y, como teníamos vajilla y todo eso, se hacía allí.
Después de esto se daba un tiempo para terminar de arreglarse para ir a clase.
De diez a doce y media tenías que estar en clase.
Cuando terminabas ibas a rezar, antes de comer, y después te ibas al comedor.
Las mesas eran de cuatro, tres niñas y una mayor que te iba enseñando cómo comer, comportarse, etc., y después bajabas al jardín, al recreo, que serían unos tres cuartos de hora.
Después ibas a tu cuarto, te lavabas los dientes, y a las tres empezaban las clases de las asignaturas prácticas, como labores, música...
Todos los días tenías una.
A las cinco subías a merendar, volvías a tener recreo y después ibas al estudio, a ese salón, a repasar y a hacer los deberes.
Cuando llegaba la hora te ibas a tu cuarto, te lavabas y te arreglabas, y te ibas a cenar al comedor.
Las personas más mayores se quedaban por ahí hablando y tal, pero las niñas, sí o sí, nos íbamos a la cama, si no tenías deberes, después de lavarte los dientes y prepararte (T2).
La organización del tiempo libre seguía el mismo estricto control.
Además del uniforme de diario, un vestido azul marino, tenían otro -con chaqueta y falda plisada negra-para salir a la calle los domingos y, excepcionalmente, otros días establecidos para ello.
En la época en la que las antiguas alumnas entrevistadas formaron parte de esta comunidad se les daba una paga de cien pesetas al mes que podían usar para sus gastos diarios o para actividades como ir al cine.
El siguiente testimonio revela que una de las actividades más frecuentes era pasear por las calles de Toledo, en los aledaños de la conocida plaza de Zocodover.
Estos paseos se realizaban los miércoles y los domingos, siempre vestidas con sus uniformes de chaqueta y acompañadas por una alumna mayor o por sus familiares.
Salíamos en grupo con una de las mayores, paseando por Zocodover sobre todo.
Íbamos por ejemplo al cine con los cadetes de la academia militar; íbamos a tomar el tesanito [un vaso de vino y unas patatas].
Yo, por ejemplo, que era la sobrina del coronel de la academia [Academia de Infantería de Toledo]... nos íbamos algunos fines de semana con él a la academia de infantes a comer.
El día de la jura de bandera nos invitaban a verlo y a la misa (T2).
Respecto a esta misma cuestión, otro testimonio narra lo siguiente: Los fines de semana, las que tenían familia que podían venir a verlas, o eran de allí, podían llevar a sus hijas a comer.
Se iban por la mañana y volvían por la noche; y las que nos quedábamos allí, porque no podíamos ver a la familia, pues escribíamos a nuestros padres, limpiábamos algunos uniformes que hacía tiempo que no lo limpiabas, después por la tarde salías de paseo o al cine, según el día.
Las comidas eran especiales, no había clases, y si por algo no salías pues tenías la tarde libre para jugar o hacer lo que quisieses (T4).
Constatamos así cómo las diferencias entre alumnas venían fundamentalmente dadas por el hecho de que aquellas de origen social humilde permanecían en el centro la mayor parte del año, mientras que las más pudientes no solo recibían visitas de familiares con mayor frecuencia, sino que además podían visitar la casa familiar durante las vacaciones estivales y de carácter religioso.
El ideario del proyecto educativo del centro en los años cuarenta era acorde con lo que se esperaba en la época y por tanto caracterizado por la continuidad respecto a las líneas educativas y las directrices marcadas por el régimen de Franco.
La misión era ofrecer una adecuada educación cristiana a las doncellas para orientarlas al matrimonio y, en última instancia, a que fuesen buenas madres de familia.
Los testimonios recuerdan cómo, a modo de tradición, muchas chicas se casaban con su uniforme en la propia iglesia del centro.
De acuerdo con Santos Vaquero (2017b), aquellas doncellas que en lugar de casarse decidían entrar en un convento, o bien quedarse a vivir en el centro para colaborar en la educación de las más jóvenes, no obtenían la dote destinada a las que sí decidían formar una familia.
Solo se daría la dote [...] a la que saliese para contraer matrimonio y [...] ni un céntimo a las que lo abandonaran para ser monjas.
Con esto queda clara la intencionalidad y el ideario del Arzobispo.
Le preocupaba [...] la formación de madres de familia cristianas con el fin de que infundieran esa educación en los posibles hijos que pudiera haber en su matrimonio.
Veía en la mujer la base de la familia cristiana, [...] pues conocía la despreocupación del hombre en estos menesteres y [...] que aquellas que entraban a formar parte de un convento nada de positivo realizaban en beneficio de la sociedad [...].
Era un amante de la educación positiva, pragmática, abierta, pero severa, en el sentido estrictamente cristiano [...], como así lo estimaban Juan Luis Vives en La formación de la mujer cristiana o fray Luis de León en La perfecta casada (Santos Vaquero, 2017b, p.
Los testimonios de las antiguas alumnas confirman que la naturaleza de la instrucción tenía por objeto que aprendiesen a llevar un hogar y a ser buenas esposas.
Para ello recibían formación sobre cuestiones relacionadas con la economía familiar, la gestión de las personas de servicio y valores cristianos en los que educar a sus hijos.
Además de matemáticas, lengua, ciencias o dibujo, estudiaban música, labores del hogar y religión; esta última, en consonancia con los principios rectores del centro y los preceptos de la época, era la asignatura que más se trabajaba, ofreciendo además la oportunidad de que las doncellas pudiesen adquirir nociones de latín.
La educación física era una disciplina planificada directamente por los organismos del Movimiento.
Como señala Rabazas Romero (2000), era clave como instrumento de poder político para controlar y preservar la función social de la maternidad prescrita a las mujeres; y así promover mujeres sanas, física y moralmente (Manrique Arribas, 2003; Manrique Arribas, 2008).
De acuerdo con los testimonios de las antiguas alumnas entrevistadas, en las clases de educación física no se dejaba de practicar ningún tipo de actividad por considerarse inadecuada para chicas:
Se daba lo normal: salto de potro, juegos de pelota, ejercicios normales...
Nos enseñaban todo con la total naturalidad.
Hacíamos juegos con balón igual que lo harían los niños (T2).
Es también interesante mencionar cómo, si bien la formación primaria y secundaria en la época tenía un carácter homogéneo y no existía la atención a la diversidad, las antiguas doncellas entrevistadas apuntan a que los temarios curriculares trataban de adaptarse a las capacidades de las niñas.
De esta forma, aquellas con mayores dificultades recibían apoyo, tanto de carácter teórico como práctico, para aprender los contenidos curriculares establecidos y no quedarse rezagadas.
En consonancia con los preceptos sociopolíticos imperantes, las profesoras, así como la mayoría de las personas dedicadas a las tareas de limpieza, costura y cocina en el centro, eran mujeres.
De hecho, a excepción de los sacerdotes, médicos, encargados de la entrega de alimentos y, excepcionalmente, obreros, albañiles y operarios, los hombres tenían vetado el acceso al edificio.
Respecto a las profeso-a558 ras, se trataba en su mayoría de antiguas doncellas que, una vez terminada su formación, habían tomado la decisión de instruir a niñas en el espíritu en el que ellas habían sido educadas.
Los testimonios confirman que todas las directoras del centro habían sido antiguas alumnas.
En concreto, durante el período formativo de las alumnas entrevistadas, la directora era una antigua doncella noble procedente de Badajoz y pariente del Cardenal.
Había gente que había estudiado una carrera en el colegio y conseguía trabajo de lo suyo; y tenía dinero para estar fuera del colegio.
Algunas que conozco estaban solteras y estaban por ejemplo trabajando en la diputación.
Otras salían de allí y se casaban, la mayoría de ellas en el colegio, y eran madres de familia; si después trabajaban o no, depende de la circunstancia.
La idea del fundador del colegio era ser buenas amas de casa y madres de familia, era la formación principal.
Cuando lo formaron era natural que fuera así porque la mujer no trabajaba (T4).
El proyecto pedagógico originario, que mantuvo su esencia durante el período franquista, estaba diseñado para ofrecer formación cristiana e instruir a las mujeres como futuras madres de familia.
Como sugiere Ballarín Domingo (2000) se orientaba a promover un tipo de moral más que una verdadera formación intelectual.
No obstante, si bien el ideario educativo promovía que las mujeres se dedicasen al hogar y no tuviesen un trabajo remunerado, el paso del tiempo trajo consigo una cierta ruptura respecto al modelo de género del primer franquismo.
El modelo imperante fue adaptándose a las transformaciones sociales.
En la década de los sesenta, la última etapa en la que las antiguas doncellas entrevistadas vivieron en el centro, se animaba a algunas chicas, principalmente a aquellas que abandonaban el centro para contraer matrimonio, a continuar su formación como enfermeras, administrativas o maestras, los únicos estudios universitarios que se podían cursar en Toledo.
En algunos casos incluso se les recomendaba buscar trabajo remunerado que habitualmente solo requería de la formación en labores recibida en el centro como parte del programa educativo (dependientas en comercios, costureras, etc.).
A pesar de que la esencia de los Estatutos del siglo XVI se mantuvo prácticamente hasta el cierre del centro, el espíritu originario se fue diluyendo desde principios del XIX, traduciéndose en una relajación de la disciplina y costumbres y, en última instancia, en un cambio del modelo educativo (Santos Vaquero, 2017a).
Así, si bien la enseñanza estaba en su origen exclusivamente en manos de las maestras, con el paso del tiempo otorgó un papel cada vez más relevante a la novedosa institución de las tías.
El proyecto de educación integral -religiosa, moral y civil-abarcaba prácticamente todos los espacios físicos del centro, desde las aulas a las propias habitaciones.
De acuerdo con los testimonios había unas diecinueve habitaciones que funcionaban como una casa a pequeña escala, con varios dormitorios pequeños y una especie de sala o salón de estudio donde se desarrollaba la vida social de las doncellas que compartían habitación.
La dirección del centro asignaba una doncella de mayor edad, a la que llamaba tía, para cada una de estas áreas residenciales, y su misión era actuar como guía de las niñas más jóvenes mientras durase su período formativo en el centro.
Las tías compartían cuarto con las más pequeñas y solo cuando había camas suficientes para que estas durmieran solas se mudaban a otra zona de la habitación.
Su labor, bajo la atenta mirada de la directora, implicaba no solo inculcar tradiciones, costumbres y rutinas, sino también responsabilizarse de que las niñas disfrutaran de una buena experiencia en el centro y, en definitiva, de una vida familiar.
Esta circunstancia hacía que dentro de las habitaciones se formasen pequeños núcleos familiares en los que las tías hacían a menudo, de acuerdo con las entrevistas, las veces de las maestras e incluso de las madres ausentes.
De hecho, las antiguas alumnas entrevistadas confirman que los apegos que se creaban se mantenían en el tiempo y, aún hoy en día, a pesar de no compartir lazos de sangre, se siguen llamando primas entre ellas.
Podría decirse por tanto que la singularidad de la institución radicaba no solo en la organización de una comunidad educativa en torno a la idea de pertenencia a una familia, sino también en el peso que el propio método educativo otorgaba al apoyo y aprendizaje entre iguales.
La formación allí era como de familia.
Era muy raro que hubiera problemas.
Se compartía todo entre unas y otras, daba igual la edad.
Se ayudaba si alguna necesitaba algo siempre.
No había diferencias entre nosotras por el lugar del que cada una provenía o el nivel de familia de cada una (T2).
En definitiva, los recuerdos de las alumnas entrevistadas a menudo parecen evocar más un hogar que un centro escolar al uso.
Estos estarían justificados tanto por el propio método educativo como por la organización de la comunidad educativa en torno a la idea funcionalista de familia como agente transmisor de un modelo de vida integral.
El cierre de la institución como centro educativo
El año 1988, momento en que la institución cesa su labor como centro educativo, supondrá un cambio significativo en la normativa relativa a los estatutos de limpieza de sangre, dote y linaje.
Desde ese momento se permitirá el acceso de alumnas de todos los estratos sociales (Santos Vaquero, 2017a).
Los testimonios dejan constancia de cómo el paso del tiempo trajo consigo, en términos generales, una mayor permisividad y flexibilidad en la normativa del centro.
Recuerdan que las alumnas pasaron a tener un mayor grado de libertad en lo que respecta a los horarios de salida y acceso al centro, ya fuese por cuestiones relacionadas con su tiempo de ocio o estudios.
Respecto a este último aspecto, un número cada vez mayor de alumnas continuaban los estudios fuera del centro, combinando así la vida dentro y fuera de la institución.
El cierre del centro se produce definitivamente en 1990 para pasar a convertirse en la residencia universitaria femenina Nuestra Señora de los Remedios en 1994.
Esta circunstancia, de acuerdo con los testimonios, estuvo principalmente motivada por los cada vez más limitados recursos económicos legados desde los tiempos del Cardenal Siliceo, así como por el hecho de que cada vez hubiese un menor número de alumnas.
Se permitió no obstante que las doncellas que vivían en el colegio en ese momento, y que no contaban con otras fuentes de financiación, pudiesen permanecer allí hasta el día de su muerte.
Cerraron el colegio porque ya el clero era quien tenía el fondo de dinero para mantenerlo abierto.
Como ya apenas quedaba fondo, y cada una estudiaba individualmente, decidieron cerrarlo; y algunas de las alumnas se quedaron a vivir allí.
Estas que se quedaron al cierre del colegio fueron mantenidas por la diputación hasta su muerte (T2).
Durante el período de transición se llevó a cabo la rehabilitación del edificio.
Durante el proceso, de acuerdo con el personal del museo entrevistado, tanto el material didáctico (pupitres, libros, material de laboratorio, etc.) como los objetos de uso cotidiano y personal (vajillas, porcelanas, cuberterías, etc.) y las obras de arte (antiguas piezas de cerámica nazaríes y algunas tinajas fechadas a finales del siglo XV y obras pictóricas que datan de los siglos XVI al XIX, entre las que destaca un óleo de la Virgen con el Niño del pintor toledano Juan Correa de Vivar), pasaron a almacenarse en los depósitos del centro por mandato de Patrimonio Nacional 1.
En la actualidad una parte de las instalaciones está dedicada a la residencia univer-sitaria que, desde el año 2016 y tras un acuerdo entre Patrimonio Nacional y el Arzobispado de Toledo, se ubica en los cuatro pisos superiores de la edificación principal.
La otra parte se ha abierto al público al convertirse en un museo integrado en la red de museos del Arzobispado y edificios que forman parte del recorrido turístico Toledo Monumental.
Con este artículo hemos tratado de reconstruir una parte de la historia del Real Colegio de Doncellas Nobles de Toledo.
Además de arrojar luz sobre la propia historia de las mujeres que allí se formaron, presentándolas como sujetos activos, a través de unos testimonios únicos e irrepetibles, se han evidenciado tanto las singularidades como las continuidades y las rupturas del modelo formativo del centro respecto al papel de la mujer en la sociedad de la época.
La relevancia de recuperar la memoria colectiva de aquellas mujeres que vivieron su escolarización durante la dictadura es indiscutible al permitir, como señala Viñao Frago (2012), abordar sus experiencias y visibilizar aspectos no suficientemente explorados en la escuela de la época.
El proyecto educativo desarrollado en el Real Colegio de Doncellas Nobles, principalmente como consecuencia del cambiante contexto sociopolítico, experimentó cambios significativos desde los años cuarenta hasta la década de los sesenta.
Estamos ante un período marcado por ciertas continuidades en lo que respecta al ideario inspirador del modelo de formación de las mujeres, primero acorde con las líneas maestras de la dictadura y después con los cambios sociales que precedieron a la transición democrática.
Pero las rupturas también marcaron el funcionamiento del centro; rupturas en el modelo educativo de las mujeres, que se evidenció esencialmente en la última etapa, cuando empezaron a promoverse tanto la formación como el acceso al empleo de las alumnas y a fracturarse, de alguna forma, la tradicional dinámica de educación, matrimonio e hijos.
La investigación también ha puesto de relieve el carácter singular del centro.
La regulación del acceso y la diversidad de estratos sociales a los que pertenecían las alumnas convirtieron al colegio en un centro único en la época.
Podría además decirse que el modelo educativo fue de alguna forma pionero en lo que respecta a la institución de las tías.
Esta supuso, por un lado, que la enseñanza dejase de estar en exclusiva en manos de las maestras, otorgando un mayor peso al apoyo y aprendizaje entre iguales; y por otro, que la a558 naturaleza de la convivencia diese lugar a surgimiento de vínculos afectivos que, en algunos casos, no solo han perdurado durante décadas, sino que han dado lugar a que la comunidad educativa se constituyese en torno a la idea de familia.
A pesar de las limitaciones propias de un estudio de esta naturaleza, este artículo añade a la literatura previa una nueva y privilegiada aproximación.
Respecto tanto al espíritu y naturaleza de las prácticas educativas, como a las vivencias y recuerdos de las antiguas alumnas y de las personas que conocieron de cerca el funcionamiento del centro, constituyendo, en última instancia, un homenaje a unas mujeres cuya historia ha sido ampliamente silenciada.
Queremos mostrar nuestro agradecimiento a las mujeres que han participado en esta investigación, una de ellas ya fallecida, porque sin ellas no hubiese sido posible llevarla a cabo.
Agradecemos también su generosidad a Ángel Santos y al historiador responsable del museo del centro.
[1] Estos bienes se encuentran almacenados sin un plan de uso futuro.
El personal del museo ha expresado su interés por exponerlo de alguna manera, pero la falta de fondos y de iniciativas privadas o de la administración lo dificultan. |
Todavía hoy en la historia de la antropología cubana se presta poca atención a la escritora y antropóloga Lydia Cabrera, quien solo muy recientemente ha empezado a formar parte de la nómina intelectual de la cultura cubana oficial.
Sin embargo, en función de su obra y trayectoria vital puede considerarse a Cabrera como la fundadora moderna de los estudios sobre las religiones afrocubanas.
El objeto central de este texto es analizar el trabajo etnográfico de Lydia Cabrera a partir de la idea de que existe un contrapunteo, un diálogo, un juego metafórico, entre la identidad liminar de la propia autora -manifiesta en un sentido racial, cultural, de género, social y político-y su interés y dedicación a la aportación de los esclavos y la población de origen africano a la historia, a la cultura y, en última instancia, a la identidad misma de su patria cubana.
En cualquier panteón que se precie los dioses o los espíritus son muchos y están ordenados según complejas clasificaciones.
Así encontramos que en la trinidad de los estudios culturales afrocubanos, que enunció Jorge Castellanos en 2003, aparece Lydia Cabrera como si de una Yemayá se tratara; flanqueada por dos varones.
No hay porqué discutir la preeminencia de Fernando Ortiz en este panteón; sus obras numerosas son bien conocidas y respetadas.
Tal vez menos conocida es la figura de Rómulo Lachatañeré o Lachataignerais Crombet (1909Crombet ( -1952)), discípulo y crítico a la vez de Ortiz, que llevó a cabo el primer intento de clasificación de los orígenes étnicos de los cultos afrocubanos.
Igual que Lydia Cabrera, Lachatañeré, que como ella no llegará a profesionalizarse ni a formar parte de la comunidad académica en su corta vida (Barreal, 1992; López, 2012), se ocupó de las leyendas y el folklore para centrarse luego en el asunto central de la religión.
Cabrera, igual que Ortiz, no olvida nunca la íntima relación de la expresión musical con el ritual en los cultos afrocubanos.
La trascendencia de Fernando Ortiz para la antropología anglosajona estuvo en buena medida determinada por la aceptación por parte de una de sus mayores estrellas, Bronislaw Malinowski, del concepto de transculturación propuesto en 1940 por Ortiz en su libro más influyente (Ortiz, 1940, pp. 98-104; Le Riverend, 1991).
Pero en este, sin embargo, hay otro concepto que a la larga ha resultado igualmente fértil en el pensamiento antropológico y para los estudios culturales.
Me refiero al término "contrapunteo" que es el que aparece precisamente en el título de la obra: Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, y que sería la manera de abordar cómo los fenómenos de transculturación (concretamente de hibridación blanquinegra) tuvieron lugar en Cuba: en forma de contrapunteo o contrapunto.
Este término y este concepto es el que ha sido discutido y valorado precisamente por la crítica postmoderna, superando el clásico marchamo de la obra de Ortiz como una investigación decimonónica y positivista que poco tendría que aportar a los actuales estudios sociales (sobre esto véase, por ejemplo, el examen crítico que le dedica Benítez Rojo, 1989, pp. 149-185; y más recientemente el libro de Santí, 2002).
El término contrapunteo es un cubanismo de contrapunto (véase el Diccionario de la Real Academia Española), un concepto fundamentalmente musical que tiene que ver con el ritmo y las armonías en ciertas composiciones musicales que funcionan de un modo preciso, dialogando y contraponiéndose voces diferentes en un tempo determinado.
Entre ellas, una de las más famosas es la "fuga", que está conformada por una melodía que se inicia, a la que replica una segunda, en un distinto registro o con el ritmo melódico ligeramente diferente; las dos se superponen formando una composición entera y a su vez distinta a sus dos (y sucesivas) partes componentes.
En los diccionarios se recoge también que el contrapunteo es una forma de arte popular en que dos intérpretes improvisan sones sobre un mismo tema contraponiéndose y contestándose.
Es un género popular en Cuba y también en Colombia y Venezuela, donde es famoso el contrapunteo llanero o del llano, y en otras partes del mundo cultural hispánico.
Sus letras suelen ser humorísticas y muchas veces pícaras.
Finalmente, la contraposición que implica el concepto aparece en una tercera acepción del término que es la de picarse o resentirse dos personas.
Como se ha mencionado antes, varios ensayos han abordado el contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar de Fernando Ortiz desde la crítica literaria (Benítez Rojo, 1989; Benítez Rojo, 2003y Santí, 2002), la epistemología (Zalamea, 2000, p.
Algunos otros críticos, como Edna M. Rodriguez-Mangual (2004) en su difundido e imprescindible libro sobre Lydia Cabrera, han utilizado además a Fernando Ortiz en un análisis basado en la oposición o contradicción de su visión de la cultura negra respecto a la aportación de los trabajos de Lydia Cabrera.
Como han señalado algunos reseñadores del libro de Rodriguez-Mangual (Duany 2005; Pérez, 2006), no es necesario ni productivo anular o desacreditar la obra afrocubana de Fernando Ortiz, por patriarcal y acomodaticia, para valorar en toda su diferencia, originalidad y categoría intelectual la de Lydia Cabrera.
Así, es difícil coincidir con Rodríguez-Mangual en que la perspectiva de Ortiz acerca de la cultura afrocubana sea impostada (Rodriguez-Mangual, 2004, pp. 40 y ss.), y más fácil, en cambio, apreciar la capacidad humorística e irónica que tanto él como Cabrera atesoraban y la confluencia de ambos en algunos otros terrenos.
Más bien entre ellos podría decirse que se produce un contrapunteo; una lucha poética improvisada, que no llega en ningún caso, desde mi punto de vista, a poder considerarse como una contradicción o antítesis, sino como un juego librado en distintos planos de ritmo.
Es conocida la opinión de Guillermo Cabrera Infante acerca de la rivalidad personal existente entre Ortiz y Cabrera, apreciable según él en la primera frase del "presuntuoso" prólogo -curiosamente titu-a559 lado "Prejuicio"-que el primero hiciera a la edición en castellano de los Cuentos Negros de Cabrera en 1940, en que se arroga la preeminencia de haber "iniciado" a la autora en el interés por la cultura de los afrocubanos y sus expresiones literarias.
Según Cabrera Infante se trataría de un gusto muy anterior, ya que provenía ni más ni menos que de las tatas que habían cuidado a Lydia cuando niña (Cabrera Infante, 1996).
Es evidente que los dos prólogos a los Cuentos negros de Ortiz y Cabrera Infante son radicalmente distintos, y mucho más sensible y literario el del segundo (sin parentesco biológico con Lydia), que el algo envarado del erudito cuñado de la autora.
Pero tal vez el desencuentro que parece que se trasluce en el texto podría juzgarse de un modo más acorde con el carácter irónico y humorístico de ambos personajes como un contrapunteo; una pugna poética y de palabras en que los dos intérpretes valoran y se contraponen al contrario a partir de sus composiciones, que son, a su vez, el motivo y el inicio para crear la propia como contestación dialogada, y a partir de ella afirmarse cada uno en sí mismo.
Así, puede ser que la joven Lydia Cabrera fuera la acompañante de Fernando Ortiz en la observación de sus primeras ceremonias, pero el posterior desarrollo de su literatura y su antropología, su "antropoesía" (Cabrera Infante, 1996), fue desde luego algo muy diferente y en varios sentidos superadora de los conceptos y la obra de Ortiz.
La opinión de la protagonista sobre la atribución de Ortiz de ser el guía para sus primeros contactos con los afrocubanos quedó reflejada en el libro que Rosario Hiriart dedicó a Lydia Cabera, recogiendo las entrevistas mantenidas con ella:
"No, Fernando no me llevó a estos estudios.
Déjame decirte que a Fernando Ortiz, que era mi cuñado, yo lo quería mucho y lo recuerdo con gran cariño [...]
Algunos datos objetivos ahondan en esta relación, no exactamente discipular, pero sí muy estrecha en lo personal e intelectual, que comienza en el propio ámbito familiar ya que Fernando Ortiz, de frecuentador del círculo amistoso del abogado Raimundo Cabrera, pasó a formar parte de la familia de la niña Lydia, al casarse en 1908 con su hermana Esther.
Lydia aparece luego con su cuñado en la fundación de la Sociedad de Folklore Cubano en 1923 y acompañándole ya en 1927-28 en sus incursiones a los bembés de los barrios de La Habana a los que acudía para documentarse sobre la música y los ceremoniales afrocubanos.
Pero también a través de Ortiz -en realidad formando par-te del mismo círculo de sociabilidad e intelectualidad de la burguesía cubana "blanca", que incluía también numerosas conexiones europeas y norteamericanas-, Lydia entra en relación con José María Chacón y Calvo (Guillama Camba, 2019), en cuya casa de Madrid en 1926 conoce a Federico García Lorca -que dedicará a Lydia Cabrera y a su "negrita" (Carmela Bejarano) su poema "La Casada Infiel" (Hiriart, 1983, pp. 154-155)-, y después con otros intelectuales y artistas españoles que serían traídos a Cuba por Ortiz y la Sociedad Hispano-Cubana que él promovió (del Toro, 1996; Puig-Samper y Naranjo, 2001).
Finalmente, la publicación primera del material que conformará su gran obra El Monte (1954) tendrá lugar en la revista de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, fundada y dirigida por Ortiz.
De hecho, podría hablarse de que en estas décadas de 1920 y 30 había una cierta moda de llevar a los extranjeros a los bembés, como una atracción exótica y folklórica; lógicamente en relación con la fascinación estética que lo africano causaba en las vanguardias artísticas europeas.
Así, Lydia recordaba la impresión fuerte que sufrió García Lorca cuando le llevó a una ceremonia de ñáñigos (García Vega, 1993, p.
48), y, como ejemplo, puede recordarse también la reseña que publicó la revista Carteles (no 7, La Habana, 13 de febrero de 1927, pp. 12-13) de la visita a una sesión de música afrocubana, organizada para el intelectual español Fernando de los Ríos invitado por la Hispano-Cubana, que estuvo acompañado por Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Amadeo Roldán y Lydia Cabrera.
Así pues, Cabrera y Ortiz formaban parte de un mismo ambiente familiar y socio-cultural, en el cual todavía en ese momento era excepcional que se prestara atención a las formas de vida y características de las poblaciones de procedencia africana, a las que ambos dedicaron su trabajo intelectual.
Sin embargo, sus respectivas obras son claramente contrapuntísticas: positivista, normativa, científica, claramente hegemónica, masculina y sujeta a las normas formales de la investigación social, la de Ortiz; artística, literaria, creativa, polifónica, subalterna, no académica y femenina, la de Cabrera.
Isabel Castellanos, quien no solo conoció su obra de creación e investigación, sino que convivió con ella en la última etapa de su vida, nos dice: "Lydia no tenía ningún interés académico, absolutamente ninguno; ella era una artista, ella entraba desde otro punto de vista.
Don Fernando era el científico, pero Lydia es una artista, también por la capacidad de empatía que ella tenía con la gente, con sus a559 informantes.
Lo que a ella le interesaba, a ella lo que le interesa es simplemente ser el canal, mira, no hay escritor que yo haya conocido, más despegado de su obra que Lydia Cabrera, era una persona que de verdad no le interesaba ni ser famosa ni ser reconocida, absolutamente nada, no le interesaba lo que la gente dijera de ella, no le interesaba o sea toda esa cuestión de celos, toda esa cosa del mundo, no hay nada más completamente ajeno a ella" (Cámara, 2015, p.
Pero, además de la veracidad de este testimonio, hay en la propia obra de Cabrera la constatación de un tipo de autoría, en la que la investigadora se reivindica como "canal" o simple transmisora de las voces y los conocimientos expertos de sus informantes y colaboradores (Cairo, 2002, p.
La manera de transcribir los lenguajes, ritmos y conocimientos religiosos de los afrocubanos, original y característica de Lydia Cabrera, es muy diferente del sentido autorial, basado en los principios de autoridad de las disciplinas sociales y sometido a los modos académicos, que caracterizaba la metodología y la obra de Fernando Ortiz.
Por otro lado, si la relación entre ambos antropólogos puede verse como un diálogo contrapuntístico, también este tropo, esta metáfora (pues, aunque se hable de un método de documentación y análisis, no deja de tratarse de una metáfora), puede servir para exponer la imbricación íntima entre la vida, las identidades cruzadas de Lydia Cabrera y su propia obra.
La primera de estas aparentes contradicciones es la de la identidad étnica.
Lydia Cabrera era "blanquísima", es decir, nacida en una familia cubana de la élite intelectual, sin mucho color por medio.
Sin embargo, como etnógrafa fue aceptada y reconocida como parte de su comunidad por muchos grupos de negros, que contaban incluso entre ellos con hijos de esclavizados africanos, y que conformaban comunidades religiosas, algunas más abiertas, como la santería, pero otras más secretas y clandestinas como las de las Reglas Abakuá y del Palo Monte, entre las cuales, la "blanquitud" no era bien considerada ni admitida entonces en rituales y actividades esotéricas.
Lydia, la niña pequeña y mimada de don Raimundo Cabrera, abogado y periodista, un intelectual de la generación del 98, una mundele (mujer blanca) de clase alta, era en realidad "blanquinegra", una amiga de los hijos de los esclavos.
En palabras de Cabrera Infante, "De Lydia Cabrera se puede decir que es la señora blanca con tatuajes negros por toda su escritura" (Cabrera Infante, 1996).
Es bien conocido por las biografías y entrevistas con ella que debemos a Rosario Hiriart (1983), Isabel Castellanos y Josefina Inclán (1987), Mariela Gutiérrez (1991) y otras que el primer contacto de Cabrera con la parte afrocubana de su mundo tuvo lugar en el propio ámbito familiar.
Como era normal en las familias burguesas y pudientes, las negras y los negros formaban parte como sirvientes de la unidad doméstica y la relación con todos los miembros de la familia y especialmente con los niños era estrecha.
Dos de las informantes principales de Cabrera, Teresa Muñoz (Omi-Tomí) (Hiriart, 1983, p.
39) y Calixta Morales (Oddeddei) proceden de esta infancia y ambiente doméstico.
Lydia Cabrera alude muchas veces a este trato íntimo:
"Y en cuanto a los negritos, a pesar de que tenía en mi familia el antecedente de mi cuñado, el investigador Fernando Ortiz, ellos eran algo fuera de lo que me interesaba.
Pero en París cambié respecto a ellos [...]
Empecé a recordar que cuando yo era chiquita existió una Tata Tula que me dormía rascándome la planta del pie.
Recordé que oía a los criados en el fondo de la casa.
También en un año en que volví a La Habana para ver a mi madre, estuve con la viejita Omí Tomí, que había sido costurera de mi abuela" (García Vega, 1993, p.
Tal relación ya fue identificada y valorada por María Zambrano en el artículo que dedicó a Lydia Cabrera: "Tuvo que ir muy lejos porque ha tenido que adentrarse en su infancia.
La raza de piel oscura es la nodriza verdadera de la blanca, de todos los blancos en sentido legendario" (Zambrano, 1950, pp. 11-15).
Los negros, no obstante, fueron re-descubiertos por la joven pintora Lydia Cabrera al otro lado del Atlántico.
En sus propias palabras: "había descubierto Cuba a orillas del Sena" (Hiriart, 1983, p.
Si el regreso a su infancia fue necesario, igualmente lo fue primero el extrañamiento de abandonar su isla para irse a vivir a París en 1927 -aunque su primer viaje a Europa, también con su madre, se había producido ya en 1905.
La joven con inquietudes artísticas e interesada en el arte oriental conectará en París con el movimiento de la negritud, sus escritores y publicistas, y no tanto con el negrismo -es decir, la moda o influencia del arte y las culturas africanas en los artistas visuales de vanguardia.
En París se reencontró con la que sería su primera compañera, la escritora venezolana Teresa de la Parra, a quien había conocido en La Habana en un congreso literario organizado en 1924 (Hiriart, 1980).
A través de los ojos de Teresa de la Parra, Lydia enfoca de nuevo sus recuerdos negros.
El contraste, la casi infran-a559 queable distancia existente entre dos señoras de maneras elegantes, con inquietudes y talentos evidentes, de refinada cultura europea, residentes en París, y sus sirvientes, viejos descendientes de esclavos africanos, será precisamente el ámbito, el espacio liminar donde va a situarse Lydia Cabrera; en ese contrapunteo blanquinegro va a vivir y crear a partir de entonces.
Con Teresa de la Parra, una mujer cosmopolita y escritora ya consagrada, a quien llevará también a los barrios negros de La Habana, desarrollará por primera vez una identidad personal libre y gracias a ella escribirá su primer y famosísimo libro, los Cuentos Negros de Cuba, publicado en francés en 1936 y luego en español, en La Habana, en 1940.
Los veintidós cuentos negros fueron escritos por Lydia durante el acompañamiento de la enfermedad que acabó en abril de 1936 con la vida de Teresa de la Parra en Madrid.
Presintiendo la guerra europea Cabrera vuelve a Cuba, donde durante más de veinte años se dedicará con ahínco a la documentación etnográfica de la parte más íntima y profunda de la raíz transculturada por los negros esclavos en Cuba, la religión.
Como recuerda Cabrera Infante (1996): "De no haber habido negros allá nunca habría vuelto a Cuba".
Los años centrales de su vida, los que transcurren entre 1940 y 1960, son los fundamentales en lo que tiene que ver con su trabajo etnográfico.
Con su compañera, la archivera e historiógrafa María Teresa de Rojas, instaladas en la quinta de la familia de esta en Marianao, en La Habana, Cabrera desarrollará un intenso trabajo de campo, utilizando las "fuentes vivas" de los descendientes de esclavos, los únicos que para ella contaban con la suficiente autoridad y legitimidad para documentar su rasgo sociocultural e identitario más profundo y característico: su mundo religioso.
La identidad étnica de Lydia Cabrera resulta contrapuntística con su obra escrita, literaria y científica, en el sentido del contraste que encierra el que una mujer blanca de su tiempo, enculturada en el canon occidental, conservadora ideológicamente y sin estudios universitarios sea precisamente la autora de un acercamiento no solamente auténtico en lo que tiene que ver con el respeto a los propios códigos de conducta y creencias de un grupo claramente marcado y estigmatizado como un "otro" inasumible, sino que además esta obra suya sea aceptada como tal conocimiento participativo, tanto por los propios practicantes de las religiones afrocubanas que documentó, como por los expertos y especialistas en antropología religiosa que acabarán reconociéndola como una autoridad en el estudio de los cultos sincretizados afroamericanos.
La liminalidad social, política, racial de Lydia Cabrera es a mi juicio uno de los elementos que contribuyen a que su obra tenga un carácter reconocible de originalidad, como traslación escrita de un mundo de creencias comprendido y compartido.
Su libro fundamental, El Monte, es así, no solo una obra considerada central para los antropólogos especializados en religión o que trabajan en esa parte del mundo.
El Monte, un libro eminentemente dialógico y en ese sentido contrapuntístico, es sobre todo considerado una "biblia" para los iniciados y adeptos de la santería; una obra que ha tenido una vida subterránea y de la que han surgido múltiples otros libros, escritos, pero también tradiciones de transmisión oral, como brotes de una primigenia raíz (Dianteill y Swearingen, 2003).
Otro de los aspectos destacables en la biografía de Lydia Cabrera es su sororidad (Lagarde y de los Ríos, 2006).
La práctica de una identidad de género femenina ha sido vista por algunas críticas de su obra como un elemento básico en su atención y dedicación a la cultura y la religión de los afrocubanos (Rodriguez-Mangual, 2004; Sánchez Morales, 2016).
Su homosexualidad, vivida y asumida en un ámbito privado, pero también juzgada como una "otredad" por la sociedad burguesa y blanca a la que pertenecía, está en el fondo de su identificación con los esclavizados y excluidos por motivo de su raza.
Por otro lado, esa "otredad" podía estar en el fondo de su aceptación por babalawos y creyentes religiosos como los abakuás que, sin compartir ni su identidad racial, ni tampoco la sexual -que no podía ser consentida en su mundo creencial-la admitieron entre ellos e incluso le habrían permitido el acceso a los elementos más esotéricos y secretos de sus espacios rituales.
Si el viaje geográfico, el extrañamiento parisino, fue necesario para que Lydia Cabrera encontrara a sus negros.
Este viaje fue también fundamental para permitirle una vida sentimental en la que las relaciones con sus mujeres han quedado, no obstante, o bien ocultadas por un silencio memorial, en el que tuvieron parte las mismas protagonistas (Sánchez Morales, 2016, p.
258), o bien subsumidas mediante la clasificación estereotipada como amigas por el dominio de un canon que no se entendía más que de un modo patriarcal y homofóbico (Sánchez Morales, 2016, pp. 56-90).
En el mundo de relaciones femeninas de amistad y apoyo, y sexuales, de Lydia Cabrera fue definitiva su relación con una escritora refinada y cosmopolita como Teresa de la Parra y, sobre todo, su vida después junto a María Teresa de Rojas, conviviendo en una quinta habanera en donde intentaron recrear el mundo de la élite criolla de raigambre a559 colonial, rodeadas de barriadas y poblaciones negras donde la magia y los rituales africanos andaban tan libres como los informantes que Lydia recibía, entrevistaba y grababa en su casa, apoyada, ayudada y alimentada por su compañera.
El grupo de mujeres en torno a Lydia Cabrera es fundamental como apoyo de su vida, pero también de su obra, incluso financieramente (Cuesta, 2015, pp. 17-21; Cámara, 2014).
Gabriela Mistral tuvo un papel relevante en la primera edición de Cuentos Negros en Cuba y María Teresa de Rojas y Lydia Cabrera crearon un sello editorial, C & R, con el que salieron impresos sus libros más importantes, tanto en Cuba como posteriormente en el exilio de Miami.
En este caso, con un guiño muy característico, propio del humor y los saberes religiosos de Cabrera, la colección en la que se publicaron sus libros fue titulada "El Chicherekú en el exilio" porque:
"El Chicherekú es un muñeco de palo que construye el Ochono (el santero), insuflándole vida, y que manda de noche a hacer maldades [...]
Los Orishas (dioses), se trasladaron al exilio con sus adoradores, sus Omó, sus hijos.
¿Por qué no iban a venir también los chicherekús?"
La solvencia económica de la familia de María Teresa fue en este sentido imprescindible para una Lydia Cabrera sin unas rentas ni una profesión remunerada.
También Josefina Tarafa será una amiga fundamental.
En su hacienda familiar en Matanzas Lydia Cabrera realizó su último trabajo de campo en Cuba.
Un viaje memorable, en compañía de Pierre Verger, Alfred Metraux y otros, en el que se documentaron y fotografiaron las ceremonias dedicadas a Yemayá y la propia Josefina Tarafa fotografió y grabó, junto con Lydia, una gran cantidad de músicas y cantos religiosos que serían luego editados en Estados Unidos.
Por su parte, las hermanas Amalia y María Helena Bacardí, amigas de juventud, subvencionaron la edición de varios de sus libros en Miami y en Madrid.
En la edad ya avanzada de María Teresa y Lydia, la amistad y la colaboración de Isabel Castellanos, su albacea literaria, fue un sostén fundamental para el mantenimiento y el recuerdo de su obra.
De alguna manera, esta vida en femenino que representa una cultura oculta y solamente compartida por algunos grupos de "iniciadas", manteniendo una comunidad de apoyo mutuo segregada en el entorno de una sociedad hostil, puede verse como una forma similar a la vida cercana y observable, pero secreta y regida por sus propios códigos no comunes, que llevaban los negros de los barrios o los barracones cercanos a las casas blancas de las mujeres cubanas.
Además del abordaje feminista de Edna M. Rodriguez-Mangual (2004), la obra literaria de Lydia Cabrera ha sido objeto de otro interesante análisis desde la perspectiva de género por la investigadora canaria María Goretti Sánchez Morales (2016).
También se ha puesto en relación su trabajo etnográfico con su orientación sexual en el sentido de que su atención hacia los grupos marginales y proscritos, y dentro de ellos, los que lo eran por su mundo ritual y mágico, aún más estigmatizado y esotérico, podría verse en correlación con la clandestinidad, la subalternidad, el silencio y la marginación que conlleva la condición de mujer homosexual (Cuesta, 2015, pp. 17-18).
La problemática identidad sexual de una mujer lesbiana en el ambiente burgués, heteropatriarcal e ideológicamente conservador en que vivía Lydia Cabrera consigue así un modo de expresión a través de la alteridad que le prestan sus santeros y sus ritos e idioma religioso.
La espiritualidad y el mundo mítico de unas religiones sincréticas, en las que muchos actores, orishas o héroes de cuentos y leyendas tienen una gran labilidad en sus roles de género y de sexo, configuraron un lenguaje en el que la antropóloga pudo liberar y ver reflejadas sus propias experiencias y deseos.
Así, Lydia Cabrera podía moverse y ser aceptada, en un contrapunteo continuo, en la hibridez de ser mujer y homosexual, de ser blanca entre los negros, de no creer en la religión y sin embargo servir sus obras de texto para los mayores adeptos.
Dando voz a los negros descendientes de esclavos, siendo el canal a través del cual ellos pudieran expresarse; fluyendo con ellos, escamoteando su autoría, se sublimaba en estas otras voces, otros mensajes, otras experiencias, igualmente secretas e igualmente prohibidas por los blancos.
De una forma propia, desde luego propia de las mujeres, Lydia Cabrera, con su ritmo contrapuntístico, consiguió no la emancipación del negro ni de las mujeres, pero sí transgredir profundamente el dominio hegemónico racial y de género en el que se había enculturado y en el que vivió toda su vida.
Un último contrapunteo aparece como muy relevante.
Es el que tiene que ver con la identidad política, nacional e ideológica de Lydia Cabrera.
El ambiente sociopolítico en el que se educó era el correspondiente a las élites blancas conservadoras de la República.
Ella se desclasó de este ámbito de pertenencia, como hemos visto, en dos aspectos básicos y fundamentales: era una blanca que amaba a los negros y su magia; era una mujer que no se casó ni a559 tuvo hijos y que vivió siempre con mujeres.
Es decir, se desvió radicalmente del canon que debería haber encarnado y es indudable que fue estigmatizada por ello de manera consecuente.
Pero aun quedaba un tercer marco del que salirse.
Lydia Cabrera, tanto en su aspecto exterior, como en sus gustos culturales y sus hábitos de vida, era una mujer burguesa y criolla.
Además de sus fotografías, hay numerosos párrafos de personas que la conocieron que destacan el aspecto pulido y la elegancia de ella y sus compañeras.
Isabel Castellanos la retrata de nuevo:
"no solo no manejaba, Lydia no cargaba dinero; ella era como la reina de Inglaterra que no llevaba cartera.
Ella no sabía lo que costaba nada" (Cámara, 2015, p.
Su ideología política estuvo determinada por estos orígenes y no solamente conoció y defendió al dictador Gerardo Machado (García Vega, 1993, p.
55), sino que fue nombrada para determinados puestos técnicos de responsabilidad, como Asesora de la Junta del Instituto Nacional de Cultura, en los gobiernos de Batista.
En 1955 recibe el encargo del montaje de una sala dedicada a la cultura afrocubana en el nuevo proyecto del Museo Nacional que se había inaugurado en La Habana en 1954 (Alonso González, 2018, pp. 51-56).
Allí coincide con otra mujer, perteneciente a la misma élite cultivada, igualmente dedicada al estudio de las religiones afrocubanas, pero que seguirá un proceso ideológico contrario, de apoyo a la Revolución, Natalia Bolívar.
Recuerda esta su trabajo inicial con Lydia Cabrera en el montaje de la sala del museo dedicada a los cultos religiosos, hecha en colaboración y con los materiales aportados por los informantes de Cabrera y también la contribución de Fernando Ortiz.
El trabajo de Bolívar acabó en 1958, cuando fue encarcelada por el régimen de Batista (Bolívar, 2000, pp. 33-34), y el de Cabrera lo haría poco después, con el triunfo de la Revolución castrista, frente a la cual fue abierta y constantemente crítica y beligerante.
En parte su postergación y el olvido que ha sufrido su obra antropológica ha estado determinada por este posicionamiento político (Cámara, 2004(Cámara, -2005, p.
252); el mismo que le llevó a extrañarse de nuevo de su isla y de sus negros, y partir al exilio de Miami, sentido y descrito por ella como un "desierto de cemento", donde era imposible "atisbar el monte".
El exilio supuso para Lydia Cabrera y María Teresa de Rojas un desarraigo total y ambas tardaron mucho tiempo en reorganizar su vida.
En el caso de Lydia esta desorganización afectó de modo fundamental a su trabajo, ya que, si bien consiguió llevar con ella su material y sus notas de trabajo de campo, no volvió a hacer etnografía entre los santeros que desarrollaron en Miami su culto y sus servicios de un modo adaptativo a las circunstancias del país de acogida.
De hecho, según ella misma contó en una ocasión, estuvo sin escribir hasta que se instalaron en Madrid, donde vivieron dos años, antes de su vuelta definitiva a Miami (Hasson, 1987, p.
Tras diez años sin publicar nada de sus cuadernos de campo y ahogada en el páramo estéril de Miami, de nuevo Lydia Cabrera escarbó en los apuntes llevados con ella, en su pasado y en la memoria que sus negros guardaban del periodo colonial, del "tiempo España", y volvió a producir libros importantes, trayendo ese tiempo idealizado a un presente de ausencia y pérdida que ella identificaba con la dictadura castrista.
La última etapa de su vida estuvo dominada por la necesidad de supervivencia fuera de su espacio-tiempo.
Así, sus numerosos libros salieron con el mismo sello editorial C & R creado en La Habana; siguió manteniendo a duras penas el contacto con algunos de sus amigos y babalawos que no habían salido de Cuba y, ya en su edad muy avanzada, consiguió el reconocimiento del mundo académico norteamericano, de la mano de William Bascom y otros antropólogos expertos en el Caribe y sus religiones.
De hecho es gracias al Cuban Heritage Archive de la Universidad de Miami, que conserva y gestiona el fondo Lydia Cabrera Papers, como se puede acceder a una parte de la documentación generada por la antropóloga y escritora cubana.
Este último contrapunto de su vida tiene que ver con la contradicción política de mantener una ideología conservadora y eminentemente burguesa, en la cual habría que incluir además una cierta posición a favor de la presencia colonial española (García Vega, 1993, pp. 49-50), y a la vez dedicarse de un modo personal e intelectualmente empático a observar y transmitir la vida y las costumbres, no ya de los pobres o los subalternos, sino de los esclavizados; es decir, del límite más abyecto al que puede llegar el sistema capitalista.
En el tiempo de los esclavos de Lydia Cabrera no aparecen las rupturas ni las contradicciones sociales.
No hay desarraigo, sino continuidad de África; no hay dominación colonial, sino "tiempo España"; no hay República neocolonial, sino vida como libres en los barrios de las ciudades y en la manigua dominada por los espíritus, el lenguaje y la música ancestral; no hay revolución ni marxismo-leninismo, porque los negros, los ex esclavos, siguen con un tiempo y un devenir segregado e independiente de los momentos históricos, los acontecimientos y las evoluciones impuestas por el dominio de los blancos.
Aquí tenemos la última contradicción, fértil y asumida, de Lydia Cabrera.
La crítica cubana del interior la ha acusado de no haber podido superar sus prejuicios de clase burguesa al tratar los componentes africanos de la cultura nacional.
Sin embargo, también se ha interpretado su obra -concretamente la hecha a partir de su exilio en Miami-como un "contrapunteo entre el cronotopo del mundo imaginado (Cuba durante la Colonia y la República hasta 1959) y el del tiempo de la escritura (en el exilio)" (Cairo, 2002, p.
En uno de sus libros de creación literaria, Itinerarios del insomnio.
Trinidad de Cuba (1977), resulta clara esta conciencia de la autora de vivir en el presente de los muertos, rodeada de una memoria recreada, que ella misma no ha vivido.
Quizá fuera más adecuado pensar que el privilegiar un tiempo mítico, un pasado en el que el futuro es el presente -el presente de las leyendas míticas, los santos y las ceremonias-también tiene que ver con la construcción de una memoria colectiva diferencial para unas comunidades, como eran los diferentes grupos de africanos traídos como esclavos al Caribe, para las que los acontecimientos históricos tenían una lectura muy distinta a la de los occidentales.
Lydia Cabrera se aferra a un "tiempo España" como a una infancia genérica, que también la incluye a ella, en la que árboles, espíritus, animales y gentes trasplantadas desde un origen africano, poblaron la manigua, creando una isla mitológica, de la que también ella era cómplice (Zambrano, 1950).
Es decir, privilegiando el mito sobre la historia y la poesía sobre la barbarie.
Dejando aparte los prejuicios y reticencias ideológicas, la consecuencia es que en este contrapunteo que discurre entre la ciencia, los hechos positivos y concretos de la historia, en torno a los que se construyó una imagen y una práctica política dominante de lo que se consideraba la nación y la identidad de Cuba, por un lado, y la "antropoesía" de Lydia Cabrera y sus negros, por otro, el combate lo gana la visión objetivadora, masculina y clarificadora de Fernando Ortiz (Rodriguez-Mangual, 2004, pp. 40-41; Cámara, 2004Cámara, -2005, p.
Pero ni la ideología política ni el poder de la ciencia académica han podido impedir que los libros de Lydia Cabrera -aún perseguidos, silenciados, secuestrados-hayan corrido hasta ahora de mano en mano entre los adeptos de las religiones afrocubanas y que en torno a ellos y su autora se haya fraguado una auténtica isla dentro de la isla: una isla negra en la más blanca de las islas del Caribe.
Este trabajo se ha llevado a cabo formando parte del Proyecto Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World (ConnecCaribbean).
Este Proyecto ha recibido fondos del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea en virtud del acuerdo de subvención Maria Sklodowska-Curie No 823846.
El Proyecto está dirigido por la profesora Consuelo Naranjo Orovio del Instituto de Historia-CSIC. |
RESUMEN: Desde la perspectiva de la «sociología del espacio» el estudio explora las conexiones que se dan entre los factores ideológicos (paradigmas de representación del parto), los sistemas de organización clínica (culturas del parto) y las evoluciones arquitectónicas (tipologías espaciales de los paritorios), y sus repercusiones en clave de humanización asistencial.
Para ello se ha realizado una investigación etnográfica de veinticuatro meses de duración en seis paritorios del servicio estatal de salud de una región del sur de España.
La técnica de investigación fue la observación participante, acumulando un total de trescientas veinticuatro horas de análisis.
Los resultados muestran cómo las disposiciones arquitectónicas están íntimamente ligadas a los paradigmas y culturas obstétricas preexistentes, tendiendo desde las perspectivas tecnocráticas, en clave orgánica, a una fragmentación del espacio asistencial que deshumaniza el proceso, y desde las cosmovisiones holístico-humanísticas, en clave de continuum, a una reintegración espacio-asistencial que contribuye a la humanización.
La presente investigación se enmarca en el limen de un campo de análisis hibrido que se mueve entre la sociología, la cultura material y la arquitectura, en lo que podríamos etiquetar como «sociología del espacio» o «sociología de las cosas».
Se pretende dar cuenta de cómo los hechos sociales se reflejan en los objetos materiales, partiendo de la concepción del fenómeno como una matriz de doble flujo en la que ambas dimensiones interactúan en la creación de la realidad socialmente construida.
Se trata de un punto de vista, el análisis de la cultura material y el espacio, que en el contexto de las ciencias humanas es impulsado por autores como August Pitt-Rivers o Marcel Mauss, partiendo para ello de la representación de los objetos materiales como pruebas de los hechos sociales, como modos cristalizados de la sociedad que sirven para aproximarse a las perspectivas y clasificaciones de los ritos humanos (Mauss, 1970, p.
Estamos ante un debate epistemológico que se pregunta por la forma en que las realidades materiales, el espacio y el propio individuo manifiestan su estatus de relación a través de un proceso continuo de hibridación.
Debate que parte de los postulados Spinozianos que sitúan las relaciones entre humanos en función de las cosas materiales, realidades inertes que están en el centro de los flujos humanos, pese a que su valor simbólico experimente continuas metamorfosis en función de valores sociales predominantes (Lordon, 2006).
En este sentido, las teorías explicativas sobre la interacción entre los individuos, la cultura material y el espacio se complementan, divergen, e incluso se oponen, abarcando desde las posiciones Goffmanianas que la sitúan como un simple escenario donde se dirimen los flujos de la comunicación e interacción humana, hasta las coordenadas funcionalistas que la consideran como un medio empleado por el hombre para alcanzar un fin.
De otra parte, están las posturas hermenéuticas postprocesualistas que la enmarcan en el «habitus» de un repositorio de significados que han de ser interpretados, entendiendo -en línea con la sociología Bourdiana-que la materia refleja ciertas distinciones sociales que sirven para materializar las ideologías hegemónicas.
En esta línea, están también los posicionamientos que consideran irrealista la concepción del espacio y la materia como expresión de los distintos determinismos propuestos por la teoría social (Latour, 2005, p.
84), ya que esta cambia a medida que los investigadores y la sociedad la reifican, deviniendo así con los seres humanos que la producen, consumen y habitan (Zarankin, 1999).
Así, lo material, la distribución espacial no sería un subproducto de los valores sociales hegemónicos ni de las relaciones de producción dominantes, sino más bien una realidad que interacciona con el individuo a través de una red heterogénea de relaciones, ensamblajes e hibridaciones.
Las conexiones entre los elementos arquitectónicos y los individuos no se podrían entender, pues, como realidades que se preceden ni ontológica ni temporalmente (Haber, 2011, p.
19), es decir como elementos que derivan el uno del otro, o viceversa, sino como dos dimensiones que devienen juntas en complejas relaciones con ritmos y temporalidades diversas a lo largo de un mismo proceso constructivo.
Se trata, en definitiva, de un debate que se pregunta por la idiosincrasia de la relación entre el yo interior y el mundo exterior (González Álvarez y Alonso González, 2014).
Nudo gordiano que desde posiciones fenomenológicas se percibe como un todo íntimamente ligado (Ingold, 2000) en el que, en último término, puede prevalecer el yo como sujeto que percibe el mundo exterior (Tilley, 1991).
Estaríamos ante la asunción de una dialéctica hegeliana que contempla las leyes de conexión, la lucha y unidad de los contrarios, y por supuesto las transacciones y transformaciones entre los espacios y la sociedad.
Relaciones y transacciones entre el sujeto y su entorno mediadas por diferentes determinantes, como las relaciones económicas y de consumo que, en ocasiones, pueden convertirse en condicionantes últimos de las mismas (Miller, 1998).
Desde estas premisas se asume una relación sujeto/ objeto co-constitutiva (Rose, 2011) producida, como apunta Deleuze (1993, p.
78), en un mundo en continuo devenir en el que ambos se encuentran en comunicación reciproca.
Así, la cultura material es una expresión de la ideología social, pero esta también se cristaliza y encuentra su estatus de posibilidad en el marco de unas realidades materiales concretas.
En el caso de este estudio, el aspecto de la cultura material que se quiere dirimir es la distribución de los espacios y la forma en que estos son condicionados por las cosmovisiones culturales preexistentes, a la vez que las propician y mantienen a través de su interacción con los sujetos.
Nos encontramos en un campo de investigación que ha tendido a parcelarse, en el sentido de que el análisis del espacio, de las construcciones que crean lugares y no lugares, ha quedado enmarcado en el ámbito de la arquitectura, mientras los flujos, interacciones y representaciones de las personas en el marco de la sociología (Haber, 2011, p.
Configuración dicotómica cuyo punto de intersección es lo que se ha dado en llamar aquí con el seudónimo de «sociología del espacio», plano de la indagación a560 etnográfica que reflexiona sobre los modos en que los espacios contemporáneos interaccionan con los individuos que los habitan, influyéndose mutuamente en un proceso de cocreacion de la realidad socialmente compartida.
Perspectiva que guía este análisis, centrado en investigar concretamente la distribución espacial de los paritorios contemporáneos como expresión material de determinadas perspectivas sociológicas del nacimiento.
Se trata de un enfoque que ya ha sido utilizado por estudios anteriores centrados en estudiar aspectos como la influencia del espacio en la construcción de la corporalidad de la mujer durante el parto (Davis y Walker, 2010; Foureur et al., 2010; Harte, Sheehan, Stewart y Foureur, 2016), la domesticación del nacimiento en el hospital (Fannin, 2003), la libertad de movimiento en los lugares de nacimiento (Lepori, 1994) o la experiencia durante el mismo (Machin y Scamell, 1997).
Estudios que se centran en diferentes unidades de análisis como las posiciones de las madres durante el parto, la construcción de los espacios, el protagonismo e implicación de las madres, o los imperativos económicos o políticos que producen nuevas formas de comprensión del espacio y los cuerpos de las madres.
En línea con estos estudios se parte de la compresión de que el nacimiento es un fenómeno biológico, pero a la vez social, que está mediado por representaciones colectivas.
Construcciones ideológico-culturales que autores como Davis-Floyd (2001) han inscrito en el marco de auténticos paradigmas obstétricos, que engloban el "conjunto de prácticas [...] [autorizadas] durante un período específico de tiempo" (Kuhn, 1962, p.
10) para dar cobertura a los nacimientos.
Se trata de una serie de paradigmas o cosmovisiones que pivotan entre las representaciones tecnocráticas, típicas de las nociones biomédicasalopáticas, y las concepciones humanistas u holistas, que representan el nacimiento como un continuo.
La primera cosmovisión encontró su medio de realización tras los procesos de hospitalización del parto acaecidos desde los años 50 del pasado siglo (Chamberlain, 2007), contexto en el que los partos fueron construidos desde ciertas coordenadas biológicas que encontraron sus vías de realización en premisas como la medicalización, la tecnologización, la protocolización o la fragmentación de los cuidados (Stoller, 1974; Irwin y Jordan, 1987; Jordan, 1993).
Se trata de una concepción que encuentra su apoyadura antropológica en bases ideológicas como la biopolítica, el posthumanismo o el productivismo (Hernández Garre y Echevarría, 2014), de un enfoque tecnocrático y biomédico que representa el parto en base a los cambios producidos en los órganos reproductivos, nociones desde las que se tienden a fragmentar los itinerarios clínicos.
A partir de estas premisas las madres se convierten en objetos pasivos sobre los que se interviene (Pizzini, 1981; Pizzini, 1989), para asegurar la reproducción humana como un bien social (Foucault, 1977).
En contraposición, los enfoques obstétricos holistas u humanistas tienen su origen en una serie de estudios (Olsen, 1997; Campbell y Macfarlane, 1987; Tew, 1985; Tew, 1990) y estrategias de organismos internacionales (World Health Organization, 1985; World Health Organization, 1997) que, desde mediados de los años ochenta, empezaron a cuestionar los enfoques biomédicos hegemónicos.
Se trata, según Davis-Floyd (2001), de una nueva orientación desde la que se concibe el parto como un continuum que se cristaliza y toma forma en las madres, entendidas estas como un ente unitario en el que, más allá de los cambios orgánicos, están imbricados factores emocionales, psicológicos y socioculturales.
Desde estas ideologías del parto se enfatiza la conexión mente-cuerpo, estableciendo un equilibrio entre las necesidades de las instituciones y las de las propias madres.
Estas son concebidas como un sujeto relacional que se informa y toma decisiones compartiendo la responsabilidad con el clínico, mientras ciencia y tecnología se complementan con el humanismo asistencial.
En definitiva, se trata de una construcción conceptual que tiene en cuenta el contexto familiar y social de las madres, concibiéndolas desde una unidad entre mente, cuerpo y espíritu.
Desde esta visión la autoridad pertenece a las madres, que participan de forma activa en el parto, mientras las praxis clínicas han de tener en cuenta sus perspectivas.
El objetivo final es la individualización asistencial, percibiendo el cuidado como un continuum que cristaliza en un ser humano, y no como una serie de rutinas mecanizadas que se aplican sobre los cuerpos grávidos.
Estos paradigmas, cosmovisiones o ideologías sobre el parto cristalizan en la práctica clínica en lo que autores como Montes (2007) o McClain (1975) denominan con la etiqueta de «culturas del nacimiento» o «etnoobstetricias», términos que utilizan para referirse a los diferentes sistemas de organización asistencial o arquetipos clínicos que se implantan en las dinámicas de atención al parto en distintos contextos sociales.
En este sentido, Blázquez (2009) identifica tres arquetipos principales, el propio del paradigma tecnocrático, que podemos denominar como parto «institucionalizado-intervencionista» o «medicalizado», y los propios de la cosmovisión holístico-humanista, que según el contexto en el que transcurren se pue-a560 den etiquetar como parto «hospitalario-humanizado» o «parto domiciliario» (Blázquez, 2009).
En las culturas medicalizadas la organización gira en torno a las rutinas clínicas que hay que efectuar (toma de constantes, venoclisis, monitorizaciones etc.), quedando las necesidades psicológicas en un segundo plano; en las culturas humanizadas la organización se centra en las necesidades de las madres, amoldándose el resto de actividades a estas (Hernández Garre y Echevarria, 2014).
Estos patrones culturales de organización se encuentran en pugna por la hegemonía clínica, siendo en nuestro contexto el parto «institucionalizadointervencionista» la modalidad más común, mayoritaria y legitimada desde la segunda mitad del siglo XX (Martin 1987).
Los paradigmas ideológicos, y las culturas del nacimiento que derivan de ellos, han tenido también su traducción en el desarrollo de diferentes distribuciones o tipologías espaciales de los paritorios hospitalarios contemporáneos.
De esta realidad da cuenta el informe de 2009 del Ministerio de Sanidad y Política Social sobre estándares y recomendaciones de las maternidades hospitalarias, que establece dos tipos de unidades estructurales: la secuencial y la unificada.
La estructura secuencial es la tradicional, y más común en nuestro entorno, caracterizándose por establecer diferentes espacios físicos para la atención de los diferentes periodos del parto (dilatación, período expulsivo/alumbramiento, recuperación).
La estructura integrada es menos común, pero se está introduciendo en los últimos años, al interferir menos en la fisiología del parto, y ofrecer mayor comodidad e intimidad a las mujeres y los acompañantes, caracterizándose porque todo el proceso del parto (dilatación, parto y recuperación) transcurre en un mismo espacio físico integrado (véase Maternidad hospitalaria.
Nos encontramos, así, con tres realidades ligadas al abordaje de los partos: el factor ideológico, encarnado en diferentes cosmovisiones o paradigmas obstétricos, el componente organizacional, representado por diferentes culturas del parto o etnoobstetricias y sus disímiles itinerarios asistenciales, y el componente material o arquitectónico, materializado en las variopintas tipologías espaciales de las maternidades.
Tres componentes que, según la tesis de partida de este estudio, están íntimamente relacionados, produciéndose retroalimentaciones entre ellos, y teniendo diferentes resultados en términos de humanización asistencial.
Entendida esta como un valor social que reclama la dignidad personal intrínseca de todo ser humano, promocionando un abordaje integral u holístico de la persona donde interactúan las dimensiones biológica, psicológica, social y conductual (Bermejo, 2014).
En este marco de indagación sociológica sobre el espacio se sitúa la presente investigación, cuyo objetivo ha sido explorar las conexiones que se dan entre los factores ideológicos (paradigmas de representación del parto), los sistemas de organización clínica (culturas del parto) y las evoluciones arquitectónicas (tipologías espaciales de los paritorios), así como sus posibles repercusiones en clave de humanización asistencial.
Para ello se ha puesto la atención en la observación minuciosa de unidades de análisis como la distribución de los espacios, el lugar que ocupan los actores en los mismos, la existencia de puertas umbrales, la accesibilidad/restricción a la hora de ocupar los espacios, los lugares donde se realizan los cuidados, el papel que se le otorga a las madres en cada espacio o la vestimenta y su conexión simbólica con los espacios.
El análisis se realizó desde un posicionamiento teórico próximo a la noción de los no lugares de Marc Augé (2009), anclaje conceptual que adscribe este calificativo a aquellos espacios de transitoriedad que no tienen suficiente entidad para ser considerados como lugares, que son definidos, casi exclusivamente, por el pasar de los individuos, que están sometidos a relaciones artificiales que no permiten interiorizar sus componentes ni conformar la propia identidad.
Pese a las insuficiencias que se puedan generar de su aplicación a espacios interiores ligados a la intimidad, como son los paritorios, pensamos que la discriminación de los espacios, en cuanto a su papel constructivo en procesos de identidad personal, se ajusta bien a un objeto de estudio como es el nacimiento.
Se trata de una investigación cualitativa tipo etnográfica realizada entre el 1 de marzo del año 2015 y el 1 de febrero del año 2017 en los seis hospitales públicos que disponen de paritorio de una región del sur de España 1.
La técnica de investigación utilizada fue la observación participante, centrando el análisis tanto en la distribución arquitectónica como en el flujo e interacciones a través de las zonas clínicas de los diferentes actores del parto.
Su uso permitió estudiar las múltiples interacciones y conexiones que se daban entre los protagonistas del proceso y los diferentes espacios, captando las diferencias entre lo que se dice y lo que se hace.
Se intentaron recoger los datos de un modo sistemático y no intrusivo, partiendo de la asunción de un doble rol, el de observador y participante (Taylor y Bogdan, 1984), lo que permitió mitigar las limitacio-a560 nes referidas a la invisibilidad del espectador (Scheper-Hughes, 1993).
Ello fue posible gracias al doble rol de uno de los investigadores, el de antropólogo y matrón del sistema nacional de salud en ejercicio en uno de los hospitales públicos del contexto de estudio.
En este sentido, el análisis partió de la presunción de que la observación precisa y rigurosa es, per se, una técnica para la obtención de conceptos científicos, ofreciendo grandes ventajas al permitir estar presentes en los ambientes y lugares naturales por donde acontecen los discursos y prácticas de los agentes sociales (Jorgensen, 1989; DeWalt y DeWalt, 2011).
Para la realización del estudio se obtuvieron las autorizaciones de las autoridades pertinentes, así como el visto bueno por parte del comité de ética de los hospitales.
En ningún momento se reveló ningún dato identificativo de los sanitarios o pacientes, respetándose además escrupulosamente la intimidad de los actores del proceso.
El estudio se desarrolló en dos fases:
En una primera fase se realizó una observación de la distribución arquitectónica de los paritorios de cada uno de los seis hospitales públicos.
Se trata de cinco hospitales comarcales y de un hospital central de referencia.
En los primeros se atienden todo tipo de partos, excepto los partos múltiples de más de dos niños, y los prematuros de menos de 32 semanas de gestación, ya que solo el de referencia cuenta con UCI neonatal.
La media de partos oscila entre los dos y los nueve partos al día en los hospitales comarcales, y es de veinte partos al día en el hospital de referencia, uno de los hospitales con más partos de España.
Las observaciones se realizaron en los momentos en los que no se estaba produciendo ningún proceso asistencial, y guiadas por las responsables de los servicios.
Lo que interesaba en esta primera fase era conocer la distribución de los espacios en ausencia de procesos asistenciales, es decir sin la intervención de los protagonistas.
La aproximación permitió verificar, en línea con los informes de sanidad ya existentes (véase Maternidad hospitalaria.
Estándares y recomendaciones, 2009), la existencia en el entorno de estudio de dos categorías principales de distribución espacial: los centros con estructura secuencial/fragmentada y los centros con disposición unificada.
En los primeros existían diferentes salas para atender los procesos de dilatación, período expulsivo y postparto, mientras que en los segundos todo el proceso del parto ocurre en una misma sala.
El objetivo de esta primera fase era el de tipificar la distribución espacial de los paritorios existentes en la región de estudio, intentando observar si se habían producido evoluciones en cuanto a su tipología en tiempos recientes.
En una segunda fase del estudio se realizó un análisis pormenorizado de cada una de las dos categorías arquitectónicas detectadas (secuencial/fragmentada y unificada), eligiendo un centro paradigmático para cada uno de los diseños arquitectónicos.
En este sentido para la secuencial/fragmentada se escogió un hospital comarcal con una media de cinco partos al día y para la unificada se utilizó el hospital central de referencia.
La razón de esta diferencia en cuanto a tipología espacial de los dos centros es que el primero fue construido en los años noventa con una estructura tradicional segmentada, sin que se hubiera remodelado después, mientras que el segundo fue reformado recientemente siguiendo un modelo integrado recomendado por el Ministerio de Sanidad y Política Social (véase Maternidad Hospitalaria.
La observación se realizó en los diferentes espacios asistenciales (espacios de valoración, dilataciones, paritorios, salas de recuperación, etc.), pero también en pasillos, zonas de paso y espacios umbral, intentando discernir los diferentes patrones de accesibilidad y privacidad de los mismos, así como las representaciones y praxis que se coreografiaban en cada escenario clínico.
Durante el análisis se puso el foco de atención en la distribución de los espacios donde ocurrían las diferentes fases del parto (dilatación, período expulsivo y postparto), prestando especial atención a las puertas de acceso, la restricción de los espacios y el lugar que ocupaban en cada espacio las madres, los sanitarios y los familiares.
Interesaba visualizar las formas en que los diferentes actores -madres, familiares, ginecólogos, matronas, anestesistas, auxiliares, celadores etc.-interaccionaban con estos a través de distintos flujos, ritmos y dinámicas de movilidad.
Se quería reflexionar sobre las maneras en que las distintas ideologías y culturas del parto determinaban los espacios materiales y las formas de relación de las personas que los habitaban.
El objetivo era comprender los valores que subyacían a los procesos de transformación espacial de los paritorios, penetrando en la comprensión simbólica de las representaciones y efusiones de poder que se escondían detrás de los mismos.
Las unidades de observación o análisis fueron pues: la distribución de los espacios, el lugar que ocupaban en términos de accesibilidad los actores, el uso de puertas umbral, la relación entre las actividades y las vestimentas de los cuidadores y los espacios.
Durante la observación -ciento cuarenta y cuatro horas para cada tipografía espacial-se buscó una implicación máxima en los escenarios, complementando desde una perspectiva crítica la reflexión con la información informal suministrada por los actores implicados (Taylor y Bogdan, 1984).
Se pudieron observar 72 procesos asistenciales, 40 para el diseño secuencial/ a560 fragmentado (31 partos vaginales y 9 cesáreas) y 32 para el diseño unificado (30 partos vaginales y 2 cesáreas), con un total de 72 participantes.
Las observaciones se llevaron a cabo desde el ingreso en la sala de partos de las madres hasta su salida, dos horas después del parto, respetando en todo momento la intimidad de las madres.
Los resultados no pretenden ser categóricos ni generalizables a todos los casos, pero sí orientativos de la relación que se produce entre los espacios arquitectónicos y los procesos asistenciales del parto.
De las tipologías espaciales a los paradigmas obstétricos inmanentes
La exploración permitió constatar la existencia en nuestro contexto de estudio de las dos tipologías básicas de distribución espacial -secuencial y unificadaque define el Ministerio de Sanidad y Política Social en sus recomendaciones sobre las maternidades en el año 2009.
En este sentido cabe destacar la profusión que han tenido a partir del año 2009 las distribuciones unificadas, constándose en nuestro estudio dos distribuciones secuenciales o fragmentadas por cuatro unificadas.
Disposiciones mediadas por toda una serie de hibridaciones y de relaciones inherentes entre las dimensiones arquitectónicas y las ideologías compartidas de los individuos que las vivifican.
En este sentido, se puede afirmar que la distribución secuencial/fragmentada está mediada por una dispersión de los espacios clínicos por los que transcurre el nacimiento, fijándose un lugar para cada una de las fases del parto que han sido catalogadas previamente en base a los cambios biológicos experimentados en los organismos maternos.
Realidad que se materializa a través de una estructura tripartita formada por zonas de dilatación (espacios compartidos donde se produce la apertura de la cerviz uterina), salas de partos o paritorios (lugares donde tiene lugar la salida del bebé) y zonas de recuperación postparto (áreas donde las mujeres son vigiladas tras el alumbramiento).
En el marco de esta distribución son las madres las que deambulan por las diferentes estancias a la vez que los asistentes realizan sus rutinas clínicas sobre sus cuerpos gestantes.
Como acabamos de comentar, hay que hacer notar que esta distribución se encontró en dos de los seis centros que habían sido construidos o reformados antes del año 2009 (en 1990 y en 2004), tiempo en el que el paradigma tecnocrático de asistencia al parto, típico de la biomedicina, seguía siendo el mayoritario y legitimado institucionalmente en el contexto del estudio (Blázquez, 2009; Hernández Garre, 2011; Martin, 1987; Montes, 2007).
Se observa, en este sentido, una dimensionalidad del espacio construida desde un patrón biologicista que establece una analogía entre los cambios anatomo-fisiológicos producidos en los órganos maternos y la distribución arquitectónica (véase figura 1).
Esquema de estructura fragmentada
Tendencias ideológicas desde las que también parece establecerse cierta analogía entre la representación del proceso como un continuo, que se desarrolla en un ser humano unitario con necesidades fisiológicas, pero también psicológicas, socioculturales y emocionales, y la unificación de los espacios asistenciales (Véase figura 2).
Del análisis de la distribución espacial deviene que estamos ante una expresión de la cultura material construida desde la ideología, edificada desde una serie de cosmovisiones obstétricas que encuentran sus vías de realización material en la demarcación de diferentes tipologías espaciales.
Se trata de espacios cimentados desde determinadas ideologías obstétricas y culturas del nacimiento que oscilan en un abanico de acepciones que va desde las representaciones de base orgánica hasta las coordenadas procesuales holísticas del parto.
Las culturas asistenciales quedan pues materializadas como parte de los propios espacios arquitectónicos, pero a la vez estos cumplen la función de generar, retroalimentar e incluso reconstruir las ideologías obstétricas que han propiciado su construcción.
De manera que una vez materializada la cosmovisión del parto, a través de una serie de tipologías espaciales, esta media en el proceso de adquisición y mantenimiento de nuevas representaciones del mismo, al condicionar unos espacios de trabajo para los clínicos que los introducen en la cultura del parto o sistema de organización que es consecuente con el paradigma ideológico del que parte.
Materia e ideología interaccionan, pues, en un proceso de doble flujo desde el que las realidades aceptadas por los actores son co-creadas en un continuo devenir e hibridación entre las culturas materiales espaciales y los propios individuos que fluctúan por ellas.
Parece, pues, que no se pueden establecer estatus ontológicos férreos Figura 2.
Esquema de estructura integrada Fuente: elaboración propia. a560 entre ambas dimensiones, sino más bien asumir que se trata de realidades que, aunque puedan precederse ontológicamente, más bien se co-crean y retroalimentan en un proceso de continua concomitancia.
Construyendo no lugares desde las etnoobstetricias alopático-tecnocráticas
El ceremonial que lleva a las mujeres a convertirse en madres, desde las nociones biomédicas tecnocráticas, está pues íntimamente unido a los escenarios arquitectónicos por los que transcurren los itinerarios asistenciales.
En este sentido, como decíamos, la metamorfosis materna está determinada por la fragmentación del cuidado que, desde las nociones alopáticas, se hace del proceso, constituyéndose una serie de fases que son valoradas de forma independiente, como si gozaran de entidad propia.
Estamos ante un «metarrelato» del modernismo por el que los nacimientos no se desarrollan ya como un continuum que tiene lugar en un mismo cuerpo y que culmina con el nacimiento de la criatura.
Se trata de una desintegración del holismo asistencial que determina, a su vez, la proyección de los espacios arquitectónicos, al establecer un paralelismo entre las representaciones biomédicas orgánicas del parto y el diseño de los no lugares por los que transcurrirá la ruta clínica de las madres.
El objetivo final es garantizar una «uniformización» de la atención que refleja la tradición clínica de suministrar cuidados como si de una "cadena de producción" se tratase (Le Breton, 1994), aunque es este caso lo que se produzcan sean bebés.
En este sentido, desde las coordenadas biologicistas biomédicas se deja ver cómo las contorsiones del positivismo han calado hondo en los procesos alumbratorios, Así, una vez ejecutada la capacidad reproductiva, a través de la concepción, empiezan las primeras parcelaciones clínicas en base a distribuciones orgánicas, constituyendo el trance en tres límenes transmutadores -embarazo, parto y puerperio-que, como decíamos, son tratados como entidades distintas, a pesar de materializarse en una misma persona.
Esta tendencia a la segmentación no queda ahí, sino que cada una de estas fases es otra vez subdividida en nuevas etapas en base a los cambios orgánicos objetivables.
Así el embarazo es dividido en los espacios preembriogénico, embriogénico y fetal (Moore, 1973), el parto en dilatación, período expulsivo y alumbramiento (Humphrey, 1995) y, por último, el puerperio en precoz, inmediato, clínico y tardío (véase Protocolos Asistenciales en Obstetricia.
Además se establecen toda una serie de periodos umbral que determinan el paso de una fase a otra, así por ejemplo al paso del embarazo al parto se le denomina «periodo prodrómico» o «pródromos de parto», asegurándose, de esta manera, el establecimiento de periodos liminales que vehiculicen los cambios en el rol de las madres.
La fragmentación del cuidado no es inocua, no se trata de un tema casual, sino de una consecuencia natural que proyecta la ideología biomédica dominante, vertebrando, como decíamos, los diferentes escenarios y espacios arquitectónicos donde acontecen las representaciones rituales del parto.
Estamos ante una construcción ideológica sutil que representa a los extremos del trance -embarazo y puerperio tardío-en emplazamientos arquitectónicos ambulatorios, y al núcleo del mismo -parto y puerperio precoz, inmediato y clínico-en espacios hospitalarios.
Se trata de una pulsión que empuja en sentido ascendente, dibujando para el culmen de la transformación materna espacios cada vez más consagrados y prohibitivos.
Así, la ubicación de las madres en el hospital dependerá de la cercanía o lejanía del parto, emplazándose en espacios hospitalarios menos clínicos y restrictivos a las mujeres que todavía no han iniciado el parto, o a las que hace más tiempo que han parido, y en espacios circunscritos e inaccesibles a las madres que ya están de parto o a las recién paridas.
Esta distribución fragmentada del espacio predispone a la adopción por parte de las mujeres de un rol sumiso y pasivo (Pizzini, 1989), al demarcar unas áreas arquitectónicas de poder para los expertos que permanecen ajenas a los profanos.
Como acabamos de comentar, los espacios están diseñados para que a lo largo del circuito asistencial se deambule por áreas cada vez más taxativas.
La separación entre los espacios laicos y los clínicos está además marcada por la presencia de puertas de entrada, de umbrales a los que se les concede socialmente una enorme importancia y poder simbólico.
Así «los individuos entran y salen a través del umbral, fundamentalmente para nuestra seguridad moral, para que no se cree confusión entre el interior y el exterior» (Leach, 1976, p.
En este sentido la puerta de acceso al servicio de urgencia supone el primer umbral, atrás quedan los familiares de la gestante que tienen que esperar en la sala de espera de urgencias, un espacio del hospital dedicado a los extraños.
El segundo y más restrictivo umbral lo compone la puerta de acceso al paritorio, que normalmente esta coronada por un cartel en el que se especifica claramente "no pasar".
Una vez que cruzas este umbral dejas definitivamente atrás «el mundo profano de la vida cotidiana; dentro se representa la mística de lo limpio, a560 lo sagrado, en la que los oficiantes vestidos de ceremonia y con un lenguaje propio transmiten la representación de estas propiedades» (Montes, 2007, p.
Una vez en el espacio ritual del paritorio, la delineación del espacio se compone de diferentes salas: dilataciones, salas de partos y salas de puerperio, espacios diseñados en una disposición cada vez más profunda, más limpia, más limitada, en definitiva, más sagrada e impracticable al ajeno.
En este sentido, mientras los profesionales cruzan los espacios rituales y las puertas umbral libremente, los usuarios solo pueden acceder llevados y acompañados por celadores que obedecen los dictámenes de los especialistas, quedando así clara una relación asimétrica desde la que se encuentran en terreno forastero.
La disposición espacial marca pues unos espacios clínicos consagrados a los nacimientos clínicos que no pueden ser profanados por los extraños, por lo que la forma en que se ubican los familiares -a pie de cama y sin poder abandonar su lugar rituallos convierten en auténticos residentes de los no lugares.
De esta forma se garantiza el mantenimiento de las normas dentro/fuera, limpio/sucio, asegurando la mística de los espacios rituales, normas que además se tornan más estrictas en las horas de mayor actividad.
Ese valor simbólico y ritual, que impregna la distribución de los espacios físicos, se ve además potenciado por las actividades y vestimenta de los profesionales.
Los profesionales parecen estar inmiscuidos en la realización rutinaria de una serie de tareas clínicas -toma de constantes, exploraciones, venoclisis, monitorización de la frecuencia cardiaca fetal, amniorrexis, etc.-que focaliza su atención en las técnicas a aplicar, quedando las mujeres en segundo plano.
Ello se refuerza por el hecho de que estas transitan por espacios que son propiedad de los asistentes, a modo de trabajo en cadena, mientras los clínicos les aplican las tareas de rutina.
En cuanto a la vestimenta representa un distinto grado de limpieza y sacralidad dependiendo del área en la que nos encontremos.
Así colores como el blanco son propios de servicios simbolizados como sucios, más cercanos al foráneo, como es el caso del servicio de urgencias, y colores más intensos como el rojo o el verde, son propios de espacios más limpios internos y sagrados, como el paritorio o el quirófano.
De esta manera, conforme la mujer se adentra en el mundo clínico de lo desconocido, camino del rito de paso de la maternidad, los oficiantes van adoptando colores más limpios y sagrados.
Se deja así claro a las "iniciadas", por medio de representaciones simbólicas como el paso a través de los umbrales o el diferente color de las vestimentas de los oficiantes, que se introducen en el espacio institucional de los otros.
El motivo de esta distribución arquitectónica es que las fases más distantes al nacimiento, como el embarazo y el puerperio tardío, están diseñadas para la observación, actitud observadora que se torna en intervencionista conforme nos acercamos al momento del parto (Ehrenreich y English, 1978), realidad que parecen aceptar las madres desde una actitud pasiva (Kabakian-Khasholian, Campbell, Shediac-Rizkallah y Ghorayeb, 2000).
Así una gestante a término que acuda al hospital, con un parto en curso, seguirá un recorrido clínico marcado por el tránsito a través de diferentes territorios como el servicio de urgencias, la sala de dilatación, la sala de partos, la sala de puérperas del paritorio y el servicio de maternidad.
Distribución basada en ciertas bases antropológicas ligadas al paradigma asistencial «tecnocrático», como la biopolítica, el taylorismo o el posthumanismo, desde las que el trabajo se diseña para facilitar la intervención y la comodidad de los clínicos (Hernández Garre y Echevarría, 2014; Wagner, 2006) que parecen seguir ostentando la hegemonía en los cuidados maternales después de las reformas neoliberales acaecidas en los últimos años en los servicios sanitarios (Benoit, Zadoroznyj, Hallgrimsdottir, Treloar y Taylor, 2010).
Quedan, así, bien definidos los límites entre los espacios menos medicalizados, accesibles al extraño, y los más tecnológicos, santuarios para el neófito.
Distribución que no puede ser cuestionada mientras el hospital siga siendo representado como el adalid que garantiza, a través de la ciencia y los desarrollos tecnológicos, el nacimiento de un nuevo miembro social sin los riesgos o el dolor que tradicionalmente aquejaba a las madres.
En este sentido, la representación alopático-tecnocrática del parto como un proceso doloroso, penoso y largo, y las cosmovisiones del embarazo en clave de invasión, que catalogan al feto como una criatura parásita que debilita el cuerpo de la madre, favorecen la implantación de este diseño estructural pensado para el control y la injerencia (Kitzinger, 2006).
Se establece, así, una distribución espacial, en función de los cambios en los órganos reproductores, que media en la instauración de un itinerario asistencial que invisibiliza los cambios sociales o emocionales, así como el resto de las variables económicas y familiares del proceso.
Estamos ante una configuración que no integra el proceso del parto desde una perspectiva holística que contemple los componentes emocionales, psicológicos y sociales del proceso, sino desde una construcción que promociona una deshumanización asistencial cimentada sobre una construcción puramente biológica del proceso.
Este diseño espacial está, pues, cargado del valor simbólico que a560 Augé (2009) otorga a los no lugares, en el sentido de que se trata de espacios clínicos de transaccionalidad, donde no puede verificarse el «rito de paso» hacia el estatus de madre, donde la impersonalidad del espacio restrictivo no permite que se construya el proceso de identidad maternal desde las propias categorías significativas de las madres (véase tabla 1).
Pero el proceso de construcción de la realidad tiene en este caso un doble flujo.
Así, si bien las tipologías espaciales han sido construidas para satisfacer ciertos tipos de organización asistencial o culturas del parto, estas, a su vez, son el reflejo de ciertas cosmovisiones o formas de pensar el nacimiento, una vez edificadas, las disposiciones espaciales fragmentadas ayudan a perpetuar las culturas y paradigmas de origen.
Esto se debe a que fuerzan a los clínicos a desenvolverse espacialmente en una serie de zonas secuenciales y separadas pensadas para la ejecución de un trabajo en cadena centrado en las rutinas clínicas, realidad laboral que refuerza, reproduce y mantiene, a su vez, los sistemas organizativos y las ideologías de los que partían.
La reintegración del espacio como cultura material de las cosmovisiones holístico-humanistas del nacimiento
Las nuevas coordenadas holístico-humanísticas, que se han introducido en los últimos años en los trances alumbratorios, han tenido su repercusión en la disposición de una cultura arquitectónica en clave de reintegración espacial.
Se trata de una representación obstétrica no exclusivamente biologicista, desde la que se concibe el parto como un continuum cristalizado en una mujer con necesidades no solo orgánicas sino también emocionales, psicológicas y socio-grupales.
Se trata de una reintegración conceptual que media en el estatus de una disposición espacial unificada, desde la que al margen de los cambios orgánicos el proceso de parto se construye conceptualmente como una realidad única e indisoluble que acontece en un ser humano con su propia idiosincrasia asistencial (Davis Floyd, 2001).
Desde estas cosmovisiones los diferentes cambios orgánicos -dilatación, período expulsivo, alumbramientono son determinantes en la mediación del espacio, ya que quedan enmarcados en el ámbito de un proceso más amplío que se materializa de forma única e irrepetible en cada mujer, en función no solo de sus coordenadas orgánicas sino también psicosociales.
En este «habitus» la arquitectura no cumple la función de establecer espacios cada vez más restrictivos para el profano, sino la de generar «lugares» en los que ese proceso unificado pueda materializarse de forma individualizada en cada mujer.
En este sentido, el espacio central lo ocupan los lugares para las madres y los familiares, que bajo el nombre de dilataciones se ubican en un espacio único donde tendrá lugar todo el proceso.
Desde esta configuración los espacios umbral, en ese caso las puertas de acceso a las dilataciones, es decir la configuración en términos de interior-exterior (Leach, 1976), se establece de manera inversa y más flexible, no cumpliendo una función taxativa, sino la de garantizar la intimidad y privacidad de los implicados en el proceso.
Así, los profesionales al cruzar los espacios
Tipología espacial fragmentada Estructura Tripartita: sala de dilatación, sala de período expulsivo, sala de recuperación.
Restringida, puertas umbral rígidas.
De tránsito, impersonal, no lugar.
Papel de la madre Accesorio, marginal, rol pasivo.
Rutinario, taylorista, en cadena, cuidado fragmentado.
Interacción sanitario-madre Asimétrica, no igualitaria.
Colores intensos, heterogéneos, distinto color según área.
Tecnocrático y ligado a nociones biomédicas.
Tabla resumen de las características de la tipología espacial fragmentada Fuente: elaboración propia. umbral no se ubican ya en su espacio de autoridad, sino en el lugar de las madres y los familiares.
En este sentido, los familiares tienen su propio pasillo de acceso a las dilataciones, transitando libremente, tras una identificación inicial como familiares, desde la sala exterior de urgencias hasta las dilataciones.
El lugar de autoridad de los clínicos queda pues restringido a su propio estar personal, mientras los espacios clínicos se vertebran en torno a una distribución asistencial más simétrica y centrada en la centralidad de las madres y sus familiares.
El espacio arquitectónico no está pues diseñado para restringir los accesos al profano, para dar atribuciones hieráticas a los ceremoniales clínicos que allí se desarrollan, sino para una mayor comodidad, intimidad, compañía y aislamiento acústico que facilite el protagonismo de las mujeres durante el proceso.
En esta línea, las actividades de los sanitarios también denotan este nuevo estatus, en el sentido de que se centran más en tareas de satisfacción y atención de las madres y sus familiares, quedando las tareas clínicas de rutina (analíticas, toma de constantes, monitorizacioenes etc.) subyugadas a las necesidades psicológicas y emocionales de estos.
En línea con lo apuntado por Augé (2009) las madres y sus familiares habitan pues «lugares» concretos, donde se los ubica y se les da la autoridad necesaria para colaborar desde un posicionamiento más activo, menos pasivo y sumiso (Pizzini, 1989) durante los partos.
Son verdaderos espacios cargados de significado donde se propicia la generación de procesos de identidad individualizados hacia el nuevo estatus de madre.
Los espacios no son pues diseñados en función de ideas tayloristas, desde las que los itinerarios clínicos se asemejan a cadenas de producción en las que se aplican las rutinas protocolizadas, mientras las madres deambulan por los diferentes espacios fragmentados, sino que se proyectan en función de la centralidad y el protagonismo materno, concibiendo los partos como procesos únicos e irrepetibles que se abordan de forma individualizada y se materializan en un ser biopsicosocial con sus propias perspectivas y necesidades (Kitzinger, 2000; Kitzinger, 2004).
Estamos, pues, ante construcciones espaciales edificadas desde una noción global de las madres que integra sus factores sociales, psicológicos y emocionales, desde conformaciones que respetan su dignidad personal promocionando la humanización asistencial.
Disposición ritual a la que ayudan las vestimentas en blanco neutro de los clínicos, uniformes propios de espacios hospitalarios comunes, de lugares en los que no se teatralizan diferentes estatus clínicos de intervención, dando así continuidad simbólica al proceso.
Quedan así establecidas las premisas de esta distribución material del espacio en clave de reintegración, en clave de simetría, disposición que facilita el humanismo asistencial, y una actitud activa y empoderada de las madres y sus familiares desde la que se comparten decisiones con el clínico.
Se trata de una configuración cuyas bases sociales se apoyan en una ideología esencialista, y en cierta medida nostálgica, que pretende devolver al parto sus esencias naturales (Mansfield, 2007) (véase la tabla 2).
Tabla resumen de las características de la tipología espacial integrada Fuente: elaboración propia.
Características Tipología espacial fragmentada Estructura
Unificada: una única sala donde trascurre todo el proceso.
Abierta, puertas umbral flexibles.
Las madres y los familiares.
Principal, central, rol activo.
Necesidades de las madres.
No rutinario, individualizado, cuidado según necesidades.
Interacción sanitario-madre Simétrica, igualitaria.
Colores neutros, unificados, mismo color en todas las áreas.
Espacio arquitectónico e ideología se complementan, pues, estableciendo un efecto sinérgico, un feedback desde el que las nuevas coordenadas ideológicas del parto en clave holística quedan materializadas en una configuración arquitectónica unificada, disposición que, a su vez, retroalimenta y propicia el nuevo enfoque asistencial humanístico al condicionar que los clínicos se muevan ahora en una distribución espacial pensada para la realización de actividades individualizadas según las necesidades maternas.
La propia arquitectura fuerza a los sanitarios a entrar en un nuevo sistema de organización de las tareas, en una nueva cultura del parto, donde la mujer juega un papel central y los cuidados, al transcurrir en espacios unificados que dan centralidad a las madres, tienden a ser individualizados (véase la tabla 2).
La «sociología del espacio» trata, pues, de identificar lugares o no lugares, donde se desarrollan los cauces de la sociabilidad humana y que, de otra parte, demarcan por lo menos espacialmente, y en cierta medida epistemológicamente, las realidades e ideologías de los individuos que los habitan.
Escenarios y espacios inertes donde la sacralidad de las praxis clínicas queda reintegrada o al margen de los ojos del profano, dentro o fuera de la contaminación de lo cotidiano, garantizando así la continuidad cultural de lo que allí se simboliza.
Se trata, en definitiva, de contextos culturales que rinden cuentas a una doble función, la de demarcar espacios físicos donde se perpetúan paradigmas obstétricos concretos, como el «tecnocrático» o el «humanista», y la de asegurar una ubicación de los actores en clave taxativa o accesible.
La distribución arquitectónica de los paritorios no es, pues, un tema baladí, y ya sea hacia espacios cada vez más sagrados e inaccesibles o hacia espacios reintegrados y uniformes, es un fiel reflejo de lo que allí se quiere significar.
En estas disposiciones simbólicas la posición de las madres, en el primer caso ocupando terreno ajeno, ocupando no lugares, y en el segundo desde su propio espacio clínico, junto con las vestimentas de los oficiantes, que muestran roles de autoridad o proximidad, son determinantes en el proceso de construcción de los patrones culturales subyacentes.
Máxime cuando de ello depende el tránsito de los actores que puede configurar a las madres en entes itinerantes sobre los que intervenir o en propietarias de su propio espacio ritual.
Se estructura así un proceso construido en clave dicotómica desde las diferentes ideologías alopáticas u holísticas, prefigurándose en términos de una fragmentación clínico-espacial que dificulta la humanización asistencial o en clave de la reintegración espacio-asistencia que la promociona.
Quedan, así, plasmados, tanto material como arquitectónicamente, los distintos paradigmas sociológicos del parto, permitiendo al narrador de lo ajeno identificar los patrones básicos de organización asistencial que delimitan los rituales que allí se representan.
Lugares y no lugares que a su vez median, retroalimentan y, en cierta medida, perpetúan las ideologías preexistentes sobre el parto, al forzar a los sanitarios a entrar en un sistema secuencial que promueve el trabajo de rutina en cadena, o al promover el contexto constructivo necesario para el establecimiento de una identidad materna no presa del anonimato.
Se trata, pues, de tres realidades encadenadas que se retroalimentan, las ideologías o cosmovisiones de origen, las culturas o sistemas de organización clínica en las que se plasman y las tipologías de los espacios que subyacen a ellas, realidades que independientemente del establecimiento de diferentes órdenes y estatus ontológicos, contribuyen en ese proceso de cocreación de la realidad maternal socialmente compartida en clave de humanización o deshumanización asistencial.
Queremos agradecer al Sistema Sanitario Público Español, al Departamento de Ciencias Políticas, Antropología Social y Hacienda Pública de la Universidad de Murcia y a los profesionales y usuarios implicados durante la investigación el apoyo dado durante el transcurso de la misma.
[1] Se prefiere mantener el anonimato de los centros sanitarios por razones de confidencialidad. |
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En sintonía con el Proyecto Dangerous Women de la Universidad de Edimburgo, a través de la biografía de trece mujeres este libro coral aborda las razones de la peligrosidad femenina a los ojos del conjunto de la sociedad o de algunos grupos humanos específicos.
En la introducción las editoras realizan un riguroso análisis de los indicadores que desde la Antigüedad hasta el siglo XX han medido la peligrosidad de las mujeres.
El miedo a su palabra ha provocado a menudo una reacción en los discursos o en las leyes para reducirlas al silencio.
Históricamente, cuando las mujeres han desdeñado las lecturas que recomendaban sus directores espirituales y ellas han elegido sus propias lecturas, lograron un precioso instrumento para configurar un pensamiento propio que condujo a muchas a la rebelión y la insumisión.
Gran parte de las mujeres estudiadas expresaron sus sentimientos y sus ideas a través de su oratoria o de sus escritos.
El miedo social al conocimiento y a la auctoritas de las mujeres las ha obligado frecuentemente a estudiar de forma casi oculta, al tiempo que han sido depositarias de saberes tradicionales femeninos transmitidos de forma oral y relacionados con el conocimiento del cuerpo y con el cuidado de las personas.
La capacidad de seducción de las mujeres y su comportamiento amoroso han sido temidos y controlados por las grandes religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo e islam.
Asimismo, la percepción de la peligrosidad de las mujeres aumenta cuando su actuación disputa a los varones espacios que consideran privativos tanto en el ámbito laboral como en el político.
Carmen Bernabé estudia el peligro que ha representado María Magdalena para la autoridad de la Iglesia; esta ha llegado a falsear su identidad: una de las primeras seguidoras de Jesús, testigo directo de su vida y divulgadora de sus enseñanzas, pasa a convertirse en prostituta para el imaginario colectivo de la cultura occidental.
Clelia Martínez aborda la figura de Hipatia, bien conocida como filósofa neoplatónica y científica que cultivó la astronomía, la astrología y la explicación de las matemáticas, fue maestra de las élites alejandrinas y persona muy influyente en la escena municipal por la autoridad de sus consejos sobre el precepto de la ciudad.
Esa influencia política la hizo peligrosa para Cirilo de Alejandría y sus seguidores que la sometieron a una muerte atroz.
Las mujeres medievales están representadas por dos figuras.
Margarita Porete, autora del libro El espejo de las almas simples, considerado herético por la Inquisición, es estudiada por Margarita Pintos.
Fue condenada a la hoguera por apoyarse en unas fuentes de autoridad distintas a las de la Iglesia en el marco del castigo impuesto a los templarios y al movimiento religioso de las beguinas.
En el siglo XIV, Leonor de Guzmán, amante del rey Alfonso XI y con gran poder en la corte, fue considerada mujer peligrosa por los reyes de Portugal y de Aragón, y particularmente por la reina legítima, María de Portugal.
María Jesús Fuente analiza el contexto político y el enfrentamiento entre ambas mujeres que concluyó con la victoria de la reina y la ejecución de su rival para evitar que alguno de los hijos de Leonor usurpara el trono que correspondía a su hijo Pedro.
También fue poderosa la princesa de los Ursinos, estudiada por María Ángeles Pérez Samper, peligrosa por su cercanía a Luis XIV y por la influencia que ejerció sobre las decisiones políticas de su nieto Felipe V y su esposa María Luisa Gabriela de Saboya.
En la segunda mitad del siglo XVIII vive la condesa de Montijo que, como muestra Gloria Franco, fue peligrosa para el sistema en diversos aspectos: jansenista y reformista ilustrada, resulta heterodoxa desde el punto de vista religioso; desafía al régimen estamental por contraer matrimonio con un hombre de un estatus social muy inferior al suyo; se posiciona contra el gobierno de Godoy y se rebela contra el patriarcado con sus escritos y con sus actos.
En el ámbito del siglo XX, Jordi Luengo se adentra en la vida de Maruja Martínez Sacramento, tanguista de cabaret que mató al hombre que la maltrataba y la explotaba sexualmente, cuya peligrosidad radica en la sororidad que sus compañeras de profesión sintieron hacia ella en el proceso judicial que culminó con su absolución.
Tres mujeres de militancia comunista presentan rasgos comunes: su procedencia obrera, la formación autodidacta, el activismo, la influencia política y el compromiso revolucionario; pero también la difícil conciliación de aquellos con la maternidad y con el sufrimiento que acarrean la clandestinidad y la cárcel.
Marta del Moral nos acerca a Virginia González Polo, impulsora de la militancia femenina en el seno de Partido Socialista, excelente oradora y agitadora, miembro del comité de la huelga general revolucionaria de 1917 e integrante de la escisión del PSOE que derivaría en la creación del Partido Comunista de España.
Peligrosa para el orden político y patriarcal establecido, lo fue también para sus propios compañeros socialistas que contribuyeron a silenciarla.
Su labor fue continuada por Dolores Ibárruri, estudiada por Rosario Ruiz que destaca su brillante oratoria y su capacidad de convencer y movilizar, su incansable actividad política, su potente liderazgo durante la Guerra Civil y su influencia durante el largo exilio en la URSS hasta la recuperación de su acta de diputada en la España democrática.
Laura Branciforte se centra en Teresa Noce, revolucionaria italiana que desarrolló su actividad antifascista en Italia y en España como integrante de las Brigadas Internacionales y en la etapa fundacional de la República Italiana como miembro de su Asamblea Constituyente.
Pilar Díaz dedica su atención a Clara Campoamor, coetánea de las anteriores, pero de ideología política diferente.
Campoamor focalizó su elocuente discurso, su trabajo como abogada y diputada en las Cortes de la II República al logro del derecho al voto para todas las mujeres, sin diferencias de clase o de afiliación.
Pese a su defensa radical de los ideales republicanos, fue condenada al olvido por su independencia de criterio frente a las distintas fuerzas políticas.
Las dos mujeres más cercanas a nuestros días comparten el activismo feminista y la asunción de la violencia.
Eva Forest, estudiada por Mónica Moreno, se desplazó desde la izquierda próxima al Partido Comunista hasta la vinculación al independentismo vasco.
Finalmente, Karine Bergés trabaja el perfil anticapitalista y antipatriarcal de Susana Cintado, militante del movimiento okupa y LigaDura.
Este libro, más allá de las cuidadas biografías, profundiza en los factores que convierten a las mujeres en peligrosas para sus enemigos o para su entorno a través de una línea cronológica que recorre dos milenios, pues se inicia en la Judea de comienzos del siglo I y termina en el Madrid de finales del XX.
M.a Cruz del Amo del Amo
Universidad Complutense de Madrid |
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Las últimas décadas han dado cuenta del imparable desarrollo y consolidación de los enfoques teóricos y metodológicos de la historia de las mujeres y del género en nuestro país.
Esta obra colectiva es buen ejemplo de ello y reúne, a lo largo de sus páginas, a más de veinte especialistas en la materia que exponen a través de sus estudios la gran variedad de líneas de investigación que ofrece esta especialidad historiográfica.
Asimismo, el libro cuenta con el claro propósito de rendir homenaje a una historiadora pionera e imprescindible, la profesora Mary Nash, partiendo de algunos de sus postulados o haciendo referencia a estudios que abrieron novedosos campos para la investigación y que en la actualidad siguen siendo válidos.
De esta manera, se tienen en cuenta los principales temas de los que se ha ocupado, como la formación de los feminismos históricos, las mujeres republicanas en la guerra, el feminismo de la Transición o la intersección entre género y multiculturalismo.
La obra, editada por las historiadoras Teresa María Ortega López, Ana Aguado Higón y Elena Hernández Sandoica, se compone de veinte capítulos que se organizan en cuatro partes teniendo en cuenta el criterio cronológico y temático de las aportaciones.
En la primera parte, «Las mujeres y el proceso de modernización», coinciden seis capítulos que cronológicamente se ubican en el período que va desde finales del siglo XIX hasta la Segunda República y que analizan cómo afrontaron las mujeres las diversas y trascendentales transformaciones económicas, culturales, políticas y sociales que tuvieron lugar en dicho periodo de nues-tra historia.
Comienza con un estudio de José Javier Díaz Freire que versa sobre el amor cortés medieval y su influencia en el debate sobre las relaciones de género que se planteó en España en el cambio del siglo, haciendo hincapié en el estudio del tratamiento de los personajes literarios de Tristán e Isolda.
Por otro lado, centrándose en los cambios urbanos y su relación con los orígenes y desarrollo del feminismo catalán, Susanna Tavera dirige su atención a las acciones y experiencias de siete feministas que dedicaron sus esfuerzos a la transformación de su realidad inmediata y al mismo tiempo vivieron la ampliación y modernización de Barcelona.
Continuando la senda del feminismo, Ana Aguado rescata la figura de la socialista valenciana María Cambrils (1877-1939) y la inserta, a través de un recorrido por su escritura, en la construcción de un feminismo que tenía en cuenta la conciencia de clase y que supuso la integración de nuevas propuestas en clave de igualdad en el socialismo.
Los restantes trabajos que cierran esta primera parte se centran en el periodo republicano y en concreto en la posición de las mujeres ante la introducción de derechos fundamentales para la consecución de la ciudadanía política.
En el caso del texto de Rosario Ruiz, se estudia el debate social que se originó en torno a la ley de divorcio de 1932, resaltando las polémicas que originó antes, durante y después de la aprobación de dicha medida legislativa.
Por otra parte, Luz Sanfeliu subraya el papel de la Unión Republicana Femenina en la movilización por el sufragio femenino, así como en la difusión de un discurso que era crítico con el or-a562 den de género al que eran sometidas las mujeres y al mismo tiempo contenía la defensa de los valores relacionados con la maternidad.
Dedicando especial interés al caso de Granada y la actitud de las granadinas ante el voto en el proceso de elecciones de 1931 y 1933, Rosa María Capel incide en la necesidad de visitar los documentos de archivo para indagar cuál fue la participación real de las mujeres y la relación que tuvo con la movilización por el voto.
La segunda parte de la obra, «Inclusión y exclusión», compuesta por cuatro capítulos, recorre las consecuencias que tuvieron la Guerra Civil y la instauración del franquismo en las vidas de las mujeres.
En una primera aportación, Pilar Ballarín analiza la presencia o ausencia de las mujeres en los libros de lectura de su infancia y resalta la evolución que se produjo, a lo largo de la época franquista, de los rasgos y valores que se destacaban para cada una de las mujeres históricas que contenían estas obras.
El siguiente capítulo, de Ángela Cenarro, se acerca a la trayectoria académica de Mary Nash y desgrana las líneas de investigación que se desprenden de su icónica obra Rojas: las mujeres republicanas en la Guerra Civil, arrojando diferentes interrogantes que aún quedan por resolver.
Sobre la inmediata posguerra que sucedió a la Guerra Civil, Montserrat Duch aborda el proceso de depuración al que fueron sometidas las maestras catalanas, excluidas e invisibilizadas en la nueva escuela que configuró el régimen franquista.
El estudio de Vicenta Verdugo toma las principales bases teóricas de la obra Rojas y analiza las trayectorias vitales y militantes de las comunistas valencianas Rosa Estruch (1915-1978) y Pilar Soler (1914-2006), subrayando el gran valor del estudio de las biografías de las mujeres para poder entender en qué condiciones desarrollaron sus compromisos.
Por otro lado, los cuatro capítulos que componen la tercera parte, «Feminismo, antifascismo y transgresión», ponen en relieve las distintas contestaciones y resistencias a los modelos normativos de feminidad a través de las militancias políticas y feministas.
En el capítulo de Mercedes Yusta, observamos la complicada relación entre el movimiento feminista y el antifascismo a través de las proclamas y estrategias de dos organizaciones internacionales, el Comité de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo y la Federación Democrática Internacional de Mujeres.
Profundizando en una organización que también puso de manifiesto esta difícil conexión entre movimientos, la Agrupación de Mujeres Antifascistas, María Dolores Ramos recupera a dos de sus militantes, la republica-na Victoria Kent (1892-1987) y la comunista Constancia de la Mora (1906Mora ( -1950) ) y, a pesar de sus diferencias ideológicas, une sus acciones bajo la práctica del discurso del maternalismo cívico y la defensa de los niños y niñas durante la Guerra Civil.
Avanzando hacia la época de la Transición a la democracia, el capítulo de Mercedes Arbaiza parte de las experiencias recogidas en Dones en transició, de Mary Nash, y analiza el movimiento feminista de los años setenta en España a partir del enfoque de la historia de las emociones.
Por otro lado, desde la investigación de las militancias en los partidos políticos de la izquierda radical, Mónica Moreno muestra las distintas transgresiones políticas, de género y de edad que protagonizaron hombres y mujeres entre los últimos años de la dictadura y la llegada de las primeras elecciones democráticas.
La cuarta parte del libro, «Relaciones de género y mujeres: trayectorias y desafíos de un nuevo sujeto histórico», cierra esta obra con seis aportaciones que se caracterizan, por un lado, por recorrer un abanico diverso de escenarios geográficos y temporales y, por otro lado, por integrar una serie de propuestas teóricas y metodológicas que demuestran la evolución de la historiografía de género y feminista.
El estudio de María Dolores Mirón, sobre la construcción de genealogías femeninas en la arquitectura griega helenística, destaca la importancia de mirar al pasado para recuperar la memoria de las mujeres de la antigüedad.
Trasladándonos a la Cuba de finales del siglo XIX, Pilar Pérez-Fuentes realiza una interesante aportación sobre los distintos discursos que elaboraron los líderes blancos y negros en relación con lo que debía ser el modelo de masculinidad permitida e ideal para la identidad nacional.
A continuación, Elena Hernández examina la experiencia soviética para poder ponderar los avances y las contradicciones en materia de igualdad y libertad sexual que vivieron mujeres revolucionarias como Inessa Armand (1874-1920) y Alexandra Kollontai (1872Kollontai ( -1952)).
Volviendo la mirada hacia la historiografía, Miren Llona y Nerea Aresti ponen en valor las contribuciones de Mary Nash en el campo de la historia de las mujeres y del género en España y en concreto en el conocimiento de los feminismos históricos, desgranando los debates actuales sobre las categorías de feminismo y género.
En la siguiente aportación, Cándida Martínez recorre la historia de una publicación que ha sido y es fundamental, la revista Arenal.
Revista de Historia de las Mujeres, presenta las principales temáticas que ha abordado y plantea los distintos retos que deberá asumir la revista para seguir siendo una referencia historiográfica.
En el último de los capítulos que inte-En suma, pocas veces tenemos la oportunidad de encontrarnos ante una obra en la que coinciden buena parte de los especialistas en historia de las mujeres y del género en España.
Sus proyectos, que recogen los últimos avances historiográficos, son la demostración de que se ha recorrido un largo camino en la búsqueda y el reconocimiento de todas las mujeres que hicieron historia.
Un camino que comenzó con la llegada de Mary Nash a Barcelona a finales de los años sesenta y que continuará en todas las investigaciones que tengan como piedra angular la perspectiva de género y la utilicen para realizar un examen crítico de la historia. |
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